Don Bosco

Memorias Biograficas - vol 4

MEMORIAS BIOGRAFICAS DE SAN JUAN BOSCO - VOL 4

VOLUMEN IV Página: 12

(1)

CAPITULO I

REBELION Y FIDELIDAD

MAQUINABAN los corifeos de las sectas establecer un Estado, que dejara de gobernar en nombre de Dios y no redactara leyes de acuerdo
con su voluntad, sino en nombre del pueblo y según el voluble querer del mismo, leyes que ellos se industriarían en formular con sus
maniobras. Querían destruir poco a poco lo que hasta entonces habían predicado hipócritamente que se debía respetar, pero de modo que
los pueblos no lo advirtieran, o solamente cuando ya estuvieran preparados por la corrupción de las costumbres y los errores imbuidos en
su mente a través de periódicos, libros, obras teatrales, escuelas y reuniones políticas. Para este fin predicaban la necesidad de la
independencia nacional, y se hacían apóstoles de la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión y de prensa. Era la libertad que San
Pedro llamaba: Velamen habentes malitiae libertatem (como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad) 1, esto es, en el
fondo, la guerra contra todo lo que, de lejos o de cerca, recuerda ((2)) a la soberbia humana que hay un solo Dios, a quien se debe absoluta
obediencia. Y por ello los legisladores sectarios han proclamado y siguen proclamando: Nosotros somos la ley y no hay nadie por encima
de la ley, ni Dios, ni Iglesia.
Consideraron a la Iglesia católica como una simple sociedad privada, sin valor, sin derechos, sin intereses en la vida civil, separada del
Estado y, lo que es todavía peor, enemiga a la que incesantemente había que combatir. Rex sum ego! (íyo soy Rey!), proclamó Jesucristo:
pero ellos le responden: Nolumus hunc regnare super nos (no queremos que éste reine sobre nosotros).

1 I Pedro, 2, 16.
12

Fin de Página 12

 

VOLUMEN IV Página: 13

Pero vae qui condunt leges iniquas (íay, los que decretan leyes inicuasí), amenazaba Isaías 2.

La política de todo orden, dice Bonald, se fortalece con cuanto concede a la religión y se empobrece con cuanto le niega. Allí donde
venga a menos el respeto hacia el Papa, allí desaparece el respeto hacia el Soberano. El célebre Colbert decía así en su testamento a Luis
XIV, incitado por sus pérfidos consejeros contra la Iglesia: "Jamás se rebela impunemente el hijo contra el padre. Todas las empresas que
Vos emprendáis contra el Sumo Pontífice, recaerán sobre vuestra Majestad".

Y por desgracia los gobernantes de los pueblos despreciaron a la Iglesia y fueron arrastrados por la revolución, que quiere la soberanía
del pueblo para hacer del monarca un esclavo del parlamento, y al parlamento un esclavo de las masas. Su última palabra será: Basta de
dioses, basta de reyes, basta de patronos. íAbajo la propiedad! íSocialismo y comunismo!

Pero la voz y la plegaria de la santa madre Iglesia y el omnipotente brazo del Señor frustrarán el insensato proyecto, mas no sin que antes
las naciones apóstatas paguen el castigo de su rebelión.

((3)) Sin embargo, como sal de la tierra y luz del mundo, no había nación, no había ciudad ni pueblo alguno, donde no florecieran santas
personas de toda suerte, especialmente obispos, sacerdotes y religiosos, los cuales, a la par que invocaban la divina misericordia sobre los
hombres, aliviaban a los desgraciados con obras heroicas de caridad, prestaban a Dios y a la Iglesia el tributo de obediencia, que le negaban
los insensatos. Uno de éstos era don Bosco. El se había propuesto como código de sus obras el decálogo, los mandamientos de la Iglesia,
las obligaciones del propio estado, y ponía todo su empeño en observarlas con fidelidad. Estaba tan compenetrado con el espíritu de
fidelidad, que durante todo el tiempo de su vida dio la impresión de que no
podía obrar de otro modo. No se descubrió en él en todo su proceder, defecto o descuido en el cumplimiento de sus deberes de cristiano, de
sacerdote, de cabeza de Comunidad, de Superior de una Congregación: era observantísimo de las reglas que él mismo había dado a ésta.

Experimentaba, al mismo tiempo, gran pena al ver cómo muchos conculcaban la ley divina, al oír blasfemar del santo nombre de Dios, de
nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen; se sentía profundamente amargado al descubrir cómo la inmoralidad acechaba

2 Isaías, X, 1.
13

Fin de Página 13

 

VOLUMEN IV Página: 14

la inocencia de muchos jovencitos; sangraba su corazón al saber que se ultrajaba al Papa y no se reconocían los derechos de la Iglesia. Su
obediencia a los preceptos de esta buena Madre abrazaba las prescripciones más pequeñas, las sagradas ceremonias y rúbricas, las
respuestas de las Sagradas Congregaciones romanas, y exigía que hicieran lo mismo sus subordinados. En aquellas cosas en que se dejaba
libertad de interpretación y de acción, elegía la opinión más conforme con el espíritu de la Iglesia.

((4)) El teólogo Ascanio Savio afirmaba: "Le conocí irreprochable en todo y nunca experimenté en mi corazón la menor sospecha de que
él hubiera perdido la inocencia bautismal".

El teólogo Reviglio apoya este testimonio escribiendo: "Tenía tan grande horror al pecado, que durante los once años que conviví con él,
no le vi cometer jamás deliberadamente un pecado venial".

Y don Miguel Rúa no dudaba en decir: "He vivido al lado de don Bosco durante treinta y siete años, y cuanto más pienso en su forma de
vida, en los ejemplos que nos ha dejado, en las enseñanzas que nos dio, tanto más crece en mí el aprecio y la veneración por él, la opinión
de santidad, al extremo de poder decir que su vida fue toda del Señor. Me causaba mayor impresión contemplar a don Bosco actuando, aún
en las cosas más pequeñas, que leer y meditar cualquier libro de devoción".

Centenares de quienes convivieron con el querido don Bosco, de 1846 a 1888, nos han manifestado la misma convicción.
14

Fin de Página 14

 

VOLUMEN IV Página: 15

((5)
)

CAPITULO II

MUCHACHOS RECOGIDOS EN EL ASILO DE VALDOCCO -PADRE, SALVEME -UN MOZO DE CAFE EN PELIGRO -DON
BOSCO MENDIGO DE SUS HUERFANOS -LA PROVIDENCIA NO FALLA NUNCA -CONTRAVENENOS -LAS BUENAS
NOCHES Y LAS PREGUNTAS -LAS CUARENTA HORAS Y LA CLASE DE CANTO -EXTRAÑA REPRESENTACION
TEATRAL -AMOR, HUMILDAD Y VIGILANCIA

PROSEGUIMOS nuestra narración. Mientras atendía don Bosco a la cultura religiosa y moral de más de setecientos muchachos en el
Oratorio festivo de San Francisco de Sales y se preocupaba del millar que acudía a los de San Luis Gonzaga y del Angel Custodio, no
perdía de vista a los pobres huerfanitos de su naciente asilo. Más aún, eran éstos la pupila de sus ojos, y se preocupaba tanto de ellos, que
no hubiera hecho nada igual el más solícito y afectuoso de los padres. Tenía aquel año casi cuarenta.
Constantemente le escribían párrocos, padres u otras personas recomendándole algún niño. Don Bosco, al oír tantas miserias, se conmovía,
y por miedo a que por una sola negativa suya un muchacho acabase mal, frecuentemente le hospedaba. No sabía resistirse a la petición si
venía de labios de los mismos muchachos.

Alvaro Bonino, Inspector de Enseñanza en La Spezia, nos contaba el año 1884 este gracioso hecho, del que él mismo ((6)) fue testigo en
1850, cuando acudía al Oratorio como catequista, y era maestro municipal de primera enseñanza.

Cierto padre se había hecho protestante en Turín para recibir las "treinta monedas" con que los enemigos de Dios pagaban las apostasías.
Pretendía el desgraciado que su mujer y su hijo hicieran lo mismo, pero no lo lograba, porque la buena mujer se mantenía firme en la
religión, y su pequeño con ella. Eran saboyanos. La pobre madre lloraba y rezaba. Cuando he aquí que una noche el hijo soñó. Le pareció
que le arrastraban por la fuerza al templo protestante y que luchaba en vano para resistir su violencia. Pero, mientras luchaba, vio aparecer
un sacerdote que le libraba de sus garras y se lo llevaba consigo. Por la mañana contó el sueño a su madre, y ésta se echó a
15

Fin de Página 15

 

VOLUMEN IV Página: 16

la calle en busca de alojamiento para su hijo en cualquier institución, pues el padre no desistía de su pérfido intento. A lo largo de la
semana se encontró con una persona que le aconsejó se presentara a don Bosco en Valdocco, para ver si encontraba refugio para su hijo en
el Oratorio. El domingo por la mañana fue allí con el muchacho y, al saber que estaba en una función religiosa, entró en la iglesia. Salía
don Bosco al altar. Alvaro Bonino estaba de rodillas junto a aquel muchacho, el cual apenas
vio a don Bosco gritó como fuera de sí: C'est lui, maman!, c'est lui mÛme! c'est lui mÛme! (íes él, mamá: él mismo, él mismo!) el
sacerdote del sueño. Gritaba el niño y lloraba la madre. El señor Bonino le avisó de que en la iglesia no se gritaba de aquel modo; al ver
que no lograba calmarlo, acompañó a la sacristía a la madre y al hijo. La madre le contó el sueño y cómo el hijo había reconocido en don
Bosco al sacerdote libertador.

Volvió don Bosco a la sacristía; aún no había terminado de quitarse los ornamentos cuando el chiquillo corrió a abrazarse a sus rodillas
diciéndole:

((7)) -Padre, sálveme.

Don Bosco le aceptó en casa, y el saboyanito permaneció varios años en el Oratorio.

Don Bosco salvó a muchos otros muchachos, a quienes él mismo encontró en peligro, y los recogió en su casa.

Entró un día en un café de Turín. Acudió a atenderle un muchacho de agraciado aspecto. Mientras le servía el café, don Bosco empezó a
preguntarle amablemente. De pregunta en pregunta pasó a sondear su corazón. El muchacho, vencido por su paternal proceder, no tuvo
secretos para él y le manifestó enteramente el estado de su alma, muy lastimoso por cierto. El diálogo quedaba interrumpido cada vez que
el muchacho iba a servir a nuevos clientes, pero volvía junto a don Bosco, con un pretexto u otro. Don Bosco hablaba en voz baja y nadie,
ni siquiera el dueño, se dio cuenta del interesante diálogo.

Terminó diciéndole don Bosco:

-Pide permiso a tu amo para ir al Oratorio y arreglaremos las cosas.

-El amo no me dará nunca permiso.

-Pero tú no debes continuar aquí.

-Lo veo, lo comprendo; mas "qué hacer?

-Escápate.

-"Adónde?

-A casa de tus padres.
16

Fin de Página 16

 

VOLUMEN IV Página: 17

-No los tengo: murieron; estoy solo.

-Entonces, ven conmigo.

-"Adónde?

-A Valdocco, número tal.

-"Cuándo?

-Toma tus cosas, lo antes posible, y ven conmigo. Haz de modo que nadie se dé cuenta de tus intenciones, y ven; no te faltará pan ni
cama, ((8)) y una educación que te prepare un buen porvenir. Yo te haré de padre.

Don Bosco salió del establecimiento. Al día siguiente el jovencito se fugó al Oratorio con su pobre ajuar bajo el brazo. Llegó a ser un
excelente cristiano y durante varios años fue modelo de los alumnos del Oratorio.

Pero don Bosco debía pensar en mantener, calzar y vestir a éstos y a los demás. Dada la condición de recomendantes y recomendados, no
se podía contar con la ayuda de una pensión, y la mayor parte de sus asilados no ganaba nada o casi nada. El no tenía emolumento alguno
ni contaba con ninguna entrada. Por lo cual las deudas, ocasionadas también por los Oratorios festivos, aumentaban desmesuradamente, y
con mucha frecuencia, no teniendo cómo satisfacerlas en la fecha y medida que exigían los acreedores, se veía amenazado por el peligro de
dejar sufrir a sus hijos o de devolverlos a quien se los había entregado. Pero ninguna de las dos alternativas podía ser admitida por su
caritativo corazón.

Por lo cual, después de colocar su confianza en Dios, en las promesas de la Virgen y en la seguridad de su propia misión, le hubierais
visto salir de cuando en cuando, durante la semana, para ir, ora a una, ora a otra alta personalidad de la ciudad, y con las más humildes
formas y con toda la gracia que le era posible, pedir ayuda para ellos. Cuando alguien le encontraba por la calle y le preguntaba adónde iba
respondía: Voy buscando alpiste para mis jilgueros, y seguía su camino.

Era éste un sacrificio heroico, cuyo valor sólo Dios puede apreciar. "Según su propia confesión, nos escribe monseñor Cagliero, su
carácter era fogoso y altivo, por lo cual no podía sufrir la contradicción, y sostenía dentro de sí mismo una lucha indecible, cuando debía
presentarse a alguien pidiendo limosna. Sin embargo, supo, con muchísimos actos en contra, ((9)) vencerse de tal modo, que se dirigía con
las mejores disposiciones, no solamente a quienes estaban dispuestos a socorrerle, sino también a aquéllos que sabía eran más o menos
indiferentes o adversarios. Si a la primera no obtenía lo que
17

Fin de Página 17

 

VOLUMEN IV Página: 18

deseaba, se volvía a presentar una y otra vez, con tal agrado, que doblegaba los ánimos. Y puedo atestiguarlo, porque, más tarde, le
acompañé muchísimas veces a estas visitas, y por las confidencias que para mi conocimiento me hacía a veces.

"No ahorraba fatigas ni humillaciones en el trato con sus muchachos. A veces no recibía más que buenas palabras; en ocasiones sufría
mortificaciones, insultos y amargas repulsas, pero todo lo sufría alegremente sin molestarse, ni disminuir al ardor de su caridad.
Multiplicaba sus cartas a las personas adineradas, suplicándoles le socorrieran. Un día, tenía que responder una carta insultante: encargó a
uno de los suyos que lo hiciera, indicóle el lenguaje que debía emplear y le dijo:

"-Escríbele, que si no quiere o no puede ayudar a mis huérfanos, es muy dueño de hacerlo; pero que insultarme, porque me preocupo de
ellos, no es agradable al Señor; sin embargo, preséntale mis respetos y asegúrale que no guardo por ello el menor resentimiento.

"Aquel señor, al recibir esta carta volvió sobre sí mismo, cambió de opinión y, a partir de aquel momento, se convirtió en amigo y
admirador de don Bosco".

Pero don Bosco no era importuno ni molesto. Se conformaba con exponer las necesidades de sus muchachos sin precisar ninguna
cantidad; dejaba que los que le escuchaban, sacaran ellos mismo la consecuencia caritativa y lógica de su razonamiento. Muchas veces le
preguntaron qué cantidad necesitaba y él repetía simplemente lo expuesto, sin atender a la pregunta. Su método le proporcionaba limosnas
superiores a lo que podía haber esperado de los más generosos.

((10)) Mas no siempre se presentaba suplicante ante un señor rico; en ocasiones extraordinarias le exigía, amablemente, como quien tiene
autoridad para ello, la entrega de una cantidad considerable, y obtenía lo que pedía. Fue ésta una de las maravillas de don Bosco, que
aparecía como representante de una voluntad sobrenatural. A su tiempo expondremos los hechos.

No guardaba para sí mismo ni un céntimo. A menudo se privó de lo necesario para darlo a sus muchachos. Su gran corazón destinaba a
ellos todas las limosnas que recibía. Empleaba el dinero como convenía a un hábil administrador, y cuando era necesario hacer gastos,
sabía hacerlos bien y a su debido tiempo. Esta era la opinión que de él tenían cuantos le conocían. "Un día, contaba José Brosio, me
encontraba, años atrás, por asuntos de negocio, en una
18

Fin de Página 18

 

VOLUMEN IV Página: 19

reunión de grandes comerciantes, banqueros, periodistas, entre los que me pareció reconocer a Govean y Bottero de la Gaceta del Pueblo.
Aunque adversarios de la Religión y por consiguiente enemigos de don Bosco y del Oratorio, oí que no se avergonzaban de repetir que, si
don Bosco hubiera sido ministro, no tendría deudas el reino. -Este aprecio era la causa de la confianza que en él ponía la gente, al darle sus
limosnas".

Pero muchas veces parecía que iban a faltar los socorros. Durante el año 1850, a consecuencia de la guerra y otras adversas vicisitudes,
aquella pequeña familia pasó, a menudo, grandes apuros. A veces se sabía que no había en la despensa pan para el día siguiente ni un
céntimo en casa, pero don Bosco no mostraba la menor duda de que los recursos llegarían, y decía a todos, tranquilo y alegre:

-Comed, hijitos míos, que habrá lo necesario.

En efecto la Divina Providencia no le abandonó jamás: y mientras el número de ((11)) muchachos recogidos crecía de día en día, y las
dificultades de los tiempos se hacían mayores, no tuvo que alejar del Oratorio ni a uno solo por falta de lo necesario. Fue éste un premio de
toda su vida, que muy bien puede tomarse como un ejemplo de caridad heroica hacia el prójimo, en el que se empleó él mismo con toda
suerte de trabajos y santas industrias.

Pero usaba la más exquisita solicitud para los intereses del alma. Los medios de perversión eran cada día más acuciantes y funestos.
Merced a la libertad de imprenta se esparcían a manos llenas, por talleres y establecimientos, libros y folletos perniciosos. Era muy
frecuente el caso de oír a patrones y empleados, negociantes y subalternos, sastres y zapateros, que discutían sobre religión y sobre moral,
soltando verdaderas sentencias, cual si fueran otros tantos doctores de la Sorbona, por lo que la fe y las buenas costumbres sufrían gran
riesgo. Don Bosco, obligado a enviar a sus muchachos a la ciudad para aprender un arte u oficio, se informaba minuciosamente de la
honradez de los individuos a quienes quería confiarles, y, si era preciso, les sacaba de un puesto para colocarlos en otro, que le ofreciera
mayores garantías. A más de esto, iba a pedir nuevas al patrono sobre su comportamiento, dando con ello a entender lo mucho que le
importaba su fidelidad en el trabajo, y, al mismo tiempo, su interés porque sus queridos protegidos no encontrasen peligros, ni para la
moral ni para la religión. Después, se entretenía con ellos en casa el mayor tiempo que le era posible; hábilmente se enteraba de lo malo
que habían visto u oído durante la
jornada; y después, cual médico experto y amoroso, ponía inmediatamente el contraveneno, para sacar
19

Fin de Página 19

 

VOLUMEN IV Página: 20

de sus mentes los principios mal asimilados y arrancar de su corazón las malas impresiones recibidas.

((12)) Ya desde el primer año acostumbraba dirigir una charla después de las oraciones de la noche; pero si al principio esto lo hacía rara
vez, y solamente en vísperas de fiestas o con ocasión de alguna solemnidad, este año empezó a hacerlo muy a menudo y casi todas las
noches. Exponía en un discursito, que duraba de dos a tres minutos, unas veces un punto doctrinal, otras veces una verdad moral, y esto a
través de un apólogo que los muchachos oían con placer. Buscaba él, sobre todo, prevenirles contra las locas opiniones del día y contra los
errores protestantes que circulaban por Turín. A veces, para cautivar la atención y grabar más profundamente en el alma una buena
máxima, les contaba un hecho edificante, sucedido durante el día, sacado de la historia o de la vida de un santo. Otras veces, como había ya
hecho y todavía hacía con los externos del Oratorio festivo, proponía una pregunta a contestar o una cuestión a resolver, como por ejemplo
qué significaban las palabras "Dios" y "Jesucristo"; qué sentido tenía la denominación "Iglesia Católica"; cuál era el significado de
"Concilio"; por qué el Señor castiga al pecador impenitente con penas eternas, y otras por el estilo. Generalmente daba unos días de tiempo
para responder. La respuesta se
hacía por escrito, con el nombre y apellido del autor; y se daba un premio a quien acertaba. De esta forma don Bosco hacía pensar, y, a la
par, abría caminos para desarrollar las verdades más útiles, que así no se olvidaban nunca. Esta pequeña charla iba siempre precedida de la
presentación de los objetos que los muchachos habían encontrado perdidos por la casa o por el patio. Don Bosco los anunciaba y se
acercaban a retirarlos aquéllos a quienes pertenecían.

Mientras tanto, añadía a las diversas prácticas de piedad y solemnidades religiosas que había instituido para promover la frecuencia ((13)
de la confesión y la comunión, todos los años la exposición del Santísimo Sacramento, llamada de las Cuarenta Horas: en la pequeña
iglesia-cobertizo, primorosamente vestida de fiesta, se hacían tres días de exposición con misa cantada, vísperas y tántum ergo en música y
con sermón todos los días, al igual que en las parroquias. Era ésta una nueva ocasión que servía de ejercicio para las clases de música.
Dividía a los muchachos en tres grupos y, para sostener el canto, ponía en cada grupo, a uno de los alumnos ya amaestrado y conocedor del
solfeo. Estaba entre éstos Santiago Bellia.

"Don Bosco, escribió Carlos Tomatis, tecleaba un pobre piano para enseñarnos sus melodías, y enseñaba a veces a manejar el violín
20

Fin de Página 20

 

VOLUMEN IV Página: 21

a algún aficionado a este instrumento, para acompañar algún solo. Un día del 1850 se inspiró en un motivo que oyó tocar a las trompetas de
los soldados que iban a ensayarse cerca del Oratorio, y escribió un tántum ergo a una voz, que yo conservo y que canté muchas veces,
yendo con él y otros compañeros músicos a las funciones sagradas que se celebraban en Turín, en los pueblos cercanos y con más
frecuencia en la Crocetta. También Félix Reviglio ayudaba a don Bosco en el canto desde 1850 a 1856.

"Algún tiempo después hizo don Bosco un regalo a sus músicos. Adquirió un órgano pequeño con tubos de madera, fabricado tal vez dos
siglos antes. Estaba en muy mal estado, desafinado, pero servía para ejercitar los dedos del principiante. Todos recuerdan aquel tubo cuya
lengüeta rota producía cierta especie de aullidos desgalichados, que provocaban las risas más divertidas de los muchachos. Este
instrumento fue colocado en una habitación junto a la de don Bosco, y algunos de los primeros que lo tocaron llegaron a ser famosos
organistas.

((14)) "Como música y teatro se complementan, don Bosco continuó proporcionando a los muchachos la diversión de agradables
representaciones. Pero excluía toda obra escénica que exigiera gastos de vestuario.

"Esto ocasionó algunas graciosas escenas, que eran memorables muchos años después. Prepararon los actores un drama titulado Los tres
Reyes Magos, y se pusieron secretamente de acuerdo: so pretexto de unas vísperas solemnes que, según ellos decían, se iban a cantar en el
Oratorio, acudieron al Refugio y a otras parroquias pidiendo prestadas cuatro capas pluviales, porque faltaba también un manto para
Herodes. Al presentarse en nombre de don Bosco las obtuvieron fácilmente. Las escondieron con mucho cuidado y, al llegar el momento
de entrar en escena, hételos triunfantes con sus pluviales sobre los hombros. No son para describir las risas despampanantes de los
espectadores y la ridícula figura de aquellos jóvenes, a quienes mandó don Bosco enseguida quitarse
las vestiduras sagradas.

"Reinaba una alegre e ingenua despreocupación en la mayor parte de mis compañeros, los cuales, sin embargo, estudiaban y trabajaban
con amor. Seguían funcionando las clases nocturnas. Don Bosco nos enseñaba aritmética y caligrafía, y su presencia infundía en todos un
sentimiento de gozo inexplicable.

"Lo que admirábamos en él en éstas y en otras mil circunstancias era ver cómo unía a la firmeza una dulzura de modales, una paciencia
21

Fin de Página 21

 

VOLUMEN IV Página: 22

y una ilimitada longanimidad, con las que superaba o no se creaba obstáculos, lo mismo en las cosas pequeñas que en las grandes, y todo lo
llevaba a feliz término. Pero sobre todo nos atraían su humildad.

"Una noche, enseñándonos el sistema métrico y haciendo cálculos sobre el encerado, casualmente se equivocó y por lo tanto, no lograba
llegar a término con la solución del problema. Los numerosos alumnos estaban atentos y no entendían. ((15)) Yo, que me di cuenta de
dónde estaba el error, me levanté y, como mejor pude, le corregí. Otro maestro no hubiera aceptado semejante observación en público; pero
don Bosco la aceptó amablemente y, desde entonces, me mostró mayor estimación, por lo que yo quedé maravillado.

"Su vigilancia sobre nuestra conducta era constante: no podía sufrir que el demonio le robase las almas".

Hasta aquí Carlos Tomatis. Le ayudaba en la disciplina durante aquellos años 1849-1850, el sacerdote Grassini, que hacía de Prefecto y
residía en el Oratorio cuando don Bosco salía a una u otra población del Piamonte.
22

Fin de Página 22

 

VOLUMEN IV Página: 23

((16))

CAPITULO III

UNOS SENADORES VISITAN EL ORATORIO -DIALOGO -CARTA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR A DON BOSCO
-SICCARDI PREPARA LA LEY SOBRE LA INMUNIDAD ECLESIASTICA -MONSEÑOR FRANSONI EN PIANEZZA Y VISITA
DE DON BOSCO -EL ARZOBISPO LE ACONSEJA QUE FUNDE UNA CONGREGACION RELIGIOSA

LOS continuos trabajos de don Bosco lograban que el Oratorio fuese tenido cada vez en mayor consideración. Por Turín se hablaba mucho
de él; olvidados los primeros recelos, eran muchísimos los que le apreciaban y ponían por todo lo alto. Todos lo juzgaban por sus hechos
como un medio oportunísimo para alejar de la prisión a tantos pobres muchachos que, en cambio, se convertían en buenos cristianos y
honrados ciudadanos: los buenos resultados eran manifiestos y no podían negarse. La voz pública, los informes privados, y hasta una
votación del Senado, hicieron que el mismo Gobierno se viera obligado a interesarse por él. Hubo entonces una persona benévola, el señor
Volpotto, pariente de la familia Gastaldi y que ocupaba un puesto elevado dentro del Estado, el cual aconsejó a don Bosco que pusiera en
cierto modo la Obra del Oratorio bajo protección del Gobierno. Don Bosco no quiso, mas, aquel señor, sin que don Bosco lo supiera, pero
sí en su nombre, elevó, por medio de la Alta Cámara, una petición al Ministerio para obtener un subsidio en favor de sus muchachos. El
Senado quiso, antes de tomar ((17)) una deliberación y recomendar la cuestión al Gobierno, informarse hasta de los más pequeños detalles.
Nombró una Comisión al efecto, con encargo de visitar el Oratorio, informarse y dar después buena cuenta. La respetable Comisión se
componía de tres Senadores: el conde Federico Sclopis 1, el marqués Ignacio Pallavicini y el conde Luis de Collegno.

1 El conde Federico Sclopis era un ilustre patricio piamontés, magistrado integérrimo, fiel consejero de la Corona, presidente del Senado
árbitro de la paz entre las dos mayores potencias marítimas, Inglaterra y Estados Unidos, en la intrincada cuestión
de la nave Alabama,
23

Fin de Página 23

 

VOLUMEN IV Página: 24

Para cumplir el superior encargo se trasladaron los tres nobles señores al Oratorio de Valdocco, un día de fiesta del mes de enero del
1850, después de comer. Eran casi las dos de la tarde. Más de quinientos muchachos en pleno recreo, ocupados unos en un juego, otros en
otro, ofrecían al atento observador el más agradable espectáculo. Aquellos señores se quedaron contemplando la turba de muchachos
reunidos, corriendo los unos, saltando los otros, éstos haciendo gimnasia, aquéllos caminando sobre zancos, asistidos acá y allá por varios
sacerdotes y seglares. Después de unos instantes, exclamó el conde Sclopis:

-íQué hermoso espectáculo!

-Hermoso en verdad, respondió el ((18)) marqués Pallavicini.

-íQué fortuna para Turín -añadió el conde de Collegno-qué fortuna si surgieran en la ciudad varios institutos semejantes!

-Nuestros ojos, continuó Sclopis, no verían con tanta frecuencia el desagradable espectáculo de tantos pobres muchachos, que corretean
por calles y plazas en los días festivos, y crecen en la ignorancia y las malas costumbres.

Don Bosco, que se encontraba en medio de un corro de muchachos, al ver a aquellos señores, a quienes no conocía, se acercó a ellos, y,
después de los primeros cumplidos, tuvo lugar un diálogo, que con ayuda de unos y otros, especialmente la de don Bosco, hemos podido
reproducir, al menos en sustancia.

Sclopis.-Contemplábamos estupefactos el espectáculo de tantos muchachos reunidos en alegres diversiones; es más único que raro.
Sabemos que el sacerdote Bosco es el alma de todo eso. "Tendría su Señoría la bondad, de presentarnos a él?

Don Bosco.-Sus Señorías le tienen aquí presente; el pobre don Bosco soy yo.

Y diciendo esto, rogóles tuvieran la bondad de pasar y los acompañó hasta su cuartito.

Sclopis.-Tengo hoy la satisfacción de conocerle personalmente; de fama ya le conocía hace mucho.

hombre, en fin, de fama mundial y sentimientos religiosos católicos. Mientras corría su nombre, con honor y aplauso, por los dos
hemisferios, mientras le llegaban felicitaciones de todo el mundo, telegramas de toda suerte de personas por el éxito de dicha cuestión,
resultó edificante ver al eminente personaje atribuyendo el feliz resultado al Padre de las luces. El 17 de septiembre de 1872 escribía en el
libro de sus Memorias, estas palabras: "Volvemos de Ginebra, tras haber experimentado vuestras
bendiciones, Señor... Una profunda e intensa obligación de gratitud me une a Vos, Dios mío". Puede verse Carattere e Religiosità del conte
Federigo Sclopis, áureo opusculito escrito por la insigne pluma de otro conspicuo patricio turinés, el barón Antonio Manno, Turín, 1880.
24

Fin de Página 24

 

VOLUMEN IV Página: 25

Don Bosco.-No debo mi fama a mis méritos, sino más bien a la lengua de mis muchachos.

Pallavicini.-Ellos son jueces competentes y dignos de ser creídos, porque, como dice el profeta, ex ore infantium perfecisti laudem (por
boca de los niños completaste la alabanza).

Sclopis.-La noticia de sus obras ha llegado a la Cámara del Senado, y esta alta Asamblea nos ha encargado recoger informes exactos
para dar conocimiento al efecto. Yo soy el conde Sclopis, el señor es el marqués Pallavicini y éste, el conde de Collegno.

((19)) Don Bosco.-Esta pobre institución ha recibido hasta ahora muchas y agradables visitas, pero ésta será tenida entre las más
valiosas. Pregunte sus Señorías cuanto les parezca: seré muy feliz respondiéndoles en cuanto sé y puedo.

Sclopis.-"Cuál es la finalidad de esta obra?

Don Bosco.-La de recoger en los días festivos al mayor número de muchachos, de ésos que, por descuido de sus padres, por estar
abandonados o por ser forasteros, en vez de ir a las funciones sagradas y al catecismo, vagarían y jugarían por la ciudad como unos
golfillos. Aquí, por el contrario, atraídos por los juegos, los regalitos y el trato amable, se entretienen en alegres juegos, bajo la vigilancia
de varios asistentes. Por la mañana tienen comodidad para acercarse a los santos sacramentos, oyen misa y un breve sermón, adaptado a su
condición. Por la tarde, después de unas horas de sana diversión, se reúnen en la capilla para el catecismo, el canto de las vísperas, la
instrucción y la bendición. En pocas palabras: se trata de reunir a los muchachos
para hacerlos honrados ciudadanos, haciéndolos buenos cristianos.

Pallavicini.-Nobilísimo fin. Sería de desear que instituciones como ésta se multiplicaran por la ciudad.

Don Bosco.-Con la ayuda de Dios se abrió el año 1847 otra semejante, cerca de la Villa Real del Valentino, y hace poco se ha
inaugurado una tercera en el barrio de Vanchiglia.

Collegno.-íMuy bien, muy bien!

Sclopis.-"Cuántos muchachos, poco más o menos, acuden aquí?

Don Bosco.-Generalmente, cada día de fiesta, son unos quinientos y con frecuencia más. Y casi otros tantos se juntan en cada uno de los
otros dos.

Collegno.-Por tanto, en total son mil quinientos muchachos, habitantes de esta ciudad, los recogidos por una mano providencial y
dirigidos con la ((20)) religión por el camino de la moralidad y la
25

Fin de Página 25

 

VOLUMEN IV Página: 26

honradez. Es un gran beneficio para esta metrópoli; una gran ayuda para nuestro Gobierno.

Pallavicini.-"Cuándo empezó usted esta obra?

Don Bosco.-Empecé a recoger algunos muchachos ignorantes y necesitados de un cuidado especial en 1841, y me animé a ello al ver

que muchos, aunque discolos, no eran malos, pero, abandonados a sí mismos, se entregaban fácilmente a una vida muy triste y acababan en
la cárcel.

Sclopis.-Su obra es verdaderamente filantrópica y de gran importancia social. Este tipo de obras debe ser promovido y sostenido por el
Gobierno. Para su satisfacción le hago saber que Hacienda y toda la Familia Real aprecian esta obra y le prestarán su apoyo.

Collegno.-"Qué medios emplea su señoría para educar y poner en orden a tan gran multitud de muchachos?

Don Bosco.-La instrucción y una caridad agradable, paciente y constante son los únicos medios. Aquí, el amor vale más que la vara,
mejor aún, impera él sólo.

Pallavicini.-Necesitaríamos que este método se adoptara en muchas otras instituciones y especialmente en los correccionales. No serían
menester tantos guardias, y lo que más vale, se formaría en la virtud el corazón de muchos reclusos, que después de años y años de castigo,
salen peores que antes.

Sclopis.-"Son de la ciudad todos estos muchachos?

Don Bosco.-No, señor conde; los hay de Biella, Vercelli, Novara y otras provincias del Reino; algunos son de Milán y de Como y hasta
de Suiza. Vienen a esta capital en busca de trabajo, y al estar lejos de la vigilancia de sus padres, andan expuestos al evidente peligro de

hacerse malos cristianos.

((21)) Sclopis.-Añada: y malos ciudadanos, y no tardarían en dar mucho que hacer a la policía y al mismo Gobierno.

En aquel momento llamó a la puerta de la habitación un jovencito de unos doce años, para hacer un encargo a don Bosco, el cual le dijo

que esperara. Agradó a Sclopis la confianza e ingenuidad del muchacho y le preguntó:

-"Cómo te llamas?

-Me llamo José Vanzino.

-"De dónde eres?

-De Varese.

-"Qué oficio tienes?

-Cantero.

-"Viven todavía tus padres?

26

Fin de Página 26

 

VOLUMEN IV Página: 27

-Mi padre murió.
-"Y tu madre?
A esta pregunta bajó el chiquillo los ojos, inclinó la cabeza y avergonzado calló.
-Dime, insistió Sclopis: "tienes madre?, "ha muerto también?
Entonces el pobrecito, con voz entrecortada y conmovida, respondió:
-Mi madre está en la cárcel.
Y rompió a llorar. El conde, sus compañeros y don Bosco se conmovieron, y una lágrima furtiva se asomó a sus ojos. Después de un

momento de silencio, el buen señor dijo:
-Hijo mío, me das lástima; "dónde vas a dormir esta noche?
-Hasta ahora dormía en casa de mi patrón, respondió él enjugándose los ojos; pero hoy me ha prometido don Bosco que me tomaría con

él y sería uno más de sus acogidos.
-"Cómo?, preguntó Sclopis dirigiéndose a don Bosco; "además del Oratorio festivo ha abierto usted un asilo de beneficencia?
Don Bosco.-Así lo quiso la necesidad, y tengo al presente unos cuarenta, la mayoría pobres huérfanos o muchachos de lo más

abandonado. Comen y duermen en esta casita y van a trabajar a la ciudad, unos en un taller, otros en otro.
Pallavicini.-Estos son los milagros de la caridad católica.
((22)) Collegno.-y "de dónde saca usted los medios para sostener este asilo? Porque cuarenta bocas jóvenes consumen mucho pan.
Don Bosco.-Ciertamente es un trabajo algo difícil de proveer de alimento y vestido a estos mis queridos muchachos. A veces me toca

ingeniarme un poco, porque la mayor parte de ellos todavía no ganan, y algunos ganan tan poco, que no llega para calzarlos y vestirlos.
Pero, en honor a la verdad, debo decir que, hasta el presente, no me ha faltado la Divina Providencia; más aún, tengo tal confianza de que
Dios me favorecerá con su largueza, que deseo tener un local más amplio para aumentar el número de mis asilados.

Sclopis.-"Se podría visitar el interior de la casa?
Don Bosco.-Si quieren tener esa bondad...; la casa es tan pobre, que temo cause molestia a sus ojos.
De acuerdo con su deseo, don Bosco acompañóles al dormitorio del piso bajo, al cual se entraba por una puerta de escasa altura. El

senador Sclopis, que entró el primero, chocó con el sombrero al pasar y le hubiera caído por tierra si Pallavicini, a quien dio en las narices,
no lo hubiera sostenido. El egregio conde dijo sonriendo:
27

Fin de Página 27

 

VOLUMEN IV Página: 28

-Nunca me sucedió esto en las salas del Rey.
Y el marqués añadió a su vez:
-Y a mí nunca me cayó un sombrero en las narices.
De allí, pasaron los tres Senadores a la cocina. La buena Margarita estaba en aquel momento colocando en su sitio ollas y platos.
-Esta es mi madre, dijo don Bosco, y la madre de nuestros huerfanitos.
Sclopis.-A lo que parece, usted hace también de cocinera: "es verdad, madre?
Margarita.-Hacemos un poco de todo para ganar el Paraíso.
((23)) Sclopis.-"Qué platos hace usted a los muchachos?
Margarita.-Pan y menestra, menestra y pan.
Sclopis.-"Y para su don Bosco?
Margarita.-Se cuentan pronto; uno solo.
Sclopis.-Es demasiado poco uno solo; pero, al menos, se lo hará usted muy bueno..
.
Margarita.-Bonísimo. Piense que come casi siempre el mismo, al mediodía y a la noche, del domingo al jueves.
A estas palabras, los tres señores rieron de buena gana.
Sclopis.-"Y por qué hasta el jueves, y no de domingo a domingo?
Margarita.-Porque los viernes y sábados son días de abstinencia, y le hago un plato de vigilia.
Sclopis.-Entendido. Se ve que es usted una cocinera económica. Pero creo que, en los tiempos que corremos, su método de cocina no

progresará mucho en el mundo.
Pallavicini.-"Y no tiene nadie que le eche una mano?
Margarita.-Helo ahí, dijo sonriendo y señalando con el dedo a don Bosco.
Sclopis.-Me congratulo con usted, don Bosco. No dudaba que usted era un buen educador de la juventud y un hábil escritor; pero

ignoraba entendiese también de gastronomía.
Don Bosco.-Me gustaría me viera sobre la marcha, y particularmente cuando hago la polenta.
Todos se echaron a reír, saludaron a la buena mujer y salieron de la cocina.
Como ya era hora de terminar el recreo, don Bosco mandó dar la señal, y los tres señores se encontraron con una ((24)) nueva sorpresa.

La de la rapidez con que los muchachos dejaron todo juego y diversión y se pusieron en filas para entrar ordenadamente en la iglesia.

Fin de Página 28

 

VOLUMEN IV Página: 29

Visitaron los Senadores las clases de catecismo; asistieron al canto de Vísperas y a la instrucción, recibieron juntamente con los
muchachos la bendición con el Santísimo Sacramento. Quedaron edificados de su comportamiento. Al salir de la capilla, quisieron
entretenerse todavía un poco en el patio con los muchachos, preguntando a uno y a otro.

-"De qué trabajas?, preguntó a uno el conde Sclopis.

-De zapatero.

-"Sabes decirme qué diferencia hay entre zapatero y remendón?

-Remendón, respondió el muchacho bastante instruido, es el que cose y remienda zapatos viejos y rotos; zapatero es el que los hace

nuevos. Por ejemplo, los bonitos zapatos o botas del señor están hechos por zapatero.

-Muy bien, dijo el conde, has respondido como un maestro.

Don Bosco.-Sí, asiste asiduamente a nuestra escuela nocturna.

Pallavicini.-"Tienen también escuelas nocturnas?

Don Bosco.-Sí, Señoría. Las empezamos el año 1844 para atender a los jóvenes que, por estar todo el día ocupados en su trabajo, o por

pasar ya de la edad, no podían asistir a las escuelas municipales. Dentro de una hora empiezan en estas habitaciones de al lado.

Pallavicini.-"Qué programas comprenden?

Don Bosco.-Los primeros elementos de lectura y escritura, gramática, historia sagrada e historia patria, geografía, aritmética y sistema

métrico. Hay también clase de dibujo y de francés; y se dan lecciones de música vocal e instrumental.

Pallavicini.-"Y quien le ayuda?

((25)) Algunos sacerdotes y seglares, que yo llamo mis cooperadores. Esas personas caritativas me ayudan no sólo en esto, sino también

en otras necesidades. Entre otras cosas, se encargan de buscar un patrono honrado a los jóvenes, cuando no tienen empleo, y de proveer de
camisa, calzado y ropa decente a los que no podrían ir al trabajo de otro modo.

Collegno.-íExcelente! Estos son los bienhechores de la humanidad, los beneméritos de la patria.

-Don Bosco, concluyó entonces el conde Sclopis, jefe de la comisión, no acostumbro a dudar, pero le confieso, con toda la sinceridad del
corazón, en mi nombre y el de mis colegas, que salimos de aquí completamente satisfechos, y como católicos, como ciudadanos y
senadores del Reino, aplaudimos su obra y hacemos votos para que prospere y se difunda.

Antes de partir, el conde Sclopis entregó a don Bosco una limosna
29

Fin de Página 29

 

VOLUMEN IV Página: 30

para los muchachos más necesitados. Y los tres se hicieron desde aquel día, bienhechores de su obra.

Pero si las alabanzas, tributadas a la Institución, infundían ánimos a quien tanto se cuidaba de ella, también debía ser importante el vivo
interés que por ella demostraban los más respetables personajes del Reino.

Algunos días después, recibía don Bosco la siguiente carta del Ministerio, como respuesta a una petición suya:

Real Secretaría del Estado para los Asuntos del Interior. División 5, N.563.

Turín, 12 de febrero de 1850

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

No me es posible, en modo alguno, acceder a la petición de V. S. Ilustrísima y Reverendísima, hasta la definitiva aprobación por parte
del ((26)) Parlamento Nacional del Balance de este Ministerio, como yo hubiera deseado, para ayudar cuanto yo pueda, al desarrollo de una
obra, que honra grandemente a quien, con sentimientos de cristiana caridad es su promotor, para así disminuir el número de esos
desgraciados que, privados en la flor de su edad de quien informe su corazón en los verdaderos principios de la religión y de la ciudadanía,
viven ya una vida deshonrosa, son la peste de la sociedad, con su mal ejemplo, y se prepara un miserable porvenir. Pero es para mí una
grandísima satisfacción poder atestiguarle mi más sentida admiración por el celo
incansable que V. S. prodiga en favor de la juventud pobre y abandonada, y deseo que esta mi manifestación sirva al menos para animarle e
infundirle valor para continuar en su arduo, pero filantrópico propósito.

Reservándome el tomar con todo interés su petición, apenas obtenida la aprobación del Balance por el Parlamento, tengo el honor de
profesarme con toda estima

De V. S. Ilma. y Rvdma.

S.S.S.
Por el Ministerio, el Primer Oficial,
DI S. MARTINO
Pero a don Bosco le interesaba conseguir que el Gobierno recomendara su obra, manifestara su aprobación y se interesara por ella
30

Fin de Página 30

 

VOLUMEN IV Página: 31

con un acto público, más que con un socorro económico. Por disposición de la Divina Providencia, esto debía mitigar la aversión injusta y
las sospechas de reacción política, que muchos alimentaban contra el clero, y servirle de escudo para las nuevas perturbaciones que se
preparaban contra la Iglesia.

En las reuniones secretas de las sectas y del Gobierno se había deliberado empezar la abolición legal de la inmunidad ((27)) eclesiástica;
pero antes, para aparentar respeto a la autoridad de la Iglesia, se decidió volver a dar con el Pontífice los pasos para un nuevo concordato,
frustrado el 1848, fuera por la mala fe de los emisarios piamonteses, fuera por la salida de Roma de Pío IX. Para este fin, y para obtener
que monseñor Fransoni y monseñor Artico renunciaran a sus diócesis, había sido enviado a Gaeta en noviembre de 1849 el conde José
Siccardi: pero el Papa no quiso transigir con la forma que pretendía el Gobierno Piamontés, aunque estaba dispuesto a alguna concesión, y
rechazó las injustas pretensiones. Entonces el conde Siccardi, despechado,
rompió las gestiones y volvió a Turín. El Papa, para que el Rey no fuera engañado, encargó a monseñor Andrés Charvar le asegurara su
benevolencia y le manifestara las graves obligaciones de su ministerio apostólico. Y el rey Víctor prometió en una carta al Papa que haría
respetar los derechos de la Iglesia y protegería a los dos Obispos.

Hacía ya mucho tiempo que los periódicos sectarios y gran número de opúsculos trabajaban para hacer odiosos al pueblo los beneficios
de la Iglesia, y proponían su abolición. Y he aquí, que el 25 de febrero de 1850 el conde Siccardi, que había recibido la cartera de Gracia y
Justicia, proponía al Parlamento la abolición total de la inmunidad o sea del Foro Eclesiástico.

Era éste el más antiguo de todos los tribunales, lo mismo en el Piamonte que en los demás estados católicos; se apoyaba en el derecho y
en la justicia, como se ve en la Sagrada Escritura y en las decisiones de los Sumos Pontífices y Concilios. "Los magistrados no son
juzgados por los magistrados, los senadores y ministros por los senadores, los militares por los militares, los comerciantes y marinos por
sus competentes tribunales? Los mismos diputados, durante las sesiones del Parlamento, no podían ser apresados sin la autorización de la
Cámara.

((28)) Evidentemente se quería que el clero estuviese sometido al poder civil.

Entretanto, a comienzos de aquel año, monseñor Fransoni había determinado no diferir más su vuelta a la diócesis. Los tiempos se
31

Fin de Página 31

 

VOLUMEN IV Página: 32

ponían cada vez más dudosos y difíciles. El clero, crecido durante un largo período de paz, de armonía entre las dos potestades, de
sumisión de los pueblos a la materna autoridad de la Iglesia, no estaba preparado para las luchas que se acercaban, y no hallaba orientación
en el nuevo mar borrascoso en que debía navegar.

Así que el veintidós de enero, el Arzobispo mandó una carta pastoral comunicando a los fieles el indulto cuaresmal, renovando la
prohibición de los periódicos licenciosos y heréticos, y anunciando el restablecimiento del Gobierno Pontificio. El veinticinco de febrero
salió de Chambery, el veintiséis se establecía en Pianezza y comunicaba al Soberano su llegada en una carta, añadiendo que volvía
impulsado por la voz del deber, a la cual no podía resistir sin grave culpa.

El Rey le envió varios personajes distinguidos, algunos eclesiásticos, para que, con pretextos varios, trataran de persuadirle que volviera
al extranjero; pero él respondió con franqueza que seguiría allí.

Por su parte don Bosco se apresuró a ir a Pianezza, que dista de Turín casi diez kilómetros. Fue solo y a pie. Al verlo Monseñor,
sonriendo, le dirigió amablemente estas palabras:

-Vae homini soli! (íay del hombre solo!).

Y don Bosco con mucha gracia, y sin más explicaciones, le respondió enseguida:

-Angelis suis Deus mandavit de te, ut custodiant te in omnibus viis tuis (Dios envió a sus ángeles contigo, para que te guarden en todos
sus caminos).

Don Bosco fue allí a visitarlo repetidas veces, porque tenía muchas cosas que decirle, y el Arzobispo le encargaba muchas otras
confidencias. Además, "quién puede expresar cómo le atraía el afecto a su principal bienhechor?

Monseñor Fransoni, a pesar de las graves preocupaciones que le apremiaban, ((29)) hablaba con gusto de la obra de los Oratorios
festivos, que consideraba como propia, por haberla promovido con su patrocinio, y experimentaba gran inquietud e interés por su
porvenir. Antes de salir de Turín había mandado llamar repetidas veces a don Bosco para exhortarle a prevenir de algún modo toda
posibilidad de que la obra se disolviera. Le expresaba su vivo deseo de ver establecida una asociación, apta para promover cada vez más el
desarrollo de la educación de los muchachos pobres, y conservar el espíritu y las costumbres tradicionales, que sólo se suelen aprender
ordinariamente con la experiencia. Y ahora le repetía:
32

Fin de Página 32

 

VOLUMEN IV Página: 33

-"Cómo hará para seguir su obra? Usted es mortal como todos los hombres; y, si no toma medidas, sus Oratorios morirán con usted.
Conviene, pues, que piense cómo hacer para que sobrevivan. Busque un sucesor que ocupe a tiempo su plaza.

Y terminaba diciendo que era necesario dar principio a una Congregación religiosa.

Fin de Página 33

 

VOLUMEN IV Página: 34

((30))

CAPITULO IV

EL BUEN RESULTADO DE LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO FESTIVO -DON BOSCO ENSEÑA EL CATECISMO EN
MEDIO DE UN CAMPO, CON ADMIRACION DE UNOS INGLESES -PRUDENCIA DE DON BOSCO CUANDO VA A VISITAR
LOS ORATORIOS -EL MARQUES DE CAVOUR ENSEÑA EL CATECISMO -OTROS DOS CELEBRES CATEQUISTAS
-AMISTOSAS RELACIONES ENTRE EL ABATE ROSMINI Y DON BOSCO -DON BOSCO PRESENTA UN PROYECTO A
ROSMINI

ERA el primer domingo de Cuaresma y, como siempre, se celebró en el Oratorio el ejercicio de la buena muerte. Al día siguiente,
dieciocho de febrebro, empezaba, entre recelos y esperanzas, la catequesis preparatoria de la Pascua en los Oratorios de Valdocco, Puerta
Nueva y Vanchiglia. No había más novedad con relación a los años anteriores que la del rosario dominical, que se rezó antes o después de
misa, en vez de hacerlo por la tarde.

Entretanto, puede decirse que las miradas de todos los piamonteses se dirigían a estos Oratorios, con opiniones muy distintas. No
faltaban los perversos e incapaces de hacer el bien, que se burlaban de don Bosco y sus alumnos.

-Son unos granujas, le decían, y no sacará usted nada bueno de ellos.

Pero tuvieron que cambiar de opinión, al ver que, por el contrario, formaba obreros acabados, comerciantes, profesores, abogados,
militares ((31)) intrépidos y santos sacerdotes. El 1862 don Bosco escribió e imprimió un breve folleto sobre el Oratorio de San Francisco
de Sales y los obreros. En él se informa de cómo cada año ha logrado colocar varios centenares de muchachos con buenos patronos, de
quienes aprendieron un oficio.

Todos los domingos recibía visitas de muchas personas que querían saber cómo se hacía la catequesis. Era un espectáculo digno de verse
Algunos tenían la lección de catecismo en la capilla, otros en la sacristía y en las habitaciones contiguas, otros en el patio y en el huerto
delante de la casa. Don Bosco recogía a los más difíciles e iba
34

Fin de Página 34

 

VOLUMEN IV Página: 35

con ellos a sentarse en medio de un campo próximo, donde hoy se levanta la iglesia de María Auxiliadora, en un espacio libre entre surcos
de patatas y judías. Después del acostumbrado saludo: -íHola, vosotros sois mis mejores amigos!-empezaba las explicaciones catequéticas

Un domingo llegó al Oratorio monseñor Cucchi con algunos ingleses. Querían ver por sus propios ojos la verdad de lo que contaba la
fama sobre el sacerdote de Valdocco. El buen prelado les había dicho:

-íVerán quién es don Bosco!

Pero no querían que estuviera prevenido de su llegada. No dijeron ni palabra a los muchachos que iban encontrando, le buscaron por la
iglesia y en casa, por una parte y por otra, y no dieron con él. Finalmente cruzaron el cancel, divisó Monseñor en el prado un grupo de
muchachos a la sombra de un árbol, y, sin más, exclamó:

-Allí hay muchachos; seguro que está allí.

En efecto, don Bosco, sentado en tierra, explicaba el catecismo a una veintena de muchachotes de duro aspecto, que estaban colgados de
sus labios.

-íAllí está!, repitió monseñor Cucchi.

Los señores ingleses se pararon un buen rato ((32)) contemplando maravillados aquel espectáculo y exclamaron:

-Si todos los sacerdotes hicieran lo mismo y catequizaran hasta en medio del campo, el mundo entero se convertiría en poco tiempo.

La tranquilidad de esa hora se la había ganado don Bosco con muchas industrias anteriores. Toda una multitud de muchachos acudía a la
catequesis, también a Puerta Nueva y Vanchiglia, y por eso don Bosco enviaba allí a la mayor parte de sus clérigos y a los catequistas más
expertos. Pero no dejaba de vigilarlos, y frecuentemente se presentaba entre ellos sin ser esperado. Salía del Oratorio con bonete, y un poco
más allá le esperaba alguien de su confianza con el sombrero: hacía esto para que los muchachos de Valdocco no advirtieran su ausencia y
creyeran que estaba en casa.

Pero la atención de aquellos dos Oratorios hacía que, por varias razones, le faltara personal para Valdocco. Se encargaba de la disciplina,
aún de los externos, el sacerdote Grassino. Pero a veces, se encontraba apurado para atender a las secciones de catecismo. Remediaba esta
deficiencia invitando al primero que se le presentaba en aquel momento, si estaba debidamente preparado. Así reclutó al teólogo Marengo,
que continuó dando catecismo cerca de ocho años
35

Fin de Página 35

 

VOLUMEN IV Página: 36

y cuando ya no pudo, por otras ocupaciones, no dejó de acudir para confesar y ayudar a don Bosco en cuanto le era posible.

Un día llegó el marqués Gustavo de Cavour con otro señor amigo suyo, cuando ya había empezado la catequesis. Como conocía las
costumbres de don Bosco, se dirigió sin más al prado, donde estaba rodeado de sus pilluelos. Acercósele, presentóle a su amigo y le rogó
tuviera a bien acompañarle a visitar el Oratorio, pues quería conocer sus orígenes, su finalidad y la marcha del mismo.

-Como usted ve, ((33)) señor Marqués, le respondió don Bosco, tengo que dar catecismo a estos muchachos. Si me hace usted el favor de
entretenerlos un rato, yo tendré mucho gusto en complacer a su compañero.

El Marqués aceptó, sentóse entre aquellos pobres mozalbetes y continuó con las preguntas del catecismo que don Bosco había empezado
Y don Bosco acompañó al forastero a visitar las otras clases.

Por la tarde de otro día festivo, tuvo don Bosco la visita de dos renombrados sacerdotes forasteros. Se encontraban en Turín y se
acercaron al Oratorio para conocer a don Bosco. Eran cerca de las dos. Estaban los muchachos acomodándose. Don Bosco vio que le
faltaban algunos catequistas y se calentaba la cabeza para improvisarlos y organizar las clases, cuando he aquí a los dos sacerdotes que se
aproximan, mostrando deseos de hablarle.

-Este Padre, dijo el uno señalando al compañero, y yo deseamos visitar su Oratorio y ver el método que usted emplea.

-Con mucho gusto, respondió don Bosco, haré que visiten el Oratorio con todas sus dependencias, pero después de las funciones; ahora,
como ven, estoy muy ocupado con estos centenares de muchachos. Pero es Dios quien los envía en este momento. Tengan la bondad de
ayudarme a dar el catecismo y después hablaremos con toda comodidad. Usted, añadió dirigiéndose al que parecía de mayor autoridad,
"querría dar el catecismo a la sección de los mayorcitos que está en el coro?

-Con mucho gusto, respondió aquel sacerdote.

-Y usted, continuó don Bosco, dirigiéndose al otro, tendrá la sección de los más distraídos, que está en el presbiterio.

También el segundo sacerdote aceptó la invitación ((34)) de buena gana. Entrególes don Bosco el catecismo de la diócesis, y, sin
preguntarles quienes eran, les acompañó a las secciones indicadas y así él pudo vigilar el orden general de la iglesia. El jovencito Miguel
Rúa, que había empezado a asistir regularmente al Oratorio festivo, desde 1849, estuvo presente a esta visita, y pudo verlos sentados en
36

Fin de Página 36

 

VOLUMEN IV Página: 37

medio de los muchachos y admirar su actitud. A don Bosco le parecían personas muy distinguidas, y se dio cuenta de que enseñaban el
catecismo maravillosamente. Colocado en un sitio desde donde podía oír al que enseñaba en el coro, oyó que hablaba de la fe con ejemplos
y comparaciones.

-"La fe, decía, se tiene en cosas que no se ven; de las cosas que vemos no se dice "yo las creo"; las cosas que vemos las juzgamos: en
cambio, se creen las cosas que no están presentes a nuestros sentidos. Así, ahora que estamos en este mundo, creemos en la vida eterna,
porque al presente no la tenemos en nuestro poder; pero cuando tengamos la dicha de estar en el cielo, ya no creeremos esas cosas, sino
que las conoceremos, las gozaremos".

Cuando don Bosco oyó aquellas explicaciones tan sólidas y, al mismo tiempo, tan adaptadas a la inteligencia de los muchachos, rogóle
quisiera darles una platiquita después de Vísperas. Objetóle el sacerdote que, siendo forastero, no le parecía conveniente; que los
muchachos necesitaban oír una voz conocida. Insistió don Bosco y al mismo tiempo invitó al otro para dar la bendición con el Santísimo;
los dos aceptaron sin dificultad. Durante el sermón el otro sacerdote asistía a los muchachos. Terminadas las funciones religiosas, estaba
don Bosco impaciente por conversar con ellos, y saber quiénes eran.

-Este Padre es el abate Rosmini, fundador del Instituto de la Caridad, dijo uno de ellos señalando al otro.
((35)) Sorprendido del todo, exclamó don Bosco:
-íEl abate Rosmini! íel filósofo!
-íOh, el filósofo!, dijo sonriendo Rosmini.
-íUn personaje de tanta fama, continuaba don Bosco, que ha escrito tantos libros de filosofía!
-Eh, sí; he escrito algún libro -respondió Rosmini con un aire de humildad e indiferencia que admiró a don Bosco.
Este añadió:
-Ahora ya no me extraña haya dado el catecismo tan bien y tan sabiamente. Y usted, continuó dirigiéndose al otro, "tendría la bondad de

decir su nombre?
-José Degaudenzi.
-"El Canónigo Arcipreste de Vercelli?
El mismo.
-íCómo me alegra conocer personalmente a quien ya conocía muy bien por correspondencia epistolar! íUn hombre tan insigne por su

caridad y por su celo!
37

Fin de Página 37

 

VOLUMEN IV Página: 38

Los dos se entretuvieron después hablando un buen rato con don Bosco, y desde entonces se convirtieron en admiradores, amigos y
bienhechores del Oratorio.

Cuando se despidieron, los muchachos a quienes había dado catecismo el canónigo, preguntaron a don Bosco quién era aquel sacerdote,
y él les respondió:

-Ese sacerdote es uno de los escogidos para hacerle obispo. Vive en Vercelli y es un canónigo de aquella Archidiócesis.

Efectivamente, el canónigo Degaudenzi fue después Obispo de Vigevano y una insigne lumbrera del Episcopado Católico.

El abate Rosmini volvió a visitar a don Bosco otras veces, acompañado por el marques Gustavo de Cavour.

"Rosmini, contaba el profesor Carlos Tomatis de Fossano, vino a honrar con su presencia las escuelas nocturnas; tuvo el gusto de dar
varias veces el catecismo y en alguna ocasión ((36)) asistió a las funciones religiosas del Oratorio, que tenían para nosotros un encanto
singular. Quedó tan entusiasmado que las comparaba a las que celebran en los países salvajes en medio de la floresta, o en las escondidas
iglesias de las misiones, en ciudades todavía paganas, como las de la China y de la India. Sorprendió también a don Bosco instruyendo a un
buen grupo de jovencitos bajo una morera. Fue para él un espectáculo consolador del que dijo después:

"-La amable tranquilidad de aquel buen sacerdote es un indicio de su anhelo por el descanso eterno del paraíso, al que llegará con
millares de almas por él salvadas, las cuales, como ahora en tierra, le harán un día afectuosa corona en la gloria de los bienaventurados.

"Fue también al Oratorio un día de entre semana, cuando los artesanos volvían del trabajo. Don Bosco los reunió ante el Abate, que hizo
preguntas a unos y a otros y tuvo para todos, también para mí, una palabra de estímulo; visitó después nuestra casita y quedó conmovido
ante su extrema pobreza".

En otra ocasión los alumnos del Oratorio representaban un pequeño drama, original del mismo don Bosco, ante Rosmini y el marqués de
Cavour, en cuya casa se hospedaba el Abate a su paso por Turín. Juan Turchi fue el protagonista.

Cuando Rosmini iba a Valdocco solía estar mucho rato, y con familiar confianza, en la habitación de don Bosco. Ya en las primeras
visitas le había confiado que tenía una cantidad de dinero de su Instituto para ponerla a rédito en un banco, y le pedía su parecer y
sugerencia. Pero que preferiría prestársela a alguna familia honrada
38

Fin de Página 38

 

VOLUMEN IV Página: 39

sin extender ningún documento, con tal de que al mismo tiempo quedara tranquilo por su parte.

-Muy bien, le dijo don Bosco, que pensaba construir un edificio en Valdocco; yo sé a quien entregarla. Se trata de una persona ((37)) que
creo merece su confianza. Pronto le escribiré sobre un proyecto que tengo y espero no le parecerá mal.

Efectivamente, pocos días después le escribía a Stresa:

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

El interés que V. S. Ilma. y Rvdma. se toma en todo lo que mira al bien público, y especialmente a la salvación de las almas, me anima a
proponerle un plan, ya manifestado al padre Fradelizio y últimamente comunicado al reverendo padre Pauli.

Se trata de construir un nuevo edificio para un Oratorio, con la finalidad de educar civil, moral y religiosamente a la juventud más
abandonada. Ya se han abierto en Turín varios Oratorios de este género, al frente de los cuales me encuentro sea como fuere. La mies es
difícil, pero abundante, y se puede esperar de ella un gran fruto. Mas se necesitan sacerdotes, y sacerdotes inflamados de caridad.

"No se podría, de una forma prudente, introducir en la Capital el Instituto de la Caridad, concurriendo, por ejemplo, económicamente V.

S. al nuevo edificio, al cual vinieran a establecerse algunos estudiantes del Instituto y así, insensiblemente, tomar parte en las múltiples
obras de caridad, según la necesidad? Piénselo V. S. en su prudencia y, si resolviese intentar para ello algún medio, cuente conmigo en
todo lo que determine pueda ser de provecho para las almas y para la mayor gloria de Dios. El P.Pauli ha visto todo y, como conoce
perfectamente mi intención, puede aclarar la cosa mejor de lo que permite la brevedad de una carta.
((38)) Mientras le ruego perdone la, tal vez, demasiada confianza con
que le escribo, tenga la seguridad de que es para mí un gran honor poder profesarme

De V. S. Ilma. y Rvdma.

Humilde servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Turín, 11 de marzo de 1850

Al ilustrísimo Señor Abate Caballero don Antonio Rosmini, Superior del Instituto de la Caridad.

STRESA

Fin de Página 39

 

VOLUMEN IV Página: 40

El abate Rosmini encargaba responder a don Bosco:

Stresa, 4 de abril de 1850

Muy Rvdo. y apreciado don Juan:

La piadosa obra ideada por V. S. Rvdma., y propuesta en su atentísima del pasado once de marzo, agradó mucho a mi venerado superior
don Antonio Rosmini, y desea poder concurrir a ella eficazmente. Pero no pareciéndole suficientemente explicado y puesto en claro el plan
de la misma, tanto en su carta como en la relación que de palabra le ha hecho el P. Pauli, al volver de esa capital, desearía, antes de
comprometerse a tomar parte, tener más aclaraciones sobre ello. Le parecería totalmente necesaria una
entrevista con V. S. Rvdma., porque hablando se entienden las cosas mejor que por escrito, y es más fácil llegar a una conclusión. Por
tanto, si V. S. Rvdma., pudiera darse una vuelta por Stresa y así honrarnos ((39)) por segunda vez con su presencia, nos haría un nuevo
regalo, y podría entenderse buenamente con mi Rvdmo. Padre. En caso afirmativo, convendría tuviese la bondad de avisarnos el día preciso
en que vendría.

Entretanto, besando su mano y con saludos cordialísimos de mi citado superior y de todos los demás que aquí le conocen, me precio de
ser

Su Seguro Servidor

C. GILARDI, P.
Don Bosco no tardó en explicar sus ideas, detalladamente, en carta a don Carlos Gilardi:

Turín, 15 de abril de 1850

Muy Rvdo. y Carísimo don Carlos:

Mucho celebro que la idea expresada al veneradísimo don Antonio Rosmini haya resultado de su agrado. También yo siento la necesidad
de una entrevista; pero, por varias circunstancias, resulta difícil señalar cuándo podré hacer a Stresa la escapada que yo tanto deseo.

Me parece bien, por tanto, compendiar mi proyecto en algunos puntos esenciales. Yo me ofrezco a dar las aclaraciones que se deseen al
efecto. Mi designio tiene dos aspectos: uno el de procurar ayuda material y espiritual a los Oratorios que la Divina Providencia
40

Fin de Página 40

 

VOLUMEN IV Página: 41

dispuso se abrieran en tres puntos principales de la ciudad; y el otro, probar si el Señor ha escogido este momento y este medio para
extender el Instituto a la Capital, y así aliviar las muchas y gravísimas heridas hechas y que amenazan hacerse a la Religión. Como bien se
ve, ((40)) se necesita toda la sencillez de la paloma, mas sin olvidar la prudencia de la serpiente. Tenerlo todo hábilmente secreto para que
el hombre enemigo no corra a sembrar cizaña.

Pero como las cosas públicas deben ser legalizadas públicamente, para que ninguna de las partes sufra daño alguno ante la ley, presento
al efecto a su Ilmo. y Rvdmo. Superior el siguiente proyecto que me parece puede tranquilizar el ojo del público sin que sospechen de
nosotros.

1. Se trata de construir un edificio de tres plantas, con una iglesia adjunta para el Oratorio. El edificio se construiría en un terreno
rodeado de tapia, de treinta y ocho áreas, o cien tablas, en Porta Susa, -zona de Valdocco-.
2. El sacerdote Bosco cede seis habitaciones, y aún más, al Instituto de la Caridad, para los estudiantes que vinieran a hacer sus estudios
en la capital, o para otros, según el parecer del Superior. En este caso se ofrece campo abierto para el ejercicio de la caridad en favor de
Oratorios, hospitales, cárceles, escuelas, etc.
3. El sacerdote Bosco está dispuesto a prestarse en todo lo que pueda redundar en honor y ventaja del Instituto.
4. El Instituto de la Caridad contribuiría a la fabricación p.e. con doce mil liras, a entregar en varios plazos: al comienzo, a la mitad, al
terminar las obras.
5. Esta cantidad quedaría garantizada con la hipoteca sobre el terreno y sobre el mismo edificio.
6. En caso de muerte del sacerdote Bosco, el Instituto adquiere la propiedad de una parte del edificio, a determinar, o bien tendría
derecho a la parte ya suministrada. Esto solamente en el caso de que no se haya dispuesto otra cosa en favor del Instituto por vía
testamentaria.
Este es mi parecer; pero tenga en cuenta que el Gobierno y la Ciudad, propicios a la instrucción pública, son favorables a los Oratorios, y
ya han manifestado varias veces ((41)) deseo de establecer escuelas en los tres Oratorios; lo que no he podido secundar todavía por falta de
maestros.

En resumen: mi intención es procurar un favor al Instituto de la Caridad, haciendo que entre insensiblemente en la capital. Si es ésta la
voluntad del Señor, podremos hacer la prueba.
41

Fin de Página 41

 

VOLUMEN IV Página: 42

En tanto, tenga la bondad de saludar de mi parte al bonísimo don Antonio Rosmini, mientras ruego al Señor les conserve a los dos para
bien de la religión, de tantos modos combatida en nuestros días, profesándome cordialmente

De Vuestra Señoría Reverendísima

Humilde servidor,
JUAN BOSCO, Pbro.

Fin de Página 42

 

VOLUMEN IV Página: 43

((42)
)

CAPITULO V

OTRA SESION DEL SENADO EN FAVOR DEL ORATORIO
-DISCUSION -DELIBERACION FAVORABLE

HABIA transcurrido poco más de un mes, desde la visita de los tres ilustres Senadores al Oratorio de Valdocco, cuando, a primeros de
marzo, se supo que el alto Consejo se había ocupado del Oratorio. Efectivamente, el día primero de aquel mes, los Senadores, bajo la
presidencia del marqués Alfieri, discutían, entre otras, dos peticiones casi análogas, ya anunciadas el once de enero del mismo año. Una de
ellas, con el número 47, decía así:

"José Carlos Bruno, profesor, propone se provea con una ley al albergue y educación de los muchachos ociosos y vagabundos". La otra,
con el número 48, era ésta: "Juan Bosco, sacerdote, expone cómo, por su medio, se han establecido tres Oratorios en los alrededores de
Turín para la educación moral y la instrucción de los muchachos abandonados, y suplica que el Senado tenga a bien concurrir con oportuna
deliberación al sostenimiento de dichos Institutos".

Era relator el marqués Ignacio Pallavicini, el cual, al llegar el turno de la primera petición, se levantó, y en nombre de la Comisión
encargada al efecto, habló así, como sacamos de las Actas Oficiales de la sesión del 1º de marzo de 1850.

((43)) Senador Pallavicini.-El profesor José Carlos Bruno, médico cirujano del asilo penitenciario para muchachos díscolos, en la
petición señalada con el número 47, se muestra justamente conmovido ante los muchísimos jovencitos ociosos, huérfanos y abandonados
por los padres, con frecuencia sin ocupación y escapados del techo paterno, que duermen en las aceras, que recorren la ciudad, vendiendo
cerillas o coplas, y por tanto sin ocupación determinada, sin habitación fija, creciendo en la
holgazanería, el ocio, la delincuencia
43

Fin de Página 43

 

VOLUMEN IV Página: 44

y los castigos, acostumbrándose desde pequeños a extraer de los bolsillos, con astucia finísima, ora un pañuelo, ora una tabaquera, ora un
reloj, presagio funesto de mayores delitos. Para remediar tan lamentable desorden desearía el benemérito profesor que esos golfillos fueran
apartados de su vida ociosa e internados en un centro, donde aprendieran, juntamente con los principios religiosos, un oficio provechoso,
que les valga después como medio suficiente para un honesto recurso: a tal objeto propone el Instituto Agrario-Forestal de la Generala,
restaurado últimamente según los modernos principios de la reforma penitenciaria, y dotado de los medios a propósito para proporcionar
una educación moral, elemental y profesional. Corrobora su propuesta con el ejemplo de lo que ya se hace en Lausana, en Bélgica y en
Francia, y suplica una ley que provea al efecto. Nuestra Comisión no puede dejar de aplaudir vivamente las intenciones benéficas y
filantrópicas del celoso profesor y, convencida como está (y cree fundadamente que de esta convicción participe con él todo el Senado) de
que es una medida utilísima, que no debe dilatarse por más tiempo, la de proveer eficazmente a tamaño desorden, y llenar las casas de
instrucción de muchachos, para que así queden vacías de adultos las cárceles y galeras, os propone vivamente presentar ((44)) esta petición
al Ministro del Interior, para que, sin vacilaciones y eficazmente, provea a quitar la causa de tanta depravación, siempre presente a los ojos
de los
golfillos.

Senador Giulio.-Pido la palabra.

Presidente.-Tiene la palabra el senador Giulio.

Giulio.-Ciertamente, cada uno de nosotros participa de los sentimientos de humanidad manifestados por el peticionario, y que aplaude la
Comisión, cuya relación acabamos de oír; ciertamente todos expresamos el mismo deseo de que se ponga remedio eficaz a los males, que
el peticionario y la Comisión lamentan con razón. Pero, cabe dudar, es más, es cosa cierta, que los medios propuestos por el peticionario, y
que el Senado en cierto modo aprobaría remitiendo la petición al Ministro, lejos de extirpar el mal que se lamenta, lo agravaría y lo
aumentaría con males mayores.

Antes de formular la presentación propuesta, el Senado en su prudencia considerará ciertamente si es posible que el Gobierno se
encargue directamente de la educación de todos estos muchachos; si es deseable que lo haga cuando pueda, y, si el estímulo que con esto se
daría a la negligencia de los padres, no sería mucho peor que lo que se quiere evitar.

Yo no extenderé más estas observaciones, que ciertamente bastarán
44

Fin de Página 44

 

VOLUMEN IV Página: 45

para poner en guardia al Senado contra un sentimiento de humanidad, cuyo efecto podría resultar muy diverso del que se propone evitar.

Dicho esto, el senador Giulio proponía la llamada orden del día contra la petición del profesor Bruno, es decir, proponía que el Senado
pasara a otra cosa, sin tomarla en consideración y sin presentarla ni recomendarla al Gobierno del Rey.

((45)) Presidente.-Como el senador Giulio propuso la orden del día, yo la paso a votación, porque tiene la precedencia. Los que deseen
pasar a la orden del día tengan la bondad de ponerse en pie.

Efectuada la prueba y contraprueba quedó aprobada la orden del día del senador Giulio y, en consecuencia, quedó desatendida la
mencionada petición.

El mal resultado de la primera petición hacía temer que tocara la misma suerte a la segunda; pero el resultado fue muy otro. Y he aquí el
afortunado éxito de la petición de don Bosco, a pesar de la oposición del senador Giulio.

Senador Pallavicini.-Parecida, por el objeto y el fin que se propone, a la petición que tuve el honor de presentaros, aunque difiere algún
tanto en los medios a emplear, es la petición número 48, perteneciente al distinguido y celoso eclesiástico de esta ciudad, el sacerdote Juan
Bosco.

También él, deseoso del bien de los muchachos descarriados y de toda la sociedad, dedicóse desde hace ya algún tiempo, con aprobación
de la Autoridad Eclesiástica y Civil, a reunir en los días festivos y en distintos lugares, a jovencitos de doce a veinte años, y son más de
quinientos los que asisten al Oratorio situado en Valdocco.

Como allí no cabían, por su creciente número, hace tres años abrió otro en Puerta Nueva, y últimamente un tercero en Vanchiglia; en
estos tres lugares con instrucciones, clases y recreos, se inculcan las buenas costumbres, el amor al bien, el respeto a las autoridades y a las
leyes, según los principios de nuestra santa Religión; a todo eso se añaden las clases de elementos de la lengua italiana, aritmética y
sistema métrico; y finalmente abrió un hogar para albergar veinte o treinta jóvenes de los más abandonados y necesitados.

La santa obra se sostiene con los socorros de celosas y caritativas personas eclesiásticas y seglares, ya que la ciudad de ((46)) Turín no se
queda atrás cuando se trata de instituciones piadosas y de donativos en favor del pobre y del ignorante.

Pero los gastos van creciendo cada año, y el Postulante se encuentra gravado con el arriendo de los locales, que asciende a dos
45

Fin de Página 45

 

VOLUMEN IV Página: 46

mil cuatrocientas liras; con los gastos de manutención del Asilo y su correspondiente capilla, a los que hay que añadir los gastos ordinarios
indispensables por la extrema miseria de algunos muchachos; y con todo esto, se ve obligado a terminar con tan laudable Institución, ya
que debe recurrir con demasiada frecuencia a las personas que hasta ahora le ayudaron. Desearía él, por tanto, que el Senado se interesara
benévolamente por una obra tan provechosa, y la apoyase con sus deliberaciones.

La Comisión, no contenta con lo expuesto por el peticionario, y, aunque ya conocía Institución tan benéfica, quiso, sin embargo, obtener
mayores informes. Y resultó que, a más de los deberes religiosos que allí se practican en los días festivos para bien de tales muchachos, a
quienes se proporciona además la instrucción necesaria, los benéficos fundadores se han propuesto otro fin, a saber: enseñarles, a más de lo
dicho, dibujo lineal, historia sagrada, historia patria y las nociones de la ley al alcance del pueblo, a las que hay que añadir gimnasia,
juegos de destreza, carreras, etc. etc.

Se pensaba también excitar la emulación con alguna exposición de objetos de arte, de industria, con alguna academia y distribución de
premios. Todo esto quería hacerse, pero no todo pudo llevarse a cabo por falta de medios y las críticas eventualidades que se presentaron.
La idea que os expuse de esta Institución se presenta por sí misma como eminentemente religiosa, social, provechosa, y no se necesitan
muchas palabras para convenceros de ello. Sería un gravísimo daño para toda la ciudad, si en vez de prosperar Institución tal, y conseguir
((47)) el desarrollo que se habían propuesto esos buenos amigos del pueblo que la cuidan, tuviera que interrumpirse o perderse por
completo, por no encontrar una mano bienhechora que sostenga ese bien, incompleto,
que hasta ahora se conserva. Vuestra Comisión creería faltar a sí misma, al Senado que la honró con encargo tan preciado, a la Sociedad, si
con toda la convicción de su ánimo no os propusiera enviar instancia como ésta al Ministerio del Interior, para que se decida a socorrer
eficazmente Obra tan útil y provechosa.

Giulio.-Con mi profundo disgusto cumplo de nuevo el desagradable deber de impediros entrar por un camino al que todos somos
arrastrados por el corazón, el camino de la caridad legal, camino que yo creo funesto, camino por el que espero no querrá el Senado entrar
a propósito de una petición.

Yo vuelvo a proponer sobre esta petición la orden del día.

Sclopis.-Las consideraciones expuestas, por segunda vez, por
46

Fin de Página 46

 

VOLUMEN IV Página: 47

mi respetable colega, el senador Giulio, afectan ciertamente a una de las más grandes cuestiones que hoy se ventilan en la Sociedad
Europea. No es éste el lugar ni el momento para discutirla: pero, tal vez sería, no diré yo prejuzgar la cuestión, pero sí desanimar a aquellas
Instituciones que (procedentes de la beneficencia privada) tratan de llenar un inmenso vacío que existe en nuestra sociedad actual, si el
Gobierno no le proporciona alguna ayuda.

Y me parece que no conviene ver resuelta la cuestión de la caridad legal, cuando se pide un socorro, una ayuda en parte solamente
subsidiaria. Cuando en otros países se trató la gran cuestión de la beneficencia pública, creo que los que con toda razón querían excluir los
principios absolutos, reconocieron, no obstante, que donde hay imposibilidad de ((48)) socorrerlas por parte de las personas privadas, el
Gobierno, sin comprometerse con instituciones propias, puede al menos llenar temporalmente algún vacío: puede y debe hacerlo.

Por mi parte veo una necesidad urgente, apremiante, de proveer a esta clase de muchachos, que al salir de las escuelas elementales, de las
que tenemos aquí presente al benemérito promotor, se encuentran después casi abandonados en el momento en que se despiertan las
pasiones y hierve la sangre. Creo importa que el Gobierno subvencione las obras más urgentes de beneficencia sin comprometerse, sin
embargo, de modo permanente con estas instituciones.

Por tanto, en este caso invitaría al Gobierno a hacer esto y proveer de modo que haya un medio para suplir estas gravísimas exigencias. Y
así, declarando que la Comisión (la cual creo sea de mi parecer) no ha pensado entrar en una discusión de caridad legal, sino solamente
pedir un subsidio, que el Gobierno proporcione como a tantos otros establecimientos de beneficencia pública, insistiré en la propuesta de
enviar la petición al Ministro del Interior.

Y lo digo profundamente convencido, precisamente porque, (como ya tuve el honor de expresarme en esta Asamblea en otra
circunstancia) debiendo el Consejo Municipal examinar la condición de los obreros, ha debido observar que falta mucha atención en este
punto, y se puede, sin exponer al Gobierno a tomar una determinación absoluta, ayudar a mantener vivas estas fundaciones, las cuales
podrán quizá en adelante resultar más duraderas con otros medios. El Gobierno debe hacerlo; es un gran remedio para el mal presente, una
gran anticipación de un bien futuro.

((49)) Giulio.-Sólo dos palabras para responder primero a las observaciones del Senador Sclopis. Los Gobiernos están obligados a
47

Fin de Página 47

 

VOLUMEN IV Página: 48

distribuir justicia a los ciudadanos, no a repartir limosnas, porque, no disponiendo de bienes propios, sino de los bienes de los ciudadanos,
no pueden disponer de ellos si no es por motivos de justicia. Esta consideración, que no creo admita duda, me parece suficiente para
demostrar que no es obligación de un Gobierno concurrir con sus fondos a mantener las obras de beneficencia, por muy recomendables que
sean, por sentimientos de humanidad y religión.

Sclopis.-El Gobierrno ante todo debe ser justo; sí, pero también debe ser próvido; el Gobierno no debe tomar a su cargo establecimiento
de caridad legal, pero debe proporcionar subsidios en ocasiones extraordinarias. En este punto, lo absoluto no es el mejor medio a emplear.
El exclusivismo, máxime en las actuales circunstancias, podría inducir a tener que desistir del bien a muchas instituciones que se nos
encomiendan, no sólo por la voz de la caridad, sino también por la de la prevención política.

Sauli.-Añadiré que estas instituciones no son de simples limosnas, sino instituciones de educación moral y religiosa, a las que creo debe
atender el Gobierno.

Pallavicini-Mossi.-Me permito recordar al Senado, que, no ha mucho tiempo, él pensó conveniente dar una educación forzosa a los
muchachos vagabundos de la calle; pensamiento que manifestó con el voto dado a tal efecto para un proyecto de ley presentado por el
Ministro a la Cámara. Ahora bien, "qué se propone la petición presentada? Se propone dar educación semejante en todo a la indicada. Por
consiguiente, si el Gobierno estaba dispuesto a sostener ((50)) esta educación, puede muy bien también ahora ayudar a los gastos
necesarios, sin entrar en la teoría de la caridad legal.

Sclopis.-El Gobierno lo ha hecho con ocasión de los calefactores, y ha sido recompensado con el agradecimiento de todos los
ciudadanos.

Presidente.-Se han hecho dos propuestas. Una la de la Comisión, que recomienda la petición de un subsidio al Gobierno; otra, la del
caballero Senador Giulio, que opina que el Senado pase a la orden del día. Yo pongo a votación la orden del día, que debe tener
precedencia.

Puesta a votación la orden del día no es aprobada.

Presidente.-Pongo a votación las conclusiones de la Comisión.

Estas fueron aprobadas; y, por tanto, la petición de don Bosco fue mandada por el Senado al Ministro del Interior, para que se le
proporcionara ayuda para el sostenimiento de su Institución.

Esta deliberación de la Alta Cámara tuvo una gran importancia;
48

Fin de Página 48

 

VOLUMEN IV Página: 49

porque, a partir de aquel día, el Oratorio y el asilo anejo fueron tomados en consideración por el mismo Gobierno, el cual empezó, de vez
en cuando, a manifestar complacencia, ya alabando su noble fin, ya mandándole subsidios, ya recomendándole muchachos pobres, como
lugar seguro donde podían aprender a hacerse honrados ciudadanos, útiles a sí mismos, a la familia y al Estado.

Hasta hubo varios diarios irreligiosos de la ciudad que, haciéndose eco del Senado, publicaron artículos en alabanza de don Bosco, y, por
lo pronto, ya no se atrevieron a hablar mal de él.

Pero, si don Bosco tenía motivo para alegrarse del buen efecto producido por la discusión del Senado, no se apenaba menos por las
noticias que le llegaban de su Arzobispo. El rey Víctor Manuel le había escrito, de su puño y letra, una ((51)) carta, diciéndole que, antes
de volver a la diócesis, debería esperar que se le llamara; y como se sabía que era poco inclinado a un gobierno constitucional, le parecía
necesario que manifestara con una pastoral que no era contrario. Y el Arzobispo, con cartas del cuatro de marzo, anunciaba su inminente
llegada a Turín, agradecía al clero y a los seglares las pruebas de adhesión que le habían dado, alababa su firmeza en la fe católica, y con
palabras de elogio a la excelsa estirpe saboyana, declaraba que todos debían creerse obligados al Estatuto dado por el rey Carlos Alberto,
puesto que su primer artículo declara textualmente: La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la única religión del Estado.
49

Fin de Página 49

 

VOLUMEN IV Página: 50

((52)
)

CAPITULO VI

FIESTA DESAGRADABLE DEL ESTATUTO -EL PARLAMENTO APRUEBA LA LEY SICCARDI -MONSEÑOR FRANSONI
VUELVE A TURIN -DOLOROSA SEMANA SANTA -LA COMUNION PASCUAL EN LOS ORATORIOS FESTIVOS
RECUERDOS A LOS JOVENES -EL EJEMPLO DE LOS HIJOS ARRASTRA A LOS PADRES -INSULTOS AL ARZOBISPO -EL
SENADO Y LA ABOLICION DE LAS INMUNIDADES ECLESIASTICAS -RETORNO DE PIO IX A ROMA -SE DESCUBRE UNA
CONSPIRACION CONTRA LA VIDA DEL PAPA -VELADA-ACADEMIA EN EL ORATORIO EN HONOR DE PIO IX

EL mes de marzo, que los buenos cristianos santificaban con la preparación a la Pascua, se entristeció aquel año con dolorosos sucesos. El
día cuatro, aniversario de la promulgación del Estatuto, hubo una fiesta oficial en la iglesia de la Gran Madre de Dios: se celebró la santa
misa y se cantó el tedéum. En la magnífica e inmensa plaza de Víctor Manuel, formaban los batallones de la guardia nacional y los
Institutos masculinos de la ciudad. También se había reservado un espacio para los muchachos del Hogar de Valdocco, pero éstos no
comparecieron. Don Bosco estaba resuelto a impedir, aun a los muchachos del Oratorio festivo, cualquier manifestación política, porque
sabía en que iban a concluir. Le tocó industriarse de mil modos, de 1850 a 1855, para
conseguir su intento, según afirma el canónigo Anfossi; ((53)) pero se mantuvo siempre firme, y salió bien de ello.

Efectivamente, aquel mismo día, cuatro de marzo, el desenfreno anticlerical de la chusma por plazas y calles contra los sacerdotes, y los
insultos, bajo las ventanas del Legado Pontificio monseñor Antonucci, fueron muy tristes. Con amenazas obligaron a propietarios e
inquilinos a engalanar las casas con banderas; y, con pedradas a las ventanas, lograron una "espontánea" y general iluminación.

Entretanto se terminaba en el Parlamento la discusión que quitaba al clero el privilegio del foro. Los mejores oradores de la Cámara
combatían tal designio, pero la mayor parte de los diputados, hombres sin fe y sin religión, se preocupaban muy poco de los derechos y
50

Fin de Página 50

 

VOLUMEN IV Página: 51

deberes religiosos. Respondían a las razones de los católicos con alborotos, risas, murmullos de desaprobación y aplaudían los violentos
discursos de Brofferio y compadraje. Y el nueve de marzo aprobaban el proyecto por ciento treinta votos contra veintiséis. Nada valieron
las enérgicas reclamaciones del Cardenal Antonelli, del Nuncio y de los Obispos, y de los diarios católicos, para que no se perjudicasen los
derechos públicos de la Iglesia y se respetara el primer artículo del Estatuto. El periódico Armonía fue secuestrado y condenado; los
predicadores cuaresmales amenazados y molestados, y echado de Turín el de San Dámaso. Se prohibía al clero elevar instancias contra la
abolición de este privilegio y se alentaban las de los seglares en favor de la ley. La Gaceta del Pueblo, dueña de la calle y consejera del
Parlamento, juntamente con otros periódicos liberales, se burlaba rabiosamente de los senadores y diputados mantenedores de la justicia.

En medio de esta difícil situación, el quince de marzo, volvía finalmente a Turín monseñor Fransoni, se establecía en el palacio
arzobispal ((54)) y se presentaba a saludar al Soberano en su palacio.
Pero Víctor Manuel le recibió con frialdad y un tanto resentido.

El veinticinco era jueves santo. Aquella mañana dijo don Bosco a don Juan Giacomelli:

-Vamos a la catedral, a ver si hay novedades.

Fueron y asistieron a la consagración de los santos óleos. En la plaza, cerca del coche de su Excelencia, estaba el gerente del diario
católico La Campana, con algunos de los muchachos más robustos de Valdocco, dispuestos a cualquier contingencia si insultaban al
Arzobispo. Con todo, le silbaron mientras volvía de la Catedral al palacio. El viernes santo recibió la misma ofensa por las calles. Fue
respetado el sábado, al ir y volver de la Capilla Real, donde administró la comunión pascual al Rey y a su familia.

Y, mientras en el centro de Turín había alborotos e insultaban a monseñor Fransoni, en la periferia de la ciudad, en los tres Oratorios de
Puerta Nueva, Vanchiglia y Valdocco, casi dos mil muchachos del pueblo, bien instruidos en el catecismo y después de tres días de plática
y una buena confesión, se acercaban a la mesa eucarística, para cumplir con Pascua. Muchos recibían la santa comunión por vez primera.

Don Bosco había hecho imprimir al tipógrafo Paravía seis mil ejemplares para distribuir a sus queridos alumnos. En ellos se leía:
51

Fin de Página 51

 

VOLUMEN IV Página: 52

"Tres recuerdos a los jóvenes para conservar el fruto de la comunión pascual.

"Queridos jóvenes, si queréis conservar el fruto de la Santa Comunión que habéis recibido en esta Pascua, practicad estos tres avisos.
Serán la alegría de vuestro corazón y la felicidad de vuestra alma.

"1º Santificad el día festivo, no dejando nunca de asistir devotamente a la santa misa y a la palabra de Dios, esto es, al sermón, la
instrucción y el catecismo.

((55)) "2º Huid de los malos compañeros como de la peste, esto es, manteneos alejados de los jóvenes que blasfeman o profieren el santo
nombre de Dios en vano; que hacen o hablan de cosas deshonestas. Huid también de los que hablan mal de nuestra santa Religión, critican
a los ministros sagrados, y sobre todo al Romano Pontífice, Vicario de Jesucristo. Lo mismo que el que censura la conducta de su padre es
un mal hijo, así que el que censura al Papa, padre de los cristianos extendidos por todo el mundo, es un mal cristiano.

"3º Acercaos con frecuencia al sacramento de la penitencia. No dejéis pasar un mes sin confesaros y comulgad según el consejo del
confesor.

"Después de la comunión deteneos cuanto podáis para dar gracias al Señor y pedirle la gracia de no morir en pecado mortal.

"Un solo Dios: si está contra mí, "quién me salvará?

"Una sola alma: si la pierdo, "qué será de mí?

"Un solo pecado mortal merece el infierno: "qué será de mí, si muriese en tal estado?

"Esta verdad esté siempre contigo:

El mundo es falso, Dios es buen amigo".

Pero no eran solamente los muchachos los beneficiarios de la caridad apostólica de don Bosco; muchos de sus padres acudían también al
Oratorio para arreglar con Dios las cuentas de su conciencia, descuidadas hacía años. Observaban que, a medida que adelantaba la
cuaresma, la enseñanza del catecismo llevaba a sus casas más respeto y más obediencia. Preguntaban a sus hijos y les oían contar lo que
don Bosco les recomendaba, a saber: docilidad y amor a los padres y obligación ((56)) de rezar por ellos, porque así lo quiere Dios, y
porque hay que agradecer los muchos trabajos que sobrellevan por la familia. Estas enseñanzas les inspiraban simpatía y estima del
sacerdote.
52

Fin de Página 52

 

VOLUMEN IV Página: 53

Cuando veían a sus hijos, la tarde de la confesión, llegar a casa, tan alegres, se disipaba todo prejuicio contra el sacramento de la
penitencia, al conocer la felicidad de una conciencia tranquila. Y cuando los tenían ante sí, impulsados por el consejo de don Bosco,
pidiéndoles perdón de los disgustos ocasionados en el pasado y prometiendo obediencia en todo para el porvenir, se despertaba en sus
conciencias el remordimiento, recordando los ejemplos menos buenos que les habían dado, y profundamente conmovidos los abrazaban.

Muchos, el día de la primera comunión, invitados también por don Bosco, los acompañaban al Oratorio, y al observar su compostura en
la iglesia, sus rostros resplandecientes y hermosos como los de los ángeles, cuando volvían del altar, sentían despertar en su corazón algo
inconcebible, envidiaban la alegría del hijo, y sus ojos se arrasaban de lágrimas, recordando los años de su inocencia. Aquel día no
aparecían por la taberna; tenían la mesa puesta en su casa y disfrutaban de la vida familiar y de la felicidad de una alma tranquila y amada.
Y empezaban a experimentar repugnancia por desórdenes que muchas veces les habían ocasionado amarguras; una saludable melancolía
les obligaba a reflexionar; se entablaba en su corazón la lucha entre el bien y el
mal, y triunfaba la gracia del Señor por la eficacia de las oraciones de sus hijos.

Unos iban a la capilla a esperar que don Bosco llegara al coro, otros se presentaban a él en la sacristía después de celebrar la santa misa,
algunos subían a su habitación, ya entrada la noche, para que nadie les estorbara. Y don Bosco, que sólo con verlos entendía lo que
querían, ((57)) los recibía con rostro alegre, los invitaba a arrodillarse y los confesaba.

Así lo hacían. Y volvían contentos y felices a su casa para ser en adelante el consuelo de sus familias. Desde aquel día rezaban con los
suyos por la mañana y por la noche, asistían los domingos a las funciones sagradas, frecuentaban la confesión y comunión, y, de vez en
cuando, iban al Oratorio a pasar la tarde en agradable recreo.

Era éste otro de los grandes beneficios que proporcionaban a Turín los Oratorios festivos.

Pero, si don Bosco veía coronados sus trabajos con frutos tan hermosos, el corazón del buen Arzobispoo recibía nuevas heridas el
domingo de Pascua. Al salir por la puerta principal de la Catedral, a pesar de que dos filas de carabineros le escoltaban hasta el coche y de
que estaban allí formados un escuadrón de caballería y un batallón de la guardia nacional, fue acogido con una furiosa tempestad de
53

Fin de Página 53

 

VOLUMEN IV Página: 54

silbidos, gritos y amenazas, que ahogaban las vivas, aplausos y demás expresiones de respeto del público católico. Estaban entre estos
valientes los muchachos mayores y más fieles del Oratorio de san Francisco de Sales, enviados por don Bosco, unas horas antes, para que,
si no podían hacer más, al menos aplaudieran. Nos dio testimonio de ello el teólogo Félix Reviglio. El sabía el insulto sacrílego que
preparaban aquellos facinerosos. En efecto, se lanzaron contra el coche, golpearon con los puños los cristales e intentaron cortar los tirantes
del carruaje. Y las tropas miraban impasibles. Afortunadamente el Arzobispo se vio libre de aquel gran peligro, gracias a la sagacidad
((58)) del cochero, que arreó unos fuertes latigazos a las manos y las orejas de aquellos granujas con lo que impidió el corte de los tirantes
y echó a andar a los caballos.

A toda costa se quería obligar a monseñor Fransoni a alejarse de Turín. En efecto, el Senado debía decidir acerca de las Inmunidades
Eclesiásticas, y el ocho de abril se aprobaba la ley con la oposición de veintinueve senadores sobre ochenta. Por la tarde de aquel día y
varios más, una turba de patriotas emigrados, amparados por el Gobierno, y mozalbetes pagados e instigados por los agitadores, que ya
habían silbado al obispo de Chambery camino del Senado, recorrían las calles de la ciudad, maldiciendo al clero y gritando: íViva Siccardi
Lo peor de la algazara lo dejaron para el palacio arzobispal. A los gritos de abajo el Arzobispo, abajo la Curia, abajo el Delegado
Pontificio, rompieron a pedradas muchos vidrios de las ventanas e intentaron descerrajar la puerta principal. Para poner fin a la salvaje
demostración, acudieron soldados de infantería y de caballería.

El día nueve sancionaba su Majestad la ley, que, entre otras odiosas disposiciones, sometía obispos y sacerdotes a los tribunales civiles.
El Nuncio Apostólico pidió los pasaportes, despidióse del Rey, y el doce partía para Roma.

En las secretas intenciones de las sectas ya se contaba con la desautorización del episcopado y la rebelión del clero. Esperaban que los
sacerdotes y párrocos rurales quebrantarían la disciplina y se formaría un clero civil, un clero pagado y al servicio del Estado. Pero la
Iglesia debía resplandecer con nuevo fulgor; nuevos ejemplos de sacrificio, de generosidad y de firmeza florecieron en el clero y los
seglares.

Un hecho providencial alivió el dolor de los católicos y llenó de alegría sus corazones: la vuelta de Pío IX a Roma. Una vez que los
franceses liberaron ((59)) la capital del mundo católico de manos de los republicanos, y transcurrido algún tiempo para reorganizar un
54

Fin de Página 54

 

VOLUMEN IV Página: 55

poco las cosas, transtornadas por los rebeldes, el desterrado Pontífice se determinaba a volver entre su querido pueblo, que lo esperaba con
ansias. Dirigióse, pues, de Gaeta a Pórtici y Nápoles, desde donde, el cuatro de abril, se encaminó a Roma. El viaje duró ocho días, que
fueron ocho días de triunfo. El día doce entraba en la santa ciudad, entre preparativos, fiestas y aclamaciones cordiales y esplendorosas,
que ningún Soberano y tal vez ningún Papa había recibido hasta entonces. Y no sólo Roma, el mundo entero lo celebró. Por su parte,
cuando los muchachos del Oratorio supieron por don Bosco el fausto acontecimiento, experimentaron tan gran alegría que derramaban
lágrimas de gozo.

Don Bosco, que recibió de Roma la narración detallada del memorable viaje, procuró que fuese publicada por Armonía, que reprodujo
los artículos del Osservatore Romano. Monseñor Fransoni mandó que en todas las iglesias de la Archidiócesis (y naturalmente, en el
Oratorio de Valdocco) se rindiera acción de gracias a la Divina Providencia, con sincera alegría y vivo agradecimiento, durante ocho días.

Pero no todos los favores, concedidos por el Señor para conservar al Pontífice eran conocidos entonces. Estaba todavía el Papa en Gaeta,
cuando un grupo de anarquistas y republicanos, inspirados por Mazzini, había decidido en Ginebra asesinar al Papa por medio de cuatro
asesinos disfrazados de sacerdotes. La policía de París lo comunicó al Gabinete de Turín, y el abogado Juan Bautista Gal, empleado del
Ministerio de Asuntos Exteriores, que recibía aquellos despachos, se lo dijo confidencialmente a don José Cafasso; y, tal vez, don Bosco
estuvo en el secreto, ya que el mismo abogado nos manifestaba en 1890 la gran confianza que tenía también con él desde 1841.

((60)) Don José Cafasso escribió enseguida a Gaeta y el intento quedó descubierto 1 pero se mantuvo en secreto hasta 1898, cuando
murió el abogado Gal. El hecho es auténtico y se pueden encontrar las pruebas en la correspondencia y notas diplomáticas del ministerio de
Asuntos Exteriores.

Por todo esto quiso don Bosco manifestar solemnemente su afecto al Papa. Publicóse por aquellos días en Roma una oda estupenda para
celebrar este hecho memorando: Don Bosco se la explicó a los muchachos y la hizo declamar varias veces en diversas veladas. Nos parece
conveniente enriquecer nuestras páginas con ella.

1 Italia Real -Correo Nacional 18-19 mayo 1898.
55

Fin de Página 55

 

VOLUMEN IV Página:

56

Hela aquí: 2

Ei ritorn_... di Roma Por fin volvió... De Roma
S'eleva fino al ciel plaudente grido... Nuestro aplauso hasta el cielo se levanta..
.
Il Tevere orgoglioso El Tíber orgulloso
Al mar vicino rivolgendo I'onde Dando al mar el estruendo de sus ondas:
Ei ritorn_... risponde... Por fin volvió..,responde..
.
Il Tago, il Gariglian, la Senna, il Reno El Tajo, el Garellano, el Rin, el Sena
La fronte innalzan dal nativo seno; Alzan su frente del nativo seno;
E i lieti accenti repitendo a gara Voces gozosas cantan a porfía
Dall'uno all'altro polo Del uno al otro polo
Un eco, un eco solo Un eco, un eco solo
Annunzia al mondo intiero: Anuncia al mundo entero:
Ritorn_ a Roma il Succesor di Piero! íRetorno a Roma el Sucesor de Pedro!

Non di catene cinti No hay siervos con cadenas
Miseri schiavi ingombrano la via, Cubriendo esclavizados el camino...
Il trionfal carro seguitando vinti... Tras el carro triunfal del vencedor...
Un Angelo del Cielo lo precede: Un ángel de los cielos lo precede
Intorno van, facendogli corona, Y, en torno, van haciéndole corona,
La carità, la fede, La caridad, la fe,
La speranza divina, La divina esperanza
Che come eterna pianta Que cual eterna planta
Nacque a piè della Croce Sacrosanta! íBrotó del mismo pie de la Cruz santa!
((61)) ((61))
Silenzio!... Udite!... Il religioso íSilencio...! íOíd...! El canto religioso canto
Nell'antica Basilica risuona, En la antigua Basílica resuena
Qual doce mormorio, Cual suave murmullo
Che fanno degli Arcangeli le piume, Nacido de las plumas de los ángeles
Quando il trono circondano d'Iddio! Cuando cercan el trono del Señor.
Tace il concorso inmenso. Calla el concurso inmenso.
Il Pontifice Augusto, El Pontífice Augusto
Fra nuvole d'incenso, Entre nubes de incienso,
Umido il ciglio, timido cammina, Sumido en llanto, tímido camina
E di Pietro alla tomba s'avvicina... Y de Pedro a la tumba se avecina.
La triplice corona, Y la triple corona
Che leggi al'orbe impone, Que al orbe ley impone
Dell'ara al piè depone; Del ara al pie depone;
La sacra fronte inchina, La augusta frente inclina,

2 La traducción castellana es tal y como se pueden traducir los versos, si se quiere conservar el original (N. del T.).

Fin de Página 56

 

VOLUMEN IV Página: 57
Mentre del sole un ragio, Mientras del sol un rayo
Per la cupola inmensa penetrando, Por la cúpula inmensa
Qual iride de pace e di speranza, Tal un iris de paz y de
Al voto aggiunge maestà divina! al rostro añade majestad
penetrando,
esperanza,
divina.
Salve, Eletto di Dio! íSalve, salve de Dios el
Salve, dell'almo Ciel sublime dono! íSalve, del alto Cielo
Salve, clemente, pio, íSalve, clemente y pío!
Sereno contrastando il fatto rio, Contrastando sereno al
Pi¨ grande ancor che sull'eccelso íMás grande eres aún que
elegido!
don sublime!
acto impío,
en trono excelso!
Vieni, o Padre! Dall'alto Vaticano íVen, oh Padre! Del alto
Tendi la sacra mano... Tiende la sacra mano...
Vaticano
In umile contegno En humilde actitud, la
La terra aspetta il venerando Tu bendición espera;
segno;
E di Sionne il cantico intonando, Y de Sión el cántico
Ripeta il mondo intiero: Repita el mundo entero:
Ritorn_ a Roma il Successor íRetornó a Roma el
di Piero! Sucesor de Pedro!
57
tierra entera
entonando,

Fin de Página 57

 

VOLUMEN IV Página: 58

((62)
)

CAPITULO VII

MONSEÑOR FRANSONI PRISIONERO EN LA CIUDADELA DE LA CIUDAD -LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO VISITAN
AL ARZOBISPO -SUSCRIPCION PARA UN BACULO PASTORAL -MONSEÑOR FRANSONI Y DON BOSCO EN PIANEZZA
NUEVA SOCIEDAD DE APOSTOLADO EN EL CLERO -FUNDACION DE LAS CONFERENCIAS DE SAN VICENTE DE PAUL
EN TURIN -DON BOSCO Y LAS CONFERENCIAS

SE habían preparado nuevas amarguras para el Arzobispo de Turín. El intrépido sucesor de San Máximo, cumpliendo con prudente valor
su apostólico ministerio, y sin aludir a los que habían votado y aprobado la ley de Siccardi, escribía el 15 de abril a los párrocos de la
diócesis una pastoral secreta, que debían comunicar a todos los sacerdotes de sus parroquias. Daba en ella normas precisas de conducta al
clero para que no se toparan con la nueva ley, que no podía dispensarles de sus obligaciones, y así conservar a salvo la conciencia; al
mismo tiempo les ordenaba que, en el caso de ser citados, no comparecieran ante el juez sin permiso del Superior Eclesiástico.

Pero la policía sospechó, hizo que los alcaldes espiaran si el clero había recibido de los Obispos instrucciones contrarias a la ley sobre
inmunidades y llegó muy pronto a conocer ((63)) la carta de monseñor Fransoni. En consecuencia, el 21 de abril, la secuestraba en la
imprenta Botta, en las oficinas postales y en el palacio arzobispal, dando órdenes para registrar el mismo gabinete de estudio del
Arzobispo.

No se tardó en citar a monseñor Fransoni ante el tribunal civil para dar cuentas de su pastoral; él respondió que pediría permiso al Papa, y
que si éste llegaba, se presentaría. Los jueces no consideraron satisfactoria la razón. Fue condenado, por ausencia, a quientas liras de multa
y un mes de cárcel, y el cuatro de mayo, fiesta de la Sabana Santa de Turín, a la una de la tarde, fue conducido a purgar la condena en la
ciudadela de la ciudad.

Es indescriptible la pena que experimentaron todos los buenos al enterarse del hecho; muchos lloraron amargamente: los alumnos de
58

Fin de Página 58

 

VOLUMEN IV Página: 59

don Bosco entre ellos porque amaban al Arzobispo como a su protector y padre. El mismo comandante de la fortaleza, conde Viallardi, al
recibirlo no pudo contener las lágrimas, y el comandante general Imperor le cedió su propia vivienda. Aquella misma tarde, por cortesía de
comandante, Monseñor pudo recibir las condolencias de una comisión del Cabildo Metropolitano, y en los días sucesivos, pudieron llegar a
él muchos personajes de la nobleza turinesa y del clero.

