CG28

Discurso del Rector Mayor en la apertura del CG28

Discurso del Rector Mayor en la apertura del CG28

22 febbraio 2020, Torino
Don Ángel Fernández Artime

 

SALUDO A LOS INVITADOS

Eminencia reverendísima Card. João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedad de Vida Apostólica 

Eminencias reverendísimas Card. Tarcisio Bertone, Card. Riccardo Ezzati, Card. Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga

Excelentísimos Arzobispos y Obispos salesianos,

Querida Madre Yvonne Reungoat, Superiora general de las Hijas de María Auxiliadora,

Queridos Responsables de los varios Grupos de la Familia Salesiana

Estimadas Autoridades civiles de la Ciudad de Turín y de la Región Piamonte,

en nombre de todos los miembros del Capítulo General les agradezco la presencia y la disponibilidad que ella significa al haber querido acompañarnos en este día tan importante en el que damos comienzo oficialmente al CG28 de la Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos de Don Bosco).

El sentirnos acompañados por la presencia de cada uno de ustedes nos honra y nos habla, al mismo tiempo, de la responsabilidad que tenemos frente a la Iglesia y frente a toda la Familia Salesiana de Don Bosco y, muy particularmente, ante la Congregación Salesiana. Todo ello nos estimula para iniciar esta tarea con mirada profética y esperanzada.

También extiendo mi bienvenida, de modo oficial, a todos los hermanos sdb aquí presentes, provenientes de las 90 circunscripciones jurídicas de la Congregación, Inspectores y Superiores canónicos de las Visitadurías, Delegados inspectoriales, observadores sdb invitados. La presencia de todos ustedes es importante. De hecho, sabemos y sentimos en la mirada de fe que, cada uno de nosotros tiene en lo profundo de su corazón, que es el Señor quien nos reúne aquí por medio de los ‘misteriosos’ caminos de su Providencia.

En el primer Capítulo General de nuestra Congregación al que me referiré en el siguiente punto, Don Bosco comienza diciendo: “Emprendemos una obra de la máxima importancia para nuestra Congregación”[1]… Pues bien, también todos nosotros hemos sido llamados para un servicio muy especial e importante en favor de nuestra Congregación. Hoy como ayer será de gran trascendencia lo que llegue a ser el fruto de nuestro CG28. Sin duda que la óptima disposición que cada uno trae será decisiva para los frutos de esta Asamblea Capitular.

 

1. EL CG28 DE LA SOCIEDAD DE SAN FRANCISCO DE SALES

 

Nuestro padre Don Bosco convocó el primer capítulo general el 5 de septiembre de 1877 en Lanzo Torinese. Eran 23 los participantes y su duración fue de trece días completos. Otros capítulos generales se sucedieron, como bien sabemos. Algunos aquí, en Valdocco. Hoy, 62 años después del último capítulo general celebrado en Valdocco, cuna de nuestro carisma, volvemos, con gran fe en el Señor y en su Santo Espíritu, que sigue asistiendo a nuestra Congregación y Familia Salesiana, llevados de la mano de nuestra Madre Auxiliadora, quien lo “sigue haciendo todo”, y en torno a Don Bosco que siempre nos convoca, con una llamada que aquí, en este santo lugar salesiano, es más significativa y con un fuerte contenido emotivo.

En la apertura de aquel primer Capítulo General Don Bosco dijo a nuestros hermanos: “Dice el Salvador en el santo Evangelio que donde están dos o tres congregados en su nombre, allí se encuentra él mismo en medio de ellos. En estas reuniones no tenemos otro fin que la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas redimidas con la preciosa Sangre de Jesucristo. Podemos, pues, estar seguros de que el Señor se encontrará en medio de nosotros y guiará las cosas de manera que todas redunden a su mayor gloria[2].

Con esta misma convicción y mirada de fe con la que he querido subrayar la última frase de Don Bosco al ponerla en letra cursiva, es con la que queremos y debemos afrontar esta importante tarea que toda la Congregación nos encomienda en este CG28.

En nuestras Constituciones leemos que: “El Capítulo General es el signo principal de la unidad de la Congregación dentro de su diversidad. Es la reunión fraterna donde los Salesianos reflexionan comunitariamente para mantenerse fieles al Evangelio y al carisma del Fundador, y sensibles a las necesidades de los tiempos y los lugares.

