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Proyecto de la Comunidad Salesiana

FORMACIÓN - DOCUMENTOS



EL PROYECTO DE LA COMUNIDAD SALESIANA

El Consejero General para la Formación

 

A los Reverendos Inspectores
y a los Consejos inspectoriales

A los Delegados inspectoriales de formación
y a la Comisión inspectorial de formación

 

EL PROYECTO DE LA COMUNIDAD SALESIANA

Proceso de discernimiento y de participación

Al afrontar el tema de la comunidad salesiana, el CG25 ha visto en el proyecto de vida comunitaria un medio eficaz para reforzar la capacidad de “vivir y trabajar juntos”, para superar la progresiva dispersión del trabajo individual y para evitar el peligro de la fragmentación pastoral. Por este motivo, el Capítulo ha pedido a todas las comunidades “obrar según un proyecto comunitario” (CG25  72). La formulación del proyecto de la comunidad salesiana podría ser un punto de partida interesante para la aplicación del CG25.
Con el fin de facilitar las iniciativas de las Inspectorías en la realización de este camino, ofrezco algunas indicaciones que puedan servir como clarificación, estímulo y propuesta. Tales páginas van dirigidas, sobre todo, a los Inspectores con sus Consejos y a los Delegados inspectoriales de formación con las respectivas Comisiones; de hecho, ellos están llamados a sugerir modalidades y materiales para el proyecto comunitario y a hacer la evaluación de los proyectos de cada comunidad (CG 25  16, 74). Estas reflexiones pueden también ser utilizadas para la animación de las comunidades mismas.
                        Lo que se dice en estas notas se refiere a las comunidades que desarrollan la misión educativa pastoral de la Congregación. Pero, al menos en las líneas generales, se aplica también a las comunidades formadoras; también ellas deben elaborar el proyecto comunitario, concentrándose en la formación de sus miembros y basándose en las indicaciones de la Ratio (FSDB  222, 577). Una propuesta específica para el proyecto de las comunidades formadoras podrá ser ofrecida sucesivamente.

 

1. Motivaciones del proyecto comunitario

En las actuales circunstancias la elaboración de un proyecto ocupa un lugar importante en la existencia de cualquier persona o grupo o institución. Para un joven, por ejemplo, tener el proyecto de su propio futuro significa dar una dirección a la vida, hacerse responsable de ello, orientar todas las energías hacia el logro de un objetivo, estar dispuesto a hacer los sacrificios que se requieran. Él tiene un sueño y está dispuesto a hacer todo lo posible para realizarlo. Hay entusiasmo y determinación; su vida tiene un sentido y él la quiere vivir plenamente. Al contrario, no tener un proyecto es ser como una barca en el mar que no sabe en qué dirección ir; se deja arrastrar por la corriente con pérdida de tiempo, de energías y de la vida misma.
De modo semejante, la elaboración del proyecto que una comunidad hace de su vida y de su trabajo resulta necesaria. Hoy nos encontramos, efectivamente, en una situación nueva, que cambia rápidamente. Nuestras comunidades se encuentran dispersas por el ritmo y los frentes de trabajo; viven y actúan en contextos diversos; por eso, están llamadas a convertirse en sujetos conscientes y responsables. En tal situación el proyecto presenta ventajas notables.

- Con el proyecto la comunidad construye, ante todo, el propio sentido de identidad. Se pregunta acerca del designio que Dios tiene sobre ella. Se pregunta qué quiere Dios que sea la comunidad en este lugar; qué misión le ha asignado entre los jóvenes y los seglares en estas circunstancias; qué quiere ser en fidelidad a Dios que la ha llamado aquí (CG25  73). No hay duda de que, en los documentos de la Iglesia y de la Congregación, encontramos indicaciones sobre cómo debe vivir y proyectarse una comunidad; pero todo esto está expresado en términos generales. Aquí, en cambio, se trata de un grupo particular de hermanos, en una situación concreta, que se pregunta acerca del sentido de la propia presencia y que trata de discernir la voluntad de Dios. El proyecto comunitario se convierte así en un modo eficaz para descubrir como comunidad la voluntad de Dios y para practicar la obediencia (CG25  23, 28, 34).

