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Cagliero11 y Intención Misionera Salesiana, Abril 2026

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Queridos amigos,

Este mes celebramos la fiesta más importante de todas: la Pascua.

En el centro de nuestra fe hay una verdad sencilla, pero de gran impacto: Cristo ha resucitado. Este acontecimiento único cambió el mundo e impulsó a personas comunes a realizar acciones extraordinarias. De una tumba vacía partió una misión que aún hoy nos conmueve.

La Pascua no es solo un recuerdo del pasado, es un fuego vivo en el corazón. Es la alegría que se niega a permanecer en privado. Al igual que Pablo y los primeros misioneros, nos sentimos impulsados a cruzar las fronteras —geográficas, culturales y personales— con un único mensaje: Jesús está vivo.

¿Por qué vamos? ¿Por qué seguimos siendo misioneros, incluso cuando el camino es largo y exigente? Porque la alegría pascual arde dentro de nosotros.

Que esta alegría llene nuestra vida cotidiana —en nuestra misión, en nuestras comunidades, en nuestras amistades— desde la mañana hasta la noche. Que nuestra vida proclame en silencio aquello en lo que creemos de todo corazón: Cristo ha resucitado. Verdaderamente resucitado.

▀ P. Sathish Paul SDB, Miembro del Sector de la Comunicación Social

¿Rezamos por nuestros sacerdotes?

En la Iglesia y en la Familia Salesiana rezamos mucho por los jóvenes, especialmente por los más pobres. Y esto es muy positivo. Ellos son nuestro «campo de misión». Pero a veces nos olvidamos de rezar por quienes sostienen esta misión eclesial y salesiana con una dedicación silenciosa y sacrificada: los sacerdotes.

El Papa León nos invita este mes a rezar por los sacerdotes, especialmente por aquellos que están atravesando momentos difíciles en su vocación y en su ministerio. Durante este mes, recemos con insistencia por aquellos sacerdotes que están viviendo momentos de cansancio, soledad, crisis o sufrimiento silencioso.

Pienso en aquellos que viven en las misiones, donde las distancias son enormes, los recursos escasos y las responsabilidades abundantes. Deben celebrar los sacramentos, formar comunidades, educar y evangelizar, llevar a cabo proyectos. Animan, escuchan, cuidan. Tienen la gracia divina, la «gracia del estado», es cierto, pero también son frágiles: son seres humanos, son sensibles. Como todos nosotros, tienen sus historias y sus crisis. A veces se sienten heridos, incomprendidos, juzgados, ignorados.

Recemos por ellos. Acerquémonos a ellos y susurremos al oído una palabra de apoyo. Rezar por los sacerdotes que sufren nos hace más misioneros porque, al apoyarlos, apoyamos la misión de la Iglesia. Acompañémoslos con cercanía y cariño, pidiendo al Señor que les conceda salud, alegría y fidelidad. Porque, al fin y al cabo, cuando se sienten amados y sostenidos por nuestra oración, la Iglesia respira aire nuevo, el corazón se ensancha y la misión llega más lejos.

 P. Jorge M. Crisafulli SDB, Consejero General para las Misiones

UNA PERSPECTIVA LAICA SOBRE EL APOYO A LOS SACERDOTES IN CRISI

Querida Lauren, según tu experiencia en la Iglesia y en el trabajo pastoral salesiano, ¿qué factores o situaciones pueden llevar a un sacerdote a atravesar un momento de crisis en su vocación? ¿Qué presiones o desafíos consideras que hacen que los sacerdotes sean especialmente vulnerables?

Los retos de la vida ministerial son muchos. Se trata de una entrega constante al servicio de Dios y al servicio de los demás. El mundo parece intensificarse y la retórica de la división y el miedo va en aumento. Los problemas a los que se enfrentan los jóvenes, y por lo tanto el trabajo que se requiere, son abrumadores. Debemos trabajar constantemente para cultivar una paz y una libertad interior que no se vean influidas por el mundo que nos rodea.

La intención de oración se refiere al «acompañamiento» y a la «comprensión» que necesitan los sacerdotes en crisis. Desde un punto de vista laico, ¿de qué manera concreta pueden las comunidades (parroquias, familia salesiana, fieles individuales) acompañar y apoyar a un sacerdote que está pasando por un momento de dificultad?

Todos somos seres humanos. Un error que he cometido muchas veces ha sido poner a un sacerdote en un pedestal y olvidar su humanidad. Todos estamos juntos en este camino salesiano, y es importante que el acompañamiento sea recíproco: a veces es el sacerdote quien acompaña y otras veces son los laicos quienes deben acompañar al sacerdote. La forma más importante de acompañar a alguien es a través de la escucha. Debemos expresar de manera concreta: «Estoy aquí, me preocupo por ti, tengo tiempo para ti y estoy dispuesto a escucharte». A menudo pensamos que «saben que estoy aquí si me necesitan», pero cuando alguien está en crisis es importante verbalizarlo y asegurarle nuestro apoyo y nuestra oración.

Desde el punto de vista de la prevención, ¿qué podría ayudar a los sacerdotes a evitar caer en una crisis?

Un momento de crisis puede ser un regalo de Dios. Cada momento de nuestra vida, cada interacción, puede verse como una oportunidad para aprender algo sobre nosotros mismos, sobre el mundo y sobre Dios. Creo que no se trata tanto de intentar evitar las crisis, sino más bien de tener la firmeza, la fe y la serenidad necesarias para afrontarlas cuando se presentan. En la práctica, la forma en que los sacerdotes pueden prepararse es dedicándose con fe a lo más importante de la vida sacerdotal: la Eucaristía, la importancia de la oración y la meditación, la dirección espiritual. Si estas cosas se cultivan a diario, cuando llega la crisis, el sacerdote ya cuenta con prácticas que le sostienen en su camino. No creo que debamos intentar prevenir las crisis, ya que pueden ser la parte más importante de la vida.