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Criterios y normas de Discernimiento Vocacional Salesiano 2000

CRITERIOS Y NORMAS

 
DISCERNIMIENTO VOCACIONAL SALESIANO.

LAS ADMISIONES

Suplemento a «LA FORMACIÓN DE LOS SALESIANOS DE DON BOSCO»

(Ratio Fundamentalis Institutionis et Studiorum)

Tercera Edición

ROMA 2000

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Sumario

CRITERIOS Y NORMAS DE DISCERNIMIENTO VOCACIONAL SALESIANO. LAS ADMISIONES 1

Sumario 2

Abreviaturas y siglas 4

Presentación 5

1.     FORMACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO VOCACIONAL 7

1.1      VOCACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO 7

1.2      NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS DEL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL 8

1.2.1    Naturaleza del discernimiento vocacional 8

1.2.2    Discernimiento vocacional “salesiano” 9

1.2.2.1     Discernimiento “salesiano” 9

1.2.2.2     Discernimiento sensible a las diversas formas de la única vocación 10

1.2.3    Discernimiento durante la formación inicial 10

1.2.3.1     El discernimiento: actitud constante del itinerario formativo 10

A.     Discernimiento gradual y progresivo 11

B.     Discernimiento sensible a la especificidad de las fases y de los momentos 12

C.    Discernimiento considerado en la unidad y en la continuidad de la formación 12

1.2.3.2     Discernimiento: momentos particulares y admisiones 12

1.3      LOS RESPONSABLES DEL DISCERNIMENTO VOCACIONAL 14

1.3.1    Responsabilidad del candidato 15

1.3.2    Responsabilidad comunitaria: sus diferentes expresiones 16

1.3.2.1     A nivel inspectorial 16

1.3.2.2     A nivel local 17

1.4      CONDICIONES INDISPENSABLES 20

1.4.1    Una perspectiva vocacional 20

1.4.2    Una actitud de fe 21

1.4.3    Una sensibilidad pedagógica 21

1.4.4    Algunas competencias específicas 22

1.5      MEDIOS Y PROCEDIMIENTOS 23

1.5.1    El conocimiento en la vida cotidiana 23

1.5.2    Otras formas de información 24

2.     CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO 26

2.1      DEFINICIÓN Y TIPO DE CRITERIOS 26

2.2      LA APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS 27

2.3      ÁREAS DE DISCERNIMIENTO 31

2.3.1    Dimensión humana 31

2.3.1.1     Salud física 31

2.3.1.2     Contexto familiar 33

A.     Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración 34

B.     Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar 34

2.3.1.3     Equilibrio psíquico y capacidad relacional 36

A.     Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración 36

B.     Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar 38

2.3.1.4     Madurez afectivo-sexual 40

A.     Indicaciones generales para el discernimiento 40

B.     Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar 42

a)     Contraindicaciones relativas o absolutas, objeto del discernimiento 42

b)     Contraindicaciones absolutas 46

C.    Discernimiento vocacional y homosexualidad 47

2.3.2    Dimensión espiritual 49

2.3.2.1     Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración 49

A.     Vida cristiana e identidad salesiana 50

B.     Vida comunitaria 50

C.    Los consejos evangélicos 51

D.    Signos de vocación específica 52

2.3.2.2     Motivaciones y recta intención 54

2.3.3    Dimensión intelectual 58

2.3.3.1     Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración 58

A.     Inteligencia, capacidad de reflexión y de juicio 58

B.     Cualificación necesaria 59

2.3.3.2     Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar 60

2.3.4    Dimensión educativo-pastoral 60

2.3.4.1     Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración 60

2.3.4.2     Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar 61

3.     LAS ADMISIONES 63

3.1      LA PETICIÓN, LOS RESPONSABLES Y LAS MODALIDADES DE LAS ADMISIONES 63

3.1.1    La petición 64

3.1.2    Los responsables 64

3.1.3    Las modalidades 66

3.2      ADMISIÓN AL PRENOVICIADO 67

3.3      ADMISIÓN AL NOVICIADO 68

3.3.1    Aptitud para la vida salesiana 68

3.3.2    Condiciones, impedimentos y requisitos jurídicos 68

3.4      ADMISIÓN A LA PRIMERA PROFESIÓN 70

3.4.1    Aptitud para la vida salesiana 70

3.4.2    Requisitos jurídicos 71

3.5      ADMISIÓN A LA RENOVACIÓN DE LA PROFESIÓN 73

3.5.1    Aptitud para la vida salesiana 73

3.5.2    Requisitos jurídicos 74

3.6      LAS ADMISIONES DURANTE LA FORMACIÓN ESPECÍFICA DEL SALESIANO PRESBÍTERO 74

3.6.1    Admisión a los ministerios 76

3.6.2    Admisión a las órdenes sagradas: diaconado y presbiterado 76

3.6.3    Aptitudes para el ejercicio salesiano del ministerio 77

3.6.3.1     En relación con la capacidad de cumplir los deberes sacerdotales 77

3.6.3.2     En relación con el modo de afrontar la existencia salesiano-sacerdotal 79

3.6.4    Requisitos jurídicos 80

3.7      ADMISIÓN A LA PROFESIÓN PERPETUA 81

3.7.1    Aptitud para la vida salesiana 82

3.7.2    Requisitos jurídicos 83

ANEXO: 85

DOCUMENTOS DE REFERENCIA ECLESIALES Y SALESIANOS 85

 

Abreviaturas y siglas

ACG              Actas del Consejo General

ACS               Actas del Consejo Superior

C                   Constituciones

can                canon del Código de Derecho Canónico, 1983

CDF               Congregación para la doctrina de la fe

CEC               Congregación para la Educación Católica

Cfr                Confronta

CG                Capítulo General

CGE               Capítulo General Especial XX

DSM              El Director Salesiano. Un ministerio para la animación

y el gobierno de la comunidad local, Roma 1986

Form. Cel.      CEC, Orientaciones educativas para la formación

al celibato sacerdotal, 1974

FSDB             La formación de los Salesianos de Don Bosco, Roma 2000

ISM                L’Ispettore Salesiano. Un ministero per l’animazione e il governo

  della comunità ispettoriale, Roma 1987

PDV               Pastores dabo vobis. Exhortación Apostólica postsinodal,

Juan Pablo II, 1992

PI                  Potissimum institutioni. Directrices sobre la formación en los

Institutos Religiosos, Congregación para los institutos de

vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, 1990

R                            Reglamentos Generales

RFIS               Ratio Fundamentalis Institutionis et Studiorum, CEC, 1985

RI                  Religiosorum institutio, Sagrada Congregación para

   los Religiosos, 1961

Sac.Coel.        Sacerdotalis coelibatus. Carta encíclica, Pablo VI, 1967

Trad.             Fragmento traducido directamente del original

VC                 Vita Consacrata. Exhortación apostólica postsinodal,

Juan Pablo II, 1996

 

Presentación

  Queridos hermanos:

         Junto con la tercera edición de la «Ratio», La formación de los Salesianos de Don Bosco, os presento el texto renovado del fascículo Criterios y normas de discernimiento vocacional salesiano. Las admisiones, que quiere ser un complemento y comentario de lo que la Ratio dice respecto al discernimiento vocacional.

         El escrito da testimonio en forma concreta del amor a la vocación salesiana y a aquellos que se sienten llamados a vivirla en la Iglesia. Manifiesta la responsabilidad de la Congregación, comprometida en descubrir y acoger el don de Dios y asegurar su gozoso y fiel cumplimiento. A veces, lo que se pide puede aparecer exigente. Nuestra sensibilidad educativa nos ayuda a ser positivos y a tener confianza en las personas, a captar en ellas lo que es indispensable para “quedarse con Don Bosco” y lo que puede crecer y madurar. Sin embargo, no podemos ni engañar ni engañarnos: el camino salesiano de santidad se debe construir sobre fundamentos sólidos, requiere una formación de calidad. Las mismas exigencias, que hay que asumir con comprensión educativa, antes que excesiva, deben más bien, ser sentidas como una voluntad de estima y de respeto por la vocación salesiana y por la persona llamada, y como una expresión de fidelidad a Don Bosco fundador y formador.

         El volumen, que tiene en la Ratio su fundamento y su marco de referencia, pretende ofrecer directivas claras, concretas y motivadas. Sin embargo, teniendo que servir para toda la Congregación y, por tanto, debiendo tener presente un gran variedad de situaciones, se mantiene en el orden de las líneas válidas para todos. A quienes deban aplicarlas en el contexto inspectorial se les confía la obligación no sólo de personalizarlas, insertándolas en el marco de la historia pasada y presente de cada candidato, sino también de hacerlo prestando atención a las características de las situaciones y culturas locales.

         Destinatarios del documento son todos aquellos que, de diferentes modos, intervienen en el ámbito vocacional y formativo, ante todo los Inspectores y los Directores con sus respectivos Consejos, los confesores, los formadores y los animadores vocacionales, llamados a dar un consejo o a prestar una ayuda, a expresar un parecer o a tomar decisiones en nombre de la Congregación. Como mediadores de la acción del Señor y servidores de los hermanos, es deber suyo conocer y aplicar los “Criterios y normas” con responsabilidad y equilibrio. Es importante que los hermanos en formación inicial, primeros responsables del discernimiento vocacional, conozcan los criterios de la Congregación y se confronten con ellos.

         Los criterios y las normas, que os presento, están en función de una mayor seguridad y convergencia en la evaluación y en las decisiones. Los Inspectores y las Comisiones de formación harán de modo que sean conocidos y aplicados y que haya unidad y colaboración entre todos los que intervienen en el proceso de discernimiento.

         La Virgen Santísima, Auxiliadora de la vocación salesiana, nos obtenga a todos el don del discernimiento, que brillaba de modo singular en nuestro padre Don Bosco, para que sepamos reconocer los signos del Espíritu en la vida de los hermanos y seamos colaboradores de su acción en ellos mismos.

Roma, 8 de diciembre del 2000.

Padre Juan Edmundo Vecchi            

Rector Mayor                         

 

1.        FORMACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

 

1.      Objeto de este texto, suplemento de la Ratio (FSDB)[1], es el discernimiento vocacional durante la formación inicial y más específicamente el discernimiento con miras a las admisiones: un discernimiento visto como servicio a cada candidato y a la autenticidad del carisma. Es útil, casi a modo de introducción, presentar sus principales componentes.

1.1          VOCACIÓN SALESIANA Y DISCERNIMIENTO

 

2.      Las Constituciones y la Ratio son dos puntos de referencia fundamentales, aunque de diferente valor, para la formación. Ambas presentan la vida salesiana en una perspectiva dialogal de llamada y respuesta.

         La vocación salesiana «es una gracia del Padre»[2] «que nos ha amado primero»[3], per al mismo tiempo “opción”[4] y “elección”. Vocación y opción deben ser verificadas, motivadas y maduradas.[5]

         En el diálogo vocacional, que constituye el corazón de la experiencia formativa[6], se encuentran, por una parte, Dios que llama (como quiere, cuando quiere, a quien quiere), y, por la otra, un hombre concreto (nacido en una cultura, crecido en una familia, que ha desarrollado una determinada visión de la vida), que responde a la llamada interior de modo “existencial”, con todo su ser. Los modos en los que una vocación se siente, se orienta y se desarrolla, pueden ser diferentes.

3.      ¿Cómo puede una persona y los corresponsables de su decisión vocacional, comprender si está llamada a «formar parte de la Sociedad Salesiana»[7], a vivir en la Iglesia el proyecto de Don Bosco al servicio de los jóvenes[8], a vivirlo «en una específica forma de vida religiosa»?[9] ¿Cómo discernir la voluntad de Dios[10], «reflexionar seriamente sobre la opción vocacional»[11] y las «motivaciones de su opción»[12]? El proceso formativo tiende a favorecer la respuesta a estos interrogantes fundamentales a través del discernimiento, que es condición indispensable, actitud permanente y tarea específica de la formación.

4.      Las Constituciones no presentan en forma sistemática y completa los criterios de discernimiento, pero son el punto de referencia fundamental para quien se confronta con la vocación salesiana. En la Regla se encuentran indicadas disposiciones, actitudes, motivaciones, condiciones, elementos de idoneidad, competencias y responsabilidades, que forman parte e intervienen en el discernimiento.

         La Ratio explicita los aspectos fundamentales que configuran el discernimiento salesiano. En el capítulo 2º se concentra sobre la identidad salesiana, punto determinante del discernimiento, y sus aspectos integrantes. En el capítulo 3º describe, según las cuatro dimensiones de la formación – humana, espiritual, intelectual, educativo-pastoral – los elementos esenciales (valores y actitudes) que se deben considerar y cultivar en forma permanente para poder vivir con alegría y madurez el proyecto salesiano.

1.2          NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS DEL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

 

1.2.1    Naturaleza del discernimiento vocacional

5.      Por discernimiento vocacional salesiano entendemos el proceso de conocimiento (análisis y comprensión) y de evaluación de aquellos aspectos, signos y hechos de la realidad personal, a través de los cuales el Espíritu Santo indica que un determinado candidato está llamado a la vida salesiana. Este discernimiento permite comprender si posee las aptitudes y las virtudes requeridas, en modo particular, las motivaciones y la recta intención, que es el signo más característico de la vocación.

         La finalidad es verificar la posibilidad de la opción de una vocación específica. No se trata de formular un juicio moral sobre la persona o de conducir una diagnosis psicológica, ni de limitarse a considerar la presencia o la ausencia de contraindicaciones. Se trata de descubrir en el contexto global de la persona y de su vida los signos de la voluntad de Dios, mediante una prudente e iluminada interpretación de los elementos de la situación concreta.

1.2.2    Discernimiento vocacional “salesiano”

1.2.2.1         Discernimiento “salesiano”

6.      No nos referimos aquí a un discernimiento vocacional “genérico”, sino al discernimiento vocacional salesiano. Se trata del discernimiento sobre la vocación salesiana y de aquél que se hace con miras a ella. Atañe a quien «se orienta hacia la vida salesiana»[13] y se siente llamado a vivir la «forma específica de vida religiosa»[14] encarnada en el proyecto salesiano de vida consagrada. Tiene como criterio fundamental la identidad salesiana, sus elementos constitutivos, los requisitos y las condiciones para vivirla. Tiene como punto de referencia normativo las orientaciones de la Congregación, responsable de la vocación salesiana en la Iglesia.

         El discernimiento vocacional “salesiano”, realizado en el contexto formativo, implica el cotejo entre la vocación personal y el carisma de la Congregación.

         El candidato debe llegar a la convicción motivada de poder vivir de modo substancialmente coherente y con alegría el espíritu y la misión de la Congregación, y la Congregación debe tener la certeza moral, fundada sobre razones positivas, que él posee las cualidades necesarias para recorrer el camino emprendido. Esta certeza moral, además de fundarse en la gracia de Dios, se apoya en los recursos de la persona, en el camino que ella ha recorrido y en su capacidad de asumir con responsabilidad y confianza un proyecto de vida.

         Se trata de identificar los elementos de idoneidad según un criterio que privilegia la calidad de la experiencia salesiana. Primera responsabilidad de la Congregación es, en efecto, velar por la fidelidad al carisma y por la autenticidad vocacional.

1.2.2.2         Discernimiento sensible a las diversas formas de la única vocación

7.      Dentro de una única vocación salesiana el discernimiento vocacional tiene presente la distinción determinada por la forma laical o presbiteral de vivirla. La vocación salesiana no es una vocación abstracta y genérica, sino concreta y específica. Dios no llama a ser genéricamente salesiano, sino que hace comprender, a veces gradualmente, que la llamada está específicamente orientada a realizar el proyecto de Don Bosco como religioso laico o como religioso presbítero[15].

         Por lo que se refiere al discernimiento vocacional ello significa que:

-     los criterios de discernimiento son fundamentalmente válidos para todos los candidatos;

-     la perspectiva de la “forma específica” y, por tanto, las acentuaciones características que derivan de ella, deben estar presentes a lo largo de todo el proceso de discernimiento y no sólo en su inicio o en el período de la formación específica;

-     es bueno que la opción vocacional sea clara, ya al momento de la primera profesión y, en cualquier caso, antes del inicio de la formación específica y de la profesión perpetua[16].

1.2.3    Discernimiento durante la formación inicial

1.2.3.1         El discernimiento: actitud constante del itinerario formativo

8.      Todo el proceso formativo es un camino de discernimiento y tiene que ser vivido en actitud permanente de discernimiento. «Al que se orienta hacia la vida salesiana, se le ofrecen el ambiente y las condiciones adecuadas para que conozca su vocación y madure como hombre y como cristiano. De este modo, con la ayuda de un guía espiritual, puede decidir con mayor conocimiento y libre de presiones externas e internas»[17]. Haciendo «experiencia de los valores de la vocación salesiana»[18], el candidato llega a un más profundo conocimiento de sí mismo y se hace capaz de dar una respuesta personal madura.

         Toda la formación inicial está pedagógicamente estructurada con esta finalidad. Por esto, antes de ser incorporado definitivamente a la Sociedad, el candidato recorre diversos períodos formativos. «Ellos – dicen las Constituciones – son necesarios para el candidato y para la comunidad, a fin de poder discernir en mutua colaboración la voluntad de Dios y corresponder a ella. El candidato va conociendo progresivamente la Congregación y ésta,

a su vez, puede valorar sus aptitudes para la vida salesiana»[19], en particular, las motivaciones y la recta intención.

9.      El discernimiento se realiza en cada fase; acompaña el camino de crecimiento y evaluación, el logro de los objetivos específicos; se manifiesta en una sucesión pedagógica y gradual de evaluaciones y de compromisos (petición, juicio de idoneidad, admisión). Quien discierne debe estar atento a la unidad y a la personalización del proceso formativo y debe asumir las características.

A.          Discernimiento gradual y progresivo

10.    Durante el itinerario formativo existen, en cierto modo, criterios para una evaluación de base y criterios para evaluar el progreso y el crecimiento. Comprobada la idoneidad de base y la ausencia de contraindicaciones absolutas, hay que constatar entre el primer inicio y la profesión perpetua, el creciente conocimiento, la maduración de la idoneidad, la profundización de las motivaciones. Partiendo de la existencia de disposiciones fundamentales, que no son todavía actitudes desarrolladas, se trata de evaluar – en las distintas admisiones y en otros momentos de discernimiento – si el crecimiento ha logrado la madurez necesaria para asumir los compromisos correspondientes.

B.           Discernimiento sensible a la especificidad de las fases y de los momentos

11.    Cada fase formativa tiene objetivos propios, tiende a poner de relieve aspectos diferentes y ofrece posibilidades particulares de conocimiento de la persona, de contacto con la experiencia salesiana y de visión de la Congregación. No son los mismo, por ejemplo, los indicadores propios del noviciado, de aquellos que caracterizan el tirocinio. Se trata de evaluar el tipo de crecimiento que cada fase pretende favorecer y los desafíos que tiene que afrontar, prestando «particular atención a los momentos de paso de una fase a otra»[20], y de asegurar, que al final de cada fase formativa, se hayan logrado los objetivos requeridos para la fase siguiente. Por tanto, aún sabiendo que los valores vocacionales se asumen gradualmente, el discernimiento ayudará a no «prolongar situaciones problemáticas o de indecisión que no ofrecen perspectivas serias de mejoría»[21].

C.          Discernimiento considerado en la unidad y en la continuidad de la formación

12.    El discernimiento se debe actuar en la perspectiva de la unidad de la persona y de su experiencia y de la continuidad del itinerario formativo. Aún cuando se tenga que realizar en fases diversas y en diferentes comunidades, con diferentes grupos de formadores y a través de momentos sucesivos de evaluación y de admisión, no puede limitarse a una única dimensión de la formación o sólo al momento presente. El discernimiento implica una visión unitaria de la formación, continuidad de la metodología formativa y del conocimiento de la persona, una consideración personalizada y en contexto. Esta perspectiva es indispensable para la justa evaluación de manifestaciones y hechos.

