Consejo Recursos

Proyecto Personal de Vida - F. I.

FORMACIÓN - DOCUMENTOS

 

EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

El Consejero General para la Formación

A los Reverendos Directores y Miembros
de las Comunidades formadoras
A los Reverendos Inspectores y Delegados inspectoriales de formación


Formación inicial


EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

Un camino de identificación con la vocación salesiana


Según una de las orientaciones operativas de la nueva Ratio, “todo salesiano asume la responsabilidad de la propia formación y se obliga a un esfuerzo constante de conversión y de renovación. Elabora el propio proyecto personal de vida, a partir de su experiencia y del proyecto vocacional de los Salesianos de Don Bosco y lo verifica en los momentos fuertes” (FSDB 277). El Capítulo General 25 ha confirmado este compromiso, pidiendo que “el hermano, como primer responsable de su propia formación, dé valor al ‘Proyecto personal de vida salesiana’, poniendo una especial atención en algunos elementos:
- el examen de la propia maduración humana, espiritual y salesiana, con procesos de autoevaluación, de confrontación con la Palabra de Dios y de aceptación de la corrección fraterna;
- el conocimiento y la práctica de la espiritualidad del Sistema Preventivo, fuente de nuevas relaciones en la vida fraterna;
- la progresiva maduración de la identidad carismática salesiana;
- la presencia, activa y cordial, en los encuentros ordinarios y extraordinarios que marcan el ritmo de la vida comunitaria;
- la apertura al otro y la disponibilidad para compartir” (CG25 14).
El Dicasterio para la formación ofrece a los Inspectores, a los Delegados inspectoriales de formación y a los Directores de  las comunidades formativas estas notas, redactadas en forma de motivaciones, explicaciones y sugerencias, dirigidas a cada hermano joven en formación, en la esperanza de que puedan servir para la animación de la Inspectoría y de la formación inicial.


1. ¿Para qué hacer el proyecto personal de vida?
     El Evangelio es el proyecto de vida del cristiano; para nosotros, Salesianos, el Evangelio se expresa en las Constituciones, que son precisamente el “proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco”. Hacer el proyecto personal significa colocarse en un proceso de acogida del proyecto que Dios tiene sobre ti. De este modo, el proyecto de Dios se convierte en tu proyecto. Hacer el proyecto no es principalmente buscar tu realización, sino acoger tu vocación, concretar el don de ti, asumir responsabilidades para tus opciones. Tal vez te has hecho la pregunta: “¿Para qué la ‘Ratio’ y el CG25 me piden hacer el proyecto de vida?”. Te propongo algunas motivaciones: tú podrás buscar otras, más próximas a tu experiencia. Antes de comenzar a hacer el proyecto, es necesario estar motivados.
- La vida está siempre en construcción y Dios tiene el plano de ella. Él dice: “Antes de formarte en el seno materno, ya te conocía” (Jer 1,5). Dios tiene un designio para tu vida, que tú estás tratando de descubrir y hacerlo tuyo: Dios te llama a ser un salesiano, sacerdote o coadjutor. Para poder acoger el don de la llamada, Él te da la gracia de este período de formación inicial. Sea cual sea la fase que estás viviendo –prenoviciado, noviciado, postnoviciado, formación específica- se trata siempre de un tiempo de identificación con la vocación salesiana. Para ti, la formación inicial “es ya tiempo de ...santidad” (FSDB 308). Tu deber es discernir cómo quiere Dios que vivas la fase de formación en que te encuentras y cómo puedes tú hacer de ella tu camino de santidad. El proyecto te ayuda a hacer esto: tú buscas el camino que Dios ha trazado para ti; tú descubres lo que Dios quiere de ti; tú proyectas tu vida para tu propio futuro como tú piensas que Dios la querría.
- Este cuadro de tu futuro, que descubres como fruto de un discernimiento, crea la dirección para tu vida. ¡Trata de recomponer las mil piezas de un puzzle, sin tener previamente el cuadro del “producto final”! Cuando sabes adónde estás llamado a llegar, es más fácil hacer converger todos los elementos de tu existencia cotidiana –aspiraciones, energías, valores- hacia la consecución de la meta (FSDB 69). En Don Bosco los dones de naturaleza y de gracia “se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio de los jóvenes” (Const. 21). ¡No permitas que tu vida esté fragmentada, o se disperse, o se deje arrastrar por la corriente! La santidad hay que proyectarla.

