Consejo Recursos

Proyecto personal de vida - f. P.

FORMACIÓN - DOCUMENTOS



 

EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

DIREZIONE GENERALE OPERE DON BOSCO

Via della Pisana 1111 – 00163 Roma
El Consejero General para la Formación

A los Reverendos Inspectores
y a los Consejos inspectoriales

A los Delegados inspectoriales de formación
y a la Comisión inspectorial de formación

Formación permanente
EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA
Un camino de fidelidad creativa hacia la santidad

 

Una de las orientaciones operativas del Capítulo General 25 ha sido la de pedir que “el hermano, como primer responsable de su propia formación, dé valor al ‘Proyecto personal de vida salesiana’, poniendo una especial atención en algunos elementos:
- el examen de la propia maduración humana, espiritual y salesiana, con procesos de autoevaluación, de confrontación con la Palabra de Dios y de aceptación de la corrección fraterna;
- el conocimiento y la práctica de la espiritualidad del Sistema Preventivo, fuente de nuevas relaciones en la vida fraterna;
- la progresiva maduración de la identidad carismática salesiana;
- la presencia, activa y cordial, en los encuentros ordinarios y extraordinarios que marcan el ritmo de la vida comunitaria;
- la apertura al otro y la disponibilidad para compartir” (CG25 14).

El Capítulo ha confiado al Inspector y a su Consejo, por medio del Delegado y la Comisión inspectorial de formación, la tarea de sugerir modalidades y ofrecer materiales para la elaboración del proyecto por parte de los hermanos (CG25 16).

El Dicasterio para la formación ofrece a los Inspectores y a los Delegados inspectoriales de formación estas notas, redactadas en forma de motivaciones, explicaciones y sugerencias dirigidas a cada hermano, en la esperanza de que puedan servir para la animación de la Inspectoría.

1. ¿Para qué hacer el proyecto personal de vida?
Tal vez te has hecho la pregunta: “¿Para qué me pide el CG25 que haga el proyecto de vida?”. Te propongo algunas motivaciones; tú podrás buscar otras, más próximas a tu experiencia. Antes de - La vida está siempre en construcción y en crecimiento; es un proyecto que se va realizando. Sólo Dios conoce plenamente tu camino, porque tú has sido proyectado por Él: “Antes de formarte en el seno materno, ya te conocía” (Jer 1,5). No has sido creado al acaso; Dios siempre ha tenido un designio para tu vida, un designio que comprende la vocación salesiana y el crecimiento en ella hacia la santidad. Mediante el proyecto, tú tratas de discernir el camino que Dios ha trazado para ti; descubres qué estás llamado a ser y, por lo tanto, reconoces tu identidad; proyectas tu vida hacia el futuro, tal como piensas que Dios la querría.

- Este cuadro de tu futuro, que descubres como fruto de discernimiento, crea la dirección para tu vida presente y futura. ¡Trata de recomponer las mil piezas de un puzzle sin tener previamente el cuadro del “producto final”! Cuando sabes adónde estás llamado a llegar, es más fácil hacer converger todos los elementos de tu existencia cotidiana –actitudes, relaciones, experiencias y actividades- hacia la consecución de la meta. En Don Bosco los dones de naturaleza y de gracia “se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio de los jóvenes” (Const. 21). ¡No permitas que tu vida esté fragmentada, o se disperse, o se deje arrastrar por la corriente! La santidad hay que proyectarla.

- Reuniendo y dirigiendo todo hacia una meta, tu vida supera la fragmentación y se unifica. Te haces capaz de enlazar el pasado, el presente y el futuro en una unidad de significado según tus opciones fundamentales. Así, mientras vas avanzando en edad y asumes funciones de responsabilidad, tú haces experiencias que tienen que estar integradas en una nueva síntesis vital. Por ejemplo, ser director de una comunidad, o responsable de una escuela, o encargado de un oratorio, es una experiencia, que exige una reflexión y un nuevo planteamiento de tu vida; tú debes encontrar el modo con el que, desempeñando el nuevo encargo, puedas continuar creciendo en la vocación, en la vida de comunión, en la interioridad apostólica, en la santidad. El proyecto personal es precisamente este instrumento de unificación.