 

1.2.3.2         Discernimiento: momentos particulares y admisiones

13.    El acompañamiento y el discernimiento son una constante de toda la formación inicial con acentuaciones específicas en las diferentes fases que preparan a la plena incorporación en la Congregación: en la evaluación de la idoneidad de base, en el momento de la primera respuesta vocacional, en las admisiones que constituyen puntos de síntesis[22].

         Los períodos que preceden a la primera profesión, es decir, la preparación al noviciado y el noviciado, tienen un relieve particular. «Inmediatamente antes del noviciado – afirman las Constituciones –, se requiere una preparación especial, para reflexionar seriamente sobre la opción vocacional y comprobar la idoneidad necesaria para comenzar el noviciado»[23]. Durante el noviciado «con la ayuda del maestro, el novicio estudia a fondo las motivaciones de su opción, comprueba su idoneidad para la vocación salesiana, y se orienta hacia la donación completa de sí mismo a Dios para el servicio de los jóvenes según el espíritu de Don Bosco»[24].

         Singular atención se atribuye también al discernimiento de la madurez espiritual requerida para la profesión perpetua, dada la importancia de tal opción[25].

         También después de la formación inicial se pueden vivir circunstancias que requieren un discernimiento más profundo y una evaluación más ponderada: ante nuevas situaciones y nuevos desafíos, en momentos de duda, de desmotivación o de reafirmación vocacional, en tiempos de dificultad y también en situaciones gravemente comprometidas[26].

14.    Hay una estrecha relación entre discernimiento y admisiones. Las admisiones a los diversos compromisos del camino vocacional constituyen momentos particularmente importantes de discernimiento; en ellas se sintetiza y se expresa la lectura y la evaluación de los signos que motivan tanto la petición del candidato como el juicio de los responsables acerca de la idoneidad correspondiente al compromiso que se asume[27].

         La petición presentada libremente por el candidato se fundamenta sobre el discernimiento realizado por él, con la colaboración de aquellos que lo acompañan y de la comunidad, y queda abierta a un signo decisivo de la voluntad de Dios, expresado en el juicio de aquellos que son los «mediadores de la acción del Señor»[28].

         Por otro lado, este juicio de los superiores[29] es fruto del esfuerzo de comprensión, iluminado por los criterios de la Iglesia y de la Congregación, que atraviesa toda la experiencia formativa y pretende servir a la vocación personal y a la identidad salesiana.

        

         Todo lo que se dice del discernimiento con miras a las admisiones se debe tener presente en los casos de readmisión de quien hubiese salido legítimamente de la Congregación al término del noviciado o después de la profesión[30].

1.3          LOS RESPONSABLES DEL DISCERNIMENTO VOCACIONAL

 

15.    En el discernimiento en función de las decisiones finales, de opciones significativas y de las admisiones, se expresan todos aquellos que, con roles y responsabilidades diferentes, participan en el proceso formativo.

         El discernimiento se realiza en íntima colaboración entre el candidato y la comunidad, a través de un diálogo de recíproca confianza para comprender la voluntad de Dios y reconocer sus signos[31].

         El aspecto personal y aspecto comunitario del discernimiento están en juego cuando, en los años de la formación inicial, se trata de determinar la idoneidad de base ante el proyecto vocacional salesiano, o bien los requisitos de idoneidad necesarios para dar un paso ulterior en el camino hacia los compromisos definitivos.

16.    La experiencia formativa parte de un presupuesto fundamental: la voluntad común de realizar juntos un proceso de discernimiento, de opción y de fidelidad vocacional con una actitud de comunicación abierta y de sincera corresponsabilidad, atentos a la voz del Espíritu y a las mediaciones concretas[32].

         Al candidato le corresponde en primera persona comprender la intención de Dios sobre su vida y por tanto, también en este caso, él «asume la responsabilidad de su propia formación»[33]. Por otra parte, toda la comunidad se siente comprometida y es invitada a dar su propia contribución.

         El Inspector y el Director, con sus respectivos Consejos, tienen una específica responsabilidad jurídica en las admisiones y en el discernimiento que las precede. A ellos se les confía la tarea de evaluar y de emitir un juicio, en forma personal y colegial, en un determinado momento del proceso formativo. En cierta medida, es el aspecto oficial del discernimiento. Con esto no se quiere poner en segundo plano el rol determinante de otros responsables, como el director espiritual y el confesor.

         Todos los hermanos, en particular los que constituyen la comunidad formadora, tienen una responsabilidad moral. Ciertamente, ésta recae, sobre todo, en aquellos que tienen la responsabilidad jurídica; ellos tienen que asegurar las condiciones para obrar según los criterios indicados por la Iglesia y por la Congregación, sobre la base de una información adecuada y con la perspectiva de un proceso de discernimiento que requiere gradualidad y continuidad.

1.3.1    Responsabilidad del candidato

17.    La tarea del discernimiento vocacional, como se ha dicho, corresponde, en primer lugar, al candidato a la vida salesiana o al hermano en formación. Él es el primer interesado en comprender la voluntad de Dios sobre él mismo y es responsable de dar una respuesta auténtica. Por esto, asume una actitud permanente de discernimiento, cultiva una apertura constante a la voz de Dios y a la acción de los formadores, orienta su vida según una perspectiva de fe, se observa a la luz de los criterios vocaciones salesianos. Busca conocerse de verdad, hacerse conocer y aceptarse. Se vale de todas las mediaciones y de los medios que la experiencia formativa le ofrece, en particular, del acompañamiento formativo, del coloquio con el Director, de la dirección espiritual, del sacramento de la Penitencia, del diálogo y del discernimiento comunitario[34]. Mantiene una relación de apertura y de confianza con el Director de la comunidad, a quien se ha confiado la tarea del acompañamiento formativo, para que le pueda ofrecer el conocimiento necesario para orientar, discernir y decidir[35].

         El acompañamiento formativo y la dirección espiritual son medios privilegiados para un camino de profundo conocimiento de sí y para orientar la propia existencia con un criterio espiritual, especialmente cuando se afrontan opciones delicadas y difíciles[36].

         También después de la formación inicial el salesiano se mantiene en actitud de discernimiento, asumiendo las mutables circunstancias de la vida como un desafío y como un estímulo en el camino vocacional y como invitación a un renovado compromiso en la propia formación.

1.3.2    Responsabilidad comunitaria: sus diferentes expresiones

18.    La comunidad salesiana, en primer lugar la comunidad inspectorial, es responsable del discernimiento vocacional y, a través de éste, presta un servicio a la persona y al carisma.

-     Servicio a la persona, ayudando al candidato a comprender su vocación, los impulsos que lo mueven y los signos del Espíritu en relación con la opción vocacional.

-     Servicio al carisma salesiano, a través del compromiso asumido en nombre de la Congregación y de la Iglesia de evaluar y determinar, en base a los criterios por ellas establecidos, si una persona es verdaderamente idónea y llamada a vivir el proyecto de vida consagrada salesiana.

 

A nivel mundial, compete al Rector Mayor con su Consejo establecer los criterios de discernimiento vocacional y hacer que sean conocidos, asumidos y aplicados en las Inspectorías, sobre todo en los momentos de admisión.

1.3.2.1         A nivel inspectorial

19.    La comunidad inspectorial desempeña su tarea en las admisiones a través de distintos responsables.

         La tarea de admitir a los candidatos – tanto al noviciado como a la profesión y a las ordenaciones – compete al Inspector, a norma del derecho[37]. En el momento de las admisiones, a él le toca pronunciarse de modo definitivo; se trata de una responsabilidad de la que no puede abdicar, remitiéndose al parecer de otros.

         Asistido por su Consejo, él es el garante del discernimiento vocacional; su responsabilidad no se limita a la decisión final.

         Él «trata de que se ofrezcan a quien se orienta a la vida salesiana el ambiente y las condiciones aptas para el primer discernimiento vocacional; acompaña en los delicados períodos de la formación inicial y asume la propia responsabilidad en el discernimiento y en las admisiones»[38].

         Personalmente o a través de la Comisión inspectorial para la formación, el Inspector preserva la unidad de los criterios de discernimiento y de admisión[39]. Promueve un adecuado conocimiento de los candidatos, tanto por parte de los miembros del Consejo inspectorial como por parte de los responsables de las distintas fases, favoreciendo a lo largo del proceso formativo la actitud de discernimiento y la comunicación de adecuadas informaciones con las modalidades más oportunas[40].

20.    Los miembros del Consejo inspectorial y, en análoga medida, los del Consejo local están llamados a formular un parecer o a expresar un consentimiento. Tienen, por tanto, el deber de construirse un juicio, lo más personal y completo posible del candidato. Conscientes de la continuidad del discernimiento, los Consejeros inspectoriales cotejan las evaluaciones precedentes con la que surge al momento de una nueva admisión. Profundizado el conocimiento de los sujetos, el Consejo cumple a tiempo su tarea, sin postergar las decisiones oportunas.

1.3.2.2         A nivel local

21.    A nivel local, el rol del Director es determinante. Él acompaña a los hermanos en formación inicial, anima y coordina el trabajo del Consejo de la comunidad, se mantiene en diálogo con el Inspector y su Consejo.

         Ante la Inspectoría es el responsable del proceso formativo personal, lo cual supone atención por su parte al camino formativo de cada uno, capacidad de ser cercano, de acoger y de orientar. Lo hace de modo particular mediante el coloquio.

         En relación con el «secreto profesional»[41], recuérdese que el Director no puede servirse, ni siquiera en las votaciones secretas del Consejo de la casa, de lo que conoce sólo a través del “coloquio”[42]. Puede servirse de estos elementos sólo si el hermano le da su consentimiento libre y explícitamente.

22.    Los miembros del Consejo de la comunidad realizan un discernimiento periódico mediante las evaluaciones trimestrales, hechas según las modalidades determinadas a nivel inspectorial. Evalúan el progreso vocacional del candidato y le ofrecen adecuadas sugerencias e indicaciones[43]. En ocasión de las admisiones formulan el parecer que se envía al Inspector, fundándose sobre un conocimiento personal adecuado.

         Es importante asegurar la convergencia de los criterios de evaluación entre el Consejo local y el Consejo inspectorial.

23.    Toda la comunidad colabora en el discernimiento vocacional, asegurando un ambiente formativo y mediante los diversos roles y servicios. El ambiente comunitario estimula el crecimiento espiritual y la confrontación de cada uno con los criterios de identidad salesiana a través del testimonio recíproco, la práctica de la corrección fraterna, las evaluaciones y la expresión de una parecer al momento de la admisión a la profesión, a los ministerios y a las órdenes sagradas[44].

24.    A algunos miembros de la comunidad se confían específicas responsabilidades de discernimiento, que los comprometen en lo cotidiano o a través de intervenciones específicas.

         Los formadores, en particular, «siguen el camino de cada uno, evalúan en nombre de la Iglesia y de la Congregación la idoneidad vocacional y ofrecen elementos de información y de discernimiento también con miras a las diversas admisiones»[45]. Ellos guían a los hermanos «en los caminos del Señor, tanto con las palabras como con el testimonio coherente de sus vidas consagradas»[46].

25.    El director espiritual personal ofrece una ayuda a quien está en búsqueda de la plenitud de su vocación cristiana y religiosa. Presta un servicio «de iluminación, de apoyo y de guía en el discernir la voluntad de Dios para alcanzar la santidad; motiva y suscita el compromiso de la persona, la estimula a opciones serias en sintonía con el Evangelio y confronta con el proyecto vocacional salesiano»[47].

26.    Gran incidencia puede tener sobre el discernimiento vocacional, sobre la orientación y sobre toda la experiencia formativa el rol del confesor. Cabalmente por esto, la Ratio aconseja que durante la formación inicial se tenga un confesor estable y que sea «ordinariamente salesiano»[48].

         Al confesor y a quien cumple el servicio de la dirección espiritual sin ser Director de la comunidad se atribuye una responsabilidad moral de relieve en relación con el discernimiento vocacional. Si bien no están llamados a formular un juicio sobre la idoneidad vocacional y no intervienen en las admisiones, ellos tienen una función a menudo decisiva para la clarificación de las motivaciones y la adquisición de los valores morales. Por esto el sujeto los debe consultar y debe tener en cuenta su parecer, que en algunos casos puede ser también vinculante en fuero interno.

         Los confesores están siempre obligados al secreto del sacramento y los directores espirituales, en sentido estricto, están también obligados al secreto en virtud de su oficio. Deben obrar sólo en fuero interno para orientar y para convencer, eventualmente, a los no idóneos a abandonar el camino emprendido.

Es deber suyo conocer y asumir, como punto de referencia vinculante en su servicio, los criterios de discernimiento indicados por la Iglesia y la Congregación.

27.    Una contribución específica pueden ser llamadas a dar personas que tienen una específica competencia en algunos ámbitos (expertos). «Cuando estos expertos no son salesianos, es importante hacer de modo tal que su servicio tenga en cuenta las características propias de la vocación y sea visto en la perspectiva global de la formación salesiana»[49].

28.    También algunos miembros no salesianos de la Comunidad educativo-pastoral, que están en relación significativa con los candidatos o con los hermanos en formación inicial, pueden ser llamados a compartir la responsabilidad del discernimiento vocacional, a través de prudentes y oportunas informaciones a petición del Director de la comunidad.

1.4          CONDICIONES INDISPENSABLES

 

29.    Para plantear debidamente el discernimiento y para situarse convenientemente ante esta tarea importante y delicada son indispensables algunas convicciones, actitudes y condiciones. Hay que cultivar una perspectiva vocacional, una actitud de fe, una sensibilidad pedagógica formativa, algunas competencias específicas.

1.4.1    Una perspectiva vocacional

30.    La vida de cada persona es vocación y como tal debe ser comprendida, acogida y realizada. A cada uno se le da un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacer fructificar, un proyecto para realizar.

         Los signos vocacionales se revelan en la persona: para comprender la llamada, la intención de Dios, el proyecto al cual Él invita, por tanto, hay que conocer en profundidad la persona, su realidad humana, su historia y su actual estructura, para captar en ella los signos de la “vocación divina”.

         La vocación se reconoce en signos cotidianos. El Espíritu no utiliza, habitualmente, modalidades extraordinarias, sino más bien habla a través de las actitudes y las aspiraciones, las intenciones y las motivaciones que se perciben en lo cotidiano, en la interacción con las personas, en el encuentro con la realidad y en el curso de los acontecimientos.

         La vocación salesiana, como específica forma de vida religiosa, se reconoce a través de aquellos signos característicos que manifiestan la convergencia existente, entre la vocación personal, y el proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco.

1.4.2    Una actitud de fe

31.    El discernimiento vocacional es discernimiento espiritual. Por ello:

a)    Hay que cultivar intensamente una perspectiva de fe, con la convicción de que es Dios quien llama y que la vocación es una gracia del Padre, que «ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa de enriquecerla con nuevas energías apostólicas»[50].

b)   Se debe reconocer que éste es un plan en el que «sólo Dios es el dueño (del corazón) y nosotros no podremos lograr nada, si Dios no nos enseña el arte y no nos pone la llave en la mano»[51].

Los responsables del discernimiento son mediadores atentos y respetuosos de la acción divina, colaboradores y no dueños del proyecto del Señor, garantes de las condiciones de calidad de la vocación para que esta sea vivida en fidelidad al Espíritu.

c)    Para comprender las intenciones de Dios, para descubrir e interpretar su lenguaje, es necesario vivir en sintonía con Él y ser dóciles al Espíritu.

1.4.3    Una sensibilidad pedagógica

32.    La sensibilidad pedagógica:

a)    Requiere y favorece un clima de libertad, exento de imposiciones y presiones de cualquier tipo; un clima de familia, de recíproca aceptación y de acogida, que es el estilo de relaciones del Sistema Preventivo; implica también el apoyo comunitario en los momentos más delicados.

b)   Estimula un conocimiento concreto y profundo de la persona y exige el compromiso para alcanzarlo, a través del contacto personal, el acompañamiento formativo, la dirección espiritual y las otras claves de lectura de la experiencia, tales como: el conocimiento del contexto cultural y juvenil y de la condición familiar, la contribución de las ciencias humanas.

c)    Crea sensibilidad al sentido del proceso formativo, que lleva a tener en cuenta los ritmos de maduración de la persona, hoy más largos y complejos, y la dificultad de pronunciarse por decisiones definitivas. Ello reclama:

-     la capacidad de plantear las fases formativas con una pedagogía gradual que conduzca a compromisos progresivos, aceptando los momentos en los que la persona se detiene y estimulando aquellos en los que reemprende su camino;

-     el compromiso por asegurar el logro de ciertos objetivos formativos sin dilatar situaciones que no ofrecen las condiciones requeridas;

-     la habilidad de unir en el discernimiento la confianza educativa y la prudencia, que no alimenta ilusiones, y construye sobre elementos positivos detectados;

-     la convicción de que la vocación se desarrolla durante todo el curso de la existencia y requiere un ambiente educativo y un esfuerzo personal de crecimiento espiritual.

1.4.4    Algunas competencias específicas

33.    Identificar la eventual presencia o ausencia de los signos de la llamada de Dios es una empresa delicada; requiere clara conciencia de la tarea y algunas competencias específicas. El discernimiento vocacional es una gracia que, ordinariamente, se actualiza con la mediación de facultades humanas de juicio, que actúan en sinergia con la gracia. La interpretación de los hechos vocacionales no se cumple en modo unívoco; antes bien, está estrechamente ligada a la experiencia y a la formación de las personas que intervienen en ella.

         Para el discernimiento salesiano es necesario el conocimiento de las orientaciones de la Iglesia y de la Congregación (ver capítulo segundo), de los principios de la teología de la vocación, de la contribución que pueden hacer las ciencias psicológicas y formativas. Es indispensable una iluminada prudencia, que hace capaces de descifrar los signos de la vocación en el flujo concreto de las vicisitudes de cada persona.

         Las facultades humanas de juicio se adquieren con la experiencia; pero no se puede prescindir de una preparación específica que habilite a comprender los procesos psíquicos, concientes e inconscientes, normales y patológicos, relativos a la vida intelectiva, afectiva, personal e interpersonal. Hay que notar que en el proceso de discernimiento se suponen dos disposiciones: por una parte, que el formador esté en condiciones de comprender y ayudar al candidato en las dimensiones psíquicas y espirituales, y, por otra parte, que el ambiente, caracterizado por el estilo del Sistema Preventivo, favorezca la confianza recíproca, de tal modo que el candidato pueda conocerse y abrirse y haga posible que los formadores lo comprendan y ayuden.

         En el discernimiento interviene el juicio dado por personas que tienen una determinada mentalidad. Los modelos mentales condicionan a menudo la interpretación de los hechos. El discernimiento de los formadores, por tanto, debe apoyarse, no sólo en la capacidad de re-elaborar “conocimientos” y “datos”, sino también en una mentalidad abierta, habituada a captar la conexión entre elementos de diferente naturaleza. Por tanto, para asegurar un adecuado discernimiento hay que cultivar, en aquellos que intervienen en él, una mentalidad que posea una visión de conjunto de la vida salesiana y la capacidad de interpretar los “signos” vocacionales de modo armónico e interrelacionado, tanto respecto al crecimiento humano individual como en relación con el estilo de vida propio de la consagración salesiana.

1.5          MEDIOS Y PROCEDIMIENTOS

 

34.    Aseguradas las condiciones indicadas y asumidos los criterios establecidos, es indispensable recoger todos aquellos elementos de conocimiento que se juzgan útiles para formular un juicio personal y objetivo, como es aquél requerido a los responsables del discernimiento y de las admisiones. Sirven a este fin distintos medios y procedimientos.

1.5.1    El conocimiento en la vida cotidiana

35.    La convivencia salesiana atenta y cordial permite ordinariamente a formadores preparados identificar en modo atendible la salud física, las aptitudes de intelecto, voluntad y afectividad del candidato. Contribuyen a lograr tal conocimiento:

a)    la atención formativa constante al candidato que se actúa en el compartir las diferentes expresiones de la vida cotidiana, vivida según el estilo de relaciones y de atención a la persona propio del Sistema Preventivo;

b)   la recogida sistemática y la evaluación de las informaciones sobre las condiciones externas y pasadas, relevantes e indicativas;

c)    la guía del candidato a la auto-observación, al conocimiento de sí, a la evaluación de sus actitudes y de su camino, a la comunicación;

d)   las diferentes formas de relación personal de conocimiento y formativa.

