Padre, que a través de la experiencia del Capítulo nos impulsas a renovar el coraje apostólico de Don Bosco, capaz de abrazar al mundo entero:
haznos dóciles al soplo del Espíritu para abrirnos con los jóvenes a la gracia de un nuevo Pentecostés.
Padre, que a través del Capítulo nos llamas a una profunda conversión misionera de nuestras comunidades y de nuestra formación:
concédenos la gracia de unidad y la interioridad apostólica para saber discernir los signos de tu presencia para responder con prontitud y generosidad a tu voluntad.
Padre, que a través de la Familia Salesiana has suscitado un vasto movimiento para la salvación de los jóvenes:
haznos capaces de compartir con los seglares el mismo espíritu en la variedad de las vocaciones y en la colaboración apostólica y educativa.
Padre, que vives y actúas con la acción del Espíritu en el corazón de los jóvenes para llevarlos a la belleza, la bondad y la verdad:
haz que siguiendo la estela de nuestro padre Don Bosco, sepamos acoger los sueños de los jóvenes de nuestro tiempo y los sepamos acompañar con sabiduría y entusiasmo.
Padre, que en María diste a Don Bosco la inspiradora y la maestra de nuestra espiritualidad y misión entre los jóvenes:
ayúdanos a cultivar una actitud interior de silencio, escucha, oración, intercambio fraterno y respeto recíproco, para buscar el bien a realizar.
Padre, que en la especificidad y complementariedad de las vocaciones manifiestas la igual dignidad cristiana y la vocación universal a la santidad:
haz que la Familia Salesiana, en fidelidad al carisma dado a Don Bosco, cumpla su misión de evangelización y de educación de los jóvenes y de los pobres.