Don Bosco

Memorias Biograficas - vol 8

MEMORIAS BIOGRAFICAS DE SAN JUAN BOSCO

VOL 8

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CAPITULO I

1865 -LECTURAS CATOLICAS: DIALOGOS SOBRE LA INSTITUCION DEL JUBILEO -NUMERO DE SOCIOS EN LA PIA
SOCIEDAD -CONTRATO DE LA PIEDRA TALLADA PARA LA CONSTRUCCION DE LA IGLESIA DE MARIA
AUXILIADORA -QUEDA SUPRIMIDA LA CALLE DE LA JARDINERA -EL PINTOR LORENZONE Y EL CUADRO DE
MARIA AUXILIADORA -EL MAESTRO JUAN DE VECCHI -EPIFANIA Y UNA INVITACION PARA EL TEATRO -PLATICAS
DE DON BOSCO POR LAS NOCHES -MUERTE IMPREVISTA DE TRES HERMANOS: ESTAD PREPARADOS: LA VIRGEN Y
EL DEMONIO -LA VIRGEN NO AGRADECE LOS OBSEQUIOS DE QUIEN VIVE EN PECADO -EL CARNAVAL Y LAS
ALMAS DEL PURGATORIO -CONMEMORACION DE BESUCCO -APARICIONES DE LA VIRGEN EN SPOLETO: MODO DE
COMPORTARSE EN LA ORACION VOCAL

AL empezar el octavo volumen de las Memorias Biográficas del Venerable Siervo de Dios, el sacerdote Juan Bosco, hemos de repetir
algunas observaciones, ya hechas en volúmenes anteriores, a saber: que cuanto hemos expuesto o expondremos es la narración fiel de lo
sucedido; que hay centenares de testigos de la vida y virtudes de nuestro amadísimo Fundador, muchos de los cuales dejaron por escrito,
del principio al fin de su vida, cuanto vieron y oyeron de sus labios. Hasta los diálogos se conservaron y transmitieron tal y como se
desarrollaron en su presencia.

((2)) Puede decirse que todos estos documentos forman una biblioteca.

Al escribir, nosotros no nos hemos permitido licencias poéticas ni exageraciones, porque la verdad no necesita adorno alguno. Lo
demuestran las deposiciones juradas de treinta testigos en el Proceso Ordinario, llevado a cabo en la curia arzobispal de Turín, de las
cuales, con las debidas licencias, nos hemos servido y nos serviremos ampliamente a lo largo de nuestro trabajo.

Después de estas premisas, reemprendemos el camino.

El 1865 fue año jubilar: duraba un mes en cada diócesis y debía celebrarse de acuerdo con los Ordinarios. Para esta ocasión escribió
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y publicó don Bosco un opusculito para las Lecturas Católicas del mes de febrero, titulado: Diálogo sobre la Institución del Jubileo, con
las prácticas piadosas para visitar las iglesias, compuesto por el sacerdote Juan Bosco.

"Con este título -escribía la Unidad Católica del once de marzo-acaba de salir el segundo número de las Lecturas Católicas de Turín. El
objeto principal del mismo es dar a conocer el verdadero origen del Jubileo, y presentar una idea justa del mismo. Se añaden, como
apéndice, algunas prácticas religiosas que pueden servir para la visita a las tres iglesias, según lo prescrito por el Romano Pontífice en la
promulgación del presente Jubileo. Se recomienda a toda suerte de personas este opúsculo, por su lenguaje y su estilo sencillo y familiar.
Se vende en la tipografía del Oratorio de San Francisco de Sales, al precio de quince céntimos".

En la portada se leía: "Bienaventurado el pueblo que sabe qué es el Jubileo: infelices los que, por negligencia o por inconsideración, lo
hayan descuidado con la esperanza de alcanzar otro" (Card. Gaetani, El Jubileo, 15).

Después del prólogo, seguía la Encíclica del Sumo Pontífice. Y terminaba el librito con tres consideraciones sobre la confesión, la santa
comunión y la limosna. Añadíanse, además, tres meditaciones sobre la salvación, la muerte y el juicio.

Este opúsculo alcanzó tal aceptación entre los fieles que don Bosco tuvo que apresurarse a publicar una segunda edición, añadiendo
algo para inculcar en los lectores la devoción a la Santísima Virgen.

((3)) La Pía Sociedad Salesiana contaba por entonces con casi ochenta socios, once de los cuales eran sacerdotes. Algunos se habían
retirado de la hermandad, pero otros habían ocupado su lugar. El seminario menor de Mirabello prosperaba, el colegio de Lanzo
empezaba a dar buenos frutos y, a fines del 1864, don Domingo Pestarino había apresurado el comienzo de su obra en Mornese,
colocando la primera piedra de un colegio destinado a la educación de los muchachos. Hubo una gran fiesta debido a la intervención de la
banda de música de Lerma.

Mientras tanto don Bosco, con mayor confianza cada vez, preparaba lo necesario para que procedieran rápidamente las obras de la
iglesia de María Auxiliadora.

El primero de enero firmaba un contrato con los señores Ferraris y Compañía, residentes en Turín, para el corte de la piedra en el
Malanaggio. La correspondiente a la parte baja del interior de la iglesia, esto es, el zócalo sin cornisa, debía ser enviada y puesta en su
sitio para el próximo mes de marzo, al precio de ciento cincuenta liras el metro cúbico; el basamento de las columnas con las cornisas
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trabajadas en grano fino sería colocado en su sitio en la primera quincena de abril, a doscientas cincuenta liras el metro cúbico. La medida
de las piedras se hacía geométricamente conforme a las dimensiones obligatorias.

Se preocupaba además don Bosco por adquirir el espacio de terreno que quedaba entre las obras de la iglesia y el Oratorio.

En efecto, de un borrador del proyecto de convenio del 16 de enero de 1865 (Valdocco, Posada Bellezza) se deduce que se
establecieron entre don Bosco y la señora Catalina Novo, viuda de Belleza, las condiciones para suprimir la calle de la Jardinera y
sustituirla por otra, prolongación de la calle Botta. En este borrador de escritura, cuyo original está firmado por el abogado J. Troglia, se
pueden ver bien señaladas las proporciones catastrales.

Pero lo que preocupaba a don Bosco era el cuadro de la Santísima Virgen ((4)) Auxiliadora que debía colocarse en el altar mayor del
santuario en construcción.

En la primera reunión con el píntor Lorenzone, que debía pintarlo, dejó maravillados a todos los presentes con la grandiosidad de sus
ideas.

Expresó así su pensamiento:

-En lo alto, María Santísima entre los coros angélicos; en torno a Ella y más cerca los apóstoles, después los mártires, los profetas, las
vírgenes y los confesores. En tierra, los emblemas de las grandes victorias de María y los pueblos de las distintas partes del mundo con
las manos levantadas pidiendo auxilio.

Hablaba como de algo ya visto por él y precisaba todos los detalles. Lorenzone le escuchaba sin perder sílaba. Cuando don Bosco
terminó, le preguntó:

-"Y dónde pondrá ese cuadro?

-íEn la nueva iglesia!

-"Cree usted que cabrá en ella?

-"Por qué no?

-"Y dónde encontrará la sala para pintarlo?

-Eso va por cuenta del pintor.

-"Dónde quiere que halle un espacio capaz para este cuadro? Haría falta toda la plaza Castillo. Salvo que pretenda una miniatura para
mirarla con el microscopio.

Todos rieron. El pintor demostró su punto de vista, teniendo en cuenta las medidas y reglas de la proporción. Don Bosco quedó un poco
contrariado, pero no tuvo más remedio que reconocer que el pintor llevaba razón. Se decidió que el cuadro llevara solamente la
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Virgen, los apóstoles, los evangelistas y algunos ángeles en la parte superior. Al pie del mismo, bajo la gloria de la Virgen, iría el
Oratorio.

Se arrendó un amplísimo salón del palacio Madama y el pintor empezó inmediatamente su trabajo; éste le ocuparía casi tres años.

Estaba a punto de terminarse el cuadro cuando se dio cuenta de que el magnífico león colocado junto a san Marcos atraía tan
poderosamente la atención que la apartaba algo del ((5)) personaje principal. Tuvo, pues, que darle una expresión menos viva. La Virgen
le quedó verdaderamente estupenda.

"Cierto día -cuenta un sacerdote del Oratorio-entré en el estudio del pintor para ver el cuadro. Era la primera vez que yo me tropezaba
con Lorenzone. Estaba él sobre una escalerilla dando los últimos toques al rostro de la imagen de la Virgen. No se volvió al ruido de mi
entrada, continuó su trabajo. Después de un rato, descendió y se puso a contemplar el efecto que daban los últimos retoques. De pronto se
percató de mi presencia: me agarró de un brazo y me llevó a un punto desde donde pudiera apreciar mejor el cuadro y, una vez allí, me
dijo:

"-íMire qué hermosa es! No es obra mía; no soy yo quien pinta, hay otra mano que guía la mía. Y ésta, a mi parecer, pertenece al
Oratorio. Diga, pues, a don Bosco que el cuadro saldrá como él lo quiere.

"Estaba locamente entusiasmado. Después se puso de nuevo a su trabajo".

Y nosotros añadimos que, cuando se llevó el cuadro a la iglesia y se colocó en su lugar, Lorenzone cayó de rodillas derramando
abundantes lágrimas.

Tras la pintura, vino la música en honor de María.

A fines del 1864 había puesto don Bosco la banda de música del Oratorio bajo la dirección del maestro Juan De-Vecchi. Fue una
magnífica elección. Era el maestro un hombre de genio musical, profundo conocedor de su noble arte e incansable en cuidar que sus
alumnos aprovechasen al máximo sus lecciones. Durante casi veinte años escribió para ellos bellísimas composiciones religiosas y
profanas. Ellas entusiasmaban a los oyentes en la iglesia, en los patios y en el teatro.

El día 6 de enero, fiesta de la Epifanía del Señor, se representó en el teatro la obrita La Casa de la Fortuna para muchos generosos
bienhechores que consideraban las empresas de don Bosco como propias.
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Se conserva todavía la invitación que el Siervo de Dios envió ((6)) a la familia del Marqués de Fassati, convidándole a comer, y por su
medio, a la Duquesa de Montmorency:

Muy señora mía Acelia:

Gracias por su cortés invitación; yo procuraré sacar buen partido de ella, pero "no podría usted hacer lo posible para que pudieran venir
ellos, también mañana? "Quién sabe si la señora Duquesa, con el deseo de ver y oír los prodigios de Gianduia, no se decidirá a asistir
también ella?

Empiece a preparar los puntos de la discusión sobre los cargos; el debate público se celebrará el viernes.

Que Dios la bendiga y los Reyes Magos le traigan un gran deseo de ser santa.

Muchas felicidades para Papá, Mamá y la señora Duquesa.

Ruegue por mí, que con gratitud me profeso,

Turín, 5 de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Así empezó el año 1865. Los trabajos materiales, aun los que se hacen para promover obras buenas, suelen enfriar, poco o mucho, la
intensidad del ardor por las cosas espirituales en quienes no poseen una virtud perfecta.

Con don Bosco no fue así. No cesó ni por un instante de perseguir, como único objetivo de su vida, la salvación de las almas. Lo
confirman las charlas que continuamente dirigía a sus muchachos después de las oraciones de la noche. Reproducimos las que figuran en
nuestra crónica, señaladas con la fecha del día.

2 de enero de 1865

Ya han pasado dos días, mis queridos hijos, del nuevo año. "Lo habéis empezado bien? Lo habéis empezado: "estáis seguros de
acabarlo? Alrededor de las once de la noche del último día del año 1864 el hermano del ministro Della Róvere se encontraba en su mesa
de trabajo despachando unos asuntos, y de improviso le acometió un golpe apoplético. A la una, dos horas después, ya era cadáver, y sin
haber podido recibir los Sacramentos. ((7)) Por fortuna era un buen cristiano. Me aseguran sus amigos que el día de Navidad los había
recibido. Esperamos que el Señor le habrá admitido en la bienaventuranza del cielo. Mirad: eran tres hermanos: el Ministro, éste del que
os he hablado y otro jesuita, residente en Roma. En el espacio de cuarenta días, han pasado los tres a la eternidad, víctimas de la misma
enfermedad. "Pensarían al principio del año 1864 que era el último de su vida? Así pues, estemos preparados, porque cuando menos lo
pensemos vendrá el Señor a llamarnos. Y entonces, "qué haremos? La muerte de apoplejía es de dos clases: la imprevista y la repentina.
La imprevista es la que viene cuando no estamos preparados: la repentina es la que nos sorprende, pero preparados. Venga, pues, la
muerte repentina, pero líbrenos Dios de la muerte imprevista.
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Amigos míos, si llegara ahora la muerte, "estaríais preparados? Creo que la mayor parte sí; pero algunos por desgracia no, porque se
hallan en pecado mortal. íOh! Si ellos pudiesen ver el horrible monstruo que llevan a sus espaldas, se horrorizarían. Hace ya algún tiempo
que les quiero avisar, mas he aguardado hasta hoy para ver si se convertían; ahora esperaré solamente unos días y luego les avisaré. Si yo
quisiera, podría señalarlos uno a uno, pero no en público. Estén, sin embargo, seguros estos pobrecitos de que yo les avisaré.

El demonio, queridos hijos míos, gira en derredor vuestro y yo lo veo, tratando de devoraros. Va a vuestras espaldas, ya os agarra de un
pie, ya del otro y procura haceros caer agarrándoos los dos. Pero tenéis ante vosotros una hermosa Dama, que os tiende su mano y
asiéndoos a Ella es imposible que caigáis. "Qué diríais de aquéllos que, en tan gran peligro, rehúsan la ayuda de tan hermosa Señora,
rechazan esa bendita mano, la golpean y la muerden con furia? La Señora retira su mano y les dice:

-íDesgraciados! "Rechazáis mi ayuda? Pues bien, perdeos, ya que así lo queréis. Yo lo he hecho todo para salvaros, pero vosotros no
habéis querido, sois la causa de vuestra perdición.

Mis queridos hijos, íqué horrible monstruo es vuestro enemigo el diablo!

La hermosa Señora es María Santísima.

5 de enero

María Santísima no agradece los obsequios de quienes quieren seguir viviendo en pecado. Hubo un hombre que durante mucho tiempo
ofendía al Señor, pero cada día saludaba con alguna oración o invocación a la Madre de Dios. Invocaba a la Madre de Dios y a la par
seguía su vida desordenada. Una noche se le apareció la Santa Madre de la misericordia. Iba ante Ella un hermoso joven que llevaba ((8))
en la mano una fuente con deliciosos y delicados alimentos. Estaban éstos cubiertos con una servilleta muy sucia, manchada y maloliente.
La Virgen le invitaba a comer de aquellos manjares, pero él respondía con asco:

-Mi querida Señora, esa servilleta está tan sucia que se me revuelve el estómago y se resiste a comer.

-Tampoco pueden agradarme tus devociones por los muchos pecados que cometes. "Te gustarían a ti estos manjares, si no estuviesen
cubiertos por esa servilleta tan sucia y maloliente? También me gustarían a mí, y mucho, tus oraciones, si no viese las culpas con que está
cubierta tu alma.

Dichas estas palabras, desapareció y el pobrecito, vencido por el reproche materno, fue a confesarse, cambió de vida y perseveró en el
bien.

8 de enero

Mis queridos muchachos, ayer empezó el carnaval 1. Quiero que también vosotros tengáis un carnaval alegre; por tanto, habrá una
representación en el teatro por la noche; habrá algún extraordinario en el comedor y otras diversiones que os preparan vuestros superiores.
Pero esto no es todo. Quiero que añadáis al carnaval material otro espiritual, y os diré por qué. Hay uno entre vosotros que querría hacer
su carnaval: es el demonio, y yo no quiero que lo haga a costa vuestra. Por tanto, deseo que, a partir de hoy, ofrezcáis cada día un
ramillete en favor del alma del purgatorio que necesita de esa obra buena para entrar en el cielo.

1 Carnaval. En Italia, todo el tiempo que va desde la Epifanía del Señor hasta el Miércoles de Ceniza. (N. del T.)

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Ya veis cuántas almas podéis conducir con este medio ante el trono de María. Somos más de quinientos estudiantes: si todos hacemos
un pequeño acto de devoción al día, durante estos dos meses, calculad cuántas almas libraremos de aquellas penas y cuántos amigos
tendremos en el paraíso que nos estarán agradecidos por su anticipación a la gloria celeste y que rogarán por nosotros. Y cuántas ventajas
alcanzaremos con la intervención de estas almas salvadas por nosotros, sin contar con que nuestro purgatorio será más breve, porque el
Señor nos tratará como hayamos tratado a los demás: Poco o mucho, todos deberemos pasar por el purgatorio; pensemos, pues, en ello.
Lo que os he dicho, no ha sido por cuenta mía (indicaba con ello que era la Virgen quien hacía la recomendación). Os baste saber que es
una oración muy grata a Jesús y a María. La Virgen espera de vosotros esta hermosa obra.

9 de enero

Hoy hace un año que nuestro Besucco pasó a la eternidad. Es muy justo que os lo recuerde en este día. ((9)) Moría tranquilo; sólo una
pena le afligía en aquel momento. No era la de haber llevado una vida mala, ni la de haber callado pecados en la confesión; no le apenaba
haber faltado a la caridad con sus compañeros o haber desobedecido a sus superiores; ni tampoco tener que reparar ningún escándalo; una
sola cosa le afligía: no haber amado al Señor como El se lo merece.

11 de enero

Esta noche quiero contaros cosas maravillosas. La Virgen, se dignó aparecer a sus devotos varias veces en estos pocos años. Se apareció
en Francia en 1846 a dos pastorcillos y predijo, entre otras cosas, tal y como sucedió, la enfermedad de las patatas y de las viñas. Se dolía
de que la blasfemia, el trabajo en los días festivos, y el estar en el templo como los perros hubieran encendido la cólera de su Divino Hijo.

El 1858 se apareció a Bernardita, en Lourdes, y le recomendó que rogase por los pecadores. En Taggia, la Virgen movió los ojos. En
Vicovaro, movió también los ojos en presencia de muchos testigos. En Spoleto, la imagen de la Virgen hace continuamente ruidosos
milagros.

Resulta algo singular la especie de acróstico que puede formarse con las letras de la palabra latina SPOLETUM. S: sancta; P: parens; O:
omnipotentis; L: legiferi; E: et; T: totius; U: universi; M: mater, o también "et tutrix universi Maria", que indica lo mismo que: Maria
Auxilium Christianorum. (Santa Madre del omnipotente legislador y Madre de todo el universo; o también María guardiana del universo,
que indica lo mismo que: María Auxiliadora de los Cristianos.)

Leía esta tarde en El Jardincito de María otro hecho maravilloso ocurrido en Toscana. La imagen de la Santísima Virgen apareció de
repente sobre la pared de una casucha. Alguien la vio y, movidos a confianza, hubo muchos enfermos que se acercaron a ella,
aproximaron a la imagen las partes doloridas de sus cuerpos y curaron inmediatamente. Se esparció la fama por muchos lugares y acudían
las gentes a aquella imagen.

El Gobierno envió guardias para impedir aquellas reuniones y prohibió que la gente se acercara a la casita; mas, por cada individuo que
era arrestado, acudían cien más a aquel lugar y crecía la afluencia de las multitudes. Se construyó un muro de piedra ante la imagen, pero
ésta apareció impresa en la nueva pared. Entonces cubrieron el muro con unas tablas y también apareció la imagen sobre las mismas. El
entusiasmo del pueblo aumentaba. Los mismos guardias, mandados, como decían
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los impíos para hacer cortar aquella superstición, a la vista del espectáculo, caían de rodillas para rezar.

Y nosotros también, queridos amigos, estamos cercados de gracias y milagros de la Virgen. Cuando tenga tiempo, os contaré
detalladamente lo que la Virgen se ha dignado hacer en esta casa. Diréis:

-"Qué significan estas apariciones de María? Son ((10)) signos de misericordia, queridos míos. La santísima Virgen es nuestra Madre, y
al ver los graves peligros que amenazan a sus hijos, acude a salvarlos. "Deseáis que esta Madre celestial os quiera? Practicad la virtud tan
amada por Ella, la virtud de la castidad.

La obra buena que os sugiero esta noche es ésta: cuando recéis, pensad en lo que hacéis. Al rezar, habláis con Dios: hablar, quiere decir
pronunciar bien las palabras, de modo que sean entendidas: por tanto, rezad despacio las oraciones y con el mismo tono de voz con que
hablaríais a un amigo querido.
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CAPITULO II

CHARLAS DE DON BOSCO -SUEÑO: UNA VIÑA: CAMINO IMPRACTICABLE Y SENDERO TRABAJOSO: LA CODORNIZ Y
LA PERDIZ: UN GRAN SALON: UN MORIBUNDO Y UN DIFUNTO QUE DON BOSCO NO PUEDE RECONOCER -DON
BOSCO VA A LANZO: SU CARTITA A DON DOMINGO RUFFINO -DA A LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO LOS
SALUDOS DE LOS DE LANZO: EXPLICA LA SUERTE DE LOS QUE COMEN CODORNIZ O PERDIZ -PREDICCIONES
REFLEXIONES SOBRE EL SUEÑO -OTRAS CHARLAS DE DON BOSCO -EL PREMIO DE BUENA CONDUCTA OTORGADO
POR LOS MISMOS MUCHACHOS A QUIENES JUZGAN QUE SON LOS MEJORES DEL ORATORIO; LA NOVENA DE SAN
FRANCISCO DE SALES -MUCHOS LOCOS Y MUCHOS PICAROS -LA PRIMERA CONFERENCIA GENERAL PRESCRITA
EN LA FIESTA DE SAN FRANCISCO -PROYECTO PARA UNA NUEVA TOMBOLA -DON BOSCO SE INGENIA PARA
FORMAR LA COMISION -UN ARTICULO DE LA UNIDAD CATOLICA: DONATIVO Y REGALOS DE PIO IX PARA LA
IGLESIA DE VALDOCCO.

LEESE en el capítulo IV de los Proverbios: "Escuchad, hijos, la instrucción del padre, estad atentos para aprender inteligencia porque es
buena la doctrina que os enseño; no abandonéis mi lección". Por eso continuaremos exponiendo las palabras de vida que oímos de los
labios de nuestro padre don Bosco, siguiendo el orden en que nos fueron dichas.

16 de enero

Ya ha pasado la mitad de enero: "cómo hemos empleado el tiempo? Esta noche, si os parece bien, os contaré un sueño que tuve
anteayer.

((12)) Me pareció encontrarme de viaje en compañía de todos los muchachos del Oratorio y de muchos otros a quienes no conocía. Nos
detuvimos a desayunar en una viña y todos los muchachos se desparramaron por acá y por allá para comer fruta. Unos comían higos,
otros uvas; quienes melocotones, quienes ciruelas. Yo estaba en medio de ellos y cortaba racimos de uva, arrancaba higos y los distribuía
entre todos, diciendo:

-Para ti; toma y come.

Me parecía que estaba soñando y sentía que así fuese, pero al fin me dije:
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-Sea lo que fuere, dejemos que los muchachos coman.

Entre las hileras de las vides estaba el dueño.

Cuando restauramos nuestras fuerzas, proseguimos la marcha cruzando la viña; el camino era difícil. La viña, como acontece
ordinariamente, ofrecía en toda su amplitud profundas zanjas, de manera que unas veces había que subir, otras teníamos que bajar, y a
veces saltar. Los más fuertes lo hacían con facilidad, pero los más pequeños, al intentar saltar, caían al hoyo. Esto me disgustaba
sobremanera, por lo que, mirando a mi alrededor, encontré un camino que bordeaba la viña. Entonces me dirigí hacia él en compañía de
todos mis muchachos.

Pero el dueño de la viña me detuvo y me dijo:

-Mire: no vaya por ese camino; es impracticable, está cubierto de piedras, de espinas, de fango y de hoyos; continúe por el camino que
había elegido anteriormente.

Le repliqué:

-Tenéis razón; pero estos chicos pequeños no pueden andar a través de esos surcos.

-íOh!, eso pronto se arregla, continuó el otro; que los mayores lleven a cuestas a los pequeños y podrán saltar aunque vayan cargados
con tal peso.

No me convencí de lo que me acababa de decir y me dirigí con toda mi comitiva al límite de la viña, junto al camino que había visto y
comprobé que mi interlocutor me había dicho la verdad. El camino era pésimo e impracticable.

Vuelto a don Juan Bautista Francesia, le dije:

-Incidit in Scyllam qui vult vitare Charybdim (Cae en Escila el que quiere huir de Caribdis).

Y fue forzoso tomar un sendero y atravesar de la mejor manera posible toda la viña, siguiendo el consejo del dueño de la misma.

Al llegar al final nos encontramos con un tupido vallado de espinas y abrimos en él un paso con mucha dificultad. Bajando por una
pendiente nos hallamos después en un valle amenísimo, lleno de árboles y cubierto de jugosos pastos. En medio de aquel prado vi a dos
jóvenes, antiguos alumnos del Oratorio, los cuales apenas me divisaron se dirigieron a mí y me saludaron. Nos detuvimos a hablar, y uno
de ellos, después de cambiar conmigo algunas impresiones:

((13)) -íMira qué hermosura!, me dijo, enseñándome dos pájaros que tenía en la mano.

-"Qué pájaros son ésos?, le pregunté.

-Una perdiz y una codorniz que he encontrado.

-"Está viva la perdiz?

-íClaro! íMírala!, me contestó mientras me entregaba una preciosa perdiz de unos meses.

-"Come sola?

-Empieza a hacerlo.

Y mientras le daba de comer, observé que tenía el pico dividido en cuatro partes. Manifestéle mi extrañeza y le pregunté el motivo de
aquel fenómeno.

-"Cómo?, replicóme. "Don Bosco no sabe eso? Lo mismo significa el pico de la perdiz dividido en cuatro partes que la misma perdiz.

-No comprendo.

-"No comprende habiendo estudiado tanto? "Cómo se llama la perdiz en latín?

-Perdix.

-Pues ahí está la clave del misterio.

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-Hazme el favor de hablar claro.

-Mire; fíjese en las letras que componen la palabra Perdix.

"P: quiere decir Perseverantia.
"E: Aeternitas te expectat (Te espera la eternidad)
.
"R: Referet unusquisque secundum opera sua, prout gessit, sive bonum, sive malum (Cada uno recibirá conforme a lo que hizo durante
su vida mortal, el bien o el mal).
"D: Dempto nomine. Echada a un lado la fama, la gloria, la ciencia, la riqueza.
"I: significa Ibit (irá)". He aquí lo que representan las cuatro partes del pico: los novísimos.
-Tienes razón, he comprendido; pero, dime: y la X "dónde la dejas? "Qué quiere decir?
-"Cómo? "Usted que ha estudiado matemáticas no sabe qué quiere decir la X?
-Sé que la X representa la incógnita.
-Pues bien, cambie el término y llámelo desconocido: irá a un lugar desconocido (in locum suum).
Sin salir de mi asombro, y mientras atendía a estas explicaciones, le pregunté:
-"Me regalas esta perdiz?
-Sí, con mucho gusto. "Quiere ver también la codorniz?
-Sí, enséñamela.

E inmediatamente me presentó una hermosa codorniz; al menos eso parecía. La tomé en mis manos, le levanté las alas y vi que estaba
toda cubierta de llagas y, poco a poco, se fue tornando ((14)) tan fea y asquerosa, despidiendo un hedor tan pertilente que provocaba
náuseas.

Entonces pregunté al joven qué significaba aquel cambio.

Y me respondió:

-"Usted es sacerdote y no sabe estas cosas, después de haber estudiado la Sagrada Escritura? "Recuerda cuando los hebreos, estando en
el desierto murmuraban de Dios y el Señor les mandó codornices y comieron de ellas, y aún las estaban mascando cuando millares de
ellos fueron castigados por la mano divina? Por tanto, este animal quiere decir que mata más gente la gula que la espada y que el origen
de la mayor parte de los pecados proviene de ese vicio.

Entonces di la gracias al joven por sus explicaciones.

Entre tanto, en los vallados, sobre los árboles, entre la hierba iban apareciendo perdices y codornices en gran número; unas y otras
semejantes a las que tenía en la mano mi joven acompañante. Los muchachos comenzaron a cazar procurándose así la comida.

Después continuamos el viaje. Todos los que comieron perdices se tornaron robustos y pudieron seguir adelante. Cuantos comieron
codornices se quedaron en el valle, dejaron de seguirme y, a poco, los perdí de vista, no volviéndoles a ver más.

Pero de pronto, mientras caminaba, la escena cambió por completo.

Me pareció estar en un inmenso salón, más grande que el Oratorio, comprendido el patio; todo aquel local estaba ocupado por una gran
multitud. Miré a mi alrededor y no conocí a nadie; no había allí ni uno solo del Oratorio.

Mientras estaba contemplando todo aquello sin poder salir de mi extrañeza, se me acercó un hombre diciéndome que había un pobrecito
que estaba gravemente enfermo, en peligro de muerte, que tuviese la bondad de ir a confesarle. Yo le respondí que con sumo gusto lo
haría, y sin más lo seguí.

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Entramos en una habitación y me acerqué al paciente, comencé a confesarlo, pero viendo que se iba debilitando poco a poco y temiendo
que se muriese sin la absolución, corté por lo sano y se la di. Apenas lo hube hecho, el desgraciado murió. Su cadáver comenzó
rápidamente a despedir mal olor. Hasta tal punto que era imposible soportarlo. Entonces dije que era necesario enterrarlo cuanto antes y
pregunté por qué hedía de aquel modo. Me fue respondido:

-El que muere tan pronto, pronto es juzgado.
Salí de allí. Me sentía muy cansado y pedí que me dejasen descansar.
Me aseguraron que inmediatamente sería complacido y me hicieron subir por una escalera que conducía a otra habitación.
Al entrar en ella vi a dos jóvenes del Oratorio que hablaban entre sí; uno de ellos tenía un envoltorio. Les pregunté:
-"Qué tenéis ahí? "Qué hacéis aquí?
Me pidieron excusas por encontrarse en aquel lugar, pero no me respondieron a lo que les había preguntado. Yo les volví a decir:
-Os he preguntado por qué os encontráis aquí.
((15)) Ellos se miraron y después me dijeron que prestase atención.
Seguidamente abrieron el envoltorio y sacaron de él, extendiéndolo, un paño fúnebre. Miré a mi alrededor y vi en un rincón, tendido
y

muerto, a un alumno del Oratorio. Pero no lo reconocí.
Pregunté a los dos jóvenes quién era, pero se excusaron y no me lo quisieron decir. Me acerqué al cadáver; observé su rostro: por un
lado me parecía conocerlo, y por otro no; así que no pude identificarlo. Decidido entonces a saber quién era a toda costa, bajé de nuevo la
escalera y me encontré en el gran salón. La multitud de gente desconocida había desaparecido y en su lugar estaban los muchachos del

Oratorio. Apenas me vieron éstos, se apiñaron a mi alrededor diciéndome:
-Don Bosco, don Bosco, "no sabe? Ha muerto un alumno del Oratorio.
Yo les pregunté el nombre del difunto y ninguno quiso contestarme; los unos me mandaban a los otros, nadie quería hablar. Pregunté

con mayor insistencia, pero se excusaban y no me lo querían decir. En tal estado de inquietud, después de haber fracasado en mi intento,
me desperté encontrándome en mi lecho. El sueño había durado toda la noche, y por la mañana estaba tan cansado y maltrecho que en
realidad parecía que había estado viajando toda la noche.

Deseo que las cosas que os cuento no salgan del Oratorio; hablad de ellas entre vosotros cuanto queráis, pero queden siempre en casa.
Al día siguiente, 17 de enero, don Bosco marchó por la mañana a Lanzo, atraído por el afecto paternal que profesaba a don Domingo
Ruffino y a sus subalternos. Solía interesarse en esas visitas no sólo por los asuntos importantes de su misión espiritual, sino que también
se informaba de las necesidades materiales de la casa, de cómo iban los estudios y la disciplina de los alumnos y las relaciones con las
autoridades eclesiásticas y civiles. Bien puede decirse que todos recibían de él el impulso para trabajar.
Quince días más tarde, escribía al mismo director desde Turín:
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Muy querido Ruffino:

Scavarda desea ir ahí para recoger sus cosas, pero quede bien entendido que vuelva otra vez aquí. En su lugar irá Chiesa, el cual es un
retrato exacto de Bodratto por su buena voluntad.

He corregido y he hecho copiar la memoria para el Alcalde.

Augura de mi parte abundantes bendiciones del cielo para todos, ((16)) Superiores y alumnos del Colegio de Lanzo; haga la Santísima
Virgen que todos sus habitantes sean también santos.

Dios te bendiga; todo tuyo,

Turín, 3 de febrero de 1865.

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Ya de vuelta en el Oratorio, hablaba así a sus alumnos, la noche del 18 de enero:

Fui a Lanzo para ver a aquellos muchachos, a quienes quiero como a vosotros. No os diré la recepción que me hicieron, porque tendría
que repetir lo que os dije otras veces. Solamente os diré que ayer por la noche, al terminar de hablarles, me dijeron al unísono:

-Diga a los muchachos del Oratorio de San Francisco de Sales lo mucho que nosotros les queremos, que les consideramos amigos
nuestros, nuestros hermanos, y que esperamos también que ellos nos quieran, tanto como nosotros a ellos. Diga que el día de san
Francisco de Sales comulgaremos todos y nos uniremos en oración por ellos ante el Sagrado Corazón de Jesús. Dígales que esperamos ir
algún día a Turín para saludarles y que deseamos vengan ellos a Lanzo para pasar un día con nosotros.

Yo, interpretando vuestro sentimiento, mis queridos amigos, les dije que muy bien podía suceder que alguno de vosotros vaya algún día
a Lanzo para quedarse allí para siempre, o por algún tiempo, según sea el deseo de los Superiores; y que, si alguno de ellos viniere aquí a
Turín, será recibido por vosotros como un verdadero hermano; tanto más, cuanto que ya he sabido que los alumnos de Turín y los de
Lanzo sois tan buenos muchachos.

Pensad la alegría de los de Lanzo al oír estas palabras.

Se pusieron de puntillas, levantáronse cuanto pudieron y íhasta se arreglaron el nudo de la corbata!

Pero pasemos a otra cosa. Vosotros seguramente queréis saber algo sobre el sueño. Solamente os voy a explicar el significado de la
perdiz y de la codorniz. La perdiz es la representación de la virtud, y la codorniz, del vicio. Esto último lo podéis deducir del hecho de
que la codorniz fuese tan bella exteriormente y después, vista de cerca, apareciese cubierta de llagas debajo de las alas y despidiese un
hedor insoportable: todas estas cosas representan las acciones deshonestas.

Entre los jóvenes, unos comían con avidez y glotonería la carne de codorniz, a pesar de estar en mal estado: son los que se entregan al
vicio del pecado. Los que preferían perdiz son los que sienten amor a la virtud y la practican. Algunos tenían en una mano perdiz y en la
otra codorniz, y comían de esta última; son los que conociendo la belleza de la virtud no quieren aprovecharse ((17)) de la gracia de Dios

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para hacerse buenos. Otros, teniendo en una mano perdiz y en la otra codorniz, comían perdiz lanzando miradas codiciosas a la codorniz:
tales son los que siguen la virtud con desgana, como por fuerza. De éstos se puede asegurar que, si no cambian de proceder, una vez u
otra caerán. Otros comían perdiz mientras veían a la codorniz saltar delante de ellos sin darle importancia y hacer caso: son los que siguen
la senda de la virtud y aborrecen el vicio, considerándolo con desprecio. Otros comían un poco de codorniz y un poco de perdiz, y son los
que alternan entre el vicio y la virtud y así se engañan con la esperanza de no ser tan malos.

Vosotros me diréis: "quién de nosotros comió codorniz y quién perdiz? A muchos ya se lo he dicho; los demás, si quieren saberlo,
vengan a verme y se lo diré.

Así daba en privado a cada uno serios y saludables consejos, o bien una agradable noticia, según se lo sugería el sueño. Un día en que
se hallaba rodeado de unos cuantos muchachos, que le preguntaban si había conocido su porvenir, dijo:

-De los que están aquí, uno llegará a ser un gran sabio, otro un gran santo y un tercero, un sabio santo.

"Qué diremos nosotros del sueño anteriormente referido?

Don Bosco, según su costumbre, no refirió todas sus circunstancias; no dio todas las explicaciones, limitándose a lo relacionado con la
conducta de sus muchachos y alguna previsión sobre el porvenir. Y, con todo, estudiando sus palabras, si no nos equivocamos, vemos
que en ellas resaltan tres ideas: el Oratorio, la Pía Sociedad y las Ordenes religiosas.

Vamos a exponer algunos de nuestros pensamientos, remitiéndonos al juicio de otros más expertos:

1.° La viña es el Oratorio. Don Bosco, en efecto, distribuye como dueño toda suerte de frutas a los jóvenes. Se trata de una de aquellas
viñas espirituales predichas por Isaías en el capítulo LXV: "Plantarán viñas y comerán su fruto -Plantabunt vineas et comedent fructus
earum". La escena sucede evidentemente en plena vendimia.

2.° El viaje de don Bosco. El consejo del dueño de la viña, a saber, que los más robustos, o sea los Salesianos, llevasen sobre sus
hombros a los ((18)) más pequeños, "no podría indicar la necesidad de que el aprendizaje espiritual de los congregados no estuviese del
todo separado de la vida activa?

El camino impracticable, "no podría representar acaso el camino ancho de las grandes Ordenes religiosas, tan amadas y estimadas por
don Bosco, reducidas entonces a un estado de menor esplendor por falta de observancia religiosa, por odio de las sectas, por las leyes de
supresión?
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Y el sendero de la viña que bordea el camino, siguiendo la misma dirección e idéntica meta, "no puede simbolizar el nuevo instituto
fundado por don Bosco?

3.° La perdiz. Uno de los caracteres de este animal es la astucia.
Cornelio a Lápide, comentando el capítulo XVII de Jeremías, cita la carta 47.ª de san Ambrosio, en la que se describen la astucia y artes a
veces afortunadas de la perdiz para huir del cazador y para salvar su nidada. La frase que con frecuencia solía don Bosco repetir a sus
hijos, era precisamente ésta: íSed astutos! Con esto les quería indicar, como medio para huir de los lazos del demonio, el recuerdo de la
eternidad.

4.° La codorniz. El vicio de la gula es la muerte de las vocaciones.

5.° La gran sala y la multitud que la ocupaba, personas todas desconocidas para el Siervo de Dios, debían tener algún significado
especial y alguna particularidad interesante. Don Bosco no creyó oportuno decir palabra alguna sobre ello. "No podría guardar relación
con la futura obra de los Cooperadores Salesianos?

6.° En cuanto al enfermo moribundo, don Bosco nos dijo algún tiempo después a nosotros los sacerdotes: "Era un exalumno del
Oratorio del que quiero pedir informes para ver si en realidad ha muerto".

7.° "Y el joven muerto? Parece que se trata de don Domingo Ruffino, tan querido por don Bosco; lo que explicaría la actitud de los
jóvenes al no querer comunicar la noticia. El Siervo de Dios no lo reconoció; en cambio, el sueño lo preparaba para tan sentida pérdida,
sin amargarle con una dolorosa realidad.

Don Domingo Ruffino era un ángel de virtud y que en aquellos días se encontraba bien. Pero murió el 16 de julio de aquel mismo año.

((19)) Expuestas nuestras opiniones, dejando que unusquisque abundet in sensu suo (cada cual piense como mejor lo estimare)
continuemos la lectura de la palabra de don Bosco, tal como nos la ofrecen las crónicas.

19 de enero

Hay una costumbre en la casa que voy a decir para los que son nuevos. El día de san Francisco se conceden los premios y son los
mismos alumnos quienes los otorgan a sus mejores compañeros. Los estudiantes a los estudiantes y los aprendices a los aprendices. Se
procede de la siguiente manera: cada alumno escribe una lista con diez nombres de los compañeros que juzga son más inteligentes, más
aplicados, más piadosos entre los que él conoce, de cualquier dormitorio o clase que sean, y la firma.
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Después entrega dicha lista a su profesor, éste me la entrega a mí y yo hago el escrutinio de dichas listas. Al que obtiene mayor número
de votos se le entrega el premio en la fiesta de san Francisco de Sales. Se exceptúan los clérigos; ellos no reciben premios; se supone que
su virtud es superior a la de todos los demás jóvenes. Mas, si entre los clérigos vieseis alguno menos virtuoso que vosotros, decidlo,
decidlo francamente. Yo no quiero tener conmigo clérigos de poca virtud; y estoy dispuesto a hacer que deje la sotana aquél que tenga
menos virtud que vosotros. El que avanza en la carrera sacerdotal debe poseer una virtud superior a la de un seglar.

Los clérigos podrán presentar también una lista con diez jóvenes. Todos los superiores sacerdotes podrán hacer lo mismo. También yo
haré la mía, pero la mía valdrá solamente para uno.

Mañana empieza la novena de san Francisco de Sales. No quiero indicaros ninguna obra especial. Solamente os diré: sed más
cuidadosos en observar el reglamento de la casa. Os recomiendo muy en particular la hora de levantarse. Levantaos en seguida al sonar de
la campana, vestíos, elevad el corazón a Dios y esperad junto a la cama la señal que os llama a la iglesia. Si después queréis hacer la
novena del Santo, hágala cada uno por sí mismo y el Santo protector de la casa sabrá recompensaros.

20 de enero

Decía una noche san Felipe a sus muchachos:

-Amigos míos, os diré una cosa, si queréis oírla.

-Diga, diga, padre Felipe, repetían los jóvenes llenos de curiosidad.

-Pues bien, os diré que en el mundo hay muchos locos y muchos pícaros. Los pícaros son los que se afanan y hasta sufren ((20)) un
poco para ganarse el paraíso; los locos son los que siguen el camino de la eterna perdición. Pero ícuántos pobres locos hay!

Lo mismo os digo yo a vosotros, mis queridos amigos. Hay muchos pícaros entre vosotros, pero también los hay locos. El otro día vino
a verme un muchacho y me dijo:

-Don Bosco, déjeme ir a casa.

-"Por qué?

-Porque paso mucho frío.

-Pero, amigo mío, hay que sufrir algo para ganarse el paraíso; hay que saber vencer nuestra carne.

Si éste hubiese sido pícaro, debiera haberse dicho a sí mismo:

-Animo, son méritos para el cielo. Quiero corresponder a la gracia que me ha hecho la Virgen conduciéndome aquí, alejándome de
tantos peligros para el alma, dándome tanta comodidad para hacer el bien y conocer mi vocación.

Pero hay otros todavía más locos que éste. Son locos los que comen en ciertos días alimentos prohibidos, son locos los que sostienen
ciertas conversaciones sucias, cantan ciertas canciones, leen ciertos libros, hablan mal de los superiores; son locos que se encaminan
hacia la perdición y no se dan cuenta de ello. Están arruinados con una ruina irreparable, mientras se creían pícaros porque sabían
esconderse, vivir a sus anchas y burlarse de los que vigilaban. íPobres locos!

La palabra de don Bosco, siempre bien recibida por los alumnos, les preparaba para la fiesta de san Francisco de Sales, que se celebró
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el día señalado por la Iglesia, esto es, el 29 de enero, domingo IV después de la Epifanía.

En la forma acostumbrada, pero más solemnemente que en años anteriores, tuvo lugar la conferencia para los salesianos, prescrita por el
Reglamento. Don Bosco presidió la reunión en su antecámara. Don Miguel Rúa, director de Mirabello, y don Domingo Ruffino, director
de Lanzo, contaron satisfechos el bien que se hacía en sus colegios. Estaba presente don Domingo Pestarino, llegado desde Mornese.

Don Bosco tomó la palabra para dar gracias y elogiar a sus colaboradores, narrando cuanto se había hecho en el Oratorio de Valdocco,
animando a todos a trabajar por el éxito de los Oratorios Festivos y les aseguró la protección de la Santísima Virgen. Concluyó
manifestándoles su decisión de organizar una nueva tómbola.

((21)) Efectivamente, él ya había empezado a preparar y ordenar lo necesario para la misma. Por de pronto, debería formar una
Comisión, compuesta de treinta y dos miembros, elegidos entre los más conspicuos ciudadanos. No era fácil acertar en esta elección pero,
después de muchas cartas y visitas, y también de corteses negativas, finalmente creyó haber alcanzado el resultado apetecido.

Don Bosco se dirigió al Alcalde de Turín rogándole aceptara la presidencia de la Comisión y recibió la siguiente respuesta:

CIUDAD DE TURIN
Secretaría particular del Alcalde

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Con relación a la Presidencia de la Comisión para una tómbola en favor de su Pía Institución, el abajo firmante comunica que habló con
el señor Marqués de Rorà en los términos convenidos ayer en la entrevista que tuve el honor de sostener con V.S. y cumple con el deber
de participarle que dicho señor Marqués me encarga informarle de que se sentirá muy satisfecho de poder ayudar a su Instituto y a V.S.;
pero que, habiéndose convencido de lo imposible que es, en muchas ocasiones, separar la condición de alcalde de la de ciudadano
privado, tomó la determinación de no asumir en adelante ningún compromiso en el que fácilmente se pueda confundir su posición de
funcionario público con la de persona privada y que, por consiguiente, con mucho sentimiento no puede aceptar la Presidencia que se le
ofrece.

11 de enero de 1865.

El Jefe de la Secretaría CRETINI

Don Bosco suplicó al Duque de Aosta, Príncipe Amadeo, que se dignase aceptar dicha presidencia y el Príncipe cortésmente aceptó.
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Al tener noticia del alto honor concedido al Oratorio, el Secretario del Alcalde escribió así a don Bosco:
((22)) CIUDAD DE TURIN
Secretaría particular del Alcalde
26 de enero de 1865.
Suponiendo que usted no hubiese hablado todavía con el señor Marqués de Rorà, he de decirle que le hablé yo mismo y me contestó
que, dado que S.A.R. l Duque de Aosta es Presidente Honorario, él tendría mucho gusto en ser Vice-Presidente Honorario...
CRETINI
Don Bosco acogió con diligencia la propuesta, aunque, después no pudo llevarse a cabo por un inesperado accidente.

CIUDAD DE TURIN
Secretaría particular del Alcalde
16 de marzo de 1865.
Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:
Cúmplense hoy 15 días desde que el señor Marqués de Rorà, después de haber presentado su dimisión como alcalde, se alejó de Turín.
No puedo por tanto satisfacer la petición que V. S. me hace en su apreciada última.
Esperando poderle servir en otra ocasión propicia, me repito con todo respeto de V.S.
Seguro servidor CRETINI
Pero el 31 de marzo volvía el Marqués a Turín y el 2 de abril se publicaba la noticia oficial de la retirada de su dimisión. Don Bosco
entonces reemprendió los preparativos interrumpidos y logró su intento.

Mientras pacientemente trabajaba, sin ninguna clase de publicidad, en la formación de la Comisión, que a su debido tiempo
presentaremos a nuestros lectores, la Unidad Católica del 4 de febrero daba indirectamente una idea de las intenciones del Siervo de Dios.
Después de hablar de la necesidad de una iglesia en Valdocco y de que ((23)) ya había puesto don Bosco los cimientos de la misma en el
pasado verano, proseguía:

"Hubo que hacer profundas excavaciones, pero ya se elevan los muros casi dos metros sobre el suelo y casi está terminada la bóveda
que ha de sostener el pavimento.
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"El sagrado edificio será dedicado a María Auxilio de los Cristianos.

"El Sumo Pontífice Pío IX, apenas conoció la necesidad de una iglesia y la falta de medios para edificarla, mandó la estimable suma de
quinientas liras... y hace poco animaba a la continuación de las obras, bendiciendo a los que ayudaban y ofreciendo algunos preciosos
regalos para la tómbola que se iniciase con este fin".

La Dirección de Ferrocarriles había concedido mientras tanto a don Bosco un billete gratuito para la red del Piamonte y la Alta Italia,
valedero hasta el 31 de diciembre de 1865.

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((24))

CAPITULO III

DONATIVO DE LA BANCA NACIONAL -CARTAS AFECTUOSAS DE LOS BIENHECHORES A DON BOSCO -SU CARTA A
MONSEÑOR BERARDI Y RESPUESTA DEL PRELADO -SEMINARISTAS QUE PIDEN AYUDA ESPIRITUAL A DON BOSCO
-SOLICITA UN SUBSIDIO ECONOMICO AL RECTOR DEL SEMINARIO DE TURIN -RESPUESTA AL MINISTRO DE
AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO -EL CONDE CIBRARIO Y LAS CONDECORACIONES -UNA FINALIDAD DE
DON BOSCO AL PEDIR FAVOR A LAS AUTORIDADES -CHARLAS DE DON BOSCO: ANUNCIA LOS EXAMENES
SEMESTRALES A LOS MUCHACHOS Y A LOS CLERIGOS; MUERTES REPENTINAS EN TURIN; PREDICCION DE LA
MUERTE DE UN ALUMNO EN EL ORATORIO; SAN BLAS Y LA BENDICION DE LA GARGANTA -MAYOR COMODIDAD
PARA CONFESARSE CONCEDIDA A LOS ESTUDIANTES DE RETORICA; CON QUE FRECUENCIA DESEA DON BOSCO
QUE SE RECIBAN LOS SACRAMENTOS -UN SUEÑO: UN ENORME GATO TRATA DE ARREBATAR LOS RAMOS DE
FLORES DE LAS MANOS DE LOS MUCHACHOS -DON BOSCO JUNTO AL LECHO DE UN MORIBUNDO QUE NO QUERIA
CONFESARSE; TODO SE PAGA, EXCEPTO LA MUERTE -ABSTENERSE DE CRITICAR; SANTIFICAR EL CARNAVAL

AL ordenar los documentos de este mes que se conservan en los archivos, nos encontramos en primer lugar con el reconocimiento de las
ventajas que reportaban a la ciudad de Turín los Oratorios festivos. El 18 de enero recibía don Bosco de la Banca Nacional, con sede en
Turín, el siguiente comunicado:

"El Consejo de Dirección de esta Banca Nacional, en la reunión de hoy, al repartir el fondo asignado ((25)) a las obras de beneficiencia,
decidió conceder al Oratorio de san Francisco de Sales, en Puertanueva, Vanchiglia y Valdocco, la cantidad de doscientas cincuenta
liras".

Poseemos también cartas muy afectuosas de nobles señores que prometían o entregaban donativos para la manutención de los alumnos,
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y daban noticias particulares de cada miembro de la familia, conocedores del afecto que don Bosco profesaba a cada uno de ellos.

Así lo hacía el generoso conde Carlos de Maistre.

Le escribía el día treinta, desde su castillo de Beausmesnil, asegurándole que a menudo se acordaba de la felicidad experimentada en
aquellos tiempos en que tenía el gusto de verle, hablarle e ir a visitarle al Oratorio.

"Desde hace algunos meses, añadía, yo también reúno a los muchachos del pueblo para entretenerlos, buscando hacer algún bien a sus
almas. íAh, reverendo Padre, qué feliz sería si usted estuviera aquí! íCuántos consejos buenos me daría! íQué lecciones escucharía para
obrar como usted hace!".

Y le comunicaba que su tía, la Duquesa de Montmorency, se encontraba en Roma.

Don Bosco ya lo sabía, puesto que cuando estaba la Duquesa para partir, le había entregado un libro y una carta para monseñor José
Berardi, arzobispo de Nicea, sustituto en la Secretaría de Estado y secretario de la Cifra, cuyo apoyo deseaba para la Pía Sociedad.
Monseñor le había respondido:

Ilustrísimo Señor:

No podía V.S. Ilma. confiar a mejor portadora el ejemplar del librito por usted publicado, para uso de la juventud estudiantil y la carta

del 20 del corriente, que acompañaba dicho libro.

Dado lo estimables que me son sus regalos, agradezco mucho el obsequio que me hace de su libro y le doy mis más sinceras gracias.

Es muy poco lo que me dice acerca de la Duquesa de Montmorency. ((26)) Sería muy de desear que matronas como la Duquesa, que

tanto celo despliegan en favor de los pobrecitos, se multiplicasen.

Siga usted su santa labor; yo no cesaré de implorar para usted y los jovencitos confiados a sus cuidados las bendiciones celestiales para
que prosperen en su educación religiosa y civil.

Me encomiendo a sus oraciones, y, como no dudo que será acogida esta mi petición, le aseguro mi reconocimiento. Con estos

sentimientos, unidos a los de una particular y distinguida estima, me precio en confirmarme,

De V.S. Ilma.

Roma. 24 de enero de 1865.

Seguro y humilde servidor " JOSE BERARDI, Arzobispo de Nicea.
Tenemos también alguna carta de seminaristas, quienes, desde sus seminarios, pedían a don Bosco consejos y oraciones para ganar
batallas espirituales. Uno de éstos le escribía desde Alba:
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"Mientras me hallaba en continuas angustias y pavorosos temores, una inspiración divina pasó por mi mente y no se disipó hasta que la
escuché. Era ésta: ``Encomiéndate a don Bosco, que es un hombre santo, y pronto quedarás libre de estos pensamientos diabólicos''.

"Yo, esperando confiadamente, me postro humildemente a sus pies y le suplico me tenga compasión y ruegue por mí a Dios Nuestro
Señor y a su bondadosa Madre María Santísima".

Nos quedan dos cartas de don Bosco. En la primera pedía al canónigo Vogliotti, rector del Seminario y provicario diocesano, ayuda
económica para sus clérigos.

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Vicario:

El año pasado me asignó V.S. Ilma. y Rvma. la cantidad de cuatrocientas liras, con cargo al Seminario, en favor de los seminaristas
pobres que estudian y trabajan en esta casa. Este favor me es mucho más necesario ahora, debido a los grandes apuros por los que
atraviesa esta casa con la deuda de dos años de intereses por las cuatrocientas liras que adeudo a dicho Seminario.

Verdad es que al concederme este subsidio se me dijo que era extraordinario y por una sola vez; no obstante yo hago mi humilde
súplica ((27)) en el mismo sentido, es decir en este caso excepcional. Suplico, por tanto, a V.S. Ilma. y Rvma. haga esta obra de caridad a
estos nuestros pobres jóvenes; y especialmente a los clérigos que van a clase al Seminario, prestan su asistencia en esta casa y enseñan el
catecismo en los oratorios a los niños de esta ciudad.

Persuadido de que esta petición será tenida benignamente en consideración, le auguro todo bien del cielo a usted y a toda la
Administración del Seminario, mientras tengo el alto honor de profesarme con todo mi aprecio y gratitud, de V.S. Ilma. y Rvma.

Turín, 8 de febrero de 1865.

Seguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Con otra carta respondía a la recomendación que, en nombre del Ministro de Agricultura, Industria y Comercio, le dirigía el secretario
general, con fecha 10 de febrero:

Muy Honorable Señor:

Vista la especial y viva recomendación de V. S. Ilma. en favor del joven José Ferreri, y considerando la extrema necesidad del mismo,
he determinado admitirle excepcionalmente en esta casa, y sin que deba esperar nada aguardando su turno. Puede, por tanto, participar a
dicho joven que venga cuando quiera y tendrá su sitio preparado.

Considerando, por otra parte, las necesidades excepcionales por las que actualmente pasa esta casa, me encomiendo a su bondad para
algún subsidio en favor de la misma. Digo esto en plan de ruego y no como condición sine qua non.
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Dios le conserve y le otorgue días felices, mientras tengo el alto honor de profesarme con todo afecto.

Turín, 14 de febrero de 1865.

Seguro Servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Había dirigido además algunas súplicas al Gran Maestre de la Orden de San Mauricio con el fin de obtener condecoraciones para
algunos bienhechores del Oratorio, que le habían entregado o estaban a punto de hacerlo, algunos miles ((28)) de liras para sus
muchachos.

El conde Luis Cibrario, primer secretario de Su Majestad en el Gran Maestrazgo de la Orden de San Mauricio y Gran Oficial del
Estado, estaba muy dispuesto a secundar las piadosas intenciones de don Bosco con tales distinciones honoríficas y obtuvo no pocas del
Rey, al mismo tiempo que trataba con el Siervo de Dios con una amigable y sincera cortesía, aun cuando a veces se veía obligado a no
acceder a su demanda.

Ilustrisimo y Reverendísimo Señor:

Los informes que he obtenido de personas distinguidas e imparciales (excluido el señor Gobernador) han resultado muy desfavorables
para el señor farmacéutico G... Todos me han asegurado que, si obtuviese la distinción pedida para él, la ciudad de... quedaría extrañada y
enojada. Así que, por mi parte, deseo que la divina Providencia acuda en ayuda de su utilísima Institución por otros caminos. Mientras
tanto, quede bien entendido, que no le hago ningún cargo a usted por la indignidad de la persona recomendada, muy convencido de su
total y buena fe.

Con mi mayor consideración.

Turín, 22 de marzo de 1865.

Seguro Servidor LUIS CIBRARIO

Estas súplicas en demanda de condecoraciones eran una especie de nuevo manantial que don Bosco había descubierto para acarrear
aguas de beneficencia a las obras de su Oratorio. En el apéndice damos una muestra del estilo que empleaba para redactar semejantes
peticiones 1. Mientras tanto observamos como dignas de nota, su fecunda imaginación y su diligencia para conseguir sus propósitos con
tan diversos modos y bajo tan distintos aspectos, al tratar con todos los personajes pertenecientes al gobierno del Estado.

1 Véase: Apéndice I.
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Recordemos lo que ya hemos dicho de él, del 1846 en adelante, y veremos cómo continúa ((29)) por el mismo camino hasta la muerte.
Se dirigía frecuentemente al Rey, a los Ministros, a los Senadores, a los Diputados, a las Autoridades Militares, a los Gobernadores, a los
Alcaldes y a cuantos ejercían una gestión pública. Muchos de ellos eran sectarios, jefes de conspiraciones, enemigos de la Iglesia Católica
y del Papado, perseguidores de los obispos, adversarios declarados de los religiosos y de sus escuelas. Y el Siervo de Dios, con una
valentía, tanto más grande cuanto más humilde, hacía frente a sus repulsas, los amansaba con sus modos afables; exponía las necesidades
de tantos muchachos pobres, y sus peticiones eran escuchadas y obtenían muchas veces respuestas favorables.

Era evidente que no reservaba nada para sí mismo y que todo era para los demás; pero no lo era tanto el que constituyera un alto fin de
caridad, esto es, que los donantes tuviesen el mérito de una beneficencia reparadora, ya que devolvían a la Iglesia una pequeñísima parte
de lo que le había sido robado.

Nos manifestaba muchas veces a nosotros esta su intención. Hacía lo mismo que, como narra el cardenal Capecelatro, había aconsejado
el Santo Padre Pío IX al Padre Ludovico de Casoria:

"Había dicho el padre Ludovico al Papa en 1860:

"-Beatísimo Padre, viene la revolución. "Qué debo hacer? "Encerrarme en la da a rezar o lanzarme en medio del fuego a trabajar: Ellos
querían servirse de nosotros para hacer el mal. "Podemos servirnos nosotros de ellos para hacer el bien?

"A lo que el Santo Padre, inflamado por el celo divino, respondió:

"-Vuelve, hijo de san Francisco, a Nápoles; sal de la celda y échate, como tú dices, en medio del fuego a trabajar; sírvete de los mismos
enemigos para hacer el bien y ganarás méritos ante Dios".

Estas palabras iluminan claramente el modo de obrar de don Bosco y responden a los que más de una vez le acusaron de ser demasiado
amigo de los gobernantes o de los liberales.

Abrimos de nuevo la crónica para transcribir otra de sus charlas.

((30)) 1. ° de febrero

Motus in fine velocior. (El movimiento se acelera hacia el final). Avanza el año y, cuanto más avanza, más rápidamente se precipitan
los días. Estamos ya a primeros de febrero y tenemos encima el examen semestral. Los que estudiaron día tras día lo que sus maestros les
enseñaban se encontrarán contentos; los que hicieron un poco el gandul se encontrarán ahora apurados, porque se han acumulado las
materias, y
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es difícil ponerse al corriente en pocas semanas. Con todo, anímense éstos, pues no serán abandonados en situación tan apurada. Los
profesores os ayudarán a superar las dificultades que encontréis para prepararos al examen, repasándoos, si es preciso, las lecciones
dadas.

Mientras tanto os pido una cosa. También los clérigos tienen que examinarse, dentro de unos días, y me importa mucho que hagan un
buen papel; procurad, por tanto, evitarles cualquier molestia innecesaria para que también ellos puedan prepararse bien. Por su parte los
clérigos, si tuvieren alguna incumbencia demasiado pesada que les impida estudiar en estos días, díganmelo y yo procuraré darles toda
suerte de facilidades para que puedan estudiar.

Aún tengo más que deciros. Hace algún tiempo que se da por Turín cierto género de muerte que nos avisa para que estemos bien
preparados. El padre de uno de los muchachos del Oratorio (Ruffino) fue la otra noche a dormir como de costumbre. Le llamaron por la
mañana para atender a sus ocupaciones y le encontraron muerto.

Un jovencito de una distinguida familia ayer se retiró para acostarse. Esperó el sirviente a que estuviese en la cama y se acercó para
preguntarle si necesitaba algo. El señorito no responde; el camarero le llama, le sacude. íEstaba muerto!

En una farmacia próxima al Palacio Municipal se presentó un mozo de café buscando un médico para atender a un señor que se sintió
mal mientras jugaba a las cartas. Corre el médico, pone su mano sobre el corazón, pero ya estaba muerto. íDel juego a la eternidad!

Mis queridos amigos, aún he de daros otra noticia. Un muchacho del Oratorio ha de morir, quizás antes del ejercicio de la buena muerte
de este mes; y ciertamente, si llega a hacerlo, será éste el mayor tiempo de que podrá disponer. Espero que se halle bien preparado.

Al bajar don Bosco del estrado dijo al oído de quien escribe estas memorias, una sola palabra:

-"Ferraris".

((31)) Era un secreto y un encargo que nos confiaba; y nosotros repetiremos aquí lo que ya en otra ocasión hemos afirmado.

Estas predicciones ayudaban mucho a los jóvenes, a quienes Dios llamaba a la otra vida, porque don Bosco los trataba con gran
cuidado; confiaba el secreto a algún compañero prudente y le encargaba que hiciese de ángel custodio del que iba a morir. Dicho
compañero procuraba hacérselo amigo en el juego, vigilaba de cerca sus amistades, le invitaba con frecuencia a la confesión y comunión,
le acompañaba a visitar al Santísimo Sacramento y le sugería los consejos que le parecían más oportunos. Todo con la mayor naturalidad,
sin insistir, sin descubrir el secreto ni dar lugar a sospecharlo. Todavía están en el Oratorio algunos que tuvieron tan delicada misión.

Es de advertir que, cuando don Bosco hablaba, le escuchaban, en diversas ocasiones, más de quinientos, setecientos y ochocientos,
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que eran otros tantos testigos oyentes de estas predicciones, aunque no todos por desgracia, estaban dispuestos a prestarles fe. Había entre
los adultos, llegados últimamente, algunos contrarios, sembradores de cizaña, espíritus malignos, los cuales buscaban desacreditar las
palabras del Superior.

No es, por tanto, el caso ni siquiera de soñar que don Bosco pudiese impunemente sorprender las fantasías juveniles y, dado el caso de
que no se verificase el pronóstico, buscar medias tintas para hacer creer lo que no era. Se trataba de predicciones precisas, acompañadas
de circunstancias que señalaban el lugar, la persona o el tiempo.
Muchos jóvenes escribían lo que don Bosco había dicho aquella misma noche o al día siguiente por la mañana. Confrontaban sus
escritos, los hacían tema de sus conversaciones, conjeturaban, intentaban adivinar, observaban y no cesaban de estar alerta hasta que el
vaticinio se cumplía. íEran jueces que querían llegar al fondo de la cuestión!

De todas las predicciones que don Bosco hizo, solamente hay dos o tres de las que no podemos afirmar que se hayan cumplido; quizá
porque estaban ((32)) condicionadas, quizá porque no se pudo tener noticia de su cumplimiento. De todas las demás, maravillosamente
comprobadas, y son centenares, pueden dar fe cuantos estuvieron en el Oratorio.

El dos de febrero, por la noche, dio don Bosco la siguiente charla:

Mañana es la fiesta de san Blas, obispo de Sebaste, en Armenia, martirizado en tiempos del emperador Licinio el año 315; y tiene lugar
la hermosa ceremonia de la bendición de la garganta. "Sabéis por qué se instituyó este rito y por qué fue declarado san Blas patrono de
los enfermos de la garganta? Escuchad.

Una mujer tenía un hijo a quien quería mucho. Una vez, comía éste pescado y se le atravesó una espina en la garganta. Los médicos que
acudieron para curarle dijeron que no podían hacer nada para extraerle la espina y que pronto moriría. La desolada madre estaba sentada
en casa con su hijo moribundo sobre las rodillas. No podía hallar consuelo a su dolor, mientras contemplaba al niño que, en medio de los
más atroces dolores, se acercaba a la muerte. De improviso oyó una voz que le decía:

-Levántate, toma a tu hijo: el mártir Blas es conducido al martirio, ruégale que lo bendiga y tu hijo sanará.

Corrió la madre; el mártir enternecido por sus lágrimas hizo una breve oración, bendijo al chiquito en el nombre de Jesús, la espina
saltó por sí sola de su garganta y el niño quedó salvo.

Vayamos, pues, a recibir la bendición de la garganta por los méritos de este Santo, a fin de que el Señor nos preserve de lo que puede
dañarla entrando o saliendo de la misma. Entran los alimentos que pueden ser nocivos y ocasión de indigestión, los venenos que uno
pudiera ingerir con mala idea o sin darse cuenta, etc., etc..., ya
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que, como dice el Espíritu Santo, mata más la gula que la espada. Salen las bocanadas de sangre, los vómitos en ciertas enfermedades, las
anginas, etc., etc... Pero sobre todo pedidle que os libre de todo lo que sale y que puede dañar vuestra alma, o sea: las malas
conversaciones, las blasfemias, las imprecaciones, las calumnias, las mentiras. De lo que entra, como los alimentos prohibidos por la
Iglesia, intemperancia en el comer y el beber. Por lo tanto, pedir mañana a san Blas que os libre de todos los males de la garganta
materiales y espirituales.

5 de febrero

Quiero deciros algo sobre la pregunta de don Juan Bautista Francesia. Los alumnos de primero y segundo de retórica, que deseen
confesarse conmigo, vengan una hora antes de que se dé el aviso para las confesiones. Los más pequeños, dirán: -"Es que los de retórica
tienen el alma ((33)) mayor que la nuestra para que se les dé preferencia? Os diré que tienen algún derecho de precedencia, porque ellos
son mis hijos mayores o también los más antiguos en la casa y, por tanto, tienen derecho a que se les guarde alguna consideración.

Tengo, además, algo que deciros en cuanto a los sacramentos.

Para sacar fruto de la confesión no basta confesarse a menudo, sino que es necesario esforzarse para no cometer pecados. Por tanto
deseo que todos se confiesen una vez al mes por lo menos; pero no más de una vez a la semana, salvo los casos especiales aconsejados
por el confesor, porque de lo contrario quitáis a los otros la comodidad de confesarse. Procurad, pues, no cometer pecados de una
confesión a otra y éste será el mejor fruto que podáis sacar de la confesión. Comulgad con la mayor frecuencia que podáis y siempre que
el confesor os lo aconseje y cuando la conciencia no os remuerda de nada.

El que quiera guardar un justo medio en cuanto a la confesión confiésese cada quince días y yo estaré satisfecho. Pero procurad todos
cometer los menos pecados posibles.

Don Bosco respondió, pues, con su acostumbrada prudencia a la petición que públicamente le habían hecho para que concediese más
comodidad para confesarse a los estudiantes del bachillerato superior. En efecto, ellos estaban algo molestos por la multitud de alumnos
de las clases inferiores que a todo correr ocupaban los primeros puestos ante el confesonario de don Bosco; los mayores deseaban
despacharse sin tanta espera para volver a sus estudios.

Nótese que, de cuando en cuando, al subir don Bosco a la tribuna por la noche, le hacían preguntas sobre la marcha o las necesidades de
los muchachos, unas veces espontáneos interpelantes y otras quienes habían recibido encargo expreso del mismo Siervo de Dios.

De este modo se lograba mayor atención, la palabra alcanzaba más efecto y el que hablaba tenía más libertad para reprender ciertas
faltas o hacer valer los motivos de ciertas disposiciones de los Superiores.
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6 de febrero

Hace dos o tres días tuve un sueño. "Queréis que os lo cuente?

Como yo quiero mucho a mis jóvenes, siempre sueño que me encuentro en su compañía.

((34)) Parecióme, pues, encontrarme en medio del patio, rodeado de mis queridos hijitos, cada uno de los cuales tenía en la mano una
flor. Quién una rosa, quién una azucena, quién una violeta, quién una rosa y un lirio juntamente. En suma: unos tenían una flor y otros
otra. Cuando de pronto apareció un gatazo con cuernos, completamente negro, grande como un perro, de ojos encendidos como brasas y
cuyas uñas eran gruesas como un clavo y su vientre descomunalmente abultado.

La horrible bestia se acercaba cautelosamente a los jóvenes y dando vueltas alrededor de ellos, ahora daba un zarpazo a la flor de uno
arrojándosela al suelo, ahora hacía lo mismo con la de otro y así sucesivamente.

Ante la aparición de este animal, yo me sentí lleno de espanto y muy maravillado al comprobar que los jóvenes no se inmutaban lo más
mínimo, sino que continuaban como si nada sucediese.

Cuando me di cuenta de que el gato se dirigía hacia mí para arrebatarme mis flores, comencé a huir.

Pero me detuvieron y oí que me decían:

-No huyas y di a tus muchachos que levanten el brazo y así el gato no logrará arrebatarles las flores de las manos.

Me detuve y levanté el brazo: el gatazo hacía inauditos esfuerzos por arrebatarme las flores; saltaba una y otra vez, pero. como era tan
pesado, caía torpemente a tierra.

El lirio, mis queridos amigos. representa la bella virtud de la modestia a la cual el diablo hace continua guerra. íAy de aquellos jóvenes
que no mantienen la flor en alto! El demonio los lleva y les hace caer. Los que la tienen abajo, son los que halagan su cuerpo comiendo
desordenadamente y fuera de tiempo; los que rehúyen el trabajo, el estudio, entregándose al ocio; aquéllos a los que agradan ciertas
conversaciones; los que leen ciertos libros; los que no quieren saber nada de mortificación. Por caridad, combatid a este enemigo; de otra
manera, él se enseñoreará de vosotros. Tales victorias son difíciles, pero la eterna Sabiduría nos ha sugerido el medio para conseguirlas:
Hoc genus daemoniorum non ejicitur nisi per orationem et jejunium (Esta clase de demonios sólo se la expulsa con la oración y el
ayuno). Levantad vuestro brazo, levantad en alto vuestra flor y estaréis seguros. La modestia es una virtud celestial y el que quiera
conservarla es necesario que se eleve hacia el cielo. Salvaos, pues, con la oración.

La oración que os levanta al cielo es la de la mañana y de la noche bien rezada; oración es la meditación y la misa; oración es la
confesión frecuente y la comunión; oración son las pláticas y las exhortaciones del Superior; oración es la visita al Santísimo Sacramento;
oración es el rosario; oración es el estudio.

Con la oración vuestro corazón se ensanchará como un globo, se elevará al cielo y así podréis decir con el rey David: Viam
mandatorum tuorum cucurri, cum dilatasti cor meum. (Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas).

Así pondréis a salvo la más bella de las virtudes, y vuestro enemigo, por más esfuerzos que haga, no os la podrá arrebatar.
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((35)) 7 de febrero

Ayer os conté un sueño y hoy quiero narraros un hecho.

Un señor rico se encontraba enfermo hacía dos meses, y la enfermedad se iba agravando cada vez más. Un amigo suyo, buen cristiano,
le aconsejó que arreglase sus negocios e hiciera testamento. Al mismo tiempo, se animó a sugerirle que sería prudente y conveniente
llamara al sacerdote.

-No, respondió el enfermo, confesarme no. No quiero que venga ningún sacerdote. No quiero curas en mi casa.

-Sin embargo, sería mejor para usted.

-Mientras estuve sano, no quise saber nada de confesión; mucho menos ahora que estoy enfermo.

-"Y si viniese don Bosco?

-Le veré con mucho gusto. Que venga; pero, a condición de que no me hable de confesión.

Vinieron a invitarme al Oratorio y el sábado pasado fui a visitar a este enfermo. Los de casa, sabedores del objeto de mi visita, me
recibieron cortésmente y me acompañaron a la cabecera del enfermo. Este demostró estar muy contento con mi visita y, yo comencé,
como suelo hacer con gente de esta clase con saludable efecto, por contarle historietas alegres, chascarrillos y chistes tan graciosos que
reíamos los dos a más no poder, de modo que el enfermo me pidió que cesase porque la risa le hacía sufrir.

-Bien, le dije; entonces hablemos de algo más serio.

-Don Bosco, recuerde que no quiero confesarme: es el pacto que hice con los mios.

-Pero, señor mío; "cómo quiere que no le hable de ello si usted me lo recuerda? Usted me abre las ganas. No, no le confesaré, pero debe
permitirme que le hable de la confesión.

Y empecé a hablarle de su vida pasada. Hícele ver la necesidad de ponerse en gracia de Dios y le describí minuciosamente el triste
estado de su conciencia.

El enfermo me escuchó con toda atención y, cuando hube terminado, me dijo:

-Oiga, don Bosco: "cómo ha hecho para conocer tan bien todas mis acciones?

-Tengo cuatro palabras con las que leo en el alma de quien quiero y son: otis, botis, pía, tutis.

-Entonces no hace falta que me confiese, porque usted lo sabe todo; ími confesión ya está hecha!

-Señor mío, "tendrá ahora alguna dificultad en declararse culpable de todos ((36)) estos pecados, de arrepentirse y pedir perdón a Dios
y hacer un propósito firme de cambiar de vida, si el Señor le concede de nuevo la salud?

-íAh, no!

-Pues bien, continué diciendo, mientras recogía los periódicos prohibidos y los libros malos que estaban sobre la mesita; "me permite
que los eche al fuego?

-"Por qué?

-Porque una de dos: o van estos libros al fuego o tendrá que ir usted a las llamas del infierno para toda la eternidad.

-íVáyanse, pues, los libros!

Y se levantó una viva llama al echarlos en la chimenea.

-Pero esto no basta, señor; tiene que despedir inmediatamente a la persona que usted sabe.

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El enfermo ponía muchas dificultades pero, finalmente, se decidió a seguir mi imperioso consejo.

-Pues ahora, concluí, le daré la absolución.

El pobrecito estaba suficientemente arrepentido. Le hablé de la comunión y él me respondió que esto ocasionaba muchos
inconvenientes en casa y, no era tan necesario. Yo, viendo que se había hecho lo más importante, porque se había confesado con las
debidas disposiciones, no insistí.

Al salir, recomendé a los de la casa que, si el enfermo pidiese el viático, avisasen a la parroquia, porque ya se había confesado; y que, si
empeoraba, me lo hiciesen saber.

Esperé algún tiempo, pero no vino nadie. Volví entonces para verlo y me encontré con que había pasado a la eternidad. El sufría un
fuerte catarro que le ahogaba, pero tenía esperanzas de curarse. Llamaba a los mejores médicos y les decía:

-Curadme y os daré lo que pidáis. Diez, veinte, cuarenta, cincuenta mil liras.

La víspera de su muerte, fue un amigo a avisarle del peligro que corría y le dijo:

-Amigo mío, todo se paga. Con dinero se obtiene todo; solamente la muerte no se puede pagar; por tanto, hay que pensar seriamente en
la otra vida.

El enfermo se conformó con cristiana resignación, sufrió aún por algún tiempo y después murió.

Naturalmente, mis queridos amigos, no es ésta una muerte para proponérosla como modelo; sin embargo, como expiró después de
recibir los santos sacramentos con cristiana resignación, es de esperar que el Señor habrá tenido misericordia de él. Pero advertid para
vuestro bien las palabras que dijo aquel amigo al moribundo: Todo se paga; la muerte es lo único que no se puede pagar. Hay que estar
preparados, porque cuando ella venga no hay modo de mandarla atrás.

((37))
9 de febrero

Esta noche quiero daros un aviso. Me sabe mal oír que empleáis ciertas palabras despectivas contra la sopa y otros alimentos. Algunos
muchachos bromistas, cuando inventan un mote despreciativo, lo comunican a sus compañeros. "Qué dirán vuestros padres cuando
volváis a casa, si advierten por vuestro hablar que no sabéis llamar a las cosas por su propio nombre? íSois estudiantes! Por consiguiente,
como tales, debéis mostraros serios y bien educados en toda ocasión. "Qué diríais, por ejemplo, si vieráis al general La Màrmora
tirándose bolas de nieve en la plaza del Castillo con el general Cialdini? Os pondríais a reír a sus espaldas.

Por tanto, procurad que nadie se ría a vuestra costa, haced como veis hacer a los hombres respetables: no os diré que imitéis a don
Bosco, a don Juan Bautista Francesia, a don Celestino Durando, etc.; pero obrad como obran los hombres serios y prudentes. Tened
dominio sobre vosotros mismos. Preguntaos: "qué haría en este momento si estuviesen presentes mis padres, si estuviese delante mi
párroco o me hallase a la vista de mis amigos? Si lo hacéis así, actuaréis y hablaréis siempre cuerdamente.

Pasemos a otra cosa. El carnaval se nos escapa a toda prisa: sigamos santificándolo como nos habíamos propuesto. Hagamos cada día la
comunión sacramental o espiritual, según nos sea dado, y no dejemos de proferir alguna jaculatoria durante el día. Si, además, queréis
que os dé una florecilla para mañana, os la daré. Mañana es viernes, día en que se recuerda la muerte del Señor, que murió por nosotros.
Pues

Fin de Página 44

 

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bien, por amor a Jesús, perdonad todas las ofensas que os hagan, sufrid con paciencia las molestias que os acarrean los compañeros y
padeced por amor de Dios el levantaros de la cama por la mañanita al primer sonido de la campana y la importunidade los asistentes que
irán a despertaros.

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((38))

CAPITULO IV

CHARLAS DE DON BOSCO; VICTORIAS DEL DEMONIO EN EL ORATORIO; RESOLUCION DE DON BOSCO CON
RESPECTO A LOS ESCANDALOS; SU AMOR A LOS JOVENES;
CORONA DE ESPINAS Y CORONA DE ROSAS; OBEDIENCIA; DENUNCIAR A LOS CABECILLAS DE LOS DESORDENES;
ALGUNOS ALUMNOS DEBERAN PRESENTARSE MUY PRONTO ANTE EL TRIBUNAL DE DIOS; FUGA DEL OCIO
SUFRAGAR LAS ALMAS DEL PURGATORIO; DON BOSCO NECESITA TENER UNA FE VIVA; PEDIR AL SEÑOR QUE
PONGA REMEDIO A LOS DESORDENES INTERNOS Y EXTERNOS; PENA DE DON BOSCO AL TENER QUE DESPEDIR DE
CASA A ALGUN MUCHACHO; MOTIVO DE ESTA DESGRACIA -SI SE REZA MUCHO, LA NUEVA LEY DE LA SUPRESION
DE LOS RELIGIOSOS NO PASARA -CARTA DE DON BOSCO AL PAPA, EL CUAL MANDA SU BENDICION A LOS
ALUMNOS DEL ORATORIO; PRONTITUD PARA LEVANTARSE DE LA CAMA POR LA MAÑANA Y BAJAR A LA IGLESIA
MAS SOBRE EL CARNAVAL PARA SANTIFICARLO; SE LEERA UN HECHO EXTRA ORDINARIO DE PIO IX:EL MES DE
SAN JOSE HONRADO CON LA EXACTITUD EN EL CUMPLIMIENTO DE LOS PROPIOS DEBERES; LOS EXAMENES Y SAN
JOSE -DON BOSCO HUESPED DEL OBISPO EN CUNEO -SUEÑO DE LOS MONSTRUOS QUE HIEREN A LOS JOVENES;
COMUNIONES Y VISITAS AL SANTISIMO SACRAMENTO PARA VENCER AL DEMONIO -EL MIERCOLES DE CENIZA
LA FACULTAD DE CELEBRAR TRES MISAS Y DE COMULGAR EN LA NOCHE DE NAVIDAD SE RENUEVA POR TRES
AÑOS PARA EL ORA TORIO Y SE CONCEDE A LOS COLEGIOS DE MIRABELLO Y LANZO -EL DOCTOR MANACORDA
ESCRIBE EN NOMBRE DE DON BOSCO AL PREFECTO DE LA SAGRADA CONGREGACION DE OBISPOS Y REGULARES,
PIDIENDO LAS DIMISORIAS PARA LA ORDENACION DE LOS CLERIGOS DE LA PIA SOCIEDAD SALESIANA
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Fin de Página 46

 

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((39)
)

A don Bosco y al Oratorio se les pueden aplicar las sentencias del capítulo X de los Proverbios: "Manantial de vida la boca del justo... En
labios del inteligente se encuentra sabiduría..
.
Senda de vida guardar las instrucciones; quien desatiende la represión se extravía... Los labios del justo apacientan a muchos, los
insensatos mueren en su falta de seso"
.

En efecto, la palabra de don Bosco se adueñaba de tal modo de los corazones de los jóvenes, que establecía y mantenía en el Oratorio el
reino del orden y de la moralidad, y resultaba cosa fácil la dirección de más de setecientos alumnos. Había en medio de ellos (ícómo no!)
una minoría de algunas decenas y tal vez menos, que no admitía corrección, que no se doblegaba a las normas que se daban y que
secretamente procuraba sembrar la cizaña y el escándalo. "Puede darse en el mundo una sociedad algo numerosa que no cuente con
semejantes individuos sin corazón?

Pero todos los demás del Oratorio contrarrestaban celosamente la acción de estos perturbadores de la paz en casa. Estrechamente unidos
entre sí, como una falange en las diversas Compañías, estudiaban el modo de atraer al recto camino a todos los mal aconsejados que
podían y prevenían y alejaban a los incautos de sus asechanzas y, finalmente, les obligaban a vivir aislados y con ello a ser descubiertos.

Queremos hacer estas observaciones, para que nadie pueda formarse una idea falsa del estado del ambiente con motivo de las charlas de
don Bosco. Y añadimos que, cuanto el Siervo de Dios narró o narrará como visto en los sueños, se refiere en su mayor parte a las luchas
espirituales que afligen a los pobres hijos de Adán, luchas que sólo Dios conoce y descubre para bien de las almas, a aquéllos a quienes
escoge como especiales colaboradores suyos en la empresa de salvarlas.

((40)) Dicho esto, continuamos leyendo en la Crónica el resumen de lo que don Bosco dijo en estos días.

13 de febrero

Os hablé hace unos días de que había visto entrar en el Oratorio a un feo gatazo, el cual arrojaba por tierra las flores que llevaban en las
manos mis muchachos. Os dije que el gatazo tenía cuernos en la frente y que sus ojos ardían como brasas. Os dije que aquel feo animal
era el demonio, que quería arruinarnos. Cuando yo os conté todo esto, creía que solamente era una imaginación de la fantasía, pero he de
deciros con gran pena que el gatazo ha hecho ya entre vosotros grandes estragos.

No quiero decir con ello que la mayor parte de vosotros haya faltado, no; con
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respecto a la cantidad de muchachos de la casa, sólo una minoría falló; pero esta minoría es bastante más numerosa de lo que yo hubiera
pensado.

En el Oratorio han acontecido cosas que nunca se habían dado. Hay quien roba y se roba de todo a todos: se roban libros, se roba
dinero, se roban prendas, se roba fruta y todo lo que se puede quitar. Algunos leen libros que son verdaderamente malos y los leen en la
iglesia, durante la lectura y durante las funciones sagradas. Hay más. Algunos se ausentan de la iglesia y de la clase y se esconden en
habitaciones apartadas para no ser vistos. Hasta hay quienes se retiran a ciertos lugares, y prefieren morir en aquel hedor antes que ir a
donde les llama el deber. Y esto no es todo. Algunos se han convertido en maestros de perdición de infelices compañeros y han hecho
más. No contentos con ello, se glorían del mal hecho como de una gran victoria. "Laetantur cum male fecerint et gloriantur in rebus
pessimis" (Los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad).

Por tanto, he tomado una decisión y es la de despachar a los autores de estos escándalos. Don Bosco es el hombre más bueno que exista
sobre la tierra: destrozad, romped, haced chiquilladas y os compadecerá, pero no os dediquéis a arruinar las almas, porque entonces es
inexorable.

Cuando un muchacho entra en casa, mi corazón se alegra, porque veo en él una alma que hay que salvar; y cuando se inscribe entre mis
hijos, se convierte en mi corona. Pero hay dos clases de coronas; si corresponde a mis cuidados, si se esfuerza por salvar su alma,
entonces este joven forma mi corona, una corona de rosas. Si rehúsa poner en práctica mis palabras, si veo que no se preocupa de lo
tocante a su alma, entonces os aseguro que es para mí una corona de espinas. Y si, además, éstos, no contentos con hacer daño a sus
almas, tratan de arruinarme las otras, entonces ((41)) no puedo soportarles de ningún modo; tengo que echarlos.

Por lo tanto, los que se convirtieron en cabecillas de estos desórdenes serán tenidos en cuenta y mañana, sin más, serán avisados para
salir inmediatamente del Oratorio, que han profanado con sus pecados. Los que fueron menos culpables, quedan ya avisados
públicamente, y lo serán después privadamente por mí, uno por uno.

A estos les digo: -Mira, hijo mío, procura enmendarte; de lo contrario, el mismo castigo que han tenido los demás caerá sobre ti;
corrígete, aún tienes abierta la puerta del arrepentimiento; pero si continúas por el camino empezado, vas derecho a la eterna perdición.

Sé que algunos de éstos, se ríen ahora mismo mientras yo hablo, pero piensen que, si los dejo todavía por algunos días, sólo es para
darles la última oportunidad. El demonio os hace cometer los pecados y os da la esperanza de que permanecerán secretos, y hará todos
sus esfuerzos para ocultarlos a los ojos de los hombres. Pero es muy difícil que yo no llegue a saberlo. Y si, por algún tiempo, pasáis
desapercibidos, si lográis hacer algo a hurtadillas, recordad que, si el demonio es astuto, el Señor es más astuto que él.

Dejad que me desahogue, que desahogue mi corazón con vosotros, con quienes no tengo nunca secretos.

Necesito desahogarme: si hay mucha culpa en el que obedece, tampoco está libre de ella el que manda. Si cada uno cumpliese con su
deber en el cargo que se le asignó, no ocurrirían ciertos desórdenes. Todo el que goza de autoridad en la casa, procure servirse de ella
para bien de las almas.

Deseo sugeriros dos medios para reponer el orden en la casa, dos medios que, tal vez, los que más lo necesitan, no querrán entenderlos:
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Primero, la obediencia, la subordinación, que, en estos días, y debido a los desórdenes acaecidos, se olvidó; hubo insubordinaciones en
todas partes. Por lo tanto: en los talleres, obediencia a los jefes; en el comedor, a los asistentes; en el estudio y en las clases, a los
profesores; obediencia sin límites.

Y, si el que manda os faltase a vosotros, obedeced y callad; venid después a mí, que yo sabré hacer valer vuestras razones y dar a quien
corresponda los concernientes avisos. Obediencia, pero sin tantas críticas contra las órdenes de los superiores. Cesen de una vez ciertas
murmuraciones, porque ya hace demasiados días que se difunden por la casa.

El segundo medio, que a muchos parecerá imposible, es éste: denunciar a los cabecillas del desorden o del pecado. Estos son la
verdadera peste del Oratorio, porque el demonio los toma por ayudantes suyos y los empuja en medio de sus compañeros para que hagan
el mayor mal posible. Acusadlos, desenmascaradlos; salvaréis así muchas almas. Pero diréis que tenéis miedo de que os llamen soplones.
Bueno, "porque algunos tontos os llamen soplones, queréis absteneros de hacer una obra buena? Si un ((42)) ladrón entrase en una casa a
robar, "dejaríais de gritar "al ladrón" por miedo a que él os llamase soplones? Si un soldado, haciendo la guardia a la puerta del palacio
de su soberano, viese a alguien que entraba con intención de matar al rey, "creéis que le dejaría entrar? Y si aquél le amenazase
diciéndole que es un soplón, "sabéis qué haría? Le intimaría por tres veces a que volviese atrás, y, si el otro persistiese en querer entrar, le
diría:

-Espera, mira quién es el soplón.

Y sin más, le mataría. Así sucede con vosotros, mis queridos amigos. Vosotros estáis en el palacio del Rey Celestial; entra un enemigo
para matar almas y vosotros: "vais a tener miedo de cumplir vuestro deber? "Miedo a que os llamen soplones? Dejad que los tontos os
tomen por tales; el Señor os llamará de otro modo muy distinto y os dará el premio merecido por vuestra caridad.

Queridos hijos míos, ya os lo he dicho: uno de nosotros tendrá que presentarse pronto ante el tribunal de Dios. "Qué digo uno? íY más
de uno! Muchos, antes de que pasen largos años, estarán en el sepulcro; y digo más: todos nosotros, unos antes, otros después, y
ciertamente dentro de pocos años, tendremos que presentarnos ante el tribunal de Dios. A mí me preguntará el Señor si os dije todo lo que
debía deciros y a vosotros os pedirá cuenta de si me escuchasteis. Muchos podrán responder que me escucharon y se mantuvieron puros.
Muchísimos dirán:

-Señor: durante algún tiempo os ofendimos, pero después nos arrepentimos de corazón y procuramos resarciros del tiempo perdido, con
buenas obras.

Si alguno no me escucha, se perderá y la culpa será solamente suya.

Os diré por fin: "queréis que ese feo gatazo no os venza? Procurad que no os encuentre nunca ociosos; trabajad, estudiad, rezad; éste
será un medio seguro para vencer a vuestro enemigo.

16 de febrero

Ya quedan pocos días para terminar el carnaval. Al principio del mismo os exhorté a dirigir al Señor todas vuestras acciones y
oraciones, para que cada una de ellas sirviese de sufragio a las almas del purgatorio, que solamente necesiten esa buena obra para entrar
en el cielo. Creíais vosotros que la única razón de mi exhortación era la de sufragar a las almas benditas, pero yo tenía además otro fin, a
saber: que el Señor me concediese una fe viva, capaz de transportar los montes a los valles y éstos a las montan*as. Y vosotros diréis:
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-"Qué nos importa a nosotros que tú necesites esa fe? Allá tú.

Pero vosotros sois buenos y por eso el Señor me concederá por vuestra mediación las gracias que necesito.

Hay que pedir al Señor que remedie los desórdenes que suceden dentro y fuera de casa. En ((43)) cuanto a los que suceden fuera, no
hace falta que os los indique; sólo os digo: -íRezad!

En cuanto a los de nuestra casa, ya habéis visto cómo me vi obligado a expulsar del Oratorio a seis jóvenes. La otra noche, cuando os
hablé y os anuncié mi decisión, os aseguro que don Bosco sufrió mucho durante toda la noche y no pudo conciliar el sueño. Sólo yo sé lo
que sufro para salvaros, queridos hijos. Haber sudado años y años para salvar a un muchacho y verse después obligado a expulsarlo de
casa, a devolverlo a la calle, de la que le había sacado para que no se perdiese; ponerlo de nuevo en ella con peligro de su salvación, es
algo muy doloroso, queridos jóvenes. Y "cuál fue el motivo? La gula, origen de la pérdida de la mayor parte de las almas. Se robó algo de
comer, para satisfacer la gula; se robó dinero para satisfacer la glotonería; se robaron libros y objetos para venderlos, sacar dinero y dar
satisfacción a la gula. Por esto fueron expulsados algunos.

Hay además otra arma de la que se sirve el demonio "sabéis cuál es? La inmodestia. Lo diré mejor y más claro: la deshonestidad. íAh,
guardaos, amigos míos, de este enemigo! El demonio os tienta poniendo en vuestras manos libros malos, haciéndoos pensar en lo que no
debéis pensar, o con las conversaciones de un mal compañero. Cuando se os acerca uno de estos malos compañeros pensad: -Este es un
ministro de Satanás. Y digan lo mismo los infelices que empiezan esas conversaciones: -Yo soy un ministro del demonio porque le ayudo
a perder las almas.

Mis queridos amigos: manteneos lejos del hurto y de la deshonestidad, si queréis ser amados por el Señor. El medio para vencer al
demonio de la deshonestidad es practicar fielmente los propios deberes de clase y el reglamento de la casa.

Don Bosco había dicho a los muchachos: "-En cuanto a los desórdenes que sucedan fuera de casa, no hace falta que os los indique; sólo
os digo: -íRezad!".

Cuando se halló a solas con los clérigos y sacerdotes explicó su pensamiento. Estaba convencido de que, si se rezaba mucho, la nueva
ley de la supresión de los conventos no sería aprobada.

Y no falló la previsión de don Bosco, como nos lo narra la historia. El Gobierno italiano había decidido suprimir todas las órdenes
religiosas y apropiarse de sus bienes para el Estado. El 4 de noviembre de 1864 el ministro Vacca presentó al Parlamento el detestable
proyecto de ley.

Al mismo tiempo, promovía y favorecía frecuentes reuniones de los sectarios en los teatros de las ((44)) principales ciudades, en las
que, tras furibundas diatribas, se inducía al poder legislativo a aprobar la ley. Los diarios impíos los apoyaban. Se abrieron subscripciones
en favor de la ley, pero apenas se alcanzaron quince mil quinientas setenta y dos firmas. Los católicos presentaron a la Cámara
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peticiones contra la supresión de los conventos con ciento ochenta y tres mil seiscientas setenta y nueve firmas, que el Ministerio no tuvo
en cuenta. Los Obispos empezaron a protestar solemnemente.

Mientras tanto el 19 de abril de 1865 comenzó la discusión general, que concluyó el día veintiséis. Ministerio y Cámaras estaban de
acuerdo para proceder a la expropiación. Se llegó a la discusión de los artículos y aquí surgió el primer obstáculo que, por el momento,
ponía la Providencia a los designios de Vacca y sus compañeros.

Se había fijado una pensión para los miembros de dichas órdenes cuando el diputado Lusi propuso que todos los religiosos deberían
dejar de vestir hábitos para poder percibir la pensión. Estaban comprendidas en esta cláusula las órdenes mendicantes, que el Gobierno
entendía no comprendidas: Dado que ellos vivían de limosna y no se les podían confiscar las rentas, porque nada poseían, no se quería
cargar el Estado con el gran peso de sus pensiones, privándole del esperado lucro. Quería el Ministerio que los mendicantes fueran
abolidos en derecho, pero de hecho que habitasen en los conventos en los que serían confinados por decretos especiales: y en cuanto al
sustento, que se proveyesen por sí mismos. La hacienda pública entraría poco a poco en posesión de los conventos que quedaran vacíos.

El Parlamento, por su parte, quería una abolición general e inmediata, por lo que el 27 de abril aprobaba, por gran mayoría de votos, la
propuesta del diputado Lusi. Y el 28 el ministro Vacca presentaba un decreto real, que retiraba el proyecto de ley.

Así se realizaba, de un modo no previsible, lo que don Bosco había dicho, y quedaba tiempo a los religiosos para orar y proveer en lo
posible a su porvenir.

Volvemos de nuevo a la crónica y a las charlas de don Bosco.

((45))
17 de febrero

Cierto amigo mío presentó al Papa una carta que yo le dirigía y el Santo Padre, después de leerla, pidió al portador noticias de don
Bosco, de sus muchachos y del Oratorio, y demostró mucho interés por nosotros.

Poco más tarde me mandó el Papa una carta en la que, después de bendecir a don Bosco, bendice a mis muchachos con estas palabras:

-Diga a sus jóvenes que yo les bendigo: ut crescant et multiplicentur ut stellae coeli; et ut novellae olivarum sedeant in circuitu mensae
Domini (para que crezcan y se multipliquen como las estrellas del cielo: y como renuevos de olivo se sienten en derredor de la mesa del
Señor).
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El Papa Pío IX nos ha bendecido y nosotros debemos corresponder a su bendición. Debemos hacer también algo por él.

"Qué podremos hacer? La prontitud al levantarse. Diréis vosotros: "qué relación hay entre levantarse puntualmente y la bendición del
Papa? Muchísima, y os lo voy a demostrar. El Papa os ha bendecido porque desea con toda su alma que os hagáis santos, ganando
méritos ante el Señor, y es una obra meritoria empezar la jornada con la obediencia al Reglamento.

Tiene en primer lugar el mérito de vencer la pereza y de practicar una obra buena, tan agradable al Señor como es la mortificación.
Además, ved: yo bajo pronto a la iglesia y no hay nadie para confesarse y al segundo toque de campana llegan a la sacristía todos los que
quieren confesarse. "Cómo queréis que, en el poco tiempo que hay desde que empieza la misa hasta que acaba la meditación, pueda
atender con el celo que yo deseo a todos los que quisieran confesarse conmigo? Así pues, al primer toque de campana vestíos en seguida,
diciendo alguna jaculatoria, arreglad la cama y bajad a la iglesia donde podréis confesaros; si queréis, podéis dirigir una afectuosa oración
a Jesús Sacramentado. Todo esto será tiempo ganado. Si no queréis ir a la iglesia, quedaos al pie de la cama y dirigid una oración a san
José, castísimo esposo de María, para que os obtenga el don de la pureza. Al segundo toque, bajad en seguida a la iglesia.

Veo muchas veces que, ya ha empezado la misa y pasan todavía algunos muchachos por la sacristía; llega la misa al evangelio y
continúan pasando algunos; y creo que esto sucederá también por la otra puerta. A la consagración aún hay alguno que forma la
retaguardia. Mis queridos jóvenes, sed puntuales al levantaros. Es una desgracia perder la santa misa por la mañana; sed diligentes para
oírla. Diligencia, por tanto, al levantarse. Una hora ganada por la mañana es un tesoro para la noche; es decir, es una hora más de vida,
una hora más de estudio, ((46)) una hora más de méritos. Hijos míos, conozco bien a los jóvenes y sé cómo van sus cosas porque leo en
su corazón.

Dos son los estímulos, los medios principales que emplea el demonio para hacer cometer muchos pecados. El primero es hacer que un
muchacho se quede en la cama a la hora de levantarse, o al menos tentarlo para que no se levante en seguida por la mañana. Hoy le
induce a quedarse en la cama cinco minutos, y mañana, diez minutos después está todavía en la cama; pasado mañana se levanta al toque
de la segunda campanada y a toda prisa corre a la iglesia con los ojos medio cerrados por el sueño... "Cómo queréis que éste rece con
fervor al Señor y obtenga las gracias que necesita? Y esto no es todo; se aficionará a la holgazanería y, so pretexto de un dolorcillo, de un
mal, seguirá en la cama durante toda la misa disfrutando del calorcillo de su holgazanería. El se cree estar solo; pero no es así, está
acompañado. "Sabéis por quién? Por el demonio. íBravo compañero, por cierto! El demonio está a su lado cumpliendo su papel: y íqué
bien lo desempeña! Si supieseis cuántos pecados hace cometer el demonio de este modo.

Cuando terminan las oraciones de la iglesia y advierte este muchacho que los compañeros salen, se viste a toda prisa y corre presuroso
al estudio como un perrito, sin rezar las oraciones, y se sienta en su sitio. Abre sus libros, pero "qué queréis que haga? Está desganado, le
pesa la cabeza, tiene la boca pastosa, por lo que piensa comprarse una taza de café con leche para reponerse y piensa acompañar el pan
con una lonja de salchichón. Así que no hace su trabajo y busca un pretexto para excusarse ante el maestro o, si lo hace, es
atropelladamente y mal.

Procurad, pues, levantaros a la primera señal y recordad que la misa es algo muy
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precioso para dejarla sin motivo. Quisiera hablaros todavía de la gula, pero corto aquí porque veo que hoy he sido demasiado largo.

19 de febrero

El carnaval toca ya a su fin, y espero que lo hayáis pasado bien. En muchos colegios y en algunos pueblos hay la costumbre, en estos
días, de santificar el mes conmemorando los dolores de María Santísima, para compensar las ofensas que hacen al Señor tantos pobres
pecadores. Nosotros, sufragando a las almas del purgatorio, creo que habremos hecho bastante por nuestra parte para satisfacer a la divina
justicia.

Después de Dios, está su Vicario en la tierra. Se lee en la prensa un hecho de Pío IX, verdaderamente extraordinario, acaecido en estos
días: deseo que mañana os lo lean desde este mismo lugar para que os persuadáis de lo grande que es la santidad del Sumo Pontífice.

Hoy empieza también el mes de san José y me gustaría que todos vosotros lo hicieseis con verdadera devoción. Este santo Esposo de la
Virgen María ((47)) nos obtendrá del Señor muchísimas gracias, si sabemos conseguir su amistad. No quiero que hagáis nada
extraordinario, ni que ayunéis, u os abstengáis de un pedazo de pan, no; más aún, deseo que no hagáis ninguna obra, por muy santa que
ella sea, sin permiso expreso del superior; yo os diré cómo deseo que honréis a san José.

En el Oratorio hay muchos gandules. No digo que la mayor parte de vosotros lo seáis, no; pero abundan. Sé que la mayor parte de
vosotros es diligente en el cumplimiento de sus deberes, y hasta me glorío de ello cuando lo pienso, y estoy orgulloso de tener en el
Oratorio tantos y tan buenos muchachos siempre dispuestos a cumplir sus deberes. Por esto os digo a todos: honrad a este Santo siendo
en todo y por todo exactos y ejemplares en clase, en el estudio, en la iglesia, en el comedor, en el dormitorio; y los que no lo fueron tanto
en el pasado, procuren serlo en adelante. Tanto más cuanto que san José es abogado de los que han de examinarse; por lo tanto
encomendaos a él y estad seguros de que saldréis muy bien.

Y los que hasta ahora estudiaron poco, esfuércense para ponerse a tono, y con la ayuda del santo Esposo de la Santísima Virgen, espero
que no harán mal papel.Cuántas veces fue invocado este Santo en los exámenes y sucedió que las calificaciones fueron mejores de lo que
se merecían, ya porque los examinadores preguntasen las materias que mejor se sabían, ya porque acobardado él para responder, hallase
salida satisfactoria a las preguntas hechas.

Con esto no quiero deciros que hagáis el gandul esperando que el Santo os ayude, antes al contrario, que os arrepintáis de haberlo hecho
hasta ahora y, que al recurrir a él, determinéis ser más aplicados en adelante. Si queréis, os sugiero una práctica de piedad en honor de san
José. Rezad todos los días de este mes un padrenuestro y una avemaría; es muy poco, pero os ayudará mucho.

Termino deseándoos una noche feliz en la paz y bendición del Señor.

24 de febrero

He estado alejado de vosotros algunos días, mis queridos jóvenes, cuando mi mayor deseo es encontrarme siempre con vosotros y
haceros todo el bien que puedo, porque me he consagrado enteramente y me dedico en todo y por todo a vosotros y a vuestro bienestar.
Pero también cuando me hallo lejos de vosotros, trabajo para la casa y puedo deciros que en estos días he hecho más estando lejos que lo
que hubiera
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podido realizar estando en el Oratorio. Tenía muchos asuntos que despachar, muchas cartas que escribir y "cómo habría podido resolver
todo esto en casa, donde tengo que recibir tantas visitas y soportar tantos contratiempos? Pero aun lejos de vosotros, siempre he pensado
en mis queridos hijos y he rezado por ellos. "Os habéis acordado vosotros de mí? "Habéis rezado por mí? ((48)) Algunos, sí; "y los
demás? íBueno, hagamos las paces! Los que no han rezado por don Bosco, lo harán en adelante "no es verdad?

Pues bien, estos días estuve en Cúneo y fui huésped del señor Obispo que me trató magníficamente. La primera noche, después de
haber cenado bien y bebido mejor (risas), llegó la hora de ir a dormir. Después de la cena, gusta una buena cama "no es verdad? Yo pedí
permiso al Obispo para quedarme un poco más en la cama por la mañana y él añadió:

-Sí, sí; es más, deseo que no se levante antes de las ocho y media.

-íOh!, le respondí; estaré solamente hasta las seis y media; me basta para descansar.

-No quiero que se levante a esa hora; se levantará a las ocho.

Finalmente acordamos que me levantaría a las siete. Me fui a dormir. Eran las once. Me dormí en seguida. Pero íqué queréis! Empecé a
soñar como de costumbre y, como la lengua va siempre a dar en donde duele el diente, soñé que me encontraba en el Oratorio entre mis
queridos muchachos.

