CG28

La identidad de la vida consagrada y su aportación a la vida de la Iglesia y del mundo

La identidad de la vida consagrada y su aportación a la vida de la Iglesia y del mundo

- Pistas de reflexión –
Card. João Braz de Aviz,
Prefetto della Congregazione per gli Istituti di vita consacrata e le Società di vita apostolica

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) ha recogido en un pequeño volumen[1] las orientaciones que surgieron en la Asamblea Plenaria del dicasterio en noviembre de 2014 y en la reflexión posterior. Partiendo del logion de Jesús “nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos" (Mc 2,22), hemos tratado de reunir los grandes horizontes abiertos por el Concilio Vaticano II, para tomar conciencia de los retos aún abiertos, que hemos identificado al profundizar la vocación e identidad de la vida consagrada, en las nuevas opciones formativas, observando las relaciones en el humanum, es decir, en la reciprocidad entre el hombre y la mujer, en el servicio de la autoridad y de la obediencia, en los modelos relacionales y en el testimonio de lo que concierne a la posesión, uso y administración de bienes.

Después de esta mirada a los retos, hemos preguntado cómo preparar los odres nuevos, buscando la fidelidad en el Espíritu, identificando modelos de formación y cuidando la formación de formadores, hacia una relacionalidad evangélica que se manifiesta en la reciprocidad y en procesos multiculturales, al servicio de la autoridad en relación con modelos relacionales, con las estructuras de los consejos y de los capítulos.

 

1. La renovación postconciliar

 

Han pasado más de cincuenta años del Concilio Vaticano II. El papa Francisco, religioso como nosotros, ha lanzado palabras y gestos de fuerte estímulo para llevar adelante la renovación propuesta por el Vaticano II para la vida consagrada, teniendo en cuenta las exigencias actuales[2]. Los fundamentos teológicos y eclesiológicos de la renovación fueron puestos en práctica por los Padres conciliares en la Constitución dogmática Lumen gentium, en el capítulo VI (nn. 43-47). Se trata de la actualización espiritual, eclesial, carismática e institucional de la vida consagrada en la Iglesia.

Hoy podemos decir que el Concilio Vaticano II generó impulsos y métodos de gran eficacia en el aggiornamento. Se ha generado una nueva comprensión de la vida consagrada. De hecho, antes del Concilio, sus manifestaciones y estructuras, representaban la fuerza compacta y operativa para la vida y la misión de una Iglesia militante en continua oposición al mundo.

En la nueva fase de apertura y diálogo con el mundo la vida religiosa se ha sentido impulsada en primera línea a explorar, por el bien del entero cuerpo eclesial, las coordinadas de una nueva relación iglesia-mundo... En esta línea de diálogo y de acogida, la vida consagrada, por lo general, ha abrazado generosamente, aunque no siempre, los riesgos de esta nueva aventura de apertura, de escucha y de servicio"[3].

Los carismas y el patrimonio espiritual de la vida consagrada, en este nuevo clima, se han puesto con confianza a disposición de esta nueva relación, pero al mismo tiempo, ha requerido correr el riesgo de estos nuevos caminos[4].

En este período posconciliar, los textos normativos y las formas institucionales han sido reelaborados para conformarse al nuevo Código de derecho canónico (1983). Un gran empeño ha sido realizado por cada una de las familias religiosas en la relectura y en la interpretación de la "inspiración originaria de los Institutos" (PC 2). Esta labor tenía principalmente dos objetivos: custodiar fielmente «la mente y propósitos de los fundadores» (CIC c. 578) y «reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy» (VC 37)"[5].

Se han implementado, con mucha responsabilidad y fe, estructuras de gobierno y de la gestión del patrimonio económico y de las actividades para acomodarlas.  Los Papas de este período han apoyado generosamente con su Magisterio el camino de la vida consagrada, ayudando "a orientar con sabiduría y sentido eclesial las nuevas opciones de presencia y de servicio a la escucha constante de las llamadas del Espíritu"[6].  De manera muy especial, la exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata (1996) con la contemplación y la referencia fontal al misterio de la Santísima Trinidad, ilumina el sentido de consagración, entendiéndolo como confessio trinitatis “también a la hora de afrontar el reto de la vida fraterna «en virtud de la cual las personas consagradas se esfuerzan por vivir en Cristo con un solo corazón y una sola alma (Hch 4,2)”[7].     

En este momento, el papa Francisco ha pedido a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA) y a la Congregación para los Obispos que preparen la revisión del documento "Mutuae relationes"[8]. Mientras tanto, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado el documento "Iuvenescit ecclesia"[9]. Esta carta proporciona una visión lúcida de las relaciones entre los obispos y los consagrados, a la luz de la eclesiología y la espiritualidad de comunión y a la luz de los dos principios coesenciales de la Iglesia: jerarquía y carismas. Así, el nuevo texto de "Mutuae relationes" que ya está en su borrador final para ser presentado al Santo Padre, se ha enriquecido providencialmente.

