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Delegado Inspectorial de Formación

FORMACIÓN - DOCUMENTOS




EL DELEGADO Y LA COMISIÓN INSPECTORIAL PARA LA FORMACIÓN

El Consejero General para la Formación

Don Francesco CEREDA

La figura del Delegado inspectorial de formación está asumiendo una función cada vez más decisiva en la animación de la vida de las Inspectorías, sobre todo a causa de la reconocida importancia de la formación para el crecimiento vocacional de los hermanos, para la calidad de la acción educativo-pastoral y para la identidad carismática. El  Delegado es aquel que “da vida” a la formación en la Inspectoría: la anima, la estimula, la sigue de cerca, la evalúa; lo mismo debe decirse de la Comisión inspectorial de formación, que él coordina.

            Las recientes orientaciones de la Congregación atribuyen nuevas funciones a esta figura. La “Ratio” habla en varios puntos de su función y presenta una visión de sus funciones, poniéndolas en relación con las del Inspector (FSDB 246-247). El CG25, además, pide su intervención de estudio y de animación para el Proyecto Personal de Vida, para el Proyecto Comunitario, para el programa anual de formación permanente de la Inspectoría, para el plan de capacitación de los hermanos (CG25, 16. 60). El Consejero para la Formación le pide, en fin, una atención especial para el cuidado y promoción de la vocación del salesiano coadjutor (cfr. ACG 382).

            Por esto, considero importante que las Inspectorías tomen conciencia de la nueva figura del Delegado inspectorial de formación que se está delineando y de las exigencias actuales de la formación, de las que será preciso asegurar su realización. En este momento, la aplicación de la “Ratio” pasa principalmente a través de la capacitación y el reforzamiento del Delegado y de la Comisión inspectorial de formación. Éstos están al servicio del Inspector y de su Consejo, de la animación de las comunidades, del crecimiento de los hermanos. Os presento aquí una visión de conjunto de sus deberes; las Inspectorías podrán gradualmente valorizar mejor las competencias y utilizar las potencialidades.

 
1. Reflexionar


            El primer deber del Delegado es reflexionar sobre la formación en la Inspectoría. Este deber requiere que él se mantenga actualizado en el campo de la formación; en las áreas relacionadas con ella, como la vida consagrada, la maduración humana, la vida espiritual, los “estados de vida del cristiano”, los desafíos de la evangelización; en las orientaciones de la Iglesia, de los Capítulos Generales y del Rector Mayor con su Consejo. Todo ello exige también que el Delegado esté en contacto con la realidad de la Inspectoría, especialmente con los jóvenes en formación inicial, los formadores, las comunidades formadoras, y también con todas las comunidades, los hermanos, las iniciativas de formación permanente.

            1.1. Él reflexiona sobre la “Ratio” y sobre los “Criterios y normas de discernimiento vocacional salesiano”. La “Ratio” ofrece orientaciones carismáticas, espirituales y pedagógicas que acompañan la normativa, dan el cuadro general de la formación, identifican sus dimensiones. Presenta una síntesis de la vocación salesiana y del modo de crecer en ella, acogiendo las principales orientaciones de la Iglesia y de la Congregación y prestando atención a la metodología formativa. Es un documento estratégico; por ello merece ser meditada, estudiada y hecha propia por todo salesiano, particularmente por aquellos que tienen encargos de animación y gobierno, de formación incial y permanente, y, sobre todo, por el Delegado y por la Comisión inspectorial de formación.

            1.2. Habiendo asimilado la “Ratio” y los demás documentos de la Iglesia y de la Congregación sobre la formación, el Delegado reflexiona sobre la praxis formativa de la Inspectoría, es decir, se pregunta constantemente si los procesos formativos y, sobre todo, sus resultados corresponden verdaderamente a las esperanzas de la Iglesia y de la Congregación, a las circunstancias actuales, a las exigencias locales. De este modo, él toma conciencia de los puntos válidos de los procesos formativos que se realizan en la Inspectoría, pero también de sus carencias y dificultades.

            1.3. No es suficiente que él reflexione juntamente con el Inspector, su Consejo y la Comisión para la formación; es preciso que sepa responsabilizar y hacer reflexionar a toda la Inspectoría, a todo hermano y a las comunidades. De este modo él ayuda a realizar una de las orientaciones de la “Ratio” que afirma: “La Inspectoría se siente comprometida en un proceso continuo de reflexión sobre la situación de los hermanos y de la comunidades y sobre su formación, y se convierte en un ambiente animador, estimulante y exigente, de fidelidad vocacional” (FSDB 226).

