Consejo Recursos

FORUM: Ser Missionero, una dimención de la Espiritualidad Juvenil Salesiana

PASTORAL JUVENIL - MENSAJES

 

12 PREGUNTAS PARA LA REFLEXION

 

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1

 

1.La reflexión sobre la dimensión misionera del MJS, ¿ofrece alguna novedad al proceso educativo que vivimos en nuestro grupo?

2. ¿Cuáles son las oportunidades que nos ofrece nuestro contexto social para ser jóvenes misioneros hoy?

3. ¿Cuáles son los retos que encontramos en nuestro contexto y que nos desafían para ser jóvenes misioneros auténticos?

4. Desde nuestra experiencia juvenil misionera y con la ayuda de este subsidio de estudio, ¿cuál es el aporte de reflexión o de buena práctica que quisiéramos compartir con los demás para enriquecer juntos la espiritualidad juvenil salesiana?

TEXTOS DE REFERENCIA • BENEDICTO XVI, Mensaje para la XXVI y XXVIII Jornada Mundial de la Juventud 2011 y 2013.

• BENEDICTO XVI, HOMILÍA DE LA Celebración Eucarística en ocasión de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, (Cuatro Vientos) Madrid, 21 de agosto de 2011.

• FRANCISCO, Homilía en la Celebración del Domingo de Palmas, (Plaza San Pedro) Roma, 24 marzo 2013.

• XIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Mensaje al Pueblo de Dios. Vaticano, 26 octubre 2012.

• CAPITOLO GENERALE XXIII de la Sociedad de San Francisco de Sales, Educar a los jóvenes a la Fe. Ediciones S.D.B., Roma, 4 marzo - 5 mayo de 1990.

• DICASTERIO SDB – AMBITO FMA PARA LA PASTORAL JUVENIL, Espiritualidad juvenil salesiana. Un don del Espíritu a la Familia Salesiana para la vida y la esperanza de todos. Roma, 1996.

• DICASTERIO SDB – AMBITO FMA PARA LA PASTORAL JUVENIL, Signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes. Actas del Forum Mundial del Movimiento Juvenil Salesiano. Colle Don Bosco, 6-13 agosto 2000.

• INSTITUTO DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA, Para que tengan vida y vida en abundancia. Líneas orientadoras de la misión educativa de las FMA. Elledici, Leumann (Turín), 2005. INTRODUCCIÓN Mientras Jesús recorre los senderos de Samaría en su camino a Galilea, descubre corazones disponibles que aceptan unirse a Él para llevar la salvación de Dios a todos los que encuentran. También nosotros nos cansamos en el camino de la vida, sentimos sed de la Buena Noticia y de una cercana misericordia; al mismo tiempo experimentamos en lo más íntimo del corazón, la invitación que nos hace Dios para aproximarnos a tanta gente que sufre con heridas y con sed (Cfr. Jn 4, 5-42; Lc 10, 29-37).

Jesús, fuente de la salvación de Dios, pide con sencillez a una mujer samaritana: “Dame de beber” (Jn 4,7). Este gesto suyo nos inspira y nos guía cuando nos cuestionamos qué hacer hoy para llevar la vida abundante de Dios a los necesitados que buscan la esperanza y el sentido de sus vidas.

La Iglesia cuenta con nosotros los jóvenes, para continuar su misión evangelizadora; somos los misioneros más próximos en medio de nuestra generación. ¿Qué significa ser misioneros hoy? En primer lugar, significa ser discípulos de Jesucristo, mirarlo a Él y aceptar su invitación, siempre nueva, de seguirlo y anunciarlo. Queremos ser jóvenes peregrinos que transmitimos el amor de Dios a otros jóvenes con quienes recorremos los caminos de la vida.

Ser anunciadores según el ejemplo y el mensaje de Jesucristo nos pide gestos y palabras de amor, escucha y comprensión para apoyarnos mutuamente en la búsqueda de la verdad y del sentido de la vida.