1.5.2    Otras formas de información

36.    Como complemento del conocimiento adquirido, o también, para superar incertidumbres de evaluación con las cuales pueden encontrarse, aún los formadores preparados, se recomiendan otras formas de información, si fuera necesario incluso de carácter especializado. Claramente, la técnicas médico-psicológicas no pueden ofrecer un resultado seguro y garantizado, sin embargo, su contribución, sumada a la observación por parte de los formadores, en algunos casos aparece oportuna o necesaria. Conviene, por tanto, tenerlas en cuenta en la decisión final, dándoles el justo peso.

         Entre las formas de información se deben considerar las siguientes:

a)    La evaluación de la salud física, efectuada por medio de la consulta específica a un médico experto y de confianza, que conozca las exigencias de la vida salesiana; una evaluación debidamente certificada.[52]

b)   La evaluación de las aptitudes psíquicas, hecha por personas competentes, como parte del proceso de discernimiento vocacional. Puede haber formas diferentes y diferentes ámbitos y niveles de profundidad en el estudio psicológico; en todo caso, éste se debe llevar a cabo respetando la libertad y la dignidad de la persona y manteniendo el secreto profesional y la necesaria privacidad.

Esta evaluación no se dirige únicamente a la finalidad de investigación o exploración, sino que debe servir positivamente a los fines de la formación. Se coloca en esta perspectiva la exploración psicológica hecha antes del ingreso al noviciado, cuando la personalidad del candidato se perfila y se orienta hacia la llamada.

c)    la evaluación del especialista ante interrogantes o deficiencias, que aparecen al inicio del proceso formativo o surgen durante su desarrollo y requieren un análisis más cuidadoso. El experto ayudará a evaluar correctamente si tales dificultades son superables y en qué medida lo son, o se manifiestan como una forma ya consolidada y estructurada como rasgo no modificable de personalidad. «Los errores de discernimiento de las vocaciones no son raros y demasiadas ineptitudes psíquicas, más o menos patológicas, se manifiestan y se perciben solamente después de la ordenación sacerdotal»[53]

Al especialista se le pide expresar un parecer competente sobre la idoneidad o no idoneidad del candidato para un cierto tipo de vida, valorándolo según los cánones de la salud física o mental, valiéndose de su profesión. El especialista iría más allá del ámbito de su competencia si tomase posición sobre la “vocación” que el candidato manifiesta; su intervención permanece en el ámbito de la consulta.

El superior presentará con tacto la necesidad y la finalidad de tal intervención, para que el candidato la acepte y asuma en la perspectiva del discernimiento y en el espíritu de la necesaria colaboración con los responsables del proceso formativo. A tal efecto, es importante la real disponibilidad del candidato a dar su consentimiento para que el especialista comunique al superior, en las formas más oportunas, con prudencia y lealtad, las conclusiones a las que llega. En todo caso, la aceptación del interesado es indispensable.

El especialista está vinculado al secreto profesional, por lo cual él no puede, si no con el consentimiento expreso y libre de quien lo consulta, comunicar a otros lo que llega a conocer directa o indirectamente durante la consulta especializada.

37.    Cuando la evaluación de las aptitudes psíquicas, el trabajo formativo sucesivo o las consultas especializadas arriba nombradas sugieran la conveniencia o la necesidad de la intervención terapéutica profesional, orientada a mejorar las condiciones de idoneidad del candidato, el superior, de acuerdo con el interesado, precise con el especialista el ámbito del servicio y la finalidad por la cual se realiza. Se recurra a psicoterapeutas conocidos por su respeto a los valores humanos y religiosos.

 

2.        CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO

 

2.1          DEFINICIÓN Y TIPO DE CRITERIOS

 

38.    Discernir significa captar en la realidad de una persona los signos que permiten conocer su vocación: la orientación hacia ella, la idoneidad para vivirla, la voluntad de vivirla.

         ¿Qué aspectos de la realidad personal son significativos desde el punto de vista vocacional? ¿Cuáles son los signos indicativos de una determinada vocación?

         Los criterios de discernimiento son puntos de referencia para identificar los aspectos que permiten detectar la presencia o la ausencia de la llamada de Dios y de la idoneidad para responderle. Se puede hablar de criterios positivos o requisitos, criterios negativos o contraindicaciones.

39.    Los criterios positivos o requisitos permiten identificar las dotes (condiciones, disposiciones, aptitudes...) necesarias para establecer la idoneidad vocacional proporcionada a la edad y al compromiso que se asume. Son «dotes físicas, intelectuales y morales, tanto de naturaleza como de gracia por medio de las cuales el joven resulte idóneo y esté disponible a sostener y cumplir dignamente los deberes religiosos y sacerdotales»[54]. Se puede también hablar más en detalle de:

-     Criterios positivos no específicos: se refieren a los elementos fundamentales para la vocación que indican una idoneidad de base, pero cuya presencia no tiene, de por sí, un significado unívoco como signo de la llamada de Dios; denotan que la personalidad y el carácter del candidato pueden sostener las exigencias de la vocación salesiana, pero no necesariamente que ella exista.

-     Criterios positivos específicos: se refieren al signo más característico e indispensable, es decir, a la recta intención; manifiestan el interés y la inclinación auténticos por la misión salesiana, una verdadera motivación espiritual, y, sobre todo, la capacidad concreta de hacer una opción personal por Cristo en la Congregación.

40.    Los criterios negativos o contraindicaciones ayudan a identificar aquellas situaciones y aquellas actitudes que suscitan interrogantes o dudas respecto a la idoneidad vocacional o excluyen la posibilidad de la vida consagrada salesiana.

-     Las contraindicaciones absolutas son las situaciones que excluyen radicalmente la idoneidad vocacional: son tales, por ejemplo, los estados de salud psíquica alterada considerados crónicos e irreversibles, como los estados claramente psicóticos.

-     Las contraindicaciones relativas son aquella que presentan una cierta posibilidad de variación y recuperación, por ejemplo, los estados de inmadurez afectiva que dejan una más o menos fundada esperanza de superación que, a su vez, tendrá que ser probada.

41.    En el ámbito de las contraindicaciones hay toda una gama de situaciones ante las cuales persiste queda frecuentemente la situación de perplejidad. Es necesario, por tanto, estudiar atentamente el grado de compatibilidad de las contraindicaciones con una vida salesiana suficientemente serena. En algunos casos nos encontramos ante situaciones que tienen que ser analizadas y comprendidas recurriendo también a la intervención de los expertos y especialistas.

         Los criterios señalados por la Iglesia y por la Congregación son fruto de la reflexión sobre el significado de determinados elementos, se recaban de principios doctrinales, de las conclusiones de las ciencias humanas, provienen de la experiencia secular de la Iglesia misma y de la genuina tradición salesiana.

        

Algunos requisitos y contraindicaciones los establecen el Código de Derecho Canónico, las Constituciones o los Reglamentos generales y, como tales, se asumen y se aplican: son normas de tipo jurídico.

Otros no son directamente codificados, pero responden a criterios de experiencia, ciencia y prudencia, tanto por parte de la autoridad competente (comunicados en documentos eclesiásticos varios o en las Actas del Consejo General...), como por parte de quien está llamado a tomar decisiones: son indicaciones de tipo prudencial.

 

2.2          LA APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS

 

42.    La aplicación de los criterios de discernimiento, que ahora se describen, debe tener presentes el planteamiento y las condiciones puestas de relieve en el primer capítulo:

-     evaluando los diferentes elementos en el conjunto de la persona, y no como una suma de condiciones separadas;

-     sabiendo distinguir según la gradualidad del proceso formativo entre criterios de base, criterios de crecimiento y de madurez;

-     considerando la exigencia de calidad vocacional, sin desconectarla de la comprensión pedagógica;

-     asegurando responsablemente las condiciones para una experiencia vocacional auténtica y positiva, sin engañarse y sin engañar, y sin olvidar que son múltiples las modalidades de realización de la única vocación salesiana según las personas llamadas a ella y los dones por ellas recibidos.

En esta perspectiva se comprenderá la intención de la presentación de los aspectos positivos o requisitos, que puede parecer excesiva o idealizada. De hecho ella, además de los aspectos constitutivos de la idoneidad, que se podrían llamar básicos y característicos, y sin los cuales no se puede hablar de idoneidad o de aptitud para la vida salesiana, incluye también otros elementos cuya presencia, si bien no es necesaria y no constituye de por sí un requisito, sin embargo puede influir positivamente sobre el desarrollo de la persona, favorecer la formación, enriquecer la expresión de su vocación.

43.    Las Constituciones afirman que para «la admisión al noviciado, a la profesión temporal o perpetua, a los ministerios y a las órdenes sagradas, [...] los superiores basan su juicio en elementos positivos que prueben la idoneidad del candidato»[55].

         La ausencia de contraindicaciones no es criterio suficiente de admisión. Es necesario comprobar en el candidato la presencia de las dotes requeridas[56] y en esta prueba se debe llegar a la certeza moral[57].

         El proceso formativo tiende principalmente al desarrollo de la idoneidad necesaria para hacer realidad la vocación. Las admisiones, vistas en una perspectiva formativa y pedagógica, sirven para analizar y para favorecer la maduración de la idoneidad. El descubrimiento de contraindicaciones absolutas constituye un primer paso en el discernimiento vocacional en cuanto dispensa de una prueba ulterior de los signos positivos.

44.    Los requisitos y las contraindicaciones hay que considerarlos en relación con la fase formativa en que se encuentra el candidato, con la edad y con el grado de maduración del sujeto.

         Es importante, ante todo, conocer y evaluar la situación del candidato, hoy, ordinariamente, más adulto en el momento de inicio del proceso formativo, y analizar las circunstancias del ingreso.

         Particular atención se debe prestar a la situación de los candidatos que llevan consigo una experiencia más larga de vida y a menudo también de trabajo, de compromiso y de búsqueda vocacional. El estudio de la personalidad tendrá que ser cuidadoso, evitando dejarse llevar por la prisa o llegar a la admisión sin una adecuada evaluación. Es necesario preguntarse por qué el candidato no ha hecho antes una opción estable de vida. La respuesta puede ayudar a comprender la dinámica que subyace a una decisión “vocacional”.

         Durante la formación inicial, al inicio de una fase es suficiente cerciorarse de la presencia de las posibilidades concretas de desarrollo vocacional de la persona. En cambio, al final de tal fase o en ocasión de los pasos vocacionales que ella incluya (profesiones, ministerios, ordenaciones), el discernimiento tendrá que verificar si las actitudes han alcanzado el grado de madurez requerido.

         Para los candidatos con buenas perspectivas globales, pero con dificultades todavía no resueltas o en períodos transitorios de disturbio, habrá que evaluar prudentemente la posibilidad de postergar la admisión, a la espera de una probable maduración.

45.    En el discernimiento se tenga presente la relación que se puede establecer entre la manifestación o la desaparición de ciertas problemáticas y las condiciones del ambiente. Ciertas contraindicaciones pueden desaparecer temporalmente en presencia de condiciones atípicas o, en cierto modo, artificiales o de intensa estimulación positiva. Problemas aparentemente superados tienden a resurgir cuando las personas están sometidas a la tensión y a la soledad.

         El noviciado, por ejemplo, puede introducir en un clima de fuerte tensión espiritual y ascética, sin suscitar una colaboración personal y consciente, por parte del candidato. Experiencias análogas, si bien por motivos diferentes, se pueden dar en el período del tirocinio, momento de intensa implicación en la acción salesiana, o en la fase de la formación presbiteral, por el paso a un ritmo diferente de vida y de actividad, o en otros momentos formativos. Es muy probable que los aspectos problemáticos reaparezcan enseguida, ante condiciones de vida diversas[58].

         Respecto a la relación entre experiencia personal y condiciones ambientales, es bueno recordar que la vida comunitaria no se debe pensar en función terapéutica, como si fuese el ambiente más apto para sanar ciertos disturbios o para superar situaciones de inmadurez, si en el candidato no hay una real idoneidad y un compromiso decidido. En algunos casos la maduración debe lograrse y probarse en otros contextos de vida.

46.    Hay que evaluar con prudencia la incidencia de las contraindicaciones relativas. La constatación de una sola contraindicación relativa no puede ser, de por sí, motivo suficiente para expresar un juicio negativo sobre la vocación. En cambio, si tal contraindicación no se integra adecuadamente en la personalidad, o bien, si se da la convergencia de diferentes contraindicaciones o de algunas particularmente importantes, se puede pensar en una falta de madurez que determina la ineptitud del interesado para la vocación salesiana.

47.    En la práctica no siempre es posible establecer de forma precisa los aspectos personales que se deben discernir en cada paso vocacional y en cada fase formativa. Pero es importante comprobar en el conjunto el efectivo crecimiento del candidato en las diversas áreas de discernimiento.

         En todo caso, ante una sistemática falta de crecimiento en algún aspecto significativo, los formadores tendrán que evaluar la posibilidad efectiva de una vocación plenamente lograda.

         El discernimiento tiene que llevar a la positiva calificación de las cualidades del candidato. En caso de duda, los superiores, que tienen que fundar su juicio sobre elementos positivos que comprueben la idoneidad del candidato, y no sólo sobre la confianza en la idoneidad futura, no deben proceder a la admisión. Su primera responsabilidad es servir al carisma, asegurando las condiciones de una auténtica experiencia vocacional salesiana.

2.3          ÁREAS DE DISCERNIMIENTO

 

48.    Teniendo presentes las cuatro dimensiones de la formación propuestas por la Ratio, se indican los elementos que configuran la idoneidad del candidato, en relación con la vocación salesiana. Se señalan los aspectos positivos y los requisitos que se deben considerar, las dificultades y las contraindicaciones que se deben evaluar. Estos elementos constituyen el parámetro del discernimiento.

         Aunque, por motivos prácticos, las áreas del discernimiento se presentan de modo separado y sucesivo, el discernimiento se da en la medida en que, quien lo ejerce, es capaz de captar la conexión y el recíproco influjo entre los diferentes signos y la íntima relación existente entre las diversas áreas. Las áreas, en efecto, son interdependientes, no constituyen ámbitos separados el uno del otro.

         Es necesaria, por tanto, una percepción coherente, que considere los diversos aspectos de modo integral y no de forma aislada.

         Por otra parte, hay que valorar caso por caso. En efecto, las aptitudes vocacionales se manifiestan en la persona concreta y, por tanto, tienen valor sólo si se encuadran en su totalidad psíquica y personal.

2.3.1    Dimensión humana

2.3.1.1         Salud física

49.    El estilo salesiano de vida y de acción requiere buena salud y resistencia física[59]. El salesiano debe estar dispuesto al sacrificio y a la vida dura. Por otra parte, la buena salud favorece la armonía entre las dimensiones de la persona.

50.    Contraindicaciones absolutas de orden médico fisiológico están ligadas a síndromes graves que pueden perjudicar la vida comunitaria y el compromiso en la misión como, por ejemplo, la epilepsia, las enfermedades crónicas como la diabetes, etc., consideradas hasta ahora como taras hereditarias graves:

-     Enfermedades crónicas graves, incluso si ya han sanado, que pueden haber dejado efectos debilitantes secundarios notables.

En relación con la epilepsia, hoy las posiciones médico-psiquiátricas han cambiado mucho respecto al pasado: no se la considera ya irreversible, porque, casi siempre, se la puede tener bajo control mediante fármacos y se sabe que no es contagiosa... Resulta difícil, sin embargo, prever su decurso y su superación permanente. En la práctica, dadas las exigencias de nuestro estilo de vida y de trabajo, hay que considerarla un impedimento vocacional.

-     Grandes o totales incapacidades físicas (ceguera, sordera, mudez...) son contraindicaciones, en cuando impiden una desarrollo normal de la acción educativo-pastoral salesiana.

-     En función de la específica misión salesiana, es una contraindicación absoluta el hecho de ser portador del virus HIV o también ser enfermo de SIDA[60]. Por tanto, según las leyes locales, es necesario solicitar el test del HIV antes de la admisión al prenoviciado. Se lo debe hacer con la debida prudencia y la preparación necesaria del candidato. En algunos casos, para proteger jurídicamente a la Congregación, es prudente repetir el mismo test antes de la eventual dimisión del candidato o hermano.

51.    Contraindicaciones relativas son las incapacidades físicas parciales (poliomielitis leve, la pérdida de un ojo, etc.), que se deben considerar en el contexto de la personalidad del candidato, con la previsión de las posibles repercusiones que pueden suscitar en el sujeto y en el ambiente en el que vive (complejo de inferioridad, miedo del juicio de los muchachos, o bien, aceptación, espontaneidad, serenidad...). Habitualmente, cuando se poseen otras cualidades en medida suficiente y fácilmente reconocidas también por los jóvenes, estas compensan y ayudan a superar el riesgo de un cierto complejo de inferioridad.

52.    Hay que tener presente además, los disturbios aparentemente leves, pero rebeldes a las curas médicas: dolores de cabeza persistentes, insomnio, agotamientos habituales desproporcionados a las condiciones de vida ordinaria, y todas las manifestaciones hipocondríacas diagnosticadas como tales. Ellos representan a menudo somatizaciones de situaciones difíciles y de conflictos, que no siempre tienen solución dentro de los esquemas de la vida consagrada, y que más bien exigirían cambios radicales.

         En tales casos, hay que ir a la raíz y no detenerse en las apariencias externas. Hay que observar el alcance, el significado y la superación de tales situaciones antes de la admisión definitiva.

         Pídase el parecer de un médico que conozca concretamente nuestra vida.

53.    El abuso consuetudinario de sustancias que alteran la psique (drogas, alcohol) durante la vida pasada de un candidato puede constituir una contraindicación, por el hecho de que las dinámicas que han llevado a estas experiencias, generalmente, están conectadas con graves problemáticas de personalidad, que deberían ser “cuidadas” o, al menos, tratadas pedagógicamente. Los efectos del abuso pueden, incluso, no haber incidido o haber quedado escondidos por largo tiempo, pero las dinámicas que los han generado tienen que ser vencidas. El recurso solamente esporádico a dichas sustancias tiene que ser evaluado en el conjunto de la personalidad del candidato.

54.    Antes o durante el prenoviciado hágase un control médico y un examen psicológico que certifique la existencia de un buen nivel general de salud y la ausencia de los problemas físicos enumerados en las contraindicaciones[61].

2.3.1.2         Contexto familiar

55.    En el discernimiento hay que considerar atentamente el contexto familiar del candidato. El influjo de la familia es grande y puede ser determinante. Por tanto, es de vital importancia conocer la incidencia de la experiencia familiar sobre el desarrollo humano del candidato, comprobar que ella haya ofrecido los fundamentales modelos parentales que favorecen el crecimiento del “yo” y una adecuada identificación sexual, y que no haya deformado aspectos importantes de la personalidad. Sobre estos elementos se puede apoyar la sucesiva formación. Es necesario también considerar el impacto de la situación actual de la familia, teniendo presente la visión de la familia en el contexto cultural[62].

A.          Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración

56.    Teniendo presentes las condiciones concretas de las familias se pueden subrayar algunos indicadores de situaciones familiares que ayudan a crecer en los valores humanos y cristianos:

a)    una buena comunicación dentro de la familia, la relación afectuosa y el diálogo que ayuda a reflexionar sobre el sentido de la vida y a interiorizar los valores;

b)   un estilo de relaciones que favorece en los hijos la serenidad, la autonomía de pensamiento y el justo uso de la libertad;

c)    un ambiente que educa en la responsabilidad, en la coherencia, en el reconocimiento del valor de las cosas, en la disciplina y en el trabajo, en la equilibrada gestión de los conflictos;

d)   la apertura a los demás, el sentido de solidaridad, la participación activa en el territorio y en el ámbito social;

e)    la atención a la dimensión y a la práctica religiosa, el testimonio cristiano, el ejemplo de fidelidad en la vida matrimonial, la participación en la comunidad eclesial.

