BEATOS FRANCISCO KESY Y 4 COMPAÑEROS


Come stelle nel Cielo            epub   doc   pdf   zip  

ORACIÓN

¡Oh Dios, que has concedido a los beatos Francisco Kesy
y compañeros mártires la gracia de la santidad en la época de su juventud!
Renueva los prodigios de tu Espíritu para que también nosotros afrontemos por tu amor
las adversidades y caminemos con entusiasmo hacia ti, que eres la verdad y la vida verdadera.
Te suplicamos que glorifiques a estos siervos tuyos y nos concedas, por su intercesión, la gracia que te pedimos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Beatificados el 13-6-1999

Fotos 5 giovani

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Los alemanes ocupan Poznan

El 1 de setiembre de 1939 Hitler invadió Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. La Casa Salesiana en Poznan, en la calle Wroniecka fue ocupada y convertida en cuartel de los soldados alemanes. Los jóvenes seguían reuniéndose en los jardines fuera de la ciudad y en los bosques cercanos. Sugieran muchas sociedades segretas.

Acusados

En septiembre de 1940 Francisco Kesy y cuatro de sus compañeros del oratorio fueron arrestados siendo acusados de pertenecer a una organización ilegal.

Condenados

Fueron llevados al temible Fuerte VII cerca de Poznan, donde fueron torturados e interrogados. Después fueron llevados a diversas prisiones donde no tuvieron siempre la suerte de estar juntos. Llevados nuevamente a Poznan fueron procesados, acusados de alta traición y condenados a muerte.

La fe expresada en la vida de prisión

Fueron martirizados en Dresda el 24 de agosto de 1942. Vivieron la situación de prisión con espíritu de fe y espiritualidad salesiana. Rezaban constantemente: Rosario, novenas a Don Bosco y a María Auxiliadora, las oraciones de la mañana y de la noche. Trataban de estar en contacto con sus familias por medio de mensajes que a menudo lograban mandar secretamente.

Testimonio hasta el final

Les daban valor a sus familias y les pedían sus oraciones asegurándoles que rezarían por ellos. Cuando podían celebraban alegremente las fiestas litúrgicas en su celda. Jamás vaciló su fe. Dieron testimonio hasta el final.


CINCO POLACOS MáRTIRES
Kesy Franciszek

Francisco Kesy nació en Berlín el 13 de noviembre de 1920. Su familia se mudó a Poznan debido al trabajo de su padre. Francisco era aspirante en el Seminario Salesiano menor en Lad.

Durante la ocupación, no pudiendo seguir sus estudios, consiguió trabajo en una industria local. Pasaba su tiempo libre en el Oratorio donde, en estrechísima amistad de ideales  con los otros cuatro, animaba las asociaciones  y las actividades juveniles.

La gente recuerda que era sensible, pero al mismo tiempo alegre, sereno y simpático; y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Casi todos los días comulgaba; rezaba el Rosario en la noche. En un mensaje a su familia escribió: “En Wronki, como estaba solo en mi celda, he tenido tiempo de examinarme. Prometí vivir de una forma diferente, como nos había recomendado Don Bosco, viviendo para agradar al Señor y a su Madre, María Santísima… Le pido al buen Dios para que todas estas tribulaciones me tocan a mi y no a ustedes”.


Eduardo Klinik

Eduardo Klinik nació en Bochum el 21 de junio de 1919, tímido y sereno, se volvió más vivaz desde que entró al Oratorio. Era un estudiante sistemático y responsable.

Se distinguía por estar muy comprometido en todo tipo de actividad y daba la impresión de ser el más serio y profundo.


Jarogniew Wojciechowski

Jarogniew Wojciechowski nació en Poznan el 5 de noviembre de 1922, era pensativo y trataba de tener una visión general de las cosas para comprender lo que sucedía. Era un líder en el mejor sentido de la palabra. Se destacaba por su buen humor, su compromiso y su testimonio.


Czeslaw Jozwiak

Czelaw Jozwiak nació en Lazynie, el 7 de setiembre de 1919. Era de carácter algo temperamental, pero espontáneo, lleno de energía, dueño de sí, dispuesto al sacrificio, consistente y positivamente acreditado. Se veía que aspiraba a la perfección cristiana y progresaba en ello.

Uno de sus compañeros de prisión escribió: “Tenía buen carácter y corazón y un alma como de cristal… Me confiaba una de sus preocupaciones: no mancharse nunca con ningúna impureza”.