Me pareció encontrarme en mi habitación, sentado a la mesa, mientras los muchachos hacían recreo en el patio. El recreo era
animadísimo, clamoroso. Gritaban, voceaban, saltaban, se oía un gran barullo. Yo estaba contentísimo porque me gusta ver a los
muchachos durante el recreo, y cuando les veo a todos jugando, sé que el demonio no tiene nada que hacer. Mientras me gozaba con el
griterío de los muchachos, de repente se hizo un profundo silencio, sin poder comprender el por qué. Me levanté espantado de la mesa
para ver qué sucedía. Apenas llegué a la antesala vi entrar por la puerta un monstruo horriblemente feo, que caminaba con el morro bajo y
los ojos fijos en el suelo. Parecía no haberse dado cuenta de mi presencia, pero caminaba siempre en la misma dirección, con el aspecto
de una fiera dispuesta a asaltar a alguien. Temblé por mis queridos muchachos y miré por la ventana al patio para ver si les había
sucedido algo.

Vi el patio lleno de monstruos semejantes al primero, pero más pequeños. Mis muchachos habían sido acorralados contra las paredes y
bajo los pórticos. Muchos estaban tendidos por tierra y parecían muertos.

Ante aquel espectáculo tan doloroso, aterrado lancé un grito tan fuerte que me desperté. A mi grito se despertaron los familiares del
Obispo, se despertó el Vicario, se despertó el mismo Obispo. Todos se espantaron con aquel grito.

Amigos míos, generalmente no hay que prestar fe alguna a los sueños, pero cuando su explicación es de carácter moral, se puede
reflexionar sobre ellos. Yo siempre he querido encontrar explicación a todo, y por eso busco también la de este sueño. El monstruo parece
que quiera ((49)) significar el demonio, que siempre está en movimiento para arruinarnos. Hay jóvenes que caen y jóvenes que huyen.
"Queréis que os enseñe a no tenerle miedo y a resistir a sus asaltos? Escuchadme. No hay nada que el demonio tema más que estas dos
cosas:

1.° La Comunión bien hecha.

2.° Las visitas a Jesús Sacramentado.

"Queréis que el Señor os conceda muchas gracias? Visitadlo a menudo. "Queréis que os haga pocas? Visitadlo poco. "Queréis que el
demonio os asalte? Visitad poco

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a Jesús Sacramentado. "Queréis que huya de vosotros? Visitad a menudo a Jesús. "Queréis vencer al demonio? Refugiaos con frecuencia
a los pies de Jesús. "Queréis ser vencidos? Dejad de visitar a Jesús. Queridos míos, la visita a Jesús Sacramentado es un medio muy
necesario para vencer al demonio. Id, pues, a visitar con frecuencia a Jesús Sacramentado y el demonio no podrá hacer nada contra
vosotros.

Mañana se examinarán los clérigos, por lo que los exhorto a que tengan ánimo. Yo, como de costumbre, aplicaré mañana la santa misa
con este fin y espero que todo vaya bien.

28 de febrero

Quiero deciros solamente dos palabras. Mañana es miércoles de ceniza. Acercaos al altar para recibirla sobre vuestra frente con
recogimiento y no con ligereza. No es una ceremonia instituida por la Iglesia al azar, sino que es una ceremonia con la que nos quiere
recordar lo que somos y lo que volveremos a ser. Memento homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris.

Cuando Adán fue arrojado del paraíso terrenal en castigo de su pecado, el Señor quiso darle en su infinita bondad un recuerdo que le
sirviese de norma y freno durante toda su vida: acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te convertirás.

Mis queridos.amigos, recordad esta máxima que os hará mucho bien, si pensáis en ella con frecuencia. Pulvis et cinis es (eres polvo y
ceniza), se lee en la Sagrada Escritura. Y en otro lugar de la misma: Operimentum tuum erunt vermes. Todo nuestro cuerpo se cubrirá de
gusanos después de la muerte. "De qué sirve entonces acicalarse ahora el cabello, cortarlo elegantemente, peinarse a la raya con tanto
esmero, si llegará un día en que seremos pasto de los gusanos? Y no es solamente éste el recuerdo que la Iglesia nos da con la ceremonia
de mañana. Nuestro cuerpo, el día de la muerte se convertirá en polvo; "y qué será del alma? Ella se presentará ante el Señor y, según
nuestras buenas o malas obras, será juzgada para una eternidad feliz o desgraciada.

Mis queridos hijos, procurad que, cuando vuestro cuerpo se convierta en ceniza, vuestra alma esté en el cielo eternamente feliz, para
que no tengáis que llorar eternamente. Tened cuidado de que vuestro cuerpo no sea causa de vuestra perdición.

((50)) A la par de estos consejos, dio don Bosco a sus jóvenes la noticia de un gran favor concedido por el Papa, que él había pedido en
una carta presentada al Santo Padre por don Emiliano Manacorda.

El sacerdote Juan Bosco, de Castelnuovo de Asti, con domicilio en Turín, Director del Oratorio de San Francisco de Sales, con el deseo
de promover cada vez más entre los jóvenes, confiados a sus cuidados por la Divina Providencia, el espíritu de piedad y devoción,
humildemente postrado a los pies de Vuestra Santidad, suplica le sea renovada la facultad de celebrar tres misas en la noche precedente a
la Navidad y el privilegio de que puedan comulgar en dicha noche los asistentes, tal y como desde hace años se viene practicando.
Suplica al mismo tiempo que dicho privi legio se haga extensivo a otras dos casas auxiliares, abiertas con el mismo fin hace algunos años,
una de las cuales se encuentra en Mirabello, diócesis de Casale Monferrato, y la otra en Lanzo, población de esta misma diócesis de
Turín.
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Reconocido y con la mayor reverencia besa su Santo Pie, al tiempo que ardientemente implora su Apostólica Bendición.

Gracia que humildemente espera...

"Supplici Manacorda ad triennium commissum fuit pro gratia, vivae vocis oraculo, die 21 Februari". (Gracia que fue concedida para un
trienio, al suplicante Manacorda de viva voz, el 21 de febrero.)

Pero el pensamiento que preocupaba a don Bosco con viva ansiedad era el de obtener de la Santa Sede la facultad de conceder a sus
clérigos las dimisorias para las Sagradas Ordenes. Preveía los disgustos que de otro modo habría tenido que sobrellevar durante muchos
años, debido a las dificultades de algún Ordinario y a las defecciones de algunos clérigos que no hubieran aguantado dilaciones en su
carrera.

Don Emiliano Manacorda, que conocía los deseos de don Bosco, quiso probar de satisfacerlos en Roma. Supo que a algunas
congregaciones de votos simples se les había concedido la facultad de las dimisorias y, después de consultar a un excelente teólogo,
mandó a Su Eminencia Reverendísima el cardenal Quaglia, una solicitud escrita por su propia mano, pero con el nombre de don Bosco.

((51)) Eminencia Ilma. y Rvma.:

El sacerdote Juan Bosco de la Archidiócesis de Turín, nombrado por esa Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, con decreto
del 23 de julio de 1864, Superior General ad vitam y ad instar Ordinarii, de la nueva Congregación por él fundada, bajo el título de San
Francisco de Sales, encontrando graves dificultades al tener que recurrir a Roma para cada ordenación de los clérigos agregados, suplica a

V. Eminencia Ilma.y Rvma. se digne concederle la facultad de poder dar a dichos clérigos las correspondientes y necesarias dimisorias, y
esto para mayor seguridad del solicitante, en la duda de que esta facultad no estuviera implícita en el mencionado Decreto, que lo
constituye Superior ad instar Ordinarii.
Confiado en que V. Eminencia Ilma. y Rvma. se adherirá benignamente a la humilde demanda, se profesa con profunda veneración de

V. Eminencia Ilma. y Rvma.
Turín, 28 de febrero de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

La respuesta escrita al dorso de dicha solicitud, con el sello de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, fue enviada
directamente a don Bosco. Decía así:
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Die 20 martii 1865. Non expedire, et sciat Orator Institutum subjici jurisdictioni Ordinariorum ad formam SS.rum Canonum et
Apostolicarum Constitutionum, juxta decretum diei 23 julii 1864.

(Día 20 de marzo de 1865. No procede, y sepa el peticionario que el Instituto está sujeto a la jurisdicción de los Ordinarios, de acuerdo
con los Sagrados Cánones y las Constituciones Apostólicas, según decreto del 23 de julio de 1864).

Según parece no dieron noticia a don Emiliano Manacorda, que había tramitado la solicitud, del éxito de la misma, puesto que el 22 de
marzo decía a don Bosco en una afectuosísima carta: -Tal vez le expida la facultad para las dimisorias la próxima semana.

Con todo esto, el subdiácono José Lazzero era ordenado diácono en Susa, por el obispo monseñor Odone, el 15 de abril.

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((52)
)

CAPITULO
V

SUEÑO: UNA AGUILA; UN JOVEN SEÑALADO PARA EL PARAISO, PLEGARIA ESCUCHADA -EL JOVENCITO SAVIO
ENFERMO, VUELVE A SU PUEBLO -CHARLA DE DON BOSCO; LA CUARESMA; EL ALUMNO CUYA MUERTE SE
ANUNCIO, NO ES SAVIO; TRANSGRESION DE CIERTAS REGLAS; HACER BUENAS CONFESIONES Y COMUNIONES
SACANDO FRUTO DE LAS MISMAS; PENSAR SERIAMENTE EN LA VOCACION; REZAR POR EL QUE DEBE MORIR; LA
LETRA INICIAL DE SU NOMBRE -DON BOSCO DESCUBRE A UN CONFIDENTE SU SECRETO -ENFERMEDAD DEL
JOVEN FERRARIS; RESIGNACION CRISTIANA DE LA MADRE -CUMPLIMIENTO DE LA PREDICCION -CHARLA SOBRE
LA SANTA MUERTE DE FERRARIS; DON BOSCO NO QUISIERA HACER CIERTOS ANUNCIOS PORQUE AMEDRENTAN A
ALGUNOS ALUMNOS; MOTIVOS DE CIERTOS AVISOS SUYOS -LECTURAS CATOLICAS:
OPUSCULOS DE MARZO, ABRIL Y MAYO -RECONOCIMIENTO DEL CUERPO DE LA VENERABLE MARIA DE LOS
ANGELES

EL primero de febrero anunció don Bosco que un joven moriría, antes de que se hiciese en este mes el ejercicio de la buena muerte y que,
supuesto que llegase a hacerlo una vez, sería para el tal el tiempo máximo que se le concedería de vida.

Este anuncio fue consecuencia de un sueño.

Una noche parecióle a don Bosco, mientras dormía, que entraba en el patio y se encontraba en medio de sus muchachos durante el
recreo. A su lado estaba el guía de costumbre; el mismo que le había acompañado durante sueños anteriores. De pronto apareció en el
espacio una águila maravillosa y de bellísimas formas, la cual, trazando círculos en el aire, ((53)) descendía paulatinamente sobre los
jóvenes. Mientras don Bosco la contemplaba maravillado, el guía le dijo:

-"Ves aquella águila? Quiere arrebatarte a uno de tus hijos.

-"A quién?, preguntó don Bosco.

-Observa atentamente a aquél sobre cuya cabeza se posa.

Don Bosco contemplaba el ave con los ojos desmesuradamente
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abiertos, observando que, después de dar algunas vueltas más, fue a posarse sobre Antonio Ferraris, muchacho de trece años, natural de
Castellazzo Bórmida.

Don Bosco lo reconoció perfectamente y se despertó.

Apenas despierto, para cerciorarse de que no dormía, comenzó a batir palmas y, mientras reflexionaba sobre lo que había visto, hacía
este ruego:

-Señor, si esto no es un sueño, sino una realidad, " cuándo deberá verificarse?

Se durmió nuevamente y he aquí que en el sueño reapareció el mismo personaje, el cual le dijo:

-Ferraris es el que debe morir, no hará dos veces más el ejercicio de la buena muerte.

Y desapareció.

Entonces don Bosco se persuadió de que aquello no era un sueño sino una realidad. Por eso puso sobre aviso a los muchachos.

Ferraris, por entonces, se encontraba bien.

Don Bosco renovaba de vez en cuando el recuerdo de su predicción.

El día primero de marzo había sido llevado a su casa un muchacho de trece años, llamado Juan Bautista Savio, natural de Cambiano,
como se lee en el libro registro del Oratorio. El pequeño aprendiz era víctima de una grave enfermedad y se había corrido la voz de que
era él precisamente aquél cuyo fin había anunciado don Bosco.

Pero el Siervo de Dios refutó aquella opinión, en su charla de la noche del 3 de marzo, viernes.

((54)) 3 de marzo

Esta noche quiero hablaros de política; pero, no de la política exterior, sino de la interna, de nuestras cosas, de las cosas de casa. En
primer lugar, ya ha comenzado la cuaresma y hay que santificarla con buenas obras. Los que están obligados al ayuno ya saben lo que
deben hacer sin que yo se lo indique; y los otros "no tendrán nada que hacer? También ellos deberán realizar alguna obra buena, y ya que
no pueden ayunar, suplan con algo el ayuno. Os daré un medio para santificar estos días: la confesión y la comunión frecuentes para
obtener del Señor las gracias que necesitamos. Estos días son los aceptables del año: sunt dies aceptabiles, dies salutis.

Os he anunciado ya que uno de nosotros tiene que morir. Vosotros me diréis:

-"Acaso no se referirá al aprendiz Savio?

-Os respondo sinceramente que no.

-"Quién es, pues?

-Solamente el Señor lo sabe. El tal está entre vosotros, ha oído mi aviso y espero que habrá hecho bien su último ejercicio de la buena
muerte. íEstad, pues, todos preparados! No es necesario que yo lo diga, lo dijo nuestro divino Redentor hace

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diecinueve siglos: Estote parati, que la muerte vendrá como un ladrón cuando menos la esperemos.

Os repito estos avisos porque hace algún tiempo han aparecido en la casa algunos desórdenes que se van quitando. Se dicen mentiras
con gran facilidad, sin ningún escrúpulo, en toda ocasión; se buscan pretextos para salir de la iglesia durante el tiempo de las sagradas
funciones y si alguien pasara por la casa, siempre encontraría a algunos que están charlando; y con el pretexto del teatro y de otros
encargos recibidos, encuentran una fácil y rápida excusa para tapar la boca a quien tiene el encargo de vigilar. También durante el tiempo
de estudio hay quien busca ausentarse con el pretexto de irse a confesar, y se va rondando por la casa.

Pero estoy contento porque la mayoría de vosotros os portáis realmente bien; y aunque las faltas señaladas sean verdad, son pocos los
que las hacen. En el comedor se tira la sopa y el pan por el suelo, o bien sobre los compañeros, y algunas veces, bromeando (lo que no se
puede tolerar), sobre los mismos asistentes. No se cometan más dichas faltas y en adelante procuren todos portarse mejor.

Os recomiendo que os confeséis y comulguéis a menudo. Pero entendámonos, es preferible que no os confeséis antes que hacer una
mala confesión. Habrá una confesión menos, pero también un sacrilegio menos. Algunos se confiesan y callan voluntariamente un
pecado. Estos que no se confiesen. Me diréis:

-Entonces, " no nos tenemos que confesar nunca?

Antes que hacer un sacrilegio, no, seguro. Es mejor que permanezcáis como estáis que añadir pecado ((55)) sobre pecado.

-Entonces "qué debemos hacer?

-Arreglad las confesiones mal hechas, arregladlas prontamente, pues si por el pecado estuvieran vuestras almas más rojas que la
escarlata, con la penitencia dealbabuntur ut nix, se volverán blancas como la nieve.

Comulgad también como es debido. Se ven algunos que tienen el atrevimiento de comulgar y no realizan despúes ningún esfuerzo por
corregirse, de sus defectos; no temen perder largas horas charlando, huyendo del estudio; comulgan por la mañana y sostienen
conversaciones inconvenientes con los compañeros durante el día, murmuran de esto y de aquello, de los superiores y de los
condiscípulos; en los dormitorios son una verdadera cruz para los asistentes, etc., etc. "Cómo se podrá decir que esos tales hayan hecho
verdaderamente buenas comuniones? Ex fructibus eorum cognoscetis eos. Si tales son los frutos, "qué podremos decir del árbol que los
produce? "Cómo serán las comuniones que no producen mejora? Pero vosotros me diréis:

-"Cómo hemos de hacer?

-Procurad, por cuanto esté de vuestra parte, dar pruebas de que sacáis fruto de los sacramentos. Ya sé que no se puede llegar a ser
perfectos en un momento, sino que poco a poco y con insistencia se vencen nuestros defectos. Pero poned por lo menos voluntad de
desarraigarlos, demostrad que se ha operado algún cambio en vosotros, dad prueba de vuestra buena voluntad con el fiel cumplimiento de
vuestros deberes y con la diligencia en todo.

Finalmente daré un aviso para los que en este año van a terminar los cursos de latín: Fratres, satagite ut per bona opera certam vestram
vocationen et electionem faciatis. (Por tanto, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección).
Examinad durante este tiempo de cuaresma a qué estado os llama el Señor. Procurad con vuestras buenas obras pedir a la divina Majestad
que os indique el camino por el que debéis caminar. Algunos de vosotros me dicen:
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-Nosotros no queremos ser sacerdotes.

-Muy bien, pero queréis ser buenos seglares y ganaros el paraíso como tales; pedid, por tanto, al Señor para no equivocar el camino, aun
siendo seglares.

-Pero ahora no queremos pensar, lo pensaremos después.

-"Y cuándo queréis empezar a pensar? "Cuando sea tarde? Por consiguiente, queridos míos, recemos, hagamos buenas comuniones.
Recemos sobre todo por el que ha de morir antes de que se tenga el próximo ejercicio de la buena muerte. "Y si fuese yo el que ha de
morir? Rezad también por mí, que yo también rezaré por aquél de vosotros que el Señor ha destinado llamar a sí.

Al día siguiente, habiéndosele interrogado privadamente, respondió:

-El apellido del primero que debe partir para la eternidad comienza por la letra F.

Es de notar que unos treinta alumnos tenían un apellido que comenzaba por esta letra y, por otra parte, en la casa todos gozaban de
buena salud.

((56)) Encontrándose a la sazón en la habitación de don Bosco Juan Bisio, oyó que le dijo:

-Siento que el Señor se lleve siempre a los mejores muchachos.

-"Es, pues, uno de éstos el que debe morir?, le preguntó Bisio en el seno de la confianza.

-Sí, uno que se llama Antonio Ferraris. Mas estoy tranquilo, porque es muy virtuoso y está preparado.

Bisio le preguntó cómo había conocido aquel misterio; y don Bosco le narró el sueño con toda sencillez, sin hacer ver que se trataba de
un don sobrenatural, y al fin añadió:

-Con todo, tú estáte atento, y avísame para que pueda ir a asistirlo en los últimos días de la enfermedad.

Entre tanto, Ferraris comenzó a sentir un malestar, que le obligaba a ir de cuando en cuando a la enfermería. Al principio pareció que se
trataba de una ligera indisposición, pero no tardó en manifestarse la gravedad del mal. Entonces don Bosco fue a visitar al enfermo en
compañía del doctor Gribaudo, el cual diagnosticó tratarse de un caso extremo. Mas el paciente parecía haber olvidado el sueño que él
mismo había tenido el año anterior, y que nosotros expusimos ya en el séptimo volumen.

Don Bosco escuchó, sin dar muestras de extrañeza por las palabras del médico, y animó al muchacho como si nada supiese sobre su
porvenir, proporcionándole un gran consuelo con sus frecuentes visitas.

La madre del paciente había acudido al Oratorio, a pesar de que el estado del enfermo no parecía alarmante. Después de prestarle su
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asistencia durante varios días, la buena señora, que consideraba a don Bosco como a un santo, tomando aparte a Bisio le preguntó:

-"Qué dice don Bosco de mi hijo? "Morirá o vivirá?

-"Por qué me pregunta eso?, replicó Bisio.

-Para saber si debo quedarme o volver a mi casa.

((57)) -"Y usted en qué disposición de ánimo se encuentra?

-Soy madre y, naturalmente, quiero que mi hijo sane. Por lo demás, que el Señor haga de él lo que juzgue mejor.

-"Le parece estar resignada a la voluntad de Dios?

-Lo que haga el Señor, bien hecho está.

-"Y si su hijo muriese?

-íPaciencia! "Qué íbamos a hacer?

Bisio, al ver aquellas disposiciones de ánimo, después de dudar un poco, añadió:

-Entonces, quédese; don Bosco ha asegurado que su hijo es un buen muchacho y que está bien preparado.

Aquella madre cristiana comprendió; derramó unas lágrimas, sin hacer ninguna escena desagradable, y después de aquel desahogo
natural de su dolor, dijo:

-Si es así, me quedaré.

Bisio le había dicho anteriormente que no se marchase, porque, calculando sobre el día para el cual se había fijado el ejercicio de la
buena muerte, según la profecía de don Bosco, no le quedaban a su hijo más de cinco o seis días de vida.

Antonio Ferraris murió el jueves, 16 de marzo, por la mañana. Había recibido todos los auxilios de la Religión. Estaba para entrar en
agonía cuando he aquí que apareció don Bosco, se acercó al lecho y le sugirió unas jaculatorias; le dio la última absolución y le
recomendó el alma.

Esta muerte tuvo lugar antes de que se hiciese en el Oratorio el segundo ejercicio de la buena muerte.

Juan Bisio, que expuso bajo juramento la intervención que tuvo en este hecho, concluye su relato con estas palabras: "Don Bosco nos
contó otros muchos sueños sobre futuras muertes de muchachos del Oratorio, y sus predicciones fueron consideradas por nosotros como
verdaderas profecías y como tales las tenemos ahora, cumpliéndose siempre al pie de la letra. En siete años que estuve en el Oratorio, no
falleció ningún alumno sin que él no lo hubiese anunciado con anterioridad. Estábamos todos persuadidos, además, ((58)) de que quien
moría en el Oratorio, bajo la vigilancia y asistencia del siervo de Dios, tenía que ir necesariamente al paraíso".
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Aquella misma noche del 16 de marzo, hablaba así don Bosco a los muchachos:

Os veo a todos deseosos de saber algo sobre los últimos momentos de nuestro Ferraris y aquí me tenéis para satisfacer vuestro justo
anhelo. Murió resignado; en su breve enfermedad sufrió mucho, pero no perdió la serenidad. Al entrar en el Oratorio me había dicho:

-Don Bosco, estoy del todo dispuesto a hacer su voluntad; le obedeceré ciegamente; si ve que falto en algo, avíseme, castígueme y verá
cómo me enmendaré.

Yo le prometí que haría cuanto pudiese por el bien de su alma y de su cuerpo. Muchas veces me repitió el mismo ruego y siempre que
le avisé de algo, se corrigió inmediatamente. Se puede decir que no tenía voluntad propia; tan obediente era. Su profesor me asegura que
en la clase estaba entre los primeros por su aplicación al estudio. Cuando cayó enfermo, fui inmediatamente a visitarle, ya que el médico
diagnosticó, desde el primer momento, la gravedad del mal. Le pregunté si el día de santo Tomás quería recibir la comunión. Y me
respondió:

-"Tengo que vestirme para ir a la iglesia con los demás? Me encuentro muy débil para hacerlo.

-Eso tiene remedio. Traeremos a tu habitación a Jesús Sacramentado. "Estás contento?

-Sí, muy bien.

Le pregunté:

-"No tienes nada que te turbe la conciencia? "Tendrías algo que decirme?

Y después de reflexionar unos instantes, respondió:

-íNo tengo nada!

íQué hermosa respuesta! Un joven que se acerca a la muerte, que sabe que tiene que morir y puede responder con la mayor serenidad y
tranquilidad de espíritu:

íNo tengo nada!

Le volví a preguntar:

-Dime: "vas de buena gana al paraíso?

-Seguro, me replicó: así veré cara a cara cómo es el Señor, del cual he oído decir cosas maravillosas, y comprenderé cómo está hecha
mi alma.

De nuevo le dije:

-"No quieres nada de mí?

-Solamente una cosa: que me ayude a ir al paraíso.

-Sí. Pero "no me pides nada más?

-Que ayude también a todos mis compañeros a ganarse el cielo.

Le prometí que haría cuanto estuviese de mi parte. Esta mañana lo encontré muy grave y no podía hablar; el catarro lo sofocaba.

Habiéndole dicho ya a Rossi que, apenas el enfermo diese señal de ((59)) entrar en agonía me avisase, acudí junto a su lecho. Tenía los
ojos cerrados; estaba muy falto de fuerzas, pero apenas había dado yo un paso para ausentarme, pues el fin no me parecía inminente,
abrió los ojos y comenzó a mover los brazos y todo el cuerpo, gritando con voz sofocada:

-íAh, ah, ah!

Volví atrás, le pregunté qué era lo que quería y, haciendo un gran esfuerzo, me dijo que deseaba morir teniéndome a su lado. Le
respondí que se tranquilizase, que iba a mi habitación para despachar unas cartas y que volvería en cuanto me avisasen que había llegado
su último momento.

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Fui a mi habitación y, después de haber trabajado un rato, vinieron a decirme que el enfermo empeoraba por momentos. Acudí
inmediatamente y pude comprobar que se había agravado mucho más, pero no me pareció que su muerte fuese cosa inminente. Por tanto,
me dispuse a volver otra vez a mi habitación. Pero el enfermo volvió a abrir los ojos, emitiendo el mismo grito:

-íAh, ah, ah!

El pobrecillo, siempre que me alejaba, se daba cuenta.

Después de unos instantes vino Rossi a llamarme. Corrí al lecho del moribundo: efectivamente, había entrado en agonía; ya no
respiraba, pero su pulso latía aún. Unos minutos después, dando un suspiro, entregaba su alma al Señor.

Ferraris había contraído un resfriado que degeneró en la pulmonía que lo llevó a la tumba. Sufrió muchos dolores con verdadera
resignación, sin proferir un lamento. La muerte no le infundía temor, no tenía nada que le causase remordimientos.

Cada uno de nosotros, mis queridos hijos, debería desear haberse encontrado en el lugar de Ferraris. Tengo la seguridad de que fue
derecho al paraíso y de buena gana cambiaría mi puesto por el suyo. A pesar de ello, mañana se rezará el rosario de difuntos en sufragio
de su alma.

Los condiscípulos acompañarán mañana por la tarde sus despojos a la parroquia.

Termino con una advertencia. Cuando yo anuncie desde aquí que algún otro tiene que morir, por favor, guardad secreto, pues hay
algunos que se asustan demasiado ante estos avisos y escriben a sus padres para que los saquen del Oratorio, porque don Bosco anuncia
continuamente que alguien tiene que morir...

Pero, decidme: si yo no lo hubiese anunciado, "se habría preparado Ferraris tan bien para presentarse ante el tribunal de Dios?

Es cierto que era un excelente muchacho, pero, en el trance de la muerte, "quién puede creerse absolutamente preparado para sufrir el
riguroso juicio del Señor? Ferraris tuvo la suerte de que se le avisara. Pero, de ahora en adelante, no diré nada; no lo avisaré.

(Muchas voces: No, no. Dígalo, dígalo.)

Y a los que tanto temen a la muerte les digo: -Hijitos míos, cumplid con vuestro deber, no tengáis malas conversaciones, frecuentad los
sacramentos, sed sobrios y la muerte no os asustará.

Al anunciar la muerte de Ferraris, don Bosco había dicho: No uno, sino muchos, morirán antes de que pase mucho tiempo.

((60)) Al releer el contexto de aquella charla, se da uno cuenta en seguida de que las palabras de don Bosco tenían un significado muy
genérico, basado en la brevedad de la vida; no obstante, como consta en el Necrologio y en los registros parroquiales, hubo otros varios
del Oratorio que pasaron a la eternidad en aquel mismo año, como más adelante veremos.

Mientras instruía de palabra a sus alumnos, continuaba su misión al pueblo con las Lecturas Católicas. Para marzo y abril salieron las
Memorias históricas del teólogo Juan Ignacio Vola,
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sacerdote turinés. Estaban escritas por el canónigo Lorenzo Gastaldi y con tanta unción que sirvieron como de vademécum para el clero
en general y particularmente para el que crecía, trémula esperanza de la Iglesia.

El teólogo Vola, muerto el 6 de febrero de 1858 a la edad de sesenta y un años, fue modelo de sacerdotes y gran amigo de don Bosco y
del Oratorio.

Para mayo se debía publicar la Historia de la Inquisición y algunos errores falsamente imputados a la misma, por el sacerdote Pedro
Boccalandro, rector de San Marcos en Génova, en la que se hace alusión a las horribles y sanguinarias inquisiciones de los protestantes
calumniadores contra los católicos.

Se añadieron al fascículo unos apéndices, cuyas pruebas, corregidas por don Bosco, y algún que otro parrafito de su puño y letra,
guardamos. Es un desahogo de su ardiente devoción a la Virgen María.

El primer apéndice es una bonita narración que lleva por título:
María, providencia y socorro de quien la invoca. El lo termina así:
"Lector, donde quiera que te encuentres, hagas lo que hagas, puedes recurrir a la Santísima Virgen María con una oración. Pero acude con
fe, que Ella es madre bondadosa que quiere y puede beneficiar a sus hijos. Rézale de corazón, rézale con perseverancia y puedes estar
seguro de que será una verdadera providencia para ti, un socorro rápido en tus necesidades espirituales y materiales".

El segundo apéndice, titulado Variedades, comprende cinco ((61)) ejemplos sobre la protección de María, invocada y obtenida. El
quinto ejemplo describe la aparición de María Santísima a san Estanislao de Kostka, enfermo, cuando le dio orden expresa de entrar en la
Compañía de Jesús. Don Bosco añade de su propia mano: "Cristianos, que deseáis que María os quiera, pedidle de corazón que os
obtenga la gracia de consagraros totalmente a Dios. Decidle que os aparte de los grandes peligros del mundo; y, ya que Ella lo puede
todo, que os dé alguna orden como lo hizo con san Estanislao, porque vosotros estáis prontos para obedecerla. Esta misma gracia, de ser
llamado al estado religioso, se la pedía desde niño el venerable padre Carlos Jacinto a María, y la obtuvo".

Mientras tanto, don Bosco estaba escribiendo la vida de la venerable Sierva de Dios, María de los Angeles, de Turín, monja profesa del
Instituto de las Carmelitas Descalzas. El 14 de mayo de aquel año era el señalado para la solemnidad de la beatificación de esta Venerable
monja, en la Basílica Vaticana, con los ritos de costumbre.
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Por eso los delegados de la santa Iglesia debían proceder al último reconocimiento de su sagrado cuerpo en Turín.

En el año 1802, y por orden del Arzobispo, había sido trasladado desde el monasterio de Santa Cristina, cerrado y destinado a usos
profanos por Napoleón I, a la iglesia de Santa Teresa y colocado en el coro situado a la derecha del altar mayor. De este sitio fue sacado
el 14 de marzo de 1865. Practicado el debido examen, y habiendo visto que todo estaba de acuerdo con las antiguas memorias, las
autoridades civiles y eclesiásticas nuevamente reconocieron que aquél era el verdadero cuerpo de la Venerable. Asistieron a la devota
función el Obispo de Cúneo, el Vicario Capitular de la Diócesis y muchas otras personas respetables, tanto eclesiásticas como seglares.

También don Bosco fue invitado como testigo y con él el conde Cays y el barón Bianco de Barbania. Al abrirse la caja, se esparció en
derredor un olor suavísimo que duró por algún tiempo.

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((62)
)

CAPITULO VI

GRAN PARTE DE LAS DIOCESIS DE ITALIA PRIVADAS DE SUS OBISPOS -DON BOSCO DESEA HALLAR REMEDIO A
TANTOS MALES -CARTA DE PIO IX A VICTOR MANUEL PARA PROVEER DE OBISPOS A LAS DIOCESIS
RESOLUCIONES CONCILIADORAS DEL MINISTERIO ITALIANO -DON BOSCO Y EL MINISTRO LANZA -SE PREGUNTA
A DON BOSCO COMO PUEDE DAR DE COMER A TANTOS MUCHACHOS -MISION DEL ABOGADO VEGEZZI EN ROMA
TUMULTOS SECTARIOS PARA IMPEDIR CUALQUIER ACUERDO CON EL PAPA -EL MINISTERIO ROMPE LAS
NEGOCIACIONES -HECHOS Y PROYECTOS CONTRA LA IGLESIA

AL llegar a este punto de nuestras Memorias, necesariamente hemos de ilustrar un hecho que servirá de introducción a una de las épocas
más gloriosas de la vida de don Bosco.

Ciento ocho diócesis de Italia estaban vacantes, en un momento en el que más necesarios eran la guía y el aliento de los fieles. Cuarenta
y cinco obispos habían sido exiliados. El Gobierno no concedió permiso para entrar en sus diócesis a diecisiete elegidos por el Papa. En
otras sedes habían muerto los titulares. En los antiguos Estados del Piamonte, dieciocho obispos habían bajado a la tumba por su
avanzada edad y no se les había dado sucesor.

Los ministros del Reino no se cuidaban de ello, porque entraba en sus planes reducir el número de diócesis, y el Papa no podía proveer,
mientras durasen tan tensas ((63)) relaciones entre la Iglesia y el Gobierno. Habían pasado pocos meses desde la publicación del Sílabo,
que tanto había enfurecido a los sectarios de todo el mundo.

Don Bosco sentía ver que los asuntos religiosos corrían tan triste suerte; y después de mucho orar y hacer rezar a sus alumnos,
aconsejándose con personas de autoridad, determinó empezar algunas gestiones con los hombres del Gobierno para inducirles a acabar
con aquel estado de cosas, tan perjudiciales para la Iglesia y para la misma sociedad civil. El no creía insuperables los obstáculos puestos
por los sectarios. Habían dicho mil veces que ellos querían que la Iglesia fuese libre y que se contentaban con que el Papa se ocupase
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de los asuntos estrictamente religiosos y eclesiásticos, excluída toda cuestión territorial. "No era, pues, el caso de apelar a la lealtad de
sus protestas?

Por otra parte, no todos los hombres de Estado se movían por odio a la Iglesia, sino que eran arrastrados por la revolución, aunque a
regañadientes. Unos, por una política conocida perfectamente por don Bosco, eran propensos a condescender en ciertas propuestas
parciales ventajosas para la Iglesia; otros se esforzaban con alguna concesión por acallar los remordimientos de su conciencia,
contentándose con haber hecho algún bien; había además otros que, por motivos personales, por consideración a familias muy
importantes, profesaban opiniones moderadas.

Don Bosco ya había tratado con ellos, con su acostumbrada prudencia, para asuntos del Oratorio, a fin de deshacer ciertas calumnias
que los perversos habían propalado contra algunos obispos, para remover impedimentos a alguna colación de beneficios, o para obtener
una subvención o un donativo para alguna parroquia.

No hay, por tanto, que extrañarse de que estuviera dispuesto a defender la causa de las diócesis italianas, y de que, a intervalos, durante
casi diez años, perseverase en esta nobilísima empresa. Empezó, a través de algunas de sus altas amistades, a investigar el estado ((64)) de
ánimo de algunos ministros, después de haber pedido para asunto de tanta importancia, la aprobación del Sumo Pontífice. De este tiempo
data el intercambio de cartas que tuvo lugar entre él y Pío IX, como consta en nuestras Memorias del mes de febrero de 1865 y cuyo
contenido no se supo. El mismo Venerable debió hacerlas desaparecer. Don Emiliano Manacorda sirvió de intermediario de confianza
para esta correspondencia.

Mientras tanto, había sido advertido el rey Víctor Manuel de que el Papa le escribiría una carta.

Efectivamente, Pío IX, mirando solamente al bien de las almas, determinó, por propia iniciativa, dar a los enemigos de la Iglesia
Católica una ocasión oportuna para corresponder a las invitaciones de la gracia divina. El 6 de marzo dirigía una carta al Rey impregnada
de benévolas expresiones, rogándole enjugara alguna lágrima de la atribulada Iglesia en Italia, llegando con él a un acuerdo para proveer
los obispados; y le proponía mandara a Roma una persona seglar de su confianza para tratar el modo de poner fin a aquellas vacantes.

Para que la carta no fuese interceptada, por quien podía tener interés en hacerlo, fue entregada al comendador Adorno, de Florencia,
quien la presentó al Rey. Este, a quien siempre le habían disgustado
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las disensiones con el Papa, acogió con placer la invitación y dijo al comendador Adorno:

-íHace siete meses que esperaba esta carta del Papa!

Y respondió al Papa desde el Palacio Pitti, con declaraciones muy obsequiosas, y prometiéndole enviar a Roma un agente para
comenzar los trámites.

La propuesta del Papa fue enviada inmediatamente al Ministerio, el cual se mostró propenso a secundarla, pero sin asumir compromisos
que pudieran desconcertar los designios políticos de la Italia una e independiente.

En consecuencia, se formularon las siguientes instrucciones para el agente que se enviaría a Roma:

((65)) 1.° Se admitía en general la vuelta de los obispos ausentes, con las restricciones y excepciones oportunas, reconocidas de común
acuerdo.

2.° Se admitía el reconocimiento de los obispos preconizados, salvo algunas excepciones que, por consideraciones especiales, la Santa
Sede no excluía totalmente.

3.° Los nombramientos para los obispados, desprovistos de titulares, se limitaban a las sedes episcopales que deberían conservarse en
una revisión ulterior de las circunscripciones diocesanas.

4.° Las prerrogativas regias del exequatur y del juramento se mantenían sin distinción para todos los nuevos obispos, pero se aplicarían
de forma que no pudieran herir las legítimas susceptibilidades de la Corte romana, ni implicar cuestiones políticas.

Entre los que se mostraban más inclinados a hacer que las negociaciones tuvieran éxito, conforme a los deseos del Papa, estaba Lanza,
ministro de Gobernación. Este habría querido que para el nombramiento de obispos se concediesen a la Santa Sede todas las mayores
libertades que no fuesen peligrosas para la seguridad del Estado y que el principio de "Iglesia libre en un Estado libre" empezase a
convertirse en realidad. Insistía en que todos los actos del Gobierno se orientasen hacia la más amplia libertad; y deseaba que Italia, aun
en materia religiosa, abandonase las restricciones de otros tiempos, dejando la máxima libertad de explicaciones a todas las religiones, y
también a la Católica 1.

En el aspecto práctico, además, Lanza, lo mismo que otros ministros, partía del concepto de que "la Convención de septiembre",
reservándose solamente los casos excepcionales, obligaba al Gobierno

1 TAVALLINI, La Vida y los tiempos de Juan Lanza. V. I, pág. 363.
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italiano a renunciar a los medios violentos para ganarse a Roma. Esperaba que con aquellas concesiones estaría abierto el camino para
otros acuerdos con el Papa, especialmente en materias comerciales, ((66)) y se habría llegado a mancomunar de tal modo los intereses del
pequeño Estado Pontificio con los del resto de Italia, que sustituyesen totalmente la influencia de una u otra potencia extranjera, y se
llegase así a la solución de la cuestión romana sobre el terreno pacífico de la conciliación y de la libertad de la Iglesia.

Don Bosco no compartía ciertamente las ideas de estos señores, pero muchas veces, hablando del nombramiento de los obispos (y
nosotros se lo hemos oído), sostenía que interesaba al Gobierno mostrar una leal observancia a la "Convención de septiembre", dar
pruebas a Europa de sus benévolas disposiciones con los intereses espirituales de la Iglesia y complacer a las poblaciones contando con
su buen sentido, el cual no habría permitido demostraciones embarazosas.

Don Bosco había dicho y repetido esto en ciertas reuniones frecuentadas también por hombres de la política. Y he aquí que le llegaba la
siguiente invitación del ministro Lanza:

Ministerio de Gobernación

Turín, 17 de marzo de 1865.

El que suscribe, por orden del Ministro, tendría sumo placer en conferenciar con V. Rda. y Honorabilísima Señoría.

Si le place, podría venir a mi despacho a su comodidad.

De V.S.

Seguro servidor

VEGLIO

No dejó el Siervo de Dios de acudir al Ministerio, y de vuelta en el Oratorio, como alguien le preguntase de qué se trataba, respondió:

-Un negocio de muchísima importancia.

Después de este primer encuentro, don Bosco fue llamado más veces por el ministro de Gobernación. De hecho, era él el hombre que en
aquel momento podía conocer mejor que ningún otro las disposiciones de los ánimos en la Corte romana; prever ((67)) quién podría ser el
agente más grato al Papa y a los Cardenales; sugerir quién podría realizar buenos oficios en Roma para el buen éxito de las
negociaciones. Solamente más tarde nos hizo alguna referencia acerca de este delicadísimo encargo, mas al principio se imponía el
secreto.

Entre otras cosas nos narró el trato familiar que le había dispensado Lanza.
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Un día, y en presencia de algún otro ministro, Lanza le dijo:

-Dígame, don Bosco, "cómo se las arregla usted para hacer frente a tantos gastos? "De dónde saca dinero para mantener a tanto
muchacho? Esto es un secreto y un misterio.

-Señor Ministro, respondió don Bosco; yo hago como la máquina de vapor.

-Pero, "cómo? íExplíquese!... No entiendo esa jerga.

-Voy adelante, replicó don Bosco, haciendo: puf puf puf puf 1.

-Se comprende, mi querido abate, dijo Lanza; Pero esos Puf, hay que pagarlos, y aquí se esconde el secreto.

-Observe, señor Ministro, que dentro de la máquina debe haber fuego, y para que vaya adelante y marche bien, necesita alimento...

-Pero, "de qué fuego habla usted?, interrumpió el Ministro.

-Del fuego de la fe en Dios, respondió don Bosco; sin él caen los imperios, los reinos van a su ruina y la obra del hombre se reduce a la
nada.

Estas palabras, pronunciadas como solía hacerlo algunas veces don Bosco, dejaron pensativo a su interlocutor.

El Ministro había pensado enviar a Roma al senador Miguel Angel Castelli, pero al fin prefirió al diputado comendador Javier Vegezzi,
hombre entrado en años, honrado y leal, ((68)) gran jurista y expertísimo en los negocios; pero pusieron a su lado, por las desconfianzas
de costumbre, al abogado Juan Maurizio, genovés, que fue siempre gran admirador y amigo de don Bosco. Las instrucciones dadas de
viva voz a Vegezzi eran muy amplias y revelaban en el Gobierno la esperanza de un acuerdo y el propósito de abundar en las
concesiones. Se habría llegado hasta la supresión de la Legación Apostólica en las provincias meridionales, concesión que sería grata al
Papa y que, por otra parte, estaba de acuerdo con la idea de la Iglesia libre.

El abogado Vegezzi partió con su compañero, con carácter meramente confidencial, el 14 de abril, Viernes Santo, y fue recibido
cortésmente por el Papa, quien le habló con su acostumbrada expansión.

Sostuvo varias conferencias con el cardenal Antonelli, que había sido informado desde Turín; y, siempre en forma confidencial,
convinieron, lo primero, que se dejase aparte la cuestión política. Y se llegó a esta conclusión: para las diócesis vacantes del Piamonte, el
Rey presentaría los candidatos, de acuerdo con el Concordado en vigor;

1 Puf, es una palabra piamontesa que significa deudas.
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los de las provincias donde habían desaparecido los príncipes, los designaría el Papa directamente, haciendo conocer al Rey sus nombres
antes de preconizarlos; los obispos ausentes podrían volver, excepto algunos por circunstancias especiales personales o locales; se
conservarían intactos los bienes eclesiásticos.

Roma no se mostró disconforme con la reforma de algunas circunscripciones diocesanas; pero no admitió el exequatur para las Bulas
Pontificias y el juramento. El enviado del Gobierno de Italia reconoció que la Iglesia estaba en su derecho, cuando, por formalidades
ahora desusadas, no quería implicarse en una cuestión que comprometiese sus principios políticos y económicos. Vegezzi lo había
reconocido con tanta lealtad que el corazón del Santo Padre abrigó la esperanza de poder finalmente proveer de alguna manera a buena
parte de su amada grey.

((69)) Pero, apenas hubo conocimiento público de la carta escrita por el Sumo Pontífice al rey Víctor Manuel y se vislumbró que éste le
había manifestado su propensión a secundar sus deseos, la secta se conmocionó.

Hasta en el Parlamento hubo, el 25 de abril, algunos diputados de mala fe y desleales, que echaron en cara al Gobierno la misión
encomendada a Vegezzi, acusándolo de pactar con el Pontífice y sosteniendo que las diócesis vacantes no producían daño alguno. Al
mismo tiempo el periodismo sectario se alzaba furiosamente y amenazador para impedir que siguieran las negociaciones. También las
logias masónicas se convocaban y tomaban decisiones contra cualquier acuerdo con la Santa Sede. Por todas las ciudades de Italia se
reunían asambleas tumultuosas, en plazas, tabernas y teatros para protestar contra tal iniciativa, entre horrendas blasfemias e impiedades
inauditas. Con estas demostraciones mantenían en alto los sectarios el arma de la llamada opinión pública, que necesitaban para
obstaculizar con éxito los deseos del Santo Padre e impedir los efectos de las buenas disposiciones del Rey.

De este modo, mientras parecía inminente un acuerdo con el Papa, aparecían profundas y notorias disensiones entre los ministros que
obstaculizaban reciamente y de diversos modos los designios de Vegezzi. Los moderados se conformaban con una simple formalidad de
registro acerca del exequatur; cedían a que los obispos exiliados volvieran incondicionalmente; no insistían sobre la disminución de las
diócesis. Por el contrario, el ministro Vacca, guardasellos, no cesaba de poner trabas a sus colegas hasta hacerse insoportable.

Vegezzi había notificado al Gobierno Real los preliminares de
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las negociaciones. Mas, como el Ministerio le había restringido las facultades, y no respondía o lo hacía inadecuadamente, fue él mismo a
Florencia el 5 de mayo, para aclarar la situación y recibir personalmente instrucciones definitivas; pero pronto vio desvanecerse sus
esperanzas.

((70)) Entre los Ministros que ya residían normalmente en la nueva capital encontró dureza, en unos por rencores personales, en otros
por apego a los derechos reales, en Natoli, principalmente, por su aversión a todo principio cristiano. Las propuestas de Roma fueron
definitivamente discutidas en el Consejo de Ministros: Natoli, Vacca, Petitti y Sella no quisieron transigir sobre el juramento y el regio
exequatur; y prevalecieron.

Su propósito evidente era el de arrancar indirectamente a la Santa Sede un reconocimiento formal del nuevo reino, comprendidas las
Provincias Papales anexionadas, o, de lo contrario, romper las negociaciones. En cuanto a los obispos ausentes se imponía, para volver a
sus diócesis, que hiciesen la petición al Rey o al Ministro de Gracia y Justicia, y escribiesen una carta pastoral en la que prometiesen
observar las leyes.

Vegezzi marchó a Roma el 2 de junio con estas condiciones, que él mismo confesó al cardenal Antonelli no eran aceptables; y ése fue
el dictamen de una Comisión especial de Cardenales. La Santa Sede, sin embargo, propuso todavía que se procediese al nombramiento de
los obispos del reino de Cerdeña solamente, y a la vuelta de los exiliados. Vegezzi respondió que informaría a su Gobierno. El 22 de
junio fue el último encuentro del comendador Vegezzi con el Cardenal, a quien dijo que deducía de las respuestas recibidas de Florencia,
que el Gobierno Italiano mantenía sus últimas propuestas y que solamente consentía en la vuelta de los Obispos exiliados, excepto
algunos. Así se venían abajo todas las negociaciones.

Cuando el 23 de junio pidió Vegezzi audiencia para despedirse, el Santo Padre quiso que fuese recibido con todos los honores en su
antecámara. Le concedió una larga audiencia, y como Vegezzi le dijera:

-Espero que las negociaciones no queden rotas, sino solamente interrumpidas.

-Depende de vuestro Gobierno, respondió el Papa; mis bases son conocidas y no puedo alejarme de ellas; basta que vuestro Gobierno
las acepte.

((71)) Vegezzi, nombrado senador, después del 1870 no puso los pies en el Senado.
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Mientras tanto los periódicos de la revolución anunciaban que las intrigas del partido fanático habían estropeado todo, pese a las
generosísimas ofertas y condiciones hechas por el Gobierno al Papa.
En ese sentido se redactó la relación hecha al Rey sobre la misión de Vegezzi, pero Lanza, disgustado e indignado, se negó a firmarla, por
lo que estuvo a punto de retirarse del Ministerio. Entonces, para que no se conociese quién era el ministro que no estaba de acuerdo con
sus colegas, se decidió que fuese firmada solamente por La Mármora 1.

Don Bosco fue informado de todas las fases de estas negociaciones y experimentó una gran pena al ver cambiadas y rotas las bases
primitivas sobre las que se habían fundado tantas esperanzas. Mas no por eso se desalentó, y veremos más tarde cómo se las arregló para
que se reemprendiesen dichas negociaciones.

Mientras tanto continuaba manifestándose el odio inflexible contra la Iglesia que abrasaba el alma de algunos sectarios de Tanucci.

El 1.° de julio publicaba la Gaceta Oficial del Reino el decreto con el cual se promulgaba el nuevo código civil, y se instituía
legalmente el matrimonio civil. El Senado había aprobado esta ley el 29 de marzo, con setenta votos a favor sobre ciento cuatro votantes.

En la ciudad de Ferrara, el 30 de julio, fueron expulsadas de su monasterio las Teresianas adoratrices perpetuas, para establecer en él un
hospital militar. Se dio a las monjas un día para desalojarlo.

En Bolonia, en la tarde del 14 de agosto, se ordenó a las Hermanas Salesianas, en número de cincuenta, el desalojamiento del convento
y centro educativo antes de que llegara la noche.

No se les concedió ni siquiera la prórroga de doce horas que habían pedido.

((72)) El 25 de agosto presentó al Rey el Ministro de Instrucción Pública, Natoli, una relación con la estadística de los institutos y
colegios internados de religiosos y religiosas, proponiéndole la abolición de todos de un solo golpe. La instrucción dada en los mismos
-afirmaba él-no está de acuerdo con las ideas que nuestra época ha adoptado en materia de enseñanza. Los colegios e institutos cuyo
cierre pedía eran nada menos que mil ciento doce.

El 30 de agosto escribían al Rey los cardenales arzobispos de Benevento y de Nápoles, los arzobispos de Sorrento y Reggio, los obispos
de Anglona y Tursi, Aquila, Nuoro y Patti, una estupenda carta pidiendo volver a sus respectivas diócesis, de las que habían

1 TAVALLINI, La vita e i tempi di Giovanni Lanza, V. I, pág. 364.
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sido expulsados, para asistir a sus poblaciones flageladas o amenazadas por el cólera.

El Rey no respondió, y Pablo Cortese, ministro de Gracia y Justicia, escribió a los Procuradores Generales ordenándoles severamente
que prohibiesen, bajo cualquier pretexto, la vuelta de los obispos a sus diócesis, hasta que pasasen las elecciones. La misma prohibición
se hizo a los obispos de Ascoli y Aversa, y al de Foggia, expulsado a Como, después de dos años de cárcel.

Natoli, que había sido nombrado también ministro de Gobernación después de la dimisión de Lanza, imponía a los obispos condiciones
imposibles con respecto a la enseñanza media en los seminarios, para obligarles a cerrarlos o, en caso contrario, tener un pretexto para
cerrarlos él mismo. En efecto, así logró que se cerraran cincuenta y ocho seminarios. Pensaba él, después de ocupar los edificios, volver a
abrirlos laicizados y entregados a los municipios, con dos tercios de las rentas confiscadas; y comunicaba este su proyecto a los
Gobernadores del Reino el 15 de septiembre.

El 19 de septiembre el Guardasellos Pablo Cortese prohibía, por medio de una circular, las procesiones religiosas, dejando al arbitrio de
los gobernadores el conceder permiso y, al final del mismo mes, prohibía a los obispos de Caserta y de Gaeta hacer la visita pastoral.

((73)) Este mismo Ministro preparaba un nuevo golpe contra los derechos de la Jerarquía Católica, o sea, unos nuevos límites de las
diócesis con la idea de disminuir el número de obispos y de incautarse de los bienes de las Sedes abolidas. Las diócesis, que eran
doscientas treinta y una, debían reducirse a cincuenta y nueve, y el 3 de noviembre pedía información a los Gobernadores del reino.

El 28 de noviembre daba cuenta Natoli al Rey del resultado de la averiguación sobre los seminarios y la publicaba también en la prensa.
Las diócesis poseían, antes de 1860, doscientos sesenta y tres seminarios; ochenta y dos ya habían sido abolidos, y se proponía que lo
fueran igualmente ciento veintidós; así solamente se conservarían cincuenta y nueve, uno por cada diócesis, según el proyecto Cortese.

El 18 de noviembre se celebró en Florencia la solemne apertura del nuevo Parlamento, en el salón del Cinquecento. Días antes había
dicho Víctor Manuel a los miembros del Municipio y a varias delegaciones que habían ido a saludarle:

-Iremos a Roma e iremos a Venecia; estamos en camino de la primera; para la segunda se requiere sangre.

Y en el discurso de la Corona, puesto en sus manos por el Ministerio,
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leía, entre otras cosas: "Al cerrar la última legislatura, como obsequio a la Cabeza de la Iglesia, y con el deseo de satisfacer los deseos
religiosos de las mayorías, mi Gobierno acogió propuestas de negociaciones con la Sede Pontificia; pero tuvo que romperlas cuando
podían quedar ofendidos los derechos de mi corona y de la Nación (aplausos). El tiempo y la fuerza ineludible de los acontecimientos
desharán las desaveniencias entre el reino de Italia y el Papado. Mientras tanto, nos incumbe a nosotros conservar la fe en la Convención
del 15 de septiembre, a la que también Francia dará, en el tiempo establecido, su completo cumplimiento".

Y en noviembre desocupaban las tropas francesas las provincias meridionales de los Estados de la Iglesia y una brigada del Cuerpo de
ocupación volvía a Francia. En Roma, ((74)) en Viterbo y en Civitavecchia quedaban todavía diez mil soldados franceses.

Con estos hechos hemos querido reproducir el ambiente en el que tanto trabajó don Bosco, para dar a entender mejor la fuerza de
voluntad y la serenidad con que el Señor le dotó para cumplir toda su misión.

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((75)
)

CAPITULO VII

FIRMEZA EN LAS RESOLUCIONES PRUDENTES -CHARLAS DE DON BOSCO POR LA NOCHE -NOVENA DE LA
ANUNCIACION DE NUESTRA SEÑORA; IMPORTANCIA Y CONSECUENCIAS DE LOS EXAMENES SEMESTRALES;
SILENCIO Y ORDEN EN EL COMEDOR -OTRO AVISO CON RELACION AL MISMO; DISPOSICIONES PARA MANTENER
EL ORDEN; AMENAZA A LOS ESTUDIANTES RENCILLOSOS -ANUNCIO DE LA MUERTE DEL OBISPO DE CUNEO,
GRAN AMIGO DE DON BOSCO; SANTIDAD DE ESTE PRELADO; SUFRAGIOS POR SU ALMA; GUARDAR SILENCIO POR
LA NOCHE AL IR A LOS DORMITORIOS -PRECAUCIONES PARA CONSERVAR LA SALUD; MILAGRO DE LOS SANTOS
COSME Y DAMIAN -DECISION DE DON BOSCO PARA MANTENER LA AUTORIDAD DE SUS SUBALTERNOS
LEVANTARSE CON PRONTITUD AL PRIMER TOQUE DE CAMPANA; MANTENER EN ORDEN LA CAMA Y EL
DORMITORIO; PEINARSE CON FRECUENCIA -HACER BIEN EL VIA-CRUCIS Y REZAR POR LOS ORDENANDOS -CARTA
DE DON BOSCO AL DIRECTOR DE LANZO; SU AFECTO A AQUELLOS JOVENES -CONSIGUE DEL MINISTRO DE
INSTRUCCION PUBLICA QUE UNO DE SUS CLERIGOS OBTENGA EL TITULO DE PROFESOR PARA EL BACHILLERATO
EXIGENCIAS DEL MUNICIPIO DE LANZO

LA misión del comendador Vegezzi en Roma nos ha apartado un poco de don Bosco y sus muchachos. Volvemos de nuevo al mismo
punto en que lo dejamos.

La primitiva vida patriarcal del Oratorio, en medio de tantísimos jóvenes, debía modificarse, poco a poco, gradualmente y, según las
necesidades de los tiempos, debía dar paso a un orden disciplinado ((76)) y, diría, material, que antes era muy blando, como ya dijimos en
otro lugar. A don Bosco le repugnaba ver perderse, al menos en parte, aquella vida de familia que durante tantos años había sido su
consuelo; pero vir prudens dirigit gressus suos (el varón prudente dirige sus pasos). Debía, por tanto, dar algunas disposiciones, y en esto
no procedía a saltos, sino con regularidad, según las necesidades
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de la casa, y preparando siempre los ánimos para que fueran bien recibidas las prescripciones que quería ordenar. No obstante era firme
en sus resoluciones. Mientras continuaba usando en privado las expresiones te lo ruego, por favor, en público sabía decir frecuentemente
un quiero, firme, sí, pero con calma y sin tono imperativo.

Algunas de sus charlas de la noche, conservadas en la Crónica, demuestran nuestra aserción. La noche del 19 de marzo, habló así:

Ya ha pasado la novena de san José, pero quisiera que continuaseis santificando estos días que preceden a la fiesta de la Anunciación
del Angel a María Santísima. No os lo he dicho antes porque no quería que interrumpieseis la novena de san José. Por lo tanto, sin añadir
ninguna devoción extraordinaria a las ordinarias, para no perjudicar vuestros deberes, procurad hacer cada día la comunión sacramental o
espiritual, según vuestras disposiciones.

Ya habéis sufrido los exámenes semestrales y veo con agrado que la mayor parte los ha pasado bien; pero hubo algunos que no
correspondieron con demasiada diligencia a los cuidados que nos impusimos y fueron suspendidos. No penséis que este examen influya
poco en vuestra vida. Os debe interesar mucho.

Es costumbre en nuestro Oratorio que los que disfrutan de los beneficios de la casa, aunque hayan obtenido seis puntos sobre diez, sean
enviados a sus padres, porque no son dignos de los beneficios de la casa aquéllos que no se comportan verdaderamente bien en ella.
Notad que para la calificación se tiene en cuenta todo, y que cuenta el comportamiento en la iglesia, en el comedor, en el estudio, en la
clase; por eso, algunos que piensan tener buena nota, por ejemplo un diez, puede que solamente tengan un seis, o un ocho, y los que creen
haber sido aprobados por los examinadores se encuentran con que fueron suspendidos. La culpa es totalmente suya, porque fueron
avisados a tiempo. Así, el que paga la mitad o un tercio de la pensión y solamente obtiene un seis, deberá tener paciencia y pagar la
pensión completa, y el que no alcance la puntuación necesaria será enviado a su casa, sufriendo las consecuencias de su mala conducta.

((77)) Siempre se hizo lo mismo; cada año, después de los exámenes semestrales, se mandó a algunos a su casa y si hubo alguna rara
excepción, debióse a reiteradas súplicas, a promesas sinceras y mantenidas después.

He de haceros otra advertencia. De un tiempo a esta parte no se escuchan como debieran los avisos de los asistentes, especialmente en
el comedor. No se hace silencio, se entra tumultuosamente; en fin, reina verdadero desorden. Os ruego, por tanto, que de ahora en
adelante obsequiéis a la Virgen, portándoos en el comedor como manda el reglamento de la casa, "Me lo Prometéis? (Sí, sí). Entonces,
buenas noches.

El 20 de marzo, don Bosco repetía con energía, el último aviso dado la noche anterior.

Os propuse ayer como obsequio a la Virgen guardar orden y silencio en el comedor y creí que el aviso sería suficiente. Pero, con gran
sorpresa, he sabido que hoy hubo más alboroto que de costumbre. Esto no lo puede tolerar don Bosco, porque la
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disciplina lo es todo en casa. Se entra en el comedor gritando, empujándose, como si se entrara en no sé dónde; ya dentro, se sigue riendo,
charlando en vez de guardar silencio; y se sale con el mismo alboroto con que se entró. No se hace caso a los asistentes, que están como
si no estuvieran. Sé que la mayoría se porta correctamente y que solamente son unos cincuenta los que arman el desorden, y que lo hacen
porque les gusta el barullo. He decidido que, a partir de mañana, se entrará en el comedor en orden; don Angel Savio os pondrá en fila en
los pórticos y entraréis por grupos; terminada la comida, se saldrá poco a poco, mesa por mesa, y así se evitarán todos estos
inconvenientes. Ordeno al mismo tiempo a los asistentes que vigilen atentamente en el comedor y les impongo, por obligación de
conciencia, que me den cuenta de lo que suceda y de quién causa el desorden, sea quien fuere.

Para contentaros, ya que os quejáis de ciertos asistentes, les prohíbo del todo dar castigos; así nadie tendrá que lamentarse. No quiero
que se castigue a nadie en casa; quiero que se me comunique a mí y, lo repito, obligo a los asistentes a ello en conciencia. Por mi parte,
cualquiera que sea el que falte, o el modo en que falte, lo mandaré enseguida a su casa, porque no puedo tolerar la indisciplina en el
Oratorio. Don Bosco es bueno, todo lo tolera, pero cuando se trata del orden, es inflexible. Si se tratase de falta de educación o de otras
cosas que sucedieran entre mí y vosotros, las pasaría por alto; pero, cuando se trata de falta de respeto a los otros superiores, y el desorden
es público, entonces no hay benignidad que me detenga. Además, a los aprendices les tolero ((78)) más cosas que a los estudiantes. Los
aprendices, acostumbrados a una vida más material, son dignos de compasión, si alguna vez faltan; muchos de ellos, si fueran despedidos,
quedarían en medio del arroyo. Con los estudiantes no es así. Tienen suficiente cultura, un sentido más fino, y más educación y, por
tanto, están obligados a comportarse de modo que nadie tenga que reprenderles en nada. Quiero que los estudiantes sean modelos en
todo; de lo contrario márchense a sus casas o háganse aprendices. Y esto es así porque en el caso de que los estudiantes sean mandados a
sus casas no quedan en el arroyo, puesto que la mayor parte tienen familia u otros parientes que se cuidarán de ellos. Estáis, pues,
avisados. Yo comenzaré desde mañana. Habéis sido advertidos muchas veces durante los días pasados, y ahora es necesario tomar una
determinación. Sabéis a qué ateneros. No quiero que haya malos estudiantes en la casa.

No fue necesario más. Al día siguiente los muchachos formaron filas en riguroso silencio para entrar y salir en el comedor, ordenados
por grupos. Don Angel Savio, el ecónomo, revestido de uno de los primeros cargos del Oratorio, debía mantener las prescripciones dadas.

21 de marzo

Tengo que comunicaros una triste noticia. Ha muerto el Obispo de Cúneo. También él había sido nombrado testigo para el
reconocimiento del cuerpo de la Beata María de los Angeles. No se encontraba muy bien de salud, pero, habiendo experimentado en otras
ocasiones que el aire de Génova le probaba, esperaba también este año que un viaje a aquella ciudad le obtendría las mismas ventajas de
otras veces. En efecto, fue. Esta tarde, estando en mi habitación, me llegó un telegrama que decía: Esta mañana a las siete moría en
Génova monseñor Manzini, Obispo de Cúneo.
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La noticia me afectó mucho, porque se trataba de un verdadero bienhechor de la casa. Siempre que venía a Turín se acercaba al
Oratorio y con frecuencia dejaba considerables limosnas. Vosotros no podéis recordaros de haberle visto porque vestía como un simple
sacerdote. Amaba mucho nuestra casa y la favorecía cuanto podía. Es una gran pérdida para todos la muerte de este gran hombre. Una
pérdida para la Iglesia, que pierde un prelado de mucha doctrina y, puede decirse, de gran santidad: era verdaderamente un hombre
piadoso, docto y prudente. Es una gran pena para la diócesis de Cúneo, que queda privada de un verdadero padre. Es una pérdida para el
Oratorio, puesto que él era uno de sus mejores bienhechores. Es una pérdida también para mí, porque era un entrañable ((79)) amigo y
puede decirse que me hacía de padre. Siempre que yo estaba indeciso para poner en ejecución una cosa o no, siempre que necesitaba
consejo, me dirigía a él escribiéndole o yendo personalmente a Cúneo y él me ayudaba, me consolaba con palabras de verdadera
prudencia. Podía decir que su casa era mi casa, ya que me hospedaba en ella con la misma libertad que en el Oratorio; siempre que iba a
Cúneo allí me albergaba. Por tanto, su muerte puede considerarse como una verdadera desgracia. De todos modos, cúmplase la voluntad
del Señor.

Se cuentan muchas cosas extraordinarias de la vida de este Obispo, que pronto serán publicadas. Yo conozco muchas, oídas, en parte, a
personas dignas de toda confianza que le conocieron; y, en parte, contadas por él mismo cuando nos encontrábamos juntos en casa del
barón Bianco de Barbania. No es que él contase estos hechos para vanagloriarse, no. El, como todos los hombres santos, era humilde, y
los narraba como gracias especiales concedidas por la Santísima Virgen, después de haberla invocado. El que se crea santo es un necio;
los verdaderos santos se tienen por los más miserables pecadores de la tierra; y cuando el Señor concede gracias por sus oraciones, ellos
las atribuyen a uno u otro santo, mientras en realidad interviene en ellas, en gran parte, su fe.

Quiero contaros un hecho que le ocurrió al Obispo de Cúneo cuando era todavía párroco, aquí en Turín, en la iglesia de santa Teresa.

Fue llamado para asistir a un moribundo y corrió a cumplir con los deberes de su ministerio. Mientras estaba al lado del moribundo,
hacia las dos de la tarde, llegaron a toda prisa a su casa pidiéndole que fuera a auxiliar a otra enferma, madre de familia, que se hallaba en
gran peligro.

El no volvió a casa hasta las siete de la tarde y, apenas lo supo, corrió enseguida a donde le habían llamado. Entró y se encontró con que
aquella pobre madre, sostén de toda la familia, había muerto hacia las dos. El frío cadáver estaba tendido sobre la cama y una débil
lucecilla alumbraba tristemente la habitación. El médico de la ciudad ya había practicado el reconocimiento del cadáver. Tenía éste las
manos atadas y el crucifijo entre ellas. Toda la familia lloraba en distintos puntos de la casa; era grande el dolor porque habían perdido a
la madre, que regía la casa y administraba sus bienes y sobre todo porque había muerto sin poder recibir los Santos Sacramentos.

El buen párroco dirigió palabras de consuelo a la familia reunida en torno a la difunta y les invitó a rezar a la Santísima Virgen.

Sentía en su corazón que el Señor haría alguna gracia extraordinaria y, poniéndose él mismo de rodillas, rezó con todo el afecto de su
alma. Después se levantó, e invocando el nombre de Jesús, bendijo a la difunta.

Pasados unos instantes, la difunta comenzó a moverse, sentóse en la cama con sorpresa de todos los presentes, pidió que le soltaran las
manos, llamó a cada uno
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por su nombre y después pidió confesarse. ((80)) Una vez confesada, dio algunos consejos a la familia, añadió algunas disposiciones en
torno a ciertos asuntos y después se recostó nuevamente en el lecho y quedó el cadáver frío como antes.

Tendría aún muchas otras cosas que contaros, pero las dejo para otras noches. Mis queridos jóvenes, aprendamos de la muerte de este
Obispo una gran verdad.Todos, por sublime que sea la condición y dignidad de una persona, todos estamos sujetos a la muerte. La muerte
no respeta a nadie.

El Obispo de Cúneo era un santo varón y no necesitará de nuestros sufragios. De todos modos, como siempre estamos en la
incertidumbre y pudiera tener todavía alguna deuda que saldar con la divina Providencia, deseo que mañana recéis el rosario de difuntos y
hagáis una comunión sacramental o espiritual, según pueda cada uno, en sufragio de su alma.

Querría rogaros algo más. Querría aconsejaros una florecilla en honor de la Santísima Virgen. Y es la de hacer silencio por las
escaleras, al subir al dormitorio después de las oraciones.

Antes bastaba el silencio en el dormitorio, pero he pensado y reflexionado que el silencio por las escaleras evita muchos
inconvenientes. Se ha dado este aviso muchas veces; ahora quisiera que lo practicaseis por amor a al Virgen, y que fuerais al dormitorio
con el más riguroso silencio.

23 de marzo

Hoy ha nevado mucho y parece que no quiera parar por ahora; es probable que dure algunos días más. Sin embargo, la estación está
muy avanzada y el sol derretirá pronto la nieve. Os digo esto para que cuidéis vuestra salud. El aligeraros de ropa, jugar, sudar e ir
después al estudio o a clase puede acarrearos mucho daño.

Estamos ya a la mitad de la cuaresma. En el oficio y en la santa misa de hoy se ha hecho la conmemoración de san Cosme y san
Damián. Es algo desacostumbrado, porque durante toda la cuaresma no hay más que una sola conmemoración de esta clase. Los que
rezan el oficio se habrán dado cuenta de ello y querrán saber el porqué. Os lo diré, porque también a todos los muchachos les gustará
conocerlo.

Hace siglos que existe en Roma la costumbre de hacer las estaciones durante la cuaresma en algunas iglesias determinadas. El día en el
cual coincide la mitad de la cuaresma se hace la visita a la iglesia de san Cosme y san Damián y acude mucha gente.

Ahora bien, narra la Historia Eclesiástica que un año, tal día como hoy, una gran masa de pueblo llenaba la antigua iglesia dedicada a
estos Santos y rezaba de rodillas ante sus altares cuando de improviso se oyó un murmullo entre la gente. Algo extraordinario sucedía.
Las dos estatuas de mármol de los santos Cosme y Damián empezaron a moverse ((81)) en sus nichos y, como si fuesen hombres de carne
y hueso, descendieron de los pedestales, se posaron sobre el pavimento, se encaminaron el uno hacia el otro y fueron a encontrarse en
medio de la iglesia; después, juntos, se dirigieron hacia la puerta, cruzando por entre el pueblo.

La gente estupefacta ante el maraviIloso espectáculo, seguía tras las estatuas para ver en qué acababa todo aquello. Ya fuera todos, y a
cierta distancia de la iglesia, las estatuas se pararon y un terrible e improviso ruido hizo que todos los espectadores volviesen sus ojos
hacia atrás. En aquel preciso momento se desplomaba la iglesia. De no haber sido por aquel gran milagro toda la multitud hubiera
quedado sepultada bajo los escombros del templo. Por este hecho se estableció que todos los años se hiciese
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en este mismo día la conmemoración de estos dos Santos, como recuerdo de tan señalado prodigio.

Mis queridos jóvenes, me gustaría que sacarais de este hecho una gran lección, a saber, cuánto vale ante el Señor la intercesión de los
santos, y cuán útil resulta dirigirles nuestras peticiones. Pues si los santos Cosme y Damián, aun sin ser rogados, obtuvieron tan señalado
milagro para salvar de la muerte a tanta gente, pensad si no van a acudir en nuestra ayuda cuando les invoquemos. Tengamos especial
devoción a los santos cuyo nombre llevamos, recurramos a ellos en todas nuestras necesidades de alma y cuerpo, en todas las dificultades,
en todos los peligros, porque ellos estarán siempre dispuestos a ayudarnos.

Pero en aquellos días le tocaba al corazón de don Bosco sufrir un gran dolor por la poca reflexión de algunos que, sin embargo, le
amaban intensamente y habían consagrado su existencia a él. Es el único caso de este género, por lo que sabemos, acontecido en el
Oratorio; pero demuestra la firmeza de don Bosco en querer que fuese respetada y obedecida la autoridad.

El ecónomo no era muy bien visto por algunos alumnos, debido a su rigor para mantener la disciplina. Había varios comedores, y un
día, mientras don Angel Savio asistía en el comedor grande, donde se reunían más de trescientos muchachos, cayó sobre sus espaldas un
pedazo de pan. Quizá el proyectil iba destinado a un compañero. Don Angel Savio, prudente, no se enfadó, ni siquiera se volvió a mirar
quién pudiera haber sido el desvergonzado y, por el momento, no dijo nada. Pero al día siguiente ((82)) una mano desconocida repitió la
misma broma. Habló de ello a don Bosco. Parecía evidente que se había querido ofender a su persona. Por la noche dirigió don Bosco
unas palabras graves a los muchachos y concluyó diciendo que si alguno faltaba en adelante al respeto de aquella manera, sería alejado
inmediatamente del Oratorio.

Al día siguiente estaban los alumnos en filas bajo los pórticos para ir a comer. El ecónomo se hallaba presente para que se guardara
silencio y ordenaba la entrada de los grupos en el comedor, cuando un troncho de col cayó con fuerza sobre su bonete. Se volvió
rápidamente y vio al joven R... Agostino que bajaba el brazo. Sin más, lo mandó entrar en un cuartito cercano y acompañó a los demás al
comedor. El jovencito, avergonzado y llorando, protestaba que solamente había querido lanzar aquel troncho a un compañero sin la
menor intención de tocar al ecónomo. Era un muchacho muy vivaracho y tal vez un poco atolondrado; por lo demás era de buena
conducta y uno de los más aplicados del quinto curso de bachillerato. Por esto, el profesor que le quería y algún otro maestro y asistente,
persuadidos de su inocencia, se pusieron enseguida de su parte
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y le hicieron salir de la pequeña estancia, sin reflexionar en el agravio que hacían a su superior; lo llevaron al comedor, compadeciéndole
y declarando estar dispuestos a apoyarle con todas sus fuerzas. Lo tuvieron a su lado durante el resto del día, con admiración por parte de
la Comunidad.

El corazón velaba la razón. Durante la cena, estos profesores que, por otros motivos, se las tenían tiesas con el ecónomo, empezaron a
criticar en alta voz su comportamiento en aquella circunstancia, por haber castigado a un inocente sin escuchar sus razones. Se
inflamaban los ánimos y no se medían las palabras. Don Bosco callaba y, después de las oraciones de la noche, anunció que a la mañana
siguiente el joven Agostino saldría para su pueblo. Aquello cayó como la descarga de un rayo.

Los muchachos se retiraron a sus dormitorios y solamente se quedó en los ((83)) patios un grupito de profesores y, entre ellos, los que
se habían puesto en contra del ecónomo y que criticaban la severa disposición del Superior. Murmuraron un rato, hasta que un coadjutor,
jefe de taller, exclamó con inconsiderable violencia:

-íVaya uno de nosotros a don Bosco y dígale francamente que si a ese muchacho no se le perdona, nosotros abandonaremos el Oratorio!

-No llevemos las cosas tan lejos, exclamó el director de estudios, al oír esta amenaza; subo yo a ver a don Bosco y espero que las cosas
se arreglarán.

Y así lo hizo. Eran las diez y media y estaba don Bosco todavía trabajando en su mesa. Le expuso el descontento de algunos hermanos
y abogó por un perdón inmediato. Don Bosco le respondió:

-La falta es cierta; la intención no la juzga más que Dios. Por otra parte, el lanzamiento del troncho de col constituye por sí mismo una
infracción del reglamento, porque en aquel momento se había ordenado silencio y porque en las actuales circunstancias semejante acto
podía ser causa de graves desórdenes, después de los repetidos avisos. Sin embargo, y pese a la gravedad del caso, yo habría sabido
encontrar remedio para salvar al muchacho que en realidad es bueno; pero vosotros, al tomar su defensa, me habéis puesto en la
imposibilidad de volverme atrás. Los clérigos y los muchachos saben que vosotros os habéis puesto en contra de don Angel Savio y yo no
permitiré nunca que la autoridad sea obligada a sufrir semejantes presiones.

Hacia las once y cuarto volvía el director de estudios a sus compañeros, que le esperaban con ansiedad, y les dijo:
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-Don Bosco está firme en su decisión.

Todos se retiraron a su celda pensando qué partido debían tomar. Por fortuna, tomaron el mejor. Algunos, entre ellos Enrique Bonetti,
dijeron en voz baja:

-"Dejar a don Bosco? íJamás!

((84)) -íCon don Bosco hasta la muerte!, respondió uno por todos.

Y así fue. Al amanecer partía Agostino.

Solamente uno quedó en el Oratorio que no podía tranquilizarse con la sentencia de don Bosco. Sentábase éste a la mesa de los
Superiores; durante dos o tres días, entre resentido e irónico, aludía a don Angel Savio, al muchacho expulsado y a la injusticia cometida.
Don Bosco sufría como nunca se le vio, pero no soltaba prenda.

Se calmó la pasión y se dejó de hablar del asunto. Después de alguna semana, Agostino, aconsejado quizá por alguien, escribía una
carta a don Bosco desde su casa, pidiéndole perdón por la falta cometida distraída e involuntariamente. Consultado don Angel Savio,
intercedió por él y éste volvió al Oratorio, donde terminó sus estudios con aplauso.

Este hecho resultó una saludable lección para los alumnos que vieron cómo don Bosco, tratándose de la autoridad, no miraba la cara de
nadie, ya que un alumno de los mejores y amparado por los más influyentes del Oratorio, no había logrado librarse de las consecuencias
de una desobediencia.

Aun en medio de estos desórdenes continuaba don Bosco con su calma habitual, y sin hacer alusiones indiscretas, dando sus charlas
instructivas a los muchachos antes de ir a acostarse.

26 de marzo

Hoy quiero daros una buena noticia. Mañana os levantaréis a las cinco. íNo os espantéis! A las cinco los aprendices; y los estudiantes, a
las cinco y media. Pero cuando los estudiantes salgan al patio en busca de agua, procuren no estorbar las sagradas funciones que se
celebran en la iglesia para los aprendices.

Desearía que, apenas suene la señal para levantarse, se alce cada uno prontamente y no haga como ciertos "economistas" que procuran
aprovechar el primer cuarto de hora, la mitad del segundo, o si pueden todo, se levantan a toda prisa y corren a la iglesia, bien entendido
que más tarde que los demás. Hace dos días hubo uno, está aquí presente, pero no le quiero nombrar para no avergonzarle, que se quedó
en la cama, y al final, con las prisas ((85)) se metió los pantalones al revés y así salió del dormitorio. Por las escaleras se los quería
arreglar. Pero que si quieres... Tira de una parte, tira de la otra... no se ponían en su sitio. íEra una empresa difícil! La parte delantera la
llevaba atrás, y no se dio cuenta del enredo hasta después de un buen rato. íBonita figura hubiese hecho este tal si en aquel momento
hubiera pasado alguien por allí y le hubiera visto de aquel modo! Verdad es que a aquella hora difícilmente
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se encuentran forasteros por la casa, pero pudo haber pasado alguien de la misma; y pasó efectivamente don Bosco, el cual lo vio en aquel
aprieto. Hagamos, pues, de mañanita esta pequeña penitencia, hagámosla con espíritu de mortificación y ganaremos tiempo; podremos
arreglar la cama, cepillar los vestidos y ordenar nuestras cosas.

Hoy vino un forastero y quise acompañarlo para visitar los dormitorios. Apenas puse el pie en la puerta de uno, en el que duermen
treinta de los mayores, vi cinco o seis camas tan desordenadas que daban vergüenza. En una de ellas parecía que había dormido un
perrito, en otra un cerdito; tan desordenadas estaban. Otra cama no tenía nada sobre el colchón; la almohada envuelta en la sábana estaba
a los pies.
Otra tenía las mantas por el suelo y encima los zapatos. Tuve que cerrar la puerta para que el visitante no contemplase tan bochornoso
espectáculo.

Intenté entrar en otro dormitorio y, como éste era mayor, también eran más las camas sin hacer. Tuve, pues, que desistir de continuar la
visita para que el visitante no se llevase mala impresión de mis muchachos. íCausa tan mala impresión un dormitorio desordenado! Pero
no quiero echar la culpa a los muchachos, no; se la echo a los asistentes, los cuales, quieras que no, deberían exigir todas las mañanas que
se hicieran bien las camas.

Mas, para no reñir a nadie, he encontrado un medio eficaz para conseguir este fin, y que desde mañana mismo se empezará a practicar.
Es el siguiente: encargaré a uno que inspeccione todos los días los dormitorios y arregle las camas que estén en desorden. Este recibirá
como paga de su trabajo cuatro centavos (monedas de cinco céntimos) por cada cama que arregle, los cuales serán pagados por quien
haya dejado la cama en desorden. Se quedará solamente con dos por cada cama arreglada, y los otros dos se guardarán para comprar algo
útil para todos. Así, los que paguen podrán también participar en algo.

Mi última recomendación de hoy es que os peinéis bien. Se acerca la primavera en la que se multiplican ciertos animalitos. Lo sabe
bien el pobre Enría que en ocasiones anda desesperado y le toca lavar varias veces alguna cabeza. Hay algunos ((86)) jóvenes que, para
parecer guapos, se atusan el cabello y se hacen la raya, pero no se peinan de verdad. A estos les digo: badulaques, no seáis tan
presumidos; pensad en limpiaros y no en acicalaros.

30 de marzo

Mañana es el último viernes de marzo y deseo que lo santifiquéis del mejor modo posible y que hagáis el Viacrucis con verdadera
compasión de los padecimientos de Jesucristo y dolor de vuestros pecados. Os lo recomiendo, además, porque algunos de nuestros
clérigos se están preparando en la Casa de los Paúles para recibir dignamente la sagrada ordenación del subdiaconado. Rezad, pues,
mañana al Señor para que lleguen a ser verdaderos ministros suyos. Para ellos son momentos de grande y transcendental importancia,
porque el demonio se esfuerza en desviarlos y quitarles la vocación sacerdotal, y así vuestras oraciones les servirán en gran manera para
confortarlos.

Mientras el Siervo de Dios amonestaba y corregía a los alumnos del Oratorio no descuidaba a los de los colegios de Mirabello y Lanzo,
a quienes pensaba visitar. En estas ocasiones se cumplía en él
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lo que se dice del Divino Salvador: que pasaba haciendo siempre el bien. He aquí una carta suya al Director de Lanzo.

Mi querido don Domingo:

Tenía intención de hacer una excursión a Lanzo este jueves y así cerrar la cuaresma en compañía de mis queridos hijos de San Felipe
Neri; pero el tiempo estropeó los caminos y hemos de esperar a que estén en mejores condiciones.

Tu hermana ha sido admitida, o mejor, le han hecho sitio entre las educandas del Buen Pastor, mediante la dote de cien liras. Yo me
ocuparé del dinero, tú procura avisarle que venga cuando sea, trayendo sus vestidos y un par de camisas. El resto se lo proveerán en el
Asilo. Cuando llegue a Turín, que venga a verme y yo la haré acompañar a su destino con una nota mía.

Da mis más cariñosos saludos al profesorado, dirigentes, asistentes y a todos los alumnos. El sábado, dedicado a la Anunciación de
María Santísima, yo os recordaré a todos en la santa misa; rogad también vosotros por mí. Recomienda a don Francisco Provera, con aire
suplicante, que solemnice dicho día con algo especial en el comedor, de modo que los muchachos ((87)) tengan ocasión de brindar ahí a
mi salud mientras, casi a la misma hora, yo lo haré aquí por mis queridos amigos de Lanzo.

Dios os conserve a todos en su santa gracia. Amén.

Turín, 22 de marzo de 1865.

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Habiendo reconocido en Lanzo la necesidad que tenían de un profesor titulado, dirigió una súplica al ministro Natoli, poniendo bajo la
protección de María Santísima el éxito de la misma, ya que el Ministerio era contrario a la enseñanza impartida por los institutos
religiosos.

Excelencia:

El sacerdote Juan Bosco, respetuosamente expone a V. E. que el clérigo José Fagnano, alumno de la casa de beneficiencia, llamada
Oratorio de San Francisco de Sales, se presentó el pasado diciembre de 1864 a exámenes para obtener el diploma de profesor para el
bachillerato elemental.

Aprobó los exámenes escritos y orales, pero el día en que debía impartir la lección práctica, antes de presentarse a los señores
examinadores, sufrió una fuerte fiebre que lo conmocionó notablemente y le impidió poderla terminar; por tal motivo, según consta en la
Declaración del Presidente de la Facultad, en dicha lección solamente obtuvo 16/40 puntos en vez de 24/40.

El que suscribe recurre humildemente a V. E., en nombre del mencionado clérigo, suplicándole quiera conceder, por favor especial,
computarle los puntos de conjunto, en cuyo caso tendría una puntuación más que suficiente. Si V. E. juzgase excesivo este favor, rogaría
le obligase tan sólo a repetir la prueba práctica sin necesidad de repetir los otros exámenes.
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El que suscribe se atreve a suplicar este favor:

1.° Porque los exámenes de las materias principales obtuvieron resultados favorables, y solamente falló en el accesorio de la lección
práctica.

2.° Porque el fallo se debió a que le sorprendió la fiebre, como advirtieron los mismos examinadores.

3.° Porque con esto se ayuda a una obra de beneficiencia, a la que el mencionado clérigo pertenece.

4.° En atención a los méritos del mismo clérigo, quien dedica hace muchos años gratuitamente y con gran asiduidad todas sus energías
a la educación e instrucción de otros jóvenes pobres.

((88)) 5.° Pero el motivo principal es la confianza que tenemos en la reconocida bondad de S. E., que siempre suele conceder los
favores que son de utilidad pública, con tal de que sean compatibles con las leyes vigentes.

Puesta toda la confianza en Vuestra Excelencia, espera la gracia.

El humilde recurrente JUAN BOSCO, Pbro.

El 27 de abril de 1865, conseguía el clérigo el diploma de profesor para el bachillerato elemental.

Por aquellos días don Bosco tuvo que responder a ciertas exigencias del municipio de Lanzo del que, por causas ajenas a él, todavía no
se había podido percibir el pactado estipendio para los maestros elementales. El Alcalde le había escrito insistiendo en que proveyese a
las necesidades de las escuelas municipales destinando nuevos locales para las clases de los externos, que habían crecido en número
mayor al previsto. Por lo tanto había que restringir los locales, no muy espaciosos, destinados a los alumnos internos.

Don Bosco, aunque estaba dispuesto a hacer sacrificios pecuniarios, como lo demostró más tarde, con tal de quedarse en aquel lugar,
que él quería, no obstante quiso descubrir el estado de ánimo del alcalde y sus concejales. Escribió, pues, una carta, que hizo ver, antes de
remitirla, a don Angel Savio y al caballero Oreglia para que le manifestasen su parecer.

Ilmo. Señor Alcalde:

Recibida la carta de V. S. Ilma., concerniente al Colegio Internado de Lanzo, he pensado en las diferentes soluciones con las que podría
proveer a la buena marcha del mismo, ampliando o al menos haciendo servible el local actual.

Mas, viendo que cualquier medio que yo adopte, dentro de los límites marcados por el Municipio, me resultaría desventajoso y, por otra
parte, como para la regularidad y el aumento de clases no basta el local actual porque las peticiones para el próximo octubre son muy
superiores al número de alumnos actualmente existentes en el Colegio, por todo esto notifico a V. S. y a los demas señores del Municipio
que me ((89)) desligo del convenio del 30 de junio de 1864 y les dejo en libertad para que provean a la continuación del Colegio del
modo que mejor juzgaren.
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Lo siento en verdad por los numerosos gastos que he debido hacer para el buen funcionamiento y atenciones de internos y externos,
mas para no exponer esta casa a mayores gravámanes me veo obligado a tomar esta resolución.

Ruégole comunique mi determinación a los señores concejales de ese Municipio y les dé mis mas sentidas gracias por todas las
benévolas atenciones que en más de una ocasión tuvieron la bondad de dedicarme.

Créame con la debida estima y gratitud.

Turín, 20 de abril de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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((90))

CAPITULO VIII

SE TERMINAN LOS CIMIENTOS Y LAS BOVEDAS DEL PAVIMENTO DE LA IGLESIA EN CONSTRUCCION -EL DUQUE
AMADEO ACEPTA COLOCAR LA PIEDRA ANGULAR -LA GRAN AYUDA QUE PRESTAN A DON BOSCO SUS
SACERDOTES -EL TEOLOGO BOREL -MEMORABLE TRIDUO PREDICADO POR DON BOSCO COMO PREPARACION A
LA PASCUA -POR QUE DON BOSCO TIENE EXITO EN SUS TOMBOLAS -SE FORMA LA COMISION PARA UNA NUEVA
TOMBOLA -CONFERENCIAS Y APROBACION DEL PROGRAMA -INVITACION A LOS BIENHECHORES PARA ASISTIR A
LA BENDICION DE LA PIEDRA ANGULAR DE LA NUEVA IGLESIA EN VALDOCCO -GENEROSIDAD DEL INGENIERO
SPEZIA -EL SUMO PONTIFICE CONCEDE INDULGENCIAS A LOS QUE HONRAN A SAN JOSE EN SU MES
PREPARATIVOS EN EL ORATORIO PARA LA COLOCACION DE LA PIEDRA ANGULAR -SOLEMNE BENDICION DE LA
MISMA -EL PRINCIPE AMADEO EN EL ORATORIO; VELADA EN SU HONOR -HIMNO DE ACCION DE GRACIAS A DIOS
-ADMIRACION DEL PRINCIPE ANTE LAS OBRAS DE DON BOSCO Y DONATIVOS PARA LA IGLESIA Y PARA LOS
MUCHACHOS DEL ORATORIO -UN MANZANO -DOS OPUSCULOS CON OCASION DE LA FIESTA -CON LOS TRABAJOS
Y LA FE DE DON BOSCO SE LEVANTA ESTE AÑO LA IGLESIA CON SUS BOVEDAS Y CUBIERTA -GENEROSIDAD DE
UN VENDEDOR DE FRUTA

MIENTRAS tanto, don Bosco impulsaba sin cesar la construcción de la iglesia de María Santísima Auxiliadora. Las obras proseguían
con rapidez. Los sótanos estaban ya acabados y hechas las bóvedas que debían sostener el pavimento. El siervo de Dios veía con inmensa
alegría que se acercaba el momento ((91)) en que por vez primera en aquel prado, de inmortal recuerdo, se celebraría públicamente el
nombre de María Auxiliadora, poniendo la piedra angular de su Santuario. Aquí le había renovado la Virgen
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la misión, manifestada cuando era todavía un niño, y parece que entonces se repetía el diálogo entre Débora y Barac:

-Si tú vienes conmigo, yo iré; mas si no vienes conmigo, yo no me muevo.

-Pues bien, iré contigo.

Esta era la promesa de la Madre de Dios. Y don Bosco a partir de 1845, y aún antes, empezó a hacer maravillas con sus bendiciones, las
cuales demostraban que María Santísima estaba con él.

Tenía, pues, razón don Bosco para desear una fiesta lo más solemne posible y, en consecuencia, pedía al hijo del rey Víctor Manuel II,
el príncipe Amadeo, duque de Aosta, de veinte años de edad, que se dignase colocar la piedra angular de la iglesia. El Príncipe aceptó
gentilmente la invitación.

Don Bosco podía dedicarse con mayor asiduidad a los preparativos de la fiesta porque empezaba a palpar los preciosos frutos de su Pía
Sociedad. Hacía cuatro años que en todas las témporas recibía las sagradas órdenes alguno de sus clérigos, y el número de sus sacerdotes,
ayudados por celosos sacerdotes diocesanos, le permitía hacerse suplir casi del todo en las instrucciones dominicales de la tarde en
Valdocco y en los Oratorios de San Luis y del Angel Custodio. El se reservaba para sí la narración de la Historia Eclesiástica por la
mañana en la iglesia de San Francisco de Sales, que luego continuó en la de María Auxiliadora hasta 1869.

Seguía contando con la admirable ayuda del teólogo Borel, siempre dispuesto a todo, humilde e inflamado en amor de Dios. Cierto
domingo, fue llamado este celoso sacerdote para predicar en el Oratorio después de haber ejercido su ministerio durante la mañana en
varias iglesias de la Ciudad. El enviado lo encontró ((92)) en el huerto que hay delante de su casa en el Refugio, comiendo un pimiento
con un trozo de pan, pues estaba todavía en ayunas. Oído el recado, exclamó el buen sacerdote:

-íBueno, se acabó la comida!

Y sin más, se encaminó hacia el púlpito.

El teólogo Borel era caballero de la Orden de San Mauricio y San Lázaro. Un día estaban los clérigos del Oratorio hablando del
ingeniero Spezia y pronosticaban que pronto sería condecorado con la cruz de aquella Orden, como en efecto sucedió. En aquel momento
atravesaba el patio el teólogo Borel que acababa de predicar; se paró un momento para saludarlos; y ellos familiarmente le preguntaron
por qué motivo le habían concedido a él el galardón Mauriciano. Sonriendo, respondió:
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-Tampoco yo lo sé. Tal vez porque un día, siendo yo seminarista y mientras ayudaba la misa en palacio, apagué un ramo de flores
artificiales que ardía, en presencia de la reina María Teresa.

Y se reía. Siempre tenía la palabra oportuna para cuantos encontraba, con lo que se ganaba la confianza y el afecto de todos.

Una vez entraba a toda prisa en el Oratorio, algo retrasado para la predicación y vio a un joven sacerdote que le esperaba para
acompañarlo; díjole:

-Nunca le he visto a usted en el Oratorio.

-Hace pocos meses que estoy con don Bosco.

-"Y piensa quedarse?

-Efectivamente, si Dios quiere.

-Muy bien, quédese aquí, porque ésta es la casa de un santo. íAnimo! No se deje llevar por la melancolía. No se turbe por las
contrariedades o privaciones. íEsté siempre alegre! Persevere en su decisión y será feliz. Hay mucho que trabajar, pero el Señor y la
Virgen pagan bien.

Y abrazándole se apresuró a entrar en la iglesia. íQué fortuna la del Oratorio, que tuvo durante tantos años amigo tal!

Don Bosco se servía de él y de otros sacerdotes turineses ((93)) para satisfacer las peticiones de predicaciones extraordinarias en la
diócesis y fuera de ella. Con frecuencia recibía invitaciones de obispos o de párrocos para predicar una misión, no solamente en villorrios,
sino también en ciudades de cierta importancia. Si podía, aceptaba la invitación; pero, si no le era factible, encargaba a dichos
voluntariosos amigos y también a alguno de sus jóvenes sacerdotes, por ejemplo a don Juan Cagliero o a don Miguel Rúa.

Por aquellos días tuvo lugar una misión en Reggio Emilia y escribía el Obispo a don Bosco:

Muy Reverendo Señor y Dueño mío:

No encuentro expresiones para agradecer a V. S. M. R. el señaladísimo favor que me hizo al enviar dos sacerdotes tan doctos, celosos y
verdaderamente santos misioneros, para predicar los ejercicios espirituales en esta Ciudad. Han trabajado sin descanso día y noche
durante más de una semana y con tan buenos resultados, con tanta satisfacción y fruto espiritual de todo el pueblo, que verdaderamente se
ha visto la bendición de Dios. Lleno de consuelo, he repetido varias veces, refiriéndome a ellos, las palabras de san Pablo: Beati pedes
evangelizantium bona, evangelizantium pacem (bienaventurados los pies de los evangelizadores del bien y de la paz).

Le doy una y mil veces las más expresivas gracias, reverendísimo señor, por su gran complacencia y, si en cualquier ocasión, yo
pudiese servirle en algo, me agradaría
91

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sumamente poder confirmarle una vez más mis sentimientos de gratitud y del singular aprecio con que me honro, etc., etc...

Reggio, 1. ° de mayo de 1865.

" PEDRO, Obispo.

Mientras tanto, terminada la catequesis cotidiana de la Cuaresma, don Bosco se pasaba días enteros en el confesonario, y predicaba el
triduo de preparación a la Pascua.

En uno de estos sermones trató de la sinceridad en la confesión y describió con tan vivos colores la angustia de Carlos (aquel jovencito
muerto después de una mala confesión en 1849), y su buena suerte de haber sido resucitado y haber manifestado su pecado a un sacerdote
antes de volver a dormirse en el sueño de la muerte, ((94)) que, terminada la narración, ya no fue capaz de añadir palabra. Vencido por la
emoción se puso a llorar y sollozar, tanto que tuvo que interrumpir el sermón y bajar del púlpito. Todos los muchachos quedaron como
fuera de sí y pasó un largo rato antes de que pudieran entonar las letanías de la Virgen. Don Carlos Ghivarello y José Bologna, que
estaban presentes, atestiguaron el hecho.

Mientras los alumnos internos y externos cumplían con el precepto pascual, el siervo de Dios acababa los preparativos iniciales para la
buena marcha de la tómbola. No dudaba ni un momento del éxito de la misma. El teólogo Leonardo Murialdo, Rector de los Artigianelli
en Turín, años después, viendo el éxito de las tómbolas de don Bosco y lo poco que conseguía con las suyas, preguntóle qué método
usaba para tan buen resultado, a lo que el Siervo de Dios respondió:

-Yo hago así: en cuanto me decido a hacerla, elijo a los más pequeños y mejores muchachos del Oratorio y los llevo ante la imagen de
la Santísima Virgen para obtener su bendición. Hecho esto, trabajamos con pies y manos para el buen resultado de la misma.

Fue el mismo Teólogo quien escribió este testimonio.

Aquel mismo mes buscó don Bosco el apoyo y la especial protección de varios príncipes de la Casa de Saboya para la nueva tómbola,
que le fue generosamente concedida; y acabó de formar la lista de los personajes que aceptaron participar en la Comisión. He aquí los
nombres:

"Miembros de la Comisión: el marqués Manuel Luserna de Rorá, Alcalde de la ciudad de Turín, Presidente honorario.-Marqués
Ludovico Scarampi de Pruney, Presidente.-Marqués Domingo Fassati, Vice-Presidente.-El doctor en medicina y cirugía don
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Juan Gribaudi, Secretario.-El caballero Federico Oreglia di S. Stefano, Secretario.-El comendador José Cotta, Senador del Reino,
Cajero.-El teólogo canónigo ((95)) Valerio Anzino, Capellán de Su Majestad, Director de la exposición.-El conde Ernesto Bertone de
Sambuy, Director de la exposición.-El barón José Boggio, Director de la exposición.-El caballero Aleramo Bosco de Ruffino.-El
comendador Bona, Director General de la administración de los Ferrocarriles del Sur.-El presbítero Juan Bosco, Director de los
Oratorios.-El conde Carlos Cays de Giletta, Director de la exposición.-El caballero Juan Bautista Duprà, Contable de la contaduría
general del Estado.-El caballero José Dupré, Consejero Municipal.-El comendador Pedro Fenoglio, Ecónomo general.-El marqués Evasio
Ferrari de Castelnuovo.-El caballero Carlos Giriodi, Director de la exposición.-El presbítero Vicente Minella, Director de la
exposición.-El caballero comendador Pernati di Momo, Ministro de Estado y Senador del Reino.-El caballero Hilario Pateri, Profesor y
Consejero Municipal.-El conde y abogado Alejandro Provana di Collegno.-El conde Constantino Radicati, Gobernador en funciones.-El
comendador Juan Rebaudengo, Secretario General del Min. de la Casa Real.-El caballero Clemente Scarampi di Villanova, Director de la
exposición.-El conde Alberto Solaro della Margherita.-El comendador Casimiro Sperino, doctor en Medicina y Cirugía.-El señor Carlos
Uccelletti, Director de la exposición.-El caballero Alejandro Vogliotti, canónigo, teólogo y Provicario General.-El conde José Villa di
Monpascale, Director de la exposición.-El abogado Mauricio Viretti, Director de la exposición.

Surgieron nuevas dificultades para hacer aceptar los cargos que exigían mayor responsabilidad y trabajo; y se celebraron varias
reuniones de los más voluntariosos de estos señores en un salón del palacio municipal. Pero el 16 de abril, día de Pascua, y el 25 y 26 del
mismo mes, tomados los oportunos acuerdos, se aprobó el programa y se distribuyeron las distintas incumbencias.

Durante este tiempo se había preparado todo para la colocación de la piedra angular, y el Siervo de Dios había repartido a los fieles la
siguiente invitación:

((96)) Turín, 24 de abril de 1865.

Benemérito Señor:

Con gran placer participo a V. S. que el día 27 del corriente mes tendrá lugar la bendición de la piedra angular de la iglesia dedicada a
MARIA AUXILIADORA.
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Su Alteza Real el Príncipe Amadeo, echará la primera paletada y el Obispo de Casale oficiará en la función religiosa.
Epero que, entre los insignes bienhechores, que ese día nos honrarán con su presencia, tendremos la satisfacción de saludar a V. S.
Siento mucho gusto al ofrecerle en esta hermosa ocasión los respetos de mi más sentida gratitud y desearle las bendiciones celestiales,

mientras tengo el honor de profesarme
De V.S.
Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

PROGRAMA DEL ACTO
1.° El lugar donde se celebrará el acto es entre la iglesia de san Francisco de Sales y la calle Cottolengo.
2.° El acto religioso empezará a la una de la tarde y se tendrá acceso por la mencionada calle Cottolengo.
3.° Habrá después una fiestecita con pequeñas representaciones y concierto musical: Don Procopio, El Huerfanito, Gianduja en el País

de la Cucaña, Diálogo; Coro en las Prisiones de Edimburgo.
4.° Visita a la Casa; canto del Te Deum y Bendición con el Santísimo.
El ingeniero Spezia respondía a la invitación con la siguiente carta:

Turín, abril de 1865.
Muy Reverendo Señor don Juan Bosco:
He recibido con agrado la noticia de que Su Alteza el Príncipe Amadeo, con otros ilustres personajes, asistirá para la primera paletada

sobre la piedra angular de nuestra iglesia.
((97)) Haré todo lo posible para asistir y poder dar, con los planos en la mano, las indicaciones y aclaraciones que cualquiera deseare

para hacerse una idea clara del resultado de la obra.
Mientras tanto envíole la cuenta de los trabajos realizados hasta el presente, a fin de que usted pueda conocer la situación financiera.
Por lo que respecta a mis honorarios, lo mismo por el proyecto y asistencia a la construcción que por los servicios prestados a esta casa

de beneficiencia, no tiene por qué preocuparse, puesto que, como ya le dije, debe tenerla por saldada sin obligación de ninguna clase; más
aún, soy yo quien le agradece haberme puesto en la ocasión de prestar mi trabajo en favor de una institución de tanta utilidad y filantropía
bajo todos los aspectos, lo mismo religiosos que sociales.

Acepte, etc...
ANTONIO SPEZIA, Ingeniero
El 27 de abril, portador de otra alegría a don Bosco, amaneció sereno y así se mantuvo hasta la noche. Pío IX, con un rescripto
(renovado después del 18 de julio de 1877) concedía a todos los que

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durante un mes hiciesen alguna práctica piadosa diaria de oraciones y de virtud en honor de san José (como preparación para su fiesta del
19 de marzo) trescientos días de indulgencia cada día, y plenaria en cualquier día que ellos quisieran de dicho mes, siempre que en el
mismo, verdaderamente arrepentidos, confesados y comulgados, orasen según la intención del Sumo Pontífice; pero sin necesidad de
visitar una iglesia determinada. Don Bosco conocía y predicaba el valor inestimable de las indulgencias y san José, después de la Virgen,
había sido proclamado protector de los estudiantes y aprendices del Oratorio.

Estaba todo brillantemente dispuesto para la fiesta en el día señalado, que era jueves. Se puso cuanto se pudo. Todo el espacio de la
futura iglesia estaba cubierto con un amplio tablado de madera sobre el cual se habían colocado amplias telas y colchas para remediar la
desigualdad de las tablas. Se colocó un pequeño altar de madera en el mismo sitio donde el día anterior, de acuerdo con las rúbricas, se
había levantado una ((98)) gran cruz, en el mismo lugar donde debería ir después el altar mayor. Sobre el altar veíase dominar la cruz y a
ambos lados cirios encendidos y floreros. El altar estaba cubierto con telas ornadas de franjas doradas y sobre él se levantaba un
majestuoso pabellón, cerrado por tres de sus partes y abierto de frente. La parte posterior estaba formada por una bandera nacional con el
escudo de los Saboya en el centro. Cubría el pavimento una preciosa alfombra. A la derecha había una bandeja con la piedra angular, la
paleta, un martillo de plata y un cofrecito para el acta notarial. En el centro de la futura iglesia se extendía un amplísimo toldo ornado de
franjas y sostenido por cuatro altísimos varales pintados con fajas blancas y encarnadas. Bajo el toldo, al lado del Evangelio, se levantaba
un gran palco para los cantores, ante los cuales estaba la banda de música. En el lado de la Epístola, un sillón con un reclinatorio cubierto
de damasco para el Príncipe Real. A la entrada de la iglesia se levantaba un gran arco triunfal con una inscripción y por una grada de
madera se subía a la explanada donde debía tener lugar la ceremonia.

El Obispo de Casale, que debía presidir la ceremonia, impedido por compromisos urgentes, excusó su ausencia con un telegrama. Don
Bosco envió a don Celestino Durando a Susa, de donde volvió aquel mismo día con monseñor Juan Antonio Odone, quien rápidamente
aceptó la invitación.

