CG28

Propuesta programática del Rector Mayor a la Congregación Salesiana después del CG28

PRESENTACIÓN DEL RECTOR MAYOR

Mis queridos hermanos:

Han pasado ya cuatro meses desde que el Capítulo General 28 terminó, tres semanas antes de lo programado, a causa de la pandemia que hizo imposible nuestra permanencia por más tiempo en Valdocco. Hoy llego con esta presentación a cada uno de ustedes, con un sentimiento de profunda alegría por lo que hemos vivido en Valdocco, y de satisfacción por lo que creo que es un trabajo llevado a cabo entre todos, y ultimado en el seno del Consejo General. De la Asamblea Capitular recibimos este encargo, el de terminar lo que quedó inacabado en aquel momento.

El documento que llega a todos los hermanos a través de esta publicación responde al título de “Reflexiones Capitulares” y no ‘Documentos Capitulares’, como era habitual, ya que la Asamblea Capitular no pudo llegar a la redacción de un texto final votado en la sede capitular. Tan sólo algunas deliberaciones capitulares, en especial aquellas de carácter jurídico, vieron la luz en las primeras cuatro semanas.

Pero como he expresado en diversas ocasiones, aunque ha sido un Capítulo ‘especial’ a causa de las circunstancias que nos tocó vivir, no es un Capítulo carente de orientaciones y líneas programáticas. De hecho, el documento que hago llegar tiene una primera parte que, tanto yo mismo como los hermanos del Consejo General consideramos muy importante para la animación, gobierno y vida de la Congregación en el propio sexenio. Se trata del texto programático que el Rector Mayor ofrece a la Congregación para el sexenio 2020-2026. En esta amplia propuesta encuentran, queridos hermanos, la reflexión ulterior al Capítulo General, fruto del mismo y de la síntesis del camino recorrido en nuestra Congregación en el sexenio precedente. Es una amplia reflexión que recoge ante todo el espíritu y gran parte del contenido de la Carta  que el Santo Padre Papa Francisco ha dirigido al Capítulo General, y también recoge aquellos elementos que he considerado esenciales, ya presentes en la reflexión hecha en la asamblea capitular, sobre los dos primeros núcleos y el tercero que hemos elaborado en el Consejo General.

Esta propuesta programática deberá ser, sin duda, motivo de estudio, análisis y conocimiento en cada una de las Inspectorías, tanto por parte de los hermanos, como de modo particular los directores en su servicio de animación y gobierno de las comunidades y presencias locales, y por supuesto,  por parte de cada Inspector con su Consejo. Considero que con una velocidad u otra, según la realidad de cada Inspectoría, toda la Congregación deberá transitar este camino que es identitario, carismático y que ofrece pautas y líneas de acción para nuestro presente.

Al texto programático del sexenio le sigue la carta del Santo Padre, que sin duda llegará muy hondamente al corazón de cada salesiano, y será motivo de meditación, de estudio y profundización y de confrontación personal ante ella.

Los tres núcleos propuestos como trabajo capitular han tenido un rico desarrollo, aunque no pasara por todas las fases de estudio y elaboración que estaban pensadas en un comienzo. Contienen una rica reflexión y propuestas precisas y oportunas para la vida de las Inspectorías en todas las presencias en el mundo.

Finalmente, están recogidas las deliberaciones capitulares y, como en todos los Capítulos Generales, los Anexos con las diversas cartas y discursos.

Considero que el documento que llega ahora a cada uno permite ahondar en las motivaciones eclesiales, carismáticas e identitarias que nos ayudarán a seguir adelante en el camino de fidelidad que como Congregación, y de modo personal, queremos seguir haciendo. Nuestro mundo de hoy, la Iglesia y los jóvenes, junto con sus familias, nos necesitan al igual que ayer,  y como será mañana,  para seguir haciendo un camino de fidelidad al Señor Jesús siendo significativos y atrevidamente proféticos. Ojalá  que el Señor nos conceda este don. Con mediocridad y miedos poco podremos ofrecer a los jóvenes que les permita transformar sus vidas y llenarlas de sentido.

Estoy muy convencido de que todos deseamos formar parte de una Congregación que se siente muy viva y donde cada hermano entrega su vida cada día no de cualquier modo, sino mereciendo la pena.

Deseo profundamente que este ‘especial’ CG28 ayude a cada hermano a reavivar la pasión apostólica que caracterizó a nuestro Padre Don Bosco, para ser otros Don Bosco hoy, en cualquier parte del mundo, en cualquier cultura, en cualquier situación.

Añado una petición: Al mismo tiempo que les entrego este documento con mirada de fe, con mucha confianza en cada hermano, y haciéndolo motivo de oración, les pido que lo estudien pacientemente, que lo lean y reflexionen, que se dejen interperlar queridos hermanos. Les pido que interioricen la espiritualidad que en estas reflexiones capitulares encontrarán, que dialoguen con las propuestas que pretenden ser significativas y proféticas en nuestro modo de asumirlas y llevarlas a la vida. Creo que durante un tiempo significativo este estudio, conocimiento e interiorización, y diálogo en el corazón y ante nuestro Señor, deberá ser la tarea principal de cada hermano, cada comunidad local, cada Inspectoría y Visitadoría, cada Región o Conferencias Inspectoriales.

Mis queridos hermanos, la promulgación de estas Reflexiones Capitulares se hace el 16 de agosto del 2020, a los doscientos cinco años después del nacimiento de Don Bosco, y a los ciento sesenta y dos años del inicio de nuestra Congregación. Hasta el día de hoy ha sido hermoso el camino recorrido por nuestra Congregación y Familia Salesiana, y si nuestra respuesta sigue siendo en fidelidad al Señor, sin duda que por el bien de los jóvenes será mucho más lo que se vaya escribiendo con la entrega en el día a día, allí donde haya un joven que necesite al salesiano que sabrá ser amigo, hermano y padre.

Nuestra Madre Auxiliadora nos acompaña en este camino y como con Don Bosco, lo seguirá haciendo todo. De ella aprendemos lo que es la escucha atenta a la voz del Espíritu Santo y la docilidad a Él, así como la profundidad de vida en Dios y la entrega sencilla y decidida de cada día que nos hace ser, verdaderamente, signos y portadores del Amor de Dios a los jóvenes. A nuestra Madre Auxiliadora nos confiamos “para ser, entre los jóvenes, testigos del amor inagotable de su Hijo” (C.8)


PROPUESTA PROGRAMÁTICA DEL RECTOR MAYOR
A LA CONGREGACIÓN SALESIANA
DESPUÉS DEL CAPÍTULO GENERAL 28

 

Muy queridos hermanos salesianos de todo el mundo.

Es un deber que cumplo muy gustosamente el de dirigirme a todos ustedes después del Capítulo General, tras la primera sesión plenaria del Consejo General. Con este documento que he compartido con todo el Consejo General pretendo ofrecer a mis hermanos salesianos una verdadera ‘hoja de ruta’ para el próximo sexenio, ya que la interrupción del Capítulo General no nos permitió elaborar los documentos capitulares que fuesen norma y guía para el próximo sexenio.

Ante esta realidad dolorosa de la pandemia a causa del virus Covid-19 que ha golpeado y sigue golpeando fuertemente el mundo hasta el día de hoy, nosotros hemos vivido algo único,  que  ha sido  la interrupción de un Capítulo General. Es la primera vez en la historia de nuestra Congregación, sólo superada por una realidad más trágica que fue el estallido de la primera guerra mundial y la imposibilidad de celebrar, en el Rectorado de don Pablo Albera, el XIIº Capítulo General; de hecho, la celebración de éste tuvo que esperar casi doce años.

Pero en nuestro caso la interrupción de los trabajos capitulares no ha significado en absoluto que el Capítulo General 28 no esté lleno de contenido y significado. Y además de lo reflexionado, todos los capitulares han podido regresar a sus inspectorías (algunos con varios meses de espera en Valdocco) con múltiples vivencias acumuladas y un sentir muy salesiano alimentado en las ‘fuentes de Valdocco’, en las fuentes de nuestro nacimiento carismático.

Al Capítulo General le fue posible, aún con la amenaza de la pandemia y la suspensión del mismo, elegir en la última semana al Rector Mayor y a todos los miembros del Consejo General, y encomendarnos la continuación de la reflexión en aquellos puntos que no se pudieron abordar.

De hecho, mi carta y todo lo que contiene este volumen que hemos querido titular ‘Reflexiones Post-Capitulares’ pretende ser respuesta fiel al mandato capitular recibido.

A esta realidad se suma un sentimiento de profundo agradecimiento al Señor por todo lo vivido, y especialmente porque todo esto lo hemos vivido en Valdocco. Nuestro CG28 ha estado marcado, justamente, por el hecho de celebrarse en Valdocco, en la cuna del nacimiento de nuestro carisma, en ese lugar santo donde nuestro padre Don Bosco “dio respuesta a la vida de jóvenes con rostro e historia”[1]. Hemos vivido en Valdocco nuestro capítulo general con la certeza de que aquí está la casa de todos.

Así nos lo ha recordado el Santo Padre Francisco quien ha querido hacer a Don Bosco, en la persona de sus hijos reunidos en asamblea capitular, el hermoso regalo de venir a visitarnos. Meses antes me lo había dicho. Estaba pensando en venir a acompañarnos a Valdocco. Al inicio del Capítulo General mis diálogos con las personas responsables de las visitas del Papa confirmaron su visita para los días 6 y 7 de marzo. Todo estaba preparado. Lo esperábamos el viernes 6 de marzo a mediodía. Estaría con nosotros en Valdocco hasta el 7 a por la mañana, y después visitaría a su familia. Lamentablemente la pandemia del coronavirus y las restricciones de movimientos en todo el estado italiano hicieron imposible ésta  su visita que habría sido también única en nuestra historia, al menos por la duración de tal su presencia,  y su participación directa en el Capítulo General, tal como el Santo Padre deseaba.

Por teléfono nos dejó un mensaje que yo compartí con toda la asamblea capitular, y al día siguiente teníamos en nuestra mano su Mensaje dirigido al CG28 que se encuentra en esta publicación.

Y desde el inicio del CG28 hemos vivido con una fuerte consciencia; la de ponernos en disposición tal de modo que “el Espíritu reavive el don carismático de vuestro fundador”. Así nos lo deseaba el Santo Padre invitándonos a no cerrar las ventanas ante el murmullo y griterío que teníamos que sentir en el patio de Valdocco, evocando aquel primer oratorio. Ese murmullo debía acompañarnos y mantenernos inquietos e intrépidos en el discernimiento.

