Don Bosco

Memorias Biograficas - vol 15

MEMORIAS BIOGRAFICAS DE SAN JUAN BOSCO

VOL 11VOLUMEN XI Página: 18(11)CAPITULO ILAS MISIONES Y DOS EXPEDICIONES
DE MISIONEROSDON Bosco empieza y termina el año 1881 con el envío de nuevos operarios a la remota parcela de la viña que el dueño evangélico
confió a sus cuidados.Había llegado una voz desde Roma. León XIII había dirigido el 3 de diciembre de 1880 a los Obispos del mundo católico una encíclica
sobre tres obras misioneras: la Propagación de la Fe, la Santa Infancia y las Escuelas de Oriente.En ella hacía oír el Padre Santo este ardiente llamamiento:"A vosotros, venerables hermanos, llamados a participar de nuestra inquietud, os exhortamos ardientemente a que, alentados por la
confianza en Dios y sin desanimaros por ninguna dificultad, todos a una, os afanéis con Nos para ayudar de una manera eficaz a las
Misiones Apostólicas. Se trata de la salvación de las almas, por las cuales entregó la suya nuestro Redentor y nos constituyó Obispos y
Sacerdotes, para perfeccionamiento de los Santos y edificación de su cuerpo. Por tanto, desde el lugar en que Dios colocó a cada uno para
custodiar su grey, esforcémonos por todos los medios a nuestro alcance, para que se sigan dispensando a las sagradas Misiones aquellos
auxilios que, según hemos recordado, han sido empleados desde los principios ((14)) de la Iglesia, esto es, la predicación del Evangelio, y
las oraciones y las limosnas de los hombres piadosos".Después de esta exhortación, seguía diciendo el Papa: "Si, por tanto, sabéis de algunas personas celosas de la gloria de Dios, animadlas
para que, averiguada y conocida la voluntad de Dios, no se dejen llevar por la carne y la sangre, sino que se apresuren a secundar la voz
del Espíritu Santo".Enfervorizado por tan ardiente llamada, creyó don Bosco llegado el momento de reanudar las interrumpidas expediciones misioneras.
Hacía dos años que ya no se hacían. Habían partido algunos, es verdad,
22como don Bernardo Vacchina por ejemplo, pero pocos por vez y en número muy reducido 1.La necesidad de personal en Europa y los apuros económicos no habían permitido que se hiciera más. Pero, ahora que la Patagonia ya
estaba abierta y lo ya hecho era considerado como signo palpable de la perenne vitalidad de la Iglesia Romana 2, hacía falta aprovechar el
momento oportuno para impulsar la empresa. Hasta había algunas hojas ultraliberales que, sin atreverse a confesarlo, comentaban la
solemne invitación pontificia 3.El Siervo de Dios determinó, pues, enviar una primera expedición de seis salesianos y ocho hermanas, que estuvieran dispuestos para
salir a mitad de enero. A éstos añadió después otros seis, que debían ((15)) partir a la par, con dirección a España.En cuanto a los gastos que se originarían, don Bosco confiaba en los Cooperadores, como se expresó en la carta de costumbre, que les
dirigió en el mes de enero 4.También intentó obtener alguna subvención del Gobierno de la Nación; con tal fin, dirigió al Ministro del Exterior, Benedicto Cairoli 5,
una sucinta relación exponiendo lo que se había hecho y se estaba haciendo en Argentina y en Uruguay, especialmente, en favor de los
italianos, que emigraban allí cada vez más 6.Decía en ella que los salesianos estaban "repartidos en treinta y cuatro localidades". Este dato se sobreentiende en sentido amplio, es
decir, contando no sólo las residencias fijas, sino también aquellos1 Por otra parte, en los registros oficiales de las expediciones, aparecen también éstos, considerándolos como componentes de una
expedición del 1880.2 Entre los obsequios, que don Bosco recibió para el año nuevo, había un libro, escrito por un rosminiano y por él mismo dedicado,
"como muestra de profunda veneración", en el que, hablando de los progresos hechos por la Iglesia en las más apartadas regiones de la
tierra, hacía alusión a las "inhóspitas estepas de Patagones y Pamperos de América del sur" y polemizando decía: "Precisamente ahora, elFin de Página: 23
VOLUMEN XV Página: 23catolicismo, desde su lecho de muerte, tiene tales arrestos, como para enviar allá, entre un estertor y otro, nuevas escuadras de Misioneros
salesianos, reciente creación de ese don Bosco que, como un nuevo Calasanz aquí en Europa, saca del arroyo y de la cárcel a millares de
muchachos para hacer de ellos laboriosos trabajadores y honestos ciudadanos con sus muchas y cada vez más numerosas escuelas". (P. A.
CICUTO, Se il Cattolicismo sia morente. Ensayo diagnóstico. Tipografía Julio speirani e hijo, 1881, Turín). El libro no está libre de
errores.3 Por ejemplo, el Dirizzo del 7 de enero, en un extenso artículo de Rafael Mariano, titulado "Misioneros y Parlamento", rendía
homenaje al poder civilizador del Catolicismo, aunque el autor simpatizaba con el protestantismo, cuya energía, moralidad y sabiduría
seguía elogiando.4 Boletín Salesiano, enero de 1881.5 Benedicto Cairoli era además presidente de Ministros.6 Apéndice, doc. núm. 1.
23lugares a donde acudían los salesianos par ejercer temporalmente su ministerio. Es digno de nota el siguiente período 1 ((16)) sobre la
Patagonia: "El proyecto es continuar las misiones italianas hasta el Estrecho de Magallanes y avanzar de allí hasta el Cabo de Hornos;
pero, sobre este plan, necesito hablar personalmente con V. E. como espero hacer, si me lo concede, en el próximo mes de marzo".Tenía él la idea de convencer al Ministro a desarrollar una acción diplomática para dirigir la corriente migratoria italiana a las regiones
patagónicas, abandonadas por los indios e incultas, donde los compatriotas, con su gran superioridad económica y moral, se habrían
podido concentrar en varios puntos, donde promover la agricultura y realizar obras de civilización. Por eso, habla de "misiones italianas"
que se continuarían hasta el estrecho de Magallanes.1 L'Unità Cattolica del 15 de enero, para dar a conocer la obra realizada por los salesianos durante un solo quinquenio, publicó la
siguiente nota, de la que se envió a León XIII una copia auténtica con anterioridad:CASAS Y MISIONES SALESIANAS EN AMERICA DEL SUR DESDE 1875 AL 1881.Buenos Aires. -San Nicolás; escuela para niños; parroquia de Ramallo; misiones Estancias; parroquia de San Carlos. -Almagro: colegio
internado; casa central de las religiosas de María Auxiliadora. -Centro: capilla italiana de la Misericordia; parroquia Bocca de Rachuelos.
-Sur: escuela para niños; Escuela para niñas de las religiosas de María Auxiliadora. -San Isidoro: escuelas para niñas; oratorio festivo.Uruguay. -Montevideo: iglesia de la Caridad, para los italianos; escuelas de San Vicente.-Las Piedras: parroquia; escuelas para niños;
escuelas para niñas de las religiosas de María Auxiliadora; misión; casas de campo. -Villa Colón: colegio para niños; escuela para niñas
de las religiosas de María Auxiliadora.Entre Ríos. -Colonia Villa Libertad, 1877-78.Paraguay. -Misión, 1878.Pampas. -Misión, catequesis y bautizos a los indios.Patagonia. -Colonia: Fiscomenoco; Choele-Choel; Tribu de Catriel; Conesa; Guardia Mitre; Indios Linares; San Javier. -Carmen de
Patagones: parroquia, escuelas para niños; colegio para niñas de santa María de las Indias. -Mercedes: parroquia. -Viedma: escuelas para
niños.El general Roca, Presidente de la República Argentina, envió una carta a don Bosco en enero, que se publicó en francés (Société
Anonyme de la Maison Beaujour. Rapports, etc., Marsella, Tip. E. Jouve et Cie., 1881; pág. 23):Reverendo Padre:He recibido su carta del 10 de noviembre, cuyos honrosos sentimientos agradezco. Puede tener la seguridad de que las misiones en las
Pampas y en la Patagonia ocuparán siempre su lugar entre las empresas civilizadoras y que sus religiosos serán tratados con las
atenciones a que se han hecho merecedores hasta ahora, por parte de las autoridades civiles y políticas del país.Fin de Página: 24
VOLUMEN XV Página: 24Deseando vivamente la ayuda de sus oraciones, para poder soportar el grave peso del gobierno, le saludo con particular atención y
aprecio.Buenos Aires, 10 de diciembre de 1880.SuyoJULIO ROCAPresidente de la República
24La respuesta fue, como anteriormente, evasiva 1. Pero, aunque no obtuvo otro resultado, no era para él despreciable haber llamado la
atención del Gobierno sobre su actividad, religiosamente patriótica, en el extranjero.Para conseguir ayuda de la Santa Sede, especialmente para ornamentos sagrados y limosnas de misas puso, como intermediario, al
cardenal Nina, su Protector, al que escribió una carta, que no hemos encontrado.Con el correo del 12 de enero procedente de América del Sur le llegó la primera carta con sello de la Patagonia. Una cosa tan pequeña,
pero para él tan significativa, le produjo tal satisfacción que, al escribir de nuevo al Cardenal, le incluyó el sobre, como para hacerle ver
que se trabajaba de veras por aquellos lugares. En la misma carta le envió dos ejemplares del anuario con las Casas y Misiones Salesianas
en América del Sur, desde el año 1875 al 1881 2.((17)) Eminencia Reverendísima:Como tuve el honor de manifestar a V. E. Rvma. en mi anterior, nuestros misioneros están dispuestos, para ahorrar gastos, a hacer el
grave sacrificio de no ir a Roma para besar el sagrado pie al Padre Santo y recibir de él personalmente la bendición apostólica.Con este objeto ruegan humildemente a V. E. que la implore de la bondad del Padre Santo y la comunique antes de su partida.Se ha señalado el día 20 de este mes para la bendición de los mismos, en la iglesia de María Santísima Auxiliadora; saldrán de Génova
el día 22, a no ser que, como se teme, esté el mar alborotado y sea aconsejable prorrogar algunos días la salida.He recibido en el correo de hoy el primer sello de la Patagonia. Es defectuoso; pero, por ser el primero en Europa, me ha parecido bien
incluirlo en la presente carta.Creo también hacer cosa grata a V. E., y al buen corazón del Padre Santo, incluir, además, en esta carta dos ejemplares con la relación
auténtica de nuestras Misiones de América. Una se la ofrezco a V. E. y le ruego presente la otra a Su Santidad, como sencillo homenaje
de nuestros Misioneros a la Santa Sede, al ofrecer los escasos frutos que han conseguido durante los cinco años de sus trabajos
apostólicos.Tendré ocasión de comunicarle más noticias sobre las conquistas que nuestros religiosos han conseguido entre los indios de las Pampas
y de Patagonia; y esto lo podré hacer cuando lleguen allí los de la expedición que preparamos para la fecha que arriba indico.No hemos podido encontrar la forma de hacernos con el original, que sabemos fue dirigido a Milán equivocadamente por el remitente y
que don Bosco recibió en febrero, estando en Marsella.1 Véase: Apéndice, Doc. núm. 2.2 Véase página anterior, nota 1.
25Con la mas profunda veneración, nos encomendamos todos a la caridad de sus santas oraciones, mientras tengo el alto honor de
profesarme,Fin de Página: 26
VOLUMEN XV Página: 26De V. E. Rvma.Turín, 12 de enero de 1881.Su atto. y s. s.
JUAN BOSCO, Pbro.El Cardenal refirió al Padre Santo los deseos de don Bosco y aquél los recordó en una ocasión solemne. El lunes, 17 de enero, asistió
don Francisco Dalmazzo a una audiencia particular y distinguida, a la que había convocado el Papa a todos los Superiores y procuradores
generales de órdenes y congregaciones religiosas residentes en Roma. Su finalidad era la de informarse de la situación de las diversas
familias religiosas. Cuando le llegó su turno, el Papa se mostró muy amable y le preguntó enseguida por el Sagrado Corazón.-Vosotros tenéis confiado el Esquilino, le dijo, he ahí la parte que se os ha encargado. "Trabajáis? "Se está ya construyendo? Pero daos
prisa, porque es muy grande ((18)) la necesidad. No os desaniméis.Después añadió:-He leído la carta, que don Bosco ha mandado al cardenal Nina. Ya hemos dado las órdenes oportunas para que se le prepare algo.
Habrá casullas, cálices y otros objetos para ayudar a sus misioneros.Concedió la bendición que pedía para ellos, diciendo que la daba de corazón y, después, prosiguió:-"Pero cómo se las arregla don Bosco? "No se arredra con tantas cosas como lleva entre manos? Se ve que el Señor está con él.El cardenal Nina, temiendo que el Papa se olvidase de las limosnas para las misas, había sugerido a don Francisco Dalmazzo que le
hablase de ellas. El augusto Pontífice tuvo la bondad de responderle:-Las hemos pedido a Francia y os las concederemos también a vosotros. "Os bastan dos mil?Y, ante la respuesta afirmativa, continuó:-Pues bien, ordenaremos que os sean asignadas 1.El Beato debió acudir además a la caridad de las personas privadas, como siempre había hecho anteriormente; pero sólo una carta de
éstas, nos ha llegado hasta ahora, y fue la que envió a su gran amigo don Pedro Vallauri, de Turín:1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma, 20 de enero de 1881.
26Muy querido don Pedro Vallauri:Ab amicis honesta sunt petenda (a los amigos hay que pedirles lo bueno), ya lo sé. Pero debo ir un poco más allá de la discreción.He aquí de qué se trata. Me he comprometido a enviar el 22 de este mes una expedición de misioneros a América; diez religiosas y doce
salesianos deberán ir en ayuda de sus hermanos, que están agobiados de trabajo, pero me encuentro en la imposibilidad moral, por falta
de medios. Por tanto, "no podría usted, por caridad, proporcionarme de algún modo diez mil liras, aunque sólo fueran prestadas?
Servirían para sufragar a sus parientes de las penas del Purgatorio, ayudar a la Iglesia, sostener nuestras misiones y sacarme a mí de
apuros.Le escribo con esta confianza, porque conozco sus deseos de dedicar todos sus bienes a la mayor gloria de Dios y la salvación de las
almas.Espero que Dios le conserve con buena salud; y encomendando nuestros pobres muchachos a la caridad de sus eficaces oraciones, me
profeso en J. C.Fin de Página: 27
VOLUMEN XV Página: 27Turín, 3-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.((19)) El periódico de más prestigio en Italia anunciaba la próxima expedición 1 con estas palabras: "Aplaudimos de corazón al
intrépido don Bosco y a sus dignos hijos; y, sabiendo cómo lleva adelante sus importantes obras, mediante las limosnas y la beneficencia
de personas caritativas, recomendamos con gusto su generosa empresa a la generosidad de los católicos. El ayudar a don Bosco en este
caso es, además de una manifestación de fe católica, un acto de caridad patriótica y de verdadera humanidad (...), porque este donativo
redunda en favor de muchos miles de italianos que se encuentran en América y sirve para reformar y hacer florecer la sociedad con nueva
savia y cultura moral de la juventud, y coadyuva a llevar la civilización cristiana a tribus numerosas, que ignoran todavía los inmensos
beneficios de orden temporal y eterno".Como se acercaba el día de la partida, don Bosco anticipó la conferencia que, por tradición, se daba el día de san Francisco de Sales a
los Cooperadores, para hacerla coincidir con la ceremonia de despedida, que tendría lugar el 20 de enero. El Beato pronunció una plática
sencilla y apostólica, con su simpática elocuencia, que tuvo pendiente1 Se lee en Unità Cattolica del 15 de enero de 1881: "La nueva falange se compone de veintitrés personas". En este número contaba el
periódico todos los que partían, esto es, además de los seis salesianos y las ocho hijas de María Auxiiiadora, destinados a América, otros
seis, que iban a Utrera, y a don Juan Cagliero que los acompañaba, más la madre Mazzarello, y la madre Roncallo que viajaron con una
parte de las Hijas de María Auxiliadora hasta Marsella.
27de sus labios al numeroso auditorio durante casi media hora. Empezó el exordio anunciando una bendición especial del Padre Santo para
Cooperadores y Misioneros. Pasó, después, a hablar de los Salesianos y de las Hijas de María Auxiliadora que ya habían partido en años
anteriores, narrando el bien que habían hecho; bien del que también debían alegrarse muchos de los que escuchaban y otras caritativas
personas por haber contribuido con sus limosnas. Expuso a continuación lo que se intentaba hacer para la salvación de las tribus infieles
que vagaban por la inmensidad de las Pampas, la Patagonia y la Tierra del Fuego. Y por ello la necesidad que había de enviar siempre
nuevos refuerzos de trabajadores evangélicos. ((20)) La última parte la dedicó a los que partían, poniendo de relieve su sacrificio, al
dejarlo todo por amor de Jesucristo y de las almas redimidas por El. Por fin, dirigiéndose al auditorio, dijo:-Si ellos exponen su vida a tantos peligros, no os neguéis vosotros a hacer algún sacrificio. Pidamos a Dios que les ayude y consuele;
pero el que pueda, ayúdelos también con su limosna. Así cooperaréis a la gloria de Dios y a la salvación de las almas, haciéndoos dignos
del céntuplo que Dios promete, ya en esta tierra, a quien da algo por su amor y, lo que es más, ponéis a salvo nuestra propia alma.La Unità del 23 escribía: "Sabemos que las palabras de don Bosco no cayeron en terreno estéril; porque los caritativos turineses
demostraron ser, para él y para su misión, dignos instrumentos de la piedad divina".Partieron enseguida para San Pier d'Arena, pero no se embarcaron hasta el 3 de febrero. Allí se celebró una fiesta íntima para ellos en la
capilla privada de la casa. Don Bosco les dio tres recuerdos desde el púlpito: 1.° Que encontrarían allí caracteres difíciles e
indisciplinados, con los que deberían usar caridad, caridad y caridad. 2. ° Que cada uno cumpliera su propio deber, a fin de que no
sucediera que uno trabajara por tres y otro por ninguno. 3.° Que no se fijaran en los defectos de los demás; todos los tenemos; y, si los
vieran en los Superiores, que imitaran a los dos hijos buenos de Noé y no a Cam.Los misioneros se dividieron en dos grupos. Los que se dirigían a Uruguay y a España se embarcaron en el Humberto I, de la compañía
Rocco y Piaggio; y los que se dirigían a Buenos Aires, en el Sud América de la compañía Lavarello. Cedemos ahora la pluma a don Juan
Cagliero, que actuaba de jefe de los primeros 1.1 Carta a don Miguel Rúa, Gibraltar, 14 de febrero de 1881.
28Nos despedimos en el puerto, ya que ellos salieron dos horas antes que nosotros, que zarpamos la misma tarde dos horas después,
augurándonos mutuamente feliz viaje. El mar estaba precioso y aún más la luna, así que pudimos llegar a Marsella al día siguiente por la
mañana, viernes, alegres como cuando salimos y sin las bromas del mareo.Fin de Página: 29
VOLUMEN XV Página: 29Tuvimos que permanecer anclados en este puerto tres días y hasta ((21)) tuvimos que entrar en el dique seco para poder cambiar la
hélice. Pudimos, por tanto, saltar a tierra el sábado, día 5, por la mañana, e ir a celebrar misa en la capilla de nuestra casa de la calle
Beaujour.Al atardecer, llegó de Niza don Bosco, que nos había precedido un día en su viaje por tierra.Don José Bologna, aunque pequeño de estatura, mostró su gran bondad, generosidad y amor fraterno durante los dos días que nos
hospedó. Y íqué satisfacción para nosotros los Salesianos! Acabábamos de dejar, es verdad, a unos hermanos queridos en Italia, y nos
encontrábamos con otros no menos queridos en Francia. Y ahora ídejaremos a éstos, también, pero nos encontraremos a otros
queridísimos en América!El domingo, por la tarde, volvimos a bordo y nuestro amado padre, que se arma de valor cuando se trata de mostrar el afecto que
profesa a sus hijos, aguantó el más furioso de los vientos mistrales, que sacuden plantas, árboles, barcos y hasta a las mismas personas,
para acompañarnos al bassin du radoub (la dársena), a tres cuartos de hora de la ciudad.Fue recibido por el señor Evasio Piaggio, propietario del barco Humberto I, por el Comandante y otros oficiales, con muestras de
atención y demostración de aprecio y veneración extraordinarios. Se entabló una larga conversación y nos sirvieron café y vino espumoso
a todos los que le acompañábamos. Después, el señor Piaggio, persona competente y además excelente cristiano, entusiasmado con el
relato de las obras salesianas de Europa, Francia y América, aceptó agradecido que se le inscribiera como Cooperador Salesiano y, más
prendado que nunca de don Bosco, quiso acompañarlo hasta nuestro camarote, en compañía del Capitán. Reunidos allí, salesianos e hijas
de María Auxiliadora y muchos otros pasajeros, escuchamos los últimos consejos de despedida y recibimos su santa y paternal bendición.
Santa porque conmovió a los circunstantes; paternal, porque llegó hasta lo íntimo del corazón de todos sus hijos, ímuchos de los cuales se
resignaron a no volver a verlo hasta el paraíso!Como era ya muy de noche y seguía la furia del viento, lo acompañamos, el señor Piaggio por un lado y nosotros por otro, hasta el
muelle, donde, providencialmente, llegaba un coche llevando pasajeros. Y digo providencialmente, porque hubiera resultado imposible
exponerse a hacer aquel trayecto a pie, a aquella hora y con aquel terrible vendaval 1.1 La misma escena la describe así don José Bologna: (carta a don Miguel Rúa, Marsella 9 de febrero): "El domingo por la tarde, a las 6
nos dirigimos al Humberto I en dos ómnibus, los misioneros, las hermanas, don Bosco y un servidor. Estaba anocheciendo y arreciaba
furioso el mistral. El barco estaba en el dique, porque andaban reparándolo en medio de canales y precipicios. Sujetándonos los
sombreros con las manos y arracimados en derredor de don Bosco, pudimos llegar hasta el barco. En medio de mucho peligro y tomando
todas las precauciones, don Bosco hacía reír a los que le rodeaban, contando miles de ocurrencias. Cuando subimos a bordo, el señor
Evasio Piaggio, propietario del Humberto I, salió al encuentro de don Bosco, y lo llevó a su gabinete, donde se entretuvo con él por
espacio de tres cuartos de hora con exquisita
29((22)) El día siguiente, lunes 7, lo pasamos todavía en el dique; pero, al llegar la noche, concluidos los trabajos de la compostura de la
hélice, dieron paso al agua del mar en el dique por cuatro cauces por los que entraron cuatro violentas cataratas, que impresionaban tanto
como las que mandó el Señor para inundar el mundo.A las cuatro de la mañana, al despuntar la aurora del martes 8, salimos del puerto de Marsella, con dirección a Barcelona. Hasta
entonces los viajeros no habían experimentado las furias de Neptuno; pero ínos esperaban en el golfo de León!... Olas embravecidas y
viento, viento y olas embravecidas; montañas y valles de agua, olas furiosas que se estrellaban contra otras olas y todas se rompían contra
los costados del buque, más fuerte que ellas; las oleadas que invadían la proa y otras que caían por la popa... la sacudida de las antenas y
el zumbar de las jarcias fue un conjunto, que rompió en un momento los toldos y nos obligó a refugiarnos en los camarotes, acurrucarnos
en las colchonetas... y después... después... pagar casi todos el tributo al mar con más o menos náuseas y dejando el estómago vacío.He dicho casi todos, para contarme también a mí, esta vez la única, en tantos viajes como hice por mar, entre las envidiadas y
verdaderamente afortunadas excepciones.Llegamos a Barcelona y atracamos en el puerto, al anochecer del mismo martes, porque el Humberto I corre catorce millas por hora.
Trabajaron durante toda la noche y el día siguiente, miércoles, para cargar mercancía. Los padres Piccono, Branda y Panne se apearon
conmigo para visitar la admirable y antigua catedral, la cripta de Santa Eulalia y el crucifijo salvado en la batalla de Lepanto.Por la noche del miércoles, a la claridad de la blanca luna, nos hicimos a la vela (aunque sin velas) camino de Gibraltar. De nuevoFin de Página: 30
VOLUMEN XV Página: 30encontramos furioso a Eolo en el golfo de Valencia, que nos bamboleó toda la noche y nos condenó ((23)) al ayuno todo el día. Durante
la noche, del jueves al viernes del 11, anduvimos sepultados en la niebla, que obligó al buque a disminuir la marcha y a silbar la sirena de
trecho en trecho, para avisar su paso a otras embarcaciones y evitar posibles y desastrosas colisiones.Durante todo este trayecto del viaje pudimos, sin embargo, celebrar misa todos los días y dar la santa comunión a las hermanas y a los
coadjutores. Durante el resto del día se rezaba, se leía un poco y se paseaba mucho y se comía cuando se podía... íEs la vida del Miclàs:
mangé, beivé e andé a spas! 1. No se puede hacer nada serio a bordo: se convierte uno en niño, despreocupado, y por añadidura riéndose
quién másamabilidad y cortesía. La oficialidad del barco rodeó a don Bosco; todos iban a porfía en sus demostraciones de respeto y benevolencia.
El capitán estaba orgulloso al enterarse de gue don Bosco gozaba de más autoridad que él, como capitán, pues tenía sesenta mil súbditos.
El Capitán, el Comisario y todos los de a bordo acompañaron a don Bosco, gue iba sostenido siempre por el señor Piaggio. Todos se
arrodillaron, cuando don Bosco daba la bendición a los misioneros, y no se levantaron hasta gue no terminó de dirigirles la palabra.
Salimos a la tenue claridad de la luna; el tiempo no podía presentarse peor a causa del viento. El señor Piaggio tomó del brazo a don
Bosco para guiarlo, diciéndole gue se apoyara en él. El Capitán dirigía los pasos, el representante de la Sociedad lo seguía y los demás le
acompañaban. Por espacio de veinte minutos, todos ellos siguieron acompañándonos entre maderos y puentes movedizos hasta llegar a la
explanada donde había un coche. Los Misioneros habían bajado y andaban esparcidos alrededor. El tiempo, la noche y el mistral nos
distraían tanto gue impidieron se reprodujera de nuevo la conmoción de la despedida".1 Forma piamontesa del dicho: "íLa vida del holgazán: comer, beber y pasear!
30y quién menos del compañero, cuando se ve obligado a las muecas y aspavientos de los vómitos.Cuarenta y ocho horas más tarde de la salida de Barcelona, nos encontrábamos en la bahía de Gibraltar. Todavía comimos juntos
aquella tarde del viernes, quietos y anclados en el puerto; y, ya entrada la noche, nos dimos el adiós mutuamente, invocando el auxilio de
la Estrella de los mares, María, sobre los queridos hermanos que seguían su camino por el gran Océano, y sobre nosotros que debíamos
costear en un pequeño barco hasta Cádiz. Esta fue la cuarta y última despedida dada por más de uno de nosotros.Los restantes siguieron para Montevideo, bajo la guía de don Angel Piccono 1; la otra pequeña expedición de dos salesianos y cuatro
hermanas, navegaba ya en pleno Océano. Una violenta borrasca zarandeó a éstos y a aquéllos durante casi tres días.Mientras los pobres navegantes temían por su propia vida, un periódico tristemente conocido; la Crónica de los Tribunales escupía
veneno contra nuestro querido don Bosco. Habíale crispado los nervios, sobre todo un artículo de la Unità Cattolica titulado "Poder de un
sacerdote católico y una función conmovedora en Turín" 2; y bajo el vistoso título de "DON BOSCO Y MARGOTTI" lanzó contra uno
y otro dos columnas de prosa mala y perversa. Insultaba villanamente al Director del periódico católico y escarnecía al Siervo de Dios,
mezclando con maldad, en medio de sus burlas, una acusación y una insinuación capaces de hacerlo odiosamente sospechoso ante ((24))
las autoridades gubernativas. En efecto, lo acusaba de arrancar los hijos a los padres, las jóvenes a las familias y los brazos a la Patria;
insinuaba, además, que, entre los que partían, podían encontrarse algunos obligados al servicio militar, pero que forzados contra su
voluntad a librarse, abandonaban clandestinamente Italia. Y, falseando la verdad, evocaba de nuevo el llamado "caso Foglino", que
terminó del modo que sabemos. La sucia maniobra era grave, porque entonces se estaba debatiendo ante el Consejo Superior de
Instrucción Pública el asunto del cierre del bachillerato en el Oratorio. El belicoso Margotti hubiera querido locamente pagar con las
setenas; pero no dijo ni pío en su periódico, probablemente porque don Bosco, siempre enemigo de toda contienda, creyó oportuno dejar
morir la polémica en el silencio 3.1 Véase: Vol. XII, pág. 503.2 Núm. 19 (23 de enero). También L'Emporio Popolare o Corriere di Torino publicó, en el número 17, un artículo sobre la función.3 Puede darse que una respuesta indirecta fuera un artículo del 30 de enero, donde, citando las actas oficiales de la Cámara subalpina,
se reproducían párrafos del discurso de Cavour y de
31Don Bosco entregó a los misioneros cartas para los hermanos de allá. Era su costumbre escribir de su puño y letra una cartita a cadaFin de Página: 32
VOLUMEN XV Página: 32salesiano de América, sacerdotes, clérigos y coadjutores, todos los años, sin olvidar a ninguno. Así continuó haciéndolo mientras pudo,
esto es, hasta fines del año 1884. Poseemos una preciosa prueba de esta correspondencia con las nueve cartas que hemos podido
conseguir, todas con fecha del 31 de enero de 1881. Las reproducimos con unas líneas de presentación.A don Santiago Costamagna, recientemente elegido Inspector, en lugar del fallecido don Francisco Bodrato, le sugiere normas para dar
a la Patagonia una ordenación eclesiástica definitiva, antes de emprender la obra misionera, para que, después, no se presenten
complicaciones; y le traza además brevemente la línea de conducta a seguir en su nuevo cargo.((25)) Carísimo Costamagna:He recibido varias veces tus noticias y tus cartas. Todo iba bien. El cielo está sereno, aunque haya algunas nubes. Esta es la condición
de lo humano. Recibirás cosas, compañeros y cartas. Haz tú la distribución.Nosotros haremos cuanto podamos para saldar las deudas ordinarias; haced otro tanto vosotros. Espero que este año nuestras cosas se
arreglarán bien.Es asunto de mucha importancia el de una Prefectura o un Vicariato Apostólico en la Patagonia. El Padre Santo lo desea y lo
recomienda; a nosotros nos conviene. Sin ello, no podremos contar con el apoyo de la Propaganda Fide de Roma, Lyon, ni de la Santa
Infancia. Parece que ni don Francisco Bodrato, ni tú os dais cuenta de la importancia de esto.Sabrás nuestras noticias por los demás. Yo me limito a decirte: Tu vero vigila, in omnibus labora, sicut bonus miles Christi.Pero sin olvidar que somos salesianos. Sal et lux. Sal de la dulzura, de la paciencia y de la claridad. Luz, en todas las actuaciones
externas, ut omnes videant opera nostra bona et glorificent Patrem nostrum qui in coelis est.Te ruego saludes cordialmente, si tienes ocasión de verlos, al diputado Frías, al doctor Carranza y al señor Gazzolo.Que Dios te bendiga a ti, a todos nuestros queridos hermanos y a todas nuestras obras, a fin de que todo sea siempre y únicamente para
la mayor gloria de Dios. Amén.Ruega siempre por mí, que con todo el corazón soyTurín, 31-1-1881Tu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.La Mármora, en 1853, contra la proposición de someter a los clérigos al servicio militar, y rebatidos por éste último, después, bajo el
Reino de Italia en 1869 y 1871. Ningún acontecimiento público pudo dar pie a Margotti para exhumar estos documentos en enero de
1881; sería, pues, para dar a entender una vez más que no merecía el nombre de ley la disposición que arrancaba del seminario a los
clérigos para mandarlos a los cuarteles.
32P. D. Interpreta mis pensamientos y haz una platiquita a las Hermanas de parte.
El Capítulo Superior te ha elegido definitivamente Inspector de América y se te enviará, cuanto antes, el decreto: esto para tu norma de
santificarte y santificar.A don José Vespignani, que se encargaba de los novicios y dirigía de hecho la casa de San Carlos en Almagro, le envía saludos,
consejos y noticias de familia.Mi querido José Vespignani:He recibido varias cartas tuyas y siempre con mucho gusto. Bendigo al Señor porque te concede la salud suficiente para trabajar en esto
que es de universal necesidad. Haga Dios que puedas formarme un numeroso batallón de aspirantes, novicios y profesos después y, por
fin, fervorosísimos salesianos.Fin de Página: 33
VOLUMEN XV Página: 33((26)) Di a esos nuestros queridos alumnos que este su amigo de Europa les envía un consejo para ser felices: huir del pecado y recibir a
menudo la santa Comunión. Tú les darás la explicación.Tengo noticias de tus parientes que están bien. Tu hermano clérigo 1 está animado y quiere ser un buen salesiano.Que Dios te bendiga, mi querido José, y te conceda buena salud; ruega por mí, que siempre seré tuyo en J. C.Turín, 31-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Da un paternal tironcito de orejas a don Domingo Tomatis, sucesor de don José Fagnano en la dirección de la casa de San Nicolás de
los Arroyos, porque hace desear demasiado sus noticias. El Beato daba mucha importancia a la correspondencia epistolar, especialmente
de los Superiores, por medio de los cuales podía ejercer mejor su benéfico influjo en sus casas. El tío que aquí menciona era jesuita.Mi querido Domingo:He recibido algunas cartas tuyas, con mucha satisfacción; pero raras veces. Tu tío, el padre Tomatis, se lamenta de lo mismo. Procura,
por tanto, enviarme una vez al mes noticias tuyas y de tu casa.Sé lo mucho que tienes que hacer y ello te sirve de excusa, lo admito; pero, el cariño que te profeso me hace desear ardientemente estar
al día de todo lo que te atañe.Me han dicho que los asuntos económicos de San Nicolás se van arreglando. Muy bien. Haremos que te concedan la cruz de la corona...
de gloria, cuando el Señor te llame al cielo.1 Don Ernesto, arquitecto.
33Aquí siempre se te quiere y se habla con frecuencia de ti y de tus gestas poéticas. Yo no te olvido nunca en la celebración de la santa
misa y creo que tampoco tú olvidarás al antiguo amigo de tu alma.Te recomiendo en particular, la observancia de las reglas con las que nos hemos consagrado al Señor, especialmente el ejercicio de la
buena muerte. Di a tus muchachos que pido por ellos y que recuerdo siempre que el tiempo es un gran tesoro y que se guarden de perder
ni siquiera un minuto.((27)) Que Dios te bendiga, mi querido Tomatis. Dios guarde tu salud y te conserve en su santa gracia. Ruega por mí que siempre seré
enJ. C.Turín, 31-1881.Tu afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.P. D. El Capítulo Superior ha nombrado definitivamente a don Santiago Costamagna, Inspector de América. Puedes comunicarlo a
quien proceda.
En la carta a don Tadeo Remotti, único sacerdote dedicado a la iglesia Mater Misericordiae en Buenos Aires y, por consiguiente,
sobrecargado de trabajo, le dedica expresiones que, en su pluma, adquieren una fuerza extraordinaria de aliento.Fin de Página: 34
VOLUMEN XV Página: 34Mi querido Remotti:He recibido repetidas veces tus cartas, siempre con gran alegría. Escríbeme con más frecuencia, pero cartas largas. Ya sé que tienes
trabajo y esto te disculpa. Pero, mientras te preocupes por las almas de los otros, no te olvides de la tuya. El ejercicio de la buena muerte,
una vez al mes, no lo dejes nunca.Por aquí, nuestras cosas caminan a pasos de gigante. Cuando tenemos un salesiano competente, dos casas se lo disputan y, a veces, nos
vemos obligado a entregar plantas muy tiernas todavía. Por eso, debes rezar mucho al Señor para que les haga dar fruto.Dios te bendiga, mi querido Remotti, constante pupila de mis ojos. Trabaja, el premio está preparado, el cielo nos espera: Ibi nostra fixa
sint corda, ubi vera sunt gaudia.Ruega también por mí, que siempre seré de corazónTurín, 31-1881.Tu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Al clérigo José Joaquín Quaranta 1, de la casa de San Nicolás, le manda casi un formulario para su cuenta de conciencia (coloquio con1 Ponemos los dos nombres porque, en los catálogos, aparece unas veces con un nombre y otras con otro. Mientras escribimos estas
páginas (octubre de 1932), vive y ejerce el sagrado ministerio en la parroquia de San Juan Evangelista, en la Boca.
34el Superior), precedido y seguido de expresiones que debieron causarle, por un momento, la ilusión de estar, como en otro tiempo, en
coloquio filial con el padre de su alma.((28)) Mi querido Quaranta:He sabido que estás bien y que trabajas cuanto puedes. Esto me causa una gran satisfacción. Estudio y piedad te harán un gran
salesiano. Pero no olvides que debes, primero, asegurar la salvación de tu alma y, luego, dedicarte a la salvación de las almas del prójimo.El ejercicio de la buena muerte y la comunión frecuente son la llave de todo. "Ya estás bien de salud? "Eres verdaderamente bueno?
"Guardas tu vocación? "Te parece que estás preparado para recibir las órdenes? Ahí tienes el tema para la nueva carta, que espero.Que Dios te bendiga, mi querido Quaranta, ánimo y ruega por mí. Siempre tuyo en J.C.Turín, 31-1881.Afmo. amigoJUAN BOSCO, Pbro.Resultan muy alentadoras también dos cartitas para los clérigos Antonio Paseri, de la casa de San Carlos, en Buenos Aires, y Antonio
Peretto de la casa de Las Piedras, en Uruguay.Muy querido Paseri:Siempre te quise mucho y sigo queriéndote todavía más, porque te has entregado totalmente a las misiones, que es como decir que has
abandonado todo para consagrarte por entero a salvar almas.Fin de Página: 35
VOLUMEN XV Página: 35Animo, pues, mi querido Paseri. Prepárate para ser un buen sacerdote, un santo salesiano. Yo pediré mucho por ti, pero tú no olvides a
este amigo del alma.
La gracia de N. S. J. C. esté siempre con nosotros y nos haga fuertes en las tentaciones y nos asegure el camino del cielo.
Ruega por mí, siempre tuyo en los Sagrados Corazones de J. y M.
Turín, 31-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Muy querido Peretto:No dudo que sigues siendo el clérigo Peretto, aquel amigo de don Bosco que quería ayudarme a ganar muchas almas para el Señor.
Ahora te has volcado a la empresa. Por tanto, praebe te ipsum exemplum bonorum operum. In omnibus labora, opus fac evangelistae et
Dominus dabit incrementum plantationibus tuis.
35Dios te bendiga, mi siempre querido Peretto. Dios te conserve en su santa gracia y ruega por quien siempre será,Turín, 31-1881.Tu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.((29)) Sabe bromear con el apellido del coadjutor Sappa, hortelano (sápé y sapa en piamontés quieren decir en italiano "zappare"
(azadonar)) y "zappa" (azada) y saca una sugerencia, buena para él, que padecía algo de neurastenia.Carísimo Sappa:
Procura, amigo mío derivar tu nombre, de sápere (saber) y no de zappare (azadonar) y las cosas marcharán bien. He recibido variasnoticias tuyas. Haz que sigan siendo siempre buenas como antaño. Trabajo y obediencia serán tu fortuna.
Que Dios te ayude a dar siempre buen ejemplo. Ruega a Dios por mí, mientras yo lo hago por ti, porque quiero ser siempre en J. C.
Turín, 31 de 1881Tu afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Y repite al coadjutor Carlos Audisio, gran trabajador, procedente del antiguo oratorio festivo, viejas recomendaciones.Mi querido Audisio:
El antiguo amigo de tu alma te saluda y recomienda que no olvides nunca la salvación eterna de tu alma. Trabaja, pero trabaja para el
Cielo.
La exactitud en las prácticas de piedad lo es todo. La obediencia es, además, la llave de todas las virtudes.Fin de Página: 36
VOLUMEN XV Página: 36Que Dios te bendiga, querido Audisio. Dios te conserve en su santa gracia y ruega por mí que siempre seré en J. C.Turín, 31-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Carta afectuosa y paternal es la que escribió al clérigo Bartolomé Panaro, que se encontraba en el colegio de San Nicolás de los
Arroyos. Llegó a ser un gran misionero. Desde 1884, en que recibió la ordenación sacerdotal, hasta 1918, año de su muerte, vivió una
vida de apostolado; primero, como denodado colaborador de don JoséFagnano en la evangelización de los numerosos salvajes que poblaban las orillas del Río Negro; y, después, con don Domingo Milanesio,
que fundó en Chosmalal el primer centro civilizado de los Andes patagónicos.((30)) Querido Panaro:"Qué haces? "Adelantas en los estudios y en la piedad? Así lo espero; por eso te encomiendo que sigas adelante, a costa de cualquier
sacrificio. Pero no olvides el gran premio que Dios nos tiene preparado en el Cielo.Obediencia y el ejercicio de la buena muerte constantemente. Eso es todo.Que Dios te bendiga, mi querido Panaro; que seas el modelo de los salesianos y ruega por mi, que soyTurín, 31-81.Tu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Es muy simpática la cartita al clérigo Pedro Calcagno. Estaba éste en el colegio de Villa Colón en Montevideo. Dirigió, después, la
última expedición organizada por don Bosco el 6 de diciembre de 1887, para el Ecuador.Muy querido Calcagno:"Eres siempre bueno, mi querido Calcagno? Así lo espero. Pero no vuelvas la cara atrás. Miremos al cielo que nos espera. Allí tenemos
un gran premio preparado. Trabaja, salva almas y salva la tuya.Sobriedad y obediencia son el todo para ti. Escríbeme con frecuencia.Dios te bendiga y te conserve siempre en su santa gracia. Ruega por éste, que siempre será,Turín, 31-1881.Tu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Dice don José Vespignani, a propósito de estas cartas en una de sus memorias escrita a máquina: "A principios del año 1881 llegó un
precioso regalo para cada uno de los Salesianos de América: una carta autógrafa de don Bosco, en la que daba una palabra de aliento y de
consejo, que a todos sirvió de gran estímulo para la perseverancia, más aún que los mismos ejercicios espirituales, y que, por los
acontecimientos pasados, pudo llamarse aquella la época del resurgimiento del espíritu salesiano en nuestra Inspectoría, y, por tanto, el
corazón recibía la impresión de la gracia y los avisos del Cielo". Aquellas cartas llegaron en carnaval. Don Santiago Costamagna informa
queFin de Página: 37
VOLUMEN XV Página: 3737los destinatarios "las leían y releían, en el mismo teatro, sin ((31)) atender a las escenas de risa que se estaban representando" 1.A los del Uruguay se las llevó don Angel Piccono, el cual dice que, también allí produjeron gran alegría aquellas cartas autógrafas, que
besaban con lágrimas en los ojos 2.Poco antes de que los nuevos refuerzos llegaran a Montevideo, monseñor Vera quiso, a toda costa, que los salesianos aceptaran la
parroquia de Paysandú, antigua ciudad recostada sobre la margen izquierda del gran Río Uruguay, con veinticinco mil habitantes y una
sola iglesia. La corrupción y la inmoralidad superabundaban en ella. Para dar gusto al Obispo, fue necesario que los que deberían aliviar
el trabajo de los hermanos del Uruguay sustituyeran a los que habían sido destinados a Paysandú.Y aún más: vino a agravar la situación la enfermedad del director, don Luis Lasagna. Atormentado como estaba con dolores internos,
hubo de rendirse a fines de marzo a las prescripciones de los médicos, que le prescribieron una dolorosa y difícil operación,
aconsejándole que fuera para ello a Italia. Salió el primero de mayo. Don Bosco da noticias de su llegada a la condesa Callori, en una
carta del 21 de julio.Nuestra buena mamá en J. C.:No he vuelto a tener noticias de su salud, ni tampoco de si se encuentra en Vignale o en otro lugar. Si tuviera la bondad de darme
alguna noticia por medio de alguien, si usted no pudiera hacerlo, me llenaría de satisfacción, tanto más que sé lo que ha sufrido en el viaje
de Turín a Vignale.No sé explicármelo. A veces basta una sola oración y el Señor concede gracias extraordinarias. Han rezado y continúan rezando por
usted, mañana y tarde, nuestros ochenta mil muchachos y hasta ahora no sé qué se ha conseguido. íPobre don Bosco! Ha perdido todo su
crédito ante el Señor.Ha llegado don Luis Lasagna del Uruguay, para reponer algo su salud, conseguir cooperadores y volver después a su campo de trabajo
apostólico, donde la mies es abundantísima y los obreros poquísimos. Ha pedido enseguida noticias de usted y de su familia y desea ir a
hacerle una visita en Montemagno a mediados de esta semana.((32)) Espero que toda su familia goce de buena salud y que usted esté mejor; pido al Señor que se la conceda perfecta a todos y les
conserve en su santa gracia.Le agradezco la generosa caridad, que me ha hecho por medio de don Juan Cagliero. Y espero que, al menos, no le falte este céntuplo.
El mismo don Juan Cagliero me comunicó que tampoco olvidará usted la iglesia del Sagrado Corazón de Roma. "Está dispuesta a aceptar
el cargo de limosnera en nombre del Padre Santo?1 Carta a don Bosco, Buenos Aires, 6 de marzo de 1881.2 Carta a don Bosco, Villa Colón, 7 de marzo de 1881.
38"Cree oportuno que ofrezca este cargo al señor conde Rainero, como camarero de capa y espada? Si me dice algo al respecto, me hará un
gran favor.Que Dios la bendiga y ruegue por este pobrecillo, que siempre será,Turín, 24 de julio de 1881.Su humilde servidor en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 39
VOLUMEN XV Página: 39Don Luis Lasagna no pudo someterse a la operación hasta mediados de octubre. Entonces ingresó en el hospital Mauriciano, donde
tuvo la agradable sorpresa de encontrar entre los cirujanos a un antiguo alumno suyo del colegio de Lanzo. Este lo animó cuanto pudo,
mas sin darle absoluta seguridad. Don Bosco, que se enteró de sus temores, le aseguró que debía volver pronto a América, donde le
esperaba otra importantísima misión. En efecto, la operación obtuvo un feliz resultado; don Bosco se lo comunicaba a don Santiago
Costamagna en dos cartas del mes de octubre.Mi querido Costamagna:Pocas palabras para enviaros un cordialísimo saludo en el Señor para ti y para nuestros queridísimos hijos salesianos y salesianas.Don Luis Lasagna va recuperando sus fuerzas, pero todavía está lejos de su antigua robustez. Con todo, su deseo de ser útil a la
Congregación lo incita a volver a su campo de acción. Es verdaderamente bueno. Habla bien de todos, especialmente de ti y esto me
satisface. Don Juan Cagliero te ha escrito, para saber tu opinión sobre las modificaciones que parecen convenientes en la Inspectoría
Americana, especialmente ahora que abrimos casas en Brasil. Porque quiero seguir tu parecer en todo.Lo que apremia y espera con cierta impaciencia el Padre Santo, es el asunto de la Prefectura o Vicariato Apostólico en la Patagonia. Yo
debo darle una respuesta formal sobre el ((33)) parecer del Gobierno y del Arzobispo. "Se ha hecho ya algo o sigue todo dormido?Dame, pues, un informe positivo para presentar al Padre Santo, que desea ocuparse personalmente del asunto.No me explico la situación de don Domingo Tomatis. El tiene obligación de escribir y de hacer escribir al Superior acerca del personal
de su colegio. Dime el estado moral, material y esperanzas o temores de lo nuestro. Sin ello caminamos siempre entre dudas. Y yo no sé
nada.Que Dios nos bendiga a todos y haga un santo de cada salesiano y de ti un santazo. Rogad por mí, que siempre seré,San Benigno 1 de octubre de 1881.Vuestro afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Nota: Don Juan Bonetti y don José Bertello predican los ejercicios a setenta
39novicios, que se preparan para hacer su profesión el día 3 del corriente. íCuántos misioneros!Mi querido Costamagna:Te encargo una misión a cumplir. Puedes servirte de alguien. Me enviarás el resultado, que yo comunicaré a la persona que contribuye a
hacer algún bien a nuestros hijos de América.El jueves pasado hicieron una seria operación a nuestro querido don Luis Lasagna. Se temió mucho por su muerte durante dos días.
Ahora está mejor y los médicos lo declaran fuera de peligro.Los otros hermanos de Europa, gracias a Dios, gozan de buena salud.Da un cordialísimo saludo a todos nuestros hijos y alumnos de América; rogad mucho por mí, porque llevo entre manos asuntos graves
y difíciles, que requieren luces especiales del cielo.Dios nos bendiga a todos y nos conserve en su santa gracia. Amén.Turín, 10 de octubre de 1881.Fin de Página: 40
VOLUMEN XV Página: 40Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Mientras esperaba el día de la operación, el hombre laborioso no había permanecido mano sobre mano, sino que había ido de un lado
para otro, buscando medios y personas que le ayudaran; al tiempo que había estudiado el modo de realizar un proyecto suyo. Acariciaba,
hacía tiempo, la idea de establecer un observatorio meteorológico en el colegio Pío, de Villa Colón. En su amplia visión de las cosas,
comprendía las ventajas que aportaría a su misión, el favorecer de algún modo el progreso de las ciencias físicas. ((34)) El colegio Pío
ocupaba una magnífica posición para montar un observatorio, desde donde explorar los fenómenos atmosféricos, para después comunicar
los resultados a las sociedades de América y de Europa, que promovían el incremento de la meteorología.Había en Italia, y cerca de Turín, un hombre de fama mundial en este ramo científico, el padre Francisco Denza, barnabita, Director del
Observatorio del colegio Carlos Alberto en Moncalieri. Don Luis Lasagna fue a visitarlo y, como suele ocurrir en las conversaciones
entre hombres de gran altura, en aquellos coloquios su plan tomó mayores proporciones; se trató, en efecto, de establecer una red
meteorológica en América del Sur, poniendo por centro el Observatorio de Montevideo y confiar su cuidado a los salesianos. El padre
Denza habló del proyecto en el tercer Congreso Geográfico, que poco después se celebró en Venecia y obtuvo que se formulase un voto
de aprobación en el sentido que se deseaba. Conseguido este primer
40triunfo, habló de ello con don Bosco, el cual, como él ya esperaba, consintió de buen grado. Entonces compiló una relación, en nombre
del tercer grupo que en el Congreso había discutido los problemas inherentes a la meteorología 1 y lo transmitió a la junta directiva de la
Asociación meteorológica. Esta junta al recibir el "generoso ofrecimiento" hecho por don Bosco, le manifestó "su sentida y reconocida
satisfacción" expresándole al mismo tiempo "sus más sinceros plácemes por la animosa iniciativa de una obra en apariencia difícil, pero
tan ventajosa para la física del globo 2. Tal fue el origen del Observatorio Meteorológico de Montevideo, del que tendremos que hablar
en el transcurso de nuestra historia.En el mes de junio, don Luis Lasagna recibió la triste noticia de la muerte repentina de monseñor Vera, gran amigo suyo y padre de los
Salesianos en aquella ((35)) república 3. Después, poco antes de partir para América, recibió la grata nueva de que León XIII había dado
al difunto Prelado un digno sucesor en la persona de monseñor Inocencio Yéregui, muy amigo de los Salesianos, como ya se dijo
anteriormente. Por tanto, se dispuso a hacer con mayor prisa los preparativos para la partida.No es posible precisar si fue antes o después de la operación, cuando don Luis Lasagna, acompañando al Siervo de Dios por Liguria,
fue testigo de un hecho, que solamente los Santos son capaces de realizar. Monseñor Boraggini, Obispo de Savona, había tenido un
choque con el director de Varazze, don José Monateri, porque éste no había creído oportuno mandar, como S. E. deseaba, un sacerdote
del colegio a una iglesia de la montaña, detrás de la ciudad, para cumplir un servicio habitual que ignoramos; había, además, de por
medio alguna controversia sobre derechos parroquiales. Don José Monateri, llevaba la razón. Ahora bien, cuando don Bosco y don Luis
Lasagna fueron a visitar el Obispo, al llegar a su presencia, nuestro Padre se arrodilló ante él y juntando las manos, le dijo en tono
suplicante:-Monseñor, le pido perdón por los disgustos que le ha causado don José Monateri, Director del colegio de Varazze.1 Véase: Apéndice, doc. núm. 3.2 Carta de la Dirección General a don Bosco. Turín, 30 de noviembre de 1881.3 Monseñor Jacinto Vera, de Santa Catalina, diócesis de San Sebastián, en ío de Janeiro, fue preconizado obispo de Megara el 3 de
julio de 1813, y nombrado Vicario Apostólico de Montevideo por Pío IX el 23 de septiembre de 1864; cuando el vicariato se convirtió en
diócesis residencial, fue nombrado su titular por León XIII el 15 de julio de 1878. Murió de apoplejía, mientras hacía la visita pastoral en
Pan de Azúcar.
41-Pero levántese don Bosco, "qué hace usted? -díjole rápidamente el Obispo.-No me levanto, si antes no me dice que lo perdona.-Sí, sí, perdonado. Pero levántese.Entonces don Bosco se levantó y los dos se abrazaron 1.Fin de Página: 42
VOLUMEN XV Página: 42El mes de octubre recibía don Bosco una indecible alegría. Una peregrinación de argentinos, guiado por monseñor Antonio Espinosa,
Vicario General de Buenos ((36)) Aires, había llegado a Italia para rendir homenaje al Vicario de Jesucristo. Pues bien, cuando el Padre
Santo les habló públicamente, después de alabar el celo de los Obispos argentinos y de su clero, profirió estas expresiones: "Y no dejan
de desenvolver su viva solicitud para conducir a la vida cristiana y civil a las tribus todavía salvajes de la Patagonia, en medio de las
cuales, gracias al concurso de religiosos celosos, se han establecido para tal fin nuevas misiones" 2. Y en el coloquio tenido a
continuación, cuando monseñor Espinosa refirió al Papa lo que hacían los Salesianos en la República y especialmente en Patagonia, Su
Santidad le dijo: "Cuando supimos que los discípulos de don Bosco tomaban la misión de Patagonia, nuestro corazón se abrió a la más
alegre esperanza, sobre el porvenir de aquellos pobres salvajes" 3.Este solemne testimonio proporcionó un momento de verdadera alegría al corazón de nuestro buen Padre.En las misiones patagónicas se hacían verdaderos progresos. Su jefe, don José Fagnano, hombre emprendedor e intrépido, llevaba
adelante, con todo su empuje, la evangelización de los indios. Pero era muy difícil llegar a ellos porque aborrecían a los blancos y,
cuando se les acercaban, huían o blandían las armas. En el mes de abril, el Gobierno argentino, que siempre temía la preponderancia de
Chile sobre Patagonia, había enviado al general Villegas, con dos mil soldados, contra las tribus guerreras de los Sayueques que, con sus
incursiones y saqueos, sembraban el terror en las comarcas del contorno. Don José Fagnano, montado también a caballo, tomó parte en la
expedición y recorrió a lo largo y a lo ancho aquellas interminables llanuras, para localizar a los indios pacíficos y llenos de pánico, y
tranquilizarlos, ofrecerles su protección, instruirlos y bautizarlos. Fue toda una historia de extrañas y arriesgadas aventuras que tuvieron
por1 Proceso Diocesano Summ. núm. XVI, 98, pág. 756.2 Civiltà Cattolica, fasc. 753 (5 de nov. de 1881) pág. 358.3 Boll. Sal., noviembre de 1881, pág. 9.
42escenario los alrededores del lago de Nahuel-Huapí, donde nace el río Limay, afluente principal del Río Negro.((37)) Entre los meses de octubre y noviembre emprendió otra misión y llegó a dos tribus de indios, que habían acampado a
cuatrocientos kilómetros de Patagones. Allí obtuvo algunos frutos; pero, la cercanía de un campamento militar constituía un grave
obstáculo, entre otras cosas, por los licores que les proporcionaban y las consiguientes borracheras y desórdenes subsiguientes. Al
recorrer las orillas del Río Negro, encontró algunas familias de colonos cristianos, a los que pudo hacer algún bien. "Querido don Bosco,
escribía el 10 de noviembre, si fuéramos más, ícuánto bien podríamos hacer!".Pero volvamos a don Luis Lasagna. Durante su permanencia en Italia, don Bosco se fue haciendo una idea completa de la situación y
necesidades de las casas abiertas en Uruguay; pudo apreciar de cerca las virtudes, la prudencia y el tacto de aquel hijo queridísimo. Le
pareció, pues, oportuno establecer en Uruguay una provincia independiente, nombrándolo a él Inspector; tanto más cuanto que, al año
siguiente, era necesario fundar una casa en Brasil y él poseía las cualidades necesarias para introducir y extender la obra salesiana en
aquel inmenso imperio. Y no lo dejó volver solo, sino al frente de un grupo de compañeros, para repartirlos entre Uruguay y Argentina.El Beato no quiso enviarlos a la chita callando, como si le hubieran asustado las rabiosas amenazas de la otra vez. A alguno quizá pudo
parecerle que era demasiado pronto para celebrar otra ceremonia de despedida, pero los hechos demostraron que eran vanos aquellos
temores. El 10 de diciembre fue el día de la ceremonia: un día infernal de frío, viento y nieve; y, con todo, la iglesia se llenó. Después de
dar lectura a la Encíclica Sancta Dei civitas, que ya hemos citado al principio de este capítulo, pronunció don Bosco unas breves palabras
para informar a Cooperadores y Cooperadoras del progreso alcanzado por la Congregación durante el año que concluía, de los frutos
conseguidos en las misiones y del estado de las obras en las iglesias de San Juan Evangelista, en Turín, y del Sagrado Corazón en Roma;
subió después al púlpito don Luis Lasagna, que entretuvo, como él sabía, al auditorio describiendo la vida de los misioneros salesianos.((38)) Eran ocho los que partían, pero dos esperaban a los compañeros en Marsella donde debían embarcarse. Don Bosco, para dar a
don Luis Lasagna una prueba más de su paternal cariño y animarlo para el viaje, quiso que don Juan Bautista Lemoyne, su antiguo
director, le acompañase hasta Marsella. De allí zarparon en el France de la Compañía
43Transportes Marítimos, el 15 de enero. La travesía transcurrió sin incidentes. En Villa Colón se encontró don Luis Lasagna con los
salesianos reunidos para los ejercicios espirituales, que hacían durante el tiempo de las vacaciones de verano. Los predicó él mismo con
el ardor, la piedad y el auténtico espíritu salesiano que había reavivado junto al gran corazón de don Bosco.Fin de Página: 44
VOLUMEN XV Página: 44Antes de terminar el año, el Siervo de Dios recibió con gran alegría la visita de monseñor Espinosa. Llegó éste con dos compañeros la
vigilia de Navidad. Don Bosco, feliz al conocer personalmente al amigo sincero de sus hijos de Argentina, no ahorró nada para que su
permanencia en Turín fuera agradable. Los visitantes hicieron también una visita a San Benigno, donde los recibieron con una bonita
fiesta. El cuatro de enero reemprendieron su viaje hacia Francia.Monseñor Espinosa era portador de dos cartas de su Arzobispo para don Bosco, una en español y otra en italiano, fechadas en Buenos
Aires el 24 de agosto. El ilustre Prelado escribía en la primera: "Diga a sus hijos, algunos de los cuales seguramente conozco todavía, que
se acuerden de mí en sus oraciones y especialmente en la alegría que experimentarán a la llegada de mis peregrinos."Recomiende a sus reverendos sacerdotes que recen mucho por sus hermanos de aquí, que van aumentando en número y están haciendo
mucho bien. En el Congreso Nacional se está tratando de autorizar al Gobierno para tratar con el Padre Santo sobre la división de los
Obispados. Esta será la ocasión propicia para fundar un Vicariato Apostólico en Patagonia y confiar la administración a sus celosos
misioneros. Deseo ardientemente que esto se pueda conseguir, pero tengo mis temores. Las oraciones de sus buenos hijos pueden obtener
esta gracia, que, además, será fecunda ((39)) en muchos beneficios temporales. Seguiré dándole noticias sobre este asunto. Sus
Misioneros, lo mismo que las Hijas de María Auxiliadora, aquí presentes, me son de gran ayuda y aliento. Doy, pues, por ello gloria a
Dios y a V. R. mil gracias y parabienes". En la otra carta añadía: "A los tres sacerdotes que estaban trabajando en la Patagonia, se les ha
unido otro más, en vista del grande y provechoso trabajo que desarrollan en aquellas lejanas regiones. Siempre recuerdo con gusto los
días pasados en su dulce compañía el año 1877".Por Navidad llegaba a Turín otra carta, enviada por medio de don Santiago Costamagna: era de monseñor Yéregui, el cual, antes de
tomar posesión de su diócesis de Montevideo, había querido manifestar los sentimientos de su alma al Superior de los Salesianos en
América,
44"Sepa V. R., le decía 1, que los Salesianos ocuparán siempre en mi corazón un lugar preferente y que haré por ellos cuanto esté en mis
manos, a fin de que aumente el número de tan buenos operarios y el fruto de sus empresas. Deseo que V. S. tenga conmigo toda
confianza y me comunique cuanto yo pueda hacer por ellos; porque, en lo que de mí dependa, pueden contar conmigo como con un buen
amigo. Fue involuntaria la omisión de no haberle agradecido que me haya nombrado Cooperador Salesiano, lo que hago ahora
declarándome sumamente agradecido".Estos testimonios tan sinceros y afectuosos daban un realce particular a las frases que el Papa había proferido. Con estas gratas
impresiones, se cerraba para don Bosco el atribulado año 1881. La divina Providencia suavizaba con algunas gotas de dulzura el amargo
cáliz, que había debido apurar.1 Carta a don Santiago Costamagna, Montevideo, 29 de noviembre de 1881.
45
((40))CAPITULO IIMES Y MEDIO EN FRANCIAEL beato don Bosco era muy esperado en Marsella, por los trastornos del año anterior, y, además, por las nuevas construcciones que
importaban deudas cada vez mayores y requerían disposiciones para el porvenir. Repetidas veces había manifestado sus deseos de ir, pero
las circunstancias se lo habían impedido. Finalmente, con ocasión de las felicitaciones de Navidad, pudo anunciar su viaje para primeros
de febrero. No había todavía seguridad de cualquier desagradable sorpresa de la autoridad gubernativa, porque aún no se había concluido
del todo la campaña de los periódicos masónicos contra los religiosos; sin embargo, los amigos querían tranquilizar los ánimos, diciendo:
Don Bosco va arriver et lui (à l'oratoire) apportera la puissante intervention de sa sainteté (Va a llegar don Bosco y él traerá al oratorio la
poderosa intervención de su santidad) 1.Don Bosco partió de Génova en tren, un día antes que los misioneros y, después de descansar un poco en Niza, llegó a Marsella el 5 de
febrero al atardecer. Le había acompañado don Celestino Durando, Consejero Escolástico general, al que llevaba consigo para que
observase y organizase en la casa la marcha de los estudios. Llevóse además a un clérigo de San Benigno, Julio Reimbeau, pariente de los
Harmel, el cual debía hacer de secretario.((41)) Aquella misma tarde quiso cumplir una obra de caridad. Ya hemos mencionado al célebre padre Pío Mortara, canónigo
lateranense 2.Fin de Página: 46
VOLUMEN XV Página: 46Los decretos de ostracismo contra las órdenes religiosas, llevados a efecto el 31 de octubre del 1880, lo habían sorprendido en Marsella
gravemente enfermo, en el colegio de San Luis de los Hermanos de San Juan de Dios, de modo que no sabía dónde refugiarse, por miedo
a comprometer con su presencia a aquellos hermanos hospitalarios. La Providencia movió entonces a la religiosísima señora Marcoselles,1 Procès Verbaux du Comité de Dames, 27 de enero de 1881.2 Véase Vol. XIV, pág. 234.
46a quien había conocido en Roma en 1869, a ofrecerle hospitalidad en su propia casa, de la calle Roma. Allí se agravó de tal manera que
no le era posible moverse del lecho. La prudencia aconsejaba que no se diera a conocer su refugio, porque, en aquellos días nefastos,
podía acarrearle alguna molestia, dado que, además, como dijimos en otro lugar, había sido declarado en Italia, prófugo del servicio
militar. Por ello, el Director, don José Bologna, iba a visitarlo a escondidas y en casa nadie sabía que él estuviera allí.Ahora bien, enterado don Bosco de que el enfermo deseaba verlo, fue allí sin demora. El presentarse ya avanzada la noche favorecía el
secreto; y además, de haberlo dejado para más adelante, no hubiera podido efectuar la visita o no hubiera podido ir sin llamar la atención.
He aquí, pues, cómo describe el padre Mortara la visita del Beato 1."Por el Rvdo. don José Bologna, mi queridísimo amigo, director del oratorio de San León, que me visitaba prodigándome los auxilios
espirituales que necesitaba, supe que don Bosco se encontraba en Marsella. Mostré muchísimos deseos de verlo, esperando que él me
obtendría la curación. Un día, en efecto, el 5 de febrero, el venerable sacerdote fue a verme. Le pedí su bendición y le supliqué que
intercediera por mí ante el Señor para obtenerme la gracia deseada, ((42)) para dedicarme a trabajar por su gloria y convertir a mi querida
madre (que por desgracia pasó a la eternidad el 17 de octubre de 1896). El respondió, animándome a tener paciencia y resignación y a
hacer el sacrificio de mi vida, si así era la voluntad de Dios. Y, en cuanto a mi madre, añadió que mis oraciones serían más eficaces en el
cielo. Me bendijo de nuevo y se despidió. No volví a ver a don Bosco y, pocos años después, me enteré de su muerte, en olor de santidad.
Una fundada esperanza me animó y es la de que el hombre de Dios, que tanto me favoreció en vida, continuará bendiciéndome y pidiendo
por mí en la gloria, que ciertamente habrá conseguido".Aludiendo a esta visita, decía en una carta de 1884 a don Bosco: "Cuando usted me honró con su visita en Marsella, en casa de los
señores Marcoselles, me dijo que el Señor podía suspender el decreto de muerte, que ya había promulgado para mí. El decreto fue
suspendido. Usted lo hizo retirar y íay de mí!, si ahora no empleo el resto de mi vida en edificar, defender y dilatar el reino místico de
Dios".Don Bosco encontró el Oratorio de San León enteramente transformado1 Carta a don Juan Bautista Lemoyne, 1898. Faltan algunos datos, porque no hemos encontrado el original, sino sólo la copia de esta
carta, escrita a mano por el mismo Lemoyne.
47y cuadruplicado. No se había comunicado anteriormente su llegada, para evitar una propaganda peligrosa; y, sin embargo, dos días
después, se vio invadida la casa casi de continuo por toda clase de personas. Era de prever que tendría que cansarse muchísimo, por lo
que el Director pedía a don Miguel Rúa que lo encomendase a las oraciones de los muchachos, a fin de que no tuviera que sufrir
excesivamente con los inevitables trajines. Muchos querían tener una fotografía suya. Un benemérito señor le invitó a comer y obtuvo
que se fotografiara con la faja y el "rabat" o golilla de los sacerdotes franceses; y como sabía lo raro que era lograr reproducir bien la
fisonomía, le fotografió en cinco posturas distintas 1.El mismo hace referencias a su actuación en una cartita que escribe a su secretario, que se quedó en el Oratorio.((43)) Muy querido Berto:Si puedes obtener una copia de la dispensa de votos para don Pirro, procura mandármela, que la necesito.Nuestras cosas marchan bien. Hay mucha necesidad de oraciones; díselo a Caroglio 2, y también a los compañeros de su cuadrilla. No
he tenido noticias del Oratorio.Fin de Página: 48
VOLUMEN XV Página: 48De salud bien, pero cansadísimo.Que Dios te haga santo, como Job, y quiéreme en Jesucristo.Marsella, 10 de febrero, 1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Por una carta a don Juan Bonetti con la misma fecha, vemos que el pensamiento de la iglesia del Sagrado Corazón le acompañaba en su
viaje; le envía, en efecto, el borrador de tres circulares, de las que hablaremos más adelante, para remitirlas a los periodistas, a los
Obispos y a los colectores de limosnas.Muy querido Bonetti:No sé si habrás recibido la relación de la parada y salida de Marsella de nuestros misioneros; es material muy bueno para nuestro
Boletín.Os incluyo una carta para los periódicos y otra para los Obispos. Están en italiano y en francés, redactado por Reimbeau. Léelas,
corrígelas y envíalas.Procura hacer las demás traducciones. Sería bueno que, en la comunicación para1 Carta de don José Bologna a don Miguel Rúa, Marsella, 9 de febrero de 1881.2 Don Martín Caroglio, que se encuentra actualmente en Caracas (Venezuela), era entonces estudiante en el Oratorio. Los de "su
cuadrilla" eran sus buenos amigos del clero infantil.
48los señores colectores, se añada: Se les ruega que envíen a su destino, al menos cada tres -"semanas? "meses?-el dinero que hayan
podido recoger de la caridad de los fieles.Estoy sin noticias del Oratorio, ni de la otra parte del mundo.Nuestras cosas marchan bastante bien: hace falta mucha oración.Que Dios nos bendiga a todos. Tuyo en J. C.Marsella, 10 de febrero de 1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.El párroco Guiol se mostró cordialísimo con don Bosco: se diría que ni recordaba el desagradable incidente, referido en el volumen
anterior. No se debe callar, por otra parte, el acierto de don Bosco, cuando eligió al clérigo Grosso para el canto litúrgico en ((44)) la
iglesia parroquial. Aunque era muy joven, el maestro de música gozó del aprecio ilimitado del canónigo 1.Las señoras de la Comisión estaban deseosas de que don Bosco presidiera alguna de sus reuniones. Con gran alegría, le recibieron en la
del día 12. Sólo dos no pudieron tener aquella satisfacción, pero dicen las actas: "Las oraciones y la bendición de don Bosco llegarán
ciertamente hasta ellas, como compensación de su sacrificio".Fin de Página: 49
VOLUMEN XV Página: 49Leyóse, primero, una primorosa relación del 1880: el caudal recaudado llegaba a veinte mil francos. Después, se fijó el programa para
la fiesta de san Francisco, que se celebraría el día 6. Por fin, tomó la palabra don Bosco, arreglándoselas con aquel francés que tanto
agradaba en sus labios. Las actas presentan un amplio resumen de su discurso, que nosotros traducimos.He venido para agradecer y también para recomendar a mis pobres muchachos;pero, sobre todo, para mostrar mi agradecimiento a estas
buenas señoras por su caridad. Es algo muy hermoso ver a unas señoras, que renuncian a su propia tranquilidad para ir de casa en casa,
pidiendo medios para hacer el bien. No me atrevo ni siquiera a alabaros, porque temo herir vuestra modestia; pero doy gracias a Dios,
cuyos instrumentos somos y cuya obra atendemos.No puedo dejar de alegrarme y considerar providencial cuanto se ha hecho en estos dos años. El ala derecha de la casa está terminada y
ya cuenta con ciento cincuenta internos y sesenta externos. Pero nos hemos visto obligados a rechazar a1 En la información verbal de la Comisión femenina (5-V-1881) dice el señor Cura hablando de él: "El señor Obispo viene muy
gustoso a ordenar de diácono, en la capilla de San León, a un salesiano que se gana las simpatías y el interés con sus actuaciones de
Maestro de capilla en San José". Y en la sesión del 14 de octubre: "El señor Cura alabó el celo del clérigo Grosso, que no ceja ante
ninguna fatiga, a pesar de sus ocupaciones y su poca salud".
49muchos, unos cinco mil, desde que comenzamos el oratorio; y esto demuestra cuán necesaria era esta obra. No hay muchos centros para
muchachos y en todos exigen tales condiciones para la admisión, que cierran las puertas a muchos. En San León, en cambio, basta que
exista un peligro para el cuerpo o para el alma para ser admitido. Cuando se termine el ala izquierda, se podrá llegar a trescientos
muchachos.Haría falta ensanchar, comprando una casa, cuyas ventanas miran a los patios y molestan. Allí se podría instalar a las hermanas, ((45))
las Hijas de María Auxiliadora, que deben venir, no dejándoles más comunicación con el colegio que la estrictamente necesaria para
atender a la lavandería y a la ropería. Sería fácil adaptarla para ello y se evitarían los inconvenientes actuales. Pero se necesita dinero para
comprarla, y la divina Providencia parece que la quiere, pues ha disminuido el precio pedido en la primera ocasión: éste ha ido
menguando hasta el presente y, por fin, se ha convenido en cuarenta y cinco mil francos.La divina Providencia, que quiere la obra, mandará lo necesario; y, cuando digo la divina Providencia, entiendo referirme a Dios.Porque es Dios quien quiere nuestra Obra y El mandará los medios para llevarla a término: el que trabaja para un fin, tiene derecho a
los medios y estamos seguros de que éstos vendrán. Nosotros somos instrumentos de la divina Providencia y ella y María Auxiliadora nos
han protegido este año de un modo bastante tangible.Habría que hacer, además, la adquisición de un terreno de dos mil metros, cuya situación en esta parte de la ciudad se prestaría para
organizar en él un oratorio festivo. Yo desearía que se pudieran reunir en él los muchachos, que durante la semana trabajan en diversos
talleres, para instruirlos en la religión y preservarlos de la inmoralidad; así no tendrían contacto con los muchachos que a diario acuden al
oratorio y haríamos aquí como en Turín, donde se obtiene un gran bien, reuniendo a tres mil muchachos.Para ello se requeriría casi igual cantidad y yo pido a la Comisión la ayuda de sus oraciones; no les pido caritativas limosnas directas,
pues la caridad tiene sus limitaciones, pero sí indicaciones y recomendaciones útiles para conseguirlas.Hay otros gastos que hacer para conservar el edificio, proveer de lencería y cuanto se necesita para las necesidades de los muchachos;
pero peu pour fois, o peu à la fois, como dice vuestro señor Cura 1.Hay todavía una cuenta atrasada de casi doce mil francos por los gastos de casa, es cosa de poca importancia relativamente; lo más
grave es la visita que me hicieron los constructores, que me han presentado la cuenta y piden el pago de ciento veinte mil francos, que se
les debe por las nuevas obras.Pero estas dificultades y estas grandes cantidades, no deben espantarnos. Evidentemente se requiere dinero; mas yo confío en la divina
Providencia y no dudo que nos ayudará, aunque no puedo pronosticar de qué manera se nos manifestará.Os diré algo, que nunca he dicho: nuestra confianza está bien fundamentada, siempre que no nos hagamos indignos; pero espero queFin de Página: 50
VOLUMEN XV Página: 50esto ((46)) no sucederá. Si mantenemos la piedad y la moralidad en la casa, haremos una obra de Dios; si las descuidamos, no. Pero esto
no sucederá y no seremos indignos de los socorros de la divina Providencia.1 Sabía don Bosco que su habitual solecismo peu pour fois (un poquito cada vez) era simpáticamente repetido en la comisión.
50El Beato siguió dando noticias sobre el origen, el desarrollo y la finalidad de la Obra de María Auxiliadora para las vocaciones tardías y
contó lo mucho que el Padre Santo se interesaba por la misma. Después prosiguió:Cuando fui a Roma el año pasado, el Sumo Pontífice estaba profundamente afligido por las expoliaciones que hacían a "Propaganda"
de sus centros y estaba preocupado por remediarlo, colocando en otra parte sus colegios misioneros. La Patagonia y la Tierra del Fuego,
que tienen entre ambas una extensión equivalente a Europa entera, no han sido evangelizadas nunca; franciscanos, jesuitas, y dominicos
no pudieron penetrar allí o tuvieron que desistir de sus intentos; pero ha sonado la hora de la misericordia para aquellos pueblos, puesto
que aceptan la palabra de Dios, la cual está obrando maravillosas conquistas. El Padre Santo se ha decidido a establecer allí un Vicariato
y una Prefectura Apostólica; pero lo que sería de mayor importancia es que se pudieran enviar numerosos misioneros.Precisamente, para que éstos se multipliquen, ha manifestado el Padre Santo su deseo de abrir un seminario, donde se preparen
operarios evangélicos.Se han puesto los ojos en Sevilla, donde establecer un noviciado para misioneros, puesto que el español es la lengua que se habla en las
regiones, a donde han de ir.Después se buscó un lugar en Francia, donde fundar un seminario por el estilo; pero se encontraron dificultades en la elección de la
ciudad, por no haber otras que ofrezcan las mismas ventajas que ésta.-Yo confío, dijo el Padre Santo, en la ciudad de Marsella, donde se cuenta con religión y caridad; mirad a ver si encontráis personas que
quieran ocuparse de ello y decidles, que no es a vosotros ni a mí a quien ayudarán, sino a la Iglesia.Era de temer que los Obispos, que tanto se afanan por tener sacerdotes, no se mostrasen contentos con que se enviaran a las Misiones,
las vocaciones ya tan escasas. El Papa lo pensó... y don Bosco también; pero la obra de María Auxiliadora evita este inconveniente. Los
jóvenes que tienen vocación al estado eclesiástico, hacen los estudios preparatorios y, al terminarlos, eligen con toda libertad entre
incorporarse a una Orden religiosa o volver a su diócesis. Ya hay en Marsella treinta y dos alumnos de esta clase; mas, por prudencia, se
han distribuido en distintas casas, como La Navarre y otras. Tenemos, además, esperanzas de vocación para unos trescientos franceses,
sin contar los quinientos muchachos de la casa de Turín.La obra, aparentemente y a los ojos del público, está destinada a educar a los muchachos pobres ((47)) y a formar obreros en talleres
bien montados; pero la idea principal es descubrir entre los muchachos el germen de las vocaciones eclesiásticas y desarrollarlo.No se dirán estas dificultades en la conferencia general, para no divulgar ante una asamblea numerosa un objetivo, que la perversidad
de los tiempos casi aconseja ocultar; pero tales dificultades deben estimular vuestro celo, porque dejan ver la grandeza y la importancia
del resultado que hemos de conseguir.La fe sencilla y comunicativa del Siervo de Dios fascinó a las buenas señoras, que se ofrecieron a trabajar cada una por cuatro, para
agenciar fondos y cooperar a sus piadosos proyectos; esta reunión dejó en todas un profundo recuerdo. Al final le invitó el párroco
51Guiol a que les diera su bendición, diciéndole que se consideraban afortunadas al recibirla. El Beato, avec son inaltérable bonté (con su
inalterable bondad), se la dio, pero declarando que la bendición que les daba era por encargo directo del Papa para ellas.La confianza de don Bosco en la divina Providencia quedó muy justificada con los hechos, porque, como se desprende de las actas del
3 de marzo, hubo generosos donativos, que disminuyeron notablemente la deuda más grande, con una primera entrega a cuenta de veinte
mil francos, seguida muy pronto de una segunda y, dos meses después, de una tercera igual que la primera. La deuda quedó, pues,
reducida a la mitad. Pero la Comisión deseaba liberar a don Bosco del fantasma de los contratistas, que se suponía debía quitarle elFin de Página: 52
VOLUMEN XV Página: 52sueño; en consecuencia se organizó una suscripción extraordinaria entre los dueños de establecimientos industriales, que empleaban a un
buen número de trabajadores piamonteses, y entre las madres de familia. Para la primera suscripción, se invocó la ayuda de la Comisión
de Señores, que presidía el señor Rostand.Don Bosco estaba asediado de la mañana a la noche; tanto que, a fuerza de recibir audiencias, casi había perdido la voz y el cansancio
amenazaba vencerlo. El día 14, por la mañana, tuvo que comunicar que no podía recibir; pero ya se sabe que, en tales casos, siempre hay
algunos privilegiados. Una pobre religiosa enferma, el presidente de cierta asociación, un distinguido señor a ((48)) quien ya se le había
señalado día y hora, una mujer neurótica escondida en un rincón y que, de pronto, cae en medio de la sala dando gritos, fueron recibidos
sucesivamente y le tuvieron ocupado hasta mediodía. Ya no podía materialmente más: la opresión al pecho le abatía tanto que movía a
compasión. Después de comer, se encerró con llave en la habitación para evitar que se repitieran las escenas. Y salió de ella al oscurecer,
porque lo esperaban fuera de la ciudad. Anduvo una hora en coche, que fue una hora de sufrimiento, y luego le tocó hablar, de modo que,
al volver a las diez, estaba sin fuerzas y con la perspectiva de que a la mañana siguiente se renovase el asedio con mayor fuerza.íHabía personas que habían ido y vuelto durante tres días seguidos! Y a más de esto, sobre la mesa iba creciendo una montaña de cartas.Como se había previsto, la mañana del 15, hubo una verdadera invasión. Había un grupo como de sesenta personas que clamorosamente
pedían verlo. Era inútil repetir que no se encontraba bien y no podía recibir: nadie se movía de su sitio. Hartos de esperar y aprovechando
el momento en que falló la vigilancia, los más audaces subieron hasta la primera planta y llamaron a la puerta.
52El, que de nuevo se había encerrado con llave, sin sospechar quién pudiera ser el que llamaba, abrió. íNo lo hubiera hecho! Irrumpieron
todos en la habitación y él, ante el asalto y, recelando lo que podía pasar, tomó la pluma y el cuaderno donde estaba escribiendo, y se
refugió en la habitación contigua de don Celestino Durando; pero ellos fueron tras él.Acudieron, por fin, en su auxilio el Director y otros de la casa quienes, con esfuerzo inaudito, pudieron desalojar poco a poco la
habitación. Débil, enfermo y afónico, no encontró más solución que refugiarse en casa del párroco de San José. Allí descansó hasta las
cinco de la tarde y pudo recobrar las fuerzas para las dos laboriosas jornadas que le aguardaban.La fiesta de San Francisco se había trasladado al 16 de febrero, para que él pudiera asistir. El señor Obispo, con toda la intención de
manifestar públicamente ((49)) afecto al oratorio 1, quiso celebrar la misa de comunidad, en la que pronunció un breve discurso en honor
del Santo Patrono y distribuyó la comunión a buen número de señores y señoras de la ciudad. El panegírico lo predicó el abate Guérin,
orador de campanillas. En la casa reinó un gran movimiento e inmensa alegría hasta bien entrada la noche; don Bosco no descansó ni un
momento.El 17 fue el día de los Cooperadores y de las Cooperadoras. Marsella contaba con novecientos inscritos. Acudieron, además, algunos de
los pueblos cercanos y hasta de Tolón. Presidió la reunión monseñor Forcade, Arzobispo de Aix. El abate Mendre leyó una relación sobre
la situación del instituto. Después habló don Bosco. Su acento, dulce y suave en ciertos momentos, enterneció hasta las lágrimas. Escribe
el abate Mendre:"Don Bosco se expresa muy a duras penas en francés; pero, aun en esto, la divina Providencia, cuyo nombre tan frecuentemente
pronuncia, con una unción que llega al alma de quien le escucha, la divina Providencia, digo, acude en su ayuda. El auditorio, cosa rara
en Francia, olvida aquella sonrisa que suele aflorar espontáneamente a los labios cuando oye una incorrección; todos están pendientes de
su palabra, como subyugados por el encanto que le viene evidentemente del cielo y le da tanta eficacia" 2.1 Acta citada de la sesión de 12 de febrero.2 Escribe el abate Mendre en una publicación de la que pronto hablaremos. Don Bosco había escrito lo que intentaba decir. El borrador
de su discurso está en los autógrafos de nuestros archivos y lleva el número trescientos trece. Es un cuaderno de catorce páginas, de las
que sólo hay nueve totalmente escritas. Las tres primeras, más cuatro líneas incompletas de la cuarta, son
53Por último el Arzobispo de Aix, accediendo cortésmente a la invitación de don Bosco, se dignó poner punto final a la reunión ((50))
con una paternal y breve alocución, cuyo momento culminante fue cuando dijo:-Las obras salesianas, cuyas pacíficas conquistas han superado las de Alejandro, César y Napoleón, manifiestan de sobra esta verdad,
que sólo la Iglesia es madre de los pobres y de los pequeños. La dulce figura de don Bosco no tiene ninguna traza de conquistador; sus
escuadrones de sacerdotes no son terribles como los de los grandes conquistadores; pero Dios está con don Bosco y esto explica el
secreto de sus triunfos.Fin de Página: 54
VOLUMEN XV Página: 54Solamente a la puerta de la iglesia cayeron en la bandeja de don Bosco dos mil francos, pero llegaron después a sus manos otras
limosnas. El alma de todo ello había sido el abate Guiol, a quien don Bosco manifestó públicamente su personal agradecimiento el
domingo siguiente. Habiéndole pedido que presidiera en la parroquia el piadoso ejercicio del tercer domingo de cada mes en honor de la
Santísima Trinidad, accedió y, cuando llegó el momento de hablar, comenzó de esta manera: "Si me fuera lícito rehusar algo a un rey, el
agradecimiento no me permitiría rehusárselo al señor Cura párroco de San José".La amplia iglesia presentaba aquella tarde un aspecto imponente; había acudido el distinguido auditorio que acostumbraba ir a escuchar
a los elocuentes oradores que se sucedían en el púlpito de San José. Don Bosco habló del maná, figura simbólica de la Eucaristía y de
nuestros deberes con ella. Escribe el abate Mendre sobre esta plática: "El auditorio no se preocupaba de la forma de hablar, sólo
escuchaba piadosamente la palabra de Dios. Más aún, parecía que ciertas incorrecciones daban a aquella plática, tan apostólica, un
atractivo mayor. Deseo el mismo éxito a cuantos se dispongan a subir las gradas de la sagrada cátedra".La relación que había leído el abate Mendre en la reunión de cooperadores, se publicó junto con otros escritos suyos sobre el oratorio
de Marsella, formando una interesante ((51)) monografía 1, que seescritura del Beato; el resto está escrito por otra mano al dictado, o copiado de otro borrador diferente, del mismo don Bosco. Esta
segunda hipótesis parece preferible; en efecto, la pagina nueve empieza con un quae purgat peccata, que no enlaza con lo que precede,
pero don Bosco añadió lo que falta al pie de la pagina ocho. El mismo don Bosco, al releer todo el escrito, hizo bastantes modificaciones
en el texto y numerosas añadiduras al margen. Reproducimos en el apéndice (Doc. núm. 4) el documento, dejando las imperfecciones de
forma y poniendo solamente los acentos.1 Oratorio de San León, fiesta de san Francisco de Sales y rendición de cuentas del año 1880.
54
divide en tres partes. Empieza con una descripción breve de la fiesta de san Francisco de Sales; sigue una amplia y cuidadosa rendición
de cuentas, con noticias sobre la asamblea. Y prosigue Mendre, después de contar los pormenores de la admirable actividad de las dos
comisiones:"Y mientras éstas trabajan afuera, "qué se hace dentro del oratorio?"Pasemos el umbral de esta casa bendita y saludemos, ante todo, con particular respeto al que está en medio de nosotros, al enviado
directo, al representante de don Bosco. Ha venido aquí como obrero de primera hora, sencillo e indefenso, dispuesto a todos los
sacrificios requeridos por el desarrollo rápido e insospechado de nuestra obra, siempre a la altura de sus deberes y modelo para todos en
el perfecto olvido de sí mismo. Observad las extraordinarias obras desarrolladas en pocos meses y sobre todo bendecid a Dios".Y, descritas, después, las condiciones presentes del Instituto, y echando una mirada al porvenir, el relator hace esta reflexión:"No dirigiremos nuestra mirada indiscreta a las íntimas relaciones entre la divina Providencia y nuestro venerado Padre don Bosco. Ya
hemos visto los admirables efectos y veremos más sin duda". Duc in altum, íarriba, siempre adelante!, fue la conclusión de su discurso.El abate Mendre, publicó en tercer lugar, la apología del oratorio de San León dedicada por él al cónsul general Strambio, pero con la
intención de que llegara a manos del gobernador de la provincia para impugnar las acusaciones hechas contra la institución por cierta
prensa de Marsella a finales del año 1880 1.El gobernador, basándose en un voluminoso y calumnioso informe, había hecho llegar al cónsul gravísimas quejas contra los
Salesianos, quienes, de haber respondido a la realidad aquellas imputaciones, hubieran sido merecedoras de las mayores penas
conminadas por las leyes a los residentes extranjeros que se hubieran hecho indignos de la hospitalidad.((52)) El señor Strambio comunicó las quejas confidencialmente a los interesados. Si al principio no se creyó decoroso prestar oídos a
aquellas bajas injurias, ahora no era el caso de callar, no sólo para evitar los efectos de tan malignas voces, sino también en atención alMarsella, imp. Olive. Las citas que aquí se hacen están tomadas de esta publicación, que es anónima. Otras están tomadas de cartas del
clérigo Reimbeau y de don José Bologna y del Boletín francés del mes de abril.1 Véase Vol. XIV, pág. 520.
55Fin de Página: 56
VOLUMEN XV Página: 56mismo cónsul. El, ya fuera por el afecto que profesaba a don Bosco desde los bancos de la escuela, ya fuera, por un legítimo sentimiento
de orgullo nacional ante los progresos y promesas del oratorio, le tenía particular cariño y lo favorecía con la mejor voluntad del mundo;
le causaba, por tanto, una seria contrariedad ante las autoridades francesas aquel amasijo de denuncias contra la obra y tenía con ello un
motivo más para procurar poner las cosas en su punto. Asumió, pues, el encargo el abate Mendre, quien lo desempeñó magistralmente.
Don Bosco había leído el manuscrito en noviembre, como aparece en la siguiente carta, que ha llegado a nuestro conocimiento, después
de la publicación del décimo cuarto volumen.Mi querido señor Mendre:No pudo usted interpretar mejor mis deseos que con la exposición que tuvo la bondad de dejarme ver. Se puede pedir al señor cónsul
que la publique, si lo cree conveniente.He cometido un error. En vez de escribir aparte algunas observaciones que se podrían añadir, las he anotado al margen de la misma
hoja. Haga de ellas el uso que mejor le parezca.Quizá sería bueno también dar a conocer que, en las casas de Italia, especialmente en la de Turín, eran traídos muy frecuentemente
muchachos pobres y abandonados franceses, y que, para evitar viajes, gastos, y cambio de costumbres, se nos pidió y fuimos a fundar
casas en Francia con el mismo fin que las de Italia.Me ha producido gran satisfacción la noticia de que reina la paz y la armonía entre la parroquia y el hospicio de San León. Tengo
fundados motivos para esperar que se consoliden cada vez más esos vínculos de caridad. Si ello es necesario en todo tiempo, lo es mucho
más en este momento.Si usted ve que yo puedo hacer algo desde aquí, dígamelo y seguiré fielmente su consejo.Que Dios le bendiga, benemérito y siempre querido señor abate Mendre, y le conserve en buena salud. Presenta mis humildes respetos a
nuestro señor Cura, ((53)) a don José Bologna, y no olvide rezar por mí, que soy siempre suyo, con profunda gratitud y mucho aprecio,Turín, 25 de noviembre de 1880.Afmo. servidor y amigo JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Quizá fuera oportuno manifestar que nosotros no somos más que una pía sociedad de beneficencia para niños pobres o que están
en peligro. Mi deseo de mandar esta carta a vuelta de correo, no me permite sacar copia. Don José Bologna podría sacar una. Las tres
enviadas ya al señor Cónsul están igualmente bien.
Escribiré en cuanto pueda a nuestro señor Cura.Durante su permanencia en Marsella, don Bosco habló al canónigo
56Guiol medio en broma, medio en serio de algo que había visto en sueños poco antes de ir a Francia, tal vez en el otoño de 1880 1.El canónigo Guiol estaba persuadido de que era necesario contar con una casa en el campo, adonde enviar los muchachos de San León
durante los meses más calurosos. El siervo de Dios estaba de acuerdo con él; e incluso añadía que era conveniente preparar el lugar para
que sirviese también de Noviciado.-En cuanto a la casa, continuó, la tengo ya a mi disposición. Es un edificio espacioso situado en una posición muy amena, rodeado de
un gran pinar, al cual se llega por unas grandes avenidas de plátanos; una abundante acequia de agua atraviesa de parte a parte toda la
finca.El párroco sabía que don Bosco no poseía nada en Marsella y que no contaba con otro inmueble más que con el colegio; faltó poco para
que pensase que el siervo de Dios era víctima de un desequilibrio mental; por lo que un poco desconcertado le preguntó dónde estabaFin de Página: 57
VOLUMEN XV Página: 57aquella quinta.-Dónde está, no sabría decirlo, replicó don Bosco; pero sé que existe y que se encuentra en los alrededores de Marsella.-Esta sí que es buena, prosiguió el párroco. "Y cómo puede saber que existe esa casa y que está destinada a usted?-Lo sé, porque lo he soñado.-"Y cómo lo ha soñado?((54)) -Vi la casa, los árboles, la finca, el agua, todo como yo se lo he descrito y, además, a los muchachos que correteaban y se
divertían por los paseos.El abate Guiol, que cuando don Bosco hablaba de sueños, no lo creía un iluso, no tomó a la ligera aquellas palabras, sino que las tuvo
muy presentes y permaneció a la expectativa. No mucho tiempo después, algunos bienhechores ofrecieron una casa para el fin que se
deseaba; pero el Beato la rechazó, diciendo que no era aquélla. Entretanto los años pasaban y el vaticinio no se cumplía. En todas las
entrevistas los dos amigos volvían a hablar de la famosa finca que se había de trocar en noviciado y el abate reía de buena gana.Pero don Bosco trató también del mismo asunto con otros. En efecto, en septiembre de 1882 habló de ello al clérigo Cartier. Este,
yendo de Marsella a San Benigno para recibir el subdiaconado, se detuvo en Niza, donde el Beato presidía los ejercicios espirituales de1 Don Bosco escribía en octubre de 1883 al canónigo Guiol: "Hace tres años".
57los Salesianos y celebró con él una prolongada entrevista, en la que le dijo:-Nosotros llegaremos a tener en los alrededores de Marsella una gran casa, en la que pondremos el noviciado y el estudiantado
filosófico. Tú serás destinado a ella, no el primer año, pues te necesitarán en San León para las clases; con todo irás allá para dar algunas
lecciones, hasta que al fin fijarás en ella tu residencia.En Marsella, algunos creían que la casa del sueño era la quinta de la señora Broquier, a poca distancia de Aubagne; incluso, inducidos a
error por ciertas descripciones inexactas, don Bosco llegó también a creerlo y escribió a su dueña para que le cediese la propiedad o el
uso de la misma. Envió la carta a don José Bologna para que le diese curso; pero como él hacía la descripción de la finca que había visto
en el sueño, la señora no se dio por enterada y don José Bologna se dio cuenta de que don Bosco estaba en un error.Otra oferta se la hizo en 1883 la señora Pastré, opulenta viuda parisiense, a la que el siervo de Dios había curado una hija. Se trataba del
((55)) uso de una quinta junto a Santa Margarita, a poca distancia de Marsella; mas don Bosco, por motivos de ciertos reparos personales,
sin averiguar las condiciones de la casa, declinó la oferta. Pasados algunos meses don José Bologna le escribió diciéndole que la señora
insistía en su propuesta, rogando que la aceptara. El Beato contestó que si en la finca existían los pinos, los plátanos y la acequia del
agua, que sí; de lo contrario, no le interesaba. El Director, habiendo ido a visitar la quinta, le notificó que en ella había centenares de
pinos, avenidas de plátanos, y, al fondo, abundancia de agua corriente. Entonces fue aceptada la casa de Santa Margarita en usufructo por
quince años y, en ella, se estableció el noviciado en el otoño de 1883, bajo la denominación de La Providencia. El abate Guiol,
habiéndose personado en ella en el 1884, observó con estupor que todo respondía exactamente a cuanto el siervo de Dios le había dicho
repetidas veces que había visto en el sueño.Hay un hecho extraordinario que, según todas las probabilidades, ocurrió este mismo año. El Rector Mayor, don Pablo Albera, lo oyó
contar en 1921, en Allevard-les-Bains, a un médico, y él lo narró enseguida a los salesianos de Marsella el 7 de febrero. El señor Guérin,
de Marsella, padecía tuberculosis ósea en una pierna. Le habían practicado una raspadura del hueso, pero no había obtenido ningún
alivio. El mal fue declarado incurable. Debía tener siempre abierta la herida para dar salida al pus. Era un excelente cristiano y sólo
deseaba cumplir la voluntad de Dios en todo y por todo. Una señora conocida
58suya, que vivía en la calle Santiago, le aconsejó que se presentara a don Bosco, no para pedir el milagro de la curación, sino para alcanzar
con sus palabras algún alivio espiritual. Se presentó y le manifestó sus buenas disposiciones para llevar con paciencia la propia cruz, por
amor de Dios. El Beato le animó y lo bendijo.Habitaba el enfermo en la avenida de Meilhan. El trayecto desde San León a su casa era muy largo para él, con la pierna en aquel
estado; pensó, pues, tomar el tranvía en el cruce ((56)) de las calles "Paradis" y Santiago. Pero, como el tranvía no llegaba, se encaminóFin de Página: 59
VOLUMEN XV Página: 59lentamente hacia la Bolsa, esperando tomar el primer tranvía que pasara por allí, mas no encontró ninguno. Después de esperar
inútilmente, enfiló despacio la "Canebière", siempre con la misma intención, y tampoco tuvo suerte allí. Lo mismo le ocurrió en la calle
"Noailles"; así que, paso a paso y casi sin darse cuenta, llegó a su casa.Por costumbre debía acostarse enseguida y cenar en la cama. Pero aquella tarde, sin dar oídas a los suyos, quiso terminar de arreglar
unos asuntos, que le obligaron a estar de pie hasta la hora de la cena. Como no sentía ninguna incomodidad, quiso sentarse a la mesa con
la familia y después se fue a la cama. Y he aquí que, al quitarse la venda para cambiarla, ya no volvió a ver la llaga, que había
desaparecido sin dejar cicatriz de ninguna clase. Don Bosco había hecho el milagro, sin ni siquiera habérselo pedido.Se había preparado para las Hermanas un edificio poco distante del instituto, pero la humedad de las paredes y otras razones pedían que
se retrasara todavía su viaje. Entre tanto, don Bosco bendijo la casa; cumplió la ceremonia a puertas cerradas y de forma muy privada; ni
siquiera se invitó a las señoras de la Comisión, las cuales lo sintieron bastante, ya que ellas se habían ocupado seriamente en varias
reuniones de cómo atender a la nueva comunidad. En la sesión del 3 de marzo justificó el Párroco la cuestión, alegando dos razones. La
primera que no era prudente todavía llamar la atención de los vecinos sobre la presencia de aquella familia religiosa y, además, que, en
los últimos días de la permanencia de don Bosco en San León, era imposible acercarse a él por los muchos visitantes que lo asediaban, y
el señor Cura no había podido ponerse de acuerdo con él sobre el día, la hora y la manera. Estas explicaciones disiparon el disgusto.Cierto que, si se consideran los acontecimientos narrados en el volumen anterior, nunca era demasiada la prudencia; todavía hemos de
decir que, en Marsella, entre los buenos aumentaban las simpatías ((57)) por la obra; por eso, la Comisión de señores creyó que la obra
ganaría haciendo que se conociese mejor. En consecuencia, ya durante
59la estancia de don Bosco trabajaron para que se imprimiese el escrito compilado por el abate Mendre, del que hemos hablado.Ninguna otra cosa importante sabemos de esta permanencia de don Bosco en Marsella. Parece que fue este año el del reproche que le
dirigió la tan benemérita señora Prat. Tenía ésta dos hijos casados y una hija, que le causaban muchos disgustos con su conducta. Ya se
los había recomendado una vez a sus oraciones para que se convirtieran. Don Bosco le prometió sus oraciones y le había dado buenas
esperanzas de conseguir la gracia. Pero ahora, como la madre no advirtiera ninguna mejoría, se quejó al Siervo de Dios. Y él, con toda
humildad, le contestó:-Sí, la culpa es mía, porque no he rezado bastante.Si no fue el mismo año, sucedió por aquel tiempo otro episodio que demuestra la importancia que él daba a la música en los oratorios
festivos. Recibió en Marsella la visita de un religioso, que había fundado uno en cierta ciudad de Francia, y le preguntaba si él aprobaba
la música entre las diversiones de los muchachos. Su visitante pensaba que se podían sacar ventajas para la educación y las enumeraba.
Don Bosco le escuchó con gesto de aprobación y, al fin, le dijo:-Un oratorio sin música es un cuerpo sin alma.Pero el otro veía también inconvenientes y no pequeños, como la disipación y el peligro de que los jóvenes fueran después a cantar y a
tocar por teatros, cafés, bailes y manifestaciones callejeras. Don Bosco le escuchó sin decir palabra y, por fin, repitió con decisión:-"Qué es mejor, ser o no ser: El oratorio sin música es un cuerpo sin alma.Un señalado prodigio acompañó su partida de Marsella; consta lo acaecido en la relación que hizo quien, además de testigo, fue causa
ocasional.((58)) La señorita Flandrin, gravemente enferma desde hacía tiempo, parecía encontrarse entre la vida y la muerte. Todos los días iba su
madre a San León para conseguir que don Bosco hiciera una visita a su hija; pero don José Bologna, no sabemos por qué, no consideraba
prudente que fuera allá; por eso, al comunicárselo, se expresó con términos tan fríos que el Beato rio se determinó a ir.Llegó, entre tanto, el día de la partida. Para librarlo del alcance de tanta gente como acudiría a la estación de Marsella, se determinó
que, como el año anterior, don Bosco se trasladara en coche hasta Aubagne. En el último momento, acudió la señora Flandrin a intentar
de nuevo su deseo, y esta vez se agarró al valimiento del abate
60Mendre, suplicándole que interviniera para que don Bosco fuera llevado hasta su hija.El Abate, que conocía a la señora sólo de haberla visto tantas veces en el oratorio, no pudo resistirse a sus lágrimas y le prometió que,Fin de Página: 61
VOLUMEN XV Página: 61como le tocaba la fortuna de acompañar a don Bosco hasta Aubagne, daría orden de desviar el coche a la casa de la enferma y rogaría a
don Bosco que la visitara y le perdonara su indiscreción.Se partió al oscurecer. El Abate tenía por seguro que don Bosco no conocía el camino; así que se sorprendió cuando le oyó exclamar de
repente:-íMe parece que hemos cambiado de camino!En efecto, en aquel momento el cochero seguía las órdenes que, en secreto, le había dado el abate Mendre, que era el único capaz de
comprender el cambio de itinerario. Y, sin responder directamente a su pregunta, le dijo:-Usted, Padre, viaja bajo mi responsabilidad. Déjeme obrar, que llegaremos seguros a nuestra meta.Don Bosco calló. Paróse después el coche ante la casa de los Flandrin, y él cedió al ruego. La madre lo introdujo en la habitación de la
enferma, mientras el abate permaneció en la sala contigua.((59)) Hacía quince días que a la joven se le administraba la alimentación de forma artificial; le atormentaba, además, una sed ardiente.
Su padre, que era funcionario, había tenido que ir a la oficina, persuadido de que, al volver, se la encontraría muerta; en efecto, ya había
recibido los santos óleos.El Siervo de Dios, acercándose a la cabecera, le preguntó:-"Bebería un sorbito de agua?-No puede, contestó enseguida la madre.-Recemos, dijo don Bosco.Se arrodillaron todos los presentes y rezaron unos instantes; don Bosco bendijo a la enferma y, después, le ordenó:-Ahora beba.Ella empezó a sorber libremente y, a medida que bebía, sentía que le venía nueva vida; hasta que, apartando el vaso, exclamó:-íEstoy curada!Entonces se armó allí dentro una verdadera batahola: uno gritaba, otro lloraba, todos iban de un lado para otro; parecía que estaban
locos. El abate Mendre, que acudió enseguida, se encontró con don Bosco que salía a su encuentro, sonriente y tranquilo. El Siervo de
Dios se dirigió directamente al coche, seguido del compañero que parecía aturdido.
61La moribunda, pues, se vistió por sí misma y salió al rellano de la escalera para esperar a su padre, que volvería enseguida. Apenas
distinguió el rumor de sus pasos, voló a su encuentro y echósele al cuello gritando:-íEstoy curada, papá! íDon Bosco me ha curado!Aquel pobre hombre, como herido por un rayo, se tambaleó y se desplomó. Se llamó enseguida al médico, y costó mucho hacerle ir. Y,
mientras, la hija ayudaba a su madre a prestarle los primeros auxilios.Entre tanto los dos viajeros se habían alejado. Al subir al coche, el abate Mendre se conformó con estrechar el brazo a don Bosco y
decirle:-íY bien, padre, ahora no podrá decir que don Bosco no hace milagros!Don Bosco respondió con humildad y calma:-íBendito sea Dios! íBendito sea Dios!((60)) El Abate comprendió que no era prudente hablar sobre el asunto y no abrió la boca hasta Aubagne.Fin de Página: 62
VOLUMEN XV Página: 62La curación fue tan completa que, el 4 de marzo, escribió la señorita a don Bosco; mas, no sabiendo donde se encontraría, dirigió la
carta a don José Bologna con una esquela en la que decía: "Damos todos gracias a Dios por la milagrosa curación que yo, pobre pecadora,
no merecía. Ruegue para que sea más virtuosa y encariñada con su Obra. Ahora hay que celebrar una misa de acción de gracias en honor
de nuestra buena Madre. Le suplico, señor Director, señale un día de la próxima semana para celebrarla, pero que no sea muy temprano,
porque vivimos lejos. Haga el favor de comunicármelo con un día o dos de anticipación para tomar mis medidas, para comulgar y avisar a
mis amistades".No nos ha sido posible dar con la fecha exacta del día en que don Bosco partió de Marsella; parece que fue el 25 de febrero, porque, el
domingo 27, se encontraba en Roquefort en el castillo del conde de Villeneuve, después de una discreta parada de Aubagne. Desde allí
escribió en francés a don José Bologna la carta que traducimos a continuación:Muy querido Bologna:Salí y, en Aubagne, se hicieron muchas cosas; ahora estoy en Roquefort, donde descansaré un día. Mañana, si Dios quiere, estaré en
Saint-Cyr.1.° Entre tanto, comunicarás a nuestros muchachos que he quedado muy satisfecho de su buena voluntad y de su piedad, y que espero
sigan siempre de bien en mejor. Procuren romper los cuernos al demonio con los martillos de la confesión y de la comunión.
622.° He dejado a los nuestros, sacerdotes, clérigos y demás hermanos, con la satisfacción de ver en su rostro una óptima voluntad por ser
verdaderamente salesianos, esto es, sal con su palabra y luz con su acción. Bendito sea Dios. Animo y perseverancia.3.° He encontrado todavía entre los papeles algunos billetes de banco (600 francos), y si tú los necesitas, procuraré mandártelos,
aumentando la cantidad hasta los mil francos. Pero, si puedes prescindir de ellos, ((61)) se los llevaré a don Carlos Ghivarello 1, que
espera dinero como los hebreos esperaban el maná en el desierto.Para tu norma, te diré que escribo a la señora Jacques, a quien puedes, en caso de necesidad, pedirle algún millar de francos hasta los
cinco mil, que enseguida te proporcionará con mucha caridad.Presenta mis disculpas a la señora Brouquier, a quien tuve que dejar a toda prisa para trasladarme a Aubagne, donde todos me
esperaban en la iglesia para decir una palabra a los Cooperadores.Todo marcha bien, bendito sea Dios,4.° Pon dentro de un sobre las cartitas adjuntas y envíalas a su destino.Dios nos bendiga y nos conserve a todos en su gracia. Pide por mí, que siempre seréRoquefort, 27 de febrero de 1881.Vuestro amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Con la misma fecha dio cuenta de su viaje al cardenal Nina. Las noticias más importantes debían servir, en la intención de don Bosco,
para valorar sus renovadas súplicas de que le fueran concedidos los privilegios.Eminencia Reverendísima:He estado tres semanas en Marsella, donde he podido reunir los medios necesarios para consolidar nuestro oratorio de San León. Los
alumnos pasan de doscientos cincuenta, cien de los cuales se dedican a los estudios y forman nuestro seminario para América del Sur,
especialmente Patagonia. Ahora estoy organizando y pagando las deudas de las otras casas; espero que aún podré llevar algo al PadreFin de Página: 63
VOLUMEN XV Página: 63Santo. Si Dios quiere, estaré en Roma a finales del próximo marzo. Pero es menester que el Padre Santo nos concede los favores que nos
ha quitado 2, favores que nos son indispensables y de los que ya disfrutan los demás institutos aprobados definitivamente por la Santa
Sede.En Marsella ya se ha bendecido la nueva iglesia del Instituto. El señor Obispo de la diócesis ha celebrado las funciones en la fiesta de
san Francisco de Sales; el Arzobispo de Aix ha presidido la conferencia de los cooperadores, ante un inmenso gentío. La cuestación pasó
de los tres mil francos. St-Cyr, Tolón, Fréjus, Cannes y Niza esperan una conferencia igual. Veremos qué nos da la gracia de Dios.1 Director de St-Cyr.2 Véase más adelante, el cap. XIV.
