Don Bosco

Memorias Biograficas - vol 9

MEMORIAS BIOGRAFICAS DE SAN JUAN BOSCO

VOL 9

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CAPITULO I

1868 -DON BOSCO ESCRIBE LA HISTORIA DE UN SANTUARIO DEDICADO A MARIA SANTISIMA EN LA DIOCESIS DE
ACQUI -CARTA DEL CAPELLAN DE ESTE SANTUARIO A DON BOSCO -DON BOSCO CONFIA A DON JUAN BONETTI LA
REVISION Y CORRECCION DE SUS MANUSCRITOS DESTINADOS A LA IMPRENTA -DON JUAN BONETTI DOCTO Y
CASTIZO ESCRITOR; TODOS SUS ESTUDIOS ESTAN INSPIRADOS POR SENTIMIENTOS DE PIEDAD: SU DILIGENCIA
PARA ANOTAR CUALQUIER PALABRA DE DON BOSCO: PRUEBAS DE SU APRECIO A DOMINGO SAVIO Y MIGUEL
MAGONE -CONSEJOS Y FLORECILLAS QUE DON BOSCO LE DIO Y QUE LE DIJO EL BUEN PADRE AL DESTINARLE A
LA CASA DE MIRABELLO -SANTOS PROPOSITOS -NUMERO DE SOCIOS EN LA PIA SOCIEDAD AL ACABAR EL AÑO
1867

A fines del año 1867, o principios de 1868, terminaba don Bosco un trabajo que desde hacía tres años atendía en los ratos libres. No sabía
negarse a nada, cuando se trataba de las glorias de la Santísima Virgen. Su pluma ya había descrito las apariciones, santuarios y gracias
de la Virgen en La Salette, en Lourdes, en Spoleto y otros lugares; ahora, entregaba sus apuntes históricos sobre un santuario de la
Santísima Virgen, situado en el término parroquial del pueblecito ((2)) de Ponzone, en la diócesis de Acqui, al sacerdote José Poggio, que
le había encargado esta obra.

Trátase de un santuario levantado en tiempos remotos, ciertamente anteriores al año mil de la era vulgar; probablemente se remonta su
fundación a los primeros siglos de la Iglesia. Lo cual no debe causar asombro, pues se cree, y no sin fundamento, que San Pedro, camino
de la evangelización de las Galias, anduvo por Acqui y sus alrededores, a cuyos habitantes instruyó en la religión cristiana. Tras él
anduvo su discípulo San Siro, el cual, al igual de su maestro, acabó de convertir, con la predicación y los milagros, a los pueblos de
Acqui y Liguria. Los dos taumaturgos misioneros enraizaron ciertamente en aquellas tierras la devoción a la Santísima Madre del
Salvador, y tal vez no sea muy posterior a aquellos tiempos
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dicho santuario, de cuyo origen hay una tradición constante y universal.

Cierta familia de Ponzone tenía una hija muda. Sus padres la enviaban con frecuencia a llevar el ganado a pastar al monte, junto al
rellano donde se levanta hoy el santuario. Y he aquí que un día se le apareció una Señora de hermosura celestial, magníficamente
ataviada. Una dulce sonrisa afloraba a sus labios y brotaban de sus ojos bondad y dulzura indescriptibles. Ante aquella aparición, la buena
niña quedó extasiada y, al contemplarla, sentía que su alma se inundaba en un mar de alegría. Enseguida comprendió que la hermosa
Señora no podía ser más que la Reina del Cielo.

-Ve a casa, díjole María Santísima, y di a tus padres que comuniquen a los habitantes del pueblo y de los alrededores que levanten en
este lugar un templo en mi honor.

Y desapareció.

La buena niña bajó corriendo del monte, presentóse a sus padres y, como si nunca hubiera estado muda, empezó a hablar con soltura y a
contar la aparición de la Virgen ((3)) y las palabras que oyó de sus labios maternales. Los padres quedaron sorprendentemente
asombrados del evidente milagro de la muda, que había adquirido el habla, y creyeron. Con ellos creyeron todos los habitantes de los
pueblos vecinos y, en poco tiempo, se levantó el sagrado edificio. Desde entonces hasta nuestros días fueron innumerables las gracias
espirituales y temporales concedidas por María Santísima a sus devotos.

Don Bosco buscó documentos, visitó archivos, consultó apuntes eclesiásticos y hasta parece que fue a Ponzano.

El santuario se levanta al presente en un rellano del monte y está cercado por un fuerte muro, con una alta puerta en arcada para entrar.
La iglesia es de una sola nave bastante grande, de hermosa y majestuosa traza, enlucida con escayola y pinturas; tiene cinco altares y en el
mayor una estatua de la Santísima Virgen muy venerada desde tiempo inmemorial.

Acerca del opúsculo, escrito por don Bosco, tenemos el siguiente documento:

V.J.M.y J.
Rvmo. Sr. Don Juan Bosco:

He recibido el manuscrito con la historia de este santuario. Cumpliendo cuanto su V. S. Rvma. me comunica en su apreciadísima
última, lo he leído y releído. Me
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pareció que había algo que cambiar o añadir, y, aunque poco apto para tal fin, confiado en la asistencia de María, asiento de la sabiduría,
me he puesto a copiarlo, añadiendo las variaciones que, dentro de mis pocos conocimientos, me parecían del caso y dejando así intacto el
original.

Esperando tener acabada dentro de pocos días esta copia, un poco distinta del original, he decidido ir yo mismo a presentar una y otra a

V. S. Rvma. para explicarle de viva voz los motivos de los cambios hechos (dejando sin embargo totalmente la solución a su sabio
entender) y para oírle acerca de diversas cuestiones relacionadas con dicha historia.
No obstante, antes de trasladarme ahí, ruégole tenga la bondad de indicarme cuanto antes, si V. S. Rvma. estará en casa a primeros de la
próxima semana, fecha en la que, si Dios quiere, podría ir; además, si cree conveniente, que yo, para ganar tiempo y evitar mayores
molestias, presente antes dicha historia al señor Obispo de Acqui para la formalidad de la revisión.

((4)) Por último, quisiera pedirle que tuviera la bondad de prestarme alojamiento, si le fuera posible, en ese Oratorio, durante el poco
tiempo que deberé quedarme y así tener mayor facilidad para despachar lo antes posible, tanto por la crítica estación en que estamos,
como por las ocupaciones que tengo.

Rogando cordialmente a la Santísima Virgen que se digne premiarle con largueza todo lo que hace por este su Santuario, le saludo con
toda distinción, profesándome con profundo respeto de V. S. Rvma.

Santuario de Nuestra Señora de la Parroquia, 13 de noviembre de 1866.

Su seguro servidor JOSE POGGIO, párroco

Don Bosco había entregado una copia de dicho manuscrito a don Juan Bonetti, puesto que nosotros la hemos encontrado precisamente
entre sus cuadernos. Ya antes de que éste fuera sacerdote, le enviaba las obras destinadas a la imprenta para que las revisase y corrigiese
y, a veces, para que las completase. Y así continuó haciendo durante toda su vida.

Don Juan Bonetti era para esto su incansable brazo derecho. Como hábil escritor, resultaba minucioso en las correcciones; están tan
atestados de ellas sus manuscritos, que muchas páginas resultan casi ilegibles. Dejó escritos gran número de sermones y parece que no
subía jamás al púlpito sin haberlos redactado o al menos ordenado con un amplio esbozo y siempre con abundancia y precisión de
doctrina.

Habiendo perdido don Bosco unos cuadernos, como anteriormente se dijo, para una historia universal de la Iglesia, encargó a don Juan
Bonetti que llenara esta laguna; y comenzó él este trabajo hacia 1862 y lo continuó durante muchos años. Pero no nos queda más que la
primera época, en dos volúmenes manuscritos, que comprenden
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mil doscientas sesenta y una páginas, con citas bíblicas, patrísticas y de autores eclesiásticos y profanos sin número. Don Bosco colocaba
en ellas muchas apostillas de su propia mano. Pero las muchas ocupaciones debieron truncar al fin una obra ((5)) que el mismo Santo
Padre, según veremos, deseaba fuese acabada, especialmente para defender la infalibilidad del Jefe de la Iglesia.

Don Juan Bonetti había escrito también, en honor de don Víctor Alasonatti, una biografía del beato Querubín Testa, que no se editó.
Y más tarde compuso la Vida de María Virgen, y la Vida y doctrina de Jesucristo, narrada y explicada, según el Evangelio, a una familia
fiel y en defensa contra los ataques de los impíos.

A su tiempo hablaremos de otros escritos suyos, publicados en las Lecturas Católicas.

Don Juan Bonetti unía a su ciencia un gran espíritu de piedad, que don Bosco había infundido en su corazón desde 1855, cuando entró
en el Oratorio. Las frases escritas por él sobre las cubiertas de sus cuadernos escolares son palabras salidas de la boca y de la pluma de
don Bosco.

Léese en los del bachillerato: Acudir frecuentemente a María -Rigurosa fuga del ocio -María es tu Madre. En ellos anotó la etimología y
la explicación de palabras latinas, griegas y alguna hebrea, dada por don Bosco a los jóvenes, en público y en privado y en los sermones
de 1857.

En los cuadernos de los cursos de Filosofía aparece escrito: Sedes sapientiae, ora pro me -Da mihi animas, caetera tolle -(Asiento de la
sabiduría, ruega por mí -Dame almas, llévate lo demás) -Para gozar de plena libertad de espíritu, hay que desligar por completo el
corazón de las cosas de esta tierra -Quien se aleja de amigos y parientes, se acerca a Dios y a sus ángeles -(Kempis). Y más veces:
Domingo Savio era mi compañero y condiscipulo, por tanto: Si ille cur non ego? (Si él pudo, "por qué yo no?).

También le era muy querido e invocaba el nombre de otro santo jovencito, el de Miguel Magone, de quien había sido asistente.
Conservaba entre sus papeles, como primorosa reliquia, ejercicios suyos de clase, que ahora están archivados.

Por fin, en los cuadernos de Teología se lee: Viva María; Viva Domingo Savio; Viva don Bosco -Diabolus te semper occupatum
inveniat (Que el diablo te encuentre siempre ocupado) (San Jerónimo)-Dulcedo multiplicat amicos et mitigat inimicos (La dulzura
multiplica los amigos y apacigua a los enemigos).

((6)) En un sobre en el que se lee "Al clérigo Bonetti", con escritura
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autógrafa de don Bosco, hemos encontrado pequeños recortes de papel, en cada uno de los cuales aparece escrita una florecilla o un
consejo espiritual. Helos aquí por orden:

-Rezarás una salve en favor de la obra de la propagación de la fe.
-Oirás una misa por la conversión de los pecadores.
-Rezarás el salmo miserere por la conversión de los escandalosos.
-Rezarás la tercera parte del rosario, con las letanías, por la conversión de los infieles, herejes y cismáticos.
-Harás una mortificación corporal o te privarás de algo en la comida, por los pecadores sin templanza.
-Rezarás un acto de esperanza y una salve por los que están desesperados o atraviesan una gran desventura.
-Ofrecerás tu corazón a Jesús y a María.
-Rezarás los actos de fe, esperanza y caridad, por las necesidades de la santa Iglesia.
-Oirás una misa por la conversión de Inglaterra.
-Harás una visita a Jesús Sacramentado como desagravio de las ofensas que recibe en el divino Sacramento.
-Rezarás ante el altar de María Santísima las letanías de la Virgen y una salve por todos tus compañeros.
-Harás una limosna para la obra de la propagación de la fe.
-Rezarás cinco padrenuestros, avemarías y glorias, en honor de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
-Rezarás los siete gozos de la Virgen María y las letanías, por todos los ministros de Dios.
-Rezarás el Veni Creator para obtener del Espíritu Santo luces y gracias para ti y para todos los pecadores.
-Rezarás siete avemarías en honor de los siete dolores de la Virgen María, para alcanzar su protección durante la vida y principalmente

en el instante de la muerte para ti y para todos tus parientes.
-En la tentación dirás: Jesús mío, misericordia; María, ayúdame.
-Harás una comunión en honor de los sagrados corazones de Jesús y de María por todos los socios hermanos, tanto vivos como

difuntos.
-Rezarás la tercera parte del rosario por todos tus bienhechores espirituales y temporales.
-Rezarás tres avemarías para obtener la perseverancia final para ti y para todos tus parientes.
-Rezarás el Veni Creator para alcanzar los siete dones del Espíritu Santo.
((7))-Dirás el Ave Maris Stella por cuantos se encuentran en desgracia de Dios.
-Rezarás a la Santísima Virgen para que te inspire cuál es tu vocación.
-Pedirás a Jesús y a María estas tres virtudes: humildad, pureza y caridad, recitando tres avemarías y tres gloriapatris.

Don Juan Bonetti dejó también el recuerdo de dos avisos que le dio don Bosco:

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"La devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María serán dos poderosos apoyos para ti y para aquellos a quienes se la
inculques."

"Sea María tu celeste protectora ahora y siempre; yo pongo en sus manos tu alma."

Y en otro papel suyo se lee: "El 27 de noviembre de 1863, antes de partir para Mirabello, me dijo don Bosco:

"Deseabas que te sometiera a prueba y ya lo estás. Ahora podremos ver a qué ocupación te llama el Señor de modo especial. Yo pensé y
pensaré en ti y, mientras el Señor me dé vida, me afanaré por hacerte feliz, no sólo espiritual, sino también temporalmente. Vive alegre. Y
si una molestia o pesar, del alma o del cuerpo te sorprendiera, escríbeme y yo te quitaré toda pena. Tu patrimonio está en vías de arreglo;
te tendré al corriente de cuanto suceda. Te recomiendo ayudes a don Miguel Rúa. Que Dios te bendiga."

Y el clérigo Bonetti, generoso seguidor del impulso que don Bosco le daba, escribía con la firmeza de quien quiere mantener sus
propósitos:

Mirabello, 25 de abril de 1864

1.° Quiero entregarme con toda mi alma a alcanzar una íntima unión con Jesús y María, haciendo frecuentes comuniones espirituales y
recitando fervorosas jacularorias.

2.° Quiero tener en gran aprecio la más pequeña acción, la más breve oración, animándome a cumplirla bien, con el pensamiento de
que, haciéndolo así, añado cada vez una hermosa rosa o perla preciosa a mi corona celestial.

íOh María, sé mi madre!

((8)) Nosotros anotaremos que la mayor parte de los socios vivían el mismo espíritu de piedad, de trabajo y de sacrificio. Nos hemos
referido aquí especialmente a él, por haber descubierto recientemente estas y otras notas suyas referentes a los años cuyos
acontecimientos hemos expuesto en estas Memorias, y para que se conozcan cada vez mejor sus relaciones con don Bosco.

Los miembros de la Pía Sociedad Salesiana, de muchos de los cuales tendremos ocasión de hablar, eran casi ciento a finales de 1867,
comprendidos los de los colegios de Mirabello y Lanzo. Los sacerdotes eran catorce, los clérigos estudiantes de teología cuarenta y ocho:
unos profesos y otros novicios o aspirantes.
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Algunos, llegados de varias diócesis, estaban deseando volver, y don Bosco mantenía sus estudios y los proveía gratuitamente de todo.
Veintitrés eran estudiantes de filosofía, doce de los cuales aún no se habían puesto la sotana, ya que don Bosco pensaba fundar en otro
lugar una escuela para ellos. Finalmente había tres solamente que eran coadjutores profesos.

Un aviso, que don Bosco daba a todos, es el repetido en una carta a Mirabello:

Querido Bonetti:
Te mando unas hojas del canónigo Gliemone. He recibido con satisfacción tu carta.
Animo, tus esfuerzos vayan dirigidos a conservar la unidad de sentir entre los superiores, para que todos quieran una sola cosa: salvar

almas y entre ellas la propia.
Que Dios te bendiga, y considérame siempre tuyo.
Turín, penúltimo día de 1863.

Afmo. en J.
C
JUAN BOSCO, Pbro.

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((9)
)

CAPITULO II

INNATO DESEO DEL HOMBRE POR CONOCER EL PORVENIR -LAS PREDICCIONES DE LAS ALMAS PIADOSAS
CHARLA DE DON BOSCO A LOS MUCHACHOS EL ULTIMO DIA DEL AÑO -SUEÑO: PREDICCIONES PARA 1868;
MUERTE DE TRES JOVENES: ESTADO DE LAS CONCIENCIAS EN EL ORATORIO: EL AGUINALDO: PESTE, HAMBRE Y
GUERRA -TESTIMONIOS SOBRE LA EXACTA RELACION DEL SUEÑO Y DEL CUMPLIMIENTO DE LA MUERTE DE TRES
MUCHACHOS -OTRO ANUNCIO DE MUERTE PARA ESTE AÑO -MOTIVO DE LAS PREDICCIONES DE ESTE SUEÑO

ESTAMOS exponiendo las Memorias Biográficas de don Bosco a fines del año 1867. Junto con sus constantes hechos maravillosos,
hemos aportado también los sueños que él nos narró con la revelación del estado de muchas conciencias y la profecía cumplida de
sucesos particulares y generales. Estaba él persuadido de que cuanto decía era la verdad y estaban convencidos de ello todos los de buena
voluntad, que eran la mayoría, los cuales no tenían la mente embarazada con prejuicios, ni el corazón turbado por las pasiones.

Fue incalculable el bien espiritual que sacaron los alumnos, que poseían el privilegio de tener la mente y la fantasía defendidas contra
pensamientos peligrosos. El anuncio de que don Bosco iba a contar un sueño era un acontecimiento en el Oratorio, y los muchachos,
impacientes e inquietos, esperaban el momento de oír la narración.

En efecto, es natural en el hombre el deseo de conocer de algún modo el futuro, especialmente cuando corren tiempos ((10)) aciagos
para él 1. De ello ofrecen continuo testimonio las historias de todos los pueblos. Nadie debe maravillarse, y mucho menos pueden reírse

1 Por este instinto de la humana naturaleza hubo varios personajes que habían pedido a don Bosco un juicio sobre ciertas profecías en
boga, y entre éstos el conde Crotti Imperiali di Costigliole; y don Bosco le había respondido:

Queridísimo Señor:

Aquí tiene V. S. carísima la famosa profecía de la monja de Taggia en su original. Las cosas ahí anotadas se van cumpliendo día a día,
y, si todas se realizan, tendremos un triste porvenir.
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los que andan a la caza de profecías de adivinos y espiritistas; mientras los buenos cristianos se limitan a escuchar almas piadosas, tenidas
por amigas de Dios y favorecidas por El con comunicaciones especiales.

No negamos que es posible, y hasta fácil, el error de los buenos cristianos en este asunto, pero la prudencia nos enseña que hay en ello
dos extremos a evitar: la absoluta incredulidad de cualquier profecía, excepto las auténticas de la Biblia, excluidos los comentarios;
y la absoluta credulidad de todas las profecías, que personas, aún probas y de bien, refieren como tales.

Contra ambos extremos está la amonestación de San Pablo, que exhorta a no despreciar las profecías, sino a probarlas: Prophetias nolite
spernere; omnia autem probate (No despreciéis las profecías;
examinadlo todo) (Ts V, 20-21 ), a lo que tanto se opone el que las desprecia, como el que las admite a la ligera y sin examen. Estas
palabras del Apóstol aseguran que también, fuera de las bíblicas, pueden darse verdaderas profecías. Y esto se confirma con el hecho del
don profético, el cual, al igual que otros divinos carismas, floreció siempre en la Iglesia y siempre fue reconocido por ella.

((11)) Por tanto, así como ningún católico puede imponer a los demás una fe más que humana en los vaticinios humanamente
autorizados y seguros, así tampoco ninguno puede razonablemente imponer una incredulidad absoluta para los que se dicen improbables
y fantásticos. Allí donde no interviene el juicio de la Iglesia, la creencia de los vaticinios privados es totalmente libre. Más bien que caso
de fe, ha de decirse caso de sano criterio y buen juicio.

Hechas estas premisas, volvamos a nuestro Venerable.

En la noche del 31 de diciembre de 1867, don Bosco reunió a los jóvenes en la iglesia y subiendo al púlpito, después de las oraciones,
les habló así:

V. S. me dispensa expresiones que mi pobre persona no merece de ningún modo, pero que demuestran en usted un corazón lleno de
bondad, que sabe encontrar cosas buenas hasta donde no las hay. Le ruego salude de mi parte a papá y mamá, a la señora Noemí y al
reverendo Scaglia y, mientras encomiendo a la caridad de sus oraciones mi persona y la de mis pobres muchachos, me profeso con
agradecimiento y particular aprecio de todo corazón en el Señor,
De V. S. Carísima

Turín, 12 de junio de 1859.

Seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

N. B. Le recomiendo la difusión de las Lecturas Católicas.
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Suelen, en estos días, los padres dar el aguinaldo a sus hijos; lo mismo hacen los amigos recíprocamente. También yo acostumbro
hacerlo todos los años, dando en esta noche a mis queridos muchachos un recuerdo que les sirva de aguinaldo para el año próximo.

Estaba pensando desde hace algunos días qué aguinaldo os daría, mis queridos hijos, y a pesar de mis esfuerzos no encontraba un
pensamiento a propósito para ello. También la noche pasada, estando ya acostado, pensaba una y otra vez en lo que os debería decir como
consejo saludable para el 1868, pero no me fue posible concentrarme. Cuando, después de un buen rato, agitado siempre por la más viva
preocupación me encontré como semidormido, en un duermevela entre el sueño y la vigilia.

Era un sueño que me permitía darme cuenta de lo que hacía, oyendo lo que se me decía y respondiendo a lo que se me preguntaba. O
sea, estaba en un estado muy parecido al sueño, pero que no lo era.

Me parecía hallarme en mi habitación. Hice por salir y, en lugar de la baranda, me encontré delante de un hermoso jardín en el que
había innumerables rosales; el jardín estaba rodeado de un muro y a la entrada del mismo se veía escrito con caracteres cubitales el
número 68.

Un portero me introdujo en aquel vergel y vi en él a nuestros muchachos que se entretenían alegremente, gritando y saltando. Muchos,
al verme, se apiñaron a mi alrededor hablando conmigo de muchas cosas. Comenzamos a recorrer juntamente el jardín y después de un
breve trayecto a lo largo del muro, vi a un lado a numerosos muchachos agrupados cantando y rezando en compañía de algunos
sacerdotes y clérigos. Me acerqué más a ellos; los miré y no los reconocí del todo; gran parte me eran desconocidos; pude darme cuenta
de que cantaban el Miserere y otras preces de difuntos. Acercándome más aún, le dije:

-"Qué hacéis aquí? "Por qué rezáis el Miserere? "Cuál es la causa de vuestro luto? "Se ha muerto acaso alguno?
((12)) -íOh! me dijeron, "usted no lo sabe?
-Yo no sé nada.
-Estamos rezando por el alma de un joven que murió tal día y a tal hora.
-Pero, "quién es?
-"Cómo?, replicaron: "no sabe quién es?
-íNo, no!
-"Acaso no le hemos avisado? se dijeron mutuamente.
Y después, dirigiéndose a mí:
-Pues bien, ha de saber que ha muerto fulano.
Y me dijeron el nombre.
-íCómo! "Ha muerto ése?
-Sí; pero ha tenido una buena muerte; una muerte envidiable. Recibió con gran satisfacción, y edificación nuestra, los sacramentos.

Resignado a la voluntad de Dios, dio muestras de los más vivos sentimientos de piedad. Ahora, al acompañarlo a la sepultura, rezamos
por su alma, pero tenemos la esperanza de que esté ya en el cielo y en él interceda por nosotros. Aún más: estamos seguros de que se
halla ya en el paraíso.

-"Tuvo, pues una buena muerte? íQue se cumpla siempre la voluntad de Dios!Imitemos sus virtudes y pidamos al Señor que nos
conceda también a nosotros la gracia de tener una santa muerte.

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Y dicho esto me alejé de ellos, rodeado siempre de una gran cantidad de jóvenes.

Seguimos, pues, paseando por el jardín, y tras haber recorrido un buen trecho de camino, llegamos a un prado bellísimo cubierto de
verdor. Yo, entretanto, me decía a mí mismo:

-Pero "cómo es esto? "Ayer noche me acosté en mi cama y ahora me encuentro todos los muchachos esparcidos acá y allá por este
jardín?

Cuando he aquí que veo otra numerosa turba de muchachos dispuestos en círculo, en cuyo centro había algo que no podía distinguir
bien. Me di cuenta, sin embargo, de que estaban arrodillados; unos rezaban y otros cantaban. Me acerqué y pude comprobar que rodeaban

un ataúd diciendo las preces de difuntos y entonando el Miserere. Entonces les pregunté:

-"Por quién rezáis?

Todos ellos, con semblante melancólico, me respondieron:

-Ha muerto otro joven y ha tenido una buena muerte. Ha recibido con edificante piedad los santos sacramentos y ha dado muestras de

sólida piedad. Ahora le llevan ya a la sepultura. Estuvo enfermo ocho días y vinieron a verlo sus padres.

Les pregunté el nombre del difunto y me lo dijeron; me sentí muy apesadumbrado al oírlo y exclamé:

-íOh, lo lamento! Era uno que me quería mucho y no he podido darle el último adiós... tampoco al otro pude verlo antes de que

muriese... "Es que ahora se van a morir todos?... Un muerto aquí, otro allá... Pero, "es posible? Ayer uno... y hoy otro...
-"Qué dice? me respondieron "Un muerto hace poco y otro ahora? "Le parece poco tiempo y han pasado ya tres meses desde que

falleció el primero, tal día y a tal hora?

((13)) Al oír esto pensé entre mí:

-"Sueño o estoy despierto?

Me parecía no soñar y, por otra parte, no sabía qué pensar de lo que estaba oyendo.

Comenzamos después a internarnos por aquellos bosquecillos, y tras un buen rato de caminar he aquí que oí cantar de nuevo el

Miserere. Detuve el paso y se pararon los que me acompañaban; vi otro grupo numeroso de jóvenes que se acercaba.

Entonces pregunté a los que estaban junto a mí:

-"Qué hacen estos? "Adónde van?

Venían de un lugar próximo y estaban todos desconsolados y con los ojos llenos de lágrimas.

-"Qué tenéis?, les pregunté, saliendo a su encuentro.

-íAh! Si supiese...

-"Qué ha sucecido?

-Ha muerto un joven.

-"Cómo? "Pero, he de ver muertos por todas partes? "A quién habéis acompañado a la sepultura?

Y los jóvenes, dando muestras de extrañeza, exclamaron:

-íCómo! Pero "no sabe nada? "No se ha enterado que ha muerto fulano?

-"También ése ha muerto? pregunté.

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VOLUMEN IX Página:

-Sí; pobrecillo... Sus padres no han venido a verlo... pero..
.
-"Pero qué? "Acaso no ha tenido una buena muerte?
-No. Ha muerto de forma poco deseable.
-"No recibió los sacramentos?

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-Al principio no quería recibirlos; después accedió a ello, pero de mala gana y sin muestras de arrepentimiento; así que hemos quedado
poco edificados e incluso dudamos mucho de su eterna salvación; sentimos mucho que un joven del Oratorio haya tenido una muerte tan
desagradable.

Entonces yo procuré consolarlos, diciéndoles:

-Si ha recibido los sacramentos esperemos que se haya salvado. No hay que desesperar de la misericordia de Dios. íEs tan grande!

Pero no logré consolarles al intentar infundirle esta esperanza.

Entretanto, lleno de dolor y con la mente turbada, pensaba en las fechas en que aquellos jóvenes habían muerto; cuando apareció un

personaje, desconocido para mí, el cual acercándose me dijo:

-Mira: son tres.

Yo le interrumpí:

-"Y quién eres tú para hablarme con tanta familiaridad, tuteándome sin haberme visto nunca?

-Escúchame, respondió; después te diré quién soy. "Quieres que te dé una explicación de cuanto has visto?

-Sí. "Qué significan estos números?

-"Has visto, me replicó, el número 68, escrito sobre la puerta del ((14)) jardín?

Significa el año 1868. Durante él, deberán morir los tres jóvenes que te han sido indicados. Como has visto, los dos primeros están bien

preparados; al tercero debes prepararlo tú.

Y pensando si, en efecto, sería cierto que en el año 1868 morirían tres de mis queridos hijos, añadí:

-Pero "cómo puedes decirme eso?

-Observa atentamente si se cumple lo que te he dicho y verás, me respondió.

Ante la seguridad y la amabilidad de sus palabras comprendí que aquel personaje me hablaba como amigo y proseguí con él el camino,

absorto en las palabras que le había oído decir.

-"Acaso estoy soñando?, exclamé. Pero aquí no hay nada de sueños, que estoy bien despierto. Veo, oigo, conozco...

Y mi acompañante me dijo:

-Sí, sí; esa es la realidad.

Y yo añadí:

-"Realidad? Te ruego me atiendas. Me has hablado del porvenir; háblame ahora del presente. Lo que deseo que me digas es algo para

repetírselo a mis jóvenes como aguinaldo mañana por la noche.

Y él respondió:

-Di a tus jóvenes que, así como los dos primeros en morir estaban preparados porque frecuentaban con las debidas disposiciones la
santa comunión durante la vida, también en punto de muerte la recibieron con edificación de todos. El último, en cambio, no comulgaba
en vida, cuando gozaba de salud, y por eso en el trance supremo la recibió con poca devoción. Diles que si quieren tener una buena
muerte, frecuenten la sagrada comunión con las debidas disposiciones, y que la primera de todas, es una confesión bien hecha. El
aguinaldo sea, pues, éste: La Comunión devota y frecuente es el medio más eficaz para tener una buena muerte y así salvar el alma. Ahora
sígueme y presta atención.

Y se adelantó un poco más por un sendero del jardín.

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VOLUMEN IX Página:

Yo le seguía cuando, de pronto, vi concentrados, en un amplio espacio abierto, a

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VOLUMEN IX Página: 27

mis muchachos. Me detuve a contemplarlos. Los conocía a todos y me parecía que no faltaba ninguno; los veía como tantas veces, sin
notar en ellos nada de particular. Pero, examinándolos más de cerca, vi algo que me llenó de admiración y de horror. Bajo la gorra de
muchos, salían de la frente dos cuernos. Unos los tenían largos, otros cortos; éstos enteros, aquéllos partidos; algunos sólo conservaban la
señal de haberlos tenido porque estaban perfectamente rotos en la misma raíz, y ya no apuntaban ni crecían; otros, no podían impedir que
continuasen desarrollándose, aunque estaban rotos y seguían creciendo cada vez más gruesos y reproduciéndose siempre. No faltaban
quienes no sólo tenían cuernos sino que, además, parecía que se sentían orgullosos de tenerlos, y daban continuas cornadas a los
compañeros. Me llamaron la atención los que tenían un solo cuerno en mitad de la cabeza, ((15)) pero de grosor extraordinario, y que
eran los más peligrosos. Finalmente vi a unos cuya frente cándida y serena jamás se había visto afeada por semejante deformidad...

Os quiero hacer presente que podría indicar a cada uno de vosotros en particular el estado en que le vi en el jardín.

Me alejé un poco de los jóvenes, acompañado solamente por mi guía, y llegué a cierto paraje elevado, donde vi una extensa región
ocupada por una muchedumbre de gente que guerreaba entre sí: eran militares.

Durante largo espacio de tiempo combatieron encarnizadamente sin compasión alguna de nadie. Era mucha la sangre vertida. Yo veía a

los infelices que caían al suelo degollados.

Entonces pregunté a mi compañero:

-"Por qué estos hombres se matan de esta manera tan terrible?

-Gran guerra, exclamó mi guía, en el año 1868, y ésta no terminará sino después de haberse derramado mucha sangre.

-"La guerra tendrá como escenario nuestro país? "Qué gente es ésta? "Son italianos o extranjeros?

-Observa a los soldados y por sus uniformes sabrás a qué nación pertenecen.

Los observé atentamente y comprendí que eran de distintas naciones. La mayor parte no vestían como nuestros soldados, pero también

había italianos.

-Esto sígnífica, añadió el personaje, que en esta guerra tomarán parte los italianos.

Nos retiramos de aquel campo de muerte y caminando por un breve espacio de tiempo llegamos a otra parte del jardín. En aquel

instante oí gritar a voz en cuello:

-íHuyamos de aquí! íHuyamos de aquí! Huyamos, de lo contrario moriremos todos.

Y vi una gran multitud que huía y, en medio de ella, a muchos de complexión sana y robusta que caían muertos por el suelo.

-"Qué os pasa, por qué huís?, pregunté a uno de ellos.

-El cólera causa muchas víctimas me respondió; y si no huímos, moriremos también nosotros.

-Pero "qué es lo que veo?, dije a mi guía. Por todas partes reina la muerte.

-íGran epidemia en el 1868! exclamó.

-"Cómo es posible? "El cólera en invierno? "Es posible que mueran del cólera haciendo tanto frío?

-En Reggio Calabria se cuentan hasta cincuenta defunciones diarias.

Seguimos más adelante aún, y vimos una inmensa multitud de gente, pálida, abatida, exánime, consumida, con las ropas destrozadas.

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((16)) Yo no podía explicarme el motivo de aquel decaimiento y del estado miserable de aquella multitud y pregunté a mi amigo:
-"Qué les sucede a éstos? "Qué significa esto?
-Gran carestía en el 1868, me respondió. "No sabes que éstos no tienen con qué saciar su hambre?
-"Cómo?, dije yo. "El estado en que se encuentran es consecuencia del hambre?
-Así es en realidad.
Yo, entretanto, seguía contemplando a aquella multitud que gritaba sin cesar: íHambre, hambre, tenemos hambre!
Buscaban pan para comer y no lo encontraban, buscaban agua para apagar la sed que les abrasaba y no la hallaban.
Entonces, lleno de angustia, dije a mi compañero:
-Pero "es que durante este año lloverán todos los males sobre esta desgraciada tierra? "No habría algún medio para alejar de los

hombres tanta desventura?
-Sí que lo habría. El remedio sería que todos los hombres se pusiesen de acuerdo para no pecar; que dejasen de blasfemar; que honrasen

a Jesús Sacramentado; que dirigiesen sus plegarias a la Santísima Virgen, hoy tan ingratamente olvidada por ellos.
-"Y esa hambre y esa sed, es por falta de alimento material o espiritual?
El guía me contestó:
-Lo uno y lo otro. A unos les faltará porque no quieren tenerlo y a otros porque no pueden.
-"Y el Oratorio, tendrá que padecer también estos males? "Serán mis hijos también víctimas del cólera?
El guía me miró de pies a cabeza y después me dijo:
-Según. Es decir; si tus jóvenes se ponen de acuerdo para tener alejada de ellos la ofensa de Dios, honrando al mismo tiempo a Jesús

Sacramentado y a la Santísima Virgen, se librarán de estos males, pues con semejantes salvaguardias se consigue todo, y sin ellas nada. Si
proceden de otro modo, también ellos morirán. Ten presente que uno solo que cometiera pecado mortal, sería suficiente para atraer la
indignación de Dios y el cólera sobre el Oratorio.

Pregunté aún:
-"Tendrán que padecer también mis hijos la falta de alimentos?
-íSeguro! También ellos tendrán que sufrir los efectos de la carestía.
-A mí me parece que esta calamidad debería caer solamente sobre mí, pues soy yo quien debo proveerles de alimento. Si falta el pan en

casa, no son ellos los que se deben preocupar de remediar este mal...
-El hambre la sentirás tú y también tus hijos. Sus padres y bienhechores tendrán que sacrificarse mucho para pagar las pensiones y
suministrarles otras muchas cosas necesarias. Serán numerosos los que no podrán pagar nada y la casa, falta de medios, no podrá

atenderles en sus necesidades; por tanto, también ellos tendrán que padecer.
-"Les faltará también el alimento espiritual?
((17)) -Sí; a unos porque no querrán tenerlo y a otros porque no podrán.
Y mientras hablábamos seguíamos avanzando por aquel jardín. Pero de pronto observé que el cielo se cubría de negros nubarrones que

presagiaban una próxima tormenta. Se había levantado un vendaval. Al mirar a mi alrededor, vi a los jóvenes que se habían dado a la
huida.

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Abandonando a mi guía, eché a correr tratando de alcanzarlos para
ponerme a

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salvo con ellos; pero pronto los perdí de vista. Relámpagos y truenos se sucedían sin cesar. Parecía que de un momento a otro seríamos
víctimas del rayo.

Cayó después una lluvia torrencial y violentísima. Jamás había presenciado tan recio temporal. Yo daba vueltas por el jardín buscando a
mis muchachos y un lugar donde guarecerme, pero no encontraba ni a los unos ni a los otros. Toda aquella región aparecía desierta.
Busqué la puerta para salir, y a pesar de mis prisas no la encontraba; al contrario, cada vez me alejaba más de ella. Al fin cayó una
granizada tan espantosa que en mi vida había visto granizo de semejante grosor. Algunos granos que me cayeron sobre la cabeza, lo
hicieron con tal violencia que me desperté, y me encontré en el lecho. Os aseguro que me hallaba más falto de fuerzas, que cuando me
retiré a descansar.

Todas estas cosas las vi, como os he dicho, en sueño, y no os las cuento para que las creáis realidades, sino para que saquéis de ellas
algún provecho si es posible. Consideremos como sueño lo que no nos interesa, pero aceptemos como realidades lo que nos puede servir
de alguna utilidad, tanto más que podemos asegurar que así como sucedieron ciertas cosas que anunciamos en otras ocasiones, al presente
podría ocurrir lo mismo. Aprovechémonos, pues; estemos preparados para la muerte; recemos a la Santísima Virgen y mantengamos el
pecado alejado de nosotros.

Os dejo, por último como aguinaldo la siguiente máxima: La confesión y la comunión frecuente y devota, son un gran medio para
salvar el alma.

íBuenas noches!

Don Bosco narró este sueño en dos noches consecutivas. El texto del relato que acabamos de dar procede de la crónica particular del
estudiante de teología Esteban Bourlot, que dejó copia del mismo firmada por él con fecha del 29 de enero de 1868.

Y escribió al pie de la página: "Del sueño de Don Bosco hago una sencilla relación tal y como me pareció haberla oído de sus labios, y
siguiendo el mismo orden; sin repetir exactamente todas sus mismas palabras porque no las recuerdo bien. Pero tengo la certeza de que el
sentido es el mismo y esto es suficiente."

((18)) Para demostrar la importancia de este testimonio y el valor de la capacidad mental del mismo, diremos que Esteban Bourlot,
ordenado sacerdote, fue enviado por don Bosco como misionero a América, donde le fue confiada la inmensa y turbulenta parroquia de la
Boca, en Buenos Aires, a la sazón guarida de las sectas anticristianas. Y él, con su actividad, su firmeza de carácter, su palabra franca y
leal, animada siempre por la fe, y su ardiente caridad, sometió a las más rebeldes voluntades. Logró reformar la población; fue amado por
los buenos y temido por los adversarios especialmente cuando con su periódico Cristóbal Colón se hizo el árbitro de la opinión pública en
la Boca, donde levantó un grandioso templo, un colegio para niños, otro para niñas, y estableció Oratorios festivos, asociaciones católicas
de socorros mutuos y la sociedad de las Conferencias de San Vicente de Paúl.
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Contaba su parroquia con más de sesenta mil italianos. Aprendió los distintos dialectos y celebraba solemnemente las festividades de
cada uno de los Patronos de las diversas regiones italianas. Así despertaba entre sus connacionales el entusiasmo patriótico y los atraía a
la iglesia con procesiones religiosas en las que se desplegaba el mayor esplendor, actos que evocaban las costumbres y tradiciones patrias.
Fue infatigable en el ejercicio del ministerio parroquial y heroico en la asistencia a los enfermos.

Don Esteban Bourlot, pues, joven serio y sagaz, hacía poco que había entrado en el Oratorio dispuesto a dar su nombre a la Pía
Sociedad. Sentía cierta repugnancia en prestar fe a los sueños de don Bosco que le contaron sus compañeros más antiguos y, por tanto,
con espíritu de crítica estuvo a la espera de lo que sucedería respecto a la desaparición de los tres jóvenes vistos por don Bosco en el
sueño y a las circunstancias que debían acompañar a estas defunciones. De forma que, con don Joaquín Berto y con don José Bologna,
comenzó a consignar por escrito los acontecimientos según iban sucediendo y los tres firmaron el acta redactada cuando se cumplieron las
profecías, quedando maravillados de la admirable precisión con que se llevaba a cabo cuanto don Bosco había anunciado.

Pero estos testimonios escritos se perdieron en un ((19)) traslado de cartas y documentos, hecho por quien nada entendía sobre el valor
de los mismos, habiéndose salvado solamente del naufragio una hoja que habla de la muerte del primero de los jóvenes.

Por suerte, al regresar el padre Bourlot de América por algún tiempo, mientras nos facilitó algunos datos que añadir al sueño, nos dio
también noticias sobre el fin de los otros dos jóvenes, dejándonos la siguiente declaración, fechada en 12 de octubre de 1889:

"Puedo asegurar con juramento que la anunciada muerte de los tres chicos, por don Bosco, se cumplió, como también podrían
testificarlo don Joaquín Berto y don José Bologna." Y añadía que, si bien no recordaba los apellidos del segundo y del tercero, podía
asegurar que uno de ellos comenzaba con la letra B, que era cerrajero de oficio y que murió en el hospital asistido por don Bosco, que le
confesó por última vez.

No dejaremos de ilustrar el testimonio del P. Bourlot cotejando con él las memorias biográficas del Venerable que nosotros mismos
hemos reunido, más algunas notas de don Miguel Rúa y los necrologios y presentaremos el resultado de todo ello al lector, narrando los
sucesos de 1868.

Hemos de hacer notar cómo el anuncio de la muerte de aquellos
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tres jóvenes, no excluye el que también otros fuesen llamados a la eternidad aquel mismo año.
En efecto: nos aseguró Agustín Parigi que don Bosco dijo algunos días después que otros seis jóvenes del Oratorio pasarían de esta vida

a la eternidad, y que, a un compañero que temía ser del número de éstos, le había dicho el Siervo de Dios:

-Estáte tranquilo, el Señor no te quiere aún.

Y así sucedió en efecto:

Fueron, pues, nueve los que murieron entre las ochocientas y pico personas que se encontraban en la casa.

Mas, "por qué el sueño hacía referencia solamente a tres?

La desaparición de éstos en la escena de este mundo había de realizarse en el espacio de casi un año completo, y la de los demás, o sea

la de los otros seis, a intervalos, ignorándose sus circunstancias, lo que haría como de despertador, obligando a los jóvenes del Oratorio a
reflexionar frecuentemente sobre el sueño y sobre la descripción hecha por don Bosco respecto al estado de las conciencias.

El cumplimiento de las tres muertes indicadas en el sueño es motivo suficiente para testimoniar la veracidad y cumplimiento del
anuncio de los tres flagelos.

((20)) De forma semejante vaticinaban los profetas de Israel sucesos que se cumplirían después de algún siglo, pero mientras tanto, con
una segunda profecía de un hecho imprevisto inminente, confirmaban la veracidad de la primera. Pero también volveremos a hablar sobre
este punto.
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((21)
)

CAPITULO III

DON BOSCO RETENIDO EN EL ORATORIO POR LA NIEVE -COLOQUIOS FAMILIARES: NORMAS DE PREDICACION A
LOS CLERIGOS -LECTURAS CATOLICAS -CARTAS A DOS SACERDOTES DE LUCCA: DON BOSCO RECOMIENDA LAS
LECTURAS CATOLICAS Y LOS TRABAJOS DE LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA; PROMETE ORACIONES A UN
PARROCO NUEVO -CARTA AL CABALLERO OREGLIA -LE DA ENCARGOS PARA VARIAS PERSONAS DE ROMA: EN
TURIN, SUBE EL PAN, HAY NIEVE Y FRIO; PREVISION DE DESGRACIAS; LA VIRGEN PROVEE A LA IGLESIA Y A LA
CASA -OTRA CARTA A LA PRESIDENTA DE TOR DE'SPECCHI SOBRE UN ALTAR PARA LA IGLESIA DE MARIA
AUXILIADORA -AL DIRECTOR DEL COLEGIO DE LANZO; AGRADECE A LOS MUCHACHOS LAS CARTAS DE
FELICITACION; RECOMIENDA LA CARIDAD MUTUA Y LA VISITA FRECUENTE AL SANTISIMO SACRAMENTO;
CONSEJOS AL DIRECTOR

EN los primeros días de enero escribía don Bosco al noble jovencito Octavio Bosco de Ruffino:

Queridísimo Octavio:

La nieve caída y la que sigue cayendo copiosamente, me priva de la satisfacción de cenar esta noche en tu compañía. Debo, por tanto,
limitarme a desearte un buen viaje, y mañana haré una oración especial en la santa misa por ti.

Os deseo todo bien a ti, a tu señora Maman y a tu hermana Julia. Y, encomendándome a la caridad de vuestras oraciones, me profeso
muy agradecido en el Señor.

Turín, 3 del 1868.

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

((22)) La ausencia casi total de visitantes, a causa del mal tiempo, que le obligaba a permanecer en casa, le proporcionaba muchas horas
tranquilas. El las empleaba para entretenerse hablando en privado
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con los alumnos sobre las circunstancias del sueño y para dar explicaciones y consejos a cuantos se los pedían. Particularmente los
sacerdotes y los clérigos gozaban al poder conversar con él, porque siempre tenían algo que aprender.

Una de aquellas noches hubo quien le preguntó, cómo podía un sacerdote, especialmente si era joven, salir del apuro, si alguna vez
fuese invitado a hacer un panegírico, casi sin tiempo para prepararlo.

Don Bosco le respondió:

-Bueno sería prevenir estos casos, por eso yo te aconsejaría que, desde ahora, empezaras a preparar algunos sermones, que puedan, en
caso de necesidad, servir para cualquier circunstancia. Por ejemplo: escribe el primer sermón sobre la Virgen empezando por demostrar:
1.°, que la Virgen es madre de Dios; 2.°, que la Virgen es nuestra madre. Es un tema que vale para todas las fiestas de María. Así
también, como previsión general para cualquier otro panegírico, toma por tema una virtud, como sería la caridad, o la obediencia, la
oración, o la pureza, etc., de modo que, con pequeñas añadiduras ocasionales, pueda servir para cualquier santo, presentándolo como
modelo de esta o de aquella virtud que tú has elegido por tema.

Otros le pidieron alguna norma sobre el modo de predicar con provecho para las almas y les dijo:

-No sólo hay que estudiar y ordenar el tema a tratar, sino que se debe tener en cuenta el tiempo en que se sube al púlpito. La misma
Iglesia nos ordena celebrar las fiestas temporibus suis (en su tiempo) y el predicador debe secundar las intenciones de la Iglesia. Por
ejemplo, para Adviento y Navidad se deberían preparar temas que puedan disponer a los oyentes para recibir santamente al Niño Jesús.
Así, en Cuaresma, la predicación debería tener por mira mover a penitencia a los pecadores, por cuya salvación dio Jesús su vida en la
Cruz. Para Pentecostés, ((23)) se puede tratar de los dones del Espíritu Santo, de la fundación de la Iglesia, de los milagros de los
Apóstoles, de las victorias de los mártires, de las glorias del Papado, etc., etc.

Y continuaba:

-El predicador debe atender a los oyentes, los cuales pueden clasificarse según la edad, la condición social, o la cultura.

"Si los oyentes son jovencitos, es necesario que el orador se abaje al nivel de su inteligencia y no dé pan a quien no tiene dientes para
masticarlo, sino leche, como dice San Pablo a los de Corinto. Con esta clase de oyentes busque el predicador introducir en sus mentes la
verdad, a través de ejemplos, de hechos, de parábolas, y sacará
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provecho. Para cualquier tema los encontrará. Su libro de texto sea el catecismo, que debe servir como tal para toda clase de personas.

"Respecto a la condición de sus oyentes debe saber regular su lenguaje con el lugar que ellos ocupan en la sociedad. Ciertamente no se
debe decir a los pobres lo que es necesario inculcar a los ricos; ni a los criados o dependientes lo que es obligatorio exponer a los señores;
a más de los mandamientos comunes, Dios ha impuesto variados y diversos deberes a las distintas clases sociales. Pero la miel de la
caridad debe mitigar el amargor de la reprensión. No hay que ofender a las personas con ironías ni invectivas; en los pueblos pequeños
especialmente no se deben proferir palabras que puedan ser interpretadas como alusivas a la conducta de ninguno. Hay que evitar también
toda alusión a la política. Tómense testimonios para lo que se expone, sacados de la Sagrada Escritura y especialmente de los hechos y
palabras de Nuestro Señor Jesucristo; y así, nadie podrá llevarlo a mal, aunque ciertas verdades parezcan un poco duras. Hablando, por
ejemplo, a los ricos, de la obligación que tienen de hacer limosna, no se necesita clamar contra la dureza de los corazones, sino que basta
narrar la parábola del rico Epulón.

"Respecto a la cultura, el orador sagrado deberá emplear aquel modo de decir que pueda ser entendido sin ((24)) dificultad alguna, si el
auditorio se compone de personas rudas. Con éstas será preciso adaptarse a su lenguaje, pensar como ellas piensan, transportarse al
ambiente en que viven: el campo, la oficina, el taller y las distintas profesiones manuales. Así hacía el Divino Salvador cuando predicaba
a las turbas de Galilea, que se componían de agricultores, pastores y pescadores. Cuando los oyentes son cultos, sin duda que el discurso
va más adornado pero dentro de los límites prefijados para la palabra evangélica. El mayor ornato ha de ser de una gran claridad en las
palabras, en los pensamientos y en los razonamientos.

"El orador sagrado no debe adquirir su elocuencia de la sabiduría del mundo, sino del Espíritu de Dios. Y no andar con polémicas.
Presentar en el púlpito objeciones doctrinales y después resolverlas, no es método a seguir, ya que un cierto número de oyentes, víctimas
de cierto espíritu de contradicción, se colocan, aun sin darse cuenta, del lado de las objeciones, y oyen como jueces. Esto impide, a veces,
que se logre obtener el fruto apetecido, y también hay que advertir que, a veces, las respuestas a las objeciones, no siempre son
comprendidas, sino con frecuencia entendidas al revés; y en algunas mentes quedan más grabados los errores que las verdades opuestas.
Estas discusiones hay que dejarlas para los doctores, provistos de ingenio
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nada común y de ciencia adquirida tras largos años y pacientes estudios. Ellos las tratarán del modo, en el tiempo y lugar convenientes, en
las grandes ciudades donde se descubra la necesidad y ante un auditorio preparado para seguir largos y sutiles razonamientos.

"Si en un pueblo hubiera herejes, procure el predicador no exasperar de ningún modo a los equivocados. Sus palabras inspiren siempre
caridad y bondad. Hay que refutar sus errores y sofismas probando sencillamente con sólidos argumentos las verdades debatidas.
Adelantándose a las objeciones, se arrancan las armas de las manos de los enemigos. Los textos escriturísticos, que ellos suelen aducir
falsificados para combatir, expongámoslos en su sentido verdadero y procedamos con éstos a desarrollar nuestra tesis. Las invectivas no
logran conversiones: el amor propio se subleva. Este era el ((25)) método que empleaba y aconsejaba san Francisco de Sales. Contaba él
mismo que los protestantes se agolpaban a oírlo y decían que les gustaba porque no le veían encolerizarse como sus ministros".

Entre tanto se había publicado el número del mes de enero de las Lecturas Católicas, que se titulaba Los Papas desde San Pedro a Pío
IX -Hechos históricos.

En este librito aparecen de manifiesto los grandes hechos del papado: el celo y el heroísmo de los papas para aguantar las persecuciones
de los paganos; la propagación de la luz del Evangelio por el mundo, combatiendo las herejías, deteniendo, calmando, convirtiendo a los
pueblos bárbaros, e invasores de Italia; defendiendo a los pueblos contra sus opresores; fundando y sosteniendo por todas las partes de la
tierra infinitas obras de beneficencia para toda clase de miserias; anunciando cruzadas contra los turcos; protegiendo las ciencias, las
letras, las bellas artes y la industria; luchando contra el espíritu revolucionario que perturba el orden moral, religioso y civil; defendiendo
la legitimidad e inviolabilidad del poder temporal, cuyas ventajas atestiguan Bossuet, Fleury y Napoleón I.

Por último, bajo el título, de Variedades cuenta cómo el abad Domingo Sire había presentado al Papa el día del centenario del Príncipe
de los Apóstoles, encuadernadas en volúmenes ricamente ornamentados con oro, plata, piedras preciosas y muchas miniaturas, tipos y
caligrafías, trescientas traducciones a lenguas vivas y habladas por toda la superficie de la tierra, de la Bula Ineffabilis Deus acerca de la
Inmaculada Concepción de María Santísima.

El Papa era un tema que don Bosco deseaba desarrollar incesantemente,
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para que la supremacía y la gloria del Vicario de Jesucristo estuviesen siempre en la cumbre de los pensamientos de los fieles. Por esto,
en sus cartas, aun tratando de muchos asuntos, recomendaba frecuentemente la suscripción a las Lecturas Católicas.

Así contestaba a una hoja que le había mandado desde Lucca el sacerdote don Rafael Cianetti:
((26))

Queridísimo don Rafael:

He recibido su apreciada carta y, a la par que expreso mi sentimiento por la pérdida del Rector de San Leonardo, celebro la providencial
disposición por la que usted le ha reemplazado como párroco y el celoso don Salvador Bertini ha sido elegido nuevo Rector. Espero que
el bien de las almas no sufra nada sino que, por el contrario, marche cada vez mejor.

He rezado y haré rezar por la viuda que recomienda a su hijo algo malgastador; espero que la limosna hecha para la iglesia de María
Auxiliadora, nuestras pobres oraciones, las fervorosas de usted y de la madre contribuirán a mover la bondad del Señor en su favor.
Ruégole entregue la medalla que incluyo.

No dejaré de rogar por su señora madre y su hermana enferma. V. S., en fin, tenga en cuenta tres clases de personas: los niños, los
ancianos y los enfermos; si se cuida de ellos, todo lo demás se lo ganará.

Le adjunto una nota con los trabajos que faltan por acabar en nuestra iglesia. "Puede encontrar usted medios y personas que quieran
encargarse de los gastos de alguno de ellos por cuenta propia en honor de María Auxiliadora? Tenga en cuenta que María es una generosa
pagadora y que los donantes tendrán un poderoso antídoto contra el cólera y contra cualquier otra desgracia.

Y otra cosa respecto a las Lecturas Católicas. Ahora que está dedicado al Sagrado Ministerio puede propagarlas y recomendarlas más
fácilmente.

"Cuándo volverá a pasar algún día entre nosotros? Su habitación está siempre preparada.

Ruegue por mí y por estos muchachos, y créame siempre en el Señor, de V. S. Carísima,

Turín, 2 del 1868.

Afmo. en Cristo
JUAN BOSCO, Pbro.

También envió su felicitación y sus augurios al nuevo Rector de San Leonardo de Lucca, don Salvador Bertini, por haberle elegido el
Arzobispo para un cargo tan importante.

Queridísimo don Salvador.

Con sumo placer he recibido la noticia de su nombramiento de Rector de San Leonardo. Deo gratias.
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VOLUMEN IX Página: 37

Veo los méritos por una parte y ((27)) por otra la gloria del Señor. Su celo no necesita recomendaciones ni alientos; mas, si nuestras
pobres oraciones pueden porcionarle algún alivio, le aseguro que las tendrá diariamente. Los tiempos son difíciles, pero Dios estará
siempre con nosotros. Por mi parte deseo que cumpla su promesa y venga a pasar algún día con nosotros. Hablaremos de muchas cosas.
Su habitación está preparada.

Le recomiendo de manera especial las Lecturas Católicas, de las que tanto se preocupó en Lucca: siga apoyándolas. Espero que don
Rafael Cianetti no dejará de ayudarle.

Me encomiendo, juntamente con mis pobres muchachos, a la caridad de sus santas oraciones, mientras tengo el gusto de profesarme con
gratitud,

De V. S. Carísima.

Turín, 2 del 1867.

Afmo. en Jesucristo
JUAN BOSCO, Pbro.

Al día siguiente escribía al caballero Federico Oreglia de San Stéfano, preguntándole si se había terminado en Roma la impresión del
Centenario de San Pedro, como él había dispuesto, a fin de que el fascículo fuese impreso bajo la mirada de revisores eclesiásticos; y le
daba noticias de la situación del Oratorio.

Carísimo Caballero:
Muy bien por su carta; me ocuparé de todo ello.
Mientras tanto, vea si se ha impreso nuestro Centenario de San Pedro y mándeme un ejemplar.
Le envío la carta del conde Bonsiglione, que venía dirigida a mi nombre. Se cumplirá el encargo para la Unitá Cattolica; tengo yo las

ciento cuatro liras.
Vaya a llevar esta carta al Padre Chemeni, Rector del Colegio Nazareno. Aprecia la casa, déle una copia de los trabajos que todavía
quedan por hacer, háblele de los libros y de las Lecturas Católicas; él me ha escrito varias veces a este propósito.
Entregue la carta a la Presidenta de Tor de'Specchi y dígale que el día de la Epifanía nuestros muchachos harán su comunión y yo diré

la misa, según su piadosa intención.
El caballero Villanova se encuentra en mi habitación, le saluda y le ruega que venga.
La escasez de todo aumenta horriblemente: el pan se ha puesto a cincuenta céntimos el kilogramo; casi doce mil liras al mes en total, y

ya debemos dos meses; hay medio metro de nieve, hace un frío intenso y la mitad de los muchachos van vestidos de verano: recemos.
Hambre, sed, muerte y probablemente guerra también, serán el programa para este año.
((28)) Vea si puede enviarme el proyecto con las observaciones sobre Vigna y veremos qué es lo que se puede hacer.
Pronto le escribiré sobre otras cosas.

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Gracias por el dinero que nos promete:vendrá como el agua para las fauces resecas; pero siempre será agua, o bien bálsamo.
Todos los de casa están bien y le saludan. La Santísima Virgen es casi la única proveedora que atiende a la iglesia y a la casa.
Le saludo a usted y a todas las personas que me ha nombrado. Que Dios le bendiga y créame, con los saludos del señor Cerato, que está

aquí con nosotros.
Turín, 3 del 1868.

Afmo. en Jesucristo
JUAN BOSCO, Pbro.
La carta que el Caballero llevó a la reverenda madre Magdalena Galleffi, Presidenta del Monasterio de Tor de'Specchi, decía:
Turín, 3 del 1868
Reverenda Madre:
Me comunica el caballero Oreglia que la persona propuesta para ayudarme a hacer un altar en honor de María Auxiliadora es V. Rvda.

M. juntamente con sus hijas religiosas. Si puede, cumpla la caritativa obra. María se lo pagará doblemente, porque, a causa del crítico año
que pasamos, carecemos de pan, y aún tenemos la mitad de los muchachos vestidos de verano en esta cruda estación. Así que
ayudándonos para la iglesia, ayuda indirectamente a toda la familia; y además, María Auxiliadora es generosa y, entre otras pagas,
tendrán un poderoso antídoto contra el cólera.
De todos modos hago la embajada en nombre de María Auxiliadora y ruego de todo corazón a esta celestial Bienhechora que inspire y
proporcione los medios para cumplir la obra propuesta.

Dios bendiga a usted y a toda su familia religiosa, conceda a todas una larga serie de años, de salud y vida feliz en la tierra y después el
Paraíso. Amén.

Agradecido, me profeso

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Por aquellos días deseaba también el Venerable responder a las muchas cartas de felicitación que había recibido, con ocasión de las
Navidades y Año Nuevo, de los Colegios de Mirabello y Lanzo. Escribía a los de Lanzo.
((29))
Muy querido don Juan Bautista Lemoyne:
A su tiempo recibí tu carta y también las colectivas y particulares de esos nuestros alumnos. Las he leído con la mayor satisfacción y,
debo decirlo, me conmoví muchas veces ante tan fervientes signos de afecto y benevolencia.

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Siento mucho carecer de tiempo para responder uno a uno a todos, mas espero poder hacerlo pronto personalmente.

Te ruego, entre tanto, les digas tres cosas de mi parte:

1.° Agradezco a todos vuestra buena voluntad y el cariño que me habéis demostrado sin yo merecerlo. Procuraré recompensároslo
encomendándoos cada día en la santa misa, como si tuviera a todos alrededor mío.

2.° Durante este año necesito de todos modos que, desde el primero al último de la casa, reine entre todos la caridad, soportando
pacientemente las molestias de los demás y dándoos siempre buenos consejos y avisos cuando se presente la ocasión. Esta es la llave que
abre la puerta de la felicidad para el curso a lo largo de todo el año.

3.° Promúevase la visita frecuente al Santísimo Sacramento, como medio eficaz, más aún, como único medio para tener alejados los
muchos azotes que durante este año nos amenazan en público y en privado.

Explíquese debida y oportunamente todo esto y conviértase en tema de observaciones, cuando lo creas conveniente.

Este año necesitamos impedir las malas lecturas y promover las buenas, por lo que tendría un verdadero placer, si todos nuestros
queridos alumnos se suscribieran a las Lecturas Católicas, y Superiores y alumnos procurasen ofrecerlas y propagarlas a todas aquellas
personas de las que se puede esperar aceptación. Incluyo aquí algunos prospectos. Tú y Sala incluid un prospecto con alguna palabra de
recomendación en las cartas más importantes.

Tu vigila, in omnibus labora, opus fac evagelistae, ministerium tuum imple: argue, observa, increpa in omni patientia et doctrina et in
perdifficilibus rebus dic constanter: Omnia possum in eo qui me confortat. (Tú vela en todo, soporta trabajos, haz obra de evangelista,
cumple tu ministerio: arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina y en los momentos más difíciles di constantemente: todo
lo puedo en aquél que me da fuerza).

Dios te bendiga a ti y a tus trabajos, a los maestros, a los asistentes y a todos los alumnos: rogad por mí, que seré siempre vuestro.

Turín, 8 de enero, 1867.

Afmo. en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

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((30)
)

CAPITULO IV

EXTRAÑA PETICION DE DON JUAN BONETTI A DON BOSCO -DON BOSCO ENVIA UN AGUINALDO DE LA VIRGEN
PARA CADA UNO DE LOS DEL COLEGIO DE MIRABELLO -CARTA DE UN CLERIGO A DON BOSCO AGRADECIENDOLE
EL AGUINALDO -COMUNICA POR CARTA A LA CONDESA CALLORI QUE HA ESTADO UN POCO ENFERMO; QUE
VISITO A SU HIJO EN EL COLEGIO DE VALSALICE Y LE DA NOTICIAS DE EL; DISCULPA LA LENTITUD DE LA EDICION
DE UN LIBRO; SUSPENDE EL PLAN DE LA FUNDACION DE UN COLEGIO; ELEVADO COSTE DEL PAN; NECESIDAD DE
PRESERVAR DEL FRIO A SUS ALUMNOS; ESPERA VERLA EN CASALE -MANDAN MANTAS AL ORATORIO DESDE EL
ALMACEN DE INTENDENCIA MILITAR -CARIDAD DE DON BOSCO

SI la carta de don Bosco a los alumnos del colegio de Lanzo les llenó de alegría y les decidió a hacer buenos propósitos, mucho más
conmovió a los de Mirabello otra carta suya, que, por circunstancias poco ordinarias, era muy esperada. A finales del mes de noviembre
había escrito don Juan Bonetti una carta a don Bosco:

Queridísimo don Bosco:

Al acercarse la novena de María Inmaculada un extraño pensamiento ha pasado por mi mente. Me lo he adueñado y se lo expongo.

He pensado, pues, que nosotros llamamos a la Virgen, Madre y en cambio se la dice Reina de los ángeles: por consiguiente nosotros
somos sus hijos y no súbditos y siervos. En efecto, para nosotros y no para ellos se dijeron aquellas palabras: Ecce filius tuus: ecce mater
tua (He aquí a tu hijo: he aquí a tu madre).

Así las cosas, me dije: no hay duda de que el amor de un hijo debe ser mucho más vehemente que el de un súbdito, por fiel que éste
sea, y, por tanto, nuestro amor a María no debe ser inferior al de los ángeles. Aunque los ángeles ((31 )) al presente puedan amar a María
más que nosotros, esto sucede porque ya se encuentran en la bienaventuranza; pero, pese a ello, nosotros tenemos, como hijos, más
derechos, mayores títulos, más fuertes obligaciones que ellos para amarla y venerarla, especialmente por los grandes beneficios que nos
ha prestado.

En consecuencia, y aunque a primera vista parezca demasiado atrevido, he propuesto a nuestros hijos de Mirabello desafiar a los
ángeles a celebrar la novena y fiesta de la Inmaculada Concepción, estimulándoles al mismo tiempo a emplear todas sus fuerzas para
superar en estos días a los espíritus celestiales en entusiasmo y
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amor a esta nuestra dulcísima Madre. A la dificultad que me han presentado de que los ángeles vencerían por no tener pasiones ni
tentaciones, he respondido y demostrado que más bien nuestras pasiones y tentaciones nos pondrían en la costosa necesidad de vencer
más fácilmente el desafío, porque con la ayuda de Jesús y de María, que no nos falta, las superaríamos; y que Dios, al juzgarnos a
nosotros y a los ángeles, tendría en cuenta nuestros mayores esfuerzos.

De cualquier modo que sea, bien o mal, he hecho la propuesta, que ha sido aceptada por los muchachos. Hoy se ha empezado la novena
con mucho entusiasmo y hay un buen número que me parece dispuesto a vencer o morir. Necesito toda la prudencia de un general para
moderar o dirigir bien su ardor.

Pero, ahora me encuentro en un gran lío. Me preguntaron quién sería árbitro del desafío entre nosotros y los ángeles. Y yo, con una
confianza, quizá demasiado grande, respondí que dejaba a la Virgen el cuidado de dar a conocer de algún modo el resultado del desafío.
Temo haber tentado a Dios con esto. Por eso me dirijo a usted para que acuda en mi ayuda. "De qué modo? Con uno de sus
acostumbrados sueños, que rogaré a María se lo mande durante esta novena.

Sería de desear que en este sueño, o de cualquiera otra forma, viera usted a los muchachos de Mirabello, a todos o en parte, vencedores,

o bien acariciados por la Virgen que se mostrará satisfecha de ellos por la novena. Al terminarla, o el día de la fiesta, nos haría usted un
gran servicio y coronaría la obra si, en nombre de María, nos comunicara nuestro triunfo. íAh, don Bosco, por compasión, no me deje en
el apuro, venga en mi ayuda a tiempo!
El enfermo que le recomendé sanó enseguida. Se agravó otro (un tal Stella) sobrino del canónigo Manfredi de Voghera. Encomiéndelo.

Los demás están todos bien. El número exacto de los actuales alumnos, sin contar los que aún esperamos, es de ciento cuarenta y cinco,
diez menos que el año pasado. Ruegue por nosotros.

Suyo afectísimo,

JUAN BONETTI, Pbro.

((32)) Don Bosco debió sonreír ante esta carta, pero como se trataba de excitar cada vez más la devoción filial de los alumnos a María
Santísima, después de haberse dirigido ciertamente a Ella con fervorosas oraciones, confió ser oído. Mas no se apresuró a contestar, sino
que dejó pasar la fiesta de la Inmaculada y pidió a don Juan Bonetti que le mandara la lista con los nombres de todos los alumnos del
Colegio, de los que estaban adscritos a la casa y de los miembros de la familia Provera. Todos los nombres deberían ser escritos en la
cabecera de una línea, de modo que él pudiera escribir al lado una palabra, un aviso, una alabanza, o un reproche, en nombre de la
Virgen. Es de notar que muchos de los alumnos eran nuevos, y sólo los había visto una vez, y otros le eran totalmente desconocidos por
completo, porque habían entrado después de su visita, hecha en noviembre. Don Juan Bonetti se apresuró a mandarle la lista pedida en
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folios, cuyo revés debía quedar en blanco. Se repetía el hecho del aguinaldo recibido por los alumnos del Oratorio para el año 1862.
Don Bosco, después de rellenar de propia mano aquellos folios, los remitió a Mirabello con la siguiente carta:
Turín, 7 del 1868
Querido Bonetti:
He hecho retrasar un poco la respuesta que la Virgen da a los jovencitos de Mirabello, antes de desafiar a los ángeles.
No ha podido ser hasta ahora; el dictado era algo largo. Verás que hay observaciones muy severas, pero ninguno las tome a mal; si tiene
algo que observar, hágalo a la misma Virgen. Lo cierto es que nadie puede decir: "Este aguinaldo no me va".

Nasi, Chicco, Cerruti, Belmonte y alguno más me escribieron cartas que he leído con verdadero gusto; las tengo sobre el escritorio para
contestarlas. Las respuestas son muy concisas por culpa tuya. "Por qué, al mandarme la lista de los muchachos, no me dejaste más
espacio entre un nombre y otro? Ayuda, pues, a leer lo escrito; da a cada uno su cartita; cuando yo vaya a Mirabello Procuraré explicar a
cada cual lo que allí se indica.

Que Dios mande copiosas bendiciones sobre los alumnos y sobre los queridos ((33)) superiores de Mirabello. Yo no doy aguinaldo
porque no quiero miscere sacra profanis (mezclar lo sagrado con lo profano). Vale, (pásalo bien).

Rogad por
Vuestro Afmo.
JUAN BOSCO, Pbro.

P. D. Recomiéndese y propáguense las Lecturas Católicas; y en las cartas, en que parezca oportuno, métase un prospecto.
Don Juan Bonetti recibió aquellos escritos, los transcribió en un cuaderno suyo, anotando sólo las iniciales de los nombres; cortó
después el original en tantas tiritas cuantos eran los nombres, y las distribuyó según su dirección a cada uno de los de la casa. Las
primeras parecen destinadas a los superiores, maestros y asistentes.

He aquí los avisos enviados por don Bosco:

-Habla con frecuencia y caridad con tus inferiores.

-Si quieres volar alto, comienza desde abajo: Humilitas totius aedificii spiritualis fundamentum (La humildad es el fundamento de todo

el edificio espiritual).

-Procura siempre practicar con los hechos lo que propones a los demás con las palabras.

-Quaere primum regnum Dei: sursum corda (Busca primero el reino de Dios: arriba los corazones).

-In patientia felicitas et salus tua (Tu felicidad y tu salvación están en la paciencia).

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-Cave ne ponas manum ad aratrum et respicias retro (Guárdate de poner la mano al arado y mirar hacia atrás)
.
-Las pequeñas cruces de la tierra soportadas formarán nuevas coronas de gloria en el cielo.
-Multis modis vocat nos Deus ad se; in patientia tua possidebis animam tuam. (De muchos modos nos llama Dios a El; serás dueño de

tu alma con la paciencia).

-Placentia superiori, placent Deo tuo. Perge! (Lo que agrada al superior, agrada a tu Dios. íSigue!).

-Ama nesciri. (Ama ser desconocido).

-Non multa sed quae Deo non tibi placent, agenda sunt. (No hay que hacer muchas cosas, sino las que agradan a Dios y no a ti).

-Homines vident quae parent, Deus autem intuetur cor. (Los hombres ven lo que aparece, pero Dios mira al corazón).

-Nondum coepisti: et quae coepisti Dei non sunt. (Aún no empezaste: y lo que empezaste no es de Dios).

-An pergis? quid vis? Pete, ora, et operare. ("Acaso caminas? "Qué quieres? Pide, ora y haz).

-Consagra al Señor tu salud y la tendrás.

-Excita somnolentos et te ipsum si calumniatus fueris. (Excita a los somnolientos y a ti mismo, si fueres calumniado).

-La meditación y la comunión serán tus salvadores.

-Si vinum bonum, opera bona, feceris, laetificabis cor Dei et hominum. (Si haces buen vino y buenas obras, alegrarás el corazón de

Dios y de los hombres).

-Si tienes que dar cuenta a Dios de las palabras, de los pensamientos, "qué no será de las obras?

-Si cum bonis bonus eris, cum perversis perverteris. (Si eres bueno con los buenos, con los malos te pervertirás).

-Satage ut per bona opera vocationem certiorem facias. (Cuida de que a través de las buenas obras hagas más cierta tu vocación).

-"Por qué no cumples las promesas? "Dónde están tus propósitos?

((34)) -Si haces la meditación y la lectura espiritual, vencerás la pereza y aquel vicio que te dije.

-Empieza: Dios no está contento de ti.

-Qui dicit bene et male agit, erunt ei mala in interitu. (Quien habla bien y obra mal, recogerá los males a la muerte).

-La caridad, la humildad, son las alas que te elevarán hacia Dios.

-No basta empezar; es necesario perseverar aun con sacrificio.

-Jesucristo sea tu amigo: huye de los compañeros disipados.

-Tanto los malos consejeros como los aconsejados corren gran peligro de ruina.

-Desagrada a Dios tu holgazanería. "Por qué no haces bien la meditación y la lectura espiritual?

-Con los malos consejos te ganas la ira de Dios: cambia de vida, estás a tiempo.

-Abre tu corazón de par en par al Director y frecuenta la comunión con fervor.

-Animo, si quieres tener el premio; don Bosco te dirá lo demás.

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-Si no vuelves atrás, te metes por un camino que te conduce a la perdición.
-Deja de ser loco y sé luz de buen ejemplo con tus hechos.
-Por los malos consejeros eres mal aconsejado. Escucha al confesor.
-Si no te pones a practicar la humildad, pierdes la más hermosa de las virtudes.
-El que da o recibe malos consejos, se hace siervo y esclavo del demonio.

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-Los males pasados te sirvan de lección para el porvenir.
-Inchoantibus praemium promittitur, perseverantibus datus. (Se promete el premio a los que empiezan, y se da a los perseverantes)
.
-Te espera un gran premio; no pensar en la fatiga.
-La comunión frecuente y la meditación harán tu dicha.
-La arrogancia y el tiempo perdido serán dos espinas en punto de muerte.
-Vete con los buenos y atente a los consejos del confesor.
-Huye de la vanidad y de la pereza. Haz alguna visita a Jesús Sacramentado.
-Emplea el tiempo; frecuenta la comunión; sé obediente.
-Ten ánimo; haz el bien; no atiendas a nadie.
-Si quieres el premio, sigue comulgando frecuentemente.
.
-El que tiene conversaciones malas, es ministro de Satanás. Corrígete.
-Recurre frecuentemente a María, y adelante.
-Vete con los buenos, frecuenta la comunión y ten ánimo.
-"Por qué piensas tanto en casa? "Por qué no piensas más en el alma?
-Pon en práctica los propósitos de la confesión.
-Atiende a la meditación y a la lectura espiritual. Te son indispensables. Frecuenta la comunión.
-Dios quiere algo más: ámalo; frecuenta la comunión.
-Aún tienes tiempo, pero íay! si lo difieres. Huye del ocio.
-Ama más el alma, menos el cuerpo: ánimo, mientras tienes tiempo.
-El mundo te engaña; escucha a Dios que te tiene preparado un gran premio.
((35)) -Tu tibieza y tu indiferencia te exponen al peligro de perderte.
-Guárdate de los malos consejeros: hazte amigo del Director y de tu maestro.
-Animo, frecuenta la comunión, huye del ocio.
-María te llama, ánimo, escúchala y en guardia con todos.
-Sé humilde, haz mejor la meditación.
-Busca buenos consejeros, de otro modo estás en peligro.
-Lava con frecuencia tu alma y pon en práctica los consejos del confesor.
-No escondas el veneno en el pecho: búscate mejores compañeros.
-Ten más confianza con tus superiores y sigue sus consejos.

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-Huye del ocio, haz mejor la meditación.
-Sé menos bufón y más devoto y diligente.
-Haz el bien y no mires a quién; estás a tiempo.
-Tus hermanos esperan de ti buenos ejemplos y buenos consejos.
-La meditación, la lectura espiritual y la comunión frecuente serán tu fortuna si las haces bien.
-Si no abandonas el vicio que tú sabes, te preparas un triste porvenir.
-Confianza con tus superiores: pon en práctica los consejos del confesor.
-El mundo paga mal; frecuenta los buenos compañeros y la comunión.
-"Por qué no corriges el pasado? "Por qué perseverar en el vicio? Recurre a María y te ayudará.
-El mundo engaña, Dios sólo da el premio verdadero: invócale.
-Los consejos de tus superiores sean la norma de tus acciones.
-Una buena enjabonadura del alma y después huye del vicio.
-Da siempre buen ejemplo y frecuenta la comunión.
-Dios no está contento de ti; se requiere un cambio radical.
-La obediencia y la diligencia te aseguran el camino del paraíso.
-No mires el trabajo sino el premio que Dios da a quien le sirve.