De eso se tratará en los próximos seis años, por el del bien de los jóvenes del mundo, jóvenes que tuvieron también rostro concreto en ese grupo espléndido que vivieron el capítulo general con nosotros durante unos días, que nos interpelaron, que nos hablaron con el corazón y al corazón, y que nos conmovieron.

Y porque en Valdocco todo nos habla de don Bosco y sus jóvenes, y porque los jóvenes de hoy nos llaman, nos hablan y nos esperan como Congregación, es por lo que nos propondremos unas metas que den respuesta a la realidad de hoy, y que nos saquen de nuestros miedos y zonas de confort, allí donde las haya.

Esta propuesta que les hago llegar, Hermanos, que pretende ser por tanto programa de acción para el próximo sexenio, está en absoluta continuidad con el camino anterior de la Congregación y nos da también por esto mismo fuerza y ánimo.

Son varios los desafíos a los que necesitamos dar respuesta en los próximos seis años. Se los presento como fruto de la reflexión en el Capítulo General y después de él. Se lo propongo a toda la Congregación conociendo con detalle, después de los seis años anteriores, la realidad que vivimos y el camino de la Iglesia últimamente. Se lo propongo a todas las Inspectorías, después de haberlo compartido con los miembros del Consejo General, porque estos desafíos deberán ser el espejo en el que confrontarse cada Inspectoría del mundo, y los criterios para definir las metas y objetivos, los procesos y acciones concretas del próximo sexenio allá donde el carisma de los hijos de Don Bosco ha echado raíces.

Tales desafíos y metas a las que hemos de dar respuesta son:

  • SALESIANO DE DON BOSCO PARA SIEMPRE. Un sexenio para crecer en identidad salesiana
  • En una Congregación donde NOS URGE el “DA MIHI ANIMAS, COETERA TOLLE”
  • Viviendo el “SACRAMENTO SALESIANO DE LA PRESENCIA”
  • Formándonos para ser SALESIANOS PASTORES HOY
  • PRIORIDAD ABSOLUTA por los jóvenes, los más pobres y los más abandonados e indefensos
  • JUNTO A LOS LAICOS EN LA MISIÓN y EN LA FORMACIÓN. La fuerza carismática que nos brinda el laicado y la Familia Salesiana
  • ES HORA DE MÁS GENEROSIDAD EN LA CONGREGACION. Una Congregación Universal y Misionera
  • Acompañando a los Jóvenes hacia un FUTURO SOSTENIBILE

 

1. SALESIANO DE DON BOSCO PARA SIEMPRE: “Fraile o no fraile yo me quedo con don Bosco” (Cagliero). UN SEXENIO PARA CRECER EN IDENTIDAD SALESIANA

 

“El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro.

Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades  terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía ‘como si viera al invisible’” (C.21).

En mi última intervención en el aula capitular, al declarar el cierre del CG28 hice referencia a un diálogo que había tenido con un hermano días antes. Él pidió hablar conmigo y me dijo: “No nos dejéis solos. Necesitamos ayuda para ser de verdad salesianos, para no perder nuestra identidad”.

Sentí profundamente que el Señor nos estaba hablando también en este momento por medio de este nuestro Hermano. Y nos hace comprender la importancia y urgencia de crecer y consolidar la identidad carismática en nuestra Congregación.

El punto de partida esencial y fundamental es nuestra condición de consagrados. El futuro de la vida consagrada, y la vida salesiana como consagrados que somos, tiene la razón de ser en su fundamento, y éste es Jesucristo. El seguimiento de Cristo como consagrados configura nuestra identidad primera; es, además, el eje integrador de nuestra formación pastoral.  Por eso mismo, como consagrados, como salesianos de don Bosco, Dios nos hace “memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús”[2]. Y nuestro desafío vocacional, para todos en la vida consagrada, y para nosotros de modo particular como salesianos de Don Bosco es ‘volver siempre a Jesús’, renunciando a todo lo que no es Él o nos aleja de Él.

Con mucha humildad y claridad en la mirada hemos de reconocer que la salida airosa a las crisis en la vida religiosa, en la vida salesiana, en las dificultades de cada Inspectoría, no la encontraremos en nuevas planificaciones, ni en planes estratégicos, ni en programaciones 3.0. Las más de las veces, ante desencantos, cansancios vitales, desmotivaciones…, se trata de restituir, devolver a Cristo a la vida religiosa, a la vida consagrada salesiana. Porque podemos vivir equivocados creyendo que en el hacer cosas todo tiene sentido. No hermanos. Sin Jesucristo al centro de nuestro pensar, sentir, vivir, soñar, trabajar…, no hay futuro, y no podremos ofrecer nada que sea significativo. En palabras del Papa Francisco: "El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada"[3].

No olvidemos que la misión salesiana y la misma Congregación, han nacido de Dios suscitadas por su Espíritu. “Con sentimientos de humilde gratitud creemos que la Sociedad de San Francisco de Sales ha nacido no de un proyecto humano sino por iniciativa de Dios” (C.1), y cada uno de nosotros, salesianos de don Bosco, somos enviados a los jóvenes por Dios mismo que es quién nos envía (C.15).

Como salesianos, después  de este ‘especial’ Capítulo General 28, pienso que se espera de nosotros, a los 162 años del inicio de nuestra Congregación, que estemos despiertos y ágiles en la escucha del soplo del Espíritu de Dios (Espíritu Santo) para seguir teniendo a Jesucristo el Señor como fundamento y centro de nuestra vida, para renovar el profetismo que debe caracterizar nuestra vida, y para seguir creciendo en humanidad, hasta ser esos ‘expertos en humanidad’ que sepan mirar y contemplar hasta dejarse conmover por el dolor y las carencias de nuestros hermanos y hermanas (comenzando por los de nuestras comunidades), de los jóvenes, muchachos y muchachas y sus familias. Hemos de tomarnos muy en serio nuestro servicio profético. Nuestra aportación es la de ser iconos del estilo de vida de Jesús, totalmente consagrado al Padre y a su plan sobre la humanidad: el Reino. Por ello, se espera de nosotros que seamos signos y testimonios de la presencia paternal de Dios, que es presencia tierna, que mira con mirada de ternura y brazos abiertos en especial a los más pobres, a nuestros jóvenes, haciendo realidad una fraternidad que sea atractiva, fascinante, y viviendo con sencillez, simplicidad y sobriedad.

El Señor Resucitado invitaba a sus discípulos a volver a Galilea para encontrarse con Él allí y volver a verlo. Esta invitación es de máxima actualidad para nosotros y, expresándome en ‘clave salesiana’, me permito decir que nuestra Galilea para el encuentro con el Señor hoy, como salesianos de don Bosco, pasa por Valdocco, el primer Valdocco incipiente, frágil incluso, pero con esa fuerza del “fraile o no fraile yo me quedo con don Bosco” que con tanto ardor juvenil proclamó aquel joven Juan Cagliero.  Ese Valdocco es la atmósfera espiritual y apostólica en la que cada uno respiramos el aire del Espíritu, donde nos nutrimos y reforzamos nuestra identidad carismática. Es el lugar de la ‘transfiguración’ para cada salesiano que, cuidando todos los elementos de nuestra espiritualidad, podrá contribuir a hacer de cada una de nuestras casas un verdadero Valdocco donde encontrarnos cara a cara, en la vida de cada día, con Jesucristo, el Señor.

Jesús pasa, mira con amor, y nos llama a seguirle. Y en el misterio de esta llamada, en la mirada que no nos juzga, sino que nos escruta en nuestro interior y nos mira, en la aventura del caminar sobre sus huellas, cada uno puede descubrir un proyecto que Dios le dirige personalmente. Hoy muchos de los abandonos en la Congregación adolecen de esto mismo: de no haberse encontrado cara a cara con el Señor Jesús, y de no haberse apasionado como aquel joven por quedarse con don Bosco para seguir a Jesús; por eso a veces cualquier otra oferta pastoral que tenga brillos de autonomía, autogestión, independencia, manejo de sí mismo y de sus recursos económicos, suscita en algunos hermanos la fascinación suficiente como para pedir irse a otros lugares. Con honestidad debemos reconocer que es así. Reconozcamos que a veces también el don del ministerio presbiteral no es comprendido plenamente, viene instrumentalizado y vivido como ‘poder’, oscureciendo el don de la Alianza verdadera y profunda con Dios, que es la consagración religiosa, el centro de nuestra vida personal y comunitaria.

 

PROPUESTA

Este sexenio deberá distinguirse por un profundo trabajo en Congregación para crecer en profundidad carismática, en identidad salesiana, en todas las etapas de la vida, con un serio empeño en cada Inspectoría, y en cada comunidad salesiana, hasta poder decir como don Bosco: “He prometido a Dios que hasta mi último suspiro sería para mis queridos jóvenes pobres”[4].

Para ello:

  • Cuidaremos como una urgencia inaplazable en cada etapa formativa, con la profundidad que le corresponda, los elementos que dan identidad carismática a cada salesiano y que nos hacen enamorarnos de Don Bosco y de los jóvenes con el corazón de Jesús Buen Pastor.
  • Daremos prioridad a nuestros rasgos de identidad carismática como consagrados que nos hacen signos proféticos: una vida feliz que hunde sus raíces en el Evangelio, una Fe fuerte anclada en Dios; una comunión que hace atrayente la vida comunitaria, una actitud profética ante la injusticia y el mal, y una mirada de esperanza y de deseo de conversión.
  • En las Inspectorías se tendrá muy en cuenta en las obediencias que reciban los hermanos el no ponerles en riesgo de perder los latidos del corazón salesiano, y caer en genericismos carismáticos o simplemente en identidades pastorales diocesanas que lleven a desvincularse de la Congregación.
  • Seguimos cuidando fuertemente que como Congregación no nos alcance el ‘virus del clericalismo y del carrerismo’[5].
  • En la reflexión y el compartir al interior de cada comunidad valoramos la primera parte de “Animación y gobierno de la comunidad – El servicio del Director salesiano” que presenta “La identidad consagrada salesiana”.

 

2. En una Congregación donde URGE el “DA MIHI ANIMAS CETERA TOLLE”

 

“Con sentimientos de humilde gratitud, creemos que la Sociedad de san Francisco de Sales no es sólo fruto de una idea humana, sino de la iniciativa de Dios. Para contribuir a la salvación de la juventud –“la porción más delicada y valiosa de la sociedad humana”-, el Espíritu Santo suscitó, con la intervención materna de María, a san Juan Bosco.

