Don Bosco

Memorias Biograficas - vol 5

MEMORIE BIOGRAFICHE DI SAN GIOVANNI BOSCO - VOL 5


CAPITULO I1854. -LECTURAS CATOLICAS: NUEVA EDICION DE RASGOS BIOGRAFICOS DEL JOVEN LUIS COMOLLO -PETICION DE
AYUDA AL CONDE DE LA MARGHERITA -MOLESTIAS POR UN FOLLETO SOBRE LAS REVOLUCIONES
-CORRESPONDENCIA EPISTOLAR CON ROSMINI SOBRE LA TIPOGRAFIADON Bosco seguía incansable, con verdadera pureza de intención y humildad de corazón, en todas sus empresas, sin mezcla alguna de
interés personal, por la senda que el Señor le había trazado.A fines de diciembre de 1853 y principios de enero de 1854, publicaba en las Lecturas Católicas los Rasgos Biográficos del joven Luis
Comollo. Había cambiado la introducción, anteriormente dedicada a los Seminaristas."AL LECTOR. -Como quiera que en las obras de virtud, el ejemplo vale mucho más que cualquier elegante discurso, no estarán fuera
de lugar los rasgos biográficos de un joven que, en muy corto espacio de tiempo, practicó tan altas virtudes que bien ((2)) puede ser
propuesto por modelo a todo fiel cristiano, que busque la salvación de su alma. No se trata de nada extraordinario, sino de un obrar con
tal perfección que a este joven se le pueden aplicar las palabras del Espíritu Santo: Qui timet Deum nihil negligit: el que teme al Señor no
descuida nada de lo que puede contribuir a avanzar por el camino del Señor."Hay aquí muchos hechos y pocas consideraciones, a fin de que cada cual aplique a su condición lo que creyere oportuno."Cuanto se narra, fue escrito con ocasión de su muerte y publicado en 1844; me satisface poder asegurar ciertamente la verdad de
cuanto escribo. Son cosas que yo mismo oí y vi o supe por personas, de cuya fe nadie puede dudar."Lee de buena gana, cristiano lector, y si te detienes un poco a meditar lo que lees, hallarás ciertamente satisfacción y podrás trazarte un
plan de vida altamente virtuosa".Fin de Página 15
VOLUMEN V Página: 16Aprovechó estos Rasgos para una tercera edición en 1867; y en la de 1884, añadía, para confirmar cuanto había escrito:"Los superiores que por aquel entonces regían el seminario de Chieri, quisieron repasar personalmente y corregir cualquier detalle, por
pequeño que fuera, que no estuviese de acuerdo con la realidad."Se advierte que esta edición no es simplemente una reproducción de las precedentes; en efecto, contiene algunas noticias que entonces
no se consideró oportuno publicar, amén de otras que no conocimos sino después".A este folleto le puso el prefacio siguiente:"Tenemos la íntima satisfacción de comunicar a nuestros beneméritos cooperadores y lectores la carta ((3)) que acabamos de recibir del
Emmo. Cardenal Antonelli, en nombre de S. S. Pío IX."A la par del paternal aliento del Vicario de Cristo, que fortalece nuestro espíritu y nos anima a continuar con todo celo los trabajos
emprendidos en defensa de nuestra sacrosanta religión y desenmascaramiento de las seductoras mañas de los enemigos de la fe, no
dudamos que también estimulará a quienes patrocinan nuestra obra y, al mismo tiempo, será prenda de seguridad para aquellos a quienes
procuramos ofrecer un antídoto contra el error".Pero, si en verdad esta aprobación confortaba su espíritu, también el cuerpo exigía su parte. Estaba vacía la despensa del Oratorio y don
Bosco recurría a sus bienhechores y escribía a su Excelencia el Conde Solaro de la Margherita, Ministro y Consejero de Estado, a la
sazón.Dirección Central de las Lecturas Católicas, vivamente recomendadas al señor Conde y Condesa de la Margherita.Turín, 5 de enero de 1854Excelencia:Aunque nunca recurrí a Su Excelencia en demanda de ayuda, sin embargo, dado el interés que demuestra por las obras de caridad y la
necesidad en que me encuentro, espero se digne leer cuanto le expongo.La carestía de víveres, el aumento de muchachos necesitados y abandonados, la disminución de muchos donativos de personas que ya
no pueden ayudarme, me han puesto en tal aprieto que no sé cómo salir de él: prescindiendo de muchos otros gastos, sólo la cuenta del
panadero, correspondiente al presente trimestre, sobrepasa las 1.600 liras, y aún no sé de dónde sacar ni un céntimo; y, sin embargo, hay
que comer, y, si no doy un pedazo de pan a estos pobres chicos, que padecen necesidad y pudieran ser peligrosos, los expongo a un grave
riesgo de alma y cuerpo.((4)) En tan excepcionales circunstancias me ha parecido oportuno encomendarme a su Excelencia en demanda de la ayuda que pueda
prestarme y, al mismoFin de Página 16
VOLUMEN V Página: 17tiempo, para que me recomiende a personas bondadosas que, en su prudencia, estime encariñadas con estas obras de caridad. No se trata
en esta ocasión de ayudar a una persona determinada, sino de proporcionar un pedazo de pan a jóvenes, a los que el hambre pone en
peligro de perder la honradez y la religión.Persuadido de que considerará bondadosamente mis tristes circunstancias, le aseguro mi eterna gratitud y pido al Señor para usted y
toda su familia las mejores bendiciones del Cielo, mientras tengo el gran honor de profesarme.De su Excelencia.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
P.D. 1) Si su caridad creyese conveniente enviar alguna ayuda para el caso, puede hacerlo, si le parece bien, al dignísimo don José
Cafasso.
2) Queda invitado al mismo tiempo a la representación de un drama religioso mañana, a la una y media, en el Oratorio de San Francisco
de Sales.Era ésta una de aquellas comedias morales, como dijo Ascanio Savio, que él escribía para recreo e instrucción de sus muchachos,
particularmente los artesanos, y que hacía representaran ellos mismos, con gran aprovechamiento de su parte.Mientras tanto, los tipógrafos preparaban el segundo folleto del mes de enero, reproducción de una obrita de la que ya se habían hecho
cuatro ediciones, para financiar la causa de la Iglesia y de la Sociedad. El libro estaba redactado en forma de preguntas y respuestas. Y se
titulaba: Catecismo Católico sobre las revoluciones.((5)) He aquí los valientes argumentos del autor:"El Catolicismo es la única escuela de la obediencia, el Protestantismo es la escuela de la rebelión. Es un pecado gravísimo rebelarse
contra el Soberano. El revolucionario se hace pasar por un libertador de los pueblos; pero, si logra destruir el orden público, se convierte
en tirano de las personas, de las almas, de los bienes y hasta del pensamiento de los ciudadanos. Odia a la Iglesia y al Soberano porque
odia a Dios. Un rebelde desconocido, digno tan sólo de la horca, casi de continuo promulga leyes y decretos. El programa de los maestros
de la revolución suele estar a merced de las pasiones, sin que ninguna ley o autoridad divina ni humana se lo puedan impedir. Declaran la
guerra a las doctrinas para no tener después oposición alguna en su pérfida guerra contra el cielo. Protegen y aman a toda secta infiel sólo
por el mal que ellas encierran. Ordinariamente son miembros de sociedades secretas condenadas por los Papas con alguna censura. Casi
siempre se apoderan de los bienes de la Iglesia, como son los de los párrocos y de los religiosos, delito penado con la excomunión, que
abarca también a quienes usurpen losFin de Página 17
VOLUMEN V Página: 18dominios temporales de la Santa Sede. Odian al clero, lo calumnian como contrario al Estatuto y a la Patria, nada más que por alzar su
voz autorizada contra la corrupción de costumbres que ellos promueven. La autoridad civil tiene derecho y obligación de proceder
judicialmente contra ellos, hasta con la última pena; el Soberano Dei enim minister est in bonum (es ministro de Dios para el bien) y
responsable de todos los daños ocasionados, en lo temporal y en lo eterno. La clemencia de un Rey no debe perjudicar a la sociedad, ni
alentar, con la impunidad, a los enemigos habituales del bien común. Así lo dispone el Señor en la Sagrada Escritura a cada paso. El
súbdito está obligado en conciencia a dar ((6)) parte a la autoridad de las conspiraciones ocultas de que está cierto, porque el Soberano es
el padre del pueblo".El Obispo de Ivrea había determinado publicar este folleto en las Lecturas Católicas. Don Bosco era de opinión contraria, porque le
parecía peligrosa su publicación ya que muchos, entonces en el poder, se sentirían heridos; pero cedió ante la insistencia del Obispo y se
atuvo a las consecuencias previstas.En efecto, fue citado ante las autoridades civiles, tuvo que escuchar reproches, y sufrir otros inconvenientes que, por fortuna, cesaron
pronto.Entre tanto fue a Ivrea; allí recibió una carta, procedente de Stresa, de don Vicente Devit, del Instituto de la Caridad, el cual, en nombre
del abate Rosmini, le pedía un esbozo de proyecto para establecer en el Oratorio la planeada tipografía. Don Bosco le contestó en estos
términos:Ivrea, 11 de enero de 1854Ilmo. y Rvdmo. Señor:Recibida la apreciada carta de V. S. Ilma. y Rvdma. en la que me comunica el buen deseo del benemérito abate Rosmini en pro de los
Oratorios masculinos de esta ciudad, le expondré mi sencillo parecer, que puede servir de base para instalar una tipografía. Aun cuando
conozco bien que la base sobre la cual piensa caminar el citado abate Rosmini es la de hacer una obra de caridad para favorecer por
medio del trabajo a mis pobres hijos, sin embargo, conviene que las cosas estén claras ante Dios y ante los hombres. He aquí, pues, mi
parecer:1 -.El abate Rosmini aportará el capital necesario para terminar un brazo de edificio y para los gastos de la primera instalación de la
tipografía.2.-Su capital quedaría asegurado: el invertido en la construcción, con la misma construcción; el empleado después en la tipografía, con
las máquinas y accesorios, cuya propiedad conservaría.((7)) 3.-Yo pondría mi trabajo, el de un clérigo y el arriendo del local.Fin de Página 18
VOLUMEN V Página: 194.-La tipografía sería de beneficio común: y se presentarían cuentas en tiempo a determinar.5.-Se haría un 5 % de descuento sobre los precios establecidos para los clientes, a las obras que publique el abate Rosmini.6.-Irán todos de acuerdo para conseguir trabajo y hacer que todo proceda con orden.7.-Ganancias y gastos, a cargo de ambas partes.No sé si queda bien claro mi proyecto; el abate Rosmini puede añadir, quitar y variar cuanto crea oportuno; yo me someto a su parecer
en todo.Le agradezco los buenos sentimientos que me manifiesta, y, mientras deseo al benemérito Padre General y a Vd. las mejores
bendiciones del Señor, me encomiendo respetuosamente a sus oraciones y me profeso,De V.S. Ilma. y Rvdma.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
El proyecto de don Bosco, ya expuesto de palabra, consistía en dedicar y adaptar para tipografía un local del mismo edificio del
Oratorio de Valdocco. A su carta respondió el P. Devit con fecha del 21 de enero, por encargo del Rvdmo. P. General. Comunicábale que
el abate Rosmini, después de pensarlo mucho, había llegado a la conclusión de que no se podía determinar nada en cuanto a la tipografía,
sin ver antes el local y tener con él un cambio de impresiones en Turín, para allanar las posibles dificultades que podrían sobrevenir en
aquel asunto. En consecuencia, Rosmini enviaría, algunos meses después, una persona a propósito para hablar con don Bosco.Fin de Página 19
VOLUMEN V Página: 20((8)
)CAPITULO IILOS DISTINTOS DECENIOS DEL ORATORIO -UNA CONFERENCIA: LOS COLABORADORES DE DON BOSCO EMPIEZAN
A LLAMARSE SALESIANOS -SERMONES EFICACES -LA FIESTA DE SAN FRANCISCO DE SALES Y EL PREMIO DE
BUENA CONOUCTA A LOS CLERIGOS Y A LOS MUCHACHOS -LAS CALIFICACIONES MENSUALES -CARIDAD
HEROICA DE DON BOSCO PARA LIBRAR DE GRAVES DOLORES A SUS MUCHACHOS -EL DON DE LAS CURACIONES
-CUIDADOS PATERNALES CON LOS ENFERMOSDON Bosco dejó escrito en sus Memorias: "Quien observa atentamente, queda maravillado de cuán memorables son los decenios del
Oratorio. El primero podría titularse: El Oratorio errante. En el segundo ya se tiene un lugar y una habitación fijos; este período puede
llamarse: El Oratorio estable, con la organización posterior de la casa. Durante el tercero se empezaron a abrir algunas casas como
Mirabello y Lanzo, y luego las demás de Italia; éste podría titularse: Decenio de la expansión exterior. A principios del cuarto empezó la
Congregación a tender sus alas fuera de Italia, abrió en Francia las casas de Niza y Marsella y en su vuelo llegó hasta el Nuevo Mundo,
donde fundó colegios en la República Argentina y ((9)) en el Uruguay; este período es el de la Expansión mundial".Pero estamos ahora en el segundo decenio, y sigue diciendo don Bosco:"En 1854 puede decirse que termina la parte poética del Oratorio y empieza la parte positiva. Los muchachos dejaron de ir a la escuela
con la cuchara en el bolsillo y se les destinó un salón para comedor con todo lo necesario. La llegada de don Víctor Alasonatti, hombre
sensato y amigo del orden, me permitió organizar la casa; con él dejaba de estar yo solo. Entonces empecé a tomar nota de los principales
acontecimientos concernientes al Oratorio, más a manera de breve índice que de relación".Acercábase la fiesta de San Francisco de Sales. Don Bosco seguía insinuando en el ánimo de algunos de sus alumnos una vaga idea de
20Fin de Página 20
VOLUMEN V Página: 21congregación religiosa. Convocó, pues, una reunión, en la que habló del gran bien que muchos juntos podrían hacer a los demás y
particularmente a los niños. El clérigo Rúa guardó memoria de ella en una crónica particular, que aún se conserva en los archivos."El 26 de enero de 1854 por la noche nos reunimos en el aposento de don Bosco: el mismo don Bosco, Rocchietti, Artiglia, Cagliero y
Rúa; se nos propuso hacer, con la ayuda del Señor y de San Francisco de Sales, una experiencia de ejercicio práctico de caridad con el
prójimo, para llegar más tarde a una promesa y, después, si se veía posible y conveniente, convertirla en voto al Señor. Desde aquella
noche se llamó Salesianos a los que se propusieron y se propongan tal ejercicio".La propuesta impresionó mucho a aquellos buenos clérigos y halló eco en sus corazones, preparados por sus pláticas, en las que aunaba
a sus ((10)) fines secretos los pensamientos que dirigía a los otros. Por lo general, exponía a su auditorio las verdades religiosas,
sirviéndose de ejemplos de la historia eclesiástica y de la de los Papas. Y para asegurarse de haber sido comprendido y excitar la
emulación, al teminar de hablar, solía preguntar a algunos de los oyentes, lo mismo internos que externos, qué reflexiones podían hacerseo qué enseñanzas sacar de aquellas narraciones. Así conseguía que estuvieran muy atentos y aguzaba su inteligencia. Recogía las diversas
respuestas y de ellas deducía las distintas enseñanzas que se podían alcanzar, las compendiaba en una máxima general y la aplicaba a la
vida de sus muchachos; de este modo juntaba instrucción y moral.
Era admirable la sencillez, el orden, la claridad, el afecto con que pintaba los vínculos fraternales de los antiguos cristianos y la unión
filial de los ministros del altar con el Sumo Pontífice y con sus Obispos, el esplendor de las virtudes de las primeras órdenes monásticas y
las dificultades del apostolado y conversión de los pueblos. A continuación preguntaba públicamente a uno de sus clérigos cuál había sido
la causa de tan saludables efectos, y llegaba a esta conclusión en medio de la atención general:-La obediencia une, multiplica las fuerzas y, con la gracia de Dios, obra milagros.De los sermones de don Bosco y de sus magníficos ejemplos, brotó y creció en muchos corazones el germen de la vocación religiosa o
sacerdotal, que se convirtió en gloria del Oratorio y de la Iglesia.
Después, procuró formarlos en la práctica de las virtudes necesarias a su estado, especialmente en el espíritu de humildad y de sacrificio,
21Fin de Página 21
VOLUMEN V Página: 22aún en lo que tocaba a las acciones ordinarias de cada día, y recomendaba a los clérigos que fueran modelos de obediencia para todos.((11)) Mientras tanto, se acercaba la festividad del santo titular del Oratorio de Valdocco. Ya hemos aludido a aquella loable práctica,
que don Bosco introdujo a fin de estimular y galardonar la buena conducta de sus internos, vigente durante muchos años: la de premiar
por votación democrática a los que se juzgaba los mejores. El reparto de premios se hacía generalmente la víspera de la fiesta de San
Francisco de Sales, lo mismo para estudiantes que para artesanos. Durante la semana anterior escribía cada alumno en un papel el nombre
de un determinado número de compañeros que, a su juicio, le parecían más brillantes por su conducta religiosa y moral. No debía
preceder acuerdo alguno entre los votantes, ni tenían que dar cuenta de su votación. Los superiores no se entremetían ni aconsejaban para
la votación, que era completamente libre. Los papeles, debidamente firmados, se entregaban a don Bosco. El hacía el escrutinio, y los
seis, ocho, diez o más jóvenes que alcanzaban mayor número de votos, o sea, que se hallaban más repetidos en las listas, eran
proclamados y premiados solemnemente aquella tarde con algún libro, en presencia de todos, superiores y alumnos. Es digno de tomarse
en cuenta que el juicio de los compañeros resultaba más justo y sensato que el que se hubiera alcanzado a través de los mismos
superiores. Nunca salió premiado quien no lo merecía, y los impostores, por ladinos que fueran, nunca tuvieron suerte, y es que nadie nos
conoce mejor que quien vive a nuestro lado y nos trata familiarmente y, sin que nos demos cuenta, observa nuestras acciones y palabras.
Este reparto de premios, a los tres meses después de entrar en el Oratorio, estimulaba a los buenos y servía de advertencia y toque de
atención para los que no habían conseguido ningún voto.((12)) Aquel año se introdujo una novedad en el sufragio: los alumnos votaron también a los clérigos. 1 Se lee en un registro autógrafo
de don Bosco:"En el solemne reparto de premios de este año, el día de San Francisco de Sales, estuvieron comprendidos por vía de excepción,1 No hay que olvidar que en el Oratorio convivía, con los muchachos internos, un buen número de estudiantes para el sacerdocio, que
ya vestían sotana y atendían al cuidado de internos y externos, a quienes enseñaban catecismo y aún otras materias. Estos eran los
Clérigos. (N. del T.)
22Fin de Página 22
VOLUMEN V Página: 23los clérigos Miguel Rúa y José Rocchietti. Los estudiantes premiados fueron: Bellisio, Artiglia y Cagliero. Sacaron las suertes: Turchi el
mayor, Angel Savio, Pepe L. y Comollo".En este registro está consignada la calificación de conducta moral de cada uno de los 76 internos de la casa, desde el primero de
noviembre de 1853 al primero de agosto de 1854. La puntualización más alta es la de 10. En el mismo figura la calificación mensual de
conjunto sobre la conducta moral, religiosa y escolar de los clérigos; aparecen entre éstos, además de Domingo Marchisio, otros de los
que aún no hemos hecho mención y son: José Olivero, Juan Luciano y Luis Viale.El motivo por el que dos clérigos dejaron la sotana queda al descubierto por las calificaciones cada vez más bajas que iban obteniendo,
según avanzaba el año, y por una explicación del mismo don Bosco. Fueron habitualmente negligentes en la asistencia a las practicas de
piedad, perdieron el tiempo en vez de estudiar y se mostraron poco edificantes en sus juicios y en su trato.De cuando en cuando se leían también en público las calificaciones de los clérigos, en los días señalados, a la par de las de los alumnos.
Nadie se daba por ofendido ni se extrañaba. El Oratorio era el reino de la verdadera democracia. Clérigos, estudiantes y artesanos se
trataban con fraternal familiaridad y se tuteaban, no sólo entonces, sino también más tarde, ya hombres, cuando parecía que las
diferencias sociales exigían un cambio de lenguaje.El auténtico ((13)) afecto no cambia, y así era el que don Bosco inculcaba con su heroica caridad, constante, generosa y siempre
dispuesta a sacrificarse por sus hijos. Gozaba con los que gozaban, sufría con los que sufrían, lloraba con los que lloraban, era feliz con
sus éxitos y hasta se dolía con los que caían enfermos. Podía decir con San Pablo: Quis infirmatur et ego non infirmor? Hasta enfermaba
para que ellos curaran. Ocurrió, durante los primeros años del Oratorio, que siempre que un muchacho tenía fiebre, dolor de muelas, de
cabeza o cualquier otro mal, iba él a la iglesia y suplicaba al Señor que librara a aquel joven de su mal y le pasara a él aquella penitencia.
Y el Señor le escuchaba.Cuando un muchachito se encontraba mal, decíale:-íEa, ánimo; ya tomaré yo una parte de tu mal!Lo decía riendo, pero enseguida le asaltaba el dolor de cabeza, de oídos o de muelas, mientras que el muchacho se veía totalmente libre
de él. Pero con el tiempo, al ver que, si no estaba bien no podía cumplir con sus deberes y que su presencia era necesaria para la
23Fin de Página 23
VOLUMEN V Página: 24buena marcha del Oratorio, determinó no volver a pedirle al Señor semejante penitencia.-íEra yo un tonto!, decía a los chicos para disimular su virtud.Pero ellos sabían muy bien lo mucho que les quería su buen padre, aunque se empeñase en llamar tontería a su acto heroico de caridad.Un día vio a un muchacho atormentado por tan atroz dolor de muelas, que se ponía frenético.Díjole don Bosco:-Tranquilo; voy a rezar para que el Señor me pase una parte de tu mal.Respondió el muchacho que de ningún modo quería ((14)) ver padecer a don Bosco, pero el buen superior mantuvo la palabra. Por latarde, después de comer, don Bosco empezó a sentir un dolor de muelas cada vez mayor, hasta el punto que tuvo que llamar a su madre y
decirle:-Por favor, no me deje solo, porque tengo miedo de echarme por la ventana. Este dolor me va a volver loco.Sin embargo, según su costumbre, no se arrepintió de su sacrificio, ni quiso pedir al Señor que le librara de aquel tormento; se atuvo a
las consecuencias de su ofrecimiento.La buena Margarita, del todo acongojada, no sabía qué hacer, ni qué remedio buscar. Así pasó don Bosco una parte de la noche, hasta
que el agudo dolor se hizo tan insoportable que llamó al joven Buzzetti y le rogó le acompañara a un dentista. Salieron, pues, en su busca
y vieron sobre una puerta el rótulo de "Camusso, dentista del Rey". Llamaron y se abrió la puerta pero el chico que se presentó dijo que
el Señor Camusso estaba ya en cama.-Llámenlo, dijo don Bosco; vean si puede atenderme, porque sufro mucho.-Entonces pase, contestó el muchacho; mi padre sabe lo que es eso y se levantará con gusto.Efectivamente, el señor Camusso se presentó. Examinó la dentadura pero no encontró ninguna pieza picada: todas estaban sanas. Tansólo aparecía tremendamente hinchada la mandíbula.-"Qué hacer?, dijo el dentista; no me queda más remedio que hacer como cuando fermenta el licor en una cuba. Hagamos la prueba de
sacar una muela.La prueba era difícil, puesto que había que sacar una muela sana y bien unida a las demás; pero en el estado ((15)) en que don Bosco se
encontraba se hubiera dejado arrancar todas. Seguro de que no
24Fin de Página 24
VOLUMEN V Página: 25sentiría mayor dolor que el que pasaba, se sentó y, de un tirón, le arrancó la muela. El dentista empleó toda la delicadeza que pudo, pero
don Bosco se desmayó y hubo que aplicarle un remedio para que volviera en sí.Salieron, tornaron a casa y fue mermando el dolor hasta desaparecer del todo. También estaba curado el muchacho.Su generosa caridad viose ciertamente premiada con el señalado don de las curaciones, que le acompañó hasta el fin de sus días: don
Juan Turchi, testigo presencial, cuenta, en un manuscrito de los primeros tiempos, diversos hechos maravillosos de todo género, operados
por don Bosco. Asegura que tuvo muy en cuenta las fechas y la exactitud de lo que narra, prefiriendo saltarse cosas verdaderas, pero
inciertas, antes que consignar las dudosas, aunque hubieran sucedido, con detrimento de la verdad.La misma norma hemos seguido nosotros en los volúmenes precedentes y la seguiremos a lo largo de nuestra narración, particularmente
cuando se trata de curaciones, poniendo siempre el año en que sucedieron. Por ahora nos limitaremos a dos.Antes del 1850, hubo un muchacho que frecuentaba el Oratorio festivo, el cual enfermó de una pierna. De tal forma le supuraban las
heridas, que causaban repugnancia por el pus que de ellas salía. Amenazaba la gangrena. Sus padres llamaron a don Bosco, que acudió
enseguida. Con pena le contaron cómo los médicos hablaban de amputarle la pierna.-No, les dijo don Bosco, no lo hagan. Tengan fe y no lo hagan.((16)) Invitó después al muchacho a que hiciera unas promesas, y lo bendijo, invocando a San Luis Gonzaga y a Luis Comollo. A la
mañana siguiente llegó el médico, examinó la pierna y la encontró curada, aunque todavía estaban las heridas.El muchacho se levantó y le siguió doliendo la pierna, pero sólo con los cambios atmosféricos. Poco tiempo después dejó de cumplir
sus promesas y volvió a recaer como antes. Don Bosco fue a visitarlo e intuyó enseguida el motivo de la recaída. Entonces le hizo renovar
las promesas, bendíjole otra vez y el joven sanó.Una tarde invernal de 1853 se acostó el estudiante J. Turco con una fiebre altísima. Sentía malestar general, unas conmociones tan
fuertes que se revolvía en todas las posturas, pero en ninguna encontraba alivio, y gemía y se lamentaba llorando. Informaron a don
Bosco, el cual fue solito a verlo después de cenar, mientras los demás alumnos estaban de recreo y en ensayos de canto. Con sus suaves
modales le calmó, le insinuó que tuviera mucha fe en San Luis y que
25Fin de Página 25
VOLUMEN V Página: 26le prometiera algo especial. Finalmente lo bendijo, invocando a San Luis, y lo dejó augurándole amablemente una buena noche. El
enfermo ni se dio cuenta de lo que le sucedía, ni se acordó de nada más. Durmióse enseguida muy tranquilo, sudó, pasó de un tirón toda
la noche, y, al despertarse, se encontró curado del todo. Don Bosco, que siempre se preocupaba por la salud de sus alumnos, apenas salió
de la iglesia, preguntó por el enfermo y le contestaron:-Turco está con todos, comiendo tan contento su pan.El mismo joven contaba más tarde:-Yo siempre, entonces y ahora, he creído que mi curación fue algo extraordinario.((17)) Pero el Señor no consideraba siempre oportuna una curación instantánea o rápida, y entonces la caridad de don Bosco se
manifestaba de otras maneras."Cuando un muchacho caía enfermo mandaba don Bosco llevarlo a la enfermería y le asistía y hacía que le atendieran con diligencia y
le prestaran los más solícitos cuidados, como yo mismo pude experimentar", nos decía el teólogo Ascanio Savio. "Yo comprobé sus
cuidados casi maternales, cuando contraje el tifus", nos repetía el canónigo Anfossi.A pesar de sus múltiples ocupaciones, don Bosco no dejaba de visitar a sus enfermos, y lo hacía inmediatamente, si estaban graves.
Llamaba al médico y lo acompañaba él mismo hasta el pie de su cama. Tanto le preocupaban que, si no podía visitarlos, preguntaba a
menudo por ellos, se informaba de si tenían las oportunas medicinas e insistía para que no les faltara nada. Solía decir: "Ahórrese en otras
cosas, pero provéase a los enfermos de todo lo necesario". Si un chico empeoraba, él, si era preciso, procuraba estar a su lado no sólo de
día, sino durante buena parte de la noche, y, sobre todo, procuraba que recibiera los santos sacramentos a tiempo y con las debidas
condiciones. Sus modales eran encantadores y sus palabras, tan afectuosas y dulces, que los enfermos parecía que no sentían dolor."Era voz corriente entre nosotros, dijeron don Juan Turchi y monseñor Cagliero, lo agradable que hubiera sido morir en el Oratorio, a
condición de haber sido asistidos por nuestro querido padre".Cuanto estaban convalecientes, recomendaba al Prefecto que tuviera con ellos toda suerte de miramientos en la comida, que se les diera
vino generoso, y le preguntaba con diligencia cómo seguían. "Estaba hecho así, decía Enría; se olvidaba de sí mismo para pensar en
nosotros".
26Fin de Página 26
VOLUMEN V Página: 27((18))CAPITULO IIILECTURAS CATOLICAS -EL PRIMER AÑO DE ESTA PUBLICACION -DECLARACIONES DE DON BOSCO A LOS
SUSCRIPTORES -CONVERSION DE UNA VALDENSE -COMUNICACION DEL OBISPO DE BIELLA SOBRE LAS
MAQUINACIONES DE LOS PROTESTANTES -LEYES PENALES CONTRA EL CLERO Y EL SERVICIO MILITAR DE LOS
CLERIGOSCON la misma caridad con que amaba a sus hijos, proseguía don Bosco la edición y difusión de las Lecturas Católicas. No le bastaba su
propio trabajo para atender a las necesidades y exigencias de la sociedad amenazada; buscaba la colaboración de doctos sacerdotes y
seglares para que escribieran sobre religión, y él mismo les sugería el tema a tratar. Algunos respondían de buena gana; otros, por el
contrario, procuraban no encontrarse con él para no verse comprometidos en semejantes trabajos, aunque por otro lado, dolía negarse a
los requerimientos del buen siervo de Dios, que los invitaba con exquisita amabilidad.Por eso puede decirse que, gran parte de los folletos de los primeros quince años, fueron obra suya, y todos los demás fueron
atentamente corregidos y completados por él, no sólo en cuanto se refiere al original manuscrito, sino también en cuanto a las pruebas de
imprenta.((19)) En el mes de febrero de 1854 se publicaba un doble folleto anónimo con el título de: A LOS CAMPESINOS -Normas de buen
proceder para la gente del campo, útiles para cualquier clase de personas."Quisiera, empieza diciendo a los campesinos, mis queridos amigos, haceros amar entrañablemente vuestro estado por encima de todos
los demás; quisiera haceros comprender que, entre las diversas situaciones de la vida, la vuestra es una de las más nobles, de las más
favorecidas por el Señor, de las más fecundas en medios de santificación... Vosotros sois los servidores, los operarios del poder del
Creador... Si todos vosotros dejaseis a una de trabajar, acabaría la vida en el mundo. Vuestra condición es la más digna de respeto, porque
Dios hizo cultivador de la tierra al primer hombre".Fin de Página 27
VOLUMEN V Página: 28Y sigue describiendo, en páginas admirables, los atractivos de la vida del campo, la unión que, más que en ninguna parte, reina entre los
campesinos, la paz y el amor de los hogares y su duro trabajo tan meritorio como el de los santos solitarios del yermo.Les invita luego a conservar la sencillez, la modestia, la pureza de sus antiguas costumbres: de no ir a los cafés en los días de mercado,
de no tolerar la vanidad en el vestir en sus familias, de no hablar sin cordura ante sus hijos y sirvientes, sobre las autoridades civiles y
eclesiásticas.Les ofrecía finalmente medios para conservar la salud: -La oración -La elevación del corazón a Dios pensando que nos ve -La
santificación de los días festivos -La frecuencia de los sacramentos -La docilidad a los consejos y avisos del confesor -Las piadosas
lecturas, por ejemplo, de la Historia Sagrada y la Iglesia, etc. para leer en las veladas nocturnas."Antes de comprar un libro, observaba, aconsejaos con el párroco, para alejar ((20)) de vuestras casas la peste que acarrea un libro
malo. No aceptéis gratuitamente libros de personas desconocidas, porque rondan hombres encargados de esparcir libros entre el pueblo
con la intención de arrastrarlo a la apostasía".El folleto terminaba con la siguiente declaración:"A nuestros suscriptores.Al publicar el vigésimo tercer folleto de las Lecturas Católicas, con el que se cierra el primer año de suscripción, cumplimos
ampliamente las promesas hechas en nuestro programa.Prometimos entonces dar a los suscriptores un folleto mensual de 96 páginas por lo menos. Pero, la favorable acogida encontrada, el
aliento de los buenos, los consejos y el deseo manifestado por gran número de suscriptores, nos movió a publicar, sin tener en cuenta los
gastos que ello suponía, dos folletos de 50 ó 60 páginas, según lo exigiese el tema, y entregar 108 páginas mensuales en vez de 96: y, por
tanto, 1296 páginas en lugar de 1152 al año, como puede comprobarse por las cuentas que insertamos al final.Creemos no haber defraudado las esperanzas de los suscriptores, ni en lo que mira al importe material, ni en lo que concierne a los
principios y asuntos tratados, en los que hemos seguido las sugerencias de personas distinguidas que desinteresadamente quisieron
manifestárnoslas.Agradecemos, pues, y experimentamos una verdadera necesidad de manifestar públicamente nuestro reconocimiento a los
Excelentísimos Prelados que se dignaron dispensarnos su protección; a los dignos sacerdotes, nuestros hemanos, que han colaborado con
nosotros; y a las almas nobles y generosas que sostuvieron la publicación con sus suscripciones.La permanencia de estas ayudas nos hace esperar que, con la ayuda de Dios, podremos progresar con mucha más eficacia ((21)) durante
este segundo año que vaFin de Página 28
VOLUMEN V Página: 29mos a comenzar, procurando a la sociedad y a la religión aquel bien que, una y otra, esperan de los buenos en los críticos tiempos que
corren para ambas.Si con nuestro esfuerzo conseguimos tan sólo contrarrestar la inmoralidad y la corrupción del espíritu y del corazón, que con tanto
empeño, con tal abundancía de medios se trata de difundir por nuestra pobre patria, sobre todo por las aldeas, entre los campesinos rudos
e ignorantes, nos daremos por satisfechos, pues habremos sido los instrumentos con que Dios ha realizado un gran bien, cuyo mérito nos
dará a todos cuantos nos hemos empleado a fondo en defensa de la fe católica y en la difusión de los principios de la virtud cristiana.La aprobación del Santo Padre, que nos fue comunicada por el Emmo. Cardenal Antonelli, Secretario de Estado, en la carta que hemos
publicado en el folleto 20-21, infundió en nosotros nuevos bríos, y abrigamos la esperanza de que la bendición del augusto Pío IX habrá
animado también a nuestros beneméritos cooperadores a continuar prestándonos de buena gana su ayuda con la misma elegancia de antes,
y que de nuevo pedimos cordialmente.Los enemigos de la religión católica y de la sociedad, con increible actividad y toda suerte de medios, se esfuerzan por pervertir el
espíritu y corromper el corazón de los tibios y sencillos; es nuestro deber y el de todos los buenos oponerse con su actividad y con todos
los medios lícitos y honestos al torrente que intenta envolver en su corrompido torbellino a la sociedad y a la religión.Pero, en obra tan eminentemente social y santa, es necesaria la unión, el acuerdo. Unámonos, pues, pongámonos de acuerdo y obremos
con decisión. Dios bendecirá nuestro trabajo, dará el incremento necesario a nuestras obras y un día tendremos el consuelo de ver a
nuestros enemigos, enemigos de la fe y de la sociedad que, convencidos de sus errores y de sus utopías, se unen a nosotros, o,
avergonzados y vencidos, se revuelcan en el fango de su derrota, incapaces de hacer daño.Entre tanto, anunciamos que la suscripción sigue abierta en las mismas condiciones y bases del año pasado.Que los temas que se comenzarán a tratar serán acabados en cada uno de los folletos, de modo que no guardarán relación unos con
otros, o sea que no serán continuación.((22)) Que la asociación pondrá todo su empeño para que los asociados reciban a su tiempo los folletos que se publican.Finalmente, comunicamos que está ya en la imprenta una traducción al francés de todos los folletos publicados durante el año, para
satisfacer y atender a la necesidad de las provincias y diócesis de habla francesa. Recordamos una vez más la advertencia publicada en la
cubierta del folleto 20-21.Esta última advertencia era para los suscriptores de Saboya.Con esta nota emprendían las Lecturas Católicas su segundo año de existencia. Don Bosco hizo imprimir 3.000 circulares de
propaganda en la imprenta Doyen. Y en marzo escribía él mismo dos folletos con un suceso contemporáneo, bajo el título de: Conversión
de una valdense. Es un episodio rigurosamente histórico, en el que solamente se camuflan algunas circunstancias que por el momento no
es conveniente manifestar.Se trata de una jovencita, hija de padres herejes, que se enamoraFin de Página 29
VOLUMEN V Página: 30de la paz que gozan sus compañeras católicas; es instruida secretamente por el párroco, contrariada después por el pastor protestante y
finalmente castigada y encerrada por su padre. Pero consigue, de milagro, huir de su casa y entrar en el seno de la verdadera Iglesia, a
pesar de las asechanzas de los enemigos de su alma.Este librito comenzaba con las siguientes autorizadas palabras:"Hasta ahora los protestantes distribuían gratis y abundantemente la Biblia falseada, panfletos abiertamente contrarios a los dogmas, al
culto, a la moral de la Iglesia Católica; pero, al ver que semejantes maniobras no tenían éxito, pretendieron comprar las conciencias con el
dinero. Ahora van más lejos; al sacrilegio y al dinero se añade ((23)) el engaño, nueva perfidia de la que sólo es capaz el infernal enemigo
del bien. Giran entre nosotros, al igual que en otras provincias del Estado, hombres pagados y perversos que, fingiendo cualquier
actividad comercial o artística, entran por establecimientos y casas particulares, y asaltan por los caminos, para vender a módico precio o
entregar por una mínima cantidad y hasta gratuitamente, libracos cubiertos de herejías y blasfemias, con hermosísimos títulos en la
portada, con la idea de deslumbrar a los incautos y conseguir que ellos mismos lleven al seno de sus familias el más corrosivo e
insospechado veneno".Así escribía a sus diocesanos, en la Pastoral del 15 de marzo de 1854, el obispo de Biella, dándoles los oportunos consejos y
advertencias. Y don Bosco agregaba: "Hermanos, los enemigos del Catolicismo, los protestantes concretamente, trabajan activamente
para corromper la fe. Rogamos y suplicamos encarecidamente a todos los que quieren conservar la religión de sus padres, que se unan a
nosotros para defender la fe, la gracia mayor que nos ha hecho la Misericordia Divina; que nos ayuden con su actuación a difundir las
Lecturas Católicas, que se publican precisamente para denunciar los errores que se propagan, y para que se conserve intacta en nuestros
pueblos la FE CATOLICA, la única que tiene las notas de la verdad, y fuera de la cual, es imposible agradar a Dios y salvarse".Pero los valdenses seguían con sus insolencias, sabedores de que no serían castigados, mientras no se ahorraban a los católicos las más
negras calumnias.En enero de 1854 protestaron los obispos ante el Rey por las graves e injustas acusaciones de rebelión movidas contra el clero y le
recomendaban que limase diferencias ((24)) con la Santa Sede. Pero, como respuesta, Urbano Rattazzi, ministro de Gracia y Justicia,
proponía a la cámara ciertas modificaciones de las leyes penales.Fin de Página 30
VOLUMEN V Página: 31Muy suavizadas las que antes se habían dado contra los detractores de la religión, insistía en que los ministros del culto que, en el
ejercicio de su ministerio pronunciaran públicamente sermones censurando a las Instituciones o LEYES del Estado, fueran castigados con
prisión, de tres meses hasta dos años. Y si la censura se hiciese con escritos u otros documentos leídos en una reunión pública o fueran
publicados de cualquier otra forma, la prisión sería de seis meses a tres años; en ambos casos se aplicaría, además, una multa de hasta2.000 liras. El 16 de marzo fue aprobada la ley en el Parlamento por 93 votos contra 33.
Entonces los obispos piamonteses y ligures suplicaron al Senado, en carta del 30 de marzo, que asegurase al Clero Católico la libertad y
derechos que el Estatuto reconocía a todos los ciudadanos. El Senado aprobó la Ley con alguna modificación, y el Rey la decretó el 5 de
julio.
Pero esto no era todo. Venía preparando el gobierno, desde el año precedente, un proyecto de ley sobre el servicio militar, cuyo artículo
98 aprobó la Cámara de diputados con estas palabras:"Quedan dispensados de formar parte del cupo, en número proporcionado a las necesidades del culto, que se fijará cada año en todas las
diócesis por decreto real, a propuesta del ministro de Gracia y Justicia, aquellos reclutas que:"1.-Sean alumnos católicos de la carrera eclesiástica, reclamados antes del sorteo por los obispos de su diócesis."2.-Los aspirantes al ministerio de otros cultos en comunidades religiosas toleradas por el Estado, reclamados como en el número
anterior, por los superiores de su confesión".((25)) De acuerdo con este artículo resultaba que la exención de los clérigos del servicio militar, dejaba de ser un privilegio, un derecho,
y se convertía en una gracia del Rey: gracia que alcanzaba a los valdenses, a los judíos y a cualquier otra secta con dinero para comprar
una docena de diputados.Los Obispos recurrieron al Rey y al Senado, haciendo ver cómo en muchas diócesis había escasez de sacerdotes, pero el 2 de febrero de
1854, los senadores aprobaron aquella ley por 50 votos a favor y sólo 12 en contra. El Rey la sancionó el 20 de mayo. Cada Obispo podía
reclamar un clérigo por cada veinte mil diocesanos, pero si el clérigo no recibía ninguna de las órdenes mayores 1 antes de los 26 años,
quedaba privado de la exención. Para los ministros protestantes no existía este impedimento.1 Orden Mayor: cada uno de los grados de subdiácono, diácono y sacerdote. (N. del T.)Fin de Página 31
VOLUMEN V Página: 32((26)
)CAPITULO IVEL SEMINARIO DE TURIN VENDE A DON BOSCO UN TERRENO -NUEVOS PROYECTOS PARA LA CONSTRUCCION DE
UN TALLER DE TIPOGRAFIA -CARTAS DE DON BOSCO AL ABATE ROSMINI Y RESPUESTAS DE ESTE -LECTURAS
CATOLICAS: COLECCION DE ACONTECIMIENTOS CONTEMPORANEOS -TERCER TALLER EN EL ORATORIO: LA
ENCUADERNACIONCONTINUABAN los tratos con el abate Rosmini para instalar una tipografía. Se desechó la idea de adaptar una de las salas del internado
en construcción, y se pensó en levantar, completamente nuevo, un edificio aislado. Pusieron sus ojos sobre un terreno triangular de casi
38 áreas, que el Seminario de Turín, representado por el Rector canónigo Vogliotti, había vendido a don Bosco. El contrato se había
firmado con la autorización concedida, en decreto del 28 de febrero de 1850, por Monseñor Fransoni, delegado de la Sagrada
Congregación de Obispos y Regulares, con rescripto del 1 de diciembre de 1849. El 5 de febrero de 1850 se concedió el exequátur 1 Real.La punta del triángulo comenzaba en la bifurcación del ángulo agudo de las dos calles Jardinera y Cottolengo, división que aún se ve
ahora en el patio del ((27)) Oratorio, llamado de María Auxiliadora; la base del triángulo caía más allá de la mitad del espacio que ahora
ocupa nuestro santuario.Don Bosco había vendido el 18 de junio de 1851 a Juan Bautista Coriasco parte del terreno adquirido del Seminario. Se trataba de un
rectángulo de 17 m. de largo, junto a la calle Cottolengo, por 19,40 m. de fondo, superficie ocupada hoy casi entera por nuestra actual
portería. El señor Coriasco construyó allí una casita de una planta, con dos alas paralelas, en la que vivía y ejercía su oficio de carpintero.
El 20 de noviembre del mismo año de 1851 cedió don Bosco en propiedad a Juan Emanuel 0,199 hectáreas a levante de la casita de
Coriasco, por 1.573 liras.1 Exequátur: voz con que se designa el pase que da la autoridad civil de un Estado a las bulas y rescriptos pontificios para su
observancia. (N. del T.)
32Fin de Página 32
VOLUMEN V Página: 33Como quiera que se podía readquirir la propiedad de las dos parcelas, don Bosco las presentaba a Rosmini como muy a propósito para
realizar el proyecto. Por eso el abate Rosmini había escrito de nuevo a don Bosco, pidiéndole información, encargándole iniciase las
conversaciones con Coriasco y Emanuel, y haciéndole ver la conveniencia de hablar con la Curia Arzobispal. No se ha encontrado esta
carta en los archivos, pero se adivinaba su contenido por ésta de don Bosco.Al Ilustrísimo y Reverendísimo señor don Antonio Rosmini, Caballero, Superior General del I.d.C.-Stresa.Ilmo. y Rvdmo. Señor:No puedo dejar de agradecer a V.S. Ilma. y Rvdma. sus buenos sentimientos con mi persona: y puesto que dice hace cuanto puede,
también yo haré cuanto pueda por mi parte a fin de que nuestros proyectos resulten a la mayor gloria de Dios ((28)) y la salvación de las
almas. Habrá que modificar algo las condiciones puestas para poder disponer de todo el terreno.Para mí sería bastante duro recuperar la casita y el terreno vendido a Coriasco, y el terreno colindante a levante y al norte, con la
obligación de no enajenarlo. Creo sería mejor que V.S. comprase ese terreno y esa casa, con lo que desaparecerían dos dificultades. Y
puesto que, según me dice, no podría hacer ahora este gasto, yo allanaría en parte este impedimento, entregando el importe de las veinte
tablas 1, o sea, lo que sobraría del cuadrado regular, para lo que no hay ninguna dificultad, por cancelación de una parte de mi deuda conV. S., que sólo correría con los gastos correspondientes a lo de Coriasco, cuyo montante ascendería a unas ocho mil quinientas liras, de
las que ahora habría que pagar tres mil.
Yo me encargaría de hablar con Coriasco para facilitar la operación. Advierto, sin embargo, que V.S. necesita la edificación de
Coriasco, puesto que, para empezar a construir, es indispensable un cobertizo lo bastante capaz para guardar los enseres que se precisan,
más alguna habitación para un guarda y un encargado, todo lo cual ya estaría hecho.He ido hoy a la ciudad para ver al arquitecto municipal, quien me ha dicho que dará el permiso en cualquier momento; pero que antes
es preciso presentar los planos de edificación y que la Junta municipal dé el decreto correspondiente, de cuyos trámites me encargaría yo
mismo.Aun cuando los gastos de presentación de documentos de intervención corran normalmente por cuenta del comprador, yo los haré a
medias, como V.S. dice, y así se facilitará el arreglo.Lo de hablar del asunto con nuestro Vicario General, creo es mejor dejarlo por ahora y que quizá fuera conveniente aprovechar la
ocasión de cuan o alguno del Instituto vaya a Lyon para que hable directamente con el mismo Arzobispo, porque pienso que tratar de esto
con nuestro Vicario tal vez provocara dificultades, donde creo que no existen. Si a V.S. le parece mejor otra cosa, dígamelo y haré cuanto
me indique.1 Tabla: Terreno cuadrado de 0,38 áreas en Turín. (N. del T.)
33Fin de Página 33
VOLUMEN V Página: 34Así las cosas, creo lo mejor que V.S. mande una persona para ello, la cual señale los límites a que ((29)) debemos atenernos, y aquí, en
el lugar mismo, lo arreglaremos todo; porque tengo verdadero gusto y ganas de que este proyecto se lleve a término.Finalmente, le hago notar que hay una persona que espera el resultado de todo esto para comprar un terreno que yo podré venderle. Que
si pudiéramos empezar a reunir materiales ahora, tendríamos facilidad para conseguir un descuento del quince por ciento, lo que sería
imposible a fines de abril.Esto es cuanto me dicta el corazón, como respuesta a su venerada carta, siempre dispuesto a seguir los paternales consejos que V.S. me
sugiera, porque no se trata de ninguna ventaja temporal para el Instituto o el Oratorio, sino de promover la gloria de Dios y la salvación
de las almas.Que el Señor bendiga a V.S. y a su benemérito Instituto y, mientras le deseo las mejores bendiciones del cielo, me encomiendo a sus
valiosas oraciones y, en cuanto puedo, quedo a su disposición.De V. S. Ilma. y Rvdma.Turín, 24 de febrero de 1854Afmo. in C.J.
JUAN BOSCO, Pbro.El abate Rosmini correspondía a ésta con la siguiente carta:Stresa, 2 de marzo de 1854Querido y Rvdo. Señor y Hermano in C.J.:Su apreciada carta me hace cavilar mucho, porque aunque sea mi intención, por ahora, construir solamente un brazo de edificio,
suficiente para el fin propuesto, sin embargo, tengo miedo de que alguien, pueda decir: "Coepit aedificare et non potuit consumare".
(Empezó a edificar y no pudo acabar). Por tanto, rogaría a usted se decidiese a ayudarme un poco más de lo que me ofrece. Le propongo,
pues, lo siguiente: yo compraría la parte de Coriasco, nada más, y usted devolvería algo de las veinte mil liras, quedando en firme las
demás condiciones para el resto.((30)) En cuanto al precio a convenir con el señor Coriasco, confío en usted. A razón de 350 liras la tabla, el terreno no puede pasar de3.500 liras, más la construcción que no sé cuánto pueda valer. Pero, en fin, estoy convencido de que usted buscará nuestro común
beneficio.
No podemos, por ahora, presentar en el Ayuntamiento los planos del edificio a levantar, porque el arquitecto no los ha terminado
todavía, pero bastará decir al arquitecto municipal que se quiere cercar el terreno con un valla y que, más tarde, cuando se intente edificar,
se presentarán los planos. En cuanto a dicha valla, puede usted hacer el plano y fijar una altura media y, presentando el planito de la
misma, creo que el arquitecto firmará la alineación de la fachada, como es necesario antes de firmar la escritura de compra-venta, en la
que debe figurar dicha línea, lo mismo que la del campo.En cuanto al acto de deferencia que me parecía debía hacerse al señor Vicario General, me atengo a su consejo.Mándeme, pues, su conformidad, en la que tengo puesta mi confianza y yo enFin de Página 34
VOLUMEN V Página: 35viaré a alguien ahí, para asegurar la compra y para la rápida provisión de materiales.Mientras espero, me recomiendo a sus oraciones y me honro declarándome con toda veneración y afecto.Seguro servidor y hermano en Cristo
ANTONIO ROSMINI
Prep. G.I.D.C.Por estos laboriosos tratos se puede deducir lo mucho que había subido el primitivo precio de los terrenos en Valdocco y cómo había
empresarios interesados en conseguirlos. De hecho, por aquellos días corría la voz, y no sin fundamento, de que la estación ferroviaria de
Milán, construida después en Puerta Susa, debía haberse levantado muy cerca del Oratorio y que habría tenido delante ((31)) una plaza.
Don Bosco ya había advertido de esto al abate Rosmini. Luego le enviaba otra carta a Stresa.Dirección Central de las Lecturas Católicas
Turín, 7 de marzo de 1854Ilmo. y Rvdmo. Señor:íCuántas molestias debo causar a V.S. Ilma y Rvdma. con este asunto! Tenga un poco de paciencia. Esas molestias serán otras tantas
letras de cambio ante la Divina Providencia. La razón por la que no puedo condescender con sus condiciones es hija de las apreturas
económicas en que me encuentro y de la necesidad de atender a algunos asuntos, referentes a la construcción del edificio recién
terminado. Sin embargo, con el gran deseo de andar de acuerdo en esta iniciativa, acepto su propuesta con las siguientes modificaciones:1.-En la compra-venta de la casa de Coriasco yo dejaría, a cuenta del precio del terreno vendido, cinco mil liras; tres mil que me fueron
prestadas en el otoño pasado, y dos mil a cuenta de las veinte mil a que se refiere en su carta.2.-La parte que tendría como adjunta al establecimiento no se podría vender en tres años, al fin de los cuales, si me encontrara en grave
necesidad y no pudiera servirme de aquel lugar de otra manera, estaría en libertad de poderlo enajenar, con una preferencia de veinticinco
liras por tabla sobre el precio vigente, en caso de que quisiera comprarlo el Instituto de la Caridad.3.-El Ayuntamiento de Turín garantiza la línea de fachada con una valla sencilla, cuyo plano ya he ordenado se haga para presentarlo al
arquitecto municipal y estará terminado hoy mismo.Debo advertirle que hay otros posibles compradores de la casa de Coriasco, pero él nos prefiere a nosotros; se le han ofrecido 9.500
liras, pero él la cedería por 10.000 al contado, o bien por 12.000 a plazos. Querría efectuar esta compra cuanto antes, o dejarla por ahora,
ya que la llegada de la primavera favorece mucho a los vendedores.((32)) Esto es lo que puedo ofrecerle como respuesta a su respetabilísima carta.
35Fin de Página 35
VOLUMEN V Página: 36Ruégole únicamente me diga pronto su decisión para saber como regularme con algunas personas que me han pedido el mismo terreno.Con la muy agradable esperanza de que todo quede arreglado, encargue a la persona que juzgue oportuna, para ulteriores trámites y, si
en el desarrollo de nuestra empresa aparecieran dificultades, ya estudiaríamos juntos el modo de superarlas.Disculpe esta mi carta. El Señor colme de sus bendiciones a usted y a todos sus compañeros e hijos del Instituto, mientras me profeso
con toda veneración in C.J.De V.S. Ilma. y Rvdma.S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
El 10 de marzo contestaba don Carlos Gilardi, comunicándole que su Superior le enviaría a Turín la semana siguiente para cerrar
definitivamente el asunto y que esperaba se entenderían fácilmente.
Rogábale, al mismo tiempo, le prestase alojamiento y manutención en su casa, pagando la estancia. Don Bosco aprovechó la espera para
preparar los dos folletos de las Lecturas Católicas del mes de abril, que él mismo había escrito: Colección de curiosos sucesos de la
actualidad, todos ellos referidos a los protestantes y a sus mañas, cuyos títulos eran: Un párroco entre asesinos -Sensatez de un obrero
-Hermosa semejanza -Firmeza en la fe católica -Penurias del año -La verdad descubierta -El trabajo en los días festivos.Estaban escritos en forma de diálogo, lleno de vida. Añadió a éstos la aparición de la Santísima Virgen a los pastorcitos de La Salette,
la conversión y muerte de un joven protestante y alguna otra agradable anécdota.((33)) El folleto comenzaba con el siguiente Aviso:"Al publicar la presente Colección de sucesos de la actualidad, creemos oportuno advertir a nuestros lectores que los protestantes se han
sentido altamente disgustados, sobre todo ípor otros sucesos que hemos publicado antes y que a ellos se refieren! Lo demuestran en
conversaciones, en cartas particulares y en sus periódicos. Esperábamos que entablaran debate, manifestando algún error de nuestra
publicación, pero no ha sido así."Toda su reacción se ha limitado a escribir y publicar un cúmulo de insultos e injurias contra las Lecturas Católicas y el que las escribe."En insultos e injurias les concedemos de buen grado la victoria, sin pararnos a dedicarles ni siquiera una sola palabra por respuesta.
Porque siempre hemos tenido muchísimo interés en no publicar nada que pudiera herir la caridad, que se debe emplear con todos los
hombres. Así pues, perdonamos con mucho gusto a todos nuestros
36Fin de Página 36
VOLUMEN V Página: 37detractores y trataremos de no nombrar a nadie, pero sí denunciaremos el error doquiera se esconda."Conceda el Señor sus mejores bendiciones a nuestros lectores y a todos los que se unen a nosotros para defender la verdad y difundir
entre las gentes del pueblo la Santa Religión Católica".En otros dos folletos, reunidos en un solo volumen, entregados a la imprenta para el mes de mayo, arremetía valientemente contra los
errores de los herejes. Basta indicar el nombre del autor para comprender su valor: Catecismo acerca del Protestantismo para uso del
pueblo, por el P. Juan Perrone, de la Compañía de Jesús.Contenía la historia y doctrina del Protestantismo, sus artimañas para difundir el error y la desdichada vida y la muerte deplorable de
los apóstatas.((34)) Entre tanto don Bosco, mientras esperaba tener pronto a su disposición un taller de tipografía, inauguraba en los primeros meses
del año, como quien no quiere la cosa, según su costumbre en muchas de sus empresas, el tercer taller del Oratorio: un taller de
encuadernación. Pero no tenía en casa ningún joven entendido en este oficio y no había llegado todavía el momento de pagar un maestro
externo. Así que, un día, teniendo alrededor a sus alumnos, extendió sobre una mesa los folios impresos de un libro que se titulaba: Los
Angeles Custodios y, dirigiéndose a uno de ellos, le dijo:-íTú serás el encuadernador!-"Yo encuadernador? íSi no sé una palabra de semejante oficio!-Ven aquí. "Ves estos folios? Siéntate: hay que empezar por plegarlos.Sentóse también don Bosco, y entre los dos plegaron todos aquellos folios. Ya estaba formado el libro, pero había que coserlo. Acudió
enseguida mamá Margarita y, entre los tres, lograron coserlo. Se hizo enseguida un poco de engrudo y pusiéronle al libro la cubierta.
Tratóse después de igualar las hojas, o sea, recortarlas. "Cómo hacer? Los otros muchachos rodeaban la mesa, como testigos de aquella
inauguración. Cada cual daba su parecer sobre el modo de igualar los cuadernillos. Unos proponían el cuchillo, otros las tijeras. En casa
no había nada a propósito, absolutamente nada. La necesidad aguzó el ingenio de don Bosco. Fue a la cocina, agarró seriamente el
cuchillo de acero que servía para tronchar cebollas, ajos y verduras, y con aquel instrumento se puso a cortar las hojas. Los muchachos se
desternillaban de risa.((35)) -"Os reís, eh?, decía don Bosco; pero yo sé que en nuestra
37Fin de Página 37
VOLUMEN V Página: 38casa tiene que haber un taller de encuadernación, y quiero que se empiece.El libro estaba cosido y cortado.-"Queréis ahora, preguntó don Bosco, que doremos los bordes?-íLo que faltaba!, exclamó mamá Margarita.-Bueno, siguió don Bosco, como no tenemos oro, los pintaremos íde color amarillo!"Pero cómo hacerlo? Agarró un poco de tierra de sombra, amarilla, se volvió a los circunstantes y añadió:-"Con qué líquido la mezclaré? íCon agua pura!-No se adhiere, respondieron a coro los muchachos.-"Con aceite?-íBueno iba a quedar su libro!Don Bosco pensó un instante, mandó a comprar un poco de barniz, lo mezcló con la tierra amarilla y he aquí el libro perfectamente
encuadernado. Reía don Bosco, reía Margarita y reían los chicos:
pero se había inaugurado el nuevo taller, que se estableció en la segunda sala de la primera parte del nuevo edificio, junto a la escalera,
donde actualmente hay un comedor. Dada la penuria del año, no se continuaron los trabajos de construcción, pero se ultimaron algunos
ya hechos, que eran de primera necesidad. Entre tanto, él iba aprendiendo en las librerías de la ciudad las reglas de aquel oficio que,
sucesivamente, enseñaba a su primer encuadernador.Añadió a éste otros y compró algunas herramientas con las cuales se encuadernaba a la buena de Dios; hasta que llegaron al Oratorio
algunos jóvenes que ya habían trabajado algo como encuadernadores en la ciudad.((36)) Estos ayudaron en los trabajos, y el taller empezó a hacer los primeros ejercicios de plegar y coser con las Lecturas Católicas y
los libros de clase. El primer joven encuadernador fue Bedino, apodado Gobierno.íA qué desarrollo y perfección habían de llegar estos humildes principios!A partir de otoño de aquel año el periódico Armonía, del 9 de noviembre de 1854, podía publicar la siguiente nota anunciando un hecho
que pronto describiremos."Con el fin de dar trabajo a los pobres muchachos recogidos en el Oratorio masculino de San Francisco de Sales en Valdocco, dirigido
por le benemérito sacerdote don Juan Bosco, se ha abierto un taller de encuadernación. Las personas que tengan libros u otros escritos
que encuadernar, además de la ventaja del precio, contribuirán a
38Fin de Página 38
VOLUMEN V Página: 39sostener una obra de beneficencia pública. Recomendamos vivamente dicho establecimiento, donde sabemos han sido ya recogidos
dieciocho muchachos, huérfanos desde el mortal suceso del cólera, y otros lo serán dentro de poco.Junto a esta encuadernación, surgió aquel mismo año de 1854 una pequeña librería comercial.Fin de Página 39
VOLUMEN V Página: 40((37))CAPITULO VLOS ORATORIOS FESTIVOS -AYUDA DEL CLERO SECULAR Y REGULAR DE LA CIUDAD -PERSONAJES EN LAS
FIESTAS -ACERCAMIENTO DE LAS CLASES SOCIALES Y GRATITUD DE LOS JOVENES A SUS BIENHECHORES
-CONSUELOS MORALES -AMOR AL SACERDOTE Y SUS SALUDABLES RESULTADOS -CATEQUESIS CUARESMAL
-ADMIRABLE PERSEVERANCIA DE UN JOVEN EN SU ASISTENCIA AL ORATORIO -DON BOSCO CEDE A ROSMINI EL
TERRENO COMPRADO AL SEMINARIO, PARA INSTALAR LA TIPOGRAFIA -DON BOSCO EN CASTELNUOVO Y LA
SORPRENDENTE CURACION DE UN MUCHACHO -SECUESTRO DE LOS BIENES DEL SEMINARIO DE TURINLOS diversos asuntos y las Lecturas Católicas no disminuían el celo de don Bosco por los Oratorios Festivos. Acudían muchos chicos a
ellos para aprender el catecismo. Los clérigos pasaban domingos y fiestas enseñando la doctrina cristiana de la mañana a la noche,
asistiendo constantemente en la iglesia y fuera de ella y jugando con los chicos para animar sus recreos. En el Oratorio de Valdocco
rifaba don Bosco una vez al mes, después de las funciones de la tarde alguna prenda de vestir, comestibles y libros, lo mismo para ((38))
internos que externos, y sobre todo para éstos, con el fin de animarlos a asistir asiduamente a las reuniones dominicales.En los otros dos Oratorios había la misma costumbre. En el de San Luis se encargaban los clérigos de procurar los objetos para la rifa, y
el presbítero Demonte les fue regalando hasta 1861 cinco liras cada mes. Eran ellos tan hábiles que con aquellas liras conseguían lo
bastante para contentar a los chicos. También les tocaba, en ausencia del Director don Félix Rossi, joven celosísimo pero de precaria
salud, andar por Turín buscando un sacerdote que se comprometiera a celebrar la misa, predicar y confesar el domingo. Y siempre
encontraban quien se prestaba gustoso a atender aquella obra de caridad. Para las solemnidades y el ejercicio de la buena muerte
buscaban confesores de la ciudad y, si éstos no podían acudir, entonces los
40Fin de Página 40
VOLUMEN V Página: 41buenos clérigos subían al convento de los Capuchinos del Monte, cuyo Padre Guardián les enviaba algunos religiosos que con toda
caridad se pasaban horas y horas confesando a los jóvenes penitentes. Esto sucedió muchas veces durante varios años.Para el reparto anual de premios y las fiestas patronales había que preparar veladitas con discursos, poesías, músicas y cantos, y nunca
faltaron la brillantez y el atractivo en semejantes solemnidades. Los clérigos estaban en todo. Hasta elegían los Mayordomos para ellas e
iban a visitarlos e invitarlos para que aceptaran aquella especie de presidencia. A veces, elegían como Mayordomo a un joven distinguido,
de ilustre familia, el cual, lo mismo al llegar al Oratorio que durante las funciones y al despedirse, era tratado con todos los agasajos que
suelen tributarse ((39)) a las personas que nos honran con su presencia.El abogado Garelli, que estuvo propuesto para alcalde de Turín, nos contaba con deleite cómo a los veinte años había sido Mayordomo
en el Oratorio de Puerta Nueva.Lo mismo en éste que en el de Vanchiglia se reservaba al Mayordomo el asiento principal en las veladas y repartos de premios y, al
terminar, uno de los clérigos pronunciaba el discurso de clausura o bien invitaba al Prioste a dirigir unas palabras a todos los muchachos,
en presencia de sus padres y bienhechores. Si no era muy experto para hablar o no se atrevía, el clérigo estaba a su lado, le sugería una
idea y arrancaba un aplauso para animarlo si le veía apurado, y, a veces, tomaba él mismo la palabra y continuaba en nombre del orador,
elogiando cuanto él había dicho. Y esto lo hacía con tal gracia, que el auditorio ni se daba cuenta de nada; era maestro en esto el clérigo
Rúa. Finalmente, el Mayordomo solía dejar una generosa oferta para los gastos de la fiesta.Así iba don Bosco acostumbrando a sus clérigos a buscar por sí mismos los medios con que conseguir lo que se habían propuesto, pero
antes les daba las normas generales y estaba siempre dispuesto a prestarles su eficaz ayuda.Si, por una parte, el Oratorio era una auténtica palestra para sus clérigos, por otra, encontraban los muchachos en él los beneficios ya
dichos y la ventaja de ir quitando de su mente ciertos prejuicios peligrosos para la convivencia social. Tal era el odio que las invectivas de
los alborotadores, libros, periódicos y teatros infundían en la plebe contra las clases altas de la sociedad. De hecho, al ver a muchos
señores con ellos en la iglesia, en las funciones sagradas, ((40)) arrodillarse en sus mismos bancos, comulgar a su lado, enseñarles el
catecismo,
41Fin de Página 41
VOLUMEN V Página: 42jugar con ellos en el patio y darles clase en las escuelas nocturnas, les cobraban cariño, les querían, los trataban con confianza, los
agasajaban y los saludaban por la calle, imitaban sus buenos ejemplos y se honraban de haberlos conocido.En aquellos personajes no veían solamente al señor, al banquero, al médico, al catedrático, al abogado, al notario, al estudiante de
Universidad, sino también y mucho más, al amigo del pobre. Así desaparecían las aversiones sociales y las distancias. El hijo del obrero
palpaba la mentira de las máximas de los revolucionarios, y aprendía cómo el Señor obra con sabiduría al permitir que los hombres
nazcan en condiciones diversas, porque el rico está hecho para el pobre y el pobre para el rico: éste dando lo superfluo de sus bienes a
quien le falta lo necesario y aquél correspondiendo a los favores con su afecto, su ayuda y su trabajo. Reconocía que los dos han sido
creados por Dios para su gloria: el rico debe ser humilde y acercarse al desgraciado, y el pobre, humilde, sobrellevando las
incomodidades de su propio estado: y que cada cual, en su condición, tiene el medio para alcanzar la vida eterna. Al mismo tiempo, se
consolaba pensando que Jesús quiso nacer de una familia nobilísima, pero vivió pobre y proclamó bienaventurados a los pobres y que los
pobres representan a su divina persona. Y aquellos señores eran realmente los patronos y bienhechores de aquellos pobres muchachos,
muchos de los cuales, entonces abandonados, nos dijeron de mayores:-Si yo alcancé una posición social honrosa y si conseguí una situación económica suficiente para cubrir mis necesidades, ((41)) se lo
debo a don Bosco, a las buenas costumbres, a los conocimientos, a las recomendaciones, a la ayuda que tanto me han servido por haber
frecuentado el Oratorio.Tenemos una prueba en la carta escrita por don Bosco el 1.º de abril de 1854 al conde Javier Provana di Collegno: "Le presento a
Morra, a quien creo puede confiarse el muchacho que usted caritativamente ayuda. Está dispuesto a prestar todos los servicios posibles.
Recibirá de él un trato familiar. Quiérame en el Señor y, en cuanto de mí dependa, estoy a su entera disposición".Además, estos señores ganaban no sólo abundancia de méritos para sus almas, bendiciones para sus familias, sino también la
recompensa de ver premiadas en el Oratorio sus fatigas y su fe. Decía el abogado Belingeri:"Lo que nos atraía irresistiblemente al Oratorio en lo días festivos, era el espectáculo de las comuniones de nuestros pilluelos. Veíanse
camino del comulgatorio cientos de caras, cuyo semblante
42Fin de Página 42
VOLUMEN V Página: 43anterior era anodino, rudo, malicioso, burlón o soberbio y alguno casi malo. Pues bien, en aquel instante se transfiguraban y adquirían un
aire de candor, de sencillez, de fe, de amor y de hermosura, que delataba la presencia real de Jesús Sacramentado en sus corazones. Esto
era para nosotros motivo de gran edificación".Pero el mayor triunfo del Oratorio era el cariño y el respeto al sacerdocio, en aquéllos que lo habían frecuentado de pequeños y que ya
eran hombres. Esa era la razón de su perseverancia en una vida de buenas costumbres, de la vuelta al buen camino de los que se habían
dejado arrastrar por las pasiones, del buscar un prudente consejero o bienhechor en las dudas, en las dificultades de la vida y en las
desgracias; y a todos les señalaba todavía el corazón el camino que ((42)) llevaba al despacho o a la iglesia, donde estaba don Bosco
esperándoles.íCuántas páginas hermosísimas podrían escribirse sobre esto! Veríase entonces cómo el Oratorio fue escuela de vida: por sus
tradiciones, por el éxito de tantos muchachos que los frecuentaron, por los variados percances de cada uno de ellos; no sólo durante sus
primeros años, hasta lograr su vocación, estado o profesión, sino hasta la hora de su misma muerte. Podríanse escribir muchas biografías
ejemplares y curiosas. Veríanse desfilar en ellas todas las virtudes, todos los errores, todas las perfecciones, todos los defectos de su
origen, su desarrollo y su desenlace final, mezclados con los más variadas anécdotas y quizás también las más raras, y en su mayor parte
veríase también resplandecer la misericordia de Dios y la protección de María Santísima.Puede asegurarse que estos apreciados frutos son el resultado de la buena semilla sembrada en la catequesis diaria de la Cuaresma. Los
campos evangélicos eran bendecidos por el Señor en proporción al trabajo de sus agricultores. Aquel año empezó la Cuaresma el primero
de marzo. Don Bosco contaba con valerosos secuaces, seguidores de su espíritu de sacrificio.Los días de entre semana, los clérigos y muchachos catequistas, destinados a Puerta Nueva y Vanchiglia, anticipaban la comida para
hacer varios kilómetros, dar el catecismo y llegar a tiempo a clase al Seminario; y, a menudo, después de cenar, atendían a la instrucción
religiosa de alguna clase especial para obreros. Era el trabajo de auténticos misioneros.En una carta al Reverendo Abbondioli, párroco de Sassi, hablaba don Bosco de la catequesis en Valdocco. Mientras ((43)) revivía en
los corazones la gracia de Dios, él pensaba también en que reverdeciera
43Fin de Página 43
VOLUMEN V Página: 44el huertecito de mamá Margarita, y escribía así en plan jocoso:Turín, 4 de abril de 1854
Muy apreciado Sr. Cura:Aunque mi madre tiene aquí muchas y muy grandes habichuelas, quiere, sin embargo, tener de las de Sassi, por lo que ruega le envíe
semilla de las judías llamadas de la Reina, que ya le mandó en otra ocasión.Desea también otras verduras, si es que usted las tiene, y que el portador de la presente le dirá mejor de palabra.Tengo casi cuatrocientos catequizandos en la catequesis del mediodía. Esto quiere decir que aún no han perdido la virtud estos pobres
muchachos.Recuérdeme ante el Señor y mándeme en cuanto yo pueda servirle.D. V.S.
Seguro servidor JUAN BOSCO
Jefe de los pilluelosP.D. Después de Pascua tendrá una visita.
La afirmación de don Bosco era muy justa: reinaba la virtud entre los muchachos externos. Aquellos pobrecitos, a pesar de las
seducciones del mal y el decaimiento de la moral pública y cristiana, se dejaban arrastrar hacia el bien por su palabra sencilla y cariñosa.
Resultaba imposible medir los saludables efectos de la catequesis del Oratorio. Familias obreras enteras volvían al Señor, ganadas por sus
hijos, que habían hallado en el Oratorio un refugio seguro contra los malos ejemplos y deplorables lecciones de la casa paterna. ((44))
Muchos fueron auténticos héroes para perseverar en el bien. Baste un hecho.-Si el domingo vuelves al Oratorio, decía a su hijo y empleado un padre dueño de una tienda, a mezclarte con esos miserables curas,
dejarás de ser mi empleado. Vete, si quieres, pero perderás el sueldo que has empezado a ganar cada día.El chaval siguió yendo al Oratorio y trabajando sin ganar una peseta en la tienda del padre. Eso sí, trabajaba con más entusiasmo e igual
habilidad que sus compañeros. Estos, haciendo coro a su padre, le sonrojaban con sus chuflas soeces; pero llegó un día en que su
entusiasmo y su fe fueron recompensadas con la conversión del padre.En esto, llegó a Turín don Carlos Gilardi, procurador general de los Rosminianos. Examinó el plano de don Bosco para el edificio de la
imprenta, rechazó la idea de comprar la casita de Coriasco y,
44Fin de Página 44
VOLUMEN V Página: 45sin más, encargó la compra del espacio más ancho del terreno triangular que antes perteneció al Seminario. Parece ser que don Bosco no
estaba de acuerdo con este nuevo proyecto porque veía que, poco a poco, se escapaba de sus manos un terreno que, por diversas razones,
tanto quería. Apretado por la necesidad había tenido que revender el 8 de marzo, el 10 de abril de 1849 y el 10 de junio de 1850 algunos
trozos del terreno que la calle Cottolengo separaba de su actual propiedad, que, si bien accesorios, tenían una gran importancia por
pertenecer al espacio señalado en sus magníficos sueños. Y ahora tenía que renunciar a la misma zona bendita, sobre la que le pareció se
habían posado los pies de la Reina de los Angeles. Pero el bien de la juventud le forzaba a hacer este sacrificio y ((45)) aceptó, dejando a
la Divina Providencia el cuidado de llevar a término sus vaticinios.Por eso, el lunes santo, 10 de abril, después de mediodía, mientras los chicos empezaban a prepararse para la comunión pascual, en
escritura autorizada por el notario Turvano, vendía a don Carlos Gilarli, en representación del abate Rosmini, 51 tablas, 10 pies y cinco
pulgadas de terreno equivalentes a 0,1948 hectáreas, por 10.000 liras. El terreno vendido lindaba al este con la casa Coriasco y con don
Bosco, al oeste con otra posesión del Seminario, al sur con la calle Cottolengo y al norte con el Oratorio.Al mismo tiempo, en contrato privado, el abate Rosmini condonaba a don Bosco su deuda de 3.000 liras y asumía su cargo de 5.000
liras con el Seminario de Turín. Quedaba en pie el crédito con don Bosco de 20.000 liras al 4 o/o, empleadas en la compra de la casa
Pinardi. Don Bosco, pues, encantado con la esperanza de ver montada la tipografía, y habiendo podido pagar a algunos de los acreedores
más exigentes, la segunda semana después de Pascua marchó a Castelnuovo de Asti con el Obispo de Ivrea, que había sido invitado por el
teólogo Cinzano para administrar la confirmación.Estaba en Pranello, en su casa, el alumno estudiante del Oratorio S. A., aquejado de un serio malestar de ojos. Daban los médicos pocas
esperanzas de curación, y ya hacía más de un año que había debido abandonar los estudios. Antes de volver a Turín quiso don Bosco ir a
verle acompañado del joven Juan Turchi."Llegados allí, cuenta el mismo Turchi, entramos en la habitación del enfermo. Yacía éste con los ojos vendados. La cama estaba
cercada por una colcha colgada del techo. La ventana cerrada y una doble cortina velaba toda luz; a pesar de ello bastaba ((46)) abrir la
puerta de la habitación para que el enfermo pidiera a gritos que la
45Fin de Página 45
VOLUMEN V Página: 46cerrasen porque no podía resistir la luz. Entró don Bosco y nosotros nos quedamos fuera. Lo que pasó dentro, nunca he podido saberlo; lo
que sí sé es que al día siguiente, el enfermo comenzó a quitarse las vendas, a abrir los ojos, a leer, a levantarse y, por fin, que curó del
todo. Unos días después volvió al Oratorio, y en adelante no presentó el menor indicio de haber estado enfermo de los ojos".De vuelta don Bosco a Turín, enviaba la carta siguiente a don Carlos Gilardi con los últimos detalles que le habían pedido para
conseguir de Roma la aprobación de su contrato.Muy apreciado don Carlos:He recibido su apreciadísima carta y los encargos que en ella menciona: un libro para el clérigo Olivero, que le fue enviado; y la
comedia: Il Gianetto, (Juanito) que me gusta bastante y que verá representar a su primera vuelta a Turín. También he visto a don Luis
Setti, el cual no puede residir de ordinario en el Oratorio por la infinidad de clases que tiene que dar a horas dispares y anómalas. Dentro
de unos días le mandaré la escritura de venta, que el notario Turvano me ha prometido.En cuanto a la solicitud a mandar a Roma, no creo produzca ningún efecto, puesto que en las condiciones actuales, Roma no puede
autorizar a nadie para otorgar tal poder: ni el Seminario, al que le fue suspendida la administración, ni el Economato a quien no se le
reconoce dueño. El señor Dorna, que también necesitaba comprar una faja en estas condiciones, habló con el abate Vacchetta y con el
Ministerio y le respondieron que esperase hasta una decisiva respuesta de Roma. Lo mismo pienso que podemos hacer nosotros.Por lo demás, estamos mentando siempre a don Carlos y hemos sentido la novedad de no verle ya entre nosotros.Mi madre, todos nuestros clérigos, el señor Dorna y un buen número de nuestros muchachos le saludan cordialmente, y yo mientras
saludo ((47)) con todo respeto al Padre General, deseo a usted todas las bendiciones del Señor y me encomiendo a sus devotas oraciones
y me profeso,De V.S.Turín, 9 de mayo de 1854Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.
Capitán de los pilluelosLa razón de ciertas frases de don Bosco referentes a la Autoridad Eclesiástica es la que vamos a dar a continuación.Un real decreto del 2 de marzo impuso al Ecónomo, abate Vacchetta, que se encargara de la administración del Seminario Arzobispal,
transformado primero en hospital militar y después en almacén de pertrechos militares y forrajes. Al día siguiente, el Ecónomo, sin decir
nada al Vicario General, se apresuró a presentarse al Rector, canónigo Vogliotti, y, sin más, le intimó la entrega de todo el capital
46Fin de Página 46
VOLUMEN V Página: 47existente en la caja, los archivos, y cuanto pertenecía al importante patrimonio del Seminario. El canónigo Vogliotti se negó a ello pero,
ante la amenaza de intervención de la guardia real, tuvo que ceder a la fuerza, aunque protestando. Por ello los seminarios de Bra y Chieri
se vieron faltos de lo necesario, puesto que las rentas del de Turín, sostenían el profesorado y la manutención de los alumnos. Los
valdenses, en cambio, nadaban en la abundancia con el dinero enviado por Inglaterra y América.Fin de Página 47
VOLUMEN V Página: 48((48))CAPITULO VIEL MINISTRO URBANO RATTAZZI EN EL ORATORIO -DON BOSCO EXPLICA LA VIDA DE SAN CLEMENTE PAPA
PREGUNTA PELIGROSA Y PRUDENTE RESPUESTA -DIALOGO DE RATTAZZI Y DON BOSCO -PROVIDENCIALES
SIMPATIASTENEMOS que hablar de un acontecimiento memorable por las consecuencias del mismo.Eran las diez y media de la mañana de un domingo del mes de abril de 1854. Los internos del Oratorio se hallaban reunidos por
segunda vez en la iglesia con muchos externos; habían cantado maitines y laudes del oficio parvo de Nuestra Señora y oído la misa. Don
Bosco, desde el púlpito, les contaba, con su acostumbrada y encantadora sencillez, un episodio de la Historia Eclesiástica. En aquel
momento, entró por la puerta exterior de nuestra iglesia un señor al que nadie, ni siquiera don Bosco, conoció. Al ver que se estaba
predicando, sentóse en uno de los bancos del fondo y quedóse escuchando hasta el fin. Había empezado don Bosco el domingo anterior a
narrar la vida de san Clemente Papa y recordaba aquella mañana cómo, por odio a la religión cristiana, había sido desterrado por el
emperador ((49)) Trajano al Quersoneso, hoy llamado Crimea.Al terminar la narración, para hacerla más interesante, dijo a uno de los chicos externos si quería hacer alguna pregunta y qué
enseñanza le parecía se podía sacar del hecho histórico. El muchacho, contra todo lo que se podía esperar, respondió con una pregunta a
propósito, pero inoportuna por el lugar y muy peligrosa por los tiempos que corrían. Dijo así:-Si el emperador Trajano cometió una injusticia desterrando de Roma al Papa San Clemente, "ha hecho mal también nuestro Gobierno
al desterrar a nuestro arzobispo monseñor Fransoni?A tan inesperada pregunta contestó don Bosco sin inmutarse:-No es éste el lugar para decir si nuestro Gobierno ha hecho mal o bien al desterrar a nuestro veneradísimo Arzobispo: es un hechoFin de Página 48
VOLUMEN V Página: 49del que se hablará a su debido tiempo; pero es cierto que en todos los tiempos, ya desde el principio de la Iglesia, los enemigos de la
religión cristiana han perseguido a sus jefes los papas, los obispos, los sacerdotes, porque creen que, quitando de en medio las columnas,
caerá el edificio, y que, herido el pastor, se dispersarán las ovejas y serán fácil presa de los lobos rapaces. Por eso nosotros, cuando oímoso leemos que este o aquel papa, este o aquel obispo, este o aquel sacerdote ha sido condenado a una pena, como por ejemplo, el destierro,
la cárcel o tal vez la muerte, no hemos de creer enseguida que sean verdaderamente culpables, como se dice, porque podría suceder que
fueran víctimas del cumplimiento de su deber, confesores de la fe, héroes de la Iglesia, como lo fueron los apóstoles, los mártires y ((50))
tantos papas, obispos, sacerdotes y simples fieles. Además, recordemos siempre que el mundo, el pueblo judío, Pilatos, condenó a morir
en la cruz al mismo Salvador divino, por blasfemo, impío y revolucionario de la plebe, cuando era el verdadero Hijo de Dios y había
predicado obediencia y sumisión al poder constituido y había ordenado dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Añadió unas palabras más sobre la obligación de mantenerse firmes en la fe y en el respeto y devoción a los ministros de la Iglesia. Y
don Bosco bajó del púlpito. Los muchachos rezaron el Padrenuestro y Avemaría de costumbre en honor de San Luis Gonzaga, cantaron el
Sean siempre alabados los nombres de Jesús y de María y salieron de la iglesia por la puerta lateral. Tras ellos salió también el
desconocido señor, el cual, al llegar al patio, preguntó por don Bosco. Acababa éste de subir a su habitación, a donde le acompañó un
muchacho. Después de los primeros saludos, entablóse un breve diálogo entre don Bosco y aquel señor. El muchacho, de acuerdo con la
costumbre de aquellos peligrosos tiempos, después de introducir al forastero, se quedó allí oyendo hasta que don Bosco le indicó que se
retirara, porque no hacía falta nada.El diálogo fue éste.Don Bosco -"Puedo saber con quién tengo el honor de hablar?Ratt. -Con Rattazzi.D. B. -"El gran Rattazzi 1 que fue Presidente de la Cámara y ahora es Ministro del Rey?
1 Es interesante observar que los dos interlocutores hablaban en dialecto piamontés, y que, por tanto, la frase "el gran Rattazzi"
corresponde en dialecto a "cöl gran Ratass"; y ratass en piamontés significa ratonazo. Cuando don Bosco pronunció esta palabra lo hizo
con tal tono de sorpresa, que hizo sonreír al Ministro.49 öFin de Página 49
VOLUMEN V Página: 50((51)) Ratt. -Precisamente.D. B. -"Puedo entonces (sonriendo) preparar mis muñecas para las esposas y disponerme a ir a la sombra de la cárcel?
Ratt. -"Y por qué?
D. B. -Por lo que su Excelencia ha oído poco ha, en nuestra iglesia, a cuenta de lo del señor Arzobispo.
Ratt. -Ni hablar. Dejando a un lado si fuese o no oportuna la pregunta de aquel chaval, usted, por su parte, respondió y salió del apuro
muy bien, y ningún ministro del mundo podría hacerle el menor reproche. Por lo demás, aún cuando soy del parecer de que no conviene
hablar de política en la iglesia, mucho menos con chiquillos, incapaces de comprender debidamente, entendiendo que no se deben ocultar
las propias convicciones ante nadie. Añádase que en un Gobierno Constitucional, los Ministros son responsables de sus acciones, las
cuales pueden ser censuradas por cualquier ciudadano, y por tanto también por don Bosco. Yo mismo, aunque no todas las ideas y
acciones de Monseñor Fransoni me gusten, celebro que las medidas tomadas contra él no lo hayan sido durante mi Ministerio.D. B. -Si es así, concluyó alegremente don Bosco, puedo estar tranquilo de que su Excelencia no me enchiquerará, por esta vez, y me
dejará respirar libremente el aire puro de Valdocco. Y ahora hablemos de otra cosa.
A este gracioso preámbulo siguió una seria conversación de cerca de una hora. Hizo Rattazzi a don Bosco una retahíla de preguntas y
((52)) se enteró punto por punto de los principios, la finalidad, la marcha y el fruto de la institución, del Oratorio y del Asilo anejo. Entre
las numerosas preguntas, una versó sobre el medio que don Bosco empleaba para mantener la disciplina con tantos muchachos como
acudían al Oratorio.-"No tiene usted a sus órdenes, preguntó el Ministro, al menos dos o tres guardias uniformados o secretos?
-No los necesito, Excelencia.
-"Es posible? Porque estos muchachos no son diferentes de los demás muchachos del mundo; al menos serán juguetones, pendencieros,camorristas... "Qué correcciones, qué castigos emplea usted para dominarlos e impedir desórdenes?
-La mayoría de estos muchachos se las saben todas; sin embargo, aquí no se emplea la violencia ni castigo alguno para impedirdesórdenes.
-Esto parece un misterio, explíquemelo.
-Su Excelencia sabe que hay dos sistemas de educación: unoFin de Página 50
VOLUMEN V Página: 51llamado represivo y otro preventivo. El primero se propone educar al hombre por la fuerza, la reprensión y el castigo, cuando falta a la ley
y comete un delito. El segundo procura educar con la dulzura, y por eso le ayuda suavemente a cumplir con la ley y le ofrece los medios
más apropiados y eficaces para conseguirlo, y éste es precisamente el sistema vigente entre nosotros. Aquí, ante todo, se procura infundir
en el corazón de los muchachos el santo temor de Dios; se les inspira amor a la virtud y horror al vicio, enseñándoles el catecismo y
dándoles ((53)) oportunas instrucciones morales; se les encamina y ampara por el sendero del bien con precisos y amables avisos y sobre
todo con las prácticas de piedad y religión. Además, se les rodea, en lo posible, de una amable asistencia durante el recreo, en la clase, en
el trabajo; se les anima con palabras de comprensión, y en cuanto dan señales de olvidar sus propios deberes, se les recuerdan con buenas
maneras y se les anima con sanos consejos. En una palabra, se utilizan todas las industrias, que sugiere la caridad cristiana, para
inducirlos al bien y apartarlos del mal, con una conciencia iluminada y sostenida por la religión.-Desde luego, éste es el sistema más adecuado para educar a seres racionales; pero, "resulta eficaz con todos?-Con el noventa por ciento este sistema da resultados consoladores; con el otro diez por ciento ejerce también tan saludable influencia,
que los hace menos rebeldes y menos peligrosos; de aquí que, rara vez sucede que haya que expulsar a alguno por indomable o
incorregible. Tanto en este Oratorio como en los de Puerta Nueva y Vanchiglia, se presentan, o les presentan, muchachos que, por su
mala índole o por rebeldía y aún por malicia, han sido la desesperación de sus padres y de sus jefes y, al cabo de unas semanas, no
parecen los mismos; de lobos, por así decir, se convierten en corderos.-Lástima que el Gobierno no pueda adoptar este método para sus correccionales, en donde hay que tener cientos de guardias para evitar
desórdenes, y los detenidos se hacen peores cada día.-"Y qué es lo que impide al Gobierno adoptar este sistema en sus correccionales? Introdúzcase en ellos la religión, fíjese el tiempo
necesario para la enseñanza ((54)) religiosa y las prácticas de piedad; den a éstas los dirigentes la importancia que merecen; déjese entrar
a menudo al ministro de Dios y permítasele alternar libremente con esos infelices y decirles una palabra de amor y de paz, y entonces el
sistema preventivo será pronto adoptado. Al poco tiempo, los guardias tendrán muy poco o nada que hacer, y el Gobierno experimentaráFin de Página 51
VOLUMEN V Página: 52la satisfacción de devolver a las familias y a la sociedad muchos miembros morales y útiles. De lo contrario, gastará el dinero para
corregir o castigar durante más o menos tiempo a muchos díscolos y culpables y, cuando los ponga en libertad, deberá seguir vigilándolos
para defenderse de ellos, porque estarán dispuestos a hacerlas más gordas que antes.Continuó don Bosco hablando por el mismo estilo durante un buen rato, y, como quiera que, desde 1841, conocía la situación de los
presos jóvenes y adultos, porque los visitaba con frecuencia, pudo resaltar ante el Ministro del Interior la eficacia de la Religión para su
rehabilitación moral. Y agregó:-Al ver al sacerdote, al oír su palabra de aliento, el detenido recuerda los años felices, de cuando asistía a la catequesis, los consejos del
párroco o del maestro, reconoce que si ha terminado en aquel lugar de castigo ha sido porque dejó de acudir a la iglesia, o porque no
practicó las enseñanzas allí recibidas; por lo cual, llevando a su mente estos queridos recuerdos, siente las más de las veces conmoverse el
corazón, acudir las lágrimas a sus ojos y se arrepiente, sufre con resignación, se propone mejorar de conducta y, después de cumplir su
pena, vuelve a la sociedad dispuesto a reparar los escándalos dados. Si, por el contrario, se le quita el amable aspecto de la religión y la
dulzura ((55)) de sus máximas y de sus prácticas; si se le priva de las conversaciones y consejos de un amigo de su alma, "qué va a ser del
pobre desgraciado en aquel aborrecible encierro? Sin oír jamás una voz cariñosa que le invite a levantar su espíritu más allá de la tierra;
sin ser animado jamás a reflexionar que pecando ha faltado no sólo a las leyes del Estado, sino también a Dios, supremo legislador; sin
ser invitado jamás a pedirle perdón, ni animado a sufrir su pena temporal en lugar de la eterna, que le quiere condonar, en su triste
condición no verá más que el ceño de su mala suerte. Y así, en vez de regar sus cadenas con lágrimas de arrepentimiento, las morderá con
mal disimulada rabia; en vez de hacer un buen propósito de enmienda, se emperrará en el vicio; aprenderá otros de sus compañeros de
cárcel, y con ellos se las arreglará para volver a delinquir con más astucia, y no recaer en manos de la justicia, mas no para mejorar y
hacerse un honrado ciudadano.Don Bosco, aprovechándose de la favorable ocasión, expuso al Ministro la utilidad del sistema preventivo, sobre todo para las escuelas
públicas y centros de educación, donde hay que cultivar almas aún inocentes, almas que se doblegan fácilmente a la voz de la persuasión
y del amor.Fin de Página 52
VOLUMEN V Página: 53-Sé muy bien, concluyó don Bosco, que la implantación de este sistema no es tarea que corresponda al departamento de su Excelencia,
pero una indicación, una palabra suya pesará mucho en las deliberaciones del Ministro de Instrucción Pública.El señor Rattazzi escuchó con vivo interés estas y otras observaciones de don Bosco; se convenció del todo de la bondad del sistema,
empleado en los Oratorios, y prometió que, por su parte, lo preferiría a cualquier otro en ((56)) los institutos del Gobierno. Si, después,
no mantuvo siempre su palabra, fue porque también a Rattazzi le faltaba valor para confesar y defender sus propias convicciones
religiosas.Terminada la conversación, se marchó tan bien impresionado que, a partir de aquel día, se convirtió en abogado y protector de don
Bosco. Esta fue una de las trazas de la Providencia, ya que al empeorar año tras año las condiciones de los tiempos, formando Rattazzi a
menudo parte del Gobierno, y siendo siempre persona influyente, el Oratorio tuvo en él un apoyo, sin el cual seguramente hubiera
experimentado fuertes sacudidas y hubiera sufrido gravísimos daños.Quizá llame la atención de los lectores el saber que el Ministro Rattazzi se tomara tan vivo interés por don Bosco y por su obra,
conociendo como sabe todo el mundo, las siniestras opiniones de aquel hombre y la parte, desdichadamente tan decidida, que tuvo en
hechos muy dolorosos contra la Iglesia. Sin embargo, así fue, porque Dios, cual Padre providente, así lo quiso.Cuando Dios escoge a un hombre como instrumento de gloriosas empresas, le provee de cuantos medios necesita para llevar a feliz
término su misión; y si ésta necesita la ayuda y cooperación de otros, pone en su elegido una especie de sello, un no sé qué de misterioso,
para que todos se le rindan, prestos a ayudarlo, aun cuando sean sus contrarios. La Sagrada Escritura y la Historia de la Iglesia contienen
miles de hechos que confirman esta verdad. José es destinado a salvar a sus hermanos en Egipto, y Dios dispone las cosas de forma que el
esclavo, el prisionero, el extranjero halle favor en el ánimo del Faraón y de su pueblo y escale ((57)) la más alta dignidad del reino
después de la real. Daniel tiene que ser el consuelo de sus hermanos prisioneros, durante los tristísimos días de la esclavitud en Babilonia,
y el Señor imprime en su rostro y en toda su persona un algo de extraordinario, que cautiva a todos los reyes que se sentaron en el trono
caldeo de Nabucodonosor hasta Ciro y Darío, y le pone en condiciones de ser lo que fue durante casi cincuenta años. LoFin de Página 53
VOLUMEN V Página: 54mismo le sucedió a San Benito, a San Francisco de Asís y a una infinidad de santos del Nuevo Testamento. Lo mismo puede decirse de
don Bosco; la atracción que hacia él sintieron muchos hombres enemigos de Iglesia es una prueba más de su divina misión.Fin de Página 54
VOLUMEN V Página: 55((58)
)CAPITULO VIINUEVAS PENURIAS EN EL ORATORIO -CIRCULARES PARA OTRA TOMBOLA -RATTAZZI Y EL ALCALDE DE TURIN
ACEPTAN BOLETOS -UN CONFESOR INESPERADO -SORTEO DE LA RIFA -EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA ALUMNOS
EXTERNOS -LA EXPOSICION DE LAS CUARENTA HORAS EN EL ORATORIO DE SAN FRANCISCO -GLOBO DE FUEGO
EN EL CAMPO DE LOS SUEÑOS -INDICACIONES DE LA EXPERIENCIA PARA PREVENIR INCONVENIENTES EN LAS
FIESTAS -FIESTA DE SAN LUIS -LECTURAS CATOLICASDEJABASE sentir en el Piamonte la penuria, a causa de la escasez de las cosechas y la subida de los precios de las mercancías, originada
por la guerra de Oriente. El año 1853, el Zar Nicolás I, con el oculto propósito de adueñarse de Constantinopla, intimó al Sultán que le
confiara la tutela exclusiva de todos los súbditos griegos de los dominios turcos y proclamara la supremacía de las Iglesias Griegas sobre
la Iglesia Latina. Rehusó el Sultán, y entonces las tropas rusas invadieron y ocuparon los principados de Valaquia y Moldavia en julio, y
en noviembre destruyeron en el puerto de Sinop la escuadra mahometana. En el año 1854 asediaban la fortaleza de Silistra, junto al
Danubio, en la frontera de Bulgaria, pero no conseguían ((59)) reducirla. Mientras tanto, la guerra impedía el transporte de cereales desde
el mar Negro hasta Italia.Disminuía en consecuencia la caridad y don Bosco, previendo que sus asilados podían sufrir las consecuencias, acudió de nuevo a las
pequeñas ayudas de muchos, mediante una rifa de los objetos sobrantes de la tómbola precedente. En cuanto recibió la autorización de la
Autoridad civil, montó la rifa en la calle de Santa Clara y expuso los premios en unos locales del convento de los padres dominicanos.
Cada boleto costaba veinte céntimos. Los muchachos mayores se turnaban para vigilar los distintos salones. Y don Bosco, con el precio
de los billetes vendidos por todas partes con no pocos trabajos y fatigas, conseguía cubrir las necesidades vitales de su familia.Fin de Página 55
VOLUMEN V Página: 56Distribuyó gran número de circulares. He aquí un ejemplar, con anotaciones a mano, que envió a Villastellone al teólogo Appendini.Ilmo. Señor:La gran necesidad en que me encuentro este año, debida a los enormes gastos que ocasionan los tres Oratorios de esta ciudad, erigidos
en favor de la juventud abandonada, me obliga a acudir a la beneficencia pública y de modo particular a vuestra Señoría Ilustrísima, cuya
bondad y caridad ya he experimentado otras veces.Confiado en su buen corazón, sin extenderme en pormenorizar mi necesidad, me tomo la libertad de enviarle doscientos billetes para
una pequeña tómbola de objetos, en parte restos de la de hace dos años, y en parte, obsequio de otras personas beneméritas. Confío en
que entre usted y sus amistades podrán ser distribuidos los boletos adjuntos.Me encuentro en la dolorosa circunstancia de poder asegurarle que, si ha habido tiempos difíciles para los jóvenes, ciertamente éstos lo
son. Muchos están en inmediato peligro de perder ((60)) honra y religión por un pedazo de pan. El interés que usted se tome por este caso
es una auténtica colaboración por la salvación de las almas y será también sin duda para usted fuente de las bendiciones del cielo.Muy agradecido por los favores que nos ha hecho y espero continuará haciendo a estos mis queridos hijos, le prometo que en mis
pobres oraciones y en las de mis hijos pediremos siempre las copiosas bendiciones del cielo para usted y para todos aquéllos que se
sumen a esta obra de caridad.Permítame entre tanto que con el máximo respeto me profese de V. S. Ilma.Turín, 13 de marzo de 1854S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
P. D. Cooperando en esta obra de caridad, ayuda a los pobres jóvenes de Villastellone, que en gran número acuden a estos Oratorios, y
algunos están internados en el Oratorio de Valdocco.
De las muchas respuestas que recibió, sólo se conservan dos. Una del Ministro Rattazzi y otra del Alcalde de Turín.Ministerio del Interior
ParticularTurín, 12 de mayo de 1854Ilmo. y Rvdmo. Señor:Con gusto correspondo al llamamiento que V. S. me hace para ayudar a la piadosa obra instituida en pro de las urgentes necesidades de
ese Oratorio masculino de San Francisco de Sales en Valdocco. Le envío, con la presente, cuarenta liras y le devuelvo los doscientos
boletos de la rifa que me enviaba. Agradeciéndole se haya acordado de mí para esta causa, tengo el honor de profesarme con toda estima,U.RATTAZZIFin de Página 56
VOLUMEN V Página: 57((61)) Después del Ministro escribía el Alcalde:Ciudad de TurínRespuesta a la carta del 30 del pasado abril.Turín, día 13 de mayo de 1854Con afán de demostrar, aunque modestamente, mi vivo deseo de participar en cuanto pueda ser útil a los Oratorios festivos que V.M.R.
Señoría ha iniciado y sostenido con tanto éxito y para beneficio moral y material de los muchachos abandonados, me considero muy feliz
al poder secundar la invitación que de usted he recibido en la carta mencionada al margen, aceptando los cien boletos de la tómbola en
pro de los Oratorios, que en ella me enviaba; y, al unir a la presente las veinte liras, valor de dichos boletos, hago votos para que los
piadosos Oratorios encuentren siempre apoyo en quienes están en disposición de patrocinarlos, como bien lo merecen, y tengo el honor
de profesarme con toda consideración,De V. S. muy Rvda.S.S.
NOTTA
El sorteo de la tómbola debía celebrarse el 27 de abril; pero don Bosco consiguió que pudiera retrasarse algunas semanas.Por aquellos mismos días tenía lugar un suceso digno de mención.Habiendo ido don Bosco a los salones de la tómbola, se encontró, entre las muchas personas que la visitaron, con cierto señor que le
pidió insistentemente que le confesara. Indicóle don Bosco que fuera a la cercana catedral y esperara allí un momento. Acercóse él
también; se sentó en un banco algo retirado, esperando a que aquel señor ((62)) se acercara para confesarlo allí; cuando lo vio ir derecho a
arrodillarse ante un confesonario. No sabía don Bosco qué hacer, temiendo que el sacristán acudiese a echarlo como a un intruso, o que
llegara el canónigo titular del mismo para confesar a algún penitente suyo. Dudó un momento, se decidió por fin y fue a confesarlo. Pero,
detrás de él se presentó otro, y luego fueron llegando más, con lo que don Bosco estuvo confesando casi medio día.Sucedió que, entre todos ellos, hallóse también un sujeto empleado en el Oratorio que buscaba un confesor que no le conociese y, al ver
aquel confesonario ocupado, se arrodilló y, llegado su turno, se confesó. Manifestó primero que había ido a confesarse allí, porque no
quería que don Bosco se enterase de una falta bastante grave que había cometido en el manejo, quizá, del dinero de casa. Don Bosco le
escuchó, sin proferir palabra, y luego le dijo:-Mira, te aseguro que don Bosco no se enterará de nada y, para tranquilidad de tu conciencia, en adelante sábete que a don Bosco le
importa poco esto.Fin de Página 57
VOLUMEN V Página: 58Pensad en la sorpresa de aquel hombre, al darse cuenta de que se había confesado precisamente con aquél a quien no quería abrir su
conciencia. Volvió al Oratorio satisfecho y contó a José Buzzetti la singular aventura que le había ocurrido.Entre tanto, llegó el sorteo de la tómbola que se celebró el 2 de mayo, a las dos de la tarde, en una sala del Oratorio de Valdocco, y el
30 de mayo publicaba Armonía los números premiados.Pero don Bosco no había aminorado en el intervalo su intensidad en el apostolado de la predicación. Desde el sábado, 22 de abril,
ayudó a varios celosos sacerdotes ((63)) a predicar ejercicios espirituales durante ocho días a numerosos muchachos y adultos de la
ciudad, en la iglesia de la Veneranda Cofradía de la Misericordia. Por cierto que más de uno aseguró así su salvación eterna, en medio del
azote que aquel año alcanzaría a Turín.Después preparó don Bosco otra función especial, de la que tenemos noticia por el anuncio que publicaba Armonía en su número del 20
de mayo de 1854.Cuarenta Horas y Octavario en el Oratorio masculino
de San Francisco de Sales en Valdocco.Para alcanzar las bendiciones del Señor sobre los pueblos cristianos y los frutos de sus campos, se ha organizado un octavario en honor
de María Santísima en este Oratorio, del 21 al 28 del presente mes de mayo.El horario de los tres primeros días es el siguiente: Por la mañana, adecuado número de misas rezadas; a las 10, misa solemne y
exposición de las Cuarenta Horas.Por la tarde, a las 6, vísperas, sermón y bendición con el SS. Sacramento. Durante los días siguientes a las Cuarenta Horas, a las 7 de la
tarde se rezará el santo rosario, y se tendrá sermón y bendición.El jueves, 25, día de la Ascensión del Señor, y el domingo, 28, las funciones sagradas seguirán el horario normal del año.Son encarecidamente invitados todos los fieles cristianos, y particularmente los muchachos que frecuentan este Oratorio, a participar en
estas sagradas funciones. El Sumo Pontífice concede indulgencia plenaria a cuantos, habiendo confesado y comulgado, visiten esta iglesia
durante el triduo de las Cuarenta Horas; así mismo Su Santidad Pío IX, felizmente reinante, concede por un decreto especial, la misma
indulgencia plenaria el domingo 28 del corriente, día en que se clausura solemnemente el mes dedicado a María Santísima.((64)) Durante estas fiestas, volvió a contar don Bosco cómo había visto en el aire un globo de fuego luminosísimo sobre el terreno
donde más tarde se levantó la iglesia de María Auxiliadora. Parecía que la Virgen confirmaba con esta señal que Ella no había renunciado
a tomar posesión de él. José Buzzetti, testigo de estas palabras, recordaba a don Bosco el año 1887 en Lanzo esta narración y le decía:Fin de Página 58
VOLUMEN V Página: 59-"Verdad que era la cúpula iluminada?-"Y por qué no?, contestó don Bosco.Después de las Cuarenta Horas se preparaban las fiestas de San Luis y de San Juan. Para ellas, como para las demás, don Bosco, amigodel orden en todo, instaba a los encargados de organizarlas a que dirigieran los actos de la iglesia y fuera de ella, de forma que se evitase
todo inconveniente. Por todo ello recomendaba:1.-Que se tomase nota escrita cada año de las causas de cualquier desorden que se hubiera advertido, para que sirviera de experiencia en
las fiestas siguientes.2.-Que se conservase la lista de todos los bienhechores y bienhechoras o personas de relieve y amigas para enviarles las invitaciones a
las funciones de iglesia, al teatro o a las veladas.3.-Que se hiciera siempre un programa, y que lo guardase el Prefecto, para el orden material de las fiestas.De hecho encontramos entre sus papeles las disposiciones para la fiesta de San Luis:1) Buscar con tiempo el prioste, mandarle una comisión para rogarle que acepte el cargo; y la víspera, por lo menos, mandarle una copia
del soneto, el horario, etc.((65)) 2) Novena o triduo. Enviar el horario a los señores bienhechores.3) Limpiar fuera de la iglesia y por las calles por donde pasará la procesión. Desdoblar las telas del palio.4) Exposición y beso de la reliquia. Prepárense los purificadores.5) La rifa en el patio, si se juzga oportuno.6) Gaseosas para los músicos.7) Dar cuenta al Jefe de seguridad, enviándole el programa de la fiesta.Además, como preparación a la fiesta de San Luis, reimprimía en el primer folleto de las Lecturas Católicas del mes de junio, Los seis
domingos y la Novena de San Luis Gonzaga; mandaba imprimir, en la litografía Doyen, 500 estampas del santo para repartirlas entre los
muchachos. Publicó una poesía en honor de San Luis, que aún se conserva en el archivo, con esta inscripción: Los hijos del Oratorio de
San Francisco de Sales, y en su nombre el teólogo Juan Bautista Vola, Director Espiritual de la Compañía de San Luis, erigida en el
mismo.El conde Cays, reelegido prioste de esta Compañía, regaló un paño rojo de tisú similar para adornar toda la cornisa interior de la iglesia.Fin de Página 59
VOLUMEN V Página: 60En medio de todos estos festejos, don Bosco no cesaba de combatir a los protestantes y publicaba en tres folletos, correspondientes a
junio y julio, el Catecismo sobre la Iglesia Católica para uso del pueblo, por Juan Perrone, de la Compañía de Jesús. El autor de este
volumen, de unas doscientas páginas, presenta en él la naturaleza y el origen de la Iglesia Católica; las notas y prerrogativas de la
verdadera Iglesia de Jesucristo, su infalibilidad, santidad, duración e inmutabilidad. Habla de su constitución, de la obligación de ((66))
escuchar su magisterio, responde a las objeciones de los protestantes contra la inquisición, la confesión, la misa, el purgatorio, el culto y
la veneración de los santos. Y termina demostrando que los fieles tienen la obligación de amar a la Iglesia Romana.Don Bosco suspendió estos trabajos para ir a confesar a San Ignacio y se llevó consigo al clérigo Miguel Rúa que deseaba hacer
ejercicios espirituales; pero los continuó apenas volvió a Turín.En el mes de agosto publicó un librito anónimo en dos folletos, titulado: Entretenimiento acerca de la santa misa. Son unos diálogos de
un padre con su hijo. Prueba la institución divina de los sacrificios antiguos y el de la santa misa; refuta las descaradas mentiras de los
protestantes con las antiguas y diversas liturgias de las iglesias cristianas y aún cismáticas, las cuales confirman plenamente las creencias
católicas, y demuestra la excelencia de la santa misa y sus prerrogativas o propiedades de valor infinito, y que sus frutos redundan en
favor del sacerdote y de los fieles vivos y difuntos.Fin de Página 60
VOLUMEN V Página: 61((67))CAPITULO VIIISUBSIDIO DEL REY A DON BOSCO -EL DIRECTOR SOLO NO SE BASTA PARA EL GOBIERNO DEL ORATORIO -DON
VICTOR ALASONATTI PRIMER PREFECTO Y ECONOMO -EXIMIAS VIRTUDES DE ESTE SACERDOTEA principios de agosto don Bosco había solicitado del Rey alguna ayuda, y he aquí la respuesta que recibió.Secretaría Real del Gran Magisterio de la Orden de San Mauricio y de San Lázaro.Turín, 15 de agosto de 1854Verdaderamente en este año de extraordinarias necesidades, la Orden de San Mauricio, que ha decidido también distribuir
extraordinarios socorros para resolver nuevas e inesperadas calamidades, no se encuentra en condiciones de ayudar repetidamente a un
mismo instituto.Sin embargo, considerando que, al par que la carestía de víveres aumenta sensiblemente los gastos de mantenimiento de los muchachos
abandonados que tiene albergados, sigue usted aumentando notablemente el número de éstos, he juzgado oportuno, por esta vez, derogar
las normas establecidas y proponer a S.M. la concesión de un subsidio especial en pro de esa piadosa Obra.((68)) Habiéndose dignado Su Majestad el Rey asignar para tal fin la cantidad de 250 liras, tengo el honor de comunicárselo para su
norma, mientras le ofrezco la expresión de mi atenta consideración.Por el primer Secretario de S.M.El Primer OficialSOMIS DE CHlAVRlEPero don Bosco no sólo necesitaba dinero. Desde 1853 pesaban sobre él graves cuidados y no podía él solo atender a las necesidades
morales y materiales de la dirección interna de la casa, que adquiría mayores proporciones. Mas el Señor le ofrecía muy a tiempo quien
sería su brazo derecho, el valiente e inteligente sostén de la obra de los Oratorios. Ya don Bosco había puesto sus ojos en un sacerdote de
Avigliana, don Víctor Alasonatti, muy amigo de don Francisco GiacomelliFin de Página 61
VOLUMEN V Página: 62y, por lo tanto, suyo. Muchas veces, también en 1854, habían coincidido en los ejercicios de San Ignacio y habían hecho juntos el
camimo de Turín a Lanzo. Sabía a ciencia cierta lo bien que podía don Víctor resolver la importante y difícil misión que había pensado
encomendarle. Le propuso, pues ir a condividir sus trabajos con él en el Oratorio. Mucho trabajo y poco descanso, muchos sufrimientos y
pocos consuelos, pobreza, abnegación, sacrificio: he aquí el programa que don Bosco puso ante los ojos de don Víctor Alasonatti al
invitarle a aceptar el cargo de Prefecto en el Oratorio. Por sueldo no le prometió más que la comida y el vestido y, en nombre de Dios,
una rica corona de gloria en el cielo. Era una invitación semejante a la que el Salvador hizo a Pedro y Juan. Don Bosco le escribió una
carta. Recibióla don Víctor en su propia habitación; leyóla, alzó los ojos al cielo como ((69)) interrogando la voluntad del Señor, miró al
crucifijo, inclinó la cabeza y aceptó.Pero, "quién era este digno sacerdote, del que siempre habrá de gloriarse y al que siempre deberá estar agradecida la Congregación de
don Bosco?Nació el 15 de noviembre de 1812, en Avigliana, cursó en su pueblo los estudios elementales, que entonces comprendían también el
primero del bachiller e hizo en el Seminario de Giaveno los cursos de Gramática, Humanidades y Retórica. Vistió en Avigliana el hábito
clerical de manos del Arcipreste Pautassi y estudió filosofía y teología en el Seminario de Turín. En todas partes fue modelo de virtudes
para sus compañeros. Terminó la Teología Moral en la Residencia Sacerdotal de San Francisco de Asís, y fue ordenado sacerdote en
1835. Dedicábase al ministerio sacerdotal con gran celo en su pueblo, cuando tuvo que hacerse cargo de la escuela elemental, por deseo
de toda la población. Le gustaban con locura los muchachos. A pesar de la destacada seriedad de su carácter, sabía ser sencillo con los
sencillos, como si quisiera ser uno de ellos. Toda la población y el clero admiraban la caridad, verdaderamente maternal, con que llevaba
a sus alumnos a la iglesia y la inalterable paciencia con que corregía las faltas de sus inquietos muchachos.