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-La mansedumbre y la obediencia son de absoluta necesidad.
-Vete con los buenos y huye de los compañeros disipados.
-No haces mal, pero no basta: Dios quiere que obres bien.
-Abre el corazón a tus superiores y tendrás consejos para poner remedio.
-Quien juega a capricho, pierde el bolsillo. Sé más obediente.
-Pon en práctica los propósitos que haces en la confesión.
-La cólera y el escándalo han hecho temer mucho por ti; enmiéndate.
-"Por qué piensas en tantas cosas y atiendes tan poco al alma?
-Das malos consejos y piensas demasiado en el cuerpo; corrígete.
-"Sabes dónde está el país de las riñas? Paciencia y obediencia.
-El perezoso de por vida, llorará a la hora de la muerte el tiempo perdido.
-Un vicio te prepara un gran desastre, si no te corriges.
-Más sincero; ocupa mejor el tiempo y huye, etc.
-Las comuniones y las meditaciones serán tu fortuna.
-No cuidas bastante de tu alma: sé más diligente.
-Sé más constante en las promesas que haces a Dios.
((36)) -"La holgazanería y la volubilidad son tus amigos?
-Ocupa tu tiempo, da mejor ejemplo y Dios te ayudará.
-Dios quiere de ti más diligencia en tus deberes.
-Vete con buenos compañeros y huye del ocio: íánimo!
-Piensa menos en casa; atiende más al alma y a la clase.
-No hagas caso a nadie; haz el bien, vete con los buenos.
-Huye de la holgazanería; está más recogido en la iglesia.
-Huye de los compañeros disipados; sé más diligente.
-Piensa en tus deberes, pero atiende más a las cosas del alma.
-Más caridad con los compañeros; combate el vicio que tú sabes.
-María quiere de ti más diligencia en tus deberes.
-Sé más devoto en la iglesia y más atento en el estudio.
-Pon más atención en la meditación y en la lectura espiritual.

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-Respeta a los superiores y frena la cólera.
-María te quiere devoto y obediente.
-O cambiar, o esperar un mal fin; estás a tiempo.
-El tiempo que pierdes te conduce al vicio; y si continúas así "adónde vas?
-La pereza desagrada al Señor. Empieza a ser diligente.
-Las cosas pueden esconderse al mundo, pero no a Dios. Sinceridad.
-Está más atento en la clase, y sé más devoto de María.
-Demasiado disipado; sé más diligente; acude a María.
-La boca que miente, da muerte al alma.
-Olvida el pasado y haz vida nueva en lo sucesivo.
-Sigue los avisos y los consejos de tus superiores.
-Caridad con los compañeros; respeto a los superiores, más atención en la iglesia.
-Si has empezado bien, continúa; obediencia y devoción.
-Procura ir con compañeros amigos de la piedad.
-Frecuenta los sacramentos. Atiende a la lectura espiritual.
-Abre tu corazón al Director y haz lo que te dice.
-La devoción y el estudio te harán feliz.
-Ocupa mejor el tiempo; sé más devoto en la iglesia.
-Si hablas fuera de tiempo, haces daño al alma y al cuerpo.

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-Tu negligencia desagrada a Dios. Ocupa mejor el tiempo.
-La devoción en la iglesia te atraerá muchas bendiciones.
-Escucha a tus superiores y no te equivocarás.
-La lectura espiritual y la obediencia te llevarán por el buen camino.
-"Por qué molestas en la iglesia? Sé más devoto en lo sucesivo.
-Tu disipación desagrada al Señor. "Cuándo cambiarás?
-Las riñas y la negligencia acarrean mucho daño a tu alma.
-Si no acabas con las negligencias y altercados, Dios no te dará la ganancia al fin de la vida.
-Procura ser un poco más obediente y, después, todo irá bien.
-"Qué recompensa se merece el perezoso y negligente?
-Más afecto y más caridad con tus compañeros.
((37)) -Si quieres seguir adelante, ten más caridad con tus compañeros; respeta a los superiores.
-La atención en la clase y la devoción en la iglesia te harán agradable a Dios.
-Piensa en la hormiga y medita el séptimo mandamiento del Decálogo.
-No basta empezar, sino esforzarse para continuar.
-Deja las mentiras; las negligencias desagradan a Dios.
-"Quieres ser bueno? Devoción en la iglesia y atención en clase.
-Con la negligencia y la charlatanería causas daño al alma.
-La obediencia es todo para ti. Recurre a María.
-"Quieres asegurar el buen camino? Sé obediente.
-Si no huyes de la pereza, van mal las cosas del alma y del cuerpo.
-El demonio te quiere llevar a la pereza: no le escuches.
-Vete con los buenos, huye de los disipados y harás bien.
-Si no cambias radicalmente, vas por mal camino.
-Los consejos de tu confesor y de tu maestro serán tu fortuna.
-"Quieres ser bueno? Devoción en la iglesia y atención en clase.
-Si no empiezas ahora, estarás en peligro más adelante.
-Si eres devoto de María, tendrás la salud del alma y del cuerpo.
-Pide consejo al Director y síguelo.

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-"Has empezado? Bien está, pero es preciso continuar.

Los nueve papelitos siguientes parecen estar destinados para el personal de servicio.

-Da mucha importancia a las cosas de religión.
-Si aguantas a los demás, ellos te aguantarán a ti. Más religión.
-Ahora puedes y no quieres; vendrá un tiempo en que querrás y no podrás.
-Quien piensa mucho en el cuerpo y poco en el alma, cae en el lazo del demonio.
-Con mayor frecuencia de sacramentos puedes asegurarte el camino al cielo.
-En el Evangelio Dios condenó al siervo perezoso. Animo.
-"No quieres que se murmure de ti? No murmures tú de los demás.
-Con el respeto y la obediencia obtendrás un gran bien.
-Sé fiel y trabaja por amor de Dios, que te pagará bien.

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Estos otros estaban destinados a los miembros de la familia Provera, a los que don Bosco, en su agradecimiento, consideraba como
hijos suyos espirituales.

-Mucha paciencia con los jóvenes.
((38)) -Soportar los defectos de los demás.
-En el trabajo búsquese la gloria de Dios.
-No dé reprimendas a toda hora; use el garrote cuando haga falta (al anciano padre)
.
-Animo; al fin todo se paga.
-Con hechos, con palabras, enseñe la religión a su familia (a la madre)
.
-Ayude al papá a corregir y avisar, pero no se olvide de sí misma.
-Después de los trabajos y los combates te espera un gran premio.
-Vigila tu salud temporal y espiritual y la de tu familia.

Formó época en Mirabello este reparto y mientras los muchachos meditaban sus papelitos esperando una visita de don Bosco, él recibía
cartas de agradecimiento, una de las cuales transcribimos por su ingenuidad.

Mirabello, 15 de enero de 1868

Rvmo. Sr. don Bosco:

íCuántos besos doy al querido aguinaldo que salió de las manos de don Bosco y a quien se lo dictó, la Santísima Virgen!

También yo quisiera darle un aguinaldo, si lo acepta, porque yo se lo doy de corazón. He oído hablar tan bien de la Sociedad de
clérigos y sacerdotes, que no veo el momento en que tendré la dicha de entrar en ella. Esto puede ser un simple y pasajero ímpetu de mi
corazón y, si así fuese, usted lo conoce mejor que yo; por esto he pensado ponerme totalmente en sus manos, porque sé en qué manos me
pondrá. Don Bosco conoce mi interior, sabe de qué soy capaz; disponga, don Bosco.

Ahora, además, le pido, con lágrimas en los ojos, una satisfacción. Mi corazón, hace tiempo estaba tan contento que hasta estaba
tentado de soberbia; y, a veces, tan sumamente triste que no podía encontrar la paz. Pero íqué alegría cuando manifesté esto a mi confesor
y éste me aseguró que nada tenía que temer por el pasado! Cuando, luego, pude ir a confesarme con usted, ya sabe, don Bosco, que me
hizo ciertas preguntas que me dieron algo que pensar.

Ahora he oído hace poco al señor Director que, exhortado por don Bosco a avisar a los que hacen confesiones sacrílegas, interrogando
cómo hacerlo, usted le respondió que cuando niegan al ser preguntados, basta para ellos un aviso general: que lo piensen. Este
pensamiento me hace temblar. Por caridad, don Bosco, expóngame el estado de mi conciencia; estoy dispuesto a obedecerle en todo.
Temo que mi don Bosco haya querido avisarme también a mí de ese modo. Por caridad, consuéleme, dígame, dígame todo; yo lo haré, lo
haré.

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((39)) Perdone, querido don Bosco, si le he hecho perder demasiado tiempo; es muy grande el deseo de obtener las referidas gracias.
Las espero de su dulce corazón y, con esta esperanza, beso su mano con filial afecto.

Su seguro servidor CARONES, clérigo.

Cesó la nevada y quedaron practicables las calles. Don Bosco fue al colegio de Valsálice para visitar a un hijo de la condesa Callori,
que estudiaba allí. Después escribió a la madre, que pasaba parte del invierno en su palacio de Casale, comunicándole otras noticias
importantes y diciéndole las causas que retrasaban la publicación del libro El católico instruido en las prácticas de piedad.

Benemérita señora Condesa:

Infinitas cosas a decir y sin escribir: la costumbre de uno. Pero ahora vamos a tomar las cosas una por una; lo hago tras haber estado
unas semanas flojo de salud. Esto se lo digo sólo a usted, como madre, porque los de casa no saben nada, pues de otro modo estarían
inquietos. Ahora marcho bien.

He estado dos veces en Valsálice; siempre con poca fortuna. La primera no había nadie, porque era tiempo de paseo. Fui otra vez, a
distinta hora, y aquel día hubo también cambio en la hora de paseo. Sin embargo, he podido hablar con Manuel, a quien he encontrado
bien de salud, pero no con la acostumbrada tranquilidad. Quería volver después para hablar largo y tendido, mas no he podido. Ahora, si
usted llevara a cabo lo que indicó por medio de la marquesa Fassati, bien; de otro modo iré, y ahora, teniendo hora y día fijo para hablar,
estoy seguro de no hacer el viaje en vano. Dígame, si puede, una palabra en este sentido.

El famoso libro ha dormido largo rato. Monseñor Gastaldi, que es el censor eclesiástico encargado, olvidó el original en Turín y por
ello no se nos entregó hasta primeros de este mes. Ahora se trabaja a toda prisa y espero que ganaremos parte del tiempo perdido.

Le diré que el libro llegará a las ochocientas páginas y, si aún se añade la vida de los principales santos, alcanzaremos las novecientas:
demasiado voluminoso. Por tanto, sería del parecer de omitir las vidas de estos santos, que tal vez podrían imprimirse después aparte, y
las vísperas y otras cositas a añadir, imprimirlas con caracteres más pequeños con lo que nuestro libro se reduciría a unas setecientas
cincuenta páginas. Piénselo usted, y yo haré lo que diga la mamá.

((40)) El pensamiento de un colegio, cuya necesidad tan gravemente se deja sentir, tenemos que abandonarlo por este año.

Hemos de hacer grandes esfuerzos para ir adelante en estos años tan difíciles. El año pasado por estos días se pagaba el pan a veintiséis
céntimos el kilogramo; ahora ha subido a cincuenta, así que don Miguel Rúa tiene que pensar cada mes en nueve mil liras en vez de cinco
mil. Aún más, Lanzo y Mirabello no alcanzan con las pensiones. Y aquí tenemos la mitad de los jóvenes vestidos todavía de verano.

Esto obliga a suspender todo gasto nuevo.

Por esto, cuanto usted pueda hacer según su caridad, hágalo para ayudarnos a seguir adelante este año, con la esperanza de tiempos
mejores para otras empresas.
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Habrá recibido la carta que el conde Borromeo me escribió sobre el exalcalde de Vignale: dejemos que Pilato se lave las manos.
Hablaremos más tarde.

El señor Conde o usted harían bien en participarle, para que lo sepa, que ellos hicieron las diligencias para esta condecoración.

Si usted viniese pronto a Turín ruego me lo diga para que no coincida la época de su ausencia con mi paso por Casale, a principios de
febrero próximo o tal vez antes.

Señora Condesa, a diario encomiendo en la santa misa a usted, a su señor marido y a toda la familia. Ruegue también usted por mi
pobre alma y créame con verdadera gratitud,

De V.S.B.

Turín, 10 del 1867.
Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

En esta carta don Bosco hace alusión a un colegio. Se trataba de fundar en Turín un nuevo instituto para la educación de la juventud,
que debía ser destinado a liceo 1 para poner en él a los alumnos estudiantes del Oratorio que, después de acabar los cursos del gimnasio
(bachillerato) quisieran comenzar los de filosofía, y no sólo ellos, sino también todos los demás que se presentasen. Cierto número sería
de los pertenecientes a la Pía Sociedad, o de los que hubieran mostrado deseo de pertenecer. El tal liceo habría tenido superiores y
profesores propios. Para ambientar la cosa y cumplir la obra, habríase añadido una clasecita para alumnos de gramática y algún taller de
aprendices, entre tanto habría sido casi ((41)) el principio de un noviciado, como después se tuvo en San Benigno Canavese. Y los
alumnos, sin vestir todavía la sotana, no habrían causado envidia ni oposiciones.

El Venerable respondía a otra carta de la condesa Callori con una tarjetita:

Mi buena Mamá:

También yo diré: paciencia. Deseaba precisamente pasar un rato con el señor Raniero... Lo haré tal vez por carta.

Esta tarde no puedo ir por estar comprometido.

Deseo todo bien a la buena Mamá y a toda su familia de parte del pobre, pero agradecidísimo.

Díscolo (Travieso).
1 Liceo, nombre que en Italia se daba a los dos cursos de bachillerato superior. (N. del T.)
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Fin de Página 49

 

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Don Bosco escribía también cartas al caballero Oreglia, a la Presidenta de Tor de'Specchi y a la señora Callori diciéndoles que algunos
de los muchachos estaban todavía vestidos de verano; pero eso no quitaba que él les proveyera de elásticas de lana. A la vez había
anunciado al Caballero: En casa todos están bien.

El no descansaba un instante para proveerles de lo que les faltaba, aun supliendo a la despreocupación de ciertos padres que no
cumplían sus compromisos.

En septiembre de 1867 había pedido al Ministro de la Guerra que le concediese vestuario y mantas de cama en desuso, existentes en los
reales almacenes del Estado. El Ministro había aceptado la petición, y como no todos los objetos destinados al Oratorio habían sido
entregados a don Bosco, éste había solicitado el envío y recibía pronta respuesta.

Almacén principal de la Administración Militar en el Departamento de Turín.-

Oficina de Contabilidad.

Turín, 10 de enero de 1868

Ilmo. y Rvmo. Señor:

Entre los distintos objetos que el Ministerio de la Guerra, por oficio del 10 de octubre p. p. n.° 7.754, ordenaba fueran entregados al
Oratorio de San Francisco de Sales, del que V. S. Ilma. es benemérito Director, ((42)) se habían asignado veinte mantas de algodón, de
las que, en la época del suministro hecho, el almacén estaba, como todavía lo está, literalmente desprovisto.

Ahora bien, teniendo en existencia algunas mantas de campo de lana, que para la actual estación parece sean más adecuadas que no las
de algodón, si V. S. las acepta, puede retirar veinte de las mismas como remate de la donación concedida por el mencionado superior.

Mientras tanto me honro en responder a la carta de esta mañana, manifestándole al mismo tiempo los sentimientos de mi mayor respeto,
con el que me honro de ser

De V. S. Ilma y Rvma.

Su seguro servidor

A. BACCHINO
El Venerable pasaba entonces por continuos apuros económicos, pero ellos no empequeñecían su corazón, que se conmovía al ver las
miserias de los pobrecillos que le tendían su mano. Cuenta don Miguel Rúa en sus memorias:

"El 10 de enero de 1868 andaba don Bosco por la ciudad al caer de la tarde. Un pobrecito se acercó a pedirle limosna. Había tenido
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que gastar durante la jornada todo el dinero que poseía y no le quedaba más que una moneda de una lira. Movido a compasión por el
pobrecito le dijo:

-No tengo más que esta moneda; tomadla y que el Señor os bendiga. Pero, antes de volver a casa, pasad por el santuario de Nuestra
Señora de la Consolación a rezar una salve para que la Virgen me mande otros auxilios.

-Dicho esto se marchó.

Una hora después, una persona le remitió un paquete procedente de Roma, sin ni siquiera decirle qué contenía. Creyó don Bosco que se
tratase de estampitas. Pero íqué!

Desató el paquete, lo abrió y se encontró con mil seiscientas liras en billetes de banco, que le vinieron muy bien para saldar algunas
partidas de la deuda que tenía".

El paquete, como se verá, habíaselo mandado el conde de Maistre.
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((43)
)

CAPITULO V

CONFIANZA DE LOS FIELES EN LA ORACION Y BENDICION DE DON BOSCO -CARTA DE DON BOSCO AL CABALLERO
OREGLIA: HA RECIBIDO LOS DONATIVOS DE LOS BIENHECHORES ROMANOS; MUERTE DE VARIOS BIENHECHORES
DE TURIN; NIEVE Y FRIO EXCESIVOS EN EL PIAMONTE; TRIBUTO DE GRACIAS A LA PRESIDENTA DE TOR
DE'SPECCHI POR EL GENEROSO OFRECIMIENTO DE UN ALTAR; VARIOS ENCARGOS -CARTA DEL CABALLERO A DON
BOSCO: GRAVES ENFERMEDADES EN ROMA; EL DUQUE DE SALVIATI Y EL CARDENAL CONSOLINI SE INTERESAN
POR EL ASUNTO DE VIGNA PIA; MUERTE DEL HERMANO DEL CARDENAL; MEDALLAS DE MARIA AUXILIADORA
REPARTIDAS A LOS ENFERMOS -DON BOSCO HABLA DE COMO DEBE REGULARSE UN DIRECTOR SALESIANO EN LA
CASA A ABRIR EN ROMA -DON JUAN FRANCESIA COMUNICA AL CABALLERO NOTICIAS DEL ORATORIO Y LAS
PREDICCIONES DE DON BOSCO; EL CLERIGO MAZZARELLO SE ENCUENTRA GRAVISIMO; CONFESIONES GENERALES
-MUERTE DEL CLERIGO MAZZARELLO: ES LA PRIMERA PREDICCION DEL SUEÑO; CIRCUNSTANCIAS
SORPRENDENTES DE ELLA -DON BOSCO AL CABALLERO: HA RECIBIDO LAS OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO
DE VIGNA PIA Y LAS ESTUDIARA; LAS MEDALLAS DE MARIA AUXILIADORA QUE SE ESTAN ACUÑANDO;
PROPUESTA DE UN PROFESOR PARA UNA FAMILIA NOBLE; INTRODUCIR EN ROMA EL JOVEN CRISTIANO Y LA
HISTORIA DE ITALIA EN EL COLEGIO ROMANO; ES BASTANTE PROBABLE LA VUELTA DE UN PRINCIPE A SU CASA;
PEDIR UNA BENDICION AL SANTO PADRE; NOTICIAS DEL ORATORIO; MUERTE DEL ABATE FRASSINETTI, PRIOR DE
SANTA SABINA EN GENOVA -EL PADRE OREGLIA A DON JUAN BAUTISTA FRANCESIA: OBSERVACIONES SOBRE
CIERTAS HISTORIAS; EL ASUNTO MARGOTTI; NOTICIAS DEL BIEN QUE HACE EL HERMANO FEDERICO; ROMA SE
FORTIFICA -DON BOSCO AL CABALLERO: HA MUERTO EL CLERIGO MAZZARELLO; ((44)) EL GRABADO DE MARIA
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AUXILIADORA PARA UN LIBRO DE ORACIONES; NOTICIAS DE TURIN; LE MANDA UNA CIRCULAR CON UN
PROSPECTO DE LAS LECTURAS CATOLICAS; LE INVITA PARA LA FIESTA DE SAN FRANCISCO DE SALES -LA
CIRCULAR -OTRA CARTA AL CABALLERO OREGLIA: LAS DEUDAS GRAVES DEL ORATORIO; DA GRACIAS A LOS
BIENHECHORES ROMANOS Y ROGARA POR ELLOS; NOTABLE OFRENDA DE UN SEÑOR CURADO POR LA VIRGEN;
PETICION DE UNA CONDECORACION PARA EL ABATE SOLERI; EL FRIO TRIPLICA LA MORTANDAD EN TURIN;
NINGUN ENFERMO EN NUESTRAS CASAS -EL CABALLERO OREGLIA ENVIA NOTICIAS DE ROMA A DON JUAN
BAUTISTA FRANCESIA -DON BOSCO ESCRIBE AL DIRECTOR DE LANZO, QUE SE ENCUENTRA EN GENOVA: LE
MANDA UNA CARTA PARA ENTREGAR AL ARZOBISPO CHARVAZ CON EL FIN DE OBTENER DE EL UNA CARTA
COMENDATICIA; RUEGO A UN CANONIGO PARA QUE PROMUEVA LAS LECTURAS CATOLICAS; UNA NOTA CON LOS
TRABAJOS A REALIZAR EN LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA PARA PRESENTARLA A QUIEN PUEDA
ENCARGARSE DE ALGUNO DE ELLOS A SUS EXPENSAS -LECTURAS CATOLICAS: SEVERINO O LAS AVENTURAS DE
UN JOVEN DE LOS ALPES -APARECE ANUNCIADA EN LA UNIDAD CATOLICA -PALABRAS DE DON BOSCO SOBRE
ESTE LIBRITO

SI alguien quisiera llevar cuenta de todas las cartas que poseemos, en las que aparece la veneración a don Bosco como a un santo, la
confianza ilimitada en sus oraciones, la persuasión de que era uno de los siervos predilectos de María, debería imprimir un epistolario
interminable. Volvemos de cuando en cuando sobre esta afirmación, porque indica la causa principal de las generosas ofertas que don
Bosco recibía para sus obras y para la iglesia de María Auxiliadora. Nos agrada espigar algunos párrafos de ciertas cartas.

El 4 de enero escribía a don Bosco el señor Víctor d'Oncieu, desde Chambéry (Saboya). Encomendaba a sus oraciones a una joven
gravemente enferma de tuberculosis:

"He pasado muchas temporadas en Turín; con tal motivo me fue fácil juzgar por mí mismo el gran bien que usted ha hecho. Además,
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((45)) una de mis parientes, la condesa Melzi, de Milán, me ha hablado de usted y de muchas curaciones milagrosas conseguidas por sus
fervorosas oraciones. Todo esto me ha decidido a tomarme la libertad de dirigirme a usted en favor de nuestra pobre enferma... Ya le
hemos puesto al cuello una medalla de la Santísima Virgen Auxiliadora, que nos entregó la señora D'Oncieu, madre de la condesa
Melzi...".

Y la señora D'Oncieu escribía, el 20 de febrero de 1868, implorando las oraciones de don Bosco para obtener una gracia
importantísima:

"Debo deciros, señor Abate, que las medallas de María Auxiliadora, con la promesa de una limosna para vuestra iglesia, han preservado
del cólera a muchas personas y a comunidades enteras. Una persona gravemente enferma, y de edad avanzada, se encontró mejor
inmediatamente después de haberse puesto al cuello la medalla que la condesa Melzi le había llevado el verano pasado, y hoy está
completamente curada. Ved, pues, Padre mío, que debemos albergar cierta esperanza de ser oídos por intercesión de vuestras fervorosas
oraciones".

El 8 de enero de 1868, y desde Carate Brianza, comunicaba la señora Carolina Brambilla Rasini a don Bosco:

"Le agradezco de corazón la bondad que ha tenido al acordarse de mí y de la pobre alma afligida que le recomendé. Hago lo que usted
me indicó y tengo en gran aprecio aquella estampita... Confío mucho en la eficacia de sus oraciones... Juan se acuerda siempre de usted,
le agradece sus recuerdos, le envía un millón de respetuosos saludos, con mil augurios y bendiciones para usted y esa Institución que con
tanto celo rige... ".

Y el señor Juan Brambilla añadía una posdata: ..."íOh, cuántas cosas han acontecido este año después de nuestra conversación! íPobre
Oratorio de San Luis! Dios lo ha permitido, pero yo no desconfío de la justicia de Dios y confío que podré recuperarlo. La perversidad de
los hombres me lo ha quitado, pero la bondad de Dios me lo dará...".

Don David Sesia, coadjutor titular, escribía a don Bosco desde Lacchiarella (Milán) el 12 de marzo de 1868:

((46)) "Nos consideramos muy felices por el éxito de la bendición que usted impartió y las oraciones que recomendó a una señora de
esta parroquia, que padecía desde hace mucho tiempo una muy grave y peligrosa enfermedad. Después de los seis meses que usted fijó, y
cumplidas todas las obras que le recomendó, se encontró totalmente
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curada por lo cual gratias agamus Domino Deo nostro, Immaculatae Virgini Mariae, et Tibi... (damos gracias a Dios Nuestro Señor, a la
Inmaculada Virgen María y a Ti...)".

Don Bosco, por su parte, agradecido a la Virgen por todo el bien que hacía en favor de sus devotos, daba noticias del Oratorio al
caballero Federico Oreglia con la siguiente carta:

Carísimo caballero Oreglia:

Le diré las cosas según van viniendo a mi mente. Incluyo una carta que llega desde Módena.

Hemos recibido mil seiscientas liras del conde de Maistre y mil ochenta y siete del padre Unda, que la caridad de los romanos, a través
de V. S. carísima, ha enviado a esta casa. Las hemos repartido inmediatamente entre los más apremiantes acreedores, Avvezzana entre
ellos. Ahora nos queda el agradecimiento a estos caritativos donantes, por quienes rezaremos todos los días a Dios para que desciendan
sobre ellos abundantes bendiciones del cielo y especialmente para que María Auxiliadora mantenga lejos de sus familias el azote de la
enfermedad que muchos temen también este año.

Entre nosotros murieron muchas personas que usted conoce y que eran bienhechores de esta casa. El conde Quaranta, Senador del
Reino; la condesa Lomellini y su hermana S. E. Gattinara; la condesa Buffa Antonielli, de dieciocho años, casada hacía pocos meses; la
condesa Mella-Berzetti, sobrina del marqués Fassati: todas ellas eran bienhechoras, que Dios llamó de esta tierra a la bienaventuranza.
Nosotros hemos hecho en casa las acostumbradas funciones religiosas consistentes en la misa, comunión de los muchachos y el rezo del
santo rosario. Haga usted ahí su parte. Espero que ellos rogarán desde el cielo para que Dios nos envíe otros bienhechores.

Seguimos con un frío intensísimo: hoy alcanzó los dieciocho grados 1 ; a pesar del calor de la estufa no pudo derretirse el hielo de mi
habitación. Se ha retardado la hora de levantarse de los muchachos y, como muchos visten todavía de verano, han tenido que ponerse dos
camisas, chaleco, chaqueta, dos pares de pantalones y capotes militares: otros llevan sobre sus hombros durante todo el día la manta de la
cama y parecen verdaderas máscaras de carnaval. A pesar de ello, esta mañana durante el recreo, que suele ser tan animado entre nuestros
muchachos, no había ((47)) ni uno siquiera en el patio. Hemos dispuesto que los aprendices vayan al taller, los estudiantes al estudio y, el
que quiera, a nuestro comedor. En medio de tantas calamidades nuestros jóvenes están alegres y contentos y no hay ninguno en la
enfermería desde hace un mes. íDeo gratias!

Dé las gracias a la Presidenta de Tor de'Specchi; dígale que yo entiendo que aquella cantidad se emplee para el altar de san José o para
el de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, como a ella más le agrade. Dejo a María Auxiliadora como buena pagadora; por mi
parte pienso que, poco a poco, nuestros jóvenes hagan tantas comuniones cuantas son las liras de dos mil escudos y esto para invocar las
bendiciones del cielo sobre ese santo monasterio de Tor de'Specchi.

1 Supongo que estos grados serán de la escala Fahrenheit (N. del T.)
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Escribo una cartita para la marquesa Marini, a quien le ruego se sirva entregar.

En cuanto a su vuelta, si puede organizar las cosas de la condesa Calderari para quedar libre, venga para san Francisco de Sales, fecha
en la que me place ver reunida toda nuestra familia.

En este momento llega medio helado el caballero Villanova, que pregunta por usted y me encarga le salude, etc.

Haremos en común oraciones especiales por la condesa Melingen, la benemérita María Vitelleschi, el marqués Cavalletti, y los que me
cita en su carta.

Hoy trece, el termómetro está a veintiún grados centígrados 1 hay sesenta centímetros de nieve y ningún joven enfermo. Todos le
saludan. Habrá otra carta enseguida. Dios bendiga sus obras y créame en el Señor.

Turín, 12 de enero de 1868 2.

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

Probablemente antes de que esta carta llegase a su destino, el caballero Oreglia escribía de nuevo a don Bosco con nuevas peticiones de
oraciones. íEs admirable la confianza que los romanos tenían en las oraciones del Siervo de Dios!

Roma, 15 del 1868

M. R. don Bosco:
El doctor Tancioni, que, al igual que su familia, se siente interesadísimo por don Bosco, está gravemente enfermo: a la madre
Presidenta de Tor de'Specchi le han hecho tres sangrías: el marqués Cavalletti está en peligro de muerte. Todas estas personas se
encomiendan mucho a sus oraciones. Yo aconsejo a todos la novena y alguna limosna...

((48)) La Duquesa de Sora renueva con muchas prisas su instancia para saber si don Juan Turchi podrá atender a sus hijos... Insiste
porque ya se ha despedido su preceptor. Espero lograr que se adopte El Joven Cristiano en las escuelas nocturnas de Roma.

El duque Salviati me dijo que él mismo había mandado a usted una copia de las observaciones para Vigna Pía.

Estuve hoy con el excelentísimo cardenal Consolini, el cual me habló con mucho interés de don Bosco y de Vigna Pía: yo no me
declaré en ningún sentido y mientras, para mantener la conversación, emitía mi parecer, dije bien claro que yo no tenía encargo ninguno
sobre el particular y que usted mismo vería las observaciones hechas por la Comisión y respondería enseguida a las que le comunicara el
duque Salviati. Me habló mucho de su hermano el Marqués, de su muerte, y siempre llorando como un niño. Al final me entregó diez
escudos de limosna para la

1 Sigo en mi opinión de que debían ser grados Fahrenheit, a pesar de que diga el texto grados centígrados: ía 21.° C, señores, no me
digan que se pasa frío! (N. del T.)

2 Así consta en el original.

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casa; me entretuvo más de dos horas y quiso abrazarme cuando me levanté para despedirme. Le digo todo esto para que vea cuánto afecto
le profesa este Cardenal, pues está claro que estas demostraciones no son para mí, que apenas si me ha visto dos veces.

Por lo demás, no hago más que visitar enfermos, que me buscan como si yo fuera un médico. Me traje una buena cantidad de medallas
bendecidas por usted y me he quedado sin ninguna. Si pudiera transmitirme un poco de su habilidad, me parece que se podrían conseguir
muchas limosnas. El número de enfermos es extraordinario; no hay familia donde no se encuentren dos al menos. Los dueños de la casa,
los señores Gualdi, me dan alojamiento gratuito; están todos en cama y yo les hago lo que puedo. Esperemos que María Auxiliadora
bendiga lo poco que hago con el fin de que ayude a la prosperidad del Oratorio. La Presidenta de Tor de'Specchi me prometió, al fin,
comprometerse a mandar en total dos mil escudos. No lo hará de un golpe, sino en porciones.

Tenga la bondad de enviarme unas líneas para la marquesa Marini, que me prometió cuatrocientos escudos y ya me entregó ciento.
Tiene muchas preocupaciones y se encomienda principalmente por la salud y la buena educación de sus hijos.

Espero alcanzar pronto una audiencia con el Padre Santo.

El padre Ambrosio, Prior del Hospital de San Galicano, sigue bastante mal: he ido varias veces a verlo, tomó la medalla y se
encomienda. Este, lo mismo que los arriba citados, hará algo si se cura.

También la marquesa María Vitelleschi guarda cama: tiene un fuerte resfriado.

Teme morir: dos palabras suyas de aliento le harían mucho bien. La marquesa Clotilde siempre anda angustiada por sí misma y por su
familia, pero no olvida el Oratorio, por el que hace cuanto puede para ayudarnos y hacernos ayudar.

((49)) La condesa Vinci, a quien he visto hoy, le saluda juntamente con su hijo. Y basta por hoy. Ruegue por mí.

Créame de corazón

Su afmo. y seguro servidor FEDERICO OREGLIA

La noticia del interés que había manifestado el cardenal Consolini con el proyecto de llamar a los hijos del Oratorio para la dirección de
Vigna Pía, había satisfecho a don Bosco. El Venerable deseaba ardientemente tener una residencia fija en Roma para su Pía Sociedad.

Es cierto que preveía dificultades de varias clases, pero se ilusionaba con poderlas superar. Don Miguel Rúa escribía en sus notas para
la crónica, en febrero de 1868.

"Se hablaba un día de aceptar la dirección de una casa en Roma, de donde se habían recibido distintas invitaciones y ofertas. Esta casa
dependía de otra administración ajena a la Pía Sociedad. Algún salesiano presentaba dificultades, demostrando que había peligro de
ganarse la envidia, de tener un choque con la administración y hasta
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de perder la buena reputación que allá gozaba la congregación. Respondió don Bosco que con facilidad se habría conseguido evitar la
envidia y los otros inconvenientes, no pretendiendo nunca sentar plaza de maestros, sino de alumnos; aceptando con mucho gusto y
humildad las observaciones que se nos irían haciendo y siguiéndolas en cuanto fueran compatibles con nuestros reglamentos".

Entre tanto empezaban a cumplirse las profecías de don Bosco.

20 de enero de 1868

Muy querido señor Oreglia:

Su ausencia se deja sentir cada vez más, no sólo entre nosotros, sino también en Turín... "Qué dirían si supieran los méritos alcanzados
por usted asistiendo a la amputación de tantas piernas a tantos garibaldinos?...

Las cosas de casa marchan todavía bien, aunque el diablo se mueve de un lado para otro. El aguinaldo para este año ha tenido gran
importancia al anunciar que pronto tendremos tres muertos. Bonísimo el primero y bastante malo el último. Mientras se habla de ello, y
puede imaginar con qué ansiedad, ha llegado la noticia ((50)) de que el clérigo Mazzarello, que guardaba cama en Lanzo desde hace unos
días, se encontraba a punto de muerte. Don Bosco aseguraba que el moribundo no habría hecho el ejercicio de la buena muerte, que tuvo
lugar el pasado jueves. El miedo era grande lo mismo que la expectación, y este anuncio ha proporcionado una sacudida tan grande a
nuestros muchachos que se cuentan con los dedos de una mano los que no hicieron el ejercicio. Todos querían hacer confesión general. El
Señor da siempre fuerza sobrenatural a las palabras de su Siervo.

El gran frío ha disminuido, pero ha crecido el artículo pan...

Ahora mismo estuvo aquí monseñor Gastaldi, que pidió noticias de usted, y me encargó le saludara. Visitó la iglesia y quedó muy
contento...

FRANCESIA, Pbro.

El 22 de enero moría en el colegio de Lanzo el clérigo José Mazzarello, natural de Mornese, y con su muerte empezaba a cumplirse el
sueño. Era el primero de los tres anunciados y es útil recordar algunas circunstancias especiales que acompañaron a su muerte. La primera
es que murió en Lanzo, donde no todos los alumnos eran conocidos por don Bosco, como indicaba claramente el sueño. La segunda, más
maravillosa aún, es lo dicho por don Bosco al clérigo Esteban Bourlot, como éste atestigua, antes de conocer la enfermedad de
Mazzarello, de que era un clérigo el primero que debía morir. La tercera circunstancia es la de que don Bosco había anunciado en
público, antes que Mazzarello cayera enfermo, que el apellido del primero que iría a la eternidad comenzaba por eme (M).
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Observa don Miguel Rúa en su crónica:

"Habiendo caído enfermo el clérigo José Mazzarello, en el colegio de Lanzo, hablóse de ello a don Bosco, y aunque éste no le había
visto enfermo y el médico mostrase esperanza de curarlo, él habló de tal modo a los presentes que éstos le dieron por deshauciado".

La víspera de esta muerte respondía don Bosco a la última carta del caballero Oreglia. Estaba decidido que la nueva iglesia se
consagrase en el año 1868. En consecuencia había ordenado que se acuñasen medallas especiales para la anhelada fiesta: por una cara
debían llevar la fachada de la ((51)) iglesia, con la inscripción: Iglesia de María Auxiliadora, y en el exergo, Turín; y por la otra, la
imagen característica de María Auxiliadora con la invocación: María Auxiliadora de los cristianos, rogad por nosotros. Las medallitas
para distribuir a los fieles, más pequeñas y más delgadas, llevaban por un lado la imagen de María Auxiliadora y por el otro el símbolo
del Santísimo Sacramento.

También don Bosco escribía al Caballero sobre esto, a la par que le daba encargos para los señores romanos, con noticias del Oratorio y
el anuncio de la muerte de algunos bienhechores.

Muy querido señor Caballero:

Sirva mi carta de respuesta a algunas cosas contenidas en su última. Diga, pues, a todas las personas que me ha recomendado que
nuestros muchachos y yo hacemos oraciones especiales para que los enfermos recobren la salud perdida y para que los sanos se conserven
en tal estado. He recibido las observaciones sobre el proyecto de Vigna Pía; aquí no hay conclusión alguna ni propuestas: lo estudiaremos
y después veremos.

Venía también la medalla de María Auxiliadora que he examinado y hecho examinar a muchos. En general pareció bonita, pero casi
todos observaron: 1.°, que el vástago de la custodia es demasiado pequeño; 2.°, que el cuello de la Virgen debe sobresalir un poquito
sobre los hombros; 3.°, que la palabra Auxilim es una abreviatura inexacta: por tanto que se ponga Auxilium, o bien se escribe A uxili¹.
Si no se puede corregir, póngase al menos Auxil¯ m.

Si, por tanto, está ya en curso la medalla conmemorativa dígame lo que ha dado a la imprenta, para ver si está de acuerdo con lo demás.

Don Juan Turchi no está libre al presente; yo propondría al reverendo señor Molinari de Brescia, que me parece más apto que el otro.
Ya le he escrito, pero hablando en general y sin nombrar personas. Creo que mañana tendré respuesta; lo comunicaré enseguida. También
es un buen preceptor don Francisco Provera, que ya lo fue de los hijos del conde Callori, hasta que entraron en el colegio. Consultaré al
uno y al otro, pero sin comprometerme.

Muy bien si se puede introducir el Joven Cristiano en las escuelas nocturnas; "no hay esperanza de que sea adoptada la Historia de
Italia en el Colegio Romano en lugar de la que fue tan criticada el año pasado por el mismo padre Angelini?
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Si ve a la duquesa de Sora, dígale que el año pasado hablé con el personaje exiliado en su villa Ludovisi. Se dijo que era difícil que
pudiera volver a su propia casa, a excepción de un solo caso. Entonces parecía casi imposible aquel caso y aquel hecho. Ahora, merced a
toda un serie de sucesos, se ha hecho algo probable.

((52)) Si va a la audiencia del Padre Santo, pida la bendición para nosotros y, al despedirse, como gracia singular, pida su especial
protección para nuestra Sociedad.

Y ahora pasemos a lo nuestro. A diario suceden varias cosas especiales que honran muchísimo a María Auxiliadora. En casa no hay
ningún enfermo; apetito, en grado superlativo; el pan en barritas está a ochenta céntimos el kilo. El frío se ha calmado. Hemos tenido casi
un metro de nieve, que ya se va derritiendo.

Los tipógrafos están sin trabajo. No cesan de preguntar por usted; a diario hay un ir y venir de coches, cuya finalidad es saber cuándo
vuelve usted. Al venir, si puede, pase por Florencia, donde la marquesa Nerli tiene un encargo confidencial que hacerle. Giardino 1 jefe
de los cajistas, estuvo enfermo muchos días y varias semanas ausente de la imprenta: ya ha vuelto. En Lanzo, Mazzarello quiere irse al
cielo. En Mirabello, óptima salud; don Juan Bonetti anduvo por aquí y le saluda. Su jefe corrector aún no ha venido; tal vez...

Aquí va una cartita para la princesa Borghese. Haga usted una copia de la lista de cosas que quedan por terminar, métala con esta cartita
dentro de un sobre, ponga la di rección y envíela. Deme noticias de casa Grazioli y especialmente del reverendo Ruggeri. Y basta por
hoy.

Saludos a todos, sanos y enfermos, y sobre todo a la madre Galeffi, a los de casa Vitelleschi y a su portero, al cual suplico haga un buen
regalo de mi parte. Ruegue por nosotros y de un modo muy especial por

Turín, 21 de enero, 1868.

Su afmo. amigo JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Ha muerto don José Frassinetti, prior de Santa Sabina. También ha muerto el conde Farcito. Ambos bienhechores de esta Casa.
1 De este obrero, que fue durante más de cuarenta años tipógrafo externo en el Oratorio, escribía don Bosco un elogio que Jamás fue
desmentido.

Al honorable señor Próspero Battú, notrario del Consejo de Estado:
Via Alfieri, 13. Turín.

Honorable Señor:

El Joven Giardino trabaja en esta imprenta como jefe de cajas; tiene buen sueldo, su conducta fue siempre buena, es muy trabaJador y
sabe emplear su dinero.

Tiene también algunas cosas que ganó con sus ahorros. Contento de poderle servir de algún modo, me auguro una nueva ocasión,
mientras le deseo todo bien del cielo y me profeso,

Turín, 17 de febrero de 1863.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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((53)) También don Juan Bautista Francesia sostenía correspondiencia por otros motivos con el padre Oreglia. Este le contestaba
manifestando su opinión sobre ciertas narraciones de autores religiosos; le daba noticias de lo que se pensaba, se hacía y se temía en
Roma; y le hablaba de La Unidad Católica. Con ocasión de acudir los católicos a las urnas para las elecciones políticas había proclamado
el teólogo Margotti el principio de: Ni elegidos, ni electores. Pero la Autoridad eclesiástica de Turín no aprobó el celo del periodista
católico y le aconsejó que detuviera aquel programa. El teólogo Margotti obedeció, pero, pocos días más tarde, llególe un aviso del
Vaticano, y volvió a sostener su tesis.

Roma, 24 de enero, 1868

Muy querido profesor don Juan Bautista Francesia:

Le agradezco su muy atenta del 20 del corriente mes; cumplí su encargo para el autor de Tigranate y de Don Ciccio y esperamos que se
enmendará y corregirá. Lo mismo le decían al padre Bresciani. Estos poetas, en prosa y en verso, son todos así; ven las cosas por los aires
y entre nubes, sin darse cuenta de que las visten con palabras que después producen consecuencias muy distintas a la que ellos quisieran.
Como ve, yo pienso como usted. Y, hablando en confianza, sepa que también en nuestros internados no todos estos libros están
permitidos. Estos autores celebérrimos dicen que no escriben para niños. Pero todos somos niños. Sin embargo, en la diversidad de
pareceres, sin querer imponerse ni avasallar, conviene contentarse con el resultado de las dos fuerzas: literaria intrínseca y censoria
extrínseca. Y en cuanto a mí, disfruto y agradezco cuando se aumenta la segunda. Lo que usted hizo por su parte. Deo gratias.

En cuanto al asunto de las elecciones usted sabrá qué es lo que aquí se piensa por los pequeños comentarios del Osservatore Romano y
del Giornale di Roma. Aunque indignamente yo pienso igual. Y espero que volverá, no digo a pensar (que siempre pensó así), sino a
escribir el teólogo Santiago Margotti. Aquí estamos persuadidos de que no se conseguirá nada bueno y que se comprometerán más aún
los católicos.

Me alegran sus buenas noticias y las de los suyos. Que Dios les bendiga y proteja siempre.

Por aquí anda Federico siempre con asuntos buenos, bajo todos los aspectos. Habla de marchar. Por lo que a mí toca, contentísimo de
verle. Todos hablan bien de él y hace mucho bien; hasta ahora ignoro que haya ido a ningún baile en este carnaval. Digo esto porque
estamos de carnaval y en broma. Ha hecho mucho bien a los garibaldinos y lo sigue haciendo con enfermos y sanos. Y me parece que
también lo hace con ((54)) sus amigos del Oratorio y nuestros: digo nuestros a los del Oratorio;
ya que con ellos compartimos el corazón y los triunfos y las penas.

Por aquí andamos fortificándonos in curribus et in equis (por todos los medios: carros de combate y caballos) y no nos faltará el in
nomine Domini (en nombre del Señor), sobre todo si don Bosco ruega por nosotros, como ciertamente hace. Los peligros aumentan: esto
es patente y el mes de octubre no ha sido que un prologuito.
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Le agradezco el librito enviado por correo. Nos servirá. Ya tuve, hace algún tiempo, una bonita inscripción suya en el Vallauri.

Ruégole me encomiende al ilustre don Bosco, cuya pluma me parece ha sido reconocida para poner en claro su carácter, que es por otra
parte clarísimo. Pero me gozo con su gesto de presencia...

J. OREGLIA
Esta carta llegaba al Oratorio cruzándose en el camino con otra que don Bosco enviaba a Roma.
Queridísimo señor Caballero:
No sabemos nada de usted; hablemos, pues. Lea la carta del reverendo Molinari y dígame algo; la conducta y el saber quedan
garantizados.

En Lanzo (22) ha muerto el querido clérigo Mazzarello, una de las más bellas flores de nuestro jardín, que Dios ha querido trasplantar
al paraíso. También ha muerto el barón Dupré, hermano de nuestro amigo. Le entierran esta mañana.

Si pudiera lograr que el grabado de María Auxiliadora sirviera para colocarlo en la cubierta del libro de oraciones, que ya está a buen

punto, sería oportunísimo.

Recibirá algunas cartas con prospectos de las Lecturas Católicas. Es tarde, pero más vale tarde que nunca.

Monseñor Galletti predica la novena del beato Sebastián Valfré en San Felipe; muchísimo público, la iglesia llena. El miércoles estará

de nuevo en Turín monseñor Gastaldi. El señor Anglesio es el prioste de la fiesta de San Francisco de Sales, que celebraremos el
domingo próximo. "Asistirá usted también?
El caballero Villanova está en mi habitación y le saluda. Vale in Domino et valedic. (íAdiós!)
Enero de 1868.

Afmo. en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Las propuestas para la difusión de las Lecturas Católicas, que don Bosco enviaba al Caballero, habían sido ((55)) redactadas por el
mismo Siervo de Dios, de la forma siguiente, dejando al secretario el cuidado de completarlas con las citas.

Ilustrísimo Señor:

Creemos hacer cosa grata a V. S. Ilma. enviándole un prospecto de las Lecturas Católicas para anunciarle la continuación de las mismas
con algunas mejoras que pueden hacerlas más amenas, populares y de rápida entrega. Están ya en el año XVI de su publicación: su
dirección ha estado siempre alentada por la Autoridad Eclesiástica con las palabras y los hechos. Entre otros, el Emmo. Cardenal Vicario
de
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VOLUMEN IX Página: 63

Roma escribió una circular a propósito sobre estas Lecturas con fecha 22 de mayo de 1858, en la que dice: La santidad de N.S...
(Jurisdicción. Véase: Guía).

El mismo Sumo Pontífice, en una carta dirigida al Director de las Lecturas Católicas, tuvo la alta dignación de expresarse acerca de las
mismas con las siguientes palabras: Nihil hac agendi, etc. (Véase año 8, f. 2, pág. X).

Por ello nosotros nos animamos a recomendarlas también encarecidamente a su reconocido celo, a su singular solicitud, con el ruego de
que las recomiende y difunda por aquellos lugares y entre aquellas personas que en su prudencia, creyese han de redundar a mayor bien
de nuestra sacrosanta Religión.

Entre tanto, en nombre de la Dirección, le auguro toda suerte de bendiciones celestiales y, asegurándole mi profundo agradecimiento,
tengo el honor de poderme profesar,

De V. S. Ilma.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

El caballero Oreglia recibió el paquete y contestó a don Bosco dándole cuentas de su actuación y exponiendo los motivos que le
retenían en Roma por algún tiempo más. Don Bosco le respondió:

Carísimo señor caballero Oreglia:

A la vista de su carta estoy de acuerdo con la conveniencia de que permanezca en Roma. Haga todo lo que pueda a mayor gloria de
Dios. Pero sepa que debemos dos meses de pan y que los proveedores de materiales para la iglesia nos mandan las facturas con muchas
prisas; así que, para norma suya, cuando pueda envíenos el dinero que la caridad de los romanos tan generosamente nos da. Entre tanto dé
las gracias a todos los que nos han hecho ((56)) caridad, asegúreles que nosotros pedimos por ellos y por los enfermos recomendados; aún
más, el domingo celebraremos la fiesta de san Francisco de Sales y quiero que las misas, las oraciones y comuniones sean ofrecidas a
Dios para obtener salud y prosperidad a todos los romanos enfermos que nos hicieron o tienen la intención de hacernos caridad para
llevar a cabo nuestras empresas.

He suspendido un momento la escritura para recibir un billete de mil liras. Se trata de un señor que hace un mes vino aquí con muletas
y sostenido por un criado. Reconoce que su perfecta curación la debe a María Auxiliadora, a quien rezó las acostumbradas oraciones, con
la promesa de hacer algo por la iglesia. Estas mil liras servirán para acallar mañana a Rusca, que, como sabe, es el principal proveedor de
piedra para la iglesia.

Adjunto una cartita para el abate Soleri, antiguo alumno mío de moral. Este otoño nos pagó una deuda de tres mil liras y desearía ahora
obtener alguna condecoración de Roma: caballero de San Silvestre, de San Gregorio el Grande o parecido. Busque, pues, algún agente de
asuntos eclesiásticos y dígale que lo mueva y que, si obtiene el Breve, se pagarán las tasas necesarias, aunque fueran cien o más escudos.

Si, por acaso, surgieran dificultades insuperables, escríbamelo enseguida y buscaré otro camino.

No hay ningún enfermo en casa; tampoco en Lanzo y en Mirabello.
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El frío volvió hacia atrás y esta mañana se aproximaba a los catorce grados bajo cero. Dicen los médicos que este frío purifica el aire y
traerá la salud, pero mientras tanto se ha triplicado la mortalidad en Turín.

Mientras tanto, querido Caballero, esté seguro de que en casa todos nosotros le guardamos un grandísimo amor fraterno y que, desde
que se marchó a Roma, yo no he dejado de encomendar diariamente en la santa misa su salud y el bien de su alma; así seguiré haciéndolo
para que Dios nos ayude a ser verdaderos amigos en la tierra y un día compañeros de la verdadera felicidad en el cielo. Usted no se olvide
de hacer cada día su meditación y su lectura espiritual. Dios nos conserve a todos en su santa gracia. Amén.

Turín 29, 1868.

Su afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Creo que las medallas pueden ser más baratas, si se reduce a la mitad el espesor del modelo que me ha mandado. Piénselo.
Oreglia, al contestar a esta carta, escribía también a don Juan Bautista Francesia, que le había pedido noticias de Roma y comunicado la
muerte del clérigo Mazzarello.

((57))

Roma, 1 de febrero de 1868
Muy querido don Juan Bautista:

...Por falta de combatientes se acabó la batalla y por falta de sujetos se acabaron las operaciones quirúrgicas de los heridos, porque
todos se fueron, unos al cementerio, otros al reino de la felicidad. Sin embargo no faltan ocupaciones ya que el invierno fue bastante
crudo y en cada familia hubo al menos dos o tres enfermos. Habría bonitas gracias para contar de María Auxiliadora, pero espero hasta
que las cosas sean más seguras y completas. Usted rece y haga rezar a esos buenos muchachos para que yo no sea obstáculo a las gracias
del Señor. El primero de los tres ya ha muerto: se puede cantar por él el Benedictus. No quisiera ser el tercero...

Afmo.
FEDERICO

En el entretanto había mandado don Bosco a Génova al director del Colegio de Lanzo para recoger limosnas, y le escribía:

Carísimo don Juan Bautista Lemoyne:

Aquí tienes dos paquetes: uno es para el canónigo Fantini. Hay en él cartas dirigidas al Arzobispo de Génova con el fin de alcanzar las
comendaticias para nuestra Sociedad.
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En el otro se incluye un manuscrito y se pide que se continúe la propaganda de las Lecturas Católicas. Habla con don Jacinto Bianchi y
mira a ver si le puedes convencer para celebrar con nosotros la fiesta de san Francisco de Sales el domingo: pon el pretexto de que
necesitas que alguien te acompañe, etc.

Ve a hacer una visita al canónigo Canale y presta atención a lo que te diga; le he enviado una nota (de los trabajos a realizar en la
iglesia) semejante a la que te adjunto. Verás si manifiesta alguna buena disposición. Mando aquí dos de estas notas. Quién sabe si Guelfi
padre (vía Fossatello), juntamente con algún otro, no pueda encargarse de alguno de estos trabajos por cuenta propia. Para norma tuya,
don Jacinto Bianchi ya ha tomado a su costa una lámpara y el presbiterio de un altar.

Por lo demás cuida mucho tu salud; y si te molesta el andar, manda estos paquetes sin molestia tuya.

Pregunta a tu señora madre si sabe indicarte alguna persona a quien poder dirigirse con esperanza de buen resultado para estos trabajos.

((58)) Mil saludos a tus venerados padres y familia. Que Dios les bendiga y guarde ad multos annos y tú créeme siempre,

Turín, 29 de enero de 1868.

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

Mientras tanto se distribuía para febrero el fascículo de las Lecturas Católicas: Severino, o sea, aventuras de un joven montañés,
contadas por él mismo y narradas por el sacerdote Juan Bosco. Se trata de un joven que, después de haber frecuentado el Oratorio, se
inscribe en la secta protestante de los Valdenses y, atormentado por los remordimientos, vuelve al seno de la Iglesia Católica. La trama de
la narración es una continua refutación de las mentiras de los protestantes.

La Unidad Católica del 19 de febrero de 1868 anunciaba así este opúsculo.

LAS LECTURAS CATOLICAS DE TURlN. -La segunda entrega de las Lecturas Católicas de Turín narra las aventuras de un
jovencito víctima de las maquinaciones de los Valdenses. Es el mismo don Bosco quien narra estos hechos. En medio de sus muchas
ocupaciones, encuentra tiempo para publicar alguna graciosa e importante narración. Porque él narra, no inventa; cuenta cosas verdaderas
y de las cuales tiene a mano los documentos auténticos. Hay, pues, en él la forma agradable de la narración y la sustancia instructiva de la
verdad. Este pequeño volumen, que será un éxito en manos de la juventud, tan ávida de cuentos, sólo cuesta veinticinco céntimos. La
suscripción anual a las Lecturas Católicas comporta dos liras con veinticinco céntimos.

Don Bosco, hablando en el año 1876 de una nueva historieta que pensaba escribir para hacer ver los males que las vacaciones acarrean
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a los jóvenes incautos y los medios para pasarlas bien, hacía constar la gran utilidad de estos libritos y hacía varias declaraciones sobre
Severino. Dijo el nombre de los dos ministros que cercaban al pobre joven y afirmó que, exceptuados algunos pequeños detalles que no
rompen para nada el hilo de la narración, las aventuras de Severino eran rigurosamente históricas. "Yo, añadía, poseo ((59)) además, las
actas auténticas y los documentos de todo lo referente a un compañero de Severino en la apostasía, el cual murió en el hospital valdense
de Génova. De vez en cuando viene a verme su hermano y nos hemos entretenido hablando de algunas dolorosas circunstancias de
entonces".

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((60)
)

CAPITULO VI

DON BOSCO PIDE A LOS OBISPOS CARTAS COMENDATICIAS PARA ALCANZAR DE ROMA LA APROBACION DE LA
PIA SOCIEDAD -PRESENTA LA SUPLICA AL OBISPO DE CASALE CON UN RESUMEN HISTORICO SOBRE LA SOCIEDAD
DE SAN FRANCISCO DE SALES -DECRETO DEL OBISPO DE CASALE APROBANDO COMO DIOCESANA LA PIA
SOCIEDAD -FIESTA DE SAN FRANCISCO DE SALES Y LA CONFERENCIA GENERAL; CADA DIRECTOR DA UN
INFORME DE SU COLEGIO; DON BOSCO APRUEBA LO QUE HACE DON DOMINGO PESTARINO EN MORNESE; ESTA
SATISFECHO DE MIRABELLO Y ENSEÑA EL MODO DE CORREGIR A LOS DISCOLOS; INDICA LA MANERA DE
INTRODUCIR LA COMPAÑIA DE LA INMACULADA EN LANZO; DICE POCAS COSAS DEL ORATORIO, LE PARECE QUE
MARCHA BIEN Y HACE ALGUNAS OBSERVACIONES RELACIONADAS CON SUS COLABORADORES; RECOMIENDA EL
ESPIRITU DE SACRIFICIO Y LA OBSERVANCIA DE LAS REGLAS; AFIRMA QUE ES BUENO QUE LOS JOVENES
CONOZCAN LOS DEBERES QUE LAS REGLAS IMPONEN A LOS SUPERIORES; ANUNCIA QUE EN NOVARA Y EN ROMA
SE ESPERA A LA PIA SOCIEDAD Y QUE EL OBISPO DE CASALE LA APRUEBA COMO DIOCESANA; RECUERDA EL
SUEÑO DE LA PERGOLA DE ROSAS Y ESPINAS; EXHORTA A CADA SALESIANO PARA QUE PROCURE GANAR UN
SOCIO NUEVO PARA LA PIA SOCIEDAD

LOS Oratorios festivos, el Asilo de Valdocco, los colegios, las Lecturas Católicas, la construcción de la iglesia de María Auxiliadora,
eran obras de extraordinaria importancia, pero la que más interesaba al Siervo de Dios, y la que consideraba de absoluta necesidad era la
aprobación de su Pía Sociedad por la Santa Sede.

((61)) De la estabilidad de ésta dependía la existencia y la prosperidad de las otras ob ras tan bien encaminadas.

Mas para alcanzar este fin, era necesario, lo mismo que para la aprobación, obtener primeramente cartas de recomendación de los
obispos.
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En efecto, ya las había pedido y obtenido de los Obispos de Fossano y Alessandria a finales del año anterior; y a principios de 1868 se
había dirigido al de Casale, a quien enviaba también un resumen histórico de la Pía Sociedad.

RESUMEN HISTORICO DE LA SOCIEDAD DE
SAN FRANCISCO DE SALES

Esta Sociedad era en sus comienzos una sencilla catequesis que el sacerdote Juan Bosco, con el consentimiento del teólogo Luis Guala
y José Cafasso, ambos de perpetuo glorioso recuerdo, comenzaba en un lugar adecuado, anejo a la iglesia de San Francisco de Asís. Su
finalidad era la de reunir a los muchachos más pobres y marginados y entretenerlos en los días festivos con ejercicios de piedad, cánticos
sagrados y agradables entretenimientos. Se tenía especial consideración con los que salían de las cárceles y se encontraban expuestos a
mayores peligros. La prueba resultó satisfactoria y asistía un notable número de jóvenes, por cuanto lo permitía la capacidad del lugar.

El año 1844 tomó el sacerdote Juan Bosco la dirección espiritual del Hospitalillo de Santa Filomena, junto al Refugio, y entonces, con
el consentimiento del Arzobispo, se dedicó al culto divino una parte de aquel edificio, que sirvió durante algún tiempo para las funciones
sagradas. Durante dos años no pudo establecerse el Oratorio en un lugar fijo; pero en 1846 se alquiló, y después se compró, el sitio
donde, con el correr del tiempo, se edificó la actual iglesia y la casa llamada Oratorio de San Francisco de Sales.

En ella estuvo el arzobispo Fransoni, de grata y feliz memoria, y administró varias veces el sacramento de la Confirmación y presidió
otras funciones sagradas. Daba también ((62)) permiso para celebrar triduos y novenas, para admitir a la recepción de la Confirmación y
de la sagrada comunión que valiese para el cumplimiento pascual. Dado el gran número de muchachos que asistía, el A rzobispo
consintió y aconsejó la apertura de un nuevo Oratorio en Puerta Nueva, dedicado a san Luis, en 1847; otro en Vanchiglia, en 1849, y
finalmente el de san José en San Salvario, en 1859. En estos locales se fueron estableciendo poco a poco escuelas dominicales, después
las nocturnas y también las diurnas. Entre los jóvenes que asistían había varios cuya situación no se podía remediar sin darles casa,
comida y vestido. De aquí nació la casa de San Francisco de Sales, que hoy alberga cerca de ochocientos muchachos.

La tristeza de los tiempos y la disminución de las vocaciones persuadieron a cultivar jóvenes sin medios o con escasa fortuna para
seguir la carrera eclesiástica; de aquí la sección de los estudiantes en la casa de Turín, el colegio internado de Lanzo y el Seminario
Menor de Mirabello, donde reciben instrucción religiosa y científica más de cuatrocientos jóvenes, la mayor parte de los cuales aspira al
estado sacerdotal.

El superior de estos Oratorios fue siempre, en cierto modo, el Arzobispo, de cuyo parecer y consejo dependía todo. Por lo demás, los
sacerdotes que dedicaban decididamente su sagrado ministerio a los oratorios, solían reconocer al sacerdote Juan Bosco como superior,
sin el vinculo de los votos, pero con la sencilla promesa de ocuparse en aquello que él juzgara para la mayor gloria de Dios.
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Monseñor Fransoni recomendó muchas veces que se estudiase algún medio para asegurar la existencia de los oratorios después de la
muerte del que esto expone. El año 1852, y por propia iniciativa, el Superior Eclesiástico aprobaba en general los reglamentos que se
observaban en los oratorios, nombraba al sacerdote Bosco jefe de los mismos y le concedía todas las facultades necesarias y oportunas
para estas instituciones.

Las calamidades de los tiempos obligaron al Arzobispo a residir fuera de la diócesis, pero él no cesaba de recomendar una ((63))
institución que asegurase la conservación del espíritu y de las costumbres de los oratorios. En 1858 aconsejaba al sacerdote Bosco
quefuera a Roma para obtener luces especiales del Sumo Pontífice acerca del modo de concebir una institución religiosa ante la Iglesia,
pero cuyos miembros fueran ciudadanos libres ante las leyes civiles.

El Sumo Pontífice acogió con bondad y gran atención la proyectada institución y fijó las bases, ayudó a desarrollar cada uno de los
artículos y, con el auxilio del cardenal Gaude, se adoptó el antiguo reglamento de la sociedad a la forma de la copia adjunta. El mismo
Pío IX, en varias cartas particulares suyas, daba avisos y consejos para que todo saliera bien, y él mismo pidió que fueran presentadas las
Reglas a la Santa Sede para su sanción apostólica, no bien se pusieran en práctica por algún tiempo. El arzobispo Fransoni leyó el
reglamento en Lyón, después escribió una carta en la que anotaba algunas cosas, que se tomaron muy en cuenta.

Enviaba a continuación las Constituciones, recomendando a su Vicario General que hiciese cuanto era menester para llegar a la normal
aprobación de las mismas. La muerte del llorado Pastor interrumpió toda negociación al respecto. El Vicario Capitular creyó que era
mejor aguardar al nuevo Arzobispo para la oportuna aprobación y escribió entre tanto una espléndida carta comendaticia que, unida a las
de varios otros obispos, fue enviada a Roma el año 1864.

El Padre Santo recibió todo con paternal atención y mandó las Constituciones, la correspondiente instancia y las cartas comendaticias
de los obispos a la Congregación de Obispos y Regulares. Pocos meses después, la competente Congregación publicaba un decreto, cuya
copia se adjunta, con el que se aprobaban y recomendaban las Constituciones y se reservaba de more solito (según costumbre) para
tiempo más oportuno, dar la sanción apostólica de cada artículo. Pero, atendidas las especiales circunstancias de los tiempos, se constituía
la Sociedad en la persona del Rector General, que debía permanecer en el cargo durante toda su vida y pasar al sucesor, que debía durar
en el cargo doce años.

Esta sociedad quedaba, pues, aprobada en general; ahora la Santa Sede está esperando para verificar si la Sociedad corresponde a ((64))
su fin para llegar después a la aprobación definitiva. Monseñor Calabiana, su antecesor, se dignó recomendarla ante la Santa Sede y
señalaba especialmente el punto de que en esta diócesis de Casale existe un Seminario Menor administrado y dirigido por esta Sociedad.

Ahora se pediría humildemente que el Obispo de Casale:

1.° Habida cuenta de que esta Institución tiene una casa en esta diócesis, casa que fue fundada y sostenida por su antecesor que también
la aprobó y recomendó muchas veces, y que la habría aprobado definitivamente en cada uno de sus artículos, si la divina Providencia no
lo hubiera llamado a otro lugar;

2.° Habida cuenta de las distintas cartas comendaticias hechas por otros obispos y de las ventajas que esta diócesis de Casale tuvo desde
su institución y por los muchos jóvenes recogidos en Turín y adiestrados en las artes o encaminados al Santuario;
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3.° Habida cuenta de la aprobación, recomendación y constitución del Superior General por la Congregación de Obispos y Regulares;

Quiera dar una nueva señal de benevolencia a la naciente Sociedad, que de este modo allanaría mucho el camino para la definitiva
aprobación de cada uno de los artículos de las constituciones de la Sociedad, añadiendo su voto para que esta Sociedad sea cuanto antes
aprobada por la Santa Sede, con las modificaciones que se juzgaren necesarias para la mayor gloria de Dios y salvación de las almas.

El que suscribe, en nombre de todos los socios, presenta los sentimientos de la más viva gratitud, asegurando a V. E. que mientras dure
esta Sociedad, no cesarán éstos de invocar las bendiciones del cielo sobre quien ha demostrado ser su tan gran bienhechor.

En nombre de todos, el que suscribe pide su santa bendición y se profesa con el más profundo respeto.

De V. E. Rvdma.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

((65)) El Obispo de Casale acogía benignamente la petición y hacía llegar a don Bosco este Decreto Comendaticio, con el que aprobaba
la Pía. Sociedad como congregación diocesana y la recomendaba a otros obispos y al mismo Sumo Pontífice.

NOS PETRUS MARIA FERRE
Dei et Apostolicae Sedis gratia
Ecclesiae Casalensis Episcopus et Comes.

Sicuti praecipuum est Episcoporum munus a Vinea Domini totis viribus malas erbas eradicare, ita maxima est eis cura adhibenda ut
bonae arbores, quae bonos fructus facere pertentant, in eadem Vinea serantur, colantur atque custodiantur. Cum autem Divina Providentia
factum sit ut Societas a sancto Francisco Salesio dicta, nova plantatio, in Nostra hac Dioecesi constitueretur, eam omni prorsus animi
favore prosequi Nobis est in consilium.

Acceptis itaque epistolis supplicatoriis una cum constitutionibus quas Joannes Bosco sacerdos, eiusdem Societatis Superior Generalis,
Nobis obtulit, optimum in Domino factum Nobis est visum hanc eamdem Societatem rite adprobare.

Istius enim Societatis Constitutiones quindecim capitibus constant; Capitula autem in articulis dividuntur. Finis est sociorum
sanctificatio praecipue per exercitium christianae charitatis erga adolescentulos diebus festis derelictos; pauperiores vero quibusdam
domibus receptos alere; et si bonum Ecclesiae postulaverit, iuniorum seminariorum curam suscipere, quemadmodum in hac Nostra
Dioecesi, in pago cui est nomen Mirabello iam pridem est factum, ubi centum circiter et quinquaginta parvuli ad scientiam ac pietatem
informantur, quemadmodum eos decet qui in sortem Domini sunt vocati. Deinde sacris praedicationibus, cathechesi, bonorum librorum
diffusioni, ut animarum lucrum socii obtineant, operam dabunt.

Attente igitur hisce Constitutionibus perlectis, fine ac forma memoratae Societatis consideratis, peculiari quoque benevolentia permoti
erga Domum iam antea in hac
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Dioecesi constitutam, ut ipsa magis atque magis firmetur, eiusdemque fructus uberiores evadant;

Habita ratione Commendationum Antecessoris Nostri qui eam erigendam curavit et etiam atque etiam commendavit;

Adhaerentes Sacrae Congregationis Episcoporum et Regularium Decreto, quo hanc Societatem, attentis litteris Commendationis
plurimorum Episcoporum, Maximus Ecclesiae Pontifex amplissimis verbis laudare et commendare dignatus est uti Congregationem
Votorum simplicium sub regimine Superioris Generalis.

((66)) Hisce demum omnibus attente consideratis ac perpensis, Societatem a sancto Francisco Salesio dictam commendandam atque
adprobandam esse duximus, uti praesenti Decreto commendamus et tamquam Dioecesanam Congregationem adprobamus secundum
constitutiones Nobis relatas.

Insuper cum ex memorato Decreto constet Superiorem Generalem eiusdem Societatis esse rite constitutum, Nos benevolenti animo
parati sumus omnes facultates et privilegia eidem concedere, quae necessaria aut opportuna videbuntur, ad maiorem Dei gloriam et ad
bonum Societatis promovendum.

Verumtamen cum supralaudata Sacra Episcoporum et Regularium Congregatio absolutam Constitutionum adprobationem ad
opportunius tempus distulerit, volumus omnes correctiones ac reformationes, additamenta, quae Sancta Sedes in his Constitutionibus
inserere iudicaverit, eadem admittantur, in Constitutionibus accomodentur et observentur, sicuti et Nos admittimus et observare
intendimus.

Dum autem hanc Societatem apud omnes Catholicos Episcopos commendamus, ut opere ac consilio eam firmiorem reddant eique pro
viribus faveant, Ecclesiae Antistitem demissis praecibus enixe obsecramus, ut absolutam Apostolicam Constitutionum adprobationem
huic Societati concedere tandem dignetur.

Hanc denique probationem esse tantum Dioecesanam declaramus, salva aliorum Episcoporum iurisdictione.

Datum Casali, in Aedibus Nostris Episcopalibus, die 19 ianuarii, anni 1868.

" PETRUS MARIA Episc.

Can. BRIATTA Cancell. Episcopalis.

(traducción)

NOS PEDRO MARIA FERRE

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica
Obispo y Conde de la iglesia de Casale.

Así como es una obligación extraordinaria de los obispos arrancar con todas sus fuerzas las malas hierbas de la Viña del Señor, así
también se han de cuidar de plantar, cultivar y guardar en la misma viña árboles buenos que puedan dar buenos frutos. Habiendo, pues,
hecho la divina Providencia que la llamada Sociedad de San Francisco de Sales constituyese una nueva plantación en esta nuestra
Diócesis, es nuestro propósito confirmarla con todo nuestro esfuerzo.

Habiendo recibido las cartas de petición juntamente con las constituciones que el sacerdote Juan Bosco, Superior General de dicha
Sociedad, nos presentó, nos ha parecido lo mejor ante el Señor aprobar esta Sociedad.

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Las Constituciones de esta Sociedad constan de quince capítulos, divididos en artículos. Es su fin la santificación de los socios,
principalmente a través del ejercicio de la caridad cristiana en favor de los adolescentes abandonados en los días festivos; atender a los
más pobres recogiéndolos en ciertas casas; y, si lo pidiere el bien de la Iglesia, aceptar el cuidado de los seminaristas jóvenes, como desde
ya hace tiempo realizó en esta nuestra diócesis, en la población llamada Mirabello, donde se forman en la ciencia y la piedad alrededor de
ciento cincuenta muchachos, tal y como conviene a los que han sido llamados a la suerte del Señor. Después los socios se dedicarán a la
sagrada predicación, a la catequesis, a la difusión de la buena prensa, para ganar almas.

Releídas, por tanto, atentamente estas Constituciones, considerados el fin y la forma de dicha Sociedad, movidos también por una
peculiar benevolencia hacia la casa ya constituida en esta diócesis, para que ella se afirme más y más y salgan de ella los mejores frutos;

Teniendo en cuenta las recomendaciones de nuestro antecesor que se cuidó de fundarla y la recomendó una y otra vez;

Adhiriéndonos al decreto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, por el que, de acuerdo con las cartas comendaticias de
muchos obispos, el Pontífice máximo de la Iglesia se dignó alabar y recomendar ampliamente esta Sociedad como una Congregación de
votos simples bajo el mandato de un Superior General;

Finalmente, habiendo considerado y examinado atentamente todo esto, hemos llegado a la conclusión de que la Sociedad llamada de
San Francisco de Sales ha de ser recomendada y aprobada, como por el presente decreto la recomendamos y aprobamos como
Congregación Diocesana, de acuerdo con las constituciones que nos han sido entregadas.

Además, como por el nombrado decreto ya consta que está debidamente consti tuido el Superior General de esta Sociedad, nosotros de
buen grado estamos dispuestos a concederle todas las facultades y privilegios que sean necesarios u oportunos para mayor gloria de Dios
y para promover el bien de la Sociedad.

Sin embargo, dado que la nombrada Congregación de Obispos y Regulares ha dejado para tiempo más oportuno la total aprobación de
las constituciones, queremos que todas las correcciones, reformas y añadiduras que la Santa Sede quisiera introducir en estas
constituciones sean admitidas, se acomoden y observen en las constituciones, tal y como Nos las admitimos y entendemos observar.

Mientras encomendamos esta Sociedad a todos los Obispos Católicos, para que la hagan más firme con su actuación y su consejo y la
favorezcan cuanto les sea posible, con todo interés presentamos nuestras humildes preces al Supremo Pastor de la Iglesia para que se
digne conceder finalmente a esta Sociedad la aprobación apostólica definitiva de las Constituciones.

Declaramos finalmente que esta aprobación es solamente diocesana, siempre a salvo la jurisdicción de otros obispos.

Dado en Casale, en nuestra sede episcopal, a 19 de enero de 1868.

"PEDRO MARIA, Obispo
Can. BRIATTA, canciller episcopal.
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Don Bosco iba preparando copias de esta relación histórica para otros obispos, variando los motivos de las súplicas de acuerdo con las
circunstancias particulares de lugares y personas. El 29 de enero las enviaba al Arzobispo de Génova.

Preparadas estas diligencias, el día 2 de febrero, fiesta de la Purificación de María Santísima, se celebró, además, en el Oratorio la de
san Francisco de Sales. Al día siguiente se reunió la Conferencia general de la Pía Sociedad, de la que copiamos a la letra la interesante
relación.

"3 de febrero de 1868.-Por la tarde dio don Bosco en su cuarto una conferencia a todos los directores de las diversas casas ((67)) y a los
hermanos del Oratorio. Cada director, y en primer lugar don Domingo Pestarino, de Mornese, presentó su informe.

"Don Bosco aprobó todo lo que se hace en Mornese para alejar a la juventud de los peligros de las tertulias carnavalescas; dijo cuánto
consuelo le había proporcionado la sincera piedad de aquellos campesinos; le agradeció vivamente las limosnas hechas para la nueva
iglesia y animó a don Domingo Pestarino, celoso amigo de aquellos buenos paisanos, a continuar en la santa empresa.

"Se mostró satisfecho del celo desplegado por los superiores del seminario de Mirabello y de los útiles medios empleados para atraer a
los alumnos a la piedad y a las Compañías del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada Concepción. Habiendo sido preguntado cómo
corregir a algunos muchachos díscolos dijo que el Superior les llame a parte a todos, les exponga cariñosamente su pena por la mala
conducta, les anime al arrepentimiento y al mismo tiempo los recomiende a los cuidados de su profesor, el cual, remachando el clavo,
verá la manera de apartarlos de sus malas costumbres.

"Pasando a hablar del Colegio de Lanzo, enseñó la manera de introducir también en él la Compañía de la Inmaculada Concepción. A
falta de jóvenes aptos para el caso, se forme esta compañía entre los clérigos. Ellos, poco a poco, iniciarán a los alumnos y, con el tiempo,
podrá subsistir dicha compañía sin ellos.

"Viniendo por fin al Oratorio de San Francisco de Sales dijo muy poco sobre su marcha. Hizo notar que era muy difícil formarse un
juicio exacto, porque el número de alumnos es demasiado grande y porque, además de los estudiantes, están los aprendices. No obstante,
en general, le parecía que todo marchaba bien, teniendo en cuenta, además, el menor número de clérigos asistentes; se debía además
calcular que, con cierto número de éstos, se podía contar muy poco para la asistencia, por haber llegado recientemente de los
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seminarios y, ser por tanto inexpertos y poco avezados aún a nuestra vida.

"Pero también disminuye el número de los buenos hermanos.

