CG28

Discurso del Rector Mayor en la clausura del CG28

DISCURSO DEL RECTOR MAYOR EN LA CLAUSURA DEL CG28

Queridos Hermanos,

¿no os parece que Dios nos haya hablado realmente, y ampliamente, en estas cuatro semanas, incluso si, por la clausura anticipada de nuestros trabajos, a causa de la pandemia del coronavirus, no hayamos podido llegar a un documento capitular votado y aprobado?

Repensando en este nuestro Capítulo General, ¿no creéis que Dios nos haya hablado haciéndonos sentir, con fuerza, la presencia de Don Bosco, nuestro amado padre? ¿No creéis que Dios nos haya hablado a través de la bellísima experiencia de fraternidad que hemos vivido?

La respuesta a estos interrogantes, que yo me he hecho a mí mismo antes que a vosotros, ¡es un sí convencido!

 

Los dones del Capítulo

 

Queridos Hermanos, creo que todos estamos de acuerdo en reconocer la belleza de nuestra fraternidad, del gozo del encuentro con el hermano tal como es. Esta realidad no es el resultado de una estrategia. Es fruto del Espíritu, expresión madura de la Congregación y del compromiso de quien ahora tiene la responsabilidad del gobierno y de la animación de las Inspectorías.

Os pregunto de nuevo: ¿no creéis que Dios nos haya hablado mucho a través del clima de fe y honestidad en el que se han desarrollado el discernimiento y las votaciones? Yo creo que sí. ¿No creéis que el Señor nos haya hablado con la protección extraordinaria de María Auxiliadora? Yo creo que sí. Dios nos ha hablado muchísimo en este Capítulo General, aunque no hayamos podido completar el camino necesario para llegar a un documento y proponerlo a la aprobación final de la asamblea.

Queridos Hermanos, no dejéis que en vuestros corazones prevalezca la desilusión por el hecho de volver a las Inspectorías sin haber llevado a término los trabajos capitulares. Creo que este «fracaso» no es lo más importante. No nos vamos con las manos vacías: llevamos con nosotros las reflexiones que hemos compartido en estas semanas y que hemos sintetizado en un primer borrador, entregado al Rector Mayor y al Consejo General. Además, tenemos el magisterio de la Congregación hasta hoy, en particular el del CG24, especialmente sobre el tema de la misión compartida entre Salesianos y seglares. Por último, tenemos el bellísimo y programático Mensaje del Santo Padre al CG28.

Estos elementos nos permiten ensanchar la mirada, sobre la realidad que nos espera, con serenidad y con gran confianza.

 

Una mirada sobre el futuro: objetivos y desafíos

 

La segunda parte de mi reflexión, muy breve, quiere ser una mirada al futuro.

Comienzo diciéndoos que me ha impresionado mucho un agradecimiento que he recibido, ayer por la tarde, poco antes de entrar en la Basílica para rezar.

Un hermano capitular de Europa Este, se me acercó y me dijo: «Querido Rector Mayor, quiero darte las gracias por haber hecho posible la recuperación de estos santos Lugares Salesianos. Y quiero decirte que necesitamos ayuda para nuestra identidad: ¡no nos dejéis solos!». Le he respondido: «Yo también te doy las gracias; sin embargo, mucho de esta recuperación es fruto del Capítulo General anterior, con su deliberación, que por muchos motivos creo profética, de renovar y potenciar los Lugares Santos Salesianos, corazón de nuestro carisma. Luego, algunos de nosotros hemos podido hacer algo para poner en práctica esta deliberación».

A propósito de los Lugares Salesianos, queridos Hermanos, en mi opinión, la cosa más hermosa que podéis hacer es esta: volved a las Inspectorías diciéndoles a todos los hermanos que aquí está la casa de todos. Estos lugares son los lugares de nuestro sueño carismático, son la cuna donde todos los Salesianos del mundo han nacido, porque, aquí, ha nacido el carisma. Son los lugares a los que todos pueden acudir, porque todos los Salesianos tienen el derecho de sentir, al menos una vez en su vida, la emoción de estar aquí en Valdocco. Agradezco sinceramente al Inspector de Piamonte, que se ocupa de la custodia de estos lugares. He prometido, y sigo prometiendo a él y a la ICP que no los dejaremos solos en el cuidado de este extraordinario patrimonio que es de toda la Congregación.

