[1] El tiempo que estamos viviendo, con todas sus contradicciones, nos llama y nos desafía; es un kairós, que Dios ofrece a cada uno de nosotros para un camino de conversión del corazón, de la mente y de la vida; es una oportunidad para reforzar la experiencia espiritual y, por lo mismo, apostólica de nuestras comunidades; es un tiempo favorable para reavivar con entusiasmo nuestra acción pastoral.
La experiencia de Pentecostés marcó el nacimiento de la comunidad apostólica. La fuerza del Espíritu creó en los primeros discípulos la superación del miedo que cierra y paraliza y los hizo comunidad evangelizadora, abierta y proyectada hacia todas las culturas, con la audacia y el coraje de la fuerza dinámica de Cristo Resucitado; así todos pudieron comprender a los apóstoles en la propia lengua. Así hoy el Espíritu nos constituye también a nosotros como comunidades evangelizadoras, nos da el coraje de proponer el evangelio y nos da una "nueva lengua" que puede ser comprendida por los jóvenes de hoy.
Dios llama a cada salesiano, a cada comunidad e Inspectoría de la Congregación a dejarnos penetrar por la fuerza transformadora del Espíritu, para que tras el ejemplo de Don Bosco, juntamente con los seglares y la Familia Salesiana, podamos evangelizar a los jóvenes. Los ayudamos así a vivir la plenitud de su vida y a conocer y acoger el evangelio del Señor Jesús.
[2] Jesucristo "ayer, hoy y siempre" (Hb 13,8) es el plan pastoral de la Iglesia del tercer milenio. Como educadores de los jóvenes, la Iglesia y la sociedad esperan de nosotros que seamos capaces de traducir este programa en orientaciones pastorales, de modo que el anuncio evangélico llegue a todo joven y que cada uno pueda encontrarse con el Señor Jesús.
El encuentro de Don Bosco con Bartolomé Garelli, joven sin familia e inmigrado, marca el comienzo del Oratorio. Para nosotros, salesianos, anunciar y testimoniar al Señor Jesús es misión prioritaria. Cada vez que tendemos la mano a un muchacho, adolescente o joven, mediante la promoción humana, y les ofrecemos los dones de la gracia y la riqueza del Evangelio, desarrollamos en ellos aquellas potencialidades, para que puedan ser "buenos cristianos y honrados ciudadanos".
Educación y evangelización son la oferta más grande que podemos ofrecer a la sociedad de hoy en el espíritu, con los métodos y los contenidos del sistema preventivo. Hay jóvenes que podrán decirnos, como a Don Bosco y a los primeros salesianos: "os estábamos esperando". Otros, tal vez, nos parecerán indiferentes, pero el encuentro con el Don Bosco de hoy, a través de la persona de cada salesiano, hará brotar lo mejor que hay en su corazón, "tal como se encuentra el desarrollo de su libertad" (Const. 38).
[3] En la época del mercado, de la eficiencia tecnológica y de la omnipotencia de la ciencia, pero también de las fragilidades, de las incertidumbres y de los miedos, creemos en la experiencia más grande del misterio de Dios. La esperanza vive en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades. Si cada día dejamos espacio al Espíritu, podremos abandonarnos a las sorpresas de Dios. Vemos el futuro de la Congregación en personas espirituales, que deciden vivir como creyentes creíbles y como consagrados apóstoles, viviendo la experiencia de la fe y del amor. "Deus caritas est": por eso, nosotros creemos en el amor.
El Capítulo General 26º es la ocasión que Dios nos ofrece para un verdadero y nuevo Pentecostés, experiencia del Espíritu vivificador, de modo que con el volver a Don Bosco, nuestra identidad carismática se vea reforzada y el corazón de todo salesiano se reavive por la pasión del "da mihi animas".
"Tengo prometido a Dios que incluso mi último aliento será para mis pobres jóvenes". Don Bosco es nuestra riqueza y en él descubrimos cómo Dios hoy nos llama a estar con los jóvenes en su vida cotidiana, comprometiéndonos a escuchar sus llamadas, a conocer su mundo, a animarlos en su protagonismo, a implicarlos en la construcción de su camino de vida. Como Don Bosco, tendremos el valor de anunciar a Jesucristo, para suscitar en ellos una relación personal con Él.
"No dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas"; así decía Don Rua. Don Bosco convocaba a los jóvenes como colaboradores suyos; también nosotros nos sentimos comprometidos a llamar a los jóvenes a participar en la misión educadora y evangelizadora con celo apostólico.
Todo esto nos pide una verdadera pasión por Dios y por los jóvenes, convencidos de que el Señor se manifiesta a través de las urgencias del momento y de los lugares. Entonces será posible, por medio de un testimonio de vida personal, de una decidida actitud de desapego y de libertad frente a los bienes materiales y a nuestros deseos, poner todo al servicio de los demás y vivir el "cetera tolle".
Vivimos en un período de completa transformación. En muchos sectores de la sociedad la solidaridad está amenazada. Nos encontramos ante el desafío de pensar de modo nuevo y de hacer solidario nuestro tiempo. Nuestra visión es la de una iglesia comunión, que habla una lengua nueva y se orienta con valor hacia las nuevas fronteras de la cultura y de la sociedad.
[4] El bicentenario del nacimiento de Don Bosco, que viviremos el año 2015, nos ofrece un tiempo oportuno para hacer un camino significativo de preparación. La aplicación de las líneas de acción del CG26 nos acompañan para determinar un itinerario provechoso para nosotros, los jóvenes y las familias, los seglares y la Familia Salesiana. Esta celebración jubilar es una invitación a invocar a Don Bosco para que vuelva entre nosotros. Volvamos a partir de Don Bosco y volvamos entre los jóvenes. Ambos, Don Bosco y los jóvenes, son inseparables para nosotros. Don Bosco es nuestro modelo y los jóvenes son el lugar en que encontramos a Dios (cf. Const. 95).
[5] Nos encomendamos a la Virgen María, presencia solícita con Jesús en Caná y presencia orante con los discípulos en el Cenáculo. Ella, Auxiliadora y Madre de la Iglesia, hará que estemos atentos al Espíritu de Dios, que renueva la faz de la tierra y hace nuevas todas las cosas. Ella nos ayudará a estar disponibles al Espíritu de Cristo, que sabe hacer nuevo nuestro amor a Don Bosco. La Basílica de María Auxiliadora en Turín, renovada en su luz y en su esplendor, sea una invitación para acoger a María en nuestro corazón y en nuestras comunidades. Fortalecidos por la fuerza del Espíritu, con Ella encontramos el impulso para que el "da mihi animas, cetera tolle" sea el alma de nuestra misión entre los jóvenes.
LLAMADA DE DIOS
"El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro. Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía como si viese al Invisible. Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario al servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso. 'No dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas". (Const. 21).
[6] Volver a Don Bosco
Dios nos llama a volver a Don Bosco, para conocerlo mejor y amarlo más, estudiando el contexto en que vivió, comprendiendo el desarrollo de su mentalidad, dándonos cuenta de las etapas de su vida. Las riquezas de las fuentes y de los estudios salesianos, de que ahora disponemos, nos invitan a conocer el camino espiritual con sus elementos centrales, sus dinámicas y sus momentos de cambio. Todas ellas nos piden también profundizar las motivaciones que le llevaron a determinadas opciones, las metas claras que le inspiraron, la pedagogía y la pastoral que le guiaron, o sea nos piden conocer mejor el sistema preventivo. Nos interpelan, en particular, a descubrir su rica humanidad, que lo hacía inmediatamente amigo de los jóvenes, y su profunda espiritualidad, que lo hacía totalmente apasionado de Dios y de su misión.
[7] Identidad carismática y pasión apostólica
Conociendo y amando más al Don Bosco de la historia, somos invitados a volver a partir de él para proponer, actualizar y reforzar la identidad carismática. Es decir, estamos llamados a hacer resplandecer la fascinación de su carisma, a mostrar su belleza, a comunicar su fuerza de atracción. Esto nos pide desarrollar una cultura carismática de la excelencia, un testimonio visible y creíble de nuestra vocación consagrada salesiana, un fuerte sentido de pertenencia a la comunidad y a la Congregación. Sin una propuesta carismática, sugestiva y atrayente, es difícil el proceso de identificación vocacional. Lo que atrae y fascina en la figura de Don Bosco es su programa de vida espiritual y pastoral, el "Da mihi animas, cetera tolle", que hace de Don Bosco un santo educador y evangelizador, que "no se preocupó sino de la salvación de las almas".
Todo salesiano está llamado a mirar a Cristo con los ojos de Don Bosco, a ponerse en su seguimiento con un estilo de vida obediente, pobre y casto, a dedicarse a los jóvenes con corazón libre y abierto, a evangelizar a los pobres, a estar disponible e ir a las periferias y a los lugares de frontera, a ser santo. Está llamado a superar la atonía espiritual, la falta de coraje apostólico, la mediocridad, a vivir con alegría y generosidad su vocación, a despertar la pasión apostólica en su corazón. El Señor Jesús, en cuyo seguimiento nos ponemos tras el ejemplo de Don Bosco, es el Buen Pastor que conquista con la mansedumbre y el don de sí, que conoce y acompaña, que busca a los débiles, que consume la vida.
Somos conscientes de que hay diversos modos de vivir el carisma de Don Bosco en la Familia y en el Movimiento salesiano; nosotros estamos llamados a vivirlo en la modalidad de la vida consagrada, sin la cual se debilita la fidelidad, la fecundidad y la continuidad del carisma mismo. Don Bosco, que entrega las Constituciones a Don Juan Cagliero antes de partir para la Patagonia, nos indica el camino para construir hoy la "copia limpia" de la Congregación: las Constituciones, o sea el proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco, son el modo de hacerlo presente y actual. Además, la cruz que se nos entrega en la profesión perpetua, con las imágenes que lleva impresas, nos invita a consumir la vida con los jóvenes y por los jóvenes "hasta el último aliento", tomando ejemplo del buen Pastor y asumiendo la invitación de Don Bosco a todo salesiano: "trata de hacerte amar".
[8] Volver a los jóvenes
Volver a Don Bosco y volver a partir de él significa, sobre todo, estar con los jóvenes. Don Bosco vuelve entre los jóvenes de hoy a través de la persona de cada salesiano, que vive y obra con su comunidad. Él se hace presencia legible e inculturada, creíble y profética, con la autenticidad y la radicalidad de la propia vida y entrega. Don Bosco pide a cada uno de nosotros encontrar a los jóvenes con alegría en su vida cotidiana, comprometiéndonos a estar con ellos, escuchando sus llamadas, conociendo su mundo, animando su protagonismo, implicándolos en la construcción de su camino de vida, proponiéndoles itinerarios de santidad según la espiritualidad salesiana. Don Bosco nos pide afrontar con audacia los desafíos juveniles, dar respuestas valientes a la crisis de educación, asumir su criterio de lectura de la historia, obrar como él con optimismo según cuanto el Espíritu nos sugiere, compartir el camino con la Familia Salesiana.
SITUACIÓN
[9] Volver a Don Bosco
La persona de Don Bosco es siempre atrayente y actual. Tantos hermanos tienen el deseo de conocerlo mejor y de imitarlo en la propia vida. Esto es posible gracias al rico material a disposición, sobre todo a las fuentes históricas y a los estudios científicos que permiten el estudio de la espiritualidad y de la pedagogía salesiana. Los hermanos están cada vez más abiertos a participar en momentos formativos que reclaman los orígenes del carisma de Don Bosco. También los colaboradores seglares y los jóvenes se interesan cada vez más por la figura de Don Bosco, por su espiritualidad y por su modo de educar, para actualizarlos y vivirlos en la situación actual.
Las instituciones y los ambientes en que trabajamos nos estiman por el trabajo educativo y se interesan por la pedagogía salesiana. La presencia de tantos jóvenes en nuestros ambientes nos hace ver la actualidad y la necesidad del carisma salesiano en el mundo de hoy.