- Conjuntando todo hacia una meta, tu vida se hace más unificada. Te haces capaz de enlazar el pasado, el presente y el futuro en una unidad de significado según tu opción fundamental. Así, mientras vas avanzando en edad y pasas de una fase de formación a otra, haces experiencias que tienen que estar integradas en una nueva síntesis vital. Por ejemplo, pasar del postnoviciado al tirocinio es una nueva experiencia que exige una reflexión y un nuevo planteamiento de tu vida, en continuidad con la fase precedente: tú debes encontrar el modo con el que, desempeñando tus nuevos deberes, puedes seguir creciendo en la vocación, en la vida de comunión, en la interioridad apostólica, en la santidad. El proyecto personal es precisamente este instrumento de unificación.
- Mientras vas estos dando pasos para unificar tu vida, puedes evaluar algunos aspectos de cómo vives. Comienzas a conocerte con mayor lucidez en tus valores y en tus límites; te das cuenta de lo que debes cambiar, si quieres alcanzar la visión de tu vida en obediencia a la llamada de Dios. Te vas haciendo cada vez más convencido de la necesidad y hasta de la belleza del nuevo planteamiento que quieres dar a tu existencia. Te sientes impulsado a hacer esfuerzos para convertirte, para trabajar sobre ti mismo, para tomar decisiones difíciles, precisamente para asegurar la realización de la identidad que te atrae y te promete gozo y satisfacción. Así el proyecto se convierte para ti en un medio de conversión y de renovación (FSDB 277) y te lleva a una mayor autenticidad y fidelidad en la vocación.
- De este modo tú tomas en tu mano tu vida y asumes responsabilidades para tu vocación y para tu crecimiento hacia la santidad. Tú sabes que existe el peligro de recorrer todas las fases de la formación inicial sin haber asumido nunca responsabilidades para el propio crecimiento. Tú puedes vivir la vocación, cumpliendo normas, aceptando los deberes que se te encarguen, dejándote conducir por los formadores y por los acontecimientos, siguiendo al grupo y los valores ajenos. Es como si tuvieses todos los materiales para construir tu casa, pero, al carecer de un plano, los dejas amontonar en desorden unos sobre otros. En cambio, mediante el proyecto personal, guiado por el Espíritu de Dios y de Su gracia, tú te haces “protagonista necesario e insustituible” (FSDB 216) de tu formación, ejercitando tu libertad, definiendo tus metas, construyendo tu identidad de salesiano consagrado apóstol, sacerdote o coadjutor, llegando a ser lo aquello para lo que Dios te llama.
Por tanto, como habrás notado, el proyecto no es una simple declaración de intenciones o de deseos, ni un plan de especialización que tú haces para ti mismo y con el que tratas de dialogar con tu Inspector. El proyecto personal de vida es la descripción de la meta que tú quieres alcanzar y de los pasos que quieres dar para llegar a ella, siempre mirando al crecimiento en la vocación de salesiano consagrado apóstol. Dicho crecimiento tiende a las finalidades de la fase en que te encuentras y comprende los aspectos de la formación humana, espiritual, intelectual y educativo-pastoral típicos de esa fase. La “Ratio”, que es preciso tener en las manos para hacer el proyecto, te ayuda a tener presente la especificidad de la experiencia formativa que estás viviendo. Caminando por este camino, caminas hacia la santidad, que es “el amor perfecto a Dios y a los hombres”: por medio de tu profesión religiosa has entrado en el “camino de santificación” (Const. 25).


2. Ejemplos de nuestra tradición espiritual

El tema del proyecto personal de vida es bastante nuevo en la Iglesia y en la Congregación; pero tal vez se puede descubrir alguna alusión a él en nuestra tradición salesiana y más específicamente en la metodología de nuestra vida espiritual. Recordemos algunos ejemplos.
Don Bosco dice en las “Memorias del Oratorio” que cuado vistió por primera vez el hábito clerical, fue ante una imagen de la Sma. Virgen, leyó algunos propósitos que había hecho y, después de orar, prometió formalmente a la Virgen guardarlos aún a costa de cualquier sacrificio. Entre sus propósitos se marcó el amor por la templanza, la lucha con todas sus fuerzas contra todo lo que fuera contrario a la virtud de la castidad y la práctica diaria de la meditación y de la lectura espiritual (MO 61, CCS, J. Prellezo, Madrid). Después, al terminar los ejercicios espirituales que hizo en preparación para la Ordenación presbiteral, Don Bosco escribió algunas reflexiones, dejando traslucir su visión de sacerdote e indicando sus propósitos respecto de su sacerdocio. Dijo: “El sacerdote no va solo al cielo, ni va solo al infierno. Si obra  bien, irá al cielo con las almas que salve con su buen ejemplo. Si obra mal y da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su escándalo. Por lo tato, me empeñaré en guardar los siguientes propósitos”. Luego escribió nueve propósitos que hizo: por ejemplo, ocupar rigurosamente el tiempo; padecer, trabajar, humillarse en todo y siempre, cuando se trate de salvar almas; dejarse guiar en todo por la caridad y la dulzura de San Francisco de Sales; destinar algún tiempo cada día a la meditación y a la lectura espiritual y durante el día hacer una breve visita al Smo Sacramento (MB I, 518-519; MBe I, 411-412) .
           