Les advertía previamente en la escuela la compostura devota y formal con que habían de estar en la casa de Dios. Los acompañaba de la
escuela a la iglesia, les hacía tomar agua bendita y signarse con devoción, los colocaba en su puesto y procuraba, con asidua vigilancia y
con el ejemplo, que participaran recogidamente en las funciones sagradas. Se imponía estos cuidados con celo verdaderamente sacerdotal.Fin de Página 62
VOLUMEN V Página: 63((70)) Además de las clases particulares, que daba gratuitamente a los adultos o a quienes deseaban hacer estudios especiales, ayudaba
al párroco en los servicios parroquiales, explicaba el evangelio los domingos, daba la catequesis, ayudaba a misa como un monaguillo
cualquiera, enseñaba el canto gregoriano, pasaba largas horas en el confesonario y asistía a los enfermos y moribundos. Era el tipo del
hombre apostólico.Cuando, rendido de cansancio, se retiraba a descansar a su humildísima habitación, rezaba cada día el rosario, seguido de otras largas
oraciones, y recitaba el Breviario de rodillas y con la cabeza descubierta, aún en sus últimos años, agotado ya por los continuos y fuertes
trabajos, las perseverantes mortificaciones y otras dolorosas molestias.Nunca se apartó de aquella vida rigurosa. La entereza de su alma debe atribuirse sobre todo a la austera templanza que siempre practicó
en el descanso, en el recreo y en la comida.Hacía todos los días una larga meditación, la visita al Santísimo Sacramento y un riguroso examen de conciencia. Durante los últimos
diez años leía cada noche el Proficiscere, aplicándose a sí mismo las oraciones de los moribundos. Y he aquí que, cuando el párroco de
Avigliana, doctor Vignolo, la población y el clero esperaban más de él, don Bosco lo llamó al Oratorio de Turín con aquellas palabras
que muchas veces le había dicho: "Venga a ayudarme a rezar el Breviario".El 14 de agosto de 1854, don Víctor Alasonatti dejaba generosamente la comodidad del bienestar de su familia, renunciaba al respetable
sueldo que percibía como maestro apreciado y querido, y sin escuchar las consideraciones más o menos mundanas que algunos conocidos
y aun personas distinguidas del clero le habían ((71)) hecho, intentando disuadirlo de su determinación, entraba en el Oratorio con el
breviario en la mano, y decía a don Bosco:-"Dónde me pongo a rezar el breviario?Don Bosco le acompañó a una estancia de casa Pinardi, que le había destinado como despacho de la Prefectura, y le dijo:-íEste es su puesto!A partir de aquel instante, don Víctor se puso a la entera disposición de su nuevo Superior, rogándole le ordenase, sin miedo alguno,
cuanto él pudiese hacer de utilidad para la casa, y que no se lo ahorrase, siempre que lo requiriera la gloria de Dios. No tardó en verse
cargado de ocupaciones, porque el programa de don Bosco no había sido un vano cumplimiento. Había entonces en casa cerca de ochentaFin de Página 63
VOLUMEN V Página: 64internos, entre estudiantes y artesanos, y además los externos que acudían a las escuelas diurnas y nocturnas. Don Víctor Alasonatti tenía
el cargo de administrador general. Su importante cargo comprendía la vigilancia de la conducta de los muchachos, la dirección de clases y
talleres, la asistencia en la iglesia y en el estudio, la alta vigilancia de las funciones sagradas, la contabilidad con todos los libros de la
administración y una amplia correspondencia epistolar.Era siempre el primero en ponerse a trabajar y el último en retirarse a descansar y, con sobrada frecuencia, se encontraba su cama
intacta desde el día anterior. A menudo eran tantas las visitas que un escrito, comenzado por la mañana, debía suspenderlo hasta la noche
y aún al día siguiente, porque las personas que pasaban por su despacho se sucedían de forma que no le permitían volver a tomar la
pluma. A veces, una visita resultaba doblemente trabajosa, por ((72)) la variedad de asuntos a tratar, por la indiscriminación de los
visitantes, por las desagradables reprimendas que, a lo mejor, tenía que dar a los culpables. A uno convenía hacerle una seria
amonestación, a otro bastaba dirigirle una mirada expresiva; a veces, debía interrumpir una conversación para visitar un dormitorio, cortar
esto para evitar un desorden en el estudio. Se disponía a pasar revista a los talleres y le reclamaban con urgencia en la Prefectura para
atender a los padres de los internos, dar satisfacción a unos y calmar a otros. Toda la administración de la casa dependía del Prefecto; a él
se recurría para cualquier necesidad grande o pequeña. Así que, casi simultáneamente, le tocaba dar clase, asistir en la iglesia, dirigir un
taller y, en ocasiones, hacer de médico y enfermero en la misma enfermería.Don Víctor respondía a tal cúmulo de incumbencias con tan imperturbable constancia de espíritu, que difícilmente podría decirse si era
mayor su paciencia para aguantar o su previsión para dirigir los negocios, su serenidad para el cálculo o su desenvoltura para solucionar
los problemas más intrincados, su satisfacción por los trabajos realizados o su ansia por otros nuevos. Sus grandes trabajos no siempre
encontraban la correspondiente recompensa; con frecuencia, la ingratitud era el premio de sus desvelos.Recordaba entonces que tenía en Avigliana una familia, unos padres que lo habrían recibido con los brazos abiertos, que habría podido
disfrutar en su tierra de una vida tranquila y pacífica bajo el techo paterno. Sumábase a esto el peso de los años, la aparición de los
achaques que, con el excesivo trabajo, iban dejándose sentir conFin de Página 64
VOLUMEN V Página: 65su dolor. ((73)) Pero, lejos de acobardarse ante semejantes pensamientos, se crecía con ellos.-Víctor, ad quid venisti? ("para qué viniste?), se decía entonces a sí mismo. -"A qué has venido al Oratorio de San Francisco de Sales?
Jesucristo no descansó más que en la cruz y tú quieres descansar a mitad del camino.Confortado con estos pensamientos no cesaba de buscar nuevos trabajos. Sustituía a don Bosco y enseñaba canto gregoriano a los
muchachos para que cantaran las vísperas y la misa a dos coros, y así acostumbrarlos al canto en las parroquias. Ensayaba las sagradas
ceremonias, explicaba a los clérigos el Nuevo Testamento, dirigía las funciones de iglesia, confesaba, predicaba, enseñaba el catecismo.
Todo eso era el pan de cada día para don Víctor Alasonatti. Con frecuencia se le veía arreglando catres estropeados, barriendo escaleras y
sirviendo a la mesa con una sencillez capaz de aventajar al último sirviente de la casa.Don Bosco pretendía aliviarlo de tantos y tan serios cuidados compartiendo de alguna manera con el Prefecto la pesada carga que le
oprimía, pero él lo rehusaba con toda firmeza. Sin embargo, la Divina Providencia bendijo el laborioso celo de ambos y les dio a conocer
sujetos capaces de aliviar en parte las incumbencias del Prefecto. Puso don Bosco entonces a su lado un ayudante para llevar los libros,
dejando por cuenta de don Víctor las cosas más importantes; nombró un ecónomo para los gastos, un director de estudios y, poco
después, un prefecto de sacristía.Para comprender la grandeza del espíritu de mortificación de don Víctor Alasonatti diremos que cuando salió de Avigliana para ira al
Oratorio, había dicho a don Francisco Giacomelli:-No dejaré a don Bosco, ni volveré ((74)) a casa mientras no tenga él un ayudante.Cuando llegó al Oratorio se encontró con que allí faltaba todo.
Proveía el vino, de cuando en cuando, la beneficencia municipal o el gremio industrial del vino; era vino de diversas clases, a veces ácidoo con olor a moho, lo cual no iba con su estómago, por lo que tomó enseguida su resolución.
-Para vivir íme basta pan y agua!Estaba acostumbrado en su casa a beber vino generoso, del que su bodega estaba bien provista. Pero antes de exponerse a una respuesta
desdeñosa de sus padres, que le habían dejado marchar de mala gana, temiendo avergonzar a don Bosco al manifestar esta necesidad, y
huyendo de una excepción, que podía dar motivo a queFin de Página 65
VOLUMEN V Página: 66otros guardaran vino en su propia celda, determinó no pedírselo a sus padres y beber siempre agua. Y así continuó hasta el año de su
muerte, exceptuados rarísimos casos en los que la cortesía le obligaba a aceptar un vaso de vino.Sentía mucho esta privación, pero siempre sereno y tranquilo no pensaba en ello: Semper in gratiarum actione manere. Justus meus ex
fide vivit, (Estar siempre dando gracias. Mi justo vive de su fe) eran sus habituales expresiones.Así fue el primer Prefecto y ecónomo que el Señor envió a los muchachos internos del Oratorio. Al día siguiente de su llegada, fiesta de
la Asunción de María Santísima, se fijó el horario de las misas para los días festivos, horario que ya no se cambió. Empezó don Víctor
Alasonatti a celebrar la santa misa, llamada misa de comunión, a las 7,30, y don Bosco subía al altar a las 10, hora en que terminaba de
confesar a los externos, y luego predicaba. Antes de esta segunda misa se siguió ((75)) regularmente con el canto o recitación de los
Maitines y Laudes del Oficio Parvo de la Virgen, como se continúa haciendo. Don Bosco celebró la segunda misa hasta 1858.El mismo día, 15 de agosto de 1854, en que daba principio don Víctor Alasonatti a su misión en el Oratorio, le tocó asistir a un
apestado de cólera asiático, que se había declarado en Turín con caracteres mortales.Fin de Página 66
VOLUMEN V Página: 67((76)
)CAPITULO IXSE ANUNCIA EL COLERA ASIATICO -APARECE EN TURIN -EL AYUNTAMIENTO RECURRE A LA PROTECCION DE
NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACION -MORTANDAD EN LA ZONA DE VALDOCCO -PRECAUCIONES EN EL
ORATORIO -DON BOSCO OFRECE SU VIDA POR SUS ALUMNOS -MEMORABLE DISCURSO -CONDUCTA EDIFICANTE
DE LOS ALUMNOS -DON BOSCO EMPIEZA A ASISTIR A LOS ATACADOS DEL COLERA -DIGNOS HIJOS DEL PADRE
-INSTRUCCIONES OPORTUNAS -LOS MUCHACHOS ENFERMEROS -AYUDAS A LOS ENFERMOS Y GENEROSIDAD DE
MAMA MARGARITA -EL GOBIERNO OBLIGA A DESALOJAR VARIOS CONVENTOS Y MONASTERIOSASEGURABA don Miguel Rúa que en el mes de mayo había anunciado don Bosco a los muchachos que el cólera llegaría a Turín, donde
produciría estragos. Y les había dicho al mismo tiempo:-Pero vosotros estad tranquilos: si cumplís lo que yo os digo, os libraréis del peligro.-"Y qué hay que hacer?, preguntaron todos a una.-Ante todo, vivir en gracia de Dios; llevar al cuello una medalla de la Santísima Virgen, que yo bendeciré ((77)) y regalaré una a cada
uno; rezar cada día un padrenuestro, avemariá y gloriapatri con la oración de San Luis, añadiendo la jaculatoria: Ab omni malo libera nos,
Domine (de todo mal, líbranos Señor).En efecto, salió el cólera de la India, donde es endémico, recorrió diversos países de Europa, llegó a Italia, Liguria y Piamonte. En el
mes de julio invadía la ciudad de Génova, donde murieron casi tres mil personas en el espacio de dos meses.Al anunciarse los primeros casos, el Ministerio comunicaba el 25 de julio normas de precaución al Vicario General de Turín, para que
el clero cooperase con las autoridades civiles en la ejecución de las órdenes dadas. Los párrocos obedecieron, el clero se aprestó a todo,
los religiosos camilos, los capuchinos, los dominicos, los oblatos de María, se ofrecieron a asistir a los atacados por la peste.
67Fin de Página 67
VOLUMEN V Página: 68Eran terribles los síntomas y los efectos del cólera asiático, tanto que imponía miedo a los más intrépidos. Generalmente precedían
molestias intestinales; pero, de pronto, se presentaban en el atacado los vómitos y diarreas incesantes. Sentía oprimido el estómago por un
gran peso; horribles espasmos y contracciones atormentaban sus extremidades. Se hundían sus ojos y quedaban con un cerco de color de
plomo, lánguidos y apagados; la nariz afilada, el rostro demacrado y descompuesto; resultaba difícil reconocer al individuo. La lengua se
ponía blanca y fría, la voz ronca y el habla casi ininteligible. Todo el cuerpo adquiría un color algo amoratado y, en los casos más graves,
se volvía hasta cerúleo y tan frío como un cadáver. Algunos atacados por la enfermedad caían al suelo, como heridos de apoplejía
fulminante; otros sobrevivían unas horas y pocos pasaban de las veinticuatro. Durante los primeros días, ((78)) eran tantos los muertos
como los atacados. Por término medio, moría un sesenta por ciento, así que, salvo la peste, ninguna otra enfermedad conocida presentaba
tan espantosa mortalidad; más aún, si la peste mataba a mayor número, no lo hacía en tan breve espacio de tiempo como el cólera. De
donde resulta fácil comprender el miedo que infundía a todos.Fomentaba este miedo el saber que no se había encontrado remedio contra el fatal morbo, y la convicción de que no sólo era epidémico,
sino contagioso. Añadíase entre el pueblo bajo el prejuicio, en que se obstinaba, de que los médicos suministraban a los enfermos una
bebida envenenada, a la que en Turín llamaban acquetta (veneno) para que muriesen cuanto antes, y así librarse más fácilmente del
peligro ellos y los demás.Una prueba de la angustia que la horrible enfermedad producía, era que se paralizaba el comercio, se cerraban las tiendas, se escapaban
muchísimos rápidamente de los pueblos infestados. Más aún: en algunos lugares, en cuanto uno era atacado, los vecinos, y hasta los
mismos parientes, se amedrentaban de tal modo que dejaban al enfermo sin la menor ayuda ni asistencia, y era preciso que una alma
caritativa y valiente se prestase a atenderlo, cosa que no siempre resultaba fácil encontrar. Llegó a ser preciso que los sepultureros pasaran
por las ventanas o rompieran las puertas para entrar en las casas a sacar los cadáveres, ya corrompidos... En fin, en algunos pueblos se
repitieron, por aquellos días, los mismos hechos de terror que se cuenta sucedieron cuando los estragos de las antiguas ((79)) pestes,
cuyas descripciones se leen en autores antiguos y modernos. Pero el cólera no prestaba oídos al miedo general; al contrario, como
68Fin de Página 68
VOLUMEN V Página: 69enemigo animado por el espanto del adversario, pasaba de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, segando a su paso innumerables
víctimas. No respetaba ni los lugares más saludables, como colinas y montañas. El 30 de julio salvaba los Apeninos, llegaba al territorio
de Turín y empezaba en los primeros días de agosto a hacer sus víctimas por los arrabales. La Casa Real entera, invitada por el conde
Cays, se trasladaba a su castillo de Caselette, edificado en un fresco altozano al pie de los Alpes y allí permaneció al seguro durante tres
meses.Apenas se declaró el peligro de tan gran mortandad, el Ayuntamiento dio al pueblo entero un alto ejemplo de piedad. El Alcalde Notta,
tras de tomar todas las medidas sanitarias para la asistencia y cuidado de los enfermos y de impartir las órdenes oportunas, quiso se
implorase el socorro de la Reina de los Cielos, cuyo valioso patrocinio se había conseguido en otros apuros semejantes. Encargó, pues,
una función religiosa en el Santuario de Nuestra Señora de la Consolación, en la que participó, en la mañana del 3 de agosto, una notable
representación del Concejo Municipal junto a una inmensa muchedumbre de fieles. El mismo Alcalde lo ponía en conocimiento de la
autoridad eclesiástica por carta, en la que se leían estas palabras:"Una delegación del Concejo Municipal, intérprete del deseo de la población de esta capital, con ocasión de la temida invasión del
cólera asiático, ha asistido esta mañana a una misa, seguida de la bendición con el Santísimo, en la iglesia de Nuestra Señora de la
Consolación, para impetrar su patrocinio".((80)) Y la Santísima Virgen no desoyó aquellos ruegos, ya que, en contra de lo que se temía, la terrible enfermedad hizo muchos
menos estragos en Turín, que en muchas otras ciudades y pueblos de Europa, de Italia y aún del Piamonte.A pesar de todo, los casos pasaron de uno a diez, a veinte, a treinta y hasta a cincuenta y sesenta por día. Del 1.° de agosto hasta el 21
de noviembre se dieron en la ciudad y en sus arrabales casi 2.500 casos, de los que 1.400 fueron mortales. La zona más castigada fue la
de Valdocco, donde, sólo en la parroquia de Borgo Dora, se contaron 800 enfermos en un mes y 500 muertos. Junto al Oratorio hubo
familias que quedaron no solamente diezmadas, sino exterminadas. Entre la casa Bellezza, la posada del Corazón de Oro, casa Filippi y
casa Moretta, a pocos metros del Oratorio, murieron en poquísimo tiempo más de cuarenta, según nos contaba el solícito enfermero
Tomatis. Y lo mismo sucedió en otros lugares del Parque Real y de Bértola.
69Fin de Página 69
VOLUMEN V Página: 70Ahora bien, "cuál fue la suerte y qué hizo el Oratorio de San Francisco de Sales ante la invasión y la devastación del fatídico cólera y el
espanto de los hombres más decididos? Lo diremos brevemente.Al esparcirse la noticia de que el mal empezaba a extenderse por la ciudad, don Bosco demostró ser el padre amoroso y el buen pastor
de sus hijos. Empleó todas las precauciones posibles, aconsejadas por la prudencia y la ciencia, para no tentar al Señor. Hizo limpiar bien
los locales, preparó otras habitaciones para disminuir el número de camas en los dormitorios, y mejoró la comida, lo cual le ocasionó
notables gastos.Por ello, el católico y benemérito periódico Armonía, habiendo sabido los apuros en que se encontraba don Bosco, ((81)) hacía en su
favor y en el de sus muchachos un cálido llamamiento a la caridad de los fieles con este breve y jugoso artículo:AYUDA AL ORATORIO DE SAN FRANCISCO DE SALES"Son de todos conocidos el celo y la caridad con que el sacerdote Juan Bosco se sacrifica para instruir y educar a muchachos de la más
humilde condición, los cuales, por lo general, están abandonados totalmente en punto a educación. El resultado de semejante abandono
no podría contarlo nadie mejor que los magistrados encargados de castigar a los delincuentes que, en su mayor parte, pertenecen a dicha
clase social. íCuántos delitos evita la caridad de este pío sacerdote! Es así mismo de todos conocido que esta Obra, acogida al patrocinio
de San Francisco de Sales, no cuenta para su sostenimiento más que con la caridad de las personas buenas, ya que no percibe ningún
subsidio de la beneficencia pública. Cada cual puede hacerse una idea de lo que cuesta alojar y mantener a un centenar de jóvenes, sobre
todo este año, en el que la carestía de víveres se deja sentir por doquier. Al llegar el cólera, hubo que hacer mayores gastos para asear
locales, disminuir el número de camas en la misma habitación y adaptar por tanto otros locales para dormitorios, proveer de ropas, etc...
Sabemos de buena tinta que el buen sacerdote, siempre dueño de sí mismo y confiado en la Divina Providencia, que nunca falta ni a los
pájaros del campo, ni a las fieras del bosque, pasa todavía por serios apuros, y está dispuesto a toda clase de sacrificios, antes que
abandonar a sus queridos muchachos, ahora que es cuando más ayuda necesitan. No dudamos de que las almas generosas acudirán en
auxilio del bondadoso y caritativo sacerdote, que siempre se declara deudor de todo cuanto ha hecho hasta el presente en pro de esos
muchachos".Así se expresaba el católico periódico, en su número 95, del 10 de agosto de 1854.((82)) Pero don Bosco, no satisfecho con las providencias terrenas, se acogió con toda su alma a providencias más eficaces, a la
providencia del cielo. Por persona digna de crédito, hemos sabido que
70Fin de Página 70
VOLUMEN V Página: 71don Bosco, postrado ante el altar, hizo al Señor esta oración en los primeros días del peligro:"Dios mío, herid al pastor, pero mirad por la salud del tierno rebaño".Y luego, volviéndose a la Santísima Virgen, le dijo:-"Oh María, Vos sois madre potente y amorosa, heme aquí dispuesto a morir cuando y como a El plazca".Era el buen Pastor que ofrecía la vida por sus corderitos.El 5 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, que aquel año cayó en sábado, a cierta hora de la tarde reunió en torno a sí a
todos los internos y les dirigió unas palabras, que hemos podido rehacer sustancialmente, con ayuda de unos y otros."Habéis oído; les dijo, que ya ha hecho acto de presencia el cólera en Turín, y que ha habido algunos casos de muerte. Reina la
consternación en la ciudad, y sé que algunos de vosotros vivís angustiados. Voy a daros algunas recomendaciones que, si las ponéis en
práctica, espero que todos os libraréis de tan terrible mal."Ante todo, habéis de saber que esta enfermedad no es nueva en el mundo. Ya hablan de ella los Libros Santos, en los que el Señor nos
advierte de las causas que la producen. `En el exceso de alimento hay enfermedad, y la intemperancia acaba en cólicos'; in multis escis
erit infirmitas, et aviditas appropinquavit usque ad CHOLERAM". 1"Pero el Señor, que nos da a conocer los fatales orígenes ((83)) de esta calamidad, nos indica también los remedios para evitarla. `Sé
parco, dice El, en las comidas que te ponen delante. Poco vino es suficiente a un hombre bien educado'. Y en otra parte da el Señor un
remedio, que vale por todos, y dice: `Aléjate del pecado, endereza tus acciones y limpia tu corazón de toda culpa'."He aquí, pues, queridos hijos míos, los remedios que os propongo para libraros del cólera. Son casi los mismos prescritos por los
médicos: Sobriedad, templanza, tranquilidad de espíritu y entereza. Pero "cómo podrá tener tranquilidad de espíritu y entereza el que vive
en pecado mortal, el que no está en gracia de Dios, el que sabe que si muere va la infierno?"Quiero también que nos pongamos en manos de María con alma y cuerpo. "Será el cólera efecto de causas naturales, como la
infección del aire, el contagio, etc.? En tal caso, necesitamos de una buena medicina que nos preserve. Y "qué medicina mejor y más
eficaz1 Eclesiástico, XXXVII, 30.
71Fin de Página 71
VOLUMEN V Página: 72que la Reina del Cielo, llamada por la Santa Iglesia Salud de los enfermos, Salus infirmorum? "O no será más bien la mortífera peste un
castigo de Dios, enojado por los pecados del mundo? En tal caso, necesitamos una elocuente abogada, una madre piadosa, que con
valiosa plegaria y amable dulzura aplaque su enfado, desarme su mano y nos alcance misericordia y perdón. Y María es cabalmente esa
abogada, esa Madre: Advocata nostra; Mater misericordiae; vita dulcedo et spes nostra. (Abogada nuestra; Madre de misericordia; vida,
dulzura y esperanza nuestra)."Ya el año 1835 visitó esta misma enfermedad la ciudad de Turín, pero la Virgen Santísima la echó fuera enseguida. Como recuerdo de
esta gracia, la ciudad de Turín ((84)) levantó la hermosa columna de granito que sostiene la estatua de mármol de la Virgen, que nosotros
admiramos en la plazoleta del Santuario de Nuestra Señora de la Consolación. "Quién sabe si la Santísima Virgen será quien nos libre de
nuevo este año, alejando esta tremenda peste, o al menos no dejándola hacer estragos con tanta furia entre nosotros?"Hoy es la fiesta de la Virgen de las Nieves y mañana comienza la novena de la fiesta más bonita que la Iglesia ha instituido en honor
de María Santísima; la fiesta que nos recuerda su plácida y santa muerte, su triunfo, su gloria y su poder en el cielo. Os recomiendo que
hagáis todos mañana una buena confesión y una santa comunión, para que pueda yo ofreceros a todos juntos a la Santísima Virgen,
rogándole que os proteja y defienda como a hijos suyos queridísimos. "Lo haréis así?"-Sí, sí, corearon todos a una voz."Don Bosco se calló un momento y luego, tomando la palabra, siguió en un tono difícil de repetir. Dijo para concluir:"La causa de la muerte es, sin lugar a duda, el pecado. Si todos vosotros os ponéis en gracia de Dios y no cometéis ningún pecado
mortal, yo os aseguro que ninguno será atacado por el cólera; pero, si alguno se obstina en seguir siendo enemigo de Dios, o lo que es
peor, le ofendiera gravemente, a partir de ese momento yo no podría garantizar lo mismo para él ni para ningún otro de la casa".Así se expresó don Bosco la tarde del 5 de agosto de 1854.La pluma es incapaz de reproducir el efecto que estas palabras memorandas produjeron en los muchachos. Unos, aquella misma tarde,
otros, a la mañana siguiente, todos los jóvenes internos y algunos del Oratorio festivo fueron a confesarse y a comulgar.((85)) A partir de aquel día, la conducta moral y religiosa de los internos fue tan buena y ejemplar que no se podía esperar más. La
72Fin de Página 72
VOLUMEN V Página: 73oración, la frecuencia de los sacramentos, el trabajo, y la obediencia, la caridad y el temor de Dios, alcanzaron los más altos grados de
perfección. Era tal el miedo a cometer un pecado que, en cuanto uno decía una palabra o ejecutado una acción que le parecía ofensa del
Señor, aunque fuera ligera, corría enseguida a confiárselo a don Bosco y pedirle el oportuno consejo y la conveniente penitencia. Sobre
todo por la noche, después de las oraciones, todos le rodeaban, para expresarle sus dudas o manifestarle los pequeños fallos del día; y
ocurría que el paciente sacerdote se estaba de pie una hora, y aún más, para oír a uno y a otro, tranquilizando, animando, consolando y
mandando a todos a dormir contentos y satisfechos. Era un espectáculo conmovedor, el más claro indicio de la pureza de corazón que
todos querían conservar.También los muchachos que sólo asistían al Oratorio festivo empezaron a llevar una vida ejemplar. Los días de fiesta acudían
puntualmente a las funciones sagradas, muchos recibían los santos sacramentos y, durante la semana, daban auténtico ejemplo a quienes
los veían o trataban.Entre tanto, los casos de cólera eran cada vez más frecuentes en Turín y sus arrabales. En cuanto don Bosco se enteró de que la
epidemia empezó a rondar por los alrededores del Oratorio, se aprestó a asistir a las víctimas. Mamá Margarita, que en otras ocasiones
había demostrado tanto miedo por la vida del hijo, en ésta manifestó que era un deber suyo desafiar el contagio.((86)) Al mismo tiempo, el Ayuntamiento de Turín improvisaba lazaretos donde rocoger a los contaminados, carentes de asistencia y de
cuidados en su propia casa. Dos de estos hospitales de emergencia fueron instalados en el barrio de San Donato, que entonces formaba
parte de la parroquia de Borgo Dora. Pero, si al Ayuntamiento de Turín le era fácil abrir lazaretos por una y otra parte, le resultaba en
cambio dificilísimo encontrar personas que, ni aun bien pagadas, quisieran prestarse a atender a los enfermos allí o en las casas
particulares. Hasta los más valientes temían el contagio y no querían correr el riesgo de su propia vida. Nació entonces en la mente de don
Bosco una idea grandiosa: idea que le llevó a tomar una singular decisión. Después de haberse prestado durante varios días y noches a
servir a los apestados, juntamente con don Víctor Alasonatti y otros sacerdotes turineses adictos al Oratorio festivo; después de haber
visto con sus propios ojos la necesidad de muchos de aquellos enfermos, un día, reunió don Bosco a sus jóvenes y les dirigió unas
sentidas palabras. Les describió el miserable estado en que seFin de Página 73
VOLUMEN V Página: 74hallaban muchos enfermos, algunos de los cuales morían por falta del oportuno y necesario socorro. Les habló del hermosísimo acto de
caridad que suponía dedicarse a atenderlos; de cómo el Divino Salvador aseguraba en el Evangelio que tendrá como hecho a El mismo el
servicio prestado a un enfermo; de cómo en todas las epidemias había habido cristianos generosos, que desafiando a la muerte, habían
estado al lado de los pacientes ayudándolos y atendiéndolos física y espiritualmente. Les dijo que el Alcalde en persona había solicitado
enfermeros y asistentes; que don Bosco y ((87)) algunos más ya se habían ofrecido y concluyó manifestando su deseo de que algunos de
sus muchachos les acompañaran en aquella obra de misericordia.Las palabras de don Bosco no cayeron en el vacío. Los muchachos del Oratorio las acogieron religiosamente y se portaron como hijos
de tal padre. Catorce de ellos se presentaron inmediatamente, dispuestos a secundar sus deseos, y dieron su nombre para ser inscritos en
la lista de la comisión sanitaria; y, pocos días después, siguieron su ejemplo otros treinta.Si se tiene en cuenta, por una parte, el pánico que en aquellos días se enseñoreaba de los espíritus, al extremo de que muchos, sin
excluir a los médicos, huían de la ciudad, y que había enfermos abandonados por sus propios parientes; y, por otra parte, la edad y la
natural timidez de los muchachos en semejantes casos, no puede dejarse de admirar la noble audacia de los hijos de don Bosco, el cual se
alegró tanto, que lloró de satisfacción.Con todo, antes de lanzarlos al campo de batalla, el buen padre les prescribió varias normas a seguir, a fin de que su trabajo fuera
beneficioso a los enfermos física y espiritualmente, tanto para el cuerpo como para el alma. La terrible enfermedad tenía generalmente
dos etapas: la caída, que, de faltar ayuda inmediata, de ordinario era mortal; y la reacción, en la que, al reactivarse la circulación de la
sangre, muchos se libraban de la muerte. Por lo tanto quien atendía a un atacado debía preocuparse de vencer la violencia de la caída,
provocando en él la reacción, que se conseguía con friegas moderadas y fomentos calientes en las extremidades, presas de calambres y del
frío. Acerca de esto, don Bosco dio a sus jóvenes ((88)) enfermeros útiles instrucciones y oportunos conocimientos que los convirtieron
en médicos improvisados. Añadióles unas sugerencias acerca del alma, para que, por cuanto de ellos dependía, ningún enfermo llegara a
morir sin los consuelos de la religión. Unos tenían que prestar sus servicios en los lazaretos, otros en las casas particulares,
74Fin de Página 74
VOLUMEN V Página: 75quiénes en una, quiénes en otra familia. Algunos corrían por los alrededores para enterarse de si había enfermos desconocidos; y,
finalmente, otros se quedaban en casa dispuestos a acudir a la primera llamada.Apenas se supo que los muchachos del Oratorio se habían entregado al cuidado y asistencia de los apestados y que eran excelentes
enfermeros, se multiplicaron de tal modo las llamadas que, a la semana, hubo que cambiar el horario establecido. Parientes, vecinos y
conocidos y el mismo Ayuntamiento, todos recurrían a don Bosco, de suerte que los jóvenes estaban continuamente en movimiento.
Había días en que apenas si podían tomar un bocado de pan y, a lo mejor, deprisa y en la misma casa del paciente. De noche, era un
continuo ir y venir de uno que se acostaba, de otro que se levantaba; y más de una noche se la pasaron en vela, al lado de los enfermos sin
punto de reposo, pero alegres y contentos.Al principio, antes de incorporarse a su caritativo quehacer, cada cual se proveía de un frasquito de vinagre, de una dosis de alcanfor o
algo parecido; al volver a casa se lavaba o se perfumaba para desinfectarse; pero luego, como había que repetir esta operación tan a
menudo, hubo que renunciar a ella, para no perder tiempo. Entonces ((89)) ya no pensaban más que en sus pobres enfermos y dejaban el
cuidado de sí mismo en manos de la Divina Providencia.La labor del Oratorio en aquellos momentos no fue solamente personal: aunque pobres, pudieron ayudar también materialmente a
muchos. Ocurría, con frecuencia, que se encontraban con alguno sin sábanas, ni mantas, ni camisa, sin esto o aquello. Ante la falta de las
cosas más necesarias, volvían a casa, exponían el caso a la buena mamá Margarita y ella, compadecida al oírles, iba a la ropería, buscaba
y les entregaba lo necesario. Daba a éste una camisa, al otro una manta, a quién una sábana, a quién una toalla y así a uno tras otro. A los
pocos días, ya no quedaba más que lo puesto o lo que servía para cubrirse en la cama.Llegó un día un joven enfermero contándole que uno de sus atendidos, que acababa de caer enfermo, estaba sobre una mísera yacija, sin
ropa, y le pedía una tela con que cubrirlo. La caritativa mujer se puso a buscar por ver si daba con una pieza de ropa blanca; pero no
encontró más que un mantel y le dijo:-Toma, es la única tela que aún me queda; a ver como te las arreglas.Y el muchacho corrió junto a su enfermo encantado de poderle cubrir con algo limpio.
75Fin de Página 75
VOLUMEN V Página: 76Pero la petición de ayuda seguía: pobres madres que llegaban pidiendo para sus hijas, hijas que lo hacían por sus madres, otras mujeres
que prestaban servicios de enfermeras; y Margarita, ((90)) dadas sus tocas y su chal, terminó por regalar también sus vestidos y refajos,
de suerte que no tenía más que lo puesto.Un día se le presentó una persona pidiéndole algo con qué cubrir a los enfermos. Margarita sufría intensamente por no tener nada que
darle. Pero, se le ocurrió una idea de repente, tomó un mantel del altar, un amito, una alba y se fue a pedir permiso a don Bosco para dar
de limosna aquellas prendas de la iglesia. Don Bosco lo aprobó y Margarita entregó todo a la peticionaria. De esa forma los lienzos
sagrados vestían los miembros de Jesucristo, que tales son sus pobrecitos. Don Bosco había escrito de su puño y letra en un papel: "Qué
mejor destino puede darse a los vasos destinados a contener la sangre del Redentor, que volver a comprar por segunda vez los que ya
fueron comprados al precio de esta misma sangre? Así obró San Ambrosio, obligado por la necesidad a vender los vasos sagrados para el
rescate de los esclavos. Su caso equivalía al del Santo Obispo de Milán.Entre tanto, el Gobierno había acordado deshacerse de las órdenes monásticas, y Urbano Rattazzi, so pretexto del cólera, comunicaba a
la Curia el día 9 de agosto que, no siendo suficientes los lazaretos municipales, tenía la intención de ocupar los conventos de Santo
Domingo y de la Consolación y los monasterios de las lateranenses y las capuchinas. El Provicario Fissore hizo las correspondientes
protestas, ya que se trataba de violar la clausura sin autorización de la Superioridad Eclesiástica y se negó a permitir semejante
usurpación. Rattazzi le contestó severamente que las órdenes dadas no podían discutirse y que sólo el Gobierno era juez competente en
las necesidades de la sociedad civil. El 18 de agosto, ((91)) a las tres de la mañana, escalaban los guardias el monasterio de las canonesas
lateranenses y conducían a las monjas a una quinta de la marquesa de Barolo, cerca de la ciudad; y la noche del veintidós, cuarenta
carabineros y guardias rompían la clausura e invadían el monasterio de las capuchinas; hallaron a las monjas rezando en el coro, las
obligaron a salir, las condujeron en carruajes a Carignano y allí las encerraron en el monasterio de Santa Clara.También los religiosos hubieron de abandonar Santo Domingo y la Consolación, quedándose solamente los indispensables para el
servicio de las iglesias. Con el mismo pretexto fueron usurpados varios otros conventos del Piamonte, y los cartujos fueron expulsados
76Fin de Página 76
VOLUMEN V Página: 77por la fuerza de la magnífica cartuja de Collegno, para convertirla después en manicomio. Todo esto se hacía contra los derechos
reconocidos por el Estatuto y, además, sin que aquellas casas religiosas sirveran para el fin con que el Ministerio las había usurpado.Fin de Página 77
VOLUMEN V Página: 78((92)
)CAPITULO
XSERENIDAD DE DON BOSCO E INTREPIDEZ DE LOS JOVENES PARA ASISTIR A LOS APESTADOS -LAZARETOS Y
PEDRADAS -DIVERSAS ANECDOTAS EN CASA DE LOS ENFERMOS -DON BOSCO LLEVA UN APESTADO A LA
ENFERMERIA -NUEVO LLAMAMIENTO Y NUEVOS ENFERMEROS -LA VIRGEN CURA A LA MADRE DEL CLERIGO
FRANCESIADON Bosco había sido nombrado Director espiritual de un lazareto en la parroquia de Borgo Dora, emplazado donde ahora se halla el
asilo de San Pedro y en una casa contigua. El y don Víctor Alasonatti estaban siempre dispuestos para acudir a donde quiera se los
llamase. Se alternaban, para que uno de ellos estuviera siempre en casa, pero a veces salían los dos. No se preocupaban de la comida, del
sueño y del descanso. Don Bosco se arrojaba al peligro sin tomar precauciones contra el contagio. La prímera vez que fue al lazareto se
lavó con agua de cloruro, como todos los demás que entraban en aquel lugar; pero después no quiso sujetarse a aquella precaución para
no perder tiempo. Velaba día y noche. Durante ((93)) mucho tiempo no descansó más que una o dos horas en un sofá o en un sillón. Ni
hablar de dormir en la cama.Iba y venía de aquí para allí continuamente con los mayorcitos a donde sabía que había apestados, llevando medicinas, limosnas y ropa.
Entraba en todas las casas en que había enfermos, pero no podía detenerse mucho tiempo, porque eran muchos los que necesitaban su
ministerio sacerdotal. Si veía que no había nadie para la asistencia material, dejaba allí o mandaba después a uno de sus muchachos, los
cuales pasaban noches enteras junto al lecho de los enfermos. Con su amable serenidad los animaba, alabando su buena voluntad, y jamás
soltó palabras que acusaran la menor impaciencia.Asistía el clérigo Francesia, pasada ya la media noche, a un enfermo en una casita, que estaba donde ahora se levanta la tapia del patio y
llamó a don Bosco, llegado hacía muy poco. Corrió éste inmediatamente, pero el infeliz ya había muerto. Mas no se quejó de haber tenido
que levantarse inútilmente a aquella hora, ni riñó al joven
78Fin de Página 78
VOLUMEN V Página: 79por haber tardado en llamarlo, y se volvió tranquilo a su habitación.La caridad de los jóvenes enfermeros emuló la de don Bosco. Pero no se crea, por ello, que no tuvieran que hacer desde el principio un
supremo esfuerzo, para superar el miedo a vencerse a sí mismos. Uno de los catorce primeros, que dieron su nombre y se acercaron
intrépidamente al lecho de los apestados, bastaría para darnos idea del esfuerzo que hubieron menester para entregarse a aquella obra y
aguantar hasta el fin. Porque es el caso que la primera vez que él puso lo pies en el lazareto, al ver el aspecto de las víctimas de la ((94))
terrible enfermedad, al contemplar sus facciones lívidas y cadavéricas, los ojos hundidos y casi apagados, y, sobre todo, al verles expirar
de tan espantoso modo, le entró tal miedo, que se quedó tan pálido como ellos, se le nubló la vista, le faltaron las fuerzas y se desmayó.
Por fortuna estaba con él don Bosco, quien, al darse cuenta, no dejó que cayera al suelo, lo sacó al aire libre y le animó con una bebida
estimulante; de otro modo, puede que hubieran tomado al pobrecillo por un contagiado más y le hubieran metido con ellos.Realmente, había que tener valor para moverse con entereza por aquellos lugares de dolor y muerte. Porque, además de los
desgarradores sufrimientos a que estaban sometidos tantos pobres enfermos, se contraía el corazón de lástima al ver que, apenas
expiraban, eran transportados al depósito próximo y casi inmediatamente llevados al cementerio para enterrarlos. A veces parecían vivos
todavía y eran colocados con los muertos.En el lazareto donde prestaban sus servicios los muchachos del Oratorio, sucedió este episodio. Se había llevado hacía poco a la sala
mortuoria un cadáver, mientras don Bosco conversaba con el médico. Entró el vigilante en la enfermería y dijo al médico:-Doctor, aquél se mueve todavía, "lo traemos aquí?-Déjalo allí, respondió burlonamente el médico; pero cuida de que no se escape.Y dirigiéndose a don Bosco, continuó:-Hay que ser inhumanos con las palabras, para no tener que serlo con los hechos. íAy de nosotros si entra el desaliento en nuestros
ayudantes! "Qué iba a ser de los enfermos?Efectivamente, era tal el miedo de los sirvientes, que casi había que emborracharlos a la hora de trasladar enfermos o muertos. Es de
imaginar la sangre fría, o mejor, ((95)) la energía que se necesitaba, para asistir sin temblor a semejantes escenas.Además, durante los primeros días, no sólo había que vencer el
79Fin de Página 79
VOLUMEN V Página: 80miedo a la enfermedad y a la muerte, sino también a las amenazas de ciertas gentes. Porque es de notar que los lazaretos, aun cuando muy
acertadamente se establecían en los arrabales, sin embargo, eran mal vistos y hasta aborrecidos por los enfermos y por los vecinos. Los
enfermos tenían el prejuicio de que allí se morían antes y hasta se les hacía morir, con la agüita ("acquetta"); los vecinos temían y no sin
razón, que los lazaretos corrompían fácilmente el ambiente y ponían en peligro su vida. Por lo mismo, al no haber podido impedir que se
establecieran allí, algunos se propusieron hacerlos cerrar o inutilizarlos por los medios más viles e ilegítimos. En el barrio de San Donato,
y en algún otro sitio, una turba de golfillos del vecindario se propuso atemorizar a cuantos se presentaban para atender a los enfermos allí
recogidos, creyendo que así no llevarían más, al no tener quién los atendiera y curara. Con tal fin, empezaron aquellos malvados por
amenazar, siguieron pegando y apedreando, con lo que resultaba que, para ir al lazareto o salir de él, sobre todo de noche, hubo que
hacerse escoltar por la policía durante algún tiempo. Precisamente una de las primeras noches, dos de los nuestros, uno el clérigo Miguel
Rúa, lo pasaron bastante mal. Salieron del lazareto, y al llegar a una oscura bajada, ya derecho hacia el Oratorio, oyeron un violento
bullicio de voces y silbidos, mezclados con gritos de dales, dales. Y no acabó ahí. Porque los locos, agarrando piedras, que abundaban
por aquel lugar, tiraron contra ellos ((96)) una tan gran cantidad que, a no ser por la ligereza de sus piernas y la fortuna de encontrarse con
dos guardias del fielato, hubieran sido alcanzados y malparados. Don Bosco fue apedreado varias veces.A pesar de tan inhumana acogida, siguieron yendo al lazareto, mientras fue necesario. A continuación se fue calmando la ira del
vecindario y sólo quedó la admiración de toda la ciudad.En cambio, fue muy difícil quitar de la cabeza a los enfermos la obsesión del veneno. No podemos pasar por alto algunos hechos, muy
significativos y graciosos.Había en la casa Moretta un hombre atacado por el cólera. El infeliz, creyendo que su enfermedad era obra de gente perversa, que la
había propagado llevando consigo la agüita de marras, colocó un arma de fuego cargada junto a la cama, prohibiendo que entrase en su
habitación quien no fuera de la familia. Amenazaba con disparar contra cualquier forastero. Efectivamente, presentóse un sacerdote con
idea de consolarlo, pero tuvo que retirarse, al ver que el enfermo agarraba su arma.
80Fin de Página 80
VOLUMEN V Página: 81El mal progresaba rápidamente, sus familiares no sabían qué partido tomar hasta que se les ocurrió ir a llamar a don Bosco, que le
conocía y a quien él apreciaba mucho.Don Bosco aceptó enseguida la invitación y fue. Cuando llegó a la galería le llamó por su nombre.-íHola, don Bosco!, respondió el enfermo.-"Puedo pasar?-Pase, pase, don Bosco. Estoy seguro de que usted no traerá la agüilla...((97)) Entró don Bosco, pero apenas atravesó el umbral, detúvole aquél con voz imperiosa, diciendo:-íAbra las manos!Don Bosco le mostró la palma de la mano derecha.-íAbra también la izquierda!, intimóle con impaciencia el enfermo.Don Bosco abrió la izquierda.-Sacuda las mangas con los brazos hacia abajo.Don Bosco lo hizo.-"Qué lleva en los bolsillos?Don Bosco sacudió y volvió los bolsillos al revés.-íAhora acérquese a la cama. Estoy seguro.íDon Bosco le confesó!Al poco tiempo, el infeliz perdía el conocimiento. Entró Tomatis con otro compañero, lo envolvió en una manta, lo tendieron sobre
unas angarillas y lo llevaron al lazareto, donde murió.Corría entre la gente la voz de que la causa del cólera era cierta agua blanquecina producida por unos polvos mortíferos, que se hallaban
en los pozos, por lo que muchos no querían beber.Llamaron a don Bosco a la cabecera de un enfermo, bastante grave; después de haberle administrado los sacramentos, vio que aunque le
ardían los labios por la sed, no quería de ningún modo humedecerlos.Como don Bosco siempre era obedecido, le preparó una botellita y le dijo que bebiera aquel líquido sin ningún miedo, cuando le
atormentase la sed. El enfermo lo prometió.Dejó don Bosco a un muchacho para servirle durante la noche y marchó para visitar a otros apestados. Al poco rato, como viera el
muchacho que el enfermo se agravaba, le dijo:-Beba usted un poco.((98)) El enfermo, sin acordarse de las garantías de don Bosco, se incorporó, se volvió a él y le miró de modo uraño.Fin de Página 81
VOLUMEN V Página: 82-Tome, tome; beba, le decía el muchacho acercándole la botellita.
-"Qué estás diciendo? "Qué dices?... íFuera, fuera de aquí inmediatamente!
-Tranquilícese, beba: verá cómo se alivia, repetía el joven enfermero.
-"Que no te vas?, gritó el enfermo.
Y como acometido por un ataque de locura, saltó de la cama, corrió tambaleándose a agarrar la escopeta y apuntó hacia la puerta.
-Tú verás, si no sales..
.
Pero el muchacho había tomado la escalera más que a escape.
Muchas veces ayudó don Bosco a transportar a los enfermos. El día 16 de agosto, por la mañana, fiesta de San Roque, copatrono deTurín, iba camino del Oratorio, cuando vio a un mozalbete sentado a la orilla de una acequia en el prado de los hermanos Filippi, el que
fue lugar de reunión de sus primeros encuentros; estaba comiéndose vorazmente un gran melón.
-Déjalo ya, díjole don Bosco; puede hacerte daño.
-Es tan bueno que no me hará ningún daño, replicó el joven; soy yo quien se lo hace a él.Don Bosco le invitó de nuevo a dejarlo, pero sin éxito. Siguió el sendero y entró en casa. No estaba todavía en su habitación, cuando
llegó una persona anunciando que un pobre obrero estaba tendido en el prado, víctima de dolores, y que pedía socorro... Corrió don
Bosco al lugar y se encontró con el mozalbete que no había hecho caso de su consejo, gimiendo y retorciéndose con la mitad de su melón
al lado. ((99)) Unos curiosos miraban desde lejos con aire de miedo, mas no osaban aproximarse. Don Bosco se acercó, le animó y le
dijo:-"Qué te pasa?
-No sé... siento frío... siento escalofríos en los muslos..
.
Don Bosco tomó sus manos que estaban heladas, síntoma seguro del cólera asiático. Invitó al pobrecito a incorporarse y acompañarle;pero, a pesar de sus esfuerzos, dio unos pasos y volvió a sentarse diciendo:
-Me fallan las piernas.
Echó don Bosco un vistazo en derredor para llamar a alguien y vio pasar a Tomatis. Le hizo señas y, él de una parte y Tomatis por laotra, agarraron al enfermo por los sobacos, lo levantaron y se pusieron en camino. El desgraciado pudo todavía arrastrar los pies y
caminar; pero, al llegar a cierto punto, le sorprendió un espasmo,
82Fin de Página 82
VOLUMEN V Página: 83con dolores tan fuertes que se dejó caer por tierra como un muerto.
Entonces, los dos piadosos portadores hicieron una especie de silla con sus brazos y lo llevaron así por un buen trecho.-"Adónde me llevan?, preguntaba el infeliz.-Aquí cerca, a casa de un amigo mío, una casa de salud donde podrás curarte, le decía don Bosco.No decía al lazareto, porque sólo el nombre le habría asustado.Entre tanto, y mientras caminaban, se le cayó el melón que aún llevaba en las manos y quería que sus portadores se pararan a recogerlo:
don Bosco le dio el gusto; pero Tomatis, que vio a su Superior demasiado cansado, se cargó al enfermo a las espaldas, ya que resultaba
una carga ligera para él, que era muy fuerte. Don Bosco iba detrás, sosteniendo al pobrecito, para que no fuera tan incómodo. De ((100))
tal guisa llegaron al lazareto, donde los enfermeros, al ver la gravedad del caso, prepararon enseguida un baño de agua caliente. Mientras
tanto, don Bosco invitó al joven a confesarse, para prepararlo a morir, y el pobrecito se confesó como pudo, pero con verdaderas muestras
de dolor. Inmediatamente después empezó a delirar, hablando de su melón y de ocho cuartos que llevaba escondidos en el bolsillo. Temía
que cualquier ladrón se los robara.Preguntóle don Bosco si quería que él se los guardase, y el mozalbete se tranquilizó y le entregó su pequeño tesoro, diciéndole:-Guárdemelos, para cuando sane.Llegó el médico, lo metieron en el baño y le hicieron las friegas para que sudara. Todo fue inútil: al mediodía dejaba de existir.El cólera invasor exigía continuamente nuevos sacrificios de caridad espiritual y material, y don Bosco a duras penas podía atender a
tantas necesidades. Sucedió más de una vez que los muchachos que se habían apuntado para enfermeros, estaban todos al mismo tiempo
atendiendo a los coléricos y no quedaban en casa más que los más pequeños, los más débiles y también los más tímidos. Y sin embargo,
don Bosco necesitaba algunos que le acompañaran o que fueran a donde habían llamado con urgencia. Una mañana tenía que ir al
lazareto para administrar la extremaunción; pero convenía que alguien le sostuviera los vasos sagrados, mientras él administraba el
sacramento. Ninguno de los muchachos que había en casa se atrevía a acompañarlo. Después de negarse algunos, invitó don Bosco a Juan
Cagliero, que estaba jugando con los compañeros.-"Quieres venir conmigo?-Vamos, respondió resueltamente Cagliero.Y se pusieron en marcha. Al llegar al lazareto, Cagliero ((101))
83Fin de Página 83
VOLUMEN V Página: 84ayudó a don Bosco en los preparativos para la administración de los santos óleos, y contestó a las oraciones rituales, yendo de una cama a
otra. Llegó un médico, vio al chiquillo y dijo:-Don Bosco, "qué hace usted? íEste chico no puede ni debe estar aquí! "No ve que es una grave imprudencia?-No, no, Doctor; contestó don Bosco; ni él ni yo tenemos miedo al cólera y no pasará nada.Efectivamente, Cagliero podía ir a la par del enfermero más provecto por su valor y habilidad, y, como él, Juan Bautista Anfossi, quien
dejó escrito:"Tuve la suerte de acompañar a don Bosco varias veces cuando visitaba a los apestados. Tendría yo entonces unos catorce años y
recuerdo que, al prestar mi labor de enfermero, lo hacía muy tranquilo, con la confiada esperanza de estar a salvo, esperanza que don
Bosco había sabido infundir en sus alumnos. Me animaba a aquella asistencia la caridad de don Bosco. Se conmovía uno al ver con qué
amabilidad y destreza sabía convencer a los enfermos para que recibieran los auxilios de la religión y alcanzaran una buena muerte, y
cómo sabía tranquilizarlos sobre la suerte que correrían sus hijos, privados de todo apoyo. Un día le vi volver al Oratorio con unos
dieciséis niños, que había recogido por las casas, porque habían quedado huérfanos. A todos los tuvo consigo y los encauzó, según su
aptitud, a los estudios o a un oficio. Y no fueron éstos los únicos que trajo de la mano llorando para echarlos en los brazos amorosos de la
Divina Providencia".El ejemplo de Cagliero, de Anfossi y de otros animó unos días después a los que aún no se habían decidido.((102)) Escribió el clérigo Félix Reviglio:"Cuando don Bosco volvía de la ciudad, le rodeaban los que habían quedado en casa. Y él exclamaba: -"Quién quiere ir al lazareto y a
las casas para atender a los apestados? -Yo, yo, gritaban todos en un arranque de caridad -Entonces me dirigió a mí directamente la
pregunta y tal vez fui el único que no aceptó, porque yo deseaba un mandato. Don Bosco, con la sonrisa en los labios, pareció
condescender a dejarme en paz. Pero, como si hubiera leído en mi corazón, me eligió para acompañarlo; me llamó y, porque él me lo
mandó, presté mis servicios asistiendo a seis apestados hasta el fin de su vida".Prestaron asistencias nocturnas, con don Bosco, Juan Turchi y Carlos Gastini, y en la asistencia permanente se distinguieron en
particular los clérigos Rúa, José Buzzetti y Francesia. Don Bosco rezaba
84Fin de Página 84
VOLUMEN V Página: 85continuamente por la salud de sus hijos, y la Virgen le escuchaba: el clérigo Francesia recibió además una prueba de su maternal
protección.La madre de este clérigo había caído víctima de la terrible enfermedad y estaba muy mal. Avisado el hijo, corrió a casa y la encontró en
un estado que daba pocas esperanzas. Volvió corriendo al Oratorio, llamó a don Bosco, quien acudió enseguida a confesarla. Vivía frente
a la iglesia de nuestra Señora de la Consolación. Cuando don Bosco llegó a la columna de la Inmaculada, erigida en la plaza, descubrióse
la cabeza y, mostrando a Francesia la estatua de María, le dijo:-"La ves? Ella curará infaliblemente a tu madre, si le prometes dedicar tu vida particularmente, cuando seas sacerdote, a propagar su
gloria y su devoción.El clérigo aceptó la propuesta. Don Bosco subió entonces a la habitación de la enferma, la consoló, la confesó ((103)) y enseguida le
administró la extremaunción. Retiróse don Bosco y se quedó allí el hijo. Se presentó luego el médico, empleado en la fábrica de armas,
quien aconsejó, como único remedio, efectuar una sangría. Las vecinas, que llenaban la estancia, criticaban la orden del médico e
insistían a la enferma para que no se dejase sangrar. El médico, inmóvil y silencioso, en medio de tanta cháchara, dijo al fin:-Yo no la sangro si ella no quiere.Y se marchó. El hijo hizo desalojar la habitación y, con plena fe en la palabra de don Bosco, dijo a su madre:-"Qué hacemos?-Di tú, contestó la buena mujer: "cuál es tu parecer?-Yo diría que lo que ha indicado el médico.-Pues ve a llamarlo.El hijo encontró al médico al pie de la escalera y le rogó que volviera a subir, asegurándole que la madre se avenía a seguir del todo su
consejo. Hizo la sangría cinco o seis veces y la enferma sanó y vivió todavía veintiún años.
85Fin de Página 85
VOLUMEN V Página: 86((104)
)CAPITULO XIJUAN CAGLIERO GRAVEMENTE ENFERMO -VISION PROFETICA -CONVALECENCIA, RECAIDA, CURACION -CAGLIERO
TOMA LOS HABITOS -CONSECUENCIAS Y PRUEBAS DE LA PROFECIALA Santísima Virgen daba una prueba más de su protección y satisfacción por cuanto se realizaba en el Oratorio, con la curación del
alumno Juan Cagliero."Cuando no quedaba ya esperanza alguna en los recursos humanos, escribe Miguel Rúa, don Bosco recomendó al enfermo que se
encomendase a la Virgen, asegurándole que curaría; y yo quedé admirado al ver cómo se cumplía la profecía".Expliquemos el hecho con sus pormenores.Un día, a finales del mes de agosto, Juan Cagliero volvió a casa, agotado por el trabajo de la asistencia a los enfermos del lazareto;
sentíase mal y tuvo que acostarse. Don Bosco, que lo quería como un padre, hizo que le dispensaran todos los cuidados posibles para
salvarle de las terribles fiebres tifoideas que lo martirizaron durante casi dos meses; pero inútilmente. Teniendo en cuenta la gravedad de
la enfermedad, pocos días después de ponerse en cama, Cagliero confesó y recibió la sagrada comunión. Pero las fiebres se agravaron
((105)) tanto que, al cabo de un mes, se hallaba en las últimas. Don Bosco había asegurado que ninguno de los suyos moriría del cólera,
con tal de que se mantuvieran en gracia de Dios. Cagliero, que contaba dieciséis años, confiaba totalmente en las palabras de don Bosco;
pero la cuestión estaba en que su caso no era el del cólera. En el Oratorio todos temían que de un día a otro pasara a la eternidad; sin
embargo, él estaba tranquilo. Dos famosos médicos de Turín, Galvagno y Belingeri, confirmaron, tras la consulta, que el caso era
desesperado, y recomendaron a don Bosco que le administrase los últimos sacramentos, porque no llegaría al día siguiente. El clérigo
Buzzetti comunicó a Cagliero el peligro en que se encontraba, y leFin de Página 86
VOLUMEN V Página: 87anunció que iría don Bosco a confesarle, darle el viático y la extremaunción.
No tardó don Bosco en presentarse en el aposento de Cagliero con la intención de prepararle para el gran paso, mas he aquí que, al
cruzar el umbral, apareció ante sus ojos un maravilloso espectáculo. Vió una hermosísima paloma, que, como un punto luminoso,
despedía en derredor rayos de vivísima luz, que iluminaba toda la habitación. Llevaba en el pico un ramo de olivo y revoloteaba girando
una y otra vez en derredor. De pronto detuvo el vuelo sobre el lecho del jovencito enfermo y tocó sus labios con el ramito de olivo, que
luego dejó caer sobre su cabeza. Con destellos de luz aún más viva desapareció. Intuyó don Bosco que Cagliero no moriría, sino que le
quedaban todavía muchas cosas por hacer para la gloria de Dios; que anunciaría la paz con su palabra simbolizada por el ramo de olivo;
que el resplandor de la paloma significaba la ((106)) plenitud de la gracia del Espíritu Santo que recibiría algún día. Desde entonces tuvodon Bosco una idea confusa pero firme, que le duró siempre, de que el joven Cagliero llegaría a ser obispo.
Y, sin más, tuvo por cumplida la profecía, cuando Cagliero partió para América.
A la primera, sucedió una segunda visión. Al llegar don Bosco al centro de la habitación, desaparecieron como por encanto las paredes,vio alrededor de la cama del enfermo una multitud de caras extrañas de salvajes, que fijaban su mirada en el rostro del enfermo y,
temblando, parecían pedirle auxilio. Dos hombres, que se diferenciaban de los demás, uno de horrendo aspecto y negruzco y el otro
cobrizo, muy alto y de aspecto guerrero, con cierto aire bondadoso, estaban inclinados sobre el joven moribundo.Don Bosco se dió cuenta más tarde de que aquellas eran las fisonomías de los salvajes de Patagonia y Tierra de Fuego.
Las visiones duraron unos instantes; pero el enfermo y los presentes no se dieron cuenta de nada.
Don Bosco, con su calma acostumbrada y su dulce sonrisa, se acercó despacito a la cama y Cagliero le preguntó:
-"Es ésta, quizá mi última confesión?
Y don Bosco le respondió:
-"Por qué me lo preguntas?
-Porque quiero saber si me voy a morir.
Don Bosco se recogió un momento y después le dijo:
-Dime, Juan, "prefieres ir ahora al paraíso o curarte y esperar un poco?Fin de Página 87
VOLUMEN V Página: 88-Querido don Bosco, respondió Cagliero, prefiero lo que más me convenga.A ti te convendría, sin duda, ir ahora mismo al paraíso, dados tus años. Pero todavía no es ((107)) tu hora: el Señor no quiere que
mueras ahora. Hay mucho que hacer todavía: sanarás, y, de acuerdo con tu deseo de siempre, vestirás la sotana... llegarás a ser sacerdote ydespués... y después...Al llegar aquí don Bosco se paró y quedó un rato pensativo.-...y después, con el breviario bajo el brazo, tendrás que dar muchas vueltas y harás que muchos otros lleven también su breviario... Enfin, tienes mucho que hacer antes de morir!... e irás lejos, lejos...Y calló, sin decirle adónde tendría que ir.-Si es así, exclamó Cagliero, no hace falta que me prepare para recibir los sacramentos. Tengo tranquila mi conciencia. Aguardaré aconfesarme cuando me levante y lo haré junto con mis compañeros.-Así sea, contestó don Bosco; puedes esperar a levantarte.Y no le confesó, ni se volvió a hablar más de sacramentos in artículo mortis.Desde aquel momento, Cagliero ya no se preocupó de nada y, a pesar de la gravedad, tuvo la firme confianza de sanar. Efectivamente,
pronto mejoró y entró en franca convalecencia. Pero, cuando parecía superado todo peligro, sus parientes le enviaron en el mes de
septiembre una cestita de uvas, las comió vorazmente creyendo no le harían daño, recayó y, de nuevo, se puso en las últimas.Hubo que avisar a su madre para que volviese a verlo, puesto que la enfermedad del hijo había tomado un giro peligroso, y ella se
apresuró a volver de Castelnuovo. Apenas entró en la habitación, y vio a su hijo en aquel estado, exclamó dirigiéndose a las personas que
le atendían:-íCómo está mi Juan! A lo que veo todo ha concluido.Pero Juan, para demostrar ((108)) su alegría por la vuelta de su madre, empezó a decirle, que pensara en comprarle la sotana y todo lodemás, para el día de la toma de hábito. La buena madre creyó que su hijo deliraba y dijo a don Bosco recién entrado:-íAy, don Bosco! Verdaderamente mi hijo está mal. Delira y me habla de vestir la sotana y dice que le prepare todo lo necesario.Y don Bosco replicó:-No, mi buena Teresa, su hijo no delira; tiene razón; prepárele todo lo necesario para tomar los hábitos; tiene todavía mucho que hacery no quiere morirse.Fin de Página 88
VOLUMEN V Página: 89Cagliero que lo oía todo, dijo a su madre:
-"Ha oído usted, madre? Usted me hace la sotana y don Bosco me la impondrá.
-Sí, sí, exclamó la madre llorando: ípobre hijo mío! Te pondrán la sotana, pero no quiera Dios que sea distinta de la que tú deseas.
Don Bosco procuró tranquilizarla, asegurándole que vería a su hijo vestido de clérigo, pero ella seguía rezongando:
-Te pondrán una sotana cualquiera, cuando te metan en el ataúd.
El hijo, siempre alegre, hablaba con todos los que iban a verle de la sotana que pronto le impondrían. La verdad es que quiso Dios quese repusiera, y su madre se lo llevó al pueblo. Había enflaquecido tanto, que parecía un esqueleto; estaba sin fuerzas; le costaba
sostenerse en pie y caminaba apoyándose en un bastón; daba lástima verlo. Pero no dejaba de insistir a su madre que le preparara el
equipo de clérigo, hasta que la buena mujer se decidió ((109)) a contentarle. La gente, al verla afanada en aquellos menesteres, le decía:-"Qué hace, Teresa?
-Preparo la sotana para mi hijo.
-Pero si está medio muerto, no se tiene derecho..
.
-Es él quien lo quiere.
Don Bosco respondía el siete de octubre a una de sus cartas y le decía:
"Queridísimo Cagliero: Me alegro de que vaya mejorando tu salud; te esperamos cuando quieras, pero sano, jovial y alegre comosiempre. Prepárate para la toma de sotana...
"Saluda a tus parientes; rezad todos por mí y que el Señor os bendiga y os ayude. Créeme tu afmo. J. Bosco".
Se iba acercando el día de ir a Turín para la toma de hábito. Sus amigos y parientes trataban de disuadirlo, viéndolo aún debilucho, ydecíanle que dejase la sotana para más adelante. Pero él contestaba:
-Ni hablar. Tengo que vestir ahora la sotana, porque me lo ha dicho don Bosco.
Otros le hacían notar que todavía era muy joven, pues debía terminar el último curso de bachiller; pero él respondía:
-No importa, me lo ha dicho don Bosco.
Coincidía el día de su vuelta al Oratorio con la boda de su hermano, que andaba tras él, rogándole se quedara para asistir al festejo. Juanreplicó:
-Tú toma a la que tú quieres, y yo tomo la que yo quiero: o sea, la sotana.Fin de Página 89
VOLUMEN V Página: 90Los parientes querían retenerlo, diciendo que, si se iba, demostraba que no le gustaba la persona que su hermano había elegido para
esposa.((110)) -Haga mi hermano lo que quiera; yo os aseguro que estoy contento, contentísimo de su elección. "Queréis más? "Queréis que os
deje una escritura notarial de que estoy contento?El 21 de noviembre volvía Cagliero al Oratorio, totalmente sano, y el 22, fiesta de Santa Cecilia, bendecía don Bosco la sotana y se la
imponía a su querido hijo. El 5 de noviembre de 1855 autorizaba el Rector del Seminario Metropolitano, canónigo Vogliotti, al
seminarista Cagliero para vivir con don Bosco, mientras asistía a las clases del Seminario y conseguía los oportunos certificados para
presentarlos en la Curia Diocesana, antes de pasar el último examen del año escolar. Así lo establecían las ordenanzas del Excmo. y
Rvdmo. Sr.Arzobispo en su circular del 1 de septiembre de 1834. La misma autorización había sido concedida a los otros seminaristas
que habitaban en el Oratorio.Entre tanto don Bosco, siempre con la visión de la paloma en la mente y de los salvajes, parece que había confiado el secreto al prefecto
don Víctor Alasonatti. Este se encontró un día con Cagliero y le dijo:-Tienes que procurar ser muy bueno, porque don Bosco me ha dicho cosas muy interesantes acerca de ti.Alrededor de 1855 se hallaban unos clérigos en derredor de don Bosco, sentado a la mesa. Y hablaban, medio en broma, sobre su futura
condición. Don Bosco se calló un momento y, tomando un aire grave y pensativo, como entonces solía, miró uno a uno a sus alumnos y
dijo:-íUno de vosotros llegará a obispo!El anuncio sorprendió a todos; riendo, añadió:-Pero don Bosco será siempre sólamente don Bosco. 1Todos se echaron a reír, porque eran simples seminaristas y no habrían sabido señalar ((111)) en quién podría cumplirse tal predicción.
Ninguno de ellos pertenecía a una clase social elevada, sino que, más bien eran de condición modesta, por no decir pobre, y, en aquellos
tiempos, solían ser elevados a la dignidad episcopal generalmente personas de noble estirpe, o, por lo menos, de singular ingenio y
ciencia. Por lo demás, la posición social de don Bosco y de su Instituto era entonces tan modesta que, humanamente hablando,1 Es decir, solamente sacerdote. (N. del T.)Fin de Página 90
VOLUMEN V Página: 91parecía imposible que uno de sus alumnos pudiera ser elegido para un obispado. Tanto más cuanto que, entonces, ni siquiera se tenía la
idea de las misiones. Pero la misma improbabilidad de tal suceso mantuvo vivo el recuerdo de la predicción y hasta el amor propio de
alguno, que durante mucho tiempo vivió con la ilusión de ser él el señalado.Estaban presentes y oyeron las palabras de don Bosco los clérigos Turchi, Reviglio, Cagliero, Francesia, Anfossi y Rúa. Todos ellos
oyeron repetir a don Bosco:-"Quién diría nunca que uno de vosotros llegara a ser obispo?Y dijo aún muchas veces:-Vamos a ver si don Bosco se equivoca. Veo entre vosotros una mitra y no será la única: pero ya hay aquí una.Y los clérigos intentaban entre broma y broma con don Bosco, adivinar quién de los clérigos de entonces llegaría a obispo. Pero don
Bosco sonreía y callaba. Alguna vez parece que dejó entrever algo de su secreto.Cuenta monseñor Cagliero:"Durante los primeros años de mi sacerdocio me encontré un día con don Bosco al pie de la escalera algo cansado. Con cariño filial y
en son de chanza le dije:"-Don Bosco, déme la mano, verá cómo soy capaz de ayudarle a subir la escalera."Y él me dio paternalmente la mano, mas al llegar al último descansillo vi que ((112)) intentaba besar mi derecha. La retiré enseguida,
pero no llegué a tiempo. Entonces le pregunté:"-"Qué ha pretendido usted hacer con esto, humillarse o humillarme?"-Ni lo uno ni lo otro, me contestó; a su tiempo sabrás el porqué".En 1883 le daba a Cagliero un indicio más claro, puesto que, al salir para Francia, después de hacer testamento y dar unos recuerdos a
cada miembro del Consejo Superior, a él le entregó una cajita sellada, y le dijo:-Esto es para ti.Y partió. Poco tiempo después, Cagliero, movido por la curiosidad, abrió la cajita y se encontró dentro un anillo precioso.Finalmente, cuando en octubre de 1884, fue elegido Cagliero obispo titular de Magido, pidió éste a don Bosco que revelase el secreto
de treinta años atrás, cuando había dicho que uno de su clérigos llegaría a obispo.Fin de Página 91
VOLUMEN V Página: 92-Sí, contestó; te lo diré la víspera de tu consagración.Y fue por la tarde de aquel día cuando don Bosco, paseando a solas con monseñor Cagliero en su habitación, le dijo:-"Recuerdas aquella grave enfermedad que pasaste cuando eras joven y al empezar tus estudios?-Sí señor, me acuerdo, respondió Cagliero, y me acuerdo de que usted fue a administrarme los últimos sacramentos y no lo hizo; me
dijo que curaría y que, con el breviario bajo el brazo, iría lejos, lejos, a trabajar en el sagrado ministerio sacerdotal... Y no me dijo nada
más.-Pues bien, agregó don Bosco, escucha.Y le contó, con pelos y señales, las dos visiones. Monseñor Cagliero, después de oírlo todo, rogó a don Bosco que aquella ((113))
misma tarde contara durante la cena a todos los hermanos del Consejo Superior aquellas visiones. Y como don Bosco no sabía negarse,
sobre todo cuando se trataba de la gloria de Dios y el bien de las almas, condescendió y contó, ante todo el Consejo, lo mismo que
acabamos de narrar. Nosotros escribimos estas páginas aquella misma noche, al dictado de monseñor Cagliero.Fin de Página 92
VOLUMEN V Página: 93((114))CAPITULO XIIELOGIO PUBLICO DE LA CARIDAD DE DON BOSCO Y DE SUS HIJOS -DON BOSCO SE OFRECE AL ALCALDE DE
PINEROLO PARA ASISTIR A LOS APESTADOS DEL COLERA-CARTA DE NICOLAS TOMMASEO -VISITAS ILUSTRES AL
ORATORIO Y ATENCIONES DE DON BOSCO A SUS JOVENES -ACONSEJA A UN CLERIGO LA CARRERA DIPLOMATICA
-LECTURAS CATOLICAS -UN PERFIDO ESTAFADORTOMAMOS el hilo de nuestra narración en septiembre de 1854. El servicio que los jóvenes del Oratorio prestaron en aquellos días a los
enfermos del cólera fue tan encomiable, que el mejor periódico de entonces, al comentar la caridad del clero católico durante la epidemia,
quiso resaltarlo con un precioso artículo. Para que los lectores vean confirmado cuanto hemos expuesto se lo ofrecemos aquí. Dice así:"Al publicar nuestra crónica sobre la caridad del clero durante el cólera, y particularmente del clero de Turín, casi no hemos hecho más
que registrar el ofrecimiento que muchos de ellos hicieron para atender una necesidad: nombrábamos entre ellos a los padres Dominicos y
a los sacerdotes Oblatos de Nuestra Señora de la Consolación. Pero, si la benignidad de la epidemia (en los barrios del centro) no ofreció
a la caridad del clero de Turín la oportunidad de manifestar su celo, sin embargo, lo poco que pudo hacer, nos demostró claramente
((115)) lo mucho que hubiera hecho, si la Divina Providencia hubiera dispuesto de nosotros de otra manera."Podríamos hablar de cómo el clero consiguió con su influencia disipar necios prejuicios del vulgo contra médicos y medicinas. El
clero tuvo al satisfacción de comprobar cómo, a pesar de los insultos, con que cierto periodicucho asqueroso lo denigra, el pobre pueblo,
víctima de la terrible enfermedad, cierra brutalmente la puerta al médico, mientras recibe con los brazos abiertos al sacerdote, que va a
llevarle auxilios espirituales y corporales. Y basta una palabra del sacerdote, para que reciban al médico, y tomen las medicinas que antes
detestaban, más que a la misma enfermedad que los agobia."Queremos, como muestra, mejor que recordar las obras del Clero, hablar del servicio prestado al lazareto del barrio de San Donato,
encomendado a los cuidados del reverendo Galvagno, capellán de la fábrica de armas, y de don Bosco, fundador y director del Oratorio
de San Francisco de Sales. Durante varias semanas no se han acostado sino vestidos, para tomar un ligero descanso, interrumpido tres o
cuatro veces durante la noche por atender a cualquier necesidad. Es más, don Bosco pudo presentar a la Comisión sanitaria una lista con
catorce de sus muchachos, que voluntariamenteFin de Página 93
VOLUMEN V Página: 94se ofrecieron a prestar sus servicios a los coléricos, lo mismo en los lazaretos, que en sus domicilios. Estos muchachos están
suficientemente preparados en lo que se precisa para atender a los enfermos espiritualmente, sugiriéndoles piadosos sentimientos,
palabras de aliento, y para hacer de enfermeros. Movidos por el espíritu de don Bosco, que más que su superior es su padre, se acercan
sin temor a los enfermos, infundiéndoles aliento y confianza, no sólo con sus palabras, sino con sus actos, tomándoles de las manos,
dándoles friegas, sin manifestar miedo ni asco. Al contrario, entran en casa de un enfermo, se dirigen a las personas aterrorizadas,
invitándolas a retirarse si tienen miedo, mientras ellos prodigan toda suerte de cuidados, salvo si se trata de personas de otro sexo, en
cuyo caso ruegan la presencia de alguno de casa, si no junto a la cama, al menos en lugar conveniente. En caso de muerte del enfermo, le
suministran los últimos servicios, menos cuando se trata de una mujer.((116)) "Además de los catorce de la lista, hay unos treinta alumnos más del buen sacerdote, igualmente preparados para ayudar
espiritual y corporalmente a sus compañeros, si por desgracia hubiera necesidad."Hemos querido insistir de un modo particular en los servicios de esta valiosa institución, porque constituye una verdadera deuda la que
tenemos con ella, de rendir testimonio de sus obras a los piadosos bienhechores, que la sostienen con su caridad. Algunas semanas ha,
nos dirigíamos a su generosidad para cubrir las gravísimas necesidad del Oratorio. Nuestras palabras tuvieron éxito y agradecemos
también el nombre del Rector del establecimiento, tanta munificencia. Estamos seguros de que les gustará saber, al menos, en parte, que
sus limosnas a estos pobres muchachos han dado su fruto y éste será nuevo estímulo a su caridad, que no dejará abandonados a su
necesidad a quienes saben sacrificar su propia vida por la de sus hermanos".Hasta aquí el insigne periódico Armoniá en el número 112, correspondiente al 16 de septiembre de 1854.Pero los muchos trabajos de don Bosco con sus piadosas atenciones a los enfermos de Turín no le absorbían tanto como para olvidar la
desgracia de los que vivían fuera de la capital. Habiéndose enterado de las muchas víctimas que causaba en Pinerolo la cruel enfermedad,
y bien seguro del valor de sus hijos, escribió al Alcalde de la ciudad, ofreciéndole algunos de sus enfermeros para atender a los enfermos.
El Alcalde le respondió:Pinerolo, 2 de octubre de 1854Ilustrísimo Señor:Es mi deber rendir gracias a V.S.M.R. por su generoso y piadoso ofrecimiento de cuatro jóvenes para dedicarse a socorrer a la mísera
humanidad, cuidando a los enfermos del cólera en Pinerolo. Si llegan a ser necesarios ((117)) más enfermeros para el servicio de los
enfermos recogidos en el lazareto de Pinerolo, dispondré de su graciosa oferta, mas por el momento parece que el cólera asiático va
tocando a su fin; de unos días a esta parte disminuye el número de víctimas y espero que no aumente la intensidad del mal.Fin de Página 94
VOLUMEN V Página: 95Los recogidos en el lazareto son veintinueve, de los cuales hay veinticuatro que ya están fuera de peligro y en disposición de salir del
hospital dentro de ocho o diez días. Si hace un mes cuando se abrió el lazareto, por el que han pasado cerca de doscientos enfermos,
hubiera yo sabido que existía en Turín tan piadosa asociación para asistir a los enfermos, habría implorado su filantrópica colaboración,
que hubiera sido de grandísima utilidad para nuestros desgraciados enfermos.Ruego a V. S. acoja la expresión de mi más sincero agradecimiento y el del Ayuntamiento de Pinerolo y asegurándole que, en caso
necesario recurriré a su servicio, me cabe el honor de profesarme, con toda la estima y devoción.De V.S. Ilma.Su seguro servidor El Alcalde GIOSSERANOExiste el recuerdo de estos acontecimientos gloriosos para don Bosco en una carta, que le envió por aquellos días Nicolás Tommaseo 1
que se había establecido en Turín aquel año, donde permaneció hasta 1859:Reverendísimo Señor:Ruégole tenga a bien prestarme, si posee las obras de Rosmini, los tomos que van del XI al XVI: uno a uno, de no poder ser todos a la
vez. Mis molestias de los ojos y otras incomodidades, que de cuando en cuando me visitan, me impiden ir yo mismo a pedírselos. Hace
ya tiempo que estoy en deuda con usted por su honroso regalo de libros; y le debo también noticias de mis dos hijastros que están
colocados, uno en una imprenta y el otro con un encuadernador, y ((118)) por ahora, viven en casa conmigo. Ya conozco la generosa
caridad que usted y los suyos han demostrado durante la epidemia que amenazó especialmente a los pobres de la ciudad; y también le
agradezco esto muchísimo como cristiano. Si el portador no le encontrase en casa, ruégole me responda a mi nombre, al número 22 de
Dora Grossa. Cuente con mi agradecimiento.Turín, 3 de octubre de 1854Muy atto. s.s.N. TOMMASEO
Tommaseo iba de vez en cuando a visitar a don Bosco con quien tenía, como amigos comunes, al abate Rosmini y al marqués Gustavo
de Cavour. Nos contó Carlos Tomatis:"Estaba yo un día en el dormitorio, que era una habitación baja, estrecha, con cuatro camas en la casa Pinardi: acababa de volver del
lazareto. Hacia las nueve entró don Bosco con un señor que parecía1 Nicolas Tommaseo (1802-1874), es un ilustre escritor italiano, que fue ministro de Instrucción pública en Venecia. Además de sus
libros de poesías, escribió el Diccionario de la lengua italiana en siete volúmenes. (N. del T.)Fin de Página 95
VOLUMEN V Página: 96muy corto de vista, al que acompañaba de visita por la casa. Era Nicolás Tommaseo, el cual seguía a don Bosco, mientras le decía:"-Mi querido don Bosco, me place poderle decir que usted encontró un estilo fácil, la forma verdadera para explicar al pueblo sus ideas
de modo que las entienda. Es más, usted ha sabido vulgarizar las materias más difíciles."En cuanto don Bosco me vio, me llamó y me presentó a aquel señor, diciéndole mi nombre y profesión. Lo cual no me extrañó, porque
en 1853, volvía yo un día con él a casa, nos encontramos con Silvio Péllico, y don Bosco, antes de empezar la conversación, que fue
bastante larga, me presentó con palabras muy elogiosas, al autor de Mis Prisiones. Solía usar estas atenciones no sólo conmigo, sino con
todos sus hijos adoptivos: era su costumbre presentarlos, siempre que estaban con él, a ((119)) cualquier personaje que se le acercase, con
lo cual manifestaba la respetuosa deferencia que les tenía. Y conste que durante el tiempo que yo estuve en el Oratorio, pasaron por él
numerosos personajes eminentes y escritores famosos, que iban a Valdocco para visitar el Oratorio y a aquel hombre de caridad".Entre estas visitas fue agradabilísima para don Bosco la del seminarista Emiliano Manacorda, con el que contrajo una gran amistad.
Este clérigo fue al Oratorio decidido a quedarse con don Bosco. Estuvo paseando con él por el patio de la casa, pidiéndole consejo, ya
que no le era demasiado agradable la vida del Seminario y su natural inclinación parecía llevarle a una actividad mayor y un ejercicio más
fuerte de las prácticas religiosas. Don Bosco, que tanta necesidad tenía de clérigos, le escuchó bondadosamente, le persuadió para que
volviera al Seminario y quedaron en que, cuando terminara los estudios teológicos, entonces se vería cuál era la resolución que debía
tomar.Durante los años siguientes volvía de vez en cuando el seminarista Manacorda a visitar a don Bosco, y le exponía su idea de ir a las
misiones de infieles; pero, parece que don Bosco no aprobaba aquella inclinación. Una vez ordenado sacerdote, fue Manacorda hacia
1863 al Oratorio, donde vivió unos seis meses y luego pasó a Roma, aconsejado por don Bosco, para seguir la carrera diplomática.
Durante el tiempo que permaneció en el Oratorio, estudió a don Bosco con tanta atención que quedó prendado de sus heroicas virtudes.
Monseñor primero y luego Obispo de Fossano, fue su mejor testimonio y propagandista.El cuidado de los apestados, no impidió a don Bosco preparar losFin de Página 96
VOLUMEN V Página: 97dos folletos de septiembre que salían en un volumen anónimo titulado: El ((120)) comercio de las conciencias y de la agitación
protestante en Europa. Leíase en él:"Con treinta monedas, como Judas, quieren los protestantes inducir a los católicos a renegar de Jesucristo y de su Iglesia, abusando
especialmente de la miseria de los pobrecitos. Si bien es cierto que, entre los que han nacido protestantes, muchos lo son de buena fe, los
jefes de sus sectas ya no creen en Dios ni en la Biblia. Divididos entre sí, por irremediables creencias diversas, concuerdan en un sólo
punto: en el odio furioso contra la Iglesia Católica."No están de buena fe los pastores, los catequistas, los misioneros protestantes, ya sea en razón del monstruoso principio del libre
examen, que niega la infabilidad del Papa y de la Iglesia, mientras se la reconoce a cualquier infeliz, aunque no sepa leer; ya sea porque
su único móvil es el de los altos sueldos con que son retribuidos. Su finalidad no es la de convertir a los malos, sino la de corromper a los
ingenuos e incautos y rebelarlos contra la verdad. Satanás, el que engañó a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal, es su modelo;
copian su astucia, convencidos de lo pérfido de su misma ignorancia".A pesar de ello, los malvados no se cansaban de inventar nuevas armas contra don Bosco. Se lee en Armonía del 17 de octubre:"Un párroco de los alrededores de Turín nos escribe que el 13 del corriente mes, al caer de la tarde, camino de su casa, se encontró con
un joven que acercándosele, con aire sencillo y bondadoso, le presentó unos libritos en nombre de don Bosco, rogándole que
recomendara a sus feligreses la obra del Oratorio de San Francisco de Sales. Añadía que el párroco tal y el párroco cuál le habían dado,
uno dos liras y otro tres para el Oratorio. Que le había encargado don Bosco que visitara a todos los párrocos con este fin; ((121)) y que,
como ya era tarde, le pedía hospedaje. El buen párroco aceptó los libros, le dio tres liras, poniendo su nombre y la cantidad que daba
sobre el libro que el simpático joven le presentaba, pero se negó, con un buen pretexto, a darle alojamiento."El párroco, ya en su casa, abrió uno de los libros y cuál no sería su asombro, al ver que los libros distaban mucho de ser buenos. Sólo
entonces comprendió que había sido burlado por un granuja, que vive a costa del dinero robado a los párrocos y de la reputación de don
Bosco. Sirva de aviso a quienes interesa".Fin de Página 97
VOLUMEN V Página: 98((122))CAPITULO XIIIA CASTELNUOVO -SU ENCUENTRO CON DOMINGO SAVIO -IMPOSICION DE SOTANAS -DOMINGO SAVIO Y JOSE
BONGIOANNI EN EL ORATORIO -FINALIDAD PRINCIPAL DE DON BOSCO AL ENCAUZAR A LOS MUCHACHOS A LOS
ESTUDIOS -RIFA DE UN CRUCIFIJO DE MARFIL -LOS HUERFANOS DE LAS VICTIMAS DEL COLERA -DON BOSCO SE
BRINDA A INSTRUIRLOS -CARTA DEL ALCALDE -PRIMERA VISITA DE DON BOSCO A LOS HUERFANOS ASILADOS EN
SANTO DOMINGO -AGRADECIMIENTO DEL ALCALDE -LA CLASE DE LOS MAS PEQUEÑOS EN EL ORATORIOA fines de septiembre, ya casi acabada la mortandad, don Bosco fue a I Becchi con algunos de sus jóvenes para que, después de tantos
trabajos, se distrajeran y respirasen el aire puro de las colinas. Allí, como si quisiera el Señor premiar los trabajos del Oratorio en favor de
los enfermos, le mandaba un alumno que llegaría a ser su lustre y su gloria: Domingo Savio. Don José Cugliero, su maestro en
Mondonio, pueblecito colindante con Castelnuovo, había estado en Turín a mitad de año, para hablar con don Bosco de su alumno y,
después de haberle descrito su conducta ejemplar, había dicho:-Aquí en su casa, puede que usted tenga muchachos iguales, ((123)) pero difícilmente habrá uno que le aventaje en talento y virtud.
Haga usted la prueba y encontrará un San Luis.Don Bosco quedó con él en que lo enviase a Morialdo, con ocasión de su viaje para predicar la novena y celebrar la fiesta de la Virgen
del Rosario.Es el mismo don Bosco quien narra su encuentro con el jovencito Domingo Savio:"Era el lunes día 2 de octubre, muy temprano, cuando vi aproximarse un niño acompañado de su padre, para hablarme. Su rostro alegre,
y su porte risueño y respetuoso atrajeron mi atención."-"Quién eres?, le dije, "de dónde vienes?"Yo soy, respondió, Domingo Savio, de quien ha hablado a usted don José Cugliero, mi maestro: venimos de Mondonio.Fin de Página 98
VOLUMEN V Página: 99"Lo llevé entonces aparte y, puestos a hablar de los estudios hechos y del tenor de vida que hasta entonces había llevado, enseguida
entramos en plena confianza, él conmigo y yo con él."Pronto advertí en aquel jovencito un corazón en todo conforme con el espíritu del Señor, y quedé no poco maravillado al considerar
cuánto le había ya enriquecido la divina gracia, a pesar de su tierna edad."Después de un buen rato de conversación, y antes de que yo llamara a su padre, me dirigió estas textuales palabras:"-Y bien, "qué le parece? "Me lleva usted a Turín a estudiar?"-Ya veremos; parece que el paño es bueno."-"Y para qué podrá servir el paño?"-Para hacer un hermoso traje y regalárselo al Señor."-Así pues, yo soy el paño; sea usted el sastre; lléveme con usted y hará de mí el traje que desee para el Señor.((124)) "-Mucho me temo que tu debilidad no te permita continuar los estudios."-No tema usted; el Señor que hasta ahora me ha dado salud y gracia, me ayudará también en adelante."-"Y qué piensas hacer cuando hayas terminado las clases de latinidad?"-Si me concediera el Señor tanto favor, desearía ardientemente abrazar el estado eclesiástico."-Está bien; quiero probar si tienes suficiente capacidad para el estudio; toma este librito (un ejemplar de las Lecturas Católicas),
estudia esta página y mañana me la traes aprendida."Dicho esto, dejéle en libertad para que fuera a recrearse con los demás muchachos y púseme a hablar con su padre. No habían pasado
aún ocho minutos cuando, sonriendo, se presenta Domingo y me dice:"-Si usted quiere, le doy ahora mismo la lección."Tomé el libro y me quedé sorprendido al ver que no sólo había estudiado al pie de la letra la página que le había señalado, sino que
entendía perfectamente el sentido de cuanto en ella se decía."-Muy bien, le dije, te has anticipado tú a estudiar la lección y yo me anticiparé en darte la contestación. Sí, te llevaré a Turín, y desde
luego te cuento ya como a uno de mis hijos; empieza tú también desde ahora a pedir al Señor que nos ayude a ti y a mí a cumplir su santa
voluntad."No sabiendo cómo expresar mejor su alegría y gratitud, me tomó de la mano, me la estrechó y besó varias veces, y al fin me dijo:Fin de Página 99
VOLUMEN V Página: 100"-Espero portarme de tal modo, que jamás tenga que quejarse de mi conducta".Don Bosco estuvo pocos días en I Becchi; graves asuntos reclamaban su presencia en Turín.Angel Savio acababa de vestir la sotana y Juan Turchi, con otros, se preparaba a recibir la ((125)) vestidura talar, y don Bosco solía
preparlos con diligencia para este acto solemne, repitiéndoles que la vocación al estado eclesiástico es un don de Dios. Al mismo tiempo
les exponía las señales para conocer la propia vocación, esto es: aptitud e inclinación al sagrado ministerio y rectitud de intención para
dedicarse al servicio de Dios. Les explicaba también, de manera lisa y familiar, con palabras de San Pablo la altísima dignidad del
sacerdocio, y las obligaciones que comporta la vocación divina: "Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a
reproducir la imagen de su hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a ésos también los
llamó, y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó a ésos también los glorificó".1 Luego describía el premio eterno
preparado para los que son fieles a su vocación.Algunas personas de la confianza de don Bosco, al verle tan entregado a prepararse clérigos que se quedaran con él para ayudarle, le
decían:-Pero, "qué falta le hace a usted tanta gente para tres Oratorios?-La falta la veo yo y es mucha.-"Qué quiere hacer con estos clérigos?-Algo haremos: yo lo sé.-Y, "quién les va a ordenar, si algunos no pertenecen a ninguna diócesis?-Hallaremos quien los ordene.-Pero, "no ve que cuando sean sacerdotes, los obispos se los quitarán?((126)) -También remediaremos este inconveniente.Estos diálogos se repetían, una y mil veces, de diversas maneras, porque nadie podía prever el futuro. Pero don Sebastián Pacchiotti,
capellán del Refugio, recordando las antiguas palabras proféticas, decía de vez en cuando a don Bosco:-íAhora creo que tienes sacerdotes y clérigos!Con las últimas semanas de octubre se acercaba el principio de curso, y los muchachos recién matriculados entraban en el Oratorio.1 Rom. VIII, 29.Fin de Página 100
VOLUMEN V Página: 101Uno de los primeros fue Domingo Savio, el cual se presentó en el aposento de don Bosco para ponerse, como él decía, totalmente en
mano de sus superiores. Enseguida fijó sus ojos en un cartel en el que estaban escritas con grandes caracteres las siguientes palabras que
solía repetir San Francisco de Sales. Da mihi animas, caetera tolle. Púsose a leerlas atentamente, y don Bosco deseaba que entendiera su
significado. Le invitó, más aún, le ayudó a traducirlas y a comprender el sentido: Señor, dame almas y llévate todo lo demás. Reflexionó
Domingo un momento y agregó:-Ya entiendo: aquí no se trata de hacer negocio con dinero, sino de salvar almas; yo espero que también la mía entrará en este comercio.Y sin más, comenzó a aplicarse con empeño al estudio y a todos los deberes de piedad, y a ofrecer aquellos ejemplos de virtud, con
tanto acierto descritos después por el mismo don Bosco en un precioso folleto de las Lecturas Católicas.Había estudiado Domingo los principios de la gramática latina en Mondonio, por lo que, con su asidua aplicación y su capacidad no
común, pudo en breve tiempo pasar a la clase cuarta, o, como decimos hoy, al segundo curso de gramática latina. Cursó esta clase en la
escuela del ((127)) benemérito y caritativo profesor José Bonzanino, pues los muchachos del Oratorio seguían yendo a su escuela. Aquel
muchachito de constitución delicada y cenceño aspecto, unido a una formalidad y afabilidad con un no sé qué de serio y agradable,
siempre de igual temple, tenía un aire verdaderamente angelical. Así que no tardó en ganarse el corazón y aprecio de todos los
compañeros. "Antes morir que pecar" fue la consigna compendio de su vida.Junto con Domingo Savio entró en el Oratorio José Bongioanni. Era huérfano de padre y madre, y una tía lo recomendó a don Bosco,
quien caritativamente lo recogió en noviembre de 1854. Tenía ya 17 años. Entró de mala gana, forzado por las circunstancias, y con la
cabeza llena de ligerezas del mundo y algunos prejuicios religiosos. Pero se vio claramente en él la eficacia de la gracia divina. Muy
pronto se aficionó a la casa, al reglamento y a los superiores; rectificó insensiblemente sus ideas y se dio con todo empeño a la virtud y a
las prácticas de piedad. Como estaba dotado de sagaz inteligencia y gran facilidad para aprender, se dedicó a los estudios. Terminó
rápidamente los estudios eclesiásticos, con verdadero éxito. Su fecunda imaginación le permitió sobresalir en la versificación, lo mismo
en lengua italiana que en dialecto piamontés. Era el encanto de sus compañeros en las conversaciones ordinarias, con sus improvisacionesFin de Página 101
VOLUMEN V Página: 102sobre temas jocosos, y escribía hermosísimas poesías, muchas de las cuales fueron publicadas, como aquella en honor de María
Auxiliadora: Salve, salve, cantaban, Mariá... que figura en "El joven cristiano" 1((128)) Además de estos dos, entraron en el Oratorio otros muchachos como alumnos estudiantes, y su primer encuentro con don Bosco
les causaba una impresión tan buena que inmediatamente empezaban a quererlo y venerarlo. También contribuían a ello las continuas
atenciones de mamá Margarita, que dirigía la economía de la casa y de la cocina; su piedad, su recogimiento, quedaban grabados en ellos
y creaban una gratitud perenne hacia el Oratorio.Tales son los testimonios que hemos recibido de los mismos antiguos alumnos de 1854 y 1855.Don Bosco estudiaba atentamente la índole, las tendencias de aquellos muchachos, el comportamiento y, si daban señales de vocación
sacerdotal, procuraba conservarlos y encauzarlos hacia Dios, haciendo de ellos hombres virtuosos, que amaran al Señor y que, con la
palabra y el ejemplo, promovieran el temor y el amor de Dios en la familia y en la sociedad. Pero ya no permitía que estudiaran por
cuenta del Oratorio. Con la misma medida trataba a sus sobrinos, a los que admitía en el internado con idénticas condiciones que
aceptaba a los hijos de los pobres. Estaba siempre bien dispuesto a ayudar a los parientes necesitados, porque ése es el precepto de la
caridad, pero nunca habría hecho nada para mejorar su condición. De hecho, tuvo a su lado al sobrino Francisco hasta el otoño de 1854,
pero lo envió a su casa, porque no le pareció llamado a la carrera eclesiástica, aunque fuera inteligente y muy bueno. Y Francisco siguió
en I Becchi con la profesión de su padre, y fue un excelente1 Salve, salve, cantaban, María,
Que más pura que tú, sólo Dios;
Y en el cielo una voz repetía:
Más que tú, sólo Dios, sólo Dios.
Con torrentes de luz que te inundan
Los arcángeles besan tu pie;
Las estrellas tu frente circundan,
Y hasta Dios complacido te ve.
Pues llamándote pura y sin mancha,
De rodillas los mundos están,
Y tu espíritu arroba y ensancha
Tanta fe, tanto amor, tanto afán.Queremos suponer es ésta. (N. del T)Fin de Página 102
VOLUMEN V Página: 103padre de familia. Este mismo otoño llevó don Bosco al Oratorio, para ocupar la plaza de Francisco, al hijo segundo de su hermano José,
llamado Luis. Don Bosco ((129)) dijo a sus dos sobrinos:-No pretendo haceros abogados, ni médicos, ni profesores. Si el Señor os llama al estado eclesiástico, bien; si no, es mejor que sigáis la
ocupación de vuestro padre.Don Bosco dispensó también a Luis cuidados verdaderamente paternales, y le proporcionó una educación religiosa y civil adaptada a su
condición. Pero nada especial.-Lo que tengo, diría de cuando en cuando, y lo que me dan los bienhechores debo emplearlo para comprar pan a mis muchachos. íAy de
mí, si lo empleara de otro modo!Y parecía que el pan fuera a faltar en el Oratorio. La guerra del Oriente acarreaba enormes desastres comerciales, los cuales originaban
grandes repercusiones en muchas familias de bienhechores. Francia e Inglaterra, temiendo que su inflfluencia y sus intereses fueran
anulados en Levante, se unieron con Turquía. Desembarcaron sus tropas, primero en Varna (puerto de Bulgaria, en el mar Negro), luego
en Crimea; desbarataron a los rusos en varias batallas, y el 9 de octubre de 1854, sitiaban a Sebastopol.Por lo tanto, don Bosco pedía por escrito, el 2 de noviembre de 1854, y conseguía de la autoridad, el permiso para hacer la rifa de un
crucifijo de marfil, de 35 cm. de alto y de gran valor artístico, que le había regalado con tal fin el señor Santiago Ramella.De este modo pudo mantenerse unos días la familia de Valdocco, que aumentaba con los huérfanos que había dejado el cólera. El
Ayuntamiento de Turín reconocía aquellas estrecheces y reclamaba el agradecimiento de todos los ciudadanos, no sólo por los solícitos
cuidados para prevenir y mitigar los tristes efectos del contagio, sino también para socorrer a tantos pobres niños que, día tras día, ((130))
iban perdiendo a sus padres. Con tan benéfico objeto abrió un orfanato provisional junto a la iglesia de Santo Domingo, donde proveyó
de albergue, manutención y vestido a muchos huerfanitos, que, sin esta caritativa medida, se hubieran visto abandonados en la calle, en
las terribles circunstancias del momento. Hizo más: el Alcalde, no satisfecho con que aquellos pobres niños tuvieran lo necesario para el
cuerpo, pensó además en la atención de su mente y su corazón. Manifestó a algunos otros señores su opinión de que don Bosco, mejor
que nadie, cumpliría con celo el cargo de profesor. En cuanto don Bosco se enteró del deseo del presidente del Ayuntamiento de Turín,
no es para decir la satisfacción con que se apresuró a secundarlo;Fin de Página 103
VOLUMEN V Página: 104él mismo se lo pidió formalmente por escrito. Y el Alcalde respondió:Turín, 31 de octubre de 1854Habiéndose amablemente ofrecido V.S. Ilma. a enseñar a los pobres huérfanos, recogidos provisionalmente en el orfanato de Santo
Domingo, y habiendo comunicado su oferta el Alcalde que suscribe la presente, al Comité central de beneficencia, éste la aceptó de buen
grado y encargó al que escribe la agradable encomienda de transmitir a V. S. las más rendidas gracias.Por lo tanto, al cumplir el encargo recibido, ruégale el que suscribe tenga a bien presentarse en dicho orfanato, cuando pueda, para
ponerse de acuerdo con el Sr. Ioassa, administrador del mismo.Al renovarle mi personal agradecimiento, me cabe el honor de profesarme, con la expresión de mi alto aprecio y consideración,El Alcalde Presidente NOTTA((131)) Así pues, empezó don Bosco a dividir su tiempo con los enfermos y pobres huérfanos, pasando varias horas del día con ellos.
Para impartirles los conocimientos necesarios, escogió algunos jóvenes bien preparados del Oratorio y algún clérigo, y los destinó a
darles clase a horas determinadas e instruirles en la Doctrina Cristiana.Y así se hizo hasta el final de noviembre. Pero no hay que creer que don Bosco empezó a cuidarse de los huérfanos de Santo Domingo
solamente cuando lo pidió.Pedro Enría, nuestro hermano, nos dejó escrito:"Conocí a don Bosco en septiembre de 1854, en el convento de los Dominicos, donde, por encargo de una comisión, hallábanse
recogidos los niños huérfanos a causa del cólera. Un día vino don Bosco a visitarnos, en compañía del Administrador del Orfanato.
Eramos un centenar. Yo no le había visto nunca. Su aspecto sonriente y bondadoso hacía que se le amase antes de hablarle. Sonreía a
todos, nos iba preguntando nombre y apellido, si sabíamos el catecismo, si nos confesábamos, si habíamos hecho ya la primera
comunión: y todos le respondíamos con plena confianza. Pasó, finalmente, junto a mí, y sentí palpitar mi corazón, no por miedo, sino por
el cariño que ya sentía hacia él. Preguntóme nombre y apellido y me dijo:"-"Quieres venirte conmigo? íSeremos siempre buenos amigos, hasta que podamos ir al paraíso! "Te gusta?Fin de Página 104
VOLUMEN V Página: 105"Yo le contesté:
"-Sí, señor.
"Y él agregó:
"-"Y éste, que está a tu lado, es tu hermano?
"-Sí, señor, ((132)) "-Bueno, ítambién él vendrá!
"Unos días después, nos llevaron a los dos al Oratorio; yo tenía trece años y mi hermano once. Mi madre había muerto del cólera, y mipadre estaba con el mismo mal.
"Pasaron diecisiete años y hablaba yo de esto con don Bosco, enfermo en Varazze:
"-"Se acuerda, don Bosco, de cuando su madre le reñía porque aceptaba siempre chicos nuevos? Decía ella: -No acabas de traer niñosnuevos, pero "cómo mantenerlos y vestirlos? En casa no queda nada y em pieza a hacer frío.
"En efecto, a mí, recién entrado, me tocó dormir varias noches sobre un montón de hojas secas de maíz, sin más que una pequeña
manta encima. Durante la noche, cuando estábamos todos en la cama, usted, don Bosco, y su mamá, nos arreglaban los pantalones y lachaqueta rota, porque no teníamos otra ropa que ponernos.
"Sonreía don Bosco, oyéndome hablar, y decía:
"-íCuánto trabajó mi buena madre! íSanta mujer! íPero nunca nos faltó la Providencia!".
Cuando terminó la mortandad, a primeros de diciembre, el Ayuntamiento cerró el orfanato provisional y colocó a los niños en varioscentros benéficos. Veinte de los más pequeños se los confiaron a don Bosco y se convirtieron en sus hijos adoptivos. Formaban una clase
aparte, que, en broma, los compañeros bautizaron con el nombre de bassignana, por componerse de los más pequeños o bajos de estatura.
Y antes de terminar el año, cuenta Pedro Enría, recogía don Bosco a otros treinta de la misma edad.La enseñanza dada a los huerfanitos de Santo Domingo y el colocar a buena parte de ellos en el internado de San Francisco de Sales,
fueron dos sucesos que agradaron ((133)) mucho a la Comisión de beneficencia pública, recién establecida en Turín, y el Alcalde escribía
a don Bosco la siguiente carta:CIUDAD DE TURIN Turín, 7 de diciembre de 1854
Ilmo. Señor:
El infrascrito Alcalde, en nombre de la Comisión de beneficencia pública para los pobres enfermos del cólera y sus familias, se apresuraa rendir a V.S. Ilma. las másFin de Página 105
VOLUMEN V Página: 106expresivas gracias por el noble y generoso concurso prestado instruyendo a los pobres huérfanos, recogidos temporalmente en el orfanato
de Santo Domingo, quienes no dejarán, ciertamente, de elevar preces al Señor por su dignísimo educador.Al cumplir el encargo recibido, tengo la satisfacción personal de repetirle las expresiones de mi mayor consideración y estima.El Alcalde Presidente NOTTAEn otra carta, con fecha cuatro del mismo mes, el mismo señor Alcalde recomienda a don Bosco que admita en su instituto a otro
huérfano llamado Andrés Fioccardi, y le dice:"Aprovecha el infrascrito esta oportunidad para agradecer a V.S., en nombre de la comisión organizada para tal fin, el concurso que
usted ha prestado al recoger a aquellos pobres huérfanos de las víctimas del fatal cólera morbo, que afligió por más de cuatro meses a
nuestra ciudad y nuestra tierra".Entre tanto, don Bosco había planeado colocar convenientemente a aquellos huerfanitos. Les preparó clases y dormitorios aparte,
atendiendo primero a su instrucción y educación religiosa e intelectual y ((134)) después a la profesional; durante más de un año estuvo
dándoles clase, primero él solo y después con la ayuda de algunos amigos externos. Entre estos huerfanitos hubo uno muy hábil que se
llamaba Cora, el cual llegó a ser distinguido actor dramático, que, con Gastino, era muy aplaudido por los espectadores del teatro del
Oratorio. Algunos de ellos, al terminar su aprendizaje, salieron del Oratorio, prendados del que había sido su segundo padre. Otros
siguieron y siguen todavía en él dando testimonio de aquellos memorables días.Pedro Enría terminaba una de sus relaciones con estas palabras:"Yo me quedé siempre en el Oratorio donde don Bosco y su madre nos acogieron con tanto cariño; mirábamos a la madre de don Bosco
como si fuera la nuestra, y todos estábamos contentos y felices".Fin de Página 106
VOLUMEN V Página: 107((135))CAPITULO XIVLECTURAS CATOLICAS -RESPUESTAS DE LOS VICARIOS GENERALES INVITADOS A DIFUNDIRLAS -EL ALMANAQUE
DE 1855 -DIVISIONES ENTRE LOS VALDENSES -CARTA DE DON BOSCO AL PASTOR VALDENSE DE SANCTIS,
PERSEGUID0 POR SUS CORRELIGIONARIOS -RESPUESTA -0TRAS DOS CARTAS DE DON BOSCO AL MISMO PASTOR
INVITANDOLE A VOLVER A DIOS -VISITAS, OBSTINACION -DESGRACIADA MUERTELOS acontecimientos descritos no influyeron en la publicación regular de las Lecturas Católicas. Se habían destinado, para octubre, para
la primera mitad de noviembre y para el mes de febrero de 1855, los cinco folletos en que estaba dividida la obra anónima: Una buena
norma de vida para conservar la salud: Conversaciones.Son diez conversaciones sobre los efectos físicos y morales de la gula, del abuso en la bebida y la comida, de ciertas costumbres contra
la honestidad, la ira y el egoísmo; y sugieren los medios para enmendarse, describiendo los felices resultados de esta enmienda. Se refiere
también a los vicios de los corifeos del protestantismo. La última conversación da una norma preciosa de vida en familia y en sociedad.