Don Bosco fue uno de los primeros, y dispuso, además, que varios en representación de sus muchachos fueran a consolar al venerado
prisionero. Fueron Félix Reviglio y otro compañero, y al volver a casa, contaban que habían atravesado dos o tres patios cercados de
murallas con centinelas y guardias a cada paso, y que al fin llegaron hasta el generoso defensor de los derechos de la Iglesia. Monseñor
Fransoni recibió bondadosamente en el departamento que se le había destinado, los homenajes que le presentaban en nombre de don
Bosco, y regaló un rosario a cada uno.

((64)) Unos días más tarde fueron a la ciudadela cinco muchachos del Oratorio. Bellisio y tres más quedaron detenidos en el último patio
al aire libre por los soldados que custodiaban las estancias de antesala. Sólo dejaron pasar a Ritner, el joyero: al salir, profundamente
conmovido, entregaba a los compañeros cuatro rosarios de cuentas azules, obsequio del santo Arzobispo. Bellisio, que había entrado en el
Oratorio aquel año, conservaba todavía cuidadosamente en 1902 el precioso rosario y lo empleaba para rezar.

El Vicario General ordenó oraciones públicas en todas las iglesias de la Archidiócesis, y seguían las demostraciones de afecto y estima al
Arzobispo.

El 27 de mayo de 1850 invitaba Armonía a los piamonteses a ofrecer un báculo pastoral a monseñor Fransoni. Los más distinguidos del
clero y de los seglares respondieron gustosos a la propuesta. Los sectarios se llenaron de indignación. Y cuando Armonía publicaba los
nombres de los suscriptores, ellos los reimprimían y los hacían vender por la ciudad, a través de los golfillos que gritaban a voz en cuello:
"Lista de los reaccionarios y retrógados". Por su parte La Gaceta del Pueblo, con palabras soeces, injuriaba a los que promovían el
testimonio de afecto, entre ellos al canónigo Gastaldi, pero no pudo impedir que se recogieran rápidamente más de ocho mil liras; se
obtuvo un báculo precioso aún artísticamente. El nombre de don Juan Bosco apareció el diez de junio en la primera lista de donantes, con
la oferta de cinco liras.
59

Fin de Página 59

 

VOLUMEN IV Página: 60

El dos de junio, que era domingo, se cumplían los treinta días de la sentencia; muy de mañana fue puesto en libertad monseñor Fransoni.
Dijo él aquel día:

-íOtra vez no me llevarán a la ciudadela, sino a Fenestrelle!

Estuvo unos días en Turín y se retiró a Pianezza ((65)) para descansar del ajetreo ocasionado con estas vicisitudes.

Don Bosco fue allá para escuchar su juicio definitivo sobre el método empleado en la dirección del Oratorio, y saber si podía ser una
especie de pauta o fundamento de las reglas de una sociedad religiosa; y, al mismo tiempo, recibir sus palabras de aliento y apoyo.

Monseñor aprobó las ideas de don Bosco y añadió:

-Quisiera prestaros mi apoyo, pero, como veis, yo mismo no estoy seguro del mañana. Haced lo que podáis; seguid valientemente la obra
emprendida; os doy todas mis facultades, os doy mi bendición, os doy todo lo que puedo. Una sola cosa no puedo daros, esto es, libraros
de las dificultades que podrán sobreveniros.

Pero el encarcelamiento del Arzobispo fue aliviado por dos acontecimientos, que debían proporcionar inestimables bienes a las almas.

A principios de aquel año se fundaba, entre los sacerdotes más celosos que se reunían en las conferencias espirituales semanales, que se
celebraban en la iglesia del Cottolengo, una especie de sociedad, que tomaba el nombre de San Vicente de Paúl, y se reunía en una sala del
Seminario. Participaban en esas reuniones hombres de mucha ciencia y santidad: el canónigo Vogliotti, el teólogo Borel, el teólogo Luis
Anglesio, rector de la Pequeña Casa, don José Cafasso, el teólogo Vola, el señor Durando, Superior de los sacerdotes de la Misión, el
canónigo Eugenio Galetti, el profesor de Historia Eclesiástica Francisco Barone, el canónigo Bottino, los sacerdotes Ponsati, Destefanis,
Cocchi y nuestro don Bosco. El teólogo Roberto Murialdo era el secretario de la Sociedad. Estos activos eclesiásticos estudiaban medios
más eficaces para enfervorizar a los sacerdotes en la práctica de sus deberes, y promovían una ((66)) intensa acción católica. Se
preocupaban especialmente de la catequesis, un tanto descuidada entonces en las parroquias, y ponían particular empeño en promover la
instrucción religiosa en los dos suburbios de San Salvario y San Donato, en aquellos años bastante alejados del centro de la ciudad y casi
abandonados. Se buscaban
predicadores para las misiones, cuando era necesario, y suministraban catequistas para los Oratorios festivos, que reconocían eran muy
necesarios en aquel momento. Ponían los cimientos de varias asociaciones entre las cuales
60

Fin de Página 60

 

VOLUMEN IV Página: 61

estaba la sociedad contra la blasfemia, contra la profanación de las fiestas, y la edición de buenos libros contra la propaganda valdense.
Iniciaban las lecciones de catecismo en los correccionales y en la Generala, paradero de tantos muchachos díscolos.

Don Bosco era tan asiduo como podía a estas reuniones. En el discurso de nuestra narración se vera evidentemente que era miembro
celoso en secundar todas las obras propuestas o ya iniciadas, sin excluir ninguna.

Al mismo tiempo, unos buenos cristianos seglares se organizaban y formaban una especie de legión sagrada al lado del clero: el trece de
mayo se fundaba en Turín la primera Conferencia de San Vicente de Paúl, de acuerdo con las instituidas por Ozanam en Francia el 1833.
Llegó desde Génova el conde Roque Bianchi, presidente de la primera Conferencia genovesa fundada en 1846, ya que por su instigación
comenzaba en Turín obra tan provechosa. Don Bosco le había apoyado con sus consejos después que el Conde había promovido otras
conferencias en Italia. La inauguración tuvo lugar en la sacristía de la iglesia parroquial de los Santos Mártires. Los socios fundadores
fueron siete: don Bautista Bruno, cura párroco de los Santos Mártires, el padre Andrés Barrera, sacerdote doctrinario, el marqués Domingo
del Carretto de Balestrino, el abogado Francisco Luis Rossi, el caballero Luis ((67)) Ripa de Meana, coronel retirado, el ingeniero Guido
Goano, y el conde Roque Bianchi. Don Bosco fue invitado y ocupó el puesto de honor. La conferencia se reunió en nombre de Dios y se
puso bajo los extraordinarios auspicios de María Inmaculada y el patrocino de los Santos Solutor, Adventor y Octavio. El abogado Rossi
fue elegido presidente. Aceptaron ser primeros socios de honor S. E. monseñor Luis Fransoni, Silvio Péllico y don Bosco, el cual asistía en
los comienzos a las conferencias y fue siempre socio de honor, amigo y venerado protector. La Obra de San Vicente fue desarrollándose
despacio, pero con perseverante constancia. Las visitas que hacían los socios a los míseros y, frecuentemente, sucios tugurios de los
pobres, con socorros materiales, consejos, consuelos y amonestaciones, eran otras tantas apariciones de ángeles que llevaban salud y paz.
Daban instrucción
religiosa, cristianizaban uniones ilegítimas. Se lanzaron a practicar obras de caridad sin tener más que veinticuatro liras con quince
céntimos; empezaron a visitar a los pobres y distribuir socorros después de la tercera reunión, tenida el 26 de mayo de 1850. Sus primeras
bienhechoras fueron las augustas y piadosas reinas María Teresa y María Adelaida y la marquesa de Barolo.
61

Fin de Página 61

 

VOLUMEN IV Página: 62

La Conferencia de los Santos Mártires fue agregada a la Sociedad del Consejo General residente en París, el 1º de septiembre de 1850.
En 1853 llegaban a sesenta y tres los miembros activos y a treinta y cinco los honorarios, por lo que se formaron en la ciudad cuatro
Conferencias distintas, y el 15 de septiembre fue elegido primer presidente del Consejo Particular el conde Cays, que había sido miembro
celosísimo. En 1856 había en Turín once Conferencias y diecinueve fuera de la ciudad, y el Consejo General de París instituyó un Consejo
Superior para todo el Piamonte, del que fue presidente, hasta 1868, el conde Cays.

((68)) Don Bosco, que tanta parte tuvo en la fundación de la primera Conferencia, también la tuvo en la de otras, a las que protegió y
ayudó de mil modos, especialmente cuando surgieron fuertes contradicciones contra ellas. Sostenía íntima relación con la benéfica
Sociedad, y ponía bajo su protección a los jóvenes salidos de la cárcel que él había hecho volver al buen camino. Aún más, algunos
miembros de la Sociedad de San Vicente se unieron a él, dentro de un protectorado legalmente constituido, destinado a vigilar eficazmente
y educar a los jóvenes corrigendos, puestos en libertad por la Comisaría de Policía.

Don Bosco les recomendaba además que amasen con amor de padres a los hijos de los pobrecitos a quienes visitaban, y ellos, generosos,
ayudaban a la erección de oratorios festivos, promovían las catequesis y las escuelas. No es posible contar los servicios que prestaron a la
Patria y a la Iglesia. Casi llegaron a cien mil los jovencitos que atendieron en cincuenta años.

Durante muchos años asistía don Bosco a la reunión general de las conferencias, que se celebraba solemnemente en diciembre, en la
iglesia de los Mártires, o en la de los Mercaderes, y siempre tomaba la palabra. Conocía a fondo el espíritu de San Vicente de Paúl y
exponía sus ejemplos y sus máximas. A veces, trataba de la obligación de la limosna, de la manera de hacerla y del premio preparado por e
Señor; otras, demostraba cómo la fe sin obras no vale nada, y que es necesario cortar hacer el bien mientras tenemos tiempo. Algunas
exhortaciones dirigidas a los socios giraban sobre la necesidad de formarse un carácter cristiano y religioso, de modo que las palabras y las
acciones estén siempre reguladas por las máximas del Evangelio, y sobre la importancia de emplear afabilidad y dulzura a la hora de
aconsejar en religión; otras veces se refería a los pobrecitos visitados y ((69)) socorridos, inculcando se les recordara que la Divina
Providencia, invocada, acude maravillosamente en ayuda de sus amigos
62

Fin de Página 62

 

VOLUMEN IV Página: 63

que padecen; y la promesa infalible del Señor de que el que sufre resignado con Jesucristo, tendrá parte para siempre en su gloria.

Sus palabras producían un efecto admirable, pues las personas de toda clase y condición, lo mismo del clero que seglares, le
consideraban como un hombre totalmente de Dios, y muchos socios de las Conferencias iban a porfía también para socorrer sus obras.

Pero llegó por fin un día en que ya no se oyó su voz en aquellas reuniones. En los últimos años de su vida se retiró y no apareció más.
Había cumplido su misión, y ya no se necesitaba su labor. Las Conferencias de San Vicente prosperaban maravillosamente. En efecto, en
1900 eran diecisiete en Turín y treinta y una en Piamonte. En cincuenta años habían visitado más de cuarenta mil pobres y les habían
suministrado en limosnas un millón y medio de liras. Don Juan Bautista Francesia preguntó un día a don Bosco por qué no iba ya a las
conferencias generales, contando allí con tantos amigos, y recibió esta respuesta:

-Ya no tengo nada que hacer allí. Ahora sería ir para hacer número.

Rehuía los aplausos con los que seguramente hubiera sido recibido.

Pero sus queridos amigos y bienhechores no le olvidaron, por cierto: el 6 de mayo de 1900 se reunían cuatrocientos socios de la Sociedad
de San Vicente de Paúl en la casa salesiana de Valsálice, para asistir a una devota función religiosa junto a la tumba de don Juan Bosco.
Conmemoraban el quincuagésimo aniversario de la institución de las Conferencias en Turín y en Piamonte. S. E. el Cardenal Richelmy
celebraba la santa misa y distribuía el Pan Eucarístico. Los representantes de las Conferencias eran ((70)) en su mayoría obreros y
agricultores. Se reunieron los socios en una sala de Valsálice para la asamblea plenaria y luego se sentaron juntos a la mesa en alegre
ágape. Se ensalzó repetidamente a don Bosco, cuyos restos mortales debieron regocijarse en medio de aquel triunfo de la caridad.

Todas las frases de este capítulo las hemos recogido de los relatos oficiales de las Conferencias, o de noticias impresas, manuscritas y
orales, de los socios de la Obra de San Vicente, y también de varios antiguos alumnos, que fueron testigos, y nos refirieron cuanto hemos
expuesto.
63

Fin de Página 63

 

VOLUMEN IV Página: 64

((71))

CAPITULO VIII

FIESTAS Y CANCIONES EN EL ORATORIO -DECADENCIA DE LOS ANTIGUOS GREMIOS -SOCIEDADES OBRERAS Y
RELIGIOSAS -SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS FUNDADA POR DON BOSCO -SU REGLAMENTO -GUERRA CONTRA
ESTA SOCIEDAD -BIENES PRODUCIDOS POR ELLA -LAS CLASES OBRERAS: ASPIRACIONES, NECESIDADES,
SEDUCCIONES Y ACCION CATOLICA

LAS fiestas de San Luis y de San Juan Bautista se celebraban en el Oratorio con gran solemnidad desde sus comienzos: resonaban por los
patios los himnos a don Bosco, y llegó hasta nosotros el eco de las antiguas canciones que se siguieron repitiendo durante muchos años.
Son versos vulgares, pero nos resultan tan agradables como los que más tarde escribieron hábiles poetas inspirados por las musas. Por
miedo de que se pasen al olvido, honramos nuestras pobres páginas, con la hermosura de los caros sentimientos de nuestros antiguos
compañeros.

Mostremos en este día
Corazón agradecido
A don Bosco, nuestro guía
Por todo el bien recibido.
Con trompetas y campana
Nuestra fiesta pregonad;
A las gentes más cercanas
Con nosotros invitad.

Y lancemos este grito:
Es don Bosco clara luz,
Providente, que ilumina
A inexperta juventud.
El ayuda al padre pobre,
Da a su hijo pan y abrigo
Y le conduce consigo
Camino de la virtud.

((72))

Todos los necesitados
Vuestros himnos entonad

Fin de Página 64

 

VOLUMEN IV Página: 65

Y entre sones acordados
Este día celebrad.

Ante Dios arrodillados
De corazón supliquemos
Que por años prolongados
Nos lo quiera conservar.

Don Bosco correspondía al cariño de sus muchachos con una nueva muestra de su amor; para juzgar de su importancia hay que
retroceder unos años.

En 1847 existían todavía en Turín restos medievales de las antiguas universidades: gremios de las artes, oficios y profesiones con sus
correspondientes hermandades, y un sacerdote como moderador. Cuidaban las hermandades del alma de los socios, facilitándoles el
cumplimiento de sus deberes religiosos. Las universidades, de lo temporal, preocupándose de la instrucción de los aprendices, buscando
trabajo, estableciendo cajas de ahorro, atendiendo a los enfermos, asistiendo a los ancianos, a las
viudas, a los huérfanos, fijando la pensión para los muchachos tomados a todo servicio precaviendo al público contra los fraudes de
artesanos y negociantes, procurando fondos para las funciones de sus magníficos oratorios.

Pero el espíritu liberal no tardó en contaminar la mayor parte de estas asociaciones, quitándoles el carácter religioso del pasado, y
sustrayéndoles a la dependencia de las autoridades eclesiásticas. Más aún, viose en ellas con frecuencia que los miembros andaban como
divididos en dos categorías: una, la de los liberales, que administraban el patrimonio y las obras de caridad, y otra, la de los hermanos
católicos, que vestían el hábito y asistían a los oficios religiosos.

Juntamente con la decadencia, hija del mal espíritu de estas asociaciones, iban apareciendo varias asociaciones inspiradas por la
masonería, las cuales, bajo el disfraz ((73)) de la caridad o filantropía, ocultaban el torcido propósito de pervertir en sus
reuniones las ideas políticas y religiosas de los socios.

En ellas se contaban fábulas contra la Iglesia Católica, se inventaban, publicaban y difundían historietas infamantes contra obispos,
sacerdotes y religiosos, sin perdonar ocasión para ponerlos sobre ojos ante el pueblo. Parte de éste quedó, en poco tiempo, tan pervertido
de ideas y tan mal impresionado, que un sacerdote ya no andaba seguro por las calles de la misma cultísima ciudad de Turín.

Una de estas asociaciones fue la llamada Sociedad de los Obreros. Algunos de los que ya se habían alistado en ella no tardaron en
65

Fin de Página 65

 

VOLUMEN IV Página: 66

darse cuenta de que habían metido el pie en una trampa, y se dieron prisa para sacarlo a tiempo; pero muchos, por desgracia, siguieron en
ella y muy pronto naufragaron miserablemente sus costumbres y su fe. Los buenos católicos no se habían preocupado todavía de
conquistarse a los obreros, empezando a proteger sus intereses, porque, hasta hacía pocos años, los amparaban los gremios.

Por esto don Bosco, después de haber organizado con la Compañía de San Luis una hermandad, se dio cuenta de que ésta no bastaba de
por sí para unir a los obreros, y que era necesario atraerlos con alguna ventaja material. Entonces, para evitar que los externos del Oratorio
quisieran inscribirse en sociedades peligrosas, proyectó don Bosco establecer una entre ellos, que se preocupara del bienestar material de
sus miembros, mas sin estar ajena a su bien espiritual. A tal fin pensó imponer a los socios la condición de estar previamente inscritos en la
Compañía de San Luis, en la cual se inculcaba la práctica de recibir los sacramentos cada quince días. Empezó, pues, a ((74)) hablar de ello
con los mayores, les explicó el fin, las ventajas y las condiciones, y su proyecto fue acogido con unánime aplauso. Luego les propuso que
una comisión de entre ellos tomara la iniciativa, y lo aceptaron.

La asociación quedó inaugurada en la capilla, el primero de julio de 1850, con el título de Sociedad de Socorros Mutuos y cumplió a
maravilla el fin prefijado. Aquí se ve cómo la primera simiente de las innumerables Sociedades o Uniones de Obreros Católicos, que en
estos últimos años aparecieron por muchas ciudades de Italia, fue arrojada por el mismo don Bosco entre los jóvenes de su Oratorio. Me
parece útil presentar aquí su reglamento, para memoria del hecho y como norma de quien quisiera
instituirla en otra parte, con las modificaciones y añadiduras que los tiempos y las personas requieren.

Precedía al reglamento una Advertencia, con la firma de don Bosco:

"Queridos jóvenes, he aquí un reglamento para vuestra Sociedad. El os servirá de norma, para que la Sociedad se desenvuelva con orden
y provecho. No puedo dejar de alabar, y alabo, vuestro empeño y vuestra diligencia en promoverla. Ella es verdadera prudencia. Depositáis
cada semana cinco céntimos, que se gastan casi sin pensarlo, pero que os producen bastante, si os encontráis necesitados. Tenéis, por tanto
toda mi aprobación.

"Sólo os recomiendo que, al paso que os intereséis por el bien de
66

Fin de Página 66

 

VOLUMEN IV Página: 67

la Sociedad, no olvidéis las reglas de la Compañía de San Luis, que os proporcionan la ventaja principal, que es la del alma.
"Que el Señor infunda en vuestros corazones la verdadera caridad y la verdadera alegría y el temor de Dios acompañen todos vuestros

actos".

Y seguía el reglamento.

1º El fin de esta sociedad es prestar ayuda a ((75)) los compañeros que caigan enfermos o se encuentren necesitados, por hallarse

involuntariamente sin trabajo.

2º Nadie podrá ser admitido en la Sociedad si no está inscrito en la Compañía de San Luis, y el que, por cualquier motivo, dejara de ser
socio de esa Compañía, tampoco será considerado miembro de la Sociedad.

3º Cada socio pagará cinco céntimos todos los domingos y no podrá gozar de los beneficios de la Sociedad, hasta después de seis meses
de haber sido aceptado en ella. Pero, podrá tener inmediatamente derecho a la ayuda de la Sociedad, si, al entrar, paga 1,50 liras, con tal

que entonces no esté enfermo ni sin trabajo.

4º La ayuda para cada enfermo será de cincuenta céntimos diarios hasta su completo restablecimiento.

Si el enfermo estuviere internado en alguna obra benéfica, cesará la ayuda, que no le sería prestada hasta salir de ella en el tiempo de su

convalecencia.
5º Los que sin culpa suya quedaran sin trabajo, empezarán a recibir dicha ayuda ocho días después de estar desocupados. Si el subsidio

debiera sobrepasar los veinte días, tomará el Consejo las oportunas determinaciones para aumentarlo o reducirlo.

6º Se aceptarán con reconocimiento todas las ofertas que se hagan en favor de la Sociedad, y cada año se hará una colecta especial.

7º El que se descuidara en pagar su cuota por tiempo notable, no podrá gozar de las ventajas de la Sociedad, hasta que haya satisfecho la

cuota atrasada, y durante un mes no podrá pretender nada.

8º La Sociedad es administrada por un director, un vicedirector, un secretario, un vicesecretario, cuatro consejeros, un visitador y
sustituto, y un tesorero.

((76)) 9º Todos los administradores de la Sociedad, a más de cotizar con exactitud los cinco céntimos de cada domingo, se preocuparán
de observar las reglas de la Compañía de San Luis, para atender así a su propia santificación y animar a los demás a la virtud.

10º El director nato de la Sociedad es el Superior del Oratorio. Este cuidará que los administradores cumplan su deber, y que se
67

Fin de Página 67

 

VOLUMEN IV Página: 68

atienda la necesidad de los socios, de acuerdo con el presente reglamento.

11º El vicedirector ayudará al director, dará al secretario las órdenes oportunas para las reuniones y expondrá en el Consejo todo lo que
pueda ser ventajoso para la Sociedad.

12º El secretario se cuidará de recoger dominicalmente las cuotas y tomará nota de los que cumplen su obligación, para lo cual usará gran
caridad y cortesía. También es incumbencia del secretario enviar al tesorero las papeletas con el nombre, apellido y dirección del enfermo;
hará constar en el registro todas las determinaciones de alguna importancia tomadas por el Consejo. En todo esto será ayudado por el
vicesecretario, el cual, cuando haya necesidad, hará sus veces.

13º Los cuatro consejeros manifestarán su parecer sobre todo lo que se refiere al bien de la Sociedad y darán su voto, tanto en lo relativo
a la administración de las cuotas como para el nombramiento de cualquier miembro.

14º El visitador nato de la Sociedad es el Director Espiritual de la Compañía de San Luis. Se personará en la casa del enfermo, para
cerciorarse de la necesidad y pasar el debido informe al secretario. Recibida la correspondiente papeleta, la presentará al tesorero, y luego
llevará al enfermo el socorro asignado. Al entregárselo tendrá sumo cuidado de recordarle alguna máxima de nuestra santa religión y de
animarle a recibir ((77)) los santos sacramentos, si la enfermedad se agravara. Le auxiliará en todo esto el sustituto, que pondrá la mayor
diligencia para ayudar al visitador, especialmente en lo de llevar el socorro y consolar a los enfermos.

15º El tesorero cuidará los fondos de la Sociedad y dará cuenta de ello cada tres meses. Pero no podrá entregar dinero a ninguno sin una
papeleta que le pase el visitador, firmada por el director, en la que se declare la verdad de la necesidad.

16º Cada uno de los encargados durará un año en su cargo pero podrá ser reelegido.

17º El Consejo dará cuenta de su administración cada tres meses.

18º Este reglamento empezará a entrar en vigor el primero de julio de 1850.

Se entregó a cada socio, como carnet, un librito titulado Sociedad de Socorros Mutuos, compuesta por algunos socios de la Compañía de
San Luis establecida en el Oratorio de San Francisco
68

Fin de Página 68

 

VOLUMEN IV Página: 69

de Sales. Turín, Tipografía Speirani y Ferrero, 1850. En la portada se leía: "íOh, qué bueno, qué dulce, habitar los hermanos todos
juntos!". (Salmo 133).

Al final del libro iba unido un módulo de inscripción que decía así:

El joven ..........................................................
.
hijo de ..............................................................
.
con domicilio en .........................de oficio ..................
.
fue admitido en la Sociedad el día ...................................
.
de .........................................del año ..................
.

De acuerdo con el Reglamento ha pagado 15 ctms.

EL SECRETARIO EL DIRECTOR

((78)) Esta Sociedad, así organizada, cumplió a las mil maravillas su objetivo, pero suscitó la ira de los que ponían todo su esfuerzo en
corromper al pueblo y contar con él para determinadas ocasiones.

Escribía José Brosio a don Juan Bonetti: "Frente a la puerta de entrada de nuestra iglesita de Valdocco, y separada del patio por una
tapia, estaba la taberna La Jardinera. Era un refugio de ladrones y escondrijo de tunantes. Allí se reunían zánganos, jugadores, borrachines,
músicos ambulantes, domadores de osos, ociosos de todo género, y con ellos los miembros de las sociedades obreras liberales, que
entonces empezaban, y cuya sede principal estaba en el callejón de Santa María, en una cantina subterránea. Los cabecillas secretos de esta
sociedad eran algunos protestantes y ciertos señores de pésima conducta. Hasta entonces las orgías de los antiguos clientes de La Jardinera
estorbaban ciertamente, pero no eran abiertamente hostiles al Oratorio. Mas aquel año los alborotos, a la hora de las funciones religiosas,
pretendían hacer rabiar a don Bosco y mofarse de él con palabrotas vulgares. Aquella gente estaba pagada por los agitadores para descargar
su rabia sobre el Oratorio.

"Don Bosco veía la necesidad de alejar de Valdocco aquella batería avanzada del demonio; pero no era empresa fácil, por lo cuantioso de
los gastos, y lo peligroso de ofender a aquella gentualla, dispuesta a cualquier violencia antes que permitirle la ocupación de una casa que
consideraban totalmente suya.

"Don Bosco tuvo de ello pruebas bien amargas en varias ocasiones. Un día le llamaron a la sacristía, donde le esperaban varios
69

Fin de Página 69

 

VOLUMEN IV Página: 70

hombres y él acudió enseguida creyendo que querían confesarse. Apenas entró, cerraron ellos la puerta. Entonces varios ((79)) muchachos
mayores, entre ellos Buzzetti y Arnaud, sospechando alguna trampa, entraron en el presbiterio y desde allí estuvieron escuchando y
mirando por la cerradura de la puerta que daba a la sacristía. Al cabo de un rato oyeron palabras fuertes y acaloradas de aquellos malvados,
que habían ido para discutir con don Bosco. Con pocas palabras los acalló y como no sabían qué responderle, empezaron a soltar
rabiosamente mil insultos. Trataba don Bosco de calmarlos, pero ellos se enfurecían más y sacaron las navajas. Entonces, los jóvenes
apostados, hicieron ruido, derribaron la puerta y aquellos desgraciados escaparon por la que daba al patio.

"Entre tanto, había ciertas deserciones misteriosas de muchachos mayores, pertenecientes a nuestra Sociedad de Socorros Mutuos, sin
que se supiera la razón. Cuando he aquí que un día dos señores, elegantemente vestidos, me detuvieron. Hablaban en francés, lengua que
yo conocía bien, y después de una franca conversación me ofrecieron una gran cantidad de dinero, cerca de seiscientas liras, con la
promesa de que me procurarían un pingüe empleo, si abandonaba el Oratorio y arrastraba conmigo a mis compañeros, sobre los cuales
estaban informados de que yo tenía gran influencia. Me indigné ante el ofrecimiento y, con pocas palabras, les respondí: -íDon Bosco es m
padre; no lo abandonaré ni le traicionaré, por todo el oro del mundo!-Aquellos señores, que según supe después, eran el alma de aquel
conventículo obrero, no se ofendieron; me rogaron que lo pensara bien y, a intervalos, renovaron varias otras veces su oferta de dinero, que
yo siempre rechacé. Entonces me di cuenta de que el vil metal había seducido a algunos desgraciados compañeros para abandonar el
Oratorio.

"Yo le conté todo solamente a don Bosco, y creímos prudente guardar secreto para no ((80)) despertar la codicia del que no estuviera
firme en la virtud, y al mismo tiempo rezar, redoblar la vigilancia y aumentar los atractivos del Oratorio".

Pero, a pesar de esta guerra, la Sociedad obrera de don Bosco aumentó en número durante varios años y excepcionalmente se admitieron
en ella algunos artesanos de la ciudad, cristianos excelentes, para que su ejemplo sirviera de norma a los principiantes. En 1856 la
Sociedad estaba floreciente y el mismo Juan Villa quiso inscribirse, invitado por su compañero Gravano. En 1857 la Sociedad se trocó en
Conferencia y, con sede en el Oratorio, fue agregada a las de San Vicente de Paúl durante bastante tiempo.
70

Fin de Página 70

 

VOLUMEN IV Página: 71

Don Bosco se había metido también en esta institución, atraído por otros dos motivos importantísimos. Era él uno de los pocos que
comprendieron desde el principio, y lo dijo mil veces, que el movimiento revolucionario no era una borrasca pasajera, porque todas las
promesas hechas al pueblo eran deshonestas, y muchas respondían a las aspiraciones y libertades vividas de los proletarios. Deseaban
conseguir igualdad para todos, sin distinción de clases mayor justicia y mejora de las condiciones de vida.

Veía, por otra parte, que las riquezas empezaban a convertirse en monopolio del capitalismo sin entrañas de compasión; que los amos
imponían al obrero, aislado y sin defensa, contratos injustos sobre salarios y duración de la jornada; que la santificación de las fiestas era
con frecuencia totalmente imposible, y que todas estas causas debían surtir los tristes efectos de la pérdida de fe de los obreros, la miseria
de sus familias y la adhesión a las máximas subversivas.

Por todo esto, consideraba como medio necesario para guiar y refrenar a la clase obrera, que el clero se interesara por ella. El no podía
dar a la Sociedad de Socorros Mutuos el ((81)) desarrollo que requerían las necesidades del tiempo, aunque tuviera en programa abrir un
gran número de hogares para los jóvenes artesanos. Pero preveía que la dirección, la vigilancia de los registros y las cantidades entregadas,
la administración, la distribución de los socorros, a la larga, no le serían posibles. Aguantó, fue adelante; mas, al fin, tuvo que detenerse,
tanto más cuanto que su empresa no fue secundada por quien no podía hacerlo; peor aún, no estaba exenta de críticas. Fue mérito suyo sin
embargo, haber dado el primer impulso y el modelo para tantas otras asociaciones de obreros católicos, destinadas a mejorar sus
condiciones, satisfacer sus justas exigencias y sustraerlas así a la tiránica influencia de los revolucionarios.

La primera de las Uniones obreras católicas establecida en Italia, fue la de Turín, en 1871, por el empuje de un puñado de jóvenes
generosos. Desgraciadamente las sectas ya habían reunido a los obreros y establecido entre ellos, para provecho propio, el socorro mutuo;
al fin, más vale tarde que nunca. Aquellas cristianas asociaciones crecieron en número por todo el Piamonte y otras partes de Italia y
tuvieron un asesor eclesiástico, con gran provecho para la causa católica y satisfacción de don Bosco. Varias de ellas le proclamaron, con e
correspondiente diploma, su Presidente Honorario. El Espíritu del Señor aleteaba sobre el mundo y proveía con nuevas instituciones a las
nuevas necesidades. El sacerdote Kolping fundaba en Alemania la Sociedad Católica de muchachos aprendices, los
71

Fin de Página 71

 

VOLUMEN IV Página: 72

cuales, con sede propia en muchas ciudades, llegan hoy a decenas de millares. Francia daba también noble ejemplo; ricos industriales
concurrieron generosamente e introdujeron en sus inmensos talleres el bienestar de un trabajo remunerado cristiano y sin angustias para el
porvenir. Entre otros León Harmel, llamado Le bon pèree, el padre del obrero, íntimo amigo de don Bosco por su coincidencia de
sentimientos.

Fin de Página 72

 

VOLUMEN IV Página: 73

((82))

CAPITULO IX

UN REGALO DEL PAPA A LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO -LA FIESTA DE LOS ROSARIOS -ARTICULO DE UN DIARIO
CATOLICO -CARTA DEL CARDENAL ANTONELLI -INDULGENCIAS

MIENTRAS en Valdocco se quería mucho al sacerdote, en otras partes se recrudecía la animadversación contra la Iglesia. Benedicto XIV
había concedido al Piamonte, como Vicario perpetuo, algunos feudos eclesiásticos, con la obligación de pagar cada año a Roma, el 28 de
junio, un cáliz de dos mil escudos: el pacto fue confirmado en solemne convención el 5 de enero de 1740, y siempre se cumplió.

En 1850 no se quiso pagar el cáliz, porque el Estado se proclamaba dueño de todo y la Iglesia una asociación sin derecho alguno. Pero el
angélico Pío IX, aunque por tantos modos ofendido, amaba a los piamonteses y ofrecía a los hijos de don Bosco una nueva ocasión de gran
regocijo. Recordarán los lectores que, cuando el Papa desterrado recibió el pequeño óbolo de treinta y tres liras, lo puso aparte, para hacer
de él a su tiempo, como dijo, un uso particular. Durante su estancia en Gaeta, el Santo Padre habló varias veces de aquella ofrenda y con
gran complacencia la mostró a algunos viajeros, que habían ido a cumplimentarle. Pues bien, un día llamo al eminentísimo cardenal
Antonelli, tomó aquella pequeña cantidad, añadió lo que era ((83))
necesario, y le dijo: "Mandad comprar con este dinero los rosarios que os den por él". Se cumplió enseguida el encargo y se compraron
sesenta docenas, envueltas en dos grandes paquetes. Cuando los tuvo Pío IX, los bendijo, y por su mano los entregó a su Eminencia,
diciendo: "Enviad estos rosarios a los aprendices del sacerdote Bosco y sean ellos una prueba de amor del padre a sus hijos". El cardenal
Antonelli, apenas recibió el augusto encargo, envió el regalo al Nuncio Apostólico de Turín, acompañado de la siguiente carta:
73

Fin de Página 73

 

VOLUMEN IV Página: 74

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Con el recuerdo de cuanto comunicaba a V. S. Ilustrísima y Reverendísima en mi despacho el 14 de mayo del año pasado, remítole, por
medio del Cónsul General Pontificio de Génova, dos paquetes de rosarios bendecidos por su Santidad, para distribuirlos a los buenos
aprendices del sacerdote Bosco.

Hubiera querido enviar antes este obsequio del Santo Padre, pero muchos y graves asuntos me lo han impedido.

Tenga la bondad de procurar se agradezca el regalo que de tan alto viene, y con las muestras de la más distinguida estima, me repito,

De V. S. Ilustrísima y Reverendísima.

P_rtici, 2 de abril de 1850

G. Card. ANTONELLI
Quien considere que el Papa es la persona más excelsa y venerada de la tierra, quien se fije en los incontables y gravísimos asuntos que
Pío IX llevaba entre manos por aquellos días, no tardará en reconocer que esta ((84)) delicadeza en favor de unos pobres muchachos tenía
un valor incalculable. Por eso, cuando don Bosco les anunció que el amabilísimo Pontífice, antes de dejar su destierro, no solamente se
había acordado de lo poco que ellos significaban, sino que les había mandado un regalo, sus
corazones juveniles rebosaron de alegría y les parecía que tardaba mil años en llegar a su poder. Bien ponderado lo singular del caso, don
Bosco, que volvía de unos Ejercicios en San Ignacio, predicados por el párroco de San Dalmacio de Turín, las instrucciones, y por el
Vicario General de Fossano las meditaciones, determinó distribuir los rosarios con toda solemnidad, celebrando una fiesta especial para
perpetuo recuerdo. Quiso don Bosco recordar, además, el hecho escribiendo y publicando un librito que tituló: Breve reseña de la fiesta
celebrada para distribuir el regalo de Pío IX a los jóvenes de los Oratorios de Turín. Turín 1850. Tipografía Herederos Botta.

Llegó, pues, el domingo 21 de julio; la iglesia estaba adornada como en las fiestas. Por la tarde se reunieron los muchachos de los tres
Oratorios en el de San Francisco de Sales. Aunque muchos de ellos quedaron fuera de la capilla, ésta estaba completamente llena. José
Brosio, el bersagliere, guardaba el orden con su "batallón armado". El distinguido padre Barrera, de la Doctrina Cristiana, orador de altos
vuelos, pronunció un hermosísimo discurso de ocasión.
74

Fin de Página 74

 

VOLUMEN IV Página: 75

Su palabra clara y persuasiva, las afectuosas expresiones que empleó al hablar del supremo Pastor de la Iglesia, cautivaron la atención de
los muchachos y les conmovieron profundamente. Les dijo, entre otras cosas: ""Sabéis, querido muchachos, por qué Pío IX os mandó este
regalo? Yo os lo diré: Pío IX es todo amabilidad con los muchachos; antes de ser Papa, los instruía de mil modos, los educaba y los guiaba
por el sendero de la virtud. Os manda un rosario, porque, cuando no era más que un sencillo ((85)) cristiano, ya era devotísimo de María
Santísima. Yo, yo mismo le vi muchas veces, en público y en privado, dando muestras extraordinarias de devoción a la Madre de Dios".

Después del sermón y de recibir la bendición con el Santísimo, desfilaron los muchachos ante el altar, y fueron recibiendo un rosario de
manos del canónigo José Ortalda, que los distribuía ayudado por el teólogo Simonino y el padre Barrera. Las cuentas del rosario eran rojas
engarzadas con alambre de metal blanco. Además de los jóvenes, entre los cuales estaban Miguel Rúa y Ascanio Savio, se encontraban
también algunos sacerdotes y otros adscritos al Oratorio. Era un espectáculo edificante ver acercarse a todos con respeto y considerarse
afortunados al tener un objeto regalado por el Vicario de Jesucristo. Dado el número de los que acudieron, no bastaron los rosarios
mandados por el Papa. Hubo que comprar algunos centenares más en Turín y distribuirlos con los otros, para no dejar descontento a
ninguno.

Después de la distribución, y ya fuera de la iglesia, un muchacho se presentó ante los ministros sagrados, cercados por varios
distinguidos personajes, y, en nombre de sus compañeros, dijo así:

Ilustrísimos Señores:

"Si un príncipe, un rey, un emperador, dirigiendo bondadoso su mirada a uno de sus súbditos, se dignara hacerle un regalo, sería, un
favor tan grande que el afortunado súbdito quedaría satisfechísimo y honrado sobre manera.

"Pero que el sucesor del Príncipe de los Apóstoles, el Jefe de la Religión Católica, el Vicario de Jesucristo, en medio de las múltiples
atenciones que debe emplear para regir y gobernar todo el mundo católico, nos dedique un ((86)) momento a nosotros pobres aprendices,
ísí! es una dignación tan grande, que nos confunde y, en nuestra poquedad, no somos capaces de hablar más que con los afectos de la
gratitud.
75

Fin de Página 75

 

VOLUMEN IV Página: 76

"Mas, si en nuestra poquedad, pudiéramos hacer llegar nuestra voz a los oídos de un buen Padre, nos atreveríamos a dar desahogo a
nuestro corazón, diciéndole: Beatísimo Padre, comprendemos la alta procedencia y la magnitud del regalo que nos habéis hecho y
conocemos, al mismo tiempo, el deber de gratitud que nos obliga. Pero, "cómo cumplirlo? "Con dinero? No, ni podemos ni Vos lo deseáis
"Con un elegante discurso? No somos capaces de hacerlo. íAh, sí! Sabemos muy bien, Beatísimo Padre, lo que Vos queréis.

"El amor de padre os ha llevado a acordaros de nosotros, y nosotros, como amantes hijos, guardaremos todo nuestro amor para Vos y
para Dios, a quien representáis en la tierra. Que jamás se abran nuestros labios para pronunciar una palabra que pueda desagradar a tan
buen bienhechor, que jamás conciba nuestra mente un pensamiento indigno de la bondad de tan tierno Padre.

"El deseo de que progresemos en la virtud, os impulsó a acordaros de nosotros, y nosotros os aseguramos que, unidos estrechamente a la
divina religión, de la que sois Jefe supremo, sabremos sostenerla, dispuestos a perderlo todo, aún la vida, antes que vivir separados de ella
por un solo momento.

"Por lo demás, dejando a la sublime sabiduría de Vuestra Santidad suplir nuestra insuficiencia, declaramos unánimes que, reconociendo
en Vos al sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Cabeza de la Iglesia Católica y única y verdadera Religión, a la que quien rehúsa estar
unido perece eternamente, ((87)) suplicamos a Vuestra Santidad se digne añadir un nuevo beneficio, impartiendo a estos vuestros humildes
hijos la bendición apostólica.

"De este modo, recordando siempre este afortunado día, conservaremos todo el tiempo de nuestra vida vuestro hermoso y querido regalo
y en nuestra última hora, nos será grato decir: el Vicario de Jesucristo, el gran Pío IX, en un rasgo de su inmensa bondad, me regaló un
rosario que lleva pendiente un crucifijo al que beso con devoción por última vez, mientras expira mi vida en paz.

"Y vosotros, ilustrísimos señores, si de algún modo podéis hacer llegar estos nuestros sentimientos al supremo Jerarca, os quedaremos
para siempre reconocidos ante Dios y ante los hombres, dándoos por ello las más sinceras y rendidas gracias".

Después de estas palabras, unos muchachos ofrecieron un ramillete de flores, mientras los demás cantaban alegremente:
76

Fin de Página 76

 

VOLUMEN IV Página: 77

Rogamos aceptéis,
De gratitud en prenda
Que tanto merecéis,
Señores, nuestra ofrenda.

Al despuntar el día
Las hemos recogido
Con plácida alegría
En el jardín florido.

Aceptadlas, señores,
Que en este fausto día
El don nos entregáis
Que el Papa nos envía.

De Pío el amor tierno
Jamás olvidaremos;
Y fe y amor eterno
Por él siempre tendremos.

((88)) Terminado el canto, se oía por todas partes: íVIVA PIO IX, VIVA EL VICARIO DE CRISTO! y no se hubieran terminado los
aplausos, si el bersagliere no hubiese sonado la trompeta, llamando a los compañeros a la diversión de las maniobras militares. Para dar
más variedad a la fiesta se simuló una batalla, o sea, la defensa y asalto de una fortaleza rodeada de pequeños montículos, que
representaban los baluartes. Defensores y asaltantes desplegaron tanta energía, agilidad y obediencia a las órdenes de los comandantes, que
los invitados quedaron muy satisfechos. Un general del ejército que asistía, exclamó: -Los muchachos de don Bosco serían capaces de
defender la patria.

La fiesta de los rosarios hizo mucho ruido en Turín. Por todas partes se hablaba de ella: se ensalzaba hasta las nubes la bondad de Pío IX
y crecía la estima de los Oratorios festivos, tan favorecidos y bendecidos por el Papa. También se ocuparon de ella los periódicos: uno de
los más acreditados publicó un artículo tan bien concebido que faltaríamos al deber de historiadores, si no lo presentáramos. Helo, pues,
aquí:

"Un nuevo rasgo, decía Armonía del 26 de julio de 1850, un nuevo rasgo de generosidad acaba de mostrar al mundo, que el corazón tan
aplaudido del Vicario de Jesucristo sigue siendo el mismo. Se trata del regalo que ha querido hacer a los muchachos de los tres Oratorios
de esta capital. Confiamos que no desagradará a los lectores conocer algunos detalles.

Es por demás sabido que algunos celosos sacerdotes están renovando entre nosotros los ejemplos de Vicente de Paúl y Jerónimo
77

Fin de Página 77

 

VOLUMEN IV Página: 78

Emiliani. Se dedican a salvar de los peligros de calles y plazas a todos los chiquillos que, abandonados a sí mismos, emplearían
inútilmente, por no decir ((89)) malamente, el día festivo: los reúnen en un lugar a propósito para instruirlos en las verdades religiosas, en
lo más necesario para la vida de sociedad y entretenerlos durante el día en honestas diversiones. Esta obra caritativa, que tuvo comienzos
humildísimos, ha sido bendecida por el Señor y crece sin cesar. No cuenta todavía dos lustros de vida y ya pasan del millar los muchachos
que acuden asiduamente a ella. Como no bastaba un solo centro para dar cabida a todos, se han abierto tres en los principales puntos de la
ciudad. El Senado del Reino, por deliberación unánime, ha instado al Gobierno del Rey para que sostenga una institución tan benemérita
de la religión y de la socidad. Y el Municipio ha enviado una Comisión para reconocer el bien que en ella se hace y ayudarla.

Finalmente, el mismo sumo Pontífice Pío IX, que desde su alto trono pontificio contempla tan paternalmente las pequeñas obras de
beneficencia cristiana como las grandes, se ha complacido en bendecirla y promoverla de este modo.

Cuando el glorioso Sucesor de San Pedro estaba desterrado en Gaeta, los fieles, imitando lo que hacían los primeros cristianos con el
Príncipe de los Apóstoles, iban a porfía no sólo en elevar fervorosas preces al Altísimo para que aliviara sus sufrimientos, endulzara las
amarguras del destierro y los restituyera pronto a su sede, sino que, además se preocupaban según sus fuerzas, de suministrarle los medios
materiales, que le eran indispensables para llevar una vida menos dura en tierra extraña. No fueron los últimos de ellos los muchachos de
los tres Oratorios de Turín. Pusieron su óbolo en manos del sacerdote Juan Bosco (así se llama el celoso eclesiástico que dirige esta obra),
rogándole lo hiciese llegar al Santo Padre por medio de S. E. Nuncio Apostólico.

((90)) Pío IX, a imitación de Aquel a quien representa en la tierra, vio, en la pequeña pero generosa ofrenda, los dos centavos de la viuda
del Evangelio, y dijo: -Es éste un don demasiado precioso para que se gaste como los demás; debe ser tenido como un grato recuerdo. Y
diciendo esto, escribía sobre él el nombre de los donantes y lo guardaba aparte. Al volver a verlo, en circunstancias menos angustiosas, dio
orden de que compraran dos grandes paquetes de rosarios con una crucecita colgante y,
bendecidos por su propia mano, los envió al mencionado sacerdote, para que los distribuyera a los muchachos de los Oratorios.
78

Fin de Página 78

 

VOLUMEN IV Página: 79

Este acto se realizó el domingo pasado, veintiuno de julio, en el Oratorio central, emplazado en la zona de Valdocco.

Reunidos todos, el benemérito Padre Barrera, con ese su decir claro y fervoroso, que ilumina la mente y arrebata el corazón, les explicó
el precioso regalo. Empezó aludiendo al hecho bíblico del joven Daniel y sus compañeros que, frente a todas las maquinaciones de
seducción empleadas con ellos por la corte del rey de Babilonia, quisieron mantenerse fieles a la religión y a las leyes de sus padres, por lo
que alcanzaron de Dios un premio temporal como prenda y arras del eterno.

-Así vosotros, continuaba, por haberos conservado fieles a la religión de Jesucristo, amantes de su Vicario, no sólo en la prosperidad,
sino también en la situación adversa, sin prestar oídos a seducidos y seductores, que se empeñaban en aconsejaros lo contrario, merecisteis
esta dulcísima muestra que os manda el Redentor por medio de su Vicario.

Pasó luego, a razonar el regalo: recordó ligeramente cómo los antiguos romanos acostumbraban coronar con laurel a los que de un modo
heroico se habían distinguido prestando ayuda o salvando a los conciudadanos, e hizo ver cómo Pío IX, al regalarles aquel rosario, trataba
de coronar el valor que ellos habían desplegado: que lo tuvieran en ((91)) gran aprecio, que se sirvieran de él para cobrar ánimos en toda
suerte de luchas que tuvieran que sostener por la causa de Dios y, al mirar la crucecita que
llevaba colgada, recordaran que sólo el padecer con Cristo abre el camino a la gloria que El nos ha merecido.

La brevedad de un artículo no nos permite reproducir todo el discurso, singularmente cómo trató su tema predilecto, la devoción a la
Virgen María, y cómo les recordaba, para exhortarles a amarla cada día más, el ejemplo del amado Pontífice, que desde los más tiernos
años había sido su gran devoto.

Era un espectáculo conmovedor contemplar a tantos jovencitos atentísimos y pendientes de los labios del fecundo orador y sorbiendo
ávidamente sus palabras. Su modo de hablar emocionaba los corazones juveniles, sobre todo cuando les decía:

-Amor con amor se paga; pensad en el amor que os ha tenido Pío IX: entre tantos hijos como cuenta, desde donde nace el sol hasta su
ocaso, en medio de tantas ocupaciones como asedian continuamente su corazón, se acordó de vosotros, os envió un regalo; debéis quererle,
íquererle mucho!, pues quien está con él está con Cristo; por tanto, prometedle, juradle amor y fidelidad hasta la muerte.
79

Fin de Página 79

 

VOLUMEN IV Página: 80

Aunque al oír aquellas expresiones, los labios de los muchachos permanecían mudos, hablaban claramente sus rostros inflamados, su
mirada, las lágrimas que a muchos se les escapaban de los ojos, de modo que uno podía cerciorarse de que el Sumo Pío era correspondido
con ardiente amor por aquellos corazones. Apenas terminado el sermón, rezaron agradecidos, en alta voz, a Jesús Sacramentado por el
Sumo Pontífice, por el Soberano y la familia real y por todos sus súbditos. Recibieron la bendición con el Santísimo, y, a continuación,
fueron pasando ante el altar, donde les entregaban el regalo de Pío IX.

((92)) Era hermoso ver cómo al tener en sus manos el rosario lo besaban y lo estrechaban al corazón.

Salieron del templo: una compañía de la milicia ciudadana, formada en el mismo Oratorio, que había guardado el orden durante la
función, ejecutó algunas evoluciones militares; un coro juvenil cantó un himno de gratitud al inmortal Pontífice, mientras resonaban por
los aires alegres vivas que llevaban a los cielos el nombre venerado del Vicario de Jesucristo.

Así se cerraba una alegre fiesta familiar promovida por el Padre de los creyentes. Las muchas personas eclesiásticas y seglares que
habían acudido a presenciarla, al ver tan profundamente arraigada la religión en aquellos tiernos corazones, auguraban grandes bienes para
la misma, y a nosotros, que también nos encontrábamos allí, nos parecía ver cumplido aquel versículo del salmo: Ex ore infantium et
lactentium perfecisti laudem propter inimicos tuos, ut destruas inimicum et ultorem. (Por la boca de los niños y lactantes afirmas tú tu
fortaleza frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes) 1".

Hasta aquí el egregio periódico.

Algún tiempo después de la fiesta de los rosarios, don Bosco envió al Santo Padre, por medio del cardenal Antonelli, la expresión de su
gratitud y la de sus hijos por el regalo recibido, acompañada de la relación de la fiesta. Su Eminencia, después de haber informado a Pío
IX, comunicaba a don Bosco la augusta satisfacción del Pontífice y le daba las gracias con esta afectuosa carta:

Ilustrísimo Señor:

Informé al Santo Padre del contenido del escrito de V. S. Ilma. del

1 Salmos, VIII, 3.
80

Fin de Página 80

 

VOLUMEN IV Página: 81

veintiocho del mes pasado, expresando los sentimientos de su gratitud y la de sus alumnos por el regalo de los rosarios bendecidos. Su
Santidad experimentó verdadera satisfacción, y espera que los muchachos, confiados a sus cuidados, prosigan por el sendero de la virtud.

((93)) Acogió además benignamente la súplica que V. S. me incluía, la cual sigue su curso 1.

1 Las concesiones otorgadas a don Bosco por la Autoridad Eclesiástica de Turín y por la Santa Sede hasta el 1850, eran personales. El
Director del Oratorio las comunicaba, con limitaciones y a las personas a quienes habían sido concedidas. La concesión siguiente es la
primera otorgada al Superior de la Congregación Salesiana. Es la primera vez que don Bosco, en la súplica al Papa, habla de Congregación
de San Francisco de Sales, bajo cuyo nombre estaban incluidos todos los que dirigían los Oratorios
y que, sacerdotes o seglares trabajaban en favor de los muchachos que los frecuentaban. Roma aceptaba esta denominación.

Beatísimo Padre:

El sacerdote turinés Juan Bosco respetuosamente expone a Vuestra Santidad que en esta ciudad ha sido erigida legítimamente una
Congregación bajo el título y protección de San Francisco de Sales, de la que él es Director, y que no tiene más fin que el de instruir en la
religión y en la piedad a la juventud abandonada. Suplica a Vuestra Santidad se digne otorgarle las siguientes gracias espirituales:

1º Indulgencia Plenaria a ganarse por todos los que se inscriban en la mencionada Congregación, previa confesión sacramental y
comunión;

2º Igualmente, el día de la fiesta del Santo, a los Adscritos, que en ese día se acerquen a los santos sacramentos;

3º Indulgencia Plenaria en la solemnidad de la Asunción de María Santísima, para todos los Adscritos que, confesados y comulgados,
rueguen por la gloria y exaltación de la Santa Madre Iglesia;

4º Indulgencia Parcial de 300 días, a lucrar por todos que, aunque no estén adscritos, toman parte en la procesión que en honor del
mencionado santo, suele hacerse el primer domingo de cada mes.

Ex audientia S. S. Die 28 de septembris 1850

Sanctissimus Dominus Noster Pius Providentia Papa IX Oratoris precibus per me infrascriptum relatis benigne annuit juxta petita absque
ulla Brevis expeditione.

DOMINICUS FIORAMONTI
SS. D. N. S. ab Epistolis Latinis

De la audiencia de S. S. -28 de septiembre de 1850

Nuestro Señor Santísimo Pío por la Divina Providencia Papa IX, a ruegos del solicitante por mí referidos, consintió benignamente según
la petición, sin ninguna expedición de Breve.

DOMINGO FIORAMONTI
SS. D. N. S., para las Cartas Latinas

En la audiencia del veintiocho de septiembre, Su Santidad, queriendo dar una muestra de su paternal afecto a los muchachos que
frecuentan los Oratorios de la ciudad de Turín, extendía de palabra a la Compañía de San Luis las mismas indulgencias concedidas a la
Congregación

Fin de Página 81

 

VOLUMEN IV Página:

Fin de Página 81

 

VOLUMEN IV Página: 82

He recibido los ejemplares enviados del folleto publicado en la misma ocasión, y agradezco su cortesía. Esperamos que el Señor, movido
también por las oraciones que continuamente se elevan en los Oratorios por V. S. dirigidos, se digne conceder a la Iglesia días mejores.

Con esta confianza tengo la satisfacción de confirmarle mi más sentida estima.

De V. S. Ilma.

Roma, 13 de septiembre de 1850

Afmo. Servidor
SANTIAGO, Card. ANTONELLI

((94)) Son éstas una prueba bien clara de la inmensa bondad el Romano Pontífice para con don Bosco y sus jovencitos.

De este modo la Iglesia, ya desde entonces, manifestaba su conplacencia por una obra, que prometía llegar a ser altamente ventajosa para
la sociedad civil y para la religión católica.

de San Francisco de Sales, y esta extensión de gracias la comunicaba al Relator en una carta a don Bosco, juntamente con el Rescripto. El
Papa, además, había otorgado indulgencia plenaria a los que dedicaran seis domingos seguidos en honor de San Luis; y estos domingos
podían escogerse antes o después de la fiesta del Santo, o en el curso del año. Esa indulgencia se puede ganar en cada uno de esos
domingos con tal de que se reciban los Santos Sacramentos y se practique aquel día algún acto de piedad. Asimismo concedía 300 días de
indulgencia a todos los fieles que asistieran a la procesión mensual en honor de San Luis y en el día de la fiesta del santo titular de cada
Oratorio. Todas esas indulgencias eran concedidas para siempre.
82

Fin de Página 82

 

VOLUMEN IV Página: 83

((95)
)

CAPITULO X

MUERTE DEL CABALLERO SANTAROSA -EXPULSION DE LOS SERVITAS -MONSEÑOR FRANSONI EN FENESTRELLE
CONDENA DE OTROS OBISPOS -REGISTROS A LOS OBLATOS Y TUMULTOS POPULARES -DON BOSCO Y LOS
OBLATOS -MANIFESTACION CONTRA EL ORATORIO DESHECHA -RESTITUCION A LOS SERVITAS DE LOS BIENES
ARREBATADOS POR EL FISCO -HEREJIA DE GRIGNASCHI -DON BOSCO LE VISITA EN LA CARCEL DE IVREA

DECIA monseñor Fransoni en Pianezza al Padre Carlos Baima, Superior de la Orden de los Siervos de María que había ido con él:

-La hidra se ha soltado, se verán cosas tristes; el plan está dispuesto y los medios preparados.

Después, aludiendo a la expulsión de los hijos de San Ignacio, continuaba:

-Primero Jesús (los jesuitas), después María (los servitas) y finalmente todos los demás santos (las órdenes religiosas), y yo... yo también
tendré que ir al destierro. íYa lo veréis!

Y las tristes previsiones se cumplieron, recrudeciendo en don Bosco y en sus jovencitos los sufrimientos pasados.

Uno de los que votaron la ley Siccardi, incurriendo en excomunión, fue el Caballero Pedro Derossi de Santarosa, ministro de agricultura
y comercio. Era feligrés de la parroquia de San Carlos, regida por los siervos de María, ((96)) de la que era párroco, superior y provincial e
Padre Buonfiglio Pittavino, religioso de gran bondad de corazón, unida a una fidelidad inquebrantable a su deber. A fines de julio, caía
gravemente enfermo Santarosa y pidió los sacramentos. Se confesó, sí; mas he aquí que, para recibir el Santo Viático, el párroco le exigía
una retractación del mal obrado contra la Iglesia. Santarosa se resistía; a última hora se rindió, pero moría la tarde del cinco de agosto sin
haber podido ser viaticado.

Parientes, amigos, ministros, senadores, diputados, entre los cuales el conde Camilo de Cavour, periodistas y vendedores de diarios
alborotados gritaban contra la intolerancia del Párroco y del Arzobispo
83

Fin de Página 83

 

VOLUMEN IV Página: 84

y les acusaban de haber violentado la conciencia del difunto. Una turba de zánganos y asalariados, casi todos desterrados de los varios
Estados de Italia, voceaban por las plazas, asaltaban el convento de los Servitas y con palabras salvajes amenazaban matar al Párroco. Poco
faltó para que no lo hicieran pedazos. Durante el entierro no cesaron de injuriarle y amenazarle. Los gritos y silbidos eran constantes y tan
fuertes que ahogaban el canto del Miserere.

El siete de agosto eran expulsados del Convento el Padre Pittavino y todos los religiosos. El Gobierno se apoderaba del mismo y,
haciendo subir a los religiosos a unos carruajes, ya preparados y escoltados por los carabineros, les condujeron, a Alessandria unos, y a
Saluzzo otros.

Después de los Siervos de María, le llegó el turno a monseñor Fransoni. Al día siguiente de la muerte de Santarosa, se presentó en
Pianezza, donde se encontraba el Arzobispo descansando, el conde Ponza de San Martín con el caballero Alfonso La Mármora, ministro de
la guerra. Iban en nombre del Gobierno y le pedían su renuncia al arzobispado. El respondió con entereza que no lo hacía y, con palabra
franca, añadió:

-"Me tendría por un cobarde, si en los ((97)) críticos momentos que atraviesa la Religión, renunciara a la diócesis".

Y he aquí que, al día siguiente, siete de agosto, se presentan los guardias en Pianezza y le llevan prisionero a la fortaleza de Fenestrelle,
sobre los Alpes, donde reina un largo y riguroso invierno con vientos, nieves y nieblas espantosas. El gobernador Alfonso de Sonnaz le
recibió cortésmente, pero se vio obligado a encerrarle en unas pocas habitaciones y vigilarle estrechamente. El Ministerio no le permitió
confesarse con uno de los capuchinos capellanes del castillo. Poco después quitaban al teólogo Guillermo Audisio, célebre por la
educación que daba al clero, la presidencia de la Academia de Superga, como castigo por escribir en Armonía; la Academia quedó desde
entonces sin alumnos. Al mismo tiempo, el arzobispo de Sássari era condenado, por la ley
Siccardi, a un mes de cárcel, que pasó encerrado en su palacio, por estar enfermo; y el arzobispo de Cágliari, despojado de sus rentas y
expulsado del reino, era conducido por la fuerza a Civitavecchia.

Una parte de la población de Turín estaba fuera de sí por el miedo, otra perturbada por las inventivas de los periódicos y las horribles
narraciones de las calumnias que se propagaban. Un ciego iba cantando, en medio de la chusma, por calles y plazas, al son de su guitarra,
una canción llena de injurias contra monseñor Fransoni.
84

Fin de Página 84

 

VOLUMEN IV Página: 85

El 12 de agosto de 1850 se presentaba solemnemente el Jefe de Policía con doce guardias a registrar la casa de los Oblatos en Ntra. Sra.
de la Consolación de Turín, en busca de pruebas de la culpabilidad de Fransoni, pero no encontró nada. Se pretendía que los Oblatos eran
sus cómplices contra el Estado. La plebe de siempre armaba tumultos, pues corrían voces de conjuras tan furibundas, que hubo de
aumentarse el número de policías y carabineros, y llamar al ejército y, por último, a la guardia nacional,
((98)) sin disolver la aglomeración de la chusma y de tunantes. Al atardecer llegó a tal punto el tumulto, que la policía tuvo que emplear la
fuerza para contener la avalancha de la multitud. Entonces, el Jefe de Policía se presentó ante la puerta del Convento y leyó una
declaración, en la que constaba que, cumplidas las más minuciosas pesquisas, no se había encontrado el menor indicio de culpabilidad en
aquellos religiosos.

Las turbas se dispersaron, pero los periódicos al servicio de la revolución publicaron que había pruebas de conjuración, aunque los
culpables habían hecho desaparecer todo rastro de conspiración.

Fue en esta ocasión cuando, según cuenta el teólogo Reviglio, don Bosco escribió un folleto, o bien algún artículo, en defensa de las
órdenes religiosas; y además, dada la influencia de que gozaba ante autorizados personajes, pudo impedir la expulsión de los Oblatos,
apartando por entonces de su cabeza un decidido e inmerecido quebranto. Es sabido el gran afecto que profesaba a aquellos religiosos y
cómo más de uno de sus muchachos, movido por las alabanzas que les tributaba, ingresó en aquella congregación.

Pero mientras defendía a los Oblatos, tuvo que pensar en defenderse a sí mismo de los furiosos ataques que le preparaban en las
madrigueras de las sectas. El era conocido como fervoroso defensor de los derechos de la Iglesia, y los enemigos de ésta habían decidido, y
llevaron a efecto su plan, tratar de aminorar la influencia de su acción, cada vez que tramaban nuevas ofensas contra ella y contra el Papa.
Le presentaban ante el pueblo como enemigo de las nuevas Instituciones y como un sacerdote inspirado por el espíritu jesuítico, educador
fanático de santurrones y enemigo de la libertad. Le consideraban también como cómplice del Arzobispo en conspiraciones reaccionarias.
Prepararon, pues, para el catorce del mismo mes una odiosa demostración contra el pequeño hogar de San Francisco de Sales, para ((99))
destruirlo y echar fuera a don Bosco. Nada se había traslucido al público sobre este plan, cuando el señor Valpotto, el que había mandado
la instancia a la Alta Cámara en nombre de don Bosco, se presentó el mismo día a advertirle del peligro que le amenazaba,
85

Fin de Página 85

 

VOLUMEN IV Página: 86

a fin de que pudiera escapar. Don Bosco llamó a su madre y le dijo que preparara la cena para aquella noche.

-íVaya ocurrencia!, replicó Margarita; "por qué me mandas esto? "Temes que no la prepare?

-Porque suceda lo que suceda, añadió don Bosco, esté usted segura de que yo no me iré de Turín.

Hacia las cuatro de la tarde, según lo convenido, debía llegar al Oratorio la turba alborotadora, pero no apareció nadie. Ni tampoco al día
siguiente, ni al tercero. "Qué había sucedido? La chusma, después de haber gritado contra los Oblatos de María, se había propuesto
marchar hacia Valdocco. Estaba ya la muchadumbre para dirigirse allá, cuando uno de los manifestantes, que conocía a don Bosco y había
recibido de él pruebas de afecto, subió al guardarruedas de una esquina, alzó la voz y dijo:

-Amigos, oídme. Algunos de vosotros quieren bajar a Valdocco para gritar contra don Bosco. Seguid mi consejo, no vayáis. Como hoy e
día laborable, allí no están más que él, su madre, ya vieja, y unos cuantos pobres muchachos asilados. En vez de muera deberíamos gritar
viva, porque don Bosco quiere y ayuda a los hijos del pueblo.

Después de éste, subió otro orador y dijo a gritos:

-íDon Bosco no es amigo de Austria! íEs un filántropo! íEs un hombre del pueblo! íDejémosle en paz! No vayamos a gritar viva ni
muera y vayamos a otra parte.

Estas palabras calmaron y detuvieron a la pandilla, que marchó a aturdir los oídos de los dominicos y barnabitas.

Entre tanto, recibía don Bosco una sorpresa imprevista y desagradable. El Gobierno, que se había incautado hasta de los ((100)) muebles
del convento de los servitas, envió parte de ellos al Oratorio. Hubieran querido algunos que don Bosco rehusara aquel mobiliario. En
cambio don Bosco lo aceptó, pero sin dar las gracias, y avisó enseguida al padre Pittavino, que estaba en Saluzzo, mandara retirar lo que
era de su propiedad; le rogaba tan sólo le cediera una mesa, que necesitaba para sus jóvenes y que le fuera concedida de buen grado. Así
recobraron lo suyo los Padres Servitas, y don Bosco, sin faltar a la justicia, evitó un choque con el Gobierno, que le hubiera podido
acarrear grave daño. Este hecho se lo contó al canónigo Anfossi el reverendo Padre Francisco Faccio, de la orden de los Siervos de María,
antes párroco de San Carlos.

Pero mientras sucedían estos acontecimientos gloriosos para el clero, desde que Jesús enseñó ser bienaventurado el que sufre por la
86

Fin de Página 86

 

VOLUMEN IV Página: 87

justicia, caía sobre el orden sacerdotal un gran deshonor con la condena de don Antonio Grignaschi. Había éste nacido en Corconio, en la
ribera de San Giulio, cerca de Orta, diócesis de Novara. Ordenado sacerdote, alcanzó la parroquia de Cimamulera en 1843. Empezó, con
sacrílego engaño, a hacer creer que él era Dios que hacía su tercera manifestación, esto es, el mismo Jesucristo nuevamente encarnado.
Decía que había bajado a la tierra para fundar una nueva Iglesia, que debía sustituir al Catolicismo,
y en consecuencia, predicaba máximas contrarias a la verdadera fe. Realizaba, además, cosas maravillosas y extrañas que no podían
atribuirse más que a intervención diabólica, pero sus admiradores decían que eran milagros divinos. Decía que una mujer, por él seducida,
Lana, era la Virgen María. La mujerzuela se prestaba a representar la comedia: ostentaba vestidos y actitudes que, a su entender, eran
propias de la Virgen; y Grignaschi hacía que se subiera sobre un escaño en medio de la iglesia, con velas encendidas ante ella, como si
fuera una estatua. ((101)) Las mujerucas afiliadas a la nueva secta se arrodillaban ante ella y le rezaban.

Un eclesiástico, mandado por la Curia, entró en la iglesia y vio la impía veneración tributada a aquella despreciable mujer; pero no dijo
nada para no armar jaleo. Se dirigió a la sacristía y preguntó al sacristán:

-"Qué fiesta celebráis hoy?

-Aquí no hay ninguna fiesta ahora.

-"Cómo se llama la Virgen de la estatua que hay en la iglesia?

-íAh!, añadió el sacristán levantando los hombros; es la Virgen roja.

-"Cómo? "La virgen roja?

-Sí, sí, la Virgen del reverendo Grignaschi.

El obispo de Novara que se enteró de estas patrañas sacrílegas, destituyó a Grignaschi de la parroquia y le suspendió del ministerio
sacerdotal. Este marchó a Turín, se presentó en el Oratorio y expuso su doctrina a don Bosco, el cual, horrorizado, trató con razones y
promesas sacarlo del mal camino. Pero no lo consiguió, y Grignaschi, después de haber vagado por varios lugares de la zona de Casale, se
estableció finalmente en una aldea cerca de Viarigi, pequeño lugar de la región de Asti, acompañado de la Virgen roja, que era su criada.
Este fue el teatro principal de sus hazañas, poco gloriosas. Con nuevas artes de maravillas espiritistas, engañó al administrador de la
parroquia y a los sacerdotes de los alrededores, y con sus herejías enloquecía y pervertía a gran parte de aquella población.
87

Fin de Página 87

 

VOLUMEN IV Página: 88

Grignaschi abusaba pérfidamente de los sacramentos, aparecía en las casas a puertas cerradas, adivinaba los pensamientos más ocultos,
hacía creer en mandatos recibidos del cielo y cometía acciones nefandas. La gente parecía hipnotizada. Cuando se ausentaba, era de ver a
los hombres, y aún jóvenes, ir a pie y recorrer dieciocho, veinte y más millas ((102)) de camino difícil y en ayunas, sólo para verle y oír
una palabra suya. Recibía sentado a sus adeptos, los cuales se arrodillaban ante él y los
absolvía diciendo: Ego Dominus Jesus Christus te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen. (Yo, el Señor
Jesucristo, te absuelvo de tus pecados, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén). Y esparcía sus impías doctrinas a través
de personas a las que había engañado e inducido a fingir santidad y virtud, con el malvado intento de ser declarado un hombre
extraordinario y un segundo Salvador.

Su mirada tenía un no se qué que fascinaba y arrastraba las almas. La gente hablaba mucho de esto. Un tal B... se burlaba de lo que se
decía sobre su mirada mágica y quiso visitar a Grignaschi. Apenas entró en la casa se sintió víctima de un horror misterioso, y cuando
estuvo en presencia de aquel desgraciado, éste fijó los ojos en su cara, de tal suerte que quedó conquistado; y al oír su voz: -Te esperaba;
sabía que ibas a venir-, cayó de rodillas. Desde aquel momento fue todo suyo. Hizo creer al mismo B..., que era San Pablo y a otro amigo
suyo que era San Pedro. B..., creía realmente que era San Pablo, se dejó crecer la barba y, juntamente con el compañero, se prestó con toda
obediencia a cuanto quería Grignaschi: oraciones, largas penitencias, ir a las tabernas y ponerse de rodillas entre las mesas, suplicar a la
gente que no ofendiera al Señor con blasfemias, intemperancias, juegos; y otras cosas semejantes que ciertamente se hubiera negado a
hacer, si se las hubieran mandado antes de enloquecer de aquel modo. Y como aquellos dos, todos los demás habitantes, salvo poquísimos

o casi sin ninguna excepción. El mismo B..., contándonoslo a nosotros, no sabía explicarse aquella obsesión. Y era una persona rica,
inteligente, caritativa y bastante instruida.
Se convirtió, gracias a la predicación de don Bosco.

((103)) Mientras tanto, las desvergüenzas de la secta llegaron a tal punto de notoriedad, que el Procurador del Rey encarceló a
Grignaschi, con trece de sus principales cómplices, entre ellos la Virgen roja, y los llevó ante los Magistrados de Apelación de Casale. Los
periódicos de aquel año están llenos del escandaloso proceso.

El 15 de julio de 1850, a pesar de la defensa del abogado Angel
88

Fin de Página 88

 

VOLUMEN IV Página: 89

Brofferio, Grignaschi fue condenado a la cárcel, y a sus afiliados les fueron impuestas otras penas. La prisión de Grignaschi excitó la
sublevación de la villa de Viarigi, cuyos habitantes eran en su mayoría fanáticos de la nueva secta; tanto que el Gobierno, para tutelar el
orden, estableció allí una guarnición militar. Y como no bastaba la fuerza para restablecer la calma, se presentaron los Obispos de Casale y
de Asti, para dirigirles palabras de caridad y de paz. Se quedó monseñor Artico, y después de cincuenta días de predicación, de generosas
limosnas a los pobres y visitas a los enfermos, logró que cesaran las contiendas y los escándalos, recibió la abjuración de muchos y obtuvo
la retirada de la guarnición militar. Volvió la tranquilidad; pero muchos de los sectarios persistían en sus errores. Grignaschi fue llevado al
Castillo de Ivrea,para cumplir siete años de condena por su falso y vergonzoso misticismo. El, como si estuviera poseído por el demonio,
se empeñaba en
mostrarse convencido de una misión divina; pero la soledad de la prisión debía resultarle bastante pesada. Don Bosco pensaba en él; y,
según nos refirió el teólogo Ascanio Savio, como iba dos o tres veces al año a Ivrea, se apresuró a ir a la prisión. Pudo hablar varias veces
con el infeliz heresiarca y supo insinuarse de tal modo su corazón, que logró persuadirle del mal que se había causado a sí mismo y a los
demás con sus gravísimos escándalos; y acabó ((104)) obteniendo de él la promesa de cambiar de vida, empezando por expiar sus yerros,
con resignación cristiana. Al ver que el prisionero agradecía sus visitas, volvió a verle y llevarle oportunas ayudas de dinero, cada vez que
iba a la ciudad a predicar en la catedral, o a dar ejercicios espirituales a los seminaristas, o a hablar con el Obispo sobre las Lecturas
Católicas y asuntos referentes al bien de la Iglesia.
89

Fin de Página 89

 

VOLUMEN IV Página: 90

((105))

CAPITULO XI

DON BOSCO Y EL CONDE DE CAVOUR -UNA SUPOSICION -DON BOSCO VISITA A MONSEÑOR FRANSONI EN EL
DESTIERRO -LOS SECRETARIOS DEL CONDE

POR aquellos tiempos el conde Camilo de Cavour estaba del todo volcado hacia el Oratorio. Resulta admirable ver cómo don Bosco
lograba la ayuda de personajes ilustres, enemigos de la Iglesia. Parecería que éstos, con su trato exquisito y seductor, con sus generosas
promesas de ayuda para sus piadosas empresas, con el ofrecimiento de insignes distinciones y la condescendencia a muchas de sus
peticiones, podían poner en peligro su amor y fidelidad a la Santa Sede y a los principios religiosos. Sus muchachos fueron preferidos a los
de otros centros benéficos beneméritos para extraer los números de la Lotería Regia, y, en efecto, dos de los más pequeños, vestidos con
especiales distintivos, fueron cada quince días a cumplir este encargo durante muchos años. El Gobierno daba por ello una retribución al
Oratorio. Pero don Bosco, con heroica fortaleza, se mostraba siempre defensor de la causa de Dios, sin sombra de respeto humano.

Con todo, como nosotros mismos hemos admirado muchas veces, él seguía en estos casos las normas del Eclesiástico:

((106)) "Cuando te llame un poderoso, quédate a distancia, que tanto más te llamará. No te presentes por ti mismo, no sea que te rechace
ni te quedes muy lejos, para no pasar inadvertido. No pretendas hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras. Que con su
mucho hablar te pondrá a prueba, como quien pasa el rato, te examinará. Despiadado es quien no guarda tus palabras, no te ahorrará ni
golpes ni cadenas. Observa y ponte bien en guardia, porque caminas junto a tu propia ruina" 1.

1 Ecles. XIII, 9-13.
90

Fin de Página 90

 

VOLUMEN IV Página: 91

Pues bien, el conde Camilo, profundo conocedor de los hombres y de las pasiones, y que poseía el dificilísimo arte de saber aprovecharlo
todo con destreza para sus propios designios, iba con cierta frecuencia a visitar a don Bosco en Valdocco, y quería que él fuera de vez en
cuando a comer o cenar a su casa. Así lo atestigua Carlos Tomatis. Daba a entender que experimentaba un gran placer oyéndole hablar de
los Oratorios festivos, le preguntaba sobre sus proyectos y sus esperanzas del futuro desarrollo de su obra, y le aseguraba, al mismo tiempo
que le prestaría toda la ayuda que pudiera. Don Bosco le hablaba con la forma respetuosa que conviene a un inferior, con respuestas franca
a veces y circunspectas otras; pero siempre con una amabilidad que ganaba los corazones. El Conde no dejó de mostrarse benévolo cuando
sucedió a Santarosa en el ministerio del comercio y cuando llegó a ser Presidente del Gabinete y alma del Gobierno.

((107)) "El conde Camilo, nos contaba después don Bosco, que fue en Piamonte uno de los Jefes dirigentes de las sectas y que hizo un
mal inmenso, me consideraba como uno de sus amigos. Varias veces me aconsejó convertir en un ente moral la obra de los Oratorios. Un
día, para animarme a seguir su consejo, me prometía nada menos que un millón como ayuda de mi obra. Yo, no sabiendo qué pensar ante
semejante oferta y qué responder, me quedé en silencio, sonriendo entre mí. Y él insistió:

-"Qué resuelve, pues?

Yo le respondí con gracia que sentía no poder aceptar tan gran regalo.

-"Y por qué?, insistió el Conde, mirándome con extrañeza. Y continuó: "por qué rehusar una cantidad tan grande, cuando tiene necesidad
de todo y de todos?

-Señor Ministro, respondí con tranquilidad, porque si yo la aceptase, mañana me la quitarían, y tal vez usted mismo me reclamaría el
millón que hoy me ofrece con tanta generosidad.

El Conde no se molestó por mi sinceridad y cambió la conversación".

"No parece como que don Bosco leyera el porvenir de un hombre, que, más adelante, promovería la supresión de las órdenes religiosas y
la confiscación del patrimonio de la Iglesia? "No resulta también admirable su franqueza diciendo la verdad? "Y no cabe suponer que en
este ofrecimiento de ayuda, varias veces repetido hasta por parte del Gobierno, tuviera Cavour un secreto propósito, un plan premeditado?
91

Fin de Página 91

 

VOLUMEN IV Página: 92

Fue el mismo don Bosco quien nos refirió: "Yo no me prestaba fácilmente a sentarme a la mesa del Conde, pese a sus insistentes
invitaciones; pero, como a veces tenía que tratar con él asuntos importantes, era necesario ir a su casa o al Ministerio. Pero muchas veces,
siendo ya ministro, me dijo resueltamente que no me daba audiencia sino a la hora de comer o de cenar y que ((108)) si yo necesitaba algún
favor de su parte, recordara que en su mesa había siempre un puesto para mí. -Es el momento, me decía, en que podemos hablar más
libremente. En los despachos hay mucha gente, y apenas si podemos decirnos dos palabras a toda prisa, casi a disgusto, y separarnos
enseguida. También su hermano, el marqués Gustavo, me había señalado las mismas horas y no
admitía otro tiempo para hablar de mis asuntos. Y yo tuve que ceder a tan cortés, pero pesada condición para mí. Tanto más cuanto que un
día, habiéndome presentado en el despacho del Conde para asuntos urgentes, no quiso recibirme, y ordenó a un empleado que me llevara a
una salita. Y allí me invitó a esperarle porque quería a toda costa que comiera con él, y prometía escucharme. Entonces me concedía todo
lo que le pedía".

Hemos pensado muchas veces qué cosas importantes podía don Bosco pedir al conde Camilo. Es presumible que patrocinara ante él, la
causa de los Oblatos; y es cierto que, por su mediación, obtuvo del Gobierno los locales para la primera lotería, y la exención del impuesto
postal; no nos consta otra cosa. No parece se tratara de donativos, pues no hemos encontrado señal en los papeles de don Bosco, y él nunca
habló de esto; ni tampoco de defensa contra alguna vejación, puesto que entonces las
autoridades se mostraban favorables al Oratorio. Ahora bien, dado que don Bosco no añadió explicación alguna acerca de las señaladas
concesiones, nos parece poder deducir que hayan sido peticiones y concesiones guardadas bajo secreto prometido y mantenido. Tanto más
que sabemos con certeza que empleó este método con otros personajes en asuntos de gravísima importancia. Y ahora nos preguntamos:
"No intentaría don Bosco algo para aliviar la prisión de su Arzobispo? El iba de cuando en cuando a Fenestrelle a casa del párroco, ((109))
don Juan Bautista Guigas, amigo suyo, y predicaba un sermón. Se sabe, según atestiguan antiguos alumnos, que también fue allí en 1850.
Nuestros apuntes, tomados hace ya treinta y cinco años, no señalan el día ni el mes. Con todo, repasando los lugares donde estuvo don
Bosco aquel año y en donde fechó sus cartas, nos convencemos de que ese viaje sólo pudo realizarlo en los últimos días de agosto o en los
primeros de septiembre.
92

Fin de Página 92

 

VOLUMEN IV Página: 93

Habiéndole preguntado, muchos años después, para qué fue aquel año a Fenestrelle, respondió sin más:

-Quería ver las cimas de los montes, donde tuvo lugar la batalla de Assietta, porque pensaba escribir la historia de Italia.

Ya desde entonces nos pareció extraño aquel paseo por pura diversión, contrario a las costumbres de don Bosco, sobre todo en un
momento en que estaba tan cargado de ocupaciones; y también extraña la razón que aducía, puesto que la Historia de Italia no vio la luz
pública hasta 1856. Sin embargo, no pensamos entonces en hacer más averiguaciones, sin sospechar que pudiese haber algún misterio. Pero
ahora, reflexionando que dentro de los negros muros de la fortaleza estaba encerrado su Arzobispo, que él
tenía trato con la familia del comandante del fuerte, Alfonso de Sonnaz, "no podría tener relación su viaje con aquellas palabras: entonces
Cavour me concedía todo lo que pedía? "No habrá buscado penetrar en la cárcel de su Pastor, o bien hacerle llegar de viva voz o por
escrito, a través de personas de su confianza, alguna noticia deseada? Puede ser una suposición nuestra, pero lo cierto es que un día don
Bosco nos aseguraba: "íNadie sabrá nunca una gran parte de lo que he hecho en mi vida!".

Entre tanto en aquellos días, por orden de Máximo de Azeglio, monseñor
Fransoni era ((110)) desposeído de sus bienes y desterrado del Reino, sin pruebas de culpabilidad y sin proceso. Y, así, el 28 de septiembre
era sacado de la cárcel y conducido a través de los Alpes, hasta la frontera. El ilustre campeón de la Iglesia escogió para lugar de su
destierro la ciudad de Lyon, cuyas autoridades civiles y militares, eclesiásticas y seculares anduvieron a porfía para tributarle honores. Allí
recibió el
magnífico báculo pastoral, obsequio de los piamonteses. Desde Lyon siguió gobernando la Archidiócesis, del mejor modo que pudo, hasta
la muerte. Los enemigos de este gran Arzobispo inventaron toda suerte de noticias para denigrar su fama, y hasta le señalaron como
conspirador contra el Gobierno de Rey; pero fueron inútiles sus esfuerzos. El Papa, los Obispos de Piamonte, de Saboya, de Liguria y de
otras partes, los católicos, diríamos, de todo el mundo, alabaron su conducta y le ofrecieron preciosos regalos, como muestra de gran
admiración. La historia verdadera ya ha puesto en claro su inocencia, y mientras tendrá para siempre una página gloriosa, dedicada a su
inmortal memoria, no dejará de infligir un estigma de infamia indeleble para sus perseguidores.

Monseñor Fransoni, aún en el destierro, no dejó nunca de proteger al Oratorio, de favorecerlo en todas las formas, y de recomendar
93

Fin de Página 93

 

VOLUMEN IV Página: 94

a don Bosco la necesidad de proveer a la continuidad de su obra para el caso de su muerte. Repitióle esta recomendación por medio de los
teólogos Juan Borel y Roberto Murialdo, que fueron a Lyon. Don Bosco, por su parte, acudía siempre a él en busca de consejo. Y asegura
el canónigo Anfossi, como cosa cierta, que don Bosco, no mucho después, fue a Lyon a visitar a su Arzobispo, demostrando sinceridad de
espíritu hasta frente a los que le habían desterrado.

Terminaremos diciendo que las amistosas relaciones con el ministro Cavour cesaron en 1855, cuando fueron cerradas ((111)) muchas
casas religiosas. Pero el Conde no declaró nunca la menor hostilidad a don Bosco. La Divina Providencia, como jugando, había puesto
oportunamente a su lado dos cordiales admiradores del Oratorio y excelentes católicos. El primero, ya citado, era el abogado Juan Bautista
Gal, el cual, al caer Gioberti del poder, fue tomado por el conde Camilo como secretario particular, y pudo conocer hasta el 1861 todas las
secretas intrigas de la política. Adscrito después a los Asuntos Exteriores, durante diez largos años, se retiró del Gobierno en 1870, e iba
varias veces al año a visitar a su amigo don Bosco, desde Torgnon, su patria, en el Valle de Aosta, y desde San Remo, donde solía pasar el
invierno. El segundo fue el caballero Cugia Delitala, sucesor de Gal como secretario particular, puesto que ocupó hasta la muerte de
Cavour. Conservamos las afectuosas y bellas poesías que Delitala dedicaba a don Bosco en su día onomástico. Don Bosco tenía amigos po
todas partes.
94

Fin de Página 94

 

VOLUMEN IV Página: 95

((112))

CAPITULO XII

EJERCICIOS ESPIRITUALES EN GIAVENO -CARTA DE DON BOSCO AL TEOLOGO BOREL -AMABILIDAD DE DON
BOSCO CON LOS EJERCITANTES -EL MERCADER Y LOS MONOS -LOS SERMONES DE DON BOSCO -VISITA AL
SANTUARIO DE SAN MIGUEL -VUELTA A TURIN -CURACION DE UNA FIEBRE OBSTINADA -AMENAZAS A LOS
MUCHACHOS DEL ORATORIO Y PERDON

EN el mes de septiembre, don Bosco llevó un grupo de muchachos para hacer una semana de retiro espiritual en el seminario menor de
Giaveno, vacío por estar los alumnos de vacaciones. Fueron a pie los internos de Valdocco y un buen número de los que asistían a los tres
Oratorios, que obtuvieron el permiso de sus padres o de sus patronos. Acompañados por el óptimo teólogo Roberto Murialdo, hicieron el
viaje la mar de alegres, entonando canciones a María Santísima y otras aprendidas en el Oratorio. Don Bosco marchó en coche, ya fuera
para preparar la comida en Avigliana, ya fuera para acompañar a alguno, que no podía hacer el viaje a pie. Pararon en Avigliana y
repararon las fuerzas con un discreto almuerzo a orillas del precioso lago. En aquella ocasión tuvieron la fortuna de contraer íntima
relación con el piadoso y caritativo sacerdote don Víctor Alasonatti, que apreciaba mucho el Oratorio y quería muchísimo a don Bosco.

((113)) Para todos los gastos de los ejercicios, había obtenido don Bosco un subsidio de la Obra de San Pablo, que fue una verdadera
providencia. Predicaron el canónigo Arduino, arcipreste de la colegiata de Giaveno, famosísimo por su cultura y por su celo, el teólogo
Giorda y don Bosco. Su ayudante para confesar era el teólogo Roberto Murialdo, director del Oratorio del Angel Custodio. Y para que el
piadoso ejercicio resultara provechoso al mayor número de almas, se convino que tomaran también parte los muchachos de la población. E
bien que se obtuvo fue muy grande para todos.

Don Miguel Rúa, después de muchos años, nos cuenta muy conmovido todavía, los cuidados paternales de don Bosco con él y con todos
los demás, aguantando las juveniles ligerezas de muchos y obteniendo
95

Fin de Página 95

 

VOLUMEN IV Página: 96

con su amabilidad, silencio y atención en los tiempos designados.

De estos ejercicios escribía don Bosco al teólogo Borel:

Carísimo Señor Teólogo:

Creo hacer cosa grata a V. S. carísima participándole que nuestros ejercicios han empezado estupendamente. Inter totum son ciento
treinta; a comer somos solamente ciento cinco, los otros vienen de fuera para las funciones sagradas. Predican, las meditaciones el señor
Arcipreste y el teólogo Giorda junior, las instrucciones: ambos satisfacen plenamente mi expectación y la de los chicos.

De las cuatro a las cinco hay recreo; pero hoy, al salir de la capilla, ni uno solo siquiera quiso aprovecharlo: todos se fueron a la sala de
reflexión.

Querría dar a estos muchachos un recuerdo: dejo en sus manos me provea de lo que crea mejor, medallas, crucifijos, etc. Olvidaba decirle
que en mi habitación ((114)) del Oratorio, bajo el escritorio, hay rosarios que se compraron hace tiempo: "no vendría bien dar uno a cada
uno? Haga usted así: vaya a mi casa, tome ciento treinta rosarios; junto a ellos hay varios ejemplares de el Joven Instruido, encuadernados
con corte dorado: mándeme una docena. Haga con todo ello un solo paquete, entréguelo a la diligencia de Giaveno, que sale cada día a las
cuatro de Turín, desde la fonda de la Fucina y dígale también a mi madre que yo estoy bastante mejor. El teólogo Murialdo está un poco
ronco, Savio y el portero de Vanchiglia tienen fiebre; los demás, estupendos. Rece para que todo vaya bien. Saludos a don Sebastián
Pacchiotti, don Bosio y demás sacerdotes del Oratorio.

No tengo tiempo para escribir más: haga saber todo esto a don José Cafasso. El Señor le asista: Dominus det.

Giaveno, 12 de septiembre de 1850

Afectísimo amigo

J. BOSCO, Pbro.
P.S. Dejé olvidado en la cocina un pequeño fardo, junto con un paquete de papel que ruego junte a lo anterior.
En esta carta se habla del recreo. Don Bosco se entretenía frecuentemente con sus ejercitantes, los cuales, después de comer y de
96

Fin de Página 96

 

VOLUMEN IV Página: 97

cenar, iban todos a su alrededor. Escribe José Brosio: "Tenía siempre algún hecho ameno que contar, alguna nueva broma con que
alegrarnos. El no tomaba rapé, ni quería que sus alumnos lo tomaran; pero uno de los primeros días sacó del bolsillo una gran tabaquera
llena. Se arremolinaron todos los muchachos ((115)) pidiéndole un poco y don Bosco respondió:

-Sí lo daré con mucho gusto cuando sea necesario: ahora solamente a los que tengan petaca.

Enseguida algunos, ya mayores, como Juan Gillardi y José Randú, presentaron su tabaquera, pues tomaban rapé, por consejo del médico,
contra el mal de ojos o de cabeza, o por una antigua costumbre. Don Bosco se las llenó y les proveyó de rapé para todo el tiempo de los
ejercicios. Atenciones como ésta le ganaban admirablemente los corazones".

Pero en este recreo don Bosco iba sobre todo preguntando, ora a uno, ora a otro, de qué había tratado el sermón, o cuáles habían sido los
hechos más importantes. Una mañana había él hablado en la instrucción sobre el escándalo; en el recreo de la tarde, rodeado de muchos
jóvenes, entre los que había varios de la parroquia, empezó a preguntar qué había dicho. Preguntó a uno y no respondió; preguntó a otro y
se quedó apurado; pasó a un tercero, un cuarto, un quinto y todos se rascaban la frente pero no daban respuesta satisfactoria.

-íPobre de mí!, exclamó entonces don Bosco. O he hablado en alemán o vosotros dormíais.

Saltó un muchacho y dijo:

-Yo; yo me acuerdo.

-"De qué te acuerdas?

-Del ejemplo de los monos.

A manera de comparación había contado don Bosco que un mercader, con un cesto a la espalda, cargado de varias mercancías, iba
vendiendo de pueblo en pueblo. Una vez, le sorprendió la noche antes de llegar a cierta población. Era verano; brillaba la luna en el
firmamento, y el mercader, cansado del largo camino, resolvió descansar ((116)) tumbado en el suelo, junto a un árbol gigantesco. Para
proteger la cabeza de la humedad de la noche, abrió su cesto, sacó una gorra blanca, de las que llevaba buena provisión, se la puso a la
cabeza y se durmió. Era aquel lugar el país de los monos, y las ramas de aquel árbol estaban cargadas de ellos. Cuando los monos vieron a
aquel hombre con la gorra en la cabeza, guiados por su instinto, quisieron imitarle. "Cómo? Bajó uno despacio, despacito, removió con
97

Fin de Página 97

 

VOLUMEN IV Página: 98

sus patas el cesto abierto, sacó una gorra, se la puso en la cabeza y volvió a subir al árbol. Entonces todos, uno tras otro, hicieron lo mismo
y no acabó el juego hasta que se acabaron las gorras. El mercader dormía a pierna suelta y también los monos durmieron, por vez primera,
con la gorra a la cabeza, como delicados señoritos. Pasó la noche. Por el oriente se asomaba hermosa y sonrosada la matutina aurora,
precursora del astro rey, y nuestro mercader despertó y se levantó para reemprender el camino. Pero ícuál no fue su sorpresa y su angustia
al ver que le habían robado las gorras!

-Pobre de mí, exclamó, han venido los ladrones, estoy arruinado.

Pero observó mejor, reflexionó atentamente, y se dijo:

-Parece que no es eso; si hubieran sido los ladrones, se hubieran llevado todo y no sólo las gorras: no entiendo este misterio.

En aquel instante levantó casualmente los ojos y vio a los monos con la gorra puesta.

-íAh, dijo, son esos pícaros!

Y se puso a asustarlos, tirándoles piedras para obligarles a dejar su mercancía; pero los monos saltaban de rama en rama y no se daban
por entendidos. Tras varias horas de inútiles esfuerzos, el pobre mercader, no sabiendo ya que hacer, se llevó las manos a la cabeza medio
desesperado, y arrojó con furia al suelo la gorra que todavía llevaba puesta. Los monos que lo vieron hicieron lo mismo ((117)) y en un
abrir y cerrar de ojos cayó del árbol una lluvia de gorras, que consoló al apenado mercader.

Los muchachos, había terminado diciendo don Bosco, hacen poco más o menos lo mismo que los monos. Si ven que otros hacen algo
bueno, ellos también lo hacen; si ven hacer algo malo, lo imitan más deprisa. Por eso es necesario poner ante sus ojos ejemplos edificantes
y alejarlos a mil kilómetros de los escándalos.

Cuando don Bosco vio que de tantas cosas como había dicho en su plática, apenas si se acordaban los muchachos de ciertos hechos, puso
gran empeño en tejer sus instrucciones con muchos ejemplos y comparaciones, que impresionaran su fantasía para, de este
modo, abrirse camino e iluminar su mente y mover su corazón; lo que le dio un feliz resultado.

Realmente predicaba y acompañaba sus narraciones con tanto afán de salvación, que un día se emocionó hasta estallar en grandes
sollozos, y al bajar del púlpito dijo al clérigo Ascanio Savio humildemente y casi mortificado: -No he podido contenerme.

Pero produjo un efecto indecible en los oyentes conmovidos.
98

Fin de Página 98

 

VOLUMEN IV Página: 99

Le tocó hacer la clausura de aquel retiro espiritual y dio el siguiente recuerdo, que más tarde nos refirió don Miguel Rúa.

-Haced todos los meses el ejercicio de la buena muerte. Haced bien todos los meses el ejercicio de la buena muerte. Haced sin faltar y
bien el ejercicio de la buena muerte.

Como premio a su buena voluntad y para descanso de la mente, al día siguiente de la clausura de los santos ejercicios, llevó don Bosco a
sus jóvenes de paseo hasta el Santuario de San Miguel. La banda de música de Giaveno quiso ir con ellos para alegrarles con sus dulces
armonías. El trayecto de la pendiente subida fue una deliciosa diversión.

El capitán montaba un pequeño jumento, y los ((118)) jóvenes le rodeaban, bromeaban con el borriquillo, y repetían la canción, entonces
familiarísima, que empieza:

Viva don Bosco
Que nos conduce
Día tras día
A la virtud,
Que en él se muestra
A plena luz.

Pero don Bosco, cambiaba el primer verso por: Viva Roberto, y dirigía la canción al teólogo Murialdo, compañero de viaje. De vez en
cuando se hacía una breve parada; los músicos hacían sonar los instrumentos, y las armoniosas notas, chocando de roca en roca producían
por el valle un eco majestuoso. Ante el insólito ruido volaban asustados los pajarillos de un árbol a otro; salían los campesinos de sus
viviendas para escuchar; alzaba el borriquillo las orejas e intentaba, con su descompasado rebuzno, concertarse con la banda: eran escenas
graciosísimas. Al llegar a la meta suspirada, fueron recibidos con amable complacencia por los atentos Padres Rosminianos, que se
cuidaban religiosamente del célebre santuario. Don Bosco tenía estrecha amistad con estos Padres, los cuales, cuando iban de viaje, como
no tenían casa en Turín, se hospedaban en Valdocco. Después los jóvenes visitaron la iglesia, el edificio y sus viejos recuerdos, cuya
historia oyeron de boca de don Bosco, y sacaron utilísimos conocimientos.

Doquiera iba don Bosco con sus jóvenes solía contarles la historia del lugar y algún hecho memorable allí acaecido. Y así les contó:
"Este Santuario de San Miguel, llamado comúnmente La Sacra de San Miguel por estar dedicado a este Arcángel, es una de las
99

Fin de Página 99

 

VOLUMEN IV Página: 100

más celebres abadías de los Benedictinos en Piamonte. De ((119)) una simple ermita, construida hacia el año 990, por inspiración de San
Miguel, a un tal Juan de Rávena, santo varón que allí vivía retirado, fue transformada, pocos años después, en una majestuosa iglesia de
estilo gótico, con un gran convento anejo para los monjes, por Hugo de Montboisier apodado Scucito (desprendido), gentilhombre de
Auvernia. Hugo, que hizo construir este monasterio a sus expensas, en penitencia a sus pecados, para satisfacción de los cuales había
peregrinado a Roma, encargó los trabajos de construcción a Atverto o Avverto 1, abad de Lusathe en Francia, el cual, terminadas las obras,
llamó para ocupar el convento a los monjes benedictinos, que eligieron al mismo Atverto como abad. Corrió de tal modo, en poco tiempo,
la fama de su santidad, que el monasterio llegó a contar hasta trescientos monjes; el Papa y los Obispos, el Rey y los Duques fueron a
porfía para concederle privilegios y donativos. Habiendo decaído la primitiva disciplina regular, el año 1383 pasó a ser abadía
comendaticia 2 bajo el protectorado de los condes de Saboya, y como tal continuó hasta la invasión francesa, al principio de este siglo,
cuando, con todo lo demás, fue suprimida también esta célebre abadía. Nuestros buenos soberanos Carlos Félix y Carlos Alberto
restauraron los daños causados por el tiempo, la embellecieron y fue cedida a los padres rosminianos, que hoy os reciben con tanto afecto y
generosidad. Entre este monte donde nos encontramos, que se llama Pircheriano 3, y el que veis enfrente, llamado Caprasio, contempláis
en el fondo ese valle de poco más de mil pasos de anchura. Ese valle forma la presa o garganta de Susa, llamada así porque cierra en cierto
modo el
paso a los ejércitos que por él bajaran de Francia. Este paso es célebre en la historia por la estratagema de Carlomagno, el cual, para
socorrer al Pontífice de Roma atravesó esa garganta y atrapó por la espalda a Desiderio, rey de los Longobardos, lo venció y puso fin a su
reino en Italia".

((120)) Aunque no desagradaba a los jóvenes aprender cosas ignoradas, otra curiosidad les preocupaba más a aquella hora del mediodía.
El paseo de la mañana, el aire puro que se respiraba por aquellas sierras alpinas, habían excitado en sus adentros esa necesidad

1 No hemos logrado aclarar estos nombres, por lo que los dejamos como en el original. (N. del T.)

2 Abad comendaticio: es el que, por merced papal, disfrutaba de ciertas rentas sobre una abadía, sin regirla ni residir en ella. (N. del T.)

3 Al pie de la letra significa "monte de los puercos". (N. del T.)
100

Fin de Página 100

 

VOLUMEN IV Página: 101

que se llama apetito, que en su caso podía llamarse hambre. Por eso, al hacer la visita de un lugar a otro, no podían menos de dirigir de vez
en cuando una mirada furtiva al refectorio, y les tardaba mil años en llegar la hora de la comida. Por fin llegó, y comieron todos con buen
apetito.

Como no tenían con qué corresponder a sus caritativos anfitriones, quisieron complacerles con cantos y músicas. De modo que, si los
hijos de don Bosco gozaron aquel día, también mostraron su satisfacción los buenos padres, que se unieron a ellos y los llevaron a visitar
los alrededores y otras curiosidades dignas de especial atención. Después de algunas horas de diversión, se reunieron todos al pie del altar,
cantaron las letanías y recibieron la bendición con el Santísimo.

Después de implorar la bendición del Cielo, se tocó un poco de música, se hizo una cordial despedida a los diligentes guardianes del
renombrado santuario y, hacia las cinco de la tarde, aquellos buenos Padres les repartían pan y excelente fruta. Los jóvenes agradecidos se
despidieron de ellos y emprendieron la bajada. Llegados a San Ambrosio, donde el camino se bifurca, se hizo una breve parada. Los
músicos tocaron una larga sinfonía; al terminar gritaron los de Turín íVivan los de Giaveno! y éstos respondieron íVivan los de Turín! y,
con muestras de la más afectuosa amistad, se separaron: los unos, hacia Giaveno y los otros, hacia Turín, por Rívoli. Caminaron ((121)) al
son de alegres cantos, devotas plegarias y escuchando los amenos episodios que contaban don Bosco y el teólogo Murialdo. Este volvió a
hablarles de los santos Ejercicios, dejándoles por recuerdo, que todos los días de su vida rezaran una Avemaría, para obtener la gracia de
que ninguno de los que lo habían hecho, pudiera llegar a condenarse eternamente.

-íQué delicia, les decía el buen sacerdote, qué alegría experimentaremos cuando, todos juntos, podamos dar nuestros hermosos paseos
por los eternos y amenísimos collados del Paraíso!

Llegaron a Rívoli algo avanzada la noche, cansados a más no poder en su mayoría. Y quedaban todavía doce kilómetros. Don Bosco se
resistía a proseguir el camino hasta Turín en aquel estado, así que los llevó a una fonda y alquiló todos los coches y ómnibus que pudo
encontrar para transportarlos. Pero no se hallaron suficientes vehículos y unos veinte jóvenes tuvieron que resignarse a seguir el viaje a pie.
Para éstos tuvo don Bosco una idea: animóles con buenas palabras, llamó a Brosio el
bersagliere, le entregó dinero para que les diera una buena cena, y así se hizo. Toca de nuevo recordar al buen
101

Fin de Página 101

 

VOLUMEN IV Página: 102

Jesús, cuando vio a las turbas desfallecidas por haberle seguido hasta el desierto, y exclamó cual padre amoroso: Tengo compasión de esta
gente: Miséreor super turbas; y les atendió para que no desfallecieran en el desierto.

La retaguardia descansó, se refociló y se puso de nuevo en camino hacia Turín. La noche estaba ya muy avanzada; para disipar el miedo
de los más tímidos y hacerles parecer menos largo el trayecto, el Bersagliere ideó una estratagema: agarró dos piedras, invitó a los demás a
hacer lo mismo, y, todos a una, empezaron a chocarlas entre sí. Se improvisó de ese modo una música y una ((122)) luminaria de nuevo
cuño, y entre el martilleo y el centelleo de las piedras llegaron al Oratorio hacia las once de la noche.

El 21 de septiembre de 1850 don Bosco firmaba y presentaba en papel sellado a la dirección de la Obra Pía de San Pablo una nota con
los nombres del centenar de ejercitantes, y dicha obra pagó el importe de los ejercicios. Otra lista, con nueve nombres completaba la
anterior, de modo que gracias a nuestros archivos todavía se puede conocer el nombre y la edad de los que fueron a Giaverno 1.

1 Leemos en un autógrafo de don Bosco: EJERCICIOS DE GIAVENO. 1850.

José Brosio, 21 años -José Cumino, 17 -Bartolomé Diato, 18 -Germán Reffo, 18 -Tomás Gaspardone, 18 -Miguel Testore, 17
Eugenio Costa, 19 -Domingo Tirone, 18 -Juan Piumatti, 18 -Santiago Beglia, 17 -José Buzzetti, 18 -Juan Rastelli, 19 -Félix Reviglio,
18 -José Reviglio, 17 -Jacinto Caglieri, 18 -Carlos Gastini, 18 -José Chiosi, 16 -José Canale, 22 -Clemente Fornasio, 21 -Miguel
Libois, 18 -Francisco Borselli, 20 -Esteban Gotti, 18 -Micheletti mayor, 19 -Micheletti menor, 17 -Félix Pagani, 16 -Lorenzo
Montanaro, 25 -Lorenzo Porporato, 16 -Antonio Ghiotti, 28 -Miguel Pasquale, 16 -Juan Gillardi, 48 -Mateo Manuele, 17 -César
Chiala, 16 -Jorge Bruno, 17 -Santiago Bertolino, 17 -Juan Bta. Boselli, 16 -Esteban Margaratelli, 16
-José Bruna, 16 -Angel Savio, 17 -Francisco Bargetti, 20 -Ceferino Costante, 17 -Juan Valfrè, 20 -Alejandro Croce, 16 -clérigo
Francisco Casetti, 16 -Juan Bardissone, 17 -José Comoglio, 23 -José Rovetti, 38 -Domingo Marchisio, 16 -Francisco Locatelli, 17 -
Juan Ferrero, 16 -Miguel Rúa, 16 -Clérigo Ascanio Savio, 18 -José Odasso, 16 -Francisco Rossi, 17 -Juan Bracotti, 18 -José
Battagliotti, 18 -Víctor Audenino, 16 -Luis Ippolito, 17 -Juan Perim, 16 -Víctor Vaschetti, 17 -Francisco Falchero, 19 -Lorenzo Pasero
17 -Félix Alasia, 17 -José Casassa, 16 -Pedro Gorino, 33 -Bernardo Forno, 38 -Pedro Piovano, 25 -Dositeo Gilardi, 40 -Alfonso
Casanova, 26 -Juan Gauter, 22 -Julio Rovere, 19 -Juan Bajetti, 25 -Pedro Serale, 16 -Santiago Castagna, 16 -Bernardo Gatta, 22
Antonio Rovaretto, 17 -José Reviglio, 16 -Agustín Giovannino, 16 -Antonio Giacomelli, 21 -José Barrucco, 35 -Francisco Lione, 17
Eugenio Costa, 19* -Antonio Comba, 18 -Juan Usseglio, 19 -Carlos Tessa, 17 -Juan Brunelli, 19 -Francisco Ricci, 16 -Jorge Vesso, 17
-Félix Rosso, 21 -Félix Ferro, 17 -Juan Demateis, 22 -Miguel Ferro, 20 -Juan Bta. Picco, 20 -Rolando, 17 -Delfín Luciano, 20 -Pablo
Marnetto, 25 -José Rand¨, 45 -Jacinto Rosa, 18 -Guardi, 19 -Santiago Cagno, 16 -Alberto Pezziardi, 16 -Modesto Santi, 17 -
Gaudencio Giovale, 17 -Juan Plano, 16 -Depetris, 21 -Francisco Dalmasso, 17 -Francisco Ruffino, 17 -Irineo Giay, 19 -Luis Davico,
23 -Luis Usseglio, 20.