También el Siervo de Dios Don José Quadrio. Al comienzo de su segundo año de tirocinio como asistente y profesor de filosofía en el postnoviciado de Foglizzo, se trazó para sí mismo un detallado programa de vida. He aquí los tres primeros propósitos:
1. “Seré para con cada uno de mis hermanos un verdadero hermano. Cordial, afable, sonriente, acogedor. Buscaré a los que no se me acercan; animaré a los tímidos; consolaré a los abatidos; me adelantaré siempre a saludar a quien se me acerque; no dejaré pasar algún tiempo notable sin entretenerme con todos...;
2. Todos los días: levantarme, meditación, Comunión, Misa, oraciones, visita, todo en comunión con mis clérigos; me ofreceré como víctima por ellos; hablaré a Jesús de cada uno de ellos; diré antes a Jesús lo que luego diré a alguno de ellos. Cada día, una visita especial por mis clérigos...;
3. Estaré atento, seré discreto y diligente en la asistencia; siempre con ellos; observaré con naturalidad, corregiré con amabilidad fraterna y espontánea”.

           
Y el salesiano coadjutor Señor Artémides Zatti, al final de una tanda de Ejercicios Espirituales, tomaba para el nuevo año algunos propósitos, que encontramos documentados en la “positio” de la causa de beatificación y canonización: “Hacer bien las prácticas de piedad, tanto las comunitarias como las personales, especialmente la Confesión y la Comunión. Conformar lo más posible mi voluntad a la de Dios. No desanimarme cuando hay alguna dificultad o cuando las cosas no van como yo desearía.
‘Quod aeternum non est, nihil est’.
Amar a los superiores, reconociendo en ellos a Dios; amar a los hermanos, procurando evitar toda crítica”.
           
En las Memorias Biográficas puedes encontrar el programa de vida que el clérigo José Giulitto formuló para sí cuando hizo su profesión perpetua el 18 de septiembre de 1874: “El edificio de mi santificación deberá ser: como cimientos, la virtud de la Humildad; como muros, la virtud de la Obediencia; como tejado, la virtud de la Oración” (MB X, 1286; MBe X, 1181).
           
La terminología del proyecto personal de vida podrá parecerte nueva; te puede parecer nuevo también el modo de hacer el proyecto; pero en estos cuatro ejemplos puedes descubrir la asunción de responsabilidades para el crecimiento vocacional por parte del seminarista Juan Bosco, del tirocinante José Quadrio, del salesiano coadjutor Artémides Zatti y del clérigo José Giulitto. Tenemos necesidad de retomar la metodología de la vida espiritual, profundizándola y actualizándola, para que podamos garantizar un “alto grado” de nuestra vida salesiana ordinaria. La vida espiritual no se edifica sin un método; el proyecto de vida es un medio para el camino de crecimiento y de santificación.


3. ¿Cómo formular el proyecto personal de vida?
           