- Mientras vas dando estos pasos para unificar tu vida, puedes evaluar algunos aspectos de cómo vives. Comienzas a verte a ti mismo con mayor lucidez en tus valores y en tus límites; te das cuenta de lo que debes cambiar, si quieres alcanzar la identidad y la visión de ti mismo en obediencia a la llamada de Dios. Te vas volviendo cada vez más convencido de la necesidad y hasta de la belleza del nuevo planteamiento que quieres dar a tu existencia; te sientes impulsado a hacer esfuerzos para convertirte, para trabajar sobre ti mismo, para tomar decisiones difíciles, precisamente para asegurar la realización de la identidad que te atrae y te promete gozo y satisfacción. Así el proyecto se convierte para ti en un medio de conversión y de renovación (cf. FSDB 277) y te lleva a una mayor autenticidad y fidelidad en la vocación.

- De este modo tú tomas en tu mano tu vida y asumes responsabilidades para tu vocación y para tu crecimiento hacia la santidad. Es fácil constatar que es posible vivir una vida dispersa en mil actividades y no ser conscientes de los obstáculos que impiden el crecimiento personal. Tú puedes vivir tu vocación, cumpliendo normas, aceptando deberes, dejándote conducir por los acontecimientos, siguiendo los gustos del momento, las ideas del contexto, los valores de los demás. Es como si tuvieses todos los materiales para construir tu casa, pero, al carecer de un plano, los dejas amontonar en desorden unos sobre otros. En cambio, mediante el proyecto personal, guiado por el Espíritu de Dios y de Su gracia, tú te haces protagonista de tu crecimiento, ejercitando tu libertad, definiendo tu identidad de salesiano consagrado apóstol, sacerdote o coadjutor, llegando a ser aquello para lo que Dios te llama.

Por tanto, como habrás notado, el proyecto no es una simple declaración de intenciones o de deseos, ni un plan de especialización que tú haces para ti mismo y con el que tratas de dialogar con tu Inspector. El proyecto personal de vida es la descripción de la meta que tú quieres alcanzar y de los pasos que quieres dar para llegar a ella, siempre mirando al crecimiento en fidelidad creativa a tu vocación de salesiano consagrado apóstol, como queda expresado en nuestras Constituciones: “enviado a los jóvenes, en comunidades fraternas y apostólicas, siguiendo a Cristo obediente, pobre y casto, en diálogo con el Señor, en continua formación”. Tiene por finalidad última la santidad, o sea “el amor perfecto a Dios y a los hombres” (Const. 25); en efecto, por medio de la profesión religiosa entraste en el “camino de santificación” (Const.25). En estos aspectos centrales de la identidad salesiana se centra tu proyecto de vida; ellos constituyen la base de la reflexión y del compromiso de crecimiento en la vocación.
 
2. Ejemplos tomados de nuestra tradición espiritual
El tema del proyecto personal de vida es bastante nuevo en la Iglesia y en la Congregación; pero tal vez se puede descubrir alguna alusión a él en nuestra tradición salesiana y más específicamente en la metodología de nuestra vida espiritual. Recordemos algunos ejemplos.

Al concluir los Ejercicios Espirituales que en 1841 hizo en preparación para la Ordenación presbiteral, Don Bosco escribió algunas reflexiones, dejando traslucir la idea de sacerdote que quería ser e indicando sus propósitos en relación con ella. Dijo: “El sacerdote no va solo al cielo al cielo ni va solo al infierno. Si obra bien, irá al cielo con las almas que salve con su buen ejemplo. Si obra mal y da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su escándalo. Por lo tanto, me empeñaré en guardar los siguientes propósitos”. Siguieron luego los nueve propósitos que hizo, como por ejemplo: ocupar rigurosamente el tiempo; padecer, trabajar, humillarse en todo y siempre, cuando se tratara de salvar almas; dejarse guiar en todo por la caridad y la dulzura de San Francisco de Sales; dedicar cada día algún tiempo a la meditación y a la lectura espiritual y durante el día hacer una breve visita al Smo. Sacramento; etc. (MBe I, 412).