Por medio del Capítulo General, toda la Sociedad, dejándose guiar por el Espíritu del Señor, se esfuerza por conocer en un determinado momento de la historia la voluntad de Dios, para servir mejor a la Iglesia” (C. 146).

Tengo la profunda convicción de que así será, todo un tiempo en el que el Santo Espíritu del Señor nos guiará y se hará sentir, como solo Dios sabe hacer, para sostenernos en este deseo de ser siempre más fieles a Jesucristo tras las huellas de Don Bosco.

 

1.1. Con la responsabilidad de cuidar y animar un carisma de la Iglesia, para la Iglesia y el mundo, suscitado por el Espíritu

Antes de hacer referencia al Capítulo General me permito indicar algunos elementos que, si bien se podrían calificar como obvios, son sin embargo esenciales y de gran importancia. Uno de ellos es el que acabo de enunciar.

Tenemos una gran responsabilidad: La de cuidar por todos los medios un carisma que no es nuestro, que no nos pertenece en propiedad porque es Don del Espíritu Santo para la Iglesia y el mundo, pero que como salesianos de Don Bosco pide de nosotros el mayor cuidado y fidelidad. Hace un momento he recordado el artículo de nuestras Constituciones en el que se nos dice que el CG se debe esforzar por descubrir y conocer la voluntad de Dios para este momento y así servir mejor a la Iglesia. Nuestros trabajos de reflexión, estudio y diálogo, en clima de búsqueda y discernimiento, no han de tener ni tendrán otra finalidad diversa que la de intentar discernir esa voluntad de Dios para nosotros hoy, ante la gran pregunta de cómo podemos ser auténticos consagrados hoy, y cómo ser los salesianos de Don Bosco que él mismo querría que fuésemos para los jóvenes de hoy y quienes vendrán después.

No me cabe duda de que todos llevamos en el corazón el profundo deseo de seguir dando los pasos necesarios para que el carisma salesiano siga lleno de dinamismo evangélico. No me cabe duda de que traemos en el corazón el deseo de ser valientes y muy libres al buscar lo que nos lleve siempre más por el camino de la fidelidad. No me cabe ninguna duda de que la prudencia con la que afrontamos tantas cosas está muy lejos (y debe estarlo) de miedos que paralizan, y de ataduras que nada tienen que ver con el anuncio del Evangelio y la educación en la Fe de los jóvenes, ni con su preparación para la vida y su felicidad. Pues no olvidemos que los miedos y las ataduras personales e institucionales matan la fidelidad e impiden que el carisma siga siendo siempre el mismo y siempre vivo, aún con el paso de las décadas y los siglos.

 

1.2. Con la responsabilidad de cuidar la comunión y la unidad de vida en nuestra Congregación

Una de las gracias que el Señor nos ha concedido abundantemente en este sexenio ha sido (y así lo veremos en la relación al CG), la de una gran comunión y unidad, más allá de las naturales dificultades de todo grupo humano, máxime si es una Congregación numerosa como la nuestra. Seguimos creciendo en unidad (no uniformidad) y en comunión. Y esto que es un don y un gran valor, se debe cuidar y custodiar hoy y siempre.

Es por eso que el Capítulo General ha de ser también testimonio de esta plena comunión en el espíritu y la misión. La diversidad de culturas y situaciones, de nacionalidades y lenguas son riqueza y oportunidad para un carisma que ha echado sus raíces hasta el día de hoy en 134 naciones.

Me resulta iluminante ver cómo nuestro Padre temía que esta unidad no fuese tan sólida. Celebrando el primer Capítulo General Don Bosco dice a los capitulares: “Estamos todavía en nuestros comienzos: nuestro número aún no es extraordinariamente grande y hasta ahora el Oratorio ha sido el centro para todos […] pero, más adelante, si no se buscan todos los medios para reanudar este vínculo, en breve entrarán tendencias heterogéneas y ya no habrá absoluta unidad entre nosotros”[3].

Afortunadamente y por Gracia de Dios no ha llegado ese momento, antes, al contrario. Se sigue afianzando y buscando la unidad y la comunión ya que uno es el carisma, uno y único nuestro santo Fundador y una nuestra regla de vida, las Constituciones y Reglamentos de los sdb.

