Bendigamos a Dios que inspiró en Don Bosco una fuerza de amor apostólica a favor de los jóvenes pobres, desfavorecidos y en peligro.
Bendigamos a Dios que nos regala tantos jóvenes como primeros y principales destinatarios de nuestra misión para ser queridos y evangelizados.
Bendigamos a Dios por la presencia salesiana en tantos países de Europa, África, Oceanía, Asia y América.
Bendigamos a Dios que nos regala un corazón oratoriano y nos invita a formar comunidades que sean casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que encamina hacia la vida, y patio donde se comparte la amistad y la alegría.
Bendigamos a Dios por la labor educativa salesiana en las escuelas, centros profesionales y universidades, que promueven el desarrollo integral del joven mediante la asimilación de valores culturales sólidos y mediante la educación en la fe,
Bendigamos a Dios por la formación para el trabajo que capacita a nuestros jóvenes en las escuelas técnicas y agronómicas. Imitando la solicitud de Don Bosco, nos dirigimos a los jóvenes que se orientan hacia el trabajo y a los jóvenes obreros, a fin de hacerlos idóneos para ocupar con dignidad su puesto en la sociedad y en la Iglesia.
Bendigamos a Dios que hace crecer su Iglesia en las comunidades parroquiales y los centros de evangelización confiados a los salesianos y en las parroquias misioneras, ofreciendo itinerarios de catequesis, evangelización y promoción humana.
Bendigamos a Dios por la oportunidad que encuentran los jóvenes en riesgo y los muchachos de la calle de nuestras zonas marginales de recuperar su vida en caminos de inclusión familiar y social.
Bendigamos a Dios que inspira a los misioneros salesianos que, entre los pueblos aún no evangelizados, comparten su vida con indígenas y campesinos, sembrando el Evangelio y construyendo comunidades eclesiales vivas.
Bendigamos al Señor por los centros juveniles y oratorios salesianos, que favorecen el encuentro, compromiso y madurez de grupos de jóvenes y niños ofreciéndoles propuestas para emplear sanamente el tiempo libre y posibilidades formativas en los grupos y asociaciones.
Bendigamos a Dios que nos permite hacer piedras angulares de su vida a tantos jóvenes desechados del sistema escolar, a través de la capacitación laboral, la formación en valores y la integración en la dinámica productiva.
Bendigamos a Dios que suscita la inquietud por el servicio del Reino al estilo de Don Bosco en tantos jóvenes y acompaña el proceso formativo de nuestras comunidades del aspirantado, del prenoviciado, noviciado, posnoviciado y teologado.
Bendigamos a Dios por la fidelidad de los salesianos ancianos y enfermos, que han dado su vida a favor de tantos jóvenes del mundo, y enriquecen la comunidad ofreciendo con fe sus limitaciones y sufrimientos por los hermanos y los jóvenes.
Bendigamos a Dios que convoca tantos laicos, jóvenes y adultos, padres y educadores, para formar una comunidad educativa pastoral que sea familia para los que no tienen familia.
Bendigamos a Dios que nos llama a un servicio pastoral en los ambientes populares, que nos evangeliza con los valores evangélicos de los que son portadores y nos pide acompañarlos en el esfuerzo de promoción humana y de crecimiento en la fe.
Bendigamos a Dios por los diferentes grupos de la Familia Salesiana que, viviendo en comunión el mismo espíritu, continuamos con vocaciones diferentes la misión de Don Bosco.