Edward Kazmierski

Eduardo Kazmierski nació en Poznan el 1º de octubre de 1919. Se caracterizaba por su sobriedad, prudencia y bondad. Pudo desarrollar en el oratorio insospechadas dotes musicales. La vida religiosa que se respiraba en su familia y en los Salesianos lo llevó pronto a la madurez cristiana. Durante el tiempo de prisión demostró gran amor hacia sus compañeros de más edad. Estuvo libre de cualquier sentimiento de odio hacia sus persequidores.


Francesco Kesy e 4 Compagni

Los oratorios han jugado siempre un rol privilegiado en las actividades salesianas. También en Poznan (Polonia) en Vía Wroniecka, en la casa salesiana, la educación típica de san Juan Bosco, hecha de cuidado paterno y de caridad concreta con los muchachos, desempeñaba un rol excepcional. Eran los años de la ocupación nazi. El ejército alemán entro en Poznan el 11 de septiembre de 1939. Todas las tardes, cuando tenían un poco de tiempo libre, como ya venían haciendo antes de la guerra, los muchachos se reunían en una sala

del Oratorio Salesiano. Entre los más antiguos del grupo había cinco futuros mártires.

Czeslaw Józwiak nació el 7 de septiembre de 1919 en Lazyn, en

las cercanías de Bydgoszcz. Los padres León y María se habían trasladado a Poznan y habitaban muy cerca del centro. Tuvieron cuatro hijos, dos niños y dos niñas.

Durante la ocupación alemana Czeslaw trabajaba como encalador, mientras el año escolar 1938-1939 estudiaba el bachillerato.

Edward Kazmierski nació el 1 de octubre de 1919 en Poznan. Su padre, Wincenty, era zapatero, la madre, Wladyslawa, se ocupaba de la casa. Edward tenía cinco hermanas. Al acabar la escuela ele mental su tío le propuso trabajar en una tienda de un judío, Jakub Abramowicz. Edward trabajó como recadero durante un mes, des pués, gracias a la ayuda de un Salesiano, Wladyslaw Barton, pudo empezar a trabajar en un taller de mecánica. Allí permanecería tam bién durante la guerra.

Franciszek Kesy nació el 13 de noviembre de 1920 en Berlín Wilmersdorf. Sus padres, Stanislaw y Ana, habían vuelto a Polonia en

1921 y se habían establecido en Poznan.

Tenían cinco hijos. El padre

era carpintero y trabajaba en una central eléctrica de la ciudad. Fran ciszek ya había manifestado su intención de entrar en el seminario Salesiano de Lad y se preparaba para el aspirantado. Durante la

ocupación alemana trabajaba con Czeslaw Józwiak como empleado.

Edward Klinik nació el 21 de julio de 1919 en Poznan.

Era hijo

de Wojciech y de Anasrazjia. Su padre era mecánico. Edward tenía una hermana mayor, María, que se haría religiosa, y un hermano más joven, Henryk. En el año escolar 1936-1937, Edward acabo el bachillerato en Oswiecim y en el año 1938-1939 aprobó la reválida en el

colegio Berger de Poznan.

en la construcción.

Durante la ocupación alemana trabajaba

Jarogniew Wojciechowski, el más joven de los cinco, nació el 5

de noviembre de 1922 en Poznan.

El padre Andrzej, que trabajaba

en una droguería, se emborrachaba y abandonó a la familia. Por ello Jarogniew se vio obligado a dejar el bachillerato. Su única hermana mayor, Ludoslawa, tenía que atender a la madre Franciszka y al hermano. Jarogniew asistía a la escuela local de comercio y trabaja ba como empleado en una droguería.

Estos jóvenes, tanto después de las clases como al finalizar el trabajo, pasaban su tiempo libre en el Oratorio Salesiano, donde intervenían activamente en las diversas actividades; la vida cultural que se desarrollaba en este lugar era una lección de vida que formaba caracteres, desarrollaba la sensibilidad y el sentido del buen humor. La sonrisa se mezclaba con la oración, el juego con la reflexión y, sobre todo esto, velaba desde el cielo san Juan Bosco. Las almas de estos jóvenes se formaban también con el contacto personal con Dios. Crecían en esta

atmósfera, formando su fe y su personalidad. Czeslaw Józwiak era

presidente de la Compañía de la Inmaculada. Edward Kazmierski y Franciszek Kesy, dirigían, turnándose como presidentes, la Compañía de San Juan Bosco: eran asociaciones internas según el estilo Salesiano.

