Consejo Recursos

Seminario sul discernimento delle due forme della vocazione salesiana

Seminario sobre el discernimiento de las dos formas de la vocación salesiana

Ivo Coelho, SDB
Consigliere generale per laformazione

San Calixto, Roma 26-29 de mayo de 2018
Roma 31 de mayo de 2018
Prot. 18/0231

Para: Sres. Inspectores

Con copia a: Delegados Inspectoriales de Formación
Maestros de Novicios
Responsables de Prenoviciados
Responsables de Aspirantados
Coordinadores de Animación Vocacional

Queridos Hermanos:

Dos semanas después de nuestro seminario sobre la meditación, concluimos otro seminario, esta vez sobre el discernimiento de las dos formas de nuestra vocación salesiana. De nuevo, fuimos recibidos por la comunidad de San Callisto, aquí en Roma. El coordinador fue el hermano salesiano coadjutor Raymond Callo, FIN. El grupo estaba formado por Horacio Barbieri, ARN; Adam Homoncik, UPS; Philip Lazatin, FIS; Angelo Santorsola, IME; los miembros del Dicasterio de la Formación Cleo Murguia, Silvio Roggia y Francisco Santos; y quienes nos ayudaron con la traducción, Joseph Kunle, INC y Samuel Obu, UPS.

El objetivo del seminario fue aclarar nuestras ideas sobre el discernimiento de la vocación salesiana consagrada en sus dos formas con el objetivo de ayudar a los formadores en este campo. La idea de esta iniciativa nació del seminario tenido anteriormente sobre la formación específica del salesiano coadjutor celebrado en Genzano, cerca de Roma, en octubre del año pasado. Habíamos pensado que un primer paso en este caminar fuera el de reunir a algunos hermanos, especialmente los que cuentan con experiencia por haber sido Maestros de Novicios, con el fin de escuchar sus experiencias en esta área específica de discernimiento que, como sabemos, es una tarea que la Ratio está pidiendo que se lleve a cabo precisamente durante el noviciado (FSDB 371, ver CN 7). El método ha sido el de escuchar las experiencias iluminadas por nuestra tradición, tal como se recoge y expresa en nuestros documentos, antes de llegar a ofrecer sugerencias y orientaciones para compartir con quienes son los guías de la formación inicial, los delegados provinciales de formación y los inspectores.

Quiero compartir con vosotros algunos puntos surgidos durante el seminario, con la esperanza de que sirven principalmente para quienes trabajan directamente en formación inicial, pero también a las inspectorías  en general, desde el momento que la cultura de las inspectorías juega un papel tan importante en la formación de los hermanos.

Nuestra común identidad: la vocación salesiana consagrada

  1. Antes que nada, se ha dado un fuerte énfasis en nuestra identidad salesiana de base, o nuestra consagración apostólica. La especificidad de las dos formas de nuestra vocación salesiana sólo se puede entender desde esta base y sólo dentro de ella. Como dice la Ratio, nuestra consagración es la que "da el color" a todo nuestro ser de coadjutores / sacerdotes salesianos (39, 40). El hecho de que trabajemos en el CEP, con laicos que frecuentemente son más competentes que nosotros, nos anima a aclarar con mayor urgencia lo que significa compartir la misión de Don Bosco como personas consagradas. Al mismo tiempo, la misión es precisamente lo que le da a toda nuestra existencia su tonalidad concreta (C 3). Esto significa que la misión no se puede reducir, por ejemplo en nuestras casas de formación, solamente a las actividades de fin de semana. Es aquella la que da y debe dar la pauta para toda nuestra forma de vivir los consejos evangélicos, la vida comunitaria, el estudio, porque nuestra misión es ser "signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes", y esto no es una actividad de media jornada o parcial. La gracia de la unidad es nuestro particular regalo. Don Viganò ha hablado sobre el significado totalizante de la consagración y la misión:

“Con Don Bosco queremos seguir dando testimonio de la mutua e inquebrantable compenetración entre vida religiosa y apostolado -y viceversa- con la actitud vital de una síntesis superior que englobe una y otro, sin los escollos de una antítesis. Nos será especialmente útil no olvidar el significado peculiar y totalizante de cada uno de los dos términos -"consagración" y "misión"-, que no pueden ser reducidos, cada uno por su parte, a indicar sólo un sector de la vida salesiana: Nuestra consagración es, por sí misma, apostólica, y la misión que se nos encomienda es -en cuanto tal y nuestra- religiosa” (Discurso del Rector Mayor, 14 de enero de 1984, GC22 No. 20).