- De la conciencia de la propia identidad, la comunidad adquiere un sentido de dirección en el camino; descubre el camino que debe tomar para ser la comunidad que se siente llamada a ser. Este sentido de dirección se extiende a toda la vida de la comunidad: la oración, la acción educativa pastoral, las relaciones, los encuentros, la formación permanente, las realidades ordinarias de cada día y las iniciativas particulares. Como las limaduras de hierro en una caja todas apuntan en una dirección cuando pasa sobre ellas un imán, así todo en la comunidad queda dirigido hacia objetivos concretos. Hay una comunión de puntos de vista, de criterios, de líneas de acción (CG25  46).

- Naturalmente, esto lleva a la unidad de la acción y, sobre todo, al sentido de comunión entre las personas; se crea una convergencia entre los miembros de la comunidad. Habiendo tomado parte cada uno en la elaboración del proyecto comunitario y ofrecido su propia aportación, se logra una mayor comprensión hacia cada uno y un mayor acuerdo con todos. La comunidad queda unida en el querer caminar juntos hacia la meta común, siguiendo el camino trazado conjuntamente y querido por todos, sin la mínima imposición por parte de nadie (CG25  61). El proyecto comunitario se convierte en otro modo para la construcción de la comunidad y el mejor antídoto contra el individualismo.

- De todo esto, finalmente, surge, por parte de todos los miembros de la comunidad, un mayor compromiso. Habiendo sido implicados en el proceso, los hermanos sienten una cierta propiedad sobre el proyecto y un sentido de responsabilidad para convertirlo en realidad (CG25  74). Cada uno se entrega al trabajo con entusiasmo para hacer lo que propone el proyecto, utilizando los propios talentos, sus energías y sus recursos. Suscitar en la comunidad la conciencia de los deberes que le atañen y la responsabilidad de la actuación es garantía de eficacia operativa.

Como veis, el proyecto comunitario pone en marcha un proceso de discernimiento de la llamada de  Dios que hay que vivir en una situación específica; es un instrumento eficaz para crear una visión compartida, para construir comunidad, para hacer crecer las relaciones; es un medio para el trabajo de conjunto entre todos sus miembros; es una ayuda para cada hermano para sentirse valorizado y para realizar la propia vocación dentro del ámbito de la comunidad. El proyecto es el “producto de un proceso”; es, por eso, útil cuidar todo el proceso y no sólo el resultado. El proyecto es “un instrumento y no un fin”; es oportuno, pues, motivar a los hermanos acerca de las finalidades que se intentan conseguir con este medio.

 

2. Condiciones para el inicio de la elaboración del proyecto comunitario

            El inicio de la elaboración del proyecto comunitario requiere algunas condiciones previas, que pueden garantizar la bondad del proceso y la eficacia del producto.

            - Ante todo, es necesario cultivar algunas actitudes y vigilar sobre algunos peligros, evitando los engaños o los halagos de todo proyecto. La comunidad no es la protagonista exclusiva del proyecto; ésta reconoce y acoge “la excelencia” del proyecto que Dios tiene sobre ella. La meta de la elaboración del proyecto no es la autorrealización o el éxito de la comunidad, sino su gratuita dedición a la misión y su crecimiento en la identidad vocacional. No es el perfeccionismo a lo que aspira la comunidad que proyecta, sino su propia autenticidad evangélica. La elaboración no se reduce a la refinación metodológica; se trata, en cambio, de llegar a los hermanos en profundidad, partiendo de su vivencia y de la vida diaria de la comunidad misma (CG25  73).
            Hay una “precedencia” innata en la elaboración del proyecto que exige el primado de Dios y que deja espacio a su gracia. La escucha de la Sagrada Escritura y la oración son el contexto y el horizonte del proyecto; éste se convierte entonces una verdadera aventura espiritual para la comunidad. La docilidad al Espíritu crea las condiciones para estar abiertos al Evangelio y a la vida, para no perderse frente a las incertidumbres y a los errores, para estar dispuestos a la renovación y a la conversión.

            - Luego viene una segunda atención. La experiencia nos dice que el éxito del proyecto comunitario depende en gran parte, si no del todo, de las disposiciones de los miembros de la comunidad hacia él. Si el proyecto es visto por los hermanos como una imposición del Capítulo General o del Inspector, la tendencia será la de retardarlo lo más posible o de realizarlo en el más breve tiempo. Es obvio que este tipo de proyecto no sirve.
            Por eso es importante que, antes de comenzar a proyectar, la comunidad se sienta convencida de la necesidad de obrar según un proyecto (CG25  72) y lo quiera verdaderamente; la comunidad ve en él un medio importante para su realización y su crecimiento. Si hay dudas o falta de interés por parte de algunos, es mejor tener antes un encuentro comunitario sobre el sentido del proyecto, para tratar de clarificar y resolver las dudas y, sobre todo, para crear la disponibilidad. Se debe llegar al punto en que los hermanos están abiertos, si no entusiasmados, para encaminarse por este camino. La comunidad hace el proyecto, no porque se vea forzada a hacerlo, sino porque siente su necesidad; no porque lo debe hacer, sino porque lo quiere.

