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Cagliero11 y Intención Misionera Salesiana - abril 2019

Cagliero11 y Intención Misionera Salesiana - abril 2019

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INTENCIÓN MISIONERA SALESIANA

A LA LUZ DE LA INTENCIÓN DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

Por todos aquellos que promueven la persona humana integralmente a través de las obras sociales.

Para que los educadores, médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos y muchos otros que colaboran en nuestros puestos médicos y obras sociales, el Señor recompense sus esfuerzos por la promoción integral de las poblaciones que se nos confían.

 

Como el Beato Artémides Zatti y el Venerable Simón Srugi y muchos otros, cuidando los cuerpos y ofreciendo auxilio a las necesidades básicas de los niños y los pobres, pudieron tocar el corazón con el evangelio de la caridad. Oremos por todos aquellos que trabajan en las obras sociales para que el Señor los apoye en su compromiso y sean generosos en su entrega a los pequeños y encuentren su fuerza y motivación en el amor de Cristo.


CAGLIERO11_124, ABRIL 2019

Queridos hermanos, queridos amigos:

Mientras se acerca la Pascua de Resurrección del 2019, he aquí una bienaventuranza que nos susurra el Papa Francisco:

“Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”

“Saber llorar con los otros, esto es santidad” [GE 76]

Y así lo hicieron los misioneros salesianos y siguen haciéndolo hoy. Pueden llorar, porque "se quedaron con nosotros", decía el tema de la Jornada Misionera Salesiana 2017; quedándose, e incluso llorando, con tantas minorías étnicas en el Amazonas, lograron salvar a muchos, trayéndolos a Jesús. En los días de la epidemia de ébola en Sierra Leona (2012), los misioneros salesianos, permaneciendo y llorando con ellos, pudieron salvar tantas vidas. Un misionero salesiano llora solo dentro de su choza en el campamento de refugiados de Palabek (Uganda), ante el extremo sufrimiento de los últimos: "devoran a mi gente como si fuera pan", dice el salmista (S 53.4).

El misionero salesiano, por lo tanto, comparte las angustias y esperanzas de los pueblos que aún no han sido evangelizados (ver Constituciones 30) y "compartiendo sus problemas y sufrimientos, invoca para ellos la luz y la fuerza de Su presencia" (C95).

Saber llorar con los demás, especialmente con los jóvenes que sufren, aquí está la expresión de un corazón misionero y salesiano.

P. Guillermo Basañes, SDB
Consejero para las misiones

El primer anuncio angoleño

 

Los grupos misioneros de la Familia Salesiana en Angola, animados por la FMA y la SDB, celebraron el seminario sobre el Primer Anuncio de Jesucristo del 2 al 5 de marzo en Luanda. Este seminario ha tras-mitido las conclusiones del Seminario en África so-bre el Primer Anuncio, realizado en Johannesburgo el año pasado (13-19 / 08/18)

El corazón del evento consistía en buscar nuevos caminos, métodos y un nuevo impulso y entusiasmo para llevar la persona del Señor a las miles de per-sonas que asisten a nuestras parroquias, pequeñas comunidades cristianas, escuelas primarias, secundarias y profesionales, universidades, trabajos sociales, oratorios y centros juveniles, comunica-ción social. El gran desafío consiste en acercarse a los que están lejos del Señor y de la comunidad cristiana, revitalizar y reanimar a los que se han alejado o cuya fe se ha ido apagando poco a poco... Debemos preguntarnos cómo pueden los diferentes sectores de nuestra misión ser verdaderos misione-ros, instrumentos del Señor, capaces, a través del testimonio de la caridad y la alegría de la vida cristiana y comunitaria, despertar la atracción de la persona y el misterio de Jesús y lograr anunciarlo.

Por eso es que los salesianos, salesianas, animado-res misioneros, responsables de la pastoral vinieron de todo el país y se reunieron para reflexionar sobre el "Primer Anuncio y la misión salesiana". Este tipo de seminario se ha organizado en muchas otras inspectorías, de diferentes contextos culturales, como un medio para mantener viva la atención en el frente neurálgico de nuestra misión: ¡El anuncio de Jesucristo!

 

Compartir la vida con los jóvenes me proporciona una realización misionera profunda.