B.           Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar

57.    La dificultad o la contraindicación no está en el hecho de que el candidato provenga de una cierta familia, sino en la incidencia que la situación familiar ha tenido y puede todavía tener sobre su personalidad. En esta perspectiva hay que evaluar con atención algunas situaciones y se debe observar cautela en el admitir cuando el candidato:

a)    ha vivido en un clima familiar que ha incidido de modo irremediablemente negativo durante los primeros años, y puede todavía tener incidencia negativa sobre su personalidad. En algunos casos graves, se puede acceder a la admisión, sólo después de un cuidadoso examen que excluya la eventualidad de desequilibrios. La gravedad de esta contraindicación se debe evaluar con cuidado;

b)   pertenece a una familia en la cual existen taras hereditarias graves, físicas o psíquicas, como el alcoholismo, las epilepsias evidentes y manifiestas, las anormalidades mentales, o casos graves de episodios psicóticos certificados con diagnóstico especializado;

c)    es hijo ilegítimo (nacido fuera del matrimonio): aún teniendo presente que el Código no considera el hecho como una irregularidad[63], la situación se debe evaluar en relación con las cualidades y el equilibrio del candidato y considerando en qué medida ella puede constituir un obstáculo al normal desarrollo de la vida religiosa y/o al ejercicio del ministerio sacerdotal;

d)   tiene padres divorciados o separados, especialmente, si el hecho se ha verificado en tierna edad;

e)    pertenece a una familia de cónyuges bígamos o polígamos. Ello puede constituir una premisa negativa de relevante incidencia sobre la estructura de la persona. En los contextos donde las familias poligámicas forman parte de la cultura tradicional, en el caso de una candidato hijo de una familia no cristiana, se tendrá que considerar, sobre todo, la estabilidad de la misma familia y el tipo de relaciones entre sus miembros, de acuerdo a modelos admitidos por la sana cultura local;

f)     pertenece a una familia de mala fama en el propio ambiente y el hecho ha incidido negativamente sobre el desarrollo psicológico y moral del candidato;

g)   pertenece a una familia no católica, que no sólo no comparte su opción vocacional sino que demuestra una radical y activa oposición a la misma;

h)   pertenece a una familia que se encuentra en una situación socioeconómica y cultural, tan “pobre”, que la opción vocacional se puede viciar con motivaciones profundas, siempre inconscientes, de simple promoción humana y social. Esta es una situación que se debe evaluar individualmente en el caso puntual.

58.    Se ponga atención para la admisión también en los casos o situaciones siguientes, que, no obstante ser objetivamente menos graves que los anteriores, sin embargo, pueden haber tenido consecuencias negativas en la estructura personal:

a)    el ambiente familiar fuertemente desunido, tenso o con poco afecto, donde la agresividad expresa entre los padres ha influido negativamente sobre el hijo, haciéndolo una persona insegura, desorganizada, inestable afectivamente y en las relaciones interpersonales;

b)   la inmadurez afectiva de los padres, visible, por ejemplo, en las reacciones de ansia, de desesperación o de exaltación exageradas, o en actitudes de hiperprotección o instrumentalización, que puede haber procurado desórdenes relevantes a nivel de carácter y puede condicionar la libertad y la responsabilidad creando fuertes dependencias;

c)    la eventual proveniencia de ambientes sociales con dilatada militancia en grupos en tensión con la Iglesia; o de sectores particularmente corruptos, en el caso de que no conste con certeza moral que no se han provocado daños notables;

d)   padres católicos no practicantes o practicantes, decididamente opuestos a la vocación del hijo, teniendo en cuenta la edad y la madurez del candidato.

2.3.1.3         Equilibrio psíquico y capacidad relacional
A.          Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración

59.    El equilibrio psíquico y la capacidad relacional son condiciones necesarias a la vocación salesiana y se pueden considerar presentes cuando la persona da pruebas de: equilibrio emocional, capacidad de opciones libres, apertura a los demás, capacidad de verdadero amor personal.

-     Equilibrio emocional: son parte de él diversas manifestaciones, entre las cuales una creciente lucidez sobre su propia experiencia interna y externa sin distorsiones o negaciones, el sereno control del propio mundo emotivo de frente a éxitos o fracasos, una vivencia cotidiana libre de rigideces o inadecuados extremismos, la estabilidad de ánimo. Quien ha adquirido este equilibrio se muestra siempre más flexible, creativo y optimista, y conserva un fundamental dominio de sí.

60.    - Capacidad de opciones libres a la luz de motivos verdaderos y auténticos. Supone:

a)    una suficiente autonomía psicológica interna y externa que crea una personalidad independiente de presiones ambientales e interiormente libre, hasta poder poner los propios recursos al servicio del proyecto de vida;

b)   la aptitud para tomar iniciativas ponderadas y coherentes, haciendo recto uso de la libertad y asumiendo las consecuentes responsabilidades. Ella supone una disposición activa, creativa y constante, que no se bloquea ante las dificultades;

c)    una justa percepción del propio valor real, de los propios límites, de las propias emociones, impulsos y tendencias, y paralelamente una sana confianza en sí mismo;

d)   la capacidad de renuncias, incluso importantes, cuando están en juego las propias responsabilidades, las necesidades de los demás o el servicio educativo-pastoral, sin experimentar por esto frustraciones negativas;

e)    la libertad interior ante la propia familia, para no limitar el carácter universal de la vocación salesiana.

61.    - Apertura a los demás: este requisito sintetiza un conjunto de actitudes que tienen como denominador común la capacidad de ponerse en relación con los demás en un plano adulto, libre de dependencias y rebeliones de tipo infantil. Esto supone:

a)    la comunicación: el arte del diálogo; la apertura a la realidad del otro; la capacidad de simpatía, de relación y de encuentro; el juicio ponderado de las opiniones de los demás, capaz de superar prejuicios e impulsos emotivos;

b)   la capacidad de abrirse: saber expresarse y manifestarse, superando excesivas discreciones; saber aceptar el acompañamiento formativo;

c)    el sentido de pertenencia: por el cual la persona se identifica a sí misma como miembro activo de una comunidad y se hace cargo de su realidad y de su misión;

d)   la colaboración: que implica saber actuar con las personas cercanas o lejanas por convicción íntima y deber de conciencia, en espíritu de reciprocidad con aceptación de la autoridad;

e)    el trabajo en equipo: la habilidad de saber trabajar “con” y “para” los demás, dentro de un proyecto común. Quien crece en esta dimensión acepta el diálogo, respeta la opinión de los demás, demuestra lealtad en la ejecución de las decisiones comunes, incluso cuando son contrarias a su propios puntos de vista.

62.    - Capacidad de un verdadero amor personal, que se expresa a través de:

a)    el conocimiento, el respeto, la atención, la afabilidad con las personas con las que se vive;

b)   la aceptación y la estima sin condiciones de toda persona, la superación de rigideces y actitudes defensivas, el donarse auténticamente, la predilección por los más necesitados;

c)    una afectividad madura, que unifica y orienta las fuerzas vitales de la persona hacia gestos concretos y significativos: el servicio desinteresado y creativo en la comunidad y en la misión educativo-pastoral, la disponibilidad hacia los demás en toda circunstancia;

d)   la capacidad de crear y cultivar la amistad;

e)    el saber dar el primer paso hacia el otro, la capacidad de perdón;

f)     el saber acoger las justas manifestaciones de afectos, la capacidad de “hacerse amar” en el estilo del Sistema Preventivo de Don Bosco; el saber manifestar gratuitamente el afecto en el ámbito comunitario y educativo.

B.           Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar

63.    Las contraindicaciones de orden psíquico y relacional tienen que ser identificadas y seguidas con particular atención. Se consideran portadores de contraindicaciones absolutas aquellos que, según la observación atenta de formadores preparados, hecha en la vida cotidiana y según un diagnóstico psicológico estructural apropiado, manifiesta desajustes de personalidad que alcanzan el nivel de psicopatologías graves[64]. Es indispensable una evaluación atenta y competente para determinar si algunos rasgos de personalidad presentes en formas acentuadas constituyen trastornos de personalidad, modelos constantes de experiencia interior y de comportamiento, que crean inaptitud para vida salesiana.

64.    En el sector relacional hay algunos signos de inmadurez, que crean una fuerte duda sobre el hecho de que el candidato tenga las dotes humanas necesarias para ser salesiano. Se pueden considerar contraindicaciones absolutas o relativas, según el modo en el que se insertan en el conjunto de la personalidad y de su intensidad[65], las siguientes actitudes o comportamientos:

a)    una concepción idealizada de sí y la falta de autocrítica; el excesivo cuidado de sí mismo y del propio aspecto físico; o también, una exagerada desconfianza en sí mismo; la excesiva necesidad de atención, o bien, por el contrario, el miedo de atraer la atención sobre sí por un hábito de evasión ante situaciones de cambio;

b)   una habitual actitud de clausura ante los demás, falta de diálogo y de comprensión de los demás; la insensibilidad al propio ambiente, a la sociedad y a la Iglesia;

c)    la falta de sinceridad y de transparencia, de fidelidad a las promesas, la incoherencia entre el decir y el hacer;

d)   la falta de docilidad, una habitual disconformidad, con una actitud de oposición constante, el “espíritu de contradicción”, la excesiva tendencia a la independencia; o bien, una excesiva dependencia del ambiente, de la familia, de grupos o de otras personas;

e)    una notable dificultad de relación con el grupo o con un ambiente juvenil amplio, la incapacidad de construir una relación educativa;

f)     la incapacidad de trabajar en equipo y colaborar lealmente en objetivos comunes; la incapacidad de asumir una responsabilidad y de conducir a término proyectos; el individualismo en la reflexión y en la acción; la falta de sentido de la amistad;

g)   persistentes anomalías, falta de autocontrol; falta de equilibrio y extremismos, característicos de individuos exageradamente mortificados, con una virtud puramente exterior que no deriva del amor al bien y hace sospechar una constricción interior que deriva del miedo, del ansia, de la inferioridad, necesidad de demostrarse algo a sí mismo o a los demás;

h)   la relación posesiva con personas o cosas; la envidia, los celos; una relación anormal con los bienes materiales, la excesiva necesidad y la falta de comprensión de su función instrumental.

2.3.1.4         Madurez afectivo-sexual
A.          Indicaciones generales para el discernimiento

65.    El ámbito de la madurez afectivo-sexual influye profundamente sobre el desarrollo de la vida religiosa, en general, y sobre la práctica del celibato, en particular. Determinar la madurez afectivo-sexual de una persona y la consiguiente idoneidad para la vida religiosa salesiana y la práctica del celibato implica un discernimiento complejo que considera fundamentalmente tres aspectos: la estructura de la personalidad y la totalidad de la experiencia de vida, la confrontación de los aspectos personales con el carisma de la Congregación, el contexto en el que se cumple la misión juvenil salesiana.

66.    Ante todo, el discernimiento de la madurez afectivo-sexual considera la estructura global de la personalidad y la totalidad de la experiencia de vida. Se debe tener en cuenta el temperamento, el clima afectivo familiar, la historia de la infancia, la capacidad volitiva, las motivaciones, el control del sentido de culpa, la piedad sincera, los resultados obtenidos.

         La serenidad y el equilibrio del candidato facilitan un juicio positivo. En cambio, desequilibrios psíquicos, fragilidades morales arrastradas en el tiempo, la actual ligereza con otras personas (hombres, mujeres o jóvenes), la eventual ansiedad o escrúpulo, crean interrogantes serios sobre las posibilidades concretas de un resultado positivo.

         A menudo, en sujetos con deficiencias en materia de castidad no existe una “problema sexual”, sino, más bien, un problema más amplio de personalidad. En efecto, los desajustes afectivo-sexuales pueden ser la punta de un témpano de desorganizaciones más profundas en la persona. En cambio, muchos desórdenes personales, como, por ejemplo, ciertos deseos de posesión, cierta dureza de juicio o radicalizaciones, y también ciertas formas anómalas de espiritualidad, frecuentemente, no son otra cosa que la manifestación externa de represiones o taras afectivo-sexuales.

         Por tanto, en este campo es necesario identificar las motivaciones del obrar de la persona, por ejemplo, el egocentrismo, el repliegue sobre sí mismo, el hábito de abandonarse a fantasías, la fuga del compromiso cotidiano o la búsqueda de satisfacción inmediata, el aislamiento en lugar del contacto, el miedo que impide la realización del proyecto.

         El trabajo formativo prestará atención a las motivaciones de fondo de las manifestaciones inmaduras para poder orientar positivamente y con eficacia la persona.

67.    En segundo lugar, el discernimiento pone la estructura personal y la experiencia de vida del interesado en confrontación con el proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco. Para quien quiera entrar en Congregación, la identidad salesiana es el criterio formativo fundamental.

         Es necesario constatar una adecuada identificación sexual de los candidatos y la existencia de la idoneidad afectivo-sexual requerida para asumir con serenidad y coherencia la vocación salesiana. Se trata de una condición basilar para quien está llamado a vivir la castidad en la misión educativa y a expresarla con el estilo del Sistema Preventivo hecho de “amorevolezza” y de transparencia.

         Las fragilidades de la vida pasada pueden impedir de hecho la asunción personal de los valores vocacionales salesianos; por ello tienen que ser objeto de especial atención. Difícilmente los mismos individuos, en el momento de la petición de ingreso, son concientes del real alcance de sus experiencias previas en relación con la realización vocacional.

         Por otro lado, como afirman las Constituciones, «las exigencias educativas y pastorales de nuestra misión y el hecho de que la observancia de la perfecta continencia afecte a inclinaciones de las más profundas de la naturaleza humana, requieren en el salesiano equilibrio psicológico y madurez afectiva. Don Bosco advertía: «Quien no abrigue fundada esperanza de poder guardar, con la ayuda de Dios, la virtud de la castidad en las palabras, en las obras y en los pensamientos, no profese en esta Sociedad, pues con frecuencia se hallará en peligro»[66].

68.    En tercer lugar, el discernimiento está atento al contexto en el que el salesiano tiene que desarrollar su misión. En efecto, las condiciones de la educación de la juventud y la relación pastoral presentan particulares exigencias en el campo de la madurez afectivo-sexual. Es importante comprobar la capacidad de vivir en contextos sociales “abiertos” a la feminidad y a la “coeducación”, ya extendida en la acción pastoral salesiana. Hay que tener presente al mismo tiempo que la experiencia del salesiano se realiza en comunidades masculinas y que los muchachos y los jóvenes varones son los primeros destinatarios de la Congregación.

B.           Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar

69.    En ámbito afectivo-sexual, el discernimiento tiene que comprobar en la estructura personal y en la experiencia previa del sujeto la existencia, o no, de situaciones o de hechos que puedan ser problemáticos, desde el punto de vista formativo, o que deban considerarse contraindicaciones desde el punto de vista vocacional.

         Algunas situaciones, aunque no constituyen a juicio de la Iglesia una contraindicación absoluta, tienen que ser examinadas en sí mismas y también en relación con los compromisos futuros, porque pueden revelar una incapacidad de vivir plenamente la vida salesiana.

         Será el discernimiento, apoyado por consultas especializadas cuando es necesario, el que clarificará si tales situaciones o condiciones pueden ser modificadas por la experiencia formativa o por intervenciones psicoterapéuticas, de modo que sea posible la respuesta a las exigencias de la vocación salesiana y la integración de la sexualidad en la línea de la castidad. En todo caso, los responsables del discernimiento atribuirán la debida importancia a estos aspectos, se tomarán el tiempo necesario y buscarán los medios adecuados para comprenderlos y evaluarlos.

a)      Contraindicaciones relativas o absolutas, objeto del discernimiento

Diversas situaciones o actitudes personales

70.    En el ámbito de la madurez afectivo-sexual, se considerarán contraindicaciones relativas o absolutas, según las posibilidades de superación, las situaciones siguientes:

a)    ciertos temperamentos cerrados y aparentemente insensibles, muy controlados y extremamente duros en los juicios sobre los demás, que en realidad son fundamentalmente reprimidos;

b)   la hipersensibilidad habitual y la necesidad de dar o recibir continuas manifestaciones de afecto, como también los apegos afectivos excesivos;

c)    la acentuada sensualidad, en cualquiera de sus manifestaciones, incluso en la de la poltronería, de la gula; una excesiva sensibilidad sexual, incluso si no hay faltas formales; la introversión morbosa[67];

d)   en el sector específico de la sexualidad: el desprecio de lo que a ella se refiere, el miedo del mundo femenino o actitudes misógenas, o también, más frecuentemente, la idealización del matrimonio y la excesiva atracción heterosexual;

e)    la tendencia heterosexual no dominada e incline a aceptar, o peor, a crear imprudentes situaciones de riesgo en relación con mujeres o muchachas, y, por consiguiente, de escándalo.

Experiencias antes del inicio del itinerario formativo

71.    La experiencia sexual completa que se haya verificado antes del inicio del itinerario formativo salesiano requiere un atento discernimiento. El acompañamiento formativo tendrá que iluminar el impacto que tal experiencia ha tenido sobre el candidato y evaluar su capacidad de integrarla con sinceridad y responsabilidad en la perspectiva de la castidad consagrada. Ello supone:

1)   un análisis del contexto global de la persona, de los recursos que posee y del influjo de tales hechos en su experiencia actual;

2)   la constatación de la apertura y de la participación demostradas con el propio director espiritual y con los responsables del discernimiento vocacional, del espíritu de fe manifestado en la oración personal y comunitaria, de la capacidad de sacrificio personal y de renuncia, de la consistencia de las motivaciones. Si estas condiciones no existen, parece que no tiene sentido que el candidato prosiga el camino del discernimiento;

3)   particular atención merece la condición “tiempo”: el período de la vida en que se han verificado las relaciones (infancia – en cuanto víctima de violencia –, adolescencia o edad adulta); la duración del período en el que se verificaron y la frecuencia; el tiempo transcurrido desde que terminaron;

4)   para tener esperanza de integración se debe comprobar plenitud de compromiso y firmeza de resoluciones por una largo período. Signos evidentes de auto-indulgencia nunca son positivos: en personas con este trasfondo, tales signos pueden convertirse en serias contraindicaciones y no es conveniente prolongar el discernimiento;

5)   en el caso de los convertidos es importante determinar si la relaciones sexuales tuvieron lugar antes o después del bautismo.

Un problema particular: la masturbación

 

72.    En campo afectivo-sexual un problema particular, que se debe tratar según criterios serios y con métodos actualizados, es el de la masturbación.

         Ante este fenómeno los últimos documentos eclesiales insisten en la necesidad de considerarlo, no como un hecho aislado, sino más bien como un fenómeno sintomático que evaluar en el conjunto de la personalidad, de su historia y del momento evolutivo en el que cada uno se encuentra. Indican que se consideren las condiciones del sujeto en su conjunto y no sólo los criterios de tiempo y de objetividad, apuntando a las causas que lo provocan y a las circunstancias en que se practica. Por tanto, aún teniendo presente la gravedad objetiva de la masturbación, se pide gran cautela para establecer la responsabilidad subjetiva de la persona[68]. Resultan evidentes, entonces, la necesidad de una evaluación atenta y seria y, al mismo tiempo, la dificultad de indicar normas objetivas y de valor universal.

73.    En concreto, el problema hay que juzgarlo en relación con los siguientes elementos de evaluación:

1)   la calidad humana y los recursos de la persona, la madurez afectivo-sexual en otras expresiones, el equilibrio personal o la propensión al sentido de frustración en general;

2)   la calidad de la vida espiritual, la apertura en el acompañamiento formativo, la responsabilidad en el practicar los métodos tradicionales de crecimiento espiritual (la dirección espiritual, la oración y los sacramentos, la ascesis, la decisión de evitar las “ocasiones próximas”);

3)   las causas que provocan el fenómeno, que pueden estar en relación con la agresividad, la imagen de sí o la dependencia de los demás, o con la calidad de las relaciones en la comunidad[69];

4)   las condiciones que acompañan el acto, que asignan a la masturbación diversos significados en la dinámica personal, como: el alivio de la ansiedad y la tensión, la fuga de la propia soledad o sufrimiento, la compensación de las frustraciones, un modo de llenar momentos de vacío existencial, o simplemente un alivio, a menudo no querido directamente, de tensiones fisiológicas no provocadas;

5)   la intensidad o la frecuencia del fenómeno, la consistencia del compromiso para superarlo y el tiempo de real superación.