Vamos ya a indicar el modo de formular tu proyecto personal de vida. Te propongo un recorrido en tres pasos.
- Puesto que el proyecto personal de vida es un proceso de discernimiento, es obvio que tienes necesidad de un tiempo de silencio y recogimiento para hacerlo, por ejemplo durante el retiro de comienzo del año o durante los ejercicios espirituales. En un momento de oración te pones delante de Dios y Le dices con las palabras de Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo  escucha”. Le preguntas qué quiere de ti “aquí y ahora”.
En el primer paso se trata de identificar la llamada de Dios. Por medio de las Constituciones, que delinean la identidad del salesiano consagrado, tú conoces ya lo que Dios quiere de ti; además, la “Ratio” te ayuda a descubrir la finalidad, la experiencia formativa y las condiciones de la fase que estás viviendo; tú encuentras una referencia también en el proyecto inspectorial de formación, que describe la actuación de dicha identidad en el contexto de tu Inspectoría; finalmente, el proyecto comunitario te ofrece un cuadro más preciso de lo que Dios espera de ti y de los demás formandos con quienes vives.
Dios habla a tu corazón mediante el Espíritu. Si te mantienes disponible a su voz, te darás cuenta de los ámbitos de tu vida en que sientes mayor necesidad de crecer. Te sugiero que des una mirada a las cuatro dimensiones de la formación y que encuentres las metas que Dios te pide para el año que comienza. Dios se sirve también de personas, como el guía espiritual, el confesor o un amigo, los cuales te pueden ayudar a escuchar Su voz y a discernir tu situación. Abre tu corazón al guía espiritual: habla de tus relaciones, de tus temores, de tus descubrimientos; confronta con él tu proyecto de vida, reza mientras lo estás formulando y después cuando se trate de evaluarlo.
Tú ahora estás pensando, no en las cosas que tienes que hacer, sino en las metas que Dios te inspira y que querrías alcanzar, que te prometen un sentido de alegría y representan un paso adelante en el camino de tu crecimiento vocacional. Tú estás formulando para ti mismo la visión de lo que Dios te llama a ser. Es importante que esta visión del futuro no sea descrita como algo intelectual o frío, sino como algo que te apasiona, atrae y estimula, que responde a tus deseos y a tus expectativas, que indica las posibilidades que pueden resultar de tu esfuerzo. Cuanto más te atraiga y te entusiasme la meta, más decidido te sentirás en los pasos que has de dar para conseguirla. 
- Habiendo ya identificado para qué te llama Dios, llega ahora el momento de considerar el punto en que te encuentras, es decir, tu situación actual en relación con la llamada de Dios: tus recursos y tus debilidades, tus capacidades y tus posibilidades, tus limitaciones y tus condicionamientos negativos. Por ejemplo, ésta podría ser mi situación: “Habitualmente soy fiel a mis deberes, me empeño en los estudios, trato de tener buenas relaciones con todos. Pero me doy cuenta de que en las reuniones comunitarias, mientras sigo todo con interés, no comparto con los demás mis ideas y mis experiencias, por miedo a lo que podrán pensar o decir de mÍ”.

Generalmente, hay la tendencia a comenzar hablando de las debilidades o de los puntos negativos; por el contrario, parece mejor estrategia considerar antes los “éxitos” en relación con el futuro que se desea. Luego se pasa a identificar las dificultades, las debilidades, los aspectos que tienen necesidad de ser mejorados en función de las metas que hay que ir logrando. Este modo de proceder crea un clima positivo para todo el proceso y sirve como estímulo, pues se ven aspectos ya realizados o realizables, aunque luego convenga mirar el camino que todavía falta por recorrer.

                        Tú podrías expresar mejor tu situación en forma de oración, inspirándote en la triple confesión de la alabanza, del pecado y de la fe (ACG 379, 34-38). La confesión de la alabanza te hace reconocer como don de Dios lo que encuentras de positivo ahora en tu vida; la confesión del pecado te hace consciente de los retrasos, lentitudes, resistencias y culpas en tu camino; la confesión de la fe te ayuda a encontrar confianza en Dios y en su Espíritu para continuar en tu crecimiento.

                        En este contexto es útil recordar que no es de gran ayuda hacer una lista interminable de todos los puntos positivos o negativos, en sus detalles. Una buena elaboración del proyecto presupone la capacidad de individuar los dos o tres puntos que son decisivos y que prácticamente determinan todo lo demás; se trata de captar los aspectos principales que requieren atención. Convéncete de que el éxito de tu proyecto no está tanto en la aplicación de las técnicas, como en la prontitud para afrontarte a ti mismo con autenticidad y profundidad y abrirte con confianza y paciencia al Espíritu.

                        Finalmente, has llegado al tercer paso, en el que tratas de asumir el mensaje que te viene de Dios en respuesta a tu petición: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. A la luz del conocimiento de ti  mismo, logrado con el segundo paso, tú escoges las líneas de acción que te propones realizar en el curso del año para llegar a las metas que te has propuesto en el primer paso. Buscas adónde debes ir y qué te sugiere el Espíritu. Es deseable que tus líneas de acción sean realistas y realizables dentro del año; que sean pocas y esenciales; que se refieran a los aspectos importantes de la experiencia formativa que estás haciendo. Según la “Ratio” es importante escoger compromisos que se refieran a las cuatro dimensiones formativas.