Por desgracia, creemos conocer a Don Bosco, pero con frecuencia nos limitamos sólo a un conocimiento afectivo, sin un estudio sistemático y profundizado. Nuestro saber resulta superficial y no nos comprometemos a conocer la espiritualidad salesiana y sus motivaciones más profundas. Con frecuencia, no dedicamos el tiempo suficiente para la lectura de las fuentes y ni siquiera de nuestras Constituciones, en las que encontramos una actualización de nuestro carisma.
En estos años los centros universitarios de la Congregación han concentrado principalmente su estudio en el ámbito histórico y han dado menor espacio a la investigación sobre la pedagogía salesiana y sobre la espiritualidad salesiana. Todo esto influye en el hecho de que el sistema preventivo de Don Bosco, al faltar una mediación cultural suya en el momento actual, es poco aplicado en la praxis educativa; esto vale también para la apropiación personal y comunitaria de la experiencia espiritual salesiana.
[10] Identidad carismática y pasión apostólica
Como expresión de fidelidad a nuestro ser consagrados y al carisma heredado de Don Bosco, muchas comunidades se han comprometido en un esfuerzo de renovación de la vida espiritual y de la vida de familia, con experiencias que van hacia relaciones auténticas y profundas entre los hermanos y hacia la apertura a los seglares. Es visible en nuestras obras la presencia complementaria de la comunidad salesiana, signo de la primacía de Dios, y de la comunidad educativa pastoral, que realiza la misión.
Además de los numerosos testimonios de santidad reconocida, constatamos la presencia de una santidad vivida en lo cotidiano, que se transparenta en hermanos sencillos y en comunidades en las que se respira un clima sereno y un dinamismo pastoral. Muchos hermanos están deseosos de una vida espiritual profunda y han encontrado en el proyecto personal de vida y en el comunitario una ayuda para el propio crecimiento.
Son numerosos los hermanos y las comunidades que testimonian la entrega a Dios y la pasión por los jóvenes, y que ofrecen su alegría, esperanza, espíritu de familia y acogida, propuestas de fe. En particular, hay tantos hermanos ancianos y enfermos que viven con serenidad, verdadero espíritu de fe y sentido salesiano, su situación de salud y de limitación en la actividad pastoral.
Por desgracia, debemos reconocer que en nuestras comunidades ha entrado a veces el modelo liberal de vida consagrada, caracterizado por individualismo, comodidad habitual, aburguesamiento, rechazo de los signos de visibilidad de la vida religiosa, lo cual aparece como una especie de "normalidad" que nos confunde con el mundo. Todo esto hace que se pierda la centralidad del "da mihi animas" y apaga la pasión apostólica. Con frecuencia en la vida común falta la profunda comunicación de los corazones, la atención a la persona del hermano y el compartir la experiencia de fe. El activismo y la búsqueda de resultados sofocan la vida de oración, se pierde la vida interior, en particular la frecuencia del sacramento de la reconciliación y la práctica del acompañamiento espiritual. Cuando falta el proyecto comunitario de vida es difícil garantizar la comunión de proyectos, hacer la adecuada evaluación, reflexionar en común, haciendo de la vida cotidiana una oportunidad de crecimiento espiritual y de formación permanente.
Nos encontramos inmersos en un proceso eclesial de renovación de la vida consagrada, pero en el que los nuevos modelos no logran encontrar la síntesis entre los valores fundamentales del seguimiento de Cristo y la encarnación en el mundo actual. En particular, la crisis de la relación esencial entre "carisma" e "institución" con frecuencia debilita la relación con la institución, llevando a vivir el carisma de manera subjetiva.
[11] Volver a los jóvenes
Hay hermanos y comunidades seriamente comprometidos con entrega al trabajo educativo pastoral. Se realiza un intenso trabajo por los jóvenes, por los pobres, por los marginados; tenemos una pluralidad de obras al servicio de la juventud. El compromiso de los hermanos en la animación juvenil constituye un elemento de entusiasmo y de contagio para la comunidad educativa pastoral. Frente a las situaciones de urgencia educativa nos dejamos interpelar y sabemos encontrar los recursos para dar una respuesta adecuada. En nuestras obras constatamos el protagonismo de tantos jóvenes, que orientados a ser apóstoles de otros jóvenes, llegan a madurar opciones vocacionales de especial consagración.
Por otra parte, para muchos de nosotros el mundo de los jóvenes es cada vez más difícil de comprender y lo sentimos lejano, a causa del miedo y de la sensación de no estar preparados de forma adecuada. Tenemos dificultad para comprender su lenguaje, para estar verdaderamente presentes entre ellos. A causa de una valoración, fruto del prejuicio y de la desanimación, no nos comprometemos a descubrir su punto de acceso al bien. Las funciones que asumimos no nos ponen siempre en contacto directo con los jóvenes; hay, además, necesidad de renovar nuestra visión y la práctica de la asistencia. En algunas Inspectorías, sufrimos a causa de un número reducido de hermanos y de un envejecimiento que, con frecuencia, se convierte en un obstáculo.
LÍNEAS DE ACCIÓN
Volver a Don Bosco
[12] Volver a Don Bosco, estudiarlo e imitarlo en un camino de redescubrimiento y recuperación del carisma que el Espíritu ha suscitado en él y que él nos ha transmitido para la salvación de los jóvenes.
[13] Cada salesiano
despierte en su corazón el gusto por un conocimiento más sistemático y profundizado de Don Bosco, a través de la entrega seria y perseverante al estudio de la salesianidad;
establezca su propio plan personal de estudio de salesianidad, en un compromiso que debe estar presente en cada fase de su vida; tenga un contacto cotidiano y personal con las Constituciones, "verdadero testamento de Don Bosco" (Const. 196).
[14] Cada comunidad
dé mayor espacio a las Constituciones en la vida de cada día:
utilícelas ordinariamente en las reuniones comunitarias de discernimiento;
cree una señal que sirva de reclamo a la presencia del libro de las Constituciones;
lea algún artículo cada día en el momento más oportuno;
prevea en el proyecto anual de la comunidad momentos específicos de formación y actualización sobre la espiritualidad, historia, pedagogía y pastoral salesiana.
[15] Cada Inspectoría
sostenga al hermano en el compromiso de redescubrir la propia identidad espiritual;
actualice el proyecto inspectorial de formación, incluyendo en él un programa que comprenda:
la traducción, donde fuera necesaria, y la difusión de las fuentes y estudios salesianos;
la actualización de la sección salesiana en la biblioteca de cada comunidad;
la potenciación de los estudios salesianos en la formación inicial;
la especialización de algún hermano en la UPS en estudios salesianos;
favorezca peregrinaciones a los lugares salesianos y ofrezca retiros y cursos de ejercicios espirituales con contenidos salesianos;
favorezca la aplicación de estas intervenciones a través de la propia Comisión inspectorial de formación y se sirva de los Centros regionales e internacionales de formación en la salesianidad.
[16] La Congregación
invierta con valor y previsión, en los diversos niveles inspectorial, regional y mundial, recursos personales y financieros adecuados en la Universidad Pontificia Salesiana, en el Instituto Histórico Salesiano y en los otros Centros que se dedican al estudio de la salesianidad;
anime tales centros regionales y mundiales a profundizar especialmente la actualización de la espiritualidad salesiana y de la pedagogía salesiana, sin descuidar la historia salesiana y la pastoral salesiana;
cuide, a través del Dicasterio de la formación, la actualización del comentario a las Constituciones.
Identidad carismática y pasión apostólica
[17] Volver al "da mihi animas" vivido como programa de vida espiritual y pastoral, para reforzar nuestra identidad carismática, y despertar la pasión apostólica.
[18] Cada salesiano
se comprometa a tener su proyecto de vida personal, tratando de encontrar el tiempo necesario para la oración personal y la lectura espiritual, a dar importancia a los momentos comunitarios de oración, para poder encender su pasión apostólica y vivir en unión con Dios;
reanude o refuerce la dirección espiritual personal y esté disponible para la dirección espiritual de los jóvenes;
aprenda a descubrir a Dios en medio de los jóvenes, acompañándolos en calidad de educador, animador y guía espiritual;
comparta con los hermanos, los colaboradores seglares, la Familia Salesiana y los jóvenes la riqueza de la santidad salesiana.
[19] Cada comunidad
se comprometa a utilizar el proyecto comunitario para asegurar los momentos comunes de oración y la disponibilidad de los hermanos para la dirección espiritual de los jóvenes;
comparta las riquezas de la salesianidad y en particular de la santidad salesiana con los seglares, la Familia Salesiana y los jóvenes.
[20] Cada Inspectoría
se comprometa a utilizar el proyecto orgánico inspectorial para programar la preparación de los hermanos para un específico ministerio carismático de formadores y guías espirituales.
Volver a los jóvenes
[21] Volver a los jóvenes con el corazón de Don Bosco, para aprender a comprender su mundo, para salir al encuentro de sus exigencias de educación y de experiencia de Dios, para estar a su lado y acompañarlos, para ejercitar la paternidad espiritual.
[22] Cada salesiano
esté con los jóvenes como amigo, hombre de Dios y guía espiritual, poniéndose a su lado en el camino de maduración humana y de vida espiritual y ayudándolos a descubrir su vocación;
vaya a la búsqueda de los jóvenes dentro y fuera de los ambientes salesianos, en situaciones tradicionales, en las aulas y en los patios, pero también en las nuevas ágoras salesianas, en internet y en las calles, en sus lugares de vida.
[23] Cada comunidad
coordine la vuelta a la praxis de la asistencia y la organice con diligencia, asegurándose que todo joven que se le confía pueda gozar de esta presencia activa salesiana;
vaya a los jóvenes juntamente con los colaboradores seglares, que se preocupan de la condición juvenil y que comparten nuestra misión: acójalos y fraternice con ellos; organice la formación junto con ellos;
comparta preocupaciones, ideas y proyectos;
ponga en acto aquellos procesos y servicios que el mismo corazón de Don Bosco inspira.
[24] Ponerse en discusión
Llamados por Dios a leer las llamadas de la hora presente y a valorar la situación en que nos encontramos para asumir compromisos concretos, nos sentimos provocados a convertir nuestra mentalidad y cambiar las estructuras, pasando:
de la convicción de que conocemos todo sobre Don Bosco, al estudio serio y apasionado de la historia, pedagogía, pastoral y espiritualidad de nuestro padre, haciéndonos "comunidad laboratorio", que sabe poner en común los valores, la fe y el ser Don Bosco hoy;
de una pastoral centrada en las numerosas actividades que realizar, a un testimonio personal y comunitario sereno y gozoso de nuestra entrega a Dios y a los hermanos, para ser en la Iglesia "signos y portadores de Su amor a los jóvenes, especialmente a los más pobres";
de la realización habitual de la vida espiritual y de la acción pastoral, a la asunción del "da mihi animas" como invocación y pasión cotidiana, para estar con los jóvenes y anunciarles al Señor Jesús cada día de nuestra vida.
LLAMADA DE DIOS
"Esta Sociedad comenzó siendo una simple catequesis. También para nosotros la evangelización y la catequesis son la dimensión fundamental de nuestra misión. Como Don Bosco, estamos llamados, todos y en todas las ocasiones, a ser educadores de la fe. Nuestra ciencia más eminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio. Caminamos con los jóvenes para llevarlos a la persona del Señor resucitado, de modo que, descubriendo en Él y en su Evangelio el sentido supremo de su propia existencia, crezcan como hombres nuevos" (Const. 34).
[25] Comunidad evangelizada
Dios nos llama a formar comunidades salesianas evangelizadas, que viven y testimonian la acogida del evangelio, constituidas por salesianos auténticos, creyentes y creíbles, alimentados por la Palabra de Dios, plenamente comprometidos con Jesucristo, entregados con transparencia a la primacía de Dios en la vida personal y cotidiana. El testimonio evangélico de cada salesiano y de la comunidad es el primer camino de evangelización; a través de él enseñamos a los jóvenes aquello en que creemos y les mostramos con la vida lo que enseñamos. Dicho testimonio se hace más visible, cuando somos amistosos y accesibles a los jóvenes, irradiando alegría y gozo, poniéndonos a su lado en el camino de seguimiento de Cristo, mirando juntos los signos de sus tiempos.