También el Siervo de Dios Don José Quadrio, al final de los Ejercicios Espirituales de 1944, tomó los siguientes propósitos: “Diligente y amorosa fidelidad el Espíritu Santo, sin discusiones, oposiciones ni resistencias hacia Él especialmente: al hacer puntualmente el examen de conciencia cotidiano, al ejercitar la caridad más generosa, al mantenerme y ponerme lo más pronto posible a su completa disposición, renunciando a las insinuaciones de mi vanagloria. Medios: 1. mantenerme habitualmente y ponerme con frecuencia en esta disposición de confiada dependencia: ‘Estoy seguro de alcanzar todas las gracias que me hacen falta en cada momento para hacerme santo, con tal de que no las rechace: Da quod iubes et iube quod vis’; 2. julio-agosto: estaré muy atento al enemigo número uno del Espíritu Santo, es decir, a mi vanagloria, combatiéndola: con actos internos de renuncia, aceptación, humillación; con actos externos abandonándome y humillándome”.

El salesiano coadjutor Señor Artémides Zatti al acabar una tanda un tanto especial de Ejercicios Espirituales, tomaba para el nuevo año algunos propósitos. Así lo documenta la “positio”: “Hacer bien las prácticas de piedad, tanto las comunitarias como las personales, especialmente la Confesión y la Comunión. Conformar lo más posible mi voluntad a la de Dios. No desanimarme cuando hay alguna dificultad, o cuando las cosas no van como yo desearía. ‘Quod aeternum non est, nihil est’. Amar a los superiores, reconociendo en ellos a Dios; amar a los hermanos, procurando evitar toda crítica”.

Hoy la terminología del proyecto personal de vida puede resultarte nueva; te puede parecer nuevo también el modo de hacer el proyecto; pero en estos tres ejemplos puedes descubrir lo que es esencial, o sea la aceptación de responsabilidades por parte de Don Bosco, Don Quadrio y el Señor Zatti para su crecimiento vocacional y para la orientación de sus energías hacia las metas prefijadas. Nosotros tenemos necesidad de volver a aceptar la metodología de la vida espiritual, profundizándola y actualizándola, para que podamos garantizar un “alto grado” de la vida salesiana ordinaria. La vida espiritual no se edifica sin un método; el proyecto de vida es un medio para el camino de crecimiento, de fidelidad vocacional, de santificación.

 
3. ¿Cómo formular el proyecto personal de vida?
Vengamos ya a indicar el modo de formular el proyecto personal de vida. Te propongo un recorrido en tres pasos.
- Puesto que el proyecto personal de vida es un proceso de discernimiento, es obvio que tienes necesidad de un tiempo de silencio y recogimiento para hacerlo, por ejemplo durante el retiro de comienzo del año o durante los Ejercicios Espirituales. En un momento de oración te pones delante de Dios y Le dices con las palabras de Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”. Le preguntas qué quiere de ti en el lugar en que te encuentras y con las responsabilidades que tienes.
En el primer paso se trata de individuar la llamada de Dios. Tú ya sabes lo que Dios quiere de ti por medio de las Constituciones y la Ratio, que delinean la figura del salesiano consagrado, presbítero o coadjutor; tú encuentras también una referencia en el proyecto inspectorial de formación, que describe la actuación de dicha identidad en el contexto de  tu Inspectoría; finalmente, el proyecto comunitario te ofrece un cuadro preciso de lo que Dios espera de ti y de los hermanos con los que vives, para llevar a cabo la misión entre los jóvenes. Todas estas indicaciones deben estar concretadas en tu realidad personal hic et nunc.
Dios habla a tu corazón mediante el Espíritu. Si te mantienes abierto, te darás cuenta de los ámbitos de tu vida donde hay mayor necesidad de crecer. Dios se sirve también de personas, como un amigo, el guía espiritual o el confesor, los cuales te pueden ayudar a discernir tu situación.