*Este Eugenio Costa aparece repetido (N. del T.).
102

Fin de Página 102

 

VOLUMEN IV Página: 103

((123)) Hemos querido narrar extensamente lo referente a estos Ejercicios y a este paseo, porque en los jóvenes quedaron grabados como
uno de los más gratos recuerdos y, además, para que se conozcan las industrias de don Bosco para hacer servir a Dios con santa alegría.

Este paseo fue para algunos una manifestación de las singulares virtudes de don Bosco. Solía él, para alcanzar de Dios curaciones y otras
gracias, sugerir, a los que acudían a él oraciones especiales y, en ocasiones, alguna promesa. Félix Reviglio había sufrido fiebres tercianas
durante varios meses, y tantas fuerzas perdió que los médicos le declararon tísico. Don Bosco lo llevó a Giaveno y en la confesión, según
nos contó el mismo Reviglio, le sugirió hacer la promesa de confesarse cada ocho días durante seis meses. Al mismo tiempo le aconsejaba
algunas prácticas piadosas. El remedio fue más eficaz que todas las medicinas, que hasta entonces nada le habían valido y, en breve
tiempo, el jovencito volvió a encontrarse en perfecta salud.

Otro joven de 27 años, uno de los mayores que asistían por entonces al Oratorio, que también hacía los Ejercicios, y cuyo nombre es
mejor callar, entró en la sacristía cuando ((124)) don Bosco se disponía a salir para celebrar la santa misa. José Brosio tenía en las manos e
misal, dispuesto a ayudarle, y aquel joven se lo quitó groseramente y, sin más, se encaminó al altar. Don Bosco, que fue siempre hombre
del perdón, al ver a Brosio contrariado, le hizo señas con los ojos para que cediera y quedase tranquilo. Pero después de misa, le tomó
aparte y le dijo:

-Brosio, has hecho muy bien en ceder. íA tiempo verás quién es ese joven!

Y realmente don Bosco fue profeta.

En efecto, después de algún tiempo, aquel joven se vendía a los protestantes, abandonaba el Oratorio y sobresalía entre los alborotadores
y blasfemos de la Jardinera. Varias veces se presentó amenazador por los alrededores del Oratorio para atemorizar a los muchachos e
inducirlos a alejarse de don Bosco; pero éste ya había dicho a Brosio algo sobre la conducta de este desgraciado y el bersagliere lo vigilaba
Un día se presentó en el cancel de entrada al patio, con un afilado puñal en la mano, dispuesto a emplearlo si alguien hubiera tratado de
oponérsele. Un muchacho corrió enseguida a avisar al bersagliere, mientras los demás compañeros, llenos de miedo, escaparon a la otra
punta del patio. Brosio se acercó a él rogándole que se retirara, primero con amabilidad y después con cierta energía;
103

Fin de Página 103

 

VOLUMEN IV Página: 104

pero, viendo que no lograba nada porque el pendenciero y borracho joven buscaba un pretexto para llegar a las manos, se retiró y se quedó
observándole a respetable distancia. El pobre loco no tardó en caer en manos de la justicia: don Bosco, llamado a deponer en su contra, le
alcanzó el perdón y la remisión de la pena; sólo recomendó al tribunal que protegiese su persona y el Oratorio: lo que se llevó a efecto
alejando a aquel individuo de Turín, reconocido como un sujeto peligroso. Esto lo supo don Miguel Rúa de labios de quien acompañó a
don Bosco al tribunal.

Fin de Página 104

 

VOLUMEN IV Página: 105

((125))

CAPITULO XIII

COMPRA DEL CAMPO DE LOS SUEÑOS -GESTIONES CON ROSMINI PARA UN EMPRESTITO Y PROYECTO DE UNA
CONSTRUCCION EN VALDOCCO -DON BOSCO VA POR SEGUNDA VEZ A STRESA -EN CASTELNUOVO -INDULGENCIA
PARA LA CAPILLA DE I BECCHI -CARTA DE DON BOSCO AL TEOLOGO BOREL -JUAN CAGLIERO SE ENCUENTRA CON
DON BOSCO

DURANTE los meses anteriores no había olvidado don Bosco las propuestas hechas al abate Rosmini. Por eso, el 20 de junio, con
escritura notarial de Turvano, compraba en siete mil quinientas liras al seminario de Turín un jornal de terreno (treinta y ocho áreas) de
forma triangular, destinado a huerta. Es el mismo lugar donde, después de otras ventas y compras, se levantan hoy la iglesia de María
Auxiliadora y los talleres de imprenta con el patio anejo.

El padre Carlos Gilardi había escrito mientras tanto a don Bosco, desde Stresa, que el abate Rosmini accedía gustoso a su petición de
prestarle una cantidad. Don Bosco le respondió:

Ilmo. Señor:

Con gran satisfacción he recibido la muy atenta carta de V. S. Ilma. manifestando los sentimientos del Rvdmo. Sr. Abate Rosmini, y me
agradó mucho porque el ofrecimiento superó mi esperanza.

((126)) Acepto, pues, el préstamo de veinte mil francos para el edificio del que ya hemos hablado, asegurándolo por hipoteca, y dejando
para mejor ocasión el determinar tiempos, lugares y personas. Pero, como al presente estoy muy agobiado con los alquileres, pediría tan
sólo se me perdonara el interés durante tres años, a fin de que al entrar en posesión del nuevo Oratorio me vea descargado en parte de la
renta presente. Digo esto solamente por conveniencia y no como condición del contrato, pues yo agradezco la propuesta, aún sin más
ventajas.

Para entendernos debidamente, y creyendo necesaria la presencia
105

Fin de Página 105

 

VOLUMEN IV Página: 106

de ambas partes, esperaré solamente a que se terminen los planos de la nueva construcción, ya empezados, para llevarlos ahí personalmente
y conocer el sabio parecer del Ilmo. Abate Rosmini.

Tenga la bondad de expresar a su veneradísimo Superior los sentimientos de mi más vivo agradecimiento y con la esperanza de que el
Señor, que dispuso empezaran nuestras gestiones, quiera se lleven a efecto para su mayor gloria y bien espiritual de nuestras almas y otras
muchas, tengo el honor de poder profesarme,

De V. S. Ilma.

Turín, 13 de julio de 1850

S.S.S. y amigo
JUAN BOSCO, Pbro.
(Jefe de los Pilluelos)
1

El padre Gilardi, como procurador de los Rosminianos, respondía así al Director del piadoso Asilo en Valdocco:

((127)) Stresa, 26 de julio de 1850

Pidiendo perdón por haber tardado hasta ahora el contestar a su muy atenta del 13 del corriente, he de manifestarle que, mi Rvdmo. P. D.
Antonio Rosmini no podría privarse del interés sobre el capital convenido, ni aún durante los tres primeros años; pero sí podría concederle
prorrogar, aún por más de tres años, la entrega efectiva, de acuerdo con la orden de pago o pagaré, que usted extendería.

Mi mencionado Superior ha sabido con gran satisfacción su propósito de venir pronto a vernos, y desea que no lo demore mucho,
también por el motivo de que el dinero estaría casi todo a su disposición cuando quiera, etc., etc.

C. GILARDI P.
Don Bosco le respondía:

Carísimo señor don Carlos:

Temo que mi demora en ir a Stresa ocasione alguna duda sobre lo que tenemos acordado; por eso me parece conveniente escribir a V. S.
carísima para hacerle saber que el único motivo de mi retraso

1 El mismo se apoda JEFE DE LOS PILLUELOS (Capo dei Biricchini): no será la única vez, como iremos viendo a lo largo de estas
Memorias (N. del T.).

Fin de Página 106

 

VOLUMEN IV Página: 107

es que estoy esperando el dibujo de los planos de la casa a construir. El señor Bocca me ha asegurado que en la semana corriente terminará
el deseado trabajo, así que espero poder ir a Stresa la semana próxima. Pero, como el día 9 estoy comprometido para predicar unos
Ejercicios Espirituales, sucederá que, si no voy ahí la semana próxima, ya no podré hacerlo hasta el 16 de septiembre.

((128)) Este es el motivo de no haber podido realizar mi viaje a Stresa, como deseaba. Ruégole presente mis excusas al Rvdmo. Sr. Abate
Rosmini y le asegure que sigo con el mismo propósito.

Con los sentimientos de la máxima veneración, tengo a gran honor poder profesarme de corazón en el Señor,

De V. S. Ilma. y Car.ma

Turín, 27 de agosto de 1850

S.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
El 16 de septiembre de 1850 partía don Bosco de Turín a Stresa. Iba
allí para asuntos y construcciones; pero, al mismo tiempo, quería observar mejor el reglamento y disciplina de aquella casa, que era la
principal de la Congregación de los sacerdotes de la caridad, y el noviciado.

Hacia medianoche llegaba a Santhià y confesaba al conductor de la diligencia; pasaba después por Vercelli y Novara, y bajaba en Arona.
Tenía proyectado ir a Stresa en barca. Pero en la oficina de la diligencia se encontró con un amigo y bienhechor, el marqués Arconati, el
cual le propuso dejara el viaje en barca y subiera a su coche, que él le acompañaría. Creía el Marqués que de este modo el viaje sería
menos molesto para don Bosco. Propúsole hacer una visita a Alejandro Manzoni y don Bosco aceptó la cordial invitación. Enganchados
los caballos, llegaron en poco tiempo a Lesa, donde entonces veraneaba Manzoni. Fueron recibidos con gran cortesía, y don Bosco almorzó
con el gran escritor, el cual tenía consigo algunos parientes, y le ((129)) mostró sus
manuescritos garrapateados por las muchas correcciones. No tuvo don Bosco en su vida ningún otro contacto con Manzoni, más que
aquella parada de unas horas; pero le bastó para persuadirse, una vez más de que el escribir con sencillez es fruto de largos estudios.

Siguió viaje con el Marqués, que le acompañó hasta Stresa, donde fue recibido con mucha alegría por el abate Rosmini y sus religiosos,
que se comprometían a tenerlo para siempre como hermano. Se
107

Fin de Página 107

 

VOLUMEN IV Página: 108

detuvo allí solamente cinco o seis días y sostuvo largas conversaciones con el Abate. Hablaron también de los bienes eclesiásticos,
insidiosamente codiciados. Era cosa clara que las antiguas formas de las órdenes religiosas no podían subsistir frente a las usurpaciones
con que los Gobiernos amenazaban sus propiedades comunitarias. Había, pues, que buscar un modo para asegurar la existencia de una
sociedad, de forma que un Gobierno se encontrara frente al derecho común de todo ciudadano y, al mismo tiempo, continuara el sagrado
vínculo de los votos. Don Bosco había resuelto el problema en su mente, pero el abate Rosmini había sido uno de los primeros en conciliar
las reglas de su Instituto el voto de pobreza y la propiedad personal. Presentó a don Bosco las Constituciones de los Sacerdotes de la
Caridad, y le relató su historia, sus motivos y la aprobación obtenida de Roma. Había establecido que todo miembro conservase el dominio
de sus bienes ante la autoridad civil, pero que no podía enajenarlos ni disponer de ellos sin el permiso del superior; y así, al paso que el
voto de pobreza quedaba esencialmente a salvo, se evitaban los peligros de la propiedad colectiva. Al principio, la cosa pareció tan nueva
que la Congregación romana, a la que se encomendó el examen de las constituciones, puso graves dificultades. Pero, habiendo observado
que la esencia de la virtud reside en el alma y no en las cosas exteriores y que la pobreza religiosa ((130)) consiste en el desapego de todo
afecto a las riquezas y en la pronta disposición de privarse de ellas y profesar la pobreza efectiva, aquéllas fueron aprobadas. Y terminaba
diciendo:

-Nuestra Congregación no será nunca suprimida, porque no ganarían nada con ello.

Sucedió en Stresa un hecho digno de mención. Una rica y culta señora, Ana María Bolongaro, había regalado al abate Rosmini una
quinta, de las mejor situadas, a orillas del Lago Mayor, con un jardín y un bosquecillo anejos. Como quiera que eran muchos los eruditos
que iban a visitarlo para conocerle personalmente, hablar con él y oír sus enseñanzas, él, para no ocasionar molestias en la casa del
noviciado, había pasado aquel año su residencia al palacete. Allí se reunía con sus huéspedes para tratar de cuestiones científicas, y se
albergaban con mayor comodidad. Como don Bosco moraba en el convento, Rosmini le convidó un día a comer en la casa de la señora
Bolongaro. Aceptó y se encontró allí con una reunión de doctos y filósofos de aquel tiempo, algunos de los alrededores, otros llegados de
lejos. Eran unos treinta comensales. Estaban entre ellos Nicolás Tommaseo, el poeta y novelista Grossi, el napolitano Rogelio Bonghi,
108

Fin de Página 108

 

VOLUMEN IV Página: 109

el médico Carlos Luis Farini de Russi y otros que, más tarde, se distinguieron en las revoluciones italianas. Farini había publicado la
Historia del Estado Romano, y parecía moderado en sus ideas. Don Bosco había leído el libro, pero no conocía a su autor y ni por asomo
sospechaba estuviera presente en la reunión.

Hablóse durante la comida de temas políticos y religiosos; pero los juicios expresados por los comensales no eran muy rectos. Todos se
inclinaban hacia el liberalismo en el verdadero sentido que hoy tiene esta palabra; se criticaban las disposiciones de la Corte romana y se
alababa a los Gobiernos de Italia, que, con actos ilegítimos, habían obstaculizado los derechos de la Santa Sede.

((131)) El abate Rosmini no se opuso a ninguna de las observaciones referentes a política; don Bosco, cuyo corazón latía al compás de la
Santa Sede y del Papa en particular, estaba desazonado; pero como se encontraba en casa ajena y entre hombres famosos por su saber,
escuchaba sin soltar palabra. A cierto punto se pasó a hablar de las nuevas relaciones de la Iglesia con el Estado en Piamonte; se defendía
el opúsculo de Rosmini La Constitución según la justicia social, publicado en 1848 y puesto por la Sagrada Congregación en el Indice; se
hablaba de las elecciones de los Obispos, que debían serlo por el clero y el pueblo. Las discusiones se acaloraron y subieron de tono entre
los comensales. Don Bosco estaba como quien no se interesa por las opiniones ajenas. A cierto punto, Rosmini hizo señal a los convidados
para que hablasen más bajo y se interrumpiera el tema, y dijo en voz baja a Bonghi:

-íEstá aquí don Bosco!

Pero Bonghi respondió con juvenil insolencia, creyendo que don Bosco no le oía:

-íEse tonto de capirote no entiende nada!

Don Bosco simuló no haber oído el insulto; pero Rosmini, a quien no gustaban aquellas conversaciones, y que sabía muy bien cuánto
valía don Bosco, se hacía el distraído. Y he aquí que, al levantarse de los manteles, recayó la conversación sobre la historia del Estado
Romano de Farini, que acababa de publicarse. Rosmini, que había observado como don Bosco había estado callado durante todo el tiempo
de la comida, lo invitó a que también él expusiera su opinión. Don Bosco aceptó de buen grado y cogió la pelota al vuelo. Sin aspereza,
con franqueza, en medio de la curiosidad de todos, observó que la historia de Farini no merecía grandes alabanzas, por ciertas inexactitudes
históricas y por la deshonra que hacía recaer sobre el dominio temporal de los Papas, ((132)) demostrando conocer
109

Fin de Página 109

 

VOLUMEN IV Página: 110

a fondo los escritos de Farini. Todos los convidados se echaron a reír ante la inesperada crítica, aprobando intencionadamente lo que decía
y animándole a continuar sus observaciones. Don Bosco, que no sospechaba nada, seguía hablando. Cuando se trataba del honor de la
Iglesia y del Papa no transigía. Farini, sin pestañear, callaba; los demás se divertían locamente con el incidente. Finalmente, pensad la
sorpresa de don Bosco cuando le dijeron:

-"Conoce usted al doctor Farini?

-No, no le conozco.

-íAquí lo tiene usted! Tengo el honor de presentárselo.

Don Bosco no se turbó; saludó cortésmente a Farini, pidióle excusa, diciendo que no había tenido intención de ofender a nadie, pero
mantuvo lo dicho, y siguió haciéndole notar, con buenas maneras, algunos errores graves en que había incurrido en el capítulo de los Casi
di Romagna. Todos creían que Farini se picaría, montaría en cólera y se defendería pero, muy al contrario, manifestó agradecer mucho la
sensata crítica, y dio las gracias a don Bosco diciéndole:

-Se ve que usted está bien enterado y conoce la historia: me gusta su franqueza; nadie, hasta ahora, me había hecho esas observaciones.

El mismo Rosmini quedó sorprendido del valor de don Bosco, y cuando estuvieron a solas, exclamó:

-Yo no me hubiera atrevido a decir todo eso a Farini.

También Nicolás Tommaseo quedó admirado de don Bosco.

Al acabarse la semana, don Bosco volvió a Turín en diligencia, pues quería estar el domingo entre sus muchachos del Oratorio Festivo.

Al acabar septiembre, salió para Castelnuovo. No hay que olvidar el trabajo soportado aquel año, dando clase continua de latín a los
cuatro jóvenes Buzzetti, Gastini, Bellia y Reviglio. Y ahora se los ((133)) llevaba consigo a I Becchi para las fiestas del Rosario, que
debían celebrarse con especial solemnidad, por los favores espirituales pedidos y concedidos por el Papa 1; y además para que descansaran
un poco, pues lo merecía su intensa aplicación, según hemos expuesto

1 Beatísimo Padre:

En el pueblo de Castelnuovo, de la diócesis de Turín, hay una capilla en la que se celebra la santa misa y se da la bendición con el
Santísimo Sacramento. Le parecería conveniente al orador, sacerdote Juan Bosco, que para acrecentar la devoción de los fieles, concediera
Su Santidad las gracias espirituales siguientes:
110

Fin de Página 110

 

VOLUMEN IV Página: 111

puesto en el volumen anterior. Llevaba con ellos, además, otros varios alumnos.

En los pueblos por donde pasaba, al ir o volver de la casa paterna, se entretenía con las personas que encontraba, y después de
preguntarles amablemente como iba el campo, ((134)) no dejaba de insinuar en su conversación un pensamiento espiritual:

-íQué hermoso es el cielo! pero no está hecho para los tontos...
íánimo!

1º Indulgencia parcial de 300 días a los que asistieren al sermón y a la bendición, durante los días de la novena de Nuestra Señora del
Rosario, que suelen darse en dicha capilla;

2º Indulgencia plenaria a todos los que, confesados y comulgados, visitaren dicha capilla, rogando según la intención del Romano
Pontífice, por las necesidades de la S. Iglesia.

Con la esperanza, etc.

Ex audientia SS.-Die 28 Septembris 1850

Sanctissimus Dominus Noster Pius Divina Providentia Papa IX Oratoris precibus per me infrascriptum relatis benigne annuit iuxte petita
absque ulla Brevis expeditione.

DOMINICUS FIORAMONTI
SS.D.N. ab Epistolis Latinis

De la audiencia de SS.-28 de septiembre de 1850.

Nuestro Señor Santísimo Pío por la Divina Providencia Papa IX, a ruegos del solicitante, por mí referidos, consintió benignamente según
la petición, sin ninguna expedición de Breve.

DOMINGO FIORAMONTI

SS.D.N. para las Cartas Latinas

Beatísimo Padre:

El sacerdote turinés J. Bosco, Director de los Oratorios establecidos en Turín con los títulos de Santo Angel Custodio, San Luis Gonzaga
y San Francisco de Sales, destinados a instruir en la religión y en la piedad a la juventud abandonada, suplica a Vuestra Santidad tenga a
bien dignarse concederle, al menos ad triennium, (para un trienio), la facultad de bendecir rosarios, crucifijos, medallas, con aplicación de
santas indulgencias.

Gracia que, etc.

Ex audientia SS.-Die 28 Septembris 1850

Sanctissimus Dominus Noster Divina Providentia Pius Papa IX Oratoris precibus per me infrascriptum benigne annuit, eidemque petitam
facultatem ad triennium tantum valituram indulsit, absque, ulla Brevis expeditione.

Fin de Página 111

 

VOLUMEN IV Página: 111

DOMINICUS FIORAMONTI SS.D.N. ab Epistolis Latinis
De la audiencia de SS.-28 de septiembre de 1850

Nuestro Santísimo Señor por la Divina Providencia Pío Papa IX, a ruegos del solicitante por mí referidos, consintió benignamente y le
concedió facultades sólo para un trienio, sin ninguna expedición de Breve.

DOMINGO FIORAMONTI
SS.D.N. para las Cartas Latinas

Fin de Página 111

 

VOLUMEN IV Página: 112

Otras veces:
-íQué suerte cuando veamos a Dios cara a cara!
Con frecuencia repetía:
-"Enviáis vuestros hijos a la catequesis y a recibir los sacramentos?
-Poned plena confianza en nuestra buena madre María Santísima. Huid del pecado, si queréis que Dios bendiga vuestros sembrados
y

viñedos.
Sus palabras eran un continuo sermón, en cualquier asunto que llevara entre manos. Aún recuerdan todos, en Buttigliera, lo que don
Bosco dijo a uno o a otro en aquella ocasión.
Al llegar a I Becchi, escribía una carta al teólogo Borel, siempre dispuesto a velar por el Oratorio cuando el amigo se ausentaba:

Carísimo señor Teólogo:

Aprovecho el viaje de Comba que va a Turín para algunos encargos, pues creo le gustará saber de nosotros.

En los cinco días que llevo aquí me parece que mi salud ha ganado mucho, aunque no tanto como ((135)) otros años. Senescimus annis.
(Envejecemos con los años). Savio está ya sin fiebre. También Reviglio parece que mejora; los demás siguen bien, menos la desazón de un
apetito insaciable; pero la polenta es buena.

Yo voy corrigiendo un compendio de Historia de la Casa Real de Saboya, que el señor Marietti quiere volver a imprimir. Tuvimos poco
tiempo para hablar, antes de salir de ahí, pero haga usted de buen padre de familia de su casa y de la mía: si necesita dinero, vaya a don
José Cafasso y él le entregará lo que haga falta.

Me parece necesario que haga una excursión a Castelnuovo: nos iría muy bien a usted y a mí; si lo cree oportuno, forme grupo con el
teólogo Vola, Carpano, Murialdo, (que me dijo vendría con mucho gusto desde Moncalieri) y también Ponte. Fije el día para la salida,
temprano para el vapor, y yo espero poder enviar un guía para el camino, que seguramente no les dejará poner el pie en el suelo. O quam
bonum et quam jucundum habitare fratres in unum! (íOh, qué bueno y qué hermoso es que los hermanos vivan unidos!).

Cuénteme muchas cosas de usted, del Oratorio y del Refugio, mientras pido al Señor que le acompañe. Ruégole salude a nuestros amigos
del Oratorio y me crea siempre,

De V.S.

Afectísimo amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

Fin de Página 112

 

VOLUMEN IV Página: 113

Castelnuovo de Asti, 30 de septiembre de 1850

P.S. He recibido a tiempo la facultad para dar la bendición con el Santísimo; mil gracias.
Mientras escribo, recibo su carta, en la que me comunica tantas cosas que deseaba saber. Le recomiendo a nuestro pupilo José Rossi,
zapatero, y a Constantino, que ya hace algunos ((136)) días se pasea por Turín, sin preocuparse de trabajar.

Don Bosco escribía al teólogo Borel diciéndole se dirigiera a don José Cafasso para obtener dinero: seguramente su necesidad debía ser
grande, pues había encargado a su procurador vender algunos trozos de terreno de su propiedad en Valdocco. En efecto, el 6 de octubre de
1850, con escritura ante el notario Turvano, vendía a Miguel Nicco un terreno de 38 centiáreas por 250 liras; a Mariana Franco, viuda de
Audagnotto, 3,89 áreas, por 2250,62 liras y a Santiago Ferrero y Juvenal Mo, 6 centiáreas por 37,16 liras.

Durante ese tiempo don Bosco se encontró, por vez primera, en Castelnuovo por Juan Cagliero, muchacho de unos doce años, natural de
aquel pueblo. Se lo presentó el párroco don Antonio Cinzano para que examinara su vocación y le admitiera en el Oratorio de Turín. El
mismo Cagliero, ahora obispo, nos contaba su primer encuentro con don Bosco:

-La impresión que recibí fue la de ver en don Bosco un sacerdote singular, ya por el modo y la gracia con que me acogió, ya por el
respeto y el honor con que le trataban mi buen párroco, mis maestros de Castelnuovo y los demás sacerdotes. Jamás se borró ni disminuyó
mi primera impresión, sino que se acrecentó durante los treinta y tres años que viví a su lado. Don Bosco me hizo unas preguntas y fijó mi
ingreso en el Oratorio para el curso siguiente.

Después de la admisión de Cagliero, don Bosco siguió todavía en I Becchi por algún tiempo, que aprovechó para terminar sus gestiones
con el abate Rosmini, a quien escribía:

((137)) Al Ilustrísimo y Distinguido Señor Abate Don Antonio Rosmini, Superior General del Instituto de la Caridad -Stresa

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Participo a V. S. Ilustrísima que mis condiciones de salud me han obligado a pasar unas semanas más en el campo. Al presente estoy
113

Fin de Página 113

 

VOLUMEN IV Página: 114

restablecido, gracias a Dios, y espero poder volver mañana a la Capital. Por tanto, V. S. puede dar las disposiciones que crea del caso sobre
el préstamo de que hemos hablado. Me parece que la garantía podría hacerse con la hipoteca sobre el inmueble, o por disposición
testamentaria formalizada desde ahora: me remito a lo que V. S. crea mejor.

No puedo menos de renovar con la presente la expresión del más cordial agradecimiento por la amable acogida y atenciones dispensadas
en los felices días que pasé en Stresa; y mientras le auguro todo bien del Señor, tanto para la conservación de su venerada persona, como
para el incremento del Instituto, me considero honradísimo en poder declararme,

De V. S. Ilma. y Rvdma.

Castelnuovo de Asti, 25 de octubre de 1850

Humilde Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.
(Junto al Refugio)
.

Al día siguiente recibía respuesta:

Stresa, 26 de octubre de 1850

Muy Reverendo y Carísimo Señor Don Juan:

Respondo a su grata del 25 próximo pasado, por encargo de mi Superior el abate Rosmini, que afectuosamente le saluda.

((138)) Está dispuesto a dar las disposiciones oportunas para el empréstito concertado; pero desearía que antes cuidara V. S. de que un
hábil arquitecto hiciera un plano normal de la casa que desea construir, de acuerdo con las conversaciones tenidas, y tal, que pueda ser
aprobado por el mismo señor abate Rosmini.

Los 20.000 francos se le entregarían de una vez, en el momento de recibir la correspondiente escritura de garantía que V. S. presentara; y
esto para evitar la multiplicidad de documentos que precisarían si se entregara la suma en varios plazos. V. S. podría después colocar a
interés, por cuenta propia, la parte que no necesitara enseguida. Lo que resultaría ventajoso para V. S., porque así podría obtener una
ganancia mayor que el interés a que se obligaría con el
114

Fin de Página 114

 

VOLUMEN IV Página: 115

mismo señor Abate. Finalmente, éste preferiría que V. S. asegurase dicha suma con hipoteca sobre el terreno o sobre el edificio a construir,
mejor que por testamento, ya que en este segundo caso V. S. o quien le sustituya, quedaría obligado al impuesto de sucesión no familiar de
diez por ciento, etc.

C. GILARDI
Fin de Página 115

 

VOLUMEN IV Página: 116

((139))

CAPITULO XIV

EL ARZOBISPO PERMITE VESTIR LA SOTANA A LOS CUATRO PRIMEROS ESTUDIANTES DEL ORATORIO -MIGUEL RUA
ALUMNO DE LAS CLASES DE LATIN -EL CANONIGO GASTALDI RECOMIENDA A SU MADRE EL ORATORIO, ANTES DE
ENTRAR EN LOS ROSMINIANOS -METODO FACIL PARA APRENDER LA HISTORIA SAGRADA, PARA USO DEL PUEBLO
CRISTIANO

DON Bosco creía que sus cuatro discípulos de latín estaban suficientemente preparados para vestir la sotana, y como tenía urgente
necesidad de su ayuda en los Oratorios, escribió al Arzobispo, desde Castelnuovo, para alcanzar las oportunas licencias. Monseñor
Fransoni respondía a don Bosco desde Lyon el 23 de octubre de 1850:

Carísimo don Bosco:

Me disgusta no poder satisfacer su petición para admitir fuera de tiempo al examen para tomar la sotana a sus recomendados Félix
Reviglio, Santiago Bellia, José Buzzetti y Carlos Gastini, puesto que si abriese esta puerta acabaría con la disposición de mi antecesor que
fijaba una sola fecha al año para los exámenes de todos los postulantes. En alguna que otra ocasión tomé la disposición de ((140)) permitir
que alguno vistiese la sotana sin previo examen, y que se presentase a él en la fecha establecida para todos. Es lo que, por consiguiente,
puedo hacer en favor de sus recomendados, y me parece que de este modo queda resuelta su finalidad, ya que así alcanza usted su intento.
Guarde, pues, la presente carta para su justificación, y, mientras tanto, haga repasar a los jóvenes para asegurar más el éxito del examen.

Ruegue por mí que soy de todo corazón,

su atento seguro servidor
" LUIS, Arzbpo. de Turín.

Fin de Página 116

 

VOLUMEN IV Página: 117

Agradeció don Bosco la bondad del Arzobispo. Volvió a Turín y continuó sus lecciones hasta fin de año. Durante catorce meses había
dado clase de latín diaria, antes del mediodía, y durante cinco o seis horas consecutivas. Había llegado, por consiguiente, el momento de
presentar a sus alumnos al menos a un examen privado. Encargó de ello al doctor en teología Chiaves y al profesor de retórica don Mateo
Picco, los cuales no pudieron comprender de ningún modo, cómo le había sido posible a don Bosco preparar en tan poco tiempo a alumnos
tan bien instruidos. Y los declararon capaces para seguir los estudios de filosofía.

La satisfacción experimentada por don Bosco por este examen había sido precedida por una hermosa ganancia y una no pequeña pérdida.
Hemos visto al jovencito Miguel Rúa asistir a los ejercicios espirituales de Giaveno. Había terminado el curso elemental en las escuelas de
los Hermanos de la Salle; durante el año, su maestro el Hermano Miguel, muy querido por los alumnos, sabedor de su inteligencia y de su
espíritu de piedad, su amabilidad, prudencia y amor por el trabajo, le había propuesto entrar como hermano en ((141)) su Instituto
Religioso. El jovencito, que le quería mucho, aceptó la cordial invitación, y respondió: -Si el próximo curso, vuelve usted a su clase, haré
lo que me aconseja.

Habitaba Rúa en Valdocco, no lejos del Oratorio: su padre, hortelano, era un cristiano de buena cepa, y su madre no demostraba ser
inferior a mamá Margarita en la buena educación de sus hijos. La cercanía de las dos casas hacía que Miguel fuera al Oratorio también
entre semana. Como había terminado los exámenes y se había acabado el curso, don Bosco, que, con ojo certero había pronosticado sus
valiosas condiciones, preguntóle si no le gustaría hacerse sacerdote. Respondió Miguel:

-íYa lo creo, mucho!

-Pues entonces, prepárate para estudiar latín.

El muchacho le expuso la invitación que le había hecho su maestro y la respuesta que le había dado. Al oír esto don Bosco no añadió
más, pero sus palabras habían producido una viva impresión. Dios guiaba, en tanto, el porvenir. El Hermano Maestro había salido de la
escuela por orden de los superiores, y había sido trasladado para enseñar en otro lugar lejano. Miguel, libre así de su compromiso, pidió y
obtuvo de sus padres poder seguir el consejo de don Bosco. Al dar la agradable noticia al padre espiritual de su alma, Miguel le presentó
las papeletas de mención honorífica mensual, durante el primero y segundo grado, obtenidas en la clase elemental superior durante los
117

Fin de Página 117

 

VOLUMEN IV Página: 118

cursos 1848-49, 1849-50, por su conducta óptima y su aplicación. Tanto le gustaron a don Bosco, que quiso guardarlas consigo y las
conservó mientras vivió, y todavía existen en nuestros archivos.

Durante los tres meses de vacaciones otoñales, don Bosco puso a Miguel Rúa, juntamente con Ferrero y Marchisio, con don Pedro Merla
el cual les enseñó los primeros rudimentos de latín. Pero después de la fiesta ((142)) de Todos los Santos, como quiera que don Bosco ya
no podía enseñarles él mismo regularmente, empezó a enviarles a la escuela privada del profesor José Bonzanino, titulado, para los tres
cursos inferiores del gimnasio. Tenía éste su clase, junto a la plaza de San Francisco de Asís, en una casa que pertenecía a la familia Péllico
y precisamente en las mismas habitaciones donde Silvio escribió Mis prisiones. Bonzanino aceptó con gusto la petición de don Bosco, el
cual les repasaba la gramática por la noche, les enseñaba el sistema métrico y les adiestraba en cuentas.

Miguel Rúa siguió viviendo con sus padres todavía durante más de un año, mientras se unía a sus condiscípulos, pero como alumno no
interno en el Oratorio, Angel Savio. Miguel, asiduo a clase, adelantaba mucho en los estudios; tanto que, al acabar el curso 1850-51, con
maravilla de los maestros, hizo unos exámenes brillantes, con grandes alabanzas, de los tres cursos inferiores del gimnasio.

Desde entonces le enviaba don Bosco, juntamente con Angel Savio y otros, a asistir y enseñar catecismo a los muchachos de Vanchiglia
y de Puerta Nueva, y así continuó durante varios años.

Don Bosco iba a menudo al profesor Bonzanino a informarse de sus alumnos. Un día iban Ascanio Savio y Miguel Rúa al Oratorio de
San Luis, y díjole Savio a Rúa:

-Oye, Miguel; me ha dicho don Bosco que fue a pedir informes tuyos al profesor Bonzanino y que se los dio muy halagüeños. Y añadió
que se había hecho planes sobre ti y que en el porvenir tú le ibas a ayudar mucho.

Miguel Rúa no olvidó jamás estas palabras.

En efecto, don Bosco había adquirido un nuevo y estupendo alumno, pero al mismo tiempo perdía un amigo querido. El teólogo
colegiado Lorenzo Gastaldi, canónigo de San Lorenzo ((143)) en Turín, que había empezado un provechoso apostolado de predicación,
estaba decidido a renunciar al canonicato, ansioso de una vida más austera y de mayor dedicación al estudio. Como era admirador de
Rosmini, seguidor de su filosofía, defensor de sus doctrinas en la prensa, se sentía atraído por una viva simpatía hacia la congregación de
los Sacerdotes de la Caridad; así que, abandonando comodidades.
118

Fin de Página 118

 

VOLUMEN IV Página: 119

y honores, fue a Stresa y entró en aquel noviciado. Pero, una vez allí, fue cambiando poco a poco sus principios filosóficos y, al terminar la
prueba, los superiores le quitaron, al cabo de poco tiempo, de profesor de Lógica, y, de acuerdo con su petición, le enviaron como
misionero a Inglaterra. Una vez allí, le permitieron mantener correspondencia con los periódicos italianos, pero le prohibieron escribir
sobre temas filosóficos. En efecto, todas las noticias de Inglaterra, publicadas en Armonía de Turín y firmadas por él, tocan solamente
temas históricos. Mientras tanto, empujado por un vivo celo de la gloria de Dios y adornado de singular ingenio, se había familiarizado con
el inglés, predicando durante varios años el catolicismo a los anglicanos.

Pero no se olvidaba de don Bosco a quien quería: antes de partir para Stresa e Inglaterra, dijo a su madre:

-Para seguir mi vocación me separo de usted; pero no se entristezca por mi partida: resígnese al querer divino, y considere como hijo
suyo, en mi lugar, a don Bosco y a sus pobres muchachos. Dedique a esta naciente familia los cuidados que se tomaría por mí, lo cual será
muy satisfactorio y de gran mérito ante el Señor.

Y tal como el hijo se lo indicó, así lo hizo la madre: a partir de entonces no dejó escapar un día sin acercarse, pese a su avanzada edad, a
visitar el Oratorio, acompañada de la hermana del Teólogo y de una hija de ésta, para atender de modo especial al buen orden de la ropa
blanca, remendarla y proveer de prendas nuevas ((144)) cuando era necesario. Mientras vivió, fue una bienhechora insigne de las obras de
don Bosco.

Pero si el canónigo Gastaldi deseaba con ardor las misiones de Inglaterra, don Bosco se entregaba continuamente a la conservación de la
fe en Italia. De los puntos de su pluma salió otro opúsculo titulado: Método fácil para aprender la Historia Sagrada, para uso del pueblo
cristiano. Exponía en forma de diálogo los hechos del Antiguo y del Nuevo Testamento en treinta breves capítulos, con preguntas y
respuestas muy concisas, pero claras, de modo que quedaban inmediatamente impresas en la mente del lector. Explicaba de este modo la
razón de su trabajo:

"La presente Historia Sagrada está destinada al uso de los cristianos, especialmente aquéllos que, por su mucho trabajo o falta de
estudios, no pueden leer libros más voluminosos y eruditos.

"Sólo pretendo hacer notar cómo en la Biblia están contenidas muchas verdades profesadas por los católicos y negadas por los enemigos
de nuestra santa Religión. Este librito es un compendio de mi
119

Fin de Página 119

 

VOLUMEN IV Página: 120

Historia Sagrada, en uso ya en diversas escuelas públicas. Al escribirlo he procurado seguir, por cuanto me fue posible, los compendios de
Historia Sagrada, anejos a algunos catecismos aprobados en diversas diócesis. Espero que cuantos lean esta Historia se apresuren a
difundirla en escuelas y familias, persuadido de que resultará provechosa para nuestra santa Religión. Bendiga el Señor a todos los que
trabajan en bien de las almas, infunda en sus corazones fuerza y valor para poder perseverar en el camino de la verdad y les colme de las
bendiciones celestiales necesarias para la vida presente y la futura".

Para atraer a los judíos a Jesucristo exponía la profetizada y realizada destrucción de Jerusalén, y para convencer a los fieles de los
errores de los protestantes manejaba la ((145)) Biblia y la tradición, el gobierno y caracteres de la verdadera Iglesia y de las sociedades
separadas de la Iglesia católica.

Hacía estudiar a sus muchachos estos diálogos, y se oía repetir en las veladas:

-San Pedro fue establecido por Jesucristo como cabeza de la Iglesia y su Vicario.

-Los apóstoles y los obispos reconocieron a San Pedro por su cabeza.

-A San Pedro le suceden los Papas, investidos con la plenitud de su autoridad.

-La explicación de la Biblia y el testimonio de la tradición, debemos recibirlo solamente de la Iglesia católica, porque Jesucristo le dio a
ella, y no a otro, la autoridad infalible para la conservación de la fe.

-Los errores contra la fe fueron condenados siempre por los Papas, y sus sentencias fueron respetadas por los verdaderos cristianos como
salidas de la misma boca de Jesucristo.

-Jesucristo ha prometido que asistirá a su Iglesia hasta el fin de los siglos.

Añadía don Bosco a este librito un mapa geográfico de Tierra Santa, y hacía una segunda edición en 1855. Resulta incalculable el
número de ejemplares difundidos entre el pueblo con las siete ediciones que siguieron.
120

Fin de Página 120

 

VOLUMEN IV Página: 121

((146))

CAPITULO XV

DON BOSCO MODELO DE AMOR FILIAL -DIA ONOMASTICO DE LA MADRE -HUMILDAD DE MAMA MARGARITA Y SU
SENCILLEZ -COMO RECIBIA A PERSONAS DISTINGUIDAS -SU AGRADECIMIENTO A LOS BIENHECHORES -ESPIRITU
DE POBREZA Y DE JUSTICIA

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE, dijo el Señor. Don Bosco era un modelo ante sus muchachos en la guarda de este
mandamiento, pues fue siempre cariñosísimo con sus padres. Hablaba con frecuencia y afecto de su padre, al que, se puede decir, ni
siquiera conoció, y rezaba a diario por el eterno descanso de su alma. Tenía con su madre todas las atenciones propias del hijo más
respetuoso, y la consolaba en su vejez con una piedad conmovedora. Si, por una parte, nunca antepuso su amor al de Dios, por otra, la
atendía y ayudaba en cuanto de él dependía. La obedecía, se sometía dócilmente a sus consejos y no emprendía nada importante sin
comunicárselo. Era feliz con su deseo satisfecho de verla colaborar al bien de los alumnos y hacer de madre de todos. Hablaba de ella con
veneración y le profesaba un reconocimiento vivísimo por los trabajos y esfuerzos que había realizado para educarle. La alababa
especialmente por haberle enseñado a tiempo a amar y servir a Dios, insinuándole gran ((147)) horror al pecado. Avanzado en años, aún
recordaba a su madre con ternura, con filial respeto y verdadera conmoción del corazón. Aunque en su profunda humildad contaba con
mucho gusto su bajo origen, en el que mamá Margarita aparecía como una vulgar campesina, sin embargo, él la honraba enormemente
frente a cualquier condición de personas.

Quería también que los muchachos la obedeciesen y respetasen, y, si en alguna ocasión había alguno que por ligereza o capricho, sometía
la menor falta de respeto, él decía en la platiquita de la noche, inculcándoles la obediencia:

-Yo que soy el Director de la casa, obedezco a la madre y la respeto: íhaced vosotros lo mismo!
121

Fin de Página 121

 

VOLUMEN IV Página: 122

Y, a la par, ponía de relieve a los muchachos los trabajos que ella llevaba a cabo y enumeraba los grandes servicios que le prestaba.
Aprovechaba la ocasión para recordar a las madres que habían dejado en su casa, y les repetía las palabras de Tobías: "Acuérdate, hijo, de
que ella pasó muchos trabajos por ti, cuando te llevaba en su seno" 1.

Don Bosco no perdía ocasión para honrarla. La afable sencillez de su madre aparecía constantemente hasta en los momentos más
solemnes. El día de su santo caía en el mes de noviembre, y los muchachos lo celebraban cariñosamente; la víspera por la noche, les
acompañaba don Bosco mismo para entregarle un ramillete de flores. La buena madre les recibía sonriendo, y escuchaba serena, sin hacer
el menor movimiento, los discursos y poesías que le iban leyendo. Al terminar la lectura, respondía con pocas palabras:

-íBien! Os agradezco todo, aunque yo no hago nada ((148)) por vosotros. Es don Bosco quien lo hace todo. Sin embargo, agradezco
vuestras felicitaciones y cumplidos, y mañana, si don Bosco lo permite, os daré un plato más.

Resonaba entonces un frenético grito de íviva la mamá! y se disolvía la reunión.

De las palabras de Margarita se deduce bien claro que ella no tenía más cuidado que el de levantar a su don Juan ante los ojos de los
muchachos y tenerlo como única autoridad.

Su humildad hacía que todos la quisiesen, y era, por tanto, venerada por cuantos la conocían, aún por aquéllos que se habían entretenido
con ella sólo un momento en el Oratorio. Desde que llegó a Turín, apenas fue conocida por los vecinos del barrio, no se le llamó con otro
nombre más que con el de mamá. Trataba con la misma dulzura y caridad a duques, marqueses y ricos banqueros que a sencillos zapateros
remendones y limpiachimeneas.

Muchos señores y señoras de la nobleza y los mismos obispos bienhechores insignes de la casa, al ir a visitar a don Bosco no dejaban
nunca de asomarse a la puerta de Margarita y saludarla, lo mismo al entrar que al salir. Su sincera virtud, sus sencillos modales y su
singular sensatez causaban la más viva complacencia. Cuando no encontraban a don Bosco en casa, o cuando estaba de visita con alguien,
ellos se decidían a esperar entreteniéndose con mamá Margarita. Porque en aquellos tiempos no había sala de espera, y a aquellos señores,
no atreviéndose a entrar para no causar molestia alguna, no

1 Tobías IV, 3.
122

Fin de Página 122

 

VOLUMEN IV Página: 123

les resultaba muy agradable sentarse sobre un poyo a cielo descubierto, aguantando el sol o la lluvia.

Llamaban, pues, a la puerta de Margarita:

-Mamá, "se puede?

La buena mujer, sentada en medio de unas pocas sillas, sobre las cuales amontonaba las pobres y gastadas prendas de los muchachos,
para remendar, respondía sonriente:

-Pasen, pasen, señores; ((149)) que Dios les bendiga.

Y, desocupando las sillas, se las presentaba a ellos invitándoles a sentarse. Eran personas ricas, distinguidas, dotadas de saber, conocidas
por su fama en toda la ciudad; pero ella no se apuraba, no perdía su habitual desenvoltura; más aún, solía decir con toda sencillez:

-Si me lo permiten, termino tres avemarías, que he empezado y estoy con ustedes.

-íEs usted muy dueña!, respondían sonriendo, puesto que habían entrado a propósito para disfrutar de su sencillez.

Margarita acababa tranquilamente su oración. Empezaban después la conversación; pero si ésta languidecía, ella seguía en voz baja sus
oraciones.

Aquellos señores pasaban a veces con ella horas enteras, haciéndole preguntas para que hablase. Se gozaban infinitamente con sus
respuestas, sus pensamientos y los refranes a propósito que brotaban constantemente de sus labios. Por la familiaridad que con ella tenían,
hasta le proponían cuestiones de moral, de historia, de política. Margarita conservaba siempre una perfecta y serena tranquilidad. No se
apuraba, ni se impacientaba o avergonzaba. Sus respuestas no eran necias, presuntuosas ni ligeras. El buen sentido y el catecismo eran su
mejor ayuda; un chascarrillo o un refrán sobre su propia ignorancia, el relato de un hecho o de algo visto u oído narrar, o que le había
sucedido a ella misma, le daban pie para escapar de las preguntas que no entendía.
Sus nobles visitantes se reían placenteramente, porque, de propósito presentaban aquellos temas, por el gusto de admirar la manera de
cómo se defendía una vulgar campesina que hasta entonces, puede decirse, era la primera vez que salía de su aldea. También Margarita reía
a gusto.

((150)) Es de advertir que la buena mujer sabía mantenerse siempre igual en todas las circunstancias, lo mismo si era objeto de burlas,
que si era provocada con palabras poco reverentes, o contrariada en sus intenciones.

Tenía un agradecimiento vivísimo e inmutable en favor de los bienhechores de la casa y de su hijo. Hubiera querido poderles pagar
123

Fin de Página 123

 

VOLUMEN IV Página: 124

su caridad; pero, "cómo? Manifestaba con palabras todo su corazón, lamentándose de la imposibilidad en que se encontraba para cumplir
este deber, y buscaba con sus simpáticas maneras hacer de modo que todo fuera de su agrado. Cuando le parecía que, por el frío o por el
calor, sus visitantes necesitaban un alivio, inmediatamente proponía:

-"Les apetecería una taza de café?

Aquellos señores se lo agradecían, diciendo que no lo necesitaban o que ya lo habían tomado. Pero ella insistía tan cordialmente, con un
que sí, que sí, tan suplicante y premuroso, que ellos aceptaban, y ella, la mar de satisfecha, corría a prepararlo.

Si llegaba algún párroco hacia el mediodía, no encontraba cortesía más agradable que la de invitarle a comer. E iba repitiendo
amablemente:

-Si me hubieran avisado de su llegada, si yo lo hubiera sabido antes, habría preparado algo mejor; pero, quédese: será un placer para mi
hijo.

Aquellos buenos sacerdotes, solamente por darle gusto y por entretenerse a sus anchas con don Bosco, aceptaban la invitación. Pero, los
que eran de la ciudad volvían luego a comer a su casa y los que eran forasteros buscaban, luego, una fonda donde refocilarse. En aquellos
tiempos no se servía en el Oratorio más que lo justo para un ermitaño. Sin embargo, Margarita sabía espabilarse para presentar alguna
sorpresa agradable a los que ella consideraba, y lo eran, ((151)) los ángeles de la Providencia. Cuando le llevaban del pueblo fruta
temprana o poco corriente, o cuando José le traía una liebre o una ave de valor, estaba satisfecha y enviaba inmediatamente su regalo a
aquellas familias, a las que profesaba tanto afecto.

Pero mantenía sobre todo la promesa que frecuentemente hacía a los bienhechores:

-Rogaré por ustedes al Señor: que El se lo pague y les conceda toda suerte de prosperidades, como ustedes se merecen.

Estas delicadas atenciones no cambiaron en nada sus ideas y sus costumbres. Inspirada en el amor a la vida de privaciones, soportada por
Nuestro Señor Jesucristo, repetía a menudo: Pobre nací, pobre quiero vivir y morir.

De vez en cuando, solía devolver las visitas e ir a las casas de los bienhechores, donde era recibida con gran alegría. A pesar de ello
nunca quiso cambiar su indumentaria campesina, ni permitió que se empleasen en ella tejidos o lienzos de algún valor.

-Saben muy bien esos señores que yo soy pobre, exclamaba, y, por consiguiente, perdonarán la ordinariez de mis vestidos.
124

Fin de Página 124

 

VOLUMEN IV Página: 125

Pero aquellas telas estaban siempre tan pulcras que agradaban a todo el que trataba con ella.
Con el andar del tiempo, y después de varios años de llevar el mismo vestido, aunque sin manchas, resultaba que éste se veía desteñido
y

remendado. Un día le dijo don Bosco:

-Mamá, por favor, cámbiese de vestido. íHace ya tantos años que lleva el mismo encima!

-íQué gracia! "Y no te parece que todavía me va bien este vestido?

-"Bien? Le aseguro que no es ni decente. Viene a usted el conde Giriodi y la marquesa Fassati, y ciertamente no conviene que los reciba

con ese vestido. Ni los barrenderos de la calle van peor vestidos que usted.

((152)) -Pero, "cómo quieres que haga para comprarme un vestido cuando no tenemos nada?

-Es verdad, no tenemos nada; pero, antes que verla hecha una lástima, dejaremos el vino y la carne; y usted provéase.

-Cuando las cosas sean así, haremos este gasto.

-"Cuánto costará un vestido?

-íVeinte liras!

-Aquí las tiene.

Margarita tomó las veinte liras y se retiró a sus labores. Pasó una semana, pasaron dos, pasó un mes y Margarita siempre con el mismo

vestido encima. Hasta que finalmente don Bosco preguntó:

-Mamá, "y el vestido nuevo?

-íAh! Es verdad. Pero "cómo comprarlo, si no tengo un céntimo?

-"Y las veinte liras?

-íAy, ya están gastadas! Compré sal, azúcar, cebollas y otras cosas por el estilo. Vi, además, a un pobre muchacho descalzo y tuve que

comprarle un par de zapatos. Con lo que me quedó compré unos pantalones a fulano y una corbata a mengano.

-Bueno, ha hecho usted bien; pero no puedo soportar el verla así: íva en ello mi honor!

-Me sabe mal: hay que remediarlo; pero, "cómo hacer?

-Pues bien; le daré otras veinte liras, pero esta vez quiero que se cuide de usted misma.

-Lo haré, si así te place.

-Tenga las veinte liras; pero no olvide que deseo verla vestida finalmente con más decoro.

-íTranquilo, tranquilo!

Fin de Página 125

 

VOLUMEN IV Página: 126

Pero estábamos en las mismas: todo se gastaba para los muchachos.

Una bienhechora le regaló una hermosa mantilla de seda muy larga. ((153)) Después de examinarla atentamente, dijo Margarita a la

hermana de don Francisco Giacomelli:

-"Para qué podría servir esto tan elegante? "Una pobre campesina como yo, vestida de seda? íNo quiero que nadie se burle de mí!

Y tomó las tijeras, descosió la mantilla y cortó unos justillos para los muchachos asilados.

Cuando llegó el momento en que don Bosco tuvo en casa algunos clérigos y sacerdotes, en atención a ellos, debió añadir un plato de

carne a la comida. Habría podido ella comer igual que los Superiores, que también le hubiera llegado. Sin embargo no comía más que la
polenta fría, con un pimiento, una cebolla y algunos rabanitos, sin más condimento que la sal; y estaba la mar de contenta.

-Los pobrecitos, exclamaba a menudo, no siempre tienen qué comer, mientras a mí no me falta; por consiguiente, puedo llamarme
señora.

A lo mejor llegaba al Oratorio un gran personaje, como un obispo, un párroco, y se acercaba a ella presentándole una tabaquera de alto
precio y le invitaba a tomar un poquito de rapé.

Margarita lo rechazaba siempre, agradeciendo el gesto.

-Pero, "no le parece que, teniendo que estar siempre sentada y ocupada, esto le podría aliviar?

-íSeñor, tengo que comprar calcetines para los muchachos!

-íPues yo le regalo esta tabaquera!

-Su Señoría es demasiado bueno, pero usted sabe que cuestan mucho las costumbres... y nosotros somos pobres.

Sin embargo, aunque reinaba la pobreza en la casa, ella era de una justicia rigurosa para dar a cada cual lo que por derecho le
correspondía, y el corazón de aquella mujer estaba lleno de delicadas atenciones con todos en cualquier ocasión.

Un día, fue de compras con la jovencita Giacomelli. Llegaron hasta una tienda frente a la iglesia del Corpus Christi, para proveerse de
agujas, hilo y botones. Pagaron y volvieron a casa con sus ((154)) compras. Repasando las cuentas, por el camino, encontró una diferencia
de tres o cuatro liras en perjuicio del tendero. Perdió la calma y, al entrar en casa, dijo a la Giacomelli:

-Vuelve enseguida a la tienda, a ver si de veras se han equivocado; pero cuida de llamar aparte al dependiente que nos ha atendido y
habla con él de forma que no le llame la atención al amo.
126

Fin de Página 126

 

VOLUMEN IV Página: 127

La jovencita hizo el recado fielmente, contó las palabras de Margarita al dependiente y le devolvió las liras. Quedó éste sorprendido y
preguntóle quién era la que le había amaestrado tan bien:

-Es la mamá de don Bosco, respondió la Giacomelli.

-Pues bien; dígale que se lo agradezco mucho, sobre todo la atención que ha tenido. Si se hubiera dirigido al amo, me había hundido,
porque me habría echado fuera sin más contemplaciones, y yo me hubiera quedado en la calle. Agradézcaselo, pues, en mi nombre a esa
buena señora, y dígale que venga siempre a comprar a esta tienda, que yo la serviré mejor y a más bajo precio que nadie.

Nos contaron todos estos sucesos el teólogo Ascanio Savio, Tomatis,
Buzzetti y sobre todo el mismo don Bosco.

Fin de Página 127

 

VOLUMEN IV Página: 128

((155))

CAPITULO XVI

DON BOSCO ASISTE A LOS ENFERMOS Y MORIBUNDOS -ADMIRABLE CONVERSION DE UN ATEO -OTRA
CONVERSION DE UN SECTARIO -UN MOLESTO ENCUENTRO CON LAS SECTAS

LAS amables virtudes de Margarita, copiadas y perfeccionadas por el hijo hasta el heroísmo, inspiraban a la gente, en todas sus angustias,
una ilimitada confianza en don Bosco. Particularmente, su caridad con los enfermos y moribundos era tan conocida en Turín que,
frecuentemente, no sólo los muchachos externos del Oratorio, sino los enfermos de los hospitales y de la ciudad le mandaban llamar para
confiarle los secretos de su alma. Era apreciadísimo por las familias, porque sabía consolar a sus seres queridos y, de forma delicada,
animarles a recibir el santo Viático fácilmente y sin asustarse. Con su viva fe se apresuraba a que se les administrase la extremaunción y la
bendición papal, de forma que morían confortados con la esperanza cristiana. No era raro, atestigua don Miguel Rúa, que el Señor
recompensara su fe y solicitud, otorgando la salud corporal a los enfermos por él atendidos, apenas recibían los santos óleos.

Era también admirable cómo sabía disipar las angustias de ciertas almas piadosas, que, al llegar al último extremo, ((156)) tenían un gran
miedo a las penas de purgatorio. Sabía hablarles tan bien de los méritos que se ganan con las indulgencias, de las penas que se descuentan
sufriendo resignadamente los dolores de la enfermedad, de la ofrenda generosa a Dios de la propia vida, de la perfecta caridad que limpia
toda mancha, que llenaba el ánimo de confianza consoladora en la misericordia de Dios. Les añadía que se celebrarían muchas misas de
sufragio y que él mismo rezaría por ellos. Y cuando alguno no se rendía a razones, él llevado de su caridad, le aseguraba, para
tranquilizarle y animarle, que él mismo tomaba sobre sí, al menos una parte de la expiación que él debía rendir en el otro
128

Fin de Página 128

 

VOLUMEN IV Página: 129

mundo. Y, en efecto, sucedió en alguna ocasión que fue acometido por un fortísimo dolor de muelas, que no le dejó descansar de día ni de
noche, durante toda una semana. Habiéndole preguntado don Miguel Rúa, qué le pasaba, manifestóle confidencialmente que, para consolar
a un pobre moribundo, le había prometido cargarse él mismo con las penas que el otro debería haber sufrido en el purgatorio.

Por esta su bondad y pericia para cumplir el sagrado ministerio, sucedía que muy a menudo era llamado por parientes o amigos de
enfermos que rechazaban obstinadamente o diferían el reconciliarse con Dios. Era preferido entre los sacerdotes, por el convencimiento
que había de que él llegaba a persuadir con sus buenos consejos y a ayudar a bien morir. Poseía en grado eminente lo que san Pablo llama
Gratias curationum.

Cierto abogado, feligrés de la parroquia de San Agustín, cayó enfermo, y llegó a tal punto la enfermedad que se perdió toda esperanza de
curación por su avanzada edad. La vida de este abogado no había sido la de un modelo cristiano, sino más bien la de un ateo, puesto que
aborrecía ((157)) las cuestiones religiosas. Apenas supo el párroco su situación, corrió a visitarle e hizo todo lo que la caridad y la
prudencia le sugirieron para renovar en él los sentimientos cristianos y poderle confesar; pero todo resultó inútil, y el párroco fue rechazado
groseramente. Acudieron otros celosos sacerdotes, hicieron cuanto pudieron y supieron: todo en vano; algunos que quisieron insistir fueron
rechazados de mala manera. El enfermo repetía que no quería saber nada de
curas ni de confesión. Terminó por intimar a sus familiares, que por ningún motivo, permitieran se le acercase un sacerdote. Parecía
totalmente desesperada su conversión. Pero la caridad sacerdotal supo encontrar nuevos medios.

El teólogo Roberto Murialdo, uno de los pocos que le habían visitado, fue una mañana al Oratorio a comunicar el caso a don Bosco, para
que fuese él a intentar la salvación de aquella alma que amenazaba perderse. Dijo don Bosco que haría con mucho gusto todos los posibles
Pensó el modo y manera para visitar al enfermo, pero no encontraba razón o pretexto para entrar en aquella casa. Sin embargo, salió del
Oratorio, se puso en camino, y al pasar junto al Santuario de la Consolación, entró en él y estuvo rezando a María Santísima por el enfermo
un momento. Después, se dirigió a casa del abogado. Entró, subio las escaleras. Estaba ya en el rellano, junto a la puerta, y aún no hallaba
la razón para entrar, calculando la acogida que iba a tener, cuando, de repente, salió por un corredor un
129

Fin de Página 129

 

VOLUMEN IV Página: 130

muchacho que iba al Oratorio, el cual apenas le vio comenzó a gritar:

-íDon Bosco, don Bosco!, "cómo está usted?

Y se acercó a saludarle respetuosamente.

-Muy bien, respondió don Bosco. "Vives tú aquí?

((158)) -Sí, ésa es mi casa. Venga a ver a mi madre, venga. íMamá, mamá, don Bosco está aquí!

Don Bosco acompañó a su casa al muchacho, el cual, la mar de contento, se lo presentó a su madre que salió al encuentro.

Se sentaron, hablaron un rato y de repente dijo el chiquillo:

-"Sabe usted, don Bosco, que aquí al lado hay un enfermo?

Y él, disimulando, preguntó:

-"Y cómo está?

-Está muy grave; venga a verlo.

-Sí; "Pero, querrá recibirme? Hay que saber primero si él lo quiere; si no le molesta mi visita. Vete tú a ver; pregunta, dile: don Bosco ha

venido a ver a mi madre; le hemos dicho que usted estaba enfermo y que, si usted quería, vendría a visitarle.

-Voy corriendo, respondió el muchacho.

Va, abre la puerta de la casa del abogado, y sin proferir palabra ni preguntar a nadie, atraviesa las habitaciones, se presenta ante el

enfermo y le dice:

-Señor abogado, don Bosco está en mi casa; le hemos hablado de usted y le gustaría verlo. Está en mi casa, "sabe?. "Quiere que pase a
verlo? Mire, le dará la bendición y le pondrá bueno, porque yo sé de muchos que estaban enfermos, y que, después de darles don Bosco la

bendición, se curaron.

Preguntó el enfermo:

-"Quién es ese don Bosco?

-Es aquel cura que reúne en Valdocco a tantos muchachos en el Oratorio todos los domingos, respondió el muchacho: tiene en su casa a

los más pobres y los mantiene y les enseña un oficio.

-íAh, ya! replicó el enfermo, ya sé quién es don Bosco...

Se detuvo un momento pensando y añadió:

-Bueno, que venga; sí, que venga, si es don Bosco.

((159)) Dicho esto, corrió el muchacho a don Bosco, que todavía hablaba con su madre, y le dijo que el enfermo le esperaba. Don Bosco,

sin detenerse, fue y se presentó al enfermo, el cual, apenas le vio, exclamó saludándole graciosamente:
-íOh don Bosco! estoy muy contento de verle. Le agradezco su molestia y atención.

Fin de Página 130

 

VOLUMEN IV Página: 131

Y él replicó:
-Aquí estoy. Y añadió riendo: Míreme bien: "tengo cara de hombre honrado?
Respondió el enfermo:
-Vaya, no está mal, no está mal.
-"Y cómo es eso, que un hombre tan fuerte y valiente como usted esté ahora en la cama?
-Hubo un tiempo en que podía hacer mi voluntad: ahora hay que ceder...; pero, siéntese.
-No se preocupe; si no le molesta, yo estaré de pie.
-De ningún modo, siéntese; sufro al verle de pie.
Don Bosco, entonces, se sentó junto al enfermo y empezó a charlar con él sin tocar para nada la confesión. La conversación fue

variadísima; allí salieron todas las cuestiones: política, leyes, medicina, milicia, filosofía, etc. Don Bosco le seguía, y supo corresponderle
tan perfectamente, que el abogado, estupefacto, dijo al fin:
-Parece usted una enciclopedia.
Habían pasado tres cuartos de hora y don Bosco quería despedirse; levantóse, intentó saludar al enfermo, pero éste dijo:
-"Ya se quiere marchar? Quédese un rato, si no le es molesto.
Y don Bosco:
-Ya es hora de que vuelva a casa para algunos asuntos; no puedo quedarme más.
-Sí, quédese todavía un poco más.
-No, no, tengo que marcharme; pero, si usted quiere, volveré a verle.
-Bueno, vuelva otra vez.
Mientras tanto había tomado entre sus manos las de don Bosco y las sostenía apretadas.
((160)) Animóle don Bosco y de nuevo le saludó, como quien va a partir.
Aquel señor, sin responder palabra, seguía entreteniéndole y mirándole fijamente a la cara. Entonces don Bosco, sonriendo, le dijo:
-Yo sé lo que usted quiere.
-"Qué quiero? "Será posible? íVeámoslo!
-Usted quiere que yo le dé mi bendición.
Y entonces, maravillado, exclamó el abogado:
-íEso es! Pero, "cómo es posible que usted lo sepa? Hace treinta y cinco años que aborrezco a los curas y a la religión; es ésta la primera
vez que pasa por mi mente este pensamiento, y don Bosco me lo adivina enseguida. Démela, pues.

Fin de Página 131

 

VOLUMEN IV Página: 132

-Con mucho gusto; "y qué quiere que pidamos al Señor?

-Que me cure.

-Siento decírselo; "y si estuviera decretado ya allá arriba, que usted debe pasar a la eternidad?

-"Cómo sabe usted eso? Todos los médicos dicen que voy mejor, que me anime, que pronto estaré curado.

-También yo le animo, replicó don Bosco amablemente; pero está establecido así: usted no curará. Yo no puedo alcanzar nada para su

curación; pero puedo darle la bendición, y lo que yo pediré será que el Señor le conceda tiempo para ajustar las cuentas de su conciencia,
poner en gracia de Dios su alma y tener una buena muerte.

Estas palabras, sin embargo, no hicieron gran efecto; el enfermo se quedó casi indiferente. Pero recibió la bendición y, antes de que don
Bosco le dejase, con cierta ilusión, le dijo:

-Vuelva a verme, "sabe?

Hacía cuatro o cinco horas que don Bosco había vuelto al Oratorio, cuando llegó en su busca un criado, llamándole de ((161)) parte del
enfermo y diciendo que el abogado insistía en que fuera a verle de nuevo. Casi era de noche; don Bosco fue. Apenas le vio el abogado, le
dijo muy contento:

-íAh!, tenía muchas ganas de que volviera otra vez. Esta mañana me ha divertido y me ha hecho reír.

-Pues lo de esta mañana no es nada; esta noche quiero hacerle reír más. Dígame: yo sé que en su casa hacen buen café y, si me lo da,

tomaría con mucho gusto una taza.

-Es un gran honor el que me hace.

Y llamó inmediatamente al personal de servicio:

-Pronto, pronto, una tacita de café para don Bosco.

Y aunque aquella bebida más le fastidiaba que le convenía, don Bosco la tomó; después dijo a los de la casa:

-Pueden retirarse, queremos charlar nosotros dos.

Ya a solas con el enfermo, se sentó y empezó a darle la bendición, diciendo: Dominus sit in corde tuo... (El Señor esté en tu corazón...).

Pero el abogado no entendía ni se santiguaba... y preguntó:

-"Qué hace usted?

-Nada; haga usted la señal de la cruz.

-"Por qué?

-No pregunte por qué, haga lo que le digo.

-"Acaso quiere confesarme?

Fin de Página 132

 

VOLUMEN IV Página: 133

-No hable ahora de confesión; santígüese, "es malo santiguarse? Sería bueno que un abogado, docto y apreciado como usted, no supiera
hacer la señal de la cruz...

-Ciertamente sé.

-Vamos a verlo. Yo no creo, si no veo.

-"Y quiere esto? Pues mire.

Y empezó a hacer la señal de la cruz. En el nombre del Padre, etcétera.

Entonces don Bosco, sirviéndose de su don especial de conocer exactamente, cuanto era necesario, el estado de conciencia del ((162))
penitente sin que hablase, y sin haber sido antes confesado por él, comenzó a preguntarle:

-Dígame, señor abogado: "cuánto tiempo hace que no se ha confesado?

-"Pero, quiere confesarme?

-Ahora no hablamos de eso; déjeme a mí: ya sabe usted lo que le he prometido: quiero tenerle contento; escúcheme, entonces: "hace
tantos años (y precisó el número) que no se ha confesado?

-Precisamente el tiempo que usted ha dicho; pero, "usted sabe que yo no quiero confesarme?

-íNo hable de eso!

Y, mientras tanto, seguíale diciendo:

-Por aquel tiempo sus asuntos iban de esta manera y de la otra. Su estado era así y asá.

Y precisaba las cosas a las mil maravillas.

-Justo, justo; ísi parece que sepa usted mi vida!

-Después, en aquella circunstancia, hizo esto e hizo aquello.

-Es verdad, es verdad; me sabe mal, pero lo hice. No quisiera haberlo hecho.

De este modo, uno tras otro, iba don Bosco diciendo todos sus pecados al enfermo, el cual, cada vez más pensativo y conmovido,
exclamaba a cada pecado que don Bosco le recordaba:

-Esto me sabe mal; esto me avergüenza; ílo hice mal!

A cada expresión de arrepentimiento, tomábale don Bosco de la mano y le decía:

-Amigo mío, sea valiente.

Estas palabras parecían herir su corazón, y cada vez que don Bosco las repetía más le conmovían y le hacían saltar las lágrimas. Así llegó
al término de su confesión, llorando a lágrima viva como un niño sinceramente arrepentido. Recibida la absolución exclamó:

-íDon Bosco! íUsted me ha salvado! En principio no me hubiera

Fin de Página 133

 

VOLUMEN IV Página: 134

confesado por nada del mundo; estaba dispuesto a hacer cualquier ((163)) animalada, antes que ceder; pero usted ha sabido cazarme con
arte, me ha vencido; gracias; ahora haría mil confesiones: mi corazón está quebrantado por el dolor, y, sin embargo, experimento un
consuelo que nunca había tenido ni podido imaginar. Tráigame por favor el santo Viático.

En aquel momento llegaban para visitarle dos o tres amigos suyos, que ciertamente hubieran intentado deshacer todo lo que se había
logrado.

Entonces don Bosco, avisado de ello, dijo al enfermo:

-Si viniere alguno a visitarle, "quiere que le digamos que le dejen
tranquilo y que vuelva mañana, porque ahora necesita descansar?

-Dé órdenes en este sentido, respondió el enfermo.

Y así se hizo. Aquellos tales recibieron bien la cosa y se marcharon para volver al día siguiente. Salió entonces don Bosco y entró en la
habitación toda la familia, llena de satisfacción al oír contar al enfermo cuanto había hecho don Bosco para volverle a Dios.

A la mañana siguiente, después de haber recibido el santo Viático y la extremaunción, volvieron sus antiguos amigos, compañeros de
incredulidad y de vida libre y entraron. Al saber que había cumplido con sus deberes de buen cristiano, empezaron a burlarse de él, que por
debilidad había doblado el cuello a las intimidaciones del cura. Pero el enfermo, a quien don Bosco había sugerido lo que debía decir a
éstos, respondió con franqueza:

-A la hora de la muerte se ven las cosas desde otros puntos de vista, y esta hora también está cerca para vosotros. Después de la vida
presente, hay otra y un infierno de penas eternas. "Pretenderíais acaso que fuera yo tan estúpido como para arrojarme en aquellas llamas?
Podéis reíros: pero reirá mejor el que ría el último. Decís que no creéis en la vida futura ni en la eternidad; pero hay muchos otros que
atestiguan su existencia, y por consiguiente, no sois razonables ((164)) si no pensáis en ello. Aunque sólo se supusiera que es dudosa la
existencia del infierno, "no es una locura vivir con tanta indiferencia y con manifiesto peligro de caer en él, si realmente existe? "Acaso no
es de sabios, tratándose de la eternidad, tomar el camino más seguro? "Por qué os habéis de burlar? íYo soy más prudente que vosotros!

Ante aquella declaración, sus amigos no supieron qué responder, y, tras unas cortas y vanas palabras, se retiraron. El abogado vivió
todavía una semana, durante la cual fue don Bosco a visitarle y confortarle
134

Fin de Página 134

 

VOLUMEN IV Página: 135

cada día; y agradeciéndoselo, expiró con el ósculo del Señor.

En otra ocasión fue al Oratorio una distinguida señora en busca de don Bosco, rogándole encarecidamente fuese a visitar a un sujeto
gravemente enfermo y al final de la vida. Se trataba de un personaje mezclado con la política, de muchos grados dentro de las sectas. Había
rechazado decididamente al sacerdote, asegurando que saldría mal de allí, si alguno intentase acercarse a su lecho. A duras penas permitió
que invitasen a don Bosco. Y don Bosco, confiando en Dios y en la protección de la Santísima Virgen, fue allí. Apenas entró en la
habitación y entornó la puerta, aquel señor, recogiendo las fuerzas que aún le quedaban, díjole bruscamente:

-He cedido a las suplicantes instancias de una persona a la que quiero; pero "viene usted como amigo o como cura? No me gustan las
farsas, no soy amigo de comedias. íAy de usted, si me nombra la confesión!

Y, así diciendo, empuñó dos pistolas, que tenía colocadas una a cada lado de la almohada. Apuntó al pecho de don Bosco y exclamó:

-Recuérdelo bien, apenas nombre la confesión, el primer tiro de esta pistola será para usted y el de esta otra para mí: porque a mí no me
quedan más que unos pocos días de vida.

((165)) Don Bosco le respondió con calma y sonriente que estuviese tranquilo, porque no le hablaría nunca de confesión, sin su permiso.
Preguntóle, a continuación, por su enfermedad, qué decían los médicos y qué tratamiento habían prescrito.

Era tan amable su hablar, tan interesante y consolador, que no se cansaba su oyente, ablandaba los corazones más duros y despertaba en
ellos simpatía y confianza con su persona. Con los hombres más cultivados empleaba un método con el que muchas veces alcanzó su
intento. Se refería a cualquier hecho contemporáneo interesante, lo comparaba con otro hecho histórico anterior, y lo elegía de forma que
coincidiese con la vida de algún impío famoso, conocido por sus hechos o por sus escritos. Su arte estaba en hacer que le preguntasen. Al
describir la muerte de aquel personaje, que según todas las apariencias, había muerto impenitente, concluía:

-Dicen algunos, al llegar a este punto de su historia, que se ha condenado; yo no lo digo, o al menos, no me atrevo a decirlo, porque sé
que la misericordia de Dios es infinita y no descubre sus secretos a los hombres.

Y así se ingeniaba don Bosco con aquel enfermo, que sorprendido y conmovido le interrumpió:
135

Fin de Página 135

 

VOLUMEN IV Página: 136

-"Cómo? "También hay esperanza para éste?
-"Y por qué no?
Y le demostraba con pocas, pero persuasivas palabras, cómo Dios está dispuesto a perdonar los pecados, por muchos y graves que sean,
a

quien se arrepiente de corazón, y que la mayor ofensa que se le puede hacer es la de dudar de su misericordia.
Aquel señor permaneció absorto en sus pensamientos durante un rato, después le tomó de la mano y le dijo:
-Si es así, ítenga la bondad de confesarme!
Don Bosco le preparó, le confesó y el enfermo, apenas hubo recibido la absolución, anegado en llanto, prorrumpió en ((166))

exclamaciones de alegría, afirmando que en toda su vida no había gozado de tanta paz, como en aquel momento. Al mismo tiempo se
sometía de buen grado a todas las prescripciones de la Iglesia. Fue avisado en tanto el enfermo de que habían llegado dos señores de rostro
ceñudo, y que esperaban a la puerta. Eran dos miembros de la logia. Ordenó el enfermo que pasaran a la estancia, y apenas aparecieron, les
gritó:

-Fuera enseguida; fuera de mi casa.
-Está bien, le respondieron; nuestros pactos son..
.
Sacó entonces el enfermo de la mesita de noche una de las pistolas y enseñándosela, replicó:
-Estaba preparada para los curas, pero ahora está destinada para vosotros, si no os marcháis. íNi una palabra más!
-Si es así, nos vamos, respondieron aquéllos, lanzando una mirada amenazadora al sacerdote.
Y se alejaron.
A la mañana siguiente le llevaron el Santo Viático; pero antes de comulgar, llamó a su habitación a todos los de casa y pidió

públicamente perdón del escándalo que les había dado. Después de recibir el Viático, mejoró mucho. Vivió todavía dos o tres meses, que é
dedicó a la oración, a pedir frecuentemente perdón por sus escándalos, a quienes le visitaban, y a recibir varias veces a Jesús Sacramentado
con lo que edificó al vecindario.

Pero esta conversión ponía a don Bosco en un molesto apuro. Aquel señor le había consignado, poco antes de morir, los diplomas e
insignias de sus grados en la secta y unos papeles, con las listas de los cómplices, que tenía celosamente guardados. Don Bosco las leyó y
quedó estupefacto ante aquellos nombres. Había personas que aparecían ante el mundo como buenos católicos y que más tarde jugaron
papeles importantes en las revoluciones italianas. Entre ellos, algunos eclesiásticos extradiocesanos, llegados para establecer su domicilio
136

Fin de Página 136

 

VOLUMEN IV Página: 137

en Turín. Don Bosco llamó ((167)) enseguida a su confidente José Buzzetti, que era un joven circunspecto a toda prueba. Había trabajado
hasta 1849 de albañil y, ahora a la par que estudiaba, ayudaba en todo a mamá Margarita en los quehaceres de la casa y en las atenciones de
la enfermería. El guardaba el dinero para los gastos, y una vez que don Bosco le daba un escudo, sin acordarse de que ya se lo había dado
antes, oyó que le dijo:

-"Quiere dármelo dos veces?

Su fidelidad era proverbial. Así que don Bosco le hizo sacar dos copias de aquellos papeles fatales, ordenóle que quemara una de ellas y
que guardara la otra él mismo escondida con los originales y sin decir al mismo don Bosco dónde la había guardado. Necesitaba diferir la
cosa para pedir consejo a sus Superiores. Había pensado que era mejor consignar a la Curia aquella copia, que obrar de otro modo para no
provocar odios y violencias contra ella en tiempos tan procelosos.

Mientras tanto, algunos sectarios, enviados por sus jefes, acudieron a casa del difunto, apenas expiró, para adueñarse de aquellos
delicados documentos; pero habiéndolos buscado inútilmente, enseguida imaginaron en qué manos podían estar. Aquel mismo día se
presentaron a don Bosco dos señores y, primero muy cortésmente, después imperiosamente, le pidieron aquellos papeles. Don Bosco buscó
cómo defenderse, encontró pretextos y afirmó haber visto los papeles que ellos pedían, pero que no sabía en aquel momento dónde podían
estar guardados. Como llegaron otras personas acabó por despedirlos; y ellos partieron barbotando.

Don Bosco se apresuró a pedir instrucciones a la Curia. Y, como él preveía, los dos señores volvieron pocas horas más tarde con tono
amenazador. Don Bosco respondía que no sabía qué derechos podían tener sobre unos papeles, que le habían sido confiados por un amigo,
y que, por tanto, no se creía ((168)) autorizado para violar semejante secreto. Por otra parte afirmaba que aquellos papeles carecían de
importancia, pues no contenían más que unos nombres.

Aquellos señores se calmaron, al ver que don Bosco no demostraba tener mucho interés, y pasaron, con buenas formas, a la súplica,
demostrando que si aquellos nombres fueran revelados podrían deshonrar y causar algún perjuicio a los individuos y a sus familias.

Don Bosco se dejó persuadir y les entregó los papeles auténticos. Aprovechó sus propias palabras para argumentar y demostrarles el mal
camino en que se habían puesto, los peligros que en él había para su alma, y para la misma sociedad civil.
137

Fin de Página 137

 

VOLUMEN IV Página: 138

Ellos le dejaron decir, murmuraron unas excusas y partieron. Pero no tardaron en aparecer por tercera vez, y, después de muchas vueltas,
le preguntaron si había sacado copia de aquellos papeles. Al mismo tiempo le hacían saber que la secta tenía medios para vengarse.

Don Bosco respondió francamente que no. En efecto, la única copia se la había entregado a quien debía. Insistían los otros y don Bosco
aseguró que en verdad había sacado otra copia, pero que la había quemado; así que podían quedar tranquilos. Hablaba de igual a igual, sin
dejarse intimidar.

Estaban aquellos señores para marcharse, cuando volvieron atrás pidiéndole jurase guardar secreto. Don Bosco se mostró ofendido de
que le creyesen capaz de causar daño a nadie y se negó a jurar; pero prometió que nadie sabría por él nada que les pudiera comprometer. Y
así parece que terminó la peligrosa molestia.

Pero aún acaeció un suceso, que no aseguramos fuera consecuencia de aquel altercado. En aquel mismo año, ((169)) mientras don Bosco
atravesaba una noche un trozo oscuro de la Plaza Castillo, dos desconocidos se acercaron a él, sacaron los puñales y le acometieron. Pero
un tal Rolando, que después contó lo sucedido a don Miguel Rúa, pasaba con un amigo cerca: advirtieron la celada, a los primeros
movimientos de aquellos granujas y acudieron enarbolando los bastones de que iban provistos y les obligaron a escapar.
138

Fin de Página 138

 

VOLUMEN IV Página: 139

((170))

CAPITULO XVII

PIA UNIO PROVISIONAL DE SEGLARES CATOLICOS PARA IMPEDIR LOS PROGRESOS DE LA IMPIEDAD -DON BOSCO
PREDICA EL JUBILEO EN MILLAN -HECHOS EDIFICANTES -CONFERENCIA ANUAL DE AGRADECIMIENTO A LA
INMACULADA CONCEPCION -LA VIRGEN DE RIMINI

LA vida de don Bosco se enriquecía cada día con nuevos trabajos y méritos. A fines de 1850 se preparaba para ir a Milán. El Sumo
Pontífice había publicado un nuevo Jubileo, para reparar los daños ocasionados a las almas, con el odio de los partidos, las guerras y las
rebeliones. Don Serafín Allievi, Director del Oratorio de San Luis, en la calle Santa Cristina de Milán, invitó a don Bosco para que fuera a
predicarlo a sus muchachos. Aquel floreciente Oratorio festivo se dedicaba a instruir a los niños pobres, abandonados e ignorantes de la
ciudad, recogía a los que andaban sueltos y los alejaba deljuego y los figones para, en una palabra, educarlos cristianamente. Convivía con
don Serafín don Blas Verri, sacerdote modelo en la oración, en el confesonario y en el púlpito, que sabía despertar entre los muchachos
multitud de vocaciones eclesiásticas y religiosas; era muy amigo de don Bosco, a quien había conocido de cerca y lo esperaba con viva
impaciencia. La invitación se había ((171)) hecho de acuerdo con el arzobispo Monseñor Romilli. El párroco de san Simpliciano, en cuya
iglesia parroquial estaba enclavado el Oratorio de San Luis, no sólo había aprobado el plan sino que renovaba por su parte la invitación a
don Bosco, ya que esperaba servirse de su sagrado ministerio en provecho de sus propios feligreses.

Don Bosco accedió gustoso al viaje. Pidió, por tanto, licencia a la autoridad eclesiástica y el permiso de la autoridad civil y de la
Legación Austríaca. Nos place mostrar las contraseñas del pasaporte: edad, 35 años; estatura, 38 pulgadas 1; cabellos, castaño oscuros;

1 Resulta difícil sacar la estatura exacta de don Bosco con este dato, ya que la pulgada equivale
139

Fin de Página 139

 

VOLUMEN IV Página: 140

frente, media; cejas, castañas, ojos, id.; rostro, ovalado; tez, morena; profesión, maestro elemental.

Pero antes de partir, quiso asistir al resultado de unas conferencias que se habían celebrado para oponer un dique eficaz al error que todo
lo invadía. Desde los principios del Oratorio, tenía fijo en su mente el programa de las obras que le pedía la bondad divina. Se percataba
-sólo más tarde lo comprendieron otros-de la ayuda que podía prestar a los Obispos y al Clero el laicado católico organizado para defender
a la sociedad cristiana amenazada. Y al mismo tiempo no escapaba a su mente la
importancia de una asociación que uniese a sus bienhechores para alcanzar sus fines. Bullía, pues, en su pensamiento la intención de
iniciar, aunque en pequeño y con prudente reserva, la pía unión de los que más tarde se llamaron Cooperadores Salesianos. Este documento
explica el plan fomentado por don Bosco.

((172)) Copia del acuerdo de constitución

Se extiende el presente escrito para que sirva de positivo y solemne testimonio de la reunión de los amigos católicos seglares que lo
suscriben, los cuales, dolidos por los abusos de la prensa libre en materia de religión, por la sacrílega guerra declarada por muchos malos
cristianos a la Iglesia y a sus ministros, y por el peligro de ver en el Piamonte suplantada la verdadera religión por el Protestantismo,
después de obtener el favorable parecer de cinco doctísimos eclesiásticos de los más distinguidos y celosos del clero de esta Capital, han
llegado a las siguientes determinaciones:

1º Constituirse ellos mismos en Pía unión provisional, bajo el patrocinio de San Francisco de Sales, prefiriendo este Santo en razón de
analogía entre las circunstancias actuales de nuestro país y las de Saboya, en los tiempos de dicho Santo, el cual, con su iluminado celo, la
prudente predicación y la caridad sin límites libró a su tierra de los errores del protestantismo.

2º Que esta asociación provisional sea el principio de un consorcio mayor, el cual, con la contribución de todos sus socios y otros medios
lícitos, legales y oportunos que se podrán emplear.

a 23 mm. (!). Y la pulgada (oncia), según el diccionario de la Lengua Italiana de Cerruti-Rostagno, es una medida lineal del largo de la
última falange del dedo pulgar de la mano, pero diversa en cada lugar. (N. del T.).
140

Fin de Página 140

 

VOLUMEN IV Página: 141

atienda a todas las obras de beneficencia educativa, moral y material, que se consideren más adaptadas y expeditivas para impedir que la
impiedad progrese, y, si es posible, la desarraigue donde ya haya brotado.

3º Que, comenzando por esta unión provisional, la Sociedad o Consorcio a que se llegare, sea una institución seglar, a fin de que los mal
intencionados no puedan llamarla, en su jerga de moda, un invento clerical del negocio. Pero que, ((173)) a pesar de esto, no queden
excluidos aquellos buenos y fervorosos eclesiásticos que quieran favorecer la sociedad con su adhesión, con su apoyo, su cooperación,
según el espíritu y los fines de esta institución.

4º Para regularizar la existencia moral y la obra de esta sociedad provisional, los pocos que han intervenido, aquí presentes, se han
repartido entre sí, con el consentimiento recíproco, los cargos de la sociedad, del siguiente modo:

Primer Promotor: José María Bognier
Segundo Promotor: Domingo Roggieri
Tercer Promotor: Domingo Donna
Cuarto Promotor: Pedro Battistolo
Quinto Promotor: Leandro Bognier
Sexto Promotor: Juan Bta. Gilardi
Séptimo Promotor: Amadeo Bosco

Se delega para las funciones de secretario al Promotor Bognier. Se elige para Tesorero al Promotor Domingo Roggieri.

Se levanta acta de la colecta hecha entre nosotros, que alcanza a cinco liras, que fueron entregadas al Promotor Roggieri, en su calidad de
Tesorero, como primer óbolo de la sociedad, a emplear solamente por orden regular de la misma.

5º Todos los Promotores que anteceden y que han intervenido, a los que se ha añadido, durante la sesión, el aquí presente don José Borel
se comprometen a dedicarse, por cuanto les sea posible, a buscar el mayor número de nuevos socios para la sociedad, con la cautela
necesaria para que no entren miembros falsos, hermanos de equívoca catolicidad, o de celo exagerado.

6º Se celebrará una nueva reunión el domingo próximo, en la que se presentarán los nuevos socios que se hubieren ((174)) ganado, a la
hora y en el lugar que indicare el Primer Promotor.

7º Durante la semana, el Promotor Bognier presentará una copia de esta Acta a los señores seglares y eclesiásticos, que creyere capaces
de favorecer nuestra Institución, rogándoles su adhesión,
141

Fin de Página 141

 

VOLUMEN IV Página: 142

prescindiendo inmediatamente de todo otro paso, con quien se muestre más bien contrario que favorable.

Dan fe:

Turín a diecisiete de noviembre de mil ochocientos cincuenta, a las ocho horas de la noche.

Firman en el original:

José Bognier Juan Bta. Gilardi
Domingo Roggieri Leandro Bognier
Domingo Donna José Borel

Pedro Battistolo

Siguen las firmas de los adheridos y las cantidades de las oblaciones voluntarias.

Al pie de la página está adscrita esta Advertencia:

Se propondrá primeramente la cuestión como un deseo, después como una necesidad, a continuación como un proyecto, a medida del
favor que preste el oyente; pero, por poco reacio que se muestre, prescíndase inmediatamente de todo otro paso aunque se trate de persona
piadosa y excelente. Mas, para norma de la Sociedad, se anotarán las respuestas y observaciones tenidas.

Aquellas personas, que por motivos particulares consientan dar su nombre, sólo a condición de que se guarde secreto, quedarán
conocidas únicamente por el Promotor que las haya inscrito. Figurarán como anónimos ((175)) con una inicial en el registro de la
Sociedad, o bien con el apelativo de bienhechor.

Tal vez se hagan tres categorías: Socios, adheridos y bienhechores. Prevéngase a todos de que: los socios deberán cotizar 20 centavos
(moneda de cinco céntimos) al menos mensuales, a más de la primera oblación. Los demás, cualquier otra moneda pequeña, a su voluntad,
semanalmente.

Terminadas estas conferencias, don Bosco salió de Turín el 28 de noviembre a las dos de la tarde. Hizo el viaje directo, pasando por
Novara y Magenta, y llegó a Milán al día siguiente a las once de la mañana. Sufrió mucho en el viaje con el movimiento del coche.

Eran tiempos dificilísimos. Milán, después de las famosas jornadas, parecía asentada sobre un volcán en llamas. Los liberales y las sectas
habían organizado siempre sus proyectos en Lombardía a la espera y búsqueda de una ocasión para expulsar a los germanos. Estos
142

Fin de Página 142

 

VOLUMEN IV Página: 143

espiaban y conocían casi todos los planes e intrigas de los conjurados y redoblaban la vigilancia. De cuando en cuando llegaban los
arrestos y gravísimas condenas por delitos de lesa majestad, que amedrentaban a los ciudadanos. La policía austríaca estaba ojo avizor,
hasta sobre el clero y predicadores, porque temía que desde los púlpitos se hicieran llamadas a la insurrección acabada de domar. Los
párrocos, por miedo al Gobierno, no se atrevían a empezar las misiones de preparación para ganar el Jubileo; las numerosas reuniones en
las iglesias hubieran podido apoyar efervescencias políticas o provocar sospechas, prohibiciones y represiones. Los oradores sagrados no
osaban subir al púlpito, por miedo a que una frase pudiera ser mal interpretada.

En tan críticas circunstancias se alojaba don Bosco ((176)) en casa de don Serafín Allievi y don Blas Verri, y anunciaba al párroco de
San Simpliciano que empezaría enseguida la predicación del Jubileo en su iglesia. Pero el párroco, quizá por sugestión de tímidos
consejeros, había cambiado de parecer: observó que era muy distinto predicar en el interior y como en privado, en el Oratorio de San Luis,
a predicar a una gran muchedumbre en una iglesia pública, y declaró que, de ningún modo, permitiría empezar la misión si hablar antes con
el Arzobispo.

-De eso me ocupo yo, respondió don Bosco.

Y sin más, se presentó a monseñor Romilli, para pedirle permiso.

El Prelado, que era bien visto por la Corte de Viena, no se lo negó, aunque primero, intentó disuadirle. Mas al verle tan animado y sin
miedo, le dijo:

-Señor Abate, no tengo nada en contra; pero predique bajo su responsabilidad. Si pasa algo, yo no sé nada. Recuerde que vivimos
tiempos peligrosos.

-Yo predicaré, respondió don Bosco, como se acostumbraba hace quinientos años.

-Es usted libre, le repito, concluyó el Arzobispo. Si se siente con ánimos vaya y predique. Yo no se lo mando, ni se lo aconsejo, pero se
lo
permito de buen grado. Recuerde, sin embargo, que por mucha prudencia que use, nunca será demasiada.

Y don Bosco empezó a predicar en San Simpliciano. Desde el primer sermón acudió un gran gentío, lleno de curiosidad y ansia difícil de
describir. Parecía imposible la indiferencia política en medio de aquella fiebre revolucionaria. Se esperaba una cosa y era otra muy distinta.
El predicaba ni más ni menos que como lo habría hecho
143

Fin de Página 143

 

VOLUMEN IV Página: 144

un orador sagrado dos o tres siglos antes. Invitaba a los pecadores a hacer penitencia, con todo afecto y franqueza; y lo que había que decir
en cuanto a ((177)) la reforma de costumbres lo exponía sin ambages, sin preocuparse de nadie. En cuanto a lo que se agitaba en los
corazones del pueblo, y que desvelaba la vigilancia decidida del Gobierno, no hizo la menor referencia y huyó de poner la menor
comparación o contar ningún hecho antiguo que hubiera podido parecer que tenía lejana relación con las circunstancias actuales: se
comportaba en todo, como si no existieran cuestiones políticas ni hubieran existido jamás. Así que, ninguna autoridad tuvo que hacerle la
menor observación. Todos los oyentes no encontraron a lo largo de sus pláticas más que la meditación de los novísimos y las normas para
confesarse y comulgar. Milán quedó maravillada de su forma de predicar.

Su estilo era el de San Alfonso de Ligorio. Lástima que no conservamos los guiones que él mismo escribió para estos ejercicios dados en
Milán; porque con ellos se entendería mejor la fuerza irresistible de su palabra. Hablaba lentamente e imprimía sus sentencias en el corazón
de los fieles. Baste, como muestra, el exordio de su sermón sobre el juicio universal:

""Y hasta cuándo, pecadores, abusaréis de la bondad de Dios, hasta cuándo seguiréis ofendiéndole? Ya piden venganza los compañeros
escandalizados por vosotros; ya piden venganza las iglesias donde cometisteis tantas irreverencias; ya piden venganza los sacramentos
profanados con tantos sacrilegios; ya piden venganza el sol, la luna, las estrellas, testigos de vuestra rebelión contra su Creador; ya pide
venganza la tierra, convertida por vosotros en teatro de vuestras iniquidades; ya piden venganza los mismos ángeles que querrían vengar
los insultos lanzados por vosotros a Dios. "Y hasta cuándo abusaréis de la paciencia de este misericordioso Señor? "Os duele, tal vez,
cambiar de vida? "No tembláis ante la espada de la justicia celestial, desenvainada ya para heriros? ((178)) Pues bien, seguid blasfemando
de su Santo Nombre, seguid hablando mal de nuestra Santa Religión y contra sus ministros, seguid murmurando de vuestro prójimo, seguid
sosteniendo conversaciones malas, seguid profanando los días festivos, daos prisa para crucificar de nuevo a Jesús sobre un madero,
porque es poco el tiempo que os queda, avanza la eternidad, ya está encima, ya brilla su fulgor por los aires, ya está a punto de caer sobre
vosotros, ya se levanta el tribunal donde se sentará el Juez Eterno. No os hagáis ilusiones; no esperéis salvación: el brazo del Señor está
tendido y no hay posible escape. En el juicio os
144

Fin de Página 144

 

VOLUMEN IV Página: 145

espero, en el juicio, donde todos hemos de comparecer y rendir estrecha cuenta de nuestras acciones; de todo lo que hemos hecho, del bien
que no hicimos, del mal que realizamos...".

Así hablaba sobre la eternidad.

Resultaba curioso contemplar en la iglesia ciertos rostros, apostados solamente para observar si se le escapaba una palabra contra el
Gobierno o contra la situación del momento. Y aún éstos, de vez en cuando se enjugaban alguna lágrima, aterrorizados por el pensamiento
del juicio y del infierno.

Todavía no había terminado el triduo de predicación de San Simpliciano cuando el día dos de diciembre, lunes después del primer
domingo de adviento, comenzaban, a horas diversas, los Ejercicios Espirituales en el Oratorio de San Luis, que también debían durar tres
días. Don Serafín había reunido a centenares de muchachos.

Don Bosco, que hacía maravillas con los suyos en Valdocco, tuvo que ganarse también los corazones juveniles de Milán. Don Serafín
Allievi lo atestiguaba muchos años más tarde, ante nosotros. Guardamos todavía los puntos principales de los sermones de don Bosco,
anotados por él ((179)) en un pedazo de papel. Sus primeras palabras fueron la leyenda de una madre que envía a sus dos hijos de viaje, en
compañía de dos amigos, y les da los avisos necesarios para que lleguen sanos y salvos, con el tesoro que les ha entregado, a la lejana
ciudad donde les aguarda su padre. Parten, pasan varias aventuras y se encuentran con un enemigo que se empeña en hacerles menosprecia
los avisos maternos. Uno los sigue y logra el triunfo, el otro los desprecia y fracasa. Aplicación. Los dos hijos somos nosotros; la madre, la
Iglesia; los compañeros, los ángeles custodios; el viaje, nuestra vida mortal; la ciudad, el Paraíso; el padre que les espera, el Señor; el
enemigo, el demonio; el gran tesoro, nuestra alma. Sobre esta idea fundamental desarrolló los temas del fin del hombre, de la salvación del
alma, del escándalo, de la muerte que se puede presentar de improviso, del sacramento de la confesión y del paraíso.

Sus últimas palabras fueron las de los ejercicios de Giaveno. Les dejaba como recuerdo: "Preparación mensual para una buena muerte".

Entre tanto, sucedió que varios Rectores de iglesias, convencidos de que su predicación en San Simpliciano, no sólo no había
proporcionado el menor pretexto para desórdenes ni violencias, sino que había alcanzado un gran fruto para las almas, le llamaron a sus
iglesias.
145

Fin de Página 145

 

VOLUMEN IV Página: 146

El aceptó de buena gana, y predicó en Santa María la Nueva, en San Carlos, San Luis y San Eustorgio, como asegura don Luis Rocca por
haber oído hablar de ello a sus parientes y paisanos milaneses. En alguna de aquellas iglesias no predicaba más que una sola vez al día,
pero en otras hasta cinco sermones diarios.

Mientras predicaba un triduo a San Roque, fue invitado por los padres Barnabitas, a algunos de los cuales había conocido en Moncalieri,
((180)) a predicar unos Ejercicios Espirituales en Monza. Había entonces entre Milán y Monza el único ferrocarril que existía por tierras
lombardas. Don Bosco salía de Milán a las diez y media de la mañana, predicaba en Monza, y a la una de la tarde estaba de vuelta en Milán
para el triduo de San Roque. Eran muchísimos los que acudían a confesarse.

Un día, mientras don Bosco se dirigía a su confesonario asediado de penitentes, un mocetón le agarró por la sotana, le arrimó a un banco
en medio de la iglesia, un poco oscura por tener bajadas las cortinas, y le dijo:

-íConfiéseme aquí!

Don Bosco se sentó, se arrodilló el joven y se confesó. Terminada la confesión, dijo el mozo:

-Usted confiesa igual, con las mismas palabras que cierto cura con el cual me confesaba yo en Turín hace años.

-"Y si fuera el mismo?, respondió don Bosco.

-íUsted es don Bosco!, exclamó el joven mirándole a la cara.

-íPrecisamente!, replicó el buen sacerdote.

Rompió en llanto el mozarrón, víctima de la ternura y la alegría que experimentaba en aquel instante.

Con su predicación no sólo no incurrió don Bosco en ningún peligro, sino que, en varios lugares, se encontró con soldados y oficiales
austríacos los cuales le miraban con satisfacción. Tanto más cuanto que él aprovechaba el poco alemán, aprendido en 1846, para inspirarles
algún buen sentimiento.

Mientras tanto, siguiendo su buen ejemplo, hubo otros sacerdotes que se lanzaron a predicar, y el Arzobispo le agradeció más tarde su
labor.

Dieciocho días duró la predicación. Don Bosco volvió a Turín pasando por Magenta y Novara. Según su costumbre, confesó al conducto
del carruaje y, en la ((181)) venta de parada, a un mozo de cuadra de la caballeriza. Con los hosteleros se sucedieron las mismas graciosas
escenas: tuvieron sermones e invitaciones a pensar seriamente en el alma.
146

Fin de Página 146

 

VOLUMEN IV Página: 147

En el fielato 1, llamado Puerta de Milán, le esperaban Miguel Rúa y Angel Savio.

Su primer pensamiento, apenas llegado a Turín, fue testimoniar su agradecimiento a María Santísima, por las abundantes gracias que Ella
había concedido al Oratorio. Era una de sus típicas costumbres, casi diría un acto de confianza familiar. Desde 1842 acostumbraba dar una
conferencia a los suyos, sobre este tema, el día de la Inmaculada: la primera vez se la dio a los muchachos, después a los catequistas solos,
luego a los clérigos, y finalmente a los Salesianos, durante todos los años de su vida. Es decir, que según se iba desarrollando su
Institución, iban adquiriendo mayor importancia y autoridad los unos sobre los otros. Si alguna vez no podía darla en ese día, no dejaba de
hacerlo antes de que terminase el año.

Y aquel, para encender cada día más en los suyos la devoción a la Madre del Divino Salvador, le prestó ocasión un suceso que corría por
toda Italia. En la iglesita de Santa Clara de Rimini se veneraba un cuadro de la Santísima Virgen, bajo la advocación de: Reina Madre de
Misericordia. Al anochecer del once de mayo estaban rezando ante él, tres buenas mujeres. Con gran maravilla y satisfacción, observaron
un movimiento en las pupilas de la santa imagen, unas veces en sentido horizontal y vertical, y, otras elevándose suavemente hasta
esconderse bajo los párpados, con un ligero cambio de color en el rostro. Corrió la sorprendente noticia por la ciudad como un relámpago;
todos se agolpaban ante el altar. El delicadísimo y evidente prodigio se repitió durante casi ocho meses ((182)) ante millares y millares de
testigos. El cambio de costumbres en el pueblo, la frecuencia maravillosa de los sacramentos, la incesante lluvia de gracias que, a partir de
entonces, empezó a darse, el riguroso progreso diocesano aprobado por la Sagrada Congregación de Ritos, el Oficio y Misa propios
autorizados por el portento, el rosario de oro regalado por el Sumo Pontífice, la iglesia convertida en elegante arquitectura de cruz latina y
dedicada en noviembre de aquel año mismo, eran otros tantos testimonios de la verdad del prodigio.

Con la alegría de aquella nueva gloria de la Virgen y las dulces emociones de las fiestas navideñas, llegaba a don Bosco al término del
1850.

1 Fielato: era una oficina a la entrada de las poblaciones donde se pagaban los derechos de consumo o impuesto municipal sobre
comestibles y otros géneros que en ellas se introducían. (N. del T.).
147

Fin de Página 147

 

VOLUMEN IV Página: 148

((183))

CAPITULO XVIII

ESPIRITU DE PENITENCIA DE DON BOSCO -SUS RECOMENDACIONES A LOS MUCHACHOS -CONTINUOS
TESTIMONIOS DE SU VIDA -SU REPOSO Y SU ALIMENTACION -EL ABATE STELLARDI Y EL CANONIGO RONZINO EN
LA MESA DE DON BOSCO -SUS DISTRACCIONES -EL FIRMAMENTO EN UNA NOCHE SERENA

LAS virtudes de don Bosco eran tan distinguidas como sus obras. Había tomado por modelo la vida mortificada interior y exterior del
divino Salvador y crucificaba sus pasiones y naturales inclinaciones. Recomendaba también a sus alumnos esta mortificación y les repetía
que el que quiere gozar con Jesucristo en el cielo, es preciso que padezca con él en la tierra. Insistía particularmente en que fueran sobrios
en la comida, la bebida y el descanso, y decía que el demonio tienta preferentemente a los faltos de templanza. Aunque estableció que la
comida fuese abundante, para que todos se alimentaran sin detrimento de la salud, sobre todo porque sus comensales eran jóvenes, sin
embargo, dispuso que se alejara todo abastecimiento superfluo. No admitía que nadie se quejase del cocinero y de las comidas, que eran las
mismas que las suyas; pero, si alguno necesitaba una comida especial, con mucho gusto le proveía. Exhortaba a todos a evitar la glotonería
y la avidez en el comer, repitiendo la sentencia: prima digestio fit ((184)) in ore (la primera digestión se hace en la boca). Disponía se diera
vino a los clérigos en medida discreta y afirmaba que el agua buena apaga la sed y ayuda a la salud. Insistía mucho en la templanza sobre e
vino. Cuando predicaba solía repetir las palabras de la Escritura: In vino luxuria (En el vino, la lujuria). Llamaba la atención a quien, por el
gusto de saborear el vino, lo tomaba a sorbitos, o bebía el vino generoso sin aguarlo: esto sucedía rara vez, a saber, en las fiestas solemnes
y cuando había algún forastero a la mesa. Sobre todo esto hacía sus recomendaciones a los alumnos. Les exhortaba también a no echarse en
cama después de comer, previniéndoles, como él decía, ab incursu et demonio meridiano (del ataque del demonio del mediodía). Pero
148

Fin de Página 148

 

VOLUMEN IV Página: 149

les dejaba que, durante el verano, durmiesen una media hora o tres cuartos en la sala de estudio o en clase, apoyando los brazos o la cabeza
sobre la mesa o sobre el banco.

Solía decir: -Dadme un joven con sobriedad para comer, beber y dormir y le veréis virtuoso, asiduo en sus deberes, dispuesto siempre a
hacer el bien y, amante de todas las virtudes; pero, si un muchacho es glotón, bebedor, dormilón, poquito a poco tendrá todos los demás
vicios. Se hará un atolondrado, un holgazán, un inquieto y todo le irá mal. Cuántos jóvenes se perdieron por el vicio de la gula. Juventud y
vino son dos fuegos. Vino y castidad íno pueden estar juntos!

Sus palabras eran eficacísimas, porque sus discípulos siempre le vieron a él sobrio en todo. Sin embargo, aunque su espíritu penitente
fuese heroico, como el de San Felipe Neri, por su saber hacer y para mayor mérito, no pudieron advertirlo durante años y años, muchísimos
ajenos a la casa, que le conocían sin serle familiares. Los mismos que estaban constantemente a su lado, sólo se formaron un seguro juicio
de ello después de muchas y largas ((185)) observaciones, dado que él era tan jovial y chispeante. Estos fueron, desde el principio hasta el
fin de su vida, testigos continuos y a veces importunos, de día y de noche, en casa y fuera de ella, y hasta de su más mínima acción. José
Buzzetti desde 1841, Ascanio Savio desde 1848, y desde 1852 Miguel Rúa, Juan Cagliero, Francisco Cerruti, Juan Bonetti y finalmente
Joaquín Berto, que fue su secretario íntimo desde 1864 y su confidente, hasta casi 1888: con ellos, millares y millares de cuyas bocas
hemos recibido lo que vamos diciendo.