((68)) "Desde la fiesta de San Francisco de Sales del año pasado, se han perdido dos de nuestros grandes campeones, que habrían hecho
mucho bien, y no sabría decir quién de los dos habrá recibido mayor premio en el cielo. Uno, el clérigo José Mazzarello, que era bueno
por naturaleza, serio en los propósitos y obediente; el otro, don Enrique Bonetti, que supo vencerse a sí mismo y superar todas las
dificultades, aunque era de índole fogosa.

"Por lo tanto, declaró que lo que más importaba era que todos los salesianos se animaran mucho y estuvieran dispuestos a hacer muchos
sacrificios por amor de Dios. Exhortó a los sacerdotes y a los clérigos a ser los primeros en la observancia de las Reglas de la casa y a que
todos procurasen tener un conocimiento exacto de las mismas. A tal fin, recomendó al señor Director de estudios que encontrara el modo
de leer todas las semanas un trozo del reglamento a los sacerdotes, clérigos y alumnos reunidos. Rechazó la proposición, presentada por
alguno, de ocultar a los muchachos las reglas a que deben sujetarse clérigos y sacerdotes.

"-Los jóvenes, dijo él, tendrían motivo para quejarse si se vieran obligados ellos solos a reglas y deberes. En público es necesario ser
reservados al hablar de hechos, cuando éstos sean censurables;
pero hay que hablar claro a todos frente a las leyes.

"Pasando a hablar después de nuestra Sociedad, anunció la oferta hecha para dos casas, una en Novara y otra en Roma, cuya apertura
sería muy conveniente, lo mismo material que moralmente, por la gracia que adquiriríamos ante ciertas personas distinguidas.

"Después de la lectura del Decreto con el que el señor Obispo de Casale aprobaba nuestra Pía Sociedad en su Diócesis, don Bosco
relató las felicitaciones de los obispos Galletti y Gastaldi. Este último dijo que tal aprobación era como una chispa la cual, como en un
inmenso incendio, destruyendo todos los obstáculos que todavía se interponen, hará que nuestra Congregación sea, dentro de poco,
recibida en todas partes. Monseñor Galletti quiso una copia de aquel Decreto. Se le dio con la esperanza de que otros muchos prelados se
unieran a él para favorecernos.

((69)) "Hablando de los obstáculos, don Bosco aludió a un sueño tenido en los primeros tiempos de la Sociedad, en el que vio a los
miembros de ésta caminando por una larga alameda, cubierta de espinas,
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cerrada por ambos lados con paredes de rosas y espinas, pero con la bóveda o emparrado entretejido solamente con rosas. Explicó que los
hermanos no sólo deben caminar sobre las espinas de las privaciones y de las fatigas, sino que son punzados e impedidos en su obrar por
las espinas de los obstáculos y las contradicciones. El demonio, enemigo de todo bien, suscita cuantos obstáculos puede contra los que
quieren hacerlo, y lo que es más, ved la malicia infernal, hace que estos obstáculos los pongan personas piadosas y con santas
intenciones, las cuales, engañadas desgraciadamente, llevan a muchos a engaño.

"Pero combatamos con fortaleza y constancia, exclamó y, con la gracia del Señor, triunfaremos contra todos y en todo. Sólo con
grandes trabajos se llevan a cabo las grandes empresas. La pérgola de rosas significa que nuestro premio está en el cielo y que sólo a él
debemos tender con todas nuestras fuerzas.

"-Y ahora, continuó, pensemos en aumentar nuestro personal: para obtenerlo es necesario que nos comprometamos a ganar a algún
hermano nuevo. Esto depende principalmente de los directores de las casas. Es necesario que ellos procuren ganarse y mantener la
confianza de aquellos jovencitos, que claramente ven que pueden hacer un gran bien en lo sucesivo. Este es el único medio para atraerlos
a la Sociedad. Os lo digo por experiencia; puedo aseguraros que si un joven, al hacer sus estudios, ha tenido confianza ilimitada con su
director y superior, fácilmente se llegará a ganarlo. Al ver en su director, no al superior, sino al padre, volcará su corazón en el suyo y
hará cuanto éste le aconseje hacer. Así cobrará afecto a la casa; sin conocer aún la Sociedad, pondrá en práctica las Reglas, y, apenas la
conozca, la abrazará para no abandonarla jamás, excluido el caso de que perdiese aquella confianza. Al contrario, hay jóvenes que vienen
((70)) aquí, acaban sus estudios, no hay nada que tachar en su conducta, son buenos, merecen buenas calificaciones, pero si no tienen esta
confianza, no se podrán albergar más que dos décimos de esperanza de que se decidan a entrar o quedarse con nosotros. La razón está en
esto; en que miraron a su director, no como a un padre, sino como a un superior, que vigila su conducta externa y nada más. Tómese nota
de esto para pensar en la necesidad de inspirar afecto, para conocer las inclinaciones de los alumnos y de los demás subordinados.

"Al final concluyó: -"Quién sabe si nos encontraremos todos en esta reunión el año que viene o si alguno de nosotros será llamado por
el Señor a la eternidad? Espero que nos volvamos a encontrar
75

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VOLUMEN IX Página:

todos, pero esto depende de Dios; nosotros estemos preparados para la muerte.
"Don Bosco levantó la sesión recitando el De profundis por los queridos hermanos difuntos"
.

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((71)
)

CAPITULO VII

DON JUAN BONETTI ESCRIBE AL CABALLERO OREGLIA PARA QUE LE CONSIGA UNA INDULGENCIA Y UNA
RELIQUIA DE SAN ESTANISLAO; DON BOSCO ES ESPERADO EN MIRABELLO -CARTA DE DON JUAN BAUTISTA
FRANCESIA AL CABALLERO; DON BOSCO HA IDO A MILAN; SUS ORACIONES CURAN A UNA ENFERMA; OTRAS
MARAVILLAS; TEATRO PARA LOS EXTERNOS EN EL ORATORIO; LAS OBRAS DE LA NUEVA IGLESIA -CARTA DE DON
BOSCO AL CABALLERO; LE DA UNOS ENCARGOS; LE DICE QUE LA PIA SOCIEDAD ESTA APROBADA POR EL OBISPO
DE CASALE COMO DIOCESANA; ASOMBROSAS GRACIAS DE LA VIRGEN; PRECIO DE LAS MEDALLAS DE MARIA
AUXILIADORA; HA ESCRITO SOBRE VIGNA PIA -VA A MIRABELLO; PREDICE EL DIA EN QUE UN PROFESOR CURARA
DEL MAL DE GARGANTA -VA A CASALE PARA DAR LAS GRACIAS AL OBISPO POR SU DECRETO -ANECDOTAS EN EL
FERROCARRIL -INSTANCIA AL MINISTRO DE LA GUERRA PARA OBTENER UN SUBSIDIO -VISITA AL COLEGIO DE
LANZO -EL CARDENAL CORSI COMUNICA A DON BOSCO QUE ESTA DISPUESTO A HACERLE LA CARTA
COMENDATICIA; LE ACONSEJA PEDIRLA A LA MAYOR PARTE DE LOS OBISPOS DEL PIAMONTE Y AL ARZOBISPO DE
FERMO, MUY INFLUYENTE EN ROMA -IMPORTANTE DOCUMENTO SOBRE LA FUNDACION DE LA COMPAÑIA DE SAN
JOSE -INFLUENCIA DEL SISTEMA EDUCATIVO DE DON BOSCO

LOS directores habían vuelto a sus casas el día 4 de febrero y don Juan Bonetti, inflamado de fervor por el bien de sus alumnos, escribía
desde Mirabello al caballero Oreglia:

Mirabello, 7-2-1868
Apreciado señor Oreglia:

Ruégole me mande algún bonito recuerdo para mí y para estos queridos muchachos. Si va a ver a nuestro amabilísimo Santo Padre,
((72)) dígale lo mucho que nosotros le queremos. Pídale algo bueno para nosotros, como por ejemplo, una indulgencia
77

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VOLUMEN IX Página: 78

que nos ponga en la dulce necesidad de hacer una hermosa fiesta en honor del que tanto amamos. Este año se celebra el centenario de san
Estanislao. Deseo hacérselo celebrar muy bien a estos muchachos para tener ocasión de enamorarlos de sus virtudes. Así que V. S. me
haría una gran favor, si me proporcionase una reliquia de este amable santito. Todos estamos bien. Tememos que, según el sueño de don
Bosco, alguno de nosotros haya de morir. El jueves estará aquí don Bosco...

JUAN BONETTI, Pbro.

El sueño de don Bosco para 1868 era conocido y, así como el clérigo Mazzarello había muerto en Lanzo, se temía que pendiese también
la misma suerte sobre la cabeza de alguno de Mirabello; esto es, que el sueño no se refiriera únicamente a los alumnos del Oratorio. Al
mismo tiempo se esperaba con ansiedad en Mirabello la llegada de don Bosco para que explicara los aguinaldos.

Pero él, después de la conferencia a los salesianos, había partido para Milán y don Juan Bautista Francesia comunicaba al caballero
Oreglia noticias sobre este viaje.

Turín, 14 de febrero de 1868

Queridísimo señor Caballero:

...Don Bosco fue la semana pasada a Milán, donde permaneció del lunes al miércoles. Se alojó en el palacio arzobispal. Fue el suyo un
verdadero triunfo. El palacio fue invadido continuamente por la multitud. A lo que dicen los de Milán, ha asombrado a muchos que un
pobre sacerdote despertase al presente tanto entusiasmo. Aconteció, además, algo singular. El jueves por la mañana, casi sin descansar del
largo viaje, recibió don Bosco un despacho del señor Güenzati, en el que le encargaba celebrase una misa por una pariente suya, ya
entrada en años y muy enferma. Pues bien, al día siguiente, a la misma hora en que don Bosco celebraba la santa misa, la pobre enferma
se levantaba de la cama; imagínese la satisfacción y el estupor de todos los parientes. Otra persona, que deseaba y obtuvo casi ipso facto
una curación semejante, envió quinientas liras de limosna por primera entrega.

En fin, si yo tuviera que contarle todas las preciosas maravillas que acontecen ante nuestros ojos, no saldría de una para entrar en otra,
sin acabar jamás. El periódico La Virgen, plaza Poli, núm. 11 de Roma, ha publicado una carta mía en la que se habla de la curación
verdaderamente prodigiosa de Bonetti, alumno de Lanzo.

((73)) En la iglesia van avanzando los trabajos, pero tal vez no puedan acabarse hasta el mes de mayo, quizá no del todo y quién sabe...

El jueves que viene (20 de febrero) se hará una representación teatral para satisfacer los deseos de tantísimos como no pudieron asistir a
nuestro teatro, por falta de local...

FRANCESIA, Pbro.

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Don Bosco, a su vuelta de Milán, escribía a Roma, exaltando la bondad de María Auxiliadora.

Turín, 11-2-1868

Carísimo señor Oreglia:

La princesa Borghese ha respondido negativamente sobre la iglesia. La Duquesa de Sora no escribió nada hasta ahora para el reverendo
Molinari. Si no se toma una decisión, tal vez él tome otro partido. El conde Scotti ofreció algo a monseñor Manacorda para la iglesia. He
escrito una notita anónima a monseñor Berardi.

Las cosas de nuestra sociedad van tomando buen cariz; el Obispo de Casale la aprobó definitivamente como Congregación diocesana.

Cada día hay cosas, unas más ruidosas que otras, sobre María Auxiliadora y la iglesia. Harían falta volúmenes; hablaremos después de
todo. "Cuándo vendrá? Las medallas, según el modelo que usted me dio, costarían aquí alrededor de dos céntimos la unidad; no habría
los gastos de portes y derechos de consumos.

Saludos de todos los de casa; salude atentamente a la marquesa Villarios y dígale que se ponga buena y ruegue por nosotros. Nosotros
lo hacemos por ella.

Que Dios bendiga a usted y sus trabajos. Amén.

He escrito al duque Salviati sobre Vigna Pía; creo que aceptaremos; nos conviene; vaya a hacerle una visita; escuche atentamente y
escríbame. Deo gratias!

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

El día 13 llegaba a Mirabello. íEs de imaginar el recibimiento que le hicieron! El Venerable aseguró a todos que el sueño de las muertes
predichas no se refería de ningún modo a los alumnos del Seminario Menor. La explicación de los aguinaldos y las confesiones le
tuvieron ocupado de la mañana a la noche. Los muchachos estaban entusiasmados o conmovidos ante la conformidad de sus palabras y el
estado ((74)) de sus almas. El les recordó las glorias del colegio, los santos compañeros difuntos, les invitó a imitar las virtudes de
Ernesto Saccardi, de Franciseo Rapetti y de José Allievo, hijo del ilustre profesor de Pedagogía, que murió en Milán a la edad de once
años el 5 de julio de 1867 y del cual don Juan Bonetti había escrito y pronunciado una magnífica oración fúnebre.

Por aquellos días sucedió un hecho gracioso, que don Juan Garino nos dejó escrito:

"Era el año de 1868 y yo me encontraba en el colegio de Mirabello Monferrato, cerca de Casale, como profesor del cuarto curso de
bachillerato. El tres de febrero por la mañana, día de san Blas, fui como todos a recibir la bendición de la garganta. Al salir de la iglesia
comencé a sentir un dolor que me molestaba bastante al tragar la saliva.
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Don Bosco vino a Mirabello unos días después y yo me presenté a él con un compañero (creo que era don Pablo Albera) el cual le dijo a
don Bosco:

"-Don Bosco, "sabe la gracia que le ha hecho san Blas a Garino? (era clérigo aún). Fue a recibir la bendición de la garganta sin ningún
mal y desde entonces le duele.

"Don Bosco, sonriendo, me dijo que aguantase el mal hasta la Anunciación (25 de marzo). Y así fue. Daba lo mejor que podía un
poquito de clase, aunque con mucha dificultad; llegó el día 25 de marzo y después de comer, mientras me entretenía con algunos alumnos
míos en el patio, de repente, me sentí totalmente libre de la molestia que desde san Blas no me había dejado en paz.

"Entonces me acordé de las palabras de don Bosco y conté el caso a mis alumnos, los cuales, ya llenos de admiración por don Bosco, la
tuvieron después mayor".

Desde Mirabello se marchó el Venerable a Casale, tal y como había escrito a la condesa Callori, y fue a dar gracias al Obispo por haber
aprobado como diocesana la Pía Sociedad de San Francisco de Sales.

En este viaje le sucedió uno de esos graciosos encuentros que ya hemos recordado otras veces. Es de notar que por la ((75)) región de
Alessandria, Casale, Vercelli y Novara se celebran grandes mercados, a los que acuden tratantes de ganado y comerciantes de cereales,
vinos y otros productos agrícolas, gentes muy a menudo materialistas y deslenguadas.

Don Bosco se encontró en el mismo departamento del tren con uno de ésos que, por haber leído librejos, periódicos impíos, creen poder
combatir la religión soltando las más disparatadas barbaridades. Niegan los milagros de Jesucristo, explicándolos a su manera y diciendo,
por ejemplo, que, con un poco de economía, cualquiera podía alimentar muy bien a cinco mil personas con cinco panes y algunos peces.
Aquel viajero pertenecía, por cierto, a la categoría de tales doctores. En efecto, después de unas palabras sobre temas indiferentes,
haciendo señas al cura, llevó la conversación, como estaba de moda, a materia de religión y, pasando de una cosa a otra, vino a los
milagros del Evangelio. Decía que éstos se pueden explicar y, para probarlo, se puso a hablar del milagro de san Pedro, caminando sobre
las aguas por mandato de Jesucristo; y exclamó:

-"Qué milagro es éste? Al presente se sabe que las aguas del mar Muerto son tan espesas que las naves no pueden navegar por ellas; y
por tanto, resulta fácil para un hombre caminar por encima sin milagro,
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VOLUMEN IX Página: 81

puesto que tal vez se había formado una costra espesa que impedía hundirse.

Don Bosco, que hasta entonces había callado, le dio una mirada de compasión y, dejando de lado cualquier otra contestación, se limitó
a decirle:

-Señor, usted toma el rábano por las hojas. Ha de saber que Jesucristo jamás se encontró con sus discípulos en el mar Muerto. Usted
confunde el mar Muerto con el mar de Galilea llamado también mar de Tiberíades o lago de Genesaret, que dista del otro unas setenta

millas.

A estas palabras lanzaron los viajeros una sonora carcajada y el pobre hombre, confuso y enojado, rezongó:

-Yo he dicho lo que he leído; pero, si es así, confieso que he sido engañado.

Y don Bosco replicó:

((76)) -Permítame una observación. Si en vez de leer ciertos libros, con los que se pretende arrancar la fe del corazón del pueblo, fuera

usted a escuchar las explicaciones del Evangelio de su párroco, no soltaría ciertos desatinos.

Otra vez se encontró nuestro buen Padre frente a un viajero que en alta voz comenzó a defender a un sacerdote castigado, injustamente
por el Obispo, según él, y añadía:

-Han pasado los tiempos de la Inquisición; también el cura es ahora un ciudadano libre, "quién ha dado derecho al Obispo para

suspenderlo de decir misa?

Don Bosco le interrumpió y le dijo:

-Sepa que Jesucristo en persona ha dado el derecho al Obispo; y si el Obispo ha suspendido a ese tal, habrá tenido sus motivos. "Quién

le ha nombrado a usted juez de los sucesores de los Apóstoles?

-Pero me han dicho que ese Obispo no es como los otros; abusa de su poder y es enemigo de la libertad.

-Respóndame, por favor: "el Obispo ha quitado la misa a muchos?

-No creo; solamente a ése.

-Y "sábe decir por qué no se la quita a los otros?

Aquél no supo qué constestar, farfulló unas cuantas palabras y don Bosco añadió:

-Porque los demás curas cumplen con su deber.

Y bajando la voz, de modo que los vecinos no lo oyesen, continuó:

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-En cuanto a su defendido, sepa que el Obispo le suspendió porque es un sacerdote que no frecuenta la iglesia, no confiesa, jamás
predica. Si quiere encontrarlo, vaya al café y le verá con alegre compañía; acostumbra vestir de forma indigna de un ministro de Dios.
Fue avisado muchas veces por su Obispo para que cambiara de modo de proceder, pero no obedeció y empeoró.

-Y usted señor mío, "defiende a una persona así? "Consentiría usted que este desgraciado subiese al altar para ofrecer el divino
sacrificio? Si obrara ((77)) así no añadiría una palabra más, porque estaría seguro de no hablar con un católico.

Aquél quedó en silencio durante un buen rato y después comenzó de nuevo:

-Yo, en verdad, no conozco a ese cura y sólo he oído a varios amigos míos lo que he dicho.

-Entonces, concluyó don Bosco, sea usted más cauto al hablar especialmente contra los prelados de la Iglesia, a los cuales debemos la
mayor reverencia. Sepa que ellos conocen mejor que nosotros su deber y que obran concienzudamente.

Vuelto de Casale a Turín, con una santa insistencia que sólo Dios sabe cuántos sacrificios exigía a menudo a su amor propio, escribía
don Bosco a un empleado del Ministerio de la Guerra en demanda de subsidios para unos alumnos, que habían sido recomendados por el
mismo Ministerio. Siempre hay que advertir la delicadeza de ciertas frases.

Ilustrísimo Señor:

Las miserias siempre en aumento entre nosotros durante este año, me animan a recurrir a la probada caridad de V. S. Ilma., que tantas
veces he experimentado.

El número de niños pobres recomendados por ese Ministerio es un poco crecido, mas lo que nos pone en verdaderas estrecheces es la
carestía de víveres. El año pasado, casi por esta misma época, costaba treinta céntimos el kilo de pan, ahora casi se ha duplicado; y lo
mismo sucede con los demás artículos.

Por eso me encomiendo vivamente a su reconocida bondad, para que se digne, también este año, ayudar a estos pobres muchachos y
otorgar la mayor ayuda que pudiere.

Junto con estos jovencitos no dejaré de profesarles el más sentido agradecimiento e invocar cada día las bendiciones del cielo sobre

usted, mientras con todo aprecio tengo el alto honor de poderme profesar.

De V. S. Ilma.

Turín, 15 de febrero de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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Enviada esta instancia, en la semana siguiente al domingo de Sexagésima, fue a visitar el colegio de Lanzo, ((78)) donde se entregó,
durante tres días sin descanso, al bien espiritual de sus queridos alumnos. De vuelta a Turín, recibía esta contestación del cardenal Corsi,
Arzobispo de Pisa:

Muy Reverendo Señor:

Hace ya unos años que conozco el mucho bien que la Sociedad de San Francisco de Sales hace al pueblo con sus Oratorios; y, al ver sus
progresos, no ceso de dar gracias al Señor que la bendice y la fecunda, y de admirar el celo de quien es fundador y cabeza de todos sus
infatigables cooperadores. Por eso nada puede ser para mí más querido que favorecerla del mejor modo posible; y, por eso, estoy
dispuesto a enviar la carta comendaticia que V. S. Rvma. me pide en su apreciada del 10 de los corrientes.

Me parece, además, muy conveniente y oportuno que antes de la mía se provea y exhiba V. S. las comendaticias de la mayor parte, ya
que no de todos, de los venerandos prelados del Piamonte y también la del Exmo. señor Cardenal Deangelis, Arzobispo de Fermo, la cual
podría ser de gran peso, ya que por la larga estancia de su Eminencia en Turín, se presenta como juez más competente y apreciador más
acreditado del valor y mérito de la misma. Hay que observar también que, dado que dicho Cardenal debe trasladarse ahora mismo a
Roma, podría aumentar con su presencia e influencia la eficacia de sus mismas cartas de recomendación.

Cuando el asunto se haya iniciado de este modo, avíseme de nuevo que yo no tardaré en secundar por mi parte sus santos deseos.

Estoy realmente contento de saber que usted y los suyos, en su caridad, no han olvidado mi poquedad y siguen encomendándome en sus
oraciones. Cuanto mayores son las necesidades que me apremian en estos tiempos, tanto más vivo es el sentido del agradecimiento que le
profeso en el momento en que, con agrado y verdadera estima, me repito

De V. S. M. Rvda.

20 de febrero de 1865.

Afmo. de todo corazón
" C. CORSI, Arz. de Pisa.

Señor don Juan Bosco-Turín.

Los alumnos estudiantes del Oratorio, entre tanto, habían comenzado a santificar el mes de san José, el gran Santo, en quien don Bosco
depositaba viva confianza. Los emulaban los aprendices, en especial los congregantes de la Compañía ((79)) del Santo Patriarca, con la
observancia del reglamento de ésta, aprobado por don Bosco, y con especiales prácticas de piedad.

Ya se copió dicho reglamento en el VI volumen de estas Memorias,
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en la página ciento cincuenta y cuatro; pero, como documento histórico es, creemos oportuno conservarlo imprimiendo el primer
esquema, que nosotros encontramos en 1912, cuando ya se creía perdido. El clérigo Juan Bonetti, a principios de 1859, lo había
propuesto a una selección de aprendices y, obtenida su aprobación, lo presentó a don Bosco.

REGLAMENTO DE LA COMPAÑIA DE SAN JOSE

Los que a continuación se nombran; Juan Bonetti, Fernando Imoda, Carlos Garzena, Juan Giani, Severino Salvi, Antonio Fassino, Luis
Lachi, Pedro Enría, Luis Tos, Alejandro Doglio, Bartolomé Chiansello, Agustín Bianco, José Perona, Luis Tosi y Esteban Cibrario,
deseosos de ser cada vez mejores y de animar con el buen ejemplo y las buenas palabras a nuestros compañeros por el camino de la
virtud, nos unimos voluntariamente en esta Pía Sociedad para satisfacer fácilmente nuestro deseo. Puestos totalmente en las manos de
nuestra amorosísima Madre María Santísima y de su castísimo esposo San José, nuestro especial patrono, nos proponemos llevar una vida
del todo ejemplar. Aunque todos estamos ya inscritos en la Compañía de San Luis Gonzaga, tendremos también por finalidad principal la
exacta observancia del reglamento de esta Compañía, que es como sigue:

1.° Evitar todo lo que pueda escandalizar, procurar dar buen ejemplo en todas partes y especialmente en la iglesia.

2.° Acercarse cada quince días a los santos sacramentos de la Confesión y Comunión, y aun con mayor frecuencia, sobre todo en las
grandes solemnidades del año.

3.° Huir como de la peste de los malos compañeros y guardarse bien de las malas conversaciones.

4.° Tener gran caridad con los compañeros perdonando fácilmente cualquier ofensa.

5.° Apoyar con todo empeño la buena marcha del Oratorio, animando a los demás a practicar la virtud y a inscribirse en la Compañía.

6.° Cuando un socio se encuentre enfermo, todos se apresurarán a rogar por él y también a ayudarle en las cosas temporales, por cuanto
fuere posible.

7.° Demostrar gran amor al trabajo y al cumplimiento de los propios deberes obedeciendo con exactitud a todas las personas mayores.

Además de dichas reglas, adoptaremos las siguientes:

((80)) 1.° No se admitirá a nadie en la Compañía, si antes no se ha inscrito en la de San Luis.

2.° Cuando se vea que un compañero observa buena conducta en el Oratorio, será propuesto para su admisión. Si nadie tiene nada que
decir en su contra, se le hará la proposición. Si acepta, se le dará a leer el Reglamento o bien será informado detalladamente por el
Presidente y por algún otro socio. Quince días después será presentado a la reunión.

3.° El domingo siguiente a la presentación de un socio nuevo, todos harán la sagrada Comunión por él, pidiendo al Señor que le
conceda la gracia de ser un socio bueno y ejemplar.
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Fin de Página 84

 

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4.° Todas las semanas buscaremos un cuarto de hora para reunirnos. Al empezar, se invocará al Espíritu Santo con el Veni Creator, etc.
y la jaculatoria San José, ruega por nosotros. Después de una breve lectura espiritual, se tratará de algo que creamos ser para mayor gloria
de Dios y provecho de nuestras almas y de las de nuestros compañeros. Se cerrará la reunión con el Agimus y la jaculatoria Jesús, José y
María, os doy el corazón y el alma mía.

5.° A la hora establecida nos dirigiremos con solicitud al lugar señalado para la reunión, dejando de corazón el recreo, por amor a María
Santísima, que ciertamente lo aceptará como un bonito obsequio de sus hijos queridos. Si alguno, por cualquier motivo, no puede asistir,
será informado por el Presidente o por un socio de lo tratado en la reunión.

6.° No dejaremos nunca ninguna práctica de piedad ante las críticas o las burlas que pudieran hacer malos compañeros, sino que,
contentos de hacer algo grato a Dios y a nuestros superiores, seguiremos por el camino del bien.

7.° Cuando toque la campana para las funciones religiosas, iremos a la iglesia sin que nada nos detenga, arrastrando con simpatía a los
que estuvieran con nosotros.

8.° Procuraremos colocarnos en la iglesia en medio de los que hablan o están distraídos, a fin de que, movidos por nuestro porte
modesto, se animen al recogimiento y a la oración. Tendremos, después, gran cuidado en no salir jamás de la iglesia, a menos que nos
veamos obligados por alguna grave necesidad.

9.° El primer domingo de cada mes nos acercaremos a los santos sacramentos para obtener la conversión de aquellos compañeros
nuestros que por desgracia estuvieran en pecado mortal.

10.° Si en el trabajo o en la conversación, se presentare la ocasión de impedir un pecado con un buen consejo o con un acto de
desaprobación, no la dejaremos escapar.

11.° Si vemos o sabemos que algún socio faltó gravemente contra alguna de nuestras reglas, le avisaremos privadamente, con gran
caridad, y esto lo haremos mutuamente.

((81)) 12.° Aceptaremos con sumisión y humildad los avisos que nos dé un socio, sin demostrar jamás el menor disgusto a quien nos
avisa.

13.° No despreciaremos jamás a ninguno de nuestros compañeros y mucho menos les dirigiremos palabras impropias u ofensivas. En
fin, evitaremos entre nosotros toda discusión con la que pudiéramos ofendernos mutuamente, considerándonos todos como verdaderos
hermanos.

14.° Finalmente, así como queremos con nuestro buen ejemplo servir de espejo y de modelo a todos nuestros compañeros, así
observaremos con toda exactitud el reglamento de la casa, sin desaprobar jamás lo que ordenasen los superiores, teniendo siempre muy en
cuenta que todo lo que nos mandan o prohíben es para nuestro bien.

De todo corazón rogamos a nuestro Director que examine este reglamento y quite o añada lo que le parezca bien.

Sea todo para la mayor gloria de Dios.

íCuánta sabiduría pedagógica se refleja en este reglamento! íParece dictado por el mismo don Bosco!

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((82))

CAPITULO VIII

EL ARZOBISPO DE TURIN SE MANTIENE EN NEGAR LAS ORDENES A LOS CLERIGOS DEL ORATORIO, SI NO PASAN
UN AÑO POR LO MENOS EN EL SEMINARIO -MONSEÑOR GASTALDI Y MONSEÑOR GALLETTI LE PERSUADEN PARA
QUE DESISTA -SE INTENTA HACER SALIR DE LA PIA SOCIEDAD A LOS ORDENANDOS -SAGRADAS ORDENES Y
QUEJAS DEL ARZOBISPO -NO ES VERDAD QUE LOS CLERIGOS DE DON BOSCO NO ESTUDIEN -SE ULTIMAN LAS
FORTIFICACIONES EN ROMA; SE CONFIA EN LAS ORACIONES DE DON BOSCO -MUERTE DEL CLERIGO PETIVA
-CLASE DE MUSICA EN EL ORATORIO -DON JUAN FRANCESIA ESCRIBE A OREGLIA QUE PETIVA NO ES EL SEGUNDO
DEL SUEÑO Y QUE DON BOSCO HA DICHO QUE HAY UN JOVEN QUE NO HARA MAS EL EJERCICIO DE LA BUENA
MUERTE -DON BOSCO PREPARA LA PUBLICACION DE LOS CLASICOS ITALIANOS EXPURGADOS -ESCRIBE AL
CABALLERO OREGLIA QUE SE HAN PAGADO ALGUNAS DEUDAS; LE HABLA DE CARTAS RECIBIDAS O POR
ESCRIBIR; LE DA NOTICIAS DE SU NOBLE FAMILIA; MUCHAS FACTURAS A PAGAR

CONTROVERSIAS muy desagradables demostraban la necesidad de que el Instituto de don Bosco obtuviese una aprobación definitiva.
El Venerable deseaba que este año recibieran las órdenes sagradas tres de sus clérigos, pertenecientes a la diócesis de Turín, Francisco
Dalmazzo, Santiago Costamagna y Pablo Albera. Por eso, en el mes de enero envió por segunda vez a don Juan Cagliero a visitar al señor
Arzobispo, para explicarle sus intenciones y conocer las de Su Excelencia. El Arzobispo recibió cortésmente al enviado, pero se mantuvo
firme en su posición de que los clérigos del Oratorio entraran en el seminario antes de ser ordenados y allí vivieran al menos un año.

((83)) Era lo mismo que no querer reconocer de ningún modo la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, ya aprobada por la Santa
Sede, y empeñarse en exigir a sus miembros lo que no se exigía a los alumnos seminaristas diocesanos, de familias señoriales, que
estaban autorizados para hacer sus estudios residiendo en sus propias casas.
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Don Juan Cagliero repitió al Arzobispo las razones expuestas en la audiencia habida en diciembre y él le respondió:
-Eso no impide mi decreto.
-O sea, que S. E. quiere la destrucción del Oratorio.
-Quiero solamente a mis clérigos.
-Con todo respeto, Excelencia, vuelvo a repetir que esto es lo mismo que destruir el Oratorio, porque no hay escuelas sin maestros, ni

internados sin asistentes. Para nosotros es cuestión de vida o muerte; y es cuestión de existencia, es cuestión de derecho, porque cada uno
tiene derecho a la propia existencia. Y además, el bien que el Oratorio ha hecho a la diócesis es patente: cuente los sacerdotes instruidos y
educados en el Oratorio...

-Os agradezco, respondió el Arzobispo, los beneficios que habéis hecho a la diócesis, pero ahora os quiero deferentes con mi decreto.
-Entonces, se acabó: vuelvo al Oratorio y diré a don Bosco: tomemos nuestro breviario y entreguemos a Monseñor las llaves del
Oratorio, dejándole el encargo de llevar adelante nuestra obra. Allí quedan ochocientos jóvenes en los que, de aquí en adelante, tendrá
que pensar Su Excelencia.
-Pero "yo... yo...?, respondió turbado el Arzobispo. Me ponéis en una encrucijada... pero con todo... con todo he decretado... y no debo
volverme atrás.
Don Juan Cagliero se persuadió de que el Arzobispo estaba instigado por otros e inducido a oponer aquella resistencia y continuó
diciendo con respeto y firmeza:
-Excelencia; piense en las consecuencias... en las habladurías que habrá... en los muchachos que tendrá que enviar a sus casas... en los

que pueden quedar abandonados en medio de la calle... en la desaprobación de los buenos.
((84)) Y el Arzobispo, cada vez más impresionado, replicó:
-Pero, en conclusión... en fin... siéntese, se lo ruego.
Don Juan Cagliero se excusó ante la repetida invitación, pidió permiso para hacer una declaración más explícita y prosiguió:
-Yo, a la par de otros, me hice sacerdote por consejo de don Bosco; pero, antes de serlo, jamás hubiera pensado que los primeros que se

opusieran al bien, debían ser aquéllos de quienes esperaba apoyo. íHubiera sido mejor haberme dedicado a manejar la azada! Habría
trabajado, me las habría apañado de uno u otro modo, pero sin tantas amarguras. "Valía la pena que don Bosco se entregase a una obra de
tanto provecho para la misma diócesis y verla destruida tan pronto?
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Y dicho esto, pidió permiso para retirarse. La audiencia había durado casi una hora. Más de cuarenta personas estaban en la antesala y
esperaban impacientes ser recibidos por el Arzobispo. Al ver salir a don Juan Cagliero hubo un murmullo general:

-íSu audiencia ha sido demasiado larga!

Y Cagliero, mirando en derredor, no pudo contenerse y exclamó:

-íUstedes vienen a hablar por sí mismos; yo he venido a hablar por cuarenta!

No había tenido éxito la visita de don Juan Cagliero, pero tomaban la defensa de don Bosco los Obispos de Saluzzo y de Alba.
Monseñor Gastaldi escribía varias veces al Arzobispo recomendándole calurosamente que dejara en paz a don Bosco. Fue a Valdocco
para informarse del estado de la cuestión y se acercó al Arzobispo para exhortarle a que no pusiera dificultad para las Sagradas Ordenes
de los clérigos del Oratorio. También se interpuso monseñor Galletti y procuró demostrar que la Pía Sociedad de San Francisco de Sales
estaba canónicamente constituida y que los votos que los clérigos de don Bosco habían emitido eran válidos.

El Arzobispo, vencido por estas insistencias, cedió a conferir ((85)) las Sagradas Ordenes a los clérigos Albera, Costamagna y
Dalmazzo en la segunda mitad de cuaresma.

Pero no habían acabado las pruebas para ellos. Se retiraron al Seminario para hacer los ejercicios espirituales. Y el teólogo Soldati, que
era el director espiritual, empleó con ellos, lo mismo que había hecho con otros clérigos del Oratorio, toda suerte de argumentos para
inducirlos a abandonar la Congregación. Pero estos manejos obtuvieron el efecto contrario. Don Francisco Dalmazzo, que estaba aún
indeciso en dar o no dar su nombre definitivamente a la Pía Sociedad de don Bosco, disgustado por aquel modo de proceder exclamó:

-íPrecisamente porque no quieren, me haré salesiano!

El 25 de marzo recibieron los tres clérigos, de manos del mismo Arzobispo, la tonsura y las cuatro órdenes menores; y él mismo les
confirió el subdiaconado el 28 del mismo mes, aunque terminada la sagrada ceremonia, no dejó de proferir, en presencia de los clérigos
del seminario, palabras punzantes contra los nuestros, contra la Pía Sociedad y contra don Bosco, como si quisieran sustraerse
caprichosamente a su jurisdicción.

El hecho está ahí y nos duele ponerlo de relieve: monseñor Riccardi era entonces totalmente contrario a que la Pía Sociedad Salesiana
obtuviese una sanción definitiva de la Santa Sede; y después de
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VOLUMEN IX Página: 89

tantas conversaciones sobre el particular y de los documentos existentes en la Curia, llegó a afirmar que no sabía nada de la existencia de
la Pía Sociedad de San Francisco de Sales.

Con todo, el 6 de junio, sábado de las témporas de la Santísima Trinidad, Su Excelencia promovía al diaconado a los tres nuevos
subdiáconos y, a continuación, permitía que don Francisco Dalmazzo fuera ordenado sacerdote por monseñor Balma el 19 de julio; don
Pablo Albera, en Casale, por monseñor Ferré el 2 de agosto, y él mismo promovía al presbiterado a don Santiago Costamagna el 19 de
septiembre, según veremos.

Otra prueba por aquel tiempo afligía a los clérigos del Oratorio: corría la voz de que, preocupados por las clases y la asistencia, ((86))
no atendían como era debido al estudio de la Teología. La voz, divulgada por quien no veía con buenos ojos a don Bosco, llegó a oídos
del Arzobispo, quien se lamentó al Venerable.

Y he aquí que el clérigo Esteban Bourlot, perfecto ejemplar de franqueza y lealtad, se presentó en la Curia pidiendo ser admitido con
sus compañeros al examen semestral de Teología. El teólogo Gaude, en presencia de otros, le dijo:

-Vosotros, los de don Bosco, no estudiáis.

-"Por qué?

-Porque andáis ocupados con mil otras cosas y no asistís a las clases del seminario.

-Perdone: se puede atender a lo uno y a lo otro.

-No es posible.

-Sin embargo, en los exámenes que hemos dado hasta ahora hemos obtenido buenas calificaciones y nunca inferiores a las de los
seminaristas.

-Sí, sí, pero con una preparación apresurada, superficial.

-Lo cierto es que nosotros contestamos como los clérigos del seminario.

-"Y qué es lo que habéis estudiado?

-Los mismos tratados explicados por los profesores del seminario, salvo el de Banaudi sobre la Eucaristía.

-"Y por qué no seguís también éste?

-Porque parecieron preferibles otros autores.

Bourlot presentó la petición al Arzobispo, obtuvo su consentimiento y el 22 de febrero se presentaron a los exámenes en el seminario
trece clérigos del Oratorio. A la vuelta se encontraron con don Bosco, que los esperaba en la portería dispuesto a salir; apenas los vio, les
preguntó:
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-"Cómo han ido los exámenes?

-Muy bien; casi todos tenemos óptime (excelente), José Cagliero peróptime (excelentísimo) respondió Bourlot; y yo, con Domingo
Vota y Pedro Norza, egregie cum laude (excelente con alabanza).

-"Estás seguro de ello?

((87)) -Segurísimo, he visto la hoja de calificaciones: somos los primeros de todos los clérigos del seminario.

-íDeo gratias!, respondió el Venerable; voy a llevar al Arzobispo la respuesta a su carta.

Y se marchó. El mismo Monseñor, que había presidido los exámenes y no conocía personalmente a los clérigos de don Bosco, los había
elogiado. Creía él que Bourlot, uno de los que habían obtenido el egregie cum laude era el del Seminario, primo de otro Bourlot del
Oratorio; y debió salir de su error ante la realidad del caso.

Mientras empezaban a allanarse estas dificultades, escribía, desde Roma, el padre Oreglia a don Juan Francesia: "Se avecinan malos
tiempos. Las fortificaciones de Roma ya se han terminado. Falta verlas en la prueba. Con las oraciones de don Bosco esperamos que la
prueba salga bien. Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam (si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan
los centinelas). Hasta ahora todo tranquilo. También el carnaval. Demasiados forasteros: poca alegría".

Pero, si en Roma había poca alegría, sobreabundaba en el Oratorio. El teatro, los juegos, el rompimiento de las ollas tradicionales, las
rifas, la música tenían entretenidos a todos los muchachos durante los tres últimos días de carnaval. Aquella alegría era un efecto de la
paz del corazón asegurada con el ejercicio de la buena muerte en el que se habían sufragado las almas del Purgatorio, en especial la del
clérigo Petiva, fallecido aquellos días en el Hospital de San Luis de Turín.

Segundo Petiva, que se había educado en el Oratorio, era muy hábil para la música; tanto, que había sido profesor de ella durante varios
años desde 1858. Era una clase que bien podía ser tenida por una academia musical, ya que, por iniciativa de don Bosco, había producido
y seguía produciendo distinguidos organistas, compositores de música y cantores para las funciones sagradas, por todas las partes del
mundo. Destacaron, entre sus primeros alumnos y maestros, don Juan Cagliero, don José Lazzero, don Luis Chiapale, José Buzzetti,
Santiago Rossi, Juan Turchi, Calixto Cerruti, José Dogliani y Bersano, Tomatis, Reano, Fumero, ((88)) Brunetti, Dassano y cien más, que
en su día fueron maestros de millares de alumnos.
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Pero el clérigo Petiva, después de varios años, debido a ciertos planes personales, despidióse de don Bosco y fue a hospedarse por algún
tiempo en el seminario menor de Mirabello, donde prestó algunos servicios durante varios meses. Finalmente, marchóse también de allí
después de varias vicisitudes y, habiendo caído enfermo de tuberculosis, entró en el hospital. Escribe don Miguel Rúa en la Crónica:

"Petiva se había agravado en su larga enfermedad y deseaba que don Bosco lo visitara. El buen padre, pese a sus graves ocupaciones,
fue a verle dos veces; le confesó y le administró todos los auxilios que necesitaba. Llamó la atención que hasta entonces Petiva siempre
había tenido la esperanza de curarse y salir del hospital por primavera. Mas, después de la primera visita, cambió radicalmente de modo
de pensar: tanto, que desde entonces ya no hablaba más que de su próxima muerte y no tenía más pensamiento que el de prepararse a bien
morir. Don Bosco le había hablado de tal modo que, sin asustarle y sin comunicarle abiertamente la muerte, le había hecho entender que
eran ilusorios los motivos de su esperanza; y esto lo hizo con tal destreza y unción que el enfermo no se mostró atemorizado ni por un
momento con la idea de la muerte; más aún, después de la segunda visita de don Bosco, se mostró contento de morir pronto, ya que don
Bosco le había asegurado que después de su muerte iría enseguida al paraíso. No resultaron falaces las palabras de don Bosco, puesto
que, pocos días después, con las más hermosas disposiciones, expiró su alma en el beso del Señor".

Al ser conocida su muerte en el Oratorio, como algunos creían todavía que pertenecía a la Pía Sociedad, supusieron que podía ser uno
de los tres muertos vistos por don Bosco en el sueño. Mas, don Juan Bautista Francesia escribía a Roma al caballero Oreglia:

"El pobre Petiva ha muerto con tal resignación que causa envidia a todos. Pero don Bosco asegura que no es el segundo que debía hacer
el paquete para la eternidad.

"Dijo, sin embargo, ((89)) que otro hizo ayer el ejercicio de la buena muerte y que sería por última vez. Alégrese, pues, ya que usted no
será ciertamente el segundo.

"Entre tanto le comunico que la impresión de la gramática griega del teólogo Pechenino está terminada... Se da nuevo empuje a la
biblioteca (de la juventud italiana)... Se repartió ya el programa..."

Don Bosco pensaba en dar vida a la subscripción mensual de Clásicos italianos expurgados para uso de las escuelas.

Y mandaba más noticias al Caballero, a quien claramente decía
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que las estrecheces del Oratorio convertían aquel tiempo en oportuno para quien quisiera obtener gracias de la Virgen.

Muy querido caballero Oreglia:

Hace un tiempo hermoso, desapareció el frío, estamos en primavera y usted siempre en Roma. Sin embargo no me lamento, porque le
suple Cantú. He recibido las mil trescientas liras precisamente en el momento en que don Miguel Rúa buscaba abrumado dinero para
Avvezzana. Dióle mil liras a él y el resto a un picapedrero. íDeo gratias! íEs muy bonito el episodio de aquella visita singular! Si me
escriben, me las arreglaré como pueda. Escribiré una carta a la condesa Folchi. Quedan anotadas las misas de la condesa Calderari, déle
las gracias y dígale que aquí rezamos todos los días por ella. He recibido carta de monseñor Fratejacci, a la cual contestaré pronto:
estamos de acuerdo. Mandaré un anónimo al padre Oreglia, a quien comunicará mis más cordiales saludos.

Muchos dicen que usted residirá siempre en Roma y yo digo que siempre, no;porque a cada momento preguntan por usted. He visto a
su madre, que tanto me encomendó a su hermano, por quien hacemos oraciones especiales. Me alegra saber las buenas noticias que me
promete.

Yo estoy engolfado en los gastos, las facturas a pagar y los trabajos a continuar. Haga lo que pueda, pero rece con fe; creo que es un
tiempo oportuno para el que quiera alcanzar gracias de María. Nosotros contemplamos cada día una más conmovedora que otra y con este
empuje vamos adelante.

La condesa Digny, la condesa Uguccioni, la marquesa Nerli preguntan por usted y me dicen que, si al volver de Roma, pasará por
Florencia.

Todos los de casa están bien de salud y le desean toda clase de bienes. No olvide la meditación de la mañana. En el nombre del Señor
me profeso

Turín, 3 de marzo de 1868.

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

((90)) Corría la voz por aquellos días de que el caballero Oreglia no volvería más al Oratorio. Don Bosco, lleno de caridad con todos,
no ahorró los más delicados cuidados para que su querido hijo espiritual perseverase en la vocación abrazada. Lo verán los lectores a
través de sus numerosas cartas.
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((91)
)

CAPITULO IX

RESPUESTA DE LOS OBISPOS A LAS PETICIONES DE DON BOSCO -CARTA COMENDATICIA DEL VICARIO GENERAL
CAPITULAR DE ACQUI; DEL OBISPO DE ASTI ACOMPAÑADA DE UNA CARTA SUYA -DEL ARZOBISPO CARDENAL DE
ANCONA Y DEL ARZOBISPO DE TURIN -CARTA CONFIDENCIAL DE MONSEÑOR RICCARDI AL CARDENAL QUAGLIA
SOBRE LA COMENDATICIA DIRIGIDA POR EL A DON BOSCO -SUS OBSERVACIONES TRANSMITIDAS AL MISMO
CARDENAL ACERCA DE LAS CONSTITUCIONES DE LA PIA SOCIEDAD -DON BOSCO PIDE LICENCIA AL ARZOBISPO
PARA ENVIAR UN SACERDOTE A CELEBRAR LA MISA EN UN INSTITUTO DE RELIGIOSAS

A medida que los Obispos recibían las peticiones de don Bosco de cartas comendaticias para la aprobación de la Pía Sociedad, le llegaban
las respuestas, casi todas favorables, que referiremos por orden cronológico.

El Vicario Capitular de Acqui escribía:

FRANCISCO CAVALLERI, Doctor en ambos derechos, canónigo párroco de esta iglesia catedral de Acqui, caballero de los santos
Mauricio y Lázaro, vacante la sede episcopal, Vicario General Capitular.

Vistas y examinadas las Constituciones de la Sociedad de San Francisco de Sales, cuyo superior general es el celosísimo sacerdote don
Juan Bosco;

Informados de que allí donde dicha Sociedad se estableció y puso a prueba, es grandísimo el provecho espiritual y temporal que
experimentan las parroquias, los hospitales, las cárceles y la tierna juventud, a cuyo bien se dirigen particularmente los esfuerzos de los
beneméritos y muy laudables miembros de la misma;

((92)) Considerado el sentido del Decreto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares del 23 de julio de 1864, por el que el
Sumo Pontífice Pío IX amplissimis verbis memoratam societatem laudavit atque commendavit (alabó y recomendó a dicha sociedad con
tanta eficacia);

Considerando asimismo, que, según dicho Decreto, parecería casi definitivamente constituida dicha Sociedad en la persona del
mencionado Superior General, que debe durar en el cargo toda su vida;

Seguros de hacer un gran bien a nuestra santísima Religión no podemos por menos de encomiar también nosotros la diversas veces
nombrada Sociedad de San Francisco de Sales y hacer votos para que la Santa Sede se digne aprobar definitivamente las Constituciones,
con lo cual se pueda asegurar su existencia de cara a la
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Iglesia, conservar la unidad de espíritu y de disciplina y así promover siempre más el mayor bien al cual tiende.

Acqui, 28 de febrero de 1868.

CAVALLERI, Vic. Gral. Cap.

P. BATAAGLIA, Secretario
El Obispo de Asti:

Asti, 4 de marzo de 1868

M. Rvdo. y queridísimo señor don Bosco:
Aprovecho la amabilidad del Rvmo. señor canónigo Molino para mandar a V. S. Muy Rvda. la Comendaticia pedida y las remisorias
para los dos clérigos Merlone y Fagnano. Espero que estos dos buenos jóvenes continúen diligentemente en la Congregación de San
Francisco de Sales; mas, si por circunstancias extraordinarias tuvieran que dejarla y desearan volver a su pueblo, no les será dificil
obtener del Rvmo. señor Obispo de Casale la autorización. Yo, entre tanto, le auguro de corazón, pueda obtener de Roma lo que
piadosamente desea en favor de la juventud cristiana; y a los carísimos clérigos Merlone y Fagnano que puedan llegar a ser dos buenos
ministros del Señor. Y encomendándome a sus oraciones me profeso de corazón.

Afmo. hermano
" CARLOS, Obispo de Asti

CAROLUS SAVIO, Dei et Apostolicae CARLOS SAVIO, por la gracia de
Sedis gratia, Episcopus Astensis et Dios y de la Sede Apostólica,
Princeps, S.S.D.N. Pii Papae IX Obispo de Asti y principe,
praelatus domesticus ac pontificio prelado doméstico de S.S.N.S. Pío
solio assistens. Papa IX y asistente al solio

pontificio.

Visis Constitutionibus Piae Societatis Vistas las Constituciones de la
Taurini erectae sub invocatione S. Pía Sociedad erigida en Turín
Francisci Salesii Nobis oblatis a R. bajo el título de san Francisco

D. Sacerdote Johanne Bosco, de Sales, que nos ha presentado
Societatis eiusdem Fundatore ac el reverendo sacerdote don Juan
Rectore; Bosco, fundador y Rector de esta
misma Sociedad;

((93)) Viso item Decreto S. ((93)) Visto también el Decreto
Congregationis Episcoporum et de la Sagrada Congregación de
Regularium dato sub die 23 Iulii 1864; Obispos y Regulares, otorgado el

23 de julio de 1864;

Quum adolescentes non pauci huius Siendo así que no pocos
Nostrae Dioecesis praeteritis annis adolescentes de esta nuestra
et in praesens adhuc apud antedictam Diócesis, fueron educados en años
Societatem sub disciplina praelaudati pasados y son instruidos todavía
Sacerdotis Johannis Bosco pie ac al presente piadosa y
religiose in artibus addiscendis, religiosamente en las artes o
vel etiam in clericali militia también en el perfeccionamiento
excolenda, educati sint et edoceantur; de la milicia clerical por esta

Sociedad, según la disciplina del reglamento del ya nombrado
sacerdote Juan Bosco;

Requisitioni Nobis desuper factae Asintiendo de buen grado a la
libenti animo annuentes, memoratae petición que se nos ha hecho,

Fin de Página 94

 

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Societati concedemos

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hoc laudis testimonium concedimus este testimonio de alabanza a dicha
eamque omni quo decet obsequio SS. Sociedad y la recomendamos
Domino Nostro Papae humiliter humildemente con todo el respeto que
commendamus. merece a Su Santidad Nuestro Señor y

Papa.

Dat. Astae, die 4 martii 1868. Dado en Asti, a 4 de marzo de 1868
" CAROLUS, Episcopus " CARLOS, Obispo de Asti

SCOPELLO, Pro-Cancell. Ep. SCOPELLO, pro-canciller episcopal

El Cardenal Antonucci, Arzobispo-Obispo de Ancona:

Carísimo don Bosco:

Con el deseo manifestado en su carta del 10 de febrero p.pdo. he enviado con sumo agrado al Santo Padre la adjunta carta comendaticia
y se la dirijo a usted sin timbrarla para que, después de leída y cerrada, pueda enviarla a su alto destino.

Encomiéndeme al Señor y creáme siempre, con verdadero aprecio y particular adhesión.

Ancona, 6 de marzo de 1868

Su afmo. de corazón.
" A. B. Cardenal ANTONUCCI, Arz. O.

A SU SANTIDAD NUESTRO SEÑOR PíO IX

Beatissime Pater, Beatísimo Padre:
Inter caetera charitatis Entre los demás Institutos de
Instituta quae extremis hisce Caridad que en estos últimos tiempos
temporibus ad Dei gloriam aparecieron para gloria y utilidad
Catholicaeque Ecclesiae de la Iglesia Católica, siempre he
utilitatem surrexerunt, pensado que era digno de peculiar

peculiari quadam existimatione reputación la Congregación, que
dignam sum semper arbitratus lleva el nombre de San Francisco
Congregationem illam, quae a de Sales, fundada por el sacerdote
Sancto Francisco Salesio nomen Juan Bosco en Turín. La cual, aunque
habet, a Sacerdote Joanne Bosco aparecida con pobres inicios, según
Augustae Taurinorum fundatam. vi por mis propios ojos mientras
Quae quidem exiguis licet initiis allí moraba por mi cargo de Nuncio
exorta, quod meis vidi oculis dum de la Santa Sede, en breve intervalo

S. Sedis Nuntii munere decoratus de tiempo, elevó tan alto sus raíces
illic immorabar, brevi temporis que creció y se multiplicó
intervallo adeo altas defixit maravillosamente para el progreso
radices ut ad spiritualem animarum espiritual de las almas y
profectum, imprimisque ad principalmente para el desarrollo de
Christianae adolescentium la educación cristiana de los
educationis incrementum mirabiliter adolescentes. En efecto, en aquella
creverit ac pullulaverit. Equidem ea época, era mi delicia ((94)) visitar
tempestate in deliciis habebam aquellos lugares, a manera de amenos
((94)) illa loca invisere, y espaciosos bosquecillos en los
viridariorum ad instar amoena ac vulgarmente llamados Oratorios spatiosa, vulgo Oratori Festivi, Festivos,
quae summa mei animi laettia veram
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VOLUMEN IX Página:

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salutis arcam semper reputavi, que, con suma alegría de mi alma,
quia innumeri adolescentes siempre tuve por verdadera arca de
derelicti ac pauperes in ea salvación, porque innumerables
diebus festis collecti, solerti adolescentes abandonados y pobres,
atque pia Praesidis eiusque reunidos en ellos en los días
operariorum, qui modo festivos, con la amable y piadosa
centenarium numerum attingunt, habilidad del Director y de sus
industria, mane S. Missae colaboradores, llegaban a más de
Sacrificio aderant, reficiebantur ciento y asistían por la mañana al
Sacramentis, divinique verbi sacrificio de la santa misa, recibían
pabulo nutriebantur, dum los sacramentos, se alimentaban con el
vespertinis horis, persolutis pan de la divina palabra, mientras por
pietatis exercitiis, ludis la tarde, cumplidos los ejercicios
oblectamentis sese exhilarabant. piadosos, se entretenían con juegos y

diversiones.

Nec inter tam angustos limites Pero no quedaban encerrados en tan
sese continebant Fundatoris ac estrechos límites el estudio y la
sacerdotum studium et solicitud del Fundador y de los
sollicitudo. Eorum enim cura sacerdotes.Con su atención se abrieron
quaedam Domus seu Hospitia varias casas o asilos en los que
aperta sunt, in quibus mille fueron recibidos más de mil
et amplius adolescentes aut adolescentes gratuitamente o con una
gratuito, aut pertenui mercede ligera cuota, donde no sólo se les
recepti, non modo scientia et enseña ciencia y religión, sino que
Religione instituuntur, verum que también se les ejercita en
etiam in aliquo artis genere otro género de arte: con el fin
exercentur: eo quidem fine ut de que, además de un camino seguro
praeter tutum ad pietatem iter para la piedad tengan también con
habeant etiam quo futuris qué desenvolver honestamente la vida
annis honeste vitam traducant. en el futuro.

Inter hos non desunt nonnulli No faltan algunos entre éstos que,
qui, studiorum curriculo rite después de cumplidos normalmente los
absoluto, Ecclesiasticam militiam cursos de los estudios, llegan a la
arripiant. milicia eclesiástica.

Interea Antistitum desideriis Además, los sacerdotes de esta
etiam obsequentes Congregationis congregación, complacientes también
huius Sacerdotes, quocumque con los deseos de los Obispos,
Christianae Religionis urgeat trabajan sin descanso y con gran fruto
necessitas, in urbibus, pagis, para las almas, según me consta por
carceribus et nosocomiis qua documentos indudables, allí donde se
cathechesibus, qua concionibus, presente una necesidad para la
qua aliis pietatis exercitiis, religión cristiana, lo mismo en
prout mihi indubiis constat ciudades, que en pueblos, en cárceles
documentis, indefesso zelo, u hospitales, con catequesis, sermones
summoque animarum lucro y otros ejercicios de piedad.
adlaborant. Memorata enim Dicha Sociedad, igual que profesa
Societas sicut singularem singular sujeción y obediencia al
Episcopis subiectionem et Obispo, ensalza con devotísima
reverentiam profitetur, sic sumisión y observancia al Sumo
Summum Pontificem et Sedem Pontífice y a la Sede Apostólica.
Apostolicam devotissimo obsequio

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VOLUMEN IX Página:

ac observantia prosequitur.

Nec minori laude digna est haec Y no es menos digna de alabanza esta
Societas, quod sua cura aliquot Sociedad, por cuanto desde hace
abhinc annis ad hunc usque diem algunos años hasta el presente publica
sanae doctrinae libritos de sana doctrina, como

antídoto

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VOLUMEN IX Página:

libelli in lucem prodeant tamquam contra la maraña de nefastos
antidotum adversus nefariorum escritos, que a diario se difunden
scriptorum colluviem, quae singulis impunemente entre los ignorantes.
horis in rudes ac idiotas impune
diffunduntur.

Nec mirum si hanc Congregationem Y no resulta extraño que muchos
tam bene de Christiana Republica Obispos quieran consigo y ya hayan
meritam complures Episcopi apud se recibido en su seno a esta
desideraverint, suumque iam in sinum Congregación tan benemérita de la
receperint. República Cristiana.

Tot uberes ac praeclari fructus Parece que tan abundantes y
nulla ex alia ratione videntur esse preclaros frutos no se pueden
repetendi quam ex directionis repetir con ninguna otra razón que
unitate ac ab unione illa, quae no sea la unidad de dirección y
mirum in modum elucet inter ea aquella unidad que de un modo
membra, quibus ipsa constat admirable brilla entre sus
Societas, quaeque in unum veluti miembros, los cuales según consta
corpus colligata sub por la misma sociedad, unida como
Constitutionibus reguntur magnam en un solo cuerpo por las
prudentiam ac pietatem Constituciones, se rigen exhalando
redolentibus. el perfume de una gran prudencia y piedad.

Ideo non sine animi mei consolatione Por eso, con satisfacción de mi
percepi vigore Decreti S. espíritu, contemplé cómo en fuerza
Congregationis Episcoporum et del Decreto de la Sagrada
Regularium sub die 23 Iulii 1864 a Congregación de Obispos y
Sanctitate Vestra praefatam Regulares del 21 de julio de 1864,
Societatem uti Congregationem era alabada y recomendada con
Votorum Simplicium sub regimine amplísimas palabras por Vuestra
Moderatoris Generalis amplissimis Santidad dicha Sociedad como
verbis fuisse laudatam ac Congregación de Votos Simples bajo
commendatam. la dirección de un Superior General.

Quamobrem maioris Dei gloriae Por lo cual, excitado por el deseo
incensus desiderio, animarumque de la mayor gloria de Dios y
utilitate extimulatus, ac etiam in estimulado por el bien de las
grati animi mei argumentum erga piam almas, y también como argumento de
hanc Societatem, quae modo non paucos mi ánimo reconocido a esta Pía
huius civitatis ac Dioecesis ((95)) Sociedad, que de un modo tan
infortunatos adolescentes orphanos liberal y caritativo educa e
propter ultimam Choleramorbi instruye a no pocos desgraciados
tristissimam invasionem tam adolescentes de esta ciudad y
liberaliter ac peramanter alit et diócesis, ((95)) huérfanos a causa
instituit, humillimis precibus de la última y tristísima invasión
Sanctitatem Vestram exoro, ut del cólera, ruego con humildes
praefatae Societatis Regulas a me preces a Vuestra Santidad que se
attente perlectas dignetur approbare, digne aprobar las Reglas de dicha
quae per Apostolicam Auctoritatem Sociedad, atentamente releídas por
veluti super firmissimo erecta mí,la cual erigida por la
fundamento, iuxta propositum sibi Autoridad Apostólica como sobre
finem ad Ecclesiae Catholicae firmísimo fundamento, pueda
emolumentum valeat perdurare. perdurar, según el fin propuesto,

para utilidad de la Iglesia Católica.

Interim Apostolicam benedictionem Entre tanto, implorando la
adprecatus, Vestros SS. Pedes bendición apostólica, beso
humiliter deosculor. humildemente vuestros santos pies.

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VOLUMEN IX Página:

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Dat. Anconae, Pridie Nonas Martii Dado en Ancona, la víspera de las
MDCCCLXVIII. nonas de marzo 1868.

nonas de marzo 1868.

Humillimus, Obsequentissimus Muy humilde, muy obediente,
et Addictissimus muy adicto servidor,
Famulus Subditus et Creatura súbdito y criatura

" ANTONIUS BENEDICTUS Cardinalis " ANTONIO BENEDICTO Cardenal

ANTONUCCI, Arhiepiscopus ANTONUCCI, Arzobispo,
Episcopus Anconitanus et Humanensis. Obispo de Ancona

El Arzobispo de Turín:

ALEJANDRO OCTAVIANO RICCARDI, DE LOS CONDES DE NETRO, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE
APOSTOLICA, ARZOBISPO DE TURIN, ETC.

Deseando vivamente promover la gloria de Dios y la salvación del prójimo, con todas nuestras fuerzas, nos resultó muy grato recibir del
sacerdote don Juan Bosco vivas instancias, para que recomendáramos ante la Santa Sede a la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, de
la que él es Rector Mayor, para la definitiva erección de la misma en Congregación Religiosa.

Considerando, por tanto, el fin que la Pía Sociedad se propone, y viendo el bien que ella hace, principalmente recogiendo y
adoctrinando en la Santa Ley de Dios a tantos pobres jovencitos, que de otro modo quedarían abandonados y en peligro de correr por el
camino de la perdición;

Vistos los decretos de aprobación de la misma, emanados de nuestro predecesor monseñor Fransoni, de grata memoria, los cuales aun
refiriéndose a la Sociedad cuando no se proponía más que catequizar a los niños en los días festivos y recogerlos para iniciarlos en un arte
u oficio, resultan sin embargo de gran alabanza para la misma;

Considerando que el Padre Santo por el órgano de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, se dignaba dedicar halagüeñas
palabras a la Pía Sociedad y la daba casi un principio de aprobación, nombrando superior general para toda la vida al sacerdote don Juan
Bosco y reconociéndola como Congregación con votos simples, bajo la jurisdicción de los Ordinarios Diocesanos, aplazando para tiempo
más oportuno la aprobación de las constituciones entonces presentadas:

((96)) Considerando que muchos Obispos se dignaban ya aprobar ante la Santa Sede la petición a ella enviada por el sacerdote don
Bosco para la aprobación de la Sociedad, en vista del bien que hace y del mayor que podría hacer, si fuera aprobada por la Santa Sede
Apostólica; queriendo dar una prueba de nuestra benevolencia al sacerdote Bosco y a la Sociedad de la que es cabeza, aprobamos también
nosotros cuanto por nuestro antecesor de feliz memoria se hizo en antención a la misma e instamos vivamente a la Santa Sede para que,
examinadas y corregidas las Constituciones presentadas por el sacerdote don Bosco, superior general, y que forman hoy día la base de la
Sociedad, se digne aprobarlas y dar así estable y definitiva existencia,
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por parte de la Iglesia, a dicha Congregación, en el modo y forma que la Santa Sede estimare oportuno, pareciéndonos que esto no puede
resultar más que de ventaja para la Iglesia y el bien del prójimo.

Dado en Turin, en nuestro Palacio Arzobispal, a 7 de marzo de 1868.

" ALEJANDRO, Arzobispo.

ANDRES ASTENGO, Secr.

Una vez entregada a don Bosco esta carta comendaticia, en la que claramente aparecían algunas reservas, escribía confidencialmente el
Arzobispo de Turín al Cardenal Prefecto de la Congregación de Obispos y Regulares, que lo era el Eminentísimo Cardenal Angel
Quaglia:

Eminencia Reverendísima:

El sacerdote don Juan Bosco, fundador y rector de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, me insta vivamente a que le expida una
carta comendaticia para obtener de la Santa Sede que dicha Sociedad sea aprobada como Congregación religiosa, de acuerdo con las
Constituciones por él presentadas.

Queriendo por cuanto de mí depende favorecerle en este su deseo, sólo en la parte en que yo creo que su institución es beneficiosa para
la Iglesia, le entregué la carta de recomendación, cuya copia adjunto. Por ella, puede Vuestra Eminencia Reverendísima advertir que mi
aprobación se refiere a la Sociedad, cuando no se proponía más finalidad que la de recoger y catequizar a los niños y adiestrarlos en algún
arte u oficio y que, si suplico la erección en Congregación religiosa, subordino esta petición a que la Santa Sede haga una sabia revisión y
corrección de las Constituciones. Y si verdaderamente yo no estuviera convencido de que esta sagrada Congregación modificara
esencialmente las constituciones presentadas, no me habría decidido jamás a este paso, por cuanto mi oposición hubiera podido
acarrearme graves disgustos, ya que creería traicionar a mi obligación ((97)) de Obispo, si yo me hiciera protector de una Congregación,
que si fuere aprobada tal cual se propone, no podría sino acarrear un gravísimo daño a la Iglesia, a la Diócesis y al Clero.

En beneficio, por tanto, de la misma Congregación, y más aún para utilidad de la Iglesia, creí acertado hacer aparte las observaciones
presentadas, notando asimismo, al margen, algunos artículos que me parece necesitan ser reformados.

Temiendo después que mi razón hubiera podido engañarme, quise someter las Constituciones en cuestión al examen de don Antonio
María Durando, Visitador de la Misión, hombre experimentado y docto, estimado y apreciado por todos, el cual encontró también que
merecían reforma.

Someto, por tanto, todas estas observaciones a la sabia consideración
de Vuestra Eminencia Reverendísima, para que se digne tenerlas presentes cuando esa Sagrada Congregación sea llamada a examinar las
Constituciones de que se trata.

Bien quisiera que la Pía Sociedad encontrara el modo de perpetuarse y extenderse, pero quisiera también se limitase al fin para el que
fue instituida y que se procurase eliminar cualquier inconveniente que de su erección en Congregación Religiosa
99

Fin de Página 99

 

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pueda seguirse. Más aún, quisiera hacer un ruego a esta Sagrada Congregación y sería que, antes de dar cualquier aprobación, se dignara
encargar a una persona ajena, pía, docta, experimentada y práctica en la educación de la juventud, para que sobre el lugar, examinara las
cosas y diera cuenta de las mismas. Esta inspección, hecha sin estar nadie previamente informado de su fin, tal vez podría revelar muchos
inconvenientes que escapan a mis observaciones e iluminar a la Sagrada Congregación, que así podría, con mayor conocimiento de causa,
enmendar y rehacer las Constituciones, adaptándolas a las necesidades de las mismas y a los tiempos en que vivimos.

Y en la confianza de que, lo mismo Vuestra Eminencia Reverendísima que esta Sagrada Congregación, tomarán en cuenta lo que he
tenido el honor de presentarle para los intereses de la Iglesia y de la Pía Sociedad, aprovecho gustoso la favorable ocasión de tener el
honor de suscribirme, con profundo respeto e igual consideración.

De Vuestra Eminencia Reverendísima

Humildísimo, devotísimo
y
seguro servidor
" ALEJANDRO, Arzobispo de Turín.

Turín, 14 de marzo de 1868.

Observaciones a las Constituciones presentadas por el sacerdote don Juan Bosco para la Congregación de San Francisco de Sales.

I. La aprobación dada por el Arzobispo de Turín y por quien tenía la administración de la Diócesis (Const. pág. 3 y 4) no guardaba
relación ((98)) más que con los dos primeros fines propuestos por la Pía Sociedad: el de la instrucción religiosa de los muchachos del
Oratorio en los días festivos y el de albergar a los muchachos abandonados para adiestrarlos en un arte u oficio. Y íojalá hubiera
continuado siempre de la misma manera! Queriendo ahora la Sociedad transformarse en Congregación y ampliar su campo de acción, es
necesario tener en cuenta tanto su intrínseco modo de ser, cuanto el fin que se quiere proponer, examinando atentamente las
Constituciones para ver si corresponden a este fin, sin tener en cuenta las aprobaciones anteriores.
A mí me parece que sería mucho mejor que la Congregación eliminase la finalidad, en la que parece tiene preferencia, de educar al
clero joven, sustituyendo, por así decir, a los Obispos y se restringiese: 1.° a los oratorios dominicales; 2.° a recoger a los muchachos
abandonados, etc., para adiestrarlos en un arte u oficio; 3.° a suministrar a los que muestran mayor aptitud los medios necesarios para
poderse instruir; 4.° a poner los socios a disposición de los Obispos respectivos para catequizar a las poblaciones campesinas y ayudar a
los párrocos; 5.° a divulgar buenos libros a precios bajísimos.

II. La Congregación, según el artículo 1.° del número 3, consta de sacerdotes, clérigos y laicos.
No se dice que estos laicos sean oblatos, esto es conversos, o bien una clase de socios perfectamente iguales a los otros, posesores de
los mismos derechos y que podrían, por consiguiente, llegar a la dirección de la Sociedad, por no estar excluida de las Constituciones. No
se dice si pueden continuar en el estado laical, aun cuando sean definitivamente profesos o sean elegidos para cualquier cargo. En una
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palabra, un laico puede llegar a Superior General y puede elegir a otros laicos para el gobierno de la Congregación.

III. Los laicos deben, según las Constituciones, scientiarum studio se ipsos perficere (perfeccionarse a sí mismos con el estudio de las
ciencias) antes de atender al cuidado de los demás. Mas no se da a entender, ni siquiera de paso, qué estudios deberán hacer los laicos y
cuáles los clérigos. Todo, por tanto, quedará sometido al arbitrio del Superior, a quien atribuyen las Constituciones una autoridad
demasiado extensa y arbitraria, el cual podría, en caso de necesidad, presentar para las Sagradas Ordenes a clérigos que no hubieran
hecho los estudios necesarios de la carrera eclesiástica y sin la debida vocación y educación. Dependerá además de él solo prescribir los
años de dedicación a los estudios eclesiásticos, cómo deberán hacerse, si en los seminarios episcopales o con profesores especiales, si
cada alumno en particular o todos juntos. No está previsto en las Constituciones, si los alumnos de la Sociedad deben estar libres de
atender a la instrucción de otros, durante los años de estudios, o si están obligados a prestar servicio como los socios no estudiantes y no
clérigos. La costumbre actual es que muchos clérigos hacen de prefectos o maestros de los muchachos internos y no pueden dedicarse,
por tanto, a los estudios eclesiásticos, hacen estos estudios en privado y sin profesores especiales. Una parte de ellos asiste a las clases del
seminario ((99)) porque les obliga el Ordinario de Turín, pero hay que admitir que, libres de su dependencia, harán como los demás y
como parece ser el espíritu del Instituto. Este sistema tiene que ser de grave daño para la Iglesia y para el clero. Dado que, en efecto, los
socios clérigos están obligados por un trienio, pueden abandonar libremente la Congregación, y se tendrá de este modo un clero sin la
instrucción y educación convenientes.
IV. En el artículo 4.° del número 4 se dice que los clérigos y los sacerdotes que poseen patrimonio o beneficios simples, lo retendrán
aun después de los votos. Mientras se provee con estas disposiciones al bien material de la Congregación y de los socios, se perjudica
grandemente a la diócesis, porque el clero está investido de ellos con el único fin de tener ministros que puedan servir a la diócesis, y al
dar su nombre a la Congregación ya no están al servicio de aquélla y, sin embargo, continúan gozando de los beneficios, con lo que
quitan a los obispos los medios de proveerse de otros en su lugar.
V. No parece conveniente que la Congregación asuma el encargo de tener jóvenes que aspiran al ministerio eclesiástico, como parece es
la intención del artículo 5.° del número 3, cuando por otra parte no sean alumnos de la misma. Los clérigos no pertenecientes a la
Congregación deberían depender exclusivamente de los Ordinarios. Establecer seminarios de esta índole sólo puede perjudicar a la
autoridad episcopal, fomentar la división entre el clero, rebajar la disciplina y dañar los estudios. Se debería, por tanto, remitir los
jóvenes, que aspiran al ministerio eclesiástico, a los respectivos Obispos, en cuanto visten el hábito clerical, a fin de que sean educados
por ellos de acuerdo con el espíritu de las respectivas diócesis. La Congregación debería conformarse con prepararlos para el seminario,
salvo que el Obispo creyere conveniente confiarle el seminario episcopal.
VI. No está previsto que los clérigos de la Congregación tengan patrimonio eclesiástico para la sagrada Ordenación, puesto que según
el artículo 4.° del número 8, se quisiera ordenarlos de acuerdo con los privilegios de las Ordenes Regulares. Es, pues, necesario que sean
provistos de él, ya que pueden salir cuando gusten o pueden ser despedidos. Mientras, en fin, se otorga a los superiores la facultad de
expulsarlos, y a los socios la de salir, no se dispone nada sobre los Ordinarios que
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deben aceptarlos, los cuales podrán así encontrarse en el caso de tener que aceptar en su clero a sujetos que no habrían, tal vez, admitido
jamás para formar parte del mismo, etc. etc., y que, por añadidura, estarán sin patrimonio.

VII. En el artículo 3 número 13 se dice que para ser admitido en la Congregación se deberá hacer un año de noviciado, pero no se dice
dónde, ni cómo. Por tanto el noviciado será común para los alumnos clérigos y los laicos con la misma educación dada a todos, y los
alumnos clérigos estarán mezclados, no sólo con los socios laicos, sino con los muchachos, con los cuales conviven hoy día los socios.
VIII. Del artículo 7.° del mismo número se deduce que también formarán ((100)) parte de la Congregación, los que quieran entrar en
ella sólo por razón de estudios. Al no tener éstos más intención que la de cursar sus estudios, no podrán ciertamente poseer el espíritu que
se requiere en los clérigos y, sin embargo, formarán un solo cuerpo con ellos.
IX. No se puede comprender a dónde pueda llegar una Congregación compuesta de elementos tan dispares y que no pueden tener una
misma finalidad. El colegio de Turín ya es un caos, ahora mismo, pues andan mezclados aprendices, estudiantes, laicos, clérigos y
sacerdotes. Y este caos se hará cada vez mayor, al extender su campo de acción.
Para las otras observaciones véanse las anotaciones puestas al margen de los respectivos artículos en la copia de las Constituciones que
se adjunta.
Turín, Arzobispado, 1.° de marzo de 1868.
" ALEJANDRO, Arzobispo.
Las anotaciones del Arzobispo estaban hechas sobre el margen del librito de las Reglas, impresas en 1864, que nosotros hemos incluido
en el apéndice núm. 7 del volumen VIII, pág. 895: y eran las siguientes:
Pág. 3 (núm. 2) Ejusdem Societatis Origo (Origen de la misma Sociedad).-Ver observaciones aparte.
Pág. 4 (núm. 3 ) -Ver observaciones aparte.
Pág. 6 (núm. 3) Artículo 1 y 3 -Ver observaciones aparte.
Pág. 7 (Al fin) -No todos se dedican a los estudios clásicos.
Pág. 7 (Al fin) -No todos se dedican a los estudios clásicos.
Pág. 9 (núm. 4) Artículo 4 -Ver observaciones aparte.
Pág. 9 (núm. 4) Artículo 5 -"No sería conveniente que el Superior General rindiera cuentas anualmente al Capítulo, para evitar
cualquier fraude?
Pág. 10 (núm. 4) Artículo 9 -Ver observaciones aparte.
Pág. 11 (núm. 5) Artículo 6 -"No es demasiado? Me parece que una obligación de tal naturaleza sobrepasa los límites de lo justo. La
conciencia se abre al confesor.
Pág. 12 (núm. 6) Artículo 2 -Todavía no existen celdas, sino que los socios hacen vida común con los muchachos.
Pág. 15 (núm. 8) Artículo 3 -Las últimas palabras de este artículo hacen ilusoria la jurisdicción episcopal.
Pág. 15 (núm. 8) Artículo 4 -Ver observaciones aparte.
Pág. 16 (núm. 9) Artículo 2 -Contrario al artículo 10 del núm. 11.