Volviendo al diálogo de ayer por la tarde, le dije, después, al hermano: «Te prometo que no os dejaremos solos en vuestro camino de identidad».

  1. Este es el primer objetivo, el primer desafío que tenemos delante: crecer todos, en todas las Inspectorías, en todas las Regiones, en la identidad carismática y en la identidad y en la espiritualidad salesiana. Todos necesitamos esto, y en algunas Inspectorías y en algunas Regiones de manera particular. Tengamos cuidado: el hecho de tener nuevas profesiones salesianas no es, por sí solo, garantía de una fuerte identidad. Se debe asegurar la identidad salesiana a través de una atención específica y un cuidado mayor. En estos años hemos visto con claridad que, en ciertos casos, pequeñas o grandes dificultades de los hermanos, dependen, en gran medida, de una falta de identidad, como dije en el informe inicial. Estoy convencido de que, en el programa de animación y gobierno del próximo sexenio, esta será una prioridad: garantizar la identidad carismática en todos los Salesianos. Como decía, no basta con hacer la primera profesión para decir «tengo toda la identidad salesiana». Esta es un camino, a veces es muy exigente, pero se trata de un desafío fascinante que da tanta belleza y fuerza a nuestra Congregación.
  1. Un segundo desafío para el programa del sexenio: volver a Don Bosco, como ya nos exhortaba don Pascual Chávez durante su rectorado. Debemos volver cada vez más a Don Bosco, y esto quiere decir: amar a los jóvenes. Ellos mismos nos han pedido que los amemos. Y, por esta razón, como Salesiano,s todos estamos llamados a la presencia en medio de los jóvenes. Esto es lo que yo llamo, con una expresión que creo intuitiva, el «sacramento salesiano» de la presencia. Es un «sacramento» indispensable para hacer un camino con los muchachos y los jóvenes, para hacerles descubrir que Dios los ama, que verdaderamente «Dios es amor» (1 Jn 4, 8). Para nosotros y para ellos. Solo así seremos realmente evangelizadores de los jóvenes. Este es, creo, el significado de «volver cada vez más a Don Bosco». Hoy es una tarea y un desafío, aunque no empecemos de cero.
  1. Un tercer desafío es formar Salesianos como Don Bosco lo haría hoy. Queridos Hermanos capitulares, estoy convencido de que la formación, no cualquier formación clerical, sino la buena formación salesiana, es una prioridad. Por este motivo, el compromiso de seguir formando formadores es, a su vez, prioritario. Debemos cuidar más los equipos de nuestras casas de formación, para que sean, verdaderamente, salesianas y no elitistas: esta atención es garantía de un futuro auténticamente salesiano. Nada de genericismos: todo el esfuerzo formativo debe estar orientado al verdadero espíritu salesiano. Este tercer desafío implica a toda la formación de los Salesianos, tanto la permanente como, de modo particular, la inicial.
  1. Un cuarto desafío: sueño que decir hoy «Salesianos de Don Bosco» quiera decir consagrados «locos», es decir, Salesianos que aman con verdadero corazón salesiano, quizá, incluso «un poco loco», orientado hacia los más pobres. Queridos, si nos alejamos de los más pobres, eso será la muerte de la Congregación. Don Bosco lo dijo al hablar de la pobreza y de la riqueza. Me permito, todavía, de especificar: si un día dejamos a los chicos y, entre ellos, a los más pobres, comenzará el declive de la Congregación. Una Congregación que, gracias a Dios, goza ahora de buena salud, ¡más allá de nuestras debilidades! Prestemos, pues, atención a lo que considero una «auténtica deliberación capitular», aunque no en sentido propio, porque su contenido ya se encuentra en nuestras Constituciones: opción radical, preferencial, personal, institucional y estructural –en resumen, desde todos los puntos de vista– por los chicos más necesitados, pobres y excluidos. Es una opción que se manifiesta, de manera especial, en la defensa de los chicos y jóvenes explotados y víctimas de cualquier abuso: del abuso sexual a la violencia, de la injusticia al abuso de poder. Este cuarto desafío es un hermoso compromiso que debemos llevar en nuestros corazones. Un sexenio guiado por esta luz nos dará mucha vida.
  1. Quinto desafío. Creo que sea la hora de la generosidad dentro de la Congregación, no solo con dinero sino, sobre todo, con la generosidad y la disponibilidad de hermanos, para poder abrir nuevas presencias. Al menos, por tres motivos: primero, nuestra obra es solicitada de todas las latitudes, especialmente en los contextos más pobres; segundo, podremos establecer presencias y comprometernos entre los refugiados, una terrible y nueva pobreza; tercero, podremos establecernos en nuevos lugares de misión. Queridos Hermanos, todos pertenecemos a Dios y a la única Congregación, todos somos Salesianos de Don Bosco para el mundo. Creo que, en el próximo sexenio, esta apertura de horizonte se hará todavía más realidad: con la disponibilidad de los hermanos, con la respuesta generosa de las Inspectorías que tienen mayores posibilidades de ofrecer recursos a otras Inspectorías, a veces, con la guía del Rector Mayor y de su Consejo, siempre con esta mirada de universalidad. Vivimos un tiempo que debemos afrontar con mentalidad renovada, que sepa superar las fronteras. En un mundo en el que las fronteras corren el riesgo de cerrarse cada vez más, la profecía de nuestra vida consiste también en esto: mostrar que para nosotros no hay fronteras La única realidad que tenemos es Dios, el Evangelio y la misión.
  1. Un último desafío se refiere a la Familia Salesiana. En estos años hemos trabajado bien, más allá del cansancio de algunos delegados de cada uno de los grupos. Durante el Capítulo hemos visto que los tiempos no parecen todavía maduros para hacer pasos posteriores. Pero la Familia salesiana, junto con la realidad de la misión compartida con los seglares, será el punto de llegada y la garantía de la misión salesiana. No puede ser solo un campo de acción para ocupar la vida de algún hermano, o para hacer un poco de amistad. Es un elemento carismático esencial, hoy mucho más fuerte que en los tiempos de Don Bosco porque, en 160 años, ha tenido un gran desarrollo. Por eso, os invito a seguir creyendo, con convicción, en la Familia Salesiana. Esta no tiene la misma consistencia en todos los lugares donde está presente la Congregación. En algunas partes es una hermosa realidad, en otras todavía está en los inicios. Por tanto, también en este ámbito nos espera un gran compromiso.