Formó en él un corazón de padre y maestro, capaz de una entrega total: “tengo prometido a Dios que incluso mi último aliento será para mis pobres jóvenes” (C.1)

Los testimonios de los primeros tiempos de nuestra historia congregacional, y la reflexión que la misma ha hecho con el paso de los años, evidencia algo muy significativo: la expresión que mejor expresa el celo y la caridad pastoral de los salesianos de Don Bosco es el “Da mihi animas, coetera tolle”.

Aquel muchacho, Domingo Savio, que ante la presencia de ese joven sacerdote de 34 años que era Don Bosco ve ese lema a la entrada de su oficina, lo entendió perfectamente: “He entendido que aquí no se hace nogocio de dinero sino de almas””[6]. De Don Bosco aprendimos su profunda espiritualidad y aquellas especiales cualidades de educador que definieron su manera de abordar la relación con los adolescentes y jóvenes. Ahí encontramos la base de nuestra acción educativo-pastoral marcada por la propuesta de una vivencia de vida cristiana muy práctica; por una sensibilidad para cada joven, al tratar de ofrecer respuestas concretas a sus necesidades; por una confianza en la presencia de Dios.

Nuestra tarea, sobre todo en el acompañamiento a los jóvenes, debe caracterizarse por una creativa capacidad pedagógica y espiritual de nuestro padre Don Bosco, a través de la cual podamos superar las distancias con la sensibilidad de las nuevas generaciones y ofreciéndoles una amorosa escucha y compasiva comprensión, plantearles las grandes cuestiones sobre el misterio de la vida y ayudarles a buscar al Señor y encontrarse con Él.

El Capítulo General 26 afrontaba precisamente este lema, “Da mihi animas, coetera tolle”. Pues bien, con la mirada de hoy y el conocimiento de nuestra realidad creo poder decir que necesitamos y nos urge que nuestra Congregación viva, respire y camine buscando hacer realidad el “Da mihi animas, coetera tolle” en favor del Evangelio, en favor de nuestros jóvenes y por el bien de nosotros mismos.

Nuestra misión nos sitúa muy frecuentemente en la frontera, puesto que en ella entramos en contacto habitualmente con cristianos de otras iglesias, con miembros de otras religiones, con no creyentes o creyentes alejados, y también con ellos y para ellos queremos llevarla adelante. Todo tiempo y lugar es apropiado para el Evangelio.

Hermanos míos, en esta hora posterior al CG28

  • Nos urge dar prioridad absoluta al compromiso de Evangelizar a los jóvenes con propuestas conscientes, intencionales y explícitas. Nos urge darles a conocer a Jesús y la Buena Nueva del Evangelio para sus vidas.
  • Nos urge ayudar a que los jóvenes (y sus familias) descubran la presencia de Cristo en sus propias vidas como clave de felicidad y de sentido.
  • Nos urge acompañar a los muchachos, adolescentes y jóvenes en su proceso de educación en la fe para que puedan adherir personalmente a la persona de Cristo.
  • Nos urge ser ‘verdaderos pedagogos’ que desde la experiencia personal dejen al joven en el diálogo con Dios de la oración y de la celebración de los sacramentos.

Sin esto, hermanos, muchos otros titánicos esfuerzos de la Congregación tenderán a la bondad de la promoción humana y de la ayuda social -que son siempre muy necesarios, y pertenecen a nuestra identidad carismática-, pero no nos conducirán a la razón primera por la que el Espíritu Santo ha suscitado en Don Bosco el carisma salesiano: “Fieles a los compromisos heredados de Don Bosco, somos evangelizadores de los jóvenes”(C.6).  La primera finalidad de nuestra pastoral evangelizadora con los jóvenes es la conversión de las personas al evangelio de Jesucristo.

Con todos los matices de sensibilidad histórica que queramos hacer presente y la comprensión lingüística de la época que creamos necesarias, no podemos dejar de lado el elemento esencial y constitutivo que ha caracterizado la acción educativo-pastoral de Don Bosco, que el Rector Mayor don Vecchi expresaba así: “La pedagogía de Don Bosco es una pedagogía del alma, de la gracia, de lo sobrenatural. Cuando se llega a activar esta energía, comienza el trabajo más provechoso de la educación. Lo otro, válido en sí mismo, es propedéutico e concomitante a esto que lo trasciende”[7].

Y el “Coetera tolle” nos hace disponibles para dejar todo lo que nos impide ir al encuentro de quienes más nos necesitan. Es la ascesis que emana de la opción anterior, renunciando a mucho (a gustos personales, preferencias, e incluso legítimas acciones y servicios), pero que no permitirían dedicarse con todas las energías del corazón pastoral a aquello a lo que hemos dado prioridad.

 

PROPUESTA

  • Por todo ello, propongo a nuestra Congregación para el presente sexenio que seamos exigentes con nosotros mismos en responder a “LA URGENCIA DE VOLVER A PROPONER CON MÁS CONVICCIÓN EL PRIMER ANUNCIO, porque “no hay nada más sólido, ni más profundo, ni más seguro, ni más consistente, ni más sabio que tal anuncio” (ChV,214)”[8].

 

Para ello

  • El Rector Mayor con su Consejo, y cada Inspectoría nos empeñaremos durante este sexenio en tomar las decisiones oportunas encaminadas a cualificar las presencias salesianas en la evangelización y educación en la fe. Es ésta una auténtica conversión pastoral, personal y comunitaria, a la que somos llamados.
  • Promoveremos una pastoral juvenil que acompañe a los jóvenes atendiendo a su maduración personal, a su crecimiento en la fe, y que tenga como principio unificante la dimensión vocacional (DF 140, ChV 254)[9].
  • Seguiremos empeñándonos a todos los niveles en nuestra Congregación para conseguir “un cambio de mentalidad frente a la misión a realizar” (Papa Francisco al CG28)[10].
  • Difundiremos como un pilar fundamental de nuestra Evangelización y Educación, lo que ha sido esencial para Don Bosco y tantas generaciones de salesianos: La hermosa presencia de nuestra Madre Auxiliadora en nuestras propuestas educativas y en nuestra oración con los jóvenes.

 

3. VIVIENDO EL ‘SACRAMENTO SALESIANO’ DE LA PRESENCIA

 

“Nuestra vocación tiene el sello de un don especial de Dios: la predilección por los jóvenes: “Me basta que seáis jóvenes, para que os ame con toda mi alma”. Este amor, expresión de la caridad pastoral, da sentido a toda nuestra vida.

Por bien de ellos ofrecemos generosamente tiempo, cualidades y salud: “Yo por vosotros estudio, por vosotros trabajo, por vosotros vivo, por vosotros estoy dispuesto incluso a dar mi vida” (C.14).

El Papa Francisco nos ha hablado en su mensaje de “La opción Valdocco y el carisma de la presencia”, ese carisma que yo me permito calificar libremente como sacramento salesiano” de la presencia. En su mensaje nos dice que “antes que cosas a realizar, el salesiano es recuerdo vivo de una presencia donde la disponibilidad, escucha, alegría y dedicación son las notas esenciales para despertar procesos. La gratuidad de la presencia salva a la Congregación de toda obsesión activista y de todo reduccionismo técnico- funcional. La primera llamada es a ser una presencia alegre y gratuita en medio de los jóvenes”. Nuestro ser discípulos del Señor, nuestro auténtico y profundo modo de ser apóstoles de los jóvenes pasa ante todo a través de la presencia en medio de la gente y de los mismos muchachos y jóvenes.

Como se dice coloquialmente en algunas culturas, esto se puede decir con voz más alta, pero no más claramente. De eso se trata hermanos míos, de recuperar este amor primero vocacional que todos hemos tenido en el que hemos sentido que el Señor nos llamaba para ser presencia alegre y llena de gratuidad en medio de los jóvenes. Me atrevo a decir que no hay un salesiano que, de un modo u otro, no haya sentido esto en su corazón.

En nuestro CG28 hemos reflexionado sobre estas situaciones. Hemos tomado conciencia de que muchos jóvenes viven una verdadera situación de orfandad aunque tengan padres. Los mismos jóvenes nos decían en su mensaje al CG28: “tenemos miedo, estamos confundidos, frustrados, y tenemos una gran necesidad de ser amados… experimentamos dificultad frente al compromiso… Creemos que nuestra sociedad es individualista y con demasiada frecuencia nosotros nos volvemos individualistas… Queremos poder volver al primer amor que es Cristo, a ser sus compañeros. Hay un fuerte deseo en nosotros de realización espiritual y personal. Queremos caminar hacia el crecimiento espiritual y personal, y queremos hacerlo con vosotros, salesianos”[11].

No dudamos de esta verdad de los propios jóvenes, y al mismo tiempo reconocíamos en el aula capitular que “nos piden tiempo y nosotros les damos espacio; nos piden vida fraterna y nosotros les ofrecemos estructuras; nos piden amistad y nosotros hacemos para ellos actividades. Todo esto nos compromete para descubrir las riquezas y la potencialidad del ‘espíritu de familia’”[12].

Los jóvenes que nos acompañaron en el CG también nos hicieron una fuerte llamada a ser presencia significativa para ellos. Nos dijeron explícitamente: “Hay un fuerte deseo en nosotros de realización espiritual y personal. Queremos caminar hacia el crecimiento espiritual y personal, y queremos hacerlo con vosotros, salesianos” … “Nos gustaría que seáis quienes nos guieis, dentro de nuestra realidad, con amor” (…) “Salesianos, ¡no os olvidéis de nosotros, los jóvenes, porque nosotros no nos hemos olvidado de vosotros ni del carisma que nos habéis enseñado! Queremos decíroslo fuerte, con todo el corazón. Estar aquí, para nosotros, ha sido un sueño hecho realidad: en este lugar especial que es Valdocco, donde comenzó la misión salesiana, juntos, salesianos y jóvenes para la misión salesiana, con nuestro deseo común de ser santos juntos. Tenéis nuestros corazones en vuestras manos. Cuidad este precioso tesoro. Por favor, nunca nos olvidéis y seguid escuchándonos”[13]

Hermanos queridos, ¡Es un gran privilegio sentir el latido de la vida entre los jóvenes!, y no me cabe duda alguna que en toda la Congregación extendida por el mundo hay tantísimos hermanos que son verdaderos Don Bosco hoy para los jóvenes. Pero no me quedo contento con ello. Tenemos que ser todos. Tenemos que seguir haciendo camino de conversión. Esto exige de nosotros cambios de mentalidad y de ritmos de vida, apertura de mente y de corazón, superación de hábitos arraigados. Los jóvenes nos dicen que nos quieren, que nos necesitan, que nos esperan. El ‘studia di farti amare’ (piensa como hacerte amar) de Don Bosco es hoy de plena actualidad. La presencia no consiste solamente en pasar el tiempo con ellos como grupo, sino que nos encontramos con ellos individualmente, de modo también personal, para establecer una relación que permite conocerlos y escuchar sus aspiraciones, dificultades y a veces miedos. Una relación que quiere ir más allá de un conocimiento superficial, ofreciendo una amistad caracterizada por la confianza mutua y el compartir. L’amorevolezza (el afecto) y la bondad ha llegado a ser así elemento sustancial de la caridad de Don Bosco, y pide de nosotros hoy, como en la carta de Roma de 1884, capacidad de encuentro, disponibilidad para la acogida, familiaridad. Como en Don Bosco, el arte sigue estando en dar el primer paso, eliminar distancias y barreras, y crear el gusto y las ganas de volver a vernos, de ser amigos. Ese arte es también el de crear con paciencia y dedicación un ambiente rico de humanidad, un clima familiar donde los muchachos y jóvenes se sientan muy libres y capaces de expresare y ser ellos mismos, asimilando con alegría los valores que les son propuestos.