            - Hay, finalmente, una tercera condición que tener en cuenta. El proyecto comunitario no es un ejercicio que parte de cero, sino que tiene dos referencias fuertes. Por una parte está nuestra Regla de Vida, que ofrece indicaciones válidas sobre la comunidad salesiana; por otra, está el texto del CG25 que se concentra en cuatro aspectos de la comunidad: la vida fraterna, el testimonio evangélico, la presencia animadora entre los jóvenes y la formación. Ningún proyecto, pues, puede descuidar estas indicaciones si quiere ser fiel a la llamada de Dios en el momento presente.
            Para ello es necesario que, incluso antes de comenzar el trabajo de la elaboración del proyecto, cada comunidad se comprometa a asumir los textos indicados. A estas referencias fundamentales se añaden otras dos: el proyecto orgánico inspectorial y el proyecto de la comunidad educativa pastoral. La comunidad salesiana forma parte de una Inspectoría y es también punto de referencia carismática en el núcleo animador de la CEP; esto “supone que el proyecto comunitario esté en línea con el Proyecto Orgánico Inspectorial y con el de toda CEP” (CG25  78, 74, 15).

 

 

3. Pasos de la elaboración del proyecto comunitario

Los pasos de la elaboración del proyecto comunitario son los mismos tres del texto del CG25 y del camino de su aceptación comunitaria; son esencialmente los pasos de un proyecto de discernimiento.
           
            - Cuando se ha creado un clima espiritual de oración, y se ha asegurado la libre voluntad de hacer el proyecto, y se han asimilado los contenidos de los textos de referencia, el primer paso de la elaboración del proyecto es la proyección de cómo querría ser la comunidad como respuesta a la llamada de Dios. Es el tiempo de soñar con realismo. Es el momento en que la comunidad, mirando al futuro, se pregunta qué quiere Dios de ella. No se trata de describir una comunidad en abstracto; es cuestión de individuar cuáles deberían ser los rasgos de esta comunidad, llamada a encarnarse “hic et nunc”.
            La comunidad escucha e interroga a la Palabra de Dios; mira las expectativas de los jóvenes, de la Iglesia local, de la zona; lee pastoralmente la propia situación; se pregunta cómo es su testimonio evangélico; considera sus relaciones fraternas; escucha los movimientos del Espíritu en cada uno de los propios miembros. E invita, de hecho, a cada hermano a compartir con la comunidad lo que él interpreta como el designio divino para ella. El hermano, reflexionando ante Dios sobre la propia vida en comunidad, comparte con los demás miembros sus puntos de vista, preocupaciones y expectativas para la comunidad; comparte también sus experiencias, tanto felices como tristes en la comunidad en vista de la realización de su proyecto personal. Gradualmente la comunidad, tomando acto de las aportaciones de cada uno, se mueve hacia una convergencia de puntos de vista sobre el rostro que Dios la llama a asumir.
            Es bueno recordar que en este primer paso se describe sólo cómo querría ser esta comunidad, no qué querría hacer. Y es importante que la visión de la comunidad, que emerge de haber sido compartida por todos, no sea algo puramente intelectual o frío, sino algo que entusiasma a todos los miembros de la comunidad. Es algo que los atrae, los estimula y es realista; responde a sus deseos y a sus expectativas; indica las posibilidades que pueden resultar de los esfuerzos conjuntos y de los sacrificios de todos.