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Pág. 16 (núm. 9) Artículo 4 -De ejecución casi imposible.
Pág. 17 (núm. 9) Artículo 7 -Los artículos a añadir podrían lesionar los derechos de los Obispos; no deberían, por tanto, tener valor sin

la aprobación de la Santa Sede.

((101)) Pág. 17 (núm 9) Artículo 8 -"No sería mejor que le sucediese por derecho el Prefecto, ya al tanto de los asuntos?

Pág. 18 (núm. 10) Artículo 1 -Ver observaciones aparte.

Pág. 19 (núm 10) Artículo 3 -Ultima parte.-Ver observaciones aparte.

Pág. 19 (núm. 10) Artículo 5 -Hacia el fin. En el caso en que, después de la segunda y tercera votación, no se obtuvieren las dos

terceras partes de los votos, quid agendum? ("qué hacer?) La Regla no prevé este caso.

Pág. 23 (núm. 12) Artículo 2 -No se entiende qué concierne al Ordinario diocesano y qué al Rector.

Pág. 25 (núm. 13) Artículo 3 -Ver las observaciones aparte.

Pág. 25 (núm. 13) Artículo 4 -Y después el tercer trienio.

Pág. 26 (núm. 13) Artículo 5 -Sería contrario al artículo que incluye a los laicos como socios.

Pág. 26 (núm. 13) Artículo 7 -Ver observaciones aparte.

Pág. 27 (núm. 13) Artículo 10 -No se dice qué votos, si perpetuos o temporales. Sin embargo es de gran importancia declararlo.

Pág. 28 (núm. 14) Artículo 2 -La restricción parece demasiado extendida y puede dar ocasión a graves desórdenes. Además, no se dice

si el confesor debe ser socio o si debe ser aprobado por el Ordinario.

Pág. 33 (núm. 16) Appendix de externis. (Apéndice sobre los externos). Artículo 1 -Ver si estos afiliados convienen en nuestros
tiempos.

Este documento fue enviado a la Sagrada Congregación de Obispos, sin que don Bosco lo supiera.

La falta de conocimiento de la verdadera situación de las cosas, las sospechas sobre las intenciones de don Bosco, los prejuicios y
temores de peligros inexistentes, las falsas interpretaciones de los artículos, las exigencias que, de momento, no se podían satisfacer, los
juicios atrevidos habían inspirado aquellas observaciones. Pero el Arzobispo (hemos de repetirlo) no obraba con mala intención, sino por
informes inexactos y comentarios de ciertos doctores anticuados y hostiles a don Bosco.

Cierto es que la Pía Sociedad no estaba todavía totalmente formada, es cierto también que alguna de sus reglas necesitaba algún
retoque, pero el gran bien que ya había producido manifestaba evidentemente, a quien quería verlo, que estaba inspirada por el Señor.

Y don Bosco, por aquellos días, lo mismo que había hecho siempre, ((102)) daba una prueba de obligada deferencia al Superior
Eclesiástico.

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Rvdo. señor don Bosco:

Me dice Sor Clarac, de las Hijas de la Caridad, que V. S. M. R. deseaba mi consentimiento para que un sacerdote suyo fuera al
Oratorio, abierto por la misma, para celebrar y dar alguna plática. No teniendo motivo para discrepar, accedo plenamente a la petición
hecha.

El Señor le conceda toda clase de bendiciones y créame de Vd.

Turín, 16 de marzo de 1868.

Su seguro servidor " ALEJANDRO, Arzobispo.

Sor Luisa Clarac había fundado en Turín el Instituto de Santa María.
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((103))

CAPITULO X

LECTURAS CATOLICAS: LAS MARAVILLAS DE LA MADRE DE DIOS INVOCADA CON EL TITULO DE MARIA
AUXILIADORA -PROLOGO DEL OPUSCULO -CARTA DE DON JUAN BAUTISTA FRANCESIA AL CABALLERO: EL
FASCICULO SEVERINO ES UN EXITO; LAS OBRAS EN LA IGLESIA; LAS GRACIAS DE MARIA SANTISIMA; LAS
MEDALLAS;
PREPARATIVOS PARA LA GRAN FIESTA; CONSECUENCIAS DEL VIAJE DE DON BOSCO A MORNESE EL AÑO PASADO
NOMBRAMIENTO DE CARDENALES: MONSEÑOR EUSTAQUIO GONELLA -DON BOSCO ESCRIBE AL CABALLERO
PARA QUE PRESENTE LOS RESPETOS DE TODA LA PIA SOCIEDAD AL CARDENAL GONELLA Y A LOS OTROS NUEVOS
CARDENALES; LE PIDE NOTICIAS DE SUS AMIGOS DE ROMA; LE RECUERDA LA FIESTA DEL TERCER CENTENARIO
DEL NACIMIENTO DE SAN LUIS -OTRA CARTA A MONSEÑOR RICCI, A QUIEN FELICITA POR EL NUEVO HONOR AL
QUE HA SIDO ELEVADO POR EL PAPA -DON JUAN B. FRANCESIA AL CABALLERO: LE DA NOTICIAS DEL ORATORIO;
DON BOSCO EXCLUIDO DE UN REPARTO BENEFICO PARA OBRAS PIAS, RECIBE UNA IMPORTANTE SUMA DESDE
MILAN; NUMEROSAS OFRENDAS DE LOS FIELES EN ESTOS DIAS; LAS OBRAS DE LA IGLESIA MARCHAN BIEN; DON
BOSCO ES LLAMADO AL LECHO DE MUCHOS ENFERMOS -CIRCUNSTANCIA EXTRA ORDINARIA EN LA MUERTE
REPENTINA DE ESPIRITU ROSSI, PREDICHA POR DON BOSCO -NO ES EL SEGUNDO DEL SUEÑO -DON JUAN B.
FRANCESIA ANUNCIA ESTA MUERTE AL CABALLERO -LA MARQUESA DE VILLARIOS ESCRIBE A DON JUAN B.
FRANCESIA SOBRE ESTE HECHO -EL PADRE OREGLIA ESCRIBE A DON JUAN B. FRANCESIA: ACONSEJA ACEPTAR
VIGNA PIA AUNQUE SEA UNA OBRA HUMILDE Y DIFICIL; TEME UN OCTUBRE COMO EL DEL AÑO ((104)) PASADO;
ESPERA CARTA DE DON BOSCO; VIAJE A ROMA DEL TEOLOGO MARGOTTI
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PARA el mes de marzo se había distribuido a los suscriptores de las Lecturas Católicas un fascículo titulado Vuelo de un Angel, original
de Humberto Le Bon, traducido al italiano por el sacerdote Pedro Bazetti. Trataba de la eficacia de la oración para alcanzar del Señor el
triunfo de la Iglesia y cualquiera otra gracia, con hermosas citas de autores religiosos, parábolas, leyendas y hechos históricos.

El fascículo que preparaba la imprenta para el mes de abril se titulaba: Pensamientos y dichos sobre los quehaceres diarios, con u n
apéndice sobre la vida de familia, por Santiago Bonomo. Eran dos opusculitos juntos. El primero demostraba que el buen sentido se altera
en el pueblo, especialmente en cuestiones religiosas, por la ignorancia y por la dañosa influencia de los periódicos malos; el segundo
trataba de la felicidad que se encuentra en la familia cristiana y de los medios para conservar la alegría en casa.

Para el mes de mayo, reservaba don Bosco un librito suyo de unas ciento ochenta y cuatro páginas, que acababa de escribir, en honor de
María Santísima: Maravillas de la Madre de Dios, invocada con el título de María Auxiliadora, recopiladas por el sacerdote Juan Bosco.
En la portada se leían las palabras: Aedificavit sibi domum (Prov. IX-1 ). María se edificó ella misma una casa.

Decía el prólogo:

El título de Auxilium Chrislianorum, atribuido a la augusta Madre del Salvador, no es nuevo en la iglesia de Jesucristo. En los mismos
libros santos del Antiguo Testamento se llama a María Reina, que está a la diestra de su Divino Hijo, vestida de oro y rodeada de
variedad: Adstitit Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate (Salmo 44). (Se presenta la Reina a tu derecha, con
vestidos recamados en oro, rodeada de brocados). Este manto dorado y rodeado de brocados son otras tantas piedras preciosas y
diamantes o bien títulos con los que se acostumbra llamar a María. Así, pues, cuando llamamos a la Santísima Virgen auxilio de los
cristianos, no hacemos más que elegir un título especial, que le conviene a María como un diamante sobre sus vestidos dorados. En este
sentido ((105)) María fue saludada como auxilio de los cristianos desde los primeros tiempos del Cristianismo.

Una razón, por otra parte muy especial, por la que quiere la Iglesia en los últimos tiempos señalar el título de Auxilium Christianorum
es la que aduce monseñor Parisis con estas palabras: "Casi siempre, cuando el género humano se ha encontrado en crisis extraordinarias
logró salir de ellas, haciéndose digno de reconocer y bendecir una nueva perfección en esta admirable criatura, María Santísima, que es
aquí abajo el más maravilloso reflejo de las perfecciones del Creador" (Nicolás, pág. 121).

La necesidad, hoy día universalmente sentida, de invocar a María no es particular sino general; ya no hay hombres tibios que
enfervorizar, pecadores que convertir, inocentes que conservar. Estas cosas son siempre útiles en todo lugar y para
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cualquier persona. Pero se ataca a la misma Iglesia Católica. Se la ataca en sus actos religiosos, en sus instituciones, en su cabeza, en su
doctrina, en su disciplina; se la ataca como Iglesia Católica, como centro de la verdad, como maestra de todos los fieles.

Y precisamente, para merecer una especial protección del cielo, íse recurre a María, como Madre común, como Auxiliadora especial de
los reyes y de los pueblos católicos de todo el mundo!

Así el verdadero Dios era invocado como Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, y esta denominación se dirigía para impetrar
la divina misericordia en favor de todo Israel y Dios gozaba al ser invocado de esta manera y prestaba pronto socorro a su pueblo en las
afliciones. En el curso de este librito veremos cómo María ha sido verdaderamente elegida por Dios como auxilio de los cristianos; y
cómo en todo tiempo así lo ha demostrado en las calamidades públicas, en especial en favor de aquellos pueblos, aquellos soberanos,
aquellos ejércitos que sufrían o combatían por la fe.

La Iglesia, pues, después de haber honrado a la Virgen durante muchos siglos con el título de Auxilium Christianorum, al fin instituyó
una solemnidad especial en la que todos los católicos se unen para repetir a una sola voz las bellas palabras con las que es saludada esta
augusta Madre del Salvador: Terribilis ut castrorum acies ordinata, tu cunctas haereses interemisti in universo mundo. (Terrible como
tropa formada en orden de batalla, tú quitaste de en medio todas las herejías en el universo).

La Santísima Virgen nos ayude a todos a vivir fieles a la doctrina y a la fe, cuya cabeza es el Romano Pontífice, Vicario de Jesucristo, y
nos obtenga la gracia de perseverar en el divino servicio en la tierra para poderla contemplar un día en el reino de la gloria en el cielo.

Por lo tanto, con los símbolos del Antiguo Testamento, con los hechos del Santo Evangelio, con los gloriosos monumentos históricos
de todos los tiempos, con la devoción y reconocimiento de los pueblos agraciados, el Venerable razona primeramente lo mucho que a la
Virgen le conviene el ((106)) título de Auxiliadora de la Iglesia y de los fieles.

Después habla del proyecto y de los primeros trabajos de una iglesia nueva en Turín, en honor de María Auxilium Christianorum:
describe la colocación de la primera piedra y la continuación y el final del sagrado edificio, los medios portentosos con los que se
construyó, su imponente conjunto, la imagen en él colocada a la veneración de los fieles y todo el conjunto interior del nuevo templo.
Finalmente explica las principales ceremonias que se usan para la consagración de las iglesias, comenta los dos himnos litúrgicos para las
fiestas que se celebrarán y termina narrando algunas gracias obtenidas por intercesión de María Auxiliadora.

Este opúsculo, como preparación a la dedicación de la iglesia,
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debía resultar agradable a los suscriptores, que siempre habían acogido con alegría los escritos de don Bosco.

Mientras tanto, los obreros se apresuraban para llevar a cabo en la iglesia los trabajos de mayor urgencia. Escribía don Juan B.
Francesia al caballero Oreglia y le hacía observar, en primer lugar, los naturales comentarios que corrían, ante su prolongada permanencia
en Roma.

Turín, 5 de marzo de 1868

Muy querido caballero Oreglia:

No dijo usted ningún disparate, cuando escribió que alguno teme que usted haya abandonado nuestra causa. En honor de la verdad, yo
fui siempre de parecer contrario. Pero "qué quiere? Usted mismo es ciertamente un poco el causante de estas extrañas voces. Todos sus
amigos externos, que frecuentan la casa, cuando vienen a nosotros, piden noticias suyas y, después de tres, cuatro o más veces, se
extrañan al oír siempre que V. S. está en Roma. Y es entonces cuando sacan la consecuencia de la que usted se nos quejaba...

El opúsculo Severino sigue siendo un éxito y hace que crezca cada día el número de suscriptores. Tenga en cuenta que el mismísimo
Aristarco, profesor Vallauri, me llegó a decir que Severino tal vez sea lo mejor de cuanto ha salido de la pluma de don Bosco y que él lo
había leído de un tirón. Tanto le había apasionado la manera de escribir de don Bosco...

Volviendo a la iglesia, le diré que los trabajos adelantan mucho y al presente parece que no cabe la menor duda de que para mayo se
podrá abrir al público. íNos maravilló oír que V. S. ha encargado ya treinta mil medallas! íSerá una verdadera lluvia! Tengo ante mí
muchas otras gracias de personas que alcanzaron la curación por intercesión ((107)) de María Auxiliadora. Para disponerlo todo para el
solemne de la inauguración, no sólo creo útil sino necesaria su presencia. Usted nos conoce y sabe que nuestra habilidad es grande en
estos quehaceres.

Habría que proveer ahora muchas cosas en la imprenta. Don Bosco prepara el opúsculo, pero habría que pensar en el número de
ejemplares encuadernados y en lujo, porque creo yo que hay que dejar de ser pobres en tal ocasión. Están las inscripciones latinas e
italianas, etc., etc., y mil cosas más que no escaparían a su mirada. Por lo demás, mientras todos le esperamos ansiosamente, sabemos que
usted emplea muy bien el tiempo en favor de la casa, y le alabamos y se lo agradecemos.

Nos congratulamos con usted por las graciosas aventuras y le auguramos muchas y muchas más, de modo que las bendiciones de los
romanos sean iguales a los deseos de los turineses.

La salud de nuestros muchachos sigue bien y, salvo alguna pequeña indisposición, fruto del tiempo, la situación higiénica no presenta
ningún temor.

En cuanto a la situación política, también marcha bien. Don Bosco no ha querido decirme todavía nada de cuanto deseaba en nombre
del padre José: tal vez conteste él mismo directamente.

Ya sabe que don Bosco fue a Mornese y el recibimiento que tuvo. Mas ahora el pleito que se armó sobre lo que dijo e hizo sigue
adelante. Pero el pueblo no podía
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estar más indignado y unánime y el Alcalde y la Corporación Municipal y el mismo Gobernador dieron remate. Seguramente se echará
tierra encima y como si tal cosa...

Querido Caballero, bendígale Dios mucho, mucho, mucho; y al presentarle los particulares saludos de don Miguel Rúa y de don Angel
Savio y de todos en general, reciba los verdaderos sentimientos de cristiano afecto.

De su afectísimo, como hermano FRANCESIA, Pbro.

Por aquellos días había decretado Pío IX conceder la sagrada púrpura a monseñor Aníbal Capalti, secretario de la Sagrada
Congregación de Propaganda de la Fe, nacido en Roma en 1811; a monseñor Eduardo Borromeo, mayordomo de Su Santidad, nacido en
Milán en 1822; a monseñor Luciano, príncipe Bonaparte, protonotario apostólico, nacido en Roma en 1820; a monseñor Inocencio
Ferrieri, Arzobispo de Sida, Nuncio Apostólico ante Su Fidelísima Majestad, nacido en Fano en 1810; a monseñor Rafael Mónaco La
Valletta, Asesor de la S. Romana y Universal Inquisición, oriundo de Chieti y nacido en Aquila en 1827; a monseñor Lorenzo Barili,
Arzobispo de Tiana, Nuncio Apostólico ante su Majestad Católica, nacido en Ancona en 1801; ((108)) a monserior José Berardi,
Arzobispo de Nicea, Sustituto de la Secretaría de Estado y Secretario de la Cifra, nacido en Ceccano en 1810; a monseñor Eustaquio
Gonella, Arzobispo-Obispo de Viterbo y Toscanella, nacido en Turín en 1811.

Los nuevos cardenales serían preconizados en el Consistorio secreto del 13 de marzo, y en el Consistorio público de 16 de marzo el
Pontífice les impondría el capelo cardenalicio 1.

1 La familia Gonella, que era de siempre bienhechora insigne de don Bosco, le había recomendado así a un amigo suyo la primera vez
que fue a Roma.

Al Ilmo. señor Vicente Cavassi, copista en la Secretariá de Breves Pontificios.

Roma, Palacio Cleto, junto a San Nicolás de los Prefectos, núm. 46.

Turín, 17 de febrero de 1858
Ilustrísimo y carísimo Señor:

Mañana por la mañana sale para Roma el sacerdote don Bosco, portador de la presente; le recomiendo, como persona a quien conozco y
aprecio, a V. S. Carísima, tanto más cuanto que se trata de un celoso sacerdote, que se ocupa de hacer el bien casi prodigiosamente,
habiendo recogido una gran cantidad de muchachos díscolos que instruye, más de unos sesenta que
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En cuanto don Bosco tuvo noticia del nombramiento de dichos Cardenales, escribía al caballero Oreglia.

Muy querido caballero Oreglia:

El conde Fresia va a Roma y me dice que si puede dejar aquí de cuatrocientas a quinientas liras, para requerirlas después a su llegada a
esa ciudad. Le he dicho que le escribiría a usted y que obraría en conformidad con la respuesta. Me parece persona muy buena y
caritativa. También está en Roma el conde Soranzo que desea verle, si aún no se han encontrado.

((109)) No sé dónde para, mas los domésticos del cardenal Consolini lo saben.

El caballero Marco, con su hermano el caballero Juan Bautista Gonella, y sus respectivas familias, están en Roma con motivo de que su
hermano, el Arzobispo de Viterbo, será proclamado Cardenal. Haga usted por acercarse directa o indirectamente, en nombre de todos
nuestros sacerdotes, clérigos y casas y preséntele nuestros parabienes y felicitaciones. Haga lo mismo con los otros noveles cardenales y
preséntese como enviado para ello.

Diga a la condesa Calderari que celebro la mejoría de sus niños; seguiremos rezando y esperamos que cuanto antes estén todos
totalmente restablecidos para su consuelo y el de sus amigos. Hacemos lo mismo con la madre, pidiendo a Dios que un día, lo más tarde
que a El plazca, la haga feliz en su gloriosa eternidad.Deseo asimismo tener noticias de los condes Bentivoglio, a quienes deseo escribir,
si no he de causarles molestia. Déme también noticias del conde Vimercati; desde Navidad no he vuelto a saber nada.

"Están mejor de salud el padre Vasco, el padre Delorenzi, la marquesa Villarios, los de casa Vitelleschi?

Afectuosos saludos para todos de parte de todos y créame en el Señor,

Turín, 9 de marzo de 1868.

Afectísimo amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

P. D. Hemos celebrado una novena solemne y hoy la gran fiesta, por el tercer centenario del nacimiento de San Luis, acaecido el 9 de
marzo de 1568.
mantiene en una especie de colegio. Puede decirse que se ha dedicado a la instrucción de muchachos de la clase obrera de nuestra ciudad
de Turín con mucho provecho material y religioso. Va a Roma también con el fin de estudiar cosas de la antigüedad que tiene el gusto de
conocer (es apoyado por la casa De Maistre), tal vez para completar alguna de sus obras históricas, parte de las cuales ya ha publicado;
verá que es muy humilde, pero muy instruido, de modo que cuanto le he dicho debe también animar a V. S. a conocer a esta persona
apreciadísima, y estoy persuadido de que, aunque le cause alguna molestia, estará contento de haberlo conocido. Yo, que conozco su
amabilidad, no tengo nada más que añadir.

Créame con muy distinguido aprecio y afecto,

Su seguro servidor J. B. GONELLA

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Envió a Roma otra carta por medio del conde Fresia. Estaba, como siempre, exquisitamente escrita bajo todos los aspectos e iba
dirigida a su Excelencia Rvma. monseñor Ricci, nombrado Camarero Secreto de Su Santidad.

Rvmo. Monseñor:

Entre las muchas personas que grandemente gozan del nuevo honor al que Su Santidad acaba de elevar a V. S. Rvma. dígnese contar
también al pobre don Bosco, que conserva de usted el más grato recuerdo. Concédale Dios llegar hasta las más altas dignidades de la
tierra, pero de tal manera que pueda después alcanzar la felicidad del cielo.

El portador de esta carta es el señor conde Fresia, que va a Roma por devoción. Es un buen cristiano y fervoroso católico. Si puede
darle alguna dirección para satisfacer mejor su piadosa curiosidad, me dará también un gran placer a mí mismo.

((110)) Dios le bendiga; ruegue por mí y por mi familia y créame con el más profundo agradecimiento.

Turín, 26 de marzo de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Antes de que saliera para Roma el conde Fresia, había escrito don Juan B. Francesia al caballero Oreglia el 15 de marzo.

A mitad de Cuaresma de 1868.

Mi querido caballero Oreglia:

Puesto que usted sigue todavía en Roma, resígnese a leer esta mi nueva carta. De la tipografía pocas noticias y casi todas buenas. De la
casa, no podemos quejarnos; nuestros muchachos gozan de bonísima salud y especialmente los clérigos, que están todos en plena
actividad. Para Pascua se ordenará don Luis Chiapale y quién sabe si usted oirá su primera misa: después serán ordenados sacerdotes
Merlone y Dalmazzo, justamente para cuando se inaugure la iglesia.

Hace días se lamentaba don Bosco en voz baja, a la dirección de la sociedad de Gianduya, que de nuevo le había dejado a un lado en la
limosna, como si don Bosco no se ocupara del bien público y no la necesitara. Hicieron su efecto los lamentos, puesto que el Señor,
apenas anunciaron los periódicos que el Cottolengo y los Artesanitos habían recibido cada uno su cuota de dos mil trescientas liras, el
Señor, digo, enviaba a don Bosco el doble, con beneficio e intereses, con una suma de seis mil liras por medio de una piadosa persona
milanesa. Don Bosco da gracias de todo corazón al Señor y a la piadosa limosnera pero no desea que se publique la cosa para impedir yo
no sé qué. íY no acaba aquí la cosa! Quizá en todo el año no hubo tanto fervor para mandarnos limosnas como ahora, cuando los
filántropos mundanos mueven cielos y tierra para poner de relieve una pequeña cantidad. Don Bosco está verdaderamente asombrado de
ello; advierta que, sólo durante la semana pasada,
111

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hemos recogido en limosnas extraordinarias cerca de diez mil liras. Así irá adelante la iglesia.

Ayer, jueves, vino a visitarle un tal Fino, hermano del comerciante de l, que prometió su colaboración para decorar con pinturas al
fresco una capilla, que se dedicaría a los Santos Protectores de Turín. Otra persona se encarga de pagar un pavimento elegante para una
de las sacristías. Entre tanto, llegan personas de una y otra parte a tomar medidas del altar, de la balaustrada, de las gradas, para hacer, a
lo que parece, un tapete o alfombra.

((111)) El próximo lunes empezarán a hacer los confesonarios, pues ya están terminadas todas las puertas.

Si tuviera que describirle el verdadero entusiasmo que reina en Turín por nuestra iglesia entre los buenos, usted se alegraría mucho de
ello. Algo singular que hoy se observa es la veneración cada vez mayor de la nobleza por don Bosco. No cae uno enfermo que no le
llame, casi diría antes que al médico; y en esto, se lo aseguro, no tiene poco que hacer para poder contentar a todos. La prueba es que
raramente está con nosotros.

Don Santiago Margotti se prepara para ir a Roma y pasar ahí la Semana Santa... Teme que haya todavía alguien mal impresionado por
su famoso Quién sabe más que nosotros respecto a las elecciones políticas, que tanto ruido armó en el mundo. Pero todos saben que él
escribió aquello para obedecer a quien debía...

FRANCESIA, Pbro.

Por aquellos días ocurrió en el Oratorio un hecho estruendoso. Don Bosco había afirmado que Petiva no era el segundo del sueño, pero
había añadido que otro pasaría a la eternidad antes del siguiente ejercicio de la buena muerte. Corrían los últimos días de febrero y, según
la costumbre, un mes después se repetiría el ejercicio. Y he aquí que, con sorpresa de todos (nos contó monseñor Pascual Morganti,
Arzobispo de Rávena y alumno entonces del Oratorio), don Bosco anunciaba en público que el siguiente ejercicio de la buena muerte se
anticiparía quince días y se haría precisamente el 19 de marzo, fiesta de san José. El motivo de esta disposición era que antes de aquella
fecha debía morir un joven de la casa, el cual, no obstante, comulgaría la misma mañana de su muerte: y recomendaba a todos que
estuvieran preparados e hicieran una buena confesión.

Como el día 18 por la tarde no había ningún enfermo en casa, corrían grandes rumores especialmente entre los alumnos. Estos, en voz
baja, para no ser oídos por los superiores, decían:

-Esta vez se ha equivocado don Bosco, estamos en el ejercicio de la buena muerte y todos estamos bien de salud: ífracasa la profecía!

((112)) A las seis de la tarde estaban los confesores en la iglesia en
112

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su puesto y los alumnos, cosa insólita, salían del estudio y de los talleres, poco dispuestos a confesarse, y se dispersaban por los patios en
vez de ir a prepararse para la confesión. Don Juan B. Francesia procuraba mandarlos a la iglesia, pero veía en la cara de muchos cierta
sonrisa maligna, que no sabía explicar. Algunos, a su invitación, entraban por una puerta de la iglesia y salían por la otra. Volvía a
llamarlos y de un patio se iban al otro. Nunca se habían manifestado tan reacios como aquella tarde.

Cuando supo la causa procuró persuadirlos, hacerles entrar en razón, pero él mismo se armaba un lío. En efecto, la profecía de don
Bosco no daba señales de cumplirse y algunos, que habían entrado hacía unas semanas en el Oratorio, encontraban pretexto para reírse de
todo cuanto de admirable habían oído sobre don Bosco. Aquellas habladurías causaban mal efecto particularmente entre los aprendices.

Llegó la hora de la cena. Los del primer turno acudieron al comedor y lo encontraron sin preparar. Faltaba el vino. Buscan a Espíritu
Rossi, cantinero y refitolero y no le encuentran; no se sabe por dónde anda; de la cocina avisan al Prefecto; don Miguel Rúa pregunta
quién ha visto últimamente a Rossi y Cipriano Audisio responde que a las dos de la tarde ha estado con él en la cantina lavando los
toneles y que allí lo había dejado.

Van a la cantina: cerrada. Le llaman, golpean la puerta, la fuerzan, entran, miran por todas partes y, por fin, ven por el suelo los zapatos
de Rossi. Se registran entonces los toneles vacíos. El pobrecito estaba en el fondo de uno de ellos, a donde imprudentemente había
bajado, asfixiado, muerto. Caliente todavía, sacáronle y lleváronle fuera. La voz corrió como una centella. Los muchachos se agolparon
para contemplar el doloroso espectáculo, los murmuradores enmudecieron avergonzados, todos eran presa de un misterioso temor y
corrían a confesarse, de tal modo que don Bosco tuvo que estar confesando casi hasta media noche. Hasta los más incrédulos se
convencieron del espíritu profético del Venerable.

Citamos entre los testigos del hecho al cardenal Cagliero.

((113)) Don Miguel Rúa escribió en el Necrologio:

" 18 de marzo. -Muere Espíritu Rossi, de Saliceto, de 26 años de edad. Obediencia y piedad eran sus rasgos característicos: Quiso ser
sacerdote; mas, por carecer de memoria e inteligencia suficientes, hubo de abandonar los estudios. En casa de sus padres resultó
monomaníaco. Tuvo la fortuna de volver a entrar en el Oratorio y, sin más remedio que una ciega obediencia a su Director, curó del todo.
113

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Murió de repente pero no improvisamente, ya que el mismo día comulgó y siempre estaba bien preparado".

Pero tampoco era éste el segundo del sueño. Habiendo preguntado a don Bosco, poco después de la muerte del clérigo Mazzarello,
contestó que el segundo no haría más de tres veces el ejercicio de la buena muerte, que su enfermedad duraría de ocho a diez días, que sus
padres irían a verlo, pero que él no le asistiría en los últimos momentos. Así lo escribió don Esteban Bourlot. Y la muerte de Rossi había
sido repentina.

He aquí cómo informaba don Juan Francesia del suceso al caballero Oreglia:

19 de marzo de 1868

Muy querido señor Oreglia:

De nuevo le doy noticias de muerte. Espíritu Rossi estaba vivo ayer a estas horas y hoy está muerto. Fue a la cantina con intención de
lavar una cuba vacía, pero se rompió una duela, cayó dentro y se asfixió. Después de tres horas de inútiles pesquisas, finalmente se le
pudo encontrar, todavía caliente. Advierta que ayer era el último día fijado por don Bosco para una muerte y, como se cumplía con tan
terrible exactitud, la consternación fue inmensa. Precisamente hoy se hacía el ejercicio de la buena muerte; uno no debía hacerlo más y
verdaderamente no lo hizo. Pero ya sabe usted lo bueno que era Espíritu Rossi y por la mañana había recibido su comunión. Así que no
hay nada que temer por su alma; esta muerte ha sido un aviso saludable para nosotros. Esta mañana ha habido prácticamente comunión
general. Se pudo contar que uno o dos, a lo sumo, no se acercaron a los sacramentos, los otros hicieron todos un buen lavado. Don Bosco
recibió esta dolorosa noticia con mucho sentimiento y se le ve muy abatido...

((114)) Escribiré a la señora Villarios un hecho singular acaecido a primeros de esta semana.

Monseñor Gastaldi promete trabajos para la imprenta... Vale, o dulcissime caput. (Adios, muy amado jefe).

FRANCESIA, Pbro.

Al enterarse la marquesa de Villarios de esta muerte, escribió a don Juan B. Francesia:

Roma, 23 de marzo de 1868

M. Rvdo. P. Francesia:
Nuestro Caballero me ha hecho saber el nuevo prodigio obrado en estos días con el anuncio de la muerte de ese pobre joven, acaecida
de manera tan inesperada...

Verdaderamente que ellos tienen la suerte de vivir en medio de prodigios y cosas extraordinarias; las continuas gracias obtenidas de
María Auxiliadora y las limosnas
114

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colosales que reciben son cosas y hechos nunca vistos y nunca entendidos. íQué suerte la suya!

íQué feliz sería si, en el hermoso mes de mayo, se me concediera la gracia de dar una vuelta por Turín para la inauguración de la nueva
iglesia! íMas veo que es ciertamente imposible!

El bonísimo del Caballero parece que, después de Pascua, se dispone a marchar, si no surgen nuevas dificultades...

Parece imposible todo lo que hace y obtiene.

VILLARIOS

Nuevas cartas de Roma traían al Oratorio noticias referentes a Vigna Pía y requerían otras importantes de Turín.

Roma, 18 de marzo de 1868

Rvdo. y carísimo P. Francesia:

Sabrá que Federico está en San Eusebio haciendo ejercicios espirituales durante ocho días, juntamente con muchos otros. Me encargó
que recogiera su correo. Llegó, pues, la carta que V. S. le envió ayer: se la llevé a San Eusebio. La abrió y apareció dirigida a mí. La leí
delante de Federico, hablé con él del tema principal y me pareció que es muy contrario al proyecto de Vigna Pía. Pero usted sabrá o podrá
saber sus razones si, como usted desea, le digo lo que pienso.

En primer lugar no me parece dificultad el miedo a celos o envidias. Estas acompañan siempre a todo, sea bueno o malo. Y también
algo de ello sabe don Bosco en Turín. Mas, no por eso, dejaría sus obras pías de Turín. Por tanto, esto no debe crear dificultades.

((115)) Además, en la ciudad santa de Roma los celos y las envidias del bien serán, siempre caeteris paribus (análogamente) menores
que en cualquier otra parte. En número y peso son siempre más aquí que en ninguna otra parte los que se preocupan por el bien. Además,
la naturaleza de la obra de Vigna Pía es tal que admite poco las envidias. El emplazamiento está distante de la ciudad, el aire no es muy
bueno. El conjunto es muy modesto. Creo que usted conoce bien la situación de las cosas, de la casa, de los ocupantes. Poco o nada hay
allí que pueda suscitar envidias. Más aún, pienso que los que allí se encuentran procuran abandonar aquel lugar y los que vayan, si no
tienen mucho celo y muy buen espíritu, no durarán mucho. No creo, pues, que la razón del temor de celos y envidias pueda tener
fundamento.

Añado que, tratándose de Vigna Pía, me parece difícil que la proposición de transferir el cuidado a don Bosco haya llegado sin previo
entendimiento con Pío. Esto debe animar, confortar y, por lo menos, eliminar demasiados temores.

Supuesto, además, que don Bosco, como usted me escribe, está firme en el sí, yo no vacilaría en unirme al sí. El fundador tiene las
luces necesarias para el buen éxito de su obra inspirada por el Señor.

Además, en el caso de que la cosa no resultara, siempre habría tiempo y modo para retirarse de ella, como ahora se retiran los que la
tienen.

Es necesario persuadirse de que este si, no es una obra gloriosa, ni cómoda, sino humilde, dura y difícil. Está en el campo y es una
campiña insalubre; estarán como

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en el desierto; no en Roma, sino como fuera de todo lugar habitado. Valdocco es un palacio real en comparación. Pero, a mi parecer, esto
no debe ser una dificultad. Al contrario, lo consideraría dificultad si fuera de distinto modo. Las encinas hay que plantarlas muy
profundas. Este ofrecimiento de Vigna Pía es el ofrecimiento de un sacrificio, de un trabajo duro, casi de un destierro. Tal vez exagero,
pero es mejor esperar lo peor y encontrar lo mejor, que no al revés. Termino diciendo que, según mi opinión, no hay que esperar envidias
y que en todo caso, en la duda, estaría por el parecer de don Bosco a priori y sin más averiguaciones.

Me reservo, no obstante, escribirle si logro saber algo mejor. Si no escribo más, es que persevero en el juicio dicho.

Gracias por las noticias. Dígame su parecer sobre el artículo de Enseñanza en la Civiltá Cattolica.

Encomiéndeme a San José.

Su seguro servidor

JOSE OREGLIA

Roma, 23 de marzo de 1868

Rvmo. y carísimo P. Francesia:

Doy gracias anticipadas a don Bosco por cuanto usted me dice que me escribirá sobre las Logias y le digo que cuento con esa carta, y
((116)) como usted es suyo, así, si él falla, fallará también usted. Por tanto, escriba sin más. Aquí les esperamos para hacer una segunda
edición, con la añadidura de octubre pasado. Estamos seguros del éxito triunfal. Pero "cuántos se quedarán por el camino? Basta; sea lo
que Dios quiera. Espero carta de don Bosco.

Federico acabó bien sus ejercicios, y piensa en la vuelta. Le creo en plena regla. Esperamos al teólogo Margotti y creo será muy bien
recibido. Cierto, que su vuelo fue muy alto, pero el descenso estuvo muy bien hecho; el uno y el otro meritorios. Por tanto, Deo gratias et
post factum lauda (gracias a Dios y alaba después del hecho). Pienso que el hecho fue muy útil y Margotti debe estar satisfecho de que,
cuando parece equivocarse, hace un bien.

De nuevo le recuerdo su carta de don Bosco. La espero, usted la prometió: haga que la mande...

OREGLIA
Don Bosco satisfizo sus deseos.
El padre Oreglia escribía otra cartita a don Juan B. Francesia el 2 de abril.
"Le agradezco su última del 30 de marzo y la anterior del 25 con la Logia, por lo que le doy gracias.
"Siga escribiendo así. Ayuda mucho. -Nota manus. (Mano conocida)"
.

116

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((117))

CAPITULO XI

PACIENCIA CON LOS ENEMIGOS -EL ARZOBISPO EN EL ORATORIO -MONSEÑOR GALLETI Y MONSEÑOR GASTALDI
ESTUDIAN EL MODO DE APROBAR LA PIA SOCIEDAD -FAVORES ESPIRITUALES CONCEDIDOS POR EL OBISPO DE
CASALE A DON BOSCO, A LOS SUPERIORES DEL COLEGIO DE MIRABELLO; PERMISOS CONCEDIDOS A LOS
CLERIGOS PARA LOS ESTUDIOS Y PARA LOS EXAMENES -CARTA DE DON BOSCO AL CABALLERO OREGLIA; LE
ENVIARA UNA PETICION FORMAL DE INDULGENCIAS PARA PRESENTARLA AL SANTO PADRE; ESPERA NOTICIAS DE
UNA OFERTA PROMETIDA PARA UN ALTAR;
LA CONSAGRACION DE LA IGLESIA SE CELEBRARA EN JUNIO; INVITA A MONSEÑOR VITELLESCHI PARA TAL
FIESTA; LA PRESENCIA DEL CABALLERO ES NECESARIA EN EL ORATORIO; DA NOTICIAS DE LOS ORDENANDOS
PARA SACERDOTES -APOSTILLA DE DON JUAN B. FRANCESIA ANUNCIANDO LA MUERTE DEL JOVEN CROCI
-TAMPOCO ES EL SEGUNDO DEL SUEÑO -DON BOSCO AL CABALLERO OREGLIA: ENVIA PALABRAS DE CONSUELO Y
DE AGRADECIMIENTO PARA VARIAS PERSONAS; APENAS CONSIGA LAS INDULGENCIAS, QUE MANDE EL
RESCRIPTO; SE PREPARAN MARAVILLOSAS FIESTAS PARA LA CONSAGRACION DE LA IGLESIA -AGRADECIMIENTO
A UNA CONDESA DE MILAN POR LAS LIMOSNAS -DON BOSCO SUPRIME LAS VACACIONES DE PASCUA DE LOS
ALUMNOS Y REDUCE A UN MES LAS OTOÑALES -DON JUAN B. FRANCESIA AL CABALLERO: HA ESCRITO AL CONDE
VIMERCATI CON OCASION DE LA VISITA QUE LE HIZO EL SANTO PADRE: ELEGANTE MENSAJE QUE PRESENTA EL
ORATORIO AL CARDENAL GONELLA: ENFERMEDAD DE UNA BIENHECHORA; EL MARQUES DE VILLARIOS VISITA EL
ORATORIO; LA PASCUA DE LOS APRENDICES Y ADMIRABLES EFECTOS DE UNA PLATICA DE DON BOSCO: EL JOVEN
CRISTIANO PARA LAS PRACTICAS DE PIEDAD -CONTESTACION DEL CONDE VIMERCATI A DON JUAN B. FRANCESIA:
TUVO UNA GRAN SATISFACCION CON LA VISITA DEL ((118)) PAPA; PRESIENTE
117

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CERCANA LA MUERTE; CONFIA EN LAS ORACIONES DE DON BOSCO -DON BOSCO AL CABALLERO: LE AGRADECE
LA FELICITACION DE PASCUA; QUE PROCURE CONCEDAN LAS INDULGENCIAS A PERPETUIDAD, CON LOS
RESCRIPTOS FIRMADOS POR EL SANTO PADRE; CELEBRA MISAS POR DOS EXIMIAS BIENHECHORAS; ENCARGOS
PARA FLORENCIA; LA CARESTIA DE LOS VIVERES LE CAUSA AFLICCION: ENORMES GASTOS PARA LA IGLESIA,
PERO LA VIRGEN SIGUE CONCEDIENDO GRACIAS -UNA CURACION MARAVILLOSA: UN PLEITO GANADO;
PERSUASION DE LOS FIELES DE QUE LA VIRGEN NO NIEGA NADA A LAS ORACIONES DE DON BOSCO

EL padre Oreglia no ignoraba en Roma la oposición de algún obispo a la Pía Sociedad; por eso escribía el 2 de abril a don Juan B.
Francesia: "Paciencia con los enemigos que son ciertamente putantes obsequium se praestare Deo (que pretenden servir a Dios); y nos
benefician cuando son movidos, como siempre lo son, o permitidos desde lo alto. Por lo tanto alegría y valor; y especialmente oremus ad
invicem (oremos mutuamente)".

Esta era la norma que guiaba a don Bosco en medio de las tribulaciones, la causa constante de su tranquilidad; y el Dios de los
consuelos se los concedía con prodigalidad.

Monseñor Riccardi, frecuentemente invitado, iba a presidir las funciones religiosas del Oratorio. El 29 de marzo, domingo de Pasión,
administraba el sacramento de la Confirmación en la iglesita de San Francisco de Sales. Los confirmados eran casi todos muchachos
externos que iban al catecismo cuaresmal; su compostura y la multitud de compañeros que asistió, alegró al Arzobispo.

Después de la función don Bosco le acompañó, siempre descubierto, a tomar un café; y, después, hasta la carroza, sin cubrirse ni por un
momento, a pesar del frío viento que corría.

El 20 de marzo escribía monseñor Galletti, Obispo de Alba, a don Miguel Rúa encomendándole en nombre de la pobre madre, al
alumno Tomás Cagliano, piadoso y aplicado jovencito, para que lo tuviera gratuitamente hasta el final de sus estudios. Y terminaba así:

((119)) "Ruégole presente al venerando don Bosco mis cordialísimos saludos y bese su mano en mi nombre, asegurándole que estoy
estudiando, con el Obispo de Saluzzo, la manera de ponernos de
118

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acuerdo para dar una plena aprobación uniforme a su benemérita Sociedad".

El Obispo de Casale daba a don Bosco una nueva prueba de su benevolencia, otorgando varias facultades a don Bosco y a los
superiores del Seminario menor de Mirabello, y autorizando a los clérigos estudiantes de teología y filosofía para realizar los estudios y
examinarse dentro del instituto.

Nos PETRUS MARIA FERRE, Dei et Nos PEDRO MARIA FERRE, por la gracia Sedis Apostolicae gratia de Dios y de la
Sede Apostólica,
Ecclesiae Casalensis Episcopus obispo y conde de Casale.
et Comes.

Rev. mo. D. no Ioanni Bosco Al Rvmo. señor don Juan Bosco,
Fundatori ac Generali Superiori Fundador y Superior General de la
Societatis S. Francisci Salesii, Sociedad de San Francisco de Sales,
cuius institutum in oppido huius cuyo instituto declaramos erigido
Dioecesis Casalensis nomine como Seminario Diocesano en la
Mirabello erectum veluti población denominada Mirabello de
Seminarium Dioecesanum Decreto esta diócesis de Casale, por nuestro
Nostro diei 7 mensis ultimo elapsi Decreto del 7 del próximo pasado mes,
declaravimus, favere summopere queriendo favorecerle con el mayor
volentes, praesentibus litteris ad cuidado, por el presente documento
Beneplacitum Nostrum auctoritate y con nuestro beneplácito, según
Nostra ordinaria: nuestra autoridad ordinaria:

1. Facultatem eidem facimus 1. Le facultamos para absolver de
absolvendi ab onmibus peccatis et todos los pecados y censuras
censuris in hac dioecesi reservadas en esta Diócesis, sin
reservatis, non exceptis iis quae exceptuar aquellas que, si no se
si non exprimantur non censentur manifiestan, no quedan comprendidas
sub generali facultate comprehendi. dentro de la facultad general.
2. Concedimus ut ipse vel per se 2. Concedemos que, por sí mismo o
vel per Moderatores Seminarii Loci por medio de los maestros del
Mirabello queat Confessarios extra Seminario de la población de
Dioecesanos ab eorum Ordinariis Mirabello, pueda llamar a confesores
adprobatos vocare, ut personis in extradiocesanos, aprobados por sus
dicto Seminario degentibus et ab Ordinarios, para administrar el
externo quoque ibi advenientibus Sacramento de la Penitencia a las
Sacramentum Poenitentiae personas que moran en dicho
administrent. Seminario y a las que allí llegaren de fuera.
3. Consentimus ut Clerici 3. Consentimos que los clérigos de
repetiti Seminarii, Philosophiae dicho Seminario, estudiantes de
atque Theologiae operam dantes, Filosofía y de Teología, hagan allí
quotannis ibi sub eorum sus estudios y pasen sus exámenes
institutoribus experimenta ac bajo la dirección de sus maestros,
pericula subeant, neque teneantur sin tener que acomodarse al orden de
ordini se accomodare Tractationum, los tratados, que se observan en el
qui in maiori Dioecesis Seminario Seminario mayor de la Diócesis.
observatur.
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VOLUMEN IX Página: 119

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Casali, in Palatio Episcopali, En Casale, Palacio episcopal, a
die 4 mensis aprilis 1868. 4 del mes de abril de 1868.

" PETRUS MARIA, Episc. " PEDRO MARIA, Obispo

Can. BRIATTA Cancell. Episc. Can. BRIATTA, Secr. Episc.

Otra satisfacción para don Bosco era que se acercaba la fecha de la consagración de la iglesia de María Auxiliadora. Escribía al
caballero Oreglia:

((120)) Muy querido Caballero:

He recibido la carta, fechada en octubre o diciembre de 1867, que mandó junto con las escritas antes y después de los ejercicios
espirituales. Y todo cuanto me escribe me parece bien. En cuanto a las indulgencias, recibirá una petición formal para el Padre Santo. La
presidenta Galeffi me ha escrito que está dispuesta a hacer, según parece, además del altar, algo más. "Está ya decidido qué dará, o ha
dado ya algo a cuenta de los dos mil escudos que había prometido? Ella anhela una carta mía; pero, antes de escribirla, necesitaría se me
aclarara esto.

Me ha gustado que la condesa Calderari me haya escrito; dígale que no dejaré de encomendarla diariamente en la santa misa, junto con
toda su familia, pero que ella tenga mucha fe y confíe en la bondad del Señor.
Usted, por su parte, vea si puede señalar una fecha para su regreso. El Arzobispo ha fijado la consagración de la iglesia para la primera
quincena de junio. La fiesta durará nueve días: un obispo predicará todos los días, otro celebrará la función religiosa. íPiense cuántas
cosas hay que hacer! Por ello, le necesito mucho a usted. Después, si es necesario, puede volver a Roma.

Monseñor Vitelleschi me dio el año pasado alguna esperanza de venir a visitarnos en esta ocasión. Haga el favor de ir a rogarle, de parte
de todos nosotros, que venga a hacer la consagración y, si fuera demasiado larga dicha función, celebrarnos solamente un pontifical y
predicarnos. Se lo ruegue e invite también de parte del Arzobispo de Turín.

Pero advierta que es de gran urgencia su regreso y por tanto me basta, como ha escrito, que para Pascua esté en Turín o de camino.

Dado que nosotros hemos de pensar en pagar a Osdá 1, dígame con toda confianza, cuánto dejó ya escapar bromeando; es decir, si tiene
dinero depositado en algún sitio con el que calcular, o bien si debemos ver el modo de proveer.

Salude a cuantos, sanos o enfermos, se encomendaron a nuestras pobres oraciones; asegúreles que les encomendamos todos los días al
Señor.

En las casas gozamos de buena salud. Tenemos a los clérigos Dalmazzo, Albera, Costamagna, Fagnano y Merlone que se preparan para
la misa.

Que Dios bendiga a usted, sus trabajos y sus intenciones.

Ruegue por

Turín. 25 de marzo de 1868.

Su afectísimo amigo in Christo JUAN BOSCO, Pbro.

1 Osdá: Nadie sabe de qué ni de quién se trata (N. del T.).

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P. D.: Haga el favor de pasar por el Banco Nicoletti; pregunte al señor Nicoletti, óptimo amigo, la manera de hacer llegar un bonito
cuadro regalado para la nueva iglesia.
((121)) La carta de don Bosco tenía esta coletilla:

Don Bosco deja una página en blanco con autorización para llenarla...

El alumno Croci de Suiza, que era tan bueno y alegre, ha muerto la otra tarde en su casa. Había estado enfermo en Turín; apenas
repuesto, quiso su padre llevárselo a la fuerza y... tal vez el viaje... tal vez que era llamado por Dios...

Las noticias políticas sobre R. aumentan y a este propósito escribiré al P. G. íQué huida!

J. B. FRANCESIA, Pbro.
Tampoco el jovencito Croci era el segundo del sueño, según afirmó don Bosco, que andaba muy atareado para resolver mil encargos y
preparar las fiestas de la consagración de la nueva iglesia. Volvía a escribir al caballero Oreglia:

Muy querido Caballero:

Tomo nota de su vuelta para el primero de mayo. Diga a la señora condesa Calderari que siento mucho que Dios le mande tantas
tribulaciones de orden físico y económico; pero que todo es para mayor gloria de Dios y que yo no dejaré de rezar especialmente por ella
y por toda su familia. No deje de ir a saludar de mi parte al droguero Carlos Cinti, cuya carta me envió. Salúdelo y manifiéstele mi
agradecimiento.

Adjunta verá la memoria a presentar al Padre Santo el día de su audiencia.

En cuanto a la venta de su granja, haga lo que más convenga; no estamos necesitados y, por tanto, esa venta sólo debe hacerse cuando
usted lo juzgue oportuno en razón del precio.

Apenas haya obtenido las indulgencias, saque copia del Rescripto y después mande enseguida el original por correo para hacerlo
imprimir en el librito expresamente preparado. No puede usted darse una idea de la fiesta que haremos, si Dios quiere, con ocasión de la
consagración. Ya lo verá. Entregue las tarjetas adjuntas a la marquesa de Villarios y a la presidenta Galeffi.

Hoy he visto al conde de la Margherita con la Condesa y después encontré a la señora Audisio: todos murmuran por su demora en
volver; yo les aseguré que sería para el primero de mayo próximo. Los mencionados señores le saludan con todos los de casa. Yo no
dejaré de rezar por todos y por los asuntos que me recomienda.

Don Sabino Buchi me escribe que ha entregado veinte escudos al conde Vimercati ((122)) y otros, algunas pequeñas cantidades. "Se las
dieron a usted o tal vez se olvidaron?
121

Fin de Página 121

 

VOLUMEN IX Página: 122

Dios le bendiga, señor Caballero, y con usted a todos nuestros bienhechores.

Ruegue por mí,

Turín, 3 de abril de 1868.

Suyo
JUAN BOSCO, Pbro.
Al día siguiente mandaba su carta de agradecimiento, con promesa de oraciones en favor de un enfermo, a la condesa Caccia Dominioni
de Milán, la cual le había enviado unas limosnas para la iglesia.
Benemérita señora Condesa:
Recibí a su tiempo las ciento quince liras y algo más que me mandó para la iglesia y espero le haya llegado el recibo. Le agradezco todo
en el Señor.

También he recibido la carta en la que me comunica la enfermedad del reverendo padre Tersi. He dispuesto que se hicieran y se siguen
haciendo oraciones especiales en nuestra Comunidad. Espero que Dios haya oído nuestra oración y otra mucho más fervorosa, y que el
padre Tersi, si aún no está totalmente curado, lo esté cuanto antes.

Le agradezco muy especialmente la colecta hecha y que continúa haciendo en favor de la iglesia. Anímese; los trabajos progresan
rápidamente y cuanto antes tendrá el programa de la consagración y del solemne octavario de la hermosa solemnidad.
Que Dios bendiga a usted y a toda su familia en estos santos días y le colme de sus gracias. Ruegue por mí, que me profeso con
gratitud.
Turín, 4 de abril de 1868.
Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.
Aquel mismo mes había una importante novedad en las casas de la Pía Sociedad.

Hasta este año, al llegar las fiestas de Pascua, se concedían a los alumnos casi ocho días de vacaciones, durante los cuales podían ir a
sus casas. Las grandes vacaciones de otoño se interrumpían con un mes de clase y se invitaba a los alumnos a volver al Oratorio o a los
otros colegios.

Habiendo observado don Bosco algunos serios desórdenes, producto de este sistema, avisó quince días antes de las ((123)) fiestas
pascuales que, a partir de aquel año, quedaban suprimidas las vacaciones de Pascua y que, por tanto, se pasaría la Semana Santa en el
colegio.

Así que, durante aquellos ocho días, todos los alumnos quedaron a su cargo; también los que pagaban pensión, ya que él no reparaba
122

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VOLUMEN IX Página: 123

en gastos cuando se trataba del bien moral. Y los alumnos, aunque habían deseado vivamente las vacaciones, se resignaron con facilidad
al querer del Superior. Tan vivo era el sentimiento de la obediencia. Y hasta transcurrieron aquellas fiestas pascuales con gran alegría,
porque, sin menoscabo de los divinos oficios, hubo muchas diversiones, mesa más surtida que de costumbre y un paseo largo con la
banda de música, que, sin embargo, no se repitió en los años siguientes.

Visto el feliz éxito de aquella disposición, casi un mes después cursaba la siguiente circular a través de cada uno de los directores:

Tras las repetidas instancias de muchos respetables padres de familia y las múltiples invitaciones de hombres experimentados en la
educación de la juventud, he creído oportuno tomar la siguiente determinación. Las vacaciones de todo el año quedarán reducidas a un
solo mes: del 15 de septiembre al 15 de octubre. Esta determinación ha sido tomada por los siguientes motivos:

1.° Los colegios más apreciados de Italia y más afanados por los estudios sólo conceden un mes de vacaciones a los alumnos.

2.° La experiencia de muchos años de que los alumnos, al pasar tres meses sin clase, pierden gran parte del progreso hecho durante el

curso escolar.

3.° La ganancia de tiempo para los que por su edad necesitaran hacer más deprisa los estudios.

Espero que V. S. vea con agrado este cambio, hecho únicamente con miras al mayor provecho que podrán alcanzar los jóvenes, a

quienes dedicamos todo nuestro afecto en el Señor, a cuyo honor y gloria hemos dedicado y dedicamos nuestro humilde trabajo.

Durante los meses más calurosos se procurará alargar los recreos y que haya paseos más frecuentes para mantener la salud corporal
necesaria de los jóvenes para que puedan atender con todo tesón a sus estudios.

Y esto, además, para alivio de los padres.

Su seguro servidor
EL DIRECTOR
((124)) Don Juan B. Francesia informaba al caballero Oreglia sobre las vacaciones pascuales suprimidas y otras novedades, así como de
un triduo predicado por don Bosco a sus muchachos en preparación al cumplimiento pascual.
8 de abril de 1868
Muy querido señor Caballero:
He escrito al señor conde Vimercati después de la nueva visita que le ha hecho el Padre Santo...
Hemos impreso y encuadernado con cierta elegancia un mensaje para el cardenal
123

Fin de Página 123

 

VOLUMEN IX Página: 124

Gonella. El trabajo está realmente bien hecho; será expuesto aquí en Turín, en la iglesia de San Felipe, y después saldrá para Roma el
lunes próximo. Será presentado, según dicen, por el teólogo Margotti, por el barón Bianco y por algún otro turinés de ahí. Sepa que el
importe corre a cuenta de nuestra casa. Don Bosco quiso manifestar su gratitud a casa Gonella y no reparó en gastos.

El material empleado sobrepasa las cincuenta liras más el trabajo de algunos días. No digo nada sobre la impresión, que imagino supera
a la encuadernación.

Ha sido muy dolorosa para don Bosco y para mí la noticia de la recaída de la pobre condesa Calderari. El habló de ciertas promesas no
cumplidas, a las que atribuyó la causa de la enfermedad. "Cómo hacérselo saber ahora? A la Condesa no le falta buena voluntad; pero "y
si se hubiese olvidado de ello?

Ya estuvo dos veces por aquí el marqués de Villarios con todo un séquito de Damas de casa Riccardi. Visitó la casa, la iglesia, con todo
detalle y admiración. En la primera ocasión estaba don Bosco; la segunda, yo solo, que me esforcé por tributarle los honores debidos,
Dígaselo a la Marquesa, su hermana, que temía no viniera. Esto la convencerá de que su pesar lo convirtió el Señor en alegría. Aquel día
estuvo aquí hora y media, observándolo todo con suma curiosidad. Prometió volver el domingo de Pascua para asistir a nuestro teatro. De
todos modos ya ha venido a ver el Oratorio, que tanto deseaba la Marquesa; que vuelva o no, poco importa.

He escrito hace unos días a la Presidenta, Sor Galeffi, agradeciéndole su constante caridad con el Oratorio.

Los muchachos no fueron a su casa durante las vacaciones de Pascua; las pasaron con nosotros. Ayer, 7, cumplieron con Pascua los
aprendices, y con fruto. El fruto, hay que decirlo, se debe, después de la gracia de Dios, a los devotos y conmovedores sermones de don
Bosco. El lunes por la tarde predicó sobre el juicio particular y, después de haber sacudido fuertemente los ánimos con vivas imágenes de
aquel fatal instante, se conmovió él de tal modo que tuvo que interrumpir el sermón. Fue un momento solemne. Lloraba don Bosco y
lloraban todos los jóvenes;
así que aquella tarde, víspera de la ((125)) Pascua, fue realmente una tarde de limpieza general. Los peces más gordos de los aprendices
quisieron confesarse con don Bosco, quien, después del sermón, estuvo confesando hasta las once, y por la mañana, desde las seis hasta
las nueve, solamente a los aprendices. íOjalá continúe este fervor!

Aún no tenemos las litografías del cuadro, por lo que debemos suspender el libro de oraciones, que finalmente se titulará EL Católico
Instruido.

FRANCESIA, Pbro.

El mismo don Juan B. Francesia había enviado sus parabienes al conde Vimercati por la visita que el Padre Santo le había hecho a su
palacio, junto a San Pedro ad Víncula, y el noble señor le contestaba:

Roma, 11 de abril de 1868

Muy reverendo y apreciado en Jesucristo:

Respondo con unas líneas a su preciosa carta, que tanto agradezco. Es cierto: la visita del Padre Santo me ha producido suma
satisfacción. íBendito y alabado sea
124

Fin de Página 124

 

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Dios! Parece ser que quiere llamarme pronto al Vaticano. Estuvo aquí conmigo más de tres cuartos de hora. Admitió para besar su pie a
todos los de la familia religiosa y de mi casa.

Pero mi salud no mejora; al contrario, sigo sufriendo molestias nerviosas y quedo cada vez más bajo de fuerzas físicas y también de
espíritu. íBendito sea Dios! Veo claro que la muerte no anda lejos. íHágase la santísima voluntad de Dios! Por tanto, aumente cada vez
más su caridad, la del respetabilísimo don Bosco y de todos sus muchachos en pro de mi pobre alma. Confío mucho en las oraciones de
don Bosco.

Que me escriba y me anime, porque tengo gran necesidad de ello.

Todo suyo en Jesucristo.

Afmo. y seguro servidor
JUAN VIMERCATI

P.S.: Todos los de casa besan su mano y se encomiendan a usted.

También don Bosco continuaba su correspondencia epistolar con Roma. Urgían los últimos preparativos para la gran fiesta y se deseaba
estuviera presente en el Oratorio el caballero Oreglia. El Venerable volvía a recordárselo con mucha delicadeza, junto con nuevos
encargos para realizar en Roma y otros para Florencia.

((126)) Muy querido señor Caballero:

Sus felicitaciones agradaron mucho a todos y las intercambiamos con todo afecto. En estos días no hemos dejado de hacer una oración
especial por usted, para que Dios le conserve la salud y una férrea voluntad de hacerse santo.

Comenzamos por las indulgencias. Si es posible que sean firmadas por el Padre Santo, hágase cuanto se pueda para que las conceda a
perpetuidad, dado que las oficinas ordinariamente las conceden ad tempus. Esas indulgencias son todas de la clase que acostumbra a
firmar el Padre Santo. Ahora se tendría un motivo porque las oficinas están cerradas.

Desde hace muchos días celebro la santa misa por la Duquesa de Sora y por la señora Condesa Calderari: espero que Dios oiga nuestras
plegarias. Hasta el presente, María Auxiliadora nunca nos dejó con las manos vacías. Salude a las dos y anímelas a que tengan fe.

Lea las dos cartas adjuntas, después franquéelas y hágalas llegar a su destino.

Al volver de Roma vea si puede quedarse al menos un par de días en Florencia para visitar al Arzobispo, a la señora Digny, a la
marquesa Nerli, a la señora Uguccioni, al padre Bianchi, etc., que le esperan. Yo voy disponiendo las cosas desde aquí; tal vez le hagan
alguna entrega. Para su norma sepa que la señora Digny ya ha recaudado y enviado más de dos mil liras para una capilla en honor de
santa Ana. La marquesa Nerli Michelagnolo mandó seis mil liras para un altar, pero quiere se guarde secreto. Los Uguccioni han
mandado varias veces cantidades de cien liras. Esto para su norma. La marquesa Gerini hace mucho tiempo que no da nada: dice que no
puede; ya lo ha hecho.

Fin de Página 125

 

VOLUMEN IX Página: 126

Tengo muchos asuntos que requieren su presencia; espero que Dios le envíe de nuevo con buena salud y podremos trabajar.

La carestía del pan nos aflige. Entre Lanzo, Mirabello, y Turín, sólo el pan importa cada mes doce mil liras.

Tenemos enormes gastos con la iglesia; mas, para esto, la Virgen sigue concediendo gracias abundantemente a los donantes y así
podemos continuar.

"Ha respondido algo monseñor Vitelleschi? Presente mis humildes saludos a la marquesa Villarios y a toda la familia Vitelleschi;
dígales que el día de Pascua nuestros muchachos harán su comunión, con oraciones particulares, para obtener a estos nuestros insignes
bienhechores salud y perseverancia en el bien.

Ruegue también por mi pobre alma y créame en el Señor.

Turín, 10 de abril de 1868.

Afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

((127)) Por aquellos días consignaba don Miguel Rúa en la Crónica varios hechos, que demostraban cómo cooperaba la Virgen para la
terminación de su iglesia.

"Alrededor de las fiestas de Pascua encontrábase el caballero Bertagna, de Casteliuovo de Asti, en las últimas. Desde hacía tiempo
empeoraba, llevaba varias semanas inmóvil en la cama y le habían desahuciado los médicos que le atendían. Ante la inutilidad de los
remedios humanos, se acudió a los sobrenaturales. Mandó una limosna para celebrar misas en honor de María Auxiliadora y se
encomendó a las oraciones de don Bosco y de sus hijos, prometiendo un donativo si obtenía la salud. Inmediatamente empezó a mejorar,
tan sensiblemente que todos se extrañaron. Agradecido, mandó telas preciosísimas para ornamentar la nueva iglesia. Ahora sigue
mejorando de día en día; y veremos si se cumplirán los pronósticos de los médicos, quienes, persuadidos de que no podía sanar, dicen que
tal mejoría es sólo un pequeño remiendo, pero que en breve debe sucumbir.

"Por aquellos mismos días vi aparecer en el Oratorio una gran caja con diversas flores bellísimas para la iglesia; me informé de dónde
venían y supe que eran regaladas por una persona que hacía varios años sostenía un pleito sin poder llegar jamás a ninguna solución a
pesar de haber hecho grandes gastos. Encomendándose a María Auxiliadora y a las oraciones de don Bosco, consiguió, en pocos días, su
deseo, e hizo su donativo por la favorable conclusión del pleito.

"30 de abril. -He recibido una carta de cierta persona, perteneciente a nobilísima y alta familia, en la que me ruega recomiende a
126

Fin de Página 126

 

VOLUMEN IX Página: 127

don Bosco haga alguna oración especial para obtener la curación de una niña suya enferma, con la que los médicos no saben qué hacer.
La persona que escribe confía tanto en las oraciones de don Bosco que dice expresamente tener por cierto, por experiencia, que cualquier
cosa que don Bosco pida a la Virgen María es seguro que la obtiene".

Fin de Página 127

 

VOLUMEN IX Página: 128

((128))

CAPITULO XII

DON BOSCO SUEÑA CON UN COLEGIO PARA LOS ESTUDIANTES DE FILOSOFIA -PROYECTO PARA ESTE NUEVO
COLEGIO, ACEPTADO POR UNA BIENHECHORA, DISPUESTA A CEDER UNA CASA DE SU PROPIEDAD EN TURIN
-CARTA DE DON BOSCO A LA CONDESA CALLORI: PRONTO LE ENVIARA UN EJEMPLAR DEL CATOLICO INSTRUIDO;
SE ESTA IMPRIMIENDO LA VIDA DE SANTA PAULA; LE AGRADECE SU DONATIVO; MODIFICACION DEL PROYECTO
DEL COLEGIO; PIENSA EN UN EDIFICIO JUNTO AL ORATORIO; SU MAYOR CONSUELO, LA BENEVOLENCIA DEL
OBISPO DE CASALE: EL DOMINGO IN ALBIS, LOS ALUMNOS COMULGARAN POR EL -EL CARDENAL GONELLA
AGRADECE A DON BOSCO LAS FELICITACIONES RECIBIDAS -DON BOSCO VA A LANZO: NOCHES AGITADAS -SUEÑO:
LOS JOVENES QUE SALTAN UN TORRENTE CON DIVERSAS SUERTES Y LAS FIERAS EN UN PRADO ENTRE LOS
ALUMNOS -PREPARATIVOS EN TURIN PARA EL MATRIMONIO DEL PRINCIPE HUMBERTO -DON JUAN B. FRANCESIA
COMUNICA ESTO AL CABALLERO: LOS TRABAJOS DE LA IGLESIA AVANZAN -LA BODA DEL PRINCIPE HEREDERO:
EXPOSICION DE LA SABANA SANTA; FIESTAS POPULARES -EL SECRETO DE CONFESION -UNA DAMA, CORTESANA
DE LA REINA DE PORTUGAL, VISITA A DON BOSCO, QUIEN LE REGALA UNA ESTAMPITA: LA REINA DESEA OTRA
SEMEJANTE -UNA CARTITA DE DICHA DAMA RECOMENDANDO A DON BOSCO UNA SEÑORA PORTUGUESA
ENFERMA -BUENAS NOCHES DE DON BOSCO: COMO CELEBRAR EL MES DE MAYO; INVITA A LOS MUCHACHOS A
CONTARSE MUTUAMENTE HECHOS EDIFICANTES O MILAGROS DE LA VIRGEN; LAS COMUNIONES Y LAS
FLORECILLAS -SU CARTA A LA CONDESA CALLORI: LE ENVIA EL CATOLICO INSTRUIDO Y DOS ESTAMPITAS; ((129))
CADA DIA DEL MES HARAN LA COMUNION POR ELLA CUATRO JOVENCITOS

EL 10 de enero había escrito don Bosco a la Condesa Callori.

"El pensamiento de un colegio para los estudiantes de filosofía, cuya necesidad parece tan grande, hemos de suspenderlo
128

Fin de Página 128

 

VOLUMEN IX Página: 129

por este año". Sin embargo tenía mucho interés por este proyecto, con el que soñaba hacía tiempo, y no dejaba de estudiar la manera de
llevarlo a cabo.

Dos insignes bienhechores le aseguraban su apoyo. La Condesa Callori estaba decidida a prestar su ayuda; y la señora Angela Chirio a
regalar un edificio. Ya hacía meses que don Bosco había escrito un esquema de convenio, aprobado por la donante.

PROYECTO PARA EL INSTITUTO CHIRIO

La señora Angela Giaume, viuda de Chirio, deseando fundar una obra duradera, que pueda redundar a mayor gloria de Dios y bien de
las almas, y que sirva, al mismo tiempo, de utilidad para su alma y de sufragio para el alma de su llorado esposo, libremente y de acuerdo
con los deseos de su corazón, ha resuelto donar una casa de su propiedad, sita en la avenida de la Reina, valorada en cinco mil liras de
renta anual, con las siguientes cláusulas:

1.ª La donación de esta casa no tiene más condición que la de que el nuevo Instituto se llame Instituto Chirio, para recordar el nombre
de la familia de su marido, tan de grato recuerdo. No pone más condiciones para evitar las dificultades y complicaciones que pudieran
surgir ante las leyes civiles y especialmente ante la autoridad eclesiástica.

2.ª Para que los alumnos puedan disponer de espacio suficiente para un patio de recreo y de gimnasia, dicha señora Chirio dará una
parte del jardín posterior a la casa, pero en la medida y momento que estimare oportuno la señora donante.

3.ª El donatario asume todos los gastos que sean necesarios para levantar, ampliar, adaptar locales y proveer de mobiliario; pagará los
impuestos de toda clase y correrán a su cargo la manutención, uso y conservación del edificio.

4.ª También serán de cuenta del donatario los gastos de alimentación, vestido y todo lo necesario para la buena marcha del Instituto,
((130)) el mobiliario escolar, el sueldo del personal de servicio, tanto para la instalación del presente, como para el porvenir.

5.ª El donatario proveerá y pagará al director, al ecónomo, a los maestros, a los asistentes y a todo el personal necesario para la buena
organización y funcionamiento de un Instituto científico, como éste debe ser.

6.ª Todos los requisitos a cumplir para la legalización del personal docente, las relaciones con las autoridades escolásticas, civiles y
religiosas y los gastos anejos, serán a cargo de quien adquiere la donación.

7.ª Aunque la piadosa donante no pretenda poner condición alguna, sin embargo, con el deseo de que el Instituto cumpla su finalidad,
en el caso de que algún día el local cambiase de fin y no fuera destinado al bien de la juventud, entiende que su propiedad vuelva plena y
absolutamente a la donante. En cuyo caso, sin embargo, no queriendo haya nada que resulte gravoso para otro, indemnizará al donatario
de todos los gastos que a este fin hubiese hecho.

8.ª La misma señora donante no entiende obligarse a gasto alguno que pueda ser necesario para la conservación de los locales y
sostenimiento del Colegio; con todo, al hacer sus obras de caridad, procurará extenderlas también al nuevo Instituto que siempre
considerará como obra suya propia.
129

Fin de Página 129

 

VOLUMEN IX Página: 130

9.ª Entiende también que los alumnos recen a perpetuidad, mañana y tarde, un padrenuestro, avemaría y gloria según su intención y
celebren un modesto funeral, tanto en el día de la muerte de su marido, como aquél en el que, lo más tarde que a Dios plazca, fuese
llamada la donante a la vida eterna para gozar del fruto de su caridad.

En folio aparte añadió la eximia señora las siguientes condiciones.

1.ª La nueva fundación se llamará Instituto Chirio, en recuerdo perenne de la querida memoria del marido difunto, y se pondrá bajo la
especial protección de san Benito y de san Miguel Arcángel.

2.ª La señora Angela Chirio pretende adquirir el derecho de presentar a su gusto cuatro jovencitos gratuitos en el nuevo Instituto o bien
en el Oratorio de San Francisco de Sales. Estos jovencitos deben tener la edad y el grado de instrucción prescritos para ingresar, como
aprendices o como estudiantes, y podrán permanecer internados hasta acabar el bachillerato, si son estudiantes, o hasta haber aprendido
un oficio, si son aprendices.

3.ª El derecho de presentación será ejercido por la misma señora Chirio durante su vida natural; después pasará al sacerdote Juan Bosco
y a sus herederos. La elección deberá hacerse con preferencia entre sus parientes y, de no haberlos, serán ((131)) elegidos entre los más
necesitaoos de Torre Pellice, puesto que ella pretende hacer un bien a su pueblo natal, al que siempre ha tenido gran afecto.

4.ª El sacerdote Juan Bosco será, no obstante, el verdadero y absoluto dueño del Instituto y jamás estará obligado a dar cuenta a nadie
en lo tocante a su administración, ni a la elección de los que hay que admitir y de todo lo relativo a este asunto.

Entre tanto surgieron graves dificultades que habrían ocasionado largas demoras y daños al proyecto. En efecto, el 12 de abril escribía
don Bosco con filial confianza a la condesa Callori y, entre otras cosas, le manifestaba un nuevo proyecto sobre el particular, hecho con
el asentimiento de la señora Chirio.

Benemérita señora Condesa:

Hoy es Pascua y aprovecho un momento libre, después de las funciones sagradas, para ajustar mis cuentas con V. S. B.

Veo que no puedo lograr la liquidación de cuentas, pero al menos suplicaré una benigna condonación, o bien otro remedio, que usted
ciertamente no me querrá negar en estos días.

1.° Perdón por la respuesta que debo y que he descuidado aun en cosas de interés.

2.° Perdón por el retraso del libro, que finalmente se concluyó; se está encuadernando y tendrá un ejemplar cuanto antes.

Cuando vea el volumen, se dará cuenta de que en verdad requería tiempo y paciencia.

3.° Santa Paula se imprime con rapidez y, a medida que la piadosa literata nos manda el original, se entrega a los cajistas.
130

Fin de Página 130

 

VOLUMEN IX Página: 131

4.° Don Juan Cagliero trajo de su parte mil liras como un rasgo más de su acostumbrada caridad. A este respecto será bueno tenga la
bondad de decirme si debo anotar esta cantidad entre las que prometió, o mejor dicho, me hizo abrigar esperanza para los dos ángeles a
colocar sobre los campanarios, uno de los cuales ya está terminado y el otro en construcción; o bien para la otra finalidad del Liceo.

5.° A propósito del mismo, me encuentro en el caso de efectuar una modificación. Hay una señora que daría un local cerca de la Gran
Madre de Dios, pero está alquilado para varios años y había que dar una fuerte indemnización a los inquilinos, lo cual, unido al gasto de
instalación, nos acarrearía un verdadero quebranto económico.

Yo hubiera tomado la decisión de adaptar una parte del edficio, aquí cercano, y destinarle a esto. Disminuirían los gastos, el personal
estaría en un momento allí y aquí, y todo se realizaría ante mis ojos. He hecho ya una prueba este año y tengo unos veinticinco filósofos
que estudian y me dan gran satisfacción con su ((132)) conducta. Modificadas así las cosas, "no hacen cambiar el fin de su beneficencia y
la voluntad de hacerla?

6.° Dígame usted lo que quiere, como madre prudente a un hijo atolondrado; yo lo tomaré en buen sentido, más aún, pretendo que haga
usted lo que pueda y quiera, con derecho a venir y dejarlo en suspenso cuando inesperadas razones así lo aconsejaren.

En cuanto a la tardanza en los pagos, todo quedaría como ha escrito; es decir, en mayo, julio, noviembre y aún con otras variantes que
los hicieran más cómodos.

7.° El Obispo de Casale es afabilísimo con nuestras casas y nos hace todo el bien que puede; es ésta la mayor satisfacción que tengo en
estos momentos.

8.° Para darle una sencilla prueba de nuestro agradecimiento, el domingo in albis celebraré la santa misa y nuestros jovencitos harán su
comunión con oraciones particulares según su pía intención.

Dios bendiga a usted, benemérita señora Condesa, a toda su familia y, entre otras cosas, le conceda gracia y paciencia para leer esta
pesada carta. Mientras, me encomiendo a la caridad de sus oraciones y me profeso con profunda gratitud.

De V.S.B.

Turin, 12 de abril de 1868.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

El día 13, lunes después de Pascua, fue don Bosco a Lanzo, a donde le había llegado una preciosa respuesta.

Reverendo Señor:

Las atentas felicitaciones que V. S. me ha presentado en nombre propio y en el de los muchos sacerdotes y clérigos del Oratorio de
Valdocco, de San Luis, de Lanzo y de Mirabello, me resultaron agradabilísimas y me siento contento al dar a usted, y a todos por su
medio, mis más sinceras gracias. Ruégole, de modo particular, se las presente a los clérigos del seminario menor de Mirabello, de donde
llegóme también el último día del mes pasado una afectuosísima carta. Me encomiendo a las oraciones de todos para mejor poder
corresponder a mis nuevos deberes y espero que no dejará de hacerlo su atenta caridad.

Fin de Página 131

 

VOLUMEN IX Página: 132

Renovando, pues, mi agradecimiento con los sentimientos del más alto aprecio y de afecto verdadero, me honro al suscribirme,

De usted, Rvmo. Señor,

Roma. 13 de abril de 1868.

Su atento y seguro servidor EUSTAQUIO GONELLA, Cardenal

((133)) Don Bosco estaba en Lanzo para descansar un poco. Se encontraba muy quebrantado de salud y esto le impedía estar en
comunicación directa con los muchachos. Por la noche no podía descansar, pues una serie ininterrumpida de sueños desde hacía unos
diez días, no le daba punto de reposo. Se retiraba a las once de la noche con la esperanza de poder dormir profundamente después de una
prolongada vigilia, pero de nada servía tal precaución. Uno de dichos sueños referíase al Colegio de Lanzo y lo contó al Director de dicho
centro la mañana de su partida, que fue el día 17, encargándole que él, a su vez, lo contase a la comunidad.