[26] Centralidad de la propuesta de Jesucristo
Somos fieles a nuestra misión evangelizadora cuando anunciamos con valor y audacia la centralidad de Jesucristo a los jóvenes, para suscitar una relación personal con Él, para promover en ellos la voluntad de seguirlo a través de un camino de formación cristiana personal y comunitaria, para ayudarlos a ser apóstoles del evangelio. Esto nos pide una reanudación del compromiso de catequesis sistemática; y, al mismo tiempo, suscitar en los seglares la pasión apostólica e implicarlos cada vez más en tareas pastorales. Ofreciendo a todos los jóvenes la propuesta de vivir la existencia humana como la vivió Jesús, nosotros superamos una pastoral de sólo entretenimiento y de sola promoción social y reavivamos en ellos la conciencia de que el evangelio es fuente de humanización.
[27] Educación y evangelización
En la experiencia de Don Bosco y en la tradición salesiana la relación entre evangelización y educación se expresa en el binomio "evangelizar educando y educar evangelizando", que expresa el modo típico con que acompañamos a los jóvenes. A todos proponemos ser "buenos cristianos y honrados ciudadanos". La evangelización en particular ofrece una aportación de humanización a la educación; esto nos pide crear ambientes con una clara identidad cristiana en que se respire el evangelio, y comunidades educativas en que sea fácil asumir la propuesta de fe.
También la aportación de la educación a la evangelización es notable. Como Don Bosco, estamos llamados a desarrollar lo que el joven lleva dentro como dinamismo y deseo positivo, a ponerle en contacto con una propuesta rica de valores, a insertarlo en la realidad social en que se siente parte activa a través del trabajo, la participación y el compromiso por el bien común. Somos interpelados a encontrar a los jóvenes donde se encuentran, aún fuera de nuestras estructuras; a ir a las situaciones de pobreza; a habitar en sus lugares de vida. Esto nos exige ampliar los ámbitos del compromiso educativo.
Sujetos del compromiso de evangelización y educación son cada vez más las familias, a las que debemos ofrecer nuestro acompañamiento y nuestra atención pastoral. Hoy estamos llamados a hacer de modo que la pastoral juvenil sea también cada vez más pastoral familiar. De este modo, la familia llega a ser verdadero sujeto de humanización y evangelización.
Dios nos llama a interactuar con la cultura, que presenta grandes desafíos a la acción evangelizadora. Nuevas sensibilidades atraviesan los lugares de la experiencia cotidiana: la familia y el amor, el trabajo y la fiesta, la ciudadanía y el compromiso social y político; hay crisis de esperanza; se constata la marginación de los jóvenes y de las poblaciones pobres. Desafían nuestra acción pastoral también la multiculturalidad y la multirreligiosidad, los modelos de secularización agudizada, la crisis de los valores y el relativismo ético, la indiferencia difusa o la tendencia a relegar la dimensión religiosa a la esfera de lo privado.
[28] Evangelización en los contextos regionales
La evangelización hoy presenta nuevas urgencias en las diversas áreas regionales. La Iglesia, a través de los Sínodos continentales, nos llama a dar nuestra aportación a la evangelización, teniendo en cuenta la diversidad de los contextos y de las culturas. Somos sensibles hacia los pueblos todavía no evangelizados; estamos dispuestos al diálogo, al anuncio y a la colaboración respecto de las otras religiones; estamos dispuestos a llevar el anuncio del evangelio a los contextos de pobreza; estamos comprometidos a encontrar los caminos del evangelio en los contextos de secularización, relativismo ético y marginación de la fe cristiana; somos sensibles a las instancias ecuménicas de diálogo y colaboración; estamos atentos al fenómeno de las migraciones de pueblos que ofrece nuevas oportunidades e evangelización.
SITUACIÓN
[29] Comunidad evangelizada
Miramos a Don Bosco no sólo como educador de los jóvenes, sino también como evangelizador. En las comunidades crece la exigencia de conversión y la necesidad de vivir una vida consagrada de mayor calidad. Es vivo el interés por parte de tantos salesianos, de inspirar el propio trabajo pastoral, partiendo de un estudio y de una confrontación personal con la Sagrada Escritura. Hay comunidades que viviendo y trabajando juntas, dan un testimonio vivo del carisma que atrae a los jóvenes a confrontarse seriamente con la propuesta de vida cristiana y con la misma vida consagrada.
Por otra parte, sea a nivel personal como a nivel comunitario, se percibe un cierto influjo del ambiente secularizado: el relativismo ético, la indiferencia religiosa y la superficialidad favorecen en las comunidades individualismo y activismo, testimonio evangélico débil, incapacidad de ofrecer signos de esperanza, rutina y cansancio. A veces hay una cierta timidez apostólica; a veces al hermano le cuesta asumir la función del acompañamiento espiritual, o iniciativas capaces de hacer madurar convicciones profundas de fe y de hacer surgir la propia identidad de consagrado.
[30] Centralidad de la propuesta de Jesucristo
Al lado del compromiso de educación en la fe, promovido por el CG23, y de sus múltiples aplicaciones, encontramos todavía retrasos y lentitudes. La escasa experiencia de fe y de encuentro personal con Jesucristo, en la mayor parte de los destinatarios que frecuentan nuestras obras, a veces dificulta la oferta de una verdadera y propia propuesta de catequesis; resulta débil también el primer anuncio o un renovado anuncio del Evangelio dirigido a todos.
Muchas actividades de nuestras obras son socialmente relevantes, pero escasamente suscitan o refuerzan la fe; nos contentamos con que los jóvenes estén con nosotros. La falta de caminos de fe nos lleva a actuar una pastoral de los acontecimientos, pero no de los procesos. A veces aparece poca claridad en los criterios y en los procesos educativos. La mentalidad diversificada y la multiplicidad de planteamientos teológicos y culturales no nos permiten aplicar una pastoral evangelizadora unitaria y sistemática.
Hemos implicado a muchos seglares en nuestro compromiso educativo; pero, con frecuencia, no nos hemos preocupado de su formación y de su implicación apostólica; por esto nos encontramos con tantos dependientes, pero no colaboradores; con numerosos colaboradores, pero no con evangelizadores.
[31] Educación y evangelización
Percibimos que el carisma salesiano es parte viva de las Iglesias locales y es estimado por ellas. El sistema preventivo de Don Bosco es más actual que nunca y capaz en todas partes de una gran fuerza de atracción. La espiritualidad salesiana es capaz de lanzar a los jóvenes hacia un seguro y pleno éxito humano y cristiano. Los jóvenes de hoy, no diversamente de los de ayer y de siempre, son sensibles a la búsqueda de sentido de la vida y a una propuesta educativa y cristiana seria y valiente.
Se encuentran grupos de jóvenes que son protagonistas de la evangelización de coetáneos, en particular en el ámbito del asociacionismo. Constatamos el crecimiento numérico de seglares formados que desean colaborar y sentirse responsables no sólo en aspectos organizativos, sino también en la asunción de funciones pastorales en nuestras obras y en el propio ambiente de vida.
Estamos presentes en el mundo de los mass-media y los usamos eficazmente a favor de la evangelización, en particular en los lugares de más reciente evangelización. Mantenemos una fuerte tradición en el campo de la investigación y de las publicaciones en el sector de la catequesis. Por otra parte, hay hermanos que no están convencidos y por esto no conocen y no usan las nuevas tecnologías como instrumentos para la evangelización.
La familia se encuentra en diversas y graves dificultades. Su inestabilidad, el no reconocimiento de su identidad, la falta de eficacia de su papel, una creciente incitación al aislamiento, la descristianización y la pobreza afectiva nos presentan nuevos problemas; somos conscientes de las situaciones, pero los compromisos que asumimos a este respecto son todavía débiles.
[32] Evangelización en los contextos regionales
En las regiones de reciente evangelización encontramos un ambiente favorable para la evangelización, manifestado por la apertura al Evangelio, por la posibilidad cotidiana de llevar el anuncio a tantos jóvenes en las escuelas, en los oratorios, en las parroquias. La colocación popular de nuestras obras es objeto de estima por parte de la gente; en particular nos comprometemos a conocer y comprender las culturas, las lenguas, los ritos y las situaciones locales para inculturar el anuncio del Evangelio. En los países en vías de desarrollo algunos salesianos desempeñan una función profética en el campo de la justicia social.
Muchas obras nuestras viven en un contexto multirreligioso y multiétnico que presenta nuevas cuestiones y nuevos desafíos a la evangelización. Injertar la evangelización en la educación y la educación en la evangelización no es fácil: hay siempre el peligro de privilegiar la educación rozando apenas la propuesta de fe o de proponer un anuncio explícito separado de las dinámicas de crecimiento. El planteamiento actual de la formación salesiana inicial aparece a veces inadecuado para aportar una oportuna metodología para anunciar el Evangelio en el mundo de hoy. Constatamos una desproporción entre nuestra misión fundamental de evangelizadores de los jóvenes y los demás compromisos de la gestión de nuestras obras, que quitan espacio y personal a la centralidad de la actividad pastoral. La complejidad de la gestión de las obras conlleva un excesivo dispendio de energías humanas por parte de muchos hermanos, más gestores que pastores. A agravar la situación contribuye la edad avanzada de tantos hermanos y la disminución de las vocaciones.
En algunos territorios de la misión ad gentes está el problema de la falta de vocaciones locales. En las áreas más pobres del mundo, un obstáculo que superar está representado por la escasez de medios financieros y materiales para sostener la pastoral. Somos débiles en la atención a la dimensión ecuménica, mientras mostramos mayor atención al diálogo interreligioso
LÍNEAS DE ACCIÓN
Comunidad evangelizada
[33] Comprometernos a hacernos "comunidades evangelizadoras", reunidas alrededor de la Palabra, constituidas por discípulos auténticos, creyentes y creíbles, formadas para las nuevas exigencias de la comunicación del Evangelio, como primer paso para una evangelización eficaz.
[34] Cada comunidad
dé una importancia central a la Palabra de Dios, a través de la meditación personal y la "lectio divina" comunitaria, vistas como nutrimento espiritual y, al mismo tiempo, como fuente de evangelización;
implique a los hermanos ancianos en el trabajo de evangelización, para que contribuyan con su experiencia y sabiduría, sobre todo en calidad de directores espirituales y de confesores;
asegure que los colaboradores seglares cristianos estén formados para la misión salesiana, capacitándolos para ser anunciadores de la fe en los diversos sectores de la pastoral.
[35] Cada Inspectoría
favorezca el compromiso de vida espiritual y la vida de fe de los hermanos y de las comunidades, en continuidad y profundización de los procesos iniciados con el CG25;
valorice nuestros centros de estudio superiores para profundizar la relación entre la evangelización y la cultura y ofrecer adecuados itinerarios formativos a los hermanos;
asegure que en la formación inicial haya un curso de misiología, que haya además cursos inculturados de catequética, que se dé espacio adecuado a las disciplinas teológicas pastorales, que se valorice el uso de los media al servicio de la evangelización, que se estudien las lenguas y las culturas locales;
asegúrese que durante el tirocinio los hermanos jóvenes estén preparados y acompañados para anunciar eficazmente el Evangelio.
Centralidad de la propuesta de Jesucristo
[36] Anunciar con valor e íntima convicción de fe a los jóvenes la propuesta de vivir la experiencia humana como la vivió Jesucristo, que es modelo de vida para todo hombre y mujer. En particular asumir el compromiso de la misión "ad gentes" y asegurar en toda presencia la sistematicidad del primer anuncio y de la catequesis.
[37] Cada Inspectoría
revise el proyecto educativo pastoral inspectorial en la óptica de la urgencia de evangelizar o de reevangelizar;
refuerce la preparación del personal en el campo de la pastoral y de la catequética, enviando hermanos a especializarse y consolidando los currículos en los centros de estudio;
proponga, a través del equipo inspectorial de pastoral juvenil, nuevos caminos, estrategias y medios para el anuncio del Evangelio, idóneos para las diversas situaciones, como las áreas urbanas, los territorios de misión, los ambientes juveniles, el fenómeno de la inmigración, el cuidado de la familia, etc.;
promueva el espíritu misionero; ponga generosamente a disposición del Rector Mayor personal salesiano para la misión ad gentes, ya a partir del tirocinio; suscite vocaciones misioneras también entre los seglares y las familias;
sea consciente de que el fenómeno de la inmigración presenta una gran oportunidad para la primera evangelización y predisponga iniciativas adecuadas.