No faltaron desde los primeros momentos los críticos que interpretaban menos rectamente algunos de sus actos, juzgándolos solamente
por las apariencias; pero tuvieron que volver sobre sí después de un examen apasionado. Vamos a contar un hecho, sucedido hacia 1850,
del cual nos escribió José Brosio:

"Acudían también al Oratorio jóvenes externos, bastante mayores, muy propensos a la crítica; por ligereza, censuraban hasta lo más
mínimo, no solamente entre ellos, sino también entre las personas ajenas al Oratorio. Don Bosco, por cierta indisposición, los días de
ayuno, tomaba sopa para cenar; sin más adobo que la pura sal, y yo lo sabía. Pero la costumbre general de entonces imponía que, en la
pequeña colación de la noche de los días de vigilia, no se tomara sopa. Ahora bien, sucedió que un jueves santo, después del lavatorio de
los pies, que el propio don Bosco hacía, invitó a cenar con él a trece muchachos que habían representado a los apóstoles: yo representé
aquel año a San Pedro. Puso para ellos en la mesa una abundante
149

Fin de Página 149

 

VOLUMEN IV Página: 150

cena de abstinencia, y, de acuerdo con la costumbre, mamá Margarita llevó a don Bosco su sopa. Enseguida dijo un muchacho a otro:

"-Mira: don Bosco come sopa esta noche que es ayuno.

"Al oír yo estas palabras, quise ((186)) que don Bosco diera una buena lección a aquellos ridículos escrupulosos y dije en alta voz a
Margarita:

"-íHola, mamá! "Cómo es que le pone sopa a don Bosco, hoy que es ayuno? "No sabe que no la puede comer?

"A mi ocurrencia todos empezaron a reír. La mamá y la tía de don Bosco se defendían diciendo que la sopa estaba adobada sólo con sal y
que no era muy apetitosa. Don Bosco no soltaba prenda, mas yo, deseando que hablase, fingía no entender y, erre que erre, repetía que no
se debía poner aquella noche sopa en la mesa. Entonces don Bosco, que tal vez comprendió lo que yo quería, dijo unas palabras tan
conmovedoras sobre el tema en cuestión, sobre la necesidad que dispensa también de la ley, sobre la debilidad de su estómago después de
las confesiones hechas, que el muchacho que había lanzado la imprudente frase, lloraba. De entonces en adelante no volvía a oír criticar la
marcha del Oratorio".

Después de estas aclaraciones, vamos a exponer unos hechos y testimonios referentes al espíritu de mortificación de don Bosco, aunque
se refieran a años distintos.

"Yo, dice el teólogo Ascanio Savio, que fue el primer clérigo del Oratorio, nunca le vi hacer penitencias extraordinarias; pero, a mi
juicio, parecía extraordinaria su vida ordinaria de buen sacerdote. No me consta que llevase cilicio, que se diera sangrientas disciplinas,
que realizara largos ayunos y otras mortificaciones; pero era la suya una mortificación corporal tan asidua, constante y minuciosa, tan
llevadera y tan grata, que su vida puede compararse con la de los más austeros monjes y los más rigurosos penitentes. Basta considerar sus
enfermedades, sus continuos trabajos, preocupaciones, afanes, adversidades, persecuciones de cada día, mejor aún, de cada hora, para
conocer la cruz que tan pacientemente llevaba."

((187)) Añadía el mismo: "Tengo la firme convicción de que pasaba noches enteras sin dormir, rezando, escribiendo libros, estudiando,
atendiendo a la correspondencia y preparando con Dios sus obras".

-"Me confió una vez don Bosco, decía don Miguel Rúa, que hasta la edad de cincuenta años no durmió más de cinco horas y que velaba
una noche entera semanalmente trabajando en el escritorio;
150

Fin de Página 150

 

VOLUMEN IV Página: 151

yo fui testigo de ello hasta 1866, porque veía siempre la luz encendida en su habitación hasta después de las doce de la noche. Del 1866 al
1871 empezó a hacer seis horas de descanso, pero siguió velando una noche por semana. De ordinario, en el buen tiempo, se levantaba a
las tres de la mañana y se acostaba a las once y media de la noche. Dábase cuenta de esto su secretario Joaquín Berto, que dormía en la
habitación contigua. Después de la enfermedad de Varazze, en 1872, tuvo que resignarse a descansar siete horas y renunciar a la vigilia de
una noche cada semana. Lo cual no quitaba que alguna vez tornase a la antigua costumbre".

Juan Bisio por su parte nos contó: "Yo, encargado del arreglo de su habitación, desde 1864 hasta 1871, encontré bastantes veces su cama
sin deshacer, y diciéndole que por qué no se había acostado, me respondía que no había podido hacerlo por el mucho
trabajo".

Por las mañanas siempre estaba dispuesto a levantarse, como los demás a las cinco o bien a las cinco y media, aún en el tiempo más
crudo, apenas sonaba el primer toque de campana para la comunidad. Saltaba de su pobre cama, que casi hasta los últimos años tuvo en la
misma habitación donde recibía las audiencias y, aunque por su mucha debilidad le costaba trabajo el vestirse, siempre lo hacía por sí
mismo. Cuando los muchachos bajaban a la iglesia, ya estaba él en su puesto para confesar, y antes y ((188)) durante la misa de la
comunidad, atendía cada día a los penitentes, y esto mientras las fuerzas se lo permitieron. Solamente durante los últimos años prorrogaba
su descanso hasta las seis, para no contristar a sus hijos, obrando de otro modo.

Si le sorprendía el alba sentado a la mesa, donde había pasado la noche trabajando, se levantaba de la silla e iba a confesar a los
muchachos para volver a su escritorio una vez celebrada la santa misa. Si ninguna otra cosa se lo impedía, atendía a continuación el
despacho de sus trabajos, con toda la intensidad de su mente y con todo el sacrificio. "En invierno, nos dijo el ya nombrado Bisio, se ponía
a trabajar sin calefacción. Me parecía a mí imposible que con el intenso frío pudiera escribir sin que se le cayera la pluma de la mano. Y
jamás le oí lamentarse del frío, ni del calor, ni de ninguna incomodidad".

No tomó para desayunar durante muchos años más que una pequeña taza de café mezclado con achicoria, bebida que a ninguno atraía, y
con la que mezclaba un poquito de leche solamente cuando se veía obligado a ello por alguna indisposición. Durante algún tiempo, y rara
vez, mojaba un trocito de pan corriente tan pequeño
151

Fin de Página 151

 

VOLUMEN IV Página: 152

que no rompía ni siquiera el ayuno, y finalmente también esto lo dejó. Notaremos que observaba rigurosamente las abstinencias prescritas
por la Iglesia, y que ayunaba todos los sábados, ayuno que posteriormente cambió por el del viernes en las reglas dadas a los salesianos.

Al sonar de las doce, ocupado a lo mejor en la habitación por visitas, que fueron causa, como veremos, de la mayor de sus
mortificaciones, resultaba que, de ordinario, llegaba muy tarde al refectorio. Tanto más que, durante el trayecto, le detenían algunas
personas, que una tras otra querían decirle u oír una palabra suya; y a lo mejor se encontraba con algunas que no sabían de ((189))
discreción y le entretenían por lo largo. Y él, con admirable calma y paciencia, escuchaba, respondía y buscaba cómo dar satisfacción a
cada uno. Si el que le hacía de secretario, protestaba nerviosamente a los indiscretos, don Bosco le decía que aguantase y dejase que todos
pudieran llegar a él, sintiendo mucho que tuvieran que partir insatisfechos.

Al llegar al refectorio, si ya habían salido los comensales, comía, rodeado de los muchachos que llegaban y le circundaban quitándole
casi la respiración, ensordecido por su bulla, en medio del polvo y de un ambiente poco agradable a los sentidos, pero de gran satisfacción
para él, que no buscaba comodidades, sino el bien de sus hijitos.

Nos decía monseñor Juan Cagliero:

"La mesa de don Bosco siempre fue frugal, por no decir miserable. De jovencito, durante 1852 y 1853 asistía yo a su comida y a su cena.
La sopa y el pan eran lo mismo que para nosotros, y el plato que le preparaba su buena mamá Margarita generalmente consistía en
legumbres frecuentemente de calabaza cocida con trocitos de carne o de huevo, y yo veía que el mismo plato que le presentaba al mediodía
volvía a la noche recalentado. Más aún, a veces lo veía volver durante varios días y aún hasta el jueves, cuando era una torta de miel". Pero
él nunca se ocupaba de las prevenciones de su madre. Siempre guardó la máxima de San Francisco de Sales: "Nada pedir, nada rehusar" y
también el consejo del Señor: Manducate quae apponuntur vobis (comed lo que se os ponga) 1.

Algún tiempo más tarde, en atención a sus comensales, añadió a la sopa y al cocido un poco de fruta o de queso, y en 1855 un segundo
plato en la comida, cuando llegaron algunos sacerdotes a convivir

1 Luc. X, 8.
152

Fin de Página 152

 

VOLUMEN IV Página: 153

con él. Solamente el ((190)) primer plato tenía carne, el segundo era de legumbres cocidas, o bien ensalada. Si había polenta como sopa,
con algún acompañamiento, ésta servía de plato. Don Bosco solía recomendar a los cocineros que evitasen las viandas excitantes, y parece
que esto era por amor a la castidad.

El prefería patatas, nabos y hierbas bien cocidas, aunque fueran insípidas, dando como razón que eran más convenientes para su
estómago; y repetía frecuentemente la máxima: "el hombre debe comer para vivir y no vivir para comer". De cuando en cuando,
procuraban sus clérigos proveerle de alguna vianda más a propósito para su delicada salud; pero, si él advertía aquella singularidad, se
molestaba y recomendaba al Prefecto de la casa diese órdenes en la cocina para evitar que se repitiesen semejantes atenciones. Era
admirable su indiferencia respecto a la calidad y condimento de los alimentos. Los más sabrosos eran los que menos le gustaban. Jamás se
le oyó lamentarse de la comida. Sucedió a veces que alguno, después de haberse servido él la sopa, la probara y la dejara por su repugnante
sabor, cuando él, sin hacer ningún caso, se la había comido. Le presentaban a veces huevos u otras comidas, medio echadas a perder y él se
lo comía todo tan tranquilamente, sin dar muestras de haberse dado cuenta de ello. Así cumplía el propósito tomado de nunca decir: "Esto
me gusta, esto no me gusta". Pero, cuando la sopa era mejor, ya fuera por el caldo, ya fuera por la sustancia, se le veía muchas veces echar
agua de la jarra, con la excusa de que la tenía que enfriar porque estaba ardiendo. Hasta el pan le servía para ejercitar la mortificación y,
promover a la par, el espíritu de economía. Había establecido una especie de compañía, llamada de los mendrugos de pan, y cuyos socios
se propondrían servirse con preferencia de todos los ((191)) trozos de pan, dejados en las comidas anteriores, aún por otros, antes de
empezar un pan todavía entero. Y don Bosco era el primero en dar ejemplo. Comía en medida tan parca, que estábamos maravillados de
cómo podía
resistir tanto trabajo. Su alimentación bastaba solamente para mantenerlo en pie. Preguntado por qué se sometía a tantas privaciones,
respondió con humildad al que escribe estas memorias:

-Con tantos asuntos como tengo que resolver y con el grande y constante trabajo de mi mente, de no haber hecho así, mis días se
hubieran acabado pronto.

Y esta fue su usanza mientras vivió. Más aún, frecuentemente se sometía a abstinencias extraordinarias.

"A veces, nos repetía José Buzzetti, atento observador de las más
153

Fin de Página 153

 

VOLUMEN IV Página: 154

pequeñas acciones de don Bosco, si se acababan las provisiones de la cocina, a la comida o a la cena, y llegaba de repente un amigo
forastero, se privaba él de su propio plato para dárselo entero al huésped. Pero sabía hacerlo con tanta gracia y tanta
franqueza de pretextos, que el comensal no advertía su ardid".

También fue modelo de templanza en la bebida. Bebía un poco de vino propter stomachum, como dice San Pablo, pero tan aguado, que
casi perdía su condición. Hasta 1858 y más tarde, su bodega era, en cierto modo, el Ayuntamiento, que enviaba al Oratorio casi todas las
semanas una provisión de muestras, restos de cubas que quedaban en el mercado del vino, mezclas de blanco y tinto, dulce y seco, y a
veces avinagrado. Y aunque él procedía de una región de excelentes vinos, usaba éste. Muchas veces se olvidaba de beber, absorto como
estaba en otros pensamientos, y tocaba a sus vecinos de mesa llenarle el vaso. Entonces él, si el vino era bueno, buscaba enseguida agua
para hacerlo mejor, según decía. Y añadía sonriendo: ((192)) -He renunciado al mundo y al demonio, pero no a las pompas 1, aludiendo a
las bombas que extraen el agua de los pozos. Solía beber un solo vaso en cada comida.

Monseñor Juan Bertagna, que conoció muy bien la vida íntima de don Bosco, nos aseguraba un día: "Fue un raro ejemplo de templanza:
no buscó nunca delicadeza en su casa; parece que podía haberse permitido un mejor trato con él y para los demás". Pero don Bosco no
tenía más que un ideal de perfección. Hacia 1860, al tener que mejorar la comida, según las necesidades de los que convivían en él, comía
sin dificultad lo que le presentaban. Sin embargo, a menudo le oímos exclamar:

-Yo esperaba que en mi casa todos se contentarían con una sopa y pan o a lo más, con un plato de legumbres. Pero veo que me engañé.
Mi ideal era una congregación, modelo de frugalidad, y así habría dejado a mi muerte la que yo pensaba fundar. Pero, ahora me he
persuadido de que mi idea no era realizable. Mil causas me empujaron poco a poco a seguir el ejemplo de otras órdenes religiosas. Sopa,
dos platos y postre. La misma Sagrada Congregación no había aprobado las reglas, si hubiera sido demasiado riguroso, limitando la calidad
de los alimentos; sin embargo, aún ahora, me parece que se podría vivir como yo vivía en los primeros tiempos del Oratorio.

1 Pompa: en italiano la palabra pompa es lo mismo que bomba aspirante de agua o pompa u ostentación. (N. del T.).
154

Fin de Página 154

 

VOLUMEN IV Página: 155

A pesar de todo ícosa increíble! en los primeros lustros del Oratorio, narra don Juan Turchi, decían algunos en Turín que don Bosco era
pobre de palabra, pero que en casa se permitía un trato señorial. Peor aún, hubo quien se atrevió a decir, y no sin mala intención:

-Don Bosco trata mal a sus muchachos, pero él bien que zampa.

Hubo quien quiso conocer las esplendideces de don Bosco. El abate Stellardi había sido convidado con otros varios señores ((193)) a
comer por el conde de Agliano, cuando he aquí que cayó la conversación sobre don Bosco. Decía al Abate que las comidas de don Bosco
eran como corresponde a persona que maneja mucho dinero. Entre los convidados, unos opinaban que sí y otros que no. Decían algunos
que don Bosco comía paupérrimamente; otros, en cambio, que su mesa era opípara. Para poner término a la cuestión se ofreció el Abate a
presentarse inesperadamente ante don Bosco, cuando éste se sentara a comer. Y en efecto, compareció un día en el Oratorio, poco antes del
mediodía, so pretexto de que iba a pedirle unos informes; y después de haberse entretenido un rato con don Bosco, le dijo, que se vería
muy honrado si le invitaba a comer en su compañía, ya que sus asuntos no le permitían volver a Superga.

-Con mucho gusto, respondió don Bosco; pero antes, permita que avise a mi madre del honor que nos hace, porque nosotros no tenemos
de repente con qué tratar a usted como se merece, ni comidas como las que usted acostumbra a ver sobre su mesa.

-No; déme este gusto; no avise nada a la cocina. Me bastará su comida ordinaria.

Después de un poco de insistencia, por una y otra parte, fueron a comer. Don Bosco, dirigiéndose a mamá Margarita le dijo:

-Mire, tenemos con nosotros al abate Stellardi.

-Podías haberme avisado antes; ahora no tengo nada preparado, dijo Margarita.

-Pero es que él no quiere nada más que nuestra comida, exclamó don Bosco sonriendo.

-Sí, sí, añadió el Abate, me conformo con comer lo mismo que don Bosco.

-íAsí sea!, replicó mamá Margarita, que puso la mesa enseguida.

La sopa era de arroz con castañas y harina de maíz. Don Bosco comió con buen apetito, pero el Abate probó media cucharada y,
torciendo el rostro hacia otra ((194)) parte, no pudo tragarla y dijo:

-Bueno, bueno, comeré el otro plato.

Como primer plato llegó un pedazo de merluza cocida con un
155

Fin de Página 155

 

VOLUMEN IV Página: 156

poco de aceite sin refinar. Don Bosco siguió comiendo; pero aquel señor, al oler el aceite, hizo un gesto de desagrado y lo dejó todo. Los
clérigos que comían con él, y que luego describieron esta escena, a duras penas contenían la risa. Como segundo plato, llegó a la mesa un
poco de cardillo cocido con sal y como postre una loncha de queso fresco. El Abate no pudo tragar nada y, a salir del Oratorio, se fue
derecho a casa del conde Agliano diciendo:

-Por favor, dénme algo de comer porque no me tengo en pie.

Y contó lo sucedido, mientras todos se reían a su gusto. El conde de Agliano conocía a don Bosco y, en el entretanto, ya había bromeado
sobre la prevista desilusión del Abate, acostumbrado a la abundante cocina de su casa con selectos manjares. Así se pudo convencer, y lo
dijo después en muchos lugares, de que la comida de don Bosco era poco envidiable.

Otro famoso eclesiástico, y por fines diversos, pero persuadido de que algo de verdad había en lo que se decía de don Bosco, llegó al
Oratorio para tratar no sé qué asuntos. Era el canónigo de la catedral César Ronzini. Al llegar la hora de comer, don Bosco le invitó. De
momento el canónigo se excusó, pero después aceptó. El servicio, como siempre, modesto y pobre: cocido y berzas. Pero don Bosco, para
honrar a su comensal hizo poner unos entremeses. El canónigo agradeció mucho su atención, y al despedirse dijo a su huésped:

-Me habían hecho creer que en el Oratorio había una buena mesa para usted; pero ahora me persuado de que la cosa es muy distinta.

Y mirándole con los ojos arrasados de lágrimas y ((195)) estrechándole la mano repitió:

-Don Bosco, estoy contento, muy contento.

Más tarde, con motivo de que algunos carecían de energía física, hizo añadir algo más de carne a la comida y mejoró la cena. Era ello
necesario para los que se entregaban al estudio y a los trabajos del ministerio sacerdotal, y para complacer a los que, procedentes de
familias más acomodadas, deseaban formar parte de la del Oratorio. Había visto cómo algunos sacerdotes y seglares que fueron a convivir
con él, después de probarlo durante varios meses, al fin, por no poderse adaptar a su método de vida, habían tenido que retirarse e
inscribirse en otra orden religiosa.

Sin embargo, dejó que la sopa y el pan fueran siempre lo mismo que para los muchachos asilados.

Y le hemos oído muchas veces lamentarse de la abundancia de
156

Fin de Página 156

 

VOLUMEN IV Página: 157

carne, como él decía, porque advertía que podría fomentar las pasiones. Fue con tal motivo cuando, sin quererlo, hizo una ingenua
confesión de su espíritu penitente, diciendo: "que él se había abstenido siempre de comer carne, por miedo a la rebelión de la
concupiscencia". Y añadía maravillado: "-Tal vez los demás no son tan sensibles como yo, y no necesitan emplear las mismas
precauciones...".

En general él se abstenía de toda suerte carne; más aún, parecía que la tuviese horror, y, por cuanto le era posible, evitaba comerla, so
pretexto de que su dentadura, muy gastada, le dolía y no podía masticar. Pero, enemigo de toda singularidad, solía aceptar lo que se ofrecía
Si le preguntaban qué porción prefería, acostumbraba decir: -íPara mí, la porción de carne más agradable es la más pequeña!-Pero dejaba
una parte en el ((196)) plato, y el trozo que comía no lo sazonaba con sal. Solamente, en los últimos años de su vida, se avino a tomarla con
mayor frecuencia, obligado por las prescripciones de los médicos.

Después de comer, cansado de las malas noches de insomnio, de trabajo, o de diabólicas vejaciones, tal como se lo confió a monseñor
Cagliero y a varios de sus íntimos, rendido de cansancio, vencido por la fatiga, a veces dormía un rato en la mesa, sentado sobre la silla y
sin apoyo, reclinando la cabeza sobre el pecho. Entonces los presentes, de puntillas, salían del refectorio para no despertarlo. Pero nunca
durmió la siesta en la cama, ni siquiera en los últimos años. Era éste el momento más pesado del día para él, porque acostumbraba salir a la
ciudad, a visitar bienhechores, cumplir asuntos urgentes y buscar socorros para su obra. Atormentado por el sueño, tomaba por compañero
a un muchacho conocedor de la ciudad y le decía:

-Llévame a tal y tal sitio; pero, atento, porque puede vencerme el sueño y hacerme tropezar.

Y, apoyando la mano sobre el brazo del muchacho, caminaba, dormitaba, como si le bastara aquel movimiento y aquel momento de
sopor para reparar el cansancio por no haber dormido.

Una vez, después de haber pasado varias noches de insomnio, se olvidó de tal precaución y se encontró, totalmente solo, en la placeta de
Ntra. Sra. de la Consolación, casi sin saber dónde estaba y adónde quería ir. Un zapatero, que vivía allí al lado, se acercó y le preguntó qué
le pasaba: si se encontraba mal, o si estaba de mal humor:

-No, le respondió don Bosco; pero tengo sueño.
157

Fin de Página 157

 

VOLUMEN IV Página: 158

-Bueno, pues venga a mi casa; duerma un poco y luego vuelva a sus negocios.

((197)) Aceptó don Bosco, entró en la pequeña zapatería, sentóse junto a la mesita del taller y durmió, desde las dos y media hasta las
cinco. Al despertarse, quejóse al zapatero de que no le hubiera despabilado.

-Mi querido señor, respondió el zapatero: íle veía tan rendido, dormía tan profundamente apoyado contra la pared! íYo le miraba con
devoción, pensando en los muchos trabajos que tiene que haber soportado!

Sucedió otras veces que, al sentirse falto de fuerzas, entraba en una tienda rogando al dueño le dejara descansar un instante. Si el tendero
le conocía, inmediatamente le acercaba con gusto una silla, porque sabía qué le pasaba. Si el tendero no le conocía, don Bosco,

interrumpiendo las acostumbradas ofertas mercantiles, en una acto de confianza le decía:

-Por favor, déjeme estar aquí; déme una silla para descansar un poco.

Solía responder el dueño:

-Bueno, bueno; siéntese usted.

Apenas se sentaba, don Bosco se dormía. Entraban y salían, mientras tanto, los parroquianos extrañados al ver a un sacerdote durmiendo

en aquel lugar. Pero bastaban unos minutos para reanimarle. Daba las gracias al despedirse y:

-Perdone: "quién es usted?, le preguntaban.

-íSoy don Bosco!

-"Y por qué no me lo dijo? "Quiere una tacita de café, un vaso de vino?

Y los buenos tenderos se quedaban satisfechos de poder contar la pequeña aventura.

No bebía nunca, ni tomaba nada fuera de las comidas, excepto en los últimos años de su vida, en los cuales, por la gran dificultad para
digerir, tomaba, por prescripción facultativa, un ligero vermut, antes de sentarse a la mesa; pero sin comprarlo, sino regalado por la
caritativa familia del teólogo Carpano, y, si no se lo servían, tampoco lo pedía. También se permitía, en aquellos tiempos tomar un poco de
manzanilla, cuando se la ofrecían ((198)) durante sus largas horas de confesonario. Durante el día, aunque cansado y deshecho por las
audiencias, y resecas las fauces por la sed, pues padecía de inflamación en la boca, ni siquiera pedía agua, y si por un casual su secretario
don Joaquín Berto se la llevaba compadecido, insistiéndole en que
158

Fin de Página 158

 

VOLUMEN IV Página: 159

bebiese al menos para darle gusto, tomaba solamente un sorbo, pretextando que le hacía sudar. Narraba Juan Bisio que nunca le había visto
tomar un refresco, y que un día caluroso de verano le presentaron una bebida con trocitos de hielo y limón y él la rechazó con gracia
diciendo:

-íTómatelo tú!

Nunca tuvo en su habitación vinos, jarabes ni licores; si se los regalaban, los enviaba a la despensa general, a la enfermería para los
enfermos o los guardaba para regalarlos, a su vez, a los bienhechores. De cuando en cuando recomendaba a los alumnos jóvenes, a los
clérigos y a los sacerdotes que no guardaran bebidas, frecuentemente peligrosas; no se cansaba de repetir esta recomendación y hasta
castigaba a los transgresores. Cuando era huésped en alguna casa y le ofrecían vino, lo rechazaba graciosamente con la excusa de que podía
subírsele a la cabeza.

Tenía suprimida la merienda con vino, fruta u otros comestibles y decía que venter pinguis non gignit mentem tenuem. (El vientre
hinchado no engendra una mente perspicaz). Nunca hizo una refección entre comida y comida, ni en su casa ni en la ajena, ni siquiera
cuando era invitado, lo mismo que fuera solo que con sus muchachos. En esas ocasiones, si estaba solo, y la invitación era un caso
extraordinario, se conformaba con entretenerse en útiles conversaciones con las personas de casa. Si le acompañaban sus muchachos, se
daba prisa para que les sirvieran a su gusto y el del que invitaba, de acuerdo con las circunstancias; pero él no tomaba nada, diciendo que
tenía que preocuparse de ellos. ((199)) A lo sumo se limitaba a un vasito de vino aguado para condescender, de algún modo, con las
cortesías de los demás. "Durante tantos años como viví con él, dice don Miguel Rúa, solamente recuerdo haberle visto una vez fuera de
comida con un racimo de uvas durante la vendimia, y, aún entonces, para animar a los muchachos que había llevado consigo expresamente
al campo".

Nunca hablaba de comidas ni bebidas, y con su ejemplo y su consejo apartaba también a los jóvenes de semejantes conversaciones y
deseos. Asistía con el mismo ánimo a un banquete, al que se sentía obligado a asistir, que a una sencilla comida del Oratorio. Todos veían
que comía por necesidad. No aparecía en él la menor sombra de inmortificación, ni de avidez. Quien se sentó a su lado durante muchos
años, puede atestiguar que comía como distraído, ocupado siempre en otras cosas, sin distinguir entre alimento y alimento. Sucedió que,
habiéndole preguntado durante la comida, si ya
159

Fin de Página 159

 

VOLUMEN IV Página: 160

había tomado el segundo plato o solamente el primero, no supo responder. Lo mismo sucedía si, inmediatamente después de levantarse de
la mesa, se hablaba por cualquier circunstancia de lo que habían servido. Estaba tan acostumbrado al dominio del sentido del gusto, que
casi había perdido su estímulo.

En efecto, predicaba en cierta ocasión ejercicios en una parroquia del campo; hacia el final de los mismos se levantó bastante tarde una
noche del confesonario y fue a la casa parroquial cuando todos, incluido el párroco, se habían retirado a dormir. Como tenía hambre, entró
en la cocina para cenar un poco. Al resplandor de una lamparilla allí encendida, miró a ver si le habían guardado un plato de sopa, y vio un
pucherito en el hornillo, sobre la ceniza caliente. Pensando que aquello fuera la sopa, lo sacó, tomó una cuchara y comió tranquilamente lo
que él creyó una sopita de sémola. Pero ((200)) ícuál no sería, a la mañana siguiente, el asombro de la cocinera, al buscar el almidón, que
había preparado para planchar, y no encontrarlo! La buena mujer no acababa de lamentarse. El párroco sospechándolo, preguntó a don
Bosco y supo, con gran maravilla de su parte, como él no se había dado cuenta de que había comido el almidón. Después contaba a
menudo el caso y describía a sus amigos la admirable mortificación del siervo de Dios.

Andaba don Bosco tan lejos de dar gusto a su paladar, que, como los santos, parecía experimentar una especie de repugnancia cada vez
que debía sentarse a la mesa. En más de una ocasión hizo como quien se enfada por tener que sujetarse a esta necesidad y decía:

-íQue todos los días tenga el hombre que sujetarse a esta bajeza de alimentarse!

Y repetía frecuentemente:

-De dos cosas me gustaría prescindir: de dormir y de comer.

Necesitaba a menudo que alguien le avisase a la hora de comer, porque de otro modo se olvidaba.

Muchas veces no se acordaba de si ya había comido. Salía a lo mejor por la mañana a la ciudad, volvía hacia las dos de la tarde y se
sentaba al escritorio. Margarita, creída que ya había comido en casa de algún bienhechor, recogía lo que había preparado, levantaba los
manteles y apagaba el fuego. Hacia las cuatro, no aguantaba su mente, se le enturbiaban los ojos y decaían sus fuerzas; entonces dejaba don
Bosco la pluma y pensaba:

-Pero "por qué me da vueltas la cabeza? "No estaré bien de salud?
160

Fin de Página 160

 

VOLUMEN IV Página: 161

Intentaba pasear un poco para distraerse. Mas, al no poder tenerse en pie, llamaba a la madre.
-"Necesitas algo?, preguntábale Margarita asomándose a la puerta.
-Me siento débil; me da vueltas la cabeza; me encuentro algo mal.
-"Dónde has comido hoy?
((201)) -íCuriosa pregunta! íEn casa! "Ya se ha olvidado usted?
-íAh!, en casa ciertamente que no; doy fe de ello.
-"Entonces?
-Entonces no has comido: al mediodía no estuviste en casa y hasta las dos tuve la sopa al fuego. Creí que habías comido en otra parte.
-Ahora entiendo por qué me encuentro tan débil.
Y mamá Margarita iba riendo a arrimar el puchero al fuego.
Nos contaba don Félix Reviglio que, siendo ya párroco en Turín, entró un día en el Oratorio mientras don Bosco estaba comiendo, él

solo, hacia las cinco de la tarde, después de haber trabajado muchas horas en el escritorio. Tenía ante sí una escudilla de estaño, comía
habichuelas secas sin condimento alguno, y toda su comida se redujo a tan poca cosa, que el mismo Reviglio sintió una opresión de
corazón.

Por la noche acostumbraba tomar algo menos que al mediodía, enseñando con el ejemplo lo que recomendaba a sus muchachos, esto es,
no llenar del todo el buche en la cena. Sucedíale a menudo que cenaba muy tarde, particularmente los sábados, las vigilias de las fiestas y
con ocasión del ejercicio de la buena muerte. Mientras vivió su madre, al menos estaba caliente el alimento, y alguna rara vez, un poco más
sustancioso que de costumbre.

Un día, contaba el teólogo Ascanio Savio, como viera Margarita al hijo tan sin fuerzas, le preparó una sopa en la que echó un huevo.
Pero él considerando que también yo estaba muy cansado, la partió conmigo.

Cuando faltó la madre, el cocinero no siempre previsor, ponía aparte para él una sopa, cocida hacía casi cuatro horas, y don Bosco se
conformaba con ella, hecha ya una pasta y, a lo mejor, demasiado salada. El plato de hierbas fritas, de verdura hervida, era tan poco
apetitoso, como para dejarlo. Aún recordamos cómo él, satisfecho y sin pedir otra cosa, ((202)) rompía la costra de aquella pasta que se
había formado al calor del horno; empezaba a extraer debajo de aquella corteza y después comía también ésta, aunque estuviera fría
161

Fin de Página 161

 

VOLUMEN IV Página: 162

y dura, sin la menor señal de disgusto. Al mismo tiempo hablaba de cosas útiles, ajenas a la cena, con alguno de sus clérigos o sacerdotes,
que le habían esperado para acompañarle a aquellas horas, y sin pensar para nada en el trabajo hecho, mientras ellos le veían tan fatigado.
Hubieran deseado hacerle preparar algo mejor, pero él no tenía preferencias, el cocinero se había ido ya a dormir según sus órdenes, y el
fuego de la cocina estaba apagado. Si alguno le proponía tomar un huevo pasado por agua, respondía infaliblemente:

-Me basta la sopa de los muchachos, y si este plato fue suficiente para los demás, "por qué no debe serlo para don Bosco?

Y rechazaba cualquier otra cosa, pese a las largas horas de confesonario, la misa y el sermón que al día siguiente no le permitirían tomar
alimento hasta las once de la mañana o el mediodía.

Por la noche era el último en acostarse. Visitaba antes los dormitorios, se detenía a dar cualquier disposición para la buena marcha de la
casa o una conferencia a los clérigos. Cuando quedaba solo, el pensamiento de Dios le sacaba fuera de sí y le dejaba como aturdido. Nos
contaba:

-Durante los años 1850-51-52, después de haber pasado todo el sábado trabajando y confesando y haberme entretenido contando cosas
curiosas a los muchachos, que servían en el comedor, después de la cena, o a los clérigos después de las oraciones, subía a mi habitación
hacia las once. Al llegar al mirador me paraba para contemplar los infinitos espacios del firmamento. Me orientaba por la Osa Mayor,
fijaba mis ojos en la luna, después en los planetas y en las estrellas; pensaba, contemplaba la ((203)) hermosura, la grandeza, la multitud de
los astros, la lejanía sin fin que existe entre ellos, la enorme distancia hasta mí mismo; y dando la vuelta a estos pensamientos, llegaba a las
nebulosas y más lejos aún. Reflexionaba en la última estrella de la última nebulosa; pensaba que cada una de los millones que forman
aquel grupo podía ser como un centro desde donde se podía gozar el mismo espectáculo que se goza desde la tierra, desde cualquier parte,
desde cualquier punto adonde se dirija la mirada en una noche serena y me quedaba tan impresionado que sentía vértigo. El universo me
parecía una obra tan grande, tan divina que no podía resistir aquel espectáculo, y mi única escapatoria era encerrarme deprisa en mi
habitación...

Todos los muchachos, al llegar a este punto, estaban en suspenso, contenían la respiración, esperando qué iba a añadir don Bosco; y él,
después de una breve pausa, seguía:

-... y corría a esconderme bajo las sábanas.
162

Fin de Página 162

 

VOLUMEN IV Página: 163

Los muchachos reían con esta salida y don Bosco terminaba:

-Solamente allí debajo, en aquel hoyo, me parecía no ser tan pequeño y despreciable.

Don Bosco estaba tan impresionado ante tales maravillas siderales, que a menudo hablaba con los amigos de la enorme distancia de los
astros tan próximos a nosotros, tan lejos de la tierra y visibles, y de su inmenso volumen. Y se complacía en contar los diez millones de
años que se necesitarían, con la velocidad de la luz, de trescientos mil kilómetros por segundo, para llegar a algunas estrellas.

-Nuestra mente se pierde, exclamaba, y no puede formarse una pequeña idea. íQué maravillosa es la omnipotencia de Dios!

Con estos sublimes pensamientos entraba en la habitación; pero no descansaba, más que cuando la fatiga le constreñía. Entonces, vestido
como estaba y sin darse cuenta de ello, se echaba sobre la cama y así se quedaba durmiendo hasta la mañana. A veces era atormentado por
el insomnio y en aquellas pocas ((204)) horas que estaba en el lecho rezando, daba rienda suelta a la fantasía en torno a sus proyectos y a la
forma de realizarlos: se comportaba de noche, lo mismo que de día. El que dormía en la habitación contigua, al oír un grito, y temiendo que
a don Bosco le pasase algo, entró varias veces en su cuarto improvisadamente y de puntillas. Y le vio acostado, dormido, boca arriba, con
la cabeza un poco levantada, las manos juntas sobre el pecho y, tan bien compuesto, que parecía uno de esos cuerpos de santos, que se
conservan en los altares para veneración de los fieles dentro de una urna de cristal. Nosotros mismos podemos atestiguarlo a la par de
muchos otros.
163

Fin de Página 163

 

VOLUMEN IV Página: 164

((205)
)

CAPITULO XIX

COMO FRENABA DON BOSCO SUS SENTIDOS -SU MORTIFICACION AL HABLAR, ESCUCHAR Y TRABAJAR
MAGNIFICO ELOGIO DE DON BOSCO, ESCRITO POR MONSEÑOR CAGLIERO -PENITENCIAS EXTRAORDINARIAS Y
SECRETAS DE DON BOSCO -NO SE LAS PERMITE A SUS ALUMNOS -SUS DOLOROSAS Y CONTINUAS ENFERMEDADES

EL aspecto de don Bosco revelaba su modestia y mortificación. Hasta cuando estaba arrodillado, se le veía derecho. Si estaba sentado,
jamás colocaba una pierna sobre otra; no apoyaba la espalda contra el respaldo de la silla o del sofá: cuando no escribía, tenía las manos
juntas sobre el pecho con los dedos cruzados. Nunca se le vio buscar una posición más cómoda, o tumbado sobre un sofá, sino cuando se
veía obligado a ello por un grave malestar. Se sentaba con un porte tan digno, que imponía respeto. Le sorprendieron mil veces de día y de
noche; le espiaron, a través de las rendijas de la puerta, mientras trabajaba a solas, o meditaba y tuvieron siempre que admirar una modestia
tal, que no podía ser mayor. Su aspecto era el mismo cuando estaba de pie o paseaba. Nunca se apoyaba en el brazo de otro, aún en la edad
avanzada; sólo en aquellas ocasiones en que, faltándole las fuerzas, amenazaba caerse. Y entonces se apoyaba por breves instantes.

((206)) Una vez, en muchos años, después de haber rechazado el brazo que le ofreció alguien que le vio arrastrar penosamente los pies, lo
aceptó y se apoyó en él, porque de otro modo hubiera caído redondo sobre el empedrado de la calle. Pero, mientras pudo, mantuvo su
equilibrio, con los brazos cruzados a la espalda.

Prueba de que estos actos eran hijos de la virtud de la templanza, son las recomendaciones que hacía a sus muchachos de no abandonar
las pequeñas mortificaciones, ocasionadas por la compostura y modestia, cuando rezaban, se sentaban, estudiaban o paseaban, y su firme
propósito, practicado toda la vida sin fallar, de no conceder descanso a sus sentidos.

Confesaba a los muchachos sentado sobre una simple silla, incómodo,
164

Fin de Página 164

 

VOLUMEN IV Página: 165

sin apoyo alguno y con los brazos libres para cubrir su rostro y el del penitente con un pañuelo blanco. En el invierno aguantaba largas
horas en el helado ambiente del coro o de la sacristía, y en verano el aliento de todos los muchachos que le rodeaban y que casi no dejaba
respirar. Sumada a los internos la gran multitud de externos, no hay que extrañarse de que fuera atormentado por ciertos insectos, que
abundaban. Pero él los aguantaba con indiferencia, sin dar muestras de la más mínima molestia.

Cuando, posteriormente, confesaba en las casas de la costa, picaban su cara y sus manos los mosquitos, y mientras los penitentes los
espantaban con el pañuelo, don Bosco dejaba que le punzaran a su gusto; después, al ir a cenar mostraba sus manos cubiertas de picaduras
y decía bromeando a los superiores de la casa:

-íMirad cuánto quieren a don Bosco los mosquitos!

Por la misma razón salió una mañana de la habitación con la cara hinchada y sanguinolenta. Todos los que le encontraban le
compadecían; pero su rostro siempre estaba alegre.

((207)) Tenía una paciencia a toda prueba para soportar las incomodidades de las estaciones y animaba a sus hijos a que las aceptasen
como fuente de méritos venida de las manos de Dios. Sufría un frío intenso en los pies, mas no quiso nunca usar brasero.

Todos apreciaban constantemente su mortificación en el hablar. Era moderado, hablaba con calma, despacio y con dulce gravedad.
Evitaba toda palabra inútil; huía de conversaciones profanas, formas demasiado vivaces, expresiones mordaces y agitadas. Hablaba poco,
acentuaba las palabras, que así no caían en vano, sino que instruían y edificaban siempre. Si decía algo ameno o agudo, para levantar el
ánimo propio o ajeno, lo hacía con mucha parsimonia, sazonada con algún pensamiento del todo espiritual. De tal modo frenaba la lengua,
que no soltaba mordacidades, ironías, ni bromas más o menos inconvenientes en labios de un sacerdote. No soportaba ofensas contra la
caridad, y una de sus más repetidas recomendaciones era precisamente la de huir de toda descortesía al obrar y al hablar. No permitía las
murmuraciones y, sin que los interlocutores se dieran cuenta, cambiaba con destreza de conversación a otros temas. Hablaba largo tiempo
si lo requería el caso; pero, si no había una necesidad particular, sabía guardar silencio, especialmente para atender a sus ocupaciones.

Era de una templanza sin límites con las personas que, por enfado o por error, le contrariaban o le trataban injustamente. En estas
ocasiones, cuanto más ásperas e insolentes eran las expresiones del
165

Fin de Página 165

 

VOLUMEN IV Página: 166

adversario, más suaves y mansas eran las de don Bosco. "Recuerdo, declara monseñor Cagliero, que habiendo llegado a cierto sujeto a
hablarle en la escalera airadamente y con palabras inconvenientes, vencido por sus respuestas afables y sus corteses modales, se calmó y le
pidió ((208)) perdón delante de nosotros mismos, que éramos unos muchachos". Cuando no podía persuadir a su oponente, callaba del
todo.

Su templanza le infundía vigor también cuando recibía cartas injuriosas. Acostumbraba no responder o, más frecuentemente todavía,
responder con dulzura. íCuántas veces intercambió los insultos por favores!

Al que no sabía mantenerse en calma a la hora de responder, le daba este recuerdo: -No escribir palabras ofensivas: scripta manent (lo
escrito, permanece).

-Os lo recomiendo encarecidamente, decía frecuentemente a los suyos; evitad en vuestro hablar las formas ásperas y mordaces:
compadeceos los unos de los otros, como buenos hermanos.

Estaba un sacerdote para publicar un libro sobre instrucción y educación y le pedía normas y consejos.

-Te recomiendo, le respondió, una cosa: no ofender la caridad.

Brilla su templanza en todos sus escritos, en los que todo es calma y limpieza, sin sombra de acritud.

Frenaba el natural apetito de ver y saber lo que no le pertenecía. Aunque tenía un gusto exquisito para juzgar las obras de arte, no se
dejaba seducir por la curiosidad de visitar monumentos, palacios, pinacotecas, museos. Doquiera se encontrase, solía llevar los ojos
clavados en el suelo, de forma que no miraba a las personas, ni aún cuando le saludaban. Era una mortificación costosa para él la renuncia
a leer libros que excitaban sus deseos de ciencia, literatura o historia. Sin embargo, para atender a las obras de caridad que la divina
Providencia le había confiado, se abstenía de ello casi siempre, salvo que le fuera necesario. Raras veces leía o se hacía leer periódicos, y
solamente con ocasión de noticias sobre hechos gloriosos o dolorosos para la Iglesia Católica o ((209)) que se referían directamente a sus
instituciones. Pedía, sin embargo, de vez en cuando, que alguno le contase las principales noticias del día, especialmente en los momentos
de mayores transtornos políticos, para dirigir a los demás a la hora de juzgar ciertos hechos públicos y para no estar totalmente ajeno a las
conversaciones, en las que debía encontrarse por su condición. Sin embargo se veía claramente que no padecía curiosidad de saber. No
admitía, además, periódicos que no fueran
166

Fin de Página 166

 

VOLUMEN IV Página: 167

sinceramente católicos; y recomendaba con insistencia a sus alumnos que se liberaran de la inútil curiosidad de leer libros o periódicos que
no fuesen provechosos para su propio estado.

No tomaba rapé, aun cuando lo necesitara para el mal de ojos y el continuo dolor de cabeza; dolores causados por la sangre que le subían
a la cabeza, como consecuencia de sus asiduas y graves ocupaciones. Como el médico se lo había aconsejado, tenía un poquito en una
tabaquera microscópica de cartón piedra, que le habían regalado los amigos, en la cual apenas entraban las puntas de los dedos; pero, o se
olvidaba de abrirla, o tomaba rara vez alguna pizca. Se conformaba, casi siempre, con acercársela a la nariz para recibir el olor y provocar
el estornudo. Lo aprovechaba en las conversaciones y en los viajes para ganarse amigos, como él decía, ofreciéndolo, cuando parecía
conveniente, a los compañeros de viaje y abriendo de este modo el camino para entablar conversación; especialmente para decir una buena
palabra a personas poco religiosas. Así que, en ocasiones, la tabaquera le sirvió de lazo con el que cazar almas para Dios. Alguna rarísima
vez lo ofrecía a alguno de sus muchachos, diciendo:

-Toma; esto echa fuera los peores pensamientos.

Tan poquito rapé tomaba, que el teólogo Pechenino que se lo regalaba, solíale llenar la tabaquera una sola vez al año. Si algún otro le
ofrecía, él, ((210)) bromeando, introducía el dedo meñique y aspiraba el pulgar. Mientras tanto recomendaba a sus alumnos no tomar
tabaco, sin prescripción médica, y prohibía totalmente a todos el fumar, al extremo de poner esta costumbre como impedimento para ser
admitido en el Oratorio y en la Congregación.

Nunca olía las flores. Si un muchacho le ofrecía una, la aceptaba y agradecía; y sonriendo se la acercaba a las narices y espiraba sobre
ella en vez de aspirar su olor. Después exclamaba:

-íOh, qué fragancia, qué agradable perfume despide esta flor!

Lo mismo hacía al recibir de manos de personas benévolas el regalo de un ramo de flores para complacer a quien se lo ofrecía; e
inmediatamente lo enviaba al altar de la Virgen en la iglesia.

Era amante de la limpieza, pero no usaba jabón para lavarse y acostumbraba recomendar a los clérigos, a los sacerdotes y a los
coadjutores, que no usaran perfumes, que sólo son buenos para la vanidad.

Así tampoco tomaba baños, ni siquiera en lo más cálido del verano y con dificultad se resignó a ello por orden de los médicos. Se privaba
de los paseos por simple distracción, aunque le estaban recomendados
167

Fin de Página 167

 

VOLUMEN IV Página: 168

a diario, como una gran ayuda para su delicada salud. Pero él, fiel a los propósitos de su ordenación sacerdotal, sólo salía de casa para
visitar a un enfermo, ir a un hospital o buscar socorros para sus hijos. Salía también en busca de un escondite donde poner al día la
correspondencia o revisar las obras que iba publicando; trabajo que difícilmente hubiera podido realizar en el Oratorio, donde estaba
asediado por las visitas. Al salir, se hacía acompañar por alguno de sus muchachos o de sus
coadjutores y hablaba de cosas útiles o instructivas.

En los viajes, no descansaba su mente: corregía ((211)) pruebas de imprenta, leía y apostillaba cartas para su respuesta, rezaba o
meditaba.

"Un día, narraba don Miguel Rúa, tuve que acompañarle en el barco de Troffarello a Villastellone. Mientras nos acercábamos al
embarcadero se oyó la señal de partida del vapor. Don Bosco no se inmutó, sacó del bolso un cuaderno, siguió caminando y, con el lápiz en
la mano, no levantó los ojos de aquellas páginas hasta llegar a Villastellone. Al llegar allá me dijo:

-Ciertamente no todas las desgracias hacen daño; si hubiéramos tomado el vapor, no habría podido corregir este volumen. Así he logrado
terminarlo y hoy podré enviarlo a la imprenta.

Lo mismo solía hacer en todos sus viajes; y, cuando la vista ya no se lo permitió, frecuentemente entablaba conversaciones edificantes.

Diríase que eran un descanso las jiras campestres que hacía con sus muchachos y los paseos con ellos, durante los primeros años del
Oratorio, por las colinas de los alrededores de Castelnuovo. Pero, si eran una diversión para los demás, para él resultaban una fuente de
serias preocupaciones, fatigas y solicitudes, dado que tenía que pensar en todo y en todos. Pero servían de verdadera misión para los
alumnos y para los pueblecitos por los que pasaba.

Siempre se privó de toda suerte de diversiones, y nunca asistió a festejos públicos de pura recreación, espectáculos decentes, revistas
militares, iluminaciones, entradas de príncipes en la ciudad, aún cuando fue invitado muchas veces para tomar parte en ellos. Mortificaba
tanto sus ojos que, mientras permitía fuegos artificiales para divertir a los muchachos, él no los miraba, si estaba en el patio, y no salía al
balcón, si estaba en su habitación. Si le rogaban que fuera a verlos, se excusaba diciendo ((212)) que sus pupilas no resistían aquellos rayos
de luz tan viva. Recordamos una noche en la que todo el interior del Oratorio estaba artísticamente iluminado: estuvo él más de una hora
junto a la ventana para que los muchachos le vieran,
168

Fin de Página 168

 

VOLUMEN IV Página: 169

pero siempre de espaldas al lado donde más llamativos y variados eran los juegos de luz. A lo largo del año asistía algunas veces a las
representaciones dramáticas del Oratorio; pero lo hacía para instruir y alegrar a sus muchachos, darles satisfacción, animarles a estudiar,
demostrarles que la piedad no es enemiga de la sana alegría, acompañar y honrar a las personas de consideración a las que invitaba; pero no
lo hacía para divertirse. Le gustaba, aplaudía, pero advertimos que su tranquila mirada no se fijaba en la escena ni en los actores. Por lo
demás, si no reclamaban su asistencia, prefería retirarse a la soledad de su habitación.

Era admirable el perfecto dominio de sus pasiones y el señorío de su corazón, para moderar los afectos de simpatía y sensibilidad, de
cólera o aversión, y tenerlos siempre sujetos a la recta razón, a las enseñanzas de la fe y dirigirlos a mayor gloria de Dios. Cuantos le
conocieron de cerca, tuvieron que admirarle. Una vida tan extraordinaria y seria, le resultaba tan espontánea, que le hubiera costado obrar
de otro modo. Eran hábitos que poseía en grado heroico.

Y digamos ahora algo de sus ocupaciones. No se le vio un momento ocioso. Al hablar del cansancio y del trabajo y al responder a quien
le preguntaba cómo podía resistir, decía:

-Dios me ha hecho la gracia de que el trabajo y la fatiga no me pesen, sino que, por el contrario, me sirvan de recreo y desahogo.

La importancia y multitud de ((213)) cartas que, en 1885, requerían una contestación de su puño y letra le obligaron a estar en su
habitación semanas enteras de la mañana a la noche. Le preguntaron:

-"Es posible que no se aburra con ese pesado trabajo sin salir a respirar un poco de aire sano?

-Mirad, respondió: lo hago con el mayor gusto del mundo. No hay nada que me guste más.

Y lo mismo respondía en ocasiones muy distintas, cuando le compadecían por las inacabables confesiones, la predicación, las loterías, la
imprenta u otras de sus múltiples ocupaciones:

-No hay nada que me guste más.

"Experimentaba, escribe don Juan Bonetti, una grandísima satisfacción, que saltaba a sus mejillas, en los padecimientos; por eso no
cejaba en sus empresas, ni desistía de un trabajo por desagradable y cansado que fuera, demostrando que experimentaba mayor pena
dejándolo que siguiéndolo".

Y escribía monseñor Cagliero: "Todos mis hermanos y yo estamos convencidos de que nuestro querido padre, aunque ocultase
169

Fin de Página 169

 

VOLUMEN IV Página: 170

celosamente sus mortificaciones, abstinencias y penitencias, hasta parecernos que su virtud era la ordinaria y común de cualquier sacerdote
ejemplar, y no amedrentaba a ninguno, sino que infundía en los demás el ánimo y la esperanza de poder imitarle, sin embargo, al juntar su
delicada salud, las escondidas incomodidades, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la durísima pobreza, especialmente durante los
primeros veinticinco años de su Oratorio, la escasez de alimento, la privación de distracciones, desahogos, diversiones y de toda
comodidad, y sobre todo las continuas fatigas materiales y espirituales, podemos afirmar con toda verdad que don Bosco llevó una vida tan
mortificada y penitente, como no la llevan más que las almas que alcanzaron la máxima perfección y santidad. Y todas estas
mortificaciones le eran tan fáciles y naturales que nos persuadieron de que el siervo de Dios poseía la virtud de la templanza en grado
heroico".

((214)) De conformidad con esta afirmación de monseñor Cagliero, aprovechamos para manifestar nuestra persuasión de que don Bosco
practicaba también penitencias extraordinarias. Comenzamos a conjeturarlo cuando un día nos dijo que, para alcanzar del Señor una gracia
señaladísima y necesaria, había tenido que recurrir a medios proporcionados, con los que había obtenido su fin. Pero no quiso decirnos,
aunque se lo rogamos, de qué medios se trataba. No se debe ocultar que él, tan compuesto en todo movimiento de su persona, de vez en
cuando alzaba ligeramente los hombros, como si tuviese algo que le molestase o doliese. Se requería muy poco para formar un pequeño
cilicio punzante, que no hiciera sospechar el uso a que estaba destinado; y don Bosco tenía una epidermis muy delicada. Nuestra opinión se
reforzó a lo largo de más de treinta años seguidos a su lado. Carlos Gastini, al hacerle la cama, encontró una mañana esparcidos sobre el
colchón y cubiertos por las sábanas, algunos trocitos de hierro, que seguramente había dejado olvidados don Bosco, con las prisas, al
levantarse para ir a la iglesia. No pensó más el joven en ello y, dejando los hierrecitos sobre la mesita de noche, no hizo mención a don
Bosco. Al día siguiente ya no vio casquillo alguno ni volvieron a aparecer durante los varios meses que continuó encargado del aseo de su
habitación. Don Bosco no le dijo nada sobre el particular y sólo después de muchos años, reflexionando Gastini sobre aquellos extraños
trebejos, entendió para qué debieron servir. "Otra vez, cuenta monseñor Cagliero, se encontraron sobre la cama unos guijarros y trocitos de
madera". Don Bosco había encontrado, por consiguiente, la manera de atormentar durante
170

Fin de Página 170

 

VOLUMEN IV Página: 171

la noche su ya debilitado cuerpo y hacer difíciles las pocas horas de su sueño.

Sin embargo, dudando de que alguien pudiera haber descubierto su secreto, prestó más atención y, a menudo, él mismo se hacía la cama,
barría, arreglaba ((215)) su habitación y sacudía el polvo de los pobres muebles. José Brosio le sorprendió un día en esta labor y don Bosco
le dio una hermosísima lección a propósito de la habitación bien puesta; pero Brosio observó con sorpresa que solamente en semejantes
circunstancias solía tener cerrada la puerta con llave.

Parece, sin embargo, que las mayores austeridades las reservaba para cuando iba a pasar algún día en casa de sus insignes bienhechores.
Allí, la amplitud de los edificios y la distancia de su habitación hasta las de la familia que le hospedaba, le ofrecían mayor seguridad contra
toda investigación indiscreta. Así aceptaba, a lo mejor, la invitación de una veneranda y noble matrona, e iba a su quinta, tranquilo y
alegre, pero he aquí que una persona de la familia, avanzada la noche, quizá en el año 1879, al atravesar la sala a la que daba la puerta de la
habitación de don Bosco, oyó dentro un rumor sordo, monótono y prolongado como de golpes. Sospechó, pero no dijo nada a nadie; vigiló
y constató que el fenómeno aquel se repetía cada vez que don Bosco se hospedaba allí, y se convenció, de que don Bosco imitaba a San
Vicente de Paúl, para obtener del Señor muchas gracias. Habiendo comunicado después de algunos años todo esto a algunos otros señores,
acostumbrados a recibir a don Bosco, supo que también ellos habían observado lo mismo, y estaban persuadidos de que el siervo de Dios
se disciplinaba. Pero, prudentes y corteses, ninguno de ellos hizo nunca alusión a este descubrimiento. Guardaba celosamente algunas de
sus penitencias, ya fuera por humildad, ya fuera porque no era éste el ejemplo que quería dejar a los miembros de su congregación. No
acostumbraba él a recomendar estas prácticas y era todo bondad y compasión con sus penitentes.

La misma persona anteriormente nombrada solía aprovecharse de él para confesarse y un día le pidió permiso para ((216)) imponerse una
penitencia corporal, como habían hecho algunos santos, cuya biografía había leído. Era ella de una constitución delicada y enfermiza. Don
Bosco no aprobó lo que le pedía, y ante su insistencia para conocer la manera de aplicarse los sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo, le
respondió:

-íMire usted! No faltan medios. El calor, el frío, las enfermedades,
171

Fin de Página 171

 

VOLUMEN IV Página: 172

las cosas, las personas, los sucesos... son más que medios para vivir mortificados.

También prohibía a sus muchachos que se entregaran a austeridades demasiado rigurosas y les añadía que a lo mejor el mismo demonio
les sugería para sus fines aquellas penitencias extraordinarias. Cuando alguno de sus alumnos o penitentes le pedía permiso para realizar
ayunos prolongados, dormir sobre el desnudo suelo, o practicar otras duras mortificaciones, solía conmutárselas por mortificación de los
ojos, de la lengua, de la voluntad o por obras de caridad. A lo sumo, les permitía que dejaran la merienda o una parte de la cena. Por lo
demás seguía repitiendo:

-Mis queridos muchachos: no os recomiendo penitencias y disciplinas, sino trabajo, trabajo, trabajo.

Y esta su mortificación continua, laboriosa, tranquila, aparece no sólo como heroica sino casi sobrehumana, al pensar que era víctima de
enfermedades que le atormentaron sin tregua durante toda su vida, y que aguantó con fortaleza de santo. Ya a principios de su apostolado
esputaba sangre, malestar que se renovaba de cuando en cuando; y por ello los médicos le habían prescrito un paseo diario por encima de
todo, porque de otro modo no podía durar muchos años. Desde 1843 empezaron a dolerle los ojos, con un escozor causado por las largas
vigilias y el continuo leer, escribir y corregir pruebas de imprenta, mal que fue creciendo lentamente hasta el extremo de perder la visión
del ojo derecho.

((217)) En el 1846 le corrió por las piernas una ligera hinchazón que aumentó mucho en 1853, produciéndole dolores y extendiéndosele
hasta los pies; le fue creciendo de año en año, de tal forma que en los últimos tiempos le era difícil caminar y tuvo que emplear medias de
goma. En la imposibilidad de descalzarse por sí solo era menester que alguien le prestara este servicio. Quien le prestó este acto de filial
caridad, se maravilló al ver cómo la carne se doblaba sobre el borde de las botas, y no comprendía cómo podría resistir para permanecer
tantas horas de pie. Don Bosco solía llamar con gracia a esta hinchazón dolorosa: su cruz de cada día.

Al mismo tiempo sufría muy a menudo fuertes dolores de cabeza, tales que le parecía se le ensanchaba el cráneo, como él mismo
manifestó en alguna ocasión a don Miguel Rúa; y don Joaquín Berto constató tal ensanchamiento. Padecía también atroces dolores de
muelas, que muchas veces duraban varias semanas, y pertinaces insomnios que no le dejaban descansar.

Le llegó una palpitación de corazón, que le impedía respirar y
172

Fin de Página 172

 

VOLUMEN IV Página: 173

hasta pareció que una de sus costillas había cedido a aquel impulso.

Durante los últimos quince años de su vida se añadieron nuevos males a los antiguos. De cuando en cuando le afectaban fiebres miliares,
acompañadas de erupciones cutáneas. Se le había formado sobre el hueso sacro una excrecencia de carne viva, del tamaño de una nuez, y a
apoyarse sobre ella, lo mismo al sentarse que al echarse en la cama, el cuerpo experimentaba gran dolor. Nunca habló con nadie de esta
tribulación, ni buscó cómo librarse de ella manifestándoselo al médico, que habría podido fácilmente remediarlo con un ligero corte; pero
no quiso hacerlo por amor a la modestia cristiana. Los que estaban a su alrededor años y años se daban cuenta de que parecía sufrir cuando
se sentaba, y habiéndoselo preguntado, él se conformó con responder:

-Me encuentro mejor de ((218)) pie o paseando. Me molesta estar sentado.

Y siguió usando una sencilla silla de madera. Finalmente, durante los últimos cinco años, la debilidad de la espina dorsal le obligó a
curvarse bajo el peso de sus cruces.

Con tantas incomodidades, otro cualquiera se hubiera comportado como un enfermo o se hubiera abstenido de todo trabajo, pero él no
disminuyó su acostumbrado paso de gigante para emprender y acabar sus maravillosas empresas. Cuanto más crecían las dificultades y las
enfermedades, más aumentaba él sus ánimos, diciendo:

-íDon Bosco hace lo que puede!

Y tanto pudo, que las obras de su celo se extendieron por todo el mundo.

Y todo esto sin quejarse de sus tribulaciones, sin presentar el menor indicio de impaciencia, de modo que, siempre de buen humor y
alegre, parecía gozar de óptima salud. Con su aspecto habitualmente alegre y sonriente, y con sus amenas y edificantes conversaciones
infundía valor y alegría a todos los que se le acercaban, y todos quedaban satisfechos.

Aún cuando reconocía que la vida era un don de Dios y quisiera vivir mucho tiempo para trabajar a su mayor gloria, sin embargo,
pensaba siempre con alegría en el día de la muerte que le abriría las puertas del cielo. Por eso nunca rezó por su propia curación, dejando
que lo hicieran los demás como un ejercicio de caridad. Los médicos que iban a casa regularmente a visitar a los enfermos, particularmente
el doctor Gribaudo, su compañero de escuela, cuando sabían que estaba muy oprimido y desmejorado, le exhortaban a cuidarse. El, muy
rara vez daba importancia a su consejo o se atenía
173

Fin de Página 173

 

VOLUMEN IV Página: 174

a sus ordenanzas y respondía:

-Pero si estoy bien: yo no necesito tantos cuidados. Y se ponía a hablar de temas médicos, en forma que los doctores decían que cuando
se encontraban con don Bosco, tenían que sufrir un examen.

((219)) En las enfermedades declaradas nunca se ponía en manos de los médicos, a no ser obligado por los suyos; y sólo entonces se
sometía a sus prescripciones, pero se manifestaba indiferente a la mejoría o al empeoramiento. De todos modos, si por razón de caridad o
de religión se veía obligado a un trabajo o a un viaje, se aventuraba valerosamente, aún en contra del parecer de los doctores, dispuesto a
perder la vida por la Iglesia y por las almas.

Hemos traído a estas páginas los testimonios de algunos de nuestros hermanos, anticipando en varios años la aparición en la escena de
nuestros sucesos. Pero era necesario que los lectores tuvieran ante sí, en cada uno de los instantes y circunstancias que expondremos, la
vida constantemente mortificada de nuestro admirable fundador.
174

Fin de Página 174

 

VOLUMEN IV Página: 175

((220))

CAPITULO XX

ATAQUE DE LOS VALDENSES AL CATOLICISMO Y DEFENSA DE DON BOSCO -SEGUNDA EDICION DE EL JOVEN
CRISTIANO Y FUNDAMENTOS DE LA RELIGION CATOLICA -UN LIBRERO VALDENSE -UN CENTINELA VIGILANTE
-CONSTRUCCION DE UN TEMPLO VALDENSE EN TURIN -AVISOS A LOS CATOLICOS -FUROR DE LOS SECTARIOS
CONTRA LA ENSEÑANZA DE LA TEOLOGIA -NEPOMUCENO NUYTZ -IMPOSICION DE SOTANA A LOS PRIMEROS
CUATRO ALUMNOS DEL ORATORIO -RETRAIMIENTO Y HEROISMO DE MAMA MARGARITA -DOS CARTAS DE UN
ANTIGUO ALUMNO -INDULGENCIAS

EL rey Carlos como ya hemos dicho, había emancipado a los protestantes. Pareció que con aquel acto él entendía solamente concederles la
libertad de profesar externamente su propio culto, sin detrimento de la religión católica. Pero los herejes no lo entendieron así y, en
consecuencia, apenas obtuvieron la libertad de imprenta, se dieron a una agitada propaganda de sus errores entre el pueblo por todos los
medios posibles, particularmente con libros y hojas volantes. Aparecieron entre otros los periódicos: La Buona Novella, La Luce
Evangelica y el Rogantino Piemontese; y después, todo un montón de libros bíblicos adulterados, de pequeño tamaño, a propósito para
inundar los pueblos, penetrar en las ((221)) familias, correr de mano en mano, pervirtiendo la mente, corrompiendo el corazón, inoculando
en las almas el veneno de las más perniciosas doctrinas.

Al mismo tiempo, criminales y traficantes de las almas se presentaban a todos los que sabían eran víctimas de la indigencia o estaban
cargados de deudas, y les ofrecían una cantidad para que se inscribiesen en su secta y abandonasen la verdadera fe de sus mayores. Y
siempre había, entre aquellos desgraciados, quienes atraídos por el brillo de las monedas, no sabían resistir a la tentación.

Ayudaba a la herética propaganda el periódico La Opinión, en el cual, entre otros enemigos de la Iglesia, seguía escribiendo más
descaradamente que ninguno Bianchi-Giovini, autor de una repugnante
175

Fin de Página 175

 

VOLUMEN IV Página: 176

y calumniosa Historia de los Papas y de otras obras infames. Añadíase que los protestantes estaban preparados para esta propaganda y los
católicos no lo estaban para oponer un dique, impedirla o al menos menguar las desastrosas consecuencias. Fiándose de las leyes civiles,
que hasta entonces habían protegido a la religión católica contra los asaltos de la herejía; fiándose sobre todo del primer artículo del
Estatuto que dice: La religión católica, apostólica, romana es la única religión del Estado, los católicos se encontraron como soldados
sacudidos de repente por el sonido del clarín de guerra y llamados al campo de batalla, sin armas a propósito para combatir a los enemigos
bien armados. En efecto, los católicos necesitaban periodiquitos de buena ley para ser difundidos profusamente, pero eran muy pocos los
que los poseían; se necesitaban, sobre todo, libritos sencillos y de poco coste, y en cambio, no se tenían más que obras voluminosas de gran
erudición. Estaban en peligro de perder la fe no solamente los jovencitos, sino todo el pueblo bajo, al que intentaban seducir los enemigos
de la Iglesia.

((222)) Ante aquel cuadro, el corazón de don Bosco se encendió en caridad y celo y, con el fin de preservar a sus queridos muchachos de
los errores que circulaban, preparó un medio saludable para millares y hasta millones de personas.

Compuso y publicó unas tablas sinópticas de la Iglesia Católica, hojas sueltas, llenas de recuerdos y máximas morales y religiosas
adaptadas a los tiempos y las repartió gratuitamente entre jóvenes y adultos, por millares de ejemplares, especialmente con ocasión de
ejercicios espirituales, misiones, novenas, triduos y fiestas.

Pero la industriosa caridad de nuestro buen padre no se limitó a las simples hojas; en 1851 imprimió la segunda edición de El Joven
Cristiano, con la imagen de San Luis en la portada y estas palabras: Venid, jóvenes, ofreced al Divino Corazón el virginal candor, que yo
os protegeré. Y añadió al final seis capítulos, en forma de diálogo, con este título: Fundamentos de la religión católica. Estos demostraban
que no había más que una verdadera religión: que las sectas valdenses y protestantes no tenían los caracteres de la Divinidad, y por tanto no
se encontraba en ellas la verdadera Iglesia de Jesucristo; que los protestantes estaban separados de la fuente de la vida verdadera, que es el
Divino Salvador, y convenían ellos mismos que los católicos se pueden salvar y que se encuentran en la Iglesia verdadera. No olvidaba un
aviso sobre lo que deben hacer los hebreos, los mahometanos y los protestantes para salvar su alma.

En las siguientes ediciones de El Joven Cristiano amplió don
176

Fin de Página 176

 

VOLUMEN IV Página: 177

Bosco estas sólidas instrucciones hasta diez capítulos, que quiso acompañaran siempre al libro, a fin de que los cristianos lo tuviesen de
continuo a mano, con las explicaciones del dogma de la infalibilidad pontificia. Más tarde se quiso hacer con estos Fundamentos un
opúsculo aparte, pero don Bosco se opuso radicalmente, persuadido de que, separados de su libro, ((223)) nadie los leería.

-íHan de ser un vademécum!, exclamó.

Estos Fundamentos, tal y como estaban compendiados en 1851, les debieron parecer a los protestantes un golpe bastante serio para sus
falsas doctrinas, porque corrían, como la Historia Eclesiástica y la Historia Sagrada, de mano en mano de muchos millares de jóvenes, a los
cuales tendían sus redes con preferencia. Decía don Bosco al final de los mismos: "Todos los que persiguieron a la Iglesia en tiempos
pasados ya no existen, la Iglesia de Jesucristo todavía existe. Todos los que persiguen a la Iglesia al presente, de aquí a poco tiempo
tampoco existirán; pero la Iglesia de Jesucristo será siempre la misma, porque Dios ha empeñado su palabra de protegerla y estar siempre
con ella hasta el fin del mundo".

Mientras trabajaba para esta segunda edición, experimentó don Bosco un gran consuelo. Una tarde, al volver a casa desde la imprenta y
pasar por la llamada Puerta Palacio, se detuvo bajo los pórticos de la izquierda para contemplar un puesto de libros a la venta. Díjole el
vendedor que aquellos libros no eran para él, pues eran protestantes. Y él respondió:

-Ya veo que no son para mí; pero "estará usted contento a la hora de la muerte, de haber vendido estos libros?

Le saludó y se fue. Mientras se alejaba don Bosco, preguntó el vendedor a los más próximos quién era aquel sacerdote, y le respondieron
que era don Bosco. A la mañana siguiente se presentó a él y después de sostener una conversación, acabó por enviarle todos sus libros y
volver al buen sendero.

Se enteraba mientras tanto don Bosco de que los herejes valdenses se insinuaban y se abrían cada día más camino por varios pueblos.
Llegaban a Valdocco personas de toda clase, atraídas a don Bosco por una simpatía providencial, y algunas de ellas ((224)) le contaban lo
que sucedía en las reuniones sectarias o protestantes, sus esperanzas, sus desastrosos sucesos, con singular familiaridad. Hubo quien avisó
a don Bosco que no se fiara; pero él estaba alerta, se informaba y advertía fielmente de ello a la Curia. Un distinguido eclesiástico, sin
embargo, estaba molesto, por la importancia que don Bosco parecía dar a aquellas revelaciones. Sin embargo, el buen
177

Fin de Página 177

 

VOLUMEN IV Página: 178

sacerdote no dejó de cumplir su deber, aún a costa de humillaciones.
Entre otras, se habían infiltrado los protestantes sin hacer ruido en Cirié, y empezaban a ganar adeptos. Lo supo don Bosco y no lo calló.

-"Y qué?, le repuso aquel eclesiástico: "acaso usted sabe lo que no saben los demás? En Cirié hay dos párrocos: "es que estos no tienen
ojos? "Cree que no estamos informados de lo que sucede? "Acaso ha de venir la luz sólo de Valdocco?

Don Bosco no replicó; pero pasó poco tiempo y la cizaña creció visiblemente, tanto que hubo que apresurarse para empezar en Cirié una
misión para oponerse a los herejes y deshacer sus errores.

Otras varias parroquias tuvieron también que prevenirse, gracias a la intervención de don Bosco.

En medio de estos solícitos cuidados, y gracias a un pobre infeliz llamado Wolff que había apostatado, y que, por las frecuentes
contradicciones del corazón humano, le contaba todas las decisiones y pasos de sus correligionarios, supo que los valdenses estaban
dispuestos a levantar un templo en Turín. En efecto, habían pedido al Municipio les concediera un terreno edificable junto al jardín
público. Los protestantes eran poco más de doscientos en Turín. El Municipio no lo consintió, aún cuando el proyecto estaba apoyado por
el abogado general de la Audiencia Territorial. Entonces los herejes compraron a sus expensas otro terreno junto a la avenida del Rey,
cerca del Oratorio de San Luis, autorizados por los ((225)) decretos reales del 17 de diciembre de 1850 y del 17 de enero de 1851, para
construir el proyectado templo. Una vez aprobados los planos del mismo y de los edificios anejos por la comisión de urbanismo, el
Municipio quería ganar tiempo declinando toda responsabiliad frente a los católicos; pero el ministro del Interior, Galvagno, anunció las
disposiciones soberanas, e hizo fuerza para que cesasen las nobles oposiciones a la deshonra que se quería causar a la ciudad. Apenas se
hizo público, los turineses, más aún, todos los católicos del Piamonte se sintieron dolidos y rogaron al Señor para que alejase del país tan
grave escándalo. Los obispos reclamaron ante el Rey con una carta colectiva, en nombre de la Religión, del Estatuto, del honor de la casa
de Saboya, citando las disposiciones del código civil.
Pero no se tuvieron en cuenta estas reclamaciones y se empezó enseguida la construcción del templo para el culto reformado protestante.
De esta forma se apoyaba a quien tramaba fiera guerra contra la Religión Católica.

Apenas se enteró don Bosco de esas maniobras, no satisfecho de
178

Fin de Página 178

 

VOLUMEN IV Página: 179

lo que ya había hecho, compuso y publicó un librito titulado: Avisos a los católicos. Vale la pena reproducir aquí el preámbulo.

"Pueblos católicos, escribía, abrid los ojos. Se os tienden muchísimas insidias para intentar alejaros de la única, verdadera y santa
religión, que solamente se conserva en la Iglesia de Jesucristo.

"Este peligro ya fue advertido de mil modos por nuestros legítimos pastores, por los obispos puestos por Dios para defendernos del error
y enseñarnos la verdad.

"La misma infalible voz del Vicario de Jesucristo nos avisó de este engañoso lazo tendido a los católicos, esto es, de que muchos
malvados querrían arrancar de vuestros corazones la ((226)) religión de Jesucristo. Estos se engañan a sí mismos y engañan a los demás; no
les creáis.

"Uníos más bien en un solo corazón y una sola alma a vuestros Pastores, que siempre os enseñaron la verdad.

"Jesús dijo a San Pedro: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán, porque yo

estaré con sus pastores hasta la consumación de los siglos.

"Esto dijo a San Pedro y a sus sucesores, los Romanos Pontífices, y no a ningún otro.

"A quien os diga algo diferente de cuanto yo os digo, no le creáis;

os engaña.
"Estad íntimamente persuadidos de estas grandes verdades: donde está el sucesor de San Pedro, está la verdadera Iglesia de Jesucristo.

No se está en la verdadera religión, si no se es católico; no se es católico, sin el Papa.

"Nuestros pastores, y especialmente los Obispos, nos unen al Papa; y el Papa nos une a Dios.

"Por ahora leed atentamente los siguientes avisos, los cuales, impresos en vuestro corazón, bastarán para preservaros del error.

"Todo lo que a continuación os será brevemente expuesto, lo tandréis ampliamente explicado, dentro de poco, en un libro expresamente

preparado.

"Que el Señor misericordioso infunda en todos los católicos valor y constancia, para ser fieles cumplidores de la religión, en la que
afortunadamente hemos nacido y hemos sido educados.

"Valor y constancia, que nos mantengan siempre dispuestos a soportar cualquier mal, aun cuando fuese la muerte, antes de decir o hacer
algo contra la religión católica, la única verdadera religión de Jesucristo, fuera de la cual nadie puede salvarse".
179

Fin de Página 179

 

VOLUMEN IV Página: 180

A esta especie de proclama, dirigida no solamente a la juventud, sino en general a los piamonteses y muy particularmente a los turineses,
((227)) seguían los Fundamentos de la Religión Católica, impresos poco antes en la segunda edición de El Joven Cristiano; y, mientras
tanto, prometía otro libro nuevo, que estaba escribiendo ex profeso. Tendría éste por fin poner en guardia a las almas contra las insidias
heréticas, amaestrarlas en la verdades de necesidad que hay que saber, desvelar los errores de los seductores, detener su pérfida influencia y
de este modo confirmar en la fe a los católicos. Era el libro que tituló: El Católico instruido en su religión.

La venta de los Avisos a los católicos fue extraordinaria: en dos años se vendieron más de 200.000 ejemplares. Pero si este opúsculo
agradó mucho a los buenos, exasperó a los protestantes y les hizo montar en cólera. Mientras creían que podían destrozar a su gusto, como
los antiguos filisteos, el campo del Señor, veían llegar en su contra a un nuevo Sansón, que descubría sus artes, rompía sus filas y deshacía
sus tropas en defensa del pueblo de Dios.

Con esta publicación, y muchas otras que le siguieron, indicaba don Bosco al mundo el arma más poderosa para combatir contra los
enemigos de la religión y señalaba el camino a cuantos quisieran acudir en defensa de la sociedad cristiana amenazada. Durante estos años
todo parecía haber muerto en el campo católico y don Bosco lo volvió a la vida en Turín.
No se cansaba de difundir por doquiera su última obrita. Enviaba, entre otros, ciento cincuenta ejemplares al padre Scesa, maestro de
novicios en Stresa, según carta del 3 de marzo de 1851; y escribía sobre ella a su profesor, el teólogo Appendino, en Villastellone.

Muy querido señor Teólogo:

Envío a V. S. apreciadísima cien ejemplares de los Avisos a los Católicos, haciéndole solamente la observación de que, si se ocupa de
((228)) estos libros, pierde la protección de la Gaceta del Pueblo y quién sabe si aún más, ya que este librito, aunque apenas se ve, es su
enemigo y hace lo que puede para que le tenga entre ceja y ceja.

Sin embargo, si se ocupa de propagar libros buenos (y lo tengo por la mejor limosna) estará a fulmine tutus (seguro del rayo).

Todo el importe es: libros ya enviados . . . . . . . . . . . 1,95 Avisos a los católicos: cien ejemplares . . . . . . . . . . . . 5,00

6,95

que espero poder ir a cobrar ahí, yo mismo en persona.
180

Fin de Página 180

 

VOLUMEN IV Página: 181

Quiérame en el Señor, mándeme, y si valgo para algo, será para mí un gran placer poderle servir con el mismo afecto filial con que me
suscribo.

De S. V. ilustrísima y queridísima,

afectísmo servidor y alumno
JUAN BOSCO, Pbro.
Jefe de los pilluelos.

Mientras tanto, los protestantes contaban con sus cómplices entre los legisladores, los cuales no perdían ocasión para proponer y agitar
acusaciones contra la Iglesia. En el mes de marzo tuvo lugar en el Parlamento una rabiosa discusión contra la enseñanza teológica, que
decían estar llena de errores, de rancias doctrinas y de una moral baja y corruptora. Gritaban que era mejor se activaran los estudios
bíblicos, como lo hacían los protestantes. Querían se atribuyese al Gobierno el nombramiento de los profesores en los colegios episcopales
y se arrancase a los Obispos la dirección de la enseñanza teológica: pretendían se aboliera ésta, en las universidades y en los colegios, los
oratorios y las congregaciones y se dejase a los jóvenes en plena libertad de ser ateos o creyentes. Pero el conde Camilo de Cavour, que
todavía no se había ((229)) declarado enemigo del clero, habló a favor de la enseñanza episcopal, con lo que aqueIlos arrebatos no
alcanzaron, por el momento, más resultado que una carta del Ministro de Instrucción Pública a los Obispos, con la que intentaba
imponerles algunas condiciones para la enseñanza de la teología y que provocó fuertes censuras de su parte.

La irritación de los sectarios procedía de que todos los doctores de la facultad teológica en la universidad de Turín eran ortodoxos, salvo
el profesor de derecho canónico Nepomuceno Nuytz, teólogo seglar de escaso valer, casi un ignorante en historia, formado en las doctrinas
de Febronio 1 y Van Espen, jansenista por imitación. Hacía años que enseñaba y estaba al frente de aquella cátedra precisamente para
pervertir a la juventud eclesiástica con sus pésimas enseñanzas. Propugnaba gravísimos errores sobre los derechos del sacerdocio y del
imperio, sobre el sacramento del matrimonio y las excomuniones. Algunos de sus tratados habían sido condenados por un Breve
Ponfificio. Los periódicos gubernamentales le apoyaban. Los Obispos dirigieron un memorial al Rey para que cortase aquel

1 Juan Nicolás Febronio Hontheim: la doctrina de este autor rebajaba la potestad pontifícia y exaltaba la autoridad de los Obispos
(doctrina febroniana). (N. del T.).
181

Fin de Página 181

 

VOLUMEN IV Página: 182

escándalo, y fueron de algún modo oídos. Se suspendió la enseñanza del Derecho Canónico; y poco después Nuytz fue sustituido por
Filiberto Pateri, no menos regalista que él y enemigo de los derechos de la Iglesia, pero más cauto. Nuytz moría en el 1876 sin recibir los
sacramentos y negándose a retractarse.

Mientras tanto, aquel año el Ministro animaba a los clérigos a frecuentar la universidad, invitando a la Curia Metropolitana a que les
advirtiera que, para nombramiento de los beneficios, el Gobierno seguiría prefiriendo aquellos eclesiásticos que se hubieran graduado en
los estudios universitarios. Los Obispos no consintieron que los seminaristas frecuentasen aquellas escuelas de derecho canónico.

((230)) Mas no bastaba esto. El error debía conseguir su premio, a más de la libertad. El 16 de marzo de 1851, un decreto real declaraba
institución civil a la orden de caballería de San Mauricio y San Lázaro, fundada por la autoridad de los Pontífices que la habían dotado de
bienes y rentas eclesiásticas, y abolía la profesión religiosa que los comendadores y los provistos de bienes en la orden debían prestar. Y
esto se hacía para, de ese modo, poder conferir los honores y las rentas a hebreos, protestantes y heterodoxos.

Hemos escrito esta página, solamente para que se entienda mejor la lucha en que don Bosco andaba envuelto. Había visto, entre tanto,
cumplirse un ardiente deseo suyo. El dos de febrero, día de la Purificación de María, en el que se celebró aquel año en el Oratorio la fiesta
de San Francisco de Sales, vistieron la sotana los jóvenes José Buzzetti, Félix Reviglio, Santiago Bellia y Carlos Gastini. Presidió la fiesta
el teólogo colegiado José Ortalda, canónigo lectoral de la Metropolitana, el cual desarrolló en tan hermosa ocasión el texto evangélico de
aquel día: positus est hic in resurrectionem et in ruinam multorum (fue colocado para resurrección y ruina de muchos), y explicó a los
nuevos clérigos cuál sería su misión si correspondían a la gracia recibida.

Don Bosco, lleno de inmensa alegría, no se conformó con la solemnidad de la capilla, sino que quiso servir un banquete, al que invitó
también al canónigo Ortalda, al teólogo Nicco, al canónigo Nasi y al doctor colegiado canónigo Berta. Fue un convite inolvidable. Los
cocineros demostraron sus habilidades, puesto que don Bosco nunca fue tacaño con los amigos, pero ninguno de los comensales pudo
comer el cocido y tomar café. Mientras mamá Margarita se ocupaba de preparar la mesa y había hecho ya hervir el café en un puchero, su
hermana Mariana Occhiena, que después de la muerte de don José Lacqua, ((231)) a quien sirvió, moraba en el Oratorio, había
182

Fin de Página 182

 

VOLUMEN IV Página: 183

puesto inadvertidamente a hervir la carne en el mismo puchero. Ignoramos cómo anduvo la presentación a la mesa de todas aquellas
exquisiteces; pero el canónigo Berta, todavía en 1901, nos contaba el extraño sabor que tenían, sin que se supiera el porqué; y cómo
ninguno de los convidados pudiera tragar aquello, aunque por ser personas educadas no demostraban su repugnancia. Entonces le
explicamos nosotros el misterio y él riendo, pero con admiración, añadió que don Bosco comió con indiferencia un trozo de aquella carne
nauseabunda y bebió su taza de café condimentado con carne.

Al día siguiente de vestir la sotana, los cuatro nuevos clérigos empezaron sus estudios de filosofía con los teólogos Farina y Mottura, y
de repaso con el canónigo Berta, y después de unos meses, para subvenir a los gastos que de todo ello se derivaban, don Bosco hizo
escribir a cada uno de ellos una instancia la Rey para alcanzar una beca, que les fue concedida 1.

Don Bosco podía por fin esperar que los nuevos clérigos fueran suyos; pero también este esfuerzo, preparado por él con ((232)) tanto
celo, no resultaría, porque, como contaremos, dos de ellos, después de algún tiempo, dejaron los hábitos y los otros dos salieron del
Oratorio por diversas razones, ajenas a ellos, y fueron celosos sacerdotes en sus diócesis. Pero Reviglio se convirtió enseguida en un
poderoso auxiliar de don Bosco para el Oratorio de San Francisco y para el internado hasta 1857.

También los otros tres le ayudaron eficazmente en la obra de los Oratorios Festivos, ya para catequizar e instruir a los muchachos
externos e internos, ya para asistirlos en la iglesia y en los recreos, ya para darles clases de canto.

Margarita gozaba también al ver crecer en derredor de don Bosco las vocaciones eclesiásticas; pero le gustaba vivir retirada, y con su
gran perspicacia comprendía lo que era conveniente y lo que no lo

1 He aquí una de las cuatro respuestas recibidas:

Al Clérigo Carlos Gastini-Turín

Con un despacho de la Secretaría Real del Estado para los asuntos eclesiásticos de Gracia y Justicia del 30 de septiembre ppdo. se
notificó a Hacienda General del R. Economato Apostólico, que S. M. se dignaba conceder a V. S. una beca en esta caja, por valor de 90
liras.

Lo que comunico a V. S., a fin de que se presente personalmente, o bien encargue a persona conocida, prevista de autorización de V. S.,
debidamente legalizada, para cobrar el importe del correspondiente Mandato.

Turín, 3 de octubre de 1851
El Ecónomo General Apostólico Real
Ab. MORENO

Fin de Página 183

 

VOLUMEN IV Página: 184

era. Desde que se estableció la casa y empezó don Bosco a sentar a su mesa a los primeros clérigos y sacerdotes, no se la vio comer a su
lado. Hubiera deseado don Bosco que lo hiciera alguna vez, pero ella sabía excusarse siempre. Y, como quiera que acostumbraba invitar a
los muchachos mejores a comer en su compañía, insistió para que ella se sentara en medio de ellos y con su asistencia procurase impedir
las faltas de urbanidad, al vocear demasiado fuerte, y el que se mancharan, o comieran con demasiada avidez. Particularmente cuando
había comensales forasteros, por él invitados, deseaba evitar todo lo que a aquellos señores le pudiera dar motivo de críticas. Por fin, muy a
su pesar, mamá Margarita consintió; fue durante casi una semana, pero después no se la volvió a ver.

-Ese no es mi puesto, dijo a don Bosco; la presencia de una mujer en ese lugar desentona.

Sin embargo, y pese a su aspecto tranquilo, no hay que creer que pasase su vida en Valdocco sin tribulaciones. Una mujer amante del
orden y de la economía doméstica no podía ver con buenos ojos que se echara a perder lo que tanto había costado. Mas "cómo impedir que
muchachos llenos de vida, sin mala intención pero por irreflexión, ocasionasen más de una vez notables perjuicios y, por consiguiente,
fastidio a la buena mamá?

Como estos sucesos se repitieran, un día del 1851, penetró Margarita en la habitación del hijo y:

-Escúchame, le dijo. Ya ves que es imposible que yo lleve adelante las cosas de esta casa. Tus muchachos hacen cada día una nueva
faena. Unos me tiran por tierra la ropa blanca recién lavada y tendida al sol, otros me pisotean la huerta y todas las verduras. No se
preocupan para nada de sus vestidos y los destrozan de tal manera que luego es imposible remendarlos. Pierden los moqueros, las corbatas,
las medias; esconden las camisas y calzoncillos y no hay quien los pueda encontrar; se llevan fuera los utensilios de cocina para sus
caprichosas diversiones y me hacen dar vueltas medio día para buscarlos. En fin, yo pierdo la cabeza en medio de toda esta confusión.
Estaba yo mucho más tranquila cuando cosía en mi establo sin rompecabezas y sin preocupaciones. íMira! casi, casi me volvería allá, a
nuestra casita de I Becchi, para acabar en paz los pocos días de vida que me quedan.

Miró don Bosco a su madre, y conmovido, sin pronunciar palabra, le señaló el crucifijo colgado de la pared.

Margarita miró; sus ojos se arrasaron de lágrimas:

-íTienes razón, tienes razón!, exclamó.
184

Fin de Página 184

 

VOLUMEN IV Página: 185

Y sin más, volvió a sus quehaceres.

A partir de aquel instante ya no se escapó de sus labios ni una palabra de disgusto.

En efecto, desde aquel momento pareció insensible a todo aquello. Cierto día, un chaval espantaba las gallinas y las perseguía
haciéndolas correr a la desbandada por los prados vecinos. Mariana, la hermana de Margarita, gritaba con toda ((234)) su voz, para que el
chiquillo dejase en paz a las gallinas, y se afanaba para volverlas al gallinero.

Margarita, al oír aquellos gritos, salió afuera, y viendo el panorama, dijo con toda calma a su hermana:

-íBah! íCállate! íTen paciencia! íQué quieres hacer! íSon un azogue!

Pero, aunque había en el Oratorio algún botarate, el corazón de todos los muchachos latía lleno de amor por don Bosco: un amor que
seguían manteniéndolo al salir del Oratorio para volver a sus familias y emprender una carrera o una nueva situación. De entre las muchas
pruebas que podíamos aducir elegimos, por el momento, las dos cartas siguientes, escritas por el alumno Antonio Comba, en momentos
distintos.

La primera en Rumilly (Saboya), con fecha del 16 de febrero de 1851 y dirigida a don Bosco:

"No sabría cómo expresar la alegría y satisfacción que experimento al recibir una de sus queridas cartas, deseada después de tanto
tiempo. íCuántas veces vuelvo con el pensamiento a aquel recinto sonriente y alegre! íCuántas veces me encuentro mentalmente en él!
Unas veces de una forma, otras de otra. No crea que mi memoria sea tan desagradecida como para olvidarme tan deprisa del hermoso
Oratorio, que siempre recordaré; siempre estarán conmigo los felices días pasados en él.

"Me gozo y me alegro muchísimo de la suerte de mis compañeros, esto es, de que hayan tomado la sotana, lo que espero hacer yo más
tarde con la ayuda de Dios. Trabajo mucho en esta escuela de retórica; pero estoy contentísimo de ello, porque ya he alcanzado el segundo
puesto... Tenemos un superior bonísimo, que ha estado mucho tiempo en Roma; sabe perfectamente el italiano. Todos los viernes nos da
clase. Alguna vez voy a verle, y hablamos en italiano; somos muy amigos; le he escogido por confesor. Tenemos ((235)) óptimos
profesores... somos 57 internos. El martes, el jueves y el domingo, después de comer, vamos todos juntos de paseo... Sin nada
185

Fin de Página 185

 

VOLUMEN IV Página: 186

más que decirle, sino que salude de mi parte a su madre, a su hermano José, al P. Grassino, Savio, Bellia, Buzzetti, Gastini, Reviglio,
Angeleri, Piumatis, Aellisio, Tomatis, Canale, Arnaud, etc. etc., sin olvidar al teólogo Vola, el teólogo Borel, el teólogo Carpano, etc.
etc. Me gustaría mucho recibir una carta de mi compañero Bellia, con noticias de Turín y que hiciera el favor de enviarme una copia de la
canción: Se ha consumado el cáliz, con la primera estrofa en música. Creo que Buzzetti la debe tener impresa. Cuando me escriba, ruégole
no franquee las cartas".

Este afecto no fue cosa de los primeros años, después de salir del Oratorio; el 11 de septiembre de 1882 escribía una carta desde
Montauroux, departamento francés de Var.

Muy querido amigo y compañero Sr. D. Miguel Rúa:

Ante todo le agradezco infinitamente, lo mismo que al Sr. Lago su cariñosísima carta del 15 de agosto pasado, que tanta alegría nos dio.
Gracias, muchas gracias.

Hemos rezado en familia las oraciones prescritas, y gracias a Jesús Sacramentado y a la Bienaventurada Virgen María Auxiliadora, a las
poderosas oraciones de nuestro queridísimo padre, don Bosco, y a las de todos vosotros, mis queridos amigos y óptimos hermanos, hemos
tenido el consuelo de ver que mi buena esposa ha podido ir a misa el hermoso día de la Natividad de la Virgen María. Ya una vez me
escribía don Bosco a Saboya: Guarda el santo temor de Dios, quiéreme en el Señor, y si puedo servirte en algo, siempre me encontrarás
como afectísimo amigo. Juan Bosco. Y ((236)) yo siempre he querido al carísimo don Bosco; nunca he olvidado el Oratorio y a mis
queridos compañeros, y recuerdo con gozo aquellas canciones de tiempos lejanos:

Con alegría, Viva don Bosco,
de gozo llenos, que nos conduce
todos cantemos día tras día
himnos de amor a la virtud,
a nuestro amable que en él se muestra
caro pastor a plena luz.

Sea siempre bendecido
nuestro padre tan querido (bis)
,
nuestro gozo y nuestro amor.

íGracias a él
caminamos al Edén! (bis)
.

Fin de Página 186

 

VOLUMEN IV Página: 187

En virtudes creceremos
y en el estudio seremos (bis)
diligentes con tesón.

íGracias a él
caminamos al Edén (bis)
.

Si repasas lo que has hecho
contémplanos satisfecho: (bis)
somos hijos de tu amor.

íGracias a él
en las alas de la fe! (bis)
.

Una juventud unida
pasará alegre la vida (bis)
y contenta en el Señor.

íGracias a él
en las alas de la fe! (bis)
íViva don Bosco!

Adiós, don Miguel Rúa, adiós a todos mis queridos compañeros y amigos; adiós,

Siempre vuestro afectísimo
ANTONIO COMBA

((237)) Siguiendo el hilo del relato hay que notar aquí cómo don Bosco obtuvo durante el mes de febrero otro favor espiritual del Santo
Padre, bien sentado que indulgentiae tantum valent quantum sonant, y que, cuando se dice remisión plena y total, lo es de hecho.

-Haced gran caso de las indulgencias, decía él a los jóvenes.

Y con este espíritu escribía así al Papa:

Beatísimo Padre,

El sacerdote Juan Bosco, con sus compañeros sacerdotes adictos a los Oratorios para los artesanos de la ciudad de Turín, humildemente
suplica a V. S. se digne otorgar indulgencia plenaria a todos los jóvenes que asisten en los días festivos a dichos Oratorios, y hayan
recibido la confesión y la comunión, en el último domingo de cada mes.

Gracia que etc.

"Ex audientia SS. mi SS. mus Dominus Noster Pius Papa IX omnibus
Christi fidelibus, de quibus tantum in precibus, Plenariam Indulgentiam semel in mense, in ultima nempe cujuslibet mensis dominica
acquitendam, dunmodo vere poenitentes et confessi SS.

Fin de Página 187

 

VOLUMEN IV Página: 188

mum Eucaristiae Sacramentum sumpserint, nec non aliquam ecclesiam seu oratorium publicum visitaverint, ibique per aliquod temporis
spatium juxta mentem Sanctitatis Suae oraverint, benigne concessit, Praesenti ad septennium valituro absque ulla Brevis expeditione.

Datum Romae ex Secreteria S. Congregationis Indulgentiarum die 18 februari 1851.

(L. S.) F. Card. ASQUINIUS Bp.
A. Archipr. Prinzivalli Substitutus".
(Por audiencia de Nuestro Santísimo Supremo Señor Pío Papa IX, a todos los fieles, que se citan en la relación, concedió benignamente,
sin expedición de Breve, valedera solamente para siete años, Indulgencia Plenaria una vez en el último domingo de cada mes, a lucrar
siempre que, sinceramente arrepentidos y confesados, recibieran el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y visitaran alguna iglesia u
oratorio público y allí rezaren por algún tiempo, según la intención de su Santidad.

Dado en Roma, por la Secretaría de la S. Congregación de las Indulgencias, el día 18 de febrero de 1851.

F. Car. ASQUlNlO Bp.
A. Archipr. Prinzivalli, sustituto).
Fin de Página 188

 

VOLUMEN IV Página: 189

((238))

CAPITULO XXI

EL SEÑOR PINARDI PROPONE A DON BOSCO LA COMPRA DE SU CASA EN VALDOCCO -EMPRESTITO DEL ABATE
ROSMINI A DON BOSCO -VISIBLE RASGO DE LA DIVINA PR0VIDENCIA -CONTRATO Y COMPRA DE LA CASA
-AGRADECIMIENTO A ROSMINI

EL Oratorio de San Francisco estaba instalado, hasta el presente, en terreno ajeno. El arriendo de toda la casa Pinardi, aunque
materialmente gravoso, sin embargo había sido muy beneficioso moralmente; pero todavía no bastaba para tranquilizar del todo a don
Bosco. Los desalojados de aquel tugurio, no podían resignarse y andaban gritando: "no llama la atención que una casa, que durante tanto
tiempo era un lugar de reunión, de recreo, de alegría, haya caído en manos de un cura intolerante?

Hubo entretanto alguien, que por entrar de nuevo en aquel sitio y por ansias de lucro, para que volviera a ser lugar de juergas y malas
costumbres, propuso al señor Pinardi un alquiler casi el doble del que pagaba don Bosco. Pero aquel hombre honrado no quiso faltar a su
palabra; aún más, por su condición de buen cristiano, satisfecho de ver su casa al servicio de una obra santa, había manifestado muchas
veces el deseo de vendérsela, en cuanto don Bosco quisiera comprarla; pero, fuese porque creía ser dueño de un tesoro o porque necesitaba
dinero, pedía ni más ni menos que la ingente suma de ochenta mil liras.

((239)) A su demanda don Bosco respondíale siempre que le era totalmente imposible empeñarse en tal cantidad.

-Ponga usted un precio y veremos, insistía el señor Pinardi.

-No puedo dárselo después de una petición tan enorme, replicaba don Bosco.

-"Se conforma con sesenta mil liras?

-Perdone, no puedo hacer ofertas.

-Pues allá va la última propuesta, la última palabra: ícincuenta mil liras!
189

Fin de Página 189

 

VOLUMEN IV Página: 190

-No hablemos más de ello, pero sigamos siendo siempre amigos.

Por aquellos días había un joven ingeniero, Spezia, que habitaba en el vecindario del Oratorio. Una mañana se lo encontró don Bosco; al
ver su rostro con un aire de gran inocencia quedó prendado de él y, deteniéndolo, le preguntó a qué se dedicaba en Turín.

-He terminado, hace pocos días, respondió el joven, la carrera de arquitecto, y espero colocarme para ejercer mi profesión.

Al oír esto invitóle don Bosco a visitar la casa Pinardi y hacer una estimación del precio honesto a fijar para comprar aquel edificio, con
el cobertizo y el campo circundante. Se excusaba el joven arquitecto, porque, en efecto, no sabía todavía cuánto costaban las
construcciones y los terrenos. Pero tuvo que condescender, y su estimación, más bien alta, fue la de que aquella propiedad podía valer de
veinticinco a treinta mil liras. Don Bosco, al despedirse de él, le dijo:

-Mire; otro día necesitaré de usted.

-Y el arquitecto Spezia recordó estas palabras, cuando don Bosco le confió los planos para la construcción de la iglesia de María
Auxiliadora.

No parecía pues fácil, por el momento, adquirir la casa de Valdocco, puesto que don Bosco no tenía probabilidad de conseguir la gran
cantidad de dinero ((240)) que preveía necesaria. El y su madre ya habían enajenado todos sus haberes en favor de los jovencitos y no
tenían en casa el más mínimo recurso. Peor aún, hasta les faltaba el dinero necesario para comprar pan aquellos días.

Pero a primeros de 1851 manifestaba claramente el Señor que era El el dueño de los corazones y que había destinado aquel lugar para
Oratorio. He aquí de qué modo.

Era por la tarde de un día festivo. Estaban ya los muchachos recogidos en la capilla; predicaba el teólogo Borel y don Bosco andaba junto
a la puerta del patio, para impedir disturbios y jaleos de los muchachos que seguían llegando.

En aquella casa mala, de al lado, había habido una riña violenta hacía unos instantes. Un oficial yacía tendido en el suelo a pocos metros
de allí con la cabeza rota y empapado en sangre: daba lástima verlo. En aquel momento apareció el señor Pinardi, irritado porque había
sido llamado muchas veces a la comisaría, por sucesos sangrientos similares, como testigo, con la consiguiente pérdida de tiempo y el
riesgo de la enemistad con los criminales. Se presentó, pues, a don Bosco la mar de preocupado y con los brazos cruzados.
190

Fin de Página 190

 

VOLUMEN IV Página: 191

-Es hora de acabar con esto -dijo-esto no va; es una continua desesperación: riñas y siempre riñas.

-Yo quería comprar esta casa, observó don Bosco; pero usted no quiere vendérmela; y, por tanto, como propietario que es, tiene que

sufrir todavía los fastidios de ciertas vecindades.

-"Que yo no quiero venderla? Alto ahí, exclamó Pinardi, como bromeando, pero con resolución; ídon Bosco comprará mi casa!

-Alto ahí, respondió don Bosco; es preciso que el señor Pinardi me la quiera vender por su precio y yo la compro enseguida.

-((241)) Sí; se la vendo por lo que vale.

-"Cuánto?

-Lo que le he pedido: ochenta mil liras.

-No puedo ofrecer nada.

-Ofrezca, ofrezca.

-No puedo.

-"Por qué?

-Porque es un precio exagerado, y yo no quiero ofender a quien pide.

-Entonces ofrezca lo que quiera.

-"Me la da por su valor?

-Palabra de honor que se la doy.

-Déme la mano, y luego haré la oferta.

-"De cuánto?

-Durante los meses pasados, añadió don Bosco, la he hecho valorar por un amigo suyo y mío, el cual me aseguró que, en el estado actual,

esta casa debe valorarse entre las veintiséis y las veintiocho mil liras; y yo, para que ello se realice, le ofrezco treinta mil.

-"Y regalará además un broche de quinientas liras a mi mujer?

-Haré también ese regalo.

-"Me pagará al contado?

-Pagaré al contado.

-"Cuándo hacemos el contrato?

-Cuando le plazca.

-De mañana en quince, y con un solo pago.

-Como quiera.

-Cien mil liras de multa a quien se eche atrás.

-Así sea, concluyó con Bosco; si usted quiere, daré una comida a la que estarán invitadas las personas que usted indique.

Fin de Página 191

 

VOLUMEN IV Página: 191

((242)) -"Hasta nueve o diez?
-Sí, hasta nueve o diez.
Y el negocio quedó cerrado en pocos minutos.

Fin de Página 191

 

VOLUMEN IV Página: 192

Estaba muy interesado don Bosco en adquirir aquella casa, y temía que, si no lo hacía pronto, cambiara de idea el señor Pinardi y se la
vendiese al mejor postor. Pero "dónde encontrar treinta mil liras, y en tan pocos días?

Escribió enseguida al abate Rosmini que se encontraba en Stresa.

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Me creo en el deber de participar a V. S. Ilustrísima y Reverendísima que, mientras se ejecutaba el plano del nuevo futuro edificio, se me
presentó otra solución más ventajosa. El dueño de la casa que actualmente habito, por causa de circunstancias privadas, está dispuesto a
vender, y habiendo hablado sobre el particular, podría cerrarse el contrato, con el cual adquiriría toda una edificación con veinte
departamentos habitables y un espacio de noventa y cinco tablas cercadas de tapial. El Precio es de veintiocho mil quinientas liras.

Advierta que la compra del nuevo edificio, vendiéndolo sin prisas, no costaría menos de treinta mil liras: así que, se cambiaría un sitio
por otro que tiene casi la misma extensión, cercado y edificado. La posición de ambos es semejante y están colocados a la misma distancia
de la ciudad.

Si V. S. estuviera dispuesta a prestar la cantidad que en otras ocasiones habíamos concertado, haría un gran bien al Oratorio. La nueva
compra sería totalmente pagada, y usted podría asegurar su dinero sobre una casa y finca libres de cargas. Al mejorar ((243)) después el
edificio, una parte cualquiera se podría reducir a nuestro gusto para el mencionado hospicio.

Los padres Puecher, Scesa, Pauli, conocen perfectamente el lugar, que es precisamente donde hoy está el Oratorio de San Francisco de
Sales, y el albergue para muchachos abandonados, etc. Espero solamente sus noticias para cerrar el contrato.

Con la esperanza de que quiera cooperar a esta obra, que entiendo es para la mayor gloria de Dios, le aseguro toda suerte de bienes con el
gran honor de poderme declarar,

De V. S. Ilustrísima y Reverendísima.

Turín, 7 de enero de 1851

Humildísimo Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

1 Una tabla de terreno, en Turín, equivalía a 0,38 áreas. (N. del T.)
192

Fin de Página 192

 

VOLUMEN IV Página: 193

El padre Carlos Gilardi se apresuraba a responderle:

Muy reverendo y queridísimo don Juan Bosco:

Como respuesta a su atenta del 7 de enero del corriente, mi reverendísimo superior don Antonio Rosmini, que afectuosamente le saluda,
me ordena escribirle que, cuando el local y edificación, que al presente ocupa usted en Valdocco, y que le sería vendido por su dueño, esté
realmente libre de toda carga, él estará dispuesto a suministrarle la cantidad de veinte mil liras en las condiciones que se estipularon por
ambas partes: por consiguiente, puede usted contar para la compra con dicha suma, la cual le será entregada, parte en metálico y parte en
cédulas u obligaciones rentables del Estado, según usted indique, y se estipulará el contrato de préstamo.

((244)) Aprovecho la ocasión para augurarle todas las bendiciones del
Señor para el nuevo año empezado y muchos otros sobre usted y las obras de caridad por usted emprendidas. Muchos recuerdos para su
bonísima madre, y créame siempre,

Stresa, 10 de enero de 1851

S. S. S. y afmo. amigo
CARLOS GlLARDI, Pbro.
Veinte mil liras no eran treinta mil: había que buscar todavía diez mil. Pero Dios no falta nunca a las necesidades de sus siervos; y El,
que había empezado la obra, la llevó a buen término. He aquí un visible rasgo de su Divina Providencia en favor de nuestro Oratorio.

Al atardecer de un domingo entró en el Oratorio don José Cafasso. Era algo insólito que el ilustre eclesiástico fuera al Oratorio en día
festivo, ya que siempre estaba ocupado en la iglesia de San Francisco de Asís. Llegóse a don Bosco y le dijo:

-He venido a daros una noticia que no os disgustará. Una piadosa persona (la condesa Casazza-Riccardi) me ha encargado traeros diez
mil liras, para emplearlas en lo que juzguéis de la mayor gloria de Dios.

-Deo gracias, respondió don Bosco; esto es miel sobre hojuelas.

Y le contó cómo había convenido la compra de casa Pinardi y que andaba medio loco para encontrar la suma convenida. Los dos
sacerdotes vieron en aquel suceso la mano de Dios. Y cuál no fue la maravilla de Pinardi cuando, apenas pasada una semana de la palabra
recibida, vio aparecer ante sí, el 14 de enero, a don Bosco, que le decía:
193

Fin de Página 193

 

VOLUMEN IV Página: 194

-Cuando usted quiera hacemos la escritura; el dinero está pronto.

((245)) Se estableció el día para estipular el contrato; Pinardi recibió como garantía, sin recibo, dos mil liras; y fue invitado a la comida
según lo prometido.