Esta pedagogía del espíritu de familia es además una escuela de fe para los jóvenes. Ofrecemos amor y acogida incondicional, de manera que puedan descubrir, progresivamente y desde una opción de libertad personal, la confianza y el diálogo, así como la celebración y la experiencia comunitaria de la fe.

Y no olvidamos que la presencia salesiana es una presencia ‘especial’, donde el salesiano trata a los jóvenes con profundo respeto, los encuentra en su nivel de libertad, y los trata como sujetos activos y responsables de la comunidad educativo-pastoral. Por eso, el salesiano aprende un estilo de escucha, diálogo y discernimiento personal y comunitario. Y esto es válido no sólo en la pastoral entre los jóvenes sino también en nuestras casas de formación, donde ‘se aprende a ser salesianos’.

Pero esto no es posible si se está lejos de los jóvenes, lejos físicamente y lejos de su psicología y de su mundo cultural. El peligro es éste. La alternativa es la de vivir como salesianos, como hijos de Don Bosco esa experiencia de paternidad que él vivió con sus muchachos, que se traduce en amar verdaderamente y ser al mismo tiempo ‘autorevole’ ante esos muchachos, comenzando con el gran valor que tiene para nosotros la presencia entre los jóvenes. En palabras del Papa en su mensaje al CG28, “vuestra consagración es, ante todo, signo de un amor gratuito del Señor y al Señor en sus jóvenes, que no se define principalmente por un ministerio, una función o un servicio particular, sino por una presencia. Antes que cosas a realizar, el salesiano es recuerdo vivo de una presencia donde la disponibilidad, escucha, alegría y dedicación son las notas esenciales para despertar procesos. La gratuidad de la presencia salva a la Congregación de toda obsesión activista y de todo reduccionismo técnico-funcional. La primera llamada es a ser una presencia alegre y gratuita en medio de los jóvenes”.

Me permito recordar que la presencia hoy toca también el mundo digital, un verdadero ‘nuevo Areópago’ para nosotros, un hábitat de los jóvenes de hoy. También aquí debemos estar presentes con una clara identidad salesiana, con el deseo de llevar el anuncio de la Buena Nueva, simplemente con la alegría y sencillez de los discípulos del Señor.[14]

 

PROPUESTA

Propongo para este sexenio como expresión de nuestra CONVERSIÓN a los jóvenes algo ya pedido en el CG26:

 “Que cada salesiano encuentre el tiempo de estar en medio de los jóvenes como amigo, educador y testimonio de Dios, sea cual sea su función en la comunidad”[15].

Y aunque suena extraño pedirle a un salesiano que encuentre tiempo para estar con los jóvenes, se ve necesario.

 

PARA ELLO se propone:

  • Promover la presencia efectiva y afectiva entre y con los jóvenes en comunión de vida y acción. Y valorar y relanzar la hermosa vivencia y figura renovada del asistente, no sólo para el tirocinante sino para toda la vida del salesiano de Don Bosco.
  • Cuidar en cada presencia el ambiente oratoriano, caracterizado por el ambiente de familia y de acogida, y la espiritualidad de la alegría profunda.
  • Acompañar el dinamismo de los jóvenes mediante el protagonismo y liderazgo de los mismos jóvenes en cada casa y en la misión salesiana que en ella se lleva a cabo.
  • Asegurar de igual modo la presencia de los formadores entre los jóvenes hermanos en formación en sus comunidades, donde se comunica el espíritu salesiano, ante todo con el ejemplo: estar en medio de ellos, ayudando fuertemente a los hermanos jóvenes a ser los primeros responsables de su formación.
  • Empeñándose el dicasterio de la comunicación social, en sus diversos niveles, en ofrecer instrumentos y estímulos para un permanente proceso de verificación, de puesta al día, de inculturación de la misión salesiana en el hábitat digital, donde los jóvenes viven, implicando a nuestras universidades, en red con otros centros y agencias che siguen más de cerca y estudian las transformaciones que el mundo digital está llevando adelante entre las nuevas generaciones.

 

4. FORMÁNDONOS PARA SER SALESIANOS PASTORES HOY

 

“Iluminado por la persona de Cristo y por su Evangelio, vivido según el espíritu de Don Bosco, el Salesiano se compromete en un proceso de formación que dura toda la vida y respeta sus ritmos de maduración. Vive la experiencia de los valores de la vocación salesiana en los diferentes momentos de su existencia, y acepta la ascesis que supone tal camino.

Con la ayuda de María, madre y maestra, se esfuerza por llegar a ser educador pastor de los jóvenes en la forma laical o sacerdotal que le es propia” (C.98).

La formación es verdaderamente un don precioso del Señor que permite madurar el valioso don de la llamada del Padre, en nuestro caso, a la vocación cristiana y consagrada, como salesianos de Don Bosco. Y a pesar de que la realidad vocacional es desigual en todo el mundo, la Congregación está siendo bendecida todos los años con un número entorno a los 450 novicios. Damos gracias a Dios por ello ya que, como dicen nuestras Constituciones, esto nos habla de cuánto ama el Señor a la Iglesia y a nuestra Congregación.

Pero la asamblea capitular también reconocía algunas debilidades que expresábamos así: “Notamos, en efecto, que tal vez la identidad consagrada salesiana parece débil y poco enraizada: el primado de Dios en la vida personal y comunitaria no siempre aparece con claridad; diversas formas de clericalismo y de secularismo tiene el peligro de hacer entrar en la Congregación la “mundanidad espiritual”; la promoción del salesiano laico en algunas regiones sigue siendo escasa; la falta de personas preparadas en el ámbito de la salesianidad, a pesar del mucho material a disposición, es signo de la insuficiente atención que se presta a la profundización del carisma”[16]. De hecho esto ha sido muy remarcado en nuestro Capítulo General 28º.

Me atrevería a decir que sucede en todas las congregaciones religiosas y también en la formación seminarística en las diócesis, pero sin duda es un desafío grande el abismo que se percibe entre la formación y la misión salesiana. Quizá sea debido a la gran diferencia que existe entre la realidad de las casas de formación inicial y la vida en las comunidades apostólicas (las comunidades ordinarias de todas las Inspectorías); quizá ese abismo se debe también a que pareciera que no siempre la formación llega a tocar el corazón del joven salesiano en formación; quizá porque se adquieren conocimientos e informaciones pero esto no toca la vida y la misión salesiana. El crecimiento personal es un proceso lento de unificación personal, que pone en relación experiencias vividas, necesidades vitales, conocimientos, misión, relaciones, vocación, proyecto de vida... En este proceso de unificación personal, nos formamos para ser educadores-pastores de un mundo nuevo y de una misión renovada. Sea como fuere, aquí tenemos un gran desafío que la Congregación ha evidenciado y que debemos afrontar decididamente en el presente sexenio.

Por otra parte, no podemos negar que existe una peligrosa creencia: la de que la formación termina una vez que las etapas iniciales han concluido, y en el caso de los candidatos al presbiterado, con el acceso de éstos al ministerio. Tal realidad nos hace mucho daño y pagamos altos precios vocacionales por su causa. Se trata de un proceso de transformación personal que dura toda la vida, aunque requiera mayor intensidad y atención en las primeras etapas. Es en definitiva un camino necesario para cuidar y construir nuestra vocación.

Con frecuencia no sabemos transformar la vida pastoral de cada día en oportunidad permanente para nuestra formación y por todo esto “la comunidad, ya sea la religiosa que la educativo pastoral, no consigue llegar a ser el ambiente natural en el que se nos forma”[17]. Somos conscientes de algunas posibles fragilidades pastorales: superficialidad, improvisación, activismo. No es menor el peligro del individualismo. Todo esto pide humildad, lucidez, autenticidad y un nuevo impulso en la comprensión comunitaria de nuestra vida y acción.        

Como se dijo en el Capítulo general, vemos la formación inicial en su conjunto como una realidad poliédrica, positiva y prometedora. Ante esta realidad, la formación de formadores, es decir, hermanos que acompañan con una ‘vocación particular dentro de la propia vocación’ la formación de los sdb más jóvenes, y la creación de buenos equipos de personas que puedan acompañar las etapas formativas, es una verdadera urgencia y prioridad ya que la comunidad es el primer espacio formativo.

¿Quizá tenemos que hablar de asumir un nuevo estilo formativo? En su mensaje al capítulo general el Papa Francisco nos dice a este respecto que «pensar en la figura del salesiano para los jóvenes de hoy implica aceptar que estamos inmersos en un momento de cambios”. Es necesario, por eso mismo, renovar nuestro estilo formativo ya que necesita ser pensado siempre de modo más personalizado, holístico, relacional, contextual e intercultural[18]. Tendremos que seguir dando pasos para ver y vivir la formación realmente en el horizonte de la vocación y, por lo tanto, lejos de ser comprendida a veces tan sólo como un deber que dura algunos años, deber que después se supera para llegar a la ‘vida real’, la vida concreta, la que uno buscaba ¡Qué peligroso concepto formativo este de la vida real ‘versus’ la formación del salesiano pastor!