                        También es de gran ayuda que el plan de acción marque pasos graduales, que deben concretarse mes por mes, semana por semana. Dando estos pasos uno después de otro, te vas creando una cierta confianza en ti mismo y te vas haciendo más decidido y optimista, viendo el progreso que estás haciendo. Si quieres, estos pasos pueden tener en cuenta motivaciones, actitudes y comportamientos; éstos pueden concretarse en objetivos, procesos e intervenciones. Y aún en lo concreto de las determinaciones, también este paso puede expresarse en forma de oración.

4. Punto de referencia para el camino personal

                        Ahora que has formulado tu proyecto personal, debes estar seguro de que no se quedará en el papel, sino hacer que se convierta en un medio eficaz para tu crecimiento. Para lograrlo, no necesitas medidas extraordinarias, sino los medios que la metodología de la vida espiritual y nuestra tradición salesiana han recomendado siempre. No se crece si no hay un método serio de caminar; el proyecto de vida es un nuevo recurso para la vida espiritual que valoriza elementos tradicionales, dándoles una nueva función y organicidad.

- Ante todo, es necesario hacer la evaluación del camino que estás haciendo. Tu proyecto ya debería haber fijado los tiempos o las fechas concretas para este ejercicio. Debes dedicar tiempo suficiente para la evaluación, como por ejemplo, durante los retiros o los ejercicios espirituales. La evaluación tiene la finalidad de ver hasta dónde has sido fiel a todo lo que te propusiste en el proyecto: si has llevado a cabo las actividades que escogiste y cómo las has hecho. Si no las has hecho, es preciso descubrir el porqué. Es preciso también verificar si se han alcanzado las metas prefijadas y en qué medida. En el caso de un resultado escaso, el análisis de las causas podría mostrar que tal vez no has sido constante en los compromisos asumidos y no te has esforzado después del entusiasmo inicial; o, tal vez, no has analizado bien los problemas y te has quedado en la superficie; o no has prestado atención a los diversos aspectos del problema; o, tal vez, tus líneas de acción eran demasiado genéricas. Sea lo que fuere, mediante la evaluación te das cuenta si vas por el camino justo y puedes retomar los elementos útiles para hacer las correcciones necesarias en tu proyecto. La evaluación del proyecto requiere, por eso, un modo diverso de hacer los retiros mensuales y trimestrales, de modo que tengamos mayor espacio para la oración y la reflexión personal.

- Habiendo formulado el proyecto con tu guía espiritual –como sugería antes- el acompañamiento  llega a ser un medio importante para avanzar en el camino; por eso, tú compartes el proyecto, te confrontas y haces la evaluación con el guía. En efecto, la “Ratio” dice que el formando “periódicamente revisa –en diálogo con su Director- el progreso en el logro de sus objetivos” (FSDB 216). Tú hablas de las dificultades que experimentas y pides consejo. Su mayor aportación será ayudarte a ver mejor las realidades ante Dios y a ahondar tus motivaciones; al mismo tiempo te dará confianza y aliento en el camino. En esta acción de los dos verás mejor tu vocación: con el discernimiento te encontrarás cada vez más confirmado en ella o afrontarás los interrogantes que pudieran surgir.

- También te servirá de ayuda una metodología que has usado siempre, desde los primeros momentos de la formación inicial, es decir, la práctica pedagógica de meditar escribiendo, de tomar notas, de fijar por escrito tus experiencias y las reflexiones que el Espíritu te sugiere. Al texto que has escrito podrás referirte en todo momento, para una confrontación y una integración. Escribir es un medio para no quedarte en la superficie, para facilitar la reflexión y la oración, para llegar a las profundidades de tu vida. Usa este medio también en otras ocasiones y no sólo en la formulación del proyecto.

                        - Es obvio que deberías ejercitar la vigilancia sobre tus pasos cotidianos. Sin una conciencia vigilante, es decir, si no se está atento y vigilante, no se hace camino; se sufre, en cambio, pereza, debilidad, superficialidad. Entre los medios comunes, el examen de conciencia cotidiano no es un momento formal y expeditivo, sino sustancial y profundo. También la meditación diaria, es una oportunidad para “tomar alguna buena resolución y buscar el modo de ponerla en práctica”, reforzando aquello sobre lo que estás trabajando. Pero, sobre todo, la celebración frecuente del sacramento de la Penitencia es un momento de gracia que, juntamente con la evaluación de tu vida y con el arrepentimiento que suscita en ti, con el perdón de Dios que te reconcilia consigo, te ofrece la gracia sacramental de la curación y de reanudar el trabajo.