Don Bosco, mientras tanto, se apresuraba a dar todos los pasos necesarios para extender la escritura pública y escribía a don Carlos
Gilardi:

Muy Reverendo y queridísimo Señor:

En virtud de su apreciadísima carta, escrita de parte del Ilustrísimo y Reverendísimo abate Rosmini, he inquirido sobre los gravámenes
de la casa Pinardi, de que se trata, y la he encontrado libre, en el Registro de la Propiedad, de toda carga e hipoteca, por lo que he llegado a
la conclusión del contrato. En la estipulación de la Escritura pública no se pondrá sobre dicha casa y lugar más hipoteca que la de veinte
mil liras prestadas por el abate Rosmini. Sólo falta que el referido señor Rosmini quiera delegar en persona que le represente, para
comprobar que la finca está verdaderamente libre de cargas y para firmar la Escritura.

Presente, mientras tanto, mi más sincero agradecimiento a su veneradísimo Superior por todo lo que quiere hacer por nosotros, y espero
que esta obra de caridad, al tiempo que sirva a la mayor gloria de Dios, haga descender sobre él y sobre todo el Instituto las bendiciones de
Cielo.

Casi todos los días paso un rato con los queridos don Constantino y don Nicolino. Quiérame en el Señor y créame como de todo corazón
me profeso en el Señor,

Turín, a 15 de enero de 1851

Su Seguro Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Un poco deprisa y con el ruido de los pilluelos.
((246)) Llegó finalmente a Turín el sacerdote Carlos Gilardi, procurador general de los Rosminianos, con las veinte mil liras.

-El Señor me las ha enviado, exclamó don Bosco.

Y lo dijo con tal sentimiento que conmovió al buen religioso.

Se lee en la minuta notarial: "El 19 de febrero de 1851, con escritura ante el notario Turvano, Francisco Pinardi, vende conjuntamente

Fin de Página 194

 

VOLUMEN IV Página: 195

a los sacerdotes Juan Bosco, teólogo Juan Borel, teólogo Roberto Murialdo y José Cafasso unos terrenos y edificios, que limitan con los
hermanos Filippi, a levante y norte; con el camino de La Jardinera al sur; y con la señora María Bellezza a poniente. El precio establecido
es de veintiocho mil quinientas liras, que se paga con veinte mil liras por parte del reverendo señor don Carlos Gilardi, como representante
del abate Antonio Rosmini-Serbati; y para el resto se libra una escritura privada".

Aún se necesitaban tres mil quinientas liras más, para los gastos accesorios, las cuales fueron puestas por el comendador José Cotta, en
cuya banca se firmó la escritura. Era este señor el primer patrono y apoyo del Oratorio, y lo fue mientras vivió.

Como se ve, nuestro don Bosco tuvo en aquella ocasión una nueva prueba de la bondad divina en favor de su obra y concibió una
confianza y seguridad mucho mayor de que la Providencia no le faltaría en el porvenir. Y nosotros creemos que esa confianza ilimitada,
que ese convencimiento, no desmentido en el curso de casi cincuenta años, fue una de las causas principales de la laboriosidad de don
Bosco. El mundo tal vez quisiera llamarle hombre audaz; pero, después del feliz éxito de sus empresas, se ve obligado a llamarle hombre
providencial; y lleva toda la razón.

El era así, gracias al concurso generoso de muchos corazones cristianos; y entre éstos fue el abate Rosmini quien proveyó la ((247))
mayor parte de los medios necesarios para que el Oratorio de San Francisco de Sales contase con sede propia. Y al entregar aquel préstamo
al cuatro por ciento, advirtió que los intereses se pagarían cuando él los reclamase, cosa que no hizo jamás ni con el capital ni con los
intereses. Sin embargo don Bosco, fiel a sus obligaciones, arreglaba cada año las cuentas con el procurador C. Gilardi. Rosmini fue amigo
de don Bosco hasta el último instante de su vida, y el mismo afecto le tenían sus religiosos; don Bosco les correspondía, reconocido, como
ya se ha visto en sus cartas, y en la que acompañamos a continuación, en la que se refiere también a sus predicaciones durante aquellos
meses. Está dirigida a otro sacerdote del Instituto de la Caridad, transferido al Santuario de San Miguel.

Muy querido P. Fradelizio:

Me acuso de pecado de negligencia: entre ocupaciones, fastidios, algunas excursiones y que soy un picaruelo, no he respondido a sus
atentísimas cartas: por lo que, sin buscar excusas, me declaro reo y pido benigna compasión.
195

Fin de Página 195

 

VOLUMEN IV Página: 196

Le envío, mientras tanto, los libros que me pidió, a los que uno otras cositas que entiendo pueden servir en ésa de aliciente para los
hijitos que en su persona encuentran un padre. Adjunto la nota de lo gastado en los encargos hechos en Turín.

Siento mucho no haberme encontrado en casa cuando estuvo en Turín; ahora, hallándome a menos distancia que en Stresa, espero verle
pronto por aquí en la casa de los pilluelos. Estimo como un rasgo de la Providencia que haya ido usted a San Miguel; creo que hará mucho
bien a esos ((248)) poblados; así lo puede y lo quiere su buen corazón; y esas gentes corresponden.

Muchos saludos para don César y los demás conocidos; quiérame en el Señor; si para algo valgo, mándeme, que no volveré a ser tan
negligente.

Turín, a 18 de enero de 1851
Afectísimo amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

Fin de Página 196

 

VOLUMEN IV Página: 197

((249))

CAPITULO XXII

LOS FINANCIEROS DEL SIGLO -DON BOSCO Y LA BANCA DE LA DIVINA PR0VIDENCIA -PR0YECTO DE LA IGLESIA DE
SAN FRANCISCO DE SALES -EL CARNAVAL EN VALDOCCO -CATEQUESIS CUARESMAL -DON BOSCO EN EL ORATORIO
DE SAN LUIS -PLANES DE LOS DIPUTADOS CONTRA LAS ORDENES RELIGIOSAS Y LA LEY DE LA MANO MORTA 1
-EXCAVACIONES PARA LOS CIMIENTOS DE LA NUEVA IGLESIA

DON Bosco, al comprar y revender la casa Moretta, al adquirir el campo que nosotros llamaremos de María Auxiliadora, al convertirse en
propietario de la casa Pinardi, mientras los pocos sagaces podían creerle interesado en su propia ventaja, daba por el contrario los primeros
pasos para salir a la nueva palestra a que le llamaba el Señor.

Frente a un siglo materialista y financiero, en el que ocupan los primeros puestos las ciencias llamadas económicas, la mecánica con sus
variadas máquinas, los monopolios con la acumulación de millones; en medio de tantos hombres especuladores, banqueros, egoístas,
despreocupados y soberbios despreciadores de la Divina Providencia, únicamente preocupados de acumular riquezas, porque todo lo allana
el dinero 2, hacía Dios aparecer un hombre ((250)) el cual, sin capital, sin nombradía en el comercio, sin asociaciones de accionistas, sin
conocimientos de los modernos sistemas económicos, realizará obras de colosales proporciones, manejará millones y millones, abastecidos
por la caridad, y que él empleará para gloria del Señor y salvación de las almas. El dinero, al que no tendrá ni sombra de afecto, no será
más que un medio para alcanzar el fin.

Reflexiónese un momento en la vida de don Bosco. Tenía conciencia de la dignidad y seguridad de ser administrador de los tesoros de la
Divina Providencia; pero, como siervo fiel, empezó a negociar los talentos que el Padre de familias le había entregado. Su regla fue

1 Mano Morta: Así se llamó -ley de las Manos Muertas-a la ley a propósito de las posesiones de fincas, cuyo dominio no se puede
enajenar. (N. del T.).

2 Eclesiastés, X, 19.
197

Fin de Página 197

 

VOLUMEN IV Página: 198

la máxima de San Ignacio de Loyola: "Trabajar como si el éxito de un negocio dependiese únicamente de nuestros sudores y, al mismo
tiempo, desconfiar de nosotros mismos como si todo dependiese únicamente del Señor". Este principio es la causa de los mil medios que é
escogió para apelar a la beneficencia cristiana de los fieles, sin cansarse nunca hasta acabar la empresa y a costa de muy graves trabajos y
sufrimientos. Y el siervo fiel no vio nunca que ninguna fallase, porque Dios premiaba sus virtudes. Cuando le faltaba el dinero, recurría al
banco de la Divina Providencia, y para alcanzar de ésta las órdenes de pago vivió, y quiso que vivieran también sus alumnos, en una
verdadera pobreza evangélica. Antes de emprender sus muchas obras, las había meditado largamente en la oración, las había recomendado
a las oraciones de sus hijos y de otras almas piadosas, y para más asegurar la voluntad del Señor, fue constante hasta sus últimos días en
pedir consejo a sacerdotes prudentes, a los superiores eclesiásticos y al mismo Romano Pontífice. Dan testimonio de ello don Miguel Rúa
y cuantos convivieron con don Bosco.

((251)) Así que la pobreza voluntaria, la oración continua, la humildad sincera le hacían ser digno de esta su misión. Añádase la
seguridad de su confianza en Dios. Por eso monseñor Cagliero y don Miguel Rúa nos pudieron dictar la siguiente página:

"Don Bosco solía decir, y se lo oímos muchas veces: -El amo de mis obras es Dios, Dios el inspirador y el sostenedor, y don Bosco no es
más que su instrumento; por eso Dios está comprometido en no hacer mal papel. La Virgen Santísima es mi protectora, mi tesorera. Y
cuanto mayor era la falta de medios, o mayores las dificultades y tribulaciones, veíasele más alegre que de costumbre, tanto que cuando
con más frecuencia gastaba bromas ocurrentes, decíamos: -Don Bosco debe estar pasando muchos disgustos, porque anda muy sonriente.
En efecto, examinando las circunstancias en las que entonces se encontraba y preguntándole, llegábamos a descubrir los nuevos y graves
obstáculos que se le ponían por delante. Pero don Bosco repetía siempre las palabras de San Pablo: -Omnia possum in eo qui me confortat
(todo lo puedo en aquel que me da fuerzas). Estaba seguro de que Dios, como otras veces, después de haberle probado, le atendería. Nadie
descubría en él fastidio o cansancio. Estas continuas solicitudes eran para don Bosco algo tan natural, que casi no se advertía, y las resistía
de la mañana a la noche un día tras otro; y siempre como si no le tocase a él aguantarlas. No era pretencioso, y se mostraba humilde como
quien no tiene nada que hacer o no ha hecho nada".
198

Fin de Página 198

 

VOLUMEN IV Página: 199

Sin embargo, no podía decirse que era fácil el manejo de los tesoros que la Divina Providencia ponía en sus manos, porque en esta
administración debía servirse necesariamente del trabajo ajeno. Era prudente al organizar cualquier plan, cuidaba mucho la elección de las
personas, era minucioso en los detalles para que se ahorrase todo lo posible, exacto al pedir se examinasen los contratos, pero al mismo
tiempo no era desconfiado. Elegida una ((252)) persona con fama de honrada, se comportaba como el sacerdote Yehoyadá en tiempos del
rey Joás cuando la restauración del templo. "No se pedían cuentas a los hombres, en cuyas manos se ponía el dinero para que lo dieran a
los que hacían el trabajo, porque trabajaban con fidelidad"1.

Sin embargo él, con su corazón abierto, era incapaz de una trampa. Creía que los demás tenían el mismo amor que él a la justicia que
empleaba en todo contrato; y, desconocedor de las tramas usadas por la gente del mundo, le engañaron muchas veces en sus negocios, al
hacer sus cálculos preventivos que, luego, vio elevarse a cantidades mucho más altas. En ocasiones, especialmente al principio, los
proveedores le engañaron de diversos modos; otras veces, obligado por circunstancias imperiosas, se encontró con personas poco delicadas
que le obligaron a vender por poco lo que valía mucho y a comprar por mucho lo que valía poco. No le faltaron fraudes y hurtos, puesto
que don Bosco no podía estar a la vista de todo. Y esto no debe maravillarnos. "No había confiado Jesús la bolsa de las limosnas a un
Judas? Al multiplicarse las obras buscó personas de su Instituto que le ayudasen en las diversas necesidades, y finalmente encontró
hombres, honrados a carta cabal, pero no todos, ni siempre expertos en los negocios, ni aptos para ciertas operaciones comerciales, y
desprovistos a menudo del dinero indispensable, porque don Bosco tenía la caja vacía. Hay que añadir que las deudas del Oratorio
sumaban a menudo enormes cantidades.

Sin embargo, don Bosco, que caminaba casi siempre al borde de la quiebra, supo hacer frente ((253))a todos sus compromisos; sus
acreedores jamás perdieron un céntimo; levantó continuamente edificios; y nunca faltó nada a sus muchachos que aumentaban en número
constantemente. Para que las fábricas de Francia, de Austria, de Inglaterra, enviaran a sus casas mercancías, bastaba la garantía de su
nombre; se le concedieron muchos empréstitos sin más prenda

1 II Reyes, XII, 16.
199

Fin de Página 199

 

VOLUMEN IV Página: 200

que su palabra o una carta sin legalizar, y hubo bancos, en América, que entregaron a los salesianos grandes cantidades y enviaron después
a don Bosco, a cuyo nombre figuraba el préstamo, las letras de cambio en blanco para que las firmase, como él hizo.

"No es todo esto un milagro llamativo y continuo durante casi medio siglo? "No resulta evidente que don Bosco fue el hombre que Dios
quiso presentar ante el siglo materialista, para hacerle ver de cerca lo que puede, sin cálculos y artes humanas, el apoyo de la Divina
Providencia, a quien pone en ella una ilimitada confianza?

También hay que tener en cuenta esta misión de don Bosco en la marcha de nuestra narración, mientras debemos decir aquí que ya en
1851 y ante don José Cafasso, el teólogo Borel y don Francisco Giacomelli había manifestado muchas veces su pensamiento de construir
su futuro y grandioso Oratorio. Más aún, un día a primeros de año, rodeado de sus muchachos, les habló del espléndido porvenir de la casa
de Valdocco, con un amplio patio cercado de soportales, y describió, como si ya estuvieran a punto de suceder, las fiestas que se
celebrarían en una gran iglesia, las estupendas músicas que allí resonarían y el concurso de fieles a los pies de los altares.

Sin embargo, en el mes de marzo, se decidía don Bosco a empezar la edificación de una capilla más decorosa ((254)) para el culto divino
y más capaz para la creciente necesidad. La antigua, como ya hemos visto, se había agrandado un poco con el añadido de unas
habitaciones, pero seguía siendo insuficiente y poco adecuada. Para entrar había que bajar dos escalones, así que en los días de lluvia
fácilmente se anegaba y humedecía. En el verano, en cambio, como era tan baja de techo y tenía tan poca ventilación, sofocaba el excesivo
calor y eran pocos los días festivos en los que algún muchacho no se marease y hubiera que sacarlo fuera. Por tanto, no sólo era
conveniente, sino necesario construir un nuevo edificio más devoto, capaz y saludable.

Pero, "con qué medios contaba don Bosco, que, hacía pocas semanas, acababa de pagar la casa Pinardi? Escribía José Brosio a don Juan
Bonetti:

"Fui un día entre semana a visitarle y le encontré en el patio pensativo y con una carta en la mano. Deseoso de saber cuál fuera la causa
de su preocupación, le pregunté, y don Bosco me extendió la carta para que la leyera. Era de un proveedor que amenazaba con llevarle a lo
tribunales, si no desembolsaba inmediatamente cerca de dos mil liras, a cuenta de su deuda. La leí, incliné mi cabeza pensando en el
disgusto y vergüenza de don Bosco, si tenía que comparecer
200

Fin de Página 200

 

VOLUMEN IV Página: 201

ante los tribunales y verse condenado por deudas, y se me escapó un suspiro. Don Bosco, sereno del todo, me dijo:

"-"Cómo se entiende, querido Brosio, suspiras por esto? "Crees que la Divina Providencia va a abandonarme? Vamos a rezar y verás lo
que hará la Virgen por el Oratorio.

"Y fuimos a la Capilla a rezar. Acabada la oración, se presentó un señor, que deseaba hablar con don Bosco y le engregó el dinero
necesario para aquel pago.

((255)) "Aquella suma tapaba solamente un agujero y le quedaban todavía otros por cerrar, sin contar los gastos continuos que tenía que
realizar. La iglesita era demasiado pequeña para tantos muchachos, los locales estrechísimos para albergar a los internos. "Cómo hacer?
"Dónde hallar dinero para cubrir todas las necesidades? Expuse estas dificultades a don Bosco y él me respondió:

"-Quiero hacer en su día una tómbola; pero me faltan el local y los objetos que han de servir de premio para los compradores de números

"Cómo adquirir todo esto?

"Y al decirlo, sonreía. Yo le respondí:

"-Usted conoce a muchos señores, pídales lo necesario y yo haré cuanto pueda entre los comerciantes que conozco; verá qué tómbola

más sorprendente.

"Quedamos de acuerdo en ello. Pero don Bosco tenía sus planes, para el fin y el modo de recurrir a la caridad pública. La construcción de
la iglesia debía proveer también del capital necesario para levantar el Asilo y albergar a los muchachos. Y él supo conseguir todos sus

fines, siempre que se metió en una empresa grandiosa, que era la principal: ésta debía sostener las otras, también importantes".

Por aquellos mismos días decía don Bosco a su madre:

-Quiero que levantemos una hermosa iglesia en honor de San Francisco de Sales.

-"Y dónde vas a encontrar el dinero?, le preguntó la buena Margarita. Ya sabes que no tenemos nada nuestro: todo se gastó para dar de

comer y vestir a estos pobres muchachos. Por tanto, antes de meterte en los gastos de una iglesia, debes pensarlo dos veces y entendértelas
bien con el Señor.

-Así lo haremos. "Si usted dispusiera de dinero, me lo daría?

-Puedes imaginar con cuánto gusto.

-Pues bien, terminó el hijo; Dios, que es mejor y más generoso que usted, ((256)) tiene dinero para todo el mundo y espero que lo enviará
en su día y momento para una obra que es para su mayor gloria.
201

Fin de Página 201

 

VOLUMEN IV Página: 202

Con esta confianza llamó un día al ingeniero Blachier, le llevó al lugar destinado para el sagrado edificio, y le rogó hiciera unos planos.
Casi a la par, convocó al contratista Federico Bocca y le preguntó si quería encargarse de la construcción.

-Con mucho gusto, respondió éste.

-Pero le advierto, añadió don Bosco, que podría darse que alguna vez yo no cuente con el dinero necesario para los gastos.

-Entonces iremos más despacio en los trabajos.

-Eso no, porque yo querría que fuesen deprisa, y que dentro de un año tuviéramos acabada la iglesia.

-Pues iremos deprisa, repuso el empresario.

-Entonces empiece, terminó don Bosco. Algo ya hay en caja; el resto nos lo proporcionará la Divina Providencia a su tiempo.

Mientras se tomaban estas disposiciones, se acercaba la cuaresma, y en los últimos días de carnaval cumplían con el ejercicio de la buena
muerte, en mañanas diversas, los muchachos internos y los externos del Oratorio. "Recuerdo, escribía el canónigo Anfossi, que durante el
carnaval, en desagravio de tantos desórdenes como se cometen, don Bosco nos exhortaba a recibir la Santa Eucaristía y a hacer horas de
adoración ante el tabernáculo. Y mientras hablaba de los insultos que recibía Jesús Sacramentado, particularmente durante aquellos días,
lloraba y nos hacía llorar también a nosotros. Nos recomendaba cumplir nuestras prácticas de piedad lo más devotamente posible con la
intención de ganar la indulgencia plenaria aneja, y decía:

"-Proporcionemos un buen carnaval a las pobrecitas almas del purgatorio, cooperemos para hacerlas entrar lo antes posible en el gozo de
paraíso.

((257)) "E insistía para que no olvidásemos en nuestras oraciones a los bienhechores. Así, que, aún cuando se hiciera en Turín
ostentación de muchas diversiones públicas y anduviese en movimiento toda la ciudad con sus máscaras, nosotros, unos muchachos, no
sentíamos necesidad de ir a la ciudad; ni nos pasaba por la mente pedir permiso para ello. Pero don Bosco, en compensación, nos
proporcionaba diversiones en el patio y en el teatro".

El 11 de marzo se organizaron los catecismos cuaresmales. Don Pedro Ponte, director del Oratorio de San Luis, tuvo consigo al joven
teólogo don Félix Rossi. El teólogo Leonardo Murialdo comenzó a ir al Oratorio del Angel Custodio en Vanchiglia, dirigido por su primo
el teólogo Roberto Murialdo, y allí siguió enseñando el catecismo todos los días festivos. Para ayudar a éstos y otros celosos
202

Fin de Página 202

 

VOLUMEN IV Página: 203

sacerdotes enviaba don Bosco, desde Valdocco, no sólo clérigos sino muchachos formales y seguros, que ejercían el oficio de catequistas
durante todos los domingos del año. Por deferencia con el párroco de Borgo Dora, en cuya parroquia se encontraba el Oratorio de
Valdocco, empezó también a enviarlos, a partir de 1851, para enseñar el catecismo en su iglesia de San Simón y San Judas y siguió
haciéndolo durante muchos años, salvo cortas interrupciones.

Don Bosco llevaba la catequesis del Oratorio de Valdocco, pero vigilaba las demás en todo.

Tenemos el testimonio que nos dio Nicolás Cristino: "Fui uno de los primeros que asistieron al Oratorio de San Luis y acudí a él
bastantes años. Venía muchas veces don Bosco, lo mismo en cuaresma que durante el año, a veces acompañado de nobles y distinguidos
personajes de la ciudad que le ayudaban, y era recibido con un entusiasmo difícil de describir. Presidía el catecismo y las funciones
sagradas, predicaba y excitaba el celo de sus colaboradores. Yo admiré frecuentemente el ascendiente que don Bosco tenía sobre aquellos
muchachos. ((258)) A lo mejor había unos pegándose; don Bosco se acercaba a ellos con toda calma y les decía:

"-íEa, bueno! íEa, basta!

Los tomaba, como acariciándolos, por una oreja y en el instante hacían las paces.

"A veces, como premio a los más diligentes, se los llevaba a comer con él o de paseo a la finca del teólogo Vola, en Santa Margarita o a
Sassi, en casa de algún párroco. Mientras estaba entre los muchachos, estudiaba atentamente sus inclinaciones, su piedad y su conducta,
para ver si descubría indicios de vocación eclesiástica. Entre otros, pareciéndole que yo podía dar resultado, me confió al teólogo Pedro
Ponte, para que comenzara a enseñarme los rudimentos del latín. Pero no cuajé, porque mi hermano mayor no aguantó a que el curso de los
estudios manifestara claramente mi vocación, y tuve que dedicarme a una arte liberal. Algunos, ayudados directamente por don Bosco,
llegaron al sacerdocio y otros emprendieron honradas profesiones. Todos le querían, muchos, agradecidos, iban frecuentemente a visitarle a
Valdocco. Yo, a partir del día de su muerte, no puedo dejar pasar una semana sin ir hasta su tumba en Valsálice".

Los mismos cuidados prestaba don Bosco al Oratorio de Vanchiglia.

Al acercarse la fiesta de Pascua, que cayó en el 20 de abril el año 1851, ardía la santa obra en triduos y confesiones. Los capuchinos del
Monte en Puertanueva y los oblatos de María de la Consolación
203

Fin de Página 203

 

VOLUMEN IV Página: 204

en Valdocco, se prestaban como en otras ocasiones del año, a ejercer el ministerio, aún a trueque de molestias. Los coros de los niños
preparados para la primera comunión cantaban la canción que don Bosco les había enseñado y que añadió aquel año al Joven Cristiano:

Por fin hoy nos acercamos
al angélico banquete, etc.

((259)) Y lo mismo el clero secular que el regular trabajaba en la ciudad y en la provincia para santificar las almas y a un tiempo,
conviene decirlo, formar buenos ciudadanos, fieles al Soberano y obedientes a las leyes del Estado, y eso sin mencionar otras innumerables
ventajas morales y materiales que proporcionaban a los pueblos. Pero los sectarios no querían, o lo que es peor, odiaban el bien verdadero
y querían quitar toda influencia religiosa.

El Parlamento, que tenía por entonces todo el aspecto de un sanedrín protestante, a fines de marzo, entre injurias e insultos al clero, se
había propuesto reformar las órdenes monásticas; quería suprimir la emisión de los votos solemnes a los novicios, antes de los veintiún
años, e imponer que, durante los dos años que preceden a la profesión, novicios y novicias viviesen, al menos seis meses seguidos, fuera
del claustro: y que el que aceptara una profesión religiosa, no permitida por las leyes, fuera condenado a destierro y el que profesara,
privado de los derechos civiles. No se llegó a la votación, y pocos días después, sin estar todavía maduros los planes de supresión de los
beneficios de las órdenes religiosas, se empezó a gravarlas con tributos, y, a excepción de las iglesias, pusieron cargas a las casas
parroquiales y de los beneficiados. El quince de abril firmaba el Rey una nueva ley aboliendo los diezmos en Cerdeña, y el veintitrés de
mayo ratificaba la de las manos muertas, la cual se extendía a las provincias, ayuntamientos e instituciones de caridad y beneficencia; pero,
mientras para éstas últimas la cuota era del medio por ciento, para las instituciones eclesiásticas fue elevada al cuatro.

En tanto, don Bosco, a fines de mayo, después de demoler parte de la tapia interna que dividía los dos patios, hizo empezar las
excavaciones para levantar la iglesia proyectada, de modo que, a primeros del verano, se pudieron echar los cimientos. Como los albañiles
se permitían de vez en cuando ((260)) soltar alguna blasfemia, don Bosco les llamó y les rogó que no blasfemaran y, para impedir la ofensa
del Señor, les prometió dar uno o dos vasos de vino a cada
204

Fin de Página 204

 

VOLUMEN IV Página: 205

uno, todos los sábados, con tal que dejaran tan fea costumbre. Los albañiles prometieron y mantuvieron su palabra y, durante más de un
año, estuvo Margarita llevándoles una botella que se vaciaba en honor de Dios, gracias a don Bosco y para refrigerio del garguero de
aquellos obreros.

Fin de Página 205

 

VOLUMEN IV Página: 206

((261))

CAPITULO XXIII

DON BOSCO PIDE DONATIVOS A LOS BIENHECHORES PARA CONSTRUIR UNA NUEVA IGLESIA -RESPUESTA DEL
ABATE ROSMINI -DON BOSCO EN BIELLA Y SU ENCUENTRO CON EL PADRE GOGGIA -EN EL SANTUARIO DE OROPA
-CARTAS ALENTADORAS DE LOS OBISPOS -LAS FIESTAS DE SAN JUAN Y DE SAN LUIS EN VALD0CCO-DON BOSCO EN
SAN IGNACIO Y EN LANZO: SUS PREVISIONES

DON Bosco no había fijado fecha para empezar a pedir donativos a los fieles en favor de la iglesia proyectada.

Entre otros, recurrió al abate Rosmini.

Iltmo. y Rvdmo. Señor:

El poco tiempo que su Señoría Ilustrísima pudo detenerse en Turín, no nos permitió explicarle cómo se piensa levantar nuestra iglesia y
reparar nuestra casa; con tal motivo, una vez terminados los planos, reuní a unas diez personas peritas en esas materias, para examinar los
trabajos a realizar.

En consecuencia, se estudiaron los planos y el modo de ejecutarlos: y después de algunas observaciones higiénicas y económicas, se
decidió empezar la construcción de la iglesia. Pero, ((262)) dado que los medios con que se cuenta para realizar esta obra son únicamente
las ofertas privadas, de acuerdo con el modo y cantidad que cada uno desee concurrir libremente, me permito, con el máximo respeto,
invitar a su Señoría a que nos preste su benéfico apoyo. Los gastos calculados por el arquitecto para la iglesia suben a treinta mil liras;
contamos ya con quince mil, gracias a las ofertas hechas en materiales, dinero y mano de obra. Faltaría todavía otro tanto. Pero advierta
que cualquier cantidad, por pequeña que fuere, será recibida con el mayor de los agradecimientos, y tendré un gran placer en poderle contar
entre los bienhechores que concurrieron a la construcción de una iglesia en honor de San Francisco de Sales, la primera que se levanta en
Piamonte a favor de la juventud abandonada.

En cuanto a la reforma de la casa, se decidió levantar un piso más, con lo que se duplica el espacio de las presentes dependencias;
206

Fin de Página 206

 

VOLUMEN IV Página: 207

los medios para este segundo trabajo, vendrán de la pieza de terreno puesta a la venta (ya en parte realizada), cuyo precio nos parece bueno

Persuadido de que, en su bondad, se digne seguir con su benéfica ayuda le agradezco de corazón cuanto ha hecho sobre el particular y
ruego al Señor le quiera favorecer en sus santos deseos y prosperar del modo que mejor resulte para la gloria de Dios.

Mientras me recomiendo de corazón a sus devotas oraciones, me declaro, con los sentimientos de la más viva gratitud y con todo respeto

De V. S. Ilma. y Rvdma.

Turín, a 28 de mayo de 1851

Su Seguro Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((263)) Respondíale desde Stresa el P. Gilardi el 1 de junio de 1851:

Muy Reverendo y Carísimo don Juan:

Fue muy grande el consuelo del M. R. P. D. Antonio Rosmini al leer en su respetable del 28 ppdo., cómo le bendice Dios en sus
diligentes atenciones, ofreciéndole los medios para edificar la iglesia y ampliar la casa destinada a la pía obra que El mismo le inspiró
realizar: también él desearía poder concurrir con alguna respetable cantidad; pero las actuales circunstancias y los muchos gastos que ha
debido sufragar en estos últimos años, y que todavía continúan, no le permiten colaborar según sus deseos. Sin embargo, si a V. S. le
agradase, él le ofrecería cierto número de ejemplares de sus obras, que usted podría vender y convertir el precio en subsidio para su
edificación. Si ello le conviniere, indíquemelo, para poder llevarlo a efecto...

P. GILARDI
Don Bosco agradecido enviaba su respuesta.

Carísimo y Reverendísimo Don Carlos:

Por su medio agradezco al Rvdmo. Sr. Abate Rosmini la participación que quiere tomar en nuestro ya comenzado edificio, destinado a
casa del Señor.
207

Fin de Página 207

 

VOLUMEN IV Página: 208

Dado que es una oferta caritativa, todo se acepta; espero que los libros se puedan convertir fácilmente en dinero. Dígame sólo, por favor,
cómo desea Usted mandármelos, y yo estaré ((264)) preparado para recibirlos; para mi norma, me ayudaría mucho saber aproximadamente
el precio a que se venden esos libros en otras partes.

Siento mucho la noticia de don Carlos Rusca; espero in Domino (en el Señor) que la enfermedad no sea ad mortem (de muerte). De todos
modos he rezado y sigo haciéndolo para que se cumpla la santísima voluntad de Dios en todo.

Le saludo de corazón y le doy gracias, profesándome,

De V. S. Carísima,

Turín, 4 de junio de 1851

S.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Mientras tanto don Bosco, como siempre que debía emprender algo importante, había decidido ir al Santuario de Nuestra Señora de
Oropa a implorar su ayuda maternal con toda la expansión de su alma. "De acuerdo con mi petición, escribe don Santiago Bellia, vino a
Pettinengo para la clausura del mes de María. Era la primera vez que se celebraba en este pueblo tan conmovedora función. Don Bosco
aprovechó para su sermón un ramillete de lirios, rosas, violetas y otras flores y habló de las virtudes con cuya práctica se puede agradar a
María Santísima. Pasó una semana entre nosotros, nos edificó a todos, y varios se confesaron con él.

"Fue luego a Biella, y en la iglesia de San Felipe le pidieron el célebret 1, pero no lo llevaba consigo. Preguntado si conocía a alguien
que pudiera responder de él, dijo:

"-Sí, por ejemplo, el Padre Goggia.

"No le conocía más que de fama. Y he aquí que el Padre Goggia entró en la sacristía. Apenas se vieron los dos sacerdotes se abrazaron,
lo que rara vez hizo don Bosco en su vida, llamándose el uno al otro por su ((265)) nombre, aunque nunca se habían visto. Quedé
maravillado, porque no se había pronunciado el nombre de don Bosco, y comenté con otros cómo un santo abrazaba a otro, sin haberse
visto nunca antes.

"En este mismo viaje llegó hasta el Santuario de Oropa, donde celebró la santa misa y fue invitado por el Rector a volver y quedarse

1 El célebret es un documento firmado y sellado por el Obispado, exigible a todo sacerdote que quiere celebrar la santa misa en una
parroquia donde no es conocido. También se llama Admittatur: palabra latina que significa "admítasele". (N. del T.).
208

Fin de Página 208

 

VOLUMEN IV Página: 209

allí tres meses, trabajando en sus manuscritos, y sin más pago por la estancia que aplicar la misa en favor del Santuario. Don Bosco aceptó
agradecido, pensando que una semana de descanso y oración, ante la santa imagen, si ello le fuera posible, le proporcionaría gran alivio. Y
en efecto, algún tiempo después, volvió; pero había cambiado la administración y no le concedieron la estancia".

De vuelta del Santuario de Oropa, don Bosco preparó los planos de la iglesia y, acompañados de una instancia pidiendo su aprobación,
los presentó al Ayuntamiento. Inmediatamente empezó a escribir cartas a muchas personas propicias a la beneficencia, exponiéndoles la
necesidad en que se encontraba el barrio de Valdocco de un edificio consagrado al culto divino y pidiéndoles su ayuda, para lo cual les
incluía un boleto de suscripción 1.

Durante varios meses seguidos no paró de escribir y obtuvo respuestas de los obispos de Piamonte, a los que había dirigido su calurosa
petición, rogándoles ((266)) quisieran ser promotores de la suscripción en sus diócesis. Los prelados respondían estar dispuestos a
ayudarle; pero lamentaban la dificultad de obtener las limosnas pedidas, ya que ellos tenían muchos gastos imposibles de cubrir por falta de
unos fondos que la mermada caridad hacía desear. Uno tenía iglesias que levantar o reparar; otro se encontraba muy apurado
económicamente; alguno estaba oprimido con instituciones que había de sostener en la ciudad, y la diócesis era muy pobre, o asediado por
múltiples peticiones para distintas obras pías. A pesar de todo, le prometían que, con el tiempo, no defraudarían su espera y uno le
mandaba su óbolo, otro aceptaba misas a celebrar, dejando la limosna de las mismas a disposición de don Bosco.

Es digna de notar la deferencia que respiran sus respuestas. El obispo de Fossano escribía: "Le animo, en el Señor, a proseguir con celo
su obra; no le faltará la Providencia del Señor. Siga dispensándome su amistad". El obispo de Alba: "Dios no le faltará a V. S., que realiza
una obra tan buena. No dejo de orar a S. D. M. para que le bendiga". El obispo de Susa: "El teólogo Gey me ha entregado la

1 Para la construcción de una iglesia en el Oratorio de Valdocco, dedicada a San Francisco de Sales, para la juventud abandonada:

Ofrezcolalimosnadeliras. . .. . .. . .. . .. entotal

O bien dividida como sigue. Por el año corriente diez liras pagadas.

Para el año próximo 1852, diez liras a pagar.

Turín, 20 de junio de 1851

N. N.
Fin de Página 209

 

VOLUMEN IV Página: 210

muy apreciada carta de V. S. Rvma. en la que me informa del proyecto de añadir una iglesia a las grandes obras que el Señor le inspira en
favor de la juventud abandonada". El obispo de Saluzzo: "No es posible hacer todo lo que uno quiere. De todas formas, le envío un
testimonio de mi estima de la santa obra, hija de su celo". El obispo de Vigevano: "Siempre ocupado en obras buenas, adquirirá un nuevo
título de benemerencia y las bendiciones del Cielo por la iglesia pública que se propone levantar para especial beneficio de los habitantes
del barrio entre Borgo Dora y Martinetto".

Pero todas estas cartas parece resumirlas la del obispo de Mondoví.

((267))M. Rdo. Señor:

Nunca he oído hablar de Su Reverendísma y apreciadísima Señoría y de las santas obras de que se ocupa en favor de la juventud, sin dar
verdaderamente gracias al Señor con toda el alma por haber suscitado, en tiempos tan perversos como los presentes, un sacerdote como
usted lleno del espíritu de Dios y de santo celo por la salvación de las almas. Puede usted imaginar fácilmente mi buena disposición para
ayudarle al triunfo de la empresa de que me habla. Pero son tantos los compromisos que tengo, tantos los gastos a que debo atender, que es
fuerza limitar por ahora, mi buen querer. Solamente en cuanto a iglesias le diré que estamos construyendo, al presente, en esta mi diócesis,
cuatro, dos de ellas parroquiales. Y no puedo, de ningún modo, dispensarme de contribuir, cuanto lo permitan mis fuerzas, a estas
construcciones, que se empezaron por mi consejo y mi promesa de ayuda. No quiero hablar de los pobres sin fin, a quienes me toca
proveer, en muchas ocasiones, de comida, alojamiento y ropa; ni de las dificultades que todos, y yo en particular, sentimos en estos días
por falta de dinero, con que atender apremiantes necesidades. Por todos estos motivos no me es posible ahora socorrer a V. M. R. y
apreciadísima Señoría como de mí espera para levantar la nueva iglesia que pretende. Pero no crea que yo olvide su petición. Siempre le
tendré presente para ayudarle, si no ahora, en la primera circunstancia favorable. Procuraré recomendar su generosa empresa a personas
piadosas y caritativas de las que pueda esperar alguna ofrenda. Mas, de lo que no debo en este momento dispensarme, es de felicitarle
cordialmente por el gran bien que está haciendo, y de rogar ((268)) al Señor que bendiga cada vez más y haga prosperar las obras que lleva
entre manos. Recuérdeme en sus fervorosas plegarias
210

Fin de Página 210

 

VOLUMEN IV Página: 211

y acepte el testimonio de la más distinguida y afectuosa consideración, con la que tengo el placer de profesarme...

Mondoví, 12 de agosto 1851

" Fr. JUAN TOMAS, Obispo

En medio de este intercambio de cartas llegó el 24 de junio. Los muchachos de Valdocco celebraban el día onomástico de don Bosco, y
el Consejo municipal se reunía, aprobaba los planos de la nueva iglesia de San Francisco de Sales y autorizaba su construcción. El día
treinta, el alcalde Bursarelli enviaba a don Bosco una copia de la esperada deliberación recién tomada.

A la fiesta de San Juan Bautista sucedió la de San Luis. Se cubrieron con tableros las excavaciones de los cimientos para la nueva iglesia
y se levantó un gran palco para los invitados frente a la puerta de la antigua. Lo mismo éste que el patio estaban adornados con alfombras y
colgaduras; dos hileras de altos mástiles, revestidos con lienzos de diversos colores, y de los que pendían oriflamas que se mecían al
viento, se extendían desde la puerta de la iglesia hasta el cancel, señalando el camino que había de seguir la procesión.

Había sido invitado para esta solemnidad el Obispo de Fossano, el cual, por no poder asistir, enviaba sus excusas a don Bosco 1; ((269))
en su lugar presidía el Obispo de Pinerolo. El periódico Armonía, del 4 de julio de 1851, refiere así la fiesta:

"El domingo pasado (29 de junio) se celebró en el Oratorio de San Francisco de Sales la fiesta de San Luis Gonzaga, con toda devoción y
solemnidad. Por la mañana recibieron muchos los Santos Sacramentos; monseñor Renaldi administró, previa calurosa exhortación, la
Confirmación a casi cuatrocientas personas entre muchachos y adultos. Por la tarde, en la magnífica fiesta, celebrada por una

1 Muy querido don Bosco:

Puede usted imaginar con qué gusto y satisfacción iría a su Instituto el 29 de los corrientes para la fiesta de San Luis y para administrar la
Confirmación; pero, asuntos urgentes, por un lado, y el haberme comprometido por otro a ir en el mismo día a una parroquia de la diócesis
para el mismo fin, me lo impiden. Resérveme, por consiguiente, para otra ocasión y convénzase que será de gran satisfacción para mí
prestarme a todos sus deseos. íOh! será ciertamente un día de fiesta cuando pueda encontrarme en medio de sus buenos discípulos. Dios les
bendiga a todos, como yo les bendigo de corazón. Presente mis deferentes excusas a los generosos señores que V. S. me nombra y que por
su medio me invitan y comuníqueles el disgusto que experimento al no poder asistir. Me consuelan las buenas noticias que me da sobre los
de Fossano:
cuídemelos siempre; salúdeme al amigo Borel y créame...

" L. V. DE FOSSANO

Fin de Página 211

 

VOLUMEN IV Página: 212

juventud sólidamente cristiana, no faltaron los coros de voces juveniles; la representación escénica de diálogos; un decorado modesto
realizado con verdadera maestría; un globo aerostático, cohetes y fuegos artificiales que cerraron la amena jornada. La alegría, el gozo, la
serenidad brillaba en el rostro de los numerosos muchachos, que con pena dejaban el festivo lugar. Era la fiesta de más de 1.500
muchachos que, entre cordiales y religiosos vítores que escapaban de sus corazones unidos, pendían de los labios de su querido padre. Para
la magnificencia de esta solemnidad faltaba una iglesia mayor, ya que dos tercios de los asistentes hubieron de quedarse fuera, por la
angostura del presente edificio; pero se llena el alma de gozo al ver cómo la divina Providencia parece ((270)) preparar los medios para una
nueva iglesia más adecuada para el culto divino y más adaptada a las necesidades presentes".

Queremos recordar todavía que el clérigo Reviglio, sugerido por don Bosco, había colocado en el balcón tres barriles llenos de agua, en
cada uno de los cuales había echado cierta materia colorante. Partían de ellos tres canalitos, que bajaban hasta el patio, pasaban bajo tierra
y llegaban hasta un estanque.

Por la tarde brotaron de repente los tres chorros a tres colores con gran sorpresa e inmensa alegría de los muchachos. Bastaba poco para
contentarles.

Poco después de esta fiesta iba don Bosco a San Ignacio, junto a Lanzo, para hacer los Ejercicios, en los que el teólogo Gastaldi
predicaba las instrucciones y el Padre Molina di Calvarista las meditaciones. Es José Brosio quien nos cuenta esta excursión en los
siguientes términos:

"Imposible describir la benevolencia y el cariño que don Bosco nos profesaba. Siempre tenía miedo de que sus hijos padecieran la menor
privación o de que no estuvieran contentos de él 1. Por espacio

1 El interés que don Bosco tenía por sus muchachos aparece en esta carta suya, escrita el 29 de agosto de 1851, al Señor Chiatellino,
maestro de escuela en Carignano: -"Creo conveniente participar a usted que José B..., padre de su recomendado, en virtud de la carta
adjunta, llamó a casa a su hijo por consejo del señor Miguel Chiusano.

"Aunque esto me haya gustado, pues supongo que los padres de dicho joven no se encuentran en grave necesidad, y porque así me queda
un puesto para otro de los muchos peticionarios, me ha sabido mal, porque el muchacho, después de muchos cuidados, había mejorado
bastante en su conducta y sobre todo en el trabajo.

"Usted, el señor Chiusano y yo, hemos hecho todo lo que hemos podido; que continúe el Señor lo que nosotros hemos intentado hacer...

"Salúdeme cariñosamente a su primo Miguel Chiusano, a los de su casa, también de parte de los de nuestro Oratorio, y quiérame en el
Señor, mientras me profeso, etc.
212

Fin de Página 212

 

VOLUMEN IV Página: 213

de cuarenta y seis años ((271)) que he conocido a don Bosco, nunca vi escatimar nada para favorecer a los muchachos, que deseaba
estuvieran siempre alegres, y buscaba continuamente los medios más a propósito para satisfacer sus deseos, cuando éstos eran realizables y
justos. Podría contar más de un suceso.

"Don Bosco nos aconsejaba también a nosotros, los externos, que hiciéramos cada año los ejercicios espirituales y, siempre que nuestras
ocupaciones nos lo permitieran, dedicáramos un día al mes para ajustar los negocios de nuestra alma, como hubiéramos deseado
encontrarnos en punto de muerte. Pues bien, tenía yo mucho gusto en ir a San Ignacio, junto a Lanzo, para hacer los ejercicios espirituales,
y don Bosco me llevó con él y me quiso por compañero de mesa, de recreo y de paseo. Estábamos juntos casi siempre. A la hora de comer
y de cenar tenía miedo de que comiese y bebiese poco y procuraba que mi ración de carne fuese abundante. A lo mejor me decía por la
noche: -También hoy has comido poco. Eres joven. No hagas padecer a tu estómago.

"Después de los ejercicios, bajamos a Lanzo y visitamos el pueblo y sus alrededores. Al llegar a una hermosa colina, nos paramos a
contemplar el lugar. Don Bosco estuvo absorto unos momentos. Yo le contemplaba y no sabía qué pensar de su repentino cambio. Tras un
largo silencio, me tomó por la mano y exclamó: -íQué bien estaría aquí un Oratorio y qué hermosa posición para un colegio! íCatorce años
después se elevaba allí su Colegio!

"Al llegar a Turín me dijo: -Escucha, querido Brosio; si tú estudiaras, podrías sacar el título de maestro y podrías enseñar... Piensa que te
quiero mucho, como a un hijo, y te prometo que mientras don Bosco tenga un trozo de pan lo dividiré contigo.

"Me repitió estas palabras muchas veces. ((272)) Notaba que su mente estaba fija en unas escuelas elementales y un colegio, y finalmente
un día le dije:

"-Pues bien, don Bosco, sí, estudiaré para maestro.

"Y estudié; pero me cansé pronto y seguí mi profesión de comerciante, mas sin perder nada de la familiar confianza con don Bosco.

"También me gustaba ir al Santuario de Oropa y, como don Bosco no podía acompañarme, me entregó una tarjetita para el Rector, el
cual me recibió como si yo fuera un distinguido personaje. Me hospedaron en las habitaciones destinadas a los sacerdotes y me asignaron
un criado para que me sirviera... Y lo mismo que yo, hubo muchísimos otros que, en diversas ocasiones, experimentaron los efectos de
tratos semejantes de la bondad de don Bosco".
213

Fin de Página 213

 

VOLUMEN IV Página: 214

((273)
)

CAPITULO XXIV

MAS GESTIONES DE DON BOSCO PARA OBTENER LIMOSNAS -PROMESAS GENEROSAS DEL REY -BENDICION Y
COL0CACION DE LA PRIMERA PIEDRA DE LA IGLESIA -DISCURSO DEL PADRE BARRERA -FIESTA, DIALOGO Y NUEVA
PREDICCION -DON BOSCO Y LOS JUDIOS

DURANTE los meses de junio y julio don Bosco no cesó un instante en sus preocupaciones por la erección de su iglesia.

Pareció a alguno que don Bosco era hasta importuno en su limosnear y molesto con tal de alcanzar dinero. Pero hay que observar que no
pedía para sí mismo, que padecía gran necesidad, que no podía acabar con todas sus deudas, que sin una virtud heroica no hubiera podido
someterse a tantos sacrificios de todo género.

En efecto, el 18 de junio, con escritura otorgada por el notario Porta se había visto obligado a vender a Juan Bautista Coriasso por valor
de 2.500 liras, un terreno de 0,0343 hectáreas junto a la casa Moretta, lindante, a poniente, con el campo de los sueños. Coriasso edificó
allí una casita con un taller de carpintería en el lugar ocupado hoy por la portería del Oratorio.

Hecha esta venta, don Bosco expedía, a más de las cédulas de suscripción, invitaciones familiares a sus amigos, de las que presentamos
un ejemplo con la que dirigió al Santuario de San Miguel.

((274)) Queridísimo señor don Fradelizio:

Mi deseo de volar hasta el Pircheriano 1, se ve impedido por mis ocupaciones. La causa principal de éstas es la iglesia que estamos
construyendo en la que V. S. queridísima debe (non sub gravi -no bajo pena grave) tomar parte. "De qué modo? Ni con ladrillos que pesan
mucho; ni con dinero, porque en Turín está la Casa de la Moneda:

1 Pircheriano es el monte sobre el cual se encuentra el Santuario (Sacra) de San Miguel (N del T.).
214

Fin de Página 214

 

VOLUMEN IV Página: 215

deberá tomar parte enviándome algún haz de leña, alguna viga de alerce, algunos listones o montantes para cubrir mi pobre iglesia.
Recomiéndeme lo mismo al señor Cura de San Ambrosio; e inter totos et omnes (entre todo el mundo) me ayuden a acabar el ya
comenzado edificio. Carece mi carta de muchas calidades, pero perdónemela como escrita por un pilluelo; déme una zurra con tal de que
me envíe un haz de leña.

Presente mis más cordiales saludos a los padres Puecher, Gagliardi, Costantino, Flecchia; y con augurios de todo bien del Señor, me
recomiendo de todo corazón a sus oraciones, repitiéndome,

Turín, 4 de julio de 1851

Su seguro servidor y amigo
JUAN BOSCO, Pbro.
(próximo al Refugio)

P. S. El clérigo Nicolini ha salido muy bien en el examen; aún debe pasar el examen público el lunes.
Tampoco dejaba de dirigirse a personajes muy ricos, no acostumbrados a dar limosna. A veces no obtenía respuesta, y volvía a escribir,
aún previendo ((275)) una negativa. Pero, confiando en Dios, decía: -Hagamos nosotros todo lo posible, que el Señor ya hará, en su
bondad, lo que nosotros no podemos. -Y después de haber dejado transcurrir algún tiempo, renovaba de otra forma sus pruebas.

En la segunda mitad de junio elevó una súplica al rey Víctor Manuel. Recordándole con gratitud su soberana benevolencia con los chicos
del Oratorio, informábale de la construcción de la nueva iglesia, rogábale se dignase acudir a colocar la primera piedra y, si ello no pudiera
ser, suplicaba a su Majestad que, siguiendo como había hecho hasta entonces, las gloriosas huellas de su augusto Padre, quisiera prestar su
apoyo soberano al Instituto. Poco después, recibía don Bosco la siguiente e importantísima carta de la Real Secretaría de Estado:

Muy Reverendo y Honorabilísimo Señor:

Su Excelencia el duque Pasqua, gobernador del Palacio Real, a quien este ministerio ha debido transmitir, en razón de competencia, la
instancia presentada por V. S. Rvdma., ha notificado, en comunicación del 25 ppdo. que, habiendo presentado la antedicha instancia
215

Fin de Página 215

 

VOLUMEN IV Página: 216

a la decisión real, Su Majestad vio con gran satisfacción la determinación tomada por V. S. y otras piadosas personas, de rocoger jóvenes
en el Oratorio aquí establecido, donde darles educación religiosa y moral.

Que, deseando promover la realización de la piadosa obra, y no pudiendo, por sus múltiples ocupaciones, acudir a la colocación de la
primera piedra de la ((276)) nueva iglesia, cuya construcción ha sido proyectada, se ha dignado dar una prueba de su generoso y Real
corazón, manifestando la intención de concurrir de algún modo a la referida obra, llegado el caso.

Tengo la satisfacción de dar a conocer a S. V. Rvdma. la favorable disposición manifestada por su Majestad respecto a una institución
tan recomendable por su finalidad; y, añadiendo mi particular tributo de encomio por los celosos cuidados, con que usted la promueve y
dirige, aprovecho la ocasión que se me presenta, para profesarme con todo aprecio,

De V. S. Reverendísima.

Turín, a 5 dejulio de 1851

Su Seguro Servidor
por el Ministro
DE ANDREIS, primer Oficial

Mientras tanto, como se trabajaba con todo empeño, los cimientos de la iglesia estaban ya a flor de tierra, y don Bosco y los otros
eclesiásticos encargados de los Oratorios, presentaban en la Curia una instancia al Arzobispo, pidiendo la facultad para bendecir la primera
piedra. El 18 de julio, el canónigo Celestino Fissore, Provicario General, en nombre de monseñor Fransoni, ausente, respondía por escrito a
la demanda, concediendo a don Bosco, o a otro sacerdote por él requerido, la facultad de la bendición, de acuerdo con el Ritual Romano.

Se determinó colocar la primera piedra el 20 de julio. Los seiscientos y más muchachos del Oratorio, como en tromba, esparcieron la
noticia por toda la ciudad, así que el 20 por la tarde se reunió en el lugar una multitud de gente, como nunca se había visto por aquellas
partes.

Hubiera sido seguramente monseñor Luis Fransoni, que tanto quería a don Bosco y a su obra, quien hubiera bendecido la primera piedra;
((277)) pero desgraciadamente el intrépido prelado seguía desterrado
216

Fin de Página 216

 

VOLUMEN IV Página: 217

en Lyon. La bendijo en su lugar el canónigo Moreno, Administrador General; y la colocó en su sitio el Comendador José Cotta, gran amigo
de los pobres e insigne bienhechor de las obras de don Bosco. Se redactó el acta a propósito, cuya copia, juntamente con monedas grandes
y pequeñas, medallas y otros recuerdos, se depositó dentro de la misma piedra. El alcalde Bellono echó la primera paletada de mortero.

El célebre padre Barrera de la Doctrina Cristiana, conmovido al contemplar el gran concurso de fieles y los muchos sacerdotes, patricios
y matronas turineses, que les hacían corona, subióse a un montón de tierra, e improvisó un estupendo discurso. Comenzó con estas
palabras:

-Señores, la piedra que acaba de ser bendecida y colocada en los cimientos de esta futura iglesia, tiene dos grandes significados. Significa
el granito de mostaza, que crecerá hasta convertirse en un árbol místico, bajo el cual innumerables muchachos, como pájaros del aire,
vendrán a buscar refugio. Significa también que la obra de los Oratorios, basada en el fe y en la caridad de Jesucristo, será como un
peñasco inconmovible contra el que en vano lucharán los enemigos de la religión y los espíritus de las tinieblas.

Demostró el orador, a continuación, una y otra proposición con tal elocuencia, que todo el auditorio pendía estático de sus labios. Pero el
meollo del discurso fue una semejanza y una plegaria. Comparó los tiempos con un huracán, que amenaza devastar y arruinar la ciudad y
los pueblos.

-"Qué vemos nosotros, señores, en esta peligrosa prueba?, preguntó el ilustre orador. Vemos a los vivientes miedosos y temblorosos
buscando un refugio La gente se retira a sus casas; las fieras del campo huyen a sus guaridas; y los pájaros del cielo vuelan a su nido,
afortunados ((278)) si lo hicieron sobre un árbol sólido y seguro. Los tiempos que corren son malos, malos sobre todo para la pobre
juventud. He aquí un árbol que echará profundas raíces, y no cimbrará su copa al soplo de los vientos. A la sombra de este árbol, en el
recinto de este sagrado edificio, se reunirán millares de jóvenes para encontrar en él refugio y defensa contra los errores, sembrados hoy
por hombres impíos y escritores mercenarios; refugio y defensa contra las máximas destructoras de toda idea de virtud y de moral; refugio
y defensa contra las saetas encendidas por las ardientes pasiones juveniles, excitadas por los malos ejemplos y los escándalos de todo tipo
de personas. Me parece contemplar bandadas de jovencitos, como palomas espantadas, levantar el vuelo por una y otra
217

Fin de Página 217

 

VOLUMEN IV Página: 218

parte, y dirigirse aquí como a lugar seguro y reunirse, no solamente para encontrar en él refugio y defensa, sino también alimento para la
vida temporal y eterna. íAh!, señores que me escucháis, prestaos con vuestra palabra y vuestras obras para que este árbol crezca pronto
como un gigante, tienda sus ramas sobre toda la ciudad, y recoja bajo ellas a tantos pobres muchachos, que para vergüenza de la religión y
baldón de la moral, se ven brincar en los días festivos por calles y plazas, con peligro de convertirse en deshonor de sí mismos, vergüenza
de las familias, desconcierto y desolación de la sociedad civil. Vuestra caridad, señores, no podría jamás emplearse en una obra más
ventajosa para la Iglesia y para el Estado; porque de la juventud, bien o mal educada, depende la vida o la muerte de las familias, de los
reinos y del mundo.

Por fin el buen Padre, dirigiéndose a Jesucristo, hizo una oración tan hermosa, que arrancó las lágrimas a muchos.

-Y Vos, Dios mío, dijo, Vos, Salvador nuestro Jesucristo, simbolizado en la piedra que acabamos de colocar, íah!, con la virtud de
vuestro omnipotente brazo proteged la obra de este Oratorio. Quizá puedan los impíos maldecirla: ((279)) bendecidla Vos. Quizá la
combatan: defendedla Vos. Quizá la odien: amadla Vos como a la pupila de vuestros ojos. Tiene todos los títulos para vuestro bien querer,
puesto que su finalidad es recoger, instruir, educar, a los niños, que en vuestra vida mortal formaban la delicia de vuestro corazón y son y
serán siempre el objeto de vuestras amorosas delicadezas, como corderillos de vuestro rebaño, como la flor más dintinguida del jardín de
vuestra Iglesia. Sí, bajo vuestro amparo esta obra será imperecedera; más aún, su simiente, arrastrada por el viento de vuestra gracia, se
esparcirá por todas partes y antes tendrán que derrumbarse las columnas que sostienen el firmamento que ella desaparezca de la tierra.

Las palabras del elocuente religioso alcanzaron un efecto admirable, y al presente parecen como inspiradas por el mismo cielo, parecen
proféticas, porque se cumplieron y siguen cumpliéndose maravillosamente.

Después que el abate Antonio Moreno firmó la declaración que atestiguaba que la piedra había sido bendecida por él, tuvo lugar una
graciosa fiesta. El clérigo Bellia leyó un discursito, algunos alumnos declamaron unas poesías y seis chavalines, de los más pequeños de
los externos, recitaron un dialoguito, escrito por don Bosco, a la par que llevaban un ramo de flores para entregar al Alcalde.
218

Fin de Página 218

 

VOLUMEN IV Página: 219

Juanito, Carlos, César, Agustín, Pedro, Manfredo.

César.-íJuanito! "Has pensado ya lo que debes decir a estos señores antes de presentarles nuestra humildísima ofrenda?
Juanito.-Ya sabes que yo no soy capaz de ello.
César.-"Pero, al menos, has estudiado la lección que te pusieron en la escuela para este hermoso día?
Juanito.-Sí, la he estudiado, pero..
.
((280)) César.-"Qué pero, ni qué? "Ya la has olvidado?
Juanito.-Apúntame la primera palabra y luego sigo yo.
César.-En la escuela no se puede apuntar. Así que haz el ofrecimiento o repite la lección. Si ya la has estudiado, di lo que sepas.
Juanito.-Como no me la sé toda, diré lo que pueda. Señores, yo les agradezco, en nombre de mis compañeros, todas las molestias que

ustedes se han tomado por nosotros.
Agustín.-Yo doy las gracias al señor Alcalde y en su persona agradezco al Ayuntamiento todos los favores que ha hecho a nuestro

Oratorio.
Carlos.-Lo mismo digo al canónigo Moreno, al caballero Cotta y a todos estos nuestros bienhechores. Gracias a todos.
Pedro.-Yo digo también en nombre de mis compañeros. Amamos la religión, amamos la patria, amamos la ciencia y la virtud.
Manfredo.-Y yo, no sabiendo qué más decir, invito a mis compañeros a gritar en alta voz: íViva el señor Alcalde! íVivan siempre felices

todos estos señores que hoy nos acompañan!

Gustó a todos la desenvoltura e ingenuidad de aquellos sencillos hijos del pueblo. La milicia gimnástica del Oratorio festivo, al mando de
Brosio el bersagliere, que había participado en la fiesta manteniendo el orden, cerraba las diversiones ejecutando unas evoluciones
militares, como solía hacer en todas las fiestas.

Caída la noche, y después de haberse retirado la multitud, don Bosco se encontró a solas con los alumnos internos, a los que la
construcción de aquella iglesia parecía la obra más grande que don Bosco podía hacer. Y, dirigiéndose al clérigo Reviglio, que manifestaba
((281)) su estupor por la iglesia de San Francisco, le dijo con la seguridad de quien posee tesoros en sus manos:

-Esto no es nada; ya verás cómo aquí... delante... en derredor... se levantará...

Y describió la casa colosal que, al presente se levanta. Mientras hablaba, los muchachos apuntaban atentamente sus palabras, y esperaban
219

Fin de Página 219

 

VOLUMEN IV Página: 220

el cumplimiento de sus predicciones, aún cuando entonces no se veía la menor probabilidad de éxito.

Pero la nueva construcción bastaba para acrecentar el entusiasmo de los jóvenes del Oratorio festivo, con los que, de vez en cuando,
venían muchachos judíos. Don Bosco, que había demostrado tanto cariño a éstos, siendo condiscípulos suyos en Chieri, y que había
ayudado a la conversión de Abraham y de Jonás, les acogía con mucho gusto. Un día, presentó uno de ellos al clérigo Ascanio Savio para
que lo instruyese, y el muchacho fue bautizado. De buen grado se hubieran convertido muchos otros, pero estaba de por medio la dificultad
de los padres. Después de la emancipación, como asistían a las escuelas públicas, quisieran o no, oían alguna instrucción catequística, y
debían experimentar cierta atracción hacia el cristianismo. Pero los padres no cesaban de prevenirles para que se librasen de los cristianos
como de enemigos, contra los cuales era forzoso mantener un odio implacable. Y cuando alguno presentaba indicios de propensión hacia
los católicos, inmediatamente lo sacaban de la escuela.

"Yo conocía a muchos de estos muchachos, nos decía don Bosco en sus últimos años, que deseaban ardientemente abrazar nuestra
religión; pero, si insistían en hacerse cristianos, sus familias empezaban a llamarlos ingratos, traidores a su religión, difamadores de su
parentela y a amenazarles con que les desheredarían y les expulsarían de la casa paterna, si no cambiaban de propósito. Conozco a algunos
que ((282)) fueron encerrados durante mucho tiempo en una habitación, como en una cárcel, para impedirles que se hicieran cristianos.
Esto no debe sorprendernos. El judaísmo moderno no es la santa ley de otrora, anunciada por los profetas y confirmada con milagros.
Tiene la Biblia, pero aprecia más el Talmud, inspirador de odio contra los cristianos y blasfemador de Dios, cuya existencia niega
directamente.

"No pocas veces me tocó, durante el curso de mi vida, tratar con judíos adultos, y sostuvimos conversación sobre cuestiones de religión;
daba lástima, al hablar del Mesías, oírles cómo razonaban sobre verdad tan grande. Algunos, preguntados por mí, me llegaron casi a
indignar con sus cínicas respuestas. Hubo quien preguntado si creía en el Mesías, me respondió: "Mi Mesías es el dinero en mi bolsa".
Otro me replicó a semejante pregunta: "Para mí el verdadero Mesías es una buena comida". "Qué responder a personas semejantes? El
mayor número de ellas pasa la vida en la ignorancia de la propia religión, sin preocuparse del Mesías, y huyendo de quien pretende
220

Fin de Página 220

 

VOLUMEN IV Página: 221

instruirlos. Por otra parte los Rabinos rehuían siempre el tratar este tema.

"No todos desconocían a nuestro Señor Jesucristo, pero permanecían en el judaísmo sólo por interés. No hace mucho que cierto judío,
instruido en la religión cristiana, estaba del todo dispuesto a recibir el bautismo, con tal de que se le pagaran algunas deudas que había
contraído. Otro me aseguró que habría abrazado nuestra religión, con tal de que no hubiera sido obligado a renunciar a la herencia del
padre. Un tercero, hombre doctísimo, estaba dispuesto a convertirse a condición de que le asegurasen los medios de subsistencia con una
gran cantidad: era Rabino. A pesar de esto, encontré entre los judíos personas honradas ((283)) en los contratos y benéficas, y algunas que
vivían según la ley de Dios, y me pareció que esperaban al Mesías de buena fe".

Don Bosco contaba con amigos entre los judíos; a su debido tiempo hablaremos, especialmente de dos. Por el momento diré que un día,
acompañando a don Bosco por Turín, vi a un señor de aspecto respetable que se acercó reverentemente a él y empezó a hablar de tal forma
que yo estaba persuadido de que era católico. Cuando se despidió, don Bosco me dijo:

-"Has visto a ese señor? Siempre que me encuentra, habla conmigo un rato. "Sabes quién es? íEs un Rabino! Conoce la verdad, pero no
la abraza por miedo a la pobreza a que se vería reducido, si perdiese los pingües honorarios que le proporciona la Sinagoga. Le he
exhortado muchas veces a confiar en la Providencia, pero le falta valor.

Don Bosco sentía verdadera compasión por los judíos, rezaba por ellos y animaba a los demás a orar en favor de una nación que un día
fue el pueblo de Dios, destinado a entrar al fin de los tiempos en el seno de la Iglesia.

Mientras vivió, siguió procurando su salvación, dentro de sus posibles. Atendió a los adultos, como ya hemos visto y como expondremos
en el curso de esta historia. Los trataba con caridad y los hospedaba cuando se lo pedían. Acogió a algunos muchachos, los instruyó y
bautizó.

El 17 de julio de 1851 el obispo de Casale, monseñor Luis Calabiana, le recomendaba un muchacho judío apellidado Deángelis, por
sobrenombre Juan de los Fariseos. Se trasladaba de Casale a Turín, para ver si encontraba plaza en el Hospicio de los Catecúmenos,
instruirse en la religión católica y sustraerse a la persecución de sus correligionarios, ya que se había echado encima la Judería de Casale
221

Fin de Página 221

 

VOLUMEN IV Página: 222

para ((284)) impedir que el joven siguiera su vocación. Rogaba el Obispo a don Bosco que, si no había plaza en el Hospicio, recibiese entre
sus hijos a Deángelis, al menos por un tiempo, seguro de que lo entregaba a un padre, y prometiendo pagar todos los gastos de
mantenimiento.

Don Bosco era feliz recibiendo a tales muchachos, y presentándoselos a Jonás de Chieri, el cual, siempre buen amigo suyo, iba a visitarlo
muchas veces al Oratorio.

Fin de Página 222

 

VOLUMEN IV Página: 223

((285))

CAPITULO XXV

JUAN CAGLIERO -IMPRESIONES Y OPINIONES DEL JOVEN TURCHI INGRESADO EN EL ORATORIO -LA
CONMEMORACION DE LOS DIFUNTOS EN CASTELNUOVO -CAGLIERO VA CON DON BOSCO A VALDOCCO -SU
TESTIMONIO SOBRE LA POBREZA DE LA CASA Y LA BONDAD Y CELO DE DON BOSCO -CAGLIERO Y RUA EN LA
ESCUELA -CONTRATOS DE TRABAJO PARA LOS ARTESANOS

A primeros del mes de octubre llegaba don Bosco al caserío de I Becchi para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, acompañado de
varios de sus alumnos. El niño Juan Cagliero le había esperado con impaciencia. Era el capitán de las diversiones de los chiquillos en
Castelnuovo. Habiendo ido allí el Obispo para administrar la confirmación en la parroquia, quedóse admirado el chiquillo de las
vestimentas del Monseñor. Hízose una mitra y un pluvial de papel, formó un báculo con una caña y, luego, sentado sobre una escalera de
mano, se hacía llevar sobre los hombros de los compañeros, en medio de una turba de chavales que aplaudían al pequeño obispo, mientras
él los bendecía con toda seriedad. Este niño vivaracho, pero bueno, gozaba de las simpatías del señor cura, el cual le dejaba entrar
libremente en la casa rectoral y le encargaba pequeños recados, sobre todo desde que don Bosco le prometió llevarlo al Oratorio. ((286)) Es
aquí donde Juan Cagliero empezó a encariñarse y entusiasmarse con don Bosco.

Nos lo contaba él mismo:

-Constantemente oía alabanzas de don Bosco. Mis paisanos, particularmente mi dre, mis primos y amigos, me decían que siempre habían
visto en la infancia del jovencito Bosco algo extraordinario que le distinguía de los de su tiempo; que su porte, su modestia y su dulzura
eran los de un muchacho virtuoso por demás. Yo conocía en Castelnuovo a algunos de sus condiscípulos en la escuela y en el Seminario,
tales como el Señor Matta de Morialdo, el doctor Allora y el abogado Musso. Me hablaban del siervo de Dios con tal reverencia y elogio
de su bondad y su virtud, que le consideraban más que un modelo de perfección cristiana, un modelo de vida santa. El
223

Fin de Página 223

 

VOLUMEN IV Página: 224

médico Allora nos dijo después, a mí y a otros, que en Chieri era tenido por los compañeros en concepto de santo. El Vicario de
Castelnuovo, don Antonio Cinzano, me repetía al hablar de él: "Siempre vi en don Bosco algo que no era ordinario: no era ordinaria su
piedad, su jovialidad, su circunspección, su obediencia, su humildad, etc. Era extraordinario en todo." Y, aludiendo a su tenacidad en el
bien y en las obras emprendidas, solía decirme bromeando: -Don Bosco fue siempre extravagante y testarudo como los santos.

Apenas supo Cagliero la llegada de don Bosco, corrió a I Becchi y, por el aspecto exterior modesto y educado del buen sacerdote,
inmediatamente reconoció que estaba adornado de todas las virtudes de que había oído hablar. De vuelta a casa, invitó a un compañero, un
tal Juan Turchi, que ya tenía dieciséis años, para que fuera él también. Y nos contaba Juan Turchi, hoy caballero y profesor de literatura:

-"Cagliero me dijo tantas cosas bonitas sobre don Bosco, que yo me fui de Castelnuovo a I Becchi. Apenas llegué allí, me llamó la
atención el encuentro con un sacerdote ((287)) tan convencido de su ministerio y tan afable, a lo que no estaba yo acostumbrado, que desde
entonces concebí de él una idea y una impresión imborrables. Cuando luego vi el cariño con que nos hablaba, a mí y a los otros
muchachos, me quedé entusiasmado con él. Me hizo un pequeño examen sobre las materias que yo estudiaba y sobre la elección de estado
y terminó diciéndome:

"-Yo conozco a tu padre y somos buenos amigos; dile que venga mañana a hablar conmigo.

"Mi padre fue y acordaron mi entrada en el Oratorio para mediados de octubre.

"Fui a estudiar a Valdocco y oí a mis compañeros las cosas extraordinarias que don Bosco hacía. Hube de constatar por mí mismo que la
fama de ello aumentaba de día en día; vi las escuelas nocturnas que él dirigía, y, entre otros, a los maestros teólogo Chiaves y un tal
Geninatti. Los muros de la nueva iglesia de San Francisco llegaban a la altura de los ventanales, y lo mismo yo que mis compañeros
subíamos ladrillos hasta los andamios. En las fiestas intervenían en las funciones de iglesia muchísimos jóvenes externos, y nos
divertíamos la mar, con diversos juegos y con los ejercicios militares que hacíamos con unos fusiles de madera, regalados por el arsenal.
Pero lo que más me llamó la atención, al entrar en el Oratorio, fue encontrarme con una piedad, de la que no tenía idea, y he de asegurar
que entonces entendí qué quería decir confesarse. Había una gran frecuencia
224

Fin de Página 224

 

VOLUMEN IV Página: 225

de sacramentos, no sólo en los días festivos, sino también entre semana. Nos recomendaba don Bosco que, a lo largo de la misma, nos
repartiéramos los días para las comuniones, a fin de que éstas fueran continuas. La mayoría íbamos a confesarnos con él, aunque en los
días festivos hubiese también algún otro sacerdote para ayudarle. Era tal la delicadeza de muchos jóvenes para acercarse a la sagrada mesa,
que entre semana, mientras él se preparaba para la santa misa, había casi siempre alguno ((288)) que, acercándosele, le confiaba al oído
alguna pena o escrúpulo para asegurarse de que podía recibir tranquilamente la comunión. Entonces y siempre he visto en el Oratorio una
gran cantidad de muchachos con un piedad tan sólida y admirable, que entonaba toda la casa y atraía a los demás al bien.

"Don Bosco era celosísimo de que se enseñara bien el catecismo. Sus predicaciones eran del todo interesantes. Solía exponer la Historia
Eclesiástica de una manera fácil, clara, atrayente, y, antes de acabar su plática, acostumbraba preguntar a alguno de los oyentes para que
hiciese alguna observación o dedujese alguna consecuencia práctica. Por la noche, después de las oraciones, nos daba unos avisos tan
apropiados, que yo, al retirarme a mi habitación, me sentía impresionado y lleno de un gozo que no puedo expresar. Don Bosco educaba a
los muchachos y los conducía al bien a través de la persuasión, y ellos lo hacían transportados de alegría. Procedía siempre con dulzura; al
dar órdenes casi nos rogaba, y nosotros nos hubiéramos sometido a cualquier sacrificio para contentarlo. Así, de bien en mejor, vi
progresar el Oratorio durante los diez años que estuve en él, hasta mi ordenación sacerdotal; y, después de haber visitado muchos Centros,
no he encontrado ninguno con tanta piedad como el de don Bosco, de cuya benevolencia gocé siempre aún de lejos".

El primero de noviembre de 1851 aceptaba definitivamente don Bosco en Castelnuovo a otro muchacho, que dejará eterno recuerdo en
los anales del Oratorio. Fue Juan Cagliero, huérfano de padre hacía pocos días.

Aquel mismo año de 1851 fue don Bosco a Castelnuovo de Asti el día de Todos los Santos para predicar el sermón de los difuntos.
Cagliero llegó a la sacristía antes que sus compañeros, con ansias locas de que empezase la función. Quería ser elegido para ((289))
acompañar como monaguillo al predicador hasta el púlpito. Se revistió la sotana y el roquete y esperó pacientemente, mientras sus
compañeros habían ido a buscar a don Bosco. Y cuando éste llegó, tuvo la satisfacción de ver cumplido su deseo.
225

Fin de Página 225

 

VOLUMEN IV Página: 226

Don Bosco hizo uno de aquellos sermones admirables que no se olvidan nunca. Dijo que había pasado, al ir allí, por delante de la puerta
del camposanto y que había oído unos lamentos llamándole por su nombre. Se acercó y vio, en medio de las cruces, salir las almas de las
fosas:

-Di a mi hijo, me decía una, di a mi hija, me decía otra, que me encuentro en el purgatorio, que yo siempre la he querido, y sin embargo,
ella no piensa nunca en mí.

Era un marido, una mujer, un hijo, un amigo, que le daban recados para llevar a los del pueblo a fin de que se interesasen para liberarlos
de tan atroces tormentos.

Don Bosco describía aquellas escenas piadosas, aquellas tiernas lamentaciones, aquellos recuerdos del pasado, con tanta viveza, candor y
verdad, que los oyentes lloraban. Las limosnas recogidas en el cepillo fueron abundantísimas, casi ciento cincuenta liras. A los que se
extrañaban de las abundantes limosnas alcanzadas por su predicación, respondía:

-Para obtener la caridad del pueblo, hay que hacerle comprender que es de su interés ser generosos en las limosnas, aún para obtener del
Señor ventajas temporales y cómo, por el contrario, es en su propio perjuicio el ser avaros con las benditas almas del purgatorio o con la
Iglesia: que el tener protectores en el cielo es ventajoso hasta para el campo. Ellos alejan los castigos, las desgracias, las tempestades, las
enfermedades, los insectos de las plantas, la sequía, etc., etc. Ese es el secreto para inducir a la gente a dar limosna, de otro modo se saca
poco o nada 1.

Al terminar el sermón, volvió don Bosco a la sacristía y con aire dulce y afable se dirigió a su pequeño acompañante y le dijo:

-Me parece que tú tienes algo que ((290)) decirme y manifestarme, algo que tú deseas mucho. "No es verdad?

-Sí, señor, respondió el chiquillo con el rostro teñido de rubor; quiero decirle una cosa que hace tiempo deseo; quiero ir con usted a
Turín, a estudiar y hacerme cura.

-Muy bien, vendrás conmigo, dijo don Bosco: el señor cura ya me ha hablado de ti; di a tu madre que venga contigo esta tarde a la casa
rectoral y nos entenderemos.

1 Es de recordar que, en aquellos tiempos, en Italia, solía el predicador, al llegar a cierto punto del sermón, detenerse y decir: -Os
recomiendo la limosna. Acto seguido se pasaba el cepillo entre todos los oyentes. (N. del T.).
226

Fin de Página 226

 

VOLUMEN IV Página: 227

Al lúgubre son de las campanas, invitando a los fieles a rogar por los difuntos, en medio del recogido silencio de la población, entraban
en casa del párroco madre e hijo.

-Mi buena Teresa, dijo entonces bromeando aquel sacerdote y padre de tantos huérfanos, ha venido usted a tiempo: ya le esperaba;
hablemos, por tanto, de nuestro negocio."Es verdad que quiere usted venderme a su hijo?

-íOh no! Venderlo no, exclamó la buena madre; pero si usted quiere, se lo regalo.

-Todavía mejor, repuso don Bosco; entonces prepárele su hatillo. Y mañana me lo llevaré conmigo y yo le haré de padre.

A la mañana siguiente Juan Cagliero estaba listo. Al romper el alba ya esperaba en la iglesia para ayudar a misa a don Bosco. En todos
sus movimientos demostraba una extrema vivacidad. Don Bosco hacía el viaje de Castelnuovo a Turín a pie.

-Bueno, Cagliero, "vamos a Turín?

-Vamos.

-"Y tu madre?

-Está muy contenta; ahora yo estoy con don Bosco.

Se pusieron en camino. Cagliero marchaba al lado de don Bosco. A veces corría un poco más adelante, a veces lo esperaba, a veces se
quedaba más atrás para arrancar alguna fruta desde el vallado ((291)) y después se unía a él, saltaba una zanja y brincaba por los prados.
Don Boscó le interrogaba de vez en cuando y sus respuestas eran de un candor admirable. Hablaba de su presente, de su pasado, de sus
proyectos para el porvenir. Contaba lo que había hecho en casa, descubría los secretos más recónditos de su corazón. Era tan sincero, que
don Bosco tuvo que decir que le había conocido tan perfectamente en pocas horas, que, si hubiese tratado de confesarlo, no habría
necesitado más que darle la absolución.

Cagliero nos hablaba de sus impresiones de este viaje y decía:

"Don Bosco no me hablaba más que de Dios, de la Santísima Virgen, de si me acercaba a los sacramentos, de si era devoto de la Virgen,
y de otras cosas espirituales. Y también, bromeando, me invitaba a ser bueno. Finalmente llegamos a Turín.

"Siempre recuerdo con placer el momento de mi entrada en el Oratorio la noche del dos de noviembre. Don Bosco me presentó a la

buena mamá Margarita, diciendo:

"-Aquí tiene, mamá, un chiquito de Castelnuovo, con grandes deseos de ser bueno y estudiar.

"Respondió la mamá:

227

Fin de Página 227

 

VOLUMEN IV Página: 228

"-Sí, sí, tú no haces más que buscar muchachos, sabiendo como sabes que aquí no tenemos lugar.

"Don Bosco sonriendo, añadió:

"-íYa le encontraré un rinconcito!

"-Poniéndolo en tu habitación, respondió la mamá.

"-No es necesario. El chiquillo, como usted ve, no abulta mucho; le pondremos a dormir en el cesto del pan y con una cuerda lo
subiremos arriba, bajo la viga, como una jaula de canarios.

"La madre se echó a reír y me buscó un puesto. Aquella noche me tocó dormir a los pies de la cama de otro compañero.

((292)) "A la mañana siguiente vi la pobreza que reinaba en aquella casita. La estancia de don Bosco era baja y angosta. Nuestro
dormitorio, en la planta baja, era estrecho y tenía por pavimento un embaldosado de adoquines, y sin más muebles, que nuestros jergones
de paja, sábana y mantas. La cocina era paupérrima, sin vajillas, salvo unas pocas escudillas de estaño con sus correspondientes cucharas.
Tenedores, cuchillos y servilletas llegaron muchos años después, comprados o regalados por alguna persona piadosa y caritativa. Nuestro
comedor era un sotechado, y el de don Bosco una pequeña habitación, junto al pozo, que servía de clase y de salón de recreo. Todo aquel
conjunto ayudaba a mantenernos en la humilde y pobre condición en que habíamos nacido y en la que nos encontrábamos educados con el
ejemplo del siervo de Dios, el cual gozaba repartiéndonos la comida, prestándose a poner en orden el dormitorio, limpiando y
remendándonos la ropa, y haciendo los más humildes servicios.

"La vida común que hacía con nosotros, nos persuadía de que más que en un colegio o asilo, nos encontrábamos como en familia, bajo la
dirección de un padre que nos quería, y sólo se preocupaba de nuestro bien espiritual y material.

"Le gustaba hacerse pequeño con los pequeños, y sucedía a veces que alguno de nosotros olvidaba el respeto que le era debido; y
entonces, más que por don Bosco, que toleraba todo a los muchachos, uno era avisado por los mayorcitos, los cuales decían: -íCuidado!
"no ves que al ofendernos, ofendes y molestas también a don Bosco? íSi él es tan bueno con nosotros, también nosotros debemos ser
buenos con él!

"Veíamos a menudo a ciertos señores que venían a visitar a don Bosco, atraídos por la fama de sus obras, y no pocos se maravillaban al
encontrarle sentado sobre un caballete de ((293)) madera y aún en el suelo y como escondido en medio de una cuadrilla de muchachos,
228

Fin de Página 228

 

VOLUMEN IV Página: 229

a los que nos entretenía con amenas descripciones y agradables donaires o mientras jugaba con nosotros al calientamanos 1, o bien ganaba
en agilidad dando palmadas con sus manos y después con las del compañero (la izquierda contra la derecha, la derecha contra la izquierda)

"Lo que más le importaba era que los jóvenes salvaran su alma. Si veía que uno era menos bueno, él se las apañaba para acercárselo,
decirle una buena palabra al oído y después le hacía vigilar para conducirle al buen camino y fortalecerle en la piedad. Tenía plena
confianza de que Dios le ayudaría en la educación e instrucción cristiana de muchos jovencitos.

"Recuerdo que, siendo aún pequeño en el Oratorio, le oí contar con santa sencillez y repetidas veces, que había pedido al Señor un lugar
en el paraíso para diez mil de sus muchachos. Y añadía que lo había conseguido, con una condición: que no ofendiésemos al Señor:

-íAh!, hijitos míos, decía: saltad, corred, jugad, alborotad, pero no hagáis pecados, y tenéis un puesto seguro en el paraíso.

"Al ver más tarde que los muchachos crecían en número, le preguntábamos si serían bastante los diez mil puestos del cielo para nosotros
Entonces añadió que había pedido un lugar más amplio para muchos otros jóvenes, que vendrían y obtendrían su eterna salvación con la
ayuda de Dios y la protección de María Santísima.

"Sus palabras causaban tanto mayor efecto cuanto que su espíritu profético era manifiesto de mil modos y en mil circunstancias y
ocasiones, y era persuasión común en el Oratorio que don Bosco sabía las cosas ocultas".

Y hasta aquí el mismo monseñor Cagliero.

((294)) Así pues, tras la conmemoración de los fieles difuntos, Cagliero comenzó el curso clásico de latinidad en la escuela del profesor
Bonzanino, juntamente con Turchi, Angel Savio y otros. Al mismo tiempo era admitido Miguel Rúa en la escuela privada de don Mateo
Picco, profesor de humanidades y retórica, que daba clases en un apartamento de una casa junto a la parroquia de San Agustín. Este eximio
profesor, a ruegos del mismo don Bosco, se encargó, de buena gana de atenderlo en la clase de humanidades. El éxito de Rúa que vivía en
casa de sus padres fue extraordinario. Don Bosco seguía siempre ayudando a sus alumnos de los estudios clásicos.

1 Ese juego simple y universal, de uno que pone las manos encima de las de otro en sentido inverso, para ver si es capaz de golpear el de
abajo al de arriba, o bien se golpea la propia, al retirar el otro la suya. (N. del T.).
229

Fin de Página 229

 

VOLUMEN IV Página: 230

Era todo un maestro en sus consejos, a fin de que estudiaran provechosamente la gramática latina. Da testimonio de ello el profesor don
Francisco Cerruti. Les decía don Bosco y particularmente a Miguel Rúa: -"Quieres aprender bien el latín? Traduce primero al italiano un
párrafo de un autor clásico; después, sin volver a mirar el texto, vierte al latín tu traducción y, por último, compara tu composición latina
con el texto. Con este ejercicio, hecho cada día durante un mes, te aseguro que comprenderás muchísimas dificultades sin necesidad de
diccionario.

A la par que colocaba a los estudiantes en la escuela, don Bosco atendía con el mismo cuidado al aprovechamiento en el oficio de sus
artesanos, que enviaba desde el Oratorio a los talleres de Turín para aprender y trabajar. A fin de que no sufriese ningún perjuicio su
conducta, educación e instrucción, siempre vigilante, no solamente seguía yendo diversas veces a visitarlos, sino que llegaba a firmar con
los patronos contratos especiales que quería fueran rigurosamente observados. En prenda del hecho, copiamos aquí algunos, que nos dan
una idea de aquellos tiempos y nos ahorran útiles observaciones.

((295)) Contratos de trabajo

En virtud del presente contrato, con posibilidad de ser presentado ante el juez competente por cuaquiera de las partes, extendido en la
Casa del Oratorio de San Francisco de Sales, entre el Señor Carlos Aimino y el joven José Bordone, alumno de dicho Oratorio, asistido po
su fiador señor Víctor Ritner, se convine lo siguiente:

1.° El señor Carlos Aimino recibe como aprendiz en su arte de vidriero al joven José Bordone, natural de Biella, promete y se obliga a
enseñarle dicha arte, en el espacio de tres años, que terminarán el primero de diciembre de mil ochocientos cincuenta y cuatro, y a darle
durante el curso de su aprendizaje las instrucciones necesarias y las mejores reglas referentes a su arte, juntamente con los oportunos avisos
respecto a su buena conducta, y a corregirle, cuando fuere necesario, con palabras y no de otro modo; y se obliga también a tenerle
ocupado constantemente en los trabajos referentes a su arte y no en los ajenos a ella, con cuidado de que no sobrepase sus fuerzas.

2.° El mismo maestro deberá dejar por entero libres todos los días festivos del año al aprendiz, a fin de que pueda en los mismos acudir a
las sagradas funciones, a la escuela dominical y a otros deberes, como alumno de dicho Oratorio.

Si el aprendiz, por enfermedad (u otro legítimo motivo) se ausentase
230

Fin de Página 230

 

VOLUMEN IV Página: 231

de su deber, el maestro tendrá derecho a una compensación por todo el tiempo que exceda los quince días durante el curso del año. Esta
indemnización será hecha por el aprendiz con otros tantos días de trabajo, una vez terminado su aprendizaje.

((296)) 3.° El mismo maestro se obliga a pagar diariamente al aprendiz, durante los años de su aprendizaje, a saber, una lira durante el
primer año, una y media durante el segundo, dos liras durante el tercero, cada semana (de acuerdo con la costumbre, se le conceden al año
quince días de vacaciones).

4.° El patrono se obliga también a señalar sinceramente al final de cada mes la conducta de su aprendiz, en la hoja que a tal efecto se le
presentará.

5.° El joven José Bordone promete y se obliga a prestar, durante todo el tiempo del aprendizaje, su servicio al maestro patrono con
prontitud, asiduidad y atención; a ser dócil, respetuoso y obediente con el mismo y a comportarse con él como debe hacerlo un buen
aprendiz, y como cautela y garantía de esta su obligación pone al aquí presente y aceptante señor Víctor Ritner, joyero, el cual se obliga a
la reparación de todo daño causado al maestro patrono, siempre que este daño sea por culpa del aprendiz.

6.° En el caso de que el aprendiz incurriese en falta por la cual fuera expulsado del Oratorio, (cesando toda su relación con el director del
Oratorio), cesará también toda influencia y relación entre el director de dicho Oratorio y el maestro patrono; pero si la culpa del aprendiz
no se refiriera particularmente al maestro, éste deberá, a pesar de ello, cumplir el presente contrato hecho con el aprendiz y éste
cumplimentar sus deberes con el maestro hasta el término convenido, bajo la única garantía prestada.

7.° El director del Oratorio promete prestar su asistencia para el buen éxito de la conducta del aprendiz y atender con premura cualquier
queja que el ((297)) patrono pudiere presentar con motivo del aprendiz por él acogido.

Lo que, tanto el maestro patrono como el aprendiz alumno, asistido como arriba se dice, y por cuanto a cada uno de ellos toca y
corresponde, prometen cumplir y observar bajo las penas consiguientes.

Turín, noviembre de 1851

Carlos Aimino Juan Bautista Vola, teólogo
José Bordone Víctor Ritner, fiador

Juan Bosco, Pbro.
Director del Oratorio.

Fin de Página 231

 

VOLUMEN IV Página: 232

Los primeros contratos se extendieron sobre papel corriente, pero los del año siguiente en papel sellado: así está el contrato entre el señor
José Bertolino, maestro carpintero, con domicilio en Turín y el joven José Odasso, natural de Mondoví, con la intervención del reverendo
sacerdote Juan Bosco y la asistencia y garantía del padre de dicho joven, Vicente Odasso, natural de Garessio y con domicilio en Turín. Se
pide en él que se extiende la escritura por duplicado: se especifica que el patrono está obligado a dar al alumno, de acuerdo con su
conducta moral y civil, los oportunos y provechosos avisos que debería dar un buen padre a su propio hijo: corregirlo amablemente en caso
de falta, pero siempre con sencillas palabras de amonestación y nunca con malos tratos: se declara con términos expresos que el fiador
queda sólo obligado cuando el daño causado por el aprendiz al patrono pueda serle imputado justamente a él, ((298)) ya fuere por proceder
de una voluntad manifiesta y maliciosa y no por un simple efecto accidental, o como consecuencia de impericia en el arte: se declara que la
asistencia de don Bosco, prestada para la buena conducta del joven, cesará en el momento en que el joven deje de pertenecer al Oratorio.
Siguen las firmas de José Bertolino, José Odasso, Vicente Odasso y Juan Bosco, pbro. El contrato lleva fecha del 8 de febrero de 1825.

Estos contratos varían en cuanto a su duración y su jornal, de acuerdo con la edad y la habilidad del muchacho, y también según la
importancia y la dificultad del arte que debía aprender. Mas, por la lectura de estos artículos, se podrá comprender cuántas contrariedades,
cuántas dificultades debían preocupar a don Bosco a cada instante. Fastidios y disgustos que no llegaban a turbar su serenidad. Se trataba, a
veces de patronos demasiado exigentes y de muchachos irreflexivos. Pero su caridad lo remediaba todo: una caridad la suya, especialmente
con los jóvenes, que aparece luminosa en cada una de las líneas de estos contratos, redactados o adoptados por él mismo.
232

Fin de Página 232

 

VOLUMEN IV Página: 233

((299))

CAPITULO XXVI

LA COMPAÑIA DE SAN LUIS -CONFERENCIAS -MARAVILLAS DE DON BOSCO -PREDICE EL PORVENIR DE LA CASA DE
VALDOCCO Y DE LOS 0TROS ORATORIOS FESTIVOS -ANUNCIA LA MUERTE PROXIMA DE ALGUNOS JOVENES Y UNA
CURACION INESPERADA -DESCUBRE EL INTERIOR DE LAS CONCIENCIAS -EL DON DE LAS LAGRIMAS

LA Compañía de San Luis Gonzaga florecía en los Oratorios de Puerta Nueva y de Vanchiglia, enriquecidos con indulgencias que debían
extenderse a los otros Oratorios que se abrirían en el porvenir; pero donde producía los mejores y más abundantes frutos era en Valdocco.
Allí presidía don Bosco, que la amaba como a las pupilas de sus ojos, y una vez al año invitaba a comer a su mesa a los socios de los
muchachos externos. Tenía de vez en cuando sus reuniones en la capilla, y un secretario levantaba el acta. Pertenecían a ella los mejores
muchachos externos y todos los internos, porque don Bosco quería que éstos estuvieran todos inscritos. Y ellos se apresuraban para
apuntarse y ponerse la medalla de San Luis.

Estaban agregados a esta Compañía, como miembros honorarios, algunos ilustres personajes de la nobleza turinesa, los cuales no se
avergonzaban de tomar parte en la fiesta, condecorarse con la medalla de San Luis y acompañar la ((300)) procesión. Los miembros de la
Compañía debían, juntamente con el prioste 1 de la misma, ajustar los gastos para la fiesta de San Franciso de Sales y de San Luis. Durante
los nueve días precedentes a estas dos fiestas se cantaba en la iglesia el Iste confessor o el Infensus hostis 2, con alguna oración o un
sermoncito, o al menos una corta lectura de la vida del Santo, o de alguna verdad de la fe. En la funciones de la mañana y de la tarde

1 Prioste: Así se llama al mayordomo de una hermandad o cofradia. (N. del T.).

2 Iste confessor (este confesor): Es el himno latino propio del oficio de un santo confesor, como San Francisco de Sales. Infensus hostis
(el funesto enemigo), es el correspondiente a San Luis Gonzaga. (N. del T.).
233

Fin de Página 233

 

VOLUMEN IV Página: 234

del domingo anterior a la solemnidad, se animaba a los muchachos a recibir los sacramentos de la confesión y comunión. Y no se omitía
jamás la advertencia de que podían ganar en aquellos días indulgencia plenaria. Estas disposiciones quedaron después registradas en el
Reglamento de los Oratorios festivos. Junto a la Compañía de San Luis seguía prosperando la Sociedad de Socorros Mutuos, cuya junta y
los miembros más distinguidos eran invitados a comer por don Bosco una vez al año.

Don Bosco solía reunir en su habitación a los más fieles y distinguidos por su bondad, para instruirles particularmente sobre la marcha de
la Casa y del Oratorio y sobre la manera de realizar una vigilancia fraterna. Don Bosco los educaba de acuerdo con su fin, a base de
ejemplos de San Luis, y les decía:

-Recordad que San Luis pasaba horas enteras ante el Santísimo Sacramento.

-Quería más que a los otros, a los compañeros que le despreciaban.

-Cuando aún era seglar, iba a la iglesia a enseñar el catecismo a los ignorantes, corregía sus costumbres y buscaba cómo separarlos en sus
riñas y discordias.

-San Luis, cuando enseñaba a los pobrecitos en Roma, les acompañaba a algún confesor para que les absolviera de sus culpas y les
pusiera en gracia de Dios.

-Cuando nosotros no podemos enseñar el catecismo a los niños pobres, llevémosles a otros para que se lo enseñen. Cuántas almas
podremos apartar de este modo del camino de la perdición para ponerlas en aquél que las ((301)) conducirá a la salvación. Y entonces
cuántas gracias nos obtendrá San Luis de Dios.

No es para decir lo eficaces que resultaban las palabras de don Bosco, lo mismo para la santidad de su vida, que para la persuasión de
que él realizaba cosas maravillosas. Y era natural, según dice San Pablo: El que se une al Señor, se hace un solo espíritu con El 1. Por
consiguiente, no hay ninguna dificultad en admitir que puedan conocerse ciertos secretos y ayudarse en ocasiones de su omnipotencia.

En cuanto a don Bosco, es incontestable que Dios quiso acompañar sus eximias virtudes con dones sobrenaturales y gracias gratis datae
(dadas gratuitamente), las cuales, a la par que le ayudaban enormemente para lograr la gloria de Dios y la salvación de las almas,
manifestaban a los hombres su celeste misión. En efecto, él

1 1.ª Corintios, VI, 17.
234

Fin de Página 234

 

VOLUMEN IV Página: 235

estaba adornado de espíritu profético, del conocimiento de los corazones y de lo más oculto y secreto, del don de lágrimas, curaciones y
milagros.

Don Ascanio Savio, que vivió en el Oratorio de 1848 a 1852, y el sacerdote Vacchetta, su compañero, nos aseguraron que, desde los
primeros tiempos de la casa, don Bosco anunciaba que Dios bendeciría sus planes y sus obras, y les hablaba del Oratorio que ellos verían
crecer de un modo maravilloso.

Don Juan Turchi, que llegó al internado en 1851, nos confirmaba que ya entonces hablaba don Bosco de una casa amplia, con grandes
talleres y especialmente con una imprenta propia, para promover la gloria de Dios difundiendo buenos libros, destinados a propagar y
conservar la religión y la virtud entre la juventud y a oponerse a los errores de los protestantes y a la excesiva abundancia de libros malos.

((302)) Oímos al señor Juan Villa, el cual empezó a asistir al Oratorio como externo en 1855, que también él vio confirmadas estas
profecías por muchos de sus compañeros, que iban a las reuniones dominicales de Valdocco desde hacía varios años antes, y que habían
sido testigos de las mismas. Y aún otros añadieron: "Don Bosco, para animar a los socios de la Compañía de San Luis, les contaba algunas
veces que había visto en sueños el crecimiento y maravilloso desarrollo de la obra de los Oratorios festivos, con lo que, sin nombrarla,
señalaba su futura Congregación. De este modo daba a conocer su importancia y la extensión que alcanzaría la Compañía. El, por
humildad, hablaba de sueños; pero los muchachos estaban íntimamente persuadidos de que don Bosco les comunicaba todo lo que había
conocido por el don de profecía".

Y una prueba que aducían, era la de las predicciones de sucesos próximos, que habían visto con sus propios ojos.

Cuenta don Miguel Rúa:

"Desde los primeros días en que yo fui al Oratorio festivo, de 1847 a 1852, recuerdo que, cada vez que iba a morirse algún muchacho de
la Compañía de San Luis, don Bosco anunciaba tal suceso bastante antes. Nunca pronunciaba el nombre del interesado, sino que decía:

"-Dentro de quince días, o bien, dentro de un mes, uno de la Compañía será llamado a la eternidad; puedo ser yo, puede ser uno de
vosotros. íEstemos preparados!

"Un saludable temor mantenía atentos a los muchachos para ver si el anuncio se cumplía. En la época de las predicciones, aquéllos a
235

Fin de Página 235

 

VOLUMEN IV Página: 236

los que don Bosco aludía como llamados a la eternidad, a veces estaban sanos y robustos y a veces enfermuchos; pero las muertes sucedían
en el tiempo determinado. Yo mismo le oí semejantes anuncios en varias ocasiones, en otras me lo contaron los compañeros, y siempre vi
cumplirse las predicciones. El predijo la muerte de mi hermano y de otros a quienes recuerdo". Luis Rúa, hermano ((303)) mayor de
Miguel, murió el 29 de marzo de 1851, a los diecinueve años. Frecuentaba el Oratorio festivo y tenía una conducta admirable.

José Buzzetti nos dictaba también el siguiente testimonio de un hecho sucedido en el 1850.

"Una tarde, don Bosco, después de haber hablado a algunos jóvenes de la Compañía de San Luis, a los que reunía en conferencia
particular, mientras estaban despidiéndose de él, les dijo:

"-Contaos: la primera vez que nos volvamos a reunir faltará uno.

"Todos entendieron que la palabra -faltará-indicaba el paso al otro mundo. Entonces los de mayor confianza, entre ellos el hermano de
don Miguel Rúa, le llevaron aparte y le preguntaron quién de ellos faltaría. Don Bosco, al principio, dio respuestas evasivas, pero al verse
acorralado, dijo:

"-El nombre del que ha de morir empieza por la letra B.

"Los muchachos, al oír aquella respuesta franca, se miraron unos a otros. -"Quién sería aquél?-Entre los asistentes a la conferencia sólo
había dos, cuyo apellido empezaba por la letra B, pero ícaso singular; aunque no eran parientes, los dos se llamaban Burzio! Los
muchachos se recomendaron el secreto unos a otros y anduvieron alerta para ver a quién de los dos le tocaba la suerte. Ambos gozaban de
óptima salud.

"El menor de los dos Burzio era un santito como San Luis, y don Bosco le tenía conceptuado como muy virtuoso. Un domingo, mientras
don Bosco celebraba y asistían los muchachos al santo sacrificio, el tal Burzio quedóse como absorto, lanzó después unos gritos
quejumbrosos y finalmente se desmayó. Los compañeros creyeron que era un simple malestar; pero don Bosco, que había oído los gritos,
quiso interrogarle el porqué de los mismos. El muchacho respondió:

"-Durante la elevación he visto la hostia manando sangre, y al mismo tiempo he oído una voz ((304)) formidable que decía: -Esta es una
imagen de cómo será tratado Jesús en Piamonte con sacrilegios.

"Y este santo jovencito fue el primero en morir antes de la siguiente conferencia".
236

Fin de Página 236

 

VOLUMEN IV Página: 237

Contaba Buzzetti otros hechos semejantes, acaecidos cuando don Bosco vivía todavía en el Refugio.

"Y no solamente la muerte, añadía don Miguel Rúa, sino que también anunció muchas veces la curación de casos desesperados.

-Recuerdo que cierto clérigo compañero mío, Viale, cayó una vez gravemente enfermo en 1853. No había esperanza de salvación. Fue
don Bosco a visitarle al hospital, y después de haberle recomendado que recurriera a un santo, no sé cual, tal vez San Luis, le prometió que
al cabo de tres días volvería a verle y le encontraría sentado en la cama, comiendo, y que muy pronto se levantaría totalmente curado. Así
lo predijo y así se cumplió al pie de la letra".

Todos los nombres que hemos citado son de muchachos que pertenecían a la compañía de San Luis, a los cuales, y a muchos otros,
hemos oído contar que don Bosco, ya entonces, estaba dotado por Dios del conocimiento de los corazones. Nos narraba revelaciones
sucedidas en el momento de la confesión y fuera de ella. Les había descubierto sus pensamientos más íntimos y todo lo que habían
olvidado o callado en confesiones anteriores. El consejo en el corazón del hombre, dicen los Proverbios, es agua profunda; el hombre
inteligente sabrá sacarla 1.

Los muchachos estaban convencidos de ello y algunos, que tenían líos graves de conciencia, esquivaban encontrarse con ((305)) don
Bosco creyendo que así él no lo advertiría y no conocería su obstinación en el mal o su interior desgracia.

"Muchos, lo atestigua un eximio profesor sobre sí mismo, sintiendo que la conciencia les remordía por alguna falta, se mantenían
alejados de don Bosco, por una fuerza misteriosa, durante las conversaciones privadas, pero se sentían arrastrados a ir lo más pronto
posible a postrarse a sus pies para confesarse. Y entonces oían muchas veces a don Bosco que les recordaba precisamente sus culpas de
varios años, no sin gran sorpresa suya; y a más, la confesión les resultaba facilísima y les dejaba totalmente satisfechos, porque, gracias a
su sugerencia, podían exponer sus culpas con todas las circunstancias, sin omitir una sola. Otros, en cambio, acudían a él con ansia y
alegría para alcanzar la seguridad de encontrarse en gracia de Dios o bien para que la confesión que iban a hacer fuera del todo agradable a
Señor, con la ayuda de don Bosco".

Hubo algún ilustre y docto personaje que, habiendo sabido por

1 Proverbios XX, 5.
237

Fin de Página 237

 

VOLUMEN IV Página: 238

muchos otros que don Bosco profetizaba, que leía en los corazones y manifestaba cosas ocultas, pensó que, puesto que era de una
inteligencia finísima y conocía perfectamente las cosas del Oratorio, la índole y costumbres de los muchachos y de los que le rodeaban,
pudiese naturalmente prever ciertas cosas imprevistas a los demás y que intuyese con sagacidad lo que permanecía escondido a los menos
expertos. Nosotros concedemos que don Bosco poseía ese natural discernimiento, y añadiremos que era portentosa su memoria de
nombres, personas, fisonomías, hechos y palabras, y que seguramente es posible que se haya aprovechado de estos conocimientos en favor
del prójimo. Pero, las muchas cosas extraordinarias que se dijeron, lo mismo por los de fuera de casa que por los alumnos, y las
innumerables que nosotros mismos hemos visto nos obligan a ((306)) concluir que en todo ello ciertamente había muchísimo de
sobrenatural. Por lo demás, las mismas dotes naturales de don Bosco, empleadas heroicamente para gloria de Dios, es lógico que fueran
recompensadas con dones tan eminentes para que su celo diera mayores frutos. El buen siervo del Evangelio dijo a su amo:

-`Señor, tu mina ha producido diez minas'. Le respondió: `íMuy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno
de diez ciudades'1.

Don Ascanio Savio nos dejó un testimonio clarísimo.

"Era voz común en el Oratorio, desde 1848, que don Bosco descubría los pecados de los muchachos y los leía en su frente. Los
muchachos le ponían a prueba diciendo:

"-Don Bosco, adivíneme los pecados.

"Y don Bosco, alguna vez, se ponía a hablar confidencialmente al oído de alguno, y éste daba a entender que se los había adivinado,
porque no hablaba más. Una tarde estaba en la conversación cierto muchacho de Vercelli, llamado Julio. Dijo éste a don Bosco
insistentemente:

"-Adivine también los pecados que yo he cometido.

"Y don Bosco le habló secretamente al oído como hacía con los otros. Este, al oír las palabras de don Bosco, se puso a llorar
exclamando:

"-Es él, es él el que predicó la misión en tal iglesia, -aludiendo a cierta iglesia de Vercelli.

"Como este joven procedía de un lejano pueblo, y era aquél el primer día que estaba ante don Bosco a quien no conocía, y no habiendo

1 Lucas XIX, 16-17.
238

Fin de Página 238

 

VOLUMEN IV Página: 239

éste confesado nunca en la iglesia indicada, yo creo que don Bosco conoció el interior del muchacho por luz sobrenatural. Era tan corriente
la opinión de que don Bosco leía los ((307)) pecados en la frente, que algunos buscaban curiosos modos para tapársela, a fin de que no
pudiera leérselos.

"Me contó mi hermano Angel, que, una vez don Bosco, al levantarse por la mañana, escribió algunos papelitos para varios muchachos
del Oratorio, entre los cuales uno para mi hermano. Yo le pregunté: -"Te ha adivinado tus defectos? Y me respondió que sí. Por la forma
con que me habló se veía que se trataba de defectos ocultos, y que no se podían conocer nada más que por una luz sobrenatural".

En don Bosco no había ficción ni respeto humano, y lo que decía era movido por un sagrado deber, tanto mayor, cuanto más
misericordiosos eran los designios de Dios. Y los jóvenes estaban seguros de él, al ver que todos sus actos, todas sus palabras, estaban
inspiradas por un celo tranquilo, prudente, sereno. Además, el don de las lágrimas, era una prueba evidente de la gran unión que tenía con
Dios y del tiemo amor que le profesaba. Vertía dulces lágrimas, a veces, durante la celebración de la santa misa, otras, mientras
administraba la santa comunión, y hasta, simplemente, al bendecir al pueblo después del santo sacrificio. Cuando hablaba por la noche a
los jóvenes y en las conferencias a los coadjutores, o al dar sus breves y eficaces recuerdos al fin de los ejercicios espirituales y referirse al
pecado, al escándalo, a la modestia, a la escasa o nula correspondencia de los hombres al amor de Jesucristo, o al temor de que alguno de
los suyos hubiera de perderse para siempre, muy a menudo se conmovía y se ahogaba su palabra con el llanto hasta excitarlo en sus
oyentes. A veces, en medio de las lágrimas, los buenos muchachos vieron radiante su rostro, según nos lo aseguraba don Juan Bonetti.
Monseñor Cagliero escribió: "Mientras don Bosco predicaba sobre el amor de Dios, sobre la pérdida de las almas, sobre la pasión de
Jesucristo el viemes santo, sobre la santísima Eucaristía, sobre la buena muerte y sobre la ((308)) la esperanza del paraíso, yo le vi muchas
veces, y lo vieron mis compañeros, derramar lágrimas de amor, de dolor, de alegría, y de un santo arrobamiento cuando hablaba de la
Santísima Virgen, de su bondad y de su inmaculada pureza".

