Consejo Recursos

Lectura de algunos datos estadísticos del año 2009

FORMACIÓN - CARTA

Lectura de algunos datos estadísticos del año 2009

Roma, 6 de abril de 2010
Prot. 10/0343

Al Reverendo Delegado inspectorial de formación En su sede

Para su conocimiento Al Reverendo Señor Inspector En su sede

Queridos Delegados:

Os presento algunos datos estadísticos al 31 de diciembre de 2009. Al comienzo de cada año se presentan al Consejo general; pienso que os pueden ser útiles también a vosotros. Son datos que nos invitan a reflexionar y nos piden que ofrezcamos propuestas vocacionales y formativas sólidas.

Formación inicial en la Congregación

Año Novicios
(*)
Novicios
salidos
Neoprofesos
(*)
Temporales
salidos
Profesos
perpetuos
Perpetuos
clérigos
Perpetuos
coadjutores
Neo- sacerdotes
2002 607 137   231 249 217 32 262
2003 580 111 470 225 254 221 33 218
2004 594 118 469 211 281 242 + 1P 38 203
2005 621 151 476 237 249 219 + 2P 28 230
2006 561 137 470 227 260 221 + 2P 37 192
2007 527 110 424 200 219 205 14 175
2008 557 121 417 216 220 200 20 222
2009 530   436 225 265 246 19 195

* Para la lectura de las primeras tres columnas, que se refiere a novicios, novicios salidos y neoprofesos, es preciso tener en cuenta:  Los novicios que entran en el noviciado en un determinado año,  hacen la primera profesión al año siguiente; por tanto los novicios salidos resultan de la diferencia entre los novicios entrados en un determinado año y los que profesaron al año siguiente. Ejemplo: en 2002 entraron 607 novicios y en 2003 profesaron 470 neoprofesos; por tanto la diferencia entre los novicios entrados en 2002, que son 607, y los novicios que profesaron al año siguiente 2003, que son 470, resulta de 137 novicios; ese número figura en la línea  “novicios salidos” del año  2002. En 2009 entraron 530 novicios; pero no sabremos el número hasta el final de 2010.

Formación continua en la Congregación

Año Perpetuos clérigos salidos Perpetuos coadjutores salidos Dispensa celibato diáconos Dispensa celibato sacerdotes Exclaus-tración Seculariz.
previo experimento
Seculariz.
simpliciter
Dimisión
2002 8 12 3 15 18 7 11 24
2003 10 14 4 11 10 3 10 25
2004 14 15 3 20 14 9 12 26
2005 11 15 1 15 10 9 10 26
2006 13 10 3 27 11 11 11 26
2007 15 11 3 18 9 12 18 24
2008 8 6 5 18 5 12 14 24
2009 12 13 2 9 6 14 10 36

* Para la lectura de las columnas que refieren las dispensas del celibato, las secularizaciones y las dimisiones, hay que tener en cuenta: Los números no se refieren a los que ese año han presentado la petición,  sino a los que el año indicado la han obtenido.

 

Observaciones cuantitativas

Viendo las estadísticas, en primer lugar debemos agradecer a Dios las vocaciones que nos envía; esto significa que la vida consagrada salesiana mantiene una gran capacidad de atracción. Como dicen nuestras Constituciones, “Cada llamada manifiesta que el Señor ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa de enriquecerla con nuevas energías apostólicas” (C. 22).

Como habéis advertido, en efecto, cada año Dios nos envía más de 500 novicios; tenemos además cerca de 250 profesiones perpetuas, de las que casi 30 de salesianos coadjutores, y más de 200 nuevos presbíteros. Estas vocaciones son también el fruto del trabajo de los hermanos, de modo especial de los que trabajan en la animación vocacional y en la  formación. A todos nosotros nos corresponde el esfuerzo de cuidar estas vocaciones para ayudarlas a crecer y a vivir en gozosa fidelidad hasta el final.