Todo estaba a punto. Mas he aquí que, hacia la una de la tarde, se levantó un viento impetuoso que parecía querer destrozar y llevárselo
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várselo todo. A la media hora cesó. Parecía que Satanás hubiera desplegado su ira, intentando impedir el sagrado rito.

Una gran multitud, miembros de la nobleza de Turín y de otras partes, el Gobernador de la Ciudad, el Alcalde con varios miembros del
Municipio, los señores de la Comisión para la tómbola, numerosos grupos de muchachos llegados de varias ((99)) partes, la banda de
música con un centenar de voces argentinas estaban a punto para recibir a su Alteza Real el Príncipe Amadeo de Saboya, Duque de
Aosta. Venciendo muchas y graves dificultades, se había podido obtener de la Dirección de Ferrocarriles que los alumnos del colegio de
Mirabello vinieran en esta ocasión para formar con sus compañeros de Turín una especie de ejército.

A las dos se revestía con los hábitos pontificales el Obispo de Susa, en medio de dos filas de clérigos, y llegaba Su Alteza el Duque de
Saboya con su noble cortejo, saludado por la marcha real.

El Venerable, revestido de manteo, le recibió y acompañó al lugar preparado para él y allí se quedó en pie a su derecha con el ritual
abierto en las manos y dando de vez en cuando alguna explicación.

El señor Obispo, después de las preces y salmos prescritos, roció con agua bendita los cimientos, y después, seguido del Príncipe, de
don Bosco y de otros ilustres personajes, se dirigió hacia la base del pilar de la cúpula del lado del Evangelio, pilar que sobresalía algo
del nivel del pavimento. Entonces el Notario, levantada acta de cuanto se hacía, la leyó en alta voz:

"En el año del Señor mil ochocientos sesenta y cinco, el veintisiete de abril, a las dos de la tarde; en el año décimo noveno del
Pontificado de Pío IX, conde de Mastai Ferretti, felizmente reinante; el año décimo séptimo de Víctor Manuel II; vacante la sede
Arzobispal de Turín, por muerte de Monseñor Luis, marqués de Fransoni, y siendo Vicario Capitular el teólogo colegiado José Zappata;
cura párroco de la parroquia de Borgo Dora el caballero teólogo Agustín Gattino; director del Oratorio de San Francisco el presbítero
Juan Bosco, en presencia de su Alteza Real el Príncipe Amadeo de Saboya, duque de Aosta; del conde Constantino Radicati, gobernador
de Turín; de la Junta Municipal representada por el Alcalde de esta ciudad, el marqués Manuel Luserna de Rorá y de la Comisión
promotora de esta iglesia, dedicada a Dios Todopoderoso y a María Auxiliadora, monseñor J. Antonio Odone, Obispo de Susa, con la
facultad del Ordinario de esta diócesis, procedió a la bendición de los cimientos y colocación de la piedra angular de la misma en el gran
pilar de la cúpula del lado del Evangelio ((100)) del altar mayor. En esta piedra han sido encerradas algunas monedas de metal y de valor
distinto, algunas medallas con la efigie del Sumo Pontífice Pío IX y de nuestro Soberano, una inscripción en latín que recuerda el objeto
de esta sagrada ceremonia. El benemérito ingeniero arquitecto caballero Antonio Spezia concibió el proyecto y con espíritu cristiano
prestó y presta todavía su labor en la dirección de los trabajos.
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"La forma de la iglesia es de cruz latina, con mil doscientos metros cuadrados de superficie. El motivo de esta construcción es la falta
de iglesias para los fieles de Valdocco y para dar público testimonio de gratitud a la gran Madre de Dios por los muchos beneficios
recibidos y por los que con abundancia esperamos obtener de esta celestial Bienhechora. La obra se comenzó y se espera llevarla a feliz
término con la caridad de los devotos.

"Los habitantes de este suburbio de Valdocco, los turineses y otros fieles beneficiados por María, reunidos en este bendito recinto,
dirigen unánimes a Dios Nuestro Señor, a la Virgen María, auxilio de los cristianos, una fervorosa plegaria para obtener del Cielo
copiosas bendiciones sobre los turineses, sobre los cristianos de todo el mundo, y muy en particular sobre el que es cabeza suprema de la
Iglesia católica, promotor e insigne bienhechor de este sagrado edificio, sobre todas las autoridades eclesiásticas, sobre nuestro augusto
Soberano y sobre toda la Familia real y especialmente sobre S. A. R. el Príncipe Amadeo que, aceptando la humilde invitación, dio una
prueba de devoción a la gran Madre de Dios. La augusta Reina del cielo asegure un puesto en la eterna bienaventuranza a todos cuantos
han prestado o prestaren ayuda para llevar a feliz término este sagrado edificio, o que de cualquier otro modo contribuyan a acrecentar su
culto y su gloria en la tierra."

Aprobada el acta, fue firmada por todos los anteriormente nombrados y por los más ilustres personajes allí presentes. Después fue
doblada, envuelta con los planos de la iglesia, juntamente con una copia de una inscripción latina de don Juan Bautista Francesia y
colocada en un recipiente de cristal, expresamente preparado.

La inscripción decía:

D. O. M.1 -UT VOLUNTATIS ET PIETATIS NOSTRAE -SOLEMNE TESTIMONIUM POSTERIS EXTARET -IN MARIAM
AUGUSTAM GENITRICEM -CHRISTIANI NOMINIS POTENTEM -TEMPLUM HOC AB INCHOATO EXTRUERE -DIVINA
PROVIDENTIA UNICE FRETIS -IN ANIMO FUIT -QUINTO TANDEM CAL. MAI. AN. MDCCCLXV-DUM ((101)) NOMEN
CHRISTIANUM REGERET-SAPIENTIA AC FORTITUDINE -PIUS PAPA IX PONTIFEX MAXIMUS -ANGULAREM AEDIS
LAPIDEM -IOAN. ANT. ODO EPISCOPUS SEGUSINORUM -DEUM PRECATUS AQUA LUSTRALl -RITE EXPIAVIT -ET
AMADEUS ALLOBROGICUS V. EMM. II FILIUS -EAM PRIMUM IN LOCO SUO CONDIDIT -MAGNO APPARATU AC
FREQUENTI CIVIUM CONCURSU. -SALVE O VIRGO PARENS -VOLENS PROPITIA TUOS CLIENTES -MAIESTATI TUAE
DEVOTOS-E SUPERIS PRAESENTI SOSPITES AUXILIO.
J. B. Francesia scripsit 2
1 D.O.M.-Deo Optimo Maximo, que quiere decir en castellano: "Al Dios mejor y más grande". (N. del T.)

2 Traducción: Como solemne testimonio para los venideros de nuestra benevolencia y religión para con la augusta Madre de Dios
MARIA AUXILIADORA, hemos decidido edificar este templo desde sus cimientos; el día 27 de abril de 1865, gobernando la Iglesia
Católica con
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VOLUMEN VIII Página: 98

Cerrado herméticamente, se colocó el envoltorio que contenía el acta en el hueco practicado en el centro de la piedra angular,
juntamente con unas medallas de María Auxiliadora y monedas de oro, plata y cobre, acuñadas aquel año y estampas religiosas y retratos
del Papa.

El venerando Prelado bendijo todo con el hisopo.

Junto a él, atraían todas las miradas los dos hermanos Francisco y Miguel Paglia, que eran los más pequeños de los clérigos, iguales en
estatura, y muy iguales de cara, ya que eran gemelos. El uno sostenía en las manos una elegante bandeja de plata con una paleta de albañil
y un martillo; el otro una bandeja igual con un pequeño cofrecito. El príncipe Amadeo embutió éste en el hueco practicado en la piedra
angular y echó encima la primera paletada de cal. Después continuaron los albañiles allí mismo su trabajo hasta la altura de poco más de
un metro.

Acabados los actos religiosos, los personajes invitados entraron en el Oratorio.

En el patio estaban los alumnos formados en dos filas. ((102)) El Príncipe quiso pasarles revista y por dos veces recorrió despacio las
filas de los muchachos que aplaudían. Se paró ante la banda de música y quedó gratamente impresionado al ver entre los músicos algunos
jóvenes, ya salidos del Oratorio, que vestían el uniforme de su mismo regimiento.

Siempre acompañado por don Bosco, visitó el Oratorio dando muestras de agrado ante las frecuentes aclamaciones que los muchachos
le tributaban cada vez que pasaba cerca de ellos. Una vez terminado el recorrido, se dirigió con los demás invitados al gran salón de
estudio, donde don Juan Bautista Francesia saludó al Obispo, al Príncipe y demás señores con una admirable poesía en la que, entre otras
cosas, dijo a su Alteza:

Caro e diletto Principe, Querido ilustre Príncipe,
Schiatta di santi eroi, Casta de héroes y santos,
Quale pensier benefico "Qué piadosos encantos
Ti mena qui fra noi? Te traen a nuestro hogar?
Uso alle aurate reggie, "Desde tu alcázar regio

sabiduría y fortaleza el Pontífice Máximo Pío IX, según los ritos religiosos, se bendijo la piedra angular de la iglesia por Juan Antonio
Odone, Obispo de Susa: y Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, la colocó por primera vez en su sitio, con gran solemnidad y
ante una gran muchedumbre. Salve, oh Virgen Madre, socorre benévola a tus devotos, que veneran tu majestad y defiéndelos desde el
cielo con tu eficaz ayuda.
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Del mondo allo splendore, Y mundo esplendoroso
Del miser lo squallore Nuestro techo ruinoso
Degnasti visitar? Te dignas visitar?

Bella speranza al popolo Esperanza del pueblo,
In mezzo a cui tu vieni, Al que dichoso vienes:
Possa tuoi giorni vivere, Que tengas parabienes,
Calmi, dolci e sereni: Alegrías y paz.
Mai sul tuo capo giovane, Que nunca tu alma joven
Sull'alma tua secura, Sienta la desventura:
Non strida la sventura, Su copa la amargura
Non surga amaro dí. Nunca te dé a gustar.

Terminada la recitación de esta poesía, de la que se repartió un millar de copias entre los asistentes, se leyeron otras poesías de
actualidad, se interpretaron varios números de música vocal e instrumental y se recitó un diálogo compuesto por don Bosco, en el que se
hacía un resumen de la solemnidad del día 1.

Terminada la agradable veladita, se cerró el día con un sermón del canónigo Lorenzo Gastaldi 2 y una fervorosa acción de gracias al
Señor con la bendición con el Santísimo Sacramento ((103)) en la iglesia de San Francisco de Sales.

S. A. R. y el séquito habían dejado el Oratorio a las cinco y media. Todos se mostraban plenamente satisfechos.
Aquella misma noche tenía el augusto Príncipe invitados a cenar algunos personajes distinguidos; después de haberles narrado la
hermosa función a la que había asistido, dijo:

-Es algo verdaderamente maravilloso lo que hace este pobre sacerdote: íojalá hicieran otro tanto, si fueran capaces, algunos que se
glorían de grandes obras!

Y entre otras pruebas de agradecimiento, conmovido por la recepción de los alumnos del Oratorio, regaló una generosa cantidad de su
caja personal, para concurrir a las obras de la nueva iglesia dando pruebas en su juventud de su devoción a la gran Madre de Dios.

Al mismo tiempo, y habiendo sabido la afición de los alumnos de don Bosco por los juegos gimnásticos, dispuso que se les regalase
parte del material de su propio gimnasio.

1 Apéndice II.

2 Apéndice III.
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El general Rossi anunciaba a don Bosco las generosas disposiciones del Príncipe:

CASA DE LOS PRINCIPES REALES

Turín, 4 de mayo de 1865.

S. A. R. el Príncipe Amadeo, recordando el recibimiento que le fue otorgado por esa Casa, a donde acudió para la colocación de la
primera piedra de la nueva iglesia, y queriendo contribuir también personalmente al desarrollo de la misma, ha determinado enviar un
donativo de quinientas liras de su modesto peculio particular.
Ruégole, Reverendo Señor, se sirva mandar el oportuno recibo al contable Señor C. L. Doria.

El Jefe de la casa de los Príncipes Reales ROSSI

CASA DE LOS PRINCIPES REALES
((104))

Turín, 4 de mayo de 1865.

S. A. R. el Duque de Aosta, habiendo terminado su estancia en Moncalieri, determinó destinar al benemérito Instituto dirigido por V.
Señoría Ilma. una parte de los aparatos de gimnasia que sirvieron para los ejercicios de S. A. R. y que sin duda podrán ser de utilidad para
los alumnos de V. S. Ilma.
Me encargaré de hacerle conocer, a la par de la lista de dichos aparatos, el día y la hora en que serán consignados, a fin de que usted
pueda delegar a alguien para recibirlos y tomar los acuerdos pertinentes con el señor caballero Obermann para colocarlos en su sitio.

El Jefe de la casa de los Príncipes Reales ROSSI

Estos múltiples aparatos, de gran costo, fueron colocados en el patio del Oratorio y sirvieron durante mucho tiempo de magnífico
instrumento de recreo para los muchachos, mientras los que iban al Oratorio tenían una prueba palpable para admirar la bondad del
Príncipe.

El Siervo de Dios correspondió a tanta bondad con un sencillo y singular regalo. Cerca de la nueva iglesia y en un ángulo del patio,
había crecido un manzano, en el que habían brotado algunos botones. Cuando don Bosco lo supo, maravillado del caso advirtió a los
muchachos que no tocasen aquel árbol y dejasen madurar las manzanas, porque tenía la intención de mandárselas al príncipe Amadeo.

Los muchachos corrían, saltaban, pero ninguno tocaba el árbol, de modo que las manzanas llegaron a madurar con un tamaño
maravilloso.
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No pensaba don Bosco en ello, cuando un día una de las manzanas cayó a tierra. Un muchacho tomó una hoja, puso sobre ella la fruta y
acompañado por los demás la presentó a don Bosco en la mesa. Don Bosco mandó recoger las otras cinco y se las envió al Príncipe,
narrándole lo acontecido.

El joven Duque agradeció a don Bosco el regalo y ((105)) mandó una limosna para que comprase fruta en recompensa, como él decía,
de las sabrosas manzanas que ellos le habían mandado.

El Duque de Aosta conservó siempre gratísimo recuerdo del 27 de abril de 1865 1. En 1884, habiendo ido al santuario de Nuestra
Señora de Oropa, sostuvo una larga conversación con monseñor Pedro Tarino sobre el nuevo santuario que se pensaba erigir en aquel
lugar y sobre las dificultades que se presentaban para su comienzo. El Príncipe, que había caldeado los ánimos para que se iniciase cuanto
antes la obra, dijo entre otras cosas:

-Los tiempos son propicios para obras de esta clase. Mirad a don Bosco: sin nada en la mano ha gastado varios millones y siempre
encuentra personas generosas que le ayudan en las grandes y arduas empresas que realiza.

Mientras tanto, don Bosco, inmediatamente después de la fiesta descrita, como recuerdo del acontecimiento y para mover la caridad
pública, hizo imprimir y divulgar el diálogo recitado en presencia del Príncipe. Lo tituló Recuerdos y añadió un poco de historia de la
iglesia que se edificaba y una breve noticia sobre la colocación de la piedra angular. Contemporáneamente publicaba en la imprenta de
Armonía un librito titulado: Devoción a María Auxiliadora en Turín. Es un compendio histórico de dos siglos, que termina con unos
datos sobre la nueva iglesia de Valdocco.

Los trabajos del nuevo edificio proseguían con la mayor rapidez;
pero la tómbola no podía cubrir todos los gastos y don Bosco daba pruebas luminosas de su gran fe y su devoción a la Santísima Virgen.
La empresa debía costarle indecibles cuidados y fatigas para encontrar los medios necesarios, y él se sometía a ellas a diario con gran
ánimo. Como muchas veces le faltaba dinero para pagar a los obreros o para proveer materiales iba personalmente o escribía a personas
que estaban enfermas o que pasaban graves angustias, exhortándoles a recurrir con confianza a la Santísima Virgen prometiendo

1 Príncipe Amadeo de Saboya, duque de Aosta. Es el hijo segundo de Víctor Manuel II de Italia. Fue elegido rey de España, cinco años
más tarde de estas fiestas, por las Cortes de 1870, después de la revolución que depuso a Isabel II; abdicó en 1873. (N. del T.)
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((106)) entregar alguna ofrenda para la construcción de su iglesia. Así les deparaba el modo de obtener la gracia, proveía a su obra de los
recursos necesarios y aumentaba, al mismo tiempo, en los fieles la gratitud y la devoción a su celeste bienhechora.

De este modo durante el año 1865 llegaron las obras de la iglesia hasta cubrir el techo y se terminó también la bóveda, a excepción del
espacio que debía ocupar la circunferencia de la cúpula.

Mientras se realizaban estos trabajos, sucedió un hecho que maravilló a los obreros. Un pobre revendedor de fruta se acercó en los
primeros días de verano a vender su mercancía por la zona de Valdocco. Se enteró de que se estaba construyendo la iglesia de María
Auxiliadora con aportaciones particulares de los fieles, y quiso él también tomar parte. Con generoso sacrificio llamó al maestro de obras
y le entregó toda su fruta para que la repartiera entre los albañiles. Queriendo, después, según su propia expresión, terminar la obra
comenzada, rogó a los albañiles que le ayudasen a cargar con una gruesa piedra y con ella a hombros empezó a subir a los andamios.
Temblaba el buen viejo bajo el peso de la piedra, pero le parecía ligero, dado el fin religioso que le animaba. Cuando llegó arriba,
descargó la piedra y exclamó satisfecho:

-íAhora puedo dormir contento porque espero poder participar de algún modo del bien que se hará en esta iglesia!
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CAPITULO IX

CON LA CONSTRUCCION DE LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA SE EXTIENDE LA FAMA DE DON BOSCO -LA
CONFIANZA DE LOS FIELES EN SUS ORACIONES SE MANIFIESTA EN LAS CARTAS -DEUDAS A PAGAR
-GENEROSIDAD DE DON BOSCO QUE, EN MEDIO DE TANTAS ESTRECHECES, RECIBE GRATUITAMENTE A
JOVENCITOS QUE NECESITAN ALBERGUE -SU DOLOR POR EL FALLO DE UN JOVEN -SUS CHARLAS; TRISTES
CONSECUENCIAS POR NO QUERER CUMPLIR EL REGLAMENTO; LA GALLINA Y LA ZORRA -FIN DEL HOMBRE;
IMPORTANCIA DE ESTE PENSAMIENTO -EL MOMENTO DE LA COMUNION Y EL DEMONIO -UNA ANTIGUA
APARICION DE LA VIRGEN EN LOS APENINOS DE LIGURIA -LECTURAS CATOLICAS; LA PAZ DE LA IGLESIA O SEA EL
PONTIFICADO DE SAN EUSEBIO Y SAN MELQUIADES -ELOGIOS DE MONSEÑOR TRIPEPI A DON BOSCO POR SUS
VIDAS DE LOS PAPAS

DIFICILMENTE se encontraba en años pasados, no solamente en Turín, sino en muchas otras ciudades, una persona notable y aun del
vulgo, que no conociese a don Bosco. Esto se vio más claro cuando empezó la construcción del templo de María Auxiliadora. Yo que
estaba siempre a su lado y debía responder la mayor parte de las cartas que recibía, puedo asegurar que eran centenares y a veces miles
cada semana; en ellas le pedían oraciones como a un santo, que todo lo puede ante Dios y la ((108)) Santísima Virgen. Muchos
imploraban una bendición, pero querían que se la diese él en persona; mandaban limosnas para la celebración de misas, pero pedían como
un gran favor que las dijese él, y con frecuencia obtenían la gracia suspirada.

Este es un testimonio de don Miguel Rúa.

Hemos encontrado algunas de aquellas cartas, con el nombre de personas que hemos de mencionar muchas veces en estas páginas.

A principios del 1864 pedía desde Florencia la marquesa Jerónima Uguccioni oraciones para su hija, que debía tomar una resolución
irrevocable para toda la vida. En abril de 1865 recurría a don
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Bosco, desde Venecia y después desde Cremona, la princesa Elena de Soresina Vidoni para el feliz éxito de un negocio muy doloroso.
En el mes de mayo, escribía desde Niza el barón Heraud pidiendo oraciones para su esposa, que sufría desde hacía más de un año una
enfermedad incurable. Desde Roma lo hacía la duquesa de Sora, hija del príncipe Borghese, pidiendo por sí misma, por sus cinco hijos y
por la conversión de un pariente próximo. También escribía a don Bosco, desde Venecia, la condesa Carolina Mocenigo Soranzo, hija de
la princesa Elena de Soresina Vidoni, agradeciéndole su carta y las oraciones hechas por ella y saludándole de parte del reverendo
Apollonio. Escribía desde Florencia la condesa Isabel Gerini por el consuelo experimentado leyendo los consejos que don Bosco le había
enviado; y la Marquesa de Villa Ríos a propósito de los donativos destinados a la tómbola. El 30 de septiembre la princesa Corsini,
invitada por la Duquesa de Montmorency, enviaba desde Florencia a don Bosco, benemérito de la religión y de los pobrecitos de
Jesucristo, cincuenta liras para la nueva iglesia, encomendándose a sus oraciones.

Es nuestro deber presentar una muestra de estas cartas que respiran idéntica confianza. He aquí la reproducción de la de una dama de la
nobleza florentina.

((109)) Florencia, 8 de agosto de 1865.

Muy Reverendo don Bosco:

Espero me perdone el atrevimiento con que le dirijo esta carta. La bondad que me dispensó en diciembre del año 1863 al presentarme a
usted, rogándole me escuchara en confesión durante mi estancia en Turín, me anima a ello.

Usted recordará cuánto me consolaban sus palabras, animándome a confiar en la divina misericordia para la salvación de las almas de
mis seres queridos. Me decía usted que orase para obtener de la divina Providencia las gracias necesarias con que hacer frente a los
peligros que amenazaban a mi familia; pero, íay de mí!, siento mucho que, por rezar yo tan mal, no merezca alcanzar esta gran gracia.

Nos hallamos en tiempos tan infelices y desgraciados, mi posición y la de los míos es tan dificil que, si bien, gracias a Dios, la
confianza en la misericordia divina no me ha abandonado, no obstante me parece, a veces, "esperar contra toda esperanza".

Por eso, conociendo mi necesidad de acudir a las oraciones de los buenos y confiando en las suyas, me atrevo a enviarle una
pequeñísima limosna con el ruego de que celebre cinco misas: una por mi marido G..., otra por cada uno de mis hijos L... y T..., la cuarta
por mi hija M..., y la quinta por mí, según mi intención, que va unida a la de la salvación de nuestras almas.

Sé lo muy ocupado que anda siempre y me duele molestarle, pero no puedo dejar de suplicarle que, si usted pudiese dedicarme algunos
de sus preciosos momentos y decirme una palabra, me proporcionaría sumo consuelo.
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Perdone, bonísimo Señor, mi audacia; no me olvide en sus oraciones, mándeme si me cree útil para servirle de algún modo, y
permítame profesarme.

De usted, muy reverendo.

La condesa...

Parece que tantas y tan nobles relaciones deberían haber liberado a don Bosco de toda preocupación, lo mismo para la iglesia que para
la manutención de sus muchachos. Pero no era así. Los enormes gastos que aquélla requería, le hacían más difícil la manutención del
internado y de los Oratorios, y ((110)) su plena confianza en la protección de María Santísima sufría a menudo duras pruebas, para que la
caridad tuviese el mérito del sacrificio y para que su oración subiese continuamente con fervor al trono de las gracias. A la Santísima
Virgen le complacían las plegarias de su devoto: Ascendit justi deprecatio, et descendit Dei miseratio (asciende la petición del justo y
desciende la misericordia de Dios), ha dicho san Agustín. En consecuencia, apreturas y socorros se alternaban cada día.

Una carta de don Bosco al marqués de Fassati lo demuestra:

Turín, 18 de abril de 1865.

Ilmo. y queridísimo señor Marqués:

Si quiere ganar el jubileo, señor Marqués, ahora es un tiempo oportunísimo; me encuentro en la necesidad de pagar tres mil liras al
panadero mañana por la mañana antes de las diez y no tengo por el momento ni un céntimo. Me encomiendo a su caridad a fin de que
haga lo que pueda en esta necesidad excepcional; esto es verdaderamente dar de comer a los hambrientos. A lo largo del día pasaré a
visitarle y usted me dará lo que el Señor y la Santísima Virgen inspiren a su corazón.

Dios bendiga a usted, señor Marqués, a la señora Marquesa y a Acelia, y les dé a todos salud y gracia con un buen premio en la patria
de los bienaventurados. Amén.

Con todo el afecto me profeso.

De V. S. benemérita y carísima.

Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Unos días más tarde escribía a un noble señor de la parte de Cúneo, que caritativamente le había prestado una cantidad sin intereses:

Ilmo. señor Barón:

Creo que el caballero Oreglia no guardó en la memoria la fecha fijada para devolver a V. S. Ilma. la suma de dos mil liras, que prestó
en favor de esta pobre casa; y tampoco yo podía acordarme de ella en aquel momento. Ahora que usted me la recuerda, espero en que la
divina Providencia me ayudará a ((111)) satisfacerla en la

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fecha mencionada. En cuanto al contrato de dos partes de casa con Genio 1, es verdad que fue estipulado, pero aún no se pudo efectuar el
pago completo, debido a las innumerables garantías y certificados que cada día exigen. Además, ahora se han encallado mis negocios con
los trabajos de una iglesia que estoy levantando y por algunas cuantiosas sumas vencidas, que no se han podido cobrar. Sin embargo,
como arriba le digo, atendiendo a la especial necesidad en que usted dice hallarse, espero que la tendrá en sus manos, no en el mes de
julio sino el 16 de mayo próximo.

Le agradezco la fotografía que me mandó del llorado monseñor Manzini, bienhechor de esta casa. Hemos perdido mucho con su
inesperada muerte.

Dios bendiga a usted y familia y créame de V. S. Ilma.

Turín, 28 de abril de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Mas, pese a todas las dificultades para pagar y los gastos imprevistos, la caridad de don Bosco no dudaba nunca en admitir a los
muchachos que continuamente le recomendaban, aunque procediera a ello con la debida prudencia.

Mi querido y reverendo Saroglia:

A fin de poder responder categóricamente a la aceptación del jovencito Cerutti, hijo del taquillero de Novara, necesito me diga si desea
encauzarle a los estudios o al aprendizaje de un oficio, qué estudios ha hecho, más un certificado de buena conducta, y si ha de pagar
pensión o entrar por caridad.

Habidas estas aclaraciones, responderé inmediatamente en el sentido más favorable que me sea posible.

Diga al canónigo Gallenga que no llegué a tiempo para cumplir su encargo porque las cartas ya habían salido.

Que Dios le bendiga; ruegue por mí y por estos mis pobres muchachos, mientras me profeso con sincero afecto de V. S.

Turín, 2 de mayo de 1865.

Afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

Sucedía después que él mismo se encontraba con algún jovencito pobre y abandonado, al que veía necesitado de un albergue, y no
dudaba un instante en invitarlo a ir ((112)) al Oratorio donde lo admitía entre sus alumnos. Copiamos del periódico Unidad Católica del
22 de abril:

"Todos saben que ese egregio sacerdote, que se llama don Juan Bosco, mantiene, viste y calza, al mismo tiempo que prepara para los

1 Genio.-Era el organismo que otorgaba los permisos de construcción. Por tanto, el "contrato" estipulado con él, a que se alude, no es
ningún contrato bilateral o notarial, sino más bien el permiso o convenio de condiciones, que marcaba el tal organismo Genio. (N. del T.)

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estudios o para el trabajo, según el caso, a casi un millar de muchachos, con gran provecho para ellos mismos y también para la sociedad,
porque muchos de ellos han sido recogidos en la calle, que los conduce a la cárcel, a galeras o aún peor. Si queréis una prueba del modo
sencillísimo con que tiende sus redes a estos pajaritos, revolantes de un lado para otro, ved lo que sucedió hace pocos días.

Encontróse don Bosco con tres granujillas de unos diez años, que jugueteaban en la calle. Don Bosco, como suele hacer cuando se
encuentra con muchachos con pinta de abandonados, se acercó a ellos para decirles una palabra cariñosa y ver el modo de ayudarles. Y
les dijo:

-Hola, muchachos, "qué hacéis aquí:

-Nos entretenemos.

-Y "no podríais ir a trabajar?

-Con gusto iríamos, si encontráramos trabajo; pero estamos como usted ve tan sucios y andrajosos, tan cargados de fratelli d'Italia (de
miseria) que nadie nos admite para trabajar.

-Pero si alguien os pusiera limpios y os diera ocupación, "aceptariais?

-íClaro que sí!

-Entonces, venid conmigo.

Dicho y hecho; los tres rapazuelos, contentos y avergonzados, siguieron al buen sacerdote que los llevó al Oratorio. Allí les hizo
limpiar, lavar, vestir con ropa nueva de pies a cabeza y los puso a trabajar. Los tres mocitos responden al cariño de su bienhechor con
asiduidad al trabajo y con un reconocimiento que se manifiesta en actos de respeto y de amor siempre que le ven. Aquellos tres pobrecitos
estaban encaminados a la cárcel y a la horca. Ahora se convertirán en inteligentes y honestos trabajadores, como cientos y cientos de
compañeros suyos en el Oratorio...".

Jamás se enfrió esta generosidad de don Bosco y más tarde atestiguaba el teólogo Leonardo Murialdo: "El siervo de Dios recogió
gratuitamente en su instituto a varios jovencitos, presentados por mí, rector de un Colegio similar al suyo, el de los ((113)) artesanitos, ya
que no podían ser admitidos en el mío por algún motivo".

Y tenía para sus alumnos, a quienes conocía por nombre y apellido, un afecto apasionado por la salvación de sus almas. Habiendo
sabido en una ocasión que uno de éstos había cometido una grave falta, lo sintió tanto que no pudo dormir en toda la noche y lo contaba a
la noche siguiente desde la tribuna, lamentándose de la ofensa hecha a Dios y mostrándose muy apenado.
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Esta santa pasión le sugería los pensamientos que continuamente exponía a la Comunidad. La Crónica nos recuerda cuatro de ellos de
fines de abril y primeros de mayo:

29 de abril

Imaginaos una gallina, que una tarde no quiso abrigarse en el gallinero. Inútilmente se esforzó el ama para que entrara; la gallina
correteó por el corral, hasta que aquélla, cansada de perseguirla, cerró el gallinero y se metió en casa. La gallina empezó a pasearse de
aquí para allá, picoteaba por tierra algún granito y estaba contenta con su libertad. Llegó la noche, vio una escalera apoyada contra la
paja, y, saltando de peldaño en peldaño, subió hasta arriba, buscó un lugar cómodo y se acurrucó en él para dormir.

Pero he aquí que un rumor la despierta.

Es de noche: nadie vigila en la casa; los perros a lo lejos ladran por las viñas guardando la cosecha. Una zorra ha subido hasta allí y, al
ver a la gallina, avanza hacia ella para devorarla. La gallina asustada alza el vuelo; la zorra da un salto para atraparla, pero cae a la era,
mientras la gallina logra volar hasta las ramas de un árbol vecino. La zorra no pierde de vista a su presa y, agachada en tierra, la observa
con el hocico en alto. La gallina, después de una larga hora, levanta otra vez el vuelo y llega hasta la tapia que cerca la era. Y la zorra al
pie de la tapia. La tapia es más baja que la rama del árbol, la zorra ronda arriba y abajo; ve una tabla apoyada contra la tapia y, gateando
sobre ella, sube a lo alto hacia la gallina, la cual no tiene más remedio que echar a volar otra vez hacia un árbol fuera de la cerca; pero
queda sobre una rama más baja que el punto de partida. Notad que la gallina, por el peso de su cuerpo difícilmente puede volar hacia
arriba, así que si el espacio a salvar es largo, a cada vuelo pierde altura. La zorra desciende, sale por un agujero por donde escurren las
aguas, y de nuevo empieza a dar vueltas alrededor del árbol y se dispone a subir por el ((114)) tronco. La gallina teme verse alcanzada y
vuela hasta otro árbol próximo. La zorra la sigue. La altura no es mucha y la gallina, ciega de miedo, busca la huida y queda sobre un seto
vivo. La zorra se mete entre las ramas y entonces la gallina, da un último vuelo, pero no tiene delante donde refugiarse. Vuela, y a cada
instante está más cerca del suelo. La zorra corre tras ella con los ojos encendidos y la gallina termina por caer entre sus patas, lanza un
grito y no queda de ella más que un puñado de plumas sanguinolentas.

Amigos míos, la zorra es el demonio; la gallina representa a ciertos muchachos que son buenos, sí, pero confían en sus fuerzas; no
quieren saber de reglamentos, como la gallina que no quiso dejarse encerrar en el gallinero. Estos, inexpertos, no hacen caso de los
avisos, porque cuentan con las alas, la buena voluntad y también la oración. Pero no piensan que la naturaleza enferma tiende hacia abajo.
Algunos son golosos, además gandules y, además... además... el Señor lo sabe. Otros dicen:

-"Por qué se nos prohíben ciertas amistades? No hacemos ningún mal.

Poco a poco se empieza por no cumplir el reglamento, después se busca huir de los superiores y luego vienen ciertas cartitas, ciertos
pensamientos, ciertas familiaridades, ciertas amistades particulares, ciertas sensiblerías. Se cae, se va cayendo, no bastan las alas, y... la
zorra, que está abajo, corre y termina por engullirse la gallina en sus fauces.

Buenas noches.
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30 de abril

Un grave pensamiento me preocupa y no puedo menos de comunicároslo. Id a los zapateros y preguntadles: -"Por qué trabajáis mañana
y tarde, coséis zapatos, untáis hebras con pez, cortáis cuero? "Por qué? Os responderán: -Para aprender el oficio, para ser buenos
zapateros.

Id al taller de carpintería y preguntad a los aprendices: -"Por qué serráis, cepilláis la madera, manejáis el martillo y usáis continuamente
la escuadra, la regla y el compás? Os responderán: -Para llegar a ser buenos carpinteros, y ganarnos de mayores el pan.

Y yo os pregunto a vosotros, amigos míos: -"Por qué dejasteis vuestras casas y vinisteis al Oratorio? Vosotros me responderéis: -Para
estudiar, para instruirnos, para hacernos hombres.

Pues, si tanto se hace para aprender un arte, para adelantar en las ciencias, os pregunto a todos vosotros: -"Para qué estáis en este
mundo? Y todos a una voz, de modo que no se entenderá lo que decís, responderéis: -Hemos venido a este mundo para conocer, amar,
servir al Señor en esta vida y después ir a gozarle en la patria celeste; esto es, ípara salvar vuestra alma! "No es cierto?

Hace ya algún tiempo que ando rumiando este pensamiento y hoy lo tengo más fijo que nunca; por eso os lo he querido comunicar.
((115)) íSi pudiera decíroslo tal y como yo lo siento! Pero no bastan las palabras, ante la importancia y la sublimidad de los hechos. íAh!
Si todos vosotros tuvieseis grabada en la mente esta gran verdad, si no trabajaseis más que para salvar vuestra alma, entonces no se
necesitarían reglamentos, ni avisos, ni ejercicios de la buena muerte, porque tendríais todo lo necesario para vuestra felicidad. Si todas
vuestras acciones tuviesen esta finalidad tan importante; íqué fortuna la vuestra y qué suerte la de don Bosco! íEs lo que más deseo! íEl
Oratorio sería un verdadero paraíso terrestre! Ya no habría hurtos, ni malas conversaciones, ni lecturas peligrosas, ni murmuraciones y
desobediencias. Todos cumplirían su deber; porque, desengañémonos: sacerdotes y clérigos, estudiantes y aprendices, pobres y ricos,
todos deben trabajar para este fin; de lo contrario vanos son todos sus esfuerzos.

Y, no obstante, hay algunos que lo saben y por nada piensan en ello. Sólo aspiran a hacer una buena merienda y en ello ponen su
pensamiento. Si tienen un buen condumio o una botella de vino, corren a buscar a sus compañeros y, echando una mirada alrededor para
ver por donde andan los superiores, se escabullen para zamparse su merienda.

Y, "por qué no emplean el mismo entusiasmo, la misma diligencia con su alma? "Por qué no buscan a algún compañero para hacer una
obra buena, e ir juntos a visitar unos minutos a Jesús Sacramentado? íCuánto mejor sería para ellos!

Recuerdo que una vez, oyendo predicar los ejercicios espirituales al santo de don José Cafasso, trató él de modo tan maravilloso los
inmensos cuidados que los hombres se toman por las cosas temporales y el poco o ningún cuidado que tienen por las del alma, que, yendo
después todos a cenar, nadie quiso tomar bocado; tan grande había sido la impresión que nos produjo aquella terrible verdad.

Queridos míos, pensemos también nosotros una vez con seriedad en asunto de tanta importancia. Seamos listos y no estúpidos: listos,
correspondiendo a las gracias que el Señor nos hace para que nos salvemos, y no estúpidos, porque de lo contrario, llegará un día en que
lloraremos nuestra estupidez.
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1 de mayo

Soñé y me parecía encontrarme en la iglesia. Estaba la iglesia llena de jóvenes, pero muy pocos se acercaban a comulgar. Había junto al
comulgatorio un hombre largo, largo negro, negro, y le asomaban dos cuernos por la cabeza. Llevaba en la mano una linterna mágica con
la que hacía ver a cada joven una cosa:

A uno le mostraba el patio lleno de juegos y le interesaba por su diversión favorita; al otro le presentaba los juegos pasados, los partidos
perdidos y la esperanza de los triunfos futuros; a éste, su pueblo natal con ((116)) aquellas excursiones, aquellos campos, aquella casita; a
ése le ponía en su linterna el estudio, los libros, los trabajos de prueba; a aquél la fruta, los dulces y el vino que guardaba en el baúl; a
otro, los parientes, los amigos o algo peor, los pecados y hasta el dinero no devuelto. Así que muy pocos se acercaban a la comunión.
Algunos veían las excursiones de las vacaciones y, dejando todo de lado, se detenían a contemplar a los antiguos compañeros de
diversión.

"Sabéis qué quiere decir este sueño? Quiere decir que el demonio hace todo lo posible para distraer a los jóvenes en la iglesia y
alejarlos de los santos sacramentos. Y los jóvenes son tan bobos que se quedan mirando. Amigos míos, hay que romper esta linterna al
diablo. "Sabéis cómo? Dando una mirada a la cruz y pensando que dejar la comunión es lo mismo que echarse en brazos del demonio.

5 de mayo

Esta noche voy a contaros la aparición de Nuestra Señora del Monte Bonicca junto a Campofreddo, el año 1595, descrita por Carlos
Pecorini en sus narraciones crítico-históricas sobre las más célebres apariciones de María Santísima. Por ella veréis cómo quiere la
Virgen que sus hijos se amen fraternalmente sin rencores, envidias, peleas y cuestiones.

Campofreddo, feudo imperial, y Masone, feudo a su vez de Génova, ambos grandes pueblos de la diócesis de Acqui, en el Piamonte,
sostenían frecuentes luchas por inveteradas rencillas y mutua lesión de derechos, con sus consiguientes agresiones y matanzas. Se
lamentaban de ello los buenos con don Gregorio Spínola, feudatario de Campofreddo, y dirigían sus plegarias a la gran pacificadora, la
Madre del Amor Hermoso. Ella no cerró sus oídos y les concedió aún más de lo que pedían. El 10 de septiembre de 1595, el piadoso
Spínola, movido ciertamente por la Virgen, reunió a todos los habitantes de Campofreddo y los condujo hasta Masone con el crucifijo en
alto, para tratar de la paz con aquellos fieros montañeses. Se reunieron los dos pueblos, a los que se juntaron los Agustinos de las dos
casas de Masone y Campofreddo, propusieron convenios y estaba la pacificación a punto de solución, cuando:

-íMirad, mirad!, gritó en aquel instante el niño Tomás Olivero, ímirad el paraíso sobre el Bonicca!

Miraron todos hacia el monte que separa los dos pueblos; y vieron una blanca nube resplandeciente que enseguida descubrió la figura
de una deslumbrante Señora con un manto azul celeste y velo blanco sobre la cabeza, acompañada de dos virgencitas resplandecientes
con tanta luz, que deslumbraban la vista. Después de unos instantes desapareció.

-íMilagro, milagro!, gritaron todos, llorando y prometiendo llevar una vida mejor con demostraciones de mutua hermandad. María
piadosísima ha venido a traernos la paz; ípaz, hermanos, paz para siempre!

((117)) Repitióse la promesa y por segunda vez se renovó el prodigio: siempre la
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hermosa visión de Ella entre esplendores resplandecientes y acompañada de las dos santas. No es menester decir la estupefacción de
aquellos afortunados y los preciosos frutos alcanzados. Firmóse entre los dos pueblos una paz que nunca más se alteró. La Santísima
Virgen añadió, como suele hacerlo, muchos otros favores, y los enfermos que la invocaban encontraban alivio y salud. Rápidamente se
construyó una capillita con la imagen de María, al Pie del Bonicca. Esta fue ampliada y decorada con el andar del tiempo, y honrada con
la concurrencia de devotos y los favores de la celestial Patrona.

Existe el acta extendida por el notario Miguel de Padio en aquellos mismos días sobre las dos apariciones y la curación instantánea de
cuatro enfermos, con juramento del feudatario don Gregorio Spínola y los más notables de Campofreddo y Masone en nombre de los dos
pueblos.

Así hablaba don Bosco; mientras tanto, como si no tuviese nada más que hacer, terminaba un nuevo librito. Era el número para las
Lecturas Católicas del mes de junio, con el título: La paz de la Iglesia, o sea, el Pontificado de san Eusebio y san Melquiades, últimos
mártires de las diez persecuciones.

Era su último opúsculo sobre la vida de los Papas, y va señalado con la letra P, indicadora del número de opusculitos publicados sobre
este mismo tema. Este fascículo comienza con unas nociones topográficas de la ciudad de Roma.

El Siervo de Dios hubiera querido continuar su trabajo histórico hasta Pío IX, pero muy a su pesar hubo de suspenderlo, primero, y
después renunciar a él, ya sea porque se le extraviaron algunos cuadernos, ya sea porque le faltaba el tiempo. Pero ansiaba vivamente que
alguien lo prosiguiese y llevase a término, aunque estuviera acabado después de su muerte; y hasta se lo aconsejó a alguno, pero no fue
atendido porque urgían demasiado otras labores.

Así que don Bosco no vio continuado su plan de hijo amoroso de la Iglesia, pero basta lo escrito por él para darnos el alto concepto de
su erudición. El doctísimo monseñor Luis Tripepi, que fue Cardenal de la Santa Iglesia, nombra en sus obras a don Bosco como uno de
los escritores más insignes de la ((118)) Iglesia, y cita con frecuencia las biografías de los Papas de los primeros siglos, escritas por el
Venerable, y entresaca varios fragmentos haciendo de los mismos los más cálidos elogios.

En sus Estudios críticos sobre la vida del Papa Pío I, impresos en Roma en el 1869 por Pedro Marietti, tipógrafo pontificio, dice que "el
docto y venerado don Bosco se había entregado a delinear, con mano experta, las gestas de este Papa" y "quiso dar gloria inmortal y
sentirse obligado eternamente con el erudito y celoso don Bosco, gran luminaria de Turín y de la Iglesia...". "Siempre escucharé, añade
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con singular complacencia, las hermosas palabras de Juan Bosco, célebre por virtud y doctrina, el cual, deduciendo lo verosímil y por
conjeturas, escribe de nuestro santo: Desde la más tierna edad demostró gran santidad de vida y una gran aptitud para las ciencias".

Y en el volumen: Los Papas y la Virgen, desde san Pedro hasta san Celestino, al escribir sobre el Papa san Telesforo, dice, entre otros
comentarios: "No quede por mí, que el erudito y pío Bosco, que tenía un millón de razones, las cuales son una gran luz para la ciencia, no
presente para enseñarnos con Segero 1 que san Telesforo, célebre por doctrina y santidad, fue de los anacoretas del Carmelo".

Y añade:

"... Y gracias al mismo Bosco, sacaré yo de sus palabras una bonita y carísima prueba de la piedad a la Santísima Virgen que llenaba el
alma nobilísima de Telesforo".

Y después de narrar el precepto que aquel santo Pontífice impuso a los sacerdotes de celebrar tres misas en la noche de Navidad, añade:

"Ahora bien, cuando Bosco empieza a enumerar las razones que movieron a Telesforo a convertir en ley ese rito, aporta una, la cual,
quien tenga familiaridad con los designios de los santos, ciertamente se convencerá de que redunda a gloria de nuestra Señora
Inmaculada. Hela aquí: -Otra razón fue aludir al triple nacimiento del Salvador: 1.° al eterno nacimiento del Padre; 2.° al nacimiento
temporal de la Santísima Virgen; 3.° al nacimiento espiritual cuando con su santa gracia va al corazón de los fieles (pág. 182).

((119)) Y en la pág. 229 se expresa así el eminente escritor:

"Nada en el mundo me impediría que yo no tributase honor y reconocimiento al mencionado Bosco, porque para reforzar mis pruebas
sobre la devocion ternísima que san Pío tenía a la Bendita entre las mujeres, me ayudó suavemente la obrita del celoso sacerdote turinés,
como cuando dice: ''En una peregrinación, en el año 160 (san Pío) llegó hasta Testona, entonces ciudad y ahora pequeño pueblo cerca de
Moncalieri. Allí consagró unna iglesia a la Bienaventurada Virgen y estableció sagrados ministros para que la cuidasen...'' Una devota
inscripción colocada en la entrada del coro parece confirmar esta creencia".

Del mismo modo en otra página (la 192), en la que describe las catacumbas romanas, llama Tripepi a don Bosco hombre sapientísimo.

1 Segero: Debe tratarse de un escritor hagiógrafo o algo así, quizás de origen germano, con apellido italianizado. (N. del T.)
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((120))

CAPITULO X

LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES; DON JUAN BONA DE BRESCIA -COMEDIA LATINA: FELICITACIONES Y
AGRADECIMIENTO DEL PADRE PALUMBO -CARTAS A DON BOSCO DE PERSONAJES ILUSTRES DE MILAN Y
FLORENCIA; SE DESEA ESTUDIAR EL SISTEMA DE CASTIGOS DEL ORATORIO; PIDEN CONSEJO Y AYUDA PARA LA
DIRECCION DE UN INSTITUTO PARA MUCHACHOS TRAVIESOS EN FLORENCIA -SUBVENCION DEL MINISTRO DE
HACIENDA -CUATRO SACERDOTES DE LA PIA SOCIEDAD GRAVEMENTE ENFERMOS -ULTIMAS CARTAS DE DON
VICTOR ALASONATTI A DON BOSCO -DOLOR DEL OBISPO DE MONDOVI POR LA ENFERMEDAD DE DON VICTOR
ALASONATTI -EL MES DE MAYO; CHARLA DE DON BOSCO; SUEÑO: LAS OFRENDAS DE LOS JOVENES A LA VIRGEN

EL sacerdote Juan Bona, Rector del Santuario de la Madonnita (la Virgencita) en Brescia que, años antes, había predicado con gran fruto
para las almas la Cuaresma en Turín, en la iglesia de san Felipe, predicó aquel año los ejercicios espirituales a los alumnos del Oratorio.
Su palabra sencilla y atrayente entusiasmó también a los alumnos de don Bosco, los cuales correspondieron, en cuanto se podía esperar, a
sus meditaciones e instrucciones, verdaderas joyas oratorias entretejidas con ejemplos, comparaciones y narraciones descritas con una
gracia particular insuperable.

Terminados los ejercicios espirituales, los alumnos volvieron de nuevo con todo entusiasmo a sus estudios y se ensayaban para dar una
representación teatral en lengua latina.

La Unidad Católica del 18 de mayo escribía:

((121)) "Hoy, dieciocho, los alumnos del Oratorio de San Francisco de Sales pondrán en escena por segunda vez, la bellísima comedia
latina titulada: Larvarum victor. Esta comedia escrita por el gran latinista padre Palumbo, de la Compañía de Jesús, ha sido impresa en el
mismo Oratorio".
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El padre Palumbo mandaba sus parabienes a don Bosco:

Nápoles, 5 de junio de 1865.

Muy venerado señor Director:

Hace ya tiempo que tengo con usted una viva deuda de sentida gratitud por el interés que se tomó para hacer representar en su
renombrado colegio la comedia latina del Vencedor de los fantasmas, original de monseñor Rosini y retocada por mí.

Por la presente quiero cumplir mi deber de gratitud, ahora que los periódicos, con ocasión de dicha representación, dedican las más
justas alabanzas al trabajo y buen gusto de usted, que sabe dirigir a la juventud por el camino de la virtud y de la literatura clásica. Y
puesto que a sus alabanzas se mezclan las a mí dirigidas, también éstas se las debo agradecer a usted, que se dignó hacer algún caso de
nuestros caprichos plautinos y ponerlos en escena. No se puede negar, por otra parte, que usted ha procurado más que una diversión para
los turineses, una ayuda a la juventud estudiosa y que, después de más de medio siglo, ha realizado precisamente lo que quería mi
excelente amigo monseñor Rosini. Tanto más cuanto que usted, no solamente ha representado la obrita, sino que la ha hecho imprimir
para que fuese material de estudio y así fuese más duradera su utilidad. Por supuesto que los jóvenes, especialmente los que tomaron
parte en su representación, conservarán ese librito como recuerdo perenne de sus estudios y de los aplausos que alcanzaron en su
representación colegial.

Le agradezco, pues, en mi nombre y en el de los ya pocos discípulos de la escuela rosiniana, que todavía sobreviven, después de la triste
burla de las letras latinas que en nuestros tiempos han hecho y aún hacen aquéllos que dicen amar a la patria, mientras odian sus glorias.
Gran fortuna la suya, mi muy venerado señor Di rector, si la moderna sociedad, que hoy dirige sus pensamientos tan lejos de ello, puede
un día congratularse con usted, o al menos consolarse con su recuerdo, por haber mantenido vivo en ese su colegio el fuego sagrado de la
latinidad. Ello sería una prueba más para el laicado de que la Iglesia no fue nunca la menoscabadora, sino la salvadora de lo bello y de lo
bueno.

((122)) Añado mi gratitud en primer lugar, al querido amigo Vallauri, que me animó a realizar y enviar ahí el trabajo, y, después, al
estupendo y activo don Juan Bautista Francesia, cuyos trabajos para preparar a los jóvenes a la representación de la obra, yo más que
nadie puedo imaginar y apreciar.

Finalmente un saludo y un aplauso cordial a los actores.

Y poniéndome de todo corazón a su disposición, con todo aprecio y respeto me profeso.

De usted, señor Director.

Seguro y humilde servidor LUIS PALUMBO

Todos los que conocían las necesidades de la sociedad, quedaban maravillados de la actividad y sapiente iniciativa de don Bosco, no
solamente en favor de la clase estudiantil, sino también de la clase obrera.
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He aquí una prueba:

Muy reverendo señor Director:

El exquisito recibimiento que se me hizo en su Instituto cuando fui a visitarlo hace dos años, y las corteses informaciones que obtuve
sobre su próspero desarrollo, que yo mismo pude después comprobar por los hechos, me animan a entregar estas líneas de presentación,
por si fueren menester, al ilustre y excelente doctor Biffi, portador de la presente.

Es director de una institución sanitaria de mucho renombre en nuestra ciudad de Milán y miembro de la Comisión visitadora de las
Cárceles y de varias academias. Como quiere poner de relieve la importancia moral y social de los reformatorios, va a Turín para mejor
conocer los datos y los resultados de las diversas instituciones dedicadas a este fin, y desea conocer al mismo tiempo su tan renombrado
Centro.

Espero perdonará este rasgo de confianza, persuadido de ponerle en relación con una persona digna de todo aprecio, totalmente ocupada
en el mejoramiento de las condiciones sociales.

Con el más profundo respeto, me profeso de usted.

Milán, 25 de mayo de 1865,

Seminario de las Misiones Extranjeras.

Su seguro servidor CARLOS SALEMI, Pbro.

((123)) Otra carta confirma el mismo aprecio:

Florencia, 30 de agosto de 1865.

Muy reverendo señor:

La nobilísima empresa que usted ha asumido para volver a la práctica de sus deberes una clase de desdichados, a quienes la necesidad,
la ignorancia y más frecuentemente la carencia absoluta de educación familiar pone en el camino del deshonor, ha encontrado eco
también en esta provincia. Tengo la suerte de que se me presente una ocasión para testimoniarle los sentimientos de la más profunda
admiración por la obra eminente, cristiana y cívica que sólo su celo podía realizar.

En varias ocasiones intentó este Consejo Directivo, unido a usted por un mismo espíritu de caridad, hallar una ocasión propicia que le
permitiese establecer contacto con vuestra muy reverenda señoría, persuadido de que, en estos tiempos más que nunca, es aconsejable no
sólo la unidad de propósitos, sino también la comunidad de obras para ejercer la caridad.

Por el opúsculo recientemente publicado con las actas de nuestra Sociedad, correspondientes a los años 1862 y 1863, y que tengo el
honor de acompañar con la presente, verá usted cuáles son nuestros planes y también en parte los resultados obtenidos. Si por su lectura
naciera en usted el deseo de entrar en contacto con nosotros, ayudarnos con sus luces y consejos y darnos, dentro de poco, alguna noticia
del método empleado por usted en su generosa Fundación, no tiene palabras el que suscribe para decirle cuán honrado se sentiría.
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Si su benevolencia tuviese a bien animarme con este primer favor, me aprovecharía para reclamar su concurso en otras ocasiones, con
ventaja para una institución que tiene los mismos fines y propósitos que la suya.

Perdone, muy reverendo señor, la libertad con la que me dirijo a su celo, mientras tengo el honor de profesarme con todo respeto.

El Secretario adjunto NICOLAS BICCHIERAY, abogado

Hasta el Ministro de Hacienda reconocía los méritos de don Bosco por los cuidados que se tomaba en favor de los pobres y
abandonados.

((124)) Turín, 14 de mayo de 1865.
Reverendísimo Señor:
Me es grato participar a V. S. muy Rvda. que el señor Ministro de Hacienda ha concedido recientemente, a mi propuesta, trescientas

liras al Pío Instituto tan laudablemente dirigido por usted.
El relativo mandamiento de pago, expedido a su favor, podrá ser retirado en la pagaduría provincial de Turín.
Estoy muy satisfecho por haber podido ayudar de algún modo a un Instituto tan benemérito para la humanidad, mientras tengo el honor

de profesarme con todo aprecio y consideración.

Su seguro servidor C. CUTTICA
Pero entre las flores de mayo asomaban también agudas espinas que indudablemente herían dolorosamente el corazón de don Bosco.
Cuatro de sus sacerdotes caían enfermos con males incurables.
Don Francisco Provera, Prefecto del Colegio de Lanzo, ordenado sacerdote en 1864, sentía agudizarse en un pie el dolor que había

padecido años atrás. Una caries progresiva corroíale el hueso hasta obligarle finalmente a permanecer clavado en una silla: El doctor
Magnetti que lo atendía, le había sometido a dolorosas operaciones;
y quedó tan maravillado de la fortaleza con que el enfermo soportaba tantos dolores, que exclamó:

-íEste hombre tiene que ser un santo!
Durante varios meses no pudo el padre Provera celebrar la misa, teniéndola que suplir con la sagrada comunión; continuaba trabajando
mientras tanto, atendiendo a todo por medio de un hermano, y recibiendo a los padres de los alumnos. Todo lo hacía con caridad y
alegría.
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Médicos famosos, reunidos en consulta, declararon incurable su mal y hablaron de amputar; pero ante ((125)) su agotamiento
decidieron que la amputación no lo salvaría y que sólo serviría para hacerle sufrir más; por lo tanto, era preferible dejar que la naturaleza
siguiera su curso. Cuando don Bosco oyó este pronóstico añadió:

-íQuédese, pues, al cuidado de la Providencia!

Y Provera, ya no pudo posar el pie en tierra mientras vivió; continuó moviéndose de un lado a otro de la casa, con la rodilla apoyada
sobre una pequeña muleta de madera, y ayudándose de un bastoncito. Esta cruz ya se la había predicho don Bosco en el año 1862.

También había caído enfermo, víctima de su celo, el Director del Colegio de Lanzo, don Domingo Ruffino. Fue a Turín en los primeros
días de la semana santa para aconsejarse con don Bosco y regresó al colegio sobre la imperial del coche, bajo una lluvia continua durante
cuatro horas. Apenas llegó a casa se enteró de que en la parroquia no daban abasto el párroco y su vicario para atender a tantos penitentes
como se preparaban para cumplir con Pascua y, sin cambiarse de ropa, se fue a confesar durante varias horas.

Debido a esta generosa imprudencia, y dada su débil constitución, no tardó en sentir un gran dolor al pecho que, en pocos meses, le
condujo a la tumba.

Estaban, pues, enfermos el Director y el Prefecto del Colegio de Lanzo, y don Bosco mandó en su ayuda al Director espiritual del
Oratorio, don Bartolomé Fusero, joven sacerdote, con mucha ciencia y de santas esperanzas. También éste, apenas llegó al Colegio, se
sintió afectado de parálisis lenta al cerebro y tuvo que volver a Turín y ser internado en una casa de salud.

El cuarto enfermo se encontraba en el Oratorio, y don Bosco, en su dolor, habría ofrecido por él su propia vida. Era éste don Víctor
Alasonatti, ya maduro para el cielo. Iba extinguiéndose a ojos vistas.
Un reuma doloroso mortificaba su hombro derecho y una úlcera en la garganta, siempre en aumento, ((126)) amenazaba ahogarle a cada
instante. Le obligaron a la inacción y, con la esperanza de que los aires nativos le ayudarían a restablecerse, accedió al consejo de don
Bosco, de ir a Avigliana. Fue y desde allí escribía a su querido Superior:
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VOLUMEN VIII Página: 118

V.J.M.J.
7 de mayo de 1865.

Mi venerado don Bosco:

Siento el deber de escribirle y tengo además un ardiente deseo de recibir noticias de la preciosa salud de V. S. muy apreciada, y de la
marcha de los reverendos colaboradores y alumnos. Le escribo brevemente para someterme a su respetabilísima voluntad una vez más,
rogándole me mande sin reserva siempre que lo estime necesario, aun en contra de cualquier otra disposición anteriormente comunicada.
Ruégole, pues, una indicación per se vel per alium (directamente o a través otro);
aceptaré como un verdadero favor cualquier notificación, orden o consejo suyo, porque la considero nacida de un corazón deseoso
únicamente de mi bien. Le agradecería me diese, si también me cree digno de tal favor, noticias de la marcha de la casa y de la
Congregación.

Paso ahora a comunicarle mis cosas personales, por si desea conocerlas. Antepongo los saludos de mi padre y de la familia para V. S.
Revdma. y le aseguro que no podría de ningún modo desear mayores atenciones, hasta la de ofrecerme dinero para las necesidades que se
me pudieran presentar. La tranquilidad que aquí se disfruta me ha ido aliviando poco a poco desde los primeros días de la obstinada y
seca tos que no me dejaba dormir. Ahora no me molesta tanto, pero aún resulta difícil descargarme totalmente, lo cual me proporciona un
estertor prolongado y frecuente. El dolor de cabeza aún dura apenas me pongo a leer, a rezar, o escribir, pero ya no es tan persistente. El
hombro derecho es lo que más me molesta día y noche, ya que, a pesar de los medicamentos de continua aplicación, la glándula tiroides
no cede más que un poco, o quizás nada. Por tanto, después de una prueba todavía más o menos prolongada, si usted lo cree conveniente,
me atendré a las órdenes que seguiré implorando de V. R., o bien iré a ésa, si Deus dederit (si Dios lo quiere), para verle y consultarle.

Ya ve usted cuánto me preocupo del corpazo. No sabría, en cambio, decir cómo anda mi vida espiritual. Me encomiendo a las oraciones
de todo el Oratorio y muy especialmente a las de usted y de los sacerdotes, a los que ruego tenga usted la bondad de comunicar mis
continuos y cordiales sentimientos ((127)) de unión in mino (en el Señor), con la esperanza de no ser rechazado por su muy respetuoso y
feliz consorcio.

Hasta el presente no he visitado más que al clero de las dos parroquias de la localidad y a los padres capuchinos. El Arcipreste me
entregó diez liras y el reverendo Balbiano una, para la iglesia.

No sé si el reverendo Martina habrá recibido las copias del proyecto, lo mismo que el reverendo Gavotto de Giaveno. Al primero me
gustaría llevárselo un día de éstos; a Giaveno podría mandárselo, si mis piernas no quieren ayudarme más, o bien tomaré el coche.

El brazo que soporta la mano que escribe estas líneas demuestra su mucho valor, y mi cabeza justifica el orden y la claridad de mi
exposición.

El mes de María se celebra aquí en ambas parroquias lo mejor que puede desearse. Hoy ha terminado el jubileo. Nuestro párroco está
más que satisfecho. Solamente unos pocos no han cumplido con Pascua. Los padres capuchinos y los párrocos están siempre dispuestos
con gran caridad para confesar. Deo gratias.

Los ejercicios del triduo en ésa seguro que también habrán dado su fruto ad honorem Dei! Utinam! (para honor de Dios; íojalá!).
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Querido y reverendo don Bosco, muchos saludos al reverendo y óptimo Bona, si todavía se encuentra dentro de nuestros amados muros,
a don Juan Cagliero in primis (el primero) y a los reverendos Ghivarello, Savio, Francesia, etc.

Reciba la renovación de los sentimientos de mi filial obediencia y sincero respeto. Quiera el Señor que nunca disminuya el respetuoso
afecto que siento por usted.

Bendígame alma y cuerpo, sólo para gloria de Dios, a fin de que yo cumpla siempre su adorabilísima voluntad. Perdóneme por todo y
téngame siempre por

su afectísimo, aunque indigno servidor, hijo y amigo
VICTOR ALASONATTI, Pbro.

La segunda carta, quizá la última que escribió en su vida don Víctor, nos muestra también la gran virtud del que, después de don Bosco,
tiene derecho a ser llamado padre de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales.

V.J.M.J.
Avigliana, Porta ferrata, 20 de mayo de 1865.

Muy reverendo y queridísimo don Bosco:

Hoy es sábado, día de cuentas: por tanto es mi deber dar cuenta a mi queridísimo padre, director y amigo verdadero, de todo lo que
moral, intelectual y físicamente ha acontecido durante esta semana.

((128)) Cada mañana, generalmente a las cuatro y media termino la santa misa en la que, como es lógico, me acuerdo de usted, de los
compañeros y de los muchachos. No he leído ni escrito nada en toda la semana, salvo alguna lectura superficial y estas líneas de hoy a
usted y a don Angel Savio. No he visitado a nadie, ni traspasado los límites de mi parroquia, a la que me he acercado algunas tardes. La
razón de ello está en que, al volver a casa, me asaltan fuertes dolores de estómago y unos golpes de tos, por algún golpe de aire del relente
atmosférico. Mi respiración es lenta y el estertor constante: hace dos días que marcho mejor, gracias a la manzanilla caliente y al aceite de
lino, con lo que tengo mucha confianza y espero podré reponer un poco y pronto las fuerzas de esta bestezuela.

Por la noche duermo hasta las dos y después tengo que levantarme por las expectoraciones da veniam (perdón) de la tos. Los agudos
dolores en la cabeza y en el hombro continúan y por ello me atengo a la observancia de la prohibición de trabajar; siento que se agravan
al menor esfuerzo y tras las comidas. Después de misa tomo la medicina y luego me rehago del sueño perdido hasta que me traen una
sopa para desayuno. Me encuentro rodeado de personas que van a porfía para atenderme en mis menores deseos, hijos de su imaginación.
"No es ésta una linda vida?

No quiero entretenerle más con cosas de tan poca importancia. Ruégole acepte los más respetuosos saludos de mi buen padre, de don
Mauricio, de nuestros párrocos y del de Buttigliera, juntamente con los del hermano de Giacomelli, etc.

Mi padre le invita a que venga a pasar un día entero con él, salvo pasado mañana, lunes, con algún compañero, por ejemplo, el
Caballero o don Angel Savio. Deseo vivamente verlo y, en el caso de que venga, obtener su bendición; si no pudiera ser, me la dé desde
ahí.
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La Santísima Virgen Auxilium Christianorum nos asista a todos en el día de su fiesta y nos bendiga. El Señor le conserve y continúe su
benevolencia conmigo a la que me parece haber correspondido y quiero corresponder.

Recuérdese siempre de mí, salude a todos los jóvenes y, sobre todo, a los señores sacerdotes y coadjutores y compañeros con don
Francisco Giacomelli; ayúdeme con sus santas oraciones y sacrificios y, por último, dígnese creerme, si lo merezco, con el máximo
respeto y filial afecto en el Señor.

Su seguro servidor

VICTOR ALASONATTI, Pbro.

Cuando don Víctor vio que su salud no mejoraba con los aires nativos, antes al contrario, iban en aumento sus dolores, pidió por favor a
don Bosco le dejase ir a morir en el Oratorio. Se lo concedió. Mas ícuál fue la consternación de don Bosco, de los sacerdotes, ((129)) de
los clérigos, de los alumnos, de toda la casa al verlo entrar de nuevo en el Oratorio en tan lastimoso estado! Se le prodigaron todos los
cuidados de la ciencia, pero resultaban vanas las visitas de los médicos más famosos, las atenciones de los enfermeros y las oraciones de
todo el Oratorio para devolver su antiguo vigor a aquella apreciada existencia.

Cuando monseñor Ghilardi se enteró de esta enfermedad, escribió a don Celestino Durando, desde Mondoví, el 21 de julio de 1965:

"íOh, cuánto siento la noticia del desesperado estado de salud del carísimo padre Alasonatti! En verdad que ese Centro no necesitaba
esta visita del Señor; no obstante, hemos de besar su bendita mano hasta cuando nos golpea, porque siempre es la mano de un padre que
quos corripit, amat (ama a los que corrige). Mañana celebraré la santa misa por él; hágale usted una visita en mi nombre y dígale palabras
de aliento de mi parte. Haga lo mismo con el carísimo don Bosco, el cual dirá con san Pablo: Absit mihi gloriari nisi in cruce Domini
nostri Jesu Christi (Lejos de mí gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo)".

En medio de estas penas consolábase don Bosco con la devoción a María Santísima, honrada durante el mes de mayo por toda la
comunidad de una manera especial. De sus pláticas de la noche solamente nos ha conservado la Crónica la del día 30 de mayo, que por
cierto es preciosa en extremo.

30 de mayo

Contemplé un gran altar dedicado a María y magníficamente adornado. Vi a todos los alumnos del Oratorio avanzando
procesionalmente hacia él. Cantaban loas a la
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VOLUMEN VIII Página: 121

Virgen, pero no todos del mismo modo, aunque cantaban la misma canción. Muchos cantaban bien y con precisión de compás, aunque
unos fuerte y otros piano. Algunos cantaban con voces malas y muy roncas, éstos desentonaban, ésos caminaban en silencio y se salían de
la fila, aquéllos bostezaban y parecían aburridos; algunos topaban unos contra otros y se reían entre sí. Todos llevaban regalos para
ofrecérselos a María. Tenían todos un ramo de flores, quien más grande, quien más pequeño y distintos los unos de los otros.

Unos tenían un manojo de rosas, otros de claveles, otros de violetas, etc. Algunos llevaban a la Virgen regalos muy extraños. ((130))
Quien llevaba una cabeza de cerdito, quien un gato, quien un plato de sapos, quien un conejo, quien un corderito u otros regalos.

Había un hermoso joven delante del altar que, si se le miraba atentamente, se veía que detrás de las espaldas tenía alas. Era, tal vez, el
Angel de la Guarda del Oratorio, el cual, conforme iban llegando los muchachos recibía sus regalos y los colocaba en el altar.

Los primeros ofrecieron magníficos ramos de flores y él, sin decir nada, los colocó al pie del altar. Muchos otros entregaron sus ramos.
El los miró; los desató, hizo quitar algunas flores estropeadas, que tiró fuera, y volviendo a arreglar el ramo, lo colocó en el altar.

A otros, que tenían en su ramo flores bonitas, pero sin perfume, como las dalias, las camelias, etc., el Angel hizo quitar también éstas
porque la Virgen quiere realidades y no apariencias. Así rehecho el ramo, el Angel lo ofreció a la Virgen. Muchos tenían espinas, pocas o
muchas, entre las flores y, otros, clavos. El Angel quitó éstos y aquéllas.

Llegó finalmente el que llevaba el cerdito y el Angel le dijo:

-"Cómo te atreves a presentar este regalo a María? "Sabes qué significa el cerdo? Significa el feo vicio de la impureza. María, que es

toda pureza, no puede soportar este pecado. Retírate, pues; no eres digno de estar ante Ella.

Vinieron los que llevaban un gato y el Angel les dijo:

-"También vosotros os atrevéis a ofrecer a María estos dones? El gato es la imagen del robo, "y vosotros lo ofrecéis a la Virgen? Son

ladrones los que roban dinero, objetos, libros a los compañeros, los que sustraen cosas de comer al Oratorio, los que destrozan los
vestidos por rabia, los que malgastan el dinero de sus padres no estudiando, etc.

E hizo que también éstos se pusieran aparte.

Llegaron los que llevaban platos con sapos y el Angel, mirándoles indignado, les dijo:

-Los sapos simbolizan el vergonzoso pecado del escándalo y, "vosotros venís a ofrecérselos a la Virgen? Retiraos, id con los que no son
dignos.

Y se retiraron confundidos.

Avanzaban otros con un cuchillo clavado en el corazón. El cuchillo significaba los sacrilegios. El Angel les dijo:

-"No veis que lleváis la muerte en el alma: "Que estáis con vida por misericordia de Dios y que de lo contrario estaríais perdidos para
siempre? íPor favor! íQue os arranquen ese cuchillo!

También éstos fueron echados fuera.

Poco a poco se acercaron todos los demás jóvenes y ofrecían corderos, conejos, pescado, nueces, uvas, etc., etc. El Angel recibió todo y
lo puso sobre el altar. Y después de haber separado así los buenos de los malos, hizo formar en filas ante el altar

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VOLUMEN VIII Página: 122

a aquéllos cuyos dones habían sido aceptados por María. Con gran dolor vi que los que habían sido puestos aparte eran más numerosos de
lo que yo creía.

Salieron por ambos lados del altar otros dos ángeles que sostenían dos riquísimas cestas llenas de magníficas ((131)) coronas hechas
con rosas estupendas. No eran rosas terrenales, sino como artificiales, símbolo de la inmortalidad.

Y el Angel de la Guarda fue tomando una a una aquellas coronas y coronó a todos los jóvenes formados ante el altar.

Las había grandes y pequeñas, pero todas de una belleza incomparable. Os he de advertir que no solamente se hallaban allí los actuales
alumnos de la casa, sino también muchos más que yo no había visto nunca.

En esto que sucedió algo admirable.

Había muchachos de cara tan fea que casi daban asco y repulsión; a éstos les tocaron las coronas más hermosas, señal de que a un
exterior tan feo suplía el regalo de la virtud de la castidad, en grado eminente. Muchos otros tenían la misma virtud, pero en grado menos
elevado. Muchos se distinguían por otras virtudes, como la obediencia, la humildad, el amor de Dios, y todos tenían coronas
proporcionadas al grado de sus virtudes. El Angel les dijo:

-María ha querido que hoy fueseis coronados con hermosas flores. Procurad, sin embargo, seguir de modo que no os sean arrebatadas.
Hay tres medios para conservarlas: 1.° humildad, 2.° obediencia, y 3.° castidad; son tres virtudes que siempre os harán gratos a María y
un día os harán dignos de recibir una corona infinitamente más hermosa que ésta.

Entonces los jóvenes empezaron a cantar ante el altar el Ave maris Stella.

Terminada la primera estrofa, y procesionalmente, como habían llegado, iniciaron la marcha cantando: Load a María, pero con voces
tan fuertes que yo quedé estupefacto, maravillado. Les seguí durante un rato y luego volví atrás para ver a los muchachos que el Angel
había puesto aparte: pero no los vi más.

Amigos míos: yo sé quiénes fueron coronados y quiénes fueron rechazados por el Angel. Se lo diré a cada uno en particular para que
todos procuréis ofrecer a María obsequios que ella se digne aceptar.

Mientras tanto, he aquí algunas observaciones:

La primera.-Todos llevaban flores a la Virgen y, entre ellas, las había de muchas clases, pero observé que todos, unos más otros menos,
tenían espinas en medio de las flores. Pensé y volví a pensar qué significaban aquellas espinas y descubrí que significaban la
desobediencia. Tener dinero sin licencia y sin querer entregarlo al Administrador; pedir permiso para ir a un sitio y después ir a otro;
llegar tarde a clase cuando ya hace tiempo que están los demás en ella, hacer merendolas clandestinas; entrar en los dormitorios de otros,
lo que está severamente prohibido, no importa el motivo o pretexto que tengáis; levantarse tarde por la mañana; abandonar las prácticas
reglamentarias; hablar en horas de silencio; comprar libros sin hacerlos revisar; enviar cartas por medio de terceros para que no sean
vistas y recibirlas por el ((132)) mismo medio; hacer tratos, comprar y vender cosas entre vosotros: esto es lo que significan las espinas.

Muchos de vosotros preguntaréis si es pecado transgredir los reglamentos de la casa. Lo he pensado seriamente y os respondo que sí.
No digo si ello es grave o leve; hay que regularse por las circunstancias, pero pecado lo es. Alguno me dirá que en la ley de Dios no se
habla de que debamos obedecer los reglamentos de la casa. Escuchad: está en los mandamientos:

-íHonrar padre y madre! "Sabéis qué quieren decir las palabras padre y madre?

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Comprenden también a los que hacen sus veces. Además, "no está escrito en la Escritura: Oboedite praepositis vestris? (Obedeced a
vuestros dirigentes). Si a vosotros os toca obedecer, es lógico que a ellos toca mandar. Este es el origen de los reglamentos del Oratorio y
ésta la razón de si se deben cumplir o no.

Segunda observación.-Algunos llevaban entre sus flores unos clavos, clavos que habían servido para enclavar al buen Jesús. "Cómo?
Siempre se empieza por las cosas pequeñas y luego se llega a las grandes. Aquel tal quería tener dinero para satisfacer sus caprichos y
gastarlo a su antojo y por eso no quiso entregarlo; vendió después sus libros de clase y terminó por robar dinero y prendas a sus
compañeros. Aquel otro quería estimular el garguero y llegaron las botellas, etc.; después se permitió otras licencias hasta caer en pecado
mortal. Así se explican los clavos de aquellos ramos, así es como se crucifica al buen Jesús. Ya dice el Apóstol que los pecados vuelven a
crucificar al Salvador. Rursus crucifigentes Filium Dei (Crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios).

Tercera observación.-Muchos jóvenes tenían, entre las flores frescas y olorosas de sus ramos, flores secas y marchitas o sin perfume
alguno. Estas significaban las buenas obras hechas en pecado mortal, las cuales no sirven para acrecentar sus méritos; las flores sin
perfume son las obras buenas hechas por fines humanos, por ambición o solamente para agradar a superiores y maestros. Por esto el
Angel les reprochaba que se atreviesen a presentar a María tales obsequios y les mandaba atrás para que arreglasen su ramo. Ellos se
retiraban, lo deshacían, quitaban las flores secas y después, arregladas las flores, las ataban como antes y las llevaban de nuevo al Angel,
el cual las aceptaba y ponía sobre la mesa. Una vez terminada su ofrenda, sin ningún orden, se juntaban con los otros que debían recibir la
corona.

Yo vi en este sueño todo lo que sucedió y sucederá a mis muchachos. A muchos ya se lo he dicho, a otros se lo diré. Por vuestra parte,
procurad que la Santísima Virgen reciba de vosotros dones que no tengan que ser rechazados.
123

Fin de Página 123

 

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((133))

CAPITULO XI

SE REUNEN LOS PREMIOS PARA LA TOMBOLA -TASACION LEGAL -DON BOSCO PIDE
AUTORIZACION PARA LA TOMBOLA AL GOBERNADOR DE TURIN -DECRETO DE
APROBACION DEL GOBIERNO CIVIL -PRIMERA CIRCULAR DE DON BOSCO ANUNCIANDO
LA TOMBOLA -DOS CIRCULARES DEL SECRETARIO DE LA COMISION PARA EL ENVIO
DEL PROGRAMA Y DE LOS BOLETOS -UN ANUNCIO EN LA UNIDAD CATOLICA
INVITACION DE DON BOSCO A SUS AMIGOS PARA QUE LE AYUDEN A DESPACHAR
BOLETOS -DOS DEMANDAS DE AYUDA A LOS BIENHECHORES PARA PROSEGUIR LAS
OBRAS DE LA IGLESIA -DONATIVO DEL ECONOMATO GENERAL DE LOS BENEFICIOS
ECLESIASTICOS

UNA vez colocada la piedra angular de la nueva iglesia, don Bosco empezó a pedir regalos que sirvieran de premio para los números
afortunados en la tómbola. He aquí la circular que envió con este fin:

Benemérito Señor:

Hace ya algunos años que recurrí a usted invitándole a participar en la tómbola que hice en favor de los muchachos pobres que acuden a
los Oratorios masculinos de esta Ciudad: usted tendió su mano benéfica, gracias a la cual se obtuvo un feliz resultado. Estoy sumamente
agradecido a cuanto usted hizo entonces, pero nuevas necesidades y nuevas circunstancias me empujan a organizar otra tómbola, como
único medio para recurrir a la pequeña beneficiencia.

Entre las múltiples necesidades están los alquileres, la manutención de los muchachos, la reparación y nuevas construcciones de los
locales destinados a estos oratorios y últimamente la construcción de una iglesia en ((134)) el barrio de Valdocco.

Por el programa y reglamento de la tómbola, que espero poder enviarle muy pronto, verá más ampliamente explicado lo que aquí
indico. Mientras tanto, con toda confianza y contando de nuevo con su eficaz colaboración, le rogaría estos tres favores especiales:

1.° Que siga favoreciéndome en esta obra, a la que se dignó ayudar en otras ocasiones.

2.° Que me indique el nombre y apellido de las personas que usted crea están dispuestas a prestarse como colaboradores de esta obra de
beneficencia.
124

Fin de Página 124

 

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3.° Que si usted, o alguna de las personas que usted conoce, poseyere regalos para destinarlos a la tómbola, tenga la bondad de
mandarlos a esta casa del modo que le cause menos estorbo.

Naturalmente, antes de iniciar una tómbola hay que reunir determinado número de objetos para describirlos y presentarlos al señor
Gobernador de la Ciudad y provincia, y obtener la facultad para hacer la exposición pública de los mismos.

Mientras pongo en usted toda mi confianza, le aseguro que haré cuanto esté de mi parte para evitarle el fastidio que pueda darse en la
realización de la obra que su bondad quiere promover.

El Señor, rico en gracias, que recompensa generosamente un vaso de agua dado en su nombre, le conceda una vida feliz y le otorgue
abundantes bendiciones por su caridad con estos pobres jovencitos y por ayudar a la construcción de la casa del Señor.

Con el mayor reconocimiento tengo el honor de profesarme.

De V.S.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Oratorio de San Francisco de Sales
Turín -Valdocco

Como respuesta a las circulares enviadas, empezaron a llegar muchas cajas y paquetes y, muy pronto, se juntaron ochocientos cuarenta
premios.

Se destinó a exposición una sala que ocupaba el segundo piso del edificio levantado junto a la calle de la Jardinera.

Los peritos oficiales examinaron la primera colección de premios y fijaron su precio.

((135)) Lista de donativos, hasta el número ochocientos cuarenta...

A requerimiento del presbítero don Juan Bosco, declaro haber procedido hoy al examen y valoración de los objetos de arte arriba

descritos, que alcanza en conjunto la suma de once mil quinientas diez liras (11,510).

Da fe, en Turín a 14 de mayo de 1865. Juan Volpato, profesor.

El que suscribe, y a requerimiento de don Bosco, ha procedido a la estimación de los objetos mercantiles descritos en el catálogo que

precede, cuyo valor es de doce mil noventa y una liras (12,091).

Da fe, en Turín, a 15 de mayo de 1865. José Buzzetti, tasador.

Para evitar equívocos se advierte que se dejaron en blanco desde el uno al sesenta, en espera de anotar los donativos a recibir de S. A. el

Príncipe Amadeo y de los Ministros.

Inmediatamente don Bosco se apresuró a empezar los trámites para obtener de la Autoridad Civil el permiso necesario para la tómbola.
Así, escribía al gobernador Pasolini:

Fin de Página 125

 

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Excelentísimo Señor Gobernador:

Ya en otras ocasiones recurrí a S. E. por graves menesteres de los Oratorios masculinos de esta Ciudad y siempre encontré en S. E.
decidido apoyo. El mismo favor espero recibir en la presente ocasión en que se dejan sentir con insistencia varias necesidades. Estas son:

1.° Pagar algunos atrasos por el alquiler de la escuela y Oratorio festivo de Vanchiglia, que asciende a seiscientas treinta liras anuales;
por el Oratorio de San Luis en Puerta Nueva, que sube a cuatrocientas cincuenta liras anuales; y por el de San José en San Salvario, de
trescientas liras.

2.° Liquidar una deuda de veinticinco mil liras al señor Filippi por expirar el plazo fijado en la compra de una parte de casa al mísmo,
para albergar un número mayor de muchachos pobres.

3.° Dar pan a los casi ochocientos muchachos pobres de la casa llamada Oratorio de San Francisco de Sales donde reciben alimentos y
vestido y se preparan para el trabajo.

4.° Acabar la construcción de una nueva iglesia, ya que en la que hasta ahora hemos venido usando, no cabe ni la tercera parte de los
muchachos que asisten, dado su notable aumento.

Para proveer a todas estas urgencias invité a los señores abajo nombrados a reunirse en una sala del Ayuntamiento, los cuales, vista la
necesidad de tales gastos, y buscando los medios para hacer frente ((136)) a los mismos, propusieron hacer una tómbola en la forma que
en el programa y reglamento adjuntos se explica. Por ello respetuosamente recurro a S. E. suplicando:

1.° Se digne aprobar la Comisión para dicha tómbola, compuesta por los señores abajo citados, y conceder el permiso para publicar el
programa con el correspondiente reglamento.

2.° Poder vender noventa y cuatro mil boletos, al precio de cincuenta céntimos cada uno, que suman cuarenta y siete mil doscientas dos
liras, correspondientes al doble del valor de los objetos abajo numerados.

3.° Que cada boleto vaya firmado por un miembro de la Comisión y marcado con el sello de la misma, como en el módulo adjunto.

Persuadido de que esta petición será benévolamente acogida por S. E., le auguro todo bien del cielo, mientras tengo el honor de
profesarme con la más sentida gratitud.

Turín, 15 de mayo de 1865.

JUAN BOSCO, Pbro.

Juntamente con la carta remitía don Bosco al Gobernador la lista de los miembros de la Comisión, el programa y reglamento de la
tómbola, un modelo de los boletos y la lista de regalos o premios entregados por los bienhechores, con la valoración de los mismos,
hecha por los peritos.

Cuatro días después, recibía la siguiente respuesta:

N.° 1139

Objeto: TOMBOLA

Oratorio de San Francisco de Sales

Turín.

Fin de Página 126

 

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EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE TURIN

Vista la instancia que precede, del Director del Oratorio de San Francisco de Sales de esta Ciudad, a fin de obtener permiso para
organizar una tómbola con objetos recibidos para recabar fondos en favor de dicho Oratorio:

Visto el programa que acompaña con el reglamento de la tómbola, seguido de un modelo del registro con matriz de los boletos, más la
lista de los miembros que componen la Comisión;

Visto el primer catálogo de los antedichos objetos regalados, valorados por el perito Volpato en ventitrés mil seiscientas una liras;

((137)) Visto el Decreto Real del 24 de septiembre de 1863, número 1484;

DECRETA

1.° Se autoriza la tómbola de los objetos descritos en dicho catálogo a favor del Oratorio de San Francisco de Sales en Turín, mediante
la emisión de noventa y cuatro mil cuatrocientos cuatro boletos al precio de cincuenta céntimos cada uno y que producirán la cantidad de
cuarenta y siete mil doscientas dos liras, doble del valor de los premios. Dicha tómbola será llevada a cabo de acuerdo con las
condiciones especificadas en el reglamento a que se alude;

2.° Cada boleto deberá ir firmado por un miembro de la Comisión que este Gobierno Civil reconoce compuesta, según la lista
precedente, y llevará además la firma de un empleado de este Gobierno, que delega en la persona del señor Carlos Baccalario;

3.° Antes de empezar la distribución de boletos, se anunciará dicha tómbola al público con una notificación semejante por parte de
dicha Comisión; en el la se dará cuenta de la instancia, del reglamento de la tómbola y del presente decreto, indicando el lugar, día y hora
en que se efectuará el sorteo.

Este se hará en presencia de los delegados de la Comisión y bajo la presidencia del señor Alcalde de esta ciudad, el cual queda
encargado de dar cuenta de la regularidad de la operación.

4.° Dicha Comisión dará después cuenta a este Gobierno civil de que todo el producto de la venta de boletos se destinó exclusivamente
a favor del Instituto recurrente, al que también pertenecerán los objetos no vendidos.

Turín, 19 de mayo de 1865.

Por el Gobernador RADICATI

Una vez obtenida esta autorización, se difundieron en pocos días por toda Italia del Norte y del Centro millares de anuncios-invitación
juntamente con el programa y reglamento de la tómbola y la lista de los miembros de la Comisión 1.

La invitación iba acompañada de una carta del Secretario de la Comisión.

1 Apéndice IV.

Fin de Página 127

 

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((138)) Oratorio de San Francisco de Sales

Turín -Valdocco

Junio 1865 .

Ilmo. Señor:

Tengo el honor de enviar a V. S. Ilma. el programa de una tómbola que, en nombre de la Comisión instituida para la misma,
recomiendo a su reconocida caridad.

Desea dicha Comisión incluir a V. S. Ilma. entre los Promotores de la misma y, si usted no manifestase su parecer en sentido contrario,
me consideraré autorizado para inscribir su respetable nombre en la lista de los beneméritos promotores.

Por el adjunto programa y reglamento de la tómbola, ya aprobada por la autoridad gubernativa, podrá conocer perfectamente la
finalidad de la misma y las cargas anejas a la función de promotor.

El cielo recompense ampliamente su caridad, y con la confianza de que perdonará bondadosamente las molestias que le ocasiono, tengo
el horno de profesarme agradecido.

De V. S. Ilma.

Seguro servidor
Caballero FEDERlCO OREGLIA DI SAN STEFANO Secretario

El insigne secretario escribía otra carta-circular en la que enviaba boletos e instaba a la expedición de los regalos recogidos.

Oratorio de San Francisco de Sales

Turín -Valdocco 1865.

Benemérito Señor:

El Gobierno Civil de esta provincia, a la par que aprobaba la tómbola, encomendada a la reconocida bondad de V. S. Ilma., autoriza
también la primera emisión de los boletos correspondientes al valor de los regalos ya ofrecidos.

En consecuencia, para cubrir algunas urgentes necesidades de estos Oratorios masculinos y, más aún, para no interrumpir los trabajos
de la iglesia en construcción, cuyos muros se levantan cada día más, me permito confiar a su reconocido celo ocho decenas, rogándole se
sirva recomendarlos en la medida conveniente a quienes usted crea oportuno.

((139)) Ruégole, además, recoja los regalos que le entreguen las personas caritativas y los envíe al salón destinado para su exposición,
del modo que le resulte menos incómodo.

Le participo con satisfacción, en nombre de la Comisión, que la Tómbola ha empezado muy bien y confiamos que con el favor de V. S.
llegará a feliz término.

Dígnese aceptar los sentimientos de mi más viva gratitud, con la que tengo el honor de profesarme.

De V.S.

Seguro servidor
Caballero FEDERICO OREGLIA DI SAN STEFANO Secretario

Fin de Página 128

 

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Los periódicos daban también publicidad a la tómbola.

En la Unidad Católica del 19 de julio de 1865 se leía:

"Tómbola en Turín".-En diversas ocasiones hemos recomendado a la piedad de nuestros lectores la iglesia, que se está edificando en
Turín en honor de María Auxilio de los Cristianos. Nos complace ahora anunciar una Tómbola iniciada con este fin en el Oratorio de San
Francisco de Sales. Invitamos a los buenos católicos a promover con sus donativos una obra encomiada por Su Santidad Pío IX y puesta
bajo la particular protección de la Familia Real. Se acepta con gran reconocimiento cualquier objeto de arte o de la industria; el nombre
del donante figurará en un catálogo especial. Se ha fijado en cincuenta céntimos el precio de cada boleto".

Al mismo tiempo escribía don Bosco cartas de su puño y letra a amigos y conocidos, a fin de que le ayudasen a despachar los boletos
de la Tómbola. Se conserva una de estas cartas:

Turín, 11 de julio de 1865.

Muy querido Casazza:

Necesito que me ayudes a vender los boletos (veinte decenas) que uno a la presente. Por tu medio, recomiendo también a papá y a
mamá que te echen una mano para colocarlos a fin de que puedas mandarme el importe oportunamente y a tu comodidad.

((140)) Espero con ansia una de tus visitas, pero de la forma que sabes me agrada.

Dios te bendiga, amigo mío. Saluda a tus padres de mi parte y créeme siempre con sincero afecto.

Tu amigo

JUAN BOSCO, Pbro.

Señor Segundo Casazza, calle Garibaldi, 23. Turín.

Así se iba encaminando la Tómbola. Por diversos motivos hubo que prorrogar el sorteo hasta el año 1867. La prórroga resultó ventajosa
para la venta de boletos, pero no podía sacar a don Bosco de sus aprietos. En consecuencia, lleno de confianza, se dirigía a sus antiguos
amigos y escribía, entre otros, al caballero Javier de Collegno, que veraneaba en su quinta de Cumiana:

Queridísimo Señor:

El pobre don Bosco se halla en aprietos para proseguir las obras de la iglesia de María Auxiliadora, por lo que se dirige a usted, para
que se digne tomar a su cargo alguna porción. Las porciones divisibles serían:

1.° Tejas para el tejado.

2.° Filetes para las tejas.

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3.° Viguetas para sostenar los filetes.
4.° Vigas para sostener las viguetas.
Cada uno de estos lotes (no se asuste) cuesta unas cuatro mil liras y, quizás, algún centenar menos. "Qué le dice su corazón? Creo que

la Santísima Virgen le recompensaría preparando para usted, y para los queridos Manuel y Luis, una hermosa habitación en el cielo, ya
que usted ayuda a terminar su casa en la tierra.

No sería necesario desembolsar esta suma enseguida, sino a lo largo del año.

Le comunico con agrado que las obras llegan a la altura de las bóvedas de las capillas y espero que, a mediados de agosto, estarán ya
cubiertas.

Formulo esta petición porque conozco la bondad de su corazón; por tanto, haga lo que buenamente pueda, que yo siempre estaré
contento de todos modos. No dejaré de invocar las bendiciones del cielo sobre usted y sus hijos, que ya se hacen mayorcitos, a quienes
deseo todo bien.

((141)) Me encomiendo, juntamente con mis pobres muchachos, a la caridad de sus oraciones, mientras tengo el alto honor de
profesarme con todo afecto
De V.S.
Turín, 5 de julio de 1865.
Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Escribía otra carta al caballero Brossa, Arcipreste jubilado, en su propia casa de San Salvario, Turín.

Ilustrísimo y carísimo en el Señor:

Tuvo usted la bondad de darme esperanzas de alguna ayuda para la iglesia que aquí estamos construyendo; y es el caso que ahora me
encuentro en la necesidad de recurrir a su caridad.

El sábado necesito dos mil liras para pagar la quincena, y no sé de dónde sacarlas; para otras quincenas ya está en gran parte previsto.
Para esta necesidad recurro a usted: en el caso de que no pudiese dármelas como limosna, me haría un gran favor si me las prestase; yo
procuraría restituírselas en la fecha y del modo que usted tenga a bien indicarme.

Si no me dice nada en contrario, a fines de esta semana pasaré a visitarle con tal motivo; salvo que usted, como de corazón se lo pido,
se digne venir a ver esta casa y la iglesia en construcción.

Espero que la Santísima Virgen no dejará de prepararle una hermosa habitación en el cielo, ya que usted contribuyó a construirle una

casa en la tierra.

Me encomiendo con mis pobres muchachos a la caridad de sus oraciones y créame con la más sincera gratitud

De V. S. Ilma.

Turín, 17 de julio de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Fin de Página 130

 

VOLUMEN VIII Página: 131

Poco antes, y para obtener una ayuda para el Oratorio, don Bosco había dirigido una petición al Economato General de los beneficios
eclesiásticos, del que había sido titular, durante muchos años, el canónigo y doctor Miguel Angel Vacchetta, quien nunca se negó a
ayudarle.

Este había presentado su dimisión del cargo en febrero de 1864 ((142)) obligado por las malignas insinuaciones de la Gaceta del
Pueblo, que no quería más eclesiásticos en aquella administración, y moría el 21 de agosto de 1865, después de haber pedido y obtenido
la absolución de varias censuras en las que había incurrido. En prenda de su continua benevolencia con don Bosco dejaba en su
testamento el siguiente artículo:

"Art. 10. Dejo a la Obra Pía de Valdocco, en Turín, fundada por don Bosco, un título de la deuda pública, cuya renta es de cincuenta
liras anuales, con la obligación de un modesto aniversario perpetuo, a celebrar en el aniversario de mi muerte en sufragio de mi alma y las
de mis amigos y no amigos, a pagar por mi heredero un año después de mi muerte, sin intereses por tardanza".

El heredero estaba dispuesto a pagar el legado con tal de que don Bosco presentase un documento autorizándole a recibir legados como
cabeza de un cuerpo moral, reconocido por el Gobierno; así que el legado no se cumplió.

Al abate Vacchetta le sucedió en la administración del Economato General cierto abogado llamado Fenoglio. Don Bosco no conocía los
sentimientos de este señor para con el Oratorio; pero la respuesta a su petición fue favorable.

El Ecónomo General, que suscribe, anuncia a V. S. que el Gobierno de S. M. se ha dignado concederle, con cargo a este Economato
General, la suma de quinientas liras a título de subsidio y en beneficio de los cincuenta y ocho clérigos nombrados en la nota aneja a la
petición.

Dicha suma será entregada por esta Oficina General a V. S. o a la persona encargada por usted para retirarla, con tal de que dicha
persona sea conocida y provista del correspondiente recibo, en papel sellado y debidamente legalizado según el módulo que se acompaña.

Turín, 13 de junio de 1865.

El Ecónomo General FENOGLIO

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((143))

CAPITULO XII

DON BOSCO EN MIRABELLO -SU CARTA AL MARQUES DE FASSATI; EL CONDE DE CAMBURZANO VA
AGRAVANDOSE; HABLADURIAS SOBRE EL FUTURO ARZOBISPO DE TURIN; CLAUSURA DEL MES DE MARIA EN EL
ORATORIO Y EN MIRABELLO; SUS SACERDOTES ENFERMOS; LAS OBRAS DE LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA Y
LA TOMBOLA -DON BOSCO VA A PINO TORINESE PARA UNA PRIMERA MISA -LA PREDICHA CURACION DEL
CLERIGO CERRUTI GRAVEMENTE ENFERMO -OTRAS PREDICCIONES CUMPLIDAS -DON BOSCO DESCUBRE EL
ESTADO DE UN DIFUNTO -DIA ONOMASTICO DE DON BOSCO -OTRAS DEMOSTRACIONES DE AFECTO -CARTA DE
DON MIGUEL RUA A DON FRANCISCO PROVERA; LAS CRUCES DEMUESTRAN QUE EL COLEGIO DE LANZO ES OBRA
DE LA PROVIDENCIA: EFECTOS CONSOLADORES DE LA FIESTA DE SAN LUIS EN MIRABELLO; EL OBISPO DE CASALE
CONCEDE EXAMENES A LOS CLERIGOS; EJERCICIO DE LA BUENA MUERTE EN LU -LAS LECTURAS CATOLICAS

EL Siervo de Dios había ordenado que el domingo, 4 de junio, terminase en el Oratorio el mes dedicado a María. El 31 de mayo
marchaba él a Mirabello. En este colegio se celebraba solemnemente el día 1.° de junio, jueves, la clausura de dicho mes, con asistencia
del Obispo de Casale y un selecto acompañamiento de párrocos y otros sacerdotes. También honraba la fiesta con su presencia la condesa
de Callori. Los alumnos representaron la comedia en Latín Phasmatonices, que salió bordada.

De vuelta a Turín escribía don Bosco al marqués de Fassati:

((144)) Turín, 4 de junio de 1865.

Ilmo. y queridísimo señor Marqués:

Desde que V. S. partió para Roma con su familia no he recibido noticia alguna de ustedes; espero, no obstante, que Dios habrá
escuchado nuestras pobres oraciones y les habrá conservado a todos en santa gracia y bendición.
132

Fin de Página 132

 

VOLUMEN VIII Página: 133

Tenemos un criado suyo, el de Carignano, que asiste a la escuela del Oratorio y parece poseer buenas ideas y buenas costumbres. No he
vuelto a ver, sino por carta, a la señora Duquesa, que ordinariamente reside en Borgo. Al presente, sin embargo, se halla en casa del
conde de Camburzano de quien me dicen va cada día de mal en peor. Verdaderamente hay que reconocer, señor Marqués, que Dios tiene
sus fines. Creo que quiere mandar grandes tribulaciones a esta santa familia para prepararle el debido premio en el paraíso, sin ni siquiera
tocar el purgatorio.

Por todos los rincones se habla de los futuros Obispos. Cada uno opina según le place. Parece voz digna de crédito que en la terna de
Turín están: 1.° monseñor Ballerini; 2.° Calabiana; 3.° Riccardi.

Roguemos a Dios para que acabe bien esta ardua empresa.

Hoy se celebra la fiesta del Estatuto. En Turín no hay movimiento, excepción hecha del barro y la lluvia, que hacen muy incómodo el
tránsito por las calles.

Hoy mismo hemos celebrado la clausura del mes de María con la máxima satisfacción. íSi viese con qué elegancia ha sido adornado su
altar! Música, cantos y órgano, oraciones, sermones, etc., todo en marcha. El canónigo Nasi ofició y predicó.

La iglesia de María Auxiliadora está ya a dos metros sobre el pavimento y se trabaja en ella activamente. Pero la señora Marquesa
preguntará: -"Y cómo van las deudas?

Debo decirle que con su partida he perdido el sostén principal de las mismas; pero el Señor no ha permitido hasta ahora que nos faltase
nada que haya podido retardar los trabajos.

El jueves hubo una representación latina en Mirabello. Asistió monseñor Calabiana con numeroso clero; todo resultó brillante.
Hablamos mucho de usted y, al decir que yo le escribiría en breve, el Obispo, don Miguel Rúa, la condesa de Callori y Cerruti me
encargaron presentara a toda la familia sus respetuosos saludos.

El Señor ha visitado nuestras casas. Don Víctor Alasonatti, el Director y el Ecónomo de Lanzo, más el Director espiritual de nuestras
escuelas, cayeron enfermos los cuatro al mismo tiempo, y por ahora no se ve esperanza de curación. Sicut Domino placuit, ita factum est
(Tal como plugo al Señor, así se hizo).

Nuestra tómbola está bien encaminada. S. A. R. el príncipe Amadeo, ((145)) el príncipe Eugenio, la Duquesa de Génova, el príncipe
Tomás y la princesa Margarita se ofrecieron como promotores principales. Tenemos ya la aprobación de una considerable cantidad de
boletos. Apenas haya terminado la lotería de los sordomudos (7 de los corrientes) empezaremos enseguida a despacharlos.

Todos los de casa les saludamos respetuosamente y les deseamos todo bien del cielo a usted, a la piadosa señora Marquesa, a Acelia, y
a toda la respetable familia del señor conde Eugenio de Maistre. Dios les conceda a todos salud y gracia para vivir felices y salvarse para
la eternidad.

Que Dios le bendiga, señor Marqués, y créame como con sincera gratitud me profeso

De V. S. Ilma.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

P.S. Ruégole ponga la carta que incluyo en cualquier buzón.
Fin de Página 133

 

VOLUMEN VIII Página: 134

El 10 de junio, sábado precedente a la fiesta de la Santísima Trinidad, monseñor Balma, arzobispo titular de Tolemaida, confirió la
orden presbiteral a don José Lazzero. Don Bosco acompañó al nuevo sacerdote a su pueblo natal, Pino Torinese, asistió a su primera misa
y pronunció el sermón. El párroco, don Santiago Aubert, que hospedó al amigo don Bosco, el clero, la familia, la población festejaron
como mejor pudieron el fausto acontecimiento. Lo mismo sucedió en el Oratorio, puesto que don José Lazzero era querido por todos.

Mientras tanto, el colegio de Mirabello había recibido la alegría del cumplimiento de una predicción hecha por don Bosco, en su última
visita. Merece la pena exponerla con todos sus detalles.

En el curso escolar de 1864-1865 se confiaron al clérigo Francisco Cerruti, profesor, los cursos cuarto y quinto de bachillerato del
seminario menor.

Era él enfermizo, y las muchas fatigas sufridas habían agotado sus fuerzas, por lo que don Miguel Rúa había pedido a don Bosco que lo
dispensase de unas clases tan pesadas. Pero don Bosco respondió:

-íQue siga Cerruti con sus clases!

((146)) El buen clérigo obedeció, pero al final de abril cayó gravemente enfermo.

El mismo atestigua lo siguiente: "Me había sorprendido un gran cansancio y postración; tenía esputos sanguinolentos, bastante
frecuentes; a más, una tos catarral persistente, fiebre casi continua, respiración afanosa. El doctor Pasini creyó que se trataba de bronquitis
seria y descuidada.

"Por entonces vino don Bosco a Mirabello; me preguntó por la enfermedad que me aquejaba y me aconsejó unas píldoras que, a decir
verdad, me hicieron mucho mal. A la hora de partir me dijo:

"-Todavía no es tu hora; estáte tranquilo; aún tienes que trabajar mucho para ganarte el Paraíso.

"Pero el mal aumentó tanto que el médico creyó desesperada mi curación. Recuerdo siempre que en cierta ocasión, estando yo presente,
dijo:

"-Ya no quedan remedios para aplicarle, el mal es muy grave y las fuerzas están demasiado gastadas; por tanto, reposo absoluto y
silencio riguroso; no queda más que dejar actuar a la naturaleza.

"Don Miguel Rúa, el director, que en su caridad me prodigaba los más atentos cuidados, hacía rezar mañana y tarde a los alumnos,
como se acostumbra en los casos graves; pero la enfermedad no parecía
134

Fin de Página 134

 

VOLUMEN VIII Página: 135

disminuir. Fue don Miguel Rúa a Turín, habló de ello a Don Bosco y, al volver, me dijo:

"-"Sabes una cosa? No ha llegado tu hora, debes pensar en curar. Más aún, me preguntó: "quién es el médico que atiende a Cerruti?

"-El doctor Pasini.

"Y él respondió:

"-íEntonces ese médico no lo entiende!

"El mismo día en que don Miguel Rúa me comunicó la respuesta de don Bosco, recuerdo que tuve tal acceso de tos que, no pudiendo
resistir, me eché sobre la cama y aun allí me parecía que iba a morir de un momento a otro.

"No obstante, el día después volví a mi clase de quinto de bachillerato. Por la noche estaba mejor y al día siguiente me sentí ((147))
casi totalmente curado y seguí dando clase hasta final de curso. Confiado en las palabras de don Bosco, iba cada semana a Turín para
asistir a alguna clase en la Universidad, sin sentir molestia alguna.
Todavía más; en julio de aquel mismo año pude prepararme y rendir examen de historia moderna en la misma Universidad, en la que
estaba matriculado como estudiante de la facultad de Filosofía y Letras.

"Recuerdo, además, que el médico no podía comprender mi curación, de modo que, aún después de varios meses, me preguntaba
asombrado si verdaderamente me encontraba bien.

"-Es cierto, añadía; la naturaleza tiene muchos secretos que nosotros todavía no conocemos.

"No se pudo saber más de él, porque, pese a su honestidad, era poco inclinado a las prácticas religiosas. Desgraciadamente contribuía a
ello, muy en particular, la lectura de cierta Revista Científica que recibía mensualmente de París y de la que me dio a leer algunos
artículos que trataban del origen símico del hombre, los cuales, por la gracia de Dios, le devolví después de leerlos, rogándole no me
mandase más.

"Humanamente hablando no creo yo que hubiese podido sobrevivir sin un milagro, dado el largo estado de postración de fuerzas, el
excesivo cansancio y la vehemencia del mal soportado más de un mes".