El salesiano es un hombre de comunión y un animador suyo. El salesiano no puede pensar en su vocación sin pensar también en la de los demás que son "portadores de la voluntad del Fundador" (FSDB 35, citando CGS 151). Su papel en la CEP, en la familia salesiana y en el movimiento salesiano es preservar la unidad del espíritu, promoviendo el diálogo y la colaboración fraterna (C 5).

El discernimiento de las dos formas presupone lo que podemos llamar una "evangelización carismática" o un kerygma del carisma. El discernimiento de hecho, se basa en el conocimiento y la capacidad de vivir el sistema preventivo. Aquí podemos recordar el dicho latino nihil amatum nisi cognitum (solo se ama lo que se conoce). Elegimos solo lo que amamos y amamos solo lo que conocemos. ¿Cómo podemos amar y menos aún elegir una realidad de la que ni siquiera somos conscientes?

Especificidad

Pasemos ahora a la cuestión de la especificidad: ¿cómo podemos entender adecuadamente cada una de las dos formas de nuestra vocación, la del sacerdote salesiano y aquella del salesiano coadjutor? La respuesta a esta pregunta no se obtiene al distinguir diferentes sectores de trabajo y actividad, sino con la ayuda de la "eclesiología tipológica", que ya había propuesto Don Viganò y que se ha desarrollado en tres grandes documentos sobre los estados de vida dentro de la Iglesia - Christifideles laici ( 1988), Pastores dabo vobis (1992) y Vita consecrata (1996). La eclesiología tipológica pasa de "distinción por separación" a la "distinción en relación". Cada estado de vida pone un énfasis de visibilidad en algunos aspectos de la vocación cristiana que pertenecen a todos. Los laicos recuerdan a todos la sacralidad y el valor del mundo secular; el sacerdote da visibilidad a la presencia viviente y gloriosa de Cristo en medio de nosotros; la persona consagrada es un signo para todos los que estamos en camino hacia la vida de la resurrección donde no "se toma ni mujer ni marido" (Mt 22:30), es decir, la vida en la que todos vamos a estar llenos de la plenitud de Dios. Es en esta perspectiva que podemos hablar del salesiano coadjutor como uno que da visibilidad a la [1] dimensión laical de toda la Congregación, con nuestra típica cercanía a la vida de la gente común y los valores del mundo, en los que está presente el reino de Dios y va en crecimiento; [2] a nuestra fraternidad, con el espíritu de familia que caracteriza tan profundamente el carisma salesiano; [3] aún más al hecho de que todos somos personas fundamentalmente consagradas, es nuestra identidad que nos caracteriza dentro de la Iglesia. El salesiano sacerdote por su parte, les recuerda a los salesianos laicos que son siempre y en cualquier parte educadores y pastores; a saber, que "como Don Bosco, todos estamos llamados en toda ocasión a ser educadores en la fe, porque, nuestra ciencia más eminente es por lo tanto conocer a Jesucristo, y nuestro alegría más profunda es revelar a todos las insondables riquezas de su misterio" (C 34 ).

Entre los documentos, C 4, 44 y 45 y el correspondiente comentario en el Proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco resultan ser realmente útiles, así como también los Criterios y Normas 84-87. Resulta esclarecedor colocar estos textos en su correcto contexto. También es esclarecedor leer C 2-4, 44-46, 97-101, 113, 116, 123; R 97-98, 169, y el capítulo segundo de la Ratio sobre la identidad vocacional salesiana, principio y fin de nuestra formación, así como el capítulo 10 sobre la formación específica.