Esto sucedía a menudo cuando predicaba en las iglesias públicas. Don Félix Reviglio le vio derramar lágrimas en el santuario de Nuestra
Señora de la Consolación, predicando sobre el juicio universal, al describir la separación de los condenados y los elegidos.
239

Fin de Página 239

 

VOLUMEN IV Página: 240

Don Francisco Dalmazzo observó sus lágrimas muchas veces, especialmente hablando de la vida eterna, de tal modo que movía al dolor a
los pecadores obstinados, los cuales, después del sermón, iban a confesarse con él.

Nosotros mismos, que escribimos esta páginas, fuimos testigos, juntamente con mil otros, de este don divino que Dios concedió a don
Bosco desde que empezó el Oratorio y aún antes y que le duró hasta su muerte.

Ya hemos hablado del don de las curaciones y de los milagros; pero esto no es nada frente a lo que nos resta por decir; y todo lo que
hemos contado en este capítulo no es más que un esbozo de un tema inagotable.

Fin de Página 240

 

VOLUMEN IV Página: 241

((309))

CAPITULO XXVII

ARTICULO DE GODOFREDO CASALIS -SINTOMAS DE DISGUSTO EN LOS ORATORIOS -INSOLENCIA PERDONADA
-PRETENSION IRRACIONAL -CARTA DEL TEOLOGO BOREL A DON PEDRO PONTE -RESPUESTA -LA FIESTA DE LA
INMACULADA -EL PRIMER DECENIO

GODOFREDO Casalis, en su diccionario geográfico, histórico, estadístico, comercial, escribió un artículo titulado: Instituto de
beneficencia, en el volumen XIX, impreso en 1851. Después de narrar elogiosamente la fundación de los tres Oratorios festivos de don
Bosco en Turín, concluye así:

"Las ventajas obtenidas por los muchachos que asisten a estos Oratorios son la educación de costumbres y la cultura del entendimiento y
del corazón, de forma que, en poco tiempo, adquieren un trato afectuoso y humano, se aficionan al trabajo y se convierten en buenos
cristianos y óptimos ciudadanos. Estos frutos, que son abundantes, terminarán ciertamente por mover al Gobierno a tomar en consideración
una obra que ayuda grandemente a la clase más pobre del pueblo, usufructuando el celo que anima a muchos sacerdotes entregados a este
género de beneficencia, con el cual se pueden apartar del ocio, y convertir en útiles para la patria y la sociedad a muchos jóvenes que, sin
los cuidados que ellos les prodigan, tendrían sin duda ((310)) mal fin. No queremos callar que el benemérito teólogo Carpano ha concebido
la idea de abrir un establecimiento para recoger a los obreros que, recién salidos de un hospital, no encuentran enseguida trabajo o todavía
son incapaces del mismo por su delicada salud, y no tardará en llevar a cabo la feliz idea, si no le faltan los apoyos en que firmemente
confía.

"Tal vez diga alguien que somos demasiado minuciosos al hablar de estas instituciones; pero se formarán otra opinión todos los que
saben el reconocimiento existente por parte del público, único premio que reciben de sus continuas y pesadas fatigas los beneméritos
personajes, que desgastan su vida en favor de estos muchachos. Sería
241

Fin de Página 241

 

VOLUMEN IV Página: 242

injusto negar este tributo de agradecimiento al que tienen un merecido derecho".

El teólogo Carpano se había retirado y, con gran pena, abandonaba la obra que había visto nacer y crecer con su cooperación. En el
Oratorio de San Luis estaba a la cabeza, en el 1851, don Pedro Ponte, ayudado por le abate Carlos Morozzo, el sacerdote Ignacio Demonte
el abogado Bellingeri, el teólogo Rossi y el abogado Berardi. Pero don Pedro Ponte, ejemplarísimo sacerdote, era un hombre fácilmente
impresionable, y se dejaba enredar por algunos catequistas, descontentos de los métodos empleados por don Bosco para regular la marcha
de los Oratorios de Vanchiglia y Puerta Nueva. Atribuían éstos la obra de su celo a espíritu de ambición, a ansias de dominio, "aunque a
mí, afirmaba el teólogo Leonardo Murialdo, no me pareciese nunca que fuera esa su intención, más aún, debiendo admirar el benéfico y
feliz desarrollo de su obra".

Pero esta prosperidad debía atribuirse a la unidad de mando que don Bosco quería se respetase, mientras los murmuradores habrían
querido romperla. Desdichadamente, ((311)) hablando en general, los hombres no aprecian más que lo que ellos mismos creen poder hacer
y no ven con buenos ojos que haya quien marcha mucho más adelante que los demás en uno u otro género de cosas, particularmente si es
su igual. Se creerían humillados si lo admitiesen. La envidia, camuflada de celo, la define Tommaseo así: "admiración reprimida por el
odio y la tristeza" 1.

Por esto, se interpretaban con poca benevolencia las órdenes, aunque fueran muy prudentes, que don Bosco daba, y se difundían
continuamente murmuraciones maliciosas, aunque en círculos cerrados, de un Oratorio a otro. La pasión cegaba los ánimos. Se
manifestaban síntomas de rechazo de obediencia. Don Bosco sufría y callaba para no llevar las cosas al extremo; pero también se le
culpaba de su silencio. Sin embargo, estaba dispuesto a actuar, llegado el momento, porque empezaba a despuntar la cizaña.

José Brosio escribió a don Juan Bonetti:

"Un domingo después de las funciones de la tarde, al no ver a don Bosco en el patio e ignorar el motivo de su desacostumbrada ausencia
fui a buscarlo por todos los rincones de la casa. Le encontré, al fin, en una habitación, triste y casi lloroso. Al verle tan abatido, insistí para
que me dijese el motivo de su pena. Don Bosco, que

1 Nicolás Tommaseo, es un filósofo italiano, autor del Diccionario de la Lengua Italiana, Diccionario de sinónimos (1802-1874). (N. del
T.).
242

Fin de Página 242

 

VOLUMEN IV Página: 243

nunca me había negado nada, cedió a mis repetidas instancias y me contó que un joven (y me dijo el nombre) le había insultado de tal
forma que le había disgustado mucho.

"-Pero a mí, añadió, no me importa; lo que me duele es que ese imprudente se encuentre en el camino de la perdición.

"Estas palabras hirieron gravemente mi corazón y me preparé inmediatamente para pedir explicaciones a aquel joven y hacerle tragar sus
insolencias. Pero don Bosco, que ((312)) advirtió mi airado movimiento, me detuvo y sonriendo me dijo:

"-Tú quieres castigar al que ha ofendido a don Bosco y tienes razón; pero nos vengaremos juntos; "te gusta así?

"-Sí, le respondí.

"Pero la indignación del momento no me dejó entrever que don Bosco entendía vengarse con el perdón. En efecto, me invitó a rezar con
él por el ofensor, y creo que él rezó también por mí, puesto que experimenté un repentino cambio de ideas, y mi indignación contra el
compañero se cambió en amor al extremo de que, de haber estado allí presente, hasta le hubiera abrazado.

"Al terminar la oración, conté a don Bosco la mudanza de mi interior y él me dijo:

"-La venganza de un buen cristiano es el perdón y la plegaria por la persona que nos ofende; así que, habiendo rezado por este
compañero, has hecho lo que le agrada al Señor, y por eso ahora te encuentras satisfecho. Si haces siempre así, pasarás una vida feliz".

Esa era la actitud de don Bosco frente a las contrariedades; y el hecho narrado manifestaba que también había alguno en Valdocco que
participaba en las disidencias. Y, como se iba acentuando el peligro de un cisma, hubo un grupo de sacerdotes que buscó el modo de
deshacerlo. Estaban en él el teólogo Roberto Murialdo, el teólogo Tasca, los profesores Barone y Verizzi, el P. Cocchis y el canónigo
Saccarelli, fundador de la Sagrada Familia. El padre Ponte, invitado a exponer sus quejas, se mantuvo firme en sus pretensiones y no quiso
asistir a la reunión. Don Bosco estaba bien dispuesto a hacer alguna concesión, pero no a abdicar de la supremacía a la que tenía derecho.

Hubo un momento de tregua. Como la marquesa de Barolo buscaba un capellán para su casa, don Bosco recomendó a don José Cafasso
eligiera a don Pedro Ponte, que deseaba aquel empleo; y la Marquesa aceptó ((313)) la propuesta del Rector del Colegio Eclesiástico. La
noble señora partía, a mitad de octubre, hacia Roma, acompañada por Silvio Péllico y don Pedro Ponte, el cual manifestaba en una carta al
teólogo Borel su resolución y se lamentaba de los agravios
243

Fin de Página 243

 

VOLUMEN IV Página: 244

que decía no poder sufrir. Don Bosco recomendó entonces al teólogo Rossi el Oratorio de San Luis.

El teólogo Borel se apresuró a responder a don Pedro Ponte para no ofender su susceptibilidad, y de su carta se deducen algunas
explicaciones de las discordias nacidas.

Muy querido y Reverendo Señor Don Pedro Ponte:

Cada vez nos preocupa más el bien de los Oratorios; por eso entendemos que la unión entre los miembros, de cualquier orden que ellos
sean, es el mejor consejo, porque así tendremos a Dios con nosotros. Por tanto estemos todos de acuerdo, con la ayuda Divina, para
promover esta unión tan deseada, ya sea estrechando cada vez más entre nosotros este espíritu, ya sea quitando todo lo que a ello se
oponga. Entre otras cosas no dudamos de que es un notable perjuicio para la unión, el retener y reservarse la propiedad y el uso de las
cosas que se han adquirido para beneficio de un Oratorio, excluyendo a los otros Oratorios de su empleo; como también el que, en un
mismo Oratorio, pueda un miembro servirse de los objetos allí existentes para uso del Oratorio, excluyendo a los otros miembros, en su
ausencia. Estamos todos de acuerdo en pensar y querer que todo Oratorio, en la persona de su director, tenga como hechas para los tres las
ofrendas por él recibidas, tocando a nosotros, en tal caso, informar a las personas bienhechoras del espíritu que nos rige y de las
fundaciones del Oratorio. A esta determinación nos ha conducido el contenido de la carta de V. R. y el hecho análogo subsiguiente. Por
tanto, como puede suceder, dada ((314)) nuestra escasez de aparejos, que en una fiesta determinada falte algo en el Oratorio, será bueno
que los otros concurran, como estamos acostumbrados a hacer, con las personas y con el trabajo, y se avenga a que alguno de nosotros crea
oportuno prestar algo suyo o tomar de los otros lo que convenga; además de quedar muy reconocidos, es nuestra intención que se lo
devuelva y lleve a su casa cuanto antes, como hasta ahora se ha hecho: tenemos un ejemplo de ello en el nacimiento, que fue prestado
generosamente varias veces por el Oratorio de San Luis.

No hemos de temer por esto que cese la asistencia divina a los Oratorios. Por el contrario, son de esperar mayores bendiciones. Cada uno
de los miembros aumenta su caridad, ensancha el camino para hacer mayor bien a la juventud, estaría por decir que se introduce más dentro
en la comunión de los santos, que se libra de todo lo que sabe a propiedad, o a propia voluntad, para adentrarse en el espíritu puro de
caridad sin ser estorbado por particulares miramientos.
244

Fin de Página 244

 

VOLUMEN IV Página: 245

No es menor el interés de cada socio, porque nada es sustraído al bien particular del Oratorio al que él se dedica, más aún, tiene la ventaja
de que, si los otros disfrutan de su comunión, él también goza de la comunión de los demás. Quede esto dicho ahora y para siempre.
Bendito sea el Señor, cuando todos vivamos del mismo espíritu, y así juntos elevemos a la juventud por todos los rincones de la ciudad.

Tengo gran alegría al poderle comunicar que los Oratorios están suficientemente atendidos y que los jóvenes siguen con la misma
afluencia, docilidad y religiosidad. Después de la ausencia del queridísimo P. Grassino, el Señor ha movido el corazón del teólogo
Murialdo para asumir su cargo en Vanchiglia y ya ha tomado posesión. El queridísimo teólogo Rossi se cuida del Oratorio de San Luis, y
dará la plática de la tarde, hasta Todos Santos, mientras yo sigo con la de la mañana. Don Bosco se ocupa del de San Francisco de Sales; de
otro modo, suple él.

((315)) La iglesia nueva ya ha llegado al término de sus muros y, antes del invierno, quédará cubierta con las tejas.

He recibido noticias de la feliz llegada a Florencia, de la señora Marquesa y de V. R. Siento que el señor Péllico haya sufrido lo suyo.
Ayer, 22, las hermanas Magdalenas renovaron sus plegarias para la nueva partida hacia Roma de su fundadora y bienhechora. No pasa un
día sin que yo presente al Señor mis votos por la prosperidad, larga vida y satisfacción de la misma. No tengo nada importante que
comunicar respecto al Monasterio o al Refugio. Me parece que todo marcha bastante bien, por lo que la señora Marquesa puede estar
tranquila con esta palabra.

Todos los sacerdotes están bien, como el que esto escribe, que se encuentra ahora en casa y se esfuerza por permanecer en ella lo más
posible, para bien de las familias y para complacer a quien tanto las ama y beneficia.

Una cosa quiero rogar a V. R., y es que me haga saber, cuanto antes, su determinación en cuanto a lo que le escribí sobre los Oratorios y
nuestro espíritu para gobernarlos; y qué órdenes quiere dar referente a todo lo que no es de pertenencia de los Oratorios.

A la espera de tan grato favor y renovándole mis sentimientos de gran estima y sincera caridad, tengo el honor de declararme de V. R.

Turín, 23 de octubre de 1851

Afectísimo amigo y servidor
JUAN BOREL, Pbro.
Director del Refugio

Al Reverendo Don pedro ponte -Roma.
245

Fin de Página 245

 

VOLUMEN IV Página: 246

((316)) He aquí la respuesta que recibió el teólogo Borel:

Al teólogo Juan Borel, Director del Refugio:

Muy querido y Reverendo Señor Teólogo:

Recibí con gran placer la carta que V. R. se dignó escribirme; su lectura ha alegrado mi corazón. Necesitaba mucho recibir noticias de los
Oratorios: la carencia de éstas me inquietaba; gracias a Dios, ya estoy tranquilo.

Pasemos al objeto principal de la carta. La unión que V. S. tanto quiere entre los directores de los Oratorios, es el objeto principal de mis
deseos; anhelo de todo corazón el momento en que, disipadas las diferencias y todos de acuerdo, podremos esperar seguramente una ayuda
del Señor más abundante y mayor mérito por nuestras fatigas. Yo creo que el origen de la desunión, que hasta ahora se deplora en nosotros
procede de no tener una cabeza adonde dirigirse y del demasiado mutismo que reina; y no soy yo sólo quien deplora esto. Procure V. R.
remediar estos inconvenientes y habrá desaparecido la causa de la desunión.

Tras maduro examen y plena conciencia, tomé la resolución que ya he manifestado y que no puedo cambiar; si, por casualidad, los
objetos que yo dejé en el Oratorio de Puerta Nueva incomodasen de alguna manera, los haré sacar apenas llegue a Turín. Pero, si ahora
estorbasen, daré las órdenes oportunas, para que sean sacados en mi ausencia. Para el porvenir (si el Señor quiere que yo emplee todavía
mis débiles fuerzas en favor de los Oratorios) con mucho gusto me adaptaré a la determinación tomada de hacer causa común; esto es, que
en la persona del correspondiente director se tengan como hechas a todos los Oratorios las ofrendas ((317)) recibidas en cada uno y, si se
presentare el caso, informaré a las personas bienhechoras del espíritu que nos rige y de las condiciones de los Oratorios.

Mucho me gusta saber que, gracias a los cuidados de V. R. y del carísimo teólogo Rossi, marche siempre bien el Oratorio de Puerta
Nueva. Por mi parte, aunque lejos con el cuerpo, estoy siempre en medio de ellos con el corazón y, en mis pobres oraciones, no ceso de
recomendar esta obra a Dios; y cuando dentro de poco, como espero, sea recibido en audiencia por el Vicario de Jesucristo, le pediré su
santa bendición para los Directores y para los muchachos.

Nuestro viaje hasta ahora ha sido bueno. La señora Marquesa goza de buena salud y quedó muy satisfecha de las buenas noticias de sus
establecimientos. El señor Péllico ya está bien, después de
246

Fin de Página 246

 

VOLUMEN IV Página: 247

unos pocos días de enfermedad. Ruegue V. R. por mí y haga rogar a los muchachos. Salude a todos los sacerdotes de los Oratorios y con la
consoladora esperanza de recibir dentro de poco más noticias sobre la marcha de los mismos, por bondad de V. R., me declaro, con todo
respeto y con la más sentida efusión del corazón,

De V. S. carísima,

Roma, 4 de noviembre de 1851

S. S. S. y siempre afectísimo amigo
PEDRO PONTE, Pbro.
Mientras tanto, don Bosco había experimentado una gran satisfacción con la encíclica del 21 de noviembre, por medio de la cual había
concedido el Papa un jubileo: y con esto se preparó para una alegría todavía mayor.

El 8 de diciembre de aquel mismo año 1851 se cumplía el primer decenio del comienzo del Oratorio, y el domingo anterior lo recordó
don Bosco a los muchachos con ((318)) cariñosas palabras. El habría querido celebrar el décimo aniversario de su institución con singular
solemnidad; pero, como no tenía aún a punto la iglesia nueva, se limitó a enfervorizar a sus alumnos par dar gracias juntamente con él a la
Inmaculada Concepción por la maternal benevolencia, con la que hasta el presente les había rodeado y protegido, y contarles muy por
encima las mayores gracias recibidas durante aquel tiempo; recomendó que, como manifestación de su filial agradecimiento, se acercasen
aquel día a recibir los santos sacramentos en honor de María.

Todos condescendieron; y, bajo el manto de la Reina celestial, comenzaba el segundo decenio. Puede llamarse el primero, período de
nacimiento e infancia, el segundo, de crecimiento y adolescencia. Pero el primero terminaba con un hecho que se puede decir marca una
fecha. Escribía así el profesor Rayneri el 1898, en su homenaje a don Bosco:

"Era por la tarde de un domingo del 1851: se había hecho una lotería; eran muchos los agraciados y por tanto, muchos los que estaban
contentos. Por último, don Bosco arrojó desde el balcón, a diestra y siniestra, caramelos y más caramelos... Nos era fácil redoblar los
vítores. Descendió don Bosco del balcón y fue llevado a hombros triunfalmente, en señal de la máxima alegría. Un joven estudiante y
futuro clérigo dijo:

-Don Bosco, ísi pudiese contemplar todas las partes del mundo y
247

Fin de Página 247

 

VOLUMEN IV Página: 248

muchos Oratorios en cada una de ellas!
Y don Bosco (me parece verlo) volvió la mirada noble y bondadosa en derredor y respondió:
`-íQuién sabe si no llegará un día en que los hijos del Oratorio estén esparcidos por todo el mundo!'
"Fue profeta".

Fin de Página 248

 

VOLUMEN IV Página: 249

((319))

CAPITULO XXVIII

FALTA DE MEDIOS PARA ACABAR LA IGLESIA -CIRCULAR DEL OBISPO DE BIELLA -GENEROSAS SUBVENCIONES DEL
REY -UNA TOMBOLA

DURANTE los meses transcurridos de aquel año, don Bosco no cesó un instante de ingeniarse para acabar su iglesia. En agosto, cuando el
sagrado edificio se levantaba ya unos metros por encima del suelo, se dio cuenta de que casi se habían agotado sus finanzas. Con ayuda de
algunas beneméritas personas había recogido treinta y cinco mil liras; pero desaparecieron como la nieve al sol. Tuvo que recurrir entonces
a la beneficencia pública. Monseñor Pedro Losanna, obispo de Biella, considerando que el nuevo edificio y la institución de los Oratorios
resultaban singularmente benéficas para los muchachos albañiles de su diócesis, residentes durante la mayor parte del año en Turín, invitó
a sus párrocos para que le ayudaran con sus limosnas. Con tal fin repartió la siguiente circular:

Muy Reverendo Señor:

El insigne y piadoso sacerdote don Bosco, animado por una caridad totalmente evangélica, empezó a recoger en los días festivos en Turín
a cuantos jóvenes encontraba abandonados y ((320)) perdidos por calles y plazas, en el populoso barrio existente entre Borgo Dora y
Martinetto, y reunirlos en un lugar a propósito, para su diversión, su instrucción y educación cristiana. Fue tal el éxito de su santa industria
que el local destinado a capilla se ha quedado tan reducido para su finalidad, que en la actualidad no sirve para albergar más que una
tercera parte de los seiscientos y pico muchachos que allí acuden. Empujado por el ansia de tan gran bien, se enfrascó en la ardua empresa
de construir una iglesia capaz para las necesidades
249

Fin de Página 249

 

VOLUMEN IV Página: 250

de su piadoso plan, y se dirigió a la caridad de los fieles, a fin de poder subvenir a los graves gastos que se requieren. Acude ahora, con
particular confianza, a esta provincia y diócesis, por mi medio, dado que de los muchachos que se reúnen en su Oratorio, más de un tercio
(unos doscientos) son bielleses, algunos de los cuales están internados en su casa y atendidos gratuitamente en cuanto necesitan para comer
y vestir, a fin de que puedan aprender un oficio. Por consiguiente, no sólo la caridad, sino también la justicia reclaman de nosotros esta
ayuda, por lo que ruego a usted tenga a bien comunicar a sus buenos parroquianos tan interesante asunto, como es el de favorecer a los
demás necesitados, y destinar un día festivo para una colecta en la iglesia, cuyo importe será enviado inmediatamente a la Curia, por un
medio seguro, indicando la cantidad que encierra y el lugar de su procedencia.

Mientras los hijos de las tinieblas intentan abrir un templo y enseñar en él el error para perdición de sus hermanos 1, ((321)) "van a ser
menos los afortunados hijos de la luz para levantar una iglesia, donde enseñarles la verdad para su salvación y la de sus hermanos y
compatriotas?

Con la viva esperanza de poder dar cuanto antes una consoladora ayuda, con las ofrendas que nos llegarán, a la empresa del celebrado
hombre de Dios, y a la vez un testimonio público de la piedad iluminada y agradecida de mis diocesanos para con una obra tan santa, tan
útil y tan necesaria en los tiempos que corren, aprovecho esta oportunidad para repetirme, con la mayor estima y afecto,

De V. S. M. Rev.

Biella, a 13 de septiembre de 1851

Su Seguro Servidor
" JUAN PEDRO, Obispo

Esta invitación produjo la cantidad de mil liras. No era una gran cosa, pero el Soberano cumplía la promesa del 5 de julio.

Economato General Regio Apostólico

Al Reverendo Sacerdote Juan Bosco:

Por disposición de la Real Secretaría de Estado para los Asuntos Eclesiásticos de Gracia y Justicia del 30 de septiembre pasado, se
comunicó

1 Alude al templo que los protestantes construían en Turín en la avenida Víctor Manuel.
250

Fin de Página 250

 

VOLUMEN IV Página: 251

a la Hacienda General del Economato R. Apostólico que S. M. se digna conceder a V. S. M. R. la cantidad de diez mil liras con cargo a
esta caja, para entregarle a plazos, esto es, tres mil ahora y el resto en años sucesivos y en los momentos en que esta caja se encuentre en
situación de poder hacer frente a los relativos pagos, subsidio a emplear particularmente en la edificación de una iglesia para el centro
filantrópico ((322)) por usted establecido en favor de la juventud obrera en la zona de Valdocco, y también para los gastos emanantes de la
educación religiosa de esos muchachos; así como para la manutención de los individuos que, por encontrarse abandonados, son ahí
albergados.

Lo que comunico a V. S. para que se presente personalmente, o encargue a persona conocida, por usted autorizada con su sello,
debidamente legalizado, para recibir el montante del correspondiente Mandato.

Turín, a dos de Octubre de 1851
El Ecónomo General Regio Apostólico
Ab. MORENO

Pocos días después concedía Víctor Manuel otra oportunísima subvención
a don Bosco.

Superintendencia General de la Dotación de la Corona

Al señor teólogo Bosco:

Me apresuro a participar a V. S. Ilustrísima que S. M., en audiencia del 5 de los corrientes, se ha dignado tomar en consideración las
circunstancias señaladas en su muy apreciada carta que tuve el honor de presentarle, y acordar una subvención de mil liras, para la erección
de la iglesia aneja a su Centro.

Me apresuro a comunicar a V. S. Ilustrísima este nuevo gesto de la Soberana Munificencia para su oportuno gobierno, rogándole se digne
darme a conocer la época en que usted desee se realice el correspondiente pago, y ((323)) rogándole quiera indicarme la persona, a cuyo
nombre y a su tiempo debido, podrá ser expedida la correspondiente orden de pago. Tengo la satisfacción de repetirme con toda
consideración,

De V. S. Ilustrísima,

Turín, a 10 de octubre de octubre de 1851

S.S.S.
S. M. PAMPARA
Fin de Página 251

 

VOLUMEN IV Página: 252

Don Bosco agradecía al Rey sus ofertas, y buscaba ahorrar gastos por cuanto le era posible; como todavía debía pagar al Ayuntamiento
los impuestos de concesión del permiso de construcción, pidió la dispensa de los mismos en carta del 22 de octubre. El Alcalde le
respondía de este modo:

No siendo posible, de acuerdo con las disposiciones de costumbre, condonar los impuestos de concesión del permiso, que V. S. M.
Ilustre y M. R. debería haber retirado antes de emprender la construcción de la iglesia, de que se trata, he previsto la gratuita concesión,
reintegrando a la caja con fondos destinados a la beneficencia, tenido en cuenta el piadoso destino al que va dirigida esta disposición.

Acompáñole, pues, la hoja de permiso, que debe conservar el vigilante de la construcción, para evitar la multa que podría serle impuesta
por no tener tal documento a la vista de la Inspección de los agentes municipales autorizados para ello.

Y con la esperanza de que sus religiosas solicitudes puedan encontrar el correspondiente cumplimiento, tengo la satisfacción de repetirme
con toda consideración...

Turín, al 23 de octubre de 1851

El Alcalde, G. BELLONE

((324)) Pero el dinero nunca era bastante, y el 20 de noviembre de
1851 vendía a Manuel Giovanni, con escritura del 20 de noviembre de 1851, ante el notario Turvano, 0,0199 hectáreas del terreno
procedente del Seminario por 1.573 liras. Todas estas sumas no fueron más que unas gotitas de agua sobre un terreno reseco. Así que hubo
que buscar más medios. Fue entonces cuando don Bosco puso manos a su primera idea de organizar una gran tómbola con los muchos
regalos que esperaba de la generosidad de los católicos. La realización de este plan era trabajosísima, pero él ya la había preparado
indirectamente. Don Bosco era incansable en pedir socorros a las autoridades gubernativas, con modos sencillos, pero con la franqueza de
quien trabajaba eficazmente para el bien público. Así que llamaba a todas las puertas, entraba en todos los despachos, se presentaba en
todos los ministerios, acudía a los organismos de la provincia y del Ayuntamiento, se dirigía a los miembros de la familia real. Todas las
secciones de la administración del Estado recibieron sus múltiples peticiones. A veces escribía hasta diez a la semana, y, por lo general, era
atendido. Muchos donativos eran solamente de
252

Fin de Página 252

 

VOLUMEN IV Página: 253

diez, quince, o veinte liras, pero él acudía a la caja correspondiente para percibir el importe, y siempre era recibido con todas las
atenciones.

Mas para alcanzar su intento había de someterse a muchos trabajos, humillaciones y fastidios. Se requerían conocimientos, amistades,
personas que le recomendasen, y por tanto, continuas visitas y cartas. Cada vez que cambiaba un ministro, un gobernador, un alcalde, un
jefe de oficina, había de buscar modo y manera para ganarse al sucesor. Y por tanto, llamar a conocidos y protectores y andar siempre con
cartas y visitas. Más que el subsidio recibido, pequeño o grande, lo que le importaba era que éste ((325)) equivaliese a una aprobación de la
autoridad para su obra. Preveía el caso de hostilidad, y quería poder responder:

-Sois vosotros los que me habéis ayudado hasta ahora, y no debéis destruir lo que un día creíais estar de acuerdo con las leyes y ser digno
de vuestra protección.

Y, en efecto, lograba su intento, y prueba de ello fue la tómbola.

Buscó primero personas beneméritas, que quisieran ayudarle en su empresa de caridad. Cuarenta y seis de diversa condición social,
artesanos, señores y sacerdotes, (entre los cuales figuraba, el primero, el caballero teólogo Anglesio, director de las Pequeña Casa de la
Divina Providencia), aceptaron ser los promotores. Ochenta y seis señoras de la burguesía y la nobleza (entre éstas no era la última la
marquesa María Fassati, hija de la familia De-Maistre, dama de S. M. la reina María Adelaida), condescendieron gustosas para ser las
promotoras. Al mismo tiempo don Bosco formaba y establecía la Comisión, que debía presidir. Fueron miembros de ésta:

Arnaud de S. Salvador, conde César.

Baricco, T. Pedro, teniente alcalde, secretario

Bellingeri, Abog. Cayetano

Blanchier, Cab. Federico, ingeniero

Bocca, Federico, empresario

Borel, T. Juan, rector del Refugio

Bosco, D. Juan, director del Oratorio

Bossi, Amadeo, comerciante

Cappello, Cab. Gabriel, llamado Moncalvo, concejal

Cotta, Cab. José, senador del Reino, concejal, tesorero

Cotti, Jacinto, intend., concejal

((326)) D'Agliano de Carabonica, Cab. Lorenzo

Dupré, Cab. José, concejal
253

Fin de Página 253

 

VOLUMEN IV Página: 254

Gagliardi, José, quincallero

Murialdo, T. Roberto, capellán de la corte

Ortalda, T. José, canónigo, director de la piadosa obra de la Prop. de la Fe.

Ritner, Víctor, joyero

Rocca, Ab. Luis, concejal

Ropolo, Pedro,fabr., cerraj., concejal

Scanagatti, Miguel

Dados todos los pasos para esta organización, presentó la documentación pidiendo la aprobación gubernativa.

Ilustrísimo Sr. Administrador de la Renta Pública:

Los abajo firmantes, con el deseo de procurar una larga duración al Oratorio de San Francisco de Sales, al que se alude en la circular
aneja a la presente, viendo que cada día se hace más angosto el local hasta ahora destinado a capilla, por el creciente número de muchachos
que allí se reúnen para cumplir con los deberes religiosos en los días festivos y para recibir una buena educación intelectual y moral,
determinaron levantar una iglesia más decorosa y más amplia. Empezaron valerosamente su construcción con obsequios particulares y se
encuentra hoy a punto de techar. Pero, dado que los trabajos a llevar a cabo, suponen todavía una respetable suma, y no queriendo dejar
inconclusa la obra emprendida, convinieron hacer una llamada a la beneficencia pública, para recoger, de las personas caritativas, el mayor
número de objetos posible, a fin de hacer con ellos una tómbola.

((327)) En cumplimiento de la ley del 24 de febrero de 1820, modificada por real orden del 10 de enero de 1833 y por las instrucciones
publicadas por la Hacienda General, con fecha 24 de agosto de 1834, recurren los abajo firmantes a V. S. Ilma. invocando la aprobación de
la proyectada tómbola.

Con tal fin, tienen el honor de presentarle, a tenor de las citadas instrucciones, un proyecto de Circular en la que brevemente se traza la
historia y el fin de la Pía Institución y se indican los medios que se pretenden emplear para la recogida de objetos: se adjunta también el
plan de la tómbola.

Todas las ventajas, que se podrán sacar de la prevista tómbola, se dedicarán a la conclusión de la nueva capilla; el capital que se recoja
quedará en poder del senador Cotta, firmante también de la presente, el cual ejercerá las funciones de tesorero.
254

Fin de Página 254

 

VOLUMEN IV Página: 255

Dispuestos a dar toda suerte de explicaciones sobre el particular, declaran los abajo firmantes sujetarse en todo a lo dispuesto por las
precitadas instrucciones de la Administración de la Renta Pública.

En la persuasión de que V. S. querrá conceder la implorada aprobación para el bien de una obra modesta, pero ventajosa para la juventud
pobre y popular, anticipamos nuestro más vivo reconocimiento.

Turín, diciembre de 1851
(Siguen las firmas.
)

El plan presentado para la tómbola era el siguiente:

1. Se recibirá con reconocimiento cualquier objeto artístico e industrial, como por ejemplo, trabajos de bordado, labores de punto,
cuadros, libros, tejidos, telas y cosas semejantes.
2. Al recibir un objeto, se entregará un recibo en el que se describirá la calidad del donativo ((328)) y el nombre del donante, a menos
que éste quiera guardar el anonimato.
3. Los billetes de la tómbola serán proporcionados en número al valor de los objetos, y dentro de los límites señalados por la ley, esto es,
con un beneficio de un cuatro por ciento.
4. Los billetes serán desprendidos de un libro talonario con matriz, y deberán ir firmados por dos miembros de la comisión. Su importe e
de cincuenta céntimos.
5. Se hará una exposición pública de todos los objetos en el próximo mes de marzo y durará por lo menos un mes. Se publicará en la
Gaceta Oficial del Reino el tiempo y el lugar donde se hará esta exposición. También se indicará el día fijado para la pública extracción de
los números premiados.
6. Los números serán sacados uno a uno. Si, por error, se sacaran dos, no se leerán, sino que serán vueltos a poner dentro de la urna.
7. Se extraerán tantos números cuantos premios haya a repartir.
El primer número extraído obtendrá el objeto correspondiente señalado con el número 1; lo mismo el segundo, y así sucesivamente hasta
extraer tantos números como premios hay.
8. Se publicarán los números agraciados en el Diario Oficial del Reino, y tres días más tarde se empezará la distribución de los premios.
9. Los premios no retirados después de tres meses, se entenderá que son cedidos al Oratorio.
255
Fin de Página 255

 

VOLUMEN IV Página: 256

El Administrador General de la Renta Pública de Turín, por decreto del 9 de diciembre de 1851, concedía el deseado permiso, que era
comunicado por el Municipio a don Bosco.

((329)) Al Señor don Bosco, director del Oratorio Festivo de San Francisco de Sales, fuera de la Puerta Susa, en la zona de Valdocco.

CIUDAD DE TURIN

Transmito a S. M. Rda. S. copia del decreto de la Administración de la Renta por el que se autoriza la tómbola, por usted solicitada, en
favor del Oratorio Festivo de San Francisco de Sales.

Como quiera que establece el decreto que la Dirección de esta tómbola debe estar de acuerdo con el señor Alcalde de Turín, el cual está
encargado de vigilar el cumplimiento de las correspondientes disposiciones, ruego a S. S. tenga a bien presentar en este Municipio copia de
la documentación por usted enviada a la Administración General de la Renta Pública, y de cualquier otro documento para la realización de
la misma, a fin de que se pueda cumplir la vigilancia impuesta, y que
todo proceda con la debida regularidad.

Aprovecho la ocasión para repetirme con todo aprecio,

Turín, 17 de diciembre de 1851
El teniente de alcalde
BARICCO

Don Bosco se apresuró a publicar, con fecha 20 de diciembre de 1851 una carta-circular de la Comisión a los ciudadanos, aprobada por
la de la Renta Pública.

Ilustrísimo Señor:

Cúmplense ahora diez años de los comienzos de una modesta obra benéfica, en el distrito de Valdocco de esta ciudad bajo el título de
Oratorio de San Francisco de Sales, dirigida únicamente al bien intelectual y moral de esa parte de la juventud que, ((330)) por incuria de
los padres, por contacto con amistades perversas, o por falta de medios de fortuna, se encuentra expuesta de continuo al peligro de la
corrupción. Algunas personas, amantes de la buena educación del pueblo, vieron con dolor que aumentaba cada día el número de jóvenes
ociosos y mal aconsejados que, viviendo de limosna o del fraude en la vía pública, constituyen un peso social y son a menudo,
instrumentos del delito. Vieron también, con sentimiento de profunda
256

Fin de Página 256

 

VOLUMEN IV Página: 257

tristeza, que muchos de los dedicados al ejercicio de las artes e industrias ciudadanas, empleaban los días festivos para gastar en el juego y
en desordenadas diversiones los escasos dineros ganados durante la semana, y deseosos de remediar un mal que puede acarrear funestas
consecuencias, determinaron abrir una casa para reuniones dominicales, en las que unos y otros pudieran tener comodidad para cumplir con
los deberes religiosos, y a la vez recibir instrucción, dirección y consejo para organizar cristiana y honestamente la vida. Por eso se
instituyó un Oratorio dedicado a San Francisco de Sales con los medios que suministró la caridad de personas generosas, que suelen
contribuir en todo lo que se refiere al bien público; se proveyó de cuanto era necesario para la celebración de las funciones religiosas, y
para dar a los muchachos una educación moral y cívica; se adoptaron juegos a propósito para el desarrollo de las facultades físicas y para
distraer honestamente el espíritu, y así se logró que sus reuniones en aquel lugar fueran útiles y agradables.

Difícil resulta decir el éxito que obtuvo al invitar a los muchachos sin hacer más propaganda que la requerida entre familiares para acudir
los días festivos al Oratorio; lo que animó a agrandar el recinto y a introducir, con el andar del tiempo, ((331)) las mejoras que la caridad
ingeniosa y prudente pudo sugerir; empezóse después a enseñar, primero los domingos y luego por las tardes de la estación invernal, a leer,
escribir, elementos de aritmética y de italiano, y se puso una clase especial para enseñar a los muchachos que lo deseaban el empleo de las
medidas legales, de las que, dado que la mayor parte de ellos son artesanos, sentían gran necesidad.

Durante dos lustros se han dedicado asiduamente y han consagrado sus días celosos sacerdotes y seglares a infundir en sus corazones
amor a los padres, afecto fraterno, respeto a la autoridad, agradecimiento a los bienhechores, entusiasmo por el trabajo y más que nada, a
instruir su mente con doctrinas católicas y morales, apartarlos de la mala vida, infundirles un santo temor de Dios y acostumbrarles, poco a
poco, a la observancia de los mandamientos religiosos. Así, mientras hay quien laudablemente se ocupa en la difusión de medios
científicos, para el progreso de las artes y de las industrias y para educar a los jóvenes pudientes en escuelas y colegios, en el modesto
Oratorio de San Franciso de Sales se reparte ampliamente la instrucción religiosa y civil a los que, aunque menos favorecidos por la
fortuna, tienen también ganas y deseos de ser útiles a sí mismos, a sus familias y a la patria.

Pero, reconociendo que, dado el número siempre creciente de
257

Fin de Página 257

 

VOLUMEN IV Página: 258

muchachos, resulta muy estrecho el local hasta ahora destinado a capilla, y no queriendo dejar a medio camino una empresa de tan buenos
resultados, los Promotores, confiados en la generosidad de sus conciudadanos, determinaron ampliar y mejorar para tal fin un edificio,
asegurando de este modo la duración de un instituto educativo tan útil. Se cortó toda demora, se superó ((332)) toda incertidumbre, y con
todo valor se pusieron los cimientos del nuevo Oratorio.

Las limosnas, los regalos, los alientos de toda suerte no han faltado hasta el momento, y tanto progresaron los trabajos, que, al cabo de
pocos meses, nos encontramos a punto de techar.

Mas, para terminar el edificio no son suficientes los medios ordinarios; es necesario que la inagotable caridad del público venga en ayuda
de la beneficencia privada. Por esto, los abajo firmantes, Promotores de tan piadosa obra, se dirigen a V. S. Ilustrísima implorando su
concurso y proponiéndole un medio que, habiendo sido ya empleado con éxito en otras beneméritas instituciones, ciertamente no dejará de
serlo para el Oratorio de San Francisco de Sales. Consiste éste en una tómbola, que los abajo firmantes pensaron emprender para subvenir
a los gastos exigidos para la terminación de la nueva capilla, a los cuales V. S. querrá, sin lugar a duda, prestar su ayuda, vista la excelencia
de la finalidad a que se dirige.

Agradeceremos cualquier objeto que a V. S. le plazca ofrendar, en seda o en lana, de metal o de madera, ya sea trabajo de un reputado
artista, o de un modesto obrero, de un laborioso artesano, o de una caritativa dama. La menor ayuda, en el campo de la beneficencia, es
algo muy grande, y las pequeñas ofrendas de muchos pueden ser suficientes para cumplir la obra deseada. Los abajo firmantes confían en
la bondad de V. S., seguros de que el pensamiento de cooperar a la buena educación de la juventud abandonada no dejará de influir en su
ánimo para contribuir con alguna subvención. Sirva, además, para recomendar ante usted el piadoso instituto, la singular benevolencia con
que personas de todo género y condición ((333)) han promovido y favorecido la ampliación del establecimiento. Valga sobre todo el voto
emitido por el primer Cuerpo Legislativo del Estado, que, después de haberlo tomado en consideración, nombró una comisión especial
para obtener información completa, y, después de conocer su utilidad, lo recomendó calurosamente al Gobierno de su Majestad. Valga
también la generosa subvención decretada, para dos años seguidos, con voto unánime por el Ayuntamiento turinés; la singular generosidad
con que su Majestad el Rey y
258

Fin de Página 258

 

VOLUMEN IV Página: 259

su Majestad la Reina se dignaron acudir en su ayuda, y la especial benignidad con la que venerandos Prelados y distinguidísimos
personajes se complacieron recomendarlo a la pública caridad. Los abajo firmantes dan a V. S. Ilustrísima anticipadas gracias por la cortés
cooperación que querrá prestar para el buen éxito de la proyectada tómbola, y piden al Cielo sus bendiciones en favor de V. S. Ilustrísima,

SS. SS. SS.
LOS PROMOTORES Y PROMOTORAS

Al pie del documento iban impresos los nombres de los Promotores y Promotoras, con la siguiente posdata:

"Los objetos serán entregados a las señoras y señores Promotores y, para mayor comodidad, podrán ser depositados en las siguientes
direcciones:

José Gagliardi, tienda, frente a la iglesia de la Basílica; Carlos Chiotti, tienda de loza y porcelana en Dora Grossa, frente a la iglesia de
los Santos Mártires; Pianca y Serra, comercio, calle de Nuestra Señora de los Angeles, casa Pomba, número 6; Jacinto Marietti, tipografía
y librería, bajo los pórticos de la Universidad".

Con el envío de algunos millares de estas invitaciones a la caridad, repartidos por todas partes, santificaba don Bosco las fiestas de
Navidad.
259

Fin de Página 259

 

VOLUMEN IV Página: 260

((334))

CAPITULO XXIX

EL PRIMER COMEDOR DE LOS MUCHACHOS -CAMBIA EL SISTEMA PARA LA DISTRIBUCION DE LA COMIDA -VARIAS
CLASES DE MUCHACHOS -EL PRIMER REGLAMENTO PARA LOS INTERNOS: LOS DORMITORIOS -DOS CARTAS PARA
LA ACEPTACION DE LOS MUCHACHOS ERANCIA PATERNAL -CAGLIERO EMPIEZA A ESTUDIAR MUSICA -TERNURA
MATERNAL -MARGARITA Y LOS ENFERMOS

A primeros de 1851 los internos ya no se desparramaban por el patio o por la casa para comer y cenar, sino que empezaron a sentarse a una
mesa preparada bajo techo, y como muchos eran ya mayorcitos, se les entregaba un panecillo a cada uno al desayuno. Pero en 1852 hubo
otro progreso. Don Bosco dejó de entregar los veinticinco céntimos diarios a cada muchacho, porque algunos no sabían administrarlos y
los gastaban en chucherías, quedándose luego sin pan. Se abolieron las escudillas, fueron sustituidas por platos de estaño, y, a partir de
aquel momento, era la despensa de la casa la que proveía de pan, añadiendo regularmente algo de carne a la comida de jueves y domingos.
Poco más tarde había carne o fruta todos los días al mediodía y un vaso de vino en las fiestas. Don Bosco se las arreglaba, por cuanto
podía, para dar a sus muchachos la comida necesaria, que nunca llegó a faltar ((335)) y que si no muy exquisita, sí era sana y abundante. La
menestra y el pan estaban siempre a disposición de todos, que comían hasta saciarse. Pero se vigilaba a fin de que no sacaran nada fuera
del comedor, y para conseguirlo, se dio medio panecillo a la merienda.

Don Bosco quería que el pan fuera de primera calidad: habiéndole sugerido el Caballero Cotta que diese a sus muchachos colines 1,
quiso hacer la prueba durante una semana. Pero al ver que aquel pan, aunque más fino, no les satisfacía, porque como no tenía miga había
que comerlo despacio, lo dejó enseguida. En las solemnidades y en las fiestas de la casa solía darles algo más, que consistía, de ordinario,

1 Colin: pan que se desmenuza fácilmente, en forma de barritas largas del grueso de un dedo. (N. del T.).
260

Fin de Página 260

 

VOLUMEN IV Página: 261

en companaje al desayuno y en un modesto entremés y vino a la comida. Tampoco dejaba faltara ninguna prenda de vestir a losmás pobres

La mayor parte de los muchachos recibían en el Oratorio mejor trato que el que podían tener en sus propias casas, aunque estaban de
balde. En general, don Bosco prefería a los huérfanos más necesitados y abandonados, expuestos al peligro de la delincuencia, a ser
víctimas de los escándalos familiares o a caer en las redes de las malas compañías. Decía conmovido hasta las lágrimas:

-Estoy dispuesto a cualquier sacrificio en favor de estos muchachos: hasta daría con gusto mi sangre con tal de salvarlos.

Y recomendaba la misma compasión a sus colaboradores.

Sin embargo, exigía una pequeña cuota a los que todavía tenían padres, o poseían algo, o tenían bienhechores, y acostumbraba a decir
que no era justo fueran mantenidos por la beneficencia pública, la cual solamente debe servir para los que se encuentran en verdadera
necesidad. Su manutención, sin embargo, era más costosa de lo que ((336)) cualquiera de ellos aportaba; lo cual suplía don Bosco con los
socorros que le suministraba la Divina Providencia.

Lo que él les daba era superior a lo que pudieran pretender, aunque censuraba muchas veces el sistema de ciertas instituciones modernas
en las que muchachos pobres, por ellas atendidos, reciben un trato muy superior a su condición y, después, al tener que salir de la
institución, no se adaptan a ciertas privaciones, aún con daño material y moral.

Había en el Oratorio otros jovencitos, en aquellos primeros tiempos, pertenecientes a familias en cierto modo acomodadas, las cuales
rogaban a don Bosco aceptase a sus hijos para educarles, y que estaban dispuestas a colaborar con una cuota relativamente alta: éstos
recibían un trato especial. Don Bosco les sentaba a la mesa de sus clérigos para que recibieran buen ejemplo. Pero la excepción no duró
mucho; sólo hasta que don Bosco abrió otros colegios para este fin, en 1860 y 1863.

Entre estudiantes y artesanos, lo mismo los que pagaban una pensión que los que no la pagaban o la tenían muy reducida; entre clérigos e
internos, reinaba la más sincera amistad e igualdad. Don Bosco aunaba todos los corazones. Porque era bueno como la más amorosa de las
madres, justo sin parcialidad alguna, afectuoso con las personas destinadas al servicio, apreciador y buen pagador de los trabajos, solícito
con los enfermos, protector de los necesitados, inigualable pacificador de las pequeñas discordias. Acostumbraba
261

Fin de Página 261

 

VOLUMEN IV Página: 262

repetir: el que tenga más prudencia, que la emplee. Sufría cuando los muchachos se alejaban del Oratorio, aunque fuera por poco tiempo, y
empleaba toda suerte de industrias para tenerlos junto a sí durante las vacaciones, aún gratuitamente, porque temía que, marchándose con
alas, volviesen con cuernos.

Pero la extraña tranquilidad que aquellos muchachos, generalmente sanos y robustos, gozaban con sus atenciones, no era sino a costa de
alguna ((337)) incomodidad. La menestra, dada su gran cantidad, no siempre era del gusto de todos; los locales eran estrechos y pobres; los
alumnos, demasiado numerosos para albergarlos cómodamente; y existían otras molestias, ajenas a la voluntad y a la diligencia de don
Bosco. Sin embargo, el cariño que los muchachos tenían al Oratorio, aún los que pagaban pensión, era algo increíble. Todavía hoy cuentan
los antiguos alumnos, y entre éstos el canónigo Ballesio: "La menestra y la carne no estaban a la altura de los tiempos. Recordando cómo
se comía y cómo se dormía, todavía hoy nos maravillamos de haber podido soportarlo entonces, sin sufrir ni lamentarnos de ello. Eramos
felices, porque vivíamos de cariño. Nos envolvía una atmósfera de ideas maravillosas, que nos llenaban del todo, y no pensábamos en nada
más".

Aquel año comenzó don Bosco a establecer algunas normas reglamentarias, ya que en los principios del Oratorio, no había ningún
reglamento escrito. Como no había en él todavía escuelas, ni talleres, los muchachos estaban clasificados por dormitorios; por esto, en cada
uno de ellos se puso a un clérigo o a un joven como asistente y se colocó una tablilla con los artículos a cumplir en la casa. Por este estilo.

1. Todo joven deberá someterse al asistente, o a quien le supla, el cual rendirá cuenta de lo que se hace y dice en el dormitorio.
2. No podrá entrar en el dormitorio nadie, aunque sea pariente, sin permiso: ni siquiera los jóvenes de un dormitorio pueden pasar a otro,
sin permiso especial de los Superiores.
3. Procure cada uno dar buen ejemplo a los compañeros, ((338)) particularmente en la frecuencia de los sacramentos, acercándose a ellos
al menos cada quince días.
4. Cuide cada uno de la limpieza de su persona y de la del dormitorio.
5. Por la noche, una vez rezadas las oraciones, váyase inmediatamente a la habitación y no a pasear por el patio: se guardará riguroso
silencio para no molestar a los que necesitan reposo.
262
Fin de Página 262

 

VOLUMEN IV Página: 263

6. Por la mañana, a la señal de levantarse, todos se vestirán con la máxima modestia y guardando riguroso silencio.
7. Está severamente prohibido vender o comprar cualquier objeto o guardar dinero consigo. Quien lo tuviese, debe consignarlo al
Prefecto, que lo guardará y suministrará en caso de necesidad.
8. Está terminantemente prohibido escribir en las paredes de la casa, clavar clavos o hacer agujeros con cualquier pretexto.
9. Se recomienda la caridad fraterna y, por tanto, soportar
pacientemente los defectos de los compañeros y no despreciarlos ni ofenderlos.
10. Está rigurosamente prohibido todo acto inconveniente y toda suerte de conversaciones malas.
11. Bendiga el Señor a quien observare estas normas. Recuerden todos que el que empieza a vivir como buen cristiano en la juventud,
llevará una buena vida hasta la vejez y Dios le guardará hasta aquella edad.
N. B. Este reglamento será leído en alta voz el primer domingo de cada mes a todos los del dormitorio.
JUAN BOSCO, Pbro.

El reglamento, en el que los jóvenes eran llamados hijos de casa en el primer original, fue modificándose y reduciéndose poco a poco
hasta la forma expuesta.

((339)) En aquellos tiempos memorables gozaban los muchachos de mucha libertad, ya que vivían como en familia. Pero, a medida que
surgía una necesidad o nacía un desorden, iba don Bosco restringiéndola gradualmente con nuevas y oportunas normas. Los muchachos
reconocían la necesidad de las nuevas disposiciones y se sometían con gusto a ellas, pero se encaraban con aquéllos, cuyas faltas las
motivaban. De esta forma, una tras otra, a intervalos, fueron estableciéndose las normas disciplinares que hoy forman el reglamento de las
casas salesianas.

Cada dormitorio tenía un santo titular y patrono, cuyo nombre estaba escrito sobre le dintel de la puerta. Los muchachos pertenecientes a
él celebraban cada año su fiesta: recibían todos ellos los santos sacramentos y, con el permiso correspondiente, adornaban con colgaduras y
luces la imagen del Santo, le cantaban himnos y recitaban oraciones ante ella. Elegían una hora del día o de la noche que no interrumpiese
el horario general e invitaban a los Superiores. Presidía el prioste por ellos elegido y uno de ellos o un clérigo hacía
263

Fin de Página 263

 

VOLUMEN IV Página: 264

el panegírico. Cuando era posible, se daba a besar la reliquia. Este medio, unido a muchos otros, hacía crecer cada vez más el fervor y la
devoción. El dormitorio era una especie de santuario. En cada uno, como más tarde en los salones de estudio, prescribió don Bosco que
hubiera una pileta con agua bendita. Había también un altarcito con la estatua de la Virgen y el crucifijo. Durante el mes de mayo se
recitaba cada día, antes de acostarse, una corta oración ante la imagen de María, adornada con tapices y luces. Estas costumbres se fueron
reduciendo por culpa de los muchos clavos que se empleaban, pero duraron bastante tiempo. A veces las fiestas del titular del dormitorio
daban lugar a una bonita velada que se celebraba en él y a la que asistía el mismo don Bosco. Hemos encontrado y guardamos algunos
((340)) sonetos compuestos y recitados varios años por los jóvenes estudiantes del dormitorio de San Agustín, en honor del gran Obispo de
Hipona y dedicados a don Bosco, a don Víctor Alasonatti y a Juan Berruto uno de sus priostes.

Para mantener el orden general, entendió don Bosco que era importante hubiese en la casa permanentemente un representante de su
autoridad; por eso, cuando él debía salir de Turín durante unos días, invitaba, como lo había hecho durante el año transcurrido, también en
el año 1852, al sacerdote Grassino a habitar en Valdocco.

Su celo y su prudencia le sugerían esas disposiciones, mientras su
caridad con los muchachos aparecía hasta en las cartas que escribía a los que se los recomendaban.

El reverendo don Francisco Puecher, del Instituto de la Caridad, le escribía desde Stresa una carta augurándole las bendiciones de Dios
para su tómbola, le saludaba juntamente con el teólogo Gastaldi y, en nombre del abate Rosmini, le recomendaba un jovencito cuya cuota
mensual estaba éste dispuesto a pagar. Respondía don Bosco el 16 febrero de 1852:

"A continuación de la carta de V. S. Ilustrísima he llamado al jovencito C... Me conmoví al verlo; tiene el aspecto de quien pasa hambre
material y espiritual; pero me pareció de estupenda índole, tanto que le dije viniese durante la semana en curso, para tenerle unos días a
prueba, sin más. Entiendo que habrá que enviarle todavía durante algún tiempo a la escuela, para mejor saber si el Señor le llama a los
estudios o al aprendizaje de un oficio... Sea ello como fuere, cuento tener aquí a ese joven, porque me parece que pasa grave necesidad".

Y más tarde escribía al reverendo P. Gilardi:
264

Fin de Página 264

 

VOLUMEN IV Página: 265

"El jovencito C... se distingue por su buena conducta y piedad:
demuestra inclinación el estado eclesiástico, es de los primeros en el tercer curso de gramática latina; da buenas esperanzas ((341)) para el
porvenir; pero sólo tiene catorce años; es preciso que continúe sus estudios".

Dirigía otra carta al conde Javier Provana de Collegno.

Ilustrísimo Señor:
Entiendo cuán importante es que nos ocupemos del muchacho recomendado por la bondad de V. S. Ilustrísima, y le aseguro que pondré
todo mi empeño.
Pero, como me encuentro en un momento difícil, falto de medios y también de local, déme todavía cinco o seis días de tiempo, y yo haré
de modo que se le pueda colocar de alguna forma aquí o en casa de una familia segura.
Agradezco de todo corazón el buen recuerdo que de mí conserva.
Recomiéndeme al Señor y acepte me repita con la máxima veneración,
De V. S. Ilustrísima,
Turín, 21 febrero 1852

S.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Mientras tanto, las clases de latín daban excelentes frutos. El muchacho Cagliero demostraba gran talento y buen humor. Era siempre el
primero en los juegos, jefe y maestro de gimnasia y emprendedor en sumo grado.

Pero, al principio, parecía que su fogosa índole no se podía frenar. Particularmente cuando iba a la escuela, no había modo de que
pudiera plegarse a ir en compañía con los otros. El clérigo Rúa, que era el encargado de la vigilancia, no lograba tenerlo a raya. El, apenas
salían del Oratorio, ((342)) corría hasta la plaza de Milán, donde siempre había titiriteros, echaba una ojeada a los juegos, y cuando sus
compañeros llegaban a la puerta del profesor Bonzanino, se encontraban con Cagliero que les esperaba allí, impregnado de sudor.

Le decía Rúa a menudo:

-"Por qué no vienes con los demás?

-íVaya! Porque a mí me gusta así; "qué mal hay en ir por una calle mejor que por otra?

-"Y la obediencia?
265

Fin de Página 265

 

VOLUMEN IV Página: 266

-"La obediencia? "No llego a punto a la escuela? "Acaso no llego antes que los demás? Yo hago los trabajos, me sé la lección; "a qué
molestarse por estas niñerías?

Y seguía yendo solo, por el gustazo de ver a los titiriteros.

Alguien propuso a don Bosco que sería mejor enviar a su casa a un muchacho tan poco amigo de la disciplina; pero don Bosco, que tenía
muy en cuenta la franqueza de Cagliero, no hizo ningún caso. En efecto, al año siguiente Cagliero, tras algunas amonestaciones de don
Bosco, empezó a cumplir mejor las normas y no tardó en convertirse en modelo de todos.

Estaba adornado de muy buenas cualidades, y don Bosco, que había descubierto en él una gran disposición para la música, le enseñó los
primeros rudimentos y encargó al clérigo Bellia que siguiera instruyéndole. Deseaba él formar un maestro que escribiese música fácil para
el pueblo, e hizo que se dedicara formalmente a este estudio, gracias a un buen método cuyos resultados se vieron muy pronto. Cierto día
faltó el que acostumbraba a tocar el armonio en las fiestas de iglesia. "Quién haría sus veces el domingo? "Cuál sería el aspecto de la
iglesia sin música y sin cantos? Cagliero vio el apuro, no quiso que se dijera que por la ausencia de uno se perdía ((343)) el Oratorio. Y con
energía superior a su edad, tanto hizo y tanto se afanó que, al domingo siguiente, se sentó al armonio y con mano segura acompañó las
melodías de costumbre. Tras aquel éxito, su pasión por la música se hizo cada día mayor, y se pasaba las horas muertas sobre el teclado del
desvencijado piano. Tocaba, con tal ardor, notas poco armónicas para un oído profano, que un día la buena Margarita perdió un tanto la
paciencia, y no dudó en amenazar, en broma, con la escoba, al músico en ciernes, a quien quería como una madre. En efecto, ella siempre
dulce, afable, paciente en toda ocasión, demostraba el gran cariño que nutría a sus pobres jovencitos. Sucedía frecuentemente en el invierno
que alguno, obligado por el patrono a trabajar hasta muy tarde, no le veía con los demás a la hora de la cena y al enterarse de ello,
exclamaba:

-íPobres hijos míos! íHay que guardarles la sopa al fuego!

Y no tenía valor para irse a la cama. Les esperaba hastas las once dadas y, a veces, hasta medianoche, temblando de frío. Cuando
llegaban, les alegraba con una tajadita más de carne que les había reservado.

Los domingos por la tarde, a lo mejor se acercaba a la cocina uno de los más pequeños, después de las funciones de iglesia.

-"Qué quieres, chiquito?
266

Fin de Página 266

 

VOLUMEN IV Página: 267

-Mamá, déme un panecillo.
-"No te has comido ya tu merienda?
-Sí; pero íaún tengo hambre!
-Pobrecito, toma. -Y se lo daba-.Pero no se lo digas a nadie, porque entonces vienen otros compañeros tuyos, y después me dejan los

mendrugos en mitad del patio.

-Mamá, esté tranquila, no se lo diré a nadie.

((344)) Y corría al patio con su panecillo en la mano. Los compañeros, al ver que comía, le rodeaban:

-"Quién te ha dado ese pan?

El chiquillo respondía a boca llena:

-Mamá Margarita.

Y corrían los otros como una exhalación hasta ella, que nunca sabía decir no.

Volvía al domingo siguiente el mismo chiquillo a pedir pan y Margarita le decía:

-Oye, la semana pasada dijiste a todos que yo te había dado pan, y me pusiste en un apuro. Así que hoy no te lo doy.

-"Entonces tenía yo que decir una mentira? Me preguntaron y tuve que decir la vedad.

-Llevas razón, la mentira nunca está bien.

Y sin más, le contentaba.

Como se ve, los buenos muchachos tenían gran ascendiente en su corazón. Cuando comenzaron las clases para los estudiantes en el

Oratorio, alguno de ellos, después de salir de la escuela y tomar el pan para la merienda, iba a la habitación de Margarita y le decía:

-"Nada más?

-"Y no te basta?, respondía Margarita.

El chiquillo empezaba a comer su pan y después repetía.

-Mamá, no puedo engullirlo.

-"Y por qué?

-íEstá seco! Si tuviera un poco de queso o una loncha de salchichón, sabría mejor.

-íHale, hale, comilón! Da gracias a la Providencia de que tienes pan blanco.

-íOh, mamá! -contestaba casi gimiendo el picaruelo, mirándola piadosamente a la cara.

Y Margarita terminaba dándole lo que le pedía.

Hemos contado estos dos sencillos hechos, que tal vez parezcan a alguien demasiado corrientes, porque nos es más grata una ((345))

gotita de amor que todo un piélago de glorias, grandezas y maravillas,

Fin de Página 267

 

VOLUMEN IV Página: 268

y porque se refieren a dos compañeros nuestros, que más tarde fueron honrados con altísimas dignidades.

Ante ello, puédese preguntar qué hacía con los muchachos, cuando estaban tristes o enfermos. Con los primeros, no perdía ocasión para
devolver la sonrisa a sus labios; con los segundos, competía en espíritu de sacrificio y continuos cuidados con la madre más cariñosa que
pueda darse. Un mal de cabeza, un dolor de muelas, que cualquiera tuviese, era para ella una gran pena. Los muchachos, apenas sentían el
más ligero malestar, acudían a ella, siempre dispuesta a servirles, lo mismo de día que de noche. Si oía un gemido, un llanto, no estaba
tranquila hasta no saber la razón. Si uno se veía obligado a ir a la cama enfermo, ya estaba ella al lado; preparaba las medicinas, iba a
trabajar junto a su cama, le velaba cuando los otros iban a dormir.

Baste, para decirlo todo en pocas palabras, el siguiente hecho. Cayó enfermo un muchacho con una enfermedad infecciosa; como el
médico prescribiera que se le aislara totalmente, Margarita se puso a su lado como una amable enfermera. Cuando determinaron que fuera
llevado al hospital y vio que le subían por las escaleras, siguióle silenciosa hasta el umbral y al ver a los empleados levantar la camilla y
ponerse en marcha, rompió a llorar.

Margarita era el ángel custodio del Oratorio.
268

Fin de Página 268

 

VOLUMEN IV Página: 269

((346))

CAPITULO XXX

APOSTASIAS -SERMON SOBRE LA VIRGINIDAD DE MARIA SANTISIMA -CELO Y CARIDAD DE N BOSCO CON LOS
ENGAÑADOS POR LOS HEREJES -DISCUSIONES CON LOS PARTIDARIOS DE LOS VALDENSES Y SUS MINISTR0S -UN
SERMON INFIEL: EL AGUILA Y LA ZORRA -EL JUBILEO EN EL ORATORIO DE SAN FRANCISCO DE SALES
-CONSTRUCCIONES DE LOS VALDENSES EN DERREDOR DE SU TEMPLO

LOS valdenses continuaban esparciendo sus errores entre el pueblo a través de la palabra y de la prensa, y regalando ochenta liras a
quienes se inscribían en su secta. Algunos muchachos de los Oratorios festivos, que habían proporcionado graves disgustos a Don Bosco, y
habían participado en cuestiones en su contra, se dejaron arrastrar por la apostasía, a cambio de aquellas viles monedas. Víctimas de su
odio, buscaban la forma de desahogarse contra sus antiguos compañeros, los cuales, según les advertía su propia conciencia, les
conceptuarían en adelante como renegados. Sorían las nueve de la noche cuando aquel día volvía Tomatis a casa. Al pasar cerca de la
iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, camino del Oratorio, advirtió que dos sujetos le seguían.
Asustado, apretó el paso, y ellos también. Se echó a correr y logró entrar en el patio y cerrar la puerta a tiempo, ya que, de haber tardado un
instante más, le hubieran alcanzado. Fue inmediatamente a contar lo sucedido ((347)) a don Bosco, el cual dispuso se tomaran las debidas
precauciones para tutelar la seguridad de la comunidad.

"Don Bosco, nos escribió José Brosio, sufría mucho con estas deslealtades y traiciones. Predicando un domingo en Valdocco contra los
errores protestantes, se lamentaba, con encendidas palabras, de aquellos jóvenes que se dejaban engañar por los corifeos de la impiedad y
desenmascaraba las engañosas artes que éstos empleaban para arrastrar a la juventud a una segura perdición. De repente interrumpió el
sermón, como acostumbraba a hacer en algunas ocasiones, y empezó a interrogar a los muchachos, a fin de que todos entendieran bien la
cuestión. Aclaró de este modo las razones que, de forma irrefutable defendían algunos dogmas negados por los
269

Fin de Página 269

 

VOLUMEN IV Página: 270

protestantes, principalmente el de la virginidad de Nuestra Señora. on Bosco se acaloró de tal forma, al desarrollar el tema, que su rostro se
encendió, como si fuera la llama de un potente faro. Yo mismo lo vi".

A su tiempo diremos cómo, en otra circunstancia, también nosotros fuimos testigos de semejante maravilla.

En tanto, había empezado don Bosco a entregarse con gran solicitud a la tarea de convertir a los herejes. Fue tan grande su constancia,
durante muchos años, que tuvo el consuelo de recibir un considerable número de abjuraciones de apóstatas y de otros nacidos en la herejía.
No es para contar cómo gozaba cuando podía agregar a alguien a la Iglesia verdadera.

Frecuentemente iban a visitarle algunos de los engañados por los valdenses, que habían renegado de la fe. El los recibía con afabilidad,
les explicaba las verdades católicas con toda claridad, les mostraba cómo habían sido seducidos, ponía ante sus ojos el mal paso que habían
dado y los animaba a no desesperar nunca de la misericordia divina. Al mismo tiempo les ayudaba en cuanto le era posible. Algunos eran
necesitados y él les socorría, después de haberlos instruido. A otros ((348)) los acogió en el Oratorio, para librarles de la ocasión de recaer
en el error y poder catequizarlos mejor. Recogió, instruyó y convirtió a algunos pobres muchachos protestantes. Hubo familias enteras que
volvieron, gracias a él a la grey de Cristo, y proporcionó a algunas un medio para vivir honradamente con su propio trabajo. Don Miguel
Rúa atestigua cuanto dejamos dicho.

Algunos neófitos valdenses acudían al Oratorio para discutir, más que con ánimo de convertirse, pero don Bosco los aceptaba.

"Yo mismo, nos dijo el canónigo Anfossi, asistí varias veces a estas discusiones por él mantenidas. Era admirable la sutileza de los
argumentos que empleaba; mostraba claramente que no sólo había estudiado al detalle la forma de rechazar los errores del protestantismo,
sino que, además, gozaba de luces especiales del cielo, que brotaban de la misma gran caridad con que se entretenía con aquellos ilusos.
Ellos no siempre empleaban modos corteses, pero él no se excusó nunca de tratarles con dulzura. Decía que ésta era la virtud más
necesaria, particularmente para tratar con los herejes". Porque, en efecto, si se dan cuenta de que se quiere prevalecer sobre ellos, entonces
se preparan, más que para conocer la verdad, para combatirla: y las contestaciones fuertes cierran las puertas de su corazón, mientras que la
afabilidad las deja abiertas. Así San Francisco
270

Fin de Página 270

 

VOLUMEN IV Página: 271

de Sales, aunque muy hábil en la controversia, ganaba más herejes con su dulzura que con la ciencia. La eficacia de una discusión sin
dulzura, jamás convirtió a nadie.

Más de uno de los presuntuosos a que nos referimos, fue persuadido por don Bosco y volvió a subir a la barca de Pedro.

Los así llamados pastores valdenses no tardaron en advertir el celo empleado por don Bosco para reconquistar a la fe católica a los
extraviados. Así que algunos de ellos fueron a verle con la esperanza de rebatirle y ((349)) alardear públicamente de ello. Pero no lo
lograron: no solamente por la solidez de sus razones, sino también porque sabía cortar sus divagaciones, en lo que son verdaderos
maestros, ya sea por su ignorancia, ya sea por el arte de imposibilitar la conclusión de una tesis determinada. A veces, don Bosco pasaba,
de la argumentación directa y positiva, a la interrogación, particularmente cuando se trataba de la Historia Eclesiástica, de los Concilios y
de los Santos Padres. Sus respuestas, sin ton ni son, caían en tales anacronismos que causaban risa. Era, además, muy experto para alcanza
del adversario más culto concesiones cuyas consecuencias no había podido éste prever, con lo que le creaba grandes embarazos y
dificultades de los que no podía liberarse. Aquellos señores salían, por tanto, avergonzados.

Mientras tanto, seguía difundiendo durante aquel año una nueva edición del opúsculo titulado Avisos a los Católicos, que, con millares
de ejemplares, hacía muchísimo bien por todo el Piamonte y particularmente en Turín. Pero, a la par que don Bosco luchaba contra la
herejía, acampada tras los muros de Valdocco, los fanáticos valdenses intentaban sembrar la cizaña en el mismísimo Oratorio.

Cierto frailecillo franciscano reformado del convento de Santo Tomás de Turín, el padre Vidal Ferrero, hermano de algunos chiquillos
que frecuentaban el Oratorio, se había hecho muy amigo de don Bosco. Supo disimular tan bien la maldad de su corazón que don Bosco,
creyéndole persona de confianza, le había invitado a comer con él en varias ocasiones. Así que, aquel año de 1852, le encargó el panegírico
de San Francisco de Sales en el día de la fiesta. Subió el fraile al púlpito y empezó a hablar en diálogo piamontés, que poseía bastante bien
Comenzó haciendo vivas descripciones. Pintó a San Francisco a pie, rendido, subiendo la montaña ((350)) para salvar las almas,
remendando, por su mano, las vestiduras rotas y comparándole con otros que van en coche y envían sus ropas al sastre. Al decir otros
aludía a los obispos.

Presentó después una parábola del águila y la zorra. Estaba el
271

Fin de Página 271

 

VOLUMEN IV Página: 272

águila sobre un árbol, y la zorra se arrastraba por el suelo, cubierta de llagas repugnantes, pestilentes: queriendo ésta esconderlas, buscaba
cómo ocultarse entre los setos, para mezclarse, luego, con los animales e infectarlos. Pero el águila, que estuvo contemplando durante un
rato los pasos engañosos de la zorra, gritó a toda suerte de animales: -íLibraos de la zorra! -Y concluía el infiel predicador: -Hijitos, "sabéi
quién era el águila? íLutero! "Sabéis quién era la zorra? íLa Iglesia Católica!

Ante semejante conclusión, don Bosco, que había estado oyendo sus palabras con inmensa pena, avanzó hacia el púlpito mientras bajaba
el fraile y agarrándole por una manga del hábito, le dijo con voz enérgica, de forma que todos los muchachos lo oyeron:

-íUsted es indigno de llevar este hábito!

Poco tiempo después, salía del convento aquel desgraciado, con permiso de los superiores, so pretexto de asistir a su anciano padre. Pero
al llegar a casa, vestido de sacerdote secular, dejó a su padre en la calle, colgó luego los hábitos, y terminó entregándose al protestantismo,
haciendo pública profesión de fe heterodoxa, bajo la guía del pastor valdense Amadeo Bert. Fue enviado a Londres para pervertir a los
emigrantes italianos, y murió el mismo año de una cuchillada que le propinó un compatriota.

El desgraciado había ido a predicar al Oratorio de acuerdo con los protestantes; pero no supo obrar con sagacidad y se quitó enseguida la
piel de cordero. Los muchachos que le oyeron ((351)) recordaban cuarenta años más tarde, con todos los pormenores, la impía parábola.
Tal fue la impresión que dejó en sus ánimos el relato.

Y don Bosco, con gran pena, les había contado la apostasía de aquel infeliz recomendándole a sus oraciones.

Con el fracaso del golpe, la herejía se ganó la antipatía de los del Oratorio y don Bosco aprovechó un infeliz acontecimiento para
confirmarles en sus buenos propósitos.

En 1851 había concedido el Papa un Jubileo Universal. Se podía lucrar fuera de Roma al año siguiente. El teólogo Borel pidió a la Curia
en nombre de don Bosco consentimiento para que los muchachos de los Oratorios, asistidos por los sacerdotes que los dirigían, alcanzasen
las indulgencias en sus propias capillas. Si se les otorgaba esta providencia, concebía la esperanza de mayores frutos espirituales. El
Vicario General, canónigo Felipe Ravina, concedía el 2 de febrero de 1852 la facultad pedida. Las visitas, como se siguió haciendo después
en el Oratorio, se efectuaron de acuerdo con el número prescrito, saliendo y entrando procesionalmente en la capilla.
272

Fin de Página 272

 

VOLUMEN IV Página: 273

Los muchachos pusieron todo su empeño para ganar la indulgencia, enfervorizados con la predicación de don Bosco, el cual aconsejó a los
alumnos internos y a cierto número de externos, que, para no olvidar aquellos solemnes días, escribieran en un papelito los propósitos
hechos, y lo guardasen consigo mismo o se lo entregasen a él, que los custodiaría.

Gustó a los muchachos la propuesta. Fueron muchos los que los escribieron, encabezando su papel con el título de: Mi jubileo, o bien
con su propio nombre. Otros firmaban su propósito, como por ejemplo éste: -Soy Juan Bautista Sacco. Prometo y espero cumplir.

Los pocos papeles que todavía se conservan, manifiestan, con la simplicidad de su expresión, ((352)) sus repeticiones y errores
gramaticales, que sus escritores eran artesanos principiantes o noveles estudiantes, recién entrados en el Oratorio.

He aquí la copia de algunos:

-Yo debo huir de los que blasfeman.

-Yo debo huir de los que acostumbran reñir, y prometo no reñir con nadie.

-Yo debo prometer que no blasfemaré ni diré cosas malas.

-Yo debo huir de los malos compañeros con los que voy siempre.

-Yo prometo ser diligente en mis deberes y más devoto en la iglesia.

-Yo debo acercarme con más frecuencia a los Santos Sacramentos.

-Yo debo prometer apartarme de los que hablan mal de la Iglesia.

Esta frase se lee en todos los papelitos, prueba evidente de que se la había sugerido y explicado don Bosco. Lo mismo hay que decir en
cuanto a la uniformidad y el orden de ideas, que ciertamente es el mismo sostenido por él en su predicación. Copiamos un papel entero
como ejemplo documental, un tanto corregido:

"ESTE ES EL JUBILEO DE ROCCHIETTI

HUIR:

1.° Yo debo huir de las malas compañías.

2.° Yo debo huir de los que hablan mal de la Religión Católica.

3.° Yo debo huir de las malas conversaciones.

IMITAR:
1.° Yo debo imitar a San Luis Gonzaga.

Fin de Página 273

 

VOLUMEN IV Página: 274

2.° Yo debo imitar a los que son muy devotos del Señor y de los santos y seguir sus buenos consejos.

3.° Yo debo imitar a los que hablan bien de la Religión Católica.

((353)) PROMETER:

1.° Yo debo prometer al Señor no pecar en toda mi vida.

2.° Yo debo prometer huir de las malas compañías y las malas conversaciones y de los que acostumbran blasfemar contra el santo
Nombre de Dios y nombrarlo en vano.

3.° Yo debo prometer no decir mentiras ni por excusa, ni por ningún otro motivo, ni blasfemar o decir cosas malas, y huir del mal.
Pedro Rocchietti, lo prometo y espero cumplirlo durante toda mi vida".

Este papelito fue entregado juntamente con muchos otros a don Bosco por los mismos muchachos, para que les recordase sus promesas,
si por azar las olvidasen. Esa gran confianza con el buen padre constituía su salvaguardia.

Los Valdenses, mientras tanto, empezaron a organizar en derredor del templo que edificaban, escuelas para niñas de familias
acomodadas, otras, para muchachos pobres de ambos sexos, un asilo de infancia, un hospital, una Diaconía para distribuir socorros a los
pobres y, a poca distancia, un colegio para artesanos valdenses. Inglaterra contribuía generosamente para esta labor del mal. Don Bosco
oponía su laboriosidad en el bien con grandes sacrificios: frente a construcciones profanas, donde se enseñaría el error y resonarían las
blasfemias, levantaba edificios sagrados, donde se predicaría la verdad y se alabaría el santo nombre de Dios; frente a los tesoros
acumulados por las Sociedades Bíblicas, él amontonaba el óbolo de la fe y de la caridad.

Mientras tanto, proseguía activamente los preparativos de la tómbola.
274

Fin de Página 274

 

VOLUMEN IV Página: 275

((354))

CAPITULO XXXI

REGALOS PARA LA TOMBOLA -EN BUSCA DE UN LOCAL PARA LA EXPOSICION -DONATIVO DEL REY -EXPOSICION DE
LOS PREMIOS PARA LA TOMBOLA -CONDONACION DE LOS GASTOS DE CORREOS -LA TASACION DE LOS REGALOS
-APERTURA DE LA EXPOSICION -EL CONDE DE CAVOUR -UNA DESGRACIA

DON Bosco se pasó los primeros días del año 1852 ocupado en los trabajos de su tómbola. Hizo una segunda edición de la Carta Circular,
con fecha del dieciséis de enero, pidiendo regalos a todas partes. Esto supuso tener que escribir miles y miles de direcciones. Era la primera
vez que se acudía a este medio implorando la beneficencia pública para la construcción de una iglesia, y la Circular fue bien acogida.

"Don Bosco, que me hacía partícipe de todos sus asuntos, escribe José Brosio, me encargó varias incumbencias para la tómbola de 1852
y después para la de Puerta Nueva, así que me tocó acompañarle a las visitas que hacía a grandes señores y, al mismo tiempo, a casas
donde había enfermos".

Mientras tanto iban llegando regalos. S. M. la Reina María Adelaida envió una copa de vidrio rojo con su tapadera; un acerico de
terciopelo rojo, guarnecido de bronce dorado a guisa de un pequeño sillón; otro en terciopelo verde, guarnecido de marfil; una copa de
cristal blanco y azul; ((355)) un juego de café y leche para dos personas en porcelana blanca con flores en relieve, con un total de ocho
piezas. S. M. la Reina Viuda María Teresa regaló dos vasos de bronce dorado y plateado, un pequeño escritorio de madera con
incrustaciones y otros doce objetos. S. A. R. la Duquesa de Génova entregó un pisapapeles de bronce, con un grupo de tres estatuitas. Toda
la corte real y la nobleza turinesa se destacaron con sus regalos. El Sumo Pontífice Pío IX, Su Majestad el Rey Víctor Manuel hicieron
saber que querían contribuir de algún modo. Y crecían los trabajos para don Bosco. Porque había que llevar registro de todos y cada uno de
los regalos recibidos, con el nombre de los donantes, numerarlos,
275

Fin de Página 275

 

VOLUMEN IV Página: 276

guardarlos y escribir cartas de agradecimiento a los principales donantes.

Pero "dónde exponerlos a fin de que el público pudiera contemplarlos? La mísera casa de Valdocco no tenía ciertamente salones que
pudieran servir para tal fin. Así que don Bosco, con permiso del superior de los dominicos, pidió un local al Marqués Alfonso La
Mármora, a través del Teniente de Alcalde, el teólogo D. Pedro Baricco. Respondióle a éste el Ministro:

Ministerio de la Guerra. División Adm. Militar.

En contestación a la instancia presentada por el Rev. Don Juan Bosco, Director del Oratorio de San Francisco de Sales, en Valdocco,
para poder disponer en la parte del convento de Santo Domingo de esta Capital, todavía a disposición de la Administración militar, de tres
locales para exponer los objetos regalados para una tómbola, con que terminar la nueva capilla del Oratorio antes nombrado, y visto el
filantrópico y benéfico fin a que se refiere la antedicha instancia, me apresuro a apoyarla ((356)) y, en consecuencia, he dispuesto, ante la
administración General de Guerra, le sean entregados temporalmente los locales en cuestión al arriba nombrado Don Bosco o a quien se
presentare por él.

Comunico a V. S. Ilma. esta determinación para norma de la Comisión de la Tómbola de referencia y del sacerdote Bosco.

Turín, a 16 de enero de 1852

El Ministro Secretario de Estado
ALFONSO LA MARMORA

Pero tanto creció el número de regalos que los tres locales resultaban insuficientes. Entonces don Bosco se dirigió al Abate Gazzelli de
Rossana, Limosnero de Su Majestad, para que apoyase ante el Soberano una súplica en la que pedía se le concediera el empleo de alguna
sala de los edificios pertenecientes a la Corona. El Abate Gazzelli recibió la siguiente respuesta:

Administración General de la Dotación de la Corona

Ilustrísimo Señor:

Dado que en los edificios de la Corona no hay ningún local disponible para la exposición de los objetos de la tómbola que se
276

Fin de Página 276

 

VOLUMEN IV Página: 277

pretende hacer a favor del Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco, no sabría de qué otro modo se podría atender la petición
presentada a tal fin por el Rev. Don Bosco y apoyada por V. S. Ilma.
y Revdma., salvo que se arrendara para dicho uso el local de juego del Trinquete o frontón, contiguo a la Academia filodramática.

((357)) El arrendatario de este local estaría dispuesto a dejárselo a don Bosco durante todo el mes de marzo, a condición de que esté
totalmente libre el primero de abril, porque ya está alquilado para aquella fecha, como en años anteriores, a la sociedad promotora de
Bellas Artes, para su exposición anual.

Ruego a V. S. Ilma. comunique este proyecto a don Bosco, y, si lo cree oportuno, yo tendré el honor de hablar de ello a S. M. y
proponerle se digne autorizar el pago del alquiler correspondiente de los fondos de su caja particular.

Dado también que el referido arrendatario ha manifestado que los marcos de las ventanas del local del Trinquete son de propiedad
exclusiva de la Sociedad promotora de Bellas Artes, y que, por tanto, él no estaría autorizado para ponerlos en su lugar, convendrá que V.

S. Ilma. informe también de esto a don Bosco, para que pueda con tiempo, cumplir los requisitos que estime oportunos ante dicha Sociedad
a fin de que se los presten.
A la espera de sus noticias, para mi oportuno gobierno, me cabe el honor de profesarme con toda la consideración,

De V. S. Ilma.

Turín, a 18 de febrero de 1852

Su Seguro Servidor

S. M. PAMPARA
Y el Rey hacía librar una orden de 200 liras, para pagar el arriendo pedido por el usuario del Trinquete. Mas, como era muy corto el
tiempo que el arrendatario podía conceder para la exposición, se dieron pasos en el Ayuntamiento, el cual puso bondadosamente a
disposición de don Bosco un amplio salón detrás de la iglesia de Santo Domingo. Don Bosco se lo comunicaba al abate Gazzelli por carta,
acompañada ((358)) de otra súplica al Rey, y el Abate transmitía los dos folios al marqués Pampará. La respuesta que obtuvo el Limosnero
del Rey fue ésta:
277

Fin de Página 277

 

VOLUMEN IV Página: 278

Administración General de la Dotación de la Corona

Ilustrísimo Señor:

Dados los motivos expresados por el Rdo. sacerdote Don Bosco, en carta que V. S. Ilma. me ha transmitido el 25 de febrero pasado, de
que no puede aprovecharse de la oferta del local del Trinquete para exponer al público los objetos de la Tómbola en favor del Oratorio de
San Francisco de Sales en Valdocco, ya que el benemérito sacerdote ha obtenido otro local para ese fin, S. M., a quien he tenido el honor
de referir las súplicas de don Bosco, avaloradas por la carta de recomendación de V. S. Ilma., a fin de que le sea entregada, sin embargo, la
cantidad correspondiente al propietario del Trinquete, se ha dignado acogerlas favorablemente y destinar que las 200 L.convenidas para el
arriendo del referido local, sean entregadas a dicho Sacerdote de los fondos de la caja real privada, para que las emplee en la piadosa obra
emprendida.

Mientras respondo a la muy apreciada comunicación de V. S. Ilma., arriba citada, me encargo de prevenirle que ya se transmitió a la
Tesorería de la Casa Civil la correspondiente orden en favor de don Bosco y aprovecho la ocasión para presentarle mi más distinguida
consideración,

De V. S. Ilma.

Turín, a 15 de marzo de 1852

Su Seguro Servidor

S. M. PAMPARA
((359)) Se percibió el donativo real. Y en el salón, concedido por el Municipio, se dispusieron en derredor unas mesas en escalinata
adornadas decorosamente. Sobre ellas se colocaron todos los donativos numerados, 3.007, con el nombre de los donantes. Y de acuerdo
con este mismo orden fueron registrados en un cuidadoso catálogo. Por orden de don Bosco se imprimió un folleto de 158 páginas, con la
primera circular de la comisión, el plano de la tómbola y la lista de promotores y promotoras. Se vendía al precio de 50 céntimos, a favor
del Oratorio de San Francisco de Sales, en la misma sala de la Exposición y en las librerías de Jacinto Marietti y Paravía.

En las primeras páginas, a manera de dedicatoria, colocó finamente don Bosco estas palabras:
278

Fin de Página 278

 

VOLUMEN IV Página: 279

A LOS
ILUSTRES Y BENEMERITOS SEÑORES
Y A LAS
AMABLES Y CARITATIVAS DAMAS
QUE CONCURRIERON GENEROSAMENTE CON SU PIEDAD
A LA RIQUEZA Y ABUNDANCIA DE OBJETOS
DE LA TOMBOLA
PARA ACABAR LA IGLESIA DEL ORATORIO MASCULINO
DE SAN FRANCISCO DE SALES
EN VALDOCCO
COMO TESTIMONIO DE LA MAS VIVA GRATITUD
LOS PROMOTORES Y LAS PROMOTORAS

D.D.D.
En medio de todo este sucederse de cosas, don Bosco escribió al conde Camilo de Cavour, rogándole ((360)) le exonerase de los gastos
del correo. El marqués Gustavo respondió en estos términos:

Al Señor Don Bosco.

Rvdmo. Don Bosco:

Habiendo examinado mi hermano la petición de V. M. R. S. en favor de la tómbola benéfica para la obra de los muchachos abandonados
me encarga hacerle saber que está totalmente decidido a concederle sin demora la autorización pedida para este fin, apenas haya llegado a
sus manos regularmente, la oportuna petición. Por consiguiente, solicite, por oficio adecuado, su despacho para cumplir las formalidades
necesarias. De este modo podrá, donde quiera, presentar, a quien conviniere, esta mi carta, y asegurar que el Ministro de Hacienda ya se ha
comprometido a conceder dicha autorización.

Aprovecho la ocasión para profesarme con los más distinguidos sentimientos de consideración,

De V.R.S.

Turín, al 16 de febrero el 1.852

S.S.S.
G. DE CAVOUR
Don Bosco envió la solicitud y el Gobierno le eximió de varias costas de correo para circulares e impresos y para enviar y recibir regalos
y billetes. Pero, mientras los planes de don Bosco marchaban a velas desplegadas, de pronto se encallaron. De acuerdo con las
prescripciones de la ley, los papelitos con los números a extraer debían ser proporcionados en número al valor de los donativos. Por ello, la

Fin de Página 279

 

VOLUMEN IV Página: 280

autoridad nombró un tasador. ((361)) Se hizo la peritación; pero don Bosco creyóse lesionado y presentó una reclamación en papel sellado
a la Administración General de Hacienda.

Ilustrísimo Señor Administrador General:

El que suscribe, en nombre de la comisión instituida para la tómbola en favor del Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco,
respetuosamente expone a V. S. Ilustrísima que, aunque dicha comisión está muy satisfecha de la premura con la que el tasador enviado
por V. S. hizo la peritación de los objetos comerciales, sin embargo, siente deber atenerse a la valoración dada a los objetos de arte, que
están fuera del campo de un tasador ordinario, por los siguientes motivos:

1.° Porque muchos de los objetos de arte fueron valorados en menos de un quinto del valor dado por personas de notoria capacidad, lo
que sería en perjuicio de la obra, que los distinguidos miembros de la comisión y la caridad pública quieren proteger.

2.° Algunas personas, informadas del precio inexacto concedido a los objetos por ellas entregados, dejan de concurrir con sus ofrendas.

3.° Porque la tal peritación ocasiona continuamente inconvenientes y retrasos para la buena marcha de la tómbola, con público
sentimiento y perjuicio de la obra.

Por tales motivos, el recurrente suplica a V. S. Ilustrísima quiera tomar en benigna consideración al beneficio de esta obra delegando a la
persona, que crea más oportuna para el caso, a fin de fijar el justo valor de los objetos de arte, que la beneficencia pública ha ofrecido y
todavía sigue ofreciendo.

De este modo el señor Angel Olivero, dejando aparte los objetos de arte, puede continuar la peritación de los objetos comerciales, y los
miembros de la comisión, contentos de ((362)) promover el bien de esta piadosa institución podrán de este modo salir al paso de las
lamentaciones del público.

En la confianza de su generosa atención, y en nombre de la Comisión, el que suscribe se declara

Humilde recurrente
JUAN BOSCO, Pbro.
Director del Oratorio de
San Francisco de Sales

La petición de don Bosco fue acogida favorablemente.
280

Fin de Página 280

 

VOLUMEN IV Página: 281

El Administrador General de Hacienda de Turín.

Visto el presente recurso con el que el sacerdote Juan Bosco, director del Oratorio de San Francisco de Sales, al que se concedió, por
decreto de esta administración general del 5 de marzo corriente, la apertura de una tómbola de objetos, de acuerdo con el cual debería pedir
el nombramiento de un perito especial para los objetos de arte, no pareciendo suficientes los precios puestos a los regalos de tal género por
el tasador Olivero:

Se nombra perito, para la estimación de los objetos de arte, ofrecidos en favor de dicha tómbola, al profesor señor Cusa, secretario de la
Academia Albertina, el cual deberá ver cuidadosamente los donativos señalados y colocar al lado de cada uno, en nota especial sobre papel
sellado, el precio correspondiente, y hacer después, de acuerdo con el presente oficio, su relación jurada.

Turín, a 22 de marzo de 1852

Por el Administrador General
RADICATI

((363)) Una vez dados todos estos pasos el periódico Armonía, del 21 de marzo, domingo, publicaba, en un suplemento al número 34, el
siguiente anuncio: "Ayer (19 de marzo) se abrió la exposición de la tómbola de objetos destinada a terminar el Oratorio masculino de
Valdocco dirigido por don Bosco. Los objetos expuestos pasarán pronto de los tres mil; no hablaremos del valor de los mismos, que sería
algo largo; solamente diremos que concurrieron a ella respetables personajes, entre los que nos resulta agradable nombrar a S. M. la Reina
consorte, S. M. la Reina madre, el duque de Pasqua, gobernador del Palacio Real, el ilustrísimo Alcalde de la ciudad, etc. Estamos
satisfechos al decir que la Gaceta Piamontesa de hoy tributa a esta obra benéfica los más merecidos elogios".

Mientras tanto, aceptada la segunda peritación de los donativos, promotores y promotoras siguieron desplegando un celo admirable
buscando regalos y distribuyendo billetes para la tómbola. El total de los objetos recogidos alcanzó muy pronto la cifra de 3.251, por lo
que se añadió un suplemento a la lista ya impresa. En razón de su valor se obtuvo autorización para emitir cien mil billetes. Lo cual
representaba también un trabajo ímprobo, de no haber estado amparado por un gran amor. La impresión de cuadernos enteros, la doble
numeración progresiva, el corte de los billetes de la matriz,
281

Fin de Página 281

 

VOLUMEN IV Página: 282

poner el sello del Oratorio y la firma de dos miembros de la comisión sobre cada billete y sobre la matriz, los envíos y registros sin fin;
y después las continuas circulares, los recibos de pagos realizados, no dejaban ni un instante de reposo. Hubo una noble competición en
todas las principales ciudades y pueblos del Estado entre eclesiásticos y seglares que concurrieron a la caritativa obra, unos quedándose con
los billetes, otros colocándolos entre conocidos y amigos y enviando su importe a don Bosco. ((364)) Fueron aceptados por senadores,
diputados y concejales del ayuntamiento.

El, como un don nadie en medio de todo aquel trabajo, no cesaba de enviar autógrafos a las personas caritativas de mayor relieve con
billetes de la tómbola.

Envió uno al canónigo Vogliotti, por medio de Juan Francesia. Leyólo el Canónigo y dijo al portador: "No quería yo aceptar estos
billetes; pero don Bosco me escribe una carta tan hermosa y conmovedora que no puedo menos de enviarle la cantidad correspondiente.
Aquí tiene cincuenta liras. Pero dígale que su carta es tan hermosa que me ha convencido y vencido".

Acudían los ciudadanos en gran número a ver los premios de la tómbola. También el marqués Gustavo de Cavour le prometió ir.

A DON BOSCO

Muy respetable Señor:

La premura de distintas ocupaciones me ha obligado a aplazar hasta hoy el volver a encontrarme con su apreciadísima carta del 18 de los
corrientes. Celebro que la tómbola por usted emprendida en favor de la santa y benéfica obra, a la que consagra tantos trabajos, se presente
bien. No dejaré de ir a visitar la exposición de los objetos entregados para este piadoso fin y de comprar algunos billetes, y espero que la
misma obra tendrá un valioso resultado con esta decisión. Desde el principio pensé que el local del que podía disponer para esta tómbola
era poco a propósito para tal objeto, y celebro que el Gobierno le haya concedido otro más conveniente.

((365)) Aprovecho esta oportunidad para repetirme, con toda consideración,

De V.R.S.

Turín, a 22 de febrero de 1852

S.S.S.
G. DE CAVOUR
Fin de Página 282

 

VOLUMEN IV Página: 283

El Marqués mantuvo la palabra y también el conde Camilo fue a la exposición, acompañado por el conde Brozzolo. Don Bosco salió al
encuentro del Conde hasta la puerta del salón, con la cabeza descubierta, y le acompañó a examinar los objetos más preciosos, siempre con
el bonete en la mano.

Para evitar que en los locales donde estaban expuestos los premios entrasen los ladrones, dispuso don Bosco que el clérigo Buzzetti,
juntamente con otro muchacho mayor, fuera allí a pasar la noche. Para mayor seguridad, solían éstos llevar consigo una pistolita cargada de
pólvora, a fin de poder alarmar a los vecinos con un disparo, si hubiera necesidad. Pues bien, una noche, a primeros de marzo, mientras
cargaba Buzzetti en el Oratorio su pistola para ir a hacer la guardia acostumbrada, aquélla se disparó, y el taco le descarnó totalmente el
índice de su mano izquierda. Fue conducido inmediatamente al Hospital Mauriciano, situado entonces junto a Puerta Palacio, donde hubo
que amputarle el dedo. De vuelta con su brazo en cabestrillo, después de dos o tres días, reemprendió inmediatamente sus acostumbrada
labor, enseñando a cantar las antífonas para las vísperas del domingo y no dejando de atender a los pesados trabajos que iban en aumento
para la tómbola. A partir de este año, Buzzetti se convirtió en el brazo derecho de don Bosco en todas las muchas rifas que hizo y adquirió
una maravillosa habilidad y perspicacia en sus complicados preparativos.
283

Fin de Página 283

 

VOLUMEN IV Página: 284

((366)
)

CAPITULO XXXII

UNA ESPINA PARA DON BOSCO -LA PASION CIEGA EL ENTENDIMIENTO -PRUDEN TE OBSERVACION DEL TEOLOGO
LEONARDO MURIALDO -CARTA DE DON JOSE CAFASSO A DON PEDRO PONTE -ASAMBLEA PERVERSA Y
TEMPESTUOSA -DESERCION Y GUERRA DECLARADA -INSULTOS, FIRMEZA Y PACIENCIA

A la par que organizaba don Bosco la tómbola, con su rostro siempre sonriente, disimulaba una aguda espina, la cual no tenía fuerzas para
disminuir la energía de su acción. Ya hemos expuesto los malentendidos que, a fines de 1851, empezaron a dividir los ánimos de algunos
de los que se interesaban por los Oratorios festivos. Había entre ellos personas que parecían contrarias a la buena marcha del Oratorio de
Valdocco, porque don Bosco no tenía en cuenta sus pretensiones. Iban a porfía esparciendo cizaña entre los muchachos que acudían a él,
sin perder ocasión de hallar pretextos para la maledicencia. Sobresalía uno, cuyo verdadero nombre, respetaremos apodándole don
Rodrigo. Hubo quien le prestaba oídos, porque "las palabras del delator son golosinas, que bajan hasta el fondo de las entrañas" 1.

((367)) Alguno se preguntará: "Y por qué don Bosco se había asociado tales colaboradores? Porque eran buenos y celosos; solamente
que la pasión velaba su inteligencia y ya no razonaban. Pero "no eran testigos de las muchas virtudes que adornaban a don Bosco? Aunque
las hubieran conocido, no podían apreciarlas en el estado de ánimo en que se encontraban. Por lo demás, estaban con don Bosco solamente
en los días festivos, ocupados en sus catecismos y en medio del alboroto de toda una turba de muchachos, de modo que no tenían tiempo
para estudiarle ponderadamente. Además, don Bosco era tan sencillo en sus palabras, en sus acciones, hasta en sus hechos más
extraordinarios, daba tan poca importancia a cuanto

1 Prov. XXVI, 22.
284

Fin de Página 284

 

VOLUMEN IV Página: 285

hacía, que, si llegaban a sus oídos, los juzgaba simplemente con criterio común o como ilusión de una fantasía.

El teólogo Leonardo Murialdo, ajeno a toda disensión, apoyo durante muchos años de los Oratorios del Angel Custodio y de San Luis,
sincero y acérrimo amigo de don Bosco, aunque no le trataba frecuentemente, en razón de las graves ocupaciones propias, a lo largo de la
semana, contaba la opinión que de él se había formado durante estos años y cómo le tenía por lo que era después de profundo estudio.

"Desde el principio observé en don Bosco a un sacerdote bastante celoso, pero sin encontrar en él a un santo. Empecé a sospechar que lo
era, y mi estima fue creciendo cada vez más, cuando comenzaron a hablar en su favor sus obras, que revelaban un hombre extraordinario,
capaz de hacer repetir: -íDigitus Dei est hic! (íEl dedo de Dios está aquí!); y que, de algún modo, al menos, recordaban el dicho de Nuestro
Señor Jesucristo: -Opera quae ego facio in nomine Patris mei, haec testimonium perhibent de me (Las obras que yo hago en el nombre de
mi Padre, dan testimonio de mí).

"Por otra parte, don Bosco fue uno de esos siervos de Dios, que hacen consistir la santidad en sacrificios por la salvación ((368)) de las
almas y la gloria de Dios, de acuerdo con el lema que, si no yerro, le era familiar a San José de Calasanz: -Qui orat bene facit, qui juvat
melius facit (El que ora, bien hace; el que ayuda, mejor hace). A mí, no me constan prolongadas oraciones ni penitencias extraordinarias de
don Bosco; pero sí me consta su trabajo incansable, sin reposo, durante una larga serie de años en obras para gloria de Dios, con fatigas sin
interrupción, entre cruces y contradicciones de toda suerte, con una calma y una tranquilidad singulares, y con un resultado prodigioso para
la gloria divina y el bien de las almas. Ahora bien, Dios no acostumbra elegir, como instrumento especial de la gran obra de la santificación
de las almas, a hombres malvados ni mediocres en virtud". Así escribe el teólogo Murialdo.

Si, por consiguiente, don Rodrigo y sus compañeros no vieron entonces lo que tampoco veía el doctísimo y ya muy avanzado en vida
espiritual, teólogo Murialdo, no hay que maravillarse. Don José Cafasso buscaba cómo armonizar los ánimos agitados y escribía la
siguiente carta:
285

Fin de Página 285

 

VOLUMEN IV Página: 286

Al M. Rvdo. Sr. D. Pedro Ponte, en casa de la Señora Marquesa de Barolo. Nápoles.

Mi muy apreciado don Pedro:

Creía haber podido responder a su apreciadísima, antes de que usted saliera de Roma, pero no tuve ese gusto, y no me fue de ningún
modo posible por una continua serie de ocupaciones y dificultades. Yendo, pues, en seguida, y en este momento, al tema más importante,
empiezo por recomendarle deponga toda suerte de inquietud y afán sobre la resolución a tomar en el asunto de que me habla, porque estoy
seguro de que los compañeros no lo hacen por tesón, ni ((369)) por animadversión hacia usted, ni por ganas de romper, pues sé que esperan
siempre su colaboración, en cuanto el Señor le quiera de nuevo en Turín, y ojalá fuera muy pronto. V. S. puede, en conciencia,
determinarse como crea oportuno, ya que es dueño de ello, y si quiere que yo le adelante mi opinión, en el presente estado de cosas, pienso
que haría usted muy bien cediéndolo todo, no ya a un individuo, sino para el uso de los Oratorios, pero con la facultad de servirse usted
mismo de ello antes que nadie mientras pueda prestarse, como así lo espero, a esa obra del Señor. Si piensa obrar de otro modo, hágalo con
plena libertad, y tome por no dicho cuanto le he sugerido.

Vuelvo a repetirle que esté alegre, sereno y tranquilo; por doquiera hay cruces, pero agrada al Señor la tranquilidad y la paz en todas
partes.

Ruégole diga a la Señora Marquesa que, también desde lejos, se puede rezar recíprocamente, y que yo no la olvido en mis pocas
oraciones. Muchos saludos al señor Péllico y me tenga siempre, como de corazón lo soy, por,

Turín, a 6 de enero de 1852

Su afectísimo
JOSE CAFASSO, Pbro.

Pero las amables instancias de don José Cafasso no dieron resultado, y mientras tanto, se desarrollaba en el Oratorio una escena tan
desagradable como nunca más se vio, ni antes ni después. Don Rodrigo con sus compañeros había urdido una conjuración secreta para
reducir el Oratorio a la nada, como ellos mismos decían; querían quitarle a don Bosco los muchachos mayores, Germano, Gastini y otros
externos, que actuaban como catequistas en las clases.
286

Fin de Página 286

 

VOLUMEN IV Página: 287

"Un día de fiesta, escribe José Brosio, después de las funciones de la tarde, fuimos invitados por ciertos señores a una conferencia para
resolver una ((370)) cuestión que, según decían, tenía que ver con nuestro honor. Algunos de los más instruidos e inteligentes sospecharon
una celada y no intervinieron. En efecto, se trataba, ni más ni menos, de acusar a don Bosco de habernos insultado y deshonrado
públicamente tildándonos de vagabundos y ladrones: Era una cuestión desleal, con la que estaban seguros de sembrar el desorden, y en
parte lo alcanzaban, en una obra que prosperaba en el nombre del Señor. Reunidos, nosotros los catequistas, en una estancia de la planta
baja del Oratorio, don Rodrigo sacó y leyó la circular escrita e impresa por don Bosco para la tómbola. Acabada la lectura llamó nuestra
atención sobre este párrafo: "Algunas personas, amantes de la buena educación del pueblo, vieron con dolor que aumentaba cada día el
número de jóvenes ociosos y mal aconsejados, que, viviendo de limosna o de fraude en la vía pública, constituyen un peso social y son, a
menudo instrumentos del delito... Determinaron abrir una casa para reuniones domincales". La mayor parte de los catequistas eran jóvenes
honrados, pertenecientes a buenas y hasta acomodadas familias de obreros y comerciantes, y otros de su misma condición frecuentaban el
Oratorio. Como es evidente, la carta-circular no mencionaba a éstos, puesto que no era ése su fin. Pero, terminaba el orador: -íA vosotros, a
vosotros precisamente alude don Bosco y es una infame injuria de la que hemos de pedirle reparación!

"Cuando él acabó, estalló una violenta agitación entre aquellos muchachos irreflexivos. Yo pedí la palabra y se hizo el silencio en la sala
Para conocer y deshacer las tramas de aquellas cabezas calenturientas, era preciso no mostrarse su enemigo; así que empecé a hablar en los
siguientes términos:

"-Compañeros, ninguno de vosotros podrá acusarme de tener nuestro honor en menos de lo que cada uno de vosotros lo tiene. Sin
embargo, para no aventurarnos a una prematura resolución, yo aconsejaría que ((371)) pensáramos nosotros mismos ahora, lo que debe
hacerse. Si don Bosco, reconocido el error, se inclinara ante nuestros deseos, queda terminada toda cuestión; si, por el contrario, rechazara
retractarse, será inevitable en tal caso actuar, y yo pretendo daros ejemplo de hombre que sabe el respeto que a sí mismo y a la propia
familia se debe; vosotros me veréis defender, el primero, lo que más nos interesa: el aprecio de nuestros conciudadanos. Pero, antes de
llegar a este extremo, examinemos con calma si las frases de
287

Fin de Página 287

 

VOLUMEN IV Página: 288

esa circular requieren una protesta violenta de nuestra parte. Me temo que somos demasiado susceptibles. Obsérvese verdaderamente si
esas frases nos ofenden y deshonran. Se les ha dado una interpretación que no me parece legítima. Yo creo que, si en la circular no hay un
período que distinga las dos categorías de jóvenes del Oratorio, tal vez se debe a un error de imprenta, o a una omisión involuntaria de un
copista, porque me parecería ser demasiado audaz y malicioso, creyéndo que don Bosco haya querido de este modo atentar contra el honor
de jóvenes a quienes tanto ama. Veamos, pues, si la cuestión puede arreglarse amigablemente. Mi parecer es que una simple queja,
presentada por nosotros a don Bosco, es más que suficiente para alcanzar explicaciones, y también una satisfacción, si honrada y realmente
nos corresponde. El mismo será el primero en proponer una reconciliación, tan deseada por él, y que no debemos rechazar. De este modo
se ahorrarán graves disgustos para él y para nosotros, que podían ser causa de males mayores para ambas partes, sin ningún buen resultado
y con peligro de obtener nosotros la peor.