74.    Una visión integral permitirá una evaluación objetiva del significado de pronóstico que pueden tener determinados hechos de orden sexual, tanto a nivel de hecho como a nivel de impulso instintivo y de imaginación obsesiva. Respeto a esto, es necesario tener presente, para una juicio prudencial, algunos factores que contribuyen a encuadrar en la dinámica de la persona el significado del acto masturbatorio. Por una parte, su aparición muy precoz en la vida del joven, el hecho de perdurar y persistir más allá de la adolescencia, la reincidencia, la aparición tardía, el carácter obsesivo, las fantasías que lo acompañan, etc.; y por otra parte, también, la total falta de tales manifestaciones. Un total silencio de la tendencia durante la adolescencia y posteriormente no puede ser considerado por sí solo un indicio seguro de normalidad.

         Estas circunstancias invitan a la prudencia a todos aquellos que tienen que dar un consejo, evaluar si el candidato brinda una sólida esperanza de superación en un tiempo prudencial, expresar un juicio o hacer un pronóstico para una vida de celibato consagrado, vivida con fidelidad, libertad y serenidad. En este campo no es sólo cuestión de preguntarse si el que se forma manifiesta buena voluntad. Es necesario examinar los signos de la voluntad de Dios en la naturaleza, en la estructura psíquica de la persona y en la experiencia de su historia con miras a los compromisos y a su forma de vida futura.

b)      Contraindicaciones absolutas

75.    Algunas situaciones, hechos o hábitos que por su naturaleza propia constituyen contraindicaciones graves y absolutas e impedimentos para la vocación salesiana tienen que ser detectados desde el primer momento del discernimiento, especialmente, cuando se trata de candidatos adultos:

a)    el hecho de haber sido partner activo en situación de pederastía o pedofilia, o bien haber favorecido en cualquier modo la explotación sexual de niños, adolescentes o jóvenes de cualquier sexo. Incluso, independientemente de la conducta actual, tales hechos pasados (que en muchos países son siempre dignos de causa judicial, bajo acusación y sin prescripción) constituyen un grave riesgo para el bien de la juventud, para la práctica de nuestro estilo de castidad consagrada y para la fama de la Congregación.

Según la legislación de las naciones, cuando se lo crea necesario, se prevea la petición de la “declaración de inocencia” del candidato en relación con este tipo de hechos.

No entra en estos casos el eventual hecho aislado realizado durante la adolescencia con otros sujetos menores.

b)   Acciones de perversión sexual: relaciones incestuosas; el ejercicio de violencia o abuso sexual hacia otras personas; el trabajo o la implicación en el campo de la pornografía o el espectáculo inmoral; el ejercicio o la explotación de la prostitución...

c)    La convivencia más o menos duradera con actividad sexual incluida; la separación o el divorcio (incluso sólo en el plano civil).

76.    d) Es contraindicación absoluta el “pecado grave cum alio/a” después de la admisión al itinerario formativo salesiano.

         Se colocan en esta categoría los actos graves buscados y queridos con malicia, todavía más si han sido deliberadamente repetidos. Tales hechos crean una división moral interna expresada en la coexistencia de comportamientos paralelos contrastantes (la “doble vida”), y por tanto, es necesario actuar absolutamente según la norma. Si se trata de un prenovicio, novicio o profeso temporal, debe ser alejado o dimitido; si es diácono, tendrá que considerar seriamente si presentar la petición de dispensa.

         Distinta consideración merecen los casos de actos aislados, objetivamente graves, que no han provocado un escándalo y que, siendo aislados y, sobre todo, fruto de ingenuidad, inexperiencia o maquinación de otros, van acompañados del reconocimiento y de la voluntad de cambio del interesado. Una evaluación seria y atenta puede llevar a reconocer la posibilidad de una real recuperación.

C.          Discernimiento vocacional y homosexualidad

77.    Enunciamos a continuación los criterios que orientan el discernimiento vocacional salesiano respecto a la homosexualidad, tanto la tendencia o la condición homosexual, como los actos homosexuales. Estas situaciones no se consideran aquí desde el punto de vista moral o educativo-pastoral, sino específicamente desde la perspectiva del discernimiento de la idoneidad para la vocación salesiana, teniendo presentes la dignidad intrínseca de cada persona[70] y las particulares exigencias del proyecto de vida consagrada y de la misión salesiana.

         El complejo fenómeno de la homosexualidad incluye las personas «que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo»[71].

         La Iglesia distingue entre la tendencia o condición homosexual y su actuación[72]; defiende a las personas homosexuales, «llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida»,  contra «todo signo de discriminación injusta»[73], si bien condena los actos de homosexualidad[74]. No obstante esto, sostiene que «hay ámbitos en los cuales no es injusta discriminación tener en cuenta la tendencia sexual»[75] e invita a los Institutos religiosos a hacer propias y a exponer « las razones que justifican que se excluyan de la vida religiosa a aquellas y aquellos que no logran dominar tendencias homosexuales»[76].

         Para nosotros la evaluación se refiere específicamente a la vocación consagrada salesiana, la cual requiere una particular capacidad de madurez, de equilibrio y de ascesis en el ámbito afectivo-sexual, incluso en aquellos que tienen tendencias heterosexuales normales. Sin embargo, por sus características propias, la vida consagrada implica específicas exigencias en relación con la homosexualidad. Se trata, en efecto, de una vocación-misión que se vive en comunidades masculinas, que lleva a actuar en constante contacto con la juventud pobre, preferiblemente masculina, necesitada de atención y de afecto, con un estilo de familia y un método educativo que se expresan a través de la “amorevolezza”, la capacidad de “hacerse amar” y de demostrar amor.

         La experiencia salesiana, en su aspecto comunitario y en su expresión educativa y pastoral, enseña cuán difícil es que una persona de tendencia o condición homosexual pueda responder con equilibrio, serenidad y coherencia a las exigencias del proyecto de vida de la Congregación Salesiana. Por lo cual es indispensable, en el discernimiento en materia de homosexualidad, una evaluación seria y exigente, en atención a la Congregación, que tiene que asegurar su auténtico testimonio, y en atención al candidato, a quien se presta un justo servicio evitándole asumir un tipo de vida que le requeriría un esfuerzo extraordinario de control y de equilibrio.

78.    En particular, en materia de homosexualidad, constituyen una contraindicación absoluta para la vida salesiana:

a) El hábito homosexual y los actos de homosexualidad verificados después del inicio del itinerario formativo salesiano. Para el segundo caso valen los criterios expresados arriba[77].

         No entran en estos casos las manifestaciones homosexuales ocasionales, apegos, temporáneas manifestaciones de inmadurez, etc., que se consideran superables con el normal proceso formativo. Para las admisiones se deben evaluar atentamente el tiempo transcurrido, el logro de la integración personal de los hechos, la capacidad de equilibrio y de control lograda (comprensión y criterio, motivación religiosa, madurez en las relaciones, etc.).

79.    b) La tendencia o condición homosexual que se revela, con ayuda profesional, como inserta en la estructura de la personalidad. Se trata de la sola tendencia, sin actos o hábitos homosexuales.

         De por sí, ella puede ser controlada con la educación[78], y no necesariamente se traduce en actividad homosexual o en actitudes que ponen en riesgo la identidad sexual. Tal tendencia, sin embargo, a menudo hace muy difícil al individuo poder establecer y mantener una actitud educativo-pastoral “salesiana” ante la juventud masculina. Frecuentemente la condición homosexual conduce a la pérdida del equilibrio en la interacción pedagógica y puede llevar a un desgaste psicológico de la persona.

         En el contexto educativo-pastoral salesiano el estilo de vida homosexual encuentra ocasiones de hiperestimulación y situaciones que pueden conducir a vínculos intensos e inmaduros, con el riesgo de una cierta morbosidad en la relación con la gente joven. Son hechos que fácilmente se hacen públicos y, por tanto, amenazan la imagen de la Congregación y la eficacia de su testimonio.

         No entra en estos casos el temor de la homosexualidad, que en un ambiente caracterizado por la ausencia de muchachas puede afligir a los jóvenes en situación de particular inseguridad: tal temor puede manifestar, sobre todo, una fragilidad general o una identidad débil, o denotar momentos de definición o de pasaje. El trabajo formativo en estos casos se concentrará sobre las reales motivaciones del fenómeno.

2.3.2    Dimensión espiritual

2.3.2.1         Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración

80.    Aludimos a algunas disposiciones, actitudes, condiciones, que permiten evaluar la idoneidad espiritual de los candidatos a la vida religiosa salesiana. Su desarrollo depende de la acción del Espíritu y de un constante compromiso formativo.

         Los agrupamos en torno a los siguientes núcleos: vida cristiana y caracterización salesiana, vida comunitaria, consejos evangélicos, signos de vocación específica.

A.          Vida cristiana e identidad salesiana

81.    Respecto a la relación con Cristo, la opción por Él y su seguimiento, para la construcción del Reino, según el carisma de Don Bosco, hay que evaluar y cultivar los siguientes aspectos:

a)    una actitud de fe, caracterizada por la acogida de la Palabra asumida como criterio de vida;

b)   una relación de amistad e intimidad con el Señor, manifestada en la centralidad de la experiencia eucarística, en la celebración del sacramento de la Reconciliación, en la asidua participación en la oración comunitaria, en la fidelidad a los momentos de oración personal y a las prácticas de devoción propias de la vocación salesiana;

c)    la identificación con el Da mihi animas coetera tolle, actuada en el celo apostólico hacia los jóvenes, en la disponibilidad para afrontar las exigencias pastorales, en la capacidad de sacrificio;

d)   la disponibilidad para el acompañamiento formativo, la constancia en la práctica de la dirección espiritual y la colaboración en el discernimiento;

e)    la opción consciente y la decisión de estructurar la propia vida en torno a los valores de la consagración salesiana, testimoniadas con la coherencia de las obras;

f)     el crecimiento en las virtudes humanas y cristianas, y en las actitudes pedagógicas y pastorales propias del Sistema Preventivo;

g)   un suficiente conocimiento de Don Bosco y una experiencia positiva de vida salesiana;

h)   el sentido de Iglesia, que se expresa en la comunión pastoral, en la adhesión al magisterio, en la inserción en la Iglesia local, según las posibilidades personales y el carisma de la Congregación.

B.           Vida comunitaria

82.    Respeto a la “vida comunitaria salesiana”, además de los elementos indicados en el ámbito de la capacidad relacional, se deben verificar los siguientes indicadores:

a)    una clara referencia al estilo de fraternidad querido por Don Bosco en lo concreto de la vida y de la acción cotidiana; la referencia a la propia comunidad y a la Inspectoría en las decisiones e iniciativas; el sentido de pertenencia a la Congregación y a la Familia Salesiana;

b)   la actitud de acogida y la cordialidad de las relaciones, según el espíritu de familia; la capacidad de compartir la experiencia vocacional y de prestar atención a los procesos y a las dinámicas que vive la comunidad;

c)    la capacidad de vivir y trabajar junto con los hermanos y de asumir con lealtad y generosidad un proyecto comunitario;

d)   la responsabilidad personal en la ejecución de las tareas asignadas, sin necesidad de una constante persuasión externa, empleando los propios dones y aceptando los propios límites.;

e)    la corresponsabilidad en la comunidad educativo-pastoral, la valorización de la colaboración de los demás, en el respeto de sus roles.

C.          Los consejos evangélicos

83.    Respecto a los “consejos evangélicos”, se pueden considerar los siguientes signos indicadores de idoneidad para la vida salesiana:

a)    la disposición positiva en relación con las diferentes mediaciones humanas; la asunción de un proyecto comunitario y el obrar con visión y mentalidad de conjunto;

b)   la libre y serena aceptación de la autoridad, en una positiva disponibilidad a la obediencia, exenta tanto de la dependencia pasiva como de la oposición sistemática;

c)    la capacidad de emprendimiento y de trabajo; el cuidado de los bienes de la comunidad y de la obra; la capacidad de compartir las propias cualidades y competencias, los bienes y los instrumentos; el sentido social de los bienes y de los servicios;

d)   la justa comprensión de la relación salesiana entre austeridad de vida personal y comunitaria y calidad de los instrumentos para un eficaz servicio;

e)    la efectiva dependencia respecto a la comunidad y al superior, la capacidad de compartir los dones recibidos, la sobriedad en el estilo de vida y en el uso de los instrumentos personales; la responsabilidad y el cuidado del aspecto económico;

f)     la capacidad de amar auténticamente a las personas con las que se vive, de preferir a los jóvenes destinatarios de la misión, de vivir la amistad en forma serena, madura y coherente con la vocación;

g)   la actitud de estima, respetuosa y prudente, de la mujer, con una normal capacidad de autocontrol y de equilibrio emocional; la espontaneidad natural en las manifestaciones afectivas, en sintonía con la propia opción de vida consagrada.

D.          Signos de vocación específica

84.    Los criterios de discernimiento, hasta ahora enunciados, son válidos para todos los Salesianos. Sin embargo, dado que, la vocación específica compromete toda la vida del hermano, la dimensión laical o clerical de su existencia constituye una perspectiva permanente del discernimiento vocacional. Por tanto, es oportuno poner de relieve algunos signos, teniendo presente que se trata de signos específicos, aunque no exclusivos.

85.    Signos que orientan para discernir la vocación de salesiano coadjutor

         El salesiano coadjutor, por su laicidad consagrada, es al mismo tiempo, un signo de la dimensión secular de la Iglesia y de los valores de la consagración; y es para la comunidad salesiana, la Comunidad educativo-pastoral y la Iglesia una llamada viviente a los valores de la dimensión secular del mundo y de la historia.

         La laicidad no hay que entenderla como algo negativo – el no querer o no poder ser salesiano presbítero o diácono – ni se reduce a un servicio o a una simple función[79]. No se refiere, en primer lugar, a lo que el coadjutor quiera o pueda hacer, sino a cómo él debe ser en el hacer. Su modo de vivir la vocación salesiana, de colocarse ante la misión, su rol en la comunidad salesiana[80] y en la comunidad educativa, requieren algunas actitudes y algunas condiciones específicas:

86.    a) Sentirse llamado a vivir el conjunto de los valores salesianos como consagrado laico, que implica:

-     responder a la voluntad de Dios, ponerse a su servicio y realizar la propia santificación como religioso laico: una respuesta manifestada en el testimonio del “buen cristiano”, vivido en la vida consagrada;

-     aceptar esta específica vocación como “original” dimensión personal con sus riquezas y la diversidad de sus funciones, que llena y no limita las propias aspiraciones, y comprender lo que esto significa a nivel espiritual, comunitario y pastoral;

-     ser conciente y asumir el compromiso de vivir en la Congregación «la misma vocación en complementariedad fraterna»[81] con el salesiano presbítero y estar dispuesto a la colaboración creativa en la misión[82].

b) Hacerse idóneo para cumplir la misión de educador-pastor de los jóvenes en la forma laical, cultivando las capacidades y adquiriendo las competencias necesarias para prestar servicios y comprometerse en ambientes profesionales, sociales, culturales más acordes con la identidad del salesiano coadjutor;

         c) educarse en un estilo emprendedor y concreto, asegurando:

-     la cercanía al mundo y la atención a los problemas humanos, el interés por las realidades del trabajo y la sensibilidad por el territorio, la disponibilidad a intervenir;

-     el sentido de la profesionalidad, la conciencia de que todo trabajo es importante, la seriedad en la programación, la capacidad de colaborar;

-     la estima y la propensión al trabajo manual y técnico, y también el aprecio por el trabajo intelectual y la disposición a sacar provecho de él;

-     el compartir el espíritu y la misión con los miembros de la Comunidad educativo-pastoral y de la Familia Salesiana, según la propia identidad de salesiano coadjutor.

87.    Signos que orientan para discernir la vocación de salesiano presbítero[83]

         Se ponen de relieve, en particular, los siguientes aspectos que deben caracterizar al salesiano que se encamina al presbiterado y emprende la vía de la configuración con Cristo Sacerdote, siguiéndolo según el ejemplo de Don Bosco:

a)    sentirse llamado a una experiencia espiritual de unión con Cristo, caracterizada por la identificación personal con el ministerio y la obra de Don Bosco sacerdote, padre y maestro de la juventud;

b)   hacer propia la expresión salesiana del ministerio presbiteral en la misión juvenil; un ministerio vivido en la perspectiva educativa, según un proyecto comunitario, realizado en obras diferentes y realizado en la interacción de roles complementarios;

c)    vivir y cultivar las expresiones del ministerio presbiteral en coherencia con los destinatarios, con los criterios, el método y el espíritu salesiano, con la radicalidad del Da mihi animas y el estilo del Sistema Preventivo;

d)   vivir la vida y la misión en comunión y colaboración con los hermanos coadjutores, y expresar el servicio ministerial en el ámbito de la Comunidad educativo-pastoral y de la Familia Salesiana, con capacidad de animación;

e)    testimoniar, según el carisma salesiano, el amor por la Iglesia en la comunión pastoral, en la docilidad al Papa y a los pastores, en la participación en la vida diocesana, en la disponibilidad a la misión universal.

2.3.2.2         Motivaciones y recta intención

88.    Quien se siente llamado a la vocación salesiana y pide ser admitido entiende optar por un estilo de vida, por un conjunto de valores que percibe de acuerdo con su realidad y sus aspiraciones.

         El primer paso en el discernimiento vocacional consiste en verificar la presencia de los requisitos de idoneidad y la ausencia de contraindicaciones. Sin embargo, aún cuando éstos son signos importantes y necesarios para descubrir una auténtica llamada de Dios, no son suficientes.

89.    Es necesario ir más allá, es decir, hay que reconocer y evaluar el origen de esta inclinación, de esta orientación. Es necesario determinar qué necesidades, deseos o intereses, qué tipo de dinámicas positivas o negativas, internas o externas, constituyen el fundamento de esta opción y le dan consistencia. En una palabra, es necesario identificar las motivaciones profundas de la opción vocacional. La intervención formativa contribuirá para que sean adecuadas, verdaderas y auténticas hasta llegar al signo positivo fundamental, la recta intención.

90.    La recta intención es la voluntad clara y decidida de ofrecerse enteramente al Señor, de pertenecerle y de servirlo en el prójimo según la vocación salesiana. Es una voluntad sincera, bien motivada, declarada y demostrada a través de una conducta coherente y la plena disponibilidad formativa. La recta intención es netamente diferente de la simple atracción sensible o de un generoso deseo de servicio o de otros aspectos, incluso importantes, de la vocación salesiana, como, por ejemplo, el placer de estar con los jóvenes, el trabajo educativo, un rol social. La intención sobrenatural es un compromiso de toda la persona iluminada por la fe. Es el ofrecimiento de sí mismo a una misión percibida y aceptada de la mano de Dios a través de la Iglesia.

         El interés y la inclinación auténticos y orientados hacia la misión salesiana y una verdadera motivación sobrenatural son los componentes esenciales de la recta intención. Es el más característico e indispensable signo vocacional, que confiere sólido fundamento a los demás elementos de idoneidad.

91.    El discernimiento de las motivaciones es un aspecto determinante del proceso formativo. Las motivaciones son complejas y en buena parte inconscientes, como compleja es la persona en la cual lo fisiológico, lo psicológico (consciente e inconsciente), lo espiritual y la gracia constituyen una unidad.