[38] Cada comunidad
reformule orgánica y sistemáticamente la sección de la catequesis en el proyecto educativo pastoral local en función de la misión específica que se le ha confiado.
Educación y evangelización
[39] Buscar operativamente las aportaciones típicas de la educación en la evangelización, como respuesta a la urgencia de la evangelización, con atención particular a la implicación de las familias, a los desafíos de la cultura juvenil, a los media. Profundizar también las aportaciones de la evangelización a la educación.
[40] Cada Inspectoría
asegure que todas las obras, a través de los diversos servicios educativos que prestan, realicen un efectivo trabajo de evangelización;
favorezca la colaboración entre pastoral juvenil y comunicación social, en orden a preparar personal y programas de formación que no se limiten a la técnica de la comunicación, sino a su eficacia evangelizadora;
asista a las comunidades a efectuar el paso de los media entendidos en función de la información a los media entendidos como instrumento de formación y de evangelización (Const. 43).
[41] Cada comunidad
cuide el crecimiento y la madurez humana como fundamento y primera aportación de la educación a la evangelización de los jóvenes; preste atención de modo especial a la evangelización de la familia y a la implicación de los padres en la acción educativa y evangelizadora de sus hijos;
ayude a todo hermano, comprometido especialmente en la promoción social, a vivir la propia identidad de discípulo y a comunicar a los pobres el mensaje del Evangelio como medio de humanización.
Evangelización en los contextos regionales
[42] Teniendo en cuenta los contextos, inculturar nuestra evangelización, como camino esencial para una misión encarnada, respetuosa y eficaz en el tiempo.
[43] Cada Región
compruebe que las Inspectorías estén efectivamente en condiciones de promover una evangelización, en particular el primer anuncio y la catequesis sistemática, de modo que tengan en cuenta el contexto y sea inculturado, en sintonía con los Sínodos o Asambleas continentales de los Obispos.
[44] Cada Inspectoría
estudie y proyecte las estrategias, los métodos y las intervenciones de evangelización de los jóvenes del propio contexto, en relación con la cultura y las opciones de las iglesias locales;
preocúpese efectivamente de que cada comunidad esté atenta a dar respuestas particulares a los desafíos de los contextos locales;
prepare a hermanos y seglares para afrontar los desafíos de la evangelización del propio contexto.
[45] Ponerse en discusión
Llamados por Dios a leer las llamadas de la hora presente y a valorar la situación en que nos encontramos para asumir compromisos concretos, nos sentimos provocados a convertir nuestra mentalidad y cambiar las estructuras, pasando:
de profesionales de la educación, absorbidos por la gestión de grandes obras, a educadores consagrados y calificados, que saben hacer de las obras y las actividades educativas lugares privilegiados de evangelización;
de una evangelización hecha de actividades y propuestas sin continuidad, a una evangelización hecha de itinerarios de educación en la fe y de catequesis, que lleven a cada joven a descubrir el sentido de la propia vida, a tener un encuentro personal con el Señor Jesús, a sentirse parte viva de la Iglesia, a comprometerse en la dimensión social de la caridad;
de una mentalidad individualista en el estilo de evangelización, a la dimensión comunitaria en el anuncio de Jesucristo, abriéndonos a los jóvenes, a las familias, a los seglares más preparados, y estando insertos en los caminos de las Iglesias locales;
de la consideración de la eficacia de nuestra presencia sólo en términos de consenso y de admiración de los demás, a su comprensión en términos de fidelidad al carisma de Don Bosco, con atención al contexto social, al diálogo, a la riqueza de la interculturalidad.
LLAMADA DE DIOS
"Como respuesta a las necesidades de su pueblo, el Señor llama, continuamente y con variedad de dones, a seguirlo por el servicio del Reino. Estamos convencidos de que hay muchos jóvenes ricos en recursos espirituales y con gérmenes de vocación apostólica. Les ayudamos a descubrir, acoger y madurar el don de la vocación seglar, consagrada o sacerdotal, para bien de toda la Iglesia y de la Familia Salesiana. Con idéntica solicitud cultivamos las vocaciones adultas" (Const. 28).
[46] Testimonio de vida salesiana como primera propuesta vocacional
Dios nos llama a la vocación consagrada salesiana y a un testimonio de vida gozosa, enteramente consumida por los jóvenes, vivida en comunidad, siguiendo a Cristo obediente, pobre y casto. Ésta es la primera y la más bella propuesta vocacional que podemos ofrecer a los jóvenes: la vida de cada hermano y el ejemplo de cada comunidad salesiana, donde resplandezca la primacía de Dios.
Somos conscientes de que un joven escoge la vida consagrada salesiana porque ha encontrado una comunidad significativa o un modelo con el que identificarse, un ambiente donde experimentar el don de sí y un guía que le ha acompañado a la opción de Cristo. Si los jóvenes encuentran en nosotros este testimonio de vida y descubren la pasión pastoral que nos anima, ellos mismos pueden percibir y apreciar el don de la vocación consagrada salesiana en su vida.
Por eso, todo hermano y toda comunidad están llamados a hacer percibir a los jóvenes la belleza de la vida consagrada y el gozo que ésta suscita. También la evangelización debe ser un gozo y no sólo un deber; por esto, estamos atentos a hacer visible nuestro compromiso de evangelizar como "gusto", además de como deber; en efecto, deseamos comunicar a los jóvenes la alegría de haber encontrado a Aquel que buscábamos (cf. Jn 1,45).
[47] Vocaciones apostólicas
Como Don Bosco convocaba a los jóvenes como colaboradores suyos, así nos sentimos comprometidos a llamar a los jóvenes a participar en la misión educadora y evangelizadora con pasión apostólica. La comunicación del carisma de Don Bosco nos exige hacer a los jóvenes apóstoles de sus coetáneos y de ayudarlos a descubrir la llamada de Dios.
Hoy sentimos, más fuerte que nunca, el desafío de crear una cultura vocacional en todos los ambientes, de modo que toda la pastoral juvenil pueda ser realmente vocacional. No podemos eximirnos de hacer propuestas concretas y explícitas que motiven y orienten a los jóvenes hacia una opción por las vocaciones apostólicas, sean laicales, presbiterales o consagradas.
Estando en medio de los jóvenes con simpatía y confianza, cuidando el testimonio de personas contentas e identificadas, expresando estima y colaboración fraterna, ofrecemos propuestas que los ayuden a madurar en el conocimiento de sí, en la interiorización, en la espiritualidad sacramental y mariana y en el compromiso apostólico, para que descubran más fácilmente las señales de la llamada de Dios.
[48] Propuesta de la vocación consagrada salesiana y acompañamiento de los candidatos
Dios nos llama a reconocer entre los jóvenes las señales de la vocación consagrada salesiana y a promover con ellos y para ellos un camino de discernimiento. Por esto, cada hermano y cada comunidad están llamados a transmitir la llamada de Dios entre los jóvenes. Al mismo tiempo, para la propuesta de la vocación consagrada salesiana es cada vez más importante la implicación y la formación de las familias y de los colaboradores seglares, además de la Familia Salesiana.
Comunidad salesiana, familias, seglares, jóvenes y Familia Salesiana están llamados a la oración constante y a buscar nuevas iniciativas, instrumentos y formas de acompañamiento, que permitan a los jóvenes vivir el carisma y la convivencia salesiana. En el camino de discernimiento vocacional tenemos el valor de proponer a los jóvenes quedarse para siempre con Don Bosco en una opción de vida consagrada, y de pensar nuevas formas de aspirantado para los jóvenes en búsqueda y para los candidatos.
[49] Vocación del Salesiano Coadjutor
En los orígenes y en la tradición de nuestro carisma Don Bosco ha querido que la Congregación se caracterizase por la presencia complementaria de salesianos consagrados presbíteros y laicos. Por esto estamos llamados a dar visibilidad con nuestra vida a la primacía de Dios, haciendo percibir que las comunidades salesianas están compuestas por consagrados, antes que por presbíteros y laicos.
La figura del salesiano coadjutor requiere ser repensada en su identidad, a partir de la experiencia de Don Bosco, de los cambios de la vida consagrada de hoy, del ensanchamiento de los frentes laicales de la misión salesiana, de la implicación de los laicos, de los nuevos modelos de salesianos coadjutores de hoy. Tal identidad no puede estar vinculada sólo con la profesionalidad.
Conscientes de que la Congregación pone en peligro su identidad, si pierde su componente laical, estamos llamados a redescubrir con fuerza la identidad del salesiano coadjutor, a proponer a los jóvenes la originalidad de esta figura, a darle una mayor visibilidad y a ofrecerle un sólido programa de formación.
SITUACIÓN
[50] Testimonio de vida salesiana como primera propuesta vocacional
Nuestra vocación es apreciada por la sociedad y por la Iglesia y nuestro servicio es esperado y valorizado. Nuestras comunidades creen en la validez y en la riqueza de relaciones marcadas por el espíritu de familia. Hay conciencia y voluntad en tantos hermanos de vivir gozosamente la propia vocación y de crear un ambiente familiar, favorable a las nuevas vocaciones. La actitud de muchos salesianos que acogen a los jóvenes con gestos sencillos pero significativos, como el saludo afectuoso, el entretenimiento cordial, la presencia animadora, llega a ser testimonio vocacional.
La dificultad por la carencia de vocaciones ha hecho crecer una mayor reflexión y sensibilización de las comunidades y de los hermanos sobre cómo hacer animación vocacional en nuestro tiempo. Muchas comunidades rezan por las vocaciones, invitando también a los jóvenes, seglares y familias, con la adoración eucarística mensual o semanal, el rosario comunitario, intención de oración en las vísperas.
Nuestra experiencia de vida religiosa no siempre manifiesta una efectiva "separación del mundo", poniendo en peligro el compromiso con la cultura del consumo, de la posesión y de la vida cómoda. A veces la capacidad de acogida en las comunidades no es suficiente; no estamos siempre dispuestos a dejarnos "turbar" en nuestras costumbres por los jóvenes. Éstos son atraídos por nuestro vivir juntos, pero con frecuencia los hermanos están aislados en el propio sector; disminuye la visibilidad del vivir y trabajar juntos. Esto influye negativamente en la eficacia de nuestro testimonio, que resulta por eso menos creíble.
[51] Vocaciones apostólicas
En nuestros ambientes tenemos tantos muchachos, cuya presencia es una ocasión para cultivar el diálogo educativo, para entrar en confianza y para ayudarlos a descubrir el designio que Dios tiene sobre cada uno de ellos. Las propuestas vocacionales hoy están diversificadas: grupos apostólicos, grupos de reflexión vocacional, compromiso de animación, responsabilidad compartida con los jóvenes.
Muchas veces existe una buena animación vocacional inspectorial, mientras es débil el compromiso a nivel local. En este caso la animación inspectorial sustituye, al menos en parte, este vacío. En algunas Inspectorías se nota una desconexión entre pastoral juvenil y animación vocacional. Hay el peligro de hacer vivir a los jóvenes experiencias bellas y significativas pero aisladas, que carecen de continuidad. Vivimos en una situación de cambios profundos, que crea inseguridad. El predominante modelo secularizado de vida y el impacto negativo de los media están en contraste con la vocación religiosa; esto hace menos atrayente nuestra vida y más difícil la propuesta vocacional. La fragilidad vocacional de numerosos hermanos que dejan la Congregación es un antitestimonio que pesa negativamente sobre las opciones de los jóvenes. Y, además, la crisis de la familia a causa de la secularización y de la caída de los valores cristianos constituye un fuerte obstáculo para crear la cultura vocacional.