Con el corazón misionero de Don Bosco y de Madre Mazzarello nos esforzamos por conocer la realidad actual con los ojos de Dios, dador de la vida y fuente de esperanza. El Espíritu Santo nos impulsa hacia nuevos horizontes, a salir de nuestro mundo privado y a descubrir caminos para El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe: somos verdaderos creyentes cuando evangelizamos.

BENEDICTO XVI 11 Jesús: se trata del mundo digital y del movimiento migratorio. Son dos espacios humanos en los que los jóvenes del mundo estamos inmersos e interactuamos; son espacios que marcan las diferencias y las exclusiones precisamente para nosotros los jóvenes y para nuestro futuro; son dos espacios donde podemos ser misioneros.

Estamos llamados a estar presentes en el continente digital llevando la Buena Noticia de Jesús, compartiendo la experiencia de fe por medio del encuentro virtual con tantos jóvenes de otras culturas y religiones, expresando el Evangelio en este espacio tan valioso de nuestra vida cotidiana actual. El desafío es estar presente como levadura de evangelio en esta nueva cultura de la comunicación, con sabiduría y con la atención de no sustituir el encuentro y el diálogo directo con las personas, por los contactos en red.

Nuestras sociedades están convirtiéndose en multiculturales y multireligiosas. Hay una una movilización juvenil, un encuentro de culturas, un intercambio de la diversidad y al mismo tiempo un rechazo a las diferencias humanas y sociales. Somos una generación que por variados motivos se mueve, busca nuevos horizontes de expresión, lugares para vivir en modo más digno. Tenemos más posibilidades para viajar, encontrarnos, intercambiar talentos, pero igualmente encontramos las injusticias, el empobrecimiento y la confusión en medio del fenómeno migratorio.

Estamos llamados a testimoniar sin miedo nuestra fe también en esta compleja situación, para comunicar la alegría del encuentro con Cristo, siempre don precioso. Regalándolo a manos llenas a todos los que encontramos, potenciamos la vida y hacemos crecer la esperanza: construimos así una nueva humanidad.

Nuestro aporte más típico en la Iglesia es la alegría de vivir la fe, el entusiasmo por anunciarla, la creatividad por celebrarla… 10 con alegría y responsabilidad, nos llena el ánimo para ser levadura que hace crecer el bien en las historias de otros niños, adolescentes y jóvenes.

Con frecuencia escuchamos que los jóvenes son el futuro de la sociedad; hay algo de impreciso en esta afirmación porque cada etapa de la vida tiene un valor en sí mismo y para nosotros jóvenes, la juventud es nuestro presente, en el cual descubrimos nuestra identidad personal y nuestra relación con otras personas: adultos, coetáneos, niños, ancianos y con Dios. ¡La juventud no es una sala de espera! Es un campo abierto y preciso, un laboratorio fecundo de vida. , sobre todo cuando nos acecha el riesgo de vivir el bautismo en modo rutinario, rígido y cansado.

La vida cotidiana también es lugar y tiempo para nuestro encuentro con otros jóvenes: amigos, compañeros de estudio y de trabajo, gente de la misma edad, amigos de las redes sociales, jóvenes que luchan en la vida a causa de tantas situaciones personales y sociales, con los cuales a veces nosotros mismos no logramos el encuentro ni el diálogo… Es en el cada día donde podemos compartir con tantas amistades el sentido profundo de la vida. La conversación de Jesús con aquel doctor de la ley a quien contó la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), nos recuerda que construimos nuestra existencia solo cuando aceptamos salir de nosotros mismos, descentrándonos hacia los demás, hacia lo que en verdad es la vida: en ese acto de amor al prójimo se realiza el encuentro con Dios.

En este tiempo hay dos situaciones de vida juvenil en las que podemos compartir en modo especial la belleza de la vida que hemos encontrado en Una nueva generación de cristianos está invitada a contribuir a la edificación de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida… BENEDICTO XVI 3 encontrarnos con muchos otros jóvenes en sus propios ambientes, especialmente en aquellas situaciones donde falta la vida, la justicia, la paz y el respeto por la dignidad de la persona.

Queremos colaborar en la construcción de una Iglesia misionera en la que nosotros los jóvenes, tenemos un puesto privilegiado en el servicio, en la presencia y en el anuncio.