Un doctor es el caritativo ((136)) consejero de unos jovenzuelos a quienes vuelve al recto sendero, restableciendo la paz y el bienestar en
sus hogares.Mientras tanto, continuaba don Bosco buscando nuevos suscriptores; y por ello escribió cartas y circulares a las diversas curias
eclesiásticas del reino. He aquí las respuestas que aún se conservan:He recibido los ciento ochenta ejemplares de la carta-circular a que se refiere en su muy apreciada carta del 31 del pasado octubre. Los
he repartido enseguida por todas las parroquias de la diócesis, y espero que se alcanzará el efecto que corresponde a sus piadosos y
benéficos deseos.
Acepte, etc.Niza, 10 de noviembre de 1854
Can. Arc. GUIGLlA, vic. gen.Ayer por la tarde llegó el paquete con las circulares que se irán repartiendo, poco a poco, por toda nuestra diócesis. El Señor bendiga el
celo cada vez mayor deFin de Página 107
VOLUMEN V Página: 108V. S. Rvdma. Disponga de mí en todo cuanto pueda cooperar de algún modo a sus religiosas empresas, que yo hare cuanto pueda.
Acepte con mi alta estima, etc.Novara, 11 de noviembre de 1854
SCAVINI, Vic. gen.Junto con la amable carta de vuestra muy estimada Señoría, del 31 ppdo. mes de octubre, he recibido, hace sólo dos días, las anunciadas
circulares en ella, que fueron redactadas de acuerdo con el muy venerable Prelado de Ivrea.Las circulares con el sello episcopal estampado, serán repartidas enseguida entre todos los párrocos de esta ciudad y diócesis y entre
otras buenas personas a fin de que sean ampliamente difundidas las lecturas católicas.((137)) Es muy recomendable y santo el fin que se persigue, por lo que yo espero que Dios bendiga y corone con el éxito el celo
industrioso de V.S.Reciba mientras tanto, etc.Asti, 15 de noviembre de 1854Can. MUSSI, vic. gen.Don Bosco preparaba al mismo tiempo el almanaque Il Galantuomo, (El Hombre de Bien), para el mes de enero de 1855. Había en sus
páginas recetas de bebidas sucedáneas del vino, y las principales festividades de la Iglesia, diversas anécdotas edificantes, un diálogo
acerca de la confesión sacramental y dos graciosas poesías, una en italiano y otra en piamontés.Pero lo que realmente merece recordarse es la introducción, en la que don Bosco, con estilo festivo, trata de desarraigar de la mente del
pueblo ciertos prejuicios, y luego recuerda lo que hicieron el Alcalde y los buenos ciudadanos en favor de los pobres, durante la última
epidemia. Aportamos algunos de sus párrafos:El Hombre de Bien a sus amigos.íAún vivo; todavía estoy vivo! íQué año más triste me ha tocado pasar...! A mitad de este año, me quedé sin trabajo, sin dinero y
cargado de deudas... Pero la miseria fue el menor de mis males. Apenas apareció aquella terrible enfermedad que llaman el
chólera-morbus, varias familias, vecinas mías, cayeron víctimas de ella. Diez amigos de mi misma edad (tengo cuarenta años), sanos y
robustos, también cayeron; íay, qué muerte más espantosa la suya!... Si se hubieran dejado llevar al lazareto quizá no hubieran muerto;
pero no quisieron dar su consentimiento porque estaban persuadidos de la falsa idea de que allí les darían una botellita blanca para
matarlos, y así ((138)) murieron sin la bebida. íPobres amigos míos! Requiescant in pace. Me consuela, sin embargo, el pensamiento de
que murieran como buenos cristianos, y espero que estarán con Dios en el cielo.Cuando creía que ya había pasado la borrasca y casi me disponía a entonar el aleluya, cayó terriblemente sobre mí el temporal... Un hijo
mío y yo fuimos atacadosFin de Página 108
VOLUMEN V Página: 109por el cólera; y como en mi casa no había más que miseria, nos condujeron a los dos al lazareto. Allí no ahorraron cuidados y atenciones;
yo curé; mi hijo se fue al otro mundo. En aquellos fatales momentos la Divina Providencia vino en mi ayuda. El Alcalde de la ciudad hizo
que mis dos hijos sobrevivientes fueran internados; espero poder llevarlos pronto a mi casa; unos buenos señores de la sociedad de San
Vicente de Paúl me han atendido asiduamente: en varias ocasiones me han traído dinero, sábanas y mantas; actualmente me dan
semanalmente una tarjeta para carne y dos para pan. O sea, que la caridad de las personas públicas y privadas, después de Dios, me han
salvado la vida. íQue el cielo les proteja y los defienda contra el chólera-morbus!Entre tanto, he pensado sentar la cabeza y reflexionar más seriamente sobre mi alma; por lo tanto, no os extrañéis, mis queridos amigos,
si durante este año dejo de lado algunas de mis majaderías y hablo con mas sensatez.He recogido diversas noticias y sucesos que, si los leéis, imagino os harán mucho bien a vosotros y a vuestra familia.Que Dios nos asista, nos libre de peligros y nos conceda tiempos mejores. El año que viene, si aún vivo, volveré a visitaros.Durante aquellos meses, los herejes de diversos matices, que parecían comprometidos por un pacto a deshacerse de don Bosco, no
daban pie a que se hablara de ellos. Mas, desaparecido el cólera, renovaron sus odiosas campañas y especialmente encendieron de nuevo
sus antiguas discordias intestinas. Estaban como divididos en dos partidos, evangélicos y valdenses, y, de cuando en cuando, reñían y se
maldecían entre sí. Se habían propuesto redactar un catecismo, ((139)) ya lo tenían a punto tres de sus pastores, pero no lograron ponerse
de acuerdo. Eran tantos los principios religiosos cuantas eran las cabezas. Llenos de odio recíproco, formaban nuevas sectas por los
pueblos de los valles y otros lugares del Piamonte, y tomaban, en medio de diversas denominaciones, el pomposo título de iglesias libres.La discordia aumentó cuando hubo que nombrar el Ministro-Pastor para oficiar en el nuevo templo de la calle del Rey. Los valdenses
eran partidarios de Amadeo Bert, los evangélicos del expárroco apóstata De Sanctis. La cuestión llegó a tal punto que en noviembre de
1854 el ministro valdense De Sanctis rompió con sus colegas y fue depuesto de su cargo por orden del Primer Magistrado de la Iglesia
valdense. El periódico de la secta de los Evangélicos, La luz evangélica, en su número del día 4 de dicho mes, daba la noticia con estas
mordaces palabras:"El señor de Sanctis, Pastor del Santo Evangelio, que desde hace dos años venía evangelizando en Turín a satisfacción de todos, ha sido
depuesto repentinamente del cargo de Evangelista por la Venerable Mesa de la Iglesia Valdense. Como quiera que semejanteFin de Página 109
VOLUMEN V Página: 110determinación de la Venerable Mesa escandaliza a la Iglesia, y puede menoscabar ante los extranjeros (no ante los italianos, que lo
conocen) el buen nombre del señor De Sanctis, la dirección de La Luz evangélica invita a los miembros de la Iglesia, que se consideran lo
bastante independientes, a que digan si pueden o no en conciencia, y ante Dios que nos tendrá que juzgar, aprobar la determinación de la
Venerable Mesa".El desengaño sufrido por el pobre apóstata era una voz, que le hacía oír el Señor, para volverlo al ((140)) buen sendero y al seno de la
Iglesia Católica, que vergonzosamente había abandonado. Entonces don Bosco, que se comportaba con sus adversarios de muy diverso
modo del que ellos habían tenido con él, procuró, en aquellos días, facilitar a De Sanctis el camino de la salvación. Le escribió una carta:Turín-Valdocco, 17 de noviembre de 1854Ilmo. y apreciado Señor:Hace ya tiempo que llevaba en mi mente la idea de escribir una carta a V.S. Ilma. con el fin de manifestarle mi vivo deseo de hablarle y
ofrecerle todo lo que un amigo puede ofrecer a su amigo. Esto nacía de la atenta lectura de us libros, en los que me parecía descubrir una
verdadera inquietud de su corazón y de su espíritu.Ahora que los periódicos publican ciertas noticias, según las cuales parece que V.S. está en desacuerdo con los valdenses, le invito a
venir a mi casa, cuando guste. "Para qué? Para hacer lo que el Señor le inspire. Tendrá una habitación donde vivir y una modesta mesa;
dividirá conmigo el pan y el estudio. Y esto, sin que tenga que hacer el más mínimo gasto.Estos son los sentimientos amistosos que le manifiesto desde lo más profundo de mi corazón. Si llega a convencerse de mi leal y justa
amistad hacia usted, aceptará mi propuesta o al menos me dará una benévola excusa.Acoja el Señor mis buenos deseos, y haga de los dos un solo corazón y una sola alma para servir a aquel Señor que dará la justa
recompensa a quien le sirve en vida.De V.S. Ilma.Su sincero amigo in Xto.
JUAN BOSCO, Pbro.Esta carta de don Bosco sacudió las fibras más íntimas del infeliz De Sanctis, quien respondió sin demora en estos términos: ((141))Turín, San Salvario, calle de las Flores, 1Muy estimado Señor:No puede V.S. imaginar la impresión que me ha producido su amabilísima carta de ayer. Jamás hubiera imaginado que podía encontrar
tanta generosidad y tanta delicadeza en un hombre, que es abiertamente enemigo mío. No nos engañemos: V.S.Fin de Página 110
VOLUMEN V Página: 111lucha contra mis principios como yo lucho contra los suyos; pero, mientras me combate, demuestra amarme sinceramente, tendiéndome
una mano bienhechora en el momento de la necesidad, con lo que demuestra conocer la práctica de la caridad cristiana, que muchos
predican tan bien. Quisiera Dios que imitasen su caridad sus hermanos del Campanone, los cuales no saben hablar sin insultar,
menospreciar y ridiculizar las cosas más serias.1Como respuesta a su carta, le digo que acepto como un precioso regalo el ofrecimiento de su amistad, y espero que pronto pueda
presentárseme una ocasión, sin perjuicio de mi conciencia, de demostrarle que le quiero, no de palabra, sino de verdad y de obra.Por un sinfín de razones no me hallo ahora en disposición de poder aceptar su generoso ofrecimiento; pero la profunda impresión que él
ha producido en mi corazón, no se borrará tan fácilmente. Entre tanto, roguemos el uno por el otro, a fin de que Dios nos conceda la
gracia de encontrarnos juntos por toda la eternidad ante su trono, cantando el himno de los redimidos con la sangre del Cordero.Créame, con sincera estima,Su s.s. y amigo
LUIS DE SANCTIS((142))íAfortunado De Sanctis, si hubiera escuchado el consejo de don Bosco y se hubiera desligado de sus vergonzosos compromisos!
Pero el infeliz cerró sus oídos a la voz del cielo, se conformó con dar gracias a don Bosco y publicar en la Luz evangélica estas palabras:"Mientras los valdenses tratan al señor De Sanctis del modo que todo el mundo sabe, el sacerdote don Juan Bosco le envía una carta
llena de simpatía y caridad, invitándole a compartir techo y mesa. Dése honor a quien lo merece".Además escribía, por carta, al director de la Buona Novella (Buena Noticia):"Tengo que hacer justicia a la verdad: los sacerdotes no me han tratado nunca tan mal como los valdenses".Pero don Bosco no se conformaba con el elogio de De Sanctis: no quería dejar incompleta su obra; así que le envió la carta siguiente:Ilmo. Señor:Estoy íntimamente satisfecho de que mi carta haya sido del agrado de V.S. Ilma., y puesto que dice que se encuentra en necesidad,
quisiera que, al tiempo que acepta mi amistad, me ofreciera la ocasión de proporcionarle algún alivio. Querría, además,1 El Campanone era un periodiquillo católico, aparecido en Turín aquel mismo año, escrito con mucho garbo y agilidad. Era el martillo
de los herejes, que, por lo mismo, lo odiaban de muerte. En un manifiesto de la secta evangélica del 5 de agosto de 1854, se leían entre
otras, estas expresiones, llenas de odio y de rencor: "Imploramos la ayuda del Gobierno, la autoridad de las leyes y de la opinión pública,
para deshacer el nido de esos facinerosos, que publican el Campanone". íLinda tolerancia!Fin de Página 111
VOLUMEN V Página: 112más, se convenciera de que el número de los que que le quieren sinceramente es quizá mayor del que usted imagina. El canónigo
Anglesio, Rector de la Obra del Cottolengo, el teólogo Borel, Rector del Refugio, don José Cafasso, jefe de estudios y Rector de la
Residencia Sacerdotal de San Francisco de Asís y muchísimos más comparten conmigo los mismos ((143)) sentimientos, y desearían
tener una oportunidad para demostrarle la verdad de cuanto afirmo.Y puesto que usted se complace en llamarme amigo, tendría sumo gusto de hablar con usted, para conocer personalmente a quien
quiero, sin haberlo visto, y confirmarle lo que escribo. Si usted quiere que le visite, o prefiere darme una cita en la ciudad, o mejor, y
sería para mí de gran satisfacción, si quisiese venir a mi casa, creo sería de mutua satisfacción, y no tendría que sujetarme a nadie.Solamente querría me indicara el día y, a ser posible, la hora, para no salir de casa y evitar que venga aquí y no nos encontremos.Ruégole tenga a bien aceptar mis amistosos sentimientos, y, mientras le ruego siga dispensándome su amistad, le deseo todos los
favores del cielo, y me profeso,De V.S. Ilma. y muy querida.Turín-Valdocco, 30 de noviembre de 1854 Afmo. servidor y amigo
JUAN BOSCO, Pbro.De Sanctis, el infeliz sacerdote apóstata, el escritor del impío Amigo de casa, aceptó la invitación a condición de que don Bosco no
hiciera mención de él en sus escritos.Y fue al Oratorio. Don Bosco lo recibió con el bonete en la mano y así permaneció hasta que él mismo le rogó que se cubriera; le
acompañó por su casita, le llevó a los primeros talleres, donde Gastini hacía de librero. Luego mantuvo con él una conversación y otras en
los días siguientes. Las cuestiones giraban, sobre todo, en torno a los caracteres de la verdadera Iglesia.De Sanctis admitía, como todos los protestantes, la visibilidad de la Iglesia, como nota clara contenida en el Santo Evangelio; pero
afirmaba que el protestantismo existía desde que comenzó a existir el Evangelio y que él mismo era ((144)) la sociedad visible de los que
creen en Jesucristo y conservan su auténtica doctrina.-Pero, "dónde estaba vuestra iglesia antes de Lutero y de Calvino?, le objetaba don Bosco; "dónde estaba el protestantismo durante los
mil quinientos años que pasaron desde la Iglesia primitiva hasta la Reforma? Si la sociedad de aquellos hombres era visible, debió tener
siempre jefes: déme, pues, su nombre, su patria, sucesión, época en que vivieron, lugar donde habitaron, su culto, su liturgia, dogmas,
moral, disciplina. No le pido muchos nombres: déme el nombre de un solo hombre que haya profesado, antes de Lutero y de Calvino, la
doctrina que ahora profesa el protestantismo.-"Un nombre? Ya lo creo que lo hay.Fin de Página 112
VOLUMEN V Página: 113Y aquí repetía las patrañas inventadas por sus correligionarios y aludía a herejes antiguos que nada tuvieron de común con los
reformadores del siglo XVIDon Bosco desbarataba estos errores y le convencía con mucha facilidad, por cuanto De Sanctis conocía la Historia Eclesiástica. Y
concluyó:-Así pues, vuestra secta o iglesia fue invisible durante mil quinientos años, y por consiguiente le falta el carácter evangélico; por tanto
íno es la verdadera!Los muchachos del Oratorio se acercaban a veces con cautela a la ventana para oír alguna palabra de la controversia y luego repetían
bromeando entre sí:-Dígame, déme el nombre de uno sólo, íun solo nombre!De Sanctis quedó convencido de sus errores, pero ni hablar de convertirse. Precisamente por entonces había escrito a don Bosco el
teólogo Marengo: "En la última entrega de la Luz aparece De Sanctis, que está estrechamente ligado a la Sociedad Evangélica Italiana, lo
que le puede ser funesto". A pesar de todo, algún ((145)) bien se sacó de aquellas entrevistas. La generosa actitud de don Bosco con un
adversario tan famoso, caído en desgracia, pareció calmar las iras enemigas contra él. En efecto, desde aquella fecha los herejes dejaron
sus violencias, y se limitaron a las inocentes armas de la polémica.Don Bosco, sin embargo, no renunció a su empeño de convertir al pobre De Sanctis, y al año siguiente le mandó esta carta:20 de mayo de 1855Queridísimo Señor:Deseaba yo que nuestra amistad no se quedara en palabras, y esperaba una ocasión para manifestarla con hechos. Además, me parece
descubrir en sus palabras y en sus escritos, que su muy apreciada Señoría no está muy tranquilo, por lo que aguardaba una circunstancia
propicia para poder expresarle mis vivas preocupaciones por su eterna salvación y para que usted, ya que me brindó su amistad, me
confiare, de tú a tú, sus esperanzas y temores. No para reñir, lo que nunca debe suceder entre amigos, sino más bien para reflexionar y
descubrir la verdad, es por lo que yo deseaba volver a verle.Ahora le confieso con franqueza que deseo, y lo deseo de todo corazón, la eterna salvación del alma de V.S. y que estoy decidido a
ayudarle a costa de cualquier sacrificio espiritual o material. Sólo falta que usted me diga si cree estar tranquilo y que puede salvarse; si
cree que un buen católico puede salvarse en su actual sistema religioso; si le parece que tiene más garantías de salvación un católico o un
disidente.Tenga la seguridad de que cuanto suceda entre nosotros, por escrito o de palabra,Fin de Página 113
VOLUMEN V Página: 114no le acarreará el menor disgusto en su situación civil, social o religiosa; pues le aseguro que todo quedará bajo el más riguroso y
amigable secreto.Extrañará a V. S. esta mi carta; pero yo soy así: cuando trabo amistad, ansío continuarla y hacer al amigo todo el bien que me es
posible.((146)) Que el buen Dios le bendiga y le conserve; yo me ofrezco con todo mi aprecio a V.S. y en todo lo que puedo.De vuestra muy apreciada Señoría Ilustrísima,Afmo. servidor y amigo JUAN BOSCO, Pbro.De Sanctis sabía bien que la amistad de don Bosco era sincera: las pasiones ofuscaban su entendimiento, pero no podía por menos de
reconocer la falsedad de cuanto enseñaba. Por ello, cuando iba a visitar a don Bosco, no conseguía refutar las convincentes razones con
las que el santo sacerdote le animaba a volver al seno de la Iglesia Católica. Pero De Sanctis se echaba siempre para atrás diciendo:Tengo familia y me faltan medios de subsistencia.Don Bosco le respondía:-Tenga la seguridad de que los católicos no le abandonarán y yo estoy decidido a compartir mi pan con usted. Le ayudaré con todos losmedios a mi alcance.-Pero..., la mujer no me deja dar el paso que usted me aconseja.Don Bosco, entonces, para librarlo de todo embrollo, hasta se comprometió a procurar a su pretendida mujer un decoroso sustento, masDe Sanctis no aceptó. La última vez que acudió a hablar con don Bosco, dejóle un rayo de esperanza de que se convertiría. Estaba
conmovido y reconocido hasta las lágrimas por la bondad con que era tratado.Pero el infeliz apóstata no quiso romper las vergonzosas cadenas y, pocos años después, moría de repente repitiendo a la compañera de
su mala vida:-íMe muero, me muero!Ojalá que en aquel momento haya podido hacer, al menos en su corazón, un acto de contrición.Fin de Página 114
VOLUMEN V Página: 115((147))CAPITULO XVLECTURAS CATOLICAS -EL JUBILEO Y PRACTICAS PIADOSAS PARA LA VISITA A LAS IGLESIAS -TODOS LOS
JOVENES DEL ORATORIO LIBRES DEL COLERA MORBO -DON BOSCO Y EL UNICO CASO DE COLERA -PIO IX
PR0CLAMA EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARIA -FIESTA Y ACCION DE GRACIAS EN EL
ORATORIO -AMOR CORRESPONDIDO DE DON BOSCO A LA VIRGENEL Sumo Pontífice Pío IX concedía y notificaba con la Encíclica del 1 de agosto de 1854 el Jubileo universal, invitando a los pueblos a
penitencia y a rogar al Señor, por intercesión de María Inmaculada, que alejase o al menos mitigase los castigos que amenazaban al
mundo. Entre los motivos por los que lo proclamaba, aludía el Papa al de que los fieles, a una con sus obispos, elevasen súplicas y votos
al Padre de las misericordias, para que se digne iluminar nuestro espíritu con la luces del Espíritu Santo, a fin de que podamos ofrecer
cuanto antes, una determinación sobre la Inmaculada Concepción de la Santísima Madre de Dios, la Virgen María, que redunde a la
mayor gloria de Dios y de la misma Virgen, nuestra querida Madre.((148)) En la archidiócesis de Turín el jubileo se celebraba del 1 de octubre al 31 de diciembre. Don Bosco publicó en noviembre, en la
tipografía de Agostini, su folleto de las Lecturas Católicas: El Jubileo y prácticas piadosas para la visita de las iglesias. En el mismo
incluía don Bosco la Encíclica pontificia, y decía en el prólogo:Al lector -El fin principal de este librito es el de dar a conocer a los fieles cristianos el verdadero origen del Jubileo, y cómo pasó de la
Sinagoga Hebrea a la Iglesia Católica.Me he impuesto el concienzudo deber de consultar los más antiguos y acreditados escritores, con el firme propósito de que cuanto
escribo se ajuste a la verdad más rigurosa. Se añaden algunas prácticas de piedad que pueden servir para la visita de tres iglesias, según lo
prescrito por el Romano Pontífice al conceder el presente Jubileo.Esto servirá también para refutar la denuncia que los protestantes y algunos malos católicos hacen a la Iglesia Católica de que el Jubileo
y las santas indulgencias sean una institución de los últimos tiempos.
115Fin de Página 115
VOLUMEN V Página: 116Lee, cristiano, pero lee atentamente; "quién sabe si para mí y para ti no será éste el último Jubileo? Afortunados nosotros y afortunados
todos los cristianos si lo hacemos bien. La misericordia divina nos espera; los tesoros celestiales están abiertos; quiera el Señor que todos
los sepamos aprovechar.JUAN BOSCO, Pbro.También el opúsculo de diciembre fue oportunísimo, puesto que por aquellos tiempos se oían tales blasfemias contra la Virgen, salidas
de los labios y la pluma de los sectarios, como para hacer enrojecer a los mismos demonios. En la portada del folleto había escrito:
Reflexiones acerca de la esperada definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, escritas por el ((149))
profesor Fr. Costa, sacerdote romano, con algunas oraciones para una novena.Definía la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, contaba la conducta de la Iglesia sobre esta doctrina desde los primeros
tiempos hasta nuestros días, exponía el fin que la Iglesia se proponía con la mencionada definición dogmática, y, a continuación, los
deberes que de ella emanaban para todos los católicos.Estas publicaciones eran también muestras del reconocimiento del Oratorio a María Santísima por haberse cumplido la promesa que
con tanta seguridad hiciera don Bosco a sus muchachos. El éxito había sido sorprendente hasta para un escéptico. En aquel tiempo los
alumnos del internado, con don Bosco y su madre, formaban una familia de casi cien personas. Pues bien, instalados en un lugar donde el
cólera causó tales estragos, que lo mismo a derecha que a izquierda, cada casa tuvo que llorar sus muertos, después de cuatro meses de
pasada la epidemia, de tantos como eran, no faltaba ni uno. El cólera los había cercado, había llegado a la misma puerta del Oratorio,
había entrado hasta en la habitación de don Bosco, pero, como si una mano invisible le hubiera hecho retroceder, obedeció respetando la
vida de todos. Y causaba, además, admiración el hecho de que los muchachos que se habían dedicado en aquellos días a atender a los
enfermos, estaban tan sanos, fuertes y vigorosos, que parecía hubieran transcurrido aquellos días, no entre los aires malsanos de los
lazaretos y casas apestadas, sino en medio del campo delicioso y saludable, en plenas vacaciones y descanso. Así que todos los que
conocían el caso, estaban maravillados, y resultaba imposible no descubrir en el hecho la mano misericordiosa de Dios, que los había
protegido visiblemente.
116Fin de Página 116
VOLUMEN V Página: 117((150)) Acabamos de indicar que el cólera había entrado en la habitación de don Bosco: hay que añadir que hasta le atacó.Ya hemos dicho cómo él había pedido al Señor que, si la enfermedad debía apresar a alguno de sus muchachos, se ofrecía él como
víctima en su lugar. Y fue puesto a prueba. En efecto, contó mamá Margarita a don Juan Bonetti que una noche de aquella semana, en la
que el cólera comenzaba sus estragos, después de un día de trabajo excesivo, don Bosco se acostó y se adormeció. Pero no tardó en
despertarse; sentía gran debilidad general, después frío y calambres en los pies y en las piernas. Le daba vueltas la cabeza, síntomas de
vómito le revolvían el estómago; sentía, en fin, los signos precursores del gran enemigo. Se sentó en la cama. "Qué hacer? Tomó la
campanilla para llamar a la gente, pero no la agitó. Tenía miedo de asustar a los muchachos si pedía socorro. Empezó a encomendarse a
María Santísima, echándose en manos del Señor, y se prestó a sí mismo los cuidados que dispensaba a los coléricos. Así que, sosteniendo
con ambas manos la manta y la sábana, empezó a frotarse un pie contra otro y a agitar pies y piernas en la cama con tanta fuerza que, al
cuarto de hora, agotado y molido de cansancio, todo su cuerpo sudaba copiosamente. En aquel estado se durmió y se despertó por la
mañana sin malestar alguno. Fue el único caso de cólera que hubo en casa, ocasionado, sin duda, por la caridad con sus muchachos y
sobre todo por un motivo muy superior, inspirado por el sentimiento de viva fe por el triunfo de la Iglesia y de la Santísima Virgen.
Nosotros, basándonos en ciertas palabras y escritos suyos ((151)) tenemos razones más que suficientes para estar convencidos de que don
Bosco había ofrecido generosamente su vida a Dios para alcanzar que aquel año se proclamara el dogma de la Inmaculada Concepción de
la bienaventurada Virgen María. Y es también un hecho cierto que recordó con mucho encomio a personas que habían hecho el mismo
voto en el año 1854. Por eso creemos que el mal que le agarró, fue una prueba de que el Señor había aceptado su sacrificio, y su curación
fue efecto de la bondad de María Santísima.Una vez pasado totalmente el peligro en la ciudad y en sus alrededores, quiso don Bosco que sus muchachos dieran sentidas gracias al
Señor por haberlos librado tan amorosamente. Fijó para ello el día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima
Virgen, el mismo día en que lo proclamaba solemnemente dogma de fe el inmortal Pontífice Pío IX en la Basílica Vaticana, rodeado de
doscientos Cardenales, Patriarcas, Arzobispos y Obispos, que habían acudido desde los más apartados lugares del mundo. Por
117Fin de Página 117
VOLUMEN V Página: 118la mañana de aquel día memorando, los jóvenes del internado y muchos del Oratorio festivo recibieron devotamente los santos
sacramentos de la confesión y comunión para honrar a María Inmaculada, que los había cubierto bondadosamente con su manto maternal.
Preparó don Bosco sus ánimos con un plática de ocasión para la acción de gracias. Les habló, en forma oportuna y adaptada a ellos, del
singular misterio que aquel día se definía como dogma de fe; después, de la bondad y poder de María en favor de sus devotos, y terminó
diciendo que, habiendo desaparecido ya cualquier peligro del cólera, tenían todos el deber de agradecer al Señor el haberlos librado de él.
Comparó el paso del cólera por nuestros pueblos con el paso del Angel exterminador por Egipto; y para hacerles ((152)) comprender
mejor el insigne beneficio que el Señor les había otorgado, describió algunas escenas dolorosas ocurridas en diversos lugares de Liguria y
Piamonte, en la misma ciudad de Turín y en algunas casas del vencindario."Sí, sí, terminó diciendo; demos gracias, queridos hijos, a Dios, que razón tenemos para ello; porque, como véis, nos ha conservado la
vida en medio de mil peligros de muerte. Mas para que nuestra acción de gracias le sea agradable, unamos a ella una cordial y sincera
promesa de consagrar a su servicio el resto de nuestros días, amándolo con todo nuestro corazón, practicando la Religión como buenos
cristianos, guardando los mandamientos de Dios y de la Iglesia, huyendo, en fin, del pecado mortal, que es una enfermedad mucho peor
que el cólera y la peste".Dicho esto, entonó el Tedéum, que los muchachos cantaron transportados de vivo reconocimiento y amor.Su alegría llegó al colmo aquellos días, y la comunicó a sus alumnos, quienes la manifestaron con una hermosa velada literario-musical.
Había rezado fervorosamente, había celebrado misas para apresurar la gracia de la definición dogmática, que hacía tiempo deseaba, y
siguió rezando y dando gracias al Señor por haber glorificado de aquel modo en la tierra a la Reina de los Angeles y de los hombres. La
fiesta de la Inmaculada se convirtió en su fiesta predilecta, aun cuando siguió celebrando con toda solemnidad la de la Asunción."Quién puede describir el amor de don Bosco a la Virgen? Era para él la primera devoción, después de la del Santísimo Sacramento.Parecía vivir sólo para Ella. Recomendaba continuamente esta devoción a todo el mundo, cuando predicaba, cuando confesaba,
118Fin de Página 118
VOLUMEN V Página: 119cuando hablaba familiarmente, con una ternura filial que se traslucía en su rostro. ((153)) Visitaba a menudo los santuarios de su Madre
celestial. Llevaba siempre consigo medallas bendecidas y estampitas de María Santísima que repartía con gusto, sobre todo a los niños,
que se apretujaban a su alrededor, recomendándoles que la llevaran encima y rezaran todos los días a la Virgen.Cantaba jubiloso y entusiasmado con los muchachos, lo mismo en la iglesia que en el patio, las canciones a María, y como si no le
bastara la voz cuando entonaba Somos hijos de María, levantaba los brazos lleno de alegría y los movía con santa sencillez marcando el
compás.Cuenta el canónigo Anfossi:"Don Bosco quería que sus muchachos alabaran continuamente a la Santísima Virgen. íCuántas veces recuerdo haber cantado en su
compañía! Era tal el entusiasmo que comunicaba hacia la Virgen, que un domingo por la tarde volvía él del Oratorio del Angel Custodio,
desde el barrio de Vanchiglia, cercado de un tropel numerosísimo de muchachos, entre los que me encontraba yo, y entonó la canción de:
Veces mil bendita seas, oh dulcísima María. Todos le seguimos en alta voz a través de la plaza de Manuel Filiberto".Su alegría llegaba al colmo, cuando por estos años veía a sus alumnos hacer altarcitos en el salón de estudio y en los dormitorios, con el
debido permiso, para celebrar con solemnidad el mes de mayo.El, por su parte, tanto durante este mes, como en las novenas de las fiestas de María, les dirigía cada tarde un sermoncito, hablaba de
una virtud o de una prerrogativa de la Virgen, contaba alguna gracia obtenida por Ella, proponía siempre una florecilla espiritual para
practicar en su honor. No dejaba pasar fiesta alguna de la Virgen sin anunciarla. Recomendaba en tales ocasiones la recepción de los
sacramentos, se pasaba largas horas confesando y, si no podía predicar el día de la fiesta, procuraba ((154)) que se invitase a un
predicador, que supiera despertar en los corazones la pasión del amor a María.Con frecuencia se dirigía a un estudiante y le recitaba un texto latino de la Biblia, que la Iglesia aplica a la Virgen, como por ejemplo:
Beatus homo qui audit me, et qui vigilat ad fores meas quotidie et observat ad postes ostii mei. Qui me invenerit inveniet vitam et auriet
salutem a Domino. (Dichoso el hombre que me escucha, velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada. Porque el
que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de
119Fin de Página 119
VOLUMEN V Página: 120Yavéh). 1 Preguntábale luego la traducción, que comentaba a continuación, exhortando a una gran confianza en la Madre Celestial, y
asegurando que se conseguirían todas las gracias que se pudieran necesitar.Recomendaba a los muchachos externos del Oratorio festivo que rezasen todos los días la tercera parte del rosario y que, antes de
dejarlo, por falta de tiempo, lo rezasen a trozos, aún durante el trabajo o bien al ir y volver de las fábricas. Aseguraba que el santo rosario
es un medio maravilloso para conservar la virtud de la pureza y defenderse contra las asechanzas del demonio.Era, por otra parte, el apóstol de todas las prácticas piadosas que sabía agradaban a la gran Madre de Dios. En muchas parroquias del
Piamonte introdujo los tres gloria patri después del angelus, que entonces generalmente no se rezaban, porque se enteró de que una
piadosa persona había sabido por revelación, que era muy del agrado de la Santísima Virgen. Además, empezaba, proseguía y terminaba
todas sus obras invocándola, y cuando enviaba cartas circulares procuraba que salieran con la fecha ((155)) de una de sus fiestas, y a
veces prorrogó su expedición por varias semanas para que llevaran tal fecha. Lo mismo hacía cuando debía empezar un trabajo o celebrar
una reunión solemne con sus colaboradores. Atribuía todo a la Santísima Virgen, e iba repitiendo en pláticas y conferencias que todo lo
que hacían el Oratorio y la Congregación se debía a la bondad de María. No realizó nada importante en su vida sin antes poner bajo su
protección todos sus planes.Su invocación más familiar era ésta: Maria, Mater gratiae, dulcis parens clementiae, tu nos ab hoste protege, et mortis hora suscipe.
(María, madre de gracia, dulce madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos en la hora de la muerte). Y María le libraba
de todos sus apuros."María ha sido siempre mi guía", repetía a menudo. Era evidente que don Bosco conseguía infinidad de gracias por intercesión de
María, para sí y para sus muchachos y para las personas que, a través suyo, se encomendaban a ella. Comentaban los muchachos:-Don Bosco debe tener muy buenas relaciones con la Santísima Virgen, porque Ella le concede muchas gracias.Y las gentes estaban convencidas de que la Virgen no le negaba nada de cuanto le pedía. Su fe ilimitada era más viva cada día, sobre
todo junto al lecho de los enfermos, para los que conseguía curaciones1 Prov. VIII, 34-35.
120Fin de Página 120
VOLUMEN V Página: 121extraordinarias. Su bendición invocaba la valiosa protección de María sobre presentes y ausentes, y sin atribuirse ningún mérito, repetía
sin cesar:-Qué buena es la Virgen.La Reina del cielo y de la tierra, a la que don Bosco miró y llamó siempre con el dulce nombre de madre, correspondía a su afecto y al
de sus jóvenes ((156)) encargándose directamente de la alta dirección del Oratorio. Las novenas celebradas en su honor eran fatales para
los malos. Don Bosco solía decir al anunciarlas:-Hagámosla bien, porque la Virgen misma quiere limpiar la casa, y echará de ella a quien sea indigno de habitarla.Y, de hecho, aquellos días eran siempre señalados por el descubrimiento de algún zorro o algún lobo, que, por más que procuraran
camuflarse, ya por un motivo, ya por otro, la mayor parte de las veces ellos mismos dejaban voluntariamente el Oratorio. Es un hecho que
se repitió centenares de veces, comprobado por toda la comunidad.Pero basta por ahora de este tema. Todo lo que hizo la Virgen por don Bosco y lo que hizo él por Ella, con sus trabajos, con la pluma y
la palabra, lo veremos a lo largo de estas páginas.Son testigos, de cuanto hemos dicho, monseñor Cagliero, don Miguel Rúa, el canónigo Anfossi, don Francisco Cerruti, Juan Villa, de
entre los que viven, y muchos otros. Escribieron autorizadas crónicas el teólogo Reviglio, don Francisco Giacomelli y don Juan Bonetti,
llamados por Dios a la eternidad.
121Fin de Página 121
VOLUMEN V Página: 122((157)
)CAPITULO XVIDON BOSCO Y LA VIRTUD DE LA PUREZAEL amor ardiente de don Bosco a la Virgen era una irradiación y una prueba de la pureza de su corazón.Sí, estamos íntimamente convencidos de que ahí está el secreto de su grandeza, es decir, que Dios le colmó de dones extraordinarios y
que se sirvió de él para obras maravillosas porque se mantuvo siempre puro y casto."Sólo al verlo, asegura monseñor Piano, podíase intuir su amor por la bella virtud".Sus palabras, su ademán, su trato, y todos sus actos exhalaban un candor y un hálito virginal, que cautivaba y edificaba a quien se
acercaba a él, aun cuando fuera un pervertido. El aire angelical que irradiaba su rostro tenía un atractivo especial que conquistaba los
corazones. Jamás salió de sus labios una palabra que pudiera ser menos conveniente. En su porte evitaba cualquier gesto, cualquier
movimiento que tuviese el menor asomo mundano. Para quien le trató en los momentos más íntimos de su vida, lo más extraordinario que
en él encontró ((158)) fue la suma atención que constantemente prestó a los más solícitos cuidados para no faltar en lo más mínimo a la
modestia. Algunos de los suyos quisieron examinar en todo y por todo su conducta exterior, observándole alguna vez hasta por el ojo de
la cerradura de la puerta, y nunca le sorprendieron en actitud menos digna. No se le vio, ni siquiera una vez, cruzar las piernas una sobre
otra, tumbarse a la larga sobre una butaca, ni meter la mano en el seno o en los bolsillos, ni siquiera en tiempo frío, para calentarlas.No permitía que en su presencia se contaran chistes groseros, se enojaba al oír una frase un tanto libre y no dudaba en advertírselo a
quien la había dicho.
122Fin de Página 122
VOLUMEN V Página: 123Todos sus escritos son un modelo de suma delicadeza a este respecto, verdadero y terso reflejo de su alma."Algunas veces nos sucedió, dice Miguel Rúa, a mí y a mis compañeros, encontrarnos apurados para contar algún pasaje del Antiguo
Testamento; consultábamos su Historia Sagrada y encontrábamos la forma de contarlo con toda delicadeza, sin peligro alguno de
inconveniencias. Puede decirse también de él lo que se afirma de nuestro Divino Salvador, que, acusado de tantas maneras por sus
enemigos, nunca lo fue sobre la castidad. Así que puede afirmarse que conservó, en forma heroica, esta virtud durante todo el curso de su
vida".Un día conversaba don Miguel Angel Chiattelino con don Bosco, su confidente y consejero. El buen sacerdote estaba preocupado con
graves escrúpulos, después de haber confesado, por si no había hecho las preguntas necesarias para asegurar la integridad del sacramento.
Entonces, don Bosco, para tranquilizarlo, le cóntó que habiendo ido él a confesarse con un sacerdote, ((159)) novato en el sagrado
ministerio, al ser preguntado sobre ciertas faltas, le respondió que, por la gracia de Dios, nunca las había cometido.-"Y tal cosa?-No, señor, nunca; el Señor me ha ayudado siempre.-"Y tal otra?-Tampoco, gracias a Dios.Y agregaba don Bosco que aquel confesor parecía quedarse en ayunas y como si temiera que su penitente no era sincero. Luego
aconsejaba a don Miguel Angel que, cuando se presume que una persona está suficientemente instruida en sus deberes, es una regla
segura de prudencia que el confesor acepte la acusación tal y como se la hacen, y no se preocupe ni preocupe al penitente. Por tanto, se
persuadiese de que sus temores no eran más que fantasías.Don Miguel Angel Chiattelino añadía cuando nos contaba este hecho:-Al oír estas palabas de don Bosco, y juntarlas con otras que recordaba se le habían escapado una vez, al dar un consejo importante, me
persuadí de que don Bosco no había caído nunca en culpa grave.También don Ascanio Savio, que estudió a don Bosco desde el principio y durante más de cuarenta años, aseguraba estar convencido de
que nunca había perdido la inocencia bautismal, y que compartían su opinión otros antiguos alumnos sacerdotes.Don Bosco dejaba que los hombres le besaran la mano y nos decía
123Fin de Página 123
VOLUMEN V Página: 124que esto debía permitirse porque los sacerdotes están revestidos de un carácter y una autoridad divina, y sus manos están consagradas.
Estos sentimientos quedaban manifiestos en todos sus actos. Permitía a las mujeres alguna vez esta muestra de respeto, pero nunca
sostenía su mano en las suyas, y ((160)) a menudo se libraba de ello, pero sin descortesías.Durante los primeros años del Oratorio, cuando aún no había portería, solía recibir las visitas, después de misa, bajo los pórticos de la
casa, y nunca se vio que diera audiencia a las mujeres en su habitación.Más adelante, cuando la casa se agrandó, las recibía en su pieza, la cual estaba adjunta a la salita de espera, donde se encontraban otras
personas que aguardaban turno, y uno de la casa que anunciaba quién deseaba hablarle. Tenía, además, la puerta semiabierta, de suerte
que todos los presentes pudieran ver tranquilamente. Si, a veces, se presentaba una señora vanidosamente vestida, él sostenía su vista
clavada en el suelo, según todos le vieron siempre y atestiguan don Miguel Rúa, monseñor Piano y cien más. Se sentaba a cierta distancia
de las visitantes y nunca de frente; no las miraba a la cara y no les estrechaba la mano al llegar o al marcharse; y las despachaba lo antes
posible. Como quiera que muchas de aquellas personas necesitaban consuelo, no usaba nunca expresiones cariñosas, que no hubieran
podido remediar un mal, sino produciendo otro. Por eso, con gravedad y mesura, las consolaba en sus aflicciones con una frase que solía
repetir frecuentemente: Fiat voluntas tua! (íHágase tu voluntad!). O también con ésta: "Dios no desampara a nadie; quien acude a él con
el alma limpia de pecado y la oración bien hecha, alcanza cuanto necesita". Evitaba hasta tutear a ninguna, aunque fuera pariente suya,
salvo a las niñas o chicas de pocos años. Pero aún con éstas era muy recatado. A veces, alguna señora pedíale la bendición y le rogaba
signara su frente o sus ojos con la esperanza de poder curar de su malestar; pero don Bosco ((161)) nunca condescendió con su deseo.En cierta ocasión, una de estas señoras le tomó la mano para llevársela a su cabeza, y él la reprendió severamente. Fue testigo de ello
don Miguel Rúa.Yendo por la calle no saludaba nunca él primero a una dama, aunque fuera bienhechora. No visitaba a una señora, si no lo exigía la
gloria de Dios o una una gran necesidad. Muchas veces fue invitado por alguna a subir en su coche, ya que salían de casa a un mismo
tiempo, pero don Bosco daba las gracias y no aceptaba la invitación;
124Fin de Página 124
VOLUMEN V Página: 125y, si en alguna ocasión la aceptó, fue porque iba acompañado de uno de los uyos, o bien de algún caballero.Y esta eminente circunspección era la que recomendaba a sus alumnos. Contaba el teólogo Reviglio:"Recuerdo que, cuando fui de párroco y vicario foráneo a Volpiano, don Bosco me recomendó que nunca hiciera la menor caricía para
premiar o alentar a las muchachas, porque decía: Esto puede dar lugar a habladurías. Cuando más tarde llegué a párroco de San Agustín
en Turín, me insistía en que usara la máxima circunspección y modestia aun en lo lícito para conservar el prestigio de párroco casto".Don Bosco era celoso de este prestigio. Don Angel Savio y monseñor Cagliero nos contaron que llegó él en cierta ocasión a
Castelnuovo y, como necesitaba afeitarse, buscó una barbería. Entró en la primera que halló y se presentó una mujer, la cual, después de
saludarlo cortésmente, le invitó a sentarse, asegurándole que sería atendido enseguida. Hay que saber que su padre era barbero y que, por
no tener hijos, había enseñado su oficio a la ((162)) hija. Empezó ella a colocarle la toalla por delante.-Hasta aquí pase, dijo para sí don Bosco, esperando que llegara el barbero en persona.Pero en esto vio que la mujer preparaba la navaja y tomaba la bacía para remojar la barba y rasurarle. Se levantó, tomó el sombrero y
despidiéndose dijo:-No permitiré jamás que una mujer me tenga agarrado por las narices. íNi hablar! Hasta ahora ninguna tocó estos carrillos más que mi
madre.Y se marchó. Añadiremos que en sus enfermedades no quiso ser servido por personas de otro sexo, ni siquiera por monjas, y no quiso
junto a su lecho más que a sus coadjutores ya mayores, quienes admiraron siempre su cuidadosa diligencia para evitar el menor detalle
que pudiera empañar la modestia.Pero ex abundantia cordis os loquitur (de la abundancia del corazón habla la boca).Don Bosco sabía insinuar en los corazones el amor por la reina de las virtudes en sus sermones, fervorines, conversaciones y
conferencias. Hablaba continuamente del inestimable e intrínseco tesoro que ella es; pintaba la hermosura de una alma casta, las alegrías
que goza, los consuelos que el Señor le ha preparado en la tierra y en el cielo, cómo en el paraíso sigue al Cordero doquiera él vaya. Sus
palabras producían un efecto admirable en los que le oían, de suerte que quedaban
125Fin de Página 125
VOLUMEN V Página: 126prendados de la pureza; palabras que hoy recuerdan todavía con cariño Juan Villa y mil más. Don Bosco no parecía un hombre que
hablara, sino un ángel, y sus oyentes iban repitiendo:-Sólo el que es puro y casto como los ángeles sabría hablar de este modo de la pureza.Don Bosco electrizaba a sus muchachos, hasta durante el recreo, con exclamaciones espontáneas:-íQuerría que fuerais otros tantos San Luis! íMantengamos nuestras ((163)) promesas! íEspero, por la infinita misericordia de Dios, que
podamos encontrarnos un día todos con la cándida estola en la eternidad bienaventurada!Y si algún meticuloso tenía dudas exclamaba:-Bueno, bueno, acuérdate de que omnia possum in eo qui me confortat (todo lo puedo en aquél que me sostiene).E insistentemente inculcaba a todos la devoción a la Santísima Virgen, diciéndoles que la invocaran en los peligros con la jaculatoria:
íMaría, ayúdame! Más aún, les sugería que escribieran en sus libros y cuadernos esa jaculatoria con las iniciales M.A.Y los prevenía para los peligros que debían evitar.Además de los medios espirituales, y muchos otros que ya conocemos, insistía en la necesidad de estar siempre ocupados en algo, jugar
durante los recreos, no ponerse las manos encima, ni caminar de bracete, andar asidos de la mano o estrechar la del compañero. No
consentía que los jóvenes fueran descorteses entre sí o que se abrazaran, aunque sólo fuera de broma. Con prudente rigor, prohibía las
amistades particulares, aún cuando en un principio no ofrecieran ningún peligro, y en esto era inflexible. No sólo aborrecía la
conversación deshonesta, sino que no podía aguantar que se profiriesen palabras plebeyas, que pudieran suscitar un pensamiento o un
sentimiento menos bueno, y decía:-Ciertas palabras nec nominentur in vobis (ni se nombren entre vosotros).Los exhortaba, además, a obrar siempre de tal suerte que evitaran la más insignificante sospecha sobre su conducta.Pero en sus pláticas don Bosco hablaba de la pureza más que del vicio contrario y siempre con términos discretos y prudentes. Evitaba
proferir los términos de tal pecado; no aplicaba a las tentaciones más epíteto que el de malas y a una caída la llamaba desgracia. Por el
contrario, el vocablo castidad no le ((164)) satisfacía del todo y lo sustituía por el de pureza, que incluía un sentido más amplio y, según
él, menos fuerte para la fantasía. Infundía en los jóvenes el
126Fin de Página 126
VOLUMEN V Página: 127mayor horror hacia este vicio, no tanto de palabra, cuanto con todo un conjunto de gracia divina, de persuasión, de cariño, de miedo, que
se trasfundía del corazón de don Bosco al suyo. Para animarlos a combatir contra el demonio, repetía con frecuencia: Momentaneum
quod cruciat, aeternum quod delectat (Momentáneo lo que atormenta, eterno lo que deleita). Y lloraba de pena al pensar que muchos
jóvenes se perdían por el pecado deshonesto. Hasta llegó a llorar en público al hablar con gran fervor sobre este tema y decir:-Antes de que se cometan estos pecados en el Oratorio, es mejor cerrar la casa. Estas culpas acarrean la maldición de Dios hasta sobre
naciones enteras.Y los muchachos se iban a descansar conmovidos y cabizbajos, resueltos a guardar celosamente su corazón para Dios."Felices aquellos días, exclamaba el sacerdote Bongioanni, en los que una pequeña falta de delicadeza en la modestia nos conmovía
hasta el llanto y nos llevaba a porfía a los pies del confesor; tal era el efecto que causaban en nosotros las palabras de don Bosco".Y añadía don Félix Reviglio, que vivió tantos años en el Oratorio:-Puede afirmarse bajo juramento que en el Oratorio reinaba un ambiente de pureza, que tenía algo de extraordinario.Al mismo tiempo, don Bosco formaba a los clérigos asistentes semejantes a él. Les llamaba la atención si advertía que tenían demasiada
familiaridad con los alumnos. No permitía que los asieran de la mano, que los dejaran entrar en sus celdas, ni que anduvieran en los
dormitorios entre cama y ((165)) cama, salvo el caso de grave necesidad. Quería que todo entretenimiento o conversación se tuviera en
presencia de todos, y bajo ningún pretexto en lugares apartados. Les advertía que en sus gestos, escritos y palabras no hubiese nada que,
ni de lejos, ofreciera dudas sobre su virtud. Les inculcaba que guardaran severamente sus sentidos y, cuando los enviaba a ayudar a los
actos religiosos a otros centros, les aconsejaba que dejaran los ojos en casa.-Esta mortificación, les decía, es un escudo de la pureza.Salió un día don Bosco de casa con un mozalbete, el cual, al llegar a una plaza, se distrajo y miraba con insistencia hacia una ventana.
De pronto sacudiole la voz de don Bosco:-"Qué miras?El mozalbete se apresuró a darle una respuesta satisfactoria, y don Bosco, tranquilo y como quien reflexiona, dijo en voz baja:-Pepigi foedus cum oculis meis. (Hice un pacto con mis ojos).
127Fin de Página 127
VOLUMEN V Página: 128Por eso procuraba que las señoras jóvenes no fueran a consultarle en el Oratorio, y fijaba otros sitios para el encuentro por ellas pedido.Tenemos prueba cierta de ello en varias de sus cartas, entre las cuales, la siguiente, fechada en Turín el 13 de julio de 1854.Señora condesita:Llegué a San Francisco cuando ya no tenía tiempo de avisarla. Tenga la bondad de decir a su mamá que mañana, de las tres a las cinco
de la tarde, estaré en la Residencia Sacerdotal, y no tendrán más que hacerme llamar por el portero.Dios la bendiga para que, practicando la virtud, pueda ser el consuelo de sus óptimos padres.Afmo.
JUAN BOSCO, Pbro.((166)) Era rigurosísimo cuando le pedían consejo acerca de la vocación eclesiástica; solía decir que no se aconsejase o permitiese
acceder a las sagradas órdenes a quienes no estuvieran seguros en la práctica de la virtud angélica.Para animar a los clérigos a atender con cariño a los muchachos, les proponía el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo; pero por miedo a
que alguno no supiera interpretarlo bien, no citaba en público y por entero o sin comentarios los pasajes del Evangelio en los que se dice
que el divino Salvador abrazaba a los niños, porque, añadía él, lo que Dios hacía, no podían hacerlo ellos sin peligro. Recomendaba sin
cesar la vigilancia continua y que apartaran de las manos y de la vista de los muchachos todo lo que pudiera provocar en ellos curiosidad
malsana o enseñarles algo de malicia, y les decía:-No lo olvidéis: De moribus! (ímoralidad!), eso es todo; salvad la moralidad. Aguantad todo, la ligereza, el descaro, los descuidos, pero
nunca la ofensa a Dios y sobre todo el pecado contra la pureza. Siempre en guardia sobre ello, y prestad mucha atención a los muchachos
que se os han confiado.Y he aquí a don Bosco mismo en medio de sus niños, como maestro y modelo en obras y palabras para sus sacerdotes, sus clérigos y
todos sus coadjutores; he aquí brillar su pureza de forma tan rigurosa, delicada y pública, que nunca dio ocasión a la más leve sospecha.
Su cariño con los niños, y especialmente con los más pobres y abandonados, como los más necesitados de sus cuidados, por hallarse en
mayor peligro de perderse, siempre fue ternísimo, grande y fuerte, pero espiritual y verdaderamente casto. Aunque procuraba
128Fin de Página 128
VOLUMEN V Página: 129expresarlo de mil modos, nunca se permitió ninguna manifestación demasiado sensible, y ni siquiera estrechaba largamente las manos de
un ((167)) muchacho entre las suyas. Daba una idea perfecta de la presencia del Salvador en medio de los jóvenes. La virtud de la pureza
era como una túnica que le cubría de la cabeza a los pies; y por eso los muchachos se acercaban a él con gusto, y le tenían ilimitada
confianza, porque sabían que era inocente y puro. El teólogo Leonardo Murialdo añadía, como consecuencia, que la caridad que don
Bosco tenía con los jóvenes era tal que éstos le correspondían con tan sincero afecto y de tal modo, que no se podría encontrar otro
ejemplo con quien compararlo.El canónigo Ballesio nos ofrece su testimonio:"Siempre entre los muchachos, rodeado por ellos y llevado a veces por los mismos de acá para allá, durante los recreos y en los juegos
de manos y de carreras demostraba una sencilla desenvoltura y pudorosa agilidad; así que, no sólo sus palabras, sino también su presencia
y mucho más su mirada, su sonrisa, infundían amor a esta virtud, que a nuestros ojos era uno de los adornos más brillantes del siervo de
Dios y por el que tanto le venerábamos y queríamos. Con frecuencia, cuando jugaba, tenía un gran número de chicos agarrados de una
mano y charlando al mismo tiempo de cosas útiles y morales. Siempre muy recatado, de cuando en cuando, para sugerir un buen
pensamiento a uno de ellos, le doblaba un poco la cabeza para poder decirle amorosamente una palabra al oído sin que los vecinos la
oyeran. Y lo mismo le aconsejaba una de las jaculatorias que él repetía con frecuencia, que se encomendaba a sus oraciones. Se dejaba
besar la mano, y aprovechaba la ocasión para entretener a uno al que tenía que dar un aviso o un consejo. Pero, tanto entonces como
después, ya fuera del Oratorio y aun los ((168)) sacerdotes, le besaban con gusto la mano, y lo hacían con una mezcla de aprecio y de
profunda reverencia como si besaran una reliquia."Don Juan Turchi afirma:"Cuando estábamos en torno suyo, ofrecía su sola presencia tal atractivo a la virtud de la pureza, que no era uno capaz del pensamiento
menos digno; y esta misma impresión la tenían mis compañeros".También monseñor Cagliero hacía observar:"Era tal la compostura de su persona y el candor de su alma, cuando nos confesaba, que nos sentíamos invadidos de un santo y
129Fin de Página 129
VOLUMEN V Página: 130religioso respeto y como en un ambiente de paraíso. íQué bien sabía él inspirar con pocas palabras un amor ardiente a la castidad!".Hay que añadir que nunca se le vio usar con sus muchachos ciertas caricias que otros usan honestamente. Como premio o signo de
benevolencia, se limitaba a poner un instante la mano sobre la cabeza, sobre el hombro o en la mejilla, rozándola apenas con la punta de
los dedos."Y en estas caricias que nos hacía, dice el teólogo Reviglio, había un no sé qué de puro, de irreprensible, de paternal, que parecía
infundirnos el espíritu de su castidad, de suerte que nosotros nos sentíamos embelesados y del todo resueltos a practicar la bella virtud".Hay que notar que, cuando un alumno iba a hablar a solas con él, en su aposento, lo trataba con un recato todavía mayor; aunque
siempre afectuoso en sus palabras, no se permitía ninguna de las muestras dichas, ni aún mínimas, de familiaridad.Desde el principio hasta su último respiro continuó don Bosco con su actitud prudente, ingenua y santa, infundiendo amor a la ((169))
pureza y, por lo mismo, a la virginidad en sus muchachos. Aunque éstos fueran un conjunto de gente diversa y de toda condición y
origen, quedaron tan prendados de ella, y la tenían en tal estima, que el fulgor de tan bella virtud brillaba de un modo singular en la
mayor parte de ellos. Se manifestaba en sus palabras, en su mirada y en el mismo porte de su persona. Es indecible el horror que sentían
por el pecado.De ahí aquella hondura de piedad amada, sólida y verdadera que era la característica del Oratorio: una piedad casi superior a su edad e
increíble para los profanos. Nosotros lo hemos visto mil veces en la iglesia: su rostro presentaba siempre un aspecto tan amable que
encantaba, y tenía su mirada tal fuego de inestimable candor que no hay pluma capaz de describirlo. Es el reflejo del rostro del Señor:
Beati mundo corde quoniam ipsi Deum videbunt, (bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios).Algunos de estos muchachos eran llevados por don Bosco, sin que ellos lo supieran, a ciertas familias nobles de la ciudad para
edificación de sus hijos, y, a veces, con idéntico fin, había señores y nobles de Turín que llevaban a sus hijos a las funciones del Oratorio.La causa de la gran caridad y pureza de aquellos jóvenes nos la hizo notar un excelente y veterano profesor, que fue alumno del
Oratorio:
130Fin de Página 130
VOLUMEN V Página: 131"Juzgando ahora lo que yo vi durante más de diez años en el Oratorio, llego a la conclusión de que no vi a ningún otro sacerdote, de los
muchos que conozco, que ardiera en tan grande y puro amor de Dios como don Bosco, y que tanto se ingeniase para que todos lo
amáramos".Fin de Página 131
VOLUMEN V Página: 132((170))CAPITULO XVIISE PREPARA LA LEY SOBRE LOS BIENES ECLESIASTICOS Y SUPRESION DE LOS CONVENTOS -AMENAZAS DE LAS
ACTAS DE FUNDACION DE LA ABADIA DE ALTACOMBA -LAS DOS REINAS BIENHECHORAS DEL ORATORIO -DOS
SUEÑOS: GRANDES FUNERALES EN LA CORTE -ADVERTENCIAS RECHAZADAS POR EL REY -LA LEY ES
PRESENTADA A LA CAMARA DE DIPUTADOS -DON BOSCO SE PREPARA PARA NUEVAS PREDICACIONESFORMABAN singular contraste con el candor y la paz que reinaban en el corazón del justo, las criminales pasiones de muchos, que se
obstinaban en ocasionar nuevos daños y ofensas al clero, ansiando despojarlo de sus propiedades y derechos, para arrebatarle, si les era
dado, su influencia en los pueblos. Eran maquinaciones de rebelión contra la misma divinidad.La Iglesia Católica, sociedad espiritual perfectísima e independiente por su fin supremo de toda jurisdicción terrena, al estar formada
por hombres, necesita de medios materiales, como son edificios para sus reuniones, templos para el culto, seminarios para los alumnos
del santuario, obispalías para sus pastores, conventos y monasterios para la práctica de los consejos evangélicos y de otros bienes de
diversa índole, para el sostenimiento de sus ministros, para sus cuantiosas obras de caridad, y para todas las demás obligaciones ((171))
que su divina misión le impone. Siempre necesitará de estos bienes, ya que tiene que permanecer en la tierra hasta el fin de los siglos; de
ahí el derecho natural que le asiste de poseer bienes permanentes y duraderos. Por lo tanto, tal derecho no nace ni depende en modo
alguno de la autoridad civil, sino únicamente de la autoridad de Jesucristo, el cual se lo concedió expresamente, como efecto y
consecuencia del dominio que El tenía y tiene sobre todo lo creado. Data est mihi omnis potestas in coelo et in terra: euntes ergo docete
omnes gentes. (Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes.)1.Pero los sectarios, en su programa de odio contra la Iglesia, después1 Mat. XXVIII, 18-19.
132Fin de Página 132
VOLUMEN V Página: 133pués de haberle impugnado el poder legislativo, ejecutivo y judicial, pretendían negarle el derecho de poseer bienes propios y toda
soberanía territorial. Mas procedían con mucha astucia para alcanzar, poco a poco, totalmente sus designios. Algunos consejos
provinciales, inspirados por ellos, ya habían aprobado la incautación de los bienes eclesiásticos; pero el Gobierno, el año 1852, se declaró
solemnemente opuesto a semejante consfiscación. Pero, a partir de aquel momento, comenzaron a sucederse peticiones para este fin, y
una Junta nombrada para ello presentó a las Cámaras la petición de cien consejos Comunales, treinta y dos consejos delegados y 20.213
ciudadanos, que demandaban la incautación de los bienes eclesiásticos, la reducción de los obispados, la supresión de los conventos y la
abolición de la exención del servicio militar a los clérigos. Aquella Junta se declaraba favorable a tales demandas; y hacía notar que los
bienes de la Iglesia, comprendidos los de los beneficios simples, de las cofradías, de los legados y de las obras pías, ((172)) ascendían a
quince millones de renta, con un capital de casi trescientos ochenta millones; y que esta suma procuraría un gran alivio a las finanzas del
Estado.Contra estas intrigas publicaron los obispos muy útiles instrucciones, demostrando que tal confiscación era una gravísima injusticia y
un verdadero sacrilegio. La misma ley fundamental del Estado reconocía a la Iglesia el derecho de propiedad. El artículo 2.° decía: "El
Rey se gloría de ser protector de la Iglesia y de promover la observancia de sus leyes en la materias propias de su competencia". Y el
artículo 25 añadía: "La Iglesia, los Ayuntamientos, los establecimientos públicos, las sociedades autorizadas por el Rey, y otros entes
morales, se consideran como otras tantas personas y gozan de lo derechos civiles, con las excepciones que determinan las leyes".1.
Declaraba, además, que el Estatuto garantizaba la libertad individual, el domicilio inviolable e inviolables también las propiedades, sin
ninguna excepción.Pero todas estas razones fueron bien presto olvidadas. Los conventos quitados a los religiosos, so pretexto del cólera, no eran devueltos.
Mil indicios hacían prever que era inminente la ley de desamortización, y los católicos piamonteses vivían momentos de grave tensión.Entre tanto, don Bosco se sentía inspirado y se lanzaba a impedir nuevos atentados contra la Iglesia. Vamos a exponer un hecho
memorable,1 Código Albertino, título preliminar.
133Fin de Página 133
VOLUMEN V Página: 134morable, que arroja nuevas luces sobre la misión que Dios había confiado a su fiel siervo. Lo expondremos tal y como los oímos de
labios de don Angel Savio, que no sólo fue testigo con ((173)) otros muchos, sino actor principal. No nos fiamos de la memoria, sino que
consultamos las notas que, corregidas por él mismo, tomamos mientras lo narraba.Desde el momento en que comenzó a circular la nueva de la supresión de las órdenes religiosas, don Bosco había contado a los jóvenes,
en una charla de la noche, las maldiciones que dejaron escritas los antiguos duques de Saboya en las actas de fundación de la Abadía de
Altacomba contra aquellos de sus sucesores que osaran destruirla o usurpar sus bienes. El joven Angel Savio, al oír la retahíla de
horrendas amenazas, tuvo una idea atrevida. Don Bosco se la había diestramente insinuado, sin aconsejárselo. Y aquello, bastó. El joven
buscó y encontró copia del acta de fundación, copió todas las amenazas en un pliego, lo firmó con nombre, apellido y condición, metió el
pliego en un sobre y lo envió al Rey.Víctor Manuel leyó el singular documento, comprendió el porqué del pliego a él dirigido y mandó llamar al marqués Domingo Fassati,
con quien solía entretenerse en amigable conversación. Descendía este personaje de una de las familias más nobles del Piamonte. Fiel a
su Rey, le había servido valientemente en paz y en guerra, se había distinguido en los campos de batalla lombardos en 1848 y 1849.
Había sido condecorado por su valor militar con la medalla de Comandante Mayor de la guardia del cuerpo, que formaba como la antigua
cohorte pretoriana. Estaba casado con María de Maistre, hija del ilustre Rodolfo de Maistre y digna descendiente de José María de
Maistre, que fue diplomático prudente y habilísimo, insigne y profundo filósofo, brillante y sabio escritor, cuya fama perdura aún en el
mundo; mujer de tan raras cualidades de mente y corazón, que la reina María Adelaida, esposa ((174)) de Víctor Manuel II, la había
escogido para dama de su corte y era su principal amiga e íntima confidente.Pues bien, este hombre, de tan relevantes méritos, y de tan altas y conspicuas relaciones, era admirador y bienhechor de la Obra de don
Bosco, y con frecuencia acudía al Oratorio como quien va a casa de un familiar y se prestaba a enseñar a los muchachos internos y
externos. El Rey, pues, una vez que tuvo ante sí al Marqués, le presentó confidencialmente la copia del acta de fundación de Altacomba v
se lamento con él de lo que consideraba una descortesía, por la que se sentía ofendido. Pero, "quién podía ser el autor de
134Fin de Página 134
VOLUMEN V Página: 135aquel escrito? El Marqués Fassati, en cuanto leyó el nombre de Angel Savio, cayó en seguida en la cuenta de quien era; pero, como
hombre prudente, no soltó prenda, sino que fue a visitar a don Bosco. Quejósele del atrevimiento de Angel Savio, le hizo notar que era
digno de censura tratar al Soberano con tanta insolencia y que, en consecuencia, aquel joven merecía una buena reprensión. Don Bosco
escuchó las vivas recriminaciones del Marqués, su buen amigo; pero no aprobó la sugerencia de reprender al autor del escrito, y le
respondió:"-En determinados casos, no se puede ni se debe ocultar la verdad. Más aún, el joven Savio ha hecho muy bien. Su escrito no es una
falta de respeto a la augusta persona del Rey, sino que más bien indica el amor que profesa a la familia real".El Marqués salió poco satisfecho de su visita; no preveía los acontecimientos que estaban a punto de suceder ni cómo aquella ley era el
doloroso principio. Mientras tanto creyóse en la corte, por el momento, que el sugeridor o autor del escrito fuese el canónigo ((175))
Anglesio, Superior de la Pequeña Casa de la Divina Providencia, porque iba repitiendo a familiares, médicos y otras personalidades de la
ciudad:-A la chita callando, vamos a ir viendo cómo se eclipsan ciertas estrellas y el éxito que obtendrán determinadas picardías.Pero pronto surgió la sospecha de la procedencia de aquel aviso, sospecha que rápidamente se convirtió en certeza.Mas, si don Bosco entendía, en primer lugar, defender los derechos del Señor, deseaba, al mismo tiempo, demostrar su afecto y
reconocimiento a la Casa de Saboya, de la que sus muchachos habían recibido muchos beneficios. Sobre todo las reinas María Teresa y
María Adelaida eran ángeles de caridad para los pobres. María Teresa, viuda de Carlos Alberto y madre del rey Víctor Manuel II, enviaba
a menudo a don Bosco cuantiosas limosnas, bien por medio del teólogo Roberto Murialdo, bien por medio del caballero Sangiusto. Una
vez mandó al Oratorio nada menos que mil liras en sufragio del alma de su augusto esposo. En otra ocasión, encontrándose don Bosco en
un grave aprieto, le escribió pidiéndole una ayuda, y la santa señora le enviaba al día siguiente temprano otras mil liras. En diversas
ocasiones fue el ángel providencial del Oratorio. Envió su último obsequio a fines de 1854. Reproducimos la carta que hace referencia al
mismo.
135Fin de Página 135
VOLUMEN V Página: 136Secretaría particular de S.M. la Reina viuda María Teresa.Moncalieri, 19 de noviembre de 1854
Muy Reverendo Padre:En el número de las prestaciones asignadas por la munificencia de S.M. la reina María Teresa, mi augusta señora, en ((176))
consideración a la actual solemnidad del Año Jubilar, y siendo su deseo que se atendiese a algunos entes morales y a establecimientos de
pública beneficencia e instrucción de esta Capital, recomendados en particular por el propio instituto, me ha ordenado poner a su
disposición la cantidad de cuatrocientas liras para distribuirlas, doscientas como ayuda para cubrir los gastos de mantenimiento del
Oratorio y hospedaje de los muchachos abandonados de Valdocco, y otra cantidad igual para sufragar los gastos de las escuelas
dominicales en los Oratorios de San Luis de Puerta Nueva y del Angel Custodio en Puerta del Po, de la forma que mejor le parezca a
usted.Al poner en su conocimiento esta benéfica disposición de S. M., para que pueda retirar dicha suma de la Secretaría particular, mediante
el oportuno recibo, aprovecho la ocasión para ofrecerme con la expresión de mi estima,De Vuestra Señoría Reverenda.El Proc. Gen. de S.M.
SANGIUSTO DE SAN LORENZOAsí pues, don Bosco ansiaba disipar las amenazadora nube que cada vez se ennegrecía más sobre la Casa Real.Hacia el fin de noviembre tuvo una noche un sueño. Le pareció hallarse en el pórtico central del Oratorio, del que entonces sólo se
había construido la mitad, junto a la bomba de agua pegada al muro de la casita Pinardi. Se hallaba rodeado de sacerdotes y clérigos: de
pronto vio adelantarse por el medio del patio un paje de la Corte, de uniforme rojo, quien, acercándose rápidamente a él, parecía gritarle:-íNoticia importante!-"Cuál?, le preguntó don Bosco.-Anuncia: íGran funeral en la Corte! íGran funeral en la Corte!((177)) Ante la repentina aparición y aquel grito, don Bosco se quedó frío y el paje repitió:-íGran funeral en la Corte!Quiso entonces don Bosco pedirle explicación del fúnebre anuncio, pero el paje había desaparecido. Don Bosco despertó, estaba como
fuera de sí, y, al comprender el misterio de la aparición, tomó la pluma e inmediatamente escribió una carta a Víctor Manuel,
manifestándole cuanto se le había anunciado y contando sencillamente el sueño.Después del mediodía, con mucho retraso entraba él en el comedor: los muchachos recuerdan todavía que, como aquél era un año
friísimo, don Bosco cubría sus manos con unos guantes viejos y descosidos, y llevaba un paquete de cartas. Se formó un corro a suFin de Página 136
VOLUMEN V Página: 137alrededor. Estaban allí don Víctor Alasonatti, Angel Savio, Cagliero, Francesia, Juan Turchi, Reviglio, Rúa, Anfossi, Buzzetti, Enría,
Tomatis y otros, en su mayor parte clérigos. Don Bosco les dijo sonriendo:-Esta mañana, queridos míos, he escrito tres cartas a personajes muy importantes: al Papa, al Rey y al verdugo.Estalló una carcajada general al oír juntos los nombres de estos tres personajes. No les extrañó el verdugo, porque sabían que don
Bosco tenía amistad con los guardianes de las cárceles, y que aquel hombre era un buen cristiano. El ejercía la caridad con los pobres lo
mejor que podía, escribía a las gentes del pueblo las súplicas que deseaban enviar al Rey y a las Autoridades; pero tenía gran pena porque
un hijo del verdugo había debido dejar de ir a la escuela pública, por el desprecio de sus compañeros, cuando supieron el empleo de su
padre.En cuanto al Papa, bien sabían que mantenía con él correspondencia. Pero aguijoneaba su ((178)) curiosidad el deseo de saber qué
había escrito don Bosco al Rey, tanto más cuanto que ellos conocían lo que él pensaba sobre la usurpación de los bienes eclesiásticos.Don Bosco no se lo ocultó, sino que les contó lo que había escrito al Rey para que no permitiese la presentación de la infausta ley.
Luego narró el sueño, terminando así:-Este sueño me ha puesto malo y me ha cansado mucho.Estaba preocupado y exclamaba de cuando en cuando:-"Quién sabe?... "Quién sabe?... íRecemos!Los clérigos, sorprendidos, empezaron a conversar, preguntándose unos a otros si habían oído decir que en el palacio real hubiese algún
noble señor enfermo; pero concluyeron todos en que no había la menor noticia de nada. Entre tanto don Bosco llamó al clérigo Angel
Savio y le entregó la carta:-Copia, le dijo y anuncia al Rey: íGran funeral en la Corte!Y el clérigo Savio escribió. Pero el Rey, por lo que llegó a saber don Bosco a través de sus confidentes empleados en palacio, leyó con
indiferencia la carta y no hizo caso de ella.Pasaron cinco días desde el sueño, y don Bosco volvió a soñar aquella noche. Parecíale estar en su habitación, sentado a la mesa,
escribiendo, cuando oyó el galopar de un caballo en el patio. De pronto vio que se abría la puerta y aparecía el paje de la librea roja, quien
adelantándose hasta el centro de la habitación, gritó:-Anuncio: no gran funeral en la Corte, sino ígrandes funerales en la Corte!
137Fin de Página 137
VOLUMEN V Página: 138Y repitió estas palabras por dos veces. Luego se retiró a toda prisa y cerró tras sí la puerta. Don Bosco quería saber, quería preguntar,
quería pedir explicaciones; se levantó, pues, de la mesa, salió al balcón y vio al paje en el patio montado a caballo. Le llamó, le preguntó
por qué había vuelto a repetirle aquel ((179)) aviso; pero el paje gritando: -íGrandes funerales en la Corte! -desapareció.Al amanecer, don Bosco mismo escribió otra carta al Rey, contándole el segundo sueño, y terminaba diciéndole "que procurase
conducirse de tal suerte que evitara los anunciados castigos, mientras le rogaba que impidiera a toda costa aquella ley".Por la noche, después de cenar, exclamó don Bosco en medio de sus clerigos:-"Sabéis que tengo que deciros algo más extraño que lo del otro día?Y contó lo que había visto durante la noche. Entonces los clérigos, más asombrados que antes, se preguntaban qué podían significar
aquellos anuncios de muerte; y ya se puede suponer su ansiedad, esperando cómo llegarían a verificarse aquellas predicciones.Entre tanto, manifestaba abiertamente al clérigo Cagliero y a algunos otros que aquéllas eran amenazas de los castigos que el Señor
hacía llegar a quien ya había causado muchos daños y males a la Iglesia y estaba preparando otros. Aquellos días estaba acongojadísimo y
repetía a menudo:-Esta ley acarreará grandes desgracias en casa del Soberano.Decía esto a sus alumnos para animarles a rezar por el Rey, y para que la misericordia del Señor evitase la dispersión de muchos
religiosos y la pérdida de muchas vocaciones.El Rey confió las cartas al Marqués Fassati, el cual, después de leerlas, se presentó en el Oratorio y dijo a don Bosco:-"Le parece éste un modo decente de poner en zozobra a toda la Corte? íEl Rey se ha impresionado y está alterado!... Más aún, está
furioso.Y don Bosco respondió:-"Y si lo escrito es verdad? Me duele haber ocasionado estos disgustos a ((180)) mi Soberano; pero, después de todo, se trata de su bien
y el de la Iglesia.Los avisos de don Bosco fueron desoídos. El 28 de noviembre de 1854, el ministro de Justicia Urbano Ratazzi presentaba a los
diputados un proyecto de ley para la supresión de los conventos. El conde Camilo Cavour, ministro de Hacienda, estaba decidido a lograr
la aprobación a toda costa. Aquellos señores sostenían como
138Fin de Página 138
VOLUMEN V Página: 139principio incontrovertible que, fuera del Estado, no hay ni puede haber ninguna otra sociedad superior a él e independiente de él; que el
Estado lo es todo, y, por tanto, ningún ente moral, ni siquiera la Iglesia Católica, puede subsistir jurídicamente sin consentimiento y
reconocimiento de la autoridad civil. Por eso, esta autoridad, al no reconocer a la Iglesia universal el dominio de los bienes eclesiásticos,
y atribuyendo este derecho a cada ente de las corporaciones religiosas, mantenía que éstas eran creación de la soberanía civil, y su
existencia se modificaba o extinguía por voluntad de la misma soberanía, y el Estado, heredero de toda personalidad civil que carece de
sucesores, se convertía en único y absoluto propietario de todos sus bienes cuando fueran suprimidas. Craso error, porque tales
patrimonios, en el caso de que por cualquier causa una congregación religiosa dejase de existir, no quedaban sin dueño, sino que debían
volver a la Iglesia de Jesucristo, representada por el Sumo Pontífice, por más estatismos que porfiasen en negarlo.La noticia de tal presentación causó vivo dolor a los buenos católicos y mucho más a don Bosco. El, para responder al querer del Cielo,
había avisado reiteradamente al Rey; se trataba de un acto peligroso, cuyas consecuencias no se podían prever. Otro ((181)) hombre, por
muy frío y decidido que fuera, en medio de tantos adversarios, no habría podido vivir más que en continuo desasosiego. En cambio don
Bosco, siempre imperturbable, hallaba fuerzas en el Sacratísimo Corazón de Jesús Sacramentado y en la ayuda de la Madre Celestial y, a
la par que se preparaba para las alegres fiestas navideñas, se disponía también para predicar la palabra de Dios por los pueblos.En este sentido escribía a su antiguo maestro el teólogo Appendino, administrador parroquial de Villastellone.Turín, 21 de diciembre de 1854Carísimo señor Teólogo:Necesitaría, para mi norma, que me dijese cuándo empieza y cuándo termina el octavario que me he comprometido a predicar en
Villastellone, para poder fijar la fecha de unos ejercicios espirituales en otro lugar.Entre tanto, felices fiestas para usted y su señora hermana y las mejores bendiciones del Señor, mientras me profeso, con respeto y
gratitud,De V.S.Muy agradecido alumno y amigo JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 139
VOLUMEN V Página: 140((182))CAPITULO XVIII1855 -SE DISCUTE EN LA CAMARA DE DIPUTADOS LA LE Y DE INCAUTACION -MUERTE DE LA REINA MARIA TERESA
-ADVERTENCIA AL REY -MUERTE DE LA REINA MARIA ADELAIDA -TESTIMONIO DE LA PREDICCION DE AMBAS
MUERTES -UN ACTO DE CARIDAD GENEROSO Y PRUDENTE PROPORCIONA A DON BOSCO VALIOSOS PROTECTORES
-MUCHACHOS RECOMENDADOS POR LOS MINISTROS Y POR LA CASA REAL -PREDICACION EN VILLASTELLONE
-DON BOSCO GANA ALMAS PARA DIOS, EN LOS VIAJESCOMENZAMOS el año 1855 y, siguiendo paso a paso la vida de don Bosco, iremos de sorpresa en sorpresa. El profesor y sacerdote don
Juan Turchi, testigo cualificado de los sucedido durante los tres primeros lustros del Oratorio, y alumno, quiso recordar algunos hechos
en varias páginas, precedidos de una observación, eco fiel del testimonio de sus compañeros."Cuando Dios, escribía él, se muestra generoso en sus dones con algún hombre, y lo eleva a la santidad, lo hace principalmente para
manifestar su gloria, la cual, si resplandece admirablemente durante la vida de los santos mientras viven, no hay que decir en qué
proporción crece, cuando, pasados éstos a la gloria eterna, sus sucesores suelen ((183)) leer escritas sus memorables y santas gestas y
alabar a Dios, dispensador de toda gracia, y seguir las huellas trazadas por sus fieles servidores, camino que mejora a los hombres,
multiplica los santos y estimula a los pueblos en la búsqueda del verdadero bien. De aquí el deber que incumbe a todos de promover la
gloria de Dios y que me mueve a mí a tomar la pluma y consignar, lo mejor que me sea posible, todo aquello que juzgo más llamativo y
digno de recuerdo en torno a la vida de don Juan Bosco, mi venerado superior, para que no queden enterrados en el olvido tantos hechos
que no sé si son más dignos de admiración o de imitación."Hacemos nuestra esta declaración y reemprendemos el curso de los acontecimientos.Aún no se había discutido el proyecto de ley contra los conventos en la Cámara de Diputados; pero se había hablado de ello
140Fin de Página 140
VOLUMEN V Página: 141en la sesión del 27 de diciembre y en la del 2 de enero. El Ministerio había recomendado vivamente al arzobispo de Génova y a los
obispos de Annecy y de Morienna que habían ido a Roma, que, si les era posible, facilitaran las gestiones con la Santa Sede para la cesión
al Estado de los bienes eclesiásticos. No eran sino lisonjas, porque lo que se pretendía a toda costa era conculcar los derechos de la
Iglesia. El Santo Padre se había mostrado dispuesto a ayudar a las finanzas del Piamonte, y fijaba condiciones muy favorables para esta
cesión. Pero el Gobierno había enviado a Roma, por toda respuesta, una copia del proyecto de ley: lo que evidentemente equivalía a
romper todo trato mientras durase el presente Ministerio. En tanto, de todas partes llegaban al Parlamento peticiones para que rechazara la
ley. Se presentaron a las Cámaras dos mensajes del Episcopado del reino, verdaderamente dignos por el cargo y por la fuerza del
razonamiento ((184)) de los personajes que los suscribían.Los católicos, que podían tener alguna influencia en los asuntos públicos, se iban preparando para la lucha. De cuando en cuando, por
la noche, algunos de los personajes más distinguidos de Turín acudían a la Residencia Sacerdotal para conversar con don José Cafasso,
durante la cena de los residentes. Iban a él para reafirmarse en sus convicciones, armarse de valor, y recibir una dirección acertada para
librarse de seducciones y engaños. Don José Cafasso, siempre en el justo medio, sabía indicar con precisión lo que había que hacer, y
recomendaba a todos la unión, la obediencia, el respeto al Papa y la perseverancia en el cumplimiento de los deberes del buen cristiano.
Todos eran amigos de don Bosco; estaba entre ellos el marqués Fassati, quien sabía todo lo que don Bosco hacía aquellos días en favor de
la buena causa, y desde luego de acuerdo con don José Cafasso. También el conde Clemente Solaro de la Margherita acudía
semanalmente a aquel santo director a templar su alma para luego defender los derechos de la Iglesia en la Cámara Piamontesa.Entre tanto, el 9 de enero de 1855 empezaba en la Cámara de Diputados la discusión sobre la confiscación de los bienes eclesiásticos.
De labios liberales salieron estas peregrinas frases:-El poder civil tiene derecho a intervenir en la propiedad eclesiástica, cuando con ella no se consigue su finalidad. La Iglesia no tiene
derecho a poseer. Los pobres tienen derecho sobre los bienes de la Iglesia, y cuando la nación es pobre, debe resarcirse con ellos. Las
comunidades religiosas no deben reconocer más personalidad civil que la de la soberanía de la nación a que pertenecen.El Conde de la Margherita refutó con elocuencia y entereza ((185))
141Fin de Página 141
VOLUMEN V Página: 142sin igual todos aquellos disparates, no tuvo miedo en calificar la proposición de Rattazzi de robo sacrílego, y terminó su fervoroso
discurso con el augurio de desdichas para el Piamonte, si se aprobaba la ley. Otros diputados y los periódicos católicos Armonía de Turín
y Católico de Génova, combatieron valerosamente el proyecto.Así andaban las cosas cuando un doloroso suceso interrumpió la discusión. El cinco de enero caía enferma, casi de improviso, la reina
madre María Teresa, y aun cuando le atormentó la sed durante la noche, no bebió para poder comulgar el día de la Epifanía; pero no pudo
levantarse. El rey Víctor Manuel escribía al general Alfonso La Mármora: "Mi madre y mi mujer no cesan de repetirme que se mueren de
disgusto por mi culpa".1La augusta enferma moría el doce de enero, poco después del mediodía, a la edad de cincuenta y cuatro años; la Cámara suspendió sus
trabajos para testimoniar al Rey su dolor. Fue una gran desgracia para Piamonte la pérdida de María Teresa, que, a diario, prodigaba su
munificencia en favor de los pobres. El luto fue universal, a tono con las bendiciones que por todas partes se elevaban en su grato
recuerdo.Se acababa de cerrar el ataúd y llegaba a nombre del Rey otra carta misteriosa, que decía sin nombrar a nadie: "Persona iluminada ab
alto (de lo alto) ha dicho: Abre los ojos: ya ha muerto uno: si pasa la ley, sucederán graves desgracias en tu familia. Esto no es más que el
((186)) principio de los males. Erunt mala super mala in domo tua. (Males sobres males llegarán a tu casa.) Si no retrocedes, abrirás un
abismo del que no podrás librarte".El Soberano, al leer esta carta, quedó aturdido y, víctima de un gran nerviosismo, no pudo conciliar el sueño.El abogado Enrique Tavallini se refiere a este estado del Rey, cuando dice: amenazado por castigos del cielo con las continuas cartas de
los obispos 2.Los solemnes funerales de María Teresa se celebraron el 16 por la mañana; el féretro fue conducido a Superga, con una temperatura
frigidísima, por la que cayeron enfermos muchos soldados y también el Conde de Sangiusto, caballerizo de la Reina. Aún no había vuelto
la Corte de las honras fúnebres a la madre de Víctor Manuel, cuando se la invitaba a toda prisa para asistir al Viático de la nuera de la
difunta. La reina María Adelaida se encontraba, en el momento de la1 TAVALLINI, Vida y tiempos de Juan Lanza. Vol. I, pág. 150.2 TAVALLINI, íd., íbid., pág. 150.
142Fin de Página 142
VOLUMEN V Página: 143muerte de María Teresa, en el cuarto día de su sobreparto y había dado a luz un niño. Ella, que quería mucho a su suegra, sintió tanta
pena que, atacada por una metro-gastro-enteritis, se puso en peligro de muerte. A las tres de la tarde se le administró el Viático desde la
Capilla Real de la Sábana Santa. Una gran muchedumbre llenaba las iglesias rezando por su restablecimiento. El Piamonte entero se unía
de corazón a la pena de la familia real, cumpliéndose aquel dicho antiguo de que, en el Piamonte, las desgracias del Rey son las
desgracias del pueblo. Pero el día veinte se administró a la Reina la extremaunción, y hacia el mediodía, la augusta enferma entró en
agonía; alrededor de las seis de la tarde expiraba en los brazos del Señor, a los treinta y tres años de edad.((187)) Pero no terminaron aquí los duelos en la casa de Saboya.
Aquella misma tarde se llevó el Santo Viático a S.A.R. Fernando, duque de Génova. Ya muy quebrantado en su salud, el hermano único
del rey Víctor Manuel, era presa del más doloroso abatimiento.El día veintiuno se reunía la Cámara de Diputados, a las tres de la tarde, y, al oír la triste noticia de la muerte de la Reina, decretó luto
por trece días y suspendió las sesiones por diez.Los funerales de María Adelaida se celebraron el 24 de enero y el féretro fue conducido a Superga.Los clérigos del Oratorio estaban pasmados al ver cumplirse de modo tan fulminante las profecías de don Bosco, tanto más cuanto que
asistieron a todos los funerales. Hubo una circunstancia curiosa: era tan intenso el frío, que el jefe de ceremonias de la corte permitió,
durante el entierro de la reina Adelaida, que el clero se pusiera encima el abrigo y se cubriera la cabeza.Para el Oratorio fue también una auténtica desgracia; los clérigos decían a don Bosco:-Ya se ha cumplido su sueño. íHa habido, de veras, grandes funerales, como le anunciaba el paje de la corte!-Es verdad, contestó don Bosco, los juicios de Dios son inescrutables. Y no sabemos si con estos dos funerales quedará ya satisfecha la
justicia divina.De hecho, don Bosco debía saber algo más de lo que había manifestado. La condesa Felicidad Cravosio-Anfossi nos mandó el siguiente
testimonio, firmado por ella misma:"Corría el año de 1854, cuando pedí a don Bosco que admitiera en el Oratorio a un hermano de leche de mi hijo, que había quedado
huérfano de padre y madre. Lo admitió a condición de que, puesto que yo entraba en la Corte, me presentara a las Reinas para alcanzar
143Fin de Página 143
VOLUMEN V Página: 144de su caridad dos mil ((188)) liras que necesitaba para pagar una deuda urgente."Le prometí hacerlo y estaba dispuesta a cumplir mi promesa; pero surgieron dificultades que me hicieron prorrogar la visita a las
augustas señoras, las cuales habían salido entretanto de Turín y habitaban en la quinta de recreo del conde Cays de Giletta. También yo
me fui al campo y no volví a la ciudad hasta avanzado el otoño. Me acerqué a visitar a don Bosco, el cual me dijo en seguida:"-He admitido a su recomendado, pero usted no ha cumplido su promesa; no ha hablado a las Reinas de mi deuda con el panadero."-Es verdad, le respondí un poco avergonzada, pero esté usted seguro de que, apenas vuelvan las Reinas a Turín, cumpliré la promesa
hecha."Mientras yo hablaba, don Bosco meneaba la cabeza en sentido negativo, y con una sonrisa algo triste, me dijo:"-íPaciencia! Pueden suceder tantas cosas, que tal vez no vuelva a hablar más con las Reinas."-"Por qué me dice eso?"-Es así; usted no volverá a ver a las Reinas."Unos quince días después, estaba yo en casa de unos nobles, donde me enteré de la vuelta de las Reinas a Turín y de que la reina
María Teresa estaba bastante mal y había recibido los Santos Sacramentos. Pronto recibimos la noticia de su muerte. Ocho días después
murió la joven reina María Adelaida: ambas lloradas y veneradas como dos reinas santas. Sólo entonces recordé las palabras del siervo de
Dios y no dudé de su espíritu verdaderamente profético".Mientras tanto, ocurrió en aquellos días un hecho gravísimo; la llegada a Turín de la alocución pontificia del veintidós de enero.
Pío IX, con la franqueza que siempre le distinguió, demostraba lo que había realizado para aliviar los males de la Iglesia en Piamonte,
exponía los muchos decretos con los que ((189)) aquel Gobierno vejaba a la religión, probaba cómo la nueva ley de confiscación
repugnaba al derecho natural, divino y social, y cómo abría la puerta a los perniciosísimos errores del socialismo y del comunismo; y
recordaba las censuras que alcanzarían a los fautores de la última ley y a quienes usurparan los bienes eclesiásticos.Había un deseo general de leer la palabra de Pío IX. El Ministerio se propuso, de buenas a primeras, aparentar despreocupación. El
ministro Rattazzi hasta hizo repartir entre los diputados un ejemplar de la alocución pontificia; pero, mientras tanto y a escondidas, envió
144Fin de Página 144
VOLUMEN V Página: 145órdenes severísimas a la provincias, a fin de que delegados de hacienda y alcaldes procesaran a cuantos párrocos se atrevieran a hablar o
aludir siquiera a aquella alocución.Entretanto, el Pontífice, siempre humilde y misericordioso, escribía el veintiséis de enero una afectuosísima carta de pésame al Rey, por
la muerte de las dos Reinas, haciéndole algunas amonestaciones como un padre a su hijo.Causa maravilla ver en el desarrollo de estos sucesos cómo el valor de don Bosco, manifestando la verdad a los gobernantes, no
disminuía de ningún modo en aquellos días la bondadosa estima que le tenían. Pero desaparece la admiración muy pronto cuando se
piensa que además de la protección concedida por Dios a su siervo, que era lo más, todos, aun los contrarios, reconocían en él una fuerza
de caridad que ganaba los corazones; y él supo valerse de ella durante toda su vida. Y por mucho que crecieran las necesidades del
Oratorio, don Bosco no regateaba su beneficencia.Si en un pueblo sucedía una desgracia, se apresuraba a comunicar al Gobernador de la Provincia, y por su medio al Alcalde, que estaba
dispuesto a admitir en su Oratorio a los chicos que hubieran quedado huérfanos. Lo mismo si se trataba de un incendio que hubiera
destruido una aldea, que del hundimiento de ((190)) una pared, que hubiera arrollado y sepultado a los obreros bajo los escombros;
cuando una epidemia asolaba una ciudad; cuando un desprendimiento de tierras había enterrado a unos campesinos; cuando una
avalancha de nieve había aplastado una choza en los montes y había sido víctima un padre de familia. El ofrecimiento de don Bosco era
acogido con viva gratitud, y se alababa con creces su generosidad.La miseria de muchas familias durante los años 1855 y 1856 hacía que se multiplicaran las solicitudes de ingreso de muchachos pobres
en el Oratorio. A veces faltaba sitio y había que dar una dolorosa negativa; pero sucedía que el abandono de ciertos chicos y los peligros
espirituales y materiales en que se hallaban eran tales, que don Bosco no se sentía con fuerzas para contestar con una negativa.También el Ayuntamiento 1 y el Gobierno ((191)) muy a menudo1 CIUDAD DE TURINSecretaría ParticularTurín, a 15 de enero de 1855Uno de los diputados de la Cámara se ha dirigido al Alcalde que suscribe para alcanzar sea asilado en algún piadoso establecimiento un
pobre huérfano, que se llama José Cominoli, de casi trece años, y natural de Margozzo, el cual goza de óptima salud, y está dotado de
robusta
145Fin de Página 145
VOLUMEN V Página: 146le recomendaban, con todo respeto, al hijo de un empleado, al huérfano de un militar; bien a un jovencito abandonado, o cuya familia no
podía mantenerlo, o bien a otro, de conducta no tan mala como para encerrarlo en el correccional, pero que inspiraba serios temores para
el futuro, si no se le daba una educación moral. Con ese crecer del número de alumnos aumentaban los gastos y se agrandaban sin medida
las deudas, singularmente las del panadero.Este estado de cosas resultaba bastante pesado para don Bosco; sin embargo, cuando alguno de sus colaboradores le hacía notar que, si
le faltaban los medios, no parecía oportuno engolfarse en más gastos con nuevos internos, le respondía con calma y sonriente:-íLa Virgen Santísima me ha ayudado siempre y seguirá ayudándome!A pesar de todo, él no condonaba toda la pensión nada más que a aquéllos que eran realmente pobres, y la exigía con lógica firmeza,
fuera quien fuera el protector, a quien podía pagarla. Solía decir:-Yo no soy dueño, sino simple administrador de los tesoros que me confía la Divina Providencia, y no es justo que coma el pan del
pobre quien no lo es.Con todo, realmente sacaba mucha utilidad de la aceptación y admisión de los muchachos que le recomendaban las autoridades. El
ministro de la guerra, Alfonso Ferrero de la Mármora, miraba con bondad al Oratorio; el ministro del interior, Rattazzi, y el de
instrucción pública, Cibrario, sabemos en qué concepto tenían a don Bosco; el comendador Bartolomé Bona, senador del reino y director
general de obras públicas, no tardó en hacerse muy amigo suyo.Por eso don Bosco era bien recibido cuando acudía a los despachos de cualquier ministerio, y no sólo por los jefes, ((192)) sino también
por los funcionarios; y estas visitas le proporcionaban gran ayuda moral.Era su teoría la de que, tanto mejor se conoce a los hombresconstitución física y despejado ingenio; sus parientes son pobres del todo, como él, salvo un tío suyo que, aunque en situación precaria,
estaría dispuesto a entregar la cantidad de ochenta liras al año al establecimiento que prestase albergue a su desgraciado sobrino.El que esto escribe se encuentra en el dolor de recurrir a la conocida caridad de V.M. Rvda. S. rogándole vea si es posible dar en su
centro el deseado albergue al pobre huerfanito, teniendo también en cuenta la ayuda anual, aunque sea tan pequeña, que su dicho tío
estaría dispuesto a prestar para su amparo.Espero una palabra de respuesta, y mientras tanto, le anticipo sus sentimientos de gratitud por cuanto pueda hacer en favor del
recomendado.El Alcalde
NOTTAFin de Página 146
VOLUMEN V Página: 147cuanto más se acerca uno a ellos, y así se disipan sospechas, animosidades, impresiones adversas, hijas de malquerencias, y, en
consecuencia, fácilmente se allanan las dificultades que suelen entorpecer la solución de algunos asuntos. Quien trataba con don Bosco,
quedaba prendado de su franca jovialidad y humildad, de la sencillez de sus razones, y se convencía de que no abrigaba sentimientos de
enemistad contra nadie, fuera del partido que fuera. Por esto no se ofendían al saber que mantenía principios y una causa contraria a la
suya con toda firmeza, pero sin acritud. Más de uno de ellos iba a Valdocco a informarse de cómo marchaba su recomendado y para
observar a don Bosco en medio de la multitud de sus chiquillos. Era un espectáculo muy distinto del que se advertía en otros centros. El
Oratorio ofrecía un ejemplo vivo de cómo la alegría y el alborozo sólo se encuentran donde reinan la inocencia de vida y la paz y
tranquilidad de conciencia. Allí la disciplina era fácil, porque nacía del amor; el estudio y el trabajo alegre y gustoso, porque eran fruto
del sentimiento del deber y del honor. Estas aseveraciones, que espontáneamente se presentaban a la mente de aquellos señores,
terminaban por disipar cualquier prejuicio que les hubiera quedado contra don Bosco, y se convertían en sus afectuosos admiradores. El
mismo Víctor Manuel no podía ignorar las rectas intenciones de don Bosco y, pasados aquellos tristes y agitados días, le veremos seguir
proporcionando sus donativos al Oratorio, y fijar subvenciones para los muchachos, cuya aceptación recomendaba a través de los
oficiales de la Casa Real.((193)) Por aquel tiempo se preparaba don Bosco, en el mes de febrero, para predicar la palabra de Dios fuera de Turín, a pesar de la
angustia que sentía por la grave cuestión que se agitaba en el Cámara de Diputados, la agradable convivencia con sus alumnos y las
dificultades financieras del Oratorio. Estas ciertamente se dejaban sentir mucho en sus ausencias, porque había bienhechores que llevaban
limosnas y querían entregárselas en mano; o porque tenía que ir él en persona a buscarlas, confiado de obtener las cantidades necesarias.
Pero su celo no se reducía por ello.Y así había escrito al teólogo Appendino, a Villastellone:Turín, 6 de febrero de 1855Queridísimo señor teólogo:Ha llegado el octavario y me dispongo a cumplir mi promesa. Solamente quisiera hacerle una propuesta, si es posible. "Podría usted, u
otro, predicar el primer sermón del sábado? "Llego a tiempo el domingo, saliendo de aquí en el vapor de las
147Fin de Página 147
VOLUMEN V Página: 148dos y media de la tarde? Con respuestas afirmativas a estas dos preguntas, podría arreglar todas las cosas de mi Oratorio.Tenga la bondad de enviarme dos líneas de respuesta y, de acuerdo con ellas, yo me las arreglaré.Téngame presente en sus oraciones y créame en cuanto yo puedo.De V.S.Afmo. alumno
JUAN BOSCO, Pbro.Y fue a Villastellone. Cuando se ausentaba del Oratorio solía tener la precaución de no decir nada de su partida a los muchachos, para
que no supieran si estaba en casa o fuera. Sólo se daban cuenta de ello los que deseaban confesarse con él y no le encontraban en el
confesonario. Por lo general, no lo daba a conocer ni siquiera a los ((194)) Superiores, excepción hecha del Prefecto, que debía ocupar su
puesto en la dirección. Asimismo callaba el día de su vuelta. Pero, desde el momento de su salida del Oratorio hasta el del retorno,
desarrollaba un verdadero apostolado en el púlpito, por el camino y en las casas donde debía alojarse. No dejaba escapar la ocasión para
dar, con toda caridad, buenos consejos espirituales, incluso a personas desconocidas hasta entonces. El sacerdote o clérigo que le
acompañaba quedaba maravillado del afecto que todos le demostraban después. Llegaban a veces al Oratorio hombres que se habían
encontrado con don Bosco en un viaje y, habiéndoles exhortado a confesarse, iban a cumplir la promesa hecha. Fue, entre otros, el
cochero de una diligencia pública. Don Bosco se había sentado en el pescante junto a él, y sufría mucho al oírle blasfemar a menudo.
Pero no se calló, sino que, de buenas maneras, le rogó que no lo hiciera. Contestóle el cochero que era tal la costumbre, que no veía cómo
llegar a enmendarse. Entonces don Bosco le dijo:-Si de aquí al primer relevo de caballos no suelta una blasfemia, o sea, hasta la primera parada, le pago un litro de vino.A partir de aquel instante, los labios del cochero no pronunciaron el nombre de Dios en vano ni una sola vez.Don Bosco cumplió su palabra y luego le dijo:-Si ha podido vencerse durante este tiempo por tan poco, "cómo no va a poder dejar de blasfemar del todo, pensando en el cielo que le
espera y también en el infierno en el que puede caer de un momento a otro?
148Fin de Página 148
VOLUMEN V Página: 149((195))CAPITULO XIXALIANZA DE PIAMONTE, FRANCIA E INGLATERRA CONTRA RUSIA -MUERTE DEL PRINCIPE FERNANDO -LA LEY
CONTRA LOS CONVENTOS APROBADA POR LA CAMARA DE DIPUTADOS -EL MARQUES DOMINGO FASSATI
CATEQUISTA EN VALDOCCO -SANTO Y DIVERTIDO CARNAVAL EN EL ORATORIO -SABIA OBSERVACION SOBRE LOS
ORATORIOS FESTIVOSVOLVIA don Bosco de Villastellone mientras, pasados los días de luto, volvían a abrirse las Cámaras de Diputados y Senadores. Pero un
gravísimo acontecimiento suspendía el debate sobre la confiscación de los bienes eclesiásticos y la supresión de los conventos.El Ministro Cavour se había aliado con Francia e Inglaterra contra Rusia, halagado con la esperanza de un futuro engrandecimiento del
territorio del reino sardo, y el 10 de enero de 1855 firmaba el tratado, reservándose la aprobación de las Cámaras. Se acordaba que para
aquella empresa se enviarían 15.000 soldados a Crimea y que se mantendría dicho número con refuerzos sucesivos. Piamonte tendría que
correr con todos los gastos de su ejército.((196)) El tres de febrero comenzaron los debates en el Parlamento y el diez fue aprobado el tratado de alianza. Fue una aprobación
apresurada para no perder el tiempo y proseguir discutiendo las propuestas de Rattazzi.Pocas horas después, en la noche del diez al once, moría el príncipe Fernando de Saboya, duque de Génova, hermano del Rey, a la edad
de treinta y tres años. Por tercera vez hubo que suspender aquellas siniestras sesiones. Los funerales del príncipe se celebraron el día
catorce y sus restos fueron enterrados en Superga, junto a los de sus abuelos. Los clérigos del Oratorio asistieron al entierro.Esta serie acosadora de desgracias hubiera debido convencer al Rey de que aquellas cartas misteriosas le anunciaban la voluntad de
Dios. Y, a decir verdad, empezaba a pensarlo seriamente. Nunca, ni siquiera durante las mayores epidemias, había sucedido que se
abrieran tres tumbas en menos de un mes, para enterrar los restos
149Fin de Página 149
VOLUMEN V Página: 150de príncipes, tan próximos parientes del Soberano. No sólo los católicos, sino muchos liberales vieron en ello un aviso del cielo a Víctor
Manuel, para que no siguiera avanzando por el camino emprendido.Pero el quince de febrero, con deplorable terquedad, de nuevo se abría el debate sobre la ley Rattazzi, que consumió diecisiete sesiones
en la Cámara de Diputados. Se pedía la aprobación del proyecto íporque el Papa lo había condenado! Mientras tanto, los dos
solemnísimos funerales celebrados en la catedral, el veintitrés de febrero y el tres de marzo, por las almas de las dos augustas difuntas,
debían recordar a alguno la profecía de don Bosco. Pero el dos de marzo se aprobaba la ley de supresión por ciento diecisiete votos contra
treinta y seis. Presentóla entonces Rattazzi al Senado, al cual ((197)) enviaron los católicos súplicas firmadas por más de 97.700
ciudadanos pidiendo que la rechazara. Pero el Gobierno cursaba bajo mano, otras a favor, con 36.600 firmas.Mientras los ciudadanos afligidos comentaban las consecuencias de la guerra y de la ley anticristiana, el Oratorio de Valdocco gozaba
de los favores de Dios y de los hombres. Don Juan Bonetti, en su obra Cinco lustros de historia del Oratorio Salesiano, escribió unas
hermosísimas páginas sobre el año 1855, que reproducimos aquí:"Si hasta ahora hubo muchas personas del clero y del laicado que demostraron su afecto al Oratorio, de aquí en adelante los
admiradores aumentaron en número y entusiasmo. Las obras de caridad, la asistencia prestada por los muchachos a las víctimas del
cólera, durante la terrible epidemia, y el público tributo de alabanza del Ayuntamiento de Turín, dieron a conocer mucho mejor la
Institución de don Bosco, su índole y su benéfico fin. Por otra parte, la extraordinaria, por no decir prodigiosa, inmunidad de todos sus
muchachos de la fatal enfermedad, demostró al mismo tiempo la singularísima protección y benevolencia del Cielo a la obra de aquel
santo varón. De donde se consiguió que los antiguos bienhechores continuaron y aumentaron sus atenciones en favor de sus pobrecitos
hijos, y muchos otros imitaron su ejemplo."Tendría que citar aquí varios nombres de personas beneméritas, que fueron para don Bosco instrumentos de la Divina Providencia;
pero dejando el hablar de ellos para lugar más oportuno, hay que recordar ahora al marqués Domingo Fassati. Durante varios años, los
días festivos y todos los días de Cuaresma, acudía asiduamente al Oratorio a enseñar el catecismo a un grupo numeroso ((198)) de pobres
aprendices, retardando incluso su comida para otra hora más
150Fin de Página 150
VOLUMEN V Página: 151incómoda. Un día en que llegó algo tarde y encontró otro catequista en su lugar, dijo con toda humildad aquel noble caballero: ``He
cometido una falta y he de hacer la oportuna penitencia''. Dicho esto, se sentó en un banco en medio de los chiquillos y allí estuvo hasta el
fin de la clase, escuchando el catecismo como uno de ellos."Era extraordinario su celo y admirables las industrias de que se valía para que los muchachos asistieran, atendieran y progresaran en el
conocimiento de la religión. Acostumbrado al orden, como buen militar, colocaba a sus alumnos de manera que los tuviera siempre a la
vista, interrogaba ya a uno ya a otro poco a poco y como de improviso, para que con el miedo a ser interrogado, ninguno se distrajera.