 

1.3. Para tratar los intereses de Dios

Me permito tomar literalmente la expresión del Rector Mayor don Luis Ricceri en el discurso de apertura del CGE XX, porque considero que refleja de un modo espléndido la clara y profunda conciencia que debemos tener acerca de la naturaleza de nuestra tarea. Todos los Capítulos Generales son importantes. Todos ayudan a seguir haciendo camino de fidelidad en el tiempo. Todos nos lanzan hacia adelante. Todos van abriendo camino o consolidando lo que ya existe. Y al mismo tiempo, en todos ellos la mirada de fe debe ser lo único importante.

Yo lo propongo y lo pido de un modo muy especial para nuestro CG28, especialmente por la temática que nos va a ocupar y por la trascendencia de nuestras deliberaciones. Estoy convencido de que la tarea que llevaremos a cabo como hombres de Fe que amamos a la Iglesia y a nuestra Congregación nos va a ayudar profundamente a centrarnos en el perfil de salesiano que en fidelidad a las Constituciones sigue necesitando nuestro mundo de hoy y los jóvenes de hoy. Y estoy convencido de que será de gran trascendencia en la formación permanente de todos los salesianos y muy particularmente en la formación inicial de los jóvenes salesianos que hoy quieren ser como Don Bosco.

Para esto hemos de ser muy libres, valientes, siempre con mirada creyente y atentos con la máxime delicadeza a la voz del Espíritu Santo.

“La nuestra no es una asamblea de socios de una empresa; no es una asamblea política con grupos divididos por intereses económicos, de prestigio o de ambiciones. Nosotros formamos aquí Iglesia; mejor, asamblea de hombres consagrados, reunidos en el nombre del Señor, entregados por completo a un ideal sobrenatural. Nos sentimos hombres de fe, cuyas preocupaciones se enraízan en la fe, y cuya actividad, también en acto, está toda iluminada, vivificada y motivada por la fe. En efecto, nos encontramos aquí no por ninguna clase de intereses humanos, sino por los intereses de Dios, de su Reino, de su Iglesia”[4].

De cara al fruto de nuestro Capítulo General es determinante lo que acabo de citar: Lo que no nos lleve al encuentro con Dios en la persona de su Hijo Jesucristo no viene de Dios y no nos servirá. Lo que no nos haga desde la fe más fieles al carisma y al mismo Don Bosco, nuestro Fundador, está condenado al fracaso por más que los espejismos del momento anuncien otra cosa. No somos una Congregación de largos siglos de existencia. Pero tampoco somos los últimos en llegar, y los 160 años de existencia ya nos han enseñado mucho. Solo dejándonos guiar por el Espíritu de Dios la Congregación encuentra caminos para dar la mejor respuesta al hoy y aquí. Solo una mirada libre y lúcida frente a mentalidades fuertemente secularizadas y hedonistas nos muestran caminos certeros. Otras tentativas, antes o después queman, desgastan y hacen languidecer ideales de vida que terminan siempre en el mismo punto: sin importar nada eso del joven Cagliero: ‘fraile o no fraile yo me quedo con Don Bosco’.

 

2. TEMA Y OBJETIVO DEL CG28

 

Todos los presentes, incluso nuestros invitados que tanto nos honran con su presencia conocen el tema del Capítulo General que hoy declararemos oficialmente abierto: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy?

Tal tema responde a la urgencia que tenemos de concentrar en estos momentos de nuestra historia la atención en la persona del salesiano que como hombre de Dios, consagrado y apóstol debe ser capaz de sintonizar lo más plenamente posible con los adolescentes y jóvenes de hoy y con su mundo, a fin de hacer camino con ellos, en su educación y formación en la fe, en ayudarlos a ser buenos creyentes (considerando que muchas veces profesan otras religiones), en prepararlos para la vida y acompañarlos en la búsqueda de sentido y en el encuentro con Dios.

Y somos conscientes de que no somos solamente nosotros, salesianos de Don Bosco, quienes tenemos la responsabilidad de esta misión, sino que la llevamos a cabo contando con tantas otras fuerzas de educadoras y educadores, tantos laicos en todas las presencias del mundo salesiano.