         Para el discernimiento y la evaluación de las motivaciones es bueno distinguir los diversos tipos y niveles de motivaciones:

a)    concientes e inconscientes: son aquellas que el sujeto manifiesta a través de palabras y cree poseer, y aquellas por las cuales él, fundamentalmente, obra y vive, aunque no sea consciente;

b)   dominantes o simplemente presentes: aquellas que de hecho mueven la persona hacia determinadas opciones, y aquellas que solamente acompañan las opciones sin llegar a ser decisivas;

c)    convergentes o divergentes: las primeras son coherentes con la orientación vocacional, como, por ejemplo, la aspiración personal a trabajar por los jóvenes y la voluntad de darse totalmente a Dios en la construcción del Reino; las segundas son las que producen una incoherencia interna, como querer ser religioso y proponerse subir de rango en la escala social;

d)   auténticas o aparentes, adecuadas o inadecuadas, válidas o inválidas: las que se han interiorizado, o bien han sido asumidas sólo aparentemente por el sujeto; las que mueven hacia los demás y a trabajar por su bien y orientan toda la persona hacia Dios, su Reino y su proyecto, o bien las que se concentran en el sujeto, en la satisfacción de sus necesidades y de sus deseos.

92.    El discernimiento tiene que poder determinar la calidad de la motivaciones:

a)    La motivación auténtica, adecuada y válida se fundamenta sobre valores esencialmente religiosos, sobre el amor a Dios y al prójimo, y llega a orientar hacia estas metas las energías del sujeto. Se la reconoce por la coherencia entre los valores proclamados y la vida vivida, por la serenidad y por la alegría con la cual el candidato vive lo cotidiano.

Es la motivación específica que coincide con la “recta intención”: es una motivación fundamental que toca la esencia de la vocación. Una motivación tal es capaz de purificar, unificar y consolidar otras motivaciones conscientes o inconscientes.

En función de la plena realización vocacional el discernimiento y la intervención formativa tienen que comprobar que la motivación auténtica esté presente en el candidato, o que él la pueda lograr con un normal proceso formativo.

b)   La motivación inadecuada se basa en valores sanos y pertenecientes a la vocación, pero no fundamentales y, en cierto sentido, marginales o periféricos, como son la gratificación para el éxito en la educación, la alegría en el trabajo juvenil, la satisfacción de expresar de modo significativo las propias cualidades, la promoción de los pobres, el gusto por el servicio social, la pasión por el estudio, el placer de una vida de amistad.

Cuando se presentan como dominantes, carentes de correctivos y de integraciones sobrenaturales, no obstante sean válidas en sí mismas, estas motivaciones resultan insuficientes para dar razón de la vida consagrada y para sostener la fidelidad. Se agotan si no tienen raíces sólidas y definitivas en el hecho de sentirse llamados a testimoniar la primacía de Dios y en el hecho de acoger la centralidad de Cristo en la configuración de la propia existencia[84]. Con la intervención formativa tales motivaciones se pueden purificar e integrar en motivaciones religiosas auténticas.

c)    La motivación inválida, aunque aparezca exteriormente religiosa, efectivamente, se basa en necesidades e intereses subjetivos múltiples, como la necesidad de seguridad, la afirmación de sí, la búsqueda de afecto, y no logra sostener la opción vocacional, el camino formativo y la perseverancia.

93.    La comprobación de una motivación auténtica siempre es una empresa delicada. Las motivaciones nunca se encuentran en estado puro. Verificada la sinceridad del candidato, que excluye toda falsedad conciente, no se debe presumir la existencia de la rectitud de intención. Se puede encontrar entremezclada en un conjunto de motivaciones egocéntricas, que pertenecen a la esfera claramente inconsciente.

         A través del discernimiento, por tanto, hay que detectar las motivaciones conscientes y, en lo posible, también las inconscientes, valiéndose también del auxilio de las ciencias humanas, sobre todo, cuando la persona no logra un buen nivel de integración. Se trata de comprender la actitud de fondo de la persona, los valores, las necesidades, las carencias y los aspectos que, positivos en sí, pueden, sin embargo, esconder actitudes defensivas.

         Igualmente, es necesario evaluar cuáles son las motivaciones dominantes y cuáles simplemente presentes, hasta qué punto son convergentes y, sobre todo, si son auténticas o no.

         Se requiere por ello el compromiso del candidato y el contacto profundo de dirección y de orientación espiritual con quien tiene sensibilidad y capacidad de discernimiento.

         La comprensión y la evaluación de las motivaciones corresponden, en modo particular, al director espiritual y al hermano mismo, aunque los miembros del Consejo no pueden perder de vista este elemento de capital importancia.

94.    Respecto a la intervención formativa es necesario ser conscientes de que las motivaciones son susceptibles de maduración y de purificación gradual y continua. A menudo el candidato se presenta manifestando como dominante una motivación inadecuada, que la intervención formativa ayuda a transformar, orientándola hacia una línea más auténtica. Por esto es necesario un proceso que privilegie el compromiso del sujeto en la respuesta y en el crecimiento vocacional. Los formadores a este nivel pueden influir, más que con la intervención directa, con la creación de una clima que favorece el conocimiento de sí y la valoración de las motivaciones personales, e impulsa hacia la autenticidad vocacional.

         Así, la formación lleva progresivamente al candidato a comprender con mayor profundidad y claridad que es el Señor quien “llama” y “motiva la opción” del servicio a los jóvenes en la Congregación.

2.3.3    Dimensión intelectual

2.3.3.1         Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración
A.          Inteligencia, capacidad de reflexión y de juicio

95.    La capacidad intelectual no es un elemento aislado de la personalidad. Está inserta en un contexto (temperamento, orientación mental, factores ambientales) y en tal contexto tiene que ser evaluada.

         Por una parte, hay que verificar si la inteligencia del candidato es suficiente y si está integrada con el resto de su personalidad. Se debe conducir a la persona a reconocer sus propios límites, a salvar las propias lagunas a través de la información y la cualificación. Hay que constatar si el interesado sabe razonar para confrontarse y acoger aspectos nuevos y logra decidir coherentemente. Es necesario verificar si se trata de una inteligencia hábil en la elaboración del pensamiento y en grado de establecer relaciones.

         Por otra parte, es necesario que la inteligencia sea proporcionada y relativa al tipo de compromiso que se vive en una Congregación llamada a una misión educativa y pastoral, que se expresa en una diversidad de formas y se realiza en colaboración a través de roles y funciones diferentes. No se trata, por tanto, de la capacidad de acumular conocimientos, sino más bien de un sano criterio para pensar y discernir y de la competencia para actual la misión.

96.    Hay que tener presente que la incapacidad de aprender de la vida, como también la estrechez mental y la falta de honestidad ante la verdad, son signos que pueden expresar problemáticas psicológicas: miedos, angustias, y otras variadas actitudes de defensa, que impiden la apertura a los demás y que, por tanto, pueden hacer que la persona sea incapaz de vivir la vocación salesiana.

         Por ello, en el discernimiento no bastará tener en cuenta únicamente los resultados escolares o académicos. Hay que encontrar también habilidades intelectuales prácticas para comprender y afrontar los problemas de cada día y ese sentido de la realidad que lleva a evitar ingenuas idealizaciones.

         Quien no rinde tanto en los estudios, podría resolver más satisfactoriamente problemas prácticos y de relación con las personas, de evaluación prudencial de las situaciones, demostrando una buena inteligencia práctica.

         Quien rinde muy bien en los estudios puede ser, en cambio, un individuo que crea problemas, que tiene dificultades para aceptar un proyecto comunitario, para ser dócil a las demandas más simples pero urgentes, y puede convertirse en un opositor sistemático.

97.    Se trata de una actitud, cuyo desarrollo se debe promover constantemente. Requiere voluntad constante y capacidad de concentración, la presencia de auténticos intereses culturales, el compromiso de mantener la intencionalidad vocacional salesiana, como criterio de orientación y de carácter de las opciones y de los esfuerzos para actualizarse y madurar intelectualmente, y en fin, la atención a niveles de vida emergentes en las culturas juveniles.

98.    La capacidad intelectual del salesiano, en síntesis, debe ser suficiente para realizar los estudios, que corresponden a los compromisos futuros (tanto de los salesianos coadjutores como de los llamados al ministerio presbiteral) y para tener un justo conocimiento de la naturaleza de la vocación y de sus exigencias[85]. Debe incluir, además, la capacidad de reflexión y de juicio, propia de un educador-pastor, necesaria para cultivar una sensibilidad cultural, formativa y pastoral, que permita vivir sensibles a los signos de los tiempos, de discernir la voz del Espíritu y adquirir la capacidad de aprender de la vida[86].

B.           Cualificación necesaria

99.    Todos tienen que lograr una nivel de estudios que los ponga a la altura de desarrollar un rol útil para la comunidad y para la realización de la misión educativo-pastoral salesiana. Para quien se inicia, se debe verificar, al menos, la aptitud para adquirir una cualificación profesional. A lo largo del itinerario formativo el salesiano tiene que obtener los títulos de estudio establecidos en el proyecto inspectorial de formación. Según los contextos en los que se da la llamada y la primera formación, los títulos que certifican la cualificación del candidato pueden ser diferentes.

         Para estar en condiciones de vivir y compartir los valores salesianos, hoy, y de actualizar el Sistema Preventivo es necesario un suficiente conocimiento de Don Bosco y de su historia, de la experiencia, de la reflexión y de las orientaciones de la Congregación, de las diferentes ramas de la Familia Salesiana.

         En todo caso, es indispensable valorar el camino cotidiano de cualificación a través de diversas formas de encuentro comunitario y de realización programada de la misión, acompañada y sostenida por la reflexión personal y comunitaria y por la actitud de discernimiento.

2.3.3.2         Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar

100.  Algunos signos que pueden manifestar una falta de idoneidad para la vida salesiana son:

a)    el hecho de no poder aprobar los estudios necesarios a nuestra misión, como están previstos por las normas de la Iglesia y por las orientaciones salesianas;

b)   la falta de compromiso en la cualificación personal, necesaria para el rol de animación y de responsabilidad que se debe desempeñar;

c)    un débil interés por la propia renovación cultural y profesional, y la escasa dedicación al estudio, actitudes que pueden provocar un sentido de marginación y de inferioridad y conducir a la superficialidad en el obrar;

d)   un estilo de vida activista y superficial, que no se preocupa de cuidar la cualidad de la experiencia y del trabajo, no sabe darse tiempo para la reflexión, no valoriza las oportunidades para compartir la lectura de la realidad.

2.3.4    Dimensión educativo-pastoral

2.3.4.1         Aspectos positivos y requisitos dignos de consideración

101.  Son signos de idoneidad, que se deben verificar y, también, hacer madurar durante la formación, las cualidades propias del educador pastor salesiano. En particular, se señalan las siguientes:

a)    La predilección por los jóvenes pobres y abandonados y por los ambientes populares; la solidaridad, la capacidad de mantener el contacto con los contextos juveniles y la de encarnarse en contextos distintos del propio;

b)   La aptitud para captar y estimar los valores del propio tiempo; la capacidad de comprensión crítica de los lenguajes de la comunicación social, de confrontación con las situaciones culturales, de apertura a la información;

c)    La capacidad de actuar la misión salesiana por profundas razones de fe, como verdadera experiencia espiritual, integrando espiritualidad y acción pastoral, educación y evangelización, traduciendo el celo pastoral en la iniciativa, en la generosidad y en el sacrificio;

d)   La posesión de un adecuado sentido pastoral y la asunción del Sistema Preventivo como método y espiritualidad; la capacidad de testimoniar un cuadro de valores en sintonía con la propuesta educativa-pastoral salesiana;

e)    La competencia educativo-pastoral, que implica un conjunto de conocimientos específicos, en particular, la Pastoral Juvenil Salesiana, la asunción de habilidades operativas y la búsqueda de cualificación. Expresión privilegiada de esta búsqueda es la constante atención a los problemas educativos, a las diversas formas de comunicación y a los nuevos mensajes, para el anuncio de la Palabra a los jóvenes;

f)     La capacidad de animar y de acompañar personas y grupos, promoviendo un camino de calidad humana y cristiana;

g)   El sentido comunitario de la misión inspectorial y local, manifestando en la participación en la elaboración del proyecto (Proyecto Educativo Pastoral Salesiano), en el respeto por la programación común y en la referencia a los responsables, en la colaboración para la ejecución, en una positiva relación con los laicos y con los miembros de la Familia Salesiana;

h)   El hábito de la reflexión sobre la praxis, de acuerdo con los estímulos y las orientaciones de la Iglesia, los criterios de la ciencia pastoral y las directrices de la Pastoral Juvenil Salesiana;

i)     El vivir la misión como camino de formación.

2.3.4.2         Dificultades y contraindicaciones que se deben detectar

102.  Las contraindicaciones se descubren en la falta o en el desarrollo desintegrado de los elementos arriba indicados:

a)    Poca sensibilidad e interés por los destinatarios específicos de nuestra misión y débil atención hacia la cultura local y el propio territorio;

b)   superficialidad en la experiencia educativo-apostólica; ejecución material de las actividades educativo-pastorales, sin reflexión constante y sin diálogo; escasa atención a las orientaciones pastorales de la Iglesia y de la Congregación;

c)    dificultad para encarnar el Sistema Preventivo como criterio permanente de vida y de acción; una visión secularizada de la actividad educativo-pastoral, fundada sobre técnicas operativas sin la fuerza del Da mihi animas; o una visión que no integra la perspectiva educativa;

d)   el individualismo apostólico, la ausencia de comunicación con los otros operadores y responsables de la misión común, una débil inserción en la comunidad educativo-pastoral;

e)    falta de compromiso en cualificarse para la misión.

 

3.        LAS ADMISIONES

 

103.  Se han puesto de relieve el significado y la importancia de las admisiones en el largo y delicado camino del discernimiento vocacional. Ellas constituyen momentos de síntesis y de particular responsabilidad de decisión y ofrecen una válida ayuda pedagógica para el acompañamiento del candidato hacia una respuesta cada vez más convencida y madura. Por ello las admisiones se colocan en la perspectiva de un camino. En él es necesaria una clara distinción entre el proceso de maduración y la ineptitud para la vida religiosa salesiana[87], entre los criterios de base y los criterios de crecimiento.

         Las consecuencias que las admisiones tienen para el candidato y para la comunidad exigen que las decisiones se apoyen sobre elementos positivos, como establece explícitamente el texto constitucional[88]. Es responsabilidad prioritaria de quien admite asegurar que existan las condiciones para una experiencia vocacional auténtica; en caso de duda respecto a la idoneidad, la prudencia y la experiencia aconsejan no proceder a la admisión[89].

         Al igual que durante el proceso de discernimiento, también en las admisiones se deben tener presentes las dos expresiones de la única vocación salesiana, la del salesiano coadjutor y la del salesiano presbítero.

3.1          LA PETICIÓN, LOS RESPONSABLES Y LAS MODALIDADES DE LAS ADMISIONES

 

104.  No se repite aquí lo que se ha dicho ya a propósito de la naturaleza, de las condiciones y de los criterios de discernimiento. La atención si dirige específicamente a las admisiones y al juicio sobre la idoneidad vocacional de los hermanos en formación inicial.

3.1.1    La petición

La admisión se verifica tras la petición libremente presentada por el candidato[90]. La admisión no es un paso que se realiza automáticamente, como conclusión de una período formativo o a continuación de un plazo de calendario. Vale, en forma analógica, para cada etapa formativa, lo que las Constituciones afirman para la profesión perpetua: el candidato presenta la petición «cuando ha alcanzado la madurez espiritual salesiana que requiere la importancia de tal opción»[91].

La petición se requiere para la admisión al noviciado, a la profesión temporal o perpetua, a los ministerios, al diaconado y al presbiterado. La Ratio se refiere a peticiones de diverso género, tales como las que se requieren para el prenoviciado, para la formación específica de los candidatos al presbiterado, para la preparación a la profesión perpetua[92].

105.  Conviene que la petición, dirigida al Inspector y entregada al Director, no obstante asuma formas personales variables, contenga los siguiente elementos:

-     nombre y apellido del interesado y fecha de presentación;

-     referencia al diálogo tenido con el Director y a su acuerdo para la presentación;

-     alusión al discernimiento hecho y a la petición de parecer al director espiritual y al confesor;

-     objeto de la petición, expresado en forma clara, es decir, el ingreso al noviciado, la primera profesión temporal o su renovación, la profesión perpetua, los ministerios o las órdenes;

-     expresión de la conciencia del acto público que se pretende ejecutar, y de la libertad de hacerlo, como así también de la motivación fundamental.

3.1.2    Los responsables

106.  Responsables de las admisiones son, en diverso grado, el Inspector con su Consejo y el Director con su Consejo. «La admisión al noviciado, a la profesión temporal o perpetua, a los ministerios y a las órdenes sagradas ... – afirman las Constituciones – la hace el inspector con el consentimiento de su Consejo, conocido el parecer del Director de la comunidad con su Consejo»[93].

         La responsabilidad jurídica de las admisiones compete, por tanto, al Inspector, al Director y a sus Consejos, a cada uno según la propia competencia consultiva o deliberativa. A través del discernimiento y la admisión ellos asumen las responsabilidades jurídicas y morales anexas a su función. Es indispensable que se aseguren instancias de diálogo para favorecer la comunión de criterios y evitar divergencias o contrastes en las evaluaciones y en las decisiones.

107.  La petición se examina a doble nivel: el Consejo de la comunidad de pertenencia y el Consejo inspectorial del cual depende la comunidad.

         A nivel local, el Director y los miembros de su Consejo, que ordinariamente tienen un contacto más cercano con el candidato y un conocimiento directo de su situación vocacional, están llamados a expresar un propio parecer y un voto consultivo. En las votaciones participa también el Director; la mayoría se calcula en base al número de los presentes.

108.  A nivel inspectorial, las Constituciones establecen: «Es necesario que el inspector tenga el consentimiento de su Consejo... para la admisión al noviciado, a la profesión, a los ministerios y a las órdenes sagradas»[94].

         Los miembros del Consejo inspectorial no pueden remitirse simplemente al juicio del Consejo de la comunidad. Tienen que formarse un parecer personal, y en lo posible, directo, de los candidatos: busquen conocer y seguir su preparación, actuando aquellas formas de contacto y de comprobación, que permiten dar un voto motivado y consciente. Para esta tarea serán determinantes la atenta consideración del juicio del Consejo de la comunidad local y la confrontación con las observaciones de las admisiones precedentes, de modo que los consejeros puedan evaluar los progresos realizados y la maduración alcanzada. Ante eventuales perplejidades, búsquese llegar a una mejor comprensión de la situación mediante el diálogo y un suplemento de información. No es prudente limitarse, simplemente, a votar como votó el Consejo de la comunidad.

109.  La admisión propiamente dicha es un acto formal del Inspector[95]. La relación Inspector-Consejo, en referencia al voto de admisión, se atiene a las siguientes normas:

-     Si se exige el consentimiento del Consejo (es el caso de las admisiones al noviciado, a la profesión, a los ministerios y a las órdenes), la obligación del superior de atenerse al voto emitido significa que él no puede admitir un candidato al cual el Consejo ha votado negativamente. Sin embargo, no está obligado a admitir un candidato al cual el Consejo ha votado positivamente. Él puede negar la admisión en caso que exista una causa grave conocida por él.

-     Si se pide el parecer del Consejo, el Inspector, para la validez del mismo, debe sentir a todos los consejeros. Luego, sean estos favorables o contrarios, puede obrar con plena autonomía, según la propia conciencia. Sin embargo, no debería desechar el parecer, especialmente si es unánime, sin un motivo grave.

110.  En las votaciones del Consejo la mayoría se calcula sobre el número de los presentes (no sobre el número de los votos válidos), recordando que el Inspector no vota. Si hubiera paridad de votos, el Inspector no puede proceder[96].

         Ningún miembro del Consejo local o inspectorial puede ceder a imposiciones o presiones de cualquier tipo o proveniencia, cuando se trata de dar el propio voto sobre la idoneidad de un candidato.

         En todo esto se recuerde la obligación del secreto.