            - Una vez que se ha llegado a una “visión compartida” del futuro, se comienza el segundo paso que es el de contemplar, en la línea de la “visión”, lo que se encuentra en la comunidad: la situación de la comunidad. Con frecuencia hay la tendencia a ir directamente a hablar de los problemas; parece, en cambio, una estrategia mejor el considerar antes los “éxitos” y los recursos de la comunidad en relación con su futuro inmediato. Este modo de proceder crea un clima positivo para todo el proceso y sirve para animar a los miembros, porque ven elementos ya realizados o realizables. Luego se pasa a identificar las dificultades, los elementos que tienen necesidad de ser mejorados en vista de los objetivos que se han señalado. No es eficaz hacer una lista interminable de todos los puntos, positivos o negativos, en sus detalles. Un buen proyecto, en cambio, presupone la capacidad de individuar aquellos dos o tres puntos que son decisivos y que prácticamente determinan todo el resto; es decir, se trata de captar los desafíos fundamentales que nos vienen de la situación.
           
            - Y así se llega al tercer paso del proceso, que se refiere a la parte operativa. A la luz de su visión del futuro y de su situación actual, la comunidad traza las líneas de acción para el próximo año. Tales líneas se articulan según las cuatro partes fundamentales del CG25: la vida fraterna, el testimonio evangélico, la presencia animadora entre los jóvenes, la formación y animación de la comunidad.
            Estas líneas se expresan en forma de objetivos que alcanzar, estrategias o procesos que activar, intervenciones para llegar a la meta (CG25  74). Los objetivos hacen concreta la visión del futuro, expresándola en forma de metas evaluables; son indicadores que nos ayudan a evaluar si y hasta qué punto hemos logrado realizar nuestra visión. Las estrategias o procesos son los principales aspectos que es preciso cuidar para alcanzar el objetivo. Y las intervenciones son las acciones que hay que realizar.
            Es deseable que las líneas de acción sean esenciales, para no dispersar a la comunidad en demasiados frentes; sean significativas, para que produzcan un notable impacto en la comunidad; sean alcanzables dentro del año, para tener en cuenta las posibilidades reales de la comunidad.
            El proyecto debe ir también acompañado de la programación anual, en la que se determinan los tiempos, las modalidades y las personas responsables. Cuanto más concretas sean las determinaciones, mayores serán la posibilidad y la eficacia.

            Hay dos puntos que cuidar atentamente durante todo el proceso; es necesario tener presentes los pasos a dar durante el proceso para lograr la convergencia y, además, es importante que el director sea consciente de su función.

            - Es importante que durante el proceso se trate de llegar a conclusiones con el consenso, o mejor con la convergencia de los miembros de la comunidad. Convergencia no quiere decir unanimidad, sino que cada uno de los miembros, aunque vea que la conclusión o la decisión no es de su completa satisfacción, sin embargo está dispuesto a prestarle su apoyo. Naturalmente, llegar a la convergencia entre un grupo de personas requiere tiempo y fatiga; pero tiene la gran ventaja de superar las diferencias de opinión, de crear una visión común de los problemas y de las soluciones y, en consecuencia, de promover la unidad. De este modo, el proyecto se convierte en el “producto” de toda la comunidad; cada uno de los hermanos se encuentra en él. Y manteniéndose abierta la comunidad durante todo el proceso a lo que Dios le pide, el proyecto resulta ser un verdadero acto de discernimiento.

            - La función del director en este proceso no consiste en decidir él solo, ni en imponer sus ideas. Él anima a los hermanos a ponerse a la escucha del Espíritu y de los demás y a considerar el problema bajo diversos puntos de vista. Invita a cada uno a participar con plena libertad y, para ello, trata de crear un clima de confianza y de respeto. Ayuda gradualmente a buscar la convergencia, superando los motivos de desacuerdo. Acompaña a la comunidad durante todo el proceso, guiándolo con gran sensibilidad y asegurando que no sea ni expeditivo ni pesado. Como es obvio, no vale copiar de los documentos o de los proyectos de otros; puede ser útil ver un modelo de proyecto para esclarecer las ideas; pero toca a la comunidad hacer su propio trabajo, que no es esencialmente la elaboración de un texto, sino un proceso de discernimiento y de participación guiado por el director.