El mismo don Miguel Rúa escribía el 11 de julio a don Francisco Provera, prefecto de Lanzo: "Deseas tener noticias de nuestro querido
Cerruti y con sumo gusto lo hago, ya que puedo dártelas buenas. Después de un mes de enfermedad, se ha restablecido y se
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encuentra quizá mejor de lo que estuvo durante todo el año; ha reemprendido sus clases y demás ocupaciones. Quiera el Señor
conservárnoslo con salud; te lo digo sinceramente de corazón, ya que continúa siendo siempre el buen Cerruti".

Daremos también noticias de otras predicciones cumplidas. Don Joaquín Berto escribía muchos años antes de que muriese don Bosco:

((148)) "Era el 1865. Un sábado por la tarde, a finales del curso escolástico, me confesaba con él en el coro de la iglesia. Había yo
terminado el quinto de bachillerato y le exponía alguna dificultad que encontraba para abrazar el estado eclesiástico y, por tanto, para
quedarme en el Oratorio. El, previendo las dificultades y adivinando mi pensamiento, me dijo:

"-Mira, no te preocupes por tus padres, porque lo mismo tu padre que tu madre, se salvarán.

"-Muy bien, dije yo; pero siento que me falta capacidad para llegar a ser un digno eclesiástico.

"-No temas; haz lo que puedas y saldrás adelante.

"-Bueno, proseguí; yo, muy contento de quedarme aquí; y, si abrazo el estado eclesiástico, es solamente para quedarme a su lado, bajo
su paternal dirección porque usted conoce bien mi modo de ser. No tengo ninguna dificultad: solamente desearía, para perseverar, y
únicamente para salvar mi alma, poder confesarme siempre con usted, en quien he puesto mi ilimitada confianza.

"Don Bosco me respondió:

"-Y como confianza pide confianza, yo te diré que si tú tuvieras que separarte de mí, sería por poco tiempo".

Efectivamente, fue siempre secretario particular de don Bosco. Tenía el aposento junto al suyo. Y solamente durante los dos últimos
años de vida del Siervo de Dios fue sustituido en aquel cargo de confianza por otro hermano. El pasó a archivero; pero en su nuevo cargo
seguía teniendo entrada libre en la habitación de don Bosco, aun cuando se le dio otra habitación, puesto que las circunstancias exigían
que don Miguel Rúa ocupara la habitación contigua a la del Rector Mayor.

El joven Luis Tamone, aprendiz de zapatero, oyó también la predicción de su porvenir. Fue el año 1865 a despedirse de don Bosco,
antes de partir para su casa en Giaveno; ((149)) díjole que quería alistarse en el ejército como músico de la banda, pues tocaba muy bien
la trompa.

-Bueno, le replicó don Bosco; "quieres ser músico? Pues bien,
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sábete que a los cuarenta años dejarás de tocar y de trabajar; abandona ese proyecto.

Tamone volvió a casa, siguió su oficio de zapatero, hizo una modesta fortuna y precisamente a los cuarenta años empezó a sentir fuertes
molestias de estómago, que le impidieron el ejercicio de su oficio y mucho más tocar su instrumento. Tuvo que conformarse con hacer de
mozo en el ayuntamiento y recordaba el año 1897 la predicción de don Bosco, asegurando que la debilidad del estómago nunca le había
dejado en paz.

Además del don de predicción con sus alumnos, parecía que don Bosco tenía también conocimiento del más allá.

El joven José Perazzo narraba este mismo año a don Joaquín Berto el hecho siguiente:

"Había muerto mi padre y yo, lleno de aflicción, deseaba conocer su estado en el otro mundo. Pedí entonces a don Bosco que rogase
por él y don Bosco me dijo un día, cuando me confesaba, estas textuales palabras:

"-He visto a tu padre; estaba vestido de esta manera...

"Y me hizo una descripción tan detallada y escultórica que inmediatamente lo reconocí.

"-Esa era su fisonomía, le dije; él solía ir vestido de ese modo.

"-Pues bien, continuó don Bosco, tu padre se encuentra aún en el purgatorio; ruega por él y pronto irá al paraíso.

"Era algo singular; don Bosco no había visto nunca ni conocía a mi padre".

Mientras tanto llegó el mes de junio. Se acercaba el día onomástico de don Bosco y de todas partes se recibían cartas de los antiguos
alumnos felicitándole y manifestándole su gratitud. Son cartas dignas de conservarse y de leerse por el gran aprecio que demuestran al
Siervo de Dios. Nos contentaremos con presentar una de muestra:

((150)) Desde el Monasterio, 20 de junio de 1865.

Mi amado Padre:

Después de largo e imperdonable silencio, escribo finalmente estas líneas, por no dejar pasar una ocasión tan feliz como la de su día
onomástico. Juntamente conmigo le felicitan todos los Padres de esta santa casa y se encomiendan a sus oraciones. Ya sabe usted que soy
un loco; pero también sabe que le quiero tiernamente, por lo que espero crea que siempre le he considerado como a un tierno padre,
aunque no le haya escrito. Con sumo gusto quisiera sentarme el viernes por la tarde, como hace ahora tres años junto a don Bosco y
abrazarle y contarle muchas, muchas cosas..., pero ya que esto me es imposible, nada me impide rezar por usted, estar muy cerca de
usted, mi querido Padre, mi incomparable don Bosco, a quien amo en Jesús y
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María más que a nadie después de Dios. Y digo más que a nadie después de Dios porque si mis padres me dieron la vida física, usted me
dio la vida del alma, que es un don mucho más apreciable. Y el don más grande que usted me ofreció fue el haberme enviado a este
Monasterio...

"Sabe que alguna vez he hablado con usted y me he encomendado a sus oraciones con la seguridad moral de que usted me oía desde
ahí? Ciertamente, yo no lo dudo: usted me ha oído y ha rezado por mí...

Si se digna responderme, lo que no hay que decir cuánto lo deseo, déme alguno de sus consejos, una de aquellas advertencias... Y
ruegue, ruegue por mí. Ruegue a María Santísima para que no ceda jamás a las insinuaciones malignas del demonio, para que ame
siempre a esta bonísima protectora y siempre tenga que recurrir a Ella como a la única áncora que me queda, la única brújula que me guía
a Jesús.

Le ruego salude a don Víctor Alasonatti, a mi querido Caballero, a don Juan Bautista Francesia, al meláncólico don Juan Bautista
Cagliero, al reverendo Boggero, a los cuales recuerdo cada día y a todos los demás, con Don o sin él, a quienes aprecio y amo como
hermanos. Me recomiende a las oraciones de la Casa. Diga a J... y a R... que les suplico me obtengan la perseverancia y que cuento
mucho con sus oraciones.

Y a usted, padre mío, "qué le diré? "Qué felicidades desearle? Me uno a todo lo bueno y grato que se dirá en esta fiesta del Oratorio y
especialmente a todo lo que el tierno afecto de don Juan Bta. Francesia sabrá escribir, prometiéndole mis pobres oraciones y la comunión
del sábado.

Rogándole me bendiga, y como si yo estuviese de rodillas ante usted, besando con efusión su sagrada mano, me suscribo

JERONIMO MARIA SUTTIL

((151)) Era la noche de la vigilia de san Juan. Los edificios aparecían espléndidamente iluminados. Un amplio espacio circular del
patio, cercado por altos postes con banderas, estaba lleno de bancos donde se sentaban los alumnos. Había un trono preparado para don
Bosco y frente a él un gran palco con gradas para la banda y los cantores que debían interpretar el himno. A ambos lados del trono,
asientos para un gran número de bienhechores y en el centro de aquel anfiteatro una mesa donde se veían los regalos y ramos de flores.

Poetas y prosistas leían sus composiciones, alternando con las sinfonías y los aplausos a don Bosco, que se unía con frecuencia a ellos
transformando la fiesta en una demostración de común alegría.
Cerró el acto don Bosco con un discursito. Parecía sereno, no obstante la enfermedad de sus cuatro colaboradores. Pero su resignación no
impidió que manifestara a los muchachos su pena y que les rogara le ayudasen a llevar aquella cruz. Muchos lloraron, cuando aludió a la
cercana muerte de don Víctor Alasonatti.

Las demostraciones de amor a don Bosco no se limitaban a su día onomástico; aunque con menos solemnidad, se repetían
frecuentemente
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las fiestas escolares y religiosas, y cuando aparecía en los patios, en las clases, en el salón de estudio, en los talleres y hasta en las calles
de la ciudad. Por dos veces vimos nosotros mismos un grupo de ochenta alumnos que volvían de paseo y, al encontrarse con don Bosco
en una plaza llena de gente, rompieron filas, corrieron a su encuentro y se amontonaron a su alrededor para besarle la mano.

El final del mes de junio trajo, junto con la alegría de la fiesta de san Luis, una gran pena para todos los miembros de la Pía Sociedad.
El director de Lanzo, don Domingo Ruffino, había sido trasladado con grandes cuidados al Oratorio y había suscitado una inmensa
compasión, sólo al ver cómo le sacaban del coche en condiciones tan desesperadas.

((152)) El prefecto, don Francisco Provera, había dado la noticia a Mirabello, añadiendo lo que don Bosco había manifestado con
respecto al colegio de Lanzo.

Don Miguel Rúa le respondió:

"En verdad que no fueron muy gratas las noticias de las pruebas a que ha sido sometido ese colegio. Tomanos como propias vuestras
penas y, por cuanto de nosotros depende, quisiéramos verlas desaparecer por completo, y con tal propósito elevamos continuamente
nuestras fervientes oraciones al Señor. Por otra parte, nos consuela pensar que vuestras aflicciones parecen una señal de que vuestro
colegio debe ser obra de la Providencia; es más, en vista de estas pruebas, yo sería del parecer de sugerir a don Bosco que continúen
teniéndolo abierto. Aquí hemos celebrado varias fiestas, que resultaron muy satisfactorias.

"Hemos celebrado la de san Luis con procesión de la estatua del Santo regalada por los socios de la Compañía. Se representó, además,
una comedia teatral cuyo argumento eran las luchas que tuvo que sostener san Luis para hacerse religioso, comedia que en varias
ocasiones nos hizo derramar lágrimas de ternura y que dejó las mejores impresiones en los que supieron entenderla".

El protagonista fue Luis Lasagna, alumno aquel año en Mirabello, y de tal modo se posesionó de su papel, que se dejó vencer por la
llamada del Señor y se hizo salesiano.

Don Miguel Rúa añadía: "Los clérigos rindieron su examen de nuevo: estuvo presente Monseñor, el cual quedó satisfecho. El jueves de
la presente semana (el 6) iremos a Lu, para hacer todos juntos el ejercicio de la buena muerte".

Mientras tanto la tipografía del Oratorio continuaba sus trabajos.

En el mes de julio salió el opúsculo de las Lecturas Católicas, titulado
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Magnetismo animal y espiritismo, por un doctor en medicina y cirugía, turinés. Era el doctor Gribaudo.
El opúsculo presenta algunos rasgos históricos de la pseudomagia blanca y del magnetismo. Trata del elemento natural y del elemento

((153)) pseudoteúrgico del mismo; de la naturaleza del magnetismo y de los daños que acarrea.
Se preparaban otros fascículos para los meses siguientes.
En agosto se publicó: Vida de la beata Margarita María Alacoque, con un apéndice de devotas oraciones al Sagrado Corazón de Jesús.
En septiembre: Alberto y Nina, narración amena.
En octubre: Instrucción catequética sobre el Sacramento de la Confirmación, o Santo Crisma, por un párroco de la archidiócesis de

Turín. Al final del librito se leía esta Advertencia:
"Este fascículo se publica sin el índice, porque en los próximos meses seguirá otro, que contendrá las oraciones y meditaciones
oportunas para recibir devotamente el sacramento de la Confirmación y para acercarse con fruto a los sacramentos de la Penitencia y
Comunión. En dicho fascículo se continuará la numeración de las páginas y de este modo podrá formar un solo volumen con el presente".
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((154))

CAPITULO XIII

EL DELEGADO PROVINCIAL DE ENSEÑANZA PIDE LA RELACION ANUAL DEL BACHILLERATO -PREOCUPACIONES
DE DON BOSCO PARA EL CURSO ESCOLAR SIGUIENTE -EL COLEGIO DE CAVOUR ES OFRECIDO A DON BOSCO, EL
CUAL INVITA AL PROFESOR CANTU A ACEPTAR LA DIRECCION; INVITACION Y CONSEJOS DE AMADEO PEYRON;
CONVENIO NO ACEPTADO -OTRO PROYECTO DE UNA FUNDACION ESCOLAR EN OCCIMIANO -DON BOSCO ES
ESPERADO EN LANZO PARA DECIDIR EL DESTINO DE AQUEL COLEGIO -ADMIRA LA VIRTUD DE DON FRANCISCO
PROVERA EN LOS SUFRIMIENTOS -MUERTE DE DON DOMINGO RUFFINO: PALABRAS LAUDATORIAS DE DON BOSCO,
DE EL Y DE OTROS JOVENES DEL ORATORIO -CARTA DE DON BOSCO A LA CONDESA DE CALLORI, EN LA QUE
EXPONE SU ESTADO DE ANIMO EN AQUELLOS DIAS -EXPLICACIONES SOBRE UNA PREDICCION RESEÑADA EN LA
CRONICA DE RUFFINO -AUGURIOS PARA EL DIA ONOMASTICO DE UN AMIGO -NUEVO GOBERNADOR DE TURIN
-DON BOSCO EN SAN IGNACIO Y EN LANZO: QUEDA ASEGURADA LA CONTINUACION DE AQUEL COLEGIO -SU
CARTA A UN CLERIGO -ULTIMA CHARLA DE DON BOSCO -FIN DE CURSO; INTREPIDEZ CRISTIANA; ALUSION A LA
PROXIMA MUERTE DE DON VICTOR ALASONATTI -CARTA AL PROVICARIO CANONIGO VOGLIOTTI ACERCA DEL
EXAMEN PARA LA IMPOSICION DE SOTANAS

EL día 30 de junio recibió don Bosco del Delegado provincial de enseñanza, Francisco Selmi, la petición de la acostumbrada relación y
cuestionario sobre su Centro para enviar al Ministerio. Mientras ordenaba la respuesta, no podía dejar de pensar en el curso venidero.
Tres de sus sacerdotes Alasonatti, Ruffino y Fusero, habilitados ((155)) para la enseñanza del bachillerato, se encontraban gravemente
enfermos. Otro diplomado estaba también muy delicado de salud y el quinto había ido al seminario. Al mismo tiempo, hacía más de un
mes que el Ayuntamiento de Cavour había
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renovado las instancias, suspendidas en 1860, para confiarle el colegio-internado, cerrado desde hacía algún tiempo. Don Bosco, llevado
de su ardiente deseo de hacer el bien a la juventud allí donde pudiese, y también para condescender con las instancias del famoso
helenista, miembro de la Real Academia de Ciencias, profesor de Teología, Letras y Filosofía en la Universidad de Turín y buen amigo,
al abate Amadeo Peyrón, se inclinaba por llegar a un acuerdo.

Se trataba de los cuatro cursos elementales y de los cinco del Bachillerato. El alcalde, caballero César Cauda, comandante general,
había ido a Turín para tratar de ello con don Bosco. Hubo un intercambio de cartas y no quedó más divergencia que el importe de los
sueldos: si diez mil o si ocho mil liras anuales. En cuanto al personal, no le faltaban asistentes; no le era difícil proveer de maestros
aprobados para los cursos elementales; pero carecía de maestros diplomados especialmente para el bachillerato superior.

Don Bosco escribió a algunos profesores, amigos suyos, que trabajaban en las escuelas públicas, proponiéndoles una cátedra en el
colegio de Cavour con un sueldo equitativo. Entre otros escribió al profesor Angel Cantú de Carmagnola, presbítero, que actuaba en el
Liceo de Savona.

Carísimo Cantú:

Del dicho al hecho va mucho trecho, "verdad? Veamos, sin embargo, si se puede remediar este trecho.

Se dijo alguna vez el año pasado que, si se trataba de abrir un colegio nuevo, usted estaría dispuesto de buen grado a tomar parte. Ahora
se trata de abrir el de Cavour, y necesito personal directivo: "aceptaría usted la dirección del mismo? "O bien se sometería a otro cargo
dirigente o docente? Estas son mis preguntas.

Si en principio me dice que sí, le escribiré dándole detalles y creo que fácilmente nos pondríamos de acuerdo; de lo contrario, re infesta,
redibo.

((156)) Le ruego rece por el pobre don Bosco, que lleva entre manos tantas cosas para los demás y se olvida de sí mismo. Dios le
bendiga y le conceda salud y gracia, mientras con todo afecto me profeso

DeV. S.

Turín. 4 de julio de 1865.

Afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

El abate Amadeo Peyrón escribía a don Bosco la siguiente carta:

Turín, 17 de junio de 1865.

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Muy reverendo Señor:

Por el bien que se puede hacer en Cavour, le notifico que el Ayuntamiento está decidido a poner un colegio de bachillerato. Persiste en
las ocho mil liras; me comunicó además un escrito suyo con lo que usted exige al Ayuntamiento, pero desearía también que constaran por
escrito las obligaciones que usted asume. Esto sentado, estoy convencido de que no se podrá hacer nada, sin que el Ayuntamiento y usted
platiquen inmediatamente y dialoguen juntos.

A este fin le propongo que venga a Cavour y acepte hospedarse en mi pequeña quinta, donde, tanto mi familia como yo, le recibiremos
como a un ángel venido del cielo. Si me comunica el día y la hora de su llegada a Pinerolo, le mandaré mi calesa para recibirlo.

Pero, antes de venir, procure entrevistarse con el señor Cura de Cavour, que ahora se encuentra en Turín e irá a visitarle. El puede
informarle oportunamente y comprender las posibles transacciones que me comunicará. Una vez que usted llegue a Cavour, el Párroco se
mantendrá al margen, para no comprometerse, y actuaré yo, juntamente con mi sobrino, que pertenece al Ayuntamiento.

En cuanto a las obligaciones que usted asume, le aconsejaría que añadiera unas escuelas nocturnas durante los meses de invierno. Está
esto de moda y nosotros debemos acomodarnos a los gustos de los hombres de hoy para que ellos acepten los nuestros.

Le ruego se acuerde del muchacho de Cavour, que se llama Bima, y que yo le recomendé este invierno; usted me aseguró que lo
admitiría el próximo agosto.

Con el mayor respeto, me profeso de usted

Su seguro servidor AMADEO PEYRON

((157)) Don Bosco se atuvo a los consejos del Abate; expuso sus ideas por escrito, en forma de contrato, y las presentó al Municipio.
Más tarde hubo que suspender estas diligencias, quizá por lo bajo de la suma salarial a repartir entre nueve profesores, todos titulados;
quizá, porque ni el profesor Cantú, delicado de salud, ni los otros colegas pudieron aceptar la invitación. Quizá, hubo también otras
razones; mas para don Bosco no fue tiempo perdido, ya que tuvo ocasión de estudiar y formarse un criterio justo acerca de las
condiciones a poner, si por acaso tuviese que aceptar otra vez la dirección y administración de un colegio-internado municipal. He aquí, a
título de documento, cuáles fueron las condiciones por él propuestas a Cavour.

PROYECTO

PARA LA REAPERTURA DEL COLEGIO INTERNADO DE CAVOUR

Vista la votación emitida por los señores Concejales del Municipio de Cavour, en la sesión del 19 de mayo último, para la reapertura
del antiguo colegio-internado de la población y tomada en consideración la invitación hecha en el acta de formular una propuesta sobre lo
acordado; considerado, asimismo, el contenido de las
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cartas que la acompañaban, con el único objeto de promover el bien moral y científico de la juventud estudiantil de Cavour y pueblos
limítrofes, el acta se reduciría a los siguientes artículos:

1.° El Ayuntamiento de Cavour, en su deseo de ver abierto nuevamente el antiguo Colegio y de atender por un medio normal a la
instrucción elemental y media de la juventud estudiantil de Cavour y pueblos limítrofes, se obliga a pagar la cantidad de diez mil liras al
presbítero Juan Bosco a fin de que él provea a la legal y normal enseñanza de los cuatro cursos elementales y los cinco del bachillerato
(véase Acta antes dicha).

2.° El Ayuntamiento cede el local del Colegio y el jardin anejo, para uso de las escuelas, mas no podrá cambiarse su fin.

3.° El Ayuntamiento establecerá una cuota a pagar, tanto para los cavourenses como para los forasteros que participen de la enseñanza.
Los internos quedan dispensados de ella.

4.° El sacerdote Juan Bosco por su parte dotará al Colegio de maestros aprobados para la enseñanza elemental y media y seguirá los
programas y disciplinas oficiales.

((158)) 5.° Todos los gastos de instalación correrán a cargo del presbítero Bosco. El Ayuntamiento, como propietario que es, se obliga a
hacer las reparaciones necesarias para la conservación y uso de los respectivos locales, de acuerdo con lo dispuesto por las leyes civiles.

6.° El Ayuntamiento proveerá del material necesario para la primera instalación de las clases; en lo sucesivo correrán a cargo de don
Bosco los gastos de escritorio, reparación de bancos, mesas y leña para el invierno.

7.° El Ayuntamiento no se opone a que haya escuelas nocturnas para adultos y a que se reúnan los días festivos para aprender música

vocal e instrumental, según las posibilidades.

El Ayuntamiento fijará cada año la cantidad de ciento cincuenta liras para premios de las respectivas clases a fin de año.

8.° Todos los muchachos de Cavour podrán participar en las diversas ramas de enseñanza que se dan en las clases elementales y

medias, pero todos los alumnos deberán atenerse a la disciplina y a los horarios establecidos en cada clase.

9.° Por lo que toca a moral y religión, el Ayuntamiento se remite al presbítero Bosco, de acuerdo con el párroco de esta localidad.

10.° Las clases se abrirán a principio del curso escolar 1865-66.

11.° Si por cualquier motivo razonable el Ayuntamiento no quisiese continuar con el presente convenio (lo que ciertamente no

sucederá) presentará la preventiva notificación al sacerdote Bosco, de cinco años, a fin de que pueda tomar sus medidas y no sufra la obra
de beneficencia pública que dirige en Turín.

12.° Teniendo en cuenta los graves gastos a que debe someterse el sacerdote Bosco, el Ayuntamiento procurará anticipar este año la
suma de cinco mil liras para el próximo octubre. El resto y en los años sucesivos, las entregas se harán al vencimiento, según las leyes.

13.° Cualquier otra cosa que necesite el sacerdote Bosco y que no ocasione dispendio al Ayuntamiento, será tratada verbalmente.

A la par que este proyecto se esfumaba, otras personas amantes de la educación cristiana de la juventud, le proponían y alentaban

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para otro, que debería llevarse a efecto en Occimiano, pueblo grande en la diócesis de Casale, y no muy lejos de Mirabello. También aquí
querían un colegio-internado, y don Bosco, que no parecía oponerse, dejó que los promotores de la idea se entendiesen con los
principales personajes del pueblo. "Pensaba tal vez ((159)) que en el futuro no podría albergar en el Seminario Menor de Mirabello a
todos los jóvenes que acudieran a él? "Preveía ya la conveniencia de tener que abandonar Mirabello? De momento no se apresuró a tomar
ningún compromiso, por más que el deseo de ver realizado aquel plan se mantuviera vivo por bastante tiempo en Occimiano. Pero
también esta proposición debía disiparse como la de Cavour.

Muy Reverendo Señor:

Tenga la bondad de perdonarme el haber tardado algún tiempo en responderle sobre la misión que me encomendó al partir de Turín. El
deseo de poder darle noticias más ciertas me detuvo hasta hoy. He hablado con el marqués Da Passano, propietario del local que usted
sabe, llamado el Convento. El Marqués está muy contento de cederle dicho local, sobre todo por tratarse de una obra provechosa para la
población. El provecho es espiritual y material y esto convierte al señor Marqués en uno de los más entusiastas promotores de la empresa.
He hablado con muchos del pueblo y todos me cantaron la misma canción, esto es, que don Bosco, en vez de establecerse en Mirabello
hubiera hecho mejor quedándose en Occimiano Y fundando su colegio en el Convento, lugar adaptado para este fin solamente. Cuando
les hice saber que don Bosco estaría dispuesto todavía a venir, si el pueblo lo deseaba, entonces dijeron que el Ayuntamiento debería
hacer la petición y ofrecerse espontáneamente con favorable disposición. Ante esta propuesta solamente dos o tres quedaron algo fríos;
pero tal vez entendieron no aprobar esta petición hecha a usted, sin que estuviera en su ánimo oponerse directamente cuando se tratase de
su venida. En cualquier sentido que se tome este desacuerdo, no hay que extrañarse porque sabe usted muy bien que es muy difícil
obtener el acuerdo perfecto en cualquier cosa.

Termino animándole, como me encomendó el mismo señor Marqués, y exhortándole a que no tema, pues todo saldrá bien. Haga su
interpelación al Ayuntamiento de la siguiente forma:

"Dado que no basta a la necesidad el centro de Mirabello, estaría dispuesto, si es del agrado del pueblo, a fundar otro colegio en
Occimiano. Pero, antes de iniciar ningún convenio, querría conocer el parecer del Ayuntamiento sobre el particular". A esta proposición,
el Ayuntamiento necesariamente debe responder algo y, por tanto, se reunirá el Consejo, se discutirá la cuestión y quede tranquilo
porque, según espero, tendrá una votación favorable.

Estaría también muy bien que trabara alguna relación con el administrador de Casale y alcanzara de dicho señor ((160)) que haga él su
propuesta, ya que es persona muy influyente en el pueblo de Occimiano y resultaría un apoyo considerable para el plan. Consultados los
concejales por un superior suyo, deberán responder rápidamente y no osarán rechazar este ofrecimiento sin aducir buenas y sólidas
razones. Haga como mejor le parezca; yo no puedo decirle más.
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El señor Marqués le espera, con ansias de conocerle y entenderse mejor de viva voz sobre este asunto. Le aseguré que usted pasaría
pronto, cuando vaya a Mirabello a visitar su colegio.

Acepte mis más cordiales saludos, junto con los del señor Marqués.

Besa su mano y se profesa

Occimiano, 29 de julio de 1865.

Afectísimo seguro servidor JOSE ROSSI, Pbro.
Ya el 5 de julio, aunque clavado en una silla y con atroces dolores, el querido don Francisco Provera había escrito:

Queridísimo y reverendísimo Padre don Bosco:

En Lanzo desean muchísimo su respuesta sobre la continuación del Colegio. El señor Cura Párroco y el reverendo Arró están
impacientes. Yo, con la distinción de si es afirmativa o negativa: en el primer caso, desearía tenerla cuanto antes; y en el segundo, pediría
ocho o diez días de tiempo para distribuir los cuatrocientos boletos. Esperé hasta ahora porque tenía que enviar, junto con ellos, unos
programas.

Después de una carta mía, el Alcalde nos dio enseguida orden de entrega de dos mil doscientas liras; pero el recaudador no nos ha dado
nada todavía. Nos prometió una buena cantidad para mediados del corriente mes...

Por aquí, en general, las cosas van discretamente bien. Espero que don Antonio Sala nos traerá a casa la noticia del día en que
tendremos la suerte de verle entre nosotros.

Rezamos y trabajamos para que el Señor le otorgue muchos consuelos, en compensación de los muchos disgustos que ha
experimentado durante este año.

Dénos su bendición, querido Padre, y nos encomiende a María Santísima para que nos preserve de nuevas desgracias, especialmente
espirituales.

Le saludo respetuosamente en nombre de todos. Me complazco en ser

De V. S. M. Rvda.

Su afectísimo hijo en J. C.
FRANCISCO PROVERA, Pbro.

((161)) Leyó don Bosco esta carta, y aquella misma noche, mientras se hablaba en la mesa de las desgracias que oprimían al colegio de
Lanzo y al Oratorio, dijo:

-El que es admirable en todo esto es don Francisco Provera. No solamente se mantiene sereno en medio de sus males, sino que halla
modo para consolar a los demás.

Y, respondiendo a su invitación, por medio de don Antonio Sala, le hacía saber que pasaría por el colegio cuando llegase el tiempo de ir
a ejercicios a San Ignacio. El buen Padre no se sentía con ánimo para separarse del Oratorio, mientras el pobre don Domingo Ruffino
parecía llegar al término de sus días.

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Efectivamente éste murió el 16 de julio, día consagrado a la memoria de la Virgen del Carmen. Tenía veinticinco años. Lleno de buena
voluntad, había gastado su vida y su energía en favor de aquel nuevo colegio, haciendo concebir de sí mismo las mejores esperanzas. Don
Bosco cerró sus ojos y salió de la habitación llorando.

-Querido Ruffino, dijo, tú me has ayudado y yo no te olvidaré nunca.

José Daghero, alumno del tercero de bachillerato, fue quien oyó estas palabras.

Don Bosco recordó a menudo a don Domingo Ruffino. El año 1884, diecinueve después de su muerte, decía:

-íQué alma más hermosa tenía don Domingo Ruffino, el hermano de nuestro Santiago! Parecía un ángel en carne humana; embelesaba
verlo: su cara era más devota que ésa con la que se suelen pintar los cuadros de san Luis. íCuántos ángeles ha regalado el buen Dios a
nuestra Pía Sociedad! La misma vida de Domingo Savio, de Miguel Magone, de Francisco Besucco, desaparece ante la edificante
conducta de muchos otros, que permanecen desconocidos y de los que nunca hubo nada que decir por sus angelicales costumbres.

Y añadía sus nombres.

Demostraba su reconocimiento al difunto, no solamente recordándolo, sino con la caridad que dispensaba a su hermana. Nos lo ((162))
dice una carta suya, dirigida a la benemérita condesa de Callori, de la que también deducimos el estado de ánimo del Venerable por
aquellos días.

Benemérita señora Condesa:

La joven Ruffino se halla ausente y no podré avisarle que se prepare para mañana; su madre está pasando unos días con el Vicario de
Lanzo. Apenas pueda hablar con una de las dos, veré qué determinan hacer e informaré enseguida a V. S. Benemérita.

No me he olvidado del libro; lo tengo muy presente; pero ha sido imposible imprimirlo. Vea usted. Cinco sacerdotes de los más
importantes cayeron enfermos a la par. Don Domingo Ruffino, ayer hizo ocho días, volaba gloriosamente al cielo; el valiente don Víctor
Alasonatti está a punto de seguirle; de los otros tres queda una esperanza remota de curación. Imagine los gastos, las molestias y cargas
que han caído sobre las espaldas del pobre don Bosco en estos momentos.

No piense, sin embargo, que esté abatido; cansado solamente. El Señor dio, transformó, arrebató cuando le pareció bien; íbendito sea
siempre su santo nombre! Me consuela esperar que tras la tempestad nos vendrá la calma.

Señora Condesa, me encuentro en un momento en el que necesito luz y fuerzas; ayúdeme con sus oraciones; encomiéndeme también a
las almas santas que usted conoce.
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Por mi parte no dejaré de invocar las bendiciones del cielo sobre usted, su señor marido y toda su respetable familia, mientras tengo el
honor de profesarme con la más sentida gratitud,

De V. S. benemérita

Turín, 24 de julio de 1865.

Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Los papeles del querido don Domingo Ruffino fueron cuidadosamente recogidos. Estaba también entre ellos su Crónica del Oratorio, en
la que se lee esta nota:

"Octubre 1859.-Don Bosco me dijo en cierta ocasión: ''Debes vivir todavía una vez y media lo que has vivido''. Yo le había dicho por
equivocación, que tenía dieciocho años, aunque tenía diecinueve".

((163)) Ruffino había preguntado a don Bosco cuánto tiempo le quedaba todavía de vida; y, al escribir la referida respuesta, dio una
prueba evidente de la importancia que la atribuyó, sabiendo por experiencia cuántas veces se habían cumplido las palabras del Siervo de
Dios.

Pero si don Bosco predijo en esta ocasión, "entendió Ruffino el verdadero sentido de aquellas palabras? Parece que no; don Bosco no
podía aludir a su vida natural, ya que Ruffino murió a la edad de veinticinco años. Además precisamente en esta muerte precoz hay que
buscar la razón por la que don Bosco no explicó claramente su pensamiento, pues él, prudentísimo como era, no dejaba vislumbrar
semejantes secretos a los jóvenes que sabía maduros para la eternidad. Creemos, por tanto, poder decir que don Bosco habló de su vida
salesiana o sea, desde el curso 1855-56, durante el cual él, aún estando en el Seminario de Giaveno, había decidido entregarse a don
Bosco.

Recordarán los lectores lo que escribimos en nuestro quinto volumen. Desde el año dicho, hasta el 1859 habían transcurrido cuatro
años; y transcurrieron otros cuatro hasta el otoño de 1863 y dos más desde otoño de 1863 a 1865.

En este caso, esta es nuestra opinión. Tampoco las profecías de la Sagrada Escritura deben entenderse todas en sentido literal. Por otra
parte, juzgue cada cual como le parezca bien.

Habríamos podido prescindir de la nota citada y así dispensarnos de toda explicación; pero hemos preferido referirla, porque no
callamos nada, ni tenemos nada que ocultar de cuanto se relaciona con don
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Bosco. La hemos referido, además, para que nadie pudiese acusarnos de haberla omitido, y al mismo tiempo para declarar, tanto a los que
aprueban las expuestas reflexiones como a los que no, que nosotros, los primeros, no queremos pretender que el Siervo de Dios haya
querido o debido profetizar siempre que conversaba o era preguntado.

Don Bosco, aun en medio de su dolor, no olvidaba a sus ((164)) amigos, a los que trataba con inalterable jovialidad. Así, el 19 de julio
escribía "al célebre doctor Vicente Lanfranchi -sus manos", enviándole, a lo que parece, una debida gratificación, o quizá un simple
augurio de largos y largos años de vida.

VIVA SAN VICENTE

Y QUIEN LLEVA SU NOMBRE

Si favorable
me fuere el viento,
haría rima
con mil y ciento.
Pero el Marsupio 1,
que se ha encogido,
a ciento cincuenta
me ha reducido.

íMil años viva, mil años de vida feliz! Amén.

JUAN BOSCO, Pbro.

Mientras tanto, había sucedido al conde Pasolini en el Gobierno Civil de Turín, aunque por poco tiempo, el conde Carlos Cadorna,
senador del Reino.

Don Bosco necesitaba acercarse al nuevo Gobernador, ya que precisaba de su benevolencia para la tómbola, y el Señor le abrió el
camino. El 17 de julio le escribía Cadorna por orden del Ministerio de Gobernación rogándole aceptase en su establecimiento al niño
Juan Emilio Demonte, de doce años, cuyo padre natural, que era lugarteniente en un Regimiento de Infantería, le había abandonado en

1 Marsupio. Vocablo italiano del latín MARSUPIUM, que significa bolsa. De donde se llama MARSUPIAL o DIDELFO al mamífero
que tiene una bolsa abdominal donde guarda las crías. (N. del T.)
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medio del arroyo, y prometía pagar quince liras mensuales. El pleno consentimiento de don Bosco fue bien recibido y consiguió el fin
deseado.

Partió después para San Ignacio. Desde aquel santuario, según costumbre, escribía cartas a los muchachos que le pedían consejo. No
hemos podido recoger ninguna de las de este año; pero, como hemos encontrado una de estas ((165)) cartitas, de otro año, la
transcribimos igualmente para que se vea cómo siempre es el amigo de las almas quien habla:

Dilecto Filio Cibrario Nicolao, salutem in Domino.

Ut animae tuae curam geram per epistolam tuam postulasti; et exaudita est deprecatio tua. At quantum in te est, cura ut habitu, incessu,
sermone, gestu, opere agas et vivas quemadmodum decet Clericum in sortem Domini vocatum.

Dominus conservet te in via mandatorum suorum; ora Deum pro me, et cura ut valeas.

S. Ignatii apud Lanceum, die 25 Julii 1860.
Sac. BOSCO JOANNES
TRADUCCION:

Al querido hijo Nicolás Cibrario, salud en el Señor:

Me pediste en tu carta que cuidase de tu alma: tu petición ha sido escuchada. Por lo que a ti toca, procura comportarte y vivir en el

vestir, el caminar, el hablar y el obrar como conviene a un clérigo llamado al servicio de Dios.

Que el Señor te conserve en el camino de sus mandamientos. Ruega al Señor por mí y cuida tu salud.

San Ignacio de Lanzo, 25 de julio de 1860.

JUAN BOSCO, Pbro.

Bajó a Lanzo y, después de haber conversado con los concejales del ayuntamiento, por deferencia con el vicario Albert, retiró su
comunicación de cierre del colegio.

Volvió a Turín para asistir a la solemne distribución de premios, que era para don Bosco una de las ocasiones preferidas para encaminar
hacia la virtud el alma de sus jóvenes.

Empezaba a recordarles con tiempo que tenían que ir a vacaciones, y para que se guardasen del respeto humano les decía:

"Decir francamente con san Pablo: Non erubesco Evangelium (No me avergüenzo del Evangelio). Sed hombres y no veletas: íEsto vir!
Frente alta, paso firme en el servicio de Dios; en casa y fuera de ella; en la iglesia y en la plaza. "Qué es el respeto humano? Un monstruo
de cartón que no muerde. "Qué son las petulantes palabras

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de los tristes? Burbujas de jabón que se evaporan en un instante. No nos preocupemos de los enemigos y de sus desprecios. El valor de
los tristes se apoya en el miedo de los demás. Sed valientes y les veréis bajar las alas. Sed de buen ejemplo para todos y ganaréis el
aprecio y la alabanza de todo el pueblo. Tanto más que sois estudiantes.

"Un aldeanito con fe, que besa una y otra vez el crucifijo en su cabaña me encanta; pero, un profesor, un capitán, un magistrado, un
estudiante que, al toque de la campana, ((166)) recita con la familia el Angelus y el De profundis por sus difuntos, esto, digo, me impone
y me entusiasma.

"Sed honra de vosotros mismos y del Oratorio. Diversiones, sí, pero también estudio y piedad. "Tenéis talento? Servíos de él para el
bien. Repeled la altanería de ciertos estudiantes deshonestos que a lo mejor os encontráis en el pueblo, que regresan de cualquier otro
colegio. Recordad que ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma. Haced finalmente que la gente, al veros sin respeto
humano, fieles a las leyes de Dios y de la Iglesia, y preguntando quiénes sois, pueda oír maravillada:

"-íEse es un hijo de don Bosco!".

Proponía también a los muchachos que iban de vacaciones que se comprometiesen a reservar en sus oraciones, una Avemaría para la
salvación del alma y el éxito de las obras de su pobre Superior, prometiéndoles que él haría lo mismo por ellos y por sus familias.
Les recomendaba encarecidamente que no se olvidasen de rezarla y la llamaba el Avemaría obligada.

Aquel año distribuyó a los más juiciosos algunos boletos de la tómbola, para que procurasen colocarlos en sus pueblos.

Terminado el curso escolar, mandó al canónigo Vogliotti, Rector del Seminario y Provicario de la diócesis, los nombres de los jóvenes
que pedían recibir el hábito clerical.

Turín, 7 de agosto de 1865.

Ilmo. y Revdmo. Señor Vicario General:

Le mando la lista de los jóvenes que desean ser admitidos al examen para vestir la sotana. Todavía no hemos podido obtener todos los
documentos, a pesar de los esfuerzos hechos para ello. Los que faltan se los remitiré apenas los reciba de sus padres.

Este año no hemos incluido en la lista los que pertenecen a otras diócesis; solamente se anotaron los de la diócesis de Turín o que
desean ser agregados a la misma.
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Siento mucho en estos asuntos no poder llevar las cosas ((167)) con toda regularidad; pero no se puede alcanzar todo lo que se necesita,
por las distancias, la negligencia o la impericia de quienes deben formular las declaraciones.
Reciba los sentimientos de mi gratitud, con la que le auguro todo bien del cielo y me profeso
De V. S. Ilma. Revdma.
Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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((168))

CAPITULO XIV

DON BOSCO EN GOZZANO CON EL OBISPO DE NOVARA; EL PAN DE LA PROVIDENCIA; UNA VOLUNTAD VACILANTE
-CARTA DE DON BOSCO A LOS CLERIGOS QUE SE PREPARAN PARA EL EXAMEN DE LETRAS; TEMORES DEL
COLERA; EL IRA A VIGNALE -VISITA DE UN MONASTERIO EN DISCORDIA CON EL OBISPO -DON FRANCISCO
PROVERA ES ENVIADO DE LANZO A MIRABELLO: QUEDAN LOS CLERIGOS SOLOS AL FRENTE DEL COLEGIO -EL
COLERA EN ANCONA -DON BOSCO ESCRIBE AL MINISTRO DE GOBERNACION Y AL CARDENAL ANTONUCCI,
OFRECIENDOSE PARA DAR ASILO A MUCHOS JOVENES QUE QUEDAN HUERFANOS -EL MINISTERIO PREGUNTA A
DON BOSCO EN QUE CONDICIONES ADMITE A DICHOS JOVENES -EL GOBERNADOR DE ANCONA TELEGRAFIA
AGRADECIENDO Y ACEPTANDO EL OFRECIMIENTO DE DON BOSCO -CARTA DE AGRADECIMIENTO DE LA COMISION
DE ASISTENCIA PUBLICA A DON BOSCO -CARTA DEL CARDENAL ANTONUCCI -OFERTA DE UN SICILIANO A DON
BOSCO EN FAVOR DE LOS HUERFANOS DE ANCONA

UNA vez terminada la solemne distribución de premios, don Bosco se apresuró a hacer algunos viajes para facilitar la venta de boletos de
la tómbola y otros asuntos.

El 2 de agosto partía para Gozzano, sin dar previo aviso al obispo de Novara, monseñor Santiago Felipe del marquesado Gentile, que en
varias ocasiones le había invitado a que le visitase en su quinta. Monseñor quería hablar y deliberar con el Siervo de Dios el modo de
promover eficazmente las vocaciones eclesiásticas, ya que en su diócesis tenía muy pocos seminaristas. ((169)) Don Bosco iba, más que
nada, por una respetuosa condescendencia con el Prelado. Había calculado llegar a la hora de comer, pero, habiéndose apeado en Novara,
por un contratiempo perdió el enlace. Con su acostumbrada tranquilidad hizo unas visitas y después partió.

Llegó a Gozzano hacia las diez y media de la noche y fue directamente a la puerta del Obispo. Su inesperada llegada tuvo un alegre
recibimiento, pero puso al Prelado en un aprieto. No tenía éste en
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casa provisiones de boca, puesto que hacía comprar diariamente sólo lo necesario para él y sus familiares. Cuando invitaba a comer a
alguien solía decir:

-Le invito a comer, pero no a un convite.

Aquella noche no había sobrado nada de la cena y en la cocina y en la despensa no quedaba más que un poco de aceite y alguna botella
de vino. Ni una miaja de pan. A aquella hora estaban cerradas las tiendas y el Obispo no se atrevía a preguntar al Siervo de Dios si
necesitaba algún alimento; pero el teólogo Reina, su secretario, a sus ruegos le sacó de la embarazosa situación preguntando a don Bosco:

-"Usted tendrá que cenar todavía, no?

-"Qué dice cenar? respondió don Bosco; diga más bien que he de comer.
El coche y los negocios me han traicionado.

Al oír esta respuesta creció el conflicto, y el secretario expuso francamente el apuro a don Bosco, que sonreía.

Cuando he aquí que, precisamente en aquel momento, entraba en la sala el reverendo Cacciano, misionero apostólico que con
frecuencia era huésped del Obispo. Al oír que no había pan, el recién llegado sacó dos panecillos de un envoltorio, diciendo:

-Al anochecer, y cuando venía a Gozzano desde un pueblecito próximo y caminando por la carretera, tropecé con estos dos panecillos.
Como no vi a nadie por el ((170)) camino, los recogí pues no quería se perdiese este bien de Dios. "No le parece un gesto admirable de la
divina Providencia para matar el hambre de don Bosco?

No obstante, el Obispo se levantó para retirarse a su habitación y dijo al secretario que le acompañaba:

-Vaya con don Bosco y prepárele algo para cenar. Yo no puedo quedarme porque me da mucha vergüenza.

-Iré, respondió el secretario, pero vea, Excelencia, se atrevió añadir; "qué se gana haciendo las provisiones día por día?

El noble y rico Prelado era todo caridad para los pobres.

Con los panecillos apareció sobre la mesa un par de huevos pedidos a una buena vecina, y una botella de vino selecto que mandó el
Obispo. Los secretarios Reina y Delvecchio asistieron a aquella cena, adobada con las exclamaciones de don Bosco que, siempre jovial y
contento, repetía que hacía mucho tiempo no había hecho una comida tan buena y que nunca le había parecido tan sabroso, como aquella
noche, el pan de la divina Providencia.

Al día siguiente el buen Obispo dio un convite espléndido con invitados en honor de don Bosco, y sostuvo con él a solas una larga
conferencia.
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Se trataba de estudiar el modo de aumentar en la diócesis las vocaciones eclesiásticas, puesto que muchas parroquias se habían quedado
sin párroco. Y no es que faltasen los seminarios: a más del mayor, para los estudiantes de teología, tenía el de Gozzano para los
estudiantes de filosofía; el de Monte de San Carlos en Arona, para los dos cursos de retórica; el de la Isla de San Julio, en Orta, con los
dos cursos de gramática latina; y el de Masino, para el primer curso y dos clases elementales. Pero era evidente que una educación
recibida en cuatro seminarios distintos no podía tener la unidad de espíritu y la continuidad de dirección, que pueden lograr ((171))
formar buenos carididatos para el sacerdocio. Parecía por tanto conveniente que al menos los estudiantes del bachillerato estuviesen
reunidos en un mismo centro; pero "quién era capaz de asumir la dirección y garantizar que, dando una nueva orientación a los estudios y
mayor impulso a las prácticas de piedad, se obtendrían los frutos apetecidos? Por otra parte confiar la dirección a don Bosco y a sus
salesianos "no habría despertado la envidia y las quejas del clero en la diócesis? "Y era posible retirar oficialmente de sus puestos en
seguida y dar una retribución honrosa a los superiores y maestros que hacía años trabajaban en un seminario que sería cerrado?
"Resultaría prudente cambiar una situación que hacía tanto tiempo existía y sembrar el descontento entre aquellas poblaciones que, con la
supresión del seminario, habrían visto perjudicados sus intereses? "No sería mejor que, continuando los seminarios, fundase don Bosco
en la diócesis un colegio de enseñanza primaria y media, organizado según su sistema? Esta pareció la mejor solución. Pero, "y los
medios?...

Larga fue la conversación entre el Venerable y el Obispo. Este, que encontraba dudas y dificultades para cada una de las propuestas, no
tomó resolución alguna y concluyó así:

-Basta ya, veremos; hablaremos de ello en otra ocasión.

Cuando don Bosco salió del despacho del Obispo, dijo al secretario Reina que, ansioso por el bien de la diócesis, esperaba en la
antecámara:

-íNo haremos nada!

El mismo Reina, que había inducido al Prelado a pedir aquel encuentro con don Bosco, nos narró cuanto hemos expuesto, y añadió que
don Bosco fue invitado en otras ocasiones por el Obispo para tratar de tan importante asunto; pero el Siervo de Dios opinó que era
imposible llegar a una solución con aquellas gestiones.

Desde Gozzano escribía don Bosco a la condesa de Callori:
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((172)) Ilma. señora Condesa:

Espero poder ir a visitarla tal vez la próxima semana desde Montemagno.

Por lo que respecta a los clérigos, que bondadosamente recibiría para veranear, no puedo dejarlos libres, porque hacia el doce del
próximo septiembre hay exámenes de literatura y de gramática, a los que algunos se preparan. Aquí, entre los que estudian, los que
enseñan y los que deben suplir en alguna ocasión, están todos sobrecargados de ocupaciones.

íDe cuántas cosas desearía hablarle, señora Condesa! Ruegue por esta casa, que por una parte recibe muchas bendiciones, y por otra
muchas cruces. Hágase en todo la voluntad del Señor.

Yo no dejaré de rogar por usted pidiendo constantemente dos cosas: que usted y su familia no tengan que sufrir ningún daño con la
actual amenaza del cólera, y que la Santísima Virgen les tenga a todos preparada una hermosa habitación en el paraíso.

En el caso de que no fuese de Montemagno a Vignale, le haré saber el día en que podré encontrarme en Felizzano.

Ruégole salude de mi parte a su esposo y a toda su respetable familia.

La Santísima Virgen nos conserve a todos siempre suyos. Amén.

Muy agradecido me profeso.

De V.S.

Turín, 3 agosto del 1865.

Gozzano (solamente por hoy).

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Desde Gozzano, dirigióse don Bosco a una ciudad de otra diócesis, donde había un convento de religiosas terciarias, abiertamente
enojadas con el Obispo, de quien dependían, y no había modo de doblegarlas a la obediencia. Querían abrazar la regla estrecha de la
Orden de la que eran terciarias, declarándose independientes. Apenas se enteraron de la llegada de don Bosco, le invitaron a que las
visitara. El Obispo, que se enteró de la invitación, dijo a don Bosco, que era su huésped, que podía ir libremente, pero que anduviese con
cuidado, porque con aquella comunidad ya había tenido que recurrir a penas canónicas.

((173)) Don Bosco fue a verlas. Le recibieron en el locutorio con todos los honores y muestras de aprecio. Todas las monjas estaban de
rodillas y de rodillas se ponían las que se acercaban a la reja para hablarle. Finalmente la Superiora le invitó a dirigirles unas palabras.
Don Bosco se excusó, pero ella insistía.

-Cúmplase, pues, vuestro deseo, dijo él: "apreciáis a don Bosco?

-Figúrese usted; apreciamos a don Bosco como a un santo.

-"Entonces escucharéis lo que os voy a pedir?... añadió el Venerable sonriendo de veras.
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-Con mucho gusto.

-Muy bien. Vosotras sabéis que está escrito: Oboedite praepositis vestris... (Obedeced a vuestros superiores...). Por tanto...

Mas la Superiora, oída la antífona, interrumpió:

-Pero esto no se refiere a la predicación, ni a la perfección. Son cosas de confesión, que solamente se deben tratar con el director
espiritual.

-"Habéis dicho que tenéis a don Bosco en concepto de santo y ahora no le queréis escuchar?

-Usted perdone; pero no debe llevarnos a estas cuestiones; ya pensamos nosotras en ellas.

-Está bien; pero espero...

Mas no pudo proseguir, puesto que con todo descaro corrieron la cortina, y tuvo que retirarse.

Volvió al día siguiente y extrañamente tuvo la más cortés recepción. Quería el Siervo de Dios probar una vez más a ver si podía
reducirlas a buenos sentimientos. A un cierto punto les dijo:

-Quiero hablaros como un padre, como un amigo.

-Diga don Bosco: "desea una taza de café?

-No, gracias. Más bien quisiera que pensaseis un poco... en vuestras disensiones con el Obispo...

-"Prefiere una limonada fresca?

-Permitidme que os diga: no reflexionáis en las consecuencias...

((174)) -Estas cosas, don Bosco, son asunto nuestro. Usted no debe meterse. Son cosas del espíritu, de conciencia; no piense en ellas.

Le interrumpieron la conversación y su caritativa intención no consiguió nada.

El Obispo no tuvo más remedio que cerrar el convento y desperdigar las monjas. Dos de ellas fueron después a visitar a don Bosco,
pero seguían obstinadas en sus ideas contra el Obispo.

"Cuando entra en las almas, amonestaba don Bosco a sus salesianos, y se arraiga una tan injusta obstinación, "cómo podrá florecer la
santidad? Donde, por el contrario, reina una humilde obediencia, allí triunfa la gracia".

A la vuelta de esta breve visita, y oyendo que la salud de don Francisco Provera no mejoraba, tomó el Venerable una determinación que
esperaba le ayudaría: que fuera a respirar los aires nativos.
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Muy querido Provera:

Me parece bien que te prepares y dispongas para hacer un viajecito a Mirabello; te quedarás aquí unos días y después convendremos lo
que se deba hacer. Mientras tanto:

1.° Arregla bien tus cuentas y pon al corriente de todo a Sala y a Bodratto.

2.° Diles que la administración del Colegio queda momentáneamente en sus manos; que se consulten con frecuencia y vayan siempre de
acuerdo para la mayor gloria de Dios.

3.° El abogado Arró seguirá con la dirección de las almas de nuestros jóvenes, hasta que se encuentre quien pueda sustituirlo.

4.° Deja el dinero necesario; si ves que puedes tener algo de sobra, tráelo aquí y proveeremos lo necesario para el Colegio.

Puedes venir el viernes próximo o bien el jueves de la semana siguiente. Pero, en todo caso, escribe antes para ir a esperarte con un
coche al descender del ómnibus.

Que Dios te bendiga, querido, y hasta vernos pronto. Al partir creo conveniente que no digas si volverás o no, porque esto lo trataremos
después en Mirabello con Papá.

Salúdame a toda la familia y creme in Domino.

Turín, 8 de agosto de 1865.

Afectísimo JUAN BOSCO, Pbro.

((175)) Al marchar don Francisco Provera, el colegio de Lanzo quedó totalmente en manos de los clérigos. Ellos solos, con admirable
unidad de criterio, colaboraron a la buena marcha del mismo durante casi dos meses.

"Estábamos sin sacerdotes, escribía muchos años después don Antonio Sala; no obstante se mantuvo el orden del colegio hasta fin de
curso. El presbítero Arró y algún otro sacerdote del pueblo venían a celebrar la santa mrsa, a confesar y predicar. Recuerdo todavía cómo
trabajábamos en aquel tiempo para que todo marchara bien. No queríamos de ningún modo que jamás se dijera que el colegio iba mal
porque estábamos allí solos nosotros los clérigos".

Mientras tanto se confirmaba la noticia de la mortífera aparición del cólera en Italia. La enfermedad se había desarrollado entre los
doscientos mil musulmanes peregrinos a la Meca, por causa del vicio y su asquerosa cochambre. A la vuelta a sus respectivos países,
muchos centenares llegaron a Alejandría de Egipto, donde apareció en seguida la epidemia. Muchos ciudadanos, especialmente los
europeos, buscaron la salvación emigrando a otras partes; más de un millar se dirigió a Ancona, donde el 8 de julio se desencadenaba el
cólera. Al principio pareció bastante benigno; pero no tardó en aumentar
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su intensidad a primeros de agosto. Desde que empezó la infección hasta el 9 de agosto cayeron enfermos más de mil, y más de
quinientos murieron. El 21 llegaban los muertos a mil ciento treinta. Unas dieciséis mil personas abandonaban la ciudad, buscando
refugio en otras partes.

Ante la noticia de tantas desgracias, don Bosco se conmovió por la suerte de los pobres muchachos que quedaban huérfanos en Ancona
y otras ciudades en las que, aunque ligeramente, ya empezaba la epidemia a hacer sus víctimas.

En consecuencia, el 9 de agosto escribía al cardenal Antonucci, obispo de Ancona, una carta de la que no existe copia, brindándose para
socorrer a sus huerfanitos, y el mismo día expedía otra al Ministro de Gobernación, Juan Lanza, haciéndole un cordial ofrecimiento.

((176)) Turín, 9 de agosto 1865
Excelencia:

Las tristes noticias del cólera, llegadas a esta ciudad, han conmovido a todos los buenos. Yo, por mi parte, con el vivo deseo de aliviar,
aunque en una mínima parte, la común desgracia, me ofrezco para albergar en esta casa a los huerfanitos que han quedado en la miseria
por esta calamidad, que tengan a bien encomendarme.Procuraré tener preparado sitio para un centenar con tal de que: 1.°, se hallen entre
los doce y dieciocho años de edad; 2.°, que estén sanos y bien dispuestos; 3.°, hayan pasado una temporada de observación, que garantice
su inmunidad de la enfermedad que asola su respectivo país.

Con la máxima estima y gratitud,
DeV. E.

Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Esta carta, dirigida a las oficinas del Ministerio de Gobernación en Turín, obtuvo la siguiente respuesta.

REINO DE ITALIA
MINISTERIO DE GOBERNACION
División VI-Sección II
N.° 5.087
Comprobación en el folio 9 corriente.

ASUNTO:

Oferta del Director del Oratorio de San Francisco de Sales para los desamparados por causa del cólera.

Turín, 16 de agosto de 1865.

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Su filantrópica oferta de asilo para cien muchachos huérfanos o reducidos a la miseria por la desgracia que actualmente aflige a Ancona
y alguna otra ciudad del Reino, es digna de todo encomio.

No obstante, en asunto de tan gran importancia, y debiéndose necesariamente poner en autos al señor Ministro en Florencia, cree el que
suscribe que la información será más completa y más fácil enviar su noble proyecto cuando se conozcan las condiciones en las que V. S.
está dispuesto a llevar a cabo esta obra benéfica, o sea, si la aceptación y manutención de esos jovencitos será gratuita, o bien si usted
pide una pensión (que V. S. sabe por lo demás que el Gobierno no puede arrostrar), o si, finalmente piensa usted recibir una subvención
por una sola vez, en qué medida y de quién.

((177)) Espero que usted encuentre necesarias tales aclaraciones que, por tanto, se complacerá unir a su apreciada carta del 9 de los
corrientes, y que no llegó hasta hoy a esta Dirección General, y que a tal fin se devuelve para ser reformada.

Ruégole haga esto con la mayor solicitud, a fin de no retardar la buena noticia a las viudas y a las víctimas de aquella desdichada
ciudad, porque les será de gran alivio.

El Director General G. BOSCHI

No conocemos la respuesta de don Bosco, pero seguramente fue rápida y de acuerdo con la generosidad de su corazón. Tampoco el
Ministerio tardó en transmitir al Gobernador de Ancona el ofrecimiento de don Bosco para albergar en el Oratorio a veinte y aun treinta
muchachos que hubieran quedado huérfanos en aquella ciudad.

Aquel mismo día recibía don Bosco otro oficio del Gobierno Civil de Turín:

GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN.

Turín, 16 de agosto, 1865.

Ilmo. y Rvmo. Señor:

Con gratísima satisfacción cumplo el encargo especial que me ha confiado el señor Gobernador de comunicar a V. S. muy apreciada el
texto literal del despacho telegráfico recibido en este momento (las 5 de la tarde) procedente de Ancona y firmado por Torre, Gobernador
de dicha provincia:

"Ancona-Gobernador, Turín. En mi nombre y en el de la Comisión de socorro ruégole participe al sacerdote Juan Bosco del Oratorio de
San Francisco de Sales de esa ciudad, las más expresivas gracias de esta población desolada, conmovida ante el generoso ofrecimiento, y
que se acepta la recepción en su Centro de veinte y aún treinta muchachos huérfanos a causa del cólera.
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La Comisión escribe por correo ordinario al sacerdote Bosco. Torre, Gobernador".

Tengo el honor de profesarme con distinguida consideración;

Su atento y seguro servidor El Consejero encargado

G. DOGLIOTTI
((178)) Al telegrama anterior seguía una carta dirigida a don Bosco.

COMISION DE SOCORRO PUBLICO
para los damnificados por el cólera en Ancona
N.° 31
Aceptación de oferta y acción de gracias

Ancona, 17 de agosto de 1865.

El honorable miembro de esta Comisión, conde Carlos Torre, Gobernador Civil de la Provincia, nos ha notificado la noble oferta con la
que S. S. Ilma. se propone acoger piadosamente en ese su Centro, en las condiciones indicadas, a veinte o treinta muchachos, que hayan
quedado huérfanos en esta luctuosa circunstancia.

Nos faltan palabras, insigne y muy Rvdo. Señor, para expresarle la emoción de nuestro ánimo ante ofrecimiento tan generoso, hijo de
un corazón aún más delicado; tanto más cuanto que de esa noble tierra y su ilustre capital nos llegan, uno tras otro, gestos de caridad en
los que resulta difícil decir qué es más grandioso, si el regalo, el fino sentimiento o la elegante forma.

Como ya sabrá por un telegrama del señor Gobernador al Gobernador Civil de Turín, la Comisión acepta su generosa oferta y mientras
espera ponerse ulteriormente en contacto con V. S. Ilma. a medida que las necesidades del momento lo requieran, esta Comisión le ruega
acepte los más vivos sentimientos de gratitud y se haga intérprete con sus paisanos de las bendiciones de esta desolada población que, en
su desgracia, recibe el alivio de los gestos de caridad que le llegan de todas partes de Italia.

La Comisión permanente:

Cab.° Clemente Marinelli, abogado, Presidente.
Alejandro Castagnoli, ingeniero.
Cab.° Conde Luis Giovanelli.
Conde Lorenzo Montemerli.
Decio Passarini.
Alejandro Viviani, ingeniero.

El Secretario
Cab.° Bernardo Ferraris, abogado.

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Don Bosco había escrito también por segunda vez al Cardenal Arzobispo de Ancona, el cual le respondía en los siguientes términos:

((179)) Ancona, 18 de agosto de 1865.

Carísimo don Bosco:

Espero que ya haya recibido la respuesta de mi Vicario General a su apreciada carta. Añado de todas formas estas líneas para responder
a la del 16 del corriente. Estoy enternecido por el afecto que me guarda y se lo agradezco de corazón.

Quedo además enterado de cuanto me dice respecto a mis huerfanitos, y le agradezco en el alma su gran bondad y el interés
verdaderamente evangélico que usted se toma por ellos.

Siga rezando por mí y créame siempre con verdadero afecto y sincera adhesión, tras bendecirle cordialmente.

De usted, carísimo don Bosco,

Afectísimo en el Señor A. B. Cardenal ANTONUCCI.
Arzobispo -Obispo.

Por el momento no se mandaron los huérfanos a Turín por miedo a que alguno llevase la infección; pero, unos meses después,
desapareció todo peligro, y se decidió su partida para el Oratorio.

En la Unidad Católica del 5 de octubre se leen estas líneas:

"BENEFICENCIA.-Un católico de Palermo que deseaba ayudar a los atacados por el cólera de Ancona, al leer en la Unidad Católica
cómo el insigne don Bosco se ha ofrecido para albergar en su Instituto algunos huérfanos de Ancona, nos envía un giro de treinta liras en
favor de don Bosco para su caritativa obra. El giro ya fue entregado".

Durante aquel año estuvieron afectadas por el cólera treinta y cuatro provincias italianas y trescientas cincuenta y siete poblaciones; los
contagiados llegaron a veintiún mil quinientos veinte y los muertos a diez mil novecientos setenta y cinco. Son datos tomados de las
estadísticas oficiales.
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((180))

CAPITULO XV

DON BOSCO CUMPLE LOS CINCUENTA AÑOS EN MONTEMAGNO Y ORGANIZA UN TRIDUO DE PREDICACION -LOS
PROTESTANTES Y EL SIERVO DE DIOS -SU DOLOR POR UNA APOSTASIA -JOVENCITOS ARREBATADOS A LOS
HEREJES -LA DEGOLLACION ESPIRITUAL DE LOS INOCENTES -CARTAS DE UN PARROCO DE SASSARI A DON BOSCO,
QUE LE AVISABA DE LAS MAQUINACIONES DE LOS VALDENSES EN CERDEÑA SUGIRIENDOLE LOS MEDIOS PARA
COMBATIRLOS -LIMPIEZA E HIGIENE EN EL ORATORIO -INSPECCION DE LOS DELEGADOS DEL NEGOCIADO DE
SANIDAD -DEPLORABLE RELACION A LA COMISION MUNICIPAL -EL ALCALDE TRANSMITE A DON BOSCO LAS
DELIBERACIONES DE LA COMISION DE SANIDAD LIMITANDO EL NUMERO DE ALUMNOS INTERNOS -CAUSAS DEL
ODIO SECTARIO CONTRA DON BOSCO -LA UNIDAD CATOLICA SALE EN SU DEFENSA -CESAN LAS OPOSICIONES Y
EL ORATORIO AUMENTA SU ALUMNADO

EL 16 de agosto cumplió don Bosco los cincuenta años. Según había dicho algún año antes, parecía que éste debía ser el último de su
vida. En efecto, varias veces durante el mismo anduvo mal su salud, pero las muchas y apremiantes oraciones que se hicieron por él en el
Oratorio, en el seminario menor de Mirabello y en el colegio de Lanzo, alcanzaron gracia ante el Señor y don Bosco se había reanimado.

Su cumpleaños fue festejado en Montemagno, donde, según costumbre, lo esperaba el marqués de Fassati. Apenas si se quedó allí dos
días y, de acuerdo con el párroco, organizó un triduo de predicación para la población como preparación para la fiesta de la Natividad de
María Santísima.

((181)) El Siervo de Dios estaba siempre dispuesto a ejercer el sagrado ministerio y repartir el pan de la divina palabra en las
poblaciones; pero este su celo por la salvación de las almas parecía incansable, de modo especial, cuando se trataba de oponerse a los
protestantes y desenmascarar sus insidias con las armas de la caridad.
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Por aquellos días había hecho reimprimir millares de ejemplares del opúsculo: "Quién es don Ambrogio?, porque este desgraciado
sacerdote continuaba allanando el camino a los protestantes con sus arengas blasfemas y calumniosas por las plazas de la ciudad y por los
pueblos. Y, por desgracia, algunos incautos y viciosos caían en las redes de los enemigos de la Iglesia Católica.

El dolor que don Bosco experimentaba ante una apostasía era indecible. Nos contaba José Buzzetti, que un día estaba el Venerable en
su habitación hablando afablemente con él y otras personas, cuando, de repente se puso serio, palideció, empezó a temblar y se quedó con
los ojos fijos e inmóviles, como fuera de sí, durante unos minutos. Se asustaron los presentes y creyeron que se trataba de un
desvanecimiento; pero, volvió a su estado normal y dijo:

-"Acabo de ver cómo se apagaba la llama de una tea; un muchacho del Oratorio festivo se ha hecho protestante".

Por eso no cesaba de apartar de la impiedad a los jovencitos. Aquel mismo año había aceptado en el Oratorio a muchos chicos, que
logró sacar de las escuelas valdenses. Recogió a dos hijos de un oficial húngaro protestante, que los había recomendado a la caridad de
los católicos. Favoreció a los tres hijos del famoso apóstata De Achillis, sacándolos de la miseria. Por cautela, les cambio nombre y
apellidos, los tuvo mucho tiempo internos en el Oratorio, los colocó en la sección de estudiantes y los instruyó en la religión católica.
Nosotros les hemos conocido y convivido con ellos.

Consérvase también la petición que un muchacho hizo a don Bosco para ser recibido en el seno de la verdadera religión:

((182)) "Yo Aventino Francisco Giovanelli, hijo de padres apóstatas, fui bautizado en la iglesia valdense de Turín en el mes de julio de
1855, por el doctor Meille.

"Poco después me llevaron mis padres a Marsella, donde me hicieron educar en una escuela protestante por espacio de cerca de ocho
años, mandándome casi diariamente a la catequesis protestante, en la iglesia de dicha ciudad.

"Ahora que, por la gracia de Dios, he conocido el error en que he vivido, deseo abjurar del protestantismo para afiliarme a la Iglesia
Católica que es la única verdadera".

Debido a este celo de don Bosco, eran continuas sus conquistas entre los protestantes, los cuales, al verse abandonados poco a poco por
muchos de sus adeptos, recurrían hasta a medios criminales, como consta por una relación escrita, que don Bosco recibió de persona bien
informada.
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"Los valdenses hacen actualmente una propaganda especial entre los niños pequeños. Reciben respetables cantidades de dinero de
Inglaterra para recoger huerfanitos e hijos de familias pobres, católicas, aún en la lactancia, y los mandan a los Valles, donde son
educados en el protestantismo. La Comisión de evangelización, compuesta por pastores valdenses y presidida por el pastor Revel, que
reside en Florencia, pasa a las familias valdenses a las que son encomendados estos niños, la cantidad de diecisiete liras mensuales por
cada niño hasta que lleguen a la edad de ocho años. Después solamente nueve.

"Los valdenses alcanzan así dos fines: 1.° Proveer a las familias de los campesinos valdenses, por naturaleza avarísimos y ansiosos de
dinero; una familia ordinariamente se alimenta sólo de patatas y, naturalmente, considera una gran fortuna las diecisiete liras mensuales.
2.° Poder presentar cada año una larga lista de nombres, a la Comisión de propaganda de Londres, de niños arrancados a los católicos
para educarlos en la religión valdense: de este modo justifican el empleo del dinero que mandan de Londres a Italia.

"Por tanto, haría una gran labor un sacerdote celoso al frente de la parroquia de Torre Pellice, el cual se informase con cautela de las
familias valdenses, de los niños que educan, de qué pueblos son, quiénes son sus padres y, en consecuencia, escribir a los respectivos
párrocos para que se preocupen y procuren retirarlos y colocarlos en centros católicos. La Pía Sociedad de la Santa Infancia para China
podría interesarse para arrebatar esas pobres almas de las manos de los herejes".

((183)) Mientras estudiaba la manera de cómo impedir esta degollación espiritual de tantos inocentes, llególe al Siervo de Dios otra
dolorosa noticia.

Un buen párroco de Sassari, en Cerdeña, el cual había sido húesped del Oratorio en uno de sus viajes a Turín y había charlado
ampliamente con don Bosco, a ruegos del Venerable para que le ayudase a despachar cierto número de boletos de la tómbola, le escribía:

Muy Rvdo. Señor y Padre:

Hace pocos días que por medio del señor Alcalde de esta ciudad me entregaron un paquete con diez decenas de boletos para la tómbola
a favor de los Oratorios masculinos de Valdocco, de Puerta Nueva y Vanchiglia, y siendo V. S. Director de los mismos, aprovecho
gustoso la ocasión para escribir esta carta asegurándole que pondré todo mi empeño en distribuir los boletos y recoger los regalos que las
personas caritativas quieran entregar.

Ya hace tiempo que hubiera querido escribirle, pero considerando sus muchas ocupaciones para dar gloria a Dios y para el bien de los
pobres, dejé de hacerlo y esperaba el momento propicio para tener un motivo para ello.

Aquí en Sassari seguimos como de costumbre, y no tan mal en materia de religión. Hace ahora dos meses ha llegado a esta ciudad un
ministro evangélico, o mejor dicho antievangélico, el cual da sus instrucciones en una sala a pocos prosélitos; al principio fueron muchos
curiosos, pero ahora se ha reducido el número, y nosotros los párrocos hacemos todo lo posible para alejar de él al pueblo y advertirle del
peligro. Es la primera vez que la herejía penetra en Cerdeña y esperamos que la Santísima Virgen guardará este pueblo tan suyo.
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Si el Señor me presentase la ocasión de ser útil de algún modo al Oratorio de San Francisco de Sales, me consideraría afortunado. Me
encuentro en un pueblo donde hay muchos pobres después del estrago del cólera, pero usted sabe cuáles puedan ser los designios de la
Providencia. Por mi parte no dejo pasar nada y recuerdo siempre la conversación que tuvo usted la bondad de concederme. No puedo
olvidar el gentil tratamiento que todos ustedes me dispensaron.

Termino esta larga carta encomendándome a sus oraciones de modo particular, y le recomiendo también mi parroquia; yo, aunque
indignamente, ruego por la preciosa salud de V. S. y por el progreso material y moral de su Centro.

((184)) Acepte mis saludos, y más aún, la manifestación de mi más distinguido respeto. Me honro poniéndome a sus agradables
órdenes; no me olvide en el santo Sacrificio; y créame que tengo el honor de profesarme.

De V. S. Ilma.

Su humilde y seguro servidor
FELIPE CANEPUS, Teólogo
Canónigo Párroco de Sassari (Cerdeña)

Sassari, 28 de agosto de 1865.

P.S.-Reciba mis parabienes por el caritativo gesto de V. S. al aceptar treinta huérfanos en el Oratorio.

Don Bosco le contestó sugiriendo la idea de fundar un Oratorio festivo, la difusión de las Lecturas Católicas y la predicación frecuente,
como medios poderosos para combatir el protestantismo. El buen párroco se lo agradecía así:

Muy Reverendo Padre:

Ante todo agradezco a V. S. la amabilidad de responderme con una carta llena de afecto y simpatía. He hecho todo lo posible para el
reparto de los boletos, pero como en esta ciudad hay tanto pobre, especialmente ciegos y paralíticos, no resulta fácil encontrar personas
que quieran comprarlos, ya que además todas las familias están gravadas con el impuesto de los bienes muebles; en el caso de que pueda
vender algunos boletos más, se lo comunicaré para que me los mande.

Hemos adoptado en gran parte los medios que usted nos ha sugerido para alejar el azote de la herejía; las Lecturas Católicas están aquí
muy difundidas; la predicación es frecuente y el ministro protestante no debe estar muy contento, ya que es muy escaso el auditorio, poca
la concurrencia de personas, que antes no practicaban religión alguna. El medio más poderoso de que se vale es el dinero, y como aquí el
número de obreros es superior a las necesidades del país, es muy grande el número de los sin trabajo; y la miseria empuja a todo exceso.
No obstante confío en que esta mala hierba no arraigará en Cerdeña, donde nunca hubo herejía.

Y ya que V. S. se muestra pronto a suministrar los medios que están en su poder para combatirla, yo, en nombre de mis colegas, no
dejaré de proporcionarle alguna molestia, contentándome de momento con una oración suya para este fin.
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((185)) Con la seguridad de que no me olvidará en sus oraciones, con los sentimientos de mi más profundo aprecio, tengo el gusto de
suscribirme.

De V. S. muy Revda.

Su seguro servidor
FELIPE CANEPUS, Teólogo
Canónigo Párroco de Sassari

Sassari, 17 de septiembre de 1865.

Por aquellos meses aguardábale al Siervo de Dios una ligera, pero enojosa tribulación.

Amantísimo como era de la limpieza, deseaba y recomendaba que se mantuviese en los muchachos y en los locales del Oratorio.
Barríanse a diario los suelos, las escaleras y los amplios patios de recreo, que dan al mediodía; cada sábado se aseaban los talleres; todos
los jueves en tiempo designado para ello atendía cada muchacho a la limpieza más esmerada en su cama y sus vestidos. Igualmente era
tenida muy en cuenta la limpieza personal y aun de la ropa de diario. Los días festivos y para las salidas de casa, aunque no tenían más
uniforme que la gorra, todos los alumnos vestían decentemente; no había distinción entre estudiantes y aprendices, entre los que pagaban
una módica pensión y los que estaban gratuitamente; entre los que eran atendidos por sus padres y los que recibían todo del Oratorio.
Resultaba agradable verles a todos el domingo con tan buen aspecto.

Pero el Oratorio no era un palacio de señores, sino una residencia de pobrecitos, aunque don Bosco al edificarlo tomó prudentes
precauciones para su limpieza e higiene. Había en la parte norte un largo y estrecho patio que separaba la parte habitada de unos edificios
bajos, destinados a establos, lavaderos, leñera y depósito de basuras. A conveniente distancia una de la otra, se alzaban tres torres para los
servicios, a los que se llegaba por tres largas galerías en cada uno de los pisos. Era, diríamos, la parte rústica del Oratorio, la ((185)) cual
no obstante, como estaba situada en pleno campo, gozaba de libre ventilación por todas partes.

El pavimento de clases y dormitorios no era ciertamente de mármol, sino, como en casi todas las casas de la ciudad, de baldosas.
Estas, aunque se barrían, siempre producían algo de polvo, por el continuo tránsito de centenares de muchachos. Sólo el salón de estudio
tenía pavimento de asfalto.

Estas eran las condiciones sanitarias del Oratorio cuando, improvisadamente,
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el 19 de agosto se presentó una Comisión enviada por la Inspección de Sanidad, encargada de visitar los establecimientos públicos de la
ciudad, para examinar las condiciones higiénicas, en razón de la amenazadora propagación del cólera.

La imprevista visita llegaba en plenas vacaciones otoñales, en ausencia de más de la mitad de los alumnos. Era por tanto fácil encontrar
polvo en los pisos de los dormitorios vacíos, con las camas desmontadas en parte y los jergones deshechos para renovar la paja y lavar las
fundas, ya que se estaba haciendo la limpieza acostumbrada de otoño. También en el salón de estudio, mesas y bancos amontonados
esperaban las reparaciones de los carpinteros. Eran trabajos que exigían varias semanas; después había que blanquear toda la casa. Todo
este desbarajuste, requerido por la limpieza y la higiene, no podía momentáneamente dejar de influir en otros sitios como en las estrechas
escaleras y descansillos y se puede comprender el aspecto que adquiere cualquier casa a la hora de una limpieza general.

Pero no lo comprendieron así aquellos señores encargados de visitar el Oratorio, y presentaron una relación deplorable del mismo en la
Inspección de Sanidad: sucios los locales destinados a estudio y dormitorios y los muchachos aglomerados en ellos; poco ventilados los
patios; los servicios generalmente en mal estado; demasiado cerca de la cocina y del comedor el depósito de la basura; ((187)) y más
observaciones, todas sumamente exageradas con mala intención y algunas, faltas de base.

El Municipio ordenó a don Bosco que proveyese inmediatamente a la continua vigilancia de la limpieza de toda la casa y prescribió
algunas costosas disposiciones, como la de "no aceptar nuevos alumnos hasta que la Comisión municipal de Sanidad, y tras una nueva
visita no haya determinado el número de alumnos de que son capaces las dependencias del establecimiento".

Efectivamente, una semana después, volvió la Comisión Sanitaria a Valdocco y, después de su informe al Municipio, el alcalde Rorá
comunicaba a don Bosco que la Comisión había limitado el número de asilados a quinientos, y que el gran salón de estudio de la planta
superior no podía reunir a más de doscientos alumnos.

Hay que advertir que entre los Comisarios había algún escritor de periódicos anticlericales, los cuales celebraron poder aprovecharse de
las justas medidas impuestas por la autoridad ciudadana con el fin de impedir la propagación de la enfermedad, para denigrar a don
Bosco.
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El clérigo Francisco Dalmazzo escribía el 22 de agosto a don Miguel Rúa, que se encontraba en Mirabello: "El Oratorio fue molestado
con unas visitas sanitarias que dieron los más aborrecibles informes sobre su higiene; y todo por haber propuesto don Bosco al alcalde de
Ancona que le mande muchachos de los que quedaron huérfanos por el cólera. Habían creído los sectarios que dicha oferta era una
deshonra para toda la ciudad de Turín, que se gloriaba de prestar ayuda de un modo particular a los desgraciados habitantes de Ancona.
Por la adjunta nota, que le manda José Buzzetti, podrá juzgar las infamias publicadas en la Gaceta del Pueblo...".

En efecto, dicha Gaceta, después de narrar con espíritu abiertamente sectario cuanto hemos dicho, terminaba en son de triunfo:
"Después de todo, "qué significa la oferta hecha por don Bosco de recibir treinta huérfanos de Ancona? íQue lo diga el público! Por
favor, entérese el bueno del Alcalde de Ancona ((188)) en la Comisión de Sanidad de Turín, si no quiere ser maldecido un día por los
mismos huérfanos".

Ninguna persona honrada les prestó fe y nosotros mismos oímos exclamar a algunos hombres del pueblo:

-íEsto es demasiado! íHaga ese periodista, si puede, lo que sabe hacer don Bosco!

El 30 de agosto, salía al campo el teólogo Margotti, en las columnas de la Unidad Católica y daba su juicio, escribiendo en favor de don
Bosco:

Don Bosco y el Oratorio de San Francisco de Sales.-Hace algún tiempo que ciertos periódicos, apoyándose en una afirmación de la
Gaceta del Pueblo, se han ocupado y se ocupan de hablar mal sobre la higiene, limpieza y excesiva aglomeración de muchachos en el
Oratorio de San Francisco de Sales. Hemos visitado varias veces dicho establecimiento y no hemos advertido nunca esos inconvenientes.
Más aún, sabemos que hace poco estuvo allí el Príncipe Amadeo, acompañado del Alcalde de Turín, el Gobernador y otros calificados
ciudadanos, quienes, después de haber visitado el establecimiento dieron las más sinceras muestras de satisfacción. Nosotros estábamos
íntimamente persuadidos de ello, ya que cada año se lleva a cabo una visita médica: ni el Ministerio, ni la Comisaría General de Policía,
ni el mismo Ayuntamiento de Turín mandarían allí muchachos, como sabemos que lo hacen, si hubieran de lamentarse tales
inconvenientes.

No obstante, movidos por las habladurías, hemos querido ir personalmente y visitar dicho establecimiento en su aspecto sanitario,
estadístico y de limpieza, y hemos tenido el placer de comprobar con nuestros ojos lo mismo de lo que ya estábamos persuadidos, o sea:

1.° Que el estado de salud de los muchachos es óptimo; y consta que, pese a que son casi ochocientos, pasan cinco y seis meses sin que
ni un muchacho tenga que ir a la enfermería, por ningún mal, salvo el del apetido que es grandísimo.
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2.° Hemos observado los grandes esfuerzos para proveer de todo lo necesario y nada deja que desear la limpieza en cuanto es posible en
una casa que vive de la beneficencia.

3.° El número verdaderamente es grande, pues ordinariamente casi llega a ochocientos, pero los locales nos parecen suficientes.

Hemos de alabar además la previsión de don Bosco, quien, apenas empezaron a sentirse los efectos del cólera en pueblos vecinos a
nosotros, él colocó en otra parte al terminar el curso en el mes de julio un buen número de sus muchachos, de modo que los ochocientos
quedaron reducidos a trescientos.

((189)) De todo esto podemos deducir que los que han propalado noticias hostiles contra este establecimiento o fueron mal informados,
y deberán rectificarlas, o pertenecen al número de esos calumniadores que gozan cuando les es dado oprimir cualquier obra que no sea de
su gusto.

Estos, al menos, deberían reflexionar que se trata de una institución que alberga centenares de pobres hijos del pueblo. Aquí, merced a
los continuos sacrificios de don Bosco y sus colaboradores, se preparan a vivir como buenos cristianos, al tiempo que aprenden también
un oficio que les ayude a ganarse el pan de la vida con el honrado trabajo de sus manos.

Obras de esta índole deben ser ayudadas y promovidas por quienes tienen corazón; solamente los enemigos del bien verdadero son
capaces de despreciarlas y calumniarlas".

El Siervo de Dios cedió a algunas exigencias de la Comisión de Sanidad y se dio prisa para realizar los trabajos de reparación y
limpieza de los locales; se excusó de no atender a mandatos imposibles que le hubieran obligado a gastos demasiado considerables, e
imperturbable, aun manteniendo el número de internos sin disminuirlos ni en uno sólo, preparó plaza para los huérfanos del cólera. El
número de alumnos subió a novecientos.

Después de estas inspecciones, el Oratorio no sufrió más fastidios por la higiene. Y el Gobierno, los Municipios y la Comisión de
Ancona no desistieron de mandarle los muchachos que se quedaron sin padres. Precisamente el comendador Bona, Senador del Reino,
Director de Ferrocarriles en el Ministerio de Obras Públicas, sin dar importancia a las diatribas de los periódicos, recomendaba al joven
Carlos Cerruti de Turín, el cual fue aceptado en el Oratorio.
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((190))

CAPITULO XVI

DON BOSCO ESCRIBE DESDE NOVARA AL MARQUES DE FASSATI; IRA A MONTEMAGNO; DUDA SOBRE LA
OPORTUNIDAD DE PREDICAR EL TRIDUO A CAUSA DE LOS RUMORES DEL COLERA; LA IGLESIA DE MARIA
AUXILIADORA GARANTIA DE SEGURIDAD EN LOS PRESENTES PELIGROS; INSPECCION DE LA COMISION MUNICIPAL
EN EL ORATORIO -DESDE TURIN RESPONDE AL PROVICARIO SOBRE EL EXITO DE LOS EXAMENES PARA LA TOMA
DE SOTANA; LE OFRECE BOLETOS DE LA TOMBOLA -PREDICACION DEL TRIDUO EN MONTEMAGNO -COLECTA DE
MATERIALES PARA LA IGLESIA -CONFIA A DON MIGUEL RUA EL CARGO DE PREFECTO DEL ORATORIO;
OBEDIENCIA Y CORAZON -PREDICCION -DON MIGUEL RUA SE PREPARA PARA OBTENER EL TITULO DE PROFESOR
DE RETORICA -PRUEBAS INEFICACES PARA ALIVIAR A DON VICTOR ALASONATTI -CARTA DE DON BOSCO
DURANTE EL VIAJE -DON BOSCO EN I BECCHI, EN CHIERI Y EN BORGO CORNALENSE -MONSEÑOR CONTRATTO LE
ESCRIBE INVITANDOLE A IR A ACQUI; LE DA NOTICIAS DE UN SANTO SACERDOTE; LE PIDE UN PROFESOR PARA SU
SEMINARIO -ALEGRE COMPORTAMIENTO DE DON BOSCO CON SUS COLABORADORES SEGLARES, HASTA CUANDO
VIAJA CON ELLOS -EL PREANUNCIADO COLERA Y OTRAS EPIDEMIAS EN EUROPA -ESPERANZA DE INMUNIDAD
PARA QUIENES AYUDAN A LA CONSTRUCCION DE LA IGLESIA DE VALDOCCO

LAS gestiones con la Comisión de Ancona y las exigencias higiénicas del Municipio de Turín habían retenido unos días a don Bosco en
el Oratorio, pero no tardó en reemprender sus viajes a fin de colocar ((191)) boletos de la tómbola y allegar recursos para la construcción
de la iglesia.

El 29 de agosto estaba de nuevo en Novara, desde donde escribía al marqués de Fassati, que le esperaba en Montemagno:
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Muy querido señor Marqués:

Teniendo en cuenta las noticias de que el cólera se acerca cada día más a nosotros, quizá sea conveniente prescindir del triduo que
habíamos preparado en honor de la bienaventurada Virgen María. Pero si usted ya se ha comprometido, o se hubiere anunciado al
público, don Miguel Rúa y yo estábamos a sus órdenes.

El teólogo Golzio está dispuesto a acompañarme a Montemagno. El plan sería ir el próximo lunes, partiendo a las nueve y media para
llegar en el ómnibus de las cinco de la tarde.

Espero, señor Marqués, que usted, la señora Marquesa, Acelia y Manuel gocen todos de buena salud; es la gracia que pido, para toda la
familia cada día en la santa misa y confío firmemente en que la Santísima Virgen me escuchará en toda ocasión y de un modo especial en
los presentes peligros.

No sé si el maestro Cerruti colma las esperanzas; si conviene, déle algún aviso o consejo; ciertamente él lo recibirá bien. Retrasó algún
día su ida a Montemagno porque yo le escribí a Mirabello, cuando él ya había salido para su pueblo, así que la carta tuvo que hacer doble
camino.

Nuestra iglesia va adelante y buena parte de los muros llegan ya a la altura del techo. Espero que esta iglesia será para usted y para toda
su familia una prenda segura de la eficaz protección de María Auxiliadora. Tenga mucha confianza en Ella.

Habrá visto por algún periódico que, a más de la visita que el Señor nos hace en las personas de la casa, hay también enemigos que nos
hacen sufrir desde fuera. Imagínese: vinieron Borella y Bottero 1 por orden del Ayuntamiento para inspeccionar la higiene y moralidad de
nuestra casa. íDos preciosos modelos!

Ruegue mucho por mí y por esta nuestra casa, y cuénteme siempre entre los que con todo afecto se profesan.

De V.S.

Novara (por hoy solamente), 29 de agosto de 1865.

Afectísimo y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

((192)) Al volver a Turín, respondía a una nota del Provicario, canónigo Vogliotti, Rector del Seminario:

Ilmo. y Rvdmo. Señor Vicario:

He recibido la nota de los jóvenes nuestros que se presentaron a examen para la toma de sotana y le doy las gracias. Sunt bona mixta
malis (Buenas mezcladas con malas).

Me complace que algunos hayan sido suspendidos, ya que fueron contra mi voluntad. Lo siento por Maffei, que es de conducta muy
laudable y uno de los buenos de su curso. Es un caso raro que haya salido mal. íExamen sive periculum! (Examen igual a peligro).

He recibido su otra nota, participándome que se quedaba con cien boletos y me invita a saldar las cuentas que hace mucho deberían
haber sido arregladas. íBendita miseria! Si no fuese demasiado, me atrevería a añadir un sumando más a su carta; pero temo ganarme el
título de pesado. Basta, probemos.

1 Borella y Bottero: Tal se llamaban los fundadores de La Gaceta del Pueblo, periódico de la época, muy de la política liberal de
aquellos años, enemigo acérrimo de monseñor Fransoni y del clero turinés. Así se comprende fácilmente la expresión de don Bosco. (N.
del T.)

Fin de Página 172

 

VOLUMEN VIII Página: 173

"Tomaría usted cien boletos más para la tómbola? Tendría otras cincuenta liras que, unidas a las otras trescientas cincuenta,
redondearían las cuatrocientas y de este modo quedaría totalmente saldada la deuda con el Seminario.

Por otra parte ab amicis honesta sunt petenda (las cosas buenas hay que pedirlas a los amigos), y si estima mi propuesta inoportuna,
retiro gustosamente mi petición y me limito a darle las gracias por los beneficios que otras veces nos ha hecho. Le auguro salud y gracia
del cielo; me encomiendo juntamente con esta casa a la caridad de sus oraciones y créame agradecido a V. S. Ilma. y Rvma.

Turín, 3 de septiembre de 1865.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Adjunto el certificado de conducta del clérigo Vittone, que el Obispo de Acqui me encarga se lo envíe.
El día 4, después de haber recibido noticias tranquilizadoras del marqués de Fassati, llegó a Montemagno con el reverendo Arró
Carroccio, de Lanzo, para predicar un triduo solemne al pueblo. Don Miguel Rúa había ido también desde Mirabello, invitado para
ayudarle a predicar y confesar.

Hubo el fruto que podía esperarse. La población se inflamó en religioso entusiasmo. Aquellas tardes se rezaba el rosario en todas las
familias, como solía hacerse adelantado el otoño, después de la faenas del campo. Los penitentes volvían contentos a casa con la medalla
((193)) de María Auxiliadora que les habían dado los misioneros. Soldados licenciados, que habían combatido en las guerras del 1855 y
1859, anteponían la medalla de la Santísima Virgen a las del valor militar ganadas en el campo de batalla. De hecho habían triunfado en
la más gloriosa de las campañas, venciendo al enemigo de sus almas.

Terminado el triduo, don Bosco volvió a Turín y reemprendió sus diligencias para la iglesia en construcción. Escribía al conde Carlos
Cays que veraneaba en Casellette:

Queridísimo señor Conde:

Con gran alegría recibí la noticia del nacimiento de un heredero en la Casa Cays, pero ésta se nubló con la otra en que me decía que la
señora Condesa se encontraba muy grave. Ordenamos inmediatamente oraciones públicas, mañana y tarde, y hemos tenido el gran
consuelo de saber que cesó la enfermedad y que recobró su salud normal. íGracias a Dios y a la Santísima Virgen Auxiliadora!

Pero "y nuestra iglesia? He aquí la segunda parte de mi carta. La iglesia está para cubrirse y necesito que usted me ayude a ello. "De
qué modo? Con los listones, tableros, tejas, travesaños, tirantes, vigas, viguetas y demás material que tuviera fuera de uso y que quisiera
regalar a la Virgen Auxiliadora.
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"Qué dice el señor Conde? "Qué dicen el señor Luis y la señora Condesa? Como resulta difícil pedir dinero, he pensado acogerme al
consejo del caballero Javier Collegno de pedir materiales.

Perdone, señor Conde, la confianza con que escribo. Le auguro salud y gracia del cielo, a usted y toda su familia, y me encomiendo
juntamente con mis muchachos a la caridad de sus santas oraciones, mientras tengo la satisfacción de profesarme con sincera gratitud.

De V. S. Ilma.

Turín, 11 de septiembre de 1865.

Afectísimo y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Otra carta, dirigida a don Miguel Rúa a Turín, no sabemos desde dónde, nos confirma la solicitud del Siervo de Dios por levantar el
alcázar de su Auxiliadora:

((194)) Carísimo Rúa:

Hay una letra de cambio de mil liras que vence hoy. Toma la llavecita que te adjunto, ve a mi habitación y en el cajón que tú sabes
encontrarás un fajo de mil liras; habla después con el Cavaliere (cab.° Federico Oreglia) y con don Angel Savio para que te digan o hagan

ellos mismos la entrega de esta cantidad en el mismo sitio donde ya lo hicieron el mes pasado.

Llegaré a Turín mañana a las tres de la tarde.

Que Dios os bendiga, a ti y a toda nuestra familia. Siempre tuyo

18 de septiembre de 1865.

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.
Don Miguel Rúa había abandonado Mirabello con maravillosa prontitud para asumir el cargo de Prefecto en el Oratorio y ya había
tomado sobre sí la pesada carga que había dejado don Víctor Alasonatti; carga verdaderamente molesta por la complicada administración

material.

Estaba don Miguel Rúa ordenando su colegio para el nuevo curso cuando llegó don Francisco Provera a Mirabello y le dijo:

-Don Bosco te espera en Turín.

Y don Miguel Rúa, que estaba sentado escribiendo, no lo dudó ni un instante; sin hacer una pregunta, sin pedir explicaciones, tomó el

breviario y dijo:

-íPreparado!

Y partió inmediatamente para Turín.

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VOLUMEN VIII Página: 175

Aquella obediencia, así, tan de repente, debió ser un duro sacrificio para él, que amaba mucho a sus alumnos. No obstante, se presentó
en el Oratorio con aspecto tan alegre y desenvuelto, que se hubiera dicho no le importaba nada dejar un lugar donde había permanecido
dos años y donde se había ganado el cariño de todos.

No obstante, cuando fue a saludarlo el que debía sucederle en la dirección del Seminario menor, él le dijo:
-Así que tú vas a Mirabello. Salúdame a los muchachos. Quiéreles tú por mí. Son buenos, "sabes?
Y una lágrima se asomó a sus ((195)) ojos. Después añadió:
-Compórtate con los hermanos como lo hace un hermano mayor con los más pequeños.
Pero, algo todavía más notable acontecía; en aquellos días empezaba a cumplirse una predicción de don Bosco.
Antes del 1850 había sucedido con frecuencia que el jovencito Rúa, al ir o al volver de la escuela se encontraba con el Venerable.

Apenas lo veía, loco de alegría, corría a su encuentro, descubría su cabeza, le besaba la mano y exclamaba:
-Don Bosco "me da una estampita?
El Venerable se paraba cariñosamente, le ponía la gorra en la cabeza y, sonriendo, le presentaba siempre la mano izquierda mientras

con la derecha hacía como que la cortaba por la mitad; y le decía bromeando:
-íToma, Miguelito, toma!
Miguelito le besaba otra vez la mano, con más cariño, y le decía adiós, pensando:
-"Qué querrá decir con ese gesto?
Cuando ya se aposentó en el Oratorio y vistió la sotana el 3 de octubre de 1852, le preguntó a don Bosco:
-"Se acuerda, don Bosco, de aquellos encuentros que tuve muchas veces con usted, cuando yo iba al colegio de los Hermanos, que le

pedía una estampita y usted hacía como que quería darme la mitad de la mano? "Qué quería usted decirme?
-Mi querido hijo, respondió paternalmente don Bosco; ahora ya deberías comprenderlo, pero lo comprenderás mejor en adelante...
Y prosiguió:
-Don Bosco quería decirte que un día trabajaría a medias contigo.
Ahora, pues, como Prefecto del Oratorio, el fiel imitador de las virtudes de don Bosco, empezaba y continuaría durante veinte años

seguidos repartiéndose con él las fatigas en la dirección general del
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Oratorio y de la Pía Sociedad; y, finalmente, compartiendo también, como Vicario, la autoridad.

Mientras tanto, se preparaba don Miguel Rúa para rendir examen de Letras clásicas, italiano, griego y latín a fin de obtener el título de
profesor de Retórica.

((196)) Ya el 28 de agosto habíale sacado don Bosco el certificado de buena conducta en la Alcaldía y los demás documentos
necesarios para presentarse en la Universidad y, al presente, porque lo pedían, le entregaba un certificado honorífico suyo.

El que suscribe, con mucho gusto declara que el sacerdote Miguel Rúa, de Turín, fue profesor durante seis años en los cursos del
bachillerato inferior y durante cuatro en los del superior, con la máxima satisfacción de sus Superiores y con aprovechamiento
extraordinario de los alumnos.

Declara, además, que lo juzga digno de todo elogio porque siempre ejerció con celo su gratuita labor.

Turín. 14 de septiembre de 1865.

JUAN BOSCO, Pbro.

Visto para la autenticidad de la firma del presbítero Juan Bosco.

Turín, 15 de septiembre de 1865.

Por el delegado provincial de estudios.
VIGNA

(Hay un sello)

Don Bosco tornó al Oratorio el 19 de septiembre, mas para volver a marcharse. Vivía con su pensamiento junto a don Víctor Alasonatti,
cuya vida se iba extinguiendo. Se probó todo para conservarla. Se ensayó, como ya hemos dicho, mandarlo a Avigliana, su pueblo; fue
después a Mirabello, al Seminario Menor, cuando don Miguel Rúa era todavía director. De allí pasó a la amenísima casa de Trofarello,
regalada a la Pía Sociedad por don Mateo Franco, y finalmente, advirtiendo la inutilidad de todo remedio, él mismo determinó ir al
colegio de Lanzo, porque sentía la necesidad de respirar aire muy oxigenado. Don Bosco le dio por compañero al que esto escribe:

Mi querido Lemoyne:

Escribe al señor Canale que acepto a su recomendado y a él mismo, si quiere venir con nosotros al Oratorio. Le indicarás las tres
pensiones.

Para el ((197)) 24 del corriente estaré en Turín donde le espero con nosotros con
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gran placer. Bien entendido que una habitación y nuestra mesa están siempre a su disposición.

De lo demás hablaremos pronto. Saluda a nuestros muchachos. Cúrame a don Víctor Alasonatti. Vete también a saludar en mi nombre
al señor Cura y a casa Arró.

Quiéreme en el Señor y créeme siempre tuyo

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.
Turín, 10 de septiembre de 1865.

El 1.° de octubre, fiesta del Rosario, estaba el Venerable en I Becchi con la banda de música y un buen número de alumnos. Allí se
quedó unos días y ordenó que el día 6 volviesen todos a Turín. Bajó él a Chieri, desde donde escribía a don Miguel Rúa:

Carísimo Rúa:

Lo antes posible:

1.° Manda dos prospectos del colegio de Lanzo al teólogo Vaccarino, cura párroco de Buttigliera de Asti para que él entregue uno al

señor Guillermo Arato de la Serra.

2.° Idem al canónigo Caselli, Chieri.

3.° Di a don Carlos Ghivarello que los muchachos irán a su casa el viernes. Si quisiera ir a esperarlos, le harían un brindis.

4.° Yo voy a Borgo desde aquí, pero el viernes estaré en Turín; esto para tu norma, en el caso de que la marquesa Negrotto de Génova

se presentase preguntando por mí.

Estamos todos bien. Cagliero, satisfecho. Saluda a don Juan Bautista Francesia y a don Juan Bonetti una cum caeteris (junto con todos
los demás).

Chieri, 4 de octubre de 1865.

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

A mediados del mes de octubre era esperado en Acqui, a donde había sido invitado con gran insistencia. El celo del Venerable, como ya
hemos visto, encontraba el modo de ocuparse también de las especiales necesidades de algún Obispo.

((198)) Acqui, 3 de octubre de 1865.

M. R. Señor:
Siento mucho que V. S. M. R. no haya podido hacer una excursión a Strevi el día 25 ó 26 del pasado septiembre: habría podido ver a
don Luis Cogrosso y ser testigo

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ocular de la curación de un párroco, que hacía catorce años no podía moverse sin ayuda de dos muletas, y que le obtuvo del Señor
sobrenaturalmente la gracia instantánea de caminar sin las muletas, que dejó en la misma sala donde se operó la curación; y se marchó
por la tarde sin necesidad de apoyo alguno. Ayer me comunicó que desde aquel día ha celebrado diariamente la santa misa y que el
domingo la cantó (después de catorce años), asistió a la procesión y dio la bendición con una afluencia extraordinaria de pueblo.

Siento también que no pueda venir antes de mediados de este mes, porque el buen siervo de Dios Luis Cogrosso se marchará de aquí el
diez de los corrientes. No dudo que, si le es posible, se valdrá de esta oportunidad.

Mientras tanto debo anticiparle que todas las indagaciones que hice para el profesor de Retórica, fueron inútiles. Espero todavía tener
otra entrevista, pero con poca o ninguna esperanza. Ruégole, pues, encarecidamente me saque de este enredo, como me prometió, y haga
de forma que para el 1.° de noviembre, si para el 15 del corriente mes no le he participado que ya he provisto de otro modo, me lo pueda
mandar en compañía del clérigo Vittone, profesor de gramática.

Confio en que, antes de dicha fecha, tendré el placer de abrazarle en este obispado. Mientras tanto, con el mayor aprecio y afecto, etc.

" F. MODESTO, Obispo

En el Oratorio estaban todos extrañados al ver cómo don Bosco se alejaba aquel año con tanta frecuencia y hacía continuos y rápidos
viajes, cosa nunca vista hasta entonces. Se trataba de la iglesia de María Auxiliadora; pero maravillaba ver que no perdía la calma y el
buen humor, pese al cansancio, la fatiga, la contradicción y la opresión de cruces pasadas. Bromeaba con gusto.

Hacía tiempo que había concedido títulos nobiliarios con sus correspondientes feudos, a sus más antiguos colaboradores. Los feudos
eran pequeñas parcelas de terreno ((199)) algunas incultas o sabulosas pertenecientes a su familia de Morialdo. Así estaban: el conde de I
Becchi, el humilde caserío de la aldea donde él nació; el marqués de Valcappone; el barón de Baccajao y el Comendador... de no sé qué
encomienda.

Con estos títulos solía llamar a Rossi, Gastini, Enría, Pelazza y Buzzetti, no sólo en casa, sino fuera también, especialmente cuando
viajaba con alguno de ellos en tiempo de vacaciones. Estos, vestidos con decorosa sencillez, eran felices y representaban
maravillosamente su papel. Con desenvoltura y desparpajo bromeaban llamándose por sus títulos respectivos, haciendo alusión a
posesiones, quintas de recreo y relaciones que sólo estaban en el reino de la luna. A veces el que viajaba con ellos en el mismo vagón
quedaba maravillado de encontrarse con personas tan conspicuas. Otras veces, al llegar a las
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estaciones eran tratados con toda deferencia, porque los empleados del tren, a los que frecuentemente daba don Bosco una buena propina,
iban a porfía en tributarles su cortesía, preferencia o servicio. Alguna vez sucedió que, al llegar a algún pueblecillo donde nadie les
conocía, tenían que ir a la posada para comer y dormir. Entonces don Bosco comenzaba diciendo:

-"Ha tenido buen viaje, señor conde? "Está tal vez muy cansado, señor marqués? "Qué desea para la cena? íUsted, señor barón,
ciertamente no hallará aquí los espléndidos platos de su cocina!
Tendrán que conformarse, señores, y contentarse con lo que encuentren en estos lugares.

Naturalmente hablaba de burlas, pero lo hacía con tal gracia que el hostelero, su familia, y los ociosos clientes, al oír repetir aquellos
títulos de nobleza, quedaban asombrados y se esforzaban para tratar lo mejor que podían a aquellos señores forasteros a quienes estaban
dispuestos a ceder hasta su propia cama.

El hostelero se acercaba a don Bosco y le decía por lo bajo:

((200)) -íCómo! "Este señor es un conde? "Y ese otro, un marqués?

-íSon personajes distinguidísimos!

-íPobres de nosotros! "Cómo haremos para tratarles según su rango?

-No se apure, buen hombre; se contentan fácilmente; saben comprender.

Para los nuestros era una comedia, que provocaba la risa. Pero a veces, la broma daba buen resultado.

Un día fue el Siervo de Dios a la estación de Puerta Nueva para salir de viaje con José Rossi, que le llevaba la maleta. Como de
costumbre, llegó cuando el tren iba a partir, todos los vagones estaban llenos de gente con las portezuelas cerradas o asomada a las
ventanillas, como si verdaderamente los compartimientos estuviesen ocupados, para impedir que otros subiesen con ellos. Don Bosco, al
no poder encontrar puesto, se volvió a Rossi exclamando por broma en alta voz:

-íSiento, señor Conde, que se tome tanta molestia por mí, dignándose llevarme la maleta!
-íNo hay de qué, don Bosco, respondió Rossi con voz bastante clara. Me siento dichoso de poder prestarle este pequeño servicio.

Algunos viajeros que oyeron las palabras señor conde y don Bosco, se miraron entre sí y las repitieron admirados; uno de ellos les
llamó, ya que aún no habían logrado subir al tren:
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-íDon Bosco, señor Conde! suban aquí; todavía quedan dos plazas.