Pero no podemos dejar de considerar las salidas. Desde el año 2002 hasta 2008 entraron 4.047 novicios; de estos 885 salieron durante el noviciado. Esto quiere decir que sobre una media de 578 novicios cada año, sale una media de 126 al año, equivalente al 22% de los novicios que entran.

Desde 2002 a 2009 la media anual de los neoprofesos es de 449 y la de los profesos temporales que dejan la Congregación es de 221; mientras que la media anual de los profesos perpetuos que salen es de 91, considerando a los profesos perpetuos clérigos y coadjutores, la dispensa del celibato de diáconos y sacerdotes, las secularizaciones “praevio experimento” y “simpliciter” y las dimisiones. Se tiene, por tanto, una media total de 312 salidas cada año; esto quiere decir que, respecto al número de hermanos que entran, cada año la Congregación pierde una media del 69%. Hay que notar que desde 2002 a 2009 dos tercios de los hermanos salidos de la Congregación eran profesos temporales.

Actualmente en la  Congregación, la proporción entre salesianos coadjutores y clérigos es del orden de 1 a 8. En los tres últimos, la proporción de los neoprofesos coadjutores, respecto a los neoprofesos clérigos, ha disminuido y es del orden de 1 a 10, mientras que la proporción de los neoperpetuos coadjutores, respecto a los neoperpetuos clérigos, es del orden de 1 a 13.

Cada año tenemos una media de 65 presbíteros que dejan la Congregación: 17 están dispensados del celibato, 10 secularizados “praevio experimento”, 12 secularizados “simpliciter”, 26 dimitidos.

 

Atenciones formativas

No cabe duda de que, especialmente en las fases iniciales, algunas salidas se dan en los que no están llamados a la vida consagrada salesiana; esas salidas son, por tanto, fruto de un discernimiento más cuidadoso. Pero al ser cifras bastante elevadas, aunque las de la formación continua lo son en medida menor, nos preguntamos si no encierran algún mensaje para todos los hermanos de la Inspectoría y no sólo para los formadores.

Las situaciones son complejas y requieren reflexiones atentas y discernimiento continuo, sobre todo a nivel inspectorial. A cada uno de nosotros le corresponde saber leer los datos estadísticos, que sin una interpretación no nos dicen nada de la realidad. Las situaciones que vivimos así como también las observaciones cuantitativas son un modo a través del cual nos habla Dios. Aunque consciente de correr el riesgo de una cierta simplificación, querría señalar tres aspectos.

Fragilidad vocacional

Hoy la formación afronta nuevos y difíciles problemas. Se constata, per ejemplo, una frágil psicología de los jóvenes; a veces se nota un arraigo superficial en la fe de los candidatos; no hay duda de que cunde una ancha cultura mediática permisiva. Estos y otros factores debilitan la personalidad de nuestros formandos y jóvenes salesianos, que, por otra parte, son ricos en otras dotes y cualidades.

Es encomiable el esfuerzo de numerosas Inspectorías, que han comenzado y reforzado el prenoviciado y el aspirantado. Los frutos se empiezan ya a apreciar en una mejor preparación de los formandos, pero todavía queda un largo camino que hacer, especialmente en la  preparación de los formadores para las fases iniciales. Éstos tienen necesidad de una sólida formación que los capacite para hacer frente a las nuevas exigencias. No es capaz cualquier de hacer un buen discernimiento sobre los aspirantes y de ayudar a los prenovicios, por ejemplo, a gobernar su mundo interior, a confrontarse con su pasado, a superar los miedos, a formarse en una afectividad madura, a iniciar un camino de fe y vida espiritual.

La superación de la fragilidad vocacional no se limita sólo a las fases previas al noviciado, aunque es estratégico tener una fuerte experiencia de aspirantado y una buena fase de prenoviciado. El número elevado de salidas en el noviciado y sobre todo durante la profesión temporal es indicio de que los problemas de la fragilidad perduran al comienzo y en los primeros años de la vida consagrada salesiana. Hace falta también un proceso de personalización de la formación. Hay todo un camino que hacer para ayudar a los novicios y a los salesianos jóvenes a ahondar su formación en lo más profundo de ellos mismos, de modo que adquieran sólidas convicciones que puedan sostenerlos en el camino no siempre fácil de la vida.