 

4. Elaboración escrita del proyecto comunitario

            Ya he dicho antes que el proceso no es, ante todo, un texto escrito, sino la convergencia de la comunidad en las metas a lograr y en las medidas a tomar para ser lo que Dios la llama a ser. Por tanto, la comunidad no mira tanto a la producción de un documento, cuanto a la participación de todos, a la escucha recíproca, a la participación y a la convergencia; éstos son los verdaderos frutos de la elaboración del proyecto.
            Sin embargo, se necesita una elaboración escrita, que sea como la memoria de la comunidad. No es necesario que este escrito sea preparado por todos juntos; haciendo así, se harían pesadísimos los encuentros comunitarios. Es preferible, en cambio, que el director pida a uno o dos hermanos que tomen nota durante las asambleas comunitarias y que luego redacten el texto; éste se somete después a la comunidad y a la aprobación del consejo y, finalmente, se entrega a cada hermano.
            Aunque no se proponga un modelo particular para su elaboración, el texto escrito debería señalar los tres momentos del discernimiento: la llamada de Dios, la situación de la comunidad y las líneas de acción. Siguiendo las pistas que nos ha dado el CG25, es preciso tener presente la vida fraterna, con la mirada puesta en la comunión, en la comunicación y en la participación; el testimonio evangélico, con la mirada puesta en el primado de Dios y en la experiencia espiritual, en la gracia de unidad y en el seguimiento radical de Cristo; la presencia animadora entre los jóvenes, con la mirada puesta en la relación con las comunidades educativas pastorales, la Familia Salesiana, la Iglesia local y la zona; la formación, con la determinación del programa anual de formación permanente de la comunidad y de la formación juntamente con los seglares en la comunidad educativa pastoral, con la valorización de la vida cotidiana, con la atención puesta en el papel animador de la comunidad y del director.
            Los tres momentos del discernimiento podrían luego quedar expresados por medio de expectativas, llamadas, deseos, en el primer paso, que manifiesta la llamada de Dios; recursos, dificultades y, sobre todo, desafíos, en el segundo paso, que describe la situación de la comunidad; objetivos, estrategias o procesos e intervenciones, en el tercer paso, que marca las líneas de acción. Es útil recordar que, si un fruto de la elaboración del proyecto es también la elaboración escrita del proyecto de la comunidad, los aspectos aquí mencionados anteriormente se deberían tener presentes durante todo el proceso.

 

5. Punto de referencia para el camino personal y comunitario

            Después de su elaboración, el proyecto comunitario se convierte en un punto constante de referencia al que vuelve cada hermano y toda la comunidad. Al comienzo del año la comunidad formula o actualiza el proyecto (CG25  65) y lo especifica con la programación anual (CG25  74). Luego, la comunidad se pone a trabajar para llevarlo a la práctica. Periódicamente, mediante las “Buenas Noches”, la conferencia, la asamblea o cualquier otro medio, el director recuerda a la comunidad y a cada hermano los compromisos asumidos. Es importante la aportación para llegar a lo concreto, que puede venir del Consejo de la comunidad; mensualmente éste puede evaluar la correspondencia entre el “camino indicado” y el “camino recorrido”.
            Toda la comunidad evalúa y valora el camino del propio proyecto en el curso del año y hacia el final. Reducir la evaluación sólo al final del año significa correr el peligro de no tener el tiempo ni la posibilidad de aportar las oportunas correcciones, remover los eventuales obstáculos y dar un impulso para la consecución de las metas. De este modo, el proyecto no se queda en un bello documento escrito, sino que resulta ser un medio eficaz para unificar a la comunidad y hacerla progresar en su vida y en su misión.
            Por su parte, todo hermano, como sugiere el CG25, trata de armonizar el proyecto personal de vida con el comunitario (CG25  74, 31). El proyecto comunitario es, por eso, un punto de referencia para el proyecto personal de cada uno.
            El Inspector con su Consejo tiene la responsabilidad del acompañamiento y de la evaluación de los proyectos de las comunidades; se sirve para ello de la aportación del Delegado inspectorial de formación y de la Comisión de formación (CG25  16, 74). De este modo, las comunidades aprenden a caminar juntas dentro de la Inspectoría y están animadas y orientadas al ir dando sus pasos. El Inspector, por otra parte, evalúa la congruencia del proyecto de la comunidad con el proyecto orgánico inspectorial y con el proyecto educativo pastoral local.
    * * *

            ¡Se ha dicho que no ser capaces de proyectar es proyectar el no ser capaces! La elaboración  comunitaria del proyecto es un camino comprobado por la experiencia que ayuda a realizar la comunidad de salesianos hermanos y apóstoles que querríamos ver en cada una de nuestras casas. Nuestra comunidad no es un “producto acabado” por el hecho de estar constituida por un cierto número de hermanos, sino un edificio en construcción, una obra de arte en curso. Y completarla es el compromiso de cada uno de nosotros con confianza, generosidad y alegría.

 

  Don Francisco Cereda
Roma, 13 de diciembre de 2002.