Llevaba un registro con el nombre y apellido de todos sus catequizados, marcaba en él las faltas de asistencia y la buena o menos buena
conducta. De vez en cuando repartía estampitas, medallas, libritos y premios semejantes a los más aplicados. Aun cuando aparecía ante
los muchachos con su aspecto serio y militar, éstos, sin embargo, le querían tanto que en cuanto le veían llegar a clase manifestaban
vivamente su alegría, y difícilmente faltaban a ella. Total, que el marqués Fassati tenía a los chicos con tal orden y disciplina y los
enseñaba tan bien que puede ser propuesto como modelo. Deseoso de perfeccionarse cada día más en el arte de enseñar a los chicos, el
noble señor no tenía reparo en asistir a las conferencias que don Bosco daba de cuando en cuando a sus catequistas. Solía decir que
ninguna conversación, ninguna reunión, ninguna velada, por entretenida que fuera, le gustaba tanto como media hora de catecismo a los
muchachos del Oratorio. Ejemplo y palabras edificantes, dignas ((199)) de ser copiadas por todo buen católico especialmemte en los
tiempos que corren."Pero el Marqués no sólo daba muestras de su bondad con palabras, sino también con hechos que no se pueden olvidar fácilmente. Uno
de ellos es el del último día del carnaval del 1855, día en que se hacía el ejercicio de la buena muerte en sufragio de las almas del
purgatorio. En cuando lo supo dijo el marqués Fassati:"-Los hijos de don Bosco suelen consolar a las almas del purgatorio el último día de carnaval, ofreciendo como sufragio la confesión, la
santa comunión y oportunas oraciones; y yo quiero alegrarles a ellos."Y así lo hizo. Era el 20 de febrero. Por la mañana, amén del centenar de internos, asistieron a la santa misa muchos otros del Oratorio
festivo, recibieron los santos sacramentos, siguieron las oraciones de la buena muerte recitadas por don Víctor Alasonatti, y
151Fin de Página 151
VOLUMEN V Página: 152ofrecieron a Dios, por las almas benditas, no sólo aquellas prácticas de piedad, sino también el sacrificio de un frío intenso, que atería los
miembros. Pero, al salir de la iglesia, se encontraron con un premio inesperado: dos buenos panecillos, con una gruesa loncha de
salchichón. Como si las almas del purgatorio les recompensaran, por medio del señor Marqués, del alivio que ellos les habían procurado
con sus sufragios."Pero lo extraordinario de veras fue la comida preparada para aquel mismo día. Quiso el caritativo señor que, además de una buena
pitanza, tuvieran los muchachos su ración de ravioles. Se necesitaban más de cien docenas, por lo que fue menester que la víspera los
preparase mamá Margarita con varios jóvenes bajo su guía."-Pero los ravioles hay que mojarlos, dijo el providente señor."Y en consecuencia mandó al Oratorio una cantidad de vino estupendo de sus viñas del Monferrato. ((200)) Tuvo además el gusto de
asistir personalmente al banquete diciendo:"-Quiero ver por mis ojos el efecto que produce en los muchachos un par de vasos de buen vino."Y lo vio y lo oyó con gran satisfacción de su parte. A los cinco minutos de haber bebido el primero, los chicos no se tenían de pie; las
charlas se convirtieron en un guirigay; los vítores al señor Marqués se sucedían sin interrupción; era un espectáculo carnavalesco, pero
honesto e inocente. Se trataba de servir el segundo vaso; pero, en vista de que la alegría llegaba al colmo, don Bosco rogó al señor
Marqués le permitiera bautizar un poquito el generoso licor de Baco, para librar a los muchachos de que se les subiese a la cabeza y se
mareasen. Si aquel día los huerfanitos no cabían en sí de contentos, mayor fue la alegría del señor Marqués. La piedad y la fe que guiaban
todos sus actos, le aseguraban que había alegrado a un grupo de pobres jovencitos, que rogarían por él al Señor para que lo recibiera un
día en el seno de su misericordia y le diera en el cielo un premio adecuado e imperecedero. Este pensamiento le colmaba de inefables
consuelos. Y yo creo que, en vista de su caridad, el Señor le concedió aquella paciencia, resignación y fortaleza de espíritu que siempre
demostró en las muchas tribulaciones, con las que en vida le fue purificando y preparando para el cielo, y al fin con una muerte preciosa,
como la divina bondad suele conceder a sus predilectos."Y aquí, pues viene a propósito, es bueno repetirlo para norma de los directores y promotores de los Oratorios festivos. Si se quiere que
los muchachos acudan a ellos, son indispensables honestos alicientes. Sin ellos, la mayoría ((201)) de los chicos, únicos dueños de sí
152Fin de Página 152
VOLUMEN V Página: 153mismos, por ser huérfanos, o por abandono de sus padres, no se deciden a asistir a las funciones sagradas y a la enseñanza religiosa, que
en ellos se da. Por su ligereza e irreflexión esta gentecilla huye casi por instinto del recogimiento, y de someterse a la vigilancia. Hay que
atraérsela y ganársela como a las moscas, con ricos panales de miel. Así pues, si se quiere que prospere un Oratorio festivo, se requieren
diversiones, juegos, entretenimientos, delicado y amable trato, y esto siempre; además, de cuando en cuando, hacen falta representaciones
teatrales, pequeñas rifas, regalitos, excursiones, desayunos, meriendas y cosas por el estilo."Si hay en ellos estas atracciones, se verán los Oratorios abarrotados de muchachos; en caso contrario, se tendrá la pena de ver en los
días festivos las plazas, calles y alrededores de la ciudad atestados de arrapiezos que crecen en la ignorancia de la religión y en el
aprendizaje de todo mal; se experimentará el disgusto de ver crecer una generación sin Dios, sin fe y sin ley; se sentirá el dolor de ver
cómo se forman familias y asociaciones que sumirán otra vez al mundo en los horrores del paganismo y de la barbarie. Ya se ven ahora
lastimosos ejemplos en muchas ciudades de Italia y de Francia, que no hay por qué señalar aquí."Muévanse, pues, los católicos más o menos favorecidos por la fortuna, y sepan hacer algún sacrificio en la triste situación de nuestros
tiempos, sepan privarse también de sus honestos placeres, para atraer al bien a tantos muchachos, para conservarlos o devolverlos a Dios,
a la patria, al Cielo. Si esperamos en demasía, no llegaremos a tiempo; porque la ignorancia, las pasiones, las malas compañías harán de
muchos e incautos jovencitos los reclutas, los gregarios de las sociedades subversivas, los discípulos de quienes se glorían de cantar
himnos ((202)) a Satanás, de juntarse para combatir bajo sus negros estandartes, al grito de í Viva el infierno!"Piensen también los señores en sí mismos, y teman que el Señor, más pronto o más tarde, no se sirva de alguno de estos seres
desgraciados como de azote para castigar una indiferencia, por la que crecen tantos jóvenes en la impiedad y el crimen; procuremos
todos, siquiera con nuestra caridad y beneficencia, merecer la misericordia de Dios el día, quizás no lejano, en que estalle su justa ira".
153Fin de Página 153
VOLUMEN V Página: 154((203)
)CAPITULO XXLAS LECTURAS CATOLICAS -SATISFACCION DE DON BOSCO POR LA VUELTA DE ALGUNOS JOVENES A LA
VERDADERA RELIGION Y POR EL BAUTISMO DE UN JUDIO Y DE UN VALDENSE -DOMINGO SAVIO RUEGA POR LA
CONVERSION DE LOS PROTESTANTES Y AVISA A DON BOSCO DE LA MUERTE INMINENTE DE UN APOSTATA -DON
BOSCO ENSEÑA A LOS JOVENES COMO PUEDEN SANTIFICARSE EN SU PROPIO ESTADO -INDUSTRIAS DE DOMINGO
SAVIO PARA HACER EL BIEN A LAS ALMAS -SU AMIGO JUAN MASSAGLIA -EL CLERIGO RUA HACE LOS VOTOS
RELIGIOSOS POR UN AÑO -LA VIRGEN DE TAGGIA -LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DEL TIEMPO PASCUALLAS Lecturas Católicas empezaban valientemente su tercer año. Del cobro de las suscripciones se encargaban en el Obispado de Ivrea 1.Don Bosco se ocupaba especialmente de la edición. Los dos folletos correspondientes al mes de marzo, impresos por Paravía, eran la
segunda edición de una obrita publicada unos años antes:Sistema fácil para aprender la historia sagrada, para uso del pueblo cristiano, con ((204)) un mapa de Tierra Santa, por el Sac.
JUAN BOSCO. En treinta y un capítulos, con preguntas y respuestas brevísimas, pero lapidarias, desarrolla su argumento. Llevaba
adjuntos los nombres geográficos actuales relacionados con los que1 Dirección general de las Lecturas Católicas.Turín, 8 de febrero de 1855Muy apreciado Señor:Debiendo ajustar cuentas con la imprenta, rogamos a V.S. Ilma. tenga a bien enviarnos el abono de su suscripción a las Lecturas
Católicas.Le rogamos nos indique el número de ejemplares que le interesa recibir este tercer año.En espera de su respuesta tenemos el honor de profesarnos con toda estima,De V.S. Ilma.S.S.
I. C. VALINOTTI
Fin de Página 154
VOLUMEN V Página: 155aparecen en aquella historia, y la cronología de Patriarcas, Jueces, Reyes y Pontífices del pueblo Hebreo.Al recordar las enseñanzas de Jesucristo a las turbas, hacía notar lo que El dijo sobre los honores, el empleo de las riquezas, al fuga de
los placeres terrenos, la virtud de la castidad, la templanza contra la envidia, la cólera y la pereza, y cerraba así su libro:"Hemos de pedir a Dios por los que viven fuera de la Iglesia Católica para que infunda en sus corazones tal abundancia de gracia que
les permita vencer todo respeto humano y entrar en ella para apagar el vivo deseo de Jesucristo, que amorosamente llama a sí a todos los
hombres del mundo para formar un solo rebaño bajo un solo pastor en la tierra, y dar después a todos recompensa eterna en el cielo".((205)) En la última página presentaba algunas máximas morales sacadas de la Sagrada Escritura; la primera era ésta: "Dios hace
concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman" 1. Nosotros veremos cómo se cumplió en don Bosco esta gran promesa, sobre
todo en la consecución de su fin principal: la salvación de las almas.Nos ofrece una prueba el periódico Armonía, en su número del 7 de marzo de 1855, con el título: Conversiones al Catolicismo en el
Oratorio de San Francisco de Sales.No hay cosa que más satisfaga a un católico que el ver cómo crece cada día el número de los hijos de la luz. Ya hemos anunciado otras
veces, cómo algunos católicos, arrastrados incautamente al error, han vuelto a la religión Católica, gracias a su asistencia a los Oratorios
para la juventud de nuestra ciudad. Hace apenas tres meses que un joven israelita, alumno de este Oratorio, abandonaba el judaísmo y se
hacía cristiano.Ha pasado mes y medio desde que publicábamos cómo un tal Miguel Trombotti, seducido por regalos y promesas de los protestantes, se
había afiliado a esta secta. Asistió durante algún tiempo al Oratorio de San Francisco de Sales; los rayos de la gracia divina iluminaron su
corazón y triunfaron. Ahora vive como un buen cristiano y fervoroso católico.Hace dos domingos hemos visto allí, con suma complacencia, a dos jovencitos que dejaron de asistir a las escuelas protestantes (que les
habían seducido con cotidianos regalos), y que llenos de alegría comenzaron de nuevo a acudir a las prácticas religiosas de los católicos.
El domingo pasado (4 de marzo) hemos asistido al bautismo de un valdense.Este joven, llamado Avandetto, nació en Torre de Lucerna. Sus padres le dejaron crecer en el abandono y olvido total de la religión y la
moral, a fin de que -decían ellos-escogiera de mayor la religión que más le gustase. Con la fatal epidemia del cólera perecieron sus
padres, y él quedó ((206)) huérfano, totalmente solo, expuesto a los peligros de un adolescente de quince años sin educación y sin
religión.1 Rom. VIII, 28.
155Fin de Página 155
VOLUMEN V Página: 156Mas la divina Providencia, que vela por el destino de los hombres, dispuso que fuera asilado en el Oratorio de San Francisco de Sales.
Allí encontró alojamiento, comida, vestido e instrucción. Al preguntarle qué religión quería abrazar, respondía: -Quiero abrazar la
religión en la que me pueda salvar.-Después de cuatro meses de catecismo, pareció suficientemente instruido para recibir el Bautismo e
ingresar en el seno de la Iglesia Católica.Por eso, el domingo a las tres y media de la tarde, monseñor Juan Pedro Losana, obispo de Biella, estuvo en el Oratorio de San
Francisco de Sales para efectuar la ceremonia religiosa. No resulta fácil decir qué llamaba más la atención, si la alegría que inundaba el
corazón del catecúmeno o la satisfacción que transparentaba el rostro del numeroso enjambre de muchachos que lo rodeaban. Fue padrino
el caballero Marcos Gonella, madrina la señora Angela Piacenza de Gonella, miembros los dos de una familia que está siempre presente
doquiera haya una obra benéfica, un acto de cristiana caridad que ejercitar.Terminada la sagrada función, el señor Obispo pronunció unas palabras para manifestar su alegría al ver en estos días a tantos hijos de
las tinieblas abandonar el error para integrarse en el seno de la Iglesia Católica. Lamentó después con viva emoción cómo muchos otros
hijos de la luz, dejándose neciamente arrastrar por el error, y fascinados por la fantasía de la novedad, abrazan una religión sin autoridad,
sin sacramentos, dejada al capricho de cada cual.-Queridos hijos míos, decía con toda su energía, creedme; el Protestantismo es una religión sin Credo, sin símbolo, porque cada
protestante cree lo que él quiere y como quiere. No se encuentran dos pueblos protestantes, ni siquiera dos familias, ni aun dos miembros
de la misma familia, que tengan las mismas creencias en punto a religión. "Puede haber cristianos, tan sin tino, que lleguen a abandonar
su religión sacrosanta para ir tras un fantasma religioso que no ofrece sino capricho, vanidad y desorden?((207)) Terminó aconsejando al néofito que se instruyese en la religión abrazada y que se afanase con diligencia y valor para
mantenerse firme en la fe hasta la muerte. Dirigióse por fin a los presentes animándoles a vivir como buenos católicos, para demostrar
con obras y palabras que profesamos una religión santísima, divina, como es la Católica, Apostólica, Romana, fuera de la cual nadie
puede salvarse.Finalmente el buen prelado, entre armonías musicales interpretadas por los muchachos del Oratorio, daba la bendición con el Santísimo
Sacramento.Así pues, podemos contar con un católico más y esperemos que viva de tal modo que un día pueda ser habitante del cielo.Las oraciones y comuniones que se hacían en el Oratorio eran parte, y no despreciable, para quitar obstáculos a estos triunfos de la
gracia. Por ello no se puede explicar el consuelo de mamá Margarita cuando veía a un jovencito rezando con fervor. Un día le decía a don
Bosco:-Tienes muchos chicos buenos, pero ninguno supera la hermosura del corazon y del alma de Domingo Savio.Preguntóle don Bosco por qué lo decía, y ella contestó:-Porque le veo rezar en la iglesia después que han salido los demás, cuando terminan las funciones, y a menudo recitando el rosario
156Fin de Página 156
VOLUMEN V Página: 157con un grupo de amigos ante el altar de la Virgen. Todos los días deja el recreo para ir a visitar a Jesús Sacramentado; a veces, se olvida
de ir a comer con los demás y se queda rezando ante el altar como fuera de sí. Está en la iglesia como un ángel del Paraíso.En efecto, Domigo Savio rezaba, y mucho, sobre todo por la conversión de los protestantes. Más de una vez se le oyó decir:-Cuántas almas esperan en Inglaterra nuestros auxilios; ísi yo tuviera fuerzas y virtud, quisiera ((208)) ir ahora mismo, y con sermones y
buen ejemplo convertirlas a todas a Dios!Y su oración era eficaz, como lo prueba el siguiente hecho contado por el mismo don Bosco."Un día entró Domingo en mi cuarto y me dijo:"-Pronto, venga conmigo, que se ofrece ocasión de hacer una obra buena."-"Adónde quieres llevarme?, le pregunté."-Vamos pronto, añadió. Vamos en seguida."No me decidía del todo. Pero como él insistiese, y como yo había experimentado en otras ocasiones la importancia de estas
invitaciones, tomé el sombrero y le seguí."Savio salió de casa a paso rápido y se metió de calle en calle, sin decir palabra ni detenerse. Al fin tomó la de las Huérfanas, entró en
un portal, subió la escalera, llegó al tercer piso y agitó fuertemente la campanilla."-Aquí es donde tiene usted que entrar, me dijo, y se marchó a casa sin más."Una señora abrió la puerta."-íOh! íPronto, me dijo; pronto, de lo contrario no va a haber tiempo. Mi esposo tuvo la desgracia de hacerse protestante. Ahora se
encuentra en trance de muerte y pide, por piedad, morir como buen católico."Me dirigí en seguida al lecho del enfermo, que mostraba grandes deseos de reconciliarse con Dios. Arreglados con la mayor presteza
los negocios del alma, llegó el cura de la parroquia de San Agustín, que había sido llamado poco antes. Apenas le hubo administrado el
sacramento de los enfermos con una sola unción, el enfermo pasó a mejor vida."Más tarde quise preguntar a Domingo cómo había sabido que en aquella casa había un enfermo en aquel estado; pero él me miró con
cierta pena y echóse a llorar. Yo no inquirí nada más, recordando aquellas palabras de la Sagrada Escritura: ``Es bueno ((209)) mantener
oculto el secreto del Rey: Sacramentum regis abscondere
157Fin de Página 157
VOLUMEN V Página: 158bonum est''. Y que a las almas buenas se les hace más difícil manifestar lo favores que el Señor les hace, que no los pecados cometidos".En medio de estas larguezas de la misericordia del Señor había empezado en los tres Oratorios festivos la catequesis cuaresmal. Uno de
aquellos domingos dio don Bosco una plática sobre el modo de hacerse santo, y se entretuvo especialmente en el desarrollo de estos tres
puntos: es voluntad de Dios que nos hagamos santos; es muy fácil conseguirlo; está preparado en el cielo un gran premio para quien se
hace santo. Estas palabras causaron gran impresión en el alma sencilla de Domingo Savio, que poco después decía a don Bosco:-Siento el deseo, la necesidad, de hacerme santo; nunca me hubiera imaginado yo que uno pudiese llegar a serlo con tanta facilidad;
pero ahora que he visto que se puede también estando alegre, quiero absolutamente hacerme santo.Don Bosco alabó su propósito, le indicó que lo primero que Dios quería de él era una constante y serena alegría; le aconsejó que fuera
perseverante en el cumplimiento de sus deberes de piedad y estudio, y que tomara siempre parte en los recreos junto con sus compañeros.
Al mismo tiempo, le prohibió toda penitencia austera y las oraciones demasiado prolongadas, porque no eran compatibles con su edad ysu salud, ni con sus ocupaciones.Domingo obedeció, pero un día don Bosco le encontró muy triste y exclamando:-íAy de mí! íEstoy en un verdadero aprieto! El Salvador dice que si no se hace penitencia, no se podrá entrar en el paraíso, y a mí meprohíben hacerla; "cuál va a ser entonces mi cielo?-La penitencia que Dios quiere de ti, le dijo don Bosco, es la obediencia. Obedece y ya tienes bastante.((210)) -"Pero es que no podría permitirme hacer alguna otra penitencia más?-Sí, se te permite ésta: soportar con paciencia las injurias que te hagan, tolerar con resignación el calor, el frío, el viento, la lluvia, elcansancio y todas las indisposiciones de salud que quiera enviarte el Señor.-Bien, pero todo esto hay que sufrirlo por necesidad.-Pues lo que haya que sufrir por necesidad ofréceselo al Señor y se convertirá en virtud, y ganarás muchos méritos para tu alma.-"Y nada más?-Trabaja para ganar almas para Dios.158Fin de Página 158
VOLUMEN V Página: 159-íEntendido!A partir de entonces, fue encendiéndose en Domingo un celo cada vez mayor por la salvación de las almas; parecía un verdadero
aunque pequeño apóstol. Para aprender mejor el camino del éxito en el santo ejercicio de ayudar al prójimo, leía con gusto la vida de los
santos que se habían distinguido en trabajos de apostolado, como la de San Felipe Neri, San Francisco Javier, San Francisco de Sales y
otros. Hablaba con frecuencia de los misioneros que trabajan en la conversión de los infieles y herejes, rezaba por ellos y envidiaba su
suerte. Con frecuencia se le oyó exclamar:-íCuántas almas se pierden, porque no hay quien les predique la palabra de Dios! íCuántos pobres muchachos quizá se pierdan, por no
tener quien les instruya en la fe!Pero no se contentaba con lo deseos; pasaba a los hechos. Por cuanto se lo permitían su edad y su cultura, se prestaba con sumo gusto a
enseñar el catecismo a los pequeños en la iglesia del Oratorio; y más aún, si alguno tenía mayor necesidad, se prestaba gustosísimo a
darle clase de religión cualquier ((211)) día de la semana y a cualquier hora. Todo lo encontraba agradable, cuando pensaba que
colaboraba a la salvación de un alma.Eran admirables los medios de que se servía para conseguir su noble fin durante los recreos. Si tenía un caramelo, una fruta, una
crucecita, una medalla, una estampa o algo parecido, lo guardaba para esto.-"Quién la quiere? "Quién la quiere?, iba pregonando.-Yo, yo, -gritaban todos corriendo tras él.-Despacio, añadía entonces; se la daré al que mejor responda a una pregunta del catecismo.El santo muchacho sólo preguntaba a los más traviesos, y en cuanto daban una respuesta satisfactoria, les hacía el regalito. De este
modo, y en poco tiempo, se ganaba el afecto de aquellos galopines que casi siempre le rodeaban.Y no sólo buscaba la compañía de esta clase de chicos, sino también la de otros no menos digna de bondadosos cuidados. Había
algunos muchachos internos y muchos de los del Oratorio festivo que eran algo bastos, ignorantes y poco educados, por lo que los demás
les daban de lado. Pues éstos eran los que particularmente buscaba Domingo. El, con un sentido y una intuición, que diríamos
sobrenatural, no se preocupaba de las apariencias ni favorecía las simpatías, sino que, mirando únicamente a su alma, se acercaba a ellos,
les contaba algún buen ejemplo, les invitaba a pasear en su
159Fin de Página 159
VOLUMEN V Página: 160compañía, les hacía razonar y, en resumidas cuentas, los sacaba de su desaliento y los consolaba como mejor podía.Merece recordarse aquí de modo particular una de sus industrias. Cuando se daba cuenta de que alguno hacía ya ((212)) tiempo que no
se confesaba, el celoso jovencito procuraba de buenos modos acercarse a él, charlaba o jugaba en su compañía y continuaba así por algún
tiempo; pero, de pronto, cortaba el hilo de la conversación, suspendía la partida y decía al amigo:-"Me harías un favor?-Claro que sí. "Cuál?-El domingo quiero ir a confesarme; "me acompañarás?Generalmente, por complacerlo, el compañero respondía que sí.
A Domingo le bastaba aquello y seguía la conversación o reemprendía la partida. Al día siguiente hacía lo mismo con otro; así que, el
sábado por la tarde o el domingo por la mañana, edificaba verle a los pies del confesor, con dos o tres y, a veces, hasta con siete u ocho
jovencitos de los más reacios a los actos de piedad, llevados por él a aquel ejercicio religioso. Estos hechos se repetían con frecuencia y
eran de gran provecho para los compañeros, y de gran consuelo para don Bosco, el cual solía decir que Domingo Savio atrapaba más
peces en la red con sus juegos que los predicadores con sus sermones.Pero Savio no andaba solo en estas santas empresas; distinguíase otro entre los demás: Juan Massaglia, óptimo jovencito, de cerca de su
pueblo. Llegaron ambos contemporáneamente al Oratorio, ambos tenían el deseo de abrazar el estado eclesiástico y firme propósito de
santificarse.-No basta, decía cierto día Domingo a su amigo, no basta decir que queremos abrazar el estado eclesiástico, es menester tratar de
conseguir las virtudes necesarias para este estado.-Es verdad, respondió su amigo; pero si ponemos de nuestra parte todo lo que podemos, Dios no dejará de ((213)) darnos las gracias y
la fuerzas para hacernos dignos de favor tan grande como es el de ser ministros de Jesucristo.En el florecimiento de tantas virtudes en el Oratorio, veía don Bosco la mano de la Santísima Virgen que las cultivaba, experimentaba
la eficacia de su maternal protección, y procuraba por su parte corresponderle con ardorosa voluntad. Ese fue el móvil y el secreto que le
indujo a hacer la primera prueba de lo que más tarde fue su gran obra, a saber: el principio de la Pía Sociedad, a la que siempre había
encaminado sus deseos. A tal fin, después de haber hablado
160Fin de Página 160
VOLUMEN V Página: 161ampliamente en conferencias con algunos de sus clérigos más fieles, sobre las tres virtudes objeto de los votos religiosos, invitó al clérigo
Rúa, que hacía entonces el segundo curso de filosofía, a emitir estos votos por un año. Pero no le manifestó nada de su gran proyecto. El
buen clérigo aceptó, persuadido de que solamente se trataba de convivir con don Bosco y de ayudarle más eficazmente en la obra de los
Oratorios practicando aquellas virtudes.Así pues, el clérigo Miguel Rúa emitió los primeros votos por un año, la víspera de la fiesta de la Anunciación de María Santísima, en
el aposento de don Bosco, sin ningún testigo, asistido tan sólo por el buen siervo de Dios, sin más ornamentos que la simple sotana y de
rodillas ante el crucifijo.Poco despuésle imitó don Víctor Alasonatti, quien seguramente sabía algo más sobre los designios de su santo amigo.Por aquellos días, veinticinco, veintiséis, veintisiete y veintiocho de marzo, se celebraban en el santuario de Nuestra Señora de la
Consolación solemnísimas funciones religiosas, con asistencia del Arzobispo de Chambery y de los obispos de Mondoví y Casale, con
motivo de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.Los ritos sagrados del templo, la procesión y la iluminación general de la ciudad se acrecentaron también con la ((214)) noticia de un
gran milagro sucedido en Taggia 1 cuando se celebraba el mismo glorioso acontecimiento. Se veneraba en la parroquia una estatua de la
Virgen modelada en barro, muy dura, de casi un metro de alta, con la túnica de color rosa y el manto azul, y sosteniendo un corazón en la
mano. Sus ojos vivísimos miraban dulcemente hacia la derecha. Sucedió que el once de marzo aquellos ojos se movieron como para mirar
amablemente a una niña arrodillada ante el altar. Giraban luego las pupilas, de derecha a izquierda, y volvían después a su posición
normal; o bien se elevaban hacia arriba, hasta casi ocultarse por completo bajo los párpados superiores, y después bajaban. Estos
movimientos se sucedían ora lentamente, ora con mucha rapidez, y, en ocasiones, los ojos se fijaban con insistencia en las personas que
estaban delante. A veces infundían cariño, otras majestad. A veces el bendito rostro de la Virgen dejaba su dulzura habitual, tomaba
actitud de dolor o tristeza, desaparecía su color bermejo, y se cubría de una palidez notabilísima durante unos dos minutos. Estos cambios1 Taggia: pequeña ciudad italiana (7.500 hab.) de Liguria, al NE de San Remo, con ruinas romanas. (N. del T.)
161Fin de Página 161
VOLUMEN V Página: 162de color eran muy frecuentes. Y más a menudo aún, ofrecían el aspecto de una persona absorta en profundos pensamientos.Al realizarse los movimientos, además de la hinchazón de los ojos y el fruncimiento de los párpados, se observaba cómo se animaba la
mirada, de tal suerte que sobre la córnea, más brillante y b landa de lo ordinario, aparecía como el humor critalino de un ojo normal. La
frente y el cuello parecían exudar; se advertían como movimientos musculares en las mejillas, y estas variaciones eran aún más visibles
que los mismos movimientos de las pupilas.Los primeros en comprobar el portento fueron niños y piadosas mujeres, y en seguida corrió toda la ciudad a contemplar ((215)),
conmovida, y llorando, las maravillas de María Inmaculada.El hecho era evidente. Al principio se repitió casi todos los días hasta el veinticinco de marzo; luego se renovó por intervalos durante
los meses de abril, mayo y junio. Un severo proceso de la autoridad eclesiástica, organizado en el mismo lugar del milagroso suceso,
declaró que solamente se podía atribuir a una gracia del cielo, mientras ciento veinte testigos aseguraban con juramento la realidad de
aquellas maravillas. Don Bosco consiguió una relación del hecho, que conservamos, habló de él a los muchachos ensalzando la bondad
de María y su ayuda ofrecida a los pueblos en tiempos tan desdichados. Posteriormente el teólogo Bellasio, que fue espectador del
milagro de Taggia, confirmaba entusiasmado en el Oratorio cuanto ya había contado don Bosco.Así se preparaban los alumnos del Oratorio de Valdocco, con la mente y el corazón llenos de María Santísima, a celebrar la Pascua, que
cayó en el ocho de abril, y tomaron parte en los sagrados ritos de la Semana Santa, que se empezó a celebrar aquel año con cierta
regularidad. De los ejercicios espirituales, a los que asistieron, queda el recuerdo que don Bosco escribió sobre Domingo Savio y
Garigliano:"Al llegar el tiempo pascual, asistieron con los otros muchachos a los ejercicios espirituales y dieron muy buen ejemplo. Una vez
terminados los ejercicios, dijo Domingo al compañero:"-Me gustaría que fuéramos verdaderos amigos para todo lo referente al espíritu; deseo que, de aquí en adelante, nos corrijamos
mutuamente de todo lo que puede contribuir a nuestro bien espiritual. Si tú descubres en mí un defecto, dímelo en seguida para que me
pueda corregir; y si descubres algo bueno que yo pueda hacer, no dejes de advertírmelo.((216)) "-Lo haré con mucho gusto por ti, aunque no lo necesitas,
162Fin de Página 162
VOLUMEN V Página: 163pero tú tienes que hacerlo más conmigo que, como bien sabes, por mi edad, conocimientos y clase, me hallo expuesto a mayores peligros.
"-Dejemos cumplimientos a un lado y ayudémonos mutuamente a hacer el bien a nuestras almas.
"Mantuvieron fielmente su palabra".Fin de Página 163
VOLUMEN V Página: 164((217))CAPITULO XXILA GENERALA -DON BOSCO Y LOS EJERCICIOS ESPITUALES A LOS CORRIGENDOS -CONSIGUE DE RATTAZZI
LLEVARLOS DE EXCURSION -ALEGRE COMUNICADO -A STUPINIGI -CELO AFECTUOSO CON LOS MUCHACHOS DEL
CORRECCIONAL -REAL SOCIEDAD PROTECTORA DE LOS MUCHACHOS SALIDOS DEL CORRECCIONAL -CAPTURAS
PREVENIDASLAS prisiones seguían siendo uno más de los campos donde don Bosco ejercía su ministerio sacerdotal. Había una de ellas que gozaba de
su predilección. Existía y todavía existe1, en Turín, un reformatorio de muchachos adonde llevaban los padres a sus hijos rebeldes y
adonde iban también a parar los condenados por la policía o por los tribunales a causa de cualquier delito más o menos grave. Este
reformatorio se llama La Generala.Fue abierto por el gobierno piamontés en marzo de 1845, al sur de la ciudad; tiene capacidad para trescientos internos y depende del
Ministerio del Interior. Al principio estuvo dirigido por la Sociedad de San Pedro ad Víncula, fundada en 1839 por el abate Fissiaux, bajo
los auspicios de monseñor de Mazenod, obispo ((218)) de Marsella. Pero cambiaron los tiempos y esta sociedad fue despedida.Muchos de los detenidos en La Generala dependen de padres que poco o nada se preocuparon de su educación; otros pertenecen a
familias de mala o sospechosa conducta; algunos tienen a sus padres, o a uno de ellos u otros parientes en la cárcel, muchos son
huérfanos y tan abandonados que se cargaron de culpas y cayeron en manos de la policía. Generalmente, estos jóvenes se incorporan al
ejército al cumplir los veinte años y, los que todavía no han cumplido su condena, van a parar a las cárceles de adultos. Los detenidos son
encerrados por la noche en celdas individuales, y durante el día trabajan en la agricultura o en algún arte u oficio, siempre vigilados por
los guardias.Mientras la religión ocupó su puesto de honor y se la hizo conocer,1 Así escribía Lemoyne en 1905. (N. del T.)
164Fin de Página 164
VOLUMEN V Página: 165amar y practicar, la disciplina fue fácil, se mejoraron las costumbres y, poco a poco, los jóvenes se fueron regenerando. Pero cuando la
religión dejó de ejercer su poca o ninguna influencia, se sucedieron lamentables desórdenes. Hubo que castigar diarias revueltas, litigios,
riñas, heridas, acciones contra las buenas costumbres y otros hechos abominables. Los guardianes tenían que montar a veces la vigilancia
con la bayoneta calada.Don Bosco, mientras la Dirección fue benévola con el sacerdote y mientras los reglamentos penitenciarios y sus ocupaciones se lo
permitieron, consiguió poder ir de vez en cuando a visitar a aquellos pobres jóvenes, dignos de toda compasión. Con permiso del Director
de Prisiones les enseñaba el catecismo, les predicaba, los confesaba y, a menudo, se entretenía con ellos ((219)) amigablemente, ocmo lo
hacía con sus chicos del Oratorio. Ni que decir tiene que los jóvenes corrigendos, viéndose tratados tan amablemente, miraban a don
Bosco como un padre, y le demostraban sincero aprecio y afecto, y para no disgustarle, se esforzaban por comportarse lo mejor que
sabían. En cierta ocasión hicieron, por así decir, un milagro y demostraron claramente el poder del sistema preventivo para amansar los
ánimos más obstinados y rebeldes. El hecho ha sido divulgado por varios escritores. Se ocuparon de él entre otros, el abate Luis Mendre,
el doctor Carlos d'Espiney y el conde Carlos Conestábile.Poco después de la Pascua de 1855 don Bosco había predicado los ejercicios espirituales a aquellos jóvenes, con fecundas bendiciones
para sus almas. La dulzura y la caridad de su corazón había conquistado hasta a los más reacios y había conseguido que todos, menos
uno, recibieran los santos sacramentos. Encontró en sus oyentes y penitentes una sincera conversión, y, al mismo tiempo, un profundo
afecto y abierta simpatía hacia su persona. El santo sacerdote se conmovió, y resolvió alcanzar algún alivio a su reclusión. Lo primero que
se le ocurrió fue procurarles una excursión, convencido de que la privación de movimiento y de libertad era su más duro e insoportable
castigo. Presentóse, pues, al Director de Prisiones de la ciudad y le dijo:-Vengo a hacerle una proposición: "hay alguna probabilidad de que sea aceptada?-Haré lo posible, señor abate, para complacerle, respondió el funcionario, ya que su influencia sobre nuestros prisioneros nos ha
ayudado mucho.((220)) -Pues bien; permítame, señor Director, que implore una gracia para estos pobres jóvenes, cuya ejemplar conducta, desde
165Fin de Página 165
VOLUMEN V Página: 166hace algún tiempo, no deja nada que desear; permítame sacarlos un día: los acompañaré a hacer una excursión a pie hasta Stupinigi;
saldremos de mañanita y volveremos al anochecer: la excursión les irá muy bien para el alma y para el cuerpo.El Director asombrado saltó de la silla y exclamó:-"Habla usted en serio, Reverendo?-Con la mayor seriedad del mundo, replicó el sacerdote; y le suplico tome en consideración mi propuesta.-"Y sabe usted que yo sería responsable de todos los que se escaparan?-Esté usted tranquilo: no habrá ni una fuga. Yo me comprometo, si usted me confía a estos jóvenes, a devolverle todos, sin que falte
uno.La discusión fue larga. Don Bosco insistía; el Director se atrincheraba en la inflexibilidad del reglamento; hasta que por fin, no
pudiendo comprometerse personalmente, prometió hablar de ello con el Ministro.Mientras tanto, don Bosco fue a visitar al caballero Carlos Farcito di Vinea, entonces Intendente general o gobernador de la Provincia, a
quien correspondía otorgar el permiso. El Intendente oyó la propuesta y contestó con una rotunda negativa.El Director de Prisiones, en cambio, mantenía su palabra.Seguía al frente del Ministerio Urbano Rattazzi, hombre de agudo ingenio, aunque careciese de ciertas prendas morales. Reflexionó un
momento sobre la propuesta que el Director le presentaba en nombre de don Bosco; después hizo saber ((221)) a éste que deseaba verlo.
Iban a encontrarse frente a frente el enemigo y el defensor de las órdenes religiosas. Rattazzi debía tener, por lo menos, alguna vaga
noticia de las cartas escritas por don Bosco al Rey, pero no parece que hiciera la menor alusión a ello.Presentóse don Bosco al Ministro con aquel aire sencillo y abierto que le era tan natural, y que siempre le acompañaba, hasta en
presencia de los más altos personajes. El Ministro lo recibió con exquisita amabilidad y le dijo:-Voy a condescender, señor abate, con la propuesta que, en nombre de V. S., me ha sido hecha uno de estos días. Podrá usted realizar
su proyectada excursión, que hará mucho bien a esos muchachos presos, lo mismo moral que físicamente. Daré las órdenes oportunas: le
seguirán de lejos guardias disfrazados de paisano para ayudarle, si fuera necesario, a mantener el orden, y para emplear la fuerza, si
algunos recalcitrantes se negasen a volver a la cárcel por la tarde.
166Fin de Página 166
VOLUMEN V Página: 167El Ministro pronunció estas palabras con un tono de voz firme, convencido de que había satisfecho los deseos de don Bosco. Mas éste
se había sonreído al oír hablar de guardias.-Excelencia, repuso; estoy muy agradecido a su atención, pero no llevaré a cabo mi plan, si no es a condición de que usted me deje ir
solo con los jóvenes, y me dé su palabra de honor de que no enviará fuerza pública alguna tras de mí. Cargo con toda responsabilidad; y
podrá su Excelencia meterme en la cárcel, si ocurre algún desorden.El Ministro quedó atónito. Y exclamó:-Mire, por la tarde volverá usted sin ninguno de esos pobres bribones.((222)) -Confíe en mí, replicó don Bosco.Y su actitud demostraba bien a las claras que no estaba dispuesto a ceder. Había que decidirse: lo tomaba o lo dejaba. Por otra parte, a
Rattazzi le gustaba hacer la prueba; y además, aquel cura le inspiraba plena confianza; así que autorizó a don Bosco para hacer lo que
quería.Por lo demás, pensaría sin duda para sí: si alguno se atreviese a fugarse, no les costará a los guardias atraparlo a los pocos días y volver
a meterlo en la jaula.Don Bosco volvió en seguida a La Generala a preparar a los trescientos presos para que aprovecharan bien el singularísimo favor que se
les concedía. La víspera de aquel memorable día, reunió a todos y les dirigió unas palabras, concebidas en estos términos:-Queridos jóvenes, voy a daros una noticia que os va a gustar mucho. Como premio al afecto que me habéis demostrado hasta el
presente, como premio a la buena conducta que desde hace algún tiempo observáis, y, sobre todo, como premio a vuestra correspondencia
a mis pobres trabajos durante los ejercicios espirituales, he visitado al Director general y al señor Ministro y he conseguido permiso para
llevaros mañana de excursión hasta Stupinigi.En cuanto oyeron estas palabras, aquellos jóvenes lanzaron un grito ensordecedor de sorpresa y alegría imposible de describir. Hecho
de nuevo el silencio y obtenida la calma, don Bosco continuó:-Os dáis cuenta de que es un favor muy grande; es una gracia más única que rara, que jamás fue concedida hasta hoy.-íViva el Ministro! íViva don Bosco!, exclamaron a grandes voces los jóvenes entusiasmados.-Sí, viva ((223)) el Ministro, prosiguió don Bosco; pero oíd bien, amigos míos, lo más importante. He dado mi palabra de honor de
167Fin de Página 167
VOLUMEN V Página: 168que, del primero al último, os comportaréis tan bien que no necesitamos guardias de ningún género con nosotros; he dado mi palabra
asegurando que mañana, por la tarde, todos volveréis a entrar en esta mansión. "Puedo estar tranquilo de vuestra conducta? "Puedo estar
seguro de que ninguno de vosotros intentará escaparse?-Sí, sí, esté seguro; seremos buenos, seremos buenos; fue el grito unánime.Más aún, uno de los mayores empezó a decir:-íPor mis barbas! Como alguien intente escaparse, iré tras él y lo descuartizaré como a un pollo.-Y yo, agregó otro no menos violento, le rompo la cabeza de una pedrada a quien le dé el menor disgusto.-No volverá vivo a casa, gritó a su vez un joven hercúleo de unos dieciocho años, el canalla que deshonre nuestra pandilla.-Basta, basta, dijo don Bosco; este modo de hablar no está bien y me disgusta. Me fío de todos vosotros; sé que me apreciáis y no me
daréis ningún disgusto. Mientras tanto, no estará de más os advierta que mañana toda la ciudad de Turín tendrá puestos sus ojos sobre
nosotros. Si alguno se portase mal, nos desacreditará a todos, y a mí el primero, que he pedido y conseguido este favor, y la gente tendría
razón para decir que he sido un temerario y que me he dejado engañar; os desacreditaríais también vosotros, y pasaríais por jóvenes de los
que nadie puede fiarse. Y además, "qué sacaríais escapándoos? A menos que uno tuviese alas para volar, pocas horas después, o a lo más
al cabo de uno o dos días, sería de nuevo detenido y encerrado en más dura prisión. En cambio, si todos os portáis bien, y por la tarde
volvéis sin ninguna dificultad a casa, "quién sabe, si más adelante, no os vuelva a ser ((224)) concedido este mismo favor, y así, de
cuando en cuando, podáis gozar de paseos semejantes? Pero, todas éstas son consideraciones humanas; hay una, mis queridos jóvenes,
mucho más importante. Hace muy poco habéis hecho al Señor las más hermosas promesas de ser buenos y no ofenderle. Ahora bien, El
os contempla desde el cielo, dispuesto a bendeciros ahora y en lo porvenir, si le sois fieles. Dad una prueba mañana de la sinceridad y
firmeza de vuestras relaciones. íTodos en orden; fuera desobediencias, fuera riñas, fuera altercados! "Lo prometéis?-Sí, sí, lo prometemos; ípalabra de honor!, íya lo verá!Y uno de ellos agregó:-Usted será nuestro general en jefe; y yo le aseguro en nombre de todos mis compañeros que jamás un general tuvo soldados más
dóciles y disciplinados.
168Fin de Página 168
VOLUMEN V Página: 169Don Bosco, ante tantas seguridades, pasó a anunciarles la hora de salida, el orden de la marcha, de la estancia y de la vuelta, y
finalmente, despidiéndose para volver a Valdocco, les dijo:-Hasta mañana por la mañana.Aquellos jóvenes no cabían en sí de gozo y desde aquella tarde fueron con sus guardianes tan pacíficos y obedientes como nunca lo
habían sido.
A la mañana siguiente, capitaneados por don Bosco, tomaban el camino de Stupinigi. Es éste un pueblo con casi mil habitantes, situado
junto al río Sangone, a cuatro millas al sudoeste de Turín, con un parque real. Allí los esperaba el párroco del lugar don Manuel Amaretti,
íntimo amigo de don Bosco y de don Víctor Alasonatti.Fuera de su prisión, gozaban con reconocida alegría de una jornada de sol y de libertad, precedidos de un borrico cargado con las
provisiones. Su afectuoso cariño con don Bosco fue conmovedor. Cuando le vieron un poco ((225)) cansado del camino, en un abrir y
cerrar de ojos cargaron sobre sus hombros las provisiones que llevaba el borrico y le obligaron a cabalgar sobre el pollino. Dos de ellos
tenían las riendas. Llegados a Stupinigi, don Bosco los llevó a la iglesia, celebró la santa misa y los trató alegremente a la hora de la
comida y la merienda y durante todo el día los entretuvo con variadas diversiones. Es imposible describir la satisfacción que se asomaba a
todos sus rostros. Se divirtieron la mar paseando por las alamedas del castillo real, descansando a la sombra de los árboles, sentados en
las orillas de los canales y corriendo por los prados cubiertos de yerba y esmaltados de flores.Su comportamiento fue irreprochable; ni una disputa turbó la paz de aquel día, y don Bosco no necesitó dar avisos ni reprensiones para
mantener la disciplina. Al atardecer volvieron a entrar todos en su triste morada, más resignados con su suerte y más dóciles que antes.El Ministro esperaba con impaciencia el resultado de la excursión; a pesar de la confianza que le inspiraba don Bosco, no las tenía todas
consigo. Pero don Bosco, sin pérdida de tiempo, fue personalmente a ver al Ministro, el cual quedó estupefacto al oír la relación del
sacerdote y dijo:-Le agradezco, Reverendo, todo lo que ha hecho por nuestros jóvenes presos; pero me gustaría saber por qué motivo el Estado no tiene
con esos muchachos la influencia que usted ejerce sobre ellos.-Excelencia, respondió el sacerdote, nuestra fuerza es una fuerza moral, diferente de la del Estado que no sabe más que mandar y
169Fin de Página 169
VOLUMEN V Página: 170castigar; nosotros hablamos principalmente al corazón de la juventud, y nuestra palabra es la palabra de Dios.El Ministro tuvo que comprender que la Iglesia posee una fuerza misteriosa que no es de este mundo, y ((226)) que las persecuciones de
los hombres no quebrantarán jamás. Y dijo a don Bosco:-Ustedes pueden dominar el corazón de la juventud; nosotros no podemos; es un poder reservado a ustedes.Diríamos que, de este modo, pudo tocar con la mano la eficacia del sistema preventivo para la educación de los jóvenes, aun los más
díscolos, como don Bosco le había demostrado el año anterior.Y recordó todo esto cuando no supo dónde colocar a un sobrino suyo, un poco calaverilla, para ver si cambiaba de rumbo. Al principio
quiso internarlo en un correccional, pero luego pensó:-Seguramente don Bosco puede ganarse el corazón de este pobre muchacho.Y se lo llevó con el fin de que transformara sus sentimientos y opiniones. "Don Bosco lo aceptó, atestigua don Miguel Rúa, e hizo de él
un buen obrero y un buen cristiano, tal y como yo lo conocí en la intimidad. El hecho es conocido por todo el Oratorio."Da testimonio de esta inolvidable excursión Juan Bautista Piano, ahora cura párroco de la Gran Madre de Dios en Turín, el cual se lo
oyó contar a varios compañeros suyos, muchos de los cuales todavía viven. Confirmó lo mismo, por estar bien enterado de ello, don
Ascanio Savio, quien había salido de la casa de Valdocco algún año antes.El comendador José Boschi, senador y jefe de sección en el Ministerio del Interior, del que dependía La Generala, contaba a su sobrino
carnal, el canónigo Anfossi, cuanto hemos expuesto acerca de la excursión al palacete de Stupinigi. Este señor favorecía cuanto podía la
obra de don Bosco, a la que consideraba maravillosa, y en varias ocasiones le consiguió subsidios del Gobierno.Pero, además, es un suceso que consta también en el Boletín oficial de la ((229)) Dirección General de Prisiones, año XVIII, 1888,
fascículo 1-2, pág. 85.Para terminar, como quien pone el sello a estos testimonios, diremos que la predicación de los Ejercicios Espirituales de don Bosco
produjo frutos grandes y duraderos. Cuando él ya no pudo ir a La Generala, siguió enviando a alguno de sus sacerdotes como confesor
ordinario; y después, por invitación de la Autoridad y por su propio consejo, continuaron los Salesianos y continúan todavía 1 atendiendo1 Así reza el texto original, editado en 1905. (N. del T.)
170Fin de Página 170
VOLUMEN V Página: 171a aquellos desventurados jóvenes, predicándoles los ejercicios espirituales, pero siempre que éstos no alteren el horario normal del
trabajo: ímolesta, pero insoslayable disposición!Mas, "cuáles serían los sentimientos de don Bosco cuando, terminada la excursión a Stupinigi, oyó tantas voces conmovidas que le
daban gracias y vio cerrarse las puertas de la prisión tras las espaldas de sus desgraciados amigos? Ciertamente, su satisfacción quedaría
amargada por una gran tristeza. No se podía decir que todos aquellos jóvenes fueran delincuentes. En La Generala había chicos, cuyos
padres sin entrañas habían acusado de insubordinación las ligerezas de su edad y la vehemencia de carácter para desembarazarse de ellos
como de un estorbo. Otros habían sido encarcelados por el primer robo insignificante de unos pocos dineros, fruta o pan en el mercado,
acosados por el hambre. Más de uno de aquellos pobretes, al entrar en la cárcel, no sabía todavía qué era el vicio; pero, entre los muchos
compañeros avezados al mal obrar, y bajo un reglamento que sólo reconocía la fuerza como sistema de educación, corrían el riesgo de
pervertirse casi sin remedio.Por eso hacía años que don Bosco, cuando un jovencito no había sido condenado por sentencia del tribunal, solía efectuar las
diligencias necesarias para devolverle la ((228)) libertad, y si no había nadie que se preocupara de él, lo recibía como interno en su
Oratorio o bien procuraba colocarlo en una buena casa. Pero no le olvidaba, sino que iba a visitarlo para animarle a ser bueno, y le
recomendaba que fuera al Oratorio o a la parroquia los días de fiesta.Pero ni aún así quedaba satisfecha la caridad de don Bosco; prestaba también su ayuda a una Sociedad fundada en Turín, con
aprobación regia, que se dedicaba a proteger a los jóvenes que salían libres de la cárcel. Por los documentos, que a continuación
incluimos, puede colegirse la importancia y el fin de dicha sociedad.Don Bosco recibió la carta siguiente:Turín, 8 de agosto de 1855Muy apreciado y reverendo Señor:La Comisión de Colocación, en su sesión del 23 de julio último, ha nombrado al sacerdote don Juan Bosco socio activo como protector
del joven Luis Pesciallo de Vacarezza, de 16 años, que saldrá del correccional el 15 del mes en curso.El muchacho trabaja de sastre en la casa, y desea continuar en el mismo oficio.El que suscribe, al comunicar al antedicho don Juan Bosco su nombramiento, le suplica se cuide del joven que saldrá en libertad de
acuerdo con las instrucciones anejas a la presente 1.1 Real Sociedad para la protección de los jóvenes salidos del Correccional. -Objeto-Instrucciones para los protectores de los jóvenes
liberados admitidos en el Patronato.
171Fin de Página 171
VOLUMEN V Página: 172((229)) Le ruega además tenga a bien ponerse de acuerdo previamente con el señor Intendente General Costa, secretario de la Sociedad
y ((230)) con el teólogo Tasca, Rector del Colegio de los Artesanitos, adonde el joven será acompañado, mientras se profesa con toda
estima,Del señor socio.Su seguro servidor
El Vice-Presidente de la Sociedad Presidente de la Comisión de Colocación
CAGNONEConforme a los Estatutos aprobados por Real Decreto del 21 de noviembre de 1846, todos los socios contraen la obligación de recoger
a su salida del Correccional, colocar, vigilar y socorrer, con los medios que la Sociedad les facilita, a los jóvenes liberados que se les
confían, y de dar cuenta a la Sociedad del resultado de sus cuidados.En consecuencia, el socio nombrado protector de uno que va a salir en libertad de dicha Casa debe:1.° Buscar anticipadamente un maestro de un oficio o arte, que admita en su tienda, fábrica o negocio al que va a ser puesto en libertad,
de acuerdo con el deseo manifestado de aprender uno u otro oficio, como será indicado en la carta en que se le comunique su
nombramiento, o bien según la inclinación que el protector haya descubierto en el propio joven, durante la visita que se desearía efectuase
al Correccional antes de su salida (según dispone el art. 132 del Reglamento disciplinar del mismo, aprobado por real decreto del 5 de
junio de 1853, los miembros de la Sociedad de Protección tienen libre acceso al correccional).2.° Contratar con la persona que vaya a recibir al joven las condiciones y, el tiempo del aprendizaje, teniendo presente que el patrocinio
dura sólo tres años.3.° Procurar que sea la misma persona quien le dé alojamiento y manutención, y en caso contrario, buscarle otra casa o familia
apropiada, pero siempre recordando que la Sociedad no puede pagar más de 80 céntimos diarios por la pensión y albergue de cada joven.4.° Comunicar al Secretario general de la Sociedad los acuerdos o contratos realizados para proceder lo antes posible, y nunca más allá
de un mes, a contar del día de la libertad (durante el cual mes se pueden hacer las pruebas necesarias sobre la capacidad y disposiciones
del joven), a la firma del oportuno contrato entre la Sociedad, representada por su Secretario general, y el maestro de arte que recibe al
joven, en presencia del mismo, y asistido por el protector.5.° Visitar de vez en cuando al joven protegido en el negocio o taller donde uere admitido, e informarse de su conducta religiosa, moral
y laboral.6.° Informar periódicamente, o sea, el primer domingo de cada mes, a la Comisión de Colocación, y por su medio al Secretario general
de la Sociedad, del comportamiento del joven, de su asistencia al trabajo, del cumplimiento de sus deberes religiosos, para, en momento
oportuno, hacer al joven las indicaciones o correcciones oportunas.7.° En el caso de faltas graves, o de fuga del patrocinado, infórmese inmediatamente al mismo Secretario general y al Presidente de la
Comisión de Colocación para tomar las medidas necesarias.8.° Al terminar el mes, hay que hacer la oportuna petición (en los impresos que le facilitará la misma Sociedad) para el pago de la
pensión del mes anterior, según el citado contrato, en favor del maestro de oficio o de quien tuviere derecho.9.° La Sociedad provee a sus patrocinados de la ropa indispensable.El protector, reconocida la necesidad, tendrá que hacer el pedido, en los oportunos impresos, y procurar que el gasto no pase de las 60
liras anuales, por cada uno y sólo para lo que constituye el vestuario completo de un aprendiz, distribuyendo el total entre las dos
estaciones de vetano e invierno.Fin de Página 172
VOLUMEN V Página: 173((231)) En nombre de don Bosco respondió el Prefecto del Oratorio:Por encargo de mi superior don Bosco, a quien V.S. Ilma. confiaba el patrocinio del joven Luis Pesciallo, para el próximo día 15, me
cabe el honroso deber de comunicarle que el nombrado sacerdote lo acepta muy gustoso. Es más, dispuesto a recibirlo y tenerlo en la casa
aneja al Oratorio arriba indicado, pretende de propósito librar a esa benemérita Comisión de toda responsabilidad en cuanto al futuro del
joven, y al mismo tiempo le asegura que le hará continuar en la misma profesión de sastre, y que no renuncia a la acostumbrada pensión y
a los consabidos beneficios.Pero, debido a su ausencia durante algunos días y a mi imposibilidad de acercarme de nuevo hasta V.S. Ilma., tengo que darle razón por
carta de la dificultad para acudir hasta usted para concertar los detalles del caso, y comunicarle por escrito la aceptación del patrocinio
con las condiciones señaladas, que tuve el honor de entregar a su reconocida prudencia.Mientras le suplico tenga a bien aceptar el testimonio de la más alta consideración y del mayor respeto de dicho sacerdote y de mi
deber, quedo de V.S. Ilma.Turín (Valdocco), 14 de agosto de 1855.S. S. Servidor
ALASONATTI, Pbro. Prefecto.
A la par de Pesciallo, don Bosco recibía también a su compañero Morgando, en las mismas condiciones. Más tarde sacó algunos otros
del correccional; pero la experiencia demostró que, casi siempre, su profunda corrupción les hacía incorregibles.Por ello, don Bosco, deseoso de salvar de semejante desastre a los que pudiese, procuraba evitar que ((232)) fueran encarcelados
algunos vagabundos, faltos de alguien que los cuidase, y otros que ya tenían algo que ver con las autoridades. Y así, cuando elegían a un
nuevo alcalde, le escribía en seguida, ofreciéndose para recibir en el Oratorio a aquellos muchachos que no se sabía dónde recogerlos. La
misma Comisaría recomendaba a muchos. Pero don Bosco, antes de10.° Los pedidos a que se refieren los dos apartados anteriores, hay que presentarlos al Sectetario general, para que extienda la debida
orden de pago, de acuerdo con las normas de contabilidad, que será satisfecha por el Tesorero de la Sociedad, los banqueros hermanos
Ceriana (calle Curtidores, 14, planta baja, casa propia).11.° Finalmente, el protector debe sugerir a la Comisión de Colocación, y por su medio al Presidente, cuanto juzgue oportuno al interés
de su patrocinado, ya sea para su mejor educación e instrucción, ya sea para su completa formación, proponiendo premios para estímulo,
correcciones y hasta la expulsión del Patronato.Turín, 15 de abril de 1854Por la Comisión de Colocación El Vicepresidente
CAGNONEFin de Página 173
VOLUMEN V Página: 174admitirlos, fijaba las condiciones, para no exponerse al peligro de admitir en casa a chicos peligrosos.Si tenían parientes responsables, les obligaba a reconocer el beneficio que el Oratorio les hacía, y a no obstaculizar de ninguna manera
la reforma moral del muchacho.Su condescendecia con la Autoridad era correspondida con la benevolencia de los delegados de la comisaría, cuya intervención era
necesaria en muchas ocasiones, particularmente cuando se encendían en el pueblo las pasiones políticas.Fin de Página 174
VOLUMEN V Página: 175((233))CAPITULO XXIILECTURAS CATOLICAS: LOS BIENES DE LA IGLESIA -PROPUESTA DEL EPISCOPADO AL GOBIERNO PARA RETIRAR
LA LEY SOBRE LOS CONVENTOS -BURLAS, MENTIRAS Y TRAICIONES -MAXIMO D'AZEGLIO Y EL REY -MUERTE DE
UN HIJO DE VICTOR MANUEL -EL SENADO APRUEBA LA LEY -PRECES EN EL ORATORIO -ULTIMAS ADVERTENCIAS
SALUDABLES AL SOBERANO -OPINION DE LOS TEOLOGOS CESARISTAS -EL REY FIRMA LA LEY -DON BOSCO
RECRIMINA A UN CONSEJER0 REGIO -VICTOR MANUEL A LAS PUERTAS DEL ORATORIO -UN GENERAL
MENOSPRECIA A DON BOSCO -UN AMIGO MASLOS católicos vivían angustiados a la espera del temido éxito de la ley Rattazzi. Don Bosco ya había publicado la carta fundacional de
Altacomba con la exposición de las maldiciones, en ella conminadas, contra quien osara expropiar a los religiosos de aquel convento. Y
ahora, para el mes de abril, publicaba en la tipografía Ribotta un libro en dos folletos para las Lecturas Católicas, original del Barón
Nilinse, titulado: Cómo se roban los bienes de la Iglesia y cuáles son las consecuencias, con un breve apéndice sobre las vicisitudes del
Piamonte. En la portada se leía:((234)) No hay ningún derecho para allanar la casa de nadie, y "tú te atreves a poner la mano en la casa del Señor? San Ambrosio.Muchos de los hechos descritos en este libro estaban tomados de autores protestantes. Exponía los tremendos castigos que, en el
decurso de los siglos, cayeron sobre quienes, lo mismo autoridades que súbditos, habían quitado, vendido o comprado bienes dedicados
al servicio de Dios; y demostraba cómo no sólo los usurpadores de la Iglesia y de las órdenes religiosas, sino también sus propias familias
fueron castigadas casi siempre, cumpliéndose el terrible proverbio: "La familia que roba a Dios no llega a la cuarta generación".Estos dos folletos levantaron un gran revuelo e insinuaron en el ánimo de muchos un saludable temor, que los retuvo de adquirir talesw
bienes.La policía se preocupó ante las consecuencias que temía se produjeran por los pueblos. Se pensó en secuestrarlos, pero luego se creyóFin de Página 175
VOLUMEN V Página: 176más oportuno no darles importancia. Brofferio, en cambio, dijo en plena cámara de diputados que aquello era una provocación insultante
contra el poder legislativo y, a gritos, pidió que se buscara al autor y se le castigara; pero nadie apoyó su invectiva, y se terminó por
relegar la cuestión al silencio.Pero el 23 de abril se inició el debate en el Senado. Los pareceres no andaban de acuerdo y las discusiones degeneraban en altercados,
para sofocar la impetuosa elocuencia de los oradores católicos. Hacía ya tres días que duraba la contienda, cuando el senador monseñor
de Calabiana, obispo de Casale, para desenmascarar la hipocresía y deshacer la trama de los enemigos del clero, previo acuerdo con el
Episcopado, obtenido el beneplácito de la Santa Sede y con conocimiento del Rey, propuso ofrecer al Gobierno la cantidad de 928.412
liras, para que se retirara ((235)) la ley. Era la suma calculada en el balance del año corriente, antes destinada a congruas 1 y a suplemento
de las mismas, para los párrocos de las provincias del interior. La propuesta desconcertó a los ministros, porque la razón principal que
ellos habían esgrimido con más tenacidad para la supresión de los conventos, era precisamente la de recaudar fondos para congruas.
Entonces Cavour pidió al Senado que suspendiera las sesiones, ya que el rey Víctor Manuel veía con buenos ojos aquella transacción. Su
esposa y su madre habían recomendado insistentemente en sus últimos momento, al marido e hijo, que mirase por los intereses de la
Iglesia perseguida. Estaba muy presente en su corazón el recuerdo de las difuntas, y se hallaba decidido a aceptar las condiciones
ofrecidas por Roma. Cuando monseñor Ghilardi, obispo de Mondoví, fue a visitarlo la víspera de aquella proposición para comunicársela
y hacerle ver las ventajas de la transacción, quedó tan satisfecho, que al despedirse el Obispo, ya muy entrada la noche, le acompañó, con
la cabeza descubierta y dándole el brazo, hasta mitad de la calle que flanqueaba la catedral. Al día siguiente, 27 de abril, dimitían los
Ministros. El general Santiago Durando era encargado de formar nuevo gobierno con estas dos condiciones: 1.ª Buscar hombres que
pensaran como los ministros salientes y 2.ª Respetar lo pactado con Roma. Una condición anulaba la otra; era un indicio de la perplejidad
que agitaba el ánimo del Rey.Entre tanto, los sectarios intentaban con sus acostumbrados manejos, influir en el ánimo del Soberano. Los periódicos pronosticaban1 Congrua es la renta que debe tener el que ha de recibir las órdenes sagradas, con arreglo a las constituciones sinodales de cada
diócesis. (N. del T.)Fin de Página 176
VOLUMEN V Página: 177una catástrofe, si se aceptaba la propuesta de Calabiana, y si Cavour no volvía al poder. Los estudiantes de la ((236)) Universidad
algareaban gritando: íViva la ley Rattazzi! La plebe ululaba. Se insultaba por la calle a los senadores contrarios a la ley. La consabida
turba asalariada rompía los cristales de la habitación de monseñor Anzini, junto al cual se alojaba el obispo de Casale. Las autoridades
publicaban ilegales e inoportunos manifiestos. Comunicados, cada día más numerosos, anunciaban al Rey alborotos insistentes en
provincias. Continuamente recibía cartas con amenaza de dimisión de altos empleados públicos. Al mismo tiempo estaba afligido por la
repentina llegada de algunos jefes militares que declaraban abandonar el mando de la expedición a Crimea, por ellos mismos organizada,
si la Corona se inclinaba hacia hombres que no fueran de su agrado. Un aparato extraordinario de fuerzas militares, emplazado bajo las
ventanas del palacio real, estaba dispuesto a desbaratar rebeliones imaginarias.Máximo d'Azeglio, apenas supo que el Rey parecía inclinado a deshacer la obra iniciada contra la Iglesia, se estremeció y procuró
hablarle sin demora. Se presentó en palacio, pero no fue recibido. Entonces se atrevió a escribir al Rey una carta en los siguientes
términos:"Majestad, crea a éste su viejo y fiel servidor, que nunca buscó más que su bien, su buen nombre y ser útil a la nación; se lo digo con
lágrimas en los ojos y arrodillado a sus pies, no prosiga por el camino que ha emprendido. Aún está a tiempo. Vuelva al primer camino.
Una intriga de frailes ha conseguido en un solo día destruir la obra de su reinado, agitar al pueblo, alterar el Estatuto, empañar la lealtad
de su nombre. No hay tiempo que perder. En último término las declaraciones oficiales no han resuelto la cuestión. Se ha dicho que la
corona quería buscar nuevas ((237)) luces. Diga la Corona que esas luces han hecho ver que son inaceptables las condiciones propuestas.
Sean tenidas por no recibidas... y sigan las cosas su curso normal y constitucional de antes. Todo el Piamonte sufre, pero volver de nuevo
a ponerlo bajo el yugo clerical, no, por...Vea adonde le han conducido a la Reina de España las intrigas de los frailes haciéndole firmar un concordato vergonzoso. Esas intrigas
arruinaron a Jacobo Estuardo, a Carlos de Francia y a muchos más. Su Majestad sabe que ha sucedido lo que digo: créame, no se trata de
religión, sino de intereses: Amadeo II discutió durante treinta años con Roma, y venció. Manténgase firme también S. M. y vencerá".La carta lleva fecha del 29 de abril de 1855.Fin de Página 177
VOLUMEN V Página: 178Este hombre, siendo presidente del Consejo de Ministros, a fines de diciembre de 1849, salió con esta simple afirmación en una
convención para un acuerdo entre los Ministros y los diputados de izquierda: que él no entendía mucho de Constitución y que ni siquiera
había leído el Estatuto 1.Y fue él el genio malo que quiso apartar al Rey del recto sendero, él, que ni había leído siquiera el artículo 29 del Estatuto: " Todas las
propiedades, SIN EXCEPCION ALGUNA, son inviolables".Entretanto, hacía ocho días que el general Durando parecía moverse inútilmente con indagaciones y conversaciones para formar nuevo
gobierno. Pero todo ello era pura comedia. El 3 de mayo, reunido el Senado, declaraba el general Durando que los antiguos ministros
habían vuelto a tener sus carteras y Cavour la presidencia. Este pedía en seguida ((238)) que continuara el debate sobre la ley Rattazzi y
se fijaba para ello el 5 de mayo.Pero hete aquí que, mientras en el Senado se discutía el malhadado proyecto, el 17 de mayo se enlutaba de nuevo la casa real. La
llorada reina María Adelaida había dado a luz un varón el 8 de enero de aquel año. El niño, Víctor Manuel Leopoldo María Eugenio,
gozaba de óptima salud y crecía, pero de pronto se encontró muy mal y fue a reunirse con su madre. En cuatro meses, el Rey había
perdido madre, esposa, hermano e hijo. El sueño de don Bosco se había cumplido plenamente.A pesar de esto, el 22 de mayo aprobaba el Senado la ley, por cincuenta y tres votos contra cuarenta y dos, con alguna modificación
propuesta por el senador Des-Ambrois. Eran suprimidas las órdenes religiosas señaladas en la ley, con el inmediato secuestro de todos
sus bienes; pero se permitía a sus miembros morir en los conventos, aunque obligándoles a habitar en las casas designadas por el
ministerio y con una pensión de acuerdo con el rédito limpio de los bienes que entonces poseían sus casas; mas, sin pasar de 500 liras por
cada religioso o religiosa profesa y de 240 liras por cada lego o converso.Modificada así la ley, era seguro que el Parlamento se apresuraría a aprobarla. Don Bosco, deplorando tan gran mal, había hecho rezar
en muchas instituciones de la ciudad, y no sólo había animado a sus muchachos a hacer prácticas piadosas, sino incluso a ayunar a pan y
agua un día entero. Todos le obedecieron, según nos contó don Juan Turchi.1 TAVALLINI, Vida y tiempos de Juan Lanza, vol. I, pág. 110.Fin de Página 178
VOLUMEN V Página: 179Uno de aquellos días, quedóse don Bosco en el comedor, después de la cena. Rodeábanle los clérigos Turchi, Reviglio, ((239)) Angel
Savio, Francesia, Cagliero, Rúa y otros. Hablábase de la ley y de pronto dijo:-Sólo falta la firma de Víctor Manuel para que muchos conventos sean deshechos. Si yo pudiera hablar al Rey, le diría: Majestad, no
firméis esa ley, porque si lo hacéis, firmaréis muchas otras desgracias sobre Vos y sobre vuestra familia.Algunos de los presentes le preguntaron:-"Y no estaría bien que alguno de nosotros escribiera al Rey?-Ciertamente; tú, Savio, "te atreverías a escribirle?-Yo sí, respondió Angel Savio; usted dirá.-Escribe, pues, así: "íSagrada y real Majestad! Me encontraba ayer en una conversación en la que estaba presente don Bosco. Hablábase
de los temas del día y de la ley Rattazzi aprobada por el Senado. Don Bosco dijo: ``Si yo pudiera hablar con el Rey, le diría: Majestad, no
firméis la ley de supresión de los conventos, porque si lo hacéis, firmaréis muchas otras desgracias sobre Vos y sobre vuestra familia''. Os
lo advierto como súbdito fiel, que os ama y obedece".El clérigo escribió y firmó: Angel Savio de Castelnuovo de Asti.Pero, después de enviar esta carta, don Bosco aún no quedó satisfecho. Movido por una santa e impaciente emoción, escribió otra en
latín, en la que repetía la frase: "Dicit Dominus: erunt mala super mala in domo tua". (Dice el Señor: habrá males sobre males en tu casa.)
Ya no suplicaba, sino que amenazaba con más graves castigos si firmaba la ley. La envió en seguida a uno de los jefes de servicio de
cámara, persona de mucho crédito en el palacio real y de la confianza del Rey. Se llamaba Occhiena, era de Castelnuovo, amigo suyo,
algo pariente, y ((240)) sus hijos frecuentaban el Oratorio. El Rey había salido aquel día para Susa. El señor Occhiena recibió la carta yrespondió al portador:-Muy bien, di a don Bosco que, apenas vuelva el Rey, se le entregará. Voy a ponerla en su despacho.-Es urgentísima: precisa que el Rey la lea en seguida.-Entonces di a don Bosco que esté tranquilo; se le enviará la carta inmediatamente.Llamó a un paje, mandóle ensillar un caballo y le entregó la carta.El paje alcanzó al Rey en San Ambrosio.-Una carta para su Majestad.Fin de Página 179
VOLUMEN V Página: 180-"Una carta? Entrégala a cualquiera del séquito, la leeré cuando esté tranquilo; ahora tengo otros asuntos entre manos.
-Es urgentísima y habla de algo que importa mucho a Su Majestad.
-"Quién me la envía?
-Don Bosco.
-íVaya! Este siempre tiene algo nuevo. Me escribe cosas que me hacen pensar. Dame esa carta.
Abrióla el Rey y, después de echar una rápida ojeada, exclamó:
-Ya lo dije yo, siempre igual. Llévatela, guárdala, y ya me la entregarás cuando vuelva.
Y dicho esto, echó a andar; pero, a los pocos pasos, se volvió atrás y llamó al paje.
-No, no, añadió; dame la carta esa.
Se la guardó en el bolsillo y continuó el viaje.
El Rey estaba descompuesto, tanto más cuanto que aún le afligía la muerte de su hijo, como oyó el clérigo Cagliero de labios delmarqués Fassati, el cual había visto la carta de don Bosco abierta sobre el escritorio del Rey. Cuando el Soberano volvió ((241)) a Turín,
hizo leer a un Ministro la carta de don Bosco y le dijo:
-Mirad lo que me escribe don Bosco. Decid ahora si puedo firmar la ley.Ignoramos la respuesta de aquel señor, pero el veintiocho de mayo volvió la ley a la Cámara de Diputados y fue aprobada por noventa y
cinco votos contra veintitrés. Constaba de cinco disposiciones principales: la supresión de los conventos que no se dedicaban a la
predicación, a la educación o a la asistencia de enfermos; la de los beneficios y capítulos colegiales en las ciudades que no pasaran de
veinte mil habitantes; la erección de una casa eclesiástica; las pensiones que se asignarían a los religiosos; y finalmente, una tasa especial
que se impondría a los entes morales y eclesiásticos que no quedaran suprimidos.Cuando la ley fue presentada al Rey para la firma, éste contestó:
-Esperemos; dejadme pensar un poco sobre ella.
Fue quizá en esta ocasión cuando el general La Mármora o alguno de su familia se presentó para hablar secretamente con don JoséCafasso, a las dos de la madrugada, y estuvo con él hasta el alba.
Al ver los Ministros que el Rey estaba preocupado y predispuesto contra ellos, ya fuera por secundar una petición suya, ya fuera por
propia iniciativa, le propusieron que reuniera algunos teólogos deFin de Página 180
VOLUMEN V Página: 181su aprecio en la Corte para aclarar sus dudas. El Rey aceptó. Estaba en aquel momento tan inquieto, que de haberle aconsejado bien los
teólogos, no hubiera firmado la ley o, al menos, la hubiera dejado para otros tiempos. Los Ministros convocaron entonces en palacio a
cuatro eclesiásticos, doctores en derecho canónico, todos ellos cortesanos, alumnos de la Universidad, discípulos y admiradores de
Nepomuceno Nuytz. Víctor Manuel se reunió inmediatamente con ellos, ((242)) les propuso la cuestión y, entregándoles las cartas de don
Bosco para que las estudiaran, añadio que quería se las devolviesen. Despúes, para no estorbar la libre discusión, se retiró al salón
contiguo, donde se puso a pasear presa de honda agitación.Los teólogos resolvieron pronto la cuestión. Fue llamado el Rey y volvió. Aquellos señores declararon:-Majestad, no se asuste con lo que le ha escrito don Bosco. El tiempo de las revelaciones ha pasado; por tanto, no debe hacer caso de
sus profecías y amenazas. En cuanto a la ley sobre los conventos, conviene recordar que la autoridad que crea una cosa, también puede
destruirla. Procede del Estado el privilegio de poder constituirse una sociedad en ente moral y, por consiguiente, tiene el Estado pleno
derecho para volver a quitar este privilegio, con las consecuencias naturales que de él se derivan. Por tanto, el poder civil tiene plena
libertad para dar, por su cuenta, las disposiciones legislativas que crea necesarias para la existencia o no de las corporaciones religiosas,
de los otros entes eclesiásticos y de sus posesiones. No existe el derecho de la Iglesia proclamado por los adversarios de la ley.-Pero, bueno; dijo el Rey, que entendía poco de semejantes frases; en conciencia, "puedo firmar esa ley?Aquel mismo día, 29 de mayo, el Rey la firmó. Quedaron afectados por ella treinta y cinco órdenes religiosas, trescientas treinta y
cuatro casas y cinco mil cuatrocientas seis personas. Al mismo tiempo un decreto real suprimía la Academia de Superga, que, a raíz de la
expulsión de Audisio, quedó sin alumnos; y el abundante dinero que se había acumulado en la caja de aquella administración ((243)) se
gastó más tarde, por otro decreto, en asignaciones temporales y vitalicias en favor de sacerdotes secularizados y de ciertos teólogos
singularmente beneméritos del gobierno nacional. íCuántas congojas proporcionaron aquellas leyes, especialmente a las pobres
religiosas! Muchos sacerdotes fueron procesados por haber cumplido con su deber en la administración de los sacramentos.Al día siguiente de la famosa sentencia de los teólogos al Rey,Fin de Página 181
VOLUMEN V Página: 182uno de ellos, canónigo en un pueblo de provincias, se encontró con don Bosco, en el Rondó de Valdocco. Don Bosco le saludó, el
canónigo correspondió al saludo y, parándose, le preguntó:-"Es usted don Bosco?-Para servirle.-"Es usted quien ha escrito al Rey unas cartas atrevidas?-Sí, soy yo; pero no eran atrevidas, sino tales como un súbdito fiel está obligado a escribir a su Rey, para apartarle de un mal paso que
va a dar.-"Y es usted, pues, quien se atreve a imponer sus opiniones y a dictar leyes, cuando debería obedecer? Me extraña mucho que se haya
atrevido a tanto.-"Y ha seguido el Rey mi consejo?-El Soberano estaba en su derecho. Se trataba de un privilegio de la Corona.-"Y habéis reconocido ese derecho al Rey?-íClaro!-"Y le habéis aconsejado que lo firme?-Naturalmente.-Perdóneme: antes de seguir adelante, quisiera hacerle una pregunta. "Ha celebrado la santa misa esta mañana?-Eso no tiene nada que ver con cuanto tengo que reprocharle.((244)) -Perdone: "ha celebrado esta mañana o no?-Sí, he celebrado. "Y qué?-"Y se ha confesado antes de celebrar?-íVaya pregunta! "Y por qué?-íCómo! "Se atreve a acercarse a la sagrada mesa, sin haber pedido perdón al Señor del injusto consejo dado al Rey, y sin haber
reparado, en lo posible, los daños y el ultraje que por su culpa ha recibido la Iglesia?El canónigo se molestó con aquella recriminación. Para defenderse sacó a relucir los argumentos con los que en la Universidad de Turín
se concedía al Rey toda supremacía respecto a ciertos derechos que justamente reivindicaba la Iglesia. Don Bosco rebatió una tras otra
aquellas falsas proposiciones y le dejó confundido y aturdido.Por el momento el canónigo se marchó muy disgustado con él, pero pronto se hizo su amigo e insigne bienhechor y lo fue hasta la
muerte. Los errores aprendidos en la juventud de ciertos profesores malvados contienen un veneno capaz de oscurecer las verdades más
evidentes.Don Bosco dirigió otras cartas confidenciales al Soberano y,Fin de Página 182
VOLUMEN V Página: 183mientras alimentó la esperanza de apartarlo del mal paso que fatalmente preveía, no dejó de escribirle, hasta que un día exclamó el Rey:-íNo tengo un instante de paz! íDon Bosco no me deja vivir!Y encargó a una persona de la Corte que transmitiera a don Bosco estas palabras suyas.Pero no habiendo conseguido su fin esta advertencia, y mientras la cuestión se discutía en las Cámaras, Víctor Manuel, preocupado e
impaciente, después de los primeros y dolorosos casos, quiso conocer personalmente el lugar donde vivía aquel sacerdote que tanta
zozobra le causaba. ((245)) Así pues, un lunes, muy de mañana, vestido de paisano, fue por Valdocco a caballo con su ayudante de campo
y dio una vuelta alrededor del Oratorio. Vio al clérigo Cagliero, le llamó y le preguntó por don Bosco. El clérigo respondió que don
Bosco estaba en la Iglesia, pero muy cansado de tanto confesar, predicar y atender a los muchachos durante el día anterior. Oído esto, el
Rey se alejó pero unos días después, volvió en coche.Poco antes de que él llegara al Rondó, bajaba don Bosco de su habitación y decía a Goffi, el portero:-Tengo mucho que hacer, y aunque venga el Rey, le dirás que no estoy.Y volvió a su habitación.Mas he aquí que el general conde de Angrogna descendió de la carroza real, se acercó al Oratorio y preguntó por don Bosco. Oída larespuesta de Goffi, volvió junto al Rey, que lo esperaba. El clérigo Francesia, que lo observó todo, le vio volver a subir al coche, que se
dirigió hacia la forja de cañones.Había hablado el Rey con el general con cierto calor sobre la osadía de don Bosco al enviarle determinadas amenazas, y aquél, hombre
de carácter impetuoso, creyó deber suyo, pedir cuentas a don Bosco de las supuestas ofensas al Soberano.El conde de Angrogna entraba a caballo unos días después en el patio del Oratorio seguido de su asistente. Se apeó, preguntó dónde
estaba don Bosco, y entró velozmente en su habitación.Don Bosco se puso en pie.-"Es usted don Bosco?, preguntó el general con voz airada.-Sí, señor.-"Es usted quien se ha atrevido a escribir ciertas cartas al Rey queriendo imponerle la forma de gobernar el reino?((246)) -Yo mismo le he escrito; pero ínunca he pretendido imponer mi voluntad a nadie!Fin de Página 183
VOLUMEN V Página: 184El general le interrumpió y empezó a insultar a don Bosco llamándole impostor, fanático, rebelde, enemigo del Rey, acusándole de
haber vilipendiado su honor, ultrajado su majestad y pisoteado su soberana autoridad.Trataba don Bosco de cortar de cuando en cuando aquel torrente de injurias y se esforzaba para demostrarle que sus cartas no tenían
nada de irreverentes, que la finalidad de sus escritos había sido la de iluminar al Rey, que amaba a su Soberano y estaba dispuesto a
cualquier sacrificio para probarle su fidelidad. Pero aquel señor se excitaba cada vez más, y no atendía, o no quería atender a razones,
hasta que levantando la voz, dijo:-íEa, basta!, yo no he venido para terminar la cuestión con meras palabras; tiene usted que dar satisfacción a los insultos que se atrevió
a dirigir al Rey.-"Y de qué modo?-En primer lugar, le intimo en nombre de su Majestad, que no vuelva a escribirle cosa alguna que aluda a su corte o a la familia real. El
Rey está muy enojado y, si usted no obedece, se recurrira a medidas desagradables. Ahora siéntese y escriba lo que yo le dicte.-Siempre que no sea una retractación, una negación de la verdad, estoy dispuesto, contestó don Bosco.Se sentó y tomó la pluma.El general comenzó a dictar una fórmula, en la que humildemente se pedía al Rey disculpa, rogándole tuviera como no recibidas las
amenazas y profecías escritas.Don Bosco dejó la pluma.-Es imposible que yo escriba una declaración semejante.-Pues tiene usted que escribirla a toda costa.((247)) -"Y cuando yo la haya escrito, será usted responsable ante Dios de lo que pueda acontecer?-Aquí no entra Dios para nada, gritó el general; y le mando que escriba.Don Bosco se levantó.-Yo no escribo.Ante semejante respuesta, el general, furibundo, puso su mano en la empuñadura de la espada y le conminó a que cuidara de su suerte.
Parecía que quisiera desafiarlo a un duelo. Pero don Bosco, con calma admirable, le respondió que no tenía más armas para defenderse
que la razón y la religión.-Además, señor Conde, yo podría desafiarlo a ver quién de nosotrosFin de Página 184
VOLUMEN V Página: 185otros dos reza más. Usted rezaría mejor y más que yo, porque tiene más tiempo libre, y sería suya la victoria.
El Conde bufaba de enojo palpando la espada, pero don Bosco, para acabar aquella escena, exclamó con tono resuelto:
-Alto ahí: "cree usted que me va a amedrentar con sus amenazas? Se lo digo con franqueza: yo no tengo miedo.
Aquella decisión inesperada, detuvo un poco al arrebato del general, que respondió:
-"Cómo? "Que usted no me tiene miedo?
-No, no tengo miedo, porque sé con quién trato en estos momentos. Usted es un caballero, un soldado valeroso y no querrá abusar de unpobre sacerdote desarmado, que en fin de cuentas ha hecho lo que juzgaba mejor para el alma de su Rey. Estoy tan seguro de ello, señor
general, que de haber sabido que usted deseaba venir a mi casa, le habría ahorrado la molestia de esta visita; yo mismo hubiera ido a su
residencia, donde tranquilamente hubiéramos hallado el modo de dar satisfacción al Rey y al mismo tiempo salvar mi conciencia. Yo
sabía que usted es una persona tan ((248)) noble y respetable que, a mi llegada, habría sacado una botella y habría yo brindado a su salud.Miraba el general a don Bosco sin saber qué decir ni qué hacer. Se había calmado su ira, y extrañado del cambio producido en sus
sentimientos, medio aturdido, despidióse de don Bosco y salió. Montó a caballo, atravesó el cancel, se detuvo, volvió a entrar en el patio,
apeóse y subió de nuevo a la habitación de don Bosco.-"De modo, siguió diciendo, que usted vendría a mi casa?
-Naturalmente.
-"Se atrevería?
-Claro que sí.
-"Y si le tomo la palabra?
-No hay inconveniente.
-Venga mañana a las once.
-No puedo a esa hora, porque tengo un asunto de mucha importancia. Fíjeme otra hora que le vaya a usted bien.
-A las tres de la tarde.
-De acuerdo: mañana a las tres de la tarde iré a saludarle.
-El general miró fijamente a don Bosco y se marchó.
Al día siguiente, don Bosco acudió puntual a la cita. Fue recibido con toda cortesía y se redactó con calma la carta para el Rey. DonBosco la firmó. Decíase en ella que le dolía mucho a don Bosco el disgusto dado al Rey, ya que no era su intención ofenderle deFin de Página 185
VOLUMEN V Página: 186ningún modo; que el Soberano tuviera en cuenta las predicciones, según lo juzgase más conveniente para su tranquilidad. Terminaba con
la promesa de no escribir más cartas como aquéllas.Es de advertir que la ley había sido ya firmada, y que nadie podía negar los hechos. Sin embargo, dijo después don Bosco que nunca
habría ((249)) firmado aquella carta, de no haber sido para evitar mayores males y desagradables consecuencias.La conversación de don Bosco con el general duró más de una hora y fue cordial y alegre. El de Angrogna insistióle para que se
quedase a comer con él, pero don Bosco se excusó alegando que ya lo había hecho. Entonces el general, deteniendo a don Bosco que
quería partir, le dijo:-Al menos, antes de marchar, tenga el gusto de probar el vino de mis viñas: quiero que sellemos nuestra amistad.Llamó y apareció un criado con una botella y una bandeja llena de dulces. Una vez servidos los vasos, don Bosco miró al general ysonrió; sonrió también el general y tomando un pastelito se lo ofreció a don Bosco.Don Bosco bromeando preguntó:-"Hay dentro de este pastel alguna sustancia extraña?-íNi hablar! íVéalo! me como yo la mitad de su pastel.Y así lo hizo. Unos minutos después se estrecharon la mano, se separaron y desde entonces fueron amigos.El conde de Angrogna, queriendo bautizar un moro que había traído consigo de Africa, lo puso en manos de don Bosco para que loacristianara.Fin de Página 186
VOLUMEN V Página: 187((250))CAPITULO XXIIIMAS PROYECTOS PARA LA TIPOGRAFIA -LECTURAS CATOLICAS -CONVERSACIONES ENTRE UN ABOGADO Y UN
CURA DE ALDEA SOBRE EL SACRAMENTO DE LA CONFESION -EL ASILO DE LA CARIDAD EN PINEROLO Y LOS
CATECUMENOS -DIA ONOMASTICO DE DON BOSCO Y UNA GENEROSA PROMESA -LA FIESTA DE SAN LUIS Y
GENEROSIDAD DEL MAYORDOMO -NUEVOS DECRETOS PARA LOS MAESTROS RELIGIOSOSDON Bosco, sereno en medio de estas luchas y fastidios, continuaba su correspondencia con don Carlos Gilardi; le había escrito el 6 de
mayo, y, al mismo tiempo, saldaba las deudas por el capital que aún tenía en préstamo del abate Rosmini.Muy apreciado don Carlos:El tiempo pascual corre a galope y, por tanto, es necesario poner en paz la propia conciencia... No he escrito hasta ahora al Padre
General porque sé que anda bastante indispuesto de salud...Está determinado que el muelle de descarga del ferrocarril se haga provisionalmente aquí en Valdocco, por lo cual el valor de los
terrenos que nos circundan ha aumentado notablemente: esto para su norma.((251)) Coriasco, el propietario de la casita vecina a la parcela comprada y que vio V.S., tiene que vender dicha construcción; y me
autoriza para hacerle saber que lo haría por siete mil liras. El año pasado ya le habíamos ofrecido nosotros diez mil.Quiera la Santísima Virgen bendecir y conservar la salud del Padre General, para bien de nuestra santa religión, como de corazón rezo y
rezan mis hijos para alcanzar este favor.Me encomiendo a sus oraciones; quiérame en el Señor; le saluda también mi madre, juntamente con nuestros clérigos.Creáme de corazón.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Al mismo tiempo don Bosco atendía a la impresión de los dos folletos de mayo, en la tipografía Ribotta, situada en la plaza de la
Consolación, Consuelos del Evangelio para el cristiano que vive en el mundo, por T. K. Se trata de unas reflexiones breves, briosas, sobre
el evangelio de San Mateo. En ellas se prueba la facilidad de la obediencia a los preceptos de Jesucristo, la santidad y ventajas de sus
187Fin de Página 187
VOLUMEN V Página: 188consejos, la perpetuidad de la Iglesia, los deberes que los hombres tienen con ella, la facultad que ha recibido de Dios para perdonar los
pecados, la eficacia de meditar las postrimerías del hombre, la misericordia y justicia de Dios, etc.Para el mes de junio había escrito el mismo don Bosco un hermosísimo libro en dos folletos: Conversaciones entre un abogado y un
cura de aldea sobre el sacramento de la confesión. Se encargó su impresión al tipógrafo Paravía.Don Bosco explicaba así la finalidad de estas conversaciones:((252)) "No cabe duda alguna de que en los calamitosos tiempos que vivimos, se combate rabiosamente contra la fe. Pero todavía
resultan vanos los esfuerzos de sus enemigos, si antes no alejan a los católicos del sacramento de la confesión. He aquí por qué dirigen
todos sus tiros contra esta laudable costumbre. El católico, alejado de la confesión y abandonado a sí mismo, va de un abismo a otro, y
como débil planta sin abrigo, expuesta a la furia del vendaval, cae en los más deplorables excesos. Para destruir la idea de la confesión
desde sus cimientos, los protestantes publican y echan en cara a los católicos continuamente que la confesión no ha sido instituida por
Dios y, por tanto, hay que reprobarla.Por eso nosotros, con el Evangelio y la historia en la mano, y no con la calumnia, la palabrería y la mala fe, armas ordinarias de
nuestros enemigos, probaremos hasta la evidencia que la necesidad de la confesión fue reconocida aun por los mismos paganos, que fue
practicada por el pueblo hebreo por mandato de Dios y que esta práctica fue elevada a la dignidad de sacramento por el Salvador,
establecida como medio útil para todo cristiano y absolutamente necesario para todos los que han pecado mortalmente después del
bautismo.Los protestantes van propalando que en los primeros tiempos de la Iglesia no se habló nunca de confesión; por eso nosotros, siempre
con la historia en la mano, les haremos ver que la confesión se practicó constantemente en la Iglesia Católica, desde Jesucristo hasta
nuestros días.En cuanto me fue posible me he guardado de nombrar a los autores y las impiedades vertidas en los escritos de los enemigos de la
confesión. Y lo hice por dos razones: para no causar demasiada tristeza a los buenos católicos, que sienten profundamente ver profanadas
las cosas más respetables de nuestra religión; y también para no despertar por casualidad la curiosidad de leer los libros malos que
contienen semejantes errores y desvergüenzas.Me he limitado a exponer con claridad la doctrina de la Iglesia Católica acerca de la confesión, probando la verdad y combatiendo el
error sin casi nombrarlo. Me parece, por lo demás, que he respondido con seguridad a cuanto se dice y se escribe contra la confesión.((253)) Entretanto, profundamente afligido por los males que día tras día se van multiplicando contra la religión católica, recomiendo a lo
católicos que tengan valor y perseverancia.Sí, católicos, valor: mantengámonos firmemente unidos a la religión fundada por Jesucristo, que tiene como cabeza visible en la tierra
al Romano Pontífice, su Vicario; y que, en medio de los vaivenes de los tiempos, fue siempre combatida, pero siempre ha triunfado.
188Fin de Página 188
VOLUMEN V Página: 189Esta religión de Jesucristo sólo se encuentra en la Iglesia Católica; nadie es católico sin el Papa. íAy de quien se separa de esta cabeza
suprema! Está fuera de la única religión que puede llevar a la salvación: quien no tiene a la Iglesia por madre, no puede tener a Dios por
Padre.Tengamos, pues, todos la misma fe, la misma ley, los mismos sacramentos y la misma caridad en la vida y en la muerte. Pero, sobre
todo, sepamos aprovechar el sacramento de la penitencia como un gran medio instituido por Jesucristo para comunicar a nuestras almas
los méritos de su pasión y muerte; para romper las cadenas con las que el maligno espíritu tiene encadenadas nuestra almas; para
cerrarnos el infierno y abrirnos las puertas del cielo. Así sea".En estas conversaciones, don Bosco hace contar al párroco un hecho sobre el sigilo sacramental, que le sucedió a él mismo en una de
las discusiones sostenidas contra los protestantes."No hace mucho tiempo, se me presentó cierto sabihondo, asegurándome que él conocía muchos casos de que reprochar al clero por la
violación del sigilo. Yo le respondí que, aun cuando un sacerdote traicionara su sagrado ministerio, no por eso disminuiría en nada la
santidad de este sacramento. "Acaso se puede llamar profanadores a los apóstoles porque hubo un Judas traidor? Pero como él insistiera
en los hechos que decía conocer, llegué a esta proposición:"-Si ((254)) usted, le dije, o cualquier amigo suyo puede presentarme un solo hecho de esta jaez, pero que sea cierto, prometo darle
quinientas liras."-Prepárelas, añadió el otro; el sábado estaré aquí."-Espere, exclamé: lo mismo dije a otros y no quisiera me pasara igual con usted, esto es, que no volviera más por aquí."-Vendré sin falta, concluyó; palabra de honor.""Cree usted que ha vuelto? Hace rato que le espero; pero hasta ahora no ha vuelto, y pienso que no volverá porque le será imposible
hallar un solo caso, como había prometido."Realmente todos aquéllos, a los que muchas veces he oído despotricar contra la confesión, me proponían casos imprecisos, sin señalar
el lugar, sin decir el nombre del confesor y del penitente, y empezaban siempre su relato con estas palabras: ``He oído decir''".Terminó don Bosco este trabajo. El 25 de mayo fue a Ivrea, donde cantó las glorias de María Inmaculada, aportó algunas disposiciones
con el Obispo para la buena marcha de las Lecturas Católicas y volvió a Turín para preparar la publicación de los dos folletos de julio en
la imprenta Paravía. El libro trataba de: Conversión de una noble y rica señora inglesa a la Iglesia Católica, cuando las leyes penales
189Fin de Página 189
VOLUMEN V Página: 190contra los católicos estaban vigentes en Inglaterra. Narración histórica traducida del inglés. He aquí un resumen.En 1772 los sacerdotes católicos se veían obligados a permanecer escondidos. Quien celebrara la misa incurría en pena de muerte. El
acusado y convicto de haberla dejado celebrar en su casa era condenado a la confiscación de sus bienes y a trabajos forzados en las
colonias para toda la ((255)) vida. Baste esto par dar una pequeña idea de la famosa tolerancia que continuamente predican los
protestantes. Tan gran opresión de los católicos duraba hacía más de doscientos años. En este libro, pues, se cuenta lo mucho que hubo de
sufrir aquella señora para convertirse y mantenerse fiel a la verdadera Iglesia, viviendo en el seno de su familia anglicana; y cómo el
Señor bendijo su heroica virtud.Semejantes folletos equivalían a una derrota de los valdenses, a causa de la aversión que provocaban en los lectores contra la secta.Pero, si don Bosco no se cansaba de prevenir a los fieles, quería también la conquista de las almas descarriadas, y en especial las de los
niños.Además de los huérfanos, hijos de padres protestantes que había recogido, aceptaba más tarde otros muchachos procedentes del
Hospicio para catecúmenos de Turín y ahora se dirigía al Asilo de la Caridad de Pinerolo. El mismo Alcalde, señor Giosserano,
recordando la oferta que don Bosco le hiciera el año anterior, le presentó al muchacho Plancia, internado en el Asilo, comprometiéndose
a pagar una pensión de dieciséis liras mensuales, durante el tiempo que permaneciera en tal establecimiento, pero sólo hasta llegar a un
total de cuatrocientas.Un buen número de estos muchachos deseaba vivamente abrazar el catolicismo, por lo que la tarea del catequista era sencilla; pero la
instrucción religiosa de otros, recogidos por las plazas, requería gran paciencia, por su poco talento unas veces, por su carencia absoluta
de educación otras, por su extraño carácter y también por su habitual indisciplina. Don Bosco sabía muy bien a cuántos cuidados y nuevas
molestias debía sujetarse con ellos, pero los recibía de buen grado como internos, y se las ingeniaba para hacerlos entrar en el seno de la
Iglesia.
190Fin de Página 190
VOLUMEN V Página: 191Una carta da testimonio de su celo:((256)) Pinerolo, 22 de junio de 1855Muy ilustre y Reverendo Señor:Agradezco a V.S. Rvdma. las noticias que, por medio de su dignísimo colaborador don Víctor Alasonatti, me da sobre Danielín
Brunerotto, de quien me halaga creer estarán siempre muy contentos, ya que en el establecimiento que usted dirige poseen medios para
alcanzar un buen resultado en lo espiritual y en lo material, de los que carece este Asilo, para personas rudas, como éstas. Cuando ya esté
convertido a la fe católica, ruégole me lo comunique para hacer la oportuna anotación en el registro de este Asilo.En cuanto a Pedro Plancia, Dios quiera que sea su última sandez, pero lo dudo porque lo conozco. Por lo demás, si estuvo tanto tiempo
en el Asilo, fue muy a pesar mío y si quisiera volver aquí, ahora que puedo no recibirlo, no lo aceptaré de ningún modo. De ahí que, aun
sin ninguna indicación, yo no hubiera comunicado a la Administración de Caridad su fuga. Hablé, sí, de ello y de la vuelta con el
canónigo Badariotti, Rector del Seminario, pero no en su calidad de coadministrador, sino como amigo. Como quiera que el 4 de julio
próximo tengo que ir a Turín con él, para hacer los ejercicios espirituales de San Ignacio, llevaremos el importe de las doscientas liras
para entregárselas ese mismo día, si nos da tiempo; en caso contrario, lo haremos el 13 a nuestra vuelta. Sin embargo, lo mejor y más
seguro sería, si no hay inconveniente por parte de V.S., que nos esperase en la estación del ferrocarril, dicho día 4 de julio a las ocho y
media de la mañana, a la que llegaremos sin falta.Reciba la expresión de la más alta consideración y profunda estima de quien tiene el honor de profesarse,Su seguro servidor
JUAN BTA. FORTOUL, Can. Pen.En medio de tantas obras santas realizadas por Dios a través de don Bosco, llegaba el 24 de junio, día en el que el buen padre quiso dar
una muestra de especial ((257)) afecto a los jóvenes de la Casa. Les ofreció la oportunidad de pedirle por escrito, o bien de palabra, pero
en secreto, un regalo que le fuera posible y que él prometía concederles. Quizá lo hacía con la idea de conocerlos más a fondo a través de
sus demandas. Se puede imaginar fácilmente la serie de ridículas y extravagantes peticiones de unos y de otros. Pero don Bosco
condescendió con los pedidos serios, aunque fueron costosos, como libros, ropa, condonación de pensiones, etc."Yo, nos cuenta D. T., tuve una prueba de la extraordinaria bondad de su corazón, porque necesitaba una sotana nueva (era clérigo), y
me animé a pedírsela; él con mucho gusto me hizo comprar la tela y pagó la factura."
191Fin de Página 191
VOLUMEN V Página: 192Domingo Savio escribió estas palabras en un trozo de papel: íPido que salve mi alma y me haga santo!Día señalado por la caridad fue también el de la fiesta solemne de San Luis, para la cual hizo litografiar cuatro mil estampas del
angélico joven. Fue nombrado Mayordomo el marqués Fassati, y el noble señor quiso proporcionar a los muchachos una alegría
extraordinaria. Por la tarde de aquel día, que coincidió con el primer domingo de julio, después de la función religiosa, regaló pan y
salchichón para todos los que acudieron al Oratorio, que, juntamente con los externos, pasaban de ochocientos. Y como era muy
generoso, quiso que las rodajas de salchichón fueran grandes; así que era gracioso ver a los muchachos que, después de recibir su ración,
la ponían ante los ojos y, mirándola, gritaban llenos de júbilo: No se ve Superga, no se ve Superga.Es ésta una frase familiar para denotar el grosor ((258)) de una raja de salchichón o de queso: si al través se ve Superga, colina al
nordeste de Turín, es señal de que es muy fina y transparente; si no, es prueba de que es gruesa y opaca y hay donde hincar bien el diente.
Así era precisamente aquélla con la que les obsequiaba el buen Mayordomo.Este y muchos otros actos caritativos, realizados hoy por uno, mañana por otro caballero del señorío de Turín, servían de eficaz acicate
para que los chicos externos asistieran a la catequesis y a las funciones religiosas del Oratorio. Descubrían en ello el cumplimiento de la
sentencia del Santo Evangelio: Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. Recibiendo de
cuando en cuando esta añadidura acomodada a su índole, se entregaban, más a menudo y con más gusto, a las cosas de Dios y de su alma,
se afianzaban poco a poco en la religión, se fortalecían en la virtud y se hacían buenos cristianos y honrados ciudadanos.Pero después de todas estas alegrías llegó un nuevo contratiempo. El 29 de junio instaba el Ministro de Instrucción Pública, Juan
Lanza, al Delegado provincial de enseñanza para que urgiera la ley de los títulos de maestro, por la que se prohibía enseñar a quien
(hombre o mujer) no se sometiese a un examen y saliera aprobado por el Gobierno; y no se hicieran en adelante excepciones para las
monjas, cuyas escuelas deberían estar bajo la inspección de la Autoridad civil. Era un nuevo obstáculo, y no pequeño, que venía a
molestar y hacer más difícil la dirección y conservación de los institutos religiosos. Es más, se prohibía la enseñanza a las monjas,
192Fin de Página 192
VOLUMEN V Página: 193porque se les imponían unas condiciones a las que les era imposible acomodarse.La Santa Sede aminoraba tales consecuencias. ((259)) Consultada que fue, respondía así al Obispo de Novara: "La autoridad civil no
puede derogar los derechos de la Iglesia sobre la enseñanza: por tanto, los decretos del Gobierno que tienden a reducirlos, no pueden ser
reconocidos ni aprobados. Mas, para no llegar a las últimas consecuencias, precipitando el cierre de los centros religiosos de enseñanza,
hay que ejercer al menos la vigilancia que compete al Obispo sobre la enseñanza religiosa y moral. Mientras no se impidan los efectos de
tal inspección, se pueden tolerar los exámenes y la inspección del Gobierno".Fin de Página 193
VOLUMEN V Página: 194((260))CAPITULO XXIVEL ORATORIO SIEMPRE NECESITADO DE SOCORROS -LLAMAMIENTO A LA PIA OBRA DE LA MENDICIDAD
INSTRUIDA -RENATO D'AGLIANO Y UNA GRACIA CONSEGUIDA -RIFA DE UNOS CUADROS -CONCEDIDA LA
AUTORIZACION -LUGAR DE LA RIFA -LLAMAMIENTO A LA CARIDAD PUBLICA -EL MARQUES DE CAVOUR
COMUNICA A DON BOSCO LA GRAVISIMA ENFERMEDAD DE ROSMINI QUE MUERE POCO DESPUES -ACTAS DEL
SORTEO DE LA RIFA -ANUNCIO DE LA RIFA A L0S BIENHECHORESLA condición de ricos y pobres empeoró por toda una serie de circunstancias: la expedición de quince mil soldados piamonteses a Crimea
para ayudar a Turquía, Inglaterra y Francia contra Rusia; la "criptógama" (así la llamaban), o enfermedad de las uvas, que hacía varios
años aniquilaba los más frondosos viñedos de Piamonte; las continuas malas cosechas en el campo; la reaparición del cólera en Cerdeña,
y otros desastres. Con todo ello, el internado del Oratorio, que vivía de la caridad, llegó a pasar graves apuros y dolorosas estrecheces 1.1 Ilustrisimo Señor Presidente de la Pía Obra de la Mendicidad de Turín.Con los sentimientos de la más viva gratitud para Vuestra Señoría Ilustrísima, y los Señores de la Administración de la Pía Obra de la
Mendicidad, por las ayudas otras veces prestadas a los pobres muchachos internados en el Oratorio masculino de Valdocco, a los que
asisten a las escuelas nocturnas y a la catequesis en los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva y
del Angel Custodio en Vanchiglia, me encuentro este año en la crítica situación de tener que recurrir de nuevo a la misma fuente de
beneficencia.La carestía cada vez mayor de los comestibles y el paro obrero pusieron en el mayor de los riesgos a varios jóvenes abandonados y
necesitados, los cuales seguramente acabarían mal, de no ser ayudados con medios materiales y morales. Algunos de ellos, casi un
centenar, en su mayoría huérfanos por la fatal invasión del cólera del año pasado, están actualmente internados en Valdocco, otros son
ayudados en la forma que se puede, y éstos pasan de los mil quinientos entre los tres oratorios.Por estos pobres y abandonados muchachos recurro a la conocida y probada bondad de Vuestra Señoría Ilustrísima, suplicando
encarecidamente quiera tomar en consideración su desgraciada situación y conceder en su favor la caritativa ayuda, que la gravedad del
caso le sugiera.Con mi verdadera gratitud y el reconocimiento de los muchachos beneficiados, auguro a V.S.I. y a todos los señores de la
Administración, abundantes bendiciones del cielo, considerando para mí un gran honor poderme declarar con plena estima de Vuestra
Señoría Ilustrísima.Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 194
VOLUMEN V Página: 195((261)) Pero, de cuando en cuando, el Señor hacía ver que no abandonaba a sus pobrecitos. Precisamente un día de aquellos, a tiempo
de que don Bosco estaba a punto de salir a la ciudad en busca de alguna ayuda, se le presentó el conde Renato d'Agliano, gentilhombre de
la nobleza de Turín, ilustre por su sangre y por sus sentimientos de cristiana piedad, y le dijo:-Tengo a mi esposa gravemente enferma, rece y haga rezar a sus muchachos por su curación.((262)) Mientras hablaba, puso en su mano una limosna, que cubría la mitad de la deuda del pan. Don Bosco dio las gracias al caritativo
señor y le animó a confiar, haciéndole notar que con la obra de caridad hecha antes de alcanzar la gracia, obligaba en cierto modo a Dios
a concedérsela. Aquella misma noche, don Bosco añadió un Padrenuestro y Avemaría a las oraciones de la comunidad por una enferma, y
encargó se hiciera lo mismo en adelante hasta nuevo aviso.Tres días más tarde volvió el noble Conde al Oratorio y con frases de profundo agradecimiento contó que, con gran sorpresa del
médico, su esposa estaba fuera de todo peligro y casi curada. Reconocido al Señor por favor tan inesperado, dejó otra limosna. La Divina
Providencia, admirable siempre en sus designios, dispuso que la segunda limosna fuera igual a la primera; de esta suerte don Bosco pudo
saldar su deuda con el panadero.Estos casos de beneficencia, que tenían mucho de extraordinario y prodigioso, infundían en don Bosco gran confianza en la bondad del
Señor y al mismo tiempo le inspiraban las más cariñosas industrias, para atender a todas las necesidades de los suyos. Las relaciones que
tenemos de aquel tiempo concuerdan presentándonosle como si fuera una pobre madre solícita, que, rodeada de numerosa familia y
temiendo que sus hijos tengan que sufrir las consecuencias de la penuria, no se da punto de reposo, a fin de que no les falte nada de lo
necesario para vivir.A propósito de esto, para no cansar la generosidad de sus buenos bienhechores, intentó recurrir a la caridad pública.((263)) Así que pensó en una tercera rifa, más pequeña y como apéndice de las dos primeras, con los cuadros sobrantes de la tómbola,
al precio de una lira por papeleta.Este trabajo le llevó casi seis meses. Decía él:-"Hace dos años recurrimos a la caridad de los fieles para construir la iglesia y la casa; ahora recurrimos para la construcción de lo
necesario para comer".Fin de Página 195
VOLUMEN V Página: 196A tal propósito nombró una Comisión de señoras y señores caritativos de Turín y una Junta directiva y responsable; luego solicitó el
oportuno permiso de la Autoridad presentando el plan de la rifa, los nombres de los miembros de la Comisión, que debían ser aprobados
para firmar las papeletas, el modelo de matriz para la papeleta y el catálogo de los cuadros.La solicitud de don Bosco estaba redactada en estos términos:Turín, 22 de mayo de 1855Ilmo. Sr. Delegado General de Hacienda:El abajo firmante, respetuosamente expone a V. S. Ilma. cómo viéndose en la necesidad de tener que buscar pan para algunos
muchachos pobres desamparados, que en número de casi ciento están internados en el Oratorio de San Francisco de Sales, la mayor parte
de ellos huérfanos, a causa del cólera del pasado año 1854, ha pensado organizar una rifa de algunos cuadros, para hacer frente a los
urgentes y apremiantes gastos del momento.Por todo ello acude a V.S. Ilma., a fin de que considere benignamente la situación de abandono de estos pobres muchachos, apruebe la
Comisión de los miembros arriba citados y delegue en el perito que creyere más idóneo para tasar tales cuadros y otorgue al mismo
tiempo las otras facultades, necesarias para llevar a cabo el adjunto plan de la rifa.Atendida la modestia de la misma, suplica el recurrente se autorice el sello de dicha Comisión, cuyo ((264)) dibujo va unido a la
papeleta adjunta, para quedar así dispensado del timbre de Hacienda correspondiente, como ya lo fue el año pasado.Gracia que espera,Por la Comisión JUAN BOSCO, Pbro.Los cuadros que se rifaban eran once, de cuyo valor había emitido su juicio el benemérito M. Cusa, profesor y secretario de la
Academia Albertina. He aquí el católogo, que nos revela el grato recuerdo de los donantes, que pertenecían al Oratorio, por vivir en él o
por amistad.1.-Un gran cuadro al óleo, en tela, que representa la Coronación de espinas de Jesucristo. Trabajo del célebre Padovanini, regalo del
conde Carlos Cays.2.-Cuadro en tela al óleo que representa a la Magdalena, con marco dorado, regalo del doctor Viriglio.3.-Cuadro en tela al óleo que representa al Sagrado Corazón de Jesús, con marco dorado, trabajo del profesor Gastaldi, regalo del
teólogo canónigo Lorenzo Gastaldi.4.-Cuadro en tela al óleo que representa al Sagrado Corazón de Jesús, con marco dorado, obra y regalo de los mismos.Fin de Página 196
VOLUMEN V Página: 1975.-Cuadro en tela que representa a la Virgen María, obra del artista Carlos Tomatis, alumno del Oratorio.
6.-Cuadro en tela que representa a San Juan Bautista, con marco dorado, trabajo y regalo del mismo.
7.-Cuadro al óleo en tela, que representa a la Virgen Mariá amamantando al Niño, con marco octogonal dorado, regalo del sacerdoteVíctor Alasonatti.
8.-Cuadro al óleo en tela, que representa a San Francisco de Asís, con marco dorado, regalo del sacerdote Pedro Merla.
9.-Cuadro al óleo en tela, que representa a Carlos Alberto y Víctor Manuel, anónimo.
((265)) 1O.-Bajorrelieve en cartón piedra que representa la Fe, regalo de la señora Margarita Volpatto Gastaldi.
11.-Bajorrelieve en cera, que representa a Leonardo da Vinci, con marco dorado, regalo de S.E. el duque Litta Visconti.