 
2. Proyectar

            Reflexionando con la Comisión inspectorial para la formación sobre las orientaciones de la Iglesia y de la Congregación, evaluando la praxis formativa y haciendo reflexionar a toda la Inspectoría, nace el segundo deber del Delegado de formación, que es el de la elaboración del proyecto.

            2.1. El Delegado y la Comisión colaboran en la preparación de la sección formación del Directorio Inspectorial. En él se encuentran las normas y las grandes opciones formativas de la Inspectoría. Corresponde al Capítulo Indspectorial elaborar el Directorio que, una vez aprobado por el Rector Mayor con su Consejo, es el código legislativo particular de la Inspectoría. Corresponde luego al Delegado, junto con la Comisión para la formación, estimular su puesta en práctica y evaluar regularmente su aplicación concreta.

            2.2. La Inspectoría se compromete a la elaboración, actuación y revisión del Proyecto Inspectorial de formación. Sería un error ver el Proyecto Inspectorial como un documento que deben preparar el Delegado y la Comisión. El Proyecto es el proceso de discernimiento y de convergencia de la comunidad inspectorial sobre la propia formación; el Proyecto es responsabilidad de todos; el Delegado es el que ayuda a asumir esta responsabilidad.

            Se trata de crear una visión compartida entre los hermanos de la Inspectoría sobre el tipo de salesiano que se pretende formar, sobre el punto en que se encuentra la formación en la Inspectoría, sobre el camino que queda aún por hacer, sobre cómo se quiere llevar a cabo. El Proyecto comprende las áreas de la formación permanente, formación inicial, capacitación de los hermanos, formación conjunta de salesianos y seglares. En él se tiene un cuidado especial para ofrecer los diversos elementos del currículum formativo del salesiano coadjutor (cfr. FSDB 424).

            Hecho el Proyecto y aprobado por el Inspector con su Consejo, toca al Delegado acompañar su puesta en práctica, su evaluación y su eventual revisión. Es, por tanto, él quien sigue su realización por parte de todos: de la Comisión de formación, del Inspector con su Consejo, de los formadores, de los hermanos y de las comunidades. Él hace del Proyecto el medio para el continuo crecimiento y renovación de la Inspectoría.

            2.3. El CG25 pide al Inspector y a su Consejo, con la ayuda del Delegado y de la Comisión para la formación, sugerir modalidades y ofrecer materiales para elaborar el Proyecto personal de vida y el Proyecto de la comunidad salesiana (CG25, 16). El Proyecto personal de vida, ya pedido por la”Ratio” a todos, es un modo de “unificar las propias aspiraciones, energías y valores, asumiendo la responsabilidad del propio crecimiento y viviendo con plenitud las motivaciones profundas de la propia vocación” (FSDB 69). En él el hermano delinea el tipo de salesiano que se siente llamado a ser y el camino para llegar a serlo. El Proyecto de la comunidad salesiana es un medio eficaz para dar consistencia a la capacidad de “vivir y trabajar juntos” y para superar la dispersión del trabajo individual y el peligro de la fragmentación. La comunidad se interroga sobre la voluntad de Dios en relación con ella, ve su situación, descubre el camino que debe tomar para llegar a la meta; de este modo, entre sus miembros crece la comunión y el sentido de la responsabilidad común.

            2.4. Finalmente, según las orientaciones presentadas en ACG 382, corresponde al Delegado, junto con la Comisión inspectorial de formación, proyectar y estimular una acción de promoción de la vocación del salesiano coaadjutor, que implique a toda la Inspectoría, a las comunidades educativo-pastorales, a la Familia Salesiana. Esta acción se propone la realización de las cuatro líneas de acción indicadas por el Consejero para la Formación: un mejor conocimiento y aprecio de la identidad del salesiano coadjutor, comenzando  por los hermanos y las comunidades salesianas; una  mayor visibilidad de esta figura, sobre todo en las comunidades educativo-pastorales; una formación de calidad para el salesiano coadjutor; un compromiso fuerte para la promoción de esta vocación. A esto se debe añadir la animación de una oración constante. El Delegado y la Comisión deben implicar a toda la Inspectoría, tanto en proyectar, como en realizar estos compromisos; pero la iniciativa de estímulo y coordinación les corresponde a ellos.

3. Acompañar la formación inicial

            La formación inicial requiere atenciones específicas, según las fases que los hermanos jóvenes están viviendo. El Delegado de formación presta una atención particular a los momentos, a las personas y a las situaciones.