-No quisiera incomodarles, dijo don Bosco.

-íSuban! íEs un honor para nosotros; retiro mis maletas y todos estaremos muy bien!

La predicción hecha por el Siervo de Dios a fines del 1863 seguía sin cumplirse. Después de la gran mortandad de Ancona y Cerdeña,
en Nápoles, del 13 de octubre al 14 de noviembre ((201)) se registraron dos mil trescientos quince casos de cólera y mil ciento ochenta y
ocho muertos, números inferiores a la realidad; y después del 14 creció el mal en intensidad. Hubo días en los que aparecieron doscientos
casos y ochenta muertos. Se expidieron cuarenta mil pasaportes a los que estaban bien de salud y quisieran irse fuera del reino, a lugares
tenidos por menos peligrosos.

Fuera de Italia, Malta, Esmirna, Constantinopla y otros puertos se convirtieron en centros de infección.

El cólera se propagaba también por Francia. En París y en el departamento del Sena afectaba a seis o siete mil ciudadanos. En Marsella,
morían a mitad de septiembre sesenta o setenta personas por día. El mal llegó hasta Tolón donde se presentó más mortífero, quedando
infectadas las regiones vecinas.

En España se declaró el contagio de forma tan violenta y pavorosa que las ciudades principales se quedaron casi desiertas; todos los que
podían hallar asilo en otra parte se iban al campo o a ciudades no afectadas. Solamente en Madrid se refugiaron más de sesenta mil
personas que huían de provincias; y cuando la epidemia apareció en la misma capital, también allí empezó la fuga y la dispersión.

En Inglaterra el cólera no hizo tantos estragos como para conmover a la población, pero la peste bovina exterminó en pocas semanas a
cientos de miles de bueyes y vacas; y la fiebre amarilla segaba en algunos lugares de la costa muchas vidas humanas, a tal extremo que el
propio gobierno italiano tuvo que echar fuera de sus mercados marítimos todo lo procedente de algunas ciudades de las costas británicas.

En este tiempo crecía la devoción y confianza en María Auxiliadora. Entresacamos el siguiente documento.

La señora Amalia Fulcini Jacobazzi escribía a don Bosco, desde Campegine, el 12 de septiembre de 1865:

He oído hablar a diversas personas, especial mente a mi íntima amiga la condesa Carolina Soranzo de Venecia, de la maravillosa
((202)) construcción de la iglesia que
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usted está levantando en Turín, dedicada a nuestra amada madre María Santísima, bajo el título de Auxilium Christianorum. Sé también
por mi buena amiga que usted acepta cualquier oferta, por pequeña que sea, para el templo; y sabedora de lo mucho que temo morir del
cólera, me ha aconsejado que haga una pequeña ofrenda a la Virgen para obtener la gracia de ser preservada... Perdone mi atrevimiento al
enviarle directamente mis letras, pero también en esto me atengo al consejo de mi amiga Carolina, que me ha animado.

La persuasión de que María Auxiliadora preservase del cólera a los devotos que concurrían a la edificación de su Santuario en Valdocco
se difundió por muchas ciudades, como diremos más adelante; el temor quedaba sustituido por una dulce y fundada esperanza.

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((203))

CAPITULO XVII

DON VICTOR ALASONATTI EN LANZO -SUS DOLORES Y SU RESIGNACION A LA VOLUNTAD DE DIOS -HEROICA
PACIENCIA PARA NO ACARREAR MOLESTIAS A LOS DEL COLEGIO -SU PREOCUPACION POR LA SALUD DE LOS
DEMAS -CELO POR LA BUENA MARCHA DE LA CASA -ESPIRITU DE ORACION: EL SANTISIMO SACRAMENTO Y LA
SANTISIMA VIRGEN -EL MAL SE AGRAVA; SU TRANQUILIDAD -EL SANTO VIATICO Y LA UNCION DE LOS
ENFERMOS -EL TESTAMENTO -JACULATORIAS -MOLESTO RECUERDO -UNA CONMOVEDORA RECOMENDA CION
ULTIMO DIA DE SU VIDA: DECRETO DE LA SAGRADA CONGREGACION DE RITOS QUE APRUEBA EL CULTO DADO
AB IMMEMORABILI AL BEATO QUERUBIN TESTA -PALABRAS DE AMABLE CARIDAD -CONFIANZA EN LA
MISERICORDIA DE DIOS -SU PRECIOSA MUERTE -SUS PAPELES

A la medianoche del 7 al 8 de octubre moría en Lanzo el sacerdote Víctor Alasonatti, Prefecto de la Pía Sociedad Salesiana y del
Oratorio. Había llegado a Lanzo a fines de agosto y présago de que se encontraba al término de sus días, preparábase a la muerte, que
sería su descanso, después de tantas fatigas, y su puerta del gozo eterno. Hacía varios años que todos los días recitaba el Proficiscere
(apresúrate), por miedo a que en el momento de la muerte le faltase esta oración, como realmente sucedió.

Sólo Dios sabe cuánto sufría. La úlcera de la garganta le había inclinado la cabeza casi hasta las rodillas y el hombro derecho le
atormentaba con atroces dolores. No obstante pasaba gran parte del día fuera de la cama.

((204)) Su resignación a la voluntad de Dios era perfecta. Con frecuencia exclamaba: Fiat voluntas tua (Hágase tu voluntad). Su
pensamiento predilecto era: Semper in gratiarum actione manere (Permanecer siempre en acción de gracias). Su jaculatoria favorita:
Deo gratias. A cada punzada en el hombro, repetía: Deo gratias.

Cuando más le oprimían los dolores y los miembros se le contraían,
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se le afilaba el rostro y le castañeteaban los dientes, el catarro parecía ahogarlo, la tos le quebrantaba el pecho y salía la sangre de su boca,
no emitía un grito, ni un lamento, antes bien afloraba a sus labios una sonrisa, desgraciadamente espasmódica y angustiosa.

Quien se hallaba presente a una de estas crisis adquiría un sentimiento de compasión que le duraba todo el día; y, sin embargo, él,
apenas podía recuperar la respiración, decía inmediatamente: Deo gratias. Después de haber estado aletargado unos minutos, de haber
pasado una noche desvelado, tras haber tomado un bocado o un sorbo, a continuación de un paseito por el jardín, después de recibir una
noticia buena o mala, repetía siempre: Deo gratias.

Los clérigos, aunque eran pocos y cargados con las obligaciones de clase, de estudio, recreos y paseos, se habían repartido las horas del
día y de la noche, de modo que a toda hora había uno de ellos para atender al querido enfermo. Pero éste hacía lo posible para causar el
menor estorbo a ellos y al colegio. Procuraban prepararle comidas que suponían de su gusto, pero frecuentemente, cuando las tenía
delante, sentía tal repugnancia y tales náuseas que, pidiendo excusas, rogaba las devolvieran a la cocina y prohibía al mismo tiempo que
le preparasen otras.

Le producía algún alivio una sopita de sémola muy caliente que, por orden del médico, se le llevaba cada dos horas. Sucedió cierta
mañana que el clérigo encargado de servírsela tuvo que suplir al maestro de una clase, creído que alguien ocuparía su puesto junto al
enfermo. Pero no fue así y don Víctor se quedó toda la mañana sin el acostumbrado caldo. Tenía a mano la cuerda de la campanilla, mas
no quiso ((205)) llamar a nadie hasta la una de la tarde, esperando que terminase la comida comunitaria. Llamó entonces, acudió el
clérigo Sala y don Víctor le preguntó sonriente:

-"Os habéis olvidado de mí?

-"Cómo? "Aún no le han traído la comida?

Bajó inmediatamente a la cocina para dar las órdenes oportunas.
Acudió mientras tanto junto al enfermo el clérigo, involuntariamente causante del descuido, esperando la merecida reprimenda, y a sus
excusas oyó que le respondía afectuosamente:

-No importa; tráeme ahora algo. Deo gratias.

Temía morir sin verse asistido por los hermanos; así que, si en algún momento se encontraba solo, este pensamiento le ocasionaba una
angustia que le ponía nervioso. Y, sin embargo, muchas noches obligaba al enfermero a retirarse para que descansara.

-No es lógico, repetía, que sufran los demás por mí.
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Una noche le dijeron que, si no le molestaba, los muchachos internos cenarían en el prado que había bajo las ventanas de su habitación.
-Yo no me opongo, respondió; sólo rogaría que no armaran mucha bulla, porque esta noche me aprieta el mal más que de ordinario.
-Entonces, será mejor que los muchachos se priven de este recreo: quod differtur, non aufertur (lo que se difiere, no se quita)
.
-No, no; que vayan al prado; me gusta mucho ver a esos queridos muchachos y contemplar su alegría.
Y así diciendo, hizo llevar su sillón junto a la ventana y allí se sentó para ver a los muchachos a quienes tanto quería.
En otra ocasión, un criado tocaba la flauta después de comer. Don Víctor sonreía con aquella sonrisa forzada y dolorosa que siempre

tenía en los labios, cuando su sufrimiento era más fuerte.

((206)) -"Le molesta ese sonido?, preguntó el que lo asistía.
-Me hace sufrir mucho.
Se preparó para salir el asistente, pero don Víctor le detuvo diciendo:
-"A dónde vas?

-A decir al criado que deje de tocar.
-No, no; no quiero que vayas. íPobrecito! No tiene otro desahogo y no quiero que por mí se prive de él.
El asistente tuvo que obedecer.

Aun en medio de sus dolores se preocupaba más de los demás que de sí mismo. Si había un enfermo en casa, preguntaba ansiosamente
por su salud. Si algún día bajaba del monte un aire más frío que de costumbre, mandaba a los que le cuidaban que se pusieran ropa de
más abrigo.

-Porque, decía, no quiero veros enfermos.
Si oía toser a alguno, ordenaba que le sirvieran café y preguntaba después si lo había tomado, y no se libraba de la amonestación quien

no hubiera obedecido.
Preguntaba siempre a los alumnos que lo visitaban:
-"Cómo va tu salud?

-Bien, señor Prefecto, y usted: "cómo se encuentra?
-Yo estoy mejor, cuando oigo que los demás están bien.

Si uno respondía que sentía algún malestar, demostraba tal disgusto que era necesario responder a su pregunta de modo que quedara
satisfecho; y por eso, lo mismo los clérigos que los alumnos, le tranquilizaban siempre diciendo que se encontraban muy bien.
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Quería conocer la marcha de la casa v amonestaba con gran caridad al que necesitaba corregir un defecto. En ausencia de confesores se
prestaba gustosamente a confesar a los clérigos. Cuando recordaba el gran bien que puede hacer un sacerdote en el sagrado ministerio,
exclamaba:

-Yo soy un veterano, jubilado de todo servicio.

((207)) Su oración era continua. Todas las mañanas, exceptuados algunos días de sus dos últimas semanas, quiso bajar a la iglesia para
oír la santa misa y comulgar a pesar del sufrimiento que le ocasionaba estar en ayunas. Mientras pudo, asistió siempre de rodillas;
cuando más tarde se lo impidió la debilidad, la oía sentado, arrodillándose solamente en el momento de la consagración. En alguna
ocasión quiso celebrar la misa a las dos de la mañana, pero resultaba un esfuerzo verdaderamente heroico, que le producía un
desfallecimiento que le tenía postrado todo el día.

La última vez que celebró fue el 1.° de octubre, domingo, fiesta del Santo Rosario. Los días siguientes se arrastraba por la tarde a la
iglesia para hacer una visita a su Señor Sacramentado y allí permanecía más de una hora.

Tenía especialísima devoción a la Santísima Virgen. El rosario, con muchas otras oraciones, era su alimento cotidiano. íCómo rezaba!
Observándole en aquel momento había que exclamar:

-íVerdaderamente este sacerdote tiene fe viva!

Cuando podía, rezaba en alta voz, a pesar de los dolores que le ocasionaba en la garganta articular palabras; cuando no podía por la
violencia de la tos o por la extrema debilidad, causaba gran edificación el verle desgranando las cuentas del rosario. Con esta piadosa
práctica continuó hasta el último día de su vida.

Una tarde, estaba ya en cama cuando, a las ocho y media, hora de las oraciones, los alumnos arrodillados en el patio, antes de empezar
las oraciones y siguiendo la costumbre, empezaron a cantar una estrofa de la canción que empieza diciendo: Somos hijos de María. A las
primeras notas de las voces infantiles, don Víctor, que en aquel momento parecía empezaba a dormir, se sobresaltó, se esforzó para
sentarse en la cama, se quitó el gorro de la cabeza y unió su cansada voz al canto de los muchachos. Después, juntó devotamente las
manos sobre el pecho y acompañó en voz baja las oraciones.

En aquel momento entraba en su habitación un clérigo con una taza de manzanilla que ((208)) había pedido para facilitar la digestión,
tan penosa para su estómago, y se la presentó. Don Víctor le indicó que la pusiera sobre la mesita.
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-Perdone, señor Prefecto, bébala enseguida; está caliente y le hará bien.
-Tu observación no es oportuna; tráeme la taza después de las oraciones.
-Pero después de las oraciones estará fría y entonces es inútil beberla.
-Ahora debo rezar con los muchachos; si se enfría, la beberé fría.

Y se recogió de nuevo en oración: conocía muy bien el precioso valor de la plegaria hecha en común.

Cuando oía el toque del Angelus, invitaba a los que estaban con él a arrodillarse y lo rezaba, él también.

Un día vino un muchacho ya mayor que hacía la señal de la cruz muy deprisa. Lo tomó aparte y le dijo:

-Mi querido amigo, "permites que te haga una observación?
-Diga usted, señor Prefecto.
-Si don Bosco te viese hacer la señal de la cruz, con tan poca gracia como tú la has hecho, te regañaría.
-Perdone, señor Prefecto. La verdad es que no pensaba lo que hacía, pero me parecía haberla hecho bien.
-Cuando hagas un acto religioso, atiende a lo que haces.
-Muchas gracias; procuraré cumplir su aviso.
-No lo tomes a mal. Te corrijo porque te quiero bien. También a mí me gustaría que me avisaran siempre que falto; es más, te ruego que

me hagas el servicio que yo te he hecho cuando veas que lo necesito.

Y continuó:

-Dime; "te he molestado tal vez?
-íOh, no! de veras; le doy infinitas gracias.
-Entonces quiéreme siempre bien y vete a jugar.

Verdaderamente, era un ejemplo de exactitud; a pesar de que por su reuma le resultaba dolorosísimo cualquier movimiento ((209)) del
brazo, sin embargo, se esforzaba para hacer con precisión la señal de la cruz.

Pero el mal le había reducido a tal estado que no podía apoyar la cabeza por ninguna parte. Si la ponía sobre la almohada, los nervios,
sensibilísimos, le producían espasmos insoportables; lo mismo le sucedía si apoyaba la frente en su mano. Rogó entonces al que le asistía
que le pusiese un trebejo de madera a las espaldas, que sostuviese su cabeza algo levantada y así él permanecería siempre sentado en la
cama.
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-No te escandalices, le decía, si busco alguna comodidad.
Ofrezco todos los días mi cuerpo al Señor, pero también tengo la obligación de mantenerlo en vida, hasta que a El le plazca.

Dijo una vez sonriendo:

-Yo ya estoy muerto; al menos así me lo parece, y ya hace alguna semana que tengo este pensamiento fijo. Me parece que hay en mí
dos hombres: uno que sufre y otro que contempla tranquilamente sus dolores y la gangrena que poco a poco lo acerca a la corrupción.

íQué heroica resignación cristiana!

Hacía ya un mes que edificaba al colegio de Lanzo con su virtud, cuando el 5 de octubre, jueves, sintió que le iban faltando
gradualmente las fuerzas. Después de comer mandó llamar a su confesor, que era el párroco de Pessinetto, don Antonio Longo,
compañero suyo de estudios. Este, al entrar en su aposento, le dijo:

-"Qué quieres que pida al Señor para ti? "La salud?

-Hágase la voluntad de Dios, respondió don Víctor, y semper Deo gratias.

Después de confesarse, suplicó que le administrasen el Santo Viático, y don Antonio Longo, advirtiendo la gravedad del mal, consintió.
Entró el Santísimo Sacramento en la habitación, acompañado por los alumnos. Cuando el enfermo lo vio, le acometió tal ímpetu de amor
que empezó a respirar afanosamente. ((210)) Quiso recitar él mismo el Yo pecador y lo hizo con tal unción que parecía no sentir ya sus
dolores. Una vez que comulgó, quedó sumido en profunda meditación: y solamente después de casi un cuarto de hora movió lentamente
la cabeza y, fijando la mirada en dos clérigos que permanecían junto a la cama, les dijo con voz solemne:

-Aprended de mí, hijos míos, a recibir a tiempo los Santos Sacramentos.

Al día siguiente sintió una ligera mejoría, porque los consuelos que el buen Jesús había comunicado a su corazón, le hicieron olvidar
sus dolores. Al caer de la tarde, como sintiera dolores agudísimos, quiso confesarse de nuevo. Hizo que encendieran una vela bendecida y
pidió los Santos Oleos. El vicario Albert, párroco de Lanzo, le administró el Sacramento y el enfermo respondió con devoción
conmovedora a todas las oraciones del rito sagrado, y con tal sentimiento de humilde compunción, que hizo llorar a todos los presentes.
Recibió además la Bendición Papal, agradeció al párroco su caridad y se encomendó a sus oraciones, en caso de que aquella noche
llegase a faltar. Dicho esto, se recogió en oración por algún tiempo.
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El que esto escribe se encontraba junto a su lecho; el enfermo le hizo señas para que se acercase más. Me incliné sobre él para oír lo que
quería decirme, y él, tomándome una mano, a duras penas me dijo:

-Le ruego ejecute mi última voluntad. Pronto moriré; mañana quizá ya no estaré vivo; no se olvide de hacer rogar por mí. Diga a don
Bosco que se acuerde durante un mes de mi alma en el santo sacrificio... Salude de mi parte a don Bosco, a todos los sacerdotes y
clérigos, al Oratorio de Turín, a la casa de Mirabello, a don Francisco Montebruno de Génova y al clérigo Juan Garino... Escríbales que
recen siempre por mí... Diga a los muchachos de la casa de Turín que me encomienden al Señor y que me perdonen si alguna vez me
equivoqué ((211)) al castigarlos, y si tal vez dejé de castigarlos cuando debía hacerlo... Por último, pido perdón a todos de los malos
ejemplos que he dado... Me perdonarán "verdad?...

Cesó un momento de hablar, porque la sofocación le oprimía, y después continuó:

-No tengo nada que dejar, porque lo poco que era mío, ya lo di todo a la casa. Lo demás es de mi padre. Tengo solamente el uso de tres
cosas... Dejo mi reloj al caballero Oreglia, porque era suyo y él me lo dio. Mándeselo cuando yo muera; él le recordará la amistad que nos
unía...

-A la madre de don Domingo Ruffino, el crucifijo que tengo en Turín... Apenas haya muerto comuníquenselo a don Francisco
Giacomelli, a quien dejo mi rosario con el que hemos rezado juntos tantas veces, caminando a pie desde Turín a San Ignacio.

Después, volviéndose a mí y estrechándome con fuerza la mano, me dijo:

-A usted le deseo que el Señor le dé su santa bendición a fin de que pueda seguir el camino empezado... Que bendiga sus trabajos...
Prosiga la gran obra que ha comenzado... Anímese. Necesitamos muchos sacerdotes, que trabajen con los muchachos... Le deseo que
salve muchas almas, miles y miles de almas, especialmente de muchachos pobres... Sálvelas... Son demasiados los enemigos que las
asedian. íQué gran necesidad hay de salvarlas! Hoy en día apenas si en el campo o en la montaña, y raras veces, se encuentra todavía un
inocente... Si lo halla, defiéndalo de los malos compañeros.

Oprimido por el cansancio, calló; después comenzó a dirigir al Señor sus oraciones, murmurando palabras entrecortadas:

-íQué grande sois, Señor, en vuestra misericordia! Perdonadme... Os ofrezco no sólo mi cuerpo, sino todos mis afectos... Pronto
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iré in domun aeternitatis meae (a la casa de mi eternidad)... Querría, Señor, después de muerto, ser sepultado en el ((212)) rincón más
oscuro de la tierra y que nadie se acordase más de mí. Me alegro, Señor, de que mi cuerpo sea entregado a los gusanos, en penitencia de
mis pecados y de las ofensas que os hice: me alegro de que mi lengua, mis ojos y mis oídos vayan a pudrirse en la fosa en castigo de sus
faltas. Una sola cosa siento, no poder trabajar más para vuestra gloria.
Una sola gracia os pido, Señor, y es la de que pueda morir aunque sea en medio de los más atroces tormentos. Deseo mucho morir para
unirme a Vos y así estar seguro de no poder ofenderos más y de amaros con el más ardiente amor. No obstante, estoy dispuesto a sufrir en
vida hasta que os plazca... Tened misericordia de mí... Señor, os pertenezco por muchos títulos. Tengo demasiada confianza en Vos,
Señor...

Después exclamó con énfasis:

-Exurgat Deus et disipentur inimici ejus (Levántese el Señor y se dispersen sus enemigos).

Quedóse un momento adormecido. Despertó de nuevo. Parecía que un molesto pensamiento torturase su memoria y repetía:

-íLa obediencia, la obediencia! A veces dije a don Bosco: quiero esto, quiero aquello, o bien: haga esto o de otro modo... Si por más
que se diga; y allí, precisamente allí... "Y la obediencia?

Recordaba que un día había hablado resueltamente a don Bosco porque le parecía que era demasiado indulgente con un tal que se
obstinaba en no obedecer, con escándalo de los alumnos. Como yo conocía el hecho al que aludía, le hice observar:

-Pero usted no podía obrar de otro modo; era necesario una resolución enérgica.

-Pero yo dije: o esto, o de lo contrario... En el momento de la muerte se juzgan las cosas de muy distinta manera... Sí... poner al
Superior en la alternativa: o... o... Pero espero que el Señor me haya perdonado.

Se serenó y de nuevo prosiguió su oración.

Siguió murmurando oraciones hasta que, de pronto, llamándome me dijo:

-He de pedirle un favor. Si muriese ((213)) esta noche, anímeme... recuérdeme que confíe en la misericordia de Dios... déme por última
vez la absolución sacramental... "Me lo promete?...

-Sí, señor; le respondí lagrimeando.

-Muy bien, añadió. Ahora vaya a descansar: en el caso de que me sienta peor, lo mandaré llamar.
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Y como yo no me moviera, dijo:

Vaya, le digo; íobedezca!

A la mañana siguiente se levantó de la cama y bajó al jardín, donde se sentó a la sombra de una pérgola. En medio de su incesante
trabajo en el Oratorio, se había ocupado con celo para hacer reconocer y aprobar por la Santa Sede el culto dado ab immemorabili (desde
tiempo inmemorial) al beato Querubín Testa, religioso de la Orden de San Agustín, muerto en Avigliana, su pueblo, en el 1479. Las
reliquias de este querido santo, después de la dispersión de sus hermanos, habían sido trasladadas desde el sepulcro del convento a la
iglesia parroquial de San Juan. Durante más de nueve años, trabajó don Víctor Alasonatti en la búsqueda de documentos y pruebas,
enviando instancias, redactadas en buen latín, a la Sagrada Congregación de Ritos. Esperaba el suspirado decreto de un día a otro.

Cuando he aquí que, al mediodía del último de su vida, entró en el jardín el clérigo Sala y le entregó un fajo de papeles precintado con
varios sellos. Don Víctor lo abrió. Era el decreto que aprobaba el culto dado por los fieles al beato Querubín y concedía la misa y el oficio
para toda la Orden de los Eremitas de San Agustín, y a la ciudad y archidiócesis de Turín. El Oremus y las lecciones del segundo
nocturno eran las que don Víctor Alasonatti había compuesto.

Leyó el decreto, guardó un momento de silencio y finalmente exclamó:

-íEstoy verdaderamente contento! íFinalmente tengo el honor de leer esta acta!

Y, elevando al cielo los ojos impregnados en lágrimas, añadió:
((214)) -Nunc dimittis servum tuum, Domine! (Ahora puedes dejar ir a tu siervo, Señor). íAhora muero contento! íNo me faltaba más que
esta satisfacción.

El clérigo le dijo:

-Ahora, usted que ha trabajado tanto por la gloria de este santo, será el primero en probar los efectos de su intercesión ante el Señor.

No respondió enseguida, pero después de un momento de silencio, añadió:

-íPedir! Y "qué he de pedir? Me hace continuamente gracias, así que nada tengo que pedir.

-Podría pedirle la gracia de la salud.

-No, no; no me atrevo a pedirla, porque no la merezco.

A todos cuantos se le acercaban, les hacía leer el decreto y les mostraba cuán feliz era.
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Como había que asistirle, yo estaba sentado al lado, y también a mí me dijo:

-íLea!

Y me entregó el decreto.

Cuando terminé la lectura, se puso a hablar de su enfermedad y de su santo. Yo callaba y escuchaba; de improviso también él calló.

Tomó el hilo después y me dijo:

-Ahora márchese, porque sufro mucho hablando y, si usted está a mi lado, no puedo callarme.

Y, estrechándome la mano, repitió:

-Yo le quiero mucho, y cuando está a mi lado, no puedo guardar silencio.

Me levanté y él continuó:

-Verdaderamente, soy descortés con usted; pero, "qué quiere?

Si empiezo a hablar, no termino nunca. No lo tomará a mal, "verdad?

-No necesita excusarse conmigo, le dije; y fui a sentarme a unos metros de distancia.

Al cabo de unos instantes me llamó, y me dijo sonriendo:

-No se hace caso de los amigos cuando no se los necesita y se les echa fuera; pero cuando se los necesita, se les llama. Así que

sosténgame, porque siento que me faltan las fuerzas, y acompáñeme a la habitación.

((215)) Cuando llegó a la habitación, se sentó y me dijo:

-A las tres quisiera dar una vueltecita; "tendrá la bondad de acompañarme?

Pero, en vez de salir de la habitación a la hora que había fijado, salió a las dos. Quería visitar todo el colegio. Entró en la iglesia y se

quedó un momento en adoración; inspeccionó el jardín, los patios, las clases, los comedores, los dormitorios; parecía que quisiese darles
el último adiós. A las tres volvió a entrar en su cuarto, dijo que se encontraba muy cansado, y se acostó.

-Vamos al encuentro de la muerte, decía al que lo ayudaba.

Y empezó a rezar devotamente recogido.

Hacia el anochecer jugaban los alumnos en el patio debajo de su ventana; le preguntaron si le molestaban, y si debían imponerles
moderación o silencio. A lo que él respondió:

-íPobres muchachos; no tienen más que este poco tiempo de recreo! Dejad que se diviertan.

Poco después me dijo:

-Dígame algo que me sirva para este momento.

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-"Qué quiere que le diga? Le diré que es consolador el pensamiento de haber trabajado siempre por el Señor.

-No, no es esto...; lo que me consuela es pensar en la misericordia de Dios. Yo estoy tranquilo... "No será, acaso, presunción esta mi
seguridad?... Y, sin embargo, busco una razón seria que me humille y me confunda y no lo consigo.

Y concluyó exclamando:

íOh! íCuánto deseo unirme al Señor! íCupio dissolvi et esse cum Christo!

Dio después orden de que, apenas hubiese expirado, fuese uno de nosotros al Oratorio e hiciese telegrafiar a don Bosco, dado caso que
estuviese todavía en Castelnuovo.

En aquellos momentos se hallaban presentes en la habitación varios de los clérigos destinados a velarlo. Como quiera que habían
pasado en vela varias noches, y ocupados durante el día con los muchachos, se encontraban molidos como una alheña. El moribundo se
dio cuenta de ello y les ((216)) mandó que fueran a descansar. Ellos se resistieron, pero tanto insistió que tuvieron que retirarse. Quedóse
en la habitación el joven Modesto Davico, su paisano, enviado de Turín algún tiempo antes, a fin de que, en caso necesario, pudiese
prestarle sus servicios. Yo también tuve que retirarme.

Tenía el enfermo aquella noche un aspecto tan sereno que nadie hubiera presagiado que estaba tan próximo el término de sus
sufrimientos. Pero no era todavía media noche cuando, haciendo un esfuerzo para alzarse de la cama, llamó a Davico y le dijo:

-Dame la sotana; quiero levantarme; me falta la respiración;
necesito pasear.

-Pero hace frío, observó el joven; este paseo podría hacerle daño al costado.

-Me ahogo, querido; necesito aire.

El joven enfermero le ayudó a bajar de la cama y a vestirse, y le sostuvo mientras se encaminaba hacia la puerta para salir al exterior;
pero, apenas dio unos pasos, vaciló y cayó en brazos del que lo sostenía. Le asaltó entonces un golpe de tos y le faltó la fuerza para
expectorar, por lo que el estertor le subió a la garganta. Davico, asustado, sin poder sostener más el peso de un cuerpo inerte, ni agarrar la
cuerda de la campanilla, demasiado lejana, empezó a gritar:

-íDon Víctor se muere, don Víctor se muere!

El moribundo volvió la cabeza hacia el joven y le miró tranquilamente a la cara.

Davico, al ver que sus gritos no habían sido oídos, le colocó despacio
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en el suelo y se echó a correr por los pasillos, golpeando a todas las puertas y repitiendo:

-íDon Víctor se muere!

Acudió el primero el clérigo Sala; levantó del suelo con sus robustos brazos el cuerpo del santo sacerdote y lo colocó en la cama. Tras
de Sala llegué yo, pero no tuve tiempo para leerle las preces de los agonizantes. Apenas colocado en la cama, don Víctor Alasonatti
expiraba.

En aquel momento sonaban las campanadas ((217)) de medianoche, que daba paso a la festividad de la maternidad de María Santísima.
Nuestro querido Prefecto había muerto de pie, como un valiente soldado de Dios. íSu sacrificio se había consumado!

Mientras tanto, acudieron los demás clérigos. Silenciosos contemplaban los restos exánimes del que tanto había trabajado por ellos. De
rodillas recitaron las letanías de la Virgen y el De Profundis.

Una hora después partía de Lanzo, a pie, el clérigo Nicolás Cibrario.

A las ocho, después de recorrer casi treinta y dos kilómetros, anunciaba a don Bosco la dolorosa pérdida y le entregaba una carta mía en
la que le describía los últimos momentos del querido don Víctor Alasonatti.

Al hacerse de día se colocó el cadáver arreglado y revestido, en un sillón. El pintor Rollini dibujó su semblante y un amigo suyo,
escultor, se prestó a sacarle también la mascarilla. En el entierro, que resultó solemnísimo, tomaron parte los cantores y otros llegados del
Oratorio.

Examinados los papeles que el santo varón había llevado consigo, se encontraron dos cuadernitos escritos de su propia mano, que
fueron entregados a don Bosco. Uno contenía sus propósitos de los ejercicios espirituales hechos en San Ignacio en el 1861, y unas
oraciones a las llagas de Jesús crucificado; en el otro tenía una colección de jaculatorias para la más mínima acción de la jornada, sacadas
de los salmos, y de algunas prácticas de devoción.
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((218))

CAPITULO XVIII

CARTA DE DON BOSCO A LA COMISARIA GENERAL DE TURIN PARA EL SINDICATO E INSPECCION DE
FERROCARRILES, A FIN DE OBTENER UN SUBSIDIO -DON BOSCO EN MILAN: SORPRENDENTE CURACION DE UNA
ENFERMA -VA A BRESCIA Y A LONIGO -INSTANCIA AL MINISTRO DE LA GUERRA PARA OBTENER VESTUARIO
FUERA DE USO -EN PADUA Y EN VENECIA -VUELVE A LONIGO Y A TURIN -TESTIMONIO AUTORIZADO DE LA
ANTIDAD DE DON BOSCO, RECONOCIDA POR LOS MUCHACHOS -DON BOSCO RECITA LAS ORACIONES CON LA
COMUNIDAD -CIRCUNSPECCION PARA DAR UN CONSEJO PEDIDO -MAESTROS TITULADOS PARA EL
BACHILLERATO EN EL ORATORIO -ACEPTA NUEVOS SOCIOS -ELECCION DE TRES MIEMBROS DEL CAPITULO
SUPERIOR -APRECIO QUE DON BOSCO TENIA DE LAS OBRAS REFERENTES A SU MISION: NO QUIERE CAMBIOS, NI
INNOVACIONES EN LAS COSTUMBRES DEL ORATORIO

ERAN continuos los socorros que el Siervo de Dios recibía para desarrollar y sostener su obra, pero iguales eran sus solicitudes para
alcanzarlas.

En estos términos escribía a la Comisaría General de Turín para el Sindicato e inspección de Ferrocarriles:

Ilustrísimo Señor Comisario General:

Las apremiantes necesidades, en que se encuentra esta casa, me impulsan a recurrir a V.S. Ilma. en busca de ayuda. Creo que, de algún
modo, habrá llegado a su conocimiento que el Ministro de Trabajo y la Dirección General del Estado mandaron a este establecimiento
algunos muchachos huérfanos, hijos de empleados de ((219)) esa administración. Algunos siguen todavía formando parte de nuestro
alumnado, como podrá ver por la nota que le adjunto. Yo los recibo con gusto, porque esta casa estuvo siempre abierta a las autoridades
gubernativas y porque la benemérita Dirección de Ferrocarriles me concedía algunos favores en forma de transportes gratuitos con los
que, en cierto modo, pagaban los gastos necesarios al menos en parte. Pero estas concesiones han sido restringidas bastante por la nueva
Administración. Ahora bien, estos jóvenes siguen todavía en número notable en este establecimiento; es más, uno de ellos, por falta de
edad, fue enviado al colegio de Lanzo, donde se encuentra actualmente, por cuenta de quien esto escribe.
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Verdad es que cada vez que la Dirección envió un muchacho, entregó alguna ayuda; pero ésta apenas si llegaba para vestir al muchacho
y proporcionarle el equipo necesario.

En estas circunstancias me he atrevido a recurrir a V. S. Ilma. suplicándole acuda en mi auxilio en este momento de extrema necesidad
y me otorgue el máximo subsidio que a usted le parezca bien, ya sea para el conjunto, ya sea para cada uno de los muchachos amparados.

Lleno de confianza, en su reconocida bondad, le deseo todo bien del cielo, mientras, con la más sentida gratitud, tengo el honor de
profesarme,

De V. S. Ilma.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

La ayuda pedida le fue concedida.

MINISTERIO DE TRABAJO

10. ª División Ier Desp.
Comisaría General
para el sindicato y vigilancia de los
FERROCARRILES
N. 6201
Florencia, 12 de octubre de 1865

El que suscribe tiene el gusto de comunicar a V. S. que este Ministerio, acogiendo de buen grado la petición hecha por usted en carta
del 9 del pasado septiembre, ha decretado se le entregue la cantidad de ochocientas liras, por orden extendida a su nombre, enviada a la
Pagaduría Provincial de Turín.

El Comisario General BELLA

((220)) La respuesta fue recibida por don Miguel Rúa, ya que don Bosco había salido otra vez, él solo, de viaje a varias ciudades, donde
despachar boletos para la tómbola. No tenemos datos que nos describan su itinerario y lo que hizo en los lugares donde estuvo, pero en
cambio poseemos alguna carta, el recuerdo de alguna de sus narraciones, y noticias de los que le hospedaron.

Su primera parada fue en Milán, donde tiempo atrás se había encontrado, en el Oratorio de don Serafín Allievi, con el señor José
Pedraglio y el señor Guenzati, comerciantes que frecuentaban aquel apreciado centro dominical de numerosos jóvenes. Ya hemos hablado
de la generosidad del señor Guenzati con las obras de don Bosco; ahora diremos lo que nos escribió en el 1909 la hija de este bienhechor,
Carolina Rivolta Guenzati.
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"El año 1865 vino don Bosco a Milán y honró nuestra casa hospedándose en ella. Sucedió el siguiente hecho. La señora milanesa
Marieta Pedraglio, enterada de que el venerando don Bosco se encontraba entre nosotros, se presentó para saludarle. Antes de que la
señora dijese una palabra, don Bosco le preguntó:

-"Está usted enferma?

-Desgraciadamente sí, respondió ella; hace ya unos meses; he tomado muchas medicinas, he hecho varias devociones, pero no me han
servido para nada.

Entonces don Bosco le dijo:

-"Quiere sanar? Haga una novena a Jesús Sacramentado y rece cinco padrenuestros, avemarías y glorias, añadiendo estas palabras: "don
Bosco me ha dicho que Vos me curaréis y yo quiero curar". Después coma y beba.

A la mañana siguiente mi familia quedó maravillada al encontrarse a la señora, libre de todas las dolencias que hacía tiempo le
molestaban".

Desde Milán fue a Brescia para visitar a los hermanos Elena, sacerdotes, en cuya casa comió. Eran dos hombres de ardiente celo por la
salvación de las almas, y sostenían un floreciente oratorio festivo para los muchachos. Don Bosco les había escrito una carta, que ellos
conservan como prenda preciosa de su ((221)) amistad con el hombre de Dios. Por otro escrito, dirigido al caballero Oreglia, parece que
también visitó a la señora Magdalena Girelli, hija de María, en su Instituto de la calle San Antonio.

De Brescia pasó a Lonigo, pequeña ciudad próxima a los montes Berici, donde veraneaba por entonces el conde de Soranzo, su gran
amigo, que habitualmente residía en Cremona y que tenía también casa en Venecia. El Siervo de Dios predicó en Lonigo y escribió desde
allí a don Miguel Rúa:

Carísimo Rúa:

Te mando un borrador de instancias para mandar copiar del modo siguiente:

Lo que dice: "Excelencia, etc." debe ser copiado en papel sellado de una lira.

La carta la harás copiar en papel simple; después, meterás todo en un solo sobre dirigido, como aquí se indica, al general Incisa.

Probablemente no podré estar en casa hasta el próximo viernes, a más tardar; si puedo, iré antes. Mientras tanto, advierte que hay una
letra de mil liras que vence el 18 de este mes. Si la puedes pagar, no hace falta que digas nada; de otro modo házmelo saber enseguida
para mi norma.

Entrega la adjunta cartita a Rinaudo; mándame a Lonigo (en casa de S. E. el conde de Soranzo) los datos para hablar con los padres de
Nicolini el paduano.
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Saluda a todos nuestros queridos amigos y que el Señor nos ayude a todos a crecer en su santo temor.

Todo tuyo

Lonigo, 14 de octubre de 1865

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

P.S.-Saluda a Cagliero y a Francesia; tira de las barbas al Caballero.

Las dos cartas que don Bosco mandó a don Miguel Rúa eran una petición al general Petitti, Ministro de la Guerra:

Excelencía:

Ya en años pasados y en varias ocasiones recurrí a V. E. a fin de obtener indumentaria para los pobres muchachos asilados en la casa
llamada Oratorio de San Francisco de Sales y S. E. acudió siempre en mi ayuda.

((222)) Causas muy diversas concurrieron a aumentar las necesidades de este establecimiento en este año, de modo que en la actualidad
pasa por graves estrecheces.

Por esto acudo de nuevo a su reconocida bondad, suplicándole se digne tender su benéfica mano a estos huerfanitos y concederles el
número de mantas, sábanas, camisas, calzoncillos, pantalones, levitas militares, capotes, botas y todo lo que se digne conceder y sirva
para preservarles del frío durante la próxima estación invernal. No importa que estas prendas estén ya fuera de uso o gastadas, para
nosotros serán una verdadera caridad, gracias a la cual se suplirá una necesidad que de otro modo no se podría resolver.

Será, tal vez, la última que podamos disfrutar de este beneficio, y por eso ponemos en usted la más viva confianza de ser atendidos. A
más de la imborrable gratitud que guardaremos por el favor, no dejaremos de invocar diariamente las bendiciones del cielo sobre usted, a
quien contaremos entre nuestros más insignes bienhechores.

Con todo aprecio, tengo el alto honor de poder profesarme de V. E.

Turín, octubre de 1865

Reconocidísimo seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Ilustrísimo señor General:
Hace ya varios años que, gracias al valimiento de V.S., he podido obtener la ayuda de ropa para los pobres muchachos de esta casa, que

suman casi ochocientos.

Entiendo que el favor depende únicamente de usted y por eso, con plena confianza, recomiendo en cuanto sé y puedo a su reconocida
bondad la extrema necesidad de estos pobres muchachos.

No pudiendo expresar de otra manera nuestra gratitud, rogaremos al buen Dios para que conceda días de salud y felicidad a usted y a
toda su respetable familia.

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Con la más sentida gratitud, me cabe el honor de profesarme.

De V. S. Ilma.

Turín... octubre de 1865

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

General Incisa, Secretario General del Ministerio de la Guerra.-Turín.

Desde Lonigo, acompañado por el Conde de Soranzo, y después de pasar por Padua, para dar noticias a los padres del jovencito ((223))
Nicolini, internado en el Oratorio, don Bosco llegó a Venecia.

Aquí tuvo ocasión de oír, desde una terraza en la plaza de San Marcos, las maravillosas sinfonías de las bandas militares austríacas. Sin
pensarlo, entusiasmado por la música, comenzó a aplaudir, pero fue advertido enseguida de que era una imprudencia hacer ninguna
aprobación. Aunque reprimidas, bullían en el corazón de los ciudadanos las pasiones políticas. En efecto, a pesar de que la plaza se
hallaba atestada de gente, cuando los músicos terminaron su concierto, siguió reinando un silencio sepulcral.

En Venecia, visitó don Bosco al Patriarca, cardenal José Luis Trevisanato, a varios distinguidos personajes del clero y de la nobleza y
especialmente al reverendo Apollonio, más tarde Obispo de Treviso, que quería muchísimo al Siervo de Dios; al canónigo Berengo y a
monseñor Giorda.

De vuelta en Lonigo escribía algunas cartas al Oratorio:

Carísimo Rúa:

Tu carta me llegó demasiado tarde; paciencia. Entrega estas pruebas de imprenta al caballero Oreglia; la carta a don Angel Savio; y un
cariñoso saludo y la bendición del Señor para todos nuestros queridos habitantes del Oratorio. Tengo muchas cosas que contaros de las

Lagunas, de las góndolas, de San Marcos, del reverendo Apollonio, etc. Cada cosa a su tiempo.

Si Dominus dederit (si Dios quiere) el viernes a las ocho de la tarde espero estar con vosotros. Traje dos mil boletos y han sido pocos.

Lonigo, 1865

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Después de despedirse del Conde de Soranzo y de su familia, se puso en marcha hacia Turín. No tenemos noticias ciertas del recorrido
que hizo; pero parece que se quedó algunas horas en Bolonia.
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Entró en el Oratorio el día 20 de octubre, después de haber prometido en todos los lugares, por donde pasó, la protección de la Virgen
para todos los que le ayudaran a construir su iglesia en Valdocco.

Los muchachos, entre los que había muchos recomendados por los ((224)) Ayuntamientos llenaban ya todo el Oratorio y le recibieron
con viva demostración de alegría. Hasta los nuevos se dieron cuenta muy pronto de que iban a tratar con un santo. Varias veces hemos
ofrecido testimonios jurados de quienes nos contaron sus primeras impresiones de cuando, al entrar como alumnos en el Oratorio,
pudieron conocer al hombre de Dios. Queremos dar otro testimonio que, al igual de los precedentes, fue depuesto ante el Tribunal
Eclesiástico de Turín en el Proceso Ordinario para la causa de Beatificación. Se repetirán cosas ya dichas en estas Memorias Biográficas,
pero un nuevo testimonio de autoridad nunca es superfluo como homenaje a la verdad.

El teólogo don Antonio Berrone, de Casalgrasso, canónigo chantre de la iglesia metropolitana de Turín, que estudió en el Oratorio los
cuatro primeros cursos de bachillerato, del 1865 a 1869, confirmaba así en 1896, el constante aprecio universal de los muchachos a don
Bosco.

"El amor a la gloria de Dios forma el compendio de toda su vida. Yo siempre he admirado y oído admirar su conducta ejemplar y
sacrificada, verdadero modelo para nosotros los jóvenes. En las desgracias y en la adversidad se le veía siempre tranquilo y confiado en el
Señor. Lo observé muchas veces en la mesa: comía con indiferencia sin comentar la calidad de los alimentos. No creo haya ido jamás a
pasear por puro deporte. Su habitación, sencillamente amueblada, le sirvió siempre para recibir, estudiar y descansar.

"Era general la persuasión de que don Bosco estaba dotado de dones sobrenaturales. A mi ingreso en el Oratorio oí decir a mis
compañeros que en algunas ocasiones había predicho la muerte de algún muchacho y que la predicción se había cumplido tal y cómo él la
había anunciado, y con las circunstancias precisas. Recuerdo que en 1865 encontré la iglesia de María Auxiliadora en construcción y oí
de labios de compañeros más antiguos repetir las predicciones que don Bosco había hecho en años anteriores, describiendo ((225)) el
lugar y la amplitud de la misma; es muy de admirar esta predicción porque don Bosco carecía en aquellos tiempos no solamente de los
medios necesarios, sino que, además, era poco conocido y era combatido.

"Recuerdo muy bien cómo todos sabían que don Bosco había
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predicho años y años antes, que el Oratorio se habría ampliado y habría prosperado. Era voz acreditada entre los alumnos que don Bosco
leía en las conciencias; y en prueba de ello está el hecho de que cuando uno tenía un pecado en la conciencia no se atrevía a presentarse a
él, salvo que fuera en confesión, por miedo a que se lo leyese en la frente. Fui testigo de esto varias veces. Estábamos persuadidos
también de que don Bosco, aun estando lejos, había sabido desórdenes que ocurrían en el Oratorio.

"Resplandecía en él una grande y mesurada prudencia, de modo que en el Oratorio nunca hubo que lamentar ciertos desórdenes y
escándalos que, a veces, se ven hasta en colegios bien dirigidos. Su sistema era poner a los muchachos en la imposibilidad de faltar. Con
su ejemplo, con la vigilancia de todos, mantenía siempre el orden y la disciplina, aunque había muchos alumnos y de diverso carácter.

"Se regulaba en todo con justicia. Aun aquellos que pagaban una pensión mensual completa, no llegaban a cubrir todo lo que recibían
de la casa.

"Su humildad resplandecía en su modo de obrar sencillo, dulce, afable, accesible a todos, de modo que como un imán atraía hacia él
nuestros corazones y resultaba una suerte para nosotros poder acercarnos a él y hablarle. En sus charlas familiares inculcaba siempre el
pensamiento y el deseo del paraíso.

"Eran tan grandes su fe y su confianza en la misericordia de Dios que esperaba que todos nosotros iríamos al paraíso y que todos los
que murieran en el Oratorio ciertamente se salvarían. Con frecuencia nos decía, ora a uno, ora a otro una palabra que nos llevaba a Dios y
que siempre causaba efecto saludable en nuestros corazones. Era un espectáculo sorprendente ver cómo los forasteros ((226)) le rodeaban
y querían a toda costa besarle la mano y recibir su bendición, si podían de rodillas. En aquellos días sufríamos nosotros una verdadera
privación al no poder acercarnos a él. Poseía un don especialísimo que fue el de saber hacerse amar no sólo por los que se quedaron con
él en sus casas, sino también y constantemente por todos los que fueron educados por él y se dispersaron después por la disversas clases
sociales.

"Al recordar ahora aquellos tiempos puedo afirmar que los muchachos en general correspondían a las santas industrias de don Bosco,
tenían una conducta elogiosa y algunos digna de admiración. En el Oratorio florecía el espíritu de piedad y el santo temor de Dios. Y si
alguna vez sucedía que un muchacho no se adaptaba al
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espíritu de la casa, voluntariamente se marchaba, de modo que era raro el caso de expulsión. Todo esto lo he visto yo mismo, o lo he oído
contar a los antiguos alumnos del Oratorio.

"El recuerdo filial que don Bosco guardaba de su madre, era para nosotros una lección de respeto a los padres. Oí hablar muchas veces
de mamá Margarita en el Oratorio, como de una mujer de gran virtud y piedad, que se consagró totalmente a las obras de su hijo. Los
alumnos que la conocieron, y nosotros mismos que no la conocimos, sentíamos por ella gran estima y afecto".

Añadiremos nosotros uno de los medios con los que don Bosco encendía en los muchachos el espíritu de oración. De 1846 a 1871 esto
es, mientras pudo, no dejó nunca de asistir a las oraciones de la noche con la comunidad. Decía un día el joven Luis Bussi a un
compañero, en voz baja, mientras los muchachos se reunían para las oraciones de la noche:

-"Por qué don Bosco, cuando está en casa, viene siempre a rezar las oraciones con nosotros?

Mientras tanto se empezaron las oraciones y, al terminar, subió don Bosco a la pequeña tribuna y habló. Cuando terminó, acercósele

Bussi y le dijo:

Don Bosco, dígame una palabra.

Y don Bosco le susurró ((227)) al oído:

-Se rezan las oraciones con los demás para dar buen ejemplo.

El joven se maravilló, pues estaba cierto de que don Bosco no podía haberle oído.

El florecimiento de tanta virtud en el Oratorio era espectáculo tan evidente, que frecuentemente acudían a don Bosco para pedir consejo
sacerdotes pertenecientes a instituciones religiosas de educación, los cuales veían impedida y hasta inutilizada su labor educativa por
algún obstáculo. Si le exponían sus angustias por carta y por hechos particulares, la respuesta de don Bosco estaba dictada por una gran
prudencia, a fin de que por una indiscreción de alguien no fuese conocido el secreto. Una de estas respuestas estaba concebida en los
siguientes términos:

"31 de octubre de 1865.-In Domino. Casus consideratione dignus. Vide, fac quod potes. Iterum in Domino vale.-Sac. Joan. Bosco

(En el Señor. Caso digno de consideración. Mira, haz lo que puedas. Nuevamente, salud en el Señor.-Sacerdote Juan Bosco).

De la respuesta que don Bosco dio a la circular n.° 83, del Real Delegado Provincial de Enseñanza, referente a la cuenta anual del

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curso 1865-66, sacamos la estadística del personal educador, del personal docente y de los alumnos inscritos en el bachillerato:

5.° curso: profesor Celestino Durando, sacerdote, con setenta alumnos; 4.°, profesor Juan Bautista Francesia, sacerdote, con treinta
alumnos; 3.°, profesor Juan Tamagnone, con noventa alumnos; 2.°, profesor Miguel Rúa, sacerdote, con cuarenta alumnos; 1.°, Francisco
Dalmazzo, con noventa alumnos.

Don Bosco anotó además los profesores suplentes y los de materias accesorias, y añadió esta observación: "Como quiera que casi todos
estos profesores asisten todavía a algún curso en la Universidad, y deben acomodar alguna vez la hora de sus clases al horario de aquélla,
no se puede precisar la hora exacta en que dan sus lecciones. No obstante las horas de clase son cuatro y tres cuartos al día".

A fines de octubre se hizo la admisión de nuevos socios y la elección de tres miembros del Capítulo Superior de la Pía Sociedad.

Leemos en las actas del Capítulo:

((228)) 24 de octubre de 1865.-Esta noche, reunido el Capítulo de la Sociedad de San Francisco de Sales, su Rector, el sacerdote Juan
Bosco, presentó, y fueron aceptados los siguientes: Joaquín Berto, clérigo; Francisco Maranzana, clérigo; Segundo Bernocco, clérigo;
Santigo Cuffía, clérigo; Eugenio Polledri, clérigo; G. Franchino, clérigo.

El 29 de octubre de 1865, reunido el Capítulo de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, el Rector, don Juan Bosco, para suplir la
falta de los miembros capitulares, esto es, del Prefecto don Víctor Alasonatti, que murió el día 7 del corriente, y del Director espiritual,
don Bartolomé Fusero, atacado de enfermedad cerebral, eligió nuevo Prefecto a don Miguel Rúa, y nuevo Director espiritual a don Juan
Francesia.

Reunidos después en el mismo día, todos los miembros de la Sociedad, se hizo la elección del tercer consejero que faltaba. Obtuvo
mayoría de votos don Celestino Durando, por lo que fue reconocido por todos como tercer Consejero.

El Siervo de Dios buscaba a menudo en las conferencias transfundir a los demás la altísima estima que él tenía de sus empresas y de sus
obras, estima que procedía de la íntima persuasión de que la orden, el consejo y la dirección de cuanto hacía, provenían de un misterioso
impulso celestial.

Efectivamente, del conocimiento de la voluntad de Dios procedía la fortaleza inquebrantable para alcanzar la meta que se había
prefijado.

Daba también importantísimos avisos. En general su carácter era ajeno a las singularidades, a las imitaciones y a las novedades. El tenía
por principio que cuando las cosas marchan bien no hay que cambiarlas fácilmente so pretexto de mejorarlas.
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Cuando alguno de casa le proponía promover esta o aquella obra, no prescrita por el reglamento, respondía:

-íYa tenemos nuestras cosas! Promovamos éstas, que nos conciernen. Las de los demás serán bonísimas, si se quiere, pero no sirven
para nosotros y nos alejan de nuestro fin. Nosotros, por voluntad del Señor, no necesitamos copiar de los demás; si les place, vengan ellos
a copiar de nosotros.

Era contrario a que se introdujeran en nuestras casas ((229)) nuevas asociaciones o devociones extrañas, pero recomendaba se
cultivasen bien las ya existentes en el Oratorio y se practicasen nuestras piadosas costumbres. Quería, además, se eliminase la manía de
algunos de querer adoptar o preferir libros impresos en otras tipografías con preferencia a los que salen de la nuestra. Decía:

"Esto es de muy mal gusto, es una locura, una ofensa. Hagamos conocer nuestras cosas a nuestros muchachos y alumnos y
guardémonos mucho de censurarlas".
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((230))

CAPITULO XIX

LA MUERTE DE UN MUCHACHO BUENO -LA CONMEMORACION DE LOS DIFUNTOS Y LA APARICION DEL ALMA DE
UN PADRE A UN HIJO IRRELIGIOSO -EL ABATE SCOLARI, DIRECTOR DEL ORATORIO DE SAN LUIS -EL NUEVO
ORATORIO DE SAN JOSE EN SAN SALVARIO, EN TURIN -PETICION DE DON BOSCO AL MINISTRO DE GRACIA,
JUSTICIA Y CULTO CON EL FIN DE OBTENER AYUDA PARA LOS ORATORIOS FESTIVOS -CARTA DEL MISMO AL
VICARIO CAPITULAR: ESCRIBE PARA LA REHABILITACION DE UN SACERDOTE: DON JUAN BONETTI NOMBRADO
DIRECTOR DE LANZO -DON BOSCO Y LOS SACERDOTES DESCARRIADOS -FUNERAL DE TRIGESIMA EN SUFRAGIO
DEL ALMA DE DON VICTOR ALASONATTI -DIFUSION DE BOLETOS PARA LA TOMBOLA Y DE LAS LECTURAS
CATOLICAS -MIEMBROS DE LA SOCIEDAD QUE HAN HECHO LOS VOTOS TRIENALES EN LOS TRES AÑOS
PRECEDENTES -COMO DON BOSCO PONIA A PRUEBA LA VOCACION DE LOS ADULTOS ADSCRITOS A LA PIA
SOCIEDAD -CARTA DEL CLERIGO BODRATO A DON BOSCO -LOS PRIMEROS VDTOS PERPETUOS -OTRAS
PROFESIONES PERPETUAS Y TRIENALES

EL 27 de octubre de 1865 moría en su casa en el Valle de Caluso el jovencito José Scoti, a la edad de doce años. Don Miguel Rúa
escribió en el necrologio:

"Arrebatado por la muerte en la flor de sus años, puede decirse de él: Raptus est ne malitia mutaret intellectum ejus (Se lo llevó para
que la maldad no pervirtiera su entendimiento). Murió de la gripe el mismo día que fue a su casa".

Con este triste anuncio preparaba don Bosco a los alumnos para la próxima solemne conmemoración de todos los fieles ((231))
difuntos, y a la noche siguiente les contaba la aparición del alma de un padre a su hijo irreligioso.

Un hombre de unos treinta y cinco años, viudo, padre de dos hijos vivía en Turín con su anciana y buena madre. Su vida no era la de un
buen cristiano; era irreligioso y blasfemo. Al acercarse la conmemoración de los difuntos, su madre le dijo:
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-Acuérdate de tu pobre padre que murió ya hace algunos años, y ruega por él.

El hijo, enojado por esta recomendación, que significaba mucho más de lo que las palabras decían, respondió:

-"Para qué rezar? Si está en el infierno o en el cielo, no necesita de nuestras oraciones; y, si está en el purgatorio, ya saldrá a su tiempo.

La pobre madre, herida por tan brutal expresión, no osó replicar, por miedo a que soltase peores palabras o porque como vivía a sus
expensas y era tímida por natural, no se atrevía a quejarse a quien fácilmente se enfurecía.

Llegó la noche y durante ella le pareció a la madre oír un extraño rumor en la habitación del hijo. Por la mañana lo esperó en el salón
mientras él se preparaba para salir de casa. Apareció con la cara descompuesta, como quien ha pasado una mala noche. Su madre le dijo:

-Me ha parecido oír esta noche ruido en tu habitación...

-íQué ruido!, respondió el hijo; las mujeres tenéis la cabeza llena de las supersticiones que os enseñan los curas.

Y, tomando el sombrero, salió bruscamente de casa. La madre se convenció de que aquella noche su hijo había pasado realmente algún
momento de miedo.

Al anochecer tornóse hosco su semblante y estaba taciturno. A la hora de costumbre se retiró a la habitación y se cerró. También él
había oído el rumor misterioso de la noche anterior y presentía algo peor.

No era por naturaleza miedoso, por lo que se propuso hacer frente a cualquier cosa que sucediese. No obstante, antes de acostarse
examinó bien todos los rincones de su habitación, movió y colocó de nuevo en su sitio todos los muebles, miró bajo la cama, y, seguro de
que no había nada en la habitación que pudiese hacer ningún ruido, se acostó. Estuvo perplejo un instante pero, avergonzado de su
zozobra, apagó la luz.

Delante de su ventana había un largo balcón corrido que daba acceso a otras habitaciones. La luna iluminaba el balcón; su cama estaba
frente a la ventana. A cierto punto oyó unos pasos; era el mismo rastrear de los pies de su padre cuando paseaba por casa en chancletas,
acompañado del monótono golpe del bastón en el que se apoyaba. Se incorporó y se sentó en la cama; con los ojos muy abiertos observó
el balcón de donde llegaba el rumor de los pasos, que se acercaba. ((232)) Y he aquí que, por delante de la ventana, ve pasar la misma
sombra de su padre, con su ropa, su estatura, su modo de caminar. La sombra avanzó más allá, volvió a pasar por delante de la ventana y
retrocedió. El pobre hombre no osaba siquiera respirar. El rumor de los pasos que se había alejado volvió a oírse más cercano. Detúvose
la sombra ante la vidriera y al cabo de un momento, aunque ésta quedó cerrada, penetró en la estancia y se puso a pasear arriba y abajo a
los pies de la cama.

Aquel hombre no sabía en qué mundo se encontraba; recobró el valor y exclamó:

-Padre, "necesitáis algo de mí?

El padre no respondió y continuó paseando.

-Padre, repitió después de unos momentos, si necesitáis oraciones decídmelo.

-No necesito nada, respondió el padre con voz ronca.

Y se detuvo mirando fijamente a su hijo.

-"Entonces, por qué habéis venido?, se atrevió a preguntar.

-He venido para advertirte que ya es hora de que termines con los escándalos que das a tus hijos, a esas almas sencillas, que tú deberías
haber conservado inocentes. Esos pobrecitos aprenden de ti, de su padre, "entiendes? Aprenden a blasfemar,

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la irreligión, el desprecio a la Iglesia y a sus ministros, a vivir indecentemente. He venido para decirte que Dios está harto de ti, y que, si
no te enmiendas, sabrás dentro de poco el peso de sus castigos.

Así diciendo se alejaba caminando hacia la ventana.

-íPadre!, exclamó una vez más el pobre hombre.

La sombra se volvió:

-íCambia de vida!, le dijo y desapareció.

A la mañana siguiente, esto es, esta mañana, la madre acompañaba a su hijo a mi aposento y me contaba lo que os acabo de exponer. El
pobre hijo estaba casi atontado por el intenso miedo; me confirmó todo, se confesó y la madre se lo llevó a casa sosteniéndolo porque él
no podía tenerse en pie.

Quien esto escribe se encontró con la madre y con el hijo, al salir de la habitación de don Bosco. La madre se volvió a mí para decir,
con las lágrimas en los ojos:

-íRuegue por este hijo mío!

Don Bosco estaba aquellos días preocupado porque tenía que nombrar un nuevo Director para el Oratorio festivo de San Luis en la calle
del Rey. El teólogo Leonardo Murialdo había dejado este cargo en octubre de aquel mismo año 1865, para trasladarse a París, al
Seminario de San Sulpicio, donde quería pasar un año y ((233)) perfeccionar sus estudios teológicos, a los que ya había puesto sólidos
fundamentos en la Universidad de Turín. El Siervo de Dios se dirigió al docto y celoso sacerdote Teodoro Scolari de Muggiate, rogándole
se pusiera al frente de los pilluelos de Puerta Nueva. El Abate aceptó gustosamente el importante encargo y, apenas pudo, empezó aquel
apostolado, de todo corazón; en él perduró varios años con admirable celo, hasta que don Bosco dispuso de más sacerdotes y pudo
encargar de aquel Oratorio ahora a uno, ahora a otro de ellos, según las circunstancias.

Los otros oratorios festivos ya estaban dirigidos por sacerdotes salesianos; también el de San José, en Borgo San Salvario, abierto por la
familia Occelletti, tenía desde 1864 como moderador a don Juan Francesia.

Una vez establecido el personal dirigente de sus oratorios, don Bosco se dirigía a Cortese, Ministro de Gracia, Justicia y Cultos, en
demanda de ayuda:

Excelencia:

Durante los años precedentes dignóse V. S. concederme una caritativa ayuda, con cargo al Economato, en favor de los Oratorios
masculinos de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva, y del Santo Angel Custodio en Vanchiglia, a los que se
añadió hace un año el de San José en San Salvario. Esta aportación era para los gastos de culto.
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Ahora, debido al nuevo Oratorio y a la apremiante urgencia tenida este año para proveerlo de paramentos sacerdotales y diversos
objetos litúrgicos, me animo, no solamente a renovar la petición sino a suplicar encarecidamente a V. S. que aumente el subsidio
conforme su caridad le sugiera.

Los jóvenes abandonados, que en gran número se reúnen en dichos lugares, se unen a mí para invocar la bendición del cielo sobre V. E.
y sobre todos sus bienhechores, mientras en nombre de todos tengo el alto honor de profesarme con gratitud

DeV. E.

Turín, 2 de noviembre de 1865

Su humilde servidor JUAN BOSCO, Pbro.
((234)) Esta petición fue puesta al cuidado del Comendador Fenoglio, Administrador General de Turín:

Benemérito señor Comendador:

Nuestras necesidades se renuevan, más aún se multiplican, y por eso me atrevo a recurrir de nuevo a su reconocida caridad; le
recomiendo el escrito que adjunto rogándole le dé curso, ya que no estoy seguro de si basta mandarlo a V. S. o si hay que enviarlo a

Florencia.

Perdone la libertad con que le escribo; su bondad y cortesía me han inspirado la mayor confianza.

Le deseo que el Cielo le conceda salud y gracia, mientras tengo el honor de ofrecerme respetuosamente con todo mi aprecio y estima.

De V.S.

Turín, 2 de noviembre de 1865

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Fue nombrado Director del Colegio de Lanzo don Juan Bonetti, de Caramagna. Don Bosco le presentó al Vicario, monseñor Zappata,
con una carta en la que se ve cómo él siempre tendía una mano amiga a los sacerdotes desgraciados que habían olvidado su dignidad y sus
deberes.

De vez en cuando, varios Obispos o Vicarios capitulares de Piamonte y también de alguna diócesis de Lombardía, mandaban al
Oratorio a sacerdotes suspendidos a divinis para que allí, bajo la dirección de don Bosco, tendiesen a su reforma moral. El Siervo de Dios
se prestaba con gusto a esta obra de caridad, aunque en alguna ocasión quedaran fallidas sus esperanzas. Parecía en aquellos meses que
los pobrecitos cambiaban de vida y tal vez la mudaban realmente, pero, al rehabilitarse, y lejos de don Bosco, no tardaban en volver
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a sus antiguas miserias. No obstante, hubo muchos que perseveraron en su arrepentimiento.

El Siervo de Dios condescendió generosamente durante algunos años con las súplicas que le hicieron los Prelados en este sentido, pero,
más adelante, pensó que no debía correr el riesgo de ofrecer a sus muchachos el espectáculo de personas tal vez poco edificantes, aunque
no nos conste que alguno hubiera sido obstáculo para los demás. No obstante, aún hizo alguna excepción abriendo puertas de
misericordia en el Oratorio a algún pobre apóstata, a fin de conducirlo de nuevo al seno de la Iglesia.

Don Juan Bonetti se presentó, pues, al Vicario Capitular con esta carta:

Ilmo. y Rvmo. señor Vicario:

Atendiendo a la sugerencia de V. S. Ilma. con respecto al sacerdote V... A... me he decidido a tenerlo a prueba en esta casa. Hasta ahora
las cosas van bien: toma parte en las prácticas de piedad, hace su meditación, lectura espiritual, se acerca al sacramento de la Penitencia y
ofrece las mejores esperanzas.

Si V. S. lo cree conveniente, él desea mucho poder celebrar la santa misa. Desearía también poder confesar, pero yo pienso que sería
mejor una cosa después de la otra.

El portador de la presente es el sacerdote Juan Bonetti, profesor y Director espiritual en Mirabello, a quien me veo obligado a enviar a
Lanzo para sustituir al difunto don Domingo Ruffino. Le ruego, por tanto, humildemente confiera al mismo facultad para confesar. Lleva
consigo solamente una declaración del Obispo de Casale. Su autorización normal la tiene en Mirabello. El ayudaría ya desde esta tarde
aquí en el Oratorio, donde nuestros muchachos se preparan para hacer el ejercicio de la buena muerte, en sufragio del alma del llorado
difunto don Víctor Alasonarri.

Mañana celebraremos exequias en sufragio de su alma, como verá por la invitación que el mismo don Juan Bonetti le entregará.

Persuadido de que continuará mirando con benevolencia a esta casa, le auguro todo bien del cielo y me profeso con todo afecto

De V. S. Ilma. y Revma.

Turín, 7 de noviembre de 1865

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

((236)) La invitación al funeral por don Víctor Alasonatti decía:

Los sacerdotes, clérigos y alumnos del Oratorio de San Francisco de Sales participan a V. S. que, después de la dolorosa pérdida del
amado sacerdote don Víctor Alasonatti, Prefecto de esta casa, celebran en esta iglesia un funeral el 8 del corriente mes, día trigésimo de
su muerte.
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HORARIO: Por la mañana: a las siete y media, oraciones por el difunto, misa rezada y comunión.-A las diez, misa solemne.-A las
once, oración fúnebre.
En caso de que usted no pueda honrarles con su presencia le ruegan respetuosamente recite un De profundis en sufragio del alma de
este celoso colaborador y bienhechor de esta casa.
Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Turín, 6 de noviembre de 1865

La oración fúnebre fue leída por el clérigo Antonio Sala, en presencia de una escogida y numerosa audiencia de amigos y bienhechores,
que juntamente con los alumnos tomaron parte en la función conmovedora y decorosa, digna del afecto y reconocimiento que don Bosco
profesaba a su inolvidable amigo y colaborador.

El caballero Oreglia di S. Stefano debía visitar por aquellos días algunas ciudades. El Siervo de Dios le entregó la siguiente carta, para
facilitarle la difusión de las Lecturas Católicas y la venta de los boletos de la tómbola.

Turín, 10 de noviembre de 1865
Carísimo y benemérito señor Oreglia:
Con satisfacción he recibido la noticia en la que se me dice que V. S. debe hacer un viaje por algunas ciudades de Italia para sus
asuntos personales. Con tal ocasión yo le rogaría trabajase en favor de esta casa, a cuyo bien usted hace ya años que consagra sus fatigas.
Este es mi proyecto.
La difusión de las Lecturas Católicas, la tómbola para nuestros pobres muchachos y la terminación de la iglesia de la que tanto
necesitamos son las cosas que al presente me preocupan a mí y a todas las personas adictas al Oratorio de San Francisco de Sales.
((237)) "No podría usted recomendar la mayor difusión de estas Lecturas en aquellos sitios y a aquellas personas que usted juzgue
conveniente:
"No podría llevarse un paquete de boletos y entregarlos a personas caritativas, que ciertamente encontrará, a fin de que nos ayuden a

colocarlos por amor de Dios y en honor de María Auxiliadora?

Ya me responderá a estas dos preguntas a su vuelta con el resultado que espero sea favorable.

Dios le conceda un feliz viaje y créame con gratitud,

De V. S. carísima

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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En medio de tantos quebraderos de cabeza, no cesaba de ocuparse del crecimiento de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales. Había
visto formarse a su lado filas de salesianos, buen número de los cuales ya se había consagrado a Dios con los votos trienales. Estas almas
generosas fueron veintidós en mayo del 1862, como ya hemos narrado; en 1863 se les añadieron seis clérigos y el sacerdote Bartolomé
Fusero; en 1864 un estudiante, tres coadjutores seglares y nueve clérigos. Por tanto, eran ya cuarenta los que habían pronunciado los
votos temporales, como consta en el registro de las profesiones con la firma de cada profeso y los testigos.

Pero como quiera que en el año anterior la Pía Sociedad había sido aprobada por Roma, don Bosco había decidido que en el mes de
noviembre se emitirían los primeros votos perpetuos; así se cimentarían indisolublemente las piedras ya colocadas en los fundamentos de
su Instituto.

Tales eran los miembros natos de la Pía Sociedad, a saber, los que, aún antes de toda pública aprobación eclesiástica, se habían
consagrado con votos para ayudarlo en su misión.

Hacía varios años que él andaba sometiendo a prueba a otros que pedían seguir el ejemplo de los primeros. Estos podían dividirse en
dos clases. La primera, la más numerosa, era la de aquellos que desde su más temprana juventud habían sido educados por él y ((238)) a
quienes podía tratar con plena confianza, porque conocía perfectamente su bondad y su valía. Invitaba cariñosamente a éstos a
permanecer con él, seguro de su vocación, pero dejándoles en plena libertad para seguir su invitación, ya fuera renovando los votos
temporales o preparándose para hacer los perpetuos. Muchos aceptaron la invitación y otros, una vez terminados sus estudios, se retiraron
y fueron buenos sacerdotes en sus diócesis.

La otra clase era la de personas adultas, seglares o sacerdotes, que pedían hacerse salesianos. A éstos, sin que apenas ellos mismos se
diesen cuenta, los sometía a una prueba más o menos corta, según le parecía necesario para asegurarse de su virtud y de la perseverancia
en la resolución tomada.

Ya hemos presentado anteriormente algún ejemplo a propósito. De manera cortés, cordial, pero con gracia particular, a uno que era
profesor de Filosofía, le encomendaba una clase de enseñanza primaria; a otro, orador de fama, le encomendaba el cuidado de los criados;
a un señor distinguido, la asistencia de un taller, a éste, que parecía demasiado atado a la familia, le encargaba de un mandato en su
propio pueblo; a aquél, le daba un sitio menos honroso en la
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mesa de los superiores. Pero, sobre todo, observaba si se adaptaban a la vida común y a las incomodidades que ésta lleva aparejadas; y
cuando sabía que cierta ocupación no se compaginaba con el carácter de alguno, el día que menos lo esperaba le encargaba precisamente
de ella con un "Podría hacer tal cosa, por favor? Se lo agradecería.

Las reprensiones y los avisos le servían también de norma para juzgar el amor propio de cada uno. En ocasiones, especialmente,
simulaba no dar una muestra de benevolencia, y escrutaba de diversos modos los sentimientos del corazón y la firmeza de la vocación.
Encontramos en un cuadernito de recuerdos de un salesiano, que entró ya adulto en el Oratorio y que en este mismo año se preparaba para
emitir sus votos, la siguiente página:

"Vivía en una cierta aridez de espíritu, que no sabía explicarme y que me hacía pesada la vida. Don Bosco, que ya en otras ocasiones
me había devuelto la paz y la abundancia de serenidad, hacía unos días que parecía no observarme. ((239)) Es más, en el día de su santo,
le declamé unos versos con todo el afecto y con toda mi mejor intención, y ni me miró, ni me dijo nada, ni siquiera un simple "íbien!"
hijo de su bondad, para animar nuestra buena voluntad. Como sé que don Bosco conoce a menudo el interior de los corazones, examiné
mi conciencia para asegurarme de no haber hecho nada malo que le pudiera desagradar.

Hoy mismo, me ha sometido a una dura prueba. Vino con un señor a enseñarle la imprenta, donde yo me encontraba. Todos se
dirigieron a él... Los cajistas, a medida que iba pasando junto a su caja de caracteres, le saludaban respetuosamente. Para todos tenía una
palabra amable, un elogio, una recomendación. Esperé que finalmente se acordase de mí. Pasó a mi lado, besé su mano, fijando
conmovido mis ojos en él con la esperanza de una muestra de consuelo. No se percató de mí; "no cambió de aspecto, ni movió el cuello,
ni dobló la espalda", remitiéndome al dicho escolar; y ni siquiera cuando, al besar su mano, pronuncié su nombre, como es nuestra
costumbre. Se ve a las claras que está enfadado conmigo, no hay duda. "Qué he hecho?

Me di cuenta de que era el único de quien se desentendía.

Con el alma herida más de lo que uno pueda imaginarse, con mirada lastimera, seguí a don Bosco que continuaba su recorrido. Allá
abajo, en el último rincón, se encontró todavía con un muchacho que, no es por decirlo, pero me parece ligero, atolondrado y, casi, diría,
malo. Y ílo que es la suerte! Don Bosco se paró junto a él, se lo presentó a aquel señor y sonriendo le contó su vida y milagros. Díjole
después que fuera a su sitio y, como quien no se da cuenta, se lo llevó detrás bastante tiempo. Bromeaba, le decía que volviera a su
trabajo y con mano firme le detenía...

Volví a mi mesa. Los ojos corrían sobre las galeradas, la mano quería fijar la mente para entender lo que leía, pero era un trabajo inútil,
no entendía nada. Leí otra vez lo que tenía delante y peor que antes.

La imprenta estaba en la planta baja y algunas ventanas daban al patio.

Mientras me encontraba en tan dolorosa angustia de mente y de corazón sentí que unos dedos golpeaban suavemente tras los cristales
de la ventana. Levanté la cabeza
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maravillado: "quién era? Era don Bosco, desde afuera, que quiso acordarse de mí, acabar con aquella situación y darme una nueva prueba
de su afecto paterno. íQuedé sorprendido, estupefacto!

-íAh, es usted don Bosco!, exclamé.

Y él, con una sonrisa de inefable dulzura, me hizo una señal con la mano y después desapareció de mi vista, como la bonita visión de
un suave sueño. "Qué podía hacer yo, qué decir? Me levanté de la silla y, abriendo la ventana, grité con fuerza:

-Gracias don Bosco, gracias por su bondad.

El ya no oyó nada, pero, volviéndose de nuevo hacia atrás, me parecía como si dijese: -"Adiós, ísiempre alegre!".

íVolvía a ser yo mismo de nuevo!

((240)) Había adivinado mi necesidad y con afecto paterno quiso satisfacerla; la sonrisa con que me miró la llevo grabada en la mente y
en el corazón.

Algunos aspirantes no superaban las pruebas y abandonaban el campo, pero otros las salvaban valerosamente. Uno de ellos escribía a
don Bosco:

íAlabados sean los nombres de Jesús y de María!

Revmo. Padre:

El día 20 de octubre será memorable para mí. Hoy precisamente se cumple el año en que hice el sacrificio de mí mismo, de mi
voluntad, y de los míos al Señor. Hubo un sacerdote mandado por Dios, don Bosco, el cual con un rasgo de su caridad, lo aceptó en
nombre del Señor. Desde entonces solamente me consideré como un instrumento en manos de don Bosco para hacer la voluntad de Dios.
Hasta hoy no he dejado de bendecir aquel felicísimo día, y de dar gracias al Señor por haberme llamado a enrolarme bajo la bandera de
don Bosco; y tanto ha crecido en mí el sentimiento de reconocimiento y gratitud a un Padre tan grande, que me siento con ánimos para
vencer cualquier prueba.

Reverendísimo Padre, renuevo hoy mi promesa de obediencia y sumisión, siempre dispuesto y constante a consagrar a Dios el resto de
mi vida bajo la amable dirección de V. S. Rvma. y de quien la represente.

Confío, con la ayuda de Dios, de María Santísima, de san José y de san Francisco de Sales, nuestro especial protector, llevar a cabo
estas mis promesas. Ayúdeme usted, amonésteme, bendígame y, mientras beso su sagrada mano con la máxima reverencia, ruégole me
tenga siempre por su

Afectísimo hijo en Jesucristo FRANCISCO BODRATO, clérigo

Así pues, don Bosco, después de haber sometido a prueba a los que pedían consagrarse al Señor por toda su vida y a los que, de
momento, solamente emitían los votos trienales, después de haberles dado unas conferencias preparatorias y consultado el Capítulo,
accedió al deseo de sus queridos discípulos.

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En la humilde antecámara de su habitación, lo mismo que en otras reuniones dignas de eterna memoria, presidió la entrañable
ceremonia de la emisión de los votos.

((241)) El día 10 de noviembre de 1865, reunidos todos los miembros de la Sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bautista
Lemoyne, sacerdote, cumplidas todas las ceremonias prescritas por el Reglamento, emitió ante el Rector, el sacerdote Juan Bosco, los
votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia, teniendo como testigos a los sacerdotes Juan Cagliero y Carlos Ghivarello.

El 15 de noviembre, reunidos todos los miembros de la Sociedad, recitadas las oraciones previstas por el Reglamento, emitieron los
votos perpetuos ante el Rector, el sacerdote Juan Bosco: Miguel Rúa, sacerdote; Juan Cagliero, sacerdote; Juan Francesia, sacerdote;
Carlos Ghivarello, sacerdote; Juan Bonetti, sacerdote; Enrique Bonetti, clérigo; Pedro Racca, clérigo; José Gaia, laico; Domingo Rossi,
laico. Terminada la función, el Rector, sacerdote Juan Bosco, comentando lo que había precedido, pronunció un breve discurso, diciendo
especialmente que ninguno pronunciase los votos para dar gusto al Superior o para hacer sus estudios, o por cualquier otro interés o fin
humano, ni siquiera para ser útil a la Sociedad, sino que cada uno tuviese por único fin la salvación de su propia alma y las del prójimo.

El 6 de diciembre de 1865, reunidos todos los miembros de la Sociedad de San Francisco de Sales, después de invocar al Espíritu Santo
y recitar las oraciones previstas por la Regla, en presencia del Rector, sacerdote Juan Bosco, y siendo testigos el sacerdote Miguel Rúa,
Prefecto y, el sacerdote Juan Francesia, Director espiritual, emitieron los votos perpetuos el sacerdote Celestino Durando, hijo de
Francisco, de Farigliano (Mondoví); el caballero Federico Oreglia di S. Stefano, laico, de Bene Vagienna; el clérigo Luis Jarach, de Ivrea;
José Mazzarello de Mornese; el clérigo Joaquín Berto de Villar Almese.

A continuación emitieron votos por tres años: el sacerdote Angel Savio de Castelnuovo de Asti, el sacerdote José Bongiovanni de
Turín, el clérigo Segundo Merlone de San Damián de Asti, el clérigo Juan Tamietti de Ferrere, el clérigo José Manassero de Bene, el
clérigo Luis Rostagno de Entraque, Francisco Paglia de Coassolo Canavese, el clérigo Julio Barberis de Mathi Canavese, el clérigo
Chiaffredo Ricciardi de Villafalletto.

Hasta aquí, sacado de las Actas. El día 29 de diciembre hacían también los votos perpetuos en el Oratorio, el clérigo Francisco Bodrato
y el clérigo Antonio Sala; y el 11 de enero de 1866 emitían así mismo los votos perpetuos en Mirabello, ante don Miguel Rúa, delegado
para recibirlos, el sacerdote Francisco Provera y el clérigo Francisco Cerruti; más tres clérigos que, junto con un alumno estudiante,
emitieron los votos trienales.
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((242))

CAPITULO XX

DON BOSCO DESIGNA LOS NUEVOS DIRECTORES PARA LOS COLEGIOS DE MIRABELLO Y LANZO -DON JUAN
BONETTI, CELOSO EDUCADOR: DOS HECHOS SORPRENDENTES -DON BOSCO ESCRIBE A DON JUAN BONETTI QUE
PREPARE A LOS SALESIANOS PARA UNA CONFERENCIA; VA A MIRABELLO; CONFIESA EN EL TREN; UNA GRAN
FIESTA EN HONOR DEL DIRECTOR -DON BOSCO VA A TORTONA PARA VISITAR A UN ALUMNO SUYO ENFERMO
RECOMIENDA UNA JOVENCITA QUE QUIERE HACERSE MONJA A LA SUPERIORA DE LAS FIELES COMPAÑERAS
ACONSEJA A UN CLERIGO COMO DEBE REGULARSE EN LA COMIDA, EL REPOSO Y EL ESTUDIO -CLERIGOS
APROBADOS PARA LA ENSEÑANZA EN LAS CLASES INFERIORES DE LOS GRADOS ELEMENTAL Y MEDIO
OBTENCION DE DOCTORADOS -DOS EXAMENES DE UNIVERSIDAD PARA OBTENER EL DIPLOMA DE PROFESOR DE
RETORICA, DENEGADOS

EN cuanto emitieron los votos perpetuos los primeros socios, don Bosco envió a su destino a los que debían asumir la dirección de los
colegios. El primero en partir fue don Juan Bonetti; pero, al llegar a Lanzo, parece que no se adaptaba al aire fino de la montaña, pues le
agarró un terrible dolor de muelas acompañado de alta fiebre. Después de una semana, don Bosco le llamó a Turín y envió en su lugar al
sacerdote Juan Bautista Lemoyne, que había sido destinado al Seminario Menor de Mirabello. Don Juan Bonetti volvió al Seminario
Menor y asumió la dirección del mismo. Allí lo esperaban ciento setenta alumnos que pronto llegaron a los doscientos.

((243)) Don Juan Bonetti poseía un espíritu noble, dotado de eminentes virtudes, adornadas con una piedad viva y sincera, ciencia
filosófica y teológica y una cultura literaria extraordinaria. No ahorraba sacrificios para promover el bien material, literario y moral de los
muchachos confiados a sus cuidados; y ardía en santo celo por la salvación de sus almas.

Tenemos muchas pruebas de este afecto en sus escritos. En una
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carta, dirigida al Director del Colegio de Lanzo, decía: "Hemos de hacer notar a nuestros ayudantes que el tener muchachos buenos y que
en todo satisfagan a los superiores, especialmente en los tiempos en que vivimos, no es sólo una gracia, sino casi diría yo un privilegio.
Por tanto, debemos merecerlo de Dios con una conducta santa, con la oración, con la asistencia, con los avisos y con la vigilancia; en fin,
hemos de practicar las sapientísimas normas que don Bosco nos dio por escrito como guía de los Directores. De este modo veremos
florecer en nuestros colegios las más hermosas virtudes".

Y en otra carta:

"La gracia del buen resultado de un alumno debemos sacarla del corazón de Dios, con gran espíritu de sacrificio y oración".

El practicaba lo que sugería a los demás, como puede verse por la biografía que él mismo escribió de su alumno Ernesto Saccardi. Y el
Señor bendecía ampliamente sus trabajos como lo demostró el magnífico resultado de tantos alumnos educados por él desde 1865 a 1877
en Mirabello, primero, y, después, en Borgo San Martino.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que ardía en su corazón, animaba todas sus obras, daba eficacia a sus charlas familiares, a
sus sermones y al ejercicio del sagrado ministerio, de modo que todos quedaban encantados y persuadidos. Parece como si el Sagrado
Corazón de Jesús cooperase también con ayuda sobrenatural al cumplimiento de su ardua misión.

Todo lo que narramos sucedió en Borgo San Martino.

Una noche, mientras dormía, le pareció ver un personaje de sorprendente majestad que entraba en su habitación y que con ((244)) voz
amorosa le invitaba a seguirlo. Le siguió y entró tras él en el dormitorio, donde dormían los alumnos. El personaje se detuvo a los pies de
una cama y dijo a Bonetti:

-Contempla a este muchacho; dentro de un mes tendrá que presentarse al tribunal de Dios; a ti te toca prepararlo.

Cuando a la mañana siguiente despertó don Juan Bonetti estaba tan impresionado por efecto del sueño que no podía apartarlo de su
mente. Dudaba si debía manifestarlo. Podía ser, es cierto, un juego de la fantasía; pero "y si era un aviso del Cielo? Nada hay en esto
imposible. Dios está muy cerca de cada uno de nosotros: In ipso vivimus, movemur et sumus (en El vivimos nos movemos y existimos) y
íDios nos ama con amor indecible! Pero le parecía que, si hablaba, podía redundar en su propia gloria, y hubiera preferido callar. Pero
reflexionaba: "Y si de mi palabra dependiese la salvación eterna de un alma, "no tendría luego un agudo remordimiento por
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haber callado cuando el aviso se confirmara con la realidad? Por otra parte, "qué mal habría, en el caso de que fuese un simple sueño, en
renovar en los muchachos el pensamiento de la eternidad?".

Así que, se decidió a hablar, pero no en público. Reunió a algunos de sus íntimos, les contó el sueño y el día en que se le había dicho
que el joven moriría, pero no declaró el nombre. Parecía tan singular la cosa, que no pudo mantenerse secreta; y de uno a otro, de
confidencia en confidencia, en poco tiempo todos llegaron a conocer el sueño y esperaban con ansiedad el cumplimiento del mismo.
Tanto más cuanto que en casa no había nadie enfermo. No obstante, un muchacho a quien don Juan Bonetti había preparado, como él
mismo dijo, al gran paso, tras una corta enfermedad moría precisamente en el día indicado. Entre los testigos del hecho figura el profesor
José Isnardi, sacerdote.

En este mismo Colegio, cierto día al anochecer, uno de los alumnos se sintió mal de improviso. Se llamó inmediatamente al director
don Juan Bonetti, que fue corriendo, pero lo encontró ya muerto.
Fuera de ((245)) sí, y como si fuese culpable de que hubiese fallecido el muchacho sin recibir los sacramentos, fue a postrarse en la
capilla y lloró y rezó mucho rato. Al día siguiente no quiso comer, volvió varias veces a los pies del Santísimo Sacramento y finalmente,
para ocultar a todos su angustioso dolor, salió al exterior y se internó en el bosque del colegio. Extenuado por el ayuno de veinticuatro
horas, continuó paseando y rezando; de repente quedó como inmóvil con los ojos fijos en lo alto. Permaneció así un rato con el rostro
radiante de alegría; y por fin, serenándose, exclamó:

-íDeo gratias! íSe ha salvado, ya ha entrado en el Cielo!

Y con la jovialidad de siempre fue a cenar. Don Juan Bonetti no dijo nada a nadie ni habló nunca de aquel hecho. Pero había sido
espiado. El profesor don Juan Tamietti lo había seguido, con el fin de vigilarlo y consolarlo y, escondido entre los árboles, detrás de un
seto, había visto y oído cuanto hemos narrado; pero no se atrevió a preguntarle nada, ni entonces ni después. Otro testigo fue don Carlos
Farina.

Don Bosco escribía a este sacerdote, tan del agrado del Señor, pocos días después de haber tomado posesión de su cargo:

Carísimo Bonetti:

El jueves lo dedicaré todo a Mirabello. "No se podría dar una conferencia para la sociedad, por la noche?

Si puedes, reúnelos esta noche y también mañana; pregúntales quiénes de ellos
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creen estar preparados para emitir los votos trienales o perpetuos. Repíteles lo que se dijo aquí; pero advierte que ninguno lo haga por
intereses o motivos materiales, sino únicamente para hacer una ofrenda de sí mismos a Dios.

Confortare et esto robustus. (Se valiente y fuerte.-Dt. 31, 23). Saluda a don Francisco Provera, a Goffi y a todos nuestros queridos
maestros, asistentes y alumnos de Mirabello.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté siempre con nosotros. Amén.

Turín, 20 de noviembre de 1865

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

P. S.-Pienso estar en Giarole el miércoles, a la una de la tarde.
((246)) El día veintidós se encontraba don Bosco en Mirabello. Mientras hacía en tren el trayecto de Alessandria a Giarole, se encontró
a solas con un señor en el mismo departamento; como recayera la conversación sobre religión, lo indujo a confesarse en el mismo tren.
Don Juan Garino da testimonio de ello.

En el colegio le habían preparado una gran fiesta. En ella, y en presencia de las personas más conspicuas del pueblo invitadas y de los
alumnos, presentó don Bosco con palabras de elogio a don Juan Bonetti, como sucesor de don Miguel Rúa.

Desde Mirabello partió el Siervo de Dios a Tortona, acompañado por don Juan Cagliero, para visitar al joven José Pittaluga, alumno del
Oratorio, el cual hacía año y medio que sufría fuertes dolores en una pierna. A finales de marzo de 1864 había marchado a su casa para
curarse. Don Bosco le apreciaba mucho y le tenía en gran consideración por el candor de su bella alma; el muchacho correspondía con el
mismo santo afecto. Era de índole afabilísima y delicada y se ganaba los corazones doquiera que anduviese.

El 1.° de septiembre de aquel año, el buen muchacho había dado noticias de su estado al clérigo Enrique Bonetti.

"Escribo -le decía-con pulso inseguro. He podido salir de casa con la ayuda de un bastón. Mi pierna tan pronto mejora, como empeora
de forma inquietante. A veces me vienen escalofríos de fiebre.
El médico dice que mi mal tardará mucho en curarse... Le ruego me mande el baúl con mi ropa al palacio episcopal de Tortona. Sé muy
bien que don Bosco lo sentirá; pero yo mantengo siempre el propósito de cumplir la promesa hecha a mi padre espiritual y temporal. Mas
parece que no es esa la voluntad de Dios. Dos o tres veces al día rezo el Avemaría por don Bosco. Voy diariamente al Seminario y el
Rector me honra con su gran amistad. Mi madre reza continuamente por el Oratorio".
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((247)) El 2 de noviembre de 1865 había escrito al mismo: "Yo vivo a duras penas de un día para otro, porque me encuentro al servicio
de la Catedral y aquí trabajo y estudio. Omnia ad majorem Dei gloriam (Todo a mayor gloria de Dios). Mi padre ya hace cuatro meses
que se encuentra enfermo con hidropesía pulmonar, sin esperanza de curación, y por eso me toca a mí servir también en la Curia
episcopal...

"Le recomiendo que rece mucho por mí... "Cómo está don Bosco, el Padre tan querido? Dígale que ruegue y haga rogar a María
Santísima por mi familia. Dígale que, si va a Mirabello, y no le es molesto, haga una escapadita hasta Tortona..."

Y don Bosco satisfacía el deseo de su alumno. Al llegar a Tortona fue inmediatamente con don Juan Cagliero a saludar al Obispo,
monseñor Juan Negri, de casi ochenta años. Este le recibió amablemente; estaba delicaducho en cama y, como sufría bastante, tenía todas
las cortinas echadas. Después fue a alojarse en el Seminario. Allí acudió Pittaluga lleno de alegría, apenas le avisaron. Nada más verle,
aseguróle don Bosco que había ido expresamente para visitarle y se entretuvo largo rato escuchando sus confidencias, confortándole en
sus angustias y prometiéndole su ayuda, proporcionándole gran alivio a sus dolores. Quiso luego que le acompañaran a su casa, donde
consoló y bendijo a toda la familia y en especial al enfermo.

Pero, apenas se supo que don Bosco se encontraba en la Ciudad, el Vicario General, los canónigos y otros sacerdotes corrieron a
saludarle. El mismo Obispo, quiso devolverle la visita, pese a la edad y a su estado de salud.

Al marcharse, don Bosco recomendó a su joven amigo al Rector del Seminario, canónigo Ferlosio, que tenía por él y por sus alumnos
un afecto especial. Así Pittaluga entró como seminarista en el Seminario.

De vuelta al Oratorio, escribía a la reverenda madre Eudoxia, Superiora de las Fieles Compañeras de Jesús en el Instituto ((248))
situado detrás de la iglesia de la Gran Madre de Dios en Turín, para ayudar en la vocación religiosa a una buena jovencita. Su relación
con la comunidad venía de antiguo, puesto que, cuando llegó la fundadora por vez primera a Turín con otras dos hermanas francesas que
sólo conocían su lengua, él les había enseñado pacientemente la gramática italiana.

Reverenda Madre:

La joven Teresa Quaranta, de Settimo Torinese, me ha sido encarecidamente recomendada
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como joven de mucha virtud que aspira a hacerse religiosa. Vea V. S. en su prudencia si le parece que pueda ser para mayor gloria de
Dios el recibirla en su Instituto. Deseo visitar a su santa familia, y espero que será en breve.

Mientras tanto le agradezco la caridad que sigue dispensando a esta casa. Me uno a mis pobres muchachos para augurar a usted y a toda
su Familia copiosas bendiciones del Cielo y profesarme con gratitud

De V. S. Revma.

Turín, 4 de diciembre de 1865

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Por aquellos mismo días alegraba con otra cartita a uno de los suyos, al clérigo Julio Barberis:

Carísimo Julio:

He aquí la respuesta que pides:

1.° Para desayunar, un gavasso (panecillo); para comer, según el apetito; para merendar, nada; para cenar, según el apetito, pero con

templanza.

2.° Ningún ayuno más que el de la Sociedad.

3.° Descanso según el horario de la casa; al despertarte ponte enseguida a repasar alguna parte de tus materias escolares.

4.° El estudio esencial es el de las clases del Seminario, el resto es solamente accesorio; todo esmero sea para el primero.

5.° Hazlo todo, súfrelo todo para ganar almas al Señor.

Dios te bendiga y ruega por

Tu afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Turín, 6 de diciembre de 1865

((249)) Mientras tanto se habían constituido, de acuerdo con las Reglas, los Capítulos de las Casas de Mirabello y Lanzo, y los
esforzados hijos de don Bosco se preparaban para conseguir con incansable estudio nuevos diplomas para la enseñanza en los grados
medio y elemental.

Los clérigos Alejandro Fabre, Pedro Guidazio y Francisco Bodrato, del Colegio de Lanzo, habían obtenido en octubre el diploma de
maestro elemental para las clases superiores, en Novara. Y ahora, el 10 de diciembre, los clérigos Pablo Albera y Augusto Croserio de la
Casa de Mirabello, obtenían en la universidad de Turín el diploma de profesor para el bachillerato elemental.

En el mismo día leía su tesis doctoral el sacerdote Juan Bautista Francesia. Había terminado el tercer curso de Letras y en razón de

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sus exámenes con matrícula de honor y de su edad, había pedido poder presentarse para el doctorado. La guerra contra los del Oratorio no
había cesado del todo, y el Rector de la Universidad, Hércules Ricotti, le hacía saber que no podía concederse aquel título por ir contra el
Reglamento. Francesia estaba ya resignado a hacer un curso más de universidad, cuando el mismo día en que había recibido la respuesta
negativa se encontró con don Juan Turchi, que le dijo:

-Vosotros los de don Bosco sois verdaderamente desafortunados; estudiáis sin descanso, aprobáis todos los exámenes, y sin embargo a
duras penas marcháis adelante. Yo no he hecho ningún examen, he pedido sacar el doctorado anticipándolo en un año, y tuve
inmediatamente respuesta favorable, como la tuvieron otros muchos.

Mientras tanto, el profesor Ricotti presentó la dimisión de Rector de la Universidad y fue sustituido por el profesor Angel Serafino,
presidente de la facultad de teología en su calidad de decano de los presidentes. Francesia escribió inmediatamente al profesor Serafino
comunicándole la negativa del profesor Ricotti a su petición y que, habiendo sabido a ciencia cierta, que a otros se les había concedido el
mismo ((250)) favor que a él se le había negado, como por ejemplo a don Juan Turchi, renovaba dicha petición. Al día siguiente obtuvo la
respuesta de que su súplica había sido aceptada. En consecuencia, hizo su examen, defendió la tesis, y el 13 de diciembre obtenía el título
de Doctor en Letras. A su debido tiempo diremos el puesto que alcanzó en la República de las Letras este sacerdote, a quien don Bosco
solía llamar: íel célebre don Francesia!

También don Celestino Durando obtenía un diploma, pero por camino distinto.

El Ministro de Instrucción Pública, José Natoli, viendo la necesidad de maestros legalizados, concedió un examen extraordinario para el
diploma de Retórica a aquéllos que no hubiesen asistido al curso de la Universidad. Don Celestino resolvió aprovechar esta oportunidad.

Miguel Coppino, Doctor agregado a la facultad de filosofía y letras, debía presidir la comisión examinadora. Se había opuesto por
cuanto pudo a la resolución ministerial, y al no lograr que triunfara su opinión, había determinado suspender a todos los candidatos a
dicho examen.

Cuando Durando se presentó, Coppino empezó por decirle que aquélla era una prueba arriesgada, porque no se podía inferir una
injusticia a quienes por tantos años habían asistido a las clases, habían
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hecho tantos gastos y sufrido tantos exámenes; que no era justo que otros con un solo examen hubiesen sido equiparados a ellos, tuvieran
enseguida una cátedra y hasta pudieran enseñar en un Liceo.

Esto les decía a él y a los demás candidatos y lo hacía en los términos más blandos y persuasivos. Los que debían examinarse quisieron
igualmente presentarse y Coppino dio puntuación bajísima, para que no pudieran aprobar. Pero él no había reparado en un artículo del
decreto en el que se disponía que las calificaciones no se debían computar materia por materia, sino en conjunto. Durando, según
Coppino, debía ser suspendido en una materia pero, según la ley, tenía la idoneidad. El Secretario de la Comisión ((251)), gran amigo de
don Bosco, había hecho esta observación: y, sin comunicarla a Coppino, escribió secretamente a Florencia al Ministro, refiriendo la
irregularidad cometida en aquel examen y declarando el caso específico de Durando, que tenía derecho a la promoción y al título, y había
sido juzgado no apto. Por los escritos enviados al Ministro resultaba que Durando había conseguido una puntuación mucho mayor que la
necesaria.

Coppino que, obstinado en sus ideas, hasta había quitado ilegalmente un punto dado por él mismo, escribía contemporáneamente a
Florencia, narrando el resultado desfavorable del examen, pero con gran maravilla y disgusto recibió la respuesta del Ministerio
manifestando cómo Durando tenía derecho al título y necesariamente había que entregárselo.

Coppino replicó que Durando había obtenido un punto menos de los necesarios, pero el Ministro le contestó citando el artículo del
decreto, y finalmente le fue concedido el título, después de largas gestiones.

Don Celestino Durando fue el único, en toda Italia, que gozó del favor de aquel examen extraordinario. Guardaba consigo el papeleo de
todas estas diligencias. Y nosotros debemos añadir que gozaba del aprecio de todos los profesores de Turín y especialmente de Tomás
Vallauri, que era su amigo.

Ya en 1860 había hecho imprimir en Pinerolo, por el tipógrafo librero José Lubetti Bodoni, su Nuovo Donato, o sea, Rudimentos de
gramática latina para las clases del bachillerato elemental 1. Este libro

1 Una vez más conviene repetir: 1. Que en Italia se llamó Donato al libro elemental de gramática latina, por un célebre gramatico cuyo
nombre fue Donato; 2. Que el gimnasio italiano o bachillerato español, se componía de cinco cursos de latín, cuatro elementales,
llamados de gramática, y uno superior o de retórica. (N. del T.)
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de ciento noventa y dos páginas en octavo, había sido adoptado en muchas escuelas; en 1876 alcanzaba los honores de la undécima
edición con una tirada de varios millares de ejemplares como las anteriores, y continuó teniendo hasta nuestros días una salida
incalculable.

También don Miguel Rúa, inscrito en el segundo año de la Facultad de Filosofía y Letras, como aspirante al doctorado en Letras, se
presentaba en 1866 a este examen extraordinario ((252)) para conseguir el diploma de profesor de Retórica. En las pruebas por escrito no
sólo fue aprobado por unanimidad, sino que obtuvo el aplauso en la composición poética.

Sin embargo, tocóle también la desgraciada suerte de los demás candidatos por la animadversión de los profesores contra la disposición
ministerial; y no fue admitido al examen oral, porque se pretendía que presentase documentos legales acreditativos de que ya había dado
clase con licencia de la autoridad escolástica, y por qué no se había inscrito en el tiempo debido a estos exámenes extraordinarios.

Todo eran excusas, pero él no pudo presentarse a un examen del que, sin duda, habría salido brillantemente. Sobresalía en historia y en
las lenguas italiana, latina y griega, en la que era muy experto. Durante los años 1856-1857 recibió lecciones del famoso helenista, el
abate Amadeo Peyrón, a cuya casa iba regularmente varias veces a la semana. Su aprovechamiento fue tal que traducía los autores griegos
a libro abierto.

Así lo cuenta el canónigo profesor Anfossi, su compañero y amigo, quien añade que, en 1866 ó 1867, en los exámenes de letras en la
Universidad, ante el ejercicio de la traducción de una página de un autor griego muy difícil, hubo un candidato que, no logrando
traducirla, encontró el modo de esquivar la vigilancia del profesor asistente; y quien tenía el encargo de procurar la traducción fue
Anfossi, el cual se presentó a Don Miguel Rúa, rogándole le hiciese el tal favor.
Don Miguel Rúa, que estaba sentado en su despacho de Prefecto, cercado de papeles y visitas, tómo el texto, lo leyó y currenti calamo
(con presteza) escribió la traducción que, entregada al examinado y copiada fielmente, obtuvo óptima calificación. Baste decir que el
abate Peyrón solía decir:

-íSi yo tuviese seis hombres como don Miguel Rúa, abriría una Universidad!

Después de unos meses, obtenía su doctorado en Letras el clérigo Francisco Cerruti, cuyo nombre debía resplandecer con justa fama en
el mundo literario y en los campos de la pedagogía.
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((253)) En abril de 1866 se presentaba al examen de cuarto año de Letras. La comisión examinadora se componía de tres profesores.

Uno de ellos era Gaspar Gorresio, secretario perpetuo de la Academia de Ciencias y bibliotecario de la Universidad. Era un hombre
profundo en muchos ramos de la ciencia, frecuentemente consultado por los doctos de todas partes de Europa, en particular sobre lenguas
orientales. Era un sacerdote de buenas costumbres, en otros tiempos amigo de don Bosco y siempre su admirador, pero había abandonado
el hábito talar. Efecto de los tiempos.

El segundo era Casimiro Danna, profesor emérito de la institución de Bellas Letras.

El tercero E. Levriero, director de un Liceo en Turín, suplente del profesor Coppino en la Universidad para la enseñanza de literatura
italiana y principios de estética. Tenía un alto grado en la masonería, y le correspondía la presidencia de la Comisión. Puso como trabajo
escrito de lengua italiana el tema: "La lírica amorosa en los tiempos antiguos, en Roma y Atenas". Como quiera que Cerruti era el único
que se presentaba a dicho examen, la elección del tema propuesto era no sólo poco respetuosa, sino ofensiva para un clérigo, y más
sabiendo que era alumno de don Bosco.

El candidato no se desanimó para desarrollar el tema, y después de indicar cómo era la lírica de griegos y romanos, comparó el amor
humano y pagano con el cristiano y divino. Describió la finalidad de éste en la Virgen de Nazaret, hija, esposa y madre al mismo tiempo;
y trató además de la lírica de amor de los clásicos cristianos, citando a Petrarca, Dante, etc.

Mientras leía su composición a los examinadores, Danna, no satisfecho de aquellos sentimientos cristianos, manifestó su fastidio con
alguna frase poco cortés. El clérigo Cerruti, sorprendido e indignado, le volvió las espaldas por un momento, mientras Gorresio, con
gesto resentido, reprendió a Danna por no dejar libertad al examinando para exponer sus propias ideas. Levriero observó que el tema
tratado no era el que él había ((254)) propuesto, pero al final tuvo que resignarse y dar al candidato, como lo hicieron los otros, su voto
favorable. Superado felizmente aquel examen, poco después, en el mes de mayo, el clérigo Cerruti conseguía el doctorado.