Fijado el valor de los cuadros por la Real Delegación General de Hacienda de Turín, se autorizó la rifa con el siguiente decreto:Visto el antedicho recurso, con el anexo del plan de la rifa de objetos que la Comisión indicada en el mismo pretende abrir en favor del
Oratorio de San Francisco de Sales de esta ciudad; resultando que el valor atribuido a los objetos ofrecidos para premios alcanza a 5.300
liras, no es un precio exagerado:Se autoriza la apertura de dicha rifa y la proyectada emisión de 7.000 (siete mil) papeletas al precio de un lira cada una, las cuales, antes
de ser arrancadas del registro matriz, han de ser firmadas por dos de los señores miembros de la Comisión que han firmado el recurso y
han de estar selladas con el sello existente en la Oficina de la Real Lotería del Ministerio de Hacienda, a cuya superior aprobación queda
reservado el presente decreto.La rifa se anunciará al público antes de que se empiecen a repartir las papeletas, mediante análoga notificación que contenga el sentido
del mismo contexto, el respectivo plan y el presente decreto.El sorteo tendrá lugar el próximo 12 de julio, con intervención de la Comisión y con asistencia del Alcalde de Turín, particularmente
encargado de vigilar su desarrollo y presentar la oportuna relación a esta Oficina General.La comisión presentará constancia de que toda la recaudación por la venta de las papeletas y las no vendidas, fue solamente destinada a
beneficio de la obra, en favor de la cual se ha autorizado la misma rifa.La no observancia de alguna de las condiciones fijadas ((266)) anulará y dejará sin efecto la concedida licencia, independientemente de
las penas a que haya lugar por contravención de la ley.Turín, 20 de abril de 1855El Delegado General de Hacienda FARCITOFin de Página 197
VOLUMEN V Página: 198Algunos días después, a instancia repetida de don Bosco, el Delegado expedía la siguiente concesión:Visto nuevamente un despacho del Ministerio de Hacienda del 21 de abril del corriente, se concede dispensa, por esta sola vez, a la
Comisión de la rifa, de la obligación de presentar los billetes al sellado del Ministerio antedicho y se autoriza en su lugar el sello del
mismo Instituto.Turín, 23 de abril de 1855El Delegado General de Hacienda FARCITODon Bosco, una vez conseguido el permiso, se entregó de lleno a propagar durante el mes de mayo el plan de la rifa, en estos términos:1.-La finalidad de esta rifa es la de atender a los gastos indispensables que origina el mantenimiento de los muchachos internados en la
casa aneja al Oratorio masculino de San Francisco de Sales en Valdocco.2.-Consta la rifa de algunos cuadros expuestos en una sala de este Oratorio hasta el día del sorteo de la misma.3.-Las papeletas costarán una lira cada una y serán separadas de un registro con matriz, timbradas con el sello del Oratorio y firmadas
por dos miembros de la Comisión.4.-El sorteo de la rifa se celebrará el 12 de julio, en un salón del Oratorio, en presencia del Ilmo. Sr. Alcalde de esta ciudad y de los
miembros de la Comisión. Se sortearán tantos números cuantos son los cuadros descritos en el adjunto catálogo.((267)) El primer número extraído corresponderá al cuadro señalado con el número uno y así sucesivamente. Los números agraciados se
publicarán en los diarios.5.-La venta de papeletas ha sido confiada a los miembros de la Comisión y a las personas que tengan a bien ofrecerse a colaborar en
esta obra benéfica.6.-Los premios se repartirán en el Oratorio, ocho días después del sorteo; y los que no hubieran retirado su premio a los tres meses, se
entiende que los ceden al mismo.Luego seguía el catálogo de los cuadros y la lista de los miembros de la Comisión aprobada para sellar las papeletas, cuyos nombres
eran:Presidente: Dr. FRANClSCO VALLAURl
Vicepresidente: Cab. CESAR FRANCESETTl DI MEZZENILE.
Secretario: Cab. LORENZO D'AGLlANO DI CARAVONICA
Tesorero: Conde CARLOS CAYS DI GILETTA
Barón CARLOS JACINTO BlANCO DI BARBANIA
Sacerdote JUAN BOSCO, Director del Oratorio
Marqués ENRlQUE D'ANGENNES
Conde CARLOS FANTONI
Marqués DOMINGO FASSATIFin de Página 198
VOLUMEN V Página: 199Conde PIO GALLEANI D'AGLlANO
Cab. MARCOS GONELLA
Conde ALEJANDRO LUCERNA D'ANGROGNA
Conde JOSE PONTE DI PINO
Conde ALEJANDRO PROVANA DI COLEGNO
Conde CASIMIRO RADICATI DI BROZZOLOEntre estos nombres es digno de especial consideración el del conde d'Angrogna, comandante general de Artillería, ayudante de Campo
de su Majestad, el mismo ((268)) que vimos presentarse a discutir con don Bosco sobre las cartas escritas al Rey. Aceptó gustoso figurar
entre los miembros de la Comisión.El plan de la rifa terminaba con dos observaciones que tenían por mira garantizar a los compradores de papeletas.1.-El que suscribe acepta el cargo de tesorero responsable de la cantidades que se recauden en la suplicada rifa y de su recta aplicación
al objeto antes citado, según el sentido requerido por la ley.Turín, 21 de marzo de 1855C. CAYS
2.-El que suscribe declara que los cuadros arriba indicados han sido regalados al Oratorio sin compensación alguna, y que quedarán
depositados en una sala del mismo hasta la consumación de cuanto a la presente rifa se refiere.Turín, 9 de abril de 1855JUAN BOSCO, Pbro.Don Bosco no tardó en repartir por doquiera sus papeletas a toda suerte de dignidades eclesiásticas o civiles y no se olvidó de las
personas de mayor o menor posición social, poniéndolas de esta suerte en la agradable necesidad de hacer una obra buena en ayuda de la
juventud pobre que Dios le había confiado.A cada paquete de papeletas acompañaba un ejemplar de la siguiente carta litografiada:Turín, 8 de mayo de 1855Ilustrísimo Señor:Lo crítico del año y el elevado número de huérfanos habido con la fatal invasión del cólera, me han puesto en la casi ((269)) necesidad
de tener que aumentar considerablemente el número de muchachos internos en la casa del Oratorio de San Francisco de Sales, cuyo
número llega actualmente casi a ciento. Reducido por ello a graves estrecheces y no sabiendo qué partido tomar para proveerles de pan,
he pedido el parecer de algunos piadosos y beneméritos señores, enumerados en la lista de Miembros de la Comisión, quienes me
aconsejaron organizar una pequeña rifa con algunos cuadros. Aceptada la propuesta, y dados los pasos prescritos por la ley, se trata ahora
de distribuir las papeletas, que he pensado entregar a las buenas personasFin de Página 199
VOLUMEN V Página: 200que en otras ocasiones me ayudaron en mis necesidades. Por esto me he animado a recurrir a la conocida bondad de V.S. Ilma.
enviándole N... papeletas, con el ruego de que se tome la molestia de distribuirlas entre aquellas personas que juzgue bien dispuestas a
colaborar en esta obra de caridad. En el caso de que no pudiera colocarlas todas, y no creyere oportuno quedarse con ellas, ruégole tenga
a bien hacer un nuevo sacrificio devolviéndolas ocho días antes del sorteo (12 de julio) al miembro de la Comisión que le resulte más
fácil: lo mismo puede hacer para el envío del importe de las papeletas vendidas o retenidas.Hubiera preferido no causarle esta molestia; pero dados los muchos gastos a que debo hacer frente y el crecido número de muchachos
abandonados que piden pan, he debido acogerme a este medio. Créame, se trata de dar de comer a pobres hambrientos.Mientras le expreso mi sincero agradecimiento, le aseguro que me uniré a mis beneficiarios hijos para pedir al buen Dios, quiera
derramar sus copiosas bendiciones sobre usted y sobre todos aquéllos a quienes desea toda felicidad en esta vida y en la futura.Con la expresión de mi sincera estima tengo el honor de profesarme,De V.S. Ilma.Su s.s.
JUAN BOSCO, Pbro.El mismo Gustavo de Cavour recibía con agrado las papeletas de la rifa. Había ido a pasar unos días ((270)) junto al abate Rosmini
gravemente enfermo, conversaba largamente con él y quedaba profundamente conmovido al separarse del amigo, que temía no volver a
ver. De acuerdo con ello escribía a don Bosco:Turín, 3 de junio de 1855Rvdmo. Señor:Mi ausencia de Turín, prolongada durante varios días por diversos quehaceres, me ha obligado a retardar la respuesta a su apreciadísima
circular relativa a la rifa organizada por usted en favor de su numerosa e interesante familia. Pero ahora me parece un deber comunicarle
que, vista la excelente finalidad, me quedo con las cincuenta papeletas que me fueron enviadas y, con ésta, le envío el importe.Por otra parte, tengo la pena de comunicarle que las noticias que he traído de Stresa, donde estuve días atrás, y las que he recibido por
carta esta misma mañana, son muy alarmantes. Ruegue por el ilustre enfermo que tanto nos interesa, a fin de que el Señor lo conserve
para bien de su ejemplarísima congregación y de toda la Iglesia a la que me parece puede ayudar todavía bastante.Aprovecho la ocasión para repetirme con distinguida y particular devoción,De V. Reverencia.Seguro servidor G. DE CAVOUREn la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1855 moría el abate Antonio Rosmini Serbati y don Bosco encargaba sufragios a todo el
Oratorio por el alma bendita de su bienhechor.Fin de Página 200
VOLUMEN V Página: 201Entretanto don José Cafasso había accedido buenamente a que, habiendo salido los residentes de vacaciones, fueran expuestos los
cuadros de la rifa en un salón de San Francisco de Asís, lugar situado en el centro de la ciudad. Ya ((271)) se habían vendido todas las
papeletas y el día establecido se pudo llevar a cabo el sorteo, como se ve por la siguiente acta.En el año del Señor 1855, a 11 de julio, en presencia del caballero Mario Gonella, del sacerdote Juan Bosco, miembros de la Comisión
para la Rifa en favor de los muchachos internados en la casa aneja al Oratorio masculino de Valdocco, y en presencia del conde
Alejandro Broglia, el canónigo José Ariccio de Carmagnola y del maestro albañil Antonio Beglia, se efectuó el sorteo de la mencionada
rifa como sigue.En el palacio municipal de la ciudad de Turín se eligió un bombo; metieron en él las diez unidades, las diez decenas, las diez centenas y
las diez unidades de millar; después introdujeron las seis primeras cifras, porque el número de papeletas llega sólo hasta siete mil.Hízose luego la correspondiente extracción en una de las salas del Oratorio, según las normas establecidas por la Delegación General de
Hacienda y de acuerdo con el plan del reglamento.Teól. Can. JOSE ARICCIO
ANTONIO BEGLIA
Cab. MARIO GONELLADon Bosco se apresuraba a comunicar a los bienhechores el sorteo efectuado con la siguiente circular.Turín, 16 de julio de 1855Ilmo. y Benemérito Señor:Me apresuro a enviar a V. S. Ilma. la lista de los números premiados en la rifa recomendada a su caridad, para que pueda enterarse
cómodamente de si ha sido favorecido con la suerte alguno de sus números.Sé muy bien que en esto no ha entrado para nada el interés, sino sólo la obra caritativa de ayudar a estos pobres ((272)) muchachos
confiados en cierto modo por la Divina Providencia a mis cuidados y éste es un doble motivo para agradecérselo de todo corazón.Ahora bien, mientras le aseguro que siempre tendremos con usted una reconocida gratitud, ruégole continúe dispensándonos favor y
caridad en sus obras de beneficencia. Y puesto que no podemos demostrarle nuestro agradecimiento de otra manera, yo, mi colega el
sacerdote don Víctor Alasonatti y todos los hijos del Oratorio, no dejaremos de encomendarle al Señor, a fin de que le colme de sus
celestes bendiciones, mientras con todo mi aprecio me declaro,De V.S. Ilma. y Benemérita.Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 201
VOLUMEN V Página: 202((273))CAPITULO XXVEL PAN DE CADA DIA EN EL ORATORIO -LA DIVINA PROVIDENCIA Y DON BOSCO -FRACASA EL PROYECTO DE LA
TIPOGRAFIA -EJEMPLAR CONDUCTA DE LOS ALUMNOS DEL ORATORIO EN LAS ESCUELAS PRIVADAS -UN HEROE
DE LA PAZ -MOLESTIAS DE DON BOSCO DURANTE LAS VACACIONES OTOÑALES Y UN RELATO EN LA
DISTRIBUCION DE PREMIOS -PROMESA A LA VIRGEN CUMPLIDA Y PREMIADA -RECOMENDACION A LOS
MUCHACHOS QUE VOLVIAN A SU PUEBLO -DOMINGO SAVIO Y MASSAGLIA NO QUIEREN SEPARARSE DE DON
BOSCOTERMINABA el año escolar 1854-1855 y aunque en el Oratorio se vivía muy pobremente, ni un solo día llegó a faltar lo necesario. El
kilo de pan de segunda clase costaba setenta céntimos y don Bosco no dio de baja a ninguno de sus muchachos, ni restringió su número,
sino que continuó aceptando más. Hasta alegró su mesa alguna que otra vez con algo extraordinario. Las ganancias de la rifa bastaron
para cubrir necesidades: habían sido el premio de la caridad que estimulaba sus trabajos y de las previstas humillaciones, que aumentaban
el valor de sus sacrificios.Por eso la Divina Providencia no dejaba de asistirlo, y él se abandonaba en sus brazos con tal confianza, ((274)) ternura y
agradecimiento, que podría afirmarse que pasó toda su vida en continua acción de gracias al Señor.De cualquier circunstancia de la vida, de todo suceso grande o pequeño, sabía tomar pie para exaltar la bondad de Dios, su Providencia,
su sabiduría y omnipotencia. Iba un día de verano por las calles de Turín, acompañado de don Miguel Rúa. Paróse ante una frutería,
hízole notar la variedad, la belleza, la bondad de tanta clase de frutas como allí había expuestas, y exclamó:-íQué bueno es el Señor, que provee con tanta abundancia y variedad las necesidades de nuestra vida material!Expresiones semejantes se escapaban mil veces de su amante corazón.Jamás apareció en él una sombra de impaciencia esperando ayudas
202Fin de Página 202
VOLUMEN V Página: 203que, a lo mejor, se hacían desear, en recompensa de su fe: ni cuando veía evaporarse la realización de un proyecto que se creyó
inminente, importante y muy querido. Preveía, en efecto, tener que suspender el acariciado proyecto de la tipografía y no poder rescatar el
terreno vendido con tal fin. íLa muerte del abate Rosmini había echado por tierra tantas esperanzas! Sin embargo, con toda serenidad
contestaba a don Carlos Gilardi, quien le proponía vender totalmente o en parte el campo que él había cedido al Instituto de la Caridad.Carísimo don Carlos:Con satisfacción recibo su apreciada carta en la que me da noticia oficial de la elección del P. Pagani como Padre General. Bendito sea
Dios. Creo sinceramente que se ha cumplido la voluntad del Señor: déle muchos recuerdos de mi parte.((275)) En cuanto a la parcela que se proyecta poner a la venta, existe ciertamente como punto favorable el del muelle provisional de
Valdocco. En la primavera pasada había demandas y ofertas bastante ventajosas: ahora atravesamos un momento de crisis; son pocos los
que quieren comprar y ninguno construir; por ello, sería del parecer de esperar hasta la primavera de 1856. Si durante este tiempo se
presentara alguna oportunidad, podría aprovecharse, pero sin precipitación. Yo, por mi parte, no estoy con condiciones de comprar.Mientras tanto, le presento los saludos de mi buena madre, de mis clérigos, que le recuerdan mucho: todos nos encomendamos a sus
piadosas oraciones.Me profeso en el Señor de V. S. Carísima.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Esta carta refleja la perfecta calma de su corazón, hija de la confianza en María Santísima, animada por la óptima conducta de sus
muchachos, cuyas virtudes eran conocidas y apreciadas en la ciudad. Seguían asistiendo a dos escuelas privadas: a la de don José
Bonzanino para el bachillerato elemental y a la de don Mateo Picco para el bachillerato superior. Aunque modestos en su vestimenta, y
de humilde condición, se les veía limpios, bien educados y tan corteses, que sus compañeros de alto rango alternaban gustosos con ellos.
Y sacaban de esta amistad mucho provecho, por la emulación, el mayor orden y silencio, y el atractivo de la virtud. Los profesores
bendecían por ello al Señor, y sobre todo, porque uno de ellos evitó un gravísimo incidente.Domingo Savio asistía a la clases de segundo curso de gramática latina con el profesor Bonzanino. Dos de sus condiscípulos le
ofrecieron la oportunidad de demostrar hasta qué punto ardía ((276)) en el fuego del amor de Dios y cuánto deseaba evitarle cualquier
ofensa.
203Fin de Página 203
VOLUMEN V Página: 204Habiendo reñido un día entre ellos, por ciertas palabras ofensivas para sus respectivas familias, pasaron de los denuestos a las
bofetadas, y terminaron por desafiarse a hacer valer sus razones a pedradas. Domingo se enteró de la querella y del desafío. Experimentó
una gran pena y concibió la idea de impedirlo. Mas, "cómo conseguirlo, siendo como eran los dos rivales mayores que él y más forzudos?
Trató de persuadirles a que desistieran de su insensato propósito, haciéndoles ver que la venganza es contraria a la razón y a la religión;
escribió una cartita al uno y al otro amenazándoles con decírselo al profesor y también a sus padres; pero tan exaltados estaban sus
ánimos que resultaban inútiles todas las palabras. Entonces su corazón magnánimo le sugirió un recurso, de sabor heroico.Los esperó a la salida de clase y les dijo:
-Puesto que persistís en vuestro bárbaro empeño, os ruego que al menos aceptéis una condición.
-La aceptamos, respondieron, con tal que no impida el desafio.
-Es un bribón, replicó al punto uno de ellos.
-Yo no haré las paces, replicó el otro, hasta haberle abierto la cabeza.
Domingo temblaba al oír tan brutal altercado; con todo, deseando impedir mayores males, se contuvo y dijo:
-La condición que voy a poner no impedirá el desafío.
-"Cuál es?
-Prefiero decírosla en el mismo lugar donde os queréis batir a pedradas.
-Tú te chanceas y tratas de ponernos algún estorbo.
-Iré con vosotros y no os engañaré; estad seguros.
-Tal vez querrás ir para llamar a alguien.
-Debería hacerlo, mas no lo haré. Vamos, iré con vosotros;cumplid tan sólo vuestra palabra.
Se lo prometieron, y ((277)) encamináronse a los llamados prados de la ciudadela, fuera de la puerta Susa, en el lugar donde luego se
levantó la iglesia parroquial de Santa Bárbara.
Llegados al lugar destinado, Domingo hizo lo que nadie jamás hubiera imaginado. Dejóles que, provistos de gruesas piedras, secolocaran en sus puestos, a cierta distancia uno de otro. Cuando los vio dispuestos a empezar el desafío, díjoles:
-Antes de que empecéis el desafío, quiero que cumpláis la condición que habéis aceptado.
Y diciendo esto, sacó un pequeño crucifijo que llevaba al cuello y, levantándolo en alto con una mano, dijo:204Fin de Página 204
VOLUMEN V Página: 205-Quiero que ambos a dos fijéis vuestra mirada en este crucifijo y, arrojando luego una piedra contra mí, digáis estas palabras:
"Jesucristo, inocente, murió perdonando a sus verdugos, y yo, pecador, quiero ofenderle y vengarme".Dicho esto, fue y se arrodilló ante el que se mostraba más enfurecido, diciéndole:-Descarga sobre mí el primer golpe. Tírame una fuerte pedrada a la cabeza.Este, que no esperaba tal propuesta, tembló, palideció y respondió:-No, jamás, yo nada tengo contra ti; si alguien se atreviese a ultrajarte, yo te defendería.Apenas Domingo oyó esto, se levantó, fuese al otro, se arrodilló ante él y repitióle las mismas razones. Ante aquel gesto, también él,
desconcertado, gritó:-"Hacerte daño a ti? Nunca, jamás.Entonces el santo jovencito se puso en pie y con voz conmovida, les dijo:-"Cómo es que estáis los dos dispuestos a arrostrar un grave peligro en favor mío, aunque soy miserable criatura, y para salvar vuestras
almas ((278)) no sabéis perdonaros un insulto y una injuria, que cuestan la sangre del divino Redentor y a quien vais a perder con este
pecado?Dicho esto, calló y conservó levantado el crucifijo, con los ojos bañados en lágrimas.Ante este espectáculo de caridad y de valor, los dos compañeros se dieron por vencidos."En aquel momento, asegura uno de ellos, me sentí enternecido. Un escalofrío corrió por mis miembros, y me llené de vergüenza, porhaber obligado a tan buen amigo a usar medios tan extremos para impedir nuestro malvado intento."Unos días después, los dos condiscípulos, ya reconciliados entre sí, iban a reconciliarse también con el Señor, con una santa confesión.Entre tanto veía don Bosco con pena, que se renovaba cada año, que ya llegaban las vacaciones. Algunas semanas antes empezaba a
advertir a los muchachos que el demonio, si no estaban atentos, haría estragos en sus almas, destruyendo el fruto de sus sudores.
Discurría sobre los peligros que se hallan en el mundo por culpa de los malos compañeros, las malas lecturas, el ocio y la falta de
mortificación. Les inculcaba gran discreción en el trato con cualquier clase de
205Fin de Página 205
VOLUMEN V Página: 206personas y lamentaba la mala costumbre de ciertos padres que dejaban jugar juntos a chicos y chicas, que él llamaba "el naufragio de la
inocencia y la escuela elemental de la malicia". Recordaba también que San Felipe Neri no quería dejar que los niños se divirtieran ni
siquiera con sus hermanas.Por estos motivos les daba a entender que le proporcionarían un gran placer no yendo a vacaciones, o bien volviendo pronto al Oratorio,
prometiéndoles recompensar aquel sacrificio con entretenimientos, meriendas, representaciones teatrales y excursiones deliciosas. Ya
había suprimido las vacaciones de Navidad y Carnaval, que en los primeros años se vio obligado ((279)) a conceder a algunos porque así
se hacía en todos los colegios; y ahora, y durante algunos años más, toleró las vacaciones de Pascua. Pero las otoñales duraban desde las
primeras semanas de julio hasta cerca del 20 de octubre; por lo cual don Bosco había establecido que a mitad de agosto se llamara a los
alumnos a sus pueblos, para asistir durante un mes entero a clases de reparación, de repaso y de preparación para los cursos superiores. Y
era norma que el alumno que sin motivo justificado no se presentara durante aquel mes no sería aceptado para el curso siguiente. Estaba
además fija en su mente la idea de suprimir también, cuando pudiera, las vacaciones de Pascua y reducir las otoñales a un solo mes.Todas estas disposiciones y planes eran fruto de su heroica caridad.De hecho, ello le costaba mayores gastos de mantenimiento gratuito, que al aumentar los muchachos hasta más de ochocientos, llegó a
ser enorme; renunciaba de buena gana al descanso que hubiera podido disfrutar al menos en esta época del año, y aceptaba de buen grado
nuevos trabajos personales y las preocupaciones a ellos anejas.En la primera quincena de julio, terminados los exámenes de los estudiantes, se celebraba la distribución de premios, que don Bosco
solía cerrar con un discursito lleno de afecto. Un antiguo alumno nos ha transmitido el recuerdo de uno de ellos que, salvo el haber sido
pronunciado en 1855, parece de este tiempo. Don Bosco dijo que el primer premio correspondía a María Santísima, por los muchos
favores que había dispensado aquel año a los alumnos, y narró el siguiente hecho:"Un día del mes de mayo, dedicado a la Reina del Cielo, se celebraba en un internado la distribución de premios. Habían sido invitadas
diversas personas de consideración para dar ((280)) a la fiesta
206Fin de Página 206
VOLUMEN V Página: 207alegría y realce. Los premios consistían ordinariamente en objetos piadosos, como libros, cuadros, estatuitas y cosas parecidas. Entre los
objetos expuestos se hallaban también unos jarrones con flores naturales, frescas y olorosas, puestas allí para adorno y no para premio.
Los alumnos premiados, primeramente nombrados, tenían derecho a elegir el objeto mejor y más valioso que les gustase. Llegó la hora
suspirada y, todo preparado, comenzó la distribución de premios.El primer nombrado se adelantó entre la respetable asamblea y escogió el objeto más querido y hermoso. Quedaban aún muchos otros,
tan preciosos como el anterior; fue nombrado para elegir su premio el segundo, un muchacho de acrisoladas virtudes y costumbres
angelicales. Modestamente se adelantó, se paró, reflexionó un poco qué objeto debía elegir, pero parecía que no encontrase ninguno de su
gusto. Cuando he aquí que, ante la admiración de todos los presentes, clavó sus ojos en uno de los jarrones de flores frescas, se acercó a
él, lo tomó satisfecho y, lleno de alegría, lo llevó a los pies de la estatua de María en la vecina capilla a ella dedicada y devotamente
festejada durante aquel mes. Su devoto gesto, candoroso como él en persona, fue apreciado por la asamblea como correspondía. Los
muchachos, singularmente conmovidos, premiaron con redoblados aplausos la devoción del compañero. Su ejemplo fue imitado por los
otros jovencitos, que demostraron aquel día el amor que albergaban en su corazón hacia la madre celestial María Santísima.Y terminó diciendo que el premio que la Virgen esperaba de ellos era el que mantuvieran siempre una conducta auténticamente
cristiana.((281)) El año escolar se clausuraba con el ejercicio de la buena muerte. El muchacho Luis Fumero, muy aficionado a la música, estaba
en la edad del cambio de voz y como tenía que dejar pronto el Oratorio, fue a confesarse con don Bosco. Tenía una voz preciosa; tanto
que cuando él cantaba, lo mismo en la primera iglesia-cobertizo como después en la de San Francisco de Sales, aquello parecía el paraíso.
Don Bosco le dijo, por tanto, que siempre que fuera invitado a dar pruebas de su arte predilecto, tuviera la intención de dar gloria a Dios;
y Fumero le contestó que pidiese él a la Virgen para que le conservara siempre aquella delicada calidad de voz, prometiéndole que nunca
la emplearía para canciones profanas, conciertos mundanos ni teatros. Don Bosco le aseguró que María Santísima le concedería tan
señalada gracia. Fumero mantuvo su
207Fin de Página 207
VOLUMEN V Página: 208promesa cantando solamente en la iglesia y para dar gloria a Dios, y conservó su graciosa voz fresca y limpia hasta edad avanzada.Finalmente llegó el día de la despedida. Muchos de los alumnos, bien por sincero afecto a los padres, bien por ligereza juvenil o,
también, ante la insistencia de sus progenitores, no habían renunciado a volver a casa. A éstos les recomendaba don Bosco
fervorosamente que se acercaran cada semana a los santos sacramentos, les insistía para que, una vez en casa, fueran a saludar al párroco,
teniéndolo como un segundo don Bosco; y que ayudaran a misa todos los días, que no dejaran de asistir al sermón los domingos y, si se
sentían capaces, dieran catecismo a los niños. Repartía luego a cada uno un papelito en el que se hallaban las normas para pasar bien la
vaciones. Y, aunque aparentaba estar alegre y sereno, es un hecho que cada muchacho que se despedía le arrancaba ((282)) un pedazo de
su corazón. Sin embargo, muchos de ellos, durante las vacaciones, hacían caminatas de diez y más millas, algunos a pie, para volver al
Oratorio a confesarse con don Bosco, para pedirle algún consejo o simplemente para verlo. Había quien iba desde Bra, desde Asti, desde
Alessandria y aun desde poblaciones más lejanas.Pero no faltaban alumnos que, por dar gusto a don Bosco y movidos por el deseo de adelantar en los estudios y atender mejor a las
prácticas de piedad, preferían quedarse en el Oratorio, como, por ejemplo, Domingo Savio y Juan Massaglia. Sin embargo, don Bosco,
que sabía cuánto deseaban verlos sus padres y la necesidad que tenían de reponer fuerzas, dijo a ambos:-"Por qué no vais a pasar unos días de vacaciones?Ellos, por toda respuesta, se echaron reír.-"Qué significa esa risa?Domingo respondió:-Sabemos que nuestros padres nos esperan con ansia; también nosotros los queremos e iríamos con mucho gusto; pero sabemos que el
pájaro mientras está en la jaula no tiene libertad, es cierto, mas está seguro del gavilán. Por el contrario, si se halla fuera de la jaula, vuela
donde quiere y, en cualquier momento, puede caer en las garras del gavilán infernal.A pesar de todo, don Bosco creyó conveniente mandarlos unos días a casa por el bien de su salud. Ellos se sujetaron a su querer y
permanecieron en ella tan sólo los días que les indicó.Otros, después de un mes de vacaciones, obedecían a la prescripción de don Bosco. En el registro de calificaciones mensuales de los
hijos de casa por su asiduidad a los propios deberes y por su cristiana
208Fin de Página 208
VOLUMEN V Página: 209conducta, del año ((283)) escolar 1854-1855, hallamos que en el mes de agosto había en el Oratorio 35 estudiantes y 80 artesanos: 115 en
total. No se cuentan los clérigos y demás personas, huéspedes o sujetas al servicio de la casa.El primer cuidado de don Bosco en agosto y en octubre consistía en examinarlos a su vuelta, para ver si habían cumplido sus consejos.Fin de Página 209
VOLUMEN V Página: 210((284)
)CAPITULO XXVIEL HOMBRE DE BIEN, ALMANAQUE NACIONAL PARA EL AÑO 1856 -A SUS AMIGOS -PRINCIPIOS DE 1855 -EL
"HOMBRE DE BIEN" PARTE A LA GUERRA DE ORIENTE -FRENTE AL MAR -CRIMEA -EL COLERA EN CRIMEA -EL
FUTURO DESTINO DE LA PATRIADON Bosco, para adelantarse a la salida de los almanaques herejes, empezaba a preparar EL HOMBRE DE BIEN en el mes de julio. Se
necesitaban dos meses al menos para redactar, componer, corregir pruebas e imprimir. Este folleto, además de repetir indicaciones hechas
en los años precedentes, contenía las fechas más notables de la Vida de Pío IX y el reparto de las Cuarenta Horas en las iglesias de Turín
para 1856. Narraba episodios amenos, científicos y religiosos; hacía un breve resumen de los descubrimientos e inventos modernos y
terminaba con una graciosa poesía titulada: El vicio del juego. La imprenta De Agostini se encargó de preparar este aguinaldo para los
suscriptores de las Lecturas Católicas, y los ejemplares que sobraban se ponían a la venta.((285)) El hombre de bien había alcanzado un gran éxito los dos años anteriores y el del presente, aún en la imprenta, suscitaba el más
vivo interés, por ciertas predicciones en él contenidas. Las reproducimos junto a otras páginas de menor importancia, pero que, por estar
escritas por don Bosco, hemos creído ayudarán a conocer cada vez mejor su carácter y su sinceridad en la defensa de los principios
religiosos. También nos hemos determinado a publicarlas para que no se pierdan en el olvido, dado que los ejemplares del folleto han
desaparecido en estos cincuenta años y no es probable que vuelvan a ver la luz de ningún modo.He aquí cómo se expresaba EL HOMBRE DE BIEN, almanaque para el año 1856.
210Fin de Página 210
VOLUMEN V Página: 211EL HOMBRE DE BIEN A SUS AMIGOSLOS INICIOS DE 1855Es ésta la tercera vez que tengo el honor de presentarme ante vosotros, mis queridos amigos, para hablaros de nuevos acontecimientos.
Este año tengo muchas cosas serias que contaros, y de tal importancia, que me veo obligado a dividir la materia en diversos capítulos.
Empezaré por recordaros lo que sucedió a principios de este año y abrirme así camino para los demás.Al empezar el 1855 se discutía la ley contra frailes, monjas y curas. íPobres frailes que tantos platos de sopa repartieron a mis
muchachos y tantas veces vinieron a verme cuando estaba enfermo! íPues bien! Ya sea que el Señor quisiera castigarnos por esta ley, ya
sea por otros motivos que no conocemos, es el caso que los males se multiplicaron. Nuestra querida reina madre, María Teresa, cayó
enferma y, pocos días después, víctima del destino, murió. Pasaron unos días y la esposa del Rey, Adelaida, siguió a su suegra a la tumba.
íPobres reinas, eran tan ((286)) buenas, repartían tantas limosnas! Yo he llorado mucho, y muchos otros lloraron conmigo. El día de su
entierro no hice más que rezar Padrenuestros y Requiem aeternam por sus almas. Verdad es que muchos se consolaban diciendo: Hemos
perdido dos bienhechoras en la tierra, pero tendremos dos protectoras en el cielo; y una voz unánime repetía: Han muerto las madres de
los pobres; este mundo se hacía demasiado malo y no merecía dos Reinas tan buenas. Dios se las llevó para que no vieran las mil
iniquidades que pronto se cometerían.Todavía se lloraba la muerte de las dos Reinas, cuando nos sorprendió una nueva desgracia. El duque de Génova, aquel valiente que
tanto había luchado por el honor de la patria, y que había afrontado tantos peligros en Lombardía y durante la campaña de Novara, moría
en la flor de la edad. Poco tiempo después, un hijo del Rey era llevado al sepulcro. Todos estos males sucedieron mientras se discutía la
ley contra los frailes y los curas. Yo no quiero decir con esto que Dios haya enviado la muerte a estas buenas personas por culpa de esa
ley; pero lo han dicho muchos, y lo siguen diciendo aún, y hasta se decía que Dios se llevaba consigo a los buenos para castigar
justamente a los malos.En medio de tantas desgracias, sucedió que nuestro Gobierno, al ver que Francia e Inglaterra andaban mal en la guerra contra Rusia,
pensó ayudarlas, lo cual me parece muy bien, porque ayudar al prójimo es una obra de caridad, y las buenas obras de caridad son siempre
dignas de alabanza.Entre los loquillos que desearon marchar contra los rusos, estaba yo también. Pero mi posición no me permitió enrolarme, porque,
como todo el mundo sabe, tengo cuarenta años, estoy cojo de un pie, soy algo jorobado, no oigo de un oído y no veo por un ojo, detalles
que impiden totalmente ser soldado. Pero yo quería ir: no por la manía que tenía de matar soldados, no, pues yo me emociono con sólo
ver matar una pulga; sino porque deseaba ir para ganar algo con qué comer para mí y para mis hijos.Me hallaba en las mayores estrecheces, y no sabía adónde dirigirme en busca de socorros, ya que, mientras el Señor Arzobispo estaba
en Turín, casi todas las semanas me mandaba ((287)) alguna ayuda, pero como lo han desterrado... Los frailes me daban algún que otro
plato de sopa, y se trataba de despedirlos a todos... ",Qué hacer, pues? Me metí de pinche con un ranchero de nuestras tropas que tenía
que marchar a Crimea.
211Fin de Página 211
VOLUMEN V Página: 212LA VISTA DEL MARAmigos, estáis con ansia de saber noticias de mi viaje y voy a satisfacérosla. Oíd con atención: no voy a contaros hechos atroces y
sangrientos, pero os gustarán.Tomé el tren en la estación de Puerta Nueva, y en pocas horas llegué a Génova.Cargamos un millón de enseres de todo género en un buque y luego embarcamos.Mientras navegué cerca de la playa, todo fue muy bien; pero cuando vi desaparecer la ciudad, la playa, las colinas y los montes,
entonces, afligido, me dije: íPobre HOMBRE DE BIEN! íquién sabe si volverás a ver estas tierras!Cuando me encontré en alta mar me puse a considerar la forma de los barcos. Están hechos lo mismo que las barquichuelas que
vosotros habéis visto muchas veces flotando sobre el Po, pero son cincuenta veces mayores. Allí hay muchas habitaciones, donde se
puede comer, dormir, pasear, fumar y otras cosas que se regalan a quien tiene dinero para pagarlas.íEl mar! íOh, qué inmenso es el mar! Imaginaos una extensísima llanura sin límites de montes ni montañas, sin caminos, ni casas, ni
viñas, ni prados, ni plantas, ni bosques y que el confín de aquella vastísima llanura se pierde en la misma llanura: tendréis así una ligera
idea del mar.Iba yo contemplando con no poca maravilla las olas que cruzaban nuestro barco. Tenía un gran placer al ver peces grandes y pequeños
que asomaban su cabeza entre las olas próximas al buque. Daba la impresión de que aquellos animales sabían que yo soy UN HOMBRE
DE BIEN y que nada tenían que temer de mí. Entretanto, me di cuenta de que se acercaba la noche; así que, olvidando toda preocupación
y ((288)) deseo del pasado y del porvenir, me acerqué al bar, me comí un trozo de pan de munición con una raja de salchichón, me bebí
medio litro de vino y me fui a acostar sobre un jergón de paja.Dormía yo tan plácidamente cuando, aposta o por error, un compañero, creído que yo era un tronco de madera para el fuego, me agarró
por una pierna.-Despacio, empecé a gritar, que es mi pierna.-"Qué pierna?, es un tronco y voy a quemarlo.-íMajadero!, le grité con todas mis fuerzas, quema tus piernas y no las mías. Yo pago impuestos por ellas y no quiero que nadie me las
toque.El otro se apartó y me dejó con mis piernas.Pero como había interrumpido el sueño, ya no pude recobrarlo. Para refrescarme un poco, salí a cubierta. Entonces apareció ante mis
ojos un espectáculo jamás visto en mi vida. Miraba hacia arriba y contemplaba una inmensa cantidad de estrellas; bajaba la mirada y veía
bajo mis pies las mismas estrellas que admiraba encima y en torno a mí. Me pareció en aquel instante que era un granito de polvo perdido
en el universo.Cuanto más alzaba y bajaba los ojos para contemplar la enorme cantidad de estrellas que me circundaban, tanto más pequeño me veía.
Impresionado por esta imaginación, me puse a gritar:-íPobre Hombre de bien! tú vuelves a la nada. Pero, entretanto, me daba cuenta de que aún tenía la cabeza sobre los hombros, que mi
corazón palpitaba, que mi lengua hablaba. Así que, convencido de mi pequeñez, dije para mí mismo:-íVes, HOMBRE DE BIEN, qué pequeño eres frente a tantas estrellas tan grandes y tan distintas unas de otras! íQué grande debe ser el
que ha hecho todas estas cosas!Siguiendo el camino de Génova, pasamos por un mar llamado Tirreno, que estáFin de Página 212
VOLUMEN V Página: 213entre la isla de Cerdeña y la Toscana. Después llegamos a Malta, donde nos abastecimos de agua, porque como bien sabéis, el agua del
mar es muy salada y no se puede beber, y, por tanto, hay que hacer provisión de agua dulce para beber en alta mar. Y luego, siempre
caminando sobre el agua de un mar a otro, llegamos a Constantinopla, ((289)) que es una gran ciudad, mayor que Turín, pero no tan
bonita. Di una vuelta por las calles de aquella capital, que son muy torcidas y poco limpias.. Vi por vez primera a los turcos, que, según
dicen, son valientes en la guerra, pero que, a primera vista, parecen comediantes. Llevan dos sacos por calzones, un camisón cubre su
tronco y se ponen en la cabeza una gran montera donde caben tres medidas de maíz. Son de lo más ignorante; no saben ni siquiera
piamontés, cosa que saben nuestros niños más pequeños. Pregunté a uno de ellos qué hora era y me respondió:-Rachid, Rachid.-Yo no pregunto Rachid; pregunto qué hora es.El entonces me dijo:-Rachid, Rabadam, Rabadam.Y yo le contesté:-Vete con tu Rachid y tu Rabadam. Hay ya muchos rabadanes en mi pueblo y no tengo por qué buscarlos aquí.Me volví corriendo al barco y llegué justo en el momento en que los nuestros se reunían para reemprender el camino hacia el mar
Negro. Yo tenía unas ganas locas de ver aquel mar, pues me pensaba que fuese negro de veras; pero vi que el agua es igual que la de los
otros sitios; y me dijeron que se llama mar Negro por la gran oscuridad que presenta por la tarde y también porque está cubierto de densa
y oscura niebla durante buena parte del año.CRIMEADespués de catorce días de viaje, una mañana, al despuntar el día, oí gritar: íCrimea, Crimea! Salí también yo, en mangas de camisa,
para ver Crimea, y vi a lo lejos una punta de tierra que parecía un hombre sumergido en el agua con la nariz fuera.A medida que me acercaba se iba agrandando; y al fin apareció una nación, donde habitan hombres de cuerpo y alma como nosotros.Yo he encontrado poca diferencia con nuestra tierra. Allí sale el sol por la mañana y se pone por la tarde; de día hay claridad y de noche
oscurece, salvo cuando aparece la luna. La gente anda con los pies, trabaja con las manos, come con la boca, habla con la lengua, ve con
los ojos, y oye con los oídos.((290)) También es costumbre allí tener que trabajar para comer, excepción hecha de unos pocos que se dedican a robar.La diferencia entre este país y los nuestros es ésta: aquí los comestibles son caros; allí carísimos. Un plato de sopa cuesta diez cuartos,
una limonada, hecha con la máxima economía, ocho; el pan, a dos liras con cincuenta céntimos el kilo; un litro de vino algo bueno a tres
liras; un muslo de pollo una lira y así lo demás. Todo era caro, mas para mí y para mi patrón nos iba bien porque nos ayudaba a ganar
dinero.Pero en medio de esta abundancia no faltaban cosas que nos causaban gran molestia. Durante el día nos oprimía un calor exagerado y
por la noche nos helaba un frío increíble. De día, tábanos y moscas impertinentes que pican sin descanso; deFin de Página 213
VOLUMEN V Página: 214noche mosquitos, mariposas y una clase de pulgas que no dejan dormir. Oí decir muchas veces a capitanes y generales que no temían a
los cañones de los rusos, pero que se rendían ante estos bichitos, contra los cuales nada valen las uñas de un pobre campesino, ni la fuerza
y la espada de los más valientes militares.Para hacerme idea cabal de aquellas tierras pregunté un día al capitán, que bondadosa y cortésmente me invitó a pasear don él después
de comer, y él satisfizo mi curiosidad con estas palabras:"Tú, Hombre de bien, quieres tener noticias ciertas de Crimea y yo, de mil amores, te haré un resumen de cuanto está al alcance de tu
capacidad y condición."Crimea, antiguamente llamada Táurida, es una península rodeada por el mar Negro y el mar de Azov. Está unida al continente por el
istmo de Perekop, que es una lengua de tierra de casi cuatro millas."Los lugares algo conocidos por ti son Balaklava, Alma, Inkerman, Eupatoria, donde los aliados obtuvieron grandes victorias contra los
rusos el pasado año."En la punta de la isla, hacia el mediodía, hay una colina bien fortificada, llamada torre Malakhov. Desde aquella colina se divisa la
ciudad de Sebastopol y detrás de la ciudad hay otros fortines que pronto caerán en manos de los aliados."Hay muy pocos lagos y ríos.((291)) "El Cernaya es un torrente respetable, que actualmente separa a los aliados de las tropas rusas, que pronto atacaremos nosotros."La población de Crimea apenas si llega a los doscientos mil habitantes, casi todos tártaros y siguen la religión de Mahoma."La capital de Crimea es Simferopol. Sus puertos principales son Kerch, Balaklava y Sebastopol que es el más fortificado."Es un país poco cultivado. Abundan los desiertos, por lo cual el calor es insoportable en el verano y el frío intensísimo en el invierno."Los principales productos son cereales, aceite, lino, cáñamo y tabaco; se cultiva la viña con óptimo resultado. Hay también buena
cosecha de higos, aceitunas y granados, frutos que están muy expuestos al peligro de la langosta. Existe mucho ganado mayor y menor de
vacas, camellos, cabras, carneros, caballos y asnos tan grandes como los de nuestros pueblos. íNo me refiero a ti!"Hay también ciudades, montañas, ríos, lagos, playas que te quiero nombrar: Karabi, Jaila, Tkhadyz-dugh...".El simpático capitán pretendía seguir recitando toda una lista de nombres que yo no podía recordar, y ni siquiera pronunciar.Así pues, le di las gracias por su amabilidad y me fui a cumplir las órdenes de mi jefe, que precisamente en aquel momento menecesitaba.EL COLERA EN CRIMEAApenas llegamos a Crimea, algunos soldados fueron víctimas de diversas enfermedades. La peor y que más daño hizo fue el cólera
morbo. En un principio se creyó que era una enfermedad corriente ocasionada por el cansancio del viaje. Pero pronto pudimos
convencernos de que era realmente el cólera, semejante en todo al que el año pasado asoló nuestros pueblos. También yo me asusté, pero
cobré aliento y me dije: -Animo, Hombre de bien; ((292)) la fortuna ayuda a los audaces; haz lo que puedas por el prójimo y confía en la
Divina Providencia. Por tanto, me puse a ayudar a mi jefe con toda el alma, y a prestar a los enfermos el auxilio que podía.Pero las cosas tomaron un aspecto desagradable. Los casos y muertes del cóleraFin de Página 214
VOLUMEN V Página: 215aumentaban cada día. Ya no había camas en los hospitales; faltaban médicos y medicinas. ílmagináoslo, si podéis! En la parte donde yo
me encontraba, no había más remedio que sal marina. Un oficial tomó una onza de esta medicina y en lugar de sentir alivio fue
sorprendido por tales dolores que, hecho una furia, se levantó de la cama y echó a correr desesperadamente hasta que cayó muerto. No
quiero contaros más casos, porque tales recuerdos renuevan mi dolor, y os duelen también a vosotros, que tenéis un corazón bueno y
sensible. Os baste saber que todo producía terror y espanto. Me aseguran que en dos meses murieron cerca de dos mil quinientos de los
nuestros. Pero lo que me llevó al colmo de la desolación, fue la muerte de mi jefe. Yo le quería mucho y él a mí también. Le atendí hasta
sus últimos momentos.Cuando se dio cuenta de que empezaba a faltarle la palabra, me llamó junto a él y me dijo:-HOMBRE DE BIEN, agradezco tus cuidados; yo no volveré al Piamonte; estoy en los últimos instantes de mi vida. Aquí tienes un
saquito de escudos, que es todo el capital que he traído de nuestra tierra; llévaselo a mi familia. Aquí está el dinero ganado con nuestros
sudores: la mitad es tuyo; la otra mitad dásela a los soldados que creas lo necesitan más. Vende lo que tenemos aquí, y el producto es para
ti. Todos los créditos apuntados en el libro, perdónalos. Yo muero resignado, porque he recibido los auxilios de la religión. Sigue
cuidándome hasta que expire. Cuando me hayas dado sepultura, márchate y vuelve al Piamonte a comunicar mi muerte a mis parientes y
amigos. Y como aquí no puedo hacer testamento, todo lo mío que lo tome quien tenga derecho a ello según la ley. íHombre de bien!, no
me abandones en estos últimos instantes: el cielo te lo pagará: encomienda mi alma al Señor...No puedo continuar. Un ardor interior, unido a una gran opresión de estómago ((293)), le arrancó la vida, en medio de dolorosas
convulsiones. íImaginad mi triste situación! Era yo el único del servicio, dos compañeros habían muerto ya del mismo mal: tuve que
amortajar el cadáver de mi jefe, y sin sacerdotes, sin acompañamiento alguno, lo tomé en mis brazos, lo envolví en una manta y lo enterré
yo mismo en una fosa cavada a poca distancia de nuestra tienda. Hecho esto, para confortar un tanto mi afligido corazón, me arrodillé
sobre la pobre tumba y recé cinco padrenuestros, cinco avemarías y cinco Requien aeternam por el eterno descanso de mi jefe.LOS FUTUROS DESTINOS DE LA PATRIACumplí las últimas ordenanzas de mi jefe y fijé mi partida para el 2 de julio, aprovechando la favorable oportunidad de un barco que
salía para Piamonte. La víspera del embarque, avanzada ya la noche, se me presentó un hombre desconocido, que hablaba de modo que se
le podía entender. Sus corteses modales y su hablar inspiraban confianza.-Hombre de bien, comenzó diciendo, tú vas a volver mañana a la patria; antes de que te marches, quiero mostrarte una cosa que
ciertamente no verás en ningún otro país del mundo. Ven conmigo.-"Adónde quieres llevarme, le dije, y qué me quieres mostrar?Y el desconocido respondió:-Quiero llevarte a un Mosul (Director), que te revelará los futuros destinos de la guerra y de nuestra patria.
215Fin de Página 215
VOLUMEN V Página: 216La curiosidad de la promesa, su hablar piamontés, su graciosa invitación y su fisonomía no me inspiraban motivo alguno de
desconfianza. Le seguí. Me tomó de la mano, me hizo andar varias calles y me metió en una casa. Aquello era interminable: una
habitación, un corredor, varias salas, más galerías, más corredores; subir, bajar, hasta que, después de caminar dos horas en la oscuridad,
me encontré en una gruta hermosamente decorada y resplandeciente:De momento, no advertí, al llegar, la presencia de hombre mortal alguno; hasta creí que fuera el alojamiento preparado para mí aquella
noche. Pero el guía me detuvo diciendo:-"Ves a ése sentado ante aquel la mesa?Volví hacia allí la mirada y vi un viejo venerable sentado. ((294)) Tenía los cabellos blancos como la nieve, la cara algo arrugada, pero
sana, llena de vida y arrogancia; leía atentamente un libro en cuyo lomo decía: Experiencia, gran maestro.Al darse cuenta de nuestra
llegada, levantó lentamente la vista, y siempre sentado, empezó a decir:-"Qué deseo os ha traído a este lugar separado de las moradas humanas?El guía respondió:-Venimos a ofrecerte nuestros obsequios y rogarte nos reveles los destinos de la guerra y de nuestra patria.Y dijo el anciano:"-Los destinos de la guerra y de vuestra patria sólo Dios y aquellos a quienes El se digna revelarlos los conocen. Estad muy atentos,
porque os revelaré un poquito de lo que ya se puede comunicar a los hombres. La guerra será larga y encarnizada. Habrá grandes
combates y se derramará mucha sangre. Mortandad y daños serán iguales en ambas partes, pero cantarán victoria los aliados. El mundo
tendrá paz cuando haya pasado por el hambre, la guerra y la peste."Tú, Hombre de bien, volverás a la patria. Ella será terriblemente azotada este año por la muerte, y como los hombres atribuirán estas
desgracias a la casualidad, sufrirán males extremos. Habrá granizo, sequía, terremotos, carestía, quiebras comerciales. A estos golpes de
la mano divina responderán los hombres con robos sacrílegos, suicidios, homicidios, blasfemias e impiedad."Por eso, empeorará cada vez más el destino de tu patria. Comunica a tus amigos, que allí se pretende destruir el trono y la religión;
temblará el primero, pero nada podrán contra la segunda. Si la cordura de los hombres no hace cambiar los decretos de Dios, presenciarán
cosas nunca jamás vistas Se defenderá la religión con la cabeza y la sangre de sus ministros y de sus fieles; muchos prevaricarán y
muchos se mantendrán firmes en la fe hasta la muerte. Después terminará el gobierno de los hombres y sólo Dios gobernará. Entonces los
malos preferirán no existir, pero ya no es tiempo. Es preciso que Dios sea glorificado, los malos castigados, y los buenos confortados.
Luego vendrá la paz universal".Yo quería hablar, pero el anciano agregó:-Calla, ((295)) yo no debo ser interrumpido cuando hablo; tú querías preguntarme cuándo sucederán estas desgracias. Sábete que ya han
comenzado: algunas se verificarán este mismo año, las otras después. Y si los hombres siguen despreciando la ley divina, las desgracias
serán muy superiores a lo que se ha vaticinado. El único medio para mitigarlas y alcanzar un futuro mejor es apartarse de la impiedad.Mientras oía estas cosas, iba yo pensando si soñaba o si era realidad lo que veían mis ojos y escuchaban mis oídos; no sabía si creer o
no. Hubiera deseado hacerle alguna pregunta, pero estaba aterrado con los desastres que predecía para nuestrosFin de Página 216
VOLUMEN V Página: 217pueblos y no me atreví a hablar. Le di las gracias, hice una profunda reverencia y salí. El guía me hizo desandar el camino. Le pregunté
una y otra vez el nombre y el lugar de la persona con quien habíamos hablado, pero no quiso responder nada al respecto.No sé si vosotros, amigos, creeréis estas cosas que os he contado del anciano. Haced como os plazca; yo iré creyendo a medida que las
vea cumplidas. Lo que sí os digo es que, de ordinario, saben más los viejos que los jóvenes, y que los que hablan a base de experiencia
pocas veces se engañan.Apresuré mi salida de Crimea y, sin mayores incidentes, llegué a la patria, donde, por desgracia, veo que se han cumplido las cosas que
el viejo me había predicho; y ojalá sea verdad que el resto no se cumpla. Pero yo que soy Hombre de bien, y que temo siempre por mí y
por lo demás, tiemblo por el futuro. El año que viene, si vivo, tendré muchas cosas serias, curiosas y de suma importancia que contaros.Don Bosco había empezado a escribir estas páginas en el mes de julio y he aquí lo que sucedía en Crimea. En mayo, los piamonteses, al
mando del general Alfonso La Mármora, desembarcaron en Balacklava, donde contrajeron el cólera. Hubo muchas víctimas entre
soldados y oficiales, entre ((296)) éstos el valiente coronel de los bersaglieri Alejandro La Mármora.El seis de agosto, cincuenta mil rusos cayeron de improviso sobre los sitiadores, pero los piamonteses supieron entretener tan bien junto
al torrente Cernaya el ímpetu de los enemigos, superiores en fuerza, que dieron tiempo a que los ejércitos aliados llegaran al campo de
batalla y consiguieran una insigne victoria.El ocho de septiembre los franceses, ayudados por los ingleses, asaltaban la torre de Malakov, baluarte formidable de Sebastopol. El
asedio duraba casi un año, y día tras día se dejaba sentir el espantoso estruendo de la artillería por ambas partes. Se calculó que hubo en
esta guerra más de quinientas mil bajas.Finalmente en diciembre aceptaba Rusia las condiciones de paz discutidas en París en la Conferencia de las Potencias interesadas y
firmadas el 30 de marzo de 1856.
217Fin de Página 217
VOLUMEN V Página: 218((297))CAPITULO XXVIIUN MUCHACHO PRENDADO DE DON BOSCO ANTES DE VERLO -CARIÑOSO ENCUENTRO -BURLAS Y PEDRADAS
DON BOSCO RECOGE EN EL ORATORIO A ALGUNOS DE SUS IMPOSTORES -EN SAN IGNACIO -UN PERIODISTA
LIBERAL -APOSTASIA Y MUERTE -LECTURAS CATOLICAS -CARTAS DE DON BOSCO AL CONDE DE AGLIANOSOLO el nombre de don Bosco ejercía un poder encantador entre los mismos muchachos que no le conocían personalmente.Juan Villa, natural de Ponderano, cerca de Biella, nos habla así:"Me encontré con don Bosco en Turín en julio de 1855; pero ya había oído hablar de él desde 1852. Mi párroco, el teólogo Ferrero, que
murió siendo arcipreste de la catedral, adonde fue trasladado en 1858, habló de don Bosco en un sermón un día de fiesta, cuando se
construía en Valdocco la iglesia de San Francisco de Sales. Dijo que bastantes de los muchachos bielleses, que trabajaban en Turín como
peones de albañiles, se hallaban desatendidos y en peligro en los días festivos. Pero que él sabía de un joven sacerdote, lleno de caridad,
que reunía a aquellos muchachos y, al mismo tiempo que les procuraba sitio donde divertirse honestamente, les ((298)) enseñaba las
verdades de nuestra santa religión. Añadió que aquel sacerdote estaba construyendo una iglesia y nos recomendó que diéramos una buena
limosna para ayudarlo, convencido de que habríamos secundado su deseo y que aquella caridad revertiría en favor de muchos de nuestro
pueblo que iban a trabajar a Turín. Ensalzó tanto a don Bosco, con tal entusiasmo habló del cariño que profesaba a los muchachos y del
bien que les hacía, que conmovió al auditorio. Yo, que contaba entonces catorce años, al oír al párroco me formé una gran idea de don
Bosco y tenía deseos de conocerlo. Tres años más tarde, por circunstancias familiares, me enviaron mis padres a Turín, y me faltó tiempo
para ir a Valdocco. Al verle por primera vez, al experimentar la paternal afabilidad con que me recibió, sentí una impresión
218Fin de Página 218
VOLUMEN V Página: 219tan consoladora y tan profunda, que nunca se borrará de mi memoria. Me quedé prendado locamente de él y aún lo estoy."Comparé entonces el trato que don Bosco daba a los muchachos con el de los curas de mi aldea y pueblos circunvecinos, que nunca
me habían recibido con tanta afabilidad y cariño. Y no fui yo sólo el que experimentó este afecto en mí; también lo habían sentido
muchos otros jóvenes que le rodeaban y a los que me uní muy a gusto. Al primer encuentro me dijo don Bosco:"-íDe hoy en adelante seremos buenos amigos, hasta que nos volvamos a encontrar en el paraíso!"íLe eran tan familiares estas palabras!"Desde aquel momento no dejé de ir al Oratorio festivo hasta 1866, excepción hecha del tiempo que pasé en el servicio militar. Ya en
mi pueblo frecuentaba los sacramentos, pero entonces comencé a comulgar casi todas ((299)) las semanas y aún más a menudo, de
acuerdo con los consejos de don Bosco. Desde 1866 iba de cuando en cuando a Valdocco donde siempre hallaba oportunidad para charlar
con el siervo de Dios."Volviendo, pues, a mis primeras impresiones diré que conocí a la señora Margarita, prototipo de la buena ama de casa, de espíritu
auténticamente cristiano. En verdad desempeñaba el papel de una buena y piadosa madre de los muchachos del Oratorio; en ella teníamos
todos una confianza filial y estábamos edificados de sus virtudes y de su ejemplar conducta."Añadiré en segundo lugar, que la primera vez que fui a Valdocco vi unos doscientos jóvenes internos, algunos ya clérigos, y otros
seiscientos externos que asistían al Oratorio festivo. Cuando don Bosco salía al patio, todos se apiñaban a su alrededor, y se tenía por
feliz quien podía acercarse a él y besarle la mano. Se puede afirmar que él decía a cada uno una palabrita al oído, la cual impresionaba
santamente y no se olvidaba jamás."Vi cómo don Bosco se ganaba a los jóvenes, dándoles libertad y comodidad para divertirse, jugar y correr. Cuanta más bulla había en
el patio, más contento parecía estar él; cuando advertía que andábamos algo tristes, o solamente menos alegres, él mismo se industriaba
para animarnos de mil modos, con nuevos juegos y así nos llenaba de nueva alegría. Lo mismo se las apañaba para reunirnos en torno a él
en los días de fiesta y tenernos a todos bajo su mirada. Al llegar la hora de las funciones sagradas, él mismo tocaba la campanilla o hacía
que otro la tocara. En un instante cesaban los juegos y entrábamos en la iglesia".
219Fin de Página 219
VOLUMEN V Página: 220((300)) Pero, mientras dentro del cinturón del Oratorio reinaba el amor, fuera, el maligno espíritu agitaba el odio de los malos o mejor
de los inconscientes. Un grupo de jóvenes gamberros, seguramente dirigidos por algún sectario, habían sacado a don Bosco un mote
injurioso, inventado por periodistas impíos, y lo repetían a coro, o uno a uno, con gestos burlones cuando pasaba el hombre de Dios.Don Bosco comprendía que el ridículo es una arma mortífera por el efecto que causa entre los ignorantes, y que podía anular o
dificultar en determinadas circunstancias su palabra o su ministerio.A veces les invitaba bondadosamente a que callaran; mas cuando preveía lo inútil de las advertencias, aguantaba, callaba y proseguía
tranquilamente su camino. Así lo refiere don Juan Bta. Francesia que un día le acompañaba. Pero no se conformaron con solas palabras.
Una pandilla de aquellos haraganes rondaba hacía varios meses, casi de continuo, alrededor del Oratorio, insultando a los que entraban y
salían, molestando y tirando chinas a los transeúntes. Los días de fiesta arrojaban piedras al patio, con grave peligro para los chicos que
allí se divertían.Escribe Juvenal Fumero:"Quiero contar un hecho milagroso, que presencié con mis propios ojos, y que merece constar en la biografía de nuestro querido y
llorado padre don Bosco. Era un domingo del verano de 1855, cuando los jóvenes internos, estudiantes y artesanos, salíamos de las
funciones de iglesia hacia las cinco de la tarde. Salía también con nosotros un buen grupo de chicos, que venían sólo a tomar parte en la
funciones festivas. Por entonces no estaba todavía totalmente tapiado el patio. Un día una cuadrilla ((301)) llamada la Pandilla de
Valdocco, que acostumbraba a perseguir a los muchachos del Oratorio cuando los encontraba por las calles adyacentes, se ensañó con
nosotros de un modo extraordinario y comenzó a lanzarnos una verdadera lluvia de piedras."Visto el caso, nuestro querido padre don Bosco, recomendó que nos amparáramos detrás de las tapias; y él solo, con valor y calma
indescriptibles, se adelantó hacia aquellos granujas, que seguían arrojando rabiosamente piedras contra él, y fue un verdadero milagro que
ninguna le alcanzase. Hasta que, con gestos y gritos, obtuvo que calmaran su furia".Pero no fue esto todo. Continúa don Miguel Rúa:"Don Bosco se encontró poco después, un día de trabajo, con una docena de aquellos tipejos, que se divertían como de costumbre, con
juegos bárbaros y molestos para las personas. Se paró junto a
220Fin de Página 220
VOLUMEN V Página: 221ellos y les preguntó amablemente por qué no iban a trabajar, a lo que respondieron que nadie los quería. Entonces los invitó a seguirle
hasta su casa, donde les proveería de todo y haría que les enseñaran un oficio. Aceptaron la invitación y don Bosco, con su caridad y
heroica paciencia, libró al Oratorio de los grandes fastidios de aquella panda y tuvo la satisfacción de hacerlos unos buenos obreros. Unos
se quedaron allí seis meses, otros un año, algunos dos y los hubo que estuvieron cuatro o cinco; pero todos salieron después de haber sido
instruidos en nuestra santa religión y haber aprendido un oficio para ganarse la vida. Uno de ellos, vuelto de América mucho años
después, se presentó en el Oratorio recordando agradecido la caridad que don Bosco había tenido con él y sus compañeros. Yo ((302))
hablé con él en esta ocasión".Y terminaba así don Miguel Rúa:"Necesitaría mucho tiempo si quisiera contar la multitud de ocasiones en que don Bosco perdonó y ayudó a muchachos que le habían
perdido el respeto y le habían insultado".En medio de estas aventuras el año había llegado a la mitad de julio. Don Bosco, junto con los clérigos Francesia, Turchi y otros
compañeros, subió a San Ignacio, en Lanzo, para hacer los ejercicios espirituales. Tomaban parte en ellos muchos señores de Turín y don
Bosco los dirigía, por encargo de don José Cafasso. Eran numerosos los cambios de vida que Dios operaba por mediación de don Bosco,
merced a los dones extraordinarios que había recibido del cielo y a la confianza general de los ejercitantes que lo buscaban para
confesarse. Baste un hecho por el momento.Había ido a hacer los ejercicios un periodista impío, seguramente más para tomarse unos días de reposo con aquellos aires límpidos,
que no para pensar en su alma. Había escrito y publicado muchos artículos contra don Bosco, a quien no conocía personalmente. Durante
los primeros días, ya fuera por haberse mantenido en soledad, ya fuera por haber alternado con personas que no conocían a don Bosco, no
supo que el hombre de Dios se hallaba en aquel santuario. Impresionado por los sermones, determinó confesarse y al ver que el
confesonario de don Bosco era muy concurrido, también él fue allá. Naturalmente hubo de manifestar cuál era su profesión y cómo había
faltado en ella. Don Bosco lo escuchó bondadosamente, le dio los oportunos consejos y le impuso la penitencia que la conciencia le
dictaba. El se dio buena cuenta de quién era aquel señor, y éste, encantado de sus caritativas maneras, ni siquiera ((303)) pensó en
preguntar el nombre de su confesor. Besó su mano, iba a retirarse,
221Fin de Página 221
VOLUMEN V Página: 222cuando le vino a la mente una duda. Volvió atrás y preguntó al confesor:-"Es usted don Bosco por casualidad?-Soy don Bosco, contestó el confesor, sonriendo.El periodista, conmovido y admirado, se retiró con las lágrimas en los ojos.A este hecho sucedióle otro aún más singular.Estaba don Bosco, la tarde del último día de ejercicios, dirigiendo como de costumbre el santo rosario. Se hallaba de rodillas a un lado
del presbiterio: tenía a su derecha el altar y a la izquierda casi un centenar de señores turineses.Al acabar el de profundis, de repente paró: intentó seguir con el responsorio y el Oremus pero tropezó, tartamudeó y fue incapaz de
proseguir. Parecía haber perdido la memoria, o andar absorto en un pensamiento dominante."Yo entonces creí, dejó escrito don Juan Turchi, que por distracción hubiera olvidado de momento lo que seguía, pero como me
encontraba detrás de los otros no pude enterarme de lo que hacía. Pasado un minuto, siguió las oraciones y yo me quedé con mi idea.
Cuando salimos de la iglesia y nos retiramos a nuestras habitaciones, pregunté a algunos si habían advertido aquella interrupción y deduje
por las respuestas que no les había llamado la atención".Con todo, hubo algunos que manifestaron su extrañeza de que don Bosco no hubiera sabido recitar una oración tan corriente. Sus
amigos más íntimos pensaron que en aquel momento él se había detenido frente a algún espectáculo extraordinario. Efectivamente así era.((304)) Había visto aparecer en el altar dos lucecitas. En medio de la llama de una leíase con claros caracteres: muerte y en la otra:
apostasía. Las dos llamas salían del altar, como si se hubieran desprendido de las velas del mismo, y se dirigían hacia la nave de la
iglesia. Don Bosco se levantó para ver en qué paraba aquello y vio que las llamitas, girando por encima de la gente, fueron a posarse, la
primera sobre la cabeza de uno y la segunda sobre la de otro de los que estaban arrodillados en medio de los compañeros. El resplandor
de las luces hacía resaltar su fisonomía y don Bosco pudo verlos sin peligro de equivocarse. Poco después se apagaron las llamas. Esta
había sido la causa de su distracción.Al día siguiente, cuando todos subían a las diligencias, el señor Bertagna, natural de Castelnuovo, procuró sentarse al lado de don
Bosco, para sonsacarle el imaginado secreto. También los clérigos
222Fin de Página 222
VOLUMEN V Página: 223estaban intrigados en ello. Se presentaron a don Bosco y él esperó a que las diligencias se pusieran en marcha y descubrió aquel misterio,
diciendo:-Verdaderamente ayer me sucedió algo curioso de veras.Y al terminar el relato, concluyó:-Cuando salí de la iglesia quise cerciorarme de si los demás hablaban de aquello, pero como nadie decía nada, comprendí que sólo lo
había visto yo y también me callé. Ahora os lo digo a vosotros y estaré alerta para ver qué les sucede a aquéllos sobre los que se detuvo la
luz.Y aquel mismo año la visión quedó cumplida. Un rico comerciante, con fama de buen cristiano, sobre cuya frente se paró la llamita que
indicaba: apostasía, se hizo protestante. El otro, señalado por la segunda llama, murió en el año: era un noble barón.((305)) Don Bosco confió los dos nombres a Francesia, el cual no los olvidó nunca. Algunos años más tarde preguntó don Juan Turchi
qué había sido de aquél sobre el cual se posó la primera llamita y obtuvo esta respuesta:-Se ha hecho protestante.Es bien cierto que otras llamas semejantes, aparecidas sobre la cabeza de varias personas, revelaron a don Bosco su porvenir.Vuelto don Bosco a Turín, se cuidó de ultimar el envío de los dos folletos de agosto impresos en la tipografía Ribotta. En éstos aparecía
otra vez la aprobación de la Curia Arzobispal de Turín. El libro se titulaba: Instrucción catequística sobre el matrimonio, por el teólogo
colegiado Lorenzo Gastaldi.Es una instrucción corta y clara dirigida al pueblo. El docto teólogo daba así la razón de su publicación."Hay por doquiera una profusión de libros y periódicos que pretenden difundir principios falsos sobre la naturaleza de la unión
conyugal: hay profesores de universidad, diputados del Parlamento, senadores y magistrados que por su desdén a aceptar las infalibles
enseñanzas de la Iglesia se dejan engañar por una filosofía falsa y sostienen doctrinas erróneas sobre el matrimonio, y lo que es peor, se
esfuerzan por convertirlas en leyes civiles".Terminaba demostrando, como corolario del matrimonio cristiano, el derecho que tiene la Iglesia a actuar en la educación de los hijos
católicos, el deber paterno de adoctrinar a los hijos de acuerdo con las máximas y preceptos del Evangelio, de encomendarlos a maestroso a colegios verdaderamente cristianos y de dejarles en plena libertad en cuanto a la elección de estado.
223
Fin de Página 223
VOLUMEN V Página: 224Y agregaba: "Si el Gobierno civil propusiese alguna ley sobre el matrimonio, que el Sumo Pontífice o los Obispos declararan contraria
a las doctrinas de la Iglesia, todos los católicos deberían pedir ((306)) al Parlamento con toda energía que tal ley fuera rechazada".Entretanto, don Bosco escribía desde Turín al señor conde Pío Galleani d'Agliano.Ilmo. y Benemérito Señor:De vuelta de los ejercicios espirituales en San Ignacio, juzgo mi deber escribir a V.S. Ilma. con el fin de darle las gracias y descargar mi
conciencia.Le estoy muy agradecido por las ciento treinta liras de los billetes de la lotería encomendados a su caridad; recibí también, del panadero
Fornello, ciento cinco kilogramos de pan que servieron para dar de comer a los muchachos huérfanos y pobres asilados en este Oratorio;
asimismo le agradezco los quince kilos mensuales que su bondad ha tenido a bien fijar en favor de esta casa.Estas obras insignes de caridad serán nuevas perlas preciosas que, junto con tantas otras, adornarán la corona de gloria que V.S., con la
prudencia de la serpiente y la candidez de la paloma, se va preparando y asegurando el cielo cada día.Ahora me encuentro en una nueva necesidad, pero de distinto género. Llevo entre manos un trabajo para las Lecturas Católicas, y me
vendría muy bien salir unos días de Turín para entregarme de lleno a él. Se me ha ocurrido la idea de ir a Carraglio y precisamente a casa
de V.S., pero antes de entrar pidamos permiso al dueño. Por tanto, si usted me concede un rinconcito donde colocar a mi pobre persona,
con algunos libros y cuadernos, y algo ad refocilandam famem (para acallar el hambre), yo saldría de ésta el seis de agosto por la mañana
y volvería el sábado de la misma semana.Usted me dirá: "se pagará pensión? Por suerte, partiremos a medias el fruto de mi trabajo. O sea que, si de ese folleto se saca algún
provecho para las almas, le cedo a usted la mitad por la hospitalidad prestada.Mientras tanto, ruégole de corazón acepte la presente carta, escrita quizás con exceso de confianza; por lo demás, no dejaré ((307)) de
rogar y hacer rogar al buen Dios por usted y su familia.Con todo mi aprecio y gratitud, tengo el honor de profesarme.De V.S. Ilma. y Benemérita.Turín, 31 de julio de 1855S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
A la respuesta de este buen señor, correspondía don Bosco con la siguiente:Benemérito Señor Conde:"Un hombre como don Bosco montado en el coche de V.S. Ilma.? Hay peligro de escandalizar a todos los demócratas de Caraglio; sin
embargo, como quiera que honor est honorantis (el honor es de quien honra), acepto generoso el ofrecimiento del coche, tanto más que
desconozco absolutamente los caminos y pueblos de esa zona.Fin de Página 224
VOLUMEN V Página: 225Tomaré el primer carruaje de la mañana; no necesito quedarme en Cúneo hasta la vuelta.Le agradezco de corazón los numerosos favores que tiene a bien dispensarme, mientras me profeso respetuoso en el Señor.De V. S. Benemérita.Turín, 3 de agosto de 1855S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Marchó, pues, don Bosco a la quinta del Conde, donde fue recibido con muchos agasajos y preparó lo dos folletos para el mes de
septiembre, en los que trataba un hecho muy importante. Datos biográficos de Carlos Luis Dehaller, miembro del Consejo Nacional
Suizo en Berna y carta a su familia ((308)) declarando la razón de su vuelta a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana.En el libro se hacían notar estas dos verdades: primera, que las personas más notables por su ingenio, por su recto juicio, por su buen
corazón y buenas costumbres, nacidas en la herejía, vuelven al catolicismo; mientras que los católicos que pasan al protestantismo son
pícaros redomados. Las primeras vuelven para sufrir, las segundas desertan por ansia de placeres. En segundo lugar, se nota la férrea
intransigencia con que los protestantes perseguían a los que volvían al catolicismo, mientras permanecían indiferentes si cambiaban para
hacerse budistas o turcos.Ya de vuelta en Turín, don Bosco entregó a Paravía el original manuscrito y las pruebas de imprenta y escribía al Conde de Agliano.Ilustrísimo y Benemérito Señor Conde:Tengo el gusto de comunicar a V. S. Ilma. que mi viaje desde Palasazzo a Turín fue bueno y no hubo más inconveniente que el
encuentro con dos elementos del partido democrático, que me suministraron tema de conversación de Cúneo a Turín, pero siempre dentro
de los límites de la cortesía y el respeto.La semana pasada en ésa ha sido muy provechosa para mi salud corporal, por la tranquilidad y descanso; y también me ha sido útil en
lo espiritual, particularmente por la regularidad, ejemplaridad y conducta eminentemente religiosa de toda la familia. Lo que para mí
constituye doble motivo de agradecimiento.Le envío un centenar de ejemplares sobre la Confesión, que espero harán mucho bien, si se distribuyen por esos pueblos, no tan ayunos
de democracia.Una colección de las Lecturas Católicas, desde su comienzo hasta hoy, para usted y otra para la señora Condesa.Una tercera para el padre Allione. Dos ejemplares nada más del año en curso ((309)) para el padre Guardián Capellán de Caraglio, tal
como acordamos con él.Hasta vernos en Santa Filomena. El joven que pienso llevar para que ayude en el coro, querría cantar el Tántum ergo del maestro Corini
a una sola voz. Se lo digoFin de Página 225
VOLUMEN V Página: 226para que lo sepa el que tenga que acompañarle, y por si fuera posible que enseñara la parte coral a otros cantores, de los cuales, sin
embargo, se podría prescindir si no los hay.Que pase una buena fiesta, querido señor Conde, con toda su familia. Lo mismo deseo para el padre Allione. Que la Virgen bendita les
bendiga a todos y les consiga de su divino Hijo tranquilidad, sosiego y valor para perseverar en el bien, y así poder un día alabarla y
bendecirla todos juntos en el cielo. Así sea.Rueguen también por mí, que con toda estima y gratitud me profeso de V. S.Ilma. y Benemérita.Turín, 14 de agosto de 1855S.S.
JUAN BOSCO, Pbro.
Más tarde volvía a escribir a dicho señor:Benemérito y Carísimo Señor Conde:El jovencito Menardi fue admitido durante la pasada primavera para octubre y está ya en el Oratorio hace siete días. Se trata de aquel
que V.S. recomendó la pasada primavera, y que nosotros nos ingeniaremos para hacerlo un santo.íMe ha producido honda impresión la muerte del reverendo Cavallo! La muerte no respeta ni siquiera a los sacerdotes jóvenes; es una
lección para los que vamos envejeciendo.Ando tras la idea de dar una vuelta por Palasazzo, pero no sé si me será posible hacerla, por la cantidad de cosas que me han caído
encima.Le aseguro que cumpliré la segunda promesa de rezar por usted y por esa simpática y creciente familia; a mis pobres plegarias ((310))
uno las de mis queridos muchachos, pues entre los muchos pilluelos (biricchini) también los hay muy buenos.La Santísima Virgen del Rosario le conceda la verdadera paz del corazón y colme a toda su familia de las bendiciones necesarias para la
vida presente y futura.Con toda estima me profeso.De V.S. Benemérita y queridísima.Turín, 7 de octubre de 1855Afmo. servidor JUAN BOSCO, Pbro.Hemos reproducido estas cartas, para mostrar la amable confianza y cristiana familiaridad de don Bosco con sus bienhechores. En el
capítulo siguiente hablaremos de la frecuencia, de los modales y de la finalidad con que trataba a muchos nobles señores de las más
distinguidas familias.Fin de Página 226
VOLUMEN V Página: 227((311))CAPITULO XXVIIIRELACIONES DE DON BOSCO CON SUS BIENHECHORES -COMO SE PRESENTABA EN SUS CASAS -RAZONES PARA
ACEPTAR INVITACIONES A COMER Y SU COMPORTAMIENTO -SU PACIENCIA, JOVIALIDAD Y MORTIFICACION
AFECTO Y GENEROSIDAD DE LOS BIENHECHORES CON DON BOSCO Y SU DESEO DE TENERLO A SU LADO -SU
MODESTA DISCRECION -SINCERAS ADVERTENCIAS -RECONOCIMIENTO POR LOS FAVORES RECIBIDOSLA norma que seguía don Bosco para ir o no ir a casa de los señores, era la de no hacer visitas ni preocuparse de los asuntos ajenos, a no
ser por conveniencia del Oratorio, por caridad o por la gloria de Dios. Y como quiera que, con frecuencia, se imponían estas razones, le
tocaba, aun con incomodidad, subir las escaleras de las moradas de personas benévolas.Don Bosco, que prefería entretenerse con chicos sencillos y abandonados más que con ilustres señores que acudían a él, se presentaba
en las casas señoriales sin sombra de afectación y con la más exquisita cortesía y sencillez. Trataba a todos con la debida consideración,
pero sin esclavizarse a la etiqueta, puesto que las ceremonias detallistas no se avenían ((312)) con su franca afabilidad. Si alguno de los
suyos le preguntaba cómo había de comportarse cunado se encontraba con ciertas personas distinguidas, respondía:-íA la buena y con naturalidad!Un año envió a uno de sus clérigos a pasar las vacaciones en la quinta de una nobilísima familia de Turín, y le dijo en presencia de la
dueña de casa:-Vete como irías a tu casa; cuando necesites algo, acude a la señora baronesa como si fuera tu madre.Su presentación en una reunión, singularmente la primera vez, era un acto de humildad. Si le preguntaban por su origen y condición
social, no sufría empacho en manifestar que era de familia pobre y que había cursado sus estudios con la ayuda de personas caritativas.
Contaba con gusto que era un simple sacerdote, sin ningún título honorífico o dignidad; que no era doctor en teología, que no
227Fin de Página 227
VOLUMEN V Página: 228tenía diploma de profesor, y ni siquiera patente de maestro para la primera elemental.-Yo no soy más que el pobre don Bosco, decía; no tengo más título que el de Capitán de los pilluelos (biricchini).Mas, a la par, se apresuraba a tratar a las personas según los títulos que tenían, prefiriendo, con San Francisco de Sales, abundar en
estas demostraciones de respeto y aprecio antes que faltar.Igualmente iba a casa de los señores para resolver asuntos de urgencia en favor de aquellas familias. Su conversación giraba siempre en
torno a asuntos serios y edificantes; y no es para dicho el interés y agrado de sus visitas, puesto que en él se cumplía lo que leemos en los
libros Sapienciales: Si eres amable en las conversaciones, tendrás muchos amigos. Y por eso se ganaba numerosos amigos para su
Oratorio. También allí andaba su pensamiento entre sus muchachos, y lo demostraba a veces ((313)) prorrumpiendo en exclamaciones
que podían parecer fuera de lugar. Entraba, por ejemplo, en una amplia habitación y decía:-íQué hermosa habitación! íCabrían veinte camas!Pero lo decía siempre con gran delicadeza y prudencia. Era, por tanto,
natural que, para satisfacer los justos deseos de quienes afectuosamente le preguntaban, hablara casi siempre de ellos y de lo que por su
bienestar hacía. En consecuencia tenía que hablar de sí mismo y a veces de hechos honrosos para él. Pero siempre lo hacía con una
naturalidad encantadora y sin darse importancia. Fue don Joaquín Berto, quien oyó decir a la señora baronesa Gabriela Ricci:-Es algo digno de admiración oír a don Bosco cuando habla de cosas extraordinarias que le atañen a él: lo hace como si hablara de
otros.Una hermosa escena alegraba a aquellas familias señoriales, si había en ellas niños pequeños. Don Bosco los acogía con cariño, cuando
sus madres se los presentaban, sabía decirles palabras de consejo y de alabanza que los animaban a ser cada vez mejores para agradar a
Dios y ser el consuelo de sus padres; muchas veces se ponía a jugar con ellos como si fuera uno de sus compañeros. Donde quiera que
encontraba chiquillos, hacía lo mismo que en el Oratorio, con gran complacencia de sus buenas madres, que no le dejaban partir sin antes
haber obtenido su bendición. Así se lo contaba a don Miguel Rúa, entre otros, la condesa de Bricherasio. Al anuncio de que don Bosco
llegaba a una casa, todos los chicos corrían a su encuentro y él sabía alegrarlos con palabras y regalitos, que, de mayores, recordaban con
vivo afecto y agradecimiento.
228Fin de Página 228
VOLUMEN V Página: 229En estas visitas tenía el mayor cuidado para ((314)) no causar molestias ni dar qué hacer a las personas de servicio.Una vez le ofrecieron los señores una tacita de café, aunque en otras ocasiones le habían insistido y él se había excusado. Aquel día la
aceptó. Pero, en vez del azucarero, le presentaron un tarrito con sulfato de magnesia natural. Don Bosco se sirvió sin pensar en la
diferencia, y bebió todo el café. Es fácil suponer con qué gusto, pero no demostró la menor repugnancia, por no disgustar al camarero ni
mortificar a la familia.Cuando hacía antesala solía tratar y entretenerse con las personas de servicio, muy familiarmente. Los llamaba amigos, les explicaba
que también él había servido en otro tiempo, y ellos se sentían felices con su llegada y le profesaban un afecto que no tenían a sus dueños.
Estos sus modales no eran hijos del fingimiento alguno sino de su humildad. Prueba de ello era cómo recibía a sus parientes cuando iban
a verlo al Oratorio, vestidos de pobres campesinos; lo mismo que a la anciana señora Dorotea Moglia, en cuya casa había estado de
criadillo, las pocas veces que fue a verlo a Valdocco: la honraba con toda amabilidad como si fuera su madre y la hacía sentar a su lado
en el comedor.Como consecuencia de aquellas visitas recibía invitaciones para comer, ya que las familias tenían en gran estima que don Bosco
aceptara sentarse a su mesa. Y don Bosco no se negaba, ya fuera para demostrarles su agradecimiento por las ayudas recibidas, ya fuera
para no aparecer insensible a los ruegos de quienes tanto le apreciaban, y también para tener ocasión de exponer con calma las
necesidades urgentes del Oratorio y de sus otras obras. Pero, al salir de su habitación para cumplir su palabra, solía decir ((315)) a don
Miguel Rúa o a su secretario:-íSi tú supieras cuánto me repugna tener que ir a comer fuera del Oratorio...! Y, sin embargo, tengo que hacerlo así para sacar alguna
limosna. Algunos generosos señores ponen por condición que vaya a comer con ellos, y me prometen una buena suma diciendo: "Venga
usted en persona a recoger nuestra oferta... Si algo necesita, venga a comer con nosotros". Si no fuera por esto, jamás aceptaría tales
invitaciones, aunque ciertamente están inspiradas por la caridad. Prefiero yo nuestra mesa frugal y modesta a ésas tan bien provistas y de
tantos platos... Lo siento de veras, pero ello no tiene remedio.Efectivamente, don Bosco a menudo, al sentarse a la mesa y desdoblar la servilleta, se encontraba un billete de cien, de quinientas y
229Fin de Página 229
VOLUMEN V Página: 230hasta de mil liras; otras veces, al llegar los postres, le presentaban una bandeja con una buena suma de dinero.Sin embargo, don Bosco rechazaba muchas invitaciones, a pesar de su continua necesidad, por la urgencia de sus múltiples ocupaciones
y especialmente las del sagrado ministerio.Había prometido muchas veces al conde Cays ir a comer en su Castillo de Caselette el día de su santo, cuatro de noviembre; pero nuncahabía podido cumplir su palabra.Con que un año hizo avisar al Conde que iría sin falta.-Si viene don Bosco, exclamó sonriendo el Conde, yo me como un perro con patas y todo.Cuando don Bosco se enteró, fue llevando consigo unos perritos de dulce hechos en una buena pastelería. Los sacó a la hora de lospostres y los puso sobre la mesa:((316)) -Señor Conde, le dijo; mantenga su palabra. íAquí tiene usted un perro y tiene que comérselo todo!El Conde, que no esperaba la improvisada broma, rióse con toda su alma.También el marqués Fassati se quejaba de que don Bosco fuera raras veces a comer a su palacio, deseoso de pasar con él un buen rato.
Un día fue a invitarlo acompañado de la señora Marquesa. Don Bosco se excusó como mejor pudo, sobre todo porque en aquel tiempo
era muy escaso el personal que cuidaba el Oratorio. Dijo que debía atender a diversos asuntos urgentes y además que tenía que corregir
las pruebas de imprenta de las Lecturas Católicas.Venga, pues, a almorzar conmigo y cada vez que lo haga, le tendré preparado un billete de cien liras.Entonces, don Bosco, movido por la urgente necesidad, condescendió con el deseo del noble señor y fue durante quince días de aquel
mismo mes y siempre recibió lo prometido. Pero el Marqués, aunque era feliz con la presencia de don Bosco, no quiso seguir causándole
por entonces tanta molestia y, al terminar la comida, le dijo:-Veo que usted se molesta interrumpiendo sus ocupaciones por mí; pues bien: tenga el saldo de las tres mil liras que tuve intención de
darle. Si, de aquí en adelante, puede venir a comer sin mayor molestia para usted, me dará siempre una gran satisfacción.Y le entregó mil quinientas liras. Luego le acompañó hasta el Rondó de Valdocco. Mientras caminaban, don Bosco le fue contan
230Fin de Página 230
VOLUMEN V Página: 231do cómo le quedaban todavía unas facturas de varios miles de liras por pagar, y que vencían en enero del próximo año, por cal, ((317))
piedras, ladrillos, vigas, y mano de obra. El Marqués le contestó:-Querido don Bosco, le prometo que, para entonces, le tendré preparadas diez mil liras a fin de que pueda pagar las deudas más
urgentes.El Marqués vio entretanto en el Rondó a José Reano que esperaba a su Superior y se volvió a la ciudad. Don Bosco, haciendo el trozo
de camino que llevaba al Oratorio, contó al joven lo que le había ocurrido aquella tarde y terminó diciendo:-íBendita sea esa alma generosa y santa!El marqués Domingo Fassati, que, aunque espléndido, había sido animado por él a ser más generoso con los pobres, solía decir:-Es curioso, pero es verdad. Cuanto más doy a don Bosco, más recibo.
Había otros bienhechores que se mantenían inflexibles en que no recibiría de ellos ninguna ayuda por más circulares o cartas privadas que
les enviara, y que si la quería, tenía que ir a recibirla él mismo, acudiendo a comer en sus casas. Estaba entre éstos la duquesa Laval de
Montmorency. Esta veneranda matrona, amiga de la marquesa de Barolo y como ella entregada a obras de caridad, era hija del famosos
José de Maistre, a quien habíaME FALTA TEXTO DE COPIAR((318)) Mientras vivió, le proveyó de zapatos, que con frecuencia iban a parar a los pies de los clérigos; pero en lo referente a dinero,
había formulado su voluntad con este perentorio dilema:-"O ir a comer a su casa o no recibir más ayuda".Pero si don Bosco iba, ella era espléndida con sus muchachos."Y por qué insistían de aquel modo para que don Bosco fuera a su casa?1 San Petersburgo: Ciudad fundada en 1703 por Pedro el Grande, se convirtió en capital del Imperio Ruso en 1713. De 1914 a 1924
llevó el nombre de Petrogrado. Desde 1924 trasladóse la capitalidad a Moscú, y se llama Leningrado. (N. del T.)
231Fin de Página 231
VOLUMEN V Página: 232A menudo, don Bosco llevaba consigo a estas comidas a alguno de los suyos: Cagliero, Turchi, Anfossi, Francesia..., los cuales fueron
testigos de cuanto llevamos dicho y aún diremos, y todos están de acuerdo con lo que aseguraba don Miguel Rúa."Me di cuenta, escribe éste, de por qué invitaban a don Bosco con tanto interés, pues tuve ocasión de acompañarle en algunas
ocasiones. Sentado a la mesa, siempre con su porte mesurado y circunspecto, hacía caer la conversación sobre temas tan amenos y
edificantes, que encantaba a los comensales, de suerte que aún en medio de la abundancia, sus palabras eran un auténtico sermón,
adaptado al lugar y al tiempo. Dejaba en el alma de quien le escuchaba una enorme e indeleble impresión. Hablaba con frecuencia de
Dios, de su bondad, sabiduría, providencia y misericordia, con tal gusto y unción, que alegraba y enardecía el espíritu, de suerte que todos
decían que su conversación era la de un santo. Trataba también con gusto de temas útiles o curiosos
relativos a la ciencia, las artes, la historia, la literatura, causando la admiración de los convidados; pero siempre añadía una buena palabra
de religión, o inclinaba a los huéspedes a sentimientos piadosos y caritativos para ayudarle en sus empresas".((319)) A veces, para conseguir este su íntimo deseo, sabía emplear oportunas y felices ocurrencias. Un día, sentado a una mesa repleta
de abundantes y agradables bebidas, exclamó:-Si estuvieran aquí mis muchachos, íqué buena cuenta darían de tanto bien de Dios!En otra ocasión, al presentar el segundo y tercer plato, no quiso tomar más. Dijo entonces el jefe de familia:-Don Bosco, "no se encuentra bien?-Muy bien, respondió; pero "cómo quieren ustedes que yo coma todo esto, mientras mis hijos no tienen con qué matar el hambre?Entonces uno de los comensales se puso en pie y dijo:-íEs cierto, hemos de pensar tambiénn en los muchachos de don Bosco!Y pasó en seguida de uno a otro y recogió cerca de cuatrocientas liras que entregó a don Bosco.Comía un día en casa del banquero Cotta, el cual, al verle un tanto preocupado, le preguntó si tenía alguna molestia. Y don Bosco le
respondió:-Siento sobre mi estómago el peso de los varios millares de liras que usted me ha prestado.
232Fin de Página 232
VOLUMEN V Página: 233-íEa!, replicó el banquero; íánimo! El café que tomará después arreglará su estómago.Efectivamente, llegó el café y el banquero le devolvió los recibos por él firmados, condonándole toda deuda, con lo que don Bosco
salió sin más peso en el estómago...La gran autoridad e influencia que, hasta en sus bromas, tenía en estos convites, le venía de su espíritu de mortificación y humildad, que
maravillaba por igual a los señores y a las personas de servicio. No se preocupaba de lo que le presentaban; pensaba en otras cosas. La
comida o la cena eran sólo una ocasión para hacer el bien. So pretexto de que ciertas comidas y bebidas no le iban bien, no se servía por
cuanto podía, de las más exquisitas y selectas.((320)) En efecto, la familia del conde Francisco de Maistre la preparó un plato que todos creían sería de su gusto, y lo presentaron
hacia el fin de la comida. Don Bosco, ya fuera porque había comido según su costumbre, ya fuera porque quería mortificarse, rehusócortésmente el manjar que le ofrecían. El Conde, dirigiéndose al marqués Fassati, que se sentaba al lado, díjole:-"Lo ve? A don Bosco le gusta ese plato, pero lo rehúsa por espíritu de mortificación.Adivinó don Bosco lo que decían en voz baja, sintió que se tuviese de él una opinión tan honrosa y esperó a que pasaran el plato porsegunda vez; cuando el camarero estuvo junto a él, pero con la intención de pasar de largo, don Bosco, como si antes hubiera estado
distraído, exclamó:-"Y a mí? íVeo que es un plato apetitoso y tomaré mi parte.Se acercó el camarero y él se sirvió en su plato una porción bastante abundante. Entonces el Marqués y el Conde añadieron:-"Ve cuánta humildad? Lo toma porque no quiere que se piense que se mortifica.Más tarde contaba don Bosco a sus clérigos y sacerdotes el suceso, y terminaba riendo:-íHay que ver lo que vale tener crédito! Si no come, uno es mortificado; si come, resulta que es humilde.Es ésta una gran verdad y una importante lección para los eclesiásticos.Pero él era tan frugal en el comer, que no lo podía creer sino el que le observaba atentamente. Alguno de nuestros hermanos, don
Francisco Cerruti por ejemplo, habiendo ido con él a uno de estos convites, quiso imitarlo y comer solamente lo mismo que él comía y
salió de aquella casa con hambre.
233Fin de Página 233
VOLUMEN V Página: 234A propósito de esto contaba monseñor Cagliero una graciosa anécdota."Recuerdo que, por un descuido, aceptamos ((321)) la invitación para ir a comer el mismo día con el señor conde Radicati y con la
señora marquesa Dovando; con el primero, a las doce y con la segunda, a las dos de la tarde. Al darse cuenta don Bosco del yerro sufrido,
me dijo con toda la tranquilidad del mundo:-No te preocupes, haremos honor a los dos convites.En efecto, a las doce nos sentábamos a la mesa del conde Radicati; se entabló la conversación y, aprovechando la animación de los
comensales, don Bosco se sirvió muy poca sopa, poca carne y poquísima fruta. Dejamos a las dos a nuestros anfitriones y fuimos a casa
Dovando. Durante el camino me decía don Bosco riendo:-Ahora vamos a acabar nuestra comida; tomaremos otra mitad de sopa, de carne y de fruta y ya verás cómo esta noche haremos honor a
la cena del Oratorio."De todo ello resulta fácil deducir lo bien que sabía esconder su espíritu de mortificación. Y todo, sin faltar a las reglas de las
conveniencias sociales. Los de al lado le servían vino y él les dejaba hacer; acercaba el vaso de cuando en cuando a los labios, sorbía unas
gotas y, al fin de la comida, el vaso seguía lleno. Para no llamar la atención o disgustar a los señores, se servía algo de las viandas más
finas, pero generalmente no lo comía, porque tenía a todos tan pendientes de su conversación que cuando pasaba de nuevo el sirviente, y
quizás a una señal suya, le retiraba y cambiaba el plato, sin que nadie reparara en ello.De ordinario asistía a reuniones familiares, pero a veces participaba en solemnes banquetes con motivo de algún fausto acontecimiento.
No siempre todos los invitados eran buenos católicos y había algunos que no solían tratar con los sacerdotes; pero don Bosco terminaba
siempre convirtiéndose en el rey de la fiesta. Nada delataba en él al hombre austero, más bien era el alma de la ((322)) tertulia y ninguno
se sentía humillado. Aunque siempre parco, parecía que catara de todo e invitaba a los comensales a participar alegremente. Sus graciosas
narraciones, sus agudos donaires, los brindis que hacía, las respuestas que daba a los augurios que le dirigían, siempre acompañados de
una idea religiosa, resultaban agradables por la gracia con que los presentaba. Se oyó muchas veces decir a algunos, muy distantes de ser
gente de iglesia:-Resulta divertido encontrarse con un curita santo. Creíamos que santidad y aburrimiento andaban juntos.
234Fin de Página 234
VOLUMEN V Página: 235Así de grande era en él la virtud de la paciencia. Sus ocupaciones eran tantas que le reclamaban todos los minutos del día. Sin embargo,
a las comidas muy alargadas, seguían las dilatadas conversaciones en las salitas donde se tomaba el café. Todos tenían algo que preguntar
a don Bosco, el cual, siempre amable, no daba señal de cansancio. Y, sin embargo, debía ejercer un gran dominio de sí mismo. A
propósito de esto contó don Francisco Cerruti:"Estuve con él en casa de una familia tan importante en Turín, como lo es la familia Radicati de Passerano."Después de la comida, pasamos al salón, y uno de la familia del Conde se puso al piano. Don Bosco, sentado en el sofá, se volvió a mí
y me dijo bajito:"-íYa ves lo que es la vida! Tengo tanto que hacer, y, sin embargo, heme oyendo música. "Pero qué remedio? Si no lo hago así, "cómo
hallar dinero para comprar pan a nuestros muchachos? Por otra parte, estos buenos señores se merecen toda atención por la generosidad
que nos dispensan tan de corazón".Cuando volvía por las tardes a Valdocco, todos los alumnos pudieron comprobar más de cien veces cuán arraigado se hallaba en él el
hábito de la templanza y de la mortificación, y ((323)) cómo no hacía distinción entre mesa y mesa. Sentado en el comedor de la
comunidad, comía regularmente y con buen apetito su cena, y tomaba la pobre y pasada sopa del Oratorio con la misma satisfacción con
que había paladeado las viandas servidas por los señores. Jamás se le oyó hablar de la abundancia y los exquisitos manjares que le habían
puesto a la mesa, de los que, a pesar de su feliz memoria, ciertamente ya no se acordaba, y solía repetir a menudo que donde mejor comía
era en el Oratorio. Sólo cuando se le preguntaba, hacía una breve relación del convite y de la categoría de los convidados.Hay que mencionar también otra radiante virtud atentamente observada y advertida con admiración en don Bosco por cuantos
frecuentaban los salones y casas señoriales adonde él acudía. Era su trato amable y cortés con las señoras y sus hijas, unido a una severa
discreción en el porte y las palabras. Ni una sola vez apareció en él la menor descortesía, aun en circunstancias en que hubiera parecido
mala educación no aceptar una gracia que perecía oportuna. Sucedió en alguna ocasión, por aquellos años y particularmente en los
últimos de su vida, cuando caminaba con dificultad y le favorecía poco la vista, que la dueña de casa le rogara se apoyase en su brazo
para bajar las escaleras. Un día, en efecto, don Miguel Rúa, que le acompañaba, estaba observando a ver cómo se las arreglaría, seguro
235Fin de Página 235
VOLUMEN V Página: 236de que no aceptaría. Don Bosco, sonriendo, contestó a la invitación:-íSería bonito que don Bosco, en otro tiempo maestro de gimnasia, no fuera ya capaz de bajar una escalera!Y sin más, con un poco de esfuerzo, bajó sin ayuda de nadie.Don Bosco, además de ser un modelo de conversación ((324)) agradable y cristiana, lo era también de sinceridad y caridad. Jamás aduló
a los ricos ni a los que ocupaban cargos elevados; al contrario, en su tiempo y lugar, dábales advertencias y consejos. Pero lo hacía con tal
arte, que se ganaba los corazones y conquistaba su gratitud. Cumplíase en él el dicho del apóstol: Pietas ad omnia utilis est, promissionem
habens vitae quae nunc est, et futurae (La piedad es provechosa para todo, pues tiene la promesa de la vida, de la presente y de la futura)1.
Y henos ante el resultado de los hechos. Comencemos por el buen ejemplo que don Bosco daba soportando las defectos ajenos,
acallando su amor propio ofendido y manteniéndose en calma al tratar con personas de un carácter demasiado duro y riguroso. Tal era el
caso de una señora de la alta sociedad, muy generosa con los pobres, amante de la sólida virtud, pero que no podía sufrir la más mínima
contradicción. En su afán de corregirse y ejercitarse en la paciencia, tenía esta señora a su lado una mujer de compañía, irascible, a la que
mantenía, vestía y daba además tres mil liras anuales. Aunque ella correspondía con reproches y arrebatos de ira, la aguantó mientras
vivió, la cuidó, la sirvió, pero regañaban continuamente.Esta dama fue un día, en 1857, a visitar a don Bosco. Aunque acostumbrada a ver, a su paso, abiertas de par en par todas las puertas por
sus sirvientes, tuvo que entrar en la habitación de don Bosco, por una puerta que tenía separada sólo una hoja. Usaban las señoras de
entonces el miriñaque, reproducción del antiguo guardainfante 2 y como no era suficientemente ancha aquella abertura, impaciente como
siempre, quiso entrar forzando el vestido; pero se rompieron los alambres que lo sostenían hueco. Entonces montó en ((325)) cólera y
protestó asegurando que nunca jamás volvería al Oratorio. Don Bosco le dijo:-Excelencia, "no sabe que las puertas de don Bosco no son tan anchas como las de su palacio?1 I Timoteo IV-8.2 Guardainfante: especie de faldellín reducido, muy hueco, hecho de alambres con cintas, que se ponían antiguamente las mujeres en la
cintura y sobre él la basquiña. (N. del T.)
236Fin de Página 236
VOLUMEN V Página: 237Pero aquella señora, cada vez más enojada, no quiso oír razones y, levantando los alambres rotos, mandó acercar a la puerta del patio su
carroza, y sosteniendo como pudo su falda, se volvió a casa.Al día siguiente se presentó en el Oratorio su camarera, quien, después de presentar mil excusas por la embajada que se veía obligada a
desempeñar, dijo a don Bosco que iba en representación de su dueña para comunicarle que ella no volvería a poner los pies en el
Oratorio.-Muy bien, muy bien, respondió tranquilamente don Bosco.Antes solía ir a visitarla una vez al mes; a partir de entonces empezó a ir a su casa todas las semanas. Cuando se presentó por segunda
vez, díjole la dama:-"Y cómo es que vuelve usted tan pronto?-Como usted no va a mi casa, replicó don Bosco, es preciso que yo venga a la suya; de lo contrario, "cómo podré ir adelante con mis
pobres jovencitos que necesitan de todo?La señora, que daba abundantes limosnas a don Bosco siempre que le veía, rióse y se retractó de sus propósitos. Y don Bosco no dejaba
de reconvenirla, para que se corrigiera de aquellos golpes de impaciencia con los que tropezaba tan frecuentemente, y ella, que en el
fondo era humilde, lo escuchaba en silencio y reconocía su culpa. Uno de los meses de otoño envióle una carta furibunda. Le había
invitado antes a ir a su casa de campo y él no pudo acudir. Por eso escribía irritada protestando que no volvería a darle ninguna ayuda.
((326)) Don Bosco fue a verla poco tiempo después y le dijo tranquilamente:-Le devuelvo su carta, porque no quisiera que se conservara para el día del juicio.Al oír estas palabras la señora se apaciguó.Otro personaje, celoso estimador de sus propios méritos y que no toleraba opiniones contrarias a las suyas, era el célebre Tomás
Vallauri, doctor en bellas letras. Como pariente que era del famoso médico Vallauri, había conocido en su casa a don Bosco, que desde
hacía tiempo la frecuentaba. El profesor había publicado ciertas opiniones suyas acerca de autores latinos cristianos, censurándolos de
que, por su intención de enseñar y defender la religión, habían descuidado y hasta deteriorado la lengua. Su escrito llegó a manos de don
Bosco, el cual pensó la manera de corregir al autor. No tardó en presentarse la ocasión: fue el profesor Vallauri a visitarle, y él le abordó
de esta manera:-Estoy encantado de haber conocido a un escritor, cuyo nombre
237Fin de Página 237
VOLUMEN V Página: 238corre por toda Europa, y que tanto honra a la Iglesia con sus escritos.Vallauri, observando la mirada bonachona de don Bosco, le interrumpió:-"Quiere, tal vez, darme un zurriagazo?-Mire, Profesor: refiriéndome a su opinión, le diré solamente lo que pienso: usted sostiene que los autores cristianos latinos noescribieron con elegancia sus libros y, en cambio, se compara a San Jerónimo por su modo de escribir con Tito Livio, a Lactancio con
Cicerón, y a otros con Salustio y con Tácito.Don Bosco no insistió; Vallauri reflexionó un momento y respondió:-Don Bosco, lleva usted razón; dígame lo que debo corregir; le obedeceré ciegamente. Créame, es la primera vez que someto mi
opinión a la de otro.Y desde aquel día iba repitiendo ((327)) al hablar de don Bosco:-íEstos son los curas que me gustan! Son sinceros.Con toda cortesía conseguía resucitar prácticas cristianas caídas en desuso en muchas familias. El, que tanta importancia daba al
santiguarse antes y después de las comidas, fue invitado por unos señores en cuya casa no existía esta práctica religiosa. Don Bosco lo
sabía.-Déjame hacer, pensó; vamos a ver si les doy una lección."Qué hizo? Se entretuvo un poco con uno de los chiquillos, cuando habían invitado a pasar al comedor. Estaba ya la familia sentada ala mesa. Entró don Bosco en la sala y dijo al niño:-Ahora hagamos la señal de la cruz antes de empezar a comer. "Sabes por qué debemos santiguarnos antes de comer?-No, no lo sé, respondió el chiquito.-Pues bien, te lo digo yo en dos palabras: el motivo es para distinguirnos de lo animales. Los animales, que no tienen razón, no hacen la
señal de la cruz, porque no saben que el alimento que comen es un don de Dios; pero nosotros, que somos cristianos, y sabemos que el
pan que comemos es una gracia del Señor, hemos de santiguarnos en agradecimiento. Además, tú sabes muy bien lo fácil que es morir.
Podría suceder que una miga de pan equivocase el camino y nos cortase la respiración, o que una espina de pescado se nos clavase en la
garganta; pues, si rezamos antes al Señor, él nos librará de todos estos peligros. Di, pues, conmigo: En el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, amén.El padre, la madre y los demás se miraron uno a otro y se ruborizaron.
238Fin de Página 238
VOLUMEN V Página: 239zaron. Desde entonces, entró en aquella familia la hermosa costumbre de santiguarse antes y después de comer.((328)) Cuando se trataba de la ofensa de Dios y de la religión, don Bosco no dejaba de hacer oír sus cariñosos consejos.El mismo contaba a sus muchachos en 1855 este hecho, confirmado por don Miguel Angel Chiatellino."No hace mucho tiempo, fui a visitar a una familia de posición desahogada. Mientras hablaba con los padres, un hijo suyo de casi cincoaños se entretenía con los juguetes en la misma sala tirando de un cochecito con caballitos de madera. El juguete no marchaba derecho y
volcó al chocar contra una silla; el niño se enfureció y pronunció despectivamente el santo nombre de Jesús."Le corrigió la madre; yo le llamé y le dije cariñosamente y con dulzura:"-"Por qué has nombrado en vano el nombre de Jesús?"El chico me respondió:"-Porque mi cochecito no quiere andar bien."-Pero "no sabes que no se debe pronunciar el nombre de Dios, sin respeto y devoción? Dime, "sabes los mandamientos?"-Sí, me respondió."-Vamos a ver, dímelos, por favor."El niño los empezó, y al llegar al segundo, No invocarás el nombre de Dios en vano, lo paré y añadí:"-"Sabes qué significa, no invocarás el nombre de Dios en vano? Quiere decir, mi querido amigo, que no hemos de nombrar nunca a
Diós, que te quiere mucho, sin necesidad y devoción; de lo contrario cometemos un pecado, disgustamos a Dios, sobre todo cuando se le
nombra con rabia, como has hecho tú ahora."El chiquito bajó lo ojos humillado y respondió:"-Papá lo dice siempre."A sus palabras, el padre quedó hecho una brasa, la madre palideció, y yo enmudecí. El padre, hombre comprensivo y con ganas de((329)) educar bien a su hijo, se sentó, lo puso sobre sus rodillas y le dijo:"-Es verdad, perdóname. Es cierto, hago mal cuando lo digo; de hoy en adelante no volveré a repetirlo, pero quiero también que sea
esta la última vez que tú lo has dicho; "de acuerdo?"Sé que aprovechó la lección y abandonó la mala costumbre de blasfemar, y hace poco recibí el agradecimiento de aquella bonísima
esposa y madre por mi colaboración."No sucedió lo mismo con otro muchacho.
239Fin de Página 239
VOLUMEN V Página: 240Erase un muchacho de unos doce años, hijo de un ilustre general, y con muy buenas dotes de mente y corazón. El padre, hombre bueno,
pero poco sagaz en punto a educación, dejaba en el salón los periódicos escritos según el criterio de los tiempos. Tenía el cuidado de que
el chico no leyera ciertos artículos, pero permitía que se entretuviera libremente con periódicos ilustrados que llevaban los retratos de los
héroes principales de la revolución y magníficas litografías de sus batallas, de sus triunfos y desventuras, con comentarios de juicios
irreligiosos sobre tales empresas. La fantasía del joven estaba fatalmente mal impresionada y, aunque de familia verdaderamente católica,
comenzó a despreciar la religión.Fue don Bosco un día a visitar al general. Salió éste a recibirle, besó su mano y le agasajó cariñosamente. Estaba el chico presente y
extrañamente serio.-Ea, Carlitos, dijo su padre: ven a besar la mano a don Bosco.El chico no se movió.-"No sabes quién es este sacerdote? íEs don Bosco de quien tantas veces has oído hablar!, replicó el general.-íMe da asco!, murmuró entre dientes Carlitos.((330)) -"No has visto cómo yo también le he besado la mano?-"Besar la mano a un cura?, exclamó con desprecio.Quedó el padre mortificado y don Bosco sorprendido. Se entabló conversación. Si se hablaba de historia, o de geografía, de la
independencia italiana o de música, el muchacho, que tenía desparpajo y gracia y era cariñoso con sus padres, intervenía en ella
oportunamente;
pero en cuanto se aludía a cosas de religión, parecía falto de juicio.Cuando Carlos se retiró, su padre, apenado por haber descubierto en el hijo aquel hastío contra la religión, dijo a don Bosco:-"Cómo se entiende que mi hijo haya cambiado tanto, cuando antes era tan religioso? "Cómo es posible? íNo me lo explico! No son
éstas las enseñanzas de su madre, ni los ejemplos que ha visto en su padre. Le aseguro don Bosco que le hemos cuidado siempre con
cautela, no le hemos permitido amistades sospechosas, ni que frecuentase compañías peligrosas. "Cómo, pues, puede habérsele metido en
la cabeza esa aversión contra los sacerdotes?Don Bosco, sabedor de la candidez de aquel señor, había echado un vistazo en derredor y había visto sobre la mesa La Gaceta del
Pueblo, La Piamontesa, El Siglo y otros periódicos de la misma calaña.-"Busca usted la causa, señor Marqués? Hela ahí sobre esa mesa.
