Dicasterios

Cagliero11 y Intención Misionera Salesiana, Agosto 2026

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Queridos amigos,

hoy el oratorio tiene las dimensiones de una ciudad.

Las grandes ciudades son una de las fronteras más urgentes de la misión. En ellas encontramos jóvenes ricos en sueños y posibilidades, pero también marcados por la soledad, por el anonimato y por la búsqueda de sentido. Justo ahí, en el corazón de la vida diaria, Dios nos espera.

Como Familia Salesiana estamos llamados a ser una presencia que escucha, acompaña y construye comunidad. Don Bosco nos ha enseñado que cada joven lleva en su corazón la semilla del bien, que necesita ser acogida y acompañada para poder florecer.

Evangelizar en la ciudad significa construir puentes donde hay distancia, generar encuentros donde prevalece la indiferencia y ofrecer esperanza donde muchos han dejado de creer en el futuro. Con creatividad misionera y corazón salesiano, continuamos haciendo visible el amor de Cristo en los nuevos patios en los que viven y sueñan los jóvenes de hoy.

María Auxiliadora nos acompañe en este camino.

▀ P. Rafael Bejarano SDB

 Consejero General para la Pastoral Juvenil

La evangelización de las grandes ciudades: frontera salesiana de nuestro tiempo  

Durante una reciente visita a Manaos, capital de Amazonia brasileña, me reuní con los “misioneros urbanos”: jóvenes y adultos que anuncian el Evangelio en esta metrópolis de 2,5 millones de habitantes. Algunos han sido acogidos con alegría; pero otros han sido rechazados. Esta es la realidad de la evangelización en las grandes ciudades de hoy. Más de la mitad de la humanidad vive hoy en áreas urbanas caracterizadas por la diversidad, la movilidad, la conectividad tecnológica y profundas desigualdades sociales. Cuando el Consejo General se reunió con el Papa León XIV, él nos animó a continuar anunciando el Evangelio con valentía en estas megalópolis, desarrollando una “pastoral urbana” para comprender el lenguaje, la cultura y los desafíos de los habitantes de las ciudades.

Allí, muchos jóvenes viven la soledad y la fragmentación. Muchos son indiferentes a la fe o simplemente “durmientes” desde este punto de vista. Además, muchos otros están en busca de sentido, amistad, pertenencia, esperanza y luz. El Papa León no se cansa nunca de exhortarnos a convertirnos en una Iglesia misionera. Evangelizar las ciudades de hoy requiere una Iglesia que vaya más allá de los propios edificios y se haga presente en las familias, en las escuelas, en las universidades, en los puestos de trabajo, en las redes sociales, en los centros culturales y, sobre todo, entre los que viven en los márgenes de nuestra sociedad. Hoy no hay necesidad de atravesar océanos o desiertos para ser misioneros: basta con salir de nuestras casas, de nuestras comunidades y de nuestras escuelas para salir al encuentro de niños y jóvenes vulnerables que necesitan la alegría del Evangelio. Evangelizar significa crear espacios de encuentro donde los jóvenes puedan experimentar el amor y la misericordia de Dios. Allá donde muchos se sienten anónimos y aislados, nuestras comunidades cristianas y salesianas pueden convertirse en lugares de pertenencia y fraternidad, abriendo procesos hacia la fe y la santidad.

Este desafío requiere creatividad, valentía y colaboración. Juntos – Iglesia local, Familia Salesiana, laicos, educadores, padres y jóvenes – estamos llamados a llevar el Evangelio al corazón de la vida urbana a través de la comunión y el servicio. ¡No dejemos escapar esta oportunidad!

▀ P. Jorge Crisafulli SDB, Consejero General para las Misiones

DE BRASIL A KENIA: VOCES SALESIANAS DE LAS METRÓPOLIS

Queridos Peter y Jean, vosotros vivís y trabajáis en grandes ciudades. ¿Cuál es el desafío más grande cuando intentáis establecer relaciones auténticas con los jóvenes que las habitan?

PT: Es difícil entrar en profundidad en sus vidas porque pasan gran parte del tiempo utilizando los dispositivos tecnológicos. Viven en su pequeño mundo, donde un flujo constante de informaciones de todo tipo captura su atención. Esto les aleja gradualmente de las relaciones auténticas. En consecuencia, se sienten solos en su vida.

JK: En el contexto en el que vivimos y trabajamos en el sur de Brasil, nos pone frente a un desafío fundamental: el de llegar a los jóvenes en el corazón de una realidad caracterizada por ritmos frenéticos, desigualdades y, a veces, de una profunda soledad. Crear lazos auténticos requiere una presencia cercana, sencilla y alegre, capaz de escuchar, dialogar y acompañar, como subraya la Evangelii Gaudium.

Don Bosco se encontraba con los jóvenes en las calles y en las plazas de su tiempo. ¿Cuáles son las nuevas “calles y plazas” de las ciudades de hoy, y cuáles acercamientos creativos funcionan realmente en vuestro contexto?

PT: Se trata, por ejemplo, de las clases o de los círculos en los que se puede convivir con ellos y compartir ideas y talentos; del patio donde pueden divertirse, de las redes sociales a través de las cuales mantenemos el contacto con ellos. En cada momento, los jóvenes salen de la soledad cuando sienten que alguien confía en ellos, apreciados y acompañados por los salesianos. En mi misión, hay un acercamiento en las competiciones de las actividades deportivas y musicales que es eficaz.

JK: Las “calles” de hoy son las redes sociales, las escuelas, los centros urbanos y las periferias existenciales. En nuestro contexto, una presencia educativa, familiar y acogedora, inspirada en la Magnifica Humanitas, permite conquistar la confianza de los jóvenes y abrir sus corazones al Evangelio.

¿Qué le dirías a un joven salesiano que está comenzando su misión en una gran ciudad, quizás sintiéndose sobrepasado o inseguro?

PT: Antes de ser aceptados, aceptaos vosotros mismos con respeto, perseverancia, paciencia, alegría y entusiasmo. Invertid en vuestro crecimiento personal y desarrollad vuestros talentos, sobre todo, para salir al paso de las tendencias modernas y la realidad.

JK: A un joven salesiano le diría: ¡ánimo y confianza! Empieza con estar presente, disponible y siendo auténtico. Aquí los jóvenes buscan testimonios creíbles. Con Don Bosco, cree siempre en la fuerza de la cercanía, de la bondad y de la alegría.