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Fragilidad en la vocacion

FORMACIÓN - CARTAS

 

 

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DIRECCIÓN GENERAL OBRAS DON BOSCO
Via della Pisana 1111 – 00163 ROMA

El Consejero General para la Formación

 

Roma, Santa Pascua 2004

A los Reverendos
Coordinadores regionales de formación
Delegados inspectoriales de formación
En sus sedes

Queridísimos Coordinadores y Delegados:

                                                        Con ocasión de la Santa Pascua deseo hacerme presente a todos vosotros con el deseo del Señor Resucitado: “Paz a vosotros”. La paz es don de Dios y es fruto de comunión. La paz es tarea confiada a nuestra responsabilidad; tratemos de ser agentes de paz en toda situación. Este augurio quiere ser también un sencillo acto de agradecimiento a vosotros por lo que estáis haciendo en favor de la formación.

La formación es una realidad humilde y oculta y así debe ser; tiene necesidad de tiempos largos, trabaja en la profundidad de las conciencias, no se ve externamente. La formación no se nota y no se hace notar; de ella se ven los efectos en una vida espiritual intensa, en una entrega apostólica generosa y audaz, en una actitud de interrelacion gozosa; la notamos, en cambio, cuando falta la formación. La formación vive la lógica pascual de la kénosis y de la plenitud de vida.

Habéis visto en el último número de ACG 385 las orientaciones sobre la fragilidad vocacional. Las confío, ante todo, a vosotros y a las Comisiones de formación. Ahí se afrontan las realidades de la fragilidad, de los abandonos y de la perseverancia. Se trata de crear en las Inspectorías una cultura nueva; aprendamos a preocuparnos de ello, a acompañar, a no perder a ninguno de los que Dios ha llamado a la vida salesiana. Es éste un proceso pascual de pasión y resurrección.

De todo esto podrán nacer modos diversos frente a la realidad de la vocación, a las realidades formativas, a nuestros estilos de vida. Corresponde a vuestra fantasía encontrar los caminos para afrontar estas situaciones; os toca a vosotros buscar las formas que mejor respondan a vuestro contexto. Entonces veremos surgir en la vida de nuestras Inspectorías el fruto pascual que  esperamos de este arduo proceso, que es precisamente la vida nueva: la vida del Espíritu y en el Espíritu.

Os doy gracias de nuevo y os repito los santos deseos de una Buena Pascua.

Don Francesco Cereda