Como Movimiento Juvenil Salesiano queremos anunciar los valores del Evangelio de Cristo por medio del testimonio de nuestras vidas, utilizando nuestros lenguajes, nuestros símbolos y nuestras expresiones juveniles.

La caridad educativa del Buen Pastor nos inspira a llevar el amor de Dios a los últimos, a los más pobres, a los excluidos y empobrecidos, y a todos los que se han alejado. Anhelamos ser discípulos samaritanos para llevar a todo el mundo la alegre noticia de la salvación y para compartir la vida nueva que nos confía el Dios de Jesús.

 
1. Amigos de Jesús

Jesús llamó amigos a quienes había invitado a estar con Él. Esta invitación para vivir su amistad y la del Padre, fue lo que atrajo a muchas personas hacia Él. Fue la experiencia que vivieron los discípulos de Juan el Bautista, que “vinieron a verlo y se quedaron” (Jn 1, 40), lo que vivió la gente sencilla de Palestina (Jn 1, 39), incluso algunos fariseos (Jn 3, 1-36), lo que vivió la mujer cerca del pozo (Jn 4, 5-32), y tantas otras personas. El modo con el que Jesús se acercó a ellos en sus contextos fue muy sencillo pero sorprendente y nuevo.

Cuando Juanito Bosco tenía 9 años tuvo un sueño que marcó su vida. Ese sueño le abrió un camino para una relación especial con La fe cristiana no es sólo creer una verdad, sino ante todo una relación personal con Jesucristo.

BENEDICTO XVI 4 Jesucristo: la amistad. Don Bosco les recomendó a sus jóvenes esta misma relación personal con Dios, tal como leemos en las vidas de Domingo Savio, Miguel Magone y Francisco Bessuco. Se trata de un estrecho nexo de amistad entre Jesús y el joven. También para María Mazzarello, gracias al acompañamiento de su papá y a la guía de su confesor Don Pestarino, Jesús fue una persona cercana con la cual ella dialogaba y con la que compartía los secretos más íntimos del corazón.

Sus cartas muestran la sencillez con la que ella se relacionaba con Jesús y cómo animaba a sus hermanas y a las jóvenes a entablar una amistad con Él.

La amistad es un lenguaje y un tipo de relación característica del mundo de los jóvenes; es por eso un elemento típico de la espiritualidad juvenil salesiana. Para nosotros, “la educación es cosa del corazón”. La amistad estaba siempre presente en Valdocco y en Mornese, las comunidades de nuestros orígenes; allí se vivía una relación de cercanía y de unión de corazones, de ideales y de compromisos. De la misma manera debe ser nuestra amistad con Jesús: se trata de dedicarle tiempo y de cultivarla en los momentos ordinarios y los especiales; esta amistad nos transforma, une nuestros corazones al de Jesús y hace que sus ideales y sus proyectos lleguen a ser nuestros.

La Iglesia presenta el “encuentro con Jesucristo” como la meta de nuestra espiritualidad. Así lo ha dicho Benedicto XVI: “La fe cristiana no es sólo creer una verdad, sino ante todo una relación personal con Jesucristo; es el encuentro con el Hijo de Dios lo que le da un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando establecemos una relación personal con Él, Cristo Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia él.

Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo.

Es necesario transmitirla.

BENEDICTO XVI 9 los ambientes educativos, en las comunidades eclesiales, en el propio entorno social, enriqueciendo estos espacios con el estilo y los valores típicos del carisma salesiano. Por ejemplo, con el compromiso por lo preventivo en los planes de educación formal y no formal, en la animación litúrgica y catequística, en la animación cultural y del tiempo libre, en el deporte, en la música y en el teatro; el compromiso social y político en búsqueda del bien común; el voluntariado como servicio educativo y misionero por el que testimoniamos la fraternidad y potenciamos la cultura de la gratuidad.