El tema que nos ocupará en estas siete semanas es único y lo hemos articulado en tres núcleos:

            → Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy

            → Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy

            → Junto a los laicos, en la misión y en la formación

El mundo en el que vivimos en este siglo XXI, aún con la diversidad de culturas y contextos, necesita, y podríamos decir que espera, encontrarse con salesianos consagrados-apóstoles preparados y dispuestos a vivir la propia vida con la mente y el corazón de Don Bosco. Salesianos capaces de seguir donándose y dar la vida por los jóvenes del mundo de hoy, con sus lenguajes, sus visiones y sus intereses. Y sin duda que muchos de estos adolescentes y jóvenes se encuentran ya en las casas salesianas, pero otros muchos viven en ‘otros patios’, en los que deberemos ser también salesianos para ellos.

Pienso que sigue resonando con una gran fuerza, y es una llamada muy actual, la que nos hizo el papa Francisco el 21 de junio del 2015, año del bicentenario del nacimiento de Don Bosco, en este mismo santo lugar salesiano que es Valdocco. Nos pidió que no defraudáramos las profundas aspiraciones de los jóvenes, su necesidad de vida, de apertura, alegría, libertad y futuro; el deseo que tienen de colaborar en la construcción de un mundo más justo y fraterno, buscando el desarrollo de todos los pueblos y el cuidado de la naturaleza y de los espacios de vida… Y nos pide el Papa que les ayudemos a experimentar que solo en la vida de Gracia, es decir en la amistad con Cristo se alcanzan de modo pleno los ideales más auténticos[5].

Lo que proponemos al Capítulo General como desafío para toda la Congregación, esperamos realizarlo del único modo posible y válido que ya he mencionado y que subrayo nuevamente: en el camino de la fidelidad al Señor en Don Bosco y la fidelidad a los jóvenes. Muchos de estos jóvenes, con mayor o menor conciencia, necesitan de nosotros que no les dejemos y abandonemos a su destino, un destino incierto, como si de náufragos se tratara, por no ser capaces nosotros mismos sus educadores, amigos, hermanos y padres de los jóvenes (como lo fue Don Bosco para los suyos en su tiempo) de percibir sus necesidades o de escuchar sus llamadas.

Por esta razón, la reflexión capitular ha de centrarse en los siguientes elementos:

 

  1. 1. Dar absoluta prioridad a la misión salesiana con los jóvenes de hoy, y entre ellos a los más necesitados, pobres y abandonados. Una predilección por los adolescentes y jóvenes de hoy que en cierto sentido son, sin duda, diferentes de los de decenas de años atrás, al igual que los contextos sociales y educativos en los que se encuentran, y que por eso mismo condiciona objetivamente nuestra misión. Sabemos bien que al hablar de esta predilección por los jóvenes nos estamos refiriendo a algo esencial y constitutivo de nuestra identidad carismática.

Citando el texto que he escrito en la convocatoria del CG28 recuerdo a la asamblea capitular esta prioridad: “El nuevo Capítulo General será una oportunidad para discernir atentamente y verificar con valentía si nuestras presencias, nuestras obras y actividades están al servicio de los jóvenes más pobres; si ellos ocupan nuestro corazón y están en el centro de nuestras preocupaciones e intereses; si concentramos nuestras energías y esfuerzos en ellos”[6].

 

  1. 2. Atentos con la misma prioridad al perfil del salesiano de hoy

Lo que se pide y espera de nosotros salesianos solo seguirá siendo posible si somos capaces, como dije en la redacción del primer aguinaldo que ofrecí a la familia salesiana, de ser “Como Don Bosco, con los jóvenes y para los jóvenes”. Por ello, una parte decisiva de nuestra reflexión y deliberación capitular tendrá mucho que ver con la persona del salesiano y con nuestra formación, inicial y permanente.

Con Don Bosco como modelo,

→ decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir hombre consagrado de fe profunda.

→ decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir pasión apostólica por los jóvenes.

decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir hijo de Dios que saber ser y se siente padre de los jóvenes.

decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir identidad carismática de cada uno enriqueciendo la Iglesia con el carisma de Don Bosco y creando comunión eclesial.

decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir apóstol de los jóvenes, siempre fiel, siempre flexible y creativo.

decir ‘salesiano hoy’ debería ser lo mismo que decir siempre educador, siempre amigo de los jóvenes.