Al llegar aquí, dejamos esta cuestión y nos eximimos de citar a muchísimos más que se prepararon en las casas de don Bosco y
obtuvieron diplomas y títulos, reservándonos para más adelante el hacer alguna excepción. Nos basta habernos referido a los primeros
que don Bosco preparó para estas espléndidas e importantísimas lides.
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Añadimos, sin embargo, que más adelante el Siervo de Dios encontró apoyo donde menos lo esperaba. El profesor Levriero, por mucho
tiempo enemigo del Oratorio y de la religión, se hizo más tratable. En sus últimos años sentía tanta veneración por don Bosco y tenía
tanta simpatía por él que, en varias ocasiones, quiso manifestar estos sentimientos a sus internos. Recibía placentero cualquier
recomendación que el Siervo de Dios le hiciese para alguno de los suyos.

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((255))

CAPITULO XXI

DON BOSCO ES ESPERADO EN FLORENCIA -EL ARZOBISPO LE OFRECE HOSPITALIDAD EN EL PALACIO ARZOBISPAL
-INSISTENCIA DEL PADRE METTI FILIPENSE -DON BOSCO ESCRIBE LAS FLORECILLAS PARA LA NOVENA DE
NAVIDAD -DON BOSCO EN PISA: SU CARTA A LOS MUCHACHOS DEL ORATORIO -DON BOSCO EN FLORENCIA:
HONORES QUE LE RINDEN EL ARZOBISPO Y EL CABILDO CATEDRALICIO -ACEPTA UNA ESPLENDIDA OFERTA QUE
RETRASA SU REGRESO -UNA CURACION INSTANTANEA, PERO CONDICIONADA -MUCHACHOS ACEPTADOS PARA
EL COLEGIO DE MIRABELLO:
ERNESTO SACCARDI -VUELTA A TURIN -DON BOSCO PRESTA UN SERVICIO A UNO QUE HABIA HABLADO MAL DE
EL -CARTAS AMABLES QUE INDICAN DIVERSOS LUGARES VISITADOS POR DON BOSCO EN FLORENCIA; EL GRAN
APRECIO EN QUE LE TENIA LA MARQUESA UGUCCIONI; SU PROMESA DE VOLVER A FLORENCIA EN LA PROXIMA
PRIMAVERA -DON BOSCO CONTESTA A LA CARTA DE UN POBRE CRIADO

DESPUES de la gran solemnidad de la Inmaculada Concepción, don Bosco se decidió a ir a Florencia con el fin de recoger limosnas,
despachar boletos de la tómbola, ganar nuevas suscripciones para las Lecturas Católicas y resolver otros importantes asuntos. Era la
primera vez que iba allí. Las cordiales y numerosas invitaciones que había recibido este año de los florentinos le habían obligado a
prometer una visita; y muchas damas, entre ellas la marquesa Luisa Nerli Libri, se lo recordaban en sus cartas.

El Arzobispo lo esparaba, pues quería tratar con él el modo de combatir con eficacia el protestantismo, y le había ofrecido hospitalidad
en su palacio.

((256)) Revmo. don Bosco:

El caballero Gautier me trajo personalmente la cartita de V. S., con fecha del 20 del corriente, y le estoy verdaderamente agradecido por
haberme dado la ocasión de conocer a un señor tan honesto y religioso.
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Hablamos mucho de usted y de su obra y envidio a esa ciudad que posee un centro tan conveniente y caritativo, como el que usted ha
fundado y dirige, que es constante y abundante manantial de bienes para la sociedad y para la Iglesia. Me alegra mucho saber que dentro
de poco vendrá usted a Florencia. Recuerde entonces que en este Arzobispado tiene siempre una residencia y una cama a su disposición.
Espero no rechace la hospitalidad que de corazón el ofrezco.

Con esta esperanza firmo con todo respeto y estima

Florencia, el día de san Pedro, 1865

" JOAQUIN

Arzobispo de Florencia

Insistía más que nadie para que don Bosco hiciese esa visita, don Julio Metti, del Oratorio de San Felipe Neri, preclaro en virtud, autor
de muchas obras apreciadas, y sacerdote infatigable en el ejercicio del sagrado ministerio:

Muy Rvdo. don Bosco:

Hace ya más de un mes que el caballero Gautier vino a verme y saludarme en su nombre, anunciándome que usted vendría a Florencia
cuanto antes. Comuniqué la noticia a la marquesa Villarios; se la di a conocer a varios sacerdotes, animados a hacer algún bien, y todos se
alegraron con tal noticia; con frecuencia me preguntan si ya ha llegado don Bosco o cuándo llegará.

Una buena viuda me ha pedido colocar en una casa de educación a dos de sus hijos y yo le propuse la casa de don Bosco en Turín, o
bien la que abrirá en Florencia; y esta señora viene continuamente a preguntarme si el tal don Bosco ya ha venido o no. Hay también otro
par de muchachos a la vista. Más aún; estos sacerdotes de la escuela nocturna, que necesitan dirección y apoyo, esperan a don Bosco con
los brazos abiertos. Y todavía más. La tómbola, cuyos cien boletos recibí, pide que don Bosco se deje ver por aquí, si quiere hacer más
fortuna.

((257)) "Qué hacemos, pues, mi querido y reverendo Padre? "Viene o no viene? "Quiere hacer algo por esta desdichada capital, que va
a perder el bien del alma mientras no adquiere nada para el cuerpo? Dígame algo para poder responder a esta buena gente.

Muchos saludos al Caballero de San Esteban, a todos sus insignes colaboradores en la obra de Dios, y a todos sus muchachos.

Encomiéndeme al Señor y créame

Su humilde y seguro servidor JULIO METTI, del Oratorio

Así las cosas, don Bosco partía, después de haberse despedido de los alumnos del Oratorio y haberse encomendado a sus oraciones.
Dejaba escritas a don Miguel Rúa las florecillas a practicar durante los días de la próxima novena de Navidad. Eran las siguientes:
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NOVENA DE NAVIDAD

1.ª Pronta obediencia a todo, en lo agradable y en lo desagradable.
2.ª Humildad en el vestir y en el arreglo del cabello; al hablar y al obedecer y en las cosas desagradables.
3.ª Caridad: soportar los defectos ajenos y procurar no ofender a nadie.
4.ª Caridad: consolar a los afligidos, prestar algún favor, hacer el bien a quien se pueda y no hacer mal a nadie.
5.ª Caridad: avisar a los descuidados, corregir con bondad al que dijere o hiciese algo malo.
6.ª Caridad: perdonar a los enemigos y darles un buen consejo, si se presenta la ocasión.
7.ª Huir del que habla mal.
8.ª Huir del ocio, diligencia en el cumplimiento de los propios deberes.
9.ª Confesión como si fuese la última de la vida.
Día de la fiesta
Devota comunión con promesa de comulgar a menudo.
Don Bosco partió de Turín, probablemente el día 11 de diciembre, lunes, por la línea de Génova. "En sus viajes, afirma monseñor

Cagliero, a donde quiera que llegase, era siempre recibido ((258)) con gran alegría. Los mismos obispos le acogían con las mayores
muestras de estima y afecto, hasta cederle, en ocasiones, el primer puesto en la mesa".
Al llegar a Pisa, se apresuró a comunicarlo al Oratorio, mientras sus músicos se disponían a marchar de Turín a Avigliana, donde por
vez primera se festejaba con gran solemnidad al beato Querubín Testa, después del ya citado reconocimiento de su culto.

Carísimo Rúa:

Me encuentro en Pisa con el cardenal Corsi, en cuya casa verdaderamente vivo como un señor: transporte, coches, caballos, cocheros,
camareros, buenas comidas, opíparas cenas están a mis órdenes. No me faltan más que los muchachos del Oratorio para estar contento.

He visto el Arno, que cruza Pisa por medio; la catedral, que es una famosa basílica; la torre inclinada, cuya cima se aleja siete metros de
la base; la torre, donde murió de hambre el conde Hugolino juntamente con sus hijos; los cascotes de una casa perteneciente a dicho
conde, derribada por el pueblo pisano en venganza de los males sufridos por culpa del dueño de la misma; el baptisterio, que es una
maravilla de trabajo y de escultura en mármoles; un cementerio de tal y tan variada magnificencia, que calma y guarda en paz a todos los
que allí tienen su última morada. Son cosas que me gustan, pero me faltan mis muchachos. Hablaré de Florencia cuando vuelva a Turín.

Ahora pasemos a lo nuestro. He escrito al Caballero; había dentro de su carta otra cartita sellada, pero temo haberla cerrado sin poner
las señas. Debe dirigirse a

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don J. Bta Francesia para que recomiende el contenido al caballero Vallauri para la Unidad Católica. Mira a ver qué se hizo.

Dirás a don Juan Cagliero que para el viaje a Avigliana conviene salir por la mañana y volver por la tarde, según parece indicar el
reverendo Valfré, aunque haya sitio preparado para comer y dormir. Que mande una nota con los jóvenes, indicando al principio de la
misma los que necesiten de algún cuidado especial para enviarlos a casas más acomodadas.

Para la ceremonia de san Agustín se convino la cantidad de setenta liras. Esto para norma.

El domingo no estaré todavía en Turín; te comunicaré en otra carta el día que llegaré. He recogido algunos dineros, pero no la cantidad
que tú quieres... Reza y haz rezar. Dame muchas y detalladas ((259)) noticias de mis queridos hijos; y diles que en todas las iglesias que
visito hago siempre oración por ellos; y que ellos a su vez, rueguen por su don Bosco.

Dios nos bendiga y nos conserve siempre en el santo temor de Dios. Así sea.

Pisa, 13 de diciembre de 1865

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

N.B.-EI Cardenal de Pisa me ha dado unas bonitas estampitas para repartir a todos los modelos de virtud que tenemos en nuestra casa;
tú me dirás cuántos son, cuando me escribas. Me pidió noticias del poeta Francesia: yo le conté sus virtudes y milagros.

P.S.-Da mi bendición y la más grande y preciosa del cardenal Corsi, a todos los moradores de nuestra casa, comprendido Miguel. "Con
su colegio?

íSiempre de broma don Bosco! Miguel tenía a su cargo la cuadra.

El viaje del Venerable a Florencia fue un triunfo, se alojó en el palacio arzobispal donde fue tratado con toda consideración. El cabildo
catedralicio, que quería honrarle, deseaba que visitase su magnífico templo. El Arzobispo se lo comunicó a don Bosco y le acompañó
hacia las diez de la mañana.

Todos los canónigos lo esperaban revestidos de capa magna, en la sacristía, con el Vicario General de Prato y el Obispo de Fiésole.
Tales honras no suele tributarlas el cabildo más que con ocasión de la visita de un Cardenal. Al entrar don Bosco todos se levantaron y
salieron rindiéndole mil agasajos. Hiciéronle sentar en medio de ellos, leyéronle unas composiciones, en prosa y en verso, en latín y en
italiano; alguien tocó magistralmente el piano y después se leyeron otras composiciones. Finalmente invitaron a don Bosco a que hablase,
y él, aunque no se esperaba tal invitación, no obstante se levantó.

Recordó que en el mismo lugar donde se encontraban había comenzado
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el Concilio de Florencia; que en los sitiales, por ellos ocupados en aquellos momentos, habían tomado ((260)) asiento los Padres de la
Iglesia; que en aquella aula habían resonado las voces de los legados del Pontífice; luego recordó las palabras de elogio y aliento que el
Papa había dirigido a la asamblea, concluyendo que él no tenía sentimientos mejores que ofrecer a los prelados presentes y al ilustre
cabildo de la Metropolitana de Florencia. Todos quedaron admirados de su discurso, porque, además de ser tomado de la circunstancia
del lugar, resultaba inesperado en aquel momento y su aplicación adaptada y lisonjera.

En Florencia, como en todas partes, el Siervo de Dios se ganó de tal manera los corazones que, cuando anunció su partida, hubo una
exclamacion general:

-íTan pronto se marcha!

-Debo volver a Turín, respondía don Bosco a varios ilustres señores y señoras que querían persuadirlo a que prolongase más su estancia
entre ellos; las necesidades del Oratorio me llaman.

Mientras salía de la Catedral, se encontró con la marquesa Gerini, quien sin más le preguntó:

-"Por qué quiere volver tan pronto a Turín? "No podría quedarse todavía unos días con nosotros?

-Mis muchachos me esperan.

-"Qué importa? íQue esperen! Cuando vuelva le verán.

-"Qué importa? Alguien ha de proveerles de pan. Si yo no me muevo, ellos no tienen qué comer.

-"Cuántos son?

-Cerca de mil.

-Pero si usted quisiera quedarse, no creo que los muchachos del Oratorio tuvieran que sufrir por unos pocos días.

-Por mi parte permanecería muy gustoso. Si ustedes quisieran proveer de pan a mis muchachos, yo me quedaría aquí hasta el final de la
semana.

-"Y cuánto necesita para sus muchachos en estos pocos días?

-Diez mil liras.

((261)) -Y si las encontrásemos aquí: "se quedaría de veras?

-"Y por qué no?

-Pues bien, yo le daré las diez mil liras.

-Con esta condición don Bosco se queda.

-"Quiere que se las traiga enseguida? Aquí no las tengo. Si está de acuerdo se las mando esta noche al arzobispado.

-Así sea. Que el Señor la bendiga.
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La noble señora fue para don Bosco la mano de la divina Providencia. Por la noche le envió el dinero y don Bosco se quedó.

La noticia de este hecho corrió por la ciudad y se hizo eco de ella la prensa. El corresponsal de Armonía (véase el número del 20 de
diciembre de 1865) narraba a su manera la cosa:

"Está con nosotros don Bosco, alojado en el palacio arzobispal. Ayer precisamente, día 16, celebró la misa en San Marcos. Cuentan
que, visitando el hospicio de las Convertidas y preguntado por un grupo de damas, entre las cuales se encontraba nuestra señora alcaldesa,
por cuántos días se quedaría aquí, respondió que la necesidad de conseguir cinco mil liras le obligaba a regresar a Turín; y que de vuelta a
casa, se encontró un sobre con títulos del Estado por valor de diez mil liras. Es un hecho que don Bosco ha excitado la curiosidad de las
damas florentinas y que ha repartido la comunión a algunas en una capilla privada, sosteniendo con ellas conversaciones relacionadas con
la piadosa práctica.

"A falta de otras noticias (ya que toda la actual política de la jornada se reduce a reuniones de diputados y transacciones ministeriales),
os doy ésta y que Armonía se aproveche de ella si le sirve".

Escribe don Juan Garino: "Pregunté a monseñor Apollonio, que había sido informado por la señora condesa de Soresina Vidoni
Soranzo acerca de otro hecho que señaló la permanencia de don Bosco en Florencia. Monseñor me respondió ((262)) en carta fechada el
13 de abril de 1888, con la copia de una relación de dicha Condesa. Después de la narración del rosal florido, en el mes de diciembre del
1862 ó 1863, en una noche de invierno ante una ventana de la habitación donde se había hospedado el Siervo de Dios, en el Castillo de
Sommariva del Bosco, se lee:

"También en Florencia, en casa de mi abuela la condesa de Boutourlin, don Bosco hizo levantarse a una señora que hacía cerca de
veinticinco años se hallaba postrada en cama con una mielitis y y tenía una pierna encogida. El le ordenó pasearse por la casa, comer, etc.
y ella hizo todo lo que le mandó, sin la menor fatiga. Preguntóle después don Bosco si quería curar (prometiéndole la curación), o si
prefería recaer. Ella lo pensó un momento y luego respondió que creía ser voluntad de Dios la de continuar sufriendo; e inmediamente se
vio obligada a volver al lecho, de donde no se levantó ya, y murió después de treinta y dos años de cama, sufriendo dolores atroces
debidos a una caries ósea. Esta santa mujer fue la señora Carolina Sorelli"".

Y sigue don Juan Garino:
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"Cuando recibí esta relación de monseñor Apollonio, interpelé el 19 de abril de 1888 a la condesa Soranzo sobre algunos hechos
relativos a don Bosco y conocidos por dicha señora. Me respondió en los siguientes términos:

``Referente al milagro de Carolina Sorelli, sucedido en casa Boutourlin, en Florencia, durante la primera vez que don Bosco estuvo allí,
en 1865, ya no vive ninguno de los testigos. Yo lo supe por el mismo don Bosco, que admiraba la heroica virtud de la señora Sorelli y me
habló además de otra persona que murió también en Florencia; y puedo asegurar que todo cuanto escribí a monseñor Apollonio es la pura
verdad.-Podría decir muchas cosas más de aquel santo, especialmente en cuanto a su don de profecía y al de leer en lo más secreto de los
corazones.-CAROLlNA SORANZO''".

Mientras tanto don Bosco aceptaba cuatro muchachos toscanos para colocarlos en el seminario de Mirabello. El mismo los llevó hasta
Turín y desde aquí ((263)) fueron acompañados a Mirabello. Uno de éstos, Ernesto Saccardi, desde su infancia había sido formado en la
piedad con una educación verdaderamente cristiana. El día de la partida, cuando la madre se lo entregó a don Bosco, él se enjugó las
lágrimas, tomó de la mano al Siervo de Dios, se la besó y díjole con una sonrisa:

-Hasta ahora mi madre era todo para mí, ahora me pongo en sus manos. Haga de mí lo que mejor crea para mi alma.

Don Bosco le consoló, diciéndole con toda su bondad:

-Te pido solamente dos cosas: confianza en las cosas del alma y obediencia a tus superiores.

-Espero, repuso el muchacho, que en esto quedará usted satisfecho.

Don Bosco partió de Florencia y, en compañía de los nuevos alumnos, llegó al Oratorio. En este viaje hubo también parada en Prato di
Toscana, donde ocurrió un caso curioso.

Iban en el mismo compartimiento unos señores que hablaban de los asuntos del día y cayó la conversación sobre la instrucción de la
juventud.

Uno saltó diciendo que se debían suprimir los estudios de los jesuitas y los colegios de los curas. Y añadió:

-Si yo estuviese en el puesto del Gobierno reduciría a la nada ese nido de pequeños jesuitas que tiene don Bosco en Turín, echaría a
puntapiés a él y a sus muchachos y pondría en su lugar un regimiento de caballería.
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Y volviéndose a don Bosco, que estaba escribiendo algo en su cuaderno de notas, en un rincón del coche, añadió.

-"No es verdad, señor abate, que estaría muy bien hacer eso?

-A mí me parece que no, respondió el Siervo de Dios; "conoce usted a don Bosco?

-Un poco; "no es verdad que la educación que da a sus ((264)) muchachos no está de acuerdo con nuestras ideas? Prepara muchos
jesuitas y nosotros no necesitamos tanto fraile.

-Pero yo también, replicó don Bosco, he estado muchas veces en el Oratorio, he hablado con don Bosco, que se apoda a sí mismo jefe
de los pilluelos, y he visto la instrucción que da: puedo asegurarle que no tiene más interés que el de hacer de aquellos pobres muchachos
unos buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Insistía el otro:

-Pero vivimos en otros tiempos; se pasó ya la edad media.

En aquel momento llegaban a otra estación y todos aquellos señores se apearon.

Pasaron seis o siete meses y se publicaron en Roma unas subastas para importantes construcciones. Aquel señor, que había hablado
contra don Bosco, era ingeniero contratista y hubiese querido acudir a la subasta, pero le faltaban buenas recomendaciones. Se encontró
un día en Turín con cierto marqués conocido suyo y le pidió ayuda. Este le dijo:

-Vaya a ver a don Bosco, pídaselo en mi nombre y estoy seguro de que le recomendará al cardenal Antonelli.

Pocos días después se presentó el ingeniero a don Bosco pidiéndole una carta de recomendación.

-Enseguida se la doy, respondió don Bosco. Y en cuanto la hubo escrito se la entregó.

Nuestro hombre dióle las gracias y preguntó si quería algo para Roma. El Siervo de Dios, le dijo sonriendo:

-Mire, quisiera una cosa; cuando vea al Cardenal no le diga que habría que echar a don Bosco del Oratorio a puntapiés, y con él a sus
muchachos, porque esto no estaría bien.

Miró bien el ingeniero a don Bosco y reconoció en él al sacerdote ante el cual había hablado mal del Oratorio en el tren. Le pidió mil
perdones, asegurándole que no hablaría nunca más mal de él ni del ((265)) prójimo. Fue a Roma, consiguió las obras y ganó cien mil
liras. En adelante fue un buen católico y guardó mucho agradecimiento al Siervo de Dios. Hemos sabido este hecho de labios del barón
Bianco di Barbania.
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Hay muchas cartas, escritas desde Florencia después de la partida del Venerable, que nos hablan de su actividad y de su celo, y nos
manifiestan la dolorosa separación que experimentaron los florentinos a su partida, su deseo de tenerlo, la confianza en sus oraciones, y
su interés por distribuir boletos de la tómbola. Narramos algunos trozos, sobre todo porque se refieren a varias visitas de las que no
tenemos más recuerdo.

El 21 de diciembre escribía a don Bosco el caballero Carlos Cerboni:

"Puesto que, por una equivocación sufrida al avisarme, no pude tener la suerte y el honor tan deseado de conocerle personalmente y
besar su mano, en el convento para huérfanas de las Hermanas Terciarias Franciscanas en Ognissanti, me tomo la libertad de dirigirle
estas respetuosas líneas con el objeto de pedirle una oración por mí al Altísimo especialmente para una necesidad material... Concédame
su santa bendición a mí y a toda mi familia".

El 28 de diciembre, se lamentaba la noble señora Luisa Nerli Libri al caballero Oreglia: "...Aunque resignada, siento inmensamente la
pérdida del ángel de mi querida Mariana... íNo he visto a don Bosco! Era víctima de mi pena y no podía salir. Don Bosco se movió,
estuvo en muchos centros públicos y casas privadas, adonde le llevaron; nadie pensó en mí y así por desgracia no le vi... íTal vez no
merecía este consuelo y, como de costumbre repetiré: íresignación, resignación! Preséntele mis saludos, bésele la mano por mí y pídale su
bendición para mi familia; que Dios nos bendiga siempre y nos guíe por el camino de la virtud. Temo que con el apellido Nerli haya
habido muchos equívocos; Enriqueta Nerli ha gozado mucho del amparo de don Bosco; mamá ((266)) y yo no le hemos visto nunca...
Muchas felicidades para el nuevo año de todo corazón. Ruegue, ruegue mucho a Dios por mí, que con tranquilidad me dedicaré a su
tómbola...".

La condesa Virginia de Cambray Digny respondía el día 5 de enero de 1866 al caballero Oreglia: "Siento en sumo grado que el
bonísimo don Bosco continúe atormentado con su dolencia en los ojos, que ya le aquejaba durante su estancia en Florencia, y me temo
que las fatigas a las que se sometió aquellos días, más aún el viaje en un día tan crudo como fue el de su partida, puedan haber
contribuido a agravar o al menos prolongar el mal. Quiero esperar que en estos últimos días se haya verificado alguna mejora en una
salud tan preciosa...

"Me confunde ver que usted me agradezca en nombre de don
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Bosco lo que yo hice por él mientras estuvo en Florencia, ya que no me parece haber hecho nada, pues si fui a visitarle y busqué la
ocasión para verle, debo confesar que hubo mucho egoísmo en mi modo de proceder y, por tanto, no merezco se me agradezca con tanta
benevolencia. Pensar que don Bosco y todos los de su casa ruegan por mí y por mi familia, es motivo de gran consuelo, ya que espero,
mediante su intercesión, obtener del Señor para todos nosotros la ayuda necesaria para llevar una vida tal, que pueda merecernos la suerte
de ser admitidos un día a gozar (por la divina misericordia) del hermoso Paraíso. Dígnese, pues, Caballero, presentar a don Bosco mis
más sinceras gracias por tan distinguido favor, y por la bondad con la que me recibió cuando tuve la suerte de verlo".

El 9 de enero de 1866 escribía a don Bosco el padre Domingo Benelli, capellán de la colegiata de San Lorenzo: "Tuve la fortuna de
hablarle en Florencia, en la escuela de los muchachos, en los claustros de esta colegiata de San Lorenzo... Tuve además el consuelo de oír
de labios de don León Ponzacchi, cura párroco ((267)) en la parroquia de las Filigare 1, que él tuvo la alegría de acompañarle desde
Florencia a Prato y que le manifestó su estado moral, y que, debido a la charla que sostuvo con usted, volvió a esta ciudad satisfecho y
tranquilo".

Y en otra carta del 26 de octubre le añadía: "Don León Ponzacchi, después de la conferencia tenida con usted de Florencia a Prato, se
siente notablemente aliviado, sigue bien y entregado a la salvación de las almas, predicando en su iglesia y en otras, confesando y
asistiendo a los enfermos".

La señora Teresa Barbolani Montauto de Pestallini, cuyo esposo había mandado al Oratorio el dinero recogido por don Bosco en
Florencia, escribe al mismo don Bosco enviándole una limosna de ochenta liras para sus muchachos:

"Me habló mi marido de la obra que usted ha emprendido con tanto valor; además la señora Jerónima Uguccioni, amiga mía íntima, me
habló de sus virtudes y me animó a escribirle. Me atrevo a hacerlo para rogarle que diga por mí una sola Avemaría, para que el Señor se
digne concederme la salud que tanto necesito para mi familia, pues tengo cuatro hijitos a los que ruego bendiga juntamente conmigo y mi
marido..."

La marquesa Isabel Gerini, escribía a don Bosco el 23 de enero

1 Filigare.-Conjunto de masías y caseríos de un pueblo llamado Fuenzuola, como a unos cincuenta kilómetros de Florencia. (N. del T.)
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de 1866, y le agradecía la carta en la que comunicaba su óptima salud y que estaba completamente curado de los ojos; la "apreciadísima
obra" mandada a ella y a su marido, que conservarán como precioso recuerdo; la bondad de rogar por ellos, y concluía: "Con la seguridad
que me ha dado de volver a verle por aquí en primavera, podré entregarle personalmente lo poco que haya recolectado para la iglesia de la
Virgen".

Ya había escrito al caballero Oreglia: "Hasta que tuvimos la suerte de tener aquí a don Bosco no pude escribirle; antes había que
combinar las cosas y así arreglé con el bonísimo don Bosco lo que me era posible arreglar... Espero que la salud de ((268)) don Bosco sea
ahora mejor y que habrá podido reponerse un tanto de las fatigas sufridas en Toscana. Le hacía buena falta... ".

El 11 de febrero de 1866, la señorita Mariana Buonamici comunicaba por carta a don Bosco: "Soy hija de la Buonamici; fui a verle
juntamente con mamá y mi hermana pequeña, al Arzobispado, la mañana anterior a su partida... Nos prometió venir a celebrar en nuestro
oratorio privado y, con gran disgusto nuestro, no pudo hacerlo, ya que tuvo que ir al Monasterio de Santa María Magdalena. Espero nos
hará este favor a su vuelta por primavera, como nos prometió... Papá, que tuvo el placer de acercarse a usted un momento en la estación,
me encarga le presente sus saludos, unidos a los de mamá y de mi hermanita".

También un pobre criado del marqués Nicolini, escribía a don Bosco el 15 de enero de 1866: "Mucho sentí la partida de V. S.; de
haberlo sabido, hubiese ido antes a Florencia, me hubiese postrado ante V. S., habría besado su santa mano y le habría pedido la santa
bendición". Y después de añadir que, transportando un peso se había hecho daño en los riñones y que, tras muchas curas, apenas si podía
andar, le pedía la curación. Don Bosco respondió de su puño y letra al pobre criado y escribió sobre su carta, como solía hacer, para
norma del secretario, la nota: Respondida.
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((269)
)

CAPITULO XXII

LECTURAS CATOLICAS: VIDA DE LA BEATA MARIA DE LOS ANGELES -PROLOGO DE DON BOSCO PARA ESTE LIBRO
-SE VE OBLIGADO A RETIRARSE A CASAS PRIVADAS PARA ESCRIBIRLO -UNA BENDICION Y UN ANTIGUO AMIGO
EL HOMBRE DE BIEN, ALMANAQUE PARA 1866: A SUS LECTORES

ASI terminaba el año 1865.

El fascículo de las Lecturas Católicas, correspondiente a los meses de noviembre y diciembre, narraba la Vida de la Beata María de los
Angeles, Carmelita descalza, de Turín, con una novena de oraciones en su honor. Esta vida, admirable por su virtudes heroicas,
especialmente la obediencia, y por sus dones sobrenaturales, fue escrita por don Bosco, el cual la presentaba a los suscriptores con el
siguiente prólogo:

Creemos hacer una cosa grata al lector diciéndole, desde un principio, las fuentes de las que hemos sacado las memorias
correspondientes a los hechos maravillosos de la beata María de los Angeles.

En primer lugar, del padre carmelita Elías de Santa Teresa, el cual escribió la vida de la Beata pocos años después de su muerte; del
padre Anselmo de San Luis Gonzaga, de la misma orden y, finalmente en nuestros días, del padre Teppa, barnabita, todos ellos escritores
doctos y piadosos.

La constante tradición confirma lo expuesto y todo ello concuerda al atestiguar la santidad de esta nuestra gloriosa paisana, en la que
Dios se ha complacido en manifestar sus maravillas como ya dijo el Profeta: Mirabilis Deus in sanctis suis. Dios muestra sus maravillas
en ella ya desde sus más tiernos años; sus maravillas en las gracias extraordinarias que desde entonces vertió en su tierno corazón; sus
maravillas en la paciencia, en la fortaleza que le inspiró en los mayores contratiempos; sus maravillas en la ciencia, en la prudencia, en la
caridad, en el celo ((270)) que le infundió para hacer de ella no sólo una perfecta religiosa, sino un verdadero apóstol del Señor, un
tesoro, un jardín de sus delicias. En suma, tú, lector, encontrarás en la vida de la beata María de los Angeles un perfecto modelo de virtud
y santidad y que, no obstante, puede ser imitado por cualquier cristiano en su propio estado. Precisamente por esto ha parecido oportuno
publicar también en las Lecturas Católicas el presente compendio de la vida de esta ínclita esposa de Jesucristo, para dar a nuestros
lectores un medio oportuno de donde sacar provecho espiritual. Quiera Dios que nuestros esfuerzos redunden a su mayor gloria y bien de
las almas. Y tú, devoto lector, si al leer el presente librito sintieras nacer en tu corazón algún buen pensamiento que te lleve a hacer un
santo propósito, no lo rechaces; es una gracia del Señor, es un favor que, desde el cielo te obtiene la beata María de los Angeles.
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Sigamos los ejemplos de la Beata con una vida virtuosa, que nos hará felices en el tiempo y en la eternidad.

JUAN BOSCO, Pbro.

El Venerable escribió este libro a saltos, entre viajes y otras mil ocupaciones. Muchos visitantes, cuando no le encontraban en el
Oratorio, enterados de que solía retirarse algunas horas del día a la Residencia Sacerdotal de San Francisco de Asís, habían comenzado a
ir allí en su busca. Así que, para tener un poco de tiempo libre, le tocó buscar otro refugio y lo vino a encontrar en casa de algunos
bienhechores y amigos suyos. Ponían éstos una habitación a su disposición con recado de escribir. Y don Bosco iba hoy a una, mañana a
otra, y se encerraba tranquilo en la pieza que le asignaban.

Una de las casas más frecuentadas por él era la de Brosio, el bersagliere, que tanto le había ayudado en los años difíciles del Oratorio de
Valdocco. Este señor, que sobrevivió al Siervo de Dios y de cuya plena confianza gozó, solía decir:

-Don Bosco fue un gran hombre; fue un gran santo; y, ífue un gran amigo mio!

Brosio, interrogado por don Juan Bonetti, respondió así por escrito:

((271)) "Cuando don Bosco escribía la vida de la beata María de los Angeles y otras vidas de santos, venía con frecuencia a pasar varias
horas en mi casa para trabajar con tranquilidad; y siempre, al término de su trabajo, se quedaba todavía un ratito para hablar conmigo.

"Un día le acompañó mi mujer hasta la habitación de una hija mía, enferma, rogándole le diera la bendición. Cuando don Bosco llegó
junto a ella, la tomó de la mano y le dijo:

"-íLevántate!

"Yo, que en aquel momento no pensaba en lo que don Bosco iba a hacer, le dije:

"-No puede levantarse, está enferma.

"-Pues bien, replicó don Bosco, íla mandaremos al paraíso!

"Dicho esto le dió su bendición y recitó una plegaria.

"Apenas se marchó don Bosco, me reprendió mi mujer por haber dicho que la niña no podía levantarse, y añadió:

"-"No has visto que don Bosco quería curarla?

"Efectivamente, don Bosco ya sabía que la muchacha estaba enferma hacía mucho tiempo; y "por qué tomarla la mano y decirle
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que se levantase sino para curarla? Esperé a que don Bosco volviera, pero había salido de Turín.

"Y la pobre muchacha, poco tiempo después, se nos fue al paraíso.

"Pero no sucedió lo mismo con otra hija que aún vive: estaba ésta casi muerta, y don Bosco me la devolvió viva como ya le he contado
en otra ocasión".

Juntamente con estos últimos números del año se ofrecía a los suscriptores, como aguinaldo, El Hombre de Bien, almanaque para 1866.
La Civiltà Cattolica, año 1865 Vol. IV, pág. 722, escribía: "El Hombre de Bien es un título que le cuadra a este pequeño almanaque,
porque no contiene más que óptimos y cristianos pensamientos; no enseña más que la verdad y no aconseja más que el bien".

Contenía algunas reflexiones para cada mes, sobre uno de los mandamientos de la ley de Dios; el Recuerdo de la fiesta de la colocación
de la piedra angular de la iglesia de María Auxiliadora; ((272)) algunas narraciones edificantes, hechos amenos y epigramas; más el
reglamento de la tómbola, cuyos premios deberían sortearse al año siguiente después de haber estado expuestos al público durante tres
meses.

Al principio del libro se leían estos pensamientos:

El Hombre de Bien a sus lectores

Me alegro de poder saludaros de nuevo, queridos lectores, que tuvisteis el honor de leerme el año pasado. Creo que ninguno de vosotros
haya muerto; porque en el caso de que alguno haya sido llamado por el Señor de esta vida a la otra, yo pediré de corazón su descanso
eterno como por un amigo entrañable. Porque yo quiero, como condición necesaria, que mis lectores sean también mis amigos. Si no, no.

-"Y qué nos dirás este año?

-Os haré reír de nuevo con la historia del pobre Miguel.

-Fue una idea feliz, "sabes?

-El mundo es tan malo y da tantas ganas de llorar, que es una bendición del cielo cuando podemos levantar los ojos hacia un cuadro
más ameno que el que nos presenta esta miserable tierra.

-Gracias mil, pues, por lo que nos regalaste el año pasado; pero "y éste?

-Este año quiero divertiros de otro modo. Tendréis historietas amenas, pero no tan jocosas como las otras; varietas delectat (en la
variedad está el gusto), recuerdo que nos decía mi maestro. Las burlas de aquel infeliz las guardaremos para mejores tiempos. Pero
aunque dirijo todos mis esfuerzos para no mezclarme con las cosas de aquí abajo, y hablar de lo que los sabios llaman con aire doctrinal
política, no obstante, sin pretenderlo ni pensarlo, supe cosas que me pusieron de punta los pocos pelos blancos que todavía me quedan.
íQué pena! íVaya facha la que ha hecho ante vosotros, mis elegantes lectores, vuestro Hombre de Bien. No quisiera yo promover la risa
en medio de tantas lágrimas a expensas de mi honorabilidad para con vosotros
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y los demás que espero querrán tomarme en adelante en sus manos y echarme con cierta complacencia un vistazo de cabo a rabo. Abrigo
muchas esperanzas de que para otro año... Pero íay! Ya no digo profecías "sabéis? Las pocas, que en alguna ocasión me aventuré a hacer,
me costaron muy caras y me quitaron las ganas de repetir. Se figuraban aquellos tales que yo era un pez gordo. íPobrecillos, cómo
cambiarían de pensar si pudieran verme!

((273)) Por lo tanto quiero esperar que otro año, con mejores tiempos, tendré también ocasión para contaros cosas mejores. "Os parece
bien este pacto? Pues entendidos. Pero "y si el pobre Hombre de Bien ya no viviera? Es una duda mía que también yo llamaba
inoportuna. Pero:

Considerando: 1.° Que yo soy ya muy viejo;

Considerando: 2.° Que también puede uno morirse sin tener muchos años;

Considerando: 3.° Que el año tiene trescientos sesenta y cinco largos días y que en este tiempo pueden suceder muchas cosas y muchos
pueden pasar a mejor vida;

Pido que el pobre Hombre de Bien, aún en el supuesto de que muriese, quede en el recuerdo de sus humanísimos lectores. No obstante,
yo creo que podré arreglármelas esta vez para vivir muchos años y lo mismo deseo para vosotros. El que quiera otra cosa, quede bien
servido.

Este año he pensado regalaros, como meditación para cada mes, un precepto del decálogo. Está ya tan maltratado, hablando en general,
que no queda fuera de lugar recordarlo con frecuencia para no tener que hacerlo después, en un momento demasiado crítico, sin provecho.

Os ruego, queridos lectores, me presentéis a muchos, hagáis que me lean, que me traten, especialmente los que no frecuentan la iglesia
y no saben qué hacer de los mandamientos, aquéllos a quienes vosotros conocéis mejor que yo y que, proclamándose libres, libres, son
después verdaderos esclavos de sus pasiones. Con ellos quisiera yo entretenerme un poquito, con la esperanza de dejar en su mente algún
pensamiento religioso.

Además de esto os diré alguna otra cosilla que no os desagradará.

Amigos míos, conservaos sanos y alegres, no os la toméis con el pobre Hombre de Bien, si alguna vez os resulta un poco pesado. Qué
queréis, soy viejo y refunfuñador, veo que el mundo marcha mal, querría detenerlo y me doy cuenta de que me faltan las fuerzas. Es
verdad, se necesita algo más que un pobre viejo para detener toda esta pobre máquina. Pero tengo una abundante y buena voluntad, si ello
bastara.

Que sigáis bien y estéis siempre alegres en el Señor, queridos lectores.

íHasta la vista!
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((274))

CAPITULO XXIII

1866 -PERSONAL DE LA PIA SOCIEDAD -SUEÑO: LA INUNDACION; EL MOLINO; LA BALSA DE SALVACION;
NAVEGACION Y PELIGROS; ISLA ENGAÑOSA; LOS BURLONES CASTIGADOS -LOS PESCADORES -NAUFRAGIO;
ENCUENTRO DE LOS JOVENES PERDIDOS; EL HORNO; LA FUENTE FERRUGINOSA -LA BALSA SALE DEL ESTRECHO;
LAS OLAS TRANQUILAS; EL ARCO IRIS -LLEGADA FELIZ AL PUERTO; LA VIÑA; EL JARDIN; EL TEMPLO; LA
PROMESA DE MARIA SANTISIMA -EXPLICACION DEL SUEÑO; EL ROSARIO BAJO LOS PORTICOS -UN CONSEJO

EN los comienzos del 1866, Don Bosco contaba con doce sacerdotes. El número total de los socios de la Pía Sociedad era de unos 90.
Diecinueve de ellos habían emitido los votos perpetuos, veintinueve los trienales. Los demás eran simples novicios.

Contento con esta bella corona de afectuosos colaboradores, el dulce amigo de las almas de los jóvenes les había prometido que el
primer día del año les contaría un sueño, que les serviría del tradicional aguinaldo.

El siervo de Dios había contemplado como en una visión, así nos lo pareció entonces, el porvenir de la Pía Sociedad, el de otras
Congregaciones religiosas y algo relacionado con sus alumnos del presente y del futuro.

Pero lo que deseaba manifestar a los muchachos era el estado de sus conciencias en la presencia de Dios, pues todas sus palabras, como
hemos comprobado centenares de veces, no tenían más fin que combatir el pecado ((275)) con una espontaneidad libre de todo respeto
humano.

De esta forma no hacía más que obedecer al precepto dado por el Espíritu Santo en el Eclesiástico (Capítulo IV, versículos 27 y 28):
Ne verearis proximum in casu suo; ne retineas verbum in tempore salutis. Esto es, según explica monseñor Martini: "No disimules por
falsa vergüenza los fallos de tu prójimo; no ahorres palabras, no calles cuando con tu corrección puedes salvarlo; haz uso entonces de la
sabiduría que Dios te ha dado y no la ocultes cuando con ella debes dar gloria a Dios procurando la enmienda y conversión del hermano
que pecó".
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Don Bosco, pues, ante todos sus muchachos, habló así el lunes por la noche, primer día del año 1866:

Me pareció encontrarme a poca distancia de un pueblo que por su aspecto parecía Castelnuovo de Asti, pero que no lo era. Los jóvenes
del Oratorio hacían recreo alegremente en un prado inmenso; cuando he aquí que se ven aparecer de repente las aguas en los confines de
aquel campo, quedando bien pronto bloqueados por la inundación, que iba creciendo a medida que avanzaba hacia nosotros. El Po se
había salido de madre e inmensos y desmandados torrentes fluían de sus orillas.

Nosotros, llenos de terror, comenzamos a correr hacia la parte trasera de un molino aislado, distante de otras viviendas y con muros
gruesos como los de una fortaleza. Me detuve en el patio del mismo, en medio de mis queridos jóvenes, que estaban aterrados. Pero las
aguas comenzaron a invadir aquella superficie, viéndonos obligados primeramente a entrar en la casa y después a subir a las habitaciones
superiores. Desde las ventanas se apreciaba la magnitud del desastre. A partir de las colinas de Superga hasta los Alpes, en lugar de los
prados, de los campos cultivados, de los bosques, caseríos, aldeas y ciudades, sólo se descubría la superficie de un lago inmenso. A
medida que el agua crecía, nosotros subíamos de un piso a otro.

Perdida toda humana esperanza de salvación, comencé a animar a mis queridos jóvenes, aconsejándoles que se pusiesen con toda
confianza en las manos de Dios y en los brazos de nuestra querida Madre, María.

Pero el agua había llegado ya casi al nivel del último piso. Entonces, el espanto fue general, no viendo otro medio de salvación que
ocupar una grandísima balsa, en forma de nave, que apareció en aquel preciso momento y que flotaba cerca de nosotros.

Cada uno, con la respiración entrecortada por la emoción, quería ser el primero en saltar a ella; pero ninguno se atrevía, porque no la
podíamos acercar a la casa, a causa de un muro que emergía un poco sobre el nivel de las aguas.Un solo medio nos podía facilitar el
acceso ((276)), a saber, un tronco de árbol, largo y estrecho; pero la cosa resultaba un tanto difícil, pues un extremo del árbol estaba
apoyado en la balsa que no dejaba de moverse al impulso de las olas.

Armándome de valor pasé el primero y para facilitar el transbordo a los jóvenes y darles ánimo, encargué a algunos clérigos y
sacerdotes que, desde el molino, sostuviesen a los que partían y desde la barca tendiesen la mano a los que llegaban. Pero ícosa singular!
Después de estar entregados a aquel trabajo un poco de tiempo, los clérigos y los sacerdotes se sentían tan cansados que unos en una
parte, otros en otra, caían exhaustos de fuerzas; y los que los sustituían corrían la misma suerte. Maravillado de lo que ocurría a aquellos
mis hijos, yo también quise hacer la prueba y me sentí tan agotado que no me podía tener de pie.

Entretanto, numerosos jóvenes dejándose ganar por la impaciencia, ya por miedo a morir, ya por mostrarse animosos, habiendo
encontrado un trozo de viga bastante largo y suficientemente ancho, establecieron un segundo puente, y sin esperar la ayuda de los
clérigos y de los sacerdotes, se dispusieron precipitadamente a atravesarlo sin escuchar mis gritos:

-íDeteneos, deteneos, que os caeréis!, les decía yo.

Y sucedió que muchos, empujados por otros o al perder el equilibro antes de llegar a la balsa, cayeron y fueron tragados por aquellas
pútridas y turbulentas aguas sin que se les volviese a ver más.
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También el frágil puente se hundió con cuantos estaban encima de él.

Tan grande fue el número de las víctimas que la cuarta parte de nuestros jóvenes sucumbió al secundar sus propios caprichos.

Yo, que hasta entonces había tenido sujeta la extremidad del tronco del árbol, mientras los jóvenes pasaban por encima, al darme cuenta
de que la inundación había superado al altura del muro, me industrié para impulsar la balsa hacia el molino. Allí estaba don Juan
Cagliero, el cual, con un pie en la ventana y con el otro en el borde de la embarcación, hizo saltar a ella a los jóvenes que habían
permanecido en las habitaciones, ayudándoles con la mano y poniéndoles así en seguro.

Pero no todos los muchachos estaban aún a salvo. Cierto número de ellos se habían subido a los desvanes y desde éstos a los tejados,
donde se agruparon permaneciendo los unos arrimados a los otros, mientras la inundación seguía creciendo sin cesar cubriendo el agua
los aleros y una parte de los bordes del mismo tejado.

Al mismo tiempo que las aguas, había subido también la balsa y yo, al ver a aquellos pobrecitos en tan terrible situación, les grité que
rezasen de todo corazón; que guardasen silencio, que bajasen unidos, con los brazos entrelazados los unos con los otros para no rodar. Me
obedecieron y como el flanco de la nave estaba pegado al alero, con el auxilio de los compañeros pasaron ellos también a bordo. En la
balsa había además una buena cantidad de panes colocados en numerosas canastas.

Cuando todos estuvieron en la barca, inseguros aún de poder salir de aquel peligro, tomé el mando de la misma y dije a los jóvenes:

-María es la estrella del mar. Ella no abandona a los que confían en su protección; ((277)) pongámonos todos bajo su manto: la Virgen
nos librará de los peligros y nos guiará a un puerto seguro.

Después, abandonamos la nave a las olas; la balsa flotaba y se movía serenamente alejándose de aquel lugar. (Facta est quasi navis
institoris, de longe portans panem suum.) (Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión. Pr. 31, 13.)

El ímpetu de las aguas, agitadas por el viento, la impulsaba a tal velocidad, que nosotros, abrazándonos los unos a los otros, formamos
un todo para no caer.

Después de recorrer un gran espacio en brevísimo tiempo, la embarcación se detuvo de pronto y se puso a dar vueltas sobre sí misma
con extraordinaria rapidez, de manera que parecía que se iba a hundir. Pero un viento violentísimo la sacó de aquella vorágine. Luego
comenzó a bogar en forma regular, produciéndose de cuando en cuando algún remolino, hasta que, al soplo del viento salvador, fue a
detenerse junto a una playa seca, hermosa y amplia, que parecía emerger como una colina en medio de aquel mar.

Muchos jóvenes estaban como encantados y decían que el Señor había puesto al hombre sobre la tierra, no sobre las aguas; y sin pedir
permiso a nadie salieron jubilosos de la balsa e invitando a otros a que hicieran lo mismo, subieron a aquella tierra emergida. Breve fue
su alegría, porque alborotándose de nuevo las aguas a causa de la repentina tempestad que se desencadenó, éstas invadieron la falda de
aquella hermosa ladera y en breve tiempo, lanzando gritos de desesperación, aquellos infelices se vieron sumergidos hasta la cintura y,
después de ser derribados por las olas, desaparecieron. Yo exclamé entonces: -íCuán cierto es que el que sigue su capricho lo paga caro!

La embarcación, entretanto, a merced de aquel turbión amenazaba de nuevo con hundirse. Vi entonces los rostros de mis jóvenes
cubiertos de mortal palidez:

-íAnimo! les grité, María no nos abandonará.

Y todos de consuno rezamos de corazón los actos de fe, esperanza, caridad y

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contrición; algunos padrenuestros, avemarías y la salve; después, de rodillas, agarrados de las manos, continuamos diciendo nuestras
oraciones particulares. Pero algunos insensatos, indiferentes ante aquel peligro, como si nada sucediese, se ponían de pie, se movían
continuamente, iban de una parte a otra, riéndose y burlándose de la actitud suplicante de sus compañeros.

Y he aquí que la nave se detuvo de improviso, giró con gran rapidez sobre sí misma, y un viento impetuoso lanzó al agua a aquellos
desventurados. Eran treinta; y como el agua era muy profunda y densa, apenas cayeron a ella no se les volvió a ver más. Nosotros
entonamos la Salve y más que nunca invocamos de todo corazón la protección de la Estrella de mar.

Sobrevino la calma. Y la nave, cual pez gigantesco, continuó avanzando sin saber nosotros adónde nos conduciría. A bordo se
desarrollaba un continuo y múltiple trabajo de salvamento. Se hacía todo lo posible por impedir que los jóvenes cayesen al agua y se
intentaba, por todos los medios, salvar a los que caían en ella. Pues había quienes, asomándose imprudentemente a los bajos bordes de la
embarcación, se precipitaban al lago ((278)), mientras que algunos muchachos descarados y crueles, invitando a los compañeros a que se
asomasen a la borda, los empujaban precipitándolos al agua. Por eso algunos sacerdotes prepararon unas cañas muy largas, gruesos
palangres y anzuelos de varias clases. Otros amarraban los anzuelos a las cañas y entregaban éstas a unos y otros, mientras que algunos
ocupaban ya sus puestos con las cañas levantadas, con la vista fija en las aguas y atentos a las llamadas de socorro. Apenas caía un joven
bajaban las cañas y el náufrago se agarraba al palangre o bien quedaba prendido en el anzuelo por la cintura, o por los vestidos y así era
puesto a salvo.

Pero también entre los dedicados a la pesca había quienes entorpecían la labor de los demás e impedían su trabajo a los que preparaban
y distribuían los anzuelos. Los clérigos vigilaban para que los jóvenes, muy numerosos aún, no se acercasen a la borda de la embarcación.

Yo estaba al pie de una alta gavia plantada en el centro, rodeado de muchísimos muchachos, sacerdotes y clérigos que ejecutaban mis
órdenes. Mientras fueron dóciles y obedientes a mis palabras, todo marchó bien; estábamos tranquilos, contentos, seguros. Pero no pocos
comenzaron a encontrar incómoda la vida en aquella balsa; a tener miedo de un viaje tan largo, a quejarse de las molestias y peligros de la
travesía, a discutir sobre el lugar en que debíamos atracar, a pensar en la manera de hallar otro refugio, a ilusionarse con la esperanza de
encontrar tierra a poca distancia y en ella un albergue seguro, a lamentarse de que, en breve, nos faltarían las vituallas, a discutir entre
ellos, a negarme su obediencia. En vano intentaba yo persuadirles con razones.

Y he aquí que aparecieron ante nuestra vista otras balsas, las cuales, al acercarse, parecían seguir una ruta distinta de la nuestra;
entonces aquellos imprudentes determinaron secundar sus caprichos, alejándose de mí y obrando según su propio parecer. Echaron al
agua algunas tablas que estaban en nuestra embarcación y, al descubrir otras bastante largas que flotaban no muy lejos, saltaron sobre
ellas y se alejaron en compañía de las otras balsas que habían aparecido cerca de la nuestra. Fue una escena indescriptible y dolorosa para
mí ver a aquellos infelices que iban en busca de su ruina. Soplaba el viento; las olas comenzaron a encresparse; y he aquí que algunos
quedaron sumergidos bajo ellas; otros, aprisionados entre los espirales de la vorágine y arrastrados a los abismos; otros, chocaban con
objetos que había a flor de agua y desaparecían; algunos lograron subir a otras embarcaciones,
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pero éstas pronto se hundieron también. La noche se hizo negra y oscura; en lontananza se oían los gritos desgarradores de los náufragos.
Todos perecieron. In mare mundi submergentur omnes illi quos non súscipit navis ista, esto es, la nave de María Santísima. (En el mar
del mundo se hundirán todos los que no se refugian en esta nave.)

El número de mis queridos hijos había disminuido notablemente; a pesar de ello, con la confianza puesta en la Virgen, después de una
noche tenebrosa, la nave entro finalmente, como a través de una especie de paso estrechísimo, entre dos playas cubiertas de limo, de
matorrales, de astillones, cascajo, palos, ramaje, ejes destrozados, antenas, remos.

((279)) Alrededor de la barca pululaban tarántulas, sapos, serpientes, dragones, cocodrilos, escualos, víboras y mil otros repugnantes
animales. Sobre unos sauces llorones, cuyas ramas caían sobre nuestra embarcación, había unos gatazos de forma singular que
desgarraban pedazos de miembros humanos y muchos monos de gran tamaño, que columpiándose de las mismas ramas, intentaban tocar
y arañar a los jóvenes; pero éstos, atemorizados, se agachaban salvándose de aquellas amenazas.

Fue allí, en aquel arenal, donde volvimos a ver con gran sorpresa y horror a los pobres compañeros que habíamos perdido o que habían
desertado de nuestras filas. Después del naufragio fueron arrojados por las olas a aquella playa. Los miembros de algunos estaban
destrozados como consecuencia del choque violento contra los escollos. Otros habían quedado sepultados en el pantano y sólo se les
veían los cabellos y la mitad de un brazo. Aquí sobresalía del fango un torso, más allá una cabeza; en otra parte flotaba, a la vista de
todos, un cadáver.

De pronto se oyó la voz de un joven de la barca que gritaba:

-Aquí hay un monstruo que está devorando las carnes de fulano y de zutano.

Y repetía los nombres de los desgraciados, señalándolos a los compañeros que contemplaban la escena con horror.

Pero otro espectáculo no menos horrible se presentó a nuestros ojos.

A poca distancia se levantaba un horno gigantesco en el cual ardía un fuego devorador. En él se veían formas humanas, pies, brazos,
piernas, manos, cabezas que subían y bajaban entre las llamas confusamente, como las legumbres en la olla cuando ésta hierve.

Miramos atentamente y vimos allí a muchos de nuestros jóvenes y al reconocerlos quedamos aterrados. Sobre aquel fuego había como
una tapadera, encima de la cual estaban escritas con gruesos caracteres estas palabras: "EL SEXTO Y EL SEPTlMO CONDUCEN
AQUI".

Cerca de allí había una alta y amplia prominencia de tierra o promontorio con numerosos árboles silvestres desordenadamente
dispuestos, entre los que se agitaba gran número de nuestros muchachos de los que habían caído a las aguas o de los que se habían
alejado de nosotros durante el viaje. Bajé a tierra, sin hacer caso del peligro a que me exponía, me acerqué y vi que tenían los ojos, las
orejas, los cabellos y hasta el corazón llenos de insectos y de asquerosos gusanos que les roían aquellos órganos causándoles atrocísimos
dolores. Uno de ellos sufría más que los demás; quise acercarme a él, pero huía de mí escondiéndose detrás de los árboles. Vi a otros que
entreabriendo por el dolor sus ropas, mostraban el cuerpo ceñido de serpientes; otros, llevaban víboras en el seno.

Señalé a todos ellos una fuente que arrojaba agua fresca y ferruginosa en gran cantidad; todo el que iba a lavarse en ella curaba al
instante y podía volver a la barca.
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La mayor parte de aquellos infelices obedeció mis mandatos; pero algunos se negaron a secundarlos. Encontes yo, decididamente, me
volví a los que habían sanado, los cuales, ante mis instancias, ((280)) me siguieron sin titubear mientras los monstruos desaparecían.
Apenas estuvimos en la embarcación, ésta, impulsada por el viento, atravesó aquel estrecho, saliendo por la parte opuesta a la que había
entrado, lanzándose de nuevo a un mar sin límites.

Nosotros, compadecidos del fin lastimoso y de la triste suerte de nuestros compañeros abandonados en aquel lugar, comenzamos a
cantar: íLoad a María!, en acción de gracias a la Madre celestial, por habernos protegido hasta entonces; y al instante, como obedeciendo
a un mandato de la Virgen, cesó la furia del viento y la nave comenzó a deslizarse con rapidez sobre las plácidas olas, con una suavidad
imposible de describir. Parecía que avanzase al solo impulso que le daban los jóvenes al jugar echando el agua hacia atrás con la palma
de la mano.

He aquí que seguidamente apareció en el cielo un arco iris, más maravilloso y esplendente que una aurora boreal, al pasar bajo el cual
leímos escrito con gruesos caracteres de luz, la palabra MEDOUM, sin entender su significado. A mí me pareció que cada letra era la
inicial de estas palabras: Mater Et Dómina Omnis Universi Maria. (María es la madre y señora del universo entero.)

Después de un largo trayecto, he aquí que apareció tierra en el horizonte; al acercarnos a ella, sentíamos renacer poco a poco en el
corazón una alegría indecible. Aquella tierra amenísima, cubierta de bosques con toda clase de árboles, ofrecía el panorama más
encantador que imaginarse puede, iluminada por la luz del sol naciente tras las colinas que la formaban. Era una luz que brillaba con
inefable suavidad, semejante a la de un espléndido atardecer de estío, infundiendo en el ánimo una sensación de tranquilidad y de paz.

Finalmente, dando contra las arenas de la playa y deslizándose sobre ella, la balsa se detuvo en un lugar seco al pie de una hermosísima
viña.

Bien se pudo decir de esta embarcación: Eam tu, Deus, pontem fecisti, quo a mundi flúctibus trajicientes ad tranquillum portum tuum
deveniamus. (Tú, oh Dios, hiciste de ella un puente, por el que atravesando las aguas del mundo lleguemos a tu apacible puerto).

Los muchachos estaban con deseos de penetrar en aquella viña y algunos, más curiosos que otros, de un salto se pusieron en la playa.
Pero, apenas avanzaron unos pasos, al recordar la suerte desgraciada de los que quedaron fascinados por el islote que se levantaba en
medio del mar borrascoso, volvieron apresuradamente a la balsa.

Las miradas de todos se habían vuelto hacia mí y en la frente de cada uno se leía esta pregunta:

-Don Bosco: "es hora ya de que bajemos y nos paremos?

Primero reflexioné un poco y después les dije:

-íBajemos! Ha llegado el momento: ahora estamos seguros.

Hubo un grito general de alegría; los muchachos, frotándose las manos de júbilo, entraron en la viña, en la cual reinaba el orden más
perfecto. De las vides pendían racimos de uva semejantes a los de la tierra prometida y en los árboles había todas las clases de frutos que
se pueden desear en la bella estación y todos de un sabor desconocido.

En medio de aquella ((281)) extensísima viña se elevaba un gran castillo rodeado de un delicioso y regio jardín y cercado de fuertes
murallas.

Nos dirigimos a aquel edificio para visitarlo y se nos permitió la entrada.

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Estábamos cansados y hambrientos, y en una amplia sala adornada toda de oro, había preparada para nosotros una gran mesa abastecida
con los más exquisitos manjares, de los que cada uno pudo servirse a su placer.

Mientras terminábamos de refocilarnos, entró en la sala un noble joven, ricamente vestido y de una hermosura singular, el cual, con
afectuosa y familiar cortesía, nos saludó llamándonos a cada uno por nuestro nombre. Al vernos estupefactos y maravillados ante su
belleza y las cosas que habíamos contemplado, nos dijo:

-Esto no es nada; venid y veréis.

Le seguimos, y desde los balcones de las galerías nos hizo contemplar los jardines, diciéndonos que éramos dueños de todos ellos, que
los podíamos usar para nuestro recreo.

Nos llevó después de sala en sala; cada una superaba a la anterior por la riqueza de su arquitectura, por sus columnas y decorado de
toda clase. Abrió después una puerta que comunicaba con una capilla, y nos invitó a entrar. Por fuera parecía pequeña, pero apenas
cruzamos el umbral comprobamos que era tan amplia que de un extremo a otro apenas si nos podíamos ver. El pavimento, los muros, las
bóvedas estaban cubiertas con mármoles artísticamente trabajados, plata, oro y piedras preciosas; por lo que yo, profundamente

maravillado, exclamé:

-íEsto es una belleza de cielo! Me apunto para quedarme aquí para siempre.

En medio de aquel gran templo, se levantaba sobre un rico basamento, una grande y magnífica estatua de María Auxiliadora. Llamé a
muchos de los jóvenes que se habían dispersado por una y otra parte para contemplar la belleza de aquel sagrado edificio, y se
concentraron todos ante la estatua de Nuestra Señora para darle gracías por tantos favores como nos había otorgado. Entonces me di
cuenta de la enorme capacidad de aquella iglesia, pues todos aquellos millares de jóvenes parecían formar un pequeño grupo que ocupase
el centro de la misma.

Mientras contemplaban aquella estatua, cuyo rostro era de una hermosura verdaderamente celestial, la imagen pareció anirmarse de
pronto y sonreír. Y he aquí que se levantó un murmullo entre los muchachos, apoderándose de sus corazones una emoción indecible.

-íLa Virgen mueve los ojos!, exclamaron algunos.

Y en efecto, María Santísima recorría con su maternal mirada aquel grupo de hijos.

Seguidamente se oyó una nueva y general exclamación:

-íLa Virgen mueve las manos!

Y en efecto, abriendo lentamente los brazos, levantaba el manto como para acogernos a todos debajo de él.

Lagrimas de emoción surcaban nuestras mejillas.

-íLa Virgen mueve los labios!, dijeron algunos.

Hízose un profundo silencio; la Virgen abrió la boca y con una voz argentina y suavísima, dijo:

-Si vosotros sois para Mí hijos devotos, yo seré para vosotros una Madre piadosa.

Al oír estas palabras, todos caímos de rodillas y entonamos el canto:

Load a María.

((282)) Se produjo una armonía tan fuerte y al mismo tiempo tan suave, que gratamente impresionado me desperté, y terminó así la
visión.

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Don Bosco concluyó con estas palabras:

"Veis, mis queridos hijos? En este sueño podemos reconocer el mar borrascoso de este mundo. Si sois dóciles y obedientes a mis
palabras y no hacéis caso de los que os aconsejan mal, después de habernos esforzado por hacer el bien y huir del mal; después de
vencidas todas nuestras malas tendencias, llegaremos felizmente al término de nuestra vida, a una playa segura. Entonces vendrá a
nuestro encuentro mandado por la Virgen Santísima, quien en nombre de nuestro buen Dios, nos introducirá para restaurarnos de nuestras
fatigas, en su regio jardín, esto es, en el Paraíso, donde gozaremos de su amabilísima presencia divina. Pero, si por el contrario, queréis
obrar, no según yo os digo, sino siguiendo vuestro capricho y desoyendo mis consejos, entonces naufragaréis miserablemente.

Don Bosco dio, en circunstancias diversas y privadamente, alguna explicación detallada de este sueño, relacionado no sólo con el
Oratorio, sino también con la Pía Sociedad, según parece.

"El prado es el mundo; el agua que amenazaba ahogarnos, los peligros del mundo. La inundación tan terriblemente extendida, los vicios
y las máximas irreligiosas y las persecuciones contra los buenos.

El molino, esto es, un lugar aislado y tranquilo, pero también amenazado, la casa del pan, la Iglesia Católica. Los canastos del pan, la
Santísima Eucaristía que sirve de viático a los navegantes. La embarcación, el Oratorio. El tronco del árbol que forma el puente entre el
molino y la balsa es la Cruz, o sea, el sacrificio de sí mismo a Dios, mediante la mortificación cristiana. El leño empleado por los jóvenes,
como un puente más ligero para entrar en la embarcación, es el reglamento conculcado. Muchos vienen con fines rastreros y bajos: hacer
una carrera; con deseos de lucro, de honores, de comodidades, de cambiar de condición y de estado; éstos son los que no rezan y se
burlan de la piedad de los demás.

Los sacerdotes y los clérigos simbolizan la obediencia y las portentosas obras de salvación que por medio de ésta se consiguen.

Los remolinos, las varias y tremendas persecuciones que se suscitaron y se suscitarán. La isla sumergida, los desobedientes que no
quieren permanecer en la embarcación ((283)) y vuelven al mundo despreciando la vocación. Dígase lo mismo de los que se refugian en
las otras balsas.

Muchos caían al agua y tendían la mano a los que estaban en la embarcación y con la ayuda de los compañeros subían nuevamente a
ella. Eran los dotados de buena voluntad que, habiendo caído desgraciadamente en pecado, vuelven a adquirir la gracia de Dios mediante
la penitencia. El estrecho, los gatazos, los monos y demás
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monstruos, son las revoluciones, las ocasiones y las incitaciones a la culpa, etcétera. Los insectos en los ojos, en la lengua, en el corazón,
son las miradas peligrosas, las conversaciones obscenas, los afectos desordenados. La fuente de agua ferruginosa que tenía la virtud de
matar todos los insectos y de curar instantáneamente, son los sacramentos de la Confesión y de la Comunión. El lodazal y el fuego, son
los lugares del pecado y de la condenación.

Con todo, hay que observar que esto no quiere decir que cuantos cayeron en el lodo y no se volvieron a ver más y los que ardían en las
llamas tienen que ir a parar irremisiblemente al infierno: íno! Dios nos libre de afirmar semejante cosa. Sino que indica que los que se
encontraban en desgracia de Dios, si hubiesen muerto entonces, se habrían condenado para siempre. La isla feliz, el templo, es la
Sociedad Salesiana, consolidada y triunfante. El bizarro joven que acoge a los muchachos y los acompaña a visitar el palacio y el templo,
parece que fuera un alumno muerto en posesión del Paraíso, tal vez Domingo Savio".

De esta última frase se deduce, que en éste, como en otros sueños de Don Bosco, hay un significado escondido que se refiere
principalmente a la Pía Sociedad Salesiana.

Hemos de hacer constar que contemporáneamente a cada fase de un sueño, correspondían otras apariciones que diríamos paralelas y
complementarias de las cosas descritas. Don Bosco no creyó oportuno hablar de ellas.

Nos autoriza a juzgar así el hecho de haber él recordado a don Julio Barberis, en el año 1879, que en este sueño había visto a don Juan
Cagliero atravesar una gran extensión de agua, ayudando a otros a cruzarla y que tanto él como sus compañeros ((284)) habían hecho diez
estaciones. De esta forma veía anticipadamente sus viajes a América.

Así también, en el año 1885, dijo que este sueño guardaba relacion con el de 1854, a saber, con la elevación al episcopado de monseñor
Cagliero.

En la mañana del 2 de enero, deseosos los muchachos de conocer el estado de la propia conciencia, se apresuraron a confesarse con él
en la sacristía. A cierto joven, el cual después de la confesión le preguntaba, dónde y en qué estado lo había visto en aquel sueño
misterioso, le respondió:

-Estabas en la embarcación y te dedicabas a pescar y caíste varias veces al agua, pero yo te saqué y te devolví a la barca.

-Y cuando llegó al templo, "recuerda haberme visto?
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-Sí, sí, le respondió sonriente.

A un clérigo de Vercelli que le preguntó en el patio sobre su situación:

-Tú estorbabas a los demás, le replicó, y así impedías la pesca.

A un sacerdote que deseaba saber el papel que desempeñaba en aquella escena:

-Te vi, le dijo, apartado de los demás; a solas, serio, en un rincón de la embarcación, ocupado en preparar anzuelos con sus cuerdas
correspondientes, que los demás venían a tomar para pescar.

Y añadió algunas cosas más que veinte años después se cumplieron, de una manera maravillosa y que no es necesario exponer aquí.

Los alumnos no olvidaron este sueño, que tanta impresión les había causado, y el joven Agustín Semería de Moltedo Superiore nos lo
recordaba en carta fechada el 24 de septiembre de 1883, confirmando en su descripción cuanto hemos expuesto anteriormente y
añadiendo:

"Recuerdo también que en una de las noches siguientes, cosa insólita, Don Bosco nos hizo rezar bajo los pórticos la tercera parte del
Rosario por las necesidades de la Santa Madre la Iglesia. Una vez terminado, mientras avanzaba entre nosotros, acogido con grandes
muestras de alegría y vítores, nos permitió que le levantáramos en vilo hasta la tribuna. Esto era muy frecuente. Acabados los aplausos,
hizo alusión a la alegría ((285)) que experimentarán los justos al llegar a las playas de la felicidad eterna; a la paz que disfruta un cristiano
viviendo siempre en gracia de Dios, y al augurarnos unas buenas noches, nos dijo:

-Cuando os despojéis de las ropas para acostaros, hacedlo con toda modestia; pensando que Dios os ve; después meteos en la cama;
cruzad las manos sobre el pecho y, abandonados en los brazos de Jesús y de María, entregaos al descanso".
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((286))

CAPITULO XXIV

INVITACION AL TEATRO -DON BOSCO VISITA EL COLEGIO DE LANZO -CARTA DE DON JOSE APOLLONIO: SU
ESTANCIA EN EL ORATORIO PARA TRADUCIR A VARIOS DIALECTOS LA BULA INEFFABILIS -RESULTA DIFICIL
VENDER BOLETOS PARA LA TOMBOLA EN VARIAS PRO VINCIAS -TRISTES PRONOSTICOS PARA EL AÑO QUE
ACABA DE EMPEZAR -SE PROPONE LA NUEVA LEY PARA LA CONFISCACION DE LOS BIENES ECLESIASTICOS: GRAN
FUNERAL EN LA CORTE -PLEGARIAS EXTRAORDINARIAS EN EL ORATORIO -FLORECILLAS PARA LA NOVENA DE
SAN FRANCISCO DE SALES Y PARA LA PURIFICACION DE NUESTRA SEÑORA -DOS LECTURAS CATOLICAS -LOS
TRES MARTIRES DE TURIN: EL CANONIGO GASTALDI PROMETE UN CUADRO PARA LA CAPILLA DE ESTOS EN LA
IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA -EL OBISPO DE NOVARA RECOMIENDA LAS LECTURAS CATOLICAS EN UNA
CARTA PASTORAL

LOS graves pensamientos que tan sabiamente sabía don Bosco infundir en el alma de los muchachos iban mezclados con diversiones,
músicas y honestos entretenimientos. Después del sueño descrito, nos encontramos enseguida con una invitación suya para los principales
bienhechores del Oratorio y otros señores cuya benevolencia le importaba mucho ganarse.

Benemérito Señor:

El domingo día 7, a las seis y media de la tarde, los alumnos de esta casa ofrecen una pequeña representación teatral.

Sería un placer para ellos y para mí si V. S. B., con las personas que creyere oportuno, nos honrase con su presencia.

((287)) Al presentarle esta respetuosa invitación, le auguro todo bien del cielo y agradecido me profeso

De V.S.B.

Turín, 5 de enero de 1866

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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Terminadas las fiestas navideñas, don Bosco fue a visitar el colegio de Lanzo, donde habían entrado muchos alumnos nuevos que aún
no conocía. Penetró el Siervo de Dios en el comedor, a mitad de la cena, se puso serio y, volviéndose al Director, le dijo en voz baja:

-En este momento, cerca de la bomba del agua a la entrada del segundo patio, hay dos muchachos a quienes es preciso vigilar. Manda
enseguida a alguien para que los lleve a recreo con los demás compañeros.

El Director dio el encargo a un asistente, el cual volvió y le dijo:

-Junto al pozo no había nadie, pero vi a dos, y los nombró, que en aquel momento se alejaban. Les pregunté de dónde venían y me
respondieron:

-De la bomba.

Después de las oraciones llamó el Director a los dos muchachos y les preguntó:

-"Qué conversaciones teníais esta tarde entre los dos?

-Ninguna, respondieron temblando.

-Bien, venid conmigo; don Bosco os espera; tiene algo que deciros.

Y se los presentó.

Don Bosco los miró un instante y después les dijo una palabra al oído, que les hizo ruborizarse. Eran alumnos nuevos, recién llegados
de sus casas, los cuales, reconociéndose culpables, prometieron portarse mejor.

Al día siguiente, por la noche, y después de haber estado confesando durante casi todo el día, les contó el sueño de la balsa flotante.

Mientras tanto, de los que se prestaban a distribuir boletos para la tómbola, llegaban noticias e invitaciones pidiendo su consejo y su
presencia.

Desde Venecia le escribía don José Apollonio:

((288)) íViva Jesús Niño!
Venecia, 2 de enero de 1866

Muy Rvdo. don Juan:

Acompañadas del santísimo nombre de Jesús, con cuya fiesta empieza la Iglesia el nuevo año, le envío mis felicitaciones y augurios.
Que el Señor le bendiga, don Bosco, y acepte los frutos de sus apostólicas fatigas en reparación de tantos y tan grandes males como se
cometen en esta nuestra pobre Italia. Deseo que el Señor le conceda todas las gracias que para mí le pido. Deseo que le haga santo, como
por su medio se dignó hacer a esos queridos muchachos, cuya biografía se dignó enviarme
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vuestra reverencia. Le doy las más sinceras gracias, en mi nombre y en el de monseñor Giorda, por los preciosos libros que nos hizo
llegar a través del cónsul pontificio Battaggia.

Perdone no le haya escrito antes; habiendo sabido, ya hace tiempo, por medio de la princesa Elena Vidoni y por su hija, que V. R. era
esperado en Cremona por las Magdalenas, quería matar dos pájaros de un tiro mandándole el importe de los boletos, juntamente con
nuestro agradecimiento. Mucho me pesa no haber podido vender mayor número. Creo yo que hay pocas ciudades como ésta, en la que los
buenos son asediados con tanta petición de limosnas. Por eso se rehúsan fácilmente cuando se trata de obras benéficas fuera del Estado.
Supongo que ya habrá recibido todo, por medio de la familia Vidoni.

Me ha llegado una apreciadísima carta de las Magdalenas, a las que he respondido poniendo ante sus ojos algunas de las muchísimas
observaciones que es necesario hacer sobre ese tema. La cosa está en manos de Jesús, el cual, lo mismo que ha sabido beneficiar la obra,
en un año, con treinta y nueve mil liras austriacas, puede también allanar todas las demás dificultades que se oponen a la realización de
aquel proyecto...

Aunque muy indignamente, ruego siempre, siempre, siempre en la santa misa y fuera de ella por vuestra reverencia y por las santas
obras que dirige; pido a cambio que, alguna vez, se acuerde de decir a Jesús por mí que deseo ser todo suyo; que me conceda la gracia de
amarlo mucho, mucho. Si obtengo esto, no importa lo demás; ílo tengo todo!

Con la mayor reverencia y estima, me profeso

De V.S. muy Rvda.

Su seguro y atento servidor JOSE APOLLONIO

Ruégole participe mis felicitaciones y respetuosos saludos a esa su santa familia.

((289)) Este último parrafito nos dice lo mucho que don José Apollonio conocía a los Salesianos y a los muchachos del Oratorio.
Efectivamente, durante el año anterior había estado algún tiempo con ellos, hospedado cordialmente por don Bosco, el cual, aunque
indirectamente, le había ayudado en un trabajo que debía dar gran gloria a María Santísima.

El abate Domingo Sire, miembro de la compañía de San Sulpicio, profesor y director del Seminario de París, se había propuesto
traducir a todas las lenguas y dialectos hablados por los católicos de todo el mundo, la Bula Inneffabilis, con la que Pío IX había
proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción de María Santísima. La traducción debía ser hecha por los mismo fieles, que
hablaban el lenguaje al que se debiera traducir la Bula, ejecutada por los mejores literatos capaces de vulgarizarla del latín con fidelidad y
elegancia; copiada a mano por los mejores calígrafos en más de diez mil folios
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de papel finísimo o pergamino, todos a la misma medida, de veintiocho centímetros de altura por veintidós de ancho, adornados por los
mejores miniaturistas. Todo el mundo católico aplaudió la invitación del abate Sire y se comenzó la obra. Al cabo de siete años, aunque
no estaba acabada del todo, había llegado a tal punto que podía ser presentada al Papa como obsequio en el aniversario secular del
martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, encuadernada en treinta volúmenes, joyas del arte de la encuadernación.

Ayudaban al celoso e incansable Sulpiciano, a superar las inmensas dificultades que presentaba la empresa, muchísimos personajes de
toda condición, y entre ellos, para algún dialecto de Italia del Norte, don José Apollonio a quien don Bosco facilitó la tarea cooperando en
el trabajo, y poniéndole en contacto con los más distinguidos literatos del Piamonte.

Volviendo a nuestra narración, diremos que, además de don José Apollonio, la señora Amalia Fulcini Giacobazzi, y desde Venecia,
Canal de San Gregorio N.° 234, hacía saber a don Bosco el 13 de enero de 1866 ((290)) que los boletos de la tómbola no tenían la
aceptación que se deseaba:

"Estoy verdaderamente apenada al ver, por las cartas que me llegan de las personas a quienes confié el cuidado de colocar boletos de la
tómbola, en Parma, Piacenza, Módena y Bolonia, que no consiguen vender más que unos pocos. Más aún, el agente de mi padre en Parma
ya ha reunido el dinero de los boletos vendidos más los sobrantes. Antes de tomar la desagradable determinación de remitirle los boletos
no vendidos quisiera saber, M. R. don Bosco, si usted ha enviado ya muchos a Viena, porque en el caso de que no los hubiese mandado a
dicha ciudad, o sólo unos pocos, y si el tiempo no es demasiado limitado, yo podría intentar expedirlos a algunas personas amigas mías,
para ver si puedo ser más afortunada que en las ciudades donde esperaba haber hecho algo más. Aprovecho esta ocasión, reverendo don
Bosco, para augurarle un buen año, rico en mil bendiciones celestiales...".

A continuación, le escribía el 25 de enero de 1866, por otros motivos, y desde Cremona, la princesa Elena de Soresina Vidoni. Después
de recomendarle a su propia hija, la condesa Carolina Mocenigo, que se encontraba enferma, le hacía saber que: "las buenas monjas
Sacramentinas de Monza le suplicaban fuese a verlas para bendecir a la madre superiora, madre Serafina. No puede figurarse cuánto lo
desean... También a nosotros nos prometió una visita en Cremona, y ya está avanzado el Carnaval. "Para cuándo podremos
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esperarle? Mándenos mientras tanto su bendición y háganos la caridad de rogar por todos nosotros".

No hablaba de los boletos que le había encomendado. La poca fortuna tenida hasta el momento en la venta, había que atribuirla a las
condiciones poco favorables de los tiempos.

El año 1866 había empezado con tristes pronósticos. Las disensiones entre Austria y Prusia, por causa de las cuales temía don Bosco,
en febrero de 1862, el triunfo de la revolución con perjuicio para la Roma papal, habían hecho inevitable el conflicto, en el ((291)) que
debía tomar parte Italia. En diciembre de 1863, él había anunciado la guerra, el hambre y la peste, y hemos visto cómo ésta había
empezado a hacer estragos en Italia en 1865.

La guerra llegaba ahora a las puertas.

Pero una nueva desgracia estaba por sobrevenir. El 13 de febrero del 1865, el Siervo de Dios había predicho que la ley de la supresión
general de los conventos no pasaría a las Cámaras, si se hacían muchas oraciones. Y así sucedió, como ya hemos dicho; el Ministro la
retiró ante ciertas modificaciones requeridas por los diputados. Mas, por desgracia, quizá las oraciones no fueron suficientes o fervorosas;
y quizá la justicia de Dios tenía sus fines al permitir aquella supresión.

El 22 de enero, en la reapertura del Parlamento, el Ministerio, por boca del Rey, en el discurso de la Corona, presentaba de nuevo el
proyecto de ley retirado el 28 de abril de 1865. Alguien debió recordar cómo en circunstancias semejantes, en 1855 se había oído repetir:
Grandes funerales en la Corte, y ahora, en la noche del 21 al 22 de enero, moría en Génova, a la edad de veinte años, y amadísimo por los
ciudadanos, S. A. R. el príncipe Odón, duque de Monferrato, tercero de los hijos varones de Víctor Manuel II. Era apodado la joya de la
Casa de Saboya. Su piedad y caridad cristianas hacían revivir en él la imagen de la madre, la reina María Adelaida, de santa memoria. Se
celebraron solemnísimos funerales en Génova, en Turín y en Superga, donde fue sepultado el joven Príncipe, acompañado por el llanto de
los pobres, siempre beneficiados por él con generosidad.

A pesar de este luto, el 31 de enero declaraba la Cámara urgentísimo el proyecto de ley, presentado por el Rey, y lo entregaba
inmediatamente al examen de los Ministerios.

El esquema redactado en ciento cinco artículos, reducía a todas las diócesis de Italia a sesenta y nueve; confiscaba, para servicio del
Estado, todos los bienes eclesiásticos, tolerando un escasísimo clero
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y como asalariado por el Gobierno; y abolía, sin excepción alguna, las órdenes religiosas.

((292)) Por este motivo don Bosco había recomendado a sus muchachos plegarias extraordinarias; había hecho rezar bajo los pórticos el
rosario, como se ha dicho en el capítulo anterior, y ahora les proponía las siguientes florecillas para la novena de san Francisco de Sales y
de la Purificación de María Santísima.

NOVENA DE SAN FRANCISCO DE SALES
Y DE LA PURIFICACION DE MARIA STMA.

1.ª Dios es nuestro amo -No el demonio, ni los hombres, ni nosotros mismos.

2.ª Una sola alma -Si se pierde, todo está perdido.

3.ª íPerdido para siempre! -Si muriese en esta noche, "adónde iría?

4.ª "Qué he hecho por el alma? "Qué puedo hacer?-Examen del pasado.

5.ª Gravedad del pecado mortal -Porque nos hace enemigos de Dios, nos priva del paraíso, nos condena al infierno.

6.ª Idem -Nos expone a muchos males aun temporales. Por ejemplo: Adán y Eva arrojados del paraíso; Lucifer; el diluvio, etc...

7.ª Pecado de escándalo -Ejemplo del Salvador.

8.ª Muerte cierta e incierta.

9.ª Remordimientos en el momento de la muerte del pecador.

10.ª Paz en el momento de la muerte del que vive bien -Savio, Magone, Besucco.

11.ª Una buena confesión, con propósito firme.

12.ª Una buena comunión, con promesa de recibirla a menudo.

Et haec sunt observanda (Y esto hay que cumplirlo).

Además de esto, casi para excitar la confianza en la ayuda de los santos, en los tristes días que se iban preparando para la Iglesia,
especialmente en las ciudades del Piamonte, salía la entrega de las Lecturas Católicas correspondiente al mes de enero, escrita por el
canónigo Lorenzo Gastaldi, y cuyo título era: "Memorias históricas del martirio y del culto de los santos mártires Solutor, Adventor y
Octavio, protectores de Turín, recopiladas por un sacerdote turinés". Narraba las gracias singulares que los turineses habían recibido de
estos santos mártires, en defensa de su fe y en las milagrosas victorias obtenidas sobre formidables ejércitos enemigos, y demostraba la
necesidad de orar a estos santos patronos ((293)) en los tiempos presentes. El docto escritor refutaba, además, el error de los protestantes
respecto al culto de los santos. La fiesta principal de estos tres mártires de la Legión Tebea se celebra el 20 de enero.

Mostraba también el Canónigo en su libro que en aquel terreno, el mismo que fue bañado con la sangre de estos tres mártires, a orillas
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del Dora, se estaba construyendo la iglesia de María Auxiliadora. En el capítulo XVI escribía:

"Sería de desear que en la nueva iglesia, dedicada a María Auxiliadora, en la zona de Valdocco, se destinara una de las capillas laterales
a estos tres mártires, en memoria del martirio que sufrieron por estos alrededores".

Y él mismo se ofrecía a hacer pintar el cuadro para esta capilla.

íViva Jesús!
Vía Giulio, Torino, 22 de febrero de 1866

Muy reverendo y queridísimo Señor:

El otro día me invitaba V. S. con sus acostumbradas y santamente seductoras palabras a colaborar para levantar uno de los altares de su
nueva basílica. Respondo a su invitación diciéndole que haré preparar a mis expensas un cuadro al óleo, de las medidas que sean
necesarias, para uno de esos altares, a condición de que sea dedicado a los santos mártires Solutor, Adventor y Octavio, los cuales
derramaron su sangre en estos lugares.

Tendría dos muchachos para colocar en su casa, uno como cerrajero y el otro como carpintero; pero a este último le gustan tanto las
cosas de iglesia que bien pudiera llegar a ser sacerdote.

Ruegue por mí y créame siempre

Su afectísimo en el Señor LORENZO GASTALDI, Can.

El aludido fascículo apareció anunciado en la Unidad Católica del 1.° de febrero:

Vemos con placer que estas Lecturas siguen prosperando y difundiéndose entre nosotros. Ya cuentan catorce años de vida cada vez más
fuerte y vigorosa. Aún no hace mucho que hemos leído una pastoral ((294)) de monseñor Gentile, obispo de Novara, animando al clero y
a los fieles a él confiados, a leer y hacer leer estos queridos libritos. Y en vista del bien que hacen en el pueblo, al que van destinados,
quisiéramos verlos multiplicarse cada vez más entre nosotros. El primer número de este año versa sobre los santos mártires de Turín,
Solutor, Adventor y Octavio, escrito nada menos que por la piadosa y docta pluma...

Mientras tanto, la imprenta del Oratorio había impreso para el mes de febrero: La Perla escondida, de S. E. el cardenal Wiseman,
arzobispo de Westminster.

Se trata de un magnífico suceso dramático que describe la vuelta a su familia y la muerte de san Alejo.

Por el plan de asociación a las Lecturas Católicas, reproducido en este número, se ve que había suscriptores en Francia, en Suiza, en
Austria y en Alemania.
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En las últimas páginas de este fascículo don Bosco hizo imprimir la mencionada carta pastoral de monseñor Jacobo Felipe, del
Marquesado Gentile, obispo de Novara, con fecha del 15 de noviembre de 1865, en la que el Prelado exponía a sus diocesanos la pena del
Santo Padre ante el continuo desenfreno de la prensa herética e inmoral, y les exhortaba a impedir la difusión y sobre todo a no dejarla
penetrar en sus casas y les señalaba cómo los buenos libros, eran por el contrario, una fuente de bendiciones y una dulce herencia para las
familias que los reciben. Y añadía:

Conocéis muchos periódicos y libros buenos que, según vuestro celo, podéis difundir por donde veáis que hay mayor necesidad. Hoy
nos limitamos a deciros una palabra en favor de unos libritos que se imprimen en Turín, bajo el título de Lecturas Católicas.

Hace trece años que se sostiene esta benemérita publicación con gran satisfacción de todos los buenos. Son libritos de pequeño tamaño,
que en forma de diálogos, narraciones, cuentos y otros curiosos y amenos episodios pueden interesar a todo género de personas, pero
especialmente a la juventud tan ávida en nuestros tiempos de lectura. El estilo, la forma y la selección de los temas populares los hacen
asequibles a todos.

((295)) Son totalmente ajenos a la política y, por lo tanto, pueden entrar en cualquier familia.

El precio es tan bajo que nos parece están al alcance de todo el que los desee. La suscripción importa quince céntimos mensuales.

El Sumo Pontífice ha mandado su bendición en varias ocasiones a los colaboradores de esta publicación y recomendó su difusión, como
una de las cosas más útiles y excelentes. Muchos obispos ya las han promovido en sus respectivas diócesis, y nosotros creemos cumplir
un deber nuestro al recomendar una vez más que hagáis cuanto podáis para que se sostengan y conserven donde ya existen, y se difundan
por los lugares donde todavía no son conocidas.

Para mayor difusión de la buena prensa, cada fascículo llevaba anuncios bibliográficos de otros buenos libros, que podían ser
adquiridos en la tipografía del Oratorio de San Francisco de Sales.
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((296))

CAPITULO XXV

CONFERENCIA GENERAL A LOS SALESIANOS EN LA FIESTA DE SAN FRANCISCO DE SALES -DON BOSCO ASISTE AL
CONDE RODOLFO DE MAISTRE EN SUS ULTIMOS MOMENTOS -DON MIGUEL RUA ESCRIBE EN NOMBRE DE DON
BOSCO A LA CONDESA CALLORI, SOBRE LA IMPRESION DE ALGUNOS LIBROS Y PORQUE NECESITA DINERO -DON
BOSCO EN MILAN -BENDICIONES Y CURACIONES -ANUNCIA HECHOS LEJANOS DEL MOMENTO DE SU
CUMPLIMIENTO -TESTIMONIOS DE QUE LEE EN LOS CORAZONES Y PREDICE EL FUTURO -DON BOSCO TRATA DE
ESCONDER LOS DONES SOBRENATURALES -SU VIDA APARENTEMENTE ORDINARIA, AFABLEMENTE SOCIAL,
ATRAE LOS CORAZONES AUN DE LA GENTE MUNDANA -SU COMPORTAMIENTO CUANDO TENIA INVITADOS A LA
MESA -EN MILAN ES HUESPED DE UN ABOGADO QUE TRABA CON EL UNA SINGULAR AMISTAD

EN la fiesta de san Francisco de Sales, que se celebró el domingo de sexagésima, 4 de febrero, se reunieron los directores de todas las
casas en la antecámara de don Bosco para la conferencia general, que acostumbraba dar en esta ocasión. Estaban presentes todos los
salesianos del Oratorio para escuchar la relación acostumbrada. Ausente don Bosco por la muerte del conde de Maistre, presidía en su
lugar don Miguel Rúa.

Habló el primero don Domingo Pestarino y dio cuenta de la nueva construcción del colegio de Mornese. Dijo que el pueblo estaba
entusiasmado, que el Obispo había concedido permiso para trabajar los domingos y que en este día los albañiles ((297)) trabajaban
gratuitamente, mientras más de doscientas personas del pueblo acarreaban materiales. El deseo general de ver terminada la obra había
apretado los lazos de unión entre párroco y feligreses, autoridades y subordinados, y las diversas familias entre sí. Los jóvenes, en vez de
ir a los bailes, se quedaban a pasar las tardes en sus casas, y aumentaban las comuniones en la iglesia.

El Señor había demostrado con especiales favores que le complacía
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aquella empresa. La rueda de un carro pasó por encima del pie de un joven sin causarle ningún daño. Un cerrajero cayó desde un andamio
sobre un montón de piedras y no sufrió ninguna herida. La cuarta parte del Colegio estaba casi acabada.

Don Juan Bonetti, director del colegio de Mirabello, habló en segundo lugar. Dijo que en el seminario, como en todas las instituciones
de este mundo, había bueno y malo. Primer mal, su cabeza rota; primer bien, la santa astucia del prefecto don Francisco Provera. Bien, la
lectura espiritual en común, que ayuda mucho a reanimar el espíritu. Mal, algunos hermanos que no observan las reglas con la exactitud
prescrita. Entre los alumnos se estableció una sociedad con el fin de que hubiese comuniones por turno, además de las ordinarias, por las
intenciones de don Bosco.

Esta charla suscitó malhumor en alguno y especialmente entre los clérigos de Mirabello. En las asambleas públicas, alabar o callar.

Después de don Juan Bonetti habló don Juan Bautista Lemoyne, director del colegio de Lanzo. Dijo lo que se había hecho para los
alumnos internos y lo que se quería hacer para los externos, especialmente con el fin de implantar el Oratorio festivo. En cuanto a los
clérigos, tiene la satisfacción de repetir lo que ya dijo el año pasado en su honor, el llorado don Domingo Ruffino.

Don Miguel Rúa cerró la conferencia hablando de la unión que debe reinar en cada una de las casas. -Unidad de dirección; todo debe
estar concentrado en el Director; todo debe depender de él. No se critique ((298)) a los superiores; los alumnos aprendan de los clérigos;
si éstos son obedientes, también lo serán los muchachos. -Unidad de espíritu: caridad; un clérigo no hable nunca mal de otro clérigo;
ayudarse mutuamente; soportarse mutuamente; amarse como hermanos. -Unidad material: ninguno pretenda excepciones, en el
dormitorio, en la mesa, en la asistencia, si no hay verdaderos motivos para ello. -Castidad: tener gran cuidado en el trato con los
muchachos. Recordemos que la angélica virtud es nuestra gloria y nuestra corona. Poner en práctica los medios que sugería san Felipe
Neri para conservar la virtud de la castidad.

Don Bosco había ido a asistir al conde Rodolfo de Maistre que, a los setenta y cinco años de edad, expiraba el 5 de febrero a las tres de
la tarde en Borgo Cornalense cerca de Turín, en el castillo de su hermana, la duquesa Laval de Montmorency.

Estaba rodeado de su familia a la que amaba tiernamente y por la que era correspondido con igual afecto y ternura. Era hijo del famoso
José de Maistre, había combatido valerosamente, de 1787 a 1814,
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por la causa de la justicia; sirvió después, a conciencia y honorablemente a los reyes de Saboya, en los más altos cargos que le confiaron
en los Estados Sardos y el 1846 fue condecorado con la medalla de la Orden Suprema de la Santísima Anunciata por el rey Carlos
Alberto. En 1853 publicaba en París dos volúmenes de Cartas y Opúsculos admirables del Conde, su padre, prologados con unas páginas
biográficas del venerado autor. Había enviado a dos de sus hijos, valientes y amantes del Papa, al servicio del Vicario de Jesucristo y
defensa de la Santa Sede; y, pocos días antes de morir, entregaba para el óbolo de San Pedro la última ofrenda de mil liras. Pasaba a la
eterna paz del cielo teniendo a su lado al Siervo de Dios tan querido. Este había sido su huésped en Roma, en el 1858, y en sus
dependencias había trabajado para dar los primeros pasos ante la Santa Sede relacionados con la aprobación de la Pía Sociedad de San
Francisco de Sales.

((299)) Una vez tributadas las últimas honras al inolvidable amigo y bienhechor, y consolada su querida familia, don Bosco volvía a
Turín y reemprendía sus ocupaciones. Eran éstas muchas y continuas, pero tenía al lado a don Miguel Rúa. Que lo diga esta característica
carta de su fiel ayudante, dirigida a la noble condesa de Callori:

Ilustrísima Señora:

Con placer recibo de don Bosco el honroso encargo de escribir a V. S. en su lugar, ya que él está asediado de continuo por múltiples
ocupaciones.

Con respecto al libro sobre el Santísimo Sacramento, me autoriza decirle que no tiene dificultad alguna en cuanto al título, que le
cuadra tal como V. S. propuso.

Respecto a la otra obra, con mucho pesar le comunica que ya escribió una vez a Monseñor y que éste, por cierto, se dignó responder,
pero no cumplió. Escribió de nuevo don Bosco rogándole devolviera el original, pero hasta ahora no se alcanzó el propósito. Por ello don
Bosco fía al cuidado de V. S. que tenga la bondad de escribir y urgir a Monseñor, si es que aún desea que dicho trabajo pueda resultar de
alguna utilidad.

Pasando a otra cosa, creo no le sea desagradable tener noticias de don Bosco y de sus hijos y me tomo la libertad de dárselas. Gracias a
la grandísima bondad de Dios, todos gozamos de buena salud y alegría y hasta parece que don Bosco se encuentra mejor; el mal a los ojos
no ha vuelto a molestarle; y, si no fuese por el bendito dolor de cabeza, casí gozaría de perfecta salud.

Nos hemos esmerado, don Juan Cagliero y un servidor, de acuerdo con las caritativas sugerencias que usted nos hizo, para buscar el
modo de librarlo del dolor. Le hemos preguntado qué podíamos hacer para que descansara un poco más; qué trabajo le es más fatigoso
para ver de exhonerarle del mismo; le hemos preguntado también si algún medicamento podría ayudarle. Se echó a reír y medio en
broma, medio en serio, nos dijo:

-íYo sé muy bien lo que podría irme bien!

Insistimos nosotros para saberlo y él añadió, entonces:
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-Necesitaría un elixir de diez marengos 1 diarios, esto pondría pronto a tono mi estómago y mi cabeza.

Nos miramos nosotros riendo a la vez y,como no podemos proporcionarle ese elixir, pensé presentar la receta a V. S. para que vea si es
posible proveerle del mismo.

Por lo demás, ruégole acepte los respetuosos saludos de don Bosco, de don Juan Cagliero y de muchos más que experimentaron de
cerca la bondad ((300)) de la señora Condesa, así como del que escribe, que con ellos le augura una buena cuaresma y se goza en
profesarse con todo reconocimiento.

De V. S. Ilma.

Turín, 11 febrero de 1866

Su seguro servidor MIGUEL RUA, Pbro.

En el mes de febrero de este mismo año 1866 fue don Bosco a Milán; y tenemos algunos datos de lo que allí hizo.

Con fecha 20 de febrero le escribía la señora Amalia Gnecchi Decio:

Con el mayor respeto y veneración me atrevo a dirigirle estas líneas para agradecerle la bondad que tuvo al venir a visitarnos y
obsequiarnos con tantos primorosos objetos que por todo concepto nos son tan queridos. El sábado por la tarde terminamos la novena a
Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora, que usted nos había recomendado, y ya el día anterior había yo recuperado perfectamente mi
salud, como también mi Carlos había experimentado notable mejoría en sus viejos achaques, por lo que no podemos por menos que sentir
en nuestro corazón viva gratitud al buen Dios y a María Santísima por la insigne gracia que nos ha concedido, y agradecer así mismo a V.

S. el interés que se ha tomado por nosotros, y ya que usted puede tanto ante los corazones de Jesús y de María, corone su obra rogando
por nuestras necesidades espirituales...
Mi Carlos le agradece de corazón el regalo que le hizo del libro Historia de Italia, que conservará como recuerdo de usted. Hemos
recibido el paquete de boletos para la tómbola... y, al remitirle su importe, añadimos otras cuatrocientas liras para María Auxiliadora.
Adjunto también cuarenta liras de parte de mi padre, cinco de parte de mi hermana y diez de mi cuñada, que se encomiendan a sus
oraciones...

Así, pues, los pasos de don Bosco quedaban señalados con las bendiciones de María Auxiliadora, y la fama de santidad del Siervo de
Dios iba creciendo.

La señora Luisa Barbó, escribía desde Milán, con fecha 26 de mayo de 1866, recomendando a don Bosco una de sus hijas, ciega de un
ojo hacía dos meses, porque, al volcar el carruaje en que viajaba, unos pedazos de cristal le habían lesionado la pupila, y añadía: "Ya

1 MARENGO.-Moneda de oro francesa, de a veinte francos, acuñada con motivo de la batalla de Marengo (1800), donde Napoleón
venció a los austrorrusos. (N. del T.)
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conozco gracias especiales obtenidas también en esta ciudad por enfermos ((301)) muy graves, que con su consejo y oraciones sanaron".

En la ya citada relación de la condesa Carolina de Soresina Vidoni Soranzo, interrogada como ya se ha dicho por don Juan Garino,
leemos estas otras noticias:

"Estaba él el 1866 en Milán en casa de una amiga mía y le dijo que yo había dado a luz una niña, como precisamente sucedió a aquella
misma hora o poco antes. Cuando unos días después vino a mi casa, le pregunté:

"-"Cómo supo usted que yo había tenido una niña? No tuve tiempo ni de telegrafiarle.

"El, sonriendo, respondió:

"-íComo ve, he sido adivino!

"En otra ocasión vino a verme y le dije:

"-"Sabe, don Bosco, que el hermano de mi primo Boutourlin, Felipe Migneis, está muy enfermo?

"Don Bosco me respondió:

"-íCreo que ya está muerto!

"Comprobé que a aquella hora había expirado en Civitavecchia.

"Tuve también en otras ocasiones pruebas seguras de que leía en los corazones, puesto que me dijo cosas que yo no había comunicado
a nadie, y me predijo el futuro, que se cumplió exactamente".

Pero nada aparecía en él como extraordinario y amanerado; era de una humildad admirable, que resultaba más apreciada por su aspecto
jovial. Atribuía las curaciones, como era lógico, a María Santísima, y los otros dones extraordinarios que en cierto modo podían parecer
personales, sabía cubrirlos con frases o narraciones que desviaban la admiración de quien no le conocía.

Cierto día hubo alguien que se maravillaba en su presencia de las predicciones cumplidas, de los secretos descubiertos, de las cosas que
él humanamente no habría podido conocer, y don Bosco exclamó:

-íAdivino sin saberlo! Estaba yo una mañana en una casa de religiosas, cuando una monja a la que yo no conocía, traía el café, y noté
que andaba muy preocupada con el cuidado de servirme; yo le dije: "Marta, Marta, nimis sollicita es". ((302)) (Marta, Marta, te afanas
demasiado.) Yo no sé si entendía el latín, pero lo cierto es que comprendió las palabras Marta, Marta; y decía después a las otras
hermanas: -Verdaderamente don Bosco es un santo; es un profeta; sin conocerme íha sabido que me llamo Marta! Porque efectivamente
ése era su nombre.
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Tampoco tenía nada de austero; era de modales desenvueltos y su amabilidad le ganaba los corazones; el prestigio de su santidad no
ocasionaba desconfianzas o repugnancias en los mundanos, sino que, por el contrario, su conversación era muy deseada. Este su
comportamiento le abría las puertas de todas las casas y era bien recibido hasta por hombres de principios diversos.

Bien puede decirse que don Bosco fue una de esas almas que supieron imitar maravillosamente el modelo divino con una vida humana
bella y serena. El más bonito elogio que se le puede tributar es el mismo expresado por la hermana de san Francisco de Borja sobre santa
Teresa: "Gracias a Dios, que nos ha hecho conocer una santa a la que podemos imitar todos nosotros. Su forma de vivir no tiene nada de
extraordinario; come, duerme, habla y ríe como todas las demás, sin afectación, sin cumplidos, a la buena de Dios, y sin embargo, se ve
claramente que está llena del espíritu de Dios".

He aquí cómo nos lo describe un ilustre señor cuando, como sucedía con frecuencia, invitaba a su mesa a un amigo o bienhechor.
"Cuando entraba con sus sacerdotes en el refectorio, se hubiera dicho que era el último de todos. Y íqué íntima satisfacción
experimentaba cuando invitaba a un amigo a comer con la comunidad! Venga hoy a comer con nosotros, ívenga! Verá que apenas habrá...
pero no completaba la frase; sonreía graciosamente y hacía el gesto de abrir las manos, como queriendo decir, que había que contentarse
con lo que el convento diera. Pero nadie puede imaginarse el gusto que se experimentaba comiendo con don Bosco. Inter pocula (entre
vaso y vaso) su conversación era un poco más animada, ya que también tomaban parte los demás comensales, pero la palabra de don
Bosco era ((303)) la más entretenida e interesante por sus anécdotas. Era sobrio y parco, moderadísimo; pero no se oponía a que se
pusiera en la mesa un poco de vino añejo que era feliz al ofrecer a su invitado, para demostrarle su satisfacción por tenerlo como
comensal; complacencia que él glosaba con la acostumbrada rúbrica: íPerdónenos, si hoy ha tenido que hacer un poco de penitencia!
íPero usted nos ha honrado y esto basta! íEs así, mi querido y buen amigo !".

Ganados por los buenos modos crecía de día en día el número de sus amigos.

El año 1866, y precisamente en Milán, trabó íntima amistad con el abogado Comaschi.

Era Comaschi hombre de los llamados principios liberales, y presidente o patrono de la sociedad de sombrereros. En nombre de ésta
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se había presentado al general Garibaldi, a su paso por Milán; el héroe de ambos mundos quedó tan complacido del homenaje que le
regaló su propio sombrero. El abogado lo colocó en el salón, bajo una campana de vidrio, y lo mostraba con verdadero orgullo a sus
visitantes.

Habiendo ido a Turín en 1859 para defender una de sus causas oyó hablar de don Bosco y quiso verle. Acompañado de otro abogado
fue al Oratorio; el Siervo de Dios le recibió con su encantadora cortesía y se entretuvo principalmente con el otro abogado a quien ya
conocía. Comaschi habló poco, pero observó atentamente, y quedó tan admirado del Venerable, que dijo después:

-Don Bosco no me parece un cura como los demás.

A partir de aquel momento le guardó un afecto y una reverencia indescriptibles. Volvió otra vez al Oratorio para ver a don Antonio
Sala, en cuyo pueblo de Brianza tenía su quinta; y, al ver en la portería un retrato de don Bosco, dijo:

-íCómo! "No tenéis otro sitio donde colocar a don Bosco? "Sabéis quién es don Bosco?

Y echó al asombrado portero un sermón en toda forma.

((304)) Cuando en 1866, supo que don Bosco se encontraba en Milán, le invitó a comer en su casa. Don Bosco aceptó. El abogado
estaba fuera de sí por la alegría de sentarle a su mesa. El Siervo de Dios, que sabía adaptarse a todas las situaciones, sostuvo la hilaridad
de los convidados con el conocido cuento de aquel señor alemán, Dehuc, llegado a Italia para ir a Roma.

En aquellos tiempos no había ferrocarriles, se viajaba en carruaje y se hacían diversas paradas para descansar. Dehuc era amigo de la
cerveza, pero prefería el vino y del mejor; y como era muy rico, iba precedido, con más de una jornada de viaje, por un mensajero que
probaba el vino en todos los pueblos por donde pasaba y, si lo encontraba bueno, escribía con un pincel en los muros exteriores de la
hospedería: est!; si era mejor: est!, est!; y si era óptimo: est!, est!, est!. El dueño le seguía y hacía etapas, más o menos largas, con arreglo
a la bondad del vino. A veces sólo una noche; otras, varios días, y eran frecuentes las borracheras. Llegó finalmente a Montefiascone y,
como viera escrito sobre un parador: est! est! est!, saltó del carruaje, alquiló una habitación y agarró una borrachera tan fenomenal y tan
fuerte como para reventar. Y en efecto, se fue al otro mundo. El criado lo hizo enterrar en una magnífica tumba con una inscripción que
explicaba la causa de su muerte: Est!, est!, est!,.. sed propter nimium est!. Herus meus Joannes Dehuc mortuus est! (es!, es!, es!,
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pero por demasiado es, mi patrono Juan Dehuc muerto es). Ordenó, además, que en la losa sepulcral se practicara un agujero por el que
cada año, en el aniversario de su muerte, se echarían algunas medidas de vino para regar sus huesos.

