Dicasterios

Segunda Parte - "Educar y evangelizar hoy en el hábitat digital. Junto a los jóvenes, hacia el futuro”

 

d. Gildasio Mendes

Septiembre 2022

 

Hay un nuevo hábitat en el que todos estamos implicados. El mundo está cambiando rápidamente, debido a la conexión digital, internet y la inteligencia artificial.

Están ocurriendo transformaciones epocales, en el paradigma y en el modo en que funcionan, que forman el mundo convergente que habitamos: se refieren a la forma de administrar el dinero, de comprar, de invertir, la seguridad, el sistema de salud, la forma de viajar, el mundo de la educación y el entretenimiento. En pocas décadas, el mundo ha experimentado un profundo cambio de paradigma cultural y social, debido a las tecnologías de la información, internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes.

Obviamente, con el crecimiento del mundo digital,  están surgiendo algunos desafíos, como la seguridad y la privacidad; y entre otros desafíos, también debemos recordar la brecha digital.

Dado el mundo digital y virtual en el que estamos, un mundo en continua transición, hoy vivimos en un entorno de inmersión, un entorno en el que tenemos todos nuestros contactos, datos e información para trabajar, viajar y movernos. Además, la robotización de la sociedad es una realidad concreta tanto en las grandes empresas de producción industrial como en la automatización de sectores como el de seguridad y salud.

 La infosfera abre una nueva frontera de grandes inversiones después de la de los teléfonos inteligentes, creando la oportunidad de sumergirse en un mundo con diferentes dimensiones, temporales, psicológicas, sociales y ampliando la experiencia de la realidad de las relaciones. La infoesfera (un término inventado por el filósofo Luciano Floridi) es un término complejo.

Básicamente es el entorno en el que se integran el mundo real y el virtual, donde el tiempo y el espacio se entrelazan y fusionan, de manera que tanto el online como el offline interactúan entre sí.

En este escenario, también se expande el campo de la automatización y la inteligencia artificial, la realidad virtual y la realidad aumentada. En este encuentro entre la persona, la tecnología y el entorno inmersivo, aparecen en la esfera pública aspectos de la vida de la persona y de la sociedad.

Cuando usamos esta terminología - realidad virtual (VR) y realidad aumentada (AR), infoesfera - es importante tener una idea simple de esta complejidad conceptual.

A través de los 5 sentidos, con nuestras habilidades visuales, sonoras, sensitivas, y la interacción con dispositivos (instalación de instrumentos virtuales como visores 3D) podemos adentrarnos en una realidad presente-ausente a nosotros, podemos sumergirnos (a través de los sentidos) en diferentes realidades interactivas (compuestas por personas y dispositivos).

Más recientemente, Mark Zuckerberg anunció que Facebook se convertirá en un Metaverso. Este es un término creado por el escritor de ficción Neal Stephenson, en 1992, simplemente para decir que existe un mundo virtual que puede ser habitado por avatares en 3D de personas reales.

Podemos decir que el metaverso es un universo de varias dimensiones en un universo paralelo. Además, en la complejidad de la comunicación que nos presenta la infoesfera, vemos paulatinamente la influencia de la cibernética, la biogenética, la biopolítica y la inteligencia artificial, que forman así un verdadero caleidoscopio del entorno comunicativo, con su diversidad y cambios.

Como se puede ver, lo digital se vuelve muy complejo cuando lo insertamos en la comunicación humana, interpersonal, comunitaria e institucional. Además, existen muchas formas de interpretar el fenómeno digital y el contexto sociocultural y económico de la humanidad.

La forma de interpretar lo digital nos presenta situaciones prácticas que tienen y tendrán consecuencias sobre el presente y el futuro de la humanidad.

Recientemente, algunos autores proponen una reflexión basada en el concepto de Antropoceno. El punto de partida de estos autores es que los humanos, a través de las últimas décadas y el desarrollo tecnológico, hemos generado un vasto y devastador impacto en el planeta, modificando el medio ambiente de manera amplia y significativa, alterando la fauna, la flora, los océanos, los organismos y su entorno.

Estos cambios afectan no solo el sistema ambiental, sino también el complejo sistema global, la cultura, las relaciones humanas y la forma de vida.

A pesar de algunas divergencias entre los teóricos de esta visión, en la actualidad hay varios autores que sostienen que estamos viviendo en una nueva era, en la que estos cambios se conjugan este factor ambiental, la nueva forma de vivir y convivir con las tecnologías y lo virtual.

Massimo Rizzante, poeta, escritor y traductor sostiene que la única religión que queda en el mundo de hoy es el progreso técnico-científico y se pregunta: ¿estamos viviendo en una sociedad posthumana?

Otro conocido autor, Thomas Eriksen, estudioso de la sociedad de la información, hace una afirmación que toca un tema muy importante que merece ser explorado: estamos viviendo una “antropología del cambio acelerado”, “una sociedad fuera de control”.  Sin embargo, no parece fácil sustentar una antropología de las mutaciones de lo humano.

La comunicación virtual ha introducido a la persona humana en una nueva dimensión temporal y espacial, caracterizada por la rapidez, la instantaneidad y la interactividad. A través de un teléfono móvil, un adolescente de 13 años es capaz de hacer una película, editarla, publicarla en internet y redes sociales, y quizás convertirla en un negocio, ocultando su identidad, edad y origen.

Hay una gran variedad de estudios publicados en los últimos 30 años sobre los aspectos psicológicos, filosóficos, sociales y educativos de lo virtual. Existe un debate constante sobre si realmente estamos viviendo la primacía de las tecnologías, si el mundo virtual se está convirtiendo en una nueva religión, si podemos seguir viviendo inmersos en el hábitat digital sin una ética que nos ofrezca seguridad, libertad, responsabilidad y justicia. La primacía de las tecnologías.

Hay intentos de diálogo, por ejemplo, entre filosofía y virtualidad, psicología e inteligencia artificial, teología y neurociencia. En mi opinión, es precisamente en este punto donde encontramos grandes impasses y grandes desafíos para este diálogo.

Por ejemplo, la inteligencia artificial se comunica muy bien con la neurociencia, porque favorece la relación del cerebro humano con la lógica digital y virtual. Esta relación favorece la lógica de la automatización, pero encuentra un gravísimo obstáculo respecto al libre albedrío de la persona, de la conciencia, de la libertad.

Para la antropología, la filosofía, la psicología humanística, cognitiva, analítica, la libertad, la conciencia, el libre albedrío, en el caso del psicoanálisis (el papel del inconsciente) son elementos fundamentales de las respectivas epistemologías. Averiguar cómo establecer un diálogo de estas ciencias con la neurociencia y la inteligencia artificial será un gran desafío para el futuro.

Si por un lado hay quienes proponen una visión de la mutación humana en la relación con la tecnología (realidad aumentada, metaverso), por otro lado hay quienes son muy críticos con la tecnología, argumentando que lo virtual ha hecho que dejemos de vivir lo real y que la tecnología de la información es una nueva forma de controlar a las personas y a la sociedad.