Se trata, en definitiva, de un verdadero trabajo de artesanía, tanto por parte de quienes acompañan a los hermanos como por parte de cada uno en su proceso formativo. Y en este hoy, en la actualidad, no caben las ‘producciones en serie’. La artesanía nos habla de piezas de arte únicas, elaboradas una a una y a mano. Y en este trabajo de formación artesanal, hoy no se puede silenciar en los ambientes educativos salesianos la presencia femenina. De hecho, “la presencia de la mujer en muchas de nuestras obras es, como destinataria y como corresponsable de la educación, un hecho”[19]. En este sentido el Papa Francisco nos ha hecho una fuerte llamada en su mensaje al CG28 al decirnos “¿Qué sería de Valdocco sin la presencia de Mamá Margarita?¿Hubiesen sido posibles vuestras casas sin esta mujer de fe? (…) Sin una presencia real, efectiva y afectiva de la mujer vuestras obras carecerían del coraje y la valentía capaz de declinar la presencia como hospitalidad, como hogar. Frente al rigor excluyente es necesario aprender a gestar la vida nueva del Evangelio. Los invito a seguir estableciendo dinámicas donde la voz de la mujer, su mirada y su accionar -valorada en su singularidad-, encuentre eco en la toma de decisiones; no como un actor auxiliar sino constitutivo de vuestras presencias”.

Este estilo y modelo de formación, también con el fuerte subrayado que nos hace el Papa Francisco, no será posible sin el único y más importante protagonista, que no es ni el formador ni el formando, sino el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios y la docilidad de cada uno a Él. Por esto mismo nuestras Constituciones nos recuerdan que “todo salesiano asume la responsabilidad de su propia formación” (C. 99), y yo me permito añadir que es cada hermano quien debe de procurar que el Espíritu Santo transforme su corazón a lo largo de toda la vida y en las diversas etapas de la misma.

Este camino nos permitirá en Congregación consolidar lo ya dicho en páginas anteriores: que el ‘Da mihi animas’ sea el motor en la pasión educativa y evangelizadora, y también la ‘energía’ en el proceso formativo.

De hecho, la naturaleza apostólica de nuestro carisma marca de modo determinante nuestra formación. Como nos recuerdo el Papa Francisco en su mensaje, “es muy importante sostener que no somos formados para la misión sino que somos formados en la misión, a partir de la cual gira toda nuestra vida, con sus elecciones y sus prioridades. La formación inicial y la permanente no pueden ser una instancia previa, paralela o separada de la identidad y de la sensibilidad del discípulo”.

Es evidente que tenemos ante nosotros uno de los núcleos esenciales del camino de la Congregación en el próximo sexenio: Cuidar la vocación de cada hermano en particular, y la de los jóvenes hermanos en formación, de tal modo que consigamos todos ser esos Don Bosco hoy que nuestros muchachos y jóvenes y sus familias necesitan.

 

PROPUESTA

Nos comprometemos a superar la división entre formación y misión favoreciendo en la Congregación una renovada cultura de la formación en la misión para este momento en todo el mundo salesiano con medidas y decisiones de gran significatividad.

 

Para ello:

  • Promovamos un renovado empeño en el acompañamiento formativo de los hermanos, que pueda tocar el corazón y hacernos disponibles para una verdadera y radical donación de nosotros mismos, haciendo uso de “Jóvenes salesianos y acompañamiento: Orientaciones y directrices” que confirma que nuestro modelo de formación no puede ser otro más que el Sistema Preventivo.
  • Las comunidades de formación inicial cuiden un estilo de vida sobrio, de profundidad espiritual y de gran capacidad de servicio y trabajo, que preserve del aburguesamiento y forme a las exigencias de la misión, y se garantice el acompañamiento pastoral como estrategia fundamental para una formación a la misión y en la misión.
  • Invirtamos energías en encontrar y formar a los formadores, y afrontemos con coraje el repensar los referentes institucionales y las estructuras formativas.
  • El sector de la formación tomará en su mano un serio y exigente trabajo de puesta al día de la Ratio, potenciando aquello que nos salvará de la división entre la formación y la misión y garantizará procesos de verdadera maduración, personalización y acompañamiento.

 

5. PRIORIDAD ABSOLUTA POR LOS JÓVENES, POR LOS MÁS POBRES, y LOS MÁS ABANDONADOS E INDEFENSOS

 

“El Señor indicó a don Bosco, como primeros y principales destinatarios de su misión, a los jóvenes, especialmente a los más pobres.

Llamados a esa misma misión, nos percatamos de su extrema importancia: los jóvenes viven los años en que hacen opciones de vida fundamentales, que preparan el porvenir de la sociedad y de la Iglesia.

Con Don Bosco reafirmamos nuestra preferencia por la “juventud pobre, abandonada y en peligro”, la que tiene mayor necesidad de ser querida y evangelizada, y trabajamos, sobre todo, en los lugares de mayor pobreza” (C. 26)

Deseo iniciar el desarrollo de esta prioridad partiendo de las pocas frases que pude dedicar a esto en mi última intervención en el aula capitular declarando la conclusión (precipitada) de nuestro CG28. Las palabras fueron pocas, pero la convicción de las mismas era grande y fuerte.

Dije cuanto sigue: “Yo sueño con que decir hoy y en los próximos años ‘salesianos de Don Bosco signifique para la gente que oye nuestro nombre, que somos consagrados un poco ‘locos’, es decir, ‘locos’ porque aman con verdadero corazón salesiano a los jóvenes, especialmente a los más pobres.

Queridos hermanos, si nos alejáramos de los más pobres, esa sería la muerte de la Congregación. Don Bosco nos lo dijo al hablar de nuestra pobreza y del peligro de la riqueza. Me permito precisar más todavía: si un día dejáramos a los muchachos, a los jóvenes y, entre ellos, a los más pobres, ese sería el inicio de la muerte de nuestra Congregación. Una Congregación que hoy, gracias a Dios ¡goza de buena salud, a pesar de nuestras debilidades!

Prestemos pues atención a lo que considero una auténtica ‘deliberación capitular’, aunque no en el sentido propio de la expresión ya que su contenido se encuentra ya en nuestras Constituciones. Se trata de lo siguiente: de exigirnos una opción radical, preferencial, personal, institucional y estructural en favor de los muchachos y jóvenes más necesitados, pobres y excluidos. Una opción que ha de manifestarse de manera especial, en la defensa de los chicos, chicas y jóvenes explotados y víctimas de cualquier abuso: desde el abuso sexual al de cualquier otra explotación; del abuso de cualquier tipo de violencia; del abuso de la injusticia manifiesta y evidente, a cualquier tipo de abuso de poder. Considero que este desafío es un hermoso compromiso que debemos llevar cada salesiano en nuestros corazones. Un sexenio guiado por esta luz nos dará mucha vida”.

Estoy convencido de que tomarnos también esto como algo irrenunciable en toda la Congregación y en todos los contextos, culturas y continentes, será muy significativo. Hoy hay muchas pobrezas juveniles que reclaman de la entera familia humana, y sin duda de los salesianos en particular, una atención urgente. De hecho, nuestra historia congregacional está plagada de llamadas para ir al encuentro de los jóvenes más pobres. “Hemos contraído como hijos de Don Bosco un compromiso histórico de servicio a los jóvenes pobres”[20].

Nuestro mismo padre Don Bosco ya nos decía: “Todo el mundo nos verá y recibirá con simpatía, mientras nuestras preocupaciones y solicitudes vayan dirigidas a los hijos de los pobres, a los que dentro de la sociedad se encuentran más en peligro. Esta ha de ser para nosotros la satisfacción más grande que nadie podrá arrebatarnos”[21].

El CGXIX, hace ya bastantes años declaraba que “hoy más que nunca Don Bosco y la Iglesia nos envían preferentemente a trabajar entre los pobres, los menos favorecidos y el pueblo”[22]. De prioridad absoluta a los ‘jóvenes’ y entre ellos a ‘los pobres y abandonados’ hablaba también el CGXX al plantearse quiénes eran los destinatarios concretos de nuestra misión[23].

Nosotros mismos hemos dicho en nuestro reciente Capítulo que somos consagrados a Dios para los jóvenes más pobres. Como Don Bosco, también nosotros hemos prometido en nuestra profesión religiosa que nos ofrecemos a Dios entregando nuestras fuerzas a los jóvenes, especialmente los más pobres y que esto nos habla “de escuchar juntos la llamada que Dios nos hace en las pobrezas juveniles. Pide de nosotros también profundidad espiritual, para no caer en el activismo o en una mentalidad empresarial; preparación cultural para comprender los fenómenos en los que estamos inmersos y las nuevas pobrezas juveniles; disponibilidad para trabajar juntos, abandonando todo individualismo pastoral; flexibilidad en repensar nuestro estilo de vida y el de nuestras obras, sobre todo cuando ellas ya no transmiten la energía misionera del carisma y responden prevalentemente a lógicas de mantenimiento”[24].

En definitiva, la llamada que estoy haciendo es la de mirar verdaderamente al rostro de nuestros muchachos y jóvenes hasta llegar a conocer sus historias de vida, tantas veces llenas de tragedia. Cuando esto sucede, porque amamos de verdad a los jóvenes, esto nos producirá dolor. El Papa Francisco, al hablarnos de la Opción Valdocco y el don de los jóvenes nos dice algo precioso y que no me ha dejado indiferente. Nos escribe así: “El Oratorio salesiano y todo lo que surgió a partir de él, como narra la Biografía del Oratorio, nació como respuesta a la vida de jóvenes con rostro e historia que movilizaron a aquel joven sacerdote que no podía permanecer neutro o inmóvil ante lo que acontecía. Fue más que un gesto de buena voluntad (…). Lo pienso como un acto de conversión permanente y respuesta al Señor que “cansado de golpear” nuestras puertas, espera que lo vayamos a buscar y encontrar, o que lo dejemos salir, cuando golpea desde dentro. Conversión que implicó (y complicó) toda su vida y la de todos aquellos que estaban a su alrededor. Don Bosco no sólo no elije separarse del mundo para buscar la santidad, sino que se deja interpelar y elije cómo y qué mundo habitar[25].

 

PROPUESTA

En el presente sexenio la Congregación en todas sus Inspectorías hace una opción radical, preferente, personal de cada sdb e institucional en favor de los chicos, chicas y jóvenes más necesitados, pobres y excluidos, con un cuidado particular en la defensa de quienes son explotados y víctimas de cualquier abuso y violencia (“abuso de poder, económico, de conciencia, sexual”[26]).