 

2.2.1. Un perfil de salesiano que no se improvisa, sino que se forma

Este es uno de los motivos que nos ha llevado a ver la importancia de este tema capitular. La vocación de cada uno de nosotros es respuesta a una llamada; una llamada de amor y de gracia que recibimos con gratitud y asombro, no como derecho o mérito. Es una llamada personal en un momento concreto de la historia de cada persona, tejida en el tiempo y con frecuencia con múltiples mediaciones, o simplemente una; es una llamada en un determinado contexto familiar, social, religioso, cultural; es una llamada que llega en el ‘mundo’ de cada uno, con su diversidad y quizá complejidad.

Y en contextos y condicionantes tan diversos hemos de hacer cada uno un camino que nos lleve, en el seguimiento del Señor Jesús, a moldear nuestro corazón y nuestra personalidad para que siendo nosotros mismos tengamos el corazón pastoral de Don Bosco a imitación de Jesús Buen Pastor, y el deseo de entregarnos generosamente a los demás, en particular a los jóvenes; pero viviendo en un genericismo, que sería preocupante y peligroso, sino como consagrados, salesianos de Don Bosco en la Iglesia para los jóvenes.

Por eso afirmo con profunda convicción que el perfil de este salesiano no se puede improvisar, sino que pasa a través de las mediaciones que son las diversas etapas formativas con sus vivencias, tiempos y personas.

 

2.2.2. Con la ayuda de equipos formativos de calidad y procesos personalizados

Bien sabemos que este camino no se puede recorrer sin la ayuda de mediaciones. Con frecuencia estas mediaciones son múltiples y diversas. Imagino que nuestra reflexión capitular tomará también conciencia de cómo pensando en el salesiano de hoy se ve más necesario e importante que nunca contar con un verdadero discernimiento y acompañamiento. Y para ello el papel de la comunidad o comunidades salesianas del entorno, el papel de los laicos de la comunidad educativa, y el de los propios hermanos de la Inspectoría será de especial importancia.

La reflexión y la comprensión de nuestra realidad formativa en el mundo nos habrá de llevar en los trabajos capitulares a preguntarnos qué renovación formativa necesitamos, ya que lo cierto es que los jóvenes salesianos de hoy, todos ellos ‘nativos digitales’ vienen de contextos culturales quizá muy diversos a los nuestros, sin duda muy diverso del contexto formativo que tuvo quien les habla. Profesamos las mismas Constituciones Salesianas, pero en naciones, culturas, lenguas y contextos muy diferentes, y esto nos ha de llevar a pensar en los procesos formativos personalizados quizá como la única garantía con perspectiva de futuro en el camino vocacional.

A todo esto, se suma, de modo evidente, la necesidad que tendremos de seguir individuando los mejores equipos de formadores, equipos que sean consolidados y estables, no improvisados sino preparados para este servicio.

 

2.3. Junto a los seglares en la misión y en la formación

Todos tenemos presente la temática del CG24 “Salesianos y Laicos. Comunión en el compartir el espíritu y la misión de Don Bosco” del año 1996. Después de muchos años de este camino de misión compartida en las comunidades educativo-pastorales, sentimos la necesidad como Congregación de hacer una evaluación del camino recorrido, de los logros alcanzados y de las resistencias que se han encontrado.

Creemos ciertamente que la misión compartida con los laicos es un camino de descubrimiento de la identidad carismática, especialmente iluminado a partir del CG24, y hoy se nos manifiesta como el único modo de llevar a cabo la misión salesiana en la complejidad de nuestro mundo, en la diversidad y complejidad de tantas situaciones nacionales y culturales, y en la multiplicidad de contextos.

Intuyo que, sobre esta parte tan importante de nuestra reflexión, y que va de la mano del perfil del salesiano que hoy se necesita y que esperan los jóvenes (y también los laicos que comparten misión con nosotros), el Capítulo tomará quizá en consideración alguno de estos puntos sobre los que reflexionar:

  1. → Realizaciones y resistencias en la misión compartida con los laicos.
  2. → La necesaria reciprocidad en las relaciones entre salesianos y laicos.
  3. → La formación conjunta de salesianos y laicos.
  4. →Las nuevas situaciones en la realidad de hoy, veinticuatro años después del CG24, y las orientaciones y criterios que hemos de tener en cuenta.