Ahora la experiencia del año de la vida consagrada y del jubileo de la misericordia nos empuja a abrir nuevos caminos. Estamos interpelados por la evolución social, económica, política, científica y tecnológica. Sectores que una vez fueron asumidos por el celo de la vida consagrada ahora son realizados por el estado. Emergencias nuevas e inéditas, nuevas pobrezas, la multiplicación del voluntariado, la apertura a nuevas fronteras de la misión, especialmente en la fundación de nuevas iglesias, todo esto crea un nuevo contexto para la vida consagrada. Hemos pasado de situaciones monoculturales al reto del multiculturalismo, con comunidades internacionales presentes en contextos desconocidos o multirreligiosos, insertos en contextos difíciles y en riesgo de diversas formas de violencia. En muchos casos, los esquemas tradicionales de formación han entrado en crisis. Estas novedades percibidas como riqueza también traen tensiones y generan una sensación generalizada de fatiga, con la consiguiente tentación de contentarse con estrategias de supervivencia. Entendemos cada vez más que solos no podremos dar este paso necesario[10].

 

Retos todavía abiertos

 

Partimos de una observación bastante evidente: "Todo sistema estabilizado tiende a resistir al cambio y hace lo posible para mantener su posición, ocultando a veces incongruencias, otras veces aceptando acercar pobremente lo viejo y lo nuevo, o negando la realidad y las fricciones en nombre de una concordia que es ficticia, o hasta disimulando los propios fines con ajustes superficiales. Lamentablemente, no faltan ejemplos en los que se encuentra una adhesión puramente formal, sin la necesaria conversión del corazón"[11].

En un momento, el presente, en el que hay un gran número de abandonos de la vida consagrada, que han tenido lugar tanto después del proceso formativo como en la edad avanzada, en cualquier contexto geográfico y cultural, es importante buscar las causas de este fenómeno. No se trata solo de crisis afectivas, sino también de desilusión por una vida comunitaria sin autenticidad. Algunas veces los valores propuestos no corresponden a la vivencia concreta, o el número de actividades es excesivo y no permite una vida espiritual sólida. También existe el aislamiento de los jóvenes en las comunidades de personas mayores. Incluso si en muchos jóvenes hay disponibilidad para la trascendencia, la capacidad de apasionarse por los valores del Evangelio, una vida consagrada altamente estandarizada los bloquea. Por tanto, muchas veces no se llega a tocar el corazón y transformarlo.

La integración entre diferentes culturas en algunos Institutos se ha convertido en un problema: por un lado, algunos miembros de edad avanzada y por otro un gran grupo de jóvenes de diversas culturas que se sienten marginados, con roles subordinados. "Es cada vez más evidente que lo más importante no es conservar las formas, sino la disponibilidad a repensar continuamente la vida consagrada como memoria evangélica de un estado permanente de conversión del que brotan intuiciones y opciones concretas"[12].

En el contexto de la renovación de la experiencia de autoridad y obediencia, en medio de la crisis actual en varios Institutos, podemos decir: "No es casualidad que entre las causas principales de los abandonos resalten: el empobrecimiento de la visión de fe, los conflictos en la vida fraterna y una vida de fraternidad carente de humanidad"[13].

Un campo donde los retos actuales están particularmente abiertos es el de las opciones formativas. Es notable el esfuerzo concreto de los Institutos y de las Conferencias de Superiores Mayores (nacionales e internacionales). Una de las dificultades significativas sigue siendo "la escasa integración entre visión teológica y antropológica en el concepto de formación, del modelo formativo y de la pedagogía educativa... (que) no permite la interacción y el diálogo entre los dos componentes esenciales e indispensables de un camino de crecimiento: la dimensión espiritual y la humana"[14]. En los formadores es necesaria una sensibilidad a los valores de las diversas culturas, de las nuevas generaciones y de los diversos contextos de la vida. De aquí la atención dada al discernimiento de las motivaciones vocacionales presentes en las diversas áreas culturales y continentales.

Las urgencias de las obras, en muchos Institutos, especialmente femeninos, prevalecen sobre el camino de la formación sistemática y orgánica. Además de esto, a menudo se crea un desequilibrio entre la formación teológica y la profesional y, por tanto, se pierde la formación al discipulado y a la vida consagrada.

Si miramos bien a nuestros formadores vemos que no es raro que tengan una preparación insuficiente e, incluso, un número insuficiente de personas. La formación de formadores se convierte así en uno de los retos actuales más importantes. ¿Cómo podemos garantizar una pedagogía personal, es decir, una personalización de la formación, en la que, en el período inicial, el formador camina cada día junto al discípulo en la confianza y en la esperanza, sobre todo como experto en el camino de la búsqueda de Dios?