 

PARA ESO

  • En cada presencia salesiana del mundo y en cada Inspectoría determinarán qué decisiones tomar para que los muchachos y jóvenes más pobres de cada presencia nunca queden excluidos de ninguna casa salesiana, sean cuales sean los esfuerzos que se deban hacer, pensando, decidiendo, creando modos de hacerlo posible, (como hizo siempre nuestro Padre Don Bosco).
  • En cada Inspectoría y cada casa salesiana tendremos un código ético de cuidado, prevención y defensa de los menores que tenemos confiados, protegiéndolos de cualquier tipo de abuso, venga éste de donde venga. Para nosotros los muchachos, muchachas y jóvenes son sagrados en el nombre de Dios.
  • Ya sea a nivel mundial, inspectorial y local nos comprometemos a favorecer las diversas redes, acciones y buenas prácticas que se refieren a nuestra acción y presencia entre los muchachos, muchachas y jóvenes más pobres, y en particular también los refugiados e inmigrantes. Organismos salesianos como DBnetwork, DBGA y RASS deben ayudar a garantizar la protección de los menores y a caminar siempre en mayor comunión con el dicasterio (sector) de la Pastoral Juvenil de la Congregación.

 

 6. JUNTO A LOS LAICOS EN LA MISIÓN Y EN LA FORMACIÓN

 

“En nuestras obras formamos la comunidad educativa y pastoral. Ésta, en clima de familia, integra a jóvenes y adultos, padres y educadores, de modo que pueda convertirse en una experiencia de Iglesia, reveladora del plan de Dios.

En esta comunidad los seglares asociados a nuestro trabajo aportan la originalidad de su experiencia y de su modelo de vida.

Acogemos y fomentamos su colaboración y les ofrecemos la posibilidad de conocer y profundizar el espíritu salesiano y la práctica del Sistema Preventivo.

Favorecemos el crecimiento espiritual de cada uno y, a quien sea llamado a ello, le proponemos que comparta más de cerca nuestra misión en la Familia Salesiana” (C.47).

Este artículo de nuestras Constituciones contiene los elementos más esenciales de nuestra misión compartida con los laicos. En él debemos confrontarnos para ver en qué medida el camino de la Congregación, de cada Inspectoría y de cada hermano es un crecimiento también en este elemento de identidad carismática. Apostamos por la formación de los laicos comprometidos en la misión, apoyando su crecimiento personal, su vivencia de la fe, y su identificación vital con el espíritu salesiano. Además, debemos ofrecerles medios que les capaciten para el desempeño de las tareas que tienen encomendadas. El redescubrimiento de la vocación y la misión del laico es uno de los grandes frentes de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II y confirmado en el magisterio sucesivo. Y ciertamente nuestro CG24 ha sido una respuesta carismática a esta eclesiología de comunión.

Sabemos bien que Don Bosco, desde el inicio de su misión en Valdocco ha hecho que tantos laicos, amigos y colaboradores formasen parte de su misión entre los muchachos. “Logra que un grupo de eclesiásticos, seglares, hombres y mujeres, compartan su labor y se haga corresponsable en ella”.[27] Se trata, de hecho, a pesar de nuestras resistencias, de un camino que no tiene punto de retorno porque el modelo operativo de la misión compartida con los laicos tal como lo proponía el CG24 es de hecho “el único practicable en las condiciones actuales” [28].

Veinticuatro años después de la celebración de este Capítulo General, debemos reconocer que la acogida y realización de las decisiones que se adoptaron son muy diversas. En algunas regiones la presencia de los laicos en la misión salesiana ha llegado a ser más evidente. En otras regiones de la Congregación el camino es mucho más lento. En otros casos, la experiencia de comunión se encuentra todavía en los inicios, un camino apenas iniciado y a veces encontramos también fenómenos de verdadera y propia resistencia.

Ciertamente en estos años, aún en las más diferentes realidades culturales ha habido un progreso. Con frecuencia las relaciones entre salesianos y laicos se caracterizan por la cordialidad, el mutuo aprecio, el respeto, la colaboración, y cuando hay una clara identidad, la realidad en la CEP es muy rica, si bien no siempre se les percibe en la profundidad de su ser laicos. Tendemos a reconocer más fácilmente lo que hacen que su propia identidad laical.

Es cierto que entre los laicos de las presencias salesianas en las 134 naciones donde nos encontramos, existe una gran variedad de laicos: muchos trabajan de modo contractual y otros muchos, especialmente los más jóvenes, como voluntarios. Hay laicos con gran identidad cristiana y carismática, y otros que se encuentran lejos de esta realidad. Hay quienes son católicos, cristianos de otras denominaciones, o laicos que profesan otras religiones, y también personas indiferentes al hecho religioso.

Del mismo modo las formas de relación entre las comunidades y las Obras son diversas según la realidad existente, los contextos etc… En la reflexión hecha en el Consejo General hemos tomado conciencia de esta gran diversidad, tal como se recoge en nuestra contribución al núcleo 3 del Capítulo que quedó sin desarrollar en la Asamblea Capitular a causa del covid-19[29].

Como dije anteriormente, desde el comienzo nuestro Fundador se preocupó por implicar al mayor número de colaboradores posibles en su proyector operativo, desde mamá Margarita a los que daban trabajo, desde la gente buena del pueblo a los teólogos, desde los nobles a los políticos de la época. Nosotros hemos nacido y crecido históricamente en comunión con los laicos y ellos con nosotros. Es mas, debemos subrayar la importancia que los jóvenes han tenido en el desarrollo del carisma y de la misión salesiana: Don Bosco encontró en los jóvenes a sus primeros colaboradores, que así llegaron a ser ‘cofundadores’ de la Congregación.

Tantas veces yo mismo, y sin duda otros Rectores Mayores hemos expresado con fuerte convicción que la participación de los laicos en el carisma salesiano y en la misión no es una concesión por nuestra parte o una gracia que les brindamos, y ni siquiera un camino de supervivencia (como tantas veces han pensado muchos hermanos). Es un derecho vocacional que tienen. Y naturalmente aquí se ve la diferencia entre ser simples trabajadores en una casa salesiana, o formar parte, al mismo tiempo que se desempeña un trabajo, de una misión y una vocación. Es radicalmente diferente. Esto exige de nosotros en muchos casos un cambio de perspectiva. Como consagrados, somos una encarnación específica de este carisma, no somos los únicos depositarios del mismo.

De ahí que resulte una prioridad absoluta “compartir el espíritu salesiano y el crecimiento en la corresponsabilidad que supone compartir algunos caminos y experiencias formativas orientadas a la misión, obviamente sin descuidar caminos formativos específicos de los salesianos consagrados y de los laicos. La formación conjunta en la misión compartida es una prioridad absoluta y va dirigida sobre todo al núcleo animador”[30].

Los laicos son compañeros de camino, no sustitutos de los religiosos, y ellos y nosotros tenemos nuestras aportaciones específicas a la misión. Por ello, nuestros colaboradores laicos tienen necesidad de conocer y experimentar muy de cerca a Don Bosco y lo que desde él se vive en las casas salesianas en las que se encuentran. Tal conocimiento y formación no se recibe solamente con cursos académicos sino de modo muy especial reflexionando, revisando y proyectando lo que juntos se vive en dicha presencia. Resulta esencial avanzar en la formación en común, especialmente en aquellos aspectos que se refieren al conocimiento y la vivencia de nuestro carisma compartido. Sabemos, de hecho, que “el primero y mejor modo de formarse y formar en el compartir y en la corresponsabilidad es el correcto funcionamiento de la CEP”[31].

Me queda por subrayar, de modo muy particular y firme, que esta misión compartida con los laicos tiene su desarrollo más pleno y auténtico cuando muchos de ellos son Familia Salesiana y pertenecen a alguno de los 32 grupos que la formamos, de los cuales, destaco, doce de ellos son grupos laicales. En el caso de la Familia Salesiana el grado de identidad carismática es muchas veces altísimo, y juntos vivimos una verdadera vocación en el carisma. Este es un motivo más para dar prioridad a la presencia de miembros de familia salesiana en nuestras presencias, también como trabajadores, cuando su profesionalidad reúne las mismas condiciones que los demás.

Por último, no hemos de olvidar que el futuro en este elemento carismático que es la misión y formación compartida con los laicos ha de pasar a través de la formación de los futuros salesianos. No les oculto, hermanos, que vivo con preocupación la tendencia de una parte de nuestros hermanos jóvenes que añoran y desean, casi me atrevería a decir que hasta con vehemencia, terminar las etapas formativas para verse con autoridad, cargos y responsabilidad ante los laicos. Es una tendencia totalmente contraria al camino que queremos hacer como Congregación. De ahí que “la formación en la misión y para la misión compartida debe tocar también la formación inicial de los salesianos, no solo como tema de estudio sino también a través de las experiencias pastorales semanales y de verano. La experiencia de trabajo con y bajo la dirección de laicos durante el tirocinio, como también la participación en el consejo de la CEP, son preciosos momentos de formación, especialmente cuando están bien acompañados por los miembros del núcleo animador, sean laicos o salesianos”[32]

 

PROPUESTA

  1. Demos toda la Congregación y en todas las Inspectorías del mundo ‘pasos hacia adelante’ en el testimonio de la misión compartida y la formación conjunta, haciendo realidad la existencia y cada vez mejor funcionamiento de la CEP en todas las presencias de la Congregación. Se puede estar más adelante o más atrás en el vivir la misión y la formación en la CEP y de la CEP, pero no se puede no caminar en esta dirección. Sigue siendo una prioridad y urgencia lo que ya pedí en el CG27: “La misión compartida entre sdb y laicos ha dejado de ser opcional, si es que alguien lo sigue pensando así”[33].
  2. Damos pasos para incorporar laicos en los equipos formativos de las comunidades de formación inicial.
  3. En estos seis años, cada Inspectoría y presencia salesiana llevará adelante, conjuntamente entre salesianos y quienes comparten la misión y forman parte del núcleo animador, un proceso de discernimiento para:
  • evidenciar con realismo la situación de la misión y de la formación compartida (reconocer)
  • ponerse en sintonía con el camino que la Iglesia y la Congregación están haciendo (interpretar)
  • Trazar y activar procesos de crecimiento y de transformación, en sinergia con las demás realidades inspectoriales, regionales y de Congregación (elegir)

 

Para ello…

  • Se irán incorporando gradualmente laicos con gran identidad carismática en los equipos inspectoriales, incluso con responsabilidades de coordinación y dirección.
  • Se llevará a cabo en las Inspectorías una formación según el modelo operativo de animación y gobierno de las casas según lo determinado ya en el CG24.
  • En las Inspectorías y presencias salesianas haremos que sea significativo el evidente y fuerte testimonio de la Familia Salesiana en la CEP.
  • Los centros regionales de formación permanente, con el apoyo de los dicasterios (sectores) para la Pastoral Juvenil y para la Formación, preparan subsidios adaptados a los diversos contextos regionales, y favorecen este proceso a nivel inspectorial y local. Llegan a ser, por eso mismo, receptores y difusores de buenas prácticas y de materiales que servirán como ejemplo y estímulo para otras realidades salesianas.
  • En el ámbito de las CEP se valoriza como camino de formación permanente la tercera parte de “Animación y gobierno de la comunidad – El servicio del director salesiano”, dedicado a “La comunidad educativo pastoral”.
  • Este proceso será uno de los campos a los que prestar atención prioritaria en las visitas inspectoriales, en los Capítulos inspectoriales de mitad de sexenio, en las visitas extraordinarias y en las visitas de conjunto.