El Director le acompañó hasta Turín, pues tenía que ir a predicar ejercicios espirituales a Mirabello, y desde allí envió a sus alumnos la
relación de cuanto don Bosco le había dicho:

18 de abril de 1868

Mis queridos hijos del Colegio de Lanzo:

Por lo apresurado de mi marcha no me pude despedir de vosotros como hubiera sido mi deseo, pero os escribo desde Turín lo que me
hubiera gustado deciros. Escuchadme, pues, con atención porque os habla el Señor por boca de don Bosco.

La última noche que don Bosco estuvo en Lanzo pasé horas de verdadera inquietud durante el descanso. Vosotros sabéis que mi
habitación está próxima a la suya; pues bien, dos veces me desperté sobresaltado sin saber el motivo; me parecía haber oído un grito
prolongado que infundía pavor. Me senté en la cama, presté atención y me di cuenta de que aquel ruido procedía de la habitación de don
Bosco. Por la mañana, pensando en lo que había oído, decidí hablar de ello a nuestro padre.

-Es cierto, me respondió; esta noche he tenido unos sueños que me causaron profunda tristeza.

Me pareció encontrarme a orillas de un torrente no muy ancho, pero sí de aguas turbias y espumosas. Todos los alumnos del Colegio de
Lanzo me rodeaban e intentaban pasar a la orilla opuesta.

Muchos tomaban carrerilla, saltaban y conseguían caer de pie en la parte seca de la otra orilla íqué magníficos gimnastas! Pero otros
fracasaban: quién caía de pie al borde mismo del torrente y, perdiendo el equilibrio, se precipitaba de espaldas dentro del agua; quién caía
con ruido en el centro del torrente y desaparecía; alguno se golpeaba en el pecho o en la cabeza contra las piedras que sobresalían de las
aguas y se rompía el cráneo o le manaba sangre de la boca.
132

Fin de Página 132

 

VOLUMEN IX Página: 133

Don Bosco contemplaba esta dolorosa escena, gritaba y advertía a los muchachos que fuesen prudentes, pero todo era inútil. El torrente
estaba sembrado de cuerpos que, precipitándose de catarata en catarata, terminaban por estrellarse contra una roca que se alzaba en un
recodo del ((134)) río, donde el agua era más profunda, y ahí desaparecían tragados por un remolino. Abyssus abyssum invocat. (Un
abismo llama a otro abismo). .

íCuántos pobres hijos míos, que escuchan ahora la lectura de mi carta, se encuentran sumergidos en el agua con peligro de perderse
para siempre! Pero "cómo jóvenes tan listos, tan alegres, tan valientes y decididos al saltar, fracasaban en su intento?

Porque al hacerlo tenían detrás algún compañero mal intencionado que les echaba la zancadilla o les tiraba de la ropa, o, les daba un
empujón con lo que, al perder el ímpetu, fallaban el salto.

Y esos pobres desgraciados, pocos afortunadamente, que hacen el oficio del diablo y buscan la ruina de sus compañeros, también están
escuchando en estos momentos la lectura de mi carta. Les diré a éstos las mismas palabras de don Bosco: "Por qué buscáis encender con
vuestras malas conversaciones en el corazón de vuestros compañeros la llama de las pasiones que después los han de consumir
eternamente? "Por qué enseñáis el mal a algunos que a lo mejor son todavía inocentes? "Por qué con vuestras burlas y con ciertos pactos
hechos entre vosotros os apartáis de los santos Sacramentos negándoos a escuchar las palabras de quienes os quieren poner en el camino
de la salvación? Lo único que conseguiréis es la maldición de Dios. Recordad las amenazas fulminadas por Jesucristo que tantas veces os
he recordado. Mis queridos hijos, escuchad: también vosotros, los que sois causa del mal de los demás, sois mis queridos amigos. Incluso
os aseguro que tenéis en mi corazón un puesto de preferencia, porque sois los más necesitados de ello. Dejad el pecado, salvad vuestra
alma. Si yo supiera que uno de vosotros llegaría a perderse, no encontraría un momento de paz en todo el resto de mi vida. Pues mi único
pensamiento es vuestra salvación, como el único afecto de mi corazón y el afán exclusivo de mis días, hacer de vosotros buenos
cristianos. Ayudaros a ganar el Paraíso. Tengo la seguridad de que me escucharéis, "no es cierto?

No es necesario que os explique el sueño. Ya lo habéis entendido. La orilla sobre la cual se encuentra don Bosco es la vida perdurable.
La orilla opuesta la eternidad, el paraíso. El agua del torrente que envuelve y causa la muerte a los jóvenes, es el pecado que conduce al
infierno.

Don Bosco, pues, al contemplar semejante espectáculo, vencido por la angustia, gesticuló, gritó y, al fin, se despertó pensando para sí:

-íOh! si pudiera avisar a algunos a los cuales conocí, ícuán de buena gana lo haría!, pero mañana tengo que marchar.

Y diciendo estas palabras se volvió a dormir.

Y le pareció encontrarse en un gran prado donde estabais todos vosotros, entretenidos en jugar y saltar; pero íqué horrible espectáculo!
Por el mismo prado andaban y corrían animales feroces de toda clase, leones de ojos encendidos como brasas, tigres que afilaban sus
garras en el suelo, lobos que rondaban taimados alrededor de los grupos de jóvenes, osos de aspecto repugnante que, sentados sobre las
patas traseras, abrían las delanteras para abrazarlos.

íQué terrible compañía la vuestra! Más aún. íQué inicuo proceder el de aquellos animales!

((135)) Aquellas alimañas se arrojaban sobre vosotros furiosamente. Algunos estabais
133

Fin de Página 133

 

VOLUMEN IX Página: 134

tendidos en el suelo teniendo encima a aquellos monstruos, que con las uñas os arañaban y os destrozaban las carnes a mordiscos
causándoos la muerte. Otros corrían desesperadamente perseguidos por tales alimañas y acudían a don Bosco en demanda de auxilio.
Ante él las bestias feroces retrocedían. No faltaban quienes pretendían valerse por sí solos, pero no lo conseguían, pues la fuerza de los
animales era enorme, y los despedazaban entre sus garras. Otros, mirad qué insensatos, en vez de huir se detenían a contemplar a aquellos
monstruos y les sonreían, y hasta pretendían jugar con ellos, como si les gustara ser destrozados por los osos. El pobre don Bosco corría
de un lado para otro, se esforzaba en llamar a unos y a otros para que se acercasen a él, gritaba hasta enronquecer. Pero en vano: mientras
algunos le obedecían, otros no le hacían caso.

El prado estaba sembrado de cadáveres de los pobres jovencitos, víctimas de aquellos animales, y de cuerpos heridos. Los gemidos de
éstos, los rugidos y los gritos de los animales feroces, las voces que daba don Bosco, se mezclaban de una manera extraña. Y en medio de
aquella tremenda barahúnda, don Bosco se despertó por segunda vez.

Este fue el sueño y vosotros sabéis qué clase de sueños son los de don Bosco. Os podéis imaginar la angustia de mi corazón al escuchar
semejante relato. Si antes sentía mucho separarme de vosotros, al escuchar este sueño, habría vuelto al instante sobre mis pasos, si la
obediencia no me lo hubiese impedido. íSi no os quisiera tanto estaría más tranquilo!

"Qué representan estos leones, tigres y osos? Son las diversas tentaciones del demonio. Algunos las vencen porque recurren al guía;
otros terminan por ser víctimas de ellas, porque condescienden con las malignas sugestiones de Satanás; otros aman al demonio y al
pecado y se ofrecen insensatamente como blanco de sus asaltos. íHijos míos! "Obraréis como valientes? "Recordaréis siempre que tenéis
una alma que salvar?

Don Bosco me dijo también:

-Yo vi a todos esos jóvenes: íhe conocido a ciertos zorros! Pero conservaré el secreto para mí y a nadie lo manifestaré. La primera
ocasión en que vuelva a Lanzo diré a cada uno lo que le interesa. Esta vez el dolor de muelas no me ha permitido hablar con todos:
cuando vuelva otra vez amonestaré a los que deben ser amonestados.

Por tanto, mis queridos hijos, yo nada sé porque don Bosco nada me ha dicho. Pero, si ahora no sé nada, llegará un día en que lo sabré.
Este será el día del juicio. Será muy doloroso para mí después de haber trabajado tanto, después de haber consumido mi juventud en
favor vuestro, después de haberos amado con todo mi corazón, tener que vivir, tal vez, separado de alguno de vosotros por toda la
eternidad. Si ahora no comenzáis a amar al Señor, ciertamente que cuando seáis mayores no le amaréis: Adolescens iuxta viam suam,
etiam cum senuerit, non recedet ab ea. (El adolescente que va por su camino, no se separa de él, en su ancianidad).

Hijitos míos, no despreciéis mis palabras, que son las del querido don Bosco. Emplead los pocos días que dura la vida ganándoos el
Paraíso.

((136)) Rezad para que mis ejercicios resulten bien y las pláticas reporten mucho fruto.

Vuestro afmo. en Jesucristo J. B. LEMOYNE, Pbro.

Fin de Página 134

 

VOLUMEN IX Página: 135

Don Bosco volvía al Oratorio. En Turín andaban ocupados, Gobierno y Ayuntamiento, en la preparación de las fiestas para la boda de

S. A. R. el príncipe Humberto, primogénito de S. M. el rey Víctor Manuel II, con S. A. R. la princesa Margarita, hija del difunto duque
de Génova, hermano del mismo Rey. El 20 de abril llegó de Berlín, para asistir a la boda, el Príncipe heredero de Prusia. El mismo día
vino de París el príncipe Napoleón, que había sido precedido por su esposa, la princesa Clotilde, y por la reina de Portugal, María Pía,
hermanas ambas del esposo.
Don Juan B. Francesia notificaba al Caballero estos preparativos y lo que acontecía en el Oratorio.

Turín, 18 de abril de 1868

Carísimo caballero Oreglia:

Don Bosco ha estado bastante mal de salud durante los pasados días y fue a Lanzo para reponerse. El estado general de la casa no es
malo, sino al contrario, bueno; hay algunos con mal a los ojos, et hic finis (y es todo). Ayer llegó Su Majestad María Pía de Portugal, que
fue recibida con bastante frialdad por la población...

El trabajo para el librito sobre María Auxiliadora ya está compuesto, aunque todavía no se ha empezado a imprimir. íCuántas
complicaciones! íCuántos revisores eclesiásticos lentos, lentísimos, pese a haber sido revisado el trabajo precisamente por monseñor
Galletti!

Los trabajos de la iglesia marchan bien. El pavimento del presbiterio ha resultado precioso y ya está acabado. Esta semana se colocan
los dos altares laterales y dentro del mes se podrán poner en su sitio algunos confesonarios...

No he vuelto a ver al marqués Villarios que seguramente se ha marchado.

FRANCESIA, Pbro.

El 19 de abril comenzaron los festejos principescos con una representación de gala benéfica en un teatro. El 21 se firmó el ((137))
contrato nupcial, con asistencia de príncipes extranjeros, cuerpo diplomático y grandes dignatarios del Estado y de la Corte. El 22 se
celebró, primero, el matrimonio civil en el gran salón regio, y después el matrimonio eclesiástico en la catedral, por el Arzobispo de
Turín, asistido por el de Milán y los Obispos de Udine, Mantua y Savona. El Arzobispo había logrado, aunque con dificultades, que se
mostrara al pueblo la Sábana Santa con toda la antigua solemnidad, invitando a los obispos del Piamonte y dando ocasión a los fieles para
acudir a Venerarla, dejándola expuesta durante tres días en la Catedral. También fueron llevados hasta allí los alumnos del Oratorio.
135

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Al mismo tiempo se divertían los ciudadanos con carreras de caballos, conciertos musicales ante el palacio real, torneos, tómbolas
populares, espléndidas iluminaciones y resplandecientes fuegos artificiales en la plaza de armas. Las novedades de estos espectáculos se
comentaban en el Oratorio y daban ocasión a don Bosco para mostrar una vez más su ejemplar prudencia. Un distinguido eclesiástico,
alumno entonces del Oratorio, así lo atestigua bajo juramento:

"El año 1868, en la época del matrimonio del príncipe heredero Humberto de Saboya, yo, con otros dos compañeros, burlando la
vigilancia de los superiores, salimos del Oratorio a altas horas de la noche para contemplar la iluminación de la ciudad. Uno de mis
compañeros dormía encima de la sacristía de la antigua iglesia y tenía una ventana que daba a la parte de atrás del patio. Atravesando la
reja estropeada de esta ventana, pudimos descolgarnos y fugarnos. El sábado siguiente, al confesarme con don Bosco, le expuse con
ingenuidad mi falta, con todas sus circunstancias. El se limitó a una buena reprimenda, haciéndome comprender el mal que había
cometido con aquella grave desobediencia, y añadió al final:

"-íPiensa un poco en el peligro a que te expusiste...! Si los superiores llegaran a saberlo, serías expulsado.

"Mas jamás se sirvió de lo que había sabido en confesión a este respecto. Mi compañero siguió durmiendo en el mismo sitio; la verja de
la ((138)) ventana siguió siempre como estaba y yo no recibí más riñas.

"íPero la falta tampoco se volvió a repetir! Tal era la persuasión que los jóvenes tenían de su prudencia y de su delicadeza en todo
cuanto se refería a la confesión, que con plena confianza confesábanle a él los secretos de sus faltas, antes que a otros".

Aún no se habían terminado las fiestas oficiales, cuando se presentó a don Bosco doña Eugenia Telles de Gama, dama de la Corte de Su
Majestad la Reina de Portugal, deseosa de conocer al sacerdote de quien tanto había oído hablar en su patria. Se entretuvo largo tiempo
con él y, de vuelta en el palacio real, mostró a la Reina la estampita de la Virgen que le había regalado el siervo de Dios y le habló de él
con el mismo entusiasmo que se habla de un santo. María Pía contempló con todo respeto la estampa y exclamó: -íQué suerte! íSi yo
tuviera valor para pasar por encima de las normas de la Corte, también quisiera ir a ver a don Bosco y pedirle una estampa!

Antes de salir de Turín, aquella dama mandó a don Bosco su tarjeta de visita con el siguiente escrito en francés: "No tengo tiempo para
escribirle con tranquilidad, pero su bondad es tan grande, que
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me tomo la libertad de enviarle esta tarjetita y pedirle un gran favor.
Estoy segura de que la dama enferma, de quien le hablé, se sentiría feliz si usted le regalara una estampa con una inscripción, como ha
hecho conmigo. Su dirección es: Señora condesa de Murca, vía Formosa, 139, Lisboa (Portugal). Si prefiriera dirigírmela a mí, al Palacio
Real de Turín, es necesario que la reciba antes del viernes, porque, según creo, saldremos el 26 a las cuatro y media de la mañana. Mil
gracias por todo".

Acabadas las clamorosas fiestas de la ciudad, don Bosco disponía los ánimos de sus alumnos para las grandes fiestas religiosas que
preparaba para María Auxiliadora.

El 29 de abril, por la noche, decía bajo los pórticos:

((139)) "Mañana por la tarde empieza el mes de mayo, dedicado a María. Durante este mes, procure cada uno contar a sus compañeros
un ejemplo; si es de la Virgen, mejor; si no se sabe uno sobre Ella, cuéntese otro que estimule al bien; si no se recuerda ninguno, pídase a
un compañero que lo cuente él y, si el compañero dijese que no recuerda ninguno, entonces se le pregunte: -"Qué flor dieron para hoy?
"La has cumplido ya?

"Y todos reciban la comunión, si les es posible; si no, hagan por lo menos una comunión espiritual, porque al Señor también le agrada
mucho. Pero desearía que, quien recibe la comunión por la mañana, no ande disipado durante el día. Como veis, no os pido cosas
difíciles. Haga cada uno lo que pueda para cumplir con diligencia sus deberes en el estudio y en la piedad. Y cumpla también las
florecillas que cada noche se os den".

Al mismo tiempo enviaba a la condesa Callori uno de los primeros ejemplares del Católico Instruido.

Benemérita señora Condesa:

He aquí el libro; perdone el retraso. Reciba también la carta con una estampita del Niño Jesús. La otra estampita es para la señorita
Gloria, a quien saludará de mi parte.

Animo, señora Condesa. Durante todo el mes de María tendré un memento especial por usted en la santa misa y cuatro muchachos
harán alternativamente cuatro comuniones cada mañana.

Mucha fe y esperanza.

Dios bendiga a usted, a su marido y a toda la familia; ruegue por mí que soy en el Señor.

Turín, 30 de abril de 1868.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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((140))

CAPITULO XIII

DON BOSCO SIGUE PIDIENDO A LOS OBISPOS CARTAS COMENDATICIAS PARA LA PIA SOCIEDAD -ESCRIBE POR
DOS VECES AL OBISPO DE IVREA, PERO NO OBTIENE CONTESTACION -RECIBE LAS COMENDATICIAS DE LOS
OBISPOS DE PARMA, NOVARA, REGGIO EMILIA, MONDOVI Y ALESSANDRIA; DEL ARZOBISPO DE LUCCA, CON UNA
CARTA DE AGRADECIMIENTO POR LAS NOTICIAS QUE DON BOSCO LE HABIA DADO DE TRES JOVENES DE LUCCA
ALUMNOS SUYOS; DEL CARDENAL ARZOBISPO DE FERMO Y DEL VICARIO CAPITULAR DE SUSA; DEL OBISPO DE
GUASTALLA Y DEL DE ALBENGA -DON BOSCO HACE SACAR COPIA DEL DECRETO DE MONSEÑOR FRANSONI, EN
EL QUE LE NOMBRA DIRECTOR ESPIRITUAL DE LOS TRES ORATORIOS FESTIVOS DE TURIN

DON Bosco continuó durante el mes de abril solicitando las cartas comendaticias episcopales para la aprobación de la Pía Sociedad.

Con tal propósito escribió también a monseñor Moreno, Obispo de Ivrea, testimoniándole su aprecio y respeto e intentando
reconciliarlo con el Oratorio.

Excelencia Reverendísima:

Ruego a V. E. Rvma. olvide por un momento disgustos pasados, ocasionados por motivos materiales, y atienda mi petición, si lo cree
útil para la mayor gloria de Dios.

Se trata del mismo asunto del que en algún tiempo he hablado con V. E. y le mando copia de las materias principales para que vea el
motivo por el que le escribo. La Sociedad de San Francisco de Sales ya ha sido alabada por la Santa Sede y ahora me ayudaría muchísimo
una carta comendaticia de los Obispos de nuestra Provincia Eclesiástica, en la que cada uno escribiese lo que juzga más recomendable,
((141)) a fin de que se obtenga la aprobación definitiva. Por eso, con todo respeto, calurosamente ruego a V. E. que, como favor especial,
quiera unir también su carta comendaticia para enviarla a la Congregación de Obispos y Regulares.

Si por cualquier motivo de prudencia, que siempre respetaré, no juzgase oportuno condescender a mi petición, le rogaría solamente
tuviese conmigo la cortesía de hacerme escribir, a su comodidad, una palabra para mi norma.
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Lo mismo que en el pasado, no dejaré en lo venidero de rogar al Señor le dé salud y vida feliz ad multos annos, mientras con el más
profundo agradecimiento me cabe el honor de profesarme,

De V. E. Rvma.

Turín, 15 de abril de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Pasado un mes, y no habiendo tenido respuesta alguna, el Venerable renovó sus instancias al Obispo de Ivrea.

Excelencia Reverendísima:

Hace algún tiempo dirigí a V. E. Rvma. una carta que, entre otras cosas, contenía una petición en favor de una Sociedad religiosa bajo
el título de San Francisco de Sales. Ahora, teniendo que empezar a dar los primeros pasos para tal fin, ruégole respetuosamente me haga
escribir una sola palabra sobre el particular, únicamente para mi norma; esto es, si debo esperar todavía o, si por razonables motivos
suyos, piensa no hacerlo.

Como quiera que sea, ruégole tenga a bien aceptar los augurios de todas las bendiciones celestiales y créame con la mayor veneración
de V. E. Rvma.

Turín, 28 de mayo de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

También esta carta quedó sin respuesta. Aquel silencio debió ser doloroso para don Bosco; pero los otros obispos seguían consolándole
y animándole al enviarle magníficas cartas comendaticias, que a continuación referimos, por orden de fecha.

Primero la del Obispo de Parma:

((142)) Fr. FELIX CANTIMORRI, ((142)) Fray FELIX CANTIMORRI, de la
ordinis capuccinorum, SS. D. N. Orden de los Capuchinos, prelado
Pii PP. IX praelatus domesticus doméstico y asistente al solio
ac pontificio solio assistens, pontificio de S. S. N. Señor Pío IX,
Dei et Apostolicae Sedis gratia por la gracia de Dios y de la Sede
Episcopus Parmae et comes, Apostólica Obispo y conde de Parma, e
eidemque Sanctae Sedi immediate inmediatamente sujeto a la misma Santa
subiectus, S. A.I. ORD. Sede, prior mayor de S. A. I. de la
Constantiniani S. Georgii Magnus orden Constantiniana de San Jorge.
Prior.

Sacrosancta Ecclesia, Quam La Iglesia Sacrosanta, que Nuestro
Dominus Noster Iesus Christus Señor Jesucristo adquirió con su

sibi acquisivit sanguine suo, sangre, es el cuerpo místico, en el
est illud mysticum corpus, que el mismo
139

Fin de Página 139

 

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in quod, omnibus gratiarum ac Divino Redentor, constituido por

virtutum thesauris, perenniter el Padre como cabeza, influye

influit Divinus ipse Redemptor, perennemente con todos los

constitutus a Patre eiusdem Caput, tesoros de gracias y virtudes

ut de plenitudine eius omnes para que todos reciban de su

accipiant, estque ager uberrimus plenitud, y es campo ubérrimo

ad quodlibet pretiosum semen aptísimo para recibir cualquier

recipiendum maxime aptus, ubi preciosa simiente, donde crecen

germinant flores et fructus flores y frutos gratísimos a Dios

ingenita suavitate Deo et y a los hombres por su singular

hominibus gratissimi. suavidad.
In hoc vastissimo campo, El Espíritu Paráclito siembra

Spiritus Paraclitus, cuius en este vastísimo campo, cuya

custodiae ac gubernationi illum custodia gobierno le entregó

tradidit Jesus, novos fructus, Jesús, frutos nuevos y nuevas

novosque flores serit, atque flores, y cultiva según los

educat, iuxta temporum, ut ita tiempos, por así decir, diversas

dicam, varietates: hoc est iuxta variedades: esto es, de acuerdo

varias humanae Societatis con las diversas condiciones de

conditiones, quae in diuturno la sociedad humana que con el

saeculorum ausu, in bonas vel continuo crecer de los siglos, se

malas vicissim immutantur. Dominus convierten, según los casos, en

iste Spiritus, variis Ecclesiae buenas o malas.

saeculis viros suscitavit zelo ac Este Espíritu Santo suscitó, a

virtutibus praecellentes, qui ad se través de los siglos de la

innumeros pertraxerunt asseclas, et Iglesia, varones eminentes por su

strenua ex iis composita phalange, celo y virtudes, que ganaron

ita eos consociato foedere sibi inmemorables secuaces y formaron

devinxerunt, ut semper Ecclesiae in con ellos esforzada falange, y de

variis necessitatibus laboranti tal modo los unieron a sí con

succurrerent, nunc profligando íntima alianza, que siempre

perduelles hereticos, nunc redimendo socorrieran a la Iglesia que

captivos; modo paternis curis et pasaba por diversas necesidades,

officiis orphanos sublevando, modo ya desbaratando a herejes

vero iuvenes erudiendo, et nobiliores enemigos, ya redimiendo cautivos;

conditionis in collegiis, vel tenuis ora apoyando a los huérfanos con

fortunae pueros in popularibus scholis cuidados y servicios paternos,

instruendo. ora enseñando en colegios a los jóvenes de más noble condición o

instruyendo en escuelas populares a los niños más necesitados.

Hoc saeculo sub variis civilis La impiedad, fuera de sí en grado
regiminis moderatoribus longe lateque sumo y ampliamente, se atrevió en
furens impietas, ausa est contra este siglo, al amparo de diversos
Regulares ordines arcum tendere, ac dirigentes del régimen civil, a
telo emisso, ipsis infigere aculeum, tender el arco contra las órdenes
eorumque iuribus civilibus bene valere regulares y, lanzada la flecha,
iussis, omnibus bonis suis expoliavit clavarles el aguijón y,
ac adminicula eripuit, quibus pia prevaliéndose de sus derechos
eorum congregatio et venerabilis civiles, les expolió de todos sus
coetus servaretur. Contra hosce bienes y arrebató los apoyos con
satanicos impetus passim ubique que conservar su pía congregación
erumpentes, Spiritus Sanctus novos y venerable celo. El Espíritu
ordines excitavit, qui sanctae vitae Santo suscitó contra estos
regulis optime constitutis, exigunt, satánicos movimientos, violenta y
ut quilibet suorum membrorum desordenadamente manifestados por
semetipsum propria expoliet bonorum todas partes, nuevas órdenes, que
administratione, et ita muy bien organizadas con reglas de una vida santa, exigen que
cada uno de

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a se abiiciat temporalium bonorum sus miembros se libere a sí mismo de
sollicitudinem, ut eam totaliter la propia administración y de tal
transferat in Superiores personam; forma abandone todo cuidado de los
simulque ex alio capite cuilibet bienes temporales, que la transfiera
gregali suo ius proprietatis totalmente a la persona del Superior;
relinquant in faciem civilis y al mismo tiempo, dejen por otra
auctoritatis et hoc modo vindicant parte a otro compañero suyo el
Instituto bonorum temporalium derecho de propiedad de cara a la
possessionem, quae ad religiosam autoridad civil y de este modo
Societatem, cui feliciter nomen otorgan al Instituto la posesión de
dederunt, valeat sustentadam. los bienes temporales, que sirve para

abastecer a la sociedad religiosa a

Porro inter eiusmodi Instituta Finalmente, figura principalmente
praecipue recensetur illud quod entre estos Institutos el
noviter fundavit Augustae recientemente fundado en Turín, con
Taurinorum, sub titulo Societatis el título de Sociedad de San

S. Francisci Salesii, spectabilis Francisco de Sales, por el conocido
Sacerdos Ioannes Bosco. Hoc in sacerdote Juan Bosco. Este, en el
Cap. 4 suarum Constitutionum, capítulo cuarto de sus Constituciones
membrasua propriorum bonorum libra a sus miembros de la
administra ((143)) tione exuit, administración de los propios bienes
eaque privat peculiari usu, sive ((143)) y les priva de su uso
pecuniae, sive aliarum mobilium particular, ya sea dinero, ya sean
rerum, sed ipsis ius proprietatis bienes muebles, pero les deja el
integrum relinquit, quod provide derecho íntegro de propiedad, que
inservit ad ea bona conservanda previsoramente sirve para conservar
in utilitatem et commodum esos bienes en provecho y comodidad
possidentis, et ad ea sarta del posesor y guardarlos en buen
tectaque tuenda adversus leges estado frente a las leyes civiles.
civiles.
Hisce attentis inauditae ac novae Vistos estos preclaros ejemplos de
virtutis praeclaris exemplis, quum inaudita y nueva virtud, sabiendo
praeterea compertum sit nobis, además ciertamente que la Santa Sede
Sanctam Apostolicam Sedem, ad quam Apostólica, a quien únicamente
unice spectat religiosorum ordinum corresponde la aprobación de las
approbatio, praefatam Institutionem órdenes religiosas, ha recomendado
amplissimis verbis commendasse, dicha institución con generosas
Decreto diei 23 iulii anno 1864, palabras, por decreto del 23 de julio
votis plurium Sacrorum Antistitum de 1864, uniendo nuestros votos a los
vota nostra coniungendo, audemus de muchos sagrados obispos, nos
enixas et humillimas preces atrevemos a presentar nuestras
porrigere Sanctissimo Domino Nostro humildes preces a Nuestro Santísimo
Pio IX, ut pro sua benignitate, Señor Pío IX,para que benignamente se
firmitatem ac stabilitatem huic digne conceder firmeza y estabilidad
Societati a S. Francisco Salesio a esta Sociedad, llamada de San
dictae tribuere dignetur, eam Francisco de Sales, aprobándola
solemniter approbando: qua solemnemente: para que, apoyada con
approbatione suffulta, in tam esta aprobación en medio de tan
luctuosa antiquorum Ordinum lamentable dispersión de las
dispersione,possit ipsis succedere órdenes antiguas, pueda sucederlas
ad bonum spirituale in fideli para promover el bien espiritual en
populo promovendum, Parochos el pueblo fiel, ayudando a los
adiuvando in salutari eorum párrocos en su ministerio salvador,
ministerio, iuventutem maxime enseñando rectamente a la juventud,
inopem ad cultutm ingenii et principalmente
ad studium pietatis

Fin de Página

la que felizmente dieron su nombre.

141

 

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recte informando, eamque sibi pobre, el cultivo del ingenio y el
relictam et in via pereuntem, ad estudio de la piedad, llamando a sí
se convocando, eiusque duris a la abandonada y en peligro, y
necessitatibus etiam temporalibus proveyendo a sus duras necesidades
subsidiis providendo. Quod quidem aun con subsidios materiales. Lo
nobis constat de nonnullis cual ciertamente nos consta sobre
adolescentulis pauperibus huius algunos adolescentes pobres de esta
Instituto per summam charitatem nuestra diócesis que han sido
providentissime excepti sunt, acogidos providencialmente en dicho
simulque ad honestam vitae Instituto con suma caridad, y
professionem et ad Christianam elevados y educados en una honesta
virtutem alti ac enutriti. profesión de fe y de vida cristiana.

Datum Parmae, die 9 aprilis 1868. Dado en Parma, a 9 de abril de 1868.

" Fr. FELIX Episc. " Fr. FELIX, Obispo

El obispo de Novara:

JACOBUS PHILIPPUS GENTILE, SANTIAGO FELIPE GENTILE, patricio
patritius genuensis, Dei et genovés, por la gracia de Dios y
Apostolicae Sedis gratia, de la Sede Apostólica obispo de
Episcopus Novariensis, SS. Novara, prelado doméstico de S.

D. N. Pii IX P. M. Praelatus S. N. S. Pío IX P. M. y asistente
domesticus et solio pontificio al solio pontificio, limosnero de
assistens, regis nostri nuestro muy augusto Rey, príncipe
augustissimi ab eleemosynis, de San Julio, de Horta y Vespolato,
princeps S.Iulii, Hortae et caballero condecorado con las
Vespolati, eques maioribus grandes cruces de San Mauricio y
insignibus SS. Mauritii et San Lázaro.
Lazari decoratus.
Beatissime Pater, Beatísimo Padre:

In tanta rerum calamitate, En medio de tan grandes
quae ubique locorum disperdit calamidades, como por todas partes
lapides Sanctuarii, Sacra Ephebe destruyen las piedras del santuario,
clauduntur, omnibus demum datur cierran los colegios religiosos y
pessum, quae ad virtutem et ad finalmente derriban todo lo que
Religionem faciunt, nihil potius, sirve para la virtud y la religión,
nihil optatius esse debet, quam ut nada mejor, nada más deseable, que
illud contingat, quod nonnunquam lo que a veces oímos realizado por
summa Dei misericordia factitatum la infinita misericordia de Dios, a
vidimus, nempe ut aliquis exurgat, saber, que surja alguien que recoja
qui veluti naufragii colligat las piedras dispersadas por el
lapides disiectos. naufragio.

Iam vero quae mens et quis Ya llegó a tus oídos, Beatísimo
animus sit Theologi Bosco Padre, el espíritu y el ánimo del
Taurinensis Tibi, B. P., ad aures teólogo Bosco de Turín, que muy bien
sane est perlatum, quinimo probe conociste ((144)) pues tan finamente
novisti ((144)) cum tam humaniter le has exhortado. Muchos jóvenes de
eum es allocutus. Ex hac Dioecesi esta diócesis acudieron a él con
saepe multi iuvenes sese ad eum frecuencia y él se convirtió en su

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contulerunt, et Ipse illis extitit Padre y los elevó con su doctrina y
ceu Pater, eosque auxit doctrina virtud y con las demás artes
et virtute, ceterisque

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artibus quae dignum efficiunt que dignifican al sacerdote o al
Sacerdotem, aut Civem, qui ciudadano, para que en cualquier
quavis rerum et temporum dificultad de cosas y tiempos no
acerbitate a Christiana se aparten de la profesión
professione non abhorreat. Quae cristiana. Lo cual hace tiempo
res iamdudum mihi iniecit infundió en mí el deseo de que,si
desiderium, ut hic, si fieri fuera posible, se erigiese aquí,
possit, nova erigatur domus, et más cerca, una nueva casa para
hac de re iam cum Theologo egi, que se desarrollen y perciban en
ut ex fonte Taurinensi rivulus esta diócesis sus muchos frutos.
deducatur, qui propius hic fluat, Lo cual, si un día me tocare en
et plures in hac Dioecesi hauriant suerte, lo consideraré como un
haustus. Quod si mihi olim suceso excelente. Ahora, sin
contingerit, praeclare actum putabo. embargo, en lo único que puedo,
Nunc tamen, quod unum queo, tanto me adhiero a tan gran varón, y
viro adhaereo, eoque flagitante, a pidiendo con él insistentemente
Te, Pater Sancte, qui vere es Pastor a Tí, Padre Santo, que eres
bonus, enixis precibus deprecor, verdaderamente Pastor bueno, con
licet omnibus Viris Ordinis mei esforzadas preces suplico, aunque
Minimus, ut ejus sententia Tui sit el menor de todos los varones de
compos voti. Deus, cuius manus non mi orden, que su idea merezca tu
deficit, et ignem Charitatis in terras voto. Dios, cuya mano no falta y
detulit, mentem acuit Theologi Bosco, trae a la tierra el fuego de la
et eum, in re veluti conclamata, caridad, estimuló la mente del
inflammavit, ut juvenum praeat teólogo Bosco y le inflamó, en
cohorti, qui ad bonos mores et ad un asunto tan trascendental,
Sanctuarium aluntur id temporis quum para que presida una multitud
Viae Sion lugent. Quare humillimas de jóvenes, educados en las
preces Sanctitati Tuae interum buenas costumbres y enviados al
admoveo, ut precanti morem geras. Tuo Santuario en esta época, cuando
enim numine Tuaque auctoritate están de luto los caminos de Sión
suffultus illud, perfociet, uti reor, Por ello presento de nuevo a Su
quod olim Ecclesiae Sanctae, cuius Tu, santidad las más humildes preces,
Beatissime Pater, clavim geris, para que complazcas al que
utilitati erit et decori pergrandi. implora. Sostenido por tu

Ante te provolutus humiliter consentimiento y tu autoridad

Sanctissimos deosculor Pedes, cumplirá, según creo, lo que un
día será de utilidad y gran
decoro para la Santa Iglesia,
cuyas llaves tienes Tú, Beatísimo
Padre.

Humildemente postrado ante ti, beso los santísimos pies.

Dabam, die solemni Paschatis, anno En la solemnidad de la Pascua, 1868, del año 1868.

" Iac. PHILIPPUS GENTILE "SANTIAGO FELIPE GENTILE
Ep. Novariensis Obispo de Novara

El Obispo de Reggio Emilia escribía:

CAROLUS MACCHI, Dei et Apostolicae CARLOS MACCHI, por la gracia
Sedis gratia, episcopus Regii et de Dios y de la Sede Apostólica.
princeps, SS. D. N. Papae Pii IX Obispo y principe de Reggio,
Praelatus Domesticus et pontificio Prelado Doméstico de S.S.N.
solio assistens. Señor y Papa Pío IX y

Fin de Página 143

 

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asistente al Solio Pontificio.

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In nomine Domini Jesu Christi En el nombre de Jesucristo
Salvatoris Nostri ad peculiarem Nuestro Señor y Salvador, aunque
Eius gregis partem pascendum indignamente elegidos para
quamvis indigne electi, recte apacentar una parte especial de
intelleximus, Nostri esse muneris su grey,rectamente entendimos que
omnia ad omnes fieri, ut omne toca a nuestro cargo hacernos todo
Christi lucri faceremus. Sed a todos, para convertirlo todo en
praecipue in tanta temporum ganancia de Cristo. Pero
iniquitate et pravorum hominum principalmente, en medio de tan
pessima insolentia, Nobis cordi gran iniquidad de los tiempos y de
fuit quomodo juventuti providere la pésima insolencia de los
possemus. Ista enim quum in quadam hombres depravados, pusimos el
scandalorum atmosphera se habeat, mayor empeño en ver cómo podíamos
in maximo aeternae salutis periculo atender a la juventud. Dado que
versatur, Nobisque mentem ésta se encuentra en una pésima
intendentibus ad ea comparanda, atmósfera de escándalos, que se
quae juventuti prodesse poterint, halla en gravísimo peligro de su
perjucundum fuit cognoscere quanta eterna salvación, y poniendo
sapientia a Joanne Bosco Taurinensis nuestra atención para enfrentarnos
Dioeceseos Sacerdote inita fueris a eso,en lo que pudiera aprovechar
quaedam clericorum et laicorum a la juventud, nos resultó muy
Societas, cuius officium juvenibus agradable conocer con cuánta
praesertim omnimode auxilium praebere. sabiduría ha sido emprendida por
Per eam vocationes aluntur ad el sacerdote Juan Bosco, de la
Sacerdotale ministerirum, et hoc diócesis de Turín, cierta
maxime opportunum nunc temporis, Sociedad de sacerdotes y laicos,
((145)) dum scientiarum ac litterarum cuya finalidad es prestar
disciplinae a plerisque ita traduntur particularmente a los jóvenes
ut iuvenes a tali sublimi vocatione toda suerte de auxilio. En ella se
arceantur.Per eam iuvenes bonis imbuti promueven las vocaciones para el
moribus et zelo Catholicae Fidei ministerio sacerdotal, lo cual
repleti instituuntur, in iuvamen resulta muy oportuno ahora en
Societatis nostrae quae maximo estos tiempos ((145)) en los que
infirmitatis et vilitatis morbo la disciplina de las ciencias y
laborat; per eam typis editae et las letras de tal modo es
evulgatae optimae quaeque et perutiles traicionada por algunos que los
lucubrationes quae Catholicae Fidei et jóvenes son apartados de tan
Christianae virtutis amoren in omnium sublime vocación. Por su medio los
animos ingerunt.Talem autem Societatem jóvenes, imbuidos de buenas
nemo inficiabitur omnem ostendere spem costumbres y llenos de celo por la
optimi fructus, quum sapienter et fe católica, se disponen a ayudar
diligenter redactae fuerint leges a nuestra sociedad que padece de
quibus regatur. Tantam porro in illis grave enfermedad de debilidad y
opportunitatem cognovit omnium envilecimiento; por medio de ella,
fidelium in terris Pastor S. Pontifex ediciones y publicaciones óptimas
Papa Pius IX ut amplissimis verbis y también utilísimos trabajos
Societatem de qua loquimur,laudaverit infunden amor a la fe católica y
et commendaverit, sicut constat ex a la virtud cristiana en el ánimo
Decreto Sacrae Congregationis de todos. Nadie negará que esta
Episcoporum et Regularium die 23 Sociedad presenta toda esperanza
iulii 1864. de óptimo fruto, una vez que se

redacten sapiente y diligentemente las reglas por las que ha de

regirse. El Sumo Pontífice Papa Pío IX, Pastor de todos los fieles en la tierra, reconoció
finalmente en ellos tan gran oportunidad que, con magníficas palabras, alabó y
encomendó la Sociedad de que tratamos,
144

Fin de Página 144

 

VOLUMEN IX Página: 145

Quum vero optandum sit ut in según consta por decreto de la
ipsa Societate unitas servetur Sagrada Congregación de Obispos y
spiritus et disciplinae et maius Regulares del 23 de julio de 1864.
per ipsam evadat in dies bonum Siendo de desear que en dicha
animarum, idcirco precibus Sociedad se conserve la unidad de
praestantissimorum in Episcopatu espíritu y de disciplina,y que por
Confratrum, etiam nostras addere su medio aumente de día en día el
duximus, ut Sanctitas Sua dignetur bien de las almas, dispusimos por Constitutionibus Societatis huius esto añadir nuestras preces a
las
adprobationem et sanctionem praebere. de eminentes hermanos en el

Utinam possimus et nos deinde talis Episcopado, para que Su Santidad Societatis a Sancta Sede adprobatae se digne aprobar y
sancionar las
in Nostra Dioecesi uberrimos experiri Constituciones de esta Sociedad.
fructus! et per eam iuvenes praesertim íOjalá podamos después nosotros
quae Nostram incolunt Regiensem experimentar en nuestra diócesis
Civitatem, ad illud pietatis et los ubérrimos frutos de tal
virtutis gradum ducerentur per quod Sociedad, aprobada por la Santa
ad coelestia erigerentur. Sede! Y por su medio sean

Talia a Domino Nostro Iesu Christo, conducidos principalmente los
qui parvulis, quos ad se venire jóvenes que habitan en nuestra
cupiebat, benedictionem suam ciudad de Reggio, a aquel grado de
impertitus est, petimus, quam etiam piedad y de virtud que les
benedictionem ex toto animo super dispongan a subir al cielo.
Societatem istam et eius Superiorem Esto pedimos por Nuestro Señor
Sacerdotem Ioannem Bosco ab Ipso Jesucristo, que impartió su
enixis precibus semper orabimus. bendición a los niños que deseaba

tener a su lado, bendición que
siempre pediremos con ardientes
preces y con toda nuestra alma en
favor de esta Sociedad y de su
Superior el sacerdote Juan Bosco.

Datum Regii in Aemilia, ex Dado en Reggio Emilia, en nuestro Episcopali Nostro Patio, hac die 14 Palacio Episcopal, a 14 del
mes
mensis aprilis 1868, Indict. de abril de 1868.
Rom. XI.

" CAROLUS, Episcopus. " CARLOS, Obispo

D. CAROLUS LOCATELLI a secretis. CARLOS LOCATELLI, Secretario
El Obispo de Mondoví:

Fray JUAN TOMAS GHILARDI, de la Orden de Predicadores, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo y Conde de
Mondoví, Abad comendatario perpetuo de San Dalmacio, Prelado Doméstico de Su Santidad y Asistente al Solio Pontificio.

Conocedores del grandísimo bien que a la Iglesia, no menos que a la Sociedad, se deriva de los centros fundados en Turín, bajo el
nombre de Oratorios, por el venerando sacerdote don Juan Bosco, desde el mes de febrero de 1864, nos hemos dispuesto con agradable
atención ((146)) a recomendar calurosamente a la Santa Sede que fuera aprobada, con las modificaciones que juzgara conveniente, la
ación

Fin de Página 145

 

VOLUMEN IX Página: 146

de sacerdotes que se encarga con apropiado reglamento de la dirección de dichos centros. Con la más viva satisfacción de nuestra alma
hemos sabido que el Padre Santo ya ha secundado, en parte, nuestros deseos y los manifestados con el mismo objeto por otros Obispos,
alabando y recomendando, por decreto de la Sagrada Congregación, y confirmando para mientras viva al Rector Mayor, en la persona del
benemérito Fundador y aplazando solamente para tiempo más oportuno la aprobación de las Constituciones.

Considerando que se enviarán a la Santa Sede nuevas instancias a este propósito, renovamos con tanto más agrado nuestras
recomendaciones para su buen resultado por cuanto nos consta que, desde entonces, la obra del sacerdote Juan Bosco fue siempre
creciendo y dando los mejores frutos que se pueden desear, de tal modo que estamos persuadidos de que la implorada aprobación, si
pluguiere al Santo Padre otorgarla, consolidaría su marcha y perpetuaría la Congregación de que se trata, para ventaja espiritual y
temporal del prójimo y para mayor gloria de la Religión y honor del Clero.

Mondoví 15 de abril de 1868.

" Fr. JUAN, Obispo

C. JOSE MARTINI, Secretario
El Obispo de Alessandria:

IACOBUS ANTONIUS COLLI, Dei et SANTIAGO ANTONIO COLLI, por la
Sanctae Apostolicae Sedis gratia, gracia de Dios y de la Santa Sede
Epicopus Alexandrinus et comes, Apostólica, Obispo y conde de
augustissimi regis N. ab Alessandria, limosnero de nuestro
eleemosynis, abbas SS. Petri et augustísimo Rey, Abad de San
Dalmatii. Pedro y San Dalmacio.

Quum nobis, tum e propria scientia, Conocida profundamente, por mi
tum ex assumptis informationibus, propio saber y por informaciones
perspecta penitus sit Societas seu obtenidas, la Sociedad o
Congregatio sub titulo S. Francisci Congregación llamada de San
Salesii, iam inde ab anno 1841 a Francisco de Sales, fundada ya en
Sacerdote Joanne Bosco Taurini 1841 por el sacerdote don Juan
fundata, haec quae sequuntur de Bosco, atestiguamos con mucho
eaden quam libentissime testamur. gusto sobre ella lo que sigue.

Memorata Congregatio centum Dicha Congregación consta de casi
circiter Sociis constat, qui operam cien socios, que loablemente
suam laudabiliter conferunt in tribus desarrollan su trabajo en tres
recreationis areis, seu Oratoriis campos de labor, en Oratorios
Festivis, ubi complura millia festivos, donde reunidos varios
pauperum adolescentulorum collecta, millares de muchachos pobres, son
sacris Cathechesibus, Missae educados con la catequesis sagrada
celebratione, Verbi Dei predicatione, la celebración de la misa, la
aliisque pietatis exercitiis invicta predicación de la palabra de Dios
patientia y otros ejercicios de piedad, con

paciencia incansable y gran

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et magno cum fructu excoluntur, fruto, como nosotros mismos hemos
quemadmodum nos ipsi testes oculares podido contemplar.
fuimus.
Tres sunt domus hospitales, una Son tres las casas internado, una
Taurini, altera apud Lanceum, et en Turín, otra en Lanzo y la
tertia in pago Mirabello in agro tercera en la villa de Mirabello,
Monferratensi, in quibus mille et en la comarca de Monferrato, que
((147)) amplius adolescentes albergan ((147)) más de mil
enumerantur, qui nulla aut modica jóvenes, que son mantenidos gratis
pensione aluntur. Huiuscemodi iuvenes o por una módica pensión. Los
scientia, religione instituuntur, et jóvenes son preparados de este
artibus exercentur, ut valeant modo en ciencia y religión y se
progressu temporis victum sibi honeste ejercitan en las artes para poder
comparare. Nonnulli ex ipsis rite con el tiempo procurarse el
studiis, ut ita dicunt, classicis sustento honestamente. Algunos se
incumbunt, et sacrae militiae dedican a los así llamados
tirocinium percurrunt. estudios clásicos y siguen el
curso de la sagrada milicia.
Praeter curam et educationem Los socios de esta Congregación,
iuventutis, huius Congregationis además del cuidado y educación de
Socii strenuam et perutilem operam la juventud, prestaron y prestan
praebuerunt et praebent in Ecclesia un servicio activo y utilísimo a
Dei, in Sacro Ministerio, in la Iglesia de Dios, con el sagrado
Paroeciis, Carceribus, Xenodochiis ministerio en parroquias,
per Missae celebrationem et Verbi cárceles, manicomios, con la
Dei praedicationem, tum in celebración de la misa, y la
triduanis, tum in novendialibus predicación de la Palabra de Dios,
supplicationibus, tum in ya con triduos, ya con novenas, ya
spiritualibus praesertim principalmente con ejercicios
exercitationibus ad populum espirituales al pueblo tenidos
frequenter et magno animarum fructu frecuentemente y con gran fruto
habitis: ipsi quoque de Christiana para las almas; han adquirido
Republica optime sunt meriti ob también grandes méritos ante la
operam datam in evulgandis libris, Iglesia Cristiana por su labor en
qui ad fidem Catholicam tuendam et la divulgación de libros, que
bonos mores tutandos quam maxime ayudan muchísimo a conservar la fe
iuvant. católica y las buenas costumbres. Hinc quum dicta
Congregatio huic De aquí que, dado que dicha
quoque Nostrae Alexandrinae Dioecesi Congregación frecuentemente
fuerit saepe maximo adiumento, también ha prestado máxima ayuda a
praesertim ob non paucos adolescentes nuestra diócesis de Alessandria,
pauperes in eiusdem Congregation is principalmente con los muchos
hospitio receptos; perlectis ipsius adolescentes pobres asilados por
Societatis constitutionibus, et dicha Congregación, releídas las
considerato tenore Decreti S. Constituciones de la misma
Congregationis Episcoporum et sociedad, y considerado el tono
Regularium diei 23 iulii 1864: quo del Decreto de la Sagrada
Summus Pontifex Pius Divina Congregación de Obispos y
Providentia Papa IX amplissimis Regulares del 23 de julio de
verbis memoratam Societatem laudavit 1864, en el que el Sumo Pontífice,
atque commendavit uti Congregationem por la divina Providencia Papa Pío
votorum simplicium sub regimine IX, con elogiosas palabras alabó
Moderatoris Generalis; -attento quod y encomendó dicha Sociedad como
ex laudato Decreto Congregatio ipsa Congregación de votos simples bajo
appareat iam partim constituta in la dirección de un Superior
persona Superioris, qui permanere General; teniendo en cuenta que,
Fin de Página 147

 

VOLUMEN IX Página: 147
debet in suo munere, según el estimado Decreto, la
misma Congregación aparece ya en
parte constituida en
147

Fin de Página 147

 

VOLUMEN IX Página: 148

quoad vixerit, quamvis statutum la persona del Superior, que debe
sit ut ejusdem Societatis Superior permanecer en su cargo mientras
Generalis duodecim tantum annis viviere, aunque esté establecido
officium su u m exerceat; que el Superior General de la misma

Sociedad permanezca en su cargo
solamente doce años.

Cum nobis sit persuasum id nos Persuadidos de que contribuímos a
praestare quod ad maiorem Dei la mayor gloria de Dios y hacemos
gloriam conferat, remque summo algo muy grato al Sumo Pontífice,
Pontifici pergratam faciat, immo más aún, interpretando fielmente su
venerandam eiusdem voluntatem in veneranda voluntad expresada en el
praed. Decreto expressam nos antedicho Decreto, presentamos
fideliter interpretario, suplices humildemente a Su Santidad nuestras
preces Sanctitati Suae humiliter súplicas para que se digne aprobar
porrigimus, ut Auctoritate para siempre las Constituciones de
Apostolica istius Societatis esta Sociedad con la Autoridad
Constitutiones perpetuo adprobare Apostólica; hecho lo cual, sucederá
dignetur; quo profecto continget, que su existencia será firme y
ut eius existentia sit firma ac estable ante la Iglesia, y con la
stabilis coram Ecclesia, et unitae unidad de espíritu y el
spiritus ac disciplina servata, cumplimiento disciplinar, se
animarum bonum magis magisque promoverá más y más el bien de las
promoveatur, quae omnia eadem almas al que sobre todo mira la
Pia Societas potissimum spectat. misma Pía Sociedad.

Dat. Alexandriae, ex Epicopali Dado en el Palacio Episcopal de
Palatio, die 17 abril, 1868, Alessandria, el 17 de abril de 1868.

" ANTONIUS COLLI, Episcopus. " ANTONIO COLLI, Obispo

El Arzobispo de Lucca escribía:

Muy Ilustre y Reverendo Señor:

Tengo el honor de enviarle la carta Comendaticia que V. S. M. R. se ha dignado pedirme para obtener de la Santa Sede la definitiva
((148)) aprobación de esa su Sociedad de San Francisco de Sales tan benemérita en la educación de la juventud.

Le agradezco las noticias que me da sobre los tres jovencitos de esta mi diócesis, y recomendándolos de nuevo a su caridad, me profeso
con sentimientos de reconocimiento y particular aprecio y consideración,

De V.S.M.I.y M.R.

Lucca, 24 de abril de 1868,

Afectísimo en el Señor " Fray JULIO, Arzobispo de Lucca

Fin de Página 148

 

VOLUMEN IX Página: 149

La carta comendaticia decía así:

F. IULIUS ARRIGONIUS, ordinis Fray JULIO ARRIGONIUS, de la orden
Minorum strictioris observantiae de Menores de la estricta
divi Francisci, Dei et Apostolicae observancia del divino Francisco,
Sedis gratia archiepiscopus Lucanus por gracia de Dios v de la Sede
et comes, SS. D. N. Papae Praelatus Apostólica, arzobispo y conde de
domesticus et Pontificio solio Lucca, prelado doméstico de S.
assistens, eques torquatus ordinis S. N. Señor Papa y asistente al
iosephiani. solio pontificio, caballero con collar de la orden Josefina.
Pauperiorum adolescentulorum Ya desde el año 1841, el sacerdote
miserans conditionem Sacerdos Juan Bosco,de la diócesis de Turín,
Joannes Bosco e Dioecesi Taurinensi, compadecido por la situación de
iam ab anno 1841 aliorum los muchachos pobres, contando
Presbyterorum etiam auxilio fretus, también con el auxilio de otros
illos in unum colligere, Catholicae presbíteros, determinó reunirles,
Fidei rudimenta edocere et enseñarles los rudimentos de la Fe
temporalibus subsidiis levare Católica y dotarles de medios
instituit. Hinc ortum habuit pia temporales. De aquí nació la Pía
Societas quae a S. Francisco Salesio Sociedad que se llama de San
nomen habet, cuiusque Socii, praeter Francisco de Sales, cuyos socios,
propriam sanctificationem, además de la propia santificación,
praecipuum hunc habent finem, ut cum tienen como fin principal, servir
temporalibus, tum spiritualibus de provecho a los más desgraciados,
praesertim miserabilium commodis lo mismo en lo material que en lo
inserviant. Jam inde a piae espiritual. Ya, pues, desde el
Congregationis principio, quae ad principio de la Pía Congregación,
huiusmodi consilii rationem pertinere quienes determinaron entregarse a
arbitrati sunt,tum pius Fundator tum esta labor, lo mismo el piadoso
Socii adeo studiose diligenterque Fundador que los socios,
curarunt, ut maximum ex eorum procuraron con entrega y
laboribus Christianae Reipublicae diligencia, que el mayor fruto a
fructum accepisse exploratum omnibus recibir de sus trabajos fuese
sit, ipsaque Congregatio nedum a reconocido por todos en la
pluribus Sacrorum Antistibus, verum República Cristiana, y la misma
etiam a SS. Domino Nostro Pio P. IX Congregación con mayor motivo
per Decretum S.Congregationis mereció de muchos Obispos y
Episcoporum et Regularium editum die también de S. S. N. S. Pío, Papa IX
23 Julii 1864 amplissimis verbis amplia alabanza y recomendación en
laudationem et commendationem Decreto de la Sagrada Congregación
meruerit. Cum autem praenominato Ven. de Obispos y Regulares, dado el 23
Sacerdoti J. Bosco multum sibi de julio de 1864.Habiendo parecido,
suisque Sociis deesse visum sit,nisi sin embargo, que al nombrado y
eidem Societati, cuius Fundator venerando sacerdote Juan Bosco y a
simulque Superior Generalis existit, sus socios les faltaba mucho, si no
Apostolica accedat confirmatio, le llegaba la confirmación
idcirco ad eam impetrandam et plurium apostólica a la misma Sociedad,
Sacrorum Antistitum commendationes cuyo Fundador y a la par Superior
expostulavit. General vive todavía, por eso y para alcanzarla pidió las
recomendaciones de muchos sagrados Obispos.
Et Nos igitur, qui eiusdem Y por eso Nos, que hemos visto Societatis algunas

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VOLUMEN IX Página: 150

apostolicum spiritum, pietatem, veces con nuestros propios ojos
charitatem et zelum in Dei el espíritu apostólico de dicha
gloriam, iuvenum institutionem Sociedad, la piedad, la caridad
animarumque salutem oculis y el celo por la gloria de Dios,
Nostris aliquando inspeximus, la institución juvenil y la
illius pii Fundatoris preces quam salvación de las almas,
libenti animo excipientes, testamur recibidas de buen grado las
eam sancto consilio sibi proposito preces de aquel piadoso Fundador,
optime respondere, huius etiam aseguramos que responde muy bien
Nostrae Dioeceseos adolescentulos al santo consejo propuesto, de
aliquot pie alere atque instituere; alimentar y educar también
magnoque tum Ecclesiae tum piadosamente a algunos jóvenes
Christianae Reipublicae auxilio de nuestra Diócesis; y
futuram, si eam ((149)) qua modo conservará la unidad de espíritu
floret, spiritus disciplinaeque y de disciplina futura en favor
unitatem servet, viribusque in dies de la Iglesia y de la República
augeatur. Ad haec autem praestanda Cristiana, si de ((149)) algún
cum prae caeteris conferre arbitremur modo florece y aumenta sus
Apostolicae sedis confirmationem, hinc fuerzas con el tiempo. Para
SS. Dominum Nostrum humiliter lograr todo esto, como juzgamos
praecamur ut eiusdem Congregationis por encima de todo la
constitutiones, si ita Ei videbitur, confirmación de la Sede
Apostolica sua Auctoritate adprobare Apostólica, consecuentemente
et confirmare dignetur. In quorum rogamos humildemente a Su
fidem, etc. Santidad y Señor nuestro, se

digne aprobar y confirmar con su
Apostólica Autoridad las
Constituciones de su
Congregación, si así lo estimare.
En fe de todo lo cual, etc.

Dat. Lucae, ex Nostro Archiep. Dado en nuestro palacio
Palatio, die 24 aprilis 1868. arzobispal de Lucca, a 24 de abril de 1868.

" Fr. IULIUS Archiep. " Fray JULIO, Arzobispo

Can. RAPHAEL MEZZETTI Secr. Can. RAFAEL MEZZETTI, Secretario

El cardenal De Angelis, Arzobispo y Príncipe de Fermo, escribe:

FELIPE, con el título de San Lorenzo en Lucina, presbítero Cardenal De Angelis, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica,
Arzobispo y Príncipe de Fermo, Camarlengo de la Santa Iglesia Romana.

Damos fe de que durante nuestra residencia por más de seis años en la casa de los Señores de la Misión en Turín, con particular
satisfacción del alma pudimos conocer, merced al testimonio de muchísimas personas, tanto eclesiásticas como seglares, cómo la Pía
Sociedad denominada de San Francisco de Sales, instituida y dirigida por el eximio sacerdote don Juan Bosco, con la ayuda de celosos
sacerdotes y clérigos bajo su dirección, correspondiese con público provecho para la religión y la sociedad civil a su finalidad, que es la
de atender e instruir en la Religión y en las artes mecánicas y liberales a los jovencitos pobres y abandonados. Declaramos, además, que
antes de salir de Turín, en noviembre de 1866, habiendo ido a visitar el mencionado Oratorio, nos alegramos mucho en el Señor al ver
con nuestros ojos el inmenso número de jovencitos allí educados, apartados del ocio y de la miseria por

Fin de Página 150

 

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la fecunda caridad del digno sacerdote, que es jefe y director supremo; el celo vivo e incansable para hacerlos crecer en la piedad, en los
oficios, según su aptitud y condición y el fruto nada común que se observa en los mismos jóvenes y las esperanzas que se conciben para
el porvenir, con tal de que le sea concedida la canónica aprobación por la Santa Sede al Pío Instituto, conforme a los deseos expresados
por el Ilmo. y Rvmo. Arzobispo de Turín y otros Obispos del Piamonte. Por eso, alabamos de todo corazón, de palabra y por escrito, esta
obra de pública beneficencia, exhortando al susodicho don Juan Bosco y a sus dignos cooperadores a que continúen con ardor en ella para
mayor gloria de Dios y en pro de la educación cristiana.

Y en señal de nuestra estima y benevolencia hacia el benéfico Instituto y hacia la obra de su sacerdotal caridad, expedimos ((150)) el
presente testimonio, que firmamos y sellamos con nuestro sello.

Dado en Fermo, en nuestra Residencia Arzobispal, el día 26 de abril de 1868.

" FELIPE, Card. Arzobispo

Can. FELIPE ZALLOCCO, Secretario

El Vicario General Capitular de Susa:

IOSEPH SCIANDRA, Sacrae Teologiae et JOSE SCIANDRA, doctor en Sagrada
iuris utriusque doctor, eques ordinis Teología y en ambos derechos,
SS. Mauritii et Lazari, canonicus caballero de la orden de los
archidiaconus Segusiensis ecclesiae, Santos Mauricio y Lázaro,
ac sede episcopali vacante vicarius canónigo archidiacono de la
generalis capitularis. iglesia de Seguria y vicario

general capitular por sede
episcopal vacante.

Quum Nobis abunde constet, zelo et Constándonos suficientemente que,
opera adm. Rev. D. Joannis Bosco, por celo y obra del admirable
Sacerdotis de christiana republica reverendo don Juan Bosco,
optime meriti, pluribus ab hinc annis sacerdote de muchos merecimientos
Augustae Tarinorum excitatam fuisse en la república cristiana, se
Societatem Presbyterorum, Clericorum, constituyó hace muchos años en
Laicorum, a Sancto Francisco Salesio Turín una Sociedad de sacerdotes,
nuncupatam, quae eo praecipue spectat, clérigos y laicos, designada de
ut illius Socii -ad Christianam San Francisco de Sales, que
perfectionem nitantur -quaevis principalmente mira a que sus
pietatis officia spiritualia ac socios -tiendan a la perfección
temporalia erga adolescentulos, cristiana-se ejerciten en ciertos
pauperes potissimum, exerceant in oficios espirituales y temporales
ipsam iuniorum Clericorum educationem de piedad en favor de los jóvenes
incumbant verbis et scriptis impietati especialmente pobres -se dediquen
atque haeresi quae omnia pertentant a la educación de los
aversentur -utillimos libros, Letture seminaristas jóvenes -se opongan
Cattoliche inscriptos, ad pietatem de palabra y por escrito a la
fovendam propria officina evulgent, impiedad y a la herejía que todo

lo inunda -publiquen en talleres
propios utilisimos libros -, llamados Lecturas Católicas

Fin de Página 151

 

VOLUMEN IX Página: 152

aliaque laudabilia praestent, bonis para fomentar la piedad y realicen
omnibus plaudentibus. otras plausibles alabadas por todos
los buenos.

Grati animi sensus recolentes, eo Y recordando el agradecimiento
quod plures juvenes pauperculi et porque muchos jóvenes menesterosos
pauperes vacantis huiusce Dioeceseos y pobres de esta diócesis vacante
fuerint recepti in Asceteria, in fueron admitidos en internados, en
quibus laudatae Societatis adscripti los cuales los inscritos en dicha
pietatis et charitatis operibus Sociedad se dedican a obras de
vacant: lectis attente praefatae piedad y caridad: leídas
Societatis Constitutionibus, ac prae atentamente las Constituciones de
oculis habito Decreto S. dicha Sociedad y teniendo a la
Congregationis Eminentissimorum S. R. vista el Decreto emitido por la

E. Cardinalium Negotiis et Sagrada Congregación de
Consultationibus Episcoporum et Eminentísimos S. R. E. Cardenales
regularium praepositae, Romae dato para los Asuntos y Consultas de
sub die 23 julii 1864, quo Sanctitas Obispos y Regulares y dado en Roma
Sua, immortalis Pontifex Pius IX, el día 23 de julio de 1864, en el
amplissimis verbis laudavit et que Su Santidad, inmortal Pontífice
commendavit memoratam Societatem uti Pío IX, alabó y encomendó con
Congregationem votorum simplicium sub notabilísimas palabras la nombrada
Moderatoris Generalis regimine, salva Sociedad como Congregación de votos
ordinariorum iurisdictione ad simples bajo el gobierno de un
Sacrorum Canonum praescriptum. Superior General, a salvo la
jurisdicción de los Ordinarios, prescrita por los Sagrados Cánones.

Haud dubii, quin definitiva No dudando, que la definitiva
probatio Constitutionum istius aprobación de las Constituciones de
Societatis in maiorem Dei gloriam, esta Sociedad sirva para mayor
animarumque bonum sit cessura, gloria de Dios y salvación de las
humillimas preces damus Beatissimo almas, presentamos humildes preces
Patri ac Pontifici Maximo Pio Nono, al Beatísimo Padre y Pontífice
qua dicta Constitutiones, quas Nos máximo Pío Nono, para que dichas
in quantum possumus plenimode Constituciones, que, por cuanto
probamus, Supremo Suo Oraculo podemos aprobamos totalmente, se
confirmare dignetur. digne confirmarlas con su supremo oráculo.

Dat. Segusii, die 28 aprilis, anno Dado en Seguria, a 28 de abril de
1868, 1868.

C. SCIANDRA, C. SCIANDRA,
Vic. Gen. Cap. Vic. Gen. Cap.
IOANNES CARELLO Pro-Cancell. Cap. JUAN CARELLO, Pro-Can. Cap.

((151)) El Obispo de Guastalla:

PETRUS ROTA, Dei et Apostolicae PEDRO ROTA, por la gracia de Dios
Sedis gratia, Episcopus Guastallae. y de la Sede Apostólica, Obispo de Guastalla.

Fin de Página 152

 

VOLUMEN IX Página: 153

Cum propter rerum civilium Cuando, a causa de los desórdenes
perturbationes a Sede Nostra civiles de los tiempos, fuimos
anno 1866 abacti Augustam expulsado de nuestra diócesis el
Taurinorum confugerimus, Divina año 1866 y nos refugiamos en
Providentia ducti hospitio Turín, conducido por la divina
feliciter excepti fuimus ab Providencia, fuimos albergado
egregio illo viro Sacerdote felizmente por un egregio varón,
Joanne Bosco, cuius nomen in el sacerdote Juan Bosco, cuyo
tota Italia iam sonat, et apud nombre resuena por toda Italia y,
illum in eius piorum Sacerdotum aunque nuestro destierro se
Collegio per sex menses, quamdiu prorrogó por seis meses, junto a
exilium nostrum perduravit, in él, en su colegio de piadosos
tranquilla pace, magna animi sacerdotes, estuvimos atendido
Nostri consolatione, omnimodis con todos los cuidados y
curis levati et recreati, atenciones en tranquila paz, con
diversati sumus; exinde factum gran consuelo de nuestra alma; de
est ut et Sacerdotis illius et ello nació que pudiéramos
Societatis ab illo institutae adquirir un mayor conocimiento de
pleniorem notitiam Nobis comparare aquel Sacerdote y de la Sociedad
potuerimus. Quare ex certa por él fundada. Por eso afirmamos
scientia haec quae subiungimus, lo que con este seguro
non ex aliorum dictis, sed ex conocimiento adquirimos, hijo de
experientia propria, ad Dei la propia experiencia y no de lo
laudem et ad Religionis que otros digan, y ante todo
incrementum affirmamus. Et in tranquilizó mucho nuestra alma
primis Nos valde animum Nostrum el deseo del sacerdote Juan
recreavit Sacerdotis Joannis Bosco, de establecer una
Bosco consilium, Societatem Sociedad de sacerdotes y laicos
Sacerdotum et laicorum instituendi, que pudieran suplir la extinción
quae posset Ordinum Religiosorum, de las Ordenes Religiosas, a las
quibus nunc iniquum et implacabile que hoy se declara implacable e
bellum indicitur, extintionem inicua guerra, alentando con su
supplere, in interiori sua Constitución interna el espíritu
Constitutione spiritum et virtutes y las virtudes monásticas, y no
monasticas alendo, et in relationibus distinguiéndose,en las relaciones
cum externa Civili Societate nihil con la sociedad civil externa, de
differendo a laicis Congregationibus, las congregaciones laicales, de
ita ut leges, quae Religiosos Ordines forma que las leyes, que atacan
percellunt, hanc Societatem non las Ordenes Religiosas, no puedan
possent ullo unquam casu perimere. en ningún caso destruir esta
Quod Nos quum pluries in mente Sociedad. Lo cual Nos, habiéndolo
cogitaverimus et optaverimus, iam pensado y deseado muchas veces,
perfectum vidimus et probavimus in ya lo vimos perfecto y
Societate S. Francisci Salesii, a quo experimentamos en la Sociedad de
illam nomen habere voluit praedictus San Francisco de Sales, de quien
optimus Sacerdos. Socii enim illius el antedicho óptimo Sacerdote
Congregationis tribus consuetis voti quiso tomar el nombre. Los socios
se obstringunt, et vitam ducunt de esa Congregación se obligan a
religiosam austeriorem etiam quam los tres votos de costumbre, y
in usu sit apud nonnullas alias llevan una vida religiosa más
Regularium Familias; in caeteris austera que la que se practica
autem a sacerdotibus saecularibus en algunas otras familias de
minime differunt, ut facilius saltem regulares; por lo demás, en nada
uti Sacerdotes saeculares tolerari difieren de los sacerdotes
possint. seculares, para que, al menos,

puedan ser tolerados más
fácilmente como sacerdotes
seculares.

Fin de Página

153

 

VOLUMEN IX Página: 153

Ne autem bonis, quae vel actu Para que nunca sean expoliados
possident vel illis obvenire possunt, de los bienes que en la
unquam sub praetextu quod Religiosam actualidad poseen o que puedan
Familiam caberles en suerte, so pretexto

Fin de Página 153

 

VOLUMEN IX Página: 154

seu ens morale, ut aiunt,constituant de constituir una Familia Religiosa
expolientur, prudenter cautum est ut o ente moral, como dicen,
unusquisque, licet voto paupertati prudentemente se ha garantizado
obstringatur et in Societate omnia que cada uno, aunque sujeto por el
sint communia, tamen quoad Forum voto de obediencia, y en la
externum bonorum suorum proprietatem Sociedad todas las cosas sean
retineat,et illa,quae de iure ad comunes, conserve, sin embargo,
universam pertinent Societatem, la propiedad de sus bienes ante el
unius Socii nomine possideantur et foro externo y, aunque por derecho
privata extrinsecus appareant: uti pertenecen a toda la Sociedad, se
in aliis regionibus, in quibus posean en nombre de un solo socio
Societates religiosae civilem et y aparezcan por fuera como bienes
legalem existentiam non habent, privados, como sucede en otras
est in usu. regiones, en las que las

Sociedades Religiosas no tienen
existencia civil y legal.

Quum autem nacesse sit omnibus Siendo necesario aconsejarse en
Ecclesiae et Fidelium necessitatibus todo lo que se refierea las
quibus Ordines Regulares necesidades de la Iglesia y de los
opitulabantur, consulere, recte fieles a los que se
dictus Sacerdos suae Congregationi consagran las Ordenes religiosas,
omnia illa Apostolica munia rectamente dicho sacerdote propuso
proposuit, quibus animarum salus a su Congregación todos aquellos
curari potest: et quia puerorum apostólicos deberes, con los que
institutio maxime interest puede cuidarse la salud de las
Christianae et Civili Reipublicae, almas; y como la instrucción de
ideo sapientissime officium hoc sibi los niños interesa muchísimo a
assumere voluit Sacerdos Bosco, et la República cristiana y civil,
((152)) Congregationem ad hoc por eso sapientísimamente quiso
praecipue curas suas et studium el sacerdote Bosco asumir para
omne intendere. Etiam in ipsa sí este oficio y ((152)) que la
civitate Taurini collegium Congregación dirigiera
septingentorum et amplius principalmente a esto todos sus
adolescentulorum, qui maiori ex cuidados y trabajo. También en la
parte pio Sacerdote, undique misma ciudad de Turín florece
collectis eleemosynis aluntur, a prósperamente, desde hace muchos
plurimis annis prospere floret, ubi años, un colegio con más de
pueri, praeter Christianam setecientos adolescentes, los
institutionem, in literis et artibus cuales en su mayoría son
erudiuntur; et insuper, tres aliae mantenidos por el piadoso
adsunt congregationes, quae Sacerdote con limosnas recogidas
innumeros pueros per Urbem vagantes por todas partes; en él, los
diebus festis in unum colligunt, et muchachos, con la cristiana
religiosis exercitiis, catechesibus, educación, son instruidos en las
nec non honestis recreationibus toto letras y las artes; y hay, además,
die festo illos occupatos detinentes otros tres centros donde se reúnen
a corruptionis periculis sedulo en los días festivos innumerables
subducunt. In hoc autem Taurinensi muchachos que vagan por la ciudad,
collegio, quod est prima Sedes y allí permanecen durante todo el
Societatis et domus Fundationis, día ocupados en ejercicios
pietatem, sui abnegationem, vitae piadosos, catequesis, honestas
austeritatem, laborem indefessum, diversiones y al seguro de los
erga Moderatorem obedientiam et peligros del mundo. En este
amorem singularem, dexteritatem Colegio de Turín, primera sede de
autem peculiarem in pueris ad la Sociedad y casa matriz, admiré
pietatem et ad studia suaviter su piedad, su abnegación, la
adducendis, miratus sum; in pueris austeridad de vida, el trabajo

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autem incansable, la obediencia y amor

singular al Superior, la habilidad
peculiar para educar suavemente a

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docilitatem, pietatis cultum, los jóvenes en la piedad y la ciencia;

multumque in studiis profectum. y en los alumnos la docilidad, la
piedad y el adelantamiento en los
estudios.

Cum autem sapiens Institutor Como quiera que el sapiente Maestro
utilitatem praesertim Ecclesiae siempre tiene ante sus ojos el
prae oculis semper habuerit, ideo provecho de la Iglesia, se preocupa,
iuvenes illos prae aliis excipere sobre todo, de aquellos jóvenes que
curat, qui ingenio praestent et tienen talento y pretenden abrazar
ad Sacerdotium amplectendum sint el sacerdocio. Y así resulta útil
propensi. Et sic multis para muchas diócesis, puesto que
Dioecesibus est utilis, cum non algunos de los diseminados de otras
pauci ex dissitis etiam regiones fueron aquí recibidos y
regionibus ibi excepti, quolibet hacen cada año el curso de estudios
anno ex studiis Philosophicis ad filosóficos y teológicos y resultan
Theologica gradum faciant, et luego óptimos sacerdotes.
postea optimi evadant Sacerdotes.

Quare hanc Congregationem, quae Por lo que esta Congregación, que
duas alias domus habet in duabus tiene otras dos casas, en dos
civitatibus, quas Lanzum et ciudades que se llaman Lanzo y
Mirabellum vocant, in quibus Mirabello, en las que se instruye
plusquam biscentum pueros eadem y educa a más de doscientos
pietate et iisdem disciplinis muchachos en la misma piedad y
erudit et instituit, maiora las mismas disciplinas, obtendrá
incrementa obtinere, et amplius mayor incremento y yo desearía que
diffundi ego valde optarem, ratus se difundiera más ampliamente
quod hoc in magnum Religionis convencido de que esto ciertamente
bonum certissime cederet. Quod ut haría un gran bien a la Religión.
fiat cum necessaria sit Summi Para que ello sea así, siendo
Pontificis approbatio, qua inter necesaria la aprobación del Sumo
Ordines Regulares solemniter Pontífice, para que sea enumerada
adnumeretur, Ego preces meas entre las Ordenes Regulares, uno
urgentesque supplicationes mis preces y urgentes súplicas a
supplicationibus aliorum las de otros Obispos, rogando
Episcoporum coniungo, humildemente y con empeño al
Beatissimum Patrem Pium IX Beatísimo Padre Pío IX, que,
humiliter et enixe rogans, ut debidamente examinadas las
Constitutionibus huiusmodi Constituciones de esta Sociedad,
Societatis rite examinatis, se digne aprobar solemnemente esta
Societatem ipsam solemniter misma Sociedad y comunicar y
adprobare et iura et privilegia, conceder los derechos y
aliis Religiosis Ordinibus privilegios, otorgados a las demás
concessa, eidem indulgere et Ordenes Religiosas.
impertire dignetur.

Quod faxit Deus. Que Dios lo haga.

Datum Guastallae, die 29 Dado en Guastalla, a 29 de abril
aprilis, anni 1868. de 1868.

" PETRUS Episcopus. " PEDRO, Obispo

SAC. MAXIMILIANUS FRANZINI, MAXIMILIANO FRANZINI,
a Secretis. Secretario

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El Obispo de Albenga:

NOS RAPHAEL BIALE, Dei et S. NOS RAFAEL BIALE, por la gracia de
Sedis Apostolicae gratia, Dios y de la Sede Apostólica, Obispo
ecclesiae albinganensis de la iglesia de Albenga, abad
Episcopus, S. Mariae et S. comendatario

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Martini ad insulam gallinariam de Santa María y San Martín en
abbas commendatarius. la isla galinaria.