63((62)) Encomiendo todas nuestras casas a la caridad de sus santas oraciones y a su protección, mientras con profunda gratitud, tengo el
honor de profesarme,De V. E. Rvma.Roquefort, 27 de febrero de 1881.Su atto. y s. s.
JUAN BOSCO, Pbro.El canónigo Brémond, párroco de La Loubière, diócesis de Tolón, tiene un gracioso recuerdo personal. Era él monaguillo en la iglesia
de Roquefort y tuvo la suerte de ayudar a misa a don Bosco, que celebraba de un modo que él nunca había visto. Su ademán en el altar le
impresionó de tal modo, que no se cansaba de contemplarlo; tanto que aquella vez se olvidó, durante la celebración, de jugar a las canicas
con su compañero sobre la alfombra del altar que cubría el primer escalón.De Roquefort se dirigió a Tolón, en donde lo esperaban ansiosamente para una conferencia. Habló en la iglesia parroquial de Santa
María abarrotada de gente, ávida de escucharlo. En una información, aparecida con retraso en el diario católico de la provincia 1, se leía:"Después del Evangelio, subió al púlpito y, desde las primeras palabras, se ganó al auditorio. No es de gran estatura y se expresa con
cierta dificultad en nuestra lengua, pero toda su persona inspira simpatía. Es un taumaturgo y más aún: es un apóstol de la caridad, es un
hombre según el corazón de Dios, es un santo".Después de excusarse de no hablar el francés con la elegancia de Massillon, ni con la elocuencia de Bossuet, contó los humildes
principios y la expansión de su obra, deteniéndose un poco más en el desarrollo de las dos casas cercanas de Saint-Cyr y La Navarre, muy
necesitadas de ayuda."Su discurso, hace notar dicho periódico, lo pronunció con un lenguaje vivo, enérgico, pintoresco, y sus mismas incorrecciones
contribuyeron a darle más eficacia".((63)) Terminada la conferencia, don Bosco, con su manteo sacerdotal y una bandeja de plata en las manos, dio una vuelta por la iglesia
para la cuestación. Durante la misma, ocurrió una escena digna de mención. Presentó don Bosco la bandeja a un obrero, el cual volvió la
cara a otra parte y alzó descortésmente los hombros. Don Bosco pasó por delante y le dijo con amabilidad:1 La sentinelle du Midi, 5 de marzo de 1881.
64-Que Dios le bendiga.Entonces el obrero echó mano al bolsillo y depositó una moneda en la bandeja. Don Bosco le miró a la cara y le dijo:-Que Dios se lo pague.El otro repitió el gesto y ofreció dos monedas. Don Bosco, entonces, dijo:Fin de Página: 65
VOLUMEN XV Página: 65-Amigo mío, íque Dios se lo pague cada vez más!Aquel hombre echó mano a su portamonedas y depositó un franco. Don Bosco le miró lleno de emoción y siguió adelante; pero aquél,
como atraído por una fuerza mágica, le siguió por toda la iglesia y lo acompañó hasta la sacristía, salió tras él por la ciudad y no dejó de
seguirle hasta que lo perdió de vista.También en Tolón, María Auxiliadora glorificó a su Siervo. Una joven de unos dieciocho años, que habitaba en las cercanías de la
ciudad, vivía atormentada con atroces dolores de hígado. Curas y remedios no le servían de nada. Era fervorosa cooperadora salesiana y
hubiera querido asistir a la conferencia de don Bosco; pero, habiéndosele agravado su mal a principios de marzo, tuvo que guardar cama.-Si al menos pudiera ver a don Bosco, decía. Quizá su presencia me haría algún bien.Don Bosco que se enteró de su deseo, se sintió movido a complacerla. Al llegar junto a ella, le exhortó a poner toda su confianza en
María Auxiliadora, le dio su bendición y, al retirarse, le dijo:-Que Dios le dé salud...Y se calló como quien interrumpe una frase empezada. La madre, temiendo en aquella reticencia un anuncio de muerte, rompió a llorar.
Pero don Bosco continuó:-...y santidad.Y, dicho esto, salió, recomendando a la madre y a la hija que confiaran mucho en María Auxiliadora. Su confianza no fue vana. Ocho
días después, ((64)) cuando don Bosco daba otra conferencia en la iglesia de San Isidoro en Sauvebonne, parroquia de La Navarre, se
encontraba también entre el auditorio la joven perfectamente curada 1.Tolón estaba camino de Saint-Cyr y La Navarre. Don Bosco visitó ambas casas; pero nada sabemos de la primera y poquísimo de la
segunda. Vio La Navarre totalmente ocupada y tenían que rechazar continuamente peticiones de muchachos necesitados. Su caridad, que
lo esperaba todo de la Providencia, le indujo a emprender la construcción1 Bulletin Salésien, julio 1881, pág. 12.
65de un edificio con capacidad para trescientos. Quiso hablar él mismo con el arquitecto para explicarle su proyecto. Lo hizo ir desde
Tolón, le indicó en líneas generales su plan y le pidió que se apresurara a realizarlo. Tres meses después llevaba el director, don Pedro
Perrot, el proyecto a Turín para su aprobación. Don Bosco lo pasó al examen del Ecónomo General, don Antonio Sala, y de dos
distinguidos arquitectos de la ciudad y, de acuerdo con su informe, lo aprobó el 26 de junio, introduciendo de propia mano algunas
pequeñas modificaciones, que se observaron escrupulosamente. Se empezaron las obras el 16 de diciembre.Seguiremos ahora al Beato por la Costa Azul. Llegó a Niza antes del 8 o el 9 de marzo, puesto que el abate Guiol comunicaba el día 10,
en la reunión de la Comisión de señoras, que había recibido carta suya desde allí, en la que decía cosas importantes. Nos falta el original,
pero el acta de la reunión nos da la traducción francesa de dicha carta, que nosotros volvemos al italiano. Decía el Beato:Me queda un momento libre y lo dedico a escribirle, como ya debiera haber hecho antes.Le diré, ante todo, que salí de Marsella un poco contrariado porque no había podido entretenerme con usted por lo largo, como era mi
deseo, sobre los asuntos del oratorio. Parece, sin embargo, que don Celestino Durando ha dejado las clases bastante organizadas de
manera que sera posible dar por escrito las normas y explicaciones oportunas. Parece que se puede decir lo mismo de la disciplina y de la
moralidad. Lo que demuestra la buena voluntad de todos.((65)) En Aubagne, Roquefort, Saint-Cyr, Tolon y Hyères, Dios sigue bendiciéndonos y tenemos muchos motivos para agradecérselo
espiritual y materialmente.Me escribe don José Bologna que ha dado al empresario todo el dinero recogido en la cuestación, durante mi estancia en Marsella, y
ahora se encuentra sin un céntimo y con facturas a pagar. Yo había reunido mil quinientos francos, que deseaba dejar en La Navarre; pero
ahora se los mando para que pueda salir del paso. Espero que las suscripciones entre los industriales y las madres de familia podranFin de Página: 66
VOLUMEN XV Página: 66arreglar las cosas. Don José Bologna me escribe que usted le ha prestado cinco mil francos para el empresario; espero que también esto se
pueda arreglar."Qué diré, pues, para dar las gracias a usted, a los señores y señoras de nuestras Comisiones que son el apoyo de nuestro oratorio?
Dígales que estamos muy agradecidos a todos y que rogaremos de corazón al Señor para que les recompense con largueza en esta vida y
en la eternidad.Tengo, además, algo que no he podido explicar bien. Muchos pretenden que el pobre don Bosco obtenga, con sus oraciones, gracias
particulares del Señor. No es así. Dios bendice nuestras obras, las favorece y las protege; y, como nosotros no disponemos de los medios
necesarios para sostenerlas, Dios acude en nuestra ayuda con gracias y favores extraordinarios para todos los que nos favorecen
materialmente.Dígaselo a nuestros bienhechores, especialmente a la señorita Rocca, para que peu pour fois lo inserte en su libro de actas.Espero poderle comunicar más cosas en la primera ocasión. Ahora me encomiendo
66encarecidamente a la caridad de sus oraciones. Que Dios nos bendiga a todos y nos mantenga en su santa gracia. Acuérdese de este
pobrecillo, que siempre seráSu afmo. amigo en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.La conferencia para los cooperadores estaba fijada para el viernes, 12. El pobre don José Ronchail, que se encontraba agobiado con las
deudas, la había preparado con todo empeño; solamente a los proveedores de los talleres les debía treinta y seis mil francos; de modo que
el coadjutor Moro 1, librero y proveedor, no se atrevía a hacer nuevas compras para proveer lo que la casa necesitaba. Una noche,
paseando don Bosco con él por el patio, le dijo:-Hacen deudas y quieren que don Bosco las pague. Pero él no tiene dinero.Después, cruzando las manos en actitud de rezar y pasados unos instantes, prosiguió:-Basta, rezaré a la Virgen para que lo haga Ella, ((66)) que todo lo puede.De la conferencia el Director llevó a la casa más de catorce mil seiscientos francos. Hasta dos señoritas protestantes inglesas, de nombre
Dandas, andaban por la iglesia recogiendo limosnas. Pocos días después se presentó un señor francés en busca de don Bosco para decirle
que también él quería hacer algo por su obra, y que tenía dieciséis mil francos a su disposición. Don Bosco, pensando que deseaba hacer
un préstamo, le contestó que eran tantas sus deudas que no podía rechazar aquel dinero, pero que no sabía cuándo y cómo se lo podría
devolver. El señor se explicó mejor, diciendo que no prestaba, sino que regalaba aquella cantidad para colaborar a las obras del Patronato.
Don Bosco, entonces, se lo agradeció diciendo:-No me lo dé a mí; entrégueselo a don José Ronchall para que pueda saldar algunas facturas de los acreedores.Y así lo hizo aquél. Muy pronto llovieron más limosnas que, sumadas a las precedentes, llegaron a cuarenta y dos mil francos, escribe
el proveedor antes nombrado; pero que él no poseía los comprobantes para sacar una suma total.Un par de días después se produjo también en Niza el ir y venir de visitantes cada vez en mayor número. "íDon Bosco!, exclamaba el1 Cartas de don Carlos Moro a Lemoyne (véase Vol. XIV, pág. 356).
67Director en una carta 1. Es imposible describir el entusiasmo que suscita su presencia. De la mañana a la noche acuden incesantemente
personas a verlo."(...) Baste esto para darle una idea del gran aprecio en que también aquí se tiene a nuestro amadísimo Padre".Fin de Página: 68
VOLUMEN XV Página: 68La semana siguiente estuvo cuatro días en Cannes, huésped de la familia Monteiths, inglesa y protestante, que tuvo a gran honor
albergarlo. Cannes es una estación climática invernal; duraba, pues, aún la estación, durante la cual afluían a sus amenísimas playas,
familias adineradas de Francia y del extranjero, especialmente de Inglaterra, para pasar allí una larga temporada. Entre aquella población
advenediza y cosmopolita, a título de caridad o de filantropía, se abrían ((67)) las bolsas para la beneficencia. He ahí por qué don Bosco
solía hacer allí frecuentes visitas. En 1881, escribía festivamente don José Ronchail: "Si hubiese sido más larga la estancia de don Bosco
en Cannes habría acabado por desvalijar a aquellas buenas familias caritativas, pues cada día le llegaban limosnas muy generosas". De
allí partió el sábado, 19, para celebrar en Niza la fiesta de san José y el día onomástico del Director.Aún quedaban algunas familias en Cannes que tenía empeño en visitar, por lo que volvió allí para pasar otro día, que fue el 21. Asistió
mucha gente a su misa. Almorzó en casa de los Monteiths, donde una prima de la señora, aunque protestante, quiso, antes de que se
retirara, que le diera su bendición y una medalla de la Virgen. Durante aquellos cinco días, tuvo siempre a su disposición un coche de dos
caballos.Su permanencia en Cannes sufrió una interrupción el miércoles por la tarde, porque los amigos de Niza habían preparado un concierto
de beneficencia en favor de las obras de don Bosco.El concierto se realizó en la gran sala "Paulliani" del Círculo Católico. Artistas de primer orden ejecutaron con exquisita finura un
escogido programa ante un público de lo más selecto, como Niza puede presentar en aquella estación, La función produjo una buena
entrada.El organizador principal de la fiesta había sido el doctor D'Espiney, entrañable amigo de don Bosco, sobre cuyas obras compuso una
poesía muy graciosa 2.El se dirigía a las señoras presentes, y terminaba diciendo que para1 Carta a don Miguel Rúa, Niza, 22 de marzo de 1881.2 Véase Apéndice doc. núm. 5.
68hacer tanto bien don Bosco no tenía medios, pero que su bolsa era la bolsa de las señoras presentes. Los cadenciosos alejandrinos, leídos
con maestría por el señor Harmel, produjeron óptimo efecto 1.Hubo una tercera reunión, abierta indistintamente a todo el público de Niza, el día 22, y fue un Sermon de Charité. ((68)) Después del
orador, dijo don Bosco unas palabras y, recogió a continuación, una discreta limosna.En medio de tantas preocupaciones, su mente pensaba no sólo en las cosas presentes, sino también en las lejanas. Pensaba, por ejemplo,
en el día onomástico de su gran bienhechora de Roma, la señora Matilde Sigismondi, como puede apreciarse por esta delicada cartita.Nuestra buena Mamá en Jesucristo:Este año no puedo estar celebrando el día de santa Matilde con nuestra buena mamá, pero me acuerdo de ella. Mañana celebraré la
santa misa para pedirle a Dios que la conserve, aún muchos años, con buena salud para ver el fruto de su caridad. Y "para cuándo el
Paraíso? Se lo deseo asegurado, pero deseo que vaya a él después de haber pasado en la tierra los años de Matusalén, a saber, novecientos
sesenta y nueve.Estoy en Francia, pero ya voy camino de Roma, donde espero presentarle personalmente mis filiales homenajes, a primeros de abril.Que el Señor les bendiga a usted y al señor Alejandro; que pasen buena fiesta y rece por este pobrecito que siempre será,Marsella, Tolón y ahora Niza, 13 de marzo de 1881.Su humilde servidor en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 69
VOLUMEN XV Página: 69Pensaba, además y muy intensamente, en hacer cuestaciones para la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, como veremos más adelante,
y en organizar en Francia la pía Unión de Cooperadores, según se ve en esta carta para el Director del Boletín Salesiano.Mi querido Bonetti:Me han enviado las circulares con la carta para los periodistas. Yo he mandado algunas sin darme cuenta de ello. Procura que no se
repita más. Mándame algunos formularios para la designación de limosneros y circulares en italiano. Envíalas a don Nicolás Cibrario, con
quien me encontraré el domingo próximo. El martes predicaré aquí en Niza, en la iglesia de Nuestra Señora, para recoger dineros para
don José Ronchail; el miércoles, en Cannes; el viernes, en Grasse; y, después, salgo para Italia.1 Bulletin Salésien, abril 1881, pág. 11.
69Dad gracias al Señor. No me hubiera imaginado que las bendiciones del cielo descenderían tan abundantes en estos días.Bendito sea Dios. Seguid rezando.Da buenas noticias a todos y créeme en J. C.Niza, 20-3-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.P. D. He podido organizar bastante la cuestión de los decuriones.
((69)) En la carta alude a un viaje a Grasse, que es cabeza de partido, más allá de Cannes, a cuarenta kilómetros de Niza. Dice el doctor
D'Espiney en su "Dom Bosco", que el Beato pasó allí unos días, que recibió muchas visitas y que curó a una obrera anciana. Presentósele
ella pidiendo la bendición y don Bosco le dijo:-Con mucho gusto, pero es menester que se ponga de rodillas.La mujer respondió que no podía. En efecto, hacía ocho años que, por causa de una fractura, se le había quedado entumecida y llagada
una rodilla.Don Bosco insistió, no obstante, en que hiciera la prueba. Ella obedeció, se arrodilló y volvió a levantarse después de recibir la
bendición sin dificultad alguna. A continuación, suplicó que completara la obra, concediéndole unos minutos de audiencia. Don Bosco
accedió.
Pasaron a la habitación contigua y, mientras la obrera estaba contándole sus achaques, he aquí que dos gatos empezaron a juguetear entre
sí y a perseguirse furiosamente, saltando por encima de los muebles.La mujer se levantó de golpe y se echó a correr tras ellos. Su agilidad
hizo sonreír a don Bosco, el cual dijo:-Me parece que no está usted tan impedida, como me quería hacer creer.-íQué raro!, contestó la mujer. Mi pierna está mejor.-Sí, le contestó don Bosco; se curará del todo, pero no tan deprisa. Es preferible para usted y para mí que María Auxiliadora no le haga
la gracia enseguida.Un día, el abate Mistre, párroco de Grasse y gran admirador de don Bosco, le presentó unas señoritas muy hacendosas que formaban,
una comisión, dedicada a trabajar por los pobres de la parroquia. Eran todas cooperadoras salesianas de la primera hora. La presidenta leFin de Página: 70
VOLUMEN XV Página: 70saludó en nombre de sus compañeras y le estaba haciendo la presentación de cada una de ellas, cuando él afablemente, le dijo:-Me gusta saludar a las socias, peno "no está también la tesorera?
70Le fue presentada la tesorera que estaba con las demás; y ella se adelantó y le entregó la ofrenda que entre todas habían reunido.El Siervo de Dios permaneció unos días en Grasse. Iba a celebrar en la capilla de las religiosas de Santo Tomás de Villanueva, ((70))
que regentaban un internado. Una mañana, la madre superiora, sor Saint-Ferreol, mujer de talento y energía, le hizo esta observación:-Padre íqué largo lleva el cabello! Tendría que cortárselo.-No tengo tiempo para pensar en ello, le contestó.-Pues mire, replicó la Madre; aquí cerca hay un peluquero que, si usted quiere, vendrá enseguida y se lo arreglará un poco.-Si ese es su gusto, acepto.Era cosa preparada del día anterior. El peluquero se presentó al instante, pero con la orden de recoger el cabello y entregárselo a la
Superiora. Ella lo conservó como reliquia, y fue después distribuyendo un mechoncito a cada una de las señoritas de la asociación,
diciéndoles:-Aquellas de vosotras que lleguen a viejas, asistirán a la canonización de don Bosco, porque es un santo.De todas ellas sólo sobrevive la presidenta 1.Hemos citado el "Dom Bosco" de D'Espiney. Es la primera verdadera biografía del Beato. El librito apareció en Niza, en 1881:
abultaba poco, pero estaba escrito con lenguaje claro y limpio, era rico en anécdotas y poseía lo necesario en un libro para hacerse
popular 2. El autor que había trabajado en él durante casi un año, había enviado el manuscrito al conde Cays para que corrigiese,
modificara, cortara o sugiriese nuevas añadiduras. El estaba persuadido de que el trabajo haría mucho bien en Francia; además,
manifestaba muy oportunamente: "De todas partes piden noticias sobre la Congregación de don Bosco y los que se interesan por ella
pueden ser futuros salesianos, Cooperadores o Cooperadoras. Explicar las cosas por carta es un trabajo demasiado largo y el opúsculo del
abate Mendre no satisface del todo 3.((71)) También vio el original don Miguel Rúa y alabó el conjunto, aunque no dejó de advertir que había inexactitudes cronológicas y1 Se llama Teresa Chauve. Comunicó estas noticias a don Luis Cartier en su carta del 20 de enero de 1934, que hemos podido ver
durante la corrección de pruebas de este volumen. Parece que la señorita Chauve cree que la visita de don Bosco fue el año 1875; pero no
es probable que les haya visitado antes del 1881.2 Doctor CHARLES D'ESPINEY, Dom Bosco, Niza, Tip. y Lib. Malvano -Mignon, 1881, pág. 180.3 Carta de D'Espiney al conde Cays, Niza, 21 de junio de 1881.
71que convenía callar ciertas cosas, dados los tiempos que corrían. Sugirió, además, que no se hablara de la Congregación como de una
corporación religiosa, sino como de una sociedad de beneficencia, compuesta de eclesiásticos y seglares 1. Sin embargo, lo que él hizo no
fue una verdadera y completa revisión, sino una ojeada rápida y fragmentaria; porque la anécdota que aparece en la página ciento treinta y
seis sobre el conde de Viancino no procede, empezando por el nombre convertido en Vianichino. Cuando Viancino leyó el libro, se quejó
a don Bosco, el cual le contestó bondadosamente:Muy querido señor Conde:El doctor D'Espiney es un buen católico, pero ha querido, por su cuenta, engrandecer a don Bosco. No se extrañe, por tanto, si
encuentra inexactitudes y hasta errores en su escrito.Fin de Página: 72
VOLUMEN XV Página: 72Con todo, el próximo mes de enero veré en Niza a este señor y no dejaré de pedirle que quite, o al menos corrija, algunas patrañas de su
libro.Celebro que haya tenido ocasión de escribirme y más si hubiera podido saludarle personalmente.Pido a Dios que les conserve, a usted y a la señora Condesa, en buena salud y en su santa gracia; y encomendándome a las oraciones de
ambos, tengo el honor de profesarme con agradecimiento y aprecio en J. C.Turín, 18 de diciembre de 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.El autor hizo las debidas correcciones en la segunda edición, que salió muy pronto.Las ediciones se multiplicaron después rápidamente en Francia; y la traducción italiana, hecha sobre la undécima edición francesa por
el salesiano toscano don Domingo Ercolini, tuvo mucho éxito. Todavía hoy es un libro muy buscado. ((72)) Desde entonces aparecieron
biografías de don Bosco en distintos idiomas y fue cosa providencial, porque se acercaba el tiempo en que ya no podía don Bosco hacer
cuestaciones a causa de su edad y la enorme cantidad de asuntos que fueron cayendo sobre él; limosneaba el libro haciendo sus veces. La
eficacia del libro se experimentó bastante durante los primeros años que siguieron a su muerte; porque mantuvo vivo el recuerdo del
Fundador e impidió que se agotase la beneficencia de muchas personas para sus obras.1 Apuntes autógrafos sobre una carta de D'Espiney al Conde, 15 de junio del año 1880.
72Por lo que a él hace, solía repetir:-Hablad como queráis de don Bosco, para mal o para bien, con tal de que vuestras palabras cooperen al bien de las almas.El Siervo de Dios decía esto porque no ignoraba dos cosas, a saber, que, al hablar de su obra, se allanaba el camino para salvar almas y
que, para hablar de sus obras, había que hablar de su persona, que tanto se identificaba con ellas. Por tanto, dejaba hacer y sólo intervenía
cuando sabía que se faltaba a la verdad. Así, cuando supo que un tal Du Boys atribuía a su familia "cierta elevada situación social" 1, nos
cuenta don Julio Barberis que enseguida corrigió:-No, no, íeran pobres!Así se expresó también en una conversación a la que tuvo la fortuna de asistir el que esto escribe, en el mes de septiembre de 1887 en
Valsálice. Un salesiano, de la entonces Polonia austríaca, citaba una biografía en alemán, no recordamos si era original o traducida, en la
que se le atribuía un origen burgués. Don Bosco respondió animosamente:-Hay que escribirle y decirle que se corrija... Hay que escribir...
Escribe.Pero el enemigo del bien no dormía. El Radical, periódico del más fanático anticlericalismo, en su número del 9 de junio, volvió a la
carga con un artículo furibundo contra las casas salesianas de Francia, incitando al Gobierno a cerrarlas de una vez y expulsar a los
Salesianos. Porque su Fundador era ((73)) un farsante, que se atribuía milagros; que el fin de sus instituciones era sugestionar a los
muchachos para hacerles emprender la carrera eclesiástica, a despecho de sus familias, y enviar después a América a los alistados en el
ejército; que sus socios eran una chusma de pobretones, que llegaban sin un céntimo de la pobre Italia a Francia para aprovecharse; que
todos juntos eran una mala ralea de frailucos, en parte curas improvisados a despecho de las leyes canónicas y, en parte, clérigos o
seglares harapientos o desertores; con una gran piedad exterior para engañar a los ingenuos y una vida privada llena de vicios; que, de
primer intento, habían recibido unos cuantos muchachos gratuitamente para pregonarlo a bombo y platillo y así recoger limosnas; que,
luego, so pretexto de mala conducta, eran despedidos para sustituirlos por otros de pago; que los alumnos eran tratados bárbaramente,
castigados a golpe de palmeta,1 ALBERT DU BOYS, Dom Bosco et la pieuse Société des Salésiens. París, Gervais, 1884. Dice precisamente: "Su padre y su madreFin de Página: 73
VOLUMEN XV Página: 73eran labradores que gozaban de cierta elevada situación social".
73reducidos al hambre, obligados a gritar: íViva el Papa! íAbajo la República!; que el Director sostenía correspondencia con el pretendiente
al trono francés; siendo inexplicable la tolerancia del Gobierno con semejantes frailucos, atormentadores de los muchachos; tanto más
inexplicable después de las informaciones y protestas de los ciudadanos. El malvado escritor que firmaba su diatriba, concluía así:"Hoy está terminado su edificio de la calle Beaujour. El personal se
compone exclusivamente de italianos, que viven a expensas de Francia y la insultan. Los lectores, estamos seguros de ello, nos
agradecerán les hayamos hecho conocer a una ralea que se esconde, que disimula su propia condición de congregantes defraudadores para
desarrollar mejor su obra depravadora. Volvemos a preguntar qué esperan las autoridades para despachar a estos frailucos, indignos de
compasión, y no dejaremos jamás de pedir su expulsión, de acuerdo con nuestro poderoso partido radical".íQué oportuna llegó, pues, la publicación del doctor D'Espiney que apenas puesta a la venta, la arrebataban de las manos! Por otra
parte, habían sido muchos en Marsella los que habían visto a don Bosco y experimentado lo que decía D'Espiney en la primera página del
libro:"Resulta imposible ver a don Bosco sin sentirse atraído hacia él y quererle".
74
((74))CAPITULO IIIEL CONDE COLLEEL conde Colle, insigne cooperador salesiano, merece párrafo aparte; el conjunto de sus relaciones con don Bosco constituye un capítulo
interesante de la vida del siervo de Dios. Don Bosco, después de una visita que el matrimonio Colle le hiciera en Turín, le escribía el 5 de
julio de 1882:"En Turín y en nuestros colegios de Lanzo, San Benigno y Valsálice, se ha hablado y se habla mucho de V. S. y de la señora Colle.
Todos han quedado edificados de la afabilidad y del espíritu de piedad de ambos. Nos han hecho mucho bien espiritual y material. Todos
me aseguran que rezan mucho por tan ilustres bienhechores".Si bien la serie de beneficios de los señores Colle estuviesen apenas comenzando en favor de la Obra Salesiana, el nombre del conde
Colle ya gozaba en las casas salesianas de una simpatía, que fue aumentando de año en año, como nosotros mismos pudimos comprobar.
Para la historia que estamos escribiendo, la realidad más palpable es que Luis Antonio Fleury 1 Colle y su noble consorte María Sofía,
baronesa de Buchet, apreciaron verdaderamente a don Bosco y a todas sus obras, ya se desenvolviesen en Francia, en Italia o en América,
y demostraron con los hechos estar animados ((75)) por la caridad que nunca dice basta, siempre que se trató de ayudar al Beato,
confortándolo en sus angustias de los años extremos.La Providencia dispuso que los Colle se entrevistasen con don Bosco en vísperas de un grave luto familiar. En febrero de 1881,
mientras el Beato se encontraba en Marsella, llegó de Tolón el párroco de Santa María a suplicarle que se dignase ir a aquella ciudad para
bendecir al hijo único de los señores Colle, reducido a los últimos extremos, a la temprana edad de diecisiete años. El buen sacerdote
describió la desolación de los padres, cuyas virtudes exaltaba, añadiendo1 En escritos italianos y en algún epígrafe en latín, sin atender a la grafía antigua, se ha tomado Fleury por el nombre del Conde,
traduciéndolo por Florido o Floritus; pero éste era su apellido. Su nombre de bautismo era Luis, al que asociaba el de Antonio, lo mismo
que su hijo.
75que tenía gran esperanza de que el enfermo sanase, después de recibida la bendición de don Bosco.El Beato contestó que no podía ir a Tolón, pero que rezaría por el enfermo, y a pesar de todas las instancias que se le hicieron, no se
consiguió que accediese a la demanda. Una semana después, el párroco volvió a comparecer ante don Bosco, resuelto a no moverse de
allí hasta que su súplica fuese atendida. Don Bosco no persistió en su negativa, pero no ocultó que le contrariaba ir a Tolón para sanar a
un enfermo; añadiendo que iría a dicha dad para dar una conferencia a los Cooperadores. Y así quedaron en que, para el 1.° de marzo,
cumpliría lo prometido.Fin de Página: 76
VOLUMEN XV Página: 76Al llegar a Tolón, el Beato fue a casa del enfermo, que lo esperaba con los brazos abiertos, pero sin dar señal alguna de impaciencia. Lo
encontró consumido por la tuberculosis. Cuando estuvieron solos, don Bosco quedó admirado de la sencillez y del candor de aquella
alma: le pareció un San Luis de nombre y de hecho. Viéndole maduro para el Paraíso, lo dispuso a que hiciese voluntariamente el
sacrificio de su vida al Señor; y entonces comprobó cómo se mostraba dócil a los movimientos de la gracia, aceptando rápidamente los
pensamientos que le eran sugeridos, abandonándose por completo en los brazos de Dios. A pesar de ello, no le disuadió de que no rezase
por su curación, al menos en consideración a la situación angustiosa de los padres; sólo le exhortó a que pusiese la condición de si era
ventajoso para el bien de su alma.((76)) Dios lo llamó a sí el 3 de abril siguiente. Después de recibir los últimos Sacramentos, dijo a los suyos:-Me voy al Paraíso; me lo ha dicho don Bosco.El recuerdo de este joven quedó grabado indeleblemente en el corazón del Beato, que concibió la idea de escribir su biografía, y así lo
hizo en efecto con la mayor solicitud 1.1 Tres son nuestras fuentes: la misma biografía, su correspondencia epistolar y algunas notas biográficas de la condesa Colle. De la
biografía hablaremos enseguida. La correspondencia comprende ochenta y dos cartas, setenta y cinco de las cuales son de don Bosco, una
de don Julio Barberis, tres del reverendo De Barruel y tres de don Miguel Rúa. Todas están en francés, menos una de don Bosco y la de
don Julio Barberis. El francés de don Bosco es sencillo y un poco a la buena, tal y como le salía, cálamo currente, como se ve por la
escritura. Las cartas abarcan un período de casi seis años y medio, desde el 4 de mayo de 1881 al 17 de octubre de 1887. Las notas de la
señora contienen apuntes de las conversaciones habidas con don Bosco sobre las apariciones de Luis. Cuando ella murió, se encontraron
en el legajo de su correspondencia y apuntes, dos notitas, una del 3 de junio de 1886 y otra del 7 de abril de 1889, en las que rogaba
encarecidamente a sus herederos que remitieran todo aquello a los Salesianos, en la persona de don Pedro Perrot o de cualquier otro
salesiano.De las cuarenta y seis cartas y las notas hacía ya muchos años, que se tenía copia; pero los
76Quien lea esta obrita y repare en el lenguaje y el estilo, está tentado de pensar que no es de don Bosco. La verdad es que don Bosco
hizo un borrador de su puño y letra, pero, después, se lo entregó al padre salesiano De Barruel, con el encargo de perfeccionar la forma 1.En efecto, en una carta del 4 de octubre de 1881 dice al señor Colle que, para no aumentar el trabajo, cree mejor escribir directamente
en francés, sin preocuparse de hacerlo revisar a un amigo suyo que era precisamente el salesiano citado anteriormente.En cuanto al contenido, asegura él en el prólogo que los informes se los ha proporcionado quien convivió con el finado, ((77)) o pudo
tratar con él y conocer su piedad, su caridad y su fervor. De esta su diligencia para adquirir datos fidedignos tenemos constancia en tres
cartas dirigidas a su padre 2. En la primera, le agradece las noticias recibidas y le ruega que tenga paciencia y las complete, recogiendo:
1.° frases, conversaciones y pensamientos tenidos con sus padres, al dar limosna a los pobres o al cumplir lo que se le mandaba; 2.°
hechos edificantes de mortificación o de paciencia, en sus relaciones con los padres, los amigos y los pobres; 3.° circunstancias especiales
de la visita al Padre Santo en abril de 1878, palabras de uno y de otro y sobre todo alguna frase del Papa; 4.° lo mismo en las visitas a
santuarios e iglesias o en la asistencia a solemnidades religiosas. "Cada palabra, escribe don Bosco, cada acto de virtud aparecerá en el
lugar correspondiente. Tenga, pues, la bondad de ayudarme en la recopilación de estas noticias y yo las iré colocando en su debido sitio".Las nuevas informaciones llegaron. "Cada cosa, repetía don Bosco agradeciéndoselo, por pequeña que sea, sirve para dar importancia a
nuestra obra, que va siempre adelante y que puede decirse está ya hecha en sus dos terceras partes. Espero llevarla conmigo el próximo
enero, cuando vaya a visitarle". Finalmente, cuando le comunicó queautógrafos, que sumaban ochenta y dos, sólo han llegado a nuestras manos en 1931 por medio del Inspector francés, don Hipólito Faure.1 Don Bosco manejaba el francés sólo para hacerse entender, pero lo hablaba y escribía con mucha desenvoltura, pasando por alto
fácilmente el diccionario y la gramática. Por esto, se hizo célebre una anécdota. El abate Mendre, vicepárroco primero, y párroco después
de San José de Marsella, que quería a don Bosco con ternura de hijo, se sentaba un día al lado de nuestro padre, durante una velada en el
oratorio de San León. Los músicos cometían, de tanto en tanto, algún error. Y el abate, bastante entendido en música, hacía una mueca de
desagrado. Después de varias muestras de desaprobación, díjole don Bosco al oído con su pronunciación peculiar y su estilo: Moussieur
Mendre, la mousique de les enfants elle s'écoute avec le coeur et non avec les oreilles (Señor Mendre, la música de los niños se oye con el
corazón y no con las orejas). El abate Mendre repitió después infinidad de veces la sabia sentencia, remedando simpáticamente el tono,Fin de Página: 77
VOLUMEN XV Página: 77con que había sido dicha.2 San Benigno Canavese, 4 de octubre, Turín, 28 de noviembre y 30 de diciembre de 1881.
77la biografía estaba terminada, añadía: "No me queda más que releerla y sacar una copia, que llevaré en mi próximo viaje a Tolón. Es
imprescindible que la leamos juntos". Ya en la primera carta le había dicho: "Antes de llevarla a la imprenta, V. S. la verá y hará sus
observaciones y modificaciones" 1.íQué sentido histórico en esta manera de proceder! Pero hay en su segundo capítulo una larga digresión de psicología ((78))
pedagógica, que para algunos parece tener el aspecto de que ha sido compuesta por otro y puesta allí para dar más amplitud a la obra y
aumentar su prestigio. Son cerca de ocho páginas 2 sobre la educación de los niños en el seno de la familia, que debería tener por
fundamento la formación de la voluntad, mientras, por el contrario, se descuida ésta, para educar precozmente la inteligencia, y resulta
casi imposible educar la voluntad, por las demasiadas caricias y halagos, que fomentan la sensualidad y el amor propio. Es cierto que,
aquí como en otros pasajes, la forma no es la de don Bosco; pero la sustancia es suya. Naturalmente el escribiente no pudo desentenderse
de sí mismo, al extremo de no introducir elementos subjetivos; su formación intelectual, con cierta preferencia por los estudios filosóficos
ha dejado en esta parte una huella más notoria. Pero "quién no ve reflejadas aquí las ideas formuladas poco antes por don Bosco en sus
normas sobre el sistema preventivo? Aquí también debió desarrollar el borrador, que el otro refundió, y, después, leído como cosa
concluida, lo dio por bueno.Pero tenemos algo mejor: nos parece que el germen de la breve composición ya está resumido en su única carta en italiano, escrita
cuando la biografía era sólo un pensamiento de su mente 3.Don Bosco, escribiendo a la señora Colle sobre su hijo 4, había dicho que no quería confiar al papel algunas cosas. Esta reticencia
había despertado una zozobra en el corazón de la madre; por lo que don Bosco se lo explicó a su marido en lengua italiana, quizá porque1 El libro apareció el 1882: "Biographie du jeune Louis Fleury Antoine Colle" (Biografía del joven Luis Fleury Antonio Colle) por el
sacerdote JUAN BOSCO. Fue impreso en la tipografía del Oratorio y lleva esta dedicatoria: A MONSIEUR ET A MADAME COLLE
HOMMAGE RESPECTUEUX (Al señor y a la señora Colle, en homenaje respetuoso).2 Desde la pág. 23 a la 31.3 El señor Colle había puesto un maestro de italiano a su hijo; pero no debió adquirir más que una noción superficial. De no ser así, don
Bosco y don Misuel Rúa no le hubieran escrito en francés. Don Julio Barberis (San Benisno Canavese, 6 de septiembre de 1882 le escribe
en italiano, excusándose de que no conoce bastante el francés, y, por otra parte, el Conde conoce esta lengua. Pero el conocerla no
excluye la dificultad de entenderla.4 Roma, 4 de mayo de 1881.
78la señora no la entendía, y así recibiría la comunicación a través de su marido, quien, al traducirla, la expresaría mas mitigada.((79)) Muy apreciado señor Abogado Colle:Veo que su Señora está algo preocupada por aquello que yo no quería al papel. Por este motivo, le diré aquí en pocas palabras la
cuestión. El corazón de los padres estaba demasiado encariñado con su único hijo. Eran excesivas las caricias y los mimos, pero él se
conservaba siempre bueno. De haber vivido, quizá hubiera encontrado grandes peligros, de los cuales se hubiera dejado arrastrar después
de la muerte de sus padres. Por esto, Dios lo quiso librar de los peligros y llevárselo consigo al cielo, desde donde, cuanto antes, será el
protector de sus padres y de los que han rezado por él o todavía rezan.Por mi parte, he rezado y hago rezar todavía en sufragio del alma del querido Luis en todas nuestras casas.Ya que están en Niza, creo que podrían hacer un ameno paseo hasta Turín. Les espero con gran ilusión. Y María Auxiliadora no dejará
de darles a los dos algún consuelo.Que Dios le bendiga, mi querido señor Abogado. Que Dios bendiga a usted y a su querida esposa y los conserve en buena salud.Fin de Página: 79
VOLUMEN XV Página: 79Rueguen también por mí, que siempre seré en J. C.Turín, 22 de mayo de 1881.Su atto. y s. s.
JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Cuando lleguen a Turín, diríjanse directamente al Hotel de la Aduana Vieja, donde serán bien atendidos. Después, todos sabrán
conducirles hasta nuestra casa.
Ciertamente que una visita a Turín para ver a Don Bosco y rezar ante la imagen de María Auxiliadora, era lo que mas podía satisfacer a
aquellos afligidos esposos, deseosos de mitigar el gran dolor que embargaba sus almas; accedieron, pues, a la invitación. De su llegada
hay constancia en la carta escrita por don Bosco a la Condesa con fecha 3 de julio: "Mi manera de proceder habrá inducido sin duda a V.S. a creer que yo haya olvidado su visita, atenciones y caritativas liberalidades. Pero, le ruego sepa excusar mi situación. He estado como
asediado por los asuntos, que han agotado todo el tiempo de que dispongo. Pero, a pesar de mi tardanza en escribir, he tenido todas las
mañanas un particular recuerdo por V. S., por el señor Colle y por el que les dejó para ir al Paraíso".
((80)) Ahora bien: esto era lo que deseaba saber la madre, la suerte de su Luis en la eternidad. Y preguntó con insistencia a Don Bosco,
el cual le escribió y le habló repetidas veces sobre el asunto.
79Aquí entramos en un mundo de fenómenos, que sobrepasan lo natural y que vamos a exponer de acuerdo con los documentos
aparecidos.El Beato por primera vez manifestó algo a la señora en una carta fechada el 4 de mayo de 1881: "Esté tranquila, nuestro querido Luis
está ciertamente en el Paraíso y le pide dos cosas: que se prepare seriamente para ir con él, cuando Dios lo disponga y que rece mucho por
él; que él, en cambio, le alcanzaría gracias especiales".No juzgó oportuno decir más por escrito; pero le manifestó más tarde de viva voz lo que entonces no había dejado saltar de la pluma.El 3 de abril, mientras estaba confesando, le vino, como el decía, una distracción: vio a Luis en un jardín, donde se divertía con algunos
compañeros; parecía completamente feliz.La visión duró un instante. Luis no le dijo nada, pero sólo el verle infundió en el corazón de don Bosco la persuasión de que se
encontraba en el Paraíso. Con todo, continuó rezando por él, pidiendo a Dios que le diese a conocer algo más, esperando de su infinita
misericordia este favor, pues deseaba ardientemente en el límite de lo posible consolar a un padre y a una madre sumergidos en la
desolación por la pérdida del único hijo.Dios le escuchó mucho más de lo que podría haber imaginado.El 27 de mayo, festividad de la Ascensión, el Beato celebraba la misa en la iglesia de María Auxiliadora, ofreciendo el Santo Sacrificio
según la intención de los padres de Luis, que asistían a él, cuando en el momento de la consagración vio al joven en un mar de luz, de
bellísimo aspecto, muy alegre, grueso y rubicundo, con vestidos rosados y sobre el pecho algunos bordados de oro. Don Bosco le
preguntó:-"Para qué vienes ahora, querido Luis?-No es necesario que vaya a parte alguna, respondió. En el estado en que me encuentro no necesito caminar.((81)) -"Eres feliz, querido Luis?-Gozo de la más perfecta felicidad.-"No te falta nada?Fin de Página: 80
VOLUMEN XV Página: 80-Sólo me falta la compañía de mis padres.-"Por qué no haces de manera que ellos te vean?-Porque sería para ellos motivo de grave pena.Y dicho esto, desapareció.Pero durante las últimas oraciones se hizo ver nuevamente y después en la sacristía, esta vez acompañado de algunos jóvenes delOratorio, fallecidos durante la ausencia de don Bosco, que se sintió consolado ante esta aparición.
80-Luis, le preguntó don Bosco, "qué debo decir a tus padres para mitigar su aflicción?-Que se hagan preceder de la luz y que consigan amigos para el cielo.Todo esto lo contó don Bosco a los señores Colle durante la permanencia de ambos en Turín. Pasado poco menos de un mes, tuvo otra
visión, por él descrita en la citada carta a la madre, de fecha 3 de julio. Don Bosco había continuado pidiendo al Señor que le diese a
conocer algo más preciso. Desde mayo a julio tuvo una sola vez el consuelo de ver al joven y de oír su voz."El 21 de junio pasado, escribe don Bosco, durante la misa, poco antes de la consagración, lo vi con su rostro sonrosado y de una
belleza y una tez resplandecientes como el sol. Inmediatamente le pregunté si tenía algo que decirnos y me respondió simplemente:-San Luis me ha protegido y me ha colmado de beneficios.Entonces yo repliqué:-"Hay algo que hacer?Y repitiendo la misma respuesta, desapareció.Desde entonces hasta ahora no he visto ni oído nada más. Si Dios, en su infinita misericordia, se dignase manifestarme algo más, yo se
lo comunicaría inmediatamente".Casi un par de meses después, he aquí una nueva aparición. Se la narra don Bosco a la señora Condesa, el 30 de agosto, en los
siguientes términos:((82)) "Durante la octava de la Asunción de la Santísima Virgen y más aún el 25 de este mes, he rezado y he hecho rezar por nuestro
querido Luis. Precisamente el 25, en el momento de la consagración de la Hostia, tuve el gran consuelo de verlo vestido de la manera más
esplendorosa. Estaba como en un jardín, por el que paseaba con algunos compañeros. Todos juntos cantaban: Jesu corona virginum, pero
con voces tan acordes y con tal armonía que no es posible expresarlo ni describirlo. En medio de ellos se levantaba un alto pabellón o
tienda. Yo deseaba ver aquello y escuchar aquella armonía, pero, al instante, una luz vivísima como un relámpago me obligó a cerrar los
ojos.Después me encontré en el altar diciendo misa. El rostro de Luis era bellísimo; parecía muy contento o mejor plenamente contento.
Durante la misa quise rezar por usted, para que el Señor nos conceda la gracia singular de encontrarnos un día todos juntos en el Paraíso".Esta carta fue escrita en San Benigno, donde volvió a ver a Luis como contó más tarde en Tolón.
81Un día, estando en su habitación preparándose para predicar, le pareció tener a alguien a su lado. Se volvió hacia aquella parte y, al
hacerlo, la persona que fuese se pasó al otro lado. Fue cosa de un instante. Mientras, se preguntaba qué pudiese ser aquello.-"No me conoces?, oyó decir.-íOh, Luis!, exclamó al Beato. "Cómo es que te encuentras en San Benigno?-Para mí es tan fácil estar en San Benigno, como en la Farlède 1, en Turín o dondequiera.Fin de Página: 82
VOLUMEN XV Página: 82-"Por qué no te dejas ver de tus padres que tanto te aman?-Sí, sé que me aman, pero, para que me puedan ver, hace falta el consentimiento de Dios. Si yo les hablase a ellos, mis palabras no
conseguirían el mismo resultado. Es necesario que éstas pasen por usted.((83)) El tema de las apariciones vuelve a ser otras dos veces objeto de las cartas de don Bosco durante el año 1882. El 30 de junio
escribe a la señora Colle:"Tengo la satisfacción de comunicarle que he tenido el consuelo de ver a nuestro siempre querido y amable Luis. Hay muchos detalles
que espero poderle comunicar personalmente. Una vez lo vi jugando en un jardín con algunos compañeros, iba ricamente vestido, de una
manera que no sabría describir. Otra vez lo vi en otro jardín, donde cortaba flores que llevaba a un rico salón, colocándolas sobre unamesa. Le pregunté:-"Para quién son esas flores?-Me han encargado recogerlas, me respondió, y con ellas haré una corona para mi madre y para mi padre, que han trabajado mucho pormi felicidad.Le escribiré más cosas en otro momento".El 4 de diciembre escribía a la misma señora:He visto varias veces a nuestro amado Luis, a nuestro queridísimo amigo, siempre glorioso, rodeado de luz, vestido de una maneraesplendorosa que era para verlo más que para describirlo."Espero hacerle una visita en Tolón en el mes de febrero próximo y poder pasar unos días en compañía de usted y del señor Conde, su
amadísimo esposo y gran bienhechor de las obras salesianas".Don Bosco hizo a los señores Colle la visita anunciada, pero en el mes de marzo, en cuya ocasión explicó mejor lo relacionado con
Luis. Habló entonces de una aparición que tuvo en Roma el 30 de abril del año anterior, 1882.1 Finca de los Colle, en el campo.
82Era la festividad del Patrocinio de San José, tercera domínica después de Pascua. Estando en la sacristía de la capilla existente junto a la
iglesia en construcción del Sagrado Corazón, vio a Luis sacando agua de un pozo.-"Para quién sacas tanta agua?, le preguntó.-Para mí y para mis padres.-"Y por qué en tanta cantidad?-"No comprende? "No ve que se trata del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo? Cuanto más tesoros de gracia y de
misericordia salen de El, tanto más queda.((84)) -"Y cómo es que te encuentras aquí?-He venido a hacerle una visita y a decirle que soy feliz.En aquella ocasión permaneció en Tolón del 5 al 14 de marzo y contó otras muchas cosas, que no todas fueron escritas. Entre otros
detalles, afirmó que Luis, en sus diversas apariciones, se le presentaba siempre vestido distintamente y que interrogado por él sobre la
causa de esta variedad, le contestó:-Esto es solamente para satisfacción de su vista.Conservaba siempre en el rostro los mismos rasgos que cuando vivía, pero sus mejillas estaban llenas y su expresión alegre; de su
persona salían ciertos reflejos dorados y sus vestidos eran del color del lirio y de la rosa y aun más espléndidos; su mirada era radiante yFin de Página: 83
VOLUMEN XV Página: 83de una luminosidad que iba en aumento por momentos hasta deslumbrar al que se fijaba en ella. Refiriéndose a las apariciones durante la
misa, dijo que duraban apenas un minuto o minuto y medio y que, si se hubiesen prolongado un poquito más, habría caído al suelo, al no
poder soportar aquel contacto con el mundo sobrenatural.En cuanto al valor de las apariciones, la Condesa, que estaba dotada de una esclarecida inteligencia, preguntó a Don Bosco sobre el
particular, el cual, como ella escribe, se expresó en estos términos:
"Reflexionando sobre estas apariciones y estudiando el carácter de las mismas, estoy convencido de que no se trata de un engaño o
ilusión, sino de una auténtica realidad. Todo cuanto contemplo es claro y conforme con el espíritu de Dios. Luis está gozando, sin duda
alguna, de las delicias del Paraíso. Respecto a la frecuencia de tales visiones, ignoro cuál sea el fin secreto que se propone la Providencia;
creo que se me aparece para instruirme, enseñándome muchas cosas de ciencia y de teología para mí antes completamente desconocidas".Volvamos a los hechos narrados por el Beato en aquella circunstancia.Un día Luis le presentó una rosa, diciéndole:
83-"Quiere saber qué diferencia hay entre lo natural y lo sobrenatural? Mire esta rosa... Obsérvela ahora.Inmediatamente la rosa se tornó tan esplendorosa que adquirió el brillo del diamante herido por los rayos del sol.-Ahora, mire este monte, volvió a decirle.Y he aquí que un monte, al principio de piedra y con grandes ((85)) concavidades llenas de fango, de horrible aspecto, trocóse en una
maravillosa montaña apareciendo en lugar de los socavones llenos de fango, multitud de piedras preciosas.En esta ocasión, estando don Bosco en Hyères y habiendo sido invitado a un banquete, se vio no en la mesa, sino en una especie de
amplia galería, en la que Luis, saliéndole al encuentro, le dijo:-íMire qué banquete tan lujoso y qué manjares tan exquisitos! íEs demasiado! Y, entretanto, hay tanta gente muriendo de hambre. íSon
gastos excesivos! Hay que combatir este lamentable derroche en el comer.Entretanto, los convidados dirigían la palabra a don Bosco y creyendo que estuviese distraído le decían:-íDon Bosco, don Bosco!Una vez, entre don Bosco y Luis, se entabló este interesante diálogo:-Mi querido Luis, "eres feliz?-Felicísimo.-"Estás muerto o vivo?-Estoy vivo.-Y, sin embargo, has muerto.-Mi cuerpo fue sepultado, pero yo estoy vivo.-Pero "no es tu cuerpo lo que veo?-No es mi cuerpo, no.-"Es tu espíritu?-No es mi espíritu.-"Es tu alma?-No es mi alma.-"Qué es, pues, lo que veo?-Es mi sombra.-Pero "una sombra cómo puede hablar?-Porque Dios lo permite.-"Y tu alma, dónde está?-Mi alma está junto a Dios, está en Dios y usted no la puede ver.-"Y tú cómo nos puedes ver a nosotros?
84-En Dios se ven todas las cosas; el pasado, el presente, el futuro, como en un espejo.Fin de Página: 85
VOLUMEN XV Página: 85-"Qué haces en el cielo?((86)) -En el cielo repito siempre: íGloria a Dios! íSean dadas gracias a Dios! Gracias a Aquel que nos ha creado; a Aquel que es dueño
de la vida y de la muerte. íGracias! íAlabanzas! íAleluya! íAleluya!"Y tus padres? "Qué me dices para ellos?-Que pido por ellos continuamente y así les correspondo. Los espero aquí en el Paraíso.En una nueva aparición, don Bosco le preguntó nuevamente sobre el asunto de la sombra.-Me has dicho que yo veo solamente tu sombra, porque tu alma está en Dios. "Cómo puede tener una sombra apariencia de cuerpovivo?-Pronto lo verás; presto lo podrás comprobar, respondió.Don Bosco estuvo esperando esta prueba. Algún tiempo después, como él contó, se le apareció una noche el difunto párroco deCastelnuovo, paseando bajo los pórticos del Oratorio. Parecía muy saludable y contento.-íOh, señor párroco!, exclamó don Bosco. "Usted aquí? "Cómo está?-Soy feliz, felicísimo. Pasee conmigo.-"No desea nada?-En el cielo tiene uno todo cuanto desea. Pero pasee: vamos a hablar.-"Me reconoce bien?-íOh, maravillosamente!-Míreme atentamente. "No ve que estoy en plena juventud y lleno de la más perfecta alegría?-Sí, señor párroco, es usted, no lo puedo poner en duda.Después de haber paseado un rato, como solían hacer en otro tiempo, el aparecido le dijo:-"Qué, ha aprendido la lección?Y al decir esto desapareció.Entonces don Bosco comprendió que Luis se las había entendido con aquel sacerdote. Y, después de contar esto, dijo a los señoresColle:-Semejantes favores son tan extraordinarios, que aterran por la responsabilidad que recae sobre quien tiene la obligación de
corresponder a tantas gracias.Durante el viaje del Beato por Francia, en 1883, las apariciones se multiplicaron.((87)) La domínica de Laetare, 4 de marzo, desde las cuatro a las seis de la tarde, en el trayecto de Cannes a Tolón, Luis le hizo
compañía en el tren desde la primera a la última estación. Le hablaba en latín, alabando las grandezas de las obras de Dios. Entre otras
cosas le llamó la atención sobre las nebulosas y le dio lecciones de astronomía, para él completamente nuevas.-Si hubiese que ir, le dijo, en tren de la tierra al sol, se emplearían no menos de trescientos cincuenta años. Y para llegar a la parte
opuesta de este astro, habría que recorrer una distancia igual; empleándose en todo setecientos años. Ahora bien, cada nebulosa es
cincuenta millones de veces mayor que el sol y su luz para llegar a la tierra tarda diez millones de años. La luz del sol recorre trescientos
cincuenta mil kilómetros por segundo...Fin de Página: 86
VOLUMEN XV Página: 86Al llegar aquí, viendo que continuaba con semejantes cálculos astronómicos:
-íBasta, basta!, le dijo el Beato. Mi mente no te puede seguir. Me canso tanto que no puedo resistir.
-Y con todo, éste es solamente el principio de la grandeza de las obras de Dios.
-"Cómo es que estás en el cielo y aquí?
-Más veloz que la luz y con la rapidez del pensamiento puedo llegar aquí, a casa de mis padres y a cualquier otro lugar.
Algunos días después en Hyères, durante la misa, he aquí que se le aparece nuevamente Luis.
-"Qué hay de nuevo, Luis?, le preguntó don Bosco.
Luis le señaló una región de América del Sur, donde era necesario enviar Misioneros y le mostró en la Cordillera los manantiales delChubut.
-Ahora, le dijo don Bosco, déjame decir misa. De otra manera las distracciones no me dejarán proseguir.
-Es necesario, continuó Luis, que los niños comulguen con frecuencia. Debe admitirlos muy pronto a la santa comunión. Dios quiereque se alimenten de la Sagrada Eucaristía.
-Pero "cómo se les va a dar la comunión cuando son tan pequeños?
-Cuando tienen cuatro o cinco años se les debe enseñar la Hostia ((88)) Santa y a que recen con la vista fija en Ella; esto será unaespecie de comunión. Los niños deben estar convencidos de tres cosas: de que han de amar a Dios, de que han de comulgar
frecuentemente y de que han de profesar una sincera devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Pero esta última encierra las otras dos
primeras.
86En una visión precedente, Luis le había señalado un pozo en medio del mar, diciendo:
-Mire aquel pozo. Las aguas del mar penetran en él continuamente y el mar no disminuye nunca. Lo mismo sucede con las gracias
contenidas en el Sagrado Corazón de Jesús. Es fácil recibirlas: basta pedírselas.
En abril del mismo año, celebraba la misa en París, en la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias. Luis se le apareció, mientras el
siervo de Dios distribuía la Comunión. Lo vio, como siempre, circundado de gloria y llevando al pecho un collar de diversos colores,
blanco, negro, rojo; pero además de estos tres había otros innumerables que no se podrían describir. La impresión experimentada por don
Bosco le detuvo la mano, impidiéndole continuar distribuyendo las formas. Los coadjutores de la iglesia creyendo que fuese cansancio,comenzaron a dar ellos la Comunión.
El Beato dijo a Luis:
-"Cómo es que estás aquí? "Por qué has venido, mientras doy la Comunión? "Ves cómo he quedado perplejo?
-Esta es, respondió, la casa de las gracias y de las bendiciones.
-Pero "dónde están los demás? No veo a nadie. "Qué debo hacer?
-Distribuya la Santa Comunión.
-"Dónde están los que estaban al pie del altar?
-Distribuya la Sagrada Comunión. He ahí a los que quería ver.
Luis entonces desapareció y don Bosco se encontró en el altar terminando la misa.
En París se le apareció por segunda vez, de allí a pocos días, en la iglesia de Santa Clotilde. Habiendo ido don Bosco a celebrar en ella,intentaba inútilmente librarse de la multitud para la acción de gracias.
En la sacristía le asediaban por todas partes.Fin de Página: 87
VOLUMEN XV Página: 87-Dejadme un momento, decía, dejadme que rece al menos un padrenuestro.Pero nadie le hacía caso. Al ver esto, el párroco lo llevó a un cuartito contiguo.Apenas hubo entrado en él, ((89)) aquél se iluminó de luz celestial y vio a Luis ir de una a otra parte sin hacer ruido.-íOh, Luis!, exclamó don Bosco. "Por qué paseas de esa manera sin decirme nada?-No es tiempo de hablar, sino de rezar.-íOh!, háblame; dime algo, como lo has hecho siempre.-Tengo algo importante que comunicarle, pero no ha llegado el tiempo de hacerlo todavía.87-Pues es necesario que me hables. Tengo que ver a tus padres, "y qué consuelos les puedo proporcionar?-Consuelos los tendrán. Que continúen rezando, sirviendo a Dios y a la Virgen María. Yo estoy preparando la felicidad de ambos.-íRezar! Ya no hay necesidad de hacerlo por ti. Sabemos que eres feliz. "Por qué quieres que tus padres continúen hasta cansarsehaciendo oración?-Con la oración damos gloria a Dios.-"Por qué no haces una visita a tus padres que tanto te aman?-"Por qué quiere saber lo que Dios se ha reservado para sí?Dicho esto desapareció.Don Bosco hizo resaltar que Luis permaneció todo el tiempo con la cabeza descubierta.En el año de 1883, en la noche del 30 de agosto, don Bosco tuvo un gran sueño que reseñaremos a su tiempo. Le pareció encontrarse en
una espaciosa sala entre numerosos amigos que habían pasado ya a la eternidad. Uno de ellos como de unos quince años, de celestial
belleza y mas resplandeciente que el sol, se le acercó: era Luis. En un viaje rapidísimo le hizo ver al Beato la herencia espiritual reservada
a los Salesianos de América; los sudores y la sangre con que fecundarían aquellas tierras y la prosperidad material de las mismas.El 15 de octubre pidió a Lemoyne una copia de este sueño para enviarla a Tolón. "Ten la bondad, le decía, de ultimar el sueño de
América y envíamelo inmediatamente. El Conde Colle esta deseoso de leerlo, pero ((90)) lo quiere traducido al francés, lo que procuraré
hacer inmediatamente".Escribiendo después al Conde el 11 de febrero de 1884, le decía: "El viaje realizado por mí con nuestro querido Luis se explica cada
vez más. En estos momentos parece que se haya convertido en el centro de todos los asuntos. Se habla, se escribe, se publica mucho para
explicar y poner en practica nuestros proyectos. Si el Señor nos concede la gracia de una entrevista, tendremos muchas cosas que
contarnos".Es interesante lo que, en 1884, le sucedió al Beato en Orte. Regresando de Roma el 14 de mayo, hubo de parar en aquella estación unas
cuatro horas.Era de noche; en la sala de espera intentó dormir en un sillón, pero no lo conseguía. Y he aquí que vio ante sí a Luis mientras
desaparecían de su vista todos los demás objetos. Don Bosco se levantó y fue a su encuentro diciéndole:-"Eres tú, Luis?
88-"No me conoce? "No se acuerda ya del viaje que hemos hecho juntos?-íOh, sí, me acuerdo muy bien! "Pero cómo se podrán realizar todas aquellas cosas? Yo estoy cansado y mi salud va de mal en peor.Fin de Página: 89
VOLUMEN XV Página: 89-"Su salud va mal? No es cierto... Mañana me dará la respuesta.
La visión desapareció a la hora de la partida.
El día siguiente era el primero de la novena a María Auxiliadora.
Don Bosco, que desde su regreso de Francia había ido siempre de mal en peor, experimentó improvisadamente una sensible mejoría,que de día en día se fue acentuando.
Cuando salió de la estación de Orte, eran las dos de la madrugada.
Don Juan B.ta Lemoyne, que acompañaba a don Bosco, quedó impresionado al ver, en su manera de proceder, algo fuera de loordinario. En efecto, habiéndose encontrado con el jefe de tren que le invitaba a subir al coche, le dijo:
-"Sabe quién soy yo?
-No lo sé, replicó aquél.
-Soy don Bosco.
((91)) -"Y qué?
-Soy don Bosco, de Turín.
El diálogo quedó interrumpido, porque el tren se puso en marcha.
En estas palabras y en la manera de proferirlas se adivinaba algo singular, que Lemoyne no había advertido jamás en él; por lo quebuscando una explicación e ignorando lo sucedido, llegó a hacer mil suposiciones, no comprobadas por él ni por nadie. El hecho de esta
aparición fue narrado por el siervo de Dios a los esposos Colle el 1.° de junio de 1885 en Turín.
Un segundo sueño, que tuvo el 1 de febrero de 1885, hizo ver a don Bosco el porvenir de sus Misiones.
El 10 de agosto escribía el Beato al Conde:
Nuestro amigo Luis me condujo a dar un paseo por Centro América, tierra de Cam, la llamaba él, y por las tierras de Arfaxad o de la
China. Si Dios nos concede que nos veamos, hablaremos largamente.
Esto nos aclara quién fuese el personaje que en cierto momento se le puso al lado, cuando desde América se encontró de pronto
trasladado a Africa, de cuyo personaje había dicho al narrar el sueño: "Yo reconocí en él a mi intérprete".
Del mismo sueño encontramos también una alusión en otra carta89
fechada el 15 de enero de 1886: "Recibirán noticias, dice el Beato, del paseo realizado por la China con nuestro Luis. Cuando Dios nos
conceda la gracia de encontrarnos juntos, tendremos muchas cosas que decirnos". De cuanto precede se deduce que, en junio de 1885, no
había dicho aún nada a los Condes Colle.La última aparición de la cual hayamos tenido noticias tuvo lugar en la noche del 10 de marzo de 1885.
Don Bosco insistía a Luis para que le dijese alguna palabra y éste le respondió:
-En la sacristía de la catedral de Tolón usted rezó para que yo sanase.
-Sí, pedí por tu curación.
-Pues bien, fue mejor que no sanase.
-"Cómo es posible? Habrías hecho muchas obras buenas, habrías proporcionado muchos consuelos a tus padres, te habrías dedicadoFin de Página: 90
VOLUMEN XV Página: 90enteramente a glorificar a Dios...((92)) -"Está seguro de ello? Usted mismo ha pronunciado una sentencia amarga para mí, amarga para mis padres; pero fue por mi bien.
Cuando usted pedía por mi salud, la Santísima Virgen decía a Nuestro. Señor Jesucristo: Ahora es mi hijo; me lo quiero llevar ahora que
es mío.-"Cuándo nos debemos preparar para ir al cielo?-Se acerca el momento en el que le daré la explicación que desea.Don Bosco contó a los Condes todo esto en la galería junto a su habitación el 1.° de junio de 1885, vigilia aquel año de la festividad de
María Auxiliadora. Terminado su relato, observó:-Indecible era la belleza de los ornamentos que cubrían la persona de nuestro querido Luis. Solamente la corona que le ceñía la frente,
habría requerido no días o meses, sino años para examinarla detenidamente, tal variedad de adornos ofrecía a la vista, haciéndose cada
vez más brillante y haciéndose mayor a medida que se la contemplaba.Los padres, antes de conocer todas las cosas sucedidas después del mes de marzo de 1883 y que les fueron contadas en el 1885, no
estaban muy tranquilos sobre la suerte del hijo, por lo cual pedían a don Bosco hiciese oraciones especiales en sufragio del alma del
difunto. El Beato les respondió una vez:-He comenzado ya la novena de misas, comuniones, oraciones especiales por nuestro Luis, que creo se reirá de nosotros, porque
rezamos por él para sufragar su alma, cuando, en realidad, es ya nuestro protector en el paraíso y continuará protegiéndonos hasta que nos
acoja en la felicidad eterna.
90La Condesa, al cerrar sus apuntes, anotaba: "Al confiar a dos corazones afligidos, para su mayor consuelo, estas sus comunicaciones
con el mundo sobrenatural, don Bosco parecía tan feliz que llegaba a decir que veía la Jerusalén celestial. La emoción le vencía y sus
((93)) ojos se llenaban de lágrimas cuando repetía las acciones de gracias que Luis daba a Dios en el cielo".No omitiremos un episodio, que la señora Colle repitió varias veces a las Hijas de María Auxiliadora de La Navarre, ocurrido poco
después de la muerte de su hijo. Don Bosco le había dicho que podía encomendarse a su hijo, al verse en alguna necesidad. Pues bien, un
día se presentó a la puerta de su casa un individuo que le pedía dinero con exigencias. Ella, sin dar importancia a los modales, le entregó
la limosna que acostumbraba dar a todos los pobres. Pero el otro tomó un aire y un tono amenazadores, que infundían miedo. Entonces,
recordando las palabras de don Bosco, pidió a su hijo que le ayudase. Y, apenas lo invocó en su corazón, aquel sujeto, como invadido de
repentino miedo, dio media vuelta, bajó la escalera a saltos y huyó precipitadamente.Pero, volviendo a las apariciones, nos preguntamos: "acaso don Bosco recibía y comunicaba a los esposos Colle todas estas
comunicaciones celestiales únicamente para consolarlos? "Cómo no pensar, por el contrario, que la Providencia quería, sobre todo con tal
medio, animar a aquellos señores cristianos y adinerados a que socorriesen al hombre de Dios, suscitado para llevar a cabo en la Iglesia
tantas obras de bien como las necesidades de los tiempos requerían? Así debía pensarlo don Bosco. En efecto, había dicho a los
desolados esposos, después de la pérdida del hijo, con la osadía propia de los santos:-Dios les quita a su único hijo para que adopten como hijos a todos mis huérfanos.Y así lo entendieron los dos fervorosos cristianos. El padre declaró explícitamente a don Bosco que ponía a su disposición su propia
bolsa 1.Y no fueron palabras vanas, ni sentimientos buenos de escasa duración. De aquella bolsa salieron, durante más de seis años, cantidades
importantes para la casa nueva de La Navarre, la iglesia y el colegio del Sagrado ((94)) Corazón en Roma, la casa aneja a la iglesia de San
Juan Evangelista en Turín, la casa de los Hijos de María en Mathi, las Misiones y las eventuales necesidades del Oratorio y de San
Benigno. Aún a costa de cansar a los lectores, nos proponemos sacar a1 Carta a la señora Colle, Turín, 3 de julio de 1881.
91la luz su gran caridad, valiéndonos del epistolario que, aunque no lo diga todo, nos ofrece mucho para satisfacer nuestra piadosa
curiosidad.Fin de Página: 92
VOLUMEN XV Página: 92La primera petición de ayuda se remonta al 3 de junio de 1881. Escribe a la señora Colle:"Hasta ahora he podido tirar adelante; pero preveo que me veré obligado a recurrir a la caridad de los señores Colle. Será para un caso
de necesidad y dentro de los límites de lo posible".El caso de necesidad se refería al Sagrado Corazón; pero estos casos fueron multiplicándose y haciéndose cada vez más considerables.
La indeterminada petición obtuvo una respuesta muy alentadora. En efecto, el 20 de agosto escribía al señor Colle:"Me da usted la preciosa noticia de que me regalará veinte mil francos para la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma. Esto es
acudir verdaderamente en ayuda de la santa Religión Católica y de su expoliada Cabeza. Dios le dará aquí el céntuplo y más aún a su
tiempo, en la otra vida; entre tanto el Sumo Pontífice y todos los buenos cristianos y las personas de bien bendecirán su caridad".La carta, con la que el señor Colle anunciaba el envío del dinero, agradó tanto a don Bosco, por su elegancia y cortesía, que le
respondía:"La he leído y releído y me ha parecido que hacía algo digno de usted y de la ciudad de Tolón, enviándosela al Padre Santo, que verá
cómo los abogados saben unir oportunamente ciencia y piedad. Bendito sea Dios en todo".No debe parecer extraño que mandara al Papa una carta particular. La empresa del Sagrado Corazón le había sido encomendada por el
Papa, que se interesaba personalmente de ello; además, tenía don Bosco en esto una intención particular de la que hablaremos más
adelante.El 7 de julio le daba las gracias por otra cantidad de dinero que le enviaba, juntamente con la felicitación de su fiesta onomástica:"En esta ((95)) ocasión le doy las más sentidas gracias por la ayuda que nos ha prestado para que podamos fundar, reparar y agrandar
nuestras casas. Las almas salvadas, con el auxilio de Dios, por los Salesianos, lo serán, por medio de ustedes y, cuando usted y su señora
esposa entren en el paraíso, serán ciertamente por esas almas salvadas mediante su caridad. Animam salvasti, animam tuam
praedestinasti.Más adelante, el 4 de diciembre de 1883, repetirá el mismo concepto; pero con una intención especial, por las misiones:"Ante todo le agradezco la munificencia que usted, señor Conde,
92nos ha prodigado en distintas ocasiones. Si hemos logrado progresar en las misiones de América del Sur y especialmente en la Patagonia,
lo debemos a usted, a su caridad. Pueden estar satisfechos usted y la señora Condesa; las almas que nuestros misioneros conquistarán para
el cielo, serán portadoras de las llaves del paraíso para usted y para su esposa. Ahora ayuda usted a otras casas y a otros salvajes que,
mediante sus buenas obras, recibirán la fe, aumentando así el número de almas que rezarán por ustedes".En la misma carta informaba, además, al Conde de otras dos aplicaciones que había dado a sus dineros, a saber: para las casas de Mathi
y de San Juan, destinadas sucesivamente a los Hijos de María."Tengo otra grata noticia que darle. La casa de Mathi ha sido comprada el 10 de octubre. Y ya está arreglada y ocupada por unos
cincuenta jóvenes, que no cabían en la casa de San Benigno y ahora se encuentran allí, estudiando con ahínco para sacerdotes. Esta casa
ha sido bendecida y dedicada al Señor el jueves pasado con el título de Casa de San Luis, con el fin de recordar siempre a nuestro querido
Luis y a toda su familia. Es la primera de nuestras casas que lleva ese título. Bendito sea Dios".Y respecto a la de San Juan:"La casa comenzada, junto a la iglesia de San Juan Apóstol, a pesar de la premura que nos hemos dado, no ha llegado todavía a la
techumbre. La construcción está todavía en la tercera planta. Se está trabajando sin tregua".Finalmente el 22 de octubre de 1884 completó estas últimas noticias:"Tengo la gran satisfacción ((96)) de comunicarle que la casa construida, gracias a su caridad, destinada a los Hijos de María, ya está
concluida y hemos fijado el día 10 de noviembre próximo para el ingreso de los alumnos, que en un principio serán cerca de ciento
cincuenta".Fin de Página: 93
VOLUMEN XV Página: 93Después, la fecha de la inauguración oficial fue prorrogada, porque, como ya escribía don Bosco el 20 de febrero de 1885 al Conde, se
requería su presencia:"Ya casi hemos llenado toda la casa de San Juan Apóstol, pero todavía no se ha inaugurado. Hay que preparar en esta casa una buena
comida y hacer después un cordial brindis a la señora condesa Colle. "Le gusta así, a nuestra buena Mamá en nuestro Señor Jesucristo, la
señora Condesa?"Los condes, como ya lo hemos dicho, asistieron a la fiesta de María Auxiliadora.
93A principios del año 1884 la endeble salud de don Bosco parecía que le impediría hacer el viaje que acostumbraba realizar por aquellas
fechas a Francia. El Conde lo estaba esperando con verdadero deseo. El Beato le respondió el 11 de febrero:"Todos los días, y aun varias veces al día, voy a visitarles espiritualmente; pero todavía no se me ha concedido ir personalmente hasta
ustedes, señor Conde y señora Condesa.Al presente todas nuestras cosas van bien, gracias a Dios; las casas aumentan, los alumnos mucho más y nuestras obras llevan siempre
consigo la bendición de Dios. Que El sea bendito. De algunos días a esta parte mi salud no es muy buena, por lo que no sé si podré ir a
hacerles mi acostumbrada visita; dentro de poco podré decírselo. Pero, bien entendido, que, de todos modos, nos veremos en Roma".Es cierto que había pensado anticiparles esta visita, presentándose tamquam fur (como un ladrón) en La Farlède hacia el 20 de
septiembre de 1883 1; pero las circunstancias no se lo habían permitido. Con todo, el Conde le había preparado lo que habría sido la
finalidad de aquel "hurto", como se desprende claramente de lo que le escribió el Beato el 15 de octubre:"Gracias por su hermosa comunicación. En estos días ((97)) se han adelantado los trabajos y los constructores piden. Bendito sea Dios
y mil gracias a ustedes, señor Conde y señora Condesa. Ustedes son, en verdad, nuestra providencia y los instrumentos elegidos por la
mano de Dios para acudir en nuestro auxilio".Para retirar los dones de la Providencia fue entonces don Miguel Rúa, a quien don Bosco encargó concertara con los Condes el viaje a
Roma, que tanto deseaban ellos. El Beato llegó a la Ciudad Eterna en el mes de abril de 1884, y al contar, con fecha del 16 de abril, la
marcha de la construcción, aludió a este viaje: "Estoy en Roma. El viaje ha sido bueno y, gracias a Dios, mi salud he mejorado. He
examinado atentamente el estado de las obras, de la iglesia y del hospicio del Sagrado Corazón de Jesús; pero los cimientos de éste
presentan gravísimas dificultades por haber tenido que ahondar mucho y, por tanto, aún se ha de trabajar mucho para acarrear la enorme
cantidad de piedra preparada para ello. Ahora bien, puesto que usted ha expresado el deseo de venir a Roma para la bendición de la piedra
angular y sólo por pocos días, me parece mejor, para su salud y la de la señora Condesa, que se aplace el viaje para más tarde".El 24 notificaba la vuelta de don Miguel Rúa, que había ido a1 Carta, desde san Benigno Canavese, 25 de agosto de 1883.
94Tolón para recibir del Conde la cantidad de ciento cincuenta mil francos de los que había mandado enseguida una parte a Roma:"Su cariñosa carta me ha encontrado normalmente y todo ha resultado muy bien. Don Miguel Rúa bendice conmigo a Dios y a sus
Señorías, que nos ayudan tan eficazmente a propagar la gloria de Dios. Don Miguel Rúa envió con la mayor prontitud todo lo necesario
para poner en marcha los trabajos y ya camina todo bien".Pero las cosas adelantaron con tal lentitud que la función no pudo celebrarse hasta el mes de mayo de 1885. El día 10 escribió don
Bosco a los Condes:"Ya están ultimados en Roma los preparativos para colocar la piedra angular; nosotros podremos hacernos representar por un personaje:
don Francisco Dalmazzo se ocupará de ello y nos guiará. Pero hay algo que sólo a nosotros nos compete. En la piedra angular hay que
colocar ((98)) algunos recuerdos, y entre otras cosas unos datos sobre la familia y las personas del padrino y la madrina. Por tanto, tenga
usted la paciencia y la bondad de buscar un amigo que me proporcione los datos principales, como nombre, fecha de nacimiento y
detalles que crea oportunos. Tenga paciencia; son datos históricos para consignar a la posteridad. Cuando yo los reciba, me corresponderá
a mí añadir otro, que completará la referencia".Corresponde a 1884 el recurso que don Bosco hizo al Conde para una adquisición, que comportaba un importante gasto, pero que eraFin de Página: 95
VOLUMEN XV Página: 95necesario conseguir a toda costa. Le escribía así el 20 de febrero:"Un día, Conde, contemplábamos una casita desde mi balcón."-Esa casa, dijo usted, hay que comprarla para evitar una gran servidumbre; pongo a su disposición para ello treinta mil francos."Entonces no se llegó a ningún acuerdo, porque la propietaria no quería vender. Ahora, en cambio, quieren vender la casa y los terrenos
adyacentes. El asunto nos conviene por todos los aspectos; nuestros amigos y todos los salesianos lo aconsejan y lo desean; pero el precio
sería mucho más alto. Todo incluido, terreno, árboles y edificios importaría la cantidad de cien mil francos. Yo no quiero ser indiscreto;
pero tampoco quiero desentenderme de una adquisición que organizaría toda la casa, el oratorio festivo, los talleres y las escuelas. Por
tanto, señor Conde, "podrá ayudarnos, en un tiempo más o menos largo, a conseguir esa cantidad? Le hablo con plena confianza, porque,
llevado de su gran caridad, me ha dicho muchas veces que ponía su bolsa en mis manos para todo lo que pudiera contribuir a la mayor
gloria de Dios. Piense un poco en este asunto y respóndame con la misma confianza con que yo me he dirigido a usted".
95La casa en venta era la que pertenecía a la señora Bellezza, muchas veces nombrada en los volúmenes de Lemoyne 1. Estaba situada a
poniente de la iglesia de San Francisco y separada ((99)) sólo por una tapia del patio del Oratorio 1.Todo el conjunto quedó comprado con el dinero del Conde. Este señor, junto con la respuesta inmediata de su ofrenda, debió expresar
algún juicio que no se conciliaba bien con el humilde concepto que de sí tenía don Bosco o quizás con su perfecta rectitud de intención;
el hecho es que don Bosco le respondió el 27 de abril:"He recibido su magnífica carta; pero no quiero que me dé ninguna explicación de por qué hace o deja de hacer una cosa. Basta que
usted me permita exponerle mis necesidades y yo quedaré tan contento de su sí, como del no. Pienso cada día en rogar por usted y por la
señora Condesa, y así, todas las mañanas, tengo un recuerdo especial en la santa misa, según su intenciones. Los médicos me han dicho
que vaya a nuestras casas del sur y el sábado, si Dios quiere, saldré para Niza con don Julio Barberis. Desde allí espero hacerle alguna
visita, para bendecir e inaugurar nuestra, o mejor dicho, su iglesia de La Navarre. Al mismo tiempo, podremos hablar y yo le explicaré
mejor las ideas que tengo para hacer el bien; pero, dándole gusto, en todo lo que pueda hacerle feliz aquí en la tierra y después en el
cielo".Aquel año de 1884 se le presentó otra necesidad grave y urgente, que obligó al Beato a invocar la caridad de su generoso bienhechor.Durante el verano, irrumpió el cólera, cuyas consecuencias describió don Bosco así al Conde."El cólera ha hecho estragos en varias comarcas de Francia y ahora está atacando a Italia de manera espantosa. Nuestras casas y
nuestros muchachos se han librado, hasta ahora, pero la beneficencia ha disminuido de manera alarmante; así que nos encontramos en
grave dificultad para atender los gastos que reclaman las construcciones y el mantenimiento de nuestras obras. Si, por tanto, puede usted
echarnos una mano y acudir en nuestro auxilio, será, como siempre, nuestro valedero apoyo. Con todo, si por encontrarse en La Farlède, y
ante la imposibilidad de volver a casa por causa del cólera, ((100)) y eso le causa incomodidad, ruégole siga tranquilo en su finca, y
nosotros ya buscaremos cómo salir del paso. Pero se lo recomiendo, no se preocupe, si las circunstancias le impiden hacer el bien".1 Véase M. B. Vol. II, pág. 406.2 Véase GIRAUDI, L'Oratorio di Don Bosco, grabado VIII.
96Aunque no tengamos pruebas directas, creemos que el caritativo señor encontraría el modo de conciliar su tranquilidad con los
impulsos de su corazón por hacer el bien.El fin de año proporcionó a don Bosco la oportunidad de agradecer cordialmente al señor Conde sus muchos favores. Le escribió el 29
de diciembre:"Quisiera visitarle personalmente para agradecerle tantos beneficios. Ya que no puedo de viva voz, lo hago por escrito, y así cierro el
año expresando mi agradecimiento a ustedes, señor Conde y señora condesa Colle. Bendito sea Dios y démosle gracias por habernos
conservado con buena salud y también, como espero, en su santa gracia. Entre otras obras buenas, usted ha pagado por don Pedro Perrot
las deudas de La Navarre: el Señor no dejará de recompensarle con largueza, y nuestros pobres huérfanos rogarán continuamente según
sus intenciones. íQué afortunado es don Pedro Perrot que tiene tales pagadores! Y "por qué no podemos encontrar en Italia bienhechores
semejantes? íSi hay uno así en Italia, que venga a pagar setenta y cinco mil francos que debe desembolsar don Miguel Rúa para nuestrosFin de Página: 97
VOLUMEN XV Página: 97misioneros de América; y otro tanto casi igual, para el ajuar y el pasaje de los que deberán partir cuanto antes! "Y por qué no viene a
pagar las deudas de nuestras casas de Turín, y de la iglesia y la casa de Roma? La razón es clara: íen toda Francia e Italia no hay más que
un solo conde Colle! íBendigamos mil veces al buen Dios, para que el señor Conde y la señora Condesa Colle vivan para ayudarnos,
sostenernos y apoyarnos en nuestras dificultades! Que Dios les conserve en buena salud, les conceda la gracia de vivir muchos años
felices en la tierra, en recompensa de su caridad; y, finalmente, les dé en la otra vida el verdadero premio, el gran premio de la morada en
el cielo, donde tengo la firme esperanza de que nos podremos encontrar con Jesús ((101)) y María y con nuestro querido Luis para alabar
a Dios y hablar de El por toda la eternidad".Volvió a ver al Conde en el mes de abril de 1885 en Tolón, con don Carlos Viglietti, y recibió de sus propias manos, al despedirse, la
cantidad de cien mil francos para Roma y para las misiones. Pensaba renovar la visita en septiembre, durante los ejercicios espirituales de
los hermanos. Así se lo escribió el 18 de agosto, desde Mathi, donde se encontraba hacía un mes para reponerse un poco de su gran
debilidad, o, como él decía, para retardar de algún modo la vejez 1.1 Carta al Conde, Turín, 14 de julio de 1885.
97"El tiempo de los ejercicios espirituales, escribía, siempre es el mismo, poco más o menos; comienza el 1. ° de agosto y dura hasta el 10
de octubre. Pero el paseo a Niza y Tolón será hacia la mitad de septiembre; ya le diré el día preciso. Yo, por mi parte, deseo mucho verle,
pero no estoy seguro de ello, pues hace un mes que mis movimientos, aquí en Mathi, consisten en ir de mi habitación al jardín que está
muy cerca de la fábrica de papel. Mi salud, por ahora, sigue estacionaria; pero creo que la disminución del calor ambiental me aliviará.
Más, en el caso de que mi salud me impida ponerme en viaje, usted tendrá noticias de nuestros asuntos. Dentro de la semana recibirá los
planos del Hospicio de Roma; y don Miguel Rúa está totalmente a sus órdenes para llevar a término sus santas intenciones en cuanto a
esto".La situación sanitaria no permitió que se hicieran normalmente en Niza los ejercicios espirituales; en cambio, don Bosco estuvo un mes
en Valsálice, desde donde le enviaba sus noticias el 27 de septiembre y le decía: "Como verá, estoy medio ciego y apenas si podrá
descifrar mi carta. Me perdone y tenga paciencia. No dejaré de recordarles cada mañana en la santa misa. Oh, María, sed nuestra guía en
el camino del Paraíso". En el mes de diciembre estuvo en Tolón don Miguel Rúa, y se llevó para don Bosco un valioso envoltorio, de
parte del Conde, y un ((102)) lindo paquete de parte de la Condesa, a la que escribió el día 24: "Don Miguel Rúa me entregó, con el
paquete que usted conoce, una caja de azufaifas 1 recogidas en el jardín de su finca. Lo he recibido como recuerdo de la Mamá más
cariñosa y caritativa. El conocimiento de las azufaifas ha resultado maravilloso y ha aliviado mucho mi tos. Le doy mil gracias por ello".Quisiéramos saber cuánto dinero llevó don Miguel Rúa a don Bosco; pero sólo deducimos, de una carta fechada el 15 de enero
siguiente, cuán próvida fue la mano de Dios al hacerle contraer tan cordial amistad con el Conde. Escribía el Beato:"Estoy hablando de ustedes cada día y podría afirmar que a cada momento; pero con esta mi pobre cabeza, siempre algo desconcertada,
puedo escribir muy poco en comparación de lo que debería hacer para agradecerles la gran bondad y caridad que nos dispensan. En este
momento son ustedes el sostén de nuestras obras y de los Salesianos, y se han convertido en nuestros únicos bienhechores. Porque
actualmente1 Azufaifa: fruto carnoso de un centímetro de largo, encarnado por fuera y amarillo por dentro, dulce y comestible. Se utiliza como
medicamento pectoral. Llámase también yuyuba, guinja, guínjol, jínjol... (N. del T.).
98
han disminuido las limosnas de modo alarmante, singularmente en nuestras casas de Francia y en nuestras misiones de América. Pero
nuestra caritativa limosnera (quÛteuse), María Auxiliadora, empieza a acudir en nuestra ayuda con gracias extraordinarias, en Rusia, en
Prusia y, de un modo especial, en Polonia. Don Miguel Rúa envía noticias del hospicio de Roma. Roma es una ciudad eterna. Hay que
hablar mucho, moverse mucho y luego contentarse con hacer las cosas lentamente. Paciencia".En el mes de marzo 1 de 1886 hizo el Siervo de Dios su viaje a España, pasando por Niza y Marsella. El 26 anunció una visita a los
Condes: "El lunes por la tarde, si Dios quiere, estaré con ustedes y podremos hablar tranquilamente de nuestros asuntos. Si pueden
preparar un altar, con mucho gusto celebraré la santa ((103)) misa en su casa; en caso contrario, estaré a sus órdenes". En el momento de
despedirse, le entregaron ochenta mil francos.A partir de este punto la correspondencia se calla hasta el 25 de julio, cuando él, enfermucho, era huésped del Obispo de Pinerolo,
monseñor Chiesa, en su casa de campo. Después, salta del mes de julio al 9 de septiembre."He vuelto a Valsálice, escribe, para, asistir a una tanda de ejercicios y a un capítulo, en el que se trataron los asuntos de nuestraFin de Página: 99
VOLUMEN XV Página: 99Congregación. Se reunieron allí setenta directores de nuestras casas.
Hemos hablado mucho de ustedes y de nuestras cosas".Y dice el 23:"La semana próxima iremos a San Benigno, donde se ha duplicado el número de novicios y, en consecuencia, ha habido que preparar
rápidamente una nueva casa".Se refiere a la de Foglizzo, abierta entonces. Aquí, como en otras ocasiones, procura tener a sus grandes bienhechores al corriente de lo
que se hace, considerándoles interesados en el desarrollo de sus obras.La correspondencia ya no aparece de nuevo hasta el 14 de diciembre. Don Luis Lasagna, que había ido con un grupo de misioneros a
saludar a la familia Colle, no salió de allí con las manos vacías. El Beato escribe a los piadosos consortes:"Don Luis Lasagna me ha escrito contándome los detalles de la visita que ha hecho a ustedes, y de la caridad que, de manera tan
paternal y bondadosa le han prodigado. Ellos parten para América, profundamente impresionados y aseguran que, allí, les tendrán a
ustedes1 Don Bosco llegó a Barcelona el 8 de abril de 1886, donde permaneció hasta el 6 de mayo (N. del T.).
99como dos modelos de cristianos. Van para ganar almas al buen Jesús, ganando la propia y la de ustedes".Y, después, aludiendo a los agasajos recibidos por los misioneros en casa de los Condes continúa:"He ahí un plato que se les presentara un día, a su entrada en el paraíso, un plato verdaderamente gustoso, un plato de oro, un plato
cuajado de diamantes y repleto de obras buenas; y, entre esas buenas obras, la ayuda que ustedes prestaron a los Salesianos en la
conversión de los salvajes y de los pecadores les proporcionara una alegría inefable y sin término".A continuación, habla de una importante ofrenda que, recordando las azufaifas de la Condesa, llama yuyubas o ((104)) pasta de
azufaifas:""Qué ha sido de sus yuyubas? Pues bien, como sus yuyubas son excelentes se han repartido así: 1.° Quince mil para el pago de una
letra que monseñor Cagliero me ha enviado desde Patagonia; 2.° -Treinta y cinco mil a la Banca Tiberina (para el Sagrado Corazón); 3.°
El resto para San Juan Apóstol, San Benigno, y Foglizzo, donde tenemos jóvenes que estudian para sacerdotes. Como ven, cada palabra
de esta carta necesitaría una explicación; pero ya se la daré cuando tengamos ocasión de hablar con tranquilidad de nuestras cosas.
Quisiera escribirles todavía mucho mas para expresarles el afecto y el agradecimiento que todos los Salesianos les profesan; pero mi
pobre cabeza, se niega a obedecer y la señora Condesa me hará la caridad de descifrar esta mi mala letra".Poco sabemos de las limosnas del señor Conde durante el año 1887. En una carta del 23 de marzo don Bosco le habla del reciente
terremoto de Liguria:"Le diré con gran satisfacción que, en el reciente terremoto, no sufrió daño alguno ningún muchacho ni ningún salesiano, sólo los
edificios han experimentado estragos; la vivienda, las clases y la iglesia del Torrione casi se han arruinado. Pero la divina Providencia no
estará impasible en esta ocasión".Es probable que el Ministro de la Providencia no quedara insensible a tal comunicación. Más seguras son estas otras dos noticias. Una
es la posdata de don Miguel Rúa en una carta del 8 de abril, en la que agradece al Conde la caritativa ofrenda hecha a don Pedro Perrot,
que había ido a visitarle, seguramente por encontrarse en algún apuro. La otra se refiere a la cantidad de cinco mil francos para San
Benigno, como ya veremos.Concluyamos este tema. No es posible calcular con exactitud el
100total de tantas limosnas, pues nos faltan datos y los documentos son pocos y a veces muy vagos; mas, por cuanto conocemos, se debe
tener por cierto que la beneficencia del conde Colle giraba alrededor de ((105)) los ciento veinte mil francos al año, cantidad que, hace
cincuenta años, representaba indudablemente un verdadero valor.Fin de Página: 101
VOLUMEN XV Página: 101Ahora, de la caridad del Conde, pasemos a considerar el agradecimiento que don Bosco le demostró con los hechos de mil maneras.
Cuando se conocieron, el conde Colle no era más que un abogado con el distintivo de caballero de la Orden de San Gregorio Magno,
título honorífico que le confirió León XIII a propuesta de su Obispo. Don Bosco quiso que se le nombrara Conde Romano, y puso en ello
gran empeño cuando entendió que ello le agradaba. Como católico francés de clásico cuño que era, le ilusionaba aquel título nobiliario,
no tanto por los honores, cuanto porque así se vincularía más a la Santa Sede y sería más íntima su unión con la Cabeza suprema de la
Iglesia. El Beato ya se ocupaba del asunto en el mes de julio de 1881; en efecto, por entonces envió al Obispo de Fréjus y Tolón la
solicitud que dirigiría al Padre Santo para que su Excelencia testimoniara que cuanto allí se decía correspondía a la verdad y que, por
tanto, se recomendaba su cumplimiento 1. La súplica decía así:Beatísimo Padre:Entre los hombres que, sin respeto humano, logran ser beneméritos por profesar y promover el decoro y la gloria de nuestra Santa
Religión Católica, merece ser contado entre los primeros el abogado de Tolón, Luis Antonio Colle.Pertenece a una de las familias más acreditadas de aquella Ciudad.Es yerno del barón Buchet, General de División, antiguo senador de Francia.Es celoso Presidente del Consejo de la Unión Católica y social del departamento de Var;Es Presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl en la misma ciudad de Tolón;Es fundador del periódico diario, político religioso La Sentinelle du Midi, único diario católico en el departamento de Var;Es fundador y Presidenre del Círculo Carólico de Provenza.Por su acomodada posición, se presta siempre a toda obra de caridad. En el mes de marzo del año pasado ha entregado la generosa
ofrenda de veinte mil francos para que se pudieran continuar los trabajos ((106)) ya empezados, para la iglesia y el centro escolar del
Sagrado Corazón en el Esquilino de Roma.En septiembre del mismo año, habiéndose enterado de que faltaban medios para continuar dichas obras, hizo otra nueva ofrenda de
veinte mil francos.En la Escuela Agrícola, confiada a los Salesianos en La Navarre, junto a Tolón, había que hacer obras para los muchachos allí
internados y ofreció igualmente la1 Carta al Conde, Turín, 3 de julio de 1881.
101cantidad de veinte mil francos y garantizaba la entrega de ochenta mil más para hacer frente a otros gastos.Este insigne y benemérito ciudadano ya es Caballero de San Gregorio Magno;pero, llevado por su vivo deseo de vincularse todavía más
junto con toda su familia a la Cabeza Suprema de la Religión Católica y profesarse más espléndidamente defensor de la Iglesia, tendría
como algo verdaderamente honroso para su familia y de mucho agrado para su persona el título de Conde de la Santa Iglesia Romana.Está dispuesto a satisfacer todos los gastos que, de algún modo, se refieran a este acto de su soberana benevolencia.El que suscribe, favorecido ya muchas veces en los diversos Hospicios que la divina Providencia le ha confiado, humildemente se
postra a los pies de Vuestra Santidad, implorando la gracia antes expresada.Turín, 16 de junio de 1881.JUAN BOSCO, Pbro.Como pasaran tres meses, sin ver ningún resultado, encomendó el asunto al Cardenal Vicario, que conocía la generosidad del CondeFin de Página: 102
VOLUMEN XV Página: 102con la iglesia del Sagrado Corazón 1: "El señor Colle de Tolón parece dispuesto a hacer más obras benéficas por la religión y es persona
muy rica. Pero conviene que V. E. se interese ante el Padre Santo, a fin de que le conceda el título de conde, para lo cual he cursado la
oportuna solicitud, con la carta de recomendación de su Obispo, dirigida a V. E. En el caso de que no creyese oportuno hablar
personalmente al Padre Santo, puede confiar el encargo al señor Cardenal Secretario de Estado, el cual ya ha favorecido con este título a
otros católicos que, por cuanto se sabe, tenían méritos menos relevantes. Creo que el Padre Santo se sentirá satisfecho de animar de este
modo a un hombre que emplea su gran fortuna para bien de la Iglesia y vive como fervoroso católico".((107)) En diciembre estaba el asunto en manos del cardenal Jacobini, Secretario de Estado, quien daba la cosa como hecha; "pero,
observaba don Bosco, Roma es eterna, según dicen, también en los asuntos 2".La realidad de la afirmación quedó confirmada también en esta ocasión. Cuando fue a Roma el año 1882, descubrió que todavía no se
había movido ni un dedo para este asunto. Desde allí escribía el 2 de mayo a su "carísimo y respetable amigo":"Estoy en Roma. He visto al Padre Santo, con quien he hablado por algún tiempo de V. S. y su Señora. Le referí sus donativos para la1 Sampierdarena, 14 de septiembre de 1881.2 Carta al Conde, Turín, 30 de diciembre de 1881.
102iglesia del Sagrado Corazón y para La Navarre, la colocación de la primera piedra y las otras obras de caridad a que V. S. y su esposa se
han dedicado. Me escuchó con paternal bondad y después me encargó les comunicara su bendición apostólica y me aseguró que rezaría
por su salud, y por su paciencia y perseverancia en la gracia de Dios. Finalmente añadió:"-"Y la condecoración que ha pedido:"-Padre Santo, le contesté, la estoy esperando."-"Pero, cómo es eso? íQué descuido! Id enseguida al cardenal Jacobini y él os dirá qué ha sucedido."El cardenal Jacobini, Secretario de Estado de Su Santidad, me recibió enseguida, pidió perdón, y me aseguró que, antes de que yo
salga de Roma, se me entregará el Breve, que espero presentarle en Turín. En Turín, Señor y Señora, en Turín para la fiesta de María
Auxiliadora. Espero que podremos entretenernos allí con nuestros asuntos".Los Colle no fueron a Turín, pero enviaron su felicitación para la fiesta de San Juan. "Ha sido una gran fiesta, escribía don Bosco el 5
de julio; una fiesta cordial, que me ha hecho saltar las lágrimas repetidas veces".Pero si los Señores hubiesen ido, se habrían vuelto sin el Breve.
Había llegado, en verdad, hacía unos días; pero ((108)) seguía él diciendo en la misma carta:"El Breve de Roma puede llamarse el Breve de las contrariedades. Se me envió a Turín. Lo leí y vi que decía: Comes Colle Dioecesis
Taurinensis (Conde Colle de la Diócesis de Turín). Lo devolví inmediatamente a Roma y estoy esperando la corrección".Por fin, al cabo de un año desde que se iniciaron los trámites, llegó el Breve el 19 de julio, fecha en la que pudo escribir:"Y, tras larguísima espera, acabo de recibir en este momento el Breve de parte del Padre Santo. No se puede desear nada mejor; pero
quiero le sea entregado de forma conveniente. Por eso, encargo a don Pedro Perrot que complete el asunto y haga la entrega un día
señalado. El le preguntará, si prefiere que lo haga con una visita a su quinta en Tolón, o quizás mejor en La Navarre, cuando se inaugure
la techumbre de la nueva casa. Usted determinará lo que más les agrade a usted y a su Señora".Se necesitaba, además, llamar la atención sobre el valor legal del título, por lo que el Beato escribió al Conde el 30 de julio:"Este Breve es un documento preciosísimo para usted, para su familia y para la historia de la Iglesia. Ya lo verá. Pero aquí en Italia
103no se puede legalmente llevar condecoraciones, ni asumir título alguno sin la autorización del Gobierno.Fin de Página: 104
VOLUMEN XV Página: 104"Mas usted, como abogado que es, sabe lo que se debe hacer en Francia. Yo solamente deseo que un documento de tal suerte se
conserve con decoro y sea publicado en los periódicos".En Italia el "Consejo de Heráldica", que reconoce los títulos nobiliarios, no pone dificultad para la convalidación de los otorgados por
el Papa. En Francia están abolidos los títulos nobiliarios, pero nada impide que se empleen en forma privada; al contrario, en la
estimación de la gente todos gozan de su crédito tradicional.íQuién lo hubiera imaginado! Aún no habían terminado las contrariedades del Breve. Fuera porque se perdió el original al enviarlo a
don Pedro Perrot, fuera porque se deterioró, se necesitó obtener de Roma un duplicado; lo cual obligó a esperar todavía un poco más.
Mientras se esperaba, ((109)) ocurrió un curioso incidente. En la carta que acabamos de citar, decía don Bosco: "En el mes de agosto
deberé acudir a su caridad para un asunto, mas ya le escribiré a su debido tiempo con toda confianza".En efecto, el 28 de aquel mes le escribía desde San Benigno: "Me encuentro en San Benigno Canavese, donde con mucha frecuencia
hablo de ustedes con don Julio Barberis, don Miguel Rúa, don Celestino Durando y otros que tuvieron la suerte 1 de conocerles por
nuestro medio. Pero, en este momento, como ya tuve el honor de comunicarle, me encuentro en grave necesidad de dinero para los
jóvenes que se preparan para el sacerdocio y para ir de misioneros al extranjero. Si ustedes, señor y señora Colle, me pueden ayudar a la
compra de harina con que hacer el pan para los moradores de esta casa y conseguir los enseres que nos piden desde Carmen de Patagones,
harían sin duda una gran obra de caridad. Otras veces lo hacían ustedes espontáneamente; pero hoy soy yo quien se lo pide. Les ruego me
traten con la misma confianza con que yo les trato. Así, tanto que puedan como que no en este momento, respóndanme con toda
confianza si o no. Necesito doce mil francos. Su buen corazón hará cuanto pueda sin que les sirva de embarazo".El Conde le envió la mitad. "Hemos pagado enseguida, escribía don Bosco el 6 de septiembre, acusando recibo, nuestra deuda principal
al proveedor de harina que se negaba a seguir mandándola. Por tanto, todos los de la casa de San Benigno le envían un millón de gracias
y aplicarán sus oraciones por usted y por la señora Colle. Entre1 Las palabras subrayadas están en italiano en el original.
104tanto, rogaremos a la divina Providencia que ayude a nuestros misioneros de Patagonia y Tierra del Fuego. Don Julio Barberis quiere
escribirle personalmente, en nombre de sus alumnos, que se preparan para ir a las misiones extranjeras".Don Julio Barberis, en efecto, incluyó su carta escrita en italiano en la de don Bosco.((110)) Pues bien, todo esto estaba relacionado con el Breve. Don Bosco se encontraba con el agua al cuello, para atender a San
Benigno y a las misiones, porque el Breve le había costado relativamente caro; pero quería salir del apuro sin descubrir la causa. El
Conde, en cambio, presintió que don Bosco había tenido que hacer frente a los gastos y pidióle que le informara del caso. El Siervo dilató
la respuesta, hasta que no recibió del procurador, don Francisco Dalmazzo, el suspirado duplicado. Cuando lo tuvo en sus manos, se lo
envió al Director de La Navarre dándole las oportunas instrucciones sobre lo que debía hacer.Querido Perrot:Aquí tienes, por fin, un duplicado del famoso Breve. Como verás, es un verdadero monumento histórico.Conviene que vayáis dos a Tolón como delegados, o que el señor Colle se dé un paseíto hasta La Navarre, cosa algo difícil en estos
días. Tú verás lo que es mejor. Sea como fuere, procura traducirlo al francés y enviarlo después a los periódicos.Haz notar, además, que al tiempo de tomar el abogado Colle el título de Conde, la Señora tomará el de Condesa.Un cariñoso saludo a nuestros Hermanos e hijos y el deseo de salud y santidad para todos.Rezad por mí, que siempre seré vuestro en J. C.Turín, 2 de diciembre de 1882.Afmo. amigoFin de Página: 105
VOLUMEN XV Página: 105JUAN BOSCO, Pbro.Sólo entonces respondió al Conde sobre los gastos del Breve. Y he aquí la respuesta íntegra, en aquel estilo tan propio de don Bosco.Mi querido y óptimo amigo:
Bendito sea Dios, en medio de las rosas y de las espinas. Después de tanto esperar, finalmente, todo está arreglado; y, aunque con tantatardanza, el Breve ha llegado y, junto con él, el Papa le envía su bendición apostólica.Me hace una pregunta a la que no quisiera responder; mas, por obediencia, le diré todo con sencillez.Dice usted: "Ruégole me diga con toda confianza lo que debo pagar por este documento a la cancillería del Vaticano. No quiero queesto le cueste a usted nada".
105Pues bien, voy a divertirle con la historia del asunto. El Padre Santo no me ((111)) ha pedido nunca dinero en casos semejantes. Estavez me dijo el Sumo Pontífice hace unos meses:-Ya está todo. Sólo falta que vayáis a S. E. el Secretario de Estado,Este también me decía siempre:-Todo está listo.Pero no me entregaban nunca el Breve.Finalmente se presentó mi Procurador General en Roma al Cardenal Jacobini, pidiendo le aclarara la razón de todo esto. Y aquél lerespondió que se requerían doce mil francos. Se hicieron unas protestas; se procuró hablar con el Padre Santo y, finalmente, se redujo la
cantidad a seis mil francos. Después el encargado del asunto quiso su parte, y dijo que se le debía la tasa de quinientos francos.Para quitar de en medio dificultades y retrasos hice pagar todo lo que se debía pagar, a saber, seis mil quinientos francos.Pero don Bosco, por querer actuar como un gran señor, se quedó en la indigencia y acudió a usted en demanda de caridad; y usted,
inspirado ciertamente por Dios, le ha mandado precisamente seis mil francos.Ya está todo pagado y usted no debe nada a nadie, fuera de la paciencia que don Bosco le ha hecho gastar para leer esta historia.Buenos días, mi querido señor Conde, y mi amigo en el Señor por siempre. Que la Santísima Virgen proteja a usted y a la señora
Condesa Colle y conserve a los dos en óptima salud largos días y les dé al fin, y a mí con ustedes, la gloria del Paraíso con nuestro
querido Luis para siempre. Así sea.Pida también por este pobre sacerdote siempre suyo en J. C.Turín, 13 de diciembre de 1882.Como un hijo
JUAN BOSCO, Pbro.El Conde le envió a vuelta de correo seis mil quinientos cincuenta francos 1."Hemos recibido, contestó don Bosco el 20 de diciembre, esta cantidad como una limosna que usted ha querido hacernos. Y en este
sentido la recibo con la mayor gratitud; y, puesto que este dinero se empleará para alimentar y vestir a nuestros huérfanos, haré que ellos
recen por usted, mi caritativo y óptimo amigo, y por su señora esposa, para que el Señor les conceda grandes consuelos en la tierra y la
eterna felicidad en el Paraíso. Y yo, "qué puedo hacer para agradecérselo? No tengo nada ((112)) para darle, ni sé qué puedo hacer para
su digna recompensa. Sólo una cosa me queda y se la daré con todo el corazón. La noche de Navidad, si Dios quiere, celebraré las tresFin de Página: 106
VOLUMEN XV Página: 106misas1 Los cincuenta francos de más, quedan explicados con estas palabras de la carta, con que don Francisco Dalmazzo acompañaba el
duplicado: "He aquí el duplicado del Breve para el conde Colle. Lo conseguí con trabajo por cincuenta liras". Se acostumbra señalar
estas tasas al dorso del documento, donde, por tanto, leyó el Conde lo de los cincuenta francos.
106y distribuiré la santa comunión a nuestros muchachos y a nuestros clérigos y ofreceré todo al Señor y a la Santísima Virgen según su
intención y la de su Señora".A medida que crecían los favores, aumentaba en don Bosco la necesidad de manifestar su agradecimiento.Con esta intención, en la primavera de 1884, hizo de nuevo grandes elogios del Conde y de la Condesa ante León XIII, el cual se dignó
conceder al primero otra condecoración. Don Bosco, sin dar a entender nada de ello, lo invitó a Turín para la fiesta de san Juan, mejor
que para la de María Auxiliadora, en cuya fecha se encontraba muy ocupado por la afluencia de visitantes 1.Ellos acudieron y, en la comida del día onomástico, se sentaron la Condesa a la derecha y el Conde a la izquierda de don Bosco en el
gran refectorio. Allí les esperaba la sorpresa. En el momento más oportuno se presentó don Francisco Dalmazzo, recién llegado de Roma
y leyó el documento en que se nombraba al Conde, Comendador de la Orden de San Gregorio Magno. Fue un golpe de escena, muy bien
preparado, que despertó gran entusiasmo. Terminada la lectura, don Francisco Dalmazzo se acercó al Conde, le abrazó y entregó la
condecoración; éste, a su vez, la pasó a la Condesa, la cual, en medio de las aclamaciones de todos, se la puso al cuello a su marido. El
Conde, siempre de acuerdo con su conducta, cuando volvió a Tolón, escribió al Beato profesándose en la firma "Comendador dispuesto
en todo a dejarse mandar por don Bosco 2."Palabras, comentaba don Bosco, cuyo alcance se echa bien de ver. Pero íusted no lo sabe! Don Bosco siempre tiene sus bolsillos
vacíos y don Miguel Rúa es insaciable buscando dinero. Que "cómo se las va usted a arreglar? Nosotros procuraremos ser siempre muy
discretos y estar siempre muy contentos al recibir la caridad ((113)) que usted nos prodiga para ayudarnos a salvar almas para Dios. Usted
comprende, Señor Conde, que la conclusión de esta carta, es una broma y que mi letra es mala y, por tanto, resulta difícil hacerme
entender. Que Dios les bendiga, querido señor Conde, a usted y a la Señora Condesa. María Auxiliadora les conserve en buena salud, y
siempre por el camino del cielo. Todos los de casa, sacerdotes, clérigos y muchachos, les envían sus saludos, se encomiendan a sus
oraciones y mañana recibirán la santa comunión según sus intenciones".Para demostrar su agradecimiento, acostumbraba hacer a los bienhechores1 Carta del P. Barruel, Turín, 21 de mayo de 1884.2 Carta de don Bosco, Turín, 5 de julio de 1884.