 

Algunas brevísimas conclusiones:

  • Gracias a todos vosotros por el regalo del nuevo Consejo General. Es una renovación que debemos acoger con una mirada de fe. Creo que uno de los bellísimos frutos de este Capítulo, como siempre lo ha sido, es el regalo de un Consejo General. Estoy convencido de que, como Consejo, asumimos una profunda mirada de fe, el deseo de una fuerte fidelidad al Señor y a Don Bosco, con una gran capacidad proyectual. Todo lo demás, lo podremos hacer con nuestras capacidades, nuestras relaciones y con los talentos de cada uno. Con gran serenidad os digo: ¡gracias por el nuevo Consejo!

  • He reflexionado en estos días y creo que, como Rector Mayor, el primer compromiso para la animación de las Inspectorías será el de animar los Ejercicios Espirituales por Regiones, o por Conferencias en las Regiones, para los Inspectores y los miembros de los Consejos inspectoriales, con objeto de transmitir el fruto del CG28, un Capítulo General muy especial, para poder asumir los grandes desafíos que estamos identificando y que nos esperan.

  • De nuevo os doy las gracias por la gran comunión que existe entre nosotros.

  • Esta es la gran esperanza que llevamos, y de la que estamos profundamente convencidos: buscamos enriquecer a la Iglesia con el don del carisma salesiano para la salvación de los jóvenes.

 

Queridos Hermanos, de todo corazón, ¡gracias!

Turín, 13 de marzo de 2020