                        - Finalmente, es preciso reflexionar sobre cómo armonizar tu proyecto personal con el comunitario (cf. CG25 74). Hay, en efecto, una relación de interdependencia entre los dos: se refuerzan y se ayudan recíprocamente. Por una parte, cuando tú formulas tu proyecto personal, tú tienes en cuenta los compromisos del proyecto comunitario, porque éste es un discernimiento hecho por ti y por toda la comunidad formadora acerca de los designios de Dios sobre tu comunidad; por tanto, contiene indicaciones de la voluntad de Dios también respecto de ti. Por otra parte, el proyecto comunitario se enriquece cuando cada uno de los miembros de la comunidad, habiendo elaborado su proyecto personal, ha madurado lo que quiere proponer. Aun respetando el derecho a la intimidad personal, tú puedes compartir con los otros hermanos los aspectos de tu proyecto personal que piensas que puedes comunicar; de este modo se mejora el conocimiento recíproco de la comunidad, se crean lazos más fuertes de pertenencia y tú ayudas a la comunidad a alcanzar un nivel más profundo en su proyecto.

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                        Concluyendo
, con el proyecto personal de vida tienes en tus manos un instrumento que te ayuda a crecer identificándote progresivamente con la vocación salesiana. Te invito a apreciarlo y a acogerlo con alegría. El camino que el proyecto te propone no es fruto de un esfuerzo voluntarioso, sino el resultado de tu libre decisión y de la intervención constante de la gracia de Dios, que te ha llamado para esta vida. ¡Acoge la invitación a vivir el proyecto como una oportunidad para caminar en la santidad!

Don Francesco Cereda

Roma, 5 de julio de 2003


Le Projet personnel de vie

Esquema de su elaboración
LA LLAMADA DE DIOS
¿Qué quiere Dios de mí en las circunstancias en que me encuentro?

1.      Encuentra un tiempo de silencio y recogimiento, por ejemplo, durante un retiro mensual o en los ejercicios espirituales, y abre tu corazón al Señor pidiéndole luz y valor.

2.      Pregúntate ante el Señor qué quiere Él de ti. Por el contexto en que vives, ¿cuál es el perfil de salesiano sacerdote o salesiano coadjutor que te sientes llamado a ser? Se supone que en esta proyección de tu futuro está explícitamente presente el camino de santidad.

3.      Para identificarte con el perfil que has descubierto, debes pasar por diversas fases formativas y debes comprometerte en tu formación humana, espiritual, intelectual y educativo-pastoral. Con respecto a las cuatro dimensiones formativas, ¿en que te sientes particularmente interpelado por el Señor este año y en esta fase? Descubre las dos o tres cosas importantes para cada una de las cuatro dimensiones, que tú crees que el Señor espera de ti este año. Éstas son tus metas.

4.      ¿En qué relación están tus metas con la imagen del salesiano sacerdote o del salesiano coadjutor que tienes ante ti? Por ejemplo, ¿de qué modo tus metas como novicio, o como postnovicio..., te acercan al perfil que tú has descubierto?

TU SITUACIÓN ACTUAL
¿Dónde te encuentras respecto de la llamada de Dios?

1.      Tomando tus metas en relación con cada una de las dimensiones, identifica los puntos significativos de “éxito”, o de los elementos desfavorables presentes en tu vida.

2.      De modo semejante, en cada una de lasdimensiones identifica los puntos significativos que tienen necesidad de ser reforzados o cambiados en tu vida.

3.      Para cada dimensión formativa, se puede usar mejor la confesión de la alabanza, del pecado y de la fe. Es un modo de describir tu situación en clima de oración.

TUS LÍNEAS DE ACCIÓN
¿Qué pasos quieres dar? ¿En qué dirección, por qué caminos, con qué intervenciones?

1.      A la luz de lo que ha surgido en los pasos precedentes, escoge las líneas de acción más convenientes para alcanzar tus metas, con qué objetivos, procesos y acciones. También aquí las líneas de acción se han de referir a las cuatro dimensiones formativas.

2.      Determina cuándo y cómo piensas evaluar el progreso, o lo contrario, en la realización de estas líneas de acción y en la consecución de tus metas.