107pequeños regalos, que sabía les serían agradables. Le servían para obsequiar a determinadas personas botellas de vino de calidad o de
exquisitos licores, que le ofrecían las familias nobles o ricas de Turín. Así mandaba de vez en cuando al Conde botellas de buen vermut.
A la primera carta de agradecimiento que recibió, respondióle don Bosco el 30 de agosto de 1881:"Un poco de vermut es algo de risa, que usted, en su gran bondad, ha querido agradecer. Me alegro de que una insignificancia como
ésta, le haya proporcionado un momento de satisfacción".Y, después de otro envío, le escribía el 4 de diciembre de 1883:"Estoy muy contento de que el vermut haya llegado en buenas condiciones. Aunque pobre, es la única forma que tenemos para
manifestarle nuestro agradecimiento, lo mucho que le apreciamos y que rogamos por usted de modo muy especial".Y repite, por tercera vez, el 18 de enero de 1885:"Le pregunto sencillamente, rogando me conteste: -"Le queda todavía vermut? Ya sabe que yo soy su proveedor".Pero el modo habitual para saldar sus deudas de agradecimiento se lo proporcionaba su espíritu de viva fe. No hay una carta en la que
no haga referencia a las oraciones hechas, o que hará, por sus dos bienhechores; en las ocasiones más solemnes, las expresiones suelenFin de Página: 108
VOLUMEN XV Página: 108ser mayores y más ardorosas. Ya hemos visto algunos ejemplos; vamos a seleccionar todavía algunos más entre los más significativos.((114)) Con motivo de la fiesta de la Asunción, escribe a los Condes el 10 de agosto de 1885:"Creo que, en esta novena de la Asunción de la Santísima Virgen, no olvidarán al pobre don Bosco, que ruega sin cesar por ustedes y
por su felicidad espiritual y temporal. Los Salesianos pedimos insistentemente en esta novena a la Santísima Virgen que les guarde un
puesto muy cerca del suyo en el cielo, pero que tarde mucho todavía en concedérselo".Y, por la Natividad de María, el 8 de septiembre de 1886, comenzaba así su carta:"Oh María, nuestra buena Madre, en este día en que la Iglesia Católica celebra vuestro nacimiento, conceded una bendición
especialísima a vuestros dos hijos, el Señor Conde y la Señora Condesa Colle. Con todo mi corazón 1, he celebrado esta mañana la santa
misa y nuestros muchachos han recibido la santa comunión pidiendo por1 Frase subrayada en el texto francés.
108su felicidad espiritual y temporal. Pidan también ustedes por este pobrecito que les quiere en Jesucristo, como tierno hijo".El 23 de septiembre de 1886, día onomástico de la Condesa Sofía Colle, escribía:"Me gustaría hacerle una visita en este su día onomástico, mas, por el momento, hay que prorrogar este deseo para otro tiempo. Hoy me
he de limitar a celebrar la santa misa y que los muchachos hagan la santa comunión según su intención. Rogaremos para que el Señor
conserve su salud y la del Señor Conde Colle, en paz y caridad hasta el último instante de su vida. Y entonces la Virgen Santísima,
acompañada de una multitud de ángeles, les lleve consigo al Paraíso, pero con sus amigos y parientes y con el pobre don Bosco, que le
quiere mucho en el Señor".Y el 22 de octubre de 1884, vigilia de Todos los Santos:"Mañana comenzamos la novena de Todos los Santos y no quiero permitir que pase ese día sin recordarles a ustedes ante el Señor,
pidiendo por sus intenciones. Entre otras cosas, daremos gracias al Señor, por haberlos conservado en ((115)) buena salud, y tengo plena
confianza de que la Santísima Virgen continuará protegiéndolos".Y, ya cerca de la fiesta de la Inmaculada Concepción, escribía el 29 de noviembre del 1881:"No quiero dejar pasar la novena de la Inmaculada Concepción sin rezar por usted, mi muy querido Señor y por la Señora Colle, su
esposa. La víspera de esta gran solemnidad, celebraré la santa misa y nuestros muchachos recibirán la santa comunión en el altar de María
Auxiliadora según su intención y la de su Señora esposa".Y, el 4 de diciembre del año siguiente, decía a la Condesa:"Como hijo cariñoso, que tiene cada día un recuerdo por la buena mamá en Jesucristo, no quiero dejar pasar esta novena de María
Inmaculada sin hacer una oración especial por usted y el Señor Conde Colle. Por eso, el día de la gran fiesta, viernes 8 de diciembre,
todos los Salesianos y sus muchachos rezarán y comulgarán por ustedes. "Y el pobre don Bosco? Yo celebraré ese día la santa misa
según su intención."Rezaremos a la Santísima Virgen para que les conserve en buena salud mucho tiempo, siempre en su santa gracia y bajo su protección,
hasta cuando nos reunamos todos, con nuestro queridísimo Luis, en compañía de los ángeles en el Paraíso".Y de nuevo, el 4 de diciembre de 1883, escribía al Conde:"Toda la Congregación salesiana le presenta sus saludos y felicitaciones; el sábado celebraremos la santa misa en el altar mayor de
109María Auxiliadora y nuestros muchachos harán la comunión y ofrecerán sus oraciones según las intenciones de ustedes".Con motivo de las Navidades, escribía el 23 de diciembre de 1883:Fin de Página: 110
VOLUMEN XV Página: 110"Ya saben que todos los días, mañana y tarde, hacen los salesianos oraciones especiales por ustedes y que el pobre sacerdote que
escribe les recuerda todas las mañanas en la santa misa de un modo especial. Pero, en estos días, quiero hacerles un regalo que
ciertamente les será muy agradable. La noche de Navidad, si Dios quiere, celebraré las otras misas, y todos los salesianos y nuestros
muchachos rezarán y ofrecerán ((116)) numerosas comuniones según las intenciones de ustedes. Nuestras oraciones serán dirigidas al
Niño Jesús, pidiéndole les otorgue muchos consuelos aquí en la tierra, les conserve por mucho tiempo en buena salud y los conduzca
seguros por el camino del Cielo".El 17 de diciembre de 1884, dirigía a los dos esposos estas palabras: "Ha comenzado la novena de Navidad y no queremos olvidarlos.
Cada mañana y cada tarde se reza por ustedes, por su salud y su bienestar. Para que Dios les conceda largos y felices años, el día de
Navidad, se celebrará la santa misa según su intención".Y casi igual, en otras Navidades, por año nuevo y por san Francisco de Sales. Desde 1884 a 1886, cuando el cólera angustió por todas
partes a Italia y a Francia, la correspondencia que vamos examinando, nos presenta datos curiosos, por las consecuencias económicas que
hemos referido, y porque le daban ocasión a don Bosco para demostrar su agradecimiento. La epidemia tuvo mayor virulencia durante el
verano de 1884. Los Condes, que fueron al Oratorio para la fiesta de san Juan, como ya hemos referido, cuando se marcharon no enviaron
enseguida noticias, por lo que don Bosco estaba preocupado. Llegaron finalmente y buenas: el Beato respondió el 5 de julio:"Su carta, tan esperada, ha sido para nosotros el ángel consolador. De todas partes se nos pedían noticias de usted y de la señora
Condesa, pero nadie sabía nada. Don Miguel Rúa, don Juan Cagliero, don Celestino Durando, el padre Barruel y todos los salesianos
pedían noticias de su viaje, de su salud y del lugar de su estancia. Pero nadie podía darlas, hasta que llegó su atenta carta. Ahora sabemos
que se encuentran en La Farlède y que gozan de buena salud: Dios sea bendito. Las noticias sobre la salud pública parece que mejoran;
nosotros rezamos incesantemente por ustedes y por todos sus amigos para que nada altere su salud y tranquilidad. Y seguiremos
haciéndolo mañana y tarde en nuestras oraciones privadas y comunitarias. íYo lo hago con toda mi alma! Todos los días les recuerdo en
la santa misa".
110((117)) Pero el 1884, don Bosco no se encontraba bien. El calor, siempre le sentaba mal y el verano lo postraba cada vez más; por ello,
los médicos le prescribieron que buscara alivio en un clima más fresco. Monseñor Chiesa, Obispo de Pinerolo, le ofreció hospedaje en su
quinta, a donde se dirigió el Siervo de Dios, en compañía de don Juan Bautista Lemoyne. Su Excelencia lo colmaba de atenciones. Desde
allí seguía, entre tanto, la marcha de la epidemia con gran ansiedad 1.Los pueblos de los alrededores empezaban a ser invadidos y se multiplicaban los casos. "Nuestra confianza, escribía el 11 de agosto,
está en María Auxiliadora. Sin embargo, nuestras casas están desbarajustadas con el azote. Todos los muchachos que tienen casa y
parientes se han ido. Los más pobres se han quedado con nosotros y procuraremos cuidarlos y darles ánimo. Si esto se tranquiliza, nos
veremos a fines de septiembre y, si no, la divina Providencia ya nos dará las normas necesarias. Todos los salesianos y sus muchachos
rezan por ustedes y nosotros, a nuestra vez, ponemos nuestra confianza en las oraciones y en la piedad de ustedes".Volvió al Oratorio el 23 de agosto y aquel día envió sus nuevas al Conde:"Acabo de llegar de Pinerolo algo mejorado de salud: bendito sea Dios. He encontrado la ciudad de Turín invadida por el cólera, pero
hasta ahora enteramente inmune. Gracias a Dios, la salud en nuestras casas es buena, gracias al antídoto de la Santísima Virgen. Los
sacerdotes, los clérigos y los muchachos rezan por usted y por la señora Condesa. Les agradezco el rosario que rezan según nuestra
intención. El Señor y su divina Madre no permitirán que se repita en vano la jaculatoria María, auxilio de los cristianos, rogad por
nosotros.Pero, además de rezar, abrigaba en el alma un proyecto. "Cuando estaba en Pinerolo, sigue diciendo, pensé seriamente que si usted y la
señora Condesa pudieran venir a pasar los meses de más calor a Pinerolo les iría muy bien para su salud. "No se les podría preparar una
((118)) vivienda para esos meses? Hay que hablarlo para el próximo año".No se determinó nada sobre ello; en efecto, el 10 de agosto de 1885 escribía don Bosco:"Hablan los periódicos de que el cólera amenaza a Francia. Creo que La Farlède quedará inmune; pero, si usted desea pasar una
temporada en Lanzo, lugar muy al seguro, no tiene más que avisarme con1 Carta al Conde, desde Pinerolo, en la finca del Obispo, 20 de julio de 1884.
111un día o dos de anticipación y tendrá preparada una casita para usted y su familia".Fin de Página: 112
VOLUMEN XV Página: 112El 18 del mismo mes, renovó este ofrecimiento de modo más amplio: "Mi querido y caritativo amigo, tenemos plena confianza de que
su salud y la de la señora Condesa son buenas: todas las casas salesianas rezan incesantemente por su constante e inalterable salud y
santidad en La Farlède. Pero, si algo les molestara y creyeren conveniente venir a pasar algún tiempo con nosotros, háganlo con plena
libertad y verán como todos les recibirán con una gran fiesta".En julio de 1886, don Bosco se encontraba de nuevo con el Obispo de Pinerolo, desde donde escribió el 23: "Mi pensamiento siempre
está con ustedes y pido a Dios les conserve muchos años en buena salud. Todos los Salesianos se encuentran bien. Ni cólera ni ningún
otro mal que nos moleste. Por tanto, si nuestras casas y nuestras personas pueden prestarles algún servicio, sería para nosotros una
satisfacción muy grande. Estamos todos a su entera disposición". Esta invitación tan reiterada era la manifestación del gran
agradecimiento de don Bosco a sus insignes bienhechores.La manifestación de agradecimiento, por una parte, y el ejercicio de la benéfica caridad, por la otra, explican el intercambio de visitas
que hasta aquí hemos recordado, pero todavía debemos entretenernos con ellas para aquilatar más los sentimientos de nuestro Padre.Había estado en Tolón entre los meses de marzo y abril de 1883. El 5 de abril escribió desde Valence sur Rhône:"Siempre llevo conmigo ((119)) el dulce recuerdo de la amabilidad, deferencia y liberalidad que tantas veces me ha dispensado y
singularmente durante los días que tuve el honor y la satisfacción de estar con usted en Tolón. Bien entendido, señor Conde, que, cuanto
escribo a usted, entiendo referirlo también a la señora condesa Colle, a quien podemos verdaderamente llamar en estos momentos
caritativa Madre 1 de los salesianos. En sus casas y en medio de sus ocupaciones no dejarán de pedir al Señor por su buena salud".El 10 de junio les invitó para su fiesta onomástica. "El 24 de este mes, escribía, celebraremos la fiesta de san Juan y, si pudieran venir a
Turín ese día, la fiesta sería completa. Tendríamos ocasión para hablar de nuestras cosas y darnos, además, algún paseo. Pero si a usted y
a su señora les viniera mejor anticipar o prorrogar su venida, son muy libres de hacerlo: en esos días yo no tengo ningún compromiso que1 Subrayado en el original.
112me obligue a ausentarme. La fiesta de María Auxiliadora ha resultado verdaderamente espléndida. Hablaremos de ello en Turín".La invitación fue aceptada con alegría. En el momento de la despedida, el Conde se encontraba algo indispuesto, por lo que el Beato le
escribía de nuevo el 7 de julio:"El día de su salida de Turín, queridísimo amigo, me quedé preocupado por su salud, que no era buena, pues tenía usted un fuerte
resfriado y tosía. Confío en el Señor que ya se encuentre mejor. No obstante, si me escribe unas líneas con sus noticias, me dará una gran
satisfacción".Entre las visitas que don Bosco había proyectado, una era a Borgo San Martino, pero no se pudo efectuar; por ello le decía en la misma
carta: "Toda la fiesta de Borgo San Martino era en honor de ustedes. La habitación, el canto, la música, los muchachos, el Obispo les
esperaban con ansiedad. He procurado arreglarlo todo, invitándoles a que rezaran según su intención".A principios de 1884, don Bosco aceleraba sus deseos de volver a Tolón 1.Y fue, como ya hemos visto, ((120)) en el mes de marzo, en compañía de don Julio Barberis. Los Condes fueron de nuevo a Turín para
la fiesta de san Juan y fue entonces cuando se le entregó la insignia de Comendador de San Gregorio Magno. El mismo año quiso don
Bosco que volviera de nuevo para la consagración episcopal de don Juan Cagliero."Quiero hacerles hoy una propuesta, escribía el 7 de septiembre, que comprendo es difícil, pero no imposible. Ustedes verán. Me parece
que ya se les comunicó que, el 13 de este mes, don Juan Cagliero será preconizado Obispo por nuestro Padre Santo León XIII. Pocos días
después será consagrado. Es nuestro primer alumno elevado a tal cargo el primer Obispo de la Patagonia; él es también uno de sus
protegidos y muy querido. Haremos una gran fiesta, pero hay algo extraordinario que desearíamos. Todos, y yo el primero, querríamos
tenerles con nosotros aquel día, para hacer de Padrino y de Madrina en la función religiosa. Esta es mi invitación y éste es el deseo de
todos. Por otra parte, les tengo cariño y pienso sobre todo en su salud; por lo tanto, si ustedes temen que de algún modo se va a resentir su
salud, haré por mi parte un gran sacrificio y no quiero de ningún modo que se muevan de casa. Esta es, señor Conde y señora Condesa,
mi sincera invitación,1 Carta al Conde, Turín, 11 de febrero de 1884.Fin de Página: 113
VOLUMEN XV Página: 113113pero con completa libertad de su parte y con gran deseo de tenerles con nosotros".La respuesta fue la que era de temer. Monseñor Cagliero fue a Roma en diciembre y volvió el 22 con una bendición especial del Papa
para los Colle 1, que él les llevó personalmente y de los cuales recibió exquisitos agasajos 2 y un donativo de mil quinientos francos 3.Antes de terminar el 1885, Monseñor había bautizado a un muchacho indio al que había puesto el nombre de Luis Colle, y envió a don
Bosco su fotografía para el Conde 4.((121)) El Siervo de Dios volvió a ver a los Colle, en Tolón, en el mes de abril de 1885, y concertó con ellos un nuevo viaje a Turín
para la fiesta de María Auxiliadora, que había sido trasladada, por razones litúrgicas, al 2 de junio 5.En casa de los Colle se encontraba don Bosco a sus anchas por el espíritu de cristiana piedad que allí se respiraba; en efecto, expresó así
el dulce recuerdo que conservaba de su estancia allí 6: "Mi paraíso terrestre lo tengo en mi habitación, es decir la habitación que ustedes
me reservan a mi paso por Tolón".Al acercarse el gran día, escribe el 26 de mayo: "Todos los salesianos le esperan para el 31 de los corrientes por la mañana. Como
ustedes no me dicen si llegarán por Savona o por Génova, no quiero molestarles de ningún modo, pero les esperamos para comer al
mediodía y, a cualquier hora, para recibirles. Ustedes serán en verdad los dos amigos de María Auxiliadora y los mayordomos de la gran
fiesta (...). Mientras tanto, ya les he recordado y seguiré haciéndolo en la santa misa, hasta que los tengamos entre nosotros". Don Bosco
les devolvió la visita a fines de marzo de 1886: fue el último encuentro de tan santas almas aquí en la tierra.Hubiera querido el Beato encontrarse de nuevo con él en un lugar y ocasión más señalados. El 22 de marzo de 1887 escribía: "El 14 de
mayo se hará la consagración de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma y de allí volveremos para la fiesta de María
Auxiliadora el 24 del mismo mes. "Le parece bien así? Si por su parte le es1 Carta de don Bosco a los Condes, Turín, 17 de diciembre de 1884.2 Carta de don Bosco al Conde, Turín, 20 de febrero de 1885.3 Carta de don Juan Bonetti a don Bosco, Marsella, 11 de febrero de 1885.4 Carta de don Bosco al Conde, Turín, 27 de septiembre de 1885.5 Carta de don Bosco a los Colle, Turín, 13 de marzo, Niza, 25 de abril y Turín, 10 de mayo de 1885.6 Carta a los Colle, Niza, 25 de abril de 1885.
114posible, ya le comunicaré los detalles al respecto (... ). Todos le esperan para el tiempo señalado, todos los días se reza por la mejoría de
su salud y este pobre, pero afectísimo suyo, no deja de tener un recuerdo especial en la santa misa".El 8 de abril vuelve sobre el tema: "No sé si les habrán llegado mis noticias, desde hace un poco tiempo a esta parte, ((122)) porque me
he visto obligado a abandonar la correspondencia epistolar, salvo para lo estrictamente confidencial. Ya se ha determinado que la
consagración de la iglesia del Sagrado Corazón se realice definitivamente el 13 de mayo. Yo me veo obligado a hacer el viaje por etapas
cortas, pero espero estar en Roma aquel día y encontrarles allí a los dos con buena salud y poder hablar tranquilamente de nuestras cosas.
Desde Roma, volveremos a Turín para la fiesta de María Auxiliadora el 24 de mayo. Veremos nuestras cosas y hablaremos de ellas".Mas, por desgracia, también la salud del Conde empeoraba: su mal de corazón le atormentaba mas que nunca. Ante tal noticia, le
escribía don Bosco el día 12:"Su carta ha sido para nosotros como la descarga de un rayo que ha deshecho todos nuestros planes. Sólo su salud y la necesidad de
emplear todo cuidado esta por encima de cualquier razón. Se harán, o mejor, se trasladarán para otro día nuestras fiestas. Yo deseo ir y
rezar ante la tumba de san Pedro y san Pablo por su salud, y espero que el Señor le concederá venir a participar en la fiesta de María
Auxiliadora en Valdocco. Todas nuestras oraciones son con esta intención.Fin de Página: 115
VOLUMEN XV Página: 115Ya recibirá usted noticias nuestras. Dios nos bendiga y María Auxiliadora nos guíe para juntarnos en Turín. Mientras tanto, todos
nuestros alumnos piden a Dios por usted y le esperan sin falta: su visita les proporcionará una gran satisfacción".Pero don Miguel Rúa daba al Conde, en una posdata, noticias poco alentadoras sobre la salud de don Bosco. La idea de trasladar la
fecha de la consagración, como don Bosco habría querido para posibilitar la asistencia de los Conde Colle, no se podía efectuar, porque
ya era demasiado tarde, como observaba don Miguel Rúa, pues se había publicado que se celebraría el 14 de mayo.El viaje de don Bosco fue muy lento. Apenas llegó a Roma, se apresuró a escribir el 1 de mayo:"Hemos llegado a Roma; el viaje ha sido bueno. Mi secretario, don Miguel Rúa, le contará los detalles. Si usted no puede desplazarse,
se rezara ((123)) mucho por su salud. Sin embargo, tengo plena confianza de verle en Turín, porque no es posible hacer la fiesta de María
Auxiliadora sin que esté usted presente. Hablo así, siempre y
115cuando se lo permita la salud, ya que su salud lo es todo para nosotros. Mi vuelta se ha fijado para el 20 de mayo a más tardar; y, si
puedo, la adelantaré algún día. Todas nuestras obras de aquí están empezadas; que Dios nos ayude a acabarlas. El Señor conceda buena
salud a usted y a la señora Condesa y guíe a ambos por el camino del paraíso. Amén." En la firma se profesa "humilde y afectuoso hijo".Como la respuesta no fue tranquilizadora, el Beato volvió a escribirle el 12 de mayo: "Comprendo, por su carta, que su salud no es
buena, como todos nosotros deseamos; por tanto, queremos rezar mucho y hacer, por así decirlo, violencia al Señor y a la Santísima
Virgen. Todos los muchachos de nuestros colegios ruegan por usted. Don Miguel Rúa y yo celebraremos la misa de mañana por usted. El
viernes, a las seis de la tarde, tendremos audiencia con el Padre Santo. Le hablaremos mucho de usted (... ). El sábado se hará la
consagración de la iglesia y del hospicio del Sagrado Corazón, que tantas veces he encomendado a su caridad".En la consagración, se recordó con todos los honores a la familia Colle; porque lo pregonaban muy alto las tres campanas mayores que
llevaban grabados los nombres del Conde, de la Condesa y de Luis, con sus correspondientes elogios en inscripciones latinas, compuestas
por don Bosco y que aún se conservan en su autógrafo 1.1 De la anotación autógrafa de don Bosco:"La campana mayor del campanario de la iglesia del sagrado Corazón, en Roma, lleva esta inscripción: Floritus Colle Sanctae Romanae
Ecclesiae Comes patria Tolonensis in Gallia, fidei rerumque catholicarum propugnator et decor, Salesianae Congregationis benefactorum
princeps, tyntinabulum hoc in obsequium Summi Pontificis Leonis XIII dicavit, 1887. (Fleury Colle, Conde de la santa Iglesia Romana,
defensor y honor de la fe y de los intereses católicos en (su) Francia nativa de Tolón, primero entre los bienhechores de la Congregación
salesiana, ofrendó esta campana, en obsequio del sumo Pontífice, León XIII, en 1887)."La segunda campana: Sophia Comitissa Colle de nobili familia Buchet patria Tolonensis caritate et pietate undequaque fulgens
omnium virtutum viri sui fidelis pedissequa ad honorem B. V. A. Christianorum D. O. M. d. anno 1887. (Sofía, Condesa de Colle, de la
noble familia Buchet en su nativa Tolón, distinguida en caridad y piedad por todas partes, fiel seguidora de las virtudes de su esposo, en
honor de la B. V. A. de los Cristianos, ofrendó (esta campana) en el año 1887."La tercera campana: Aloysius Colle filius unicus Comit. Sophiae et Floriti Colle, dum innocentia caeterisque virtutibus parentibus
solatium et exemplum praeberet, florente aetate raptus est ne malitia mutaret intellectum eius. Quievit in osculo Domini aetatis suae anno
17, A.D. 1881. Parentes benedicentes Dominum, qui dedit et abstulit, pauperes Christi haeredes constituerunt, qui illorum thesauros in coelum
deportaverunt". (Luis Colle, hijo único de los Condes Sofía y Fleury Colle, tras haber dado consuelo y ejemplo de inocencia y demás
virtudes a sus progenitores, en la flor de la edad, fue llevado (por Dios) para que el pecado no cambiase su alma. Descansó en el Señor a
los 17 años, en 1881. Sus padres, bendiciendo al Señor que se lo dio y se lo quitó, nombraron como herederos suyos a los pobres de
Cristo, que transportaron sus tesoros al cielo).
116
((124)) Don Bosco adelantó su partida, como había dado a entender; en efecto, el 18 se encontraba en Pisa, huésped del Arzobispo
monseñor Capponi, desde donde escribió a Tolón. Reproduciremos íntegramente las cartas de don Bosco a los dos buenos señores y las
dejamos con las imperfecciones sintácticas, que junto con la caligrafía, revelan cansancio de mano y mente.Señor Conde y señora Condesa Colle:Fin de Página: 117
VOLUMEN XV Página: 117Creo habrán recibido la relación que el Padre Santo quiso hacer de ustedes al darles la santa bendición. Ahora sólo diré dos palabras
desde la casa Arzobispal del Arzobispo de Pisa, que me encarga les presente su respetuoso saludo.Mañana por la mañana saldré para Turín, donde queremos obligar del todo a la Santísima Virgen a que le devuelva su salud.Todos los salesianos ruegan incesantemente por usted y su Señora.Que Dios le bendiga a la Santísima Virgen, le conduzca siempre por el camino del Cielo. Así sea.Pisa, 18 de mayo de 1887.Afectuosísimo hijo JUAN BOSCO, Pbro.En la larga audiencia que el Padre Santo quiso concederme tuve ocasión de hablar de usted, de su esposa y de todas las obras buenas
que hacen y nos ayudan a hacer.Ha sentido que su salud no sea la que desearía y recomienda que se rece mucho en la iglesia del Sagrado Corazón y especialmente en la
novena y en la fiesta de María Auxiliadora.Yo le he recomendado que pida por usted en la santa misa para que el Señor le conceda mucha salud y por mucho tiempo. El me lo
prometió y me encargó le diera de su parte una bendición especial con indulgencia plenaria.Tenga paciencia con mi escritura.((125)) Casi un mes después, dirigía de Turín a Tolón una extensa carta en la que se ve su esfuerzo para sostener la vacilante pluma.Olvidó el encabezamiento.El año 1893, en un paseo con árboles al lado de la iglesia del Sagrado Corazón, se colocó en el muro una gran lápida con los bustos de
los tres Colle y el siguiente epígrafe de don Juan Bautista Francesia: Honori et memoriae Aloysii Colle Comitis F. Floriti et Sophiae
Buchet qui, cum pietatis et litterarum studio inclaresceret, quievit in Domino sexdecim an. n. parentes dum moesti Dei mentem adorant
rei suae haeredes pauperes Chr. constituerunt et pueros in primis qui Christianis moribus imbuendi alerentur Romae in aedibus a div.
Corde Jesu nuncupatis ut rei memoria ad posteros prorogetur hunc titulum insculpendum curavimus an. MDCCCXCIII.(En honor y memoria de Luis Colle, hijo del Conde Fleury y de Sofía Buchet el cual, brillando en piedad y estudios descansó en el
Señor a los 16 años. Sus padres, al tiempo que, dolientes, acatan los planes de Dios, constituyen herederos de su patrimonio a los pobres
de Cristo principalmente a los jóvenes para que traten de formarse en las costumbres cristianas en el colegio denominado del Sagrado
Corazón, en Roma, y, para que este recuerdo se perpetúe, hemos hecho esculpir esta lápida en el año 1893).
117Turín, 14 de junio de 1887Estoy en nuestro colegio de Valsálice, que se vio honrado con su presencia y que nos da ocasión para hablar con frecuencia de ustedes,
querido señor Conde y respetable señora Condesa. Por si su salud le permitiere venir a celebrar con nosotros las fiestas de san Luis y de
san Juan, ya están preparadas la habitación y la mesa para usted y su señora.Creo que su estancia aquí les resultará muy agradable, pues no les molestará el calor. Toda la casa está a su disposición. Pero, ante todo,
hemos de mirar por su salud, cuya verdadera situación ignoro.Mucho deseo pasar algún tiempo en su compañía para hablar un poco de nuestros asuntos de Roma, de San Benigno, de nuestros
misioneros; pero todo esto requiere buena salud por su parte y la de la señora Condesa. Todos los salesianos hacen oraciones por su salud
y tenemos plena confianza de que seremos escuchados.Fin de Página: 118
VOLUMEN XV Página: 118Las noticias de nuestros misioneros han sido malas, especialmente para monseñor Cagliero que, en el viaje de Patagonia a Chile, se ha
caído del caballo y ha quedado como muerto en la soledad de la Cordillera. Por ahora, salvó la vida y, después de un mes cuajado de
peligros, finalmente han llegado todos vivos a la ciudad de Concepción y han comenzado los trabajos para convertir a los salvajes.Nuestros misioneros escriben frecuentemente, encomendándose siempre a sus caritativas oraciones; por su parte, todos aseguran que no
dejan pasar un día sin encomendar su salud y la de su Señora a las oraciones de los salvajes, sobre todo a los que recibieron el nombre de
ustedes en el bautizo.Que Dios bendiga a ambos y que la Santísima Virgen sea su guía en todos los peligros hasta el Paraíso.Don Miguel Rúa y todos los salesianos les presentan sus cariñosos saludos. Toda la vida será su afectuosísimo hijo,Turín Valsálice.JUAN BOSCO, Pbro.Parece que el Conde encomendó a don Bosco que hiciera novenas, y en seguida recibió la siguiente respuesta, en la que de nuevo
olvidó el acostumbrado encabezamiento. Tampoco la Condesa se encontraba bien.Nosotros haremos la novena a la Santísima Virgen no sólo una vez, sino, como usted desea, hasta conseguir que Dios nos escuche,
como dice el cura párroco de San Luis. Dios lo haga. Toda la Casa reza con usted.((126)) Están con nosotros el Conde de Villeneuve y su hija Ana María para dar gracias a María Santísima. Hemos hablado mucho de
usted y me prometió unir sus oraciones a las nuestras por su completa recuperación.Bendito San Juan, no permitáis que celebremos vuestra fiesta sin obtener de Dios su perfecta curación, o al menos una notable mejoría.
Así sea.Cuando tenga la bondad de responder a mis cartas ruégole, sin cumplimientos, me ponga sólo dos palabras: Estoy o no estoy mejor. Y
ello, para que no se canse escribiendo una larga carta.
118Nosotros rogamos también por la señora condesa Colle y confiamos plenamente en su perfecta curación.Oh María, Madre piadosa y caritativa, rogad por nosotros y protegednos. Así sea.Su humilde y agradecido hijo JUAN BOSCO, Pbro.Cuando don Pedro Perrot comunicó que las condiciones del Conde no eran muy satisfactorias, don Bosco envió a don Miguel Rúa para
hacerle una visita, ya que además éste debía despachar unos asuntos en Marsella."Don Miguel Rúa, escribe el Beato 1, conoce muy bien sus intenciones, las de la señora Condesa y las mías".A la vuelta de don Miguel Rúa, escribió a la Condesa:Señora condesa Colle:Don Miguel Rúa nos comunica que el señor Conde está algo mejor. Bendito sea Dios. Nosotros seguimos haciendo nuestras oraciones.
Esperamos que la mejoría continuará, aunque sea poco a poco. Yo me encuentro casi en las mismas condiciones. Un poco mejor, pero no
puedo caminar, si no me sostienen dos personas.Pero usted, señora Condesa, desatiende su salud. Cuide a nuestro querido enfermo, pero no se olvide de usted.Fin de Página: 119
VOLUMEN XV Página: 119Todas las mañanas rogaré en la santa misa por el señor Conde y su señora hermana. Nuestros huerfanitos hacen todos los días
comuniones especiales, según su intención, en el altar de María Auxiliadora.
Oh gloriosa Santa Ana, obtenednos del Señor salud, santidad y perseverancia hasta el paraíso -paraíso -paraíso.
Turín, 26 de julio de 1887.Afectuosísimo hijo JUAN BOSCO, Pbro.((127)) Una imprevista y notable mejoría reavivó las esperanzas. Don Bosco manifestó enseguida su alegría a la Condesa:Señora condesa Colle:Bendito sea Dios y siempre agradecida la Virgen Santísima. La gracia o la curación del señor conde Colle es verdaderamente algo
admirable. Muchas veces había yo dicho y escrito: -Si a Dios place, llámeme a mí a la eternidad, pero conceda todavía tiempo a su hijo el
señor conde Colle para que pueda continuar su protección a nuestros misioneros y a nuestra naciente Congregación. Dios ha querido
elegir el día de mi nacimiento para darme tal noticia. Gracias sean dadas siempre a la Santísima1 Carta desde Turín, 7 de julio de 1887.
119
Virgen. Es la noticia más agradable. También le escribirá don Miguel Rúa; tenga usted paciencia para leer esta mi mala letra.
Sea siempre María nuestra protectora. Siga, por favor, rezando por este pobre sacerdote que siempre la quiere como un hijo.
Lanzo, 14 agosto 1887.JUAN BOSCO, Pbro.Posteriormente llegó el Director de La Navarre con noticias que confirmaron la buena marcha de la salud del Conde, por lo que el
Beato le escribió demostrando su alegría.Mi querido y óptimo amigo:
Espero en el Señor que seguirá mejorando y que la señora Condesa y usted disfrutarán de una salud normal. Nosotros hemos rezado
siempre con esta intención, pero lo haremos de un modo especial el día de la Natividad de María Santísima.
Yo sigo en Valsalice: don Miguel Rúa esta en nuestro colegio de Este, dirigiendo los ejercicios espirituales de los salesianos de
Lombardía. El sábado estará aquí conmigo.
Ha pasado aquí unos días con nosotros don Pedro Perrot y hemos tenido ocasión de hablar sobre su curación, la salud de la señoraCondesa y la de su señora hermana.
Que Dios nos bendiga y la santísima Virgen nos guíe en medio de todos los peligros, hasta que lleguemos al Paraíso.
Mis saludos para todos,
Turín, 6 de septiembre 87.Fin de Página: 120
VOLUMEN XV Página: 120Su humilde y afectuoso hijo JUAN BOSCO, Pbro.El 20 de octubre don Bosco debía poner la sotana en Foglizzo a noventa y cuatro aspirantes. El Conde había ((128)) enviado la cantidad
necesaria para comprar la tela.Esta carta de agradecimiento es la última que escribió al Conde y una de las últimas del Siervo de Dios.Turín, 17 octubre 1887Mi querido señor conde Colle:Don Pedro Perrot nos ha enviado su generosa limosna de cinco mil francos para ayudarnos a vestir a nuestros jóvenes clérigos. Los he
invertido inmediatamente para ellos y se ha fijado el jueves próximo para la ceremonia de la imposición de sotanas; y, ese mismo día,
rezarán y ofrecerán sus comuniones por usted y por la señora Condesa para que continúe su buena salud. Haremos oraciones especiales
por los vivos y difuntos de su familia.
120Animo, nosotros seguimos con nuestras oraciones. Mi salud va mejor. Bendito sea Dios y guárdenos la Virgen Santísima.Me consideraré feliz siempre que pueda todavía pedir por usted y su señora y profesarme su agradecido y humilde servidor.JUAN BOSCO, Pbro.El gran amigo y bienhechor de don Bosco pasó a la eternidad un mes antes que el Siervo de Dios; el 1 de enero de 1888 un ataque al
corazón truncó casi de improviso su existencia. En los altibajos de la enfermedad había recibido dos veces el Viático. Don Miguel Rúa
preparó el ánimo de don Bosco enfermo para recibir la dolorosa noticia.Para él y para la Condesa, al igual que para otros de sus mayores bienhechores había preparado don Bosco una carta, escrita con mano
temblorosa, para que fuese escrita con letra caligráfica y enviada después de su muerte. Se firmaba "afectuosísimo hijo" y les decía: "Le
espero donde el Señor nos ha preparado el gran premio, la felicidad eterna con nuestro querido Luis. La divina Misericordia nos la
concederá. Sean siempre el sostén de nuestra Congregación salesiana y la ayuda de nuestras misiones. Dios les bendiga".La caridad del finado continuó hasta el último momento; en las disposiciones testamentarias asignó a don Bosco y, en su defecto, a don
Miguel Rúa, un legado de cuatrocientos mil francos. Pero se metió el diablo de por medio. El testamento hológrafo, incorporado al
protocolo del notario Marquand, de Tolón, llevaba fecha del dos de julio de 1884; pero la filigrana del ((129)) papel sellado, sobre el que
se había extendido, llevaba fecha posterior, a saber, 1886. Un pariente lejano, a quien el Conde negaba la entrada en su casa, acogiéndose
a aquel pretexto, presentó demanda de nulidad. Cierto que el Conde había guardado en su domicilio un testamento idéntico en su
contenido y fecha, escrito en papel corriente; pero, desgraciadamente llevaba una nota autógrafa que decía: "Es copia exacta de mi
testamento, incorporado al protocolo del señor Marquand. Será firme, si el del protocolo del notario llegase a desaparecer".En realidad, el original era el escrito en papel corriente y el otro era copia posterior, aunque legalmente debía resultar lo contrario. El
impugnador se creyó seguro de conseguir su plan, aduciendo dos razones para demostrar la nulidad del testamento conservado en casa:
"1.° Una copia no puede tener mayor valor que el original. Y siendo nulo el original, nula debe ser su copia. 2.° El segundo testamento,
de acuerdo con la voluntad del testador, debería ejecutarse, si el del protocolo
121del Notario llegase a desaparecer. Y, como aquel testamento no había desaparecido, por tanto no se debía ejecutar el segundo".Por suerte, el tribunal civil rechazó la demanda de nulidad, basándose en que el testamento conservado en casa, estaba escrito, sin
ninguna contestación, fechado y firmado por el testador, y por tanto reunía los tres requisitos indispensables para la validez de un
testamento hológrafo; y debía dársele cumplimiento.La sentencia fue confirmada en recurso de apelación.Fin de Página: 122
VOLUMEN XV Página: 122La Condesa viuda, dignísima heredera del difunto, aunque había una cláusula en el testamento diciendo que todos los legados en
numerario se satisfarían dos años después de su muerte, decidió desembolsar inmediatamente lo destinado a don Bosco y quedó muy
satisfecha, cuando vio acabados todos los trámites. Pero, al hacer efectivas las cuentas, el dinero percibido en limpio apenas llegó a
ochenta mil francos.((130)) Sobre la tumba del conde Colle se lee un versículo de los Salmos, que expresa el postrer testimonio de afectuosa gratitud del
Beato don Bosco a su bendita memoria. Tres días antes de que lo siguiera al cielo, la tarde del 28 de enero de 1888, cuando ya le costaba
mucho hacerse entender y dar indicio de que entendía, se hablaba en voz baja junto a su lecho, sobre una sentencia bíblica para grabarla
como epitafio del difunto. Don Miguel Rúa era del parecer que se pusiera: Orphano tu eris adjutor (tú serás sostén del huérfano);
monseñor Cagliero, en cambio, proponía esta otra: Beatus qui intelligit super egenum et pauperem (dichoso el que cuida del pobre y
desvalido). Don Bosco, a quien los circunstantes creían ajeno a cuanto se estaba hablando, abrió de pronto los ojos y haciendo un gran
esfuerzo dijo: Pater meus et mater mea derelinquerunt me, Dominus autem assumpsit me; (mi padre y mi madre me abandonaron, pero el
Señor me acogió).La Providencia del Señor confiaba a don Bosco grandes obras de bien en provecho especialmente de la juventud pobre y abandonada; el
mismo Señor hizo que don Bosco encontrara al Hombre que fue en años de extrema necesidad para la consolidación de sus obras, el
administrador y tesorero de la divina Providencia.
122
((131))CAPITULO IVDE FRANCIA A ROMA
Y DE ROMA A TURINMULTIPLES asuntos, algunos de ellos graves y delicados, reclamaban imperiosamente la presencia de don Bosco en Roma; así que, al
volver, siguió viaje hasta allí sin pasar por Turín. Pero como se acercaba el tiempo pascual, durante el cual era muy poco o nada lo que
podría hacer en Roma, pasó un par de semanas visitando las casas de Liguria y aprovechando la estación propicia para buscar limosnas.Salió, pues, de Niza, el 27 de marzo, acompañado por don Celestino Durando y el clérigo Reimbeau y se dirigió primeramente a
Vallecrosia. Aquella comunidad se componía de dos sacerdotes, un clérigo y dos coadjutores, los cuales, a la espera de que la nueva casa
estuviera en condiciones para ocuparla, vivían muy austeramente; tanto que don Bosco y sus acompañantes tuvieron que dar gracias al
caballero Moreno que les ofreció generosa hospitalidad. El clérigo Reimbeau describe cómo vivían aquellos hermanos 1:"Su vida es, en verdad, edificante. Son tan pobres que da pena verlos."He visitado, cuando era miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl, muchas familias menesterosas, pero rara vez encontré alguna
más pobre."Frecuentemente, ((132)) cosa increíble, durante semanas enteras, no comen más que legumbres cocidas con agua y sin más
condimento que la sal."No obstante, soportan tales privaciones con una alegría que causa estupor y nunca vi caras más alegres. Habitan en una verdadera
cabaña de patagones; la capilla es un almacén de aceite, lo mismo que las clases. Es tan reducida que se sufre la falta de aire; yo no podía
resistir y me ahogaba."Pero pronto pasarán a una casa espaciosa, donde hallarán abundante recompensa a los actuales sufrimientos".1 Carta a don Julio Barberis, San Remo, 3 de abril de 1881.
123Parece que el Señor quiso premiar, en el Torrione, la caridad del buen cooperador y glorificar la santidad de don Bosco con dos hechos
prodigiosos.La señora Moreno, pariente del Caballero, yacía enferma desde hacía mucho tiempo, y he aquí que la mañana del 31 de marzo quedó de
pronto inconsciente un hijo suyo. Los recursos médicos para hacerle volver en sí no producían efecto; por lo cual, los médicos
consideraron el caso extremadamente peligroso. Ante tal noticia, experimentó tan fuerte impresión la madre que, de repente, empeoró su
enfermedad y la puso al borde de la muerte. Nuestro don Luis Pesce le administró a toda prisa los últimos sacramentos. Cuando donFin de Página: 124
VOLUMEN XV Página: 124Bosco supo lo ocurrido, se afligió por el generoso caballero Moreno, a cuya casa quiso ir para visitar a los enfermos.El hijo no daba señales de vida, la madre agonizaba y el médico iba del uno a la otra, sin dar un hilo de esperanza. Don Bosco se acercó
a ambos, se recogió unos instantes, rezó y les bendijo. íFue algo admirable! El muchacho comenzó inmediatamente a desperezarse y
quedóse luego adormecido con un sueño tranquilo, hasta el atardecer, en que, plenamente restablecido, pidió levantarse dando a entender
que tenía mucha hambre. También la señora se sintió de improviso tan mejorada que, antes de que se hiciera de noche, estaba
completamente curada. El marido, por su parte, vuelto también de la muerte a la vida, si ya era hasta entonces un buen cooperador
salesiano, desde aquel día profesó a don Bosco el más cordial agradecimiento, como lo demostraba con los hechos, pues había recibido de
Dios un rico patrimonio.((133)) Desde Vallecrosia escribió don Bosco, al menos, dos cartas que conocemos. La primera está dirigida al Director de Niza.Carísimo Ronchail:Procura enviarme a Alassio la carta de don Faustino Confortóla y otra, que comencé pero no terminé.Dejé o, mejor, dejaron olvidada mi zamarra en el coche que nos llevó a la estación. Cuando la encuentres, haz un envoltorio con la
dirección: Don Bosco, Turín. Y, después, cuando haya una ocasión, mándamela.Hemos olvidado el "Bellet" 1 de la señora Daprotis.Resumiéndolo todo, parece que se pueda decir:1.° Tus deudas principales están pagadas, pero conserva la dirección de las personas que te he dejado anotadas, que están dispuestas a
ayudar.1 Más abajo queda explicado el término "Bellet" (N. del T.).
1242.° Cuando puedas, visita a la señora Medà, a la señorita Guigon, atiende a la señora Daprotis.3.° Si conviene que yo escriba alguna carta, dímelo y procuraré hacerlo.4.° Procura reunir frecuentemente a tu capítulo, para insistir en que no se pegue a los muchachos; que lea cada uno la parte del
reglamento que le corresponda. Tenemos mucha labor y nos faltan brazos. Recemos.Que Dios te bendiga, mi siempre querido Ronchail, y te conceda buena salud; bendiga también a esos nuestros queridos hijos y
hermanos. Saluda a nuestros amigos y bienhechores y créeme siempre en Jesucristo.Torrione, 29-3-81.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Mañana por la tarde espero ver a don Francisco Cerruti y podré hablar con él de nuestras cosas.
El "Bellet de la señora Daprotis", era una caja de botellas de vino, así llamado por la viña que lo producía y que aquella señora le había
regalado. Era vino de noventa años. Don Bosco lo quería llevar a Roma para regalárselo al Padre Santo. La segunda carta era para don
Julio Barberis.Fin de Página: 125
VOLUMEN XV Página: 125Mi querido Barberis:1) He recibido tus noticias y las de nuestros queridos jóvenes. Bendigamos a Dios por todo. Cada día bendigo a nuestro querido don
Esteban Buffa y pido a Dios que me lo conserve todavía mucho tiempo.((134)) 2) Dirás al clérigo Lucas que me ha alegrado mucho su carta, que continúe; necesito hablar un poco con él, antes de presentarlo
a la ordenación, y, mientras tanto, que esté tranquilo sobre mi paternal afecto.3) Respecto a los trabajos que deben hacerse, he dado plenos poderes a don Miguel Rúa, procura entenderte con él.4) Nuestras cosas van bien. La labor es inmensa, seguid rezando.5) Me alegro mucho de que los ejercicios hayan resultado bien; a propósito de esto, dirás a nuestros queridos clérigos y sacerdotes, y,
nominalmente a don Luis Piscetta y a don Merigi, que necesito algún héroe en la virtud y que, al menos un par, lleguen a hacer milagros.
Sin ello, no puedo seguir adelante.Dios nos bendiga a todos y nos conserve en su santa gracia. Rezad por mí, que siempre seré en el Señor.Ventimiglia, 29 de marzo 1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Don Esteban Buffa murió en San Benigno el 7 de abril siguiente. Había abandonado los estudios en el segundo curso de liceo y,
aquejado
125sucesivamente de varias enfermedades, después de algún tiempo de vida inquieta, halló por fin la paz, gracias a don Bosco quien, después
de hacerle pasar unos meses en Varazze y algunos más en Alassio, lo aceptó en el noviciado. Pero, al ver que sus días estaban contados,
le acortó el tiempo de las ordenaciones sagradas hasta el presbiterado, lo que rio le fue difícil, gracias a la benevolencia del nuevo obispo
de Ivrea, monseñor David de los condes Riccardi. "El recuerdo de aquel sacerdote, se lee en la crónica de la casa de San Benigno
permanecerá imborrable en los que tuvieron la suerte de conocerlo y de admirar sus selectas virtudes".El primero de abril por la tarde se trasladó a San Remo, donde le esperaba el director de Alassio, don Francisco Cerruti, que, después de
dar la bienvenida al Padre, volvió a su colegio. Todos se hospedaron en el convento de las hermanas de la Visitación, entre las cuales se
encontraba una sobrina de don Julio Barberis 1.Allí tuvo ocasión don Bosco ((135)) de conocer a una gran dama inglesa, recién convertida al catolicismo, y muy adinerada, la cual
respondió a su invitación, mostrándose dispuesta a ayudar la obra de Vallecrosia; pero le hubiera gustado, sobre todo, obtener una
fundación en Inglaterra. Permaneció casi cuatro días en San Remo, donde aquellas religiosas le trataron lo mejor que se podía desear. El
reposo y el aire saludable confortaron mucho su delicada salud."Gozo, escribía el citado Reimbeau, al ver lo bien que le ha sentado el poco tiempo que ha pasado en San Remo; tiene pocas visitas,
trabaja él solo en su habitación, no habla con nadie y descansa. Hoy se encuentra muy bien. Además, las hermanas de la Visitación lo
tratan como se debe".El día 4 de abril dejó San Remo para ir a Alassio, y envió esta cartita a don Miguel Rúa:""Quién sabe si no será posible que te conviertas en mi ángel custodio de Sampierdarena a Roma? Nuestras paradas serían más cortas,
yo estaría más descansado, y tú verías las cosas con tus propios ojos. Dime quid tibi"."Qué podía responderle sino: Tanto m'è bel, quanto a te piace? 2 Un deseo de don Bosco era un mandato estricto para don Miguel Rúa.Antes de ir a Roma, necesitaba entrevistarse con los principalesFin de Página: 126
VOLUMEN XV Página: 1261 Véase M. B. Vol. XII, pág. 411, en la que, por cierto, se habla de una "tía" y no de una "sobrina". (N. del T.).2 DANTE, Inf XIX, 37.
126Superiores, entre los cuales se encontraba don Juan Cagliero, que seguía ejerciendo el sagrado ministerio en Utrera; por eso, escribió
desde Alassio:Carísimo Cagliero:No sé si podrá llegarte a tiempo mi carta. De todos modos te digo que, si puedes encontrarte el miércoles santo en Sampierdarena,
estará también allí don Miguel Rúa y podremos hablar. El me acompañará en la visita a las casas de La Spezia, Florencia, Roma y, al
volver, probablemente Lucca, Este, Venecia, etc., etc. Mi plan es poder encontrarme el 6 de mayo en Turín para celebrar la fiesta de san
Juan ante portam latinam.Tengo la cabeza in cimbalis, y con todo aún debo seguir la marcha. Espero sin embargo, que don Rúa me podrá ayudar. Saluda a donJuan Branda, a don Carlos Pane, a don Ernesto Oberti, al maestro de música y al jefe de cocina Gentre.((136)) La casa de Florencia está en marcha desde el 4 de marzo pasado y don Faustino Confortóla hace maravillas.Hemos recibido buenas limosnas en Francia para la iglesia del Sagrado Corazón y su colegio. Y tú y don Juan Branda: "habéis logradoempezar algo?Saludad y presentad mis respetos al señor Marqués de Ulloa y a su familia, y también al señor Arzobispo, a quien esperamos en Turín.Alassio, 6-4-1881.Vuestro afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.Envió también una serie de instrucciones a don Francisco Dalmazzo; de la tercera de las cuales deberemos hablar más adelante.Carísimo Dalmazzo:Don Miguel Rúa se unirá a mí el miércoles santo y me acompañará hasta Roma; haremos una breve parada en Florencia, desde donde te
comunicaré el día y la hora de nuestra llegada. Mientras tanto:1.° Prepara las cosas de modo que, si todavía no es posible instalarnos en la casa nueva, nos podamos alojar cristianamente, aun a costa
de algún gasto, si es preciso.2.° Prepara el terreno para ver si podemos conseguir alguna ayuda para la iglesia y el colegio del Sagrado Corazón: del municipio de
Roma, del Ministerio de Hacienda, nuestro feligrés 1, del Ministerio de Gobernación, del de Gracia y Justicia y del Economato.3.° El canónigo Colomiatti, abogado fiscal, insiste en la necesidad de arreglar el asunto de don Juan Bonetti. Yo le he contestado quedepende solamente de él:a) Levantando la suspensión a don Juan Bonetti.b) Retirando las acusaciones hechas en Roma contra él. Veremos. En Roma hablaremos de todo.1 El nuevo palacio del Ministerio de Hacienda está a poca distancia del Sagrado Corazón.
127Fin de Página: 128
VOLUMEN XV Página: 1284.° Si puedes, visita al señor Alejandro y dile que este año no he podido ir a celebrar santa Matilde el día establecido; pero que las
fiestas solemnes se trasladan y deseo nos bebamos una botella de Chipre o de otra buena marca.5.° "Has recibido los veinte mil francos para la iglesia del Sagrado Corazón, procedentes de Tolón? Espero que llegarán más, muy en
breve.6.° Saluda a las señoras Oblatas y a la Madre Presidenta de mi parte. Y también a los de casa Vitelleschi, al comendador Morello, al
caballero Vignolo, etc. El señor Moreno te podrá aconsejar y dirigir sobre la manera de conseguir los subsidios que más arriba te indico.
((137))Ruega mucho por mí, querido Dalmazzo. Dios te bendiga y créeme siempre en J. C.Alassio, 6-4-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.P. D. El próximo domingo voy a predicar un sermón en San Remo; después iré a Varazze y a Sampierdarena.
Finalmente pensó también en don Joaquín Berto a quien dedicó una decena de encargos y alguna expresión de alegría para tranquilizar
su espíritu habitualmente malhumorado.Mi querido Berto:Para que me ayude a resolver varios y espinosos asuntos, necesito que don Miguel Rúa me acompañe a algunas de nuestras casas. Mas,
por tu parte, son necesarias varias cosas.1.° Que tú le pongas al corriente de nuestros principales asuntos en Roma, con los papeles que se refieren al noviciado de Marsella, a
los tres favores que hemos solicitado y a la iglesia del Sagrado Corazón.2.° Prepárame, además, un par de zapatos de los que no crujen, mi esclavina de verano, algunos pañuelos, el Breviario de primavera,
algunas circulares del Sagrado Corazón en francés y una cantidad suficiente en italiano.3.° Pon esto y todo lo demás, que creas conveniente, en tu saco de viaje y acompaña a don Miguel Rúa a Sampierdarena el miércoles
próximo 1. Allí hablaremos de otras cosas que no conviene ponerlas por escrito y te daré normas a cumplir durante mi ausencia y la de
don Miguel Rúa. Después volverás a Turín con Reimbeau, para dirigir la siembra de las habichuelas 2.4.° En confianza, tenemos cosas bastante graves entre manos y, por tanto, considera de urgente necesidad rezar mucho y ofrecer
fervorosas comuniones.5.° Si han terminado de imprimir nuestros privilegios, conviene que don Miguel Rúa traiga consigo varios ejemplares, para entregarlos
en las distintas casas por donde pasemos y también para mí.1 Miércoles santo, 13 de abril.2 Los jóvenes aspirantes a salesianos. (Véase M. B. Vol. XIII, pág. 738).6.° Que Dios te bendiga, mi querido Berto: que Dios te mantenga siempre firme en su santa gracia y pide mucho por mí, que seré
siempre tuyo en N. S. J. C.Alassio, 4-8-1881.Fin de Página: 129
VOLUMEN XV Página: 129Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Mis saludos a nuestros amigos de siempre 1.
((138)) Sería necesario que nos detuviéramos un poquito sobre algunas cosas a las que alude esta carta. La primera se refiere a las
"circulares del Sagrado Corazón", y la otra al opúsculo de los privilegios; pero hablaremos de ello en los capítulos decimotercero y
decimocuarto.Salió hacia Alassio después del mediodía y llegó al anochecer. Superiores y alumnos salieron en grupitos a su encuentro. Dijo
bromeando a los primeros:-Habéis salido a recibir a don Bosco cum fustibus et lanternis.Escribe don Pedro Giordano: "Cuando don Bosco venía a Alassio siempre era recibido festivamente, más que en triunfo, especialmente
por nuestros alumnos y superiores". Y, más adelante, repite: "Cuando don Bosco pasaba por Alassio, era una fiesta, una fiesta para los de
Alassio y especialmente para nosotros los salesianos". Empujado por la gran necesidad de dinero para la iglesia del Sagrado Corazón, dio
una conferencia en la parroquia, después de la cual, don Francisco Cerruti y el párroco Della Valle pasaron la bandeja de la colecta. El
mismo don Pedro Giordano nos ha dejado un recuerdo importante.Hablaba don Bosco de Pío IX y dijo que el santo Pontífice se lamentaba de no verlo durante su última enfermedad y encargó le
invitaran para ir a visitarlo; pero las puertas del Vaticano estaban entonces muy cerradas para él, como ya se contó en el volumen
decimotercero de estas Memorias.Don Bosco refirió esto en el refectorio, mientras se tomaba el café y le rodeaban algunos salesianos, entre los que se hallaba don Pedro
Giordano, el cual dice que le parece recordar exactamente las palabras de don Bosco, que fueron:"Lo que más sentí fue haber sabido que el Papa, al no ver a don Bosco, dijo a su familiar estas palabras: Cuando don Bosco necesitaba
del Papa era solícito en acudir al Papa y el Papa lo recibía como un1 Los muchachos que rezaban por él y por el éxito de los asuntos que llevaba entre manos.
129padre acoge a un hijo querido; y ahora que el Papa necesita de don Bosco, don Bosco no se deja ver".Al proferir estas palabras el Siervo de Dios tenía los ojos cubiertos de lágrimas y no añadió más 1.((139)) Cuando el Siervo de Dios llegó de San Remo a Alassio, encontró al Director sumamente afligido por un caso recientemente
ocurrido.
Desde el curso 1878-1879 iba diariamente el salesiano don Mateo Torrazza con otro maestro a dar clase en las escuelas del municipio de
Laigueglia; allí comían y volvían a casa al anochecer. A primeros de abril se armó la de san Quintín en Laigueglia contra aquel maestro, y
he aquí que el Secolo de Milán, periódico anticlerical, publicó un telegrama de Alassio, diciendo que un sacerdote salesiano,
perteneciente al colegio salesiano de aquella ciudad, había ultrajado torpemente a los niños de las escuelas municipales de Laigueglia,
donde actuaba como maestro. Al primer telegrama siguió otro, confirmando el anterior y recargando la dosis, dando a entender que don
Bosco se había trasladado a Alassio para acallar la cuestión y remediar el mal haciendo que los padres de los alumnos no retiraran
indignados sus hijos del Colegio.El Osservatore Cattolico de Milán 2, buscó informaciones y replicó después al colega de la otra orilla, refiriendo voces malignas
esparcidas por aquel rincón de Liguria hasta contra don Bosco. Don Francisco Cerruti telegrafió a la hoja difamatoria diciendo que el
colegio de Alassio era totalmente ajeno a los hechos inmorales de Laigueglia; que era falso que el acusado fuera sacerdote salesiano; y
falso que los padres quisieran retirar a los alumnos. Obligado por la ley, el periódico de la secta tuvo que publicar el telegrama, y no
volvió a menear el delicado asunto.Para distraer a don Francisco Cerruti de la dolorosa impresión que todo aquello le había producido, el Beato lo llevó consigo a PortoFin de Página: 130
VOLUMEN XV Página: 130Maurizio, donde esperaba obtener una buena colecta.((140)) Se hospedaron en casa del canónigo Fabre, amigo suyo, donde1 Cartas de don Pedro Giordano, Alassio, 30 de noviembre y 4 de diciembre de 1932. Este año, 1932, en un número único que
publicaron los Conceptinos o Concepcionistas, para conmemorar el aniversario de su fundación, el padre Spreáfico, barnabita, historiador
del Instituto, aseguraba que don Bosco quiso inmiscuirse en asuntos de los Conceptinos, para renovar sus reglas y que, por ello, el Papa
Pío IX no lo quiso recibir más. Los documentos que hemos publicado en los volúmenes XII y XIII, demuestran que don Bosco fue
encargado expresamente por Pío IX para reformar aquella Congregación. En cuanto a la otra afirmación, el testimonio de don Pedro
Giordano viene a valorar cuanto hemos dicho en otro lugar sobre la razón de los obstáculos que se pusieron de por medio para impedirle
que llegara al Papa.2 N.° 88, sab.-dom. 16-17 de abril de 1881.
130durmieron dos noches. Don Bosco, acompañado del excelente abogado Ferraris, llamó a muchas puertas, pero con escaso resultado. A
pesar de ello, tranquilo y sonriente, bromeaba con las nulas o escasas limosnas que recibía y hasta con las mismas negativas que a veces
les daban.Con este su buen humor que nunca le abandonó, dio, además, una buena lección en la mesa de su huésped. El último día le
acompañaban dos señoritas, sobrinas del canónigo, una de las cuales, algo casquivana, permitía a un jovencito, que también se sentaba a
la mesa, que le dirigiera palabras, que no eran ciertamente malas, pero tampoco muy correctas. Don Bosco, queriendo cortar aquellas
necias bromas, dijo sin malicia que se acordaba de un soneto que había aprendido de joven, en el que se jugaba con las palabras donna
(mujer) y danno (daño) y empezó a recitar lentamente el primer cuarteto. La señorita comprendió la intención y, con cierto aire travieso,
le disparó:-"Cómo se entiende que, siendo huésped en nuestra casa y en nuestra misma mesa, se permita afrentarnos?Don Bosco, como si no hubiese captado la desfachatez, siguió recitando con su cachaza el soneto hasta acabar. La señorita se recomía,
pero no le interrumpió ni osó después decir palabra. Tampoco el joven se atrevió a soltar más galanterías. Veremos que la cosa terminó
bien.Aquella tarde dejó a don Francisco Cerruti en casa del canónigo y, acompañado por el abogado Ferraris, volvió a dar vueltas en busca
de limosnas. Vivía en Porto Mauricio una señora llamada María Acquarona, soltera, que hacía diez años guardaba cama por una
enfermedad incurable en la espina dorsal. Todo el vecindario la conocía. Tuvo primero intención de enviar simplemente una limosna a
don Bosco; pero, luego pensó que era mejor rogarle que le hiciera una visita y le diera su bendición. Don Bosco fue y le recibió con
muestras de la más grande alegría. Estaban con la enferma una hermana y el cuñado, abogado Ascheri, que en ((141)) pocas palabras, le
explicó la naturaleza y circunstancias de la enfermedad, de la que los médicos no daban esperanzas de curación. El Beato la animó a
confiar en la Santísima Virgen, la bendijo y le señaló unas oraciones para que las rezara a continuación; y de allí pasó a otra habitación,
donde se detuvo un ratito hablando con los dos abogados. En el momento en que se levantaba para salir, presentóse vestida la enferma,
diciendo que ya no sentía ningún dolor. El abogado Ascheri empezó a gritar: ímilagro!, y todos fueron presa de una intensa emoción.
131La señora caminaba expeditamente, después de tantos años sin haber dado un paso. Acompañó a don Bosco hasta la puerta de la calle, y
le dijo que iría a la estación a despedirlo; pero él le recomendó que no se dejara ver en la ciudad para no llamar la atención. Volvió a casa
del canónigo Fabre y allí, como un padre habría hablado con su hijo, contó lo sucedido a don Francisco Cerruti con toda ingenuidad,
observando por fin:-Siento, sin embargo, que la señora quiera ir a la estación. íSe va a armar un gran ruido! Paciencia: hágase la voluntad de Dios... Pero
estoy contento, querido Cerruti, prosiguió con una bondad que conmovió hasta las lágrimas al Director, estoy contento de que tú, en
medio de tus penas, tengas este alivio. Cuando cantes el himno de San José, al llegar a las palabras miscens gaudia fletibus (alternando
alegrías y dolores), dilo despacio: es la historia de esta vida.La noticia del suceso conmovió también a la sobrina del canónigo, que se presentó muy humildita al Siervo de Dios y, puesta de
rodillas a sus pies, le pidió perdón por lo ocurrido durante la comida.íQué sorpresa más grande, cuando llegó la hora de dirigirse a la estación! La noticia del prodigio había corrido por la ciudad como unFin de Página: 132
VOLUMEN XV Página: 132relámpago y atrajo a mucha gente para ver a don Bosco. La señora, que había precedido a don Bosco en un coche, paseaba tranquilamente
a la entrada; todos la contemplaban estupefactos y, sin casi prestar fe a sus propios ojos, le preguntaban si era ella verdaderamente la
señora María. "Yo mismo ((142)) la vi, depuso en los procesos don Francisco Cerruti, y confieso que daba la impresión de una persona
que nunca hubiera estado enferma: tan buen aspecto tenía".La señora esperaba a don Bosco para renovarle su agradecimiento. El Beato, apenas llegó, quería retirarse a la sala de espera para
librarse de la muchedumbre, lamentándose con la señora de que no le hubiese escuchado y suplicándola que volviera a su casa. La señora
dio sus disculpas y le entregó un sobre cerrado, que contenía un billete de mil liras.La sala se llenó inmediatamente de personas. Llegó el tren, y el abogado Ascheri pidió en alta voz a don Bosco que diera su bendición a
los presentes. Todos se arrodillaron para recibirla. Y, después de bendecirlos, subió con don Francisco Cerruti al tren, directo a San
Remo. Los pasajeros, llenos de curiosidad, habían querido saber en la breve parada el porqué de tanto gentío y, cuando el tren se puso en
marcha, todos hablaban de lo visto y daba cada cual su opinión. Un joven del departamento de don Bosco exclamó:-Yo no creo en los milagros ni en Dios.
132-Pero usted creerá en hechos comprobados por testigos, replicó don Bosco. No sería razonable obrar de otro modo.Y empezó a contarle cómo aquella señora había curado repentinamente con una simple bendición. El joven escuchaba con atención. Y,
don Bosco cuando terminó de contar lo sucedido, le preguntó cómo explicaría él la cosa sin admitir la intervención de lo sobrenatural; y,
apremiándole después con unas sencillas razones sobre la existencia de Dios, terminó preguntándole:-Entonces, "hay alguno por encima de nosotros?-No hay más remedio que admitirlo, contestó aquél.-Por consiguiente...-Yo no quiero pensar en ello.-Pero, "y por qué?-Porque... porque no quiero cambiar de vida; se lo digo francamente. Pero, "quién es usted?-No hace falta saberlo, le respondió don Bosco, a quien ((143)) ninguno de los presentes conocía.Y se levantó para bajar del tren, pues ya habían llegado a San Remo.Volvía don Bosco a San Remo para dar una conferencia, anunciada cinco días antes con una circular suya para aquellos "beneméritos
ciudadanos" 1. Habían llegado a faltar los medios para proseguir la edificación en la vecina Vallecrosia; y, para agenciar recursos, había
constituido una comisión de treinta y seis señores y señoras de la localidad, dispuestos a postular entre sus conocidos. Ellos hicieron
también la propaganda para atraer gente que escuchara a don Bosco, y se palpó su efecto. En aquel balneario habían sembrado
abundantemente los protestantes la indiferencia religiosa; y, sin embargo, se llenó la iglesia de San Siro y hasta la misma plaza se colmó
de gente ansiosa de oír a don Bosco. El teólogo Margotti, que era de San Remo y conocía muy bien su ciudad natal, llegó a decir que el
haber logrado reunir a tanta gente para su sermón, en una población tan fría para las prácticas religiosas, le parecía uno de los milagros
más grandes realizados por don Bosco. Al terminar la conferencia, anunció que pasaría él mismo el cepo por entre los asistentes para
recoger las limosnas, y siguió diciendo:-Os extrañaréis, quizás, al ver a un sacerdote cruzando la iglesia con el cepo en la mano; pero, cuando miro al crucifijo y pienso en1 Véase Apénd. Doc. núm. 6.
133todo lo que ha hecho Jesús por nuestra salvación, tomo con gusto el cepillo en mi mano y me pongo a pedir limosna por su amor.Juntó así ochocientas liras. Don Francisco Cerruti testificaba en los Procesos que lo vio después en la sacristía tan agobiado, tan
postrado y casi desfigurado, que le impresionó vivamente. A pesar de todo, se sentó y concedió audiencia a buen número de personas queFin de Página: 134
VOLUMEN XV Página: 134deseaban hablarle y poner en sus manos la limosna.Aquel mismo día volvió a Alassio. Allí redactó un documento, que es una prueba de su constante vigilancia para mantener ((144))
firmemente unida la Congregación. Como ya se dijo anteriormente, don Francisco Cerruti había sido nombrado Inspector de las casas de
Liguria y Francia; y, ya fuera por aliviarle en su cometido, ya fuera en atención a su delicada salud, el Siervo de Dios le había asignado
un vicedirector en la persona de don Luis Rocca. Este cargo, admitido también como necesario en el colegio de San Carlos de Almagro,
constituía una novedad no contemplada hasta entonces en ningún reglamento. Para que ello tuviese un aspecto normal y uniforme,
redactó los siguientes artículos:Funciones del Vicedirector1. El Vicedirector condivide con el Director todo lo que se refiere al gobierno de la Casa, y le sustituye en su ausencia.
2. A él está confiada la dirección religiosa, moral y disciplinar de los alumnos internos y externos, de cuya conducta es el principal
responsable. El deberá, por tanto, vigilar atentamente lo que a esto se refiere y mantener relación con el Prefecto, el Catequista, el
Consejero y los Maestros y Asistentes para tener todos los informes con que conocer el estado preciso de las cosas e impedir o remover
desórdenes y promover con ardor la piedad, la moralidad y la disciplina.
3. Cada domingo examinará con el Prefecto las calificaciones semanales de la aplicación que le pasará el Consejero Escolástico y las de
los dormitorios, que le entregue el Catequista.
4. Se informará, al mismo tiempo, de las faltas que se hubieren cometido urante la semana en la iglesia, en el paseo, en el comedor y en
el recreo.
5. Podrá encargarse de la admisión de los alumnos y del personal para el servicio doméstico, ateniéndose a las normas establecidas y
asegurándose, sobre todo, de sus condiciones religiosas y morales. Después comunicará el resultado de sus diligencias al Prefecto, a fin
de que tome nota en el registro de los que solicitan entrar.
6. En unión con el Director, rellenará mensualmente el formulario que se ha impreso especialmente para el estado de cuentas de la
Casa.
7. Le corresponderá también a él la ejecución de lo establecido por los artículos 8 y 10 del Reglamento del Director en las
Deliberaciones del Capítulo General, a saber:
-(8) Procure el Director también visitar la Casa todos los días; vea la marcha de todo; pase por los dormitorios, por la cocina,
por los comedores y por la despensa; y observe lo que allí se hace. Esta es la manera de impedir que arraiguen los desórdenes.
134((145)) -(10) Llevará un registro de las personas beneméritas y bienhechoras para invitarlas con motivo de fiestas
religiosas, veladas y distribución de premios a los alumnos.8. No podrá, sin embargo, salvo en casos graves y urgentes, despedir alumnos o personal de la Casa, ni hacer cambios de Maestros y
Asistentes, sin consentimiento del Director, a quien compete de modo particular la alta dirección de la Casa, la religiosa y moral de los
Socios y todo lo que atañe a las relaciones con el exterior, ante los padres de los alumnos y las autoridades eclesiásticas, civiles y
escolares.
9. Los Socios y los alumnos podrán, sin embargo, dirigirse al Director por cualquier motivo.
De allí se trasladó a Sampierdarena, donde se encontró con don Miguel Rúa y otros miembros del Capítulo Superior con quienes
confirió un par de días. De aquella estancia, sólo podemos narrar un hecho que don Joaquín Berto recordó en los Procesos como testigo
ocular que fue. Una señora genovesa, cuyo nombre calla el testigo por delicadeza, vivía en total desacuerdo con su marido, quien hacía
doce años ni le dirigía la palabra, sino que pedía a la hija cuanto necesitaba. Jamás ocurría que le hablara en la mesa, nunca le daba la
menor muestra de atención. En aquel estado crónico de mal humor, había hasta olvidado toda práctica religiosa; ya no había misas ni
oraciones. Era insoportable la vida en familia.La angustiada mujer, no sabiendo a qué santo encomendarse, fue a Sampierdarena para ver a don Bosco, encomendarse a sus oracionesFin de Página: 135
VOLUMEN XV Página: 135y recibir una palabra de consuelo. Pero le encontró tan ocupado que, sin más, le dijo:-Me es imposible entretenerme mucho tiempo con usted.La pobrecita, apenas había empezado a contarle sus penas, cuando el Beato la interrumpió diciendo:-Entregue a su marido esta medalla.Y, con buenas maneras, la despidió. En este expeditivo modo de comportarse, había, además, razones de prudencia, fáciles de adivinar.
Pero no se puede describir la aflicción de la pobre señora, al verse también privada ((146)) del consuelo que tanto esperaba. Encontróse
con don Pablo Albera, director de la casa, le enseñó la medalla y le dijo:-"Cómo me las arreglo yo para entregar esta medalla a mi marido? No reza nunca. La tirará a cualquier parte.Aconsejóle don Pablo Albera que cumpliera fielmente el consejo de don Bosco y ella replicó que no se sentía con ánimos para ello;
pero don Pablo le repitió la misma recomendación.-Pues bien, respondió ella, lo haré y ípase lo que pase!Un sábado por la noche, después de cenar en su casa de campo, la
135señora, haciendo de tripas corazón, dijo a su marido que había visto a don Bosco, el cual le había prometido que rezaría por toda la
familia y que le ofrecía aquella medalla. Entonces él, enrojeciéndosele el rostro, exclamó:-"Una medalla?Y así diciendo salió del comedor y se retiró a su habitación. La mujer, llena de terror, lo siguió. El marido, al encontrarse cara a cara
con ella, se echó a llorar, dijo que ya era tiempo de acabar, la abrazó y prometió que, en adelante, sería otro. Al día siguiente, con estupor
de cuantos les conocían, fueron juntos a misa; en suma, la paz había vuelto a aquella casa. Don Pablo Albera aseguraba por propia
experiencia la eficacia de la sugerencia dada por don Bosco.De la correspondencia ya referida se desprende claramente que, si esta vez, quiso don Bosco por compañero de viaje a Roma a don
Miguel Rúa, tuvo sus buenos motivos. El más importante se relacionaba con la iglesia del Sagrado Corazón. Había que conocer los
contratos estipulados por la administración anterior con los proveedores, entenderse con los arquitectos, examinar los planos del colegio,
estudiar todos los medios para conseguir el dinero necesario: trabajo inmenso en el que don Miguel Rúa le ayudaría eficazmente, de
modo que le dejase en libertad para atender otros asuntos. Y, entre éstos, ocupaban primer lugar los trámites para conseguir los
privilegios y acabar la voluminosa cuestión de don Juan Bonetti con los asuntos de Chieri 1. Sentimos, sin embargo, que el conjunto de
informaciones recogidas acá y allá no ((147)) sea proporcionada al cúmulo de asuntos que don Bosco trató; más aún, hasta nos faltan
noticias de cosas que no tenían por qué quedar envueltas en la sombra de un prudencial silencio. El único informador debería haber sido
don Miguel Rúa, pero sólo tenemos una carta suya y tres cartitas telegráficas para don José Lazzero. Evidentemente andaba preocupado
con otros cuidados muy distintos de los de enviar noticias a Turín.Hicieron una parada de tres días completos en Florencia, a donde llegaron al anochecer del 16 de abril, vigilia de la Pascua. Desde el 4
de marzo vivía allí don Faustino Confortóla, en la calle Cimabue, en una humilde casita 2, a la que procuraba atraer el mayor número
posible de muchachos para el catecismo diario y el oratorio festivo. La casa era tan pequeña que no tenía espacio para albergar a nadie;
así que don Bosco siguió aprovechando la hospitalidad que le había ofrecido la1 Véase M. B. Vol. XIV, pág. 203.2 Todavía puede verse, en el número 31.
136condesa Jerónima Uguccioni. El día de Pascua por la mañana, se quedó atendiendo las visitas en casa y envió a su compañero de viaje a
celebrar la misa en la pobre capillita del Oratorio; mas, por la tarde, fue allí él mismo. Asistido por don Miguel Rúa y don Faustino
Confortóla, impartió la bendición eucarística; después repartió a los muchachos una gran cantidad de caramelos que le había regalado,
para tal fin, una cooperadora. Se valió naturalmente de la preciosa ocasión para ganarse la amistad de aquella turba juvenil. Visitó
también aquella tarde al Arzobispo, monseñor Eugenio Cecconi, ya que no le fue posible presentarse antes por celebrarse en la catedralFin de Página: 137
VOLUMEN XV Página: 137las funciones de Pascua. Dedicó los otros dos días a visitar a los bienhechores y tratar algunos asuntos, como veremos más adelante. El
último día no aceptó ninguna otra invitación y comió con sus Salesianos. Durante aquellos días visitó a muchas personas y dejó tras sí
una estela luminosa, que no sabemos decir si fue de admiración por ((148)) su fascinante amabilidad o de veneración que se
transparentaba en su rostro, en su hablar y en toda su persona 1.Nuestros viajeros llegaron a Roma por la noche del día 20 de abril.
Antes de llegar a Florencia y después de salir de allí, conocieron a muchos que ya eran cooperadores o que pidieron serlo. Esta vez don
Bosco no se hospedó en Tor de'Specchi, sino que encontró un discreto alojamiento en la casita adquirida, junto a la iglesia del Sagrado
Corazón. Don Miguel Rúa describe así las condiciones del lugar 2:"El lugar en que moramos aquí en Roma es muy cómodo, ameno y saludable. Quizá es uno de los sitios de Roma, donde mejor se está
y donde no se corre el riesgo de las fiebres palúdicas, ni siquiera en verano. Pero también aquí nos encontramos frente a los protestantes.
Verdaderamente parece que el Señor nos quiera destinar a combatir la herejía con las armas de la oración, la escuela y la caridad, ya que,
como sabes, en Bordighera nos encontramos precisamente cerca de los protestantes, en La Spezia estamos a su lado, a poquísima
distancia; nuestro pequeño centro de Florencia, que llegará a ser grande, no se pudo ubicar en otro sitio, más que en la parte de la ciudad
donde los protestantes hacen su propaganda; y, aquí en Roma, el colegio de los protestantes queda separado del nuestro sólo por una
calle. Pidamos, pues, al Señor que nos ayude a triunfar en la misión que nos1 Véase: L. MORI, Don Bosco en Florencia, Florencia, Lib. Sal. edit. 1930. La parte más interesante para nosotros de este opúsculo
está en los testimonios de los supervivientes, que tendremos muy en cuenta.2 Carta a don José Lazzero, 22 abril 1881.
137quiere confiar, comenzando por mandarnos socorros para que progrese rápidamente la nueva construcción, que costará bastantes cientos
de miles, si no se necesita algún millón. Don Bosco reza y trabaja cuando puede para salir bien de la empresa, sin dejar de intentar
cualquier medio que pueda ayudar, pero siempre está diciendo que necesita las oraciones de los muchachos". ((149)) La audiencia del
Padre Santo no se hizo esperar mucho; el Beato se apresuró a escribir una relación para los Cooperadores, que apareció en el Boletín de
mayo 1.Será de gran satisfacción para vosotros, Beneméritos Cooperadores y Cooperadoras, conocer la insigne benevolencia que el Padre Santo
ha manifestado para con vosotros, y que yo os comunico con mucho gusto.El 23 del corriente abril, por la tarde, se dignó recibirme en audiencia privada Su Santidad León XIII. Tuve comodidad para exponerle
el celo con que los Cooperadores ayudan nuestras obras de caridad en Italia, Francia, España y América. Con extraordinario interés quiso
el Padre Santo informarse minuciosamente de la iglesia y del colegio de los Llanos de Vallecrosia, junto a Ventimiglia, de La Spezia y de
Florencia. El Padre Santo tiene un particular interés por estas obras, porque -decía él-ayudan directamente a la Iglesia, asaltada por el
error y por los que lo propalan. Comunicadles en mi nombre que mando la Bendición Apostólica a esos celosos Cooperadores, que les
agradezco todo lo que están haciendo y les recomiendo la firmeza en su propósito de hacer el bien. No faltan dificultades, pero Dios no
dejará de prestar su ayuda. La obra que les está encomendada es grande. El recoger a los muchachos pobres, educarlos y evitar que
acaben en la cárcel, para entregarlos a la sociedad, hechos buenos cristianos y honrados ciudadanos es algo que, por fuerza, ha de obtener
la aprobación de los hombres de toda condición.-Pero, "cómo van la iglesia y las escuelas del Sagrado Corazón de Jesús en el Esquilino?, "progresan los trabajos?, "adelantan o están
parados?Yo pude responder que los trabajos avanzan rápidamente y que hay cerca de ciento cincuenta obreros que dedican su arte y su industria
a aquella Obra, tantas veces bendecida por Su Santidad. Hice notar que la caridad de los fieles nos animaba, pero que el gravamen de la
obra comenzaba a dejar sentir la falta de dinero.Un momento antes una persona había ofrecido al Padre Santo la cantidad de ciento cincuenta mil francos para el óbolo de San Pedro.-Vedlo, me dijo con jovialidad, este dinero llega a tiempo: lo recibí con la mano derecha y os lo doy con la izquierda; tomadlo y que os
sirva para los trabajos emprendidos en el Esquilino. Espero que el mundo apreciará este esfuerzo del Sumo Pontífice para una Obra que
he tomado a pechos y confío que otros generosos donantes no dejarán de cooperar con los medios que Dios puso en sus manos. Me gusta
mucho que hayáis podido ((150)) organizar limosneros. Así, recogiendo limosnas pequeñas, se podrán reunir más fácilmente los medios
que se necesitan.Fin de Página: 138
VOLUMEN XV Página: 138Me pareció que, en aquel momento, el Padre Santo estaba algo emocionado y exclamó:1 La relación lleva la fecha de la audiencia; se la envió a don Juan Bonetti el 29, con esta advertencia: "Te adjunto una carta para el
Boletín. Si encuentras algo que corregir, hazlo".
138-Sagrado Corazón de Jesús, sed para todos los fieles fuente de gracias y bendiciones. Bendecid a todos los que se afanan por vuestra
Iglesia en las distintas partes del mundo, pero descienda abundantemente una bendición especial vuestra sobre todos los Cooperadores y
Cooperadoras de San Francisco de Sales, sobre todos los donantes y, en especial, sobre los Limosneros, que trabajan por aumentar
vuestro honor y vuestra gloria. Sí, continuó el Padre Santo, bendecidlos a todos: bendecid su labor, sus familias, sus intereses y haced que
sean felices en la tierra y bienaventurados en el cielo.Ante estas palabras del Vicario de Jesucristo, no me atreví a expresar más pensamiento que el de la gratitud, asegurándole que los
Cooperadores Salesianos continuarían trabajando con todo celo por la gloria de Dios y de la Santa Madre Iglesia.Y, puesto que las obras encomendadas a la piedad de nuestros Cooperadores van dirigidas a la ayuda de los más necesitados de la
sociedad y al sostenimiento de nuestra Santísima Religión, creo que la limosna necesaria para ganar el Jubileo concedido por el Padre
Santo, del 19 de marzo al 1.° de noviembre del año en curso, puede entregarse en favor de las mismas.Finalmente, os aseguro, Beneméritos Cooperadores y Cooperadoras, que todos los muchachos favorecidos por vosotros elevarán cada
día conmigo sus oraciones de costumbre, pidiendo al Cielo por vuestro bienestar espiritual y material.El Jubileo, a que se refiere don Bosco, había sido anunciado por León XIII en la recepción del 20 de febrero al Sacro Colegio, que
acudía a cumplimentarlo por el tercer aniversario de su exaltación. Como respuesta a los homenajes y augurios de los Cardenales,
después de deplorar las ofensas infligidas en casi todo el mundo a la Iglesia y las tristes condiciones a que había sido reducida la Santa
Sede, terminó diciendo:"Persuadidos, por otra parte, de que el auxilio oportuno debe esperarse principalmente del cielo, sin el cual son vanos todos nuestros
esfuerzos y fatigas, y recordando que, en las épocas más procelosas y en los momentos más espantosos, siempre acostumbra la Iglesia
hacer oraciones públicas y obras de penitencia, hemos resuelto abrir este año para toda la cristiandad un Jubileo extraordinario, a fin de
que, multiplicadas las oraciones ((151)) y las obras santas, se apiade más pronto el Señor y prepare a la Iglesia tiempos mejores. Este
Jubileo si bien, por una parte, es indicio de las gravísimas circunstancias en que se encuentra la Iglesia, por otra, es motivo de esperanza y
aliento, pues abre, con generosa abundancia, en beneficio de la catolicidad, los preciosos tesoros de los que, por divina bondad, es tan
rica la Esposa de Jesucristo".Mientras don Bosco esperaba su turno para la audiencia, entre prelados y señoras, se desarrolló uno de aquellos episodios que, con tanta
habilidad, sabía él provocar y llevar hasta el final. Entró en la
139antecámara un Monseñor a quien él no conocía, pero se lo presentó un señor distinguido, con quien él conversaba:-Este es monseñor Pío Delicati, le dijo.Tenía; pues, don Bosco ante sus ojos al mismo que, en la controversia sobre la Vida de San Pedro, había emitido un parecer
desfavorable. Tampoco el otro conocía a don Bosco; más aún, ni siquiera podía sospechar que éste hubiera logrado saber cómo se
llamaba el consultor que tan desfavorablemente había informado su libro, ya que, en la comunicación que le habían enviado, se hizo
desaparecer su propio nombre 1.-Quiero tomarme el desquite, pensó para sí don Bosco.Acercóse a él con elegancia, hízole una pequeña reverencia y le saludó. Entonces el Monseñor le preguntó con quién tenía el honor de
hablar.Fin de Página: 140
VOLUMEN XV Página: 140-Con Juan Bosco, un pobre sacerdote de Turín.
-íAh, don Juan Bosco! Es un nombre muy conocido: el de un famoso escritor.
-Perdone Vuecencia: escritor, sí, pero ando muy lejos de creer que sea famoso.
-Modestia por su parte. Sus libros hacen mucho bien.
-Ciertamente, no es mi intención hacer el mal. Sin embargo habrá oído hablar de las dificultades que me encontré para cierto librito..
.
((152)) -"Con cuál?
-La Vida de San Pedro.
-Me extraña.
-Pues así fue. Hubo quien encontró en él expresiones inexactas y no faltó quien lo consideró digno de ser puesto en el Indice. íBuenohubiera sido!, porque yo había seguido en todo a Cucagni 2 y a Santorio 3, y se hubiera condenado con tal sentencia a dos autores de
peso, aprobados ya por los mismos jueces que estaban dispuestos a condenarme a mí. Añado que, para esta obrita, tenía yo una carta
laudatoria que me había enviado Pío IX. Menos mal que el mismo Padre Santo cortó la cuestión.1 Véase: LEMOYNE, M. B., Vol. VIII, pág. 647.2 LUIS CUCAGNI, Vida de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, sacada de la Sagrada Escritura e ilustrada con consideraciones de los
Santos Padres, Roma, 1777. En dos volúmenes, Venecia, 1782.3 P. AEM. SANCTORIUS, Acta SS. Petri et Pauli ex Sacris Scripturis collecta, Roma, 1597.
140-íMenos mal! "Y tiene usted muchos alumnos en... sus colegios?-Bastantes, Monseñor... Y, como le decía, mi Vida de San Pedro...-Y dígame... "son muchos sus colegios?Al ver don Bosco que su interlocutor hacía cuanto podía por salir de aquel terreno escabroso, habló de sus colegios. Monseñor Delicati
tuvo buen cuidado de no dar a entender que había sido él el famoso relator. Don Bosco, por su parte, no quiso ser descortés, sino que le
recomendó a sus muchachos, besó respetuosamente su mano y se retiró unos pasos atrás.Veamos ahora las pocas cartas escritas en Roma, que han llegado a nuestro conocimiento. De una sólo tenemos noticias por las actas de
la junta femenina de Marsella, ya que el abate Guiol habló de ella a las Señoras, en la sesión del 28 de abril. Y leyó los pasajes más
notables, traduciéndolos al francés. Decía don Bosco:"Acabo de salir de la audiencia con el Papa y se lo comunico a usted antes de nada. Ha hablado mucho de Marsella. Ha escuchado con
visible complacencia lo que le decía ((153)) sobre nuestras construcciones y el número creciente de alumnos y de aspirantes al
sacerdocio. Aprueba y recomienda un noviciado en esa Ciudad. Por fin añadió:"-Tengo dificultad para escribir por mí mismo, pero os ruego que deis las gracias de mi parte a la Junta de Señoras y a la de Señores y a
cuantos os ayudan. Bendigo, además, y muy especialmente a los Señores de la Sociedad Beaujour. Les bendigo a ellos, a sus familias y
sus intereses espirituales y materiales."Después, continuando, se habló de los Cooperadores y de la iglesia del Sagrado Corazón, como se verá impreso en el Boletín
Salesiano. Don José Bologna me escribe diciendo el empeño que usted y la Junta ponen para atender nuestra Obra. Que Dios les
recompense a todos con largueza".Nos quedan, además, otras tres cartas, de las que presentaremos, primero, la que escribió a la marquesa Fassati, con motivo de la muerte
de la condesa De Maistre, su pariente. La difunta, que siempre había socorrido a don Bosco, dejóle en testamento tres mil liras 1.Fin de Página: 141
VOLUMEN XV Página: 1411 Véase Apénd. Doc. núm. 7.
141Benemérita Señora Marquesa:Estaba yo de viaje cuando sucedió la desgracia de la muerte de la llorada condesa De Maistre, benemérita bienhechora de la
Congregación Salesiana, pero supe enseguida la noticia. Inmediatamente ordené que, en todas las casas de la Congregación, se hicieran
oraciones especiales por el eterno descanso de su alma, que fundadamente creo haya sido acogida por la misericordia del Señor y pasado
enseguida a gozar de la felicidad eterna del cielo.Sin embargo, seguiré rezando todos los días por la difunta y también, de modo especial, por V. S. para que Dios la conserve con esa
buena salud que, por tanto tiempo, fue objeto de nuestras oraciones comunitarias y de otros muchos.En la audiencia privada con el Padre Santo, pude hablar cómodamente de las familias De Maistre y Fassati. Recordó con mucha
benevolencia el nombre y apellido del señor Conde Francisco, Eugenio y Carlos. Expresó su condolencia por la muerte de la Condesa
Madre y aseguró que la recordaría en la santa misa. Después concluyó:-A todas esas familias beneméritas (De Maistre, Fassati, Ricci y Montmorency), comunicadles, de mi parte, ((154)) la bendición
apostólica, y yo, a mi vez, me encomiendo a sus oraciones.Espero que su salud continuará siendo buena: todas las mañanas hago un memento en la Santa Misa a tal fin.Que Dios la bendiga, Señora Marquesa, y la conserve para que pueda ver el fruto de su caridad; que conceda toda suerte de bienes a la
baronesa Azelia, al barón Carlos Ricci, y, encomendándome a sus santas oraciones, tengo el honor de poderme profesar en J. C.Roma-Puerta de S. Lorenzo, n. ° 42,
30 de abril de 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Espero estar en Turín para la novena de María Auxiliadora.
Responde después a la señora María Acquarona, que le escribió diciendo que había recaído en su enfermedad.Estimadísima Señora:He recibido su carta que me satisfizo, por un lado, y, por otro, me apenó con su recaída en la enfermedad de antes. Verdaderamente,
como le dije, yo deseaba no llamar la atención, rezar y dar gracias al Señor.Pero ahora debemos redoblar nuestras plegarias. Dios nos escuchará ciertamente de modo definitivo, si nuestra petición no se opone al
bien de nuestra alma. En este sentido, he pedido al Padre Santo una bendición especial, que me otorgó de muy buena gana, añadiendo que
pediría, además, por usted y su señora hermana Vicenta.Le ruego comunique mis humildes saludos al Rvdo. Fabre y al señor abogado Ascheri y familia, cuando tenga ocasión de verlos. Dios
la bendiga, benemérita señora
142
María, le recompense la caridad que me ha hecho para la iglesia y el colegio de los Llanos de Vallecrosia y rece por mí, siempre suyo enJ. C.
Roma, Porta S. Lorenzo, 42
26 de abril de 1881.Fin de Página: 143
VOLUMEN XV Página: 143Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.No cabe la menor duda de que Dios escuchó "de modo definitivo" su oración. En efecto, tres años más tarde, el abogado Ascheri,
cuñado de la señora, se encontró en el tren con don Francisco Cerruti, a quien no reconoció, y se puso a hablar ((155)) de don Bosco y de
lo que había visto con sus propios ojos en Porto Maurizio; y, como era buen conversador, encantó con su charla a los viajeros que le
escucharon con mucho interés. Además, seis años después de obtenida la gracia, el mismo don Francisco Cerruti volvió a ver en el
colegio de Alassio a la señora agraciada, que acudía allí para ver a don Bosco y entregar su limosna como cooperadora.Como estaba todavía pendiente en el Consejo de Estado la cuestión del bachillerato del Oratorio -tal y como ya se narró en el volumen
anterior-, don Bosco intentó ver de nuevo al Ministro de Instrucción Pública, en el que el ultraliberal Guido Baccelli había sucedido a
Francisco de Sanctis, desde el 2 de enero.Por la tercera carta, dirigida al conde Tomasi, tenemos ya un indicio de las muchísimas antesalas que en Roma tuvo que hacer, y de las
cuales ni siquiera ha quedado un recuerdo. Sin duda le tocaría dar muchos pasos inútilmente para conseguir los privilegios. De otras
gestiones sólo nos queda la nimiedad de una solicitud para alcanzar una condecoración de la Orden de San Mauricio para el señor José
Repetto de Lavagna Lígure, que había hecho realizar a sus expensas construcciones importantes en el colegio de San Juan Evangelista de
Turín 1. Esta es la carta al conde Tomasi, funcionario en el Ministerio de Instrucción Pública:Muy amable señor Conde Tomasi:Agradezco de corazón la amabilidad de V. S. por las dos cartitas que ha tenido a bien dirigirme, respecto de la audiencia con el señor
Ministro Baccelli. He acudido precisamente a la hora señalada, y esperé desde las once de la mañana hasta la una y cuarto de la tarde.
Entonces se me dijo que volviera al día siguiente, a la una de la1 Véase Apénd. Doc. núm. 8.
143tarde. Fui. Llegó el Ministro, y después me tuve que marchar sin poder hablarle, ni pedirle otra hora.No me fue posible ni acercarme al Secretario General.Por tanto, enviaré una solicitud al departamento, mas sin poder hablar de varias cosas referentes al bien público.Con todo, le estoy muy agradecido por la bondad que ha tenido, ((156)) al ocuparse de nuestros pobres muchachos. Pido a Dios que le
colme de sus celestiales bendiciones, mientras tengo el honor de poderme profesar,DeV. S.Roma, 9 de mayo de 1881.Su atto. y s. s.JUAN BOSCO, Pbro.P. D. Para asegurarme de que mi solicitud llegue a manos de algún jefe en el Ministerio, me parece lo mejor acudir a su bondad para
que la entregue usted mismo.
Durante su estancia en Roma, el Beato envió a don Miguel Rúa a visitar a los salesianos de la casa de Magliano Sabino. Durante el
viaje de Roma a Magliano, parece que el secretario de don Bosco se encontró con el futuro cardenal Lafontaine, Patriarca de Venecia, por
entonces joven estudiante, el cual escribió así treinta y cuatro años después 1:Fin de Página: 144
VOLUMEN XV Página: 144"Me impresionó mucho su afabilidad, su recogimiento y la confianza, plena de consideración, que tuvo conmigo".El 10 de mayo por la mañana, el Beato intervino en una hermosa función. Algunos centenares de peregrinos franceses, deseosos de
ganar el Jubileo, hacían las visitas prescritas a las basílicas mayores, invitando cada vez a algún prelado a que les celebrara la misa. En
San Juan de Letrán, invitaron a don Bosco, rogándole les hiciera una plática en su lengua nativa. Aceptó de buen grado. En sus palabras
expresó dos conceptos: encomió su acierto al dirigirse devotamente a la que era Mater et caput omnium ecclesiarum, después de haber
rendido homenaje al Vicario de Jesucristo, al Pastor de los pastores, y se congratuló con ellos por haber acudido a fortificar su propia fe
con la adhesión a la Cátedra de San Pedro y con el afecto a su sucesor, León XIII, cuya bendición recibida pocas fechas antes, sería
prenda de días mejores para ellos, para sus familias y para su patria, donde en medio de tanto mal había siempre tanto bien, de modo que
era una nación que no había ((157)) nunca desmentido su título glorioso de Hija primogénita de la Iglesia.1 Carta a don Angel Amadei, Venecia, 22 de septiembre de 1915.
144El Siervo de Dios convocó, según costumbre, en Tor de'Specchi, a los Cooperadores romanos, la tarde del 12 de mayo. El periódico
L'Aurora, del día 13, daba relación de la conferencia y hacía notar que don Bosco tenía aspecto del cansado, y que su palabra era pausada.
Asistía el Cardenal Alimonda. El mismo periódico resume así su conferencia:Después de anunciar que el Sumo Pontífice enviaba una bendición especial a todos los Señores que asistían a la reunión, dijo que
hablaría de la obra de los Salesianos en general y, después, de la iglesia del Sagrado Corazón. Las casas de los Salesianos, desde el año
anterior, habían aumentado. Las misiones de la Patagonia prosperaban. Se habían consolidado y aumentado las fundaciones de Nizza,
Ventimiglia, La Spezia, Lucca, Florencia; donde los nuevos centros fundados prosperaban junto a instituciones similares, abiertas por los
protestantes, y lograban paralizar sus perniciosos efectos y arrebatar almas al reino de Satanás. Juventud y porvenir son una misma cosa,
según frase de Dupanloup, y se puede augurar a Italia un porvenir sereno, si esta obra benéfica de educar y salvar a la juventud, mediante
la ayuda de los Cooperadores Salesianos, toma nuevo incremento.Y, pasando a hablar de la iglesia del Sagrado Corazón, dijo que había sido un acertado proyecto levantar sobre la colina del Esquilino,
consagrada otrora a las deidades de los gentiles, un templo a la divina Clemencia, esto es, al Sagrado Corazón de Jesús. Y, así como un
día estuvieron allí las excubiae, o centinelas, convenía que surgiese un establecimiento donde se educaran los centinelas, destinados a
velar por la salvación de las almas.El egregio Padre Maresca había comenzado las obras con celo. Y los Salesianos las continuarían. Hasta sesenta y seis centros
protestantes, salones, escuelas y grandiosos hospicios estaban haciendo en Roma labor de captación de las almas, disputándoselas a la fe
católica, siendo muchos los que, deslumbrados por la promesa de trabajo y fáciles concesiones, se han dejado seducir. Convenía poner
una valla a dicha propaganda y recoger a estos jóvenes sin padres, sin protectores, sin pan, de cualquier parte de Italia que sean; y, por
tanto, se debía levantar, junto a la iglesia del Sagrado Corazón, un asilo donde albergar y educar por lo menos a quinientos muchachos.
Con este fin, acudía a la caridad de los Romanos, que, si hasta entonces habían sido generosos y le habían ayudado a hacer el bien en
otras ciudades de Italia, hoy deberían tenderle la mano para que no se echara de ver en Roma que los protestantes despliegan con solicitud
energías y tesoros para el triunfo de la herejía, mientras los Romanos se muestran desidiosos e impotentes para el triunfo de la fe.
Terminó diciendo que para ((158)) alentarlos a esta caridad, el Eminentísimo Cardenal Alimonda había aceptado amablemente la
invitación de dirigirles la palabra y que él se consideraba feliz, al ver que el elocuente Purpurado trataba la causa de los Salesianos.El Cardenal Alimonda, al hablar de los Salesianos, expresó el siguiente juicio: "Esta Congregación parece haber sido instituida por la
Providencia para proporcionar bálsamo a muchas heridas, levantar a muchos caídos, proporcionar la paz a muchos desesperados,
glorificar
145el nombre de Dios y exterminar el pecado". Y, para terminar, observó delicada y oportunamente: "Vosotros los romanos tenéis un clero
virtuoso, es cierto, pero los auxilios morales nunca son demasiados y se reciben con mucho gusto, vengan de donde vengan".La conferencia de Tor de'Specchi fue la despedida. El 13, por la tarde, llegaba a Florencia, donde habló el domingo 15, a los
Cooperadores y amigos florentinos en la iglesia de San Florencio, atendida por los filipenses. Para preparar bien esta reunión, había
esbozado una circular 1, que mandó a don Faustino Confortóla, con la siguiente carta:Fin de Página: 146
VOLUMEN XV Página: 146Carísimo Don Faustino:Lea la carta que le adjunto para el señor Vicario, ciérrela después y llévesela junto con la carta de invitación a los Cooperadores;
modifique lo que sea del caso, mándela imprimir con la mayor rapidez; y, luego,1.° Hágase una tirada de unos seiscientos ejemplares;2.° Envíese a todo el clero de Florencia, a todos los señores y señoras que indiquen don Justino Campolini, la señora marquesa
Uguccioni y otras personas benévolas;3.° Cuando el señor Vicario haya determinado la iglesia, vaya usted enseguida a hablar con el rector de la misma, para no entorpecer las
funciones sagradas de costumbre. Comuníqueme después lo que se va haciendo.4.° Para expedir las invitaciones, ponga un sello de dos céntimos, y le podrán ayudar la señora Marquesa, sus hijas, don Justino y otros
que nuestra buena mamá conoce.Nosotros llegaremos a Florencia el viernes por la noche y partiremos el lunes por la mañana, después de la conferencia. Saludos para
nuestros queridos Salesianos, roguemos para que todo resulte bien y a mayor gloria de Dios, y la gracia de Dios estará siempre con
nosotros. Amén,Roma, 10 de mayo de 1881.Afmo. en J. C.
JUAN BOSCO, Pbro.((159)) Según la relación que don Faustino Confortóla, director de aquel recentísimo oratorio festivo, envió a don Juan Bonetti y que
éste publicó en el Boletín de julio, el Beato dio allí a conocer quiénes eran los Salesianos, cuáles sus intenciones, qué labor habían
desarrollado en otras poblaciones, qué iban a hacer en Florencia y la necesidad que tenía de Cooperadores y Cooperadoras y de todos los
buenos para lograr su intento. El corresponsal, después de relatar muy por1 Véase Apénd. Doc. núm. 9.
146encima lo restante, reprodujo casi a la letra lo que dijo sobre la limosna, uno de los temas preferidos de don Bosco, especialmente durante
el último decenio de su vida, lo mismo cuando predicaba que cuando hablaba o escribía; más aún, casi en vísperas de su muerte, se sintió
en la obligación de escribir un libro a propósito sobre esta materia. En un tiempo, en el que la humanidad se engolfaba cada vez más en el
egoísmo y en la febril búsqueda de bienes materiales, don Bosco hizo cuanto supo y pudo para ayudar al mundo a emplear bien lo
superfluo. Les dijo a los florentinos:Me preguntaréis cómo tener dinero superfluo para dar limosna, en los años críticos que corren, cuando no se sabe cómo tirar adelante.
Y yo os respondo con franqueza que todos tenemos algo superfluo para dar a los pobres y favorecer las obras benéficas: basta quererlo.
Hay superfluidad en las casas, en el lujo que en ellas se ostenta. íCuántos muebles, cuántos objetos preciosos y superfluos! Superfluidad
en caballos, coches y provisiones. Superfluidad en las personas de servicio, en los vestidos, en la comida y hasta en muchos bolsillos.
Ahora bien, según el precepto del Señor, lo superfluo se debe dar a los pobres.Algunos hacen un problema sobre la cantidad que deben dar como limosna de lo superfluo; dicen unos que la quinta parte; otros que la
cuarta y hay quien dice más y quien menos. Yo creo que el problema está resuelto con las palabras del Evangelio, que no pueden ser más
sencillas ni más claras: Quod superest, date eleemosynam, lo que os sobra, dadlo como limosna.Y, entre aquellos a quienes debéis dar vuestra limosna, están esos muchachos pobres y abandonados, que vagan sucios, descalzos yFin de Página: 147
VOLUMEN XV Página: 147harapientos por las calles de vuestra propia ciudad, que viven pordioseando y se amontonan de cualquier modo por la noche en ciertos
albergues, sin nadie que se apiade de sus cuerpos ni de sus almas. Crecen en la ignorancia de las cosas de Dios, de la religión y de sus
deberes ((160)) morales; se hacen blasfemos, ladrones, impúdicos, viven engolfados en todos los vicios, son capaces de cualquier acción
criminal, y muchos de ellos acaban desgraciadamente en manos de la justicia, que los arroja a que se pudran en una cárcel, o caen, lo que
es peor, en brazos de los protestantes. Estos ya tienen abiertos en Florencia muchos albergues, donde la pobre juventud, deslumbrada por
el brillo del oro y mil promesas engañosas, después de haber perdido todo otro bien y pisoteado toda otra virtud, arrojan lastimosamente
su fe.Hechos similares los tenéis cada día ante vuestros ojos. Vosotros mismos me habéis contado cómo los protestantes ya han envuelto en
sus redes, con dinero y regalos de todo género y prendas de vestir o comestibles, a muchos jovencitos y jovencitas, hasta familias enteras
que, como vosotros decís, se han vendido a los enemigos de nuestra fe, a los emisarios de Satanás."Cómo remediar tanto mal e impedir sus lamentables consecuencias? Don Bosco ha venido para esto a Florencia, accediendo a las
invitaciones de S. E. Rvma. el señor Arzobispo, y de los Cooperadores y Cooperadoras. Don Bosco ya ha abierto un oratorio festivo en
Florencia, precisamente en la calle Cimabue, n.° 31. Don Bosco quisiera abrir, además, un internado donde recoger a muchos pobres
niños abandonados, salvarlos de la corrupción de costumbres y de la pérdida de la fe, y educarlos de modo que lleguen a ser buenos
ciudadanos y verdaderos cristianos.
147Pero don Bosco necesita para esto de vuestra caridad; necesita que le entreguéis lo superfluo, que ya él sabrá usar para mayor gloria de
Dios y de la Virgen Santísima y para salvación de las almas, especialmente de la juventud.Por tanto, para concluir, os diré: tengo que irme de Florencia, pero os dejo a mi representante, el Director del oratorio antes aludido.
Volcad en sus manos, conforme a las posibilidades que Dios os ha dado, limosnas con largueza, y así mis deseos, que son los vuestros, se
realizarán: se salvarán muchas, muchísimas almas, y, como dice San Agustín, salvando las almas de vuestros prójimos, habréis asegurado
la salvación de la vuestra.A la conferencia acudieron también clérigos de algunos seminarios, deseosos de conocer al Siervo de Dios. Uno de ellos, monseñor
Joaquín Bonardi, obispo de Pérgamo y auxiliar del cardenal Mistrangelo, recordaba la suave impresión experimentada entonces al
saludarlo, besar su mano y oír su palabra sencilla, pero llena de unción.Pese a algunas contrariedades, de las que habremos de hablar, don Bosco tenía tanta fe en la Providencia que, al partir ((161)) para
Turín, encargó al Director que no cejara; que pensara no solamente en construir un colegio, sino también una iglesia al lado, digna de la
gran Madre de Dios y de la piedad de los buenos; que él estaba dispuesto a hacer por los florentinos todos los sacrificios posibles 1.No parece que sucediera ningún suceso extraordinario en Florencia. Don Miguel Rúa, en su carta a don José Lazzero, alude solamente a
un retraso desagradable, pero providencial, en la partida durante el primer viaje: aquel contratiempo permitió a don Bosco recibir un
notable donativo que no esperaba. En Roma, en cambio, sí que había sucedido algo, pero sin ruido de ninguna clase.Los hechos, según don Francisco Dalmazzo, fueron dos. En uno de ellos, casi se multiplicaron verdaderamente las gracias. Con la
bendición de María Auxiliadora, devolvió don Bosco la salud a una señora. A poco encontróse ésta con unos conocidos suyos que eran
protestantes, y, al preguntarle cómo había salido de la grave enfermedad tan de repente, contó lo que le había sucedido. Ellos, que tenían
una hija muy enferma, sin cuidarse de prejuicios religiosos, decidieron llevarla a don Bosco. El Beato la bendijo y la muchacha curó. Su
madre, llena de satisfacción, iba diciendo:-íEsta es la equivocación de nosotros, los protestantes, no honrar a María!En 1885, recibió don Bosco una carta de aquella familia, comunicándole la conversión de todos sus miembros al catolicismo.1 Carta de don Faustino Confortóla a don Bosco, Florencia, 10 de junio de 1881.
148Otro día, mientras celebraba la santa misa en nuestra antigua iglesita de la calle Vicenza, entró un señor, enfermo de las piernas hacía
dieciocho años, que apenas se sostenía con unas muletas, y rogaba a don Francisco Dalmazzo que lo presentara al Siervo de Dios; pero
don Francisco, que tenía que volver a casa para preparar el desayuno a don Bosco, se lo confió al clérigo Zucchini. Este lo acompañó a su
presencia, después de la misa. Con toda humildad, el buen señor le pidió la bendición. Don ((162)) Bosco le hizo unas preguntas y, vistaFin de Página: 149
VOLUMEN XV Página: 149su viva fe, lo bendijo, le quitó de sus manos las muletas y le dijo:-íCamine!El cojo empezó a andar sin la menor dificultad y salió con las muletas bajo el brazo, diciendo que las quería conservar como recuerdo.