            3.1. El Proyecto inspectorial de formación tiene una parte que se refiere a la formación incial, que se llama precisamente Plan de formación inicial. El Delegado y la Comisión inspectorial para la formación deben cuidar la articulación de los diversos procesos y de las diversas experiencias, intervenciones, agentes, momentos, contenidos, ambientes, fases, de modo que converjan en metas claras. Hay que notar que el acento va puesto, no sobre la cantidad de las cosas que hacer, sino sobre sus finalidades. Si, por ejemplo, en el Proyecto inspectorial de formación una Inspectoría tiene como objetivo dar un impulso entre los hermanos jóvenes a la atención por los más pobres o a la formación de una mentalidad misionera, el Delegado trata de orientar los esfuerzos de todos hacia ese objetivo. Por esto, es conveniente hacer al comienzo del año una buena programación de formación inicial, basada en el Proyecto inspectorial.

            3.2. El Delegado cuida la continuidad del proceso formativo durante la formación inicial. El modo para asegurar tal continuidad puede asumir formas diversas. Puede haber encuentros periódicos entre los formadores de las diversas fases, para reflexionar sobre la marcha del proceso formativo (FSDB 239); la “Ratio” sugiere la conexión entre los formadores del postnoviciado, noviciado y tirocinio (FSDB 415) y entre los formadores del prenoviciado y el maestro de novicios (FSDB 345). Se pueden tener encuentros de cambio de impresiones entre los formadores, para el conocimiento y la aplicación convergente de criterios y normas en orden al discernimiento vocacional salesiano (FSDB 297), o bien iniciativas para asegurar la continuidad de la pedagogía formativa, o de la metodología de docencia en los diversos momentos. También hay que individuar cómo asegurar que el hermano joven realice un verdadero camino continuo y unitario durante las diversas fases.

3.3. El Delegado acompaña a las comunidades formadoras y a los centros de estudios. Esto quiere decir que él los visita periódicamente, se interesa de su planteamiento y de su programación, evalúa su acción formativa. Visita también las comunidades formadoras interinspectoriales, tiene contacto con los formadores y se encuentra con los jóvenes en formación inicial.

            3.4. El Delegado organiza iniciaticas adecuadas de animación y acompañamiento para los tirocinantes según un programa previsto. Para ellos estas iniciativas son ocasiones para el diálogo directo, la comunicación de experiencias, la reflexión compartida y el apoyo recíproco; tales iniciativas ayudan a mejorar el itinerario formativo individual (FSDB 439). El Delegado tiene también contactos con los Directores de los tirocinantes y recoge sus evaluaciones formativas trimestrales.

4. Acompañar la formación permanente


            La formación permanente presenta un campo en el que el Delegado juega un papel importante. Él sensibiliza a los hermanos y las comunidades sobre la necesidad de conversión, renovación, actualización, crecimiento continuo; es cuestión de crear en todos una mentalidad de apertura, reflexión, búsqueda, deseo de santidad, responsabilidad por la propia maduración, o sea una mentalidad de formación permanente.

            4.1. A nivel inspectorial, el Delegado implica a los hermanos y comunidades en la formulación del Plan de formación permanente, que es una parte del Proyecto Inspectorial de Formación, en orden a la renovación espiritual, a la capacitación pastoral, a la competencia educativa y profesional de los hermanos. Su elaboración tiene en cuenta los diversos cargos, las edades diversas, la vocación específica, las situaciones de la vida: quinquenio, madurez, aniversarios significativos, ancianidad (FSDB 556).

            Este plan se traduce en una programación anual de formación permanente, que intenta la formación de los principales animadores: directores, formadores, delegados, sin descuidar a los enfermos y a los ancianos, de modo que puedan vivir con serenidad y espíritu de fe su situación (CG25, 60). Elabora materiales y organiza servicios apropiados: los ejercicios espirituales, las jornadas y sesiones de oración, los cursos de renovación, los encuentros de actualización por categorías, los encuentros de estudio de los documentos eclesiales y salesianos, las indicaciones blibliográficas (FSDB 549).

            Ayuda a cada comunidad a tener el propio programa anual de formación permanente y sigue su realización; éste forma parte del Proyecto de la Comunidad Salesiana. Vigila para que la vida ordinaria de la comunidad sea formativa. Estimula a los hermanos a cuidar la calidad de la oración personal, de modo especial la meditación, favoreciendo el conocimientoy el ejercicio de métodos coherentes con nuestra espiritualidad (FSDB 120); a prestar especial atención al área afectiva y a la capacidad de relaciones interpersonales (CG25, 60), a practicar la “lectio divina” (CG25, 31).