4. Viviendo el cotidiano con alegría y compromiso La luz de la fe nos hace comprender que cada existencia tiene un valor inestimable, porque es fruto del amor de Dios. Nuestro encuentro con Jesucristo, la roca para construir nuestra existencia, nos orienta a llevar la vida con mucha alegría. Don Bosco comprendió esta experiencia y por eso enseñó en modo sencillo que la santidad consiste en estar felices.

Reconocemos que la vida de cada día es el lugar y el tiempo de nuestro encuentro con Dios y con los demás; por eso vivimos el cotidiano con alegría. Esto no significa que la ausencia de fatigas o dificultades, porque el Señor a quien seguimos y nos acompaña es especial: nos ama hasta dar su vida en la cruz y nos enseña a vivir sirviendo y amando. Nosotros somos jóvenes que aceptamos la cruz de cada día cuando vivimos cada momento con compromiso y creatividad responsable a pesar de la rutina y la monotonía de las cosas. Las cosas grandes y extraordinarias no ocurren cada día; precisamente por esto, vivimos la respuesta a Dios en la fidelidad diaria. Esto es un desafío en nuestras vidas: vivir bien el cotidiano. Esto nos pide una cierta capacidad de disciplina para superar las tentaciones de hacer solo lo que nos guste. Pertenecer a un grupo que vive la espiritualidad juvenil salesiana nos sostiene en el vivir el cotidiano 8 cansamos nunca de actuar para mejorar el mundo, para que todos creamos en Dios y en cada persona. Miramos a la persona humana con mucha confianza y esperanza porque somos imagen de Dios, obra de sus manos y siempre en crecimiento. Nuestro mejor regalo al mundo es esta visión de humanidad que nos ofreció Jesús: somos hijos de un mismo Padre amoroso y grande, que quiere la vida y la esperanza para todos.

Otro campo en el que estamos llamamos a actuar es la construcción de comunidades acogedoras en las que todos se sientan como en su casa, sobre todo los excluidos y marginados. La dimensión relacional es fundamental para toda persona. Lamentablemente algunos de los cambios culturales actuales están haciendo superficiales y funcionales las relaciones interpersonales. Nosotros los jóvenes nos damos cuenta de ello y lo sufrimos más. Solamente con una fuerte vida de grupo se satisface esta necesidad y nos vamos educando en la construcción de relaciones interpersonales más profundas, inclusivas y gratuitas, según el Evangelio.

También manifestamos nuestra pasión por la humanidad y la creación, en el ejercicio de una ciudadanía activa, crítica y artífice de una transformación social que promueva la paz, la justicia, la verdad, la libertad: la civilización del amor. Construir el Reino de Dios hoy significa comprometernos personalmente al desarrollo de la cultura de la vida en Queridos jóvenes amigos, el Señor les está pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.

El mundo tiene necesidad de esta renovación.

BENEDICTO XVI 5 nos revela nuestra identidad y, en su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud” Hoy, más que nunca, nosotros los jóvenes tenemos necesidad de la amistad con Jesús para afrontar con serenidad los desafíos de la vida cotidiana. La amistad con Jesús da significado a nuestra vida, ilumina los momentos incomprensibles y las situaciones difíciles. En compañía de un amigo como Jesús, nuestros ojos pueden abrirse a la verdad, los corazones pueden llenarse de alegría y superar la angustia en los problemas. Jesús nos ofrece una nueva perspectiva de sentido y de esperanza, así como ocurrió con los dos discípulos en el camino a Emús (Cfr. Lc 24,13).

En esta amistad con Jesús se afianza nuestro ánimo, la fuerza para testimoniar la fe en todos los ambientes, también allí donde hay rechazo, intolerancia e indiferencia … No es posible encontrar a Cristo sin darlo a conocer a los demás. Como misioneros, no podemos conservar a Cristo para nosotros mismos: comunicamos a los demás la belleza del encuentro con Él y el gozo de nuestra fe y confianza en Él.

 
2. En la comunidad de los creyentes

Es difícil vivir la fe en Cristo estando solos. Tener fe significa apoyarse en los hermanos y en las hermanas que a lo largo de la historia y hoy son testimonio de la fe cristiana; es hacer que nuestra fe sea roca firme de apoyo para otros más. En efecto, los primeros cristianos encontraron en la comunión con los demás discípulos de Jesús la fortaleza y la energía para vivir la amistad con Él, aún en un contexto cerrado y adverso.