Después, mientras tomaban café, dijo el Procurador a don Bosco:-"Entonces quedó completamente sano, después de recibir su bendición?-Ha sido la bendición la que lo ha curado, corrigió él.-Pues yo, replicó don Francisco Dalmazzo, he dado la bendición de María Auxiliadora muchas veces con la misma fórmula, pero nunca
me ha sucedido nada semejante.-íQué niño eres!, respondió don Bosco. Es porque no tienes fe.
149
((163))CAPITULO VFIESTAS, DISGUSTILLOS Y EL SUEÑO
SOBRE EL FUTURO DE LA CONGREGACIONHABIA en el Oratorio un ciclo de fiestas, que podríamos llamar propiamente salesianas, fijadas ya de un modo estable por la costumbre:
María Auxiliadora, San Luis, San Juan y la Asunción: las dos últimas, por coincidir con el día onomástico y el supuesto cumpleaños de
don Bosco. Estas fiestas eran siempre esperadas por todos y aportaban alegría y frutos espirituales. Como hemos de volver a hablar de
ellas en este 1881, no tenemos mucho nuevo que decir en cuanto a su desenvolvimiento; señalaremos, por tanto, solamente los detalles
extraordinarios. Casi todo lo que hay para contar se refiere a la solemnidad del 24 de mayo.Había en el Oratorio la buena costumbre de pensar las cosas con tiempo, y nunca sucedía en la época de don Bosco que llegaran la
fiestas, sin que se hubiera previsto cuanto fuere menester. Así, para hallar un Obispo que fuera a pontificar en la iglesia de María
Auxiliadora el día de la gran solemnidad, don Miguel Rúa escribía desde Roma, en nombre de don Bosco, a finales de abril, al Ecónomo
General, don Antonio Sala, que lo hablara con la Curia de Turín.Hoy se resuelven muy en breve estas formalidades en cualquier diócesis, pero en la archidiócesis de Turín había que cumplir requisitos
especiales, como se advertía ((164)) claramente por el tono de un decreto publicado en el Calendario litúrgico del año 1881. El artículo
XIV decía así, traducido del latín: "Falta, y gravemente, al respeto que cada uno debe prestar a su Pastor y a la dignidad episcopal el que
invita a un Obispo a presidir cualquier función sagrada en esta Archidiócesis, si antes no ha obtenido, vez por vez, la facultad explícita de
su Arzobispo".Don Antonio Sala, por tanto, se presentó el 2 de mayo a monseñor Gastaldi para rogarle permitiera a monseñor Pampirio, nuevo Obispo
de Alba, que fuera el día 24 de mayo a presidir una función solemne o, al menos, predicar. Mientras don Antonio Sala le besaba el anillo,
preguntóle el Arzobispo:-"Qué necesita usted de mí?
150Don Antonio Sala, dando un rodeo, le contestó:-Encargado por mi Superior de las obras de la iglesia de San Juan Evangelista, tengo ya los pintores para decorarla, y me ha surgido una
dificultad, por la que he creído conveniente acudir a V. E. Se trata de pintar los siete obispos de las iglesias de Asia en figura de ángeles,
conforme se lee en el Apocalipsis.-Verdaderamente, interrumpió el Arzobispo, hay que pintar algo referente al Apocalipsis. Por mí, háganlo como quieran.-El otro día, volvió a decir prestamente don Antonio Sala, estuve en Alba, para ver la catedral, decorada por nuestro mismo pintor
Costa, y, entonces, monseñor Pampirio, hablando de esto y de la iglesia de María Auxiliadora, dejó entender que vendría con gusto a
pontificar el día de la fiesta. Pero, como yo no podía darle una respuesta, sin oír antes a V. E., le dije solamente que nos consideraríamos
muy afortunados de tenerlo entre nosotros en tan hermosa ocasión. Ahora estoy aquí precisamente para pedirle las necesarias licencias, siFin de Página: 151
VOLUMEN XV Página: 151así lo cree V. E.-Para esto, es necesario que me escriba don Bosco.-Precisamente, cuando don Bosco se enteró del deseo de monseñor Pampirio, le encargó a don Miguel Rúa que me escribiese, ((165))diciéndome que me presentase a V. E. para pedirle, antes de nada, su permiso.-No, respondió Monseñor, porque los Salesianos se comportan muy mal con la iglesia de María Auxiliadora, y todo por contrariarme a
mí. Permitirlo sería aprobar lo que desapruebo.-No diga eso, Monseñor. Nosotros trabajamos para bien de todos y mal de ninguno; mucho menos de nuestro Arzobispo; hasta se hacen
verdaderos sacrificios para ayudarle en su diócesis, especialmente en Turín.-íSí, sí!... Lemoyne imprime los milagros de María Auxiliadora, sin mi autorización, y, en mi propia cara, se reparten por toda la
archidiócesis sólo por contrariarme.-Es la primera vez, Monseñor, que oigo hablar de milagros.
Siempre se habla de gracias, obtenidas por intercesión de María Auxiliadora.-Las que escribe Lemoyne son milagros, y los milagros deben ser aprobados por la autoridad eclesiástica, según decreto de la Sagrada
Congregación.No conozco ese decreto, pero sé que no se imprime ningún libro que hable de gracias obtenidas por María Auxiliadora, sin que tenga
aprobación eclesiástica.
151-íSí! íPero en otra diócesis! Y, además, "con qué autoridad se quiere hacer pasar esa iglesia por santuario? Para ello se necesita que los
hechos, los milagros sean aprobados por el Ordinario, y no inventados.Al llegar a este punto, don Antonio Sala, con su grandiosa estatura y su patriarcal sencillez, se puso en pie, hurgó en sus bolsillos y sacóun puñado de papeles. Escogió una tarjeta y se la presentó, diciendo:-Lea, lea V. E. y se convencerá de que las gracias obtenidas por María Auxiliadora no son inventadas por don Bosco.Y, como el Arzobispo no quisiera leerla, siguió diciendo don Antonio Sala:-Pues bien, permítame ((166)) que se la lea yo; vea cómo ha sido la Providencia quien me la ha mandado esta mañana.Y, en efecto, se la leyó. La escribía el caballero Mercalli, quien le comunicaba, desde Roma, la curación prodigiosa de su esposa, lacondesa Fenile. Monseñor intercalaba, de vez en cuando, alguna frase:-Estoy persuadido de que... sí... esas personas.Y dijo por fin:-Si todas las gracias fueran como ésta, no tendría dificultad en aprobarlas... Además, de que con ello se está haciendo el bien...-Pues entonces, replicó don Antonio Sala, "por qué nos trata así?Al llegar aquí, cambióse la conversación y se empezó a hablar de Roma. Monseñor tomó otro tono y hasta dijo que admiraba a donBosco, que la Providencia siempre le había ayudado y que don Bosco hacía salir el dinero de las mismas piedras... Al despedirse, le dijo
don Antonio Sala:-Si nada se opone, Monseñor Pampirio predicaría el panegírico...Y le respondió:-Dejad a Monseñor Pampirio en Alba, clamando contra Rosmini.Fin de Página: 152
VOLUMEN XV Página: 152Finalmente, mientras don Antonio Sala le hacía una reverencia y se disponía a salir, díjole Monseñor:-Lo pensaré 1.Para saber después qué había pensado, volvió don Antonio Sala el día 19 y le preguntó si monseñor Pampirio podría, al menos, predicar1 Carta de don Antonio sala a don Miguel Rúa, Turín, 3 de mayo de 1881.
152el panegírico de la Virgen, ya que no celebrar el pontifical. Pero recibió la segunda negativa.Ciertamente Monseñor no estaba dispuesto a deponer las armas contra los Salesianos. Al día siguiente, pidióle don Juan Bautista
Francesia, director del Colegio de Valsálice, que, cuando pluguiere, fuera a administrar la Confirmación a los alumnos internos.
Respondió que no, y que jamás iría a ninguna casa salesiana, porque los Salesianos eran sus adversarios. Sin embargo, el mismo don Juan
Bautista Francesia le daba, dos semanas más tarde, una magnífica prueba de sumisión. Hacía doce años que gozaba de licencias para
confesar, y se le comunicó que debía presentarse a rendir examen de ((167)) teología moral. Don Juan Bautista Francesia, para evitar
cualquier malentendido, como si no estuviera en regla para confesar, se limitó a explicarle con una carta muy respetuosa que sus licencias
se ajustaban perfectamente a las normas oficiales 1; pero después obedeció, se presentó a los examinadores designados, quienes al verlo
quedaron sorprendidos y molestos; y, naturalmente, recibió plena autorización.Debemos añadir que, junto con la negativa de ir a Valsálice, monseñor Gastaldi hizo una reprensión por haber impreso en la tipografía
de Sampierdarena un fascículo para las Lecturas Católicas sobre el Socialismo, original del conde Emiliano Avogadro de la Motta con un
apéndice, del mismo autor, contra las doctrinas y principios de Rosmini.Durante estos últimos incidentes, don Bosco se encontraba ya en Turín, a donde había llegado al atardecer del día 16. Tras una ausencia
de cuatro meses, se le quería hacer una solemne recepción; pero él adelantó su llegada una hora y entró en el Oratorio, mientras todos
estaban en la iglesia, haciendo la función de la novena. Faltaba poco para la bendición y, cuando se enteró, quiso impartirla él mismo. No
es para dicha la alegría que llenó los corazones de todos, al verle salir de la sacristía revestido con los ornamentos sagrados y dirigirse al
altar. El resto de la tarde se pasó entre cantos de alegría, júbilo, aplausos y concierto por la banda de música.A la mañana siguiente, enviaba una circular a los Cooperadores y Cooperadoras de Turín, invitándolos, por separado, a una conferencia
en la iglesia interna de San Francisco de Sales los días 19 y 23. "Se tratará, decía en ella, de todas las cosas importantes que se están1 Véase Apénd. Doc. núm. 10.
153haciendo para mayor gloria de Dios, provecho de la sociedad civil y agradables a todos".Hizo a los Cooperadores una exposición detallada, con sabor a rendición de cuentas en familia, y que, por eso mismo, se escuchan con
agrado por ((168)) un auditorio invitado para oír cosas que, más o menos, interesan a todos. Vieron sucesivamente cómo se encontraban
los trabajos de la iglesia e internado de San Juan Evangelista en Turín, de la Iglesia de María Auxiliadora de Vallecrosia, de las escuelas
y oratorio de La Spezia, del Oratorio de Florencia y de la iglesia y colegio del Sagrado Corazón de Roma. Y oyeron y admiraron después
los trabajos apostólicos de los misioneros y de las Hijas de María Auxiliadora en Patagonia y Uruguay. Estaba ya el ánimo de los oyentes
muy impresionado por todo lo oído, cuando don Bosco hizo, con toda naturalidad, una hábil digresión. Estableció una comparación entre
la vida del misionero y la de muchos cristianos, que viven entre delicias y no son capaces de dar una limosna para cooperar a la salvación
eterna de los hermanos.A los cristianos de tal suerte, dijo, se les podrían dirigir las palabras que San Pedro pronunció en una ocasión contra Simón Mago:
Pecunia tua tecum sit in perditionem (que tu dinero perezca contigo). Tales cristianos deberían pensar que un día les pedirá cuenta el
Señor de esos bienes que les concedió. Dirá él a cada rico: -Te concedí esas riquezas para que dedicaras una parte a mi gloria y provecho
de tu prójimo; tú, en cambio, "en qué las empleaste? El lujo, las diversiones, los viajes de placer, las juergas, las recepciones, los juegos...
íAhí fueron a parar todos tus bienes!Alguno dirá: -Yo no malgasto mis bienes, los sé apreciar y los aumento cada año; compro casas, campos, viñas y otras cosas.Fin de Página: 154
VOLUMEN XV Página: 154También a éstos les dirá el Señor:-íLos acumulaste, los aumentaste! Es verdad. Pero, entre tanto, los pobres pasaban hambre; entre tanto, millares de niños abandonados
crecían en la ignorancia de la religión y en las malas costumbres; entre tanto, las almas redimidas con mi Sangre caían en el infierno.
Apreciaste más tu dinero que mi gloria, tu cartera más que el alma de tus hermanos. y ahora, con tus diversiones, con tu dinero y tus
propiedades, ívete a la perdición! Pecunia tua sit tecum in perditionem!Bien sé, añadió don Bosco, que vosotros no sois tales y que dais limosna, según vuestros posibles, pero ícuántos hay en el mundo que
podrían imitar vuestro ejemplo y que, sin embargo, no lo hacen!Por fin comunicó que, hacía unas horas, se había enterado de que, en la casa de San Benigno, donde precisamente se educaban los
futuros misioneros, directores, maestros y asistentes de los colegios, estaban pasando muchos apuros; que, hacía varios meses, no habían
podido ((169)) pagar al panadero y que éste ya no podía continuar suministrando pan; que él tenía intención de recomendar la limosna
154en favor de varias obras importantes, pero que le parecía la más importante de todas no dejar que faltara lo necesario a las preciosas
esperanzas de la Congregación; y que, por eso, se la recomendaba a ellos con este fin. "La caridad que haréis, terminó diciendo, saldrá
esta misma noche para consolar a esos mis queridos y hermanos vuestros, confiados enteramente a la divina Providencia".Habló a las Cooperadoras de la misma forma, exponiendo lo que se había realizado durante el año, en favor de la juventud pobre, por
los Salesianos y por las Hijas de María Auxiliadora: el aumento y ampliación de las casas, el crecimiento cada vez mayor de almas
dirigidas por la senda del cielo, las escuelas agrícolas, los asilos, colegios y oratorios festivos para las niñas. Que, si querían tener una
idea de lo que se hacía en estos oratorios, fueran a ver cómo trabajaban las Hijas de María Auxiliadora en Turín o en la cercana Chieri.
Después de describir la vida de ambos oratorios, continuó diciendo:Ante este espectáculo, experimentaríais una gran satisfacción y desearíais que se abrieran centros semejantes en otros puntos de la
ciudad y en todos los pueblos del mundo. Ahora bien, lo que se hace cerca de nosotros en las ciudades de Turín y de Chieri, se lleva
también a cabo en más de cuarenta casas, dirigidas por las Hijas de María Auxiliadora; se hace en Italia, en Francia y en América; se hace
hasta en la salvaje Patagonia. íSi tuviéramos medios, cuánto más se podría hacer! La buena voluntad no falta, pero no basta. Para
comenzar y sostener estas obras, se requieren grandes cantidades de dinero y éstas se hacen desear las más de las veces."Cómo, pues, promover estas y otras obras de caridad y de religión? Imitando a las mujeres hebreas en el desierto, cuando se trató de
fabricar un ídolo para adorarlo en vez de al verdadero Dios. Moisés había subido al monte Sinaí para recibir del Señor las tablas de la ley
y tardaba en volver. Entonces el pueblo, impacientado, se sublevó contra Aarón y le exigió que les hiciera un ídolo semejante a los que se
adoraban en Egipto: quisieron que les hiciese un becerro. Atemorizado por los sublevados, Aarón se mostró dispuesto a condescender;
pero -quizá sólo para apartar a aquellos desalmados de su impía pretensión-les pidió que le llevaran los anillos, brazaletes, collares y
zarcillos de sus mujeres y sus hijas. "Lo creeríais? Apenas hizo ((170)) la petición, colocaron a sus pies un montón de estos objetos de
oro; los hizo fundir y esculpió un becerro, ante el cual se postraron hombres y mujeres, celebrando una fiesta impía, como se lee en la
Sagrada Escritura.Ante este hecho, "no es una vergüenza ver a las mujeres y muchachas hebreas privarse de sus objetos más queridos para contribuir a
una obra inicua, y ver, por otra parte, a las mujeres y jóvenes cristianas adornarse como si fueran reinas o damas de la corte y quedarse en
la imposibilidad de dar una limosna para gloria del Dios verdadero, para el decoro de sus iglesias y para atender a tantos niños y niñas
abandonados? No quisiera yo encontrarme en el lugar de estas mujeres a la hora de la muerte. No quisiera estar en su puesto el día del
juicio.No quiero decir con esto que una mujer, que una señora esté obligada a despojarse de los adornos convenientes a su estado; si las
conveniencias sociales le obligan a llevar tales adornos, llévelos. Pero, quiero decir que está obligada a no excederse, a no
155correr tras las vanidades del mundo; que está obligada a examinar si tiene algo superfluo en el mobiliario de su casa, en su persona, en su
trato social; y, si lo encuentra, debe emplearlo en favor de la religión y de su prójimo. Lo habéis hecho hasta ahora, continuad haciéndolo,
beneméritas Cooperadoras, a fin de que, unos de una manera y otros de otra, podamos amar y glorificar a nuestro divino Salvador,
Jesucristo, y llevar un gran número de almas al Cielo.Fin de Página: 156
VOLUMEN XV Página: 156Solía, en estas circunstancias, escribir cartitas a los más insignes cooperadores lejanos, recordándoles la proximidad de la gran fiesta, ya
que no siendo todavía tan universal, como lo es hoy, fácilmente pasaba inadvertida. He aquí un ejemplar de estas cartitas en la enviada al
conde Eugenio de Maistre.Carísimo Señor Conde:No le escribo más a menudo, porque sé que anda muy ocupado con mil cosas, pero me acuerdo cada día de usted y de toda su familia en
la santa misa.El Padre Santo me habló mucho en Roma de usted y de sus señores hermanos, Carlos y Francisco, y me encargó una bendición suya
especial para todos.El martes, solemnidad de María Santísima Auxiliadora, se celebrará una misa según su intención en el altar de nuestra celestial
protectora, suplicándole conceda a toda su familia mucha salud y el precioso don de la perseverancia en el bien.Que Dios le bendiga, mi querido señor Eugenio, y ruegue por mí que seré siempre en J.C.Turín, 21 de mayo de 1881.Su afmo. y amigo JUAN BOSCO, Pbro.((171)) La víspera de la fiesta se vio alegrada con la numerosa concurrencia de las Cooperadoras turinesas, que acudieron a la
conferencia de don Bosco, y la presencia de los peregrinos franceses que volvían de Roma, quienes -imitando el ejemplo de otros
compatriotas suyos en años precedentes-se detuvieron medio día en Turín y dedicaron una parte del mismo al Oratorio.A su llegada, se estaban cantando con gran solemnidad las primeras Vísperas de María Auxiliadora y, después de la bendición se hizo a
los gratos huéspedes un digno recibimiento con música, cantos y discursos. Habló también don Bosco. Recordóles el reciente encuentro
en San Juan de Letrán, les agradeció su visita y prometió acompañarlos con sus oraciones y las de los suyos.-Consideradme, dijo por último, a mí y a todos los Salesianos como a vuestros mejores amigos; siempre que podamos serviros, seremos
felices de hacerlo.Después, invitados por el abate Picard, Superior de los Asuncionistas, que también esta vez guiaba la peregrinación y pronunció
elocuentes
156palabras, muchos, si no todos, pidieron ser inscritos como Cooperadores.El 1881 fueron franceses los mayordomos de la fiesta. Ejerció las funciones de mayordomo principal la conocida Cooperadora, señora
Jaques, que se trasladó expresamente desde Marsella, aunque ya había estado en Roma en el mes de abril. Pudo así realizar un vivo deseo
de aquella Junta, que don Bosco apodaba "su ejército contra el demonio" (son armée contre le diable). Las buenas señoras habían pedido
a don Bosco unas copias de la fotografía que le sacaron, como se recordará, en Marsella; pero él no tenía entonces más y prometió
mandárselas con su firma. Mas, como no las veían llegar nunca, encomendaron a la señora Jaques que les llevara le précieux souvenir
promis par le vénéré fondateur (el precioso recuerdo prometido por el venerado fundador). La Señora, resuelta a contentar a sus
compañeras, consiguió una fotografía, hizo sacar por su cuenta las copias que necesitaba y, después, pidió al Siervo de Dios que las
firmara. Don Bosco hizo más: las enriqueció d'un long et pieux autographe (con un largo y piadoso autógrafo). Dedicó a ello ((172)) todo
el tiempo de las vísperas del día de la Ascensión. Era evidente el esfuerzo que supuso hacerlo, pero ello -al decir de las destinatariasañadió un mérite de plus aux précieux souvenir (un mérito más al precioso recuerdo).El párroco Guiol se hizo intérprete de la gratitud de todas a la señora Jaques, en la primera reunión de la Junta 1.Fue también mayordomo de la fiesta, o petit Prieur (pequeño Prior), como le llamaban, un muchachito de seis años, hijo del conde
Flayose de Villeneuve, el de Roquefort, muy amigo de don Bosco. En el mes de abril de 1880, sufría el chiquillo una pulmonía. El padre,
que estaba muy abatido, en vista de que no había esperanzas humanas, telegrafió a don Bosco, que conocía muy bien al niño. Don Bosco
recibió la noticia en Lucca y celebró por él la santa misa, pidiendo a María Auxiliadora la gracia de su curación. Pues bien, como seFin de Página: 157
VOLUMEN XV Página: 157comprobó después, mientras él celebraba la misa, acercóse el padre al angelito para ver si aún vivía, le llamó por su nombre y oyó, con
infinita alegría, que le respondía:-Papá, dame de comer.Recuperó los sentidos perdidos, desapareció la fiebre, se calmó la tos y, sin convalecencia, recuperó las fuerzas y la salud. Pero, un mes
después, le vino de improviso una grave pleuresía. Una vez conjurado el peligro, los médicos prescribieron muy delicados cuidados
durante1 Acta de la Comisión, reunión del 12 de mayo y 8 de junio de 1881.
157algunos meses. Pero el padre, lleno de fe, se trasladó a Turín el 24 de mayo, rezó con fervor a María Auxiliadora y, al volver a casa,
encontró a su hijo completamente restablecido; tanto que, el día de la fiesta de 1881, lo llevó al Oratorio para que desempeñara un papel
reservado ordinariamente a los mayores. El niño, con su fino porte, se ganó las simpatías de todos 1.La gran solemnidad se celebró sin pontifical, pero no sin obispo. Los días 28 y 29 de mayo se debía festejar en Milán el jubileo
sacerdotal del Arzobispo, monseñor Luis Nazari, de los condes de Calabiana, con asistencia del episcopado ((173)) de Lombardía y
Piamonte, ya que el festejado era piamontés y había sido obispo de Casale 2. Monseñor Pampirio pasó por Turín, camino de Milán, y se
alojó en Santo Domingo, con los frailes de su Orden, y fue, por devoción particular, el 24 por la mañana, a celebrar la misa en la iglesia
de María Auxiliadora, donde había predicado en otro tiempo. Naturalmente, don Bosco hizo que celebrase la misa de comunidad y
comunión general. Pero el Ordinario, apenas. lo supo, escribió a Monseñor una carta de reproche, diciéndole que no podía permitir su
presencia en la iglesia de María Auxiliadora. Cuando el Obispo de Alba volvió a Santo Domingo y se encontró con la carta arzobispal,
envió enseguida una tarjeta a don Bosco comunicándoselo; después respondió al Arzobispo que no haría ninguna otra función religiosa
más que el panegírico de la Virgen por la tarde, ya que así se había anunciado, rogándole no pusiera para ello ningún impedimento, por el
escándalo que se originaría, al divulgarse la cuestión entre el inmenso público que acudía a la solemnidad. El Arzobispo consintió, contra
su voluntad, que predicara el panegírico, pero se mantuvo firme en cuanto a lo demás, no permitiéndole que impartiese la bendición.Aunque era un día laborable, la riada de gente duró del alba hasta avanzada la noche, cuando una multitud innumerable se volcó por
todas las cercanías del templo, para asistir al espectáculo de la primera1 Una hermana del agraciado, religiosa del Sagrado Corazón, os mandó una relación del prodigio, en marzo de 1934 (Apéndice, Doc.
núm. 11). Había sido también publicado, por LEMOYNE, en La Madre de las Gracias, Sampierdarena, 1881, pág. 155 y en el Boletín
Salesiano de julio de 1881.2 Reconocido don Bosco a la benevolencia con que monseñor Calabiana había recibido en 1867 a los salesianos, cuando fueron para
abrir el colegio de Mirabello en su diócesis de Casale y a las muchas pruebas de afecto que les prodigó en todo tiempo, le envió, el 29 de
mayo, este telegrama: "salesianos, sus alumnos, fervientes hijos vuestros, envían cordialísimas felicitaciones por vuestro jubileo
sacerdotal, recordando al amigo, protector y bienhechor. Todos piden al señor le conserve con sus comensales para renovación de este
día". El insigne Prelado le contestó: "Agradezco conmovido cariñosa atención. Bendigo cordialmente padre, hijos".
158gran iluminación con gas. Aquel año se experimentó lo insuficiente que resultaba la iglesia para ocasiones de gran concurso de fieles, ya
que durante las funciones principales, una muchedumbre de gente ((174)) debía conformarse con participar desde la plaza. Como no hubo
pontifical, don Bosco tuvo que añadir a las demás fatigas del día la de cantar la misa y dar la bendición. Pero un periódico turinés dijo 1:
"Fue algo que satisfizo a todos". Y terminaba así el articulejo del periódico: "Dios conserve todavía muchos años a este digno sacerdote
que, con su humildad y celo, sabe suscitar y mantener tan viva la piedad del pueblo cristiano".Abundaron las relaciones de gracias. Unos lo hacían oralmente, otros por escrito. Don Bosco no quería que se olvidasen; por eso, se
conservan muchas cartas dirigidas a él y por él mismo apostilladas para la respuesta, y hay un registro a propósito en la sacristía, en el
que se conserva una lista inacabable 2. Las principales se publicaron posteriormente, como siempre, por don Juan Bta. Lemoyne 3.La afluencia de tantos visitantes al Oratorio ofrecía una ocasión propicia para inscribir nuevos Cooperadores. Precisamente para
facilitar esta propaganda, escribió don Bosco un Breve informe sobre la finalidad de la Pía Sociedad Salesiana y lo mandó imprimir con
fecha del 24 de mayo. Era un folleto ágil y claro, que distribuyó a cuantos pudo. Con sencillez, brevedad y claridad, informaba en él de
las noticias más esenciales sobre la Congregación Salesiana, sobre sus actividades, sobre la situación en que entonces se encontraba y
sobre los medios para sostenerla 4.Fin de Página: 159
VOLUMEN XV Página: 159Concluidos los festejos de María Auxiliadora, la atención se dirigía a dos fiestas íntimas: la de San Juan y la de San Luis. No
encontramos con relación a las mismas nada que no se haya dicho en años anteriores. En cuanto al cumpleaños de don Bosco, asignado
erróneamente al día de la Asunción, ((175)) se advierte cómo de año en año iba tomando más importancia en la casa. A partir de 1881, se
comenzó a hacer en tal día la solemne distribución de premios a los aprendices y a los estudiantes, bajo la presidencia de don Bosco: esta
novedad facilitó las manifestaciones públicas de cariño para sus sesenta y seis años de nacimiento. En las palabras de clausura, después
de dar gracias, observó:1 Unità Cattolica, n.° 24, jueves, 26 de mayo de 1881.2 Una de estas relaciones del registro esta escrita por el mismo don Bosco; hay, además, otra de su puño y letra con fecha posterior y en
un papel volante (Apéndice, Doc. Núm. 12).3 La stella del mattino, Sampierdarena, 1883.4 Véase Apénd. Doc. Núm. 13.
159-Decís que don Bosco ha hecho muchas obras grandes; vuestro cariño os hace ver las cosas de modo distinto a como son. Todo se hizo
y se hace con ayuda de Dios y por intercesión de María Santísima. Si el Señor no nos hubiese dado fuerzas y llevado de la mano, "qué
habríamos podido hacer? "Y no contáis los auxilios de tantos bienhechores y bienhechoras? Don Bosco no es más que un ciego
instrumento en manos de Dios, el cual demuestra así que, cuando quiere, puede hacer las cosas más grandes con los medios más
pequeños.Hizo después una alusión a las cruces que habían caído durante el año sobre sus espaldas. Los muchachos ciertamente no entendieron
mucho, pero él quería animar a sus colaboradores y amigos, los cuales, quién más, quién menos, estaban enterados de algo. Se extendió, a
continuación, en alabanzas a un exalumno de Nizza-Monferrato, el cual había fundado en su pueblo una sociedad floreciente y modélica
para jóvenes obreros católicos, y lo presentaba a la admiración e imitación de los presentes. Su pensamiento final estuvo dirigido al alma.-"Quién sabe si el año próximo nos encontraremos reunidos aquí de nuevo? "Estaréis vosotros? "Estará don Bosco? íHace un año,
había otros con nosotros que estaban alegres, vivarachos, sanos y robustos, y ya no están! Vivamos, pues, como si cada día fuera el
último de nuestra vida; hagamos el bien mientras tenemos tiempo; así, cuando suene para nosotros la última hora, no tendremos que
arrepentirnos de haber pasado nuestros días en el ocio, inútiles para Dios y para la sociedad. Yo espero y rezo para que esta hora tarde en
llegar para vosotros y para mí; mas, si así no fuera, hágase siempre la voluntad de Dios.Aludiendo a las tribulaciones más recientes, don Bosco se ((176)) había expresado así:-Y ahora, hablando de otra cosa, os diré que siempre, pero especialmente este año, hemos tenido grandes y hermosas satisfacciones y,
también hay que decirlo, muchas espinas y dolores. Pero, ya se sabe, no hay rosas sin espinas. Entonces, "qué hacer, queridos hijos? En
éstas y en aquéllas, en las alegrías y en las penas, hágase siempre la voluntad de Dios, el cual no nos abandonará jamás, y menos cuando
ruja en torno nuestro la más furiosa tempestad. Animo, pues, mucho ánimo; no nos cansemos nunca de hacer el bien, y Dios estará con
nosotros.Durante el año 1881, sufrió don Bosco contrariedades de todo orden: grandes y pequeñas. De algunas de las mayores ya se habló en el
volumen anterior; de otras se hablará en el presente; ahora nos
160
ocuparemos sólo de las que catalogamos como pequeñas contrariedades, no por carecer de importancia, sino porque, comparadas con las
otras, parecen bagatelas. Como tales pueden considerarse los ataques de los periódicos, tres de los cuales ya se mencionaron en los
capítulos precedentes, pero todavía quedan algunos.Era costumbre constante de don Bosco corresponder como mejor sabía y podía a los beneficios recibidos. Uno de los medios que
empleó fue buscar condecoraciones honoríficas civiles o eclesiásticas para los bienhechores, cuando preveía que serían bien recibidas. No
le movía a ello ningún oscuro pensamiento de halagar la vanidad ajena para luego sacar provecho, sino únicamente el deseo de
corresponder, devolviendo bien por bien. Es un hecho que las distinciones concedidas por el Gobierno aumentaban el crédito de quien las
recibía y, por tanto, favorecían sus intereses; las concedidas por la Santa Sede eran presentadas de modo que fueran recibidas por buenos
católicos o eclesiásticos distinguidos, como vínculos de una unión más estrecha con la Cabeza suprema de la Iglesia. No pensaban así
algunos alborotadores, acostumbrados a medir a los demás por su propia estatura. Uno de ellos era el famoso director de la Crónaca dei
Tribunali.Fin de Página: 161
VOLUMEN XV Página: 161((177)) Este periódico publicó en su número del 26 de marzo un artículo titulado "Don Bosco y los condecorados", en el cual, después
de desfogar su cólera con los treinta y siete mil condecorados de Italia, iba a la repesca en el lejano pasado y, con la avidez de hablar mal
del pobre don Bosco, contaba a su manera por qué torcidos caminos había llegado el fabricante de licores Revelli, de Turín, a alcanzar en
1870 la cruz de caballero. La realidad era que este señor, encaprichado por obtener la condecoración de caballero, había entregado a don
Bosco un donativo de cuatro mil liras, cuando vio cumplidos sus deseos. Pero don Bosco ignoraba que había de por medio un 'corredor'
de condecoraciones, que había representado dos papeles en la comedia; por lo que el recién condecorado, presintiendo el enredo, puso en
danza también a don Bosco, como si hubiera cooperado con el otro al embrollo, y presentó querella contra ambos en el juzgado de Borgo
Dora, exigiendo la devolución de la cantidad fraudulentamente arrancada. El magistrado condenó al demandante al pago de gastos y
perjuicios, pero, como la sentencia no satisfacía al articulista, éste tramó para sus crédulos lectores un extravagante artículo sobre el
asunto y cerraba su escrito con estas perversas palabras:"Recomiendo este hecho a los que, un día, deberán canonizar al abate Bosco, cura, zorro político y chantajista de condecoraciones.
Esperemos ahora la defensa del Corriere di Torino".
161Pero el diario católico no respondió, seguramente por voluntad de don Bosco, enemigo acérrimo de polémicas. Por otra parte, del
desahogo malhumorado del libelista, salta al exterior un testimonio inesperado de la fama de santidad que, se quiera o no, circundaba la
persona de don Bosco.Más grave y con más veneno, fue el asalto que dio, desde Florencia, La Gazzetta d'Italia del 7 de junio, cuyo autor parece que fuera
algún protestante, molesto quizá por la presencia de los Salesianos en la ciudad. Había aparecido un nuevo libro del célebre exjesuita,
Carlos Curci 1, que, a base de repetir cosas ya dichas en otras publicaciones ((178)) lamentaba en éste la poca instrucción de gran parte
del clero italiano. El articulista partía de esto para hacer ver cómo se reunían y ordenaban los sacerdotes de Italia, y, por consiguiente,
cómo necesariamente debían estar ayunos del saber y faltos de educación cívica y sin ninguna eficacia moral sobre los ciudadanos. Pues
bien, con el aire tranquilo y socarrón de quien quiere dar a entender que dice verdades incontestables, añadía:"Hay en Turín un sacerdote, don Bosco, que, en varios de sus centros, educa para el servicio de la Iglesia a centenares y centenares de
jovencitos; muchos van después a las misiones de Africa, de América del Sur y de la India; pero muchos permanecen o después de pasar
algún tiempo entre los infieles, regresan a nuestras iglesias. Pueden todos imaginar qué clase de sacerdotes son: el noventa por ciento
proceden de las más bajas capas sociales".Y, continuando por este estilo y generalizando, sacaba la conclusión de que, en Italia todos deberían interesarse por la cuestión
eclesiástica. Y al decir 'todos', quería referirse especialmente al Gobierno, cuyos hombres, a decir verdad, ya se habían interesado hasta
demasiado en el sentido a que se refería el periódico, desde hacía una veintena de años.Mientras tanto, se hacía en Toscana una indigna presentación de los Salesianos, diciendo que eran una chusma de gente inculta, zafia y
retrógrada. Don Bosco tenía en la mente estas nefastas insinuaciones, cuando habló a los exalumnos sacerdotes en la reunión anual del
primero de agosto. El orador de la fiesta se había creído en la obligación de tener que rebatir tan malévolas acusaciones. Y don Bosco,
tomando ocasión de sus palabras, contó que hacía pocos años, una1 C. M. CURCI, La nuova Italia ed i vecchi zelanti, Francia, Fratell: Bencini, editores, 1881. Fue puesto en el Indice por decreto del 15
de junio de 1881; el autor se sometió laudablemente y reprobó la obra.
162persona, cuyo nombre calló, había escrito a Roma, acusando de ignorantes a los Salesianos 1. "Y qué se hizo entonces:-Se tomaron los registros, dijo, y, en documentos auténticos y sellados, se hizo constar cómo de los doscientos socios del Instituto, eran
ciento ochenta los que habían ((179)) pasado por rigurosos exámenes en el Seminario, en la Universidad de Turín y en Liceos y Colegios
gubernamentales, obteniendo diplomas de teología, de filosofía, de literatura, de profesor o de maestro. Cuando se recibió en Roma
semejante documentada respuesta, se presentaron quejas al acusador y "sabéis qué respondió? Respondió que no era de extrañar que don
Bosco tuviera tantos graduados o diplomados, porque elegía entre sus muchachos a los de mayor ingenio y se los quedaba consigo,
dejando aparte a los demás. Ya veis la contradicción y, al mismo tiempo, una prueba de aquella sentencia del Espíritu Santo: Mundus
totus in maligno positus est. Sí, todo el mundo es maldad y no callaría ni aunque le llenáramos la boca de 'gnocchi' 2.Después, aclarando su exposición, añadió:Fin de Página: 163
VOLUMEN XV Página: 163-Por lo demás, yo no pretendo que mis hijos sean enciclopédicos; no quiero que mis carpinteros, cerrajeros, zapateros, sean abogados;
ni que los tipógrafos, encuadernadores y libreros se pongan a hacer de filósofos o de teólogos; y, mucho menos pretendo que mis
profesores y maestros estudien De arte politica, como si hubieran de llegar a ser ministros y embajadores. A mí me basta que cada uno
sepa bien lo que le incumbe y, cuando un artesano posee los conocimientos útiles y oportunos para ejercer su oficio; cuando un profesor
posee la ciencia que le corresponde para instruir convenientemente a sus alumnos; cuando un sacerdote, después de los exámenes
establecidos, es juzgado idóneo para ejercer el sagrado ministerio y lo ejerce de hecho con provecho de las almas; esos, digo, tienen la
ciencia necesaria para hacerse beneméritos de la sociedad y de la religión y tienen el mismo derecho que los demás a ser respetados. Por
consiguiente, conduzcámonos bien y no nos preocupemos de las malas lenguas ni de las plumas perversas.Repugna verdaderamente ver la desvergüenza, con que ciertos periódicos arrojaban, de cuando en cuando, sobre don Bosco, a boca
llena, el insulto y el desprecio. También en el 1881, el Fischietto quiso1 Véase M. B. Vol. XI, págs. 190-192.2 Gnocchi se pronuncia en italiano 'ñocqui'. En castellano existe el 'ñodo', especie de dulce hecho con masa de harina, azúcar, manteca
de vaca, huevos, vino y del tamaño de una nuez. Hay también, en la comarca murciana, la 'ñora', que es un pimiento muy picante o
guindilla (N. del T.).
163demostrar su vulgaridad contra don Bosco y lo hizo con el articulejo del 11 de octubre, imaginando una carta de un cardenal romano a
don Bosco, en la que ((180)) designaba a ambos con nombres sacados del lenguaje de prostíbulo y, con elogios burlonés, presentaba al
Siervo de Dios preocupado únicamente por engañar a los ingenuos y hacer dinero; y, aunque todos vieran a qué dedicaba las limosnas que
recibía, se mofaba hasta de las iglesias que había construido. Y esto no era por afán de divertir, sino de difamar. El periodicucho, sin
embargo, con toda su mala intención de desacreditar, llegaba a evidenciar, sin quererlo, un hecho que aquellas ironías no buscaban, ni
mucho menos, porque le hacía decir al pseudoprelado: "Con un poco de fuerza y un poco de suavidad, os habéis impuesto a la buena
gente, y no se oye resonar, por todo el continente, más que vuestro nombre".El hecho era que en Italia don Bosco había llegado a ser un ídolo de la buena gente.Pocos días después, hasta la mal disimulada seriedad de la Gazzetta Piemontese, en su número del 20 de octubre, quiso desahogarse
contra don Bosco. Un tal Anglesio, banquero muy conocido en Turín y buen católico, por negocios desafortunados, andaba de capa caída,
por lo que, antes de dejarse arrastrar por el torbellino de los tribunales, pensó que era mejor eclipsarse. Tras aquella desaparición, se
desató la fantasía de los escritorzuelos; llegaron a decir hasta que se había refugiado en el Vaticano y que sería nombrado director de un
fabuloso Banco Vaticano que se iba a fundar. Finalmente corrieron voces de que, por emplear palabras del mismo diario, se había
"refugiado en una de las muchas casas del famoso don Bosco" y "enviado poco después a Buenos Aires a un colegio de ese
influyentísimo jefe eclesiástico". También aquí, en lo de "muchas casas" y en lo de "influyentísimo", se deja ver el hervor de la bilis
sectaria frente a un hombre que descollaba en medio de un mundo adverso.En el caso en cuestión, la verdad era ésta: el señor Anglesio, constante bienhechor de don Bosco, había proporcionado siempre las
medicinas para el Oratorio de balde y por amor de Dios. Ante la ruina de su fortuna, quedóse cristianamente resignado. Abandonó a su
destino lo que le quedaba, retuvo para sí lo necesario ((181)) para costearse el viaje a América, entregó como limosna unos centenares de
liras que le quedaban y se puso en manos del Siervo de Dios, que le hospedó en la casa de Patagones, donde vivió y murió santamente.La última contrariedad de este género, en 1881, la originó un testamento del año 1878. Hubo un tal don Pablo Ricchino, sacerdote
164y hermano del testador, que, durante tres años, esparció por la ciudad de Génova y sus alrededores verdaderas nubes de octavillas. El
último lanzamiento fue en el mes de diciembre del 1881 y se enviaron ejemplares a muchos personajes, obispos y cardenales. Tenemos
ante los ojos uno dirigido al Cardenal Vicario, quien lo remitió a don Francisco Dalmazzo. Por fortuna, la vulgaridad del lenguaje y la
incapacidad de la exposición descalifican, por sí mismas, la denuncia contra "el taumaturgo de Turín", obrador de "portentosos
milagros". Pero "quién puede medir el efecto de una calumnia, por disparatada que sea:Y de una mera calumnia se trataba. Don Angel Ricchino, capellán de la iglesia de Nuestra Señora de las Gracias, en Sampierdarena,
cayó enfermo por una. excrecencia en un pie y tuvo que pasar varios años en cama sin poderse mover. Durante todo este tiempo, don
Pablo Albera enviaba gratuitamente todos los domingos dos sacerdotes para celebrar la misa, confesar y predicar en su iglesia; incluso él
mismo iba frecuentemente a casa del enfermo para asistirlo y animarlo. Cuando llegó el momento de proceder a la operación quirúrgica
de amputarle el dedo pulgar del pie, don Pablo Albera fue el único que estuvo a su lado para aliviarle la angustia que le causaba la
aprensión de la intervención.Fin de Página: 165
VOLUMEN XV Página: 165Una persona de autoridad, pero poco prudente, le había presentado como una obligación de conciencia someterse a tal operación; por lo
que el pobre enfermo se torturaba con la idea del deber y el miedo a las consecuencias. Don Pablo Albera comenzó por librarlo de aquella
tortura moral, asegurándole que no existía tal obligación; después, poquito a poco lo indujo a someterse al parecer de los médicos. Pero
era demasiado tarde. Y el paciente, a las puertas de la muerte, quiso recompensar de algún modo la caridad de quien le había asistido y, al
mismo tiempo, proteger a su hermana para que ((182)) no se quedase sola en el mundo. Confió la hermana a don Pablo Albera, que la
colocó en las monjas, y a él lo nombró heredero universal en el testamento, aunque no se trataba de una gran herencia.Pero he aquí que apareció el hermano don Pablo y lo impugnó. Aquel sacerdote de conducta misteriosa, como lo demuestran los
procesos que debió sostener, impugnó la validez del testamento; él, que no había ido ni siquiera a visitar al hermano enfermo, hasta que
no supo que estaba en las últimas. Presentó, pues, la razón de que don Pablo Albera no era verdadero heredero, sino fiduciario, o sea,
persona interpuesta a favor de don Bosco, y los tribunales sectarios cedieron. Pero, antes de conseguir la sentencia, "qué no hizo el
desalmado
165para denigrar a don Bosco en los periódicos, con octavillas y de viva voz? Mas la justicia de Dios no dejó impune la maldad. Cuatro
periodistas, que se habían prestado al triste juego, fueron condenados a tres y a siete años de prisión por chantaje, ya que amenazaron a
algunos ciudadanos con revelar secretos a su cargo, si no desembolsaban una cantidad de dinero. El mismo autor de todo este escándalo
acabó mal sus días, porque debió sufrir un proceso infamante y, por último, murió sin sacramentos.Casi como para levantar los ánimos a don Bosco, a fin de que el peso de tantas contrariedades, pequeñas y grandes, no lo amilanaran,
diríamos que el cielo descendía de cuando en cuando, hasta en forma de ilustraciones sobrenaturales, que le confirmaban en la alentadora
seguridad de la misión que se le había confiado de lo alto.En el mes de septiembre tuvo uno de sus sueños más importantes, en el que se le presentó el porvenir de la Congregación y su
extraordinario desarrollo; al mismo tiempo se le daban a conocer los peligros que amenazarían destruirla si no se procedía con prudencia
a la conjura de los mismos. Las cosas que vio y oyó le impresionaron de tal manera, que no se contentó con exponerlas de palabra, sino
que también las consignó por escrito.El original se perdió, pero han llegado hasta nosotros numerosas copias que concuerdan maravillosamente.((183)) Spiritus Sancti gratia illuminet sensus et corda nostra. Amen. (La gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos y nuestros
corazones. Así sea).Para enseñanza de la Pía Sociedad Salesiana.El 10 de septiembre del corriente año de 1881, día que la Iglesia consagra al glorioso nombre de María, estaban los Salesianos de
Ejercicios Espirituales, en San Benigno Canavese.En la noche del 10 al 11, mientras dormía, creí hallarme paseando en una gran sala, magníficamente adornada, con los Directores de
nuestras casas, cuando apareció entre nosotros un hombre de tan majestuoso aspecto que no podíamos fijar en él la mirada.Habiéndonos observado en silencio, se puso a caminar a poca distancia nuestra.El personaje estaba vestido de la siguiente manera: Un rico manto le cubría el cuerpo a manera de capa.En la parte más cercana al cuello llevaba una banda anudada por delante, con una cinta que le caía sobre el pecho.En la banda se leía escrito con brillantes caracteres: Salesianorum Societas, anno 1881, y en la cinta: Qualis esse debet.Lo que apenas nos permitía mirar al Augusto personaje, eran diez diamantes de tamaño y esplendor extraordinarios.Tres de estos diamantes los tenía sobre el pecho.
166En uno estaba escrito, Fe; en otro, Esperanza, y en el tercero, colocado sobre el corazón, Caridad.Fin de Página: 167
VOLUMEN XV Página: 167Sobre los hombros llevaba otros dos diamantes.
En el del hombro derecho se leía, Trabajo, v en el del izquierdo, Templanza.
Los cinco diamantes restantes adornaban la parte posterior del manto dispuestos en el siguiente orden:
Uno, el más grande y refulgente, estaba en medio, como centro de un cuadrilátero y tenía escrito, Obediencia.
Sobre el primero, colocado a la derecha, se leía: Voto de pobreza.
Sobre el segundo, puesto en el mismo lado, pero más abajo, Premio.
En el tercero, colocado a la izquierda, Voto de castidad. El resplandor que irradiaba este diamante era tal que fascinaba y atraía la vistacomo el imán al hierro.
El cuarto, colocado también a la izquierda, pero más abajo, llevaba grabada la palabra, Ayuno 1.
Estos cuatro diamantes dirigían sus rayos luminosos hacia el diamante del centro.
Todos estos diamantes despedían rayos que se elevaban a manera de pequeñas llamas en las que se leían diversas sentencias.
En los rayos del diamante de la Fe, estaba escrito: Sumite scutum fidei ut, adversus insidias diaboli, certare possitis. (Armaos con elescudo de la fe, para que podáis combatir contra las asechanzas del diablo).
En otro rayo se decía:
Fides sine operibus mortua est. (La fe sin obras está muerta).
Non auditores, sed factores legis regnum Dei possidebunt. (No los que oyen la ley de Dios poseerán su reino, sino los que la cumplen).
En los rayos de la Esperanza:
Sperate in Domino, non in hominibus. (Confiad en Dios, no en los hombres).
Semper vestra fixa sint corda ubi vera sunt gaudia. (Estén vuestros corazones siempre fijos donde existen los verdaderos goces).
En los rayos de la Caridad:
Alter alterius onera portate, si vultis adimplere legem meam. (Si queréis cumplir la ley divina, ayudaos los unos a los otros).
Diligite et diligemini. Sed diligite animas vestras et vestrorum. (Amad y seréis amados. Pero amad vuestras almas y las de los vuestros).
Devote divinum officium persolvatur; missa attente celebretur; Sanctum Sanctorum peramanter visitetur. (Récese devotamente el Oficiodivino. Celébrese atentamente la misa. Visítese amantísimamente a Jesús Sacramentado).
((184)) En el diamante del Trabajo:
Remedium concupiscentiae. (Remedio de la concupiscencia).
Arma potens 2 contra omnes insidias diaboli. (Arma poderosa contra todas las insidias del diablo).
En el diamante de la Templanza:
Si lignum tollis, ignis extinguitur. (Si quitas la leña se acaba el fuego).
Pactum constitue cum oculis tuis, cum gula, cum somno, ne hujusmodi inimiciFin de Página: 167
VOLUMEN XV Página: 1671 Todos los nombres de estos diamantes, escritos en cursiva, aparecen sólo en latín en el original. (N. de. T.).2 Debe haber sido un error, el escribir poderosa, en lugar de potentísima, lo mismo que dice más adelante después del Ayuno.depraedentur animas vestras. (Haz pacto con tus ojos, con la gula y con el sueño, para que estos enemigos no perjudiquen a vuestras
almas).Intemperantia et castitas non possunt simul cohabitare. (La intemperancia y la castidad no pueden vivir juntas).En el diamante de la Obediencia:Totius aedificii fundamentum, et sanctitatis compendium. (Fundamento del edificio espiritual y compendio de santidad).En los rayos de la Pobreza:Ipsorum est regnum coelorum. (De los pobres es el reino de los cielos).Divitiae spinae sunt. (Las riquezas son espinas).Paupertas non verbis, sed corde et opere conficitur. Ipsa coeli ianuam aperiet et introibit. (La pobreza no consiste en palabras sino en
afectos y obras. Ella nos abrirá el reino de los cielos y entraremos en él).En los rayos de la Castidad:Omnes virtutes veniunt pariter cum illa. (Todas las virtudes vienen juntamente con ella).Qui mundo sunt corde Dei arcana vident, et Deum ipsum videbunt. (Los limpios de corazón comprenden los arcanos divinos y verán al
mismo Dios).En los rayos del Premio:Si dilectat magnitudo praemiorum, non deterreat multitudo laborum. (Si te deleita la grandeza del premio, que no te espante la multitud
del trabajo).Qui mecum patitur, mecum gaudebit. (El que conmigo padece, conmigo gozará).Momentaneum est quod patimur in terra, aeternum est quod delectabit in coelo amicos meos. (Momentáneo es lo que padecemos en la
tierra y eterno lo que deleitará a mis amigos en el cielo).En los rayos del Ayuno:Arma potentissima adversus insidias inimici (Arma potentísima contra las asechanzas del enemigo).Omnium virtutum custos. (Custodio de todas las virtudes).Omne genus daemoniorum per ipsum ejicietur. (Con el ayuno se vence todo género de demonios).La orla del manto era una ancha franja rosada, en la que se leían estas palabras:Argumentum praedicationis mane, meridie et vespere. (Argumento de predicación por la mañana, al mediodía, por la tarde).Colligite fragmenta virtutum et magnum aedificium constituetis. (Recoged los fragmentos de las virtudes y os haréis un gran edificio de
santidad).Vae vobis qui modica spernitis. Paulatim vos decidetis. (íAy de vosotros si despreciáis las cosas pequeñas, poco a poco caeréis!)Hasta entonces los Directores habían estado, quién de pie, quién de rodillas, pero todos atónitos y silenciosos. Entonces don Miguel
Rúa, como fuera de sí, dijo:Fin de Página: 168
VOLUMEN XV Página: 168-Es necesario tomar apuntes para no olvidarse.
Buscó una pluma pero en vano; sacó la cartera y no halló el lápiz.
-Yo me acordaré de todo, dijo don Celestino Durando.
-Me gustaría tomar nota de todo, añadió don José Fagnano, y se puso a escribir con el tallo de una rosa.
Todos miraban y comprendían lo que iba escribiendo.
Cuando don José Fagnano hubo terminado de escribir, don Santiago Costamagna continuó dictando:-La caridad lo comprende todo, lo sobrelleva todo, lo vence todo: prediquémosla con la palabra y con los hechos.
**
*
Mientras escribía don José Fagnano, desapareció la luz y densas tinieblas invadieron el salón.
-íSilencio!, exclamó don Carlos Ghivarello. Arrodillémonos, oremos y vendrá la luz.
Don Luis Lasagna comenzó el Veni Creator Spiritus, después el De profundis, la jaculatoria Maria Auxilium Christianorum,siguiéndole todos.
Al responder los circunstantes: Ora pro nobis, apareció una luz rodeando un cartel en el que se leía: Salesianorum Societas qualis essepericlitatur anno salutis 1900. (Cómo corre peligro de ser la Sociedad Salesiana, en el año 1900.)
((185)) La luz se hizo un poco más viva de modo que todos nos podíamos ver y conocer.
En medio de aquel resplandor reapareció el Personaje, pero con aspecto melancólico y como quien está a punto de comenzar a llorar.
El hermoso manto que antes le cubría estaba ahora descolorido, apolillado y roto.
En el sitio de los diamantes sólo había, debido a la polilla y a otros insectos, un gran rasgón.
-Respicite et intelligite. Mirad y entended, nos dijo.
Y vi que los diez diamantes se habían convertido en otras tantas polillas que roían furiosamente el manto.
El diamante de la Fe había sido sustituido por esta frase: Somnus 1 et accidia. (Sueño y pereza.)
El de la Esperanza por Risus et scurrilitas. (Risas y chacota).
El de la Caridad por Negligentia in divinis perficiendis. Amant et quaerunt quae sua sunt, non quae Jesu Christi. (Negligencia en losdivinos oficios. Aman y buscan sus cosas y no las de Jesucristo).
El de la Templanza por Gula et quorum Deus venter est. (Gula y aquellos cuyo Dios es el vientre).
El del Trabajo por Somnus, furtum et otiositas. (Sueño, hurto y ociosidad).
En el lugar de la Obediencia había un ancho y profundo desgarrón, sin nada escrito.
El diamante de la Castidad había sido sustituido por la frase: Concupiscentia oculorum et superbia vitae. (Concupiscencia de los ojos ysoberbia de la vida).
El de la Pobreza por Lectus, habitus, potus et pecunia. (Lecho, hábito, vino y dinero).Fin de Página: 169
VOLUMEN XV Página: 169El del Premio por Pars nostra erunt quae sunt super terram. (Nuestra recompensa serán las cosas de la tierra).En el sitio del Ayuno no había nada escrito, sólo un rasgón.Ante espectáculo tan desolador quedamos todos aterrados.Don Luis Lasagna cayó desvanecido al suelo. Don Juan Cagliero palideció como la cera y apoyándose en una silla, exclamó:-"Es posible que las cosas hayan llegado ya a este punto?1 En algunas redacciones dice erróneamente sumnum.Don José Lazzero y don Pedro Guidazio estaban como fuera de sí y se dieron la mano para no caer. Don Juan Francesia, el conde Cays,
don Julio Barberis y don José Leveratto estaban arrodillados rezando el Rosario.De pronto se oyó una voz potente que decía:-íHa desaparecido tanta belleza! Quomodo mutatus est color optimus.*
*
*En medio de la oscuridad, sucedió un fenómeno singular.Repentinamente nos volvimos a encontrar rodeados de densas tinieblas en medio de las cuales apareció una luz vivísima en forma de
cuerpo humano.No podíamos fijar la mirada, pero podíamos apreciar que se trataba de un jovencito vestido de blanca túnica bordada en plata y oro.
Alrededor de la túnica llevaba una orla de luminosísimos diamantes.El jovencito de blanca túnica se adelantó un poco hacia nosotros y con majestuoso aspecto, dulce y amable al mismo tiempo, nos
dirigió estas textuales palabras:Servi et instrumenta Dei Omnipotentis, attendite et intelligite. (Siervos e instrumentos del Dios Omnipotente, atended y recordadlo
bien).
Confortamini et estote robusti. (Animaos y permaneced firmes).Quod vidistis et audistis, est coelestis admonitio quae nunc vobis et fratribus vestris facta est: animadvertite et intelligite sermonem. (Lo
que acabáis de ver y de oír es un aviso celestial hecho a vosotros y a vuestros hermanos. Estad atentos y comprended mis palabras).((186)) Jacula praevisa minus feriunt, et praeveniri possunt. Quot sunt verba signata, tot sint argumenta praedicationis. (Los dardos que
se ven venir hieren menos y se pueden prevenir. Cuantas son las palabras señaladas, otros tantos sean los argumentos de predicación).Indesinenter praedicate, opportune et importune: sed quae praedicatis constanter facite, adeo ut opera vestra sint velut lux, quae sicuti
tuta traditio ad fratres et filios pertranseat de generatione in generationem. (Predicad sin cesar; oportuna e importunamente. Pero lo que
prediquéis predicadlo constantemente de tal manera que vuestras obras sean como la luz, que, cual segura tradición pase de generación en
generación a vuestros hermanos e hijos).Attendite et intelligite. Estote oculati in tironibus acceptandis: fortes in colendis: prudentes in admitendis. Omnes probate: sed tantum
quod bonum est tenete. Leves et mobiles dimittite. (Oíd y recordadlo bien. Sed cautos en la aceptación de los novicios; fuertes en
probarlos; prudentes en admitirlos a la profesión. Probad a todos: pero, quedaos sólo con los buenos. Despedid a los ligeros y volubles).Attendite et intelligite. Meditatio matutina et vespertina sit indesinenter de observantia Constitutionum. Si id feceritis numquam vobis
deficiet Omnipotentis Auxilium. Spectaculum facti eritis mundo et Angelis et tunc gloria vestra erit gloria Dei. (Oíd y recordadlo bien.
Vuestra meditación de la mañana y de la noche, sea sobre la exacta observancia de las Constituciones. Si lo hacéis así no os faltará nuncaFin de Página: 170
VOLUMEN XV Página: 170el auxilio del Omnipotente. Seréis la admiración del mundo y de los ángeles y entonces vuestra gloria será la gloria de Dios).Qui videbunt saeculum hoc exiens et alterum incipiens, ipsi dicent de vobis: A Domino factum est istud; et est mirabile in oculis
nostris. Tunc omnes fratres vestri et filii vestri una voce cantabunt: Non nobis; Domine, non nobis; sed nomini tuo da gloriam. (Los que
vivan al fin de este siglo y al comienzo del otro dirán de vosotros:
170El Señor ha hecho todo esto y es admirable a nuestros ojos. Entonces todos vuestros hermanos e hijos cantarán al unísono: No a nosotros,
Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria).Estas últimas palabras las cantó el jovencito de la blanca túnica y a su voz se unió una multitud de voces tan armoniosas y sonoras que
todos quedamos extasiados y para no caer desvanecidos nos unimos a los demás en el canto.Cuando éste se hubo terminado, se oscureció la luz. Entonces me desperté y observé que comenzaba a amanecer.*
*
*Para recuerdo. Este sueño duró casi toda la noche y por la mañana me encontré extenuado de fuerzas. Sin embargo, por temor a
olvidarme de algo, me levanté en seguida y tomé algunos apuntes que me han servido para recordar cuanto he referido hoy, día de la
Presentación de la Santísima Virgen en el templo.No me ha sido posible recordarlo todo. Pero entre otras muchas cosas he podido conocer, con certeza, que el Señor usa de gran
misericordia para con nosotros.((187)) Nuestra Sociedad es bendecida por el cielo, pero Dios quiere nuestra cooperación.Los males que nos amenazan se podrán evitar si predicamos sobre las virtudes y combatimos los vicios arriba indicados, y si esto que
predicamos lo practicamos y lo legamos a nuestros hermanos como práctica tradicional de cuanto se ha hecho y haremos.He podido conocer también que nos aguardan próximamente muchas espinas, muchos trabajos, a los que seguirán grandes consuelos. El
año de 1890 será fecha de temer y el 1895 de grandes triunfos. Maria Auxilium Christianorum, ora pro nobis.Don Miguel Rúa puso inmediatamente en práctica la amonestación del Personaje, de tomar las cosas reveladas como tema de
predicación; pues él mismo dio a los Hermanos del Oratorio una serie de conferencias, en las que les comentó detalladamente las dos
partes del sueño.El tiempo en el cual don Bosco encuadraba la doble eventualidad de los triunfos y de las derrotas, correspondía en la Congregación al
período que en la vida humana se relaciona con la adolescencia, momento delicado y peligroso, del cual depende generalmente todo el
porvenir. En el último decenio del siglo pasado, el multiplicarse de las casas y de los socios por tantas y tan diferentes naciones podían
dar sin duda lugar a una de esas desviaciones de la línea recta, que si no se corrigen prontamente, llevan a una separación del camino
principal. Pero al desaparecer don Bosco, la Providencia nos hizo encontrar en su sucesor la mente iluminada, la voluntad enérgica
necesarias en aquella fase crítica. Don Miguel Rúa, que se podía llamar perfectamente la personificación viviente de todo lo bello y lo
bueno contenido en la primera parte del sueño,,fue en efecto el centinela vigilante,
171el jefe incansable y autorizado que supo disciplinar y guiar las nuevas generaciones por el camino recto.El contenido del sueño es para todos los tiempos. Don Bosco dio la voz de alarma para el período preciso que había de seguir a su
muerte; pero el qualis esse debet y el qualis esse periclitatur contienen una amonestación que jamás perderá su valor, de forma que
siempre será una realidad la declaración hecha por don Bosco a los Superiores: "Los males que nos amenazan se podrán evitar, si
predicamos sobre las virtudes y los vicios en el sueño indicados".
172
((188))Fin de Página: 173
VOLUMEN XV Página: 173CAPITULO VILA CAUSA DE JUAN BONETI,
ANTE LA CONGREGACION DEL CONCILIOEL 2 de noviembre de 1881, fue don Bosco a San Benigno para hacer con los novicios el ejercicio de la buena muerte y bendecir la
sotana de cuarenta y cinco de ellos. Su aspecto era el de siempre: su exterior no dejaba entrever indicio alguno de grandes aflicciones;
pero, en conversación privada con don Julio Barberis, le contó algunos disgustos que, dijo, eran de los más graves de su vida.-Ayer, añadió, tuve que pedir mucho al Señor que me sujetase bien la cabeza en su sitio; son cosas para volverse uno loco.
Especialmente durante estos dos días, se han acumulado hechos de diversa especie y han llegado a mi conocimiento otros ya pasados,
todos de carácter desfavorable.Recogióse después un instante y, sonriendo con una sonrisa melancólica, continuó:-Necesito que alguien me anime un poquito.Son palabras que explican bastante por qué se desahogaba tan efusivamente con su querido Barberis. Después de la cena, para alejar los
pensamientos tristes, empezó a narrar episodios que le habían ocurrido en tiempos remotos 1.((189)) Los mayores contratiempos que, por entonces, padecía don Bosco eran la cuestión que se ventilaba ante el Consejo de Estado
sobre el cierre de las escuelas en el Oratorio, la causa de don Juan Bonetti respecto al Oratorio de Chieri y la de ciertos opúsculos contra
el Arzobispo de Turín. Respecto a la primera, ya hemos dicho todo en el capítulo sexto del volumen anterior, al anticipar la narración de
los últimos hechos; de la última hablaremos más adelante; y ahora reanudaremos la historia de la segunda, que dejamos sin terminar en el
capítulo octavo del volumen decimocuarto.1 De un cuaderno manuscrito, unido a la Crónica de la casa de San Benigno. El contenido fue dictado por don Julio Barberis o escrito
por él mismo y entregado después para su copia. Publicamos en el Apéndice (Doc. 3) el relato de estos episodios.
173Resumamos los antecedentes. Tras las dos primeras fases de la controversia habida en el ambiente eclesiástico de Turín, se inició la
tercera cuando don Juan Bonetti, cansado de las dilaciones que arteramente se interponían a la revocación del decreto de suspensión,
decidió resolver su honorabilidad de sacerdote y de salesiano y el buen nombre de la familia religiosa a la que pertenecía, deferiendo el
litigio a la Sagrada Congregación del Concilio. Ya había acudido tres veces a dicha Congregación para obtener que el Arzobispo de Turín
le dejase en plena libertad de ejercer el sagrado ministerio o, al menos, se dignase dar la razón canónica de su negativa. La Sagrada
Congregación escribió una y otra vez al Arzobispo sobre la cuestión, pero, después de un largo silencio, éste adujo unos motivos que no
satisficieron. En consecuencia, la Congregación decretó el 3 de julio de 1880 que se pusiera la causa a la plena aprobación de los
Cardenales, de la que dieron comunicación a Mons. Gastaldi el día 17. Finalmente el 11 de diciembre, llegó la orden de notificar
oficialmente la cuestión a don Juan Bonetti, notificación que le fue hecha la víspera de Navidad por el secretario Chiuso, quien concluía
así su comunicación: "El Excmo. Señor Arzobispo prescribe a V. S. el espacio de un mes, a contar desde la fecha de la presente carta,
para exponer sus razones ante la Sagrada Congregación del Concilio".En el intervalo del 11 al 24 de diciembre, tuvo tiempo Monseñor de compilar una prolija relación, que ((190)) envió al cardenal
prefecto, Eminentísimo Caterini, el día 29.Es toda una requisitoria contra los Salesianos, que, sin embargo, prologó Monseñor de esta manera: "Siento en el alma verme obligado
a hacer recriminaciones contra una obra del benemérito don Juan Bosco, puesto que recuerdo con complacencia que una de mis más vivas
preocupaciones sacerdotales fue la de ayudar a don Bosco en sus nacientes instituciones; y que después, lo mismo de Obispo de Saluzzo
que de Arzobispo de Turín, nunca he disminuído mi pensamiento ni mi actuación para ayudar a esas mismas instituciones, cada vez más
crecientes con la visible protección celestial".Después, para demostrar su simpatía por la obra de don Bosco, cita dos hechos y dice: "Cuando el colegio de Valsálice de esta ciudad
estuvo para deshacerse, yo me ingenié para alcanzar que los Sacerdotes Salesianos obtuviesen su propiedad y lo mantuviesen abierto
como casa privada de don Bosco. Y, con tal fin, desembolsé de mi bolsillo la cantidad de diez mil liras para extinguir lo adeudado, ya que
el muy reverendo don Bosco no quería asumir la obligación de pagar las deudas de la anterior Administración del Colegio. Además, a
174finales de febrero de este año 1880, he ofrecido al muy reverendo don Bosco una casa de mi propiedad, contigua a la iglesia parroquialFin de Página: 175
VOLUMEN XV Página: 175del Corazón de Jesús de esta ciudad, valorada en cuarenta mil liras, a condición de que los Salesianos abrieran allí dos clases gratuitas
elementales para muchachos: este ofrecimiento quedó sin respuesta".Ya hemos visto en otro lugar por qué quedó sin respuesta este ofrecimiento 1.Las diez mil liras para Valsálice no eran ciertamente una bagatela, pero los que debían estar agradecidos a tanta largueza eran los
antiguos administradores, cuyas deudas extinguían, pero no los Salesianos que no tocaron ni un céntimo. Además, los Salesianos
obtuvieron el usufructo, no la propiedad; en efecto, pagaron a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, durante ocho años y en concepto
de alquiler, ocho mil liras anuales; y, cuando se hizo la compra, el Arzobispo no contribuyó en lo más mínimo.((191)) Después de esta introducción, siguen los cargos ya conocidos contra don Juan Bonetti: violación de los derechos parroquiales
con ocasión de la muerte de una monja en Chieri, cuestión con el párroco de Santa María de la Scala a cuenta de las muchachas mayores
que frecuentaban el oratorio festivo, asunto de la suspensión sin haber precedido admonición canónica alguna, opúsculo El Arzobispo de
Turín, don Bosco y don Oddenino, "impreso, dice él, mas no sin intervención de don Juan Bonetti". Pero el final es una odiosa acusación
contra el mismo don Bosco. "El muy reverendo don Juan Bosco, escribe Monseñor, Superior de la Congregación Salesiana, que tanto
bien hace en Turín y en otros lugares, en una conversación tenida con el señor canónigo y párroco de Chieri, respecto a las cuestiones del
Oratorio, le dijo que, cuando surgieran divergencias por dicho Oratorio, él, el canónigo párroco, no se dirigiera al señor Arzobispo, sino
directamente a él, a don Bosco, y así tratarían el asunto, sin necesidad de acudir a Monseñor. El canónigo párroco quedó escandalizado
por esta instigación hecha por el muy reverendo don Bosco, tan apreciado por sus virtudes, la cual acarrearía insubordinación de un
párroco hacia su superior jerárquico, el Arzobispo".Pero el canónigo párroco, lleno de animosidad, había tomado el rábano por las hojas. La conversación se remontaba al año 1878,
cuando el Arzobispo había concedido a don Bosco las facultades necesarias para abrir el oratorio festivo de Chieri. En aquel entonces, el
Beato, sabedor de que el canónigo párroco se dolía de ello y presagiando1 Véase M. B. Vol. XIV, pág. 455 y ss.
175fácilmente que por cualquier minucia correría a armar barullo ante el Arzobispo, le había dicho en una conversación:-Mire, señor párroco, puesto que el señor Arzobispo concede que se hagan estas funciones, no es el caso de molestarle por cualquier
pequeña divergencia que se presente. Por consiguiente, si V. S. advierte cualquier inconveniente en el oratorio, escríbame amigablemente
y entre los dos lo arreglaremos de común acuerdo.íEste es el gran escándalo que turbó la timorata conciencia del canónigo párroco!((192)) Don Juan Bonetti presentó su exposición en Roma el 8 de enero de 1881. Casi un mes después, envió el Arzobispo a Roma al
canónigo Colomiatti, abogado fiscal de su Curia, con el encargo de ver en la Sagrada Congregación del Concilio la situación de la causa y
dar las respuestas concernientes. Llegó éste allí el 4 de febrero, viernes, y obtuvo la audiencia pontificia para la mañana del día 8, gracias
al celo de monseñor Macchi, Maestro de Cámara. Entre tanto, monseñor Verga, secretario del Concilio, le había informado del estado de
la cuestión, permitiéndole que la leyera allí mismo y la apostillara, si lo creía conveniente. El canónigo empleó una jornada entera para
examinar todas las cartas de don Juan Bonetti; y, después, escribió un memorial, en el que quiso resumir los hechos y responder según
derecho.En la carta que escribió a Monseñor, refiriéndole la situación, se aprecian dos puntos que no concuerdan entre sí. Después del examen
de la situación, no duda en afirmar que don Juan Bonetti perderá el pleito; en cambio, muestra el máximo interés por ver enseguida al
cardenal Nina, disculpándose en las primeras líneas de no haberlo visitado enseguida, al día siguiente de su llegada a Roma:"No me presenté enseguida al cardenal Nina, porque me urgía ver primero la situación de la causa".Tenía, por consiguiente, una misión especial para S. E., conforme se deduce bastante claramente de lo que dice a continuación:"Hoy mismo voy a visitar a dicho Cardenal y veré la forma de combinar un allanamiento extrajudicial, sin tocar la contienda en la
Sagrada Congregación del Concilio, ni impedirla" 1.Era, como se dice, agarrarse con las manos para no caer, dado el escaso fundamento que tenía su proclamada seguridad de triunfar.Visitó, pues, al Cardenal Protector de los Salesianos, sin más finalidadFin de Página: 176
VOLUMEN XV Página: 1761 Carta del 8 de febrero de 1881. Los originales de las cartas que Colomiatti escribió desde Roma al Arzobispo están en el archivo del
teólogo Franchetti de Turín.
176que la de interesarlo sobre el estado del litigio en el sentido que acabamos de decir. En efecto, le manifestó el vivo deseo de que ((193))
se arreglase la cuestión buena y llanamente entre ambas partes, sin continuar el proceso, declarando que, si don Juan Bonetti estuviere
dispuesto a pedir perdón al Arzobispo, así se podría llegar a un acuerdo que fuera de recíproca satisfacción. El Cardenal encotraba más
prudente que, estando ya la Congregación en autos del asunto, las partes se sometieran al laudo que ella dictaminara. Sin embargo, el
Canónigo insistió, rogando a Su Eminencia que mediara con don Bosco para tal fin. El Cardenal, después de madura reflexión, no creyó
oportuno rechazar el ruego que le hacían; por tanto, escribió a don Bosco, remitiéndose a su prudencia y caridad y asegurándole que el
señor Colomiatti se mostraba bien dispuesto y no rehusaría aceptar una vía de conciliación 1.Así, el cardenal Nina escribió enseguida a don Bosco, exponiéndole su modo de ver y enviándole una carta por medio del mismo
Canónigo; pero éste no pudo entregársela personalmente, porque el Beato, como ya sabemos, se encontraba entonces en Francia, a donde
se la remitieron. La límpida respuesta del Siervo de Dios pone la cuestión en sus puntos justos y precisos.Eminencia Reverendísima:La respetabilísima carta que Su Eminencia se ha dignado escribirme, referente a la controversia de don Juan Bonetti, dio una vuelta
muy grande y llegó a mis manos en Roquefort, cerca de Tolón.Deseo vivamente que todo se arregle amigablemente. Hace casi un año que el Arzobispo me mandó llamar y nos pusimos de acuerdo en
que levantaba la suspensión a don Juan Bonetti y yo, para quedar en paz, hice de modo que este sacerdote no fuera a la ciudad de Chieri a
ejercer el sagrado ministerio. Se lo comuniqué al mismo don Juan Bonetti, que quedó muy satisfecho, ya que es un sacerdote de conducta
ejemplar y muy trabajador.Pero, el día siguiente a nuestra entrevista, recibí muy temprano una carta del señor Arzobispo, en la que se retractaba de lo dicho y de
toda suerte de arreglo, volviendo las cosas a la primera situación. ((194)) En el caso presente, después del arreglo propuesto, se pone una
condición inadmisible. Si don Bosco, dice el teólogo Colomiatti, no acepta un arreglo, el Arzobispo le incoará un proceso, como autor de
los libelos infamatorios que se publicaron contra el Arzobispo.De modo que, si yo acepto el arreglo propuesto, me declaro culpable de los libelos infamatorios, lo cual siempre yo lo he detestado. Y,
si después se quisiera terminar la cuestión fuera de los tribunales, no veo un camino más fácil que volver a cuanto ya se había establecido,
esto es, levantar la suspensión a don Juan Bonetti, y asunto terminado.1 Véase Apénd. Doc. Núm: 15.
177También es bueno notar que la amenaza de suspensión ipso facto incurrenda gravita todavía sobre el que esto escribe, si directamente o
por medio de otro, con la imprenta o con otros escritos, publicase algo que redundara a cargo del Arzobispo. Con todo, yo escribiré desde
aquí al Arzobispo de Turín, rogándole me diga cuál es su intención respecto a esto.Reciba V. E. mi humilde agradecimiento por el interés que se toma por nuestras cosas, y, asegurándole nuestra gratitud y nuestras
pobres oraciones, tengo el alto honor de poderme profesar con el más profundo reconocimiento.De V. E. Rvma.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Contemporáneamente envió don Bosco a don Miguel Rúa las instrucciones necesarias sobre lo que debería hacerse. Este las ejecutó con
toda diligencia, dirigiéndose el 4 y el 5 de febrero al abogado fiscal de la Curia arzobispal, al que manifestó que, condescendiendo con los
deseos del Cardenal Protector, los Salesianos arreglarían pacíficamente la cuestión de don Juan Bonetti y retirarían la querella presentada
por él a la Congregación del Concilio contra el señor Arzobispo; que ése había sido siempre el deseo de don Bosco y de todos losFin de Página: 178
VOLUMEN XV Página: 178Superiores; que, si se había recurrido al Tribunal de la Santa Sede, había sido porque Monseñor nunca había querido levantar
espontáneamente una pena deshonrosa, infligida a un religioso contra un decreto formal de la Sagrada Congregación de Obispos y
Regulares. Tras algunas reflexiones de una y otra parte, el Canónigo dejó la esperanza de que la suspensión de don Juan Bonetti sería
también levantada para Chieri, a condición, sin embargo, de que se sometiese a pedir perdón.((195)) -"Pero por qué ofensa tiene que pedir perdón?, preguntó don Miguel Rúa.-Por su resistencia, respondió, a someterse a las órdenes de Monseñor, por alguna carta poco respetuosa y también por haber renovado
su instancia a Roma el año pasado, después de habérsele derogado la suspensión con la simple prohibición de ir a ejercer en Chieri el
sagrado ministerio.Pero esto no era exacto. En efecto, en su carta del 27 de mayo de 1879, decía Monseñor a don Bosco clara y limpiamente:"Retiro a don Juan Bonetti las facultades de absolver sacramentalmente".De esta manera, lo hacía aparecer para siempre culpable de delitos que no había cometido, difamándole ante toda una ciudad. Mas
parecía que Colomiatti estaba dispuesto a pasar esto por alto y darlo por bueno; quería, sin embargo, que pidiese perdón por los opúsculos
178impresos contra Monseñor, especialmente por el que se refería a la cuestión de Chieri. Ante semejante ocurrencia, replicó don Miguel
Rúa que la suspensión no tenía nada que ver con los opúsculos que se habían publicado varios meses después; que los Salesianos no
participaban en aquella clase de publicaciones; más aún, que ellos declinaban toda responsabilidad.En resumen, don Miguel Rúa sacó dos conclusiones de todo aquello: 1.ª Que Monseñor, no pudiendo sostener la querella presentada en
Roma, buscaba ahora que los Salesianos hicieran una confesión más o menos explícita de complicidad en el asunto de los opúsculos, para
llevar el agua a su molino. 2.ª Que, por miedo a una condenación en la causa de la suspensión incorrectamente infligida, quería que, con
el temor a una querella por los opúsculos, se hiciera suspender la causa y se dejara todo para las calendas griegas."Estas son mis sospechas, escribía don Miguel Rúa a don Bosco 1, pero no son temerarias ni mucho menos. Es verdad que el canónigo
Colomiatti me aseguraba que, durante su estancia en Roma, ha podido entender ((196)) que, si se pronuncia la sentencia, don Juan
Bonetti será condenado, pero pienso que, en realidad, se tema una sentencia contra Monseñor".Y aún pudo don Miguel Rúa referirle con certeza dos cosas más a don Bosco: 1.ª Que aunque Monseñor, levantara la suspensión, no
querría hacer nada para reparar la mala impresión en perjuicio de don Juan Bonetti; porque insistía en que no se le dejase volver a poner
los pies en Chieri, hasta después de un tiempo indefinido; y, sin embargo, a don Juan Bonetti se le debía una reparación del honor,
especialmente en el lugar donde había tenido origen la cuestión. 2.ª -Que el Canónigo quería arreglarlo todo con el mismo don Miguel
Rúa, sin informar a don Bosco, aduciendo la razón de que, de otra forma, las cosas irían para largo. Por eso, advertía cuerdamente don
Miguel Rúa: "Aquí hay gato encerrado".El temor de don Miguel Rúa no carecía de fundamento. Admitida la sincera voluntad de llegar a un pacífico acuerdo, el camino que se
abría ante los ojos era ancho y despejado. Monseñor debía liberar, ante todo, a don Juan Bonetti de la pena eclesiástica que le había
impuesto, contra el decreto que prohíbe a los Ordinarios suspender a los confesores religiosos, salvo por causas referentes a la confesión,
lo cual ciertamente no era una falta de respeto real o imaginaria y, por tanto, debía reparar públicamente el fallo habido contra él,
procurando1 Carta, Turín, 7 de marzo de 1881.
179al menos disipar las sospechas malignas, despertadas en su contra y con desdoro para toda la Congregación. El gran espantajo podría ser
que estuviera de por medio la autoridad arzobispal; pero este efecto podría evitarse muy bien, haciéndole predicar algunas veces en las
iglesias de Chieri o dándole por escrito la facultad general para confesar en los centros femeninos de la diócesis, cuando fuera llamado
para ello.El cardenal Nina respondió con un dilema a las observaciones de don Bosco 1. Una de dos: o don Juan Bonetti podía en conciencia y
jurídicamente defenderse de la pretendida complicidad en ((197)) los opúsculos contra el Arzobispo, y entonces su honor, lo mismo que
el de toda la Congregación, exigía que no se diera lugar a ninguna transacción; o don Juan Bonetti no estaba totalmente tranquilo y por
circunstancias incidentales, aun ajenas a él, podía presentir ser envuelto en alguna complicidad, hasta indirecta, y, en tal hipótesis, le
parecía que no dejaba de ser conveniente un acto de perdón bien redactado y motivado, con el que quedara manifiesta la realidad delFin de Página: 180
VOLUMEN XV Página: 180hecho y sus verdaderas circunstancias. Hecha esta observación, continuaba:"Cuando usted calcule bien lo que se ha de hacer con un personaje sui generis, determinará mejor en su prudencia el partido a tomar; y
usted que conoce a las personas mejor que yo, estará también en condiciones de ver si en el proceder de la parte contraria se urde una
treta y hay engaño. Usted no se desanime y recuerde que la prueba de las contradicciones es inseparable de las obras agradables al
Señor".No sabemos explicarnos cómo un Cardenal que, después de tantas pruebas de afectuoso aprecio a don Bosco, empleaba expresiones de
este género, pudiera manifestarse el 8 de febrero en términos que justificaran las palabras que entonces escribió Colomiatti a su Superior:
"Digamos, entre paréntesis, que el Cardenal no tiene por santo a don Bosco y, en cambio, sí tiene por tal al P. Anglesio, de la Pequeña
Casa" 2.Desde Niza don Bosco envió la carta de Su Eminencia a don Juan Bonetti, que estaba predicando en Aosta. Y éste, al observar que los
adversarios estaban con temor por no tener la razón, encomendó a don Miguel Rúa que se mantuviera firme en la reparación del honor
lesionado con una suspensión no canónica, y en una reparación sin condiciones de perdón, porque la hipotética falta de respeto no era1 Carta, Roma, 16 de marzo de 1881.2 Carta, Roma, 8 de marzo de 1881.
180una causa canónica; y que se mantuviese firme también respecto a los opúsculos. "Nosotros, escribía, si hemos tenido alguna
participación, ha sido como víctimas". A lo más, admitía que, ((198)) al hablar con personas que habían ido a espiar lo sucedido, se
hubiese dejado llevar a confiar sus penas para dar las razones de la propia inocencia. Pero ciertamente ninguna ley divina ni humana
prohíbe a un condenado desahogarse y defenderse con los amigos; si éstos abusan después de las confidencias, el otro ya no puede
evitarlo. Proponía, además, a don Miguel Rúa que fuera dando largas al asunto hasta que don Bosco estuviese en Roma 1.En la Curia, en cambio, había una prisa que no admitía dilaciones. En efecto, el 29 de marzo, salió de Turín una carta de Colomiatti
para don Bosco, invitándole a llegar a un acuerdo con el Arzobispo. El Beato contestó desde Alassio, poniendo dos condiciones
fundamentales, si se quería acabar pronto la cuestión y hacer las paces.Rvmo. Sr. Canónigo Abogado Colomiatti:Había dado a don Miguel Rúa plenos poderes para arreglar toda divergencia con respecto al pobre don Juan Bonetti. Yo hacía notar que
el medio más expedito era el de levantarle una suspensión que, canónicamente hablando, no se sabe en qué se funda. En este sentido, ya
había yo arreglado las cosas con S. E. Rdma., nuestro siempre veneradísimo Arzobispo. Pero, al día siguiente de nuestro acuerdo por la
mañana, Monseñor retiraba en una carta a mí dirigida todo lo tratado y concedido con respecto al asunto.Al examinar después la situación de las cosas, se supo que se habían denunciado cosas que arrastran por el fango el honor y la
reputación de un sacerdote que, en su moral y conducta cívica, ha sido siempre, entre nosotros, intachable. Lo que, además, no sé
comprender es cómo se pretende que el mismo don Juan Bonetti pida perdón de algo que él detesta con horror y de lo que una sola
sospecha fundada me obligaría a alejarlo inmediatamente de nuestra pobre Congregación expuesta a tantas pruebas.El único medio, por tanto, para acabar una de las más molestas cuestiones, me parece que deba ser: 1.° Levantar a don Juan Bonetti la
suspensión, como ya se había hecho. 2.° Revocar las graves acusaciones presentadas en Roma contra el mismo, salvo que se tengan
pruebas seguras para demostrarlo y, en tal caso, don Juan Bonetti sería alejado de la casa religiosa a que pertenece. El, sin embargo,
asegura que no tiene el más mínimo temor a las acusaciones formuladas y sólo pide que se le permita dar a su tiempo las debidas
explicaciones. ((199)) Este es, querido y Rvmo. señor Canónigo, mi modo de ver y enjuiciar, de manera amigable y confidencial. Don
Miguel Rúa, que lleva personalmente los trámites, podrá entenderse mejor con V. S. Ilma. Dios nos bendiga y nos conserve a todos en su
santa gracia, mientras tengo el alto honor de poderme profesar con el mayor aprecioDe V. S. Ilma. y Rvma.Alassio, 5 de abril de 1881. Su seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro.1 Carta de don Juan Bonetti a don Miguel Rúa, Aosta, 20 de marzo de 1881.Fin de Página: 181
VOLUMEN XV Página: 181181La carta pasó por las manos de don Miguel Rúa, que la remitió solícitamente al Canónigo. De la conversación tenida con él, sacó la
impresión de que todo se podría arreglar pacíficamente, a condición de que don Juan Bonetti, sin tener que pedir perdón por el opúsculo
o, como lo llamaba el Arzobispo, libelo de Chieri, escribiese y publicase en el Boletín alguna palabra, con la que declinase toda
responsabilidad de aquella publicación y reprobase el contenido 1.Cuando don Juan Bonetti se informó de esto, voló de Aosta a Turín, ya que don Miguel Rúa debía reunirse enseguida con don Bosco en
Sampierdarena y acompañarle desde allí a Roma. Quedaron, por tanto, de acuerdo en que no había dificultad alguna para hacer una
amplia declaración de no haber influido ni directa ni indirectamente en la reprobada publicación. Don Miguel Rúa se lo comunicó al
Canónigo desde Sampierdarena, porque, el día de la partida, no había podido verle, después de pasar dos horas en la sala de espera 2.Pero insistía aún en el punto capital, diciendo: "Parece con todo que debe separarse la cuestión de la suspensión de la de los opúsculos
y que la absolución de la primera y la reparación del honor no deban depender de tal declaración". Y continuaba, además, con mucha
delicadeza: "Como la suspensión fue infligida por escrito, "no sería conveniente que también se levantara por escrito? O mejor aún, que
se declarase que no fue infligida por los motivos por los que se puede infligir a un religioso, esto es, por ((200)) motivos infamantes, sino
por otras razones. Vea V. S. qué es lo que se puede hacer".Don Miguel Rúa había recibido del Canónigo un ejemplar del opúsculo sobre las cuestiones de Chieri, para que lo examinase y se diera
cuenta de que era harina del costal de don Juan Bonetti. He aquí su parecer:"Para decirle mi parecer, si bien no lo he podido leer del todo por la multitud de asuntos que llevo entre manos, con todo, por lo poco
que he visto, me parece que no se puede deducir que sea don Juan Bonetti el autor. Que, si alguien ha podido pensar tal cosa, conviene
decir que, por desgracia, a menudo erramos en nuestros juicios".La conclusión de la carta es del puro estilo de los santos:"Por lo demás, admirándolo por el interés que se toma V. S. en estos asuntos, no puedo por menos de testificarle mi profundo aprecio;
y, al augurarle muchas felicidades y toda suerte de bendiciones1 Carta de don Miguel Rúa a don Juan Bonetti, Turín, 8 abril 1881.2 Carta del 14 de abril de 1881.
182por las próximas fiestas pascuales (era el jueves santo), tengo el gusto de profesarme, etc.".Inmediatamente después de la Pascua, al día siguiente, invitaba el Abogado fiscal a don Juan Bonetti con una cartita para que pasara
por su despacho un día de aquella semana por la mañana para darle una comunicación. Con aquel espacio de cinco días, don Juan Bonetti
tuvo tiempo para consultar a don Bosco, el cual le contestó lacónicamente desde Roma:"Creo que se puede ir a donde has sido solicitado, manteniendo siempre firmes las dos condiciones fundamentales: dejarte libre y
retirar todas las reclamaciones a la Santa Sede. Apresuraremos nuestra vuelta".Cuándo y dónde tuvieron el encuentro los dos adversarios, no se sabe; pero el 24 de abril llegó al Oratorio otra carta de Colomiatti,
dirigida a don Miguel Rúa, todavía ausente, anunciándole que las patentes de confesión para don Juan Bonetti estaban firmadas; que él o
el mismo interesado pasaran por la Curia para retirarlas. Advertido don Bosco de ello, recomendó a don Juan Bonetti 1:"Respecto a la sabida controversia, recibirás una carta. Procura no decir ni escribir una palabra, que pueda llegar a manos de otros. Nos
quieren comprometer. ((201)) Todo, muy cautamente". El mismo daba buen ejemplo de cautela, como se ve por estos dos escritos suyos.En nuestros documentos reina el silencio durante dos semanas. Después, viene ya una carta de Monseñor a don Bosco, que éste recibió
en Roma, cuando se disponía a salir para Florencia. En ella repetía el Arzobispo sus títulos de benemerencia con la Congregación
Salesiana, pero sólo nos interesan estos dos períodos: "Me alegraría mucho que, entre el abajo firmante y V. S., volvieran las cosas a ser
lo que eran y fueron de 1848 a 1872, a la situación más floreciente que pudiera desearse. Yo soy siempre el mismo de entonces y he dado
a V. S. y a los suyos pruebas de ello (... ). Si V. S. y los suyos quieren atraer sobre sí la plenitud de las bendiciones de San Máximo,
obispo de Turín, dispóngase a reconocer los agravios que han hecho a su actual sucesor y a pedirle perdón; y prométanle no decir ni
hacer, ni publicar con impresos, en cualquier lugar que sea, nada referente a la diócesis de Turín, si no se ponen de acuerdo con el mismo;Fin de Página: 183
VOLUMEN XV Página: 183y verán cómo, al instante, todo se calma y retorna el esplendor de tiempos pasados" 2.1 Carta, Roma, 29 de abril de 1881.2 Carta de Turín, 10 de mayo de 1881.
183Don Bosco, prestando fe a tales declaraciones, condescendió a los deseos de Monseñor; por lo cual, se le presentó el canónigo
Colomiatti, el 27 de mayo, con plenos poderes para terminar la cuestión, en nombre del Arzobispo. La conversación fue larga. El Beato
creyó en la lealtad y sinceridad de las promesas que se le hacían y, en consecuencia, se estableció verbalmente que el Ordinario retiraría
todas las protestas enviadas a Roma contra don Juan Bonetti, contra don Bosco y contra la Congregación y que don Juan Bonetti quedaría
libre de toda molestia y suspensión, tal y como estaba antes del 12 y 14 de febrero de 1879 y como ya había sido otorgado por el
Arzobispo el 26 de mayo del mismo año, por la tarde, otorgamiento revocado a primeras horas del día siguiente.Con estas dos únicas condiciones, don Bosco ((202)) dejó en manos de Colomiatti un autógrafo que sirviera de base para el pacífico
arreglo; pero nótese bien que debía volver a manos de don Bosco juntamente con otro del Arzobispo, en el que se expresara su aceptación
de dichas condiciones. Así se acordó verbalmente. El escrito de don Bosco decía:"El que suscribe, en su condición de Rector Mayor de la Pía Sociedad Salesiana, satisfecho de que la cuestión entre el sacerdote Juan
Bonetti y su Excelencia Reverendísima el señor Arzobispo quede amistosamente ultimada, ruega al Eminentísimo Cardenal Prefecto de la
Sagrada Congregación del Concilio se digne volver atrás los escritos presentados con este fin". Y seguían la fecha y la firma.Cuando el Arzobispo tuvo en sus manos tal escrito, lo envió con una declaración suya, no a don Bosco, para que viese si ésta estaba de
acuerdo con lo estipulado con el Abogado fiscal, sino al Cardenal Prefecto del Concilio. En la carta de acompañamiento, decía el
Arzobispo: "El que suscribe, teniendo en cuenta las declaraciones hechas a su abogado-fiscal por el muy reverendo don Juan Bosco, en su
calidad de Rector Mayor de la Congregación Salesiana, respecto al Oratorio femenino que tienen en Chieri las Hermanas Salesianas que,
hasta el presente, no gozan de exención alguna de la Autoridad Arzobispal, con el vivo deseo de todo bien para la Congregación
Salesiana, declara ser su voluntad que no siga adelante su demanda en contra, elevada a la Sagrada Congregación del Concilio contra don
Juan Bonetti, presbítero, a lo que se vio obligado por la querella del mismo don Juan Bonetti; y ruega, por tanto, a su Eminencia Revma.
el Cardenal Prefecto le permita retirar los escritos exhibidos en la causa".Hay aquí varias cosas que observar. Ante todo, no se hace mención alguna de las dos condiciones verbales; no se revoca la prohibición
184
hecha a don Juan Bonetti de confesar en la ciudad de Chieri; no eran los escritos relativos a la cuestión de don Juan Bonetti los únicos
que debían retirarse, sino que también se había acordado con el Abogado fiscal retirar otros; hablar del oratorio ((203)) de las Hermanas
Salesianas, era insinuar que don Juan Bonetti había sido suspendido únicamente de confesar en una capilla privada de Religiosas y no en
una capilla pública que pertenecía a los Salesianos. En segundo lugar, un simple borrador, entregado confidencialmente y que debía
devolverse, aunque no hubiera sido más que para copiarlo en limpio, cuando Monseñor hubiera dado su consentimiento a las condiciones
puestas, no se podía considerar como un documento definitivo, al extremo de poderlo enviar a un Cardenal Prefecto.Pero no acabaron aquí las anomalías. Se había convenido que el Canónigo volviese personalmente a don Bosco para dar respuesta
verbal; y, por el contrario, el Canónigo la mandó por carta, uniendo una copia suya del acta arzobispal. Y no es todo: el Canónigo
aguardó varios días para dar aviso del envío a Roma. Y más todavía: en vez de valerse del medio más rápido, como hubiera sido mandar
la carta en mano, la envió por correo. De esta manera, transcurrió una semana, sin que don Bosco supiera absolutamente nada, pues
recibió la carta el 2 de junio, poco antes de la hora de la cena. Vio en todo esto una maniobra, cuya intención se comprende por el
telegrama que, para impedir las consecuencias, expidió enseguida, hacia las siete de la tarde, a monseñor Verga, secretario de la
Congregación del Concilio: "Ruego no enviar fuera de oficina ningún papel referente a nuestras cuestiones. Recibirá carta. Bosco". Y
aquella misma noche escribió el Beato a monseñor Verga.Excelencia Reverendísima:En este momento, recibo por correo el aviso de que el señor Arzobispo de Turín ha enviado a esa Sagrada Congregación del Concilio
un escrito mío, que debía servir como de base para un arreglo amistoso sobre la cuestión de don Juan Bonetti. Era un escrito confidencial
para el señor abogado fiscal, el canónigo Colomiatti, quien debía presentarlo a Monseñor y después devolvérmelo con otro escrito,
referente a nuestro acuerdo verbal. Esta acta arzobispal se ha efectuado, pero no corresponde a lo convenido con su abogado fiscal, a
saber: levantar la suspensión a don Juan Bonetti y retirar no sólo ((204)) las reclamaciones relativas al mismo, sino además las cartas
encaminadas a infamar al sacerdote Bosco y a su pobre Congregación. Por otro lado, yo no hubiera enviado a Roma dicho escrito y, deFin de Página: 185
VOLUMEN XV Página: 185haberlo tenido que hacer, no hubiera enviado un pedazo de papel sin acompañar una carta, como corresponde a un Emmo. Sr. Cardenal
Prefecto de tan autorizada Congregación.Ruego, por tanto, a V. S. se digne mantener la cuestión en el punto en que actualmente se encuentra En otra carta se darán explicaciones
más positivas
185Créame tal y como tengo el honor de profesarme,De V. E. Rvma.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Tampoco dejó de responder inmediatamente a Colomiatti; le urgía mucho declararle que el acta de pacificación, formulada por
Monseñor, no respondía a los acuerdos tomados por ambos.Rvmo. Sr. Abogado:Recibo en este momento por correo su carta, en la que me comunica la conocida acta arzobispal. Lo siento mucho, pero me parece que
no responde a lo que hemos acordado. Por tanto, es necesario que podamos hablar para entendernos mejor. Yo no salgo de casa. Si puede,
así se lo ruego, lléguese hasta aquí, y espero que, con pocas palabras, podremos entendernos mejor.Créame con todo aprecio.De V. S. Rvma.,Turín, 2 de junio de 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, PbroY tenía don Bosco su razón para tanta premura. Una vez hecho el envío de los documentos, la cuestión entraba por la vía del arreglo
pacífico; si, después por fracasar el acuerdo amistoso, hubiera habido que volver sobre la cuestión, habría sido necesario comenzar otra
vez desde el principio, con nuevos papeles y nuevas razones. Si, por tanto, don Bosco se hubiera dejado enredar por este lazo, al
romperse los trámites, se hubiera encontrado ante una desagradable alternativa: la de no conseguir satisfacción alguna o la de afrontar de
nuevo las molestias indispensables para reemprender la causa. ((205)) Menos mal que llegó a tiempo para evitar toda engañifa,
adelantando la suspensión del juicio.Colomiatti tardó dos días más en acudir; pero, cuando fue, negó con diversos pretextos que, en la conversación anterior, se hubieran
puesto las dos condiciones verbales para llegar a un acuerdo. Ante tan sorprendente descaro, don Bosco comprendió mejor aún el juego.
Por lo demás, al despedirse, le prometió que todavía lo pensaría unos días más, antes de romper definitivamente los trámites; porque no
había sido su intención cerrar todo camino para un acuerdo posterior, sino
186aclarar temidos equívocos. Casi una semana después del encuentro, escribió así al Canónigo:Ilustrísimo señor Canónigo Colomiatti, Abogado fiscal:De acuerdo con su consejo, durante el curso de esta semana, he pensado, he rezado y también he consultado a persona muy encariñada
con nuestro Arzobispo sobre nuestra cuestión.Pero me he convencido cada vez más de que el acta del Arzobispo no corresponde a lo que nosotros habíamos acordado; deja a donFin de Página: 187
VOLUMEN XV Página: 187Juan Bonetti en el estado en que se encontraba y no revoca en nada los papeles enviados a Roma a cargo del que suscribe y de nuestra
pobre Congregación. Todo lo cual se ve confirmado por la actitud que el mismo señor Arzobispo mantiene con nosotros, como usted bien
conoce 1.Quizás, si usted hubiera cumplido lo acordado, de considerar mi escrito como algo confidencial para usted, haberlo hecho ver y después
comunicarme el sentido de lo que se quería unir a él, la cuestión habría podido arreglarse con alguna modificación; pero no fue así. Por el
contrario, me dijo usted que no se cambiaría una palabra de lo que se escribió.Así las cosas, no veo más salida que dejar a la Santa Sede que resuelva mis fallos y mis razones, que anticipadamente acepto de buen
grado, cualesquiera ellos fueren. Creo que también Monseñor estará contento, ya que es una Autoridad Superior la que concede y limita
los poderes y regula el ejercicio de los mismos.Particularmente, con todo, le aseguro que siempre tendré la satisfacción de profesarme.De V. S. Ilma. y Rvma.Turín, 11 de junio de 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.((206)) Mientras tanto, también don Juan Bonetti había escrito a Roma, explicando a monseñor Verga de qué manera y por qué motivo
se había apañado el plan de conciliación, enviado al cardenal Caterini 2. Es cierto en una palabra que, cuando uno tiene voluntad sincera
de llegar a una transacción, hace alguna concesión a la parte contraria; pero, pretender el arreglo de un asunto sin querer saber de
concesiones, no es buscar una solución, sino únicamente pretender el conseguimiento del propio interés.Monseñor Gastaldi, al ver la decisión de don Bosco, encargó formalmente al abogado Menghini se hiciera cargo de su defensa 3. Más1 Hace alusión aquí a la negativa de ir a Valsálice para la confirmación y a la obligación impuesta a don Juan Bautista Francesia de
presentarse a examen de teología moral. Véase más atrás pág. (153).2 Véase Apénd. Doc. Núm. 16.3 La carta, ni por pienso desapasionada, pudo ser copiada por don Fco. Dalmazzo y remitida a Turín (Apénd. Doc. Núm. 17).
187tarde Colomiatti informó a su modo al Cardenal Protector de los Salesianos 1.Aquellos mismos días, recibió don Bosco una carta sin indicación de procedencia ni fecha y con una firma indescifrable. El que la
escribía, después de referir ciertas impresiones producidas en algún ambiente romano con su telegrama y su carta del 2 de junio a
monseñor Verga, le sermoneaba sobre la conveniencia de arreglar pacíficamente la contienda. El documento parecía proceder de persona
amiga del Arzobispo y se hacía intérprete de los sentimientos de otros amigos, que habrían deseado pararle el golpe 2. Uno de estos
amigos era el canónigo Hohenlohe, que también le aconsejó poner fin a la cuestión 3. Pero, tanto un contendiente como otro, habían
elegido su camino, y don Bosco pensaba llegar hasta el fondo, sin importarle lo que pensara hacer monseñor Gastaldi; sólo recomendó a
su abogado que empleara todas las atenciones con el Arzobispo.Ilmo. Sr. Abogado Leonori:A pesar de mi vivo deseo de terminar amistosamente la divergencia que, hace más de dos años, existe entre monseñor Gastaldi,
arzobispo de Turín, y el sacerdote salesiano Juan Bonetti, todavía suspendido, sin embargo, veo que aún debe ser juzgada en plena
Congregación de los ((207)) Eminentísimos Cardenales dentro de poco tiempo. A tal fin, ruego a V. S. tenga a bien asumir nuestra
defensa, rogándole que procure evitar todas las formas de hablar y cualesquiera sentimientos que puedan ser tenidos por inoportunos en
boca de un súbdito que habla a su Superior.Cualquier gasto que hubiere, procuraré que se satisfaga debidamente.Fin de Página: 188
VOLUMEN XV Página: 188Quiera considerarme con toda estima y agradecimiento,De V. S. Ilma.Turín, 8 de julio de 1881.Seguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.Para elevar un momento nuestro ánimo del desconcertante espectáculo de tantas miserias humanas, no encontramos nada mejor que
interrumpir el relato y leer la carta que don Bosco dirigió al Cardenal Protector, precisamente en el punto culminante de estos
desagradables enredos.1 Véase Apénd. Doc. Núm. 18.2 Véase Apénd. Doc. Núm. 19.3 Carta del abogado Leonori a don Juan Bonetti, Roma, 14 de agosto de 1881.
188Eminencia Reverendísima:Al menos alguna vez me gustaría dar buenas noticias a V. E. Rvma. Tras una serie de esfuerzos, trabajos y sacrificios, soportados en La
Spezia, finalmente hemos podido terminar la iglesia y la casa nueva, en la que ya estamos y habitamos. De este modo, hemos podido
alejar a más de quinientos muchachos de las escuelas protestantes y encaminarlos, como ya lo hacen, por la instrucción católica. Si
tuviéramos locales más espaciosos, mayor sería aún el número. Estudiaremos cómo poder hacerlo y esperamos no nos falte el auxilio de
Dios.La nueva casa y la nueva iglesia en los Llanos de Valle Crosia también están terminadas y llenas a más no poder. Por el Boletín
Salesiano, podrá ver la solemne función que se hizo, cuando el Obispo trasladó el Santísimo Sacramento de la iglesia provisional a la
definitiva. Sólo señalo con gozo que las escuelas de niños y niñas, regentadas por los protestantes, han sido clausuradas definitivamente
por falta de alumnos. Además, tampoco acude ya ningún católico al templo de los valdenses, a pesar de los constantes requerimientos que
hacen para engatusar a los incautos creyentes.La casa de Lucca va adelante en medio de grandes dificultades, que se van venciendo poco a poco. Más borrascosas son las cosas en
Florencia, donde los protestantes gastan inmensas cantidades de dinero, y nosotros nos encontramos en la miseria y sin casa. Tenemos, a
pesar de todo, viva confianza de podernos arreglar y afianzarnos en breve; pero ((208)) aquí necesitamos las oraciones de V. E. y una
bendición especial del Padre Santo.Don Francisco Dalmazzo le dará más detalles. Por mi parte, le ruego comunique estos resultados al Padre Santo, quien, en varias
ocasiones, manifestó que tenía mucho interés en ello.Me encomiendo a la caridad de su santas oraciones, mientras tengo el alto honor de profesarme humildemente de V. E. Rvma.Turín, 30 de junio de 1881.Seguro Servidor,
JUAN BOSCO, Pbro.Parecía que la causa debía ser tratada en septiembre, pero iba llegando éste a su fin, sin que aparecieran indicios de una próxima
discusión. Don Juan Bonetti, que estaba sobre ascuas, hacía todo lo posible ante el abogado Leonori, casi cargando sobre él la culpa de la
dilación, y lo estimulaba a que escribiera la defensa con tiempo para distribuirla impresa a los Cardenales, antes de las vacaciones, a fin
de que se pudiera discutir la causa inmediatamente después 1.Fin de Página: 189
VOLUMEN XV Página: 189A últimos de septiembre, hubo un cambio de escena. Presidía don Bosco en San Benigno una tanda de ejercicios espirituales para los
novicios, que se preparaban a emitir los votos, cuando de improviso se presentó allí el canónigo Menghini, abogado del Arzobispo, con la1 Véase Apénd. Doc. Núm. 20.
189misión oficiosa de concertar una base de conciliación. El Beato llamó a don Juan Bonetti y, de común acuerdo, propusieron los tres
siguientes artículos fundamentales:1.° El sacerdote Juan Bosco, Superior de los Salesianos, declara que retira la demanda presentada a la Sagrada Congregación del
Concilio, por el reverendo Juan Bonetti, con motivo de la suspensión que le fue infligida, hace tres. años, por el Arzobispo de Turín, a
causa del Oratorio de Santa Teresa en Chieri, y promete prestar obediencia al mismo, no yendo a confesar en aquel Instituto hasta que no
hayan desaparecido los verdaderos o supuestos temores de choque con el párroco local.2.° Por su parte, Su Excelencia Revma. Monseñor Lorenzo Gastaldi, Arzobispo de Turín, declara por escrito que no suspendió al
reverendo Bonetti por nada tocante a la confesión o por violado interdicto, sino ((209)) por choques habidos con el párroco local; que lo
rehabilita para la confesión de modo absoluto, también en Chieri; y que retira cualquier escrito o impreso con intención de denigrar al
reverendo Bosco y a la Congregación Salesiana, no sólo en la presente cuestión, sino en cualquiera otra.3.° Como legítima reparación, Su Excelencia dará, además, al reverendo Bonetti la facultad de confesar, conforme a la disposición
Superna de Clemente X, comprendidas las de personas religiosas o en retiro sujeto a la jurisdicción arzobispal.íTrabajo inútil! Menghini presentó las conclusiones a su Cliente, volvióse a Roma y si te vi... no me acuerdo. Don Bosco esperó
inútilmente una comunicación. Monseñor, en cambio, envió a Roma a su Abogado fiscal para iniciar contra el Siervo de Dios otra causa
que entorpeciera la primera. Pero también se ocupó de ésta, porque, mientras se cuidaba de la segunda, había que procurar que la primera
se difiriese todo lo posible. Para ello, se entendió con el cardenal Ferrieri y se estableció que la Sagrada Congregación de Obispos y
Regulares examinara estas cuatro cuestiones previas: 1.ª Si las Religiosas de María Auxiliadora estaban exentas o no de la jurisdicción
arzobispal. 2.ª Si sus colegios y oratorios estaban exentos o no. 3.ª Si estaban exentos los Salesianos que servían en dichos colegios y
oratorios. 4.ª Si los mismos Salesianos, en los oratorios y colegios de las Hermanas de María Auxiliadora, debían considerarse como
actuando en los centros de su Congregación Salesiana o no. Colomiatti escribió el expediente necesario para la iniciación de tales
cuestiones que, al ser presentadas como de urgencia, tenían precedencia sobre la cuestión que estaba presente en la Congregación del
Concilio 1.1 Cartas del canónigo Colomiatti a Monseñor Gastaldi, Roma, 16 y 19 de octubre de 1881. Es instructivo conocer cómo se tergiversa en
la segunda de estas cartas el hecho de la Madre Galeffi, que había sido presidenta de las Oblatas de Tor de'Specchi (véase M. B., Vol.