No siempre se tiene en consideración la dimensión vocacional en la acción de las comunidades educativo-pastorales. La corresponsabilidad con los seglares no siempre es valorada plenamente, aunque la aportación testimonial de los colaboradores laicos añada significatividad. Débil es el trabajo en sinergia con la Familia Salesiana en la propuesta vocacional. Los salesianos que están con los jóvenes son un número exiguo, también porque a veces ellos no están empeñados en funciones de animación y de acompañamiento; a veces esto sucede también por la figura del Director.
[52] Propuesta de la vocación consagrada salesiana y acompañamiento de los candidatos
Constatamos que resulta significativo el encuentro entre los jóvenes en búsqueda vocacional y los jóvenes salesianos. A través de su testimonio los jóvenes se habitúan a ver la vida consagrada como una modalidad de realización de la vida cristiana. Por esto, para los fines vocacionales, consideran particularmente válido y valorizan la aportación apostólica de los jóvenes salesianos (cf. Const. 46).
Hay Inspectorías con un fuerte compromiso vocacional estructurado y compartido por las comunidades. Están presentes experiencias y comunidades para la acogida de los candidatos a la vida consagrada salesiana; hay nuevas formas de aspirantado, comunidad propuesta, experiencias de voluntariado vocacional. También los nuevos medios de comunicación favorecen el conocimiento del carisma de Don Bosco y el primer contacto con jóvenes interesados en la vocación consagrada salesiana.
Aun considerando los aspectos positivos de nuestro compromiso pastoral, no nos puede dejar indiferentes el hecho de que otros sujetos eclesiales parecen ser más ricos en propuestas y más fecundos en ámbito vocacional. Los adolescentes y los jóvenes son generosos, pero luego muestran dificultad para asumir un compromiso continuado; gran parte de los que tratamos se encuentran en situación de primera evangelización. Ante propuestas de opciones irreversibles, éstos corren el peligro de bloquearse vocacionalmente o bien de pasar de una opción a otra en la óptica de acumular experiencias.
La mentalidad del reclutamiento lleva a veces a tener jóvenes candidatos a la vida consagrada con formas de fragilidad y debilidad en las motivaciones. Desgraciadamente algunos jóvenes son introducidos en las fases formativas sin tener la idoneidad suficiente y la convicción de asumir compromisos para toda la vida. Si en algunas regiones la opción vocacional es radicalmente contracorriente respecto a la sensibilidad común, en otras es un modo seguro de promoción social. La animación vocacional está orientada casi exclusivamente a los jóvenes estudiantes, mientras descuidamos a los jóvenes trabajadores.
En el acompañamiento vocacional se encuentran dificultades también en la falta de preparación de los salesianos; resulta a veces también difícil convocar con propuestas adecuadas y valientes a los jóvenes y a los colaboradores. Cuando no hay continuidad de proyecto, el cambio de cargo de los hermanos comprometidos en la animación vocacional resulta particularmente delicado.
[53] Vocación del Salesiano Coadjutor
Con frecuencia los jóvenes desean hacerse salesianos para seguir a Don Bosco, pero no siempre se preguntan qué tipo de vocación consagrada salesiana quieren elegir, si la del presbítero o del coadjutor. Por esto, juega un papel fundamental la presentación de la figura del salesiano coadjutor hecha en el aspirantado, prenoviciado y noviciado. Luego, la presencia de un número significativo de salesianos coadjutores cultural y profesionalmente calificados, puestos en funciones de responsabilidad, favorece la visibilidad de esta vocación y suscita el deseo en los jóvenes de escogerla. Ha sido positivo el nacimiento de la colaboración en todas las regiones para la fase de formación específica.
No siempre resulta fácil presentar de modo eficaz la figura del salesiano coadjutor; esto hace difícil la identificación de los jóvenes con esta vocación. Motivo fundamental es el debilitamiento de la identidad y de la visibilidad de la vida consagrada, como estado de vida, en nuestras comunidades.
Permanece en algunos salesianos la sutil mentalidad de que en el fondo la Congregación puede continuar trabajando en beneficio de los jóvenes, aun sólo con los salesianos presbíteros. Por desgracia, son pocos los hermanos coadjutores comprometidos en la actividad juvenil, a causa del limitado número de vocaciones, del envejecimiento y del compromiso dominante del salesiano coadjutor en funciones de gestión más que de animación. En algunos contextos culturales están todavía presentes algunos prejuicios hacia la figura del salesiano coadjutor, vista como una vocación no plenamente realizada.
LÍNEAS DE ACCIÓN
Testimonio de vida salesiana como primera propuesta vocacional
[54] Cada Salesiano y cada comunidad tomen conciencia de que ellos son la primera propuesta vocacional dirigida a los jóvenes y asuman un compromiso de testimonio de vida y de implicación de los jóvenes en la vida comunitaria y en la acción apostólica.
[55] Cada hermano:
despierte la conciencia del origen de la propia vocación, asumiendo una actitud de reconocimiento, de alegría, de testimonio y de fidelidad;
incluya en su proyecto personal de vida el compromiso directo en la animación vocacional;
vuelva a descubrir el valor de la dirección espiritual y personalmente la practique o renueve su práctica.
[56] Cada comunidad:
abra a los jóvenes, particularmente a los que están en discernimiento vocacional, la propia mesa, la oración comunitaria, la amistad, la participación en la acción apostólica;
rece diariamente por la perseverancia de sus miembros y por las vocaciones;
realice periódicamente escrutinios sobre su testimonio de vida;
señale tiempos adecuados para la participación espiritual y la "lectio divina" con los jóvenes;
programe la vida de modo que todo hermano dé prioridad al estar en medio de los jóvenes;
valorice las fiestas, los momentos de entretenimiento, la corrección fraterna.
[57] Cada Inspectoría:
promueva la actualización de los salesianos y de los colaboradores seglares sobre la animación vocacional, en particular sobre el acompañamiento y sobre el discernimiento vocacional;
comprometa a las comunidades formadoras, a los jóvenes tirocinantes, a los sacerdotes jóvenes y a los salesianos coadjutores en la animación vocacional, tanto a nivel local como inspectorial;
anime, implique y sostenga a todo hermano y a toda comunidad en el compromiso vocacional.
Vocaciones apostólicas
[58] "Descubrir y orientar vocaciones" sean el verdadero "coronamiento de toda nuestra labor educativo-pastoral" (Const. 34). Cada Inspectoría, comunidad local y comunidad educativa pastoral se comprometan a crear gradualmente una cultura de la vocación en su trabajo pastoral y, sobre todo, a suscitar y acompañar vocaciones apostólicas entre los jóvenes.
[59] Cada comunidad
elabore una propuesta de animación vocacional local, que implique a la comunidad educativa pastoral, en todas las fases del proceso: formulación, puesta en acto y evaluación periódica;
revise el proyecto educativo pastoral local, de modo que evidencie la propuesta a los jóvenes de la vocación apostólica en todas sus formas; suscite en los jóvenes la pasión apostólica de Don Bosco y los implique en la propia acción pastoral, sobre todo a favor de los jóvenes más pobres;
prevea un camino para cada franja de edad, que comprenda experiencias sólidas de oración y de contacto con la Palabra de Dios y la iniciación en la práctica del proyecto personal de vida;
valorice los recursos vocacionales del asociacionismo, voluntariado y animación misionera;
cuide la pastoral familiar mediante experiencias de encuentro, reflexión, oración y participación de la fe, para que los padres sean cultivadores de la vocación de los propios hijos;
refuerce el movimiento juvenil salesiano y presente como modelos de vocaciones apostólicas a Don Bosco y los santos y beatos de la Familia Salesiana;
celebre las fiestas salesianas como tiempos fecundos para la promoción vocacional;
haga uso de los nuevos espacios frecuentados por los jóvenes, como por ejemplo los blog y las webpage, que procurará hacer siempre atrayentes e interesantes;
prevea en el balance económico la aportación para la animación vocacional.
[60] Cada Inspectoría:
recupere la figura del Director como primer animador vocacional dentro de la comunidad educativa pastoral y refuerce la figura del coordinador pastoral de cada obra;
ayude a toda comunidad a preparar la propuesta sistemática de animación vocacional local, en sinergia con la animación vocacional inspectorial; potencie o haga nacer el asociacionismo apostólico y misionero.
Propuesta de la vocación consagrada salesiana y acompañamiento de los candidatos
[61] Cada Inspectoría, comunidad local y cada salesiano estén convencidos de que el solo testimonio no basta para suscitar el deseo de seguir más de cerca al Señor Jesús, sino que es necesario hacer al joven una propuesta explícita de la vocación consagrada salesiana y que luego hay que ayudarlo a madurar la decisión vocacional con formas adecuadas de acompañamiento.
[62] Cada salesiano:
tenga el valor de proponer a los jóvenes la vida consagrada salesiana, recurriendo al modo típicamente salesiano de acompañamiento personal: la palabrita al oído en el momento justo, el encuentro informal, el coloquio, la dirección espiritual, el sacramento de la reconciliación;
tenga en cuenta que los gérmenes de la vocación se siembran durante los años de la edad evolutiva;
esté preparado y generosamente disponible para la dirección espiritual.
[63] Cada comunidad:
oriente a los jóvenes generosos y disponibles a participar en las propuestas inspectoriales de búsqueda vocacional para la vida consagrada salesiana.
[64] Cada Inspectoría:
estudie la posibilidad de tener una o más comunidades donde realizar la experiencia del aspirantazo (Reg.17), o sea una experiencia de discernimiento vocacional, acompañamiento personal, estudio, participación en la vida de la comunidad, ejercicio en la misión salesiana;
favorezca que la experiencia de aspirantado sea dirigida en grupo por los candidatos a la vida consagrada salesiana, sea realizada antes del prenoviciado y sea propuesta a jóvenes de la escuela secundaria, universitarios, obreros y voluntarios vocacionales;
repiense la metodología, la práctica del discernimiento y el acompañamiento de aquellas comunidades salesianas que ya tienen la finalidad de ser aspirantados;
realice, con la ayuda de los Dicasterios competentes, una más estrecha colaboración entre pastoral juvenil y formación para repensar y proponer modalidades nuevas de aspirantado;
tenga en cuenta en el discernimiento vocacional los criterios indicados por la "Ratio", en particular el espíritu de oración y la conciencia de la primacía de Dios, la implicación en el servicio educativo pastoral salesiano, el contexto familiar.
Vocación del Salesiano Coadjutor
[65] La Congregación en los diversos niveles se comprometa a comprender, profundizar y explicar la identidad y el significado de la vocación del salesiano coadjutor; revise y promueva caminos formativos calificados y específicos; trate de dar mayor visibilidad a esta figura sobre todo entre los jóvenes; encuentre modalidades nuevas de propuesta vocacional.
[66] Cada comunidad:
conozca y haga conocer, sobre todo a los jóvenes, las biografías del beato Artémides Zatti, del venerable Simón Srugi y del siervo de Dios Esteban Sándor y de otras figuras significativas de salesianos coadjutores;
rece junto con las comunidades educativas pastorales para pedir a Dios el don de vocaciones de salesianos coadjutores;
implique a todos los hermanos, jóvenes, familias, seglares y Familia Salesiana en el conocimiento de la identidad del salesiano coadjutor.
[67] Cada Inspectoría:
sostenga con la ayuda del Dicasterio de la formación, la profundización de la identidad del salesiano coadjutor y facilite su asimilación por parte de hermanos y comunidades;
participe en el compromiso de reforzar la fase de la formación específica del salesiano coadjutor, realizada en colaboración interinspectorial a nivel regional o interregional;
inicie, con la ayuda del Dicasterio de la formación, la experimentación de un nuevo currículo formativo del salesiano coadjutor, especialmente por lo que se refiere al postnoviciado, al tirocinio y a la especialización profesional;
valorice más las figuras de salesianos coadjutores en la presencia directa entre los jóvenes y en las comunidades educativas pastorales y no sólo en ámbitos organizativos y administrativos;
estudie el modo de proponer la vocación del salesiano coadjutor a los jóvenes, dentro del equipo de pastoral juvenil y de la comisión de formación;
implique a los salesianos coadjutores en la animación vocacional;
haga de la celebración de la profesión perpetua del salesiano coadjutor una ocasión oportuna para profundizar y proponer el significado de esta vocación.