Los cinco actuaban de animadores del Oratorio. Eran siempre parte activa de los espectáculos teatrales, organizados con una gran iniciativa. Edward Kazmierski fue un apasionado del teatro y de la música, y nos dejó cinco gruesos cuadernos en los que había escrito un diario de las propias ocupaciones y experiencias, desde el 1 de febrero de 1936 al 28 de mayo de 1939. Al final de cada año hacía una lista de los papeles que interpretaba en las representaciones teatrales en el Oratorio. Su segunda gran pasión era la música. Le gustaba asistir a la ópera y había compuesto algunas piezas musicales. En opinión de sus compañeros era un gran músico, hasta el punto de que le habían apodado: el Compositor. Formaba parte del coro con Edward Kazmierski y Edward Klinik. Franciszek Kesy era particularmente aficionado al deporte y lo practicaba con gusto.

Durante la guerra, la casa salesiana de Vía Wroniecka fue ocupada por algunas decenas de soldados alemanes, que habían transformado todo el edificio, incluida la iglesia, en almacén militar. No obstante los jóvenes continuaban reuniéndose en los jardines fuera de la ciudad. Cada vez con más frecuencia, les venía a la mente el pensamiento de adherirse al movimiento de resistencia, alistándose en alguna de las numerosas organizaciones secretas que entonces

se estaban formando en Poznan.

No puede saberse con certeza el

grado de participación de los cinco muchachos en estos movimien tos; solo sabemos que en septiembre de 1940 todos ellos fueron arrestados, con el pretexto de pertenecer a una organización ilegal.

Edward Klinik fue arrestado antes que sus compañeros, el 21 de septiembre de 1940. Fue detenido directamente en el lugar de trabajo, sin poder despedirse de nadie. Escribió a la madre, con un trozo de lápiz, en el diario de la prisión: «Por mí, puedes estar tranquila, porque me enfrento a la batalla de la vida, fuerte en la fe. Sé que Aquella a cuya protección me he confiado, convirtiéndome en Caballero suyo, vela sobre mí y no me abandonará jamás». El arresto de Edward consternó a todos; el padre de Czeslaw Jozwiak les aconsejó que huyeran de la ciudad, pero los jóvenes decidieron no abandonar a sus seres queridos. En la noche del 23 de septiembre todos ellos fueron arrestados.

Se encontraron así los cuatro en la «Casa del soldado» que, por el modo cruel en que se realizaban los interrogatorios, la llamaban «la

Gestapo» de Poznan.

Tras 24 horas de interrogatorio, fueron trasladados a la Fortaleza VII, donde probablemente ya se encontraba Edward Klinik. La Fortaleza VII tenía una fama más sombría aún que la «Casa del soldado». Había sido construida en el siglo XIX como fortaleza defensiva de la ciudad, con un foso y muros gruesos y trasformada en una cárcel, en la que por el hambre, las torturas y las ejecuciones, perdieron la vida miles de polacos. Los muchachos llegaron allí el 24 de septiembre. Fueron sometidos a controles y privados de todos sus objetos personales. En los bolsillos de los cuatro alumnos Salesianos, los carceleros encontraron poca cosa.

Pero había una que suscitó la rabia y las burlas de sus carceleros: el Rosario, del que los jóvenes nunca se separaron. Acabaron en la papelera, pero bastó un momento de distracción de los guardias para que volvieran a los bolsillos de sus poseedores. Desde ese momento les acompañarían durante los largos meses de sufrimientos carcelarios y les elevarían el espíritu en los momentos de postración.

Las torturas en la Fortaleza VII eran algo normal y también nuestros jóvenes fueron frecuentemente sometidos a ellas. Da testimonio de ello un gryps (comunicación escrita clandestina entre los prisioneros) de Jarogniew Wojciechowski a la familia, enviado con la ropa para lavar. En un trozo de papel, envuelto en un pañuelo empapado de sangre. Jarogniew escribe que le han golpeado hasta perder el conocimiento y pide oraciones. También en el diario de Edward Klinik encontramos una nota suficientemente elocuente: «Lunes, uno de los días más terribles de mi vida, que nunca olvidaré». Solo Dios

sabe los sufrimientos que tuvo que soportar ese día. Czeslaw Józwiak

tuvo un gran mérito en mantener alto el ánimo de sus compañeros.