"Me callé porque me parecía que había hecho demasiadas concesiones a su fogoso e irracional resentimiento. Un silencio glacial acogió
mis palabras, y después, tras un murmullo de desaprobación, siguió un vocerío tal que ((372)) la reunión parecía un conciliábulo de
endemoniados. Los promotores y fautores de aquella especie de revolución no dejaron escapar una ocasión tan propicia para sus intentos.
Habían tolerado que yo hablase a favor de la paz y de la concordia para más fácilmente esconder sus insidias, para probar el ánimo de la
asamblea, y para asegurarse la victoria.

"Por eso, apenas disminuyó un poco el griterío, levantóse don Rodrigo, e impuesto un riguroso silencio, habló de este modo:

"-Queridos amigos, amo vuestro honor tanto como aquél al que habéis escuchado hasta ahora, pero yo lo amo de otro modo. Yo quiero
veros manteniendo en alto el sentimiento de vuestra dignidad. (Voces: íbravo!). Ciertamente yo soy amigo de la paz ("?) y me creeríais
digno del rechazo de todos, si yo incitara a nuestros amigos a una discordia sin motivo: pero "quién no descubre motivos en el presente
caso? "Sois vosotros acaso, mis queridos amigos, quienes habéis provocado a don Bosco, o es él quien, con su imprudente circular, ha
llevado al extremo vuestra paciencia? (íEs verdad: bravo!), Vuestro compañero Brosio, que acaba de hablar, ha dicho que bastarían
amigables observaciones para hacer corregir las frases de esa circular y reparar de ese modo vuestro honor. "Sabéis vosotros, mis queridos
amigos, cómo terminarían los diálogos amigables en las
288

Fin de Página 288

 

VOLUMEN IV Página: 289

presentes circunstancias? En una mascarada, en una farsa humillante más; veríais rechazar esta misma conferencia en la que estamos
tratando de nuestros derechos, y seríais invitados a pedir perdón (tumulto). íSí! íExcusas! "Queréis enviar a los que pisotean vuestro honor
una comisión encargada de presentarles excusas? Decid: "lo queréis?

"Estalló en la estancia en aquel momento un rugido de furor y se decidió que todos abandonasen el Oratorio y a don Bosco. Quedó
proclamado el cisma".

Don Rodrigo y sus cómplices tenían su plan ((373)) preparado. Don Juan Cocchi, habiendo vuelto a su antiguo proyecto de Oratorio
festivo, había pedido la capellanía de San Martín de los Molinos de la ciudad y el permiso para reunir allí a los muchachos en los días
festivos; y el Municipio se la concedió, según Orden del 15 de febrero de 1852. Esta iglesita había sido una de las primeras estaciones de
don Bosco, cuando iba en busca de un lugar para establecer su obra. Aquellos señores plantaron su cuartel general para guerrear contra don
Bosco en San Martín, y ya no se les volvió a ver el pelo en Valdocco. Don Juan Cocchi, que no tenía razones suficientes para juzgar sus
litigios, a causa de la necesidad en que se encontraba de colaboradores, los asoció a la dirección de su nuevo Oratorio. Empezaron a acudir
allí los desertores de Valdocco para prestar su oficio de catequistas el domingo siguiente al día de la desgraciada conferencia. Por la tarde
tres jóvenes mayores, de los más descarados, se presentaron a don Bosco, so pretexto de hablar con él sobre la carta-circular de la tómbola.

"Estaba yo en el patio, sigue escribiendo José Brosio, entreteniendo a los muchachos con marchas militares, cuando, al pasar
casualmente junto a la sacristía, oí que allí dentro se voceaba. Entré para ver qué sucedía, y vi a un muchachote que acababa de hablar. En
su cara descompuesta aparecían el enfado y el desprecio. Me detuve y oí que don Bosco le respondía tranquilamente, que en la
carta-circular no se ba de un modo expreso de las varias clases de muchachos que acudían al atorio, sino de un modo general, esto es, de la
mayoría de los que acudían, y de que, en general, había en el Oratorio jóvenes de aquéllos a los que la circular se refería. Por consiguiente
el joven honrado y bondadoso, tenido por tal por todos, y al que se le había confiado el cargo de catequista, no debía dar mal sentido a un
párrafo que no era para él; más aún, debía gloriarse de acudir a ((374)) un Oratorio tal para cooperar a una buena obra.

"Y así diciendo, citaba don Bosco los nombres de muchos jóvenes
289

Fin de Página 289

 

VOLUMEN IV Página: 290

distinguidos, hijos de honorables familias, y de respetables señores que iban al Oratorio para este fin: y terminaba observando que ninguno
de ellos había pensado haber sido ofendido por él, y que era imposible suponer que don Bosco concibiese la loca idea de quererlos ofender
injustamente y para su propio perjuicio.

"Pero aquel mozalbete, que juntamente con los otros dos, había sido enviado por los adversarios para imponer una reparación de honor,
inflamado por la ira y sin entender ni escuchar las razones de don Bosco, profería palabras injuriosas y vulgares contra él y contra todos los
muchachos del Oratorio, diciendo que don Bosco se había pintado verdaderamente a sí mismo y a los suyos en aquella circular, y que, por
tanto, habían hecho muy bien sus propios compañeros en alejarse de una madriguera de semejante gentualla. El guante del desafío había
sido arrojado y yo lo recogí en nombre de todos los muchachos que se habían acercado y bramaban de cólera. Con los puños cerrados
avancé contra aquel mal nacido, pero don Bosco me detuvo con la benevolencia de un padre amantísimo, que sabía compadecer. Y
tomando la defensa de los hijos ultrajados, reconvino severamente al insensato, llamándole pilluelo, y amenazándole con echarlo del
Oratorio. Visto el panorama poco halagüeño, plegó alas y se retiró con los otros dos; pero, poco tiempo más tarde, se dio a conocer por lo
que era; se juntó a compañías tan escandalosas que, irreparablemente, perdió entre los que lo conocían, aquel honor, del que se
vanagloriaba tan celosamente."

Los clérigos del Oratorio no tomaron parte alguna en estos alborotos, y a don Bosco no le gustaba hablar de ello. El clérigo Ascanio
Savio decía:

-Nunca oí a don Bosco hablar mal de ningún enemigo suyo. A mí, que dejé escapar en una ocasión una pequeña crítica, me hizo una
pronta y benévola corrección.
290

Fin de Página 290

 

VOLUMEN IV Página: 291

((375))

CAPITULO XXXIII

ASECHANZAS DE LOS ADVERSARIOS DE DON BOSCO -COMIDAS Y MERIENDAS A COSTA AJENA -EFECTOS DE LAS
MURMURACIONES -EL ARZOBISPO NOMBRA A DON BOSCO DIRECTOR JEFE DE LOS TRES ORATORIOS -CARTA
LAUDATORIA DE MONSEÑOR FRANSONI PARA EL DIRECTOR DEL ORATORIO DE VANCHIGLIA -DON BOSCO
DESPACHA A LOS PERTURBADORES -NUEVOS METODOS Y NUEVOS CATEQUISTAS -RECONCILIACION -UNA CAJA DE
FOSFOROS

DON Rodrigo y sus emisarios no cesaban de acercarse de vez en cuando al Oratorio de Valdocco para invitar a los mayores a ir de paseo
con ellos fuera de la ciudad, pagándoles la comida y la merienda en restaurantes; así que en casi todas las fiestas faltaba a las funciones
cierto número de muchachos. Tenían particularmente la manía de separar de don Bosco a Brosio, que parecía ser, y lo era, su brazo
derecho. Le ofrecieron dinero y regalos a fin de que sirviera a su partido, pero quedando como vigía en Valdocco. Un beneficiado de San
Juan le prometió muchas ventajas, si se inscribía y frecuentaba el Oratorio de los filipenses. Pero Brosio, que quería preparar su ofensiva,
les hacía buena cara y les daba respuestas ambiguas.

Así describe él las asechanzas de los adversarios de don Bosco.

"Vino don Rodrigo cierto día de fiesta a invitarme para un paseo al campo, y yo se lo comuniqué inmediatamente a don Bosco, ((376))
aún cuando él mismo me había prohibido le hablase de aquellas desagradables reuniones. Don Bosco me permitió aceptar, y yo fui con
gusto para ver el cariz que tomaban las cosas. Al domingo siguiente, después de las funciones de la mañana, salí del Oratorio para
encontrarme en el punto convenido, esto es en Puerta Palacio. Allí estaban ya los otros compañeros que me esperaban con los señores jefes
de la pandilla, los cuales creían que yo no me presentaría. Al verme aparecer, lo celebraron y, satisfechos, me besaron y abrazaron. Don
Rodrigo exclamó:

"-Hoy será mayor nuestra fiesta, porque contamos con nosotros a nuestro íntimo amigo, a nuestro querido bersagliere.

"Salimos, tomamos la carretera de Milán, fuimos andando hasta
291

Fin de Página 291

 

VOLUMEN IV Página: 292

el mesón del Centauro, donde, apenas llegados, nos sirvieron unos refrescos. Al mediodía nos presentaron una comida estupenda: no se
podía esperar más. Exquisitos y abundantes vinos. Después de comer, empezaron las diversiones.

"Jugamos a las bochas, cantamos, corrimos y siempre se nos sirvieron óptimos vinos. Pasóse así toda la jornada. Al anochecer volvimos
a la ciudad y, al llegar a Puerta Palacio, nos fuimos todos no a la Bendición, sino a tomar un café, y después nos separamos para ir cada
cual a su casa con la invitación de volver a encontrarnos todos el próximo domingo por la mañana, en la iglesia de San Martín.

"Yo, en vez de irme a casa, fui al Oratorio para contar a don Bosco todo lo sucedido y preguntarle qué debía hacer al domingo siguiente.
Don Bosco, después de oírme hasta acabar, me dijo que acudiera allí. Al domingo siguiente nos encontramos en la iglesia indicada.
Acabada la misa, nos llevaron al café llamado de las Galerías de San Carlos, que se encontraba en Puerta Nueva (hoy vía de Roma) para
desayunar.

((377)) "En estas dos ocasiones, nos insistieron en los sermones para que abandonáramos el Oratorio; nos decían que Dios está en todas
partes y que en cualquier lugar podíamos santificarnos, si queríamos.

"Volví por la tarde al Oratorio para dar cuenta de todo a don Bosco y le comuniqué la nueva invitación para una merienda al domingo
siguiente: pero don Bosco no me dejó que volviera con aquella gente.

"Don Rodrigo me regaló seis escudos de plata (treinta liras) creyendo que de este modo lograría mejor su deseo de afiliarme para siempre
a su grupo. Yo no quería aceptarlos; pero tantas razones me dio, al poner las monedas en mi mano, que me quedé helado y de piedra, como
una estatua de mármol. Apenas tuve los dineros, perdí la tranquilidad, me entró remordimiento creyendo que había traicionado a don
Bosco sólo con haberlos aceptado, y los entregué como limosna inmediatamente a un pobre padre de familia que andaba muy necesitado.
Corrí después al Oratorio para exponer a don Bosco lo sucedido, y él me dijo que podía haberme quedado el dinero sin ningún escrúpulo,
pero que había hecho una obra buena al darlo de limosna". Hasta aquí Brosio.

A don Rodrigo no le faltaba el dinero: lo tuvo en abundancia durante mucho tiempo, gracias a personas riquísimas, que creían
sinceramente estar ayudando a obras de caridad. Pero, como siempre
292

Fin de Página 292

 

VOLUMEN IV Página: 293

se le va a uno la boca a donde está el corazón, sucedió que don Rodrigo, que tenía muchas relaciones en la ciudad, desprestigiaba al pobre
don Bosco, con pasión que él llamaba celo; y con ello perdió las amistades de muchos de los que le socorrían. Creemos pertenece a
aquellos tiempos el hecho que narró el teólogo Leonardo Murialdo, con relación a la mansedumbre de don Bosco:

"Me refería un día confidencialmente el perjuicio ocasionado por personas que ((378)) habían murmurado de él y lo que él mismo se
creyó obligado a decir al jefe de los murmuradores: -Considere el perjuicio que usted me ha hecho, le dije: me ha obligado a cambiar de
bienhechores. -Don Bosco no dudaba del crecimiento de sus obras, porque estaba seguro de que siempre contaría con cooperadores, pero
sentía el cambio, ya que se le apartaban algunos de sus primeros y queridos apoyos".

Pero monseñor Fransoni se sumaba a la ayuda de don Bosco en esta lucha. Informado en el destierro, de aquellas malas artes, animó
primero a don Bosco y después quiso defenderle. Le nombró oficialmente Director General de todos los Oratorios por él fundados, con el
siguiente decreto.

LUIS DEI MARCHESI Y FRANSONI
Caballero de la Suprema Orden de la Anunciación
por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica
Arzobispo de Turín

Saluda

Al Muy Rvdo. Sr. don Juan Bosco, de Castelnuovo, secerdote de nuestra Diócesis:

Al congratularnos con Vos, digno sacerdote del Señor, que con industriosa caridad habéis sabido organizar la nunca bastante alabada
Congregación en favor de los muchachos pobres del Oratorio público de San Francisco de Sales, en Valdocco, creemos justo testimoniaros
por la presente, nuestro total agradecimiento, nombrándoos efectivamente Director General Espiritual del Oratorio de San Francisco de
Sales, al que queremos sigan unidos y dependientes del mismo, los de San Luis Gonzaga y del Santo Angel Custodio, a fin de que la obra,
emprendida con tan felices ((379)) auspicios, progrese y se amplíe en el vínculo de la caridad, para verdadera gloria de Dios, y edificación
del prójimo, confiriéndoos todas las facultades, que para tan santo fin son necesarias y oportunas.

Mandamos mientras tanto insertar en las actas de nuestra Curia
293

Fin de Página 293

 

VOLUMEN IV Página: 294

Arzobispal el presente decreto original, facultando a nuestro Canciller para sacar copias del mismo.

Dado en Turín, al treinta y uno de marzo del año mil ochocientos cincuenta y dos.

Firmado: FELIPE RAVINA, Vic. General,
y suscribe: VALLADORE, Canciller

Copia, conforme con el original.

Turín, 12 de mayo de 1868
Doy fe
Teól. GAUDE Pro Canciller 1.

((380)) El Arzobispo enviaba también el siguiente testimonio de aprecio al teólogo Murialdo, que tanto colaboraba para la realización de
los proyectos de don Bosco en el Oratorio de Vanchiglia.

LUIS DEI MARCHESI Y FRANSONI
Caballero de la Suprema Orden de la Anunciación
Caballero de la Gran Cruz

Condecorado con la gran insignia
de la Orden de San Mauricio y de San Lázaro
por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica

Arzobispo de Turín

Saluda:

Al Muy Rvdo. Sr. Teólogo Norberto Murialdo 1, sacerdote de Turín.

Considerando la voluntaria diligencia y caluroso celo, con que, como digno sacerdote, atendéis diligente y asiduamente a la institución

1 Los favores y facultades concedidos por la Autoridad Eclesiástica de Turín al Oratorio de San Francisco de Sales eran éstos:

1.° Celebrar la Santa Misa, rezada y cantada, dar la Bendición con el Santísimo, hacer Triduos, Novenas, Ejercicios Espirituales;

2.° Enseñar el Catecismo, predicar, preparar a los niños para la Primera Comunión, para la Confesión y Confirmación;

3.° Facultad para cumplir en cualquiera de nuestras iglesias el precepto Pascual, tanto los niños, como los adultos que allí acudieren.
Bendecir ornamentos sagrados, hábitos eclesiásticos e imponérselos a los jóvenes que manifestasen vocación sacerdotal, pero destinados al
servicio de los Oratorios e internados en el Hogar anejo.

Estas facultades dejaban a veces incertidumbres a la hora de ejecutarlas. Por esto el mismo monseñor Fransoni, con decreto del 31 de
marzo de 1852, las concedía absolutas y sin limitación, es decir, concedía todas aquellas facultades que fueran útiles o necesarias para la
buena marcha de todo lo que sucedía en la dirección del Oratorio de San Francisco de Sales, en Valdocco, de San Luis, en Puerta Nueva y
del Angel Custodio en Vanchiglia.

1 Norberto Murialdo. No es el Leonardo Murialdo de la página 377. Son personas distintas, aunque parientes. Leonardo -hoy San
Leonardo-, ayudaba a don Bosco en el Oratorio de San Luis; Norberto, en el Oratorio del Santo Angel. (N. del T.).

Fin de Página 294

 

VOLUMEN IV Página: 294

Fin de Página 294

 

VOLUMEN IV Página: 295

cristiana de los muchachos pobres, que se reúnen en el Oratorio público del Santo Angel Custodio, en la zona de Vanchiglia de esta
ciudad, creemos apreciar vuestro trabajo dándoos, por la Presente, público testimonio de nuestro pleno agradecimiento, nombrándoos
Director Espiritual efectivo de dicho Oratorio, con la única condición de que a través de Vos se conserve siempre fielmente la unidad y la
dependencia del señor Juan Bosco, Director General del Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco y fundador de esta pía institución
confiriéndoos las facultades necesarias y oportunas para tan santo fin.

Mandamos mientras tanto insertar en las actas de nuestra Curia ((381)) Arzobispal este decreto original, facultando a nuestro Canciller
para sacar copia.

Dado en Turín al treinta y uno de marzo de mil ochocientos cincuenta y dos.

Firmado en el original por: FELIPE RAVINA, Vic. Gen.

Sellado y suscrito: VALLADORE, Canciller

Es copia del original

VALLADORE, Canciller

Una derrota más clara no podían esperarla los adversarios de don Bosco. Todas sus pretensiones de supremacía en los tres Oratorios se
habían convertido en humo. "Seis cosas hay, dicen los Proverbios, que aborrece Yahvéh, y siete son abominación para su alma: ....el
testigo falso que respira calumnias y el que siembra pleitos entre los hermanos"1.

Pero "qué sucedía mientras tanto con los antiguos catequistas?

No se habían atrevido a abandonar del todo a don Bosco; sino que los domingos por la mañana se presentaban a él un instante y luego
acudían al nuevo centro, donde les esperaba don Rodrigo. Por la tarde no aparecían, ya que todos se reunían en el Oratorio de San Martín.
Un día dijo don Bosco a Carlos Gastini estas textuales palabras:

-Me abandonan todos, pero yo cuento con Dios y "qué puedo temer? La obra no es mía, sino suya: El pensará cómo llevarla adelante.

Durante algunos domingos don Bosco aguantó; pero viendo que la pesada broma continuaba, decidió acabar con ((382)) los que querían,

1 Prov. VI, 16-19.
295

Fin de Página 295

 

VOLUMEN IV Página: 296

como vulgarmente se dice, meter un pie en dos zapatos. Un día de fiesta, por la mañana, aparecieron según su costumbre y él los reunió en
su comedorcito. Le habían regalado una campana de mano para que, al tocarla en el patio, acudieran todos los muchachos a misa. Don
Bosco calculó que había un segundo fin en la intención del regalo por parte de algunos de ellos. Sin embargo comenzó dándoles las
gracias, pero terminó diciéndoles francamente y con calma:

-No estoy contento de vosotros: el que se quiera ir, váyase; el que no quiera venir más por aquí, quédese donde más le guste. Yo me
formaré nuevos catequistas. He empezado otras veces desde el principio y también hoy estoy dispuesto a comenzar.

Dicho esto, les miró fijamente con cara sonriente y se retiró.

Aquéllos, mal aconsejados, volvieron todavía al domingo siguiente: se acercaron a don Bosco, sin darle ninguna señal de afecto, después
desaparecieron y no se dejaron ver más en el Oratorio de San Francisco de Sales.

En el de San Martín merendaban pollo, salchichón, dulces, fruta, vino y otros manjares. Pero "estaban verdaderamente contentos? Uno
de ellos se encontró un día con el compañero Francesia y le dijo:

-Allí en San Martín estamos bien; pero nos falta algo que nos hacía ir con más gusto al Oratorio de Valdocco.

Este algo era don Bosco con su paternal afabilidad y su cariño, totalmente desinteresado.

En efecto, aquellos jóvenes, pasados los ímpetus de los primeros años, revivieron de tal modo su afecto hacia don Bosco, que, vueltos a
su lado, fueron amigos suyos afectuosos y fieles durante toda su vida. Don Bosco se lo recompensaba. No había olvidado los servicios que
le habían prestado como catequistas a él y al Oratorio; y olvidó los disgustos que le habían proporcionado en un momento de
apasionamiento. Así que, recibía siempre con gran satisfacción a los que, después de haber conseguido ((383)) honrosos puestos en la
sociedad, iban a visitarlo o a pasar el día a su lado; colocó en su casa a otros necesitados, y alguno obtuvo empleo y el sueldo
correspondiente en los talleres del Oratorio, ya que, por su escaso valer para el trabajo, no habría podido ganar lo necesario para su propia
familia.

Brosio, al ver que en aquellos momentos no era posible una reconciliación, lleno de indignación, rompió toda amistad con los
innovadores. Y sigue escribiendo:

"A la gran masa de muchachos no le importaban nada los caprichos
296

Fin de Página 296

 

VOLUMEN IV Página: 297

de aquellos señores, y todos estaban por don Bosco. Don Rodrigo andaba enojado por ello al ver su fracaso, y don Bosco para desinflar sus
artificios aumentó las atracciones con juegos nuevos y divertidos. Como quiera que el patio no era lo suficientemente ancho para nuestras
maniobras y las partidas de bochas, salíamos a jugar y a hacer los ejercicios militares en el campo vecino, donde ahora está la iglesia de
María Auxiliadora. Muchas veces, para dar mayor desahogo a nuestro batallón, llegábamos hasta los prados del barrio de San Donato,
siempre a través del campo, lo que resultaba un paseo militar. Al llegar allí, iba yo a comprar dos grandes cestos de fruta con el dinero que
me había dado don Bosco para este fin y la distribuía entre todos mis soldados. La gimnasia y las carreras estaban a la orden del día. A
menudo invitaba también a correr a don Bosco, el cual aceptaba y, lo que dejaba a todos estupefactos era que, casi siempre, alcanzaba el
premio señalado para el que llegase primero a la meta".

Don Bosco, entretanto, con su férrea voluntad, se había rehecho del todo proveyéndose de nuevos catequistas, tanto más cuanto que una
parte de los sucesos había tenido lugar a principios de la instrucción cuaresmal. La Cuaresma había comenzado el 25 de febrero y
terminaba con la Pascua el 11 de abril, y no podía él distraer el personal del Oratorio de San Luis, ni el del Santo Angel Custodio, donde se
reunía cerca de ((384)) un millar de chiquillos, a los que además se les daba un poco de clase. De los antiguos catequistas de Valdocco no
le había quedado más que un jovencito de catorce años, Juan Francesia, que todavía vivía con sus padres. Entonces añadió a éste a Juan
Cagliero y otros internos de su tiempo y a algún clérigo, todos ellos siempre prontos a seguir sus indicaciones. Puede decirse que eran unos
muchachos; sin embargo, cada uno de ellos atendía a una clase de veinte o veinticinco granujillas y todos se esforzaban por cumplir su
oficio. Así que, aunque alguno de los alumnos era mayor que su catequista, a ninguno se le pasaba por las mientes querer molestar.
Además, don Bosco daba vueltas vigilándolo todo. Había ordenado se enseñase el catecismo al pie de la letra, haciendo de vez en cuando
certámenes públicos y distribuyendo pequeños premios. Los nuevos catequistas, con desenvoltura y prudencia superiores a su edad,
asistían durante los días festivos a los externos mientras se preparaban para confesarse, durante la santa misa y la plática (que se hacía a
continuación), las funciones de la tarde y durante los recreos. Frecuentemente se encargaban de repartir el pan a los externos, sobre todo si
habían comulgado, ya que
297

Fin de Página 297

 

VOLUMEN IV Página: 298

para muchos de ellos era un gran fastidio permanecer en ayunas hasta ir a comer a casa. Don Bosco estaba satisfecho al ver sus buenos
resultados, y no se cansaba de repetirles:

-Por favor, os recomiendo que no dejéis nunca solos a los muchachos, sino que los asistáis siempre, constantemente y en todas partes.

Y para animarles, les explicaba el lema de San Agustín: Animam
salvasti, animam tuam praedestinasti (Salvaste un alma: predestinaste la tuya).

La catequesis cuaresmal tocaba a su fin, bendecida evidentemente por el Señor, y se empezaba el triduo de preparación para la Pascua,
que quedó impreso en los jóvenes con la siguiente anécdota, así descrita por el profesor Raineri.

"Estaba próxima la Pascua: Un día de entre semana, por la tarde, don ((385)) Bosco daba la instrucción sobre el tema: Huir de las
ocasiones de pecado, huir de los peligros. Al llegar a cierto punto dijo:

"-El que no quiere quemarse, se mantiene lejos del fuego.

"Y he aquí que, precisamente en aquel instante, se le encendieron unas cajitas de cerillas a cierto chiquillo hortelano, que las guardaba en
el bolsillo para llevarlas a su casa. Inmediatamente, el humo y el intenso chisporroteo llamaron la atención de todos. Nunca se entendió tan
rápidamente un precepto, ni se consiguió confirmarlo tan deprisa con un ejemplo. Estallaron las risas y dieron la razón al maestro, que
también rió; pero su risa se veía, no se oía nunca".

También se obtenían óptimos frutos en los otros Oratorios. En ellos don Bosco era siempre ayudado por celosos sacerdotes y por el
teólogo Borel, el cual pasaba a menudo de un Oratorio a otro catequizando y predicando con admirable ardor y eficacia. El, sin embargo,
iba a ellos de vez en cuando, y ícon qué alegría, con qué vítores era recibido por los muchachos! En estas ocasiones solía predicar él
mismo, y después de las funciones, procuraba tener junto a sí a los muchachos, a cada uno de los cuales daba un consejo particular, tan a
propósito y conveniente a su índole, como si siempre hubiera sido su amigo íntimo. Y Dios le bendecía, y muchos muchachos que en
principio daban pocas esperanzas de un buen resultado, salían mejorados de los Oratorios, y se convertían en hombres fieles y honorables
en los empleos que ocupaban.

Terminadas las fiestas pascuales, los nuevos catequistas, que pertenecían a la Compañía de San Luis, siguieron con mayor ardor y
extendieron su misión a los alumnos internos. Don Bosco quería que todos aprendiesen los oficios sagrados y el canto gregoriano, y en
298

Fin de Página 298

 

VOLUMEN IV Página: 299

1852, lo mismo que había hecho durante el año anterior, el sábado por la tarde no se daba clase, para que aprendiesen las antífonas y los
salmos de las vísperas del domingo. Todas las tardes, sin embargo, se enseñaba el catecismo ((386)) a los más atrasados en religión, ya que
don Bosco quería se les admitiera para recibir la comunión apenas fueran capaces de ello.

-Conviene, decía, que el Señor tome posesión de sus corazones antes que entre en ellos el pecado.

Esto lo hacía él por sí mismo o a través de sus catequistas, los cuales, suplían también a cualquier maestro que faltase a las escuelas
nocturnas.

Se preparaban, además, para las funciones de iglesia. El año 1851, don Miguel Angel Chiatellino escribió una partitura musical, para una
misa y unas Letanías, que luego regaló a don Bosco. Los muchachos las aprendieron y ejecutaron con mucho gusto, y después siguieron
interpretándolas los nuevos coros que se formaron año tras año. A más de esto, aprendieron a asistirse mutuamente, motivo por el cual no
había desórdenes de importancia. A veces, podían sorprender a algunos, ciertas libertades. Como entonces no había edificaciones en torno
al Oratorio, los muchachos, correteando, llegaban hasta los prados de la ciudadela, casi a medio kilómetro; pero siempre corría con ellos y
conducía la carrera uno de los más celosos, él les conducía de nuevo atrás, para reunirlos afectuosamente en torno a don Bosco.

Habíase calmado toda la borrasca en el Oratorio, cuando en el periódico moderado, pero católico, La Patria, apareció un magnífico
artículo alabando la Historia Sagrada de don Bosco. El sacerdote Cocchis, ocupado entre tanto en otras fundaciones, particularmente en la
de los Pequeños Artesanos, había confiado la dirección del Oratorio de San Martín a don Pedro Ponte. Este, de vuelta ya del viaje con la
marquesa Barolo, se dedicó con entusiasmo a la instrucción de los hijos del pueblo hasta 1866. Aquel año se retiró y entregó su Oratorio a
la sociedad de San Vicente de Paúl, la cual confió al Rector de los Pequeños Artesanos la dirección espiritual. Hoy, trasladado a la otra
parte del Dora, con local propio, recoge en las fiestas a más de cuatrocientos muchachos.
299

Fin de Página 299

 

VOLUMEN IV Página: 300

((387))

CAPITULO XXXIV

EXPLOTA EL POLVORIN -HEROISMO DEL SARGENTO SACCHI -EL SOMBRERO DE DON BOSCO -VISIBLE PROTECCION
DE MARIA -SUCESOS DIVERSOS -UNA PALOMA -UNA VIGA ENCENDIDA -EL NIÑO GABRIEL FASSIO -EL
PADRENUESTRO Y EL AVEMARIA A SAN LUIS -DESPERFECTOS EN EL ORATORIO -VALDOCCO, LUGAR DE REFUGIO
-SUBVENCIONES -UNA ESTATUA CONMEMORATIVA -DON BOSCO Y LA PEQUEÑA CASA DE LA DIVINA PR0VIDENCIA

EL año 1852 aconteció una terrible desgracia. Poco faltó para que la ciudad de Turín se convirtiera en tumba de todos sus habitantes bajo
un montón de ruinas.

En el arrabal del Dora, y junto al cementerio de San Pedro ad Víncula, se levantaba una fábrica de pólvora con tres almacenes, en los que
había varios millares de kilos de explosivos. El barrio y la ciudad entera tenían en su seno un gran peligro.

Eran las once y cuarenta y cinco minutos de la mañana del veintiséis de abril. La imperfección de una máquina hizo que estallara una
chispa en uno de los laboratorios. En menos que se dice amén, el fuego llegó a dos cribas laterales, pasó a las clasificadoras y de éstas a la
pólvora extendida por el suelo. Corrieron las llamas a un pequeño almacén, de éste a otro ((388)) muy próximo y ambos estallaron con un
tremendo estruendo, que se oyó a quince millas alrededor. Se bamboleó la ciudad, se desquiciaron las puertas y se rompieron los vidrios de
las ventanas. La enorme fábrica de pólvora saltó por los aires, hundiéronse las casas vecinas, dos filas de añosas moreras saltaron de cuajo
como tiernas hierbecillas; piedras, clavos, barras de hierro, vigas encendidas volaban por los aires y caían sobre los edificios, por las calles
y plazas, como proyectiles de una inmensa bomba, llevando ruinas y muerte. A unos cuatrocientos metros de distancia cayeron piedras de
diez, quince y veinte quintales cada una. Veintiún hombres de la fábrica murieron sepultados bajo los escombros, y treinta y cinco
quedaron malheridos. Una densa nube de humo se extendió, como fúnebre manto, sobre la ciudad, ocultó los rayos del sol y la llenó de
espanto: parecía llegado el fin del mundo. Gritaban unos, lloraban otros, algunos huían sin saber adónde
300

Fin de Página 300

 

VOLUMEN IV Página: 301

porque se ignoraba el origen y la causa del desastre. Poquito a poco iba cundiendo la voz, y eran muchos los que corrían desde el centro de
la ciudad hacia el polvorín, pero, al llegar cerca del mismo, eran empujados hacia atrás por la muchedumbre que huía de los barrios
próximos anunciando inminentes y más graves desastres. Algunos valientes, juntamente con los soldados y los guardias, el alcalde Bellone
con las autoridades civiles, y el mismo rey Víctor Manuel con el duque de Génova y los ministros, se presentaron en el lugar de la
desolación. Y con ellos, nuestro don Bosco.

Se hallaba él, en el preciso momento del primer estruendo en el salón de exposiciones de objetos para la Tómbola. Al oír la explosión,
que sacudió todos los edificios, descendió a la calle para saber qué había sucedido. En aquel instante se oyó el segundo estruendo, y un
momento ((389)) después cayó a su lado un saco de arena, faltando poco para darle encima. No tardó en saber que había estallado el
polvorín, a poco más de quinientos metros del Oratorio. Corrió enseguida a casa, temiendo hubiera sucedido alguna desgracia, pero la
encontró vacía. Todos, sanos y salvos, habían escapado a los campos y prados vecinos. Entonces, sin tardanza y sin calcular el peligro,
voló al lugar del desastre, para prestar a algún desgraciado los socorros del caso. Por el camino se encontró con su madre que, en vano,
intentó detenerle. Tropezóse también con Carlos Torratis y le ordenó:

-Vuelve atrás, ve a buscar a las monjas que han salido de sus conventos y andan por calles y plazas; acompáñalas a todas a la plaza
Paesana. Allí hay un ómnibus para llevarlas a Moncalieri, a casa de la marquesa de Barolo.

Tomatis corrió y cumplió el encargo recibido, sin poder comprender cómo don Bosco, sin comunicación anterior alguna, conociese lo
dispuesto por la Marquesa en aquella apurada situación. Mientras tanto, llegó don Bosco al lugar y se abrió paso por entre las inmensas
ruinas.

íEra un espectáculo desgarrador! íCadáveres despedazados, piernas y brazos esparcidos por uno y otro lado! íGritos desgarradores que
salían todavía de las humeantes ruinas! Y, lo que era más espantoso aún: el miedo a un tercer estallido inminente, que habría causado la
muerte a los más próximos y también a los lejanos. Afortunadamente los dos almacenes, que se habían incendiado y producido tan
horrendo estrago y ruina, no contenían más que unos pocos quintales de pólvora; pero a pocos metros de ellos había todavía un tercero, ya
sin techo, y con todos los edificios circundantes en llamas
301

Fin de Página 301

 

VOLUMEN IV Página: 302

que llenaban el aire de chispas, y que guardaba más de cuarenta mil kilos de pólvora...

Era un terrible volcán, que, si se encendía, haría estallar de punta a cabo, no sólo el arrabal del Dora, sino una buena parte de Turín.
((390)) El peligro era inminente. "Cómo salvar a la ciudad? La salvaría María Santísima por mano de un devoto suyo, cuyo nombre es de
justicia destacar para la posteridad.

Fue éste el sargento Pablo Sacchi de Voghera, jefe de los obreros de la fábrica, liberado milagrosamente del horrible estrago. Dos veces
cayó a tierra, como muerto, por la violencia de las explosiones. Pero se levantó, e invocando a la Santísima Virgen, con los miembros
magullados, la cara, la cabeza y las manos chamuscadas, sangrando por los oídos reventados, en medio de una indescriptible confusión,
entre los cadáveres de sus compañeros, y los llantos y gritos desesperarados de los heridos, demostró una perspicacia y desplegó un coraje
superiores a todo encomio. Después de vencer los repetidos desalientos que le habían ocasionado los horrendos estruendos, advirtió que
todavía estaba indemne el tercer almacén, pero que el fuego llegaba a una manta que se encontraba cerca. No se amedrentó ante el peligro
de una muerte próxima: empujado por una fuerza superior corrió, entró jadeante, agarró la manta, la arrastró fuera y permaneció impávido
en el lugar reclamando ayuda. Inflamados por su heroísmo acudieron inmediatamentea algunos ciudadanos; sumáronse soldados y
bomberos y se organizó un rápido servicio. Unos intentaban apagar el fuego, que brotaba aquí y allá y otros sacaban del gran almacén los
ochocientos barriles de pólvora que allí había.

El conde Cays allí presente aconsejaba, ayudaba, transportaba heridos. Sacchi se apresuraba a cubrir los barriles con mantas impregnadas
de agua. Los trabajos, en medio de un temblor general de todos, duraron hasta las cuatro de la tarde. Turín se salvó de la angustia de aquel
día ((391)) por intervención de María Santísima y gracias al heroico comportamiento de un hombre que, en tan atroz aprieto, puso en Ella
toda su confianza. Era digno de verle, mientras vivió, postrado cada sábado ante el altar de nuestra Señora de la Consolación cumpliendo
un voto de agradecimiento, no sólo por haberle salvado, sino por haberle convertido en el salvador de sus hermanos. Este hombre sencillo
y honorable, en medio de singularísimos sucesos de su vida juvenil, que parece haber sido guardado y preparado por Dios para la noble
misión de salvar a Turín, recibió durante los primeros días lisonjeras demostraciones de aprecio y honor
302

Fin de Página 302

 

VOLUMEN IV Página: 303

por parte de todos los ciudadanos, pero no tardó en sufrir las amarguras de la ingratitud. Había cometido para algunos el error de atribuir
públicamente su heroísmo a la Virgen Santísima. En efecto, repetía:

-No, yo no soy el salvador de Turín. Es la Virgen de la Consolación quien la ha salvado.

Por ello fue pronto víctima de sarcasmos, burlas mordaces y escarnios por parte de aquéllos en cuyos oídos suena mal el nombre de Dios
y de su Santísima Madre. Los periódicos ilustrados le trataron de hipócrita y santurrón. Sin embargo, el Gobierno le concedió la medalla de
oro, que le fue impuesta ante las tropas; la Guardia Nacional le otorgó una medalla de plata y el Municipio le rindió honores de ciudadano
esclarecido, dedicóle una calle con su nombre y una pensión vitalicia de mil doscientas liras anuales. Pero ni alabanzas ni burlas, ni
honores ni insultos lograron cambiar los sentimientos de Pablo Sacchi ni alteraron su profunda devoción a la Virgen. Así se mantuvo hasta
el 24 de mayo de 1884, fiesta de María Auxiliadora, último día de su vida. Con el grado de capitán había acudido como cada día, en
compañía de otro capitán, natural de San Jorge Canavese, amigo suyo, para hacer la adoración en la iglesia de las Sacramentinas. Como
quiera que ((392)) el Arzobispo Gastaldi había prohibido servir a las funciones sagradas sin revestirse de sotana, él y su compañero se
hicieron afeitar los bigotes a fin de ponérsela para poder ayudar a misa. Lo cual no era fácil sacrificio para viejos militares.

Don Bosco tuvo el consuelo de impartir todavía la absolución a un pobre obrero que, sacado de entre las ruinas, con una costilla rota y
todo el cuerpo magullado, exhalaba a poco el último suspiro. Aunque no le permitieron ayudar en los difíciles trabajos materiales, sin
embargo, su sombrero prestó un buen servicio. Había urgente necesidad de llevar agua en lo más recio del peligro, para impedir que el
fuego llegase a las mantas extendidas sobre los barriles de pólvora. Como no encontrara ningún otro recipiente, Sacchi agarró el sombrero
de don Bosco y se sirvió de él como pudo, hasta que llegaron los cubos y las bombas. "Hace todavía poco, escribe don Juan Bonetti, me
hablaba en 1877 el valiente sargento de este episodio con gran satisfacción".

Verdaderamente reinó la general persuasión de que sólo una especial protección del cielo salvó a Turín de ulteriores desastres. Los
primeros en experimentar los efectos de la celestial intervención fueron los asilados en la Pequeña Casa de la Divina Providencia,
303

Fin de Página 303

 

VOLUMEN IV Página: 304

llamada el Cottolengo. El piadoso Instituto se levantaba a poca distancia del polvorín; algunos de sus edificios distaban solamente de
ochenta a cien metros. En consecuencia la terrible explosión derribó tejados, paredes y cielos rasos. Muebles, armarios y cómodas
quedaron desbaratados. Enseres de todo orden saltaron por los aires con gran estrépito. Puertas y ventanas fueron arrancadas de cuajo. Por
todas partes llovían vigas, trozos de madera y de hierro, piedras, ladrillos y escombros de todo género. Pero, en medio de tanta ruina, en
medio de una lluvia de mortales proyectiles, en medio de ((393)) tan grandes peligros, ni uno solo, de los mil trescientos asilados en el
Instituto, fue herido. Allí había enfermos, ciegos, tullidos, locos, niños y ni uno solo sufrió el menor golpe o rasguño. Muchos vieron pasar
la muerte antes sus ojos; viéronla blandir la terrible guadaña sobre su cabeza; mas sin tocar a ninguno. Sobre el lecho donde yacía un
enfermo, rompíase un trozo de cielo raso, que caía a los pies o a los lados. Estaba a punto de derribarse en otra parte la pared, mas se quedó
como suspendida en el aire, dando tiempo para apartar la cama con su enfermo. En los dormitorios de los niños se hundió el tejado,
cayeron muchísimas tejas, pero ni una sobre las camitas y las cunas de los inocentes. La enfermería de las muchachas subnormales tenía
más de veinte camas y hacía tres años que nunca había estado vacía, sobre todo antes del mediodía. Pues bien, aquella mañana, como sí
presintieran lo que iba a suceder, todas se habían levantado y se habían reunido en la habitación contigua. Mientras tanto tuvo lugar la
explosión y cayó sobre aquella enfermería una larga y gruesa viga que rompió el techo y fue a parar en mitad de la habitación, arrastrando
tras de sí la mayor parte del cielo raso y destrozando hasta las camas de hierro. Pero las camas estaban vacías.

Hubo unos hechos inexplicables y consoladores, que demuestran la visible protección de la Virgen, y que se refieren a sus imágenes. Por
todas las habitaciones se veían alacenas, armarios caídos por tierra y puertas desgajadas de los muros con el violento estallido: sin
embargo, en todas se veía colgado todavía de la pared el cuadro de la Virgen. En la enfermería, llamada de Santa Teresa, había una estatua
de María dentro de una campana de cristal a la altura de dos metros: campana y estatua cayeron sobre el pavimento, ((394)) pero quedaron
totalmente intactas. Las ventanas del largo dormitorio de los huérfanos, que daban hacia el polvorín, estaban tapiadas con ladrillos. Llegó
la catástrofe, aquellos muretes se cayeron, salvo dos en los que colgaba el cuadro de María Santísima. En un corredor subterráneo, que une
una parte de la casa con la otra, había, a la altura de
304

Fin de Página 304

 

VOLUMEN IV Página: 305

más de tres metros, una estatua de madera de la augusta Reina de los Cielos colocada en un nicho. A la explosión, la pared vino a tierra y la
estatua, como si hubiera descendido lentamente de su nicho, apareció derecha sobre su base y rodeaba de escombros. Daba la impresión de
que estaba viva y de que había bajado a consolar desde más cerca a los que buscando salida y refugio, transitaban por aquel corredor. En el
Oratorio privado, llamado el Santuario, muy querido de siempre por el venerable Cottolengo, había colgados de la pared cerca de
trescientos cuadros de varias dimensiones, con su correspondiente vidrio o cristal, con fotografias de los santuarios más célebres y
milagrosos, levantados por el mundo en honor de la madre de Jesús. Estaba situado enfrente del polvorín, expuesto por consiguiente al
primer ímpetu de la violenta explosión y sin defensa. Pues bien: estalló cerca el tremendo volcán; en la habitación contigua al Santuario,
protegido por el muro, cayeron por tierra grandes y pesados armarios, se arruinó una parte del techo, se destrozó la puerta, y la tranca de
hierro que la cerraba se retorció como una cuerda o blanda cera. "Y los cuadros? Los cuadros del Santuario permanecieron en su puesto
con sus correspondientes cristales intactos. En la iglesia de la comunidad y en la capilla del Santo Rosario había también una estatua de
María, encerrada en un nicho. A la distancia de seis metros se abrió el gran arco que sostenía la cúpula de la iglesia; el órgano, colocado en
lo alto de una tribuna, cayó por tierra a la distancia de unos pasos; quedó abierto de par en par ((395)) el marco con grandes cristales que
cerraba el nicho; pero la estatua de María, como Señora y Reina, permaneció inmóvil con su corona en la cabeza y apenas si permitió que
le cayera de la oreja uno de sus pendientes.

Pero, con lenguaje todavía más elocuente, demostró la poderosísima Virgen su visible protección aquel día. He aquí dos hechos.

En el atrio de entrada al pío Instituto del Cottolengo, junto a las dos puertas que dan a la vía pública, había, y hay hoy todavía, colgado
de la pared, un cuadro de un metro de altura con la imagen de nuestra Señora de la Consolación pintada por mano maestra. El cuadro
estaba, como hoy lo está, defendido por un cristal cercado de flores, de corazones de plata y otros lindos adornos. Los que entran y salen
suelen recitar una avemaría ante la venerada imagen. El atrio se encontraba, por la parte interior que da al patio, frente al polvorín y sin
ninguna protección de por medio. Así que, al estallar los dos almacenes se produjo tal sacudida, que se abrieron violentamente hasta las
puertas cerradas del Instituto: más de diez mil cristales
305

Fin de Página 305

 

VOLUMEN IV Página: 306

de sus ventanas se hicieron añicos juntamente con los marcos desvencijados y apedazados; por toda la calle Dora Grossa y otras de la
ciudad, a más de un kilómetro, no quedó un cristal intacto en las ventanas; en el atrio mencionado cayó una lluvia de proyectiles de toda
suerte: ladrillos, piedras, hierros y maderas. Los altos y pesados armarios, que allí cerca estaban, vinieron al suelo en un instante. A la parte
opuesta, esto es, detrás del cuadro, la fortísima puerta de nogal, que da paso a la calle, cerrada con una gruesa cadena de hierro, se abrió en
dos destrozando la misma cadena, y se rompió el ángulo de la pared, en la cual ((396)) estaba colgado el cuadro de la Virgen...

Y algo admirable. El cuadro entero, con su cristal y con todos sus adornos, siguió inmóvil. Parecía que la hermosa imagen de María, con
amable aspecto, dijese a todos sus hijos espantados: Ego sum, nolite timere: aquí estoy yo, vuestra Madre, no temáis, seré vuestro escudo,
vuestra defensa.

Un señor que, pocas horas después, entraba por aquel atrio, procedente del interior de la ciudad, al contemplar todavía intacto el cristal
ante la imagen de María, cuando no se veía uno solo en las casas y se caminaba por las calles sobre vidrios, sintió un misterioso escalofrío
por todo su cuerpo, y, lleno el corazón de inmensa alegría, se echó a llorar como un niño. Ninguno alcanzó a explicar con las leyes de la
física, por más que se afanara en ello, todo este conjunto de sucesos, por lo que fue necesario, y aún lo es, acogerse a la mano poderosa del
Señor y a la protección de su divina Madre, que de esta forma demostraba que velaba por la suerte de Turín.

Pero hay un hecho que resplandece por encima de todos los demás y que hace palpar el patrocinio de María Santísima en aquel día
espantoso: es el que vamos a exponer con las mismas palabras del jamás bastante llorado monseñor Luis Anglesio, a la sazón Superior del
portentoso instituto del Cottolengo desde hacía diez años.

"Entre la hilera de casas (escribe él mismo) que flanqueaban las dos partes del polvorín, la más próxima, apenas a la distancia de ochenta
metros, era nuestra humilde casuca de dos plantas llamada Nazaret. Había en la planta baja una veintena de muchachos pacientes de idiocia
y en la planta superior unos treinta pobres niños, de cuatro a nueve años, enfermos crónicos. Todas las vigas del techo se apoyaban sobre
una columna colocada en medio de la amplia cámara: sobre ((397)) esta columna y el techo se había levantado otra columna de arcilla dura
(terracota), una de las que habían servido para uso de las estufas, y sobre esta columna se apoyaba una estatua de la Inmaculada de un
metro de alta, hueca,
306

Fin de Página 306

 

VOLUMEN IV Página: 307

de escayola, coronada con un aro de doce estrellas. Habríase dicho que estaba allí como centinela y escudo de la Pequeña Casa, casi como
para imponer la ley a la naturaleza, al desastre, y marcarles los caminos y sus límites. En efecto, explotaron los dos almacenes de pólvora a
aquella tan breve distancia y con la larga y dolorosa serie de consecuencias más arriba señaladas; una continua tempestad de proyectiles de
todo género y peso cayó por todas partes contra la casuca de Nazaret. La columna guarda todavía las huellas de los proyectiles que la
golpearon, pero la estatua de la Virgen apenas si se movió una pulgada de su base. Allí está intacta e ilesa con su cabeza coronada pero, así
como antes miraba hacia el atrio de la casa, ahora mira hacia el polvorín. "Cómo no reconocer, saludar y agradecer su fiel custodia y
amorosa defensa? Porque, en efecto, el tejado quedó totalmente desvencijado y cayó sobre el cielo raso, y éste, rotas las vigas, se desplomó
juntamente con las tejas en la habitación donde estaban recogidos todos los bebés, unos en sus camitas o sus cunas, otros de pie o sentados
en sus silletas. Era para pensar que ninguno o muy pocos habrían podido escapar a tanta ruina. Así lo creían y temían todos los que habían
visto y presenciado el suceso. Corrieron, pues, al lugar para prestar socorro a las inocentes criaturas y ayudar a las monjas enfermeras;
pero, gracias a la Madre vigilante, que desde lo alto los contemplaba, ni siquiera uno escapó a sus amorosos cuidados. ((398)) Los
chiquitos más ágiles corrieron fuera de la puerta, al primer estallido, los otros, con dificultad para huir o que de un modo u otro yacían en
sus camitas, no se sabe cómo, fueron protegidos y se encontraron ilesos e incólumes. Uno de ellos rodó por tierra juntamente con la cuna,
pero ésta dio una vuelta de campana y quedó cubriendo al niño, defendiéndole de las tejas y de las escombros que le hubieran aplastado.
Era una escena conmovedora oír en medio de los gritos y gemidos a aquellos chiquillos que repetían: Perdón, Virgen Santísima perdón,
seremos buenos, seremos buenos". Hasta aquí la pluma de monseñor Anglesio 1.

Las maravillas narradas, y sobre todo la de la débil columna pareció un hecho tan sigular y tan fuera de lo normal, que hasta unos judíos
que, atraídos por la curiosidad la vieron, dijeron se trataba de un verdadero milagro. Al día siguiente, giraba por aquellos contornos,
lanzando blasfemias contra Dios por culpa de aquel desastre,

1 Maravillas de la Divina Providencia en su Pequeña Casa, etc., por intercesión de la Santísima Virgen. Turín, Pedro Marietti, 1877.
307

Fin de Página 307

 

VOLUMEN IV Página: 308

un hombre de vida poco ejemplar; pero al llegar frente a la delicada estatua y verla allí inmóvil, con su ligera corona en la cabeza,
enmudeció: contemplóla un largo rato y soltó estas texuales palabras:
íAquí debe andar el demonio! De otro modo no podía estar así. Nosotros compadecemos a aquel desgraciado y decimos: El diablo no
solamente hubiera hecho añicos las imágenes de la Virgen, sino que hubiera derribado de su trono celestial a la mismísima Virgen, si esto
le hubiere sido concedido. Está, pues, fuera de duda, que la frágil estatua en aquel alto, cercada de tantas ruinas, era un signo visible de la
invisible presencia ((399)) de María que, cual Madre amorosa, velaba por sus hijos y por toda la ciudad de Turín, a la que salvaba de una
ruina total.

La Santísima Virgen no limitó sus vigilantes cuidados a los maravillosos hechos que acabamos de narrar: dio prueba indubitable de su
maternal solicitud en otros lugares piadosos, expuestos también a graves peligros. Como a unos cuatrocientos metros de distancia del
polvorín se levantaban tres instituciones de la marquesa de Barolo, el monasterio de las Magdalenas, el Hospitalillo de Santa Filomena y el
contiguo Colegio, en las cuales había más de quinientas personas entre monjas y jovencitas, sanas o enfermas: todas ellas, de la primera a
la última, quedaron libres de toda desgracia. En las paredes del Hospitalillo que miran al norte, se veían las señales profundas de los
proyectiles estallados contra ellas; en el monasterio de las Magdalenas cayó un peñasco de unos diez quintales y todavía se conserva en él
un armario lleno de piedras, de barras de hierro retorcidas y objetos similares que llovieron sobre el patio, sobre el edificio, y que
penetraron hasta en las habitaciones y corredores;
pero ninguna de las más de cien personas que en él se albergaban fue tocada. En el enfermería había dos religiosas enfermas que no se
levantaban de la cama hacía mucho tiempo. Aquella mañana, hacia las once, pidieron levantarse y salir a tomar un poco de aire en el jardín
y la superiora, contra su costumbre, se lo concedió. Pues bien, apenas salieron, una enorme viga cayó sobre el techo de la enfermería, lo
abrió y penetró con tal ímpetu, que destrozó las camas de las dos enfermas. Además, mientras las Magdalenas estaban a punto de romper la
clausura, con inmenso dolor, y salir en busca de un lugar más seguro, vieron volar una blanca paloma que fue a posarse sobre la cruz que
coronaba el tejado de su sagrado asilo. Lo tomaron por un feliz presagio y dijeron:

-Si la paloma levanta el vuelo de allí, ((400)) también nosotras saldremos; y si no, nos quedaremos.
308

Fin de Página 308

 

VOLUMEN IV Página: 309

El ave permaneció en aquel lugar hasta las cuatro de la tarde, hora en que llegaba un mensajero del Gobierno para advertirles que había
desaparecido el peligro de nuevas explosiones.

"Qué sucedió mientras tanto en el Oratorio?

Una viga encendida, de seis a siete metros de larga, fue a caer a pocos pasos de la casita de don Bosco, la cual, dada su pobre
construcción, hubiera ardido y se hubiera arruinado, si la mano de Dios hubiera dejado que la viga cayera encima. La nueva iglesia, fresca
todavía, quitados los andamios poco antes y con la bóveda aún sin tejas, habría podido desplomarse o resquebrajarse; pero la Divina
Providencia dispuso que, aunque faltaba poco para bendecirla, todavía no tuviera colocadas puertas ni ventanas. Así que, como estaba
abierta a todos los vientos, el estampido no la sacudió con tanto ímpetu ni le causó daño alguno. La parte del Oratorio más castigada fue la
destinada a vivienda, ya que sufrió espantosas hendiduras. No es menester decir que no quedó un vidrio sano: las ventanas cerradas se
abrieron con tal violencia que, al chocar contra el muro, se hicieron pedazos. Una puerta de la capilla que daba al norte, hinchada con la
humedad del invierno y con la cerradura enmohecida, no se podía abrir hacía algunos meses; pero el estallido liberó al sacristán de toda
suerte de preocupaciones, porque no solo la abrió sino que la arrancó de quicio, arrojándola en medio de la capilla. Lo mismo sucedió en
una habitación de la planta baja que servía de cantina. También fue arrancada la puerta de la pared, y durante algunos días los muchachos
hubieran podido entrar tranquilamente a beberse el vino de mamá Margarita; mas, por desgracia, no había.

Se dio otro suceso extraordinario y hasta sobrehumano que vamos a contar.

Había entre los internos ((401)) un tal Gabriel Fassio, muchacho de trece años de excelentes costumbres y eximia piedad. Trabajaba de
herrero. Don Bosco había predicho que moriría pronto, le apreciaba mucho y solía ponerlo por modelo. Decía muchas veces:

-íQué bueno es!

Sucedió, pues, que este jovencito cayó enfermo, un año antes del fatal suceso y llegó a las puertas de la muerte. Había recibido los
últimos sacramentos, cuando de pronto un día, iluminado por el Cielo, empezó a repetir:

-íAy de Turín, ay de Turín!

Algunos compañeros que estaban a su lado, le preguntaron:

-"Y por qué esos ayes?

-Porque un grave desastre amenaza a la ciudad.
309

Fin de Página 309

 

VOLUMEN IV Página: 310

-"Cuál?
-Un terremoto horrible.
-"Cuándo será?
-Para otro año. íAy, ay de Turín el veintitrés de abril!
-"Y que tenemos que hacer?
-Rezar a San Luis para que proteja al Oratorio y a los que habitan en él.
Poco más tarde moría santamente en el hospital del Cottolengo.
Dadas sus grandes virtudes y aquel acento, como inspirado, con el que pronunciaba sus lamentos (íay, ay!) los jovencitos de la Casa

quedaron profundamente impresionados y aceptaron respetuosamente el consejo. A petición de los mismos se añadió a las oraciones
comunitarias de la mañana y de la noche un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, a San Luis, con la jaculatoria: Ab omni malo libera nos,
Domine (Iíbranos Señor, de todo mal), práctica que dura todavía en nuestras Casas. El periódico A rmonía publicó el hecho y otro
periódico impío dedujo que los curas eran los que habían prendido fuego al polvorín: era una loca insinuación, que podía encender
sangrientas pasiones de venganza en ciertos casos.

El daño material ocasionado por la explosión del polvorín fue inmenso; muchos edificios de los alrededores sufrieron tanto, que hubo
que derribarlos porque no admitían reparación. El Gobierno nombró una Comisión, encargada de examinar las casas más perjudicadas,
para conceder una ((402)) subvención a los propietarios más pobres y hacer las reparaciones necesarias. La Comisión fue tambien al
Oratorio de don Bosco y, vistos los daños, le concedió trescientas liras. La Cámara de Diputados le envió otras doscientas 1.

No podemos callar otro suceso.
Después de las dos explosiones descritas y el anuncio de una tercera

1 Cámara de Diputados -Comisión de los Cuestores (eran éstos los diputados encargados del orden de la Asamblea).

Habiendo deliberado esta Comisión de la Presidencia que con motivo de la fiesta del Estatuto, ha poco celebrada, fueran retiradas de los
fondos de la Cámara y concedidas al Instituto de los Pequeños Artesanos, por vuestra V. S. Ilma. tan dignamente dirigido, doscientas liras,
me apresuro a ponerlo en su conocimiento, enviándole al mismo tiempo una orden de pago de dicha suma que V. S. podrá retirar, cuando
le plazca, en la Secretaría de esta Comisión con la simple presentación de la mentada orden.

Aprovecho la oportunidad para presentar a V. S. Ilma. los sentimientos de mi más profundo aprecio.

Turín, 14 de mayo de 1852

El Cuestor
VALVASSORI

Fin de Página 310

 

VOLUMEN IV Página: 311

más terrible, que parecía inminente, muchos habitantes de las casas más o menos próximas y hasta algunos enfermos, que apenas si podían
tenerse en pie, fueron llevados a un campo junto al Oratorio, casi frente a la iglesia en construcción. Allí se reflexionaba sobre el poder, la
justicia y la misericordia de Dios; allí había unos que pedían perdón, otros que prometían cambiar de vida y otros que se encomendaban a
todos los santos del cielo. Todos manifestaban gran confianza en el valioso patrocinio de la Virgen María; recordaban los antiguos favores
por Ella concedidos a la ciudad de Turín, la invocaban en aquel terrible caso, rezaban el santo rosario y lanzaban al aire sus loas.

((403)) Resultaba hermoso considerar que en aquel campo se levantó más tarde la Basílica de María Auxiliadora, a la que siguen
acudiendo los afligidos y atribulados de todas partes en busca de ayuda y consuelo, y son escuchados.

En el entretanto, vuelto don Bosco del lugar del desastre, acogía en su casa y animaba a muchos jovencitos de otros centros que, llenos
de terror, fueron allí a refugiarse. Durante horas y horas se oía el rumor de los carros que llevaban a otras partes los barriles de pólvora.
Después de la puesta del sol, llamó don Bosco junto a sí a los internos, temerosos de un nuevo desastre durante la noche, y antes de ir a
dormir, les exhortó a que fueran buenos, estuvieran tranquilos y confiasen en Dios. Les dio tales razones que los dejó totalmente
tranquilos.

La estampa de María Inmaculada con la inscripción Auxilium Christianorum, ora pro nobis, que tenía en su habitación y que nosotros
guardamos como un tesoro, nos demuestra el motivo de su segura confianza.

En efecto, como recuerdo de la gracia hizo imprimir en la litografía Doyen cinco mil ejemplares de una hermosa estampa, que distribuyó
después a los muchachos a fines de junio. Figura en ella, como fondo, la ciudad de Turín y el polvorín en llamas. En lo alto, está Nuestra
Señora de la Consolación, entre nubes y ángeles, y se ve su santuario entre el caserío. Delante hay unos muchachos de rodillas y en pie,
con las manos juntas o extendidas a María, y un sacerdote que le señala con la mano derecha, mientras apoya la izquierda sobre el hombro
de un niño, que contempla extasiado a la Virgen. Se leen dos inscripciones.

ARRIBA DE LA IMAGEN: Acudid a María en los peligros y necesidades.
311

Fin de Página 311

 

VOLUMEN IV Página: 312

DEBAJO DE LA IMAGEN: Los hijos del Oratorio de San Francisco de Sales a Nuestra Señora de la Consolación:

((404))"De la pólvora inflamada
Por tus mercedes salvados,
Ante tus pies, gran Señora,
Te damos gracias postrados"
.

Pero no contento con esto, quiso testimoniar al Señor su agradecimiento con un acto de singular generosidad.

Léese en el número cincuenta y seis de Armonía, del martes once de mayo de 1852:

"La Junta Directiva de la Tómbola en favor de la iglesia que se está construyendo en Valdocco para la instrucción religiosa y moral de la
juventud, en sesión del seis de los corrientes, reconociendo como especial favor del cielo el haberse conservado ilesos los muros del nuevo
edificio, pese a su proximidad al lugar del desastre, acaecido en el barrio del Dora, y no sabiendo manifestar su agradecimiento a la Divina
Providencia mejor que ayudando a ese maravilloso Hospital, que lleva el mismo título, y que tanto daño sufrió con el desgraciado
infortunio, ha deliberado que la mitad de la ganancia acordada por la ley a toda Lotería de beneficencia pública se ceda, a partir de hoy, en
favor de la Obra del Cottolengo.

"De esta forma, los generosos bienhechores que todavía quieran enviar algún objeto para enriquecer la ya abundante colección o adquirir
las papeletas disponíbles, alcanzarán de este modo un doble fin: el bienestar de la juventud pobre que podrá ser educada en la piedad y la
virtud en la nueva iglesia, y el socorro de un establecimiento que por sus principios y por su conservación resulta un milagro de la
Providencia.

"La exposición pública seguirá abierta todos los días, desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde, en el local de la calle de la
Basílica, número tres, primera planta; a primeros de junio tendrá lugar el sorteo".
312

Fin de Página 312

 

VOLUMEN IV Página: 313

((405))

CAPITULO XXXV

EL MES DE MAYO EN EL ORATORIO -CARTA DE DON BOSCO AL OBISPO DE BIELLA -LOS OBISPOS Y LA TOMBOLA
-VELADA MUSICO-LITERARIA DE LOS ALUMNOS DE LAS ESCUELAS NOCTURNAS -ALABANZAS DEL PE-RIODICO
ARMONIA -APROBACION DEL ABATE APORTI -OPINION DE UN EMIGRADO POLITICO SOBRE LA OBRA DE DON BOSCO

LA prodigiosa preservación del estallido del polvorín aumentó la devoción de los alumnos de don Bosco a la Virgen. Antes, durante el mes
de mayo, se hacía diariamente en la capilla del Oratorio, alguna práctica de piedad en su honor, y especialmente los sábados se tenía una
lectura de las glorias de María o se daba un sermoncito. Pero, a partir de este año, empezóse a ofrecerle regularmente cada noche flores en
los dormitorios, flores espirituales, en el mes de las flores materiales. Don Bosco anunciaba cada noche la florecilla y la jaculatoria para el
día siguiente.

El amor a María avivaba en él el agradecimiento a los bienhechores que promovían su gloria, y así escribía esta hermosa carta a
monseñor Losana Obispo de Biella.

Ilustrísimo y Reverendísimo Monseñor:

Lleno de los sentimientos de la más viva gratitud hacia la Divina Providencia, que se dignó suscitar en la persona de V. S. Ilma. y
Rvdma. un insigne bienhechor ((406)) del Oratorio de San Francisco de Sales, agradezco humildemente, Monseñor, haya recomendado mi
iglesia con tanto celo, en su especial circular del trece de septiembre del año pasado, a la caridad de sus diocesanos. Las limosnas recibidas
que alcanzan a mil liras, y que declaro haber recibido, son una prueba evidente de que todos reconocieron la necesidad de guardar intacta la
moralidad de la juventud y de promover su instrucción cristiana, y por esto respondieron solícitos a la piadosa insinuación de su Pastor.
Puede estar satisfecho, Monseñor, de haber
313

Fin de Página 313

 

VOLUMEN IV Página: 314

prestado este favor a la juventud de Turín, y alégrese, porque éste alcanza también a muchísimos jóvenes de su Diócesis, los cuales,
teniendo que pasar una gran parte del año en la capital, en razón de su oficio, acuden en número ejemplarmente considerable a este
Oratorio para divertirse, instruirse y santificar los días dedicados al Señor. Ya sabe, Monseñor, que, a pesar de las generosas limosnas de
piadosas y caritativas personas, llegaron a faltarme los medios para continuar el sagrado edificio, pero la Divina Providencia tendió
benignamente su mano y me procuró nuevos medios a través de una tómbola. Apenas fue ésta anunciada, la acogió favorablemente la
caridad pública, y hubo muchísimos distinguidos personajes y beneméritas señoras que, con celo verdaderamente católico, tomaron parte
en ella, y de tal forma la promovieron que, gracias a ellos, los regalos superaron todas mis esperanzas, lo mismo por su valor que por su
número, de tal modo que, al día de hoy, pasan de tres mil ciento; ahora espero que las personas piadosas y pudientes seguirán haciéndome
el favor de adquirir los boletos de los que depende la terminación de la santa obra.

Confortado y ayudado de este modo, tengo la satisfacción de anunciarle que los trabajos de construcción siguen con toda la rapidez
((407)) posible y confío en el Señor que el veinte de junio próximo, día dedicado por nosotros a Nuestra Señora de la Consolación, se
podrá, para satisfacer nuestra urgente necesidad, entrar en la nueva iglesia, bendecirla y celebrar en ella las sagradas funciones. Imagínese,
Monseñor, la alegría y la satisfacción que me embargan al pensar en la solemnidad que tendrá lugar ese tan suspirado día.

No pudiendo, como yo querría, demostrar mi agradecimiento a V. S. Ilma. y Rvdma. y a sus diocesanos, por sus limosnas y por haber
ayudado eficazmente a la tómbola, me empeñaré en recibir con la mayor amabilidad posible a todos los jóvenes de Biella que acudan al
Oratorio, y no ahorraré nada para que puedan aprovecharse de las escuelas y de la instrucción religiosa.

Lo que puedo y no dejaré de hacer es unirme a los muchachos, que la Divina Providencia me confía, y rogar con ellos constantemente al
Señor para que compense generosamente con sus bendiciones a V. S. Ilma. y Rvdma. y a cuantos con su caridad ayudaron y siguen
ayudando a esta obra benéfica. Permítame, Monseñor, que le ruegue quiera seguir todavía protegiendo al Oratorio y otorgar su bendición a
la nueva iglesia, a la tómbola, y a todos los hijitos del Oratorio; y con ellos también a mi persona, que lo necesita más que todos ellos.

Dígnese entretanto aceptar los sentimientos de mi sincera gratitud,
314

Fin de Página 314

 

VOLUMEN IV Página: 315

de la más profunda y reverente veneración con la que tengo el honor de declararme,

De V. S. Ilma. y Rvdma.

Turín, 4 de mayo de 1852

Humilde y Obediente Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((408)) Mientras tanto, no perdía de vista ni un solo momento los trabajos referentes a la tómbola. Los obispos piamonteses, con caridad
admirable, la habían promovido y escribían a don Bosco.

"Veré la manera de distribuir los doscientos boletos que V. S. M. R. me ha enviado y, si como temo, no alcanzo a despacharlos todos, le
enviaré el importe de los distribuidos antes del veinte de los corrientes. Mientras tanto, encomendándome a sus oraciones y rogando al
Señor bendiga sus trabajos...

Alba, 2 de mayo de 1852

" C.M.V."

"Ha hecho muy bien V. S. M. R. mandándome trescientos boletos para su lotería. Hace ya mucho tiempo que los deseaba y no sabía
cómo adquirirlos. Yo me quedo con un centenar y procuraré repartir los otros doscientos. Me daré prisa para enviarle el importe, y, si fuere
del caso, pediré más.

Si por cualquier circunstancia fuere a Turín, ruégole, desde ahora, me permita visitar el Oratorio que se está fabricando, lo mismo que los
otros Oratorios de que me habla y que todavía no conozco. Mientras tanto, pidiendo al Señor las más abundantes bendiciones que se
merece la Santa Obra a que se dedica, me profeso...

Saluzzo, a 4 de mayo de 1852

" JUAN, Arzobispo-Obispo"

"He recibido la atenta carta de V. S. Ilma. y Rvdma. del 13 de los corrientes y los trescientos boletos de la tómbola en ella incluidos.
Tome buena nota a mi cargo del valor de dichos boletos por un total de ciento cincuenta liras ((409)) que le haré entregar en la primera
ocasión que se presente.
315

Fin de Página 315

 

VOLUMEN IV Página: 316

Bendiga el Señor los trabajos de V. S. para alzar una nueva iglesia para su culto y agradezca...

Vigevano, a 21 de mayo de 1852
" PIO VINC., Obispo"
.

"He recibido, juntamente con la apreciada carta de V. S. M. R. del veintiuno de los corrientes, un paquete con doscientos billetes de la
tómbola, y aunque aquí no sea posible poderlos despachar por las circunstancias del momento y por la extraordinaria necesidad reinante,
que cada día se hace mayor, sin embargo, por tratarse de la erección de un iglesia, me los quedaré todos y durante la próxima semana le
enviaré su importe total de cien liras.

Acqui, a 24 de mayo de 1852
" F. MODESTO, Obispo"
.

"Antes de recibir los doscientos boletos que V. S. M. R. me envió, ya me habían llegado otros doscientos, de los que había dispuesto
adquirir un discreto número: por tanto, no tengo mucha confianza de que puedan repartirse los que ha tenido el gusto de enviarme. Haré
todo lo posible, pero, repito, no espero que la suerte acompañe mis deseos. En tal caso no me quedará más que devolver a V. S.
oportunamente los billetes no repartidos.

Me encomiendo, mientras tanto, a sus fervorosas oraciones...

Mondoví, a 7 de junio de 1852
" F. JUAN TOMAS, Obispo"
.

"Además de los cien boletos que ya tomé por mi cuenta, he recibido también los que usted me envió por medio de la diligencia; ya los he
((410)) entregado a varias personas para que los distribuyan; haré todo lo posible para favorecer el asunto.
También a mí me disgusta no haber podido asistir a su velada; otra vez sera.
Ruegue por mí para que el Señor me devuelva la salud; siga dispensándome su afecto...

Fossano, a 20 de mayo de 1852
" L. V.
"

Fin de Página 316

 

VOLUMEN IV Página: 317

La velada músico-literaria a la que se refiere el Obispo de Fossano, tuvo lugar en el Oratorio de San Francisco de Sales. Don Bosco había
invitado a los bienhechores y a otros eximios personajes con la siguiente carta-circular:

Ilustrísimo Señor:

Dada la deferencia tenida por V. S. Ilma. hasta el presente, con todo lo referente al Oratorio de San Francisco de Sales, espero le gustará
recibir la presente invitación para asistir el domingo próximo, dieciséis del corriente mayo, de las dos a las cinco de la tarde, y honrarnos
con su presencia, a la velada literario-musical, con la que los alumnos de nuestras escuelas nocturnas darán prueba de sus estudios durante
este año escolástico.

No verá grandes cosas, pero descubrirá, sin lugar a dudas, el buen corazón y la buena voluntad de nuestros muchachos.

El programa de la velada es:

1.° Lectura y escritura. Elementos de aritmética, sistema métrico decimal y gramática italiana. Canción con acompañamiento musical.

2.° Un poco de geografía e historia sagrada del nuevo testamento. Canción con acompañamiento musical.

3.° Dos diálogos: Viajes por Palestina y Un joven sin premio. Entre las diversas materias escolares se recitarán varios fragmentos
literarios y algunas poesías.

((411)) Persuadido de que aceptará esta mi humilde invitación, agradezco cuanto ha hecho y espero siga haciendo en favor de mis
jovencitos, y le presento mi más sincera gratitud declarándome con todo respeto,

De V. S. Ilma.

Turín, a 14 de mayo de 1852

S.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Famosos profesores, entre los que se encontraba Aporti, algunos miembros de la Junta Municipal, distinguidos y nobles personajes y
monseñor Calabiana, Obispo de Casale, honraron el acto con su presencia. Imposible decir la sorpresa de los asistentes al escuchar las
desenvueltas declamaciones, los cantos de aquellos buenos muchachos del pueblo, encallecidos en el trabajo y duro ejercicio de los más
humildes oficios, los cuales demostraban que, bajo una rústica blusa, se esconde muchas veces un ingenio despejado. Los frecuentes
317

Fin de Página 317

 

VOLUMEN IV Página: 318

y prolongados aplausos con que se acogían sus respuestas y las distintas y no siempre fáciles preguntas, eran una prueba cierta y segura de
la satisfacción universal.

La maravilla de los asistentes iba en aumento, puesto que, habiendo acudido con el pensamiento de que iban a asistir a una demostración
infantil, se encontraron con muchachos mayorcetes y llenos de vida, los cuales, no dejándose arrastrar por los malos ejemplos de sus
coetáneos, dedicaban al estudio el tiempo que les dejaba libre el trabajo y que otros consumían en extravíos. En efecto, no es fácil domar
en la juventud el poderoso estímulo que la lleva a las diversiones y conducirla al estudio serio y paciente. Pero esto que resulta difícil para
los que se burlan de nuestro método de instrucción, le es fácil al sacerdote católico, el cual no tiene más método que el sugerido por la
caridad cristiana. Al ((412)) contemplar a centenares de muchachos artesanos, que renuncian a las diversiones para oír la palabra de un
sencillo sacerdote: "preguntáis qué es lo que sostiene a esa juventud, ansiosa de libertad? El amor que tienen a su padre en Cristo. "Y qué
es lo que alimenta y fomenta este amor hacia su padre? íEl amor que éste tiene por sus hijos! Y estos dos amores se identifican en el amor
a Jesucristo 1.

Recordamos haber sabido que el abate Aporti, senador del Reino, embelesado por las respuestas rápidas y exactas que daban aquellos
jóvenes artesanos, tuvo que decir que no se podía esperar más, no sólo de unos mozalbetes, que durante todo el día manejaban la paleta de
albañil, la lezna o la aguja, sino de aquellos mismos que pasaban la mayor parte del año sobre los bancos de la escuela, pendientes horas y
horas de los labios de un maestro.

Al final se distribuyeron los premios, que no consistieron sólo en aplausos, sino en objetos útiles, obsequio de los bienhechores.

Esta velada se hizo famosa puesto que, queriendo borrar la acusación movida contra el Oratorio sobre política, un jovencito recitó una
larga poesía en piamontés, compuesta por don Bosco, que comenzaba así:

Nui parluma nen d'politica
A le niente nost'affè:
E nui fumma mac la critica
Al pan brun del panaté 2.

1 Véase Armonía, del martes 18 de mayo de 1852.

2 Nosotros no hablamos de política,

No es asunto nuestro:

Nosotros tan sólo criticamos

El pan negro del panadero. (N. del T.).
318

Fin de Página 318

 

VOLUMEN IV Página: 319

Una noble señora, que no pudo asistir a este entretenimiento, manifestaba así a don Bosco su pesar.

((413)) Desde mi quinta en Chieri, al 23 de mayo de 1852

Muy Rvdo. Señor:

La honrosa invitación de V. S. M. R. no me llegó hasta ayer por la tarde, por la acostumbrada negligencia del portero, y lo siento, tanto
más cuanto que he debido parecerle no solamente descortés, sino ingrata, al no asistir a la interesantísima reunión y no presentándole al
menos, conforme era mi deber, el más sentido agradecimiento. Ruego a V. S. perdone mi involuntaria ausencia y me conceda la esperanza
de admirar en cualquier otra ocasión, su santa Obra.

Ruégole, mientras tanto, agradezca la publicación; con la que un joven Abogado de la Emigración ha querido dar a conocer a Italia la
gracia de Dios, al renovarse entre nosotros el gran ejemplo de los Calasanz y los Vicente de Paúl: que el sacerdote, cuando sigue las
máximas del Evangelio, es querido y apreciado como merece por todos indistintamente, aún por los que, poco preocupados por la religión,
lo serían, si el clero siguiere más generalmente las normas caritativas de nuestro Salvador.

Y renovando a V. S. M. R. mi más vivo agradecimiento por el alto honor de haberme recordado, pese a mi poquedad, me honro
profesándome con el más profundo respeto y veneración...

De V.S.M.R.

S.S.S.
OCTAVIA MASINO-BORGHESE
Aunque no sea muy justa la crítica del clero, hecha en esta carta, la hemos presentado, porque el elogio a don Bosco es verdadero y para
que se comprenda el espíritu y las opiniones de aquellos tiempos y por qué la emigración política debía su reconocimiento al Oratorio.
319

Fin de Página 319

 

VOLUMEN IV Página: 320

((414)
)

CAPITULO XXXVI

CARIDAD DE DON BOSCO CON LOS POBRECITOS -ALGUNOS TESTIMONIOS -LOS EMIGRADOS POLITICOS -LOS
CANARIOS AMAESTRADOS -FRANCISCO CRISPI -OTROS PROFUGOS BENEFICIADOS -UNA TRAMPA QUE NO RESULTA
-BENEFICENCIA ESPIRITUAL

"NO rechaces al suplicante atribulado, y serás como un hijo del Altísimo; él te amará más que tu madre"1.

La invitación y la promesa del Espíritu Santo inflamaban la caridad de don Bosco con el prójimo. íCuántos muchachos fueron recogidos
por él gratuitamente! íCuántos huérfanos se le presentaron pidiendo ayuda y él los recogió entre sus hijos! íCuántos aceptó con la promesa
de bienhechores o parientes de que contribuirían mensualmente con una cuota mínima, y, aún cuando ésta no fuera pagada, él los retuvo,
con tal de verles cumplir bien con su deber! íY cuántos del Oratorio festivo recibieron calzado, vestido, alimento y empleo!

Aunque era pobre, asegura don Miguel Rúa, extendía también su generosa confianza a los adultos extraños a la casa. "La bondad de su
corazón, dice monseñor Cagliero, no tenía límites. Sensibilísimo a las desgracias ajenas, estaba lleno de ((415)) compasión para con los
pobres y enfermos. La amabilidad y la dulzura con ellos fueron las virtudes características de su vida. Su caridad fue en ocasiones
admirable, sobre todo teniendo en cuenta los calamitosos tiempos en que vivió. Muchos, de los que andaban totalmente necesitados de
medios para vivir, fueron acogidos en su casa en distintas ocasiones, provisionalmente hasta encontrar trabajo, o de una forma estable; a
otros lograba colocarlos en centros de beneficencia".

Nunca despedía a un pobre sin socorrerlo. "Recuerdo, dice monseñor Piano, que un día, siendo yo estudiante de moral en Turín y estando
con don Bosco, nos encontramos con un pobre que le pidió

1 Eclesiástico, IV, 4 y 11.
320

Fin de Página 320

 

VOLUMEN IV Página: 321

limosna. Don Bosco no llevaba dinero, como solía sucederle, por lo que se dirigió a mí y me preguntó si yo tenía algo. Respondíle
abriendo mi cartera, y al ver que yo llevaba un billete de dos liras, me rogó se lo diese a aquel pobre, prometiéndome que me lo devolvería.
En efecto, unos meses después me dijo que tenía una deuda conmigo, refiriéndose al billete de las dos liras, y me las ofreció. Pero yo no
acepté, considerándome feliz de poder colaborar en su caridad".

Escribía don Francisco Dalmazzo: "He visto muchas veces a don Bosco dar grandes limosnas, particularmente cuando se trataba de
personas arruinadas o de mujeres en peligro. Diversas veces le vi entregar escudos, monedas de veinte liras y, en más de tres ocasiones,
billetes de cien liras. Sucedía esto particularmente cuando se trataba de apóstatas convertidos y sin medios de subsistencia; o bien, de
personas no católicas acabadas de entrar en el seno de la Iglesia y faltas de apoyo".

Don Joaquín Berto añade: "Acompañaba yo a don Bosco un día de 1874. Un pobrecito pidióle limosna; otros ya la habían recibido antes
Se volvió don Bosco a mí para ver si llevaba una moneda ((416)) para darle; pero no teniéndola y habiéndole hecho observar, por otra
parte, que eran muchos los pobres que se acercaban para poder socorrer a todos, me dijo:

-"No sabes que está escrito: Date et dabitur vobis (Dad y se os dará)?"

No veía una desgracia, que él no intentase remediar. Andaba un día con don Miguel Rúa y don Francisco Dalmazzo por una de las calles
principales de Turín. Se encontraron con un peón de albañil, que arrastraba una carretilla muy cargada, sin fuerzas para ello, y lo
demostraba llorando. Don Bosco, sin decir nada a sus compañeros, se separó de ellos, y, con gran estupor, viéronle empujar hacia adelante
la carretilla durante un trayecto bastante largo.

No veía en las criaturas más que a su Creador, sin hacer distinción ninguna: prestaba su benéfica ayuda a todo el mundo, ricos o pobres, y
lo mismo espiritual que corporalmente; no se preocupaba de errores, culpas, enemistades, ingratitudes u opiniones contrarias, ni del partido
a que pertenecían los peticionarios. No prevalecían en él simpatías o antipatías. Si en alguna ocasión se podía decir que manifestaba alguna
predilección, era en favor de los más desgraciados, con los cuales, ya antes de abrir su internado, tenía una admirable generosidad, como
tantas veces nos lo repetía don Félix Reviglio. De 1849 a 1860 hubo otra nueva clase de personas que experimentó su beneficencia y fue la
de los emigrados políticos,
321

Fin de Página 321

 

VOLUMEN IV Página: 322

llegados al Piamonte desde distintos estados de Italia, particularmente de las tierras de Venecia y Lombardía para escapar a los rigores de
los gobiernos restaurados.

Fue el primero de éstos un notario de Pavía, que había puesto en peligro su cómoda situación familiar y, para poder vivir, ofrecía un
espectáculo singular en la plaza de San Carlos en Turín. Había amaestrado muchos canarios con los que hacía juegos originales. Los
colocaba sobre una mesa y, a una señal suya, ((417)) cantaba un canario mientras los otros callaban. Entablaba luego un desafío entre dos
de aquellos pajaritos y resultaba maravilloso ver los esfuerzos de cada uno para vencer a su adversario. De pronto cantaban todos juntos a
coro, seguía luego uno solo; a continuación renovaban sus gorjeos hasta que, hecho el silencio, dejaba que un dueto interpretase sus
armoniosos trinos y, luego, un gran coro final cerraba el concierto. Una constante multitud asistía a las proezas de los pequeños cantores
que callaban, cantaban a solo o al unísono, a la señal de su maestro.

Se recuerda todavía con particular deleite una escena que representaban con gran comicidad artística. Aparecían dos canarios, uno contra
otro, armados de una espadita de cartón atada a una patita y empezaban el duelo. Era gracioso el gesto de alzar la espada y golpear al
adversario. Uno, el que era tocado, cojeaba como si hubiera sido herido. El otro, daba vueltas en derredor de él, mientras el herido giraba
sobre sí mismo espiando los movimientos del enemigo. Alzaba, por fin, la patita el asaltante, sacudíale un segundo golpe y el otro, al ser
tocado, caía como muerto y permanecía inmóvil. Salían entonces los demás canarios, corrían a su encuentro y, cantando con sonido
lastimero daban vueltas alrededor. Agarrábanle con el pico y lo arrastraban hasta una pequeña elevación colocada en mitad de la mesa; y,
siempre inmóvil el fingido muerto, dejaba que le tendieran con el pico sobre un papel en forma de paño fúnebre y sobre este papel
colocaban el alpiste que estaba amontonado en una esquina de la mesa. Una vez sepultado y enterrado el compañero, íbanse al extremo de
la mesa haciendo movimientos de cabeza, con desgarrados y lentos gorjeos, simulando espanto y dolor; desde allí, levantaban el pico,
como para contemplar el túmulo, y, moviendo siempre la cabeza, reemprendían el canto fúnebre. Pero, de repente, el muerto apartaba de sí
((418)) el papel y el alpiste, se ponía en pie y empezaba un alegre gorjeo. Entonces todos los demás canarios corrían junto a él y coreaban
su festivo canto.

De no haberlo visto, parece imposible que se pudiera amaestrar
322

Fin de Página 322

 

VOLUMEN IV Página: 323

hasta aquel punto a una partida de pajaritos. Don Bosco había oído hablar de ello, por lo que, mientras recogía muchachos para llevarlos al
Oratorio de Puerta Nueva, al pasar por la plaza de San Carlos se detuvo un poco para contemplar la habilidad de aquel notario. Sucedió
entonces algo extraño. Mientras los canarios huían cuando algún espectador se acercaba demasiado, no se espantaron al acercárseles don
Bosco, sino que volaron sobre sus hombros, sobre sus brazos y sus manos, y se dejaron acariciar por él. No tardó don Bosco en trabar
amistar con el canaricultor, haciendo que le contara cómo se las arreglaba para amaestrar a los pájaros, las pruebas hechas con diferentes
especies y particularmente el éxito alcanzado con los canarios, que siguieron mejor que los demás su amaestramiento. Era ése el arte de
don Bosco para ganarse a las personas: seguirles la corriente. El notario fue muchas veces a Valdocco, y don Bosco le invitó a cumplir con
Pascua y a enviar al Oratorio festivo a un hijito suyo que le había acompañado en el destierro. Estaba contentísimo de su resultado en aque
trabajo y de la amistad con don Bosco, pero vino a enlutarlo la malicia y la envidia. Una mañana se encontró con todos sus canarios
muertos asfixiados en la jaula, en la que un malvado había introducido una densa humareda de tabaco. Don Bosco quiso tomar sobre sí
parte de los gastos para el sostenimiento del hijo del pobre desgraciado, y el chiquito, llegado al Oratorio, decía a don Bosco:

-íHabía trabajado tanto mi padre para amaestrar a aquellos pájaros! íCuánto ha sufrido con esta malvada acción!

((419)) El segundo emigrado favorecido por don Bosco fue uno cuya fama correría luego por todo el mundo 1. D'Azeglio y Cavour no
tenían todavía en el 1852 la delicadeza que, meses más tarde, mostraron con los emigrados políticos. Habían propuesto a Francisco Crispi
que escribiera en el Risorgimento, órgano oficioso moderado, tan moderado que contaba entre sus abonados un buen número de católicos
sinceros; pero Crispi se opuso altivamente. Así que, habiendo pedido más tarde el puesto de secretario municipal en Verolengo, no le fue
concedido. Le tocó entonces a Crispi conocer la miseria. Un día, en Turín, se paró para contemplar el paso de un grupo de muchachos
acompañados por don Bosco, el cual al advertir los rasgos de sufrimiento de aquel observador y comprendiendo que padecía hambre, le
invitó a su casa y le dio de comer. Durante

1 Se refiere a Francisco Crispi ( 1819 -1901 ), gran estadista italiano, que fue socorrido por don Bosco en 1852. (N. del T.).
323

Fin de Página 323

 

VOLUMEN IV Página: 324

mes y medio le hizo sentarse a su mesa con frecuencia; hablaba con él de sus vastos proyectos para la educación de la juventud, pues veía
que el pobre emigrado no había podido todavía, en el curso de su agitada existencia, liberarse completamente de la influencia de su
cristiana educación primitiva. Crispi tenía alquilada una pequeña habitación junto a nuestra Señora de la Consolación, y don Bosco solía
encargar al señor Bargetti de Castelnuovo, que le llevara la comida. Diole además dinero, y un día, al ver que sus zapatos estaban ya
gastados, encargó al zapatero que le llevase, como regalo suyo, un par nuevo. Crispi se confesó con don Bosco y pasaba muchas fiestas en
su compañía. Tuvo así ocasión de estudiar los milagros que acompañan a la fe y a la caridad cristiana, experimentando él mismo sus
beneficios, que nunca olvidó, aunque durante largos años no pareciera acordarse de ello. Cuando, cambiadas las cosas, volvió a Turín y se
alojó en una noble vivienda, fue a visitarle para congratularse con él una señora que le había socorrido en los momentos de desgracia, pero
no quiso reconocerla. Don ((420)) Bosco, sin embargo, no se le presentó: era un perfecto conocedor y apreciador de los hombres.

Un tal M... fue también acogido por don Bosco en el Oratorio, mientras anduvo falto de lo necesario. Pero hay gente que no cambia de
costumbres, porque su corazón endurecido no es sensible a las saludables influencias de la religión. M..., pues, mostró al jovencito
Francesia un librito de memorias de su vida, en el que se describían escenas eróticas poco honorables. Francesia dio cuenta de ello a don
Bosco, el cual determinó inmediatamente apartarlo de los muchachos. Sin embargo no tuvo valor para ponerlo de patitas en la calle, y lo
trasladó, en el 1853, a dos habitaciones que tenía alquiladas en La Jardinera. Era él un sectario, que más tarde alcanzó un lucrativo empleo
como escritor en L'Opinione. Pesaban también sobre él graves sospechas de ser un espía. Estaba un día en compañía de un amigo, cuando
se encontró con Francesia, ya clérigo, y, con cierto aire de importancia, dijo al otro:

-íAquí tienes una de las futuras esperanzas de la patria!

Tal vez había intentado con el librito de sus memorias comenzar una educación patriótica. Pero, quitado el escándalo, don Bosco seguía
haciendo su caridad por amor de Nuestro Señor Jesucristo.

A estos tres va unido un cuarto. Lo escribe así nuestro hermano sacerdote Caimo. "Un célebre Profesor de un Instituto Superior, cuyo
nombre no recuerdo, me declaró lo que sigue.

"Era yo estudiante en Turín. Tenía mis deudas y no sabía a
324

Fin de Página 324

 

VOLUMEN IV Página: 325

quién dirigirme para poder vivir. Fui al Oratorio, le conté todo a don Bosco y le rogué me ayudará. Yo podía compensarle dando clase a
sus muchachos. Don Bosco me recibió con paternal bondad, me socorrió como pudo, dijo que el Oratorio estaba abierto para mí... pero a
condición de que me adaptase a la vida comunitaria y cumpliese ((421)) los deberes... Comprenderá que mis ideas religiosas y políticas,
decía el profesor, eran y son diametralmente opuestas a las de mi bienhechor. No pude quedarme con él; mi educación, mis convicciones
me lo impedían. Me fui, pero persuadido y seguro de que don Bosco era un hombre singular, sagaz y profundo conocedor de los hombres,
un verdadero y habilísimo educador. Todavía tengo esta convicción y no me avergüenzo de reconocerlo, declararle mi bienhechor y
proclamarle un gran italiano y un santo sacerdote".

Evidentemente se ve que la caridad de don Bosco era semejante a la bondad del Padre Celestial que hace salir el sol y envía la lluvia, lo
mismo a justos que a pecadores. Hubo, sin embargo, emigrados políticos que le proporcionaron grandes consuelos. Fue a llamar a la puerta
del Oratorio, y permaneció en él largo tiempo, el sacerdote de Brescia Zattini, hombre docto y profesor de filosofía, el cual había sido
ahorcado en efigie y condenado por rebelde. Jamás salió de sus labios en el Oratorio una palabra sobre política, y aceptó con gusto enseñar
a leer y a escribir a los rudos muchachos externos. Era un modelo de humildad y de piedad. También acudió en busca de refugio el joven y
famoso músico Jerónimo de Suttil, a quien buscaba en Venecia la policía por sus palabras imprudentes. Se encariñó de don Bosco, alegró
durante muchos años el Oratorio con sus canciones venecianas y, después de haber pasado un tiempo en Francia, volvió a Valdocco, donde
acabó sus días como un fervoroso cristiano. Omitimos otros varios.

Parecía que don Bosco tuviese un instinto especial para distinguir a los pobres verdaderos de los que fingían serlo. Una tarde, a hora ya
avanzada, paseaba por una calle de las afueras de Roma, pobremente iluminada por un farol, cuando de le acercó una mujer que parecía
sostener en los brazos ((422)) un niño fajado y bien tapado. Pedía aquella mujer, con temblorosa voz, compasión para una pobre madre en
extrema miseria. Don Bosco no respondía y seguía su camino. Nosotros, que íbamos al lado, conmovidos ante los repetidos ruegos, le
hicimos observar la conveniencia de darle una limosna. Entonces don Bosco, que ya tenía una vista muy débil, levantó un poco la voz y
dijo:
325

Fin de Página 325

 

VOLUMEN IV Página: 326

-"Pero no veis que esa mujer os engaña? No es un niño lo que lleva en brazos, sino un trozo de madera revestido.

Al oír aquellas palabras la mujer escapó a toda prisa y desapareció por la calle próxima.

Salvo el caso evidente de engaño, don Bosco era siempre generoso con los pobres. Nosotros podemos asegurar, con conocimiento de
ello, que cada año distribuía varios miles de liras en favor de los necesitados, ya en dinero entregado como limosna, ya perdonando deudas
a quien pasaba apuros. Y no solamente a éstos, sino también a los pudientes, particularmente a los campesinos y obreros que iban de los
pueblos a Turín, les socorría de mil diversos modos, y les daba hospitalidad. Se había propuesto impedir las transgresiones a la ley de Dios
y de la Iglesia con las tristes consecuencias del respeto humano. Entre los diversos testimonios de nuestra afirmación, traemos el del
comerciante Juan Filippello de Castelnuovo, el cual nos traza este boceto de don Bosco y del Oratorio de aquellos años.

"Como yo iba muchas veces a Turín, bajaba de vez en cuando a Valdocco para visitar a don Bosco, y cada año me encontraba con que
había crecido el número de sus muchachos internos. Le encontré un día junto al palacio real y, como era viernes, me insistió para que fuese
a comer al Oratorio, por miedo, me decía, de que en la fonda me dieran alimentos condimentados con manteca. ((423)) De camino, a cada
instante, me hacía señal de pararme y de tener paciencia, ya que él se detenía a hablar con toda clase de personas. Llegados al Oratorio,
todos los muchachos se amontonaban a su alrededor para besarle la mano, dando tales muestras de respeto y de cariño que me
conmovieron. Me quedé a dormir en el Oratorio, y vi, por la mañana, a todos los muchachos ir a la iglesia para oír la misa celebrada por
don Bosco, que, también yo, tuve el placer de oír en la antigua iglesita. Me convencí entonces de que los muchachos eran muy buenos y
creo que muchos de ellos, de no haberlos recogido y dirigido don Bosco, hubieran acabado mal".

Así es como la caridad de don Bosco era recompensada puesto que Dios le amó siempre más que una madre.
326

Fin de Página 326

 

VOLUMEN IV Página: 327

((424))

CAPITULO XXXVII

DESEO DE CONVERTIR EL MUNDO -ESPIRITU DE VIDA RELIGIOSA INSINUADO A LOS MUCHACHOS -LA NUEVA
IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE SALES TERMINADA -BENDICION DE UN SAGRARIO Y DE UNA CAMPANA -LOS
OBISPOS DE VERCELLI E IVREA NO PUEDEN ASISTIR A LA DEDICACION DE LA IGLESIA -INVITACION Y RESPUESTA
DEL ALCALDE, DEL TENIENTE DE ALCALDE Y DEL PROFESOR BARUFFI -POESIA -DON BOSCO NUESTRO REY

MIENTRAS tanto don Bosco no perdía de vista la Congregación que debía fundar. A menudo, y eso durante muchos años, encontrándose
en medio de un corro de muchachos o de clérigos, bromeaba según su costumbre y terminaba por sentarse en tierra con las piernas
cruzadas. Los alumnos se sentaban con él en su derredor. Sacaba entonces un pañuelo blanco y, formando con él una pelota, la hacía saltar
de una a otra mano. Los muchachos contemplaban en silencio el juego. Y de pronto, exclamaba él:

-íAh! Si yo pudiera tener conmigo doce muchachos, ser su amo y disponer de ellos como dispongo de este pañuelo, querría esparcir el
nombre de Nuestro Señor Jesucristo, no sólo por toda Europa, sino más allá de sus confines, por tierras lejanas, lejanas...

Y no añadía más explicaciones. El año 1857 repetía las mismas palabras en presencia del muchacho Piano, hoy (1904) párroco en la
iglesia de la Gran Madre de Dios, en Turín.

((425)) Al mismo tiempo intentaba don Bosco, en sermones, conferencias y discursos, insinuar el amor hacia una vida del todo
consagrada a Dios y a la salvación de las almas. Hablaba a los muchachos de las ventajas de la vida de comunidad, de no tener que pensar
en el porvenir, de no haberse de preocupar de lo necesario para la vida y de la bondad de la Providencia, que jamás abandona a sus siervos.
Pero siempre razonaba indirectamente, sin hacer alusión a la vida religiosa. Describía alguna escena brillante de los santos que habían
consagrado a Dios su vida en un convento; mas, sólo por el lado poético y atrayente, de modo que se comprendiese la perfección
327

Fin de Página 327

 

VOLUMEN IV Página: 328

de aquel estado, y sin parecer que lo recomendaba de ninguna manera. Unicamente invitaba a los alumnos a querer ayudarle; y, apoyándose
en el amor que le profesaban, expresaba el deseo de tenerlos siempre a su lado, de poderlos acompañar hasta el paraíso, estar un día, y para
siempre, junto a ellos en la eterna bienaventuranza.

A veces empleaba palabras misteriosas para provocar su curiosidad.

-Necesito de ti una cosa: "cuándo harás la confesión de la vida futura?

A otro:

-"Estás contento? "Estás bien? Entonces conviene que te prepares para hacer la confesión de toda tu vida futura.

Entendía con esto hablarles especialmente de su vocación eclesiástica, insistiendo en la importancia de pensar seriamente y con tiempo
en ello.

De vez en cuando decía a uno u a otro:

-"Quieres que te corte la cabeza? íNecesito que te dejes cortar la cabeza!

Quería indicar con esto la obediencia total al Director del Oratorio, cuyas ventajas y méritos describía a menudo, mas sin indicar en qué
estado se puede ejercitar ésta especialmente.

((426)) Tocante a la virtud, se propuso no exigir más de lo que se requiere para ser un buen cristiano y salvar el alma. Así que no hablaba
de meditaciones metódicas, ni de retiros espirituales prolongados. Ya entonces, suplía plenamente con otros medios, y viose a los
muchachos escalar los más altos grados de perfección. Si hubiera dado a su casa un aspecto de vida muy regular y monástica, lo habría
perdido todo. En el decurso de esta historia le veremos ascender siempre, pero insensiblemente, hacia su ideal, esto es hasta llevar las cosas
al punto de colocar a la Pía Sociedad Salesiana a la par de las demás Congregaciones.

Trabajaba incansablemente para ello, mas la palabra Congregación no llegó a pronunciarla hasta después de catorce años de haber
empezado a preparar el terreno. Preveía también que, apenas levantara el velo que cubría su proyecto, no pocos se le opondrían y harían
guerra, y no sólo el mundo, sino hasta los Obispos y párrocos, los padres de los muchachos y éstos mismos. Tenía razones para preverlo. Y
así fue. En efecto, si hubo muchos al principio que lo admiraban y tenían por un hombre grande y santo, después dijeron que era un
fanático, un obstinado, un presuntuoso, un creador de
328

Fin de Página 328

 

VOLUMEN IV Página: 329

discordias, un hombre que quería escapar a toda jurisdicción y hacer un mundo nuevo. Pero Dios lo quería así.

Para vencer, pues, los obstáculos previstos, estudiaba y se valía de todas las industrias posibles para ganarse a los muchachos; ésta es la
razón por la que, de vez en cuando, hablaba de su persona, de lo que el Señor hacía por su medio; por eso, contaba ciertos sueños que se
cumplían a la vista de todos, daba a entender que había recibido de El una misión especial en favor de los muchachos, demostraba a cada
instante la protección especial de la Virgen sobre el Oratorio. Todo ello debía servir para hacer comprender lo afortunados que serían
quienes ((427)) se quedasen a ayudarle en un lugar tan querido por María Santísima.

Sin embargo, cuando contaba a sus muchachos los antiguos sucesos del Oratorio, para apartar de sus mentes la idea de que pudiera
hacerlo por vanidad, decía:

-Cuento de vez en cuando las cosas del antiguo Oratorio y que también se refieren a mí. Me parece poder decir: Meminisse iuvabit,
porque estos hechos demuestran admirablemente el poder de Dios. Me parece que con estos relatos no nos entra la vanidad; no,
ciertamente no, dando gracias al Señor. Estos relatos nos enseñan muchas cosas. Dios ha querido complacerse haciendo cosas grandes, a
través de un mísero instrumento. Quiero que esto se sepa, para que levantemos nuestro pensamiento a Dios y le agradezcamos cuanto quiso
hacer en favor nuestro. El daba gracias continuamente al Señor, no solamente por los beneficios que le había concedido, sino también por
los muchos dones que sabía le estaban preparados. Basta recordar lo que ya hemos dicho.

Cuando se reunía don Bosco en 1846 y 1849 con don Sebastián Pacchiotti y los otros sacerdotes, empleados con él en el Refugio, con
don Juan Cocchis y algunos más, y se hablaba y se discutía sobre la manera de organizar de forma estable el Oratorio festivo, él respondía
siempre a las dificultades que le presentaban diciendo que un día vendrían en su ayuda clérigos y sacerdotes suyos, que realizarían todo
aquello. Entonces algunos de los sacerdotes que parecían tan celosos por los Oratorios, le abandonaron uno tras otro, como desmintiendo
anticipadamente la profecía, que tanta risa les causaba. Y, sin, embargo, no tardaron en aparecer los primeros clérigos anunciados. Estos
eran bien vistos por toda clase de personas, puesto que, lo mismo en público que en privado, se prestaban para muchas ((428)) obras de
caridad, igual para asistir a sus compañeros, que para dar clases nocturnas y catecismo en los diversos
329

Fin de Página 329

 

VOLUMEN IV Página: 330

Oratorios festivos, recoger a los muchachos, esparcidos los domingos por los prados, buscar patrono a los sin trabajo, visitarles en el tajo,
llevarles a sus casas cuando caían enfermos, de acuerdo con las indicaciones de don Bosco, y al mismo tiempo estudiaban, asistiendo a sus
escuelas correspondientes.

Predicaba el teólogo Pacchiotti la novena del Espíritu Santo en el Oratorio, el año 1852. Le querían mucho los muchachos, y el día de la
fiesta, después del sermón, le acompañaron a tomar un refresco en una habitación de la planta baja. Fueron con él ocho clérigos, y se
sentaron en derredor suyo. Entró entonces don Bosco, y el teólogo Pacchiotti, dándole unas palmaditas en el hombro y mirándole
conmovido, le dijo:

-Ahora creo que tendrás curas y clérigos.

-Ahora creo que tienes una iglesia y una casa, repitió al volver otra vez a Turín, cuando la construcción de la casa nueva estaba algo
adelantada.

Y algunos de los que le tomaron antes por loco, habiendo ido a predicar en la iglesia de San Francisco, tuvieron que recordar cómo
habían creído imposible lo que ahora contemplaban sus ojos. Y lo que ellos veían no era más que el principio, un ensayo de lo que más
tarde verían.

Don Bosco se preocupaba mucho de preparar para aquel día suspirado a algunos de los mejores y más fervorosos, habituándoles a
algunas de las piadosas prácticas de las sociedades religiosas.

Y, de cuando en cuando, seguía dándoles, a ellos solos, alguna conferencia. Estaba entre éstos el diácono Joaquín Guanti, que daba clase
de latín. El cinco de junio de 1852 don Bosco les reunió y les exhortó a escoger entre los compañeros un monitor secreto, para que
caritativamente ((429)) les advirtiese de los defectos en que hubieren caído para corregirse. Miguel Rúa escogió a Reviglio, y nos
aseguraba que los avisos dados por el amigo le ayudaron enormemente. Tenemos recuerdo de esta conferencia en una hoja escrita por
Miguel Rúa en los siguientes términos:

Don Bosco, diácono Guanti, Bellia, Buzzetti, Gianinati, Angel Savio, Esteban Savio, Marchisio, Turchi, Rocchietti 1.°, Francesia,
Francisco Bosco, Cagliero, Germano, Rúa.

Todos éstos se reunieron para la conferencia del sábado por la noche, 5 de junio de 1852. En esta conferencia se estableció el rezo de los
siete gozos de la Santísima Virgen todos los domingos. Al año próximo se verá quién de ellos ha perseverado en el cumplimiento
330

Fin de Página 330

 

VOLUMEN IV Página: 331

de lo establecido hasta el sábado señalado, esto es, el primer sábado del mes de mayo.

Jesús y María, haced santos a todos los apuntados en esta pequeña hoja.

El motivo no manifestado de estas plegarias era el poder dar vida a la Pía Sociedad Salesiana. Y fueron perseverantes cumplidores de lo
que don Bosco les había aconsejado; persuadidos de que ello les haría un gran bien.

Mientras tanto, los trabajos de la iglesia de San Francisco se realizaron con tal actividad, que en el mes de junio de 1852 estaba ésta
terminada. El doctor Francisco Vallauri, su esposa y su dignísimo hijo don Pedro pagaron el altar mayor. El comendador José Dupré hizo
embellecer la capilla de la izquierda, según se entra, dedicada a San Luis Gonzaga, y pagó un altar de mármol. Los nobles esposos,
marqueses Domingo y María Fassati, se sumaron para pagar los gastos del segundo altar lateral en honor de la Santísima ((430)) Virgen y
lo adornaron con una hermosa estatua de Nuestra Señora. El señor Miguel Scanagatti regaló elegantes candelabros; don José Cafasso pagó
el púlpito; otro bienhechor, el coro, dotado después con un pequeño órgano. En fin, si es verdad que don Bosco desplegó en aquella
ocasión una gran actividad y un celo extraordinario, también lo es que la piedad cristiana, o mejor dicho, la Divina Providencia le prestó
siempre su valiosísimo apoyo.

El 7 de abril había concedido a don Bosco el Provicario General Celestino Fissore la facultad para bendecir un sagrario nuevo para
servicio de los Oratorios, y el domingo 22 de mayo por la tarde el reverendo señor Gattino, párroco de San Simón y San Judas, bendijo la
nueva campana, colocada en el campanario construido al lado de la iglesia de San Francisco de Sales.