Moderna Societas S. Francisci Lo mucho que la moderna Sociedad de
Salesii pro adolescentulis San Francisco de Sales, fundada hace
pauperibus ac derelictis unos años para recoger a los
colligendis atque in pietate ac muchachos pobres y abandonados e
religione instruendis ab ((153)) instruirlos en la piedad y la
eximio sacerdote Joanne Bosco religión ((153)) por el eximio
Augustae Taurinorum nonnullis sacerdote de Turín Juan Bosco puede
abbinc annis erecta, quanti hacer para congregar a muchachos
facienda sit dilucide ostendunt pobres y abandonados e instruirlos
tum nobilis scopus quem eius Socii en la piedad y la religión,
sibi proponunt, tum uberes fructus claramente lo muestran tanto la
religionis ac moralitatis, qui ab noble finalidad que sus socios se
ea dimanare iam nunc dignoscuntur; proponen, como los abundantes
atque utinam in cunctis Italiae frutos de religiosidad y moralidad,
nostrae Dioecesibus utilissimum hoc que ya hoy se aprecian; y ojalá
christianae philantropiae que este utilísimo instituto de
Institutum erigi cerneretur! Nihil cristiana filantropía se
enim illo opportunius, nihil estableciera en todas las diócesis
efficacius ad effrenem ac in dies de nuestra Italia. Nada más oportuno
errumpentem incredulitatis ac que él, nada más eficaz para
vitiorum colluviem, aliqua saltem reprimir, al menos en parte, el
ex parte compescendam. Interim dum desenfreno y el creciente e
Nos Deo Optimo Maximo preces impetuoso caos de incredulidad y de
fundimus ut in hac quoque Nostra vicio. Mientras todos elevamos
Dioecesi piam hanc Societatem nuestras preces a Dios Todopoderoso
erigere ac constabilire concedat, para que conceda se instale y
vota Nostra Nostrasque establezca esta piadosa Sociedad en
supplicationes iungimus iis quas nuestra diócesis, unimos nuestros
alii Venerabiles Antistites ea votos y nuestras súplicas a las que
super emiserunt, humiliter enixeque otros venerables Obispos ya
implorantes ut S. Apostolica Sedes presentaron, pidiendo humilde y
constitutiones ac regulas (quae a denodadamente que la Santa Sede
Nobis perlectae ac consideratae Apostólica no rehúse conceder la
singulari prudentia ac consilio definitiva aprobación de las
digestae visae sunt) definitiva Constituciones y Reglamentos (que
approbatione munire non dedignetur: hemos releído y considerado con
ex quo sane haud modicum singular prudencia y Nos parecieron
incrementum ac firmitatem Pio llenas de sabiduría); con ello
Sodalitio allaturum fore confiamos que sobrevendrá un notable
confidiums. incremento y fortaleza para la Pía

Sociedad.

Dat. Albing., die 2 maji 1868 En Albenga, a 2 de mayo de 1868

" RAPHAEL, Episcopus " RAFAEL, Obispo

Don Bosco unía a estas cartas comendaticias, que debía presentar a la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, una copia
auténtica de la patente de Director Espiritual de los Oratorios de San

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Francisco de Sales, del Santo Angel Custodio y de San Luis de Turín, otorgada por monseñor Fransoni el 31 de marzo de 1852, firmada
por Felipe Ravina, vicario general y por Balladore, canciller. Esta copia se la había entregado la Curia Arzobispal el 12 de mayo de 1868,
debidamente legalizada por el teólogo Gaude, pro-canciller.

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((154))

CAPITULO XIV

DON BOSCO ANUNCIA A LOS MUCHACHOS QUE DEBE MANIFESTAR ALGO MUY SERIO -PRIMERA CHARLA:DICE
QUE HA TENIDO UN SUEÑO, QUE ESTABA DECIDIDO A NO CONTAR; LA APARICION DE UN MONSTRUO HORRIBLE Y
UNA VOZ MISTERIOSA LE OBLIGAN A HABLAR;RUEGA A LOS MUCHACHOS QUE NO PROPAGUEN FUERA DEL
ORATORIO LO QUE VA A CONTAR; SUEÑOS PRELIMINARES; SU MUERTE, EL JUICIO DE DIOS, EL PARAISO -TIENE
UN NUEVO SUEÑO: UNA GRAN PARRA EN EL PATIO DEL ORATORIO; LOS RACIMOS SE TRANSFORMAN EN JOVENES;
DISTINTOS ASPECTOS DE LA PARRA: CON HOJAS SOLAMENTE, CON RACIMOS PODRIDOS: SIN HOJAS, CON RACIMOS
DE UVA EXCELENTE; SON LOS TRES ESTADOS DE ESPIRITU EN LOS QUE SE ENCUENTRAN LOS JOVENES DELANTE
DE DIOS. LE PARECE OIR EL TAÑIDO DE UNA CAMPANA Y SE DESPIERTA UNOS INSTANTES -SEGUNDA CHARLA: SE
VUELVE A DORMIR; VE LEVANTARSE EN EL PATIO OTRA PARRA COMO LA PRIMERA, DE HERMOSISIMO ASPECTO,
CON ENORMES RACIMOS, UVAS GORDAS Y MADURAS, PERO DE SABER NAUSEABUNDO; TODA UVA LLEVA
ESCRITO EL NOMBRE DE UN JOVEN Y SU PECADO; APARECE UN PERSONAJE QUE LLEVA UNOS PALOS Y ORDENA
QUE GOLPEEN LOS SARMIENTOS Y RACIMOS; UN TEMPORAL DE MIEDO AZOTA LA PARRA: GRANIZADA EXTRAÑA
FUGA DE DON BOSCO Y SU DESPERTAR

EL 29 de abril anunciaba don Bosco a los muchachos:

-Mañana por la noche y el viernes y el domingo, tengo que deciros, pues si no lo hiciese, creo que moriría antes de tiempo. Tengo algo
desagradable que comunicaros. Y deseo que estén presentes también los aprendices.

((155)) En la noche del 30 de abril, jueves, después de las oraciones, los aprendices dejaron el pórtico, donde solían hablarles don
Miguel Rúa o don Juan B. Francesia, y fueron a unirse a sus compañeros los estudiantes. Les dijo don Bosco:
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-Mis queridos jóvenes: ayer noche os dije que tenía algo desagradable que contaros. He soñado y estaba decidido a no deciros nada, ya
fuera porque dudaba si se trataba de un simple sueño, ya fuera porque siempre que conté alguno, hubo algo que objetar o que observar
por parte de alguien. Pero, otro sueño me obliga a hablaros del primero, sobre todo porque, desde hace unos días, he vuelto a ser
molestado de nuevo con ciertos fantasmas, especialmente hace tres noches. Sabéis que marché a Lanzo en busca de un poco de
tranquilidad. Pues bien, la última noche que pasé en aquel Colegio, me acosté y, cuando comenzaba a dormirme, vino a mi fantasía
cuanto voy a deciros:

Me pareció ver entrar en mi habitación un gran monstruo que, adelantándose, fue a colocarse a los pies de la cama. Tenía una forma
asquerosísima de sapo y era grueso como un buey.

Yo lo miraba fijamente, conteniendo la respiración. El monstruo poco a poco iba aumentando de volumen; le crecían las patas, le crecía
el cuerpo, le crecía la cabeza y cuanto más aumentaba su grosor más horrible resultaba. Era de color verde con una línea roja alrededor de
la boca y del pescuezo que le hacían aún más terriblemente espantoso. Sus ojos eran de fuego y sus orejas huesudas muy pequeñas. Yo
decía entre mí mientras lo observaba: -íPero si el sapo no tiene orejas!

Encima de su nariz salían dos cuernos y por sus costados apuntaban dos grandes alas verduscas. Sus patas se parecían a las del león y
por detrás tenía una larga cola que terminaba en dos puntas.

En aquel momento me pareció no tener miedo, pero aquel monstruo comenzó a acercarse cada vez más a mí, alargando su amplia boca
guarnecida de fuertes dientes. Yo entonces me sentí invadido de indecible terror. Lo creí un demonio del infierno, pues tenía todas las
trazas de tal. Hice entonces la señal de la cruz, pero de nada sirvió; toqué la campanilla, mas a aquella hora nadie acudió, nadie la oyó;
comencé a gritar, pero todo fue en vano; el monstruo permanecía impasible.

-"Qué quieres de mí, dije entonces, infernal demonio?

Pero él se acercaba cada vez más enderezando y alargando las orejas. Después puso las patas delanteras sobre el borde ((156)) de mi
lecho y, aferrándose con las patas traseras a los barrotes, permaneció inmóvil un momento con su mirada fija en mí. Después, alargando
el cuerpo hacia adelante, puso su hocico cerca de mi cara. Yo sentí tal escalofrío, que de un salto me senté en la cama dispuesto a
arrojarme al suelo; pero el monstruo abrió toda la boca. Hubiera querido defenderme, apartarlo de mí, pero era tan asqueroso que ni en
aquellas circunstancias me atreví a tocarlo. Comencé a gritar, eché la mano hacia atrás buscando la pileta del agua bendita, pero sólo
tocaba la pared sin encontrarla y el monstruo me mordió por la cabeza de tal forma que durante unos instantes la mitad de mi cuerpo
permaneció dentro de aquellas horribles fauces.

Entonces grité:

-En el nombre de Dios: "por qué me haces esto?

El sapo, al oír mi voz, se retiró un poco, dejando libre mi cabeza.

Hice de nuevo la señal de la santa cruz y, habiendo logrado meter los dedos en la benditera,eché un poco de agua bendita al monstruo.
Entonces, aquel demonio lanzó
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un grito terrible, saltó hacia atrás y desapareció; pero, mientras lo hacía, pude oír una voz que desde lo alto pronunció claramente estas
palabras:

-"Por qué no hablas?

El Director de Lanzo, don Juan Bautista Lemoyne, se despertó aquella noche con mis ayes prolongados y oyó cómo golpeaba la pared
con las manos. Por la mañana me preguntó:

-Don Bosco, "ha soñado esta noche?

-"Por qué me lo preguntas?

-Porque he oído sus gritos.

De esta manera entendí que era voluntad de Dios que os contara lo que había visto, por lo que he determinado narraros todo el sueño;
de lo contrario traicionaría a mi conciencia; de esta forma creo también que me veré libre de la presencia de estos fantasmas.

Demos gracias al Señor por su misericordia y procuremos poner en práctica los avisos que se nos den y servirnos de los medios que nos
sean sugeridos para ayudarnos a conseguir la salvación de nuestras almas. En esta ocasión pude conocer el estado de la conciencia de
cada uno de vosotros.

Pero deseo que cuanto os voy a decir quede entre nosotros. Os ruego que no escribáis ni habléis de ello fuera de casa pues no son cosas
que se han de tomar a broma, como algunos podrían hacer, y para que no puedan originarse inconvenientes que sirvieran de disgusto a
don Bosco. A vosotros os las cuento con toda confianza porque sois mis queridos hijos y por eso las debéis escuchar como dichas por un
padre.

He aquí los sueños que yo quería pasar por alto y que me veo obligado a contaros.

Desde los primeros días de la semana santa (5 de abril) comencé a tener unos sueños que ocuparon mi imaginación y me molestaron
durante varias noches. Estos sueños me producían además un gran cansancio, de forma que a la mañana siguiente de haber soñado me
sentía tan falto de fuerzas como si hubiera pasado trabajando las horas del descanso, sintiéndome al mismo tiempo turbado e inquieto.

La primera noche soñé que había muerto. La segunda que estaba en el juicio de Dios, ((157)) dispuesto a dar cuenta de mis obras al
Señor; pero en el momento me desperté y comprobé que estaba aún vivo en la cama y que, por tanto, disponía todavía de tiempo para
prepararme mejor a una santa muerte. La tercera noche soñé que me encontraba en el paraíso, donde me pareció estar muy bien y gozando
mucho. Al despertarme por la mañana desapareció tan agradable ilusión; pero me sentía resuelto a ganarme, a costa de cualquier
sacrificio, el reino eterno que había vislumbrado.

Hasta aquí se trataba de cosas que no tienen importancia para vosotros y carecen de todo significado. Se va uno a descansar preocupado
por una idea, y es natural que, durante el sueño, se reproduzcan escenas relacionadas con las cosas en las cuales se ha estado pensando.

Era la noche del jueves santo (9 de abril). Apenas comenzó a invadirme un leve sopor, cuando me pareció encontrarme bajo estos
mismos pórticos, rodeado de nuestros sacerdotes, clérigos, asistentes y alumnos. Parecióme después, mientras vosotros desaparecíais, que
yo avanzaba un poco hacia el patio.

Estaban conmigo don Miguel Rúa, don Juan Cagliero, don Juan Bautista Francesia, don Angel Savio y el jovencito Preti; y un poco
apartados José Buzzetti y don Esteban Rumi, del Seminario de Génova y gran amigo nuestro.

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De pronto vi que el Oratorio actual cambió de aspecto, asemejándose a nuestra casa tal como era en los primeros tiempos, cuando
estaban en ella casi solamente los citados.

Tened presente que el patio confinaba con amplios campos sin cultivar, completamente deshabitados, que se extendían hasta los prados
de la ciudadela, donde los primeros muchachos retozaban alegremente.

Yo estaba bajo las ventanas de mi habitación en el mismo lugar ocupado hoy por el taller de carpintería y que antaño fue un huerto.

Mientras estábamos sentados hablando de nuestras cosas y de la conducta de los jóvenes, he aquí que delante de esta pilastra (donde
estaba apoyada la tribuna desde la que él hablaba) que sostiene la bomba, y junto a la cual estaba la puerta de la casa Pinardi, vimos
brotar de la tierra una hermosísima vid, la misma que durante mucho tiempo estuvo en este mismo lugar. Estábamos maravillados de la
aparición de la vid después de tantos años y nos preguntábamos recíprocamente qué clase de fenómeno sería aquél.

La planta crecía a ojos vistas y se elevó sobre el suelo casi a la altura de un hombre. Cuando he aquí que comienzan a brotar sarmientos
en número extraordinario, por una y otra parte y a cubrirse de pámpanos. En poco tiempo creció tanto que llegó a ocupar todo nuestro
patio y mucho más. Lo más admirable era que sus sarmientos no apuntaban hacia arriba, sino que seguían una dirección paralela a la del
suelo formando un inmenso emparrado, que se sostenía sin ningún apoyo visible. Sus hojas, acabadas de salir, eran verdes y hermosas; y
sus largos sarmientos, de un vigor y lozanía sorprendentes; pronto aparecieron también hermosos racimos, engordaron los granos y la uva
adquirió su color.

Don Bosco y los que estaban con él contemplaban maravillados aquello y decían:

-"Cómo ha podido crecer esta vid tan deprisa? "Qué será?

((158)) Y dijo don Bosco a los demás:

-Esperemos a ver qué pasa.

Yo seguía mirando con los ojos abiertos y sin pestañear, cuando de pronto todos los granos de uva cayeron al suelo y se convirtieron en
otros tantos muchachos vivarachos y alegres, que llenaron en un momento todo el patio del Oratorio y todo el espacio sombreado por la
vid: saltaban, jugaban, gritaban, corrían bajo aquel singular emparrado y daba gusto verlos. Allí se hallaban todos los muchachos que
estuvieron, están y estarán en el Oratorio y en los demás colegios, pues a muchísimos no los conocía.

Entonces, un personaje, que al principio no conocí quién fuese, y vosotros sabéis que don Bosco tiene siempre en sus sueños un guía,
apareció a mi lado contemplando él también a los muchachos. Pero de pronto un velo misterioso se extendió ante nosotros y cubrió el
agradable espectáculo.

Aquel largo velo, no mucho más alto que la viña, parecía pegado a los sarmientos de la vid en toda su longitud y bajaba hasta el suelo a
guisa de telón. Sólo se veía la parte superior de la viña, que parecía un amplio tapete verde.

Toda la alegría de los jóvenes había desaparecido en un momento para trocarse en melancólico silencio.

-íMira! me dijo el guía señalándome la vid.

Me acerqué y vi que aquella hermosa vid, que parecía cargada de uva, no tenía más que hojas, sobre las cuales aparecían escritas las
palabras del Evangelio: Nihil invenit in ea! (No halló nada en ella).

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Yo no sabía explicarme el significado de aquello y dije al personaje:

-"Quién eres tú? "Qué significa esta vid?

Quitó el velo que había delante de la vid y apareció solamente cierto número de los muchísimos jóvenes que había visto antes, en gran

parte desconocidos por mí.

-Estos son, añadió, los que teniendo mucha facilidad para hacer el bien no se proponen como fin agradar al Señor. Son los que hacen el
bien sólo para no desmerecer delante de sus compañeros. Los que observan con exactitud el reglamento de la casa, para librarse de las
reprimendas y para no perder la estima de los superiores, con los cuales se muestran deferentes, pero sin sacar fruto alguno de sus
exhortaciones y de los estímulos y cuidados de que son objeto en esta casa. Su ideal es procurarse una posición honrosa y lucrativa en el
mundo. No se preocupan de estudiar la propia vocación, desoyen la voz del Señor si les llama y al mismo tiempo disimulan sus
intenciones temiendo algún daño. Son, en suma, los que hacen las cosas como a la fuerza, por eso sus obras de nada les sirven para la

eternidad.

Eso dijo. íOh, cuánto me disgustó ver entre ellos a algunos que yo creía muy buenos, encariñados y sinceros!

Y el amigo añadió:

-El mal no está todo aquí.

Y dejó caer el velo dejando al descubierto la parte superior de toda la vid.

((159)) -Mira ahora de nuevo, me dijo.

Miré aquellos sarmientos; entre las hojas veíanse muchos racimos que, a primera vista, me pareció presagiaban una rica vendimia. Yo
me alegraba, pero al acercarme vi que los racimos eran raquíticos y podridos; unos estaban enmohecidos, otros cubiertos de gusanos y de
insectos que los devoraban; éstos, picoteados por los pájaros y las avispas; aquéllos podridos y secos. Fijándome mucho me convencí de
que nada bueno se podía sacar de aquellos racimos, que no hacían más que apestar el aire con el hedor que de ellos emanaba.

Entonces el personaje levantó de nuevo el velo y exclamó:

-íMira!

-Y debajo apareció, ya no el número incontable de jóvenes que había visto al principio del sueño, sino muchísimos de ellos. Sus
rostros, antes tan hermosos, se habían tornado feos, sombríos, cubiertos de asquerosas llagas. Paseaban encorvados, encogidos y
melancólicos. Ninguno hablaba. Había entre ellos algunos de los que estuvieron en esta casa y en los colegios, otros que actualmente
están aquí presentes y muchísimos a los cuales yo no conocía. Todos estaban avergonzados y no osaban levantar la mirada.

Yo mismo, los sacerdotes y algunos de los que me rodeaban, estábamos espantados y sin poder pronunciar palabra. Por fin pregunté a
mi guía:

-"Cómo es esto? "Por qué estos jóvenes estaban al principio tan contentos y tenían un aspecto tan agradable, y ahora están tristes y
feos?

El guía contestó:

-íEstas son las consecuencias del pecado!

Los muchachos pasaban entretanto delante de mí y el guía me dijo:

-íObsérvalos detenidamente!

Miré atentamente y vi que todos llevaban escrito en la frente y en la mano su pecado. Reconocí a algunos de ellos que me llenaron de
estupor. Siempre había creído que eran verdaderas flores de virtud y, en cambio, al presente veía que tenían el alma manchada con culpas
gravísimas.

Mientras los jóvenes desfilaban, yo leía en su frente: Inmodestia, escándalo, malicia,

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VOLUMEN IX Página: 162

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soberbia, ocio, gula, envidia, ira, espíritu de venganza, blasfemia, gión, desobediencia, sacrilegio, hurto.

El guía me hizo observar:

-No todos están ahora como los ves, pero llegarán a estarlo si no cambian de conducta. Muchos de estos pecados no son graves de por
sí, pero son causa y principio de caídas terribles y de eterna perdición. Qui spernit modica, paulatim decidet. (Quien desprecia lo
pequeño, poco a poco sucumbe). La gula engendra la impureza; el desprecio a los superiores conduce al menosprecio de los sacerdotes y
de la Iglesia; y así sucesivamente.

Desconsolado a la vista de aquel espectáculo tomé la libreta, saqué el lápiz para anotar los nombres de los jóvenes que me eran
conocidos y sus pecados o al menos la pasión dominante de cada uno, para avisarles e inducirles a que se corrigiesen. Pero el guía me
tomó por el brazo y me preguntó:

-"Qué haces?

((160)) -Voy a anotar lo que veo escrito en su frente, para poderles avisar y que se corrijan.

-Eso no te está permitido, respondió el amigo.

-"Por qué?

-No faltan los medios para verse libres de estas enfermedades. Tienen el reglamento: que lo observen; tienen a los superiores: que les
obedezcan; tienen los Sacramentos: que los frecuenten. Tienen la confesión: que no la profanen callando pecados. Tienen la Sagrada
Comunión: que no la reciban con el alma manchada por el pecado mortal. Que vigilen sus miradas, que huyan de los malos compañeros,
que se abstengan de las malas lecturas y de las conversaciones inconvenientes, etc. Están en esta casa y el reglamento los puede salvar.
Cuando oigan la campana, que obedezcan prontamente. Que no se valgan de subterfugios para engañar a los maestros y entregarse al
ocio. Que no sacudan el yugo de los superiores, considerándolos como vigilantes importunos, como consejeros interesados, como
enemigos, y que no canten victoria cuando consiguen encubrir sus faltas consiguiendo la impunidad de las mismas. Que sean respetuosos
y que recen de buena gana en la iglesia y en los demás lugares destinados a la oración sin distraer a los demás ni charlar. Que estudien en
el estudio; que trabajen en el taller y que observen una compostura decente. Estudio, trabajo y oración; he aquí lo que les conservará
buenos, etc.

A pesar de la negativa, continué rogando insistentemente a mi guía que me dejase escribir los nombres. Entonces él me arrebató
resueltamente el cuaderno de las manos y lo arrojó al suelo diciendo:

-Te digo que no hace falta que los escribas. Tus jóvenes, pueden saber lo que deben hacer y evitar con la gracia de Dios y la voz de la
conciencia.

-Entonces, dije, "no puedo manifestarles nada de todo esto? Dime al menos lo que les debo decir; qué avisos he de darles.

Podrás decirles lo que recuerdes y desees.

Y dejó caer el velo. Nuevamente apareció ante nuestros ojos la vid, cuyos sarmientos, casi desprovistos de hojas, ofrecían una hermosa
uva rubicunda y madura. Me acerqué, observé atentamente los racimos y vi que en realidad eran como me habían parecido a distancia.
Daba gusto contemplarlos, causaban verdadero placer a la vista. Esparcían alrededor una fragancia exquisita.

El amigo levantó inmediatamente el velo. Bajo el extenso emparrado había muchos de los jóvenes que estuvieron, están y estarán con
nosotros. Sus rostros eran muy bellos y estaban radiantes de felicidad.

Fin de Página 163

 

VOLUMEN IX Página: 164

-Estos, me dijo el guía, son y serán aquellos que, mediante tus solícitos cuidados, producen y producirán buenos frutos, los que
practican la virtud y te proporcionarán muchos consuelos.

Yo me alegré, pero al mismo tiempo me sentí un poco afligido, porque dichos jóvenes no eran tantos como yo esperaba.

Mientras los contemplaba sonó la campana para el almuerzo y los muchachos se marcharon. También los clérigos se fueron a su lugar.
Miré ((161)) a mi alrededor y no vi a nadie. Hasta la vid con sus sarmientos y con sus racimos había desaparecido. Busqué al guía y no lo
encontré. Entonces me desperté y pude descansar algo.

El viernes, 1.° de mayo, continuó don Bosco el relato:

-Como os dije ayer, me desperté pareciéndome haber oído el sonido de la campana, pero volví a amodorrarme; descansaba
tranquilamente, cuando me sentí sacudido por segunda vez y me pareció encontrarme en mi habitación, en actitud de despachar mi
correspondencia. Salí al balcón y durante un rato estuve contemplando la gigantesca cúpula de la nueva iglesia y seguidamente bajé a los
pórticos. Poco a poco regresaban de sus ocupaciones los sacerdotes y los clérigos que me rodearon. Entre ellos estaban presentes don
Miguel Rúa, don Juan Cagliero, don Juan B. Francesia y don Angel Savio. Hablaba con ellos de cosas diversas, cuando la escena cambió
por completo. Desapareció la iglesia de María Auxiliadora, desaparecieron todos los edificios actuales del Oratorio y nos encontramos
ante la antigua casa Pinardi. Y he aquí que de nuevo comienza a brotar del suelo y en el mismo lugar que la anterior, una vid que parecía
salir de las raíces de la otra, y a elevarse a igual altura, a producir numerosos sarmientos horizontales, que se extendieron por un amplio
espacio y después se cubrieron de hojas, de racimos y finalmente de uva madura. Pero no apareció la turba de jóvenes. Los racimos eran
tran grandes como los de la tierra prometida. Habría sido necesaria la fuerza de un hombre para levantar uno solo. Los granos eran
extraordinariamente gruesos, de forma oblonga y de un color amarillo oro; parecían muy maduros. Uno solo de ellos hubiera sido
suficiente para llenar la boca. Su aspecto era tan agradable que la boca se hacía agua y parecía que estaban diciendo:

-íCómeme!

También don Juan Cagliero con don Bosco y sus compañeros contemplaba maravillado aquel espectáculo. Don Bosco esclamó:

-íQué uva tan estupenda!

Y don Juan Cagliero, sin más cumplidos, se acercó a la vid, arrancó unos granos, se echó uno a la boca y comenzó a masticarlo; pero
sintió náuseas y lo arrojó con tal fuerza, que parecía vomitar. La uva tenía un sabor desagradable, como el de un huevo podrido.

-íCaramba! exclamó don Juan Cagliero después de escupir varias veces; esto es veneno, es capaz de causar la muerte a un cristiano.

Todos miraban y ninguno hablaba, cuando salió por la puerta de la sacristía de la antigua capilla un hombre de aspecto serio y resuelto,
que se acercó a nosotros y se paró junto a don Bosco. Don Bosco le preguntó:

-"Cómo se entiende que una uva tan hermosa tenga un gusto tan malo?

Aquel hombre no contestó, sino que, sin decir palabra, fue a cortar un haz ((162)) de varas, eligió una nudosa, se presentó a don Angel
Savio y se la ofreció diciendo:

-íToma y golpea esos sarmientos!

Don Angel se negó a hacerlo y dio un paso hacia atrás.

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Entonces aquel hombre se volvió a don Juan B. Francesia, le ofreció la vara y le dijo:
-íToma y golpea!
Y, lo mismo que a don Angel Savio, le indicó el lugar donde tenía que hacerlo. Francesia se encogió de hombros, adelantó la barbilla
y

movió un poco la cabeza, diciendo que no.

Aquel hombre se dirigió entonces a don Juan Cagliero y, tomándolo de un brazo, le presentó el bastón y le dijo:

-íToma y golpea; apalea y abate!

Y al mismo tiempo le indicaba el lugar donde debía hacerlo. Cagliero, amilanado, dio un salto atrás y batiendo el dorso de una mano

sobre la otra exclamó:-íLo que faltaba!

El guía le reiteró la misma invitación, repitiendo:

-íToma y golpea!

Pero Cagliero, como puesto en el disparador, comenzó a decir:

-Yo no; yo, no.

Y lleno de miedo corrió a esconderse tras de mí.

Al ver esto aquel personaje, sin inmutarse, se presentó de la misma manera a don Miguel Rúa y le dijo:

-Toma y golpea.

Pero Rúa, al igual que Cagliero, vino a ocultarse tras de mí.

Entonces me encontré frente a aquel hombre singular que, deteniéndose ante mí, me dijo:

-Toma y golpea tú esos sarmientos.

Yo hice un gran esfuerzo para comprobar si estaba soñando o en mi pleno conocimiento y, pareciéndome que todo cuanto sucedía era

real, dije a aquel personaje:
-"Quién eres tú que me hablas de esta manera? Dime: "por qué he de golpear esos sarmientos, por qué he de echarlos abajo? "Es esto

un sueño, una ilusión? "Qué significa esto? "En nombre de quién me hablas? "Acaso lo haces en nombre del Señor?

-Acércate a la vid, me respondió, y lee lo que hay escrito sobre las hojas.

Me acerqué. Observé con atención las hojas y leí estas palabras: Ut quid terram occupat? ("Para qué ocupa la tierra?)

-íSon palabras del Evangelio!, exclamó mi guía.

Lo había comprendido todo, pero me atreví a objetar:

-Antes de golpear, recuerda que en el Evangelio también se lee cómo el Señor, a los ruegos del labrador, permitió que abonase la planta

inútil y cavase a su alrededor, reservándose el arrancarla hasta haber empleado todos los medios para hacerla fructificar.

-Bien; se podrá conceder una tregua al castigo, mas entretanto mira, y después veras.

Y me señaló la vid. Yo miraba, pero no entendía nada.

-Ven y observa, replicóme; lee: "qué hay escrito en los granos de uva?

Don Bosco se acercó y vio que todos los granos tenían escrito el nombre de uno de los alumnos y el de su culpa.

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Yo leí, y entre tan múltiples imputaciones recuerdo con horror las siguientes: Soberbio -Infiel a sus promesas -Incontinente -Hipócrita
-Descuidado en todos sus deberes -Calumniador -Vengativo -Despiadado, ((163)) Sacrílego -Despreciador de la autoridad de los
superiores -Piedra de escándalo -Seguidor de falsas

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doctrinas. Vi el nombre de aquellos quorum Deus venter est (cuyo Dios es el vientre); de otros a los cuales scientia inflat (la ciencia
hincha); de los que quaerunt quae sua sunt, non quae Jesu Christi (buscan lo suyo, no lo de Jesucristo); de los que critican al reglamento y
a los superiores. Vi también los nombres de ciertos desgraciados que estuvieron o que están actualmente con nosotros; y un gran número
de nombres nuevos para mí, o sea, los que, con el tiempo, estarán con nosotros.

-He aquí los frutos que produce esta viña, dijo el personaje con continente serio; son frutos amargos, malos, nocivos para la eterna
salvación.

Sin más saqué el cuaderno, tomé el lápiz y quise escribir los nombres de algunos, pero el guía me tomó del brazo como la vez anterior y
me dijo:

-"Qué haces?

-Déjame tomar nota de los que conozco, a fin de poderles avisar en privado para que se corrijan.

Fue inútil mi ruego. El guía no me lo consintió, y yo añadí:

-Pero si yo les digo la situación y estado en que se encuentran, reaccionarán.

Y él me replicó:

-Si no creen al Evangelio, tampoco te creerán a ti.

Continué insistiendo porque quería tomar nota y disponer de algunas normas para el porvenir; pero aquel hombre no añadió palabra, y
se puso ante don Miguel Rúa con el haz de bastones y le invitó a que tomara uno:

-íToma y golpea!

Rúa, cruzando los brazos, bajó la cabeza y exclamó:

-íPaciencia!

Y después dirigió una mirada a don Bosco. Éste hizo una señal de asentimiento y don Miguel Rúa, tomando una vara en sus manos, se
acercó a la vid y comenzó a golpear en el lugar indicado. Pero, apenas había dado los primeros golpes, cuando el guía le hizo señas de
que se detuviese, y gritó a todos:

-íRetiraos!

Entonces nos alejamos todos. Observábamos y veíamos que los granos de uva se hinchaban, se hacían cada vez más gruesos y se

tornaban repugnantes. Parecían caracoles sin concha, siempre de color amarillo y sin perder la forma de la uva.

El guía gritó nuevamente:

-íMirad! íDejad que el Señor descargue su venganza!

Y he aquí que el cielo comenzó a nublarse y se formó una niebla tan densa que no se veía a poca distancia y dejó cubierta la vid por
completo. Todo se hacía oscuro, brillaron relámpagos, retumbaron los truenos y empezaron a caer tantos rayos por todo el patio, que
infundían terror. Se doblaban los sarmientos al impulso de un viento huracanado y volaban las hojas por los aires. Finalmente comenzó a
azotar la vid una horrible tempestad. Yo quise huir pero el guía me detuvo diciendo:-íMira el granizo!

Miré y vi que los granos, del grosor de un huevo, unos eran negros y otros rojos; por un lado eran puntiagudos y por el otro achatados
en forma de maza. El granizo negro caía con violencia cerca de donde yo estaba y más atrás caía el granizo rojo.

-"Cómo es esto?, decía yo; en mi vida he visto un granizo parecido a éste.

((164)) -Acércate, me dijo el desconocido y verás.

Me acerqué un poco al granizo negro, pero despedía un hedor tan nauseabundo, que poco faltó para que no me cayera de espaldas. El

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guía insistía cada vez más para que me acercara. Entonces agarré un grano de los negros para examinarlo, pero tuve que arrojarlo
enseguida al suelo porque repugnaba mucho aquel olor pestilente.

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Y dije:

-íNo me es posible ver nada!

Y dijo el otro:

-Mira bien y verás.

Y yo, haciéndome mayor violencia, vi escrito sobre cada uno de aquellos pedazos negros de hielo: Inmodestia. Me dirigí entonces al
granizo rojo, que a pesar de su frialdad quemaba cuanto tocaba. Tomé en mis manos un grano que hedía como el otro y pude leer un poco
más fácilmente lo que sobre él estaba escrito: Soberbia. A la vista de esto exclamé lleno de vergüenza:

-"Son, pues, éstos los dos vicios principales que amenazan a esta casa?

-Estos son los dos vicios capitales que arruinan mayor número de almas, no sólo en tu casa, sino en todo el mundo. A su tiempo verás
cuántos caerán en el infierno impulsados por estos dos vicios.

-"Qué he de decir, pues, a mis hijos para que los aborrezcan?

-Lo que has de decirles lo sabrás en breve.

Y al decir esto se alejó de mí.

Entretanto, el granizo continuaba asolando furiosamente la vid al resplandor de los relámpagos y de los rayos. Los racimos quedaban
machacados como si hubieran estado en el lagar bajo los pies de los pisadores, y soltaban todo su jugo. Un hedor terrible se esparció por
el aire haciéndolo irrespirable. De cada grano salía un olor diferente, pero uno era más soportable que el otro, según la diversidad y el
número de los pecados. Como no podía resistir más, me puse el pañuelo en la nariz. Seguidamente me volví atrás para dirigirme a mi
habitación, pero no vi a ninguno de mis compañeros, ni a Francesia, ni a Rúa, ni a Cagliero. Habían huido dejándome solo. Todo estaba
desierto y silencioso. Me entró entonces tal espanto, que me di a la fuga y me desperté.

Como veis, este sueño es en extremo desagradable, pero lo que sucedió la tarde y la noche posteriores a la aparición del sapo, lo
diremos pasado mañana domingo, 3 de mayo, y aún será más desagradable. Ahora no podéis conocer las consecuencias, pero como no
hay tiempo para hablar de ellas, para no quitaros más tiempo de descanso, os dejo que vayáis a dormir, reservándome el comunicároslas
en otra ocasión.

Hay que tener presente que las graves faltas reveladas a don Bosco no todas se referían a aquellos tiempos, sino que se relacionaban
((165)) escalonadamente con una serie de años futuros. En efecto, el siervo de Dios vio, no solamente a los alumnos que habían estado y
que estaban en la actualidad en el Oratorio, sino también a una infinidad de ellos, cuya fisonomía le era completamente desconocida y
que pertenecerían a sus Institutos diseminados por todo el mundo. La parábola de la viña estéril que se lee en el libro de Isaías, abarca
muchos siglos de historia.

Además no conviene y no sería justo echar en olvido lo que dijo el guía a Don Bosco: No todos estos jóvenes están ahora en el estado
en que los ves, pero un día lo estarán si no cambian de conducta. Por la senda del mal se llega al precipicio.
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Notemos, además cómo, ante la vid, apareció un personaje del que el Siervo de Dios aseguró que le era desconocido, pero que después
se convirtió en su guía e intérprete. En el relato de este sueño, como en el de otros muchos, don Bosco solía darle a veces el nombre de
desconocido para ocultar, tal vez, la parte más grandiosa de cuanto había contemplado y diremos también, lo que indicaba claramente la
intervención sobrenatural en estos sueños.

Como le preguntásemos en distintas ocasiones, valiéndonos de la confianza íntima con que nos distinguía, sobre la naturaleza de este
desconocido, aunque sus respuestas no fuesen explícitas, pudimos deducir por ciertos indicios que el guía no era siempre el mismo, y
que, a lo mejor, unas veces era un Angel del Señor, otras un alumno difunto, bien San Francisco de Sales, bien San José u otros santos...

En algunas ocasiones dijo de una manera concreta que había sido acompañado por Luis Comollo, por Domingo Savio o por Luis Colle.
Alguna vez, además, la escena se alargaba en derredor de estos personajes con apariciones simultáneas que le hacían cortejo o compañía.

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((166)
)

CAPITULO XV

TERCERA CHARLA DE DON BOSCO: OTRO SUEÑO; EL CAMINO DE LA PERDICION; LOS LAZOS DEL DEMONIO; LA
BAJADA AL INFIERNO; LOS JOVENES QUE ALLI SE PRECIPITAN; LA ENTRADA EN LA CARCEL ETERNA; UNA
INMENSA CAVERNA DE FUEGO Y CASTIGO DE LOS SENTIDOS; DESVARIOS DEL ALMA, FURORES, ODIOS, GRlTOS
DESESPERADOS; LOS GUSANOS DEL REMORDIMIENTO; LA SALA DE LOS JUICIOS DE DIOS; LAS AMENAZAS DE LA
JUSTICIA ABREN EL CAMINO DEL ARREPENTIMIENTO Y DE LA MISERICORDIA; DON BOSCO ES LLEVADO AL
ULTIMO RECINTO JUNTO A LA PUERTA; EL GUIA LE OBLIGA A TOCAR AQUEL MURO Y EL SE DESPIERTA POR LA
HORRIBLE QUEMADURA SENTIDA -DON BOSCO PROMETE A LOS JOVENES QUE EXPLICARA Y DARA
INSTRUCCIONES SOBRE LOS TEMAS MORALES DEL SUEÑO -ALGUNAS NOTAS

EN la noche del domingo 3 de mayo, festividad del Patrocinio de San José, don Bosco prosiguió el relato de cuanto había visto en los
sueños:

-Debo contaros otra cosa, comenzó diciendo, que puede considerarse como consecuencia de cuanto os referí en las noches del jueves y
del viernes, que me dejó tan quebrantado que apenas si me podía tener en pie. Vosotros lo podéis llamar sueño o como queráis; en suma,
le podéis dar el nombre que os parezca.

Os hablé de un sapo espantoso que en la noche del 17 de abril amenazaba tragarme y cómo al desaparecer, una voz me dijo:

-"Por qué no hablas?

Yo me volví hacia el lugar de donde había partido la voz y vi junto a mi lecho un personaje distinguido.

Como hubiese entendido el motivo de aquel reproche, le pregunté:

((167)) -"Qué debo decir a nuestros jóvenes?

-Lo que has visto y cuanto se te ha indicado en los últimos sueños y lo que deseabas conocer, y que te será revelado la noche próxima.

Y se retiró.
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Yo, pues, al día siguiente pensaba continuamente en la mala noche que tendría que pasar y, al llegar la hora, no me determinaba a irme
a acostar. Y así estuve en mi mesa de trabajo hojeando libros hasta medianoche. Me llenaba de terror la idea de tener que contemplar
todavía nuevos espectáculos espantosos. Al fin, haciéndome violencia, me acosté. Y continuó así la narración:

Para no dormirme tan pronto, y por temor a que la imaginación me enfrascara en los sueños acostumbrados, dispuse la almohada de tal
forma que estaba en el lecho casi sentado. Pero pronto, como estaba cansado, me dormí sin darme cuenta.

Y he aquí que de improviso vi en la habitación, junto a la cama, al hombre de la noche anterior (llamado por él varias veces el hombre
del bonete, o del gorro), el cual me dijo:

-íLevántate y ven conmigo!

Yo le contesté:

-Te lo pido por caridad. Déjame tranquilo, estoy cansado. íMira! Hace varios días que sufro de dolor de muelas. Déjame descansar. He
tenido unos sueños espantosos y estoy verdaderamente agotado.

Y decía esto porque la aparición de este hombre es siempre indicio de grandes agitaciones, de cansancio y de terror.

El me respondió:

-íLevántate, que no hay tiempo que perder!

Entonces me levanté y le seguí. Mientras caminábamos le pregunté:

-"Adónde quieres llevarme ahora?

-Ven y verás.

Y me condujo a un lugar donde se extendía una amplia llanura.

Dirigí la mirada a mi alrededor, pero aquella región era tan grande que no se distinguían los confines de la misma. Era un verdadero
desierto. No se veía alma viviente. Ni una planta, ni un riachuelo; la yerba seca y amarillenta ofrecía un aspecto de tristeza. No sabía
dónde me encontraba, ni qué iba a hacer. Durante unos instantes no vi a mi guía. Temí haberme perdido. No estaban conmigo ni don
Miguel Rúa, ni don Juan B. Francesia, ni ningún otro. Cuando he aquí que divisé al amigo que salía a mi encuentro. Respiré y le dije:

-"Dónde estoy?

((168)) -Ven conmigo y lo verás.

-Bien; iré contigo.

Iba él delante y yo le seguía sin chistar. Después de un largo y triste viaje, pensando don Bosco que tenía que atravesar tan dilatada

llanura se decía para sí:

-íAy mis pobres muelas! íPobre de mí, con las piernas tan hinchadas...!

Pero de pronto se abrió ante mí un camino.

Entonces interrumpí el silencio y pregunté al guía:

-"Adónde, debemos ir ahora?

-Por aquí, respondió.

Y tomamos aquel camino. Era hermoso, ancho, espacioso y bien pavimentado (Via peccantium complanata lapidibus, et in fine illorum
inferi, et et poenae, Eclesiástico XXI, 10) (El camino de los pecadores está bien enlosado, pero a su término está la fosa del seol). A un
lado y otro de las orillas del foso flanqueaban dos magníficos setos verdes, cubiertos de lindas flores. En especial despuntaban las rosas,

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entre las hojas, por todas partes, Aquel camino, a primera vista, parecía llano y cómodo y yo me eché a andar por él sin sospechar nada.
Pero después de caminar un trecho, me di cuenta de que insensiblemente se iba haciendo cuesta abajo y, aunque la marcha no parecía
precipitada, yo corría con tanta facilidad que me parecía ser llevado por el aire. Incluso noté que avanzaba, casi sin mover los pies.
Nuestra carrera era, pues, veloz. Pensando entonces que la vuelta atrás por un camino tan largo hubiera sido fatigosa y cansada, dije al
amigo:

-Cómo haremos para regresar al Oratorio?

-No te preocupes, me respondió, el Señor es omnipotente y quiere que camines. El que te conduce y te enseña a proseguir adelante,
sabrá también llevarte hacia atrás.

El camino descendía cada vez más. Proseguíamos la marcha entre flores y rosas, cuando vi que por el mismo sendero me seguían todos
los jóvenes del Oratorio, con numerosísimos compañeros a los que yo jamás había visto. Pronto me encontré en medio de ellos. Mientras
los observaba vi de repente que, ora uno ora otro, caían al suelo y eran arrastrados por una fuerza invisible hacia una horrible pendiente,
que se veía aún en lontananza, y que luego los metía de cabeza en un horno.

-"Qué es lo que hace caer a estos muchachos?, pregunté al guía. (Funes extenderunt in laqueum; juxta iter scandalum posuerunt, Salm.

139. Cuerdas han tendido como red; trampas junto al sendero me han situado).
-Acércate un poco más, me respondió.
Me acerqué y pude comprobar que los jóvenes pasaban entre muchos lazos, algunos de los cuales estaban a ras del suelo y otros a la
altura de la cabeza: estos lazos no se veían. Por tanto, muchos de los jóvenes, al andar, quedaban presos por ellos, sin darse cuenta del
peligro; en el momento de caer daban un salto y después rodaban por el suelo con las piernas en alto y, cuando se levantaban, corrían
precipitadamente hacia el abismo. Unos quedaban presos por la cabeza, otros por el cuello, quién por las manos, quién por un brazo, éste
por una pierna, aquél por la cintura, e inmediatamente eran lanzados abajo.

((169)) Los lazos colocados en el suelo parecían de estopa, apenas visibles, semejantes a los hilos de una tela de araña y, al parecer,
inofensivos. Y con todo, pude observar que los jóvenes presos en ellos, caían a tierra.

Yo estaba atónito, y me dijo el guía:

-"Sabes qué es esto?

-Un poco de estopa, respondí.

-Te diría que no es nada, añadió; no es más que el respeto humano.

Entretanto, al ver que eran muchos los que seguían cayendo en los lazos, pregunté:

-"Cómo se entiende que sean tantos los que quedan prendidos en esos hilos?"Quién es el que los arrastra de esa manera?

Y él replicó:

-Acércate más; observa y lo verás.

Miré un poco y después dije:

-Yo no veo nada.

-Mira mejor, repitió.

Tomé, en efecto, uno de los lazos, tiré hacia mí y pude comprobar que venía el otro extremo; tiré aún un poco más y no pude ver dónde
acababa aquel hilo, pero me di cuenta de que yo también era arrastrado por él. Entonces seguí la dirección del hilo y llegué a la boca de
una espantosa caverna. Me detuve, porque no quería

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penetrar en aquella vorágine, tiré hacia mí de aquel hilo y noté que cedía un poco, pero había que hacer mucha fuerza. Y he aquí que,
después de haber tirado mucho, salió fuera, poco a poco, un horrible monstruo que infundía espanto, el cual mantenía fuertemente
agarrado con sus garras la extremidad de una cuerda a la que estaban ligados todos aquellos hilos. Era éste quien, apenas caía uno en
aquellas redes, lo arrastraba inmediatamente hacia sí.

Entonces me dije:

-Es inútil intentar hacer frente a la fuerza de este animal, pues no lograré vencerlo; será mejor combatirlo con la señal de la santa cruz y
con jaculatorias.

Me volví, por tanto, junto a mi guía, el cual me dijo:

-"Sabes ya quién es?

-íSí que lo sé! Es el demonio quien tiende estos lazos para hacer caer a mis jóvenes en el infierno.

Examiné con atención los lazos y vi que cada uno llevaba escrito su propio título: el lazo de la soberbia, de la desobediencia, de la
envidia, del sexto mandaniento, del hurto, de la gula, de la pereza, de la ira, etc. Hecho esto, me eché un poco hacia atrás para ver cuál de
aquellos lazos era el que causaba mayor número de víctimas entre los jóvenes, y pude comprobar que eran los de la deshonestidad, la
desobediencia y la soberbia. A este último iban atados otros dos. Después de esto vi otros lazos que causaban grandes estragos, pero no
tanto como los dos primeros. Desde mi puesto de observación, vi a muchos jóvenes que corrían a mayor velocidad que los demás.

Y pregunté:

-"Por qué esta diferencia?

-Porque son arrastrados por los lazos del respeto humano, me fue respondido.

Mirando aún con mayor atención vi que entre los lazos había esparcidos muchos cuchillos que, manejados por una mano providencial,
cortaban o rompían los hilos. El cuchillo más grande procedía contra el lazo de la soberbia y simbolizaba la meditación. Otro cuchillo
((170)), también muy grande, pero no tanto como el primero, significaba la lectura espiritual bien hecha. Había además dos espadas. Una
de ellas indicaba la devoción al Santísimo Sacramento, especialmente mediante la comunión frecuente; otra, la devoción a la Virgen.
Había también un martillo: la confesión, y había otros cuchillos símbolos de las varias devociones a san José, a san Luis, etc.

Muchos rompían con estas armas los lazos al quedar prendidos o se defendían para no caer en ellos.

En efecto, vi a dos jóvenes que pasaban entre los lazos de manera que nunca quedaban presos; pasaban antes de que el lazo estuviese
tendido y, si lo hacían cuando éste estaba ya preparado, sabían sortearlo de forma que les caía sobre los hombros, o sobre las espaldas, o
en otro lado, sin lograr atraparlos.

Cuando el guía se dio cuenta de que lo había observado todo, me hizo continuar el camino flanqueado de rosas; pero, a medida que
avanzaba, las rosas de los linderos eran cada vez más raras, y empezaban a aparecer punzantes espinas. Luego, por mucho que me fijé, no
se descubría ni una rosa y, en el último tramo, el seto se había tornado completamente espinoso, quemado por el sol y desprovisto de
hojas; después de los matorrales ralos y secos, partían ramas que se tendían por el suelo, impedían el paso y lo sembraban de espinas de
tal forma que dificilmente se podía caminar.

Habíamos llegado a una hondonada, cuyos ribazos ocultaban las regiones vecinas,

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y el camino, que descendía cada vez más, se hacía espantoso, poco firme y eno de baches, de salientes, de guijarros y de cantos rodados.

Había perdido ya de vista a todos mis jóvenes, muchísimos de los cuales habían logrado salir de aquella senda engañosa y tomaban
otros senderos.

Yo continué adelante. Cuanto más avanzaba, más áspera y más pronunciada era la bajada, de forma que algunas veces me resbalaba y
caía al suelo, donde permanecía sentado un rato para tomar un poco de aliento. De cuando en cuando el guía acudía en mi auxilio y me

ayudaba a levantarme. A cada paso se me plegaban las articulaciones y parecía que se me iban a descoyuntar los huesos.

Jadeando, dije a mi guía:

-Amigo, no puedo con mis piernas. Me encuentro tan falto de fuerzas, que no es posible continuar el viaje.

El guía no me contestó, sino que, animándome, prosiguió su marcha;
hasta que, al verme cubierto de sudor y víctima de un cansancio mortal, me llevó a un pequeño promontorio que se alzaba en el mismo
camino.

Me senté, lancé un hondo suspiro y me pareció quedar un poco descansado. Entretanto observaba desde arriba el camino que había
recorrido; parecía cortado a pico, cubierto de guijarros y de piedras puntiagudas. Miré lo que me quedaba por andar, cerré los ojos de
pavor y exclamé:

-íPor favor, volvamos atrás! Si seguimos adelante, "cómo haremos para volver al Oratorio? íEs imposible que yo pueda subir ahora esta
cuesta!

((171)) Y el guía me contestó resueltamente:

-Ahora que hemos llegado aquí, "quieres quedarte solo?

Ante esta amenaza repliqué en tono suplicante:

-Sin ti, "cómo podría volver atrás o continuar el viaje?

-Pues bien, sígueme, añadió el guía.

Me levanté y continuamos bajando. El camino se hacía cada vez más horriblemente abrupto, de forma que apenas si podía permanecer
de pie.

Y he aquí que al fondo de este precipicio, que terminaba en un oscuro valle, apareció ante nuestros ojos un edificio inmenso que tenía
una puerta altísima y cerrada. Llegamos al fondo del precipicio. Un calor sofocante me oprimía y una espesa humareda, de color verdoso,
surcada por el brillo de sanguinolentas llamas, se elevaba sobre aquellos murallones. Levanté mis ojos a aquellas murallas: eran más altas
que una montaña.

Don Bosco preguntó al guía:

-"Dónde nos encontramos? "Qué es esto?

-Lee lo que hay escrito sobre aquella puerta, me respondió; por la inscripción sabrás donde estamos.

Miré y leí sobre la puerta: Ubi non est redemptio (Aquí no hay redención).Me di cuenta de que estábamos ante las puertas del infierno.

El guía me acompañó a dar una vuelta alrededor de los muros de aquella horrible ciudad. De cuando en cuando, a una distancia regular,

se veía una puerta de bronce, como la primera, al pie de una peligrosa bajada, y cada una de ellas tenía encima una inscripción diferente.

Discedite, maledicti, in ignem aeternum, qui paratus est diabolo et angelis eius... Omnis arbor quae non facit fructum bonum excidetur
et in ignem mittetur (Alejaos, malditos, al fuego eterno que está preparado para el diablo y para sus ángeles... Todo árbol que no da
buenos frutos, será cortado y echado al fuego).

Saqué la libreta para anotar aquellas inscripciones, pero el guía me dijo:

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-íDetente! "Qué haces?

-Tomo nota de estas inscripciones.

-No hace falta; las tienes todas en la Sagrada Escritura; incluso tú has hecho grabar algunas bajo los pórticos.

Ante semejante espectáculo habría preferido volver atrás y encaminarme

al Oratorio; pero el guía no se volvió, a pesar de que yo había dado ya algunos pasos.

Recorrimos un inmenso y profundísimo barranco y nos encontramos nuevamente al pie del camino pendiente que habíamos recorrido y
delante de la puerta que vimos en primer lugar. De pronto el guía se volvió hacia atrás y con el rostro demudado y sombrío, me indicó

con la mano que me retirara, diciendo:

-íObserva!

Tembloroso, alcé los ojos hacia arriba y, a una gran distancia, vi que por aquel camino en declive, bajaba uno a toda velocidad.
Conforme se iba acercando intenté identificarlo y finalmente pude reconocer en él a uno de mis jóvenes. Llevaba los cabellos
desgreñados, en parte erizados sobre la cabeza y en parte echados hacia atrás por efecto del viento, y los brazos tendidos hacia adelante,
en actitud de quien nada para salvarse del naufragio. Quería detenerse y no podía. Tropezaba continuamente con los guijarros salientes
del camino y aquellas piedras servían para darle mayor ((172)) impulso en la carrera.

Corramos, detengámosle, ayudémosle, gritaba yo tendiendo las manos hacía él.

Y el guía replicaba:

-No; déjalo.

-"Y por qué no puedo detenerlo?

-"No sabes lo tremenda que es la venganza de Dios? "Crees que podrías detener a uno que huye de la ira encendida del Señor?

Entretanto aquel joven, volviendo la cabeza hacia atrás y mirando con los ojos encendidos si la ira de Dios le seguía siempre, corría

precipitadamente hacia el fondo del camino, como si no hubiese encontrado en su huida más solución que ir a dar contra la puerta de
bronce.

-"Y por qué mira hacia atrás con esa cara de espanto?, pregunté yo.

-Porque la ira de Dios traspasa todas las puertas del infierno y va a atormentarle aun en medio del fuego.

En efecto, como consecuencia de aquel choque, entre un ruido de cadenas, la puerta se abrió de par en par. Y tras ella se abrieron al
mismo tiempo, haciendo un horrible fragor, dos, diez, ciento, y mil más impulsadas por el choque del joven, que era arrastrado por un
torbellino invisible, irresistible, velocísimo.

Todas aquellas puertas de bronce, que estaban una enfrente de otra, aunque a gran distancia, permanecieron abiertas por un instante y
yo vi, allá a lo lejos, muy lejos, como la boca de un horno, y mientras el joven se precipitaba en aquella vorágine pude observar que de
ella se alzaban numerosos globos de fuego. Y las puertas volvieron a cerrarse con la misma rapidez con que se habían abierto. Entonces
yo tomé la libreta para apuntar el nombre y el apellido de aquel infeliz, pero el guía me agarró del brazo y me dijo:

-Detente y observa de nuevo.

Lo hice y pude ver un nuevo espectáculo. Vi bajar precipitadamente por la misma senda a otros tres jóvenes de nuestras casas que en
forma de peñascos rodaban rapidísimamente uno tras otro. Iban con los brazos abiertos y gritaban de espanto. Llegaron al fondo y fueron
a chocar con la primera puerta. En aquel instante conocí a los tres. La puerta se abrió y, después de ella, las otras mil; los jóvenes fueron
empujados

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por aquel larguísimo corredor, se oyó un prolongado ruido infernal que se alejaba cada vez mas, aquéllos desaparecieron y las puertas se
cerraron. Muchos otros cayeron después de éstos de cuando en cuando... Vi precipitarse allí a un pobrecillo, impulsado por los empujones
de un malvado compañero. Otros caían solos, algunos acompañados; unos agarrados del brazo, otros separados, pero próximos. Todos
llevaban escrito en la frente el propio pecado. Yo los llamaba afanosamente mientras caían en aquel lugar. Pero ellos no me oían,
retumbaban las puertas infernales al abrirse y al cerrarse se hacía un silencio de muerte.

-He aquí la causa principal de tantas condenas, exclamó mi guía: los compañeros malos, las malas lecturas y las perversas costumbres.

((173)) Los lazos que habíamos visto al principio eran los que arrastraban a los jóvenes al precipicio. Al ver caer a tantos de ellos, dije
con acento de desesperación:

-Entonces es inútil que trabajemos en nuestros colegios, si son tantos los jóvenes que tienen este fin. "No habrá manera de remediar la

ruina de estas almas?

Y el guía me contestó:

Este es el estado en que actualmente se encuentran y, si muriesen en él, vendrían a parar aquí sin remedio.

Déjame, pues, anotar los nombres para que yo pueda avisarles y ponerlos en la senda que conduce al Paraíso.

-"Y, crees tú que algunos se corregirían si les avisases? Al principio el aviso les impresionará; después no harán caso, diciendo: se trata
de un sueño. Y se tornarán peores que antes. Otros, al verse descubiertos, frecuentarán los Sacramentos, pero no de una manera
espontánea y meritoria, porque no proceden rectamente. Algunos se confesarán por un temor pasajero a caer en el infierno, pero seguirán
con el corazón apegado al pecado.

-"Entonces, no hay remisión para estos desgraciados? Dame un remedio para que puedan salvarse.

-Helo aquí: tienen los superiores, que los obedezcan; tienen el reglamento, que lo observen; tienen los Sacramentos, que los reciban.

Mientras tanto, un nuevo grupo de jóvenes se precipitaba en el abismo y las puertas permanecieron abiertas durante un instante.

-Entra tú también, me dijo el guía.

Me eché atrás horrorizado. Estaba impaciente por regresar al Oratorio, para avisar a los jóvenes y detenerles a fin de que no se perdiera

ninguno más. Pero el guía me volvió a insistir:

-Ven, que aprenderás más de una cosa. Pero antes dime: "quieres
proseguir solo o acompañado?

Me dijo esto para que reconociese la insuficiencia de mis fuerzas y, al mismo tiempo, la necesidad de su benévola asistencia; por lo que

contesté:

-Quita allá: "solo en ese lugar de horror? "Sin la ayuda de tu bondad? "Y quién me enseñará el camino de vuelta?

Y de pronto me sentí lleno de valor pensando para mí:

-Antes de ir al infierno hay que pasar por el juicio y yo no me he presentado todavía ante el Juez Supremo.

Así que exclamé resueltamente:

-íEntremos, pues!

Y penetramos en aquel estrecho y horrible corredor. Corríamos con la velocidad del rayo. Sobre cada una de las puertas del interior

lucía con la luz velada una inscripción amenazadora. Cuando terminamos de recorrerlo desembocamos en un

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amplio y tétrico patio, al fondo del cual se veía una portezuela fea, gruesa, la peor que había visto jamás y encima de la cual se leía esta
inscripción: Ibunt impii in ignem aeternum (Los impíos irán al fuego eterno). Los muros estaban cubiertos de inscripciones en todo su
perímetro. Pedí permiso a mi guía para leerlas y me contestó:

-Haz como te plazca.

((174)) Entonces miré por todas partes. En un sitio vi escrito: Dabo ignem in carnes eorum ut comburantur in sempiternum (Pondré
fuego en su carne para que ardan para siempre) -Cruciabantur die ac nocte in saecula saeculorum (Eran atormentados día y noche por los
siglos de los siglos) -Y en otro lugar: Hic universitas malorum per omnia saecula saeculorum (Aquí todos los males, por los siglos de los
siglos). En otros: Nullus est hic ordo, sed horror sempiternus inhabitat (Aquí no hay ningún orden, sino que impera un horror sempiterno)
-Fumus tormentorum suorum in aeternum ascendit (El humo de sus tormentos sube eternamente) -Non est pax impiis (No hay paz para
los impíos) -Clamor et stridor dentium (Clamor y rechinar de dientes).

Mientras iba alrededor de los muros leyendo aquellas inscripciones, el guía que se había quedado en el centro del patio, se acercó y me
dijo:

-Desde ahora en adelante nadie podrá tener un compañero que le ayude, un amigo que le consuele, un corazón que le ame, una mirada
compasiva, una palabra benévola; hemos pasado la línea. "Tú quieres ver o probar?

-Quiero ver solamente, respondí.

-Ven, pues, conmigo, añadió el amigo.

Y tomándome de la mano me condujo ante aquella puertecilla y la abrió. Esta ponía en comunicación con un corredor, en cuyo fondo
había una gran cueva cerrada por una ancha ventana con un solo cristal, que llegaba del suelo a la bóveda, y a través del cual se podía
contemplar el interior. Crucé el umbral y me detuve presa de terror indescriptible.

Apareció ante mis ojos una especie de inmensa caverna, que se perdía en las profundidades excavadas en las entrañas de los montes,
todas llenas de fuego, pero no como el que vemos en la tierra con sus llamas en movimiento, sino de una forma tal que todo lo dejaba
incandescente y blanco a causa de la elevada temperatura. uros, bóvedas, pavimento, hierros, piedras, madera, carbón, todo estaba blanco
y brillante. Aquel fuego sobrepasaba en calor millares y millares de veces al fuego de la tierra, sin consumir ni reducir a cenizas nada de
cuanto tocaba. No puedo describir esta caverna en toda su espantosa realidad. Praeparata est enim ab heri Thopheth, a rege praeparata,
profunda et dilatata. Nutrimenta eius, ignis et ligna multa: flatus Domini sicut torrens sulphuris succedens eam. -Isaías XXX, 33.
(Preparado está desde hace tiempo un Tófet, también para Mélek un foso profundo y ancho; hay paja y madera en abundancia. El aliento
de Yahvéh, cual torrente de azufre lo enciende).

Mientras miraba atónito todo aquello, llegó por un pasaje, con gran violencia, un joven que, como si no se diera cuenta de nada, lanzó
un grito agudísimo, como quien está para caer en un lago de bronce hecho líquido y se precipitó en el medio, se tornó blanco como toda
la caverna y quedó inmóvil, mientras por un momento resonaba el eco de su voz moribunda.

Horrorizado contemplé un instante a aquel joven y me pareció uno del Oratorio, uno de mis hijos.

-Pero "éste no es uno de mis jóvenes?, pregunté al guía; "no es fulano?
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-Sí, sí, me respondió.

-"Y por qué no cambia de posición? "Por qué está incandescente sin consumirse?

Y me dijo:

-Tú elegiste ver y por tanto ahora no debes hablar; observa y verás. Por lo demás omnis enim igne salietur et omnis victima sale salietur
(todo fuego será salado y toda víctima será salada con sal).

((175)) Apenas si había vuelto de nuevo la mirada, cuando otro joven, con furor desesperado y a grandísima velocidad, corría y se
precipitaba en la misma caverna. Este pertenecía también al Oratorio. Apenas cayó no se movió más. Lanzó un grito lastimero y su voz se
confundió con el último eco del grito del que había caído antes. Después de éste llegaron otros con la misma precipitación y su número
fue en aumento: todos lanzaban el mismo grito y quedaban inmóviles, incandescentes, como los que les habían precedido. Yo observé
que el primero había quedado con una mano en el aire y un pie igualmente suspendido en alto. El segundo quedó como encorvado hacia
la tierra. Unos tenían los pies en alto, otros el rostro pegado al suelo.

Algunos estaban casi suspendidos sosteniéndose con un solo pie y una sola mano; otros estaban sentados y tirados; los unos apoyados
sobre un lado, los otros de pie o de rodillas, con las manos entre los cabellos. Había, en suma, una larga fila de muchachos, como estatuas
en distintas posiciones, unas más dolorosas que otras. Aún vinieron otros a aquel horno; en parte me eran conocidos y en parte
desconocidos. Me acordé entonces de lo que dice la Biblia, que según se cae por vez primera en el infierno así se permanecerá para
siempre: Lignum, in quocumque loco ceciderit, ibi erit (El tronco se quedará allí, en cualquier lugar que cayere).

Como aumentaba mi espanto, pregunté al guía:

-"Pero éstos, al correr con tanta velocidad, no se dan cuenta de que vienen a parar aquí?

-íOh!, sí saben que van al fuego; fueron avisados mil veces; pero siguen corriendo voluntariamente, por no detestar el pecado y no
quererlo abandonar, por despreciar y rechazar la misericordia de Dios que incesantemente los llama a penitencia; y, por tanto, la justicia
divina, provocada por ellos, los empuja, les insta, los persigue y no pueden parar hasta llegar a este lugar.

-íOh, qué terrible debe de ser la desesperación de estos desgraciados que no tienen ya esperanza de salir de aquí!, exclamé.

-"Quieres conocer la íntima agitación y el frenesí de sus almas? Pues acércate un poco más, me dijo el guía.

Di unos pasos adelante hacia la ventana y vi que muchos de aquellos desdichados se propinaban mutuamente tremendos golpes,
causándose terribles heridas, y se mordían como perros rabiosos; otros se arañaban el rostro, se destrozaban las manos, se arrancaban las
carnes y las arrojaban con despecho por el aire. En aquel momento toda la cobertura de aquella cueva se había trocado como de cristal a
través del cual se divisaba un trozo de cielo y las figuras luminosas de los compañeros que se habían salvado para siempre.

Y aquellos condenados rechinaban los dientes con envidia feroz, y respiraban afanosamente, porque en vida habían hecho a los justos
blanco de sus burlas. (Peccator videbit et irascetur: dentibus suis fremet et tabescet) (El pecador verá y se irritará: dentellará y se deshará).

Pregunté al guía:
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((176)) -Dime, "por qué no oigo ni una voz?

-Acércate más, me gritó.

Me aproximé al cristal de la ventana y oí cómo unos gritaban y lloraban entre horribles contorsiones; otros blasfemaban e imprecaban a
los santos. Era un tumulto de voces y gritos estridentes y confusos, por lo que pregunté a mi amigo:

-"Qué es lo que dicen? "Qué es lo que gritan?

Y él añadió:

-Al recordar la suerte de sus buenos compañeros se ven obligados a confesar: Nos insensati! Vitam illorum aestimabamus insaniam et
finem illorum sine honore. Ecce quomodo computati sunt inter filios Dei et inter sanctos sors illorum est. Ergo erravimus a via veritatis
(íInsensatos de nosotros! Teníamos su vida por locura y sin honor su fin, y he aquí que fueron contados entre los hijos de Dios y su suerte
está entre los santos. Luego nos desviamos del camino de la verdad).

Por eso gritan: Lassati sumus in via iniquitatis et perditionis. Erravimus per vias difficiles, viam autem Domini ignoravimus. Quid
nobis profuit superbia? Transierunt omnia illa tamquam umbra (Hemos sido dejados en el camino de la iniquidad y la perdición.
Caminamos por caminos difíciles pero ignoramos el camino del Señor. "De qué nos aprovechó la soberbia? Todo aquello pasó como una
sombra).

Estos son los cánticos lúgubres que resonarán aquí por toda la eternidad. Pero son gritos inútiles, esfuerzos inútiles, llantos inútiles.
Omnis dolor irruet super eos! (íTodo dolor caerá sobre ellos). Aquí no cuenta el tiempo, aquí sólo impera la eternidad.

Mientras lleno de horror contemplaba el estado de muchos de mis jóvenes, de pronto floreció una idea en mi mente.

-"Cómo es posible, dije, que los que se encuentran aquí estén todos condenados? Esos jóvenes estaban aún vivos en el Oratorio ayer
por la noche.

Y el guía me contestó:

-Todos los que ves aquí, están muertos a la gracia de Dios y si ahora les sorprendiera la muerte y continuasen obrando como al
presente, se condenarían. Pero no perdamos tiempo: prosigamos adelante.

Y me alejó de aquel lugar por un corredor que descendía a un profundo subterráneo conduciéndome a otro aún más bajo, en cuya
entrada se leían estas palabras: Vermis eorum non moritur, et ignis non extinguitur... Dabit Dominus omnipotens ignem et vermes in
carnes eorum, ut urantur et sentiant usque in sempiternum (Judit, XVI, 21 ). (Su gusano no muere y el fuego no se apaga... Meterá el
Señor omnipotente fuego y gusanos en sus carnes, y llorarán penando eternamente). Aquí se veían los atroces remordimientos de los que
fueron educados en nuestras casas.

El recuerdo de todos y cada uno de los pecados no perdonados y de la justa condenación; de haber tenido mil medios, y aun
extraordinarios, para convertirse al Señor, para perseverar en el bien, para ganarse el Paraíso. El recuerdo de tas gracias prometidas,
ofrecidas y hechas por María Santísima y no correspondidas. íEl haberse podido salvar a costa de un pequeño sacrificio y, en cambio,
estar condenado para siempre! íRecordar tantos buenos propósitos hechos y no mantenidos! íAh!
De buenas intenciones ineficaces está lleno el infierno, dice el proverbio.

Y allí volví a contemplar a todos los jóvenes del Oratorio que había visto poco antes en el horno, algunos de los cuales me están
escuchando ahora, otros que estuvieron aquí con nosotros y otros muchos que yo no conocía. Me adelanté y observé que todos estaban
cubiertos de gusanos y asquerosos insectos que les ((177)) devoraban y consumían el corazón, los ojos, las manos, las piernas, los brazos,
todo, y tan

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lastimosamente que no hay palabras para explicarlo. Permanecían inmóviles, expuestos a toda suerte de molestias, sin poderse librar de
ellas en modo alguno. Yo avancé un poco más y me acerqué para que me viesen, con la esperanza de poderles hablar y de que me dijesen
algo, pero ninguno me dirigía la palabra ni me miraba. Pregunté entonces al guía la causa de esto y me respondió que en el otro mundo no
hay libertad para los condenados; cada uno soporta el castigo que Dios le impone sin variación alguna y no puede ser de otra manera. Y
añadió:

-Ahora es necesario que vayas a esa región de fuego que acabas de contemplar.

-íNo, no!, repliqué aterrado. Para ir al infierno es necesario pasar antes por el juicio, y yo no he sido juzgado aún. íPor tanto no quiero
ir al infierno!

-Dime, observó mi amigo; "qué te parece mejor: ir al infierno y libertar a tus jóvenes o permanecer fuera de él abandonándolos en
medio de tantos tormentos?

Desconcertado ante aquella propuesta, respondí:

-íOh, yo quiero mucho a mis jóvenes y deseo que todos se salven! "Pero, no podríamos hacer de manera que no tuviésemos que ir ahí
dentro ni yo ni los demás?

-Bien, contestó mi amigo, aún estás a tiempo, como también lo están ellos, con tal de que tú hagas cuanto puedas.

Mi corazón se ensanchó y dije para mí: no me importa el trabajo, con tal de que pueda librar a mis queridos hijos de tantos tormentos.

-Ven, pues, adentro; continuó el guía, y observa la bondad y la omnipotencia de Dios, que amorosamente pone en juego mil medios
para inducir a penitencia a tus jóvenes y salvarlos de la muerte eterna.

Y tomándome de la mano me introdujo en la caverna. Apenas puse el pie en ella me encontré de improviso transportado a una sala
magnífica con puertas de cristal. Sobre éstas, a regular distancia, pendían unos largos velos que cubrían otros tantos huecos que
comunicaban con la caverna.

El guía me señaló uno de aquellos velos sobre el cual se veía escrito: Sexto Mandamiento y exclamó:

-La falta contra este Mandamiento: he aquí la causa de la ruina eterna de tantos muchachos.

-Pero "no se han confesado?

-Se han confesado, pero las culpas contra la bella virtud las han confesado mal o las han callado a propósito. Por ejemplo: uno que
cometió cuatro o cinco pecados de esta clase, dijo que sólo había faltado dos o tres veces. Hay algunos que cometieron un pecado impuro
en la niñez y sintieron siempre vergüenza de confesarlo, o lo confesaron mal y no lo dijeron todo. Otros no tuvieron el dolor y el
propósito. Algunos incluso, en lugar de hacer el examen, estudiaron la manera de engañar al confesor. Y el que muere con tal resolución
lo único que consigue es contarse ((178)) en el número de los réprobos para toda la eternidad. Solamente los que, arrepentidos de
corazón, mueren con la esperanza de la eterna salvación, serán eternamente felices. "Quieres ver ahora por qué te ha conducido hasta aquí
la misericordia de Dios?

Levantó el velo y vi un grupo de jóvenes del Oratorio a todos los cuales conocía, condenados por esta culpa. Entre ellos había algunos
que ahora, en apariencia, observan buena conducta.

-Al menos ahora, le supliqué, "me dejarás escribir los nombres de esos jóvenes para poder avisarles en particular?

-No hace falta, me respondió.

-Entonces, "qué les debo decir?

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-Predica en todas partes contra la inmodestia. Basta avisarles de una manera general y no olvides que, aunque lo hicieras
particularmente, te harían mil promesas, pero no siempre sinceramente. Para conseguir un propósito decidido se necesita la gracia de
Dios, la cual no faltará nunca a tus jóvenes si ellos se la piden. Dios es tan bueno que manifiesta especialmente su poder en compadecer y
en perdonar. Oración y sacrificio, pues, por tu parte. Y los jóvenes, que escuchen tus amonestaciones, que pregunten a su conciencia y
ella les sugerirá lo que deben hacer.

Y seguidamente hablamos por espacio de casi media hora sobre las condiciones necesarias para hacer una buena confesión.
El guía repitió después varias veces en voz alta:
-Avertere!... Avertere! (íApartar!... íApartar!
)
-"Qué quieres decir con esa exclamación?
-íQue cambien de vida!... íQue cambien de vida!
Yo, confundido ante aquella revelación, incliné la cabeza y estaba para retirarme, cuando él me volvió a llamar y me dijo:
-Todavía no lo has visto todo.
Y, volviéndose hacia otra parte, levantó otro gran velo sobre el cual estaba escrito: Qui volunt divites fieri, incidunt in tentationem et

laqueum diaboli. (Los que quieren hacerse ricos, caen en la tentación y en el lazo del demonio).
Lo leí y dije:
-Esto no interesa a mis jóvenes, porque son pobres, como yo; nosotros no somos ricos ni buscamos las riquezas. íNi siquiera nos pasan

por la imaginación!
Al correr el velo vi al fondo cierto número de jóvenes, todos conocidos, que sufrían como los primeros que contemplé, y el guía,

señalándolos, me respondió:
-Sí, también interesa esa inscripción a tus muchachos.
-Explícame entonces el significado del término divites (ricos).
Y siguió él diciendo:
-Por ejemplo, algunos de tus jóvenes tienen el corazón apegado a un objeto material, de forma que este afecto desordenado les aparta

del amor a Dios, faltando, por tanto, a la piedad y a la mansedumbre. No sólo se puede pervertir el corazón con el uso de las riquezas,
sino también con el deseo de las mismas, tanto más si este deseo va contra la justicia. Tus jóvenes son pobres; pero has de saber que la
gula y el ocio son malos consejeros. Hay algunos que en el propio pueblo se hicieron culpables de hurtos considerables y, a pesar de que
pueden hacerlo, no piensan en restituir. ((179)) Hay quien piensa abrir la despensa con ganzúas; y quien intenta penetrar en las
dependencias del Prefecto o del Ecónomo; quien registra los es de los compañeros para apoderarse de comestibles, dinero u otros objetos;
quien hace acopio de cuadernos y de libros para su uso...

Me dijo el nombre de éstos y de otros más, y continuó:
-Algunos se encuentran aquí por haberse apropiado prendas de vestir, ropa blanca, cubrecamas y capas que pertenecían al Oratorio, para
enviarlas a sus casas. Algunos, por algún otro daño grave, ocasionado voluntariamente y no reparado.Otros, por no haber restituido

objetos y cosas que les habían prestado, y alguno por haber retenido dinero que se le había confiado para que lo entregase al Superior:
Y concluyó diciendo:
-Y puesto que te fueron indicados estos tales, avísales, diles que desechen los deseos inútiles y nocivos; que sean obedientes a la ley de

Dios y celosos del propio honor; de otra forma la codicia los llevará a mayores excesos, que les sumergirán en el dolor, la muerte y la
perdición.

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Yo no me explicaba cómo por ciertas cosas, a las que nuestros jóvenes daban tan poca importancia, tuviesen aparejados castigos tan
terribles. Pero el amigo interrumpió mis reflexiones, diciéndome:

-Recuerda lo que se te dijo cuando contemplabas aquellos racimos de la vid echados a perder.

Y levantó otro velo que ocultaba a muchos otros de nuestros jóvenes, a los que conocí inmediatamente y que están en el Oratorio.

Sobre aquel velo estaba escrito: Radix omnium malorum (Raíz de todos los males).

E inmediatamente me preguntó:

-"Sabés qué significa esto? "Cuál es el pecado designado con esta inscripción?

-Me parece que debe ser la soberbia.