El reciente documento de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Identidad y misión del Hermano religioso en la Iglesia (2015), junto con documento Para vino nuevo odres nuevos (2017) de la misma Congregación, nos puede ayudar a comprender todavía mejor la especificidad del salesiano. El hermano religioso es un icono de la fraternidad, que es un elemento central y constitutivo de la vida religiosa. Las relaciones fraternas a nivel horizontal son de vital importancia: "En la visión más amplia sobre la vida consagrada desarrollado desde el Concilio, se ha pasado desde la centralidad del rol de la autoridad a la centralidad de la dinámica de la fraternidad" (Para vino nuevo… 41). El hermano es "fermento en la masa" como experto en fraternidad y como guía espiritual. Es signo de la presencia de Dios en la realidad secular. "La comunión representa la fuente y el fruto de la misión" (Christifideles laici 32).

En cuanto a lo referente al salesiano presbítero, la teología del “religioso presbítero” se encuentra todavía en fase de desarrollo, y el reciente documento de la Congregación para el Clero El don de la vocación sacerdotal no entra en este tema tan importante, a pesar del hecho de que un número bastante significativo de sacerdotes en la Iglesia sean personas consagradas. Ciertamente, nuestra Ratio insiste en que la consagración es la base de todo, y por lo tanto el sacerdocio salesiano debe caracterizarse totalmente por ella y vivirse al interior de ella (FSDB 25, 38 y 39 supra). Sin embargo, aún será necesario especificar e indicar con más detalle cómo nuestra consagración apostólica - misión, consejos evangélicos y comunidad – influye sobre todos los aspectos de nuestro ministerio sacerdotal. Está claro, por ejemplo, que hay que evitar cualquier individualismo apostólico (ya que la misión es confiada a la comunidad) como también el genericismo pastoral (no todos los tipos de ministerio sacerdotal por lo tanto, sino sólo los que van en línea con nuestra misión).

Hay que tener en cuenta algo que ha surgido en el reciente congreso internacional sobre Consecratio e consecratio per evangelica consilia (mayo de 2018) y que ha sido presentado como consecratio continuata: a saber, que algunos aspectos de nuestra vida como personas consagradas se aclaran y se desarrollan en el proceso de vivir nuestra consagración. Nuestra vida, en otras palabras, tiene una unidad narrativa que se desarrolla a través del tiempo, y no por el contrario una "claridad radical" ya presente desde el principio. Esto es bastante normal: es simplemente parte de nuestro ser humano. Todos nosotros continuamos creciendo a través de la interacción con personas, comunidades, contextos, tradiciones, eventos y circunstancias.

Desde el momento en que las dos formas de nuestra vocación se relacionan esencialmente, se deduce que sólo pueden ser entendidas juntas en el contexto de su común unidad, y no por separado. Esto significa que tanto los salesianos coadjutores como los salesianos sacerdotes deberán conocer y apreciar ambas formas de nuestra vocación. La falta de este amor y aprecio por las dos se convertiría de hecho en un claro anti-testimonio vocacional.

En cuanto a los signos de vocación del salesiano laico o salesiano sacerdote se tienen algunas indicaciones especialmente en la Ratio en los capítulos 2 y 10 y en Criterios y Normas 84-87. Entre las muchas cosas que se encuentran en estos textos podemos quizá destacar la iniciación cristiana como una tendencia que caracteriza la vocación del salesiano sacerdote y la evangelización en la realidad secular y de la realidad secular, como característica de la vocación del salesiano laico - a través de “una gama casi infinita de medios, la predicación explícita, por supuesto, pero también el arte, el enfoque científico, la investigación filosófica y el recurso legítimo a los sentimientos del corazón humano pueden ser usados para este propósito" (cfr. Evangelii Nuntiandi 51).