 

Dos eventos influyeron en mi infancia para hacerme misionero. Uno está relacionado con mi padre: cuan-do él era joven trabajó como capataz durante cuatro años en Ghana, África. Sus historias e imágenes con "africanos" me han fascinado mucho.

El segundo hecho: cuando yo era joven tuve un accidente en el mar; entré en una corriente y casi me ahogo. Sólo gracias a Dios recobré la vida - una segunda vida -: una llamada de Dios para una misión determinada. Éste fue también el momento en que desperté de una vida familiar protegida, sin una dirección clara en la vida.

No mucho después de este inci-dente, me enteré de que los salesianos de Don Bosco en Papúa Nueva Guinea necesitaban un instructor me-cánico. Contando con mi experiencia en ingeniería mecánica y tras esos dos eventos, solicité ser miembro de una organización de voluntarios suizos. Pasé tres años como voluntario en el Instituto Tecnológico Don Bosco en Port Moresby, la capital de Papúa Nueva Guinea, y pronto me di cuenta de que no bastaba compar-tir mis conocimientos de ingeniería y mis habilidades profesionales; eso no es suficiente, cada vez es más necesario estar con los jóvenes para acompañarlos. Mis modelos de referencia fueron muchos salesianos, las hermanas salesianas y los aspirantes con los que trabajé en la institución.

Cuando regresé a Suiza y comencé a trabajar como gerente de proyectos en una empresa de producción de metales, me sentí insatisfecho. Yo ha-bía perdido a los jóvenes. Ya no estaba interesado en hacer una carrera, buscando sólo mi beneficio y mi bienestar. De nuevo, me dirigí a los sale-sianos. Aunque no era católico, pedí iniciar el aspirantado salesiano. Me hice católico. El buen Dios me guió después en el camino para llegar a ser un hermano salesiano en todos los aspectos. Ya en el noviciado sentí la vocación de convertirme en un hermano laico: estar con jóvenes en el taller, en el aula, en los dormitorios... La experiencia misionera que hice me acompañó a lo largo del tiempo de formación. El deseo de ser misionero se ha intensificado tanto que en 2016 seguí la invitación del Rector Mayor Don Ángel Fernández Artime SDB para ser misionero ad vitam. Y de nuevo, el buen Dios me hace volver a PNG.

En los últimos cinco años he trabajado en el Instituto Tecnológico Don Bosco, el mismo instituto que cuando era voluntario. Las tareas principales son la formación técnica en el campo del montaje y la soldadura de máquinas. Junto con el exigente trabajo semanal como educador-pastor, también tengo el oratorio del domingo: compartir la vida con los niños y jóvenes más necesitados de las aldeas vecinas me proporciona una profunda realización misionera.

Estoy muy contento de ser laico consagrado salesiano, completamente inmerso en medio de los jóvenes, en el aula, en el taller y en el Oratorio. Después de clase, paso tiempo con estudiantes y niños. A través de este intenso estar con ellos surge una relación de confianza y amor. Los jóvenes confían en mí, se abren, les interesa mi vida religiosa. Así que tengo la oportunidad de compartir con ellos los valores cristianos de la vida, para establecer con ellos una buena relación de respeto, dignidad, amor y otros valores esenciales de la vida. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que es esencial ser abierto y humilde para escuchar el Espíritu Santo. Así es como llegué a ser salesiano coadjutor misionero.

Bro. Reto Wanner, SDB, Msionero de Suiza en Papua Nueva Guinea

Testimonio de Santidad Misionera Salesiana

P Pierluigi Cameroni SDB, Postulador General para las Causas de los Santos

La Sierva de Dios Antonieta Böhm(1907-2008), Hija de María Auxiliadora, alemana de origen y misionera en América Latina, tuvo la oportunidad de vivir en los lugares ricos de la memoria de Laura Vicuña y, en 1988, participar, en Colle Don Bosco, en la beatificación de esta joven. También conoció al hermano salesiano, el Beato Artímedes Zatti. En 1973 madre Madre Ersilia Crugnola le regaló una estatua de la Virgen encomendándole llevar con ella la bendición materna de María. La Madre Antonieta decía: "Desde aquella primera bendición hasta ahora, la Virgen trabaja día y noche, y su misión se extiende a través del correo, el fax, el correo electrónico y llega a diferentes lugares de México y a muchas otras partes del mundo".