-No, me respondió.

-Pues yo siempre he oído decir que la soberbia es la raíz de todos los pecados.

-Sí; en general se dice que es la soberbia; pero en particular, "sabes qué fue lo que hizo caer a Adán y Eva en el primer pecado, por el
que fueron arrojados del Paraíso terrenal?

-La desobediencia.

-Cierto; la desobediencia es la raíz de todos los males.

-"Qué debo decir a mis jóvenes sobre esto?

-Presta atención. Esos jóvenes que ves aquí, son los desobedientes que se están preparando un fin tan lastimoso. Esos tales y esos
cuales que tú crees se han ido a descansar y, en cambio, de noche se bajan a pasear por el patio, sin preocuparse de las prohibiciones del
reglamento; van a lugares peligrosos, suben por los andamios de las obras en construcción poniendo en peligro incluso la propia vida.
Algunos, pese a las normas de los reglamentos, van a la iglesia, pero no están en ella como deben; en vez de rezar, están pensando en
otras cosas y se entretienen en fabricar castillos en el aire; otros estorban a los demás. Hay quienes sólo se preocupan de apoyarse y
buscar una posición cómoda para poder dormir durante el tiempo de las ((180)) funciones sagradas; otros, tú crees que van a la iglesia y,
en cambio, no aparecen por ella. íAy del que descuida la oración! íEl que no reza se condena! Hay aquí algunos que, en vez de cantar las
divinas alabanzas y el oficio de la Virgen María, se entretienen en leer libros nada piadosos y otros, cosa verdaderamente vergonzosa,
hasta leen libros prohibidos.

Y siguió enumerando otras faltas contra el reglamento, origen de graves desórdenes.

Cuando hubo terminado, le miré conmovido a la cara; él clavó sus ojos en mí y yo le dije:

-"Puedo referir todas estas cosas a mis muchachos?

-Sí, puedes decirles cuanto recuerdes.

-"Y qué consejo he de darles para que no les sucedan tan grandes desgracias?

-Debes insistir en que la obediencia a Dios, a la Iglesia, a los padres y a los superiores, aún en las cosas pequeñas, los salvará.

-"Y qué más?

-Les dirás que eviten el ocio, que fue el origen del pecado de David: incúlcales que estén siempre ocupados, pues así el demonio no

tendrá tiempo para tentarlos.

Incliné la cabeza y se lo prometí. Me encontraba tan turbado que dije al amigo:

-Te agradezco la caridad que has tenido conmigo y te ruego que me hagas salir de aquí.

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Y entonces él dijo:

-íVen conmigo!

Y animándome, me tomó de la mano y me sostuvo en pie, porque me encontraba agotado. Al salir de la sala, y después de atravesar en
un momento el hórrido patio y el largo corredor de entrada, antes de trasponer el umbral de la última puerta de bronce, se volvió de nuevo
a mí y exclamó:

-Ahora que has visto los tormentos de los demás, es necesario que pruebes un poco lo que se sufre en el infierno.

-íNo, no!, grité horrorizado.

El insistía y yo me negaba siempre.

-No temas, me dijo; prueba solamente, toca este muro.

Me faltaba valor para hacerlo y quería alejarme, pero él me detuvo
insistiendo:

-A pesar de todo, es necesario que lo pruebes.

Y, aferrándome resueltamente por un brazo, me acercó al muro mientras decía:

-Tócalo una vez al menos, para que puedas decir que estuviste visitando las murallas de los suplicios eternos y para que puedas
comprender cuán terrible será la última, si así es la primera. "Ves esa muralla?

Me fijé atentamente y pude comprobar que aquel muro era de espesor colosal.

El guía prosiguió:

-Es el milésimo primero antes de llegar adonde está el verdadero fuego del infierno. Mil muros más lo rodean. Cada uno tiene mil
medidas de espesor y de distancia del uno al otro, y cada medida es de mil millas; éste está a un millón ((181)) de millas del verdadero
fuego del infierno y por eso apenas es un mínimo principio del infierno mismo.

Al decir esto, y como yo me echase atrás para no tocar, me agarró la mano, me la abrió con fuerza y me hizo golpear sobre la piedra de
aquel milésimo muro. En aquel instante sentí una quemadura tan intensa y dolorosa que, saltando hacia atrás y lanzando un grito
agudísimo, me desperté.

Me encontré sentado en la cama y me parecía que me ardía la mano. La restregaba contra la otra para aliviarme de aquella sensación. Al
hacerse de día, pude comprobar que mi mano, en realidad, estaba hinchada, y la impresión imaginaria de aquel fuego me afectó tanto que
cambié la piel de la palma de la mano derecha.

Tened presente que no os he contado las cosas con toda su horrible crueldad, ni tal como las vi y de la forma que me impresionaron,
para no causar en vosotros demasiado espanto. Nosotros sabemos que el Señor no nombró jamás el infierno sino valiéndose de símbolos,
porque aunque nos lo hubiera descrito como es, nada hubiéramos entendido. Ningún mortal puede comprender estas cosas. El Señor las
conoce y las puede manifestar a quien quiere.

Durante muchas noches consecutivas, y siempre presa de la mayor turbación, no pude dormir a causa del espanto que se había
apoderado de mi ánimo. Os he contado solamente el resumen de lo que he visto en sueños de mucha duración; puede decirse que de todos
ellos os he hecho un breve compendio. Más adelante os hablaré sobre el respeto humano, y de cuanto se relaciona con el sexto y séptimo
Mandamiento y con la soberbia. No haré otra cosa más que explicar estos sueños, pues están de acuerdo con la Sagrada Escritura, aún
más, no son más que un simple comentario de cuanto en ella se lee respecto a esta materia. Durante estas noches os he contado ya algo,
pero, de cuando en cuando, vendré a hablaros y os narraré lo que falta, dándoos la explicación consiguiente.

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Tal como lo prometió, lo hizo. Seguidamente expuso este mismo sueño a los jóvenes de Mirabello y de Lanzo, pero resumiendo la
narración.

Repitió cuanto había visto sin hacer cambios notables, aunque no faltaban algunas variantes. Al narrarlo privadamente a sus sacerdotes
y clérigos de más confianza, añadía algún detalle más. En ocasiones omitía algunas cosas y ponía de manifiesto otras. En la descripción
de los lazos introdujo una nueva idea sobre la argucia del demonio y su manera de arrastrar a los jóvenes hacia el infierno, hablando de
las malas costumbres. De muchas escenas no dio explicación: por ejemplo, de los personajes de agradable aspecto que se encontraban en
la sala magnífica y que nosotros nos atreveríamos a decir que ((182)) simbolizan: El tesoro de la misericordia de Dios para salvar a los
jóvenes, que de otra manera habrían perecido. Tal vez eran los principales ministros de innumerables gracias.

Ciertas variantes provenían de la multiplicidad de las cosas vistas al mismo tiempo, las cuales, al reproducirse en su imaginación, le
hacían escoger lo que el siervo de Dios juzgaba más oportuno para sus oyentes.
Por lo demás, la meditación de los novísimos era algo familiar en don Bosco, y, como fruto de ella, su corazón se encendía en una
vivísima compasión hacia los pobres pecadores amenazados por el peligro de una eternidad tan horrible. Este sentimiento de caridad le
hacía sobreponerse al respeto humano, invitando a la penitencia con una prudente franqueza incluso a personajes distinguidos, siendo de
tal eficacia sus palabras que conseguía numerosas conversiones.

Nosotros hemos ofrecido fielmente aquí cuanto escuchamos de labios del mismo Siervo de Dios y cuanto nos refirieron de viva voz o
por escrito numerosos testigos sacerdotes, formando con el conjunto una sola narración. Ha sido un trabajo arduo, porque deseábamos
reproducir con exactitud matemática cada una de las palabras, cada unión de una escena con otra, el orden de los diferentes hechos,
avisos, reproches, y todas las ideas expuestas y no explicadas, entre las cuales no faltará alguna de las que se dejan sobreentender.
"Hemos conseguido nuestro propósito?

Podemos asegurar a los lectores que hemos buscado un sola cosa con la mayor diligencia, a saber: la de exponer con toda la fidelidad
posible las largas charlas de don Bosco.
183

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((183))

CAPITULO XVI

EL CARDENAL JERONIMO DE ANDREA SE MARCHA DE ROMA Y DE SU DIOCESIS DE SABINA Y SE RETIRA A
NAPOLES A PESAR DE LA PROHIBICION DEL PAPA -ES RECIBIDO FESTIVAMENTE POR LAS AUTORIDADES
ITALIANAS -SUS CARTAS, EN DEFENSA DE SU CONDUCTA, A LOS DIOCESANOS, AL CARDENAL MARIO MATTEI Y A
TODOS LOS CARDENALES Y OBISPOS CON GRANDES ELOGIOS AL GOBIERNO ITALIANO -INTERVIENE EN LAS
FIESTAS DE LA CORTE REAL Y DEL GOBERNADOR GUALTERIO -HUMANIDAD DEL PAPA AL COMPADECERLE
-CARTAS DEL CARDENAL CONTRA LA UNIDAD CATOLICA, QUE LE RECONVENIA POR LAS FRASES INJURIOSAS
ESCRITAS REFERENTES AL PAPA Y A VARIOS PRELADOS -EL CARDENAL REHUSA REPETIDAMENTE OBEDECER AL
PAPA, Y SE LE QUITA LA DIOCESIS DE SABINA Y LA ABADIA DE SUBIACO -SU APELACION: DEL PAPA MAL
INFORMADO AL PAPA MEJOR INFORMADO -PENA DE DON BOSCO POR ESTE ESCANDALO -DON JUAN BONETTI
INVITA A DOS PERIODISTAS A REFUTAR LAS INDIGNAS ACUSACIONES DE AQUELLA APELACION -EL MISMO
ESCRIBE DOS CARTAS AL CARDENAL SUPLICANDOLE OBEDECER Y CONSOLAR AL PAPA -ULTIMA INTIMACION DEL
PAPA AL CARDENAL, EL CUAL VA A ROMA Y SE SOMETE -DON JUAN BONETTI LE ENVIA UNA CARTA DE
ALABANZA Y ALIENTO -MUERTE REPENTINA DEL CARDENAL DE ANDREA

A finales de 1867 cesaba un gravísimo escándalo que afligía a los católicos desde hacía tres años. El cardenal Jerónimo De Andrea,
hombre de amplia cultura, desmedido orgullo e íntima relación con Pantaleone y Passaglia 1, hacía mucho tiempo que sentía aversión, no
tanto contra Pío IX, de cuyo misticismo se burlaba muchas veces ((184)), cuanto hacia el cardenal Antonelli, cuya

1 Panialeone, probablemente se refiere a Juan Pantaleone, exfranciscano garibaldino, muerto en 1869 sin reconciliarse con la Iglesia.
Carlos Passaglia (1812-87), teólogo italiano; ingresó en la Compañía de Jesús (1827); fue defensor del dogma de la Inmaculada
Concepción; atacó el poder de los Papas y tuvo que salirse de la Compañía; al final de su vida se reconcilió con Roma. (N. del T.)
184

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política no aprobaba y cuyo cargo envidiaba. Aturdido por las adulaciones, en junio de 1864 fue a Nápoles contra la voluntad del Padre
Santo, so pretexto de restablecer su quebrantada salud. Fue recibido en la frontera con grandes honores y los diarios liberales propalaron
que De Andrea, patriota y partidario del progreso, rompía con Antonelli y con los jesuitas.

El Cardenal escribía desde Nápoles una carta en su defensa el 28 de diciembre de 1864 al director del Conciliatore. La Unidad Catolica
la publicó en su número 6 de enero de 1865. Dicha carta terminaba así: De hoy en adelante me mantendré en silencio. Porque es cierto
que no todos emplean con rectitud la mente y la lengua. Era una acusación desleal y mentirosa, porque el cardenal Antonelli era el mejor
de sus amigos y el más apasionado de sus defensores.

De Andrea era obispo de la diócesis de Sabina y Abad Comendatario de Subiaco; como Sabina estaba aneja al reino de Italia, el
Gobierno de Florencia tomaba a su favor el embargo puesto sobre las rentas del Obispado, pero no hacía lo mismo con las de otros
cardenales. Y Su Eminencia, en la carta pastoral de Cuaresma, con fecha del 15 de febrero de 1865, anunciaba a sus diocesanos que su
delicada salud le obligaba a prolongar su estancia en Nápoles; y recordaba cómo, por la defensa y esplendor del Pontificado Romano y de
la Religión Católica, había sufrido estrecheces y peligros en su Legación Suiza y en los tumultos republicanos de Roma, en 1848, cuando,
apenas salvado el Pontífice, la vio abandonada por aquéllos que tenían gravísima obligación de defenderla con su propio pecho.

Al ver que el Cardenal se obstinaba, el Papa, con un Breve del mismo mes, le quitó la remuneración cardenalicia, por no residir en la
diócesis y él, en el mes de mayo, hizo imprimir una carta en Nápoles dirigida al cardenal Mario Mattei, decano del Sacro Colegio,
protestanto contra aquel decreto.

((185)) Los periódicos la reprodujeron y los más libertinos hicieron con ella picantes comentarios contra el Cardenal que la había
escrito y contra los otros Cardenales atacados en su carta. Esta acompañaba, al final de la misma, unos certificados médicos declarando
que De Andrea estaba verdaderamente enfermo.

íY ciertamente debía estarlo!

El 8 de junio, ofendido por dos artículos del teólogo Margotti (uno del 23 de abril y otro del 20 de mayo), el Eminentísimo apercibía
con insultos, de acuerdo con la ley, a la Unidad Católica, por haber publicado su carta al Cardenal Decano y su intimación, haciendo
notar que el Eminentísimo Antonelli abusaba del poder
185

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otorgado por benignidad del Padre Santo, que con tan buena fe se le entregaba.

El Papa le había invitado a volver a Roma, y él, en vez de someterse, escribía en Nápoles, con fecha 10 de septiembre de 1865, una
carta A sus respetables hermanos Cardenales y Obispos, en la que decía en primer lugar:

Nos hallamos ahora ante una serie de hechos consumados, a los que no es prudente oponerse con el desprecio. Yo veo el nuevo reino de
Italia reconocido por todas las potencias: veo un gran soberano, cuya superioridad como hombre de Estado no hay quien la discuta, que
nos ofrece, en nombre de la gran nación francesa, como tabla de salvación en el naufragio de las anteriores ilusiones, la convención del
15 de septiembre lealmente cumplida; veo al Rey Víctor Manuel prestarse hace poco a gestiones, no llevadas a efecto por desgracia, que
dan un alto testimonio de sus sentimientos religiosos; y a la vista de tales circunstancias y de las reflexiones que sugieren: "cómo ha de
conducirse el Papado ante este nuevo rumbo? "Qué concesiones puede otorgar a las necesidades del momento? "Con qué base puede
conseguirse su reconciliación con Italia? Estos son precisamente los puntos sobre los que no debo manifestar mi pensamiento. Quizás
llegue la hora en que pueda pronunciarme sobre ello, pero no creo haya llegado todavía.

Luego hablaba de sí mismo y terminaba:

Yo volveré a Roma apenas mi salud, en vías de mejoría, me lo permita; pero no de manera que se crea que me someto a una honrosa
enmienda que nadie, ni razonable, ni canónicamente ((186)) tiene derecho a pedirme, sino por mi propia voluntad, cuando crea haber
adquirido las fuerzas necesarias para reemprender mis funciones. Es sólo un deseo de que ese día sea mañana. Tal es, Monseñor, en su
cruda realidad, la cuestión habida entre mí y la Secretaría de Estado; cuestión que no se habría dado, de haber estado al frente cardenales
como Consalvi o Pacca: mi causa se defiende por sí misma, estoy seguro de ello y apelo al corazón de todos los buenos. Espero que el
Padre Santo abrirá los ojos ante las intrigas forzadas contra mí y que su justicia vea la necesidad de acabar con ellas.

Acepte, Monseñor, la expresión de mi alta consideración...

El cardenal De Andrea había redactado esta carta con excesivo ardor contra el cardenal Antonelli y volvía a hablar sobre la
remuneración cardenalicia.

El que recibió la carta no le contestó o se hizo eco de la respuesta del Cardenal Arzobispo de Chambéry:

"Hago votos para que os sometáis con humildad y docilidad a la voluntad de nuestro Santo Padre Pío IX, de lo contrario os abriréis el
camino, que en otras ocasiones recorrieron Lamennais, Gioberti y Passaglia".
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Mientras tanto obtuvo del Príncipe heredero una audiencia, que casi duró una hora, recibió visitas del mismo y del Duque de Aosta; y,
vestido de la púrpura cardenalicia, acudía a las fiestas de la corte y a los bailes organizados en casa del gobernador Gualterio, enemigo
declarado del Gobierno Pontificio.

El Papa se había portado muy indulgentemente y hasta le había defendido. En 1865, al oír nuevas quejas de él, tuvo que decir:

-Vosotros os informáis en fuentes turbias. Este Cardenal me proporcionó muchos disgustos, con su debilidad; pero no creo que en el
fondo, in intimo corde, sea malo. No puedo suponer que quien comió en el mismo plato conmigo, pretenda ahora traicionarme. Dadle
tiempo para pensar y hacer penitencia; no le insistáis; los peores son los hipócritas.

"... No deis crédito a cuanto escriben los diarios perversos. Pero creed que cuanto más alto está el hombre, ((187)) tanto más bajo cae,
si no le sostiene la gracia de Dios. Roguemos por el cardenal De Andrea y confiemos, pero no me volváis a hablar de él mientras no
sepáis algo consolador".

En vano esperaba el Pontífice tal consuelo.

El 23 de marzo de 1866 publicaba el periódico Lo Stivale de Nápoles otra carta del cardenal De Andrea al cardenal Mattei, Decano del
Sacro Colegio, en la que decía atrocidades contra los cardenales Antonelli y Caterini, y contra los prelados Giannelli, Berardi, Svegliati y
Quaglia, lanzando cerisuras a manos llenas sobre la Curia Romana.

El marqués Francisco Javier De Andrea, hermano del Cardenal, publicó dos dignísimas cartas dirigidas, una al Papa y otra al Prepósito
General de los padres Jesuitas, con fecha del 23 y del 24 de abril, pidiendo perdón por su hermano, "cuya conducta reprochaba y creía
que no era libre su querer, ni gozaba de serenidad para escribir".

La Unidad Católica reprodujo estas cartas y el 7 de mayo recibió el agradecimiento del Marqués, que el mismo diario publicaba el día

13. Entonces el Cardenal intimó al teólogo Margotti, en términos legales, a que publicara una extensa respuesta suya a las cartas
publicadas por su hermano. Decía en ella: que el Marqués era un misántropo, que dos o tres granujas se habían apoderado de su
conciencia y le habían obligado a escribir las citadas cartas; que los Jesuitas habían logrado crear la desaveniencia entre los hermanos;
que el Papa se hallaba bajo el pesado yugo jesuístico, etc.
No satisfecho con esto, había publicado en el Diario de Nápoles
187

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otra carta, con fecha 9 de mayo, en la que declaraba que las cartas de su hermano, publicadas por la Unidad Católica, pidiendo perdón al
Papa y al Prepósito General de los Jesuitas, habían sido escritas sin su consentimiento y, por tanto, entendía llamarlo a responder ante la
ley.

En fin, el Padre Santo pidió su parecer al Sacro Colegio respecto a las medidas a tomar en tan doloroso trance. Y el Sacro Colegio
respondió que se debía privar al Cardenal de su Obispado, si no volvía cuanto antes ((188)) a su diócesis, en la que no había puesto los
pies hacía dos años.

En consecuencia, el Papa, con un Breve del 12 de junio de 1866, relevaba a De Andrea del obispado de Sabina y de la Abadía de
Subiaco, y nombraba Administrador Apostólico de Sabina al obispo monseñor Pettinari; reprendía al Cardenal por su comportamiento, la
obstinada desobediencia, las injurias contra Eminentísimos Colegas y contra Obispos dignos de todo respeto; se dolía de que no hubiera
hecho caso de las paternales cartas que le había escrito de su puño y letra para inducirle a volver sobre sí mismo y arrepentirse del
escándalo dado a la Iglesia, y le ordenaba, finalmente, que no se atreviera, ni privada ni públicamente, a ejercer la mínima parte de su
ministerio y de su administración en la diócesis de Sabina y en la Abadía de Subiaco.

El 28 de junio protestaba el Cardenal contra el Breve Pontificio con cartas sediciosas a sus diocesanos, declarando que consideraba
nulo aquel Breve, totalmente nulo e inválido a todo efecto canónico, y que apelaba "del Papa mal informado, al Papa mejor informado".
El Gobierno, por su lado, decidía no otorgar, por cuanto a él tocaba, el Exequatur al antedicho Breve.

Y caía De Andrea en peores excesos.

El 22 de julio anunciaba la Unidad Católica una carta suya de apelación al Papa, fechada el 6 de julio, publicada sin pie de imprenta.
Era una carta larguísima, plagada de los grandes elogios que De Andrea hacía de sí mismo y de su administración, de vulgares insultos
contra el episcopado y especialmente contra el Sacro Colegio y de injurias gravísimas al Papa, mezcladas con protestas de respeto. El
teólogo Margotti daba una breve noticia de ella con mordaces comentarios y el Cardenal le iritimaba el 24 de julio a que publicase íntegra
su Apelación al Papa, en nombre de la ley; así que Margotti tuvo que obedecer, mientras la Autoridad Civil la fijaba en la pared en
Magliano y el Ministerio negaba el Exequatur al Administrador Apostólico de Sabina.
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((189)) Las noticias de la rebelión de un miembro del Sacro Colegio, que producían grave escándalo, habían llegado a conocimiento de
don Bosco, no sólo a través de la Unidad Católica, sino también por cartas privadas venidas de Roma. Su corazón sangraba por las
ofensas que recibía el angélico Pío IX, a quien hubiera debido proporcionarle consuelos en medio de tantas angustias religiosas y
políticas; y estudiaba la manera de acabar con tan grave desorden.

Su nombre, demasiado conocido, y su prudencia no le aconsejaban entrometerse en ello personalmente, hasta por el peligro de entrar en
polémicas; pero halló la persona a quien confiar el delicado encargo y que lo cumpliese en nombre propio. Esta fue don Juan Bonetti.
Hemos encontrado entre sus cartas algunos documentos que se refieren al enojoso asunto. Se trata del borrador de dos cartas para
periodistas y de tres más para el mismo De Andrea. No es posible que en aquel momento se atreviera don Juan Bonetti, por iniciativa
propia, a amonestar a un cardenal y tampoco nos parecen suyos la esencia y el estilo de las tres cartas dirigidas al Eminentísimo. Ellas
manifiestan quién fue el inspirador de los escritos, y declaran el carácter predominante de don Bosco: franco, conciliador, respetuoso,
ponderado, que buscaba los caminos del corazón. Sin duda que él dio a don Juan Bonetti amplias instrucciones a este respecto y no nos
parece gratuito afirmar que examinara y corrigiera las cartas enviadas al Cardenal. A nuestro parecer, don Juan Bonetti no hizo más que
seguir fielmente un mandato.

Don Juan Bonetti escribió a monseñor Nardi:

Reverendísimo Monseñor:

Con el corazón lleno de aflicción por las injurias lanzadas a Nuestro Padre Santo por un ingrato hijo suyo, el cardenal De Andrea,
postrado espiritualmente a vuestros pies os suplico, Reverendísimo Monseñor, que, inspirado por vuestra prudencia y ardiente celo,
empuñéis la pluma, descubráis los sofismas, demostréis al mundo escandalizado las insidias ((190)), que el desgraciado escrito esconde.
Devolved, en nombre de todos los católicos, una compensación a nuestro óptimo Padre Pío IX, tan vilmente tratado por quien menos
debería hacerlo; apartad a tantos incautos del peligro de ser ofuscados. Demostrad que ese infeliz sigue las huellas de los enemigos de la
Iglesia y de la autoridad papal; poned en claro que esa soberbia Eminencia, como un nuevo Lucifer, se precipitó en el fango desde las
estrellas. Esta afrenta inferida a la Iglesia y al Pontífice no puede quedar impune ante los fieles. Tampoco san Pedro tuvo deferencia con
el traidor y dijo en plena reunión que suspensus crepuit medius (cayó de cabeza y se reventó por medio), etc.

Monseñor, vuestra pluma es para esto; que el Señor, ultrajado en su Vicario, le inspire, le conceda gracia y tiempo para llevar a cabo
esta labor tan digna de la Iglesia y tan provechosa para los fieles.
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Mientras tanto, ya que yo no pueda, ni con mi pluma ni con mi ingenio, defender a nuestro amadísimo Padre Pío IX, me conformo
defendiéndole por ahora con mis oraciones y mis lágrimas.

Le ofrezco mis humildes saludos y con la más profunda veneración, celebro suscribirme, etc.

JUAN BONETTI, Pbro.

Nuestro queridísimo hermano escribió también una carta a otro periodista, que nosotros creemos fuera el teólogo Margotti; en el
borrador no consta ningún nombre.

...Seré breve para no robar su tiempo. Vuestra Señoría haga de esta mía el caso que le plazca en el Señor. Creo yo que haría V. S. una
obra santa si reuniese en un artículo a propósito todas las culpas y delitos del cardenal Jerónimo De Andrea y los comparase con las
defensas que él intentó hacer sofisticadamente en su insidiosa y muy injuriosa Apelación al Papa, poco ha publicada en su prestigioso
diario. De este modo el lector podría rápidamente, y casi en un abrir y cerrar de ojos, advertir las ofensas de esa desgraciada Eminencia,
que cual nuevo Lucifer cayó desde las estrellas y de modo tan escandaloso se deshonró a sí mismo y a la Iglesia en estos días ya tan
desgraciados para él. Si aún viviera san Juan, no dudaría en llamarlo primogénito de Satanás.

Bien es verdad que se puede recurrir al Breve del 12 de junio, pero no todos pueden hacerlo; hay, pues, peligro de que en la mente de
algún incauto queden algunas malas impresiones producidas por la lectura de esas cartas escandalosas.

íQué amargado debe estar el Santo Padre! íEs lo que le faltaba para convertirse en el hombre de los dolores! Por eso, cuánto agradecerá
todo corazón bien nacido que se le proporcione, en estos días, una reparación digna por parte de aquellos sus queridos hijos que detestan
la impía ((191)) ingratitud de ese traidor. "No sería lo más propio una carta muy afectuosa, en forma de mensaje, firmada por el Clero
Italiano? Piénselo V. S. y haga según su prudencia y el celo intrépido que tanto le distingue actualmente en defensa de la Iglesia y del
Santo Padre. Por lo demás, yo quedo satisfecho por haber expuesto en esta mía un piadoso deseo y por haber desahogado un poco el vivo
dolor que sentí al leer las injurias lanzadas contra el Padre Santo a quien tanto quiero. No Pudiendo, como V. S., defenderle con la pluma,
le defiendo como puedo con las oraciones. Perdone mi molestia.

En el mes de septiembre de 1866 dirigió una tercera carta al mismo cardenal De Andrea.

Eminencia:

Levantad los ojos al cielo, alegrad vuestro corazón. íAh, sí! Las delicias, las alegrías purísimas de la bienaventuranza os decidan a
poner bajo vuestros pies la gloria fugaz de este mundo.

Eminencia, yo os quiero y este corazón mío me hace temer que hayáis ofendido
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a Dios, me hace temer que hayáis de expatriaros de la patria de los bienaventurados. Poned una mano sobre vuestro pecho y en el silencio
de la noche, en el secreto de vuestras habitaciones, preguntad a vuestro corazón, que os responderá si es vano mi temor. Quizá os
equivocáis Vos, Eminencia. Y, si así fuese, no os ilusionéis pensando reparar el mal en los últimos días de vuestra vida. No hay que
olvidar que mors non tardat (la muerte no tarda). Retractaos ahora: en punto de muerte os hallaréis contento.

(Creedlo: vuestra retractación os procurará, también aquí abajo, mayor gloria que la que os pueden dar en estos días los que parecen
vuestros admiradores. Vuestro ejemplo será, tal vez, en este siglo, como un relámpago que iluminará a muchos ciegos, que en estos días
van andando a tientas por las vías del error, sacudirá fuertemente a muchos infelices, que, por debilidad o por engaño, alejados de la
Iglesia Católica, duermen el sueño de la muerte en el seno del error) 1.

Vuestra retractación hará un bien inmenso a las almas, la Santa Iglesia os lo agradecerá, los católicos os admirarán y aplaudirán vuestro
valor. Y el mismo Jesús os lo pagará con largueza. Poned en paz vuestro corazón, consolad a Pío IX, edificad a la Iglesia, alegrad a los
ángeles. Recordad, en fin, que si vos tardáis, quizás no tarde la muerte y pudiera, tal vez, suceder que no ande lejos de vuestra puerta. Sí,
os lo repito, alzad los ojos al cielo, elevad al cielo vuestro corazón, perdedlo todo, pero no perdáis el paraíso.

((191)) Besando la sagrada púrpura con profunda veneración, me profeso

De Vuestra Eminencia,

Mirabello Monferrato (septiembre 1866)

Humildísimo y respetuoso servidor JUAN BONETTI, Pbro.

Por toda respuesta recibió don Juan Bonetti un ejemplar de la autodefensa del Cardenal, impresa; tal vez la Apelación al Papa. Bonetti,
a su vez, replicaba:

Eminencia:

He recibido, poco ha, vuestro escrito. Si sois Vos quien me lo enviáis, os agradezco la molestia que os habéis tomado; no merezco
tanto. Y puesto que se me presenta una ocasión propicia; permitidme algunas observaciones, que me parecen sugeridas por el gran afecto
que profeso a la Santa Sede, al Vicario de Cristo, así como a V. E.

Vos os llamáis inocente, y llamáis culpable al Padre Santo. Otros dicen lo contrario. Por tanto, la cosa es, por lo menos, dudosa. Sed,
pues, inocente, Eminencia, quiero concedéroslo; pero, en tal caso, Vos, en vuestros escritos, me ofrecéis el aspecto de un hijo que, para
librarse a sí mismo de la infamia, se la arroja a su propio padre. Y si así fuera, Eminencia, "qué se debería decir de vuestro corazón? Vos,
a mi entender, os habríais portado más laudablemente y con mayor bien para la Iglesia

1 Este párrafo, que nosotros ponemos entre paréntesis, está tachado en el manuscrito con una raya de lápiz.
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si, como un san Francisco de Sales, satisfecho de exponer con sencillez vuestras razones, os hubierais guardado de enviar a las cinco
partes del mundo ciertos escritos en los cuales se encuentran expresiones que, mientras dan mayor pábulo a los enemigos de la Iglesia, no
os hacen conseguir, en modo alguno, el fin que os habíais propuesto. Porque "queréis justificaros ante los buenos o ante los malos?

De cara a los buenos, creedlo, os será imposible, porque éstos, en la cuestión debatida, siempre creerán más al Papa que no a un
Cardenal. Algunos de ellos saben también que grandes testigos en el pasado pudieron equivocarse y creen posible todavía que otros,
aunque de noble ingenio, como el vuestro, puedan al presente andar equivocados; tanto más que en vuestros escritos se encuentran
algunas palabras poco respetuosas para el gran Personaje a quien van dirigidas.

Si, en cambio, quisierais justificaros ante los malos, no lo creo, puesto que yo no puedo suponer que V. Eminencia pueda temer los
juicios de éstos. "Qué os pueden importar sus juicios? Vos habríais podido repetir: Quid mihi de iis qui foris sunt? ("qué me importan los
que están fuera?). Nada conseguiríais, además, para vuestro fin. Estos, con su indiferencia, se burlan del Papa y del Cardenal, pisotean las
protestas del uno ((193)) y de los otros y no sacan ningún bien de sus escritos. En cambio Vos produjisteis un gran mal. Vos ayudasteis a
los enemigos de la Iglesia; y a más de uno de ellos se le ha oído repetir: -Si un Cardenal obra así con el Papa, "no podremos nosotros
hacer otro tanto?

Eminencia, francamente lo digo: hubiera preferido mil veces vivir oprimido por una persecución, fuese justa o injusta, antes de dar
ocasión de escándalo a nuestros enemigos y más aún al ceto eclesiástico. Tal vez hicisteis, a pesar vuestro, un señalado servicio a los
enemigos de la Iglesia. Ellos, en efecto, se glorían y enorgullecen de ello. Si pueden valer algo ante Vos mis ruegos, cese Vuestra
Eminencia de difundir ciertos escritos, que no hacen más que cooperar a la ruina de las almas, esas almas por las que Jesús no sólo se
humilló tanto, sino que vertió toda su preciosísima Sangre. Este Jesús os pedirá cuenta un día de si habéis cooperado a la salvación de
estas almas; y, si acaso Vuestra Eminencia hubiera escandalizado alguna, piense que le amenaza un juicio tremendo. Temo por su estado.
Ponga Vuestra Eminencia mente y corazón para impedir en parte el daño que sigue propagándose a cuenta de esos escritos.

Me encomiendo a sus oraciones y espero que Dios nos consuele en esta aflicción...

29 de septiembre de 1866.

JUAN BONETTI, Pbro.

Después de las cartas de Bonetti pareció que el Cardenal se hubiera calmado un poco. Dejó de publicar sus invectivas; pero se obstinó
en permanecer en Nápoles. Las amonestaciones y castigos no obtuvieron por el momento más efecto y el Papa se vio obligado a
suspenderlo, en fuerza de la Constitución de Inocencio X (Cum juxta... del 19 de febrero de 1646) de todos los honores, insignias y
derechos cardenalicios, comprendida la privación de voz activa y
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pasiva en la elección del Papa. Al mismo tiempo le fijó un plazo perentorio de tres meses para presentarse a él y recibir humildemente
órdenes: transcurrido inútilmente este tiempo, De Andrea sería privado del Cardenalato y de los demás beneficios. La carta apostólica
llevaba fecha del 29 de septiembre de 1867 (un año después de la última de las referidas cartas de don Juan Bonetti) y le fue entregada al
Cardenal el 12 de octubre.

De Andrea, tras diferir un tanto la cosa, llegaba ((194)) a Roma, con acompañamiento especial, el 16 de diciembre; pero no fue recibido
en el Vaticano hasta que hubo firmado, el 26 de diciembre, una declaración, en la que leía:

1.° Que pedía perdón al Padre Santo por la desobediencia cometida.

2.° Que le pesaba el escándalo dado con sus escritos, la relación tenida con el Esaminatore de Florencia y que condenaba las doctrinas
de este periódico.

3.° Que se unía totalmente al mensaje de los Obispos de 1867.

4.° Que declaraba inválidas sus protestas contra el Breve pontificio del 12 de junio de 1866.

5.° Que imploraba humildemente perdón al Papa, a sus colegas y a cuantos hubiera podido ofender.

Dos días antes de que firmara esta declaración, le enviaba don Juan Bonetti la siguiente carta:

í Viva el Niño Jesús!

Eminencia Reverendísima:

Hace poco más de un año que yo, angustiado por la desgracia que os sucedió, os enviaba una dolorosa carta, rogándoos, en mi humilde
pequeñez, que volvierais al Santo Padre, y le consolarais, y edificarais al mundo. Me respondisteis entonces enviándome una carta poco
antes publicada, que leí entre lágrimas. Pero, bendito sea Dios; ha pasado el tiempo malo, ha amanecido el día suspirado. Vuelvo, pues, a
escribiros, Eminencia, con el corazón rebosante de la más pura alegría. Os agradezco el valor demostrado al despreciar el respeto humano
y someteros a nuestro amabilísimo Padre Santo. Ahora aparecéis a mis ojos como verdaderamente grande. Satanás no pude gloriarse de
haberos vencido y abatido, porque con vuestro resurgir ha perdido más de lo que había ganado con vuestra caída. Proseguid, pues,
Eminencia, con la fortaleza de espíritu con que habéis empezado. Dios, la Virgen y los Santos os miran con ojos de complacencia. No lo
dudéis: Jesucristo hará que el mundo católico olvide el doloroso fallo y no recuerde más que el glorioso arrepentimiento, el ilustre
ejemplo. No os dejéis abatir, si en el camino emprendido encontráis punzantes espinas; si hubierais de probar alguna amargura, Jesucristo
os ha
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precedido en el camino del dolor y en la Cruz. Acordaos del ((195)) fallo y os resultará dulce la pena. Que el Niño Jesús y su dulcísima
Madre María os envíen toda clase de bendiciones.

Aceptad finalmente, Eminencia Reverendísima, los humildes saludos de quien, con la más alta estima y profunda veneración, goza en
besaros la sagrada púrpura y declararse

De V. E. Rvma.

Mirabello Monferrato, 24 de diciembre de 1867.

Afmo. y S. S.
JUAN BONETTI, Pbro.

Y el Papa, con Breve del 14 de enero de 1868, restituía al arrepentido todas las dignidades y cargos, a excepción del Obispado de
Sabina y de la Abadía de Subiaco. En efecto, el 18 de enero, el Eminentísimo tomó parte en la Capilla Papal en San Pedro. A
continuación decidió trasladarse a los Pirineos para una cura de aguas, pero sorprendido por una parálisis, moría repentinamente la noche
del 14 de mayo de 1868, a la edad de cincuenta y siete años 1.

1 Véase PELCZAR, Pío Nono y su Pontificado -La UNIDAD CATOLICA de los años 1864-65-67-68, etc.
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((196))

CAPITULO XVII

NOTICIAS DE ROMA: PALABRAS DE PIO IX A LA GENDARMERIA Y A LOS ZUAVOS EN LA ENTREGA DE BANDERAS:
SU CONFIANZA EN LA VIRGEN -LOS DESTINOS DE LA IGLESIA DE VALDOCCO -EL INTERIOR DE LA IGLESIA -LOS
CUADROS DE MARIA AUXILIADORA Y DE SAN JOSE -NINGUN ACCIDENTE DE TRABAJO DURANTE EL TIEMPO DE
LAS OBRAS -CONSTANTES GRACIAS DE LA VIRGEN A QUIENES AYUDABAN A LA CONSTRUCCION DE LA IGLESIA
ESTUPOR DE LOS QUE NO CREIAN O DUDABAN DEL EXITO DE DON BOSCO EN ESTA EMPRESA -PALABRAS DEL
TEOLOGO MARGOTTI -LAS GRACIAS DIVINAS HAY QUE MERECERLAS -DON BOSCO ENSEÑA A LOS MUCHACHOS
COMO DEBEN PORTARSE DURANTE LA NOVENA DE MARIA AUXILIADORA -BENDICION DE LAS CAMPANAS: SUS
INSCRIPCIONES; SE COLOCAN EN LA TORRE -EL CANCEL DE HIERRO ANTE LA IGLESIA -LA PLAZA DE MARIA
AUXILIADORA Y UN MONUMENTO -COMPRA DE TERRENOS -RESPUESTA DE DON BOSCO AL RECTOR DEL
SEMINARIO: LE EXPONE EL MOTIVO POR EL CUAL NO PUDO PAGAR AL SEMINARIO LA ANUALIDAD QUE DEBIA Y
QUE SERA PAGADA LO ANTES POSIBLE; LE AGRADECE UNA OFRENDA; LE RUEGA QUE MIRE TAMBIEN COMO
SUYOS A LOS CLERIGOS DEL ORATORIO; LE PIDE POR FAVOR LE AVISE FRANCAMENTE CUANDO TUVIERA
OBSERVACIONES QUE HACERLE -EL PAPA CONCEDE INDULGENCIA PLENARIA A LOS FIELES QUE VISITEN LA
IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA EN LA FIESTA DE SU CONSAGRACION O EN UNO DE LOS SIETE DIAS SIGUIENTES;
Y AD SEPTENNIUM, INDULGENCIA PLENARIA CON OCASION DE LA FIESTA TITULAR O EN UNO DE LOS DIAS DE LA
NOVENA

((197))

EN el mes de mayo llegaban cartas de Roma anunciando al Oratorio lo que sucedía en la ciudad santa.

"Aquí estamos tranquilísimos, por el momento. Ahora
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son imposibles los motines garibaldinos; guerra en serio, sí. Pero se ve que no se atreven a empezar. Los franceses parece que siempre
están viniendo, mas no llegan nunca. Lo cierto es que ya hay preparado alojamiento con camas para cinco mil. El Padre Santo está muy
bien. El 5 de mayo bendijo con gran solemnidad, en el jardín pontifício vaticano, dos magníficas banderas que entregó a la gendarmería y
al cuerpo de zuavos. Habían sido bordadas por las Damas de los Estados Unidos de América una y la otra por las de Barcelona. Después
dirigió la palabra a las milicias.

"Recordó que aquel día estaba consagrado a la memoria de Pío V, y remarcó cómo los soldados, armados por él contra los musulmanes,
habían humillado su orgullo con estrepitosa victoria, alejando de Europa el yugo que pretendían imponer.

"Declaró que era su deber defender los derechos de la Iglesia y tener guardada en el corazón plena confianza en el valor de sus
soldados. A éstos les recordó la gloria de haber sostenido la causa de la religión y del derecho y el galardón que por ello recibirían de
Dios en la otra vida. Aludiendo a los hechos guerreros del año anterior, exclamó:

"-Lo pasado no ha sido más que un preludio, un principio;
pero no perdamos el ánimo; como siempre la Iglesia triunfará: y con la Iglesia, el Estado. Como Pío V, también yo soy príncipe de la paz,
pero, a la vez guerrero".

Así escribía el Conde Connestabile della Staffa el 8 de mayo al caballero Oreglia, que ya había vuelto al Oratorio.

Pío IX ponía toda su esperanza en la Virgen, la cual en el tiempo establecido por voluntad de Dios, infaliblemente acudiría en ayuda del
Vicario de su Divino Hijo: Terribilis ut castrorum acies ordinata (Terrible como tropa formada en orden de batalla).

Por aquellos días se acababan en Turín los trabajos en la iglesia de María Auxilium Christianorum, destinada a alcanzar fama mundial y
a propagar dicho título y devoción ((198)) por todas las naciones de la tierra y, de la que brotarían innumerables fuentes de gracias. Era
un monumento preparado para el día de los triunfos. Inde gloria mea! (de aquí, mi gloria) había leído don Bosco sobre sus muros en una
memorable visión. El Sumo Pontífice, conocedor de la oportunidad de esta obra, se había apresurado a concurrir a ella con favores
materiales y espirituales.

En los volúmenes anteriores hemos hablado del exterior de esta iglesia; ahora lo haremos del interior, tal como era en aquellos tiempos,
y como fue entonces descrito por don Bosco.
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Entrando por la puerta principal, obra maestra del artista turinés Ottone, diseñada por el caballero Antonio Spezia, se ven dos columnas
de mármol, cuyo pedestal está labrado de tal forma que sirve de pila para el agua bendita. Ellas sostienen un coro con capacidad para
trescientos cantores, divididos en dos planos o doble piso: uno para el conjunto principal de cantores y otro como para hacer el eco de los
mismos. Era regalo y trabajo del maestro carpintero José Gabotti de Locarno, residente en Turín.

Las paredes están sencillamente blanqueadas, aún sin pintar, por miedo a que la reciente construcción pueda estropear la naturaleza de
los colores. El basamento, el alero corrido y las cornisas son de granito. Sobre éstas, todo alrededor, y sobre la base de la cúpula, corren
barandillas de hierro, para seguridad de quienes debieran realizar allí algún trabajo.

El púlpito, de nogal, muy majestuoso, dibujo del caballero Spezia, está colocado en el gran pilar de la derecha junto a la balaustrada del
altar mayor, de modo que se puede ver al predicador desde todos los ángulos de la iglesia.

La parte escultural y todos los demás trabajos fueron obra de los
alumnos del Oratorio de San Francisco de Sales, por cuenta de una señora noble turinesa, que quiso se callara su nombre, pero deseaba
supieran todos que era regalo por una gracia recibida, y por eso se lee allí con caracteres de oro: "Ofrenda a María Auxiliadora por una
gracia recibida".

Todo el pavimento es al uso de Venecia, y los del presbiterio de cada altar parecen otros tantos mosaicos. El ((199)) del altar mayor no
necesitaría alfombra para adornarlo en las más grandes solemnidades.

Hay cinco altares: todos en mármol labrado, y cuatro con dibujos y adornos diversos del caballero turinés Gussone que también hizo en
mármol las balaustradas. El quinto altar, colocado en la primera capilla lateral según se entra a la derecha, destaca sobre los otros por la
preciosidad de mármoles, en verde viejo, rojo de España, alabastro oriental y malaquita. Estará dedicado a santa Ana y es un trabajo del
artista Luis Médici, a expensas de un noble boloñés.

En cada uno de los dos extremos del crucero hay dos puertas, de modo que en las grandes concurrencias de fieles puede ser fácil la
entrada y la salida; y desde dos de ellas hay acceso a dos sacristías que flanquean por los dos lados el presbiterio del altar mayor.

El altar de la derecha del crucero se dedicará a san Pedro, como ofrecimiento a María Santísima de una señora romana, agradecida.
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El altar de la izquierda del crucero será dedicado a san José; pero el cuadro aún no está en su sitio; el artista Tomás Lorenzone estaba
pintándolo. Este representaría a la Sagrada Familia. La composición era simbólica y con este dibujo: san José está de pie sobre una nube
y lleva en el brazo izquierdo al Niño Jesús, el cual tiene sobre las rodillas un cestillo lleno de rosas. El Niño toma las rosas, se las da a san
José y éste las va dejando caer, poco a poco, en forma de lluvia sobre la iglesia de María Auxiliadora, que se ve debajo y tiene al fondo
las colinas de Superga. El aspecto del Niño tiene una gracia singular, porque, vuelto a su querido padre putativo, le sonríe con infinita
dulzura. Ante aquella divina sonrisa parece extasiarse el Santo Patriarca y diríase que la celeste alegría del Divino Infante se redobla al
reflejarse en el amado rostro. Como complemento de este delicioso grupo está al lado del Niño Jesús en pie, con hermoso garbo y las
manos juntas, su Santísima Madre, María, la cual, en actitud devota y totalmente absorta ((200)) en la contemplación de aquel dulce
trueque de inefable cariño entre su divino Hijo y su castísimo Esposo, parece fuera de sí por la alegría infinita que le inunda el corazón.

Tres ángeles, con las manos juntas, están a los lados de la Sagrada Familia, suspendidos sobre sus alas. Uno de ellos lleva la vara
florida. En la parte alta del cuadro, otros dos angelitos sostienen por los extremos una cinta en la que está escrito: Ite ad Joseph (Id a
José).

El cuadro mide cuatro metros de alto por dos de ancho. El ángel de la vara tiene las facciones de una niña, hija de la marquesa Fassati,
que murió abrasada unos años antes. Era una delicada idea de don Bosco, que conmovió profundamente a la mamá.

De esta manera describió el cuadro el mismo don Bosco, que había sugerido el proyecto.

Pero lo más notable de esta iglesia era el retablo o lienzo pintado que domina el altar mayor, con más de siete metros de alto y cuatro de
ancho, encuadrado en un magnífico marco dorado. Lorenzone podía estar satisfecho de su obra.

Resalta la Virgen en medio de un mar de luz y majestad, sobre un trono de nubes. Cuelga de sus hombros un manto real que la
envuelve. Tiene la cabeza coronada de estrellas y de una diadema con la que se proclama reina de cielos y tierra. Aprieta su derecha un
cetro, símbolo de su poder, como aludiendo a las palabras que Ella profirió en casa de Santa Isabel. Fecit mihi magna qui potens est (Me
hizo grande el Poderoso). En la izquierda sostiene al Niño, coronado
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también, con los brazos abiertos, como ofreciendo sus gracias y su misericordia a quien recurre a su augusta Madre. Tras Ella se abre
como un rincón del cielo, alrededor del cual se ven coros de angelitos, que le rinden pleitesía como a su reina.

En la parte superior del cuadro está representado Dios Padre, con el ojo simbólico, y un poco más abajo el Espíritu Santo en forma de
paloma; desde allí llueven rayos de luz que van a posarse sobre la cabeza y alrededor de la Virgen, como para decirle: Ave, María; virtus
Altissimi obumbravit tibi (la virtud del Altísimo te cubrió con su sombra).

((201)) Abajo, divididos en dos alas, aparecen gradualmente colocados, apóstoles y evangelistas en tamaño un poco mayor que el
natural. Arrobados en dulce éxtasis, contemplan atónitos a su Reina: Regina Apostolorum, ora pro nobis. San Pedro y San Pablo resaltan
en el medio. Entre ellos se abre un paso desde el cual se ve al fondo el Santuario de Valdocco y el Oratorio, con los caseríos que lo
rodeaban en aquel tiempo, y las colinas de Superga.

Es el punto desde donde los devotos dan gracias a la Santísima Virgen por los favores recibidos y la su plican siga mostrándose Madre
de misericordia en los graves peligros de la vida presente.

Mérito singular del cuadro es la idea religiosa que produce una devota impresión en el corazón de quien lo contempla.

Llamó la atención que no hubiera habido ninguna desgracia entre los obreros durante el tiempo que duró la construcción de esta iglesia
y se dijo que era un milagro. Sólo don Angel Savio, que vigilaba la fiel ejecución de los planos, estando en los andamios a la altura de la
cúpula, puso los pies en el extremo de un tablón que se levantó, pero él no cayó, porque pudo agarrarse a un madero. Esto no debe
maravillar, ya que cada ladrillo del sagrado edificio recuerda una gracia obtenida de la Augusta Reina del Cielo.

Una sexta parte del coste, casi de un millón, fue cubierta por los generosos donativos de personas devotas; el resto procedía de
pequeñas limosnas de los que habían sido beneficiados por María en la salud, en los bienes, en la familia o de otra manera. Así consta en
un registro que se llevó regularmente, y así lo afirmó don Bosco.

Apareció con evidencia la protección de María Santísima durante la época de los estragos del cólera. Don Bosco escribía de "una madre
que al ver a su único hijo destrozado por la violencia del mal, le invitó a recurrir a María Santísima Auxiliadora de los Cristianos. En el
colmo del dolor, profirió él estas palabras: María Auxilium Christianorum, ora pro nobis. Con el más vivo afecto del corazón repitió
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la madre la misma jaculatoria. En aquel momento cedió la violencia del cólera ((202)), el enfermo comenzó a sudar copiosamente, y en
pocas horas quedó fuera de todo peligro y casi totalmente curado. La noticia de este hecho se difundió, y unos tras otros se encomendaron
con fe a Dios Omnipotente y al poder de María Auxiliadora, con la promesa de hacer algún donativo para continuar la construcción de su
iglesia. No se conoce que ninguno haya acudido de esta manera a María sin haber sido escuchado. Verificándose así el dicho de san
Bernardo, que no se ha oído en el mundo que nadie haya acudido en vano con fe a María. Mientras escribo (mayo de 1868), recibo un
donativo con la relación de una persona de mucha autoridad, que me anuncia cómo un pueblo entero fue librado de un modo
extraordinario del estrago del cólera debido a la medalla, al recurso y a la oración hecha a María Auxiliadora. De este modo abundaron
donativos de todas partes; donativos, de escasa monta, es verdad, pero que juntos fueron bastante para sufragar la obra".

Turín se asombraba al ver acabado el sagrado edificio, especialmente los que habían recordado, con un poco de ironía, las palabras del
Evangelio:

-"Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que
habiendo puesto los cimientos, y no pudiendo terminar, todos los que lo vean empiecen a burlarse de él diciendo: "-Este comenzó a
edificar y no pudo terminar" (Luc. XIV).

Y don Bosco había empezado, no sólo sin echar cuentas, sino sin tener medios; y era natural que más de uno lo acusase de imprudente.
Un sacerdote le había dicho, mientras se abrían los cimientos de la iglesia, que estaba dispuesto a comerse un perro vivo, si llegaba a
verla llegar al tejado. Pues bien, por aquellos días se acercó a visitar al Siervo de Dios y a llevarle un donativo, pidiéndole, sonriente, que
lo dispensase de la promesa que había hecho.

El teólogo Santiago Margotti, sentado a la mesa del Oratorio con otros invitados, pronunció este brindis a don Bosco:

((203)) -Dicen que don Bosco posee ciencia y me tiene sin cuidado, más aún, se la echo en cara. Afirman que don Bosco es un santo y
yo me río de ello. Dicen que don Bosco hace milagros, y yo no lo discuto. Pero hay un milagro que desafío a todos a negarlo: y es esta
iglesia de María Auxiliadora, construida en tres años y sin medios: íuna iglesia que cuesta un millón!

Pero este milagro y muchos otros que forman el complejo de las instituciones de don Bosco y las gracias que le concedió la Virgen,
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son argumentos que prueban la santidad del Siervo de Dios y demuestran que había en él la fe capaz de transportar las montañas, unida a
un espíritu de sacrificio sin condiciones para obedecer a la voluntad del Señor.

En efecto, la divina Providencia está dispuesta a ofrecer la ayuda necesaria, a condición de que el hombre emplee todos los medios,
pidiendo consejo, implorando la ayuda de los demás, empleando como mejor pueda sus pensamientos, su vigilancia, su trabajo. La
Providencia no es para holgazanes. Los Santos estaban seguros de que Dios velaba junto a ellos y por ellos; no obstante, actuaron siempre
con tal cautela, con tales medidas, con tal atención que no hubieran hecho nada, si Dios los hubiera abandonado a sus solas fuerzas. Pero
no hubo nada, por arduo, difícil y trabajoso que fuera, que no lo emprendieran, cuando se trataba de la gloria del Señor. Confiaban que él,
una vez agotados los medios humanos, acudiría en su socorro: Ayúdate, que yo te ayudaré. Así hizo don Bosco. No ahorró viajes,
vigilias, fatigas, sudores, penurias, diligencias, afrentas, persecuciones y humillaciones para socorrer a los muchachos pobres, como si
tuviera que esperar el feliz resultado de sus heroicas empresas, de su industria y no de la protección divina. Estaba persuadido de que era
necesario merecer con los propios sacrificios la protección del cielo: Dominus regit me et nihil mihi deerit (Yavéh es mi pastor, nada me
falta) (Sal. XXII, vers. 1 ).

Mientras tanto don Bosco repartía entre personajes distinguidos muchos ejemplares del librito titulado: Maravillas de la ((204)) Madre
de Dios, invocada con el título de María Auxiliadora; y nosotros hemos encontrado, entre las cartas de agradecimiento, la siguiente tarjeta
de visita: "Monseñor Luis Marchese di Canossa, Obispo de Verona, muy agradecido también por el reciente obsequio del hermoso librito
de María Auxiliadora".

No pasaba día sin que el Siervo de Dios no escribiese una línea, en las cartas o en las estampas, en honor de la bienaventurada Virgen
María para inspirar devoción hacia Ella, y conservaba las narraciones de gracias obtenidas por su mediación para formar con ellas libritos
a fin de que María fuese cada vez más honrada y amada.

El 14 de mayo enseñaba a los alumnos cómo debían hacer la novena de María Auxiliadora.

Tengo que daros una buena noticia: mañana empieza la novena de María Auxiliadora. Este año no podremos celebrarla todavía en la
iglesia nueva, pero esperamos
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hacerlo el próximo con gran solemnidad. En esta novena no haremos más que lo que se hacía en el mes de mayo los pasados años, pero
debemos hacerlo bien. Cumplir bien las flores que se leen por la noche. Durante el día haga cada uno alguna práctica de piedad. Rece
cada cual tres padrenuestros, avemarías y glorias a Jesús Sacramentado y tres salves a la Virgen. Ella quiere concedernos favores. Pida
cada cual a la Virgen la gracia que más necesite. Para uno será necesaria la gracia de vencer ciertas tentaciones contra la pureza, para otro
poder enmendarse de un defecto, como la ira, el decir palabras duras, la holgazanería, etc. En fin, cada uno ponga gran empeño en el
cumplimiento de los propios deberes. Si lo hacemos así, tendremos novecientos noventa y nueve grados de probabilidad sobre mil, de que
la Santísima Virgen nos concederá la gracia que necesitamos. Y para mí, "qué gracia pediré? Para mí pediré que pueda salvar todas
vuestras almas.

El día 21 de mayo, a las tres de la tarde, fueron bendecidas solemnemente las cinco campanas para colocarlas en la torre. Estaban
colgadas con maromas en fuertes caballetes de madera, en medio del nuevo santuario. Formaban simultáneamente un acorde en mi
bemol. Era el primer caso en la ciudad de Turín. Habían sido fabricadas en la angitua fundición G. B. Mazzola e hijos, de Valduggia
(Valsesia).

((205)) Algunos beneméritos devotos con sus donativos habían promovido la fundición y pagado el bronce de las campanas. En cada
una se grabaron adornos e imágenes, con dos inscripciones análogas, dictadas por don Bosco, una en la parte superior, obra en el borde.

En la primera campana se leía: Uni trinoque Domino sit sempiterna gloria MDCCCLXVIII.-Dirigat Dominus familiam
Viancino.-Auxilium Christianorum, ora pro ea (Gloria eterna al Señor, uno y trino 1868.-Dirija el Señor a la familia Viancino.-Auxilio de
los Cristianos, ruega por ella).

En la segunda: Deo provido benedictio et gratiarum actio: MDCCCLXIII.-Cristina Celebrini y su hijo José obsequian a María
Auxiliadora en honor del Beato Odino (Bendición y acción de gracias a Dios providente. 1868).

En la tercera: Qui timetis Dominum benedicite eum, MDCCCLXVIII.-O rosa mistica, tu nos ab hoste protege et mortis hora suscipe.
Familia Mercurelli de Roma (Bendecid al Señor los que le teméis. 1868.-Oh rosa mística, protégenos contra el enemigo y en la hora de la
muerte defiéndenos).

En la cuarta: Ab omni malo libera nos Domine, MDCCCLXVIII.-Laudo Deum, plebem voco, defunctos ploro, festa decoro. Cambone
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y su familia (Líbranos Señor, de todo mal. 1868. Alabo a Dios, llamo al pueblo, lloro a los difuntos, alegro las fiestas).

En la quinta: Sit nomen Domini benedictum, MDVCCCLXVIII.-Cuando María pide, todo se obtiene, nada se niega. Totum nos Deus
habere voluit per Mariam (Bendito sea el nombre del Señor, 1868. Dios quiso dárnoslo todo por medio de María).

Una de ellas fue dedicada al Supremo Jerarca de la Iglesia, Pío IX, cuya imagen se grabó; otra al arzobispo monseñor Riccardi, también
con la figura y el escudo del venerado Pastor. En otras dos, el fundidor bosquejó la efigie de don Bosco.

La iglesia estaba llena de jóvenes y de señores invitados. La banda de música, los cantores y numeroso clero formaban un gran círculo
en derredor de las campanas. Monseñor Balma, terminada la ceremonia, pronunció un interesante discurso acerca del empleo de las
campanas y lo que pretende la Iglesia al bendecirlas, al consagrarlas y al tocarlas para reunir a los fieles en el templo o para invitarles a
rezar en sus casas.

Tenemos todavía una breve relación de aquel suceso.

((206)) En el año del Señor 1868, el día 21 de mayo, fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, reinando en la Sede Pontifícia

S. S. Pío IX y siendo Arzobispo de Turín S. E. Monseñor Alejandro dei Conti Riccardi di Netro, fueron consagradas por S. E. Rvma.
Monseñor Balma, Obispo de Tolemaida, cinco campanas para colocarlas en el campanario de la nueva iglesia dedicada a María
Auxiliadora, en el barrio de Turín, denominado Valdocco.
La mayor, que pesaba ... Mg; recibió los nombres de Carolina, Francisca. Fue padrino el señor conde de Viancino y madrina la señora
condesa de Viancino.

La segunda, que pesaba... Mg; recibió los nombres de Dominga, María. Fue padrino el señor marqués de Fassati y madrina la señora
marquesa de Fassati.

La tercera, que pesaba ... Mg; recibió los nombres de Teresa, María Asela. Fue padrino el marqués de Fassati y madrina la señora
marquesa De Maistre.

La cuarta, que pesaba ... Mg; recibió los nombres de Delfina, Eugenia. Fue padrino el conde Luis Ricardo de Castelvecchio y madrina
la señora condesa Delfina Viancino Malaspina.

La quinta, que pesaba... Mg; recibió los nombres de Angela, Juana. Fue padrino el señor comendador Dupraz y madrina la señora
Dupraz.

El peso de las campanas era: ochocientos setenta y cinco kilogramos la primera, setecientos cincuenta la segunda, cuatrocientos
cuarenta la tercera, trescientos setenta y cinco la cuarta y doscientos cincuenta la quinta.

Después de la ceremonia litúrgica, se hizo un ensayo armónico de las nuevas campanas, e inmediatamente fueron transportadas a
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los pies del campanario y elevadas con el montacargas al puesto destinado. Mientras subían, tocaba la banda y aplaudía la multitud.
Para no cargar su gran peso sobre las columnas de la torre, se había hecho un andamio de hierro que se apoyaba en el rellano de las
ventanas y debía sostenerlas. Para facilitar su volteo, en lugar de las acostumbradas gruesas mazas de madera con un largo brazo, estaban
provistas de pequeñas mazas de hierro fundido y una ancha rueda.

Para tocarlas durante aquellos días de fiesta llegó de Strevi el señor Porta, maestro en el arte de las campanas, el cual ya las había
probado en la iglesia.

Otras ideas preocupaban a don Bosco para arreglar los ((207)) terrenos adquiridos delante de la iglesia. Al salir de la misma se bajaba a
una explanada ya arreglada, de cuarenta y nueve metros de larga por dieciséis de ancha. Debía estar separada por una hermosa verja de
hierro, y el Ayuntamiento daba permiso, el 7 de mayo, para que fuera puesta en su sitio. Rozaba ésta con la calle Cottolengo y de la otra
parte había sido trazada la plaza hasta el paseo hoy llamado Reina Margarita, aún sin nivelar y llena de ramblas.

Por aquí atravesaba a veces don Bosco para ir a la ciudad. Salió un día, acompañado de don Juan Garino y, mirando con viva
complacencia la fachada de la iglesia, le dijo:

-Aquí, en medio, me gustaría levantar un monumento que representara a Moisés en actitud de golpear la roca y hacer brotar de ella unos
chorros de agua que fueran recogidos en un estanque.

Y volviendo los ojos en derredor añadió que, en aquella plaza tenía intención de construir un gran edificio que sirviese para hospedar
sacerdotes, bienhechores, bienhechoras y padres de alumnos, que viniesen a Turín para visitar la iglesia y asistir a las funciones solemnes.

Pero, antes de ver cumplidos sus proyectos, era necesario comprar unos trozos de tierra que pertenecían a diversos propietarios. El 5 de
mayo de 1868, con escritura otorgada por Zerboglio, compró un terreno de 0,00,47 hectáreas de la señora C. Polissena Pullini, viuda de
Rocci, a su hija Clementina y los cuñados Rocci. Y andaba en tratos de compra, que terminaron el 29 de junio de 1868, según escritura
otorgada por Pavesio, con el caballero Tomás Gamacchio, que le vendía treinta y tres áreas y noventa centiáreas con derecho a riego, por
cinco mil setecientas ochenta y cinco liras. Este terreno, que pertenecía al Seminario Arzobispal de Turín, había pasado, por ley del 15 de
agosto de 1867, N.° 3848, al patrimonio del Estado, y
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en subasta del 5 de noviembre de 1867, escriturada por Daneo, había pasado a propiedad del citado Gamacchio.

Pero pesaba alguna deuda sobre el terreno anteriormente comprado, y don Bosco contestaba a una demanda de pago del canónigo
Vogliotti:

((208)) Ilmo. y M. R. Señor Rector:

Crea, señor Rector, que el único motivo por el que se ha diferido pagar la anualidad de los intereses debidos al Seminario, procede de la
nueva forma de administración de los bienes administrados hasta ahora por la autoridad eclesiástica. Ya he pasado por el Seminario, y un
día esperé largo rato en la Curia para hablar con usted sobre el particular, pero unas reuniones, a las que usted debía asistir, me lo
impidieron. Ahora, que sé por su carta cómo y dónde debo pagar, me daré prisa, y en la próxima semana serán ajustadas todas las
partidas, incluidos los gastos de los ejercicios espirituales hechos y por hacer.

Ruégole, señor Rector, se convenza de que también nosotros nos encontramos en gravísimos apuros, pero en el caso de que yo hubiera
tenido intención de pedir una condonación, lo habría hecho, no interpretando su caridad, sino suplicando su piadosa voluntad, como lo he
hecho en otras ocasiones. Sin embargo, acepto con el más sentido agradecimiento la reducción de las ciento cincuenta liras que paga de
su bolsillo, y ruego a Dios le recompense dignamente, concediéndole, sobre todo, salud estable y duradera.

Si me lo permite, le hago una observación, o mejor, un ruego. Cuando habla de nuestros clérigos siempre dice sus clérigos, clérigos del
Oratorio. Me haría un favor si quisiera llamarlos también suyos, puesto que usted sabe que son pocos y estos pocos, una vez sacerdotes,
van a la diócesis, como Reviglio, Rocchetti, Leggero, Rovetti, etc. Los mismos que se quedan aquí puede decirse que trabajan
incesantemente en la preparación de clérigos para el seminario diocesano, o ayudan de otra manera predicando, enseñando catecismo o
cosas semejantes.

Todavía le pido otro favor, y es que, cuando tenga algo que observar o notar sobre mí, sobre los clérigos o sobre la marcha del Oratorio,
me lo diga siempre sin rodeos o bien me avise por medio de algún seminarista y yo acudiré enseguida a usted.

Ofreciéndole nuestro servicio para todo aquello que yo mismo o esta casa seamos capaces, le auguro toda clase de bendiciones
celestiales y me profeso, con todo aprecio y veneración

De V.S.llma. y M.R.

Turín, 22 de mayo de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Aquel mismo día abría el Sumo Pontífice los tesoros de la Iglesia para animar a los fieles a participar en la solemne consagración del
templo de María Santísima Auxiliadora y concedía una indulgencia plenaria especial con el Breve siguiente:
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((209)) PIO PAPA IX

A todos los fieles cristianos que lean las presentes letras, salud y bendición apostólica.

Dispuestos con piadoso celo a promover la religión en los fieles y el bien de las almas con los celestes tesoros de la Iglesia, a todos los
fieles de ambos sexos que, sinceramente arrepentidos y confesados y alimentados con la comunión, visiten religiosamente la iglesia
dedicada en Turín a la Virgen María Inmaculada, bajo el título de Auxilio de los Cristianos, en el día que la iglesia sea consagrada o en
uno de los siete siguientes, a elección y gusto de cada cual, y pidan allí a Dios por la concordia entre los príncipes cristianos, por la
extirpación de las herejías y por la exaltación de la Santa Madre Iglesia, en el día de los antedichos que haga esto, concedemos por la
misericordia de Dios, la Indulgencia Plenaria y la remisión de todos sus pecados, la cual podrán aplicar a modo de sufragio por las almas
de aquellos fieles que, unidas a Dios en caridad, pasaron de esta vida.

La presente vale sólo para una vez.

Dado en Roma, en San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 22 de mayo de 1868. Vigésimo segundo año de nuestro Pontificado.

Por el Eminentísimo PARACCIANI CARELLI J. B. BRANCALEONI, Canciller sustituto 1

(L. " S.)
Concedía también otra indulgencia plenaria, por siete años, con ocasión de la fiesta titular de la iglesia, el 24 de mayo.

1 PIUS PP. IX. Universis Christi fidelibus praesentes litteras inspecturis salutem et Apostolicam Benedictionem.

Ad augendam fidelium religionem et animarum salutem, coelestibus Ecclesiae thesauris pro charitate intenti, omnibus utriusque sexus
Christi fidelibus vere poenitentibus et confessis ac Sacra Communione refectis, qui Ecclesiam B. M. V. I. dicatam sub titulo Auxilium
Christianorum Civitatis Taurin., die quo dicta Ecclesia rite consecratur, vel in uno ex septem diebus continuis inmediate subsequentibus,
uniuscuiusque Christi fidelis arbitrio sibi eligendo, devote visitaverint et ibi pro Christianorum principum concordia, haeresum
extirpatione ac S. Matris Ecclesiae exaltatione pias ad Deum preces effuderint, quo die prefatorum id egerint, plenariam omnium
peccatorum suorum indulgentiam et remissionem, quam etiam animabus Christi fidelium, quae Deo in charitate conjunctae ab hac luce
migraverint, per modum suffragii applicari possint, misericorditer in Domino concedimus. Praesentibus pro hac vice tantum valituris.

Datum Romae, apud S. Petrum, sub annulo Piscatoris, die XXII Maii MDCCCLXVIII, Pontificatus nostri anno vigesimo secundo.

Pro D.no PARACCIANI CLARELLI Jo. B. BRANCALEONI, Cancell. Subst.

El Provicario General, Monseñor Vogliotti, autorizaba la difusión e impresión con fecha 28 de mayo de 1868.
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((210)) PIO PAPA IX

A todos los fieles cristianos que lean la presente, salud y Bendición apostólica.

Dispuestos con piadoso celo a promover la religión entre los fieles y el bien de las almas con los celestiales tesoros de la Iglesia, a todos
los fieles de uno y otro sexo que, verdaderamente arrepentidos, confesados y alimentados con la sagrada comunión, visiten con
religiosidad la iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, bajo el título de Auxilio de los Cristianos, en el día de la
fiesta titular o en uno de los nueve días precedentes, a elegir a gusto de cada uno, y en ella pidan a Dios por la concordia entre los
príncipes cristianos, por la extirpación de las herejías y por la exaltación de la Santa Madre Iglesia, en un día de los antedichos que tal
haga, concedemos por la misericordia de Dios Indulgencia Plenaria y remisión de todos los pecados, que podrán también aplicar, a modo
de sufragio, por las almas de aquellos fieles que, unidos a Dios en caridad, salieron de esta vida.

La presente vale solamente para siete años.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 22 de mayo de 1868. Vigésimo segundo de nuestro Pontificado.

Por el Eminentísimo Card. PARACCIANI CLARELLI J. B. BRANCALEONI, Canciller sustituto 1

(L. " S.)
1 PIUS PP. IX. Universis Christi fidelibus praesentes litteras inspecturis salutem et Apostolicam Benedictionem.

Ad augendam fidelium Religionem et animarum salutem, coelestibus thesauris pia charitate intenti, omnibus utriusque sexus fidelibus
vere poenitentibus et confessis ac sacra Communione refectis, qui Ecclesiam B. M. V. I. dicatam sub titulo Auxilium Christianorum
Civitatis Taurin. die festo Titulari eiusdem Ecclesiae, vel in uno ex novem diebus praecedentibus, uniuscuisque Christi fidelis arbitrio sibi
eligendo, devote visitaverint, et ibi pro Christianorum Principum concordia, haeresum extirpatione ac Sanctae Matris Ecclesiae
exaltatione pias ad Deum preces effuderint, quo die prefatorum id egerint, plenariam omnium suorum peccatorum indulgentiam et
remissionem, quam etiam animabus Christi fidelium quae in Dei charitate coniuncti ab hac luce migraverint per modum suffragii
applicare possint, misericorditer in Domino concedimus. Praesentibus tantum ad septennium valituris.

Datum Romae apud S. Petrum, sub annulo Piscatoris, die XXII Maii MDCCCLXVIII, Pontificatus nostri anno vigesimo secundo.

Pro D.no Card. PARACCIANI CLARELLI J. B. BRANCALEONI, Cancell. Subst.

El Vicario General Monseñor Zappata, permitió su publicación el 8 de junio.
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((211))

CAPITULO XVIII

LA MUERTE DEL SEGUNDO JOVEN INDICADA EN EL SUEÑO -SE CUMPLEN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS DICHAS
DON BOSCO ESCRIBE EL PANEGIRICO DE SAN FELIPE NERI -MARCHA A ALBA, DONDE DEBE PRONUNCIARLO ANTE
LA CONGREGACION SACERDOTAL -COMO DE COSTUMBRE, NO TIENE UN MOMENTO DE TRANQUILIDAD PARA UNA
PREPARACION PROXIMA -IMPROVISA UN NUEVO SERMON -EL PANEGIRICO QUE HABIA ESCRITO -VA A BAROLO
PRIVILEGIO CONCEDIDO POR PIO IX PARA SIETE AÑOS DE UN ALTAR PRIVILEGIADO EN LA IGLESIA DE MARIA
AUXILIADORA -EL JOVEN INSTRUIDO (EL JOVEN CRISTIANO): ELOGIO DE LA UNIDAD CATOLICA

PASABAN los meses y los alumnos del Oratorio esperaban con viva curiosidad el cumplimiento de la segunda muerte indicada en el
sueño. Hechos los cálculos, parecía que tenía que suceder en mayo lo más tarde. Y he aquí que muere en el Oratorio el joven Corecchio,
tras unos pocos días de enfermedad. La Unidad Católica del 26 de mayo de 1868 publicaba en sus notas necrológicas: "Difuntos del
24-5-1868... Pedro Corecchio, de dieciséis años, natural de Santhià, estudiante".

Los padres del joven habían ido a visitarlo, cumpliéndose así una de las circunstancias predichas. Don Bosco, en cambio, como también
había anunciado, no pudo darle el último adiós; estaba, como diremos, fuera de Turín. Otros detalles que identificaban a Corecchio como
el segundo del sueño, fueron la piedad con que recibió los últimos sacramentos y su muerte edificante. A don Bosco se le había dicho:
"Estuvo enfermo ocho días".

((212)) Don Miguel Rúa escribió en el registro de los difuntos:

Mayo, 1868 -"Muere Pedro Corecchio, de San Damián (Santhià), nacido el 25 de noviembre de 1852. Su asiduidad a las sagradas
funciones y su buena disposición para los estudios le agenciaron la protección de su párroco, que consiguió internarlo en el Oratorio. Fue
juicioso y de pocas palabras: sin embargo, no le faltaba la necesaria apertura de corazón con los superiores. Sobresalía en clase por su
diligencia y capacidad, y se podía esperar de él excelente
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resultado. Una violenta enfermedad, que soportó con toda paciencia, le arrancó al cariño de sus padres, superiores y compañeros; pero lo
llevó al cielo".

Nótese, además, una circunstancia del sueño. Don Bosco había visto solamente el féretro de este difunto, porque fue el único de los tres
que murió en el Oratorio. No vio el de los otros dos, pues el primero murió en el colegio de Lanzo, y el tercero, como veremos, moriría
en el hospital.

El Siervo de Dios había ido aquellos días a Alba, donde le habían invitado a predicar el panegírico de san Felipe Neri. Dado que era la
fiesta de la Congregación Sacerdotal, había escrito su sermón, y como no le gustara su primer trabajo, lo volvió a hacer.

Después se lo entregó a don Juan Bonetti, para que lo examinara y lo corrigiera, pero éste lo examinó y lo dejó casi como había sido
escrito. Resulta difícil explicar cómo se las arreglaba don Bosco para mantener lúcida y vigorosa su mente, ya que no tenía nunca un
momento de reposo. Para recorrer un trecho de camino que no necesitaba más de media hora, él empleaba dos o tres, pues eran muchos
los que le paraban o le acompañaban para tratar con él algún asunto del alma. En los vagones del ferrocarril, en las estaciones siempre se
encontraba con alguien que deseaba hablarle. No había pueblo ni ciudad donde no tuviese bienhechores, amigos, conocidos o jóvenes
educados por él.

-El único sitio, decía, adonde nadie va a molestarme, es el púlpito y por eso resulta un descanso para mí subir a él.

((213)) Así le sucedió al ir a Alba, donde le esperaba el obispo, monseñor Eugenio Galletti, con el afecto de un santo deseoso de
conversar con otro santo. No sabía decir cuán grande era su aprecio por don Bosco y cuántas veces hablaba de él a sus seminaristas, a
quienes iba a visitar todas las tardes.

Don Bosco se llevó consigo el panegírico, pero las continuas visitas hasta el último instante no le permitieron darle una ojeada. Así que,
cuando se halló en el púlpito, no se atuvo a lo que había escrito y se lanzó ex abrupto sobre el tema de un modo poético: lo hemos
señalado ya en el segundo volumen de estas Memorias 1, pero aquí no podemos por menos de recordarlo nuevamente.

Imaginó hallarse sobre una de las colinas de Roma, con la ciudad tendida ante sus ojos y contemplando a un joven que subía hacia él.
Describió minuciosamente su rostro, su mirada, su porte y a continuación

1 Véase la pág. 46 del II volumen.
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se puso a dialogar con él. Preguntó al desconocido de dónde venía, qué hacía, por qué iba tan solo y abatido; cuáles eran sus
pensamientos, sus proyectos, su vida pasada; si amaba al Señor, cuál era su patria; y a cada pregunta daba la respuesta del jovencito.
Terminó preguntándole:

-"Amas a la Virgen?