Discernimiento y el buen terreno necesaria para favorecerlo

El indispensable trabajo de preparación se realiza en el prenoviciado e incluso antes en el aspirantado, como lo indica la Ratio. "Ya en el aspirantado se inicia la presentación de ambas vocaciones a la vida salesiana; se continúa en el prenoviciado" (FSDB 2016, 345). La orientación y la decisión que tomará forma en las siguientes fases presupone absolutamente que se haya dado un espacio previo significativo y suficiente para familiarizarse con las dos formas de vida salesiana. Es un proceso de descubrimiento a través de dinámicas de enseñanza-aprendizaje, lecturas y aún más a través de la experiencia de la vida compartida y la interacción con los modelos.

En el noviciado, que es la fase del discernimiento sobre las dos formas de nuestra vocación, todos los novicios son ayudados en este discernimiento, y no solo aquellos que muestran signos de mayor interés para la vocación del salesiano laico (FSDB 371).

La llamada de Dios es un acontecimiento intensamente personal, una historia de amor que elude cualquier categorización fácil. La persona y sus elecciones permanecen en la esfera de lo inefable. Y es precisamente por esta razón que el único camino a seguir es precisamente el del discernimiento. Sin embargo, este discernimiento, en última instancia eminentemente personal, requiere ser iluminado; las elecciones deben ser 'informadas'. Si los candidatos nunca han tenido un contacto en vivo con ambas formas de nuestra vocación, es poco probable que puedan hacer un discernimiento correcto entre las dos formas. Aquí tiene lugar toda la discusión sobre la visibilidad, sobre los modelos creíbles, sobre la calidad del testimonio, sobre la via pulchritudinis o 'camino de la belleza', sobre la presencia del coadjutor salesiano en nuestras comunidades de formación...

Una lectura guiada (a diferencia de un planteamiento esporádico o episódico) de la vida de Don Bosco – los años de su crecimiento humano y vocacional; el nacimiento del oratorio; la fundación de la congregación – es útil para interpretar la propia historia personal de vocación a la luz de nuestro carisma. Las vidas de los salesianos coadjutores y los salesianos sacerdotes iluminan las opciones vocacionales.

La cultura de la inspectoría es sobre todo un factor extremadamente significativo para iluminar las elecciones y el discernimiento vocacional de las dos formas de nuestra vida.

Otro área importante en el que surgen los signos de una vocación hacia la vida del salesiano coadjutor o del salesiano sacerdote es el de las experiencias pastorales, especialmente durante el tirocinio. Los periodos de experiencias pastorales en nuestras comunidades ordinarias han demostrado ser de bastante utilidad durante el prenoviciado. Obviamente, no es la experiencia o actividad en sí la que es formativa. Aprender de la experiencia requiere la presencia de un acompañamiento adecuado por parte de los formadores y de los encargados. La importancia carismática del papel del director durante el tirocinio nunca se enfatiza suficientemente. Una línea de acción muy concreta podría ser la de poner en práctica la "valoración global de toda la experiencia y del camino vocacional realizado" que la Ratio ya prevé al final del período del tirocinio (FSDB 2006, 439). Entre las herramientas que podrían ser de utilidad está también la "valoración clínica pastoral" para la valoración de las experiencias pastorales.

La Congregación considera que las experiencias pastorales se desarrollan dentro de las comunidades educativas pastorales (CEP), y esta inserción facilita también el discernimiento con respecto a las dos formas de nuestra vocación. La forma en que interactúa quien está en formación con los laicos que comparten la misión sale a la luz; la participación de estos laicos en el discernimiento puede valorarse de manera sistemática. La CEP es también el lugar donde las diferentes formas de la vocación salesiana encuentran su expresión.

La atención a la especificidad debe impregnar todo el proceso formativo. "La perspectiva de la 'forma específica' y, por lo tanto, los subrayados característicos que de ella se derivan, deben estar presentes a lo largo de todo el proceso de discernimiento y no solo en su inicio o en el período de la formación específica" (CN 7).

Teniendo en cuenta que el discernimiento sobre las dos formas puede continuar incluso después de la primera profesión, debemos asegurar la continuidad del camino formativo de diferentes maneras: fortaleciendo el papel importante del Delegado Inspectorial de Formación como la persona que hace de punto de referencia y que facilita la continuidad en la formación y el sentido de pertenencia, especialmente cuando los hermanos jóvenes se trasladan a otras inspectorías para algunas de las fases de la formación inicial; tener un solo curatorium para el prenoviciado, noviciado y postnoviciado donde sea posible; etc.