Fidelidad vocacional

Es necesario reconocer que no todas, o la mayor parte de las salidas, tanto de los hermanos temporales como de los perpetuos, tienen lugar en las comunidades formadoras. Esto subraya la necesidad de comunidades fraternas, acogedoras y serenas, en las que los hermanos se sientan en casa, donde el clima de fraternidad, oración y trabajo los abra al generoso don de sí, donde se sienten acompañados por un Director que es “padre, maestro y guía espiritual” (C. 55). Al Rector Mayor le agrada repetir a propósito de esto que “un hermano vive donde es amado”. La afirmación de las Const. 37, es decir, que “el clima de familia, de acogida y de fe, creado por el testimonio de una comunidad que se entrega con alegría, es el ambiente más eficaz para el descubrimiento y la orientación de las vocaciones”, vale también para la perseverancia de las vocaciones.

Además del aliento de cada hermano para vivir la fidelidad vocacional, es por ello fundamental el papel del Director. Él está llamado a ser cercano a los hermanos, a infundir en ellos la pasión apostólica del “da mihi animas”, a ayudarlos a profundizar la dimensión salesiana de la vocación, a sostener su maduración afectiva (cf. CG26 63). Le corresponde a él de modo especial el cometido de acompañar a los hermanos jóvenes, tanto tirocinantes como presbíteros y coadjutores en los primeros años de inserción en el trabajo apostólico; por esto hay que cuidar de modo especial la fase del tirocinio y el periodo del quinquenio; se trata de momentos cruciales en el crecimiento vocacional, que en las comunidades apostólicas por los numerosos compromisos y ocupaciones se descuidan con frecuencia. Todo esto requiere una formación continua de los directores.

Vocación consagrada salesiana

Mirando las estadísticas, se nota en los últimos años también una inflexión en el número de las vocaciones del salesiano coadjutor. Por otra parte cada año una veintena de salesianos presbíteros pide la secularización, esto es, pasar al clero diocesano. Estas y otras indicaciones nos llevan a pensar que en la Congregación se requiere, tal vez, por parte de todos una mayor entrega para vivir la vocación consagrada salesiana, tanto en las  comunidades formadoras como en las apostólicas.

Hay que reforzar la convicción de que el salesiano sacerdote y el salesiano coadjutor tienen una “única vocación” consagrada (cf. C. 45 y C. 4). Se requiere una comprensión más profunda y un aprecio mejor de la vida consagrada salesiana en sus dos formas (cf. CG26 55, 59, 74-78). Sólo así la animación vocacional podrá favorecer la vocación del salesiano coadjutor y los salesianos candidatos al presbiterado y los mismos salesianos presbíteros comprenderán mejor que la fidelidad a la vocación salesiana requiere de ellos vivir en profundidad la vida consagrada.

Procede igualmente hacer crecer el interés por la identidad carismática salesiana, ofrecer a los hermanos, tanto en la formación inicial como en la continua, programas actualizados y progresivos de salesianidad, favorecer en las comunidades la difusión de libros de salesianidad y, si están disponibles, sus traducciones, preparar salesianos para enseñar y comunicar la salesianidad, hablar más frecuentemente de Don Bosco e infundir la alegría de ser hijos suyos.

 

Os he ofrecido algunas reflexiones a partir de los datos estadísticos. Espero que nos sirvan de aliento a todos nosotros para afrontar los retos que aparecen en la vida de cada día. Os invito a compartir este carta, a la luz de vuestra situación personal, con los Directores de las comunidades formadoras y con los formadores, con los Directores que tienen tirocinantes, con la Comisión inspectorial de formación y con el Inspector y el Consejo inspectorial. Tal vez estas consideraciones puedan tenerse en cuenta también en las Comisiones regionales de formación.

Nos confiamos al cuidado y protección de la Virgen Auxiliadora, la sabia maestra de Don Bosco, para que nos guíe y sostenga en nuestro camino.

Saludos cordiales