También ésta tenía que ser bendecida, y don Bosco deseaba que algún Prelado realizase la ceremonia con toda la solemnidad. Dirigióse
primero al Arzobispo de Vercelli, y después al Obispo de Ivrea, con el cual ya había tratado para su proyecto de publicación de libros
populares. Pero ninguno de los dos pudo asistir, por las razones que se leen en sus cartas.

Muy Reverendo e Ilustre Señor:

Con mucho gusto habría querido acudir para satisfacción de V. S. M. R., a cuyo celo debe esta Capital el nuevo Oratorio de San
331

Fin de Página 331

 

VOLUMEN IV Página: 332

Francisco de Sales, destinado a la instrucción de la juventud turinesa, y encontrarme de este modo entre los numerosos muchachos, que se
regocijan con una fiesta tan conmovedora. Pero la víspera de cumplir los setenta y dos años, fastidiado por la tos y otras incomodidades
hijas de la edad avanzada, no me dejan responder a su agradable invitación. Por tanto, doy a usted las gracias, con la esperanza de que
((431)) admitirá conmigo la razón del motivo que me lo impide, y repito mi agradecimiento, profesándome con profundo aprecio...

Vercelli, 8 de junio de 1852

ALEJANDRO, Arzobispo

Muy apreciado don Bosco:

Hubiera sido para mí un gran placer en otras circunstancias haber acudido para realizar las sagradas funciones de la bendición e
inauguración de la nueva iglesia levantada por V. S. y sus celosos cooperadores, y esto lo habría hecho con gran satisfacción, por la misma
obra, por usted y por el doctor Vallauri, Prior de este año, a quien tanto aprecio. Pero: non possum venire (no puedo ir). Estoy
comprometido ese día para otro acto público en la ciudad, la administración de la sagrada confirmación; al día siguiente es mi día
onomástico y hay otra función en el Seminario Menor; después el aniversario de mi bautismo: son días éstos que voluntariamente paso
retirado en casa; al mismo tiempo se celebran los exámenes finales de los seminaristas estudiantes de filosofía y de teología. Lo siento
mucho; non possum.

Me gustará mucho leer el manuscrito: Aviso a los católicos. Recibí también por medio de mi secretario una nota sobre las dos Filadelfias
Hablé con un sacerdote forastero sobre la pequeña Biblioteca y todos están convencidos de su necesidad y su seguro éxito.

Deseo vivamente y ruego al Señor resulte hermosa y fecunda en bien, esa fiesta a la que asistiré espiritualmente, y, mientras tanto, tengo
el gusto de profesarme con particular estima...

Ivrea, 12 de junio de 1852

LUIS, Obispo de Ivrea.

((432)) Al recibir estas cartas, don Bosco presentó su petición a la Curia.
332

Fin de Página 332

 

VOLUMEN IV Página: 333

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Vicario:

Habiendo llegado la construcción de la nueva Iglesia para el Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco a punto de poder celebrar
en ella los divinos misterios, el sacerdote Juan Bosco suplica humildemente a V. S. Ilma. y Rvdma. se le permita trasladar los piadosos
ejercicios del primer Oratorio a dicha iglesia, dedicando el primero a uso profano, como así mismo se digne V. S. Ilma. bendecir la nueva
iglesia, o bien delegar para ello en algún eclesiástico.

El antedicho.

La Curia envió solícitamente su respuesta.

"Se delega al señor Cura Párroco de Borgo Dora para bendecir el nuevo Oratorio, de acuerdo con el Ritual Romano, tras cuya bendición
se declaran transportados al mismo los piadosos ejercicios y facultades concedidas al anterior, el cual puede dedicarse a usos profanos.

Turín, a 19 de junio de 1852

FELIPE RAVINA, Vic. Gen.

T. J. CAVIASSI, Secr.".
Mientras tanto, don Bosco había enviado a los bienhechores una invitación para acudir a la función.

Ilustrísimo Señor:

Es un día de gran consuelo para mí, y lo mismo creo será para V. S. Ilustrísima, el domingo 20 de los corrientes, en el cual se verán
cumplidos nuestros deseos ((433)) con la bendición de la nueva iglesia de San Francisco de Sales, en cuyo favor quiso emplear de tantos
modos su celo y caridad.

Verdad es que el sagrado edificio no está del todo acabado, pero los trabajos han llegado ya a tal punto que se puede bendecir, celebrar
en él convenientemente las sagradas funciones, y satisfacer de este modo nuestra grave necesidad.

La sagrada función empezará a las ocho y media de la mañana. Después de la bendición se celebrará la santa misa para todos los
bienhechores del Oratorio, en la que también comulgarán los muchachos. Después se pronunciará un discurso a propósito y terminarán
333

Fin de Página 333

 

VOLUMEN IV Página: 334

las funciones con la bendición del Santísimo Sacramento. Por la tarde, a las tres y media, habrá vísperas, la plática de costumbre y
bendición con el Santísimo Sacramento. Al salir de la iglesia, ruégole se sirva pasar por el local de la antigua capilla para entretenerse unos
minutos con los otros bienhechores del Oratorio, y, juntos, dar gracias al Señor que de un modo tan extraordinario nos ha ayudado a
realizar su obra. Usted tendrá un lugar reservado para asistir cómodamente a la sagrada función, pues es mi intención tributarle ese día
todas las atenciones que su manifiesta caridad y condición se merecen; mas, si por la multiplicidad de las cosas, no se le rindiesen las
muestras de respeto que, por muchas razones, usted se merece, ruégole me perdone bondadosamente, ya que ciertamente no será por falta
de buena voluntad.

Acuda con las personas que V. S. sabe han ayudado de algún modo a esta obra de cristiana piedad. Puesto que la fiesta es de todos, sea
también de todos la gloria que ese día se tributa al Señor y sea también de todos, según espero, el bien que redundará en favor de nuestras
almas.

Persuadido de que su caridad quiera continuar promoviendo el bien de este nuestro Oratorio con los sentimientos ((434)) de la más viva
gratitud, doy a usted gracias de todo corazón, asegurándole que será siempre para mí un gran honor el poderme repetir.

De V. S. Ilustrísima,

En el Oratorio, a 16 de junio de 1852

S.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Invitó también don Bosco al señor Alcalde de Turín. Habría éste acudido con gusto, como lo hizo para la colocación de la primera
piedra; pero, diversos asuntos se le impidieron, según manifestó por carta, la cual es un testimonio de religiosidad del presidente del
Ayuntamiento de Turín y del aprecio en que tenía a la obra de don Bosco. He aquí cómo se expresaba, con fecha del 18 de junio:

Con mucha satisfacción recibió el Alcalde abajo firmante, la amable invitación que V. S. Ilma. y Rvdma. le hizo, por medio de su carta;
grande es también su sentimiento de que la función religiosa de la mañana con motivo de la festividad de nuestra Señora de la Consolación
a la que debe asistir con la representación municipal, más la junta de después de comer de la Congregación de Caridad de
334

Fin de Página 334

 

VOLUMEN IV Página: 335

Reaglie, a la que también está invitado a asistir, le privan de acudir como sería su gran deseo. Está satisfecho de ver instaurada la
institución del Oratorio de San Francisco de Sales, hija de su celosa solicitud en favor de nuestra juventud trabajadora, que de este modo
podrá educarse religiosa y cívicamente.

Ruega a V. S. acepte el testimonio de su atto. s. s.

BELLONE, Alcalde

((435)) Semejantes motivos manifestó también el Teniente de alcalde.

Alcaldía de Turín. Despacho del Teniente de Alcalde.

Como quiera que el domingo veinte, a las nueve de la mañana se celebra una misa en el Santuario de Nuestra Señora de la Consolación,
con asistencia del Ayuntamiento, el que sucribe, muy a su pesar, no podrá asistir a la función a la que gentilmente ha sido invitado por el
venerable sacerdote don Juan Bosco, en carta del dieciséis de los corrientes. Pasada alguna hora en el palacio municipal, para despachar
asuntos urgentes, y después de que los deberes familiares le dejen libre, irá con mucho gusto a las tres y media de la tarde al Oratorio y
asistirá a la reunión en el local de la vieja iglesia.

Sabe muy bien el abajo firmante distinguir en la muy cortés invitación la parte que justamente corresponde a sus colegas y no a él: puesto
que él no sólo ha sido el último de los cooperadores para tan santa obra, sino que también, como último, se da cuenta de que está mucho
más atrás de los que menos hayan trabajado. Si cuenta con una parte igual a la de los demás, es solamente en la alegría del éxito de la
empresa y de la sincera estimación del promotor y autor de la misma, el venerable sacerdote Bosco, al cual profesa la mayor consideración
y la gratitud ciudadana, y el afecto de buen cristiano por todo el bien que realiza, guiado y protegido por Dios.

Turín, a 17 de junio de 1852

COTTIN

También el famoso naturalista y arqueólogo Baruffi escribía así a don Bosco en la misma ocasión.
335

Fin de Página 335

 

VOLUMEN IV Página: 336

((436)) Distinguido Señor:

Doy a V. S. las más rendidas gracias por su atenta invitación a la hermosa fiesta del domingo, a la que de veras siento no poder asistir,
puesto que debo ausentarme de Turín por unos cuantos días.

Unome de todo corazón a esta santa obra, y pido al Cielo continúe otorgando sus favores, a fin de que usted pueda tener el consuelo de
ver cumplidos tan evangélicos y honrosos deseos.

El nombre de V. S. quedará esculpido con caracteres indelebles en el corazón de los turineses y de todos los que conocen y saben
apreciar la caritativa solicitud y los constantes sacrificios que usted realiza en favor de la pobre juventud abandonada, para ponerla en el
buen camino y procurarle el pan material juntamente con el del alma.

Acepte mis respetuosos y cordiales augurios de prosperidad para su digna persona, a fin de que el Oratorio, por usted fundado, pueda
desarrollarse cada día más y producir los frutos que la sociedad y la religión esperan.

Aprovecho la presente ocasión para repetirle la expresión de los sentimientos de mi alta consideración y profesarme,

De V. S. M. Rvda.

Turín, a 18 de junio de 1852

Atto. y S. S.

J. T. BARUFFI
Aunque ocupadísimo durante aquellos días, pudo don Bosco invocar a sus musas, y compuso una oda de ocasión, muy agradable por su
sencillez, y que nosotros reproducimos. Llevaba este encabezamiento: En el día de la bendición de la nueva iglesia del Oratorio de San
Francisco de Sales, los muchachos ((437)) pertenecientes al mismo expresaban de este modo, llenos de alegría, los sentimientos del más
sincero agradecimiento a sus bienhechores.

Como el pájaro en las ramas Así por más de diez años
busca el albergue querido nuestro nido hemos buscado,
donde construir su nido mas ni el cielo nos ha dado
y tranquilo reposar. donde poderlo encontrar.

No se para en valle o montes, Un prado, un jardín, un patio,
en la floresta o el campo, la habitación o la calle,
y no le detiene el rayo la plaza o lo que se halle
hasta que el nido formó: nuestro Oratorio será.
336

Fin de Página 336

 

VOLUMEN IV Página: 337

Por fin, piadoso el Señor Oh, Señor omnipotente,
contempló benigno el caso, que nada al mezquino niegas,
y dos lustros de retraso escucha a los que te ruegan,
ampliamente compensó. postrados ante tu altar.

Compensó...y nos dio escuelas, Haz de modo que este templo
un patio para los juegos; a tu nombre consagrado,
y como un nido de ensueño nunca sea profanado
una casa apareció. por corazón desleal.

Compensó... "qué más decir? Haz que cuantos aquí vengan,
se cumplió toda esperanza, suplicantes y devotos,
la iglesia está consagrada, vean cumplidos sus votos;
satisfecho el corazón. presta ayuda, merced da.

Es verdad, amigos míos, Y tú, Santísima Virgen,
varios meses trabajasteis, que puedes todo ante Dios,
frío y calor aguantasteis, bendice hoy a tus hijos
por la casa del Señor: dales fe, esperanza, amor.

Ni sueño, ni diversiones, Y haz que nunca por nada
fatigas, pesar o penas, cesemos de ser tus hijos,
ni las nubes de agua llenas líbranos de los peligros
vuestro celo retardó. de nuestra incauta edad.

Ahora alegres festejad, "Y qué les vas a entregar
tras la ganada victoria, a estos tan buenos señores,
a quien una santa gloria cuyas penas y sudores
sólo el mérito alcanzó. dedicaron a tu honor?

((438))
El Señor ha compensado Tejerás, Virgen hermosa,
nuestra labor coronada un ramillete en el cielo
con la iglesia consagrada, que les sirva de consuelo
"qué más se pudo soñar? del bien que aquí les faltó.

Démonos prisa, hijos míos, Y nuestra alma agradecida
corramos al templo santo, con caracteres dorados
cantemos a Dios un canto, escrito por todos lados,
por su otorgado favor. ESTE DIA DEJARA.

Nunca el tiempo con sus cambios
podrá borrar esta fecha
que está de hermosuras hecha
y no es posible olvidar.

Se imprimió en millares de ejemplares, fue puesta en música y la aprendieron los muchachos.

Fin de Página 337

 

VOLUMEN IV Página: 337

Durante los preparativos para la fiesta en el Oratorio, lo mismo internos que externos estallaban de alegría, la cual se manifestó de un
modo llamativo el día 14 de junio.

El profesor Raineri, que frecuentó el Oratorio de 1846 a 1853,

Fin de Página 337

 

VOLUMEN IV Página: 338

escribía así. "Fue la tarde de un domingo; don Bosco nos había contado con gran evidencia, con su peculiar y encantadora manera, la
historia del pastorcillo David convertido en rey, y terminó diciendo:

"-íY he aquí al pastorcillo convertido en rey!

"Nosotros exclamamos de repente:

"-íViva don Bosco, nuestro rey!

"Y fue aquello de decir y hacer. Los muchachos más altos y más fuertes levantaron con gala y bizarría sobre sus hombros a don Bosco y
lo pasearon triunfalmente por el patio, mientras nosotros siguiéndoles, cantábamos la canción aprendida aquellas días:

"Como el pájaro en las ramas

busca el albergue querido..."

"con inmenso gozo de nuestra parte, y quizá de la suya. Los mismo hacían los pueblos antiguos cuando elegían a uno de sus valientes y
lo levantaban por caudillo sobre el pavés. íSí, don Bosco podía muy bien ser nuestro caudillo, nuestro rey! Don Bosco nos daba con sus
normas verdaderas reglas de oro, que sirven para todos, pero que son más a propósito para la juventud, y que es bueno recordarlas. He aquí
algunas:

((439)) "-Hacedlo todo hoy de modo que no tengáis que avergonzaros mañana.

"-No dejéis para mañana el bien que podéis hacer hoy, porque, a lo mejor, no tendréis tiempo.

"-Hagamos las cosas para estar bien en este mundo y en el otro.

"-Sed lentos en juzgar.

"-"Deseáis que vuestro compañero os aprecie? Pensad siempre bien de todos, estad dispuestos a ayudar a vuestro prójimo y seréis felices

"Después de las funciones de iglesia se entretenía con todos los muchachos, de diferente edad, costumbres, condición y educación, llenos
de vida y absorbidos por su juegos, observaba la índole de cada uno, les dirigía una palabra individual, una palabra querida, una palabra
que consolaba, que nos daba alegría y parecía que leyese dentro de nuestro corazón. Cada uno de nosotros decía para sí: ícómo nos quiere
don Bosco!

"Ah, sí, don Bosco quería a todos... íQué hermoso resulta volver con el pensamiento a aquellos nuestros años juveniles!".

"Y don Bosco, añadía monseñor Cagliero, les acompañaba él mismo a última hora hasta la entrada de la ciudad, para asegurarse
338

Fin de Página 338

 

VOLUMEN IV Página: 339

de que iban deprisa a sus casas en grupos. Al pasar por el Rond_, donde todavía se ahorcaba a los condenados a muerte, se oyó más de una
vez cómo repetían aquellos muchachos hijos del pueblo: -Don Bosco nos quiere tanto que, si nos llevaran a la horca, aún encontraría la
manera de salvarnos".

Lo mismo afirmaba Félix Reviglio.

Fin de Página 339

 

VOLUMEN IV Página: 340

((440))

CAPITULO XXXVIII

BENDICION DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE SALES -PRIMERA MISA -LAS FUNCIONES DE LA TARDE
-AGRADECIMIENTOS -MUSICA Y POESIA -EL PERIODICO "LA PATRIA"

UNA vez terminados los trabajos y preparados todos los objetos necesarios para bendecir e inaugurar el sagrado edificio para el culto
divino, se eligió el 20 de junio, tercer domingo después de Pentecostés y fiesta en Turín de Nuestra Señora de la Consolación. Muy largo
sería describir los detalles de aquel memorable día, que fue para el Oratorio más único que raro. Se elevó a la entrada del patio un arco de
altura colosal, que llevaba escritas en la cumbre estas palabras con letras cubitales:

CON CARACTERES DORADOS
ESCRITO POR TODOS LADOS
ESTE DIA QUEDARA.

Al romper el alba, ya se oían por los prados y campos de los alrededores las voces de los muchachos que acudían al Oratorio cantando
los versos escritos por don Bosco:

((441))

Antes el sol del ocaso

de nuevo estará en Oriente;

todo río hacia su fuente

antes atrás volverá;

que esta inolvidable historia

por siempre en nuestra memoria

indeleble vivirá

Bendijo la iglesia, conforme al rito, el Cura Párroco de Borgo Dora, M. R. Dr. D. Agustín Gattino, el cual celebró a continuación
340

Fin de Página 340

 

VOLUMEN IV Página: 341

la primera misa y dirigió un docto discurso a la multitud de muchachos y señores asistentes de la ciudad.

Pero lo más hermoso de la fiesta tuvo lugar por la tarde. A pesar de su capacidad, la nueva iglesia se llenó a rebosar. Predicó don Bosco
y, entre otras cosas, puso de relieve el admirable cambio que había sufrido aquel sitio: de lugar de recreo, convertido en lugar de oración;
de lugar de alboroto, en lugar de plegarias y agradecimiento al Señor; de lugar de jarana y hasta de pecado, en lugar de amor a Dios y de
santa alegría. Exhortó después a los muchachos, a que honrasen a partir de aquel día, tan bendito lugar con su devoto comportamiento, con
la asistencia a las funciones religiosas y la recepción de los santos sacramentos. Finalmente, después de hacer reflexionar que las iglesias
materiales son una representación de las almas, llamadas templos del Espíritu Santo, invitó a todos a conservarlas siempre limpias, esto es,
sin pecado, para que el Señor se complaciese en poner en ellas su agradable morada durante la vida y las hiciese dignas de entrar después
de la muerte en el grandioso templo de su bienaventurada eternidad.

Asistió también una escuadra de la Guardia Nacional, para mantener el orden, que con dificultad pudo lograr, dado el inmenso gentío,
para honrar la fiesta y hacer las salvas con la descarga de fusilería, en el momento de la bendición con el Santísimo Sacramento, que
resultó de un efecto admirable. Con ella intentaba competir la Guardia del Oratorio y sus fusiles ((442)) de madera. Estos y otros pequeños
detalles dieron a la fiesta un colorido característico, que dejó satisfechas a las almas sencillas y llenos de admiración a los hombres del
mundo.

Aquella misma tarde asistieron al Oratorio los promotores y promotoras de la Tómbola, distinguidos miembros del Clero y de la nobleza
turinesa y muchas otras personas que habían participado en la construcción de la iglesia. Después de las funciones religiosas don Bosco
reunió a todos en un lugar preparado para el caso: era la antigua capilla, donde ilustres bienhechores habían preparado lo necesario para el
servicio de café y refrescos. Dirigióles unas palabras de agradecimiento; hizo un resumen de cuanto se había realizado; señaló la solicitud
de unos y la caridad de otros, para el éxito de la piadosa empresa; y se complació en mostrar cómo los esfuerzos de todos se habían visto
coronados aquella mañana con la bendición del sagrado edificio. Dijo que le habría gustado poder recompensar los sacrificios realizados y
las penas sufridas; pero que, ya que él no podía hacerlo, rogaría y haría rogar a los muchachos del Oratorio
341

Fin de Página 341

 

VOLUMEN IV Página: 342

ante el buen Dios, para que se lo recompensase con la abundancia de sus bendiciones en la vida presente y con la más espléndida corona en
la vida futura.

Al breve discurso de don Bosco siguió una composición musical del célebre maestro José Blanchi, de feliz recordación, ejecutada por un
coro de muchachos del Oratorio. Perdura el recuerdo de un jovencito de unos quince años, llamado Segundo Pettiva, el cual cantó el solo,
con una voz tan hermosa, que conmovió las fibras de todos los corazones y alcanzó grandes aplausos.

Don Bosco, estallando de gozo indecible, hacía recordar la figura del profeta ((443)) David, cuando, al trasladar el arca del Señor, se le
oyó, mezclado con el pueblo, cantar y tocar con toda devoción. En su nombre, en el de sus ayudantes y el de todos los hijos del Oratorio,
un jovencito leyó la oda, compuesta para tal ocasión, a dichos señores, los cuales la escucharon con visible complacencia. La feliz jornada
se cerró con fuegos artificiales, preparados y dirigidos por el teólogo Chiaves, en el campo frente a la entrada del Oratorio.

El orden con que se desenvolvió la fiesta y el fin de la misma alcanzaron tal importancia que hasta un periódico político de aquellos días,
titulado La Patria, se hizo eco de ella con un artículo que creemos oportuno insertar en estas páginas, como complemento de las noticias de
aquel día memorando y para poner de relieve el criterio con que los políticos de entonces juzgaban la obra del Oratorio de cara al bien de la
sociedad.

"Entendemos que es una gran suerte para nosotros -dice La Patria-enriquecer el espacio literario de nuestro periódico hablando de una
de esas obras que surgen entre nosotros y nos presentan problemas tan interesantes como son los de las obras de beneficencia. Es una
suerte poder, en medio de esta sociedad, cuyos defectos buscamos a diario y que de cuando en cuando hemos de criticar, dejar por un
momento la pluma poco suave de la política, para tratar de un tema que siempre encontró en nuestro pueblo general simpatía.

"Pero donde se halla una alma generosa, "cómo no simpatizar con aquél, cuyo celo filantrópico, cuya perseverancia apostólica, cuya fe
cristiana sacrifica los más hermosos años de su vida, supera toda suerte de obstáculos con una fuerza de voluntad firme y resignada, y
alcanza a realizar, tras muchos años de fatiga, una de esas ((444)) empresas, que honrosamente pueden colocarse sobre las huellas de las
instituciones de un Epée 1, un Assarotti, un Cottolengo?

1 Epée. Carlos Miguel de L'Epée (1712-89), sacerdote francés nacido en Versalles y muerto
342

Fin de Página 342

 

VOLUMEN IV Página: 343

Pero, si queremos recordar los humildes principios de las obras de aquellos hombres eminentes, fácilmente descubriremos cómo se asemeja
a ellos la de don Bosco, y cómo, por sus inmensos beneficios, es digna de ser colocada junto a la de esos hombres que acabamos de citar.
Después de haber hablado de las dificultades encontradas, es nuestra obligación no callar las ayudas, que en estos tiempos calamitosos, en
medio de las tempestades políticas, que estremecen la bolsa del rico y el corazón de todo el mundo, llegaron de todas partes a las manos de
incansable cultivador del campo del Señor. Nada diremos de los hombres, que se unieron a don Bosco y le secundaron, llenos de iluminado
celo, pero nos place recordar las mil diversas formas con que se revistió la inagotable caridad ciudadana para acudir en socorro de esta
santa obra; socorro de toda edad y condición, de ricos y pobres, de grandes y pequeños; socialismo inmenso, solamente realizable y justo,
porque nace del santo y admirable sentimiento con el que contribuyó cada uno, de acuerdo con sus propias fuerzas: el pintor con su cuadro
el comerciante con los objetos de su negocio, en el que la mujer, siempre grande, siempre la primera cuando se trata de caridad, supo
colocar toda la delicadeza de su inagotable bondad.

"En efecto, pueden verse en la exposición objetos entregados para la tómbola, con la que se ayuda efizcazmente al Oratorio, el sacrificio
de diversiones, de paseos, de juguetes dedicados, según la edad, para el entretenimiento de los pobres; puede verse esa caridad multiforme
e indirecta, como conviene a los seres sensibles y delicados, que forman la parte más hermosa de las obras de beneficencia, patrocinándolas
y manteniéndolas para dejar al hombre en su clase más tosca y menos inteligente, la ayuda brutal del dinero.

((445))"Hemos dicho brutal, porque creemos que el que provee el medio material para realizar una obra, está en el que la inicia y la lleva
a término, como el soldado que combate está en el general que manda; pero, al decir brutal, no queremos de ningún modo mermar la
santidad de su oficio. En efecto, la misión que don Bosco ha puesto, bajo la invocación de San Francisco de Sales, es grande y digna de
consideración. Apartar a la juventud del ocio dominical, para mantenerla honesta y religiosamente ocupada, es algo tan grande, que

en París, que ideó un sistema de signos manuales para comunicarse con los sordomudos. La Asamblea Nacional hizo incluir su nombre
entre los bienhechores de la humanidad. Es autor de un libro para la instrucción de los sordomudos, a través de signos (1776).

Assarotti. Lo mismo que Cottolengo -hoy San José Benito Cottolengo-es uno de los muchos fundadores de obras pías, contemporáneas
de don Bosco. (N. del T.).
343

Fin de Página 343

 

VOLUMEN IV Página: 344

nosotros nos vemos precisados a recurrir a la sencilla y sublime pluma de su autor para bosquejarla.

"Confiesa él haber visto ``con profunda tristeza a muchos que, entregados durante la semana al ejercicio de las artes y de la industria, se
gastan los días festivos, en juegos y desórdenes, el pequeño sueldo ganado; y deseoso de remediar un mal cuyas consecuencias son
funestas, determinó abrir una casa para reunirlos los domingos a fin de que en ella tuvieran comodidad unos y otros para cumplir los
deberes religiosos y al mismo tiempo recibir instrucción, dirección, consejo para vivir cristiana y honestamente''.

"He aquí la obra que don Bosco nos anuncia tan sencillamente, y que se empezaba ayer, al consagrar el Oratorio de San Francisco de
Sales en Valdocco. El Oratorio es sencillo y modesto, como corresponde a quien espera y recibe su decoro de la generosidad pública, pero
sus naves están llenas de fieles y la fe es el más hermoso ornamento de la casa de Dios. Había ayer allí una multitud de fieles iluminados
por aquel sol, cuyos rayos parecen una bendición para quienes se visten de una alegría tranquila y religiosa. Todo concurría para dejar
eternamente grabado aquel día en el corazón ((446)) de todos, en el de los arrancados del vicio, acreedores al reconocimiento, y en el de los
que patrocinaron la obra y que recibían este tributo de gratitud.

"La función religiosa resultó solemne, como suele ser en semejantes circunstancias. Un personaje que por sus eminentes virtudes y sus
amplios conocimientos honra al clero turinés, el pastor del redil de Borgo Dora leyó una admirable composición, en la que desarrolló los
saludables caracteres de la iglesia, como casa de Dios y casa de oración.

"Confesamos que al oír sus palabras con las que, despojando la lógica de pretenciosos conceptos de vana elocuencia, nos expuso la
santidad de nuestra fe, la superioridad de nuestra religión comparada con las creencias de otros pueblos, nos creíamos transportados a
aquellos tiempos en los que se predicaba a los pueblos reunidos bajo la inmensa bóveda del cielo o en las entrañas de la tierra la palabra de
Dios, que murió para nuestra salvación.

"Terminada la función religiosa, todos los miembros de la comisión directiva se reunieron en una sala donde se entretuvieron
comentando la hermosa jornada y donde fueron agasajados con una oda cantada por un coro de muchachos que supo interpretarla
perfectamente. La Guardia Nacional prestó mayor brillantez a la fiesta. Honor a esta joven institución, que merece el reconocimiento del
344

Fin de Página 344

 

VOLUMEN IV Página: 345

Estado y sabe aprovechar la oportunidad de mezclarse con el pueblo en las ocasiones de común alegría. El Oratorio está en marcha, la idea
de don Bosco se ha realizado.

"No queremos decirlo, porque tememos que la caridad ciudadana disminuya con este anuncio. Sin embargo, son increíbles los grandes
socorros que necesita esta naciente institución, en la cual espera encontrar nuestra ciudad una grande ayuda y un gran ejemplo a imitar en
otras partes del Reino. Por tanto, si no hemos podido ocultar la alegría que ((447)) hemos experimentado al anunciar la consagración del
Oratorio, no queremos que nuestras mismas palabras sirvan para enfriar el celo de los ciudadanos, que pudieron creerse que la obra está
totalmente terminada.

"Don Bosco ha emprendido una noble obra y la ha desarrollado con perseverancia e inteligencia; la población de Turín, que aprecia las
ventajas de una institución cuya finalidad es apartar del vicio a tantos corazones jóvenes sin experiencia ni educación para esquivarlo, no
querrá dejar su obra incompleta, y sabrá mantenerse a la altura de aquel amor de caridad de la que está justamente satisfecha" 1.

1 La Patria, periódico político y literario, 21 de junio de 1852.
345

Fin de Página 345

 

VOLUMEN IV Página: 346

((448)
)

CAPITULO XXXIX

NUEVOS REGLAMENTOS PARA LA IGLESIA Y EL INTERNADO -DON BOSCO Y EL SANTISIMO SACRAMENTO -LAS
IGLESIAS -LA MUSICA SAGRADA -LAS SOLEMNIDADES -EL SERVICIO DEL ALTAR -LA SANTA MISA -PREPARACION Y
ACCION DE GRACIAS -LAS SAGRADAS CEREMONIAS -LA COMUNION Y LA VISITA A LA IGLESIA -UNION CON DIOS

UNA vez bendecida la iglesia de San Francisco de Sales, don Bosco precisó más en el reglamento del Oratorio festivo algunas
incumbencias de los diversos cargos, de las cuales nacen las normas de aquellos tiempos. Se celebraba una sola misa, antes de la cual
recitaban y cantaban los alumnos internos los Maitines del Oficio de la Santísima Virgen. Don Bosco ordenaba:

"Los sacristanes, al empezar el oficio de la Santísima Virgen o, lo más tarde, al entonar el himno, invitan al sacerdote a revestirse para
celebrar la santa misa.

"El entonador, los días festivos, acabado el oficio de la Santísima Virgen, recitará en alta voz y alternativamente las oraciones de
costumbre y luego, seguirá leyendo las oraciones que acompañan a la santa misa. Después de ésta, los actos de fe, esperanza y caridad.
Terminado el sermón, recitará cinco Padrenuestros y cinco Avemarías por los bienhechores del Oratorio; otro Padrenuestro y Avemaría a
San Luis y acabará entonando el Por siempre sea alabado, etc. En las fiestas más solemnes, al llegar al Sanctus leerá ((449)) las oraciones
de preparación para la Comunión y después la acción de gracias". (Art. 2, 3, 4 del primer Reglamento.

"Los vigilantes serán cuatro. Uno para la parte próxima al altar de la Santísima Virgen; otro, para el lado del altar de San Luis; los otros
dos, para el resto de la iglesia, desde la mitad hasta la puerta grande".

Por lo que toca a la catequesis: "En el coro se colocarán los admitidos para siempre a la comunión y que ya han cumplido los quince
años. En la capilla de la Virgen y de San Luis, los que fueron admitidos definitivamente a la comunión, pero que aún no han cumplido
346

Fin de Página 346

 

VOLUMEN IV Página: 347

los quince años. Las otras clases se dividirán de acuerdo con los conocimientos y edad, hasta los más pequeños".

"El archivero se encargará de anotar en un registro especial la lista de los objetos destinados o regalados para el altar de la Santísima
Virgen y de San Luis".

También sufrió varios cambios en aquella ocasión la casa Pinardi. La antigua capilla-cobertizo se convirtió en dormitorio, clases y salón
de estudio. En e reunía don Bosco a los estudiantes, y como Deus Scientiarum Dominus (Dios es el señor de la ciencia), quiso, desde el
principio, que se continuara recitando, al empezar, el Veni Sancte Spiritus (Ven, Espíritu Santo) con el Avemaría y la invocación a la
Santísima Virgen Sedes Sapientiae, ora pro nobis (Asiento de la sabiduría, ruega por nosotros). Al llegar el último cuarto de hora, antes de
cenar, se leía públicamente un libro de hechos edificantes, costumbre que duró muchos años. Mientras pudo, don Bosco iba juntamente con
los muchachos, a escribir y pensar sus escritos en el salón de estudio general.

Mas para él, que tan profundamente tenía enraizado en su corazón el hábito de la fe, la nueva iglesia se convirtió en el centro de sus
afectos. Pidió y alcanzó enseguida permiso para guardar continuamente el Santísimo Sacramento, y es indecible con qué entusiasmo
comunicó la noticia a los alumnos. A partir de aquel momento, apenas tenía un rato de descanso, acudía a adorar ((450)) al Divino
Salvador y entonces más parecía un serafín que un hombre. Por eso todo lo que se relacionaba con el culto divino, constituía el anhelo de
su alma. Lo mismo que cuando fue sacristán en el seminario de Chieri, así era ahora de solícito exigiendo limpieza y orden en los vasos
sagrados y en los ornamentos, y vigilando para que, ni de día ni de noche, estuviera apagada la lámpara del sagrario. Le gustaba quitar las
telarañas, limpiar el polvo del altar, barrer la iglesia, fregar el presbiterio.

El, tan pobre, primero soñaba y, luego, levantaba iglesias de sorprendente magnificencia, y exigía en ellas, como hasta ahora en sus
Oratorios, el mayor decoro posible y la máxima limpieza, hasta en la sacristía. Se preocupaba de su adorno y del porte devoto de los
muchachos. Insistía para que hicieran bien la señal de la cruz y las genuflexiones. No podía tolerar que se faltase a la debida reverencia del
lugar sagrado y de los santos misterios, y recomendaba a todos que reflexionaran quién estaba en el sagrario. Experimentaba una gran pena
cuando veía o sabía que alguno estaba con poca devoción, y sin respeto humano avisaba al negligente, aunque fuese un extraño.
347

Fin de Página 347

 

VOLUMEN IV Página: 348

Cumplía escrupulosamente las órdenes del Superior Eclesiástico Diocesano referentes al culto. En las grandes solemnidades no quería que
se llamaran músicos del teatro o de poca piedad, porque no sabían guardar la debida compostura y perdían el respeto a la presencia real de
Jesucristo. El visitaba todas las iglesias ante las cuales pasaba, aún en aquellos lugares donde se encontraba con una a cada paso, y, estando
enfermo, se le vio santiguarse frecuentemente y volverse hacia la iglesia en acto de adoración. Recomendaba a los sacerdotes que ((451))
fueran a recitar el breviario ante el Santísimo Sacramento. Le afligía el pensamiento de que Jesús fuese poco honrado en muchas partes de
la tierra, y animaba a las personas caritativas y piadosas para proveer de ornamentos y vasos sagrados a las iglesias pobres y a las capillas
de las lejanas misiones y para ayudar a su construcción y conservación.

No recordamos haberle visto nunca sentado en la iglesia, salvo para escuchar los sermones. No se veía la menor afectación en su porte.
Siempre de rodillas, el cuerpo inmóvil, derecho, con las manos juntas sobre el reclinatorio o sobre el pecho, la cabeza ligeramente
inclinada, la mirada fija, el rostro sonriente. Ni el menor rumor a su alrededor le distraía. El que estaba a su lado se veía obligado a rezar
bien como él. En su rostro se reflejaban la fe y la caridad ante la presencia del Divino Salvador.

El estudio de la música en el Oratorio estaba al servicio de la iglesia; a veces, el mismo don Bosco enseñaba un cántico aún cuando
hubiese otros a quienes encomendar aquel trabajo. Para animar a esta enseñanza, se resolvió a pedir a Pío IX indulgencias especiales en
favor de maestros y alumnos, y tenía una gran alegría cuando los muchachos interpretaban bien el canto gregoriano.

En efecto, daba la máxima importancia a todas las solemnidades religiosas. No dejó de celebrar la misa de Nochebuena él mismo, hasta
los últimos años de su vida, y excitaba a todos a la más viva devoción la alegría que se transparentaba en su rostro. Durante la semana santa
celebraba también todas las funciones prescritas para la mañana y los oficios de las tinieblas por la tarde, con tal recogimiento que
conmovía a los asistentes. Pero antes explicaba con gran complacencia a sus muchachos todas aquellas admirables ceremonias. ((452)) Nos
hablaba de ello Juan Villa, que le oyó en 1855. La bendición de las candelas, de la garganta, de la ceniza y de los ramos y palmas nunca las
omitía. Había establecido que hubiera en el Oratorio cada año tres días para la exposición de las Cuarenta Horas, y que un grupo de
artesanos y de estudiantes, con sacerdotes y clérigos,
348

Fin de Página 348

 

VOLUMEN IV Página: 349

se alternasen continuamente para la adoración. Entonces se abría también la iglesia al público y él acudía como los demás para hacer su
hora. Mientras las fuerzas se lo permitieron, iba a la procesión del Santísimo Sacramento de la catedral con sus muchachos, a los cuales
enviaba también a la parroquia y, aún a otras iglesias, en los días fijados para esa procesión, con el fin de hacerla más solemne.

Pero, si en muchas de estas funciones reservaba don Bosco para sí en el Oratorio el papel principal, no rehusaba el cumplir con otros
servicios menores. Invitó en una ocasión a un Canónigo para dar la Bendición y él hizo de turiferario. Si, al pasar junto a una iglesia, oía la
campanilla indicando que faltaba un monaguillo, entraba él inmediatamente, tomaba el misal e invitaba al sacerdote a salir al altar. Varias
veces cumplió con el oficio de acólito en diversas centros de educación.

Mas, como era delicadísimo en su trato, nunca habría invitado para un ministerio inferior a quien era superior a él, aunque reconociese en
él sus propios sentimientos. Sabía apañárselas para no faltar al debido respeto.

"Un día, alrededor de 1851, cuenta el M. R. D. Santiago Bellia, me encontraba yo con don José Cafasso y don Bosco en la calle Dora
Grossa y era precisamente la fiesta de la Conversión de San Pablo. De repente, don Bosco se golpeó la frente con la mano y dijo: "-Pobre
de mí; me he olvidado de enviar cuatro clérigos a la Central de la Obra de San Pablo para ayudar como acólitos a la bendición del
Santísimo.

"-Todavía estamos a tiempo, observó don José Cafasso. "Por qué no podemos ir nosotros? Si ((453)) es verdad que no somos cuatro,
somos tres, que es mejor que ninguno.

"Dicho y hecho. Estábamos cerca, volvimos atrás y llegamos precisamente cuando el sacerdote salía al altar con el turiferario. Tomamos
cada uno de nosotros un hachón y salimos reverentemente al altar. Don José Cafasso se quedó a la derecha, don Bosco a la izquierda, yo en
medio y asistimos a la Bendición. Después de esto el piadoso Giacomelli, director del Instituto, no acababa de agradecer a don José
Cafasso su atención; pero él le respondió que era siempre una suerte poder ejercer el más bajo ministerio en la casa de Dios. -íQué lección
para los melindres de ciertos clérigos!".

Hasta aquí don Santiago Bellia.

Del gran espíritu de fe para estos ministerios inferiores, se puede deducir el ardor de nuestro buen Padre para los servicios mayores.
349

Fin de Página 349

 

VOLUMEN IV Página: 350

Cuando celebraba la santa misa estaba tan bien compuesto, tan concentrado, tan devoto, tan exacto, que edificaba grandemente a los fieles.
Pronunciaba las oraciones y las partes de la santa misa, que se deben proferir en alta voz, con gran claridad para que las oyesen todos los
asistentes, y con mucha unción. Nunca empleaba más de media hora ni menos de la tercera parte de la hora, de acuerdo con las normas de
Benedicto XIV; recomendaba lo mismo a sus sacerdotes. Le gustaba que se distribuyera la comunión a los fieles a continuación de la del
sacerdote y no antes o después de la misa, para secundar el espíritu de la Iglesia y uniformarse con el uso de los primeros siglos del
cristianismo. Experimentaba un gusto especialísimo en administrar la santa comunión y se le oía pronunciar las palabras con gran fervor de
espíritu. No dejaba de celebrar la misa, si no era realmente por gravísima necesidad. Cuando debía emprender un viaje muy de mañana,
anticipaba la misa acortando su descanso, o la decía, con gran incomodidad, al llegar a su destino, aun cuando ((454)) fuese muy tarde. De
cuando en cuando surcaban sus rostro las lágrimas. Quedaba cortado, no sabemos si en éxtasis o a causa de fervores extraordinarios.
Sucedió, en alguna ocasión, que, después de la elevación, apareció arrebatado, dando la impresión de que veía a Jesucristo con sus propios
ojos. Frecuentemente, en el momento de la consagración, se cambiaba su rostro de color y tomaba tal expresión que parecía un santo, al
decir de la gente. Sin embargo, no había en él la más mínima afectación; siempre tranquilo y natural en sus movimientos, no dejaba
entrever, particularmente en las iglesias públicas, nada de extraordinario. Pero los fieles, lo mismo en Turín que allí adonde fuere, acudían
premurosos en gran número y experimentaban un gran placer en ir, si sabían la hora, para verle celebrar y alcanzar el socorro de sus
oraciones. Las personas que gozaban de altar privado, se consideraban afortunadas cuando podían tenerle para celebrar la misa en su casa.

Hablaba siempre de la importancia del Santo Sacrificio. Sugería a los suyos por regla, y a los demás como consejo, la asistencia diaria a
la misa, recordando las palabras de San Agustín, de que no perecerá de mala muerte el que oye devotamente y con asiduidad la santa misa.
Recomendaba, a quienes deseaban alcanzar gracias y recurrían a él, que la hiciesen celebrar, la oyesen y participaran en ella con la
frecuente comunión. Decía, además, que el Señor atiende de un modo especial las oraciones bien hechas en el momento de la elevación de
la santa hostia.

Era exactísimo, al mismo tiempo, en tomar nota de las limosnas
350

Fin de Página 350

 

VOLUMEN IV Página: 351

para misas y en cumplir con esa obligación de justicia. Pero, al encontrarse, años después, frecuentemente apremiado por muchas personas
que le ofrecían limosnas para este fin, ante la duda de que alguna pudiera ser olvidada, se acostumbró a hacer celebrar cada día una misa,
como compensación de las que por azar no se hubiese recordado.

((455)) Este su celoso empeño para que ninguno de los fieles se privase de tantas gracias celestiales a ellos debidas y su constante fervor
en el altar, ciertamente deben ser atribuidos al pensamiento fijo y continuo del gran acto que debía realizar cada mañana. Diremos, en
primer lugar, que a veces iba a rezar a la iglesia de San Francisco de Asís, en la capilla donde había celebrado su primera misa, y allí
renovaba los propósitos hechos en aquel solemne día. Llevaba siempre consigo el manual de las ceremonias de la misa y lo leía a menudo
para no olvidar las más mínimas rúbricas. De acuerdo con este modelo se formaron sus sacerdotes. El buen marqués Scarampi dijo a
monseñor Cagliero:

-Yo vengo muy a gusto a oír la misa en el Oratorio, porque los sacerdotes jóvenes de don Bosco dicen la misa lo mismo que los viejos:
en cambio, veo en otras partes a sacerdotes viejos que la dicen como los jóvenes, esto es, apresuradamente. Y don Bosco les exhortaba,
durante los ejercicios espirituales, a que se ayudasen la misa unos a otros, para descubrir los defectos contraídos por la costumbre, sin darse
cuenta de ello, y se avisasen fraternalmente. También él lo hacía así y les corregía hasta de los detalles más pequeños y recomendaba que
alguno tuviese la caridad de observarle a él y corregirle los defectos que encontrase.

Antes del santo Sacrificio hacía la necesaria preparación y daba gracias después,de no ser impedido por una grave necesidad, espiritual o
moral. Entonces sacrificaba su gusto espiritual por la caridad del prójimo. Pero, decía don Ascanio Savio íntimamente convencido, que
después don Bosco, a solas, en su habitación o en la iglesia, daba libre expansión a su corazón para desahogarse con Dios. Cuidaba que los
sacerdotes de su casa cumplieran con estos deberes y, como preparación remota, observaba y hacía observar riguroso ((456)) silencio en la
iglesia y en la misma sacristía, como todavía se observa al presente. Si se veía obligado a tratar de algo espiritual, lo hacía en voz baja,
desaprobando a quien actuare de otro modo.

Ya cuando estábamos en el Seminario, afirmaba don Juan Giacomelli, me explicó el significado de las letras S. T. que se ven en los
antiguos claustros, a saber: Silentium tene! (íGuarda silencio!).
351

Fin de Página 351

 

VOLUMEN IV Página: 352

Había mandado, además, que desde las oraciones de la noche hasta después de la misa del día siguiente, no se dijera nada. Nos sucedió
varias veces encontrarnos con él por la mañana, a tiempo de que bajaba de su habitación para ir a la iglesia. En aquel momento aceptaba el
saludo con una sonrisa, se dejaba besar la mano, pero no profería una palabra: tal era su recogimiento como preparación a la misa.

Quería que ésta fuese servida con exactitud y fue siempre una de sus preocupaciones enseñar a los muchachos a ayudarla.

El año 1902 contaban en Sassi a don Juan Garino algunos ancianos que ellos habían aprendido con don Bosco a ayudar a misa, cuando
estuvo delicado y fue huésped de su párroco durante unas semanas. Determinó, en efecto, que todos los jueves se enseñase a los clérigos a
ayudar a la misa cantada y que todas las tardes se hiciera lo mismo con los muchachos estudiantes y artesanos a fin de que aprendiesen a
ayudar bien a la misa rezada y a pronunciar despacio todas las palabras. Si alguno, al ayudarle a él a misa, no lo hacía perfectamente, al
volver a la sacristía le avisaba y le animaba a aprender mejor; le decía los fallos que había cometido y le prometía un hermoso regalo, si se
corregía. Todo esto y siempre con aquellos modos corteses, tan suyos.

Ayudaba cierto día un muchacho la misa a don Bosco y se comía las palabras. Don Bosco, de vuelta a la sacristía, y habiéndose quitado

los ornamentos sagrados, le dijo en voz baja:

-íTú tienes demasiado apetito!

((457)) -"Por qué?

-Porque te comes hasta las palabras de la misa.

El muchacho no respondió y se pasó el día repitiendo las palabras que estaba acostumbrado a engarbullar. Al día siguiente le llamaron de

nuevo para ayudar la misa.

Al acabar dijo el muchacho a don Bosco:

-"Y qué me dice ahora del apetito?

-Disminuye, disminuye, respondió don Bosco.

Otro día, contaba don Domingo Milanesio, avisó don Bosco al monaguillo de una falta por él cometida al ayudar la misa. El muchacho,

que era muy agudo y franco, le respondió:

-íTambién usted ha cometido una falta!

Y le dijo cuál era. Quizá por inadvertencia, cosa rara, había bendecido el agua para mezclarla con el vino aunque se trataba de una misa

de difuntos. Don Bosco le respondió cariñosamente:

-íQué quieres! Somos dos sciapin, esto es, dos chapuceros.
352

Fin de Página 352

 

VOLUMEN IV Página: 353

Su respuesta es un prueba de su gran humildad.

Recordaremos también que don Bosco fue un apóstol de la comunión frecuente y de la visita cotidiana al Santísimo Sacramento.
Frecuentemente, cuando predicaba y describía el inmenso amor de Jesús a los hombres, lloraba de emoción y hacía llorar a los demás.
Hasta durante el recreo, si hablaba de la Santísima Eucaristía, se encendía su rostro con santo ardor y repetía a los muchachos:

-Queridos muchachos, "queremos estar alegres y contentos? Amemos con todo el corazón a Jesús Sacramentado.

Con sus palabras se sentían los corazones penetrados de la verdad de la presencia real de Jesucristo. Imposible describir su alegría
cuando llegó a ver en la iglesia todos los días cierto número de muchachos que comulgaban por turno. Recomendaba a jóvenes y adultos
vivir en tal estado de conciencia que pudieran acercarse, con el consejo del confesor, a la sagrada ((458)) mesa diariamente. No dudaba en
autorizar para ello a quien estaba suficientemente dispuesto. Pero, cuando hablaba sobre la comunión sacrílega, lo hacía con tales acentos
que a los muchachos se les helaba el corazón y concebían verdadero espanto de tan enorme pecado.

Habiéndole observado un día el padre Giacomelli su fácil propensión para permitir la comunión a los muchachos, respondió
inmediatamente que la Iglesia, como se lee en las actas del Concilio Tridentino, exhorta a que siempre que se celebre la santa misa, haya
fieles que comulguen. Y para alcanzar este fin, fundaba asociaciones y compañías, invitaba a la asistencia insistentemente con motivo de
triduos, novenas y fiestas, imprimía numerosos opúsculos para repartir entre el pueblo, gratis o a bajo precio, por millares de ejemplares,
recomendando su lectura a los muchachos. Por eso no se cansaba de confesar y se dedicaba ardorosamente a preparar niños para la primera
comunión, preocupado de que este acto revistiese la máxima importancia y hasta, si era posible, singular solemnidad.

No es de extrañar, pues, que las comuniones de los muchachos resultasen agradables al Señor. A menudo, al darles las buenas noches,
invitaba a rezar y a hacer al día siguiente con gran fe la comunión a todos los que pudieran, diciéndoles que necesitaba grandes gracias para
la Casa, y muchas veces se le oía decir al día siguiente que el Señor les había oído. Decía que el bien que él y los suyos hacían, que las
gracias concedidas por la Virgen y las limosnas de los bienhechores eran un efecto de la intercesión y de las comuniones de sus alumnos.
No atribuía nada a su mérito. Cuántas veces le oímos exclamar: Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo
353

Fin de Página 353

 

VOLUMEN IV Página: 354

da gloriam (No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria), y repetir: la Divina Providencia nos ha enviado este o aque
socorro.

((459)) Finalmente, queremos hacer observar, como resulta de lo ya dicho, cuán grande era su unión con Dios, hasta en lo que
llamaríamos su vida exterior. Al examinar su prodigiosa actividad, siempre ocupada en incontables obras de caridad y de religión, se siente
uno inclinado a creer que se trataba de un hombre calculador y de acción, y que se contentaba con las oraciones obligatorias. "Pero no era
así, nos decía el profesor Maranzana, alumno suyo; observé siempre en él un recogimiento tal, un ánimo tan sereno y tranquilo, que parecía
estar en continua contemplación de las cosas celestiales: andaba por la tierra para hacer el bien, pero su espíritu volaba por la otra vida". Su
vida era Jesucristo.

Sus secretarios le vieron empezar siempre el trabajo con una intensa elevación de la mente a Dios. Mientras pudo y se lo permitieron las
fuerzas, rezaba juntamente con los muchachos las oraciones de la noche, de rodillas sobre el duro pavimento de los pórticos, con el cuerpo
recto, y si veía que algún muchacho no hacía bien la señal de la cruz no dejaba de advertírselo. Hasta las cortas plegarias, que se solían
hacer antes y depués de comer, las recitaba con gran compostura.

Muchas veces, escribe don Miguel Rúa, le sorprendí recogido en oración en los cortos instantes en que se encontraba solo, necesitado de
un poco de descanso.

El mismo dijo un día a cierto hermano, con el que tenía mucha confianza:

-A veces no puedo atender normalmente a la lectura espiritual, y entonces, antes de acostarme, de rodillas en el suelo, releo o al menos
recuerdo despaciosamente algunos versículos de la Imitación de Cristo.

En fin, con el espíritu y el corazón fijos en Jesús Sacramentado, vivía en continua plegaria.
354

Fin de Página 354

 

VOLUMEN IV Página: 355

((460)
)

CAPITULO XL

SOLEMNE FIESTA EN HONOR DE SAN LUIS -OCURRENCIA GRACIOSA Y CASO DOLOROSO -CARTAS DE LOS OBISPOS
PARA LA TOMBOLA -EL OBISPO DE FOSSANO EN EL ORATORIO -MEMORABLE DISCURSO DEL OBISPO DE BIELLA
-SORTEO DE LA TOMBOLA -MONSEÑOR FRANSONI SE CONGRATULA CON DON BOSCO

LAS fiestas se sucedían continuamente en el Oratorio. El día de San Juan vio por última vez aquel año la tradicional hoguera en la plaza
del Castillo y el 29 de junio dejaba atrás a San Luis, al que don Bosco había dedicado un altar en la nueva iglesia.

En aquellos días, decía don Ascanio Savio, no hacía más que hablar a
los muchachos, con gran ternura, de la pureza de conciencia de este Santo, proponiéndolo como modelo a imitar, y nosotros podíamos
deducir de sus mismas palabras la pureza de su alma. Y como desahogo de su vivísima devoción, cuando estaba entre nosotros, entonaba
frecuentemente él mismo la canción a San Luis.

Dejó escrito Brosio: "La fiesta fue el non plus ultra. Toda la iglesia, por dentro y por fuera, estaba tapizada; había tal cantidad de velas en
el altar mayor y en los dos altares laterales, que aquello parecía el paraíso. Hubo más de trescientas comuniones, número bastante grande,
puesto que durante las semanas precedentes ya había habido dos comuniones generales. Más de ochocientos muchachos recibieron pan y
salchichón para el desayuno. Un Obispo, cuyo nombre no recuerdo, ((461)) celebró los ritos sagrados. No faltó el religioso espectáculo de
una hermosa procesión. Hubo muchos invitados. Durante las sagradas funciones yo mismo pasaba de vez en cuando la bandeja para la
colecta, dentro y fuera de la iglesia, y recogí cerca de ochenta liras.

"Para atender y guardar el orden no sólo estuvo mi escuadrón con sus fusiles de madera y la simple trompeta del bersagliere, sino hasta
una compañía de la guardia nacional uniformada, con sus tambores, mandada por el oficial señor Dasso, dueño de una mercería
355

Fin de Página 355

 

VOLUMEN IV Página: 356

y amigo nuestro. Todos los colegios y Oratorios del pasado, presentes y futuros no tuvieron ni tendrán nunca tantas diversiones como
nosotros tuvimos la tarde de aquel día; muy sencillas, es cierto, pero causa de una gran unión, de una gran alegría y cordialidad entre los
que tomaron parte. Hubo carreras de sacos, juegos de prestidigitación, evoluciones militares, gimnásticas, fuentes en el patio con chorros
blancos y encarnados, merced a los polvos mezclados con el agua, y globos aerostáticos. Además, un sinfín de juegos más pequeños.

"Había un tenderete bien provisto, donde, con ciertas condiciones, repartían caramelos, confeti, fruta, gaseosas, cerveza, bebidas dulces,
etc., etc. Por todos los rincones del patio veíanse otros tenderetes ambulantes para comodidad de los compradores. El conde Cays, el barón
Bianco de Barbania, el caballero Marcos Gonella, el caballero Dupré, el conde de Agliano, un general de la armada, el marqués Gustavo de
Cavour, el conde Viancino, los teólogos Carpano, Chiaves, Roberto Murialdo, Borel, Vola el joven, Marengo, y los sacerdotes Giacomelli,
Merlo, Trivero, capellanes de la basílica de San Mauricio y muchísimos otros enviaban a comprar a cada instante algo para repartir a los
muchachos. Yo solo distribuí, puñadito a puñadito, casi diez liras de caramelos por orden de don Bosco y de otros señores. Estos y muchos
otros dulces se añadían a los del gran depósito que había dispuesto en el tenderete fijo.

((462)) "En medio de tanta abundancia, don Bosco no probó ni la menor cosa. Yo le entregué un caramelo para refrescar la garganta,
dado el calor sofocante que hacía, pero él regaló la mitad a un chaval. Todo para nosotros, nada para él.

"Había un arco triunfal de ramaje, levantado en medio del prado, junto al cobertizo alquilado al señor Visca: al oscurecer, apareció
espléndidamente iluminado con lamparillas, y se cerró la fiesta con hermosísimos fuegos artificiales y grandes vítores a don Bosco. Más de
mil jóvenes, trescientos de los cuales al menos, andaban cerca o pasaban de los veinte años, encerrados en un patio, no tuvieron la más
mínima cuestión; todos estaban de acuerdo y unidos como hermanos". Hasta aquí Brosio.

Sin embargo, como suele suceder en todo lo humano, que en medio de la mayor alegría siempre hay alguna triste circunstancia, así
aquella hermosa fiesta comenzó con una graciosa ocurrencia y terminó con un caso doloroso.

Por la mañana había hecho llevar don Bosco al Oratorio, desde una cafetería de la plaza de Ntra. Sra. de la Consolación, chocolate,
356

Fin de Página 356

 

VOLUMEN IV Página: 357

café, leche y pasteles para unas veinte personas. Pagaba el banquero caballero Cotta, mayordomo de la fiesta. El camarero de la cafetería
fue a oír la santa misa y dejó sin guardián la habitación donde había depositado el desayuno. Al acabar la misa, los invitados encontraron
las cafeteras casi vacías y muy pocos pasteles. Unos gritaban, otros reían, algunos decían que se dejara a los cantores sin desayuno. En esto
llegó don Bosco de la capilla. Hubo que mandar a todo correr a la cafetería, que estaba bastante lejos, en busca de lo necesario. El dueño
no sabía qué decir, se impacientó, pero sirvió. Mientras tanto, aunque confusamente, advertían a don Bosco de que el muchacho externo
Vilietti estaba enfermo, tendido en un campo vecino. Acudió y le encontró en una zanja:

-"Qué te pasa?, le dijo.

((463)) -Estoy malo; íconfiéseme!

-"Qué has comido?

-Nada, nada.

-Di la verdad. "Has comido algo que te ha hecho daño?

-No he comido más que un poco de aquello que había en la sacristía.

El pobrecito, de prisa y corriendo para no ser pillado; había devorado y sorbido, al menos la mitad de lo que había preparado en un
puchero para veinte.

Sonrió don Bosco a su respuesta, y Vilietti, ayudado por él, se levantó para ir a su casa. Pero todo lo que se había tragado había
empezado a fermentar. Estaba a pleno aire y allí había pocos árboles. Buscaba cómo esconderse tras de uno, pero llegaba gente por todos
lados. Los muchachos le miraban desde el patio, riéndose de su apuro y de las consecuencias de su glotonería. Fue llevado a casa y estuvo
enfermo varios días. Cuando sanó, volvió pocas veces al Oratorio, porque todos se burlaban de él. Había sido catequista, sacristán, cantor,
factótum y confidente de los superiores, y ahora nació entre los compañeros una reacción en su contra, tan grande como la admiración y
envidia que antes le habían tenido. Le cambiaron el nombre y le apodaron el chocolatero; al encontrarse con él le preguntaban:

-"Qué, te gusta el chocolate?

Otro muchacho, Juan Chiesa, por la tarde, giraba entre la multitud del Oratorio vendiendo pequeños petardos que llevaba en un canasto
colgado al cuello. Al encenderlos y lanzarlos al aire aumentaban el ambiente de fiesta con su estallido. Cuando he aquí que unas chispas
salidas de uno de los petardos, que imprudentemente
357

Fin de Página 357

 

VOLUMEN IV Página: 358

sostenía un compañero en la mano, fueron a caer en el canasto. En un instante estalló toda la pólvora, las telas que tapizaban la iglesia
((464)) se encendieron y él, tirando el canasto, y cubierto de quemaduras, corrió a zambullirse en el agua de un canal. Fue llevado al
hospital. En tal estado se encontraba, que los médicos creyeron moriría aquella misma noche e hicieron que un convaleciente le cediera la
cama, puesto que no había ninguna libre. Don Bosco fue inmediatamente a visitarlo y le bendijo. Chiesa curó lentamente, pero cuando, por
sí mismas, cayeron de su cara las costras y la piel tenía la forma de una verdadera máscara. Y fue, lo diremos, un milagro que sus ojos
quedaran ilesos.

Estas fiestas no interrumpieron las exigencias propias de la tómbola. Miles de circulares fueron anunciando el sorteo de los premios para
el treinta de junio, fecha que fue aplazada posteriormente al doce de julio.

Los obispos seguían prestando a don Bosco su ayuda.

Monseñor Galvano le escribía: "Aplaudo sinceramente el laudable y edificante celo que V. S. M. R. despliega para levantar un Oratorio
acertado, que a ningún otro santo se podía dedicar mejor que al protector generosísimo de estos Estados, liberador de una parte importante
de Saboya de la peste de la herejía, que ahora parece quiere arrojar su venenosa baba sobre nuestro Piamonte. Reciba, pues, la debida
alabanza por su honrada piedad, que estoy cierto encontrará obstáculos para el cumplimiento de la noble empresa; pero tampoco le faltarán
las ayudas que la Divina Providencia no niega nunca a quienes ponen en ella plena confianza. Acepto, mientras tanto, de buen grado los
doscientos boletos que me ha enviado y que procuraré repartir entre mis diocesanos; pronto recibirá usted el importe de los mismos por
medio de algún amigo. Siga activamente la obra tan bien empezada y que verá bendecida muy particularmente por el Señor, ya que no
((465)) podía darse otra más oportuna para los tiempos presentes. Con mis más cordiales felicitaciones, etc., etc.

Niza, 22 de julio de 1852

" DOMINGO, Obispo".

Y monseñor Jourdain: "He recibido su carta con los cien billetes de la lotería. Procuraré venderlos, y en todo caso, pondré a su cuenta
cincuenta liras. Me alegro de que su iglesia esté terminada, y que
358

Fin de Página 358

 

VOLUMEN IV Página: 359

ya se celebre en ella la santa misa. Ello debe resultar de gran consuelo para usted y las personas de bien. La amable Providencia ha
bendecido su obra y recompensado su celo.

Le agradezco sinceramente lo que ya he hecho, lo que está haciendo y lo que hará en el porvenir por mis pobres diocesanos.

Aosta, 28 de junio de 1852

" ANDRES, Obispo".

(Traducción del francés).

También monseñor Gentile le escribía: "Habiendo pedido cuentas en estos días a quien había encargado de la venta de los boletos de su
tómbola, me encuentro con que apenas si ha vendido una docena, porque me dice que ya había usted enviado más por otro medio con este
fin.

"Como ya está cerca el día del sorteo, no puedo retardar más el dar a V. S. M. R. noticias de la venta. Teniendo en cuenta especialmente
que algunos muchachos de esta diócesis, como usted señalaba, acudirán al Oratorio levantado por el celo de V. S., yo me había reservado,
como ya le escribí en otra ocasión, un centenar de dichos boletos, y hoy me determiné a tomar otros tantos.

((466)) "Con el correo de mañana le enviaré su importe.

"Me es grato, etc., etc.

Gozzano, 9 de julio de 1852

" FELIPE, Obispo de Novara".

Y monseñor Biale: "Juntamente con su apreciadísima del nueve de junio último he recibido los doscientos boletos que usted ha querido
confiarme, con tanto celo y caridad, para venderlos en mi diócesis. Mientras aplaudo la buena obra, por usted emprendida en estos tiempos
me satisface poder comunicarle que se han vendido todos los boletos, cuyo importe no está aún totalmente en mis manos, por lo que espero
todavía un poco para podérselo enviar de un golpe, o bien entregarlo a quien V. S. quiera indicarme.

Ruégole, mientras tanto, que apenas se haya realizado el sorteo de los objetos indicados, se sirva enviarme, en un solo paquete a mi
dirección, los que hubieren correspondido en suerte a quienes compraron
359

Fin de Página 359

 

VOLUMEN IV Página: 360

los doscientos boletos antedichos, indicando el número de cada uno y yo se lo haré llegar inmediatamente.

"Me es muy grato, etc., etc.

Ventimiglia, 10 de julio de 1852

" LORENZO, Obispo".

Pero los Obispos no se conformaban con las cartas y ofrendas, sino que honraban la pobrecita casa de Valdocco con su propia persona.
Estaba presente Carlos Tomatis cuando llegó monseñor Fantini, Obispo de Fossano. Don Bosco le recibió alegremente e hizo cantar a
Carlos Gastini, que poseía una hermosísima voz, algunas estrofas, que el mismo don Bosco había escrito en honor del Prelado.

((467)) Pocos domingos después de la solemne bendición de la iglesia llegaba al Oratorio el Obispo de Biella, monseñor Losanna. Subió
al púlpito, pronunció una estupenda alocución, entusiasmado al saber que un centenar de aquellos muchachos eran peones albañiles de
Biella. Dio gracias a la Providencia, dio gracias a don Bosco, animó a aquellos muchachos a frecuentar el Oratorio, escudo y defensa
contra la inmoralidad y la iniquidad protestante. Y terminó exclamando:

-Pero no es solamente aquí adonde don Bosco es llamado para levantar una iglesia. Allá, junto a la avenida el Rey, allá en Puerta Nueva,
allá junto a la sinagoga de los secuaces de Lutero, Calvino y Pedro Valdo, debe don Bosco levantar otra. Es necesario, Dios lo quiere y don
Bosco lo hará.

Y fue profeta.

Mientras tanto todos los billetes para la tómbola habían sido despachados. Hubo quien andaba en su busca ofreciendo pagar cinco liras
por cada uno, pero no pudo encontrarlos; puesto que los promotores aún no habían restituido los no vendidos. Finalmente, llegó la fecha
del sorteo público de los premios en la Casa Consistorial. Para comprender los pasos y trabajos que esta operación costó, basta leer el acta
que con tal motivo se redactó 1, pensar en las circulares

1 Acta del sorteo de la tómbola-lotería en favor del Oratorio masculino de San Francisco de Sales en Valdocco.

En el año del Señor mil ochocientos cincuenta y dos, a doce de julio, y a las dos y media de la tarde, en Turín y en el balcón de la Casa
Consistorial, se empezó el sorteo de la tómbola, autorizada por decreto del 9 de diciembre de 1951 por el señor Administrador General de
la División, en favor del Oratorio masculino de San Francisco de Sales en Valdocco.
360

Fin de Página 360

 

VOLUMEN IV Página: 361

de agradecimiento ((468)) a los donantes, en las hojas impresas con la lista de los numerosos afortunados y la correspondiente indicación
del premio obtenido, en el envío de los regalos, en las respuestas, por carta manuscrita, a los que pedían informes, explicaciones o que
reclamaban. ((469)) Muchos de los que ganaron algún premio lo dejaron gustosamente a beneficio de la iglesia, para poder de este modo
recabar nuevos ingresos. Pero no habían sido pocos los gastos. Se perdieron muchísimos billetes y se obtuvo de ellos la considerable
cantidad

A continuación de la prórroga, otorgada por el antedicho señor Administrador General, previo anuncio publicado en la Gaceta Oficial, y
a la vista pública, se reunió la Dirección Promotora en presencia del ilustrísimo señor teólogo colegiado don Pedro Baricco, vicealcalde
delegado, y con la intervención de este secretario encargado que suscribe.

Como la dirección había sido autorizada para emitir 99.999 billetes, reconoció el señor Vicealcalde la existencia de cuatro bombos
giratorios. en el primero de los cuales, de color azul turquí, debían depositarse tantas bolitas, totalmente iguales y del mismo color, como
billetes fueron emitidos, esto es, del 0 al 99. En el segundo, de color rojo, debían colocarse diez bolitas, del 0 al 9; en el tercero, de color
amarillo, diez números, del 0 al 9; finalmente en el cuarto, de color gris, otras diez, del 0 al 9. Después de haber reconocido el antedicho
señor Vicealcalde que estos bombos estaban totalmente vacíos fueron colocadas las bolitas otra vez por él mismo. Terminada esta
operación se cerraron los cuatro bombos y se hicieron girar para que se mezclaran las bolitas. Después, ocho muchachos del Oratorio, por
turno, empezaron a extraer un número del primer bombo, es decir, el de los millares; después del segundo, las centenas; a continuación del
tercero, las decenas; finalmente del cuarto, las unidades. La operación se repitió tantas veces cuantos objetos componían la tómbola, a
saber 3.251. Cada número extraído fue proclamado en alta voz por un miembro de la dirección y repetido ampliamente por otra persona
puesta para este servicio, y a la vez fue anotado por tres escrutadores en un registro a propósito junto al número del premio obtenido.

Como la operación no se pudo terminar en la jornada, el señor Vicealcalde prorrogó el sorteo para el día siguiente a las nueve de la
mañana y selló el bombo con lacre, colocando en lugar seguro los registros.

Reanudada la operación al día siguiente, a la hora establecida, en presencia y con intervención de los que arriba se citan, no habiéndose
podido llegar al término del sorteo, de nuevo fue prorrogado por el antedicho señor Vicealcalde para el dia siguiente a las ocho y media de
la mañana.

Siguió la operación al día siguiente, de igual forma, en presencia y con intervención de los arriba citados, y quedó terminada a las cinco y
media de la tarde.

El señor Vicealcalde delegado reconoció la regularidad de la operación, y llamado yo, en calidad de secretario encargado, he redactado la
presente acta, de acuerdo con lo prescrito en el decreto del Señor Administrador General y juntamente con el antedicho señor Vicealcalde y
los señores componentes de la dirección firmo al pie de la misma.

Dan fe: Turín, a 14 de julio de 1852

Teól. PEDRO BARICCO, Vicealcalde

JUAN BOSCO, Pbro.

FEDERICO BOCCA

Teól. JUAN BOREL

LORENZO D'AGLIANO

El Secretario Encargado
CAYETANO BELLINGERI, Abogado.

Fin de Página 361

 

VOLUMEN IV Página: 362

de setenta y cuatro mil liras. Pero don Bosco, como lo había prometido, hizo partícipe de ello generosamente a la Pequeña Casa de la
Divina Providencia, consignándolo al canónigo Luis Anglesio.

Unos días después del sorteo de la tómbola-lotería, dio don Bosco noticia a monseñor Luis Fransoni de la solemne bendición de la nueva
iglesia. Y éste le mostró su agradecimiento con una carta que transpira la gran estimación y paternal benevolencia que el ilustre prelado
mantenía siempre en favor del Oratorio. Faltaríamos a nuestro deber, si no la diéramos a conocer a nuestros lectores.

Queridísimo don Bosco:

Quiero suponer que la iglesia es sencilla, pero pensar que ha sido fabricada y puesta en marcha en once meses, me parece un prodigio.
Bendito sea ((470)) el Señor, que le inspiró levantarla y le ayudó a poder terminarla en favor de tantos muchachos como a ella acuden.

Me disgusta no haya podido despachar los cien mil billetes, porque los setenta y cuatro mil vendidos, además de que deben sufrir la
deducción de los gastos de la tómbola, quedan muy lejos de producir para su iglesia treinta y dos mil liras, después de haber cedido
generosamente la mitad en favor de la Pequeña Casa. Son dos centros vecinos, en los que se puede decir está visible la mano del Señor.
Ignoro todavía si mis cien billetes han ganado algún objeto. En la lista, o catálogo, he visto cierto número de ellos que me agradarían, pero
generalmente a mí me suele tocar alguna pantalla de chimenea o un toallero. Me gustaría fuese de tal valor que pudiera obsequiarlo para su
iglesia.

Con el deseo de que todos sus oratorios sigan prosperando y confiando en la misericordia del Señor, me reitero con el más cordial cariño

Lyon, 29 de julio de 1852

Su afectísimo y Seguro Servidor
" LUIS, Arzobispo de Turín

Don Bosco recibió esta apreciada carta al volver con don José Cafasso de los ejercicios espirituales en San Ignacio. Durante algún tiempo
se habían predicado allí cuatro tandas por año, pero en el 1852 hubo que reducirlas a dos, una para sacerdotes y otra para seglares, puesto
que faltaban los subsidios que solía conceder la Obra de San Pablo. Era un triunfo del enemigo del bien.
362

Fin de Página 362

 

VOLUMEN IV Página: 363

La Compañía de San Pablo había alcanzado frutos prodigiosos manteniendo la unidad y la pureza de la fe en el pueblo y librando de la
miseria a todas las generaciones. ((471)) Pero acababan de correr voces calumniosas contra sus administradores, ciudadanos muy
recomendables por su honestidad y fervor religioso. Los sectarios querían introducirse en la administración del rico patrimonio de la Obra,
que pasaba de los seis millones. El Alcalde, pues, había otorgado al Ayuntamiento la administración de aquel Instituto de beneficencia, de
acuerdo con una ley del 1848: y un decreto real establecía que la nueva dirección se compondría de veinticinco miembros ajenos a la
Compañía, nombrados por el Municipio, más quince elegidos entre los socios del Instituto. Era ésta una flagrante violación de la voluntad
de los testadores. Los socios de la Compañía protestaron y rechazaron las pretensiones del Municipio y el decreto real; pidieron después
que, al menos los consejeros a elegir, fueran igual en número a los nombrados por el Municipio. Pero no se admitieron razones. Y el 17 de
enero de 1852 el Rector era obligado a consignar a un Comisario regio las actas y los libros de cuentas.

Fin de Página 363

 

VOLUMEN IV Página: 364

((472)
)

CAPITULO XLI

CONSTRUCCION DE UN NUEVO HOGAR -OTROS EJERCICIOS ESPIRITUALES EN GIAVENO -UN SANTO ARTESANITO
-SERMON DE DON BOSCO SOBRE LA CASTIDAD -UN TESTIMONIO DE LA VIDA DE DON BOSCO DURANTE AQUELLOS
AÑOS Y DE SU CARIDAD

A la vuelta de Lanzo a Turín comenzó inmediatamente don Bosco los trabajos de otro plan. Con la nueva iglesia de San Francisco de Sales
se tenía un edificio suficiente para los muchachos que, en los días festivos, acudían a las funciones religiosas de diversas partes de la
ciudad. En la antigua capilla se habían adaptado locales para las escuelas nocturnas y diurnas, a las que asistían más de cien jóvenes de
toda edad y condición. Pero faltaba todavía un lugar para albergar a muchos pobres muchachos abandonados, que, a cualquier hora del día,
se presentaban a don Bosco pidiéndole les sacara de la calle y les albergase caritativamente. Las pocas habitaciones existentes, algunas casi
en ruinas después de la explosión del polvorín, no eran suficientes para cubrir la necesidad. Por lo que un día, después de considerar bien la
cuestión, dijo don Bosco:

-Después de haber provisto una casa para el Señor, hay que preparar otra para sus hijos. Por consiguiente, manos a la obra.

Se hicieron los planos. La nueva construcción debía ocupar el espacio de la casa Pinardi, y alargarse hasta ((473)) la casa Filippi, con una
doble fila de habitaciones y un estrecho corredor en medio en tres plantas, y con sótanos. En el extremo, un brazo paralelo e igual en
longitud al saliente de San Francisco de Sales, con tres habitaciones en cada planta, limitaba con el patio por levante. Para una edificación
de campo, podíase decir que era amplia. Tenía buhardillas y pórticos, sostenidos por columnas, en la planta baja. Un arco en medio dejaba
paso a los carros para entrar hasta la franja de terreno de detrás de la casa. A la derecha del mismo, estaba la única escalera interior, por la
que se subía hasta las buhardillas que daban a unos balcones de la fachada y se descendía a los sótanos, parte de los cuales
364

Fin de Página 364

 

VOLUMEN IV Página: 365

debía más tarde destinarse a cocinas, bodegas y comedores. Otra segunda escalera, en la torre del campanario, debía conducir también a los
corredores, a las buhardillas y a dos habitaciones, colocadas sobre la capilla de la Virgen y la sacristía. A todo lo largo de las dos plantas
superiores, por delante y por detrás de la casa, corrían dos balcones en piedra, con barandilla de hierro, a través de los cuales se entraba en
las habitaciones con sus puertas vidrieras. El cuerpo principal de la casa medía casi cuarenta metros de largo por once metros y sesenta y
cuatro centímetros de ancho. El brazo de levante era de doce y medio metros de largo y seis de ancho. La altura hasta el tejado llegaba a los
dieciséis metros.

El plan no tenía nada de grandioso, y hasta faltaban las comodidades necesarias. Los clérigos y los mismos muchachos, especialmente
Juan Cagliero, habían hecho observar a don Bosco que los corredores eran demasiado angostos y oscuros, las escaleras y las puertas
demasiado estrechas para un colegio de muchachos y los dormitorios de la buhardilla muy incómodos por su poca altura. Pero el
respondió:

-Contentémonos con poco, dejemos la hermosura y la comodidad, y seremos bien vistos y ayudados por la Divina Providencia.

Y añadió más; les dijo que la nueva casa, precisamente por su mezquindad y ((474)) pobreza, sería un día respetada por las autoridades
civiles y militares que, así no echarían fuera a los muchachos. En efecto, años después, en el 1859, pedía el Ayuntamiento de Turín a don
Bosco, a título de patriotismo, los dormitorios del Oratorio para colocar en ellos a los heridos de la batalla de Solferino. Condescendió don
Bosco, pero los comisarios encontraron demasiado estrechas las escaleras, corredores y puertas, se lo agradecieron y le dejaron en paz.

Pero no se podía destruir la primitiva casucha, ya que no había otro local para dormir. Por tanto, pensó don Bosco levantar primero el
trozo que miraba a levante, empezando por donde estaba dibujada la escalera, junto al portón. Se dio a ello aquel mismo verano, pocos días
después de la bendición de la iglesia.

Empezadas las obras, progresaron los trabajos febrilmente. El que no conocía del todo los caminos y las fuentes de la Divina Providencia
en su favor, al ver cada día tantos obreros y materiales reunidos y que el edificio se levantaba como por ensalmo, preguntaba:

-Pero, "de dónde va a sacar don Bosco el dinero para pagar a tanta gente y hacer una casa tan deprisa?

La misma pregunta siguióse repitiendo por los profanos en todas
365

Fin de Página 365

 

VOLUMEN IV Página: 366

las empresa de aquel hombre de Dios, que siempre respondía:

-La Providencia lo enviará. El Señor conoce nuestras necesidades y nos ayudará.

Los trabajos seguían hacia adelante, y en los primeros días de septiembre acompañaba don Bosco a más de cincuenta de sus jóvenes para
hacer los ejercicios espirituales en el seminario de Giaveno. Algunos eran alumnos internos, otros del Oratorio festivo. Fueron todos en el
ómnibus hasta Rívoli y, pasando por Avigliana, siguieron el camino a pie. No queremos entrar en detalles; solamente diremos que Cagliero
y Turchi aseguraron que ellos y sus compañeros quedaron impresionados con los sermones del ((475)) canónigo Arduino y de don Bosco,
y que entre los artesanos externos había verdaderos modelos de virtud. Estaba entre ellos José Morello, el cual asistía a los recreos del
Oratorio los domingos, se gozaba con las diversiones de los demás, pero rara vez tomaba parte en ellas; y cuando todo el patio estaba en
movimiento, graciosamente, creyendo que nadie le veía, se retiraba a la iglesia, y, sin que nadie le estorbase, rezaba por las almas del
purgatorio, hacía la visita al Santísimo Sacramento, recitaba la tercera parte del rosario y recorría las estaciones del Vía Crucis. Sin
embargo, pese a sus precauciones para evitar miradas ajenas, algunos compañeros, también devotos, se dieron cuenta de ello y siguieron su
ejemplo. De donde nació la costumbre, que se conservó en el Oratorio, de recitar la tercera parte del rosario despues de la bendición con el
Santísimo Sacramento, y en la que tomaban parte los que querían, sin que hubiese ninguna obligación de ello.

Don Bosco contaba así de Morello: "Una tarde, al anochecer, iba yo a casa, por el camino que va desde el Po hasta Puerta Palacio. Al
llegar a cierto punto de la calle, me encontré con un jovencito que llevaba a cuestas un largo y pesado tronco de madera, cubierto de
gruesas clavijas de hierro. Daba la impresión de que el portante, oprimido por el peso, gemía y parecía que hablaba.

"-Pobre muchacho, dije para mí, debe estar muy cansado.

"Al llegar más cerca de él, observé que, de cuando en cuando, inclinaba la cabeza, como suele hacerse al Gloria Patri, o cuando se
nombra algo de gran veneración: así que me di cuenta de que rezaba. Era Morello.

"-José, le dije, íme parece que estás muy cansado!

"-No mucho, he ido a hacer un recado para mi amo: le llevo el cilindro de una máquina, que se había averiado y que ha habido que
arreglar.
366

Fin de Página 366

 

VOLUMEN IV Página: 367

"-Me parecía que hablabas; "con quién?

((476)) "-Pues mire: esta mañana no pude ir a misa, por lo que no he rezado el rosario, y como me encuentro solo por este camino, lo voy
rezando, y me doy prisa para ello, porque hoy es martes, día en que murió una tía mía que me quería mucho y que me había hecho muchos
favores. Como no puedo agradecérselo de otro modo, rezo hoy martes la tercera parte del rosario por su alma".

En aquellos ejercicios espirituales de Giaveno hubo dos maravillas. La primera fue el mismo Morello, de quien don Bosco decía:

"Al principio de cada semón, Morello se colocaba en un rinconcito como
para observar el tema que iba a tratar el predicador. Yo veía que, a lo mejor, se adelantaba un poco más hacia el predicador y salía de la
iglesia rápidamente. Habiendo notado que esto lo repetía, quise saber la razón.

"-José, le dije un día, "por qué esa novedad y no te estás con los demás en el puesto señalado? "Por qué te quedas en el fondo de la
iglesia?

"-Lo hago así, respondió, para no molestar a mis compañeros.

"-"Por qué, repliqué, temes estorbar a tus compañeros?

"Y él respondió:

"-Mire, si el predicador habla del pecado mortal, yo no puedo resistir; siento desgarrárseme el corazón de tal manera, que tengo que salir

o gritar.
"Entonces entendí por qué salía de repente de la iglesia del Oratorio, a toda prisa, y empezaba a gritar o pronunciar palabras extrañas. Po
este motivo, si yo me daba cuenta de que estaba presente al sermón procuraba templar mis expresiones; pero bastaba ((477)) proferir la
palabra pecado mortal con cierta emoción para que él se levantara del banco y saliera. Por esta razón, a la hora de predicar solía quedarse
junto a la puerta de la iglesia.

"Su corazón era tan bueno y afectuoso, que experimentaba la más tierna y sensible impresión cuando oía hablar de cosas espirituales.
Bastaba hablarle del paraíso, del amor de Dios o de sus beneficios, para que se sintiera totalmente conmovido. Un día que estaba junto a
mí, con otros compañeros, le dirigí estas palabras:

"-José, si sigues siendo siempre bueno, íqué banquete vamos a hacer un día allá arriba en el cielo con el Señor! íEstaremos siempre con
él, gozaremos con él y lo amaremos eternamente!

"Estas palabras, pronunciadas casi al acaso, produjeron en él tal impresión que palideció, se desmayó y hubiera caído al suelo, de no
haberle sostenido sus compañeros".

Fin de Página 367

 

VOLUMEN IV Página: 368

La segunda maravilla fue un sermón de don Bosco sobre la castidad. Monseñor Cagliero lo recordaba así:

"En los santos ejercicios espirituales que don Bosco nos dio en el seminario de Giaveno, durante las vacaciones otoñales de 1852, nos
habló de la castidad con tal calor y arrebato, que nos hizo llorar a todos y nos propusimos querer guardar tan bella virtud hasta la muerte".

Y añadía:

"Me puse bajo su dirección espiritual y encontré en él más que un director, un padre celosísimo por el bien de las almas y deseoso de
infundir en nuestros corazones un amor grande y puro por la hermosa virtud de la castidad.

"Recuerdo que durante los sermones y conferencias que a menudo nos daba era tan delicado, que no se atrevía a hablar de la
deshonestidad y durante varios años nunca le oí hablar sobre este tema, que era tratado por el teólogo Borel, el canónigo Borsarelli y otros
sacerdotes cooperadores y amigos suyos.

((478)) "El prefería entretenernos con la virtud de la castidad, que llamaba flor hermosísima del paraíso, digna de ser colocada en
nuestros corazones juveniles, y lirio purísimo que con su candor inmaculado nos haría semejantes a los ángeles del cielo. A través de estas
y otras hermosas imágenes don Bosco nos enamoraba de esta querida virtud, mientras su rostro brillaba con santa alegría; su voz argentina
resonaba con calor y persuasión, y sus ojos se humedecían con las lágrimas, por miedo a que empañáramos la hermosura y preciosidad con
un solo pensamiento malo o una mala conversación. Nosotros, jovencitos, que le queríamos como a un padre ternísimo y teníamos con él
filial confianza y familiaridad, alimentábamos tal respeto y veneración hacia él, que estábamos en su presencia con un porte religioso; y eso
porque teníamos la íntima convicción de la santidad de su vida".

Don Bosco, de vuelta de Giaveno donde, como en otras ocasiones, había acompañado a los jóvenes a visitar el santuario de Trana, supo
que Bartolomé Bellisio, alumno suyo y de la escuela de pintura, había sido llamado al servicio militar. El, que en todas las necesidades de
sus jovenes, por cuanto le era posible les prestaba su ayuda, le escribió a Cherasco, donde pasaba sus vacaciones otoñales. Pero se las había
apañado para no ser llamado al cuartel, mientras duraran algunas circunstancias de familia. Así respondió don Bosco a una carta suya:
368

Fin de Página 368

 

VOLUMEN IV Página: 369

Queridísimo Bellisio:

He recibido tu carta y, a la par que admiro y alabo tu disposición para adaptarte a la divina Providencia, que te llama al servicio militar,
he creído oportuno recomendarte al señor conde Lunel, tu gran bienhechor, para hacer todavía una prueba.

((479)) Mientras tanto, ruégale y encomiéndate de nuevo a él, y al mismo tiempo no dejes de reforzar y duplicar las instancias a nuestra
buena y querida madre María, para que en todo se cumpla la Divina voluntad.

Que el Señor te acompañe; ruega por mí y créeme siempre,

Tu afectísimo amigo en Cristo
JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Te saludan muchos de tus amigos.
Al señor Bartolomé Bellisio. -Cherasco

Y Bellisio fue a filas. La primera noche, ya en el cuartel de la ciudadela de Turín, después de tocar a silencio, oyó junto a sí como un
murmullo en voz baja. Era la oración de su vecino, que pronto reconoció como fervoroso católico. No tardó en descubrir otro, e hicieron
juntos como un rosario viviente, eligiendo cada uno un día del mes para rezarlo. A él le tocó el día veintitrés. Otros dos, provistos de una
cajetilla que se cerraba herméticamente, la llenaban de agua bendita en las iglesias y después, a escondidas, se santiguaban con ella.
Bellisio obtuvo la licencia al cabo de ocho meses, gracias a la intervención de don Bosco. Decía éste de él:

-íDesafío a todos los jóvenes juntos a encontrar un solo defecto en Bellisio!

A él se debe la fotografía de don Bosco confesando y el retrato de mamá Magarita, que hizo en 1855, y lo presentó a don Bosco en el día
de su onomástico. De no haberlo hecho Bellisio, se hubiera perdido para siempre el recuerdo de aquella simpática fisonomía.

((480))Recordamos a Bellisio, porque es uno de los antiguos alumnos que transmitió muchas noticias a don Juan Bonetti para escribir los
Cinco lustros de historia del Oratorio salesiano y porque la carta que acabamos de transcribir, es una de las más antiguas que poseemos,
escritas por don Bosco a uno de sus hijos.

Bellisio se expresaba así al enviárnosla:
369

Fin de Página 369

 

VOLUMEN IV Página: 370

Muy Reverendo Señor:

He leído en el Boletín que desea se envíen a S. R. para el proceso de beatificación de nuestro queridísimo don Bosco, de venerable
memoria, las cartas o escritos que se pudieren poseer; por esto, como yo tengo la adjunta, cumplo con el deber de enviársela. No hay en
ella ninguna fecha, porque, si mal no recuerdo, me fue enviada dentro de otra carta dirigida a mi gran bienhechor el abate conde Lunel, el
cual me colocó en el Oratorio en abril de 1850. Confrontando la época en que fui al cuartel, esa debió escribirse durante mis vacaciones
otoñales de 1852. Se ha puesto amarilla con el tiempo, a pesar de que siempre la he tenido cuidadosamente guardada entre las cartas más
queridas. Los muchos sucesos vistos u oídos, tocantes a otros o a mí, relativos a don Bosco, durante la estancia de más de seis años en su
pacífica compañía, los notifiqué ya en relación escrita que hice cuando, hace años, se pidió por circular a los antiguos alumnos comunicar
cuanto vieron, oyeron o experimentaron. -Relación que se conservará en los archivos del Oratorio-.Como leí que serán devueltos los
originales, agradeceré muchísimo volverla a recibir y será siempre mi mayor y mejor tesoro la realización de su esperada elevación al
honor de los altares. Es mi mayor gloria la de haber sido bienquisto y favorecido por él.

((481)) Lo que siento y me aflige es leer la necesidad y demanda de ayuda para su Obra en general y no poder corresponder, como
cordialmente desearía, por las críticas circunstancias y enfermedades, por lo que no me queda más que ofrecer a Dios mi deseo y esperar de
El tiempo más propicio para satisfacerlo.

Ofreciéndole, mientras tanto, mis más cordiales respetos, de los que espero haga partícipe al queridísimo Superior General don Miguel
Rúa, etc..., me honro en profesarme de S. M. R. S.

Cherasco, 4 de marzo de 1891

Su Atto. S. S. en don Bosco
BARTOLOME BELLISIO, Pintor
1

1 Bellisio. Es el mismo que hizo el primer retrato de don Bosco y un dibujo del Oratorio primitivo. (N. del T.).
370

Fin de Página 370

 

VOLUMEN IV Página: 371

((482))

CAPITULO XLII

DON BOSCO EN I BECCHI -GENEROSIDAD DEL HERMANO JOSE Y SU AFECTO A LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO
-CARTA DE DON BOSCO AL CLERIGO BUZZETTI -IMPOSICION DE SOTANA A MIGUEL RUA Y JOSE ROCCHIETTI
-GENEROSA OFERTA DEL REY -DON BOSCO NO ACEPTA LA CRUZ DE CABALLERO -EL COMENDADOR LUIS CIBRARIO
-LAS CONDECORACIONES, PREMIO DE BENEFICENCIA

EL veintidós de septiembre, después de haber consultado a don José Cafasso sobre su vocación, y según consejo de don Bosco, entraba
definitivamente Miguel Rúa como alumno interno en el Oratorio de San Francisco de Sales. Desde sus primeros años había sentido un gran
cariño por don Bosco, que iba creciendo junto con una gran veneración a medida que, con la edad, podía valorar mejor sus virtudes y sus
obras. El veintitrés salía de Turín, en compañía de don Bosco, mamá Margarita y veintiséis compañeros más, camino de I Becchi. Allí vio
cuán apreciada era la buena Margarita no sólo en la aldea, sino también en Castelnuovo.

De este aprecio de los lugareños hacía gala la familia de aquella santa mujer, ya que, fuera de las virtudes personales, no se descubría en
su condición ninguna otra mejora que pudiere causar envidia.

Aún cuando los parientes de don Bosco fuesen de escasa fortuna y él les amase entrañablemente, nunca quiso ((483)) ayudarles con
donativo alguno, diciendo que las limosnas de sus bienhechores eran para sus muchachos y no para sus parientes. Don Bosco se juzgaba un
simple distribuidor de los bienes de la Providencia, de los que entendía debería darle estrecha cuenta. Experimentaba un gusto particular
con la pobreza de sus parientes, hablaba de ella con satisfacción y expresaba la más grande confianza de que, viviendo separados de los
bienes de este mundo, poseerían un día el reino de los cielos, de acuerdo con la prómesa de Jesucristo.

Su hermano José, aun cuando pasara por grandes estrecheces, nunca pidió nada a Juan, el cual reconoció lo mucho que él había
contribuido dejándole seguir los estudios de la carrera sacerdotal y habiéndole cedido su parte del patrimonio paterno para poder presentar
371

Fin de Página 371

 

VOLUMEN IV Página: 372

en la Curia el capital necesario para recibir las órdenes mayores. Sin embargo, don Bosco tenía en su hermano mayor confianza absoluta y
afectuosa, le ponía al corriente de sus alegrías y sus penas y formaba con él un solo corazón y una sola alma.

Pese a que las obligaciones de su estado obligaron a José a vivir lejos de su madre, no dejaba de ir varias veces al año a Turín y alojarse
en el Oratorio más o menos tiempo, según sus posibilidades. Su finalidad era la de pasar unas horas en compañía de Juan y Margarita, la
cual experimentaba una gran alegría a su llegada. Tenía motivos la buena madre para estar satisfecha también de este hijo, que era
fervoroso cristiano, hacendoso y cariñoso padre de familia, de corazón generoso y espléndido sin medida. Aunque de prole numerosa,
siempre consideró como suyos a los muchachos del Oratorio.

No satisfecho con mandar cada año comestibles de su propia cosecha, en la época de la recolección, iba en busca ((484)) de socorros por
casa de parientes y amigos; y sabía moverlos de tal forma a la caridad con los hijos de don Bosco, que lograba cargar varios carros de
nueces, trigo, patatas, uva, para enviar al Oratorio.

Llegó en una ocasión a Valdocco para visitar a su hermano y con el plan de comprar dos terneros en el mercado de Moncalieri. Pero, al
ver la penuria del Oratorio y enterarse de que aquel día había que pagar urgentísimas deudas:

-Mira, dijo a don Bosco, sacando su bolsa de la faltriquera: yo he venido para gastar trescientas liras en la feria de Moncalieri; pero veo
que tu necesidad es más urgente que la mía. Así que, de todo corazón, te cedo este dinero.

Don Bosco detuvo a duras penas unas lágrimas de agradecimiento.

-"Y tú?

-Aguardaré otra ocasión para hacer mi compra.

-"Y no sería mejor que solamente me lo prestases? Yo te lo devolveré, apenas posea esa cantidad.

-"Y cuándo vas a tener trescientas liras, tú que siempre andas cargado de deudas? íNo, no! Te las doy y basta. Ya me las apañaré yo. Ya
encontraré el modo para tener lo que necesito y tú no pienses más en ello.

Era de un trato tan amable que, cuando aparecía en el Oratorio, acudían a él todos los muchachos con la misma confianza y afecto que a
un padre. Le llamaban el señor José. Sus facciones eran muy semejantes a las de don Bosco y eran casi iguales de estatura. En su aspecto
aparecía la bondad de su gran corazón. Don Bosco le honraba
372

Fin de Página 372

 

VOLUMEN IV Página: 373

siempre, hasta delante de los más distinguidos personajes. De cuando en cuando le invitaba a hablar a los muchachos, desde la tribuna en la
que él acostumbraba dar la plática después de las oraciones de la noche. José, que no era más que un simple campesino, imaginamos que
fuera primeramente un tanto reacio, pero terminaba por subir a ella, y en dialecto piamontés ((485)) les hablaba un rato, desarrollando
alguna buena máxima. Estaba animado del mismo espíritu de su hermano. Don Juan Garino estuvo presente una vez en el año 1858.

Tenía José su casa a disposición de don Bosco, el cual llevaba cada año a I Becchi lo mismo treinta, cincuenta, que cien de sus
muchachos, para pasar allí unos días de vacaciones. José se las apañaba para proveer de todo a todos. Aquella visita era una gran fiesta para
él. Los muchachos que iban por vez primera a aquellos lugares, quedaban tan prendados de su trato llano y cordial, que se convertían
enseguida en amigos suyos. Nunca quiso aceptar nada por tanto gasto.

Alcanzó, sin embargo, una ventaja, ya que su casa experimentó una ampliación indispensable y relativamente grande, aunque siguió
siendo pobre. Fue esta la de una sala grande, levantada sobre la misma casa, para albergar a los muchachos que iban a la fiesta del Rosario.
Pero don Bosco no mejoró ni embelleció las primitivas estancias. Mas, como amplió el local, creció el número de huéspedes, y fueron
mayores, por tanto, los cuidados de José hasta para vigilarlos, porque se estaban en I Becchi unos quince o veinte días. Y como hasta entre
los sabios nunca falta un distraído, él se preocupaba de que ninguno de los propietarios colindantes tuviese motivo de queja. Por eso,
después de avisarles, vigilaba a los muchachos para que no se desbandasen por los campos y viñas ajenas. Era obedecido, pero no dejó de
existir alguna rara infracción a sus órdenes. Un domingo por la mañana vio a un muchachito en la era, y, sin más, le riñó por haber ido a las
viñas. Aquel lo negaba, y él replicó:

-Pero "no ves que tienes contigo un espía? "No ves la hierba que ha quedado pegada a tus pantalones?

Don Bosco contaba mucho con la prudente asistencia de su hermano y podía atender con tranquilidad ((486)) a la predicación de la
novena del santo Rosario. No se olvidaba, sin embargo, de los muchachos que habían quedado en Turín, atendidos por el teólogo Borel, y
como un buen padre, se preocupaba de los que estaban con él en I Becchi.
373

Fin de Página 373

 

VOLUMEN IV Página: 374

Queridísimo Buzzetti:
Antes de salir de Turín conviene que hagas algunos recados.
1.º Di a Juan Ferrero si quiere venir contigo. Tú le pagarás el barco, lo mismo que a Pettiva.
2.º Trae una botella de vino blanco para la misa.
3.º Haz un paquete con seis pares de ghette 1, un par de pantalones, una chaqueta, tres pares de calcetines; si te resulta demasiado pesado

puedes consignarlo al Minín 2 de costumbre, si está: o bien, al ómnibus.
4.º Saluda al señor Gagliardi de mi parte y dile que encomiendo a su bondad el Oratorio, singularmente el domingo. Recomiendo la
vigilancia durante el recreo y lo que pueda en la iglesia, a José Marchisio. A Arnaud, que atienda el canto. A Fumero, que he cumplido su
encargo.
5.º Saluda atentamente al teólogo Borel y díle que, si el tiempo lo permite, venga a verme aquí, pues nos dará un gran gusto, y su venida
no será inútil para el sagrado ministerio.
Aquí estamos todos bien; la iglesia siempre atestada de gente, pero somos prisioneros de la lluvia. Deo gracias. Saluda a todos los hijos
de la casa y considérame en el Señor,

Castelnuovo, de Asti, 29 de septiembre de 1852

Tu afectísimo

J. BOSCO, Pbro.
((487)) Al muy apreciado señor,
Clérigo José Buzzetti, del Oratorio de San Francisco de Sales. Valdocco. -Turín.

Llegó mientras tanto, el tres de octubre, domingo de la Virgen del Rosario, en el que debía imponerse la sotana solemnemente a dos
jovencitos. Los muchachos participaban de la gran satisfacción de don Bosco. El Vicario teólogo Cinzano celebró la misa solemne en I
Becchi y bendijo a continuación las dos sotanas. Impuso él la del joven José Rocchietti, y don Juan Bertagna ayudó a Miguel Rúa a vestir
la suya. El Vicario, durante la comida, se dirigió a don Bosco diciendo:

1 Ghette: eran una especie de polainas de paño. (N. del T.)
.
2 Minín: es un diminutivo de Doménico: Mini o Minín. Algo así como Dominguín, en español. (N. del T.)
.

Fin de Página 374

 

VOLUMEN IV Página: 375

-"Te acuerdas de cuando, siendo todavía seminarista me dijiste.
tendré clérigos, sacerdotes, muchachos estudiantes, artesanos, banda de música y una hermosa iglesia, y que yo te decía que estabas loco?
íAhora se ve bien claro que sabías lo que decías!

Y fijó un día para comer en Castelnuovo con todos los muchachos de I Becchi. Juan Cagliero hizo los honores de la casa. Nos escribía el
notario Juan Germano en 1887:

"Guardo impresa en mi memoria la imagen de monseñor Cagliero en su juventud, en la primera ocasión que nos vimos en Castelnuovo,
adonde fueron veintiséis muchachos en compañía de don Bosco a casa del párroco del lugar. Allí se les preparó una gran polenta (a mi
cargo especialmente) que llegó para todos; y el joven Cagliero nos acompañó, por las buenas, a la bodega del párroco, convidándonos
como si fuera suyo, al vino de las cubas, también el blanco, que servía para la misa. Imposible olvidar la cordialidad juvenil de Cagliero".

((488)) Tras el hermoso día, pasado en compañía del teólogo Cinzano, don Bosco se dispuso a acompañar al Oratorio a los muchachos,
con los dos nuevos clérigos, cuya gran ayuda esperaba.

En efecto, Rúa se entregó totalmente a la misión que el Señor había destinado a don Bosco, y su nombre será siempre el de una alma
adornada de toda suerte de virtudes, sencillo, pero de gran inteligencia, infatigable, capaz de aprender todas las ciencias en las que deberá
entender. Se cumplían los sueños. Don Bosco pudo decir finalmente: este clérigo es mío. Muchas veces hizo de él este espléndido elogio:
"Si Dios me hubiese dicho: imagínate un joven, dotado de todas las virtudes y mayores habilidades que tú podrías desear, pídemelo y yo te
lo daré, nunca habría imaginado un don Miguel Rúa".

También José Rocchietti era un joven de gran inteligencia y honestas costumbres, alimentaba los mismos ideales para dedicarse
totalmente al Oratorio; pero su salud era endeble.

Mientras tanto don Bosco, a su vuelta de Castelnuovo, se encontró con una carta de la Secretaría Real del Maestrazgo de la Orden de San
Mauricio y de San Lázaro.

"Su Majestad, reconociendo el noble y piadoso fin de la institución de los Oratorios fundados por V. M. R. S. en favor de la juventud
abandonada en esta capital, las ventajas morales que de ello se derivan y el incansable celo con que usted se dedica a promover su
desarrollo, se ha complacido en acoger con particular bondad sus instancias y conceder para el corriente año en favor de esa excelente
375

Fin de Página 375

 

VOLUMEN IV Página: 376

obra, una subvención de trescientas liras con cargo al tesoro de la Orden de los santos Mauricio y Lázaro.

((489)) Al dar esta noticia a V. S. M. R. aprovecho con gusto la ocasión para ofrecerle el testimonio de mi más distinguida consideracion

Turín, 11 de octubre de 1852

El primer secretario de

S. M. para el Maestrazgo.
CIBRARIO, Senador del Reino"
.
Dio las gracias don Bosco, mientras el conde Cibrario le preparaba una simpática sorpresa, poco tiempo después. Como testimonio de
sus méritos quiso conferirle la cruz de caballero de la Orden de San Mauricio y de San Lázaro. Pero don Bosco no estimaba los honores de
este mundo, aunque le gustara mucho reconocer y llamar por sus títulos a los bienhechores y personajes con los que debía tratar. Cuando
he aquí que una mañana llegó al Oratorio un señor, mientras don Bosco hablaba con Francesia y Cagliero, y le presentó un sobre con el
diploma firmado por el Rey y la cruz. Don Bosco no lo abrió en presencia de los muchachos, porque había adivinado de qué se trataba,
merced a los sellos y al apretar el sobre con los dedos. Acudió, pues, al Maestrazgo de la Orden de San Mauricio, se presentó al conde
Cibrario, agradecióle el honor que se le concedía, y después, suavemente, le dio a entender, sin cumplidos y con la más delicada sencillez,
que a él no le convenían aquellos honores. Y le dijo:

-Si hacen esto por mi pobre persona, no entiendo qué méritos ven en mí para distinguirme de muchos otros; y por tanto es mi deber, aun
testimoniando mi reconocimiento, no aceptar este título. Si con esta cruz pretende el Gobierno agradecer y aprobar la obra que don Bosco
instituyó en favor de la pobre juventud de Turín y favorecerla, acepto agradecido, pidiendo, sin embargo, que el título ((490)) de caballero
sea sustituido por una subvención en favor de mis muchachos.

Insistió Cibrario para que don Bosco aceptase; pero él, aludiendo a las deudas que sobre él pesaban, respondió bromeando:

-Oiga, señor Conde: si yo fuese caballero, creería la gente que don Bosco no necesitaba ayudas; además, cruces ya tengo bastantes...
Déme mejor algo de dinero para comprar pan a los huérfanos.

Terminó el Conde por aceptar sus excusas. El decreto no apareció
376

Fin de Página 376

 

VOLUMEN IV Página: 377

en la gaceta oficial y agradó a la Corte la caridad de don Bosco. La Orden de San Mauricio fijóle, entonces, la pensión de quinientas liras
al año, que le fueron puntualmente pagadas hasta 1885; en el 1886 la redujeron a trescientas y en 1887 a ciento cincuenta, aduciendo como
razón de esta disminución la falta de fondos, por haber alquilado a muy bajo precio las casas propiedad de la Orden. Esta pensión cesó en
1894, cuando ya hacía seis años que había muerto don Bosco.

Pero él nunca condecoró jamás su pecho con la insignia concedida, ni se refirió jamás a la distinción que el Gobierno le había ofrecido.
Su amable humildad conquistó el corazón del conde Cibrario, el cual mantuvo relaciones de cordial amistad con él durante veinticinco
años.

Había respondido un día el pobre Vicente Gioberti a don Bosco, al presentarle alguna queja sobre su Jesuita Moderno:

-Pero "qué puede usted saber de política, de intrigas de partidos y de las causas de tantos sucesos, usted confinado en aquel rincón de
Valdocco?

Cibrario, en cambio, estaba persuadido de que en el rincón de Valdocco había algo que aprender, y, por eso, iba frecuentemente a pasar
unas horas con don Bosco, con su gruesa pipa en la boca, como le vio monseñor Cagliero. Hizo mucho por don Bosco. Como era el primer
secretario de la Orden de San Mauricio, podía disponer ((491)) de condecoraciones a su gusto y las hacía conceder al Rey, en favor de
aquéllos que don Bosco le indicaba como dignos de ellas, por sus obras benéficas. Era éste un medio valiosísimo para abrir las arcas de
ciertos señores, los cuales habrían pagado cualquier cantidad con tal de ver satisfecho su amor propio y premiados sus méritos. Don Bosco
sabía hacer ofrecer en el momento oportuno a cualquiera de sus acreedores una cruz de caballero, con tal de que le pagase una deuda
totalmente o en parte. Entonces llegaba improvisadamente una condecoración a quien le había hecho generosas limosnas. Se puede calcula
la agradable sorpresa de quien la deseaba. Invitaba a veces don Bosco a comer a alguno, a quien, sin él saberlo, le había preparado un título
honorífico, y, al llegar a los postres, al son de la banda de música y los aplausos de los comensales, le dirigía unas afectuosas palabras y le
presentaba la cruz de caballero. Fueron muchas las condecoraciones que don Bosco obtuvo y distribuyó por medio del Conde, las cuales
dieron como fruto grandes limosnas para los huerfanitos o sirvieron como recompensa de señalados servicios prestados al Oratorio.
Nosotros mismos hemos
377

Fin de Página 377

 

VOLUMEN IV Página: 378

oído a Cibrario, ministro que fue varias veces, complacerse hacia 1875 de las ayudas que con tales medios habí