El lugar que María ocupa en el camino vocacional nunca debe olvidarse. Ella representa la fundamental vocación de todos los cristianos que es la de corresponder personalmente al amor salvífico de Dios. Por eso, en la Iglesia, la dimensión mariana tiene precedencia sobre la petrina, que está al servicio de aquella vocación fundamental de cada persona bautizada, o mejor de cada hijo/hija, es decir, la condición en la que justamente todos nos encontramos, antes de cualquier diferenciación posterior (Catecismo de la Iglesia Católica 773). María es madre y maestra, mujer de fe y de esperanza, ella nos enseña a amar como enseñó a Don Bosco y como ha enseñado al mismo Jesús.

Líneas de acción sugeridas

Formación de formadores, de guías espirituales y de docentes para el postnoviciado y las fases de formación específica, con énfasis especial en la formación de los salesianos coadjutores en vista de este servicio formativo.

Supervisión de los formadores y de los equipos de formadores, por ejemplo haciendo más sistemático el trabajo de los delegados inspectoriales de formación.

Estudiar a nivel de las comisiones inspectoriales y regionales de formación, cómo dar mayor visibilidad a la consagración apostólica salesiana y a las dos formas en los planes de formación y a diferentes niveles - provincial, local y personal -, teniendo en cuenta también la posibilidad de utilizar el esquema de las Constituciones como modelo de referencia, sin descuidar el aspecto "humano e intelectual" de las ya clásicas 4 dimensiones formativas, tal como han sido implementadas por Pastores dabo vobis.

Para asegurar que el postnoviciado sea una continuación de la experiencia formativa del noviciado (C 114), equilibrar los planes académicos, normalmente muy bien cuidados, con planes para la formación igualmente bien atendidos y seguidos por la comunidad.

Asegurar un acompañamiento de calidad de las experiencias pastorales del fin de semana, y especialmente en el período del tirocinio, preparando en esta área específica coordinadores pastorales y directores de casas donde se envían a los tirocinantes.

Asegurarse que los formadores estén familiarizados con los documentos salesianos sobre las dos formas de nuestra vocación.

Compartimos buenas prácticas en línea (por favor, contacten con Francisco Santos Montero, fsantos@sdb.org  si tenéis material interesante para ofrecer en https://formazionesdb.org/).

Respecto al Dicasterio de la Formación estos son algunos de los pasos que pretendemos tomar.

Un estudio sobre el discernimiento de las dos formas de nuestra vocación.

Una herramienta multimedia sobre el discernimiento de las dos formas preparada sobre todo para los maestros del noviciado, los directores del prenoviciado y los animadores vocacionales, como ayuda didáctica para una buena presentación de las dos formas.

Folletos para el discernimiento de las dos formas ofrecido a inspectores y delegados inspectoriales de formación.

Encontrar formas de animar a los inspectores para la preparación de los formadores, especialmente salesianos coadjutores; se piensa también en "Salesianos coadjutores misioneros formadores".

Algunos materiales que han surgido en el seminario estarán disponibles y serán accesibles desde este enlace https://formazionesdb.org/.

Los frutos de este seminario se divulgarán durante las próximas reuniones de las comisiones regionales de formación, que a su vez se divulgarán a través del trabajo de las comisiones inspectoriales de formación.

Pedimos a nuestros hermanos santos que intercedan por nosotros: Esteban Sandor y Tito Zeman, Artémides Zatti y José Quadrio, y muchos otros hermanos menos conocidos pero no menos santos dirigidos por Simón Srugi.

A todos os deseo una feliz fiesta de la Visitación, esta maravillosa fiesta en la que una simple visita “entre hermanas”, de una mujer a otra, se convierte en el icono de la visita de Dios a su pueblo. "Bendito sea el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo". Que las cosas simples de nuestra vida brillen de la misma manera con la luz del sol que nace de lo alto y viene a visitarnos.

Con affetto
Ivo Coelho, SDB