“Que ellos sean una sola cosa como nosotros” (Jn 17, 22): así rezó Jesús antes de su pasión y su muerte. “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Cfr. Mt 28, 19): éstas fueron sus últimas palabras, el 6 mandamiento final. Dos herencias preciosas para la Iglesia, para la comunidad de los discípulos y para todos los amigos de Jesucristo: la comunión y la misión.

Con frecuencia escuchamos: “Sí a Jesús, no a la Iglesia”: es una alternativa imposible. El mismo Cristo dice que la Iglesia es “suya”; no se puede separar Cristo de la Iglesia, del mismo modo que no se puede separar la cabeza del cuerpo (Cfr. 1Cor 12, 12). La Iglesia no es otra organización social, es en cambio la Asamblea creyente convocada por Jesús y por eso, está unida íntimamente a Dios. Es imposible seguir a Jesús aisladamente.

Quien sigue la tentación de caminar por cuenta propia o de vivir la fe según la mentalidad individualista que quiere dominar la sociedad, corre el riesgo de no encontrarse nunca con Jesucristo o de seguir una imagen falsa de él.

Crecer en la amistad con Cristo significa necesariamente reconocer la importancia de una participación gozosa a la vida de nuestras parroquias, de las comunidades, de los grupos, en modo especial de la Celebración de la Eucaristía dominical; la frecuente celebración del sacramento de la Reconciliación, como también las oraciones personales y la meditación de la Palabra de Dios.

María, la Madre de Dios, estuvo presente con los Apóstoles al inicio de la Iglesia; así mismo Ella ha querido guiar los inicios de la Familia salesiana.

Don Bosco decía: “Ella lo ha hecho todo”. El inicio del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora (FMA) está enraizado en la petición que María le hiciera a María Dominga Mazzarello mientras caminaba por la Calle di Borgoalto: “A ti te las confío”. En María, Don Bosco nos ha dado una guía segura para cumplir nuestra misión educativa. Como una familia se mantiene unida por la madre, así mismo María, Madre de Dios y Madre No puede tener a Dios como Padre quien no tiene a la Iglesia como madre.

S. Cipriano 7 nuestra, sostiene la Familia salesiana y todos los ambientes educativos en los que trabajamos.

3. Para construir el Reino de Dios Dios nos quiere a todos: ésta es la gran novedad del mensaje de Jesús.

Dios no elige a una clase social, a un continente o a un grupo étnico; Dios es Padre de todos y por eso quiere la felicidad de todos. Si acaso Dios tenga alguna preferencia, serán siempre los más pobres, los indefensos, los infelices y sin voz, los olvidados.

Los amigos de Jesús se toman en serio la tarea de decirles a todos que Dios está de parte de cada persona y de todas las personas. El Dios de Jesús es ese Padre que “tanto amó al mundo que le dio su propio Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16). Dios quiere que todos tengan vida en plenitud. Hay plenitud de vida cuando aceptamos plenamente a Dios.

¿Qué significa vida en plenitud? Es la vida que triunfa sobre la muerte, es vivir en el nombre del Dios de la vida. Donde haya amenazas en contra de la vida o que impiden su plena realización, hay muerte. Los amigos de Jesús colaboran con Él para que “todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). ¿De qué modo podemos hacerlo?

Nuestro primer acto de amor como amigos de Jesús es compartir con todos la fuente de nuestra esperanza. Esta esperanza tiene un nombre: Jesucristo. Nosotros los jóvenes, somos los mejores anunciadores de nuestra propia experiencia personal con Jesús a tanta gente de nuestra misma condición juvenil. El misterio pascual de Jesús (su pasión, muerte y resurrección) nos revela el triunfo final de Dios Padre sobre cualquier mal. Miramos al mundo con realismo y reconocemos el bien y el mal, los retos y las oportunidades, las esperanzas y las alegrías; pero no nos