XIII, págs. 399-400): "Hoy mismo supe por el subsecretario de la sagrada Congregación de Ritos que don Bosco es ya conocido por lo
que es. Me narró cómo este año murió casi de repente (íhabía
190No pierdan de vista los lectores el punto verdadero de la controversia que, en pocas líneas, era éste: el 12 de febrero de 1878, el
Ordinario de Turín, so pretexto de una falta de respeto al párroco de Chieri y de las disensiones causadas, sin previo aviso al interesado ni
a su Superior, había suspendido, contra las leyes canónicas, a don Juan Bonetti para confesar a los fieles, no sólo en la ciudad de Chieri,
sino en toda la archidiócesis, con deshonor para él y para toda la Congregación. La suspensión quedó después limitada a Chieri. "Qué
relación tenía, por tanto, la causa de don Juan Bonetti con las referidas cuestiones? Ninguna en absoluto, mas servían para detenerla y
diferirla.Pero el diferirla ayudó a don Juan Bonetti, proporcionándole ocasión para dar otros pasos. Imprimió en octubre un memorial que
presentó al Padre Santo e hizo distribuir a los Cardenales. Es un fascículo de gran tamaño, con quince páginas, que contiene una larga
exposición del hecho y las circunstancias que precedieron, más una conveniente refutación de las razones aducidas por Monseñor para no
rehabilitarlo.El aplazamiento arrancó, además, otra ventaja. Habiendo dejado de existir el venerando cardenal Caterini (tenía 86 años), fue
nombrado, el 10 de noviembre, Prefecto de la Congregación del Concilio el eminentísimo Nina, que conocía muy bien ((211)) a don
Bosco. El Beato no tardó en felicitarle por el nombramiento. Su Eminencia le respondió el 24 de noviembre:Fin de Página: 191
VOLUMEN XV Página: 191"Atribuyo a un rasgo de singular bondad de V. S. Ilma. las muy reconocidas expresiones de su ánimo, que me ha manifestado en sumuerto en enero de 1876, después de una larga enfermedad!) la Superiora de las Oblatas de Tor de'Specchi. Don Bosco, que tenía cuenta
corriente con aquella superiora, por motivo de los libritos de las Lecturas Católicas (aquí en el original aparece la palabra aprovechó,
tachada con un rasgo de pluma), sabiendo que no había podido informar a las Oblatas sobre la administración que ella llevaba (las
Oblatas estaban informadísimas de todo, menos de las irregularidades de un sobrino de la Galeffi, ignoradas naturalmente por la misma
tía), pidió a las mismas, como crédito suyo, cuatro mil escudos (es decir, hizo constar una deuda de 20. 133,32 liras, en propio daño, por
mercancías enviadas, recibidas y no pagadas). Las Oblatas se quedaron pasmadas ante aquella petición (no, ante este descubrimiento) y
no podían resignarse a creer que la Superiora se hubiese cargado con tal deuda sin hablar de ella; pero no tenían pruebas en contra. Para
no armar escándalo, le ofrecieron una parte del total (no es verdad). Don Bosco, entonces, procuró adquirir una parte de su edificio,
diciendo que allí abriría escuelas, etc., etc. (falso) y así, con apariencias de no querer aquel dinero como tal, pues veía que les resultaba
gravoso a las Oblatas desembolsarlo, intentó adueñarse de una parte de su casa (una escritura en regla desmiente estas afirmaciones; véaseM. B. Vol. XIII, pág. 807). Yo mismo oí al cardenal Ferrieri censurar este hecho, cuando hablé con él". En el procesículo de Roma
(1915-16), dos Oblatas de las de entonces, que aún vivían, hicieron deposiciones honorabilísimas, referentes al Siervo de Dios, tanto
respecto a este asunto como a otras imposturas de Colomiatti (Summarium, págs. 49-50).
191
apreciada carta del 11 de los corrientes, por mi nombramiento de Prefecto de la S. C. del Concilio. Se lo agradezco con toda la efusión de
mi alma. Por lo demás, desconfiando siempre de las escasas fuerzas que me restan, siento más la necesidad de rogarle que, en su bondad,
pida al Señor los auxilios y arrestos que necesito para llevar el peso que la clemencia del Padre Santo ha querido poner sobre mis
hombros. Mas, a pesar de mi poquedad, nunca disminuirá mi buena voluntad de corresponder a la expectación y a las justas exigencias en
la esfera de mis atribuciones".A primeros de noviembre, tuvo don Bosco la pena de saber que había sido objeto de manifestaciones públicas de indignación, por parte
del cabeza de la diócesis. El 10 de aquel mes, con ocasión de la celebración del sínodo diocesano, pronunció Monseñor en la catedral dos
discursos, en los cuales profirió expresiones poco benévolas para los Salesianos y su Superior, aunque sin nombrarlos. Por la mañana, al
presentar la utilidad de los oratorios festivos para la juventud, ni siquiera nombró a los que, desde hacía cuarenta años, dirigía don Bosco
en Turín; pero, en cambio, se deshizo en alabanzas de los Filipenses, los cuales, dijo, brillan por todas partes, ayudan a su Obispo y no le
ocasionan disgustos. Los oyentes agarraron al vuelo la alusión. Por la tarde, aún se expresó con mayor claridad, diciendo:-Os recomiendo sumisión y respeto a vuestro Obispo; no hagáis como ciertos religiosos, que son todo reverencia y devoción para el
Papa lejano, y demuestran poco y ningún respeto al Obispo cercano; son obsequiosos con la Cátedra de Pedro y no con la de San
Máximo. Así, por desgracia, se comporta en la diócesis algún eclesiástico que, alardeando de estar con el Papa, pone su mano en cosas
que no agradan al Arzobispo y le ocasiona disgustos.Después la emprendió ((212)) con la prensa católica, que combatía las doctrinas rosminianas, usando palabras todavía más ásperas:-Periódicos, diarios y papeluchos que alardean de católicos y son, por el contrario, una desgracia para la Iglesia. Quizás no hay ninguno
que no se extralimite, que no se meta en lo que no le incumbe, que no haga más mal que bien y que no sirva de escándalo para los fieles.Experimentó tanto disgusto por este lenguaje uno de los presentes, el teólogo Luis Fiore, que se lo manifestó directamente al Papa 1.Resultaba de suma importancia disipar, en los ambientes eclesiásticos y civiles de Roma, las siniestras prevenciones que las malas
lenguas1 Véase Apénd. Doc. Núm. 21.
192iban difundiendo por allí. Con tal objeto, el abogado Leonori había empezado a redactar un opúsculo sobre don Bosco y su Obra para
repartirlo precisamente en la Ciudad. Su trabajo vio la luz hacia el final del año 1. En siete capítulos se hablaba en él de don Bosco, de la
Sociedad Salesiana en sí misma, de su desarrollo en Italia, en Francia y en las Misiones extranjeras, y de los juicios más notables sobre
ella, para concluir que don Bosco había mostrado al Clero con su Obra el camino que debía seguir, si quería marchar al ritmo de los
tiempos.Fin de Página: 193
VOLUMEN XV Página: 193Los clamorosos dicterios sinodales hicieron ver mucho más a don Bosco la necesidad de buscar remedio en un campo más restringido,
pero más importante. íAy de la Congregación si, entonces, en las altas esferas eclesiásticas, esto es, entre los Obispos de Italia y los
Cardenales de Roma, hubiera penetrado la idea de que los Salesianos y su Fundador eran hombres insubordinados con la autoridad
episcopal y que la hostigaban! íY, por desgracia, ya se había adelantado no poco por este camino! Se necesitaba, a toda costa, un
documento que fuera a parar a manos de los altos prelados y los informara prolijamente sobre la verdadera situación de las relaciones
entre el Oratorio Salesiano y la Curia de Turín, entre don Bosco y Monseñor Gastaldi. ((213)) Se dedicaban precisamente a un trabajo de
este género don Juan Bonetti y don Joaquín Berto, el cual, además de secretario de don Bosco, era también archivero de la Congregación2. Quedó así redactada una monografía que llevaba esta portada: A los Eminentísimos Cardenales de la Sagrada Congregación del
Concilio. Exposición del sacerdote Juan Bosco. Las razones de esta exposición estaban claramente señaladas en las primeras páginas con
una introducción escrita por don Juan Bonetti, pero revisada y firmada por don Bosco:
RAZONES DE ESTA EXPOSICIONHace ya más de diez años que el abajo firmante y la naciente Congregación Salesiana soportan graves vejámenes del Arzobispo de
Turín, monseñor Lorenzo Gastaldi, los cuales, además de las innumerables molestias que nos han ocasionado, nos impidieron también
atender al bien de las almas. En efecto, este Prelado nos prohibió poco ha que nos sirviéramos de las facultades que la Santa Sede nos ha
concedido; incluso pretendió contra las prescripciones eclesiásticas, ingerirse en el1 CONSTANTINO LEONORI, Noticias sobre la Sociedad de S. Francisco de Sales, fundada por el sacerdote Juan Bosco, Roma, Tip.
Tiberina, 1881.2 El original de los dos redactores tiene muchas tachaduras, añadiduras y modificaciones hechas por mano de don Bosco, y los trazos
de su pluma, que son frecuentes, a veces suprimen largos trozos.
193régimen interior y disciplinar de nuestra Congregación, como si no fuera más que un instituto diocesano; a menudo, y sin razón alguna, se
negó a admitir a nuestros clérigos a las Ordenes sagradas; a veces, por fútiles pretextos, negó a nuestros sacerdotes la facultad de predicar,
confesar y hasta celebrar la Misa en su diócesis; en ocasiones, les suspendió sin culpa canónica y sin hacer preceder las formalidades,
requeridas por los sagrados cánones; nos prohibió publicar en su Diócesis Breves obtenidos del Sumo Pontífice en favor de nuestras
Obras; reprobó Instituciones benéficas que habían sido bendecidas y recomendadas por el Padre Santo; escribió cartas a hombres ilustres
y sencillos, y hasta imprimió libelos para difamar a los Salesianos y a su Superior. Parece que todos estos actos han sido promovidos por
el enemigo de todo bien, para ahogar y destruir nuestra pobre Congregación o, al menos, poner obstáculos para impedir que consiga el fin
para el que fue instituida y aprobada por la Santa Sede.Todas estas y otras innumerables molestias las hemos aguantado hasta ahora en silencio. Los tiempos que corren son difíciles para la
Santa Iglesia, y yo no quería acarrearle disgustos invocando solemnemente su supremo y autorizado juicio en nuestra propia defensa. Me
dolía, además, hacer reclamaciones contra un Personaje, a quien siempre aprecié y veneré.((214)) Hubiéramos continuado todavía sufriendo en silencio semejantes molestias y dificultades; pero últimamente el Arzobispo
defirió a la Sagrada Congregación del Concilio y publicó cosas infamantes contra el que suscribe y contra la Pía Sociedad Salesiana,
invocando las resoluciones del caso; y, por tanto, yo me encuentro obligado por deber de obediencia a presentar a la Santa Sede la
presente Exposición.Y, puesto que cumplo este doloroso deber con gran repugnancia de mi espíritu, pasaré por alto muchos hechos y dichos, que
únicamente se refieren a mi humilde persona, exponiendo tan sólo las que corresponden a la Congregación o a mí mismo, en mi calidad
de Cabeza y Superior de la misma.Turín, 15 de diciembre.Octava de la fiesta de María Inmaculada, 1881.JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 194
VOLUMEN XV Página: 194El texto, que procede cronológicamente desde 1872 hasta 1881, enumera año por año, en más de setenta páginas, las actuaciones menos
benévolas del Ordinario turinés con don Bosco y los Salesianos; resume, después, en dos páginas las perniciosas consecuencias que de
ellas se derivaron y concluye con una súplica y una protesta: la súplica de ayuda y protección por parte de la Santa Sede; y la protesta de
sumisión incondicional a cualquier disposición, consejo y aviso que pluguiere al Papa darle.El "deber de obediencia", que le obliga a hacer esta Exposición, no debe hacer suponer ningún precepto venido de lo Alto. La
comparación del borrador con la redacción definitiva del original nos convence de que la misma Santa Sede, al aprobar la Congregación y
confiarle su custodia y gobierno, le puso en la obligación de guardar
194
sus intereses y defender su honor. Hizo imprimir el trabajo del modo más secreto y reservado, retirando enseguida los originales, las
pruebas y las copias. En el momento de la distribución también se empleó toda cautela y solamente se enviaron ejemplares a personas
conspicuas de la jerarquía eclesiástica y en sobre cerrado. El fascículo, salido de la imprenta a finales del año 1881, llegó también a
manos de León XIII, quien, después de hojearlo, exclamó:-íOh, póngase fin a esta discordia, porque, de otro modo, monseñor Gastaldi quedará deshonrado por la historia!Fue entonces cuando ((215)) nació en él el deseo de reclamar para sí toda la causa, como veremos en el capítulo siguiente.Al acercarse el día de la discusión, el Arzobispo fue a Roma. Se lo pedía, además, una circunstancia solemnísima: en la fiesta de la
Inmaculada, el Sumo Pontífice procedería a la canonización de cuatro Beatos: Benito-José Labre, Lorenzo de Bríndisi, Juan-Bautista de
Rossi y Clara de Montefalco. Aprovechó, pues, la oportunidad para estudiar de cerca el terreno y ganar para su causa a cuantos más
pudiera.Estuvo dos veces en audiencia con el Padre Santo. En la segunda, que duró hora y media, el Papa le habló también de las relaciones con
los Salesianos. Estuvo presente a todo el coloquio el Eminentísimo Nina, a quien se deben los detalles que de él conocemos 1. A un
cierto punto, preguntó Su Santidad:-Pero, por fin, "cuándo van a terminar esas continuas cuestiones con don Bosco y la Congregación Salesiana? íPobre don Bosco!
Trabaja sin cesar y hace tanto bien. No oigo más que elogios de todos para estos Salesianos y los quiero mucho. "Por qué los trata V. E.
de este modo?. íTermine de una vez! íEn vez de favorecerlos y ayudarlos, V. E. no hace más que poner dificultades a su desarrollo!-Santo Padre, repuso el Arzobispo, no es cierto: yo quiero mucho a don Bosco y a la Congregación, y he buscado todos los medios para
ayudarla.
El Señor sabe cuánto deseo que se llegue a un acuerdo. Bastaría que don Bosco viniese a mí para abrazarle de todo corazón. Yo siempre
he preferido arreglar las cosas de modo amistoso, pero don Bosco lo rehusó y llevó la causa a la Congregación del Concilio. Que venga,
pues, don Bosco y verá cómo le recibo.-"Cómo queréis que vaya a vos, si, cuando se presenta, ni siquiera le recibís? "Es ésta la manera de tratar a un sacerdote tan celoso y
lleno del espíritu de Dios?1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma, 21 de diciembre de 1881.
195((216)) -Pues estoy dispuesto a recibirlo enseguida y arreglarlo todo.-Entonces, id con Dios; y que termine todo de una vez, porque si no es así, convendrá tomar otras medidas a las que no quisiera
recurrir.Las defensas de los abogados estaban preparadas e impresas. La de Menghini pareció, a quienes la leyeron, que era moderada e
invocaba la conciliación entre los "dos ornamentos de la diócesis de Turín 1".
Ambos se pusieron de acuerdo para formular así la duda: An suspensio seu interdictum locale ab audiendis confessionibus sit
confirmandum vel infirmandum in casu (si en el caso en cuestión se debe confirmar o revocar la suspensión o prohibición local de
confesar). El abogado de don Bosco dedicaba la primera parte a la narración de los hechos y demostraba, en la segunda, que el decreto del
Arzobispo debía declararse nulo: por ser injusto, puesto que no había culpa alguna; por ser vejatorio, como emanado del odio contra la
Congregación Salesiana; y por ser nulo, al estar privado de solemnidad. En la tercera parte impugnaba las objeciones.La defensa del Arzobispo no consideraba el caso como una suspensión, sino como una simple restricción de jurisdicción, para concluirFin de Página: 196
VOLUMEN XV Página: 196que el Ordinario estaba en su derecho de imponerla cuando y como le pareciere, sin necesidad de solemnidad alguna. Sobre este y otros
puntos don Juan Bonetti, casi en vísperas de la solución de la cuestión, creyó oportuno someter a la consideración del Cardenal Prefecto
del Concilio algunas consideraciones, determinando claramente y en resumen el verdadero estado de la cuestión 2.Comprendiendo después que se tenía muy en cuenta la acusación de que se hubieran enviado salesianos a Chieri para administrar el
Viático y la Unción a una Hija de María Auxiliadora, envió al mismo Cardenal una declaración del canónigo Sona, que atestiguaba haber
administrado los sacramentos a la ((217)) moribunda 3. Indirectamente este documento ponía también en guardia a la Sagrada
Congregación contra otras afirmaciones, induciendo a aceptarlas por lo menos a beneficio de inventario.La causa se vio el 17 de diciembre. Sólo dos de los ocho cardenales votaron a favor del Arzobispo; los que sostuvieron la causa de don
Bosco con mayor energía fueron los Exmos. Cardenales Randi, Chigi,1 Cartas del abogado Leonori a don Juan Bonetti, Roma, 10 de noviembre de 1881, y de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma,
29 de noviembre de 1881.2 Véase Apénd. Doc. Núm. 22.3 Véase Apénd. Doc. Núm. 23.
196Hergenroether y Ledochowski. Cuando el Papa oyó la relación, volvió a expresar el concepto ya expresado a Monseñor:-No se pronuncie, dijo, ninguna sentencia y hágase en su lugar una propuesta de conciliación, salvando así la autoridad arzobispal. Don
Bosco es tan virtuoso que se acomoda a todo. El Arzobispo acomódese o no: en el primer caso, don Bosco estará contento, porque no
busca más que la paz, y todo quedará terminado cuando ésta se consiga; en el segundo tendremos al buey por los cuernos 2 y entonces
todo ha terminado para él.A este punto, el cardenal Nina se animó y dijo que era hora de acabar también en otro sitio, pues en Roma se apoyaba a Turín en la
persecución de don Bosco y se paralizaba el bien que hacía la Sociedad Salesiana, privándola de los privilegios. Y observó otras cosas
más como Protector que era de la Congregación.El Tribunal romano emitió sentencia dilatoria con la fórmula:
Dilata et ad mentem ab Eminentissimo Praefecto panditam. Cuál era la mente del Cardenal Prefecto, él mismo la manifestó primero
confidencialmente a don Bosco con esta cartaRESERVADARvmo. don Bosco:En breve le llegará una carta de la sagrada Congregación del Concilio, respecto de la consabida cuestión, cuya resolución ha sido
diferida, porque, sin perjudicar el mérito, entra en las miras del Padre Santo que dicha cuestión quede silenciada de la forma que se le
indicará, porque el mismo Arzobispo ha manifestado de viva voz a ((218)) Su Santidad su gran disposición para llegar a un acuerdo.
Esperando que Monseñor se preste sinceramente esta vez a cuanto se le propone, le exhorto, por lo mucho que quiero a su Congregación,
a que no ponga ningún obstáculo, sino que, con toda espontaneidad, se sujete a cuanto se le indicará, sin apartarse por su parte lo más
mínimo de las instrucciones que le serán indicadas. Para presentarse usted al señor Arzobispo, no necesito apelar a su virtud; estoy seguro
de que lo hará con una actitud y lenguaíe tan reverente y suave que no se comprometerá lo más mínimo, obligándole, si es preciso, a
manifestarse él humanísimo.Le dirá, en resumen, que celebra que la Santa Sede le haya ofrecido una ocasión propicia para encontrarse una vez más a los pies del
señor Arzobispo, a quien nunca ha deíado de amar y venerar. No entrará en discusión sobre la cuestión o cuestiones y se limitará a
presentar la solicitud en nombre de don Juan Bonetti, ateniéndose en ella a los términos que se le sugieren. Muéstrese dispuesto a llegar a
los acuerdos sobre el régimen del Oratorio, dentro de los límites consentidos por el derecho, y en el reciproco entendimiento de buscar el
bien de las almas.Fin de Página: 197
VOLUMEN XV Página: 197Advierta, además, a don Juan Bonetti que se muestre muy reservado en el hablar y en todo lo que pueda referirse al Arzobispo y al
Párroco local. Un continente correcto, a costa de cualquier sacrificio, tanto por su parte como por la de sus subordinados, conciliará
mayor aprecio a su Instituto y allanará el camino para resolver otras dificultades que, a cada paso, se le vayan presentando, para
entorpecer quizás, aun sin quererlo, la obra del Señor. Tenga, además,2 "Palabras textuales", comentaba el Cardenal Nina al referir esta conversación a don Francisco Dalmazzo (carta citada del 21 de
diciembre).
197cuidado de anotar todo lo que vaya sucediendo entre usted y el señor Arzobispo, para dar después cuenta fiel a la Sagrada Congregación.Esto es cuanto me urgía comunicarle. Ahora aprovecho la ocasión para augurarle de corazón toda suerte de felicidad espiritual y
temporal del Niño Jesús, quien, estoy seguro, aceptará con gusto el ofrecimiento de sus muchas tribulaciones y amarguras y, en
recompensa, le dará gran alivio y ánimos para proseguir su Obra, e implorando del Señor una copiosa bendición sobre toda la
Congregación, tengo el placer de reafirmarme con particular estima,De Vd. Rvmo. Señor,Roma, 20 de diciembre de 1881.Afectísimo seguro servidor L. Card. NINA, PrefectoLa mente era, por tanto, que, antes de pronunciar una sentencia definitiva, se intentase resolver la controversia de bono et de aequo cum
partis utriusque decore, esto es, mediante un justo y decoroso acomodamiento de las partes. Esto la Sagrada Congregación se lo notificó
oficialmente a don Bosco, precisándole, ((219)) además, el modo de hacerlo: visitar al señor Arzobispo; presentarle una súplica de don
Juan Bonetti, pidiendo ser rehabilitado para confesar en el oratorio de Chieri; y pedir perdón por los disgustos que hubiera podido
ocasionarle; ponerse de acuerdo en la forma de regular los asuntos en Chieri, de forma que los Salesianos no turben las funciones
parroquiales propiamente dichas, ni que tampoco se vean impedidos de promover el bien espiritual de las almas, como habían venido
haciendo con gran fruto 1.Otra carta oficial, dirigida al mismo tiempo al Arzobispo, era algo más larga. Se decían en ella cinco cosas: 1.ª, que había sido
demasiado severa la medida tomada contra don Juan Bonetti; 2.ª, la resolución cardenalicia y la manera de cumplirla; 3.ª, que el
Arzobispo recibiese statim atque humaniter (enseguida y con cortesía) a don Bosco y concediese a don Juan Bonetti la facultad solicitada
nulla interposita mora (sin ninguna demora); 4.ª, que amonestase al Párroco de Chieri y a sus ayudantes para que tuviesen más caridad
con los Salesianos; 5.ª, que levantase la intimación de suspensión ipso facto incurrenda, si don Bosco escribía o imprimía cualquiera cosa
en su defensa y la de su Instituto. Por último, se apelaba a la habilidad y docilidad de Monseñor para que todo se cumpliera con la
máxima solicitud 2.Antes de recibir el rescripto de Roma, ya había respondido don Bosco así al Cardenal Nina:1 Véase Apénd. Doc. Núm. 24.2 Véase Apénd. Doc. Núm. 25.
198Eminencia Reverendísima:íCuánta bondad se digna tener V. E. con esta pobre Congregación! Se lo agradezco de todo corazón. Hasta ahora, no he recibido
ninguna carta de la Sagrada Congregación del Concilio; pero, apenas llegue a mis manos, cumpliré fielmente los paternales consejos queV. E. se digna darme. Con todo, será difícil llegar a una conclusión. Tiempo atrás, ya me llamó por tres veces el mismo Arzobispo, pero
nuestra entrevista terminó siempre con una reprimenda y tratándome de mentiroso. A pesar de todo, estoy dispuesto a volver de nuevo y
espero no ser ocasión de altercado. Parece, sin embargo, que los preparativos no son de buen presagio. El 17 de este mes se propuso un
arreglo. El 20 se envió ((220)) un aviso con el que hace retornar la causa de don Juan Bonetti a su origen y en términos ciertamente poco
pacíficos 1. El 23 del mismo mes, los seminaristas del Seminario de Turín, que fueron alumnos nuestros, pidieron permiso para venir a
Fin de Página: 199
VOLUMEN XV Página: 199felicitar las pascuas a don Bosco, que les hizo de padre espiritual y material; pero, este año, se les prohibió hacerlo, lo mismo en
corporación que aisladamente 2.Ayer un antiguo alumno nuestro, hoy sacerdote en el Seminario 3, pidió al Rector permiso para visitar y hablar a don Bosco y le expuso
el deseo que abriga, hace muchos años, de hacerse salesiano, con ánimo de ir a las Misiones extranjeras. Obtuvo una paternal respuesta
muy poco paterna, terminando con estas palabras, que le ruego me permita transcribir textualmente:-"Si vas a hacerte salesiano, o bien vas a las Misiones, vas a casa del diablo y pones todo patas arriba". Espero que, con un acto de
contrición, se pueda obtener fácilmente el perdón del pecado cometido al hacerse salesiano e ir a las Misiones extranjeras.De todas partes vienen amigos a condolerse conmigo de que el Arzobispo está publicando que ha obtenido una victoria completa sobre
don Juan Bonetti, don Bosco y todos los Salesianos.De todas formas, siempre estuve dispuesto, y sigo estándolo a hacer cualquier sacrificio, con tal de que se pueda poner fin a un asunto
que me hace perder tanto tiempo.Le ruego me perdone la confianza con que escribo y me permita que, con profunda veneración, tenga el honor de profesarme,De V. E. ReverendísimaTurín, 28 de diciembre de 1881.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.1 De esto se hablará en el capítulo siguiente.2 Carta del seminarista Bartolomé Gillio a don Juan Bonetti (23 de diciembre): "Este año los alumnos del Seminario Metropolitano de
Turín, que fueron alumnos de don Bosco, no pueden ir, con gran disgusto suyo, a felicitar colectivamente a sus amados Superiores,
porque el canónigo Soldati lo ha prohibido. Nuestro disgusto es todavía mayor, porque otros compañeros van libremente a felicitar a los
Superiores con los que estudiaron el bachillerato. Por ello, la mar de indignado, me decidí a escribir, sin que lo sepan mis Superiores (...).
Estos son los sentimientos de los seminaristas, a quienes en el día de hoy se les ha prohibido ir en persona al Oratorio, donde pasaron los
años más hermosos de su vida".3 El reverendo Cravero.
199León XIII estimó que, en este caso, no menoscababa su propia y habitual alta reserva, haciendo llegar a don Bosco una palabra.
Encargó de ello a monseñor Boccali, Camarero Secreto Participante que, en nombre de Su Santidad, le escribió el 27 de diciembre. La
primera parte de la carta es diplomática:"Cuando el Ilmo. y Revmo. Señor Arzobispo de ((221)) Turín estuvo en Roma para asistir a las fiestas de la Canonización, manifestó al
Padre Santo el deseo de llegar a un acuerdo amistoso de las partes contendientes, en el pleito pendiente en la Sagrada Congregación del
Concilio entre él y el sacerdote salesiano don Juan Bonetti por las cuestiones de Chieri. El Padre Santo se alegró de oír esta propuesta y,
precisamente para facilitar esta avenencia, la Sagrada Congregación, en su última sesión, no se ha pronunciado en la resolución del pleito,
sino que ha diferido el juicio y ha establecido que, en tanto se comunicaba a ambas partes la manera conveniente, por la que se pudiese
llegar a un acuerdo entre ambos, V. S. recibirá esta comunicación oficialmente de la Sagrada Congregación del Concilio e, igualmente, el
señor Arzobispo".La segunda parte es exponente del buen concepto en que Su Santidad tenía a don Bosco."El Padre Santo sabe que V. S. siempre se ha mostrado dispuesto a cumplir no sólo los mandatos, sino también sus deseos; y no duda
de que V. S. se prestará pronta y dócilmente a cumplir cuanto en dicha comunicación se indique. Y, puesto que, entre otras cosas, se le
sugerirá presentarse al señor Arzobispo, procure hacerlo de la manera conveniente y respetuosa debida a su autoridad. Y, solventada esta
primera parte del pleito con don Juan Bonetti, quizás no sea difícil proceder a otros acuerdos y llegar a hacer desaparecer toda fricción".Por último, el Secretario advertía:Fin de Página: 200
VOLUMEN XV Página: 200"Le agradeceré me tenga al corriente del resultado de la entrevista y del sesgo que tomen las cosas, que yo deberé referir y presentar a
Su Santidad".Don Bosco se apresuró a responder a monseñor Boccali y, por su medio, al Papa 1:Excelencia Reverendísima:He tenido el alto honor de recibir la venerada carta de V. E. Revma. a propósito del pleito Bonetti y el señor Arzobispo. Le aseguro con
todo el corazón que, apenas1 El autógrafo fue entregado el 16 de octubre de 1926 por Monseñor Pascual Piancastelli, de Bolonia, al Instituto Salesiano de Faenza,
donde se conserva.
200reciba la carta de la Sagrada ((222)) Congregación del Concilio, me atendré fielmente al sentido de la misma y cumpliré después los
consejos de V. E.Hasta ahora no he recibido ninguna carta al respecto.Temo, sin embargo, que haya alguna dificultad por parte del señor Arzobispo, porque me ha hecho saber, de varias maneras, que él ha
obtenido en Roma victoria completa sobre dicho contencioso. Más aún, el día 20 de este mes, ha enviado un nuevo recado amenazador,
llamando a don Juan Bonetti a la Curia por la misma causa sobre la que ya se dictó el Dilata el día 17.De todas formas, asegure al Padre Santo que estoy dispuesto a cualquier sacrificio, con tal de terminar una cuestión de tan escasa
importancia, que me ha hecho perder tanto tiempo. Tiempo que necesito totalmente para dedicarlo a nuestra pobre Congregación y el
sagrado ministerio de las almas.Ruego a V. E. presente a Su Santidad un pequeño obsequio de amor filial, de parte de nuestros ochenta mil muchachos. Mañana, día 1.°
del 1882, recibirán la santa comunión y harán especiales oraciones al Señor para obtener que el mismo Padre Santo tenga muchos años de
vida feliz para bien de la Santa Iglesia y también de nuestra humilde Congregación.Con profunda gratitud, tengo el honor de poderme profesarDe V. E. Rvma.,Turín, 30 de diciembre de 1881.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Pero don Bosco, por desgracia, conocía bien a su hombre. El Arzobispo se volcó sobre el rescripto de Roma, lo sometió a una crítica
minuciosa y acerba, que puso por escrito, y la envió al Cardenal Nina 1."íY qué redacción!, exclama a cierto punto. Se fijan en ella taxativamente el tiempo y el modo, la obediencia y cuanta docilidad poseo.
Eminencia, "qué diferencia hay entre una conciliación y una decisión definitiva de la Sagrada Congregación? Esta: que una decisión
nunca es áspera y punzante para el que queda condenado. La conciliación que se me impone me dice: humaniter excipere.Y, más adelante:"Además, la conciliación, en los términos en que se me propone, no es ex bono et aequo (...). Esta es una orden contra toda justicia y no
creo que, en las actas de la Sagrada Congregación, se halle un ejemplo de semejante disposición (...). La conciliación ((223)) impuesta
(...) es una escapatoria, cuya calificación dejo a otros (...). Dígaseme claramente que no se me quiere hacer justicia, pero que no se cubra a
los delincuentes con un manto que me resulta más pesado que aquellasFin de Página: 201
VOLUMEN XV Página: 2011 Véase Apénd. Doc. Núm. 26.
201capas de que habla Dante en el Infierno (... ). Véase toda la enormidad del acto de la conciliación (...). íEa! No puedo y no debo creer que
la Santa Sede sancione el contenido de la veneradísima carta".De descortesía en descortesía, llega a este insulto final:"Eminencia, en su condición de Cardenal Protector de la Congregación Salesiana, ha cumplido bien como Abogado de la misma. Yo,
por mi parte, debo quejarme de que el mismo Protector haga de juez contra mí y que, valiéndose de su calidad y autoridad de Prefecto de
la Congregación del Concilio, me imponga una orden que, por la plena Congregación de los Eminentísimos Padres, nunca será (...). Muy
humilde y respetuoso Servidor, etc."Después de esta fulmínea carta, era de esperar lo que ocurrió.
Don Juan Bonetti escribió su súplica de acuerdo con los términos prescritos. He aquí los dos puntos esenciales de la misma:"Con respeto a la Suprema Autoridad de la Santa Sede y en prenda de veneración a Vuestra Excelencia Reverendísima, le suplico
nuevamente quiera tener la bondad de rehabilitarme para poder confesar, no sólo en el resto de la Archidiócesis de Turín, sino también en
la ciudad de Chieri y en el Oratorio de Santa Teresa. Al mismo tiempo, le pido humildemente perdón de todo disgusto que, por cualquier
causa, aun contra mi intención, haya podido causar a Vuestra Excelencia Reverendísima, prometiendo que me comportaré siempre con V.E. como corresponde a un sacerdote obediente y respetuoso, según el deber de mi profesión religiosa".
Con esta instancia en las manos, el 2 de enero, hacia las diez de la mañana, se dirigió al Arzobispado don Bosco, acompañado por el
coadjutor Rossi y solicitó audiencia. Cedamos la pluma a él mismo para que nos informe del resultado. Inmediatamente escribió al
Cardenal Nina:((224)) Eminencia Reverendísima:Apenas recibí la carta de la Sagrada Congregación del Concilio sobre el pleito entre don Juan Bonetti y el Arzobispo Monseñor
Gastaldi, hice preparar enseguida una súplica y yo mismo, en persona, la llevé, dispuesto a afrontar cualquier reproche o reconvención
con la debida calma y respeto.Esta mañana, a las diez y media, me presenté en el obispado y, aunque era día de audiencia pública, no había ningún forastero en la
antesala, por lo que el Secretario Episcopal, antiguo alumno nuestro, me dijo que, apenas saliera un párroco, también antiguo alumno
nuestro, podría yo entrar. Salió aquél, pero se me indicó que esperara. En esto llegó un seglar, que fue admitido enseguida. Después de
casi una hora entera en la antesala, el señor Arzobispo encargó me avisaran que debía tratar unos asuntos con el Procurador del Rey y,
después, con su Abogado fiscal; y que, por tanto, no podía darme audiencia aquel día.
202Pregunté si S. E. había señalado día y hora para recibirme. Y el Secretario, mortificado y embarazado, me respondió que no.En aquel momento, juzgué conveniente entregar al Arzobispo la instancia de don Juan Bonetti, haciéndole saber que aquél era el objeto
de mi visita, y que iba de parte de la autoridad de que se hablaba en el escrito. Y no tuve ninguna respuesta. Ya veremos. Si puedo
conseguir algo, enseguida se lo comunicaré a S. E. y, si V. E. tuviera que darme algún consejo, le aseguro que lo cumpliré fielmente, con
la calma y el respeto que se debe tener al Jefe de una diócesis.Note que, tiempo atrás, también tuve en distintas ocasiones el mismo resultado de no ser admitido. En alguna ocasión sí que lo fui, pero
no obtuve más que humillantes reproches.Casi idéntica ha sido la exposición que he hecho a Monseñor Boccali, de acuerdo con la petición que él me había hecho.Que Dios recompense a V. E. las continuas molestias que por nosotros se toma. Pero esté seguro de que los Salesianos no dejarán de
reconocerlo. Ellos han trabajado, trabajan y seguirán trabajando sin descanso por el bien de la Iglesia, como V. E. podrá comprobar por la
Relación que espero hacer llegar a sus veneradas manos, como benévolo Protector de nuestra humilde Congregación.Dígnese impartirme su santa bendición y reciba la humilde ofrenda de las oraciones de los Salesianos y de sus alumnos (ochenta mil y,
pronto, cien mil), los cuales elevan sus votos al cielo para obtener de Dios salud y largos años felices para V. E. Revma. de quien tengo elFin de Página: 203
VOLUMEN XV Página: 203honor de poderme profesarSeguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.((225)) La relación para monseñor Boccali, preparada por don Juan Bonetti y retocada por don Bosco, describe, además, la admiración
de los familiares del Arzobispo y otros que vieron o supieron lo ocurrido; hace alusión después a graves ultrajes posteriores, de los que se
hablará en el capítulo siguiente. Se incluyó también en ella la copia de la instancia de don Juan Bonetti. "Una y otra carta, respondió
monseñor Boccali 1, pasaron, por orden superior, de mí a la Sagrada Congregación del Concilio, ante la cual se deberá continuar
desarrollándose la causa, una vez fracasada la conciliación por vía particular".El canónigo Colomiatti y el secretario arzobispal, teólogo Corno, que el 2 de enero prestaba servicio en la antecámara, intentaron dar a
entender en el proceso apostólico que monseñor Gastaldi estaba "bien dispuesto" a conceder audiencia a don Bosco a cualquier hora y en
cualquier día. Los dos hubieran hecho mejor callando. Observa acertadamente el reverendo Cossu dos cosas 2:1 Carta, Roma, 9 enero 1882.2 Confutación de las acusaciones formuladas contra la causa del Ven. Juan Bosco, & 93. Roma, Establecimiento poligráfico para la
Administración de la Guerra, 1922.
203"Monseñor Gastaldi no ignoraba la finalidad de la visita de don Bosco (...). Pero se puede deducir fácilmente con qué ánimo se dispone
a recibirlo (...) por la carta (...) al cardenal Nina".No, según aquella carta, no podía estar dispuesto a recibir a don Bosco enseguida ni nunca para aquel fin. En efecto, en dicha carta,
había declarado sin ambajes:"Por lo demás, yo, mientras no les fueren concedidos (a los Salesianos) especialísimos privilegios, por deber y por derecho de la
autoridad episcopal, de la que, aunque indigno, estoy investido, no puedo suscribir la reconciliación, en la que no hay ningún servato
utriusque decore".La causa fue, pues, reanudada el 28 de enero de 1882. A la duda de si la suspensión o prohibición de confesar se debía confirmar o
invalidar en el caso, los Eminentísimos Cardenales respondieron Negative para la primera parte, Affirmative para la ((226)) segunda, et
ad mentem. Y la mente era que el Arzobispo fuese severamente amonestado en nombre y por orden de la Sagrada Congregación por la
desconsiderada carta (severe moneatur nomine et jussu S. Congregationis ob inconsultam epistolam), enviada el 31 de diciembre de 1881
al Eminentísimo Cardenal Prefecto, carta que la Sagrada Congregación reprobaba gravemente (quam epistolam S. Congregatio graviter
improbat). El abogado Leonori escribía a don Juan Bonetti, dándole noticia del resultado 1:"Me parece que puede estar contento (...). Pero no dejaré, por otra parte, de recomendarle, con la libertad del abogado, máxima reserva
y prudencia. Disculpe, pero yo quiero mucho a don Bosco".La comunicación oficial al Arzobispo se efectuó el 31 de enero 2.
Enseguida escribió don Juan Bonetti la agradable noticia a don Bosco, que se encontraba en Francia 3. Monseñor no se rindió, sino que
interpuso apelación, lo cual suponía una nueva audiencia de la Sagrada Congregación y la suspensión de los efectos de la sentencia. Así
don Juan Bonetti continuaba en su condena y bajo la pesadilla de las sospechas denigrantes concebidas a su cuenta. Por eso, pidió al
cardenal Nina que, si se debía proponer de nuevo la causa, se hiciera lo antes posible 4. El 12 de abril renovó sus insistencias en una carta
a don Bosco, recién llegado a Roma:"Ruego, además, a su paternidad tenga la bondad de acordarse de1 Roma, 29 de enero de 1882.2 Véase Apénd. Doc. Núm. 27.3 Carta, Turín, 2 de febrero de 1882.Fin de Página: 204
VOLUMEN XV Página: 2044 Véase Apénd. Doc. Núm. 28.
204mí. Ya hace cuatro años que estoy castigado en nombre de la Iglesia y en contra de sus leyes. "Hasta cuándo deberé permanecer así?
Estoy cansado y pido compasión".Pero, según lo establecido no se podía volver a presentar la causa hasta que no pasaran tres meses. La última sentencia y
verdaderamente definitiva aparecería en mayo, si el Papa, como hemos apuntado poco ha y como presto veremos, no hubiera avocado
para sí mismo la causa.
205
((227))CAPITULO VIIINTENTO DE PROCESO POR UNOS FOLLETOSHEMOS entrado en el período más trágico de la vida de don Bosco. Gravísimas preocupaciones se acumularon sobre su cabeza
contemporáneamente. Sólo un hombre totalmente de Dios podía aguantar tantos contratiempos. Era verdaderamente la lucha por la
existencia. Aun sin querer hacer caso a la voz que se corrió por entonces de que se pretendía destruir la Congregación, una cosa es cierta:
que la infamia no sólo hubiese afectado al nombre de don Bosco, sino que también habría herido de muerte a la Sociedad por él fundada.
Muchos se habrían salido y muchos otros no hubieran entrado. Este peligro y la vergüenza del descrédito ante el mundo, eran más que
suficiente para causarle una ruina fatal.Resulta hermoso, mientras tanto, ver almas humildes y buenas que, conociendo sus penas, escribían a don Bosco palabras de aliento
cristiano. Un joven sacerdote, cooperador salesiano, le escribía desde Roma 1: "Comparto con usted todas las desventuras que caen sobre
los Salesianos desde hace once años. Dios, que ha proyectado formar con la Congregación Salesiana un grande y poderoso instrumento
de apostolado, riega sus cimientos ((228)) con las aguas de la tribulación (...). Dios ha permitido que los Salesianos encontraran en su
natural protector un poderoso adversario. Dios conoce las razones y no permitirá que falte a la Congregación Salesiana el triunfo que ya
tarda en llegar". También una cooperadora, que hablaba en nombre de otras cooperadoras de Acqui, le escribió con delicadas
observaciones 2: "Nos enteramos con dolor de que muchos enemigos mueven guerra contra usted y sus santas obras; mas, por otra parte,
deseando mostrarle que nuestros corazones quieren informarse de sus principios y sentimientos, hemos de confesar que todas esas
guerras, en vez de desalentarnos, nos infunden mayor ánimo e inflaman de celo nuestros1 Carta de don Andrés Maggia, 3 de mayo de 1882. Estaba adscrito al colegio de Huérfanos de la Plaza Capranica.2 Carta de Juana Bosio-Saladino, 15 de junio de 1882.
206corazones; nos convencen cada vez más de que el Señor se complace en sus obras y nos sirven de consuelo, como consolaban a Santa
Teresa, que se dolía cuando no la combatían y perseguían".En distintas ocasiones hemos mencionado unos folletos y sus correspondientes controversias; ha llegado el momento de hablar sobre
ellos por extenso, porque esta cuestión se entrelaza con las anteriores.En 1878 apareció en Turín, editado por la tipografía Bruno, un librito titulado Aguinaldo para el Clero, o sea, Revista sobre el
Calendario Litúrgico de la Archidiócesis de Turín para el año 1878, escrita por un Capellán. Al año siguiente, publicó la misma imprenta
otro librito con el título de El Arzobispo de Turín, don Bosco y don Oddenino, o sea, Sucesos graciosos, serios y dolorosos, contados por
uno de Chieri, el cual se firma al final del prólogo Un padre de familia. Sobre estas dos publicaciones, no tenemos nada más que añadir a
cuanto ya dijimos anteriormente.Una vez que se comenzó, se continuó, puesto que materia no faltaba. El mismo año 1879 y siempre en Turín, pero editado por la
imprenta Fina, apareció un tercer librito titulado Pequeño ensayo de las doctrinas de Monseñor Gastaldi, Arzobispo de ((229)) Turín;
autor, El Capellán. Tenía una larga introducción, en la que, con estilo jocoso, criticaba algunos sucesos arzobispales y, después de
enumerar a los mejores sacerdotes perseguidos por monseñor Gastaldi, ponía por último "al más humilde, manso y trabajador de los
sacerdotes turineses, don Bosco".La mayor parte del libro se dedicaba a refutar, con doctrina sólida y rica erudición, veinticuatro teorías, sacadas de varias publicacionesFin de Página: 207
VOLUMEN XV Página: 207de Su Excelencia. Seguían cuatro Apéndices, con el mismo estilo de la Introducción. El primero hacía referencia a ciertas tendencias
liberales profesadas por Gastaldi, cuando aún no era más que canónigo. El segundo narraba cómo terminó, por obra de Monseñor, la
Residencia Sacerdotal, aportando una larga cita del Boletín Salesiano, con la historia del famoso Instituto 1, y aquí recordaba el anónimo
autor que don Bosco estuvo en la Residencia Sacerdotal, donde fue discípulo de don José Cafasso, y que, en varias ocasiones, se le oyó
decir:-Si he conseguido hacer algún bien, se lo debo a don José Cafasso, en cuyas manos puse mi decisión, mis estudios y todas las acciones
de mi vida.1 Número de enero de 1879, pág. 7.
207El tercer apéndice reproducía la circular arzobispal del 4 de agosto de 1877, en la que se desacreditaba el estado religioso en general,
pero aludiendo a don Bosco, como si disuadiese a propósito a los alumnos de los seminarios de Giaveno y de Bra; y, por eso, el anónimo
1 Capellán comentaba con ironía: "Cuando se necesita hablar mal de alguno, se puede muy bien armar una confusión y desfigurar el
Evangelio, la historia, la tradición y otras cosas más". El cuarto resumía la historia del oratorio de Santa Teresa de Chieri, y utilizaba para
ello un artículo entusiasta sobre el Oratorio de Valdocco, colocando con caracteres cubitales el apóstrofe final 2, que interesa reproducir:"Salve, pues, nuevo Felipe, salve, sacerdote egregio: que tu ejemplo encuentre muchos imitadores en cada ciudad; surjan por todas
partes sacerdotes que sigan tus huellas; abran a los jóvenes esos sagrados recintos, ((230)) donde la piedad se rodee de honestos
esparcimientos, ya que, sólo de este modo, se podrá curar una de las llagas más profundas de la sociedad civil y de la Iglesia, que es la
corrupción de los jóvenes".Finalmente, siempre el anónimo Capellán, en un artículo para el segundo año del Aguinaldo para el Clero, impreso en la tipografía de
Bruno y con la misma fecha del opúsculo anterior, marzo de 1879, publicó un cuarto librito con el título de La Cuestión Rosminiana y el
Arzobispo de Turín. Pero éste sólo tenía de propia cosecha un prólogo corto, una conclusión un poco más larga, y salteadas a pie de
página, algunas notas picantes o paréntesis en el texto, con rápidos atisbos de polémica.La mayor parte del librito reunía y volvía a publicar una serie de ataques y réplicas habidas entre monseñor Gastaldi y sus partidarios
del rosminianismo con el historiador don Pedro Balán en una encendida polémica rosminiana que se inició en la Unità Cattolica, se
reanudó por el teólogo Biginelli en el rosminiano Ateneo de Turín y sostuvo con ardimiento Pedro Balán en el Osservatore Cattolico de
Milán.En la última parte, el compilador resumía una serie de artículos, publicados por el canónigo Gastaldi en el Conciliatore de 1848-49, en
defensa del libro de Rosmini Las cinco llagas de la Iglesia, que aún no estaba condenado por Roma. También en este opúsculo, había
alusiones a don Bosco.En una nota de la página 79 recordaba la cuestión suscitada con1 La letra cursiva es del `Capellán'.2 Del Conciliatore de Turín, 7 de abril de 1849.
208La Nubecilla del Carmelo 1 y, en otra, en la página 94, decía que la diócesis de Turín estaba escandalizada, porque sabe que un fundador
y superior de una Congregación religiosa, aprobada por Pío IX, está siendo perseguido cruelmente".En la Advertencia, que precedía a la tercera parte, refiriéndose a palabras de monseñor Gastaldi, que afirmaba haber reconocido en
Rosmini un sacerdote piadoso y santo, el autor, aludiendo al elogio de don Bosco que aparecía en el volumen anterior, subrayaba:
"También otro sacerdote, que aún vive, fue conocido y calificado por él de piadoso y santo; y, con todo, si vosotros y yo no tuviéramos
otras pruebas de que ((231)) este eximio sacerdote es verdaderamente tal, hoy no podríamos darle crédito, porque, con el correr de los
tiempos, Gastaldi mudó de pensamiento y ahora le tilda de ignorante, soberbio y cosas peores".También se mencionaba a don Bosco varias veces en el primer opúsculo, como dijimos en otro volumen; en el segundo habla el título
por sí mismo. Necesitábamos poner de relieve el continuo llamar la atención sobre don Bosco, porque esto sirve para explicar mejor los
hechos que siguieron. Es bueno que hagamos otra observación. Monseñor Gastaldi tildó siempre a estos opúsculos de escritos
difamatorios, pero el censor de la Sagrada Congregación de Ritos, delegado para el examen de los escritos referentes a la controversiaFin de Página: 209
VOLUMEN XV Página: 209entre el Arzobispo y el Siervo de Dios, aseveró que no sería tampoco justo calificarlos sin más de tales 2. Y ahora veamos las cruces que
le tocó arrastrar a don Bosco, por causa de estas malhadadas publicaciones.En la Curia, como era natural, se afanaban por descubrir la fragua de donde salían tan encendidos escritos, porque, a simple vista, no
parecían obra de uno solo, si bien podía decirse que era uno solo el que inspiraba toda la obra y que se firmaba El Capellán. Las pesquisas
se orientaron hacia el Oratorio y las hicieron converger sobre don Juan Bonetti y don Bosco. íQué de artificios se emplearon para
arrancarles una línea o una palabra que los comprometiera! Por esto precisamente, se exigía a don Bosco que pidiese perdón por el
segundo opúsculo, desdiciéndose; si él, pro bono pacis, hubiese accedido, habría dado pretexto a la acusación de ser reo confeso de uno y
sospechoso de corresponsabilidad en los otros. Pero su prudencia no le permitió jamás someterse a tal imposición. Después Colomiatti,
que1 Véase Mem. Biog., vol. XI, pág. 381.2 Positio super rev. script., ., año 1906, pág. 17.
209actuaba en aquella indagación en calidad de juez delegado para instruir el proceso, dio muestras de contentarse con que don Juan Bonetti
diera a entender que sospechaba de alguno; pero don Miguel Rúa, que representaba a ((232)) don Bosco y a don Juan Bonetti ausentes, lo
disuadió de semejante pretensión 1.Ya en la carta del 29 de diciembre de 1880 2 al cardenal Caterini, monseñor Gastaldi había expresado su convencimiento de que, si don
Juan Bonetti no era el autor, al menos había colaborado en la compilación del segundo opúsculo; de donde deducía también la
culpabilidad en los otros, cuyo estilo, según su parecer, daba a entender la identidad de origen. Por eso, declaraba sin el menor titubeo:"Me siento en la obligación de proceder contra don Juan Bonetti y contra don Bosco, quien, como Rector Mayor de la Congregación,
debe conocer todo lo referente a estos opúsculos, y que, por tanto, habría podido impedir tanto escándalo y habría debido castigar a quien
correspondiera, dándome a mí cuenta del castigo".Después, recargando las tintas, insistía:"Eminencia Reverendísima, el caso es gravísimo; por tanto, haga V. E. de modo que se repare el mal obrado con el libelo por los
Salesianos, comprometidos en el mismo. Confío en que la Sagrada Congregación acogerá mi solicitud y se interesará por la dignidad
episcopal atropellada con vituperio, actuando conforme a justicia".Para asesorarse bien del paso que iba a dar, hizo que el Procurador del Rey, el abogado Demissoglio, leyera los famosos libelos, los
examinara y viese si contenían los extremos necesarios para abrir un proceso criminal a don Bosco o a quien los hubiese redactado. El
magistrado, después de examinarlos, le dijo:-Ciertamente, se puede encontrar en ellos materia para un proceso, "pero no hay efectivamente nada de verdad en todas estas
imputaciones?-Naturalmente, respondió Monseñor, ciertos hechos podrían interpretarse diversamente. ... Existen equívocos... No se podrían negar
ciertas cosas.-Entonces, dejémoslo quieto, replicó aquél, no alborotemos un avispero, del que no pudiéramos salir con honor.((233)) Entre tanto, seguían las pesquisas. El 11 y el 13 de julio de 1881, el canónigo Chiuso, Canciller de la Curia, y el abogado
Colomiatti llamaron a don Juan Turchi, Rector entonces del Instituto de1 Carta de don Miguel Rúa a don Juan Bonetti, Turín, 8 de abril de 1881.2 Véase más arriba, pág. 174.
210los ciegos y exalumno del Oratorio, sometiéronle a un minucioso interrogatorio sobre la culpabilidad de don Bosco en la publicación de
los libelos. Para el mismo fin, fue invitado a la Curia, el día 12, el exjesuita, padre Pellicani. Pero aquí estamos frente a un episodio algo
complicado y de graves consecuencias.Fin de Página: 211
VOLUMEN XV Página: 211En el año 1880, el padre Luis Leoncini, de las Escuelas Pías, fue de Savona a Turín, visitó al Arzobispo y le dijo que conocía un hecho
que consideraba conveniente darle a conocer. Tiempo atrás había él tenido en Piacenza varias conversaciones con el P. Pellicani, el cual
le había contado, como cosa segura, que había sido incitado por don Bosco para que escribiera contra monseñor Gastaldi, prometiéndole
que le proporcionaría el material; pero que Pellicani protestaba no haber aceptado la invitación; que, en cambio, él, Leoncini,
confrontando el Aguinaldo para el Clero con un libro publicado entonces por Pellicani, veía en uno y en otro la misma mano y, por tanto,
se creía con derecho a afirmar que Pellicani había accedido a la incitación y era el autor que se ocultaba bajo el seudónimo de El
Capellán. Monseñor no echó en olvido tan precioso informe, y, el 6 de junio, escribió al escolapio, preguntándole si se confirmaba en lo
que dijo, asegurándole que, con ello, le prestaría un servicio por el que le quedaría muy agradecido 1.El padre Leoncini le respondió a vuelta de correo, hablando no de un opúsculo, sino de los opúsculos anónimos, escritos contra
monseñor Gastaldi, y diciendo que el padre Pellicani, después de habérselos hecho leer, le contó que don Bosco le había exhortado y
pedido hacía tiempo que escribiera cosas semejantes ((234)) contra el Arzobispo de Turín; pero que habiéndole parecido que tal encargo
le resultaría peligroso, para desentenderse de quien le aconsejaba, sin ofenderle, se había excusado diciendo que le faltaban datos para
componer tales escritos; y que entonces don Bosco se declaró dispuesto a proporcionarle el material que necesitara; y que, después de
algún tiempo, se encontró de nuevo con don Bosco, quien le dijo que, en vista de que había rehusado escribir, ya había encontrado quien
se había hecho cargo de redactar los opúsculos deseados. El padre Pellicani, llamado de improviso a la Curia, atestiguó con juramento la
verdad de la denuncia. Después, la carta del escolapio y el testimonio del exjesuita, mas no el texto preciso de su deposición jurada, se
enviaron a1 Así resulta de una carta sin firma, pero escrita de puño y letra del Arzobispo y con una anotación del mismo carácter de letra que dice:
Copia de carta. Está en posesión del teólogo Franchetti.
211Roma, donde constituyeron el argumento principal de la acusación.Cuando don Bosco se enteró, unos meses después, mandó llamar a Pellicani, le hizo comprender la injusticia a la que se había prestado
y le convenció para que desmintiera aquella falsedad; pero, después, no conforme con las palabras que vuelan al viento, le envió un
testimonio que fuera permanente y en el que exponía la pura verdad de los hechos 1.Muy Rvdo. P. Pellicani:He reflexionado sobre cuanto se refiere a nuestra conversación y, por cuanto he podido recordar, creo que, con seguridad histórica, debe
escribirse como sigue:Vino usted al Oratorio, con motivo de sus obras impresas o que se estaban imprimiendo. En la conversación se lamentaron algunos
hechos referentes a nuestro Superior eclesiástico. V. S. dijo que sería utilísimo comunicárselo al Padre Santo. Yo respondí: -"V. S. podría
hacerlo, puesto que tiene tiempo y capacidad para ello". Esto es todo.Puede que se hayan empleado otras palabras, pero el sentido preciso es ése. Considero oportuna tal rectificación, porque, de las
averiguaciones que está haciendo el señor Arzobispo, es muy probable que yo me encuentre obligado a invitarle a que haga una nueva
declaración. Usted podría decir ((235)) que, habiendo reflexionado atentamente sobre la conversación habida entre nosotros, siente el
deber de modificarla como arriba queda dicho.Reciba los sentimientos de mi aprecio y créameTurín, 14 de octubre de 1881.Su humilde servidor JUAN BOSCO, Pbro.El día anterior a esta fecha, había partido para Roma el Abogado fiscal de la Curia. Por su correspondencia con Monseñor, podemos
seguir paso a paso las visitas que hizo a Cardenales, Prelados y otros personajes. El 14 de octubre escribía:"Esta mañana fui al Vaticano y se acordó, con el Secretario del Cardenal Jacobini, que esta misma tarde seré recibido por SuFin de Página: 212
VOLUMEN XV Página: 212Eminencia. Visité, además, al abogado Aquiles Carcani, el cual vio la documentación de la cuestión (complicidad de don Bosco en los
libelos) y quedó seriamente impresionado del modo de proceder de don Bosco. Y, como él actuará de juez relator en esta cuestión, me
rogó no le preguntara su opinión; me mandó, sin embargo, a un amigo suyo, abogado criminalista muy apreciado, el abogado Sinistri,
para que él me indicara las normas referentes al caso".1 Don Joaquín Berto pudo sacar copia, que se conserva en nuestros archivos.
212Día 16: "El viernes (14 del corriente), ya de noche, fui al cardenal Jacobini y, apenas le había entregado la carta de V. E. y el dinero de
San Pedro, cuando el Papa le mandó llamar. El señor Cardenal me rogó que volviera al día siguiente, a primeras horas de la noche. Volví
y le expuse extensamente toda la cuestión (don Juan Bonetti y don Bosco). Cuando su Eminencia leyó la carta del padre Leoncini,
comprendió su gravedad y me preguntó si había hablado ya con el cardenal Ferrieri sobre ello. Le respondí que había hablado con él
aquella misma mañana y que el cardenal Ferrieri me dijo que no le sorprendía el hecho criminal que el padre Leoncini cargaba a don
Bosco, porque, en las diversas cuestiones tratadas en la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares referentes a él, llegó a
considerarlo como un hombre con quien no se puede tratar; y que era conveniente se hiciera en la Curia el proceso informativo con el fin
((236)) de desenmascararlo. Estaba con el Cardenal monseñor Agnozzi, Secretario de la misma Sagrada Congregación. Al oír esto, el
cardenal Jacobini añadió:-Yo sería del mismo parecer, a fin de recoger los documentos necesarios y establecer bien el careo con don Bosco, con la esperanza de
que quiera someterse a reconocer la autoridad".Día 17: "Esta mañana tuve la agradable satisfacción de postrarme a los pies del Padre Santo y besarle (...). Antes me había presentado
al cardenal Nina, quien, cuando leyó la carta del padre Leoncini, repitió: -íPosible, posible! -Después agregó: -Debe ser... porque veo aquí
la carta original."Le observé que los documentos comprobantes de la complicidad de don Bosco respecto a los libelos, no habrían visto la luz, si don
Bosco no hubiese actuado como lo ha hecho en las gestiones del convenio."-Pero (continué observando), como don Bosco, que no ignora algunos de estos documentos, en vez de someterse al señor Arzobispo,
dice que lo están calumniado, el señor Arzobispo se ve obligado a defenderse, presentando los documentos necesarios. De aquí resulta
que el cardenal Ferrieri y el cardenal Jacobini, informados al efecto, me dijeron que es necesario se instruya el proceso informativo."Cuando el cardenal Nina oyó todo esto, agregó:"-Yo no tengo nada que oponer, es justo que se haga así. Escríbame después en torno al desarrollo de este proceso."Como ve Vuestra Excelencia, está bien que la cuestión se encuentre ya en estos términos, para el triunfo de la verdad y la justicia y
para conseguir de una vez para siempre que los Salesianos acaten la debida sumisión".213Día 19: "Vengo del abogado Juan Sinistri, abogado perteneciente al Tribunal seglar Pontificio de Roma, sección de lo criminal, y que
no aceptó ninguna clase de empleo del actual gobierno. Le presenté las actas de lo que ya se ha hecho en la Curia respecto a la causa
"Don Bosco y los Salesianos". Lo encontró todo en regla y respondió satisfactoriamente a las dudas y preguntas que le hice, referentes a
cuanto hay que hacer todavía para tal proceso. Yo quedé satisfecho de él, sobre todo porque me dijo ((237)) que recurriese a él por
escrito, si en el desarrollo del proceso necesitara algún consejo o alguna palabra segura al dictar sentencia. Además, en el caso de que don
Bosco apelase contra la sentencia, él tomaría la defensa; y su nombre es respetado y tiene autoridad ante la Sagrada Congregación de
Obispos y Regulares, en la que es juez relator en materia de lo criminal el abogado Carcani, quien me lo propuso."Así que me ha preparado bajo todo aspecto, porque también aquí los Salesianos están imprimiendo la posición de la causa 1, donde no
quieren arreglos de ninguna clase y fiat así, es mejor así (...). El haber hablado a los personajes, que he nombrado en ésta y en mi otra
carta a V. E. y oído su parecer; el haber dividido la cuestión en tres partes (a saber: cuestión Bonetti en el Concilio, cuestión de
interpelaciones básicas a los Obispos y Regulares y cuestión del proceso criminal) le hizo decir (al abogado Menghini) que así iba bien,
que todo estaba seguro: divide et impera".La gran preocupación de Colomiatti, a su vuelta a Turín, fue la de hacerse con las pruebas de culpabilidad de don Bosco. Habiendo
resultado vanas las torturas morales, a las que fueron sometidos algunos sacerdotes, entre los cuales estaban don Vicente Minella y elFin de Página: 214
VOLUMEN XV Página: 214canónigo Mateo Sona, para que depusieran contra los Salesianos, la Curia sobornó a un Inspector de la Jefatura de Policía de Turín 2,
quien, por sí mismo y sin saberlo el Jefe, se dedicó a indagar activamente. No se ahorraron medios policiales, hasta que las sospechas
cayeron sobre un oficial tipógrafo que había sido alumno del Oratorio. Satélites desconocidos llegaron a su casa varias veces, cuando él
estaba ausente y atormentaron a su mujer con preguntas capciosas: quiénes frecuentaban su casa, con quién alternaba su marido, si tenía
relaciones con curas y quiénes eran. Hasta la amenazaron con secuestrar al marido, si no descubría todo lo que ((238)) sabía. Y, como no
lograban sacar nada en limpio, de aquí que, el 23 de octubre, el Inspector de la1 La de la suspensión de don Juan Bonetti (ver cap. precedente).2 Inspectores de seguridad Pública se llamaban entonces los Delegados de hoy.
214
Jefatura de Policía llamó a su despacho al pobre hombre y lo sometió a un largo interrogatorio: palabras groseras, amenazas de proceso y
de cárcel, promesas de gratificación; todo se intentó como si se tratase de un vulgar delincuente, caído en manos de la policía, para
arrancar de sus labios lo que el otro quería. Don Bosco no dejó sin defensa a su antiguo alumno, que recurrió a él; y, en efecto, escribió al
Inspector:Ilmo. Sr. Inspector de Policía de Borgo Dora:En este momento llega el señor Fernando Brunetti, pálido y tembloroso, en razón de las repetidas visitas, hechas a su domicilio con
modos tan amenazadores, que su misma esposa ha tenido que sufrir mucho. Creo oportuno notificarle, para conocimiento de V. S., que el
tal Brunetti fue cinco años alumno de esta Casa, en la que observó conducta intachable y que, durante los veintidós que vive fuera de este
centro, siempre fue tenido por un obrero honrado y laborioso, que se ha ganado el pan con el sudor de su frente. Por ello, se ruega
respetuosamente, pero con viva instancia, se le respete la libertad de domicilio garantizada por las leyes vigentes y se le eviten las
incesantes molestias de gente desconocida que visita abusivamente su casa.Turín, 24 de octubre de 1881.JUAN BOSCO, Pbro.Don Bosco mandó también a pedir explicaciones en la Jefatura de Policía, pero el Jefe no sabía nada y, muy probablemente, tampoco
hubiera consentido a sus subalternos mezclarse en operaciones que no eran de su incumbencia. El obrero consciente de no tener nada que
hacer con la Policía, para librarse de aquellas molestias, escribió a primeros de noviembre al Ministro de Gracia y Justicia, pero, cuando
se le presentó en casa un policía, disfrazado de sacerdote y diciendo que era salesiano, ya no pudo salir de la duda de que aquel hombre se
había disfrazado de fraile, indebidamente autorizado por los Superiores eclesiásticos, y, lleno de irritación, escribió al Papa 1.((239)) Pero, en este feo asunto, era el padre Pellicani quien, s que ningún otro, debía explicarse. Pues bien, el 23 de noviembre, se
presentó a Colomiatti para aclararle su anterior declaración; es más, le entregó la carta de don Bosco. Y el Abogado fiscal se lo refirió en
estos términos al Arzobispo, que se encontraba en Roma:"Ayer se presentó en el despacho el padre Pellicani, el cual confirmó de nuevo la deposición anteriormente hecha de palabra y por
escrito; es más, vino a declarar que don Bosco intentó hacerle cambiar1 Apéndice, doc. 29.
215su declaración. El padre Pellicani me entregó esa carta. O mores! O tempora! La presente declaración del padre Pellicani no podía ser
más fatal contra don Bosco. Incluso me dijo que precisamente el padre Segundo Franco fue instigado por don Bosco para que escribiera
los libelos contra V. S. Reverendísima; pero él, lo mismo que el padre Pellicani, rechazó la propuesta. Por tanto, he citado al padre
Franco para el próximo lunes".íCosa singular! Esta manifestación del padre Pellicani era la mejor prueba para arrojar sobre el Siervo de Dios la mancha de
complicidad en la cuestión de los libelos; y, sin embargo, no se comunicó nunca el verdadero autor. Hasta en los procesos de
beatificación, el padre Colomiatti se conformó con llamarla "contraria a don Bosco", pero no refirió lo esencial, ni siquiera reprodujo elFin de Página: 216
VOLUMEN XV Página: 216texto. "Y quién oyó hablar más del padre Franco en todo el desarrollo de la controversia? El testimonio de un hombre de su talla hubiera
aplastado para siempre al presunto otorgante. Pero, si hubo interrogatorio, el padre Franco, hombre superior y reconocido por todos,
debió confundir de tal manera a su inquisidor que, ni entonces ni después, durante los Procesos, se hizo referencia alguna de él; y, si no
hubo interrogatorio, y Colomiatti renunció a la citación, quiere decir que él tenía sus motivos. Por lo demás, que un don Bosco haya
hecho a un padre Franco una propuesta semejante y que, en el peor de los casos, haya éste propagado la noticia, hablando con uno que fue
su hermano, son cosas de tanta inverosimilitud que, sólo el haber supuesto ((240)) la posibilidad, es, por lo menos, indicio de una mente
enferma. La explicación más admisible de cuanto el Abogado fiscal escribió a Monseñor es que Pellicani hablara en un sentido y
Colomiatti haya querido entenderle en otro que le favorecía, de lo que pronto tendremos luminosa prueba.En la carta citada, continuaba Colomiatti:"Por lo demás, ya ve V. E. que, al presente, no se debe hablar a nadie de la referida deposición del padre Pellicani, porque si tal
deposición está sub secreto, don Bosco no buscará un recurso en contra. Por el contrario, si se comunicara a alguien, enseguida llegaría a
oídos de don Bosco, el cual no ahorraría medios para defenderse. Por tanto, permítame V. E. Rvma. que le ruegue no hablar de ello con
ningún Cardenal ni con otros de Roma".Meticulosas precauciones, hijas del miedo a tener que poner un día las cartas boca arriba y quedar abochornado.Algún rumor de estos enredos llegó a oídos de don Bosco: por lo que, a finales de noviembre o principios de diciembre (la copia de la
carta no lleva fecha), escribió al Padre Santo.
216Santísimo Padre:Mientras estoy preparando una nueva expedición de misioneros salesianos para América y, especialmente, para Patagonia 1, me entero
de cierta queja, presentada a la Santa Sede contra mí y nuestra pobre Congregación, por el reverendísimo monseñor Lorenzo Gastaldi,
arzobispo de Turín, respecto a unos opúsculos, publicados por autores desconocidos. El señor Arzobispo me acusaría a mí y a los
Salesianos como autores de esas publicaciones, y me dicen que la sentencia será dictada dentro de pocos días. Como no puedo tener
exacto conocimiento de las acusaciones y habiéndoseme asegurado que todo se basa en algunas conjeturas y observaciones, no puedo dar
las debidas aclaraciones y, por tanto, me encuentro en la imposibilidad de poder defenderme a mí mismo y a mi Congregación, según la
obligación de conciencia que tengo. Por lo cual, suplico que, en la Congregación del 17 de los corrientes, sólo se haga juicio sobre el
litigio de don Juan Bonetti, referente a su suspensión y que se me escuche antes de que se llegue ((241)) a un juicio definitivo sobre las
imputaciones, desprovistas de todo fundamento y de complicidad en la edición de dichos opúsculos.Pero, ya desde ahora, empiezo por declarar que yo no he tomado parte alguna, ni directa ni indirectamente, en la publicación de dichos
opúsculos, que ni siquiera he leído. Dos cosas solamente sé respecto de los mismos, a saber, que tratan de algunas doctrinas del señor
Arzobispo en torno a Rosmini y que él mismo quiso, hace tiempo, que yo publicara una declaración, desaprobando y, más aún,
condenando tales opúsculos. Pero, habiendo sabido por referencias habidas que las cosas contenidas en ellos no serían reprobables sino
aceptables, puesto que se ajustan a la doctrina católica y a opiniones. que gozan justamente del favor de Vuestra Santidad, yo me negué a
firmar cualquier declaración en contrario y no permití que ninguno de los míos la firmase, y esto por miedo a desaprobar lo que quizás
hubiera sido aprobable. Creo, pues, que, por esta negativa mía, el señor Arzobispo haya concebido la sospecha de que los opúsculos
hubieran salido de mí o de los Salesianos.Santísimo Padre, estoy dispuesto a condenar y desaprobar cualquier cosa contenida en esos libros, que la Santa Sede juzgue condenableo desaprobable. Más aún, dado que esos libros fueron leídos y lo son todavía por muchos y han suscitado dudas sobre algunos puntos
importantes de doctrina, suplico humilde, pero insistentemente a Vuestra Santidad, que los haga examinar y dar su correspondiente juicio
para norma del que los ha leído o tuviese que leerlos.
En la confianza de que V. S., con su acostumbrada bondad y caridad, acepte la súplica que humildemente le presento, me uno a todos
los religiosos Salesianos para postrarme e invocar la Santa Bendición Apostólica de Vuestra Santidad de quien siempre me gloriaré serMuy Humilde y Reconocido Hijo, JUAN BOSCO, Pbro.Privadamente, León XIII, cuando se presentaba la ocasión, manifestaba sin eufemismos su pensamiento; así lo hizo con el barón
Héraud, insigne cooperador salesiano de Niza. Fue éste a Roma para prestar sus quince días de servicio como camarero de capa y espada
yFin de Página: 217
VOLUMEN XV Página: 2171 La ceremonia de la partida fue el 10 de diciembre.
217el 30 de noviembre fue recibido en audiencia privada, en la que presentó al Padre Santo los saludos de don Bosco. El Papa sonrió al oír el
nombre y dijo:-íAh, don Bosco!, "qué hace?, "cómo está?-La Providencia está con él, Padre Santo, respondió el Barón.((242)) "Me podría usted decir, volvió a preguntar el Papa, por qué tiene tantas molestias en Turín?-íEh, Santo Padre! Sus talentos hacen sombra al prójimo.-Todo el episcopado, observó Su Santidad, y el clero, para el que suscita vocaciones, está a su favor, a excepción de uno solo... "Y por
qué esto?... Ya lo veo, es un poco de envidia (palabra exacta del Papa, comenta el Barón entre paréntesis). íYa, ya! Sí, le bendigo, como
bendigo todas sus obras y, de manera particular, la emprendida en Roma 1.Monseñor Gastaldi había ido a Roma, como decíamos, para las canonizaciones del 8 de diciembre; pero su viaje no tenía aquel único
fin. En efecto, encontróse allí con monseñor Ronco, nuevo Obispo de Asti, y le dijo:-He venido a Roma unos días antes, porque tengo alguna causa que defender en las Congregaciones. Ya estará enterado Monseñor de
aquellos opúsculos que se imprimieron en Turín; pues bien, quedará demostrado bien claro y sin duda alguna que el autor de ellos es don
Bosco.Su sufragáneo, que conocía muy bien a don Bosco, quedó escandalizado de semejantes palabras 2.Urgía, mientras tanto, despejar el terreno de la cuestión de los opúsculos, para que marchase libre de tropiezos la causa d e la
suspensión, que debía tratarse en breve. Por eso, don Bosco, cuando recibió del abogado Leonori una copia de la defensa preparada por el
abogado Menghini y vio que en ella se hacía mención de los libelos, mandó un relato satisfactorio al cardenal Nina, exponiendo sus
puntos de vista.Eminentísimo Príncipe:Mientras ando ocupado con la preparación de una expedición de Misioneros para América del Sur y para la Patagonia, que parten hoy
mismo de Turín, me llega el escrito del Arzobispo de Turín, respecto a la cuestión entre él y el sacerdote Juan Bonetti, ((243)) miembro
de la Congregación Salesiana. Observo con sorpresa en dicho1 El barón Héraud, de vuelta en su patria, escribió a don Bosco este dialoguito el 23 de diciembre siguiente.2 Carta del teólogo Anfossi a don Juan Bonetti, 5 diciembre 1881.
218escrito que el Rvmo. señor Arzobispo, en vez de limitarse a exponer argumentos para probar la licitud de la suspensión que ha impuesto a
dicho sacerdote salesiano, implica en la cuestión a mí mismo y a la humilde Congregación Salesiana, acusándonos de la publicación de
unos opúsculos que nada tienen que ver con nosotros, apoyándose en meras conjeturas y aseveraciones sin ningún fundamento.Y, como la causa ha de tratarse en plena asamblea de los Eminentísimos Padres el 17 del corriente, y, en tan breve espacio de tiempo y
en medio de las serias preocupaciones que tengo estos días con la ya dicha expedición de misioneros, no me es posible dar todas las
debidas aclaraciones, ni defenderme a mí y a mis súbditos, como es mi obligación de conciencia, pido, por tanto, humildemente que la
Sagrada Congregación quiera, en su próxima reunión, dedicar su alto juicio solamente al punto de la suspensión impuesta, hace casi tres
años, al reverendo don Juan Bonetti y no a las acusaciones que le son ajenas.Me parece razonable mi súplica: 1.° Porque los citados opúsculos no fueron causa de la suspensión que motivó esta cuestión, ya que
entonces aún no existían. 2.° Porque, según refieren los que han leído esos opúsculos, no contienen nada contra las buenas costumbres, niFin de Página: 219
VOLUMEN XV Página: 219contra la disciplina eclesiástica; es más, se dice que son ortodoxos y que sólo combaten ciertas doctrinas y ciertos actos que no son
conformes con las sabias intenciones de la Santa Sede. 3.° Porque, para enjuiciar rectamente si el que ha tomado parte en la redacción de
tales opúsculos es culpable o no, se necesita, primero, saber si son buenos o malos los mismos opúsculos. Hace tiempo, el señor
Arzobispo pretendió que yo hiciera una declaración para desaprobarlos y, aun más, condenarlos; mas, precisamente por miedo a
desaprobar lo que debiera ser aprobado, me negué a firmar cualquier declaración en contrario y no permití que lo hiciera ninguno de los
míos, cosa que molestó mucho al Arzobispo.Y, como quiera que estos opúsculos fueron leídos y aún se leen, y han suscitado dudas de conciencia, tengo intención de escribir a Su
Santidad y rogarle humildemente que los haga examinar y dar un juicio autorizado para norma de los que los han leído o tuvieren que
leerlos.Mientras tanto, como al vuelo, comienzo por declarar que yo no he tomado parte alguna en la redacción ni en la edición de estos
libritos, ni tampoco he dado ninguna orden a propósito.Por tanto, protesto contra el relato referido que se lee en la página 47 de dicho escrito del Rvmo. contradictor. Este relato ha sido
sustancialmente falseado. Por el contrario, he aquí cómo fue la cosa.Hace ya algún tiempo, el padre Antonio Pellicani, exjesuita, habiendo venido a nuestra tipografía de Turín para que se le imprimiera
una ((244)) obrita suya, se llegó hasta mi aposento. En la conversación salieron a relucir ciertos hechos notorios en la archidiócesis, que
daban pie a la murmuración y no parecían redundar a mayor gloria de Dios y bien de las almas. El padre Pellicani dijo:-Sería bueno escribir estos datos y enviarlos al Padre Santo, a fin de que estuviera plenamente informado de cómo van las cosas y
pudiera remediarlas.Yo le dije:-Padre, usted tiene tiempo. Escriba usted mismo a Su Santidad.Eso es todo. Dije que escribiera, sí, pero al Padre Santo. Por tanto, no es verdad que yo haya exhortado y rogado al padre Pellicani que
escribiera y publicara libelos; no es verdad que, cuando apareció aquella publicación, me haya encontrado con el Padre y le haya dicho
que, después de haberlo rechazado él, me encontré otro que se encargó de escribir los deseados opúsculos. Basta tener un poco de buen
sentido para
219convencerse de que, puestas las cosas como se cuentan, yo no habría sido tan ingenuo Para hablar de aquella forma con el exjesuita ni
con cualquiera otra persona.Por tanto, "qué juicio formarse de la carta del padre Leoncini, de las Escuelas Pías? Una de dos: que él ha falseado o interpretado mal
el relato del padre Pellicani; o bien que éste, al saber que algunos le hacían a él mismo autor de aquellos libros y, hasta que fue llamado a
la Curia de Turín, hizo el relato de ese modo para alejar la tempestad de su cabeza y cargarla sobre las espaldas del pobre don Bosco.
Dios, que todo lo ve y sabe, ve y sabe que yo no miento, y eso me basta 1.En la carta de Monseñor, página 22, se habla también de un escrito a mi cargo del reverendo Vicente Minella; pero, como no lo veo en
los documentos, tampoco puedo saber qué dice ni qué le debo contestar. Advierto aún que la Curia Arzobispal de Turín, en esta
circunstancia, anduvo falta de delicadeza y decoro. Dicha Curia hizo llamar a algunos sacerdotes de la diócesis, que habían sido alumnos
míos, y los sometió a odiosas inquisiciones y hasta amenazas para saber y hacerles declarar contra mí cosas que no eran verdad y, esto en
favor del Arzobispo, parte interesada. Me parece que él no habría debido constituirse en juez y parte, como ha hecho. Más aun, hay quien
dice que algunas graves molestias, allanamientos y amenazas hechas por la Jefatura de Policía a ciertas personas bienhechoras de nuestra
Casa, han sido promovidas por el mismo Arzobispo.Pienso también que la relación, hecha por el Abogado fiscal del Rvmo. Sr. Arzobispo para intentar un arreglo práctico, tiene faltas, y
graves, en distintos lugares. Sólo me basta preguntar: si fuese cierto que yo hubiese convenido con el señor Abogado que don Juan
Bonetti no fuera más a Chieri, como se pretende, "para qué entonces llegar a un arreglo pacífico? Si esto suponía dejar las cosas como
antes, era inútil decir tantas palabras y escribir tantas cartas.((245)) Más aun: en la página 42 de dicha relación, el señor Abogado fiscal cita palabras de mi carta del 2 de junio y de la de don Juan
Bonetti al Rvmo. Secretario de la Sagrada Congregación, en las que se le rogaba no enviar más cartas, sino mantener viva la causa; pero
él suprime las palabras principales, con las que yo demostraba que la declaración dada era cosa confidencial y sólo debía servir de norma
para componer el acta del Arzobispo de acuerdo con las inteligencias de palabra, y no para expedirla a Roma, porque, en tal caso, yo no laFin de Página: 220
VOLUMEN XV Página: 220hubiese escrito en un simple papel, sino en el papel correspondiente. El Abogado no refiere estas palabras mías. Por tanto, hace una
relación poco sincera y en algunos lugares infiel.Respecto al segundo documento, que se lee en la página 44, pregunto: "qué tiene que ver eso con la cuestión? "Deberemos suponer que
el Arzobispo lo haya referido con la intención de denigrar a nuestra Congregación? Y, si no fue ésta su intención, "Por qué no ha unido
también la respuesta triunfal que dio a aquella carta del mismo Obispo de Casale en nombre suyo y en el mío? Este modo de hacer
referencia a documentos no me parece leal 2.Finalmente, digo que, en vez de referir documentos que no hacen al caso, habría sido mejor y, hasta necesario, que hubiese referido los
documentos a los que se alude en la parte principal del escrito y en los que Monseñor se apoya para atacarnos. Entre otros, habría debido
reproducir la famosa declaración del reverendo don Miguel Sorasio, secretario de la Curia, la cual, como escribe Monseñor, compromete
mucho1 En las actas del Procesículo, monseñor Mariani, promotor de la fe, define a Pellicani como inconstans y a Leoncini como nimis
simplex.2 El hecho se remontaba a diciembre de 1869 (véase LEMOYNE, vol. IX, págs. 668 y ss.).
220a don Juan Bonetti. "Por qué, pues, no ha reproducido esta declaración tan comprometedora? La parte contraria tiene derecho a
conocerla, para examinar si no fue adulterada, al pasar por manos interesadas.Aquí debería añadir que el 26 de mayo de 1879, el Arzobispo me hizo llamar y, de común acuerdo, se arregló la cuestión a satisfacción;
pero, al día siguiente, muy de mañana, me envió una carta en la que se desdecía de todo lo acordado la tarde anterior. Debería añadir,
además, que, desde el mes de diciembre de 1877, mientras él escribía e imprimía artículos para denigrar a nuestra pobre Congregación,
me amenazó con la suspensión ipso facto incurrenda, si por medio o por medio de otro escribiese cualquiera cosa desfavorable para él,
aunque fuera en mi legítima defensa o la de los míos.A este propósito, ya que tengo la suerte de escribirle, suplico humildemente a V. E. Reverendísima tenga la bondad de hacer retirar
dicha amenaza de suspensión que, desde hace cuatro años, pende sobre mi cabeza como la espada de Damocles.Eminencia Reverendísima, aún tendría que decirle más cosas; ((246)) pero la cosa urge, y, estos días, me escasea el tiempo por la razón
que antes dije.Al pedirle disculpa por tanta incomodidad, ruego a V. E., y por su medio a todos los Eminentísimos jueces, que quieran dedicar su
iluminada consideración a la cuestión principal, esto es, a la suspensión impuesta don Juan Bonetti, dejando aparte la cuestión de los
opúsculos para tiempo más oportuno.En la confianza de que V. E. Revma. me otorgará su benigna compasión y empleará su gran bondad, como hasta ahora lo ha hecho, con
la naciente Congregación Salesiana, expuesta a tan dolorosas pruebas, pido a V. E. su valiosa protección y me profeso con todo afecto y
profunda veneraciónDe V. E. Rvma.,Turín, 10 de diciembre de 1881.Muy reconocido y humilde Hijo, JUAN BOSCO, Pbro.Los sucesos se precipitaron. El 17 de diciembre, decidía la Sagrada Congregación del Concilio la suspensión del juicio de mérito en la
causa de don Juan Bonetti para invitar a las partes a una conciliación.
Esto era para don Juan Bonetti una media victoria; he ahí que la parte contraria necesitaba apresurarse para evitar el mal efecto que la
noticia produciría en Turín."Y qué se les ocurrió? Antes de que llegara la notificación oficial, se enrede a don Juan Bonetti en un proceso criminal. Las
comunicaciones de Roma no se terminaron hasta el 22. El 20 se citó a don Juan Bonetti para que compareciera ante el tribunal
eclesiástico y respondiera del delito de difamación por medio de la prensa, con el libelo El Arzobispo de Turín, don Bosco y donFin de Página: 221
VOLUMEN XV Página: 221Oddenino, según la denuncia del teólogo Sorasio, que era promotor fiscal de la Curia, siendo juez delegado el canónigo Colomiatti. Este
tribunal figuraba constituido, desde el 22 de junio. Se concedían treinta días de término para que se
221presentara el inculpado; pasados los cuales sin justo motivo, seguiría proceso de contumacia 1. Don Bosco informó detalladamente de
ello al cardenal Protector, enviándole una copia de la Exposición.((247)) Eminencia Reverendísima:Me atrevo a enviar a Vuestra Eminencia Reverendísima una exposición de algunas de las vejaciones que nuestro Arzobispo ha hecho, y
que servirá también de respuesta a las violentas reclamaciones que, sin ningún fundamento ha querido hacer a don Bosco y a nuestra
Congregación. He callado, sin embargo, cuanto ha hecho contra mí para denigrar mi posición.Pero, "quién lo creyera? Mientras la cuestión esta sub judice en un tribunal superior, mandó ayer una admonición a don Juan Bonetti,
amenazándole con un proceso, y lo cita a comparecer en la Curia para responder a la imputación sobre los famosos libelos, en los que se
implicó a don Juan Bonetti, sin que tuviera que ver nada en ello.Mientras tanto, los escritos, el tiempo y el desaliento ocupan unas horas que deberían dedicarse al bien de las almas y de la religión. Yo
siempre he pedido y pido ahora que se me deje trabajar en este tiempo de tan gran necesidad.Todos los Salesianos elevan sus oraciones al cielo para que Dios le conserve en buena salud, para bien de la Santa Iglesia y provecho de
nuestra perseguida Congregación.La noche de Navidad comulgarán nuestros muchachos, según la intención de V. E.Todos nos encomendamos a la caridad de su santas oraciones, mientras tengo el honor de poderme profesarDe V. E. Rvma.,Turín, 22 de diciembre de 1881.Su seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro.Don Bosco presentó también una copia de esta Exposición al Padre Santo, para poner en su conocimiento cuanto había sucedido 2.Beatísimo Padre:En atención a los Eminentísimos señores Cardenales de la Sagrada Congregación del Concilio y para aclarar y responder a los
requerimientos que monseñor Lorenzo Gastaldi, Arzobispo de Turín, ha elevado a esa autorizada Congregación, a cargo del que suscribe
y de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, me he creído en el deber de hacer una breve Exposición de algunas graves molestias que
han entorpecido seriamente el poco bien que los pobres Salesianos procuran hacer en Europa y en las Misiones de América.1 Apéndice, doc. 30.2 Esta carta fue redactada por don Juan Bonetti y revisada por don Bosco, que añadió algo.
222((248)) Adjunto copia a Vos, Santísimo Padre, que sois el Moderador supremo de la Congregación Salesiana para que conozcáis cómo
marchan nuestras cosas.Mas, si las molestias pasadas fueron graves, no lo son menos las actuales. Al presente se querría inducir a nuestra Congregación a
abrazar doctrinas filosóficas que no son del agrado de Vuestra Santidad, por erróneas o peligrosas. Hasta ahora, hemos resistido y
seguiremos resistiendo a costa de cualquier sacrificio y tribulación; pero confieso que necesito oportuno consejo para saber dar a misFin de Página: 223
VOLUMEN XV Página: 223religiosos instrucciones seguras, a fin de que, en todos nuestros colegios, casas de formación, seminarios del Piamonte, Italia, Francia,
España y América, podamos seguir principios netamente católicos con ilimitado acatamiento al Supremo Jerarca de la Iglesia.Si, además, en el decenio pasado se nos han causado bastantes molestias y fastidios, que distrajeron muchas veces nuestras ocupaciones
del Sagrado Ministerio, y nos hicieron perder un tiempo inmenso, que hubiéramos querido dedicar únicamente a mayor gloria de Dios y
salvación de las almas, no parece, ni mucho menos, que tales molestias y fastidios vayan a disminuir en el presente.íPobre de mí! Mientras escribo esta carta y mientras pende en la Sagrada Congregación del Concilio la cuestión entre el señor
Arzobispo de Turín y el sacerdote salesiano Juan Bonetti, recibo una admonición que cita a dicho sacerdote a comparecer ante el abogado
fiscal arzobispal para que responda a la misma cuestión; y se le amenaza con penas eclesiásticas, si no se presenta ante quien se erige en
juez en propia causa y en una cuestión transferida al supremo tribunal de la Santa Sede. Por tanto, contra lo que todos esperábamos,
continúan las molestias y la pérdida de tiempo tan precioso, y amenaza hacerse más intolerable nuestra situación.Los enemigos de la religión se afanan con frenesí satánico para arrebatar la fe y las buenas costumbres de grandes y pequeños, causando
mermas y ruinas lamentables. Los Salesianos ven aumentar cada día el trabajo que llevan entre manos, oponiéndose con algún buen
resultado al mal que se desborda. Necesitamos, pues, que nos dejen en paz y nos ayuden o, al menos, no nos pongan obstáculos, para
hacer el bien, según la finalidad de nuestra Congregación. De otro modo, no se puede tirar adelante.Por todo lo cual, Santísimo Padre, con humildad pero muy encarecidamente, imploro vuestro iluminado consejo y vuestro valioso
apoyo. Hablad, que nosotros os escucharemos. No sólo cumpliremos vuestros mandatos, sino hasta vuestros deseos. No sólo os
seguiremos como a Doctor universal, sino también como a Doctor privado. Seremos servidores obsequiosos de vuestra augusta Persona,
no sólo los Salesianos, sino que nos ingeniaremos para inspirar, alimentar y acrecentar estos mismos sentimientos en los más de ochenta
mil jovencitos que la divina Providencia tiene hoy reunidos en nuestras Casas de Europa y América. Seremos, en una ((249)) palabra,
totalmente respetuosos con Vuestra Cátedra Apostólica en todo tiempo y lugar, donde nos llame el Señor.Mas, para que podamos cumplir libremente este nuestro sagrado deber; para que podamos trabajar intensamente y según las
necesidades de estos tristísimos tiempos; para que el humilde infrascrito pueda gobernar a sus súbditos como es necesario, haced llegar
Santísimo Padre, una palabra eficaz al único entre mil miembros del Episcopado Católico que parece se inclina a apartar del recto camino
a esta pobre Congregación y pone dificultad sobre dificultad en la Casa Madre y Centro de las demás, para que no funcione con la
necesaria facilidad y se paralice.Confío plenamente que Vos, Santísimo Padre, os dignaréis acoger con paternal bondad la humilde súplica que, en mi nombre y en el de
todos los Salesianos, elevo a vuestro excelso trono y que acudiréis en ayuda de tantos devotísimos hijos vuestros.
223Aprovecho, además, con complacencia la propicia ocasión de las Fiestas Navideñas para augurar a Su Santidad toda suerte de felicidad,
asegurándole que todos los días se elevan en las Casas Salesianas oraciones especiales y se hacen fervientes votos a Dios para que os
conceda cuanto desea vuestro magnánimo corazón.Finalmente, postrado en espíritu ante Vos, beso vuestro pie sagrado e imploro la bendición apostólica para mi persona, para toda la
Congregación Salesiana, para nuestros muchachos y para nuestros misioneros que, en estos momentos, surcan las olas del Atlántico con
dirección a la Patagonia, mientras me siento feliz, al poderme profesar con la máxima veneración,De Vuestra Santidad,Turín, 22 de diciembre de 1881.Muy humilde, agradecido y respetuoso Hijo JUAN BOSCO, Pbro.La respuesta del Cardenal no se hizo esperar 1. Era "confidencial" y contenía estos períodos: "Le recomiendo calma y frialdad de
ánimo, para no dar pretexto de ningún género a quien ex adverso est (...). En cuanto a la intimación, ello revela cada vez más el mal
talante de esa Curia y de quien la inspira (...). Por los términos de la intimación, donde dice don Bonetti scriptor libelli, etc., debería
deducirse que el fisco tenga pruebas a mano con que demostrar la culpabilidad del inculpado. ((250)) Según la carta del padre Leoncini,
la acusación pesaría sobre usted. "Por qué, en tal caso, no se debería llamar a usted a juicio: "Quizás para disminuir la excesiva odiosidad
y aversión del público por parte de los inquisidores? Advierto que el señor Colomiatti es digno instrumento de su dueño".Le aconsejaba, por último, que suspendiera el envío de la Exposición a los Cardenales, por no ser oportuno el momento.Fin de Página: 224
VOLUMEN XV Página: 224Opinaba bien el Cardenal sobre la citación a don Bosco, pero quod differtur, non aufertur. Llegó también para él, con fecha del 5 de
enero de 1882 y comunicada el 7, hacia las diez de la mañana, por mano del señor Aghemo, ujier del Arzobispo 2. El acusador público le
hacía dos imputaciones: que había sido el mandante de los libelos y que había proporcionado material al redactor de los mismos.
Repárese bien:
íésta quería ser la verdadera respuesta a la audiencia solicitada el 2 de enero y, al mismo tiempo, una manera muy expedita para la marcha
de la reconciliación que Roma quería! Pensemos, pues, si aquella mañana y durante los días siguientes, estaba Monseñor "dispuestísimo"1 Apéndice, doc. 31.2 Apéndice, doc. 32.
224
a recibir a don Bosco, según sostuvo el señor Colomiatti en el Proceso de Beatificación.Y nótese la extravagancia: la cuestión de los libelos estaba ya en la Sagrada Congregación del Concilio y por voluntad del mismo
Arzobispo. En efecto, en su carta del 29 de diciembre de 1880, había denunciado ante aquella Congregación a don Bosco y a don Juan
Bonetti, como autores de los libelos, y en el sumario de la causa Bonetti, redactado por él, se decía en la página 20: "Pido a la Sagrada
Congregación e insisto: que tome medidas con respecto al mismo Bonetti, coautor, si no autor, del libelo difamatorio". Y repitió la misma
denuncia el 21 de junio de 1881 implorando un remedio. Por tanto, por el supuesto delito de los libelos, Monseñor había elegido ya como
juez a la Sagrada Congregación del Concilio, ((251)) que quedaba de este modo prevenida con esta causa y ya no le era lícito proceder
criminalmente en ella.Don Bosco pidió enseguida consejo al Cardenal Protector, sobre lo que debía hacerse.Eminencia Reverendísima:He aquí una nueva prueba de la buena voluntad de un remedio amigable. Todo aparece claro en la adjunta copia de citación. Parece que
el Arzobispo quiere dar largas y hacerme perder tiempo y dinero.1.° Necesitaría ahora un guía que me dijera si estoy obligado a comparecer, mientras el litigio está sub judice en un tribunal superior.Si la respuesta es afirmativa, "podría interponer apelación de estar siendo interrogado por otro tribunal superior? "Puede un Ordinario
citar a capricho al Superior de una Congregación eclesiástica y desconcertar así a una pobre sociedad religiosa, a la que nunca ha podido
el Ordinario imputar culpa alguna y que únicamente desea trabajar por el bien de las almas que, por desgracia, van por el camino de la
perdición?2.° El día 10 de este mes, tengo que ir a Francia para postular por la iglesia y el colegio del Sagrado Corazón, donde está faltando ya
dinero. "Puedo alejarme o debo permanecer en Turín, con grave perjuicio para las obras tan recomendadas por el celo y la caridad del
Padre Santo?3.° He decidido retardar mi salida hasta el día 16, pero no más a causa de las fechas señaladas para el éxito de la colecta.Mis Salesianos y yo necesitamos ayuda, consejo y aliento, y confiamos plenamente en V. E., nuestro benemérito protector.Yo nunca he pedido, ni pediré jamás, nada que no sea paz y tranquilidad para poder trabajar en el sagrado ministerio en favor de las
almas expuestas a tantos peligros.El origen de estas nuevas cuestiones es que don Bosco no quiso cambiar de sistema; don Bosco no está de acuerdo con Rosmini. He
aquí por qué se me querría autor de dichos opúsculos.
225No lo soy: mi sistema es el de profesar la doctrina católica y obedecer toda palabra, todo consejo y todo deseo del Sumo Pontífice.Considéreme siempre en el Señor, con toda gratitud y profunda veneraciónDe V. E. Rvma.Fin de Página: 226
VOLUMEN XV Página: 226Turín, 7 enero 1882.Su seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro.((252)) Al dar cuenta a monseñor Boccali de la fallida audiencia por parte del Arzobispo, don Bosco le había mandado también una
copia de la citación. El Prelado le respondió el 9 de enero de 1882: "Tenga paciencia y no pierda los ánimos. Si usted no tiene nada que
ver con esos opúsculos, el resultado de esta nueva querella no puede serle adverso".En Turín seguían adelante impertérritos. Sólo unos días después de las dos citaciones, precisamente el 12 de enero, se notificó el acta
arzobispal que nombraba a Colomiatti juez delegado para el proceso de los libelos, la cual tenía fecha de casi siete meses antes. El día 18
presentó don Juan Bonetti una instancia en la que impugnaba la legitimidad y competencia de aquel tribunal, por la prevención arriba
mencionada y por ser sospechoso, dado que el Arzobispo mismo era parte principal en la causa. Ponía, por tanto, en conocimiento de la
Curia haber encargado a su Procurador en Roma que suplicase a la Sagrada Congregación, ya informada de la querella, que tuviese a bien
delegar un juez especial en la persona de un obispo más cercano o en la persona de otro eclesiástico idóneo e imparcial, que asumiera los
autos e instruyese un proceso canónico para enviarlo a la Sagrada Congregación para sentencia o para las correspondientes providencias.
Según el dictamen del abogado Leonori, la instancia estaba formulada a nombre de don Juan Bonetti, por respeto a don Bosco, porque,
escribía el hombre de leyes, "este hombre benéfico, verdaderamente santo, no necesitaba ser puesto al descubierto en un litigio" 1.
Colomiatti rechazó la excepción de incompetencia e intimó a don Juan Bonetti a que compareciera.Don Juan Bonetti, lejos de someterse, apeló a Roma. La apelación fue admitida sin la menor dificultad; por lo que la Sagrada
Congregación impidió al Arzobispo que procediera contra don Juan Bonetti y contra don Bosco, y delegó a monseñor Fissore, arzobispo
de Vercelli,1 Carta a don Juan Bonetti, Roma, 9 de enero de 1882.
226solamente para compilar ((253)) el proceso y enviarlo después a la Congregación del Concilio, que se reservaba sentenciar. Así, los
imputados no tenían que rendir cuentas a la Curia de Turín por este proceso 1.Hacemos sitio para un breve intermedio. La última semana de enero, se encontraba en Turín el obispo de Ivrea, monseñor Riccardi,
ciertamente con el beneplácito de su Metropolitano, pues celebraba la misa doquiera lo invitaran. También los salesianos le invitaron dos
veces, ya que le rogó don Miguel Rúa que fuera a celebrar la misa de comunión general del día 29, fiesta de San Francisco, y don Juan
Bta. Francesia le invitó a Valsálice, para la misma fiesta trasladada dos días más tarde. Monseñor Riccardi aceptó con gusto ambas
invitaciones, pero después, habiendo ido a almorzar con el señor Arzobispo, escribió al Oratorio que motivos imprevistos le impedían
cumplir lo prometido, y, al Director de Valsálice, que lo sentía mucho, por el mismo motivo. Pero, al partir de Turín, confesó al teólogo
Margotti que se marchaba muy disgustado, sin poder comprender cómo un Metropolitano pudiera prohibir a un sufragáneo celebrar misa
en una iglesia de religiosos, y le encargó que comunicara a los Salesianos su pesar.Cuando monseñor Fissore llegó a Turín para cumplir la misión que se le había confiado, don Bosco estaba en Roma; por consiguiente,
habló con don Miguel Rúa. El no tenía más que interrogar a los testigos, si los había, recoger sus declaraciones y, después, mandarlo todo
a Roma; pero, accediendo al deseo de monseñor Gastaldi, actuó con la intención de obtener una conciliación de las partes, en lo que
parecía secundarle don Miguel Rúa. Y hay más, Monseñor había rogado a los obispos Eula y Riccardi, llegados a Turín, que buscasen un
camino de conciliación por medio de don Celestino Durando. Los dos prelados fueron a Valsálice, donde se encontraba don Celestino
Durando con el ((254)) teólogo Margotti para una fiesta y, cuando ésta acabó, le llevaron aparte y le insistieron que contentara al
Arzobispo. Al leer don Bosco las cartas de don Juan Bonetti y de don Celestino Durando con estas noticias, casi lloró de pena, pues vio
cómo habían sorprendido la buena fe de los suyos, e hizo escribir enseguida a don Miguel Rúa estas textuales palabras:"Ni don Juan Bonetti ni ningún otro de la casa trate esta cuestión, sin previo aviso a la Congregación del Concilio y siempre de acuerdo
con don Bosco. Este aviso viene de la autoridad competente" 2.1 Apéndice, doc. 33.2 Carta de don Joaquín Berto a don Juan Bonetti, Roma, 18 de abril de 1882.Fin de Página: 227
VOLUMEN XV Página: 227227El ir en busca de una solución pacífica, en aquel instante, incluía una escasa seguridad de victoria, mientras que, por parte de los
Salesianos, el adaptarse equivalía a confesar el miedo a una condena justa.Siempre en busca de una conciliación, monseñor Fissore había obtenido ya una declaración firmada por don Miguel Rúa y don Juan
Bonetti contra los libelos y habría querido también otra firmada por don Bosco para presentarla a monseñor Gastaldi; pero don Bosco no
la mandó, antes al contrario intentó inútilmente que le devolvieran la precedente. En cambio, dejó en manos del cardenal Nina la
siguiente:Eminencia Reverendísima:Siempre ha sido mi mayor deseo alcanzar un arreglo amistoso en la causa del reverendo don Juan Bonetti. Varias veces hice
proposiciones a S. E. el señor Arzobispo de Turín, que fueron aceptadas, pero después rechazadas. Una fue en mayo de 1879. El día 26
fui llamado por el mismo monseñor Gastaldi; me presenté y quedamos de acuerdo en que don Juan Bonetti estaba rehabilitado para
atender las confesiones de los fieles en toda la diócesis de Turín, dejando a la prudencia del abajo firmante que no enviara a este
sacerdote a residir en Chieri, pero era libre de ir a predicar y confesar allí en casos particulares, sin ningún óbice por parte de la autoridad
eclesiástica. Esta propuesta fue aceptada y, como tal, se la comuniqué a don Juan Bonetti que se alegró mucho, y todos experimentamos
una gran satisfacción de que, finalmente, terminase una cuestión inútil, que nos consumía un tiempo inmenso, que todos deseábamos
dedicar al bien de las almas. Pero, a la mañana siguiente, ((255)) 27 del mismo mes, muy temprano, recibí una carta del señor Arzobispo
en la que revocaba por tiempo indeterminado todo lo que se había convenido el día anterior.En la actual situación de las cosas, no veo mas solución que pueda convenir a ambas partes, sino la ya propuesta y aceptada en el mes
de mayo de 1879, esto es:1.° El Arzobispo de Turín faculta a don Juan Bonetti para atender a las confesiones de los fieles en toda la diócesis de Turín.2.° Don Juan Bonetti continúa, como buen sacerdote, trabajando por la mayor gloria de Dios, como conviene a un honesto y celoso
sacerdote.3.° Para que no vuelvan a suscitarse cuestiones de este género, el Arzobispo retira dos comunicaciones, una con fecha del 25 de
noviembre y otra del 1 de diciembre de 1877, en las que amenaza al sacerdote Juan Bosco con la suspensión ipso facto incurrenda, si
escribe, imprime o propaga escritos o expresiones que puedan resultar a cargo del Arzobispo de Turín.Estas comunicaciones que se reclaman, se echaran al fuego y no se hablara mas de ellas.Respecto a la cuestión de los opúsculos, debo declarar que ni yo, ni los Salesianos nos hemos jamas mezclado en esto, por cuanto me
consta hasta ahora. Siempre he lamentado, y todavía lamento, que se hable contra la autoridad eclesiástica. Estoy, ademas, muy dispuesto
a condenar la materia en ellos contenida, cuando se me muestre lo que deba condenarse, conforme al criterio de la Iglesia. Los que los
han leído y meditado convienen, por otra parte, en afirmar que la materia de estos opúsculos o libelos concuerda completamente con los
principios e ideas recomendadas en estos últimos tiempos por el Padre Santo.
228Yo sigo siempre dispuesto a aceptar sin condiciones todo lo que Su Santidad o V. E. juzguen que será para mayor gloria de Dios.Concédame el honor de poderme profesarDe V. E. Rvma.,Roma, 8 de mayo de 1882.Seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro.A esta carta iban unidas las siguientes observaciones:Fin de Página: 229
VOLUMEN XV Página: 229Es de notar que ya otras veces se hicieron idénticas proposiciones de acuerdo con el señor Arzobispo de Turín. Se aceptaron, pero
después se cambiaron y, finalmente, se rechazaron.Rechazó crudamente recibirme el 2 de enero de 1882, cuando me presenté a él en nombre de V. E. y del mismo Padre Santo, para
arreglar las cosas amistosamente.Hace pocos días que el mismo Arzobispo de Turín va propalando, y me lo envió a decir por nuestros propios religiosos, que don Bosco
es el hombre ((256)) más perverso, que es un impostor, que inventa milagros, los apaña y los hace imprimir en honor de la Virgen.Que Roma hace mal lo que hace, que todo se arregla por amistades, etc.Todo esto resulta poco oportuno para llegar a una avenencia amistosa. Tanto más, después de la sentencia dictada por la autorizada
Congregación del Concilio.Roma, 8 de mayo de 1882.El Cardenal consideró demasiado concisa esta relación, pues hubiera deseado una exposición más amplia 1. Entonces don Bosco hizo
escribir otra a don Juan Nonetti 2. El Cardenal aconsejó, además, que se consiguiera una retractación del padre Leoncini y del padre
Pellicani sobre la famosa carta, a la que el Padre Santo no sabía resignarse 3.
El primero no quiso darse por enterado, pero el haberlo calificado el Tribunal de Turín para la causa de Neatificación como hombre nim
is simplex, que quiere decir simplón o pelele, disminuye bastante su autoridad, como persona fácil a entender una cosa por otra y a
dejarse manejar. El otro, lamentando que todavía colease semejante acusación a cargo de don Nosco, intervino por amor a la verdad y por
deber de conciencia con la siguiente manifestación de mentís:1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma, 15 de mayo de 1882.2 Apéndice, doc. 34.3 Carta citada de don Francisco Dalmazzo.
229DECLARACIO NHabiendo oído que, sobre la deposición que yo hice, en virtud de santa obediencia respecto a la propuesta que se me había hecho de
escribir acerca del gobierno de la Archidiócesis de Turín, se funda una acusación contra el Rvmo. don Juan Bosco, Superior de los
Salesianos, de que me incitó a escribir libelos en deshonor de S. E. Rvma. el señor Arzobispo de Turín, declaro ante Dios que dicho señor
don Bosco no me propuso más que escribir una memoria para presentar al Santo Padre Pío IX; y no hablamos de otra cosa fuera de esto;
y añado, además, que esta declaración limpia y neta la he hecho repetidamente al abogado fiscal, el señor canónigo Colomiatti, cuando se
me invitó a declarar.((257)) Y, si la misma declaración no es bastante explícita como habría querido, en la deposición hecha, firmada y jurada por mí, se
debe a que la frase empleada en ella de presentarla en Roma, se me dijo que equivalía, como verdaderamente puede, y debe equivaler a la
otra de presentar al Santo Padre.Después, en cuanto a la carta con la que el padre Leoncini comunicó al señor Arzobispo la conversación privada que con él sostuve
únicamente para defenderme de la sospecha, que el mismo Padre mostraba (quizá para sonsacarme) tener contra mí de haber sido yo el
autor de ciertos libelos, que se habían publicado contra el señor Arzobispo, carta por mí reconocida y firmada como verdadera sólo
sustancialmente, digo que, si en ella hay -como se dice y yo no recuerdo-la frase: me propuso escribir contra el Arzobispo, sin más
añadidura, debe interpretarse en conformidad con la declaración hecha arriba, y darle otra interpretación, que favoreciera a la acusación
con daño para el Rvmo. señor don Bosco, sería enteramente contrario a la verdad. Afirmo todo esto por puro amor a la verdad, y no tengo
en mi corazón nada contra el señor Arzobispo, ni contra don Bosco, entre quienes me gustaría mucho ver restablecida una paz perfecta
para gloria de Dios.Fin de Página: 230
VOLUMEN XV Página: 230Turín, 30 de mayo de 1882.P. ANTONIO PELLICANI
Entre escribir al Papa y redactar un libelo media un abismo. Pero, del segundo párrafo de esta declaración, se desprende claramente que
se debió fantasear mucho sobre sus palabras para llegar a hacer decir a la declaración del testigo lo que él no había pensado nunca
expresar.