240Fin de Página 240
VOLUMEN V Página: 241-"Cree usted que los muchachos entienden algo de ciertas cuestiones? Además, mi hijo es obediente y quiere a su padre; y yo le he
hecho comprender que no tiene que perder el tiempo con estos papeles. Puedo asegurarle que no los ha leído.((331)) -Sin embargo...-Sólo le he permitido mirar algún periódico ilustrado, por los hermosos grabados que presentan de esos hombres que tanto han dado que
hablar en los últimos tiempos.-Pues bien; entonces está bien claro que la aversión de su Carlitos contra las cosas de iglesia se debe a esos grabados. Convénzase, la
fantasía de un muchacho se inflama por lo que ama con predilección, y no se borran jamás las primeras impresiones.-"Entonces, qué hacer?-Hay que sustituir la mala prensa por la buena e intentar darle con ésta un contraveneno.El Marqués aceptó el consejo.Pero, poquito a poco, fue apoderándose del pobre muchacho una profunda tristeza que le llevó a la tumba a los dieciséis años y sin
cambiar de ideas.Por lo que hace a la modestia, vióse en muchas ocasiones la maravillosa conducta de don Bosco y su franqueza para avisar a los
descuidados. Fue cierto día de visita a casa de un bienhechor. Mientras hacía antesala, vio colgado en la pared un cuadro indecoroso. Sin
más, subióse a una silla y lo volvió al revés. El dueño entendió el tácito aviso, dio gracias al siervo de Dios y quitó de la sala aquella
indecencia.Otra vez le esperaba en su casa la marquesa Dovando, bienhechora de sus muchachos, y había invitado a numerosas amistades.
Acudieron muchas señoras lujosamente vestidas, deseosas de conversar con don Bosco. Dos de ellas se adelantaron a recibirle cuando
entraba en el salón: iban algo escotadas y con los brazos medio desnudos. ((332)) En cuanto las vio don Bosco, bajó los ojos y dijo:-Dispensen, me he equivocado de puerta; creía que iba a una casa y he entrado en otra.Y se dispuso a salir.-No, don Bosco; no se ha equivocado; es aquí donde le esperábamos.-No, repuso él; no puede ser. Yo estaba persuadido de que en la casa a la que se me ha invitado, podía entrar un sacerdote con entera
libertad. Pero les compadezco, buenas señoras; hoy se emplea tanta seda y tanta te la para las faldas, que no queda para las mangas.
241Fin de Página 241
VOLUMEN V Página: 242E insistía en marcharse.
Diéronse cuenta aquellas damas de su falta de modestia, se sonrojaron y, abochornadas, fueron a buscar chales, pañuelos u otros traposcon que cubrirse. Luego volvieron arropadas y rogaron a don Bosco, que ya estaba en la escalera, las perdonara y entrase.
-Ahora sí, respondió sonriendo; así va bien.
Y se quedó, con agrado de los comensales. Las dos señoras no se quitaron durante toda la comida sus improvisados atuendos.
Por lo demás, don Bosco tenía siempre una buena palabra para bien de las almas, allá donde fuera.
Estaba un día comiendo en casa de los condes de Camburzano. Había, entre los invitados, un valiente general retirado. Nunca habíanpreocupado mucho al veterano soldado los asuntos religiosos y era, por lo mismo, más bien frío en lo tocante a piedad. Don Bosco,
después de haber hablado largamente con el Conde, la Condesa y con el mismo general, iba ya a marcharse, cuando éste, que durante toda
la comida no le había quitado la vista de encima, impresionado vivamente por su modo de obrar, se le acercó y le dijo:((333)) -Dígame una palabra para conservarla como recuerdo de su visita.
-Señor general, respondió atentamente don Bosco, rece por mí, para que el pobre don Bosco salve su alma.
-"Yo rezar por usted?, exclamó el general, sacudido por la inesperada recomendación. Mejor será que me dé un buen consejo.
-íRece por mí!, repitió don Bosco. Como usted ha visto, todos los que me rodean se imaginan que estoy a punto de ser colocado en losaltares. No se dan cuenta de su engaño y de que yo soy un pobrecillo. íAy!, al menos usted ayúdeme a salvar el alma.
Insistió el general por tercera vez y don Bosco, que con estas palabras le había preparado el corazón, concluyó:
-Este es mi consejo: piense también usted en salvar su alma.
-Gracias, don Bosco, exclamó aquel señor; gracias por sus palabras. Sí, señor, en lo sucesivo quiero rezar y rezaré también por usted;pero acuérdese de mí.
-íAh!, decía algún tiempo después; sólo don Bosco podía darme aquel consejo, sólo él podía hablarme con tanta amabilidad y
franqueza.
Y, en efecto, el consejo produjo en su alma saludables frutos. No tardó en ordenar el asunto de su salvación eterna con tal sinceridad y
tal sensatez que fue la admiración y la alegría de todos sus amigos.
242Fin de Página 242
VOLUMEN V Página: 243Podríamos contar muchísimos otros episodios parecidos ya que don Bosco, cuando hablaba, siempre lo hacía de suerte que no ofendía
el amor propio de aquéllos a quienes quería llevar a Dios. Tenía una cortesía, prudencia y delicadeza ((334)) admirables para hacer llegar
al oído de quien la necesitaba la palabra oportuna para su bien espiritual.El celo de don Bosco nacía del profundo reconocimiento que nutría hacia sus bienhechores. Era de ver cómo se manifestaba en él esta
virtud hasta en las circunstancias más insignificantes. Le conmovía la menor deferencia que se le tuviese. Un chico que le indicase una
calle, un criado que le encendiese una lamparilla, un empleado que le sirviese un vaso de agua o le prestase cualquier servicio, podía estar
seguro de que se lo agradecía. Con frecuencia, después de una visita o de una conferencia algo larga, le hemos oído exclamar:-Os agradezco la paciencia que habéis tenido aguantándome y escuchándome.Y de aquí se pueden colegir los sentimientos de su bondadoso corazón hacia quienes le ayudaban a continuar sus obras con generosos
sacrificios.Rezaba continuamente y hacía rezar cada día a sus muchachos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por los bienhechores en las
oraciones comunitarias. Con frecuencia recomendaba la comunión, y sobre todo celebraba y hacía celebrar la misas por ellos,
particularmente cuando estaban enfermos, y después de su muerte. No olvidaba nunca sus benemerencias. Cuenta don Francisco Cerruti
que, una vez en Alassio, a punto de salir a celebrar la santa misa, le llamó y le dijo:-Mira, esta mañana voy a celebrar la misa por el reverendo Vallega, aquel sacerdote tan bueno, que hace unos años nos hizo tal favor...Inculcaba a sus muchachos este espíritu de agradecimiento y lo manifestaba a menudo con palabras tan arrebatadoras, que los
estusiasmaba:-"Veis, decíales una vez? No teníamos con qué pagar el pan, y vino tal ((335)) señor o tal señora a ayudarnos. íQué grande es la bondad
de Dios!Añadiremos que atribuía el mérito de todo cuanto hacía a sus bienhechores, y no a sí mismo. Mil veces se le oyó repetir que, si hacía
algún bien, lo debía a la caridad de los buenos.-Nosotros, exclamaba, vivimos de la caridad de nuestros bienhechores.
243Fin de Página 243
VOLUMEN V Página: 244Monseñor Cagliero escribió:"Recuerdo que el marqués Fassati y el comendador Cotta dijeron muchas veces a don Bosco: -Don Bosco, dice usted que no tiene
palabras suficientes para agradecernos lo poco que hemos hecho por su Oratorio; somos nosotros los que tenemos que darle gracias a
usted: primero, porque al pedirnos ayuda para sus muchachos nos brinda la ocasión de hacer algún bien; después, porque el Señor,
gracias a sus oraciones, nos bendice y multiplica nuestro capital".Jamás negaba el menor favor a sus bienhechores, aun cuando pudiera parecer gravoso para él y para sus hijos. Así, por ejemplo, si le
pedían que mandara uno de sus sacerdotes a celebrar en lugares apartados, con caminos incómodos y a horas intempestivas, no dudaba un
momento en hacerlo, aunque se hubiera de continuar el servicio por largo tiempo. A veces alguno le advertía que aquel compromiso
acarreaba incomodidades y molestias. Don Bosco repetía:"-Es un bienhechor nuestro; hagamos también nosotros algún sacrificio por él".Para aportar un testimonio, diremos cómo durante muchos años envió un sacerdote a celebrar misa en la capilla de la quinta de la
familia Bonier mientras ésta lo necesitó, en los días festivos de otoño, porque había provisto del patrimonio eclesiástico necesario a dos
de sus clérigos. El mismo realizó muchos viajes para celebrar o predicar, cediendo a los urgentes deseos de quienes le ayudaban a
sostener a sus muchachos.((336)) Recordamos también su solicitud para conseguir de la Santa Sede favores espirituales de indulgencias para ellos y sus familias,
bendiciones del Sumo Pontífice y gracias similares.En la infinidad de peticiones que recibía para nuevas fundaciones, sobre todo en sus últimos años, siempre procuraba dar preferencia a
las procedentes de insignes bienhechores.A ellos y a muchos otros enviaba estampitas, con autógrafos como éste: Bendiga el Señor a los bienhechores de las obras salesianas. Y
sus augurios se cumplían de manera sorprendente, como iremos viendo en el decurso de su vida.En varias ocasiones los socorrió en sus desgracias. Dos esposos sin hijos, le habían dado, con ocasión de la construcción de la iglesia de
María Auxiliadora, seis mil liras. Algunos años después, porque los negocios les fueron mal y, sobre todo, porque quebró el banco donde
tenían depositada buena parte de su capital, se comían de miseria y se vieron obligados a refugiarse en una buhardilla de Milán.
244Fin de Página 244
VOLUMEN V Página: 245Lo supo don Bosco, fue a verlos y les ofreció devolverles la suma que le habían dado. El marido rehusó aceptarla, llorando y protestando
que él había hecho aquella entrega como limosna.-Pues bien, replicó don Bosco; reciba ahora de la Virgen lo que usted le dio, de acuerdo con su necesidad.Desde entonces les mandó cien liras cada mes. Al terminar la restitución de las seis mil liras murió el marido, la esposa encontró poco
tiempo después un buen partido matrimonial y volvió a dar limosna para María Auxiliadora.Así se lo contó el mismo don Bosco a don Francisco Cerruti.((337)) Mantenía correspondencia continua con sus bienhechores. Las innumerables cartas que escribía, en busca de ayuda, le
acarreaban nuevo trabajo, al tener que contestar a las dádivas de los bienhechores. Porque nunca dejaba de responder, agradeciendo y
haciendo saber lo mucho que estimaba los socorros recibidos, y esto también para animar a tantos buenos cristianos a perseverar en su
caridad. Es éste uno de los recuerdos que con frecuencia repetía a sus hijos. Aunque la limosna fuera de unos centimillos, acusaba recibo
con su tarjeta de visita; pero, si llegaba a una lira y media y hasta dos liras, enviaba una carta autógrafa con expresiones de vivo
agradecimiento. Veía en ello, no sólo un deber de gratitud, sino un medio para multiplicar los socorros en favor de su obra. Nadie puede
imaginar cuánto disgusta a los bienhechores la negligencia en responder y cuánto les satisface saber que su limosna ha llegado a destino,
y que los beneficiados son agradecidos. Muchísimas veces sucedió que los que se veían agradecidos por unas liras, enviaron pocos días
después cientos y miles, teniéndose por dichosos si don Bosco las aceptaba.El no dejaba escapar ocasión de demostrar que mantenía vivo el recuerdo de los beneficios recibidos. Escribía cartitas de felicitación a
los bienhechores por todo acontecimiento feliz: día onomástico, boda, nacimiento, honores recibidos y éxitos alcanzados; y enviaba
testimonios de dolor, sugeridos por la fe, cuando les sucedía alguna desgracia o la muerte les arrebataba una persona querida. Por año
nuevo empleaba todo un mes para enviar a todas partes cartas de felicitación de su puño y letra. A su tiempo traeremos algunas de ésas
((338)) y de otra índole, verdaderos modelos de sencillez, brevedad y sentido cristiano, que le ganaban nuevas limosnas.Varias veces durante el año invitaba a cada uno de sus muchachos a escribir cartas de cordial agradecimiento a quienes habían hecho o
les hacían algún favor, y en otras ocasiones, preparaba él
245Fin de Página 245
VOLUMEN V Página: 246una demostración de gratitud y la hacía firmar por todos los de una clase o bien por todos los de casa.Por enero de 1869 envió al Banco Nacional la siguiente comunicación por un donativo condedido:"Los internos de la Casa llamada Oratorio de San Francisco de Sales y con ellos su Director, el sacerdote Juan Bosco, expresan su
sincero agradecimiento a la Benemérita Administración del Banco Nacional, por las 250 liras que también este año ha tenido a bien
concederles.Este rasgo benéfico merece una gratitud especial, porque aumentó el número de jóvenes en ella recogidos y por otras circunstancias
particulares que concurren a hacer más sentida la necesidad del obsequio.Así pues, todos juntos imploran del Señor, con sincero agradecimiento, las más copiosas bendiciones sobre los beneméritos
administradores del Banco Nacional y sobre todos los que contribuyen de algún modo a su bienestar material y social".Mas no se contentaba con esto. Cuando se trataba de donaciones públicas, recurría a la prensa para hacer resaltar el favor.Se servía también de otro medio para expresar su reconocimiento, y más tarde lo recomendaba a los directores de sus casas. Cuando
alguien, en prueba de afecto, le regalaba alguna cosa rara o delicada, en vez de tomarla él o los suyos, prefería ((339)) llevársela a los
bienhechores que le era más fácil, por vecindad o facilidad de comunicación. Se trataba de fruta temprana o de legumbres, liebres,
gallinas, naranjas, limones, pasteles, botellas de vino generoso, determinadas aves de caza muy apreciadas en cocina, que sabía gustarían
a aquellos señores y sus familias. Así lo hizo siempre: era un intercambio de afecto que daba maravilloso resultado.Le regalaron en cierta ocasión una trufa 1 de extraordinarias proporciones. Pasó como obsequio de una familia a otra y llegó por fin a la
marquesa Fassati, quien, sin saber su origen, se la regaló a don Bosco. Ya el primero que recibió la trufa envió una limosna al Oratorio.
Don Bosco envió el precioso fruto a una riquísima señora de Marsella, la cual, en intercambio, como señal de agradecimiento, le envió
una notable cantidad. En otra ocasión, un regalo semejante le produjo 12.000 liras.Otra vez recibió el obsequio de un gran cajón de estos tubérculos. Los distribuyó por partes y los envió a varios jefes de estación1 Trufa: Variedad muy aromática de criadilla de tierra: hongo carnoso, de buen olor, figura redondeada, de tres a cuatro centímetros de
diámetro, negruzco por fuera y blanquecino o pardo rojizo por dentro. Es una especie de patata que se cría bajo tierra, y guisada resulta
muy sabrosa. (N. del T.)
246Fin de Página 246
VOLUMEN V Página: 247del ferrocarril, alcaldes y personas de consideración de distintos pueblos, que habían ayudado de alguna manera a sus muchachos y
cooperado a sus rifas. Estas atenciones le conquistaron muchos corazones. Más adelante recomendaba a los directores de colegios e
internados, distribuidos por diversas regiones, que cambiaran entre sí con el mismo fin, las cosas curiosas más estimadas en aquellas
tierras.Y no hay que olvidar el cuidado que don Bosco ponía en satisfacer los deseos de sus buenos amigos, siempre que podía. Una
distinguida señora anhelaba tener unos pajaritos, para contentar a sus chiquitines y don Bosco le mandó una nidada con sus crías aún sin
plumas. La familia quedó ((340)) tan emocionada con el inesperado regalo, que se arrodilló alrededor de la mesa sobre la que estaba el
nido y rezó por don Bosco. Criaron a los pájaros, cuando emplumecieron y pudieron volar los soltaron y, al mismo tiempo, enviaron una
limosna al Oratorio.Y nosotros, llegados a este punto y cumplido sumariamente nuestro cometido, tomando de aquí y de allí algunas pruebas de la vida de
nuestro querido fundador, volvemos al 1855.
247Fin de Página 247
VOLUMEN V Página: 248((341))CAPITULO XXIXABJURACION DE DOS PROTESTANTES -CARTA DE DOMINGO SAVIO A SU PADRE -SINGULAR DESCUBRIMIENTO DE
UN ENFERMO -GRAVISIMA ENFERMEDAD DEL REY -DON BOSCO NO ACEPTA OBJETOS CONFISCADOS EN LOS
CONVENTOS -LECTURAS CATOLICAS -VIDA DE SAN MARTIN, OBISPO DE TOURS -LA IMPORTANCIA DE LA BUENA
EDUCACION -LA BANDA DE MUSICA EN EL ORATORIO -EXCURSION A CASTELNUOVO Y FIESTA DEL ROSARIO -DON
BOSCO Y LOS HIJOS DE LOS SEÑORES -INGRESA EN EL ORATORIO CAMILO GAVIOESTAMOS a finales de agosto de 1855. En el número de Armonía, del día 27, se lee la siguiente grata noticia:"ABJURACIONES EN EL ORATORIO DE SAN FRANCISCO DE SALES. Siempre es una satisfacción para nosotros poder
anunciar las nuevas presas arrebatadas a la herejía, a despecho del encono de los libertinos por desacreditar los dogmas y la moral de la
Iglesia Católica. El bonísimo sacerdote don Juan Bosco, que tan eficazmente trabaja, con obras y escritos, en favor de la clase popular,
recoge a menudo los frutos de su celo también en el campo de la herejía. He aquí una nueva prueba:"El sábado, dieciocho del corriente, en la iglesia del Oratorio de San Francisco de Sales, dos secuaces de Calvino, padre e
hijo,abandonaron la herejía para volver a la religión ((342)) católica, apostólica, romana, de la que se habían alejado sus antepasados.
Fueron padrinos el marqués Domingo Fassati y su piadosa consorte la marquesa María De-Maistre".Aquel mismo mes había reaparecido el cólera en Turín, pero, gracias a Dios, con mucha menos fuerza. Don Bosco y sus muchachos
estaban dispuestos a hacer de enfermeros y prestar asistencia espiritual, mas no fue necesario. Los atacados sanaban, y murieron muy
pocos.Así se lo escribía a su padre Domingo Savio, que ya había vuelto al Oratorio. Esta carta se conserva religiosamente en nuestro archivo.
248Fin de Página 248
VOLUMEN V Página: 249Mi querido padre:Tengo una noticia muy interesante que comunicarle, pero antes le doy las mías. Gracias a Dios, he seguido bien hasta el presente y gozo
de perfecta salud, como espero le suceda a usted y a toda la familia. Mis estudios van viento en popa y don Bosco está cada día más
satisfecho de mí. La noticia es que he podido pasar una hora a solas con don Bosco (hasta ahora no había llegado a estar nunca más de
diez minutos con él). Le hablé de muchas cosas, entre otras, de una asociación para asegurarnos contra el cólera. El me dijo que la
enfermedad estaba apenas empezando y que, de no ser por el frío a punto de llegar, constituiría un gran desastre. Me ha hecho socio de
una compañía suya, que consiste en rezar. Le hablé también de mi hermana, como usted me lo encargó, y me dijo que se la presente usted
cuando el vaya a I Becchi para la fiesta de la Virgen del Rosario; así podrá hacerse cargo de su capacidad para los estudios y demás
cualidades. Así que, usted verá lo que convenga hacer. Por lo demás, no me queda sino saludarle a usted y a toda la familia, a mi maestro
don José Cugliero, y también a Andrés Robino y a mi amigo Domingo Savio de Ranello.Siempre suyo.Turín, 6 de septiembre de 1855Afmo. y amantísimo hijo DOMINGO SAVIO((343)) Los muchachos de Valdocco celebraron con toda devoción la fiesta de la Natividad de la Virgen María. Fue amenizada con una
sencilla velada, en la que se presentaron al Prefecto don Víctor Alasonatti algunos sonetos clásicos que cantaban el celestial
acontecimiento. Pero la satisfacción más grande de don Bosco aquel día se la proporcionó un hecho singular y casi prodigioso.Una pobre y buena señora iba a trabajar a una casa de la calle Cottolengo, cerca del Instituto del Refugio. Allí permanecía durante toda
la jornada y sólo raras veces volvía de noche a su casa. Para su comodidad, el amo dejaba a su disposición un oscuro tabuco junto al
desván, donde ella guardaba sus pertenencias y tomaba algún descanso. Pues bien, el 8 de septiembre, Domingo Savio se presentó allí y
preguntó al dueño:-"Hay aquí alguna persona con el cólera?-No, gracias a Dios aquí no hay ninguna, respondió aquél.-Y, sin embargo, replicó el jovencito, aquí tiene que haber un enfermo grave.-Perdón, amiguito, terminó el dueño, habrás equivocado la casa; porque aquí, a fe mía, todos estamos sanos y fuera de la cama.Ante negativa tan rotunda, nuestro muchacho salió de allí un momento, dio una mirada en derredor, volvió a entrar y dijo al dueño:
249Fin de Página 249
VOLUMEN V Página: 250-Tenga la bondad de mirar atentamente, porque en esta casa tiene que haber una enferma.Ante la extraña insistencia, aquel hombre se avino a dar una vuelta por su casa. Acompañado del jovencito, pasó de una a otra estancia,
hasta que llegó al escondido chiribitil. Y allí se encontró, con dolorosa sorpresa, a aquella pobre mujer acurrucada, al borde de la muerte.
Creía el dueño que la tarde ((344)) anterior, como de costumbre, se había marchado a su casa, mientras que, habiendo subido quizás a
descansar un poco, había caído víctima del cólera sin que nadie se enterara, y sin fuerzas para pedir socorro. Se llamó inmediatamente a
un sacerdote, quien, después de confesarla, le administró la Extremaunción y la vio expirar con el beso del Señor.En tanto, una nueva desgracia turbaba a la casa real. En el mes de septiembre acometió a Su Majestad una fiebre altísima, con artritis
aguda, extendida a muchas articulaciones. La enfermedad fue gravísima y puso a todo el reino en congoja; pero como Dios quiso, la
enfermedad se resolvió en una erupción miliar que siguió su curso normal, y el Soberano se restableció poco a poco. Pero el 27 de
septiembre se vio obligado a delegar en el príncipe Eugenio de Saboya-Carignano para que atendiese en su nombre los asuntos de
urgencia, firmando los decretos reales.La ley emanada contra los conventos seguía dando amargos frutos, porque no se había escuchado la voz de un súbdito fiel que por amor
a su Rey, había puesto en peligro la libertad, el Oratorio y la misma vida. Con todo, los ministros no hicieron nada en su contra, porque
les importaba mucho el silencio sobre aquella cuestión.Encontraron, sin embargo, una especie de represalia, y casi por ironía, quisieron que aceptara una parte de los bienes arrebatados a los
conventos.Un buen día Camilo Cavour envió al Oratorio como regalo dos grandes carros, cargados de ropa blanca confiscada en el convento de
los dominicos. Aunque don Bosco se encontraba entonces en graves aprietos, ordenó que los carros permanecieran en el patio y que nadie
tocara aquella mercancía. Mandó recado ((345)) al Superior de los Dominicos preguntándole qué se podía hacer. Y le respondieron:-Entregue la ropa a quien yo envíe a recogerla.Llegó el emisario, y don Bosco hizo que volvieran a enganchar los mulos a los carros y los mandó a donde el Padre Superior había
indicado.Otro día llegó un carrito con libros robados a los Capuchinos, y
250Fin de Página 250
VOLUMEN V Página: 251entre ellos estaba la colección de los volúmenes de los Bolandistas 1.
Don Bosco avisó en seguida a los dueños y se los devolvió apenas los pidieron.Siempre tuvo reparo en comprar bienes de los conventos expropiados. Todo se vendía baratísimo y podía hacerse con ello un buen
negocio. Hubo quien advirtió a don Bosco que muchos ornamentos sagrados iban a parar a manos de los judíos, que los empleaban para
usos profanos y que, por tanto, era conveniente rescatarlos. Don Bosco replicó:-Son lindas y buenas razones. Veo que sería el momento oportuno para proveer a mis iglesias de tantos objetos como me faltan y que no
sé cuando podré adquirir. Pero pienso que, si mi casa fuera cerrada, no querría entrar en otras iglesias y ver en ellas lo que me hubieran
quitado a mí. Me sería muy doloroso. Creo que los mismos sentimientos de angustía experimentarían los religiosos que me vieran vestido
con sus despojos.Por eso tampoco quiso aceptar los conventos o monasterios que lo mismo el Gobierno, que los municipios y aun personas privadas le
fueron ofreciendo, ya en venta, ya como regalo. Sólo se avino a comprarlos cuando Pío IX, a quien manifestó su pensamiento y su
repugnancia, le dijo:-Acepte usted los conventos cerrados. Es mi voluntad. Es preferible que vuelvan por su medio a la Iglesia, a que ((346)) sigan en manos
de seglares, que sabe Dios para qué los van a emplear. Procure, con todo, obtener las debidas autorizaciones, solamente para obviar
complicaciones o disgustos con las Ordenes religiosas que antes los poseían.En medio de estos acontecimientos, el tipógrafo Ribotta había impreso los dos folletos correspondientes al mes de octubre. Contenían
La vida de San Martín, obispo de Tours y tres apéndices: 1. Invocación, reliquias, culto de los santos y su eficaz intercesión ante el Señor,
aprobada por los documentos del Antiguo y del Nuevo Testamento, la tradición y un sinfín de milagros; 2. La gloriosa muerte del árabe
cristiano Jerónimo, emparedado vivo en un baluarte de Argel, porque no quiso renegar de Jesucristo; 3. Un breve comentario sobre el
purgatorio, con la doctrina de la Iglesia Católica sobre este dogma, y cómo la misma está contenida en la Biblia.Don Bosco era el autor de dicho libro y ya había empezado a escribir otro, en dos entregas, para el mes de noviembre, con el título1 Bolandistas: Son los miembros de la sociedad de este nombre, fundada por el P. Juan van Bolland, para depurar los textos de las vidas
de los santos. (N. del T.)
251Fin de Página 251
VOLUMEN V Página: 252de: Importancia de la buena educación. Curioso episodio contemporáneo. Se trata de un joven, Pedro, que convierte a su padre con su
buena y paciente conducta. El folleto terminaba con unas letanías ternísimas en sufragio de los difuntos, traducidas al inglés, y eran una
prueba de que los católicos ingleses estaban de acuerdo con los católicos de todo el mundo acerca del dogma del Purgatorio, en el que
firmemente creía todo aquel reino unido antes de la Reforma.Paravía se encargó de publicarlo a su tiempo.Cuando tuvo todo esto organizado, don Bosco se fue a I Becchi, a primeros de octubre, para la fiesta del Rosario. Esta excursión era
también un premio prometido a los muchachos más ((347)) obedientes que tuvieron aquel año un nuevo estímulo: la banda de música.La había organizado don Bosco entre los artesanos, como un medio más que él consideraba utilísimo para alejar a los jóvenes del mal.
Decía:-Hay que tener siempre ocupados a los muchachos. Además de la clase o el taller, es necesario inclinarlos a que tomen parte en la banda
de música o a servir de monaguillos en las funciones de iglesia. De este modo su fantasía estará siempre pensando en algo serio. Si no los
ocupamos nosotros, lo harán ellos, y seguramente en ideas y cosas menos buenas.Daba a la música vocal el primer puesto aun en los Oratorios festivos de los externos.Estaba un día en Marsella, cuando fue a visitarlo un religioso que había fundado un Oratorio festivo en cierta ciudad de Francia. Le
preguntó si le parecía bien la clase de música como entretenimiento para los jóvenes; y empezó a enumerarle las ventajas de la música
para la educación, ocupación y diversión de los jóvenes. Don Bosco escuchó con signos de aprobación y respondió:-Un Oratorio sin música es un cuerpo sin alma.El religioso agregó:-Pero la música tiene inconvenientes, y no pequeños.Y habló de la disipación que produce en algunos, del peligro de que los muchachos vayan luego a cantar o tocar en teatros, cafés,
bailes, manifestaciones políticas, etcétera. Don Bosco le escuchó sin proferir palabra y, luego, repitió resueltamente:-"Qué es mejor, ser o no ser? íUn Oratorio sin música es un cuerpo sin alma!Era la primera vez que la banda de música iba a Castelnuovo. La dirigía el alumno interno Calixto Cerutti, excelente músico y
primoroso organista, que ya ejercía su noble arte ((348)) en las iglesias de
252Fin de Página 252
VOLUMEN V Página: 253Turín. Su compañero Bersano también era organista y famoso por sus conocimientos musicales. La banda, cuyos maestros fueron
sucesivamente un tal Giani, luego Bertolini y Massa, músicos de la guardia municipal, no tardó en alegrar los patios con sus melodías;
José Buzzetti y Pedro Enría ocupaban lo primeros puestos. Constaba de sólo doce instrumentos, que no aumentaron en varios años.Y aquí nos parece oportuno dar algunos detalles más amplios y ordenados de la excursión de don Bosco con sus muchachos. Durante el
mes de septiembre no se hablaba en el Oratorio más que del paseo a Castelnuovo; se barajaban los nombres de los que serían elegidos y
se discutía qué pueblos visitarían: era un goce anticipado de las fiestas y de las vendimias que les esperaban en las amenas colinas, y una
renovación de la satisfacción experimentada por los que el año anterior habían acompañado a don Bosco a I Becchi. Su juvenil fantasía
no podía pensar en otra cosa, hacía que volvieran al Oratorio muchos que estaban de vacaciones y el que había perdido las esperanzas de
merecer aquel premio, se proponía merecerlo al año siguiente. Y entre tanto se disponía y preparaba todo.Al empezar la segunda quincena de septiembre, un día, hacia las ocho de la mañana, salía don Bosco de Valdocco con algunos
muchachos, los más necesitados por su débil salud o porque no tenían en el mundo a nadie que pensara en ellos.Como no se podía pagar el ómnibus para todos, ordinariamente se iba a pie. El itinerario era: Chieri, Riva y Buttigliera de Asti; la
primera etapa de esta excursión fue siempre la comarca de I Becchi. El camino era largo; pero los muchachos no lo advertían porque don
Bosco tenía la habilidad de hacerlo parecer más corto, ((349)) contándoles diversos episodios de la historia de Italia o de la historia
eclesiástica. En las proximidades de Chieri, salían a su encuentro algunos de sus íntimos amigos, avisados de antemano, entre ellos el
canónigo Calosso, quienes gozaban recibiéndole para comer con sus jóvenes amigos. Después de descansar, reanudaban la marcha hasta
llegar a la aldea de Morialdo, donde les esperaba su hermano José. Al día siguiente don Bosco hacía visitar a sus muchachos el humilde
tugurio donde había nacido y solía decirles:-íEstos son los feudos de don Bosco!La estancia en I Becchi estaba llena de maravillosas sorpresas. Veíase a la buena gente del contorno acudir todas las tardes en buen
número a la novena y al sermón. Y como quiera que no cabían en la capillita, muchos devotos se quedaban fuera con gran recogimiento.
Se rezaba el rosario, se cantaban las letanías y se impartía la bendición
253Fin de Página 253
VOLUMEN V Página: 254con el Santísimo Sacramento. Don Bosco se cansaba, pero recogía una buena cosecha de almas.El grueso de la tropa partía de Turín por la mañana del sábado, anterior a la fiesta del Rosario; la víspera leía don Víctor Alasonatti la
lista de los afortunados. Estos, que cada año aumentaban en número, iban a pie, pasando por Chieri. Dos de ellos llevaban a cuestas las
decoraciones para el teatro, y otro una mochila con las partituras de la música. Como quiera que no todos los muchachos tenían la misma
edad, ni la misma resistencia, unos se presentaban en I Becchi a una hora y otros a otra. Algunos llegaban juntos en grupo, y más de una
vez hubo quien se personó ya entrada la noche. Por los primeros tiempos, alguien poco conocedor de aquellos caminos, más imaginarios
que reales, no compareció hasta la ((350)) mañana siguiente, ya que los buenos aldeanos, al encontrarlo perdido, se lo llevaron a su propia
alquería a descansar.Cuando habían llegado todos, se buscaba el momento oportuno para saludar a don Bosco, el cual manifestaba gran satisfacción al
verlos, y les hacía contar las peripecias del viaje, que ellos describían entre carcajadas y jolgorio. Les acompañaba después a cenar y
siempre había quien se dormía sentado a la mesa. José, el hermano de don Bosco, tenía preparado un camaranchón, que antaño servía de
granero, con el piso cubierto de paja: daba a cada uno una sábana limpia y, acompañados por los asistentes, subían al lugar preparado.
También se convertían en dormitorio otras habitaciones de la casa, de suerte que todos encontraban un lecho, si no mullido, sí suficiente.Después de las oraciones, se guardaba riguroso silencio; nadie se movía hasta la mañana, salvo alguno más fervoroso que, al despertar,
se levantaba y se ponía a rezar de rodillas allí mismo.El domingo se concentraba en I Becchi una gran multitud de los caseríos vecinos y en particular de Castelnuovo. Era una auténtica
fiesta popular. Por la mañana se celebraba la misa de comunión general, a veces precedida y seguida de las misas que celebraban los
sacerdotes que iban con don Bosco. Al principio, se tocaba un pequeño armonio que se llevaba de Turín. A las diez se cantaba la misa
solemne, oficiada generalmente por el buen párroco, teólogo Cinzano, que aquel día comía con don Bosco. Como la capilla era
demasiado pequeña, los músicos y el pueblo se quedaban fuera, en la era. Allí mismo se ponía una cuba boca abajo ((351)) que servía de
púlpito al predicador para cantar las glorias del Santo Rosario. Después de la bendición de la tarde, subía Gastini a aquel púlpito, y
254Fin de Página 254
VOLUMEN V Página: 255entretenía a la gente con su gracias hasta la hora del teatro, montado a un lado de la era y que nunca faltaba para cerrar la fiesta.
Finalmente, ya de noche, se soltaban globos, se prendían cohetes y ruedas pirotécnicas: era un espectáculo encantador ver hasta en las
colinas cercanas alzarse las llamas de las fogatas de alegría.Al día siguiente del Rosario, el teólogo Cinzano obligaba a don Bosco y a sus muchachos a devolverle la visita. Iban los granjeros,
instalaban un hornillo en un rincón del huerto y preparaban una polenta extraordinaria. Don Bosco era recibido con todos los honores en
la casa rectoral. Los mismos muchachos ayudaban a preparar la comida y mientras tanto los cantores contentaban al buen párroco que
quería oír música buena y clásica: subían al coro e interpretaban varias piezas reservadas para aquella ocasión. Siempre había que dar
gusto a su predilección por la música de Mercadante 1 con el famoso Et unam sanctam.Y llegaba el momento esperado: aparecía en mitad del patio la polenta, que era recibida al son de los instrumentos y el canto de alguna
conocida canción popular. Los muchachos, puestos en corro y sentados, quien sobre una piedra, quien sobre un madero, recibían su
ración y pan, queso, salchichón asado, uvas y miel; todo desaparecía como por encanto.Tras la comida de los muchachos, acompañaba el párroco a don Bosco con sus clérigos a otra más cómoda y agradable mesa, en
compañía de los sacerdotes del contorno, que él quería reunir para honrar a don Bosco. Solía decirles:-íYa veréis lo que llegará a ser un día don Bosco! íTiene cabeza de ((352)) Ministro de Estado!Don Bosco trataba a su párroco con toda deferencia y, lo mismo allí que en otra parte, besábale la mano delante de todo el mundo. Los
muchachos admiraban y recordaban este acto de respeto que jamás omitía don Bosco.Llegaba por fin el momento de abandonar Caltelnuovo. Algunos delicaduchos se quedaban en I Becchi; los demás, provistos de
abundantes vituallas, que el párroco les regalaba, emprendían el camino de Turín, adonde llegaban hacia las nueve de la noche.
Generalmente hacían un alto en Chieri, y desde allí iban de un tirón hasta el Oratorio. Cansados y todo, volvían felices, porque llevaban
consigo una preciada reliquia. Habían resquebrajado algún trocito de yeso o1 José Javier Mercadante (1795-1870) fue un gran compositor italiano, autor de muchas óperas, sinfonías, misas y música sagrada y
profana. (N. del T.)
255Fin de Página 255
VOLUMEN V Página: 256de ladrillo de la habitación donde don Bosco había pasado los primeros años de su vida, para enviarlo después a sus familias.A su vuelta a Turín recibió don Bosco una carta de la duquesa de Montmorency. Al releerla hoy nosotros, recordamos el gran bien que
don Bosco hizo también a los hijos de nobles familias durante años y años, visitándoles en su palacios, aconsejándoles cuando iban a
verlo y escribiéndoles eficaces cartitas, algunas de las cuales han llegado a nuestras manos. He aquí un ejemplo.Queridísimo Octavio:Se acercan los examenes y me pides que te encomiende a San Luis: haces muy bien. Ten mucha confianza en la protección de este
santo, y yo te aseguro el éxito en tus examenes. No dejaré de rezar también yo con la misma intención.No te preocupes en cuanto a mejorar tu memoria: ejercita la que tienes y aumentará; si después conviniere al bien de tu alma que ésta
creciere, ya lo hará el Señor.((353)) Tendría algo más que decir, pero confío en que después de tus exámenes habrá ocasión de charlar a nuestro gusto de todo lo que
ocurre. Mañana se puede ganar en el Oratorio de San Francisco de Sales Indulgencia Plenaria; procura alcanzarla. Saluda a tu mamá y a
todos los de casa. Quiéreme en el Señor y créeme.Turín, 28 de junio de 1855Tu afmo.
JUAN BOSCO, Pbro.Los padres de estos muchachos estaban contentísimos de la ayuda que don Bosco les prestaba en la educación de sus hijos; casi le
investían de su autoridad. Algunos, como los Provana de Collegno, acompañábanlos a confesarse regularmente con él. Con gusto
consentían que los tratase familiarmente tuteándolos, lo que nunca habían permitido a educadores o maestros ni a ningún otro ajeno a su
noble linaje. Don Bosco hasta recibía como huéspedes a algunos en el Oratorio durante semanas y meses enteros. Los padres se los
confiaban para que los preparara a la primera comunión, para que repasaran las asignaturas suspendidas en los exámenes públicos, para
que contemplaran la piedad de los chicos del Oratorio e imitaran sus virtudes, enmendaran su conducta o por otros motivos. El éxito
correspondía a sus deseos. En el decurso de los años se vieron conviviendo bajo el mismo techo los hijos del pueblo y el marquesito, el
condesito, el caballero y el barón.La duquesa de Montmorency encomendó a don Bosco a dos hermanos, pertenecientes a una noble familia francesa venida a menos, que
ella protegía y educaba con atenciones de madre, y que durante las vacaciones se los llevaba consigo a Borgo Cornalense. Más de un año
estuvieron estudiando ((354)) en el Oratorio, y la Duquesa, satisfecha
256Fin de Página 256
VOLUMEN V Página: 257del éxito obtenido, escribía a don Bosco la presente carta que traducimos del original francés.Señor Abate Bosco:Usted se me ha adelantado. Quería yo escribirle, como lo hago ahora, para agradecerle los cuidados que se ha tomado por mis alumnos,
durante mi larga ausencia. Los he encontrado en perfecto estado de salud, más rollizos y al mismo tiempo crecidos; uno ha progresado en
dibujo y otro en latín; y, lo que es más importante, lo dos han ganado mucho en cordura, especialmente Luis. Ya no riñen ni se
pegan.Enrique ha adelantado muchísimo en dibujo, lo que agradezco al señor Tommasini, y al Señor Peire su atenta vigilancia. Mi
administrador, portador de la presente, tiene el encargo de retirar todos los enseres de los chicos, exceptuados los armarios, mesitas y
demás muebles que usted haya comprado para ellos. Al propio tiempo cancelará los gastos pendientes.Su visita, con la que cuento, señor abate, será precedida por la mía, que efectuaré el próximo lunes, si el tiempo lo permite, ya que,
cuando llueve, difícilmente emprendo yo un viaje. Aquí todos están bien y será para ellos una fiesta su aparición. Esta es la palabra que
corresponde a su visitas relámpago.Reciba, señor Abate, la expresión de mi más respetuoso afecto.Jueves por la tarde, 22 de octubre de 1855DE MAISTRE Duquesa LAVAL MONTMORENCYEntre tanto, volvían de las vacaciones los alumnos del Oratorio y entraban los nuevos. Entre éstos Domingo Bongioanni, hermano del
ya nombrado José, que más tarde construyó la iglesia de San Alfonso en Turín, y Juan Bonetti de ((355)) Caramagna, que llegó a ser
famoso en la Sociedad Salesiana y que entonces, con sus diecisiete años y sus modales, se ganó entre los compañeros el mote de papá.En los últimos días de octubre entraba en el Oratorio como pensionista un jovencito de Tortona, cuyas disposiciones para la pintura y
escultura habían movido al municipio de aquella ciudad a ayudarle, enviándolo a Turín para que siguiera los estudios de arte. Había
sufrido una grave enfermedad en su casa, y cuando llegó al Oratorio, ya fuera por hallarse lejos del pueblo y de los suyos, ya fuera por
encontrarse en compañía de muchachos desconocidos, el caso es que se encontraba arrinconado, observando cómo los demás se divertían,
absorto en sus pensamientos. Savio no tardó mucho en acercarse a él para consolarle. Mantuvieron el siguiente diálogo:-íHola, amigo! Se ve que no conoces a nadie, "verdad?-Pues no. Pero me divierto viendo jugar a los otros.-"Cómo te llamas?-Camilo Gavio, de Tortona.-"Cuántos años tienes?
257Fin de Página 257
VOLUMEN V Página: 258-Quince cumplidos.
-"Qué te pasa que estás tan triste? "Te encuentras enfermo?
-Sí, he estado gravemente enfermo: un ataque de corazón me llevó al borde del sepulcro, y aún no me he curado del todo.
-Desearás curar, "verdad?
-Hombre, estoy resignado a la voluntad de Dios.
Estas últimas palabras demostraron que Gavio era un ((356)) joven de piedad nada común, y Savio continuó:
-Entonces, deseas ser santo, "verdad?
-Sí, ésta es mi gran ilusión.
-Pues mira, yo voy a decirte en pocas palabras lo que has de hacer. Sábete que aquí hacemos consistir la santidad en estar muy alegres.Procuramos, por encima de todo, huir del pecado como de un gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del corazón. Ensegundo lugar, tratamos de cumplir exactamente nuestros deberes y frecuentar las prácticas de piedad. Empieza desde hoy a escribir comorecuerdo: Servite Domino in laetitia: sirvamos a Dios con alegría.Esta conversación fue como un bálsamo para las penas de Gavio, que experimentó un verdadero consuelo. Desde aquel día fue amigoíntimo de Savio y fiel imitador de sus virtudes.258Fin de Página 258
VOLUMEN V Página: 259((357))CAPITULO XXXCURSO ESCOLAR DE 1855-56 -CONCEPTO DE SANTIDAD EN QUE TIENEN LOS ALUMNOS Y SUS PADRES A DON
BOSCO -ENTREGA DE LA LISTA DE LIBROS QUE TIENEN LOS MUCHACHOS -SE INSTALA EN EL ORATORIO EL
TERCER CURSO DE "GIMNASIO" -LECTURAS CATOLICAS -CATECISMO BREVE PARA LOS NIÑOS -CARTA AL
CANONIGO VOGLIOTTI; SERVICIO DE LOS CLERIGOS EN LA CATEDRAL; JOVENES RECOMENDADOS PARA EL
SEMINARIO DE CHIERI -SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA -AUGURIOS A UNA BIENHECHORA POR NAVIDAD -LOS
HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS DESTITUIDOS EN LAS ESCUELAS PUBLICASAL aumentar el número de alumnos en el Oratorio, dice el canónigo Anfossi, don Bosco, incómodamente sentado en una sencilla silla,
volvía a sus interminables horas de confesonario, en la iglesia o en su habitación, aunque siempre se hiciera ayudar por otros confesores,
como el P. Dadesso, oblato, don Francisco Giacomelli, y a veces los teólogos Borel y Marengo. Pero don Bosco era siempre el preferido
por los chicos, y los que se confesaban con él se hacían cada vez mejores.El teólogo Marengo apreciaba tanto a don Bosco, que, después de haber confesado a un jovencito durante dos o tres años, ((358)) le
aconsejaba: "Ahora necesitas una dirección más esmerada, y, por tanto, es bueno que tomes a don Bosco como confesor".Cuando las madres escribían a sus hijos o iban a verlos, les recomendaban que fueran a menudo a confesarse con don Bosco: y decían:-íEs un santo y sabrá ayudarte!Los estudiantes eran matriculados por sus padres en Valdocco porque, repetían, era la casa de un santo. Los alumnos, al escribir a sus
casas, confirmaban esta fama, de suerte que las acciones de don Bosco corrían en boca de la gente, y hasta personas sensatas y doctas las
tenían y juzgaban portentosas. Y los padres, al responder a sus hijos, les encargaban que pidieran a don Bosco oraciones por la
conversión de una persona de la familia, por el arreglo de cualquier
259Fin de Página 259
VOLUMEN V Página: 260negocio intrincado, o por la curación de un enfermo. Les recomendaban que le pidieran consejo para su estado actual o para el futuro, y
los alumnos que conocían su corazón y su prudencia, le manifestaban las peticiones de sus padres y las suyas. Y don Bosco escuchaba a
los muchachos con la misma atención con que atendía a los más altos y graves personajes."Cuando le pedíamos un consejo, nos contaba Pedro Enría, reflexionaba seriamente antes de contestar y, alguna vez, si no estaba muy
seguro de sí mismo, no daba, por el momento, su parecer. Pero, cuando después lo daba, estábamos seguros de que era el justo".Los muchachos estaban persuadidos de su santidad por el afecto sobrenatural que les profesaba y que abarcaba a todos por igual, lo
mismo a estudiantes que a artesanos. Por el bien de éstos hacía cuanto podía; de noche los enseñaba a leer, escribir y hacer cuentas,
((359)) mientras buscaba la manera de sacarlos de los talleres de la ciudad.También había tomado una importante determinación para los estudiantes. Se puso en guardia a su entrada en el colegio para evitar que
pasaran con ellos los mayores enemigos de los centros de educación.Dispuso, pues, que todos los alumnos, al comenzar el curso escolar, presentasen al Superior lista exacta y debidamente firmada, de
todos los libros que tuviesen o trajeran consigo. Esta precaución era necesaria para asegurarse de que no entraban en el Oratorio obras
inmorales o prohibidas por la Iglesia. A veces, pasados algunos meses, pedía de nuevo una segunda lista.Esta vigilancia no era exagerada, porque aún sin culpa de los muchachos, se daba el caso de padres que, por ignorancia, envolvían el
vestuario de sus hijos con periódicos impíos. Los malos amigos se esforzaban también para hacer llegar a los internos noveluchas y otras
porquerías de este género. Por esto estaba muy vigilado el locutorio de la portería, y se revisaban escrupulosamente baúles y paquetes.Todo aquel que, a lo largo del año, recibía o compraba otras obras, sin haber pedido permiso, tenía que presentarlas en seguida para
revisarlas, y luego incluirlas en la lista que guardaba el Superior. Si a un muchacho se le descubría algún libro ocultado con malicia, sobre
todo si era malo, no sólo se le quitaba, sino que se le hacía responsable de una falta grave de desobediencia y casi siempre comprometía
su estancia, porque don Bosco era muy severo con los guardianes de tal veneno.
260Fin de Página 260
VOLUMEN V Página: 261Esta disposición general entró en vigor quizá el año 1855, porque las primeras listas que se conservan en los archivos llevan esa fecha.
También tenemos ((360)) la de Domingo Savio. Esta costumbre ya no se perdió, porque las lecturas malas son la ruina de la moralidad y
de las vocaciones sacerdotales.Después de revisar los libros presentados por los muchachos, y retirar los que no les convenían, después de ordenar los talleres y fijar el
programa de estudios a principios de noviembre, se empezaban las clases de canto gregoriano. "Don Bosco, afirma el teólogo Piano,
como quería que todos lo aprendiesen, acudía cada tarde a acompañarnos durante estas lecciones".Entre tanto, se decidía a organizar las clases internas en el Oratorio. Eran estupendas las de gramática del profesor Bonzanino y las de
retórica del profesor Picco; pero el ir y venir estaba lleno de peligros morales para los muchachos, por lo que oían y veían. Obrando
siempre con la acostumbrada prudencia, a primeros de noviembre destinó para clase el salón de la primera capilla; colocó en ella a los
alumnos de la tercera clase gimnasial o de bachillerato y les puso por maestro al clérigo Juan Francesia, el cual, a sus diecisiete años,
había terminado con notable éxito los cursos de latín. Al mismo tiempo le tocaba seguir sus estudios de filosofía, teología y literatura.
Pero don Bosco conocía bien el talento y voluntad de Francesia y también de los demás clérigos, a quienes oportunamente destinaba a la
enseñanza. Antes los probaba con diversas ocupaciones simultáneas; bromeando les hacía observar cómo los grandes oradores,
historiadores y poetas romanos habían pasado buena parte de su vida en los campos de batalla, en las lides del foro, en los quehaceres del
Estado, y que sobresalieron en asuntos tan dispares porque el ejercicio perfeccionaba todas sus facultades.En cuanto a dar clase y estudiar al mismo ((361))tiempo, don Bosco recordaba la máxima de San Francisco de Sales:""Quieres aprender? Estudia por tu cuenta con todo empeño. "Quieres aprender mucho? Busca quien te instruya. "Quieres aprender
muchísimo? Ponte a dar clase de lo mismo que estás estudiando". Y el espléndido resultado de los maestros de don Bosco, por su
entusiasmo en esta metodología, demostró la verdad de tal axioma. En fin, había que hacer así, porque así lo quería Dios.El clérigo Juan Bautista Francesia, confiado en la ayuda del Señor, con intrepidez sin par, comenzó sus clases y triunfó, porque quien
ha aprendido a obedecer, sabe mandar y tiene dominio sobre la voluntad ajena. Con el espíritu de caridad aprendido de don Bosco,
261Fin de Página 261
VOLUMEN V Página: 262amable y paciente, supo amar a los chicos y hacerse amar de ellos. Tuvo también la suerte de contar entre sus alumnos aquel año a
Domingo Savio, quien, por su gran aplicación, mereció ser tenido por uno de los mejores.Los estudiantes de primero y segundo curso, los de humanidades y retórica siguieron yendo a escuelas privadas de Turín.Los clérigos del Oratorio, como estaban inscritos en el registro del clero diocesano, asistían normalmente a las clases del Seminario.
Don Bosco solicitó de la Curia que fuera dispensado de ellas el clérigo Francesia, ya que, a la misma hora, tenía que dar su clase de latín;
pero asegurando que se presentaría a examen con sus compañeros. La Curia contestó que no se veía autorizada para conceder tal
dispensa, por lo que el clérigo Francesia debía asistir regularmente a clase, o bien abandonar la carrera eclesiástica.Don Bosco dijo entonces a aquellos señores:-Bueno, ((362)) perdiré este favor al Arzobispo; pero, ruego a ustedes no presenten dificultades ante Monseñor, hasta que yo le escriba.Lo prometieron y mantuvieron su palabra; y llegó de Lyon la suspirada licencia.Entretanto el impresor Ribotta terminaba de imprimir los cuatro folletos correspondientes a los meses de diciembre y enero. Se trataba
de los Entretenimientos acerca del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, por fray Carlos Felipe de Poirino, sacerdote capuchino.De cuando en cuando el buen religioso hace resaltar en su escrito la impiedad, la deslealtad y la ingratitud de los protestantes con
Nuestro Señor Jesucristo.Mientras tanto, don Bosco preparaba un CATECISMO BREVE PARA LOS NIÑOS de la diócesis de Turín, precedido de las oraciones
de la mañana y de la noche. En las de la noche repite tres veces la jaculatoria: Madre querida, Virgen María, haced que yo salve el alma
mía. Esta práctica no consta en la primera edición de El Joven Instruido (El Joven Cristiano) de 1847.Seguía a las oraciones un resumen de Historia Sagrada en forma de diálogo, dividido en catorce capitulitos, los últimos de los cuales se
titulaban: Gobierno de la Iglesia y Fundamento de la fe cristiana. A continuación presentaba un compendio del catecismo para quienes se
preparan a recibir los sacramentos de la confirmación, confesión y comunión, repartido en nueve lecciones. Al final iba el catecismo
breve de la diócesis, en el que añadía al cuarto mandamiento
262Fin de Página 262
VOLUMEN V Página: 263de la Ley de Dios las palabras: y vivirás largos años sobre la tierra.Terminado su trabajo, envió el manuscrito al canónigo Vogliotti, Rector del Seminario y Provicario diocesano, acompañado de una
carta.((363)) Ilmo. y Rvdmo. Señor Rector:Mañana enviaré al clérigo Reviglio, juntamente con un compañero, para los servicios de San Juan. Pida con entera libertad, que yo haré
cuanto pueda por complacerle.He recibido las veinticuatro liras de regalo para el jovencito Cumino. Tengo también la satisfacción de presentar el catecismo a su
sapiente opinión y la del señor canónigo Fantolini.El joven Ellena entraría con gusto en el Seminario de Chieri, mejor que en el de Génova, pero existe la dificultad de la pensión. Es un
muchacho bueno, y su constante, regular y ejemplar conducta hacen concebir de él las mejores esperanzas. Si usted pudiera ayudarle, al
menos durante estos dos años, en que su hermano Ch. está todavía en el Seminario, y disminuirle la pensión, vestiría la sotana e iría
inmediatamente adonde usted quisiera enviarlo.Con la expresión de mi respeto y gratitud, quedo a su disposición en cuanto pueda servirle.De V. S. Ilma. y Rvdma.Seguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.El canónigo Vogliotti, censor diocesano de libros, aprobaba el 3 de diciembre de 1855, por delegación del señor Arzobispo, el
Catecismo Breve de don Bosco, con algunas correcciones que fueron fielmente recogidas. Tampoco esta vez admitieron el cambio de la
palabra persona por la de mujer en el noveno mandamiento, porque no querían cambiar la locución adoptada hacía años por la autoridad
eclesiástica.A la par del catecismo don Bosco hacía imprimir en la imprenta De Agostini ocho mil ejemplares de unas oraciones en honor de la
Inmaculada, en cuatro paginitas que luego incluyó en El Joven Cristiano. Al mismo tiempo litografiaba mil estampas de la Inmaculada
((364)) y celebraba la fiesta del ocho de diciembre con toda la solemnidad que su corazón deseaba.La proximidad de las fiestas navideñas le recordaba sus deberes de gratitud con los bienhechores de sus muchachos y escribía, entre
otros, a la benemérita señora marquesa María Fassati, que se hallaba en Borgo.
263Fin de Página 263
VOLUMEN V Página: 264Ilma. Señora Marquesa:Los pobres muchachos recogidos en el Oratorio de San Francisco de Sales agradecen por mi medio a V.S. Ilma. el pan que su caridad
ha tenido a bien suministrarles y se unen a mí para implorar las más copiosas bendiciones del cielo en la próxima solemnidad de la
Pascua de Navidad.Como testimonio de nuestro común agradecimiento hemos acordado: que yo celebraré la misa del gallo según las intenciones de usted,
y los muchachos la oirán con el mismo fin. Así pues, distribuya, como mejor le parezca, una misa solemne aplicada por usted y casi
cuatrocientas (tal vez más) oídas. Ofrezca al Señor marqués Fassati y al señor Conde y familia De Maistre la parte que usted creyere
oportuno.Encomiendo a todos a Jesús Niño y a la Inmaculada, su Madre; no deje usted de rogar por mí, para que pueda hacer en todo la santa
voluntad del Señor. Así sea.Turín, 22 de diciembre de 1855s.s.
JUAN BOSCO, Pbro.
Mas la alegría de las fiestas navideñas quedó turbada por nuevos peligros que amenazaban a la buena educación de la juventud en
Turín. El 27 de diciembre de 1855 el Ayuntamiento quitaba a los Hermanos de las Escuelas Cristianas las escuelas municipales, a pesar
de haber reconocido que eran ejemplarísimos en el cumplimiento de su deber. Uno de los pretextos para legalizar ((365)) este atropello,
fue quizá el suceso de Racconigi. Tenían allí los Hermanos un colegio en el que habían repartido a algún que otro alumno el libro del
Barón de Nilinse titulado: Cómo se roban los bienes de la Iglesia y sus consecuencias, publicado en las Lecturas Católicas. Por semejante
delito, el Ministro de Instrucción Pública ordenó inmediatamente al alcalde de Racconigi que apartara de la enseñanza a los Hermanos,
advirtiéndole que, en caso contrario, sería clausurado el colegio.Así pues, los Hermanos fueron despedidos de las escuelas municipales, y, si estos buenos religiosos se quedaron en Turín enseñando a
los hijos del pueblo, se debió a que la Dirección de la mendicidad instruida los mantuvo en las escuelas que dependían de ella.Mientras tanto, empezaban a obtener el nombramiento de directores de colegios y a ocupar cátedras de profesores y maestros,
sacerdotes que colgaban los hábitos, frailes apóstatas y eclesiásticos sublevados contra sus obispos.
264Fin de Página 264
VOLUMEN V Página: 265((366))CAPITULO XXXIDON BOSCO Y SUS ALUMNOS -MARAVILLOSOS CAMBIOS DE CONDUCTA -CONVERSION DE UN PEQUEÑO
INCREDULO -UNA PREDICCION CUMPLIDA TRIUNFA SOBRE UN CORAZON OBSTINADODON Bosco dedicaba los meses de noviembre y diciembre a preparar su campo del Oratorio, a fin de que a lo largo del año brotara en los
corazones la semilla de las más selectas virtudes. El mismo recibía a los alumnos, procuraba ganarse su afecto y confianza, les inducía a
hacer una buena confesión, y se le abrían las almas como las flores a los rayos del sol de la mañana. Durante estos meses ponía cuidado
especial para convivir todo el tiempo posible con sus queridos hijitos y confirmarlos en el camino del bien.Resultaba maravilloso ver cómo siempre le acompañaba la acción de la gracia. íCuántos muchachos, buenos e inocentes, con la
comunión frecuente, emulaban la pureza de costumbres de San Luis! íCuántos, que en sus pueblos habían caído en los lazos del demonio,
reformaban totalmente su conducta y rivalizaban en piedad con los primeros! La fuerza del sacramento de la penitencia era evidente.
Había jóvenes ((367)) malogrados a causa de inveteradas costumbres, que después de la primera confesión hecha en el Oratorio, se
sentían renovados y libres de toda tentación, aún durante años. Pero íay de ellos, si, abusando de. la gracia, se metían en la ocasión
peligrosa! Así lo hemos sabido por confidencias de unos y otros. Porque había allí pobrecillos, llenos del espíritu anticristiano del mundo,
que don Bosco había admitido a prueba o que habían entrado con mentirosas recomendaciones. La malicia superaba en ellos a la edad."Qué hacía don Bosco? No se precipitaba a tomar una decisión, se armaba de sagaz espíritu de sacrificio y, con toda prudencia, trataba
de llevar a Dios aquellas almas. Y en muchas ocasiones su caridad se vio premiada. Solía decir:
265Fin de Página 265
VOLUMEN V Página: 266"Así como no hay terreno tan ingrato y estéril del que, a fuerza de paciencia, no se pueda finalmente sacar fruto, así sucede con el
hombre; es una verdadera tierra moral, que por dura que sea, llega a producir, más tarde o más temprano, pensamientos y después actos
virtuosos, cuando un director, con fervorosa oración, une sus esfuerzos a la mano de Dios para cultivarla y tranformarla en fecunda y
hermosa. Todo joven, por desgraciado que sea, tiene un punto sensible al bien y es el primer deber del educador descubrir ese punto, esa
cuerda sensible del corazón y sacar provecho de ella".Ya hemos aludido, más de una vez, en el transcurso de estas memorias a esta su perspicaz atención, y al mismo tiempo a su admirable y
prudente generosidad; y presentamos ahora otra prueba.Subía un día don Bosco de la iglesia a su habitación; en el descansillo se encontró con un señor que lo esperaba. Tenía a su lado un
chico, elegantemente vestido, de agradable aspecto y ojos vivaces, que descubrían una inteligencia nada común. Entró en la habitación,
hizo pasar al señor, y el muchacho ((368)) se quedó apoyado en la barandilla del mirador, contemplando cómo se divertían los alumnos
en el patio. Mientras tanto decía el caballero aquel a don Bosco:-"Ha visto al muchacho que he traído conmigo?-Sí, le he visto y me ha gustado; me parece de carácter leal.-Pues bien: es mi hijo y si usted supiera ícuántos disgustos me ocasiona...!-"Es posible?-Escuche: le he tenido primeramente en el colegio de tal..., y después en el de cual... No sé lo que ha pasado, pero es el caso que se ha
vuelto tan malo, que ya no sé qué hacer para cambiar sus sentimientos. Ha leído de todo, lo ha visto todo, habla de todo sin ningún
miramiento y me las ha hecho de todos los colores. Tiene particularmente una aversión tal a la religión, que no me lo explico, ya que en
familia se la respeta y practica. Pero aún hay más. A su vuelta del colegio al pueblo, por las vacaciones, entró en casa y no saludó a su
padre ni a su madre y, pocos minutos después, salió derecho al café cercano, se pudo a jugar al billar y luego a la baraja. Allí estuvo hasta
muy entrada la noche... No aguanta la menor observación, responde con insolencia, se niega con todo descaro a obedecer, desprecia las
prácticas de piedad y no quiere saber nada de Iglesia. Su madre y yo estamos consternados. No sabemos qué partido tomar. Las medidas
rigurosas, estamos seguros, no servirán más que para exasperarlo. "Qué hacer, pues? Don Bosco: le he expuesto
266Fin de Página 266
VOLUMEN V Página: 267sinceramente el estado lastimoso de mi hijo. Ayúdenos. Creemos que solamente usted es capaz de hacerle algún bien. íPruébelo! Si usted
tiene la bondad de admitirlo entre sus otros chicos, seguramente ((369)) volverá al buen camino. Sus consejos, el ejemplo de sus
compañeros influirán en su espíritu corrompido. "Lo acepta?Don Bosco permaneció pensativo un rato, mientras aquel señor le miraba con ansia, y contestó finalmente:
-"Cuántos años tiene?
-Apenas catorce, respondió el padre.
Don Bosco reflexionó un poco más y añadió:
-"Y por qué no?
-Sí, sí, don Bosco, haga usted la prueba. Pagaré lo que sea; no reparo en gastos; con esta obra de caridad hará felices a unos pobrespadres, víctimas de una angustia que no se puede imaginar.
-Pues bien, con mucho gusto. Pero "su hijo querrá quedarse aquí?
-Eso déjelo de mi cuenta. Yo ahora se lo presento. Usted pregúntele, háblele y entonces se lo propondré.
El pobre padre hizo entrar a su hijo, el cual se presentó a don Bosco con una desenvoltura que, a poco, se convirtió en amable yexpansiva. Don Bosco no le hizo la menor alusión a lo que más le interesaba, o sea, a su alma, sino que empezó a hablarle de cosas que
preveía iban a ser de su agrado, y con su gracia característica, supo cautivarle de tal suerte, que el muchacho quedó encantado. Rió,
preguntó, contó y se prendó de la amabilidad de don Bosco.Al salir, le dijo su padre:
-"Qué tal hijo mío, te gusta don Bosco?
-"Qué si me gusta? íMe ha hablado de tantas cosas bonitas! íHe visto pocos hombres tan cariñosos como él! íQué diferente de los otroscuras que he conocido en aquellos internados! Además, no me ha dicho ni una sola palaba ((370)) de religión. Estoy contento de veras de
haber hablado con él.
Continuaron el diálogo un rato más, y al ver el padre lo mucho que don Bosco le había impresionado, se animó a proponerle el proyecto
que tenía y le dijo:
-No conviene que interrumpas tus estudios. En el pueblo no tenemos una escuela como la que a ti te hace falta y me han escrito del
colegio donde estuviste que no hay plaza para ti. Dime, "te gustaría este colegio? "Estarías a gusto con don Bosco?
-Por mí, no hay dificultad.
-"Y si te pusiera de veras aquí con don Bosco?
267Fin de Página 267
VOLUMEN V Página: 268-Por mi parte no hay dificultad..., pero..., con tres condiciones.-Veámoslas.-La primera, que no me hablen nunca de confesión; la segunda, que me dispensen de ir a la iglesia, porque no quiero ni pisarla; y la
tercera, que pueda salir cuando quiera. De lo contrario, nada.El padre no despegó los labios; pero sabiendo con quién tenía que habérselas, no creyó oportuno oponerse a aquel programa. Por tanto,
volvió de nuevo a don Bosco, y, temiendo una negativa, le expuso con recelo las condiciones fijadas por su hijo. Don Bosco le escuchó
serenamente y le contestó sonriendo:-Bueno, pues dígale a su hijo que acepto.El padre, fuera de sí por la alegría, dejó a su hijo tan satisfecho en el Oratorio. Don Bosco empezó a tratarlo con toda bondad, como si
fuera uno de los mejores alumnos, pero sin nombrarle para nada la religión, sabiendo que por aquel entonces hubiera sido del todo inútil.
Pero el infeliz tenía ojos y oídos que le obligaban a ver los santos ejemplos de sus ((371)) compañeros y a oír las platiquitas de la noche y
otras charlas que don Bosco dirigía a la comunidad. Durante la primera semana, cuando sonaba la campana para ir a la iglesia, el
jovencito se iba a pasear bajo los pórticos, cantando canciones profanas. Pero como nadie le reñía ni le invitaba a cumplir el reglamento,
casi empezó a molestarle la despreocupación que le parecía demostraban los demás por su actuación, y a sentir hastío por lo solo que se
veía durante aquella hora. Así que, hasta por curiosidad, se resolvió a entrar en la iglesia. Sin dar a ver que reconocía la santidad del
lugar, se plantó de pie en un rincón y observó cómo rezaban sus compañeros, cómo estaba el confesonario rodeado de penitentes y cómo
iban a comulgar.-íImbéciles! murmuraba en voz baja, pero no tanto que alguno no se enterara. íImbéciles!De este modo quería mostrar su independencia de espíritu y tal vez también buscaba rebelarse contra un nuevo sentido que se iba
abriendo camino en su corazón, y al que quería oponerse a toda costa. Así continuó por algún tiempo; seguía yendo a la iglesia, pero
siempre en actitud despectiva o indiferente. Algunos jóvenes de los mayores de la Compañía de San Luis, y también de los más piadosos,
lo tenían cercado conversando y jugando con él, para ganárselo y aislarlo de quien hubiera podido escandalizarse. Mientras tanto, don
Bosco rezaba y hacía rezar por él.Los consejos de sus nuevos y fieles amigos, algunas palabras de don Bosco, que dejaban huella imborrable en su corazón, le hicieron
268Fin de Página 268
VOLUMEN V Página: 269enmendarse poco a poco. Había tomado tanto cariño a don Bosco que le parecía imposible poder vivir sin él. Comenzó a pensar:((372)) -Mis compañeros van a la iglesia, se confiesan, comulgan y están muy alegres. Y yo...Reflexionó seriamente, se decidió, fue a la iglesia con los de su clase y rezó.Y he aquí que un buen día se le vio acercarse al confesonario donde estaba don Bosco y arrodillarse. Al llegar su turno, se confesó, se
retiró del confesonario, como transfigurado y con los ojos bañados en lágrimas. Su hermoso rostro tenía la expresión de un San Luis.
Volvió a su puesto, rezó largo tiempo, se confesó todavía dos o tres veces más, y finalmente comulgó con mucho fervor.Desde entonces fue uno de los alumnos más ejemplares.Otro caso análogo tuvo su epílogo a finales de diciembre. Un alumno estudiante había vuelto de las vacaciones con un cambio notable
en sus costumbres. íQué distinto del de antes! Don Bosco agotó todos los medios que le sugirió su celo y al fin tuvo que escribir a su
padre estas tristes noticias.Turín, 17 de diciembre de 1855Muy apreciado Señor:Le he escrito durante los pasados años dándole buenas noticias de Juanito; esta vez he de dárselas malas. Desde que volvió de
vacaciones, no he podido lograr nada de él.No le interesa la piedad; por la mañana no hay quien le haga levantarse de la cama, y cuando se levanta, no va a la iglesia; sale de casa
sin permiso, en la clase aprovecha muy poco; y lo que es peor, no hace ningún caso de mis advertencias. En fin, que lo veo a punto de
darme graves desconsuelos a mí y serios disgustos a usted.((373)) La lectura de ciertos periódicos durante las últimas vacaciones le han trastornado la cabeza y quiera Dios que no le hayan
corrompido el corazón. Procure escribirle una carta reconviniéndole por su mala conducta; porque, si no se corrige, me veré en la
desagradable necesidad de no poderlo tener en casa. He creído prudente advertírselo antes de que las cosas empeoren.Apreciado señor: si usted supiera íqué mala semilla son las malas lecturas en el corazón de la juventud! No dejaré de hacer lo poco que
yo puedo por su hijo. Encomendémoslo todo al Señor, y téngame, como respetuosamente me profeso, por,Su afmo. servidor
JUAN BOSCO, Sac.Llególe al muchacho una carta de su padre, en la que le hacía serios reproches y graves amonestaciones, pero el hijo no se conmovió.
Agravóse su culpabilidad con el hecho de que en la lista de los
269Fin de Página 269
VOLUMEN V Página: 270libros traídos consigo, que hubo de presentar a principio de curso, ocultó algunos de los peores para su inexperta edad. Cuando don
Bosco supo el malvado engaño, volvió a escribir a su padre:Muy apreciado Señor:Su carta y cuanto yo he sabido decir a su hijo Juan, no le han causado impresión alguna. Le he llamado a mi habitación hace un
momento y le he dicho cuanto he sabido. El calla y no responde o suelta una sarta de mentiras. Ha leído aún durante la misa y la
predicación los libros más indecentes y prohibidos bajo excomunión.Dice que mañana, 24 de diciembre, va a casa; determine lo que quiere hacer; yo no puedo tenerlo por más tiempo. Su profesor me ha
mandado a decir que no lo acepta en la clase, si no viene acompañado de una carta. La razón es que estudia poco y falta con frecuencia a
clase.((374)) Me sabe mal tener que darle estas noticias, pero no quiero engañarle. Si en algo puedo serle útil, cuente conmigo, que de veras
me profeso siempre,su seguro servidor JUAN BOSCO, Sac.El caso parecía desesperado, mas no lo fue. En el Oratorio se vivía, todos estaban persuadidos de ello, en un ambiente donde aleteaba lo
sobrenatural de forma sensible. En efecto el 24 de diciembre se cumplía una predicción que don Bosco había hecho casi dos años antes, y
había mantenido continuamente preocupados a todos los alumnos a la espera de su cumplimiento. No podía ninguno sustraerse a la
evidencia del hecho. Hablaremos de él en el capítulo siguiente. Nuestro muchacho experimentó una sacudida violenta y saludable; pidió
perdón, suplicó a don Bosco y siguió en el Oratorio. Luego cambió radicalmente de conducta y se mantuvo fiel.
270Fin de Página 270
VOLUMEN V Página: 271((375))CAPITULO XXXIILOS SUEÑOS DE DON BOSCO JUZGADOS POR DON JOSE CAFASSO -EL SUEÑO DE LAS VEINTIDOS LUNAS -MUERTE
DE SEGUNDO GURGO -DEVOCION DE DON BOSCO A LAS ALMAS DEL PURGATORIO -MUERTE DE CAMILO GAVIO
-CUMPLIMIENTO DE OTRAS PREDICCIONES SOBRE EL FIN DE VARIOS JOVENESLOS muchachos del Oratorio estaban persuadidos de que don Bosco había recibido del Señor dones espirituales extraordinarios. Entre
otras cosas, había predicho la muerte de diversas personas y otros acontecimientos contingentes y humanamente imprevisibles. Pero el
año 1854 quedaron cada vez más impresionados, cuando empezó a contar sueños que realmente pueden definirse como visiones
celestiales, porque en ellos Dios hacía ver a don Bosco lo que quería de él y de sus muchachos, y, sobre todo, lo que convenía al bien
espiritual del Oratorio. Don Bosco daba gran importancia a aquellos sueños, pero moderada por una sincera humildad, puesto que al
hablar de ellos a los jóvenes era evidente que no buscaba para sí gloria alguna; antes al contrario, al empezar tales narraciones, para alejar
de sí la más pequeña sombra de mérito o privilegio, elegía siempre entre dos pensamientos el más corriente y el menos apropiado ((376))
para hacerle notorio, y a veces recurría a una narración jocosa y paliaba los puntos más brillantes, que sin embargo aparecían naturales y
espontáneos a los que le escuchaban.Pero su importancia la demostraba don Bosco con los hechos, ya que en estos casos no se ahorraba fatiga alguna, como predicar,
confesar, oír, aunque fuera uno a uno, a los muchachos que iban a preguntarle lo que había sabido sobre su presente o su futuro. El efecto
infalible de aquellas narraciones era un saludable horror al pecado, como no se lo habrían causado unos días de ejercicios espirituales.
Todos se confesaban con singular arrepentimiento, muchos hacían confesión general, y eran bastante más frecuentes las comuniones, con
indecible provecho para las almas. Y no podía ser de otro modo, al ver cumplidas las predicciones con el conocimiento profundo de sus
corazones.
271Fin de Página 271
VOLUMEN V Página: 272"Sin embargo, nos dijo una vez don Bosco hablándonos con confianza de amigo, durante los primeros años, iba yo con tiento para
prestar a aquellos sueños toda la fe que merecían. Muchas veces los atribuía a bromas de la fantasía. Al contarlos, al anunciar muertes
inminentes, al predecir el futuro, muchas veces me quedaba vacilante, por no fiarme de haber comprendido bien y por miedo a decir
mentiras. A veces, después de hablar, ya no sabía lo que había dicho. Por eso en algunas ocasiones me confesé con don José Cafasso de
este mi hablar atrevido. El santo sacerdote me escuchó, reflexionó un poco y después me dijo:"-Desde el momento en que se cumple lo que usted predice, puede estar tranquilo y continuar."-Sólo años después, cuando murió el joven Casalegno y lo vi en el ataúd sobre dos sillas en el pórtico, precisamente lo mismo que en
el sueño, y supe el cuidado que había tenido don Juan Cagliero para impedir el cumplimiento ((377)) del hecho, sin conseguirlo, ya no
dudé más en creer firmemente que aquellos sueños eran advertencias del Señor".De dicho sueño hablaremos a su tiempo; ahora seguimos el hilo. Era un día de fiesta del mes de marzo de 1854. Don Bosco reunió,
después de la función de vísperas, a todos los alumnos internos en un local situado detrás de la sacristía y les anunció que iba a contarles
un sueño. Estaban presentes entre otros los muchachos Cagliero, Turchi, Anfossi y los clérigos Reviglio y Buzzetti, de cuyos labios
oímos nuestra narración. Todos estaban persuadidos de que don Bosco ocultaba las comunicaciones que recibía del cielo, bajo el nombre
de sueño.El sueño fue el siguiente:-Me encontraba yo en medio de vosotros en el patio y me alegraba en mi corazón al contemplaros tan vivarachos, alegres y contentos.
Quiénes saltaban, quiénes gritaban, otros corrían. De pronto vi que uno de vosotros salió por una puerta de la casa y comenzó a pasear
entre los compañeros con una especie de chistera o turbante en la cabeza. Era el tal turbante transparente, estaba iluminado por dentro y
ostentaba en el centro una hermosa luna en la que aparecía grabado el número 22. Yo, admirado, procuré inmediatamente acercarme al
joven en cuestión para decirle que dejase aquel disfraz carnavalesco; pero he aquí que, entre tanto, el ambiente empezó a oscurecerse y,
como a toque de campana, el patio quedó desierto, yendo todos los jóvenes a reunirse en filas debajo de los pórticos. Todos reflejaban en
sus rostros un gran temor y diez o doce tenían la
272Fin de Página 272
VOLUMEN V Página: 273cara cubierta de mortal palidez. Yo pasé por delante de todos para examinarlos y entre ellos descubrí al que llevaba la luna sobre la
cabeza, el cual estaba más pálido que los demás; de sus hombros pendía un manto fúnebre. Me dirigí a él para preguntarle el significado
de todo aquello, cuando una mano me detuvo y vi a un desconocido ((378)) de aspecto grave y noble continente, que me dijo:-Antes de acercarte a él, escúchame; todavía tiene veintidós lunas de tiempo; antes de que hayan pasado, este joven morirá. No le
pierdas de vista y prepáralo.Yo quise pedir a aquel personaje alguna otra explicación sobre lo que me acababa de decir y sobre su repentina aparición, pero no logré
verle más. El joven en cuestión, mis queridos hijos, me es conocido y está en medio de vosotros.Un vivo terror se apoderó de lo oyentes, tanto más que era la primera vez que don Bosco anunciaba en público y con cierta solemnidad
la muerte de uno de los de casa. El buen padre no pudo por menos de notarlo y prosiguió:-Yo conozco al de las lunas, está en medio de vosotros. Pero no quiero que os asustéis. Como os he dicho, se trata de un sueño y sabéis
que no siempre se debe prestar fe a los sueños. De todas maneras, sea como fuere, lo cierto es que debemos estar siempre preparados,
como nos lo recomienda el Divino Salvador en el Evangelio y no cometer pecados; entonces la muerte no nos causará espanto. Sed todos
buenos, no ofendáis al Señor, y yo entre tanto no perderé de vista al del número 22, el de las veintidós lunas o veintidós meses, que eso
quiere decir; y espero que tendrá una buena muerte.Esta noticia, si bien asustó mucho al principio a los muchachos, hizo inmediatamente un grandísimo bien entre ellos, pues todos
procuraban mantenerse en gracia de Dios, con el pensamiento de la muerte, mientras contaban las lunas que se iban sucediendo.Don Bosco, de vez en cuando, les preguntaba:-"Cuántas lunas faltan aún?Y lo muchachos respondían:-Veinte, dieciocho, quince, etc.A veces, algunos que no perdían una sola de sus palabras, se le acercaban para decirle el número de lunas que habían pasado, e
intentaban hacer pronósticos, adivinar..., pero don Bosco guardaba silencio.El joven Piano, que había entrado ((379)) en el Oratorio en el mes de noviembre (1854), oyó hablar de la luna novena, y por los
superiores y compañeros vino a saber la predicción de don Bosco. Y también,
273Fin de Página 273
VOLUMEN V Página: 274como los demás, empezó a prestar atención a los acontecimientos.Finalizó el año de 1854; pasaron algunos meses del 1855 y llegó el mes de octubre, esto es, el correspondiente a la luna vigésima.
Clagliero, ya clérigo, había sido encargado de vigilar tres habitaciones situadas en la antigua casa Pinardi, que servían de dormitorio a
algunos muchachos. Había entre ellos un tal Segundo Gurgo, natural de Pettinengo, en la región de Biella, que contaba unos diecisiete
años, bien desarrollado y robusto, prototipo del joven lleno de salud, que ofrecía garantías por su aspecto de poder vivir larga vida y
alcanzar una extrema vejez.Su padre lo había recomendado a don Bosco para que lo aceptase como interno. Era un pianista excelente y un buen organista;
estudiaba música de la mañana a la noche y ganaba sus buenos dineros dando clases en Turín.Don Bosco, a lo largo del año, había pedido de vez en cuando al clérigo Cagliero informes sobre la conducta de sus asistidos conparticular interés. En el mes de octubre lo llamó y le dijo:-"Dónde duermes?-En la última habitación, y desde ella asisto a las otras dos, replicó Cagliero.-Y "no sería mejor que trasladases tu cama a la habitación del centro?-Como usted quiera; pero le hago saber que las otras dos habitaciones no tienen humedad, mientras que una de las paredes de la
segunda corresponde al muro del campanario de la iglesia recientemente construido. Por tanto, hay en ella un poco de humedad: se acerca
el invierno y podría acarrearme alguna enfermedad. Por otra parte, desde donde estoy instalado ahora, puedo asistir muy bien a todos los
jóvenes de mi dormitorio.-En cuanto a asistirlos, sé que lo puedes hacer bien, pero creo que es mejor que te traslades a la habitación del centro.((380)) Cagliero obedeció, pero después de algún tiempo pidió permiso a don Bosco para llevar su cama de nuevo a la habitaciónanterior.Don Bosco no se lo consintió.-Continúa, le dijo, donde estás y duerme tranquilo, porque tu salud no se resentirá lo más mínimo.El clérigo Cagliero se tranquilizó, y algunos días después fue llamado por don Bosco.-"Cuántos sois en tu nueva habitación?274Fin de Página 274
VOLUMEN V Página: 275-Tres, respondió; Garovaglia, el joven Segundo Gurgo y yo, más el piano que hace el número cuatro.-Bien, dijo don Bosco, muy bien. Sois tres pianistas y Gurgo os podrá dar lecciones de música. Tú procura no perderlo de vista.Y no añadió nada más. El clérigo, acuciado por la curiosidad y sospechando algo, comenzó a hacerle preguntas, pero don Bosco le
interrumpió diciendo:-El porqué de todo esto lo sabrás a su tiempo.El secreto no era otro sino que en aquella habitación estaba el joven de las veintidós lunas.A principios de diciembre no había ningún enfermo en el Oratorio y don Bosco, subiendo a su tribuna después de las oraciones de la
noche, anunció que uno de los jóvenes presentes moriría antes de la fiesta de Navidad.Ante esta nueva predicción y el próximo cumplimiento de las veintidós lunas, reinaba en la casa gran preocupación; los muchachos
recordaban frecuentemente las palabras de don Bosco y temían la realización de lo anunciado.Don Bosco, por aquellos días, llamó nuevamente al clérigo Cagliero preguntándole si Gurgo se portaba bien y si, después de dar las
clases de música en la ciudad, regresaba a casa temprano. Cagliero le respondió que todo procedía normalmente, no habiendo novedad
alguna entre sus compañeros.-Muy bien, añadió el siervo de Dios, estoy contento; procura que todos observen buena conducta y avísame si sucediese cualquier
inconveniente.Y, dicho esto, no añadió más.((381)) Mas he aquí que, hacia la mitad de diciembre, Gurgo se sintió asaltado por un cólico violento y tan pernicioso que, habiendo
sido llamado el médico con toda urgencia, por consejo de éste, se le administraron al paciente los últimos sacramentos. Ocho días duró la
penosa enfermedad y Gurgo fue mejorando, gracias a los cuidados del doctor Debernardi, de forma que pronto pudo levantarse del lecho
convaleciente. El mal había sido conjurado y el médico aseguraba que el joven se había librado de la muerte. Entre tanto, se había
avisado al padre del muchacho, pues no habiendo muerto hasta entonces nadie en el Oratorio, don Bosco quería librar a sus alumnos de
tan desagradable espectáculo. La novena de Navidad había comenzado y Gurgo, casi curado, pensaba ir a su pueblo natal para pasar las
pascuas con sus parientes. A pesar de ello, cuando se daban
275Fin de Página 275
VOLUMEN V Página: 276buenas noticias a don Bosco sobre este joven, parecía que el buen padre se resistía a creerlas.Se personó en el Oratorio el señor Gurgo; al encontrar a su hijo en tan buen estado de salud, obtenido el permiso correspondiente, fue a
reservar los asientos en la diligencia para marchar con él al día siguiente a Novara, y de allí a Pettinengo, donde se repondría del todo,
disfrutando de los aires nativos.Era el domingo 23 de diciembre; Gurgo manifestó aquella tarde deseos de comer un poco de carne, alimento que le había sido
prohibido por el médico. El padre, por complacerlo, fue a comprarla y la hizo cocer en una cacerolita. El joven bebió el caldo y comió la
carne, que ciertamente debía estar medio cruda, en cantidad un poco excesiva. El padre se marchó y en la habitación quedaron Cagliero y
el enfermo. Mas he aquí que, a cierta hora de la noche, el paciente comenzó a quejarse de fuertes dolores de vientre. El cólico se le había
repetido de un modo más alarmante. Gurgo llamó por su nombre al asistente:-íCagliero, Cagliero! íYa terminé de darte las clasés de piano!-Ten paciencia, íánimo!, respondió Cagliero.-Ya no iré más a casa. Ruega por ((382)) mí, no sabes lo mal que me siento. Pide por mí a la Santísima Virgen.-Sí, lo haré; invócala tú también.Seguidamente Cagliero comenzó a rezar por el enfermo, pero, vencido por el sueño, se quedó dormido. Mas he aquí que, de pronto, el
enfermero lo sacude e, indicándole a Gurgo, corre a llamar inmeditamente a don Víctor Alasonatti, que dormía en la habitación contigua.Llegó éste, y al cabo de unos instantes Gurgo expiraba.La desolación en la casa fue general. Cagliero se encontró por la mañana a don Bosco, que bajaba las escaleras para ir a celebrar; el
buen padre estaba hondamente apenado, porque ya le habían comunicado la dolorosa noticia. En el Oratorio se comentó mucho esta
muerte. Era la luna vigésima segunda aún no cumplida; y Gurgo, al morir el día 24 de diciembre antes de la aurora, había hecho que se
cumplise la segunda predicción de don Bosco, a saber, que no habría asistido a la fiesta de Navidad.Después de la comida, jóvenes y clérigos rodearon silenciosos a don Bosco. De pronto el clérigo Juan Turchi le preguntó si Gurgo era
el de las lunas.-Sí, respondió don Bosco: él era; el mismo que vi en el sueño.Seguidamente añadió:
276Fin de Página 276
VOLUMEN V Página: 277-Os daríais cuenta de que yo, hace tiempo, lo puse a dormir en una habitación especial, recomendando a uno de mis mejores asistentes
que llevase su cama a la misma habitación para que lo tuviese bajo su vigilancia. El asistente fue el clérigo Juan Cagliero.Y volviéndose al aludido, le dijo:-Otra vez no hagas tantas observaciones a lo que te diga don Bosco. "Comprendes ahora por qué yo no quería que abandonases la
habitación en la que estaba aquel pobrecito? Tú me lo pediste insistentemente, pero yo no te lo concedía porque quería que Gurgo tuviese
junto a sí a alguien que velase por él. Si él viviese ((383)) todavía, podría dar testimonio de las muchas veces que le hablé, como quien no
quiere la cosa, de la muerte, y de los cuidados que le prodigué, para prepararlo a un feliz tránsito."Entonces, escribe monseñor Cagliero, comprendí el motivo de las especiales recomendaciones que me hizo don Bosco y aprendí a
conocer y apreciar mejor la importancia de sus palabras y de sus paternales avisos"."La noche anterior a la fiesta de Navidad, narra Pedro Enría, aún recuerdo que don Bosco subió a la tribuna mirando a su alrededor
como si buscase a alguien. Y dijo:"-Es el primer joven que muere en el Oratorio. Ha hecho las cosas bien y esperamos que esté ya en el Paraíso. Os recomiendo a todos
que estéis siempre preparados..."Y no pudo proseguir porque su corazón estaba muy dolorido. La muerte le había arrebatado un hijo".Habiendo sido Gurgo el primer alumno que moría en la casa desde la fundación del Oratorio, don Bosco quiso hacerle un funeral
solemne, aún sin llegar al máximo esplendor.1 En esta ocasión el siervo de Dios trató con el párroco de Borgo Dora sobre los derechos
parroquiales, por si otros muchachos fueran llamados a la eternidad. El preveía con certeza que acaecerían otras defunciones, a las cuales
aludía el sueño, aunque no consta que ((384)) las anunciase a los alumnos.El párroco Gattino fue muy deferente con el Oratorio, al estable1 Nota del funeral de Gurgo. Veintiuna muchachas uniformadas y dos coadjutores con cera de la parroquia; cuatro jóvenes del Oratorio
con roquete y cera propia; ataúd acompañado con cuatro hachones de la parroquia, seguido de los jóvenes con cera propia; música delante
del clero sin posa; acompañamiento de clérigos con manteo y hachones; el párroco deja llevarse la cera propia; crespones negros a la
puerta.Los gastos fueron: 55 liras para la misa cantada en la parroquia; 10 liras para el registro civil de enterramiento; una lira al sepulturero.
277Fin de Página 277
VOLUMEN V Página: 278cer las condiciones para la conducción de nuestros difuntos, señalando el coste de las diferentes clases de funerales y concediendo
grandes ventajas en los pagos, que eran sufragados, no por los padres de los fallecidos, sino por don Bosco.Entre tanto, durante las fiestas navideñas, don Bosco recomendaba insistentemente a los muchachos internos y externos, que aplicasen
por el alma del pobre Gurgo todas las comuniones que hiciesen.Don Bosco tenía una especial devoción a las almas del purgatorio.Cuando moría un muchacho, un bienhechor o un amigo de la casa, organizaba enseguida oraciones públicas, comuniones generales,
rosarios, la celebración de un modesto funeral y aplicación de la misa comunitaria en sufragio de su alma. Hacía recitar oraciones
especiales por los difuntos diariamente, en el ejercicio mensual de la buena muerte, y en el último día de carnaval. El día de Todos los
Santos, por la tarde, asistía con todos los alumnos al rezo del Rosario entero, y a veces lo dirigía; y el dos de noviembre celebraba un
oficio fúnebre por todos los fieles difuntos. Recomendaba a los jóvenes al Acto heroico de caridad en su favor. Cuando llegaba una fiesta,
en la que se podía ganar indulgencia plenaria, aplicable a las almas del purgatorio, no dejaba de recordarlo. Animaba a los enfermos y
atribulados a socorrer a aquellas pobres almas, ofreciendo por ellas a Dios sus tribulaciones; y él ofrecía las suyas, unidas a continuas
oraciones. Cuando un muchacho o cualquier otra persona le pedía un consejo solía decir:-Haga una comunión, rece la tercera parte del rosario, o bien oiga la santa misa en sufragio del ((385)) alma del purgatorio a la que sólo
le falta el mérito de esta buena obra para satisfacer a la justicia divina y volar al cielo.Y, aun cuando no se lo pidieran, recomendaba estas u otras prácticas de piedad para tal fin. Su fe en la existencia del purgatorio era
vivísima. Lo mismo en las instrucciones religiosas que en las conversaciones familiares procuraba a menudo dar a los muchachos una
idea exacta sobre las penas del purgatorio; y las describía con tal colorido que inspiraba en el auditorio una profunda compasión y un
ardiente deseo de rezar y sufrir en favor de las almas del purgatorio. Fueron testigos de ello don Miguel Rúa, don Juan Turchi, don Juan
Bta. Francesia, monseñor Cagliero y en fin, todos, desde los primeros días del Oratorio.Se enterraba a Gurgo, y otro jovencito era llamado por Dios a la
278Fin de Página 278
VOLUMEN V Página: 279eternidad. Camilo Gavio, que llevaba solamente dos meses en el Oratorio y había edificado a los compañeros por su eximia piedad. Pero
recayó en su antigua enfermedad y, a pesar de los cuidados de los médicos y de los amigos, no se le halló remedio. Domingo Savio fue a
visitarle varias veces a la enfermería y se ofreció a velarle durante la noche, pero no se lo permitieron. Empeoró y al cabo de unos días,
después de haber recibido con gran edificación los últimos sacramentos, entregaba su alma al Creador, asistido por don Bosco, el día 29
de diciembre de 1855.Cuando Domingo Savio supo que el amigo había expirado, quiso ir a verlo por última vez. Al contemplar su cadáver decía conmovido:-Adiós, Gavio, estoy seguro de que has volado al Cielo; prepara un sitio para mí; seguiré siendo siempre tu amigo y, mientras el Señor
me conserve la vida, rezaré por el descanso de tu alma.Acudió después con varios compañeros a rezar el oficio de difuntos en la capilla ardiente y ((386)) se rezaron durante el día otras
oraciones; luego invitó a algunos de los mejores compañeros a hacer la santa comunión, y él mismo comulgó más veces en sufragio del
amigo difunto.En el Registro de los alumnos, al margen del nombre de Gavio, escribió don Bosco: Murió en olor de extraordinaria virtud. Por ciertas
conjeturas que hemos recogido, seguras aunque sin precisar, parece que también predijo don Bosco la muerte de este jovencito. Sus
funerales fueron más modestos que los de Gurgo.1Además de la anterior profecía, don Bosco manifestó otras semejantes."De 1854 a 1860 fueron bastantes las veces, declara el canónigo Anfossi, en las que don Bosco nos dijo en su acostumbrado discursito
después de las oraciones de la noche:"-Dentro de poco (a veces determinaba el tiempo y decía, por ejemplo, dentro de un mes) uno de los que están aquí irá a rendir cuentas
de su vida al Señor."Es increíble la impresión que estas palabras producían en nosotros, ya que no podíamos ni siquiera sospechar a quién se dirigía aquel
aviso, pues no había enfermos en casa; y más aún sabiendo,1 Funeral de Gavio. No asistieron las chicas; músicos, cruz y clero, dos coadjutores parroquiales, y dos monaguillos; ataúd con cuatro
antorchas; 40 liras, cera de la parroquia; misa cantada breve; acompañamiento de los muchachos con cera propia.Gastos: No se pagaron las 10 liras del registro civil porque lo acompañábamos nosotros solos; una lira al enterrador.
279Fin de Página 279
VOLUMEN V Página: 280como sabíamos por experiencia, que tales anuncios, hechos otras veces, se habían cumplido. El caballero Domingo D. Morra, canónigo
en la catedral de Pinerolo, compañero mío en el Oratorio, a quien yo pregunté, confirmó plenamente estas profecías".((387)) Del 1860 al 1880, puede afirmarse que casi cada mes, al anunciar el ejercicio de la buena muerte, don Bosco solía hacer
predicciones de esta suerte; y con tal precisión narraba las circunstancias de aquellas muertes futuras que quedaban maravillados los que
veían su realización. Se ha olvidado el nombre de algunos de aquellos muchachos difuntos; no se escribieron uno a uno los casos y las
particulares circunstancias de algunos sueños cumplidos, por tratarse de cosas habituales, o se fueron perdiendo con los años los
documentos sobre el particular. Pero dice don Joaquín Berto en una nota:"Predijo, mucho antes de que ocurriese, la muerte de casi todos los muchachos del Oratorio, señalando el tiempo y las circunstancias de
su paso a la otra vida. Una o dos veces señaló claramente al interesado. Con frecuencia lo hizo custodiar por algún compañero; alguna vez
manifestó en público las iniciales del nombre. Estas predicciones, por lo que yo recuerdo, puedo asegurar que se cumplieron fielmente.
Hubo alguna rarísima excepción, que sirvió para confirmar el espíritu profético de don Bosco. Y yo, Joaquín Berto, escribo todo esto,
como testigo de oídas y de vista, que he sido".
280Fin de Página 280
VOLUMEN V Página: 281((388))CAPITULO XXXIIIDON BOSCO PROVEE DE CLERO A LAS DIOCESISEL año 1855 dejaba tras sí un montón de males que parecían sin remedio. Tristes eran las condiciones del clero en el Piamonte.
Centenares de seminaristas habían colgado los hábitos. Las diócesis habían cerrado los seminarios o los tenían casi desiertos. La
irreligión, las malas costumbres, las educación torcida, el odio contra la autoridad eclesiástica, azuzado por la prensa, los sacerdotes
públicamente deshonrados, encarcelados y confinados, el desaliento universal de los buenos, cierta desconfianza esparcida entre las
familias, para permitir que sus hijos siguieran el camino del Santuario, habían mermado tanto las vocaciones entre los jóvenes, que
ninguno o muy pocos aspiraban a la carrera sacerdotal.Cuanto Miguel Rúa vistió la sotana, en 1852, en Turín no había más que diecisiete seminaristas. Durante su primer curso de filosofía,
sólo dos más iban con él a clase en el Seminario; y durante el segundo curso tuvo un solo condiscípulo. ((389)) Para colmo de desgracias,
varias de las diócesis más importantes estaban privadas de Pastor y otros obispos no contaban con medios para atender gratuitamente a la
enseñanza y manutención de cierto número de muchachos que podían ser reacios a la llamada o que debían ser probados y por lo mismo
elegidos entre muchos.Pero don Bosco, con su maravillosa prudencia, había previsto desde el comienzo de la revolución el vacío que fatalmente se produciría
en el clero secular, tanto más cuanto que la ley de supresión de conventos asestaba un golpe terrible a los sacerdotes y religiosos. Proveer
a la penuria de vocaciones parecía, pues, una empresa humanamente imposible. Pero él tenía la impresión de haber recibido de Dios el
encargo de remediar las urgentísimas necesidades de su
281Fin de Página 281
VOLUMEN V Página: 282Iglesia, y no titubeó. Ya hemos visto cómo, desde hacía años, se industriaba con ímprobos sacrificios y sin descanso, para conservar y
suscitar vocaciones al estado eclesiástico. Pero veía que era necesario unir a su obra la actuación de los obispos y de los párrocos.En octubre de 1852, don Bosco recomendaba al obispo de Biella a un jovencito de su diócesis para que lo admitiese en su seminario
menor, porque le ofrecía esperanzas de éxito en la carrera eclesiástica. El Obispo le respondió con los motivos por los que no podía en
aquel momento dar respuesta afirmativa, pero decía: "Siempre me han interesado muchísimo sus chicos y los míos: y mientras usted
desarrolla una santa actividad iniciándoles en el recto sendero, yo quisiera ayudarle a llevarlos hasta coronar una carrera honorable para
ellos, y principalmente cuando fuera para bien de la Iglesia".En 1853 escribía don Bosco a monseñor Clemente obispo de Cúneo pidiéndole permiso para imponer la sotana ((390)) al joven
Luciano, y le respondía así aquel Prelado el primero de octubre:"Aunque un poquito a regañadientes, dada la necesidad en que se halla esta pobre diócesis de buenos sacerdotes y la falta cada vez
mayor de vocaciones, sin embargo, para dar una satisfacción a V.S. queridísima, y a fin de procurar la mayor gloria de Dios y el bien de
las almas, no pondré ninguna dificultad para dejarle al futuro clérigo Luciano. Con tal de que vista la sotana y continúe la carrera
eclesiástica por cuenta de esta diócesis, me reservo enviar la delegación para bendecir e imponer la sotana, una vez que se haya puesto de
acuerdo con el arcipreste de Bernezzo, a quien escribo con este mismo correo, en el sentido antes dicho".A finales de 1854 Lorenzo Renaldi, obispo de Pinerolo, enviaba a don Bosco dos pobres jóvenes destinados a su seminario: el clérigo
Juan Bautista Cavalleris y el estudiante José Gora, con la autorización para tomar la sotana. "La penuria del Seminario, escribía aquel
Obispo el 24 de octubre, y las cargas que ya me he echado encima por otros, no me permiten tenerlos en el Seminario a mi entero cargo;
por eso, le agradezco, mi querido señor, la buena disposición que me ha manifestado".En 1855 se dirigía don Bosco a algunos párrocos para que de algún modo ayudaran a un feligrés suyo, aspirante a la carrera eclesiástica
y escribía al teólogo Appendino, arcipreste de Caramagna:
282Fin de Página 282
VOLUMEN V Página: 283Turín, 8 de junio de 1855
Ilmo. y Muy Rvdo. Señor:Ya hace unos días pensaba escribir a V.S. Ilma. sobre el joven Bartolomé Fusero, su feligrés, cuando ((391)) vino el teólogo Valfré, que
me animó a ello, al comunicarme que V. S. es del mismo parecer.Dígole, pues, que este muchacho está totalmente decidido a seguir los estudios de la carrera eclesiástica. Su buena conducta, su
recogimiento, su asiduidad a las prácticas religiosas y su aptitud para los estudios, no dejan nada que desear para un buen resultado. Pero
es pobre: durante estos tres años ha estado a mis expensas; "abrirá la Providencia algún camino? Mis esperanzas y las de Fusero estan
puestas en usted. De lo que V. S. me conteste, dependerá que se presente a examen para recibir el hábito talar o que por ahora lo difiera.Aprovecho la ocasión para manifestarle mis sentimientos de estima y gratitud, mientras me ofrezco en todo aquello en que pueda serle
útil.De V.S. Ilma.S.S.
JUAN BOSCO, Sac.
P.D. Le recomiendo la difusión de las Lecturas Católicas.
Bartolomé Fusero vistió la sotana de manos de su párroco en el mes de octubre. Tenía 17 años. Y volvió al Oratorio.Entre tanto, crecía el número de jóvenes educados por don Bosco para la carrera eclesiástica, como se deduce de las cartas que escribía
al Rvdmo. canónigo Vogliotti, Rector del seminario de Turín y Provicario Diocesano.Ilmo. Sr. Rector:Le adjunto la lista de mis aspirantes al hábito talar. A algunos todavía les faltan varios documentos que esperamos de sus respectivos
pueblos. De varios será necesario que hablemos personalmente. Pero dejemos que pasen el examen y luego ya veremos qué conviene
hacer.((392)) Los certificados de su conducta y de su capacidad actuales, no dejan nada que desear; a pesar de ello, los remito a su reconocida
bondad.Perdone si también yo he sido uno de los atrasados en presentar las oportunas solicitudes.Mientras se lo agradezco de todo corazón, me profeso.De V.S. Ilma.Turín, 16 de agosto de 1855JUAN BOSCO, Pbro.Pero si la obra de promoción de las vocaciones, aunque hubiere dado buenos frutos, había procedido hasta ahora un poco lentamente,
aquel año empezaba a tomar un desarrollo extraordinario, porque don Bosco adoptaba un nuevo plan, que sin duda le había sido sugerido
por la bondad divina. En efecto, en 1875, en una conferenciaFin de Página 283
VOLUMEN V Página: 284pública a los cooperadores, decía hablando de los primeros años de su Institución:-"Dónde encontrar jóvenes dispuestos a corresponder a un llamada del Señor? El hombre es un mísero instrumento de la Divina
Providencia, que en sus manos y con su santa ayuda realiza cuanto Ella quiere. Pues bien, en aquel tiempo, el Señor hizo conocer
claramente de qué modo y dónde quería escoger su sagrada milicia. No entre las familias acomodadas y ricas, que generalmente están
demasiado impregnadas de espíritu mundano, del que por desgracia quedan pronto imbuidos sus hijos, los cuales pierden en las escuelas
públicas o en los grandes colegios toda idea, todo principio, toda inclinación de la vocación que Dios puso en su corazón hacia el estado
sacerdotal. Y así, los escogidos por El para ocupar un puesto glorioso entre quienes debían prepararse para el sacerdocio, se encontraban
con los que ((393)) manejaban el martillo y el azadón. Es decir, pobres muchachos campesinos y artesanos. Pero no quedaban excluidos
los hijos de familias acomodadas, venidos a menos, que daban señal de que con gusto se entregarían a los estudios.Con este programa, don Bosco buscaba un compañero que apresurara sus proyectos.El Oratorio de San Francisco de Sales y la Pequeña Casa de la Divina Providencia estaban casi juntas: eran dos obras que siempre se
trataban muy amigablemente, suscitadas ambas por el Señor para remediar las miserias humanas y sostener la religión y la sociedad. Don
Bosco había animado muchas veces y últimamente casi obligado con santa impertinencia al canónigo Anglesio, director de la Pequeña
Casa, a que aumentara el número de jovencitos pertenecientes a la agrupación de "Tomasinos", fundada por el Venerable Cottolengo,
para el fomento de las vocaciones sacerdotales. Eran sólo diez y contaban con un sacerdote de la ciudad que iba a darles clase. Había que
aumentarlos fundando un colegio de estudiantes, con la finalidad de proveer personas fijas para ejercer el sagrado ministerio con los
enfermos y demás albergados en aquella admirable fundación. El canónigo, persuadido de que el proyecto era para la mayor gloria de
Dios, siguió el ejemplo y consejo de don Bosco.Entonces éste puso aún más entusiasmo para realizar sus correrías, como lo hizo durante bastantes años por los pueblos de las diócesis
de Turín, Biella, Ivrea, Casale y sobre todo por las comarcas de Saluzzo y Mondoví. Preguntaba a los párrocos por los muchachos más
virtuosos, de buen carácter y aptos para el estudio que según ellos podían ser dirigidos hacia el estado sacerdotal. Llamaba
284Fin de Página 284
VOLUMEN V Página: 285a los ((394)) que le indicaban, se lo proponía a sus padres y, si éstos consentían, los aceptaba para estudiar de balde o casi de balde, de
acuerdo con el antedicho Canónigo. Se los llevaba consigo a Turín y, después de hablar y oír sus opción, colocaba a unos en la Pequeña
Casa y a otros en el Oratorio.Nos decía José Buzzetti:"Difícilmente volvía don Bosco de sus excursiones apostólicas sin traer algún huerfanito o bien algún muchacho que ofreciera fundadas
esperanzas para la Iglesia. Cuántos jóvenes estupendos llegaban con él al Oratorio desde Cardé, Vigone, Revello, Sanfront, Paesana,
Bagnolo, Cavour, Fenestrelle, y cien pueblos más. Un día le dijo su madre:"-Si sigues trayendo siempre muchachos nuevos nunca ahorrarás nada para cubrir tus necesidades."Y don Bosco tranquilamente le respondió:"-Siempre habrá un sitio en el hospital del Cottolengo."Margarita recibía a aquellos chavales con sincera alegría y no pensaba más que en su bienestar, hasta olvidándose de sí misma".También la Pequeña Casa recibía cordialmente a los jovencitos que la habían escogido como su casa. De esta forma fue creciendo en
las dos instituciones el número de estudiantes que en 1858 y 1859 llegaba a varios centenares. El canónigo Anglesio proporcionaba a sus
acogidos todos los medios necesarios para llegar a ser buenos ministros del Señor, de modo que su admirable institución llegó a tener
también un buen seminario, que proporcionó muchas vocaciones sacerdotales en aquellos años desastrosos, a la archidiócesis de Turín, y
aún hoy sigue dándolas para ésta y para muchas otras diócesis de Italia.Mientras tanto, don Bosco, no satisfecho con sus excursiones, recurría además a sus amigos para que le ((395)) indicaran niños de
óptima conducta. Habiendo ido una vez a visitarle el señor Jorge Moglia, antes de haber sido derribada la casucha Pinardi, le dijo que si
conocía en Moncucco algún chaval pobre o huérfano, se lo llevase, porque él lo recibiría con mucho gusto. Y en efecto, poco después,
volvió el señor Moglia con tres chicos a los que don Bosco recogió con gran alegría.Además, poco tiempo después empezó a escribir, primero a muchos párrocos del Piamonte, y después a los de Lombardía, para que
buscaran vocaciones entre los mejores muchachos de sus parroquias y aldeas y se los enviaran a Turín para hacer los cursos de latín.Era una idea que no se borraba de su mente. Si, por las casas o en,
285Fin de Página 285
VOLUMEN V Página: 286la calle, se tropezaba con un chico, aunque no lo conociese, pero cuyo aspecto abierto e inocente le hiciera suponer que escucharía con
gusto sus palabras, lo llamaba, le daba una medalla de la Virgen, y se entretenía con él. Le preguntaba si se acercaba a los sacramentos, si
daba buen ejemplo a los compañeros, si iba a la escuela, si le gustaría seguir estudiando. A veces terminaba proponiéndole la entrega al
servicio de Dios, haciéndole ver la felicidad y el honor de tal estado. Si le escuchaba, añadía que, si sus padres eran pobres, él le
proveería de todo. Se dio el caso muchas veces de chicos que, después de aquellas conversaciones, siguieron a don Bosco hasta el
Oratorio, y conocemos a algún sacerdote que entró de este modo en la casa del Señor.Añadiremos que alguna vez, obligado por determinadas circunstancias a rechazar a alguno que le habían recomendado, no lo olvidaba
y, aún mucho tiempo después, volvía en su busca. Esto se ve en una ((396)) carta que escribió al profesor José Bonzanino, en la que le
comunica su satisfacción por la toma de hábito conseguida de la Curia por algunos de sus alumnos.Ilmo. y queridísimo Señor:Hace unos años V.S. Ilma. y queridísima me habló de él y luego me presentó a un muchacho de la diócesis de Vercelli, que tenía unas
ganas locas de estudiar y abrazar la carrera eclesiástica.Si usted supiera dónde encontrarlo, y si continuara con los mismos deseos, tal vez yo podría al presente abrirle un camino y ayudarle a
lograr su deseo. Esto se refiere al jovencito que su caridad recomendaba.El jueves pasado vi a don Mateo Picco en el campo con su familia, y todos están perfectamente.Si todo va bien, iremos desde allí a hacer algún tanteo a Castagnetto, y por supuesto a casa de V.S. Mis siete estudiantes que se
presentaron a examen para vestir la sotana, aprobaron todos. Entre sus alumnos están Francesia, Cagliero, Morra y Fusero.Esperando que V. S. y toda su familia gocen de buena salud, ruego al Señor continúen así, y con todo aprecio y gratitud me profeso.De V. S. Ilma.Afmo. s.s.