Pacientemente les explicaba el sentido de los padecimientos en la prisión: «Tenéis que comprender —les decía— que nuestros sufrimientos no son inútiles. No se pierden. Unos combaten con las armas en la mano por la libertad de Polonia, otros sufren por ella. Las dos cosas son importantes. ¡Pero la cosa más importante es mantenerse fieles a ella!».

Tras un breve período fueron trasladados a otra prisión en Poznan,

en la que la vida era más tranquila, sin torturas y sin temores

continuos, aunque por desgracia, sin libertad. De día trabajaban y, por la noche, durante el descanso, se oía desde su celda el rezo del Rosario y de las oraciones salesianas. Con admiración e incredulidad y hasta con envidia, los compañeros de desgracia contemplaban a aquellos jóvenes a los que se les había quitado todo y que, sin em bargo, tenían tanta fuerza, tanta fe y tanta alegría interior. A veces les decían: «¿No os dais cuenta de lo que os espera?». «Solo Dios lo sabe —respondían— y nosotros confiamos en Él. Cualquier cosa que nos suceda, será siempre según su voluntad». Ante semejante res puesta, solo se podía callar.

En noviembre de 1940 tuvo lugar un nuevo traslado a Wronki, a prisión en aislamiento, en celdas separadas. Este sufrimiento fue aún más doloroso para estos jóvenes acostumbrados a sostenerse mutuamente, pero fue también un tiempo de gracia. Edward Klinik anota en su diario sus preguntas al Señor: «Señor, ¿por qué me has castigado tan cruelmente? ¿De verdad, he merecido esto? ¿Por qué has puesto sobre mis espaldas una cruz tan pesada?». Pero Edward no se contenta con plantear preguntas, sino que busca la respuesta.

«Hijo, no te desesperes —responde Dios— y no busques el consuelo de los hombres, porque quien busca el consuelo de los hombres se aleja de mí. Hijito mío mírame a mí, que cargado con una pesada cruz por amor tuyo, caminé al Gólgota y no salió de mi boca ni una sola palabra de lamento, ¿y tú ya te lamentas ahora? Devuélveme solo amor por amor».

Edward Kazmierski incluso habla de este período como de un tiempo de ejercicios espirituales: «Precisamente en Wronki he llegado a un entendimiento conmigo mismo. Allí me he conocido mejor y me he dado cuenta de que me falta todavía mucho para ser un buen hijo de Don Bosco, para agradar a Dios, para ser útil al prójimo y hacer honor a la familia. Ahora creo que, cuando consiga la libertad, Dios me ayudará y así estaré en condiciones de cumplir los propósitos hechos». Parecidas palabras escribe Franciszek Kesy: «En Wronki, por estar solo en la celda de la prisión, he tenido tiempo para examinarme a fondo a mí mismo […] y he prometido vivir diversamente, como nos recomienda Don Bosco, vivir para agradar al Señor y a su Madre, María Santísima».

Nuestros jóvenes viven en Wronki las fiestas de Navidad intentando cantar una canción, pero se lo impiden bruscamente los guardianes. La Pascua señaló el momento del traslado a una prisión de Alemania, primero en Berlín y después en Zwickau. Otro año de cárcel, lleno de esperanzas, pero también lleno de fe. El ritmo del trabajo se rompe por el ritmo de la oración que sostiene su espíritu. Se interesan mucho por sus familias como podemos leer por los famosos gryps enviados por diversos conductos a casa. Son muchachos como todos los demás, llenos de proyectos. Se imaginan un sencillo porvenir trabajando, viviendo en una pequeña casita con la familia que quieren formar. «Nosotros, con Edward, soñamos con una casita con jardín en las afueras de la ciudad —leemos en el gryps de Franciszek Kesy—, ¿pero qué proyectos nos formamos? Que nos dejen libres y luego ya haremos bastante remangándonos para trabajar».

Piden a Dios buenas condiciones de salud y dicen que su vida es ahora bastante tranquila, tanto que no les preocupa ni siquiera el acercarse de la tan esperada fecha del proceso. «Dentro de poco se debe celebrar el proceso —escribe Edward Kazmierski en un gryps a su hermana—, pero yo no me lo creo del todo, porque hace ya dos años que vienen hablando de ello. Sea lo que Dios quiera […]. No pensamos mucho en ello […]. El fin de la guerra es inminente». En otro gryps a sus padres insiste: «Quizá fuera mejor que no se celebrase este proceso. Por lo demás, ¡Dios lo sabe y reparta suerte! Lo que haya de suceder será según su voluntad».