La comunidad desempeña un papel importante: "En la fraternidad se aprende a acoger a los demás como don de Dios, aceptando sus características positivas junto con sus diversidades y sus límites Es en la fraternidad donde se aprende a compartir los dones recibidos para la edificación de todos. Es en la fraternidad donde se aprende la dimensión misionera de la consagración (cf. VC 67)"[15].

Con respecto a la formación permanente o continua, aún no se ha convertido en una verdadera cultura, en la que la enunciación de los conceptos teóricos y la capacidad de revisión y verificación de la vida concreta en la comunidad van de la mano. Aquí también hay una seria iniciación al gobierno, para superar la improvisación y el ejercicio incorrecto e incompleto.

Aun permaneciendo en la dimensión humana de los retos a la vida consagrada, un campo particularmente importante es el de la reciprocidad hombre-mujer. "Somos herederos de una mentalidad que resaltaba profundas diferencias entre el hombre y la mujer, en detrimento de su idéntica dignidad. También en la Iglesia, y no sólo en la sociedad, múltiples prejuicios unilaterales impidieron reconocer las dotes del verdadero genio femenino (cf. VC 58) y la contribución original de las mujeres. Este tipo de minusvaloración ha tocado particularmente a las mujeres consagradas, que han sido marginadas de la vida, de la pastoral y de la misión de la Iglesia (cf. VC 57)"[16].

Este escenario comenzó a cambiar a partir del Vaticano II, pero no se ha alcanzado todavía una síntesis equilibrada y una purificación de los esquemas y de los modelos heredados. Persisten aún demasiados obstáculos en las estructuras y mucha desconfianza a la hora de dar a las mujeres «espacios de participación en diversos sectores y a todos los niveles, incluidos aquellos procesos en que se elaboran las decisiones, especialmente en los asuntos que las conciernen más directamente» (VC 58), en la Iglesia y en la concreta gestión de la vida consagrada"[17].

En nuestros ambientes de vida consagrada todavía falta una madurez en la reciprocidad entre hombre y mujer, algo que es particularmente necesario en nuestro tiempo. La distancia provocada incluso con motivaciones ascético-espirituales ha causado un empobrecimiento recíproco y la pérdida de sensibilidad para la visión diferente del otro. Esto se refleja en la vida consagrada también en la diferente sensibilidad de los jóvenes y de los ancianos: "Podemos hablar de disonancia cognitiva entre religiosos mayores y jóvenes. Para los unos las relaciones con lo femenino y lo masculino están marcadas por mucha discreción y hasta fobia, y para los otros por apertura, espontaneidad y naturalidad"[18].

Por último, tenemos que señalar todavía "la debilidad que se nota ad intra de los Institutos para el proceso antropológico-cultural de verdadera integración y recíproca complementariedad con el elemento y la sensibilidad femenina y masculina. San Juan Pablo II ha reconocido como legítimo el deseo de las consagradas de tener «espacios de participación en diversos sectores y a todos los niveles» (VC 58), pero, de hecho, en la praxis estamos todavía lejos de ello. Y se corre el riesgo de empobrecer seriamente a la Iglesia misma, como ha dicho el papa Francisco: “No reduzcamos el compromiso de las mujeres en la Iglesia, por el contrario, tratemos de promover su rol activo en la comunidad eclesial. Si la Iglesia pierde a las mujeres, en su dimensión total y real, la Iglesia corre el riesgo de la esterilidad” (Discurso al Episcopado brasileiro, Río de Janeiro (27 de julio de 2013)[19].

Otro reto abierto se refiere al servicio de la autoridad. Todavía hoy podemos encontrar en varias comunidades de vida consagrada "la centralización verticalista en el ejercicio de la autoridad, tanto a nivel local como más alto, suplantando así la necesaria subsidiariedad. Podría levantar sospecha, en algunos casos, la insistencia de algunos superiores sobre el carácter personal de su autoridad hasta casi hacer inútil la colaboración de los Consejos, convencidos de poder responder (autónomamente) a su propia conciencia. De esto se desprende una escasa colegialidad en la praxis de gobierno o, en el caso, la ausencia de oportunas delegaciones. El gobierno no puede concentrarse ciertamente en manos de uno sólo, evitando así las prohibiciones canónicas (Cf. CIC c.636). En algunos Institutos hay todavía superiores y superioras que no tienen en cuenta las decisiones capitulares como es debido"[20]. Mayorías preestablecidas, el uso de la lógica de los alineamientos, resolver problemas serios son comportamientos de gobierno fuera de toda lógica evangélica. Superiores que se fosilizan en el poder hasta el punto, en algunos casos, de cambiar también las Constituciones, producen un gran mal a sus carismas y neutralizan el crecimiento de muchos otros hermanos y hermanas que podrían ayudar más a la comunidad. Es indispensable, hoy, la conversión de tantos superiores y superioras para que realmente puedan ayudar a discernir la voluntad de Dios. En algunos casos más extremos, hay superiores que queman la madurez de toda una generación de consagrados, construyendo relaciones enfermizas de dependencia y de esclavitud. En el dicasterio, a menudo, tenemos que intervenir para remediar estas situaciones[21].