3.1.3    Las modalidades

111.  En las modalidades de admisión sígase la sucesión de momentos ya comprobada, teniendo en cuenta la diversidad de situaciones:

-     coloquio con el Director (confesor y director espiritual) y presentación de la petición;

-     parecer de la comunidad[97];

-     parecer del Inspector de origen con su Consejo (para quien está fuera de la propia inspectoría)[98];

-     parecer y voto del Director de la comunidad con su Consejo;

-     voto deliberativo del Consejo inspectorial competente y admisión del Inspector[99].

3.2          ADMISIÓN AL PRENOVICIADO

 

112.  En la admisión al prenoviciado hay que considerar atentamente la diversidad de situaciones y de experiencias personales de las que los candidatos provienen y traen consigo, en relación a la edad, los estudios, las experiencias de vida y condiciones familiares, vida cristiana y conocimiento de la vida salesiana, etc.-

         En la aplicación de los criterios expuestos, que se refieren a las aptitudes y las disposiciones, las motivaciones y las contraindicaciones, tómense en consideración los objetivos de esta fase formativa y, por tanto, la idoneidad y la madurez que ella requiere. Respecto a la idoneidad, es importante que se recojan «en colaboración con el mismo candidato, los datos y las informaciones útiles para que se puedan identificar los signos de una verdadera vocación salesiana y sus eventuales contraindicaciones»[100]. Se efectúen los controles médicos previstos por la Ratio y por el Directorio inspectorial[101].

         Algunos requisitos que se juzgan necesarios para la admisión al noviciado se deben tener presentes también para admisión a esta fase (cfr por ejemplo, las situaciones que hacen inválida la admisión al noviciado)[102].

         «Solamente cuando el candidato ha hecho la opción por la vida salesiana [opción inicial, naturalmente] está en condiciones de comenzar la preparación inmediata al noviciado»[103].

3.3          ADMISIÓN AL NOVICIADO

 

3.3.1    Aptitud para la vida salesiana

113.  La admisión al noviciado significa que el candidato es juzgado idóneo para iniciar la experiencia religiosa salesiana[104]. Según los Reglamentos él «debe estar libre de los impedimentos previstos en los cánones 643-645 §1, demostrar las cualidades y la madurez necesaria para emprender la vida salesiana, y tener salud suficiente para poder observar las Constituciones de la Sociedad»[105].

         La importancia y, por tanto, la seriedad de la admisión al noviciado se manifiestan por una constatación hecha a nivel de vida religiosa según la cual «la mayor parte de las dificultades encontradas en nuestros días en la formación de los novicios provienen del hecho de que éstos no poseen, en el momento de su admisión al noviciado, el minimum de madurez necesaria»[106].

         Con el noviciado inicia la experiencia religiosa salesiana; el candidato adhiere a ella porque la juzga en sintonía con su llamada personal. La admisión, por tanto, se verificará sólo después que se haya comprobado la presencia de tal intención, que determina una verdadera opción y una auténtica actitud formativa. Es necesario descubrir la existencia de una motivación suficientemente auténtica, adecuada y válida.

         Si esta decisión o esta motivación están ausentes, el noviciado puede reducirse a una experiencia artificial y externa, casi una empresa imprudente, por parte del candidato, dadas las exigencias que se le proponen, con incidencia no positiva en el mismo ambiente formativo.

3.3.2    Condiciones, impedimentos y requisitos jurídicos

114.  El can 642 establece: «los Superiores admitirán solamente a aquellos que, además de la edad requerida, tengan salud, carácter adecuado y cualidades suficientes de madurez para abrazar la vida propia del instituto; esta salud, carácter y madurez se comprobarán incluso, si es necesario, con la ayuda de peritos, quedando firme lo prescripto en el can. 220».

115.  Los impedimentos a los que se refieren los Reglamentos generales en el art. 90 se presentan en los cánones 643-644: «Es admitido inválidamente en el noviciado:

     1º quien aún no ha cumplido los diecisiete años de edad;

     2º un cónyuge durante el matrimonio;

     3º quien se halla ligado mediante un vínculo sagrado con un instituto de vida consagrada o se ha incorporado en una sociedad de vida apostólica, quedando a salvo lo prescripto en el can. 684;

     4º quien ingresa en el instituto inducido por violencia, miedo grave o dolo, o aquel a quien el Superior admite inducido de ese mismo modo;

     5º quien haya ocultado su incorporación en un instituto de vida consagrada o en una sociedad de vida apostólica»[107].

«Los Superiores no admitan en el noviciado a clérigos seculares sin consultar al Ordinario de los mismos, ni tampoco a quienes hayan contraído deudas que no puedan pagar»[108].

Respecto a la admisión de hijos ilegítimos o de divorciados, síganse las indicaciones dadas más arriba (num. 57).

116.  Los requisitos jurídicos requeridos para la admisión al noviciado son que el candidato:

-     Esté libre de los impedimentos arriba enumerados;

-     sea admitido por el legítimo superior;

-     presente los documentos prescritos, es decir:

▪     la petición;

▪     el certificado de bautismo y de confirmación;

▪     el certificado de estado libre;

▪     para quien ha estado incorporado a un Instituto religioso o en una Sociedad de vida apostólica, el certificado del superior mayor del Instituto o de la Sociedad;

▪     para los clérigos seculares, el certificado del último ministerio u ordenación y las cartas testimoniales de los Ordinarios de las diócesis en las cuales haya estado, después de la recepción del ministerio o de la ordenación, por más de un año.

Los destinatarios de estas informaciones tienen la obligación estricta de custodiar el secreto sobre las noticias recibidas y sobre las personas que las han brindado. Respecto a las consultas de los expertos hay que tener presentes también las leyes locales sobre la privacidad.

3.4          ADMISIÓN A LA PRIMERA PROFESIÓN

 

3.4.1    Aptitud para la vida salesiana

117.  Durante el noviciado el candidato con la ayuda del maestro «estudia a fondo las motivaciones de su opción, comprueba su idoneidad para la vocación salesiana, y se orienta hacia la donación completa de sí mismo a Dios para el servicio de los jóvenes según el espíritu de Don Bosco«[109]. El juicio que dan los superiores para admitir a la primera profesión tiene que fundarse en elementos positivos que comprueben el logro de los objetivos propios del noviciado.

         Los criterios de admisión arriba enumerados permiten identificar los elementos que prueban la aptitud del novicio a la vida salesiana; entre ellos:

-     una salud suficiente y una cualificación adecuada;

-     un normal desarrollo de la capacidad de relaciones humanas;

-     una afectividad rica y equilibrada;

-     una experiencia cristiana profunda y una motivación de fe;

-     un suficiente conocimiento y asimilación del espíritu salesiano, y la identificación con la misión de la Congregación caracterizada por la caridad pastoral y por la predilección por los jóvenes y vivida con el estilo del Sistema Preventivo.

118.  La vida y la experiencia comunitaria exigen positivamente:

-     la capacidad de insertarse en la comunidad, superando el aislamiento y el individualismo, abriéndose a la diversidad y promoviendo la unidad, incluso con sacrificio personal;

-     una capacidad afectiva que lleva a la comunicación, a compartir la oración y las experiencias, a la corrección fraterna;

-     un sentido de pertenencia manifestado en la disponibilidad, en la dedicación y en el sentirse responsable de la misión de la comunidad;

-     una actitud de apertura y de acogida hacia las personas que entran en relación con la comunidad.

119.  La experiencia de vida según los consejos evangélicos supone algunas actitudes interiorizadas de modo adecuado:

-     respecto a la obediencia: aceptar positivamente y con responsabilidad tanto las disposiciones como las críticas, ser abierto con los formadores, demostrar capacidad de colaboración y de iniciativa;

-     respecto a la pobreza: el compromiso de asumir un estilo de vida sobrio y austero; contentarse fácilmente y ser flexible en cuanto a exigencias y gustos personales, en cuanto a la comida, la indumentaria personal u otras; el amor por el trabajo, la generosidad en prestarse para los servicios que se le solicitan; saber compartir con los demás las propias cosas; estar atento a las situaciones de pobreza y de injusticia y a la condición de los destinatarios de la misión salesiana;

-     respecto a la castidad: ser conciente de la dimensión sexual en la propia vida; asumir una visión justa y serena del celibato, como valor característico de la propia existencia; hacerse conocer adecuadamente por el propio director espiritual; estar en condiciones de ofrecer y de acoger manifestaciones de fraternidad y de afecto y de vivir la amistad; cultivar la capacidad de ascesis en la vida cotidiana.

3.4.2    Requisitos jurídicos

120.  Satisfechos los requisitos requeridos para la admisión al noviciado, para la validez de la profesión temporal según el can 656 se exige que:

-     el candidato haya cumplido al menos 18 años de edad;

-     el noviciado se haya terminado válidamente;

-     se haya hecho libremente la admisión por parte del superior competente, con el voto de su Consejo según norma del derecho;

-     la profesión se exprese y se emita sin violencia, temor o engaño;

-     la profesión sea recibida por el legítimo superior, personalmente o por medio de un delegado.

121.  Por lo que se refiere a la duración del noviciado, recuérdese lo indicado por el art. 111 de las Constituciones: «El noviciado dura doce meses, según norma del derecho. Comienza cuando el candidato, admitido por el inspector, ingresa en la casa de noviciado, erigida canónicamente, y se pone bajo la dirección del maestro. La ausencia que exceda de tres meses continuos o discontinuos lo invalida. La ausencia que pase de quince días debe ser recuperada» [110].

         Por “ausencia” se entiende el alejamiento real y temporal de la casa de noviciado, con motivos justificados o sin ellos, con o sin licencia. Cuando los novicios como grupo habitan en otra casa del Instituto, designada ad hoc por el Inspector, según el can 647§3, no se da ausencia[111].

         Con relación a las experiencias pastorales o a los períodos apostólicos formativos, de los que habla el can 648 § 2, hay que aplicar los mismos criterios arriba indicados, ya que nuestro derecho propio no establece normas particulares al respecto. Por tanto, tampoco en este caso se puede hablar de ausencia, si nos atenemos a los que establece el can 647 § 3; en otros casos, estos períodos se deben computar como ausencias.

122.  Nuestras Constituciones, teniendo presente lo dispuesto por el can 655, establecen: «La profesión, en el primer trienio, será trienal o anual; en el segundo trienio será, ordinariamente, trienal»[112]. «Nada impide – agrega la Ratio – que pueda ser bienal. La opción entre las diversas posibilidades se debe basar sobre motivos formativos, considerando la gradualidad y la seriedad del compromiso. La decisión depende de la petición del novicio o del profeso temporal y del Inspector que lo admite»[113].

         El período de la profesión temporal dura ordinariamente seis años; el Inspector, si lo considera oportuno, puede prolongarlo, pero no más allá de nueve años[114]. El can 658 establece que la profesión temporal debe durar al menos tres años, salvo en el caso previsto en el can 657 § 3.

123.  «La readmisión en Congregación de quien hubiese salido legítimamente de la Sociedad al término del noviciado o después de la profesión compete al Inspector con su Consejo. Quien es readmitido debe repetir el noviciado y cumplir el período de los votos temporales.

         En conformidad con el can 690, el Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo puede dispensar de la obligación de repetir el noviciado, dando al mismo tiempo al Inspector con su Consejo la facultad de readmitirlo.

         Compete al Rector Mayor establecer – en estos casos – un conveniente período de prueba antes de la profesión temporal y la duración de los votos temporales antes de la profesión perpetua .

         El Inspector, evaluadas junto con su Consejo las motivaciones de la petición de readmisión, presentará la petición al Rector Mayor, con una relación de las circunstancias del caso (currículo detallado del solicitante, motivos por lo que no hizo la profesión o decidió salir después de la profesión y aquellos por los cuales ahora pide ser aceptado nuevamente, etc.)»[115].

3.5          ADMISIÓN A LA RENOVACIÓN DE LA PROFESIÓN

 

3.5.1    Aptitud para la vida salesiana

124.  «La primera profesión inicia un período de vida consagrada durante el cual el hermano [...] completa el proceso de maduración con miras a la profesión perpetua, y desarrolla, como salesiano laico o aspirante al sacerdocio, los diversos aspectos de su vocación»[116].

         El criterio para juzgar la admisión a la renovación de la profesión lo da el progresivo logro de este objetivo, tanto en el inmediato postnoviciado[117], como durante el tirocinio[118].

125.  Más concretamente, después de haber comprobado la idoneidad para la vida salesiana y después de haber profundizado las motivaciones de la opción vocacional, dos objetivos del noviciado que permanecen durante todo el proceso formativo, el profeso vive sucesivamente las fases del inmediato postnoviciado y del tirocinio, que, según el texto constitucional, tienen como finalidad:

-     el inmediato postnoviciado, orientar «al hermano joven para que integre progresivamente fe, cultura y vida», mediante «la profundización en la vida de fe y en el espíritu de Don Bosco y una adecuada preparación filosófica, pedagógica y catequística, en diálogo con la cultura»[119];

-     el tirocinio, ayudar al hermano a realizar «la síntesis personal entre su actividad y los valores de la vocación», en la «confrontación vital con la acción salesiana en una experiencia educativo-pastoral». Él la cumple ejercitándose «en la practica del Sistema Preventivo y, sobre todo, en la asistencia salesiana»[120].

3.5.2    Requisitos jurídicos

126.  Respecto al tiempo de la renovación, hay que tener en cuenta que la profesión, terminado el período por el cual fue emitida, debe ser renovada sin dilación[121].

         La renovación es obligatoria también en el caso que, estando próxima la profesión perpetua, se la quisiera retrasar por motivos razonables, por un breve período, a otra fecha oportuna. En este caso se renueva la profesión temporal por el período de tiempo que la separa de la perpetua. Sin embargo, una eventual interrupción, debida a ignorancia o negligencia, no afecta la validez ni la licitud de la profesión efectuada.

         La renovación debe ser pública, es decir, recibida por el superior competente.

3.6          LAS ADMISIONES DURANTE LA FORMACIÓN ESPECÍFICA DEL SALESIANO PRESBÍTERO

 

127.  Las admisiones a los ministerios y a las órdenes sagradas constituyen momento de discernimiento, opción y decisión, que se colocan en el proceso de formación del salesiano sacerdote. Los criterios de discernimiento y los requisitos para la aceptación se deben considerar en la perspectiva global de la identidad del salesiano sacerdote, descrita en la Ratio y aquí recordada en algunos de sus elementos.

128.  Se debe considerar , ante todo, que para quien está orientado al presbiterado, la perspectiva de la formación sacerdotal está presente a lo largo de todo el arco formativo y no sólo en el período de la formación específica.

         En efecto, aunque la formación salesiana tiene ordinariamente un currículo paritario, con las mismas fases y con objetivos y contenidos similares, hay algunas distinciones determinadas por la vocación específica de cada uno. Por eso toda la formación inicial ofrece al salesiano candidato al presbiterado la posibilidad de desarrollar los diversos aspectos de su vocación como “aspirante al sacerdocio”[122].

129. La formación específica del candidato al presbiterado, que se realiza en parte o enteramente después de la profesión perpetua, completa la formación inicial. Para el candidato al ministerio presbiteral la formación específica sigue las orientaciones y las normas establecidas por la Iglesia y por la Congregación y tiende a preparar al sacerdote-pastor-educador en la perspectiva salesiana[123].

130.  La progresiva configuración del futuro presbítero a Cristo Pastor es fruto de la iniciativa de Dios que llama, habilita y envía, y de un generoso compromiso formativo de respuesta. Se expresa a través de un proceso gradual, sobre todo en esos acontecimientos que manifiestan y significan también visiblemente la llamada y la respuesta, la concesión de la gracia y el mandato para el servicio.

         La institución en los ministerio del lectorado y del acolitado y la ordenación diaconal, orientados al presbiterado, son momentos importantes. El ejercicio de estos ministerios y del diaconado, no obstante cada uno tenga contenidos y objetivos propios, tiene una finalidad prioritariamente pedagógica (espiritual, ascética, litúrgica) con miras a la ordenación presbiteral.

131.  Las admisiones a los ministerios y a las órdenes asumen como criterio fundamental la identidad del salesiano presbítero. A partir de ella, en efecto, se evalúa la progresiva idoneidad y madurez del candidato. Por esta razón, hablando del lectorado y del acolitado, no nos detenemos a explicitar los criterios positivos de idoneidad; hay que tener en cuenta lo que se afirma del diaconado y del presbiterado.

3.6.1    Admisión a los ministerios

132.  «Los ministerios del lectorado y acolitado, previstos para los clérigos con finalidad pedagógica, sean conferidos durante la formación específica del salesiano presbítero»[124].

         Para la admisión a los ministerios se requiere:

-     la petición libremente presentada por el candidato al Inspector, a través del Director de la comunidad;

-     la presencia de los requisitos indicados por la Iglesia y de aquellos necesarios para el ejercicio salesiano del ministerio, y el grado de madurez vocacional requerido por el momento formativo que se está viviendo[125];

-     el respeto de los intersticios establecidos por la Santa Sede y por las Conferencias episcopales. Esto vale para la admisión al acolitado y al diaconado: «La colación del Lectorado y Acolitado, sin que entre ellos se interponga al menos algún mes, es ilícita e irregular y hace perder el sentido pedagógico de los Ministerios mismos. Otro tanto hay que decir si el intervalo entre la colación del Acolitado y la del Diaconado es demasiado reducido»[126].

3.6.2    Admisión a las órdenes sagradas: diaconado y presbiterado

133.  Los criterios para determinar la idoneidad del salesiano candidato al diaconado y al presbiterado se encuentran fundamentalmente en la identidad del presbítero en la Iglesia, teniendo presente que la específica vocación salesiana imprime características propias al ministerio.

         En efecto, el modelo sacerdotal de Don Bosco inspira y orienta la vocación y el camino formativo del salesiano presbítero. El carisma salesiano lo distingue como sacerdote-educador-pastor, en una concreta forma de vida consagrada, y lo caracteriza desde el punto de vista espiritual y pastoral.

         En esta perspectiva hay que ver también los criterios para evaluar la madurez y el crecimiento en relación con las funciones fundamentales del ministerio ordenado. Son criterios válidos, en forma análoga, para la admisión al diaconado y al presbiterado.

         La experiencia diaconal, además de permitir la profundización y la síntesis de algunas líneas formativas, ofrece la posibilidad de una preparación particular en las áreas de la espiritualidad sacerdotal, del anuncio de la Palabra, de la animación litúrgica, de la catequesis y la pastoral juvenil, de la pastoral del sacramento de la Reconciliación.

         La admisión al presbiterado tendrá presente el buen resultado de la experiencia diaconal.

3.6.3    Aptitudes para el ejercicio salesiano del ministerio

134.  Sin repetir los criterios fundamentales de discernimiento[127], se presentan los indicadores de la idoneidad del sujeto para las funciones ministeriales y hacen comprender la adecuación de sus motivaciones.

3.6.3.1         En relación con la capacidad de cumplir los deberes sacerdotales

135.  En el servicio a la Palabra, el candidato debe manifestar:

-     una fe viva y adulta que tenga como base una seria interiorización personal del mensaje cristiano;

-     la capacidad de juicios rectos, teóricos y prácticos, de discernimiento espiritual y pastoral;

-     la docilidad y la sintonía con el magisterio de la Iglesia en el ejercicio del ministerio[128];

-     la capacidad de escucha, de comunicación y de adaptación a las diversas circunstancias;

-     una síntesis teológica suficientemente sólida como base para afrontar los deberes que implica la trasmisión del mensaje evangélico y su inculturación, y para una constante actualización personal;

136.  En el servicio de santificación es necesario que el futuro diácono o presbítero dé pruebas de:

-     sentido salesiano y sacerdotal de su consagración religiosa: la experiencia de Dios y de la vocación, vividas como motivo central de la propia existencia, la castidad religiosa y el celibato sacerdotal, aceptados positivamente como don y como estilo de vida;

-     una experiencia de fe cultivada y sostenida por una pedagogía espiritual concreta y constante, que se expresa en la oración personal, en el compartir la propia experiencia y en el cumplimiento de los propios deberes en relación con la oración litúrgica de la Iglesia;

-     la capacidad de acompañar, especialmente a los jóvenes, en la vida espiritual y de introducir en la experiencia de los sacramentos, en particular, de la Eucaristía y de la Penitencia.

