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Carta a los Viejos Hermanos del Concejero para las Misiones

Carta a los Viejos Hermanos del Concejero para las Misiones


                 

Roma, 11 noviembre 2017

Queridos hermanos,

Los saludo con afecto desde la basílica del Sacro Cuore, situada junto a la estación ferroviaria de Termini, en Roma. Como ustedes saben, esta es ahora la casa de Sucesor de Don Bosco. Y con él, ¡la casa de todos nosotros!

Desde aquí, queridos hermanos, pienso en ustedes, recordando nuestro pobre Padre Don Bosco que, consumado, en medio de enormes esfuerzos y lágrimas, consigue hacer su última visita a Roma (la 20ª!), dejándonos en herencia una Congregación joven, vibrante y misionera.

Una vez más, este año dirijo a ustedes un saludo, queridos hermanos, que por la edad, por la enfermedad u otros motivos, se encuentran lejos del diario contacto educativo-pastoral de nuestra misión.

Como saben, ofrezco este saludo haciendo memoria de la primera Expedición Misionera enviada por nuestro querido Padre Don Bosco, el 11 de noviembre de 1875. Ese mismo fuego misionero arde todavía en nuestra querida Sociedad de San Francisco de Sales. No pocos jóvenes de todo el mundo se sienten atraídos por la llamada del Señor Jesús viendo el coraje y la generosidad de los misioneros de hoy.

Y ustedes, queridos hermanos, tienen la enorme responsabilidad de colaborar para que no se apague esta llama misionera salesiana. “¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!”, “¡no nos dejemos robar la alegría de la evangelización!”, nos repite el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium (n. 80 y n. 83). Cada sufrimiento, pequeño o grande de ustedes, cada gesto pequeño o grande de paciencia y ternura, cada oración larga o pequeña, es un carbón encendido que no permite que este fuego se apague!

No son pocas las tentaciones que hoy padecen los misioneros, y que soportan también nuestras comunidades que se encuentran en la primera línea de la actividad misionera salesiana en los cinco continentes. Tentaciones de desánimo, de debilitamiento o incluso de ¡pérdida de la fe!

Tentaciones de intolerancia, de divisiones, de individualismo, de poder. Tentaciones que atacan directamente la fidelidad del misionero en sus tres votos de obediencia, pobreza y castidad.

Sin embargo, el Señor continúa a decir a cada misionero: “hazte humilde, fuerte y robusto”.

Querido hermano, te pido, te suplico: haz tú esta oración:
Corazón de Jesús, haz humildes a nuestros misioneros!
Corazón de Jesús, haz fuertes a nuestros misioneros!
Corazón de Jesús, haz robustos a nuestros misioneros!

Cierto, que también tengo la obligación de agradecer vivamente a cada uno de ustedes, por las abundantes y siempre crecientes oraciones a lo largo de este año, que llega a su fin. Un fruto luminoso de las oraciones de ustedes ha sido la última Expedición Misionera, la 148ª. Fue enviada por nuestro querido Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, el 24 de septiembre pasado desde Valdocco. Fueron enviados veintiún nuevos misioneros, que tienen entre 22 y 61 años de edad, a los cinco continentes. Coadjutores, sacerdotes y clérigos, con votos temporales o perpetuos, todos prontos, para anunciar Jesucristo en cualquier lugar.

Sé también que han estado muy cercanos, a través de sus oraciones y sacrificios, a la difícil prueba por la cual ha pasado nuestro querido hermano misionero, don Tom Uzhunnalil, prisionero por dieciocho meses en el Yemen. Su testimonio de oración, fortaleza y serenidad ha puesto en evidencia cuánto debemos rezar por los misioneros y cuánto debemos sostenerlos a través de nuestras oraciones.

Finalmente, la Beatificación de nuestro hermano eslovaco, don Titus Zeman, nos ha hecho comprender cuantos frutos vocacionales y misioneros el Señor ha sabido ofrecer a la Congregación y a toda su Iglesia, a través de su largo sufrimiento, de los tormentos que ha sufrido y de su confiada y perseverante oración. Mientras su activo y valiente trabajo dirigido para salvar las vocaciones duró menos de un año, fue más tarde – a través de una larga pasión – que el Señor lo ha guiado para completar en su carne “lo que falta a los padecimientos de Cristo, a favor de su Cuerpo que es la Iglesia” (Col 1,24).

Sé queridos hermanos, que han sentido muy cercanos a ustedes y a su vida cotidiana el ejemplo de don Tom y ahora la intercesión del Beato Titus Zeman.
Para concluir, les confío, además de las oraciones diarias de ustedes por los misioneros salesianos en todo el mundo, estas dos intenciones particulares:

  • Por los refugiados, especialmente por aquellos del Sudán del Sur que se encuentran en el norte de Uganda; al día de hoy se cuentan más de 1.4 millones de los cuales, la mayoría, niños y jóvenes. Como salesianos ya estamos presentes pero debemos todavía robustecer esta presencia.
  • Por nuestras presencias salesianas entre los pueblos indígenas de la selva amazónica; estamos presentes en Perú, Ecuador, Brasil y Venezuela. La convocación de un Sínodo especial para el 2019 sobre esta temática, refuerza nuestra responsabilidad misionera en aquellos contextos.

¡Los confío a la bendición materna y consoladora de la Auxiliadora!
En don Bosco,

P. Guillermo Basañes
Consejero para las Misiones