CG28

Carta de los jóvenes a los capitulares

CARTA DE LOS JÓVENES A LOS CAPITULARES[1]

Queridos Salesianos que, para nosotros, sois padres, maestros y amigos,

Escribimos esta carta con el corazón. Hemos pasado esta semana del Capítulo General 28º escuchando, haciendo discernimiento, participando en el diálogo que estáis haciendo sobre «Qué Salesiano para los jóvenes de hoy». Sabemos bien que no somos perfectos, por lo que no es nuestra intención pediros que lo seáis vosotros. Os pedimos que aceptéis esta carta como la de un hijo o de una hija que le escribe a su padre, para expresarse y decirle cómo se siente. Como grupo, centramos nuestra atención en dos preguntas en particular. A continuación, encontraréis los frutos de este compromiso común.

 

¿Cuál es la condición actual de los jóvenes en nuestras respectivas Regiones?

El mundo en el que vivimos es complejo y presenta desafíos notables. Es difícil ser coherentemente auténticos y, por este motivo, tenemos miedo, estamos confundidos, frustrados, y tenemos una gran necesidad de ser amados. Vivir una vida de fe nos pide recorrer los caminos del Evangelio, pero la cultura secular nos desafía, más bien, a vivir de otro modo. Esta duplicidad hace que sea difícil permanecer arraigados en la fe.

Una consecuencia de nuestro miedo es la dificultad que probamos frente al compromiso. Una de las preguntas más frecuentes que nos hacemos es: «¿Qué puedo hacer con mi vida?». Esto se ve cuando reflexionamos sobre nuestra vocación. El fuerte deseo de tener éxito conduce a la incertidumbre y no nos deja alcanzar la auténtica felicidad. La realidad a la que nos enfrentamos está hecha de desempleo, abandonos de las carreras académicas, falta de motivación por los estudios.

Creemos que nuestra sociedad es individualista y que, con frecuencia, también nosotros nos volvemos individualistas. Como no nos sentimos amados por la sociedad, nos refugiamos tras de las pantallas y evitamos el contacto humano. No penséis que no nos importa el mundo que nos circunda, pero es difícil en nuestra sociedad líquida, y a veces deshumanizada, comprometerse desinteresadamente en lo que el otro necesita. Pero vosotros tenéis, todavía, la capacidad de despertar en nosotros, los jóvenes, la vocación cristiana para nuestro prójimo, y esto puede transformar nuestra vida y el mundo que nos circunda, tal como lo hizo Don Bosco con Miguel Magone.

Somos críticos y deseamos que la Iglesia tome una posición junto a nosotros en los asuntos que más nos preocupan. Nos sentimos incómodos y, a menudo, no entendemos lo que la Iglesia dice y hace sobre las cuestiones de género, de la mujer, de la diversidad sexual y de la ecología sostenible. Además, para nosotros es normal la conversación sobre el bienestar cognitivo, social y emocional y sobre los cambios climáticos, realidades de las que la Iglesia todavía sigue dudando en sus manifestaciones. Esto no es solo una exigencia de los jóvenes: es lo que nos pide el Evangelio.

A pesar de nuestros desafíos, somos más dinámicos que nunca, en sintonía con las nuevas tendencias, entra ellas, sin duda, el mundo digital; creativos y dispuestos a explorar; pero queremos ser acompañados en todo lo que es parte de nosotros (mente, cuerpo, alma).

Para nosotros, ser joven es un estado del corazón, no definido por nuestra edad. Como dice el Papa en el número 34 de la Christus Vivit, queremos poder volver al primer amor que es Cristo, a su ser compañero y amigo de los jóvenes. Hay en nosotros un fuerte deseo de realización espiritual y personal. Queremos caminar hacia el crecimiento espiritual y personal y queremos hacerlo con vosotros, Salesianos.

 

¿Cómo queremos que los Salesianos de hoy estén presentes y participen en las diferentes realidades de los jóvenes?

 

Hemos podido sintonizar nuestros corazones y nuestros sueños. Nos habéis dado la oportunidad de entrar en contacto, de conectarnos con vosotros, Salesianos, y os queremos con nosotros. Lo habéis hecho con vuestro estilo salesiano. Estar con nosotros, unos al lado del otros, permitiéndonos ser protagonistas.