 

3. LA HORA DEL CAPÍTULO GENERAL 28º

 

Hermanos Capitulares: en estos meses no he ocultado la esperanza con la que estoy esperando la celebración de este nuestro Capítulo General, puesto que creo que será muy significativo y de gran relevancia. Todos los anteriores lo han sido. Sin duda no se espera menos en el presente.

Como también manifesté en la carta de convocatoria del mismo: “seremos llamados a discernir con realismo, valentía y determinación, las orientaciones del camino a recorrer en este siglo XXI, en un momento eclesial muy especial de renovación y de purificación”[7].

→ Llamados a dar prioridad y centralidad a nuestras decisiones y deliberaciones en lo que se refiere a la misión salesiana en favor de los niños, adolescentes y jóvenes más pobres y necesitados, los últimos, los tantas veces ignorados o descartados.

→ Llamados a vivir en una permanente actitud de formación, de apertura a las realidades siempre cambiantes, a hacer todo lo posible, sea cual sea la edad, para no dejar de ser por y para los jóvenes.

→ Llamados a acompañar la formación de los jóvenes salesianos de hoy y de mañana para que sean verdaderos consagrados, apasionados por Cristo y por esta humanidad que tantas veces sufre, deseando ser hoy, en la sencillez y generosidad de su entrega, ‘otros Don Bosco’.

→ Llamados a tener visión y corazón grande para aprovechar todo el potencial apostólico que, salesianos y laicos, tenemos. Llamados a diagnosticar y ser valientes en el decidir qué debemos hacer para desarrollar plenamente la visión profética que desde hace años ha tenido la Congregación al llamarnos a recorrer juntos un camino en favor de la misión, del servicio a aquellos para quienes hemos nacido como carisma.

 

CONCLUSIÓN

 

Concluyo esta presentación de los desafíos que nos ocupan haciendo una última referencia a Don Bosco y otra a nuestra Madre Auxiliadora.

Nuestro Fundador, consciente de que no todo terminaba con él, sino que seguramente lo que él vivía solo sería el inicio de un largo camino a recorrer, dijo en un día del año 1875 a don Julio Barberis, estrecho colaborador: “Vosotros completaréis la obra que yo he comenzado; yo hago el croquis y vosotros le pondréis colores… Yo hago ahora el borrador de la Congregación y dejaré a los que vengan detrás de mí que lo pongan en limpio”[8].

Pienso que con este CG28 que hoy iniciamos pondremos en limpio otras partes del boceto que Don Bosco nos dejó, ya que el Espíritu Santo sigue iluminándonos también hoy para ser fieles al Señor Jesús siendo fieles al carisma inicial, con rostros de hoy y música y colores de hoy.

En esta misión no estamos solos y sabemos y sentimos que María, la Madre Auxiliadora, la ‘Auxiliadora de Don Bosco’ nos guía.  En aquella mañana de la Inmaculada de 1887, dos meses antes de su muerte, volviendo a contemplar el largo y no fácil camino de su vida, dijo a los salesianos que, conmovidos, lo rodeaban: “Hasta ahora hemos caminado siempre sobre seguro; no podemos equivocarnos: es María quien nos guía”[9].

Ella es la Madre de todos nosotros, la Madre de los jóvenes y de sus familias (si es que las tienen). Es la más sensible a los más pobres y necesitados. Es quien nos dice, también en esta hora del CG28, “haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), como sucedió en Caná de Galilea.

Que nuestra Madre Auxiliadora nos ilumine y guíe como a Don Bosco para ser fieles al Señor y no defraudar nunca a los jóvenes, y a quienes más nos necesitan.

Ángel Fernández Artime
Rector Mayor

 

[1] MBe XIII, 221.

[2] MBe XIII, 221.

[3] MBe XIII, 251.

[4] XX Capítulo General Especial Salesiano, Discurso de apertura del CGE, Anexo 2, Edición española, Madrid, 1972, p. 603.

[5] Cf. FRANCISCO, Como Don Bosco con los jóvenes y para los jóvenes. Carta del Papa Francisco al Rector Mayor de los Salesianos, Turín 21 de junio de 2015 (en Ecclesia, 16 julio 2015).

[6] ACG, Carta para convocar el CG28, n.º 427, p. 11.

[7] ACG, Carta para convocar el CG28, o.c., 31.

[8] MBe XI, 265.

[9] MBe XVIII, 382.