 

 7. ES HORA DE GENEROSIDAD EN LA CONGREGACIÓN. En una Congregación siempre Misionera

 

“A cada uno de nosotros Dios lo llama a formar parte de la Sociedad salesiana. Para esto recibe de Él dones personales y, si corresponde fielmente, encuentra el camino de su plena realización en Cristo.

La Sociedad reconoce su vocación y le ayuda a desarrollarla; él, como miembro responsable, pone su persona y sus cualidades al servicio de la vida y la acción común. Toda llamada manifiesta que el Señor ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa de enriquecerla con nuevas energías apostólicas”(C.22)

En la sesión de clausura del CG28 manifesté que, a mi juicio, ‘es hora de generosidad en la Congregación’. No me cabe duda de que tenemos una historia de 162 años de gran generosidad, iniciada ya con Don Bosco, pero me parece que en la actualidad ésta se hace más necesaria que nunca.

Intentaré explicarme con claridad.

Hoy no es menor que en otros tiempos la realidad que nos habla de tantas necesidades evangelizadoras, pastorales y de promoción humana que llegamos a conocer. Son frecuentes las llamadas, y las interpelaciones para que asumamos diferentes servicios en tantas partes del mundo. Vemos muchachos, muchachas, jóvenes y familias realmente necesitados en todos los continentes.

  • Dios nos sigue llamando en todo el mundo a ser ‘signos-testimonios’ de su Amor salvador a los jóvenes más pobres.
  • Como evangelizadores y educadores se nos necesita para ayudar a jóvenes y adultos de las clases populares, en los más diversos contextos culturales y religiosos.
  • Sigue siendo urgente una educación y acción por nuestra parte que testimonie y promueva la justicia en el mundo.
  • La pobreza y las pobrezas siguen siendo un clamor, un grito (las más de las veces silencioso, sin voz) para nosotros: jóvenes con sus pobrezas materiales, afectivas, con verdaderas orfandades aun teniendo padres o familia, pobrezas culturales (sin acceso a la escuela, a la educación), espirituales (sin conocimiento alguno de valores trascendentes, ni de Dios).

La esperanza de poder trabajar (y a veces también estudiar) más fácilmente sigue provocando emigraciones masivas a las grandes ciudades (y también a otros países) con las naturales consecuencias de inadaptación y ‘marginación’ social. A esto se suma la escalofriante realidad de los refugiados y los campos en los que viven; en varios de ellos nuestros hermanos sdb comparten vida con estos mismos refugiados (Kakuma-Kenia, Juba-Sudán del Sur, Palabek-Uganda).

Podría hacer más amplio este elenco de situaciones.

Hermanos, todos pertenecemos a Dios y a nuestra única Congregación de la que gozosamente somos parte. Todos somos salesianos de Don Bosco para el mundo. Nuestro afecto irá siempre a los hermanos de nuestra Inspectoría de origen, en la que hemos ‘nacido vocacionalmente’, pero nuestra pertenencia más verdadera y profunda es a la Congregación y esto comienza con nuestra misma profesión religiosa.

Por eso considero que en el próximo sexenio esta apertura de horizonte debe hacerse aún más efectiva y real contando con la disponibilidad de hermanos, y con la respuesta generosa de las Inspectorías que tienen mayores posibilidades de ofrecer ayuda de hermanos a otras. A veces con acuerdos entre los mismos inspectores; otras veces con la mediación del Rector Mayor y su Consejo cuando se trata de nuevas fundaciones, de nuevos desafíos misioneros, nuevas presencias en otras naciones o en nuevas fronteras de misión.

Afortunadamente las inspectorías más pobres económicamente son las más ricas en vocaciones, y la formación de todos estos hermanos es posible gracias a la generosidad de toda la Congregación. Una vez más se demuestra que la generosidad hace posible todos los sueños.

Vivimos tiempos en los que debemos afrontar con mentalidad renovada la realidad que nos permita ‘superar fronteras’. En un mundo en el que las fronteras son cada vez más ‘defensa’ frente a otros, la profecía de nuestra vida como salesianos de Don Bosco consiste también en esto: en mostrar que para nosotros no hay fronteras. La única realidad a la que respondemos es: Dios, el Evangelio y la misión que tenemos confiada. Y por eso mismo nuestras comunidades internacionales e interculturales tienen hoy un gran valor profético, sin que por ello ocultemos que construir la fraternidad en la diversidad exige mirada de fe y energías humanas.

La realidad misionera de nuestra Congregación nos sigue interpelando y presentando hermosos desafíos, y las misiones nos lanzan hacia adelante y nos hacen soñar hermosos sueños que se vienen haciendo realidad.

Cuando en los años 80 del pasado siglo seguíamos perdiendo hermanos de modo significativo año tras año, el Rector Mayor don Egidio Viganó lanzó visionariamente el Proyecto África que hoy es una hermosa realidad. Cuando en el año 2000, ante el nuevo milenio se constataba la dura realidad pastoral y la necesidad de una nueva evangelización que vivía Europa, don Pascual Chávez promovió con convicción el Proyecto Europa. No son tiempos para preocuparse por sobrevivir sino para ser más significativos.

El Papa Francisco en su mensaje al CG28 nos invitaba también a estar atentos a los miedos que terminan “por instalarnos en una inercia paralizante que le priva a vuestra misión de la parresia propia de los discípulos del Señor. Tal inercia también puede manifestarse en una mirada y actitud pesimista ante todo lo que nos rodea y no sólo respecto a las transformaciones que se operan en la sociedad sino también en relación a la propia Congregación a los hermanos y a la vida de la Iglesia. Esta actitud que termina por “boicotear” e impedir cualquier respuesta o proceso alternativo”[34].

 

PROPUESTA

Propongo a toda la Congregación que hagamos concreta esta hora de generosidad asumiendo de modo natural la disponibilidad de hermanos de todas las Inspectorías (cesión, intercambio, ayudas temporales) para servicios internacionales, nuevas fundaciones, nuevas fronteras a las que queremos llegar.

 

Para ello:

  • Estarán las Inspectorías atentas y disponibles ante las llamadas del Rector Mayor para las necesidades y desafíos que iremos asumiendo.
  • Los 150 años del primer envío misionero de Don Bosco a la Argentina (que tendrá lugar en el año 2025), y el primer centenario de la presencia misionera en el nordeste de India (año 2022), será la oportunidad para continuar el proyecto misionero de nuestra Congregación.
  • Esto lo concretamos con la invitación a cada Inspectoría de abrir en el sexenio que iniciamos un proyecto misionero en el interior de la propia Inspectoría (refugiados, inmigrados, presencia de frontera, muchachos explotados…) dando prioridad a la significatividad y a las verdaderas llamadas de auxilio de los jóvenes de hoy.
  • El Rector Mayor con su Consejo darán los pasos oportunos para consolidar en el dicasterio (sector) de la Pastoral Juvenil de la Congregación la sección que atienda prioritariamente a la realidad de los refugiados e inmigrantes (en especial menores no acompañados y jóvenes)

 

 8. ACOMPAÑANDO A LOS JÓVENES HACIA UN FUTURO SOSTENIBLE

 

Reconocemos que esta es una conversión cultural, no una moda, y como toda conversión tiene necesidad de ser llamada con fuerza, con su nombre nuevo.

La unanimidad fue total en la asamblea capitular cuando se propuso que una pequeña comisión recogiera la sensibilidad existente en nosotros ante este hecho de emergencia: El cuidado de la Creación no es una moda. Nos va en ello la vida de la humanidad, por más que muchos servidores públicos, prisioneros de los intereses económicos, miren hacia otro lado o nieguen lo que es innegable. Esta sensibilidad se ha concretado en la deliberación capitular aprobada por la Asamblea. El Papa Francisco ha proclamado que debemos evitar una ‘emergencia climática’ que corre el riesgo de  “perpetrar un brutal acto de injusticia frente a los pobres y a las generaciones futuras”[35].

Nuestro como compromiso con una ecología humana integral[36] nace de la convicción de fe de “que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás”[37]. Dentro de la vida social de los seres humanos, no podemos separar el cuidado del ambiente. Por tanto, la ecología ha de ser integral, humana. Y, en consecuencia, invita a una conversión ecológica que afecte, no solo a la economía y a la política, sino también a la vida social, a las relaciones, a la afectividad, a la espiritualidad.

Venimos asistiendo en los últimos años a los desacuerdos de los políticos de las diversas naciones ante esta emergencia. La última cita de dirigentes de los países en Santiago de Chile (pero celebrada en Madrid-España) tuvo como único resultado el acuerdo para encontrarse de nuevo dentro de un año. Ningún acuerdo operativo significativo.

Al mismo tiempo, millones y millones de personas, la mayoría jóvenes, han elevado un grito mundial. El Papa Francisco, sensible a esta realidad como bien ha demostrado, denuncia que los mismos jóvenes están pidiendo un cambio radical y “se preguntan cómo se pueda pretender construir un futuro mejor sin pensar en la crisis ambiental y en los sufrimientos de los excluidos”[38].

La deliberación capitular proclama que “junto al Papa Francisco reconocemos la evidencia manifestada por la ciencia de que la aceleración del cambio climático derivado de la actividad humana es real. La contaminación del aire, la contaminación del agua, la eliminación inadecuada de los desperdicios, la pérdida de biodiversidad y otras cuestiones ambientales que tienen un impacto negativo sobre la vida humana, están en aumento. La producción y el consumo no sostenible están empujando nuestro mundo y sus ecosistemas más allá de sus propios límites, minando su capacidad de hacerse con recursos y acciones esenciales para la vida, el desarrollo y su regeneración”[39].

En el momento en el que estoy escribiendo estas líneas, el planeta tierra y todos los países del mundo están siendo golpeados, en mayor o menor grado, por este virus Covid-19 que hasta el día de hoy se ha cobrado la vida de 624.000 personas y ha infectado a 15.300.000 personas. Y bien sabemos que la vida de una sola persona es sagrada y está habiendo tanto dolor a causa de tantas pérdidas. Cierto que es así. Pero no es menos cierto que el planeta tierra está sangrando desde hace décadas, y la contaminación se está cobrando cada año muchas más vidas que el Covid-19, y esto no se toma tan en serio.