Y así nos parece que queda más claro por qué se mantuvo obstinadamente oculta la auténtica declaración jurada de Pellicani, mientras se
divulgó tanto la carta del padre Leoncini, que hasta se hizo imprimir en el Summarium de la posición "gastaldiana" para la causa de don
Juan Bonetti.Durante el curso de estas controversias, se habían consumado estos otros hechos. El 12 de mayo, cuando don Bosco ya había salido de
Roma, apareció por allí Colomiatti, acreditado ante el cardenal Jacobini para impugnar la Exposición y tratar de la concordia. El
Arzobispo había escrito al Papa, pidiendo permiso para enviar un delegado
230que diera explicaciones y el Papa había consultado sobre ello al Eminentísimo Cardenal Nina.((258)) León XIII, que ya había decidido tomar la causa por su mano, apenas se le aseguró que monseñor Gastaldi quería llegar a un
acuerdo, detuvo sin más el proceso y dio orden de que se llamara telegráficamente a don Bosco a Roma. Don Francisco Dalmazzo le
telegrafió el 18 de mayo por la tarde y recibió esta respuesta de don Miguel Rúa: "Salud muy quebrantada impide papá ponerse en viaje".El Procurador acudió enseguida al cardenal Nina, para ver si era posible dispensar a don Bosco de que fuera o que, al menos, se le
permitiera retardar el viaje. Su Eminencia contestó que la orden había partido del Papa y que, habiéndosele hecho presente que don Bosco
había salido de Roma hacía poco tiempo y que ya estaba en Turín, Su Santidad había respondido:-Paciencia. Ahora que el Arzobispo tiene estas buenas disposiciones, quiero arreglar yo mismo esta discordia y, por tanto, se le
telegrafíe que venga.A Colomiatti se le había comunicado desde Turín, que permaneciera en Roma el tiempo necesario, aunque fuera cuatro meses, con tal
de que lograra romper el nudo gordiano 1.Entonces don Francisco Dalmazzo replicó:"Intentado dispensar venida. Contraría a Nina tardanza, pues debe él salir el veintiocho". Y don Miguel Rúa volvió a recalcar:
"Imposible humanamente ida padre. Os esperamos en Turín".Don Bosco había mandado esta cartita para el Cardenal, por medio de don Francisco Dalmazzo:Eminencia Reverendísima:Siento mucho no poder ponerme en viaje hacia Roma tan deprisa como deseo. No puedo estar sentado, tengo un pie malo y, a duras
penas, puedo caminar. Sin embargo, si es necesario un viajecito mío para verme con su Eminencia, me pondré en viaje el 24 ó el 25 del
corriente mes. Tendré que hacer alguna parada, pero el 26, al mediodía, espero encontrarme en Roma.Perdone esta mi involuntaria tardanza y permítame el honor de poderme profesar de V. E. Rvma.Turín, 20 de mayo de 1882.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma, 21 de mayo de 1882.
231Fin de Página: 232
VOLUMEN XV Página: 232((259)) Pero, en la cartita de acompañamiento al Procurador, le explicaba con términos algo más realistas la naturaleza de su malestar.
Era necesario hablar así de claro, para alejar cualquier sospecha de enfermedad diplomática.Mi querido Dalmazzo:Lee y lleva esta carta al Sr. Cardenal Nina. Mi mal no tiene importancia. Tengo un malestar en las nalgas, que me impide estar sentado
en el tren. Tengo, además, un pie hinchado con dos fracturas, no políticas.Procura enterarte de cuál es la causa de esta prisa por que yo vaya a Roma. Si no hay más remedio, estoy dispuesto a ponerme en
camino enseguida, pase lo que pase.Si tú vienes, podremos ponernos de acuerdo en todo y, además, tú podrás acompañarme.Saluda a Ventrelli, a don Barale y a los demás queridos hermanos, don Braga, don Savio, don Cagnoli, etc. Si conviene, escríbeme
enseguida. Dios nos bendiga a todos. Amén.Turín, 20 de mayo de 1882.Afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.Don Bosco padecía entonces de hemorroides, como declaró don Pablo Albera en los Procesos para la Causa de Beatificación.El Papa se quejó al Cardenal Protector de la Exposición, después de haber oído a Colomiatti, diciendo que, además de inoportuna,
contenía cosas no conformes a la verdad, porque el Arzobispo alegaba argumentos en contra, eliminando todo del principio al fin; por
eso, cuando don Bosco se informó, hizo que don Juan Bonetti dirigiera a Su Eminencia estas observaciones, con el ruego de tenerlas
presentes cuando conversara con Colomiatti.1.° Sepárese la cuestión Bonetti de todo lo demás. Esta no tiene nada que ver con la cuestión de los opúsculos, con la Exposición de los
hechos, ni con cualquier otra aparecida antes o después; y esto, en vista de la decisión ya tomada por la Sagrada y competente
Congregación del Concilio.2.° Nótese que la Exposición fue provocada por las reclamaciones presentadas por el Arzobispo de Turín y publicadas en la prensa;
reclamaciones que requerían una adecuada respuesta; pues, de otro modo, quedarían admitidas como verdad acusaciones gravísimas
contra la Congregación Salesiana, cuya única riqueza es su buen nombre y el apoyo ((260)) moral que necesita para trabajar por la mayor
gloria de Dios y la salvación de las almas.3.° Las cosas reseñadas en esa Exposición son hechos que se apoyan en documentos acreditados.4.° Si el abogado Colomiatti tiene argumentos para demostrar que los hechos allí expuestos no son tales, don Bosco pide en ese caso
que se los hagan conocer no deviva voz, sino por escrito, a fin de que pueda mudar de opinión o dar la debida respuesta.Mientras tanto, conviene recordar que, después del proyectado convenio, hubo hechos que hacen temer sean ilusorias las esperanzas de
un resultado feliz. Con este fin, don Bosco ha enviado un telegrama a don Francisco Dalmazzo para que venga a Turín y comunicarle
personalmente lo que haya de importancia.Sirvieron de presentación de la carta estas líneas del Beato:Eminencia Reverendísima:Fin de Página: 233
VOLUMEN XV Página: 233Todo lo que escribe don Juan Bonetti lo hace en mi nombre. Le enviamos estas cartas por medio de monseñor Marini, que nos ha
honrado hoy con su presencia. Espero a don Francisco Dalmazzo a quien enseguida enviaré con todas las facultades necesarias.Me encomiendo a la caridad de sus oraciones y bendígame.Tengo el alto honor de inclinarme y profesarmeDe V. E. Rvma.Turín, 25-5-82.Atto. y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Uno de los hechos señalados por don Juan Bonetti como síntomas poco prometedores, se refería al colegio de Valsálice. Durante el mes
de abril, se había celebrado en Turín el Congreso Católico regional, bajo la presidencia del duque Salviati y sin intervención del
Arzobispo, que se encontraba indispuesto. En honor de los personajes que habían intervenido, don Juan Bta. Francesia hizo representar
un dramita en latín, como entretenimiento académico, transformando en salón la amplia capilla interna. No hubo nada que desdijera de la
calidad del lugar; en efecto, los obispos de Novara e Ivrea que asistieron, nada tuvieron que observar 1. En la misma Roma, ((261)) se
celebraban muchas veces actos académicos en las iglesias públicas, como sucedió en el mes de diciembre de 1881 en la de los Santos
Apóstoles y en el de mayo en la de San Vidal. Mas, en el caso de Valsálice, el Ordinario turinés suscitó un casus belli; don Juan Bta.
Francesia fue llamado a la Curia y, sin admitirle ninguna explicación, se le denunció a Roma. Escribía don Juan Bta. Francesia 2:"Era nuestra intención aprovechar aquella ocasión para manifestar públicamente nuestra fe católica, apostólica y papal; y, en cambio,1 Esta representación le valió al Director una preciosa carta del duque Salviati (Apéndice, doc. 35).2 Carta a don Francisco Dalmazzo, Turín, 24 de mayo de 1882.
233hemos incurrido en la censura de los dos extremos. Un periódico impío de Turín que, si hubiera podido encontrar algo de burla respecto a
profanación, no lo hubiera callado, nos hizo una guerra despiadada por ser papales; y ahora me entero de que nuestro Arzobispo sigue
atormentándonos como profanadores del templo".Este "sigue atormentándonos" debe hacer alusión a otro hecho de fecha no lejana. En Valsálice era profesor de alemán el caballero
Besson, protestante convertido y presidente de un círculo muy popular, llamado Entusiasmo Católico. Un día fue invitado por el
Arzobispo a comer con él. El invitado tuvo que aguantar, del principio al fin, una conversación ininterrumpida sobre don Bosco, los
Salesianos, sus colegios y sus tribulaciones. Pero lo peor fue después. Levantados los manteles, llamó el Arzobispo aparte al profesor y le
dijo:-Usted trata mucho con el Colegio de Valsálice y debe saber algo. Dígame, pues: "es verdad que, entre los profesores de ese colegio, se
cometen inmoralidades?Ante semejante pregunta, aquel señor, dolorosamente sorprendido y escandalizado, lo negó categóricamente y, después informó de
palabra y por escrito, al director manifestando su gran disgusto.Otros hechos poco benévolos serían las dificultades puestas para la consagración de la iglesia de San Juan Evangelista, como en su
lugar diremos. Pero no debemos callar aquí la última pastoral para la cuaresma. Había en ella dos páginas, precisamente las últimas,
llenas de claras alusiones ((262)) a don Bosco y los Salesianos, y con la obligación expresa de leerla por entero y explicarla al pueblo; no
obstante, algunos la leyeron, omitiendo la última parte 1.En suma, cuanto más nos adentramos en este via crucis, cuyo epílogo narraremos en el capítulo siguiente, tanto más comprendemos la
forma trágica que don Bosco dio a la expresión de su dolor, cuando el 1882 dijo a Colomiatti y a quien le acompañaba, rogándoles se lo
refirieran a Monseñor:Fin de Página: 234
VOLUMEN XV Página: 234-Ya sólo nos falta que nos clave un puñal en el corazón.Pero nunca se desalentó, sino que siempre confió mucho en Dios y en la justicia de su causa. Unos años después le manifestaba don
Joaquín Berto su pena, porque, en el transcurso de tanta guerra, no se hubiese combatido siempre a cara descubierta y se hubiera tenido
que recurrir a estrategias encubiertas para combatir al adversario con sus mismas armas. Don Bosco le dejó hablar y, al final, le
respondió:-Fue el Señor quien ha guiado todo.1 Apéndice, doc. 36.
234
((263))CAPITULO VIIILA "CONCORDIA" DE LEON XIIIDURANTE el verano de 1884, don Bosco, cuya salud flaqueaba, fue a pasar unas semanas en casa del obispo de Pinerolo, monseñor
Chiesa, acompañado por don Juan Bta. Lemoyne. Cierto día dijo de improviso a su futuro biógrafo:-Convendría destruir toda la correspondencia habida con el pobre monseñor Gastaldi y todos los documentos correspondientes.Don Juan Bta. Lemoyne, disimulando su asombro, le preguntó:-Pero entonces, "qué podremos decir de la historia del Oratorio de 1872 a 1883?Y él respondió:-Diréis que don Bosco, durante esos años, continuó con sus asuntos.Y prosiguió con tanto convencimiento que don Juan Bta. Lemoyne, temiendo una orden suya terminante, aprovechó la llegada de otra
persona y le dejó en su compañía.Cuando volvieron de nuevo a Turín, no se habló más del asunto. Mas, por no decir otra cosa, para poder hacer prudentemente tal
destrucción, hubiera sido necesario que también la parte contraria echara a las llamas toda la correspondencia habida con los Salesianos;
sin ello, la verdad histórica hubiera sufrido mucho.Si hoy, por ejemplo, tuvieran otros las cartas de Colomiatti a monseñor Gastaldi desde Roma sobre los asuntos que tratamos, y no se
conociesen por copias auténticas las que al mismo tiempo escribía, o mandaba escribir don Bosco, sería una empresa harto difícil librarlo
de las descalificaciones ((264)) que se leen en las cartas del Abogado fiscal. En cambio, así se ha podido dar el unicuique suum, como
ahora nos disponemos a continuar.Don Francisco Dalmazzo, obedeciendo a la llamada de don Miguel Rúa, salió inmediatamente para Turín, desde donde pudo enviar al
cardenal Nina noticias poco halagadoras sobre la salud de don Bosco, que estaba en pie y se movía por casa, pero no se encontraba en
condiciones de emprender viajes. Le comunicó, además, en informaciones
235documentadas sobre el acto académico en la iglesia de Valsálice, como le había ordenado el Cardenal, para restar valor al nuevo intento
de acusación 1. Su Eminencia le respondió:Reverendo Señor:He recibido su carta con los datos adjuntos, por lo que le doy las gracias. Pero ya sabía por monseñor Marini el verdadero estado de las
cosas.Lo que sucede es providencial. Si ve a don Juan Bonetti, dígale que he recibido su carta. Déle las gracias y salúdele en mi nombre.Fin de Página: 236
VOLUMEN XV Página: 236Pero las noticias que me da del buen don Bosco me apenan por un lado y me confortan por otro; esto es, no querría que sufriera, mas,
por otro lado, debe reproducir a Job en esta vida. Entre tanto, déle ánimos en mi nombre; y si su salud no le permite venir, es necesario,
para cumplir los deseos del Santo Padre, que le dé a usted poderes, mediante una carta, en la que exprese, con relación a la concordia que
debe efectuarse con el Arzobispo, que él ya había expresado sus sentimientos al Cardenal Protector, el cual debe haber hecho conocer al
Santo Padre que, de todos modos, aceptará de buen grado todas las disposiciones que Su Santidad, en su iluminada rectitud, crea
oportuno establecer, gloriándose de ser él y su institución hijos obedientes de la Santa Sede.Vea usted la manera de volver con rapidez y, mientras tanto, créame con particular estima.Roma, 27 de mayo de 1882.Su afectísimo seguro servidor L. Card. NINA, ProtectorDon Bosco cumplió inmediatamente lo que el Cardenal Protector sugería, escribiendo estas dos cartas a Su Santidad y al Cardenal.((265)) Santísimo Padre:Mi salud, Beatísimo Padre, me impide ir a Roma para ponerme respetuosamente a sus pies, para cuanto V. S. considere que redunda a
mayor gloria de Dios.He concedido facultad a nuestro hermano don Francisco Dalmazzo para hacer mis veces en todo lo que parezca bien a Vuestra
Santidad.Suplico humildemente a V. S. imparta una bendición para mi vista gravemente amenazada, a fin de que pueda emplear los días que
Dios quiera todavía concederme, en ajustar todo lo que se refiere a la Congregación que V. S. ha querido confiarme.Humildemente postrado, considero el más grande honor poderme profesarDeV. S.Turín, 30 de mayo de 1882.Afmo. y humildísimo hijo, JUAN BOSCO, Pbro.1 Carta del 25 de mayo de 1882.
236Eminencia Reverendísima:En la imposibilidad de ir a Roma y ponerme totalmente a disposición de los benévolos deseos del Padre Santo León XIII, confiero mis
plenos poderes a nuestro Hermano, el profesor reverendo don Francisco Dalmazzo, Procurador General de la Pía Sociedad de San
Francisco de Sales, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, con facultad para tratar, concluir y aprobar cualquier cosa que sea
del agrado de Su Santidad, en la desagradable controversia con su Excelencia Reverendísima, monseñor Gastaldi, Arzobispo de Turín.Nuestro mismo Procurador queda encargado de dar explicación de algunos hechos inexistentes, pero que se querrían imputar a nuestra
pobre Congregación Salesiana.JUAN BOSCO, Pbro.
Rector Mayor de la Pía Sociedad SalesianaFin de Página: 237
VOLUMEN XV Página: 237El Santo Padre manifestó su satisfacción de que don Francisco Dalmazzo, con plenos poderes, pudiera representar a su Superior ante el
Secretario de Estado para la conclusión del asunto 1.Las cosas estaban, por tanto, en manos del Eminentísimo Jacobini, que actuaba en nombre del cardenal Nina, pero informaba
directamente al Papa. Al Cardenal Secretario de Estado y, ((266)) por expresa orden suya, presentó Colomiatti un esquema de acuerdo
imparcial en siete artículos, que contenían todas las cuestiones en litigio entre el Arzobispo de Turín y don Bosco. Tales artículos fueron
comunicados al Beato, que los dio a estudiar y contrapuso otros siete, con las razones que motivaban los cambios. Nosotros
reproduciremos unos y otros, con letra normal para los primeros y curvisa para los segundos. Las correspondientes motivaciones pueden
leerse en otro sitio 2.1.° Don Bosco escribirá una carta al señor Arzobispo, en la que deberá expresar su pesar por los incidentes que, en estos últimos años,
hayan alterado las pacíficas relaciones que había entre él y la Curia, y hayan podido ocasionar amarguras en el ánimo de Monseñor; y, si
Monseñor ha podido creer que él o algún miembro de su Instituto haya influido en tal orden de cosas, don Bosco pedirá perdón y le
rogará que olvide el pasado.1.° Don Bosco escribirá una carta al señor Arzobispo en la que deberá expresar su pesar por los incidentes que, en estos últimos
tiempos, hayan alterado las pacíficas relaciones que había entre ellos y hayan podido ocasionar amargura en el ánimo de Moñseñor.2.° El señor Arzobispo responderá a don Bosco, declarando que los sentimientos expresados por éste le han producido una gran
satisfacción y, no dudando de la sinceridad de los mismos, olvida lo pasado y de nuevo le concede su gracia.1 Carta del card. Nina a don Francisco Dalmazzo, Roma, 30 de mayo de 1882.2 Apéndice, doc. 37.
2372.° El señor Arzobispo responderá, en el término de tres días, que los sentimientos expresados por don Bosco le han producido una gran
satisfacción y, no dudando de la sinceridad de los mismos, promete darle a él y a los Salesianos nuevas pruebas de su primera
benevolencia.3.° Transcurridos tres días de esta comunicación, Monseñor transmitirá a don Bosco la rehabilitación de confesar para don Juan
Bonetti, sin limitación de lugar. Don Bosco empegará la palabra de no enviar por un año a don Juan Bonetti a Chieri. Transcurrido este
espacio de tiempo, no se deberá, por parte de la Curia, negársele la vuelta a dicho lugar en determinadas circunstancias para predicar o
confesar.3.° Transcurridos tres días de esta comunicación, el señor Arzobispo, de acuerdo con el Rescripto de la Sagrada Congregación del
Concilio, del 28 de enero del corriente año de 1882, transmitirá a don Bosco la rehabilitación para don Juan Bonetti, sin limitación de
lugar; don Bosco empeñará su palabra de no enviar durante un año a don Juan Bonetti a Chieri en ((267)) calidad de Director.
Transcurrido tal plazo, don Bosco, o quien le represente, será libre de servirse, en su prudencia, de la colaboración de don Juan Bonetti,
conforme lo exija la necesidad de la Congregación Salesiana, y el citado sacerdote, a tenor del aludido Rescripto y del indebido castigo
por él sufrido desde hace cuatro años, volverá a entrar al menos en la condición de cualquier otro confesor de la Archidiócesis, que, tras
el examen reglamentario, haya sido considerado idóneo y aprobado; y, por tanto, la Curia no podrá prohibirle confesar o limitarle la
facultad para los fieles, sino a norma de los Sagrados Cánones.4.° Si bien la Exposición impresa de los hechos relacionados con el Arzobispo no haya tenido fines de publicidad; sino que sólo se haya
dirigido a los Cardenales de la Congregación, sin embargo, don Bosco se compromete a retirar a los mismos esas copias y suprimirlas.4.° Aunque la Exposición de los hechos referentes al Arzobispo no haya tenido fines de publicidad y haya sido una simple defensa ante
los Eminentísimos jueces, dirigida a rebatir las acusaciones publicadas en la prensa por el señor A rzobispo contra los Salesianos, y esté
apoyada en hechos y en documentos, sin embargo, don Bosco se compromete a retirar los ejemplares distribuidos a tal efecto, cuando se
demuestre de viva voz o por escrito que lo contenido en ellos no es conforme a la verdad.5.° Para eliminar toda ocasión de roces, el señor Arzobispo retirará y destruirá las dos cartas, una del 25 de noviembre y otra del 1.° de
diciembre de 1877, en las que se amenaza a don Bosco con la pena preventiva de suspensión, ipso facto incurrenda, si escribe o propaga
escritos o dichos que puedan agraviar al señor Arzobispo.Fin de Página: 238
VOLUMEN XV Página: 2385.° Para reparar el honor de los Salesianos y borrar la mancha que se les ha infligido con la afrenta acarreada a su fundador y superior
general y eliminar toda ocasión de roces en lo porvenir, el señor Arzobispo retirará y destruirá las dos cartas, una del 25 de noviembre y
otra del 1.° de diciembre de 1877, en las que, en contra de los sagrados cánones, se amenaza a don Bosco con la pena preventiva de la
suspensión, ipso facto incurrenda, si escribe, imprime o propaga escritos o dichos que puedan agraviar al señor Arzobispo. Declarará,
además, que retira todo impreso o manuscrito en los que se contengan acusaciones e imputaciones contra los Salesianos sin las debidas
pruebas.6.° Por lo que concierne a los opúsculos imputados por la Curia, don Bosco declara que siempre ha condenado y condena el modo y la
forma inconveniente con que se habla de la autoridad eclesiástica, y está dispuesto a dar testimonio formal cuantas veces se lo pidan.
También está dispuesto a condenar la materia en ellos
238contenida, cuando se le señalen los puntos o proposiciones condenables ante la Iglesia.6.° (Se acepta en su totalidad este artículo).((268)) 7.° Tal declaración debería tener por consecuencia la supresión del proceso incoado en la Curia Arzobispal.7.° Esta declaración, que ha de hacerse desde luego, después que Monseñor haya concedido la rehabilitación a don Juan Bonetti, deberá
tener por consecuencia la supresión del proceso incoado por la Curia Arzobispal.Estas contraproposiciones habían sido escritas por don Juan Bonetti.Una vez contrastadas proposiciones y contraproposiciones, se unieron en un pliego de conciliación, que se llamó Concordia. El 15 de
junio recibieron una llamada del cardenal Nina, don Francisco Dalmazzo y el canónigo Colomiatti: les dio a leer el documento que debían
firmar lo antes posible, con la facultad, sin embargo, de exponer cada uno sus propias consideraciones. Don Francisco Dalmazzo hizo
notar que si, por una parte, había motivo para estar contentos por cuanto se había hecho en favor de don Bosco, por otra, le dolía la
conclusión referente a don Juan Bonetti. En tal sentido, escribió a Su Eminencia aquella misma tarde; pero siendo aquella la voluntad del
Papa, sus quejas no tuvieron efecto. Pidió entonces firmar con la reserva debidamente concebida. Negóse el Cardenal, le impuso que
firmara y don Francisco Dalmazzo firmó. Hecho esto, Su Eminencia le explicó con toda claridad las razones que le habían inducido a
obrar así. El Papa esperaba con aquella suave medida atraer el Arzobispo y hacerle cambiar en toda la línea, especialmente en materia de
doctrina; parecía, además, que Colomiatti se lo había prometido. En segundo lugar, el Papa había tenido en cuenta la mordacidad de
ciertas cosas escritas por don Juan Bonetti acerca del Arzobispo en el Boletín Salesiano, con lo que mostraba su espíritu batallador, del
que era una prueba la carta que le había dirigido a él 1. Y ahora he aquí el texto de la Concordia.((269)) La Santidad de Nuestro Señor, considerando que las varias cuestiones, surgidas hace algún tiempo entre el señor Arzobispo de
Turín y la Congregación de los Salesianos son fuente de rencillas y roces con mengua de la autoridad y asombro de1 En la carta de don Francisco Dalmazzo (18 de junio de 1882), en donde se refieren estas cosas, don Juan Bonetti apostilló más tarde
la siguiente nota: "Es verdad, pero era joven, estaba un poco cansado y escandalizado de que no se pusiera remedio; y, además, estaba de
por medio mi amor a don Bosco. Sin embargo, si volviese a encontrarme en semejantes lictos, me parece que sería más prudente, aunque
el estilo es el hombre".
239los fieles, ha hecho saber a las partes en discordia que es su voluntad cese el desacuerdo y se restablezca entre ambas una paz verdadera y
duradera, mediante los siguientes acuerdos:I. Don Bosco escribirá una carta al señor Arzobispo, manifestando su pesar de que, en estos últimos tiempos, algunos incidentes hayan
podido alterar las pacíficas relaciones existentes entre él y la Curia y hayan podido ocasionar amarguras a Monseñor. Y, si Monseñor ha
podido creer que él o cualquier miembro del Instituto haya influido en tal estado de cosas, don Bosco implorará perdón a Monseñor y le
rogará que olvide lo pasado.
II. El señor Arzobispo responderá a don Bosco, declarando que los sentimientos por él expresados le han producido gran alivio y que
no duda de la sinceridad de los mismos, olvida el pasado y le vuelve a admitir en su amistad.
III. Tres días después de este recíproco cambio de saludos, Monseñor remitirá a don Bosco la rehabilitación de don Juan Bonetti para
Fin de Página: 240
VOLUMEN XV Página: 240confesar, sin limitación de lugar. Don Bosco dará su palabra de no volver a enviar a Chieri, por espacio de un año, a don Juan Bonetti.
Transcurrido ese plazo, no deberá la Curia prohibirle la vuelta a dicho lugar, con ocasión de ir a predicar o confesar.IV. Aunque la exposición impresa de los hechos referentes al Arzobispo no haya tenido la finalidad de publicidad y sólo se haya
remitido a los Cardenales de la Sagrada Congregación, con todo, don Bosco se compromete a retirar esos ejemplares y destruirlos.
V. Para eliminar toda ocasión de roces, el señor Arzobispo retirará y destruirá las dos cartas, fechadas el 25 de noviembre y el 1.° de
diciembre de 1877, en las que se amenaza a don Bosco con la pena preventiva de la suspensión ipso facto incurrenda, si escribe o propaga
escritos y dichos que puedan redundar en perjuicio del señor Arzobispo.
VI. Por lo que concierne a la cuestión de los opúsculos imputados por la Curia, don Bosco declara que siempre ha condenado y
condena el modo y la forma nada convenientes con que se habla de la autoridad eclesiástica y está dispuesto, cuantas veces se le requiera,
a dar testimonio formal de ello. También está dispuesto a condenar la materia en ellos expresada, cuando se le especifiquen los puntos o
proposiciones reprobables ante la Iglesia.
((270)) VII. Tal declaración deberá tener por consecuencia la supresión del proceso incoado por la Curia Arzobispal.Roma, en el día de hoy, 16 de junio de 1882.En virtud de los poderes otorgados por mi carísimo Superior, S. E. Rvma. Monseñor Lorenzo Gastaldi, acepto y apruebo cuanto aquí se
establece.Canónigo MANUEL COLOMIATTIEn virtud de los poderes otorgados por mi Superior General, el Reverendísimo Don Juan Bosco, acepto y apruebo cuanto aquí se
estableceFRANCISCO DALMAZZO, Pbro.
Procurador GeneralEl cardenal Nina expidió a don Bosco el acta auténtica el 23 de junio, acompañándola con estas palabras de comentario:
240"Como verá por el contenido de la llamada Concordia, el primero y principal requisito es que usted deberá escribir una carta al señor
Arzobispo, en el sentido que se refleja en el artículo primero. No necesito añadir que cuanto más se ciña a expresiones corteses e
inspiradas en la humildad, más de esperar será que se gane el ánimo del Prelado. No estaría fuera de lugar que procurase volver a verlo y
tratarlo. En fin, que, por su parte, debería emplear toda suerte de industrias para persuadirle de que usted se inspira realmente en las
intenciones del Padre Santo, para conseguir una paz verdadera y duradera. Y, si desgraciadamente no encontrara correspondencia, no
pierda los ánimos, porque Dios proveerá (... ). Si la medida tomada con don Juan Bonetti puede parecer severa a primera vista, usted
podrá persuadirlo de que su honor, en resumen, ha quedado reparado con la habilitación sin límites y de que su virtud no disminuirá si
debe resignarse a aguardar un año para volver de nuevo a Chieri. Debo, finalmente, recomendar, por cuanto sé y puedo, a su
experimentada prudencia dos cosas: la primera que no permita publicar a ninguno de los suyos en el Boletín Salesiano o en cualquier
medio nada que aluda lo más mínimo al Arzobispo y a su Curia. La otra, que si se presentase cualquier nuevo motivo o pretexto que
((271)) pudiera dar lugar a un conflicto, no tenga a menos comunicármelo sin demora para que le pueda sugerir algún consejo en bien del
Instituto. La mucha confianza que tengo en su virtud y prudencia es prenda de buen resultado de los pasos a dar y de los que le ruego me
tenga al corriente".Para comprender en su justo valor la contestación que don Bosco envió al Cardenal, conviene tener en cuenta que don Francisco
Dalmazzo le había escrito el día dieciocho:"Colomiatti obtuvo varias audiencias del Papa y una de ellas duró hora y media; y yo no he sido llamado, ni oído".De aquí la duda de que los artículos, más que dictados por Su Santidad, hubieran sido presentados por la parte contraria; tanto más que
en ellos aparecía el cardenal Nina en contradicción con una sentencia suya en la Sagrada Congregación del Concilio. Don Bosco, pues,Fin de Página: 241
VOLUMEN XV Página: 241respondió así:Eminencia Reverendísima:He recibido la carta de V. E. Rvma. en la que me comunica el proyecto del abogado Colomiatti, presentado al Padre Santo. Hay cosas
en él de muy difícil ejecución. Pido unos días para hacer algunas aclaraciones que enseguida haré llegar a manos de V. E.
241Discúlpeme la manera, quizá inconveniente, con que escribo: he querido hacerlo yo mismo, y tengo poco de pendolista 1.Quiera considerarme siempre con la máxima veneración.DeV. E.Turín, 27 de junio de 1882.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.No puede considerarse la suposición de don Bosco como un pretexto para ganar tiempo y lograr que se deshiciera lo hecho, como quizá
sospechó el cardenal Nina. El estaba sinceramente persuadido de que la llamada de Su Eminencia a don Francisco Dalmazzo para
manifestar las propias razones en contraste con Colomiatti ((272)) era pura comedia, pero que, entre bastidores, se había concertado con
el canónigo todo lo que debería hacerse. Lo dice sin ambages en su carta del 28 al Procurador:"Las cosas están muy enredadas. He recibido la famosa comunicación. Preparo alguna observación. Pero aparece ahí tu firma. Si tienes
algo que observar, dímelo enseguida. El cardenal Nina te esperaba para que hicieras de 'polichinela' 2. También saldremos de ésta lo
mejor que podamos".Pero fuere lo que fuere de las intrigas del adversario, la Concordia era verdaderamente expresión de la voluntad del Papa, como aseguró
don Francisco Dalmazzo el 30 de junio:"El cardenal Nina encargado de poner por escrito su pensamiento, más aún, las condiciones del convenio, se permitió suprimir el
período que aconseja a don Bosco retener a Bonetti en Turín por un año, y recibió la reconvención del Papa, como si no lo hubiera
comprendido bien. Se hizo leer todo el folio y ordenó que se introdujeran algunas modificaciones allí mismo ante sus ojos. Por tanto, es
el Papa y solamente él quien ordenó todo, asegurando que no sólo era su deseo, sino su voluntad explícita que, pro bono pacis, se
perdonase a don Bosco y, por otra parte, recordando las anteriores manifestaciones de don Bosco de querer ser obedientísimo a cuanto el
Papa determinara, yo no podía ni debía hacer otra cosa que firmar".El Siervo de Dios comprendió; pero era razonable que esperara la1 Se excusa por la mala letra, debida a sus condiciones de salud; pero no quiso servirse de otros por lo delicado del asunto.2 Pulcinella: Polichinela o Pulchinela era tipo cómico del teatro napolitano, que pasó modificado al teatro francés, para indicar un
secreto a voces (N. del T.).
242respuesta del Cardenal, la cual fue un poco severa, porque seguramente se le escapaban los motivos que don Bosco tenía para dudar del
origen verdadero de los artículos.Reverendísimo Don Bosco:Su carta del pasado 27 de junio, que me llegó esta mañana, me ha sorprendido mucho y hasta diría que me ha entristecido.Habla en ella como de un proyecto del abogado Colomiatti, presentado al Padre Santo, agregando que hay en él cosas de muy difícilFin de Página: 243
VOLUMEN XV Página: 243ejecución.Y, por el contrario, yo le participé con la mía la Concordia, firmada ya por las partes, acompañadas de la autorización de sus
respectivos Superiores, y cuyos ((273)) artículos están inspirados y aprobados personalmente por Su Santidad y no por Colomiatti.Esta sola circunstancia debería hacer desaparecer toda dificultad en su ejecución, si usted no quiere desmentir y olvidar lo que tantas
veces ha manifestado de palabra y por escrito, a saber, que en su línea de conducta no quería alejarse jamás de la voluntad del Padre
Santo, en la que se manifiesta la voluntad de Dios. Volver, pues, a poner en discusión los artículos aprobados sería lo mismo que
examinar si la voluntad del Papa está, o no, fundada en principios de equidad y mirando la utilidad de ambas partes.Sobre lo cual, debo, además, añadirle que el Santo Padre me ha notificado en estos días, con oficio del Secretario de Estado, que le urge
estar seguro de que ya se ha efectuado cuanto se convino y que él entiende es ya un hecho. "Qué deberé responderle? No tengo valor para
decirle que no se ha hecho nada y, más aún, que ahora se presentan por su parte graves dificultades para su ejecución; porque prefiero sea
usted mismo quien juzgue la siniestra impresión que experimentaría, al ver desmentidas con los hechos la docilidad y sumisión que, de
palabra, ha profesado tener; lo que perjudicaría las disposiciones de benevolencia que abriga hacia el Instituto.No quiero suponer que las dificultades surjan por parte de don Juan Bonetti, pero, si así fuera, me desagradaría descubrir en usted
demasiada debilidad o deferencia con un subalterno, mientras que, considerada en su justo valor la condición que le atañe, no parece que,
en el conjunto de los hechos y de las circunstancias, le resulte a él un sacrificio imposible.Vuelvo, por tanto, a rogarle e insistirle, por cuanto sé y puedo, que no pierda el tiempo con nuevas observaciones que resultarían
inútiles, si no nocivas, en el estado en que están las cosas; y, por el contrario, que dé pronta ejecución a dicha Concordia, para estar yo en
condición de anunciar al Padre Santo, lo antes posible, que ya es un hecho consumado, proporcionando de este modo a su ánimo,
amargado de mil modos, algún alivio.Con el sincero aprecio de siempre, créameDe V. S. Reverendísima,Roma, 3 de julio de 1882.Afectísimo seguro servidor L. Card. NINA, Prot.Entonces don Bosco leyó a sus Capitulares los artículos de la Concordia. Hubo consternación general. Don Juan Bonetti estaba irritado
243por la parte que le tocaba y todos, afligidos por la humillación impuesta a su buen Padre. Después del primer aturdimiento, abrióse entre
los capitulares una discusión sobre la oportunidad ((274)) de pedir una dilación para ganar tiempo y, entre tanto, consultar con las
circunstancias. Solamente don Juan Cagliero permanecía callado. Don Bosco, después de haber escuchado en silencio, le dijo:-"Y tú no hablas?Don Juan Cagliero, al verse interpelado, se volvió a sus compañeros y, con la franqueza que le caracterizaba, declaró que no compartía
su opinión. El Papa había hablado y era necesario obedecer. El Papa había decidido de aquel modo, porque conocía a don Bosco y sabía
que podía contar con su virtud, y no era el caso de tergiversar los hechos.Y, como era una cuestión en la que estaba empeñado el honor de la Congregación, don Bosco había leído la Concordia en Capítulo,
únicamente para comunicación oficial, no para someterla a discusión o para esperar un consejo ajeno sobre la conducta a seguir.El 8 de julio pidió perdón a monseñor Gastaldi con esta carta:Excelentísimo y Reverendísimo Señor:La Santidad de Nuestro Señor, considerando que las distintas cuestiones surgidas, desde hace algún tiempo, entre Vuestra Excelencia
Ilma. y Rvma. y la humilde Congregación de los Salesianos, son fuente de desacuerdos y roces, con detrimento de la autoridad y asombroFin de Página: 244
VOLUMEN XV Página: 244de los fieles, se ha dignado hacerme saber que es su voluntad se termine toda discrepancia y se restablezca entre nosotros una paz
verdadera y duradera.Por tanto, para secundar las sabias y paternales intenciones del Augusto Pontífice, que fueron siempre las mías, manifiesto a Vuestra
Excelencia Reverendísima mi pesar de que, en estos últimos tiempos, algunos incidentes hayan alterado las pacíficas relaciones que había
entre nosotros y hayan podido ocasionar amarguras al animo de V. E. Reverendísima. Y más, si por acaso pudo V. E. suponer que yo o
cualquier miembro del Instituto haya influido en tal situación de cosas, imploro perdón a V. E. Reverendísima, y le ruego olvide lo
pasado.Con la esperanza de que V. E. Reverendísima querrá acoger benignamente estos mis sentimientos, aprovecho con gusto esta propicia
ocasión para augurarle las más selectas bendiciones del Sumo Dios, mientras tengo el alto honor de profesarme con gran aprecio y
profunda veneraciónDe V. E. Reverendísima,Turín, 8 de julio de 1882.Atento y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.((275)) Aquel mismo día escribió al Cardenal Protector, confesando con la máxima calma su propio error e informándole de que ya
había
244
puesto en práctica el primero y más importante artículo de la Concordia, sin demostrar la más mínima señal de resquemor por la
reprensión poco antes recibida.Eminencia Reverendísima:Desde un principio creí que los siete artículos de la Concordia, firmados por nuestro don Francisco Dalmazzo, había que considerarlos
como un proyecto de avenencia, presentado por el canónigo Colomiatti y que, por tanto, le era permitido a la parte contraria dar y pedir
explicaciones. Pero, habiendo comprendido por la respetable carta de V. Eminencia Rvma. que son la expresa voluntad del Padre Santo,
me he apresurado a cumplir el primer artículo, que, como ha manifestado V. E., es de mi primera y principal incumbencia. Para norma deV. E. Rvma. le adjunto copia de carta enviada al Rvmo. Sr. Arzobispo.
Dígnese V. E. seguir dispensándome su benevolencia y rogando por mí y nuestra pobre Congregación, expuesta actualmente a graves
situaciones.Con la esperanza de poderle comunicar en breve el éxito de la carta enviada al Sr. Arzobispo, ruego a Dios que le colme de felicidad,
mientras tengo el honor de poderme profesar con toda consideración.De V. Em.ª Rvma.Turín, 8 de julio de 1882.Atento seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.El Arzobispo, de acuerdo con el artículo tercero, respondió a don Bosco con puntual exactitud.Reverendísimo Señor:He recibido la carta de V. S., con fecha del 8 de julio de 1882, y estoy muy contento de poder declarar que los sentimientos en ella
expresados me han proporcionado una gran satisfacción.Por tanto, concedo el implorado perdón a V. S. y a cualquier socio de la Congregación Salesiana, que yo haya podido considerar queFin de Página: 245
VOLUMEN XV Página: 245influyó en la situación de las cosas por las que usted me manifiesta su contrariedad; con mucho agrado, olvido el pasado y reanudo mis
buenas disposiciones.Más aún, renuncio a pedir ninguna acta de declaración de condena de los opúsculos condenados por mi Curia.Y, además, como según su presente carta, cesan las dos mías, una del 25 de noviembre y otra del 1.º de diciembre de 1877, ((276)) de
tener la finalidad por la que se escribieron, entiendo que se me devuelvan y dejen de existir.Igualmente, rehabilito con esta mía a don Juan Bonetti, sacerdote salesiano, para confesar sin restricción de lugar, porque cuento con la
palabra de V. S., según las instrucciones del Padre Santo, que le han sido manifestadas y que V. S. ha reconocido como paternales y
sabias; y suprimo el proceso incoado por mi Curia.Doy gracias al Sumo Dios y al Augusto Pontífice que, en las dificultades habidas, ha actuado como buen Padre que es; y, en la
confianza de que la Congregación
245Salesiana será siempre motivo de alegría para el Arzobispo de Turín; otorgo a V. S. y a los Salesianos mi pastoral bendición, como
presagio de la otra amplísima de Dios que, de su misericordia divina, imploro sobre V. S. y sobre toda la Congregación.En JesucristoDe V. S. Rvma.Desde S. Ignacio, junto a Lanzo, 11 de julio de 1882.Afectísimo
" LORENZO, ArzobispoQuedaba por cumplir el artículo quinto. A tal fin, don Bosco le remitió las dos cartas en las que se le amenazaba con la suspensión.Excelencia Reverendísima:Respondo a su carta del 11 del corriente mes de julio y le devuelvo las dos del 25 de noviembre y del 1.° de diciembre de 1877, en las
que se me amenazaba con la suspensión ipsofacto incurrenda, si se cumplían los motivos en las mismas señalados.Bendigo de corazón al Señor de que hayan cesado las causas de disgusto entre V. E. y la pobre Congregación Salesiana; y confío
plenamente que, en lo porvenir, el único objeto de nuestras solicitudes será la gloria de Dios en los difíciles tiempos que corren paranuestra santa Religión.Con todo aprecio y con la mayor veneración, tengo el honor de profesarme,De V. E. Rvma.,Turín, 18 de julio de 1882.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Con la misma fecha, informó brevemente de lo efectuado y de sus sentimientos al Cardenal Protector:Eminencia Reverendísima:Fin de Página: 246
VOLUMEN XV Página: 246Le envío copia de la respuesta dada por el señor Arzobispo y, hoy mismo, le he devuelto, las dos cartas que dieron principio a tantos
disgustos.((277)) íOjalá duren las cosas, ya que someto a mi pobre Congregación Salesiana a esta humillación! Pero temo mucho que no. Se va
divulgando la impresión de que don Bosco ha sido condenado, que don Juan Bonetti no volverá más a Chieri, etc.De todos modos, yo he actuado con seriedad, y sigo adelante guardando silencio.Permítame el honor de poderme profesar con inalterable agradecimiento de V. E. Rvma.,Turín, 18 de julio de 1882.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
246Concluido el asunto, llegó la autorizada palabra del Cardenal Protector, comentando y alabando el final del drama. Escribió a don
Bosco el 16 de julio:"He recibido su última gratísima, con el expediente que ya había llegado a conocimiento mío, expedido por el canónigo Colomiatti.
Como era muy natural, he rendido cuenta de todo al Santo Padre, que ha quedado muy satisfecho y consolado de que, finalmente, haya
terminado toda diferencia y se haya restablecido la paz, que él entiende sea sincera y duradera. Ahora ya es superfluo hablar y discutir de
quien sea la victoria o la derrota. A mi modo de ver, la victoria es siempre de la Congregación, porque, mientras el mérito de la cuestión
ha quedado ileso, las modalidades accidentales no cambian su naturaleza. Y no conviene olvidar que los actos de humildad, si aparecen
como debilidades ante el mundo, ante Dios y ante los que piensan rectamente, son siempre actos virtuosos, que honran a quien los realiza
y cuentan siempre con la promesa de que qui se humiliat, exaltabitur. Por todo lo cual, esté usted tranquilo de lo hecho y tranquilice,
además, a sus subordinados, ya que el haber seguido el dictamen del Padre Santo redundará en favor del Instituto y de la gloria de Dios".Bajo el iris de paz que abarcaba desde las orillas del Dora hasta el valle de San Ignacio, no podía faltar el croar desentonado de los
renacuajos de la prensa. Con el título de "Una cuestión negra", la Gazzeta Piemontese publicó, en su número del 26 de julio, un artículo,
en el que recordando las viejas "discordias" entre monseñor Gastaldi y don Bosco, contaba con poca ((278)) exactitud las últimas
peripecias. El tono parecía favorable al primero. En efecto, se atribuía a los "señores del Vaticano" que, primeramente, las
Congregaciones habían dado la razón a don Bosco y la culpa a Monseñor, añadiendo, después, que el Papa "anuló las decisiones" de las
Congregaciones y "cargó las culpas" a don Bosco, a quien "obligó" el Padre Samto a "rendir un acto de sumisión" y destruir los
ejemplares "no vendidos" o que se pudieran recoger de los opúsculos. El articulista, informado de aquel modo, seguramente no había ido
a Valdocco para manipular su prosa. Ya el 25 de julio, al escribir don Bosco al cardenal Nina, con motivo de la consagración de la iglesia
de San Juan, se lamentaba en estos términos:"Desde la misma Curia, se pregonan las humillaciones a que han sometido a don Bosco. Aún tendrá que hacer más. Estas habladurías y
mal interpretadas desalientan a los pobres Salesianos. Dos directores de nuestras casas piden retirarse de una Congregación que les parece
despreciada por las autoridades. Varios sacerdotes más y clérigos hacen
247la misma petición. Con todo, yo quiero guardar todavía riguroso silencio, conforme escribí a Vuestra Eminencia".Por todos estos motivos, el 29 de julio, abrió también su alma a don Francisco Dalmazzo en los términos siguientes:"Las cosas con el Arzobispo toman cada día nuevo cariz. Hoy todo es paz y mañana todo es guerra; yo acepto todo y, mientras tanto,
seguimos adelante" 1.El pobre don Juan Bonetti no podía tragar su píldora. A las primeras noticias, desahogó los sentimientos de su alma en una larguísima
carta para enviársela al Papa, pero, cuando la pasaba a limpio, supo con certeza que en la Concordia se encerraba la voluntad del Papa.
Entonces archivó su escrito, que, sin embargo, no ha perdido ((279)) su valor y muestra claramente las tribulaciones que debieron pasar
don Bosco y los suyos. Lamentóse, además, con don Pablo Albera de la tranquilidad con que don Bosco había aceptado y cumplido la
decisión pontificia; más aún, le manifestó su idea de salir ad tempus de la Congregación para ser libre y defenderle a él y a sí mismo. El
teólogo Margotti tenía grandes deseos de empuñar la pluma y servirse de su propio periódico. La comparación de las dos actitudes nos
sirve para valorar mejor la virtud heroica de don Bosco, de quien atestiguó don Pablo Albera:Fin de Página: 248
VOLUMEN XV Página: 248"Por mi parte, me tocó en aquella época tratar muchas veces y de muchos asuntos con don Bosco, y nunca advertí que tuviese ninguna
preocupación o pena" 2.Don Juan Bonetti, para procurar a su espíritu una distracción que lo confortara, durante los meses de su mayor agitación, se dedicó a
escribir una Vida popular de Santa Teresa, que apareció en la segunda mitad de agosto. El trabajo, a pesar de las dificultades que
encerraba, está bastante bien llevado. Envió dos ejemplares al cardenal Nina, rogándole presentara uno al Padre Santo. En su carta le
decía 3:"A su debido tiempo, me dieron a conocer los siete artículos de la Concordia entre S. E. Rvma. el señor Arzobispo de Turín y la
Congregación de los Salesianos. Le confieso, Eminencia, que algunos de aquellos artículos primeramente me han dolido profundamente,
porque1 Don Francisco Dalmazzo le había escrito el 21 de junio sobre monseñor Verga, secretario del Concilio y, más tarde, cardenal:
"Interrogado por Nina sobre las conclusiones tomadas, se mostró contrariado y dijo que eran una clara injusticia; admiró la paciencia y
abnegación de don Bosco, que se acomoda a todo pro bono pacis". Y después proseguía por su cuenta: "Pero todos, menos el Papa, están
persuadidos de que no se conseguirá nada. Sin embargo, habremos intentado todas las vías".2 Summarium del Processiculum, pág. 125.3 Turín, 27 de agosto de 1882.
248me pareció ver que con ellos se castigaba a mi venerado Superior don Bosco y a mi pobre persona. Pero, en cuanto supe que tales
artículos habían sido sugeridos por el Padre Santo, encontré en mi corazón tanto aprecio y tanta devoción hacia él, que ya no dudé un
instante en aceptar su disposición con la más absoluta docilidad y dependencia, como él tiene derecho a esperar de sus hijos".El Cardenal acogió la carta muy benévolamente y le hizo escribir que, cuando viera al Papa, le presentaría el ((280)) libro y su carta 1.
Y, tres semanas después, quedaba cumplida la promesa. El Papa quiso leer esta carta del principio al fin y encargó a Su Eminencia que le
manifestase su propio agradecimiento y le hiciera llegar palabras de aliento, lo que cumplió con toda solicitud 2.En noviembre, empuñó de nuevo la pluma don Juan Bonetti para comunicar al Cardenal las habladurías que la parte contraria esparcía
con desdoro de don Bosco y de los Salesianos. Y, después de exponer los hechos, concluía:"Nos tratan de irreverentes y rebeldes y nos llaman la hez del Clero; y lo peor es que nos hacen aparecer como tales, apoyándose en las
disposiciones del Padre Santo; se trata en cierto modo de la vida o muerte de la Congregación Salesiana, la cual necesita el aprecio de sus
bienhechores, para que le tiendan la mano y le ayuden a sostener sus múltiples obras en favor de la religión y de la sociedad civil;
necesita gozar de la confianza de los fieles para tener vocaciones religiosas; y la confianza de sus propios miembros para que no flaquee
su vocación"."Son chismes inevitables", le hizo saber el Cardenal por medio del abogado Leonori 3; y, por tanto, que no hiciera caso de ello ni
perdiese su calma. Pero los chismes llenaban de calumniosas murmuraciones, sacristías y casas rectorales 4, donde todavía se oye repetir
a algún superviviente del antiguo clero diocesano, cierto eco de frialdad o de escasas simpatías por los Salesianos.En el mes de febrero de 1883, don Juan Bonetti se vio obligado a protestar ante el cardenal Nina de las dificultades que continuamente
ponían en la Curia para conceder el visado de los impresos salesianos 5 y contra ciertas prohibiciones a los párrocos para distribuir, como
prueba del cumplimiento pascual, un librito titulado Jesucristo1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Juan Bonetti, Roma, 5 de septiembre de 1882.2 Carta del 16 de septiembre de 1882.3 Carta del 15 de febrero de 1883.4 Véase Apéndice, doc. 38.5 Apéndice, doc. 39.Fin de Página: 249
VOLUMEN XV Página: 249249nuestro Dios y nuestro Rey, que el mismo don Juan Bonetti había escrito con la intención práctica de ((281)) combatir las blasfemias que
cierto periodicucho, sacrílegamente llamado Jesucristo, vomitaba entre la gente 1.Pero, cuando su Eminencia le respondió, monseñor Gastaldi ya no estaba entre los vivos: el día de Pascua, por la mañana, lo habían
encontrado frío cadáver.Ya era inútil insistir sobre los incidentes que se lamentaban."Adoremos, le escribía Su Eminencia el 29 de marzo de 1883, los inescrutables designios de Dios y, oremos con cristiana caridad. Pero
le confieso que, al anuncio del desastre, me invadió una profunda tristeza, pensando que el último acto de su autoridad pastoral, cometido
en desdoro de mis pobres Salesianos, estorbaría ciertamente su canonización. Nos queda que se pida muchísimo al Señor que nos envíe
un Pastor juxta cor suum".La muerte del Arzobispo hizo surgir la duda de si las disposiciones contenidas en la Concordia, respecto a don Juan Bonetti, seguían en
vigor. El interesado consultó a la Sagrada Congregación del Concilio, cuya respuesta fue: Nihil innovetur: nada se cambie hasta el
ingreso del sucesor. Pero él ardía en deseos de quitarse de encima el odioso gravamen. El tercer artículo establecía que, después de un año
de alejamiento de Chieri, le sería lícito volver, pero sólo por circunstancias especiales. Cumplido, pues, un año desde la firma de la
Concordia, pidió ser absuelto de toda condición sobre el tiempo. El Papa acogió buenamente la solicitud y revocó plenamente la
disposición 2.Esta decisión del Padre Santo se comunicó oficialmente a don Bosco por la Sagrada Congregación, con un rescripto, en el que se
declaraba que dicha disposición no tenía ya ningún valor post Archiepiscopi funus. Sobre el papel que contenía el suspirado decreto,
escribió don Juan Bonetti: "Y así se acabó todo. íííPor fin!!!" 3.Pero no todo concluyó para la historia. Quedan ((282)) todavía dos puntos oscuros, que piden esclarecimiento. El primero es sobre el
comienzo del proceso criminal. Los decretos de la Curia de Turín, que citaban a don Juan Bonetti y a don Bosco para responder sobre los
opúsculos, designaban al teólogo Miguel Sorasio como defensor oficial de la acusación, precisando que había apoyado su denuncia con
pruebas suficientes.1 Apéndice, doc. 40.2 Carta del card. Nina a don Bosco, 10 de julio de 1883.3 Apéndice, doc. 41.
250Un poco tarde, si se quiere, pero un buen día salió a flote la verdad. Esto sucedió el año 1917, cuando Sorasio confesó humilde y
francamente lo que había sucedido. En la introducción explicaba la razón de tal confesión:"El Proceso Apostólico del Ven. don Bosco ya está terminado, y yo, como Vicario delegado por nuestro Excmo. Cardenal Arzobispo,
me uniré a mis colegas para hacer la relación; pero, habiendo cumplido los ochenta años y con el temor de ser sorprendido por la muerte,
me permito exponer a V. Eminencia Rvma. un hecho mío personal, que podrá prestar alguna luz sobre las oposiciones hechas al proceso;
y entiendo que esta declaración mía se una al proceso, en caso de sobrevenirme la muerte".Y el hecho personal fue éste. El año 1881, Sorasio era secretario de la Curia. Cierto día, el canónigo Chiuso, secretario del Arzobispo y
Canciller, le dijo que, en su calidad de promotor de la mesa (rentas eclesiásticas), debía hacer una instancia al Abogado fiscal, canónigo
Colomiatti, para que iniciara una causa contra don Bosco, como autor de los famosos opúsculos. Le contestó enérgicamente que le
parecía imposible que don Bosco hubiera caído en semejante bajeza, que tenía muchas otras cosas que hacer para poder dar de comer a
los muchos jóvenes del Oratorio, de los colegios y de las misiones; que le parecía, además, incapaz para tratar temas filosóficos, como los
que formaban la materia de uno de los opúsculos; y, como había sido condiscípulo de Chiuso cuando estudió moral, tuvo, además, el
valor de decirle:-Mira, ahora don Bosco es un coloso tal que nos aplastará a todos.((283)) El canónigo Chiuso, impresionado por este lenguaje, le respondió:Fin de Página: 251
VOLUMEN XV Página: 251-íEntonces tú sabes quién es el autor!Le contestó que no lo sabía, pero que sospechaba del padre Rostagno, jesuita, pues, en una ocasión, le había oído decir:-íYa ajustaremos nosotros a vuestro Arzobispo!Como no pudiera Chiuso sacar más, lo envió a Colomiatti, el cual le repitió la misma invitación o mandato y recibió las mismas
respuestas, menos el juicio sobre el coloso. Entonces Colomiatti le preguntó con aire de seguridad:-"Y si lo condenáramos?El otro se encogió de hombros y terminó diciendo que, en tal caso, se sometería a la sentencia, debiendo suponer que había muchas
pruebas, y tan claras y seguras, que se le pudiera imponer el castigo. En
251aquel momento, aireando ante sus ojos un voluminoso cartapacio de documentos, pronunció Colomiatti su fallo:-"Ves? No haremos el proceso de beatificación de don Bosco como hemos hecho el de Cottolengo.Y, cuando Sorasio oyó esto, firmó la petición, ya preparada para proceder contra don Bosco. Parcat mihi Deus! (que Dios me perdone),
exclama en su carta, excusándose con la afirmación de que eran aquellos los tiempos del "poderío y del ultrapoderío", por no decir otra
cosa.Pero le salió mal el haber intentado defender a don Bosco. Se vio en la Curia tolerado. El Arzobispo, sin aludir jamás a cuanto había
ocurrido, le reiteraba con cierto calor proposiciones de que aceptase parroquias vacantes, primero fuera de la Archidiócesis y después
fuera de Turín, hasta que los Sacerdotes del Corpus Domini, viéndolo perseguido en la Curia, lo acogieron en su Congregación.Un segundo punto a aclarar es el de la paternidad de los opúsculos. El voluminoso cartapacio de documentos, presentado con
ostentación por Colomiatti, "no contenía nada que proyectara alguna sombra sobre don Bosco y los Salesianos? El que dio el golpe de
gracia a las así llamadas pruebas suficientes fue don Juan Turchi que, en 1881, dirigía el Instituto de Ciegos de Turín. Llamado a deponer
en el Proceso Apostólico, pidió a los jueces, y lo obtuvo, presentar ((284)) al Tribunal una plica sellada para abrirla únicamente ante la
Sagrada Congregación de Ritos. Era una carta muy larga que, bajo el vínculo del juramento por él prestado como testigo, dirigía al
Cardenal Prefecto, protestando ante todo que no le movía ningún rencor contra la memoria de monseñor Gastaldi, a quien más bien
compadecía por ser un hombre fácil de impresionar, de cerebro algo anormal y mal asesorado 1. Y, después de hacer una detallada
exposición del estado de la Archidiócesis de Turín, durante el episcopado de monseñor Gastaldi, y descritas ampliamente las
circunstancias que precedieron y acompañaron a las famosas publicaciones "escritas por un Capellán", confiesa explícitamente: "Aquel
Capellán era y soy yo, Juan Turchi".Turchi, coterráneo de don Bosco, había estado con él en el Oratorio diez años, desde el tercer curso de latín hasta unos meses después1 Véase Apéndice, doc. 42. También monseñor Re, obispo de Alba, depuso en el Procesículo (Summarium, pág. 137): "Para explicar la
duración de tanta tirantez entre dos personas, animadas ambas de recta intención, estimo oportuno recordar que el Arzobispo, junto a
muchas buenas cualidades, tenía, sin embargo, una idea un poco exagerada de su propia autoridad y de su propia sabiduría, además de un
carácter pronto, debido a lo cual, a veces, se precipitaba en sus decisiones y difícilmente se disponía a cambiarlas, por temor a
menoscabar el prestigio de su autoridad".
252de su ordenación sacerdotal; pertenecía al grupo de seminaristas que, durante la clausura del Seminario, había acogido el Beato en su casa
para ayudarles a proseguir sus estudios. Quería muchísimo a don Bosco; por ello, sentía hervir su sangre, al verlo maltratado y vejado por
monseñor Gastaldi, Chiuso y Colomiatti. En Roma, donde estuvo como profesor particular los años 1877 y 78, gracias a sus relaciones
con personas distinguidas, había podido enterarse de cuanto se susurraba entre los dignatarios eclesiásticos sobre cuestiones de Turín. Así
fue fraguando poco a poco la idea de escribir cuanto escribió. Desde Turín, le mandaba frecuentes noticias don Juan Bta. Anfossi, doctor
en filosofía y letras, que había sido compañero suyo en el Oratorio y se mantenía encariñado con don Bosco, que ((285)) él utilizaba para
su trabajo. Así tuvo origen el primer opúsculo Strenna pel Clero. (Aguinaldo para el Clero).Durante su estancia en Roma, supo que el padre Antonio Ballerini escribía sobre las doctrinas de monseñor Gastaldi; efectivamente
preparaba el Piccolo Saggio (Pequeño ensayo), que envió luego a Turín, después de la vuelta de Turchi a su propia ciudad, y de cuya
publicación se ocupó el mismo Turchi, añadiendo, por su parte, el prólogo, la introducción, los apéndices y la advertencia final. PeroFin de Página: 253
VOLUMEN XV Página: 253Turchi y Ballerini no tuvieron ningún contacto con el tipógrafo, puesto que de la impresión se ocupaban don Juan Bta. Anfossi y dos
obreros fieles, antiguos alumnos del Oratorio: ellos corrían con el contrato y con los gastos. De la venta se sacó para pagar al editor y
entregar una discreta cantidad al asilo de la ciudad. Se procedió con tanta reserva que ni siquiera el tipógrafo pudo adivinar jamás quiénes
fuesen los autores.Don Juan Bta. Anfossi redactó por su cuenta el librito titulado La cuestión rosminiana, a la que don Juan Turchi añadió notas a pie de
página 1. Respecto al opúsculo El Arzobispo de Turín, don Bosco y don Oddenino, escribe Turchi: "Yo pensaba que podía haberlo
escrito el mismo don Juan Bonetti, pero después me aseguró una persona fidedigna, y que lo podía saber, que el autor no fue ni mucho
menos don Juan Bonetti, sino otros ajenos al Oratorio Salesiano; tampoco sé yo quién fuera el autor".Parecerá extraño que don Juan Turchi esperara hasta 1895 para hablar. Si el proceso criminal hubiese llegado a los extremos, él hubiera
cumplido, indudablemente, con su deber de descubrir la verdad;
"que yo era uno de los redactores de los opúsculos, declara en su1 Turchi nos hace saber, además, que don Juan Bta. Anfossi había sido el autor del opúsculo El Cooperador Salesiano, del que se habló
en el vol. XIII, pág. 326.
253carta, lo habría revelado francamente y a toda costa, pero solamente si las cosas hubieran llegado a tal extremo contra don Bosco, que le
hubieran ocasionado graves daños". La intervención del Pontífice, que puso fuera de cuestión tal acusación, quitó el carácter de urgencia
a su confesión.((286)) Después de cuanto hemos venido diciendo en los tres últimos capítulos, no encontramos nada mejor para terminar que recordar
el juicio final que expresó el Teólogo Censor, encargado de oficio por la Sagrada Congregación de Ritos para el examen de las
controversias originadas por la oposición de monseñor Gastaldi y su Curia contra don Bosco."Del conjunto emerge, como de todas las divergencias habidas, que don Bosco, muy a regañadientes, estuvo obligado a aguantarlas, ya
fueran provocadas y agravadas despuéss con las palabras y la actuación del Excmo. Arzobispo Gastaldi, quien siempre parecía andar
buscando, se diría con san Pablo, quae quaestiones praestant magis quam aedificatinem, quae est in fide (más a propósito para promover
disgustos que no para realizar los designios de Dios, que se apoyan en la fe 1."De todos modos, queda demostrado que el Siervo de Dios se mantuvo constantemente respetuoso, humilde, sumiso y conciliador,
como convenía a su condición de fundador y Rector de la Sociedad Salesiana durante el período de las controversias, no sólo en el hablar
y en el obrar, sino que supo, además, hacer valer con caridad y fortaleza las razones de su propia conducta para defensa y tutela de su
Instituto religioso" 2.Son palabras claras como la luz del sol, que disipan toda sombra, no ya de la frente de don Bosco, nimbada de tanto esplendor, sino del
ánimo del más exigente historiador.Nos parece, por tanto, rico de sabiduría cristiana el juicio expresado en el momento más borrascoso por monseñor José Guarino, más
tarde cardenal arzobispo de Mesina 3. "Lo sé todo, escribía al Siervo de Dios, pero, cuando las contradicciones vienen de los hombres, no
son de ningún modo duraderas. No pierda usted el ánimo. Por otra parte, el sello de las Obras de Dios es la contradicción: el demonio
tiene que hacer algo contra el Orden nuevo: concédale un poquito a la pobre bestia, ya que, al fin, sus obras malignas producen el gran
bien de purgarnos con la paciencia".Y así fue.1 1 Tim,1, 4.2 Positio super revisione scriptorum, a. 1906.3 Carta "reservadísima" a don Bosco, Roma, 1.° diciembre 1881.
254
((287))CAPITULO IXFin de Página: 255
VOLUMEN XV Página: 255PROPUESTAS DE FUNDACIONES
RECHAZADAS O DIFERIDASDURANTE los dos años de historia que contamos, llegáronle a don Bosco ofertas e invitaciones para fundar desde Francia, Inglaterra y
otras partes fuera de Italia y de Europa; pero nos ocuparemos de ellas a su tiempo y lugar, limitándonos por ahora solamente a hablar de
las propuestas de Italia, y no de todas, que quedaron en suspenso o sin efecto inmediato o remoto. En los volúmenes que seguirán a éste,
ya no dedicaremos ciertamente mucho espacio a narrar invitaciones que el viento se llevó o se dejaron para más adelante, porque la
intervención directa y personal del Beato se iba restringiendo gradualmente en este campo y ya ofrecerá poca materia que directamente le
ataña. Aquí, sin embargo, parece oportuno abrir un poco la mano y apretar y presentar al lector un conjunto de actuaciones que, si bien no
lograron lo que se pretendía, presentan todavía un aspecto no insignificante de su actividad. Comencemos, pues, por Sicilia, para
remontarnos después por el continente hasta Turín.Es muy digno de notar lo rápidamente que el clero siciliano demostró comprender a don Bosco y la finalidad de su Obra. Obispos,
canónigos, rectores de seminarios, párrocos, simples sacerdotes, recibían con entusiasmo el diploma de cooperadores salesianos y
escribían al Beato cartas llenas de afectuosa admiración, en las que manifestaban sus deseos, y calurosas insistencias, pidiendo que
enviara ((288)) a sus hijos para que se hicieran cargo de la juventud de la isla. A esta amplia preparación del ambiente, débese
ciertamente el gran número de casas abiertas allí por los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora, después de la muerte del Fundador,
esto es, cuando el rápido crecimiento del personal permitió mayor expansión.Para completar o continuar lo ya dicho en el decimocuarto volumen, nos queda mucho por decir sobre la documentación en parte
anterior a este bienio, pero que sólo llegó posteriormente a nuestras manos. Alguna escapada, más allá de 1882, servirá para completar
nuestra exposición.
255CATA NIASeguían las peticiones, cada vez más apremiantes, desde Catania, no sólo para conseguir una casa de aprendices, sino también para el
colegio Cutelli, al que don Bosco se había comprometido con promesa verdadera y formal, por medio de sus dos enviados, don Juan
Cagliero y don Celestino Durando 1. En una reunión capitular tenida en junio de 1881, recordó el primero que venía de muy atrás el
compromiso de Catania; por lo que el Siervo de Dios expresó el deseo de que se mantuviera la palabra y todos los Superiores se dieron
con particular cariño a preparar el personal desde aquel momento. Pero no se encontró a quién poner al frente; por lo cual se determinó
allí mismo escribir al canónigo Cesáreo que tuviera todavía un poquito de paciencia. Y, al producirse una nueva prórroga, decía don Juan
Cagliero 2, "la casa de Catania será una realidad y los Salesianos se convertirán en vecinos de esa ciudad. Si la Comisión se viera
comprometida con esta nueva demora y no pudiera conformarse, muy a pesar nuestro, veríamos escapar de nuestras manos la esperanza
de cumplirse nuestros deseos de ir a Catania. Y no podremos dar más razón que nuestra absoluta imposibilidad por falta excepcional de
personal adecuado".((289)) Allí se resignaron a prorrogar la espera. "Aquí, respondía enseguida el Canónigo, los Salesianos son esperados con impaciencia:
hay muchas peticiones para muchachos, aún pagando. Pronostico que la mies será mucha, pero "y los obreros? "Cuándo vendrán? Los
esperamos y los seguiremos esperando, mas, por amor de Jesús y de María, vengan pronto".Como prueba palpable de su propio interés, don Bosco envió entonces a varios sacerdotes de Catania el diploma de Cooperadores y
nombró, además, director, al canónigo Riccioli, Vicario General. Edifica leer con cuánta humildad y agradecimiento aceptaron formar
parte de la pía Asociación, a la par de que esta condición les animaba más para invocar el pronto envío de los Salesianos.MESI NAíQué conmovedoras resultan las súplicas del Arzobispo de Mesina, monseñor José Guarino! Tenía un seminario que no era tal. "Estoy
desolado, afligidísimo, escribía a don Pedro Guidazio, director del1 Véase vol. XIV, pág. 276.2 Carta, 14 de junio de 1881.
256Fin de Página: 257
VOLUMEN XV Página: 257colegio de Randazzo 1. Sin seminario, no me atrevo a continuar en el episcopado. Todos abundan en medios para ello y yo no cuento con
ninguno. Soy un mártir del deseo. Pero, sin mis queridísimos Salesianos, no puedo tener seminario". Quiso, además, "con confianza a la
salesiana", según su propia expresión, abrir su corazón a don Bosco 2. Trasladado de Siracusa a Mesina en 1875, se había encontrado allí
con que, desde hacía ochenta años, no se pensaba en la buena formación del clero. El seminario estaba destruido en parte por los
terremotos e incendios, y el resto del edificio, sucio y desordenado; los estudios eran incompletos y sin ningún cuidado, poquísimos los
seminaristas y la disciplina y el orden estaban a cero. Es fácil colegir los resultados que se derivaban de este estado de cosas para toda la
archidiócesis.((290)) "Mi corazón, exclamaba, prorrumpe en afanosos gemidos de dolor. íPóngase un poco en mi lugar, usted que tiene un corazón
tan sensible, sin el cual no hubiera podido realizar obras de caridad tan hermosas! íFalto de medios, completamente solo, con una extensa
diócesis sobre mis hombros, con el deber de levantarla y hundido en la impotencia!".Había algún eclesiástico instruido, que había estudiado por su cuenta o en la universidad, cuando ésta tenía la facultad de teología; pero
ninguno tenía idea de qué era un seminario y cómo se debía educar a la juventud. Monseñor había debido esperar cuatro años el
exequátur, después de lo cual se había dedicado enseguida a mejorar las condiciones del edificio; pero estaba todavía por hacer todo lo
relativo a la organización moral.Pensó, por tanto, que había que empezar por el principio, con clases elementales preparatorias y, después, el bachillerato; pero se
necesitaban maestros y un director espiritual que se ocupase de toda la formación educativa. Había, sí, un Rector, pero residía fuera y no
se ocupaba más que de "tomar anotaciones y más anotaciones del pescado, la sal, la carne, las verduras, etc.". Aconsejado, además, por el
Cardenal Bilio, invocaba Monseñor a los hijos del "amoroso don Bosco" y suplicaba:"Por Dios, Padre, consuele con su gran bondad a un cooperador salesiano; es hijo suyo, por tanto, indigno sí, pero hijo. íPor favor! No
me rechace, tienda su mano y ayúdeme (...). La ciudad ansía que vengan los hijos de don Bosco; mucho más después de haberlos visto1 Carta, 17 de julio de 1880.2 Carta, 24 de julio de 1880.
257pasar, tan buenos, tan simpáticos, tan joviales y, al mismo tiempo, tan modestos".Los habían visto cuando pasaban para ir a Randazzo.Don Celestino Durando no pudo más que notificar las buenas disposiciones de don Bosco para dar comienzo a un colegio-seminario "lo
antes posible" 1. como tardara en efectuarse tal posibilidad, el Arzobispo acudió a la intercesión de don Pedro Guidazio ante el Capítulo
Superior, escribiéndole 2: "Pido, por favor, y de rodillas al venerando Consejo. ((291)) Abra al mismo mi corazón, dígale que sé amar y
que los Salesianos serán mis hijos s, las piedras preciosas de mi mitra episcopal, la delicia de mi corazón, los compañeros de mis alegrías
y el alivio de mis dolores (... ). Soy un pobrecillo que pide un mendrugo de pan para su esposa a las puertas de don Bosco".Algunos meses después volvía a escribir 3, partiendo de un pensamiento que ya encontramos en los puntos de la pluma de otros altos
prelados sicilianos:"íCómo no, América! Pero las condiciones en que me encuentro merecen una absoluta preferencia por encima de todos los demás. Hay
mucho, muchísimo que hacer aquí, y yo estaré siempre a la cabeza de mis queridos hijos los Salesianos. Pregúnteselo a ellos si los quiero.
Cuando tengo a uno en mi casa, es para mí un día de gran fiesta. íAh! Si pudiera usted venir un día a Sicilia (... ). Ya le escribí que iría a
recibirle hasta Reggio, si es que no quiere venir por mar desde Nápoles".Acaso, medio en serio medio en broma, don Bosco le había puesto como condición para enviarle Salesianos, que Monseñor le
consiguiera de Roma la comunicación de los privilegios. Y, habiendo ido el buen Prelado a la Ciudad Eterna, hizo realmente cuanto
pudo, pero no logró nada, como diremos en otra parte. Mas no fue por tal motivo que los Salesianos no llegaran entonces a encargarse del
seminario de Mesina; más aún, le hubiera resultado muy cómodo a don Bosco abrir un internado, bajo las apariencias de seminario, pues
así se hubiera librado de las exigencias de la autoridad escolar. La verdad es que, a pesar de las seguridades del Arzobispo, no se veía
claro cómo conciliar la presencia de un Rector al frente, ya que no había posibilidad de removerlo, con la independencia que don Bosco
consideró siempre necesaria para sus casas. Además, estaban las cosas montadasFin de Página: 258
VOLUMEN XV Página: 2581 Carta de Monseñor a don Celestino Durando, Mesina, 20 de agosto de 1881.2 Carta, 27 de mayo de 1881.3 Carta a don Bosco, 1.° de octubre de 1881.
258de tal forma que, a la muerte del benévolo Arzobispo, nada habría garantizado a los Salesianos ante desagradables novedades. La
Providencia ((292)) debía conducir a los Salesianos por otro camino hasta Mesina, y, con ellos, también a las Hijas de María Auxiliadora;
pero, si hoy unos y otras han creado en la ciudad y en la archidiócesis un conjunto maravilloso de obras, hay que agradecérselo al celo
iluminado y perseverante del cardenal Guarino, que preparó el terreno, aunque del fruto sólo vio espléndidas promesas. Las obras de Dios
se realizan ordinariamente poco a poco.SIRACUSAVivía en Nápoles la marquesa de Castel Lentini, María del Carmen Gargallo; era una dama caritativa, perteneciente a una noble familia
de Siracusa. Allí tenía sus posesiones y deseaba emplear una parte de su capital en dotar a aquella ciudad de un asilo para aprendices y
pequeños agricultores. No sabiendo cómo hacer, pidió consejo en 1879 al padre Valente, jesuita, el cual escribió a Turín a su ilustre
hermano en religión, el padre Segundo Franco. Este envió la carta a don Miguel Rúa, manifestando su satisfacción de poder contribuir de
algún modo a hacer el bien con los Salesianos y extender su acción 1. Don Bosco estaba en Roma y don Miguel Rúa respondió que era
difícil atender la petición por falta de personal, pero que diese a la Marquesa noticias esperanzadoras. Habiendo ido ella a la Costa Azul,
tuvo ocasión de ver la casa de Niza y manifestar sus intenciones al director, don José Ronchail, el cual se ofreció a servir de intermediario
ante don Bosco.Por su medio, hizo conocer la señora que se podía dedicar al deseado fin un exconvento de Capuchinos, que el Ayuntamiento de
Siracusa estaba dispuesto a concederle y que, a su vez, el Sr. Arzobispo se ofrecía a solicitar de Roma las necesarias facultades. Ella, por
su parte, estaba dispuesta a constituir un capital con una renta de cuatro mil liras. Proponía, además, a don Bosco ((293)) que, en uno de
sus viajes a Roma, se llegase a Nápoles, y se declaraba su gran admiradora 2. Don Bosco fue a visitarla, como ya hemos narrado, en
marzo de 1880. Después ya no pudo ocuparse del asunto hasta fines de mayo, cuando le envió esta carta, cuya redacción le preparó don
Miguel Rúa.1 Carta, Turín, 20 de marzo de 1879.2 Cartas: a don José Ronchail, Napoles, 4 de noviembre, y a don Bosco, 23 de noviembre de 1879.
259Nobilísima Señora Marquesa:A pesar de nuestros buenos deseos, no nos ha sido posible escribirle hasta hoy, sobre nuestra cuestión de la apertura del asilo en
Siracusa. Esperamos que V. S. sepa perdonarnos, ya que fácilmente puede imaginar el fárrago de cosas urgentes, que se acumularon
durante los cuatro meses de mi ausencia, y, además, los serios y casi incontables cuidados que nos asediaron a mí y a mis sacerdotes
durante la novena y fiestas de María Auxiliadora. Pero no hemos olvidado su deseo de una rápida respuesta; es más, apenas pude
reunirme con mi Capítulo, el primer asunto que puse sobre el tapete fue el del colegio de Siracusa, con los distintos papeles que al mismo
se refieren.Hemos examinado atentamente la correspondencia habida entre V. S. y el Ayuntamiento y la que ha tenido con un servidor, y nos ha
parecido muy conveniente y más rápido que el Ayuntamiento, para evitar las muchas y precisas formalidades, me haga a mí directamente
la concesión del edificio del exconvento con la iglesia de los Padres Capuchinos y la "latomía" aneja 1. Para esta concesión, como ya
hemos hecho un contrato casi idéntico para un palacio abacial con el municipio de San Benigno, que fue aprobado por el Gobierno Civil
de Turín, pensaremos en algo similar para el caso presente, esperando que, de tal modo, no se encontrará dificultad alguna por parte del
Gobierno Civil de Siracusa. Adjunto a la presente, tiene el proyecto para dicha concesión, redactado según la de aquella escritura.En cuanto a las obras de restauración y suministro de mobiliario para la instalación, lo mismo que para la dotación del colegio,
pensamos tratar únicamente con V. S. Por eso, le presentamos otro proyecto de convenio. Rogámosle que lo examine y vea si podemos
ponernos de acuerdo. Este proyecto parece ser el más sencillo y adaptado para asegurar la autonomía de la Congregación Salesiana y laFin de Página: 260
VOLUMEN XV Página: 260ejecución de la voluntad de V. S., aun después de que nosotros hayamos sido llamados a la otra vida.((294)) Aprovecho con gusto la ocasión para renovarle nuestros sentimientos de gran aprecio y viva gratitud. Que el Señor bendiga y
recompense con largueza a V. S. la generosidad que está dispuesta a realizar en favor de la juventud pobre y haga que esta empresa
redunde a su mayor gloria y bien de las almas.Me complazco en profesarmeDe V. S. Ilma.,Seguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.El procurador de la Marquesa presentó al alcalde de Siracusa la petición del nuevo destino a dar al exconvento y éste hizo la propuesta
al Concejo, que la aprobó por unanimidad. Entonces, el arzobispo monseñor La Vecchia, considerando ya segura y próxima la apertura
del colegio y deseando que también su seminario, "necesitado de reorganización, recibiese la benéfica influencia de los buenos Padres1 "Latomía llaman a ciertas cuevas siracusanas, formadas desde muy antiguo, al excavar la piedra de las canteras, y hoy empleadas
todavía por los cordeleros y para otros usos. Una es la famosa Oreja de Dionisio.
260Salesianos", pidió un sacerdote que hiciera de Rector 1, pero la respuesta fue que no era posible por el momento.Pasó el año 1880 sin llegar a nada en concreto. A comienzos del año siguiente, la Marquesa esperó una segunda visita de don Bosco
desde Roma. Había hecho estudiar el asunto a un excelente abogado, pero esperaba al Siervo de Dios para que todo quedase "aclarado
por quien era la lumbrera en tales asuntos". La pérdida de personas queridas y las indisposiciones físicas la habían abatido; anhelaba
también volver a ver a don Bosco para alivio de su espíritu. "Su presencia, le escribía 2, me proporcionará alegría y buen humor, que ya
no puedo tener en esta tierra de exilio". Palabras que son el eco fiel de la santa impresión experimentada por ella en el encuentro del año
anterior con el Siervo de Dios.El Ayuntamiento de Siracusa había añadido al convento y cedido a la Marquesa un terreno anejo, llamado la Selva, que también había
pertenecido a los Capuchinos. La Señora tenía preparado ((295)) el convenio para hacer una venta simulada a don Bosco 3; por San Juan,
le envió la felicitación de su día onomástico y renovó la súplica de que acabaran las dilaciones.Pero don Bosco no tenía la misma prisa, porque hacía tiempo esperaba la determinación de la Marquesa sobre dos proyectos que le
había enviado y que, después, cuando llegaron las conclusiones 4, no los encontró aceptables. En la carta del 24 de junio, acusaba ella
recibo de las comunicaciones y apostillaba sus observaciones. "Como no estoy al tanto en asuntos de derecho civil, escribía, y había
artículos en el proyecto que no convenían a nuestra intención, al fundar esta obra, lo llevé al abogado Palmulli, especializado en estas
cuestiones, quien estuvo perfectamente de acuerdo conmigo y me entregó el plan que le adjunto, para que pueda ver la intención".Y la intención era que el convento quedase de su propiedad, a fin de que, en el caso de que los Salesianos se vieran obligados a
abandonar Siracusa, pudiese continuar la obra en manos de otros. Y para que funestos acontecimientos no pudieran después meterse con
el capital asignado para la renta señalada poco antes, el contrato debía hacerse a perpetuidad y ponerlo bajo la protección del Arzobispo
pro tempore. Así los Salesianos solamente dispondrían del usufructo del edificio y del rédito del capital. Para todos los demás gastos
futuros de1 Carta a don Bosco, Siracusa, 3 de agosto de 1880.2 Carta desde Nápoles, 17 de abril de 1881.3 Carta de la Marquesa a don Miguel Rúa, Nápoles, 7 de junio de 1881.4 Apéndice, doc. 43.
261obras y mobiliario, habría que contar con el producto del trabajo de los aprendices, no consintiendo la Marquesa que se dejasenFin de Página: 262
VOLUMEN XV Página: 262obligaciones a cargo de sus herederos. Como se ve, faltaba aquí la plena autonomía exigida siempre por don Bosco, y se exponía la obra a
las dificultades que obstaculizaban las obras pías, sujetas a injerencias gubernativas, al ser necesaria, por ley, la autorización del
Gobierno para una obra perpetua.Y, mientras no era posible llegar a un acuerdo, ante estos dos caminos tan dispares, el Ayuntamiento necesitó urgentemente dedicar el
exconvento para alojamiento temporal de soldados. La Marquesa, ((296)) queriendo impedir que la ocupación se prolongase demasiado,
insistió para que fueran enseguida los Salesianos, pero en la cabecera de su carta, fechada en Castellammare di Stabia, el 3 de agosto de
1881, don Bosco escribió: "Respondido, imposible tratar hasta efectuada aprobación". Con ello quería decir la aprobación de los dos
proyectos, pero ésta no llegó a efectuarse. La última carta de la Marquesa a don Bosco, fechada al 21 de diciembre de 1882, lleva, con las
felicitaciones navideñas, una especie de nueva propuesta, que tiene el aspecto de un cambio, por no decir abiertamente que no se hable
más de lo tratado. Ya, en su carta anterior, había dicho la señora: "Pero, termine como fuere este asunto, nunca dejaré de ser su afectísima
servidora e hija". Y, en la posdata: "Bendígame encarecidamente". En esta última escribe que se dirige a él "como consolador de toda
tristeza" para que la consuele y anime. Todavía el 30 de octubre de 1883, enviaba la Marquesa a don Bosco cien liras para los
Misioneros, se encomendaba a sus oraciones, le llamaba su padre y concluía diciendo: "No nos vemos nunca y nos escribimos raras
veces, pero estoy segura de que yo me acuerdo más de usted que usted de mí". El que trataba con don Bosco, aunque fuera de opinión
contraria, no dejaba de apreciarle y quererle. En esta ocasión, el asunto no hubiera tomado tan mal cariz, si la caritativa Señora no lo
hubiese puesto, por excesiva prudencia, en manos de abogados, que, naturalmente, le aconsejaban a su modo.BRO NTE Y MARSALABronte, población de la que ya nos ocupamos cuando fueron allí las Hijas de María Auxiliadora 1, poseía, desde hacía un siglo, un
colegio, que gozaba de mucho renombre en toda la isla. Lo había1 Véase vol. XIV, págs. 554 y ss.
262fundado el venerable Ignacio Capizzi, sacerdote nativo y perteneciente al Oratorio palermitano. ((297)) Lo dirigían sacerdotes seculares.
Aunque el nuevo Gobierno lo había respetado y hasta lo había equiparado a los del Estado en 1867, sin embargo, el número de alumnos
internos y externos disminuía cada vez más; quizá también por falta de buen profesorado. La presencia de las Hijas de María Auxiliadora
y la proximidad de los Salesianos de Randazzo hicieron pensar que don Bosco podría hacer que se recuperase la fama del decadente
colegio.Así, pues, el año 1879, el alcalde de la población, dando a entender que estaba bien informado de la Obra Salesiana, pidió a don Bosco
dos profesores para el bachillerato superior. Después, en 1880, el prior Joaquín León Zappia, monje basilio y director del colegio,
preocupado sobre todo por un mejor ambiente moral, le escribía:"Me faltan brazos para la parte educativa, porque hace un siglo que este colegio ha educado con un sistema coercitivo, y no encuentro
en la población sujetos que sepan emplear otro sistema. Este ha sido uno de los motivos, por los que ha venido a menos el número de
alumnos, que llegaban en 1859 a cuatrocientos y ahora apenas si son cuarenta".Rogaba, pues, a don Bosco que le mandara en su ayuda un sacerdote salesiano, para hacer de director espiritual, y un par de asistentes,
sacerdotes o clérigos, que introdujesen allí "el óptimo sistema que a él le había inspirado el Espíritu Santo". Prometía comportarse con
los hijos de don Bosco como un hermano más, según correspondía a quien se gloriaba de ser Cooperador Salesiano.Aunque también la necesidad de atender espiritualmente a las Hijas de María Auxiliadora aconsejara aceptar la petición, sin embargo,
fue forzoso responder negativamente por falta de personal. En el mes de febrero de 1881, el cardenal De Luca, natural de Bronte y que
había sido alumno del colegio Capizzi, recomendó personalmente el asunto a don Bosco, quien no pudo rehusar, sino que le demostró sus
buenos deseos de atenderlo, sabido lo cual en Bronte fue suficiente para colmar de alegría al Director. Mas, fuera que el Cardenal no
reparó en que don Bosco no había fijado ninguna fecha, fuera que los de Bronte interpretaran mal las palabras ((298)) del Cardenal, el
hecho es que en Bronte se creyó en una inmediata ejecución de la promesa; por lo cual se entabló una porfía de instancias para que se
fuera pronto. Pero la palabra dada por don Bosco, sin fijar fecha, túvola en cuenta su Sucesor, por lo que la fundación se efectuó cuatro
años después de la muerte del Beato.
263También se abrió la casa de Marsala el año 1892, aun cuando la correspondencia con don Bosco sobre el particular comenzó en 1879.
El sacerdote Sebastián Alagna había empezado a poner las bases de un asilo para niños pobres, recogiendo a cierto número de ellos en elFin de Página: 264
VOLUMEN XV Página: 264exconvento de frailes Conventuales, que el Ayuntamiento había puesto a su disposición. La beneficencia pública le suministraba los
medios para ir tirando. Mas, no sintiéndose con fuerzas para continuar, acudió a don Bosco, pidiéndole "consejo, dirección y ayuda".
Pero no fue posible darle más respuesta que la de siempre: la de los buenos deseos a largo plazo. Entre tanto, el padre Alagna empezó a
construir un edificio con el dinero que le proporcionaba la caridad de las almas buenas, y lo denominó Casa de la Divina Providencia. Lo
sostenía, sin embargo, siempre la esperanza de poner un día todo en manos de don Bosco; de ahí que, al crecer de la familia, crecieron
también sus insistencias que no dejaron en paz al Beato y a su Sucesor, hasta que no se cumplieron sus deseos, como ya hemos dicho.MAZZARA,PIAZZA ARMERI NA Y NOTOMarsala pertenece a la diócesis de Mazzara. Dos obispos de esta ciudad invitaron sucesivamente a don Bosco y a sus Salesianos para
dirigir su seminario menor en los años 1883 y 1885; pero tuvieron también que abandonar toda esperanza, ante la imposibilidad de
encontrar personal para ello. También el obispo de Piazza Armerina, monseñor Gerbino, había insistido encarecidamente a don Bosco el
año 1880, para que aceptase la dirección, la ((299)) administración y parte de la enseñanza en el seminario diocesano. "Don Durando,
agradezca, se lee en la cabecera de la carta del Obispo, pero lo sentimos: tenemos todo el personal comprometido".Volviendo al año 1879, encontramos que monseñor Juan Blandini, obispo de Noto, ansioso de ver surgir en su diócesis un buen
colegio, se encomendaba con toda insistencia a don Bosco; al no ser atendido en ello, pidióle dos salesianos para organizar un oratorio
festivo en la ciudad; desilusionado por segunda vez, volvió a escribirle para conseguir tres Hermanas, a quienes encargar las escuelas de
niñas de Ferla. Así comenzaba su carta, dirigida a don Miguel Rúa, el 26 de julio de 1883:"He sentido mucho la respuesta negativa. Ya entiendo que la mercancía es más rara cuanto más preciosa, y que, por tanto, los hijos y
las hijas de ese prodigio de laboriosidad, que es don Bosco, no alcanzan
264a las necesidades de toda clase y a las innumerables llamadas, que se le hacen desde el viejo y el nuevo mundo".Y, por fin, concluía así:"Si resulto demasiado importuno, atribúyalo V. R. a la gran confianza que me inspira la Congregación de don Bosco".Don Bosco fijó la pauta para responder, en estas líneas: a don Celestino Durando: "Escribe una carta bonita. No falta buena voluntad y
esperamos que el Señor nos mande también con el tiempo personal para la diócesis de Noto".GIRGE NTI, AGIRA Y LEO NFORTEEra Obispo de Girgenti, hoy Agrigento, monseñor Domingo Turano, el cual dio prueba de admirable constancia en su deseo de tener a
los Salesianos. Refería, el año 1883, a don Bosco que, en una populosa ciudad marítima de la diócesis (debía tratarse de Sciacca), había
una persona piadosa, la cual deseaba que don Bosco fundase un colegio privado con los cinco cursos de bachillerato para el que dedicaba
una renta de cuatro mil liras; poco después propuso la apertura de una casa de las Hijas de María Auxiliadora en la misma ciudad; al año
siguiente, se conformaba con dos salesianos, ((300)) que organizasen allí mismo una escuela elemental privada. A pesar de las tres
negativas, el buen Obispo, siempre en nombre de la citada persona, dispuesta a comprar y ceder una casa con este fin, se contentaba con
un salesiano y un coadjutor para montar un primero o segundo de bachillerato. En su pensamiento debía abrigar la idea de que,
conseguido uno, sería fácil lograr los demás. Pero las condiciones propuestas se apoyaban sobre la arena de meras posibilidades futuras.Cuando llegó a la sede de Agrigento el hermano del obispo de Noto, monseñor Cayetano Blandini, se encaró con el problema de la
reorganización de un colegio de la ciudad, el colegio Gioeni, así llamado por el nombre del obispo que lo había fundado. Estaba
destinado a la formación de aprendices, pero, al secularizarse, se convirtió en un antro de desórdenes tal, que la autoridad estaba a punto
de cerrarlo. El Obispo esperaba que los salesianos remediarían tanto mal, pero, una vez realizada la transformación del centro, todos los
buenos deseos se estrellaron contra extrañas influencias. Para decirlo todo, la cuestión volvió a aparecer mucho más tarde: el primer
inspector salesiano de Sicilia, don José Bertello, quiso patrocinar la aceptación, ya que nada se compaginaba mejor con la institución
salesiana que una
265escuela de artes y oficios; pero, ni siquiera entonces se encontró la manera de ponerse de acuerdo.Fin de Página: 266
VOLUMEN XV Página: 266De Agira, ciudad de veinte mil habitantes, situada en el corazón de la isla y perteneciente a la diócesis de Nicosia, hay un montón de
cartas, desde febrero de 1877 hasta mucho después de la muerte del Beato. Dos cosas hay que destacar en ellas: la constancia del
reverendo Felipe Julio Contessa, intentando conseguir una casa salesiana para su patria chica, y el deseo de don Bosco y de don Miguel
Rúa de contentarlo, sin que llegaran a unas bases aceptables. El Siervo de Dios escribió sobre la primera carta: "Que lea don Rúa y verá
una bonita oferta quizás aceptable". Pero, ni la primera oferta ni las siguientes fueron capaces de eliminar las incertidumbres de aquel
"quizás".No satisfecho de afanarse por su cuenta para conseguirlo, quiso el reverendo Contessa ((301)) que mediara también el alcalde de
Leonforte, otra ilustre población de la misma diócesis. Hubieran querido en ella un colegio semejante al de Randazzo, adonde iban a
estudiar muchos chicos de Leonforte; se deseaba, además, que los Salesianos se encargaran de las escuelas municipales. Como siempre,
faltaban condiciones que ofrecieran confianza. Desde el primer Capítulo General en adelante, se procedía cada vez con mayor cautela al
emprender nuevas fundaciones.BARIAlejándonos ahora de la isla del sol, vayamos al continente, a la capital de la Apulia. Durante los años 1880 y 1881, hubo un
intercambio de correspondencia para una fundación en Bari. Una viuda de esta ciudad, María Cal_-Carducci, que vivía en Guarnieri,
había ido con su hija a Turín, en octubre de 1878, para visitar a don Bosco: éste, al verlas tan piadosas y caritativas, las hizo cooperadoras
salesianas. Cuando volvieron a casa, se impresionaron ante el estado de abandono moral de la juventud y ofrecieron una casa suya,
situada en la parte antigua de la ciudad, para que se abriese allí un oratorio festivo. El Arzobispo, monseñor Francisco Pedicini, muy
angustiado por la difusión del protestantismo en su diócesis y ansioso de poner a salvo a tantos pobres muchachos, no vio más arca de
salvación que el oratorio; por lo que reiteró también sus súplicas. En la cuaresma de 1881, fue monseñor Belasio a predicar allí, y don
Bosco le encargó que visitara la casa y le diera después su opinión. También él confirmó la apremiante necesidad que allí había de los
Salesianos, especialmente para los niños. Pero siempre lo mismo: no se podía enviar tan
266
lejos a dos o tres salesianos, sin poder contar con los medios de vida soportables. Los obispos italianos, por desgracia, estaban entonces
más faltos que hoy de medios para ayudar las obras de asistencia religiosa, ya que las circunstancias adversas les habían reducido a una
extrema necesidad. Fue admirable, en verdad, la bondad de aquellas dos piadosas señoras, que, aunque muy disgustadas por las reiteradas
negativas,((302)) enviaban limosnas para la expedición de misioneros y la iglesia del Sagrado Corazón. Pero sus oraciones, unidas a sus
buenas intenciones, no fueron inútiles, aunque quizá ninguna de las dos viviera el 1905, año de la inauguración del Instituto del
Santísimo Redentor que hoy existe en Bari.ASCOLI PICE NOEl año 1879 había en Ascoli Piceno un reformatorio laico, sostenido por el municipio, que se había convertido en una babel. En él se
impartía la enseñanza profesional a doscientos muchachos; pero la dirección obtenía tan malos resultados con su gestión que hubo que
despedirla dos veces. Entonces se pensó en don Bosco. En 1881 se metió en ello una sobrina de los Vitelleschi, la noble familia romana
tan amiga de don Bosco. Pero no se logró nada. En 1885, habiéndose reorganizado algo las cosas, pidió el alcalde de la población al
menos uno que, "con las normas y el ejemplo", llevase la dirección religiosa y moral del reformatorio. El Obispo, monseñor Bartolomé
Ortolani, añadió su encarecida recomendación, manifestándole cuánto le agradaría "la colaboración de tan buenos religiosos" y
asegurando que el centro quedaría totalmente en manos de los Salesianos. Pero el optimismo de nseñor no calculaba, como hacía don
Bosco, los peligros de vincularse a un municipio y, por consiguiente, someterse a las injerencias burocráticas.PARMAEl siempre floreciente Colegio de San Benito de Parma surgió el año de la muerte de don Bosco, pero le precedió una laboriosa
preparación. La primera iniciativa partió del Obispo, monseñor Domingo Villa, quien en 1879 había tenido la idea de fundar un orfanato
y encomendárselo a los Salesianos. Al año siguiente, se iniciaron las negociaciones. Su Excelencia adquirió un exconvento de San Benito
con el terreno anexo. ((303)) Pero; cuando ya se había esbozado un convenio, moría monseñor Villa, el 21 de julio de 1882. En su
testamento
267dejaba heredero a don Bosco, con la obligación de abrir el orfanato en el plazo de tres años, pasados los cuales sin llevar a cabo laFin de Página: 268
VOLUMEN XV Página: 268fundación, la propiedad se transfería al seminario diocesano. Pero el testamento estaba hecho, sin tener en cuenta las normas prescritas
por la ley 1, lo cual fue origen de dificultades, que embrollaron el asunto y la institución tomó otra forma distinta de lo que en un
principio se ideó.Firme en el propósito de establecer una obra salesiana en Parma, don Bosco invocó la caridad pública. Quiso incluso recurrir a la
munificencia del duque Roberto, a quien había conocido en Niza, y que se encontraba entonces en Biarritz, en los Bajos Pirineos.
Habiéndosele hecho presente que, en el texto de la carta, había que dar al Duque el título de Majestad, formuló así la siguiente súplica:Majestad:Hace ya mucho tiempo que se manifestaba en la ciudad de Parma el vivo deseo de que se fundara un asilo para los muchachos pobres y
abandonados, que actualmente suelen dirigirse a esta nuestra casa de Turín. Se traró de ello con monseñor Villa, de feliz memoria, quien
colaboró en la compra del antiguo convento de San Benito. En este local, adquirido para el que suscribe, se pueden instalar una iglesia
pública para adultos, un asilo para la finalidad antes expresada y un patio de recreo, donde entretener a los muchachos abandonados con
honestas diversiones, después de cumplir con sus deberes religiosos.Ya estabamos a punto de conseguir los medios necesarios para la adquisición y reparar y adaptar las construcciones existentes, cuando
plugo a Dios llamar a sí al caritativo y celoso prelado. Entre las personas a las que podría acudir, me señaló a Vuestra Majestad ((304)) y
me dio su dirección. Tal empresa debería realizarse en 1883. Estoy seguro de que las bendiciones del cielo y las de los hombres no
faltaran, pero la primera fuente a la que acudo es a la caridad de Vuestra Majestad.No sé si los tiempos que corren y las vicisitudes que nos acompañan permitirán a V. M. acoger benignamente mi súplica. Pero, al
acudir a la bondad de su corazón, me quedaré contento con cualquiera ayuda que pueda ofrecerme.Por mi parte, no dejaré de rezar a la bondad de Dios para que conserve en buena salud a V. M., a la señora Duquesa y a toda su familia.
Que Dios nos escuche y conceda ver tiempos mejores.Asegurando a V. M. el humilde concurso de las oraciones de nuestros muchachos, me cabe el alto honor de poderme profesar con la
máxima veneración,De Vuestra MajestadTurín, 28 de julio de 1882. Atento y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.1 Monseñor se había expresado en estos términos: "Dejo el inmueble del exconvento de san Benito, con la huerta y el terreno
adyacente, comprado por mí a los Rondani-Manici, para un orfanato de niños, bajo la dirección y administración de la Congregación
Salesiana, a don Juan Bosco de Turín, Superior General de la misma, para el efecto arriba indicado. En el caso de que el orfanato no sea
instituido dentro de tres años después de mi muerte, dejo dicho inmueble, huerta y terrenos, al seminario diocesano de Parma".
268Roberto era hijo de Carlos III, a quien sucedió en 1854. Fue depuesto en 1859 1. Seguramente no desconocía los términos con que el
Beato describía la trágica muerte de su padre en su Historia de Italia 2. Cuando se encontró con él en Niza, ya el Duque había tenido
noticias de la Obra de Parma, a la cual se creía obligado a concurrir por una promesa que había hecho a la Virgen en favor de su esposa.
Puso, pues, enseguida a su disposición diez mil liras, acompañando su limosna con una carta, que rebosa afecto por don Bosco y cristiana
piedad 3.No callaremos un delicado episodio, cuyo recuerdo hemos hallado entre los documentos referentes a esta fundación. Durante el curso
de las conversaciones, monseñor Villa, comprometido por la suerte de una familia distinguida, que pasaba repentinamente a una situación
muy crítica por la imprevista pérdida de su cabeza, recomendó a don Bosco al mayor de sus dos hijos, un niño de apenas nueve años,
"muchacho, escribía el Obispo, de ((305)) muchas esperanzas por su despejado ingenio", y le rogaba que "lo admitiera en algún colegio
salesiano, a fin de que pudiera progresar en los estudios y en el sendero del temor de Dios, en que había sido iniciado por sus padres". El
eximio Prelado intercaló esta recomendación en una carta referente a los asuntos acostumbrados, dirigida a don Celestino Durando,
implorando "su caritativa intercesión con el taumaturgo don Bosco", a quien no escribía directamente por saberlo ausente de Turín. No
empleamos al acaso la palabra "implorando", porque él solía prorrumpir en este tipo de expresiones: "Me arrodillo a sus pies y se lo
recomiendo por cuanto sé y puedo". El muchacho fue admitido en el Oratorio para el curso escolar 1882-83.Fin de Página: 269
VOLUMEN XV Página: 269Cuando monseñor Villa murió, el canónigo Tescari, su heredero universal y poco después Obispo de Borgo San Donnino, hoy Fidenza,
haciendo suya la solicitud del finado, preparó al niño para la partida, de la cual avisó a don Celestino Durando de esta forma: "La madre,
tan buena como pobre viuda, no ha podido acompañarlo; por tanto, el muchacho va solo. Le pido, pues, por favor, que vayan a recibirlo a
la estación, para que no se extravíe o encuentre lo que no debe. El Señor le recompensará por esta caridad 4. Aquel niño, muy pequeño
entonces y vivacísimo, por el que se interesaban almas tan1 Murió en su villa de Piànore, cerca de Viareggio (1848-1907).2 Véase: LEMOYNE, M B, vol. VII, pág. 280.3 Apéndicé, doc. 44.4 Cartas de mons. Villa, 9 de octubre de 1881, y del can. Tescari, 6 de agosto de 1882.
269buenas, acogido por don Bosco en sus amplios brazos, una vez que venció las primeras dificultades, se aficionó tanto al Oratorio que no
se quiso alejar más de él. Se trata de don Pablo Ubaldi, salesiano, profesor de griego en la regias Universidades y al presente profesor
muy apreciado en la Universidad Católica de Milán 1.((306)) PISAPisa llamó la atención de don Bosco en 1880. El padre jesuita, Emilio Pardocchi, que residía allí, estaba de paso por Lucca,
precisamente cuando don Bosco daba la conferencia a los Cooperadores. Quiso asistir a ella y quedó muy impresionado con sus palabras.
Sostuvo una conversación con él y le expuso tan al vivo las circunstancias religiosas de Pisa, infestada también por los protestantes, que
el Siervo de Dios se mostró dispuesto a ir a fundar allí, y le encargó que hablara con el Arzobispo, monseñor Pablo Micaleff. Este, ya
anciano y enfermo, al oír esto, levantó los ojos al cielo y exclamó:-íOjalá fuera verdad! Venga, venga don Bosco, no deseo más, y entonaré el Nunc dimittis.También al Vicario General, monseñor Ricci, le pareció tan bonito que no podía creerlo. Los Cooperadores de la ciudad, entre los que
figuraba el profesor José Toniolo, que prestigió la cátedra de economía política, uniendo a su alta ciencia una extraordinaria piedad
cristiana, empezaron a estudiar entre ellos el modo de apresurar tan fausto acontecimiento.La muerte del Arzobispo no detuvo la iniciativa, tanto más que su sustituto, monseñor Fernando Capponi, era del mismo parecer. Y se
bajó al terreno de los hechos. En el barrio de Porta a Piagge había una casa llamada de los Ejercicios, con iglesia pública al lado y
dedicada al apóstol Santiago: casa e iglesia se proyectaban para ser cedidas a don Bosco. Allí cerca tenían su convento las Salesas o
Religiosas de la Visitación, las cuales no dejaban de rogar a don Bosco, con sus cartas, que enviara pronto a los Salesianos. En el mes de
junio de 1883, el Arzobispo redactó un borrador de convenio detallado, que don Bosco no pudo aceptar porque el conjunto presentaba tan
precario aspecto que, a pesar de toda la buena voluntad, no ofrecía suficiente garantía. ((307)) El Siervo de Dios contempló después desde
el cielo la entrada de1 En junio de 1885, el pequeño Ubaldi, alumno del segundo curso de bachillerato, leyó en la fiesta dedicada a don Bosco, en su día
onomástico, una composicioncita suya en griego; cuando fue a besarle la mano, se esperaba alguna palabra de felicitación y, en cambio,
don Bosco le dijo: "ívaya con el helenista! íCon el tiempo te haremos profesor de Universidad!"
270Salesianos e Hijas de María Auxiliadora en la histórica ciudad del Arno.ARE NZA NO, PEROSA, OULXHablaremos todavía de tres lugares, omitiendo otros que, inútilmente, nos entretendrían demasiado. El primero es Arenzano, en los
alrededores de Génova. El Municipio trató en 1881 con don Bosco para que les proporcionase maestros para las escuelas del pueblo.Fin de Página: 271
VOLUMEN XV Página: 271Respondióles que lo intentasen con otras Congregaciones, y replicó el alcalde:-"Y cuáles hay en estos tiempos tan tristes que, como la de los Salesianos, hayan de ser toleradas por el Gobierno?Pero Arenzano fue menos afortunada que Perosa y Oulx, que con el tiempo vieron llegar a los hijos de don Bosco.Perosa Argentina, importante municipio del distrito de Pinerolo, contaba con dos mil habitantes católicos, que vivían mezclados con
casi doscientos valdenses. Estos herejes, esparcidos por todas partes de Italia, llegaban casi a cuarenta mil, la mitad de los cuales
formaban diversas comunidades en los valles de Pinerolo. Había núcleos importantes en los caseríos cercanos a Perosa; en Pomaretto, por
ejemplo, a más de un grandioso templo y un hospital, había un colegio con bachillerato, que lograba atraer muchachos católicos de otras
partes. El párroco de Perosa, que había asistido a la transformación del pueblo, de agrícola en industrial y comercial, con la instalación de
dos importantes fábricas de seda, veía, muy a su pesar, cómo cambiaban al mismo tiempo las costumbres de la gente, con daño
especialmente para la juventud que, seducida por mil atractivos, no acudía a la catequesis. Y, como, por otra parte, el pueblo era un
centro importante en aquellos valles, los valdenses suspiraban por instalarse allí y dominar la comarca.Ante espectáculo tan doloroso, el celoso pastor, don José Paolasso, buen cooperador salesiano, escribía a don Bosco el 23 de
septiembre de 1881:"Me dirijo a usted y a sus Salesianos, ((308)) que Dios ha elegido en estos tiempos como dispensadores de sus misericordias, para que
vea la manera de establecer en este pueblo un oratorio festivo y un pequeño colegio".El Beato reconoció la conveniencia de hacer algo allí, pero lo dejó para más adelante, cuando tuviera personal suficiente. Se requirieron
sus buenos dieciséis años antes de que su deseo se llevara a efecto por su Sucesor.