Ponerse en discusión
[68] Llamados por Dios a leer las llamadas de la hora presente y a valorar la situación en que nos encontramos para asumir compromisos concretos, nos sentimos provocados a convertir nuestra mentalidad y cambiar las estructuras, pasando:
de una vida espiritual personal y comunitaria planteada sobre compromisos vividos principalmente por deber o costumbre, a una vida espiritual que da la primacía a la relación con Dios y que llega a ser gozoso testimonio capaz de suscitar el deseo de seguir a Cristo;
de la consideración de la Familia Salesiana sólo como un lugar de encuentro, de conocimiento recíproco y de intercambio de experiencias, al compromiso para que ella sea cada vez más el lugar de convocación de todos los que se sienten llamados por Dios a gastar la propia vida a favor de los jóvenes siguiendo el ejemplo de Don Bosco;
de la animación vocacional entendida como praxis de reclutamiento de los candidatos confiada a un encargado, a la creación de una cultura vocacional en que cada hermano, cada comunidad salesiana y cada comunidad educativa pastoral son implicados en el compromiso vocacional;
de una visión restringida de la vocación del salesiano coadjutor y de sus funciones, al compromiso de profundizar su identidad en el vivir la vida consagrada al servicio de la única misión juvenil.
LLAMADA DE DIOS
"Don Bosco vivió la pobreza como desprendimiento del corazón y servicio generoso a los hermanos, con estilo austero, industrioso y rico de iniciativas. Siguiendo su ejemplo, también nosotros vivimos desprendidos de todos los bienes terrenos, y participamos con espíritu emprendedor en la misión de la Iglesia y en su esfuerzo por la justicia y la paz, sobre todo educando a los necesitados. El testimonio de nuestra pobreza, vivida en la comunión de bienes, ayuda a los jóvenes a vencer el instinto de posesión egoísta y les abre al sentido cristiano del compartir" (Const. 73).
[69] Estilo de vida personal sencillo y austero
Todo hermano está llamado a manifestar en la vida que Dios es la única verdadera riqueza. Expresa la pobreza con el trabajo infatigable, la disponibilidad, la sencillez, la templanza, la austeridad de vida, el compartir con los pobres. En el compromiso de asimilar el estilo de vida y los sentimientos de Cristo, Don Bosco se dio por entero a Dios y a los jóvenes; como él el salesiano está disponible al "cetera tolle".
[70] Testimonio profético y creíble de la comunidad
La comunidad está llamada a vivir el trabajo y la templanza, de modo que su testimonio de pobreza sea profético y creíble. Su estilo de vida asume de tal modo un valor fuertemente educativo: afirma la primacía del ser sobre el tener; realiza una auténtica solidaridad cristiana con los pobres; contesta estilos de vida consumistas, eficientistas y orientados al derroche.
La comunidad está llamada a desarrollar un trabajo ordenado, libre de la pereza y del frenesí, con un sentido de compartir la misión y de interdependencia. Esto pide estar disponibles a cualquier misión, trabajo y servicio por el Reino de Dios y de no estar atados a una obra o a cosas que a veces parecen irrenunciables. La comunidad se siente también solicitada a vivir la pobreza, cultivando la comunión de los bienes entre los hermanos, las comunidades, las Inspectorías y la Congregación.
[71] Misión entre los más pobres
Dios nos llama a tener una particular sensibilidad humana y evangélica frente al grito de los pobres, que se manifiesta en la opción preferencial por los más necesitados, en la solidaridad y en el trabajo por su promoción, en el compartir su vida y en estar con ellos. La pobreza se manifiesta en la solidaridad hacia todos, en el trabajo asiduo por la justicia y por el desarrollo, en el respeto del ambiente, evitando derroches e inútiles consumos, en el compromiso por las nuevas formas de pobreza.
Estamos llamados a ofrecer medios suficientes para todo lo que necesita la misión; a salir de la mentalidad paternalista y asistencial para dar a los pobres la posibilidad de participar en su desarrollo integral. Todo hermano y comunidad están llamados a superar las contradicciones y las incoherencias que no les permiten vivir en plenitud nuestro servicio a los jóvenes sin reservas, superando la concepción de la misión part-time, venciendo la seducción del aburguesamiento y la indiferencia frente al drama mundial de la pobreza.
[72] Gestión responsable y solidaria de los recursos
La pobreza se refleja en la gestión responsable y en el compartir solidario de los medios disponibles. Los bienes que Dios nos da son de los pobres y Él nos pide cuenta de una gestión cuidadosa, transparente y compartida y de la práctica de la justicia hacia nuestros dependientes. Los desafíos de la ilegalidad, de la injusticia planetaria y del acaparamiento de los bienes por parte de pocos nos llaman a elaborar una cultura de la esencialidad, de la justa distribución de los recursos, del desarrollo sostenible, como alternativa a la cultura del consumo y de lo superfluo.
SITUACIÓN
[73] Estilo de vida personal sencillo y austero
En general, los hermanos dan un buen testimonio de vida que se caracteriza por un trabajo incansable, sin horarios y con sentido de gratuidad hasta la edad avanzada. Con frecuencia recibimos, tanto a nivel personal como de Congregación, reconocimientos lisonjeros por el espíritu de trabajo y la sencillez de vida.
Muchos hermanos dan testimonio de vida sobria y austera, poniendo al servicio de los más pobres lo que son y lo que tienen. A veces somos menos sensibles para comprender las diversas dimensiones de la pobreza y la reducimos sólo a la cuestión del uso del dinero en dependencia del superior. Se constata que no siempre la pobreza se vive en la comida, en la habitación, en los viajes, en el uso de los instrumentos de comunicación y en la organización de los propios tiempos de descanso; ¡en el fondo no nos falta nada! Hay hermanos que ponen en peligro la propia salud trabajando de forma desordenada y no dedicando la necesaria recuperación de energías físicas y espirituales.
Hay, luego, situaciones de debilidad: dificultad de ponerse en discusión; poca transparencia en la gestión del dinero y cuentas personales; desinterés para con las actividades de la comunidad; búsqueda de momentos de tiempo libre y de medios para necesidades personales. En algunos contextos se verifica un excesivo apego a la familia, dedicándole atenciones y apoyo no coherentes con la pobreza. El superior encuentra dificultad con algunos hermanos para valorizar sus actitudes y para implicarlos de modo proporcionado a las capacidades.
[74] Testimonio visible, profético y creíble de la comunidad
El trabajo sigue siendo un componente importante de nuestro ser pobres. A pesar de la caída numérica, las comunidades llevan adelante con entrega, gracias al trabajo sacrificado de tantos hermanos, una multiplicidad de iniciativas en frentes diversificados.
En numerosas comunidades se comparten los bienes; se presta atención a las situaciones de pobreza de los jóvenes aplicando pensiones favorables, instituyendo becas, ayudando a los hijos de familias pobres; hay participación de los hermanos en servicios humildes para el cuidado y la manutención de la casa.
La escasa participación y la falta de implicación de toda la comunidad en la gestión económica de la obra, aun respetando las responsabilidades, causa en los hermanos el desconocimiento del coste de la vida. Con frecuencia el scrutinium paupertatis se hace de manera superficial; de modo que no llega a implicar a todos los hermanos y a la comunidad. Hay comunidades en las que la presencia de personal estipendiado al servicio de los hermanos ha aumentado notablemente, a veces con daño de la corresponsabilidad en los servicios comunes.
Los desafíos que la sociedad presenta a la misión salesiana piden la sinergia de todas nuestras fuerzas, orientadas y convergentes en un proyecto compartido. Se notan salesianos no implicados y desempeñados que dedican poca atención a la misión común y otros cuyo empeño se concentra en forma dispersiva y aislada sobre iniciativas propias.
En la formación inicial parece a veces escasa la atención a la pobreza evangélica, vivida concretamente en lo cotidiano. Se subraya la dimensión teórica del voto de pobreza, pero con frecuencia no se enseña prácticamente a pensar y vivir como pobres.
[75] Misión entre los más pobres
Aparecen en crecimiento actividades y obras educativas que previenen formas de pobreza, que ayudan a superarla y que educan en la solidaridad, con múltiples iniciativas a favor de los más necesitados y de los excluidos. Entre éstas se señalan en particular la "missio ad gentes", la acogida de los inmigrados, los proyectos de apoyo al desarrollo, la ayuda a los pueblos probados por la guerra y por calamidades naturales. El envejecimiento y la falta de vocaciones nos ayudan a tomar conciencia de nuestra fragilidad, de la dependencia de la Providencia y nos abren a la colaboración en red.
Estamos atados a nuestra experiencia pasada, condicionada por estructuras y actitudes que no favorecen la libre apertura a nuevas opciones. Trabajamos por los pobres, pero a veces no a su lado; a veces no favorecemos su protagonismo en los proyectos de desarrollo. Se nota la resistencia y la dificultad por parte de algunos hermanos a ir hacia los jóvenes más necesitados, a ser solidarios con los más pobres, a abrir nuevas presencias proféticas en el frente de las pobrezas juveniles.
Las estructuras imponentes, los medios frecuentemente costosos y llamativos, la gran disponibilidad de dinero, no dan testimonio de pobreza comunitaria e institucional. Algunas obras iniciadas a favor de los más pobres, gradualmente se han dirigido a las clases medias.
[76] Gestión responsable y solidaria de los recursos
La pobreza exige una gestión responsable y solidaria de los medios. En este sentido se han hecho muchos esfuerzos para conseguir una mayor transparencia en la administración, en particular adoptando la redacción del balance final, un mejor uso de los edificios al servicio del territorio, una mayor sensibilidad respecto de las normas vigentes, una concreta y activa solidaridad a nivel inspectorial.
Con satisfacción se puede constatar en muchas naciones que instituciones eclesiásticas, estatales e internacionales de asistencia siguen proporcionando fondos e instalaciones para desarrollar nuestras obras y para ayudar nuestras actividades para los jóvenes más pobres y necesitados. Esto es señal de su confianza de que cuanto se nos da llega a los destinatarios y está bien administrado.
La gestión de los recursos económicos de las obras requiere hoy una competencia que no se improvisa. Esta función está confiada con frecuencia a hermanos que han aceptado la obediencia, pero que no tienen una preparación adecuada a la función confiada.
Trabajar en corresponsabilidad con los seglares requiere por nuestra parte una mayor y más atenta justicia social en relación con ellos y hace surgir la necesidad de promover participación, implicación y corresponsabilidad también en las opciones de gestión.
Las urgencias y la complejidad creciente de ciertas actividades corren el peligro de transformar la obra salesiana en una empresa, con todos los peligros de un excesivo funcionalismo y una estéril eficiencia. En la conducción de proyectos de grandes dimensiones relativos a nuevas estructuras, se corre el peligro con frecuencia de perder energías. Tiempo y dinero.
LÍNEAS DE ACCIÓN
Estilo de vida personal sencillo y austero
[77] La pobreza evangélica nace de un corazón libre y de íntima convicción. Es, por tanto, necesario que todo salesiano asuma la responsabilidad personal de ponerse constantemente en la escuela de Cristo, imitando la pobreza austera, concreta e industriosa de Don Bosco.
[78] Cada salesiano:
renueve con la debida diligencia el proyecto personal de vida por lo que se refiere al ejercicio de la pobreza evangélica;
examine regularmente los propios criterios de pobreza respecto de la comida, del vestido, viajes, muebles y objetos de la habitación y del despacho, uso de los media y del tiempo, compartir los talentos, haciendo referencia al cetera tolle de Don Bosco;
cuide la propia salud; viva la sobriedad personal, la templanza y la acogida; cultive el sentido del orden;
acepte con madurez la molestia por la falta de algún bien útil o necesario;
favorezca la transparencia, volviendo al espíritu de dependencia del superior y dando cuenta del uso del dinero y de los regalos recibidos (Const. 75);
desarrolle la sensibilidad en el cuidado y manutención de los bienes y la disponibilidad para realizar los pequeños trabajos de casa, a partir del período de la formación inicial.