Hablando todavía del servicio de la autoridad, "hay que tener presente que la obediencia verdadera no puede dejar de poner en primer lugar la obediencia a Dios, tanto de parte de la autoridad como de aquel que obedece, como también no puede ignorar la referencia a la obediencia de Jesús; obediencia que incluye su grito de amor Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27,46) y el silencio de amor del Padre"[22].

Por último, entre los retos abiertos de la vida consagrada hoy debemos decir una palabra sobre la gestión de los bienes eclesiásticos de los Institutos de vida consagrada y la Sociedad de vida apostólica en la Iglesia.

Fue el papa Francisco quien llamó la atención de la vida consagrada sobre la administración de los bienes eclesiásticos. En los últimos años, el CIVCSVA ha organizado, en Roma, dos simposios sobre el tema con el objetivo de perfeccionar y actualizar el cuidado de los bienes vienen en posesión de la vida consagrada en el mundo. Por el número de participantes pudimos medir el interés que se pudo verificar. Parte del contenido del primer simposio ha sido publicado (2014)[23].

“En su larga historia, la vida consagrada ha sido capaz de oponerse proféticamente cada vez que el poder económico ha corrido el riesgo de humillar a las personas y, sobre todo, a los más pobres. En la presente situación global de crisis financiera a la que apunta a menudo el Papa Francisco, los consagrados somos llamados a ser verdaderamente fieles y creativos para no fallar a la profecía de la vida común y de la solidaridad, sobre todo hacia los pobres y más frágiles.

Hemos pasado de una economía doméstica a procesos administrativos y de gestión que escapan de nuestro control y evidencian nuestra precariedad y, más aún, nuestra impreparación. No podemos dejar de centrarnos en la transparencia en materia económica y financiera como primer paso para recuperar el auténtico sentido evangélico de la comunión real de los bienes dentro de las comunidades y de su compartir concreto con quienes viven a nuestro lado"[24].

 

Conclusión

 

Tres indicaciones del Vaticano II en particular están en el corazón de la reforma de la vida consagrada en este momento de la historia: la secuela Christi vivida a la luz de las palabras de Jesús con transparencia de testimonio; la vuelta al núcleo central del carisma de nuestros fundadores y fundadoras, dejando de lado aquellas cosas que no son esenciales; el diálogo continuo con el hombre y la mujer de hoy para actualizarnos continuamente sobre las preguntas de nuestro tiempo.

Un papel central toca al paso necesario a una espiritualidad de comunión vivida con intensa generosidad y convicción en todas las direcciones de nuestras relaciones.

Este capítulo, que comienza hoy, puede ser realmente, para vosotros Salesianos, un momento de gracia para impulsar la renovación de la Sociedad de San Francisco de Sales. Saludos.

 

[1] CIVCSVA, Para vino nuevo odres nuevos. La vida consagrada desde el Concilio Vaticano II: retos aún abiertos, Ciudad del Vaticano, LEV 2017.

[2] Cf. Decreto Perfectae caritatis, 1.

[3] Para vino nuevo odres nuevos, cit., pp. 18s,

[4] Cf. Idem, p. 19,

[5] Para vino nuevo odres nuevos, cit., p, 20.

[6] Ibidem.

[7] Idem, p. 22.

[8] SCIVCSVA, Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia, Vaticano 1978.

[9] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Iuvenescit Ecclesia a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos para la vida y misión de la Iglesia, LEV, Città del Vaticano 2016.

[10] Cf. Para vino nuevo odres nuevos, cit. pp.23-31.

[11] Idem, pp.33s.

[12] Idem, p.37.

[13] Idem, p.56.

[14] Idem, pp.37s.

[15] Idem, p.41.

[16] Idem, p.43.

[17] Idem, p.45.

[18] Idem, p.46.

[19] Idem, p.47.

[20] Idem, p.47s.

[21] Cf. idem, pp.50-52.

[22] Idem, p.55.

[23] Sequela Christi, La gestione dei beni ecclesiastici degli Istituti di vita consacrata nella Chiesa, 2014/01, Studi e commenti, pp. 89-148.

[24] Para vino nuevo odres nuevos, cit. pp.58s.