La gracia con que don Bosco narró esta anécdota fue como para no olvidarla.

Si el Siervo de Dios buscaba ganarse las simpatías de la gente, era para llevar sus almas al Señor. El abogado Comaschi le invitó con
mucha insistencia para que, siempre que fuese a Milán, se hospedara en su casa de la que le hacía dueño. Don Bosco aceptó gustoso la
hospitalidad ofrecida. Y resultó que cuanto más trataba el abogado ((305)) con él, tanto mejor se hacía y, poco a poco, cambió de ideas; el
sombrero de Garibaldi perdió el sitio de honor y en su lugar colocó dos cartas autógrafas del Siervo de Dios, en un cuadro con marco
dorado. No es fácil imaginar a qué extremo llegó su amistad y admiración por don Bosco. Nunca permitió que la habitación ocupada por
él fuese usada por nadie, la respetó siempre como un santuario, donde conservaba todo lo que el Venerable había usado en la mesa, y no
permitió que se lavaran los vasos, manteles y toallas. Mientras vivió lo veneró todo como reliquias de un santo.

Así nos lo atestiguó don Lorenzo Saluzzo, el cual lo oyó contar a los mismo parientes de Comaschi.
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((306))

CAPITULO XXVI

UNA PREDICCION QUE SE CUMPLE AL CABO DE TRES MESES Y MEDIO -DILIGENCIAS HECHAS ANTE EL MINISTERIO
DE INSTRUCCION PUBLICA PARA OBTENER LA DISPENSA DE DEMOSTRAR CON TITULOS LEGALES LA IDONEIDAD
DE LOS DOCENTES EN EL ORATORIO -SUPLICA DE DON BOSCO AL MINISTRO -RECOMENDACIONES DEL ALCALDE
Y DEL GOBERNADOR DE TURIN -RESPUESTA DEL MINISTERIO TRANSMITIDA A DON BOSCO POR EL GOBERNADOR
-CARTA DE PIO IX A DON BOSCO -RECUERDO DEL ORATORIO DE UN ANTIGUO ALUMNO: DESEOS DE DON BOSCO
PARA EL BIEN DE LOS JOVENES; UN SUEÑO; UNA VISITA A LOS DORMITORIOS; ANUNCIO DE LA PROXIMA PARTIDA
DE UN ALUMNO PARA LA ETERNIDAD Y SU MUERTE -OTRO SUEÑO: EL DEMONIO ESTORBA LAS CONFESIONES Y
COMUNIONES -OTRO NUMERO DE LAS LECTURAS CATOLICAS

DON Bosco volvía al Oratorio para terminar santamente con sus alumnos el carnaval (13 de febrero), y una noche de los primeros días de
cuaresma anunciaba que, dentro de tres meses y medio, un alumno sería llamado a la eternidad: Estote parati! (íEstad preparados!)

Mientras tanto trabajaba para poner en práctica un proyecto, que sabía era de un resultado problemático, pero tentare non nocet (el
probar no hace daño).

Don Bosco tenía una idea fija a la que daba vueltas. Era algo cierto que sus colegios, y por tanto sus escuelas, se multiplicarían de
modo maravilloso, pero veía la dificultad de poderlas sostener con profesores que poseyesen los títulos ((307)) exigidos por las
autoridades escolásticas. Aunque había hecho sacar a los suyos un cierto número de doctorados y diplomas, y otros se estuviesen
preparando para capacitarse en la enseñanza, no se engañaba al pensar que algunos le abandonarían para crearse una posición
independiente en las escuelas públicas y oficiales.

En los mismo exámenes el Rector de la Universidad y el Presidente
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de las Comisiones examinadoras se habían mostrado contrarios a los que se habían de quedar en el Oratorio. Ya hemos visto cómo
buscaban impedir que fuesen admitidos en la Universidad en 1863, y la oposición al delegado provincial de enseñanza Selmi, porque en
1864 había autorizado temporalmente profesores sin títulos en las clases de bachillerato del Oratorio. En 1865 cesó un poco esta posición,
que sordamente continuaba, gracias al alcalde de Turín Galvagno, que había recomendado bastantes muchachos a don Bosco y que fueron
aceptados en el Oratorio. No obstante, y como ya hemos narrado, no se quiso conceder en un principio el examen de doctorado a Juan
Bautista Francesia, al terminar el tercer curso de Letras, mientras se había otorgado el mismo favor a otros; a don Celestino Durando,
aunque por otros motivos, el Presidente de la Comisión le negaba la capacidad para la enseñanza de Retórica, y sólo después de unos
meses se resignó a concederle el diploma por orden expresa del Ministerio; don Miguel Rúa, que había aprobado el examen escrito, no
fue admitido al oral, porque no se quiso reconocer como legal un documento.

Hay que notar, por otra parte, que en las escuelas del gobierno, muchos profesores enseñaban simplemente por decreto real, otros sin
tener ningún diploma y otros titulares con diploma se hacían sustituir por un maestro sin título alguno.

Por este lado, eran todavía tiempos de lucha continua los de don Bosco; tanto más cuanto que aún en los momentos de tregua aparente,
él conocía las intenciones y las tramas de quien le hostigaba. Dio indirectamente testimonio de la gravedad de esta lucha el Gran Oriente
de la Francmasonería oficial de Turín, ((308)) el cual, al finalizar el año 1865 se encontró con don Bosco y le dijo:

-íCómo le hacen sudar, pobre don Bosco! Pero daré orden para que le dejen en paz!

Y parece que los efectos correspondieron a la promesa.

Pero el Siervo de Dios ya había madurado su proyecto. Durante este año algunos de los profesores del bachillerato del Oratorio daban
clase sin diploma, puesto que los profesores titulares estaban ocupados con otros importantes cargos. El Delegado Provincial de
enseñanza se había conformado sin más, con la acostumbrada declaración o estadística anual, pero tal estado de cosas no podía durar; era
menester una prueba decisiva que liberase al Oratorio de toda ligadura; hacía falta el valor de un golpe de Estado.

-Tengo todas las cargas de un padre de familia, pensó don Bosco; y "por qué no debo tener los derechos según la ley?
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Consultó con el alcalde Galvagno, el cual, aunque pertenecía al partido dirigente en Italia, aprobó su idea y prometió ayudarlo. Seguro
de este apoyo, don Bosco dirigió una instancia al ministro de Instrucción Pública, Domingo Berti:

Excelencia:

Creo sabe V.E. que hace ya veinticinco años existen en Turín los llamados Oratorios masculinos. Consisten éstos en unos locales
destinados a reunir durante los días festivos a muchachos muy abandonados, que vienen a esta ciudad desde varios puntos del Estado, con
el fin de entretenerlos con agradables y honestas diversiones, después de cumplir con sus deberes religiosos. Hay cuatro oratorios de esta
clase, donde se reúnen varios millares de muchachos; a la par que se les proporciona enseñanza elemental, se procura también que tengan
durante la semana una colocación donde trabajar. Pero entre la multitud hay algunos tan pobres y tan faltos de atención que toda solicitud
resultaría seguramente inútil, si no se les alojara en una casa donde sean instruidos, vestidos y preparados para un oficio con el que
puedan a su tiempo ganarse el sustento para vivir.

Así nació la casa llamada Oratorio de San Francisco de Sales, donde al presente hay cerca de ochocientos muchachos internos. Todos
tienen en ella normalmente escuelas nocturnas elementales ((309)) y otros estudios adaptados a ellos. Durante el día, parte de estos
muchachos aprenden el oficio de zapatero, sastre, carpintero, herrero, encuadernador de libros, impresor, cajista y parecidos. Otros, a
quienes la Providencia dotó de aptitud para las ciencias, son destinados a los estudios secundarios. Estos llegan a ser cajistas en el mismo
centro o en otras imprentas; unos cuantos consiguen el diploma para la enseñanza en el bachillerato y algunos, finalmente, emprenden
otras carreras, gracias a las cuales, en breve espacio de tiempo, consiguen un puesto honroso en la sociedad.

Estas escuelas fueron consideradas en el pasado como obras apostólicas de caridad y por eso mismo el Ministro de Instrucción Pública
las recomendó en varias ocasiones, las alentó y, entre otras cosas, se complacía en manifestar al que esto expone que aquel Ministerio
deseaba concurrir con todos los medios a su alcance para que estas nuestras escuelas tuviesen el mayor desarrollo posible 1 :

Fueron maestros, el Director, ayudado por algunos alumnos del Centro, y también personas externas; pero todos trabajaban
gratuitamente. Por eso, los Delegados provinciales de enseñanza, por espacio de más de veinte años, cooperando en el sentido más
favorable, dejaron plena libertad para enseñar en aquellas ramas escolásticas que se juzgaban más oportunas para el bien de los
muchachos, sin preocuparse de si el maestro estaba o no diplomado.

Solamente desde hace algún año el Delegado, aunque en forma benévola, considerando este Centro solamente como un internado más
con bachillerato, quiere someter estas escuelas a todas las leyes y disposiciones con que se regulan y dirigen los demás colegios públicos
exigiendo, entre otras cosas, que los profesores de las respectivas clases presenten diplomas o títulos equivalentes. Ahora bien, no
pudiendo, si no es a costa de grandes gastos resolver la titularidad de tales maestros, porque el Centro es totalmente gratuito, se vería en
el riesgo de tener que suspender su actividad con grave perjuicio para tantos hijos del pueblo bajo, que también poseen

1 Carta del 29 de abril, de 1857, firmada por J. Lanza.
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talento y voluntad, para cursar los estudios secundarios que les abrirían el camino para ganarse la vida honrosamente.

Después de esta exposición a V.E. respetuosamente ruego:

1.° Que considerando el artículo doscientos cincuenta y uno de la ley de intrucción pública, por el que se faculta a los padres de familia,

y a quien hace sus veces, para dar a sus hijos o parientes la intrucción secundaria, exenta de inspecciones por parte del Estado;

2.° Que considerando el artículo trescientos cincuenta y seis, el cual dispensa a las personas que enseñan gratuitamente a los muchachos
pobres de clases elementales o técnicas de hacer constar su idoneidad;

3.° Que considerando también, cuanto V.E. dijo hace poco ((310)) en la cámara de diputados proclamando que quería conceder toda

posibilidad para facilitar la libertad de enseñanza;

Suplico a V.E.:

Que se digne considerar al Director de este Centro como padre de los muchachos en él internados, a quienes en realidad provee de todo

lo necesario para su vida material y moral;

Que la enseñanza que se da es totalmente gratuita y a jóvenes pobres que no tienen otro medio para alcanzarla;

Que sería un gran beneficio material y moral el que se pudiese dar libremente la enseñanza secundaria a estos jóvenes de acuerdo con

su capacidad y necesidad.

En consecuencia, se conceda al sacerdote Juan Bosco, director del Oratorio de San Francisco de Sales, ayudado por personas
caritativas, impartir la enseñanza secundaria a los muchachos pobres, internados en dicho Centro, de conformidad con los artículos
mencionados, esto es, dispensarle de hacer constar su idoneidad ante la autoridad escolástica, como se ha practicado desde hace veintitrés
años.

Este favor no redunda en beneficio de ningún particular puesto que las escuelas son gratuitas y los profesores trabajan gratuitamente,
sino que es totalmente en favor de unos muchachos pobres que no podrían de ningún otro modo cultivar la inteligencia que Dios se dignó
concederles.

El deseo expresado por V.E. en diversas ocasiones de ayudar a la enseñanza libre me hace esperar que será tomado benignamente en

consideración cuanto aquí se expresa y que los alumnos de este Centro tendrán un motivo más para manifestarle su más sincera gratitud.

Mientras invoco sobre V. S. las bendiciones del Cielo, tengo el honor de profesarme

De V.E.

Febrero de 1866

JUAN BOSCO, Pbro.
Esta súplica iba acompañada por la siguiente carta de recomendación del Alcalde de Turín, el cual, además, la publicó en los periódicos
como conocedor que era de la influencia que la opinión pública ejerce sobre las decisiones gubernativas.

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CIUDAD DE TURIN
Secretaría particular del Alcalde

El Centro educativo del preclaro sacerdote don Juan Bosco, levantado poquito a poco y en modestísima escala, ha alcanzado
gradualmente, gracias a los incansables trabajos de su director y creador, proporciones ((311)) verdaderamente colosales; el bien
realizado durante los veinticinco años transcurridos desde su creación hasta hoy es conocido e inmenso; miles y miles de jóvenes pobres y
abandonados, que constituían un peligro para la sociedad, fueron regenerados, instruidos, convertidos en laboriosos ciudadanos; quién en
las artes, quién en la enseñanza, quién en el sacerdocio y quién en otros ramos; y todos son testimonio evidente en favor de ese
benemérito establecimiento, que no se concibe cómo podría sostenerse y florecer con los escasísimos medios de que dispone, si no se
conociera la generosa e iluminada caridad de los ciudadanos de Turín, que se muestra más generosa allá donde advierte que lo pide un
verdadero y sólido interés público.

La hermosa prueba que ha dado hasta ahora de sí mismo este pío Instituto, el gran bien que hace a la sociedad, y especialmente las
alabanzas que en todo tiempo recibió, aun de los funcionarios gubernativos, respecto a la enseñanza secundaria, le hacen muy digno por
todo concepto de que el gobierno siga aportándole la benévola asistencia de la que no careció hasta ahora y que quiera por eso mismo
condescender con la petición que su director dirige al culto señor Ministro de Instrucción Pública, continuando la atención tenida hasta el
presente de no obligarle a tener maestros titulados para la enseñanza secundaria, que gratuitamente da a los jóvenes el mismo Director,
ayudado por doctas y pías personas, cuyos buenos y excelentes resultados son conocidos.

Por estas consideraciones y por el singular beneficio que este caritativo establecimiento reporta a la ciudad de Turín, el Alcalde, abajo
firmante, se cree en el deber de apoyar calurosamente, ante el muy honorable señor Ministro de Instrucción Pública, la antedicha petición
del director don Juan Bosco, quien de ningún modo podría soportar los gastos que implica dotar a su Instituto de maestros titulados para
la enseñanza media, y pagarlos, ya que no sería posible hallarlos de tal suerte y dispuestos a dedicarse gratuitamente al trabajo, que
constituye su profesión de la que obtienen su sustento.

Turín, 26 de febrero de 1866

El Alcalde y Afmo. compañero del Ministro Berti en el Consejo Municipal de Turín GALVAGNO

Don Bosco obtuvo también del Gobernador de la Provincia una recomendación semejante a la anterior.

Estas recomendaciones alcanzaron, sólo en parte, el resultado apetecido.

El Gobernador respondía a don Bosco:
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((312)) GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN

Particular

N.° 105

Turín, 16 de marzo de 1866

Me apresuro a copiar a continuación para norma de V. S. la respuesta que hoy me llega del Ministerio de Instrucción Pública, en
respuesta a su instancia para conseguir la dispensa de títulos a los maestros de ese benemérito Instituto:

"Aun teniendo la consideración debida a las recomendaciones de ese respetable Municipio y de V. S. Ilma., no pudiendo, por otra parte,
este Ministerio autorizar en favor de las escuelas del Oratorio de San Francisco de Sales, una excepción no contemplada por la ley, el que
suscribe ha facultado al Real Delegado provincial de Estudios para que autorice, solamente por el corriente año escolástico, a los
profesores de dichas escuelas para que continúen en su respectiva función, notificando al mismo tiempo al reverendo don Bosco que, si
para el próximo curso escolar no ajusta a la ley el Instituto que dirige, la autoridad escolástica se verá obligada a proceder contra dicho
Instituto, de acuerdo con las vigentes disposiciones. Es todo lo que este Ministerio puede hacer en favor de dicha institución, cuya
benemerencia y filantropía muy bien conoce, y no puede hacer más, sin derogar cuanto prescribe la ley".

El Gobernador TORRE

Sin embargo, a partir de entonces el Gobiermo que, entre otras cosas en las que pensar, tenía también la guerra contra Austria, dejó en
paz al Oratorio durante bastante tiempo. El Angel de nuestras escuelas velaba por ellas, y las protegía, además, la oración y la bendición
del Vicario de Jesucristo. El Venerable había escrito al Sumo Pontífice, sin duda al principio del año, pero no tenemos copia ni recuerdo
de la carta a la que Pío IX respondía así.

PIO PAPA IX

Al dilecto Hijo, salud y bendición apostólica.

Damos gracias a Dios, amado Hijo, por la abundancia de gracias que El concede a este pueblo fiel, y por las muchas y utilísimas
empresas que dispone sean comenzadas y llevadas a cabo para el ((313)) bien de este mismo pueblo, a despecho del cual se lanzan tantas
injurias contra la religión católica y contra esta Santa Sede con grave escándalo para todos. De corazón nos congratulamos contigo, con
los piadosos sacerdotes, tus compañeros, y con las devotas asociaciones de las que nos escribes y a las que auguramos siempre mayor
incremento. Por lo demás, puedes conocer cuánto afecto te profesamos a ti y a tus obras, por la facilidad con que hemos escuchado tus
peticiones y enriquecido dichas Asociaciones con los privilegios e indulgencias
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pedidas. Que el Señor las tenga lejos de todas las insidias del enemigo, rechace todos sus asaltos y que prospere y haga fecundas vuestras
obras con su bendición. Esto os auguramos de corazón mientras, con los auspicios de celestiales favores y como prenda de nuestra
paternal benevolencia, os impartimos afectuosamente a todos la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 24 de febrero de 1866, vigésimo de nuestro Pontificado 1.

Y la obra de don Bosco continuaba fecunda en gracias para las almas de los jóvenes. Una carta del antiguo alumno ya mencionado,
Agustín Semería, escrita desde Liguria en 1883, nos describe el celo del Siervo de Dios en aquel año:

Reverendo señor don Miguel Rúa:

Hace ya diecisiete años que salí de ese Oratorio y nunca lo he olvidado. "Cómo olvidar los amorosos cuidados que don Bosco nos
prodigó, en los años de nuestra inexperiencia? Al recordar aquellos rasgos de inefable bondad, aquellas palabras afectuosas ((314)) con
las que nos incitaba a la virtud, aquella paciencia con la que soportaba nuestros defectos, aquella solicitud por nuestra educación, me
siento enternecido, conmovido y no puedo contener las lágrimas de mis ojos.

Recuerdo cómo aquel buen Padre se lamentaba amorosamente de que algunos alumnos de su instituto se acercaban de tarde en tarde a
los Sacramentos...

El, que quería conocer las llagas de nuestras almas para curarlas y aplicarles el remedió necesario con algún buen consejo, se servía
también de los sueños. Antes de darlos a conocer, nos decía que hay sueños de tres clases: los que vienen de parte de Dios para animarnos
al bien, los del demonio para inducirnos al mal, y los de la posición en que uno duerme. Los que don Bosco nos contaba yo creo que
provenían de Dios.

Era el año del Señor 1866; alrededor de unos quince días, antes de la fiesta de san José, don Bosco nos narraba:

1 PIUS P. P. IX.-Dilecte Fili, Salutem et Apostolicam Benedictionem.

Deo gratias agimus, Dilecte Fili, quod fideli huic populo, quo invito tot catholicae religioni et huic sanctae Sedi injuriae illatae fuerunt,
tantam suae gratiae copiam largiatur, et complura utilissima opera hic moliri ac perfici velit unde tot scandala manarunt: tibi vero et piis
sacerdotibus ac sodalitatibus, quas commemoras, gratulamur ex animo, ac majora semper ominamur incrementa. Ceterum illius, qua Nos
te et illas prosequimur charitate apertum habes argumentun in facilitate, qua tuis obsecundavimus praecibus, et easdem societates petitis
auximus privilegiis et indulgentiarum thesauris. Avertat ab iis Deus omnes insidias inimici, omnemque vim longe repellat: vestraque
opera benedictione sua augeat et faecundet. Id vobis toto pectore adprecamur, dum coelestis favoris auspicem et paternae benevolentiae
Nostrae pignus universis Benedictionem Apostolicam peramanter impertimus.

Datum Romae, apud S. Petrum, die 24 Februarii 1866, Pontificatus Nostri Anno XX.

PIUS PP. IX.

Dilecto Filio Presbitero
Joanni Bosco
Augustam Taurinorum.

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"Soñé que me encontraba en la cama y que se presentaba un individuo o fantasma con una lámpara encendida en la mano, diciéndome:

"-Don Bosco ílevántate inmediatamente y ven conmigo!

"Sin temor alguno, bajé del lecho, me vestí y me encaminé detrás de aquel individuo el cual no permitió ni por un solo momento que le
viese el rostro. Me hizo atravesar varios dormitorios por el centro del pasillo a cuyos lados estaban las camas de los jóvenes entregados al
descanso. Al pasar me di cuenta de que sobre algunos lechos había unos gatos agarrados a los hierros con las patas de atrás y con las de
delante en actitud de arañar el rostro de los muchachos dormidos.

"Yo seguía siempre detrás de aquel fantasma, el cual se detuvo finalmente comenzando a dar vueltas alrededor de la cama de un joven
que estaba profundamente dormido. También yo me detuve y le pregunté por qué hacía aquello. El me contestó:

"-Para la fiesta de San José este joven debe venir conmigo.

"Yo comprendí que el muchacho indicado moriría para aquella fecha.

"Entonces, pregunté a mi guía con tono resuelto:

"-Necesito saber quién eres y en nombre de quién hablas.

"El me dijo nuevamente:

"-Si quieres saber quién soy: ímira!

"Y desapareció él y la linterna, de forma que me quedé a oscuras. Entonces me dispuse a ir nuevamente a mi lecho, pero en el camino
tropecé no sé si con un baúl o con otra cosa y me desperté."

Hecha esta narración, nos explicó que aquellos gatos en actitud de devorar a los jóvenes que dormían tranquilamente, significan los
enemigos de nuestra alma, que están siempre a nuestro alrededor para hacernos caer si estamos en gracia de Dios o para destrozarnos si
estamos en desgracia, cuando el Señor, cansado de nosotros, se lo permitiese.

"Conocí, añadió, a aquél que, según me dijo el desconocido, tenía que morir para la fiesta de San José; pero no diré a nadie quién es
para no causar demasiado espanto. Veremos si este sueño se realiza.

Entretanto, estemos todos preparados a bien morir. A los que vengan ((315)) a confesarse conmigo les diré algo en particular."

Pasada la festividad de San José, nos dijo que precisamente el día 19 de marzo, un joven del Oratorio había muerto en su pueblo natal.

En la Crónica del Oratorio se lee: "El 19 de marzo de 1866 muere Simón Lupotto, a los dieciocho años de edad. Por su extraordinaria
piedad fue siempre de edificación para sus compañeros. Frecuentaba con devoción los Santos Sacramentos; participaba con recogimiento
en las funciones religiosas; era un enamorado de Jesús Sacramentado; parecía un san Luis, siempre que se le miraba mientras oraba.
Soportó con heroica resignación su larga enfermedad. Según la predicción de don Bosco, fue a celebrar en el cielo la fiesta de san José,
del que era muy devoto. Sicut lilium inter spinas (Como lirio entre espinas), pues en su casa se hallaba rodeado de personas muy
diferentes de él".
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La Carta de Semería prosigue:

Otro día contaba don Bosco:

"Soñé que me encontraba en la sacristía repleta de jóvenes que se confesaban conmigo. De repente entró un cabrito por la puerta de la
sacristía, empezó a rodar en torno a los muchachos y a jugar con ellos, de modo que les hizo perder la buena voluntad de confesarse y,
poco a poco, uno tras otro, se salieron. El cabrito se acercó a mí y se atrevió con sus seductoras zalamerías a intentar alejar al que se
estaba confesando, mientras yo lo tenía junto a mí. Airado, di un puñetazo en la cabeza al animal, le rompí un cuerno y le obligué a
escapar. Quería también dar una buena reprimenda al sacristán por haberlo dejado entrar.

"Después me levanté, me revestí de los ornamentos sagrados y salí a celebrar la santa misa. Llegado al momento de la comunión, he
aquí que, por la puerta principal de la iglesia, entró una multitud de cabritos que, esparciéndose por los bancos, trataban de distraer de mil
modos a los muchachos que deseaban acercarse a la mesa de los ángeles. Unos ya se habían levantado para ir al altar, pero, seducidos por
aquellos pérfidos mimos, se volvían a su puesto. Otros habían llegado cerca del comulgatorio, algunos estaban ya de rodillas ante el altar,
pero se volvieron atrás sin comulgar.

"Estos cabritos eran los enemigos de las almas que, con distracciones y afectos desordenados, tienen a los jóvenes alejados de los
sacramentos...".

((316)) Con estas y otras charlas semejantes, preparaba don Bosco las almas para las fiestas de Pascua, mientras continuaba la
catequesis diaria de cuaresma para ellos y los millares de externos de los cuatro Oratorios festivos.

Se preocupaba mucho, además, y lo demostraba cada año, de los que aún no habían sido confirmados, para que recibieran dignamente
este sacramento.

Mientras tanto, en los primeros días de marzo salía el tercer fascículo de las Lecturas Católicas titulado: Novena de meditaciones y
oraciones para prepararse a recibir dignamente el Sacramento de la Confirmación -Preparación próxima para los Sacramentos de la
Confesión, Comunión y Confirmación -Compendio de las principales preguntas del Catecismo para el examen de los confirmandos.

Este fascículo era continuación de otro, publicado en octubre del año anterior, con el título de: Instrucción Catequística acerca del
Sacramento de la Confirmación. No llevaba portada y la paginación era progresiva, de modo que, como ya hemos señalado, pudiese
unirse al antedicho para mayor comodidad de quienes quisieran servirse de él.
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((317))

CAPITULO XXVII

MEDALLAS DE LA VIRGEN -EL ARZOBISPO DE GINEBRA CONFIA EN LAS ORACIONES DE DON BOSCO -LOS
TRABAJOS DE LA NUEVA IGLESIA -EXPEDIENTE PARA RECTIFICAR LA CALLE COTTOLENGO FRENTE A LA IGLESIA
-POR LA MUERTE DE UN BIENHECHOR -DON BOSCO DA EN MILAN UN VALIOSO CONSEJO A UN COMERCIANTE
VA A CREMONA EN BUSCA DE LIMOSNAS -CIRCULAR Y PROGRAMA PARA LA INAUGURACION DE LA TOMBOLA
EXPOSICION DE LOS PREMIOS -LA INAUGURACION: DIALOGOS, POESIA EN PIAMONTES -EL GOBERNADOR DE
TURIN CONCEDE UNA NUEVA EMISION DE BOLETOS -GENEROSOS PRESTAMOS PARA PAGAR LAS DEUDAS
LECTURAS CATOLICAS

LA devoción a María Santísima Auxiliadora se difundía cada vez más entre los fieles; a ello contribuía también que el Siervo de Dios
distribuía sus medallas en gran número. Por todas partes se enaltecía su extraordinaria virtud: preservaban de muchos males y curaban
enfermedades; de modo que había continuas e insistentes peticiones de dichas medallas, bendecidas por el mismo don Bosco. Se tenía
gran confianza en la Virgen y también en las oraciones de su fiel Siervo y de sus muchachos. Su Excelencia monseñor Andrés Charvaz,
arzobispo de Ginebra, escribía:

Ginebra, 26 de marzo de 1866.

Mi querido y respetado Padre:

Agradezco cordialmente, mi querido Padre, las oraciones y novenas que ha hecho para que sanara de la enfermedad de que le hablé.
Uní mis pobres oraciones a las ((318)) suyas y me parece que me encuentro mejor, pero cualquiera que sea el resultado final, que yo dejo
a la santa voluntad de Dios, espero aprovechar la primera ocasión para hacerle llegar al menos un sencillo testimonio de mi
agradecimiento y mi vivo interés por una obra tan útil como la suya.

Reciba mis mejores sentimientos de gratitud.

De usted

Afectísimo seguro servidor " ANDRES, Arzobispo de Ginebra.

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Pasados los fríos invernales, se reemprendieron los trabajos en la iglesia de María Auxiliadora. Ya estaban preparados los andamios
necesarios para terminar la bóveda y levantar la cúpula. Sobre ésta debía sobresalir una estatua de la Virgen María en bronce dorado, y
don Bosco había dado ya los primeros pasos con la empresa Boggio de Turín.

También le interasaba mucho seguir el expediente para arreglar la calle que pasaba ante la iglesia y, con tal motivo, enviaba al Alcalde
la siguiente solicitud:

Ilmo. Señor Alcalde:

El año pasado, con ocasión de la colocación de la piedra angular de una nueva iglesia, por S. A. Real el Príncipe Amadeo y con
asistencia del señor Alcalde, se hizo la petición de que se rectificase la calle Cottolengo frente al nuevo edificio. El señor Alcalde visitó
todo bondadosamente y, persuadido de la importancia y necesidad de lo que se pedía, aseguró su apoyo en el Municipio.

Al presente, los trabajos del sagrado edificio están muy adelantados, la techumbre terminada, acabadas las arcadas de las bóvedas; por
ello, calurosamente ruego a V. S. Ilma. se digne considerar:

1.° Que el ingeniero civil, al trazar las líneas de los cimientos, se basaba en el plano de rectificación de dicha calle Cottolengo, sin lo
cual ni siquiera se podría entrar en la iglesia.

2.° Que dicha rectificación ya está aprobada y una buena parte del sitio fue expresamente comprado por el Seminario, y los edificios
próximos tienen trazada la fachada con arreglo a esta línea.

3.° Que con esta rectificación se levantaría algo el nivel de la calle, lo cual contribuirá mucho a la salubridad de este lugar; ya que hay
bastantes desagües que dan a una hondonada ((319)) sin posible curso de salida. De hecho, en el 1854, las casas que circundan este lugar
fueron las más afectadas por el cólera y algunas familias desaparecieron.

Esta necesidad quedaría resuelta con el ya aprobado levantamiento, con el cual se daría salida normal a los diversos desagües.

4.° Que se podrían proseguir los trabajos con mucho menor gasto, dar ocupación a mayor número de personas, satisfacer el deseo y la
necesidad de los habitantes del barrio de Valdocco, que se hallan lejos de las iglesias y suspiran por la conclusión del nuevo edificio, que
les dará comodidad para cumplir los deberes religiosos.

Por estas y otras razones que la prudencia de V. S. ciertamente imagina y aprecia, le suplico, por cuanto soy y puedo, se digne rectificar
la calle Cottolengo con arreglo al proyecto de ensanchamiento ya aprobado por el Municipio y conforme lo requiere el basamento de la
nueva iglesia, tal y como se expuso en la memoria previamente presentada a tal fin en la ciudad.

Confiando plenamente que esta solicitud, apenas tenga la suerte de ser recibida
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por V. S., obtenga favorable consideración, me cabe el alto honor de profesarme con la más sentida gratitud.

De V. S. Ilma.

Turín, 26 de febrero de 1866.

Su seguro y reconocido servidor JUAN BOSCO, Pbro.

La instancia fue atendida después de cierto tiempo.

Mientras tanto, el Venerable Siervo de Dios salía otra vez de viaje y antes daba instrucciones para que se mostrase reconocimiento a un
insigne bienhechor que le había socorrido siempre desde 1850. Era el conde Abate Lunel de Cortemiglia, muerto a mediados de febrero.
Ordenaba, por tanto, que si la Administración del Hospicio de caridad en Cherasco, dirigido por su amigo don Alejandro Ghisolfi,
decidiese hacer un funeral solemne por el que también había sido gran bienhechor de aquella casa, se enviase para la función al menos
una docena de cantores.

Salió, pues, por la línea de Milán y parece que se dirigía a Monza, para satisfacer las fuertes instancias de la Madre Serafina, Superiora
de las Sacramentinas, que deseaba hablar con él.

En la estación de Milán sucedió un hecho digno de mención, ((320)) que demuestra lo mucho que don Bosco se preocupaba de los
intereses materiales de sus bienhechores.

El 9 de abril de 1891 escribía don Miguel Rúa en Milán la siguiente declaración:

"La señora Rosa Guenzati contó al que suscribe que, en 1866 pasó don Bosco por Milán en tren. Como no tenía más tiempo que una
hora de parada, ni siquiera salió de la estación; no obstante, había avisado a su marido para que saliera a verlo allí, como en efecto hizo,
acompañado de la señora. En la conversación díjole don Bosco:

"-Haga este año, señor Guenzati, gran provisión de telas, pues podrá venderlas ventajosamente.

"Después de la partida del Siervo de Dios, los dos cónyuges, recordando su predicción, hicieron compras en cantidad mucho mayor que
años anteriores y, tal como él lo había anunciado, así sucedió exactamente, de modo que al final del año, contentos de la bendición tenida
del Señor por mediación de don Bosco, se decían:

"-Si hubiésemos tenido más fe en las palabras de don Bosco, haciendo una provisión de telas mucho mayor, ciertamente lo habríamos
vendido todo.
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"Reconocidos al Señor por las ganancias obtenidas, diéronle gracias entregando parte de las mismas a los pobres, según era su
costumbre".

El aviso había sido el principio de una lucida fortuna.

El Siervo de Dios fue también a Cremona, donde le esperaban la Princesa Elena Vidoni, las religiosas Magdalenas y otros muchos; y
desde allí prosiguió hacia San Juan de la Cruz, a casa de la noble familia Soranzo.

Por aquellos días envió una circular al caballero Oreglia di San Stefano para que la hiciese imprimir.

Muy querido Caballero:
Aquí tiene la carta; compóngala y, si hay algo que no le parece bien, dígamelo para corregirlo.
Comunique a don Miguel Rúa que avise a la señorita Orselli que el sábado, a la ((321)) una, estaré en su casa para la comida; que vaya

con las cartas a la estación de Porta Susa.

Escribo con prisas. Busco dinero, pero... pero...

Dios bendiga a usted y su trabajo, y créame en el Señor.

Cremona, 8 de marzo de 1866.

Afectísimo JUAN BOSCO; Pbro.
La circular fue impresa inmediatamente.

Benemérito Señor:

Con gran satisfacción tengo el honor de participar a V. B. S. que la tómbola, ya recomendada otras veces a su caridad, ha sido
enriquecida con regalos, que merecen figurar en la exposición. Por eso se ha reunido la Comisión y ha deliberado que se escogiese un
local anejo al Oratorio de San Francisco de Sales y que se fijase el 19 del corriente mes para la inauguración de esta exposición pública
de la caridad cristiana. El número de los regalos llega a tres mil.

Ruégole, por tanto, se digne asistir en tan hermosa ocasión, para rendirle gracias personalmente y para honrar a los augustos personajes

que esperamos estarán presentes aquel día.

Mientras tanto, le suplico encarecidamente nos ayude a vender boletos y nos envíe los objetos que tal vez haya recogido para tal fin.

Los muchachos beneficiados se unen a mí para expresarle la más sentida gratitud y augurarle las más abundantes bendiciones del cielo,

mientras tengo el honor de profesarme, con todo aprecio,

De Vuestra Benemérita Señoría

Turín, 11 de marzo de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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ADVERTENCIAS

A las dos de la tarde, los señores y señoras promotores de la tómbola se reunirán en una sala, preparada al efecto, antes de llegar al local
de la exposición. En ella se celebrará:

1.° Concierto musical;

2.° Canto con acompañamiento;

((322)) 3.° Dos palabras de Gianduia;

4. ° El filósofo y el Poeta;
5.° Visita a la exposición de los regalos para la Tómbola.
N.B. La exposición pública de los regalos, según decreto del Gobierno Civil, durará tres meses, después de los cuales se procederá al
sorteo de los boletos. El local está abierto al público diariamente, de la una a las cinco de la tarde.
El día 10 volvía don Bosco al Oratorio. Para la tómbola, empezada el 1865, había pedido y obtenido la prórroga de la exposición
oficial. A primeros de 1866, se había impreso el catálogo de los objetos regalados. Figuraban entre ellos los obsequiados por Su Santidad
Pío IX, Sus Altezas Reales, el Príncipe Eugenio de Saboya Carignano, el Príncipe Tomás, duque de Génova, el Príncipe Amadeo, duque
de Aosta, la Duquesa de Génova, y también del Ministro de Gobernación. El número de premios era de dos mil quinientos veinticuatro,
sin contar los regalados para la tómbola pero que podían retenerse para uso de los Oratorios festivos. Figuraban entre estos últimos varios
aparatos de gimnasia, donados por S. A. R. el Príncipe Amadeo, duque de Aosta, colocados en el patio del Oratorio, y la cantidad de
quinientas liras, fruto de la colecta de varios Oratorios de Turín hecha con ocasión de la fiesta onomástica de su Director y Padre el
sacerdote Juan Bosco.

El 19 de marzo, fiesta de san José, se hizo la solemne inauguración de la tómbola. Cayó una gran nevada y no hubo mucha
concurrencia. No obstante, acudió el alcalde Galvagno. Se representó El Poeta y el Filósofo, opereta cómica de don Juan Cagliero, y se
recitó el siguiente dialogo, interesantísimo por varios conceptos, escrito por don Bosco.

Máximo, Ernesto y Tancredo

Máximo -Necesito, amigo Ernesto, me expliques por qué nuestro querido señor Alcalde y tantos ilustres personajes se han reunido hoy
en nuestro humilde Oratorio.

Ernesto -Porque hoy se celebra entre nosotros una gran solemnidad.

Máximo -"Es tal vez la fiesta de san José?
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((323)) Ernesto -La fiesta de san José es la ocasión, pero el verdadero motivo es la inauguración de la tómbola.

Máximo -"Pero esta tómbola no se empezó, se hizo y terminó el año pasado?

Ernesto -El año pasado se empezó, se recogieron regalos, se prepararon y se distribuyeron algunos boletos y ahora se trata de exponer
públicamente los donativos reunidos, para que los que compraron boletos puedan ver con sus propios ojos la cantidad, la hermosura y la
riqueza de los mismos.

Máximo -"No sería mejor recoger enseguida dinero en vez de regalos? Se ahorraría tiempo, trabajo y molestias para satisfacer las
necesidades que nos apremian.

Ernesto -Es verdad; pero mira, amigo Máximo; muchos aportan regalos y aceptan anuncios o bien boletos; otros, solamente podrán
traer regalos, o adquirir algunos boletos. De este modo todos pueden concurrir en una proporción más limitada; porque estas tómbolas
abren camino a la pequeña y a la gran beneficencia y resultan accesibles para toda clase de personas.

Máximo -En resumen, el objeto final de estas tómbolas es el dinero. íAh, dinero, dinero! Hay que reconocer que eres poderoso
caballero, pues todos te quieren por amigo.

Ernesto -Es verdad que en último término se trata de juntar dinero, pero por medios lícitos. Aquí queda todavía la esperanza de ganar y
cada cual es dueño de tomar parte o no, y tiene un fin noble, como es concurrir a una gran obra de caridad.

Máximo -"Cuál es esa gran obra de caridad?

Ernesto -La obra de caridad, que se quiere favorecer, es la de los Oratorios festivos, donde son necesarias grandes cantidades para
arriendos, mobiliario, reparaciones, maestros, objetos para los juegos, etc., etc... Hace falta dinero para el Oratorio de San Francisco de
Sales, donde hay obras de suma urgencia, suspendidas por falta de medios. Hay además un motivo especial, que es la iglesia en
construcción, cuya terminación tanto se desea.

Máximo -"Dónde se está construyendo esta iglesia?

Ernesto -Se está construyendo en un sitio anejo al patio de nuestro Oratorio y, si desde este salón o desde ese otro donde están
expuestos los regalos, miras hacia el mediodía o hacia el ocaso, verás un edificio en forma de cruz latina. Este es el edificio dedicado a
María Auxiliadora que, cual madre amorosa, extiende su mano a sus hijos para que le ayuden a completar su casa y así acrecentar el
número de sus devotos en la tierra, que un día le harán corona gloriosa en el cielo.

Máximo -Mientras tú hablabas, pensaba que no parece tan grande la necesidad de una iglesia en este sitio, tanto más que, ya existe una:
la del Oratorio.

Ernesto -Muy buena observación, pero no hace a nuestro caso. La actual ((324)) iglesia de San Francisco de Sales fue suficiente por
algún tiempo; pero ahora, debido al gran número de muchachos internos y externos, resulta demasiado pequeña y, apenas si cabe la
tercera parte de ellos. Si observas un día de fiesta, amigo Máximo, estamos en la iglesia como sardinas en banasta. Además, vivimos en
un sitio rodeado de casas llenas de personas, muy lejos de las iglesias, de modo que resulta que en este espacio, habitado por más de
treinta mil almas, no tienen un templo. "Qué dices a esto, Máximo? "Te parece necesario construir una iglesia?

Máximo -En tal caso estoy totalmente de acuerdo con la necesidad de una iglesia, donde, internos y externos y también los adultos
puedan asistir. Pero quisiera hacerte todavía una pregunta.

Ernesto -Dime.

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Máximo -Tenemos con nosotros tantos respetables personajes; entre otros nuestro señor Alcalde, los beneméritos señores de la
Comisión de la Tómbola, los señores promotores y promotoras de la misma. "No te parece oportuno decirme, en pocas palabras, para qué
sirven los Oratorios?

Ernesto -Esta pregunta puede respondértela el amigo Tancredo, que es más antiguo en el Oratorio y esrá mejor informado.

Tancredo -Con gusto trataré de complacer vuestro deseo y el mío. Para no repetir todo lo dicho en la fausta ocasión de la bendición de
la piedra angular de la iglesia, regalad, amigos míos, al señor Alcalde un ejemplar del Recuerdo de lo que se hizo aquel día y, además de
dicho ejemplar, pedidle se digne aceptar un plano de la nueva edificación. Ahora solamente en pocas palabras diré que los Oratorios
festivos son locales destinados a entretener a los muchachos con alegres y honestos entretenimientos en los días festivos, después de
haber cumplido sus deberes religiosos. Tales son el del Santo Angel de la Guarda en Vanchiglia, el de San Luis en Puerta Nueva, el de
San José en San Salvario, el de San Francisco de Sales aquí donde nos encontramos. Esta casa tiene, además, por objeto albergar a
aquellos muchachos a quienes la muerte de sus padres o cualquier otra desgracia pone en peligro de acabar mal, si no encuentran una casa
donde, gratuita o casi gratuitamente, puedan ser admitidos. Algunos de nosotros somos aprendices, otros, teniendo por naturaleza
especiales aptitudes para las ciencias, se dedican a los estudios. Tiempos atrás era suficiente la actual iglesia, pero ahora ya no; es
menester construir otra más espaciosa que satisfaga las necesidades de esta casa, de los que vienen de varios puntos de la ciudad y
también de los que deseen aprovecharse de ella. Ya que, como muy bien ha dicho Ernesto, el barrio de Valdocco está muy poblado y no
hay aquí ninguna iglesia pública para cumplir con los deberes religiosos.

Máximo -Ya que, según parece, estás tan bien informado de las cosas del ((325)) Oratorio y, al mismo tiempo, entiendes de dibujo,
dime algo acerca de la nueva iglesia. "Hace ya tiempo que se empezó?

Tancredo -Se pusieron los cimientos el año 1864, pero la piedra fundamental fue solemnemente bendecida el año pasado, el 27 de abril;
es decir, que prontó hará once meses que se empezaron regularmente las obras.

Máximo -"En qué punto se hallan ahora?

Tancredo -El edificio se encuentra muy adelantado. Los muros han llegado a su altura normal, se ha acabado la cubierta, los grandes
arcos de las bóvedas están terminados; los andamios, los pilares para las bóvedas están en su puesto; la cúpula, la majestuosa cúpula está
empezada y esperamos que se eleve suntuosamente. A propósito de la cúpula, me han dicho que sobre la misma se colocará una
estupenda estatua de María Auxiliadora, en actitud de bendecir a los turineses y a todos sus devotos que toman parte en la construcción
de este sagrado edificio.

Máximo -Si esta iglesia va a servir para tanta gente, deberá ser muy espaciosa, "no es verdad?

Tancredo -Cierto; tiene una superficie de casi mil doscientos metros cuadrados, lo que supone una capacidad para cuatro o cinco mil
personas.

Máximo -Te aseguro que gozo pensando que se construye en Turín un templo de este tamaño a la augusta Reina del Cielo. Pero, "de
dónde sale el dinero para los gastos que se hacen?

Tancredo -Esa misma pregunta me he hecho yo muchas veces. Del pasado, no sé nada; mas para el futuro, toda nuestra esperanza está
puesta en el producto de la tómbola, esto es (indíquese con las manos), en la bondad de esos señores que para
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nuestro bien y para proseguir la obra comenzada, idearon una tómbola como único medio de financiación.

Máximo -Nosotros debemos estar muy reconocidos a estos señores por su gran bondad; debemos agradecérselo y guardar indeleble
recuerdo de su protección.

Ernesto -Quiero que no solamente les estemos agradecidos, sino que pidamos al cielo que se digne derramar copiosas bendiciones sobre
todos los promotores y promotoras y todos los que de algún modo tiendan su mano generosa para llevar a feliz término esta iglesia.

Tancredo -Yo quiero, además, pedir a la Santísima Virgen que prepare una hermosa corona en el cielo a todos estos nuestros
bienhechores.

Máximo -Que vivan muchos años llenos de salud y felicidad; y, si por desgracia la peste homicida del cólera apareciese de nuevo en
nuestra tierra, ninguno de ellos tenga que sufrir el menor daño.

((326)) Tancredo -A usted, señor Alcalde, que se ha dignado venir a visitarnos en este hermoso día, le presentamos nuestra más sincera
y sentida gratitud. Si, además, como se hace con los Soberanos en los días de gran solemnidad, nos permite pedirle un favor particular, le
recordamos lo ya pedido y prometido otra vez; que diga una palabra en apoyo de la rectificación de la calle Cottolengo, frente a la nueva
iglesia, para que ésta pueda tener una entrada cómoda cuando esté terminado el edificio.

Ernesto -Señores promotores y promotoras: todo lo que nosotros hemos dicho ha sido también en nombre de nuestros Superiores y
compañeros. En nombre de los mismos les pedimos disculpen benignamente, si por nuestra condición no podemos prepararles una
recepción mejor como ustedes se merecen y nosotros desearíamos. La reconocida bondad de su corazón sabrá otorgarnos benigna
indulgencia, y ahora invitamos respetuosamente a todos a honrar con su presencia la sala de la exposición pública. Si por acaso se
encontrasen con personas generosas, que quisieran visitarla cualquier día, les aseguramos que nos hacen un nuevo favor y será para
nosotros un placer cada vez que tengamos ocasión de volver a verles a ustedes, o a las personas que enviaren para mostrarles los regalos
que su caridad supo recoger y presentar. Lo que decimos para otros lo diremos aún más de corazón a ustedes, beneméritos promotores y
promotoras, siempre que tengan el gusto de repetir una visita como la de este día que tanta alegría y honor nos ha proporcionado.

Después de este diálogo, un jovencito, que por vez primera aparecía en la escena, fingiendo el papel de Gianduia, recitó una poesía en
dialecto piamontés, escrita por don José Bongiovanni, sobre un guión previo de don Bosco.

En estilo jocoso dijo Gianduia que en sueños había hecho un largo viaje, y se había encontrado en el salón de un magnífico palacio una
enorme cantidad de monedas de oro y de plata y muchos billetes de banco; que el dueño le había dado todo aquel tesoro y que él,
llenándose los bolsos y cargándose a la espalda cuanto podía llevar, corrió a entregárselo a don Bosco, gritando que al fin se había
encontrado el dinero necesario para terminar la iglesia; pero su alegría duró muy poco, porque se cayó de la cama y se despertó en el
suelo con las manos vacías.
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Acabó diciendo que esperaba que los bienhechores remediarían con su acostumbrada generosidad aquel inconveniente y harían de
modo que el sueño se convirtiese en realidad.

((327)) Conservamos celosamente una copia de esta hermosa poesía, como precioso tesoro de aquellos tiempos 1.

Tal fue la fiesta de la inauguración de la tómbola, que no se declaró abierta hasta después de la visita de S. A. R. la Duquesa de Génova
que fue recibida entre músicas y grandes aclamaciones por los jóvenes.

Entre tanto aumentó el número de premios con los regalos de los bienhechores por lo que se pidió y se obtuvo permiso para despachar
mayor cantidad de boletos.

Ilustrísimo señor Gobernador:

La Comisión para la tómbola, aprobada por ese Gobierno Civil el 19 de marzo de 1865, cumple con el deber de dar a conocer a V. S.
Ilma. que el 19 de marzo de 1866 ha sido abierta al público la exposición de los premios para la misma.

Con esta ocasión, y teniendo en cuenta la benigna acogida alcanzada entre el público y el notable número de nuevos regalos recibidos,
se halla en la necesidad de recurrir de nuevo a su ya reconocida amabilidad, esperando obtener:

1.° Que sea aprobada la estimación comprendida en el número de orden ochocientos cuarenta y uno al dos mil quinientos veinticuatro
incluido, añadiéndoles los números, hasta ahora no incluidos, del uno al cincuenta y nueve, que suman el número total de mil seiscientos
ochenta y cuatro objetos, que confirman la suma de cuarenta y una mil novecientas ochenta y dos liras, según peritación de los señores
estimadores que al pie de la página firman.

2.° Que, en consecuencia, se nos autorice para poner en circulación ciento sesenta y siete mil novecientos veintiocho boletos,
correspondientes al doble del valor de los mismos, tal y como se concedió en el citado decreto de ese Gobierno Civil.

Con la esperanza de ser atendida y escuchada, esta Comisión rinde a V. S. Ilma. sus más expresivas gracias, mientras, en nombre de la
misma, se profesa con la más distinguida consideración

De V. S. Ilma.

Turín, 11 de abril de 1866.

Su seguro servidor Cab.° FEDERlCO OREGLIA
Secretario de la Comisión

((328)) Seguía la lista de los nuevos regalos, entre los que había tres del Papa Pío IX: camafeo de ónice engastado en oro (quinientas
liras), camafeo en piedra dura (ochocientas), cruz de oro tallada con esmalte (doscientas).

Al pie iba la valoración de los peritos.

1 Véase Apéndice V.

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A petición del presbítero Juan Bosco, declaro haber procedido al examen y valuación de los objetos de quincallería y similares antes
mencionados, cuyo valor asciende en conjunto a quince mil cuatrocientas treinta liras, digo 15.430 liras. Doy fe.

Turín, 9 de abril de 1866

JUAN VOLPATO, Profesor

A petición del presbítero Juan Bosco, el que suscribe declara haber procedido al examen y estimación de los objetos de quincallería y
similares, arriba descritos, que alcanzan en conjunto un valor de veintiséis mil quinientas cincuenta y dos liras (26.552). Doy fe.

Turín, 9 de abril de 1866.

JOSE BUZZETTI

El Gobierno Civil respondió con el siguiente decreto:

G.C.P. 6208 -Despacho 682
EL GOBERNADOR CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN

Vista la instancia presentada por la Comisión para la tómbola, autorizada por decreto del 19 de marzo de 1865, en favor del Oratorio de
San Francisco de Sales en Turín, con el propósito de obtener permiso para una nueva emisión de ciento sesenta y siete mil novecientos
veintiocho boletos, correspondientes al doble del valor de los objetos descritos en la segunda lista, que acompaña a la adjunta instancia y
que asciende a cuarenta y una mil novecientas ochenta y dos liras;

Vista dicha lista y el citado decreto del 19 de marzo de 1865:

DECRETA
1.° Se autoriza la nueva emisión pedida de ciento sesenta y siete mil novecientos veintiocho boletos, al precio de cincuenta céntimos
cada uno, para dicha tómbola en favor del Oratorio de San Francisco de Sales de esta ciudad.
2.° Antes de la distribución o venta, cada boleto deberá ser firmado por un miembro de la Comisión o por el Gobernador o quien lo

represente.

3.° En otro decreto de este Despacho se fijará el día, lugar y hora del sorteo de la presente tómbola.

Turín, 16 de abril de 1866.

El Gobernador TORRE
((329)) Los bienhechores de don Bosco se habían reído mucho y habían aplaudido los versos de don José Bongiovanni. El sueño se

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convertiría en realidad, pero no de golpe. Por eso el Siervo de Dios se industriaba hasta pidiendo dinero prestado a sus amigos, quienes
ponían en él toda su confianza, sabedores por propia experiencia que la misma Madre de Dios salía fiadora.

Escribía así al conde Francisco de Viancino:

Carísimo señor Conde:

Estoy dispuesto a recibir al joven Cinzano que V. S. carísima con su acostumbrada caridad me recomienda, y ver si puede estudiar; he
de hacerle notar que nosotros no tenemos los grados elementales y el muchacho cursa el segundo. Habrá que ver, además, qué aptitudes
tiene para los estudios. Puede usted hacer lo siguiente: entréguele una página de un libro cualquiera, que la aprenda de memoria y, apenas
se haya usted formado un juicio, me lo comunique y veremos de encaminarlo.

Pero tengo estos días algo que me apena y me preocupa. He de pagar cuatro mil liras a primeros de abril. Contaba con los boletos de la
tómbola, que gracias a Dios se están vendiendo bien, pero el ingreso del dinero va despacio. Se trata de dinero debido a un proveedor de
materiales para la iglesia, del que nos dice tener absoluta necesidad. "Podría V. S. Ilma. hacerme esta caridad, o mejor, hacérsela a la
Santísima Virgen Auxiliadora? "Qué me dice? Aunque no fuese más que un préstamo suyo o de cualquier otro a cuenta mía, bastaría para
salir del apuro. Ciertamente que semejante acto de caridad le merecería la debida recompensa y, además, copiosas bendiciones en la tierra
y una hermosa habitación para usted y su familia en el Cielo cerquita de la Madre de Dios.

Mi familia y yo nos encomendamos a la caridad de sus devotas oraciones, mientras tengo el honor de poderme profesar con todo mi
afecto

De V. S. Carísima en el Señor

Turín, 30 de marzo de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Escribía también a la condesa Callori:

Benemérita señora Condesa:

Alleluia! Estamos en Pascua y por eso pensamos en pagar nuestras deudas. Tengo dos mil liras a disposición del señor Conde, su
marido. Si ((330)) cuenta con las otras dos mil, haré lo posible para que las tenga antes de que acabe la semana; en caso contrario me
serviré de ellas hasta junio. Si tiene algún sitio adonde yo pueda llevarlas, bien; fuera de esto haré una escapadita a Casale.

No he podido ocuparme del librito sobre el Santísimo Sacramento; pero creo que su impresión está bien calculada. El Obispo de
Mondoví me envió el manuscrito y en la semana entrante empezaremos la composición tipográfica. Ciertamente es un trabajo algo largo,
pero gustará.

Alleluia!, señora Condesa, ífelices Pascuas! Derrame el Señor copiosas bendiciones sobre usted, su piadoso marido y toda su respetable
familia.

Me olvidaba una cosa. La estatua de la Virgen, que ha de colocarse sobre la cúpula

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de la nueva iglesia, supone un gasto bastante mayor de cuanto habíamos calculado. Debe tener cuatro metros de altura, por tanto con
bronce de probado y trabajado con esmero. El coste asciende a doce mil liras; una señora se ofrece por ocho mil. Yo no pretendo
comprometer a usted para el resto, a menos que esta Madre hiciese nevar moneditas de oro en su casa.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea siempre con nosotros y nos libre de peligros mayores que cada día se avecinan.

Con sentida gratitud me profeso

De V. S. benemérita

Turín, 31 de marzo de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Muy oportuno para las finanzas de don Bosco resultaba el fascículo del mes de abril de las Lecturas Católicas: El empleo del dinero,
por José Frassinetti, Prior de Santa Sabina, en Génova.

Es un librito de oro que debería correr por las manos de todos los católicos. Demuestra que el dinero es la mayor potencia del mundo, y
en manos de los malos la causa de mucha perdición. Lamenta la falta de generosidad de los buenos y dice que resulta humillante su
parquedad para sostener las instituciones católicas, las cuales languidecen abrumadas por los impíos. Establece la gran máxima que era la
misma de don Bosco: "Los buenos, en nuestros tiempos, no deben pensar solamente en lo que es de extricta obligación entregar para
cumplir su deber de dar limosna; sino que deben atender todo lo ((331)) que lícita y prudentemente puedan hacer en servicio de la buena
causa; deben pensar no en el deber sino en el poder, y éste, pudiendo cumplirlo". Insiste en la importancia de que los católicos se unan en
sociedad para poner en común los medios de que disponen para conseguir un determinado fin. Exhorta, no solamente a los ricos, sino
también a los pobres, haciendo ver cómo especialmente los pobres, aunque con sus pocos céntimos, son el sostén de ciertas obras, como
La Propagación de la Fe y la Santa Infancia y representan la fuerza de muchos millones.

En el mes de mayo se imprimía el fascículo: Historias y Parábolas del Padre Buenaventura, con un apéndice sobre el No tengo tiempo.
Es un material estupendo para pláticas a los muchachos y al pueblo.

En junio: Teódulo, o sea, el hijo de bendición, modelo para la juventud, por el padre Miguel Angel Marini. Es la biografía de un
virtuoso estudiante belga que vivía en la casa paterna.
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((332))

CAPITULO XXVIII

COMISION DE AYUDA A LOS DAMNIFICADOS POR EL COLERA EN ANCONA -RELACION DEL SECRETARIO
LLEGADA DE LOS PRIMEROS HUERFANOS DE ANCONA AL ORATORIO -NUEVO ACUERDO DE DON BOSCO CON LA
COMISION -RELACION Y ELOGIOS A DON BOSCO, DEL PRESIDENTE MARINELLI -DON BOSCO NO ACEPTA SOMETER
SU SISTEMA EDUCATIVO A LA VIGILANCIA DE LA COMISION -DILIGENCIAS CON VARIOS OBISPOS PARA EXIMIR
DEL SERVICIO MILITAR A ALGUNOS DE SUS CLERIGOS

QUE era de los huérfanos de Ancona? Habían pasado varios meses desde que la generosa oferta de don Bosco fue aceptada con gratitud
por la Comisión de ayuda a los damnificados por el cólera. Durante este tiempo, el Siervo de Dios, conmovido por la suerte de otros
muchachos que habían quedado huérfanos y que le habían sido recomendados, desde varios lugares, los había recibido en el Oratorio, que
se cargaba con nuevos y considerables gastos; y no dejó todavía de mandar a Ancona su generosa oferta, mientras en avalancha de
caridad afluían recursos de muchas partes de Italia y varios institutos ofrecían albergue a los muchachos desamparados de aquella ciudad.

En la Rendición de cuentas de la Comisión de ayuda a los damnificados por el cólera del 1865 en Ancona (impresos por la imprenta
José Civelli, plaza Cavour, casa Terni, 1869, Ancona) se lee:

Relación leída por el Secretario, abogado Bernardo Ferrari, en la reunión del 26 de diciembre de 1865.

(II. página diez).-La última proposición aprobada por vosotros en la reunión ((333)) del 23 de agosto decía así: "La Comisión declara
que sea acogida por unanimidad la idea de abrir, pudiendo, para los huérfanos que no encuentren asilo en otros institutos públicos
italianos, un centro donde asilarlos y educarlos valiéndose para ello de los recursos públicos y privados, siempre que los oferentes, que
tienen derecho, no rechacen las condiciones que se pueden exigir".
(Página once).-A la generosa llamada, a la que se adelantaron el sacerdote Bosco y la Bemérita Pérgola, han respondido cincuenta y
siete establecimientos de beneficencia. Los puestos concedidos suman cuarenta y ocho para muchachos, sin contar los de don Bosco, y
cuarenta y cinco para muchachas. En total noventa y tres.
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Mientras tanto recibía don Bosco el siguiente aviso:

Ancona, 13 de enero de 1866.

Conforme a los convenios habidos, me alegro de enviar a V. S. los tres huérfanos: Gustavo Berluti y hermanos Adolfo y Augusto
Spazzacampagna, a fin de que sean internados en el Instituto que usted dirige.

El señor conde Jorge Pichi, que gentilmente se ha encargado de acompañarlos hasta esa, tendrá el honor de presentar a V. S. los
documentos referentes a dichos huérfanos y de renovarle, al mismo tiempo, las más expresivas gracias de esta Comisión por su generoso
ofrecimiento en favor de los muchachos de Ancona que han quedado huérfanos por causa del cólera; gracias a él abrigo la lisonjera
esperanza de enviarle otros, cuando V.S. tenga la amabilidad de indicarme que hay puestos disponibles.

Acepte el testimonio del mayor aprecio.

El Presidente C. MARINELLI

Los convenios habidos habían modificado los primeros ofrecimientos de don Bosco. La Comisión de Ancona había recibido
abundantes cantidades de dinero de la caridad pública, que parecía natural deberían pasar también a favor de los huérfanos enviados a
Turín. Es más, se le había hecho observar a don Bosco que otras instituciones benéficas habían recibido socorros; en consecuencia él tuvo
que hacer constar que el Oratorio, como no tenía rentas, vivía de limosnas y confiado a la divina Providencia.

El Venerable siempre estuvo dispuesto a recibir gratuitamente a muchachos pobres, huérfanos o desamparados; pero cuando había
dinero destinado a su favor ((334)) en los Municipios, o cantidades recogidas en públicas colectas o legados para obras pías, entonces,
por un alto sentimiento de prudencia y de justicia, no dejaba nunca de hacer la correspondiente demanda.

La Comisión aceptó de buen grado las razones y llegó a un acuerdo con él, como se lee en la citada Rendición de cuentas, impresa por
Civelli.

Relación leída por el Presidente Clemente Marinelli, abogado, en la sesión de la Comisión del 25 de marzo de 1866.

"(Página veinticuatro).-Y por último nos llegó un proyecto relacionado con esta interesantísima clase de desgraciados del caritativo
sacerdote don Bosco de Turín, al que debemos prestar toda nuestra atención. Este, calculando más con el corazón que con los medios
disponibles, nos había ofrecido desde el principio treinta plazas gratuitas en su establecimiento: no pudo en realidad darnos más que
cinco. Eso no disminuye en nosotros la deuda de gratitud, supuesto que, si en un arranque de caridad
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no midió bien la posibilidad de sus recursos, fue siempre óptima la intención; tuvimos de su parte una ayuda no despreciable; y, sobre
todo, él dio el primer ejemplo, emulado después, en santa porfía, por los administradores de otras muchas instituciones. Ahora él nos
propone esta solución. Recibiría huérfanos de doce a diecisiete años. Los mantendría durante tres o cuatro años; les enseñaría un oficio,
cuyas ganancias (cuando en el aprendizaje hayan hecho algún progreso) puestas a interés, irían a parar a su favor al salir del internado.
Pide como retribución seiscientas liras por cada huérfano. La capacidad del lugar nos hace creer que la propuesta sería factible para diez
muchachos.

"Por el lado económico, el proyecto se nos presenta desde luego aceptable, tenida cuenta de la proporción entre la cantidad pedida, el
número de alumnos a mantener y educar, y la serie de años a que el oferente se compromete.

Los informes del Instituto, que con todo esmero hemos buscado, son tales que ofrecen toda suerte de garantías de sanidad, moralidad y
conveniencia de métodos; de tal forma que no dudamos en recomendar a la Comisión la aceptación de la propuesta, con tal de que la
Junta directiva tenga las cautelas oportunas para que, en el caso de que el Instituto hubiese de cesar, antes de haber cumplido el
compromiso adquirido, se devuelva una cantidad de la suma desembolsada, proporcional a la parte de las obligaciones que quedarán
incumplidas.

"Por otro lado, este acuerdo con el Instituto Bosco nos prestaría ocasión para socorrer a ciertos muchachos, que, si bien viven más
pobremente que otros, no reúnen las condiciones que el inflexible rigor de la disciplina de otros establecimientos requiere para la
admisión, y con los que ((335)) en cambio por ciertos vínculos no se pararía en menudencias con los más nulos.

"Citemos, por ejemplo, la condición, universalmente exigida, de que sean huérfanos de padre, si bien haya habido algunos
establecimientos que, por favor especial a nuestros huérfanos, no la hayan tenido en cuenta; mientras sucede a menudo que existen niños
más pequeños privados de la madre que no reciben ninguna o muy poca ayuda del padre, tanto moral como material, debido a que éste no
puede o no quiere dársela..."

Don Bosco, pues, había prometido y se obligaba por la suma citada a albergar, mantener, vestir, instruir y educar a los huérfanos,
preparándoles para un arte u oficio, y aun para los estudios, de acuerdo con los reglamentos y costumbres del Instituto, por un tiempo no
inferior a tres años.

Los muchachos admitidos ya habían sido destinados a los estudios, y estaban contentos, a la par que atendían con interés a sus deberes.
Pero la Comisión de Ancona, antes de enviar otros, se había creído en la obligación de someter el Oratorio a la vigilancia de una Junta
que tutelase el bienestar de sus recomendados.

N. ° 322 Ancona, 7 de abril de 1866.
La Comisión de socorro, en su reunión del 25 del pasado marzo, a propuesta de la Junta, aprobaba el proyecto presentado por V. S.
Ilma. para recibir en su Instituto
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diez huérfanos durante tres o cuatro años encargándose, con nuestro so de 6.000 liras (seis mil), de mantenerlos y educarlos con la
condición de que V. S. Ilma. someta su sistema educativo e higiénico a la vigilancia que la Junta, o de quien la reemplace, crea oportuna,
y puestas las garantías necesarias para la restitución de una parte proporcional de dicha suma, en el caso eventual de que todos o algunos
de los huérfanos no pudiesen continuar en el establecimiento hasta la conclusión de la edad prescrita.

Al comunicarle dichas declaraciones, y antes de darles curso, ruego a V. S. se digne notificarme cuáles son las garantías que entiende
ofrecer en dicho caso.

Reciba mis más profundos respetos

El Presidente C. MARINELLI

((336)) El Venerable, que nunca quiso aceptar intromisiones ajenas en el régimen de la Casa, hizo responder:

Turín, 9 de abril de 1866.

Muy distinguido señor:

Recibo del reverendo don Bosco el honroso encargo de responder a su muy apreciada del 7 de los corrientes.

Don Bosco no se opone a aceptar las propuestas presentadas; me encarga solamente hacerle observar algunas cosas. En primer lugar y,
según nuestro sistema educativo, tenemos administrador único y, por tanto, no se podría aceptar en este este establecimiento una
vigilancia ajena. Como quiera, además, que el establecimiento vive de la pura beneficencia, no puede haber en él una administración
constante e invariable, sino que el Superior debe variar según las circunstancias y como él crea mejor para los mismos asilados.

No se podría admitir más vigilancia que la que se limitase a informarse de la moralidad, higiene y aprovechamiento en los estudios o en
el aprendizaje, etc.

Le hago observar, en segundo lugar, que don Bosco ha aceptado ya muchos alumnos enviados por el Gobierno, el Municipio, las
Sociedades Ferroviarias; más aún, cuando el cólera hacía estragos en nuestros pueblos, ya admitió unos cuarenta muchachos enviados
precisamente por el Municipio; en consecuencia ya fue, y lo es todavía, responsable de cantidades mucho mayores que las 6.000 liras que
le serían propuestas por esa respetable Comisión, pero nunca le pidieron el Gobierno, ni otras entidades, garantía alguna; y en esto no
desea cambiar de sistema. Por otra parte, posee aquí y en otros lugares edificios de su propiedad, los cuales pueden ciertamente servir de
garantía para 6.000 liras y mucho mas.

Así las cosas, si se suprimen estas dos condiciones, o al menos se interpretan en el sentido arriba indicado, se podrá llegar a otros
acuerdos que quedan por tomar respecto a los muchachos recomendados por su caridad.

Satisfecho de la favorable ocasión, le presento, también en nombre de don Bosco, los sentimientos del más alto aprecio de V. S. y de
toda la benemérita Comisión, augurando a todos las más selectas bendiciones del Señor, mientras tengo el honor de profesarme, etc.

MIGUEL RUA, Pbro.

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La Comisión no insistió sobre la deliberación, y el 16 de mayo pedía al Siervo de Dios colocar en su pío instituto otros ocho
muchachos, ya prontos para partir.

Por aquellos días sufría don Bosco, porque ((337)) tres de sus clérigos debían entrar en filas; oíanse ya insistentes rumores de guerra y
no encontraba modo de hacerles reclamar por un Obispo, de acuerdo con lo dispueto por la ley. Ya había tratado de ello con sus
Ordinarios, pero los tres le habían respondido que habían presentado al Gobierno sus listas completas con los pocos que podían declarar
exentos. Se repitieron los mismos trámites con otros Ordinarios: para uno de ellos, escribía don Miguel Rúa, en nombre de don Bosco, a
monseñor Losanna, Obispo de Biella:

Reverendísimo Monseñor:

Entre los jóvenes que, terminados los estudios de latín, vistieron el hábito clerical, se encuentra un tal Segundo Bernocco, de Cherasco.
No teniendo medios de fortuna, hizo los cursos de latinidad en esta casa de beneficencia, y aquí continúa como clérigo sus estudios por el
mismo motivo.

Está a punto de alistarse con la quinta de 1846, que será llamada este año. Ya hemos pedido al señor Vicario Capitular que lo
reclamara, pero no le ha sido posible.

Por eso, el que suscribe se dirige a V. S. rogándole respetuosamente lo inscriba en la lista de los jóvenes de esa Diócesis que han de ser
reclamados para el servicio militar, si todavía cupiere en ella. Si tampoco usted pudiese reclamarlo, le rogaría notificárnoslo con tiempo
para dirigirnos a otra diócesis y poder alcanzar dicha exención.

Para su norma le diré que dicho clérigo terminó ya los cursos de latín y estudia al presente el primero de filosofía. Sus exámenes fueron
muy buenos, y por su moralidad y capacidad para el estudio es digno de toda recomendación. Por lo que se espera dé buenos resultados
en el estado eclesiástico, al que únicamente aspira.

Dígnese perdonar bondadosamente las molestias que le proporciono y acepte los augurios de todo bien del Cielo, mientras con la más
alta estima, me cabe el honor de profesarme

De V. S. Ilma.

Turín, abril 1866.

Su seguro servidor
por don Bosco, MlGUEL RUA, Prefecto.

((338)) Pero también el Obispo de Biella se encontró en la imposibilidad de atender la súplica de don Bosco. No tuvieron mejor éxito
las diligencias ante otros Prelados, ya que, un mes más tarde, andaba el Siervo de Dios con la misma cuestión. Escribía a monseñor
Santiago Filippo Gentile, obispo de Novara:
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Excelentísimo y Reverendísimo Señor:

Hace ya varios meses ansiaba el día de hacer una visita a V. E. Rvma. para saludarle y tratar de algunos asuntos, mas un conjunto de
cosas, pequeñas pero continuas, me lo han impedido. Me permito hacerle una humilde súplica con el fin de ver si puede reclamar del

servicio militar a tres clérigos, por los que ya me dirigí al señor Vicario Garga a fin de que los recomendase a V. E.

Le pido este favor en el caso de que todavía sea posible la reclamación.

En caso afirmativo le haría llegar inmediatamente:

1.° El permiso de traslado del propio Obispo con fecha anterior al sorteo para el servicio militar.

2.° Partida de nacimiento, de buena conducta y fecha de la toma de sotana.

3.° Certificado de que hacen los estudios en esta Casa, de que prestan su ayuda a los muchachos pobres de la misma y de los Oratorios

festivos, y de que carecen totalmente de medios para hacer sus estudios en otra parte.

Con estos tres certificados, el Gobierno quedó siempre satisfecho y no puso dificultad alguna.

No obstante, nos sometemos en todo a su reconocida prudencia.

Nuestra iglesia, Excelencia, va adelante y la cúpula se va elevando día tras día.

Le ruego dé su santa bendición a quienes trabajan y de cualquier modo cooperan.

Todos nosotros nos encomendamos a la caridad de sus oraciones y le auguramos del Cielo salud y largos años de vida feliz. Con el más

sentido agradecimiento tengo el alto honor de profesarme,

De V.E. Rvma.

Turín, 24 de mayo de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

La respuesta satisfizo sus deseos; en consecuencia, el 29 de mayo pudo escribir a los Vicarios de Brugnato, de Alba y al reverendo
Jorio, capellán del Obispo de Biella, para obtener los permisos de traslado de los tres clérigos.
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((339))

CAPITULO XXIX

ALIANZA DE PRUSIA E ITALIA CONTRA AUSTRIA -TRAMITES DE DON BOSCO PARA LA CONSTRUCCION DE LA
IGLESIA: INSTANCIA AL MINISTRO DE CULTO -OBSEQUIO EN AGRADECIMIENTO A UN JEFE DE FERROCARRILES
ACEPTACION DE UN MUCHACHO RECOMENDADO POR EL ALCALDE -PETICION AL REY, EL CUAL ACEPTA BOLETOS
PARA LA TOMBOLA -PETICION PARA UNA CONDECORACION MAURICIANA -DON BOSCO SIEMPRE OCUPADO CON
LA TOMBOLA -REPROCHA A UN PARROCO POR EL ABANDONO DE SU IGLESIA -EN CUNEO PREDICE A UN POBRE
INSTITUTO DE MONJAS SU FUTURA PROSPERIDAD -TEMPESTAD DISIPADA EN REVELLO -CONSERVA SU ANIMO
TRANQUILO EN LOS CONTRATIEMPOS -ANIMOSIDAD CONTRA EL CLERO INFANTIL Y CORRECCION A UN
MENOSPRECIADOR -FLORECILLAS Y JACULATORIAS PARA EL MES DE MAYO PROPUESTAS A LOS ALUMNOS DEL
ORATORIO Y DE LANZO

HEMOS aludido a voces de guerra. Ya en el curso de estas Memorias se dijeron las causas de las disensiones que agitaban a Alemania 1.
Las largas conversaciones diplomáticas del ministro prusiano, Otón Bismarck, con Austria, unas veces insidiosas y otras insolentes, no
dieron resultado. La dieta de Francfort reconocía como justas las razones de Austria; pero Bismarck, secundando los designios de los
sectarios, pretendía resueltamente apoderarse de los dos ducados daneses de Schleswig y Holstein, excluir al Imperio Austriaco de la
confederación germánica, reducir a los Soberanos de los pequeños Estados a la condición de gobernadores prusianos, dejándoles el título
y ((340)) la nómina civil. Así se había llegado a las vísperas de una guerra. Pero antes de empezar las hostilidades, Prusia, bajo los
auspicios del ministro La Màrmora, estipulaba alianza con Italia, el 8 de abril, asegurándole la posesión de las provincias Vénetas. Pero
Italia ansiaba apoderarse también de Trento con el Tirol italiano y de Trieste con Istria.

1 Volumen VII, pág. 86 y 493
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El emperador Napoleón, que hacía tiempo conocía y aprobaba los manejos de Bismarck, el cual le había prometido las provincias
Renanas, se declaraba neutral, pero mandaba a Italia barcos con baterías blindadas, municiones, víveres, caballos y ayudas de todo
género, y pedía al Cuerpo Legislativo un aumento de cien mil hombres para los ejércitos de tierra y mar. Napoleón no hubiera permitido
nunca que se deshiciese su obra en Italia, en el caso de que a Austria le sonriese la victoria. Varios periódicos de Francia publicaron que
él esperaba Cerdeña como compensación.

Pero la guerra contra Austria, en la mente de los gobernantes italianos y de los jefes de las sectas, no era más que un episodio de la
guerra ya declarada contra la Iglesia. En el mes de abril se imprimía en Florencia un manifiesto para la democracia, que decía: "La
verdadera, la gran cuestión de Roma no se reduce solamente a la posesión de la ciudad. Es probable que el Rey entre en Roma en época
no lejana para poner orden en las barricadas de los romanos. La verdadera cuestión romana está en la caída del Papado, en la coronación
de la obra empezada por Lutero, en la emancipación de la conciencia, en la glorificación de la libertad de pensamiento, en la exaltación
de la ciencia sobre los altares del Dios católico". Al mismo tiempo, el príncipe Jerónimo Napoleón repetía: "Austria es el apoyo más
poderoso del catolicismo en el mundo y su último baluarte. Es necesario abatirlo y cancelar sus vestigios. Prusia está organizada para
quebrantarlo en Viena, como Italia en Roma 1.

((341)) De todos los males, aun lamentando las desastrosas consecuencias, don Bosco sacaba motivo para asegurar la necesidad de
multiplicar el bien con la ayuda de María Santísima y él daba ejemplo de ello.

Mientras trabajaba para la exención del servicio militar de sus clérigos, y pensaba en los mayores apuros económicos a que le reduciría
el estancamiento de los negocios, la creciente miseria del pueblo, que habría que socorrer, y las demás dificultades que habría de
encontrar para la construcción de su iglesia, escribía una carta al conde Cibrario y enviaba una súplica idéntica a De Falco, ministro de
Gracia, Justicia y Culto. Este no le respondió, y don Bosco repetía la misma petición en 1868.

Excelencia:

Hace ya mucho tiempo que se sentía la necesidad de una iglesia para la numerosa población de Valdocco, suburbio de esta ciudad.

1 Journal de Bruxelles, del 30 de junio.
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Sus treinta mil habitantes, además de la multitud de muchachos que aquí acuden de varias partes de la ciudad, echan de menos tal
edificio para cumplir sus deberes religiosos.

Movido por esta necesidad, he pensado emprender esta empresa en un terreno exprofeso comprado para ello, muy cerca del pequeño
actual Oratorio de San Francisco de Sales.

Pero como la falta de medios se oponía al comienzo de los trabajos, Vuestra Excelencia, que conoció la gravedad del caso por medio
del Ecónomo General, me animaba con la promesa de quince mil liras, lo mismo que ya se había calculado para otras iglesias de Turín.

Por otra parte, y ante el temor de que la iglesia, una vez comenzada, no se pudiese culminar, se destinaban solamente seis mil liras, a
pagar tres mil cuando apareciese el edificio a flor de tierra, y tres mil cuando llegase a la altura de cubrir aguas.

Además se me había prometido verbalmente que se me entregarían las nueve mil liras restantes cuando, terminados los trabajos
señalados, hubiese fundada esperanza de llegar a la conclusión del edificio.

Ahora bien, todos estos trabajos han sido terminados; los muros, el cornisamiento, la techumbre, las arcadas internas están acabadas.
Pero ahora, más que nunca, se hace sentir la necesidad de dinero, ya sea por haber recurrido frecuentemente a las personas caritativas, ya
sea por la traslación de la Capital, por lo que se tendrán grandes dificultades para continuar la empresa comenzada, si V. E. no viene en
mi ayuda.

((342)) Ruégole, por tanto, tome bondadosamente en consideración los miles de muchachos y la multitud de ciudadanos que suspiran
por el nuevo edificio, y se digne conceder el caritativo socorro que verbalmente fue prometido.

Todos los habitantes de Turín, y de un modo especial los de Valdocco, se unen a mí para asegurar a V. E. su más sentida gratitud y el
más duradero reconocimiento, mientras unánimemente auguramos todo bien del cielo sobre V. E. y sobre la augusta persona de nuestro
Soberano, y tengo el alto honor de poderme profesar,

De V.E.

Turín, 16 de abril de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Contemporáneamente hacía acelerar la expedición de materiales de
construcción, antes de que se hiciese irregular o se suprimiese la circulación de los trenes de mercancías; y como prenda de gratitud a un
empleado de ferrocarriles, que le había prestado bondadoso apoyo, le ofrecía un ejemplar de su Historia de Italia, elegantemente
encuadernada, que se la agredeció mucho, como consta en una carta que guardamos entre los documentos.

Tampoco cesaba de prodigar los más solícitos cuidados por la tómbola. El Alcalde de Turín había demostrado su sincera protección a la
misma y al Oratorio y nunca hubiese permitido que la
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santa obra fuese entorpecida por nada. Don Bosco compensaba el favor aceptando gratuitamente en el Oratorio a los pobrecitos por él
recomendados 1.

El 16 de abril dirigía al Rey una súplica rogándole aceptase otros cuatrocientos boletos de la tómbola, e inmediatamente recibía del
Ministerio de la Casa Real la siguiente halagadora respuesta, en papel de primera calidad, con el número seiscientos veintidós del
protocolo.

((343)) Florencia, a 13 de mayo de 1866.

El particular interés que S. M. el Rey se digna tomar por las instituciones dedicadas a la educación de la juventud y del que V. S. M. R.
ya recibió inequívocas pruebas, me animó a presentar a S. M. las circunstancias por usted expuestas en su apreciada carta del 16 del
pasado abril, en la que ofrece la adquisición de nuevos boletos para la tómbola organizada a favor de los Oratorios de San Francisco en
Valdocco.

Tengo, pues, la satisfacción de comunicarle que, no obstante las muchas cargas que pesan sobre el balance de la Casa de S. M., se ha
dignado, sin embargo, S. M. autorizar la aceptación de otros cuatrocientos boletos de dicha tómbola, que importan doscientas liras, las
cuales podrá V. S. retirar a primeros del siguiente mes en la Tesorería General de la Real Casa de Turín.

Reciba, en tanto, muy reverendo Señor, el testimonio de mi distinguida consideración

El Gobernador del Ministerio REBAUDENGO

Además, y para recompensar con una distinción honorífica la oferta de tres mil liras, hecha al Oratorio por el señor Claudio Gambone,
mandaba don Bosco al conde Cibrario una instancia con el fin de obtener un título honorífico para tan generoso bienhechor.
Gustosamente la reproducimos, porque da una idea de la elegancia del Siervo de Dios.

Excelencia:

Respetuosamente ruego a V. E. se digne leer bondadosamente cuanto aquí expongo sobre los títulos de benemerencia del señor Claudio
Gambone:

1 "... Me ha sido recomendado el señor JuanBautista Lobina, que fue empleado real, el cual, desprovisto de medios de fortuna y con la
carga familiar de su mujer y tres hijos, desearía vivamente colocar en este Centro a sus dos hijos Francisco y Pedro, con quince años de
edad el primero y trece el segundo.

"El que suscribe se permite, por tanto, dirigir a V. S. dichos muchachos, para que vea si es posible recibirlos en el Instituto que usted
dirige. Seguro servidor, el Alcalde GALVAGNO".

Don Bosco aceptó al mayor.
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1.° Se trata del cerero de la Corte Real y de Sus Altezas Reales el Duque de Génova y el Príncipe de Saboya-Carignano. Fue siempre
considerado como uno de los mejores artistas en su ramo. En todas las exposiciones públicas ha sido alabado y galardonado con la
medalla de honor. En la exposición de Florencia ganó el primer premio.

2.° En la triste ocasión del cólera en Cúneo, en 1835, y cuando la misma peste afligió la ciudad de Turín en 1855, fue elegido visitador
agregado por los respectivos municipios y obtuvo cartas de agradecimiento y alabanza por el celo y solicitud que desplegó en aquellos
calamitosos días, como resulta por la relación publicada en el periódico oficial, entonces Gaceta Piamontesa.

Es propietario de dos fábricas de cera, una en Pinerolo y otra en Turín, tesorero de la ((344)) compañía Consorzia de San Juan y
miembro del Consejo de la Sábana Santa.

3.° Ha trabajado siempre en beneficio de los pobres, ya sea socorriéndolos a domicilio, ya sea recomendando y aun colocando a sus
expensas muchachas y muchachos abandonados en piadosos establecimientos. Ha hecho ya muchos donativos a la casa llamada Oratorio
de San Francisco de Sales, donde se albergan ochocientos muchachos pobres, y últimamente, habiéndose enterado de que esta casa se
encontraba en grandes apuros, ha hecho una limosna de tres mil liras.

4.° Posee trece documentos auténticos que encomian la adhesión de este magnífico ciudadano a Su Majestad el Rey nuestro Soberano.

A la vista de todos estos títulos de pública benemerencia, ruego humildemente a V. E. se digne conceder a dicho señor, como prueba de
satisfacción, la Cruz de San Mauricio, para prez suya y de su honrada familia.

Verdad es que la cantidad donada al presente es inferior a la que se debe entregar en semejantes ocasiones, pero yo ruego a V. E. tenga
en cuenta los títulos precedentes que me parecen mucho más dignos de su benévola consideración.

Todo lo anteriormente expuesto se apoya en documentos que se pueden exhibir a la menor indicación de V. E.

Tanto yo como mis pobres muchachos abrigamos plena confianza de obtener el favor, es decir, que V. E. quisiera tomar en benévola
consideración lo arriba expuesto y conceder al benemérito donante la implorada condecoración y así, a los beneficios ya hechos a esta
casa, añada éste por el que le hago esta humilde petición.

Desciendan copiosas las celestes bendiciones sobre V.E. y sobre todos los que trabajan en beneficio de la juventud pobre, mientras con
la más sincera gratitud tengo el alto honor de profesarme

De V.E.

Turín, 29 de mayo de 1866.

Su seguro y humilde servidor JUAN BOSCO Pbro.

Los asuntos de la tómbola y el deseo de contentar a algún párroco, que lo requería para predicar, le obligaban frecuentemente a ir a los
pueblos de las provincias vecinas, por lo que sus ausencias del Oratorio durante estos meses resultaban muy frecuentes. Sus más íntimos
amigos, temiendo no encontrarlo en casa, le pedían audiencia
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por carta. Así respondía a la señora Acelia, hija del marqués de Fassati:

((345)) Ilustrísima señora Acelia:
El próximo domingo, desde el mediodía a la noche, estaré en casa y tendré mucho gusto en recibir la visita de la señora condesa Marne

y de cualquier otra persona que con ella venga.
Buenas noches para usted, papá y mamá. Dios colme a todos con sus bendiciones.
Ruegue por mí y por mis pilluelos, y créame en el Señor.
De V. S. Ilma.
Turín, 18 de abril de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Otra carta dirigida a la ilustrísima señora condesa Bosco-Riccardi, la cual, junto con otras damas, remendaba la ropa de los muchachos
del Oratorio, nos deja ver cómo las muchas ocupaciones impidieron a don Bosco en el mes de mayo visitar a sus amgios y bienhechores:

Benemérita señora Condesa:
No me es posible ir a visitar a V. S. como yo deseo, pero voy en la persona de Jesucristo envuelto en estos harapos que a usted entrego,

para que su caridad los quiera remendar.
Es ropa muy gastada con el tiempo, mas espero que para usted será un tesoro para la eternidad.
Dios bendiga a usted, a sus trabajos y a toda su familia, mientras tengo el honor de profesarme con todo aprecio
De V.S.B.
Turín, 16 de mayo de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Se multiplicaba a sí mismo y continuaba sus viajes, santificados por su celo para la gloria de Dios, y bendecidos por María Santísima
Auxiliadora.

Narraba don Francisco Dalmazzo:

"El afecto de don Bosco por las cosas religiosas y su celo por el decoro de la casa de Dios, quedó patente en una circunstancia en la que
le acompañé a saludar al párroco ((346)) de un pueblo en las cercanías de Turín. Después de visitar la casa parroquial, fuimos a la

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iglesia y, al verla derrumbada y deforme y tan extraordinariamente descuidada, reprochó francamente al párroco tantas faltas de cuidado
en lo que tocaba al culto divino, y añadió:

"-Su casa parroquial está muy bien conservada y convenientemente amueblada, pero íla casa de Dios está muy descuidada! "Por que no
piensa en dotar al pueblo de otra iglesia?

"No sé, si como resultado de estas palabras o movido por otras razones, pero, en honor de la verdad, puedo asegurar que dicho párroco
proveyó a ello con un legado a su muerte".

Las Hijas de la Caridad habían abierto en Cúneo una casa para recoger y educar en las labores domésticas a las muchachas pobres y
abandonadas. Encargaron de la obra a sor Arcángela Volontá y otra religiosa, pero llegaron a Cúneo y se encontraron en un embrollo: la
casa no reunía las mínimas condiciones, se podía dudar de la solidez de las paredes y no había más mobiliario que dos jergones y alguna
silla. Sólo dos niñas se hospedaban en aquel palacio, y no se veía ni siquiera la sombra de una fuente de ingresos. En estas condiciones se
encontraba el instituto, cuando don Bosco, que se hallaba en Cúneo invitado por el padre jesuita Ciravegna, fue a visitarlo.

El Venerable reconoció a primera vista en aquella pobreza extraordinaria los principios de una obra que Dios bendecía, y dijo a las
buenas Hermanas:

-Veo que lo superfluo no les estorba; es verdad, no pueden ir adelante de este modo, pero estén tranquilas, porque el Señor las
bendecirá haciendo prosperar todas sus obras; y a su debido tiempo les dará una casa amplia y cómoda, donde podrán hacer mucho bien.

Al salir les bendijo. Veinticuatro años después de esta bendición, iba sor Arcángela a agracederle en Valsálice, donde reposaban sus
restos mortales, la bendición que dio a su casa.

((347)) Ya no era posible reconocerla; había en ella diez monjas y cien niñas, sostenidas todas por la divina Providencia, que don Bosco
prometió favorecería al caritativo Instituto.

En este mismo año estuvo también en Revello de Saluzzo con el cura párroco don Francisco Geuna, canónigo y vicario foráneo. De
improviso se desencadenó un terrible temporal. Soplaba furioso el viento; empezaba a granizar y corría la gente a la iglesia para implorar
que no se arrasaran sus cosechas.

Corrió también el Párroco, entregó a don Bosco el roquete y la estola y éste, viendo la urgencia del peligro, invitó al pueblo a invocar a
María Auxiliadora, y exclamó: María Auxilium Christianorum,
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ora pro nobis. El pueblo respondió: Ora pro nobis; e iba a recitar otras oraciones, cuando él se lo impidió y les hizo repetir tres veces la
jaculatoria: María Auxilium Christianorum, ora pro nobis. A la tercera vez cesó el vendaval y apareció otra vez el sol. El Párroco y sus
feligreses quedaron fuera de sí por la alegría ante una gracia tan manifiesta.

No asustaban a don Bosco las incomodidades de un viaje, ni siquiera el perder el tren, cosa que le sucedía frecuentemente, porque, al ir
y al venir, fácilmente encontraba personas que lo detenían; y él siempre era todo para todos.

Nosotros mismos fuimos testigos del hecho siguiente.

Pidió una mañana a un hermano que le acompañase a la estación de Puerta Nueva; había determinado celebrar la santa misa en el
pueblo adonde se dirigía. Pero salió de la habitación y se le acercó un clérigo, que necesitaba decirle algo confidencialmente. Don Bosco
se detuvo y lo escuchó. Por la escalera se encontró con otro, que también quería hablarle, y don Bosco se paró y lo atendió. Al final de la
escalera le aguardaba un tercero y se entretuvo con él con toda tranquilidad. En los pórticos le rodearon varios sacerdotes y clérigos, y
contentó a cada uno de ellos. Finalmente se dirigió hacia la puerta, a tiempo de que un jovencito ((348)) corrió tras él llamándolo. Don
Bosco se paró, se volvió y respondió a sus preguntas. Se requería la paciencia de Job para tener su calma. Cuando llegó a la estación, el
tren había partido; no se inmutó de ningún modo; con toda tranquilidad fue a celebrar la misa en la iglesia de San Carlos y, de vuelta en la
estación, partía con el segundo tren.

Con aquella misma inalterable tranquilidad, unida siempre a una prudente firmeza, gobernaba el Oratorio en ciertos momentos un poco
críticos por la falta de reflexión de algún muchacho.

Enemigo declarado del respeto humano, no podía soportar en casa muchachos que sembrasen esta mala cizaña entre los compañeros.

Florecía en el Oratorio la compañía del Clero infantil que dirigía don José Bongiovanni.

Sucedió en 1866 que, por diversas causas, hubo muchos alumnos que la tomaron contra los que se habían apuntado en esta Compañía y
no dejaban escapar la más mínima ocasión para criticarlos. El mote más insultante que creían poderles dar era el de: Bongiannistas. La
cosa duró algunos meses, hasta que el Siervo de Dios, viendo que los del Clero se dejaban atemorizar, se enfriaban en la piedad y algunos
pensaban abandonar la Compañía, después de haber avisado
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en privado a varios de los murmuradores, habló muy fuerte una noche haciendo saber que sostendría el Clero a toda costa. Pero no se
calmó con ello aquella excitación. Entonces, después de lamentarse de la ineficacia de sus palabras, anunció finalmente que quien en
adelante usara el calificativo de Bongioannistas para despreciar a los compañeros, o de cualquier modo se burlase de los del Clero, sería
despachado inmediatamente del Oratorio.

Pero los irreflexivos estaban tan envenenados que, abusando de la bondad de don Bosco, no dejaron su mala costumbre, con lo que,
también por otras faltas, fueron enviados a sus casas. Quedaba todavía en el Oratorio uno de ellos; era un muchacho de ((349)) gran
talento, aplicado y, por lo demás, de buena conducta; pero tenía un rencor incalificable contra el Clero. El mismo, tras el aviso de don
Bosco, en vez de cambiar de plan, se había enconado y frecuentemente repetía el apodo injurioso, añadiendo:

-Antes que pertenecer al Clero, prefiero ser expulsado, íprefiero la muerte!

Y mascullaba la palabra acusón contra el que creía había sido la causa de la expulsión de sus amigos.

Le sabía mal al Venerable implicar a aquel muchacho en la sentencia dada a los demás, y así, disimulando como si ignorase su
insolencia, esperó una ocasión favorable, que no tardó en llegar. El muchacho quería mucho a don Bosco y creía que los del partido del
Clero se habían apoyado en el Superior solamente para sostener su causa. Cierto día se presentó en la habitación de don Bosco con los
ojos arrasados en lágrimas y una carta de sus padres.

Estaba persuadido de que don Bosco no sabía nada de la parte que había tomado contra el Clero. El Venerable le recibió cariñosamente
y le preguntó qué deseaba:

-He venido para pedirle un favor.

-Pues "qué quieres?

-Mis padres me han escrito esta carta.

-"Están bien tus padres?

-Sí, señor, están bien de salud; pero me dicen que los negocios de casa van mal y que han tenido muchas desgracias.

-íLo siento de veras!

-Ya no pueden pagar las dieciocho liras mensuales de pensión;
me dicen ruegue a usted que tenga la caridad de rebajarme a diez liras porque, de lo contrario, se verán obligados a llevarme a casa.

-"Y qué dificultad tienes en ir a casa?

-íAh, don Bosco! "lrme a casa? "Yo que voy bien en los estudios
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y que espero hacerme sacerdote, ver truncadas en un momento todas mis esperanzas?

((350)) -"Qué quieres que haga? En casa podrás encontrar cualquier otro modo para ganarte el pan.

-Y "qué van a decir los compañeros del pueblo cuando me vean volver? íQué vergüenza! Mis padres no pueden ponerme a estudiar,

tendré que ir a trabajar al campo.

Y lloraba.

-Pero, querido mío: "qué quieres que haga yo? Estoy cargado de gastos y de deudas. Ten paciencia. Veremos para el año que viene.

-íDon Bosco, no me abandone! Hágame esta caridad. Contente a mis padres que ahora se hallan tan afligidos.

-Comprende que, si yo te rebajo la pensión a ti, es lo mismo que rebajar el pan a otros pobrecitos...

El muchacho estaba agobiado por el dolor. Don Bosco continuó:

-Bueno, todavía no te lo niego, pero con una condición... Dime: "eres bueno?

-Haré todo lo posible para serlo y para que usted esté contento.

-Bien, te creo. Pero necesito elegir a uno que se responsabilice de ti, que vigile continuamente tu conducta, que me pueda decir si

verdaderamente mereces el favor que me pides...

-Sí, señor; acepto la condición, ya verá.

-Y que tú sigas los consejos del que elegiremos para ser tu amigo y custodio.Sí, señor, le obedeceré. Dígame usted a quien quiere.

-"Conoces aquí en la casa a un tal don José Bongiovanni?

-Sí, señor, respondió el joven con voz ligeramente alterada.

-Muy bien. Ve ahora a verlo y dile lo que te he dicho yo a ti. Fíate totalmente de él y estarás contento. Mientras tanto te prometo que, si

don José Bongiovanni me da buenas noticias, no solamente te rebajaré la pensión a diez liras al mes, sino hasta a cinco y que, si tus
padres no pudieren pagar nada, yo estoy dispuesto a tenerte gratuitamente.

El jovencito besó la mano a don Bosco, se retiró cabizbajo ((351)) y fue en busca de don José Bongiovanni, a quien don Bosco ya había
prevenido y dado instrucciones para el caso.

Al domingo siguiente hubo fiesta solemne y desfiló el Clero, precediendo a los ministros camino del altar. íCon gran maravilla de todos
los alumnos, que atentamente observaban, avanzaba entre los demás monaguillos, aquél tal, con los ojos bajos y rojas las mejillas,
revestido de sotana y roquete! Pasó vergüenza sólo aquel día, porque
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en adelante continuó haciéndolo bien y con franqueza. Así logró don Bosco que los hechos desmintieran aquella protesta de: -íAntes
expulsado que pertenecer al Clero!

El 30 de abril empezaron los ejercicios espirituales en el Oratorio, predicados por don José Persi. Don Bosco escribía las florecillas
que, día tras día, ofrecerían los muchachos a María Santísima durante el mes a Ella dedicado.

FLORECILLAS PARA EL MES DE MAYO DE 1866

1. Al pasar ante el Santísimo Sacramento, hacer devota y fervorosamente la genuflexión, diciendo de corazón: -Alabado sea
Jesucristo.-Jaculatoria: María, os consagro mi corazón.
2. Hacer una fervorosa plegaria a la Virgen para que ninguno de nuestros compañeros caiga en pecado mortal en el transcurso de este
mes.-Jaculatoria: Refugio de los pecados, rogad por mí.
3. Pida cada cual a un buen compañero, o a otra persona capaz de ello, que le sugiera lo que debe hacer para dar más gusto a María, y
después lo haga.-Jaculatoria: Virgen María, hacedme la gracia de adelantar siempre en la virtud.
4. Hacer la promesa de querer ser siempre devotos de la Virgen, procurar llevar siempre su medalla al cuello y besarla con devoción
antes de acostarse.-Jaculatoria: Virgen María, acogedme bajo vuestro manto y guardadme de todo mal.
5. Atención y máxima diligencia en el rezo de las oraciones del cristiano; y en especial las que se dicen antes y después de la comida, la
clase o el estudio.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo os ame cada día más.
6. Por amor a la Virgen María, soportar con paciencia los defectos que descubramos en nuestro prójimo, los cuales no pueden
corregirse fácilmente.-Jaculatoria: Virgen María, encended en mi corazón el fuego de la caridad.
7. Ofrecer a María todas las devociones practicadas en este ((352)) mes y pedirle perdón por las negligencias.-Jaculatoria: Virgen
María, haced que sea siempre devoto vuestro.
8. Emplear bien el tiempo; esto es, no dejar pasar ni un minuto en ocio, sino emplearlo todo para gloria de Dios.-Jaculatoria: Virgen
María, hacedme ganar el cielo.
9. Hacer alguna mortificación, corporal o espiritual, en honor de María.-Jaculatoria: Virgen María, dadme un corazón puro y limpio.
10. Corregir con dulzura a algún compañero que sepáis tiene algún defecto, en el hablar o en su conducta.-Jaculatoria: Virgen Santa,
ayudadme a custodiar mi lengua.
11. Por la mañana, al levantaros, dirigid el primer pensamiento a María proponiéndoos hacer algo bueno en su honor durante el
día.-Jaculatoria: íOh, qué feliz seré portándome bien con María!
12. Rezar una breve oración a la Santísima Virgen para que nos ayude a hacer un firme propósito de querer guardar la virtud de la
modestia.-Jaculatoria: Virgen María, enamoradme de vuestras virtudes.
13. Hacer un diligente examen de conciencia y prepararse para confesarse como si fuera la última vez de la vida.-Jaculatoria: íOh,
María, libradme siempre el pecado!
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14. Exacta obediencia a los superiores, especialmente al confesor en las cosas del alma y al maestro en las de la clase.-Jaculatoria:
Virgen María, asiento de la sabiduría, rogad por nosotros.
15. Mortificar la lengua; abstenerse de decir cualquier palabra que pueda ofender la caridad, la moral y las buenas
costumbres.-Jaculatoria: Virgen María, haced puros mi cuerpo y mi alma.
16. Guardar silencio riguroso por la mañana y por la noche en los dormitorios y, por cuanto es posible, no alzar la voz al ir del locutorio
a los dormitorios, después de las oraciones.-Jaculatoria: Virgen María, haced que me sirva de la lengua para dar gloria a Dios.
17. Cada vez que recitéis u oigáis recitar el Gloria Patri inclinad la cabeza en señal de veneración a la Santísima Trinidad.-Jaculatoria:
Virgen María, templo de la Santísima Trinidad, rogad por nosotros.
18. Revisar vuestros escritos, vuestros libros, vuestros grabados, y si encontraseis algo poco decente, por honor a María; arrojarlo al
fuego para que arda.-Jaculatoria: Virgen María, puerta del cielo, rogad por nosotros.
19. Pensar seriamente en los deberes del propio estado a los cuales se falta con más frecuencia, implorar el auxilio divino y prometer a
María enmendarse.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo sirva perfectamente a Dios.
20. Hacer ante el altar de María, propósito de enmendarse a toda costa de aquel defecto que cada uno conoce internamente.-Jaculatoria:
Virgen María, ayudadme a conocerme a mí mismo.
21. Cada vez que se entra en la iglesia, tomar el agua bendita ((353)) y santiguarse con fe y devoción.-Jaculatoria: Virgen María, haced
que yo no sea nunca indiferente en los actos de religión.
22. Por amor a María abstenerse totalmente de ponerse las manos encima, ni siquiera en broma.-Jaculatoria: Virgen María, haced que
adquiera gracia y prudencia al conversar con mis compañeros.
23. Invitar a un compañero y hacer con él una visita a Jesús Sacramentado y a María.-Jaculatoria: Virgen María, ayudadme a hacerme
santo.
24. Dar un buen consejo a un compañero y, si se recibe, procurar ponerlo en práctica, por amor a María.-Jaculatoria: Virgen María,
alcanzadme el don de la piedad.
25. Máxima diligencia en hacer bien los trabajos que el deber nos impone.-Jaculatoria: Virgen María, ayudadme a cumplir bien mis
deberes.
26. Suma prudencia y delicada modestia al desnudarse y acostarse por la noche, y al levantarse y vestirse por la mañana.-Jaculatoria:
Virgen María, madre de la santa pureza, rogad por nosotros.
27. No cometer la menor falta contra el reglamento del colegio, especialmente en lo tocante al dormitorio.-Jaculatoria: Virgen María,
obtenedme la virtud de la obediencia.
28. Máxima atención para oír la santa misa y hacer una breve oración por aquel compañero nuestro que ame poco a María.-Jaculatoria:
Virgen María, concededme la gracia de adquirir la virtud de la humildad.
29. Hacerse decir, por quien mejor nos conoce, el defecto a corregir, especialmente para dar buen ejemplo.-Jaculatoria: Virgen María,
otorgadme que yo me pueda conocer a mí mismo.
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También escribió a los alumnos de Lanzo unas florecillas y jaculatorias para que honrasen a la Madre Celestial durante este mes a Ella
dedicado.

A MARIA

Sus hijos del Colegio de Lanzo
en el mes de mayo de 1866.

Oír con más devoción la santa misa, recitando con más atención las oraciones que se dicen todos juntos, y tener, por cuanto es posible,
los ojos dirigidos al altar.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo pueda custodiar bien los sentidos de mi cuerpo.

Mucha atención a las palabras que el Director dice cada noche, después de las oraciones, con el firme propósito de cumplir los
avisos.-Jaculatoria: Virgen María, haced que la palabra de Dios produzca en mí sus efectos.

Por amor a María hacer todo lo posible para acudir enseguida a la invitación de la campanilla.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo
pueda adquirir la virtud de la obediencia.

((354)) Levantarse enseguida, a la primera llamada, sin dejarse. llevar por la pereza y, al ir del estudio a la iglesia, no detenerse fuera
con los compañeros.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo sea dócil a las divinas inspiraciones.

Rogar a la Santísima Virgen para que nos ayude a hacer un propósito firme de querer guardar la virtud de la modestia.-Jaculatoria:
Virgen María, haced que yo crezca siempre en la virtud.

Pensar contra qué deberes del propio estado se falta con más frecuencia, recurrir a la ayuda divina y prometer a la Santísima Virgen
enmendarse.-Jaculatoria: Virgen María, haced que yo sirva fielmente a Jesús.

Pedir excusa y perdón a quien podamos haber ofendido; mostrar más amor haciendo algún favor a aquéllos a quienes tenemos alguna
aversión.-Jaculatoria: Virgen María, haced que esté siempre en paz con todos.