            4.2. Hoy es cada vez más importante que en la Inspectoría el Delegado para la formación ayude a crear interés por la salesianidad y estimule a las comunidades y a los hermanos a profundizarla, promoviendo iniciativas u ofreciendo materiales para el conocimiento de las orientaciones de la Congregación, las cartas del Rector Mayor, los documentos salesianos. Se preocupa de que en la Inspectoría haya una buena biblioteca salesiana (FSDB 51), para favorecer la efectiva posibilidad de acceder a las fuentes de nuestro carisma (CG25, 60). Asegura que en las diversas fases de la formación se desarrolle un programa serio y actualizado de estudios salesianos: historia, espiritualidad, pedagogía, pastoral. De igual modo, organiza experiencias de salesianidad como parte de la formación permanente (FSDB 50). Una función importante asume su ayuda en la profundización de la identidad vocacional del salesiano coadjutor y en la traducción práctica de su visibilidad en la comunidad salesiana y en la comunidad educativo-pastoral.

            4.3. El Delegado ayuda al Inspector a planificar la especialización de todos los hermanos para las tareas educativo-pastorales y formativas; dése importancia a la preparación de los que deben asumir responsabilidades de animación, de gobierno y de formación en la comunidad local e inspectorial. Se trata de identificar las exigencias prioritarias de la Inspectoría en vistas de la misión y de la formación, de encontrar las modalidades para responder a las exigencias y de escoger a las personas más adecuadas según sus aptitudes y propensiones. Todo esto está expresado en el Plan de capacitación de los hermanos, que forma parte del Proyecto Inspectorial de Formación y que el Delegado presenta al Inspector con su Consejo para que éstos tomen decisiones. Corresponde al Delegado evaluar su puesta en práctica. En este proceso, él se preocupa de que se dé todo el peso debido a los estudios filosóficos, pedagógicos, teológicos, salesianos, profesiopnales y académicos (CG25, 60); la “Ratio” recomienda que no se pierda de vista la preparación de expertos en salesianidad para el servicio a hermanos y comunidades (FSDB 547).

            4.4. El Delegado asegura que dentro del Proyecto Inspectorial de Formación estén presentes las líneas de la formación conjunta de salesianos y de seglares, que deben prever contenidos, experiencias y tiempos dedicados a las actividades formativas (FSDB 547, 560). Él promueve la colaboración con los Grupos de la Familia Salesiana en el campo de la formación permanente, por medio de iniciativas extraordinarias, o mediante una acción sistemática, que puede ser propuesta y animada por equipos integrados con miembros de los diversos Grupos (FSDB 547).

5. Trabajar en equipo


            Es fundamental para la formación en la Inspectoría contar con un núcleo animador; éste normalmente está constituido por el Delegado y por la Comisión inspectorial para la formación (FSDB 18); sin un grupo de referencia es difícil hacer progresos.  La formación es una realidad crucial para la vida de la Inspectoría. Comprende una variedad de comunidades, programas, situaciones, personas, experiencias, necesidades; atiende a la formación inicial y a la permanente, a la capacitacion de los hermanos y a la formación conjunta de salesianos y seglares Es difícil pensar que una sola persona, por muy capacitada que esté, sea capaz de hacer todo lo que se necesita y hacerlo bien.

            5.1. Para ello el Delegado tiene a su lado una Comisión, que colabora directamente con él en el campo formativo. En efecto, es con la Comisión con la que el Delegado reflexiona sobre la situación formativa en la Inspectoría, identifica los puntos neurálgicos, busca las respuestas más oportunas, ofrece propuestas al Consejo inspectorial, planifica los pasos a dar, organiza las actividades, coordina las diversas iniciativas, lleva a la práctica las propuestas hechas, evalúa el resultado. De este trabajo de equipo debe surgir una acción orgánica, programada y coordinada (FSDB 22).

            5.2. Es preciso prestar atención a la composición de la Comisión. Ésta debe estar constituida por personas que, sea por su preparación, sea por su experiencia, puedan dar una aportación válida; y que dispongan del tiempo necesario para los encuentros, la reflexión, la colaboración en los servicios concretos. Es oportuno que forme parte de ella al menos un coadjutor salesiano.

            5.3. La situación y las opciones de la Inspectoría pueden llevar también a articulaciones de la Comisión. La animación de los diversos ámbitos puede sugerir la constitución de grupos de trabajo para la formación inicial, para la formación permanente, para la formación de salesianos y seglares, para la relación con la Familia Salesiana; es necesario, de todos modos, asegurar un planteamiento convergente, con referencia, tanto al único Delegado, como a la única Comisión inspectorial de formación.