JUAN BOSCO, Pbro.Cada vocación asegurada constituía una fiesta para don Bosco. Dejó escrito:"No olvidemos que, cuando conseguimos una buena vocación, regalamos un gran tesoro a la Iglesia; que esta vocación o este sacerdote
vaya a la diócesis, a las misiones o a un instituto religioso, no
286Fin de Página 286
VOLUMEN V Página: 287importa; siempre es un gran tesoro que se regala a la ((397)) Iglesia de Jesucristo. No se rechace nunca por falta de medios a un joven que
da buenas esperanzas de vocación. Vended cuanto tenéis y, si es preciso, id a pedir limosna, y, si a pesar de todo no solucionáis vuestro
problema, no tengáis miedo, estad seguros de que la Santísima Virgen os ayudará, si fuera el caso, hasta con un milagro".Esta era su norma de conducta. Su corazón fue como el de Salomón: Sicut arena quae est in littore maris (inmenso como la arena de las
playas). Había que encontrar los medios para los oportunos locales, para los estudios, la manutención, y el vestido, para el título de
ordenación in sacris y más tarde también para el rescate del servicio militar. Y él lo solucionaba todo, iba a limosnear para sus queridos
alumnos, seguro de que no podría emplear mejor los tesoros que la Divina Providencia le confiaba. El más vivo deseo de toda su vida fue
el de formar muchos santos sacerdotes. Centenares de ellos tuvieron, durante cerca de diez años de estudios hasta las órdenes sagradas,
todo lo que necesitaron. Como también lo tuvieron los millares de jóvenes que, así mismo cursaron gratuitamente, o casi tal, los cuatro o
cinco cursos de latín hasta su entrada en el seminario.Mientras estos muchachos estaban en el Oratorio, él mismo se cuidaba de ellos con todo interés, y en su educación manifestó sus
excepcionales dotes, y al propio tiempo imprimió un notable impulso a los estudios eclesiásticos.Y si bien, al principio, los mandaba a las clases de don Mateo Picco y del señor Bonzanino, procuraba que por la mañana o por la tarde
tuvieran en el Oratorio repaso de italiano, latín, aritmética, historia, asignaturas que, a veces, se sucedían la una a la otra, dividiendo a los
alumnos en varias secciones según ((398)) su capacidad. Al mismo tiempo les animaba a no desalentarse ante las dificultades de los
estudios y las miserias de la vida. A veces les decía:-íSi vosotros supierais las penurias que yo pasé para llegar a ser seminarista! Siempre necesité de todo y de todos para ir adelante.Y gracias a sus exhortaciones, el deseo de estudiar se convirtió en ellos en auténtica manía, como veremos a lo largo de estas memorias.
Manía que don Bosco sabía templar, lo mismo que regulaba los juegos y las prácticas de piedad. Los unos no distraían demasiado y las
otras no hacían antipática la devoción. Y así los alumnos del Oratorio se distinguían de los de otras instituciones por su habilidad y sus
hábitos religiosos.Aquellos jóvenes se convertían en poderoso reclamo para despertar nuevas vocaciones. Cuando ya bien instruidos, volvían a su
287Fin de Página 287
VOLUMEN V Página: 288casas para unos días de vacaciones, desaparecían en las familias honestas todos los prejuicios y antipatías contra la educación que los
periódicos llamaban despectivamente de sacristía, y con su excelente conducta arrastraban hacia el Oratorio a otros del pueblo, cuyos
padres esperaban un buen resultado, dejándolos en manos de don Bosco. Y cuando éstos terminaban los cursos de latín e iban a su propio
pueblo para recibir la vestidura talar de manos del párroco, la novedad de la simpática ceremonia despertaba siempre en alguno el deseo
de imitarlos.Y puesto que hemos entrado en este tema, no debe quedar en el silencio otra causa que indirectamente influyó en el combate contra la
perniciosa influencia del desprecio de la carrera sacerdotal. Del Oratorio de San Francisco de Sales y de los otros Oratorios de don Bosco
salieron numerosos obreros, industriales, maestros, funcionarios, graduados del ejército, profesionales de las artes liberales, muchos de
los cuales llegaron a ((399)) adquirir renombre. Y todos ellos, por el cariño y aprecio que le profesaban, por los favores sin cuento
realizados por el clero en favor de los pueblos según le oyeron contar en sus pláticas y en sus charlas, por la bondad y espíritu de
sacrificio de los colaboradores de don Bosco en su favor, llevaban muy en alto el honor del sacerdocio por todos los lugares donde
establecían su morada. De este modo el nombre de don Bosco hacía simpático y respetable al sacerdocio, hasta entre los que antes lo
perseguían. Algunos de dichos exalumnos, al presentar sus hijos a don Bosco, le decían:-Nosotros no hemos formado en las filas de San Pedro, pero hacemos un cambio. Le entregamos a nuestros hijos y, si el Señor los
llama, hágalos sacerdotes, que nos gustará mucho.Mas si don Bosco ponía tanto interés para recoger e instruir a los muchachos que eran esperanza de la Iglesia, no es para descrito el celo
realmente extraordinario con que los ayudaba a conocer la propia vocación. A los afectuosos estímulos para ser virtuosos y devotos de
Jesús y de María añadíanse sus charlas sobre este importantísimo asunto. Y no una sola vez, sino que los llamaba de cuando en cuando, y
preguntaba a cada uno por sus propias inclinaciones, cómo realizaba las prácticas de piedad y sobre todo cómo iba su conducta.
Generalmente les advertía que el que no se sintiese verdaderamente llamado al estado sacertodal, era preferible se hiciera obrero, mejor
que empezar un camino falso. Recomendaba a todos que tuvieran un confesor fijo y se prestaba con gusto a ser su director espiritual.Empleaba toda la prudencia para aconsejar a quienes le consultaban
288Fin de Página 288
VOLUMEN V Página: 289sobre la elección de estado. Antes de emitir su parecer, ponderaba bien todo, se fijaba en si aparecían señales de vocación y luego ((400)
)
imploraba con la oración las luces del Espíritu Santo.
Nunca decidía sino cuando estaba moralmente seguro del éxito, y entonces hablaba sin ambages, como quien está seguro de manifestar la
voluntad de Dios."En efecto, escribía don Francisco Dalmazzo y con él monseñor Cagliero y don Miguel Rúa, algunos compañeros nuestros que no
quisieron seguir la orientación de don Bosco, me manifestaron sencillamente que se habían equivocado al seguir su capricho y que más
tarde tuvieron que lamentar las consecuencias de su error. A veces, aunque sus consejos no parecían de acuerdo con los pareceres
humanos, como se lo oí decir a los mismos interesados, eran sin embargo aceptados y puestos por obra, conseguían maravillosamente
poner paz donde reinaba el desorden, armonizar lo que parecía imposible, poner en el camino seguro a los dudosos y a los vacilantes en
su vocación."Su admirable prudencia para descubrir, cuidar y dirigir las vocaciones sacerdotales, fue muy pronto conocida hasta fuera del Oratorio
por lo que muchos obispos y superiores de Institutos Religiosos acudían a él en busca de orientación y consejo. Uno de ellos fue el
Superior General de los Servitas".Pero cuando en cosa de tanta importancia se le consultaba por carta, o bien no estaba seguro de que aquélla fuera la voluntad del Señor
solía enviarlos a su director espiritual o al párroco.Los seminaristas de la diócesis le pedían consuelo y ayuda en sus dificultades, le manifestaban sus dudas acerca de la elección que
habían hecho, se encomendaban a él para que les indicara medios con que progresar en determinada virtud y él se apresuraba a
consolarlos. Alguno le escribía comunicándole sus ansiedades ((401)) en víspera de las sagradas órdenes; y don Bosco, que seguía las
normas de los teólogos más severos, de apartar del Santuario a quien no ofreciese seguridad en la virtud, respondíale con tal delicadeza,
que hacía ver en él al hombre de Dios. He aquí una prueba de nuestro aserto.Queridísimo hijo:He recibido su carta; alabo su franqueza y demos gracias al Señor por la buena voluntad que le inspira. Siga los consejos del confesor:
Qui vos audit, me audit (Quien a vosotros oye, a mí me oye), dice Jesucristo en el Evangelio. Trate de corresponder a los impulsos de la
gracia que golpea a su corazón. Quién sabe si el Señor no le llama a un tan alto grado de virtud.
289Fin de Página 289
VOLUMEN V Página: 290Pero no nos hagamos ilusiones: si no consigue triunfar contra ese inconveniente no siga adelante, ni se arriesgue a recibir las Ordenes
Sagradas a no ser después de un año, al menos, sin recaídas. Oración, fuga del ocio y de las ocasiones, frecuencia de los santos
sacramentos, devoción a María Santísima, (una medalla al cuello), lectura de buenos libros y mucho valor. Omnia possum in eo qui me
confortat (Todo lo puedo en aquel que me conforta), dice San Pablo.Amémonos en el Señor y oremus ad invicem ut salvemur (oremos a la par para salvarnos) y para que podamos cumplir siempre la
voluntad del Señor.Créame suyo.Turín, 7 diciembre de 1855Afmo.
JUAN BOSCO, Pbro.S. Ambrosi, ora pro nobis. (San Ambrosio, ruega por nosotros).
***Amadísimo hijo en Jesucristo:Vistas las cosas, como las manifiesta en su carta, también yo soy del parecer de que conviene proceder con cautela antes de recibir las
órdenes sagradas. Mas, antes de tomar decisión alguna, me gustaría poder encontrarnos, como me suguiere, después del examen de San
Juan.((402)) Mientras tanto, estudie con todo empeño para salir bien del examen. Piense cada noche de qué tendría que arrepentirse si en ella
tuviera que presentarse ante el tribunal de Jesucristo para ser juzgado.
Repita a menudo durante el día: Domine, ne tradas bestiis animas confitentes tibi. (Señor, no entregues a las bestias las almas que te
confiesan).Ruegue por mí, que de todo corazón me profeso.Turín, 16 de abril de 1856Su afmo. amigo in C.J.
JUAN BOSCO, Pbro.***Muy apreciado en el Señor:Para responder directamente a su muy estimada carta necesitaría saber desde cuándo no ha habido más recaídas. Mi parecer coram
Domino (ante el Señor) sería que no se recibieran las órdenes, si no es pasados seis meses, al menos, de prueba victoriosa. Con esto no
entiendo prohibirle que siga el parecer de aquellas personas que le han animado a continuar adelante. Dios le ayude; ruegue por mí y yo
rogaré por usted, mientras con afecto paterno me profeso.Turín, 28 de abril de 1857Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 290
VOLUMEN V Página: 290Pero volviendo con nuestro razonamiento al Oratorio, hemos de hacer notar que don Bosco, aunque provisto de tanta doctrina, tantaFin de Página 290
VOLUMEN V Página: 291perspicacia, prudencia y conocimiento de los alumnos y también de luces extraordinarias, no se fiaba del todo de sí mismo. En la elección
de la vocación, cuando se trataba de jóvenes que no eran sus penitentes, quería que antes oyeran el parecer de su confesor. A menudo, por
no decir casi siempre, los enviaba a don José Cafasso, para que dijese él la última palabra. No tenía ningún reparo en que se pidiera
consejo a otros sacerdotes prudentes.((403)) "Recuerdo, narra don Francisco Cerruti, que siendo todavía alumno del tercer curso de latín, si no me equivoco, le dije que me
sentía más inclinado para entrar en los capuchinos."-Muy bien, me dijo, iremos un día al convento de la Virgen del Campo y allí hablarás con el padre Guardián."Y así fue; él mismo me presentó al padre Guardián para que pudiera hablarle libremente de mi vocación".A otros les aconsejó y autorizó a presentarse a los Superiores de diversas órdenes, como por ejemplo, Jesuitas, Dominicos, Capuchinos,
Oblatos de María.Un venerable sacerdote, antiguo alumno, cuenta lo que todos nuestros compañeros pueden confirmar, a saber, la diligencia de don
Bosco para sostener serios coloquios en dos ocasiones distintas, con los que ya habían decidido la vocación."La primera, decía él, antes de tomar el hábito talar. Hablaré de mí mismo. Cuando estaba a punto de terminar los cursos de latín, me
llamó varias veces; más aún, recuerdo que un día me hizo salir con él, y nuestra conversación fue un minucioso examen sobre mis
disposiciones. En sus palabras no admitía ningún motivo humano, insistía continuamente en la gloria de Dios y la salvación de las almas
como el móvil de mi total consagración; y manifestaba ostensiblemente su alegría hablando del bien que esperaba podría hacer después.
El segundo examen en torno a la vocación lo hacía don Bosco a cada uno de los clérigos a punto de recibir las órdenes sagradas. Los
llamaba para examinarlos y que le repitieran si estaban dispuestos a recibir el sacerdocio para entregarse preferentemente al ministerio
sacerdotal como párrocos o predicadores, o a la enseñanza, o a ayudarlo en sus obras, viviendo con él en comunidad".((404)) Esta última pregunta revelaba su vivo deseo y la gran necesidad de los Oratorios; era una condición indispensable para que no
faltaran las vocaciones sacerdotales. Pero don Bosco no se la hacía sino a aquél de quien estaba moralmente seguro que era llamado por
el Señor a formar parte de su congregación. Seguía el gran principio de San Vicente de Paúl:
291Fin de Página 291
VOLUMEN V Página: 292"Toca sólo a Dios escoger sus ministros y destinarlos a las diversas mansiones: las vocaciones hijas del artificio, y mantenidas por una
especie de mala fe, no acarrean sino deshonra a la casa del Señor".Pero aquéllos mismos a quienes él había invitado y de los que esperaba una generosa obediencia y resolución, cuántas veces frustraron
sus esperanzas. Fue ésta una cruz pesada que hubo de arrastrar por años y años, mas sin desalentarse lo más mínimo. Conseguía muchos
para los demás, y apenas lograba quedarse alguno que otro para sí. La oposición de buen número de padres y la inconstancia de los
candidatos hacían casi estériles por este lado sus heroicas fatigas y sacrificios. Ya lo hemos dicho en otra parte."Nadie, nos contaba don Bosco, podría imaginar la repugnancia interior, las antipatías, los desalientos, las oscuridades, las desilusiones,
amarguras e ingratitudes que afligieron al Oratorio durante casi veinte años. Si los escogidos prometían continuar con don Bosco para
ayudarlo, no era más que un pretexto para realizar cómodamente sus estudios, ya que, al terminarlos, sacaban un sinfín de pretextos para
librarse de tal promesa. Tras algunos ensayos fallidos, una vez se consiguió poner la sotana a ocho jóvenes, todos los cuales dejaron el
Oratorio muy pronto. Hubo después otros que, precisamente el mismo día de su ((405)) ordenación sacerdotal o al anochecer del día de su
primera misa, manifestaron con toda franqueza que no era para ellos la vida del Oratorio, y se marcharon. El deseo de una vida más
tranquila y más cómoda, les hacía preferir una parroquia, un seminario diocesano o una orden religiosa, aunque fuera en el extranjero. Y
no faltaban quienes, después de unos años de estudios teológicos, colgaban los hábitos".Estas defecciones debíanse en gran parte a la turbación y desasosiego promovidos por el espíritu de las tinieblas, que no cejaba en su
empeño de obstaculizar a don Bosco el que avanzara por su camino. Efectivamente, aquellos jóvenes, aún fuera del Oratorio, conservaron
siempre vivo aprecio y respeto a don Bosco y dieron de ello espléndidas pruebas.Pero, si don Bosco procuraba atraer a algunos de sus alumnos y formarlos en un ambiente de sociedad religiosa para que más tarde
fueran sus colaboradores, nunca insistió, jamás impuso la vocación, y ni él ni nadie presionaba en ninguna ocasión a los jóvenes para que
la siguieran, sino que les dejaba en plena libertad de elegir. Así lo confirma el canónigo Berrone, testigo de ello durante varios años.Y añadía el teólogo Reviglio:
292Fin de Página 292
VOLUMEN V Página: 293"Más aún, aunque don Bosco viese que los clérigos cambiaban de opinión, pero que daban todavía señal de vocación sacerdotal, se
esmeraba igualmente por procurarles los medios para llegar al sacerdocio, satisfecho de poder dar a la Iglesia nuevos sacerdotes, que tanta
falta hacían. Yo en particular, elegido entre los primeros para tal fin, aunque no me sentí con fuerzas para prometerle la obediencia que
pedía, recibí de él la misma ayuda para proseguir los estudios y me dejó plena libertad para incardinarme en la ((406)) diócesis; y aún
más, gracias a una recomendación suya especial, conseguí que el Arzobispo Fransoni me concediera un patrimonio eclesiástico".No se resentía por estas deserciones, nos contó el canónigo Anfossi; bendecía a los que se despedían de él, para que siguieran por el
camino de la virtud e hicieran el bien a las almas. Y agregaba el canónigo Ballesio:"Por las relaciones que he sostenido con don Bosco, aún después de mi salida del Oratorio, puedo asegurar que estaba convencido de
haber logrado su fin cuando veía a sus alumnos en el Seminario o en el ministerio parroquial. Y daba a los que desempeñaban esta labor
pastoral los más prácticos y acertados consejos, al tiempo que les manifestaba gran afecto y satisfacción por verlos en tal estado."Sin embargo, no se debe callar la amargura que le causaron ciertos desengaños. Le sentaron muy mal los abandonos de muchos a
quienes había colmado de atenciones, con los que había gastado cuantiosas sumas para que consiguieran títulos oficiales con el
compromiso, al menos implícito, de quedarse con él. Y algunos se lo debían todo a él: ciencia, bienestar, distinciones y hasta su
condición social. A don Bosco le dolía la ingratitud como algo malo por sí mismo, pero no se quejaba de ello y, si alguna vez
exteriorizaba su disgusto, lo hacía con toda resignación a la voluntad de Dios y para advertir a ciertos espíritus débiles y volubles en sus
propósitos. Pero aún en estos casos, el seguía amando a los ingratos, invitándoles a que fueran a verle en el Oratorio y siendo su
bienhechor, cuando era menester".Recordaba con frecuencia a los que habían vuelto a sus diócesis y habían alcanzado el carácter sacerdotal. Decía muchas veces:-íCuánto me satisface que aquellos hijos míos ((407)) que trabajan en el ministerio sacerdotal vengan alguna vez a verme para
convencerme de que continúan por el buen camino!Y cuando iban, los recibía con gozo y, si a mano venía, les recordaba los avisos que les daba de niños. Comentaba en ocasiones la
293Fin de Página 293
VOLUMEN V Página: 294virtud de la pobreza conveniente a su condición. Alguno se le presentó con guantes, zapatos de charol con anchas hebillas, puños blancos
como la nieve y gemelos de oro. El le miraba sonriente y, tras reiteradas advertencias, porque le dolía toda frivolidad en los sacerdotes, le
parecía oportuno poner en ridículo aquel porte demasiado mundano y decía con primor:-Claro que sí, ganarás mucho ante tus feligreses... Porque esto aumenta tu autoridad...Y con estas bromas y otras lindezas los inducía a dejar todo aquello.Habiendo sabido de uno que tenía en casa demasiado lujo de muebles, alfombras y cortinajes, le hizo comprender que el sacerdote debe
atender a los pobres y no a las propias comodidades.Así se pudo comprobar el gran triunfo de la instrucción y educación, eminentemente eclesiástica, que él impartía. Una de sus
consecuencias fue que, si durante el cierre del Seminario en la diócesis de Turín y en las otras del Piamonte hubo todavía los sacerdotes
indispensables para el ministerio parroquial, se debió en buena parte al mérito y a la caridad de don Bosco, que los preparaba. También lo
fueron los centenares de jóvenes aspirantes al sacerdocio que año tras año tuvo junto a sí.Al abrirse de nuevo los seminarios, se vieron poblados por sus alumnos que, al presentarse a sus obispos, podían afirmar con toda
razón:-Venimos a ofrecer ((408)) nuestra labor para la salvación de las almas: nos envía don Bosco.Y los obispos los recibían con alegría y gratitud. El año 1865 había cuarenta y seis seminaristas en el seminario mayor de Turín: treinta
y ocho habían cursado sus estudios de latín en Valdocco. En el 1873, de los ciento cincuenta, ciento veinte procedían del Oratorio, como
comprobó don José Bertello. A éstos se fueron uniendo otros, año tras año, y ahora algunos son canónigos, seis son párrocos en Turín,
más de cuarenta son párrocos por los alrededores, y eso sin contar los sacerdotes sin cura de almas y los misioneros idos al extranjero. El
1870 fue monseñor Cagliero a visitar el seminario de Casale, acompañado por monseñor Ferré: se encontró con que de los cuarenta
seminaristas que allí había, treinta y ocho habían salido de la escuela de don Bosco; y las tres cuartas partes de los sacerdotes actuales en
esta diócesis fueron alumnos en los colegios salesianos. En ellos se educaron las dos terceras partes de los párrocos de la diocésis de Asti,
como se desprende de un cómputo exacto realizado
294Fin de Página 294
VOLUMEN V Página: 295por el reverendo Cassetta, párroco de Costigliole de Asti. Y lo mismo puede decirse de otras diócesis piamontesas.Don Bosco proporcionó también cada año muchos seminaristas a la diócesis de Milán. Y en la Liguria se cuentan más de trescientos
sacerdotes alumnos suyos. Hasta Roma tuvo también algunos de ellos distinguidos con varios títulos y dignidades; y seis obispos vivieron
varios años, siendo niños, al lado de don Bosco.Y con todos éstos, cuya vocación ya se veía que no era para el Oratorio, don Bosco tenía las mismas consideraciones y cuidados que
usaba con los que abrazaban su pía sociedad. Cuando llegaba la hora en que un alumno debía dejar el Oratorio para incorporarse al clero
de su propia diócesis, lo llamaba unas cuantas veces y le iba dando los consejos que consideraba oportunos, para que fuese un buen
seminarista y ((409)) llegara a ser un día un buen sacerdote. Les recomendaba sobre todo que conservaran la pureza de corazón,
asegurándoles que, en caso contrario, perderían toda esperanza de felicidad y de fructuoso ministerio.Así desplegaba don Bosco su celo infatigable en pro de la Iglesia Católica. Hace una viva descripción y un magnífico elogio de los
resultados de su actuación y su mérito el padre Félix Giordano, de los oblatos de María, antiguo amigo suyo y testigo de toda excepción,
en una carta que escribió desde Niza a don Celestino Durando el año 1888."A partir de la época nefasta del 1848, los pueblos sufrían fatalmente una fuerte sacudida en sus sentimientos religiosos;
desgraciadamente, ésta fue creciendo con detrimento para la sociedad y para la Iglesia. En consecuencia, la Iglesia vio disminuir desde
entonces, año tras año, las vocaciones sacerdotales y religiosas. De ahí que, poco a poco, entre los muchos que morían y los pocos que
entraban, empezó a no haber suficientes ministros para el culto. Mientras tanto, al lado de la abundante cizaña, crecía espesa la mies, mas
no había bastantes brazos para recogerla. Las almas llenas de amor y de fe, recordando el mandato divino, rogaban al Dueño de la mies,
que mandara obreros a su viña. Pero aquellas buenas gentes, con sus laudables intenciones, no caían en la cuenta de que el dueño de la
mies, aunque dispuesto a mandar obreros a su campo, y con poder suficiente, ante necesidad tan grande, para sacar hijos de Abraham de
las mismas piedras, en fin de cuentas, espera por vía ordinaria el concurso del hombre aun en asuntos de vocación. Quiere significar que
son otros los que tienen que trabajar y hacerse dignos instrumentos suyos; y que estas mismas almas buenas, estos nobles corazones, no
pueden estar con los ojos fijos en el suelo, mano sobre mano, sin dar golpe, contentándose con puras abstracciones y magníficos
proyectos.Oigamos a una de éstas que, por casualidad, dice a este propósito en una reunión de amigos.((410)) -íBienvenido, señor Felicísimo! Precisamente teníamos sobre el tapete una cuestión de palpitante actualidad, en espera de que
viniera usted a resolverla.
295Fin de Página 295
VOLUMEN V Página: 296-"De qué se trata?-Se trata del modo de fomentar las vocaciones eclesiásticas.-Problema difícil es éste; pero ya que me distinguís con vuestra confianza, diré lo que pienso. Ante todo, a mi parecer, echando un
vistazo a los jóvenes pobres y a los ricos, resulta que como aquéllos están acostumbrados de siempre a los sacrificios, son más a propósito
para la vocación eclesiástica. Dicho esto, yo quisiera que, repartidos por diversos lugares, si no de todas las diócesis, sí de las más
grandes provincias o ciudades, hubiera grandes centros destinados para recoger a la juventud pobre y abandonada. Con esta providencia
vendrían jóvenes de todas partes y los tendríamos por centenares y millares, para educarlos cristianamente, con la idea de estudiarlos,
analizarlos, descubrir sus aptitudes físicas, intelectuales y morales, para luego hacer con ellos lo mismo que hace el jardinero con las
plantas de su vivero, que selecciona unas para el llano y otras para el monte. A éste, que no tiene capacidad, ni memoria para nada, le
enseñamos lo indispensable para la vida. A éste otro, que no tiene voluntad ni talento para seguir con los libros, le enseñaremos el arte u
oficio que más le guste. Y a éste otro, de porte ingenuo, carácter franco, feliz memoria, inteligencia abierta y sanas costumbres, íah!, a
éste lo cultivaremos con esmero, para que arraigue, se fortalezca y crezca. Siga este joven un curso de estudios regulares, afiáncese en los
primeros conocimientos, más aún en la gramática latina y mucho más en Retórica. Y con esta cultura, os aseguro que, cuando llegue a la
edad oportuna, será un hombre de Iglesia, porque el Dueño de la mies le habrá elegido para cultivar su viña. Este es mi parecer: "y el
vuestro?-íQuite allá, Felicísimo! Con esas salidas de fabulosos proyectos, tan apropiados a las necesidades, usted nos aturde. "Pretende ((411))
hacernos ver las estrellas en pleno día? "No se da usted cuenta de que sus proyectos, fantásticos en abstracto, son irrealizables en la
práctica; que, si en tiempos mejores hubiera sido posible ejecutarlos, en lo tiempos que corren, son un sueño?-"Un sueño? "Quién no hubiera respondido lo mismo, considerando la empresa, los tiempos y las circunstancias?Sin embargo, para el siervo de Dios don Bosco no fueron un sueño, sino una realidad. Realidad el juntarlos en centros apartados de
jóvenes perdidos. Realidad la selección prudente y la acertada distribución de unos para las artes, otros para un oficio y los demás para
estudios superiores. Realidad el cultivo de las plantas, dirigidas todas hacia el Cielo, unas para el valle y otras para la montaña. "Queréis
saber cuántos centros o establecimientos semejantes erigió él en el mundo? Cerca de ciento cincuenta. "Queréis saber a cuántas
vocaciones eclesiástico-religiosas abrieron paso sus colegios? No os lo puedo decir, porque son innumerables después de cuarenta años.Preguntad a los seminarios, a los claustros, a las misiones... "Efectivamente, en 1883, yo mismo, junto con don Francisco Dalmazzo, oí exclamar a don Bosco:-Estoy satisfecho. He mandado hacer una cuidadosa estadística y resulta que han salido de nuestras casas y están trabajando en sus
diócesis más de dos mil sacerdotes. Gracias sean dadas al Señor y a su Santísima Madre, que nos proporcionaron medios abundantes para
hacer tanto bien.
296Fin de Página 296
VOLUMEN V Página: 297Pero sus cálculos no eran definitivos. Antes de su muerte, quinientos jóvenes más se unieron al clero diocesano, y, después de muerto,
otros cuya vocación había él despertado, eligieron la senda del sagrado ministerio. Añadamos los muchos que pasaron de sus casas
filiales al Seminario.Recordemos también a los que aconsejados por él entraron a repoblar los institutos religiosos: casi no hay orden ni congregación, en
Italia, donde no haya ((412)) sacerdotes que un día fueron alumnos de don Bosco. Tampoco se le puede negar el mérito de haber
contribuido con varios medios a aumentar con nuevas fuerzas el ejército del Catolicismo. Puede decirse que, debido a su ejemplo, y tal
vez a sus instancias y a su cooperación, se abrieron y se mantuvieron los seminarios menores. Muchos directores de éstos y de los
seminarios mayores, fueron a consultarle y aprendieron de él el modo de educar a los alumnos con amable y paternal asistencia, con la
piedad y especialmente con la frecuente comunión, condición indispensable para perseverar en la vocación; y de ello obtuvo muchas
ventajas el clero de las diversas diócesis, ya que, como es sabido, antes de 1848, imperaba en los seminarios un sistema muy distinto.Nos reservamos otras pruebas de nuestra afirmación para el curso de la historia, de las cuales, unidas a las presentes, podemos deducir
que no andan muy lejos de la verdad quienes aseguran que don Bosco formó unos seis mil sacerdotes.Don Miguel Rúa fue testigo y parte de cuanto hemos dicho, puesto que, desde 1850 hasta 1888, estuvo al lado de don Bosco y le ayudó
en todas sus empresas. Pero lo que más admiró en él fue su fortaleza en las diferencias habidas con poderosos adversarios, que
sistemáticamente perseguían su institución para hacerla desaparecer. Varios altos dignatarios del Estado, entre los cuales estaba el
comendador Morena, Comisario Regio para la liquidación del patrimonio eclesiástico de Roma, decían a don Francisco Dalmazzo:-Mientras nos afanamos por deshacernos de los religiosos e impedir las vocaciones eclesiásticas, don Bosco, con una constancia digna
de mejor causa, fabrica sacerdotes a toda prisa ante nuestras propias narices.Hemos presentado un cuadro precioso, que en 1856 no era todavía más que un esbozo.
297Fin de Página 297
VOLUMEN V Página: 298((413))CAPITULO XXXIV1856 -DON BOSCO PREDICA UNA MISION EN VIARIGI -CONTRARIEDADES -PRIMEROS SERMONES Y ANUNCIO DE
CASTIGOS -UN LOCO -MUERTE IMPREVISTA -ELOCUENCIA INSPIRADA POR UN FERETRO -TRIUNFO DE LA GRACIA
DE DIOS -CARTA DE DON VICTOR ALASONATTI AL CANONIGO ROSAZ -GRIGNASCHI SE RETRACTA DE SUS
ERRORES -CARIDAD DE DON BOSCO Y MUERTE IMPENITENTE DE GRIGNASCHIEN el mes de enero de 1856 enviaba el Señor a don Bosco a arrancar la cizaña que cubría y hacía infecundo el campo evangélico. A pesar
de la condena de Grignaschi y de sus principales cómplices, a pesar de la predicación de los obispos de Casale y de Asti, que había
producido abundantes frutos, no se había conseguido desarraigar del todo en Viarigi la nefasta secta, que había echado amplias y
profundas raíces en aquella pobre tierra. Había además un grupo bastante numeroso de fanáticos iniciados, escuchados por gente
ignorante e interesada, que mantenían vigorosa la secta, más terca y sorda que nunca, a todo género de advertencias de los sacerdotes del
lugar y de los misioneros.La sincera conversión del reverendo Lacchelli, párroco de San Pedro, y del reverendo Ferraris, que murieron cristianamente, no produjo
en ellos ninguna saludable ((414)) impresión. Los secuaces de Grignaschi no querían oír hablar de religión, a no ser que favoreciera sus
errores y el libertinaje concedido por su desgraciado maestro. En vano el nuevo párroco, don Juan Bautista Melino, intentaba organizar,
en ocasiones, ejercicios espirituales y misiones. Dos frailes capuchinos empezaron una serie de sermones y tuvieron que salir a toda prisa
sin alcanzar ningún provecho. El año 1854, se presentó don Juan Bta. Melino a don Bosco implorando ayuda. Después de madura
reflexión no pareció conveniente intentar por entonces una nueva prueba. Dejaron pasar dos años después de la última recientemente
fracasada.Mas al fin llegó la hora de la misericordia fijada por el Señor y fue ésta tan abundante en aquel pueblo que sobrepasó los mayores
298Fin de Página 298
VOLUMEN V Página: 299deseos de los buenos. Don Bosco había quedado con el párroco Melino en ir a predicar a su pueblo las verdades eternas, juntamente con
el canónigo de la catedral de Turín, Borsarelli de Riffredo. Consciente, sin embargo, de la dificultad e importancia de la misión, cuenta
monseñor Cagliero, empezó ante todo por rezar él mismo y encomendarse a las oraciones de sus muchachos y de varios institutos
religiosos.La segunda semana de enero llegaron a Viarigi los dos predicadores. Los esperaba todo el pueblo, formado a ambos lados del camino.
Pero algunos, en actitud hostil, murmuraban entre ellos, tan alto que pudieron oírlo los misioneros:-Dirán cosas muy bonitas, pero no están inspirados.-Vienen a comer a nuestra cuenta.-Ya pueden volver por donde han venido.-Predicarán a los bancos, porque nadie irá a oírlos.Hay que saber que, apenas corrió por pueblo la noticia de que se había organizado la misión, los jefes de la secta ((415)) se reunieron en
conciliábulo para decidir cómo habían de conducirse en aquella circunstancia. Se acordó que ningún afiliado acudiría a la iglesia y
obligaría a lo mismo a sus dependientes; proyectaron además organizar un baile o una velada musical, durante la misión.Contrataron los músicos y se dispuso todo para el éxito de su maligna intención. Hasta hubo padres de familia que propusieron que los
más ricos se invitaran mutuamente unos a otros y convidaran a su mesa a los partidarios más pobres.Entraron los dos misioneros en la iglesia, en la que no había mucha gente. Pero se enteraron de que ya ocupaba un puesto la famosa
criada de Grignaschi, Lana, la Virgen Roja, que, puesta en libertad por la justicia, después de haber cumplido su pena, había vuelto a
aquel municipio. Había ido atraída por la curiosidad, para escuchar qué dirían los predicadores.Don Bosco subió al púlpito a predicar la plática de introducción. Echó un vistazo al minúsculo auditorio y, sin desanimarse, puso su
confianza en Aquél que mueve el corazón de los hombres. Empezó a hablar. Alegróse con los que habían acudido y de sus buenas
disposiciones; animóles a perseverar en su buen propósito y les invitó a que llevaran a la iglesia a cuantos pudieran.Como es costumbre, tocó el punto gravísimo de aprovechar la misericordia del Señor, que se les ofrecía, para que Dios no les castigara
no volviendo a darles tiempo para aprovecharla en otra ocasión. Y que había razón para temer que Dios echara mano ((416)) de
299Fin de Página 299
VOLUMEN V Página: 300los castigos, por cuanto se notaba en algunos del pueblo abierta oposición a la misión. Y agregó:
-El Señor podría castigar hasta con muertes repentinas.
El anuncio de esta amenaza corrió por el pueblo, pero no produjo mucho efecto. La criada de Grignaschi iba repitiendo:
-El cura ese predica bien, pero íno está iluminado!
Al día siguiente creció un poco el auditorio. Habría en total unas ciento cincuenta personas. Los predicadores continuaron serenamentesus sermones con admirable constancia. Hacían cuatro pláticas al día: don Bosco predicaba dos, una por la mañana temprano y la otra
muy avanzada la tarde.El tercer día de la misión comunicó don Bosco al auditorio que advirtieran a la gente del pueblo que, si no querían ir voluntariamente a
la misión, Dios les obligaría a ello mal de su grado. Y a continuación les invitó a rezar un padrenuestro y avemaría por el primero que
muriese en el pueblo. Todos los habitantes se enteraron enseguida de la invitación, que tenía el tono amenazador de un castigo inminente.
Uno de los principales propietarios había organizado para aquella misma tarde un gran baile. No parece que fuera mala persona, pero la
ceguera de la mente, el pertenecer a un partido cuya impiedad quizás desconocía, la debilidad de carácter y el respeto humano, lo
arrastraron a ser el primero en las consabidas provocaciones.Precisamente aquel mismo día algunos de los principales partidarios y jefes del partido de Grignaschi habían visitado a don Bosco, para
cerciorarse de si seguía todavía decidido a predicar sus sermones, y para examinar su carácter. La conversación fue larga y animada; a
cierto punto entraron unos bromistas amigos de la bulla y dijeron a don Bosco:((417)) -Aquí hay una persona que, si usted lo permite, pasaría a visitarle.
-Que pase; será un placer.
-Pero sepa que es persona de mucha importancia.
-Le recibiré como corresponde.
-Es nada menos que el Padre Eterno.
-Muy bien.
-Pero no tenga miedo ante él. No hace daño a nadie.
-No os preocupéis, estaré tranquilo.
-Entonces le diremos que pase.
-Sí, le espero.
La Virgen Roja y el Padre Eterno ocupaban el primer lugar entre300Fin de Página 300
VOLUMEN V Página: 301aquellos pobres engañados por las malas artes de Grignaschi. Eran éstas dos parodias que provocarían desprecio y horror si no fuera por
la conmiseración a que movían aquellos pobres lugareños, tan vulgarmente embaucados por un desvergonzado impostor. También el
Padre Eterno vestía y hablaba con la intención de que se le tuviera por el que su supuesto nombre significaba.Don Bosco esperaba. No tardó en comparecer en la estancia un hombre viejo, de alta estatura, de formas hercúleas, con una barba negra
que le llegaba al pecho, con un par de zuecos en los pies, de extrañas maneras y con un sombrero de medio metro en la cabeza. Sostenía
un libro bajo el brazo y caminaba con prosopopeya y arrogancia sorprendentes. Aquel tipo ciertamente podía asustar a cualquiera que se
lo encontrara de noche, sin haber sido advertido. Hablaba siempre en versos pareados. Presentóse, pues, a don Bosco y exclamó:-Aquí estoy por que he venido y nadie me ha precedido.-"Y quién es usted?((418)) -Sí, yo soy el Padre Eternoy no le temo al infierno.-"Y sabe usted quién soy yo?-Sí que lo sé: le conozco:es el famoso don Bosco.Había que dominarse para no reír ante aquel tunante.-"Qué tiene usted en ese libro?Lo abrió. En cada página había una pintura con curas que golpeaban a diablos y diablos que golpeaban a curas; con demonios a caballo
de hombres y al contrario. Diablos vestidos de curas, de obispos, de papa. Cada grabado llevaba su correspondiente epígrafe. El tipo
aquel seguía volviendo hojas y más hojas. Cuando don Bosco vio que empezaban los dibujos inmorales dijo:-Basta, ya he visto bastante, vamos a hablar en serio: usted me parece un hombre juicioso que sabe discurrir. Estoy seguro de que, si le
preguntase quién le ha creado, contestaría que le ha creado Dios.-Que me haya creado Diosno lo debo pensar yo.-Dejemos por un momento estas extravagancias, empezó a decir don Bosco; recuerde que el tiempo vuela y que se acerca la muerte. La
misericordia de Dios tiene un límite, si el pecador se obstina.A toda advertencia, el tipo aquel se quedaba con la última palabra y formaba sus dos versos pareados, sin gracia y sin sentido.
301Fin de Página 301
VOLUMEN V Página: 302-Piense un poco, le decía don Bosco, que pronto este mundo habrá terminado para usted.
Y él:
-Las cosas serán finidas si está cubierto de heridas.
((419)) -Mire que puede ser ésta la última vez que el Señor le invite.
-"Queréis, señor, que os invite esta noche a un gran convite?
-Entonces, hasta mañana, si el Señor en su misericordia le guarda con vida. Por mí ya tengo bastante.
-Mire usted más adelante, verá un baile interesante.
Y sin despedirse, giró sobre sí mismo como quien gira sobre un gozne, se puso tieso, y salió. Don Bosco no sabía a qué carta quedarse;"era aquél un loco, un iluso o un endemoniado?
Por la tarde, algunos secuaces de Grignaschi esperaban a la gente a la puerta de la iglesia al entrar o al salir del sermón. Y les decían:
-Venid esta noche con nosotros; veréis qué sermones más estupendos; allí se dice la verdad.
Y reían. El que había preparado el baile repetía que no valía la pena ir a escuchar a los misioneros.
-Venid, insistía con insulsa jactancia, a oírme, a mí, que predico mejor que los misioneros.
No tardó en dar comienzo la fiesta profana. En la casa contigua a la del párroco Melino, desde donde podía oírse el sonido de losinstrumentos musicales se celebraba un grandioso banquete y un baile. Cuando todo quedó en silencio, hacia la medianoche, golpearon
insistentemente a la puerta del párroco, y pidieron que corriese a la casa del baile porque había un hombre agonizando. El párroco
recelaba una emboscada y titubeaba. Pero la voz insistía:-El señor fulano, el dueño, se ha sentido mal de repente y está muy grave; venga enseguida, por favor.
El cura salió a escape, ((420)) pero ya encontró muerto al desgraciado. Divulgóse el triste caso como un rayo. Todos recordaban las
palabras del misionero y reconocían el castigo de Dios. A partir de aquel momento la población entera acudió como un solo hombre a
todos los sermones. El suceso produjo gran impresión hasta en los pueblos cercanos. Aquel infeliz que se desgañitaba repitiendo que
predicaba mejor que el misionero, había dicho la verdad y, para desgracia suya, ídemasiada verdad!
302Fin de Página 302
VOLUMEN V Página: 303La Virgen Roja dejó de acudir unos días a la iglesia y decía de don Bosco:-Ese cura es un demonio.Pero la misericordia del Señor no la abandonó todavía.En la mañana siguiente a la muerte, don Bosco predicó sin hacer ninguna alusión. Por la tarde explicó las palabras de Jesucristo: Estote
parati quia qua hora non putatis filius hominis veniet (estad, preparados, porque el hijo del hombre vendrá en la hora que menos penséis);
y demostró que quien no está en vela corre peligro de perderse, por falta de tiempo, de voluntad o de gracia. Y terminó diciendo:-Vamos a rezar un padrenuestro, avemaría y réquiem, encomendando a la misericordia de Dios al pobre amigo nuestro que murió esta
noche.Y lo recitó lentamente.Dos días después, por la tarde, estaba la iglesia a rebosar. Don Bosco hablaba del momento de la muerte, de los remordimientos, del
miedo y de las inquietudes del pecador impenitente. Describía la angustiosa agonía, el último aliento y el cadáver deforme, inmóvil sobre
el lecho. Pero, de pronto, sorprendido por un pensamiento repentino, prosiguió su descripción:-El pecador muerto en desgracia de Dios, encerrado en el ataúd, precedido de las cofradías que salmodian el miserere, es llevado a la
iglesia a hombros... llega el féretro a la puerta... entra en el templo... avanza aquel ataúd... más... aquí... en medio... delante de mí... sobre
esos dos caballetes.La ((421)) escena era tan viva que la gente miraba en derredor presa de íntimo terror. Y don Bosco prosiguió:-Ya he hablado bastante. Ahora debe hablar otro en mi lugar. "Quién será? "Mi compañero? íNo es su hora! "El Señor Cura? íNo le
toca ahora a él! "A quién recurriré yo en este momento para que nos haga oír su voz? "Al crucifijo? íNo es la hora de la misericordia! "Al
Santísimo Sacramento? íNo es la hora del amor! "A la Virgen? No, no, madre querida; no es la hora de la intercesión. "A quién, pues,
recurriré esta tarde?Callóse; y tras un breve intervalo, continuó con voz trémula:-íA ti, a ti, cadáver! Abrid el ataúd: íLevántate! íSal fuera! íResponde! "En qué estado te ha sorprendido la muerte? "Qué es lo que te
ha faltado para salvarte? "Sermones tal vez? "Sacramentos? "Consejos? "La gracia?A todas estas preguntas daba don Bosco la oportuna respuesta
303Fin de Página 303
VOLUMEN V Página: 304concreta, lamentable, como si fuera el muerto quien hablaba. El diálogo duró largo rato. El auditorio estaba acobardado, fuera de sí. Por
dos veces envió recado el Párroco a don Bosco para que terminara, porque reinaba una inquietud angustiosa en toda la iglesia. Y don
Bosco concluyó así:-"Qué es lo que te ha faltado?Hizo otra pausa. Todos sollozaban en alta voz. Y acabó diciendo:-Oigo su lúgubre voz que responde: "Me faltó tiempo..." "Y qué os falta a vosotros, mis queridos oyentes? Mañana hablaremos de ello.
Durante aquellos días de misión murió alguno más en el pueblo o en los alrededores y por tanto, hubo agonizantes que encomendar a las
oraciones de los fieles. Por eso don Bosco decía en todos los sermones desde el púlpito:-Recemos un padrenuestro y avemaría por nuestro hermano fulano, a punto de presentarse ante el tribunal de Dios. Recemos un
padrenuestro, ((422)) avemaría y réquiem por zutano, que esta noche pasó a la eternidad.Estos sermones sacudían los espíritus, de tal suerte que los oyentes no podian resistir y corrían a confesarse. Fue tan grande la
bendición del Señor que, de los tres mil habitantes que contaba el pueblo, no hubo un solo adulto que no recibiera los sacramentos. La
misericordia de Dios alcanzó también a la Virgen Roja y al Padre Eterno, los dos mayores signos y símbolos vivientes de la secta.
Mediaba entre predicadores y pueblo esa simpatía que nace de la libertad de palabra movida por el afecto y el aprecio concebido hacia el
orador. Ello originó algún gracioso episodio.Un día, sin la menor intención de aludir a nadie, pasaba revista don Bosco a las varias categorías de personas: niños, mozos, solteras,
mujeres casadas, padres de familia, y seguía haciendo, según su costumbre, las consabidas preguntas. De pronto dijo:-Decid a aquel anciano de cabellos blancos: "Cuándo te decidirás a cumplir con Pascua y cambiar de vida? "No te das cuenta de que ya
estás con un pie en la sepultura?Unas voces le interrumpieron:-Aquí está ése de quien usted habla.Don Bosco quedó algo sorprendido. Efectivamente, delante del mismo púlpito estaba un anciano a quien la gente señalaba con el dedo.-Pues sí, señor, dijo el viejo en alta voz; me confesaré esta tarde y todo concluido.
304Fin de Página 304
VOLUMEN V Página: 305Don Bosco no pudo contener la risa en aquel instante y dijo al viejo:-Bravo, le espero como se espera a un amigo. Y siguió el sermón.Entre tanto, los sectarios hacían su abjuración y daban a los misioneros las pruebas más consoladoras de que su arrepentimiento era
verdaderamente obra del Señor. Los dos misioneros, por su parte, ((423)) repuestos de las singulares fatigas de la recolección de tanta
mies, fueron confortados y sobradamente recompensados con el inmenso consuelo de ver aquel pueblo libre del embrujo engañoso de la
secta, que bien puede afirmarse desapareció por completo después de la misión. Euntes ibant etflebant mittentes semina sua, venientes
autem venient cum exultatione portantes manipulos suos. (Sal. 125) (Se va, se va llorando, al llevar la semilla; mas se vuelve, se vuelve
entre gritos de júbilo, al traer las gavillas).Estos acontecimientos se los contaron a don Miguel Rúa el mismo párroco don Juan Bta. Melino, el señor Beta y varios de los que
habían sido ofuscados por Grignaschi.El diario Armonía, en su número 27, viernes, 1 de febrero de 1856, cerraba así su breve comentario de esta misión."Para poder calcular la importancia de este acontecimiento, sería preciso que los misioneros pudieran decir lo que les prohíbe el secreto
inviolable y la modestia; o al menos que nosotros pudiéramos decir lo que la prudencia no nos permite. Sin embargo, quienes conocen el
inmenso daño causado a aquellos campesinos por Grignaschi y sus secuaces, la ceguera de aquella pobre gente, que cayó en el lazo de
una santidad y de un misticismo tan poco místico, y finalmente los trabajos inútiles de varios años para abrirles los ojos, hallarán motivos
para bendecir la misericordia del Señor."Consuela esperar que El que comenzó la obra, ipse perficiet, confirmabit, solidabitque (I Pedro V-10) (El la afianzará, robustecerá y
consolidará). Sin embargo conviene que los buenos ayuden a aquel pueblo con su oraciones; porque Grignaschi pronto cumplirá su
condena en la cárcel. Y ese infeliz, lejos de haber dado la menor señal de arrepentimiento, sigue más empedernido y fanático que nunca
en su impiedad. Y en cuanto sea puesto en libertad, volverá a su antiguo campo a sembrar la cizaña. Que las oraciones de los justos
mantengan a los buenos campesinos de Viarigi en el buen camino. Confiamos en su perseverancia, ya que ((424)) no evaricaron por
maldad de corazón, sino por un engaño mental; más aún, se les engañó abusando de su bondad; el lobo entró en el redil, vestido con piel
de oveja y bajo las apariencias del buen pastor".De retorno a Turín don Bosco fue recibido por los muchachos del Oratorio en son de triunfo; y para celebrar el feliz acontecimiento,
aquel día se les sirvió una buena comida.
305Fin de Página 305
VOLUMEN V Página: 306Don Víctor Alasonatti alude a esta misión en su contestación a una carta del Rvdo. Rosaz, canónigo de la catedral de Susa, donde se
encontraba el teólogo Borel aquellos días.Muy Rvdo. y queridísimo Sr. Canónigo:Espero haya recibido los cien carnés dominicales, para llevar cuenta de los muchachos que asisten a sus instrucciones y reciben la
celosa asistencia de V.S. Rvdma.La distinguida Sociedad de San Vicente de Paúl, cuyas noticias me pide, dividida en muchas conferencias y esparcida por toda esta
ciudad, es la promotora de la buena educación y de la mayor parte de la moralidad que se advierte en el pueblo. Se interesa también por
conocer el albergue de sus protegidos, con quién viven, cuándo y en qué trabajan: es increíble el bien que hace.Tenga la bondad de indicar al teólogo Borel que sus órdenes serán cumplidas puntualmente; al menos así me lo prometió el joven a
quien entregué la nota con su correspondiente explicación. Salúdelo a él y a los señores canónigos Marzolino, Gey, etc. en mi nombre y
en el de don Bosco, que ha vuelto hoy de una población donde ha predicado los ejercicios espirituales, cosechando los mas señalados
triunfos y las más gloriosas palmas. Baste decir que en vano ya habían pretendido otros organizarlos por dos veces anteriormente; pero
esta vez cayeron tan bien, que para subir al púlpito ((425)) había que ir abriéndose paso entre la gente y dar la vuelta a la iglesia. Y esto
en Viarigi, patria del famoso Grignaschi.El Señor le bendiga a usted y a su obra. Con un abrazo de mi mayor aprecio y maximo respeto créame.De V.S. Ilma.Turín, a medianoche del 19 al 20 del 1856.Afmos. servidores
Pbros. J. BOSCO y J. BTA. ALASONATTl,
en su nombre.Pero don Bosco no quedaba totalmente satisfecho del fruto alcanzado mientras no consiguiera ver sinceramente arrepentido o al menos
inofensivo, a Grignaschi. Y a tal extremo llegó su caridad que finalmente, después de las primeras resistencias, pudo obtener de él, en una
visita que le hizo en diciembre de 1856 o en enero de 1857, la retractación escrita de sus errores, que inmediatamente envió al obispo de
Novara. Este la remitió a la Sagrada Congregación del Santo Oficio, la cual, no hallándola satisfactoria, preparó otra más explícita, que
Grignaschi aceptó.Monseñor Gentile, delegado de la Santa Sede, fue al castillo de Ivrea el 2 de abril de 1857: Grignaschi, de rodillas ante él, leyó palabra
por palabra el escrito que se le impuso para su abjuración, confesó la enormidad de sus culpas y prometió bajo juramento renunciar a
306Fin de Página 306
VOLUMEN V Página: 307las impías doctrinas profesadas, enseñadas y propaladas, reconocer plenamente las enseñanzas y la autoridad de la Iglesia y aceptar las
penitencias que le fueran impuestas por el Santo Oficio. El Obispo le absolvió de la excomunión reservada al Papa y Grignaschi firmó el
correspondiente escrito juntamente con el Obispo y dos testigos, uno de los cuales fue el teólogo Antonio Belasio, Misionero ((426))
Apostólico, por quien hemos sabido todo lo que don Bosco hizo en favor de aquel infeliz. Por orden de Roma, el mismo Grignaschi hizo
publicar su retractación, para conocimiento público, en el periódico Armonía, número 150, correspondiente al 3 de julio de 1857, a fin de
reparar, en lo posible, los escándalos dados. Aquel documento, legalizado por la Curia de Novara, confirmó en sus buenos propósitos a
sus discípulos, convertidos por don Bosco y el canónigo Borsarelli.Pero su conversión no pareció sincera. Cumplida su condena, Grignaschi fue a visitar a don Bosco al Oratorio. Iba vestido de paisano,
ya que nunca volvió a llevar sotana. Don Bosco lo recibió como al mejor de los amigos y dióle un apretado abrazo, como si quisiera
tenerlo siempre junto a él. Recibió muy bien sus advertencias, y prometió sobre todo no aparecer por Viarigi. Se temía que tornara a
dispersar las ovejas de Cristo y hay que agradecer a las exhortaciones de don Bosco el que Grignaschi no volviera a buscar prosélitos. Se
retiró a vivir durante unos meses a Asti, en una casita apartada en el campo. Había encontrado tanto sosiego en su charla con don Bosco,
que volvió varias veces a visitarlo. Luego se ocultó en un pueblecito de Liguria al oeste de Villafranca, cerca de Niza; compró allí una
casita y no dio más que hablar. Don Bosco recibió algunas cartas suyas que se conservan, intentó tratarle, ayudarle materialmente y hasta
le envió a su común amigo Juan Tamietti de Cambiano, para que investigara sus sentimientos y le consolase con buenos consejos. El
desgraciado recordaba a menudo la buena acogida de don Bosco y decía conmovido:-íQué caridad, qué ((427)) caridad la de este hombre!También el P. Protasi, jesuita, compañero suyo de escuela, hizo cuanto pudo para ganar aquella alma a Dios. En sus últimos años,
afirmaba que Grignaschi era un buen católico, pero su corazón seguía siendo el mismo. Es horrorosa la ceguera que producen las malas
costumbres y las relaciones diabólicas. Murió en 1883, sin recibir los sacramentos de la Iglesia.
307Fin de Página 307
VOLUMEN V Página: 308((428))CAPITULO XXXVMUCHACHOS RECOMENDADOS POR LA AUTORIDAD ClVIL -NORMA DE DON BOSCO PARA SU ACEPTACION -PIDE
UN EMPRESTITO AL BANCO DEL ESTADO -DON BOSCO Y RATTAZZI -ENTEREZA DE DON BOSCO EN DEFENSA DE
LOS DERECHOS DE LA VERDAD -NUEVAS LEYES DE ENSEÑANZA -LA PROTECCION DE LA VIRGEN -VOTOS
ANUALESCADA año se multiplicaban las peticiones a don Bosco para que admitiera a muchachos pobres en el internado de San Francisco de
Sales. Además de los recomendados por los parientes y los párrocos, estaban los que se recomendaban por sí mismos. Casi todos los
domingos se encontraba, entre los muchachos que frecuentaban o iban por vez primera al Oratorio festivo, algunos tan abandonados, que
si no se les recogía pronto corrían el riesgo de ponerse infaliblemente en la vía del vicio. Y otro tanto ocurría con muchos de los chicos
que acudían a los Oratorios de San Luis en Puerta Nueva y del Angel Custodio en Vanchiglia; de suerte que, hoy uno, mañana otro de los
dos directores, le presentaban a los que realmente eran dignos de toda atención.((429)) Con cierta frecuencia había otros recomendados por la autoridad civil, por los mismos ministros del Rey y especialmente por el
del Interior; y él, mientras tenía un cuchitril o un rinconcito, jamás decía que no, y ponía allí una cama. Se dio el caso, durante el verano
de 1855, que alguno durmió nada menos que en un rellano del campanario. Se conservan las siguientes peticiones de aquel año:MAESTRAZGO DE LA ORDEN DE SAN MAURICIO Y SAN LAZAROTurín, 7 de febrero de 1856Mientras espero el momento de considerar la posibilidad de aumentar la subvención anual que la Orden de San Mauricio concede a la
piadosa obra por V.S. Ilma. y Rvdma. fundada y dirigida, conociendo bien su sentido verdaderamente filantrópico y los incesantes
cuidados con los que sostiene y ayuda a los muchachos abandonados que recoge, debo rogarle busque la manera de incluir entre sus
socorridos a un tal Lorenzo Vindrola, de doce años, cuyo padre, Antonio Vindrola,
308Fin de Página 308
VOLUMEN V Página: 309empleado en otro tiempo en las oficinas de esta Orden, murió en el Hospital Mayor de San Mauricio el día 28 de enero pasado, dejando,
además de Lorenzo, otro hijo de veintiún años, mozo de cuerda, quien con su trabajo apenas si puede vivir él y no podría de seguro
ayudar a su hermano, aprendiz de zapatero, el cual se encuentra huérfano y abandonado totalmente a la edad de doce años. Como la
situación de este desventurado chiquito me parece excepcional y digna de compasión, me he creído en el deber de interesar vivamente el
alma bondadosa de V.S. Ilma. y Rvdma.
para que lo admita en el internado que dirige, para que igual que los demás acogidos, sea mantenido y encarrilado en su actual profesión o
elija otra, que le ponga en condiciones de ganarse un día honradamente la vida.Esperando acepte favorablemente esta mi recomendación, le agradeceré una ((430)) respuesta para comunicar a dicho jovencito que se
presente a V.S. Ilma. y Rvdma.Mientras tanto repito los sentimientos de mi alta consideración.El primer Secretario de S.M.
ClBRARIO***MINISTERIO DEL INTERIOR
Secretaría ParticularTurín, 25 de septiembre de 1856Ilmo. y muy apreciado Señor:No queriendo que al pobre muchacho Romano Chiri le faltara por casualidad el gran beneficio de la educación de esa benemérita
institución, a la que yo mismo recomendé, por carecer del necesario ajuar que él mismo debiera procurarse, quiero cooperar en parte, y
por ello envío a V.S. estas cien liras en un billete de banco, rogándole tenga a bien proveer a dicho jovencito de la ropa que pueda
necesitar.Aprovecho la oportunidad para ofrecerle los sentimientos de mi gran aprecio y consideración.De V.S. Ilma. y Rvdma.Atto. ServidorU. RATTAZZI
***MINISTERIO DEL INTERIORTurín, 3 de noviembre de 1856Hace poco murió el Jefe de Ordenanzas, Joaquín Fissore, dejando en la indigencia a la viuda, con el peso de los hijos de corta edad,
entre los que figura un niño de nueve años. La pobre señora no puede por su edad y pobreza atender a la educación y mantenimiento del
mismo, y por ello, el Ministro abajo firmante, conocedor de la filantropía e interés que el Rvdo. don Bosco, Director de la Pía Obra
((431)) masculina de Valdocco se toma por los muchachos abandonados y faltos de medios, le recomienda al chico Fissore y espera sea
internado en la Pía Institución. Lo presentará su propia madre, portadora de la presente.Fin de Página 309
VOLUMEN V Página: 309El MinistroU. RATTAZZI
Fin de Página 309
VOLUMEN V Página: 310Por estas cartas se ve la prudencia de don Bosco para la aceptación de determinados muchachos. Muchos padres, no sólo de Turín sino
también de otras partes del Estado, para conseguir meter más fácilmente a sus hijos en el Oratorio, acudían a las autoridades civiles y
éstas, a su vez, los recomendaban a don Bosco. El respondía enseguida con una carta respetuosa y cortés; y, si tenía lugar disponible y
creía oportuno aceptarlo, manifestaba cómo le gustaba complacer a tales intercesores y su gran satisfacción en poder ofrecerles aquel
servicio. Al propio tiempo encargaba que advirtieran al padre, a la madre o a otros protectores de los chicos, que se presentaran al
Superior del Oratorio para concertar el momento y detalles de la admisión. Cuando se presentaban los padres, don Bosco los recibía con
gran caridad, les explicaba las condiciones, que consistían en invitarles a buscar, si les era posible, alguna ayuda entre sus allegados,
amigos o bienhechores, con la que cooperar a aquella obra de beneficencia.Obraba así, porque los recomendados por las autoridades siempre se presentan en las instituciones como quien tiene derecho,
ufanándose de la intercesión recibida, creyendo que ya con eso se libraban de toda obligación con el Oratorio. Por eso don Bosco con tal
((432)) advertencia les hacía entender que la admisión de sus hijos dependía solamente de él y no de otros; que sólo él podía conceder o
negar el favor: y de este modo se les bajaban los humos y desistían de sus pretensiones. Entonces aquella buena gente empezaba a
suplicar; don Bosco se tomaba tiempo para responder y, unas veces les proponía pagar una cantidad anual muy pequeña, otras, se
conformaba con que los muchachos no llevaran consigo más que su ajuar personal, aunque lo más corriente era que los recibiera
gratuitamente, pero siempre quería que se reconociese a quién se debía el favor. Don Bosco recomendaba además a sus colaboradores, en
semejantes casos, que siguieran esta misma regla, asegurándoles que era la única, si querían ser dueños de su casa.Don Bosco sabía aprovechar estas peticiones de las personas influyentes en la administración civil para el Oratorio en determinadas
circunstancias. Cuando algunos padres le presentaban a sus hijos para que los recibiera en el Oratorio sin ninguna recomendación, porque
ellos no podían mantenerlos ni educarlos, les preguntaba por su posición social y sus circunstancias, luego les aconsejaba que se
dirigieran directamente a algún ilustre personaje, que él mismo les indicaba para sus propios fines, por ejemplo a un ministro, a un
senador, a un diputado de su distrito, al delegado provincial de
310Fin de Página 310
VOLUMEN V Página: 311Hacienda, o al alcalde de su pueblo para que les recomendaran a cualquier obra benéfica y concretamente a la de don Bosco. Los que
recibían tales solicitudes con el correspondiente expediente, las enviaban al Oratorio acompañadas de un oficio de presentación. Y don
Bosco, entonces, iniciaba la correspondencia con aquellos señores. De ordinario, ésta era complicada, porque esas cartas oficiales ((433))
solían pasar de unos entes a otros: del Alcalde al Gobernador, del Gobernador al Ministro, hasta que, después de detenerse en
innumerables oficinas, llegaban a su destino.Con estas artes de prudencia, don Bosco iba haciendo conocer cada vez mejor en las esferas de la Administración la existencia e
importancia de su Institución. Quien solicitaba el ingreso de un muchacho rendía en cierto modo tributo de aplauso y confianza al
Oratorio, que equivalía a un tácito reconocimiento de cuanto hacía don Bosco en favor de la juventud, y las altas dignidades del Estado,
al ver cómo don Bosco condescendía con sus peticiones, procuraban corresponderle benévolamente en muchas ocasiones. Don Bosco, al
aceptar la recomendación, hacía responsables, de alguna manera, a los que le recomendaban, el cumplimiento de lo establecido, y a su
tiempo sabía pedirles a ellos o al Gobierno subvenciones, ayudas y el cese de las molestias sectarias.Pero la aceptación de muchachos requería un edificio más capaz. Por ello, a principios de 1856, don Bosco pidió un préstamo al Banco
del Estado para terminar de construir el nuevo pabellón, aún sin acabar desde 1853. Era una petición extraña y audaz en aquellos tiempos,
pero indicaba a las Autoridades civiles una forma sencilla para atender a determinadas necesidades urgentes de las poblaciones. En
efecto, veinte años después, fueron concedidos por ley préstamos a los ayuntamientos pobres para la construcción de escuelas, sin que por
ello se resintiera la economía del Estado, y lo mismo se hizo a los particulares para atender a los destrozos de los terremotos, con la so la
condición de pagar unas pequeñas anualidades con las que se extinguía la deuda al cabo de determinado número de años.((434)) Pero don Bosco pedía mil, para alcanzar diez; he aquí la respuesta que le dieron.MINISTERIO DEL INTERIOR
Sección 3 N. 283.Turín, 14 de noviembre de 1856Es muy digno de alabanzas el proyecto del excelente sacerdote reverendo don Juan Bosco, expresado en la memoria adjunta a su carta
del día 8 de los corrientes,
311Fin de Página 311
VOLUMEN V Página: 312consistente en la ampliación del actual edificio, para poder albergar un número mayor de muchachos pobres, abandonados y en peligro,
abierto con gran utilidad y filantrópica intención en el barrio de Valdocco de esta ciudad. Veríamos con satisfacción que fuese llevado a
término por las ventajas que aportaría a esta clase de jóvenes, pero no obstante el buen deseo del que suscribe, no está éste en condiciones
de poder concederle el adelanto de fondos solicitado para cubrir los gastos de la referida ampliación de locales, dadas las circunstancias
por las que atraviesan actualmente las finanzas del Estado.El que esto escribe espera y confía que el benemérito sacerdote reverendo Bosco podrá conseguir poco a poco los medios necesarios a
su propósito de la caridad privada y, entre tanto, para atender a las necesidades ordinarias, se ha determinado concederle una subvención
de 300 liras, con cargo al Presupuesto de este Ministerio, lamentando que las estrecheces del mismo no le permitan ser más generoso.Se ha cursado la orden de cobro, que pagará la Tesorería del Interior.El MinistroU. RATTAZZI
Esta carta demuestra cómo Rattazzi mantenía vivo interés por don Bosco y su obra. Solía decir que el Gobierno tenía la obligación de
proteger su institución, porque cooperaba eficazmente a amenguar los inquilinos de las cárceles y a formar honrados ciudadanos.((435)) Todos los documentos que Rattazzi enviaba a don Bosco, fueran del género que fueran, los firmaba de su puño y letra, y ponía
su nombre al pie de las recomendaciones para la admisión de los muchachos. Tenía a gala contestar él mismo a las solicitudes de ayuda, y
prefería en tales casos no servirse de los secretarios.Animaba a don Bosco a continuar en su noble empresa, y siempre que iba por el Ministerio, le gustaba hacerle saber que nada tenía que
temer de él, y así fue a la verdad. Le profesaba sincero afecto, ponía a su disposición la influencia de que gozaba en las altas esferas del
Estado, y le tenía en tanta estima, que en las conversaciones le llamaba el gran hombre. Fue a visitarlo varias veces al Oratorio y otras le
llamó al palacio ministerial para interesarse de viva voz por algún muchacho abandonado, para indicarle cómo había de librarse de ciertas
asechanzas y para otros asuntos.Pero don Bosco, aunque vivamente agradecido, estaba en guardia para no quedar atado a él, con menoscabo de su libertad de acción.
Por eso, habiéndole ofrecido en una ocasión una elevada cantidad, a condición de que hiciera ocer su institución como una Obra Pía del
Gobierno, don Bosco expuso sus razones para no aceptar, y el Ministro no insistió.Cuando le recibía en audiencia, Rattazzi tenía con él toda suerte de atenciones.
312Fin de Página 312
VOLUMEN V Página: 313Las salas de espera solían estar repletas de personas nobles, secretarios de distintos ministerios, jefes de negociado, y otros señores que
ocupaban cargos importantísimos. Le tocaba a don Bosco ser el último, pues era el último en la nota que se pasaba al Ministro. Pero
Rattazzi la leía y, sin más consideraciones, decía:-íEl Abate! ((436)) Que pase.Y con asombro de todos, aparecía el ordenanza y decía en alta voz:-íAbate Bosco: el señor Ministro le llama!Y apenas entraba decíale Rattazzi:-íUsted no tiene tiempo que perder!Alguién pensó que don Bosco tenía demasiado trato con Rattazzi y otros personajes, que militaban en el campo opuesto a la Iglesia, y
que sostenía con ellos relaciones más íntimas de lo conveniente. Mas don Bosco no era tan tonto como para no prever ciertas habladurías,
y como se trataba de la gloria de Dios, de hacer el bien y contrarrestar en lo posible el mal, no se preocupaba de ello y demostraba con su
actitud la rectitud de sus principios e intenciones. El era todo un carácter católico para decir la verdad. Era fiel a la Iglesia sin
restricciones ni reservas, su fe era la fe de Pedro, y no ocultaba ante nadie, ni en ninguna ocasión, sus creencias firmes e inquebrantables.
Jamás le venció el respeto humano, y aunque siempre fue manso e indulgente con las personas, no transigía con los principios y la
doctrina. Nunca, bajo ningún pretexto, hizo causa común ni simuló hacerla con los enemigos de Dios; y fue cabalmente por eso por lo
que los mismos hombres más funestos para la religión, le trataron con muestras de aprecio.Nos contó el cardenal Cagliero que el ministro Rattazzi, aprovechando la confianza que tenía con don Bosco, un día, después de la
audiencia concedida en el Ministerio, le preguntó, si por causa de lo mucho que había tenido que hacer contra la Iglesia, como Ministro
del Estado, habría incurrido en censuras. Don Bosco, sorprendido por la inesperada pregunta, no se atrevió a contestarle en aquel
momento y le pidió tres días de plazo, diciendo:-En los asuntos graves me gusta pensar y reflexionar sobre ellos un poco.Tres días después ((437)) don Bosco se presentó de nuevo al Ministro, creyendo hubiera olvidado la pregunta; pero Rattazzi apenas lo
recibió, díjole:-Bueno: "estoy excomulgado?Y don Bosco respondió al instante:
313Fin de Página 313
VOLUMEN V Página: 314-íExcelencia! He estudiado la cuestión, mas, pese a todo lo que he hecho para poderle anunciar que no había incurrido en censura, muy
a mi pesar no he podido salvarlo, ni he encontrado un solo autor de teología que lo salve.La franqueza y libertad de don Bosco gustaron a Rattazzi, el cual añadió:-íMuy bien, don Bosco! Estaba seguro de que usted no me engañaría, y por eso he querido saberlo de sus labios. Hasta ahora ninguno
quiso ser sincero y decírmelo. Celebro su franqueza y le repito lo que ya le he dicho; venga a mí siempre que necesite algo para sus
chicos.A veces decía en son de broma a don Bosco:-Rece por mí, para que, si he de ir al infierno, no vaya muy al fondo.
Lo que quiere decir que ya don Bosco había pronunciado ante él alguna palabra de vida eterna, como acostumbraba hacer directa o
indirectamente en sus conversaciones.Un día, al entrar en el despacho de Rattazzi, le observó:-íExcelencia! Su despacho parece un confesonario rodeado de penitentes en tiempos de Pascua, a juzgar por el gran número de personas
que hacen antesala.El Ministro respondió:-Pero con una diferencia, querido don Bosco: que el que sale del confesonario, se va contento, con la paz en el corazón y bendiciendo al
padre espiritual; mientras que el que deja al Ministro, que no ha podido condescender con sus deseos, se aleja de él lleno de rabia y
maldiciendo...Aquel hombre aún guardaba en su corazón algo de fe, mas, por desgracia, buscaba acallar su voz. ((438)) Don Francisco Cerruti
hablaba de él en cierta ocasión con don Bosco y le preguntó:-Entonces, cuando Rattazzi hablaba con usted: "era un hipócrita?-No, contestó don Bosco. íEra hipócrita cuando hablaba con la cámara de diputados! Obedecía a la secta. Se unían en él nobles virtudes
y deplorables cualidades. Si hubiera vivido en otra época, en distinta atmósfera y sin pactos que lo ataran, hubiera sido un gran hombre y
no un hombre funesto.Lo mismo sucedió con tantos otros que pertenecían a su partido y hacían causa común para mermar cada vez más la acción de la Iglesia
hasta en las escuelas.A principios de 1856 Juan Lanza, Ministro de Instrucción Pública,
314Fin de Página 314
VOLUMEN V Página: 315presentó en el Senado un proyecto de ley por el que se establecía que todos los seminarios y colegios episcopales debían depender del
Ministerio. El Parlamento lo aprobó y los obispos protestaron.Mientras esta ley y otras, ya promulgadas o que se estaban preparando, ponían en aprietos a los centros eclesiásticos, don Bosco había
empezado a organizar sus escuelas dentro del Oratorio. Al pensar en la amplitud de sus planes sobre la instrucción y educación de la
juventud, preveía las grandes tempestades que se levantarían contra él; pero caminaba seguro y repetía muchas veces a sus discípulos:-íNo temáis! Pasará la borrasca, volverá el buen tiempo; felices los que no se escandalicen de mí. Es una promesa que me hizo uno que
no se equivoca. El Oratorio no es cosa mía; más aún, si lo fuera, querría que el Señor la deshiciese enseguida.Por eso quiso que su primer maestro permanente de latín estuviera bajo la protección de María Santísima. Y así, el clérigo Juan
Francesia, el año 1856, sin ((439)) ninguna aparatosidad, como lo había hecho el año anterior el clérigo Miguel Rúa, se ligaba a Dios con
votos por un año, para ayudar a la obra de don Bosco.El mismo escribió en latín la crónica de aquella primera y feliz consagración y puso luego la fecha, que era tan importante para él.
Don Bosco le sorprendió un día leyendo aquella página y le dijo:-íMuy bien! Este recuerdo me gusta.Pero cuando leyó la fecha con las calendas y los idus del antiguo cómputo romano, observó:-Te equivocas, seguro, te equivocas; aquel día debía estar dedicado a la Virgen, y aquí no aparece.Efectivamente, el clérigo Francesia lo comprobó y vio que, en vez de un quinto kalendas, debía haber escrito quarto, fecha que
coincidía con una festividad de la Madre de Dios. Entonces don Bosco remachó:-En el Oratorio no debe hacerse nada, nada, "entiendes? Sino íen el Santo nombre de María!
315Fin de Página 315
VOLUMEN V Página: 316((440))CAPITULO XXXVILECTURAS CATOLICAS -METODO FACIL PARA APRENDER LA SANTA BIBLIA -CIRCULAR DE DON BOSCO A LOS
ABONADOS -PASTORAL DEL OBISPO DE BIELLA -ARCHICOFRADIA REPARADORA DE LAS BLASFEMIAS Y DE LOS
DIAS FESTIVOS -VIDA DE SAN PANCRACIO -INTERCAMBIO DE CARTAS Y CONVERSACIONES DE DON BOSCO CON
UN PROTESTANTEDON Bosco proseguía su labor de buscar suscriptores para las Lecturas Católicas. Así hablaba el periódico Armonía el 4 de febrero del
1856, sobre el folleto correspondiente a la segunda quincena de enero:"La imprenta de Paravía acaba de publicar un librito de la serie Lecturas Católicas con el título de: Método fácil para aprender la
Sagrada Biblia para uso del pueblo cristiano, con un mapa de Tierra Santa, cuyo autor es el sacerdote JUAN BOSCO. El nombre del
autor es suficiente garantía de que el libro responde al fin propuesto. Son bien conocidos el celo, la laboriosidad, la inteligencia y la
experiencia de este estupendo sacerdote para la instrucción del pueblo".Los folletos XXIII y XXIV, correspondientes a febrero, impresos también por Paravía, se titulaban: Libro de la Oración Dominical,
((441)) escrito por San Cipriano hacia el año 252, puesto al día por el conde Coriolano Malingri de Bagnolo.El prólogo contenía una breve biografía del Santo. El libro escrito por un mártir, uno de los primeros Padres de la Iglesia latina, es un
documento de la fe de los cristianos de aquellos tiempos, en los que, según los protestantes, las enseñanzas de la Iglesia estaban todavía
incorruptas. En él se encuentra claramente la creencia en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, en el Sacrificio de la Santa Misa,
en la necesidad e importancia de las obras buenas y de la oración, etcétera.Don Bosco enviaba, con el libro, una carta circular.
316Fin de Página 316
VOLUMEN V Página: 317A los suscriptores y beneméritos corresponsales.Hemos llegado al tercer año de nuestras populares publicaciones de Lecturas Católicas; creemos un deber dirigir unas palabras a los
señores suscriptores y a los beneméritos corresponsales.En primer lugar agradecemos a éstos el habernos sostenido con su cooperación, que nos sirvió de verdadero aliento en medio de los
sacrificios que hemos debido soportar, para que no faltara al pueblo la instrucción y el beneficio moral que nos hemos propuesto
servirles.Bien sabemos que no es nada en comparación de lo que falta, sobre todo a las clases populares, a las que amamos como a las niñas de
nuestros ojos. Por lo cual, con plena confianza en los suscriptores, en la cooperación de los beneméritos corresponsales, en la asistencia y
ayuda de Dios, entramos confiados en el cuarto año de nuestra publicación, tratando de mejorar todo aquello que está a nuestro alcance,
ya sea en la forma de tratar los asuntos, ya sea en la exactitud y regularidad de la publicación y el envío de los folletos.Por doquier se difunden libros impíos y de pésima hechura, escritos para corromper el corazón y torcer la mente de los buenos; se
difunden impunemente por mano desconocida, pero astuta, y que especula con el oro, ((442)) sobre las humanas pasiones con detrimento
de la fe, de las costumbres, y acarreando a la familia y a la entera sociedad daños incalculables. Por tanto es necesario, es deber nuestro
presentar libros buenos para alimentar el espíritu y el corazón con principios morales, a fin de disminuir en lo posible los tristes efectos
de aquéllos. Libros de poco peso para no cansar y de escaso precio que no exijan más que un pequeño sacrificio.Esta ha sido y es, señores, la finalidad de las Lecturas Católicas. Por tanto el que favorece nuestro intento, realiza una obra
eminentemente católica y social y hace una obra de misericordia. Todo padre de familia, debería, pues, aportar su piedra para asegurar los
cimientos del edificio religioso y civil suscribiéndose; todos los párrocos debieran amparala y difundirla en sus parroquias; los ricos en
nada podrían emplear mejor una parte de sus haberes que asociándose para distribuir gratuitamente folletos a quienes faltan los medios
materiales para hacerlo. Creemos, por nuestra parte, no haber fallado, puesto que, en el curso de tres años y con grave sacrificio, hemos
puesto en circulación seiscientos mil folletos de Lecturas Católicas: mucho más hubiéramos hecho, si se nos hubiera ayudado a
difundirlas por esos pueblos y ciudades, donde todavía son poco menos que ignoradas. Por lo mismo rogamos encarecidamente a los
señores corresponsales que se multipliquen para que crezca el número de sus suscriptores y, para que sean conocidas donde no lo son,
seguros de que sólo así se hacen acreedores al reconocimiento de la sociedad y de la religión.Confiamos en que nuestro llamamiento no será vano, ya que conocemos bastante las ideas del pueblo, el celo y constancia del clero y la
generosidad de los ricos, en quien tenemos nuestra confianza, después de Dios. La Dirección central de las Lecturas Católicas tiene su
sede en Turín, calle de Santo Domingo, número 11. En ella están a disposición del público todas las obras publicadas durante los tres
años precedentes.LA DlRECCION1 Así terminaba Armonía su número del 22 de febrero de 1856, en el que reproducía esta circular. "Recomendamos encarecidamente
esta gran obra de caridad. Si es importante impedir
317Fin de Página 317
VOLUMEN V Página: 318((443)) Don Bosco no restaba un solo minuto a las muchas horas que continuamente dedicaba a la catequesis y al confesonario, para
dedicarlo a las Lecturas Católicas. Había empezado ya la cuaresma, que terminaba el veintitrés de marzo. No tenía en cuenta las
incomodidades, la multitud de penitentes, el intenso frío, la penetrante humedad, el calor sofocante, ni la picaduras de los innumerables
insectos que generalmente abundan donde se reúnen muchos chiquillos. Aguantaba don Bosco con la mayor discreción y en vez de
lamentarse se reía alegremente. A lo sumo, cuando llegaba a su habitación, se arreglaba bien para proseguir al día siguiente su lento y
prolongado martirio.Del confesonario volvía a su mesa de trabajo para corregir las pruebas de imprenta. Aquel año redujo a doce los folletos de las Lecturas
Católicas, mas sin disminuir el número de páginas prometidas. La entrega de marzo se titulaba: El domingo para el pueblo, impreso en la
imprenta Ribotta. Desarrollaba estos tres temas: -La profanación de los días festivos es un delito contra Dios y contra la
humanidad.-Diversiones y vida de familia en los días festivos.-La taberna y los desórdenes del domingo.((444)) El número del 28 de marzo de Armonía decía:Ya hemos recomendado en nuestro periódico las Lecturas Católicas y creemos oportuno repetir nuestras recomendaciones al aparecer el
primer número del cuarto año titulado: El domingo para el pueblo. No sabríamos cómo convencer a los buenos para que le dediquen sus
simpatías, mejor que repitiendo lo que el Ilmo. y Rvdmo. Señor Obispo de Biella decía a sus diocesanos, con este mismo fin, en su
pastoral de la recién pasada cuaresma."Una de las obras de caridad, escribe, más bonitas es sin duda la que mira a la inteligencia, sobre todo en estos tiempos, en los que con
tanto afán y empeño procuran pervertirla los enemigos de la Iglesia; por tanto, nunca recomendaremos bastante a cuantos eclesiásticos y
seglares miran por la gloria de Dios, el triunfo de la Iglesia Católica y las buenas costumbres, la calurosa promoción de la difusión de las
Lecturas Católicas, con las que oponer un rápido y preventivo antídoto al veneno, que, con mil colores atractivos, se va difundiendo en
las hojas que se publican, y del que se deriva después el engaño y la perversión del pueblo. Hay que industriarse, pues, y conseguir, a
norma del Charitas Christi urget nos (el amor de Cristo nos acucia) que pasen de mano en mano, de familia en familia, y hacer que se lean
y se comprendan, ya que en nuestro día ésta es la caridad más oportuna y la más fecunda en bienes espirituales".que un hombre se envenene, advirtiéndole de lo que va a beber, no será ciertamente de menor importancia la caritativa obra de prevenir el
espíritu contra el veneno del error. Y quien sabe algo de las atrocidades de la mala prensa en nuestro país, fácilmente comprenderá que
nunca hubo entre nosotros mayor necesidad de oponer antídotos a tanto veneno como se esparce".
318Fin de Página 318
VOLUMEN V Página: 319Entre tanto, don Bosco tenía la gran satisfacción de recibir la facultad solicitada a la Santa Sede para bendecir, durante tres años,
crucifijos y medallas con aplicación de indulgencia plenaria en peligro de muerte, y rosarios, con aplicación de las indulgencias llamadas
las de Santa Brígida. 11 Dilecte fili, salutem et apostolicam benedictionem.Quae ad religionem fovendam animarumque salutem procurandam fieri possunt, ea libenti animo concedere solemus. Jam vero cum
nuper Nobis exponendum curaveris, Te, ad Passionis et Agoniae Redemptoris et D.N.J.Ch. unde nobis vita, salus et resurrectio manavit,
memoriam in omnium Christi fidelium animis excitandam, nec non cultum et venerationem B.M.V.I., ab ipso Catholicae Ecclesiae
oxordio ubique gentium semper exhibitam, promovendam et adjuvandam, cruces, sacra numismata et coronas precatorias benedicere et
consuetis indulgentiis ditare vehementer cupire, atque adeo a nobis petieris ut hanc tibi facultatem de Apostolica benignitate concedere
dignaremur; Nos piis hujusmodi votis annuendum censuimus. Igitur de Omnipotentis Dei misericordia ac B.B. Petri et Pauli
Apostolorum ejus auctoritate confisi, tibi et deiceps ad TRIENNIUM proximum tantum, dummodo ad excipiendas sacramentales Christi
fidelium confesiones sis approbatus, extra urbem ac de consensu Ordinarii tui (quem nisi obtinueris has litteras nullas volumus) cruces et
sacra numismata cum applicatione indulgentiae plenariae in mortis articulo consequendae, nec non coronas precatorias cum applicatione
indulgentiarum S. Birgittae nuncupatae, privatim in forma Ecclesiae consueta benedicere possis et valeas auctoritate Apostolica tenore
praesentium, concedimus et indulgemus. In contrarium facientibus non obstantibus quibuscumque.Datum Romae apud S. Petrum sub Annulo Piscatoris die XXII februarii MDCCCL VI, Pontificatus Nostri anno Decimo.Pro Domino Cardinali MacchiG.B. BRANCALEONI CASTELLANI Subs.
PIO PAPA IXAmado hijo, salud y bendición apostólica.Solemos conceder de buen grado cuanto pueda servir para el fomento de la religión y ayuda a la salvación de las almas. Ahora bien,
habiéndonos expuesto tú recientemente que con el fin de avivar en todos los fieles cristianos la memoria de la Pasión y de la Agonía del
Redentor y Señor nuestro Jesucristo, de donde nos vino la vida, la salvación y la resurrección, así como para promover y aumentar la
veneración a la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, puesta de manifiesto desde los comienzos mismos de la Iglesia y en todas
partes, deseas ardientemente poder bendecir y enriquecer con las indulgencias acostumbradas, cruces, medallas y rosarios, hasta tal punto
que ruegas que nos dignemos concederte benignamente esta facultad, Nos hemos juzgado que debíamos acceder a estos piadosos deseos.
Así pues, confiando en la misericordia de Dios y en la autoridad de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, te concedemos a ti y
por un trienio solamente, que privadamente y en la forma acostumbrada por la Iglesia, puedas bendecir con autoridad apostólica, y a tenor
de las presentes letras, cruces, medallas con indulgencia plenaria "in artículo mortis" (en el momento de la muerte), como también los así
llamados rosarios de Santa Brígida, con tal de que estés aprobado para oír confesiones, lo hagas fuera de Roma y con el consentimiento
de tu Ordinario (que si no lo obtuvieres, es voluntad nuestra dejar sin efecto este escrito).No habiendo nada en contrario.Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el día 22 de febrero del año 1856, décimo de nuestro Pontificado.Por el Sr. Cardenal MacchiJ.B. BRANCALEONI CASTELLANI, Subst.
Fin de Página 319
VOLUMEN V Página: 320((445)) Y entregaba a Paravía, para el mes de abril, el folleto anónimo titulado "La blasfemia. Advertencia al pueblo". Intercalaba algún
que otro hecho edificante y, al final, presentaba el Reglamento de la Pía Archicofradía reparadora de las blasfemias y de la profanación de
las fiestas fundada en Francia por el sacerdote Pedro Marche en 1847. Propagóse ésta con prodigiosa rapidez, y se estableció aquel mismo
año en la iglesia de las Huérfanas de Turín, en el santuario de Nuestra Señora de Oropa cerca de Biella y en muchas otras parroquias, con
aprobación de dos prelados.Contaba ya con varios millares de inscritos. Por lo cual la dirección de las Lecturas Católicas se ofrecía para conseguir el diploma de
agregación ((446)) a la Archicofradía, a quienes no pudieran obtenerlo directamente del sacerdote Pedro Marche, párroco de la Noue en
Saint Dizier,1 con la facultad para gozar de las ventajas y privilegios cencedidos por la Santa Sede.Para ayudar en todo lo posible a esta asociación, anunciaba don Bosco, además, la venta del Reglamento en la Dirección de las Lecturas
Católicas a 30 céntimos la docena.Mientras preparaban en la imprenta estos folletos, don Bosco escribía para el mes de mayo la Vida de San Pancracio mártir, con un
apéndice sobre el santuario a él dedicado en Pianezza. Tenía devoción particular por este santuario, al que iba de cuando en cuando, soloo en compañía de sus muchachos en piadosa peregrinación. Expone en él las gloriosas escenas de este jovencito para refutar los errores de
los valdenses; y, como en todos sus escritos, aprovecha la ocasión del encuentro de San Pancracio con el Papa San Cayo, para resaltar la
primacía de los Sumos Pontífices sobre toda la Iglesia; se apoya en ruidosos milagros por él obrados en el curso de los siglos, para
confirmar el dogma católico sobre el culto de las reliquias de los santos y su poderosa intercesión ante Dios. Iba precedido el libro de un
Aviso Importante:
Cristiano lector, cuando te dispones a leer la vida de San Pancracio mártir, quizás te asalte la idea de querer saber de dónde se han
sacado las noticias contenidas en este librito, a fin de valorar la fe que merece el que las conservó y transmitió a la posteridad. Satisfago
gustoso tu legítimo deseo.Par escribir este folleto he leído y aquilatado atentamente todo lo que refieren en torno a San Pancracio mártir los nás acreditados libros
de vidas de los santos. He leído también las obras de Surio y de los Bolandistas, correspondientes al día 12 de mayo, y el apéndice, pág.
680; y la obra de Tillemont: Memorias sobre la Historia1 Saint-Dizier: ciudad industrial del Alto Marne, en Francia. (N. del T.)
320Fin de Página 320
VOLUMEN V Página: 321Eclestástica, Tomo V, y la del ((447)) padre agustino descalzo Juvenal, titulada Maravillas de San Pancracio, en tres libros, editados en
1655.He sacado además algunas ideas de las homilías de San Gregorio Magno, de San Gregorio Obispo de Tours, en el libro Gloria de los
mártires y de algunos manuscritos auténticos, cuyo original se conserva. Dichos escritores recogieron en antiguos manuscritos cuanto hay
de cierto acerca de la vida, martirio y culto del mártir San Pancracio y de ellos he sacado yo cuanto aqui se expone, habiéndome limitado
a traducir o a vulgarizar algunos conceptos que tal vez hubieran resultado demasiado elevados para quienes no han podido estudiar a
fondo la religión. Quisiera hacer notar que las maravillas de este héroe cristiano son tan numerosas y llamativas por sí mismas que
solamente he tenido que seleccionar algunas, para evitar el espesor de los volúmenes, y he escogido entre ellas las que comúnmente suele
conceder la divina bondad a los mortales, dejando de lado aquéllas que no resistirían una crítica razonable, o pudieran ser puestas en
ridículo por algún desaprensivo.Por lo demás, lector amigo, aquí verás a un muchacho, que maravillosamente conducido a Cristo, siendo muy joven, selló con su propia
sangre la fe recién abrazada. Lo cual es un nuevo argumento de la divinidad y santidad de nuestra religión, ya que sólo Dios puede
infundir semejante fortaleza y tamaña constancia en un muchacho noble, rico, halagado por la edad, las promesas, los honores y los
placeres, que deja todo, desprecia todo, y, desafiando la ira de un tirano y los más atroces tormentos, con la única esperanza de una eterna
recompensa, marcha intrépido al encuentro de la misma muerte por la fe de Cristo.Querría también, católico lector, recordases que sólo la religión católica tiene verdaderos mártires, y que el incontable número de ellos
le han dado esplendor, y que los que ella presenta a la veneración de los fieles, son otros tantos testimonios de la verdad de la misma
religión, que, en todo tiempo y lugar, reconocieron como divina y santa, y predicaron y confirmaron con su vida.Las demás sociedades que se glorían de ser cristianas, no tienen ningún mártir que haya muerto para confirmar la verdad ((448)) de sus
creencias; un santo que haya obrado milagros, ni menos un santuaraio donde se haya realizado un hecho milagroso o concedido una
gracia. Y el que estas sectas no tengan mártires, ni santos, ni milagros, ni santuarios, es ocasión de que arrastren consigo aversión a los
santos, a las reliquias y a los santuarios, donde sus reliquias e imágenes son veneradas por los fieles con especial devoción y donde el
Señor suele conceder sus celestiales favores con prodigiosa abundancia, por intercesión de sus elegidos. Dios, que es infinitamente bueno
y al mismo tiempo maravilloso en sus santos, comunique valor a los católicos para seguir el camino de tantos millones de santos mártires,
confesores, vírgenes y penitentes como nos han precedido; y a todos los que están fuera de la Iglesia, les conceda luz para conocer la
verdad, fuerza para descubrir el error, valor para abandonarlo, y volver a la grey de Cristo para formar un solo rebaño en la tierra y estar
un día con él para cantar sus misericordias eternamente en el cielo.De este modo seguía combatiendo don Bosco los errores de los valdenses. Este librito, como todos los suyos, alcanzó ocho y diez
ediciones. Los herejes se envalentonaban, porque gozaban de privilegios hasta el extremo de tener plena libertad para enseñar en sus
escuelas; si los regios inspectores de estudios en Pinerolo, hubieran
321Fin de Página 321
VOLUMEN V Página: 322querido visitar su colegio o exigir el título académico a uno de sus profesores, eran removidos a escape.Por otra parte tenían como aliados a los periódicos sectarios, especialmente a la Gaceta del Pueblo, que hablaba de don Bosco, con el
mote de don Bosio, para insultarle impunemente con artículos obscenos.De modo que los valdenses, a base de prensa, discusiones y cartas, que nosotros conservamos como documentos de ignoracia, de
errores gramaticales, ((449)) de soberbia, buscaban cómo confundirlo y hacerle callar. Pero don Bosco era incansable en su empresa; la
caridad de Cristo y los modos de San Francisco de Sales eran sus armas; les contestaba sin acrimonia, disimulando las injurias y
respetando las personas. Y, a través de las amistades, buscaba ganárselos invitando a que le visitaran aquellos infelices que habían vuelto
las espaldas a la verdadera religión. Era una batalla espiritual de celo ardoroso contra todo un ejército de extraviados, y, al mismo tiempo,
un combate singular con muchos de ellos.He aquí una prueba de cuanto decimos en las siguientes cartas.Muy Reverendo Señor:El que suscribe y tiene el honor de dirigir la presente a V.R.S. es el ingeniero Juan Prina-Carpani, perteneciente a la Sociedad
Evangélica y empleado en el catastro, de quien ya le ha hablado su colega el señor Pina. He ido a visitarle dos veces, juntamente con
dicho señor Pina, y anteayer yo solo, mas no tuve la suerte de encontrarle; por ello he decidido escribir estas líneas para informarle de mis
intenciones.Le anticipo que el señor Pina me parece un joven realmente extraño para los tiempos que corren y particularmente dotado de un
corazón religioso y cristiano; mas desgraciadamente, por ignorancia y a causa de los prejuicios en él inoculados con una falsa educación,
es incapaz de razonar y hasta de entender un iento lógico sobre religión: por eso ha creído conveniente el que suscribe presentarle aV.R.S. y sostener una conferencia con usted, como abogado suyo, sin perjuicio de las propias opiniones, pues goza de fama
honorabilísima, por la que pueda el que esto suscribe dar cuenta al señor Pina de la propia fe, de las propias esperanzas y del fundamento
en que se basan. El fin de esta entrevista sería enseñar cristianamente a este señor Pina a no pensar y juzgar por cabeza ajena, sino a
instruirse más, para no dar la impresión de un hombre de la edad media, presuntuoso ((450)) y fanático. Al propio tiempo, ya que el
adversario estará asistido por V. S., yo lo estaré por su hermano en Jesucristo Carlos David, a quien usted ya conoce. Y para que nuestra
conversación sea de algún provecho, desearía también, con su beneplácito, estuvieran presentes, sólo como testigos, otros dos
compañeros nuestros de trabajo, discretísimos y de recto criterio, los cuales tendrán que glorificar al Señor, en fuerza de nuestros
razonamientos reconociendo que la revelación es la verdad y que fuera de ella todo es error.
322
Fin de Página 322
VOLUMEN V Página: 323Con la esperanza de un feliz encuentro, le anticipa su agradecimiento y tiene el honor de declararse,De V. S. Rvdma.Turín, 18 de abril de 1856Su seguro servidor
JUAN PRINA-CARPANI, Ing.Don Bosco respondió al señor Prina-Carpani con una carta en la que plasma cuál era su estilo, cuando trataba con los se habían alejado
de la verdad.Ilmo. Señor:Siento mucho no haberme hallado en casa la dos veces que V.S. Ilma. ha tenido la bondad de venir a verme; una multitud de
ocupaciones hacen que con frecuencia me encuentre fuera, si no estoy advertido de antemano.Dispuesto siempre a ocuparme de todo cuanto pueda ser de utilidad a mi prójimo, con gusto recibiré a usted y sus amigos para dialogar
amigablemente. Pero, antes le ruego tenga la bondad de indicarme algunos puntos que me parecen indispensables, entre dos amigos que
quieran hablar sobre religión.1. Dígame si lo que usted y sus amigos pretenden es discutir o dialogar para conocer la verdad y seguirla por encima de toda dificultad.
La discusión no acarrea ventaja moral alguna, si va separada del deseo de conocer y seguir la ((451)) verdad. En tal caso es necesario
rezar con toda humildad, para que el Señor nos conceda sus luces y nos dé a conocer las cosas, como hará un día cuando nos presentemos
ante el tribunal de Cristo Jesús.
2. Si usted pretende servirse sólo de la Biblia o también de la tradición, y en el primer caso qué Biblia quiere usar: si la griega o la
hebrea, la latina, la italiana, o la francesa.
3. Si durante la conversación surgiera una discusión sobre algo en lo que no pudiéramos ponernos de acuerdo, "a quién recurrir para
que sea juez en nuestra duda?
En cuanto tenga la bondad de responderme, buscaré el momento más oportuno para usted y en el que yo esté más libre de mis
ocupaciones domésticas y podremos dialogar libremente junto con todos los amigos que quieran partícípar.Entre tanto ruégole acepte mi amistad, seguro de que le aprecio con toda mi alma, en Cristo Jesús, a quien ruego nos conceda luz para
conocer la verdad, entereza y gracia para seguirla y así formar un solo rebaño en la tierra y gozar de El después eternamente en el cielo.Con todo afecto créame.Su seguro servidor in Xto.
JUAN BOSCO, Pbro.El señor Ingeniero no tardó en volver a tomar la pluma.Muy Rdo. señor don Bosco:Su apreciada del 19 de lo corrientes ha llegado a mis manos el día 21 por la mañana al entrar en mi despacho; le agradezco
sinceramente la cordial y cristianaFin de Página 323
VOLUMEN V Página: 324acogida que ha tenido a bien dispensarme. Seguramente no le llegará enseguida la presente, ya que todo mi tiempo está repartido entre el
empleo, la familia, las necesidades materiales de la sociedad evangélica a la que pertenezco y sobre todo por las muchas obligaciones
espirituales que tengo, siendo como soy, por la gracia de ((452)) Dios, cristiano reciente, válgame también esto para disculparme en el
caso de que se demore un tanto nuestra entrevista.Respondiento punto por punto a su gratísima carta, le advierto que el fin que me propongo ya lo he manifestado en mi anterior, y es:
manifestar mi fe, mi esperanza y el fundamento en que se basan. Las consecuencias serán más bien los demás los que las deberán deducir,
y no yo, que sé en quien confío, si a El place que su Santo Espíritu esté con nosotros y abra el corazón del que cree seguir su voluntad y
no hace caso de las trapacerías de los hombres. Por lo mismo, confieso que no es la obstinación mi condición, pero en el caso de que
fuera vencido, lo confesaré francamente. En cuanto a seguir al vencedor, debo observar que en esta materia es menester dejarlo al arbitrio
del vencido, porque la fuerza de los argumentos, por una parte, y la ignorancia o la poca destreza para emplearlos, por la otra, pueden
cerrarle a uno la boca; pero no siempre llega el convencimiento al entendimiento y mucho menos al corazón, pues aquél no puede
manifestarse con sinceridad, si no es por él mismo que siente que el Espíritu del Señor se lo ha comunicado. He dicho esto, porque tendré
siempre por mentiroso ante sí y ante los demás, y como un auténtico hipócrita, a quien dice y manifiesta, por agradar a los demás, que
sigue una religión sin estar convencido de mente y corazón. Valga también esto para asegurarle que, aún después del éxito de nuestra
conversación, seguiré con la misma estima de antes para con mis adversarios.En cuanto a exponer con sinceridad cada uno sus propias opiniones como si estuviéramos en presencia de Aquél que no se engaña, no
dudo en modo alguno de usted, porque si no lo creyera así, no le habría escogido; y en cuanto a mí y a mi hermano será sólo la Biblia la
que hablará, comentada por sí misma. Con esto entenderá su Señoría Rvdma. que quiero responder al segundo punto, o sea, que no puedo
aceptar la tradición, contra lo que sé de cierto que está en la Biblia y que demostraré con esta misma y con la historia. En cuanto a la
traducción de la Biblia me es indiferente seguir la Vulgata (excepto los libros que agregó el Concilio de Trento), la de Diodati 1 o la
francesa de Martín y el texto griego del Nuevo Testamento en ((453)) aquellos puntos en que hubiera desacuerdo entre los traductores. Si
finalmente surgieran diferencias entre nosotros, en las que no pudiéramos ponernos de acuerdo, decidirán los diccionarios o los
conocedores de la lengua, cuando sean filológicas; y la misma Biblia cuando se trate de principios fundamentales.Antes de terminar, creo oportuno decirle que el señor Pina no podrá fijar enseguida la fecha de nuestra reunión, porque anda por el
campo con trabajos de la oficina. Esto no obstará a que se realice nuestro deseo de conversar, aunque prorrogará el momento de
conseguirlo. Entre tanto, la próxima semana, si Dios quiere, tendré el gusto de conocerle personalmente y, si le place, charlaremos sobre
el Reino de Nuestro Señor Jesucristo, que está pronto a llegar para consuelo de su Iglesia y aplastar definitivamente a Satanás, el demonio
que nos acusa día y noche ante Dios (Job-X. 19. Apoc. XII, 10).1 Juan Diodati (1576-1649), teólogo protestante suizo, que tradujo la a al italiano (1607). (N. del T.)
324Fin de Página 324
VOLUMEN V Página: 325Con profunda estima y semejante aprecio en nuestro Divino Salvador y Rey Jesucristo tengo el honor de profesarme.De V. S. Rvdma.Turín, 14 de abril de 1856Su seguro servidor
JUAN PRINA-CARPANI, Ing.Hay que ver la cantidad de disparates, incoherencias, y pruebas de evidente obstinación en el error que acumula este señor en una sola
página. Es lo sificiente para demostrar que el protestantismo es algo tan en contra de la razón, que para abrazarlo hay que andar medio
loco, tener el corazón corrompido o un espíritu irracionalmente soberbio contra Jesús legislador. De ahí la obstinación de los herejes.
Difícilmente conduce a la conversión el discutir con ellos. Su error es evidente para quien posea un entendimiento sano. El folleto de
marzo de 1838, N.º LVII, página 281, de los Anales de la Propagación de la Fe, narra un diálogo público entre Monseñor Púrcell Obispo
de Cincinnati y un ministro ((454)) protestante. Terminaba el Obispo así:"No puedo concluir mejor mi intervención que con un hecho que a mi parecer es una respuesta a muchas dudas y a muchos reproches.
Paseaban juntos un sacerdote católico y un ministro protestantes, cuando se encontraron con un rabino judío.-Henos aquí, dijo el protestante; cada uno de nosotros de distinta religión: "quién de los tres tiene razón?-Os lo digo enseguida, contestó el rabino: Si el Mesías no ha venido, yo tengo la razón; si el Mesías ha venido, tiene razón el católico:
usted, lo mismo si ha venido que si no ha venido, siempre está en el error".El encuentro entre don Bosco y el ingeniero se celebró; pero no sabemos con qué resultado para el alma del pobre protestante.El método que don Bosco seguía en estas discusiones era el mismo que leemos en sus opúsculos, sobre todo en aquellos que se titulan:
Luis, o sea, diálogo entre un abogado y un ministro protestante. Maximino, o sea, encuentro entre un jovencito y un pastor protestante en
el Capitolio. Severino etc...
325Fin de Página 325
VOLUMEN V Página: 326((455))CAPITULO XXXVII
SE REANUDA LA CONSTRUCCION DE LA SEGUNDA PARTE DEL INTERNADO -CONFIANZA EN DIOS Y EN LA VIRGEN
-EN BUSCA DE SOCORROS -GENEROSIDAD DE LA PIA OBRA DE SAN PABLO -PELIGROSA VECINDAD DE QUIEN NO SE
CONFIESA -CARTA DE RATTAZZI CON UN DONATIVO -INTERESES CON LOS ROSMINIANOS -EL MES DE MAYO EN ELORATORIO -FERVOR DE DOMINGO SAVIO Y SU PRECARIA SALUD -FIESTA DEL ESTATUTO -LOS MUCHACHOS
CANTORES EN SUSA
EN vista de que aumentaban las necesidades y las solicitudes, don Bosco, como ya hemos dicho, había determinado levantar el tramo enconstrucción, que actualmente va desde el portón del medio hasta la iglesia de San Francisco de Sales. Hizo llamar al señor Juvenal
Delponte, ingeniero y contratista a un mismo tiempo, y le preguntó si contaba con dinero para los primeros gastos.-No, le respondió.-Pues yo tampoco, añadió don Bosco.-"Entonces, cómo hacer?-Pues empecemos, terminó don Bosco, y antes de que llegue el momento de pagar a los obreros, ya nos mandará algo el Señor.((456)) Era la misma frase que repetía a los constructores, siempre que empezaba una de sus muchas obras.-Este nuevo edificio es necesario; no tengo dinero; pero mientras tanto, empecemos y démonos prisa.Se había calculado el importe de las obras en cuarenta mil liras, y Juan Villa oyó varias veces exclamar a don Bosco:-Don Bosco es pobre, pero con Dios todo lo podemos; la Providencia lo hará todo; no cometamos pecados y Dios, que sustenta a los
pájaros del aire, pensará también en nosotros.Y agregaba:-íQué consolador resulta el Padrenuestro que rezamos por la mañana y a la noche; qué gusto da pensar que tenemos en el cielo un padre
que piensa en nosotros!Mas no se crea que fallase o disminuyera su confianza cuando le
326Fin de Página 326
VOLUMEN V Página: 327faltaban los medios para realizar sus obras, o cuando encontraba dificultades y oposición hasta en las personas buenas. Esperaba contra
toda esperanza; tan seguro estaba de su divina misión. Hasta en medio de las desgracias conservaba su tranquilidad. Contaba con la
promesa de la Virgen Santísima. Don Miguel Rúa escribió y nos contó:"Don Bosco estuvo dotado en alto grado del don de profecía. Sus predicciones de cosas futuras y contingentes, plenamente cumplidas,
son tan varias y numerosas que hacen suponer que el don profético era habitual en él. Nos hablaba con frecuencia de sueños relacionados
con su Oratorio y su Sociedad. Recuerdo éste, entre otros."Era por el año 1856."-Soñando, nos dijo, me pareció encontrarme en un plaza donde vi una rueda parecida a la llamada rueda de la fortuna. Comprendí
enseguida que representaba el Oratorio. El manubrio de dicha rueda lo manejaba un personaje, el cual me invitó a que me acercara, y medijo:"-íPresta atención!"Y así diciendo, hizo dar ((457)) una vuelta a la rueda. Yo sentí un pequeño ruido que ciertamente no se dejó escuchar más allá dellímite del lugar en que me encontraba de pie. El personaje me preguntó:"-"Has visto? "Has oído?"-Sí, repliqué; he visto girar la rueda y he oído un pequeño ruido."-"Sabes qué significa una vuelta de la rueda?"-No."-Significa diez años de existencia de tu Oratorio."Y así repitió cuatro veces el movimiento del manubrio y la misma pregunta:"Pero, a cada vuelta, el ruido aumentaba, de forma que al producirse por segunda vez, creí que se hubiera oído en Turín y en todo elPiamonte; a la tercera, en Italia; a la cuarta, en Europa, llegando a percibirse en todo el mundo. A la quinta vuelta, el personaje añadió:"-Esta será la suerte del Oratorio."Considerando los diferentes estados de la obra de don Bosco, la veo limitada en el primer decenio únicamente a la ciudad de Turín; en
el segundo, extendida a las diversas provincias del Piamonte; en el tercero, se dilata su fama e influencia a las distintas regiones de Italia;
en el cuarto, se difunde por diversas naciones de Europa y, finalmente, en el quinto, es conocida y requerida su implantación en todas las
partes del mundo".
327Fin de Página 327
VOLUMEN V Página: 328Con esta seguridad, don Bosco empezó a escribir cartas a sus bienhechores. Damos una de muestra, enviada al Conde Pío Galleani de
Agliano.Benemérito y querido señor Conde:Tengo varias obras por acabar, que me parecen necesarias para la gloria de Dios y la salvación de las almas, pero me faltan ladrillos con
qué terminarlas. Si pudiera usted ayudarme con un poco de cal o con algunos ladrillos, le aseguro que ((458)) sería como dar posada al
peregrino, ya que el tramo en construcción está destinado a albergar a los más pobres y abandonados.Muy agradecido, le deseo abundantes bendiciones del cielo para usted y toda su familia, y me profeso con toda veneración.De su benemérita y muy agraciada Señoría.Su atento y seguro servirdor JUAN BOSCO, Pbro.También se dirigió a la Dirección de las Obras Pías de San Pablo, de las que recibió la siguiente respuesta:Turín, 19 de marzo de 1856Muy Rdo. Señor:Esta Dirección ha asignado, con cargo a los fondos de las Pías Obras que administra, la cantidad de ciento cincuenta liras en favor del
Instituto para muchachos abandonados, cuya administración tan dignamente preside V. S.Lamenta el que suscribe que los fondos de donde ha de salir tal asignación, no me hayan permitido aumentarla hasta una cantidad
mayor. Como ya se ha dado la orden de entrega de dicha asignación, me apresuro a comunicárselo, para que pueda realizar la cobranza en
esta Tesorería.Tengo entretanto el honor de profesarme con toda consideración.Atto. y seguro servidor Por el Presidente de la DirecciónL. CAPELLO DE S. FRANCO
En el mes de marzo de 1856, empezaron las obras: se destruyó la vieja casita Pinardi, que aún estaba en pie como reliquia de nuestras
primeras grandezas, y comenzó la nueva construcción, que contemplaba los planos proyectados. Durante los recreos ((459)) prestaban los
muchachos su colaboración derribando paredes y acarreando ladrillos, para ganar tiempo y ahorrar gastos. Trabajaban con los albañiles
los hermanos Carlos y Josué Buzzetti 1, primeros alumnos1 Los hermanos Buzzetti fueron cuatro: uno que no aparece en las Memorias, Carlos, José y Josué. José se hizo salesiano y siguió con
don Bosco. Los otros dos fueron constructores. (N. del T.)Fin de Página 328
VOLUMEN V Página: 329de don Bosco, que desde entonces no dejaron de ayudarlo. Dotados de una inteligencia y lealtad a toda prueba, progresaron tanto en el
arte de la construcción, que llegaron a alcanzar merecida fama entre los primeros empresarios de Turín. Como urgía tener los locales a
punto para empezar el próximo otoño, se aceleraron de tal modo las obras que, a finales de julio estaba cubierto el nuevo edificio y
abovedadas las cuatro plantas, con lo que se esperaba poder habitarlas en breve.Mientras adelantaban las obras, don Bosco salió un día del Oratorio, y se topó en el camino con un carro de mulas parado, por lo que
detuvo el paso. Los arrieros le dijeron:-No tenga miedo; fíese, siga adelante, son mulas mansas.Y don Bosco replicó graciosamente:-Ya mi madre me decía: Juanito, no te fíes nunca de quien no va a confesarse.Los arrieros le miraron con una sonrisa maliciosa, dando a entender que la pulla iba dirigida a ellos.Otra vez, iba él tan tranquilo por lo que hoy es avenida de la Reina Margarita; caminaba sin fijarse, cuando se encontró ante un caballo
enganchado a un carro. El carretero le dijo que tuviera cuidado con el animal, porque podía soltarle una coz. Don Bosco le respondió:-Ya lo digo yo siempre: hay que cuidarse de quien no cumple con Pascua.Bien puede decirse que toda frase de don Bosco era una invitación a la confesión.Desde el principio, el Ministro Rattazzi, tras una petición de don Bosco, tuvo la delicadeza de asignarle enseguida mil liras ((460)) para
hacer frente a los primeros gastos de la nueva obra. El 9 de mayo de 1856, le escribía desde el Ministerio del Interior de Turín lo
siguiente:El Ministro abajo firmante aplaude el proyecto del sacerdote don Juan Bosco, Director del Oratorio masculino de Valdocco, de ampliar
la actual construcción para poder atender a un mayor número de pobres muchachos abandonados y le comunica que para ayudarle a
sufragar los gastos correspondientes, ha determinado concederle una subvención de mil liras con cargo al Balance de este Ministerio.