Por amor a María santificar los recreos, jugando, por cuanto sea posible en común, e invitando cortésmente a la alegría a quien, por
cualquier motivo, estuviese triste o se inclinase a estar solo. -Jaculatoria: Virgen María, haced que no disguste nunca a vuestro hijo Jesús.
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((355))

CAPITULO XXX

CORRESPONDENCIA DESDE ROMA PARA OBTENER DE MARIA AUXILIADORA LA SALUD
-CARTA DE DON BOSCO AL CABALLERO OREGLIA; JOVENES DEL ORATORIO QUE VAN
AL SERVICIO MILITAR; NOTICIAS DE LA TOMBOLA Y DE LA IGLESIA; DONATIVOS
POR GRACIAS OBTENIDAS; TRES COSAS QUE HAY QUE OBSERVAR AL PROPONER A
ALGUNO UNA NOVENA A LA VIRGEN; SALUDOS A SEÑORES DE ROMA -EL PARLAMENTO
APRUEBA LA LEY DE CRISPI SOBRE LOS SOSPECHOSOS: RIGORES INJUSTOS Y
ODIOSOS CONTRA EL CLERO Y LOS CATOLICOS -EL OBISPO DE GUASTALLA
CONDENADO A DOMICILIO FORZOSO ENCUENTRA UNA CORDIAL HOSPITALIDAD EN EL
ORATORIO -DON BOSCO, JUNTAMENTE CON LAS AUTORIDADES CIVILES Y FAMILIAS
NOBLES DE TURIN, LE HONRA Y LE CONSUELA EN SU DESTIERRO -EXIMIAS
VIRTUDES DEL BUEN PRELADO -CARTA DE PIO IX A DON BOSCO AGRADECIENDOLE EL
REGALO DE UNOS LIBROS -ALGUNAS GRACIAS CONCEDIDAS POR EL PAPA A LOS
ORDENANDOS DEL ORATORIO

HACIA algún tiempo que se encontraba en Roma el caballero Federico Oreglia di San Stefano. No se ignoraban allí las eximias virtudes
de don Bosco y, el 9 de mayo, la marquesa Teresa Altieri de Patrizi escribía al Siervo de Dios encomendándose a sus oraciones con el fin
de verse libre de unas convulsiones que le afligían desde hacía tres años, asegurándole que confiaba en María Auxiliadora. Don Bosco le
exhortaba a tener viva fe en la bondad de la Virgen y le mandaba la respuesta, incluida con otras cartas, dentro de un sobre dirigido al
Caballero a quien contaba lo acaecido en el Oratorio.

((356))Muy querido Caballero:

He recibido su carta de Florencia y la de Roma y he comunicado el contenido de ambas a todos los de casa, quienes las ovacionaron
con un estupendo íViva el Caballero!

Todo lo anotado ya se ha cumplido. La imprenta va adelante, pero ciertamente necesita de su presencia. Durando está algo delicado y se
va al campo; el pobre don
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Juan Bautista Francesia le suple en la clase. Bonetti fue a casa porque un ano suyo se va de soldado. Migliassi ya partió. Bisio y Oddone
marchan hoy; esperan sin embargo ser dispensados, pero es muy difícil que lo consigan. Gromo se fue con Garibaldi y otros le quieren
seguir. Gallo quizá también tenga que partir.

Todo esto aumenta el trabajo, pero el Señor nos da salud, de modo que no hay ni siquiera un enfermo en casa. Por lo demás, todo
transcurre con normalidad, y ningún trabajo queda atascado.

"Que cómo andamos de dinero? Los boletos de la tómbola, en estos momentos, marchan lentamente y su cobro es incierto y difícil.
Respecto a la iglesia vamos adelante con la colecta que hace la Virgen. Le daré una muestra.

La semana pasada pudimos recoger dos mil liras, pero todo se debió a la Virgen. El Director del Hospital de Cherasco tenía malo un
brazo y, después de haber estado varios meses curándose en el Hospital de San Juan, querían cortarselo. Antes, quiso probar de hacer la
novena que usted sabe, y el sábado trajo su ofrenda con el brazo perfectamente curado.

El conde Pollone mandó de momento ciento cincuenta liras por haber sido curado, con una novena, de una enfermedad que le había
puesto al borde del sepulcro.

La duquesa Melzi, de Milán, envió quinientas liras porque su nuera, después de una serie de achaques que la redujeron a pésimo estado
de salud, con una novena a María Auxiliadora, logró superarlos.

Por motivos semejantes llegaron otras ofrendas de Chieri, de Asti, de Cúneo, de Saluzzo, de Milán, de Monza y de Venecia. Con estas
limosnas podemos ir adelante, a pesar de los graves aprietos en que nos encontramos.

Cuando usted proponga a alguien que se encomiende a María con una novena, tenga presentes estas tres cosas:

1.ª No poner ninguna esperanza en la virtud de los hombres: fe en Dios.

2.ª La petición debe apoyarse totalmente en Jesús Sacramentado, fuente de gracia, de bondad y de bendición. Se apoye también en el
poder de María, a la que Dios quiere glorificar en este templo sobre la tierra.

3.ª En todo caso póngase la condición del fiat voluntas tua y de si es para el bien del alma de aquél por quien se ruega.

Ayer participó toda la casa en la hermosa fiesta en honor de Monseñor, su ((357)) hermano; que Dios le lleve a la primera sede de la
Iglesia y haga de él un gran santo.

Dé mis saludos a todos. Mande estas cartas a sus direcciones. La señora Mónica Imoda es una insigne bienhechora; puede y está bien
dispuesta.

La Patrizzi pidió oraciones, etc.

Que Dios le bendiga a usted y sus trabajos. Reciba la más cariñosa muestra de afecto de toda la casa y créame en nombre de todos,

Turín, 12 de mayo de 1866.

Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

Siete u ocho jóvenes del Oratorio tuvieron que partir para tomar las armas. De toda Italia se movían tropas hacia la frontera Véneta.
El Gobierno confiaba plenamente en la victoria, pero quien siempre había vivido en la conjura temía que los partidos subversivos
pudieran incitar al tumulto y a la rebelión de las masas, con gran peligro

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para la unidad de Italia. Por eso, para desenredar tramas en las que ellos eran maestros y que suponían urdirse en su contra, el 9 de mayo
la Cámara de los Diputados y el 14 del mismo mes la del Senado aprobaban una ley, presentada por Francisco Crispi, que con razón se
llamó la ley de los sospechosos. Con ella se autorizaba al Gobierno para enviar a domicilio forzoso por un año, no sólo a los ociosos, a
los vagabundos y pendencieros y a todas las personas sospechosas, sino también a aquéllas contra las que haya fundado motivo para
juzgar que se dedican a restituir el antiguo estado de cosas y a perjudicar de algún modo la unidad de Italia y sus libres instituciones. Esta
ley, tal como estaba concebida, dejaba a los malvados un medio fácil para excederse y aplicarla según los gustos de los partidos políticos,
de las pasiones privadas, y de los odios contra el nombre católico. En efecto, ya antes de que fuese aprobada por el Senado y promulgada
por el Gobierno, se aplicaba en Nápoles, con perjuicio para el Clero. Diarios oficiosos, como La Opinión, pintaron la cosa con una de sus
acostumbradas calumnias; dijeron que los sacerdotes eran cómplices de una conspiración, felizmente descubierta, que intentaba restaurar
la dinastía de los Borbones.

((358)) En consecuencia se aplicó la ley con implacable rigor contra los obispos y otros prelados napolitanos, señalados como
sospechosos. El jefe de policía les llamó e intimó la orden de partir inmediatamente, unos con dirección a Roma, otros a Marsella, sin
darles tiempo ni para arreglar sus asuntos domésticos sin considerar su estado de salud, la avanzada edad, su pobreza, o su dignidad, sin
aducir la menor explicación que justificase aquella violación de todo derecho.

Se señaló como jefe de los conjurados a monseñor Salzano, el hombre más pacífico del mundo, y se le echó; echaron a los obispos de
Gallípoli, Oria, Manfredonia, Rossano, Salerno, Aversa, Nola y Termoli, juntamente con el Vicario y el Procanciller. El Obispo de Calvi
y Teano fue arrestado la noche del 19 de mayo en su casa paterna; le condujeron a Nápoles y, después de una pequeña parada concedida
con dificultad, le obligaron a partir hacia Roma, donde ya se encontraban exiliados otros obispos y sacerdotes napolitanos, solamente por
ser considerados personas influyentes. Muchos otros distinguidísimos personajes, eclesiásticos y seglares, fueron encarcelados por el
mismo motivo, desterrados fuera de Italia o relegados a domicilio forzoso. En las cercanías de Nola, y en una sola noche, se hicieron unos
doscientos arrestos y se efectuaron varios centenares más en Santa María de Capua.
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Y no era solamente en la región de Nápoles donde se estilaban estos rigores con las personas de iglesia, sino también en otras partes del
reino. Monseñor Cantimorri, obispo de Parma, fue confinado en Cúneo. En Milán fue encarcelado monseñor Pertusati, Provicario, y con
él y en pocos días muchos sacerdotes. En Bolonia, en un solo día, se practicaron hasta cuarenta registros domiciliarios y, aunque no se
descubrió la menor sombra de culpabilidad, párrocos, abogados y periodistas católicos fueron encarcelados.

Dio pábulo a los delatores, hombres llenos de resentimiento sectario, una circular enviada a los Gobernadores civiles por el ministro de
Gobernación, Ricasoli, Presidente del Consejo, elevado al poder el 20 de junio.

Dicha circular fue publicada en la Gaceta Oficial el día 26. ((359)) En ella se recomendaba ejercer con todo rigor los derechos que la
ley concedía con el fin de prevenir los atentados y asechanzas extranjeras a la perversidad doméstica que pudiera maquinar con daño para
la patria.

Muy pronto varios obispos más del reino de Nápoles, de las Marcas, de la Romaña y de Lombardía vieron violado sacrílegamente su
domicilio, registrados sus documentos, revuelto todo lo suyo con molestas inquisiciones; y finalmente fueron confinados lejos de sus
diócesis, sin que se hubiese podido encontrar nada que diera motivo para la acusación fiscal.

Casi todos los días se leía en los periódicos una lista de diez, quince y hasta treinta párrocos, religiosos, simples sacerdotes o seglares, y
también personajes de familias distinguidas que, denunciados por la Comisión de vigilancia, estaban condenados sin juicio alguno, a
domicilio forzoso. No eran reos de maquinaciones políticas, sino de no mirar más que a Dios y de sostener los derechos de las
conciencias católicas.

El Venerable tuvo la suerte de poder ayudar y aliviar a una de las primeras nobles víctimas de la indigna persecución.

Monseñor Pedro Rota, obispo de Guastalla, se había retirado a la casa rectoral de la parroquia del arrabal de San Roque, cuando he aquí
que el 13 de mayo, a las tres de la tarde, se presentaron el Delegado de Seguridad Pública y el Teniente de la Guardia de la ciudad con un
escuadrón de caballería, y la orden perentoria de ejecutar la requisa de la correspondencia epistolar de Monseñor e intimarle la inmediata
salida hacia una de las pocas ciudades que le proponían. El buen Prelado recibió con imperturbable serenidad la nueva tribulación, pero
envió telegráficamente la siguiente protesta al Gobierno Civil de Reggio.
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"San Roque, 13 de mayo de 1866: -Obligado por orden gubernativa a alejarme de la diócesis sin conocer los motivos, hecha la debida
protesta por la violación de la inmunidad personal como Obispo y como ciudadano libre, cediendo ((360)) únicamente a la fuerza, elijo
Turín para mi domicilio provisional, insistiendo por mi pronta devolución a la diócesis donde tengo el derecho y el deber de residir. -"
Pedro, Obispo de Guastalla."

Después de una hora y media de registro, como era de suponer, no se encontró nada que pudiera servir de acusación; sin embargo,
monseñor Rota partió en su carruaje hacia Reggio, acompañado por el Delegado y el Teniente dicho. La mañana del 14, siempre
escoltado por un guardia de la Seguridad Pública, partía en tren hacia Turín. Al anochecer llegó a la ciudad, sin conocer a nadie, ni saber
dónde aposentarse. Presentóse a los Señores de la Misión, recibiéronle con todas las atenciones, pero como ya tenían allí hospedados
otros dos obispos, arrancados de sus diócesis, no les fue posible admitir a un tercero. De allí se dirigió a la Pequeña Casa de la Divina
Providencia; pero como ésta era una obra pía, se le dio a entender el temor a alguna molestia por parte del Gobierno, añadiendo además
que no tenían ningún apartamento decoroso, y le aconsejaron que se presentase a don Bosco, quien fácilmente le concedería la
hospitalidad que pedía.

El Oratorio veía varias veces al año entre sus muros obispos, recibidos por don Bosco con singular veneración; para él y para sus
alumnos era siempre una fiesta de familia la llegada de un pastor de la Iglesia. Cualquiera que fuese, era siempre invitado a celebrar la
misa de comunidad, o a impartir la bendición con el Santísimo Sacramento; se procuraba que hubiese música en la iglesia, y fuera de ella
no dejaba la banda de obsequiarlo. El mismo Venerable le acompañaba a visitar las clases, los talleres, siempre con el bonete en la mano,
por respeto, y sin dejar de besarle el anillo en presencia de los alumnos. Acostumbraba, además, recordar en la charla de la noche la
fortuna tenida durante la jornada.

Monseñor Rota, pues, que solamente conocía el Oratorio ((361)) de oídas, se presentó ya de noche y con cierta ansiedad, preguntando
por don Bosco, el cual estaba fuera de Turín. Salió a recibirle don Juan Cagliero, quien, en cuanto oyó su necesidad, sin dudarlo ni un
momento le acogió tan afectuosamente que el buen obispo se repuso como si hubiese entrado en su propia casa.

Al día siguiente llegó don Bosco y, en cuanto le hablaron del nuevo huésped, exclamó:
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-Es un obispo; estando él con nosotros, tendremos también con nosotros al Señor: no hay que temer.

Y fue enseguida a saludarle y rendirle agasajos; le agradeció el honor que les hacía, y se excusó de no poder atenderle como se merecía.
El ilustre desterrado lo interrumpió diciendo:

-Usted, don Bosco, recibe a los pobres y abandonados; "quién más abandonado que yo: Considéreme como un pobre huérfano. íBasta
que me dé asilo como a uno de ellos!

Cuando se supo en el Oratorio quién era el Obispo que habían visto en la iglesia y por los patios, y el motivo por el que se había
quedado, fue una gran fiesta para todos. "Es una señal de que Dios bendice nuestro Oratorio", dijo don Bosco por la noche. Los
muchachos se retiraron gritando bajo las ventanas de Monseñor: í Viva el Obispo de Guastalla!

No eran muchas las comodidades del Oratorio; pero el bueno y santo exiliado se conformó con una pequeña habitación donde dormía y
una salita donde recibía visitas y se le preparaba la mesa. Don Bosco quiso que se organizase cocina aparte para él.

Monseñor se apresuró a escribir una carta pastoral a sus amados diocesanos manifestando su dolor por haber sido obligado a partir sin
poder despedirse y a vivir lejos de sus hijos: les auguraba la verdadera paz que sólo se encuentra en la gracia de Dios; les exhortaba a no
prestar oídos a los maestros de herejía, llegados para esconderse en su viña y devastarla; les recomendaba las buenas obras y la frecuencia
de los Sacramentos; y prometía que rogaría por ellos todos los días en la santa misa y por los que tal vez le odiaban sin ((362)) saber por
qué, dispuesto a abrazar a todos con el mismo afecto.

La carta estaba fechada: En Turín, desde el Oratorio de San Francisco de Sales, día de san Gregorio VII (25 de mayo), y llevaba
también la firma del Pro-Secretario: Juan Cagliero, Pbro.

Don Bosco la hizo imprimir en la imprenta de casa y la expidió a la Curia de Guastalla.

Durante seis meses edificó Monseñor a todos con su conducta. Se prestaba para confesar a cualquiera que le pidiese esta caridad; pero
lo que maravilló a los muchachos fue verlo cada ocho días ir a la sacristía y confesarse con don Bosco, después de esperar turno de
rodillas sobre el desnudo pavimento y en fila con los alumnos. La primera vez que vieron a aquel venerando Pastor, más digno de
veneración por las persecuciones que tan resignadamente sufría, entrar en la sacristía con este fin, todos a una se levantaron
respetuosamente
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para cederle el puesto. Pero él se colocó en un rincón y allí permaneció inmóvil esperando que pasasen los demás.

Don Bosco mitigaba su dolor, más aún, le consolaba rodeándole de tantas atenciones, que más tarde el buen Obispo decía a don Miguel
Rúa y a otros, que el tiempo más feliz de su vida lo había pasado en el Oratorio. Casi diariamente invitaba don Bosco a prelados o a
personas distinguidas para acompañarle a la mesa. Por medio de las autoridades civiles y políticas de la ciudad, no solamente logró que le
levantaran los rigores del domicilio forzoso, que le impedían salir fuera del recinto, sino que el Gobierno Civil, haciéndose responsable
ante el Gobierno, le concedió amplia libertad para ir donde quisiera dentro de un amplísimo radio en torno a la ciudad de Turín.

El buen Prelado la aprovechó para ir a ver a monseñor Ghilardi, Obispo de Mondoví, que lo recibió echando las campanas al vuelo y lo
tuvo consigo unos días. Durante la estación calurosa, don Bosco hizo que se hospedase en la quinta del conde Felipe Radicati de
Passerano, su insigne bienhechor, Consejero del ((363)) Gobierno Civil, que hacía las veces de Gobernador. También la familia de los
condes Appiano de Castelletto, unida por vínculos de parentesco y de fe cristiana al conde Radicati, andaba con él a porfía para demostrar
su veneración por el ilustre exiliado.

Todos los que iban a conocerle quedaban edificados de su virtud, de su paciencia, su resignación y, sobre todo, de su singular modestia,
que unía a una vasta erudición y profunda doctrina. Nunca estaba ocioso; guiado por su celo apostólico, empleaba el tiempo confesando,
catequizando, confirmando y confiriendo las sagradas órdenes en la iglesia del Oratorio, casi como para hacer creer que la divina
Providencia se hubiese servido de quien le confinó al destierro para prepararle una solemne justificación, más aún, un triunfo.

Pocos días después de la llegada del Obispo de Guastalla, don Bosco recibió un gran consuelo, más deseado por él que cualquier
fortuna; fue el de leer las veneradas letras del Vicario de Jesucristo.
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PIO PAPA IX 1

Al dilecto Hijo, salud y bendición apostólica.

Con gran placer hemos recibido la carta con la que te plugo acompañar el regalo de tu Historia de Italia, escrita para la juventud, ((364))
impresa en esa tipografía de Turín, juntamente con el volumen de las Acotaciones del doctor Vallauri. Aunque por nuestras muchas y
gravísimas ocupaciones no hemos podido leer dicha historia, sin embargo el regalo nos ha sido muy grato, y te lo agradecemos de
corazón.

Continúa mientras tanto, querido hijo, infundiendo en el alma de esos jovencitos los santos preceptos de nuestra divina religión y
formándolos en la piedad, en la honestidad de costumbres y en la práctica de todas las virtudes, y no dejes de elevar a Dios continuas
oraciones por el triunfo de su santa Iglesia y de implorar el potentísimo patrocinio de la Virgen María.

Finalmente, bajo los auspicios de todos los carismas celestiales y en prenda de nuestra especial y paternal caridad, de todo corazón te
impartimos, querido hijo, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, Junto a San Pedro, el 21 de mayo de 1866, vigésimo de Nuestro Pontificado.

PIO PAPA IX
Al querido hijo, el presbítero Juan Bosco. Turín.
Poco tiempo antes, había concedido el Sumo Pontífice a don Bosco algunas gracias, pedidas con la siguiente súplica:
Beatísimo Padre:
El sacerdote Juan Bosco, postrado a los pies de Vuestra Santidad, expone respetuosamente

PIUS P.P.IX

1 Dilecte Fili, Salutem et Apostolicam Benedictionem. Tuas libenter accepimus litteras, quibus Nobis offerre voluisti Italiae Historiam
a te pro juvenibus scriptam et istis taurinensibus typis hoc anno editam una cum volumine Inscriptionum istius Doctoris Vallaurii. Etsi
vero eamdem Historiam ob gravissimas et assiduas Nostras curas et occupationes nondum legere potuerimus, tamen Tuum donum Nobis
fuit acceptum, ac debitas pro illo grates agimus.

Perge vero, Dilecte Fili, adolescentium tuorum animos sanctissimis divinae nostrae Religionis praeceptionibus accurate imbuere,
eosque ad pietatem, morumque honestatem, omnemque virtutem sedulo conformare. Ne desinas autem ferventissimas Deo pro Ecclesiae
suae sanctae triumpho preces afferre, ac potentissimum Immaculatae Deiparae Virginis Mariae patrocinium implorare.

Demum coelestium omnium numerum auspicem, et praecipuae paternae Nostrae in te caritatis pignus Apostolicam Benedictionem toto
cordis affectu Tibi ipsi, dilecte Fili, peramanter impertimus.

Datum Romae, apud S. Petrum, die 21 Maii, anno 1866, Pontificatus Nostri anno vigesimo.

Dilecto Filio Ptesbiteto Joanni Bosco, Augustam Tautinorum.

PIUS PP. IX

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la necesidad de algunos jóvenes internados en la Casa del o de San Francisco de Sales. Ante las claras manifestaciones de los mismos de
su vocación al estado eclesiástico, fueron dedicados a los estudios y, al presente casi han llegado al término de los cursos establecidos
para quienes siguen esta carrera. He aquí su nombre y el favor que necesitan:

1.° Domingo Bongiovanni, ordenado ya de diácono, necesita para ser ordenado sacerdote el próximo sábado de la Santísima Trinidad,
obtener las necesarias dimisorias, vacante la Sede Arzobispal, y ser dispensado de tres meses y doce días de la edad prescrita por los
cánones. -Nació el 3 de septiembre de 1842.

2.° Nicolás Cibrario, diácono, necesita solamente las dimisorias para ser admitido a la ordenación sacerdotal.

3.° Francisco Cerruti pide las dimisorias para ser admitido a la tonsura, con las cuatro menores y, a su debido tiempo, las otras órdenes
mayores.

Estos son los favores que, con la máxima veneración, se solicitan a la paterna caridad de Vuestra Beatitud.

Gracia que...
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((365))

CAPITULO XXXI

OTRA CARTA DE DON BOSCO AL CABALLERO OREGLIA -ENCARGOS PARA VARIAS
SEÑORAS DE ROMA; PREDICCION DE ROSAS Y ESPINAS PARA EL SENADOR DE
ROMA;POR FALTA DE MEDIOS SE REDUCEN A OCHO LOS ALBAÑILES DE LA IGLESIA;
LA VIRGEN HACE LA COLECTA; SALUDOS PARA LOS BIENHECHORES -DEBER DE
PUBLICAR LAS GRACIAS CONCEDIDAS POR MARIA AUXILIADORA A FIN DE EXCITAR EN
LOS FIELES LA CONFIANZA EN ELLA -OTRA CARTA DE DON BOSCO AL CABALLERO
OREGLIA: CONTRADICCIONES POR UNA GRACIA PUBLICADA EN LA UNIDAD CATOLICA;
AVENENCIA CON EL OBISPO DE IVREA SOBRE LAS LECTURAS CATOLICAS; GRACIAS Y
LIMOSNAS; NO SE DECIDE A IR A ROMA, EN ESPERA DE ACONTECIMIENTOS
-DILIGENCIAS PARA OBTENER DEL DIRECTOR DEL PERIODICO LA PUBLICACION DE LA
PRIMERA GRACIA, Y DEL PROVICARIO LA LICENCIA PARA IMPRIMIRLA -CONTENIDO
DEL ARTICULO -PROTESTA CONTRA ESTA PUBLICACION -DON BOSCO PUBLICA DICHA
GRACIA EN LAS LECTURAS CATOLICAS -SE PROPAGA MARAVILLOSAMENTE POR TODAS
PARTES LAS CONFIANZA EN MARIA BAJO EL TITULO DE AUXILIADORA

LAS glorias y el amor de María con su inefable sonrisa quitaban todo dolor, toda preocupación, descorazonamiento, humillación y
cansancio del alma de don Bosco. Predicaba sus glorias en el púlpito, las recordaba en las conversaciones privadas, las imprimía en
libros, las narraba en las cartas.

Por aquellos días escribía sobre ello a la señora Elisa Melzi Sardi de Milán, la cual le agradecía vivamente el 22 de mayo, no solamente
el autógrafo, sino también sus oraciones en las que tanto confiaba.

((366)) Escribía así mismo al caballero Oreglia, siempre ocupado en Roma, le daba nuevos encargos para varios bienhechores de
aquella ciudad, y le contaba las maravillas de María Auxiliadora:

Carísimo señor Caballero:

He recibido su carta, a la que creo haber respondido con la mía del lunes pasado,
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al menos en parte. La he leído a nuestros queridos muchachos, quienes tuvieron una gran satisfacción y le envían sus afectuosas
expresiones de estima y aprecio.

Me enviaron de Roma la cartita que le adjunto para su norma y para dar gracias, cuando haya lugar, al Cardenal Riario.

No sé si la Marquesa Patrizi es la misma a quien ya escribí unas letras; si no lo es, y como quiera que sea, le remito esta cartita en la
que digo que su piadosa intención será debidamente atendida.

Diga a la condesa Calderari que, si le escribiese más largo sobre el tema que ella me había indicado, le ocasionaría angustia. Que tenga
la bondad de releer mi carta, que esté tranquila y deje todo a mi cuidado.

Le sorprende a usted, señor Caballero, la bondad y cortesía de S. E. el marqués Cavalletti, Senador de Roma. No es ninguna novedad
para mí. Ya durante mi estancia en Roma, el llorado cardenal Marini me habló muchas veces de la religiosidad, caridad y celo de esta
ilustre familia. Si tiene ocasión de verlo de nuevo, preséntele los respetos de mi gran veneración; en el pasado rogaba por él en general, en
adelante rogaré y haré rogar expresamente por él y su familia. Dígale que la divina Providencia le prepara un hermoso ramo de rosas
escogidas, mas para sujetarlas es preciso que apriete las muchas espinas que esconden. Dentro de poco lo sabrá todo. Ahora no puedo
decir más. Me encomiendo a sus devotas oraciones y las de su familia, y el domingo pediré a los muchachos que hagan la comunión
según sus santas intenciones.

Creo que usted no sabe todavía la novedad acerca de la iglesia. Los cuarenta albañiles que trabajaban han sido reducidos a ocho, por
falta de medios. Es éste un momento muy triste para nosotros, por la imposibilidad en que se encuentran nuestros habituales
bienhechores. Esperemos que el buen Dios envíe cuanto antes la paz a los pueblos cristianos y que los súbditos puedan unirse en derredor
de su soberano para dedicarse todos, con ánimo más tranquilo, a la salvación del alma.

Anteayer, viernes, María Auxiliadora ha obtenido una buena colecta.

Una señora, que hacía un año sufría de gota, y no podía dar un paso por su pie, se encomendó a la celeste Bienhechora e hizo una
oración con toda su familia en honor del Santísimo Sacramento del altar. íQué más podía desear! íDios es bueno! íDios es ((367)) grande!
Terminábanse las oraciones y la bendición, cuando la señora dejó las muletas, quedóse en pie y, con maravilla de todos, se echó a andar
con soltura. Ayer fue a cumplir con sus devociones a Nuestra Señora de la Consolación, y después vino a hacer una valiosa limosna para
la iglesia, que llegó muy oportuna para pagar al maestro de obras, que esperaba dinero. íBendita sea siempre la Madre del Salvador!

Todos deseamos vivamente su retorno, pero quédese en Roma hasta que haya satisfecho su devoción y resuelto los asuntos que le
conciernen.

Tenga la bondad de saludar de mi parte a Monseñor, su hermano, al padre Oreglia, padre Brunengo, padre Fantoni, a la familia
Vitelleschi y a nuestra bienhechora la marquesa Villarios con su familia. Extienda estos saludos a monseñor Manacorda y a quienes usted
crea oportuno.

La gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea siempre con nosotros. Amén.

Créame siempre

Turín, 21 de mayo de 1866.

Su afectísimo amigo en Cristo JUAN BOSCO, Pbro.

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N. B. Recuérdese que, cuando llegue a Turín, conviene prepare un suplente en la tipografía para los casos en que usted esté ausente.
Al recordar las maravillas obradas por la Virgen, además de la necesidad de desahogar su inmenso afecto por la Madre de Dios,
pretendía ayudar al prójimo. Quería reavivar en todo el mundo una confianza ilimitada en Aquélla que, en medio de las angustias, de las
tribulaciones, los errores, los peligros de esta pobre vida mortal, era y sería siempre la amorosa, la diligente, la poderosa Auxiliadora.
Por mandado de María había él fundado su obra y levantaba ahora una iglesia, sin cesar de indicar la necesidad de los sacramentos que
quitan el pecado o preservan del mismo a las almas, ya que el pecado hace desgraciados a los pueblos.

Tal era su misión y tenía de ello la seguridad del cielo; mas, para alcanzar este fin, no bastaba escribir o hablar privadamente. Había que
poner en práctica lo que enseña el Evangelio:

-Decid en pleno día lo que yo os digo en la oscuridad; predicad sobre los tejados lo que se os ha dicho ((368)) al oído.

Había que tocar las trompetas y hacer llegar su sonido a todo el universo. íDar publicidad con la imprenta! "Cómo podía la gente amar
lo que no conocía: Voluntas non fertur in incognitum (la voluntad no va a lo desconocido).

Y don Bosco tomó su resolución. Sabía muy bien que su plan era una novedad, a la que no estaban acostumbrados en Piamonte; preveía
que los propensos a pensar mal podían atribuirle miras interesadas, de vanagloria y hasta de imprudente desconsideración; que más de
uno le criticaría de fanatismo, que nacerían dificultades y oposiciones, pero él no se amilanaba por tan poca cosa y, por otra parte, estaba
convencido de que revelar y confesar la obra de Dios es encomiable (Opera Dei revelare et confiteri honorificum est, Tb. 12, 7). En
efecto, desde los inicios encontró dificultades: de estas y otras cosas daba noticia al caballero Oreglia:

Carísimo señor Caballero:

El demonio mete enseguida los cuernos en las obras del Señor. Apenas se imprimió el suceso del señor Morelli, algunos periódicos
empezaron a hablar de él; su hijo, demócrata hasta los tuétanos, estudiante en la Universidad, quiso que el padre reparase el deshonor,
que como él decía, le caía encima y, sin decir nada, se presentó amenazador en La Unidad Católica. Allí, sin prevenirnos, insertó la
rectificación del hecho que admite por completo, pero afirma que su publicación se hizo sin su orden y permiso. Esta cláusula es errónea
puesto que la relación que tenemos en casa está firmada por él mismo y dice precisamente: "Doy amplio permiso para que
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esta declaración sea leída y publicada del modo que convenga para mayor gloria de Dios".

"Qué hemos de hacer ahora? Apenas vuelva del campo don Celestino Durando, todo se arreglará. Paciencia.

A pesar de todo esto, la Virgen continúa bendiciéndonos y, entre otras bendiciones, hoy mismo he tenido la de la avenencia de las
Lecturas Católicas. Verdad es que hemos debido someternos a grandes sacrificios; pero ahora son definitivamente nuestras.

De aquí a unos días pasaré a recoger en casa del Señor conde Demagistris las setecientas liras de que usted me habla. Muy bien todo lo
que hizo a este propósito.

Interrumpo la carta para recibir una limosna que me hace cierta persona que tenía un pleito complicadísimo. Se encomendó e hizo una
novena a María Auxiliadora prometiendo dar algo para continuar la iglesia. Hoy termina la novena y el pleito ha sido arreglado
definitivamente.

((369)) En cuanto a su permanencia en Roma, quédese por tiempo ilimitado, esto es, hasta que tenga diez mil liras para traer a casa para
la iglesia y para pagar al panadero. Quiero decir con esto que aquí necesitamos de su vuelta, pero que puede seguir en Roma mientras
pueda hacer algo que sea para la mayor gloria de Dios y alivio del Oratorio.

En cuanto a ir yo a Roma, resulta un asunto muy grave para mí en los momentos que corren. Debo guiarme por los acontecimientos que
tendrán lugar dentro de dos semanas.

No puedo nombrarle a todos, pero le ruego salude a los que usted me ha indicado y en especial a nuestros bienhechores. Dígales que
mañana celebraremos la misa y que los muchachos comulgaran y rezarán según costumbre por los bienhechores de la iglesia.

Dios le bendiga, señor Caballero, bendiga sus trabajos y haga que cada una de sus palabras salve una alma y gane un marengo. Amén.

Turín, 22 de mayo de 1866.

Afectísimo en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

P.S. -Recibirá por correo la música y los libros pedidos.
Háblase en esta carta de dos hechos, que piden una explicación. Se refiere el primero a la publicación de una gracia de María
Auxiliadora en el número ciento uno (29 de abril de 1866) de la Unidad Católica. Era la primera que se publicaba, a fin de probar con los
hechos la bondad de María Santísima con todos los que cooperaban a la edificación de su iglesia en Valdocco y al incremento de las
obras salesianas.

Se quería que el más ilustre de los periódicos católicos de Italia tuviese este honor; además, y en la misma página, aparecerían
amplísimas relaciones de las maravillas operadas por María Santísima invocada bajo esta advocación en la ciudad de Spoleto. Después de
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esta publicación, se habría continuado, como efectivamente se hizo, relatando las maravillas que la Virgen, bajo el título de Auxiliadora,
obraría en su nuevo Santuario en favor de sus devotos.

Por eso don Celestino Durando se había presentado a su profesor y amigo Tomás Vallauri, rogándole insertara en la Unidad Católica el
manuscrito de la gracia. Por aquel entonces ((370)) aún no tenía el teólogo Margotti las íntimas relaciones que posteriormente mantuvo
con el Oratorio. El profesor Vallauri, que era colaborador de la Unidad Católica, accedió a las instancias de Durando, diciendo que por su
parte no había ninguna dificultad; pero que hablaría de ello con Margotti. El Teólogo leyó la relación, pero no quiso imprimirla, si antes
no obtenía la aprobación de la autoridad eclesiástica. En consecuencia, devolvieron la carta con la noticia de la condición propuesta a don
Celestino Durando, el cual fue a visitar al canónigo Vogliotti, rogándole diese su visado; pero el Canónigo se negó a ello absolutamente.

"Qué hacer? Estaba en el Seminario entre los superiores el teólogo Olivero, gran amigo del Oratorio y muy influyente en el ánimo de
Vogliotti. Acudió Durando a él y el teólogo Olivero convenció al Pro-Vicario para que condescendiera y estampara su firma. El artículo
fue publicado tal y como lo trascribimos:

íVIVA MARIA AUXILIADORA!

Ilustrísimo señor Director:

Movido por las muchas noticias que a diario leo en favor de nuestra Religión Católica en el prestigioso periódico de V. S., me animé a
pedirle que publicase en las columnas del mismo la siguiente relación de una curación extraordinaria, diría, casi milagrosa, que obtuve
por intercesión de María Auxiliadora. Hacía nueve meses que sufría un dolor que tenía aspecto de osificación gangrenosa y me hallaba en
cama atormentado por la enfermedad y con agudos dolores. Una parte de la cabeza y el carrillo izquierdo, estaban afectadas por la voraz
enfermedad. Acudimos a medicinas de toda clase, a médicos eminentes, en particular y en consulta; todo fue inútil. En lo único en lo que
todos los peritos en medicina estaban de acuerdo era: en que si sobrevenía la supuración, la que ya se daba como inevitable, yo moriría
instantáneamente, o de lo contrario igualmente sucumbiría a la violencia del mal muy en breve. Por lo tanto, en medio de dolores y
tristeza, yo veía que la muerte se me acercaba día a día a grandes pasos, sin esperanza de poder retardar su fatal llegada.

En aquel momento, en un rasgo de bondad, vino a visitarme el óptimo sacerdote don Juan Bosco y, después de haber oído la narración
de la enfermedad, me dijo que algunos se habían encomendado a María Auxiliadora y habían ((371)) obtenido extraordinarios favores, y
me sugirió que hiciese una novena a esta celestial Madre y: -Si obtiene de María la curación, añadió, llevará después una ofrenda para
continuar
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los trabajos de la iglesia que se construye en Valdocco precisamente con el título de María Auxiliadora.

Sin ninguna esperanza ya en los medios humanos, me agarré de buena gana a aquella sugerencia y durante nueve días mi familia, mis
amigos y yo, por cuanto el mal me lo permitía, rogábamos a fin de disponer la clemencia divina a mi favor por intercesión de la
bienaventurada Virgen María.

El último día de la novena el mencionado sacerdote tuvo la atención de renovar su visita, animándome siempre a la esperanza en María
Santísima. Y antes de dejarme, después de una breve oración, me dio la bendición y añadió que al día siguiente Celebraria la misa por mí.

Ese día, a las siete y cuarto de la mañana, según me dijeron, se empezaba la misa. Nosotros en familia rezábamos. A las siete y media,
sentí que el mal se agravaba, mientras el espasmo me hacía temer siniestras consecuencias, y advertí que comenzaba una violenta
supuración. Me vino una mejoría súbita, sensible y constante. La alegría invadió a toda la familia y en breve, casi diría instantáneamente,
me encontré perfectamente curado. Curado de un mal que, al decir de los médicos, era incurable y, aun en el caso de que se hubiera
encontrado un método de curación, ésta hubiera requerido meses y años de dolorosa y difícil convalecencia.

Ahora, no solamente estoy perfectamente curado, sino que gozo de una salud que no tenía antes de mi enfermedad. Atribuyo este favor
a Dios, obtenido por intercesión de su augusta Madre bajo el título de María Auxiliadora.

Lo primero que hice fue dar gracias a Dios por tan señalado favor, y fui enseguida a cumplir mi promesa llevando mi ofrenda para el
nuevo templo, que se va elevando majestuoso en esta ciudad, en el barrio de Valdocco.

Como homenaje a la verdad deseo que la presente relación sea leída y publicada del modo que mejor parezca para mayor gloria de Dios
y honor de la bienaventurada Virgen María.

Turín, 29 de marzo de 1866.

JOSE MORELLI ex-alcalde de Caselle

Visto para la imprenta:
Canónigo A. VOGLIOTTI,R. Eclesiástico

El hijo del señor Morelli, aunque había sido alumno de don Celestino Durando, leyó el periódico, se sintió ofendido, y obligó a su
((372)) padre a hacer la siguiente declaración, que apareció en el número ciento dieciséis, dieciocho de mayo, de la Unidad Católica.

Señor Director de la "Unidad Católica".

En el número ciento uno de su acreditado periódico me encuentro con la narración de un suceso, autorizado con la firma de José
Morelli, ex-alcalde de Caselle.

A la vista de tal inserción en dicho periódico, sin yo saberlo, y que ha sido reproducida por otros periódicos, no puedo por menos de
protestar enérgicamente,
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declarando que no es mía dicha publicación sino de personas, cuyo nombre callo por delicadeza.

Turín, 13 de mayo de 1866.

JOSE MORELLI

Don Bosco no se dio por enterado de la mal aconsejada protesta e hizo reimprimir la misma gracia en el fascículo de julio de las
Lecturas Católicas con el título de " Viva María Auxiliadora" y la siguiente nota:

"No sabemos con qué motivos se ha querido contestar la autenticidad de esta relación, pero nosotros podemos asegurar al lector, que
cuanto publicamos no es más que la pura verdad. Y hacemos esta publicación todavía con más gusto, por el deseo que nos anima de dar a
conocer a todos los devotos de María Santísima, cuánto socorre esta buena Madre Celestial a sus hijos aun en las cosas temporales. Y
"qué no hará desde el cielo para ayudarnos a salvar nuestras almas?".

El poder de María, invocada con el título de Auxiliadora, aunque ya era conocido en muchos lugares, estaba, por así decir, restringido a
cierto número de familias; pero, apenas empezó la prensa a hablar de ello, se corrió por doquiera como una chispa eléctrica la confianza
en Ella.

"Otros, y después otros muchos, proseguía don Bosco en el 1868, se encomendaron a Ella haciendo la novena y prometiendo una
limosna, si obtenían la gracia implorada. Y al llegar aquí, si yo quisiera exponer la multitud de hechos, debería imprimir no un librito,
sino gruesos volúmenes.

((373)) "Dolores de cabeza extinguidos, fiebres vencidas, llagas y úlceras gangrenosas curadas, reumatismos acabados, convulsiones
desaparecidas, enfermedades de los ojos, de los oídos, de muelas, de riñones instantáneamente curados; tales son los medios de los que se
ha servido la misericordia del Señor para suministrarnos cuanto era necesario para llevar a término esta iglesia.

"Turín, Génova, Bolonia, Nápoles, y más que otras ciudades, Milán, Florencia, Roma fueron las que, habiendo experimentado de modo
especial la benéfica influencia de la Madre de las gracias, invocada con el título de Auxilio de los Cristianos, demostraron su
agradecimiento con limosnas.

"Hasta de lejanos países, como Palermo, Viena, París, Londres y Berlín, recurrieron a María Auxiliadora con la acostumbrada novena
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y la misma promesa. No me consta de nadie que haya recurrido en vano. Un favor espiritual o temporal, más o menos señalado, fue
siempre el fruto de la petición y del recurso hecho a la piadosa Madre, a la poderosa Auxiliadora de los Cristianos. Recurrieron a Ella,
obtuvieron su celestial favor, e hicieron su oferta sin habérsela pedido de ningún modo".

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((374))

CAPITULO XXXII

DON BOSCO ENCUENTRA DIFICULTADES PARA OBTENER LEGALMENTE LA PROPIEDAD DE
LAS LECTURAS CATOLICAS -EL CONDE CAYS ELEGIDO ARBITRO DE UNA
CONCILIACION -SUS CONCLUSIONES -CARTAS DE DON BOSCO AL CONDE -CARTA
DEL CONDE AL OBISPO DE IVREA -EL SIERVO DE DIOS SE DECLARA DISPUESTO A
ACEPTAR CUALQUIER CONCLUSION CON TAL DE LLEGAR A UNA CONCILIACION
SIGUEN LAS GESTIONES ENTRE EL CONDE Y LOS REPRESENTANTES DEL OBISPO DE
IVREA -DON BOSCO QUEDA LEGALMENTE PROPIETARIO UNICO DE LAS LECTURAS
CATOLICAS

EN carta del 22 de mayo escribía don Bosco al caballero Oreglia: "La Virgen continúa bendiciéndonos y, entre otras bendiciones, hoy
mismo he tenido la de la avenencia de las Lecturas Católicas. Verdad es que hemos debido someternos a grandes sacrificios; pero ahora
son definitivamente nuestras".

Desgraciadamente, y por algún tiempo todavía, no fue más que una esperanza.

De hecho, no fueron cosa corriente las molestias que el Siervo de Dios hubo de soportar para esta conciliación, pedida en vano hacía
varios años. El había ideado la publicación de estas Lecturas, había trazado su programa, comenzado su impresión, siempre las había
cuidado y corregido con la máxima diligencia, había compuesto o redactado él mismo cada fascículo con un estilo y léxico adaptado,
había hecho viajes, escrito y hecho escribir muchas cartas para la propaganda de dichas Lecturas, en suma podía muy bien decir que no
había pensado nunca que las Lecturas ((375)) Católicas fuesen propiedad de otro" 1.

Los copropietarios habían nacido como hijos de su humildad y su longanimidad, y también de su profunda veneración por todo Pastor
de la Iglesia y especialmente de su heroico desinterés. Es verdad que el Obispo de Ivrea había dejado un título de renta de cuatrocientas
veinticinco liras y que había contraído una deuda considerable

1 Véase: Volumen VII, pag. 139-140.
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con el marqués de Birago; pero también las suscripciones debían haber do una suma más que suficiente para hacer frente a todas las
obligaciones.

A don Bosco le apremiaba bastante vencer toda dificultad, solamente para asegurar la existencia de sus Lecturas. Cuando he aquí que el
Vicario general de Ivrea, canónigo Pinoli, fue a Turín para concertar una conciliación que, según dijo, sería aceptada por su Obispo.

El motivo de este paso procedía de la intimación del tipógrafo Paravía a monseñor Moreno para que pagara la deuda de cuatro mil
doscientas sesenta y cinco liras, contraída por sus representantes, para la impresión de las Lecturas Católicas con anterioridad al 1864, es
decir, antes de que don Bosco reclamara para sí la administración de las mismas. Pero, como eran tres los que se presentaban como
propietarios de aquella asociación, precisaba deshacer toda duda y comprobar el derecho de cada uno y también las obligaciones.

El teólogo Valinotti había rogado al condeCays de Giletta que aceptase ser árbitro de la cuestión, presentándole como abogado legal
asesor a Deamicis.

El Conde aceptó el encargo y determinó que para resolver el caso era absolutamente necesario, en evitación de cualquier sombra de
litigio ante los tribunales, que la primera base de la avenencia fuese la consolidación de la propiedad de las Lecturas Católicas en uno
solo de los tres que declaraban ser propietarios. Sobre este último cargaría la deuda con Paravía. Había que determinar después, más o
menos, lo que el propietario ((376)) final debería ar a los dos copropietarios renunciantes. El teólogo Valinotti declaró que, contento con
la satisfacción moral de haber contribuido con su persona a una obra buena, como las Lecturas Católicas, pedía solamente ser exonerado
de cualquier obligación con respecto a las cuentas que se le presentasen desde el 1854 al 1864.

De este modo la resolución del problema se restringía personalmente al Obispo y a don Bosco. Se prefería consolidar la propiedad sólo
en don Bosco, porque si él aceptaba el resultado de las cuentas presentadas, ya no era necesario volver a una ulterior revisión de las que
debían presentarse del 1864 hasta aquel día, puesto que éstas las tenía él mismo. Con esto no había más que buscar, salvo la diferencia
entre el crédito de Monseñor con las Lecturas Católicas, y el de las Lecturas Católicas con el Obispo. Pero eran cuentas aproximativas,
dado que la contabilidad llevada era muy inexacta.
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Las primeras cuentas presentadas por el tipógrafo De Agostini, de 1853 a 1857, eran desesperadamente oscuras; las posteriores del
teólogo Valinotti resultaban más claras. Pero la comprobación no podía hacerse deprisa; y el árbitro tuvo que emplear bastante tiempo. El
resultado de su estudio fue el siguiente:

-La deuda de las Lecturas Católicas a Monseñor, procedente de la venta del título de las cuatrocientas veinticinco liras en 1856 y de lo
atrasado (3.388 liras) de la deuda con Birago, se estima en nueve mil cuatrocientas veintiocho liras. La deuda de Monseñor a las Lecturas
Católicas, por los abonos retirados de 1853 a 1864, deducidos a los pagos por él hechos de 1853 a 1855 que sumaban mil seiscientas
setenta y siete liras, resultaba de ocho mil doscientas sesenta y cuatro. Por lo tanto, la deuda de las Lecturas Católicas a Monseñor se
reducía a mil ciento sesenta y cuatro liras. Mas, como quiera que el Obispo, según las cartas del canónigo Pinoli al teólogo Valinotti,
había expresado el deseo de tener él la propiedad de las Lecturas Católicas; entonces concluyeron el Conde y el abogado, que se podría
cambiar la primera propuesta, y si ((377)) este cambio conviniese a Monseñor, podría él retener por entero la propiedad recayendo
también enteramente sobre él la deuda con Paravía. Esta concentración de la propiedad de las Lecturas Católicas, llevaría naturalmente
consigo los remanentes activos de la actual gestión y así éstos irían como compensación de los que don Bosco pudo haber realizado desde
el 1864; y las ventajas que éste pudo haber percibido en los dos años de su gestión, servirían de recompensa por la obra prestada, obra
ciertamente merecedora de gran consideración.

Tales eran las conclusiones del arbitraje el día 22 de mayo. En los días 23 y 24 hubo todavía unas reuniones y en ellas don Bosco
advirtió que los de Ivrea pretendían imponerle una gravosa condición, como resulta de su carta al conde Cays:

Muy querido señor Conde:

Cuando el otro día le confiaba a usted el arreglo o mejor, acabamiento de la controversia de las Lecturas Católicas, yo tenía en cuenta lo
que momentos antes se había dicho en relación con el crédito Birago y los intereses de la cédula del señor Obispo de Ivrea. Pero ayer la
cosa tomó un aspecto distinto, ya que se me cargaría la suma de cinco mil liras más.

Yo, como director de una obra de beneficencia, no puedo asumir en conciencia la responsabilidad de esta deuda sin antes aclarar
algunas cosas. Por lo tanto, si se me quiere adjudicar únicamente la deuda de Paravía, como indicaban en el pasado el teólogo Valinotti y
el abogado Pinoli, lo acepto en el sentido entendido el miércoles. Si no se admite, puesto que se trata de una cantidad importante, yo
dejaré otras
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ocupaciones, pues quiero revisar personalmente las cuentas y poner de relieve algunas de mis observaciones hechas en varios lugares, en
tiempos diversos y a distintas personas. No he querido traer esto nunca a colación porque jamás pensé que saliesen a relucir tantas
cantidades, que se creían extinguidas o casi extinguidas. El mismo teólogo Valinotti me dijo en diversas ocasiones: Con la renta de
doscientas liras, comprada por las Lecturas Católicas, queda pagado Monseñor. La deuda Birago está casi extinguida, etc.

Es verdad que adquirí la deuda que Paravía urge, lo cual se puede remediar así: yo responderé por mi cuenta a la cédula, y el Teólogo
por su parte haga la respuesta que crea conveniente.

((378)) Advierta, además:

1.° Que le dije, y lo confirmo todavía, que si ve una conclusión que en conciencia yo pueda aceptar, la aceptaré sin hacer ninguna
reflexión;

2.° Si se quiere acabar con todas las demoras, acepto la deuda con Paravía con tal de que se termine el asunto, y yo no volveré a
presentar ninguna de mis observaciones.

Crea, querido señor Conde, que este asunto es una espina clavada en el corazón; por un lado quisiera evitar hasta la sombra de
cuestiones; por otro tengo todo un batallon de muchachos con gana y necesidad de comer, que apremian a buscar el mas pequeño recurso
para satisfacer sus necesidades; y ésta es la razón por la que tanto sufro aun en mi propia salud. Siento de veras, en modo especial, las
muchas molestias que he dado a V. S.; que Dios se lo pague; no dejaré de rogar a fin de que la paga sea abundante.

Le ruego, si le parece oportuno, comunique estos mis sentimientos al mencionado teólogo Valinotti y créame como con la mayor estima
me profeso

De V. S. Carísima

Turín, 23 de mayo por la mañana, 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

N.B.-Esta mañana debo salir a la ciudad para visitar a algunos enfermos y no estaré de vuelta en casa hasta las diez y media.

El conde Cays mantuvo su propio arbitraje y escribió al Obispo de Ivrea el 27 de mayo, dándole cuenta y relación exacta de la cuestión.
Concluía así:

"Someto a V. E. Rvma. los dos proyectos o sistemas. Si cree que los dos son justos y equitativos, tenga la bondad de pronunciarse por
el que más le agrade. El teólogo Valinotti y el sacerdote don Bosco, respetuosos con sus indicaciones, anticipadamente y desde ahora se
adhieren a ello. Por lo que a mí toca, pídole excusa de la temeridad que tuve al aceptar un encargo superior a mi capacidad. Le aseguro,
no obstante, que, si acepté fue debido a las instancias que se me hicieron, y especialmente a la bondad de V. E., que se dignó aprobar la
elección hecha por el teólogo Valinotti"
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Monseñor Moreno respondió con dos cartas, una del 28 y otra del 31 de mayo, en las que pedía le enviaran los documentos y las cartas
relativas a la contabilidad, demostrando que no ((379)) aprobaba el resultado del informe de débitos y créditos porque le ocasionaba
pérdidas demasiado graves, de no renunciar al derecho de propiedad de las Lecturas Católicas.

El conde Cays remitió a Monseñor los libros de cuentas y las cartas, por mano del maestro de ceremonias el reverendo Sarraglia, y le
escribió el 1.° de junio. Después de exponerle la equidad del resultado, tras el propio examen de cuentas presentadas, añadía:

"... Invitado a emitir mi decisión arbitral en la cuestión, especialmente para determinar el pago a hacer al tipógrafo Paravía, acepté el
encargo con la íntima persuasión de que esta cuestión debía resolverse amigablemente y no a punta de derecho. Esto es muy difícil de
fijarse y no sé, si después de dos o tres años de pleito, se llegaría a un final y si aún entonces no había de llegarse a la transacción, que he
creído deber mío proponer desde un principio.

"Mi primer pensamiento habría sido zanjar inmediatamente la cuestión, proponiendo que la propiedad de las Lecturas Católicas
quedase definitivamente asignada a don Bosco, a condición de que éste asumiese la responsabilidad de pagar toda la deuda de Paravía.

"No me inclinaba a agravarlo todavía con la deuda restante con V. E. Rvma., como resulta por las cuentas que le he mandado, porque
los cálculos que hay que hacer para llegar a este resultado, se apoyan sobre bases tan inciertas que no puedan ser motivo para un serio
descargo.

"Y "cómo tener certeza del resultado del cálculo, si falta la época exacta de la venta de los títulos de la renta y todavía no se conoce ni
siquiera el importe preciso del producto de dicha venta? Por otra parte, además, entre los diversos cálculos que se pueden establecer hay
algunos que llegan a un resultado opuesto. En medio de todas estas dudas, he creído mejor abstenerme de un arbitraje absoluto; he
pensado exponer estas dudas a V. E. Rvma., y dejarle la apreciación de mi propuesta: tanto más cuanto que de este modo, el érito del
abandono del saldo, o de parte del resto de su crédito, hubiera sido todo efecto de vuestra generosidad.

"Me conforta la esperanza de que Vos condescenderíais a esta transacción en vista del deseo de acabar prontamente toda cuestión,
teniendo además en cuenta los muchísimos beneficios que acarrea a la juventud pobre el Instituto de don Bosco, que no se limita a los
muchachos de Turín, sino que se extiende a otras diócesis. Me alegro de haberme atenido al segundo partido. Con el deseo de acabar la
cuestión, tal vez haya perjudicado sin quererlo, los derechos de alguno.

((380)) "Quedando así sin decidir el litigio, será fallado por quien, mejor que yo, sepa apreciar las razones de equidad y de justicia que
militan en esta contienda y dar, con recíproca conveniencia de las partes, una ya demasiado prolongada solución".

Monseñor se mantuvo firme en sus propósitos, y el 2 de junio pedía por carta al Conde que examinara la contabilidad de don Bosco
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de 1864 a 1866, esto es, del tiempo en que éste había tomado la administración de las Lecturas Católicas. El Conde fue dos veces al
Oratorio y no pudo cumplir el encargo, porque don Bosco se encontraba fuera de Turín: no obstante dejó al secretario la carta de
Monseñor, a quien escribió, entre otras cosas, el 4 de junio:

"La presentación de estas cuentas no solventará la cuestión, porque, aunque ellas fuesen más claras que el sol, no por eso serán
evidentes todos los derechos, pues aún habrá que discutir el importe a abonar al Oratorio por los gastos de imprenta y por el trabajo de los
muchachos de ese instituto, y lo que más sube la cuenta, la estimación del importe que hay que dar al trabajo que don Bosco prestó,
totalmente solo, desde aquella época en adelante. Si se llega a la presentación de cuentas, habrá que llegar también a este cálculo; por lo
tanto, es de prever que la cuestión no terminará tan pronto.

Veo que no es ése su parecer. Por eso dejo en sus manos todo mandato de árbitro conciliador y, al retirarme desde ahora, ruego a
Vuestra Excelencia me considere en adelante como del todo ajeno a este asunto.

Siento de veras que mi labor haya resultado inútil en esta cuestión; puedo, no obstante, asegurarle que he puesto en ella toda mi buena
voluntad.

Le ruego agradezca, etc.".

El 5 de junio escribía el Obispo de Ivrea al Conde agradeciéndole su trabajo y, pidiendo excusas, insistía en querer ver la contabilidad
de don Bosco; que su causa era tan grave que no podía tomar una decisión sin tener pleno conocimiento; aseguraba que había otras
consideraciones que podían ciertamente demostrar una realidad de las cosas, muy diferente al aspecto con que las había considerado el
Conde.

Rotas de este modo las diligencias por parte del conde Cays, los de ((381)) Ivrea se vieron obligados a reemprenderlas el 20 de julio,
pues el tipógrafo Paravía les había mandado una intimación legal para el pago de su crédito y la causa se había puesto en marcha.

El Teólogo Valinotti se lo notificó al Conde, rogándole viera si podía todavía llegar a tiempo para conciliar el litigio e impedir el
escándalo del pleito entendiéndose con el abogado Deamicis. Le prometía que todo lo que ellos hicieren estaría bien hecho y le daba su
palabra de contentar a Monseñor. Le mandaba, además, una carta del canónigo Pinoli, según la cual resultaba que las últimas pretensiones
de Monseñor serían que, al quedar don Bosco como propietario de las Lecturas Católicas, tomase a su cargo la deuda con Paravía y a él le
entregase la suma de mil setecientas liras, como saldo de todo su haber, y no solamente mil ciento sesenta y tres con ochenta y dos
céntimos.
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El 22 de julio, desde su quinta de Casellette, comunicaba el conde Cays la proposición a don Bosco, quien, como ya hemos visto,
estaba dispuesto a asumir la deuda de Paravía con tal de ser exonerado de todo otro pago. Pero el Siervo de Dios no había hecho ninguna
promesa sobre este particular, ni se podía pretender que se atuviese a una simple proposición cuando ésta no sólo no había sido aceptada
por la parte contraria, sino que venía gravada con nuevas obligaciones. Por lo tanto dirigió la siguiente carta al Conde.

Ilustrísimo señor Conde Cays:

Una serie de asuntos me han obligado a pasar varios días fuera de casa y es éste el único motivo por el que no he podido responder a su
atenta carta sobre el bendito asunto de las Lecturas Católicas. Pensaba que, habiéndolo dejado enteramente en manos de los árbitros
escogidos por el teólogo Valinotti y confirmados por carta de monseñor Moreno, se debía resolver todo sin más discusiones sobre las
cuentas. Tanto más que, como usted bien recuerda, hubo que aceptar todas las deudas de los cinco primeros años sobre la aserción verbal,
((382)) sin poder revisar los créditos; no se dieron las cuentas del 1856, aunque estaban firmadas por el teólogo Valinotti; yo no he
llevado contabilidad de lo gastado en viajes, correo, libros, manutención de algunos jóvenes destinados a este fin, que no es inferior a
cinco mil liras. Se pasó todo esto por alto para llegar a un arreglo. Usted proponía que yo aceptase la deuda con Paravía por las Lecturas
Católicas; o bien que la aceptase el señor Obispo, sin hablar más de otros intereses. Yo lo acepté totalmente y todavía lo acepto. Ahora se
proponen otras nuevas condiciones y además el canónigo Pinoli me califica en su carta con expresiones que yo ciertamente no usuaría
nunca contra él.

Se me dice que voy creando siempre nuevas dificultades. Usted sabe, señor Conde, si yo he mudado o modificado una sola vez lo
propuesto, excepción hecha de que no he contado para nada los diez años que trabajo para las Lecturas Católicas.

Para demostrar que no he cambiado ni cambio una tilde de los acuerdos tomados, repito que estoy dispuesto a lavarme las manos de las
Lecturas Católicas y ceder todo a Monseñor; con tal de que tome a su cargo la deuda con Paravía.

Por mi parte, renuevo lo dicho y tomo a mi cargo la deuda a Paravía con las Lecturas Católicas, sin ninguna otra obligación, si así
agrada. Si, no obstante, se quisiera poner término a toda discusión, yo ofrecería mil liras a Monseñor con tal de que esa deuda se extinga
con Lecturas Católicas o con otros libros que sean de nuestra propiedad. Daría con gusto dinero contante y sonante, pero no puedo
hacerlo porque no lo tengo.

Además, hablando francamente, señor Conde, yo me creía que, habida cuenta de los muchos clérigos y aspirantes de la diócesis de
Ivrea que estuvieron y están gratuitamente en esta casa en favor de la misma diócesis, creía, digo, que no se habría hilado tan delgado en
materia de intereses.

Compadezca el contenido de esta carta, si acaso encontrase alguna expresión menos comedida. Las muchas ocupaciones, nuestras
necesidades, los muchos disturbios tenidos respectivamente, me han hecho escribir un poco aprisa y, tal vez, algo resentido.
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Le agradezco la bondad que ha tenido conmigo en éste y otros asuntos concernientes a este Oratorio, y asegurándole mi más sentida
gratitud, tengo el honor de profesarme

De V. S. Ilma.

Turín, 4 de agosto de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Al señor Conde Cays de Giletta -Alpignano Casellette.

((383)) A esta carta unía don Bosco una tarjeta personal para el Conde, firmada en Strevi con la misma fecha del 4 de agosto:

Carísimo señor Conde:
Le escribo de modo oficial; si usted cree conveniente mandar esta misma carta al abogado Pinoli, lo consideraré a propósito.
Buen veraneo para usted, señor Conde, y para toda su creciente y crecida familia. Dios les bendiga a todos; ruegue por mí, que con todo

mi aprecio tengo mucho gusto en poderme profesar
Strevi, 4 de agosto de 1866.

Su afectísimo y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Parece que el Conde se sometió totalmente a la sugerencia de don Bosco; y el Siervo de Dios, apresurándose a darle gracias, añadía una
posdata para unirla a la carta del 4 de agosto, en la que aparece su ánimo ajeno a toda cuestión:

Muy querido señor Conde:

He recibido su apreciada carta y le doy gracias. Incluyo esta posdata para que, si le parece bien, le mande con mi carta anterior al señor
Obispo. Fuere como fuere, confirmo que tendré como una obra de caridad, cualquier conclusión que juzgue oportuno tomar. Me
encomiendo, juntamente con mis muchachos, a la caridad de sus santas oraciones y, augurándole todo bien del cielo, me profeso
agradecido

De V. S. Carísima,

Turín, 11 de agosto de 1866.

Afectísimo y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Conde Cays -Casellette

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La posdata decía:

P.S.-Terminada la carta, y deseando siempre más y más que el asunto de las Lecturas Católicas concluya de algún modo, doy a usted
plena facultad de elevar la suma de mil liras (de las que se habla en la carta) a mil ciento sesenta y tres liras con ochenta y dos céntimos,
tal como usted había propuesto en la carta escrita al señor Obispo de Ivrea. Más aún, si usted quiere aceptar carta blanca y no hablarme
más de este asunto, sino cuando se trate de firmar lo convenido, ((384)) lo tendría como una verdadera obra de caridad. Mis ocupaciones
y mi disgusto no me permiten ocuparme más de este desagradabilísimo asunto.

Me repito

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

El Conde notificó las proposiciones al canónigo Pinoli, y éste le respondió el 16 de agosto exponiéndole cuánto le pesaba que se fuese
adelante con el pleito de Paravía, con el peligro de pagar sumas considerables dejando que el tribunal pronunciase la sentencia; le rogaba,
por tanto, se interesase para que el pleito de Paravía se acabase enseguida sin necesidad de sentencia; aceptaba reducir la petición a mil
quinientas liras, pero pagadas al contado para poder adquirir obligaciones del Estado que sustituyeran en parte las enajenadas, las cuales
tienen un destino con cargo a Monseñor. Por lo tanto se suspendió el pleito con Paravía y, apoyándose en la carta del canónigo Pinoli, se
confió la redacción del entendimiento al abogado Deamicis (abogado del teólogo Valinotti), con el que también debía entenderse don
Bosco para las oportunas correcciones.

La base fue que don Bosco se encargaría de pagar a Paravía cuatro mil doscientas sesenta y cinco liras, saldo de crédito, y
desembolsaría al Obispo de Ivrea mil quinientas liras, en tres distintas fechas, esto es, quinientas al cabo de un año, otras quinientas al
segundo y las quinientas restantes después del tercero. Con esto don Bosco quedaría como único propietario de las Lecturas Católicas y el
Obispo de Ivrea y el teólogo Valinotti se obligarían a relevarle de toda pretensión de cualquier orden sobre la pasada administración de
las mismas Lecturas Católicas. El conde Cays ya no se ocupó más de estas negociaciones, que deberían ser ajustadas por las partes, con la
asistencia del abogado Deamicis.

No obstante todo esto, pareció que iba a fracasar el acuerdo. El canónigo Pinoli pretendía que don Bosco pagase a Paravía no solamente
su crédito, sino también los gastos del pleito y los intereses del capital. De ello no se había hecho mención en el ((385)) proyecto
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de conciliación. El 24 de noviembre escribía el Canónigo al Conde que no era posible imponer al Obispo nuevos sacrificios, que Paravía
se había quejado de que no se pusiese fin a la enojosa cuestión y que sentía mucho tener que pensar en seguir el procedimiento judificial
con grave aumento de gastos. Y que, por lo tanto, sentía que el aumento del adeudo a Paravía había sido ocasionado por las demoras que
don Bosco había convenido para el pago. Terminaba rogando al Conde intercediese todavía con don Bosco, para que mantuviese la
palabra empeñada y cesase la angustiosa posición de todos los que habían tenido y aún tenían parte en aquel asunto.

El Conde le respondía a primeros de diciembre:

Rvmo. señor Canónigo:

...Ayer por la mañana fui a ver a don Bosco y he aquí el resultado de nuestra entrevista.

Don Bosco está totalmente dispuesto a mantener la propuesta, tal y como se hizo para la conclusión definitiva de la controversia; esto
es, que él se encargaría de pagar la deuda con Paravía por la cantidad que se había estipulado, de cuatro mil doscientas liras. Esta cantidad
se había fijado expresamente y con el fin de que fuera establecida la verdadera deuda de don Bosco, además de las mil quinientas
convenidas a devolver al señor Obispo, para cuyo pago don Bosco no pone dificultad.

La cuestión aparecida después sobre los intereses y los gastos del pleito se presenta bajo otro aspecto: o se trata de los intereses que
pueden correr después del acuerdo del litigio, y es justo que, si don Bosco no puede satisfacer enseguida al señor Paravía las cuatro mil
doscientas liras a que se ha comprometido, asuma pago de los intereses desde el momento del acuerdo en adelante, a lo que don Bosco
asiente enteramente; o se trata de los intereses que puede pretender Paravía, anteriores a la fecha del acuerdo, en cuyo caso me parece
que, como éstos no se han especificado en el acuerdo, deberían entrar en el número de las eventualidades de las que el señor Obispo o el
teólogo Valinotti deberían haber advertido a don Bosco.

Dígase lo mismo en cuanto al importe del pleito. Tal, al menos, debería ser el efecto del asunto, aceptada la deuda de Paravía, por la
precisa cantidad de cuatro mil doscientas liras, si no me equivoco 1 y la otra condición de que don Bosco fuese relevado de cualquier
((386)) otra pretensión y que todo esto se hizo con el objeto de especificar la verdadera deuda de don Bosco, que de este modo se reducía
a pagar cuatro mil doscientas liras a Paravía y las mil quinientas debidas a Monseñor. Al menos, basta que él lo diga, así fue el sentido de
mi proposición.

Dice usted que Monseñor no está dispuesto a hacer más sacrificios que los convenidos; pero parece que éste no se puede decir que es
nuevo, como tampoco podía decirse que lo es cualquier otro que resultase de una de las eventualidades a las que se refiere la condición
acordada de que don Bosco fuera relevado de toda petición y molestia. Por lo demás, si Monseñor estuviese dispuesto a hacer cualquier
sacrificio, usted sabe que lo haría en favor de una obra que es manifiestamente digna de toda simpatía.

1 La cantidad precisa era, como ya hemos visto, de 4.265 liras.
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Usted sabe los grandes gastos que don Bosco lleva sobre sus hombros. Los setecientos y pico muchachos que tiene que mantener, no
son una bagatela, porque si algunos pagan, son muchísimos los que no pagan nada. Entre éstos hay muchos que pertenecen a la diócesis
de Ivrea, varios de los cuales son seminaristas mandados o recomendados por el mismo señor Obispo. No digo esto para estimular a
Monseñor a que cambie la dirección de las obras de caridad que ejercita en su diócesis, sino para moverle a continuar su beneficencia en
esta obra, allanando este último obstáculo.

Disculpe la libertad con que me he expresado, pero me he creído en la obligación de exponerle todo mi pensamiento.

Ruégole etc...

Tres meses más tarde, el 22 de febrero de 1867, el abogado Deamicis entregaba a don Bosco la siguiente propuesta:

El teólogo Valinotti propone, por medio del que suscribe, que se termine la desavenencia últimamente surgida por la cuestión de la
indemnización de gastos del pleito al señor Paravía y el pago vencido de los intereses de la suma de cuatro mil doscientas sesenta y cinco
liras, que se deben al señor Paravía, por la impresión de las Lecturas Católicas, en los siguientes términos de transacción, entre el mismo
teólogo Valinotti y don Bosco.

El teólogo Valinotti asume la obligación de pagar al señor Paravía su demanda de indemnización de los gastos del pleito de los
intereses que le puedan corresponder por dicha suma, como resultarán ser debidos a Paravía, desde la fecha de su demanda judicial hasta
el día en que don Bosco encargó al abogado Deamicis, por carta del caballero Oreglia di San Stefano, que extendiera la escritura de
transacción del pleito, ya fuera con el teólogo Valinotti, ya fuera con el señor Obispo de Ivrea, a saber el 16 de septiembre de 1866.

Por otra parte, el sacerdote don Juan Bosco quedará obligado a pagar, además de las cuatro mil doscientas sesenta y cinco liras debidas
a Paravía, los correspondientes intereses desde la fecha de la antedicha carta y también los gastos del pleito que Paravía estuviese en
derecho de reiterar desde aquella época en adelante. Naturalmente se pide que se hagan prontamente las oportunas diligencias ((387)) con
el fin de que se suspenda cualquier acto del pleito pendiente con el señor Paravía.

Esto es todo cuanto he sido encargado de proponer a don Bosco de parte del teólogo Valinotti y que espero será aceptado.

El conde Cays respondió al Teólogo:

En mi casa, 25 de febrero, 1867.

Reverendo Señor:

He ido hoy a verle para comunicarle que, después de su propuesta de encargarse de la parte de intereses y gastos del pleito, anteriores a
la carta del secretario de don Bosco al abogado Deamicis, fechada el 16 de septiembre de 1866, dejando la parte posterior a dicha fecha a
cargo de don Bosco, parece que el asunto ha tomado buen sesgo. Puedo asegurarle que, por parte de don Bosco, no habrá ninguna
dificultad para aceptar dicha proposición; es más, me es grato comunicarle que también Paravía acepta cobrar los intereses solamente a
partir del día de su demanda judicial.
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Precisamente por este motivo he tenido hoy mismo una entrevista con el procurador Rodella, en la que participó también Paravía. Todo
quedó arreglado, solamente que todavía no puedo precisar la cantidad exacta de los gastos del pleito, puesto que no me será comunicada
hasta pasado mañana, miércoles, 27 del corriente. Pero puedo asegurarle desde ahora, que, según me dijo el señor Rodella, no se apartará
mucho de las ciento cincuenta liras.

Me parece que se podría terminar todo con una misma escritura, esto es, estipular el ajuste entre el señor Obispo de Ivrea y sus
asociados por una parte y don Bosco por la otra, para la cesión de las Lecturas Católicas: pagar contemporáneamente los intereses y los
gastos del pleito debidos a Paravía, los anteriores al 16 de septiembre y los posteriores, cada uno en la parte que le concierne, y establecer
a la par la fecha para el pago de las cuatro mil doscientas sesenta y cinco liras por don Bosco al señor Paravía y las mil quinientas por el
mismo don Bosco al señor Obispo de Ivrea, según lo acordado.

Queda una cuestioncilla que debería cortarse a manera de nudo gordiano, y es el pago de gastos de la escritura del convenio que se ha
de hacer. Yo soy de la opinión que debe pagarse la mitad por cada uno, Monseñor de una parte y don Bosco de la otra.

Si usted encuentra aceptables las antedichas proposiciones, tenga la bondad de comunicármelo mientras yo me reservo el hacerle saber
el exacto reparto de los gastos del pleito, apenas me los diga el señor Rodella.

Reciba mis más sinceros cumplidos y téngame por

Su afectísimo y seguro servidor Conde CAYS

((388)) Por ambas partes se aceptó como definitivo el convenio, se extendió la escritura del caso y el teólogo Valinotti escribía al conde
Cays:

Vercelli, 30 de marzo de 1867.

Ilmo. señor Conde:

Ayer recibí del abogado Deamicis las tres copias del convenio entre don Bosco, el señor Obispo de Ivrea y un servidor. Las he firmado
y enviado inmediatamente, por correo, al canónigo Pinoli para su firma y la de Monseñor, rogándole las devuelva por correo, una vez
firmadas, al abogado Deamicis.

Tal vez estén de vuelta dentro del día, así que no faltará más que la firma de don Bosco...

A mi regreso a Turín le mandaré a usted todos los libros de cuentas que tengo y las cartas correspondientes, para que las pase a don
Bosco...

Bendiga el Señor la buena marcha de las Lecturas Católicas y bendiga también a V. S. por cuanto ha hecho para acabar la cuestión; yo
me daré por satisfecho si el Señor me tiene en cuenta lo que hice con pleno desinterés, digan lo que digan otros.

Reciba con los sentimientos de mi reconocimiento el testimonio de la perfecta consideración, con la que me cabe el honor de repetirme

De V. S. Ilma. Su afectísimo y seguro servidor VALINOTTI, Teólogo

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Después de este carteo entre el conde Cays y el teólogo Valinotti, la escritura del 16 de septiembre firmada por Valinotti, fue mandada
a Ivrea al canónigo Pinoli, para que la firmase como procurador del Obispo. Pero Pinoli la devolvió, diciendo que Monseñor no quería
aparecer como propietario y que, por tanto, la había firmado él sólo, proponiendo relevar a don Bosco de toda pretensión de Monseñor.

Como la propuesta no pareció suficiente, el abogado Deamicis escribió a Pinoli en tal sentido, y el Conde escribió a Monseñor la
siguiente carta, en la que aparecen bien claras las distintas fases de las gestiones, la lealtad y el fino criterio del noble patricio.

((389)) A Monseñor Moreno, Obispo de Ivrea.

3 de abril de 1867.

Excelencia Reverendísima:

Mal de mi grado vuelvo a hablarle una vez más sobre las Lecturas Católicas. Ciertamente recordará cómo en el mes de abril del año
pasado acepté el encargo de ser árbitro de la cuestión surgida en la gestión de dichas Lecturas por varios intereses entre V. E., el teólogo
Valinotti y el presbítero Juan Bosco.

Seguramente tendrá presente que, en carta del 27 de mayo, yo le propuse escoger entre la renuncia por su parte a la propiedad de las
Lecturas Católicas en favor de don Bosco, mediante la compensación de mil ciento sesenta y tres liras con ochenta y dos céntimos,
cantidad que hubiera quedado así liquidada, y que don Bosco (además de encargarse de pagar otras cuatro mil doscientas sesenta y cinco
al señor Paravía, como antiguo acreedor de dicha gestión) habría desembolsado a Monseñor;

o bien, reteniendo V. E. la propiedad de dichas Lecturas, se comprometiese a pagar la deuda a la empresa Paravía.
Hoy he releído una vez más su respuesta del 28 de mayo, en la que, recordando los sacrificios de letras de cambio y papel del Estado
que había debido hacer desde el momento en que había dado vida a las Lecturas Católicas, me decía que quería tener pleno conocimiento
de las cuentas de aquella gestión antes de determinarse sin conocimiento de causa en una cuestión tan grave.

Y en otra carta del 31 del mismo mes, me repetía que yo encontraría muy razonable que usted viese las cuentas de aquella gestión, ya
que se trataba, además de los muchos sacrificios a los que hacía referencia, de abandonar el derecho de propiedad de una publicación que
fue siempre próspera debido al número de asociados, etc.

Finalmente recordará cómo yo, no habiendo podido mandarle más que una parte de las cuentas, y siendo por tanto imposible determinar
nada, le escribí con fecha 2 de junio que, en mi opinión, en este asunto había que dejar de lado la entrega exacta de las cuentas, ya que en
todas ellas se encontraban muchas lagunas, por lo que no podían servir de base para un remate justo y rápido como era necesario, dada la
urgencia de liquidar el pleito con la empresa Paravía, y que debido a eso yo resignaba en sus manos el mandato de pacificador, ya que con
mi arbitrio no había podido obtener ningún resultado. Usted tuvo todavía la amabilidad de responderme, con carta del 5 de junio, para
agradecerme, como tuvo la bondad de expresar, los trabajos que yo me había tomado en este asunto.
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Aquí termina la primera fase de esta gestión en la que siempre se cuestiono la propiedad, ya por parte de Monseñor y del teólogo
Valinotti, a don Bosco, ya por parte de don Bosco a Monseñor solo.

La segunda parte empezó con la carta del canónigo Pinoli, que me transmitió el teólogo Valinotti el 20 de julio, en la que me rogaba
volver a empezar los tratos con don Bosco. Aquí tal vez me equivoqué al no ((390)) escribir primero a V. S. Ilma y Rvma. para que me
informara de sus precisas intenciones a este propósito. Pero, como siempre se me hablaba en interés de Monseñor, yo creí dotado al
canónigo Pinoli de poder legal o cuando menos de la aprobación a propósito. Tal vez el que me escribía sobre este asunto, quería allanar,
primero, toda dificultad para después hacer a V. E. la comunicación oficial, cuando ya todo estuviese acordado entre nosotros. Sea ello
como fuere, yo siempre fui autorizado para creer que las gestiones se hacían en nombre de V. E. y que, por tanto, gozaban de
consentimiento de V. E. para la cesión de las Lecturas Católicas, mediante las indemnizaciones sobre las que se discutía.

La carta, pues, del canónigo Pinoli me encargaba reanudar las gestiones de esta cesión a don Bosco con las siguientes bases, a saber:
que don Bosco llegase a adquirir la propiedad absoluta de las Lecturas Católicas a condición de que, además de asumir la deuda con la
empresa Paravía de cuatro mil doscientas sesenta y cinco liras, abonase a V. E. la cantidad de mil setencientas liras como saldo de todo su
haber, en vez de las mil ciento sesenta y tres con ochenta y dos céntimos, base de la primera propuesta.

Reemprendí de buen grado las gestiones con don Bosco y en ellas no se trató más que del importe de la suma a entregar a V. E. Rvma.,
la cual finalmente se fijó en mil quinientas liras, por el mismo canónigo Pinoli, quien, en su carta del 16 de agosto, así lo proponía
cortando, como él decía, por la mitad la diferencia entre la suma por mí liquidada y su demanda anterior de mil setecientas liras, y añadía:
que me interesase para que el pleito con Paravía acabase pronto sin sentencia.

La proposición fue aceptada por don Bosco, con la condición de pagar a V. E. dicha suma en tres plazos de quinientas liras anuales y
sin intereses. Y así, hacia la mitad de septiembre, se compiló el proyecto de cesión de las Lecturas Católicas a don Bosco, por V. E. y el
teólogo Valinotti. Y don Bosco, apenas llegase mediante él, a ser propietario de dichas Lecturas Católicas, cargándose con el crédito de
Paravía, habría parado enseguida el pleito pendiente por causa de la antigua deuda.

Todo parecía terminado y, según se me dijo, se aceptaba la escritura por todos los interesados, cuando he aquí que a fines de
noviembre, me llegó otra carta del canónigo Pinoli, con fecha del 20 de noviembre, en la que, lamentando la falta de palabra de don
Bosco, me daba a entender que la estipulación del acta de cesión no se había podido hacer por causa de diferencias surgidas para el pago
de los gastos del pleito y de los intereses atrasados que la empresa Paravía pretendía y a los cuales don Bosco no quería someterse. No
tuve más remedio que meterme otra vez, y después de muchas palabras, también esta cuestión de gastos e intereses se resolvió felizmente.
Reemprendí entonces las gestiones con Paravía y obtuve que se suspendiese el pleito, quedando ya todo de acuerdo entre don Bosco y
Paravía. Sólo se esperaba que la cesión de las Lecturas Católicas se hiciera definitivamente mediante la aceptación y firma ((391)) de la
misma convención del 16 de septiembre que, según me decía el canónigo Pinoli, era aceptada por todos.

Esta es precisamente la escritura de la que se enviaron a Ivrea tres copias originales, firmadas ya por Valinotti, para que lo fuesen
también por V. E. Rvma. o por
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el canónigo Pinoli, como procurador de V. E., provisto de su poder especial con el fin de concluir después la segunda escritura, entre don
Bosco y el señor Paravía, y así poner término a todo litigio.

Nunca me hubiese imaginado que dicha escritura no recibiría la aprobación de V. E., tanto más cuanto que resultaba que ya había sido
básicamente aceptada, y hasta en su forma precisa. Dejo a V. E. pensar cuál sería mi sorpresa al ver que se me devolvían las tres copias
con la única firma del canónigo Pinoli en nombre propio, con una carta del mismo Pinoli, en la que, declinando la facultad de estipular en
nombre de V. E., se limita a proponer que se tenga a don Bosco relevado de cualquier molestia futura acerca de la propiedad de las
Lecturas Católicas.

Después de cuanto se había dicho y discutido acerca de la propiedad de dichas Lecturas, resultaba imposible aceptar una propuesta
semejante. La cesión debe hacerla el verdadero propietario, o por lo menos, en su nombre, quien tenga su especial mandato. Nadie
hubiera podido aconsejar a don Bosco aceptar tal propuesta y mucho menos cargarse, por escritura pública, con la deuda a Paravía de las
cuatro mil doscientas sesenta y cinco liras, sin haber obtenido antes la cesión legal de la propiedad de las Lecturas Católicas, y nadie
podía reconocer como válida una cesión, no hecha por el verdadero propietario de las mismas o por quien fuese por él debidamente
autorizado para ello.

Sería necesario, por lo menos, algún escrito en el que constase la renuncia que V. E. entendiese hacer de la propiedad de estas Lecturas.

Este es el motivo de la mía, esto es, hacer conocer a V. E. las distintas fases de las gestiones y cómo todo me había autorizado a
llevarlas al punto en que se encuentran, persuadido siempre de que V. E. tuviese la decidida intención de renunciar a tal propiedad. Ahora
depende de su respuesta el poner fin a toda esta cuestión. Si acepta la propuesta conciliación, don Bosco hará sus negociaciones con el
señor Paravía y todo se habrá terminado; si no la acepta, será imposible suspender por más tiempo el pleito que seguirá su curso, con las
consecuencias que desgraciadamente son fáciles de prever.

Le repito que he tomado la pluma con repugnancia, pero he creído que debía hacerlo para exponer el motivo de mi conducta en este
asunto. Todas las cartas que obran en mi poder, relacionadas con el mismo, eran una razón para corroborarme en la idea que de que las
gestiones procedían con su consentimiento. Trabajando en este sentido se ha abierto un camino, tal vez el único, para una pacífica
solución.

Tal vez me haya equivocado, pero, si ha sido así, no se me achaque a falta de buena voluntad; he buscado conciliar todos los intereses y
hacer el papel de cada uno. Si no lo he conseguido, paciencia; no tengo remordimiento ((392)) de no haber hecho cuanto de mí dependía.
Mientras tanto, pidiéndole perdón por esta larga molestia, y tal vez también por mi gran atrevimiento, me es grato profesarme con
profunda veneración, etc...

CONDE CAYS

El Obispo no podía dejar de reconocer las evidentes razones del Conde; pero aún esperó algún tiempo, antes de estampar su firma.
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Distinguido señor Conde:

Hasta ayer me detuvo el pensamiento de poder dar una respuesta verbal a cuanto se dignó escribirme el 3 del corriente mes; pero ahora
que he tenido que desecharlo, respondiendo por escrito, ante todo le agradezco los muchos trabajos que se ha tomado también respecto a
mí.

Creo que, por las comuniaciones tenidas en el transcurso del pasado año y por las cosas que siguieron, se habrá usted convencido de
que nunca me ocupé de las cuentas y de la contabilidad concerniente a las Lecturas Católicas, aunque haya suministrado para ellas
cantidades tan grandes. Por lo tanto, espero que fácilmente se persuadirá de que yo no cambié en nada después de las últimas
comunicaciones tenidas con usted el pasado junio. Siempre estuve persuadido de que el canónigo Pinoli y el teólogo Valinotti no
acostumbran hacer nada en perjuicio de mis intereses; y así continúo al presente.

Por lo demás, fundé El Instructor y me fue arrebatado. Hice comprar El Piamonte y otros me lo enajenaron. Ideé y organicé La
Biblioteca Eclesiástica y me la echaron a perder y desapareció. Fundé y dirigí La Armonía y me la asesinaron. Para mi desgracia, soy
obispo y callo.

Renovándole mis más sinceras gracias por las muchas demostraciones de aprecio que me ha demostrado y por los muchos trabajos que
se ha tomado respecto a mí, tengo el honor de profesarme con la más obsequiosa consideración

De V. S. Ilma.

Ivrea, 15 de abril de 1867.

Su afectísimo y seguro servidor " LUIS, Obispo de Ivrea
Finalmente monseñor Luis Moreno cedió a la implorada cesión, pero don Bosco perdió un amigo.
El teólogo Valinotti cumplió las últimas diligencias.

((393)) Ilustrísimo señor Conde:

Le ruego haga saber a don Bosco que puede mandar cuando guste a retirar los libros y papeles que poseo referentes a las Lecturas
Católicas (íque Dios bendiga!), pero deseo tener un recibo de la entrega de tales papeles, etc. firmado por don Bosco.

Sabrá a esta hora que el canónigo Pinoli falleció el 14 del corriente mes, después de una seria enfermedad. Le encomiendo a sus

oraciones.

Reciba los sentimientos de mi más sincera consideración, con la que tengo el honor de repetirme

De V. S. Ilma.

19 de octubre de 1867.

Su afectísimo y seguro servidor T. VALINOTTI
Nos hemos extendido en la exposición de este asunto, para mostrar mucho mejor cuánto le costaron a don Bosco las Lecturas Católicas.

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((394))

CAPITULO XXXIII

MUERTE DE UN BUEN MUCHACHO -CARTA AL CABALLERO OREGLIA: PREDICCION CUMPLIDA: DIPLOMA DE DON
CELESTINO DURANDO: SE DESEA LA VUELTA DE OREGLIA A TURIN: DIFICULTADES PARA UN VIAJE DE DON BOSCO
A ROMA: SU GRATITUD A LOS BIENHECHORES -CLAUSURA DEL MES DE MARIA -OTRA CARTA AL CABALLERO
OREGLIA: EL ASUNTO MORELLI: ORACIONES POR UNA BIENHECHORA DE LA IGLESIA: SUSPENDIDOS LOS VIAJES
EN ALGUNAS LINEAS DE FERROCARRIL -CARTAS A DOS JOVENCITOS NOBLES INTERNOS EN UN COLEGIO -DON
BOSCO EN LANZO Y LA FIESTA DE SAN FELIPE NERI -AL CABALLERO OREGLIA: SUS ORACIONES POR LOS
BIENHECHORES: CARTAS ESCRITAS Y RECIBIDAS: SOLICITA SU VUELTA DE ROMA -PRUSIA DECLARA LA GUERRA
A AUSTRIA -AL CABALLERO OREGLIA: OTROS JOVENES DEL ORATORIO LLAMADOS A FILAS: SI LE ES POSIBLE, IRA
A ROMA: LE ESPERA EN MIRABELLO: LA NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACION: LA CUPULA VA
SUBIENDO -DISGUSTOS DE DON BOSCO -MADRES QUE RECOMIENDAN SUS HIJOS SOLDADOS A DON BOSCO -UNA
PREDICCION CONSOLADORA -LECTURAS CATOLICAS

DEJANDO de lado el meum ac tuum frigidum illud verbum (la fría palabra del mío y tuyo), que a don Bosco le tocó pronunciar, muy a
su pesar, para reivindicar una propiedad que quería dejar en herencia a la Pía Sociedad Salesiana, volvemos a la narración que
interrumpimos a finales de mayo de 1866.

En el Oratorio estaban todos esperando que se cumpliese inminentemente una de las acostumbradas predicciones de don Bosco hecha,
como ya se dijo, a mitad del mes de febrero. En el mes de mayo había muerto José Rosa, de Verolengo, a los dieciséis años. Había caído
((395)) enfermo en la segunda semana de marzo y fue enviado a su casa paterna el día catorce. Escribe de él don Miguel Rúa en el
necrologio:

"Estuvo pocos meses en este Oratorio, pero fueron suficientes
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para dejar de él un buen recuerdo. Obediente a sus superiores, diligente en todos sus deberes, ocupaba siempre los primeros puestos en
clase. Alegre y amable, era querido por todos. Murió en su casa, confortado con los sacramentos de la religión."

"Era tal vez éste el señalado por la predicción? No. Don Bosco había dicho que la muerte sucedería después de tres meses y medio; y él
mismo, en carta dirigida al caballero Oreglia, que seguía en Roma, nos dice, lo primero, el nombre del difunto y señala el cumplimiento
de sus palabras.

Carísimo Caballero Oreglia:

Nos encontramos en los tres meses y medio, y ayer, aunque en su casa, murió nuestro alumno Gili, zapatero. Pudo prepararse del modo
más consolador. Encomiende al Señor su alma.

En las dos cartas que adjunto, agradezco y recomiendo: esto para su norma.

En casa gozamos todos de buena salud; Durando anduvo indispuesto, pero ahora ya está bien; finalmente le entregaron el diploma de
doctor para el que tantas dificultades se suscitaron.

Todos deseamos su vuelta; pero, si puede hacer algo, retárdela. Yo desearía y, si fuese obediente, le mandaría, que no volviese a Turín
hasta que no tenga en el bolso diez mil liras, que son las que se necesitan para seguir con un poco de energía las obras de la iglesia.

A su vuelta hablaremos de la posibilidad de mi viaje a Roma: hay dificultades políticas, económicas, morales y religiosas; ya me dará
usted después su parecer. Tenidos en cuenta los muchos trámites a realizar para el billete del tren, es mejor tener paciencia y hacer ese
gasto.

Cuando vea al señor Canori Focardi dígale que la marcha de su hijo fue ciertamente una espina para él; pero que, en breve, tendrá una
rosa que le hará olvidar todo. Salúdele de mi parte.

Sé que la marquesa Villarios y la casa Vitelleschi se interesan mucho por nosotros, y les doy las más rendidas gracias; pero dígales que
no quiero que trabajen por nada. Nuestro amo es rico y puede pagar. Por tanto yo le rogaré y haré rogar para que les dé ((396)) el céntuplo
en esta vida y una bella habitación para cada uno en la eternidad.

No olvide hacer lo necesario para obtener una ayuda del Príncipe de Torlonia.

Dios le acompañe y bendiga todos sus pasos; ruegue por nosotros, mientras en nombre de todos, hasta de Sirtori y de Jarach, me
profeso en el Señor.

Turín, 31 de mayo de 1866

Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

El 31 de mayo era la fiesta del Corpus Christi y aquel día clausuraban los alumnos el mes de María con toda solemnidad. Para el día 3
se había fijado la misma fiesta en Mirabello, con asistencia del Obispo de Casale; y en Lanzo, donde se celebraría la conmemoración
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de san Felipe Neri, titular del Colegio, con la intervención de don Bosco. En las dos casas se había preparado, como de costumbre, la
distribución de premios a los seis muchachos que habían obtenido el mayor número de votos de sus compañeros, dados secretamente por
cada uno, designándoles merecedores de los mismos por su religiosidad y su conducta moral.

Antes de dejar Turín escribía de nuevo don Bosco al Caballero Oreglia anunciándole, entre otras cosas, alguna disposición del
Gobierno para el tiempo de guerra; y a dos muchachos de la nobleza, el barón Gregorio Cavalchini Garofoli y el marqués Manuel Fassati,
internos en el colegio Mongrée, de Francia, dirigido por los Padres Jesuitas.

Carísimo Caballero:

Ruégole entregue la carta adjunta a la señora Duquesa de Sora y comuníqueme después las observaciones que haga acerca de la misma;
yo respondo a todo lo que ella me pidió y algo más.

El asunto Morelli pasó inadvertido aquí en Turín; pero nosotros rectificaremos imprimiéndolo en el actual fascículo de las Lecturas
Católicas. Convendría que se hiciera lo mismo en Roma.

Se puede recomendar a la Civiltà Cattolica que escriba dos palabras sobre la nueva edición de la Historia de Italia; sería muy útil.

Diga a la señora patrona del señor Aisca di Alessandro, que con gusto rogaré por ella y haré rogar a los muchachos de casa. Pediré
((397)) a María Auxiliadora que le prepare una buena habitación en el cielo, que es el premio seguro para los que con fe participan en la
elevación de su templo en la tierra.

Se ha publicado hoy en Turín que los trenes entre Turín, Bolonia y Florencia están suspendidos.

Si ve que puede hacer algo para la mayor gloria de Dios, retarde su vuelta. Que El bendiga sus fatigas. Reciba los saludos de toda la
casa y créame siempre.

Turín, 1 de junio de 1866

Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro,

Muy querido Gregorio Garofoli:

He recibido con placer tu carta y he dado tus noticias a los muchachos que tomaron parte en la excursión a Tortona. Quedaron la mar de
satisfechos y me encargaron que en su nombre te diera las gracias y te saludara. Ciertamente me gustaría entretenerme y hablar contigo un
rato, pero lo que quisiera decirte no puede confiarse a una carta. Si me haces una visita en las próximas vacaciones, te diré todo lo que
quisiera escribirte. Como amigo de tu alma no puedo dejar de darte unos consejos fundamentales; son tres y empiezan por efe: 1.°, fuga
del ocio; 2.°, fusa de los compañeros que tienen malas conversaciones o dan malos consejos; 3.°, frecuentar
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la confesión y la comunión con fruto y con fervor. Salúdame a tus dos hermanos, a Manuel Callori y a los otros piamonteses de aquí que
tú sepas me son conocidos.

Dios te bendiga y te conserve en su santa gracia; ruega por mí, que soy.

Turín, 1 de junio de 1866

Tu afectísimo en el Señor JUAN BOSCO, Pbro.

Querido Manuel:

En la apreciada carta que te has dignado mandarme, me pedías que rogase a la Santísima Virgen te concediese buena voluntad y energía
para estudiar. Lo he hecho con gusto y de corazón durante todo el mes de María. Pero no sé si habré sido escuchado. Mucho me gustaría
saberlo; aunque tengo motivos para creer que sí. Papá, mamá y Acelia están bien; con frecuencia les veo a las cinco y media de la tarde y
gran parte de nuestra conversación siempre es sobre ti. Los demás están siempre preocupados por miedo a que no adelantes en los
estudios y así añadas un disgusto más a los muchos que ya sabes han tenido este año. Yo siempre les consuelo, apoyado en el talento, la
buena ((398)) voluntad y las promesas de Manuel. "Me equivocaré? Creo que no. Dos meses más y después ímenuda fiesta, si sales bien
en tus exámenes! Por tanto, mi querido Manuel, yo seguiré encomendándote al Señor; tú haz un esfuerzo: trabajo, diligencia, sumisión,
obediencia, todo en movimiento para que salgas bien en los exámenes.

Dios te bendiga, querido Manuel, sé siempre el consuelo de tus padres con tu buena conducta. Ruega también por mí, que de corazón
soy.

Turín, 1 de junio de 1866

Tu afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

El 1.° de junio los clérigos del Oratorio, estudiantes de filosofía y teología, habían realizado satisfactoriamente sus exámenes en el
Seminario, y en la mañana del 2 de junio llegaba don Bosco a Lanzo, donde era recibido con gran entusiasmo. En tal ocasión, con aquella
amabilidad paternal que no olvida nada y todo lo prevé, dijo cómo don Juan Bonetti había sido recibido en Mirabello con grandes
festejos, cuando el pasado noviembre asumió el cargo de Director; pero que el Director de Lanzo, ya fuera por el luto que apenaba al
Colegio, ya fuera por haber recibido el mandato con tanta urgencia, había entrado solo, sin fiestas, ni presentaciones; que deseaba, y así lo
había dispuesto, que la fiesta de san Felipe supliera la falta del alegre recibimiento.

Por su parte, se dedicó toda la tarde a confesar. Al anochecer llegó al Colegio la banda de música del Oratorio con los cantores,
haciendo resonar sus marchas por las calles del pueblo. Don Bosco apareció a la puerta de la iglesia, aplaudido frenéticamente por los
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muchachos. Entraron todos en la iglesia, magníficamente adornada con flores y lámparas encendidas, y, se impartió la bendición. El
domingo por la mañana, hubo comunión general, misa cantada en la parroquia y procesión con el Santísimo Sacramento. Sentáronse a la
mesa con don Bosco el clero y el alcalde Druetti y su concejo. Por la tarde, vísperas, sermón, bendición, teatro y fuegos artificiales. Hubo
alegría universal; música y cantos durante todo el día.

Volvió a Turín y reemprendió su correspondencia epistolar.

((399)) Carísimo Caballero Oreglia:

He recibido su carta, en la que me cuenta la caridad de algunas personas de Roma con esta Casa. Déles las gracias a todos, de mi parte,
y dígales que pediré y haré pedir mucho al Señor para obligarle a que les conceda el céntuplo en esta vida y la felicidad en la otra.

Presente mi especial gratitud a la señora duquesa de Sora por el interés que se toma para colocar nuestros boletos y por el precioso
objeto que una de sus caritativas amigas nos mandó. Diga al hijo mayor de esta señora que le tendré diariamente presente en la santa
misa, para que, a toda costa, marche siempre por el camino del cielo.

Siento mucho que me sea imposible escribir a la señora marquesa Matilde Vitelleschi; espero poder hacerlo pronto, pero, ya desde

ahora, no dejaré de incluirla en las oraciones que a diario se harán en esta casa mañana y tarde.

Tenga la bondad de entregar la adjunta cartita a la señora condesa de Bentivoglio.

No puedo responder a las apreciadas cartas de Alberto y Juan Vitelleschi; pero lo haré en breve.

Aquí se van agravando las cosas, por lo que me parece oportuno pedirle que vuelva. Por tanto, le esperamos la próxima semana en el

Oratorio, salvo que tuviese algo por ultimar.
Olvidaba rogarle que dé las gracias al señor Aicardi, que me ha escrito una carta modelo. La conservaré como grato recuerdo de una

carta verdaderamente cristiana. Que Dios le bendiga en vida y le dé feliz eternidad.

En casa gozamos todos de buena salud, pero tenemos más trabajo del que podemos.

Los más obsequiosos saludos a sus hermanos, al P. Brunengo, a los señores Vitelleschi, Villarios, etc...

Reciba la expresión del más sincero afecto de todos los de casa y principalmente de mi parte, que le auguro todas las bendiciones del

cielo, mientras me cabe el placer de profesarme suyo en el Señor.
Turín, 8 de junio de 1866
Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.
P.S.-Nos gustaría nos comunicase el día aproximado de su llegada. El caballero Villanova y el conde Villa están en mi habitación,
preguntan por usted, le saludan y le desean buen viaje. También estuvo aquí su tío, el conde de la Margherita, y ya hablaremos...
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((400)) El horizonte político se había cubierto mientras tanto de negros nubarrones.

Prusia había perfeccionado su formidable armamento, y los pequeños estados de la confederación del norte, ya sometidos, debían
suministrar todo lo necesario para el transporte militar más cincuenta y siete mil soldados. El 4 de junio invadían sus tropas el Holstein y
obligaban a la pequeña guarnición austríaca a retirarse. El 13 daba Austria pasaporte al embajador prusiano en Viena y reclamaba al suyo
en Berlín; el 14 pedía la cooperación del ejército federal, compuesto por ciento cincuenta y siete mil hombres; y la Dieta admitía la
proposición austríaca con el voto favorable de nueve estados, el negativo de cinco y la abstención de uno. Pero el 16 de junio, con
fulminante rapidez, cincuenta mil prusianos invadían Hannover, Sajonia y Hesse y, aunque con grandes pérdidas, obligaban al rey de
Hannover a capitular; el rey de Sajonia huía a Bohemia; y hacían prisionero al príncipe de Hesse. Esto sucedía del 16 al 20 de junio. El
19 publicaba el rey Guillermo de Prusia su bando de guerra contra Austria.

También en Italia se habían tomado rapidísimamente todas las disposiciones necesarias para poner en pie de guerra el ejército y la flota,
pero continuaba todavía, aunque reducido, el servicio ferroviario para viajeros.

Don Bosco aseguraba de ello al Caballero, que le había anunciado su próxima llegada a Turín; al mismo tiempo le hacía varios
encargos y le daba importantes noticias.

Muy querido Caballero Oreglia:

Venga tranquilo porque no hay impedimento de ninguna clase para los viajeros; así me lo aseguró el Gobernador de esta Provincia.
Antes de partir tome nota del nombre, apellido y domicilio de las personas con las que será conveniente mantener relación. Compre, entre
otras cosas, media docena de crucifijos algo vistosos, que puedan llevarse al cuello por señoras que los piden.

Bisio y Peirano el mayor partieron con la guardia movilizada, ((401)) Gallo con la reserva del 1842. Así es que nos encontramos faltos
de varias personas importantes. Bendito sea Dios en todo.

Antes de partir, salude de mi parte a quienes crea conveniente y déles seguridad de nuestra gratitud y de nuestras oraciones a Dios y a
María Auxiliadora, para que les colmen de sus tesoros en vida y les hagan felices en la eternidad. A muchos todavía no les he escrito una
carta, pero lo haré después de su vuelta.

Si pudiese hacer un viaje a Roma no lo diferiría, pero hay mucho en qué pensar, sobre todo en estos momentos en que la Casa necesita
mucha asistencia.

Tengo una serie de hechos y de cosas para escribirle, pero hay que tener paciencia
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y hablar de ellas a su vuelta. Si bien yo desearía que fuese pronto, acabe, sin embargo, todo lo suyo; día más, día menos procuraremos
arreglárnoslas.
El jueves 21 estaré en Mirabello: "quién sabe, si a lo mejor pasa usted por allí a su vuelta y hacemos así juntos el viaje a Turín?
Hacemos la novena de Nuestra Señora de la Consolación; todos los días celebro la santa misa y se ofrecen algunas comuniones por la
familia Villarios y Vitelleschi, que tantas atenciones le dispensan y trabajan con tanto celo por esta nuestra Casa.
Dios le bendiga y le conceda un buen viaje, y me crea siempre en el Señor.
Turín, 15 de junio de 1866
Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

P.S.-La cúpula de la iglesia sigue elevándose y no espera más que dinero.

Por varios motivos deseaba el Siervo de Dios el regreso del Caballero Oreglia. Tenía éste mucha influencia sobre dos salesianos
jóvenes, ampliamente beneficiados en todo, los cuales, dominados por la soberbia y la manía de libertad, ocasionaban en aquellos días
graves disgustos. Don Bosco esperaba que se rendirían y calmarían con las palabras del Caballero. Las cosas habían llegado a tal punto
que el Siervo de Dios tenía que soportarlos en paz, por miedo a que dieran un mal paso.

Tenemos indicios de estas sus penas por una carta a la condesa Callori, que conocía a aquellos dos individuos.

((402)) Benemérita señora Condesa:

El 21 del corriente mes, si el Señor me lo permite, pienso hacer una parada en Casale, a la ida o a la vuelta; entonces tendré la
satisfacción de entretenerme un poco con usted hablando de algunos de mis viajes, bastante más lejos.

C... y L... parecen locos. Desprestigian y amenazan publicar cosas contra don Bosco; y al día siguiente de sus amenazas apareció un
artículo contra nuestra Casa en el Conte di Cavour. Algunos se lo atribuyen a ellos. Compadezco la miseria humana y cada día me

convenzo más de que hay que trabajar por la gloria de Dios y no por la benevolencia de los hombres.

Me encomiendo de modo especial a sus devotas oraciones.

Que Dios les bendiga a usted, a su señor marido y a toda la familia,

mientras con sentida gratitud tengo el honor de profesarme.
De V. S. Benemérita

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Por aquellos días eran muchas las madres, preocupadas por la suerte de sus hijos, que acudían al Venerable, para que las encomendase a
la protección de María Auxiliadora. Elegimos dos de entre las

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muchas cartas que conservamos en el archivo. La primera es de la marquesa Nerli:

J. M. J. Florencia, 15 de junio de 1866
Reverendísimo don Bosco:

Como ya le anunciaba en otra carta, mi único hijo ha partido voluntario al ejército y formará en el batallón de Guías del Ejército
Regular, persuadido de que es su deber prestar este servicio al País. Su decisión ha caído sobre mi cabeza como un rayo, porque, si bien
de un mes a esta parte mostraba este gran deseo, yo no le creía capaz de darme tan grandísimo disgusto, pues ha llegado a esta edad y
jamás había emprendido la menor cosa sin consentimiento de su madre.

íQué tiempos más desgraciados los nuestros! Le s