Entendemos que los Salesianos son padres que nos acompañan. Nos gustaría que seáis los que nos guíen, dentro de nuestra realidad, con amor. Un amor que no nos dice lo que tenemos que decir, un amor que no nos dice lo que debemos hacer, un amor que nos ofrece oportunidades que nos ayudan a crecer en espiritualidad y a transformar nuestras vidas. Queremos que viváis en nuestro mundo, de la misma manera que queremos que nuestra familia participe en cada aspecto de nuestra vida cotidiana, es decir, tanto la realidad física como la digital.

Os pedimos que nos deis la capacidad y la energía para ser los líderes de la transformación de la Iglesia, juntos. Creemos en la necesidad de dar plena expresión al papel de la mujer en la Iglesia. Creemos que es imposible crecer como Salesianos sin el papel de la mujer en nuestras vidas. Tomemos, por ejemplo, la extraordinaria contribución de Margarita Occhiena como madre en el Oratorio. Creemos que las mujeres pueden trabajar, en igualdad de condiciones, con los Salesianos para aprender juntos a acompañar a todos los jóvenes de manera adecuada y eficaz. Creemos que los Salesianos deben seguir dando pasos para aprender una cultura de inclusión. Creemos que los Salesianos deberían ser los primeros en aprender a trabajar eficazmente para todos los jóvenes, independientemente de sus preferencias (LGBTQ +, raza, migrantes, indígenas, etnia, religión). Queremos un acompañamiento integral de cada persona, sea cual sea el contexto en que viva.

Creemos que, para poder acompañar a otros, es necesaria una continua y genuina experiencia de ser acompañados personalmente por otros. Creemos que los mismos Salesianos tienen necesidad de acompañamiento y estamos aquí para caminar con vosotros. Creemos que este tipo de experiencia y encuentro es beneficioso para toda la Familia Salesiana. Estamos totalmente en sintonía con el papa Francisco en lo que escribe en los números 242-245 de la Christus Vivit, cuando se refiere, directa y explícitamente, a la importancia del acompañamiento.

Para nosotros es muy importante que los Salesianos vuelvan a sus raíces y estén presentes, fuera de las funciones administrativas, para estar con los jóvenes en todos los contextos. Queremos recordaros que no podéis ser definidos y estar limitados solo por el rol o posición que ocupáis en vuestra comunidad.

Ciertamente, también creemos que es vital importancia para los Salesianos ser muy claros sobre el respeto de los justos límites y espacios. Como jóvenes, hemos estado, y seguimos estando preocupados, por los escándalos de los abusos en la Iglesia. Salesianos, sed líderes positivos en este campo y tomad iniciativas para proteger a vuestros chicos.

Es vital, para nuestro crecimiento, que continúe nuestro desarrollo espiritual. A medida que seguimos avanzando en nuestro camino de vida, queremos dar voz a nuestro deseo de estar al servicio de Dios con el carisma salesiano. Pedimos a los Salesianos que nos involucren en los procesos de toma de decisiones que tocan lo que es esencial e importante. Seamos complementarios en la misión, no una parte separada de la misión.

Salesianos, ¡no os olvidéis de nosotros, los jóvenes, porque no nos hemos olvidado de vosotros ni del carisma que nos habéis enseñado! Queremos decíroslo fuerte, con todo el corazón. Estar aquí, para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad: en este lugar especial que es Valdocco, donde comenzó la misión salesiana, juntos Salesianos y jóvenes para la misión salesiana, con nuestra voluntad común de ser santos, juntos. Tenéis nuestros corazones en vuestras manos. Cuidad este vuestro precioso tesoro. Por favor, nunca nos olvidéis y seguid escuchándonos.

Turín, 7 de marzo de 2020

 

[1] En la semana del 28 de febrero al 7 de marzo de 2020, algunos jóvenes provenientes de las siete Regiones de la Congragación han compartido las jornadas de trabajo con los capitulares. Al final de esta experiencia, ha dejado esta carta.