271En 1881-82 los señores principales de Oulx, pueblo de montaña en el distrito de Susa, se afanaron por alcanzar que don Bosco fuese a
abrir allí un internado con bachillerato para todo aquel valle. Se estudiaron diversos planes, mas, por entonces, faltó lugar para
establecerse.TURI NVamos a sacar del olvido un hecho, que merece ser recordado, porque honra a don Bosco y pone de relieve su habitual clarividencia en
los asuntos. Faltó poco para que tuviera la dirección espiritual del Hospital de San Mauricio de Turín.La Orden de San Mauricio fue instituida por Manuel Filiberto, duque de Saboya, en 1573, con la fusión de la Orden Militar de San
Mauricio, creada en 1434 por Amadeo VIII, y los Hospitalarios de San Lázaro, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. Es aún la Orden
de Caballería más prestigiosa después de la de la Santísima Anunciación, cuyo Gran Maestre es el Rey. Gracias a la contribución del
Estado y a la beneficencia de los particulares, la Orden fundó en sus comienzos, en la parte oriental de Turín, un hospital que se llamó
Mauriciano o de los Caballeros, que fue ampliando sus modestos principios hasta albergar un gran número de enfermos. Primero se
encontraba fuera de la población, pero, al ensancharse la ciudad, acabó por encontrarse rodeado de edificaciones y, dado el crecimiento
de sus habitantes, ya no alcanzaba más amplias proporciones ni mejor emplazamiento. ((309)) Se encontró el sitio adecuado a lo largo de
la calle Stupinigi, donde no había ya más que desear por razones de desahogo y salubridad.Pero encontrar emplazamiento no era lo mismo que contar con medios de subsistencia. No eran tales las finanzas de la Orden de San
Mauricio como para hacer frente a grandes desembolsos. El rey Humberto habló de ello con sus consejeros, especialmente con César
Correnti, primer Secretario del Gran Maestrazgo de la Orden y que había sido en dos ocasiones Ministro de Instrucción Pública; pero la
solución del problema se presentaba difícil por emás. Ahora bien, César Correnti conocía muy bien a don Bosco; más aun, Lemoyne nos
hace saber, por sus apuntes, que le debía un gran favor, por el que se sentía obligado y estaba deseoso de mostrarle con los hechos su
agradecimiento. Podría darse que la cuestión se remontase al tiempo en que, partidario de Mazzini, se encontraba en Turín como
desterrado político de Lombardía. Cuando la cuestión del cierre de las escuelas, había intervenido con el prestigio de su nombre en
defensa de don
272Bosco. Se acordó, por tanto, de él con ocasión de la construcción del Hospital, y habló de él al Rey como de un hombre de gran habilidad
para encontrar dinero y llevar a cabo obras grandiosas. Agradó al Rey la sugerencia, por lo que se acordó escuchar su parecer en una
empresa tan grandiosa, pero de forma que todos los trámites permaneciesen en secreto.Fin de Página: 273
VOLUMEN XV Página: 273Correnti visitó varias veces a don Bosco de parte del Rey. El Beato aceptó de buena gana estudiar el proyecto, ofreciéndose, además,
para dirigir su puesta en marcha; pero a condición de que su nombre no apareciera y, sobre todo, que nadie se metiera a estropear sus
planes.
"Yo pensaré en todo, dijo; don Bosco necesita ser libre y, si comete disparates, paciencia, pues todo correrá de su cuenta". Correnti le
advirtió que era voluntad del Rey que no pusiera ni un céntimo de su bolsillo, pues ya sabía Su Majestad la cantidad de obras que llevaba
entre manos; que únicamente deseaba presentara sus proyectos y no quería que ningún otro se entrometiera. Hizo aún más el Rey: deseó
saber si don Bosco podría hacerse cargo de la dirección ((310)) moral del hospital por medio de sus Salesianos. Don Bosco respondió que
no era contrario a servir en esto a Su Majestad.Y, hechas estas primeras diligencias, el Siervo de Dios puso la mano en la obra. Estudió, examinó el terreno y trazó su plan. Se trataba
de organizar una gran lotería de dinero, con cantidades determinadas de premios y un número señalado de billetes con su precio
correspondiente. Para la distribución de los mismos y para el cobro del dinero, se elegirían doscientos respetables señores, pero no de los
que los liberales llamaban hombres de sacristía y tampoco de los contrarios a la religión; bastaba que fuesen personas gratas a la Corte.
Estos, constituidos en junta nacional, procurarían despachar los billetes, enviándolos especialmente a todos los Caballeros de la Orden de
San Mauricio. Por fin, don Bosco se puso de acuerdo con el banquero Musso, para que preparase enseguida y tuviera a disposición el
capital necesario. Y éste, barruntando un negocio bueno y seguro, porque con don Bosco no se corrían riesgos, se prestó a secundarlo.Se preguntará por qué don Bosco se embarcó en esta aventura. El tenía por mira el bien espiritual de los enfermos, más que ninguna
otra cosa, y preveía que no se pensaría en ello. Por lo cual, se apresuró a sugerir que, junto al hospital, se construyese una iglesia
destinada a dos fines: satisfacer las necesidades religiosas de los enfermos y del personal encargado de ellos y atender al barrio vecino de
la Crocetta, cuya iglesia parroquial resultaba demasiado pequeña para una feligresía en constante aumento. Que, si a la Orden de San
Mauricio le
273faltaran los medios necesarios, él mismo se industriaría para encontrarlos. Hacía notar, además, que la antigua iglesia se podía ceder a la
Orden, a cambio de la nueva, y que los sacerdotes adscritos a la parroquia, como ya estaban retribuidos por su cargo, se contentarían con
una modesta gratificación por su servicio al Hospital o hasta renunciarían totalmente. De todas formas, él podría proveer con sus
salesianos.((311)) Formulado el proyecto de la lotería, se lo envió al Rey, advirtiendo que estaban preparados los importes de los premios. El
Soberano leyó con admiración la idea y la encontró excelente; en cuanto a la iglesia, le hizo decir que no faltarían los medios. Don Bosco
tenía preparada, ademas, una circular en la que, después de hablar del nuevo Hospital, como de algo en lo que él no tenía parte alguna,
añadía:"Pero la Orden de San Mauricio y lo mismo su Gran Maestre, que es nuestro amado Soberano, desean que, junto al futuro edificio, se
levante una iglesia para comodidad de los enfermos, del personal adicto a su servicio y de los vecinos que viven en los alrededores y que
están claramente distantes de cualquier otro templo. Para reunir los fondos necesarios para el sagrado edificio, acudo a nuestros
compatriotas y a todos los que se interesan por el bien moral y el decoro de nuestra excelsa Turín. Creemos agradar, al comunicar que los
trabajos, la forma de esta iglesia y todo lo que se refiere al culto en la misma está confiado al reverendo Juan Bosco y a sus sacerdotes".
Esta circular, cuyo autógrafo poseemos, no se publicó, pero es un documento elocuente del celo de don Bosco por las almas.Las cuestiones antes citadas se desarrollaron secretamente por algún tiempo entre el Rey, Correnti y don Bosco, conforme se había
concertado. Injerencias ocultas o manifestaciones inoportunas habrían podido enredar el asunto. Pero, al final, sucedió lo que se temía. La
noticia se filtró en la Corte, y don Bosco recibió grandes alabanzas; algunos, en cambio, se resintieron por no haber sido consultados. Tal
sucedió con el teólogo Pavarino, capellán real de la Basílica de Superga, y también con el canónigo Durio, capellán de la Corte, los cuales
acudieron a don Bosco y le dijeron que, habiéndose enterado de la lotería que pensaba organizar, deseaban contribuir con su ayuda al
buen resultado. Don Bosco procuró darles a entender que era voluntad del Rey que ningún otro viniera a dar su parecer o poner manos en
el asunto; pero ((312)) ellos le importunaron de tal forma que llegó a noticias de Correnti, el cual, por medio del barón Cova, les hizo
saber, en nombre de Su Majestad, que sólo a él le correspondían la dirección y la ejecución de la obra.
274Pero la oposición, ora bajo cuerda, ora manifiesta, no cesaba de molestarle. Llególe también el momento a monseñor Gastaldi, el cual
se opuso a que se transfiriera la parroquia, quejándose de que no se le hubiera pedido el parecer antes que a nadie: que le correspondía a
él designar las iglesias parroquiales y que, por tanto, ponía su veto. Tenía, en efecto, todas las razones y todos los derechos, pero el haber
expuesto una opinión no era, ni mucho menos, invadirle su campo.Tanta publicidad obligó a Correnti a reunir el consejo de administración del hospital, rogando también a don Bosco que asistiera. Este
se presentó acompañado del coadjutor Pelazza, que se quedó esperando en la antesala. Expuesto que hubo el programa a los presentes,
quiso cada uno exponer su parecer sobre el modo más seguro para conseguir el dinero necesario. Intervinieron todos y don Bosco callaba.Fin de Página: 275
VOLUMEN XV Página: 275Por fin, impuso silencio Correnti y dijo:-Oigamos a don Bosco.Expuso entonces el Siervo de Dios cuanto había manifestado por escrito al Rey, demostrando que era de éxito seguro. Pusiéronle
objeciones hasta que él, sonriendo, salió con esta propuesta:-Pues bien, yo diré cuál es el medio más expedito para obtener una suma extraordinaria. Invítese a todos los Caballeros de San Mauricio
y San Lázaro y a todos los de la Corona de Italia 1 a que cada uno contribuya con diez o veinte liras. Se verá cómo todos aportarán con
gusto, y íson tantos los Caballeros!Ante una salida tan original, todos rieron y se acabó la cuestión.Levantada la sesión, Correnti acompañó a don Bosco hasta la puerta, le besó la mano y se encomendó a sus oraciones. Pelazza, lleno de
admiración al ver tales demostraciones ((313)) de afecto en su personaje de tanta categoría, ya de regreso a casa, manifestó a don Bosco
su maravilla. El Beato, por el camino, le respondió:-Correnti es un hombre de muy delicados sentimientos. Si no fuera porque está ligado a las sectas, haría mucho bien. Con todo, si en
punto de muerte pudiera tener a su lado a don Bosco o a otro sacerdote, estoy seguro de que se confesaría.Correnti murió en Meina, ocho meses después de que don Bosco dejase la tierra. En sus últimos días, le visitaron monseñor Anzino,
capellán de la Corte, y el párroco, a quien le hizo llamar. Solamente se vio que éste le administró la santa Unción 1.1 Esta Orden de Caballería, instituida por Víctor-Manuel II en 1868, para conmemorar la anexión de Venecia a Italia, había sido
agregada a la de san Mauricio.1 Unità Cattolica, 7 de octubre de 1888.
275Hecha casi pública la noticia de la intervención de don Bosco en el famoso proyecto, los opositores no le dejaban en paz, sobre todo los
dos sacerdotes, que iban cada día a proponerle modificaciones o añadiduras al proyecto. íCuánto tiempo le hicieron perder! Pero no
entraba en sus cabezas lo razonable de sus miras. Tanta importunidad acabó por cansar a don Bosco, que concluyó por decirles que, si
querían ellos hacer sus veces, lo hicieran, que él ya tenía demasiadas cosas entre manos; que había aceptado aquel encargo, no porque
tuviera especial gusto en ello, sino por secundar los deseos del Rey. Satisfechos de que don Bosco rindiera las armas, los dos importunos
le preguntaron si estaría dispuesto a secundar sus planes y ayudarlos. Respondió que sí, pero no aparecieron más por allí, y, dando de lado
a don Bosco, pusiéronse ellos a la cabeza de la empresa. Pero les faltaban dos cosas: el ingenio de don Bosco y la confianza de quien
debía suministrar el dinero para la lotería. Y después, propalados de aquel modo los trámites, el Rey y Correnti estimaron prudente no
insistirle más. Así se esfumó el bonito plan del Siervo de Dios, y la construcción del hospital no sólo consumió los ingresos de la Orden,
sino que desequilibró en parte sus recursos.El 11 de noviembre se debía proceder a la ceremonia de la colocación de la primera piedra con asistencia del Rey. Su Majestad deseaba
((314)) mucho ver a don Bosco. Por ello, quería a toda costa Correnti que don Bosco actuara en aquella función, pero éste insistió tanto
que, venciendo sus repugnancias, lo persuadió de que convenía pasar por encima de las propias antipatías e invitar al Arzobispo.
Entonces Correnti, esperando poderlo presentar al Rey en aquella ocasión, fue expresamente al Oratorio y no quiso marcharse hasta que
no arrancó al Beato promesa formal de asistir. Pero la promesa estaba condicionada a que, si como se decía, acudía a la ceremonia
Baccelli, ministro de Instrucción Pública, en representación del Gobierno, no pronunciase ningún discurso. Porque, en efecto, era de
esperar que, hablando, se permitiera retóricas anticlericales y antipapales que repugnaban a don Bosco, sobre todo en quien había sido
súbdito pontificio y profesor de la Universidad pontificia de la Sabiduría. No resulta fácil para nosotros entender hoy cuánto pudiera
comprometer antaño ante los católicos el contacto de un eclesiástico con tales hombres, cuando perduraba punzante en los espíritus el
dolor de la cuestión romana. A don Bosco se le aseguró que Baccelli no iría a Turín, y, en efecto, pese a que se afirmaba hasta el último
día que llegaría, Baccelli no se movió de Roma 1.1 L'Unità Cattolica del 11 de noviembre, en un artículo sobre la inminente ceremonia,
276Don Bosco mantuvo su palabra y, aunque tenía una invitación personal que se conserva en nuestros archivos, se ocultó entre la
muchedumbre y no se dejó ver en toda la ceremonia 1. El Rey, apenas ((315)) llegó, preguntó a Correnti dónde estaba don Bosco.Fin de Página: 277
VOLUMEN XV Página: 277Correnti, después de echar una mirada a su alrededor y no dar con él, quedó disgustado y se dio por ofendido un tanto; por ello, fue unos
días después a lamentarse con él de que hubiera faltado a su promesa. El Siervo de Dios, excusándose como mejor le pareció, añadió:-No me hice ver precisamente para evitar que me presentara al Rey. Por pocas palabras que me hubiese sugerido Su Majestad, Dios
sabe lo que hubiesen dicho de mí los periódicos de Italia. íLo que hubiesen pensado en Roma! Hubiera sido un lío para mí y quizás al
mismo Rey le hubieran proporcionado algún fastidio los comentarios.Correnti quedóse un rato pensativo, dióle la razón, admiró su prudencia y concluyó diciendo:-No había yo pensado en ello.Entonces comprendió mejor la frase que en otra ocasión, que no sabemos precisar, le dijo don Bosco. Le había preguntado cómo se las
arreglaba para ir siempre adelante sin naufragar, en tiempos de luchas tan enconadas y en medio de tantas banderías.-Dando a cada uno lo suyo, había respondido don Bosco, y esquivando todas las cuestiones y altercados innecesarios.Pese a las contrariedades que hemos descrito, Correnti no quiso prescindir totalmente de la colaboración de don Bosco y éste tampoco
creyó conveniente desentenderse por completo del hospital. Habiéndole pedido el Santo en 1884 un título honorífico para el profesor
Bonzanino, el primer Secretario de la Orden de San Mauricio le respondió con mucha benevolencia y aprovechó la ocasión para rogarle
que le ayudase en la construcción de la proyectada iglesia, proporcionándole un abundante concurso de la caridad de los fieles 2.escribía: "A la solemne función asisten los principales personajes oficiales de nuestra ciudad, y no falta el ministro Guido Baccelli, en
representación del Gobierno". Pero, en el número del día 12, rectificó: "Faltaba el ministro Baccelli, ocupado en Roma con sus asuntos
ministeriales. El Gobierno estaba representado por el Gobernador de Turín, senador Casalis".1 Rodeado por los canónigos Chiuso, Antonelli y Bertoglio, por el decano de los párrocos, comendador Genta, y otros sacerdotes,
monseñor Gastaldi bendijo la primera piedra y pronunció ante el Rey un discurso, del que fueron censuradas entonces algunas frases,
porque ofendieron los sentimientos de los católicos más fieles al Papa. Eran, además, los días de las tribulaciones narradas en los
capítulos anteriores. Don Bosco, pues, se habría encontrado muy molesto, de haber aceptado el puesto a que le daba derecho la
invitación.2 Apéndice, doc. 45.
277No pudo don Bosco hacer públicamente nada en ello; una vez que su plan fue descartado, no se sentía con ánimos para ocuparse de la
empresa con fruto. Con todo, habiéndose interesado varias veces por obtener distinciones caballerescas, inducía a los que las solicitaban a
contribuir ((316)) con cuantiosas limosnas a la construcción del hospital. Ademas, al abandonar la idea de construir una iglesia, el
hospital se quedó también sin una capilla interna, lo que no extrañaba, ya que la Orden de San Mauricio y San Lazaro, transformada en
una orden civil y anexionada a la de la Corona de Italia, quedaba sujeta a la condición de las instituciones laicales. El Beato, pues,
habiendo ido a visitar el nuevo edificio, preguntó a Correnti cómo se atendería al servicio religioso. Este esquivó la respuesta, diciendo
que se habían seguido las indicaciones de los sanitarios, que a su vez habían sugerido sus exigencias a los arquitectos. Entonces, por
insinuación de las Religiosas, que le habían hecho objeto a su llegada de cordiales muestras, señaló una sala que podía ser acondicionada
sin dificultad para tal fin. Correnti calló, pero satisfizo su deseo; y, de esta forma, los hospitalizados debieron a don Bosco la suerte de
tener al lado el Santísimo Sacramento para alivio de sus dolores.
278
((317))CAPITULO XENTRADA DE LOS SALESIANOS EN ESPAÑA.ORIGENES DE LAS FUNDACIONESDE FLORENCIA Y DE FAENZATRES obras salesianas, hoy muy florecientes, tuvieron sus comienzos en el año 1881: el colegio de Utrera y los de Florencia y Faenza.
Siguiendo el orden cronológico de la fundación, hablaremos ante todo del primero, gracias al cual se abrieron a don Bosco las puertas de
España.Fin de Página: 279
VOLUMEN XV Página: 279Parece un juego de la Providencia la manera como cayó en España la simiente de la que brotó el árbol frondoso, que debía esparcir sus
ramas por toda la geografía del país.El Marqués de Casa Ulloa, don Diego M.ª Santiago Calvo, abrigaba el proyecto de construir en Utrera una casa de caridad para los
niños pobres, y escribió con este fin al Superior General de los Maristas 1, pidiéndole que se hiciera cargo de su dirección. El General fue
a visitarle a una hora demasiado temprana y no pudo ser recibido. Volvió por segunda vez, pero sólo estaban en el palacio las señoras.
Casi enojado, desistió de volver y no se dejó ver más. Entonces el Marqués, tras esperar inútilmente su respuesta, se aconsejó con el
Arzobispo de Sevilla, monseñor Lluch y Garriga, de quien dependía eclesiásticamente Utrera, rogándole orientación para saber cómo
realizar su piadoso deseo. El Arzobispo, que era carmelita, había pasado una vez por el convento de Lucca, cuando ya estaban allí los
Salesianos; ((318)) y, como tenía de ellos datos muy laudatorios, le respondió que llamara a los hijos de don Bosco. El caballero, que no
sabía nada de don Bosco ni de su Congregación, rogó al Prelado que escribiera él mismo a Turín en su nombre. El Arzobispo accedió de
buen grado.La respuesta no se hizo esperar, pero sólo contenía vagas esperanzas. Esto sucedía en 1879. Al año siguiente, como ya hemos narrado1 Las Crónicas de la fundación de la casa salesiana de Utrera (véase Los Salesianos de Utrera en España, págs. 62-63, edición de la
Inspectoría Salesiana de Sevilla, 1981) hablan de los Padres Misioneros Hijos del Corazón de María y no de los Maristas. Debe ser una
equivocación de E. Ceria (N. del T.).
279en el anterior volumen, don Juan Cagliero fue a la capital de Andalucía, acompañado del coadjutor José Rossi. Llegaron el 24 de enero.
El Arzobispo les abrazó con efusión, manifestando su alegría por ver a los hijos de don Bosco y dando gracias al Señor. Con Su
Excelencia los esperaban el Marqués, su hijo Antonio y su yerno, Enrique Muñoz. El Marqués, que ya tenía 71 años, venerando patriarca
y hombre de fe de antiguo cuño, quería ver antes de morir a los Salesianos establecidos en Utrera, su patria chica. Toda su familia,
animada del mismo espíritu católico, secundaba su deseo. A don Juan Cagliero parecióle ver en él una copia del argentino Francisco
Benítez. El Arzobispo hablaba a todos con santo entusiasmo de don Bosco y de sus instituciones.El hijo y el yerno del Marqués acompañaron a los huéspedes a Utrera. Monseñor había comunicado oficialmente su llegada al párroco
de la población, por lo que todo el clero se puso en movimiento para hacerles un buen recibimiento. También el alcalde, católico
ejemplar, no sólo acudió a darles la bienvenida, sino que se puso a su disposición durante dos días para hacerles de guía y visitar iglesias,
escuelas y otros establecimientos.Utrera está situada a treinta kilómetros de Sevilla, hacia el sudoeste, en medio de una dilatada y fértil llanura, dedicada al cultivo del
trigo y poblada de olivos y ganado; pero su mayor nombradía le viene de ser el lugar más importante de España en la cría de toros
destinados a las corridas y de los llamados ganaderos. Contaba en aquel tiempo con poco más de doce mil habitantes: católicos, aunque
como en tantísimos ((319)) lugares de España, poco practicantes. Por eso, los protestantes aseguraban allí su porvenir sin dificultad. La
gente sana esperaba que los Salesianos lograran despertar de la indiferencia religiosa a la población y desalojar a los falsos predicadores.Había en la ciudad varias iglesias, dos de las cuales eran verdaderas catedrales del siglo XV; pero algunas habían quedado casi
abandonadas por falta de clero. El Arzobispo dejó a los Salesianos que eligieran la que mejor les pareciera de entre ellas. Don Juan
Cagliero puso sus ojos en la iglesia del Carmen, por estar más céntrica y cómoda para el público y también a mayor distancia de la
parroquia. Como era pequeñita la vivienda adjunta, el Marqués puso a disposición de los Salesianos la mitad de una bonita casa que
poseía allí cerca, mientras no se acomodaran de otro modo. Habiendo llegado entre tanto la fiesta de San Francisco de Sales, don Juan
Cagliero dio aquel día una conferencia en dicha iglesia e inscribió después a los primeros cooperadores salesianos españoles.
280El no daba un paso, sin rendir cuentas de ello a don Bosco, que se encontraba en Marsella, y también, por orden suya a don Miguel
Rúa. Lo hacía en largas cartas, llenas de garbo y buen humor. Se marchó, dejando tras sí y llevándose consigo las mejores impresiones."El señor Arzobispo, escribía a don Miguel Rúa 1, nos quiere en Sevilla y en otros puntos de su vastísima diócesis. El se ha constituido
en el gran Papá de los Salesianos para España. El señor Marqués de Ulloa, su hijo, su yerno y el alcalde de Utrera quieren ser los
primeros cooperadores de España. Ya teníamos una idea de lo que es cortesía y bondad fraterna, recorriendo el mundo, pero creo que la
primacía se la lleva España, especialmente Andalucía".Y escribía también al Maestro de Novicios, don Julio Barberis 2:"Se han formado de nosotros un ideal demasiado grande, y temo que, a la hora de la verdad, queden los colores deslucidos. Di, por
tanto, a esos novicios que se hagan ((320)) unos hombres grandes e inteligentes. Pudiera ser que alguno de ellos sea elegido por Dios paraFin de Página: 281
VOLUMEN XV Página: 281hacer milagros en estas tierras, donde se nos presenta un amplio campo de trabajo. Y piensen que es la tierra de las Teresas, los Ignacios,
los Santos Domingos, los Avila, los Rodríguez, los Isidoros y los Santos Tomás de Villanueva".Entre los novicios que oyeron leer estos pronósticos, se encontraba precisamente el destinado por la Providencia para difundir y
organizar la Obra Salesiana en España, don Felipe Rinaldi, tercer sucesor de don Bosco.El Siervo de Dios pasó de Marsella a Niza y, en cuanto pudo tener un rato libre, quiso satisfacer su deuda con el Marqués de Ulloa y
con el Arzobispo de Sevilla. Escribió así al primero:Ilmo. Sr. Marqués de Casa Ulloa, Don Diego:No sé cómo manifestar mi agradecimiento a V. S. por la caridad tenida con mis hijos los Salesianos, que merecieron el alto honor de ser
huéspedes de su Casa. De todo ello guardo la mayor gratitud y Dios sabrá compensarle dignamente.Tengo, sin embargo, la más viva esperanza de que seremos honrados con una visita suya a Turín y, entonces, podré agradecer
personalmente todo lo que ha hecho y está dispuesto a hacer por nuestra humilde y naciente Congregación.Dios le bendiga, generoso y queridísimo Señor Marqués, y conserve en salud y gracia a toda la familia.Celebraría mucho poderle contar en el número de nuestros más insignes bienhechores1 Sevilla, 30 de enero de 1880.2 Sevilla, 31 de enero de 1880.
281y le aseguro que V. S., su dignísimo hijo Antonio, don Enrique y demás familia participarán de las oraciones comunitarias y privadas que
se hacen cada día en las Casas Salesianas.Me encomiendo, en fin, a la caridad espiritual de sus santas oraciones, mientras con todo mi agradecimiento, tengo el alto honor de
poderme profesar en Jesucristo,Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.P.D. Confirmo cuanto mi encargado, el doctor Cagliero, ha acordado respecto a la casa que ha de abrirse en la ciudad de Utrera; espero
que, con la ayuda de Dios, todo estará preparado para el próximo octubre, y que mis ((321)) hijos y suyos, los Salesianos, podrán partir
para entonces y estar en el lugar de la labor que la divina Providencia ha preparado por su mano.
Niza, 26 de febrero de 1880.Seguro servidor, JUAN BOSCO, Pbro.De la carta enviada al Arzobispo no conocemos el contenido, pero tenemos ante nuestros ojos su respuesta, escrita en italiano. El
conocía esta lengua, pues había hecho sus estudios en Italia.Veneradísimo don Juan Bosco:Mil gracias por su deseada carta del 26 del pasado febrero. Me alegro en el Señor de que el reverendo don Juan Cagliero y su
compañero hayan llegado contentos y felices de su viaje a Sevilla. Yo también me alegro de haberlos conocido, y confío que tendré en
esta mi Archidiócesis establecidos definitivamente a los queridos Salesianos el próximo mes de octubre. Que Dios bendiga esta fundación
en España, cuyos frutos recogerán nuestros sucesores, quedando nosotros grandemente satisfechos de haber sido objeto de los dones del
Dador de todo bien.Fin de Página: 282
VOLUMEN XV Página: 282Mis achaques siguen impidiéndome el descanso. Cuando pueda realizar mi deseado viaje a Roma, avisaré con tiempo y fijaré la fecha
de nuestra cita en Turín. Mientras tanto, saludo a don Juan Cagliero y le agradezco su tarjeta, a la que quiero sirva de contestación esta mi
carta, igual que le doy gracias por los periódicos de Marsella.Me encomiendo a las oraciones de la Congregación Salesiana y a las de usted, venerando Padre, de quien me profesoHumildísimo y atto. seguro servidor FR. J. Arzobispo de SevillaLa apertura de la casa de Utrera debía, por tanto, considerarse como cosa decidida. "Han quedado terminadas las diligencias en Utrera,
había escrito don Juan Cagliero en la citada carta a don Miguel
282Rúa, y se han prometido seis salesianos para el próximo octubre". Pero la fecha no corresponde a las previsiones.Decíamos en el capítulo primero que don Juan Cagliero, al principio de 1881, acompañó a Utrera al pequeño grupo de Salesianos
destinados a la nueva fundación. Por la península Ibérica se habían difundido las noticias de los Salesianos. Los viajeros pudieron
constatarlo muy pronto en Gibraltar. Perdido el barco que zarpaba ((322)) todos los viernes con rumbo a Cádiz, se vieron obligados a
esperar hasta el martes siguiente. Costó un triunfo obtener permiso para desembarcar en la posesión inglesa; pero, pronto se vieron
rodeados de buenos amigos. El Vicario Capitular y sus diez sacerdotes demostraron estar muy informados sobre don Bosco y sus
vicisitudes, de modo que aceptaron con agrado la invitación de inscribirse entre los Cooperadores Salesianos.El Arzobispo de Sevilla se había convertido en gran propagandista de la fama de don Bosco, publicando en la Revista diocesana una
historia del Oratorio, documentada en el Boletín Salesiano, en el que don Juan Bonetti comunicaba a los lectores, desde enero de 1879,
con pinceladas magistrales, noticias sobre el Oratorio de don Bosco, que fueron después recopiladas en un volumen, con el título de
Cinco lustros de Historia del Oratorio de San Francisco de Sales. A su vez la Revista Popular de Barcelona y periódicos de Madrid y de
otras provincias reproducían los artículos de Sevilla 1, dando gran nombradía por toda España a las gestas del hombre de Dios.La entrada en Utrera fue un triunfo. El 22 de febrero fue don Juan Cagliero con el director, don Juan Branda, a visitar al Arzobispo,
quien escribió el mismo día a don Bosco:"Han llegado a Utrera sus hijos en medio de las demostraciones de cariño y alegría de estos mis queridos andaluces. Hoy he recibido la
visita de don Juan Cagliero y del que ha sido nombrado superior de aquella residencia. Ya han comenzado a trabajar en el sagrado
ministerio. Espero que harán mucho bien en España.Les tengo ya preparada otra casa en Ecija, que fue sede episcopal de San Fulgencio. No dude, querido don Bosco, que yo seré su gran
papá".Todo el clero secular de Sevilla manifestaba fervorosa simpatía por la Congregación destinada, decían ellos, a hacer mucho bien a la
juventud española, que desde 1868 en adelante, cuando el radicalismo empezó a tomar auge, se iba desgraciadamente perdiendo. También1 Carta citada a don Bosco, Sevilla, 23 de febrero de 1881.
283el Obispo de Valencia estaba empeñado en arrancar la promesa de fundación de una casa en su diócesis; lo mismo el de Málaga, que
((323)) ardía en deseos de encontrarse con un salesiano para tratar de lo mismo. Don Juan Cagliero le satisfizo, haciéndole una visita. Allí
encontró que algunos sacerdotes y señores habían comenzado algo semejante a cuanto leían que se hacía en Turín, Sampierdarena, Niza y
Marsella; pero que eran necesarios algunos salesianos para reorganizar, regir y llevar adelante aquello, según nuestro sistema educativo.
Allí inscribió a veinte Cooperadores salesianos. De cuanto oía allí y en otras partes, sacaba la impresión de que "era ingente la necesidad
de moralizar a la clase obrera" y de que existía el convencimiento de que "nuestra Institución era el único remedio para los males sociales
del momento". Los últimos acontecimientos han demostrado que la salvación de España no estaba ya en la aristocracia, sino en el pueblo,
y que era urgente cuidarse de él.El Arzobispo de Sevilla, como hemos visto, alababa la prontitud de los Salesianos en dedicarse al sagrado ministerio. La iglesia del
Carmen estaba antes desierta. Allí faltaba todo, así que hubo que tomar prestados candeleros, velas y ornamentos sagrados; pero, en
menos de quince días, quedó previsto todo cuanto se necesitaba para el culto divino. Las funciones atraían cada vez más a la gente.Fin de Página: 284
VOLUMEN XV Página: 284Primero se agolparon los muchachos en torno a los Salesianos, y llenaron la sacristía y el presbiterio; unos se revestían de monaguillos,
otros aprendían a ayudar a misa y muchos se reunían para aprender la doctrina cristiana, muy descuidada. Las madres bendecían la
llegada de los nuevos apóstoles. El marqués de Ulloa derramaba lágrimas de satisfacción. Al referir todo esto a don Bosco, exclamaba
don Juan Cagliero 1: ""Y nosotros? Ya hemos dado gracias a la divina Providencia de que se haya servido de los muchachos de Valdocco
para hacer brillar más su gloria y su misericordia en estas tierras".((324)) También en Portugal se interesaban por los hijos de don Bosco. A través de la Nunciatura de Lisboa, recibió don Juan Cagliero
un sobre certificado, en el cual le invitaba el presidente de la Asociación protectora de los obreros a acercarse a aquella capital para poder
apreciar la gran necesidad de acudir a salvar a los hijos del pobre pueblo. Recibió otra carta de Oporto, escrita en nombre del Cardenal, en
la que le decía lo mucho que le esperaban en la segunda ciudad del reino para que se establecieran allí los salesianos sin tardanza.1 Utrera, 1 de marzo de 1881.
284Al leer don Bosco todas las noticias le respondía con su acostumbrada serenidad.Muy querido Cagliero:He recibido tus cartas y las he enviado a Turín. Tus compañeros fueron bien mecidos por las olas hasta San Vicente 1, desde donde
acabo de recibir noticias suyas. Nuestras cosas marchan muy bien. Dios nos bendice. íAdelante! Presenta mis respetuosos saludos a todos
nuestros bienhechores, especialmente a nuestro veneradísimo y carísimo padre, el señor Arzobispo de Sevilla, a quien espero escribir
cuanto antes.
Procura hacer algo por la iglesia del Sagrado Corazón en Roma.Necesito muchísimo tu presencia entre nosotros. Espero estar en Roma a primeros de abril, para volver enseguida a Turín. Un cordial
saludo para todos nuestros queridos amigos, hermanos e hijos en Jesucristo.Que Dios nos bendiga a todos y rezad por mí que soy vuestroAfmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.Al Arzobispo de Sevilla no le escribió hasta que volvió de Roma, oyó la relación de don Juan Cagliero y le dejaron libre los ajetreos de
aquellos días. Le escribió en latín, quizás porque no recordaba que Monseñor conocía muy bien el italiano, o tal vez también porque
esperaba que su carta pudiera ser leída por otros eclesiásticos: un latín sencillo y escueto, en el que expresaba, muy a la buena, sus
sinceros sentimientos hacia el benemérito Prelado 2.((325)) La recomendación a don Juan Cagliero de que hiciera algo por la iglesia del Sagrado Corazón, no quedó en letra muerta: un
simple deseo de don Bosco, era siempre una ley para sus hijos que tanto le querían y ayudaban. Don Juan Cagliero tradujo una circular
italiana que veremos y la carta de don Bosco que la acompañaba, las mandó imprimir y envió un ejemplar a todos los obispos y párrocos
de España. Los periódicos le dieron además publicidad 3.La dificultad más grande para los nuestros era la lengua, que ninguno de ellos había estudiado; éste fue el principal motivo que indujo a
don Juan Cagliero a prolongar su permanencia en Utrera. Allí se quedó hasta Pascua, que coincidió con el 17 de abril. Por la tarde de
aquella gran solemnidad, se despidió públicamente de los fieles, o mejor dicho, de las fieles que acudían a la iglesia del Carmen. Su viva
imaginación le sugirió para la ocasión una de sus ingeniosas ocurrencias,1 Alude a la borrasca que los azotó durante aquel trayecto.2 Véase Apéndice, Doc. núm. 46.3 Carta de don Juan Cagliero a don Bosco, Utrera, 7 de marzo de 1881.
285cuya memoria aún perdura. Había visto por la mañana, al atravesar la ciudad, el así llamado toro del aguardiente. El español no sabeFin de Página: 286
VOLUMEN XV Página: 286prescindir en las grandes ocasiones de su diversión favorita. Por aquellos tiempos, donde no era posible tener una plaza de toros para las
corridas, lo suplían de un modo expeditivo. Se tomaba un toro bravo, se le amarraba una larga cuerda a los cuernos y se le dejaba correr
por calles y plazas, donde, ante muchos espectadores, hombres fuertes se colocaban ante la bestia, la acuciaban de mil modos, la
provocaban por delante, esquivando sus acometidas y, en los momentos de peligro, siempre había uno que daba un tirón de la cuerda y
detenía su furia. Se lidiaba el toro a la hora en que los del pueblo salían a tomar la copita de aguardiente; de ahí el nombre que ese día se
daba al toro.Hoy está prohibida esta peligrosa diversión fuera de los cercados, pero entonces don Juan Cagliero pudo verla al atravesar la ciudad.
Por eso, comenzó su sermón poco más o menos ((326)) de esta manera:"Tengo que volver a Italia, os confieso que el pensamiento de la partida me preocupaba. Como no había visto en esta iglesia más que
mujeres, llegué a pensar que aquí estaban abandonadas las mujeres, sin maridos que se ocuparan de ellas y las defendiesen. Pero
finalmente esta mañana, yendo por la ciudad, he pasado por entre una multitud de hombres fornidos... -Menos mal, exclamé; también hay
hombres en Utrera..."La moraleja era evidente, pero los comentarios del orador la afianzaron más, de modo que se asegura que se divulgó la peregrina
ocurrencia y produjo buenos resultados.El Marqués, aunque sin confundirse con la plebe, asistía asiduamente a las funciones sagradas. También seguía la costumbre general de
entonces entre las personas distinguidas, de recibir la comunión sólo de tarde en tarde y con toda la solemnidad de las grandes ocasiones,
con traje de gala y luciendo las condecoraciones. Se trataba a Jesús como a un soberano. Mas cuando los Salesianos introdujeron el
hábito de la comunión frecuente y vio el noble caballero que también la gente sencilla comulgaba a menudo, no sabía resignarse. Pero no
tardó mucho y también él se convenció, rompió poco a poco su costumbre y llegó a recibir diariamente la comunión. Entonces la alegría
de aquella alma cristiana era tanta, que no cesaba de manifestar su agradecimiento a don Bosco por el insigne beneficio que le había
traído en el atardecer de su vida.Don Juan Cagliero se trasladó a Lisboa primero, y después a Oporto.En la capital de Portugal fue recibido cordialmente por el Nuncio
286Apostólico, monseñor Aloisi-Masella, gran admirador de don Bosco, cuyas obras llamaba obras del Señor. Fue también recibido por la
reina María Pía, hija de Víctor Manuel II. En una conversación de media hora se habló de Turín, de don Bosco, de María Auxiliadora, de
las misiones salesianas, de la fundación de España y de las que se harían en Portugal. La Reina preguntó con cierta curiosidad:-"Cómo se las compone don Bosco para realizar tantas obras sin tener nada?((327)) -Ese es el gran secreto de la divina Providencia, respondió don Juan Cagliero. En los principios no estuvieron ausentes el
augusto abuelo y la santa madre de Vuestra Majestad.-Me alegro mucho de que don Bosco piense también en Portugal. Hay que empezar pronto, muy pronto.-Cuando esto sea una realidad, tendremos en Vuestra Majestad una protectora segura, ya que somos italianos, piamonteses y, más aún,
turineses.-Es natural.Finalmente don Juan Cagliero le habló de la iglesia y del colegio del Sagrado Corazón, que don Bosco, por encargo del Santo Padre,
levantaba, como un monumento al padrino de Su Majestad la Reina.-íAh, exclamó ella, Pío IX se lo merece.Prometió enseguida que contribuiría de buen grado. Y al despedirlo, le recomendó que saludara a don Bosco de su parte y le
manifestase su satisfacción por las grandiosas obras que realizaba.En Oporto encontró don Juan Cagliero un sincero amigo de los Salesianos en el obispo y cardenal Américo Ferreira dos Santos Silva.
Allí se quería a toda costa y cuanto antes una casa; pero don Juan Cagliero, por miedo a comprometerse, se marchó lo antes posible,
aunque persuadido de que hubiera sido una obra de insigne caridad plantar allí las tiendas, tanto más que a las miserias morales de otra
suerte, se añadía que allí ya estaban bien instalados los protestantes. En Oporto se estaba imprimiendo entonces, traducida al portugués, laFin de Página: 287
VOLUMEN XV Página: 287breve biografía francesa del abate Mendre.El 27 de abril salía don Juan Cagliero de Portugal por Valencia de Alcántara y Badajoz y atravesaba la parte central de España. Se apeó
en Barcelona, cruzó la frontera, se dirigió a Marsella 1 y llegó a Turín poco antes del regreso de don Bosco de Roma.1 Carta de don Juan Cagliero a don José Lazzero, Oporto, 26 de abril de 1881. El semanario de Lisboa A Cruz do Operaio, en sus
números del 23 de julio, 6 y 13 de agosto y 3 de septiembre, habló de don Bosco, de los orígenes del Oratorio, del opúsculo del abate
Mendre y de las misiones salesianas.
287((328)) Parece que don Bosco tenía ya en su cabeza una visión clara del gran bien que sus hijos estaban llamados a hacer en España. En
efecto, el día de santa Teresa del 1880, había dicho al futuro Director de la casa de Utrera:-En Utrera no se hará más que preparar las armas y aguzar las espadas para ocupar campos mucho más amplios. No pasará mucho
tiempo, y una señora, casada hoy en Barcelona (y ahora ciertamente no estoy soñando), al quedarse viuda, nos invitará a ir a Barcelona,
donde abriremos una casa y después se fundarán muchas más.La predicción empezó a efectuarse el año 1882, cuando la señora Dorotea de Chopitea, al perder el marido, pensó en sufragar su alma
abriendo un oratorio festivo y un hogar para la juventud abandonada y encomendárselo a los salesianos. Fue aquel el verdadero inicio del
gran desarrollo de las obras de don Bosco en España.Dos semanas después de la apertura de la Casa de Utrera, se abrió la de Florencia. Hacía tiempo que don Bosco era conocido en
Florencia. Sus frecuentes visitas a la ciudad cuando le llamaba el Gobierno en los años de la capitalidad provisional, los efectos
saludables de sus bendiciones y, sobre todo el prodigioso retorno de la muerte a la vida del ahijado de la condesa Jerónima Uguccioni 1,
lo habían dado a conocer y ser muy apreciado en las casas nobles. Lo hicieron objeto de veneración también los dos arzobispos Limberti
y Cecconi. Y cuando se hizo más intensa la labor de los protestantes entre el pueblo de Florencia, la expectación de los buenos se orientó
hacia él como el hombre más eficaz de entonces para oponer un valladar a la nefasta propaganda.La primera invitación para establecerse en la capital toscana se remonta a 1877, y partió de la Asociación de Caridad mutua entre los
obreros católicos, presidida por el marqués Pompeyo Bourbon del Monte 2. En un principio sólo fue una vaga idea; después se formó en
el seno de la Sociedad Obrera una comisión encargada de ((329)) recoger donativos, buscar un local y activar los trámites. Era jefe el
abogado Juan Grassi, y llevaba la correspondencia el señor Jorge Rastrelli. La búsqueda de un edificio fue larga; finalmente, en el mes de
mayo de 1880, se tomó en alquiler una casita de la calle Cimabue, número 31. Allí se quería comenzar con una escuela de artes y oficios
y algunas clases elementales: pero la intención era hacer mucho más, se pretendía crear un centro que fuera un monumento de los
católicos1 Véase LEMOYNE, M. B. Vol. VIII, pág. 456.2 Véase Vol. XIII, pág. 540.
288
florentinos a la memoria de Pío IX. Don Bosco, que había visitado el edificio aquel mismo mes de mayo, consintió en que fuera la
modesta cuna de su obra en Florencia.En el mes de julio insistían aquellos señores a don Bosco pidiéndole que enviara un salesiano para establecerse allí. Pero don Bosco,
mandó al Director de la casa de Lucca para que viera, si efectivamente estaban las cosas en condiciones de comenzar. A don Juan
Marenco le pareció que el local era suficiente para empezar, pero que en cuanto al resto, había muchas palabras, muchas promesas,
muchas esperanzas, y nada positivo; si quiso comer, tuvo que ir a una fonda. El señor Arzobispo escribía a don Bosco el primero de
agosto: "Hay poco dinero, pero usted está acostumbrado a comenzar con casi nada".Fue enviado don Francisco Dalmazzo a explorar mejor el terreno y recogió opiniones que aconsejaban comenzar sin mucha prisa.Entre tanto la Comisión distribuyó una circular en la que se invitaba a rellenar unos módulos, suscribiendo el envío de donativos o
indicando promesas; pero se había avanzado demasiado al dar por cierta la ida de los salesianos para otoño, al volver a abrirse las
escuelas. Don Bosco que, aunque decidido a contentar a sus amigos de Florencia, no había fijado fecha, al enterarse de la verdadera
situación de las cosas, mandó escribir diciendo que no podía disponer del personal necesario para 1880, pues habían muerto
recientemente algunos sacerdotes. Entonces el Arzobispo reunió a los miembros de la Comisión y decidió insistir, como lo hizo el 12 de
noviembre, diciendo que la cooperación salesiana ((330)) de Florencia no se apreciaría hasta que los Salesianos no estuvieran instalados;Fin de Página: 289
VOLUMEN XV Página: 289y observando además, que los protestantes trabajaban y se reían, convenía que diese al menos una respuesta definitiva.Después de esta reunión un devoto Cooperador, el canónigo Justino Campolari escribió a don Bosco: "Sabido esto por persona que se
hallaba presente, pensé que tal vez la falta de personal no fuera la única causa de diferir su venida; y que el motivo verdadero sea que
usted no esté seguro de contar con los medios pecuniarios para el mantenimiento de la casa, ya que tampoco yo creo que sea suficiente lo
que se ha recogido. Si esto fuere así, le aconsejaría que escribiera con franqueza a Monseñor en este sentido, pues sería vergonzoso ver la
casa enclenque y raquítica y con peligro de que muriera dentro de dos o tres años. En tal caso sería mejor no abrirla (...). Crea, querido
don Bosco, que la necesidad de una casa salesiana aquí en Florencia, en la localidad elegida, es grande; poco se necesita que, una vez
abierta, tenga vida vigorosa, para que pueda contener a la de los protestantes,
289que no carece en verdad de medios materiales para seducir a los padres incautos que mandan allí a sus hijos y que está rebosando de estos
pobres inocentes".Las últimas palabras conmovieron profundamente el corazón de don Bosco que estudiaba con su Capítulo la manera de acelerar el
envío de personal. Y he aquí que, en el mes de enero, llegaba una nueva llamada del Arzobispo."He procurado, escribía, poder asegurarle que no han de faltar los medios para vivir. Ahora tengo la satisfacción de comunicarle que se
puede ya comenzar con prudencia; que el local, conocido por usted, está preparado, y que las mil quinientas liras anuales para tres
Salesianos están aseguradas por algún año (...). íMi querido amigo, no tarde más, y ceda a las ardientes súplicas de un Obispo que, en
nombre de Dios, le pide colaboración!".Tenemos copia de la contestación definitiva, que don Bosco tardó algún tiempo en dar, porque había hecho escribir a varias
bienhechoras y esperaba el resultado; mas, como se lee en los apuntes de su secretario, hasta últimos de diciembre, ((331)) sólo había
llegado una oferta y más bien escasa. Además, las personas que estaban en relación con él, no ofrecían suficiente confianza; ninguna de
ellas se encontraba en condiciones de presentar alguna garantía material, ni moral. Don Bosco esperaba, por tanto, que el Arzobispo
tomase en sus propias manos la iniciativa. La última carta de Su Excelencia satisfacía su expectativa y, por eso, le contestó así:Excelencia Reverendísima:Ante su conmovedora carta, me dispongo a hacer lo imposible, como dicen los piamonteses. He tardado en contestar porque las
personas a quienes me había dirigido no respondieron o lo hicieron de forma poco satisfactoria. Ahora que veo las buenas disposiciones
de V. E., con quien únicamente he de contar, me pongo en sus manos y haré cuanto me pide.Por tanto, de acuerdo con su carta, escribo al Director de la casa de Lucca para que la próxima semana vaya a Florencia y disponga las
cosas de manera que los futuros salesianos puedan encontrar lo necesario para cocinar los macarrones.Espero de su gran bondad que dará hospitalidad a don Juan Marenco, que es el nombre de dicho Director, durante el día o días, que
deberá permanecer en Florencia.Mientras tanto, yo buscaré algún religioso por las varias casas y haré que dentro de pocas semanas haya un sacerdote, un clérigo y un
coadjutor, plenamente dedicados a nuestra obra. Comunicaré el día exacto de su llegada. Creo conviene que, durante algún tiempo, se
limiten sólo al oratorio festivo y al campo de deportes; y cuando tengan algún conocimiento de la ciudad y de sus usos y costumbres,
podran
290empezar las escuelas nocturnas y lo que V. E. les sugiera con su iluminada prudencia.Doy gracias a V. E. y a todos los que han puesto tanta confianza en nuestra poquedad y recomendándonos humildemente a la caridad de
sus santas oraciones, considero un alto honor poderme profesar,De V. E. Rvma.Turín, 25 enero 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 291
VOLUMEN XV Página: 291Esta carta satisfizo al Arzobispo, que, pocos días después, recibió con alegría a don Juan Marenco, que volvía a Florencia para tomar
los últimos acuerdos, y lo colmó de atenciones, ((332)) de caridad y paternal afecto. Después de anotar cuanto faltaba aún en la casa, el
Director de Lucca volvió a su residencia y escribió a don Bosco que, dentro de un par de semanas, la nueva expedición salesiana podía
partir. "Por las conversaciones habidas, le decía, parece conveniente que, quien vaya a Florencia, se mantenga muy unido al Arzobispo, el
cual es verdaderamente un buen padre". Y en breve se verá lo oportuna que era esta sugerencia de entenderse bien con el Arzobispo.Los salesianos tomaron posesión de su morada el 4 de marzo: eran tres, el director don Faustino Confortóla 1, un clérigo y un
coadjutor.
Inmediatamente se encontraron frente a serias dificultades. Las primeras procedieron de la Comisión. Esta hubiera debido ceder todo a
don Bosco y a los salesianos; pero parecióles a aquellos señores que un acto semejante redundaría en su propio desdoro. Por eso,
exagerando bastante lo que hasta entonces habían hecho e ignorando qué era una Congregación religiosa, se imaginaron que los
Salesianos debían estar en cierto modo bajo su dependencia. Propusieron, pues, un proyecto de convenio, en virtud del cual, la naciente
obra quedaba vinculada para siempre a la Sociedad Obrera, como si no fuera más que una derivación de la misma. Don Bosco no se
sujetaría jamás a tan embarazosa servidumbre, que obligaba a los salesianos a moverse a voluntad ajena, como se expresaba don Faustino
Confortóla, esperando siempre a que otros les prestaran sus pies. Por las cartas que se conservan en nuestros archivos sobre esta enojosa
controversia, comprendemos muy bien el alcance del lamento que salió de labios de don Bosco:-Fijaos, dijo al Director en el mes de abril siguiente, cómo van las cosas. Antes de que don Bosco enviase los salesianos a Florencia,1 Véase Vol. XIII, pág. 719.
291llovían en Turín las cartas llenas de las más halagadoras promesas; y ahora que don Bosco está aquí, lo cercan como diciendo: ahora que
ya tenemos a don Bosco, le impondremos las condiciones que queramos.((333)) No eran de este parecer dos de los socios que habían estado más directamente en relación con él, a saber, los señores Rastrelli y
Lucaccini; pero, más que ningún otro, disentía el Arzobispo, que desaprobó presentaran a don Bosco, a su paso por Florencia, aquellas
condiciones inconvenientes. No se le quiso oír; pero al menos consiguió que se formulase otro proyecto sin tantas cláusulas odiosas. Don
Bosco se lo llevó a Roma, donde se lo entregó a don Miguel Rúa para que lo examinase: pero se vio que tampoco con él se conseguía la
independencia económica y la libertad de acción que él quería. Pero, cuando estuvo de vuelta en mayo, ya había triunfado el trabajo de
conciliación del Arzobispo: se hizo la entrega y la Sociedad Obrera, en vez de tantas condiciones, se contentó con una exposición
compilada por don Miguel Rúa con finísimo tacto y que él mismo presentó a la Comisión 1.No queremos decir con esto que desaparecieron todos los inconvenientes, sino que don Bosco les quitaba importancia. íAy de él, si
hubiera sido fácil a resentimientos y desalientos! Las puertas de algunos señores, especialmente las del presidente de la Asociación
Obrera, esta vez quedaron cerradas para él. De su conferencia, sólo sacó doscientas cuarenta y ocho liras con ochenta y un céntimos;
ninguna hasta entonces había producido tan poco. A tan escaso resultado contribuyeron probablemente la desconfianza de algunos
limosneros, que eran miembros de la Comisión, y la desconfianza de otros en los salesianos a causa de los rumores que corrían. Porque
hace falta saber que la Comisión había repartido durante la conferencia unas hojas impresas, para hacer saber a todos que los de la
Comisión entregaban "con satisfacción el Instituto, creado gracias a la colaboración de la caridad católica, al benemérito don Juan Bosco
y a su Congregación" y para dar cuenta al público en nombre de la Asociación obrera, de las limosnas recibidas y de los gastos
efectuados. Se daba como efectivo en ellas un total de dieciocho mil treinta y una liras, con cincuenta y seis céntimos, que en gran parte
((334)) sólo eran promesas.Se entregó oficialmente una hoja a don Bosco, el cual diola un vistazo, quedóse un momento pensativo. y, después, moviendo
levemente la cabeza, la devolvió sin proferir palabra. Cuando se disponía1 Véase: Apéndice, doc. núm. 47.
292a recoger la limosna, aquel documento daba a entender al público que los Salesianos ya estaban generosamente dotados, gracias a la
Asociación.Para neutralizar el mal efecto de aquel molesto incidente, bastóle a don Bosco ver y saber que el oratorio festivo iba de bien en mejor.
En una ciudad como Florencia, donde había tantas distracciones y espectáculos para la juventud, llegaban ya a doscientos los que seFin de Página: 293
VOLUMEN XV Página: 293habían inscrito. Cuando, después, se cerraron las escuelas municipales, acudían unos cincuenta muchachos diariamente y tenían ocupados
a los salesianos de la mañana a la noche."El Señor, escribía don Faustino Confortóla 1, nos concede en retribución de nuestras pobres fatigas, la buena salud que disfrutamos y
la satisfacción de hacer un poco de bien y librar de mucho mal y muchos peligros a esta pobre juventud".A don Bosco le proporcionaba, además, muchos ánimos la maternal solicitud de la condesa Uguccioni, que ponía siempre a su
disposición la gran influencia que tenía entre las principales familias de la sociedad florentina. Después de su paso por allí le escribió,
apenas pudo, una carta llena de reconocido agradecimiento 2.Nuestra buena mamá en Jesucristo:Me quedan unos minutos y quiero emplearlos, escribiéndole unas líneas. Ya he escrito a la condesa Guicciardini en el sentido que usted
me ha indicado. Espero que dé alguna respuesta.He sentido la muerte de la piadosa cristiana Constancia Donati 3. Hemos rezado mucho por la difunta y ahora rezamos por los vivos.((335)) Le auguro salud y santidad en abundancia y, además, paciencia para cuando yo vaya a su casa, a importunarla con nuestros
asuntos.Que Dios le conceda a usted y a su pequeña y gran familia (falta el qué) y pida por este pobrecillo que siempre será en los Sagrados
Corazones de Jesús y de MaríaTurín, 22-6-81.Su muy agradecido Hijo JUAN BOSCO, Pbro.Nuevas dificultades surgieron por otros motivos. Con el mes de octubre terminaba el contrato de arrendamiento y el dueño no tenía1 Carta a don Miguel Rúa, Florencia, 2 de julio 1881.2 Hace poco hemos obtenido copia de muchas cartas escritas por don Bosco a la Condesa y que hemos cotejado con los originales. En
el Apéndice de documentos anteriores sin editar, publicamos treinta y siete, de 1866 a 1878.3 Véase más adelante, pág. 404.
293intención de renovarlo, pues deseaba vender. Había que desalojar la casa. Don Bosco ordenó al Director que buscara un lugar donde
acampar de modo definitivo. No convenía adquirir aquella propiedad, ni tampoco continuar allí, porque existían muchas servidumbres.
En las fiestas, por ejemplo, durante los recreos había mil ojos que todo lo contemplaban como desde un anfiteatro. Don Miguel Rúa, en
previsión de cualquier eventualidad, ya había visitado varias localidades por aquellos parajes, mas sin determinarse todavía por ninguna.
Don Faustino Confortóla, que seguía las investigaciones, dio con un sitio muy conveniente, según reconocían todos aquellos a quienes se
pedía su parecer, por su situación, por su superficie, por lo construido y hasta por su precio. Por la izquierda corría la calle Fray Angélico,
cerca de la calle Cimabue. El padre José Franco, hermano del padre Segundo, jesuita también como él y muy conocedor de la ciudad, dijo
al Director:-Escriba a don Bosco que no encontrará en Florencia un lugar mejor que éste para su obra y para hacer mucho bien a la población. En
esta parte de la ciudad crece la gente totalmente pagana. No hay iglesia, ni sacerdotes y, por tanto, pronto no sabrán qué es religión ni qué
son los sacramentos; y, lo que es peor aún, está astutamente rodeada por los Evangelistas que han puesto en medio de ella su guarida y
van haciendo fáciles conquistas de toda especie. Pero, si los Salesianos establecen allí su internado, su oratorio, sus escuelas externas, y la
iglesia para ((336)) el culto público, inutilizarán los esfuerzos de los protestantes, Dios será glorificado y se salvarán las almas. Que
mande don Bosco cuatro hombres de Dios y basta. Y diga a don Bosco que, cuando llegue el día afortunado en que abra al público un
nuevo templo, entonces cuatro sacerdotes no darán abasto para confesar, ya que los florentinos son de gran rectitud y cuando conocen el
bien lo aman y lo siguen apasionadamente.Fin de Página: 294
VOLUMEN XV Página: 294Don Faustino escribió todo esto a don Bosco el 10 de junio. El Arzobispo, por su parte, no sólo impulsaba la compra, sino que
exhortaba a no perder tiempo, porque los protestantes no perdían de vista a los Salesianos y, si se tardaba, podría darse ocasión al diablo a
que metiera allí sus cuernos.Don Boco organizó una sociedad compradora compuesta por cinco salesianos, a los que se sumó también el Arzobispo, representado en
las actas por un eclesiástico, mientras los otros entregaron poderes notariales a don Faustino Confortóla. La vendedora era la señora Juana
Glotz. Las cosas se hicieron verdaderamente deprisa; tanto que, el 5 de septiembre, estaba preparada la escritura de compraventa
294en las mejores condiciones. Y entonces, con una rapidez extraordinaria, se empezaron los trabajos de adaptación para principiar también
cuanto antes el internado. Pero, en lo mejor de los trabajos, comenzó a faltar el dinero; por ello, escribió don Bosco una circular en San
Benigno, que mandó a Florencia, en la que decía:Desde lejos, acudo a su reconocida caridad para una obra totalmente dirigida a la juventud florentina en peligro.Creo será de su conocimiento que, para remediar un tanto el grave daño que causan los protestantes a los pobres muchachos de esta
ciudad, se han comenzado un oratorio festivo y un internado para los más abandonados.Pero su gran número ha puesto enseguida en evidencia la incapacidad del edificio y el mucho bien que se podría hacer a un número
mayor, si se tuvieran locales más espaciosos. Impelido, pues, por esta grave y creciente necesidad, animado por S. E. monseñor Cecconi,
arzobispo de la diócesis y, confiado en la caridad de los florentinos, que nunca me faltó, me ha parecido bien empezar la reparación y
((337)) agrandamiento de los locales ya ocupados. Los trabajos progresaron rápidamente; pero ha empezado a escasear el dinero y, a
pesar de la buena voluntad, me encuentro en peligro de tener que suspender la piadosa obra dirigida al bien de la religión y de la
moralidad.Para no dejar de intentar nada en una obra, que es de interés público y privado, acudo también a su celo y a su caridad. Dios
recompensará ciertamente su acto de beneficencia; y los muchachos a quienes, gracias a su generosidad, se ayudará a volver al camino del
honor y de su eterna salvación, ciertamente invocarán cada día las bendiciones del Cielo sobre usted y toda su familia.Confiando en su valiosa aportación, ruego al Señor que le conceda largos años de vida con buena salud, mientras, con todo mi
agradecimiento, tengo el alto honor de profesarme, etc.Casi contemporáneamente se valió de una ocasión para manifestar a la condesa Uguccioni su gratitud y recomendarle indirectamente la
obra.Nuestra buena mamá en J. C.:Asegure al señor Pestellini que rezaremos mucho por él en el altar de María y que confíe en la gran bondad de esta común bienhechora
del género humano.Lo nuestro en Florencia ha comenzado; tendremos que hacer mucho, pero no faltará el auxilio de Dios. íAnimo! Usted será siempre
nuestra querida mamá y la primera de nuestras bienhechoras.Que Dios la bendiga, benemérita señora mamá; y con usted a su familia grande y pequeña y continúe rezando por este pobrecillo que
agradecido, será siempre en Jesús y María,Turín, 6 de octubre 1881.Su muy agradecido hijo JUAN BOSCO, Pbro.
295Don Faustino Confortóla que, en los complicados trámites de la adquisición, había demostrado ser un hombre hábil para los negocios,Fin de Página: 296
VOLUMEN XV Página: 296supo llevar adelante los trabajos con toda rapidez, ingeniándose para buscar dinero y, al par que atendía al oratorio festivo de la calle
Cimabue, buscaba lo necesario, para no retardar la apertura del internado. Este debería recibir también a algunos estudiantes del
bachillerato, para lo que se requería autorización del Delegado Provincial de Enseñaza. Es cierto que tras la pantalla de las escuelas
profesionales, podía eludirse su injerencia por algún tiempo; ((338)) pero, en aquellos críticos momentos, siempre había que temer. El
Arzobispo le allanó el camino. Tenía él cerca de setenta peticiones de muchachos que aspiraban a ser seminaristas y se disponía a hacer
entre ellos una buena selección para confiar los mejores a don Faustino Confortóla, apenas estuviera abierto el internado. Con este
proyecto de Su Excelencia, era fácil obtener un decreto arzobispal para convertir la nueva casa en seminario menor, donde, por
consiguiente, nada tenía que ver el Delegado Provincial de Enseñanza. Y así quedó establecido. Don Bosco respondió a una
comunicación del asunto con la siguiente carta al Director:Muy querido don Faustino:Está muy bien lo acordado con el Arzobispo, pero yo deseo secundarlo en sus piadosas intenciones con todo lo que tenemos. Por tanto:1.° Aceptamos con gusto a los muchachos que va a enviar a nuestro internado por la pensión de treinta liras mensuales y, si no
pudiéramos arreglárnoslas, hablaremos con el mismo señor Arzobispo para reducir algo la mesa, o para aumentar la pensión mensual, si
fuera imprescindible. Véase, si es posible, que el número a aceptar por Monseñor llegue a los treinta.2.° El número de setenta muchachos aspirantes al estado eclesiástico me excita sobremanera el apetito. Si pluguiere a Monseñor,
podrían repartirse por este año, entre las casas de Lucca, La Spezia y también Sampierdarena. Para otro curso, espero que podremos
tenerlos a todos con nosotros en Florencia. Si el Arzobispo aprueba este proyecto, comuníquemelo 1 enseguida para dar las órdenes
oportunas.El viaje no les sería muy gravoso, ya que nuestros alumnos gozan del 50 % de descuento en los viajes por ferrocarril.3.° Diga a Monseñor que siempre daremos preferencia a los alumnos que él envíe a nuestras casas y que, en todas, él será dueño de
cuanto concierne a la religión y a la enseñanza.4.° Sólo le pido que busque dinero para terminar la casa y amueblarla.Que Dios nos bendiga en todo y créame siempre en N. S. J. C.Turín, 14 de octubre de 1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.1 Don Bosco hablaba de usted a don Faustino Confortóla, porque ya era sacerdote cuando entró en la Congregación.
296((339)) El último día de octubre terminaba el plazo de arrendamiento de la casa en la calle Cimabue; en consecuencia, el día de difuntos
el oratorio trasladó sus bártulos a los nuevos locales. La inauguración del internado hubo de dejarse para la fiesta de la Inmaculada. La
casa era todavía pequeña, por lo que treinta internos la llenaban; pero cuando un tallo se ha plantado en buena tierra, va formándose el
árbol lentamente, crece y extiende sus ramas, desafiando las tempestades.Entre una y otra de estas dos últimas fechas, tuvo lugar la entrada de los Salesianos en Faenza. Es una larga historia la que precedió a
esta fundación; nosotros la compendiaremos en pocas páginas. Don Pablo Taroni, el santo Director espiritual del Seminario de Faenza 1,
en una memoria suya manuscrita, observa: "Quiero anotar aquí de una vez para siempre, que la fundación de la casa salesiana de Faenza
ha sido interés de don Bosco, quien siempre la ha querido, contra el parecer y las dificultades del Capítulo". La buena disposición del
Beato para hacer algo por la catolicísima ciudad de Romaña se remontaba a 1877, por la fiesta de María Auxiliadora: fue entonces
cuando los dos santos se entendieron a las mil maravillas, y se estableció entre el seminario de Faenza y el santuario de Valdocco una
corriente de correspondencia espiritual que dio frutos preciosos.En el mes de junio siguiente quiso don Bosco que pasasen por allí don José Lazzero y don Julio Barberis, a su vuelta de Roma 2; esta
visita contribuyó a enfervorizar más los ánimos del Director espiritual. Pero en octubre experimentó un grave disgusto. El cardenalFin de Página: 297
VOLUMEN XV Página: 297Parocchi, elevado aquel año a la sede de Bolonia, dejó entrever, en un banquete solemne, su poco aprecio a don Bosco y a los salesianos.
Verdad es que el ilustre Purpurado cambió de sentimientos, después de su encuentro con don Bosco en Bolonia 3 y que se retractó en una
conversación confidencial ((340)) con don Pablo Taroni, el 7 de agosto de 1880; pero en dicho intervalo, éste tuvo que ingeniarse con
todas sus fuerzas para disminuir el mal efecto de aquellas palabras, que habían hecho nacer en el clero un partido adverso a la
Congregación.Durante la primavera de 1878 como quiera que los amigos no habían logrado encontrar en la ciudad un local adaptado, fueron a
buscarlo en el arrabal de Urbecco, donde había un exconvento que1 Véase Vol. XIII, págs. 357, 725 y ss.2 Véase Vol. XIII, pág. 55.3 Véase Vol. XIV, pag. 96 y ss. Deducimos la noticia de dos notitas de la citada memoria.
297parecía servir para la finalidad. Lo había cerrado Napoleón I y, después, en 1859, el Gobierno pontificio lo había cedido a los dos
párrocos de la localidad con ciertas condiciones, una de las cuales obligaba al párroco de la Encomienda a abrir allí escuelas para los
niños pobres del barrio; pero, dadas las alteraciones políticas, no se había podido hasta entonces satisfacer esta obligación. Por eso, el
anciano sacerdote, que se llamaba Babini y del cual existe una abundante correspondencia con don Bosco, en cuanto supo la intención de
los Cooperadores de Faenza, dio gracias al cielo y sintió aliviársele la conciencia de un peso grave.La idea estaba en camino. El Obispo, monseñor Angel Pianori, habló de ello a León XIII, en el mes de julio, y el Papa le animó a
proseguir su intento. En el mes de septiembre, don Clemente Bretto, joven sacerdote a la sazón y después Ecónomo General, acompañó a
Lugo a unos alumnos de Alassio y se acercó a Faenza con encargo de visitar el edificio, que le gustó. En el mes de marzo del año
siguiente llegaron don Juan Cagliero y don Celestino Durando, durante su viaje de exploración y confirmaron el criterio favorable.Estaban comiendo en el seminario, cuando llegó una carta de don Juan Bonetti que, en nombre de don Bosco, escribía desde Magliano
a don Pablo Taroni respondiendo a una suya del año anterior 1: "Apenas esté preparado el nido, irán los salesianos a ocuparlo". Estas
palabras confirmaban otras proferidas por don Bosco un mes antes en el colegio de Alassio a un estudiante de Faenza:-Los muchachos de Faenza me han robado ((341)) el corazón y me obligan y me apremian a que vaya a verlos.La ida de los salesianos y una visita de don Bosco era el tema favorito de la conversación de don Pablo Taroni, dentro y fuera del
seminario.La expectación se hacía cada vez más viva e impaciente. En mayo, el párroco Babini fue a Valdocco para la fiesta de María Auxiliadora
y entabló las negociaciones. Cuando don Bosco vio las condiciones jurídicas del edificio que fue convento, no creyó oportuno continuar
los tramites, sin previo consentimiento de la Santa Sede. El Párroco voló sin más a Roma. El Papa le concedió una audiencia privada y
alabó el destino que se quería dar al edificio, haciendo hincapié en la gran necesidad de salvar a la juventud. A continuación, el cardenal
Mertel, Secretario de los Memoriales, escribía una carta al Obispo de Faenza, pidiendo informes sobre la necesidad y la probabilidad de
realizar la1 Véase Vol. XIII, pág. 725.
298
obra planeada. El Obispo respondió afirmativamente a una y otra pregunta; a ello siguió un Rescripto de aprobación con la asignación de
doscientas cincuenta liras anuales para entregar a los salesianos durante los tres primeros años de su estancia en Faenza.Tan inesperado acto de generosidad reavivó el entusiasmo de los amigos de Faenza, de forma que doce sacerdotes cooperadores se
reunieron en comisión permanente, bajo la presidencia del Vicario General, para animar y acelerar la realización. Tres de ellos fueron a
Turín en el mes de mayo de 1880 para vencer las últimas dudas del Capítulo Superior. En una reunión que tuvieron con don Miguel Rúa,
don Celestino Durando y don Juan Cagliero, se esbozó un convenio en el que figuraba la promesa de enviar tres salesianos a Faenza en el
mes de junio, con tal de que el local destinado estuviera preparado de acuerdo con las necesidades correspondientes.Se emprendieron los trabajos de restauración, y empezó a correr por Faenza la voz de que iban los jesuitas expulsados de Francia; lo
que suscitó protestas y amenazas de manifestaciones por parte de alborotadores anticlericales, que atizaban las iras del pueblo,
presentando a aquellos religiosos como maestros inmorales y sembradores de discordias ciudadanas. Pero, aclarada la cuestión, el buenFin de Página: 299
VOLUMEN XV Página: 299sentido de la mayoría redujo al silencio el griterío de los mal intencionados.((342)) Entre tanto, la Comisión de los doce multiplicaba las sesiones para solventar las dificultades que se iban presentando por parte
de la Hacienda pública y de la provincia; con estas causas de retraso se llegó a fines de 1880, sin que la casa reuniese las condiciones para
ser habitada. En el 1881 volvió el Obispo a Roma y creyó oportuno asegurar al Papa que los Salesianos irían en breve a Faenza.-íBravo, muy bien!, exclamó León XIII, será una suerte para su diócesis.Ante las apremiantes prisas de los de Faenza, respondió el Capítulo Superior, anunciando la próxima llegada de un visitador. En efecto,
a finales de marzo, llegó el ecónomo general, don Antonio Sala, que iba a Roma para la iglesia del Sagrado Corazón. Le gustó mucho el
local, dio algunas normas para el arreglo definitivo y determinóse, de común acuerdo, que la casa se llamaría de San Francisco de Sales.
Mas parecía que todo se confabulaba contra aquella casa. Diez días después de la partida de don Antonio Sala, llovió sobre Faenza un
buen número de ejemplares del periódico Secolo de Milán, con la torpe acusación contra los salesianos de Alassio 1. Fue un momento1 Véase anteriormente la pág. 130.
299de miedo para los buenos; pero llegó detrás el mentís, que se esparció igualmente por la ciudad y desbarató las maniobras de los sectarios.Y después, ícuántas vicisitudes en aquella Comisión de los doce!
Entusiasmos y desalientos, disensiones y arreglos, y desconfianzas ante las demoras de Turín. El romañol, de temperamento ardiente y
generoso, se resiste a convencerse de que, a menudo, en los asuntos de importancia hay que saber dar tiempo al tiempo. Finalmente el 19
de julio escribía don Celestino Durando: "Es nuestra costumbre entendernos directamente con el Obispo. Le escribiremos esta semana y,
después, daremos las órdenes". Escribió don Miguel Rúa al Obispo y recibió inmediatamente respuesta con los deseos de que fuera
rápida la apertura de la casa. Esta carta gustó mucho a don Bosco, que le envió el diploma de Cooperador salesiano, y encargó que le
anunciaran que en la próxima distribución del personal el primer pensamiento de los Superiores sería ((343)) apoyar con todo esfuerzo el
deseo de los Cooperadores de Faenza.Y, sin embargo, se estaba acabando octubre y no llegaban noticias de Turín. íCuánto había hecho rezar don Pablo Taroni a sus
seminaristas! Es fácil suponer su aflicción, cuando se supo que no había sido posible encontrar personal y se vieron en cambio llegar los
protestantes a Faenza. Su tristeza no tenía límites 1.En el colmo de la aflicción, brilló un rayo de esperanza en una carta del clérigo salesiano Foschini, que había sido seminarista suyo, el
cual le comunicaba que don Bosco, pese a las dificultades alegadas por los Superiores, daba buenas esperanzas.Y las esperanzas se cumplieron de modo inesperado. La noche del 22 de octubre hubo en Liguria un desastre ferroviario entre Sarzana y
Avenza; trece vagones descarrilaron y quedaron destrozados, ocasionando varios muertos y muchos heridos. Viajaba en aquel tren un
joven sacerdote salesiano, que, después de sus ejercicios espirituales1 Dotado de estro poético, cuando una fuerte impresión le inquietaba, solía expresarla en verso. En aquella ocasión, desahogó su
corazón con estas tres estrofas, que envió al clérigo salesiano Foschini:"Vienen ya los Salesianos? Los protestantes sí,-pregúntanse los cristianos-. los salesianos no;Vienen, sí, los protestantes, María, mira aquíresponden los maleantes. la suerte que nos tocó.Mira, oh Madre, de hinojosa tus hijos predilectos.Las lágrimas de sus ojosnos obtengan tu piedad.
300en el Piamonte, volvía a Randazzo (Sicilia) donde residía. Precisamente entonces don Juan Cagliero, que había hecho una visita a la isla,Fin de Página: 301
VOLUMEN XV Página: 301avisaba a los Superiores de que, si aún era posible, suspendieran la salida de algún sacerdote, pues allí se podía prescindir de él. Aquello
pareció la mano de la Providencia. Don Bosco hizo telegrafiar enseguida a don Juan Cagliero y al salesiano incólume que se juntaran en
Roma y fueran a fundar el oratorio de Faenza. De este modo quedó nombrado Director de la nueva casa don Juan Bautista Rinaldi, que,
aunque muy joven entonces, se ganaría el aprecio afectuoso de los de Faenza ((344)) y la Romaña. Enviaron para ayudar al clérigo
Foschini, del que ya hemos hablado, y al coadjutor Pablo Bassignana, que se hizo popularísimo en la ciudad, con el nombre de Pablito,
un verdadero santo, que, hasta el fin de su larga vida, fue, dentro de casa, servidor fiel y prudente y, fuera, ángel de bondad. Don Juan
Cagliero inauguró solemnemente el oratorio el 20 de noviembre con una turba de doscientos muchachos. Aquella tarde se cantaban en
Faenza las primeras vísperas de Nuestra Señora del Pópolo (pueblo), solemnidad muy celebrada de Faenza. La coincidencia no escapó a
los ojos de los observadores: los Salesianos llegaban precisamente para salvar a los hijos del pueblo.De pronto se quedaron todos maravillados, al saber que, con tantos cooperadores de Faenza, eclesiásticos y seglares, había dado don
Bosco a los que salieron de Turín sólo unas líneas de presentación para el doctor Marcos Cantagalli, escribiéndole en una simple tarjeta
de visita: "El Sacerdote JUAN BOSCO agradece, saluda y bendice al Cooperador Cantagalli y le recomienda su pequeña familia de
Faenza".Cantagalli era médico y se comprende la oportunidad de la recomendación; pero no se veía el porqué de la exclusividad. Don Pablo
Taroni, hombre de Dios y acostumbrado a descubrir en cualquier detalle una disposición divina, explicó más tarde el hecho, cuando el
hermano del Doctor fue nombrado Obispo de Faenza, como si don Bosco hubiese previsto el futuro. La tarde del 8 de diciembre, llegó
desde Roma la primera entrega de la munificencia pontificia.El 13 de mayo de 1882 hizo don Bosco su primera visita a Faenza, donde era muy esperado. Manifestó enseguida el deseo de que se
hicieran los preparativos para una conferencia pública; pero estaban divididos los pareceres. Hacía unos días, como diremos, que se
recargaban las tintas contra los Salesianos. También en la Romaña circulaban hojas volantes republicanas, cuyo término se alargó por
aquellas partes como sinónimo de masónicas, que vomitaban villanías y blasfemias
301y se reunían en la ciudad comicios políticos. Los sacerdotes, pues, temiendo que los alborotadores tomaran pretexto de ello para provocar
tumultos contra los huéspedes, recibidos con poca simpatía, intentaron disuadir a don Bosco de que diera la conferencia. Pero él, firme en
su idea, dijo ((345)) y repitió que quería hablarles.-Queremos, decía, que todos sepan de qué se trata y no crean que maquinamos contra nadie o que venimos con intenciones aviesas.En vista de su decisión empezaron a discutir qué iglesia elegirían.
Después de dejarlos hablar un poco, interrumpió don Bosco:-Vamos a la ciudad a visitar al Obispo, se lo preguntaremos a él y nos pondremos de acuerdo.Se eligió la iglesia parroquial de los Siervos, una de las mayores y más concurridas de Faenza.El día 14, domingo, don Bosco celebró en la catedral, en el altar de Nuestra Señora de las Gracias, cuya fiesta se celebraba aquel día.
Asistieron a ella los seminaristas mayores. Al llegar la comunión, se dio cuenta de que algunas personas querían comulgar y sacó del
copón la hostia grande, en él depositada para la exposición, la dividió en partículas y pudieron comulgar todos ellos, que eran ocho.Después de la misa pasó al seminario. íQué alegría la de aquellos seminaristas!Habían oído muchas veces a don Pablo Taroni hablar de él, de sus virtudes, de sus prodigios, de sus obras... y he aquí que lo tenían entre
ellos. Le recibieron en el patio, bajo un gran pórtico. El Beato se acercó a paso lento y, paseando sobre ellos su mirada, les dijo:-íOs quiero mucho!Le llevaron al salón y habló. Repitió que los quería desde hacía mucho tiempo, que había hablado muchas veces de ellos, que había
rezado mucho por ellos, que había deseado mucho verlos, que ahora los estaba viendo y que estaba muy contento. Preguntó al Rector si
irían a sus casas para las vacaciones y, al oír que no, añadió:-íQué afortunados!Y contó lo que le había ocurrido a un alumno suyo, de doce años, el cual fue una vez a vacaciones y no quiso volver nunca más Don
Pablo Taroni preguntóle por qué, y respondió:Fin de Página: 302
VOLUMEN XV Página: 302-Si se pudiera ver el alma de los jóvenes que van a casa de vacaciones, se descubriría que muchos parten con alas de paloma y vuelven
con cuernos de demonio. De pena decirlo: mas, por desgracia, se va a casa con buenas intenciones y después, después... Pero no hagamos
un sermón. A mí no me gusta que ((346)) mis hijos vayan a
302vacaciones y querría que estuvieran conmigo y así creo que les ocurre a vuestros Superiores. íQué suerte la vuestra! Pero no
sermoneemos.Para concluir recomendó sus tres eses, a saber, Salud, Sabiduría y Santidad, haciendo sobre cada una un breve comentario.No debemos callar que el Obispo y algunos del Clero temían que la llegada de los Salesianos pudiese perjudicar al seminario sobre todo
cuando estuviera abierto el colegio, por lo que el Rector, con esta secreta persuasión, hízole observar que el número de seminaristas
disminuía de año en año y se encomendó a sus oraciones. Don Bosco le respondió que no tuviera miedo, porque el Seminario de Faenza
iría en aumento. Su profecía fue tan rápida y elocuentemente confirmada por la realidad, que el Obispo y el Rector decían que, aunque no
fuera más que por este hecho, entendían que don Bosco era un santo.Por la tarde, predicó a trescientos muchachos. Narróles el apólogo de un padre que, al morir, entregó a su tres hijos buena simiente de
trigo. Uno de ellos la guardó y no la sembró; el otro la sembró mal y el tercero la sembró bien. La moraleja fue que tal como se siembra,
se recoge. Más tarde dio la conferencia, que duró casi una hora. Habló desde la tribuna, de pie, con el bonete en la mano, ante un
auditorio numerosísimo, exponiendo la finalidad de su obra, totalmente dirigida al bien de los muchachos. Anunció que, a la mañana
siguiente, celebraría la misa en la iglesia de San Antonio de Padua y hablaría a las señoras de la Conferencia de San Vicente de Paúl. Do
quiera se dirigiese para fundar una de sus obras, don Bosco daba mucha importancia a la colaboración de las señoras piadosas a las que
sabía excitar eficazmente en su ayuda.En aquella misa hubo muchísimas comuniones. Pronunció una breve plática, en la que se congratuló con las piadosas señoras y aludió a
varias indulgencias y al modo de lucrarlas, les habló de la iglesia del Sagrado Corazón de Roma y les recomendó, en nombre del Padre
Santo, que dieran alguna limosna.((347)) Víctima de una grave enfermedad, se hallaba en muy malas condiciones el conde Marcelo Cavina. El enfermo y toda su familia,
dada su religiosidad y caridad, eran objeto de la veneración de la población entera. Se hubiera querido arrancar al cielo su curación,
mediante las plegarias de don Bosco. El Beato se acercó dos veces a su cabecera; la segunda fue después de la función descrita, una hora
antes de ponerse en marcha.Escribe don Pablo Taroni sobre los beneficios obtenidos con la visita de don Bosco a los Cooperadores, al seminario y a la familia
303Cavina: "El efecto que produjo la visita de don Bosco fue de mucho entusiasmo, sobre todo en los cooperadores; de un gran aumento de
seminaristas en el seminario y, en la familia Cavina, de una resignación, una paz y una serenidad maravillosas en el enfermo, hasta su
muerte tan próxima..."Ya en Turín, don Bosco escribió, antes de su muerte, tres cartas al canónigo José, hermano del Conde. En la primera encontramos
confirmada nuevamente una afirmación del Siervo de Dios. Hablando en 1875 a los Directores 1, había dicho que él se cuidaba de que las
beneficencias que el Papa le hacía volviesen a su origen por medio del óbolo de San Pedro. Que esto no era solamente un pío deseo, lo
demostraron los seis mil francos que llevó con esta intención de Marsella y que se los robaron en Roma. Aquí aflora nuevamente el
nobilísimo pensamiento. En esto, por lo demás, demostraba ser coherente consigo mismo: desde los orígenes del óbolo de San Pedro en
1849, "no había él prestado la pequeña, pero preciosa colaboración de sus pobres oratorianos?Carísimo en J. C.:He recibido su apreciada carta, que le agradezco de corazón. En Faenza visité dos veces a su hermano, a quien encontré muy grave.
Desde entonces, no he dejado de rezar y de hacer rezar por él. Cuando fui a su casa, estuve por sugerirle un medio extraordinario, que
muchas veces ha resultado bien: que hiciera una limosna notable al Padre Santo, que pasa apuros. Pero después me abstuve, porque las
buenas disposiciones de su señora madre y de toda la familia ya eran de dar una buena limosna, si se conseguía la curación. ((348)) A mí,
con todo, me dieron una bonita limosna, para misas y oraciones que ya hemos hecho y seguimos haciendo día y noche, ante el altar de
María Auxiliadora. Queridísimo Monseñor, no dejaré de tener cada mañana un memento por usted en la santa misa; tenga también usted
la bondad de pedir por mí, que siempre seré en los sagrados Corazones de Jesús y de María,Turín, 28-5-1882.Fin de Página: 304
VOLUMEN XV Página: 304Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.La familia Cavina, que se había mostrado dadivosa con don Bosco en persona, quiso enviarle aún dos mil liras, que él destinó a la
iglesia del Sagrado Corazón. Refiriéndose al condesito Carlos, digno sucesor del nombre y de las virtudes de su padre, el Beato usa el
epíteto de "grazioso" (gracioso). Iría contra sus habituales sentimientos, si este1 Véase el Vol. XI, pág. 27. Los originales de las cartas de don Bosco al Canónigo se conservan en el archivo familiar de los Cavina.epíteto se refiriere a las cualidades físicas de la persona; hay que pensar, en cambio, en el significado corriente de su vocablo
correspondiente en piamontés, esto es, amable y obsequioso.Muy querido en N. S. J. C.He recibido sus cartas y hoy me han llegado las cuatro libranzas de quinientas liras cada una para dedicarlas a la mayor gloria de Dios y
de la Bienaventurada Virgen María, con objeto de suplicar a la Augusta Reina del Cielo que venga en auxilio de su hermano enfermo.
Eso era lo que yo quise hacer cuando pasé por Faenza. No hago más que continuar las oraciones iniciadas mañana y tarde en el altar de
María Auxiliadora. Si Dios no nos hace un milagro con la curación corporal, ciertamente que el milagro se hará para su eterna salvación.Mi deseo era una obra en favor del Padre Santo que sé se encuentra en necesidad; así que la cantidad enviada, se ha empleado hoy
mismo para pagar una deuda contraída para la edificación de la iglesia y hospicio del Sagrado Corazón de Jesús en Roma, por lo que el
mismo Padre Santo demuestra tanto interés.Que el Señor se digne escuchar bondadosamente nuestras oraciones y conceda todas las gracias que no son contrarias a la mayor gloria
de Dios y al bien del alma de su hermano.Le ruego presente mis humildes saludos a su señor hermano, a su madre, su cuñada y su gracioso sobrino Carlitos.Que el Señor nos bendiga a todos. Ruegue por mí, que siempre seré, en el sagrado Corazón de Jesús y de MaríaAfmo. amigoJUAN BOSCO, Pbro.((349)) La tercera carta precedió en pocos días a la muerte del Conde, que falleció el 19 de junio.Mi querido don José:íCuánto siento las noticias que me da de su señor hermano! Aquí en nuestra casa, en la iglesia de María, se reza mañana y tarde para
conseguir la gracia. "Serán inútiles todas estas oraciones? No lo puedo creer; al menos, quiera Dios conceder a su alma lo que nosotros
pedimos para su cuerpo. Diga a su señora madre, la marquesa Cavina-Durazzo, que estamos pidiendo también por ella de modo
particular. Si con todo nos pidiera el Señor un sacrificio entero, ípaciencia! Dios es nuestro Padre y nuestro Dueño y haremos un esfuerzo
para decir fiat voluntas tua.Mil saludos para usted y para toda su familia, y créame en J. C.Turín, 8 de junio de 1882.Su seguro y atento servidor JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 305
VOLUMEN XV Página: 305El recuerdo de don Bosco se mantuvo siempre vivo en la familia del difunto. Al aproximarse las Navidades y enviarle sus
felicitaciones,
305el canónigo José le confió las necesidades de su alma y recibió la siguiente respuesta.Carísimo don José:Me he retardado algo en responder para tener el gusto de hacerlo yo mismo y darle a entender cuánto aprecio sus felicitaciones y sus
oraciones.Se las agradezco, por tanto, muy de corazón y pido a Dios las centuplique sobre usted, querido don José, y sobre toda su familia y, de
modo particular, sobre su sobrinito, que el cielo conserve.Dice usted que lo encomiende a Dios para que le ilumine para seguir la senda que le conduzca seguro a la vida eterna. Sí, lo haré con
todo mi corazón y le ruego que pida usted lo mismo para mí. Si el Señor le inspirase venir a pasar algún tiempo con nosotros, lo
aceptaríamos como a un hermano que va a casa de su hermano, un dueño que va a casa de su siervo. Hay trabajo abundantísimo
preparado también para usted. Y, por cuanto nos es posible, no se ahorrarían las atenciones debidas a su salud y condición.Y puesto que usted ha tenido la bondad de hablarme en confianza, yo también me encomiendo calurosísimamente a sus santas
oraciones y a su santa misa. Yo estoy ocupado con asuntos muy serios, especialmente por las misiones en el extranjero y es
verdaderamente obra del auxilio del Cielo ((350)) poder salir a flote; por eso confío mucho en la caridad de sus oraciones.Que Dios le bendiga, mi siempre querido don José, y le conserve en buena salud. Ruégole extienda mis humildes saludos a toda su
respetable familia y usted considéreme siempre, como tengo el honor de profesarme en N. S. J. C.Turín, 27 diciembre de 1882.Su afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.El florecimiento del oratorio puso en confusión a los enemigos del bien, que empezaron a revolver Roma con Santiago contra los
salesianos. Un día, durante el recreo, atravesó el patio un disparo de fusil, dirigido contra don Juan Bautista Rinaldi que, por milagro, no
hirió a nadie. Una noche, manos criminales cubrieron de petróleo la puerta y la prendieron fuego. Hasta entre los buenos hubo
incomprensiones que originaron disgustos. Con todo esto cundía cada vez más la duda, de sin don Bosco se llevaría a los salesianos y
cerraría la casa. Pero él, como afirma saber don Joaquín Berto en los procesos, respondía a quien le escribía para eliminar aquel peligro,
que la casa de Faenza no se cerraría a pesar de los esfuerzos del demonio y de las sectas, y que prosperaría. La afirmación del secretario
queda confirmada con esta carta al canónigo Cavina.
306Carísimo en N. S. J C.:Con gran alegría he recibido su carta con las buenas noticias de toda su familia. Doy gracias a Dios de que todos sus parientes gocen de
buena salud; le pido de corazón que siempre vaya de bien en mejor, y que la gracia de Dios les haga constantes en el servicio divino hasta
recibir el gran premio de los justos en el paraíso.Pero he sabido con gran pena algo que hace difícil la obra dirigida al bien de la juventud pobre y cercada de peligros. "Vamos a
abandonar el campo en manos del enemigo? Nunca jamás.En los grandes peligros hay que redoblar los esfuerzos y los sacrificios. Haremos con gusto cuanto esté de nuestra parte, pero también
es menester que usted y sus amigos presten una mano eficaz para abrir un internado destinado a los muchachos pobres. Estúdiese el
asunto y llévese a la práctica.Don Juan Bautista Rinaldi explicará mejor mis pensamientos.((351)) Me falta tiempo para escribir más, pero le aseguro que ningún día dejaré de rezar en la santa misa por usted, querido don José, yFin de Página: 307
VOLUMEN XV Página: 307por toda su respetable familia.Encomiende también usted al Señor al ejército salesiano, especialmente en los momentos actuales en que hemos dado un decidido
asalto a la Patagonia.Que Dios nos bendiga a todos y créame en J. C.Turín, 17 septiembre de 1883.Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.Lejos de dejar Faenza, don Bosco quiso que se buscase en la ciudad un lugar que ofreciera mayores facilidades para hacer el bien y
donde hubiera mayor libertad de acción. Mientras tanto se estipuló un convenio 1 entre él y la Junta de Cooperadores que estuvo en vigor
hasta el feliz traslado del Oratorio desde el arrabal al centro de la ciudad.Aquí la obra se desarrolló profusamente y continúa todavía hoy su influencia, no sólo en su alrededor, sino por toda la Romaña.1 Véase Apéndice, Doc. núm. 48. Ya se había hecho un convenio antes del viaje; pero sólo con caracter preparatorio. Puede ser útil
saber que el Beato, durante su estancia en el exconvento, ocupó el penúltimo aposento hacia levante, en el edificio que se extiende en el
patio hacia el mediodía.
307
((352))CAPITULO XILAS HIJAS DE MARIA AUXILIADORA A LA MUERTE
DE SU PRIMERA MADRE GENERALCUANDO más pretextos de jurisdicción complicaban la causa de don Juan Bonetti, el abogado Leonori escribía a don Bosco 1:"Opinaría que pidiese usted ahora la aprobación de las Constituciones de las Religiosas, siguiendo la misma norma que empleó para la
aprobación de su Instituto de varones; quedarían así eliminadas todas las cuestiones".También otros opinaban igual. Pero don Bosco no tenía ninguna prisa por alcanzar tal aprobación de la Santa Sede. Sabía muy bien que
Roma se inclinaba a que las Congregaciones femeninas quedaran totalmente independientes de los Institutos de varones y semejante
separación hubiera sido entonces perjudicial por lo precoz, ya que todavía necesitaba formar, conforme a su ideal, el espíritu de la
Congregación que tanto prometía. Seguía, además, en ello el ejemplo de los Sacerdotes de la Misión, los cuales, precisamente por este
mismo motivo, no quisieron nunca que se aprobaran las Reglas dadas por san Vicente a las Hijas de la Caridad 2.((353)) Se han recalcado las prometedoras esperanzas de la nueva Congregación. El año 1881 empezaron las Hijas de María
Auxiliadora a imprimir su Anuario, o elenco general, de las hermanas y de las casas, siguiendo el ejemplo de lo que hacían los Salesianos
desde 1872. Llevaba un apéndice con la breve cronología de sus difuntas. En él aparece el Capítulo Superior compuesto por:1 Roma, 21 junio de 1881.2 En 1901 un decreto de la Congregación de Obispos y Regulares, entre las condiciones que ponía para que las Congregaciones
femeninas pudieran obtener la aprobación de sus Reglas por la santa sede, estaba la plena independencia de toda Congregación de
varones con el mismo fin.
En 1918 ese decreto se convirtió en un artículo del nuevo Código de derecho canónico. Para las Hijas de María Auxiliadora dicho
Decreto entró en vigor el año 1906. En 1921 Benedicto XV nombró a don Pablo Albera delegado apostólico para las Hijas de María
Auxiliadora, con la misión de conservar entre ellas, por sí mismo o por medio de otros, el espíritu del Fundador.
308SUPERIORA GENERAL Sor María Mazzarello.Fin de Página: 309
VOLUMEN XV Página: 309VICARIA Sor Catalina Daghero.ECONOMA Sor Juana Ferettino.PRIMERA ASISTENTE Sor Emilia Mosca.SEGUNDA ASISTENTE Sor Enriqueta Sorbone.MAESTRA DE NOVICIAS Sor Petronila Mazzarello.Aparecen registrados en él los nombres de noventa y siete profesas perpetuas, cincuenta y seis profesas trienales, cincuenta y cinco
novicias y siete coadjutoras. Con este último título se designaba una categoría especial de hermanas, que vestían de negro y usaban un
chal negro en vez del peto blanco de las otras. Tenían los mismos deberes y derechos que las demás; pero la diferencia de hábito
establecía de por sí una diferencia de condición.De ahí que ellas se sintieran, a veces, un poco a disgusto, como si las coadjutoras formaran una clase de segundo orden, cosa ajena a la
mente del Fundador y a la índole de su Instituto. La conveniencia, por otra parte, de que vistieran un hábito más a la ligera las hermanas
que atendían a los trabajos más bastos o que habían de salir para hacer los recados, parecía que aconsejaba modificaciones. Con todo, así
se continuó hasta 1922, cuando se incluyó en las Constituciones el artículo 21 que dice: "Las hermanas encargadas de los recados al
exterior, al salir de casa, podrán usar un vestido modesto, que cubra el hábito religioso". A partir de entonces, todas usan dentro de casa
un vestido común.((354)) La organización de la Casa Madre de Nizza Monferrato era un espejo de la del Oratorio: la Superiora General era su directora,
asistida por la Vicaria que, efectivamente llevaba la dirección. Las otras casas llegaban a veintitrés, dos de las cuales estaban en Sicilia
(Catania y Bronte), tres en Francia (Niza, La Navarre y Saint-Cyr) y seis en América (Almagro, La Boca, San Isidoro y Patagones en
Argentina; Villa Colón y las Piedras en Uruguay). En el bienio 1881-82 se añadieron diez: ocho en Italia (Fontanile, Visone, Incisa Belbo
en la diócesis de Acqui; Rosignano Monferrato en la diócesis de Casale; Sampierdarena en la archidiócesis de Génova; Trecastagni en la
archidiócesis de Catania y Máscali Nunziata en la diócesis de Acireale), una en Francia (Marsella) y otra en Argentina (Morón, cerca de
Buenos Aires).En medio de una vida tan intensa, Dios llamó a sí a la que, oculta en su humildad, había sido la fuerza motriz íntima durante el período
de la lenta preparación.
309Hasta entonces el Instituto había necesitado sobre todo enraizarse en las virtudes religiosas, a fin de que el árbol creciera derecho y
robusto; la santidad oculta y laboriosa de la Madre Mazzarello fue para ello lo mejor que don Bosco pudiera haber deseado. Pero el
desarrollo, cada vez más rápido y más amplio, que tomaban las cosas, exigía en quien estaba al frente una feliz alianza de dones
sobrenaturales y disposiciones naturales extraordinarias. La misma Mazzarello, que era una religiosa iluminada, demostró que
comprendía a las mil maravillas aquella necesidad, cuando, antes de las elecciones del mes de junio de 1880, se acercaba a las electoras y
despacito les sugería pensamientos como éstos:-Mire: la Congregación necesita Superioras instruidas, porque entran jóvenes educadas y que saben y resulta difícil discernir su
verdadera virtud. Con las muchachas del campo no es así: en ellas se ve enseguida lo que son. Mas, para dirigir a las otras, se precisa
mucha virtud y mucha instrucción; elegid, pues, a sor Magdalena Martini aunque se encuentre en ((355)) América o a sor Catalina
Daghero.No se le prestó oídos; pero, un año después, no se olvidó su sugerencia 1.El mal que la llevó a la tumba, lo incubaba hacía tiempo en el pecho. Durante aquel invierno, le asaltaba de vez en cuando un dolor
sordo al costado, que le producía una sensible incomodidad, de la que ella no hacía caso. Durante el viaje que emprendió para acompañar
a las hermanas misioneras, le asaltó una fiebre ardiente en Sampierdarena; mas, a pesar de ello, como se recuperó un poco, embarcó para
Marsella con intención de visitar después a sus hijas de Francia. Pero, al llegar a Saint-Cyr, se le manifestó una violentísima pleuresía;
por lo que hubo de permanecer allí un mes, sufriendo y edificando mucho.Ya en viaje de vuelta, se encontró en Niza con don Bosco, a quien preguntó si recobraría enteramente la salud. El Siervo de Dios le
contestó, refiriéndole un apólogo.-Un día, dijo, fue la muerte a llamar a la puerta de un monasterio. Abrió la portera y aquélla le dijo:-Ven conmigo.Pero la portera respondió que no podía, porque no había ninguna para sustituirla en su labor. Y la muerte, sin decir nada, entró en elFin de Página: 310
VOLUMEN XV Página: 310monasterio, repitiendo su "Ven conmigo" a cuantas encontraba al paso, ya fueran profesas, postulantes o simples estudiantes y hasta a la
cocinera. Pero todas decían que no podían aceptar la invitación, porque1 Véase: MACCONO, Suor María Mazzarello, pág. 268 (1.ª edición).
310todavía tenían muchas cosas que hacer. Entonces la muerte se presentó a la Superiora y le dijo: "Ven conmigo". También la Superiora
presentó sus excusas para no tener que seguirla. Pero esta vez la muerte se mantuvo firme e insistió diciendo:-La Superiora debe ir delante de todas con su buen ejemplo, aún cuando se trate del viaje a la eternidad; por tanto, ven sin más, porque
yo no puedo aceptar tus razones.No hubo más remedio. La Superiora tuvo que bajar la cabeza y seguirla.
La Madre comprendió, pero fingió que tomaba a broma la cosa, para no entristecer a las hermanas presentes.((356)) En Saint-Cyr la enferma sólo había manifestado un deseo, el de no morir fuera de la casa de Nizza Monferrato, lejos de sus
buenas hijas. El Señor la escuchó, concediéndole que volviese allí el 28 de marzo. Pero no se dejó ilusionar; las palabras de don Bosco le
decían claramente que no tardaría en sonar su última hora. Con este pensamiento en la mente, íqué pena le causaban las demostraciones
de alegría para celebrar su vuelta! En efecto, no pasaron dos semanas y reapareció la pleuresía, acompañada de síntomas de la mayor
gravedad.Con su humilde y genuina sencillez, sufría rezando y tarareando loas a la Virgen, interesándose por las necesidades de las demás y
repartiendo buenas palabras. Un día dio estos tres consejos a las capitulares y a las más antiguas, reunidas alrededor de su lecho: Que no
hubiera celos después de su muerte; mientras existía aquel pobre trapo, no se veían tales miserias; pero después "quién sabe? Que se
ayudaran unas a otras para hacer el bien; pero que se dejasen las cosas de la dirección a quien tuviere la incumbencia... Que las hermanas
habían abandonado el mundo: no se fabricasen dentro de la Congregación otro mundo semejante al primero.El 10 de mayo llegó de España don Juan Cagliero. Don Bosco estaba lejos de Turín; la enferma, no pudiendo obtener su última
bendición, pedía a Dios que, al menos, el Director general llegase a tiempo. Don Juan Cagliero llegó a ella cuando ya había recibido los
últimos sacramentos; pero la víspera de su muerte permaneció durante tres cuartos de hora a la cabecera de su lecho, dándole tiempo para
hablar de los asuntos del alma. Murió santamente el sábado 14 de mayo, por la mañana, cuando cumplía cuarenta y cuatro años de edad.La vida y el gobierno de la Madre Mazzarello son una prueba indiscutible de que don Bosco estuvo muy inspirado al ponerla al
311frente de la incipiente Congregación. Aunque por naturaleza era algo irritable, se dominó, hasta convertirse en la paciencia personificada;
aunque falta de instrucción, gozó del aprecio sincero de las hermanas que habían cursado estudios; siempre modestísima, poseía en grado
eminente ((357)) el arte de corregir, el secreto de conocer las vocaciones y el don de tranquilizar los espíritus. Su pérdida fue llorada
amargamente por todas sus hijas; pero la fama de santidad, que aureoló su memoria, ha hecho también de ella el orgullo de su familia
religiosa, instigándole enseguida a promover su causa de beatificación 1.Sorprendió y aún sorprende a alguno que falten signos que evidencien la parte que don Bosco tomó en el doloroso apuro.Aquí hay que observar varias cosas. El día de la muerte lo encontramos en Florencia, ocupado con don Miguel Rúa en resolver
desagradables dificultades y estudiando la manera de hacer un arreglo mejor y definitivo en aquella casa. Por otro lado, hay que decir
también que no han llegado a nuestro conocimiento muchas de sus manifestaciones privadas. Además, limitándonos a las Hermanas, nos
parece incontestable el hecho de que, mientras en privado y en público magnificaba las obras del Instituto, nunca alababa ni nombraba en
particular a ninguna religiosa; y este silencio respondía a aquella reserva, de la que en ciertas cosas no salía por nada del mundo. No se
olviden las observaciones que Roma le presentó respecto a las relaciones del Rector Mayor con la Congregación de las Hijas de María
Auxiliadora 2 y las insinuaciones salidas de Turín en torno a supuestos manejos del Siervo de Dios para sustraer a las Hermanas y sus
casas de la jurisdicción episcopal 3. Eran circunstancias que entonces debían darle a entender la oportunidad de estar en guardia para
evitar falsas opiniones y, por tanto, no tocar en público determinados temas de los que otros pudieran tomar ocasión para acusarlo de
demasiada injerencia en el gobierno de una institución meramente diocesana.Pero si don Bosco no habló, lo hizo el Boletín. Enseguida, en el número de junio publicó una biografía breve, pero llena de elogios; y
después, en cinco números más, presentó a los lectores una abundante biografía, en la que los méritos y virtudes de la difunta ((358)) se
ponían de manifiesto honrosamente 4. Y no se puede suponer que lo uno y lo otro no pasara ante los ojos de don Bosco; más aún, nos
parece advertir acá y allá el rasgo de su pluma.Fin de Página: 312
VOLUMEN XV Página: 3121 Sor María Mazzarello fue canonizada el 24 de junio de 1951.2 Véase Vol. XIV, págs. 196 y 200.3 Véase más arriba, pág. 190.4 Septiembre, octubre y diciembre de 1881; marzo y junio de 1882.
312De acuerdo con las Reglas, el gobierno general de la Congregación, durante la vacante, pasaba a manos de la Vicaria y, según las
Constituciones de entonces, no se podía prorrogar más de quince días la elección de la Superiora general. Pero la Vicaria, al comunicar a
las hermanas los detalles de la muerte de la Madre Mazzarello, transmitía adjunta la copia de esta carta, escrita por el Director general, en
nombre de don Bosco.A Sor CATALINA DAGHERO, Vicaria.Reverenda Hermana e Hijas en Jesucristo:El reverendo señor don Juan Bosco, nuestro y vuestro queridísimo Superior y Padre, ha tomado parte viva en vuestro legítimo dolor por
la sensibilísima pérdida que todas habéis sufrido de la Rvma. Madre Superiora.El encomienda a Dios la bella alma de la difunta, al mismo tiempo que no olvida a sus hijas huérfanas.En su deseo que todas estéis resignadas a la santa voluntad de Dios y os ruega que permanezcáis unidas con el hermoso vínculo de la
caridad, junto con la perfecta observancia de las santas Reglas de vuestro Instituto. No pudiendo, por las circunstancias, observar lo
prescrito en el artículo tercero, título cuarto, de vuestras Constituciones, acerca de la elección de la Madre general, la traslada al próximo
agosto, con ocasión de los santos ejercicios espirituales.Os anima a todas a confiar en la divina Providencia y en la maternal protección de María Auxiliadora, y desea que cada día se rece en
todas las casas del Instituto un Pater, Ave y Gloria al Espíritu Santo para que os conceda una Madre que, como la precedente, íos guíe a
todas al Paraíso!Encomendadme al Señor en vuestras fervorosas oraciones, Soy en J. C. vuestroTurín, 24 de mayo de 1881.Director y Padre
JUAN CAGLIERO, Pbro.La elección quedó fijada para el 12 de agosto. El Capítulo General se reunió en la iglesia de Nuestra Señora de las Gracias en Nizza
Monferrato. Participaron en él, junto al Capítulo Superior ((359)) todas las Directoras de Italia y Francia. Se permitió además que
estuvieran presentes las colegialas. Después de invocar las luces del Espíritu Santo, don Bosco, en su calidad de Superior general, asistido
por don Juan Cagliero, director general, y don Juan Bautista Lemoyne, director local, después de unas palabras de ocasión, declaró, en
nombre de Dios, abierta la sesión.Por votación secreta fueron designadas como escrutadoras sor Rosalía Pestarino, directora del internado de Chieri y sor Adela David,
directora de la casa de Vallecrosia. El Capítulo propuso que don Bosco
313presentase una terna de elegibles, entre las cuales elegir a la Madre general; pero don Juan Cagliero se opuso de plano. Las votantes eran
veintiuna. Resultó elegida sor Catalina Daghero, de Cumiana. Las Reglas requerían treinta y cinco años de edad, y ella sólo tenía
veinticinco; pero don Bosco le concedió la dispensa. La elección fue recibida por doquiera con viva alegría, pues la nueva Superiora ya
gozaba de notable prestigio ante todas las hermanas, las de cerca y las de lejos.Fin de Página: 314
VOLUMEN XV Página: 314Cuando se hacían los preparativos para la elección, encontróse ella con don Bosco y le dijo el Siervo de Dios:
-Tengo preparada una preciosa caja de amargos para la pobrecita que deberá suceder a Madre Mazzarello, porque, ípobrecita!
En efecto, envió a las superioras no una, sino dos cajas, la primera de amargos y la segunda de bombones, con la siguiente cartita:A la futura Madre Superiora general de las Hijas de María Auxiliadora:
Reverenda Madre Superiora general:
He aquí unos bombones para distribuir entre vuestras hijas. Quedaos vos con la dulzura que hay que tener siempre con todos; pero estadsiempre dispuesta a recibir los amargos, o mejor, los bocados amargos cuando Dios quiera mandároslos.
Que Dios os bendiga y os dé virtud y fuerza para santificaros a vos y a toda la comunidad, que se os ha confiado.
Rezad por mí que os soy en J. C.
Nizza Monferrato, 12 de agosto de 1881.Atento y humilde servidor JUAN BOSCO, Pbro.((360)) Acabada la reunión, salieron todas las hermanas al patio y rodearon a don Bosco con quien estaba la condesa Gatti. Dijo el
Beato:-íSois ya muchas! La casa es grande, pero aún lo será más. íTened ánimo! Habéis perdido una Madre humilde, pero ya tenéis otra
humildísima; teníais una santa y tenéis ya otra que no lo será menos...
"Dónde está vuestra Superiora? Id a buscarla y decidle que se deje ver.La buscaron y la encontraron acurrucada en el desván y deshecha en llanto.Aquella noche se celebró en el teatro colegial una fiestecita por la elección de la Madre general y en honor de don Bosco. El buen Padre
quiso que la Madre Daghero se colocara entre él y la condesa Gatti. Al fin de la fiesta dijo:-Esta es, ahora, vuestra Madre. Y vos, Madre, tenéis aquí a vuestras
314hijas. Veo que hay allí dos cabarets (bandejas), una con amargos y otra con bombones. (Los amargos eran de los pequeñitos, como
habachiquis). Pues bien, repártalos, madre: primero un puñadito de amargos a cada hermana y después otro de bombones.Terminado el reparto, tomó otra vez la palabra don Bosco y dirigiéndose a la Madre, dijo:-Haced siempre así: a cada una y a todas unos amargos, que hacen bien al alma y al cuerpo; y unos bombones siempre, después.Don Bosco estaba en Nizza desde el día 2 para dirigir los ejercicios de las señoras y señoritas, que le daban mucho que hacer con el
confesonario y las audiencias. Todas las noches, además, después de las oraciones les daba un sermoncito. Sor Angela Rinaldi recuerda
que una vez desarrolló este pensamiento:-Dicen muchos que don Bosco es un santo y que hace cosas maravillosas; pero yo os he de decir que don Bosco es un pobre sacerdote;
un instrumento en manos de Dios para hacer grandes cosas, es cierto, para trabajar por la salvación de las almas, especialmente de la
juventud. Pero él no podrá hacer nada sin vuestra cooperación... El espera la ayuda espiritual de vuestras oraciones, avaloradas con
vuestra vida verdaderamente cristiana y espera ((361)) socorros materiales pequeños o grandes...Estos ejercicios producían siempre frutos tan abundantes que él mismo llegó a decir en 1882:-Si yo no hubiese fundado la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora, la querría fundar sólo para conseguir tanto bien.Fin de Página: 315
VOLUMEN XV Página: 315Se hallaba entre las ejercitantes la jovencita Eulalia Bosco, sobrina segunda del Beato, hija de Francisco, el hijo de su hermano José.