137.  En el servicio de la caridad, a través de la animación de la comunión y el servicio educativo-pastoral a los jóvenes, el candidato debe demostrar:

-     la maduración humana requerida al sacerdote salesiano por su misión educativo-pastoral, en particular:

▪     la firmeza de ánimo, la estabilidad del carácter, la aceptación de la disciplina personal y comunitaria requerida por la vida sacerdotal[129];

▪     un buen criterio práctico, radicado en la virtud de la prudencia, con capacidad de evaluar objetivamente las situaciones;

▪     una personalidad madura en el orden afectivo, con una adecuada imagen de sí, capaz de establecer relaciones pastorales positivas con varones y mujeres, de demostrar sincero interés y de conservar el justo equilibrio en el compromiso con la situación de las personas (capacidad de afecto y desapego);

▪     sensibilidad salesiana en la apertura a los problemas de las personas, del ambiente y del propio tiempo;

138.

-     el adecuado desarrollo del específico rol del salesiano sacerdote:

▪     en el mundo moderno y entre los jóvenes de hoy;

▪     en el sentido de pertenencia a la Congregación y en la identificación con su misión específica;

▪     en la valorización y la complementariedad con el salesiano coadjutor;

▪     en la comunidad salesiana y en la Comunidad educativo-pastoral y en la animación espiritual de la Familia Salesiana y de los laicos;

139.

-     la capacidad de animación de la Comunidad educativo-pastoral expresada en específicas habilidades:

▪     la creación, la dirección y la iniciativa en la organización de la comunidad cristiana;

▪     el acompañamiento sacerdotal de las personas y de los grupos en la dirección espiritual, y en el diálogo pastoral;

▪     la gestión de los diversos tipos de ambientes y sectores pastorales salesianos;

▪     la comunicación del espíritu salesiano a los laicos y el trabajo educativo pastoral compartido.

3.6.3.2         En relación con el modo de afrontar la existencia salesiano-sacerdotal

140.  Se destacan los siguientes indicadores:

-     la actitud de formación permanente y una pedagogía de vida que privilegia la atención a la propia experiencia espiritual y al cultivo de la relación con Dios;

-     la superación de la simple respuesta a las necesidades personales, el crecimiento de la libertad interior y de la unidad de vida, la consolidación del sentido vocacional y de motivaciones sobrenaturales tales que ayuden a afrontar serenamente las inevitables pruebas de la vida salesiana;

-     la valoración del compartir fraterno, de la relación con el superior, del acompañamiento espiritual, del discernimiento pastoral;

141. 

-     un vivo sentido de Iglesia, de su presencia y de su misión en el mundo de hoy, cuyos signos, entre otros, son:

▪     el celo apostólico, el interés por las urgencias del Reino, la apertura universal;

▪     una convencida aceptación de la identidad del presbítero y del ministerio tal como son presentados por la Iglesia, y la acogida de las orientaciones del Papa y de los Pastores;

▪     la conciencia de la posición del presbítero en la relación de comunión con los demás miembros de la comunidad eclesial;

▪     un específico modo de colocarse como presbítero religioso en la Iglesia local[130];

142.

-     la capacidad de vivir “sacerdotalmente” en las diversas obras a través de las cuales se realiza la misión salesiana y en los diversos roles que se requieren (director espiritual, administrador, párroco, formador, educador de muchachos de la calle y hombre de la comunicación social...);

-     el vivir el ministerio sacerdotal como una experiencia espiritual que da significado y llena la existencia y no sólo como servicio funcional en una determinada estructura.

3.6.4    Requisitos jurídicos

143.  Se requieren los siguientes requisitos jurídicos a quien, cumplidos los tres años de formación específica, en el caso del diaconado, y los cuatro años, en el caso del presbiterado, pide ser admitido a la ordenación[131]:

-     haber recibido los ministerios de lector y de acólito, habiendo observado los períodos de tiempo prescritos: un tiempo conveniente, al menos de algunos meses, entre el lectorado y el acolitado, al menos seis meses entre el acolitado y el diaconado (cfr can 1035§ 2) y entre el diaconado y el presbiterado (cfr can 1031 § 1); recuérdese que «la ordenación diaconal puede tener lugar, ordinariamente, sólo después de haber concluido el tercer año de los estudios teológicos»[132];

-     la petición libremente compilada y firmada (cfr can 1036);

-     haber emitido los votos perpetuos (cfr can 1037);

-     estar libre de las irregularidades y de los impedimentos a los que se refieren los cánones 1040-1049;

-     haber presentado los documentos requeridos: 1º) certificado de los estudios regularmente cumplidos, a norma del can 1032 (tercer año de los estudios teológicos para el diácono, cuatro años para el presbítero); 2º) certificado de haber recibido el diaconado, si se trata de ordenandos al presbiterado; 3º) si se trata de ordenandos al diaconado, certificado de bautismo y de confirmación y de la efectiva recepción de los ministerios de los cuales se habla en el can 1035; igualmente el certificado de la declaración de la cual trata el can 1036[133];

-     haber sido objeto de escrutinio sobre las cualidades de las que trata el can 1051: recta doctrina, piedad genuina, buenas costumbres, aptitud para ejercer el ministerio, documento sobre su estado de salud tanto física como psíquica.

Realizada la admisión al diaconado o al presbiterado, con el procedimiento establecido por las Constituciones[134], el Inspector emite las cartas dimisorias previstas por el can 1019 § 1, con miras a la ordenación.

3.7          ADMISIÓN A LA PROFESIÓN PERPETUA

 

144.  El período de la profesión temporal tiene la finalidad de completar «el proceso de maduración con miras a la profesión perpetua»[135]. La admisión a la profesión perpetua constituye, por tanto, el punto de llegada del proceso de discernimiento vocacional salesiano; tiene continuidad con él, y al mismo tiempo, en sí mismo es de una importancia única. El valor de esta admisión exige un adecuado período de preparación próxima y un compromiso particular en la aplicación de los criterios expuestos hasta aquí.

         La Ratio pone de relieve la importancia del itinerario de preparación a la profesión perpetua que «comprende el período de evaluación y de discernimiento con miras a la petición, el proceso de la admisión y la preparación a la celebración del acto de la profesión; no se limita a preparar la celebración, una vez hecha la admisión»[136].

         «El profeso temporal, aproximadamente un año antes de la finalización del período de profesión, manifieste explícitamente al Inspector, en la forma que se considere más oportuna, su voluntad de iniciar la preparación a la profesión perpetua»[137].

3.7.1    Aptitud para la vida salesiana

145.  La admisión a la profesión perpetua implica que el socio haya alcanzado «la madurez espiritual salesiana que requiere la importancia de tal opción»[138], que se convierte en «medida de juicio y criterio de discernimiento en todas las opciones posteriores»[139], y, de manera particular, que haya demostrado motivaciones adecuadas.

         Las aptitudes a la vida salesiana ya expuestas, se tendrán presentes en una perspectiva de síntesis, en su globalidad y armonía.

146.  Más puntualmente, y sobre la base del tirocinio, especialmente, hay que evaluar:

-     respecto a la actividad apostólica, si en la relación educativo-pastoral se ha manifestado una adecuada madurez humana proporcionada a la edad cronológica, base de cualquier otra madurez; si la experiencia del tirocinio se vivió con celo, como compromiso y respuesta vocacional o como activismo y liberación del anonimato, con una actitud de equilibrio sereno tanto en los éxitos como en las dificultades, con sentido de adaptación a lugares, circunstancias y compromisos apostólicos diversos; si en la actividad apostólica se puso en evidencia la predilección por los jóvenes, especialmente, los más pobres; si se practicó con vitalidad y fidelidad el Sistema Preventivo; si la misión se vivió con sentido comunitario;

-     respecto a la vida comunitaria, cómo fueron las actitudes de convivencia con los demás hermanos también de mentalidades y edades diferentes, de apertura, de colaboración, de inserción dócil y activa en las iniciativas comunes;

-     respecto a la vida según los consejos evangélicos, si hubo actitudes de discernimiento y de disponibilidad, capacidad de iniciativa y corresponsabilidad; testimonio de pobreza en el estilo y en los criterios de vida, en la realización de la misión y en el compromiso de trabajo; equilibrio y madurez suficiente en las relaciones interpersonales, en el contacto con los jóvenes y con los laicos; capacidad de comunicación y amistad, prudencia y ascesis;

-     respecto a la experiencia personal de oración, de dirección y de compartir espiritualmente y de formación permanente: si el hermano ha obrado con compromiso y constancia; si ha demostrado una actitud formativa activa y ha valorado el acompañamiento espiritual; si ha sido sensible a una cierta apertura cultural y a la actualización.

3.7.2    Requisitos jurídicos

147.  Además de tener en cuenta los requisitos y las contraindicaciones prudenciales ya indicadas para la primera profesión, para la profesión perpetua se requiere:

 

-     para su validez:

▪     un tiempo de prueba, después de la primera profesión, que según las normas del Código de derecho canónico no debe ser inferior a tres años ni superior a nueve[140]. De acuerdo con nuestras Constituciones[141], para nosotros el tiempo de prueba es ordinariamente de seis años. En casos particulares y por justa causa, reconocida por el Inspector con su Consejo, la profesión perpetua podrá ser anticipada hasta tres meses. Para anticipar, en casos excepcionales, la profesión perpetua por un período superior a tres meses, antes del término de los seis años de profesión temporal, la petición deberá  dirigirse al Rector Mayor:

▪     haber cumplido 21 años de edad[142];

▪     estar exceptuado del servicio militar o por haberlo ya realizado o por haber sido declarado no apto o perpetuamente exento[143];

-     para su licitud: la observancia del rito prescrito.

* * * * *

A cada uno de nosotros Dios lo llama a formar parte de la Sociedad salesiana. Para esto recibe de Él dones personales y, si corresponde fielmente, encuentra el camino de su plena realización en Cristo.

La Sociedad reconoce su vocación y le ayuda a desarrollarla; él, como miembro responsable, pone su persona y sus cualidades al servicio de la vida y la acción común.

Toda llamada manifiesta que el Señor ama a la Congregación, la quiere viva para el bien de su Iglesia y no cesa de enriquecerla con nuevas energías apostólicas.

 

(C 22)

 

ANEXO:

DOCUMENTOS DE REFERENCIA ECLESIALES Y SALESIANOS

Nota: Se indican algunos documentos eclesiales y salesianos recientes que pueden ser de particular interés para el discernimiento vocacional salesiano y las admisiones. Otros documentos se indican en la Ratio.

1. DOCUMENTOS ECLESIALES

Juan Pablo II

-           Exhortación apostólica Pastores Dabo Vobis, 1992

-           Exhortación apostólica Vita consecrata, 1996

Congregación para la educación católica (CEC)

-           Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis,1985

-           Orientaciones educativas para la formación al celibato sacerdotal, 1974

-           Orientaciones educativas sobre el amor humano, 1983

-           La admisión al seminario de candidatos provenientes de otros seminarios o familias religiosas, 1986

-           Carta circular “Algunas directivas sobre la formación en los Seminarios mayores”, 1987

-           Directrices sobre la preparación de los educadores en los seminarios, 1993

Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica (antes SCRIS / CRIS)

-           Directivas sobre la formación en los institutos religiosos Potissimum Institutioni, 1990

-           La vida fraterna en comunidad, 1994

Congregación para el culto divino

-           Carta «Los escrutinios sobre la idoneidad de los candidatos a las órdenes», 1997

Pontificio Consejo para la Familia

-           Sexualidad humana: verdad y significado, 1995

2. DOCUMENTOS SALESIANOS

-           El proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco. Guía de lectura de las Constituciones salesianas, 1986

-           El Director Salesiano. Un ministerio para la animación y el gobierno de la comunidad local, 1986

-           L’Ispettore Salesiano. Un ministero per l’animazione e il governo della comunità ispettoriale, 1987; contiene en apéndice «Elementi giuridici e prassi amministrativa» (ver abajo).

-           Elementi giuridici e prassi amministrativa nel governo dell’Ispettoria, 1987

 


[1] Las Constituciones y la Ratio ofrecen abundantes elementos para el discernimiento. La Ratio pide que este fascículo explicite algunos aspectos concretos.

[2] C 3

[3] C 195

[4] C 109

[5] Cfr C 23. 110. 117

[6] Cfr C 105

[7] C 22

[8] Cfr C 107

[9] C 2

[10] Cfr C 107

[11] C 109

[12] C 110

[13] C 109

[14] C 2

[15] Cfr CG21 173

[16] Cfr FSDB 310. 323

[17] C 109

[18] C 98

[19] C 107

[20] FSDB 321

[21] FSDB 321

[22] Cfr FSDB 268-276

[23] C 109

[24] C 110

[25] Cfr C 117

[26] Cfr FSDB 276; ISM 390-395

[27] Cfr C 108

[28] C 104

[29] Cfr C 108

[30] Cfr FSDB 394

[31] Cfr FSDB 269

[32] Cfr FSDB 269

[33] C 99

[34] Cfr FSDB 270

[35] Cfr FSDB 292

[36] Cfr FSDB 276

[37] Cfr can 641

[38] FSDB 246

[39] Cfr FSDB 247.281

[40] Cfr FSDB 298

[41] En términos jurídicos a veces se lo llama “secreto comiso”, en cuanto comisionado a la persona en virtud del oficio que ejerce.

[42] Cfr DSM 264

[43] Cfr FSDB 296

[44] Cfr R 81

[45] FSDB 237

[46] FSDB 236

[47] FSDB 262

[48] FSDB 117

[49] FSDB 243

[50] C 22

[51] Don Bosco (A cura di E. Ceria), Epistolario IV 209

[52] Cfr Can 642

[53] Form. Cel. 38

[54] RI; cfr can 642

[55] C 108

[56] Cfr can 1029; RI 15; Sac.Coel. 63

[57] Cfr RI 16; RFIS 39.41

[58] Cfr Form. Cel. 38

[59] Cfr FSDB 59-60

[60] HIV = Virus de inmunodeficiencia humana (Human Immunodeficiency Virus); SIDA = Síndrome de inmunodeficiencia adquirida o Virus del SIDA (Acquired Immune Deficiency Síndrome, AIDS)

[61] Cfr FSDB 352

[62] Por ejemplo, hay culturas en las que el primogénito tiene la responsabilidad absoluta de los hermanos y las hermanas; por ello una vez fallecidos los padres, éste tiene que asumir tareas difícilmente compatibles con los compromisos de la vida religiosa

[63] Can 1040-1042.1139-1140

[64] De un manual clásico tomamos una lista de trastornos de la personalidad y una breve descripción de cada uno con una finalidad informativa y de referencia.

«El trastorno paranoide de la personalidad es un patrón de desconfianza y suspicacia que hace que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás.

El trastorno esquizoide de la personalidad es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional.

El trastorno esquizo-típico de la personalidad es un patrón de malestar intenso en las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades del comportamiento.

El trastorno antisocial de la personalidad es un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás.

El trastorno límite de la personalidad es un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, y de una notable impulsividad.

El trastorno histriónico de la personalidad es un patrón de emotividad excesiva y demanda de atención. El trastorno narcisista de la personalidad es un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía.

El trastorno de la personalidad por evitación es un patrón de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa.

El trastorno de la personalidad por dependencia es un patrón de comportamiento sumiso y pegajoso relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado.

El trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es un patrón de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control».

(DSM-IV, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Coordinador general de la edición española Pierre Pichot, Director de la edición española Juan J. López-Ibor Aliño, Traductor de la edición española Claudi Udina Abelló, MASSON, S.A. Barcelona 1995, pág. 645-646. [Original en lengua inglesa Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-IV, American Psychiatric Association, Washington, D.C. 1994]).

Estos trastornos de la personalidad pueden presentarse solos o unidos a algún otro y, a menudo, implican alteraciones fisiológicas (trastornos psicosomáticos).

[65] Cfr RF 39

[66] C 82

[67] Cfr RI 30 § 5

[68] Cfr Congregación para la Doctrina de la Fe, Persona humana. Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual (1975), n. 9; CEC, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual (1983).

[69] Form. Cel. 5. 36. 63

[70] Congregación para la doctrina de la fe, Carta a los obispos de la iglesia católica sobre la atención pastoral  a las personas homosexuales (1986), n. 6.

[71] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357

[72] Cfr Congregación para la Doctrina de la Fe, Persona humana. Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual (1975)

[73] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358; cfr 2359

[74] Catecismo de la Iglesia Católica, 2396

[75] Congregazione per la Dottrina della Fede, Alcune considerazione concernenti la risposta a proposte di legge sulla non-discriminazione delle persone omosessuali, in: L’Osservatore Romano, 24 luglio 1992, pag. 11 [Trad.]

[76] PI 39

[77] Cfr número 76, segunda parte.

[78] Catecismo de la Iglesia Católica, 2359

[79] Cfr CG21 178

[80] Cfr ACS 298 (1980), pág. 16-18

[81] C 4

[82] Cfr ACS 298 (1980), pág. 20-21. 23-24

[83] Cfr Tercera parte  127-143; PI 108-109

[84] Cfr J. Vecchi, Discurso del Rector Mayor en la clausura del CG24, in CG24 240; ACG 365 (octubre-diciembre 1998) 79, pág. 10-11

[85] Cfr VC 98; PDV 51

[86] Cfr C 19. 119

[87] Cfr CGE 697

[88] Cfr C 108

[89] Cfr FSDB 321; ver más arriba n. 47

[90] Cfr C 108

[91] C 117

[92] Cfr FSDB 351. 482. 515

[93] C 108

[94] C 165

[95] Cfr can 127

[96] Cfr can 127 y la interpretación oficial dada por la Comisión para la interpretación del CIC en AAS (1985), pág. 771; cfr Elementi giuridici e prassi amministrativa nel governo dell’Ispettoria, Roma 1987, num. 180.

[97] Cfr R 81

[98] Cfr FSDB 301

[99] Cfr C 108

[100] FSDB 351

[101] Ver más arriba n.54

[102] Cfr can 643-645§ 1

[103] CG21 267

[104] Cfr C 109

[105] R 90

[106] CRIS, Renovationis causam. Instrucción sobre actualización de la formación en la vida religiosa, 1969, num. 4; citado por PI 42

[107] Can 643

[108] Can 644

[109] C 110

[110] C 111

[111] En el can 647 § 3 se lee: «El Superior mayor puede permitir que el grupo de los novicios viva, durante determinados períodos de tiempo, en otra casa del instituto designada por él mismo».

[112] C 113

[113] FSDB 390

[114] Cfr C 117

[115] FSDB 394

[116] C 113

[117] Cfr C 114

[118] Cfr C 115

[119] C 117

[120] C 115

[121] Cfr. Can 657 § 1

[122] Cfr C 113

[123] Cfr C 116

[124] FSDB 491

[125] Cfr can 230 § 1

[126] ACS 293 (1979), pág. 30; cfr can 1035

[127] Cfr capítulo segundo

[128] Cfr MuR 33

[129] Cfr Sac. Coel. 66

[130] Cfr MuR, especialmente, 30. 33

[131] Cfr FSDB 494-495

[132] FSDB 494, cfr 495; cfr Elementi giuridici e prassi amministrativa nel governo dell’Ispettoria, Roma 1987, num.76. 78

[133] Declaración del candidato que testifica la voluntad de recibir el orden espontáneamente y libremente y de dedicarse para siempre al ministerio.

[134] Cfr C 108; R 81

[135] C 113

[136] FSDB 512

[137] FSDB 515

[138] C 117

[139] ACS 295 (1980), pág. 23

[140] Cfr can 658 § 2; 657 § 2

[141] Cfr C 117

[142] Cfr can 658, § 1

[143] Cfr SCR, Decreto Militare Servitium (de religiosis servitio militari adstrictis), 30 luglio 1957, AAS 49; Elementi giuridici e prassi ammnistrativa nel governo dell’Ispettoria, Roma 1987, num. 53.73