Testimonio profético y creíble de la comunidad
[79] La pobreza vivida por el evangelio es señal que Dios y su Reino nos bastan. Cada comunidad dé un testimonio profético y creíble para los jóvenes de hoy, que viven en una cultura consumista y hedonista. Esté atenta al propio estilo de vida, a sus opciones prioritarias, al compromiso por los pobres.
[80] Cada comunidad:
haga con diligencia el scrutinium paupertatis en vista de un testimonio más creíble;
prepare el presupuesto anual, tratando de adecuar la vida comunitaria a un estilo sobrio y comprometido como el de muchas familias que viven con sencillez y del propio trabajo;
informe regularmente a los hermanos de los costes reales de la vida cotidiana, calculados a partir de la contabilidad de la comunidad;
asegure que los hermanos conozcan y pongan en práctica las indicaciones del directorio inspectorial – sección pobreza y administración, en particular las que se refieren al uso personal de los bienes y de los instrumentos tecnológicos;
adopte criterios de sencillez en las celebraciones de fiestas y aniversarios;
estudie la propia situación económica, para asegurar un desarrollo sostenible y, si depende de ayudas externas, para orientar planes de financiación autosuficiente.
[81] Cada Inspectoría:
comprométase a redactar modalidades de realización del scrutinium paupertatis para uso de las comunidades, sobre la base de Const. 72-79.
Misión entre los más pobres
[82] "El Señor indicó a Don Bosco, como primeros y principales destinatarios de su misión, a los jóvenes, especialmente a los más pobres" (Const. 26). Nuestro voto de pobreza nos lleva a opciones preferenciales valientes y encuentra expresión concreta en la solidaridad con los pobres.
[83] Cada Inspectoría:
verifique, a partir del proyecto orgánico inspectorial, si sus obras están verdaderamente a disposición de los más pobres y de su desarrollo integral;
tome con valor, donde sea necesario, la decisión de recolocar algunas de sus obras en otros lugares más significativos y que respondan a las necesidades de los pobres.
[84] Cada comunidad:
desarrolle una función profética en el campo de la justicia social, haga protagonistas a los jóvenes en el compromiso contra la pobreza, ayúdelos a descubrir con espíritu crítico y constructivo el sentido de la economía, del trabajo y del consumo de los bienes;
procure informar a los hermanos de la real situación económica de las franjas más débiles de los jóvenes que frecuentan nuestras obras y de sus familias;
destine anualmente una suma congrua para sostener actividades a favor de los servicios hacia ellos;
cree ocasiones de compartir con los pobres del territorio;
asegure que cada proyecto de desarrollo se armonice con el proyecto educativo pastoral local, evitando iniciar proyectos sólo porque hay fondos disponibles; trate, por otra parte, de acceder a los fondos gubernativos de cooperación, cuando estén disponibles.
Gestión responsable y solidaria de los recursos
[85] "Recordad, nos advierte Don Bosco, que no es nuestro lo que tenemos, sino de los pobres" (Const. 79). Como siervos y administradores nos preocupamos de hacer una gestión responsable y un uso solidario de los recursos que se nos confían, poniéndolos sin reservas al servicio de la misión común.
[86] Cada comunidad:
verifique periódicamente objetivos y estrategias de la obra, para evitar que se conviertan en empresas de educación y que los hermanos sean gestores de empresas educativas más que educadores;
prepare fielmente, junto con la comunidad educativa pastoral, el balance anual de la obra, presupuesto inicial y balance final, renovando la confianza en la Providencia y la adhesión a la praxis del compartir y de la solidaridad fraterna;
asegure que el movimiento financiero de todos los sectores de la obra dependa del departamento administrativo (Reg. 198), el inventario esté actualizado, los pasos de entrega se hagan con cuidado;
haga de modo que el trato del personal dependiente sea conforme a criterios de legalidad y justicia;
sea responsable de la planificación, ejecución y monitorización de los trabajos de construcción y de manutención, de acuerdo con el ecónomo inspectorial (Reg. 195).
[87] Cada Inspectoría:
cuide que las estructuras de nuestras obras, fruto del trabajo de quien nos ha precedido y de la generosidad de los bienhechores, sean idóneas para la realización de la misión, sean utilizadas adecuadamente y sean cuidadas en el mantenimiento;
esté convencida de que el espíritu proyectivo, que favorece la continuidad en la gestión de las obras, y la programación, que fija en su momento las opciones posibles, son un instrumento para vivir como pobres y continuar nuestro servicio a favor de los jóvenes;
revise la formación inicial en relación con la pobreza, enseñando a los jóvenes hermanos nociones de contabilidad, gestión y coste de los bienes; abriéndolos a las problemáticas del trabajo; ayudándolos a usar correctamente el tiempo, los bienes y el dinero;
estudie la posibilidad, en las obras particularmente complejas y donde fuese requerido por las circunstancias, de confiar a seglares preparados la administración económica de la obra educativa pastoral;
realice construcciones atentas al impacto ambiental; asegúrese de que no se descuiden los pequeños compromisos ecológicos: menos uso del auto, uso de automóviles y maquinarias ecológicas, uso de fuentes energéticas alternativas, ahorro de la energía, eliminación diferenciada de los desechos;
cuide que haya una praxis común para la contabilidad de las casas, que haya un plan de solidaridad inspectorial, que haya disponibilidad de parte de los propios recursos para ir al encuentro de situaciones de pobreza y a emergencias de los países en vías de desarrollo.
Ponerse en discusión
[88] Llamados por Dios a leer las llamadas de la hora presente y a valorar la situación en que nos encontramos para asumir compromisos concretos, nos sentimos provocados a convertir nuestra mentalidad y cambiar las estructuras, pasando:
de un compromiso en el servicio apostólico a los jóvenes a tiempo parcial, a una dedicación incondicional y feliz de nosotros mismos;
de una visión legalista de la pobreza que indica lo que podemos tener y no tener, a la libertad de corazón de una comunidad de consagrados atentos a las exigencias del territorio, capaces de ponerse en discusión y dedicarse enteramente a Dios y a los jóvenes;
de un obrar como propietarios de las obras, a administradores fieles y responsables de bienes que no son nuestros, sino de la Providencia y de los pobres.
LLAMADA DE DIOS
"Nuestra acción apostólica se realiza con pluralidad de formas, determinadas en primer lugar por las necesidades de aquellos a quienes nos dedicamos. Actuamos la caridad salvífica de Cristo organizando actividades y obras de carácter educativo-pastoral, atentos a las necesidades del ambiente y de la Iglesia. Sensibles a los signos de los tiempos, las verificamos, renovamos y creamos otras nuevas con espíritu de iniciativa y ductilidad constante. La educación y la evangelización de muchos jóvenes, sobre todo entre los más pobres, nos mueven a llegarnos a ellos en su ambiente y a acompañarlos en su estilo de vida con adecuadas formas de servicio" (Const. 41).
[89] Nuevas exigencias de la misión salesiana
Frente a las múltiples situaciones y a las diversas necesidades de la juventud, Dios nos pide individuar las prioridades de la misión salesiana hoy. Movidos por el Espíritu seguimos el ejemplo de Don Bosco que recorrió las calles de Turín, vio las necesidades de la "juventud en peligro" y respondió prontamente abriendo nuevos frentes y actuando también con "temeridad" con tal de "ganar almas a Dios". Convencido de que Dios se manifiesta a través de las urgencias del momento y de los lugares, el salesiano está atento a los signos de los tiempos y está dispuesto a dar respuestas concretas.
Dios nos pide mirar las nuevas pobrezas con mirada atenta y con decisiones tempestivas, para intervenir en las situaciones en que la juventud vive experiencias marginales, como la inmigración, la explotación sexual, el trabajo de los menores, la pobreza afectiva, la situación de familias fragmentadas o desestructuradas, la violencia interfamiliar, la tóxicodependencia, la pandemia SIDA/HIV, la inadaptación social, la desocupación, la explotación y la injusta retribución del trabajo, la pobreza cultural. Nos pide también prestar atención a algunos lugares, como las periferias de las ciudades y las zonas de chabolas, y estar atentos a algunas situaciones como las de los jóvenes en peligro, de los refugiados, de los muchachos de la calle, de los indígenas, de los gitanos y de otras minorías étnicas.
Además, Dios nos pide responder a los desafíos y oportunidades que se refieren a la evangelización y a la educación de los jóvenes, como el secularismo, la indiferencia religiosa, el diálogo ecuménico e interreligioso, la pérdida del sentido de la vida y la precariedad de las opciones vocacionales, la difundida cultura de la muerte que no aprecia la vida, la inestabilidad de la familia, la mentalidad consumista, el permisivismo y el relativismo ético, la progresiva destrucción de la naturaleza y el derroche de los recursos, la globalización de la comunicación social.
[90] Cambios en la realización de la misión
Don Bosco escuchó la llamada de Dios y el grito de los jóvenes. Hoy las invocaciones desesperadas de éstos llegan a nuestro corazón. Como salesianos estamos llamados a hacer experiencia de Dios y a tener un corazón oratoriano como el de Don Bosco, reafirmando nuestra opción por los jóvenes más pobres, yendo donde ellos se encuentran, aun fuera de nuestras obras, colocándonos en sus lugares de vida, abriendo nuevos espacios además de lo que ya hacemos.
El Espíritu nos impulsa a sentir las razones del joven oprimido, inmigrado, excluido, marginado, no alcanzado por el evangelio. Como el buen samaritano, somos solicitados a ir hacia los jóvenes y no sólo a esperarlos. Se trata de una nueva solidaridad, que cuenta también con el fuerte desarrollo del voluntariado y de los colaboradores seglares y que no obra en términos de protección sino de enriquecimiento recíproco. Esto requiere ponernos en estado permanente de formación y actualización para responder a los problemas juveniles y a las nuevas pobrezas.
Sentimos fuerte la llamada, como salesianos y como comunidades educativas pastorales, a redescubrir y actualizar la fuerza educativa del sistema preventivo, que sigue siendo la metodología fundamental de todas nuestras intervenciones, en particular en la capacidad de recuperación de los jóvenes en dificultad.
Las situaciones de pobreza y los nuevos desafíos culturales nos piden, en particular, favorecer una educación de los jóvenes en el compromiso social y político, en la tutela de los derechos humanos, en la ciudadanía activa, en la asunción de un estilo de vida sobrio y solidario, en la atención al ambiente y a las opciones éticas, en la superación de la exclusión.
[91] Cambios en el modelo y en la gestión de las obras
Dios nos llama a tener el valor y la audacia profética de reestructurar o reajustar nuestras obras, teniendo como perspectiva las nuevas fronteras juveniles y la significatividad de la misión. Esto incluye la necesidad de organizar la vida de las comunidades según las necesidades de los jóvenes y de dar vida a obras más sencillas y ágiles.
La respuesta a la nuevas necesidades pide a cada uno de nosotros la capacidad de vivir la "espiritualidad de la poda" para aligerarnos más de los pesos organizativos y para poder estar más dedicados a la causa de la evangelización. Tal respuesta pide también preparar a hermanos, seglares y más en general a educadores calificados a responder a los nuevos desafíos que nos presentan los jóvenes.
Nos sentimos comprometidos a trabajar no sólo dentro de nuestras obras, sino también en red con otras organizaciones y agencias educativas, en sinergia con la Iglesia local, con el territorio y con todas las fuerzas interesadas, a partir de los grupos de la Familia Salesiana.
SITUACIÓN
[92] Nuevas exigencias de la misión salesiana
Ha crecido entre los salesianos y los colaboradores seglares la sensibilidad hacia los desafíos que presenta el mundo juvenil de hoy: nuevas formas de violencia, abusos sexuales, desocupación y trabajo precario, tóxicodependencias, inmigración, fracaso y dispersión escolar, carencia de viviendas, familias en dificultad, así como también sensibilidad ecológica, apertura religiosa y uso de nuevas tecnologías. Es fuerte el compromiso de la Congregación a favor del crecimiento humano y de la promoción social de las áreas donde es más evidente la pobreza. En nuestras obras los jóvenes son acogidos sin discriminaciones y a todos se les ofrece nuestro servicio educativo pastoral.