Mientras tanto se fijó la fecha del proceso: el 1 de agosto de 1942 a las 9.00 h, ante un tribunal extraordinario de Poznan en la sesión separada de Zwickau. Los jóvenes informaron a sus familias de la fecha y suplicaron para ese día una oración especial y esperaron. El 1 de agosto se presentaron a juicio ante el tribunal. De pie escucharon la acusación. Por lo demás, la conocían de memoria: la preparación de un golpe de Estado con el fin de independizar del Reich alemán una parte del mismo Estado alemán. El proceso fue breve y

más breve aún la consulta dentro del tribunal. La sentencia de condena hirió a nuestros jóvenes como un rayo en un día despejado: «¡Pena de muerte para los cinco!».

Los jóvenes oratorianos pasaron sus últimos 24 días juntos, en la celda de muerte número 3 del Palacio de Justicia de Dresde. No en la desesperación, sino que se prepararon para la hora de la muerte con los sacramentos de la Reconciliación y de la Comunión eucarística. Comprendemos su grandeza de ánimo leyendo los párrafos de las últimas cartas que escriben a sus familiares. Palabras sencillas, llenas de amor, que son un verdadero tratado de su heroicidad.

«Queridísima mamá y queridísimas hermanas —escribe Edward Kazmierski—, he recibido vuestra carta de despedida […]. Me ha agradado mucho que estéis resignados a la voluntad de Dios […]. Dad gracias al Señor por su gran misericordia. Me ha concedido la serenidad. Resignado a su santísima voluntad, partiré dentro de poco, de este mundo […]. Te agradezco, mamá, tu bendición. Así lo quiere Dios. Él te pide este sacrificio […]. Os pido perdón de todo corazón […]. Os pido una oración».

«Queridísimos padres, hermanos y hermanas —comienza así su carta Franciszek Kesy—, ha llegado el momento de despedirme de vosotros. El buen Dios me toma consigo. No lamentéis que en edad tan joven parta de este mundo. Ahora estoy en estado de gracia y no sé si más tarde hubiera sido fiel a mis promesas […]. Voy al cielo, adiós. En el cielo, rogaré a Dios […]. Rezad alguna vez por mí […]. ¡Ya voy!».

«Amadísimos padres, mamá, papá, María, Hemrick —así se dirige a sus familiares Edward Klinik—, los decretos de Dios son misteriosos, pero debemos resignarnos, porque todo sucede para bien de nuestra alma […]. Hasta el último momento María ha sido mi Madre. Ahora, cuando tú, mamá, ya no me tengas, toma a Jesús […]. Queridísimos, no os desesperéis por mí y no lloréis, porque yo estoy ya con Jesús y María».

«Queridísimos padre, Juan, y hermanos —escribe Czeslaw Józwiak—, precisamente hoy, o sea, día dedicado a María Auxiliadora […] parto de este mundo […]. Os pido solo que no lloréis, no os desesperéis, no os aflijáis el corazón. Dios lo quiere así […]. Rogad al Señor por la paz de mi alma. Yo rezaré a Dios por vosotros, para que os bendiga y podamos un día todos vernos en el cielo. Aquí mando a todos un beso».

Amadísima y queridísima Ludoslawa —así tranquilizaba a su hermana Jarogniew Wojciechowski (la mamá había fallecido durante su segundo año de cárcel)—, puedes estar segura de que tú no estarás sola en esta tierra. La mamá y yo estaremos siempre junto a ti. Solo te pido una cosa: en todo momento confía los sentimientos de tu vida solo a Jesús y a María, porque en ellos encontrarás la calma […]. Piensa qué felicidad: parto de este mundo unido a Jesús en la santa Comunión. En esta mi última Comunión pienso en ti y la ofrezco por tu intención y la mía, con la esperanza de que toda nuestra familia, sin excepción, sea muy feliz allá arriba […]. Ya voy, y te espero en el cielo junto a nuestra queridísima mamá».

La sentencia fue ejecutada el 24 de agosto de 1942, lo publicaron los manifiestos aparecidos el día siguiente en las calles de Poznan. Condenados sin un proceso regular, sin posibilidad de defenderse y, sobre todo, por causas tales que no justificaban la pena de muerte, dieron un ejemplo heroico de fe y de vida cristiana. La habían asimilado en el Oratorio Salesiano de Poznan´ y de ella adquirieron la fuerza para aceptar con serenidad «la voluntad de Dios» hasta perdonar a sus verdugos, según el espíritu genuino del Evangelio.


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