 
6 Trabajar en red


            El Delegado inspectorial de formación colabora con múltiple sujetos; la formación es una realidad que debe contar con numerosas aportaciones y sinergias; debe llegar a ser una figura de red.

            6.1. El Delegado mantiene contactos frecuentes con el Delegado de Pastoral Juvenil y con su equipo, con el fin de promover en la Inspectoría una mutua colaboración entre pastoral juvenil y formación. Conociendo el Proyecto educativo-pastoral inspectorial, toma conciencia de las líneas a seguir en la formación educativo-pastoral de los hermanos y solicita la aportación del Delegado de Pastoral Juvenil en el proceso formativo. En diálogo con el Delegado de Pastoral Juvenil elabora un itinerario de actividades educativo-pastorales para cada fase de la formación inicial, las organiza y las evalúa. Conjuntamente se confrontan acerca de la animación vocacional, el aspirantado o “comunidad propuesta”, el prenoviciado, la vocación del salesiano coadjutor; colaboran también para individuar las líneas de formación conjunta de salesianos y seglares. Una forma de relación entre pastoral juvenil y formación es la participación del Delegado, o de un miembro de la Comisión inspectorial de formación, en el equipo de pastoral juvenil.

            6.2. El Delegado ofrece estudios, sugerencias y propuestas al Inspector y Consejo Inspectorial. Conviene que él sea miembro del Consejo Inspectorial (FSDB 247); así puede tener al día al Consejo sobre las cuestiones que se refieren a la formación y puede mantener en él una viva preocupación formativa. Cuando, como sucede en muchas Inspectorías, el Delegado para la formación es el Vicario inspectorial, esto da mayor autoridad a su figura delante de los hermanos, hace visible la importancia de la formación, facilita sus intervenciones en la realidad formativa, crea la relación con el Consejo Inspectorial y favorece la cercanía con todas las comunidades.

            6.3. El Delegado mantiene la relación con los otros Delegados de formación. Siendo múltiples las exigencias formativas, no es posible que una Inspectoría lo haga todo ella sola; por eso, se ha hecho necesaria la colaboración interinspectorial, que el Delegado puede favorecer.

            La relación entre los Delegados de formación ayuda a las Inspectorías a reflexionar juntas, a promover el intercambio de experiencias, a elaborar líneas comunes, a reforzar la colaboración, a valorizar la aportación de los centros de estudios y de formación permanente. En particular, es necesaria la relación del Delegado con el Coordinador regional y con la Comisión regional de formación; la “Ratio” recomienda el contacto con los Delegados de otras Inspectorías y con el responsable de la coordinación a nivel interinspectorial (FSDB 549).

            Además de la constitución y reforzamiento de las comunidades formadoras interinspectoriales, que es la forma de colaboración más urgente, hay numeros modos para unir las fuerzas al servicio de la formación: se pasa de la coordinación ocasional, a los equipos interinspectoriales, a los centros nacionales o regionales; de encuentros esporádicos, a iniciativas periódicas, a programaciones orgánicas; del compartir experiencias, a la reflexión hecha conjuntamente, a la preparación de materiales comunes; de  la formación de los formadores, a la formación por grupos de hermanos, directores, presbíteros y coadjutores del “quinquenio”, hermanos que se preparan a la profesión perpetua, salesianos coadjutores.

            6.4. El Delegado mantiene, finalmente, contacto con el Consejero General para la Formación. En efecto, ayuda al Consejero a estar informado de la situación formativa de las Inspectorías: sus desafíos emergentes, las expeiencias hechas, las orientaciones tomadas; así él puede valorar los problemas y las necesidades formativas de la Congregación; recibe, además, un estímulo para reflexionar sobre ellos y encontrar el modo de afrontarlos. El Consejero, además, junto con el Dicasterio, está siempre disponible para apoyar el trabajo formativo que el Delegado desarrolla en la Inspectoría y para ofrecerle su ayuda.

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            La “Ratio” presenta con claridad la diversidad de los deberes del Inspector y del Delegado inspectorial de formación (FSDB 246-247); no son deberes que se sobreponen o se excluyen. El Inspector debe asumir la responsabilidad primaria de la formación; y el Delegado, precisamente porque es Delegado, actúa en todo en nombre del Inspector y de acuerdo con él. Esto refuerza la exigencia de que las Inspectorías reflexionen sobre esta figura, la valoricen y la hagan crecer, en vistas de una animación de calidad y de una formación eficaz. Numerosas Inspectorías se encuentran ya en esta perspectiva; el Delegado y la Comisión inspectorial de formación constituyen un recurso para su crecimiento.