Se han potenciado los centros de educación superior y universitaria, prestando atención a los jóvenes también en sus exigencias de preparación académica y profesional. En dichos centros tenemos también la posibilidad de reflexionar sobre las nuevas fronteras de la misión juvenil, de desarrollar respuestas maduras, de proyectar intervenciones, de promover iniciativas y de preparar a los formadores. Con frecuencia estas instituciones son frecuentadas por jóvenes de nacionalidades, culturas y religiones diversas.
La situación cultural actual, caracterizada por hedonismo, pérdida de valores y relativismo, hace difícil la elaboración de un proyecto personal de vida. Los jóvenes se encuentran en situaciones de fragilidad, de falta del sentido de la vida, de extravío afectivo, cultural y de pérdida de valores. La progresiva disgregación de la familia – matrimonios que fracasan, convivencias, familias monoparentales, abandono educativo, violencias interfamiliares, maternidades precoces – se refleja en el crecimiento de los hijos, que, de todos modos, miran a la familia como punto de referencia y en la que tienen confianza.
Constatamos que el escenario de la situación de los jóvenes se ha ampliado grandemente. Existen nuevos espacios de presencia juvenil, comprendido el espacio de la noche y del internet. Se han abierto nuevas fronteras no sólo de tipo geográfico, sino también y sobre todo en la comunicación; esto comporta un desafío estimulante para la renovación de nuestra misión. A pesar de que hay realidades presentes en las nuevas formas de comunicación, nuestra presencia en ellas es todavía débil.
[93] Cambios en la realización de la misión
En las Inspectorías han surgido experiencias positivas, orientadas a contener el malestar y a responder a las pobrezas emergentes. Se desarrolla el trabajo en red, en colaboración con la Familia Salesiana, con educadores y voluntarios de las comunidades educativas pastorales, con sujetos del mundo eclesial, social y asociativo, con las organizaciones no gubernamentales. Aspectos positivos que favorecen la apertura a las nuevas fronteras son la crecida voluntad y capacidad de pensar y obrar por proyectos, la confianza y la disponibilidad de las instituciones políticas, el compromiso para invertir en la formación para capacitar a salesianos y seglares para modalidades y respuestas adecuadas.
Por otra parte, existe una cierta resistencia para renovar, recalificar, convertir nuestra mentalidad. Estamos más preocupados por mantener y mejorar nuestras obras, que por dar respuestas a los nuevos desafíos y recolocarnos donde hay necesidad, Débil resulta la formación de salesianos y seglares, para saber leer los signos de los tiempos y conjurar el peligro de la lejanía de los jóvenes. A veces nuestro compromiso educativo no logra alcanzar a quien está fuera de nuestro ambiente.
Para responder a las nuevas pobrezas, en general las Inspectorías se han confiado a la iniciativa de algún hermano sensible y no siempre han hecho realidad las iniciativas programadas, dedicando estudio, recursos económicos, implicación de otros sujetos. Por desgracia, un obstáculo que bloquea la iniciativa en no pocas Inspectorías proviene de la reducción del número de los hermanos y de su envejecimiento.
[94] Cambios en el modelo y en la gestión de las obras
En algunas Inspectorías con la formación, la implicación y la corresponsabilidad de los seglares, se han obtenido buenos resultados en el trabajo a favor de los jóvenes pobres. Aun notando resultados positivos, hay todavía Inspectorías donde cuesta caminar en esta dirección. Falta, por ello, encontrar formas adecuadas de implicación y de compartir responsabilidades.
Con frecuencia nuestro compromiso educativo pastoral está estructurado según criterios "tradicionales" y "colegiales", mientras el mundo ha sufrido cambios culturales radicales. La conducción de las actividades según reglas precisas, lleva a excluir demasiado fácilmente a los muchachos difíciles, sin ofrecerles respuestas alternativas. No siempre estamos atentos a los lugares de vida de los jóvenes. Los nuevos desafíos de la misión salesiana encuentran lentitud en hacer las opciones y los cambios que comportan, sobre todo cuando se deben cerrar por ello otras presencias menos significativas, a las que estamos atados.
Para responder a las necesidades de los jóvenes, con frecuencia hemos adoptado la estrategia de ampliación de nuestras obras, llevándolas en el tiempo a dimensiones de gran complejidad, difíciles de gestionar y ya no en condiciones de responder a las nuevas pobrezas con la agilidad y la urgencia que éstas requieren.
Se nota en la Congregación un cierto desacuerdo generacional en la asunción de responsabilidades para la conducción de nuestras obras: por una parte los hermanos mayores encuentran dificultad para compartir la responsabilidad con los hermanos jóvenes y por otra se constata la poca formación para el gobierno por parte de los hermanos jóvenes y su dificultad para asumir su peso.
LÍNEAS DE ACCIÓN
Nuevas exigencias de la misión salesiana
[95] Desarrollar nuestra misión a favor de los jóvenes, especialmente los más pobres, discerniendo aquellos signos de los tiempos que son las urgencias del momento y de los lugares, y asumir un compromiso fuerte de nuestras respuestas bien estudiadas, concretas e inculturadas, cambiando, si es necesario, estrategias, intervenciones y medios.
[96] Cada comunidad:
se comprometa a discernir cuál es la voluntad de Dios sobre las nuevas fronteras del propio contexto, a través de la oración, la reflexión y el diálogo comunitario;
dé una respuesta adecuada a los desafíos creados por la inmigración y a la crisis de la familia, incluyéndolas entre las prioridades del proyecto educativo pastoral;
cuide la educación de los jóvenes para la familia a través de la educación en el amor y el acompañamiento de los novios;
se comprometa a responsabilizar e implicar a los padres en la acción educativa humana y cristiana de los hijos a través de la catequesis familiar, la escuela y la asociación de los padres, el cuidado de las familias en dificultad;
refuerce u oriente una iniciativa a favor de jóvenes inmigrados o en dificultades familiares, evaluando localmente y trabajando en red la tipología, los tiempos y los costes de intervención: inserción social, anuncio o catequesis para los inmigrados, enseñanza de las lenguas, etc.;
ofrezca un punto de escucha, encuentro y acogida para los jóvenes que manifiestan carencias sociales que necesitan intensificar o recuperar el sentido religioso, que están alejados.
[97] Cada Inspectoría:
inicie, con la ayuda del equipo de pastoral juvenil, una recolección y análisis sistemático de datos relativos a la condición de los adolescentes y jóvenes del propio contexto;
consolide u oriente, indicando con claridad criterios de prioridad, algunos servicios a favor de los jóvenes desfavorecidos, como muchachos de la calle, prisioneros, tóxicodependientes, víctimas del SIDA / HIV, víctimas de la explotación sexual, trabajo de menores, no escolarizados, etc.;
tenga presente también la necesidad de obrar entre los jóvenes en el ámbito de las pobrezas culturales, de la falta del sentido religioso, de la evangelización, de las carencias afectivas por la ausencia de la familia, de la pérdida del sentido de la vida;
tenga programas específicos para la educación para la paz y la justicia;
promueva centros culturales con actividades múltiples de música, teatro, arte, periodismo, etc., para encontrar el contacto con los jóvenes alejados de la Iglesia;
sea profética en ser voz de crítica o de denuncia a favor de los jóvenes pobres, donde hay por parte de la sociedad civil desatenciones, injusticias y políticas juveniles inadecuadas;
se comprometa en la constitución de sólidas comunidades salesianas que actúen en las instituciones de educación superior y universitaria ya existentes;
refuerce la presencia salesiana en el campo de la comunicación social;
contribuya a superar la distancia digital (digital divide); dedique a algún hermano para la especialización en comunicación social.
Cambios en la realización de la misión
[98] Ir a los jóvenes con el corazón de Dios y la pasión de Don Bosco, haciéndonos todo a todos, y poner en acto proyectos y acciones, para contribuir a la salvación de las almas y para ayudar a los jóvenes en situación de dificultad para afrontar la vida con esperanza.
[99] Cada Inspectoría:
haga una relectura inculturada y contextualizada del sistema preventivo para responder a las nuevas necesidades de los jóvenes en peligro;
aproveche los servicios de los centros de estudios superiores y universitarios para investigar la problemática de las nuevas fronteras en el propio contexto;
forme a los hermanos y a los seglares para trabajar en las nuevas fronteras, a través del estudio y las experiencias de inmersión entre los pobres;
renueve los contenidos y los itinerarios del movimiento juvenil salesiano y aplique las orientaciones sobre el voluntariado en la perspectiva de las nuevas fronteras;
utilice en mayor grado las tecnologías informáticas para llegar a los jóvenes donde se encuentran;
anime la iniciativa creativa de los hermanos y de las comunidades, cuidando al mismo tiempo el proyectarlo y programarlo.
[100] Cada comunidad:
eduque a los jóvenes, también a través de una pastoral escolar renovada, para afrontar los nuevos desafíos que les tocan más de cerca;
potencie la formación de los miembros de la comunidad educativa pastoral en los medios de tecnología digital y de comunicación y en el uso y en la producción de mensajes;
repiense y corrija algunas praxis que nos mantienen alejados de los jóvenes como la acumulación de las funciones y de responsabilidades burocráticas, el peligro del sectorialismo y del individualismo, la separación de los lugares donde se encuentran los jóvenes;
haga flexibles los horarios comunitarios, adaptándolos a la realidad juvenil de que nos ocupamos, de modo que nos permitan una mayor presencia en medio de los jóvenes.
[101] Cada salesiano:
esté disponible para asumir responsabilidades en el campo de las nuevas fronteras, aceptando con seriedad el deber de formarse y actualizarse para este fin.
Cambios en el modelo y en la gestión de las obras
[102] Estar dispuestos a reconfigurar y reajustar nuestras obras con valor y audacia profética, superando la tentación de contentarnos con el trabajo hecho, rechazando el cerrarnos en esquemas superados y teniendo como perspectiva las nuevas pobrezas juveniles y la significatividad de la misión.
[103] Cada Inspectoría:
revise el proyecto orgánico inspectorial, evaluando la eficacia de las obras actuales y elaborando un plan de mejora de los programas para sostener las nuevas fronteras;
cree sinergias y establezca acuerdos con organizaciones eclesiales, institucionales y gubernativas, privilegiando el trabajo en red para afrontar nuevas emergencias o proyectos de frontera;
implique a los seglares de las comunidades educativas pastorales, de nuestras asociaciones y de la Familia Salesiana, creando espacios para la formación y para la asunción de responsabilidades y haciéndolos capaces de dirigir y administrar obras;
busque los caminos para realizar algunas comunidades internacionales, con el fin de responder mejor al fenómeno de la inmigración y de presencias multiétnicas.
[104] Cada comunidad:
examine, junto con la comunidad educativa pastoral, las obras y las actividades, reajustándolas o individuando nuevas modalidades de gestión en vista de un servicio más conforme a los pobres del territorio;
haga anualmente el scrutinium missionis;
refuerce la propia convicción y capacidad de trabajar en red.
Ponerse en discusión
[105] Llamados por Dios a leer las llamadas de la hora presente y a valorar la situación en que nos encontramos para asumir compromisos concretos, nos sentimos provocados a convertir nuestra mentalidad y cambiar nuestras estructuras, pasando:
de una pastoral de gestión de obras ya consolidadas, a la creatividad y flexibilidad que nace de la respuesta a las nuevas pobrezas y a las nuevas necesidades de los jóvenes, yendo a su encuentro con valor en los lugares en que se encuentran;
de la convicción de que el trabajo en las nuevas fronteras es para "agentes especiales", a la conciencia de que todo salesiano está llamado a obrar comunitariamente con los propios recursos en tales ámbitos, asumiendo el deber de adquirir la competencia necesaria;
del trabajo educativo individual o "en sistema cerrado", a la mentalidad del trabajo en red o "en sistema abierto", reconociendo otros sujetos, públicos y privados, protagonistas de cambio presentes en el territorio.