Apenas la vio le dijo:-Tu hermana María quería entrar este año como postulante; pero la Virgen la quiere con ella en el paraíso y en su lugar te quiere aquí a
ti.Quedóse sorprendida la muchacha y respondió:-No, no, mi hermana está mejor y yo no quiero hacerme monja.La hermana murió, en efecto, y la pequeña Eulalia estaba de nuevo allí, un año después, para hacerse religiosa. Todavía vive (1933),
fue inspectora en Roma y hace muchos años forma parte del Capítulo Superior.Mientras atendía a las ejercitantes y a las hermanas, don Bosco aprovechaba los retazos de tiempo libres para retocar el Joven Instruido
(El joven cristiano) y añadirle cosas que consideraba necesarias y oportunas. Escribía con este fin a su secretario:
315Carísimo Berto:Cuando vengas aquí, procura traer los otros cuadernos del antiguo Joven Instruido, puesto que equivocadamente tomé los que no
continúan con los ya leídos.Sé bueno. Cuídate y también a todas nuestras alubias 1 y las uvas.Hasta la vista y ruega por mí, que soy tuyo en J. C.Nizza Monferralo, 8-8-1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.El día 8 había querido complacer a un exalumno, que había fundado en Nizza una Unión Católica Obrera. Este, teniendo en cuenta las
halagüeñas expresiones proferidas por don Bosco en su día onomástico 2, quiso aprovechar la ocasión para honrarle y hacer algún bien a
los socios. De acuerdo, pues, con el presidente honorario, que era el conde César ((362)) Balbo, convocó a los socios a una solemne
fiesta, honrada con la presencia de párrocos y otros sacerdotes y presidida por el Siervo de Dios. Don José Bertello leyó en ella un
primoroso discurso; otros hablaron antes y después de él. Don Bosco, dio las gracias y conmovió al auditorio contando cómo siempre
había sido amigo de los obreros 3. Cuatro días después, poco antes de salir de Nizza, dedicó todavía un delicado pensamiento a los socios
y a su presidente, escribiendo a éste último:Carísimo Carlos Brovia:Ayer hubiera querido dar las gracias a cada miembro de la Sociedad Católica Obrera que honrosamente presides. No tuve tiempo ni
posibilidad. Por tanto, tú me representarás y les dirás que quedé muy satisfecho y que conservaré un recuerdo imborrable de aquella
velada, que bien puede llamarse entretenimiento católico social. Que Dios aumente el número.El Señor os bendiga a ti y a toda la Sociedad; presenta mis humildes saludos al conde César Balbo y rogad por mí, que siempre seré enJ. C.
Nizza Monferrato, 12 de agosto de 1881.Tu afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 316
VOLUMEN XV Página: 316Con estas atenciones, quería también don Bosco rodear de personas benévolas la casa de las hermanas, ya que en la ciudad no todos la
miraban con buenos ojos, como tuvimos ocasión de contar.1 Véase Vol. XIII, pág. 738.2 Véase más arriba, pág. 160.3 Boll. Sal., septiembre 1881.
316En octubre fue a Roma la nueva Madre general. Don Bosco había enviado a Sicilia a don Juan Cagliero para visitar a los salesianos y a
las hijas de María Auxiliadora y predicarles los ejercicios espirituales; pero éste se había entretenido en Roma y había visitado la casa de
Magliano. Como se acercaba el tiempo de proseguir su viaje, la Madre Daghero le llevó algunas hermanas para que las acompañase hasta
Trecastagni y les ayudase en los inicios de aquella función.Era una ocasión solemne. Una numerosa peregrinación de católicos italianos acudía a los pies de León XIII, en actitud de ((363))
protesta y reparación por una reciente y gravísima ofensa contra el Vicario de Cristo.La noche del 13 de julio, al transportar los restos de Pío IX desde el Vaticano al lugar por él elegido para su sepultura, una banda de
facinerosos, a sueldo de las sectas, asaltó al cortejo, intentando inútilmente desbaratarlo con toda clase de medios y amenazando, con
furor satánico, arrojar al Tíber los sagrados restos del gran Pontífice. Por todas las partes del mundo y particularmente de un extremo al
otro de Italia, se alzaron voces de indignación contra el atentado sacrílego. El 16 de octubre, cerca de veinte mil peregrinos italianos
reunidos en la basílica del Príncipe de los Apóstoles aclamaban entusiasmados al sucesor de San Pedro. A la mañana siguiente, hubo una
recepción en las Galerías vaticanas, donde los peregrinos se agruparon para esperar al Papa, divididos por regiones. La Madre Daghero y
las hermanas se unieron al grupo piamontés, lo mismo que don Juan Cagliero y los otros salesianos.Nunca hubieran ellos imaginado una demostración tan grandiosa, sobre todo cuando el Padre Santo con un imponente cortejo de
Prelados comenzó su recorrido. Así vieron con qué amabilidad se detuvo al oír nombrar a los salesianos y cómo se paró primero con el
clérigo Eusebio Calvi 1 y después con don Juan Cagliero 2, y escucharon de los augustos labios del Papa las palabras:-Don Bosco es un santo.También ellas fueron presentadas a Su Santidad el cual, al oír:-Las religiosas de don Bosco, dijo:-íOh, bien, bien! "Cuántas casas tenéis? "Dónde las tenéis?La Madre Daghero, arrodillada, estaba tan emocionada y confundida que no encontraba palabras para contestar, pero acudió don1 Véase, Apéndice, Doc. núm. 49.2 Boll. Sal., noviembre 1881. Para el viaje de don Juan Cagliero a Sicilia, véase Apéndice, Doc. num. 50.
317Juan Cagliero en su ayuda. Al oír el Papa que también se encontraban en la República Argentina, en Uruguay y en Patagonia, exclamó:-íHasta en la Patagonia! íQué hermanas tan valientes! Que Dios os bendiga a todos y a todas; que bendiga a vuestro Superior y a todas
las casas.((364)) El año 1881 se clausuró con un hermoso regalo del cielo a las Hijas de María Auxiliadora.Don Bosco, a finales de diciembre, tuvo un sueño relacionado con su Instituto, sueño que contó a Lemoyne, el cual, como hacía con
todo lo relacionado con su venerada persona, tomó nota inmediatamente. Al exponerlo, seguiremos sus apuntes.Parecióle a don Bosco que estaba recogiendo castañas cerca de Castelnuovo. Había muchas, hermosas y grandes, esparcidas por el
suelo cubierto de hierba. Mientras él no pensaba en otra cosa, he aquí que apareció una mujer que se le fue acercando, mientras ellaFin de Página: 318
VOLUMEN XV Página: 318también recogía castañas y las echaba en una canasta. Don Bosco se sintió mortificado, al ver cómo aquella mujer se había tomado la
libertad de recoger castañas en aquel lugar y le preguntó:-"Con qué derecho ha venido usted aquí? No comprendo cómo se atreve a venir a recoger castañas en mi campo.-"Cómo?, respondió ella. "No tengo derecho a hacerlo?-Yo creo que aquí el dueño soy yo y que, por tanto, esto es mío.-Bien, replicó ella; pero es que yo estoy recogiendo castañas para ti.Aquella mujer hablaba con acento tan resuelto y sin cejar en su labor, de forma que don Bosco no juzgó oportuno insistir, y, por su
parte, siguió también él recogiendo castañas. Cuando ambos tuvieron su cesta llena, la mujer llamó a don Bosco y le dijo:-"Sabes cuántas castañas hay aquí dentro?-íA fe que es muy extraña la pregunta que me hace!-Vamos, responde: "lo sabes, sí o no?-Pues no lo sé; no soy ningún adivino.-Entonces, te lo diré yo.-Bien, "cuántas?-Quinientas cuatro.-"Quinientas cuatro?-Exactas. "Y sabes qué simbolizan estas castañas?-"Que?-Las casas de las Hijas de María Auxiliadora. Tantos serán los colegios fundados por tus hijas.((365)) Mientras estaban en esta conversación, se levantó un clamor
318
de hombres furiosos; eran unas voces semejantes a las de los borrachos. Se notaba que los que vociferaban avanzaban entre los árboles.Don Bosco, atemorizado, huyó y la mujer corrió tras él hasta que llegaron a la orilla de una playa. Seguir adelante no se podía y no
había que pensar en volver atrás. Don Bosco estaba sobre ascuas. Entretanto, aquellos individuos se acercaban alborotando y pisoteando
con despecho las castañas que habían quedado en el suelo.Aquí comenta Lemoyne: "Tal vez se trata de las vocaciones contrariadas, a causa principalmente de las luchas contra las casas de
nuestras hermanas, o mejor la suerte de las que quedan en medio del mundo".Don Bosco, al escuchar semejante ruido, se despertó, pero poco después concilió el sueño y volvió a soñar.Le parecía estar sentado al borde de un ribazo; a poca distancia estaba también sentada la mujer con su canasto lleno de castañas. En la
lejanía resonaban aún los gritos de aquellos energúmenos; parecía que se perdiesen detrás de una colina, pero fue cosa de breves
instantes.Don Bosco tenía la mirada fija en aquellas castañas, que eran gruesas y hermosas sobre manera. Mas, al fijarse bien, notó que algunas
tenían el agujero hecho por el gusano.-íOh! Mire, dijo entonces a la mujer... "Qué haremos con éstas? Están agusanadas.Fin de Página: 319
VOLUMEN XV Página: 319-Es necesario apartarlas para que no echen a perder a las sanas... Hay que despedir a las hijas que no son buenas y no tienen el espíritu
de la casa, pues el gusano de la soberbia o de otros vicios las corroe:
especialmente si se trata de postulantas.Comenta Lemoyne: "Las castañas en la segunda parte del sueño representan a las Hijas de María Auxiliadora".Don Bosco, que continuaba contemplando aquellas castañas, tomó algunas y, al comprobar que las podridas no eran tantas, se lo hizo
notar a la mujer, la cual dijo:((366)) -"Crees tú que las que quedan ahí están todas buenas? "No tendrán el gusano dentro sin que se note por fuera?-"Y cómo se podrá descubrir si están buenas o malas?-íAh! La cosa es difícil. Algunas saben fingir tan bien que parece imposible llegar a conocerlas.-"Y entonces?-Mira; hay un medio. Somételas a la prueba de las reglas y no las pierdas de vista. Así verás quién tiene o no el espíritu de Dios. Es una
prueba ésta, mediante la cual difícilmente se equivoca un atento observador.
319Don Bosco continuaba pensando en las castañas sin dejar de mirarlas, hasta que se despertó improvisamente. Comenzaba a amanecer.Dijo después a Lemoyne que, durante una semana entera, se la había repetido este sueño noche tras noche; bastaba que se adormeciera
para que inmediatamente se presentase a su imaginación la escena de la mujer y las castañas.Una vez la mujer le habló así:-Está atento con las castañas podridas y con las vacías. Pruébalas metiéndolas en el agua dentro de la olla. La prueba es la obediencia...
Cuécelas. Si se aprietan las podridas entre los dedos, sueltan inmediatamente el mal humor que tienen dentro. Tíralas. Las que están
vacías suben a flote. No se quedan abajo con las otras, sino que quieren sobresalir de alguna manera. Tómalas con la espumadera y
tíralas. No olvides que las buenas, cuando están cocidas, no se mondan fácilmente. Hay que quitar primero, la corteza y luego la piel.
Entonces te parecerán blancas, muy blancas: pero observa bien: algunas son dobles; ábrelas y verás en medio otra piel, allí escondido hay
un juego amargo.No se podría imaginar una comparación más exacta para señalar las diversas calidades de personas que conviven en una casa religiosa y
cuán difícil sea escudriñar el corazón de ciertas personas a pesar de su bondad.
320
((367))CAPITULO XIICONSAGRACION DE LA IGLESIA
DE SAN JUAN EVANGELISTAEN la circular a los cooperadores del mes de enero de 1882, don Bosco se expresaba así, respecto a la iglesia de San Juan Evangelista:"Este sagrado monumento, que los cooperadores y cooperadoras levantan al gran Pontífice Pío IX, nuestro insigne bienhechor, se puede
decir que está terminado. Los pintores y decoradores ya han pintado el coro, la nave central, las dos laterales, los muros de los costados y,
en breve, darán la última pincelada. El pavimento de mármol ya está colocado, en el campanario ya se encuentran las cinco campanas
que, con su gratísimo sonido, llamarán a los turineses al lugar santo. Ahora se están colocando los altares en su sitio, se están
construyendo los confesonarios, las puertas y los bancos; y el caballero Bernasconi de Varese, célebre organero, está fabricando y
colocando uno que hará honor a su nombre y será digno ornamento de nuestra iglesia" 1.Demos una mirada al interior del templo, siguiendo punto por punto las indicaciones que nos da aquí don Bosco y dejando para lo
último el concierto de campanas y de órgano.Lo que don Bosco llama "coro" es el ábside del presbiterio. Las ((368)) pinturas del ábside representan la escena del Calvario en el
momento en que Jesús dice a María desde la cruz: Mujer, he ahí a tu hijo, y a Juan: He ahí a tu madre. El grupo de las piadosas mujeresFin de Página: 321
VOLUMEN XV Página: 321está al pie de la cruz; le hacen corona los ángeles, que adoran afligidos al Redentor, y uno de ellos se le acerca ofreciéndole el cáliz de la
Pasión. El cuadro, ejecutado como en un mosaico al uso bizantino, es obra del pintor turinés Enrique Reffo.Reffo pintó también las paredes laterales del presbiterio, describiendo en ellas una acción caritativa de san Juan, que cuentan antiguos
historiadores eclesiásticos. En el primer fresco de la parte del1 Boll. Sal. de enero, 1882. Ya dedicamos a esta iglesia el capítulo dieciocheno del volumen XIII.
321evangelio, se ve al Apóstol ante la asamblea de los fieles llenos de veneración con su respetable persona, que presenta al Obispo de
Esmirna a un muchacho, para que lo eduque para el santuario; en el cuadro de enfrente está san Juan en un peñascal donde alcanza y
estrecha contra su pecho al pobre muchacho, que se pervirtió y convirtió en capitán de bandidos. El pintor quiso representar, en las dos
escenas, la obra preservadora y redentora de don Bosco en pro de la juventud. En el presbiterio en la parte correspondiente con estas dos
historias, hay dos grupos de ángeles, trabajo de José Rollini, exalumno del Oratorio, que cantan un himno de gloria y de victoria al
Cordero de Dios, el cual rompe los sellos que cierran el libro de los futuros destinos reservados a la Iglesia, como narra san Juan en su
Apocalipsis.El templo está dividido en tres naves. Sobre las paredes laterales se destacan siete medallones (hay uno sobre la puerta) de los siete
obispos del Asia Proconsular, mencionados en el Apocalipsis de san Juan. Los pintó el maestro Reffo. Otros dos medallones adornan las
paredes del fondo de las naves laterales sobre cada una de sus puertas. En ellos pintó el profesor Salvino Caneparo, de la Real Academia
Albertina, a san Alfonso María de Ligorio a la derecha y a la izquierda a san Francisco de Sales, los dos santos declarados doctores de la
Iglesia por Pío IX. Estas dos naves continúan alrededor del ábside, formando un cómodo corredor, que permite dar la vuelta por detrás
del altar mayor sin estorbar las funciones.((369)) Hay en las paredes diez altos ventanales y seis grandiosos rosetones, por los que entra en la iglesia una luz moderada. Los
ventanales tienen vidrieras de colores, que dejan penetrar una luz suficiente para favorecer el fervor religioso. Los cinco rosetones que
están bajo el medio casquete esférico del ábside, presentan pintadas al vidrio, las figuras de san Juan Evangelista, Santiago, san Andrés,
san Pedro y san Pablo.Hay seis altares laterales: los dos más importantes están dedicados a la Inmaculada y a san José, y todos tienen imágenes de varios
autores, notables por su mérito relevante. El altar mayor, de forma oriental, tiene doble mesa y un grandioso tabernáculo; lo circunda una
gran balaustrada en piedra de Satrio con cuatro bonitas cancelas de acceso.El pavimento de mármol en mosaico a la pompeyana tiene su pequeña historia. El presupuesto suponía un gesto de nueve mil liras. Un
día se encontró don Bosco en Sampierdarena con el Señor Repetto, que poseía en Lavagna Lígure una cantera de mármol, y lo saludó
dándole el título de caballero.
322-No se burle, don Bosco, replicó aquél; no soy ningún caballero, sino un simple industrial que hace sus negocios como puede.-Sin embargo, una persona como usted necesitaría alguna condecoración que le hiciera, como a tantos otros de su rango, más respetable
ante sus subalternos, su clientela y la sociedad. "No le parece?-Cierto, no me disgustaría la cosa.-Pues bien, escuche. Usted ha tomado el trabajo del pavimento para la iglesia de San Juan. "No podría hacerme gratuitamente el trabajo
y me libraría de una preocupación? Sería una obra buena a los ojos de Dios. Por mi parte, me comprometo a que le concedan la cruz de
caballero.-Se podría hacer esto, dijo aquel señor.-Pues entonces, cosa hecha, concluyó don Bosco.Sin embargo, en la práctica, pensaba Repetto que era demasiado malgastar liras por una condecoración. Manifestó ((370)) su indecisión
a don Antonio Sala, el cual lo exhortó a que hiciera cuanto don Bosco deseaba, contándole que la generosidad con don Bosco siempre
había aportado fortuna. En efecto, el señor Repetto hizo el pavimento, obtuvo la cruz de caballero y, poco después, por medio del
Oratorio, recibió el encargo de un monumento a monseñor Vera en la catedral de Montevideo, con lo que ganó una buena cantidad 1.Fin de Página: 323
VOLUMEN XV Página: 323La puerta principal constituye un nuevo trabajo artístico en Turín. Es de madera de nogal, con bajorrelieves en bronce. La dibujó el
profesor Boidi, expresando una idea de don Bosco, el cual quería que, al entrar los turineses en aquel templo, recordasen que era un
monumento a Pío IX.Destacan en ella de modo especial dos cuadros, que representan las dos solemnidades más sobresalientes celebradas por aquel Papa: la
definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María Santísima y la proclamación de san José como Patrono universal de la
Iglesia. En el primero hay un detalle digno de mención. Ante el Pontífice, está un Prelado revestido de dalmática, con modesto ademán,
sosteniendo un libro abierto: por sugerencia de don Bosco el artista representó en él la figura del intrépido monseñor Luis Fransoni, que
era Arzobispo de Turín en el 1854, año de la definición. Las gastos de todo corrieron a cargo del exalumno don Juan Anfossi, quien,
habiendo quedado huérfano a los trece años, fue recogido por don Bosco1 Tenemos el borrador de la carta dirigida por don Bosco al Ministro de Gobernación, para la condecoración (Apéndice, doc. núm. 51).
323en el Oratorio, y quiso atestiguar así su imperecedero agradecimiento a su educador y padre.El transeúnte, que va por la avenida Víctor Manuel II y dirige su mirada a la iglesia, ve ante sí la majestuosa fachada, en cuyo centro se
levanta el campanario. En el tímpano de la puerta hay un mosaico exquisito, que representa al Divino Salvador sentado en la cátedra con
la inscripción: Ego sum via, veritas et vita, tomada del Evangelio de san Juan y a los lados el alfa (A) y la omega (#), como lo llama san
Juan tres veces en el Apocalipsis, para indicar ((371)) que El es el principio y el fin de todas las cosas. Más arriba, en el tímpano del
triforio superior, hay otro mosaico estupendo que representa la apoteosis de san Juan, sostenido en su triunfal ascensión por una águila,
símbolo que le atribuyen los Santos Padres.Parece que don Bosco sienta, en su carta, especial complacencia al mencionar las campanas. Su bendición fue un acontecimiento: el
alegre repicar animaba a la población circundante, rompiendo por fin el triste silencio que infundía en su contorno el cercano templo
valdense. Cinco sagradas campanas ocuparon el campanario de la bonita torre el día primero de diciembre de 1881. La ceremonia de la
bendición, cuidadosamente preparada y solemnemente realizada por el canónigo Berardi, provicario general de la Archidiócesis, se
desarrolló en la iglesia, aún sin terminar, en presencia de numerosos amigos y bienhechores, invitados personalmente por don Bosco y en
medio de una muchedumbre de fieles. Resultó totalmente nuevo y de admirable efecto un motete, acompañado por el festivo son de las
campanas, que una mano experta hacía vibrar con maestría en un teclado apropiado. Las había fundido el señor Bizzózero de Varese,
afinadas de modo que se pudiera ejecutar con ellas un concierto armonioso en mi bemol. Recordaremos tan sólo la inscripción grabada en
la campana mayor: Centenis domibus Salesianis Ital. Gall. Hispan. Americ. divinam opem imploro (Para las cien casas de Italia, Francia,
España y América imploro el divino auxilio).Se necesitaba una cancela de hierro que cerrase el lugar sagrado a lo largo de la avenida de Víctor Manuel, entre el colegio por un lado
y una casa suntuosa por el otro. Monseñor Gastaldi ofreció una. La habían encargado los canónigos de la iglesia metropolitana para
ponerla delante de la Catedral, pero el Municipio negó el permiso; la ofrecieron después a la nueva iglesia de san Segundo, pero fue
desechada por no ser del mismo estilo. "Yo la presento, escribía Monseñor el 21 de febrero de 1882 a don Miguel Rúa, esperando atraer
también sobre esta Archidiócesis la protección de ese Santo, ((372)) y
324con el fin de mostrar mi benevolencia a la Congregación Salesiana, pese a cuanto se ha publicado en contrario; y que es mi vivo deseo
que esta Congregación tenga, con el actual sucesor de San Máximo, las relaciones que las reglas del Evangelio y de la Iglesia exigen que
todas las Congregaciones guarden con el Jefe de la Diócesis". Fue preciso agradecer el donativo, aunque sin aceptarlo, porque la cancela
era demasiado alta y, para adaptarla, había que gastar al menos cuanto costaría hacerla nueva.Un magnífico adorno de la iglesia de San Juan Evangelista es la estatua de mármol de Pío IX, que se yergue sobre un alto pedestal a
mano derecha del que entra. El Papa está levantando la mano, en actitud de quien inicia la bendición, mientras presenta con la izquierda
el decreto de aprobación de la Pía Sociedad Salesiana. Está revestido con las vestiduras pontificales y la tiara en la cabeza. Su mirada es
amabilísima y su sonrisa angelical. No le falta más que la palabra en los labios, para que la ilusión sea perfecta. Es obra del escultor
Francisco Confalonieri de Barzago en Brianza. La inscripción en latín recuerda que el templo es un monumento a la memoria del gran
Pontífice 1.((373)) La estatua fue colocada sobre su base el 25 de abril de 1882, y en su cavidad quedó encerrado un pergamino conmemorativo,
con las firmas de algunos ilustres personajes. Don Juan Bonetti firmó como representante de don Bosco, que se encontraba en Roma. En
el acta, que precede a las firmas, es digno de notarse el siguiente período. "Se hubiera deseado dar esplendor a esta colocación con una
solemnidad especial. Pero razones de alta prudencia, que la posteridad sabrá apreciar, aconsejaron prescindir de ella en estos días". Estas
palabrasFin de Página: 325
VOLUMEN XV Página: 3251 He aquí la inscripción original de don Juan Bautista Francesia:A Pío IX, sumo Pontífice,
que la construcción de este templo,
en honor de s. Juan Apóstol y Evangelista,
con el consejo y con el trabajo promovidos
y con su mismo nombre bautismal
de buen grado concedió fuese llamado,
los socios salesianos y sus cooperadores
por él canónicamente aprobados
y socorridos con largueza mas de una vez,
el amor, el obsequio y reconocimiento de
ellos
hacia un tan bueno y generoso padre
quisieron eternizar jubilosos con este
monumentoel año 1882
325transmitían a la posteridad el triste eco de un acontecimiento, que colmó de aflicción el alma de los buenos turineses.Los hechos eran recientes. Por la mañana del 11 de abril, monseñor Fissore, arzobispo de Vercelli, había consagrado la iglesia de San
Segundo. Fue un acto de generosidad que, olvidando el pasado, enviara don Bosco los muchachos del Oratorio para que fueran los
primeros en hacer resonar con su acentos musicales las bóvedas del nuevo templo, y con ellos también la banda salesiana para dar un
concierto en la plaza después de las funciones de la tarde 1. Don Bosco se alegró ciertamente de que se inaugurara para el culto divino y
se abriera al público una nueva iglesia, por la que él había trabajado diez años antes. En cambio, no se alegró de ello el enemigo del bien.Hemos narrado cómo la construcción del sagrado edificio, se había interrumpido durante varios años y, al reanudarse en 1878, se puso
la intención de que fuese un monumento a la memoria de Pío IX 2. Y, para afirmar tal propósito ante la posteridad, se había colocado
sobre el frontón un busto del difunto Pontífice con una inscripción que irritó los nervios de los sectarios; de ahí que, provocados por la
masonería y por su gran órgano la Gazzetta del Popolo, ((374)) estallaron tumultos en los que se cometieron desmanes que degradarían a
los mismos bárbaros 3. El busto y la inscripción fueron derribados entre burlas y proyectiles por hombres furibundos, que permanecieron
allí hasta acabar, con absoluta impunidad. Con estos precedentes ciertamente no era muy prudente armar bulla para la inauguración de la
estatua a Pío IX; hasta llama la atención que el hecho de la colocación pasara inadvertido y sin escándalos.Hubo un incidente que ocasionó mordaces comentarios. Precisamente en el momento en que se quitaba de la fachada de San Segundo el
busto de Pío IX, llegaba de la estación el carretón que transportaba la estatua de Pío IX, destinada a la iglesia de San Juan Evangelista. Y
sucedió que el coadjutor Buzzetti, que buscaba hombres para descargar aquel enorme peso, se encontró con los albañiles que habían
terminado la operación en San Segundo y les ordenó1 Como quiera que en los últimos volúmenes, se ha hablado de esta iglesia y, por falta del décimo volumen, aún no conocen los lectores
del todo su historia, presentamos en el Apéndice (Doc. 52) un artículo del Boletín (marzo 882), que cuenta los orígenes. Don Joaquín
Berto escribía desde Roma: "El hecho de que se vea a nuestros muchachos cantores y la banda de música en las obras del Arzobispo, nos
hace en este momento mucho daño, porque los ajenos creen verdaderamente que nos es benévolo". (Carta a don Juan Bonetti, 17 de abril
de 1882).2 Véase Vol. XIII, pág. 496 y ss.3 Para mejor conocimiento de la época, ayuda bastante leer el manifiesto publicado entonces por los estudiantes inducidos por los
agitadores. (Apéndice, Doc. núm. 53).
326llevar la estatua al interior del templo. Y así, las mismas manos que, momentos antes, habían derribado el busto del Papa en su lugar,
levantaban su estatua, precisamente en otro donde tantas contrariedades fue preciso vencer para que se hiciera un homenaje monumental aFin de Página: 327
VOLUMEN XV Página: 327Pío IX.También hubo que emplear mucha cautela para el estreno del órgano, que se hizo tres meses después. Se hizo en forma académica,
como si se tratase de una fiesta artística durante los días 3, 4, 5 y 6 de julio; y, para que todo tuviera el mismo cariz en aquella
inauguración, la carta con el anuncio y el programa iba firmada sólo por el músico don Juan Cagliero. Y no acabó aquí la diplomacia de
don Bosco, sino que recurrió a una de aquellas finezas en las que era maestro. Después del triunfo de los enloquecidos, que con hechos y
palabras habían ultrajado tanto a Dios en la persona de su Vicario, los diarios católicos, tras censurar los desmanes de la bárbara irrupción
se atrevieron a lanzar un desafío imprudente, diciendo a los adversarios:-Estaremos en la inauguración ((375)) de la estatua de Pío IX en la iglesia de San Juan Evangelista. íVenid allí, si os atrevéis!-Allí nos veremos, respondieron a coro los otros."Era la amenaza de un pugilato? Ciertamente los socios de la Juventud Católica tenían vivos deseos de demostrar a la gente, que no les
arredraba ningún temor cuando se trataba de llevar en alto su bandera. Lo que se había podido evitar en la colocación de la estatua, podía
sobrevenir en la inauguración del órgano; pero don Bosco supo prevenir todo peligro. Se entraba al concierto con una invitación personal1.
Y envió también la invitación a todos los periódicos liberales. Los directores, satisfechos con aquel acto de cortesía, acudieron, tuvieron
que ver la estatua de Pío IX y, no encontrando nada que tuviera el aire de provocación, comprendieron que era mejor callar. Y más, la
Gazzetta de Torino 2, menos intransigente, no se conformó con callar, sino que publicó un artículo que empezaba así: "Hace tres días que
en la nueva iglesia, construida también como tantas otras por ese hombre extraordinario, que es el reverendo sacerdote Bosco, no se vacía
más que cuando calla su magnífico órgano. Allí se dio cita lo más selecto de la sociedad turinesa durante la primera sesión, que1 Era un tarjetón con los nombres de los maestros organeros, el horario y esta nota: "Se ruega una limosna a la entrada, para el pago de
este órgano".2 Número del 6 de julio de 1882.
327duró desde las nueve hasta el mediodía, y más aún, en la segunda, de las tres a las seis".Hace falta, con todo, añadir que don Bosco había hecho las cosas a su estilo. Siempre magnífico, en medio de su pobreza, cuando
estaba de por medio el decoro del culto divino, máxime en una gran ciudad, no había escatimado, desde el principio el presupuesto de
gastos, lo mismo en lo tocante a las dimensiones que a la decoración del sagrado edificio. En 1870 escribía así a su hija 1 el arquitecto
conde Eduardo Arborio Mella: "Ha estado conmigo ((376)) don Bosco y hemos quedado de acuerdo; quiere una iglesia discretamente
amplia, con tres naves, y sobre todo bonita. Lo estudiaremos. íEs un hombre único! Para darme una idea del dinero a gastar, acordado por
la Administración, añadía con una paz y confianza envidiables:"-Pero es mejor hacer las cosas bien; y, si los gastos llegaran a doblar el presupuesto, no importa; ya buscaremos la forma de pagarlos".Quiso, pues, que el organero fabricase un órgano de primer orden y consiguió para aquellos tiempos una obra maestra sin miedo a ser
igualada. Llamó después para estrenarlo a artistas famosos de Turín y forasteros, entre los cuales a Petrali de Bérgamo y a Galli de Milán.
El, sin embargo, sólo se dejó ver el cuarto y último día. La Gazzetta, que hemos citado, después de haber descrito sumariamente la
iglesia, el órgano y los organistas, concluía tal como había comenzado, es decir, hablando así de don Bosco: "Ayer, en la sesión de la
tarde, apareció don Bosco, autor de aquella maravilla, en el coro del templo, rodeado de muchos otros sacerdotes. Tiene aspecto serio
pero agradable. Entre pieza y pieza y al final de las pruebas alternaba con los muchísimos que se acercaban a saludarlo."Se comprende, al verlo, que este hombre es alguien, como dicen los amigos de más allá de los Alpes, y, efectivamente, es fuerza
reconocer que es sorprendente lo que ha hecho y está haciendo".La fiesta del estreno del órgano era el preludio de una solemnidad mayor. Ya estaba terminada la iglesia en todas sus partes.
Arquitectura, pinturas al fresco, decoración, ornamentación, pavimento, altares, puerta, todo daba la impresión de un verdadero
monumento, de forma que se sentían satisfechos los muchos que habían contribuido con su caridad. Ya era tiempo, por tanto, de proceder
a su solemne consagración.1 La condesa Adela de Rovasenda, madre de la marquesa María Tarzi, que posee el original de la carta y nos ha permitido la cita.Fin de Página: 328
VOLUMEN XV Página: 328328Para que el interés del público acompañase cuanto más fuere posible un acto tan importante, don Bosco no había esperado a última
hora. Ya el diez de enero los principales habitantes del vecindario habían recibido invitación personal para una conferencia especialísima,
que se ((377)) celebró el día catorce en el local contiguo a la iglesia. En ella expuso su idea y después quiso oír el parecer de los presentes
sobre cuanto creyeran que podía contribuir al éxito 1.La consagración se habría querido hacer a finales de mayo 2.Don Bosco parecía que no tenía esperanzas de que interviniera el Arzobispo; en efecto, mientras estaba en Roma, dio en abril los
primeros pasos para que fuera un Cardenal a celebrar el rito 3. Le animaba a intentarlo, aunque parecía inaudito, una idea que el Cardenal
Vicario había manifestado el año anterior, no sabemos por qué. Nos lo dice el mismo don Bosco en una carta a su Eminencia 4: "Don
Francisco Dalmazzo me ha dado una noticia maravillosa, que S. E. está dispuesto a venir a consagrar la iglesia de san Juan Evangelista,
que se está construyendo y ya llega a su término, en esta nuestra ciudad de honor de Pío IX. Yo la tomo en serio y cuento con ella para la
gran solemnidad que será para nosotros. Tal función estaría fijada para el 6 de mayo de 1882. En el próximo invierno concretaremos
personalmente lo que se habrá de hacer según el beneplácito de V. S. Rvma.".La noticia de que el Beato andaba dando estos pasos trascendió; en efecto, don Miguel Rúa supo el 28 de abril muy confidencialmente
que Monseñor, por medio de personas influyentes que había mandado a Roma o que residían allí, había amañado el fracaso de tal intento5. Pero a fines de junio aún no se había concluido nada en firme. Don Francisco Dalmazzo informaba 6: "Para la consagración de San
Juan solamente el cardenal Nina aceptaría para octubre, que dice tiene que ir a Turín; pero, como no es Obispo, no puede hacer la
función. El nombrado ((378)) Cardenal dice que esa función debe hacerla el Arzobispo de Turín o no se debe hacer por ahora, para no
suscitar un nuevo avispero".
1 Véase Apénd. Doc. núm. 54.2 Carta de don Juan Bonetti a don Bosco, Turín, 12 de abril de 1882.3 Carta citada y otra de don Joaquín Berto a don Juan Bonetti, Roma, 16 de abril de 1882.4 Sampierdarena, 14 de septiembre de 1881. Olvidándose de que esta en Sampierdarena, dice "en esta nuestra ciudad", como si
estuviera en Turín.5 Carta de don Juan Bonetti a don Joaquín Berto, Turín, 29 de abril, 1882. Véase: Apéndice, Doc. núm. 55.6 Carta a don Bosco, Roma, 30 de junio de 1882.
329Qué buscaba en realidad don Bosco, al intentar que fuera un Cardenal, no aparece claro en nuestros documentos. Pero don Juan Turchi
declaró en los procesos que el mismo don Bosco le había contado que monseñor Gastaldi no quería consagrar la iglesia ni permitía que se
invitase a otro obispo; y que entonces él, para acabar con los chismes que ocasionaban dilación, había escrito a la Santa Sede y desde
Roma se había puesto al Arzobispo en un dilema: que la consagrara él o se enviaría desde allí un obispo.El Beato, pues, siguiendo el consejo del cardenal Nina, tomó un término medio: aplazar la consagración para mejores tiempos y, entre
tanto, para no prorrogar la apertura de la iglesia, obtener del Arzobispo la facultad de bendecirla. En este sentido escribió a principios de
julio:Excelencia Reverendísima:Los trabajos de la iglesia de San Juan Evangelista tocan a su término y por ello los habitantes de aquel vecindario hacen vivas
instancias para que sea abierta al público. Yo estoy conforme con satisfacer esta expectación; pero, teniendo en cuenta las actuales
circunstancias, me limitaría a una simple bendición dejando la consagración para tiempo más oportuno.Parece que los sagrados cánones estén de acuerdo en afirmar que el Superior de una Congregación definitivamente aprobada por la
Santa Sede, pueda hacer la ceremonia de la bendición de una iglesia perteneciente al propio instituto. Mas, si V. E. tuviera alguna duda,
le ruego que explícitamente me otorgue tal facultad con las cláusulas que requieren los sagrados ritos.Fin de Página: 330
VOLUMEN XV Página: 330De Vuestra Señoría ReverendísimaTurín, 5 de julio de 1882.Humildísimo y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Pasaron veintidós días sin recibir ninguna respuesta; don Bosco rogó por escrito al Canciller de la Curia que le indicase si el Arzobispo,
((379)) ausente de Turín desde principio de mes, hubiera dado alguna disposición respecto a su petición; pero el Siervo de Dios ignoraba
una artimaña, que nosotros podemos revelar.El día antes de que llegase a su destino la carta del 5 de julio, Monseñor había salido para el santuario de San Ignacio de Lanzo, donde
estaban reunidos unos sacerdotes para hacer ejercicios espirituales, por tanto, la carta de don Bosco fue abierta y detenida en la Curia. El
canónigo Colomiatti, enterado o no del contenido, había escrito el día 6 al cardenal Nina: "Monseñor está dispuesto a consagrar él mismo
la nueva iglesia de San Juan Evangelista, para dar de
330este modo una prueba de su buena voluntad hacia don Bosco. Yo deseo que así suceda; y, pensando que esto agrade a Su Santidad, a V.E. y al cardenal Jacobini, se lo comunico y seguiré comunicándoselo en lo sucesivo".
Pero el Abogado fiscal preveía un obstáculo, porque bajo la iglesia había, decía él, una capilla y un teatro. Y enterada de ello la Curia,
Monseñor había presentado el 3 de marzo a la Congregación de Ritos la cuestión de si era lícito consagrar una iglesia, en cuyos sótanos
se dieran espectáculos, a modo de teatro, para el honesto entretenimiento de la juventud y la respuesta del 4 de mayo había sido negativa,
en razón de que una iglesia con su parte subterránea se consagra per modum unius, es decir como un solo cuerpo 1. Ahora bien,
Colomiatti, para remover obstáculos, rogaba a Su Eminencia dijera a don Bosco que, en su petición al Arzobispo, añadiese la declaración
de que no se dedicaría el sótano para aquel fin.Tenía dicha carta una posdata, en la que Colomiatti aseguraba que, en el momento de poner el sello, el Provicario General, recibida la
carta de don Bosco para Monseñor ausente, acudía a pedir su parecer sobre la misma y enviaba copia al Cardenal, comentando así el
segundo párrafo:"Noto que en esta carta hay la pretensión de creer ((380)) que el Superior del Instituto Salesiano esté equiparado a los superiores de las
Ordenes religiosas o de las congregaciones especiales privilegiadas, cuando la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, decidió el
13 de enero del 1875, para la Institución salesiana que la condición impuesta a todo instituto de votos simples (y por tanto también al
Salesiano) es que, a excepción del caso en que hubiere obtenido algún privilegio de la Santa Sede, dichos institutos son exentos, o sea, no
sujetos a la jurisdicción de los Ordinarios solamente en lo contenido en las Constituciones aprobadas por la Santa Sede."Ahora bien, ni en las Constituciones salesianas, ni en los Breves concedidos a la misma, se encuentra la facultad invocada por don
Bosco. Permita, pues, V. E. le ruegue me diga lo antes posible qué se debe responder a don Bosco, porque deseo no entregar a Monseñor
la carta de don Bosco, antes de recibir unas líneas de V. E. Pienso que V. E. convendrá conmigo en que está de acuerdo con el derecho la
observación que hice, como pienso además que V. E. no verá mal que le haya comunicado inmediatamente la carta de S. E. a fin de que,
con el justo parecer de S. E., pueda yo escribir al Arzobispo sobre el1 Véase Boll. Sal. de junio, 1882.
331asunto y así lograr eliminar una cuestión. En esta carta de don Bosco, se ve el principio que ha orientado a los Salesianos en su lucha
contra el Arzobispo".Eran los días en que el Arzobispo y don Bosco se cruzaban cartas de acuerdo con la Concordia querida por León XIII. Don Bosco había
cumplido su parte, cuando el cardenal Nina le comunicó el 26 de julio su parecer acerca del asunto de la bendición y del sótano.
Alegrándose también en nombre del Papa con don Bosco, por haber cumplido las condiciones impuestas, usó palabras duras sobre la
primera parte. Después de recordar su anterior consejo de que se invitase al Arzobispo para que hiciera la consagración, añadía:"He visto el borrador de la carta que usted ha enviado a aquel Prelado sobre el asunto y me parece que no se adaptaba a la finalidad,
porque envolvía una duda e implicaba una evasiva. Y es necesario que seamos explícitos y sinceros en nuestros actos".Fin de Página: 332
VOLUMEN XV Página: 332((381)) Quizás Su Eminencia reparó más en el comentario de Colomiatti que en las palabras de don Bosco. La falta de sinceridad habría
estado en ocultar la duda de que el Arzobispo quisiera consagrar la iglesia y en simular el propósito de prescindir de él con la escapatoria
de la simple bendición.Pero los dos hechos alegados por don Bosco eran ciertos, a saber: la conveniencia de abrir pronto al culto la iglesia y la oportunidad de
no dar que hablar al campo adversario con la solemnidad de una celebración, que podía despertar las iras antipapales apenas calmadas.
Que el Beato no tuviese una segunda finalidad lo confirman estas palabras suyas del veinticinco.de julio al Cardenal, que se cruzaron por
tanto en el camino con las observaciones del mismo: "He enviado al señor Arzobispo una memoria para la bendición de la iglesia de San
Juan Apóstol y hasta ahora no se ha tenido ninguna respuesta. He preguntado en la Curia Arzobispal si había alguna disposición, y no me
han dado ninguna respuesta. En tanto, el público se queja de la tardanza y yo no sé qué responder".En el fondo de la cuestión de derecho canónico que Colomiatti había presentado con tanta abundancia de palabras, Su Eminencia no
entraba nada absolutamente; era un docto canonista y sabía valorar con certeza las opiniones de los especialistas acerca del caso, aun
después de la citada decisión genérica.Quedaba la cuestión del sótano. Allí no había ningún escenario. El lugar estaba formado por un amplio espacio con una plataforma
semicircular, que podía dedicarse, uno y otro, a cualquier uso. No sólo el Boletín, sino también el mismo don Bosco había dado a la
Unità
332
Cattolica estas explicaciones para rectificar "una voz errónea", difundida después de la publicación del decreto romano.Ilmo. Sr. Director de "Unità Cattolica"Espero de su reconocida cortesía que quiera rectificar la voz errónea que se va esparciendo cada vez mas, acerca de la iglesia de San
Juan Evangelista, de la que V. S. se ha dignado hablar en repetidas ocasiones en su benemérito periódico.((382)) El día veintiuno del pasado mes de mayo publicaba usted una respuesta de la Sagrada Congregación de Ritos, en virtud de la
cual no se puede consagrar una iglesia si, en los sótanos de la misma, se hacen representaciones teatrales para diversión de la juventud. Y
como al presente, sólo en la iglesia de San Juan Evangelista, se dan estas circunstancias, ya son muchos los que preguntan si la tardanza
en la inauguración para el culto divino de dicho sagrado edificio se deba a ello; esto es, si no se puede efectuar la sagrada función, que
incesantemente reclama el pueblo, por causa del teatro que dicen se encuentra debajo de la iglesia. Por todo lo cual, declaro que dicha
autorizada respuesta no se refiere de ningún modo a la iglesia de que hablamos, puesto que, en los sótanos de la misma, no hay más que:1.º Una capilla destinada a la catequesis, a la celebración de la santa misa y otras funciones sagradas, sólo para los niños, a fin de que
resulten más tranquilas las sagradas funciones que se desarrollen en la iglesia para los habitantes de aquel barrio tan poblado.2.º El resto del sótano es un salón dedicado a entretener e instruir a los mayores, examinar de catecismo y distribuir premios, como se
acostumbra hacer con los que se lo han merecido. Todo lo cual parece manifiesto que no tiene ni siquiera apariencias de teatro o de algo
que guarde relación con tales entretenimientos profanos.La tardanza, pues, de la suspirada inauguración procede únicamente de algunos trabajos que aún no se han terminado.Le agradezco el favor que espero me concederá, mientras agradecido me profesoDe V. S. Ilma.Turín, 21 de julio de 1882.Su seguro servidor JUAN BOSCO, PbroEl Cardenal Protector, que no ignoraba nada de todo esto, dio a don Bosco, siempre en su carta del veintitrés de julio, un consejo
práctico."Si usted está dispuesto, decía, a seguir mi consejo, renueve los trámites ante el señor Arzobispo y, personalmente y por escrito, invítele
y ruéguele haga la consagración de que se trata.Fin de Página: 333
VOLUMEN XV Página: 333"Y como la opinión infundada de que, bajo la iglesia, hay un teatro que podría presentar algún obstáculo, afróntelo usted directamente y
declare por escrito a Monseñor, como ya lo ha hecho en el Boletín, ((383)) Salesiano 1 que aquel local no está destinado de ninguna
manera1 Número citado.
333al uso profano de teatro, lo que sería en desdoro de una inmediata vecindad con un lugar sagrado. Siga, pues, esta mi insinuación, de
acuerdo con las miras del Padre Santo, y esté seguro de que irá bien".Como después se supo 1, el Cardenal había mandado una respuesta a Colomiatti pocos días antes, indicándole sin más que Monseñor
fuera a la consagración. Relacionada con dicha respuesta había una carta del Arzobispo a don Bosco, escrita el veintiséis de julio desde
Forno Alpi Graie, en la que le decía: "El gravísimo deber que me urge de apartar todo peligro de habladurías no cristianas, y, por
consiguiente, la edificación pública exige imperiosamente que yo, precisamente yo, y no otros, consagre la nueva iglesia que se dedica a
Dios, bajo el título de San Juan Evangelista, erigida por los fieles y por medio de V. S. en Turín; y, por tanto, tal es mi determinación".Daba a continuación algunas disposiciones sobre los preparativos que se debían hacer. Pero la visita pastoral, que ya se había anunciado
a las parroquias de los valles de Lanzo, no le permitía la vuelta a Turín, antes de acabarse agosto.Cuando don Bosco tuvo estas comunicaciones, creyó oportuno el cuatro de agosto escribir al cardenal Nina: "Espero no desagrade a V.E. que le dé noticias sobre el asunto por el que se dignó tomar tanto interés. Había escrito a nuestro señor Arzobispo que, teniendo en
cuenta las dificultades de los tiempos, me limitaba simplemente a bendecir la iglesia de San Juan Evangelista. Casi un mes más tarde, me
respondió que él mismo haría la consagración. Acepté con agradecimiento; y, si nada viene a turbar las pacíficas intenciones, comenzará
la suspirada era de paz. Existen las dificultades de siempre, que, cuando se presenta la ocasión, nos da fuertes zurriagazos, hablando con
los demás, y también con publicaciones mordaces en los periódicos. Pero yo no quiero hacer caso y sigo adelante callando".
((384)) Don Bosco escribió al margen de la carta de Monseñor, para el que debía hacer la contestación: "Aceptado todo, pero se
propone final de octubre". Y añadía en estilo telegráfico dos motivos: a fines de agosto estaban todavía los sacerdotes y los clérigos en
los ejercicios espirituales, y los alumnos del Oratorio estaban de vacaciones; no era, por tanto, posible preparar los cantos y las
ceremonias. Por otra parte, y esto lo daba él por sobreentendido, cuanto más tiempo se dejaba pasar después de las agitaciones
anticlericales, tanto más se favorecía la tranquilidad de la función. Su Excelencia no puso dificultad para el mes de octubre. Sólo faltaba
fijar el día, sobre el cual escribió el mismo1 Carta de don Francisco Dalmazzo a don Bosco, Roma, 25 de octubre, 1882.
334Beato al Arzobispo desde Sampierdarena, el dieciséis de septiembre.Excelencia Reverendísima:Mientras estoy aquí en Sampierdarena, para una tanda de ejercicios espirituales, continúo los trámites iniciados para la consagración de
la iglesia dedicada a San Juan Evangelista. Si no es de mucha molestia para V. E. Rvma., sería oportuno para nosotros fijar el día
veintiocho de octubre, sábado, o bien el sábado siguiente. Mejor quizá el veintiocho de octubre, porque, no estando todavía los
estudiantes 1, estaremos más al cuidado de cualquier posible inconveniente. Pero todo según lo que mejor parezca a V. E.Fijado el día, determinaré lo que se pueda hacer y lo someteré a su beneplácito. Si lo juzga oportuno, puede dar una palabra de
respuesta al portador de la presente. Le ruego quiera creerme con la máxima veneración y agradecimiento,De V. E. Rvma.Sampierdarena, 16 septiembre, 1882.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página: 335
VOLUMEN XV Página: 335La fecha propuesta quedó aceptada. A mediados de octubre el Beato escribió una bonita circular, traducida a varias lenguas, con la que
hizo partícipes de su alegría a los Cooperadores Salesianos, y les invitó ((385)) a participar personalmente, a unirse en espíritu o a hacerse
presentes mediante su caridad.Benemérito Señor:Con mucha alegría puedo dar a V. S. la consoladora noticia de que el veintiocho del corriente mes de octubre se consagrará al culto
divino la IGLESIA DE SAN JUAN APOSTOL Y EVANGELISTA, erigida en Turín gracias al interés y especialmente la caridad de los
Cooperadores y Cooperadoras Salesianas. A juicio de distinguidos artistas, la iglesia resulta, por su arquitectura y su decoración, uno de
los más perfectos y elegantes monumentos sagrados que enriquecen a la ciudad del Santísimo Sacramento y de María Santísima.Ahora nos toca agradecer al Señor que nos haya ayudado de tantas formas a superar las innumerables y variadas dificultades
encontradas para levantar en su honor este templo, y que en su piadosa Providencia, por medio del arte, del trabajo y del consejo de tantas
piadosas y beneméritas personas, nos haya proporcionado los medios para llevar a cabo esta obra.Al mismo tiempo, hemos de pedirle que tome esta nueva iglesia bajo su valiosa protección y mire con ojos benignos y amorosos a todos
los que vengan aquí a expansionar su corazón ante sus altares, a exponer sus propias necesidades espirituales y temporales y a implorar su
poderoso auxilio.1 Se refiere a los estudiantes universitarios.
335Con este fin y, además, para que la dedicación resulte más solemne, sería mi más ardiente deseo que tomaran parte en ella nuestros
Cooperadores, no sólo de Turín, sino de otras ciudades y naciones; pero como no les será posible a todos, les invito a unirse en espíritu,
de la forma que a cada uno le sugiera su propio corazón.Si V. S., o alguno de la familia, tiene posibilidad y quiere asistir personalmente, encontrará más abajo el horario de las funciones que se
desarrollarán durante los ocho días de la Dedicación.He querido dar esta comunicación a V. S. Benemérita, a fin de que goce en el Señor porque su caridad comienza a obtener el santo fin
con que la hizo, a saber, la gloria de Dios, el triunfo de la religión y la salvación de las almas. Las alabanzas que a partir de ese día se
elevarán a Dios, las oraciones que harán tantos millones de devotos, la salud espiritual que obtendrán aquí tantos miles de fieles, son
otros tantos bienes de los que participará V. S. y por los cuales recibirá del Señor una copiosa merced a su debido tiempo.Por mi parte, no dejaré de unir mis pobres oraciones a las de los Salesianos y los muchachos a ellos confiados; pediré todos los días al
Señor que se digne derramar sus más selectas bendiciones sobre V. S. y sobre ((386)) sus parientes aquí en esta vida y le conceda un
premio especial en la vida futura, según sus propias palabras: "Yo no apartaré mi misericordia de los que edificarán la Casa a mi nombre
y les establecerá un trono en el reino sempiterno: Misericordiam meam non auferam ab eo; et stabiliam Thronum regni eius usque in
sempiternum".Quiera, finalmente, V. S. continuar prestándome el valioso apoyo de su caridad para las muchas obras que la bondad de Dios ha puesto
en nuestras manos, a fin de que podamos hacer algún bien a nuestro prójimo, sobre todo a la pobre juventud abandonada, mientras que,
con el sentimiento de la más profunda gratitud, tengo el honor de profesarme,De V. S. BeneméritaTurín, 15 octubre 1882.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.N. B.: La iglesia está terminada en todas sus partes, aunque todavía faltan algunos objetos de menor importancia, que ya están
encargados. No debo, sin embargo, callar que quedan por pagar cuarenta y cinco mil liras, parte por el órgano y parte por la decoración y
otros trabajos acabados en estos últimos meses. El que pueda, por tanto, y me ayude a saldar esa deuda hará verdaderamente un acto de
Fin de Página: 336
VOLUMEN XV Página: 336caridad y de religión, y Dios ciertamente no dejará de otorgarle una digna recompensa.No olvidó los tesoros espirituales, de los que hizo humilde súplica al Padre Santo.Beatísimo Padre:El sacerdote Juan Bosco, postrado humildemente a los pies de Vuestra Santidad, le ruega quiera conceder para la próxima solemnidad
de la consagración de la iglesia de san Juan Evangelista en Turín, y para todo el octavario, indulgencia plenaria a
336todos los fieles que, confesados y recibida la Comunión, visiten dicha iglesia, rogando según Vuestra intención y por las necesidades de
la Santa Madre Iglesia.Es gracia.Roma, 30 octubre 1882.El Papa respondió enseguida por medio de monseñor Boccali, pero limitando la indulgencia plenaria sólo al día de la solemne
consagración.Hacía mucho tiempo que don Bosco no había visto a monseñor Gastaldi, puesto que se habían dado por carta los pasos del arreglo
((387)) amistoso, estando ausente de Turín el Arzobispo. Ahora bien, éste, al volver a su sede, le manifestó el veinte de octubre que
deseaba, antes de la consagración, "hablar con él de viva voz sobre algunas cosas referentes al servicio de Dios" y esperaba que fuera,
antes de aquella fecha, al arzobispado. Don Bosco se dispuso enseguida a responder; pero fue una y otra vez y no encontró en palacio al
Arzobispo. Recurrió entonces a la pluma y le escribió con la máxima deferencia.Excelencia Reverendísima:También yo deseo presentar a V. E. mis respetos personalmente, antes de la consagración de la iglesia de San Juan Apóstol; pero
coincidí siempre en ir a palacio en los días u horas en que V. E. se encontraba fuera de casa.Apenas esté de vuelta, me apresuraré a ponerme a sus órdenes. En tanto, le pido humildemente algunos favores:1.° Que viniera V. E. a pontificar alguna de las tardes para la santa bendición y, preferiblemente, la última tarde de la octava de la
Consagración.2.º Que, al menos el día de la consagración, quisiera honrar nuestra mesa con el personal de servicio religioso. Y, como todavía no hay
local adaptado, la comida se haría en Valsálice. Pero, después de la sagrada función, dispondría enseguida de un coche que le
transportaría a donde fuere menester. Tan pronto como sepa que ha llegado, me presentaré a V. E. para llevar a cabo cuanto tenga
intención de manifestarme.Con todo aprecio y agradecimiento, es para mí un alto honor poderme profesar humildemente de V. E. Rvma.Turín, 24 octubre 1882.Seguro Servidor JUAN BOSCO, PbroA pesar de su buena voluntad, no pudo don Bosco en aquel espacio de tiempo, encontrarse con el Arzobispo; solamente se vieron el 28
por la mañana, cuando llegó Monseñor puntualísimo para la función.
337Fin de Página: 338
VOLUMEN XV Página: 338El Siervo de Dios estaba allí para recibirlo con los debidos honores. Su Excelencia, apenas le tuvo cerca, le dijo:-íOh, Don Bosco!Después se puso a conversar con otros, se revistió, comenzó la sagrada función y se marchó tan deprisa que don Bosco apenas pudo
saludarlo y acompañarlo al coche, sin tener la comodidad de ((388)) decirle una palabra.Sin embargo, Monseñor, antes de marcharse, dijo a los clérigos del seminario que habían ido para servir al altar y que eran exalumnos
del Oratorio en su mayoría:-Id a oír la misa de don Bosco.No apareció mas para pontificar en los días del octavario, aunque don Bosco le había invitado muy encarecidamente 1.El ver coronados finalmente los afanes y solicitudes de tantos años, el esplendor de las fiestas y la afluencia de tanto público consolaron
mucho el corazón de don Bosco; si hubo alguna amargura la escondió en su interior, y nadie sorprendió en él una alteración momentánea
en su rostro, ni oyó de sus labios una palabra, que revelase ningún pesar interior.Hasta el cielo pareció que quería contribuir a que resultara más bello y alegre el acontecimiento. En efecto, por la tarde y por la noche
de la víspera, llovió a cántaros; pero la mañana del veintiocho, cuando llegó el Arzobispo, la lluvia había cesado y, después de la
consagración, apareció el sol, que brilló durante el octavario como no se había visto desde hacía dos meses. Hacia el mediodía, apenas el
repicar de las campanas festivas anunció que la sagrada ceremonia había concluido, abriéronse de par en par las puertas y una oleada de
gente devota invadió la iglesia y asistió a la primera misa, celebrada por don Bosco y ayudada por don Juan Bautista Lemoyne y don Juan
Bonetti. Por la tarde, el mismo don Bosco predicó después de Vísperas y describió lo que era aquel lugar treinta y cinco años antes, y dijo
lo que, gracias a Dios y a la benevolencia de los hombres de buen corazón, sería en breve 2.Durante los tres primeros días del octavario pontificaron los Obispos de Fossano, Biella y Alba, monseñores Manacorda, Leto y
Pampirio; durante toda la semana anunciaron profusamente la palabra de Dios elocuentes predicadores; se celebraron funciones con
esplendidez1 Carta de don Bosco a don Francisco Dalmazzo, Turín, 12 de noviembre 1882.2 El Boletín de enero de 1883 dio el resumen de su discurso, que puede leerse en el Apéndice de este volumen (Doc. núm. 56). Existen,
además, apuntes autógrafos.
338de ceremonias, cánticos y audiciones musicales. ((389)) Después del pontifical del día veintinueve se expuso el Santísimo Sacramento
como en las Cuarenta Horas; miembros destacados del Clero turinés cantaron la misa en los días que siguieron al triduo de pontificales; y
no faltó un gran funeral en sufragio de los bienhechores difuntos. Don Bosco, en fin, no reparó en gastos, no ahorró esfuerzos para que la
manifestación religiosa alcanzase una imponente solemnidad, aunque siempre con vistas a la correspondiente utilidad espiritual.Escribía a una cooperadora francesa 1 y le decía con visible complacencia de su corazón: "Leerá en los Boletines la consagración de la
iglesia de San Juan Evangelista. Ha sido un espectáculo verdaderamente maravilloso. Por millares acudían los hombres a confesarse y
comulgar con una devoción singular".Las conocidas razones de prudencia impidieron a los oradores hablar del Papa, a cuya memoria se levantaba aquella iglesia. Pero suplía
su silencio la majestuosa figura, que todos admiraban al entrar y al salir. Algo se escondía bajo cuerda, pero no hubo desórdenes. Con
razón apuntaba el Boletín de noviembre:"Don Bosco no se niega a agradecer hasta a aquellos pocos mal intencionados de la ciudad, que más inspirados por el espíritu infernal
que por su propia maldad, hubieran querido interrumpir nuestras fiestas, como lo habían hecho en la pasada primavera con las de la
iglesia de San Segundo, y, sin embargo, se abstuvieron. Si su abstención es una obra buena, como ciertamente lo es el respeto a la libertad
y a las cosas de los demas, pedimos al buen Dios que les premie, abriéndoles los ojos a la luz de la verdad".Pero a quien también se debía dar gracias por esto era a don Bosco, que había dispuesto las cosas de modo que no dieran ocasión, ni de
lejos, a quien no buscaba mas que un pretexto cualquiera para crear el consabido incidente y legitimar las relativas consecuencias.((390)) Sin embargo, el odio satanico, que no explotó abiertamente, fue a desahogarse especialmente en dos periódicos, haciendoFin de Página: 339
VOLUMEN XV Página: 339blanco en la persona de don Bosco. Pero conviene mirar mas a los inspiradores ocultos, aunque aquellos artículos constituyen para
nosotros documentos de la insidiosa dificultad contra la que no dejaba de luchar el celo circunspecto del Beato.No podía faltar la Cronaca dei Tribunali, que parecía encargada de demoler por todos los medios el crédito de don Bosco como
ciudadano: en el número del sabado, veintiocho de octubre, desfogó su cólera1 Carta a la señorita Clara Louvet, Turín, 2 de noviembre de 1882.
339contra el "Santo de Valdocco", definiendo su nueva iglesia como "una protesta contra el actual orden de cosas"; que por eso la
inauguraba el día en que el pueblo era "convocado para ejercer su más alto derecho", naturalmente su derecho electoral. Este carácter
quitaba a la iglesia de San Juan el derecho a ser un monumento a Pío IX "el traidor de Italia". En su estatua, veían los ojos del escritor la
figura del "papa rey", porque llevaba sobre su cabeza la tiara, por lo que se les ponía en guardia a los "liberales" haciéndoles reparar en
este contraste: "Mientras el pueblo acudirá a las urnas, los clericales, reunidos en esa iglesia, renovarán el juramento hecho contra el
orden actual de cosas para la restauración del Poder Temporal de los Papas".Otro periódico todavía peor le atacó en dos números consecutivos.
Salía los domingos y llevaba el título sacrílego de "Ges¨ Cristo" (Jesucristo). Lo dirigía el mismo tránsfuga de la Crónaca. En el número
del 22-29 de octubre se leía impresa con letra negrita, esta noticia:"El veintiocho del corriente mes, don Bosco, que por fin se ha salido con la suya, inaugurará su nueva iglesia dedicada a San Juan
Evangelista. Esta iglesia está también dedicada a la memoria de Pío IX".Contenía además tres cargos directos contra don Bosco. Ante todo un largo artículo titulado "Don Juan Bosco" comenzaba así: "Don
Juan Bosco, cuya fama es hoy verdaderamente mundial, no representa el genio del cristianismo santo, que se desprende del Evangelio,
sino de aquella religión que se ((391)) envuelve en doctrina católica, pero bajo una corteza de oro esconde un vicio, una fealdad".Antes de decir en qué consistía esa gran mentira, se describe un don Bosco primitivo que "no veía más que a sus pobres muchachos, no
pensaba más que en su porvenir" y aquel don Bosco conmovía al periodista; y más aún, hasta nos conmueve sinceramente a nosotros al
leerlo. Pero el don Bosco primitivo no tenía nada que ver con el don Bosco posterior. El primero era la fiel reproducción de San Vicente
de Paúl, el segundo la verdadera encarnación del agitador católico. La idea sublime de la hermandad había cedido a la de las grandes
empresas: la política y la banca se habían confundido con el Evangelio. He ahí el vicio, he ahí la fealdad. Y la intentada demostración de
cuanto afirma es un conjunto de falsedades que preceden a estas denuncias:"Por esto se difunden libros, periódicos de propaganda clerical; por esto se organizan círculos y comisiones. Por esto se abre el gran
almacén de los milagros; se hace de don Bosco un Santo y se venden sus vestidos a un tanto el pedacito, como un talismán contra los
males de este mundo y de otros sitios más. Por esto se inventan las historias
340de jóvenes santos, como la de Domingo Savio; de jovencitas convertidas en bienaventuradas como las hermanas Rigolotti. Hablaré en
otra ocasión de estos milagros, de esta asociación salesiana contra la que ya es hora de que el gobierno se guarde con la ley. La bandera es
siempre la misma, la bandera de la beneficencia; pero el abanderado ya no es el de antes. Atención, pues, a este enemigo de Italia que
tanto puede y tanto mal acarrea a la libertad de nuestro país. Pensad que ejerce gran fascinación sobre la juventud y que a la juventud está
confiado el edificio nacional que tantos mártires y tanta sangre ha costado".En segundo lugar reproducía el periódico un falso documento de fuentes luteranas, del que resultaría que León X concedió a los
"vendedores de indulgencias" una "tarifa de precios a pagar para obtener del Papa el perdón de cualquier pecado". Y estas razones sin
sentido debían servir para demostrar dónde ((392)) había aprendido don Bosco el arte de "engañar a los tontos", para conseguir donativos
para sus obras.Finalmente, en un recuadro titulado "Contra la propaganda", se partía de lo dicho anteriormente para oponer a la figura de don Bosco la
Biblioteca universal, colección de libros irreligiosos e inmorales, que se vendían mucho a bajo precio. El punto más llamativo era éste:
"Para instruirse hay que leer. Los curas os ofrecen las lecturas católicas de don Bosco o la colección de los Santos. Nosotros os
aconsejamos que leáis libros que no corrompen de ningún modo el corazón ni la mente, sino que preparan para el conocimiento de
nosotros mismos, de nuestros derechos y nuestros deberes".El impío periódico repitió su ataque en el número del cinco de noviembre con una serie de artículos viperinos. Precede una breve
historia de la nueva iglesia y una discreta descripción del sagrado edificio, pero, sembradas una y otra de perversidad que acaba con estaFin de Página: 341
VOLUMEN XV Página: 341bomba final: "Esta iglesia suena a protesta contra el gran templo de nuestra gloria nacional. Este templo está erigido en honor del primer
enemigo de nuestra unidad, Pío IX". Y después, en un articulejo sin título, seguía el diario discutiendo contra el teólogo Margotti, e
insinuaba amenazador: "No por casualidad eligió don Bosco para la fiesta de la inauguración, los días en que los liberales están
comprometidos con la gran lucha electoral. íEs astuto don Bosco! Pero, aunque no hacen manifestaciones, los liberales mantienen
abiertos los ojos y sabrán cómo oponer un día monumento contra monumento".A continuación, el liberal periódico trazaba a su manera una biografía
341del ingeniero Buffa sobre la iglesia de San Juan. El autor del "elegante folleto", decía de don Bosco en la primera página: "Causa
maravilla un hombre tan prodigiosamente providencialista y admira la veneranda persona de don Bosco". De donde el otro partía para
recargar la dosis de cuanto anteriormente había dicho sobre los dos don Bosco, parándose ((393)) ahora en el feo asunto de don Angel
Ricchino 1, presentándolo de forma que sirviera para desenmascarar la santidad de don Bosco. Buffa daba esta noticia en una nota: "Los
centros salesianos llegan ya a ciento cincuenta con cerca de cien mil muchachos".Y añadía el heraldo del liberalismo masónico:"Liberales, "y vosotros seguís en el mejor de los sueños? "No teméis que esos cien mil muchachos se conviertan mañana en cien mil
clericales?".Pero el politicastro se la tenía jurada a muerte a Pío IX, cuya angelical figura arrastraba por el fango, desafiando a don Bosco a que se
defendiera contra las indignidades divulgadas en aquellas columnas, como hechos históricos que no admitían discusión.Sin don Bosco llegó a leer todas las infamias que sumariamente hemos referido, debió llorar en su corazón, pensando en el escándalo de
los pusilámines, que pueden ser de todas las edades; pero no dio respuesta alguna, ni permitió darla. Hubiera sido echar aceite al fuego; y
por otra parte, bien le caían al nuevo Capaneo los versos dedicados por Dante Alighieri al primitivo:Nullo martiro, fuor che la tua rabbia,
Sarebbe al tuo furor dolor compito
2Los periódicos eran portavoces de los que maniobraban entre bastidores: los misteriosos instigadores que habían armado la mano de los
sicarios en las dos agresiones descritas 3 y templaban la pluma de los periodistas a sueldo. De todo ello se desprende para el historiador
una única conclusión. Si, a pesar del cuidado meticuloso de don Bosco para esquivar la política, se insistió por tanto tiempo en considerar
como política su actividad, "qué habría sucedido de no haberse mostrado tan circunspecto? Hoy nos resulta fácil, a la vista de los
resultados, alabar su gran prudencia; pero el haberse trazado por sí mismo1 Véase pág. 165.2 "Tu rabia es tu martirio mas tremendo
Y, a tu furor, dolor es adecuado".
Capaneo: uno de los siete héroes mitológicos que lucharon contra Tebas; fue muerto por un rayo de Júpiter, irritado contra él, porque
despreciaba a los dioses (N. del T. ).3 Véase Vol. XIV, pág. 440 y ss.
342un camino tan claro y haberlo seguido ((394)) hasta el fin sin titubeos y, más aún, frente a las equivocaciones de elevadas inteligencias,
fue de mérito sobrehumano para un hombre que se proponía marchar en todo al contrario de las tendencias de su siglo.No pudo asistir a las fiestas un ausente muy deseado, el Conde Carlos Reviglio de la Venarýa, fallecido el año 1881. Había prestado a
don Bosco una ayuda generosa y muy eficaz en las diversas controversias a que dio lugar desde los principios la construcción de la
iglesia. Apenas terminado el octavario, dispuso don Bosco que se celebrase por él en la nueva iglesia un funeral solemne, al que invitó
con una circular muy bonita a cooperadores y amigos 1.También invitó don Bosco a los representantes de las letras para glorificar la nueva casa de Dios. Contaba con don Juan Bautista
Lemoyne, que no era ningún escritor principiante, y le encargó que ilustrara la figura del titular lo más ampliamente que fuera posible.
Escribió, pues, una obra muy original y atrayente, al alcance del pueblo y, además, de agradable lectura para las personas cultas 2. El
autor sitúa al Apóstol en el lugar y tiempo en que vivió, en medio de los personajes que dan relieve a su noble figura; el capítulo "SanFin de Página: 343
VOLUMEN XV Página: 343Juan, María Santísima y el camino del Calvario" es bellísimo. Trata también de sus escritos y deja saborear los pasajes más exquisitos de
su Evangelio, ilustra los fragmentos más notables de sus epístolas y hasta intenta exponer brevemente el Apocalipsis, donde presenta las
primeras luchas de la Iglesia como ejemplo y estímulo para los cristianos del día. Es feliz aprovechando las ocasiones para rebatir en
forma popular los errores del tiempo contra la divinidad de Jesucristo, su doctrina y de su Iglesia. Su agilidad de estilo contribuye a que el
libro sea siempre de actualidad.((395)) Después de hablar del Santo se ocupa de la iglesia a él dedicada. Sobre ella escribió una elegante monografía el ingeniero
Alberto Buffa 3, la cual, lo mismo que la biografía de Lemoyne, estaba ya impresa el día de la consagración. Más que el técnico, habla el
historiador, narrando las vicisitudes que hubo de vencer la empresa, y resumiendo las evoluciones de la arquitectura religiosa; pero las
partes más importantes son aquellas en las que hace una detallada descripción1 Véase Apéndice Doc. núm. 57.2 J. B. LEMOYNE, El apóstol san Juan y la Iglesia primitiva. Dos volúmenes de 362 y 398 páginas. Tip. Sal. 1882. Se hicieron dos
ediciones, una en lujo, al precio de cuatro liras y otra popular, a una lira con veinticinco céntimos.3 A.BUFFA, La iglesia de san Juan Evangelista. 22 páginas. Turín, Tip. y librería sal. i 882.
343del edificio y de todo cuanto le sirve de ornamento, llegando a esta síntesis final:"El conjunto de la iglesia de San Juan Evangelista posee una unión armónica de todas sus partes, un equilibrio general de las masas,
una agilidad, una precisión, una noble sencillez, que la hacen capaz de aguantar victoriosamente la crítica más severa. Triunfa en ella el
arte esbelto y airoso y, a la vez que eleva el alma de los fieles por encima de las tristezas terrenas, la guía al aire puro y vivificante de los
pensamientos dedicados y de las ideas inmortales. No hay en ella nada extravagante, fantástico y sobrecargado, sino que se admira la
hermosura y perfecta delicadeza de cada uno de sus miembros."A la elegancia del pensamiento y a la pureza del arte responde, dicho sea en su alabanza, la ejecución de todas sus partes. En esta gran
construcción no se sacrificó de ningún modo, como frecuentemente sucede, la conveniencia del arte a los estrechos criterios de la
economía".
344
((396))CAPITULO XIIILA IGLESIA DEL SAGRADO CORAZON
DE JESUS EN ROMAERA en el invierno de 1881. Don Bosco estaba a punto de emprender su viaje a Roma, cuando escribió, desde Alassio, una carta a don
Juan Cagliero que se encontraba en España 1:"Tengo la cabeza in cimbalis (estoy aturdido)". Desgraciadamente, no in cymbalis bene sonantibus 2 puesto que su pobre cabeza estaba
aturdida con muchos pensamientos dispares e inquietantes y, sólo gracias a su santa imperturbabilidad, podía mantenerse en lucidez.En medio de tantos cuidados, cruzaban a menudo su mente y le apuraban las preocupaciones por la iglesia del Sagrado Corazón. Pero la
suerte estaba ya echada y había que llevar la empresa hasta su término, costara lo que costase.Cada día era mayor la necesidad de enviar dinero a Roma, mas sin desviar la beneficencia de las demás obras, que esperaban de él los
medios para subsistir o para ser llevadas a cabo. Hizo, pues, como los pescadores que, para asegurarse una buena captura, echan al mar
las grandes redes. En el mes de enero de 1881 lanzó al mundo, por todas direcciones, millares de circulares pidiendo ayuda. Las escribió
en italiano, pero buscó enseguida buenas traducciones a las lenguas más habladas.((397)) Apoyándose en el principio de que las obras de religión, fundadas en Roma y promovidas por el Papa, deben interesar a todos
los cristianos del mundo, se dirigió a la universalidad de los católicos con la circular impresa, redactada en italiano, francés e inglés.
Dicha carta no era más que el resumen de un artículo del Boletín Salesiano del mismo mes, en el que daba la noticia a los Cooperadores
Salesianos del encargo que el Padre Santo confiaba a don Bosco.No diremos nada de la parte histórica, pues ya la hemos tratadoFin de Página: 345
VOLUMEN XV Página: 3451 Véase mas arriba, pág. 127.2 Salmo 150, 5.
345ampliamente en el volumen decimocuarto. Es notable la manera que emplea para detallar las obras a realizar en Roma: " 1.º Una iglesia
en el Castro Pretorio, sobre el monte Esquilino, consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, que sirva a al vez de parroquia para una
población de doce mil almas, y de monumento al inmortal Pío IX. El ente jurídico parroquial ya está constituido y reconocido por la
autoridad eclesiástica y la autoridad civil. 2.º Un campo de deportes, donde se puedan reunir los muchachos, especialmente en los días de
fiesta, entretenerlos con juegos agradables, después de haber cumplido sus deberes religiosos. 3.º Escuelas nocturnas para obreros más
adultos. Esta clase de jóvenes, ocupada durante el día en trabajos penosos, carece con frecuencia de medios para adquirir la conveniente
instrucción que tanto necesita. 4.º Escuelas diurnas para los muchachos que, por su pobreza y abandono, no pueden asistir a las escuelas
públicas. 5.º Un internado donde sean instruidos en la ciencia y en las artes y oficios los muchachos, que vagan por las calles y plazas de
cualquier pueblo, ciudad o nación a que pertenezcan. Puesto que muchos de ellos llegan a Roma con la esperanza de encontrar trabajo y
dinero, pero, desilusionados de sus esperanzas, caen en la miseria, expuestos al peligro de portarse mal y en consecuencia acaban en las
cárceles del Estado. Este internado ha de ser capaz de albergar cerca de quinientos pobres huérfanos, conforme al modelo del Oratorio de
San Francisco de Sales, que ya existe en Turín".((398)) Pasa, después, a determinar el modo de colaborar: " 1.º Se puede concurrir con dinero o con materiales de construcción. 2.º
Todos pueden ayudar con la oración y aconsejando a personas adineradas que se hagan bienhechores. 3.º Se ruega a todos los
Cooperadores que dirijan sus donativos a Roma, a S. E. Rvma. el cardenal Rafael Mónaco La Valletta, Vicario General de Su Santidad, o
al doctor don Francisco Dalmazzo (Torre de'Specchi, n.º 36, Roma); o bien al sacerdote Juan Bosco de Turín. 4.º Se enviará y autorizará a
algunos para recoger donativos con el nombre de Limosneros. Pero éstos no podrán ir a ninguna parte, sin estar provistos de una
autorización escrita en la que conste el objeto de la postulación, el nombre y apellidos del Limosnero, la firma del sacerdote Juan Bosco,
y timbrada con un sello en el que se lee: Pia Societas Sancti Francisci Salesii 1. 5.º Sin esta formalidad, se ruega respetuosamente a los
Exmos. y Rvmos. Arzobispos y Obispos de las distintas diócesis y a los muy Rvdos. Señores Párrocos, o Rectores de iglesias que se
ofrezcan a ser Limosneros1 Después fue modificada así: Societas Salesiana. Discite a me qui mitis sum.
346entre los fieles cristianos de sus respectivas jurisdicciones y que envíen a cualquiera de los tres, más arriba nombrados, el dinero que
hubieren podido recoger y dar facilidades a los Limosneros acreditados con su respectivo certificado".Por fin, enumera los favores espirituales concedidos a donantes y Limosneros: "1.° Una bendición especial del Padre Santo, que
aprueba y recomienda la piadosa empresa a todos los que aman el desarrollo de nuestra santa Religión, las buenas costumbres, el bien de
la juventud y de toda la sociedad civil. 2.° Cuando esté terminado el sagrado edificio y consagrado al culto divino, todos los viernes se
celebrará una misa en el altar mayor y se rezará la corona del Sagrado Corazón de Jesús y otras plegarias especiales por los bienhechores.
3.° Este mismo piadoso ejercicio se celebrará en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y de María, en Navidad, el jueves del Corpus
Christi y ((399)) en el día de la fiesta de cada uno de los Santos Apóstoles. 4.° Con el fin de rendir especial homenaje a la augusta Madre
de Dios e invocar su poderosa protección sobre todos nuestros bienhechores, todos los días por la tarde se recitará la tercera parte del
Rosario y se cantarán las Letanías Lauretanas o el Ave Maris Stella, a lo que seguirá la bendición con el Santísimo Sacramento. La
función se terminará con el De Profundis y Oremus correspondiente o con un Pater, Ave y Réquiem en sufragio de los bienhechores
difuntos. 5.° Estas celebraciones de misas, oraciones y ejercicios de piedad cristiana se harán perpetuamente".Se entregaban a los limosneros abundantes fichas para inscribir los nombres de los donantes y el importe de sus donativos, a las que se
acompañaba una hoja aparte, en la que se leían ocho normas dictadas por la más circunspecta prudencia.Para facilitar la obra de los Señores Limosneros, parece oportuno fijar algunas normas que se someten a la prudencia de los mismos:1.° Téngase presente que los Ordinarios diocesanos, los Párrocos, los Rectores de iglesia están invitados para hacer llegar a las
direcciones señaladas las cantidades que tuvieran a su disposición.2.° Hay, además, los Limosneros propiamente dichos, los cuales están encargados de recoger donativos en los pueblos o ciudadesFin de Página: 347
VOLUMEN XV Página: 347donde viven o donde se hubieren de encontrar. Estos están en posesión de un Diploma, con el sello que dice Pía Societas Salesiana y la
firma del sacerdote Juan Bosco 1.3.° Conviene que los donativos, con el nombre y apellido de los donantes, vayan escritos en las fichas expresamente preparadas, a
menos que deseen guardar el anonimato.1 Véase este diploma en su texto latino y francés (Apend. Doc. núm. 58).
347Estas fichas se enviarán a su destino en cuanto estén rellenas, junto con el dinero recogido, y se les mandarán otras con igual timbre.Estas fichas se encuadernarán todas juntas, formando un volumen de honor, que se conservará en el Archivo del Santuario, como
recuerdo perpetuo de los que contribuyeron a la construcción del mismo y por los cuales se harán perpetuamente las oraciones de cada
día, como se ha descrito en la circular expresamente repartida.4.º Estas fichas llevarán el sello de S. E. Revma. el Cardenal MONACO, Vicario de S. S. LEON XIII.Al pie de cada columna se hará la suma y, en la última, se pondrá el total con la firma del Limosnero.((400)) 5.º Como, en estos nuestros tiempos, no resulta fácil encontrar personas que puedan y quieran ofrecer cantidades notables, se
aceptará con agradecimiento toda suerte de donativos, hasta de pocos céntimos. Se puede presentar la ficha en los centros de educación,
en los colegios o seminarios, invitando a colaborar: pero siempre con el permiso explícito de sus respectivos superiores.La ficha puede entregarse a un pariente, a un amigo o conocido de la familia y dejarla en sus manos unos días, para que puedan recoger
donativos entre las personas de su particular conocimiento.6.º Cuando se invita a alguien a hacer un donativo, se le puede manifestar que con él promueve una obra recomendada y bendecida por
el Padre Santo; una obra, cuyo fin es ayudar a la Iglesia y sostener la religión, ya que precisamente en Roma, en el Esquilino, junto a
nuestro sagrado edificio, se han establecido por desgracia los protestantes y, con mil engañosos modos, amenazan las buenas costumbres
y la religiosidad de los adultos y de la incauta juventud.Nótese también que el Sagrado Corazón de Jesús es fuente inagotable de gracias y bendiciones y que cualquier entrega, por pequeña
que ella sea, la recompensará con largueza.Además, como el internado, el oratorio festivo, las escuelas nocturnas y diurnas están destinadas a muchachos procedentes de cualquier
parte del mundo, resulta que cada donante ayuda con su caridad a mejorar la parte de la sociedad civil más expuesta a los peligros y así se
podrá librar a muchos jovencitos de entrar en las cárceles, educándolos en la ciencia y en la religión, enseñándoles un arte u oficio, para
poder entregarlos después a la sociedad civil, hechos buenos cristianos y honrados ciudadanos, capaces de ganar un honroso salario con
su propio trabajo. Se podría recordar, además, la estricta obligación que se tiene de dar limosna, especialmente en estos tiempos, en los
que se han multiplicado las necesidades de tantas formas; pero es mejor limitarse a señalar los grandes beneficios que nos hacemos a
nosotros mismos y a nuestras familias, mientras vivamos aquí en la tierra y, más aún, cuando el Señor nos llame a la eternidad.Muchos años después de nuestra muerte, quizás no se acuerde nadie de nosotros y, sin embargo, en la iglesia del Sagrado Corazón de
Jesús y en el internado adjunto, habrá fieles cristianos, habrá centenares de niños, que alzarán al cielo la oración del agradecimiento en
nuestro favor.7.º Es de esperar que esta colecta, recomendada por las autoridades civiles y eclesiásticas y hecha en nombre del supremo Jerarca de la
Iglesia, gozará del apoyo y la protección de todos los buenos; sin embargo, si alguna autoridad se mostrara contraria, desista el Limosnero
de la cuestación en aquel lugar hasta que no haya obtenido el beneplácito.8.º Las obras adelantan rápidamente, pero tememos que lleguen a faltarnos los
348medios, si la caridad de los fieles no nos presta eficaz ((401)) ayuda. Hay que pagar mensualmente quince mil liras a los obreros; por
tanto, cuando los Limosneros tengan recogida alguna cantidad, al menos cada trimestre, envíenla al Eminentísimo Cardenal MONACO,
Vicario de S. S. o bien al Sac. FRANCISCO DALMAZZO, Vía Porta S. Lorenzo, 42, Roma, o al Sac. JUAN BOSCO en Turín.N. B. Para el envío de dinero, si no se tiene otra forma más segura, conviene hacerlo por giro postal o por carta certificada.
Fin de Página: 349
VOLUMEN XV Página: 349Al fin de estas normas se recordaban las once principales promesas hechas por el Divino Redentor, a Santa Margarita de Alacoque, a
todos los que promueven el culto de su Sacratísimo Corazón.No terminan aquí los recursos de que se valió don Bosco para solicitar la caridad del mundo. Envió circulares especiales, en italiano, a
los Arzobispos y Obispos y a los periodistas católicos de Italia; y, en latín, a los de otros países 1. Monseñor Gastaldi agradeció la
invitación de don Bosco a ayudarlo, pero se excusó diciendo que no podía hacer nada. Aunque las relaciones entre él y el Beato eran por
aquellos días las que conocen los lectores, supo con todo responder con dignidad 2.Algunas líneas que el mismo don Bosco escribió a don Francisco Dalmazzo nos dicen cuánto y cómo se industrió nuestro infatigable
Padre, para que tuviera éxito la colecta. Las fichas que hace poco mentábamos habían sido impresas en Roma después de su partida. Y,
cuando recibió una parte de ellas, pocos días después de su llegada a Turín, que fue el dieciséis de mayo, apenas le dejaron tiempo libre
los asuntos pendientes y las preocupaciones para la fiesta de María Auxiliadora, ((402)) escribió al Procurador el treinta y uno de mayo.
"Este es el primer momento que me dejan libre. He recibido las fichas: me ocuparé de ellas seriamente. Dime si tú las envías desde Roma
a los limosneros cuyas direcciones y nombres tienes o si debo mandarlas yo desde aquí. Convendría acompañarlas de una carta impresa,
en la que1 Véase Apénd. Doc. núm. 59, A -B -C -D. Extraemos del registro de tivos, que se conserva en el archivo de la Inspectoría Salesiana de
Roma, algunos datos interesantes. El año 1881 se recibieron sesenta y tres mil novecientas sesenta y cuatro liras, con setenta y nueve
céntimos, de las cuales la Duquesa de Séveré envió cincuenta mil. El año 1 treinta y nueve mil quinientas veintiocho liras, con cincuenta
y cinco céntimos: figuran entre los donantes el Conde de Chambord con mil liras y la Marquesa de Paterat con veinte mil. El año 1883
envió don Bosco personalmente, en diversas ocasiones, un total de ciento ochenta mil quinientas liras. En el capítulo tercero, ya se ha
hablado de las ofrendas del conde Colle. El año 1885 aparecen veinte mil liras en nombre del Superior General de los Hermanos de las
Escuelas Cristianas, de cuya generosidad hablaremos mas adelante. Hay también muchos obispos italianos y extranjeros. Pero no están
allí señalados todos los donativos.2 Su respuesta, con algún detalle singular, puede leerse en el Apéndice (Doc. núm. 50).
349se comunique una bendición especial del Padre Santo, se haga saber cómo van los trabajos, se recomiende la empresa y, si es necesario,
se ruegue el envío de lo conseguido en la colecta para mediados del próximo julio".Normalmente se necesitaban quince mil liras mensuales para el pago de jornales y para las compras ordinarias; pero, a mediados de
julio, se incrementaron tanto los trabajos que el arquitecto Francisco Vespignani creyó conveniente avisar a don Bosco que, de seguir a
aquel ritmo, pronto había que doblar el importe. El Beato no se amilanó y se alegró mucho de poder anunciar a los Cooperadores en su
comunicación de enero de 1882 que las naves laterales llegaban ya a la altura de los capiteles y la nave central alcanzaba una altura
considerable.Solícito por el bien de las almas, aún había hecho mas preparando la construcción de una capilla bastante capaz, que sirviera mientras
tanto de iglesia parroquial para los seis mil vecinos del barrio. El Cardenal Vicario la inauguró para el culto divino el diez de julio,
bendiciéndola y celebrando en ella la misa.Tres días después recibía aquel lugar otra bendición muy diferente. Un compacto tropel de fieles orantes y acongojados pasaba al rayar
el alba por allí, cerca del edificio que se levantaba en honor de las virtudes del gran Pontífice, con sus venerandos despojos que habían
defendido en plena noche contra desalmados agresores, y los llevaba a la basílica de San Lorenzo extramuros.Decíamos que don Bosco no se amilanó frente al aumento de los gastos; pero tampoco tentaba a la Providencia. En efecto, al anunciar
al Cardenal Vicario una importante limosna creyó oportuno decirle cómo se las ((403)) arreglaba para obtener ayudas 1. "Un sacerdote,
Pedro Lovatelli, de Cerano, diócesis de Novara, ha prometido enviar a V. E. durante el próximo mes de octubre la cantidad de diez mil
liras para la iglesia del Sagrado Corazón, y le ruego tenga la bondad de cobrarlas según costumbre. Trabajo sin descanso para conseguir
dinero, y gracias a Dios que nos favorece, se encuentra. Pero don Francisco Dalmazzo lo gasta todo, y no se cansa de pedir".Ademas de las circulares dichas, vémosle dirigir súplicas individuales a personas adineradas, de cuya caridad, implorada de aquel
modo, se podía esperar mayor abundancia de socorros. Esta cartita a don Francisco Dalmazzo dice mas de cuanto puedan expresar
simples palabras.Fin de Página: 350
VOLUMEN XV Página: 3501 Sampierdarena, 14 de septiembre de 1881.
350Carísimo Dalmazzo:Todo va bien: bendito sea Dios. Yo no pierdo un instante; pero Dios bendice los trabajos y adelante. Tengo una serie de proyectos.
Entre otros, éste que te envío para el Cardenal Vicario. Léelo para tu norma, mételo en un sobre y déjalo después en manos del
Eminentísimo Cardenal; nosotros rezaremos para que salga bien; porque quedan otros más.Trabajamos también para enviarte sacerdotes y dinero. Escribiremos pronto.Saluda a nuestros amigos y bienhechores y créeme en J. C.Turín, 15-7-1881.Afmo. amigoJUAN BOSCO, Pbro.El día primero de julio había escrito a la señorita Amalia Lacombe, fervorosa cooperadora de Valence (Francia) y le decía 1: "En
nombre del Padre Santo le envío un diploma de limosnera para la construcción de la iglesia que él ha querido confiarnos."Dejo en blanco el espacio del nombre para que usted ponga el de su párroco, si aceptare tal incumbencia. Pero, en el caso de que su
párroco no pueda, es necesario que se ponga usted a la cabeza de la empresa".Lo mismo hizo con otras señoras francesas 2 e italianas. Así se lo escribe a la condesa Callori a fines del mismo mes.((404)) Nuestra buena Mamá en J. C.:Le adjunto el diploma de limosnera y espero que la ficha a rellenar quedará cubierta con grandes y pequeñas aportaciones. Quizá pueda
hacer algo donde vaya; si no es con dinero, ciertamente alcanzará mucho mérito con las mortificaciones que reunirá sin necesidad de
firmarlas.Usted tiene cariño por las misiones de Roma y yo lo celebro porque hay una gran necesidad de ello, sobre todo ahora que los
protestantes han dado un fuerte asalto al catolicismo en el monte Esquilino. Pero mientras unos dan su bolsa para la Patagonia de Roma,
dejamos que otros vayan a ejercer su celo y dar su vida por los numerosos salvajes de la verdaderamente salvaje Patagonia.Que Dios la bendiga, benemérita señora Condesa, y le conceda salud y santidad en abundancia. Ruégole pida por este pobrecillo,
siempre en J. C.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.1 Véase Apéndice, Doc. núm. 61.2 Véase Apéndice, Doc. núm. 62.
351Pocos días antes se había dirigido a la princesa Clotilde, hija de Víctor Manuel II y esposa de Jerónimo Bonaparte, que habitualmente
vivía en el castillo de Moncalieri.Alteza Real Imperial:
Creo que V. A. R. I. sabrá que el Padre Santo ha confiado a los Cooperadores Salesianos la construcción de la iglesia y el internado delFin de Página: 352
VOLUMEN XV Página: 352Sagrado Corazón en Roma. Yo soy el postulante principal, que va buscando, en nombre de Su Santidad, los medios necesarios que, en
realidad, empiezan a faltar.Por esta razón me he atrevido a recurrir también a la reconocida bondad de V. A. R. I. que, en la medida de lo posible, no rehúsa nunca
cooperar en favor de las obras de beneficencia. Tengo, además, un motivo especial en este caso, puesto que se trata de honrar al Sagrado
Corazón de Jesús, a quien sé tiene V. A. mucha devoción.Por la circular que le adjunto, podrá conocer mucho mejor la extensión e importancia de la obra. La construcción alcanza ya la altura de
seis metros, a nivel del suelo.Yo me valgo del señor Canónigo, el preboste Ballesio, mi exalumno, a quien puede entregar, si le parece bien a V. A., la respuesta que
le inspire la caridad de su corazón. Por mi parte puedo asegurarle que, en medio de las pasadas vicisitudes, siempre he encomendado a V.A. y a toda su augusta familia en nuestras oraciones comunitarias y privadas y le prometo que seguiremos haciéndolo en adelante,
juntamente con los ochenta mil muchachos que la divina Providencia recoge en nuestras casas.
((405)) Que Dios la bendiga, piadosa y digna princesa de la casa de Saboya.Dios conserve en buena salud y en su santa gracia a V. A. y a todos sus hijos y me permita que, con la máxima veneración, tenga el alto
honor de poderme profesar humildementeDe V.A.R.I.Turín, 24 julio 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Aunque nos faltan documentos para probarlo, con todo estamos convencidos de que la "santa de Moncalieri", como el pueblo la
llamaba por sus virtudes y obras benéficas, haya hecho llegar al Beato el óbolo de su caridad, de un modo secreto o quizá bajo otro
nombre. Estas dos almas santas no se encontraron nunca en esta vida. En los últimos años de la vida de don Bosco la Princesa deseaba
con ardor una entrevista con él; pero la etiqueta de la Corte no le permitía ir a su casa y los achaques y consideraciones le impedían a él ir
a Moncalieri. Finalmente se pudo combinar por medio del canónigo Ballesio que la Princesa iría una mañana a la sacristía de María
Auxiliadora, donde la esperaría don Bosco; pero éste, poco después de lo acordado, cayó en cama y ya no se levantó.
352No olvidó al conde de Chambord, quien le entregó, primero, cien francos y después quinientos 1. Por tratarse de una obra en el
extranjero, no es de extrañar que se limitara a tan poco 2.En los colegios salesianos, se sometían los socios a verdaderos sacrificios para corresponder a las llamadas de don Bosco y darle sus
ahorros. Así en Randazzo, maestros y profesores, secundando la propuesta de don Pedro Guidazio, se avinieron con gusto a asistir a los
propios alumnos en las respectivas clases, y dejar así libre el salón de estudio ((406)) para convertirlo en dormitorio, de manera que fuera
posible aceptar otros catorce internos, y enviar algún dinero más al amado padre.Pero, a pesar de sus industrias, el Beato se dio cuenta de que muy pronto los medios no serían suficientes, por lo cual consideró llegado
el momento de realizar un proyecto deseado hacía tiempo: enviar a sus propios sacerdotes a postular donde hubiere esperanzas de
encontrar buena acogida. Con este encargo partieron de Turín, en agosto de 1881, don Pedro Pozzan y don Esteban Febbraro, que
recorrieron durante más de un mes toda la región de Trento. Pero, antes de que salieran de viaje, don Bosco había avisado su llegada a
cuantos le había parecido oportuno, con una carta suya litografiada y redactada de manera que tuviera el aire de una comunicación
personal.Benemérito Señor:Tengo la gran satisfacción de participar a V. S. que las obras de la iglesia y del hospicio del Sagrado Corazón de Roma proceden
rápidamente y que ya pasan los muros de seis metros de altura. Trabajan en la obra ciento sesenta obreros, cuya labor importa
mensualmente quince mil liras. Es un gasto grave, pero necesario; por esto nos hemos decidido a hacer una cuestación excepcional entre
algunos de nuestros más beneméritos cooperadores. Por tanto, con la bendición del Padre Santo, hemos decidido enviar al reverendo don
Pedro Pozzan hasta V. S. y confiamos que hallará en su bondad favor y protección. A tal fin, en la segunda quincena de este mes, si DiosFin de Página: 353
VOLUMEN XV Página: 353quiere, irá a visitarle provisto de una carta nuestra que lo acredite ante todos los que la divina Providencia haya puesto en la posibilidad
de ayudarnos.Entre tanto, le rogamos humildemente que reciba con benevolencia a este nuestro enviado y le ayude ante aquellas personas de su
conocimiento, que buscan el bien de la religión y de la sociedad civil.1 Carta del capellán a don Bosco. Froshsdorf, 28 de septiembre de 1881.2 Pidió ayuda también al ministerio de Gracia y Justícia: pero el 3 de julio le respondieron que, "por falta de los fondos necesarios", no
se podía colaborar en la construcción de la iglesia e internado que él había emprendido "con tanto celo".Que Dios le bendiga y premie generosamente su caridad, mientras, personalmente agradecido, me cabe el honor de poderme profesar deV. S.
Turín, 10 agosto, 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.P. D. El sacerdote Pozzan es el director del Oratorio festivo de San Francisco de Sales y jefe de redacción del Bolletino Salesiano.
((407)) Finalmente proveyó a sus enviados de una carta de presentación para el Obispo de Trento, que era monseñor Juan Santiago della
Bona.Excelencia Reverendísima:Para secundar los respetables deseos de S. S. León XIII, se ha determinado hacer una colecta entre nuestros Cooperadores salesianos a
fin de reunir los medios necesarios para poder proseguir los trabajos de la iglesia y del hospicio del Sagrado Corazón de Jesús, que se
construyen en el Esquilino, en Roma.Con tal fin, envío a la Archidiócesis de Trento a los dos profesores, los reverendos don Pedro Pozzan y don Esteban Febbraro, para que
se presenten a V. E. Rvma. en demanda de su bendición y aquiescencia para hacer esta cuestación, bajo su protección, donde fuere
menester.Por tratarse de una obra encarecidamente recomendada y promovida por el Santo Padre, confío también se digne recomendarlos con su
autorizada palabra ante aquellos que estén en condición de ayudarnos.Espero que la suerte traiga a V. E. alguna vez por estas nuestras tierras y podamos tener el gran honor y la especialísima satisfacción de
poder recibirle en nuestra casa de Turín.Asegurando a V. E. mi más sentida y profunda gratitud, tengo el alto honor de poderme profesarTurín, 16 de agosto de 1881.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Postularon por casas e iglesias con buenos resultados 1, tanto que don Bosco quiso manifestar su propio agradecimiento con una carta
impresa 2, y aún más, dado el halagüeño resultado de la primera prueba, quiso repetir al año siguiente una experiencia similar por todo el
Véneto, confiándola a los mismos que la hicieron por el Tirol.1 Cartas de don Pedro Pozzan a don Bosco, Bollettino Salesiano, noviembre y diciembre de 1881 y marzo de 1882.Fin de Página: 354
VOLUMEN XV Página: 3542 Así lo dice el Boll. Sal. de diciembre de 1881, pero no hemos encontrado ningún ejemplar.
354Cuando don Pedro Pozzan enviaba durante este segundo viaje el fruto de su recaudación, no podía dejar de ponderar el gran aprecio que
los habitantes de aquella región ((408)) tenían a don Bosco. "Estos agudos venecianos, escribía el veintinueve de agosto desde
Longarone, conocen a don Bosco como a uno de sus vecinos y no se cansan de oír hablar de su vida y de las obras de caridad que va
desarrollando". Y el 10 de septiembre desde Udine, después de haber recorrido parte de las diócesis de Céneda, Feltre y Belluno,
peregrinando por casi todo el Cadore, la Carnia y el alto Friul: "La acogida fue, gracias a Dios, cordialísima en todas partes y las limosnas
recogidas, tenida en cuenta la miseria local, muy satisfactorias (... ). No se olvide usted de nosotros que, aunque lejanos le llevamos
siempre en el corazón y en los labios. Ruegue también por sus muchos amigos afectuosísimos, que me dan saludos para usted". Por
último, el 24 de septiembre escribía desde Spilimbergo, en el Friul: "Todos hablan con gran entusiasmo de don Bosco y de las obras
salesianas".Tanta veneración por el Siervo de Dios nos explica la generosidad de que dieron muestra aquellas buenas gentes en circunstancias
singularmente críticas; porque, precisamente en aquellos días, habían sufrido desastrosas inundaciones los campos y ciudades del Véneto,
Piamonte y Liguria.El Beato tuvo la satisfacción de palpar rasgos visibles de la Providencia. Para no alejarnos del período de tiempo en que nos movemos,
narraremos solamente dos. En septiembre de 1881 don Bosco tuvo que contraer un préstamo de veinte mil liras; pero sucedió que el
prestamista se encontró imprevistamente en necesidad y exigía la devolución del dinero cuando apenas habían pasado dos meses. El
Siervo de Dios se encontró en un verdadero apuro y no sabía a dónde acudir cuando de improviso le llegaron dos cartas, como llovidas
del cielo. Una era de Argentina. Don Domingo Tomatis, director del colegio de San Nicolás, le enviaba una letra de cambio de sesenta
mil quinientos pesos argentinos, equivalentes a doce mil doscientos noventa y tres francos-oro. Era un donativo para la iglesia del
Sagrado Corazón de Roma, reunido entre dieciséis agricultores italianos que residían allí. La otra era de don Pedro Lovatelli, párroco de
Cerano (Novara), el cual ponía a disposición de don Bosco con el mismo fin, diez mil liras, ((409)) de las que ya se hizo mención. A
través de don Francisco Dalmazzo, comunicó al Papa la generosidad de los donantes de América y escribió a don Domingo Tomatis una
carta más larga que de costumbre.
355Mi querido Domingo:He recibido el bonito donativo de doce mil trescientas liras que nuestros fervorosos Cooperadores de San Nicolás han enviado a Italia,
para continuar los trabajos de la iglesia y del colegio del Sagrado Corazón en Roma. Un donativo tan generoso hecho por cristianos
compatriotas desde tan lejos, ha merecido que hiciese mención de ello al Padre Santo, que fue precisamente quien recomendó tal
construcción al celo de los cooperadores salesianos.Su Santidad atendió al relato con visible complacencia, ponderó la cuantía del donativo, la caridad de los donantes y concluyó con estas
palabras: -Agradecédselo a aquellos queridos hijos de la Iglesia católica; los bendigo a todos, a sus familias y sus intereses, y les concedo
una indulgencia plenaria, que podrán lucrar el día en que reciban la sagrada comunión.Con mucho gusto, comunico estos sentimientos de benevolencia del Sumo Pontífice a esos amigos y cooperadores nuestros y estoy
seguro de que el Sagrado Corazón de Jesús, fuente inagotable de gracias y favores, les concederá el céntuplo en la vida presente, como es
de fe, y el verdadero premio en la vida futura.Si esos generosos donantes volviesen alguna vez a Italia, les rogaría que vinieran a las casas salesianas como a su propia casa.Preséntales mis cordialísimos saludos y encomiéndame a sus valiosas oraciones, con la promesa de que no los olvidaré cuando celebre
la santa misa.Di a Graziano que me ha gustado mucho su última carta, y también la de don Evasio Rabagliati. A todos les responderé apenas pueda.Don Luis Lasagna, completamente restablecido, ha partido ya para Montevideo. Su piedad y su celo nos han edificado verdaderamente.
Los salesianos de Italia, de Francia y de España os mandan un saludo fraternal por mi medio y se encomiendan a vuestras oraciones.
Presenta un especial augurio de bendiciones celestiales a monseñor Ceccarelli.La gracia de N. S. J. C. esté siempre con vosotros y ruega por mí, siempre tuyo en los Sagrados Corazones de Jesús y de MaríaFin de Página: 356
VOLUMEN XV Página: 356Turín, 21 de diciembre de 1881.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.((410)) En el mes de abril del mismo año, encontrábase don Bosco en Roma, al tiempo de que el párroco don Francisco Dalmazzo
debía efectuar cierto día un pago de cinco mil liras al empresario. Habiendo resultado inútiles todos los esfuerzos para reunir aquella
cantidad y después de presentarse a don Bosco varias veces para ver si había conseguido algo, he aquí que llegó de Francia una carta
dirigida al Beato, con valores declarados por un importe de cuatro mil liras. La abrieron y, en vez de cuatro, se encontraron con cinco mil
liras. Como manifestara su admiración don Joaquín Berto, díjole don Bosco:-Don Francisco Dalmazzo necesitaba cinco mil y, por eso, en vez de cuatro, hay cinco mil 1.Con razón, pues, y los hechos lo demostraron, hablando León XIII de él y de la iglesia del Sagrado Corazón con el Arzobispo deMesina 2, exclamó:-íEs un hombre providencial!Hombre verdaderamente providencial, pero que iba al encuentro de la Providencia, poniendo de su parte todos los medios que estaban asu alcance. Esta carta, del 1881, nos lo pinta al vivo en el acto de aplicar su ingenio y sus fuerzas para que el Cielo le ayude:Carísimo Dalmazzo:Empecemos por el número uno 3, para no atolondrar esta pobre cabeza.1.° No me puedan fichas; por consiguiente, conviene que hagas imprimir más, las selles y me las mandes, porque si no, todo puedaparalizado. Pero procura que cada ficha lleve en la cabecera: Ofrendas para la iglesia, etc.2.° Procura que se impriman también en francés, porque me las piden y no puedo enviarlas.3.° El Conde de Roubion, de Niza, tiene ya preparados dos mil quinientos francos y te los enviará, para su columna. Tú le escribirásunas líneas de agradecimiento.4.° Don Pedro Lovatelli, párroco de Cerano, y que pronto se hará salesiano, ofrece diez mil liras para el mismo fin; te enviará ocho mil
en octubre, y el resto en noviembre. Conviene avisar al señor Cardenal Vicario, a quien probablemente irá dirigido el dinero.((411)) 5.° Don Pedro Pozzan está postulando en el Tirol. Ya ha recogido dos mil liras y sigue. Se busca también en otros sitios y Dios
nos bendice abundantemente; démosle gracias de corazón.6.° Al salir de Roma, se me extravió la lista de los Limosneros y de los que se encargaron de rellenar las fichas; si puedes y si conservascopia, házmela enviar para que yo pueda proseguir mi trabajo, especialmente en Francia.7.° Creo que te escribí o te hice escribir que de buen grado acepto ser padrino o que ya lo he sido 4.8.° "Tenemos que prepararte o enviarte sacerdotes? Don Biondolillo iría con gusto, el párroco Rossetti también, lo mismo que donValimberti, etc. Respóndeme algo sobre ello.9.° Dime también si, en medio de tus trabajos, puedes todavía respirar y qué puedo hacer para ayudarte.10.° Mañana salgo para Sampierdarena, donde permaneceré ocho días 5.1 Summ. sup. virt., VI, 118 (De heroica spe)
.
2 Carta de monseñor Guarino a don Bosco, 1 de diciembre de 1881.Fin de Página: 357
VOLUMEN XV Página: 3573 Esto es, vayamos con orden, enumerando las cosas que hay que decir.4 El marqués Leóri Boulanger, de Saint-Cyr, Conde de Villeneuve, padre del pequeño mayordomo en la fiesta de María Auxiliadora,
había invitado a don Bosco a que apadrinara a otro hijo suyo. Don Bosco aceptó, para su próximo viaje a Francia; pero la ceremonia se
debió haber efectuado ya por representación. (Carta de don Bosco al Marqués, Turín, 11 de agosto de 1883).5 Faltan fecha y firma. La carta debió ser llevada a mano. Don Bosco estaba en Sampierdarena a mediados de septiembre. (Véase más
arriba, pág. 350).
357Anteriormente le había recomendado desde Alassio 1 que preparara el terreno para ver de obtener subvenciones del Municipio de
Roma, del Ministerio de Hacienda, de Gobernación, de Gracia y Justicia y del Economato. Ignoramos qué hizo don Francisco Dalmazzo;
las siguientes rápidas instrucciones, de fecha incierta, le trazaban el camino a seguir.Acercarse a la Orden Mauriciana y decir a S. E. Correnti que se cumplirán sus órdenes y que lean la carta y los dos memoriales.Poco más o menos que el memorial (de modo casi conforme al memorial) para el Ministerio de Hacienda, a donde también se mandará,
se lleve o envíe (un memorial):1.° (Al) señor Conde Visone, ministro de la Casa Real, haciendo notar que nuestra Institución siempre fue favorecida o, mejor aún,
fundada por sus antepasados (esto es, por el Rey), etc.2.° Casi lo mismo a Gracia y Justicia, llamando la atención de la parroquia establecida, etc.3.° Al Ministerio de Gobernación llamando la atención por la finalidad de los muchachos pobres y abandonados.((412)) 4.° A Obras Públicas, que en otra ocasión nos concedió subvenciones para muchachos instruidos o internados, pero
especialmente para los pertenecientes a familias de empleados en los ferrocarriles del Estado.5.° Al Municipio que tanto quiere a los pobres y se interese por el bien del pueblo. El marqués Francisco Vitelleschi acompañará a don
Francisco Dalmazzo para ver al Alcalde.6.° Si se puede conseguir, que alguno acompañe para visitar al Ministro de Instrucción Pública poniendo de relieve la cuestión de las
escuelas.En el registro de las limosnas llegadas a Roma no figuran muchas que alcancen el millar de liras, y menos aún que lo superen; más aún,
las sumas reunidas por los limosneros llegan a lo más a unos centenares. íCuántas, por el contrario, son las limosnitas de allí y de Tur&iac