No es menos cierto que los más pobres, ¡siempre los más pobres!, sufren los efectos desastrosos de la deforestación implacable y del cambio climático, de la ruina de sus paupérrimas cosechas, único modo de vida, y esto tampoco se denuncia.

Podría seguir haciendo un elenco de estas situaciones. No es necesario. Basta con subrayar que como educadores y pastores no podemos ser indiferentes a esta realidad. Y debemos hacerlo operativo.

 

PROPUESTA

Escuchando el grito mundial de tantos jóvenes de hoy los SALESIANOS NOS COMPROMETEMOS  a  DAR TESTIMONIO CREÍBLE,  personal y comunitariamente de CONVERSIÓN en el cuidado de la Creación y en la Espiritualidad Ecológica[40].

 

PARA ELLO:

  • Cada Inspectoría del mundo dará respuesta a través de la Delegación Inspectorial de Pastoral Juvenil para hacer de nuestras escuelas, centros educativos, campus universitarios, oratorios, parroquias, modelos educativos en el cuidado del ambiente y de la naturaleza. En la educación debemos incluir como opción salesiana la acción en favor de Creación: cuidado de la naturaleza, del clima y del desarrollo sostenible.
  • Extendemos, en todo lo posible, la red de instituciones salesianas que se incorporarán a la Don Bosco Green Alliance promoviendo la participación de jóvenes en campañas globales en favor del sostenimiento de las causas ambientales y ecológicas para el cuidado de la Creación y de la vida humana.
  • Aceptamos la petición hecha al CG28 de la conferencia salesiana sobre las energías renovables de noviembre de 2019 pidiéndonos que la Congregación asuma para todas las Inspectorías del mundo el 100% de energías renovables antes del 2032. Aun siendo muy desigual la realidad de la Congregación en los diversos países, aceptamos este desafío en colaboración con las OPD de las Inspectorías, las ONG salesianas, El DBN.

Mis queridos hermanos: Concluyo estas líneas programáticas invitando a todos a que sean acogidas no como una simple carta sino como mensaje y programa que quiere ser expresión de los latidos de la Congregación hoy en todo el mundo.

Y propongo como actitud con la que afrontar la bella oportunidad del próximo sexenio dos elementos importantes:

  • El primero de ellos tiene que ver con una virtud: La esperanza. Sólo con esperanza podremos afrontar el futuro y confiar en que el Señor hará llegar a buen puerto, con nuestra humilde aportación, lo que aquí nos proponemos.
  • El segundo tiene que ver con nuestra actitud ante Dios mismo. Quiero pedir a nuestra Congregación que en este sexenio nos dejemos guiar mucho más por el Espíritu Santo; que sea Él quien realmente mueva nuestros corazones, y nuestras capacidades humanas en el animar y gobernar la Congregación y las Inspectorías y comunidades para llegar todos a hacer de todas las casas salesianas del mundo otros Valdocco que den respuesta a los muchachos y jóvenes de hoy, como lo hizo Don Bosco en su momento.

 

Sobre la esperanza deseo subrayar que, como bien sabemos, es una virtud que tiene tanto que ver con nuestra fe cristiana; se trata de otro modo de mirar al futuro. La esperanza cristiana es un modo de vivir, un modo de caminar, un modo de mirar.

La esperanza es fruto del encuentro con el Señor Jesús y es fruto de la acogida de su Espíritu en nosotros. La esperanza no es consecuencia de cálculos y previsiones. “Ni pesimista ni optimista, el Salesiano del siglo XXI es un hombre esperanzado porque sabe que su centro está en el Señor, capaz de hacer nuevas todas las cosas (Ap.21,5). “Sólo eso nos salvará de vivir en una actitud de resignación y supervivencia defensiva. Sólo eso hará fecunda nuestra vida”[41].

Sobre la necesidad de dejarnos guiar mucho más por el Espíritu Santo de Dios, Él que es el verdadero Maestro interior, hago mías las palabras del Patriarca de Constantinopla, Atenagora I, quien se encontró con el Papa Pablo VI (hoy santo) en Jerusalén en enero de 1964. Fruto de este encuentro en el Espíritu de Dios fue la abrogación de las mutuas excomuniones que hasta el momento existían y dañaban profundamente el corazón de Cristo en su Iglesia.

Es este el pensamiento:

 

“Sin el Espíritu Santo,
Dios es lejano,
Cristo permanece en el pasado,
El Evangelio es letra muerta,
la Iglesia una simple organización,
la autoridad un poder,
la misión una propaganda,
el culto un recuerdo y la acción cristiana una moral de esclavos.

Pero en el Espíritu Santo
El cosmos está movido por la creación del Reino,
Cristo resucitado se hace presente,
el Evangelio se hace fuerza y vida,
la Iglesia realiza la comunión Trinitaria,
la autoridad se transforma en servicio,
la liturgia es memorial y anticipación,
la conducta humana viene divinizada” (Patriarca Atenagora I)

Acojamos este mensaje en nuestra oración

Mis hermanos salesianos muy queridos: esto es lo que sentía que debía comunicar y pedir a todos junto con mi invitación a acoger estos desafíos, esta ‘hoja de ruta’ del sexenio con el corazón y con un profundo deseo de hacerlo vida en las comunidades e Inspectorías. Serán sin duda, con la gracia de Dios y la presencia materna de nuestra Madre Auxiliadora unos años de fidelidad congregacional y de respuesta valiente y, hasta profética, a los signos de los tiempos de hoy. Que nuestra Madre Auxiliadora siga cuidando de nuestra Congregación y ‘haciéndolo todo’, como con Don Bosco. Acompaño a todos y cada uno con mi afecto y oración.

Su mediación y la de toda la santidad salesiana de nuestra Familia sea bendición para nosotros en lo único importante de nuestra misión desde Dios: “ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente los más pobres” (C.2)

Roma 16 de agosto de 2020
205 Aniversario del nacimiento de Don Bosco

Ángel Fernández Artime, sdb
Rector Mayor


[1] FRANCISCO, Mensaje del Papa al CG28. Deseo aprovechar esta primera cita para decir que esta carta estará llena de citas como esta. Son citas textuales del mensaje que el Papa Francisco pensó para nosotros como Congregación y Asamblea Capitular, y que nos hizo llegar en el momento más oportuno de nuestras reflexiones y trabajos. Por eso mismo, porque mi carta la escribo teniendo muy presente lo que nos ha dicho el Santo Padre, es por lo que decido metodológicamente no citar a pie de página cada una de sus frases porque harían pesada la redacción. Será suficiente con ver el texto entrecomillado para saber que es el mismo Papa quien nos habla.

[2] SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata (1996), 22.

[3] FRANCISCO, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate (marzo 19 de 2018), en adelante GS.

[4] MB XVIII, 258 citado también en nuestras Constituciones Art.1

[5] Cfr. Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit (marzo 25 de 2019), en adelante ChV. En la 98 encontramos esta cita textual: “El clericalismo es una permanente tentación de los sacerdotes, que interpretan “el ministerio recibido como un poder que hay que ejercer más que como un servicio gratuito y generoso que ofrecer; y esto nos lleva a creer que pertenecemos a un grupo que tiene todas las respuestas y no necesita ya escuchar ni aprender nada”. Discurso a la primera Congregación general de la XV Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos (3 octubre 2018).

[6] G. Bosco, Vita di San Domenico Savio, cap. VIII

[7] J.E. VECCHI, Indicazioni per un cammino di spiritualità salesiana, ACG 354, 1995, p.26

[8] CG28, Priorità della missione salesiana tra i giovani d’oggi. Primo nucleo, n.4

[9] DocumentoFinal del «Sínodo de los Jóvenes», en adelante,DF.

[10] El Papa Francisco nos ha dicho: “La opción Valdocco de vuestro 28mo Capítulo General es una buena ocasión para confrontarse con las fuentes y pedirle al Señor: “da mihi animas, coetera tolle”. Tolle especialmente aquello que durante el camino se fue incorporando y perpetuando que, si bien en otro tiempo pudo ser una respuesta adecuada, hoy les impide configurar y plasmar la presencia salesiana de manera evangélicamente significativa en las distintas presencias de misión. Esto reclama de nosotros superar miedos y aprensiones que pueden surgir por haber creído que el carisma se reducía o identificaba con determinadas obras o estructuras. Vivir con fidelidad el carisma es algo más rico y desafiante que el simple abandono, repliegue o reacomodo de las casas o actividades; supone un cambio de mentalidad frente a la misión a realizar”.

[11] Carta de los jóvenes al CG28

[12] CG28, Priorità della missione salesiana tra i giovani di oggi. Primo nucleo, n.5

[13] Carta de los jóvenes al CG28

[14] “La revolución digital que pide comprender las profundas transformaciones que están aconteciendo no sólo en el campo de la comunicación sino, sobre todo, en el modo de plantear y gestionar nuestras relaciones humanas” (núcleo 1 del CG28)

[15] CG26, “Da mihi animas, cetera tolle”. N.14

[16] CG28, Profilo del salesiano oggi. Secondo nucleo, n. 1

[17] Idem, n.3

[18] Idem, n. 5

[19] CG24, n.166

[20] CGXX, n.580

[21] MB XVII, 272; Cfr. MBXVII, 207

[22] CGXIX, ACS 244, p.94

[23] CGXX, n.45

[24] CG28, Priorità della missione salesiana tra i giovani di oggi. Primo nucleo, n. 8

[25] FRANCISCO, Mensaje al CG28, p.6-7

[26] ChV, 98

[27] CG24, n. 71

[28] CG24, n.39

[29] Cf. Idem, n.12-17

[30] Animazione e governo della comunità 106, 122

[31] CG24, 43

[32] CG28, Terzo Nucleo, Insieme ai laici nella missione en ella formazione, n. 43

[33] CG27, Testigos de la radicalidad evangélica. Documentos Capitulares. Discurso del Rector Mayor en la clausura del CG27, n. 3.7, Roma, 2014

[34] FRANCISCO, Mensaje al CG28, p.3

[35] FRANCISCO, Mensaje in Città del Vaticano, 14 giugno 2019

[36] Cf. FRANCISCO, Carta encíclica Laudato si, nº 137-162, (mayo 24 de 2015), en adelante LS.

[37] LS, 70

[38] LS 13

[39] CG28, Proposta per la deliberazione sull’ecologia.

[40] LS 217

[41]  FRANCISCO, Mensaje al CG28, p. 4 citando su Homilía Fiesta de la Presentación del Señor -XXI Jornada mundial de la Vida Consagrada, 2 febrero 2017