Lamentando que las estrecheces en que se halla el erario no permitan una mayor cantidad, le comunica que dicha suma, le será satisfecha
con la entrega de quinientas liras por el Cajero de este Ministerio y las restantes por el Tesorero de la Provincia de esta capital.El Ministro
URBANO RATTAZZIFin de Página 329
VOLUMEN V Página: 330A pesar de tales ayudas, don Bosco pasaba grandes apuros por las deudas que crecían y por el pago semanal de jornales a los albañiles,
que no se podía diferir. Por eso no le era posible satisfacer puntualmente a los proveedores de comestibles. Así se desprende de algunas
cartas escritas a cierto número de señores turineses conocidos suyos.Benemérito Señor:Las cariñosas expresiones, con que su Señoría demostró agradecer lo que se hace en este Oratorio de San Francisco de Sales, me
alientan a recurrir a usted en esta necesidad particular.Tengo aún sin pagar la factura del panadero correspondiente al mes de marzo, y no sé de dónde sacar el dinero; si usted pudiera
ayudarme, daría de comer a los pobres hambrientos. ((461)) La factura importa 900 liras, pero yo sólo pido una ayuda, y cualquier
cantidad que su caridad pudiera ofrecer, por pequeña que fuere, la recibiré con el mayor agradecimiento.Convencido de que querrá perdonar la libertad que me tomo, y no pudiendo manifestar mi gratitud de otro modo, le deseo todo bien del
cielo, mientras me profeso con todo mi aprecio.De Vuestra Señoría.En casa, a 7 de mayo de 1856Su atto. y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Tenía además que entregar cada año al abate Rosmini los intereses de las 20.000 liras que le había prestado al 4%, para la compra de la
casa Pinardi, y liquidar otras cuentas, algunas de las cuales se referían al campo comprado para la imprenta. Enviaba la factura de éstas a
Stresa, dentro de una carta para don Carlos Gilardi.Queridísimo don Carlos:Es muy bonito esperar, pero el tiempo pascual termina, y es preciso ajustar cuentas....El año pasado rehizo usted las cuentas y me descubrió créditos que yo ignoraba: "quién sabe si sucederá lo mismo este año? Ha
habido ya algunas peticiones del lugar, pero ofrecen poco: la mejor fue de doscientas liras la tabla. El reverendo Pagani pasó por aquí a
verlo; le gustó la situación y dijo que el momento presente no es tiempo oportuno para vender, de no haber una oferta ventajosa, lo cual
se espera en esta primavera.Mi madre, mis clérigos y muchos de nuestros pilluelos, que le recuerdan todavía, le saludan cariñosamente, y yo, encomendándome a
sus devotas oraciones, quedo a su disposición.Turín, 9 de mayo de 1856Atto. y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 330
VOLUMEN V Página: 331((462)) El famoso campo del sueño, un tercio del cual aún pertenecía a don Bosco, por una causa o por otra, seguía siendo propiedad de
los Rosminianos y, como después se vio, era la divina Providencia quien impedía la venta.Entre tanto, el mes consagrado a María quedaba señalado en el Oratorio con tres hechos memorables. El fervor de los muchachos para
honrar a la Madre celestial, la fiesta del Estatuto y la excursión de los alumnos a Susa.Muchos alumnos del Oratorio se convertían en émulos del jovencito Domingo Savio, quien con su ejemplo y con sus palabras encendía
en el corazón de sus compañeros un vivo deseo de lo eterno. Don Bosco encontraba en la correspondencia de tan buenos hijos la fuerza
que necesitaba para proseguir el arduo camino que el Señor le habíaa mandado recorrer. Pueden aplicarse a ellos las palabras del
Eclesiástico: "Creced como rosa que brota junto a corrientes de agua, como incienso derramad buen olor, abríos en flor como el lirio,
exhalad perfume, cantad un cantar, bendecid al Señor por todas sus obras".1Al final de abril, se había presentado Domingo Savio a don Bosco, pidiéndole que le indicara el mejor modo para celebrar santamente
el mes de María.-Lo celebrarás, respondióle don Bosco, con el exacto cumplimiento de tus deberes, contando cada día a los compañeros un ejemplo en
honor de María y procurando comportarse de tal modo que puedas comulgar todos los días.-Procuraré cumplirlo puntualmente: "y qué gracia he de pedir?-Pedirás a la Virgen que te alcance de Dios salud y gracia para hacerte santo.-íEso es! Que me ayude a hacerme santo, que me ayude a ((463)) morir santamente y que en los últimos instantes de mi vida me asista y
me lleve al cielo.Efectivamente, demostró tal fervor durante todo el mes, que parecía un ángel transformado en un muchacho.Si escribía, hablaba de María; si estudiaba, cantaba o iba a clase, todo era por su amor. Procuraba tener preparado para el recreo un
ejemplo que contar, ora a estos, ora a aquellos otros compañeros reunidos.Para que este querido y aplicadísimo jovencito recuperara la salud que hacía algún tiempo iba desmejorando, dispuso don Bosco1 Eclesiástico -XXXIX y 13 y 14.
331Fin de Página 331
VOLUMEN V Página: 332que se sometiera a una consulta de médicos. Todos admiraron la jovialidad, la agilidad mental y la madurez de las respuestas de
Domingo. El doctor Francisco Vallauri, de feliz memoria, uno de los beneméritos consultores que intervino, exclamó profundamente
admirado:-íQué perla de muchacho!Don Bosco le preguntó:-"Cuál es el origen de su mal?-Su complexión delicada, el precoz desarrollo de su inteligencia y la continua tensión de su espíritu son como limas que van
desgastando insensiblemente sus fuerzas vitales.-"Y cuál es el mejor medio para curarlo?-Lo mejor será dejarlo ir al paraíso, pues se ve que está muy preparado. Mas, lo único que podría prolongarle la vida, sería alejarle
enteramente de los estudios por algún tiempo y entretenerle en ocupaciones materiales adecuadas a sus fuerzas.El doctor Vallauri había dado un juicio preciso sobre Domingo Savio. De hecho, Dios se había complacido en favorecer a este tan
discreto jovencito con esos dones celestiales de los que nos suministra abundantes ejemplos la vida de los santos. Muchas veces, después
de la santa Comunión, o mientras ((464)) oraba ante el Santísimo Sacramento, quedábase como arrobado, y permenecía allí por muy largo
tiempo."Recuerdo, atestiguó don Juan Bonetti, que un día no apareció en el desayuno, ni en clase, ni siquiera a la hora de la comida, sin que
nadie pudiese decir dónde se encontraba; tampoco estaba en el estudio, ni en la cama. Eran las dos de la tarde, cuando un compañero, al
ver que no aparecía, informó de ello a don Bosco. Cuando éste lo oyó, sospechó enseguida lo que sucedía, o sea, que estaría en la iglesia,
se dirigió al coro situado tras el altar y lo encontró allí inmóvil como una estatua. Tenía un pie sobre otro, y apoyaba una mano sobre el
atril del antifonario, mientras que la otra, la tenía junto a su pecho. Su rostro estaba dirigido hacia el sagrario y fijo en él con una mirada
angelical, imposible de describir."Llamóle y no respondió; sacudióle y entonces se volvió para mirarle y exclamó:"-íAh! "Ya se ha acabado la misa?"-Mira, le dijo don Bosco presentándole el reloj; ya son las dos."Al oírlo, Domingo quedó confundido, pidió humildemente perdón de aquella transgresión a las reglas de la casa, y se movió para ir a
clase. Pero don Bosco le mandó a comer y, para librarlo de
332Fin de Página 332
VOLUMEN V Página: 333las preguntas inoportunas que pudieran hacerle sus compañeros, díjole:"-Si alguien te pregunta de dónde vienes, dile que de cumplir una orden mía".Benditos los colegios en los que se encuentran tales jóvenes. Y Savio no era el único en el Oratorio.El segundo hecho memorable fue la fiesta del Estatuto. Nos contó Juan Villa:"Para que aquel día no se marcharan los muchachos externos por las plazas y casetas de feria de la ciudad y se metieran en diversiones
peligrosas, don Bosco compró una partida de salchichones, pan y ((465)) botellitas de vino. Y montó una exposición en el patio con
botellas y salchichones colgados de largas cuerdas, a modo de guirnaldas. Fue indescriptible la alegría de los muchachos ante aquel
espectáculo. Don Bosco, que el domingo anterior les había recomendado ser puntuales a las funciones sagradas, añadió ahora:"-Cierto señor me ha dado unos dineros para que comprara velas, aceite y vasitos colorados para iluminar el Oratorio por la noche el día
de la fiesta del Estatuto. Pero yo tuve una idea feliz. "Qué es mejor, dar gusto a los ojos encendiendo lucecitas o llenar la boca de mis
muchachos? Por eso decidí comprar todo esto para vosotros. "He hecho bien?"Un aplauso cerrado le interrumpió. Después siguió diciendo:"-Ahora cada uno de vosotros sacará un número de esta bolsa, y, lo mismo que hicimos otras veces, la suerte formará con todos
vosotros un montón de grupos, de a tres. El primero de cada uno tomará pan, el segundo, un salchichón y el tercero una botella de vino."Y así se hizo: fue una operación que entretuvo y divirtió más de una hora a aquella multitud. Luego, divididos en grupos de a tres,
contentos y satisfechos merendamos, y participaron también en la merienda los internos".Finalmente fue motivo de alegría una excursión a Susa, cuyo recuerdo queda en esta carta de don Bosco a su amigo Rosaz, canónigo de
la Catedral de aquella antigua ciudad.Turín, 26 de mayo de 1856
Muy apreciado señor Canónigo:
Dentro de pocos días irá a visitarle el Organismo del que hablamos y espero satisfaga su expectación.
Por ahora no puedo recibir, como deseo, al joven zapatero ((466)) por culpa de la333Fin de Página 333
VOLUMEN V Página: 334parte de la casa demolida para ser reconstruida. En cuanto al estudiante, quizá pueda hacer algo más: termine el curso de gramática latina;
y, si por cualquier circunstancia, viniere a Turín, déjese ver; luego, durante las vacaciones espero que, con la ayuda de Dios, podremos
arreglarlo.Confiese tranquilamente durante los oficios sagrados, siempre que se lo pidan o haya penitentes esperando en el confesonario: éste es
también el parecer de don José Cafasso.Nuestros pilluelos se encargarán de darle un buen concierto, cuando vayan a ejecutarlo para la clausura del mes de María.Espero poder organizar dentro de poco una excursión a Susa; entonces tendremos ocasión de charlar de todos nuestros asuntos.Salude de mi parte al señor Vicario General, al canónigo Gey y reciba la expresión de mi gratitud y aprecio.De su muy apreciada Señoría.Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.Los muchachos del Oratorio fueron a Susa el primer domingo de junio. Armonía, del día 8, después de declarar que era imposible
describir la solemnidad con que se había clausurado el mes de mayo, sin faltar a la verdad, proseguía:"Dejando el resto a pluma más autorizada que la mía, quiero hablaros de la hermosa y devota música que en las funciones de ese día
cantaron los alumnos del Oratorio de San Francisco de Sales, de ese hombre apostólico que es don Bosco. Además de que era una música
excelente por sí misma, fue interpretada maravillosamente, porque aquellos muchachos, con su compostura, su modestia y su devoción,
daban la impresión de que su corazón sentía lo que sus voces exteriorizaban, y también hay que tener presente el extraordinario fenómeno
de un músico ((467)) seglar, que esté con respeto y devoción en la iglesia. Así que era maravilloso y edificante ver a aquellos jóvenes tan
recogidos y oírles cantar con tanta devoción. Me gustaría que esta parte de la educación de la juventud, tan maravillosamente impartida
por el buenísimo don Bosco, fuera más conocida y practicada, y que pudiéramos desterrar de la iglesia las profanaciones de la música
teatral y de los peores intérpretes de la música".
334Fin de Página 334
VOLUMEN V Página: 335((468))CAPITULO XXXVIIILA OBRA DE LAS CONFERENCIAS DE SAN VICENTE DE PAUL -FUNDACION DE UNA CONFERENCIA LIBRE EN EL
ORATORIO DE VALDOCCO -ES AGREGADA AL CONSEJO SUPERIOR DE LA OBRA EN TURIN -ALGO DE HISTORIA
SOBRE LAS CONFERENCIAS ANEJAS EN LOS ORATORIOS DE DON BOSCOTODAVIA no se ha hablado de una institución, hace casi dos años organizada por don Bosco en el Oratorio en pro de los jóvenes
externos y que el once de mayo de aquel mismo año recibía su ansiado reconocimiento.Ya hemos visto cómo en 1850, para honrar y promover la práctica de la virtud, y en particular la caridad hacia el prójimo de su amado
san Vicente de Paúl, don Bosco promovió la fundación de la Obra de las Conferencias en Turín, donde aún no existían. A finales de 1853
tuvo la satisfacción de que se contara con cuatro. Durante el 1854, se constituyó en su seno una comisión especial para ayudar a las
necesidades de los pobres, mucho más numerosos a causa del cólera. Esta comisión socorrió desde el 27 de agosto hasta el 30 de
noviembre, a 430 familias, con un gasto de casi 3.000 liras, en el ámbito parroquial ((469)) de Borgo Dora, donde más que en ninguna
otra parte de la ciudad se cebó la terrible enfermedad.Pero al repartir las ayudas se advirtió que muchas de las familias pobres procedían de Saboya y de Francia; por eso en noviembre del
mismo año se organizó regularmente una nueva Conferencia, destinada particularmente a su cuidado, bajo la advocación de San
Francisco de Sales. Como quiera que por aquel entonces se encontraba en Turín el abate Mermillod, más tarde obispo de Ginebra y
Cardenal, inauguró él mismo la caritativa empresa, a la que no fue ajeno don Bosco, como tampoco lo fue a los socorros que tanto
ayudaron en Borgo Dora.No en balde formaba una sola alma con el infatigable conde Carlos Cays de Giletta, primer presidente del consejo particular de la
Sociedad de San Vicente de Paúl, verdadero padre de los pobres. Se
335Fin de Página 335
VOLUMEN V Página: 336encontraban a menudo juntos en la catequesis de los Oratorios de Valdocco, Puerta Nueva y Vanchiglia, en casa de los apestados del
cólera; y comentaban la forma de hacer el bien. Las ideas del uno eran las del otro. Don Bosco conocía a muchos chicos saboyanos y
franceses que acudían al Oratorio, sabía dónde se reunían, dónde pasaban la noche, quiénes eran sus jefes, y cómo los trataban éstos. Por
eso, cuando en 1860 desapareció la Conferencia de San Francisco de Sales, él continuó durante años preocupándose de ellos y
ayudándoles, tanto en sus necesidades espirituales como en las materiales, según sus posibilidades.Pero en 1854 don Bosco no estaba totalmente satisfecho de la ayuda que se prestaba a los pobres. Por lo que, antes de que terminara el
año, fundó en el Oratorio de Valdocco una minúscula conferencia, semejante a las de la Sociedad de ((470)) San Vicente de Paúl, y fue
este amable santo el primer titular y San Francisco de Sales el segundo.Su proyecto fue aplaudido por los caritativos señores, miembros de la Obra, que hacía años iban a enseñar el catecismo atraídos por su
celo. Se trataba del marqués Domingo Fassati, del conde Radicati de Brozolo, del marqués Scarampi, de algún profesor universitario y de
ciertos comerciantes acomodados.Don Bosco había leído atentamente el reglamento de aquella sociedad, los medios que indicaba para conseguir el fin propuesto, y con
ello empezó su plan. Su intención precisa era la de animar al bien a los muchachos y no la de ayudar a sus padres.Anunció don Bosco la proyectada Conferencia, invitando a sus alumnos a tomar parte en ella, y un buen número de los mayores, lo
mismo internos que externos, se inscribieron. En la sesión inaugural fueron elegidos presidentes, secretario y tesorero. Uno de los
primeros presidentes fue Serra, posteriormente administrador del Colegio Nacional de Turín. En años sucesivos actuaron como
secretarios don Miguel Rúa, don Julio Barberis, don Domingo Bongiovanni, y encontramos entre los socios a Pedro Enría, don Juan
Anfossi, Juan Villa, don Juan Turchi, a quienes citamos como testigos de la veracidad de nuestra narración."En toda recepción de un nuevo socio de la Conferencia, don Bosco pronunciaba unas palabras de aliento, contaba el señor Juan Villa.
Por ejemplo, cuando años más tarde ingresó Juan Garino, él, tomando pie de un marmolista, que tenía su taller en la calle de la
Consolación y que se ((471)) llamaba también Garino, dijo entre otras cosas:
336Fin de Página 336
VOLUMEN V Página: 337"-Mira cómo aquel marmolista esculpe hermosas figuras en el mármol: tú tienes que esculpir en el corazón y en el alma de los demás
hermosas máximas, santos propósitos y buenos ejemplos."Y añadía después que el fin de la Conferencia era el de hacer bien al prójimo, pero antes a uno mismo".Aquellos jóvenes, que eran unos veinte, tenían que ir de dos en dos, todos los domingos, a visitar a una o más familias pobres, que se
les asignaban. Les llevaban alguna limosna, daban oportunos consejos a los padres, sobre todo acerca de la cristiana educación de los
hijos, les invitaban a que los mandaran a la catequesis y a que frecuentaran el Oratorio. Eran recibidos con agrado, puesto que, además de
la ayuda que tales visitas les prestaban, éstas eran hechas con regularidad, caridad y respeto, como don Bosco aconsejaba.De estas visitas sacaban también mucho provecho los caritativos visitadores, porque aprendían a conocer, apreciar y valorar el modo de
socorrer al prójimo, y después, al salir a la vida del mundo, podían ingresar fácilmente en las grandes Conferencias de la Sociedad de San
Vicente, en las cuales encontraban medios de santificación y buenos amigos, por cierto de condición más elevada que la suya.La reuniones se celebraban en el comedor de los Superiores, a la una y media de la tarde. Asistía don Bosco a ellas, y, a veces, tomaban
parte distinguidos miembros de las Conferencias de la Ciudad, como el conde de Agliano o el comendador Cotta. El conde Cays lo hacía
a menudo.Comenzábase con un oración, leíase el acta de la sesión anterior, dábase cuenta de las visitas efectuadas a la familias de los clientes el
domingo anterior, y se concedían los puntos merecidos a aquéllos cuya ((472)) conducta, según los informes, era buena. Se sumaban los
votos que cada cual había merecido: diez, quince, veinte. Al que más puntos tenía se le adjudicaba un premio a fin de mes: por ejemplo,
un par de pantalones, una chaqueta, o unos zapatos. A muchos se les entregaban libros instructivos y populares. Al terminar la reunión se
hacía la colecta entre los socios, y hasta los más pobres hallaban una moneda que ofrecer, según el deseo de don Bosco que quería verlos
a todos generosos. Naturalmente alcanzaban muy poco tales colectas, salvo el caso en que el conde Cays, el conde Collegno u otros ricos
señores abrieran su cartera. También don Bosco ponía su moneda. Así podía mantenerse la caja para la distribución de las limosnas.Para visitar a los padres de los muchachos, se escogía con preferencia la hora de las diez, o bien las diez y media, después de las
337Fin de Página 337
VOLUMEN V Página: 338funciones, porque a aquella hora sus hijos jugaban en el Oratorio y luego no volvían a casa hasta la hora de comer. Así preguntaban con
entera libertad y obtenían noticias sobre la conducta de sus protegidos. A veces, para que sus hijos ganasen algún premio, mentían
alabando a quienes merecían reproche. Por eso, de vez en cuando, iban también a preguntar a los jefes de talleres o comercios, para tener
noticias más fidedignas. Esta clientela la formaban los chicos más jóvenes, menores de catorce o quince años. Al volver nuestros
visitadores al Oratorio, se encargaban de advertir a su pequeño protegido, si era preciso, o le vigilaban para inducirlo amablemente a las
prácticas indispensables de piedad, a recibir con las debidas disposiciones los sacramentos, a ser obsequioso y obediente con sus padres y
más cumplidor en el trabajo.Para que tales advertencias fueran más agradables, se hacía, sólo para ellos, una pequeña rifa mensual.((473)) También el Oratorio festivo de San Luis tuvo su pequeña conferencia al modo de la de Valdocco, y las dos, después de algún
tiempo, estrecharon sus lazos filiales con las de la Sociedad de San Vicente de Paúl. En 1856 había siete de éstas en Turín y diez
esparcidas por diversas ciudades del Piamonte. Por eso se organizó un Consejo General en la Capital con el conde Cays por presidente. El
ilustre caballero, en su deseo de ayudar a don Bosco en sus conferencias, las aprobó, las tomó bajo su protección y las declaró
conferencias anejas, nombre que mantuvieron siempre. El día de Pentecostés se estrenó este nuevo título en el Oratorio de San francisco
de Sales y en el de San Luis; entre los socios, estaban presentes los clérigos Rúa y Francesia y Juan Villa. Desde entonces, la sociedad de
San Vicente de Paúl no dejó de hacer partícipe de sus ayudas, en cierta medida, a las dos conferencias anejas.De esta unión consiguió don Bosco otra ventaja de gran interés: fue el inicio de sus cordiales relaciones con los presidentes de los
Consejos Superiores y particulares y con varios miembros de las Conferencias Italianas y francesas.Cuenta el canónigo Anfossi que:"Uno de aquellos años llegaron al Oratorio de Valdocco, cierto domingo, cuatro personajes de la más rancia nobleza italiana, a saber, el
duque Scotti de Milán, el marqués Patrizi de Roma, el marqués Fassati de Turín y el conde Cays. La finalidad de la visita era la de asistir
a la reunión de la Conferencia aneja, cuyos socios visitaban a los pobres en sus propias casas, acompañados de un miembro de la
Sociedad de San Vicente de Paúl.
338Fin de Página 338
VOLUMEN V Página: 339"Don Bosco los recibió cortésmente, mas, para no dejar ((474)) solos a los chicos que estaban en recreo, con toda sencillez les invitó a
sentarse sobre un banco de madera en mitad del patio y, terminado el recreo, les dio un catecismo y asignó una sección a cada uno. Los
buenos señores aceptaron complacidos."Asistieron luego con gran satisfacción a la reunión que se celebró después de la función de iglesia. El nutrido grupo de jóvenes que
vieron ante ellos y el espíritu que los animaba, más las normas precisas con las que supieron les había preparado don Bosco para el
desempeño de aquella obra de caridad, les convencieron del gran bien que allí se hacía. Yo mismo tuve la suerte de asistir a aquella
visita".El señor Juan Villa recuerda también que tomó parte en la reunión el Presidente de las Conferencias de san Vicente de Roma, y que éste
dirigió unas palabras tan hermosas que, al terminar, don Bosco le dijo conmovido:-íHabla usted como un apóstol!Podríamos exponer algunos episodios relacionados con este tema, pero los reservamos para el tiempo en que sucedieron. No podemos,
sin embargo, dispensarnos de anticipar una breve nota sinóptica a fin de que nuestros lectores puedan apreciar de un vistazo el
nacimiento, el desarrollo y el cese de las Conferencias anejas que don Bosco mantuvo, hasta que la Sociedad de San Vicente, crecida en
número, proveyó de otra forma a las necesidades de aquellas zonas, donde se habían establecido.AÑO 1859. Se establecen las Conferencias anejas en los Oratorios del Angel Custodio en Vanchiglia y de San José en San Salvador de
Turín; éste último propiedad del señor don Carlos Occelletti.AÑO 1860. Se cierra la Conferencia aneja del Oratorio de San Luis en Puerta Nueva.((475)) AÑO 1864. Cesan las Conferencias anejas de los Oratorios del Angel Custodio en Vanchiglia y de San José.La única, pues, que siguió en pie, fue la primera que se fundó en Valdocco y que continuó todavía durante años cumpliendo su misión.
Entre sus socios figuran los nombres de Pablo Albera, Santiago Costamagna, Constancio Rinaudo, Luis Jarach, José Lazzero y Francisco
Provera. En un documento, que parece escrito en 1872, se lee lo que aún seguían haciendo sus miembros, se halla una nueva prueba de
cuanto hemos narrado y hay una noticia de los últimos sucesos de la Conferencia. Es una especie de preámbulo oficial al acta de una
Reunión. Por no intercalar aquella página, anticipamos
339Fin de Página 339
VOLUMEN V Página: 340lo más importante, dejando para su tiempo algunos hechos a los que aquí aludimos.SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAULConferencia aneja de San Francisco de SalesFin principal de esta Conferencia es el de instruir y socorrer a los chicos pobres que asisten a las funciones religiosas que se celebran en
la iglesia de María Auxiliadora, especialmente los del Borgo Dora y Valdocco.Por lo que toca a la instrucción se enseña el Catecismo, de las tres a las cuatro de la tarde, todos los domingos y fiestas de precepto.
Después del Catecismo se canta el Ave Maris Stella y el Magnificat; a continuación se hace una plática a propósito para ellos, y se acaba
con la bendición del Santísimo.Asisten unos doscientos muchachos. Sus mismos compañeros hacen de catequistas. Para animarlos, se les regalan, a más de las ayudas
de que se hablará, medallas, Lecturas Católicas, libros de piedad, como El Joven Cristiano, La Llave del Paraíso y otros.Todos los meses hay un día de confesión y comunión para los ((476)) que ya hicieron la primera. Ese día don Bosco da a todos para
desayunar pan y companaje. Por desgracia, bastantes de los mayorcetes van a trabajar el domingo por la mañana y sólo de tarde en tarde
pueden recibir los sacramentos. Los que ordinariamente acuden a la confesión mensual llegan a ciento.Para los socorros, se elige a los más necesitados de los que asisten asiduamente a la catequesis, y éstos quedan admitidos en el
patronato y son visitados en sus casas. Cuando tienen veinte sellos de asistencia, se les da un premio proporcionado a la conducta del
chico y a la necesidad de la familia. Los premios consisten en pantalones, chaquetas, zapatos, zuecos, gorras y cosas parecidas.Los muchachos a quienes atiende de este modo el patronato, son unos cincuenta y los socios unos treinta, casi todos ellos del Oratorio
de San Francisco de Sales. Como sus colectas no bastan para sufragar los gastos de los premios del catecismo, de las rifas y de los regalos
que se hacen de cuando en cuando a los muchachos para atraerlos a las prácticas de piedad, suple don Bosco nuestro padre común.La conferencia se celebra todos los domingos, a las dos de la tarde en verano, y a la una y media en invierno, en una sala del Oratorio
de San Francisco de Sales.De vez en cuando asisten también a las conferencias algunos buenos señores de la ciudad, los cuales hacen subir la colecta que, sin
ellos, no llegaría más que a treinta o cuarenta céntimos por domingo, ya que los socios son pobres muchachos que también necesitan de
ayuda.Don Bosco fundó esta Conferencia entre sus muchachos el año 1854. El conde Cays, presidente de las Conferencias de san Vicente de
Paúl del Piamonte, protegió siempre ésta, y la agregó a las suyas, y le suministraba los bonos para distribuir a las familias de los
muchachos visitados por sus socios. Contribuía además con ayudas extraordinarias. Muchos señores de la nobleza asistían también de
cuando en cuando, a nuestra Conferencia, que entonces no se amoldaba a la organización de las dependientes de París, puesto que su
finalidad concreta eran los muchachos. Así siguieron las cosas durante bastantes años. Los ((477)) jóvenes del Oratorio, miembros de esta
conferencia, iban a visitar las familias adscritas a su patronato.Pero al conde Cays sucedióle en la Presidencia el ingeniero Ferrante, el cual, rigoristaFin de Página 340
VOLUMEN V Página: 341en la aplicación del reglamento, no quiso reconocer la Conferencia del Oratorio y, por tanto, dejó de proveerla de bonos, y poco a poco se
retiraron aquellos señores que podían asistir a nuestras reuniones: en 1871 sólo acudían el conde Collegno y el caballero Pulciani.
Finalmente nuestra Conferencia quedó aislada. Sin embargo, tanto el sucesor del conde Cays, como los dos que sucedieron a éste, el
barón Ricci y Fálcone, tuvieron siempre muchas deferencias con don Bosco y con su Oratrio.Fin de Página 341
VOLUMEN V Página: 342((478))CAPITULO XXXIXCOMPAÑIA DE LA INMACULADA -SU REGLAMENTO -BIEN QUE APORTA A LOS ALUMNOS -CARTA DE DON BOSCO A
UN MUCHACHO -NUEVAS INDULGENCIAS -FIESTA DE SAN LUIS -MUCHACHOS AMENAZADOS Y DEFENDIDOS
-LECTURAS CATOLICASDESPUES de haber creado la Conferencia aneja a las conferencias de san Vicente en el Oratorio de San Francisco de Sales, se organizó
una nueva Compañía el 1856. Hacía algún tiempo que un grupo de alumnos se había enfriado un poco en la piedad y en la diligencia en
los estudios; parecía que la casa no marchaba con la regularidad de antes, dado el crecido número de muchachos de diversa índole,
educación y origen. Cierto día de entre semana, cosa insólita no se acercó ninguno a comulgar. Don Bosco, que celebraba la Santa Misa,
después de destapar el copón, tuvo que volver a cubrirlo y cerrarlo en el sagrario. El muchacho Celestino Durando, que había ingresado
en el Oratorio el último día de abril, era estudiante de humanidades y cursaba aquel año el gimnasio en el colegio Nacional del Carmen;
le acompañaba José Bongiovanni, que estudiaba en una escuela particular. Al llegar al Rondó, le dijo:-"Te has fijado esta mañana? ((479)) Tiene que haberle sentado muy mal a don Bosco.Cuando volvieron los dos a casa, determinaron, juntamente con sus compañeros Bonetti, Marcellino, Rocchietti, Vaschetti, y Rúa
formar entre ellos una sociedad, cuyos miembros elegirían un día determinado de la semana para comulgar, de suerte que todas las
mañanas hubiera algunos comulgantes. Y así se hizo con gran satisfacción de don Bosco. Hay que advertir, sin embargo, que los
domingos, podía decirse que había comunión general.Domingo Savio se adhirió con entusiasmo a esta piadosa sociedad, y pensó, aconsejado por don Bosco, hacerla duradera. Guiado, pues,
por su ingeniosa caridad, eligió a algunos de los mejores compañeros
342Fin de Página 342
VOLUMEN V Página: 343y los invitó a unirse a él para formar una pequeña Compañía que llamaron de la Inmaculada Concepción.El fin que ésta se proponía era granjearse la protección de la Madre de Dios durante la vida, y de modo especial en punto de muerte.
Dos medios se proponían para ello: ejercitar y promover prácticas piadosas en honor de la Inmaculada y frecuentar la comunión. De
acuerdo con sus amigos, y con la eficaz ayuda de José Bongiovanni, redactó un reglamento y, tras no pocos retoques, el 8 de junio de
1856, nueve meses antes de su muerte, lo leía con ellos ante el altar de María Santísima.Con gusto lo insertamos aquí para que pueda servir de norma a otros que quieran imitarlo.Nosotros, Domingo Savio, etc... (siguen los nombres de otros compañeros) para granjearnos durante la vida y en trance de muerte la
protección de la Virgen Inmaculada y para dedicarnos enteramente a su santo servicio, hoy, ocho del mes de junio, fortalecidos con los
santos sacramentos de la confesión y comunión, resueltos a profesar a nuestra Madre celestial una filial y constante devoción, nos
comprometemos ante su altar y con el consentimiento de nuestro ((480)) director espiritual, a imitar en cuanto nos lo permitan nuestras
fuerzas a LUIS COMOLLO, para cuyo fin nos obligamos:1.° A observar rigurosamente el reglamento de la casa.2.° A edificar a nuestros compañeros amonestándoles caritativamente y exhortándoles al bien con nuestras palabras y mucho más con
nuestro buen ejemplo.3.° A emplear escrupulosamente el tiempo.Y para asegurarnos la perseverancia en el estilo de vida que nos proponemos, sometemos a nuestro director el siguiente reglamento:1. Como regla principal prometemos una rigurosa obediencia a nuestros superiores, a los que nos sometemos con ilimitada confianza.
2. Nuestra primera y especial ocupación consistirá en el cumplimiento de nuestros propios deberes.
3. La caridad recíproca unirá nuestros ánimos y nos hará amar indistintamente a nuestros hermanos, a quienes avisaremos amablemente
cuando parezca útil la corrección.
4. Dedicaremos una media hora semanal a reunirnos y, después de invocar al Espíritu Santo y hecha una breve lectura espiritual, nos
ocuparemos del progreso de la Compañía en la virtud y en la piedad.
5. Nos avisaremos en particular de los defectos que tengamos que corregir.
6. Trabajaremos para evitar cualquier disgusto entre nosotros, por pequeño que sea, y soportaremos con paciencia a nuestros compañeros
y a las demás personas que nos resulten antipáticas.
7. No se señala ninguna oración particular, puesto que el tiempo que nos quede después de cumplir nuestros deberes, hemos de
consagrarlo a lo que parezca más útil a nuestra alma.
8. Admitimos, sin embargo, estas pocas prácticas:
a) Frecuentaremos los santos sacramentos lo más a menudo que nos sea posible.
Fin de Página 343
VOLUMEN V Página: 344b) Nos acercaremos a la mesa eucarística todos los domingos, fiestas de guardar, novenas y solemnidades de María y de los Santos
protectores del Oratorio.c) Durante la semana procuraremos comulgar todos los viernes, a no ser que nos lo impida alguna grave ocupación.((481)) 9. Todos los días, especialmente al rezar el santo rosario, encomendaremos a María nuestra asociación, pidiéndole que nos
conceda la gracia de la perseverancia.10. Procuraremos ofrecer todos los sábados alguna práctica especial o alguna solemnidad en honor de la Inmaculada Concepción de
María.
11. Tendremos, por tanto, un recogimiento cada vez más edificante en la oración, en la lectura espiritual, en el rezo de los oficios divinos,
en el estudio y en la clase.
12. Acogeremos con avidez la palabra de Dios y repensaremos las verdades oídas.
13. Evitaremos toda pérdida de tiempo para librar nuestras almas de las tentaciones que suelen acometer fuertemente en tiempo de ocio;
y, por lo tanto:
14. Después de haber cumplido nuestras propias obligaciones, emplearemos el tiempo que nos quede en ocupaciones útiles, como
lecturas piadosas e instructivas, o en la oración.
15. Está mandado el recreo o al menos recomendado después de la comida, la clase y el estudio.
16. Procuraremos manifestar a nuestros superiores lo que pueda ser provechoso para nuestro adelanto moral.
17. Procuraremos también hacer uso con gran moderación de los permisos que nos suele conceder la bondad de nuestros superiores,
puesto que uno de nuestros principales fines es la exacta observancia del reglamento, quebrantado muy a menudo por el abuso de estos
mismos permisos.
18. Tomaremos el alimento que nuestros superiores dispongan, sin quejarnos jamás de lo que nos pongan en la mesa, y procuraremos que
tampoco se quejen los demás.
19. El que muestre ilusión por formar parte en esta asociación deberá, ante todo, purificar su conciencia en el sacramento de la confesión,
recibir la sagrada comunión, dar luego prueba de buena conducta durante una semana, leer atentamente estas reglas y prometer a Dios y a
María Santísima Inmaculada su exacta observancia.
20. El día de su admisión, todos los socios se acercarán a la santa comunión pidiendo a su Divina Majestad que obtenga ((482)) a nuestro
compañero la virtud de la perseverancia, de la obediencia y el amor de Dios.
21. La asociación está puesta bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción, de quien tomamos nombre y cuya medalla constantemente
llevaremos. Una sincera, filial e ilimitada confianza en María, un amor singularísimo y una devoción constante hacia ella nos harán
superar todos los obstáculos y ser firmes en nuestras resoluciones, rigurosos con nosotros mismos, amables con el prójimo y exactos en
todo.
Aconsejamos además a los hermanos que escriban los santos nombres de Jesús y de María, primero en su corazón y en su mente, y
luego en sus libros y en los objetos de su uso.Rogaremos a nuestro Director que examine el reglamento y nos manifieste su parecer, asegurándole que nos atendremos todos a lo que
él disponga. Puede modificarlo en todo lo que le parezca conveniente.María Inmaculada, nuestra titular, bendiga nuestros esfuerzos, puesto que EllaFin de Página 344
VOLUMEN V Página: 345nos ha inspirado crear esta piadosa asociación; que Ella aliente nuestras esperanzas, escuche nuestros gozos, para que, amparados bajo su
manto y fortalecidos con su protección, desafiemos las borrascas de este mar proceloso y superemos los asaltos del enemigo infernal.De esta suerte, y por ella amparados, confiamos poder ser de edificación para nuestros compañeros, de consuelo para nuestros
superiores e hijos predilectos de tan augusta Madre. Y, si Dios nos concede gracia y vida para servirle en el ministerio sacerdotal, nos
esforzaremos en hacerlo con el mayor celo posible.Y desconfiando de nuestras fuerzas, y con una confianza ilimitada en el auxilio divino, nos atreveremos a esperar que, después del
peregrinaje por este valle de lágrimas, obtendremos a la hora postrera, consolados por la presencia de María, el eterno galardón que Dios
prepara a quienes le sirven en espíritu y en verdad.Don Bosco leyó este reglamento de vida y, después de haberlo examinado atentamente, lo aprobó con las siguientes condiciones:1. Las mencionadas promesas no tienen fuerza de voto.
2. Ni siquiera obligan bajo pena de culpa alguna.
3. En las reuniones se propondrá alguna obra de caridad ((483)) externa, como la limpieza de la iglesia o la instrucción religiosa de algún
niño menos instruido.
4. Se distribuirán los días de la semana de modo que cada día comulgue alguno de los socios.
5. No se añadan otras prácticas piadosas sin permiso especial de los superiores.
6. Establézcase como objeto principal el promover la devoción a la Inmaculada Concepción y al Santísimo Sacramento.
7. Antes de aceptar a un aspirante, désele a leer la vida de Luis Comollo.
Domingo Savio era el más indicado para fundar tal Compañía. Todos eran amigos suyos; el que no le quería, por lo menos le respetaba
por sus virtudes. El, por otra parte, sabía quedar bien con todos. Tan firme estaba en la virtud, que se le aconsejó entretenerse con algunos
compañeros algo díscolos para ver si lograba ganarlos para Dios. El se aprovechaba del recreo, de los juegos y de las conversaciones, aun
indiferentes, para sacar provecho espiritual.Sin embargo, sus mejores amigos eran los socios de la Compañía de la Inmaculada, con los que se reunía, bien para tener encuentros
espirituales, bien para hacer ejercicios piadosos.Estos encuentros teníanse con licencia de los superiores, pero asistían sólo los jóvenes, y ellos mismos los regulaban. Eran éstos
escogidos entre los más virtuosos y serios de las clases de los internos, aunque de ordinario asistían también algunos clérigos y a veces
algún sacerdote. El clérigo Rúa, fue elegido presidente por común acuerdo, pues ya entonces era considerado como el más fiel y el más
ejemplar entre los hijos de don Bosco. Había reunión una vez por semana y se abría la sesión con la lectura de un libro espiritual. Un
345Fin de Página 345
VOLUMEN V Página: 346secretario se encargaba de redactar el acta de las sesiones. Estas se inauguraban durante la novena de Nuestra Señora de la Consolación.((484)) En estas reuniones se trataba de la forma de celebrar las novenas y grandes festividades, se repartían las comuniones, que cada
cual hacía en los días fijados de la semana, se designaban los muchachos que tenían mayor necesidad de ser asistidos moralmente, y cada
uno lo convertía en su cliente o protegido.Las normas prácticas para tal asistencia se inspiraban en prudentes atenciones. Se hacía una lista con los muchachos más disipados,
negligentes en sus deberes, abandonados en la frecuencia de los sacramentos y en las prácticas de piedad, sospechosos de mala conducta;
se estudiaba el carácter y las inclinaciones de los protegidos, y luego, se encomendaban a aquéllos que más se acomodaban con su
carácter.
Entonces los socios de la Compañía de la Inmaculada se entregaban a su labor, poniendo en práctica todos los medios que sugiere la
caridad cristiana para llevar por el camino de la verdad a un joven; y en la reunión de la semana siguiente daban cuenta de aquél o
aquellos jóvenes que se les habían encomendado. Exponían lo que habían conseguido, recibían consejos para continuar con mayor
provecho la asistencia, y trataban con los demás cuanto consideraban conveniente a la buena marcha del Oratorio.La Compañía era una sociedad como la de los ángeles custodios, que actúa y no se ve. Cada uno de ellos seguía el alma que se le había
confiado, no la perdía de vista, procuraba ganársela, sin que los demás se dieran cuenta de ello, y ni siquiera el mismo que era blanco de
sus cuidados. Procuraba estar a su lado, si calculaba que había formado un grupo sospechoso; observaba qué leía, le prestaba o regalaba
buenos libros, jugaba preferentemente con él. Ganábase primero su corazón con la dulzura de modales y, si era preciso, con industriosos
y generosos sacrificios, ((485)) recurría luego a los consejos y advertencias, le animaba al bien y, llegado el momento oportuno, le
aconsejaba y le invitaba a ir a comulgar.íCuántas almas se salvaron de este modo! Y es muy de tener en cuenta que los socios de la Compañía no eran acusicas de faltas, sino
defensores de los débiles en la virtud y aún de los malos, si los había, los cuales se convertían en inocuos. Atenuaban sus faltas ante los
superiores, se hacían responsables ante Dios de su futura conducta, se ofrecían a veces a sufrir el castigo por ellos merecido e intentaban
interceder por su protegido, si le veían en peligro de expulsión. Era, como se ve, un apostolado sublime, pero requería una virtud robusta
346Fin de Página 346
VOLUMEN V Página: 347y prudente. Si el cliente estaba enfermo, si necesitaba ayuda para la clase o el taller, si andaba triste por alguna contrariedad, o si le
ocurría alguna desgracia, podía contar ciertamente con el secreto y la ayuda de un amigo sincero, que lo amaba por Jesucristo. Así era
aquella bendita legión puesta por don Bosco para vigilar, a fin de que no entrase en el Oratorio el inimicus homo (hombre enemigo). Les
decía:-Moralidad: eso es lo que más importa."Nadie puede imaginar, dice Miguel Rúa, las grandes ventajas que, durante años y años, produjo la Compañía de la Inmaculada en la
buena marcha de los jóvenes; oí repetir a varios antiguos alumnos en estos últimos tiempos (1895) que, si pudieron permanecer en el
Oratorio y cumplir con éxito sus deberes, lo debían a los amorosos cuidados de fulano y zutano, que yo sabía precisamente habían
pertenecido a dicha Compañía".Aquellos jóvenes, animados por el espíritu de don Bosco, no se contentaban con sus clientes, sino que formaban el nervio, el alma
((486)) directiva de la casa. Esparcidos entre la alborotadora y jovial multitud de muchachos, eran fermento de docilidad, de paz y de
orden con su ejemplo y sus buenas palabras. Los alumnos, divididos en grupos, paseaban o jugaban, pero en medio de ellos había uno
que parecía el centro, en torno al cual se apretaban los demás. Este, sin darse la menor importancia, conseguía que no se murmurara, no
se blasfemara, no se hablara mal ni se riñera. Todos le apreciaban y, si hablaba o contaba algún ejemplito, le escuchaban con gusto. En
aquel entonces, no se hacían filas para trasladarse de un lugar a otro; apenas sonaba la campana para ir a clase o al taller, a la iglesia o al
estudio, se hacía silencio repentinamente, cesaban los juegos y los corrillos de muchachos se movían como si de uno solo se tratase,
alrededor del compañero que rodeaban y al que obedecían casi sin darse cuenta de ello.Los socios de la Compañía se cuidaban también de los alumnos nuevos del Oratorio. Con frecuencia eran víctimas de la tristeza y mil
pensamientos negros que hurgaban la mente y afligían el corazón de quien salía por primera vez de su pueblo. Pero he aquí que un
compañero se le acercaba, le preguntaba, le hacía charlar y pasear, le distraía, le animaba y le invitaba a jugar, le iba enseñando la casa e
insinuaba en su corazón buenas palabras, le invitaba a rezar una avemaría ante el altar de la Virgen, ponderaba la amable paternidad de
don Bosco y finalmente le iniciaba en la frecuencia de los Sacramentos.
347Fin de Página 347
VOLUMEN V Página: 348Así, impedíase el mal, por una parte, aumentaban los buenos, por otra, y los mismos socios de la Compañía sacaban un gran provecho
espiritual con este trabajo. Don Bosco, como ya había ((487)) hecho con otros en años anteriores, sugería a éstos que se buscaran entre
los compañeros más celosos, un monitor secreto, que tuviera con ellos la caridad de avisarles de sus defectos, siempre que fuera menester."Yo mismo, dijo Miguel Rúa, pude comprobar la gran utilidad de esta santa industria de nuestro buen padre, puesto que avisado en mi
niñez por el monitor secreto que escogí, aprendí a valorar el tiempo y empecé a emplearlo mejor".Así, pues, el año en que Pío IX instituyó en todo el mundo la festividad del Sagrado Corazón de Jesús e hizo obligatorio el oficio y la
misa de esta fiesta; en el mismo mes dedicado al Sagrado Corazón, fundábase la Compañía de la Inmaculada Concepción, en la que
crecieron los primeros elementos de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales. O sea, que el mes de junio proporcionó a don Bosco
satisfacciones semejantes a las que le había procurado el mes de mayo.Recibió una carta del joven Domingo Ruffino, alma toda del Señor, estudiante de retórica en Giaveno, al que don Bosco esperaba
contar entre sus mejores campeones en el Oratorio. Y le respondía:Turín, 13 de junio de 1856Queridísimo hijo:Has hecho bien en escribirme; si guardas en el corazón lo que manifiestas con las palabras, tendrás en mí un amigo que te hará todo el
bien que pueda.Ofrece tus trabajos a Dios; sé devoto de María; cuando vengas a Turín hablaremos.El Señor te bendiga; reza por mí, que de corazón soy tu,Afmo.J. Bosco, Pbro.
((488)) Llególe otra alegría de Roma. El diez de junio el Sumo Pontífice concedía indulgencia plenaria a quien visitase la iglesia del
Oratorio en las principales fiestas de María y en las de San Francisco de Sales y San José. El día trece concedía indulgencia de siete años
y siete cuarentenas, una vez al mes, a los fieles que hubieran asistido al ejercicio de la buena muerte en dicha iglesia 1; y el mismo ((489))1 PIUS PP. IXUniversis Christi fidelibus praesentes litteras inspecturis salutem et Apostolicam Benedictionem.
348Fin de Página 348
VOLUMEN V Página: 349día trece, en un tercer Rescripto, con idéntico formulario que el segundo, concedía indulgencia de siete años y siete cuarentenas a los
fieles que asistieran, en la vigilia de Navidad, a los oficios religiosos del Oratorio. No es fácil explicar la profunda reverencia e íntima
satisfacción con que don Bosco recibió tan inestimables favores.Otra causa de alegría fue la vuelta a Turín, el quince de junio, del ejército de Crimea. Asistieron los soldados a una misa en la plaza de
armas, celebrada por el arzobispo de Vercelli, monseñor d'Angennes y se cantó el Tedéum, al son de los cañones. Algunos de aquellos
valientes, compañeros del Oratorio Festivo, y entre ellos el joven Morello, por los que tanto se había rezado, acudieron a Valdocco para
saludar a don Bosco y fueron recibidos festivamente.Ad augendam fidelium religionem et animarum salutem, coelestibus Ecclesiae thesauris pia charitate intenti, omnibus et singulis
utriusque sexus Christi fidelibus vere poenitentibus et confessis ac S. Comunione refectis, qui Ecclesiam Instituti, vulgo Oratorio nuncup.
sub titulo Sancti Francisci Salesii, juvenibus ad pietatem exercendis qui in periculo versantur, canonice ut probatur erecti in Civitate seu
Dioecesi Taurinensi, in praecipius B. M. V. I. festivitatibus, Conceptionis videlicet, Nativitatis, Praesentationis, Annunciationis,
Purificationis, Visitationis et Assumptionis, Transitus S. Josephi sponsi eiusdem B. M. V. ac. S. Francisci Salesii, a primis vesperis usque
ad occasun solis dierum eiusmodi, singulis annis devote visitaverint, ibique pro Christianorum Principum concordia, haeresum
extirpatione ac S. Matris Ecclesiae exaltatione pias ad Deum preces effuderint, quo die talium festorum id egerint, plenariam omnium
peccatorum suorum indulgentiam et remissionem misericorditer in Domino concedimus, Praesentibus ad septennium tantum valituris.Datum Romae apud S. Petrum sub Annulo Piscatoris die X junii MDCCCLVI Ponticatus nostri anno decimo.Pro. D.no Cardinali MacchiI. B. BRANCALEONI CASTELLANI Subs.
PIO PAPA IXSalud y Bendición Apostólica a todos los fieles cristianos que vieren las presentes letras.Para el aumento de la religión de los fieles y salvación de las almas, buscando con piadoso amor los tesoros celestes, a todos y a cada
uno de los fieles de uno y otro sexo, que verdaderamente arrepentidos y confesados y alimentados con la Sagrada Comunión visiten la
Iglesia del Instituto llamado comúnmente Oratorio de San Francisco de Sales, canónicamente erigido, como puede probarse, en la Ciudad
y Diócesis de Turín para ejercitar en la piedad a los jóvenes que se encuentran en peligro, concedemos misericordiosamente en el Señor
por las presentes, por siete años, indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados en las principales fiestas de la B. V. M, es decir, en
las de su Concepción, Natividad, Presentación, Anunciación, Purificación, Visitación y Asunción y en la del Tránsito de S. José y en la
fiesta de S. Francisco de Sales, a partir de las primeras vísperas hasta la puesta del sol de esos días, anualmente, visitando dicha iglesia
devotamente y elevando en ella preces por la concordia de los Príncipes cristianos, extirpación de la herejía y exaltación de la Santa
Madre Iglesia.Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el día 10 de junio del año 1856, décimo de nuestro Pontificado.Por el Sr. Cardenal MacchiJ. B. BRANCALEONI CASTELLANI, Subst.
Fin de Página 349
VOLUMEN V Página: 350Jubilosas resultaron también las fiestas de San Juan y de San Luis, para la cual hizo imprimir don Bosco en la tipografía Paravía siete
mil quinientas estampas del angélico joven.Conservamos el programa de la segunda fiesta, que publicó Armonía el veintiocho de junio.PIUS PP.IXUniversis Christi fidelibus praesentes litteras inspecturis salutem it Apostolicam Benedictionem.Ad augendam fidelium religionem atque animarum salutem, coelestibus Ecclesiae thesauris pia charitate intenti, omnibus et singulis
utriusque sexus Christi fidelibus, corde saltem contritis, qui pio bonae mortis exercitio, in Ecclesia seu publico Oratorio Instituti, vulgo
Dei giovani pericolanti nuncupatum, Civitatis seu Dioecesis Taurinensis, semel quolibet anni mensede Ordinarii licentia peragent, devote
interfuerint ac ibi pro Christianorum Principum concordia, haeresum extirpatione, ac Sanctae Matris Ecclesiae exaltatione pias ad Deum
preces effuderint, quo die id egerint, septem annos totidemque quadragenas de injunctis eis seu alias quomodolibet poenitentiis debitis, in
forma Ecclesiae consueta relaxamus, Presentibus ad septemnium tantum valituris.Datum Romae apud S. Petrum sub Annulo Piscatoris die XIII junii MDCCCLVI Pontificatus nostri anno decimo.Pro. D.no Cardinali MacchiI. B. BRANCALEONI CASTELLANI
PIO PAPA IXSalud y Bendición Apostólica a todos los fieles cristianos que vieren las presentes letras.Para el aumento de la religión de los fieles y salvación de las almas, buscando con piadoso amor los tesoros celestes, a todos y a cada
uno de los fieles de uno y otro sexo, que al menos contritos de corazón, tomaren parte de el piadoso ejercicio de la buena muerte, que en
la Iglesia u Oratorio público del Instituto llamado comúnmente De los jóvenes en peligro de la Ciudad y Diócesis de Turín se realice una
vez al mes con licencia del Ordinario y elevare en ella piadosas preces a Dios por la concordia de los Príncipes cristianos, extirpación de
las herejías y exaltación de la Santa Madre Iglesia, concedemos a los que esto hicieren, por las presentes y por siete años y en la forma
acostumbrada por la Iglesia, el perdón de siete años y de siete cuarentenas de las penitencias impuestas o debidas por la razón que fuere.Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el Anillo del Pescador, el 13 de junio del año 1856, décimo de nuestro Pontificado.Por el Sr. Cardenal MacchiJ. B. BRANCALEONI CASTELLANI
((490)) Mañana, veintinueve de junio, se celebra en el Oratorio de San Francisco de Sales del sacerdote Juan Bosco, con la
acostumbrada solemnidad y devoción, la fiesta de San Luis Gonzaga. Publicamos a continuación el horario de las funciones religiosas en
dicha iglesia, convencidos de que la piedad de los fieles no puede hallar un espectáculo más edificante que el que ofrece ese día aquel
sagrado lugar, lleno de una juventud en flor dispuesta al recogimiento y devoción.Se concede indulgencia plenaria a quien confesado y comulgado visite esta iglesia y ore según la intención del Sumo Pontífice.Decr. de S.S. Pío IX, 28 de septiembre de 1850Fin de Página 350
VOLUMEN V Página: 351HORARIOMisas y recepción de SacramentosA las nueve. Recreo.A las diez. Misa solemne.POR LA TARDEA las tres. Vísperas Solemnes. Panegírico. Procesión. Bendición con S.D.M.A las cinco. Rifa para los adultos.A las seis. Rifa para todos.A las siete. Concierto musical y entretenimientos varios.Pero el demonio debía bramar de cólera viendo la paz reinante en el Oratorio y observando el bien que hacía la Compañía de la
Inmaculada.
Aún no estaba totalmente cercado el patio, de modo que no pudieran entrar en él personas ajenas a la casa. Por lo mismo, durante años
aparecían de cuando en cuando entre los jóvenes algunos emisarios que, por las apariencias debían pertenecer a la secta Valdense o, peor,
a la escuela de Judas. Aprovechaban preferentemente los días en que don Bosco faltaba de Turín y se cercaban con la sonrisita en los
labios a cualquier grupo para abrir algún venenoso coloquio.Había entre otros ((491)) cierto mozo, cuya vida fue un tejido de maldad, de aspecto señorial, de modos elegantes y muy afables, de
fascinadora mirada, astuto, hipócrita, impío, de encantadora conversación en sumo grado; su sola presencia, como un imán, atraía en
masa a todos los que no estaban advertidos. velaban, sin embargo, los centinelas de la Compañía y con muy buenos modales alejaban a
los alumnos de aquella víbora.Sucedió una vez durante el recreo, que un hombre se metió entre los muchachos mientras se divertían y, dirigiéndose a uno de ellos,
empezó a discursear, en voz tan alta que todos los circunstantes podían oír. El taimado, para cautivar su atención, comenzó primero a
contar cosas raras y divertidas. Los chicos, empujados por la curiosidad, le rodearon enseguida como locos y se colgaron de sus labios
para oír sus extravagancias. En cuanto los vio apiñados a su alrededor hizo caer el discurso sobre religión y, como suelen hacer estos
tipos, lanzaba disparates horrendos, poniendo en ridículo las cosas más santas y desacreditando a todas las jerarquías eclesiásticas.
Algunos de los presentes, no pudiendo aguantar tanta impiedad y no atreviéndose a oponerse, se contentaron con retirarse. Un buen
número seguía incautamente escuchándole. Llegó casualmente Domingo
351Fin de Página 351
VOLUMEN V Página: 352Savio, y, en cuanto conoció de qué se trataba, venciendo todo respeto humano, dijo a sus compañeros:-Amigos, dejemos solo a este desgraciado, que intenta robar nuestra alma.Los jóvenes obedeciendo a su voz, se apartaron al punto de aquel emisario del demonio que, al verse de tal manera abandonado de
todos, se marchó para no volver.Sucedió otro día que un muchacho de fuera ((492)) del Oratorio trajo consigo una revista con figuras indecentes e irreligiosas. Una
turba de curiosos le rodeó para mirar aquellas ilustraciones que habrían causado asco a un turco y hasta a un pagano. Acudió también
Domingo, creyendo se tratase de alguna imagen devota; mas cuando vio de cerca el papel, quedó primero sorprendido y, luego,
sonriendo, lo tomó y lo hizo pedazos. Espantados sus compañeros, se miraron entre sí, sin proferir palabra.Domingo entonces les habló así:-íDesgraciados! "Habéis olvidado, por ventura, lo que tantas veces se nos ha recalcado? El Salvador nos dice que una sola mirada
deshonesta mancha nuestra alma; "y vosotros alimentáis vuestros ojos con impresos de esta clase?-Nosotros, dijo uno de ellos, mirábamos esas figuras para reírnos.-Sí, para reíros... y riendo de ese modo podéis caer en el infierno... Mas si tuviérais la desgracia de caer en él, "continuaríais riendo?Al oír tales palabras todos callaron y nadie osó reconvenirle ni hacerle observación alguna.Mientras tanto, salió de la imprenta de G. Tea, en Ivrea, la Lectura Católica titulada: Breves consideraciones sobre la conformidad con
la santa voluntad de Dios, correspondiente a los meses de junio y julio. Era anónima. Aquel volumen, lleno de doctrina, de entusiasmo,
de dulzura y de afecto, hizo mucho bien a las almas, poniendo de manifiesto que la voluntad del Señor siempre es para nuestro provecho
y que en ella tiene que encontrar el hombre su paz y su perfección.
352Fin de Página 352
VOLUMEN V Página: 353((493))CAPITULO XLLA HISTORIA DE ITALIA: SU FINALIDAD -ELOGIOS DE LA PRENSA Y DE PERSONAJES ILUSTRES -REGALA UN
EJEMPLAR AL PAPA Y A ALGUNOS BIENHECHORES -PROPOSICION RECHAZADA POR EL GOBIERNO -NUEVAS
EDICIONES -VENTAJAS QUE APORTO ESTA HISTORIA A LA SOCIEDAD -SU TRADUCCION AL INGLESEN el año 1856 entregaba don Bosco a los jóvenes del Oratorio, o mejor, a toda la juventud italiana, un regalo, que será monumento
imperecedero de la sinceridad de su amor hacia esta esperanza de la Iglesia y de la patria. Nuestros lectores quedarán maravillados al
saber cómo pudo don Bosco, en medio de las preocupaciones y fatigas que le proporcionaba el gobierno de su numerosa familia, hallar
tiempo para escribir y publicar una Historia de Italia, que es una de las obras más hermosas e importantes salidas de su pluma.El consejo de don José Cafasso aceleró la realización de este trabajo. Habíale presentado don Bosco dos cuadernos, con un título
distinto en cada uno de ellos, y le había preguntado:((494)) -"Debo escribir una Historia de Italia, o un Método para confesar a los jóvenes?A don Bosco le parecía mejor escribir sobre el segundo tema, porque algunos no daban la debida importancia a estas confesiones. El
prejuicio de que aquello era perder tiempo, la impaciencia y el fastidio originados por la ligereza y la ignorancia de tantísimos chicos, la
falta de experiencia, en muchos lugares, hacían que fuera muy escaso el número de sacerdotes que supieran o quisieran confesar a los
muchachos. Sólo por Pascua se atendían sus confesiones.No bien hubo oído don José Cafasso las razones de don Bosco, le dijo sin más:-íEscriba la Historia de Italia!Y don Bosco obedeció.Veía por aquellos días, con gran disgusto, cómo había pérfidos escritores que, con Epílogos, Resúmenes, Compendios, Historias
353Fin de Página 353
VOLUMEN V Página: 354Patrias, etcétera, mancillaban brutalmente la Historia Italiana, sacando del olvido rancias calumnias, ya mil veces refutadas, contra los
Papas, pintándolos como enemigos de Italia, tergiversando, retorciendo en mal sentido o callando los más gloriosos acontecimientos, para
poner en su lugar como verdades históricas, meras invenciones u opiniones de cerebros locos, con tal que desacreditaran al Papado. Más
aún, los mismos Romanos Pontífices, con fama de ser los más beneméritos de la península, eran presentados como los responsables de
sus desgracias y desventuras, y lo que era peor, aquellas historias nacionales empezaban a adoptarse como libros de texto en varias
escuelas.Añádase a esto que los protestantes combatían firmemente, desde sus tres periódicos, al Papado, y la prensa sectaria atacaba el dominio
temporal, falseando su origen y su finalidad y negando que estuviera asentado en el derecho.((495)) Estas traiciones a la verdad, este envenenamiento de las mentes juveniles sublevaba el alma de don Bosco decidiéndole a
suministrarles el contraveneno más eficaz que él pudiese. El clérigo Miguel Rúa escribió en limpio toda la Historia de Italia, al dictado de
don Bosco, y el jovencito Melchor Voli, más tarde abogado, alcalde de Turín, y senador del Reino, ayudó a corregirla, juntándose con él
en Casa Roasenda, ya que el manuscrito original estaba cubierto de correcciones. El 1855 inició en Paravía la impresión. Sus páginas son
una verdadera defensa de la Iglesia y de los Papas, muestran los favores que han prestado a la civilización, y en particular a Italia, y
defienden con argumentos perentorios el dominio temporal de los Papas, necesario para el libre ejercicio de su autoridad espiritual.La obra está dividida en cuatro períodos. Pero, así como todos los historiadores dividen la parte que toca a la historia romana en tres
épocas, la del Rey, la de la República y la del Imperio, don Bosco la divide en dos: la Italia pagana y la Italia cristiana. Con ello se ve
cada vez mejor el profundo sentimiento que albergaba en su corazón: Jesucristo, su Vicario y su Iglesia.La primera época o período comienza con los primeros habitantes de Italia, y se extiende hasta lo inicios de la era vulgar, cuando todo
el Imperio Romano cayó bajo el imperio de Augusto. La segunda época desde el principio del Imperio Romano hasta la caída del mismo
en Occidente el año 476, tiempo en el que el cristianismo se propagó y se estableció por toda Italia. La tercera época comienza con la
caída del Imperio Romano en occidente y llega hasta el descubrimiento
354Fin de Página 354
VOLUMEN V Página: 355de América por Cristóbal Colón el año 1492: historia de la Edad Media.((496)) La cuarta comprende el resto de la historia hasta 1855, comúnmente llamado Historia Moderna. Casi todos los capítulos se
cierran con una sentencia del libro de los Proverbios.Don Bosco, a medida que adelantaba su labor, presentaba las pruebas de imprenta al profesor Amadeo Peyron, rogándole las leyera y
diera su parecer sobre aquel trabajo. El Profesor, queriendo hacerle el mejor de los servicios corregía y corregía, pero, al fin, releyendo se
dio cuenta de que era imposible hacerlo mejor. Entonces suprimió las correcciones y dejó el libro como lo había escrito don Bosco. Así
nos lo atestiguó el profesor don Juan Garino. Pero en esta ocasión Peyron hizo a don Bosco una recomendación que jamás olvidó.Entre las breves biografías de los personajes ilustres había incluido también la de Víctor Alfieri. Dijo Peyron a don Bosco:-"Por qué incluye en un libro destinado a los muchachos la biografía de Alfieri, un escritor tan corrompido de costumbres, de ideas tan
nocivas y que ha causado tanto daño con sus escritos y sus tragedias? Quite esa biografía. Hasta había de perderse la memoria de Alfieri.
Si usted lo nombra o lo combate, o peor aún si lo alaba, despertará en los jóvenes la curiosidad, e irán a comprar y leer sus obras, con
gran daño para ellos. íQuítela, quítela!Y don Bosco lo hizo así. Luego advertía a los profesores que se cuidaran de nombrar o citar autores malos y mucho más de alabarlos
por su lenguaje u otros méritos.También presentó la historia a su antiguo profesor don Pedro Banaudi, quizá para que examinara los juicios vertidos sobre los
acontecimientos eclesiásticos.((497)) Muy apreciado señor profesor:
Le presento otros dos cuadernos de esta nuestra Historia de Italia, para que haga con ellos lo que en su bondad tuvo a bien hacer con losque les precedieron.Está ya en la imprenta y pronto espero poder enviarle lo que falta hasta nuestros días.Muy agradecido, le ruego me tenga presente ante el Señor y me crea con todo afecto.De S.S.Turín, 5 de diciembre de 1856
Seguro servidor y alumno JUAN BOSCO, Pbro.Fin de Página 355
VOLUMEN V Página: 356A mediados de 1856 vio la luz la Historia de Italia contada a la juventud, desde sus primeros habitantes hasta nuestros días, con un
mapa de Italia, por el sacerdote Juan Bosco. La primera edición fue de 2.500 ejemplares.Son preciosas las palabras con que explicó la finalidad que se propuso al escribir esta obra, palabras que merecen ser reproducidas
porque demuestran cómo su constante pensamiento y el objeto principal de sus trabajos eran la sana educación de la juventud."Es un hecho universalmente reconocido, decía, que los libros deben estar adaptados a la inteligencia de aquéllos para quienes se
escriben, lo mismo que los alimentos han de ser apropiados a la condición de los individuos."De acuerdo con este principio, me propuse narrar la Historia de Italia a la juventud, siguiendo en la materia, en el lenguaje y hasta en
el formato las mismas reglas que ya venía practicando en otros libros destinados al mismo fin. Ateniéndome, pues, a los hechos ciertos,
fecundos manantiales de moralidad y útiles enseñanzas, dejo de lado las cosas inciertas, las privadas lucubraciones, las farragosas ((498))
citas de autores, así como las altas discusiones políticas, cosas todas que de ordinario resultan inútiles, cuando no perniciosas, para la
juventud."Puedo asegurar al lector, que no he escrito un solo párrafo sin confrontrarlo con los autores más acreditados, y, por cuanto me fue
posible, contemporáneos, o, al menos, próximos al tiempo a que se refieren los acontecimientos. Tampoco he ahorrado fatiga alguna para
leer los modernos escritores de los asuntos italianos, de los que he tomado lo que me parecía más a mi propósito."He hecho cuanto he podido para que mi trabajo resultase útil a esa parte de la sociedad, que constituye la esperanza de un alegre
porvenir, la juventud. El fin último de cada página es el de dar a conocer la verdad histórica, suscitar el amor a la virtud, la fuga del vicio,
el respeto a la autoridad y a la Religión."La buena acogida que el público dispensó a otras obritas mías, publicadas anteriormente, me da pie para esperar lo mismo de la
presente."Si alguno reporta de ella algún provecho, dé gracias al Señor, autor de todo bien, a quien entiendo dedicar estos mis pobres trabajos".Hasta aquí don Bosco.Apenas se puso a la venta la obra, hombres competentes en la materia hicieron elogios de ella.El reverendo Trusso, antiguo alumno nuestro y maestro, contaba de cierto distinguido profesor siciliano que leyó esta historia y
exclamó al terminar:-íEl autor de este libro es un santo!Los doctos escritores de la Civiltà Cattolica la pusieron por las nubes y dijeron que era un libro que seguramente no tenía igual entre los
de su género en Italia. En su revista correspondiente al año 13, serie 5, volumen 3, pág. 474, manifestaban este otro juicio:"Bajo la pluma del bonísimo don Bosco, no se cambia la Historia
356Fin de Página 356
VOLUMEN V Página: 357so pretexto de transmitir ideas de una política falsa o principios de una hipócrita libertad, como sucede a menudo con otros compiladores
de epílogos, resúmenes y compendios que corren por Italia y ruedan todavía por muchas escuelas ((499)) con fama de buenos. A la
veracidad de los hechos, a la abundancia de la materia, a la nitidez del estilo y a la simetría del orden, añade el autor una calidad perfecta
de doctrina y de máximas morales, religiosas y políticas".1Algún espíritu nostálgico dolióse de estas alabanzas e iba divulgando en sus conversaciones que ((500)) don Bosco había encontrado en
la biblioteca de cierto jesuita un manuscrito y lo había publicado con su nombre. Don Bosco callaba, pero el profesor don Mateo Picco
salió por los fueros de la verdad:-íQué jesuita, ni qué!, respondió a uno que le contaba tan peregrina historia. Yo he visto uno por uno todos los folios que don Bosco ha
escrito. Y los he visto mientras él los escribía. íAh! íSe ve que usted no le conoce!Don Bosco no tardó en hacer presentar al Sumo Pontífice uno de los primeros ejemplares de esta historia convenientemente
encuadernada, y de Roma le llegó la ansiada respuesta.1 Armonía del 21 de octubre anunciaba de este modo la Historia de Italia de don Bosco: -El vergonzoso comercio que hace el
conciliábulo de necios de la instrucción pública de libros tontamente emborronados y, lo que es peor, contaminados a veces con máximas
perversas, dañosas para la juventud, nos hace sentir más vivamente la satisfacción que hoy experimentamos al tener en nuestras manos
libros para dar a conocer, adaptados a las necesidades de la educación y de la instrucción de la parte más querida de la sociedad que es la
juventud. Es sabido lo mal tratada que ha sido la Historia de nuestra pobre Italia para sentir las iras más desenfrenadas políticas y
antirreligiosas.El infatigable y celoso educador de la juventud que todos conocemos, el sacerdote Juan Bosco, dedicó también sus afanes a esta parte
de la instrucción, y acaba de entregarnos una Historia de Italia contada a la juventud, desde sus primeros habitantes hasta nuestros días,
en un volumen de casi seiscientas páginas en doceavo, con un mapa geográfico de Italia. No queremos por el momento hablar del mérito
literario o científico de la obra, puesto que un volumen de seiscientas páginas no puede leerse de un tirón, sobre todo para escribir de él
un juicio sólido y razonado; mas, para no diferir el dar a conocer esta obrita a los educadores de la juventud y a los padres de familia,
recordaremos que el nombre del autor, ya conocido por muchas otras obras, todas destinadas a la instrucción de la juventud, es prenda
más que suficiente de la solidez de la materia y de la conveniencia de la forma para la finalidad que el libro se propone...Estamos seguros de que los maestros, los padres de familia y todos los que se preocupan por la educación de la juventud estarán
agradecidos al ilustre sacerdote por haberse tomado el duro e ingrato trabajo de preparar una historia de nuestra patria, que pueda leer la
juventud con verdadero provecho y sin daño alguno. La Historia de Italia de don Bosco ha sido bien recibida por muchas casas de
educación y varios colegios y seminarios menores, y tomada como texto para ponerlo en manos de los alumnos.No dudamos que no pasará mucho tiempo sin que esto se generalice en los centros educativos de nuestra patria.
357Fin de Página 357
VOLUMEN V Página: 358Ilmo. Señor don Bosco:De acuerdo con los deseos que V.S. Ilma. me manifestaba en su carta del 7 de los corrientes, presenté con mucho gusto al Santo Padre
el ejemplar del Curso de Historia de Italia para la juventud, por usted redactado. Me apresuro a comunicarle que el Padre Santo recibió
con agrado esta muestra de respeto hacia su sagrada y augusta persona y le envía por mi medio la bendición Apostólica.Por mi parte, le agradezco muchísimo el otro ejemplar de la misma obra que ha tenido a bien regalarme, y al manifestarle mi
reconocimiento, tengo el honor de presentarle los sentimientos de mi más alta estima.De V.S. Ilma.Roma, 18 de septiembre de 1856Su seguro servidor
Cardenal ANTONELLlAl mismo tiempo, regalaba don Bosco otros ejemplares a diversos amigos y bienhechores. He aquí una de las respuestas que de ellos
recibió:((501)) Muy apreciado y carísimo don Juan:He tardado un poco en agradecerle el apreciable regalo que usted me ha hecho con su esmerado trabajo del compendio histórico de
nuestra Italia, desde los más remotos tiempos hasta nuestros días. Digo que he tardado en cumplir este mi deber, porque hasta ahora no
tuve tiempo para leerlo y conocerlo. Pero ahora que me hallo libre de las diarias y múltiples ocupaciones ciudadanas, lo hago con el más
sincero reconocimiento y admiración, por un trabajo que debe haberle costado mucho, al tener que compendiar los acontecimientos de
nuestra hermosa tierra, que siempre sobresalió en las artes y en las ciencias, para gloria nuestra, sobre los demás. Admiro el cuidadoso
estudio que, con tan buen resultado, ha hecho usted condensando mucho en poco, sin traicionar la verdad histórica y sin ocultar los
hechos de triste y notorio recuerdo, a los que hubo de someterse Italia, cuando eran adversos, y celebrarlos cuando eran felices.Es usted acreedor a la gratitud de la juventud de Turín, a la que consagra con tanto cariño su benévola atención, y también a la de todos
los italianos, a los que debe interesar hallar reunidos en un libro de pequeño formato nuestros orígenes y toda la serie de vicisitudes por
las que ha tenido que pasar la hermosa tierra, donde se habla la lengua italiana. 1Aprovecho la ocasión para agradecerle también y mucho, el haberse preocupado de ejecutar por sus buenos alumnos mis pobres
composiciones musicales características, que tuvieron ahí tan próspera fortuna sin el menor mérito mío.Perdone lo largo de esta carta, que supera los límites de la discreción, téngame siempre presente en su recuerdo y créame dispuesto a
servirle en cuanto pueda, para demostrarle mi reconocimiento y lo mucho que me precio de profesarme.Milán, 29 de octubre de 1856Su seguro servidor
CESAR DE CASTELBARCO1 Dice el texto original "ove il sí suona", recordando el verso del Dante: "genti-del bel paese là dove il sí suona": gentes del hermoso
país en donde suena el sí: la lengua del sí: la lengua italiana (lo cual podría aplicarse también a la española). (N. del T.)Fin de Página 358
VOLUMEN V Página: 359En las sucesivas ediciones, añadió don Bosco un capítulo sobre la guerra de 1859, o sea la conquista de ((502)) Lombardía, y más tarde
un resumen cronológico de los principales acontecimientos, desde la paz de Villafranca (1859), hasta la muerte de Napoleón III (1873).
Insertó también algunas nuevas biografías de hombres ilustres como Carlos Denina, José De-Maistre, Antonio Canova, Antonio Cesari,
Vicente Monti, Cardenal Mezzofanti, Silvio Péllico, Antonio Rosmini, Carlos Boucheron, Pedro Alejandro Paravía, Amadeo Peyron y
Alejandro Manzoni.De este último, después de alabar sus escritos y particularmente Los Novios, añade alguna observación sobre esta novela: "El aprecio,
dice, que nos merece esta obra, no nos privará, sin embargo, de censurar sumamente el retrato que nos presenta de don Abundio y de la
desgraciada Gertrudis. Manzoni, que ansiaba dar a Italia un libro verdaderamente moral e inspirado en sentimientos católicos, podía
ciertamente presentarnos mejores caracteres; los novelistas de más allá de los Alpes nos dan una idea muy distinta, por lo regular, del
párroco católico. El joven que, desde sus primeros años ha aprendido a amar a sus padres y a su párroco, necesariamente se llevará una
mala impresión en la mente y en el corazón al leer esas páginas".Por eso no aconsejaba su lectura a los jovencitos, dada su inexperiencia e impresionabilidad; sólo la toleró cuando el Gobierno la
impuso en las escuelas. Resulta fácil calcular con esto lo que don Bosco pensaba sobre otras novelas. Solía repetir que los libros ligeros y
apasionados, aun sin ser malos, resultan peligrosos, particularmente para la moralidad.Esta historia fue providencial para entonces y para los años siguientes: fue muy apreciada por los buenos y también por los poco
sospechosos de ser demasiado católicos. Sólo Dios sabe el bien que proporcionó a la ((503)) juventud y el mal que le evitó. Apenas se
advirtieron sus méritos, los padres de familia, maestros, y educadores, que deseaban tener hijos y alumnos conocedores de la historia
patria, y no envenenados, anduvieron a porfía para proporcionársela. En treinta años se vendieron más de setenta mil ejemplares.Ya en un principio, el mismo Ministro de Instrucción, Juan Lanza, la hizo revisar, le gustó mucho, le otorgó un premio de mil liras y
manifestó su deseo de que fuera adoptada en las escuelas del Estado. Por eso, hubo quien, de parte del Gobierno, se presentó a don Bosco
para prometerle que saldría un decreto aprobando su historia como libro de texto, con tal de que, aun sin corregir su trabajo, quitase los
359Fin de Página 359
VOLUMEN V Página: 360párrafos que le serían indicados. Pero él, prefirió no cambiar nada, y no se cuidó de un proyecto que ciertamente le hubiera producido
pingües ganancias. Más todavía, estaba dispuesto a soportar con alegría la ira de los sectarios, que le tachaban de reaccionario y jefe de la
reacción, en favor del Sumo Pontífice.Los muchachos del Oratorio leían asiduamente aquella historia, y hasta recitaban en ocasiones capítulos enteros; el mismo don Bosco,
para estimularlos, aplaudía y premiaba a los mejores, igual que hacía con los que mejor sabían recitar el Catecismo o los pasajes más
hermosos de la Historia Sagrada o de la Historia Eclesiástica.Otra ventaja muy importante consiguió la Historia de Italia a la sociedad. Sirvió de modelo y ejemplo para que otros autores escribieran
libros sobre el mismo tema, y así se quitaran de las manos de la juventud historias muy en boga y moralmente muy peligrosas.((504)) Hay que mencionar todavía otro hecho, y es que el nombre de don Bosco, aún en vida, y, sin que él lo supiera, fue conocido en
Inglaterra, precisamente por esta historia, que fue adoptada como libro de texto. Los salesianos de Londres hallaron, en un puesto de
venta de libros usados, un magnífico volumen en inglés, con el título "Compendio de Historia de Italia, por Juan Bosco, traducido del
italiano por un Ex-inspector del Estado para las escuelas I.D. Morell, LL. D.". Estaba editado por la tipografía Longman, Green, una de
las principales editoriales de Londres, en 1881.El traductor decía así en el prólogo..."Durante mi estancia de varios inviernos en Italia, me interesé naturalmente por la historia de aquel país. Y pensé muchas veces que un
buen compendio de historia de Italia en inglés, especialmente adaptado para la juventud, llenaría una verdadera laguna."Tenemos nosotros numerosos trabajos sobre la historia antigua de Italia, esto es, de la república romana y del imperio. Algunos de
ellos extensos, otros muy cortos, adaptados a los estudiantes de las clases inferiores y superiores. Pero en cuanto llegamos a la caída del
imperio romano de occidente, y entramos en la edad media, desaparece esa abundancia de libros para poder estudiar esta parte de la
historia de Italia."No resulta fácil tratar estos complicados hechos políticos, conjugando brevedad y claridad, y presentar un discreto resumen de la
historia italiana: es una tarea un tanto laboriosa."Este compendio ha sido traducido en su mayor parte de la obra de Juan Bosco (docto sacerdote italiano) titulada Historia de Italia
contada a la juventud."El compendio de Historia de Italia de Bosco comienza con la fundación de Roma. La primera parte (que incluye la historia llamada
comúnmente romana) no necesitaba traducirse, porque contiene la materia de los manuales ingleses usados en todas nuestras escuelas y
colegios.
360Fin de Página 360
VOLUMEN V Página: 361"En cuanto a la versión, he de advertir que el libro fue escrito (como lo indica el título) para la juventud de Italia, o sea ((505)) para uso
de las escuelas superiores de aquella nación. Ya ha alcanzado cinco ediciones y se emplea mucho como texto oficial."El estilo es en extremo sencillo e incorpora algunas explicaciones, que no serían necesarias si el libro estuviera destinado a personas
más cultas. He procurado conservar con esmero en la traducción la gallarda sencillez del estilo, he conservado algunas de las
explicaciones antes mencionadas, otras las he dejado, por innecesarias. Tengo también que decir que, como quiera que el autor es un
sacerdote católico muy celoso, están esparcidos por las páginas del libro muchos sentimientos y opiniones que no van muy de acuerdo
con nuestras ideas inglesas y menos con las protestantes. Yo me justifico por haberlas omitido o cambiado según los casos..."Fin de Página 361
VOLUMEN V Página: 362((506))CAPITULO XLIUNA RELACION DE DON BOSCO SOBRE LA MARCHA DEL ORATORIO DURANTE ESTE AÑO -CARTA A LOS PARROCOS
RECOMENDANDOLES LOS MUCHACHOS AL IR DE VACACIONES -UN MUCHACHO ESCAPADO DE CASA Y RECOGIDO
POR DON BOSCO -MUCHACHOS ATENDIDOS POR EL ORATORIO FESTIVO -CLERIGOS QUE PIDEN CONSEJO SOBRE LA
VOCACION -DON BOSCO Y LA CONFERENCIA ANEJA DE SAN VICENTE DE PAUL -DON BOSCO EN SAN IGNACIO Y
SUS CARTAS AL ORATORIO -EL RAYO -UN TEDEUM A LA VUELTA DE DON BOSCO A TURIN -LECTURAS CATOLICAS
-PREDICACIONES -ALUMNOS DE LA ESCUELA NORMAL EN EL ORATORIO -CARTA A LA DUQUESA DE
MONTMORENCY -OTRA INDULGENCIA -LA FIESTA DE LA ASUNCIONNARRADO ya el éxito alcanzado por don Bosco con la publición de la Historia de Italia, nos es grato ahora dar una noticia general sobre
la marcha interior del Oratorio, puesto que poseemos el documento más autorizado para ello.Escribió don Bosco, de su puño y letra, una voluminosa relación del año escolar 1855-1856. Está cubierta de notas de todo género, y de
cuentas a cobrar y pagar. Se hallan registrados en ella los nombres de ciento cincuenta y tres alumnos: sesenta y tres estudiantes y noventa
aprendices. Pero este número no está completo, ((507)) como aseguran antiguos alumnos de aquellos tiempos, puesto que faltan los que
acudían a escuelas superiores de artes y ciencias en la ciudad y los que estaban en el Oratorio sólo de paso. Son muy pocos los que tienen
observaciones al margen, de donde se deduce que los indisciplinados incorregibles, los gravemente acusados de ladrones, y los que no
querían someterse al reglamento, eran expulsados de casa. Está, sin embargo, consignado alguno que se marchó voluntariamente. De
Carlos Gastini se lee: Salió, para vivir por su cuenta, en el mes de mayo.Algunos nombres, particularmente de aprendices, recuerdan a pobres huérfanos que pasaron aquel año a la eternidad. Habían llevado
consigo al Oratorio el germen destructor de las privaciones, los
362Fin de Página 362
VOLUMEN V Página: 363sufrimientos y otras causas. Murieron en el Hospital del Cottolengo, durante los primeros meses de 1856, Juan Picena, natural de
Cremolino, de diecisiete años, y Luis Pesciallo de Vacarezza, de quince años; en el Hospital de San Mauricio expiró Bernardo Raggi, de
dieciséis años, y en Cremolino otro Picena, hermano pequeño del arriba nombrado. Don Bosco visitaba afectuosamente a los alumnos que
los médicos mandaban trasladar a los hospitales y los preparaba para acabar santamente su vida.Terminado el año escolar, después de los exámenes y de la distribución de premios, una parte de los alumnos estudiantes iba a pasar las
vacaciones en su casa; don Bosco se cuidaba de que no les faltara asistencia, y por eso les entregaba una carta de presentación al párroco.
He aquí el contenido.Ilmo. y Rdvmo. Señor:Con todo respeto recomendamos a este nuestro alumno a la benevolencia de su señor Párroco, a quien rogamos humildemente tenga a
bien asistirlo durante las vaciones, y a su vuelta ((508)) entregarle un certificado en el que conste:1) Si, durante el tiempo que pasó en el pueblo, recibió los santos sacramentos de la confesión y comunión. 2) Si asistió a las funciones
parroquiales y si se prestó para ayudar a la santa misa. 3 ) Si no ha andado con malos compañeros, ni ha dado motivos de queja por su
conducta moral.Espero recibir buenas noticias de nuestro alumno; damos a usted las gracias de todo corazón, mientras nos honramos en profesarnos.De V.M.R.S.Atto. y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.Pero don Bosco no podía aguantar que hubiera plazas libres en su Internado.Su caridad con los jóvenes abandonados era tal, que cuando se encontraba con uno, saltaba por encima de ciertas normas de aceptación
que él mismo exigía ordinariamente, y, sin más, los recibía como hijos que le presentaba la Divina Providencia. Nos contaba Juan Villa:"Recuerdo que un día fue don Bosco a una barbería para afeitarse y vio allí a un joven dependiente como aprendiz. Empezó a
preguntarle afablemente y supo que había nacido en Cavour, que había escapado de casa, y que, vagando por Turín en busca de trabajo,
había ido a parar a casa del barbero, el cual le daba cinco perras chicas diarias para su manutención. Don Bosco le invitó a ir con él al
Oratorio. El muchacho, al verse tratado tan paternalmente, aceptó la invitación, se despidió del peluquero y se marchó con don Bosco.
363Fin de Página 363
VOLUMEN V Página: 364El buen sacerdote escribió enseguida a Cavour, al padre del jovencito, diciéndole que su hijo se hallaba recogido en su casa y
preguntándole si estaba conforme con que continuase ((509)) allí. El padre, satisfecho con semejante noticia, condescendió con sumo
gusto."Yo conocí a este joven, que continuó en el Oratorio hasta que partió para el servicio militar. Siguió siendo un hombre honrado, y
actualmente está bien colocado en Turín; siempre que se presenta la ocasión de hablarnos, manifiesta su agradecimiento a don Bosco, a
quien atribuye todo el mérito de su buena educación juvenil".Tenía también don Bosco un gran cariño a los chicos del Oratorio festivo. Cuando habían de marcharse de Turín para ir a vivir en otra
parte, no los olvidaba, sino que seguía interesándose por su bien. Seleccionamos, de entre muchísimos testimonios, el siguiente, escrito
por el mismo Juan Villa, arriba nombrado:"Después de un año que permanecí en Turín, asistiendo siempre al Oratorio de don Bosco, tuve que volver a Biella con mi padre. En
julio de 1856 me avisó el párroco que le había escrito una carta don Bosco, rogándole nos comunicara a mí y a mi hermano, que tal día
nos halláramos en el Oratorio de San Felipe, ya que él debía ir a Biella y tendría mucho gusto en saludarnos."Nosotros quedamos emocionados sobremanera ante el delicado recuerdo de don Bosco; acudimos el día señalado al Oratorio de San
Felipe, y en cuanto lo vimos, nos dirigió él mismo su amables palabra, preguntándonos si continuábamos siendo siempre asiduos en hacer
el bien, como se nos había enseñado en el Oratorio. Luego me invitó a ir a Turín. Mi padre no quería de momento, pero al fin me dio
permiso."Al llegar a Turín, enseguida encontré trabajo, de modo que reanudé mi oficio y seguí frecuentando asiduamente el Oratorio de don
Bosco. Por tanto, ((510)) a don Bosco debo todo mi reconocimiento por el cariño que me dispensó y el gran bien que me hizo. Hasta
durante el servicio militar, que cumplí por varios años en Italia Central, don Bosco me enviaba directamente saludables consejos y
escribía al obispo de Osimo para recomendarme. Y mi actual posición en el comercio la debo a la educación recibida de don Bosco y a
sus buenos oficios ante los que me ayudaron a conseguir una fortuna. Y lo mismo que se interesó por mí, lo hizo por todos los que
recurrían a él".Mientras tanto, don Bosco se preparaba para ir a Lanzo y enviaba una cartita a Savigliano Monasterolo para el seminarista Santiago
Delprato, el cual, adscrito a la diócesis de Turín, le había pedido consejo sobre su vocación, al igual de otros compañeros suyos.
364Fin de Página 364
VOLUMEN V Página: 365Queridísimo hijo:Retardaba mi contestación porque tenía por segura su ida a los Ejercicios de San Ignacio. Ayer he sabido que había algunas
dificultades, y por ello le escribo comunicándole que salgo mañana para San Ignacio, donde pemaneceré durante toda la tanda de
ejercicios espirituales. Después del veinticinco del corriente mes estaré de nuevo fijo en Turín. Si algo le ocurriese durante ese tiempo,
cuente, en lo que yo pueda serle útil con éste, que se profesa en el Señor.Turín, 13 de julio de 1856Su afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.En aquellos mismos días celebró una reunión con la conferencia aneja a la Sociedad de San Vicente de Paúl y, entre otras cosas,
recomendó la oración. Anunció que debía ir de ejercicios ((511)) al santuario de San Ignacio donde prometió rezar por todos y
particulargamente por los chicos del Oratorio. Les señaló que con las oraciones de los católicos se puede alcanzar un gran bien y producir
efectos extraordinarios hasta en tierras muy lejanas, como por ejemplo, en América, bien sea por la comunión de los santos, bien sea
porque al rezar por quienes no viven unidos a la Iglesia, la oración de los católicos es escuchada por Dios con la premura que un padre
escucha la voz de sus propios hijitos. En las falsas religiones, en cambio, la oración es estéril, muchas veces no la escucha el Señor, y
hasta puede ser un insulto a la Divinidad. Terminó recomendando encarecidamente y con expresiones de gran humildad su pobre alma a
las oraciones de los reunidos.En aquel momento entró en la sala el caballero Peyron; saludó a don Bosco respetuosamente, y, después de oír sus últimas palabras, le
dijo con gran veneración:-Don Bosco, no vaya usted a convertirse en los ejercicios de San Ignacio, íeh! íNo se convierta, por favor!Así nos lo contó José Reano allí presente.El día catorce de aquel mes de julio iba don Bosco a San Ignacio, acompañado de los clérigos Rúa, Rocchietti, José Bongiovanni,
Pettiva y Momo.En medio de las ocupaciones del ministerio sacerdotal encontró tiempo para reunir a los miembros de las Conferencias turinesas de San
Vicente de Paúl que habían subido allí para hacer su retiro anual. Concurrieron el conde Cays, el caballero Gonella y otras personas
distinguidas. Se hizo una colecta, que produjo ventidós liras. Este dinero era destinado a las familias más pobres del los chicos que
frecuentaban el Oratorio festivo. La noticia fue comunicada a
365Fin de Página 365
VOLUMEN V Página: 366Valdocco por carta del secretario José Bongiovanni, la cual se leyó el tercer domingo de julio ((512)) en otra conferencia tenida en el
Oratorio bajo la presidencia de don Víctor Alasonatti.También don Bosco, pendiente siempre de sus alumnos, escribió una carta al P. Alasonatti, en la que hacía dos preguntas a todos los de
la casa y prometía un bonito regalo a los que acertaran con la respuesta. Eran éstas:1.-"Qué importancia tiene que Dios haya dado al hombre una sola alma?2.-"Cómo se llama el que no se cuida de salvarla?Escribió otras cartas desde aquel santuario, pero no hemos podido hacernos más que con la siguiente:Queridísimo Cagliero:También yo deseo que te dediques al piano y al órgano, pero como quiera que la clase de metodología está muy en armonía con los
estudios filosóficos que cursas, y siendo además cosa de sólo un par de meses, deseo que prefieras la metodología, dedicando al piano el
tiempo que ahora buenamente puedas; ya suplirás su falta después del examen.Procura disminuir el número de enemigos, aumentar el de los amigos y hacerlos a todos amigos de Jesucristo.Quiéreme en el Señor y que tengas siempre abierto el cielo.San Ignacio de Lanzo, 23 de julio de 1856Tu afmo. en Jesucristo
JUAN BOSCO, Pbro.Para mejor comprender esta carta, es preciso recordar que don Bosco había comprometido a los clérigos a dedicarse durante las
vacaciones al estudio de materias necesarias para aprender a dar clase, con el fin de presentarlos a examen para alcanzar el diploma de
maestros. El profesor Rossio se encargaba de prepararlos.Así, pues, él escribía, consultaba a don José Cafasso acerca de los conocidos proyectos que le preocupaban y esperaba el momento de
volver al Oratorio. Mas parecía que un genio maléfico ((513)) intentaba de cuando en cuando acabar con una existencia consagrada a la
gloria de la Iglesia.Amanecía el veinticinco de julio, último día de ejercicios, destinado a la vuelta a Turín. A las tres de la mañana estaba el cielo
encapotado. Don Bosco se hallaba en el corredor de la casa del Capellán, donde se alojaba, cerca de una puerta acristalada, que daba a la
galería. La puerta estaba cerrada y asegurada con una tranca de madera. De repente retumbó por los aires un trueno espantoso; saltó la
366Fin de Página 366
VOLUMEN V Página: 367tranca de su sitio y cayó con violencia contra don Bosco golpeándolo en el costado; abrióse impetuosamente la puerta acristalada al
impulso del vendaval arrastrando consigo un diluvio; descargóse un rayo donde estaba don Bosco y lo envolvió en su luz, arrancóse bajo
sus pies una baldosa del pavimento, y él quedó derecho, aturdido y acobardado. Tardó un poco en recobrar la presencia de espíritu;
acudió gente, pero no hubo manera de cerrar la puerta, porque la violentísima tormenta se imponía a los esfuerzos de todos. Don Bosco
no tuvo más remedio que retirarse a su habitación y esperar a que se acabara aquella catástrofe.Los señores que se alojaban en las dependencias que rodeaban el Santuario no se enteraron de nada y, cuando bajaron a oír la santa
misa, se extrañaron al ver que don Bosco salía al altar cojeando. El marqués Berzetti de Mulazzano, que sabía a la perfección las rúbricas
del ceremonial de la Iglesia, no acertaba a explicarse por qué don Bosco no hacía las debidas genuflexiones.-"Cómo es posib le, rezongaba después, que hayan cambiado las ceremonias de la misa?Cuando se aclaró lo sucedido, todos reconocieron que don Bosco se había salvado por designio particular de la Divina Providencia.
Don Bosco salió ((514)) ileso, pero no sin algunos dolores durante varios días en la cabeza, en la espalda y en las piernas, y un malestar
en el costado que le duró varios meses. Todavía se muestra en San Ignacio la dependencia donde fue asaltado por el rayo.Por la tarde del mismo veinticinco de julio, volvió al Oratorio, donde fue recibido con gran solemnidad. El domingo veintisiete, subía al
púlpito monseñor Foux, capellán de la Duquesa de Génova, que predicó regularmente todas las fiestas a los chicos del Oratorio durante
más de un año. Lo hacía en exquisito dialecto piamontés y le escuchaban durante una hora con verdadera fruición. Describió lo ocurrido
en San Ignacio, invitó a la turba juvenil a dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen por haber conservado milagrosamente a su Director,
y se cantó un solemne Tedéum.No es para describir el entusiasmo con que los chicos entonaron el cántico. Se interpretó un Tántum ergo a varias voces, se impartió la
bendición con toda solemnidad y después la banda de música, dirigida por José Buzzetti, tocó en el patio durante un par de horas
colmando de alegría el ambiente. Don Miguel Rúa y Reano conservaron el recuerdo de estos hechos y monseñor Cagliero certifica como
un fenómeno singular que, un año después, cuando se levantaba una tempestad atmosférica, todo el cuerpo de don Bosco parecía
367Fin de Página 367
VOLUMEN V Página: 368envuelto en un ligero vapor y especialmente las manos despedían olor a azufre. Se observó aún en 1884 que, cuando la electricidad
atmosférica amenazaba descargar, las manos de don Bosco se hinchaban y, una vez estallado el rayo, decrecía al instante y desaparecía
aquella tumefacción.Don Bosco reemprendió enseguida la preparación de los fascículos de las Lecturas Católicas. El número de agosto, impreso por
Ribotta, se titulaba Conversión del judío Germán ((515)) Cohen, hoy Padre Agustín del Santísimo Sacramento, carmelita descalzo.Era un milagro más, entre miles que confirman la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar. El folleto de
septiembre se imprimía en Ivrea, en la imprenta de G. Tea; se titulaba Andrés, o la felicidad de la piedad. Relato de la señora Cesárea
Fazzene, popularizado por el conde G. Birago. Estaba escrito para los jóvenes y, por contraste, describíase en él la desgracia de uno que
desprecia la santa educación recibida, se deja seducir por el vicio y llega al crimen con los subsiguientes horrores del remordimiento, al
fin calmados con una sincera conversión.Decíaseles a los jóvenes:-Lo que hace que un joven sea tenido por digno y honrado, o lo que es lo mismo por un caballero, es el cumplimiento de todos los
deberes que el hombre tiene con Dios, consigo mismo y con sus semejantes; deberes que no podéis aprender si no es bajo el magisterio
de la Iglesia y con la doctrina del Catecismo.Y añadía:-"Sabéis el Catecismo? "Vais a la parroquia, para aprenderlo y entenderlo? íFelices de vosotros si así es! Aunque vuestra mente
quedara ajena de toda ciencia humana, aunque no supierais leer ni escribir, sabríais lo bastante para vivir como hombres virtuosos y
honrados en esta tierra y ser útiles a vosotros mismos y a vuestros semejantes, mejor que muchos sabihondos, que todo lo saben, menos
sus deberesUn tercer tipógrafo, Paravía, imprimía los fascículos de octubre y noviembre, con la siguiente obrita: Entretenimientos morales sobre
los ritos y ceremonias de la Santa Misa, y un apéndice con el método para oírla con fruto, por fray Carlos Felipe de Poirino, sacerdote
capuchino.Es una obra preciosa, también contra los protestantes; refuta sus errores y sus calumnias contra la Iglesia, ((516)) demostrando que los
templos, los sacrificios, los ritos y los ornamentos sagrados han sido instituidos por el mismo Dios, y que el Santo Sacrificio de nuestros
368Fin de Página 368
VOLUMEN V Página: 369altares y los ritos y las oraciones principales de éste han sido practicados desde los primeros siglos de la Iglesia. Prueba lo razonable del
empleo de la lengua latina en la liturgia romana y enseña, con San Leonardo de Puerto Mauricio, a alabar y adorar la infinita majestad de
Dios desde el principio de la santa misa hasta el evangelio; a pedir perdón y satisfacer a la justicia divina, ofendida con nuestros pecados,
desde el evangelio hasta la elevación; a agradecer a Dios todos los beneficios recibidos desde la elevación hasta la comunión, y a
manifestarle nuestras necesidades como autor y principio de todas las gracias, desde la comunión hasta el fin.Continuó don Bosco, mientras tanto, sus predicaciones apostólicas ya que él, pudiendo, difícilmente se negaba a tales invitaciones.
Cuando no podía, dejaba esperanzas para otra ocasión.Al muy Rdo. Santiago Delprato. GassinoMi querido amigo:El día de la fiesta de nuestra Señora de los Dolores, estaré en Castelnuovo de Asti predicando la novena de la Virgen del Rosario; así
que no puedo aceptar la atenta invitación para el sermón de la Dolorosa. Otra vez será.Me alegro de su buena salud; que el Señor le ayude y le conserve. Recuerdos a su hermano, al señor Vicario, al teólogo Gilio y a don
Bertoldo. Ruegue por mí, que le encomiendo de corazón a Jesús y María.Suyo.Turín, 11 de agosto de 1856.Afmo. in C.J.
JUAN BOSCO, Pbro.((517)) Don Bosco se veía algo más aliviado en sus ocupaciones, gracias a la constante ayuda que le prestara don Víctor Alasonatti en
la dirección del Oratorio festivo y del Internado, que, hasta en vaciones, estaba siempre repleto de huéspedes. Allí había sacerdotes y
seminaristas de la diócesis de Ivrea, enviados por su Obispo, que se preparaban para examinarse en la escuela normal, con buenos
profesores de metodología de la ciudad.Se contaban casi ciento cincuenta alumnos, porque una parte de los estudiantes volvía, después de un mes de vacaciones, a estudiar
durante treinta días y tornaba en octubre a sus casas. Había además otros jóvenes recomendados y hospedados para darles repasos
especiales de artes o de ciencias. De uno de éstos, pertenecientes a noble familia, escribía don Bosco a su Excelencia, la duquesa de La
Val Montmorency-De Maistre, en Villastellone Borgo:
369Fin de Página 369
VOLUMEN V Página: 370Benemérita Señora Duquesa:A mi vuelta de los Ejercicios en San Ignacio me he encontrado con la respetable carta de su excelencia y con el petit Henry. He seguido
sus normas lo mismo en cuanto al estudio de pintura y catecismo que en cuanto a la habitación. Me dice Tomatis que el adelanto de estos
días es muy notable. Va muy bien en la piedad: el domingo cumplió con sus devociones, y me gusta mucho verle imitar todo lo bueno
que observa en los demás de la casa. Una cosa que le causará extrañeza es el estirón que ha dado en tan corto tiempo. He ido con Henry a
la Fruttiera.La señora Condesa de Maistre, Filomena, Francisca y Manuel están muy bien;don Miguel Angel Chiatellino tuvo unas fiebres, que ya
cesaron, pero ha quedado muy postrado de fuerzas. Severina está siempre lo mismo. Durante el día se levanta; pero, si quiere moverse, ha
de hacerlo a saltos o con las muletas. Está tan alegre que parece una perpetua ((518)) fiesta. Encomendémosla al Señor para que le
conceda lo que, según sus designios, más convenga a su alma.La Divina Providencia se nos ha llevado a dos insignes bienhechores: uno el doctor Vallauri, que murió santamente el trece de julio
último; otro el caballero Moreno, hermano del Obispo de Ivrea. Ya ve cómo quiere probarme el Señor. Críticos fueron los años pasados y
no son mejores los presentes: el Señor nos arrebata un buen número de bienhechores, mas, siendo Dios el dueño, hay que dejarle mandar,
porque lo que El hace es lo mejor que nosotros podemos desear. Con todo, sigo confiado en su reconocida caridad, que no dejará de
seguir ayudándome para atender a los Oratorios festivos, y para dar pan a los chicos que tengo recogidos y abrir una escuela diurna para
Todos los Santos. Y todo con la exclusiva finalidad de ganar almas para Jesucristo, precisamente en estos tiempos en los que el demonio
hace los mayores esfuerzos para arrastrarlas a la perdición.Por mi parte, no dejaré de pedir al Señor que le conceda el don de la perseverancia en el bien y que le prepare un puesto de gloria en el
cielo.Me encomiendo a sus devotas oraciones, reciba los recuerdos de mi colega don Víctor Alasonatti y de Tomatis. Me profeso muy
agradecido de S.E.Turín, 12 de agosto de 1856Atto. S. Servidor JUAN BOSCO, Pbro.Enfrascado don Bosco en tanta multiplicidad de obras, necesitaba de cuando en cuando el consuelo de una bendición del Sumo
Pontífice para sí y para los muchachos de sus tres Oratorios festivos. Por eso escribía:Beatísimo Padre:El sacerdote Juan Bosco, Superior del Oratorio de San Francisco de Sales, donde se reúnen los chicos abandonados de la ciudad y
diócesis de Turín, eleva a Su Santidad las más fervorosas súplicas ((519)) en demanda de la Bendición Apostólica con indulgencia
Plenaria para sí y para los muchachos por él dirigidos, que crecen en número cada día y ya casi son novecientos.Que etc...Día 13 de agosto de 1856Fin de Página 370
VOLUMEN V Página: 371Pro gratia serv. servandis (concedido, con...
)
PIUS PP. IXRomae, die 17 Augusti 1856Testamur praesens rescriptum esse manu SS. D.N. Pii Papae exaratum (Aseguramos que el presente rescripto fue firmado por mano de
SS. nuestro Papa Pío).B. PACCA
Magister ab Admissionibus SS.
Esta bendición vino a completar la alegría de la fiesta de la Asunción de María, que don Bosco celebraba siempre con gran solemnidad.
Nos baste recordar aquella fiesta con el programa manuscrito por don Bosco, como acostumbraba a hacer siempre que se trataba de
reuniones religiosas, escolares o recreativas.Viernes, 15 del corriente Agosto
Fiesta de la Asunción de María SS. al CieloSu Santidad Pío IX, con el deseo de fomentar en los fieles cristianos la devoción a la gran Reina del Cielo, nuestra piadosa Madre,
concede indulgencia plenaria a todos los que en dicho día visiten esta iglesia confesados y comulgados. Decreto dado en Roma el 28 de
septiembre de 1851.HORARIODurante la mañana misas y recepción de Sacramentos.
A las 8,30. Misa solemne. Después juegos.((520)) POR LA TARDEA las 3,30. Vísperas, plática, procesión y Bendición con S.D.M.
A las 5,30. Rifa, carreras de sacos y juegos.Sean alabados noche y día los nombres de Jesús y de María.Fin de Página 371
VOLUMEN V Página: 372((521))CAPITULO XLIIEL NUEVO TRAMO DE EDIFICIO SE ARRUINA -UNA PRUEBA DE LA PROTECCION DE DIOS -JOSE BUZZETTI Y SU
AFECTO A DON BOSCO -CARTAS DE AGRADECIMIENTO A SUS BIENHECHORES -FUNERALES POR EL DOCTOR
VALLAURI -PETICION DE CAPOTES MILITARES AL MINISTRO DE LA GUERRA -CONSTRUCCION DE UNA ESCUELA
DIURNA -CIRCULARES A LOS BIENHECHORES -SUBVENCIONES DEL GOBIERNOTODOS los planos del edificio del internado se habían realizado; el tejado estaba a punto de cubrirse, los albañiles iban colocando
ventanas, puertas y vidrieras. Pero he aquí que se presentó un serio revés.El veintidós de agosto, hacia las diez de la mañana, estaba un albañil quitando las armaduras del nuevo edificio en la parte que da al
norte.Durante los días anteriores había levantado las armaduras de las plantas inferiores y aquél quitaba las del penúltimo. Había terminado
su trabajo, cuando se le escapó de las manos una vigueta que cayó de punta sobre la bóveda de aquella planta; abrióse ésta y la vigueta
cayó sobre la de más abajo, la cual se derribó sobre la siguiente y así una tras otra hasta el sótano. En un minuto las tres plantas de aquella
parte de la casa se convirtieron en un montón de escombros.((522)) Este derrumbamiento fue para el Oratorio una grave desgracia por los gastos que hubo que repetir; pero, en medio del desastre,
se vio patente la mano protectora de la Divina Providencia.Narraremos dos hechos consoladores. La planta baja, libre ya de armaduras hacía algunos días, resultaba un lugar comodísimo y muy
fresco, por lo cual, durante el recreo, estaba siempre repleta de muchachos, de asistentes y de los eclesiásticos de Ivrea que preparaban
sus exámenes en la Normal. Unos jugaban, otros leían y estudiaban y algunos charlaban y vigilaban. A las nueve y media sonó la
campanilla y todos se retiraron diligentemente, quién a la clase de repaso o de metodología, quién al salón de estudio. Apenas estuvieron
todos en sus puestos, oyóse un ruido espantoso y el hundimiento de algo que les dio un vuelco al corazón: acababan de derrumbarse las
372Fin de Página 372
VOLUMEN V Página: 373bóvedas. De haber ocurrido unos minutos antes, habrían quedado atrapados no pocos muchachos.Celestino Durando, joven muy inteligente y aplicado, estaba repasando latín a José Reano, Domingo Bongiovanni y Duvina en el coro
de la Iglesia de San Francisco. Al oír aquel estruendo espantoso experimentaron una aterradora impresión, que, durante varios meses, se
reproducía en ellos apenas oían un ruido repentino.Otro hecho no menos curioso fue el del albañil que estaba sobre la primera bovedilla que se hundió. Apenas se dio cuenta de que ésta
cedía, corrió a ponerse a salvo junto a la pared de al lado; pero, en aquel mismo instante, fallaron los ladrillos bajo sus pies, y él
arrojándose como por instinto sobre el último trozo de bovedilla, quedó colgando en el aire con la parte principal del cuerpo y las piernas.
Llevaba a los pies unas chancletas ((523)) que cayeron mezcladas con los escombros y cascotes. Era imposible no ver la mano de Dios
sosteniendo aquel pedazo de techo aislado, gracias al cual aquel pobre hombre salvó la vida, a pesar de que apoyase en él todo su peso. Al
igual de los demás