Al llegar a este punto, suspendió el diálogo, describió el semblante del joven, el brillo de sus ojos al oír esta pregunta, su sonrisa, su
respuesta, y siguió interrogándole:

-"Quién eres, cómo te llamas?

-Felipe Neri, respondió el joven.

Dicho esto, entró en el tema diciendo:

-Vengo, queridos oyentes, a deciros cuál será el porvenir de este joven.

No se puede describir la impresión que produjo este sermón;
aunque las palabras de don Bosco originaran en toda ocasión maravillosos efectos. Esta puede deducirse del sermón que había escrito y
que no pronunció, y que ((214)) aún se conserva. Aunque improvisó, no cambió la esencia, sino que expuso al auditorio todos aquellos
pensamientos.

Lo presentamos por entero, para que se conozca cómo hacía don Bosco los panegíricos. Popular en las ideas, sencillo en el lenguaje,
afectuoso en la expresión, puede servir de modelo al predicador evangélico, que no mirá más que la salvación de las almas.

PANEGIRICO
DE
SAN FELIPE NERI

Aunque las virtudes y las actuaciones de los santos vayan dirigidas todas al mismo fin, que es la mayor gloria de Dios y la salvación de
las almas, no obstante es diverso el camino seguido para alcanzar el más alto grado de santidad al que Dios los llamaba. La razón parece
ser ésta: en la maravillosa distribución de sus bienes, suele Dios llamarnos a sí de varias maneras y por distintos caminos, a fin de que las
diversas virtudes, contribuyendo todas a adornar y embellecer nuestra Santa Religión, cubran, por así decirlo, a la Santa Iglesia con un
variado manto que lo haga aparecer a los ojos del Celeste Esposo como una reina sentada sobre un trono de gloria y majestad.

En efecto, nosotros admiramos el fervor de muchos solitarios que, desconfiando de sí mismos en tiempo de persecuciones o por miedo
a naufragar en el siglo, dejaron casa, parientes, amigos y todo lo suyo para marchar a áridos desiertos, apenas habitados por las fieras.
Otros, como aguerridos soldados del Rey de los cielos, afrontaron todo peligro y despreciando el hierro, el fuego y la misma muerte,
ofrendaron con alegría la vida, confesando a Jesucristo y sellando con su propia sangre
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las verdades que proclamaban en alta voz. Así, todo un ejército, movido por el deseo de salvar almas, parte a países lejanos, mientras
otros añaden entre nosotros esplendor y brillo a la Iglesia de Jesucristo con el estudio, la predicación, el recogimiento y la práctica de
otras virtudes. Hay además algunos, hechos según el corazón de Dios, los cuales reúnen tal complejo de virtudes, de ciencia, de valor y de
heroicos trabajos, que hacen bien patente cuán maravilloso es Dios en sus santos.
Mirabilis Deus in sanctis suis. Todas las épocas de la Iglesia son enaltecidas por alguno de estos héroes de la Fe. El siglo decimosexto
tiene, entre otros, a un san Felipe Neri, cuyas virtudes son el objeto de esta respetable asamblea y de este nuestro discursito.

Pero "qué puede decirse en un discursito sobre un santo, cuyos hechos resumidos forman gruesos volúmenes? "Hechos que bastan por
sí mismos para presentar un perfecto modelo de virtud al sencillo ((215)) cristiano, al miembro fervoroso del claustro, al más laborioso
eclesiástico? Por estas razones, no pretendo exponeros ampliamente todas las acciones y todas las virtudes de Felipe, puesto que vosotros,
mejor que yo, las habéis leído, meditado e imitado; me limitaré solamente a daros una breve noticia de lo que forma como el eje en cuyo
derredor se perfeccionaron, por así decir, todas las demás virtudes; esto es, el celo por la salvación de las almas.

Este es el celo recomendado por el Divino Salvador cuando dijo: He venido a traer fuego a la tierra y "qué más deseo sino que se
encienda? Ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur? Celo que haría exclamar al apóstol Pablo que deseaba ser anatema
de Jesucristo por sus hermanos: Optabam me esse anatema pro fratribus meis.

Pero íen qué crítica situación me he metido, señores! Yo, que apenas si puedo ser vuestro alumno, "dármelas ahora de maestro? Es
verdad, y precisamente para que no se me tache de temerario, pido previamente benévola compasión, por si en mi poquedad no puedo
corresponder a vuestras esperanzas. Por lo demás, todo lo espero de la gracia del Señor y de la protección de nuestro Santo.

Para abrirme camino al tema propuesto oíd un curioso episodio. Se trata de un joven de apenas veinte años. Movido por el deseo de la
gloria de Dios, abandona a sus padres, de los que era hijo único; renuncia a la notable fortuna del padre y de un tío rico, que le quiere por
heredero; y solo, sin saberlo nadie, sin ningún miedo, apoyado únicamente en la divina Providencia, deja Florencia y va a Roma. Miradlo
ahora: es recibido caritativamente por un paisano suyo (Galeoto Caccia); él se detiene en un ángulo del zaguán de la casa; está con la
mirada puesta en la ciudad, absorto en graves pensamientos.

Acerquémonos a él y preguntémosle:

-Joven, "quién sois vos y qué miráis con tanta ansiedad?

-Soy un pobre joven forastero; miro y vuelvo a mirar esta gran ciudad y un pensamiento llena mi mente; pero temo sea locura y
temeridad.

-"Cuál es?

-Consagrarme al bien de tantas pobres almas, de tantos pobres niños que, faltos de instrucción religiosa, van por el camino de la
perdición.

-"Tenéis cultura?

-Apenas si he pasado la escuela primaria.

-"Contáis con medios materiales?

-Nada, no tengo ni un pedazo de pan, fuera del que caritativamente me da cada día mi patrón.

-"Tenéis iglesias, tenéis casas?

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-No tengo más que una habitación baja y estrecha, que me han dejado ((216)) por caridad. Mi ropero es una sencilla cuerda de una a
otra pared, en la que cuelgo mi ropa y todo mi ajuar.

-"Cómo queréis, pues, sin un nombre, sin ciencia, sin bienes y sin asiento, acometer una empresa tan gigantesca?

-Es verdad; precisamente la falta de medios y de méritos me preocupa. Pero Dios me da ánimos. Dios que suscita de las piedras hijos de
Abrahán, es el mismo Dios que...

Este pobre joven, señores, es Felipe Neri, que está meditando la reforma de las costumbres de Roma. Es él quien mira aquella ciudad;
pero íay! cómo la ve. La ve esclava de los extranjeros desde hace tantos años; la ve horriblemente atormentada por pestes y miseria; la ve
después de haber estado por tres meses asediada, combatida, vencida, saqueada y, puede decirse, destruida.

Esta ciudad debe ser el campo donde el joven Felipe recoja copiosos frutos. Veamos cómo se dispone a la obra. Sin más ayuda que la
de la divina Providencia, reanuda el curso de sus estudios: estudia filosofía, teología y, siguiendo el consejo de su director, se consagra a
Dios en el estado sacerdotal. Con la sagrada ordenación se redobla su celo por la gloria de Dios. Una vez ordenado sacerdote se persuade
con san Ambrosio de que: con el celo se adquiere la fe, y con el celo es conducido el hombre a la posesión de la justicia. Zelo fides
acquiritur, zelo justitia possidetur (san Ambrosio, salmo 118).

Felipe está persuadido de que ningún sacrificio es tan grato a Dios como el celo por la salvación de las almas. Nullum Deo gratius
sacrificium offerri potest quam zelus animarum (Greg. M. in Ez.) Movido por estos pensamientos, parecíale que multitud de cristianos,
especialmente de muchachos pobres gritaban continuamente con el profeta en contra suya: Parvulí petierunt panem et non erat qui
frangeret eis (Los niños pidieron pan, y no había quien se lo partiese). Mas, cuando pudo entrar en las oficinas públicas, en los hospitales
y en las cárceles, y ver gente de toda edad y condición dada a reyertas, blasfemias, robos y esclava del pecado, entonces comenzó a
reflexionar cómo muchos ultrajaban a Dios casi sin conocerlo, no observaban la ley divina porque la ignoraban; entonces vinieron a su
mente los suspiros de Oseas cuando dice: (IV-1-2) Porque el pueblo desconoce las cosas de la eterna salvación, han inundado la tierra los
más grandes, los más abominables delitos. Pero, ícómo se afligió su inocente corazón, cuando advirtió que gran parte de aquellas pobres
almas andaban perdidas miserablemente porque no estaban instruidas en las verdades de la fe! Este pueblo, exclamaba con Isaías, no ha
conocido las cosas de la salvación, por ello el infierno ha dilatado su seno, ha abierto sus descomunales abismos y allí caerán los
campeones, el pueblo, los grandes y los poderosos: Populus meus quia non habuit scientiam, propterea... infernus aperuit os suum,
absque ullo termino ((217)) et descendent fortes ejus, et populis ejus, et sublimes, gloriosique ejus ad eum (Is. V, 13-14) (Por eso fue
deportado mi pueblo sin sentirlo..., por eso el infierno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe).

A la vista de aquellos males, siempre crecientes, Felipe, a ejemplo del Divino Redentor que, cuando comenzó su predicación, no poseía
en el mundo más que el gran fuego de la divina caridad que le impulsó a bajar del cielo a la tierra; a ejemplo de los apóstoles, que estaban
faltos de todo medio humano cuando fueron invitados a predicar el evangelio a las naciones de la tierra, engolfadas todas en la idolatría,
en todos los vicios o, según la frase de la Biblia, sepultadas en tinieblas de muerte, Felipe se hace todo para todos por calles, plazas y
oficinas públicas; se insinúa en los
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establecimientos públicos y privados y, con los modales agradables, dulces, amenos, que sugiere la verdadera caridad hacia el prójimo,
empieza a hablar de virtud y religión a quien nada quiere saber de lo uno ni de lo otro. íFácil es imaginar las habladurías que correrían a
su cuenta! Unos dicen que es un tonto, otros que es un ignorante, hay algunos que le llaman borracho y no faltan quienes le tildan de
loco.

El animoso Felipe deja que cada cual opine a su gusto; más aún, por las críticas del mundo él se convence de que sus obras dan gloria a
Dios, porque lo que llama el mundo sabiduría, es necedad ante Dios; por eso caminaba intrépido en la santa empresa. Pero, "quién puede
jamás resistir la terrible espada de dos filos de la Palabra de Dios, a un sacerdote que corresponde a la santidad de su ministerio?

En breve tiempo las personas de toda edad y condición, ricos y pobres, doctos e ignorantes, eclesiásticos y seglares, de la más alta clase
social hasta los aprendices, los barrenderos, los criados, el peón y el maestro de obras comienzan a admirar el celo del Siervo de Dios;
van a oírle; la ciencia de la fe se abre camino en sus corazones: convierten el desprecio en admiración, la admiración en respeto; y
después ya no se ve en Felipe más que al amigo verdadero del pueblo, al ministro celoso de Jesucristo, que todo lo logra, todo lo vence
como señal de que todos son víctimas afortunadas de la caridad del novel apóstol. Roma cambia de aspecto, todos se profesan amigos de
Felipe, alaban a Felipe, hablan de Felipe, quieren ver a Felipe. Así empiezan las conversaciones maravillosas, las conquistas clamorosas
de tantos pecadores obstinados, según cuenta el biógrafo del Santo (V. Bacci).

Pero Dios había enviado a Felipe especialmente para la juventud, y por eso hacia ella dirigió sus esfuerzos.

El género humano era para él como un gran campo de cultivo. Si en su día se echa buena simiente, se alcanza abundante cosecha; mas
si se hace la siembra fuera de la estación, no se recogerá más que paja y cascabillo. Sabía también que en este campo místico hay un gran
tesoro escondido, o lo que es lo mismo, las almas de muchos jovencitos generalmente inocentes y a menudo malos sin saberlo. Este
tesoro, decía Felipe ((218)) en su corazón, está totalmente confiado a los sacerdotes y, de ordinario, de ellos depende su salvación o su
perdición.

No ignoraba Felipe que corresponde a los padres el cuidado de sus hijos y toca a los amos atender a sus criados; pero cuando éstos no
pueden, o no son capaces de ello, o bien no quieren, "habrá que dejar que estas almas se pierdan? Sobre todo teniendo en cuenta que los
labios del sacerdote deben ser guardianes de la ciencia y los pueblos tienen derecho a buscarla en su boca y no en la de otros.

Hubo algo al principio que pareció desalentar a Felipe en el cuidado de los muchachos pobres y era su inconstancia, sus recaídas en el
mismo mal o en otro todavía peor. Pero se rehízo de este temor excesivo, al considerar que muchos preservaban en el bien, que no era
extraordinario el número de los reincidentes y que éstos mismos terminaban generalmente por ponerse en el buen camino, con paciencia,
caridad y gracia del Señor, y que por esto la palabra de Dios era como una simiente que, más pronto o más tarde, producía el fruto
suspirado. Así, pues, él, siguiendo el ejemplo del Salvador, que continuamente enseñaba al pueblo: erat quotidie docens in templo
llamaba con premura a los muchachos más díscolos, exclamando por doquiera: Hijitos, venid a mí, yo os indicaré el medio para haceros
ricos, pero con riquezas verdaderas, que jamás se malograrán; yo os enseñaré el santo temor de Dios: Venite, filii, audite me, timorem
Domini docebo vos.

Estas palabras, acompañadas de su gran caridad y de una vida que era el complejo de todas las virtudes, lograban que grupos de
muchachos de todas partes
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corriesen hacia nuestro Santo. El dirigía la palabra ora a uno, ora a otro; era estudiante con el letrado, herrero con el herrero, maestro
carpintero con el carpintero, barbero con el barbero, maestro de obras con el albañil, maestro zapatero con el remendón. Así, haciéndose
todo para todos, ganaba a todos para Jesucristo. Porque aquellos jovencitos, seducidos por sus caritativas maneras, sus edificantes
palabras, sentíanse arrastrados a donde Felipe quería. De modo que se daba el inaudito espectáculo de que por las calles, por las plazas,
en las iglesias, las sacristías, en su misma habitación, durante la misa y hasta en el tiempo de oración, iba precedido, seguido, rodeado de
niños pendientes de sus labios, escuchando los ejemplos que contaba, los principios del catecismo que les iba explicando. "Y después?
Escuchad.

Aquella turba de muchachos indisciplinados e ignorantes, a medida que se instruían en el catecismo, pedían acercarse al sacramento de
la confesión y de la comunión, querían asistir a la santa misa, oír sermones, y poco a poco dejaban la blasfemia, la insubordinación y
finalmente abandonaban los vicios, mejoraban las costumbres de tal manera que millares de muchachos desventurados que, caminando
por la vía del deshonor, habrían tal vez acabado su vida en las cárceles o en el cadalso, con su eterna perdición, gracias al celo de Felipe
volvieron a sus padres ((219)) dóciles, obedientes, buenos cristianos, encaminados por la senda del cielo. íQué maravillas obra siempre la
Santa Religión Católica! íQué portentos obtiene la Palabra de Dios por medio del ministro que conoce y cumple los deberes de su
vocación!

Alguno dirá: Felipe obtuvo estas maravillas porque era un santo, y yo digo: Felipe obró estas maravillas porque era un sacerdote que
correspondía al espíritu de su vocación. Estoy persuadido de que, si animados por un espíritu de celo, de confianza en Dios nos
entregásemos también nosotros de veras a imitar a este Santo, obtendríamos ciertamente un gran resultado en la conquista de las almas.
"Quién de nosotros no puede reunir unos muchachos, darles un poco de catecismo en una casa o en una iglesia y, si fuera menester, hasta
en la esquina de una plaza o de una calle e instruirlos en la fe, animarlos a confesarse y, cuando es necesario, oírlos en confesión? "No
podemos nosotros repetir con san Felipe: -Muchachos, venid a confesaros cada ocho días y comulgad según el consejo del confesor?

Que "cómo poder someter a las cosas de la Iglesia y de la piedad a muchachos disipados, amigos de comer, beber y divertirse? Felipe
encontró este secreto.

Vedlo: imitando la dulzura y la mansedumbre del Salvador.

Felipe los recibía amablemente, los acariciaba, a unos les regalaba un caramelo, a otros una medalla, una estampa, un libro y cosas
parecidas. A los más díscolos y a los más ignorantes, que no estaban en disposición de apreciar aquellos sublimes tratos de paternal
benevolencia, les preparaba algo más adaptado a ellos. Apenas lograba tenerlos a su alrededor, se disponía enseguida a contarles amenas
historietas, les invitaba a cantar, a tocar, a representar obras teatrales, a saltar, a pasatiempos de todo género. Finalmente los más reacios,
los más presumidos eran, por decirlo así, arrastrados a parques de recreo con los instrumentos musicales, las bochas, los zancos, los tejos,
el regalo de frutas y pequeñas comidas, desayunos, meriendas. Todo gasto, decía Felipe, toda fatiga, toda molestia, todo sacrificio es
poco, cuando contribuye a ganar almas para Dios.

Así la habitación de Felipe parecía el almacén de un comerciante, un lugar de espectáculo público, pero al mismo tiempo se convertía
en casa de oración y de lugar de santificación. Así Roma vio a un hombre solo, sin títulos, sin medios y sin autoridad, sin más armas que
la coraza de la caridad, combatir el fraude, el engaño,
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la desvergüenza y toda clase de vicios y superarlo todo hasta lograr que muchos, a quienes la voz pública apodaba lobos rapaces, se
convirtieron en mansos corderillos. Esas pesadas fatigas, ese griterío y alboroto, que a nosotros nos parecen casi insoportables un
momento, fueron la delicia y el trabajo de san Felipe por espacio de más de sesenta años, es decir, durante toda su vida sacerdotal, hasta
la más avanzada vejez, hasta tanto que Dios le llamó a gozar el fruto de tantas y tan prolongadas fatigas.

Respetables señores: "hay algo en este siervo fiel ((220)) que no pueda ser imitado por nosotros? Claro que no. Cada uno de nosotros,
dentro de su condición, está lo bastante instruido, es lo bastante rico para imitarlo, si no en todo, al menos en parte. No nos dejemos
engañar por el vano pretexto, que a veces nos toca escuchar: Yo no estoy obligado; piense en ello quien tiene ese deber. Cuando decían a
Felipe que, dado que no tenía cura de almas, no estaba obligado a trabajar tanto, respondía:

-"Y tenía Jesús, tal vez, obligación de derramar toda su sangre por mí? El muere en la cruz para salvar almas y yo, su ministro, "me
negaré a sufrir alguna molestia, alguna fatiga para corresponderle?

Sacerdotes, manos a la obra. Hay almas en peligro y nosotros debemos salvarlas. Estamos obligados a ello como simples cristianos a
quienes Dios mandó cuidar del prójimo. Et mandavit illis unicuique de proximo suo. Estamos obligados porque se trata de las almas de
nuestros hermanos, puesto que todos nosotros somos hijos del mismo Padre Celeste. Debemos también sentirnos estimulados a trabajar
por la salvación de las almas de modo excepcional, porque ésta es la obra más santa de las santas. Divinorum divinissimum est cooperari
Deo in salutem animarum (Areopagita) (Lo más divino de lo divino es cooperar con Dios a la salvación de las almas).

Pero lo que nos debe absolutamente empujar a cumplir con celo este oficio, es la cuenta estrechísima que nosotros, como ministros de
Jesucristo, debemos rendir en su tribunal divino de las almas confiadas a nosotros.

íOh, qué gran cuenta, qué cuenta más terrible deberán rendir los padres, los patronos, los directores y en general todos los sacerdotes
ante el tribunal de Cristo, de las almas que les fueron confiadas! Ese momento supremo llegará para todos los cristianos, mas no nos
hagamos ilusiones, llegará también para nosotros sacerdotes. Apenas seamos liberados de los lazos del cuerpo y comparezcamos ante el
Juez Divino, veremos claramente cuáles eran las obligaciones de nuestro estado y cuál ha sido nuestra negligencia. Ante nuestros ojos
aparecerá la inmensa gloria de Dios, preparada para sus fieles y veremos las almas... sí, muchas almas que debían ir a gozarla y que, por
nuestro descuido en instruírlas en la fe, se han perdido.

íQué terrible situación para un sacerdote cuando comparezca ante el Juez Divino, que le dirá: -Mira abajo al mundo; cuántas almas van
por el camino de la iniquidad y surcan la vía de la perdición! Se hallan en ese mal camino por tu culpa; tú no te dedicaste a hacer oír la
voz del deber, no las has buscado, no las has salvado. Otros por ignorancia, caminando de pecado en pecado, son ahora precipitados al
infierno. íOh, mira cuán grande es su número! Esas almas claman venganza contra ti. Ahora, siervo infiel, serve nequam, dame cuenta.
Dame cuenta del tesoro precioso que te confié, tesoro que costó mi pasión, mi sangre, mi muerte. Sea tu alma a cambio de la de aquél
que, por tu culpa, se ha perdido: Erit anima tua pro anima illius.

Pero no, mi buen Jesús, nosotros confiamos que por vuestra gracia y ((221)) vuestra infinita misericordia, este reproche no será para
nosotros. Nosotros estamos íntimamente persuadidos del gran deber que nos apremia de instruir a las almas
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para que no se pierdan miserablemente por culpa nuestra. Por eso, en lo porvenir, durante toda nuestra vida mortal, emplearemos toda
solicitud para que no tenga que perderse ninguna alma por nuestra culpa.

"Tendremos que soportar fatigas, trabajos, pobreza, disgustos, persecuciones y hasta la muerte?

Lo haremos con gusto, porque Vos nos disteis luminoso ejemplo. Mas Vos, oh Dios bondadoso y clemente, infundid en nuestros
corazones el verdadero celo sacerdotal y haced que seamos constantes imitadores del Santo, que hoy tomamos por modelo. Y cuando
llegue el gran día en que tengamos que presentarnos a vuestro divino tribunal para ser juzgados, podamos recibir, no ya un reproche de
desaprobación, sino una palabra de alivio y consuelo. Y vos, oh glorioso san Felipe, dignaos interceder por mí, vuestro indigno devoto,
interceded por todos estos celosos sacerdotes que tuvieron la bondad de escucharme y haced que al fin de la vida todos podamos oír
aquellas palabras consoladoras: Animam salvasti, animam tuam predestinasti (Salvaste una alma, predestinaste la tuya).

Mientras el Siervo de Dios predicaba, muchos que conocian y admiraban su celo por la salvación de las almas, especialmente de la
juventud, vieron en sus palabras su retrato, de modo que, de cuando en cuando, mientras él señalaba las santas industrias de san Felipe,
iban repitiendo en voz baja:

-íDon Boso! íDon Bosco!

Cuando terminó el sermón, partió para Barolo, y después volvió a Turín, donde seguían sin descanso los preparativos para la
consagración de la iglesia.

Con un nuevo Breve, del 25 de mayo, el Sumo Pontífice concedía a la iglesia de María Auxiliadora, por siete años, la gracia insigne de
tener el altar mayor privilegiado 1.

1 PIUS PP. IX. Adfuturam rei memoriam. 1 PIO PP. IX. Para recuerdo del
Omnium saluti paterna charitate porvenir. Mirando con claridad
intenti, sacra interdum loca patema a la salvación de todos,
spiritualibus Indulgentiarum muneribus adornamos de vez en cuando los
decoramus, ut inde fidelium defunctorum lugares sacros con los regalos
animae Domini nostri Jesu Christi, espirituales de las
eiusque sanctorum suffragia meritorum indulgencias para que con ellos
consequi, et illis adiutae ex Purgatorii puedan las almas de los fieles
poenis ad aeternam salutem per Dei difuntos conseguir los
misericordiam perduci valeant. Volentes sufragios de los méritos de
igitur ecclesiam B. M. V. Inmaculatae Nuestro Señor Jesucristo y de
dicatam sub titulo Auxilium Christianorum sus santos,y ayudados por ellos
Civitatis Taurinensis, et in ea situm ser llevadas desde las penas al
altare in quo sanctissimum Eucharistiae Purgatorio a la etema salvación
Sacramentum diu noctuque asservatur, por la misericordia de Dios.
dummodo nullum aliud inibi priviliegiatum Queriendo, pues, dotar a la
altare reperiatur concessum, hoc speciali iglesia de la Bienaventurada
dono illustrare, de Omnipotentis Virgen María Inmaculada, de la

ciudad de Turín, bajo el título
de Auxilio de los Cristianos,
y
al altar en ella situado donde
día y noche se guarda el
Santísimo Sacramento de la
Eucaristía, mientras no se

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((222)) Por aquellos días la librería del Oratorio había puesto a la venta el libro, en el que don Bosco, ayudado por don Juan Bonetti,
había trabajado varios años. Lo había deseado ardientemente la condesa Callori, quien había ayudado con largueza a su publicación, y a
la cual, como ya hemos visto, había enviado don Bosco el primer ejemplar. Era el mismo libro que ha aparecido varias veces citado en las
cartas a ella dirigidas por el Siervo de Dios. Se titulaba: El Católico Instruido en las prácticas de piedad con instrucciones apropiadas a las
necesidades de los tiempos. Constaba de setecientas sesenta y seis páginas. La obra estaba dedicada a María Santísima, con el entusiasmo
y afecto de un hijo, que ve acercarse el cumplimiento de un deseo ardentísimo de dar gloria a su Madre Celestial; la dedicatoria lleva la
fecha del 24 de mayo.

A la Augusta Reina del Cielo -A la gloriosa siempre Virgen María -Concebida sin mancha original -Llena de gracia y bendita entre
todas las mujeres -Hija del Eterno Padre -Madre del Verbo Encarnado -Esposa del Espíritu Santo -Delicia de la Santísima

Dei misericordia ac BB. Petri et encuentre en ella ningún otro altar
Pauli App. eius auctoritate confisi, privilegiado,con este don especial,
ut quandocumque Sacerdos aliquis confiados en la misericordia de
saecularis vel cuiusvis ordinis, Dios omnipotente y la autoridad de
Congregationis et Instituti los bienaventurados apóstoles Pedro
Regularis Missam pro anima y Pablo, concedemos y otorgamos que
cuiuscumque Christifidelis, quae siempre que algún sacerdote secular
Deo in charitate coniuncta ab hac o de cualquier orden, congregación
luce migraverit ad praedictum altare e instituto regular, celebre la
celebrabit, anima ipsa de Thesauro misa en dicho altar en favor del
Ecclesiae, per modum suffragii, alma de cualquier cristiano que
indulgentiam consequatur, ita ut haya pasado de esta vida unida en
eiusdem D. N. Jesu Christi ac caridad a Dios,consiga dicha alma
Beatissimae Virginis Mariae indulgencia del Tesoro de la
Immaculatae, Sanctorumque Omnium Iglesia a modo de sufragio para
meritis sibi sufragantibus, a ella, de tal modo que, por los
Purgatorii poenis, si ita Deo méritos de Nuestro Señor
placuerit, liberetur, concedimus et Jesucristo y de la Bienaventurada
indulgemus. In contrarium facientibus Virgen María Inmaculada y de todos
non obstantibus quibuscumque, los santos, sea liberada, si a
Praesentibus ad septennium tantum Dios pluguiere, de las penas del
valituris. Purgatorio. Sin que nada obste en

contrario, concedemos las presentes

con valor ad septennium (para siete

años).

Datum Romae, apud S. Petrum, sub Dado en Roma, junto a San Pedro,
anulo Piscatoris, die XXV Maii bajo el anillo del Pescador, a 25
MDCCCLXVIII, Pontificatus Nostri de mayo de 1868, vigésimo segundo
anno vigesimo secundo. de nuestro Pontificado.

Pro. D.no Card. PARACCIANI CLARELLI Por el Señor Card.PARACCIANI

J. B. BRANCALEONI, Subst. CLARELLI
J. B. BRANCALEONI, Sustituto
V. publicari permittimus. V. Permitimos sea publicado.
Taurini, die 8 Junii 1868. Turín, 8 de junio de 1868.
Ioseph Zappata, Vic. Gen. José Zappata, Vic, Gen.

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Trinidad -Fuente inagotable de fe, de esperanza y de caridad -Abogada de los abandonados -Sostén y defensa de los débiles -Ancora de
confianza -Madre de misericordia -Refugio de los pecadores -Consuelo de los afligidos -Salud de los enfermos -Fortaleza de los
moribundos -Esperanza en ((223)) los males que oprimen al mundo -Excelsa bienhechora del género humano -A Vos, que en este día
La Iglesia Católica proclama -Auxilio de los Cristianos -Un indigno siervo vuestro, no pudiendo hacer otra cosa -Dedica humildemente
este libro -24 de mayo de 1868.

El Prólogo decía:

Al Lector

En este libro, católico lector, encontrarás una abundante colección de prácticas de piedad, sacadas de los más acreditados autores. Dos
cosas se tuvieron muy en cuenta: guiar al cristiano a las fuentes del origen de tales prácticas, observando cómo éstas se apoyan en la
Biblia y en instituciones eclesiásticas, totalmente conformes con cuanto está revelado en los libros santos.

En segundo lugar se prefieren las oraciones y ejercicios devotos que llevan anejas santas indulgencias, porque, a la par que ellas llevan
la aprobación eclesiástica, sirven, además, para dar a conocer los tesoros inagotables que la divina misericordia ha confiado al magisterio
infalible de la Iglesia para bien de los fieles.

Además, se eligieron preferentemente las oraciones compuestas, empleadas o aprobadas por los santos, o bien usadas en la liturgia de la
Iglesia.

Espero que tú, lector, si no quedas totalmente satisfecho, te dignes, al menos, compadecer benignamente la buena voluntad del pobre
recopilador que te desea todas las bendiciones del cielo y se encomienda a la caridad de tus valiosas oraciones.

JUAN BOSCO, Pbro.

La Unidad Católica del 30 de diciembre de 1868 presentaba así este libro:

Entre las muchas obritas que el sacerdote Juan Bosco va publicando para provecho de la piedad y de la religión, anunciamos con mucho
gusto El Católico instruido en las prácticas de piedad con instrucciones apropiadas.

Lo hemos leído atentamente del principio al fin y, sin hablar del mérito literario, de la claridad de los pensamientos y de la unción
moral, méritos del autor ya muy conocido por muchas otras publicaciones, nos limitamos hoy a asegurar al lector, que encontrará en él,
no una simple colección de oraciones, sino el relato bíblico y eclesiástico en que está basada cada práctica. Así que, mientras el corazón
encuentra alimento para la piedad, se ilumina y consolida la inteligencia en los cimientos de la religión.

Es un volumen en dieciseisavo, con setecientas sesenta y seis páginas. Se vende a dos liras y media, encuadernado en rústica en la
tipografía del establecimiento de San Francisco de Sales.
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((224))

CAPITULO XIX

PERSONAS PIADOSAS PROVEEN DE LOS OBJETOS NECESARIOS PARA EL CULTO EN LA NUEVA IGLESIA, COMO
FRUTO DE PROMESAS HECHAS, DE GRACIAS RECIBIDAS, O POR DEVOCION -GRANDES PROVISIONES DE CERA: LAS
VELAS DEL MARQUES UGUCCIONI Y UN CIRIO DE PIO IX -OFRENDAS EN DINERO: CARTA DEL CONDE DE CALLORI
-LOS BIENHECHORES ENVIAN A DON BOSCO ABUNDANTES Y VARIADOS COMESTIBLES PARA ALUMNOS,
HUESPEDES Y PERSONAS INVITADAS A LAS FIESTAS -INSCRIPCIONES DEL PROFESOR VALLAURI EN LA IGLESIA
-PREPARATIVOS EN CASA: CLASE DE CEREMONIAS; ENSAYOS DE CANTO Y DE MUSICA; BANDERAS POR LOS
PATIOS; ILUMINACION, BANCOS PARA LA FERIA; EL AMBIGU -DON BOSCO ENVIA INVITACIONES A MUCHOS
SEÑORES Y AL DUQUE DE AOSTA -ESTAMPAS Y MEDALLAS DE MARIA AUXILIADORA -SEÑORES DE LA NOBLEZA
DE TURIN ACEPTAN LA INVITACION PARA HACER LA CUESTACION A LA PUERTA DE LA IGLESIA -NOTA
DISCORDANTE EN MEDIO DE LA ARMONIA; EL OBISPO DE PINEROLO ESCRIBE A DON BOSCO EXPONIENDOLE LOS
MOTIVOS POR LOS CUALES NO PUEDE CONCEDERLE LA CARTA COMENDATICIA PARA LA APROBACION DE LA PIA
SOCIEDAD; Y EXPONE EN UNA CARTA AL CARDENAL QUAGLIA LAS RAZONES DE SU NEGATIVA -CARTAS
COMENDATICIAS DEL OBISPO DE SALUZZO Y DEL ARZOBISPO DE PISA

LOS preparativos del interior del sagrado edificio estaban terminados. Le faltaban todavía a don Bosco casi todos los objetos necesarios
para el culto. Pero Dios, dueño del corazón de los hombres, inspiraba a muchas personas para que fueran entregando cuanto se
necesitaba, sin que nadie se lo pidiera. De Roma llegó un cáliz precioso. Su ((225)) copa era de plata y el pie de bronce dorado, bastante
alto y con trabajos de mucho valor. Lo regalaba el doctor Tancioni, profesor de medicina y cirugía en la Universidad de Roma. Se había
encontrado en peligro de muerte, a causa de una grave enfermedad y, perdida toda esperanza en los medios
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humanos, le habían animado unos amigos a hacer una novena a María Auxiliadora con la promesa de entregar un regalo a la iglesia de
Valdocco, si se curaba. Desde que hizo la promesa hasta que se vio fuera de peligro, apenas si pasó la mitad de la novena. Cumplió
fielmente su promesa y quiso que en el cáliz se recordara el favor celeste recibido, con estas palabras: Familiae Tancioni Romanae votum
MDCCCLXVIII (Promesa de la familia romana Tancioni). Sobre el cáliz había una preciosa y rica palia, con la imagen del Redentor,
trabajo de las monjas del Niño Jesús de Aix-la-Chapelle, ciudad de Prusia, a expensas de la condesa Stolberg, esposa del famoso luterano
y después fervoroso católico conde Stolberg Vernigerode, miembro heredero de la Cámara de los Señores en Prusia.

El señor M. Luis Borgognoni, curado de un pertinaz mal de estómago, después de haber invocado a María, cumplía la promesa hecha y
enviaba desde Roma dos cálices de metal dorado. Sobre el pie de uno había tres estatuitas que representaban la fe, la esperanza y la
caridad; en el otro estaban las figuras de Moisés, Aarón y Melquisedec.

También desde Roma, la señora Francisca Giustiniani, agradecida a una importantísima gracia recibida, de la cual se derivó la fortuna y
felicidad de toda su familia, mandó a don Bosco un relicario de metal dorado que encerraba una partícula del sacratísimo leño de la Cruz
del Salvador, con la auténtica correspondiente.

Parecía en verdad que alguien iba indicando a cada una de las caritativas personas, movidas por gracias recibidas o por devoción,
cuanto se necesitaba para aquella solemnidad. Una señora francesa de alto linaje, la duquesa Laval de Montmorency, envió bastantes
albas, roquetas, amitos, palias, corporales, manteles, sabanillas y algunas casullas. Una señora de Florencia ((226)) ofreció un elegante
incensario con naveta. Un señor de Turín proveyó de candeleros, crucifijos y sacras para todos los altares.

En poco tiempo llegó de todo: capas pluviales, dalmáticas, casullas, misales, copones, lámparas para las solemnidades, lámparas
ordinarias, aceite para las mismas, campanillas para la sacristía, y para cada altar, custodias, manteles de distintas clases, vinajeras y hasta
cuerda para las campanas. De todo, pero de tal modo y medida que ni un solo objeto resultó duplicado y quedaron cubiertas todas las
necesidades. Respecto a la campanilla de la sacristía aconteció lo siguiente.

Cierto señor de Turín, atormentado por un dolor de cabeza que se extendía hasta la nuca con amenaza de la misma espina dorsal,
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fue por aquellos días a la nueva iglesia para pedir a la augusta Reina de los cielos se dignara demostrar su auxilio ante Dios. Pasaba junto
a la sacristía y oyó, entre otras cosas, que faltaba todavía una campanilla para la puerta de la sacristía. "Si obtengo algún alivio en mis
males, dijo él, proveeré inmediatamente tal objeto". Dicho esto se internó en la iglesia, hizo una breve oración y con gran satisfacción se
encontró totalmente curado. Con transportes de alegría cumplió al instante la promesa.

Faltaban velas para el enorme consumo que se esperaba. Don Bosco había escrito tiempo atrás al cerero, señor Gambone, para que
regalase cera a la iglesia de María Auxiliadora, y había recibido la siguiente respuesta:

Turín, 16 de abril de 1868
Rvdo. Señor:

Como ya le advertí, en años tan desgraciados como los presentes, un padre de familia no puede hacer regalos a las iglesias, como se
hizo en años pasados.

Se cerraron muchas iglesias, se suprimieron corporaciones religiosas, se quitaron las rentas a los capítulos; todo se conjuró para arruinar
a los fabricantes ((227)) de cera; de la cobranza no se ha sacado más que una verdadera miseria y, en efecto, mi hijo, llegado ayer
precisamente, no trajo de su viaje ni diez liras, y no sé cómo acabará el viaje por la Lomellina 1.

Así las cosas, me encuentro con el disgusto de no poder ayudar a su Pía Sociedad como sería mi deseo, pero tampoco quiero quedarme
al margen sin concurrir con lo que buenamente puedo. Por tanto, queda establecido que, durante cinco años consecutivos usted tendrá el
diez por ciento de descuento sobre mis facturas, a título de limosna, lo mismo sobre la cera que sobre las velas de estearina (sebo) para la
iglesia y para la casa.

Reciba, querido don Bosco, el testimonio de mi distinguido aprecio.

Su atento y seguro servidor GAMBONE

Pero no faltaron los donantes. El caballero Oreglia recibía la siguiente carta de Florencia:

Florencia, 29 de mayo de 1868

Muy apreciado amigo:

En la carta de mi mujer añadí una pregunta para don Bosco, el cual tuvo a bien contestar, es verdad, con un consejo que no satisfizo mi
deseo, ya que, como fabricante de cera que soy para las iglesias, quería que alguna antorcha de mi taller luciera en la fiesta de la nueva
iglesia.

1 Lomellina: Es una zona de Lombardía, próxima a la ciudad de Pavía. (N. del T.)
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Deseoso, pues, de que ello se realice, le adelanto que hoy mismo he expedido a la dirección de don Bosco una discreta cantidad de
velas y hachas, que aquí empleamos para adorno de los altares y especialmente para las lámparas de pared que rodean las imágenes, las
reliquias y también el Sagrado Sacramento. Le comunico, pues, este envío por si, con las muchas preocupaciones de estos días, olvidase
este digno sacerdote retirar la caja enviada a su nombre.

Mientras tanto le doy, como de costumbre, discretas y satisfactorias noticias de Moma y bastante mejores de la nietecita Montauto que
indica estar próxima a la convalecencia de la fiebre miliar que le aqueja desde hace unos veinte días y, llegado el momento, espero que
podremos realizar nuestro viajecito ahí para las fiestas con nuestra entera recíproca satisfacción.

Reciba los saludos de Moma, la cual, juntamente conmigo, cuenta con sus oraciones y las de don Bosco.

GERARDO UGUCCIONI

Otro bienhechor mandó cirios para los altares. Faltaban las velas pequeñas para las misas y una señora de Turín las envió. Hubo
también un hermoso regalo de blandones.

((228)) El mismo Sumo Pontífice había regalado su estupendo cirio elaborado con gran maestría, que le había ofrecido la Basílica
Lateranense, con estas palabras, escritas en el mismo cirio: S. Basilica Lateranensis caput et mater omnium ecclesiarum (S. Basílica
Lateranense cabeza y madre de todas las iglesias), que forman la inscripción colocada sobre la puerta principal de la venerada Basílica.

De este modo, comentaba don Bosco, los salesianos y sus alumnos tenían en cierta manera al Vicario de Cristo ante el altar mayor con
una tea encendida para recordarles que su fe debe estar siempre iluminada y dirigida por el Vicario de Cristo, para que viva y dé fruto.

Otros bienhechores mandaban o prometían obsequios en dinero para la nueva iglesia.

Casale, 3 de junio de 1868

M. R. y Venerable don Bosco:
Dentro de pocos días se consagrará y abrirá al culto público la nueva iglesia, que el, celo y la piedad de V. S. M. R. ha sabido levantar a
la gran Madre de Dios, María Auxilium Christianorum.

En esta ocasión encomiendo a sus oraciones a mi querida esposa, para que Dios, por intercesión de su gloriosa Madre, la cure
totalmente de las enfermedades que desde hace varios años le atormentan dolorosamente. También hoy está enferma.Hace ocho días que
se ve obligada a guardar cama y se encuentra muy postrada de fuerzas. La Virgen Santísima no puede negar la curación pedida a usted,
que con tanto afecto y actividad promueve su culto y veneración.
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Todo lo espero de sus oraciones, sometiéndome siempre a la voluntad de Dios.

Por mi parte ofrezco a la nueva iglesia y pongo a los pies de la Virgen la cantidad de cinco mil liras (5.000) que entregaré a V. S. M. R.
en cinco plazos anuales, el primero de los cuales dentro del corriente año, y los otros en años sucesivos.

Dígnese, entre tanto, aceptar los sentimientos de mi profunda estima y veneración, y permítame besar respetuosamente su mano,
profesándome,

De V.S.M.R.

Muy atto. y seguro servidor FEDERICO CALLORI

((229)) Las maravillas de la Virgen al proveer de cuanto se necesitaba para el culto divino, se mostraron hasta en lo que era necesario
para la honesta manutención de aquellos días.

Había muchos personajes, procedentes unos de lejanos pueblos, ocupados otros en el servicio religioso, como por ejemplo los Obispos
y los que les asistían, que no podían alejarse del Oratorio sin grandes molestias; y la pobre condición de don Bosco le incapacitaba para
proveer de lo necesario para atender a tantos ilustres invitados; mas he aquí que un acomodado señor puso a su disposición cubiertos,
vajilla, cristalería y todo lo necesario para el servicio de la mesa.

Además de esto, había que preparar comida abundante para todos; para el personal del Oratorio y el de los dos colegios de Mirabello y
Lanzo; para los párrocos y demás sacerdotes que acudieron en buen número desde sus pueblos; para los músicos de fuera: más de
quinientas personas. Al mismo tiempo convenía tratar convenientemente a los mil doscientos alumnos asistentes a las fiestas.

"Cómo proveer de todo? Los bienhechores enviaron vino en barriles y cajas de botellas del más exquisito, desde pueblos diversos y
lejanos, famosos por sus viñedos. Otros enviaron gran cantidad de mortadela de Bolonia y embutidos de Parma. De Lombardía llegó toda
clase de queso y salchichón, frutos tempranos y elaborados, pollos, huevos, carne, café, chocolate, azúcar, galletas y pan de varias clases,
que fueron la providencia cotidiana de ocho días. En un solo día llegaron de Milán, de Génova y de Turín tres bonitas y grandes hogazas,
Un confitero de la ciudad quiso suministrar gratuitamente durante el octavario caramelos y dulces de toda clase. A medida que iban
llegando los regalos se colocaban ordenadamente en almacenes destinados a ello. Los testigos de tantas provisiones no podían entender lo
que pasaba, porque no se había pedido nada. En efecto, muchos donantes eran desconocidos del todo y no habían tenido nunca relación
alguna con el Oratorio.
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Un venerando prelado al observar la procedencia de tan ((230)) variados donativos, exclamó conmovido:

-Si alguien dijese que los donantes no han sido movidos por el espíritu del Señor, negaría la luz del sol en pleno día.

Mientras se bendecían y ordenaban en las sacristías los ornamentos regalados, colocábanse en la iglesia, en el lugar designado, las
siguientes inscripciones latinas del profesor Tomás Vallauri:

II

Maria Augusta -cuius adumbratam María Augusta Virgen -cuya velada
imaginem -illustriores quaedam imagen -anunciaron muchas ilustres
feminae apud hebraeos retulerunt damas hebreas -Madre providentísima
-Mater christianorum indulgentissima de los cristianos -repartió entre
divinae benignitatis thesaurum -in sus hijos -los tesoros de la bondad
liberos suos effudit. divina.

II II

Mariae patrocinio -saepe hoste Con el patrocinio de María -fueron
christiani nominis sunt profligati desbaratados con frecuencia los
-sed praesens eius auxilium -in enemigos -de la cristiandad -mas su
navali certamine ad Naupactum maxime ayuda poderosa -resplandeció sobre
eluxit -quum per hispanos allobroges todo-en la batalla naval de Lepanto
venetos -Turcarum copiis disiectis -cuando dispersa la armada turca
-Pius V Pont. Max. victoriae auspex -por los españoles, saboyanos y
-Mariam Auxilium Christianorum venecianos -Pío V Pontífice Máximo,
-iussit appellari. patrocinador de la victoria -aclamó

a María Auxilio de los Cristianos.

III III

Ad delendam maculam -navali pugna Para borrar la ignominia de la
susceptam -infesto exercitu derrota naval -los turcos asedian
Vindobonam Turcae obsident -an. ferozmente a Viena -el año
MDCLXXXIII -christiani principes MDCLXXXIII -Los príncipes
-auctore Innocentio XI Pont. Max. cristianos exhortados por el
-socia arma iungunt -ceteris potior Pontífice Inocencio XI -forman una
insperato adest Ioannes Sobieskius alianza -siendo el primero, Juan
-Polonorum rex -commisso proelio Sobieski, rey de Polonia -En la
barbari fugantur funduntur -magna lucha los bárbaros son dispersados
pars vulneribus confecti procumbunt -muchos caen heridos en el campo
-ferociam in vultu adhuc retinentes. -mostrando en sus rostros la crueldad.

IV IV

Eius victoriae ergo -et Augustae A cuenta de esta victoria -se forman
Taurinorum et Monachi in Vindelicis en Turín y en Mucnich de Baviera -sodales creati Mariae Adiutricis -asociaciones de María
Auxiliadora-inter En

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quos viri ex omni ordine spectatissimi ellas se inscriben a porfía
-certatim student referri. -hombres dignísimos de toda condición.

VV

Pius VII Pont. Max. -ad propagandam Pío VII Pontífice Máximo -para
memoriam diei VIII cal. junias -quo conmemorar la memoria del XXIV de
Virginis Matris Auxilio -ex Savonensi mayo -día en que con la ayuda de
captivitate est liberatus -diem festum María-se vio libre de la prisión
instituit nomini recolendo -Mariae de Savona-instituyó la fiesta-de
Sanctae Adiutricis Christianorum. María Auxilio de los Cristianos.

VI VI

In sacrario apud Spoletinos -iam inde ((232)) En una ermita cerca de
ab ann. MDLXX -imago Mariae opiferae Spoleto -desde el año MDLXX -había
fuerat depicta -post diuturnam sido pintada una imagen de María
oblivionem -puer quinquennis visu -Después de larguísimo olvido -un
admonitus -XIV cal. apriles an. niño de cinco años,tras una visión
MDCCCLXII-aediculam rimis fatiscentem celestial -el día XIX de marzo de
-in hominum memoriam revocat -exinde MDCCCLXII -trae a los hombres el
((231)) innumera prodigia -vim Mariae recuerdo -de la ermita en ruinas
numenque declarant-maximum templum ab -Enseguida gracias innumerables
inchoato excitatum -ad quod magnus -manifiestan el gran poder de
undique adorantium numerus -quotidie María -y se alza un magnifico
confluit. templo -al que acuden en gran

número cada día -devotos de todo el mundo.

VII VII

Heic ubi martyrium fecerunt -seculo Aquí donde fueron martirizados
III christiano -Octavius et Adventor -en el siglo tercero -los soldados
milites legionis Thebaeorum -de la legión tebea Octavio y
Taurinenses divino tantum numine et Adventor -nosotros los turineses
auxilio confisi -templum confiados tan sólo -en el poder y
difficillimis temporibus extruendum ayuda del Señor -hemos levantado
curavimus -in honorem Mariae un templo en tiempos muy difíciles
Adiutricis Christianorum -quod iacto -en honor de María Auxilio de los
lapide auspicali -inchoatum V cal. Cristianos -Colocada la primera
maias an. MDCCCLXV -solemnibus piedra -el día XXVII de abril del
caeremoniis rite consecratum est año MDCCCLXV -fue consagrado
-VII idus iunias an. MDCCCLXVIII solemnemente con toda pompa el día
-XXII sacri principatus Pii IX Pont. IX de junio de MDCCCLXVIII -año
Max. vigésimo segundo del pontificado

de Pío IX.

Y no se crea que don Bosco se preocupase sólo de los preparativos materiales; se esforzaba sobre todo para que las fiestas se celebrasen
con el mayor esplendor de las ceremonias sagradas, de modo que el pueblo quedase bien impresionado. Encargó de ello a los maestros de
ceremonias, ya que el Oratorio tenía varios y muy competentes. Por este motivo la numerosa Compañía del Clero infantil, los clérigos y
también los sacerdotes, ensayaban las sagradas ceremonias

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de las funciones solemnes y especialmente las de los pontificales. Estas ceremonias les eran familiares, porque todos los jueves del año se
tenía esta clase, para la cual había dado don Bosco sus reglas prácticas:

"1.° Tenga cada uno su libro de ceremonias;

"2.° Se avise ocho días antes qué oficio debe prepararse para los ensayos de clase.

"3.° A este fin, de 9,30 a 10 de la mañana, haya estudio también para los clérigos.

"Para ayudar a las misas solemnes:

" 1.° Se avise a cada uno, la víspera, el oficio que debe prepararse.

"2.° Se determine la hora exacta para estar en la sacristía".

((233)) Con el mismo fin más de cuatrocientos cantores ensayaban durante gran parte del día los distintos números de música, junto con
muchos maestros de canto y distinguidos aficionados de la ciudad; espontáneamente asistían a los ensayos generales hasta los más
célebres músicos de Turín. La banda de la Guardia Nacional, con generosidad verdaderamente digna de corazones desinteresados, ofreció
su colaboración para la misa solemne del miércoles 10 de junio y para otras funciones. En consecuencia pidió al Ayuntamiento, y
benévolamente lo obtuvo, que les fueran cambiados el día y la hora del servicio público ordinario.

En el patio se preparaban las banderas y gallardetes que debían ondear al viento en las ventanas; las lamparillas para la iluminación
general; los tenderetes adornados para la feria, en la que se pondrían a la venta libros, lindos objetos de quincalla y papelería, objetos de
devoción y corbatas, cuellos y cosas por el estilo; todo un bazar de cuanto podía agradar a los jóvenes compradores. También se
preparaba un local destinado a ambigú para la venta de café, agua, gaseosa y cerveza, en favor de los alumnos y sus padres.

Don Bosco había enviado cartas de invitación a monseñor Riccardi de Turín, monseñor Ghilardi de Mondoví, monseñor Formica de
Cúneo, monseñor Rota de Guastalla, monseñor Galletti de Alba, monseñor Jans de Aosta, monseñor Gastaldi de Saluzzo, monseñor Ferré
de Casale, monseñor Balma, Obispo de Tolemaida; a todos los bienhechores y amigos que tenía y a personajes notables de la ciudad y del
Estado.

Seleccionamos sólo una carta de respuesta a estas invitaciones.
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CASA DE S. A. R. EL DUQUE DE AOSTA
OFICINA DEL GRAN MAESTRE

Turín, 8 de junio de 1868

M. R. Señor Teólogo:
La noticia de la consagración de la nueva iglesia levantada en Valdocco, cuya primera piedra colocó S. A. R. el duque de Aosta, causó
a S. A. la más grata impresión.

((234)) Me encarga el Augusto Príncipe presente a usted que, con tanto celo y rapidez llevó a cabo una obra tan hermosa, sus más
sinceras felicitaciones y, al mismo tiempo, le agradezca la delicada atención habida de comunicarle esta consagración.

S. A. R. procurará ciertamente hallar un momento para acudir uno de estos días, en forma enteramente privada a visitar su iglesia y, por
cuanto le sea posible, no dejaré de advertírselo con tiempo a V. M. R. S.
Acepte entre tanto la expresión de los respetuosos sentimientos con los que me profeso.

De V.S.

Su seguro servidor

R. MORRA
Primer ayudante de campo de S. A. R.

A la par de las invitaciones, el Siervo de Dios seguía repartiendo estampas en negro y en colores del cuadro de Lorenzone, lo mismo
que medallas, acuñadas en Roma y bendecidas por él, con la efigie de María Auxiliadora. Los efectos maravillosos de éstas pueden
calcularse por las peticiones que los fieles hacían de las mismas. Enseguida se distribuyeron muchos millares; y muy pronto llegaron a
centenares de millar cada año. Después de la muerte de don Bosco, se repartió anualmente un millón de ellas: una vez bendecidas, las
enviaba el jefe de almacén, José Rossi, como él mismo nos lo aseguraba en 1904, mientras seguían llegando incesantemente pedidos.

En fin, el Venerable rogó a señores de la más alta sociedad de Turín
que se prestaran para hacer la cuestación a la puerta de la iglesia: y ellos aceptaron de mil amores. Así escribía al Conde de Viancino:

Turín, 6 de junio de 1868

Carísimo señor Conde:

Creo que ya habrá recibido el programa para la consagración de la iglesia. Del 9 al 17 del corriente, usted será el dueño de nuestra casa,
rogándole se quede a comer
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con nosotros el mayor número de días que pueda. Siento que, por nuestra condición, no me atrevo a ((235)) invitar también a la señora
Condesa, su esposa; pero espero que, ya que no sea a una comida, acepte al menos el desayuno de la mañana. Pero usted tendrá su
trabajo; el barón Bianco cuenta con usted para que le reemplace algunos momentos para hacer la cuestación a la puerta de la iglesia. "Qué
le parece?

Nos diremos más cosas de palabra.

Dios les bendiga, mi querido señor Conde, a usted y a su señora esposa; haga prosperar sus campos y les acompañe a los dos siempre
por el camino del cielo. Amén.

Ruegue por mi pobre alma y créame en el Señor,

Su seguro servidor

JUAN BOSCO, Pbro.

En medio de tantos preparativos para la fiesta, mientras una suave alegría inundaba todos los corazones del Oratorio y la Virgen
Santísima derramaba mil gracias a sus devotos, llególe a don Bosco una carta de monseñor Lorenzo Renaldi, obispo de Pinerolo. Decíale
en ella que no podía escribir la carta comendaticia para la aprobación de la Pía Sociedad. A la par que anunciaba al Siervo de Dios su
negativa, enviaba otra carta al cardenal Angel Quaglia, Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares.

Pinerolo, 6 de junio de 1868

Eminentísimo Señor:

El ilustre sacerdote don Juan Bosco, Rector del Oratorio de San Francisco de Sales, bienhechor de los pobres jovencitos en Turín, me
ha pedido una carta comendaticia para la Santa Sede a fin de obtener la aprobación de la Sociedad de San Francisco de Sales, de acuerdo
con los estatutos presentados.

Contesté que no estaba en situación de satisfacer su deseo, exponiendo los motivos de mi disentimiento, que juzgo oportuno explicar
también en esta mi carta, que someto a Vuestra Eminencia Reverendísima.

Me adhiero a todos cuantos alaban la beneficencia del activo e infatigable sacerdote don Juan Bosco. La atención que presta a tantos
pobres niños abandonados, el alimento que les procura, la educación cristiana que les da son méritos superiores a todo encomio, sobre
todo cuando la sinceridad y franqueza en la fe se juntan a la provechosa enseñanza de las artes y oficios en que esos jóvenes se ejercitan
para su propio bien y el de sus familias, sin aumentar el número de tantos pobres desgraciados ((236)) que, al no poder aguantar su
condición, sin las prendas que se requieren, se lanzan ávidamente con pretensiones tenaces, intolerantes y temerarias lejos de su propio
estado. En esto, pues, la obra del sacerdote don Bosco merece todo apoyo y toda alabanza.

Sin embargo, respecto a la educación e instrucción de los clérigos y a hacer de su casa y del Oratorio, llamado de San Francisco de
Sales, un seminario de sacerdotes
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para Turín y las otras diócesis, al menos por ahora, del antiguo Piamonte, en general soy de parecer totalmente contrario y, respetando el
de mis colegas que consintieren, yo no consentiré jamás.

No entro en las condiciones especiales de tal educación, aun cuando estos jóvenes, para prepararse al sacerdocio, pudieran ser educados
en las más sinceras y hermosas virtudes sacerdotales, y aun cuando también pudieran progresar debidamente en los estudios; sino que yo
miro a la obligación que tiene el Obispo, conforme a las sapientísimas prescripciones del Concilio Tridentino, de atender por sí mismo y
por medio de personas por él elegidas, y que puede cambiar en toda ocasión, a la educación de su clero; e informarse debidamente en
todo momento y proveer con perfecto conocimiento de causa para aceptar o desechar a los candidatos, para diferir o no las órdenes
sagradas y para emitir, según los cánones y las circunstancias, las necesarias disposiciones.

Una dolorosa experiencia demuestra constantemente que los sacerdotes no educados por el propio obispo obedecen a otra autoridad que
no es la suya y se burlan de mil formas de la debida sumisión, o, si no se oponen abiertamente, lo hacen a escondidas.

No hablo de patrimonios eclesiásticos, no hablo de la continua limitación, consignada en las Reglas propuestas, de obedecer al Obispo,
prout Regulae Societatis patientur (en cuanto las Reglas de la Sociedad lo consienten); no hablo de los exámenes, de la dirección, de la
ingerencia de que debería despojarse todo Obispo para ponerse en manos de otros; no hablo de otras innumerables consecuencias, poco
satisfactorias para un Obispo deseoso de cumplir su deber y de ejercer su dignidad, consecuencias que resultarían de la aplicación de las
Reglas y que ya habrán sido advertidas por otros; me basta haber indicado esto sumaria y rápidamente para concluir que, alabando en
todo lo demás la caridad ejercida por el laborioso sacerdote don Bosco al dar asilo a tantos y tantos infelices, no pude suscribir el deseo
de poner también en sus manos la educación del clero joven.

Es verdad que cada día resultan más graves nuestras condiciones, pero pondremos en ello nuestro posible esfuerzo y la gracia del Señor
nos ayudará. Iremos a vivir, si es preciso, en los seminarios con nuestros seminaristas; convertiremos en seminario nuestro palacios
episcopales, pero no nos desprenderemos jamás de este derecho paterno de educar a nuestro clero joven, derecho y deber concedido y
sabia y repetidamente prescrito ((237)) por los Pontífices, por los Concilios, por sus decretos y cánones, compendiados en sublimes y
vivas palabras por el Concilio Tridentino.

Ya sea que directa o indirectamente se pretenda quitar o menguar al Episcopado esta su importantísima obligación, cree se debe resistir
siempre quien tiene el honor de profesarse con el más profundo respeto y con toda veneración.

De V. Eminencia Rvma.

Humilde y seguro servidor
" LORENZO, Obispo de Pinerolo

Evidentemente el Obispo de Pinerolo no había comprendido nuestras Reglas: puesto que, cuando éstas hablaban de la educación del
clero joven, querían significar que también era objeto de la Pía
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Sociedad Salesiana, a la par de la educación de los jóvenes pobres y abandonados en los Oratorios Festivos y en las escuelas de Artes y
Oficios, el preparar nuevos reclutas para los seminarios en nuestros colegios, con escuelas de bachillerato; pero don Bosco no pensó
jamás en suplantar a los seminarios. Sin embargo, algunos interpretaban mal esta su caridad providencial, la cual, en aquellos años, se
extendió también por su celo, al tiempo de los estudios filosóficos y teológicos, a fin de que las diócesis del Piamonte estuviesen
provistas de clero instruido y ejemplar, cuando los seminarios diocesanos estaban cerrados.

Muy distinto era, sin embargo, el juicio que daba de don Bosco y de la Pía Sociedad Salesiana quien como monseñor Lorenzo Gastaldi,
Obispo de Saluzzo, estaba más al corriente de su espíritu.

A su Eminencia Reverendísima el Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares.

Saluzzo, 25 de mayo de 1868

Eminentísimo Señor:

Yo, el abajo firmante, declaro tener pleno conocimiento del Instituto fundado y dirigido por el M. R. señor don Juan Bosco, natural de
Castelnuovo, diócesis de Turín, porque yo mismo he visto con mis ojos nacer y progresar este Instituto y he contemplado sus preciosos
frutos de doctrina y virtudes cristianas.

Dicho Instituto, en su casa principal de Turín y en los ((238)) Oratorios por él fundados y dirigidos, representa literalmente el mismo
espectáculo de piedad que ofrecían en Roma los oratorios abiertos por San Felipe.

El número prodigioso de muchachos que acuden a estos oratorios, la actitud y disposición que en ellos adquieren para la piedad y todas
las prácticas cristianas, la perseverancia en el espíritu cristiano, que los muchachos conservan después de salidos, el afecto singular que
demuestran y guardan a don Bosco y a sus compañeros en el sacerdocio, después de mucho tiempo de haber dejado los oratorios,
demuestran y prueban hasta la evidencia, que Dios misericordioso derrama en ellos sobreabundantemente sus bendiciones, y que allí hay
una misión particular de provecho para la juventud.

Esta bendición es evidente también por las vocaciones al estado eclesiástico que allí se han despertado; lo cual ha dado lugar a que
desde el 1848 a 1863, tiempo en el que el seminario arzobispal de Turín estuvo cerrado, el Oratorio de don Bosco, que en su colegio
internado cuenta cerca de ochocientos alumnos, atendió y educó a los seminaristas de la diócesis de Turín; por lo que S. E. Monseñor
Fransoni manifestaba al abajo firmante sus complacencias, mientras gemía en su exilio de Lyon donde era visitado por el que suscribe.

Mas don Bosco no hubiera podido hacer más que una mínima parte de tanto bien, de no haberse asociado a tiempo con unos
compañeros, y si no hubiera formado una sociedad de clérigos y sacerdotes que, bajo su dirección, ejercitaran la caridad con los
muchachos arriba mencionados.
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Ahora bien, el que sucribe declara que personalmente vio crecer y formarse esta Sociedad, vio las Reglas y vio el resultado. Vio que
con la observancia de estas Reglas se mantuvo constantemente en ella el espíritu de obediencia, sumisión, humildad, piedad, concordia,
paz y caridad. Encontró siempre en los miembros que forman esta Sociedad una sola mente y un solo corazón. Vio, como por milagro,
surgir en el seno de la misma una iglesia colosal, maravilla de quien la contempla, y que, edificada con el coste de más de medio millón
de liras por unos sacerdotes que nada poseen, es un milagro que demuestra cómo Dios bendice esta Sociedad.

Por tanto, lo menos que puede hacer el que suscribe es desear que esta Sociedad, junto con sus Reglas, sea aprobada por su Santidad y
elevada al rango de Orden Religiosa, confiando que de ello nacerá un gran bien para las almas, el clero, la Iglesia en general, y más
especialmente para la juventud, la cual necesita, hoy más que nunca, óptimos educadores; y por consiguiente, Ordenes religiosas que se
cuiden de ello, con el espíritu de caridad, discreción y paciencia con el que, desde hace muchos años, se cuida la Sociedad fundada y
dirigida por dicho señor don Juan Bosco.

((239)) El que suscribe pasa a declararse con el más profundo respeto y besando humildemente su sagrada púrpura.

De V. E. Rvma.

Atento y seguro servidor
" LORENZO, Obispo de Saluzzo

También el Arzobispo de Pisa envió su carta Comendaticia directamente a Roma; pero no hemos podido encontrar copia de ella.
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((240))

CAPITULO XX

PRELUDIO DE LAS FIESTAS -LLEGAN AL ORATORIO LOS ALUMNOS DEL COLEGIO DE LANZO -AL DIA SIGUIENTE,
DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD, ENSAYO GENERAL DE LA ANTIFONA SANCTA MARIA -ARTICULO EN LA
UNIDAD CATOLICA SOBRE LA CONSAGRACION DE LA NUEVA IGLESIA -LLEGADA DE LOS ALUMNOS DEL COLEGIO
DE MIRABELLO: ENSAYO GENERAL DE LA NUEVA Y GRANDIOSA MISA DEL MAESTRO DE-VECCHI -EL ARZOBISPO
EXPONE POR LA TARDE, EN LA PEQUEÑA IGLESIA DE SAN FRANCISCO, LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS MARTIRES;
UN HURACAN; LA SAGRADA VIGILIA DURANTE TODA LA NOCHE -CONSAGRACION DE LA IGLESIA -DON BOSCO
CELEBRA POR PRIMERA VEZ EN LA NUEVA IGLESIA -UNA PROFECIA -HUMILDES PALABRAS DEL SIERVO DE DIOS
EN RESPUESTA A LAS ALABANZAS QUE SE LE TRIBUTAN -GENTIO EXTRAORDINARIO EN LAS FUNCIONES -LAS
VISPERAS Y LA EJECUCION DE LA ANTIFONA SANCTA MARIA -EMOCION DE DON BOSCO -ELOCUENTE SERMON
DEL OBISPO DE CASALE: TERMINA ENCOMENDANDO A DON BOSCO A LA SANTISIMA VIRGEN -EL TANTUM ERGO
DE CAGLIERO -LA ILUMINACION DE LA CUPULA -POR LA NOCHE HABLA DON BOSCO A LOS ALUMNOS DE LAS
TRES CASAS, REUNIDOS EN EL PATIO -LA UNIDAD CATOLICA DESCRIBE LAS IMPRESIONES DEL PRIMER DIA DEL
OCTAVARIO -LAS MULTITUDES SE AGOLPAN EN TORNO A DON BOSCO -CURACIONES INSTANTANEAS
-ENTUSIASMO INDESCRIPTIBLE

EL portón de entrada al Oratorio, que daba a la calle Cottolengo, estaba todavía aquel año en un extremo al este del edificio, construido
sobre los cimientos del antiguo cobertizo del señor Visca. Esta esquina fue derribada en 1914 y se levantó el nuevo edificio destinado
((241)) a las oficinas del Capítulo Superior. Allí, el día 6 de junio, hacia el mediodía, la banda de música y todos los alumnos esperaban a
los muchachos del Colegio de Lanzo, para tributarles un alegre recibimiento. No se hicieron esperar los gritos
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entusiastas de íVivan los de Lanzo, Vivan los de Turín!; y los recién llegados, precedidos por la banda, se dirigieron ordenadamente hasta
los pórticos.

Aquello fue un interminable agitar de gorras y gritar í Viva don Bosco! cuando el Siervo de Dios salió de su habitación y les dio la
bienvenida desde el balcón.

Después de comer se acompañó a los recién llegados a visitar los monumentos de la ciudad.

El día 7, festividad de la Santísima Trinidad, a la hora acostumbrada,
apretados en la pequeña iglesia de San Francisco de Sales, los alumnos de Turín y Lanzo oyeron la santa misa y comulgaron muchísimos.

Para desayunar recibieron todos abundante condumio, que don Bosco quiso se diera por igual todas las mañanas del sacro octavario. A
las diez hubo ensayo general de la antífona Sancta María, succurre miseris de Cagliero. A las cinco y media de la tarde, se cantaron
vísperas en la misma iglesia, hubo sermón y bendición con el Santísimo.

La Unidad Católica decía aquel día:

Queremos dedicar toda la crónica de hoy a una gran solemnidad religiosa, que comenzará el próximo martes. Todos entienden que
queremos hablar de la solemne consagración de la nueva iglesia de don Bosco, dedicada a María Auxiliadora.

En estos tiempos de incredulidad y escepticismo, resulta fácil ver dibujarse en los labios de algunos una sonrisa de indiferencia, al oír
hablar de consagraciones de iglesias. Sin embargo, hace ya cuarenta siglos que los incrédulos ríen et periit memoria eorum cum sonitu (y
desapareció su recuerdo con el sonido); pero las iglesias consagradas siguen en pie después de cuarenta siglos y el pueblo fiel celebra en
ellas sin interrupción y con alegría los misterios de Dios. En realidad el rito de consagrar las iglesias es antiquísimo y está lleno de graves
misterios, cuyo origen se remonta a la misma erección de los templos, puesto que Jacob, al levantar un altar, también lo consagró.
Moisés, al erigir un tabernáculo, por expreso mandato de Dios, quiso también consagrarlo, y Salomón, que recibió de las mismas manos
de Dios el plano para la construcción del famoso templo ((242)) de Jerusalén, obtuvo tambíén el oráculo de celebrar la consagración:
Dedicavit domum Dei rex, et universus populus (el rey dedicó la casa de Dios, y con él todo el pueblo), y en el tiempo de tal dedicación
sacrificó veintidós mil bueyes y veintiséis mil carneros. También sabemos que Judas Macabeo, habiendo purificado el templo de
Jerusalén de sus profanaciones e inmundicias y construido un nuevo altar de piedra, celebró las "encenias" 1 y ordenó que se celebraran
cada año.

La Iglesia Católica conservó celosamente esta misteriosa tradición y opina que el Niño Jesús consagró el establo donde nació y que con
la ofrenda de los Reyes Magos

1 Encenias: Así se llamaron las fiestas de la Dedicación del Templo de Jerusalén. (N. del T.)
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el Pesebre se convirtió en templo. San Cirilo nos informa que los Apóstoles consagraron en iglesia el cenáculo donde habían recibido el
Espíritu Santo, sala que simbolizó también a la Iglesia Universal. Y hay más, según Calixto Nicéforo (Hist. lib. 2, cap. 33) fue tal la
solicitud de los Apóstoles, que doquiera predicaban el Evangelio, consagraban una iglesia u oratorio y por esto el Pontífice San Clemente
I, nombrado el año 93, sucesor a más de discípulo de San Pedro, entre otras ordenanzas, decretó que todos los lugares de oración fueran
consagrados a Dios.
Ciertamente en tiempo de San Pablo se consagraban las iglesias, a lo cual alude él, como quieren algunos doctores, cuando escribe a los
Corintios, en el capítulo 11: Aut Ecclesiam Dei contemnitis? ("O es que despreciáis a la Iglesia de Dios?) San Urbano I, elegido el año
226, consagró en iglesia la casa de Santa Cecilia, según cuenta Metafraste; San Marcelo I, elegido el año 304, consagró la iglesia de Santa
Lucina, según cuenta el Papa San Dámaso I (cp. 21); y así por el estilo mil otros lugares y templos.

No se trata, pues, de una simple fiesta religiosa ésta a la que asistiremos pasado mañana; es un sagrado anillo de signos sensibles que
Dios da a los hombres de que quiere estar en medio de ellos y con ellos.

No cause asombro, por tanto, la descripción de las solemnidades religiosas con las que se procederá a dicha consagración, cuyo
programa damos resumido:

"Martes, 9, a las cinco y media: consagración de la iglesia por S. E. Rvma. nuestro venerado Arzobispo. A las seis de la tarde: vísperas
pontificales solemnes, sermón y bendición. En las vísperas se cantará la antífona Sancta Maria, succurre miseris por más de trescientas
voces, a tres coros formados por los alumnos del oratorio de San Francisco de Sales y de los Colegios de Lanzo y Mirabello y por muchos
maestros y distinguidos aficionados al canto de esta ciudad, imitando los famosos coros cantados en San Pedro, en las fiestas del
centenario de los apóstoles Pedro y Pablo. El Tantum Ergo, armonizado para gran orquesta, será interpretado por más de doscientas
voces. Composiciones del sacerdote Juan Cagliero.

El miércoles, 10, a las siete de la mañana: plática, comunión general y oraciones para pedir especiales bendiciones en favor de los
beneméritos donantes que contribuyeron a levantar la iglesia. A las diez de la mañana: misa solemne a gran orquesta para tenores, bajos y
coros, expresamente escrita por el maestro Juan De-Vecchi. A las seis de la tarde: vísperas solemnes, sermón ((243)) y bendición.

Jueves, 11: La misa solemne se omitirá, por la procesión del Corpus Christi que tiene lugar en la catedral. A las seis de la tarde,
vísperas solemnes, sermón y bendición.

Viernes, 12, y sábado, 13: Todo como el miércoles.

Domingo, 14: A las diez de la mañana, misa solemne y sermón. A las cuatro de la tarde, vísperas solemnes, predicación y bendición. En
las vísperas, se repetirá el concierto a tres coros de la antífona Sancta Maria, succurre miseris y en la bendición el Tantum Ergo a gran
orquesta, como el martes.

Lunes, 15, y martes, 16: Por la mañana, como de costumbre. A las seis de la tarde: vísperas solemnes, predicación, Te Deum en acción
de gracias por los beneficios recibidos. Bendición.

Miércoles 17, a las siete de la mañana: funeral en sufragio de los bienhechores difuntos de la iglesia y del Oratorio".

Además, durante los ocho días, habrá misas rezadas y comodidad para recibir los santos sacramentos. Y siempre, de seis a siete,
comunión general con breve plática por un Prelado. En efecto, muchos obispos aceptaron el encargo de predicar por
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la mañana y por la tarde. Y para que nada faltase al brillo de tanta solemnidad, Su Santidad, el Sumo Pontífice reinante, Pío IX, siempre
dispuesto a otorgar los favores espirituales que tienden a promover la mayor gloria de Dios y el bien de las almas, y así animar a los fieles
a honrar a la augusta Madre del Salvador, se ha dignado conceder, con Breve del 22 de mayo de 1868, indulgencia plenaria, le a las almas
del purgatorio, a todos los que en el día de dicha consagración y durante el siguiente octavario, esto es, del 9 al 16 de junio próximo,
confesados y comulgados, visitaren esta iglesia y rezaren en ella según la intención del Sumo Pontífice.

Con las fiestas religiosas se intercalarán algunos pasatiempos, de acuerdo con la costumbre del Oratorio y la índole de los jóvenes que
allí se educan. He aquí brevemente el programa:

Jueves, 11, a las tres de la tarde: Certamen músico-literario en honor de María Auxiliadora; distribución de premios a los alumnos del
Oratorio. -Sábado, 13, a las tres de la tarde: entretenimientos variados. -Domingo, 14, a las siete de la tarde: ejercicios gimnásticos y otros
juegos. -Lunes, 15, a las tres de la tarde: comedia en latín. -Martes, 16, a las tres de la tarde: entretenimientos diversos y concierto por la
banda de música.

Finalmente el martes: Attolite portas, principes, vestras, et elevamini portae aeternales, et introibit rex gloriae! (Príncipes, levantad
vuestras puertas y elevad las puertas eternales y entrará el rey de la gloria).

El lunes, 8, vigilia de la consagración, después de las acostumbradas prácticas de piedad, los cantores estuvieron ocupados, mañana y
tarde, en ensayos musicales de la grandiosa misa del maestro Juan De-Vecchi, compuesta expresamente para la solemne ocasión, que
duraron dos horas. En el Oratorio todo era movimiento; llegaban ((244)) a Turín nobles señores de todas partes. De Roma, el conde
Bentivoglio; de Venecia, la princesa Elena Vidoni Soranzo, con dos sobrinitos; de Milán, la condesa Teresa Dal-Verme. Muy de mañana
llegaron también los sacerdotes, clérigos y alumnos del seminario menor de Mirabello para engrosar aquella especie de ejército con sus
compañeros de Turín y Lanzo; fueron recibidos con música, aplausos y cariño fraterno. También ellos debían participar en el canto, la
música, las funciones religiosas y académicas y estaban todos ansiosos, casi impacientes, por realizar con el mayor entusiasmo la parte
que les correspondía.

En el mismo tren y a la misma hora que los alumnos de Mirabello llegó también monseñor Pedro María Ferré, obispo de Casale, con su
secretario el canónigo Masnini, para participar en las funciones sagradas.

A las seis de la tarde se presentaba el arzobispo de Turín, monseñor Alejandro Riccardi, con el teólogo Caviassi, su maestro de
ceremonias, y el canónigo Astengo, su secretario, para empezar la
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función. En el mismo momento estalló un huracán con viento, truenos, relámpagos y granizo, que parecía querer estorbar nuestra
solemnidad. Mas, por fortuna, sólo fue un violento aguacero, con la inundación consiguiente y, luego, quedó el cielo sereno. Mientras
tanto, el mencionado Arzobispo exponía, en la capilla de San Luis de la pequeña iglesia de San Francisco, las Santas Reliquias que
debían servir para la consagración de los altares al día siguiente. Las reliquias, colocadas en una urna dorada, eran de San Mauricio y San
Segundo, dos de los patronos principales de la diócesis de Turín. Después de la exposición, se empezó el canto de los oficios divinos que,
según las prescripciones de la Iglesia, duró toda la noche, o sea, hasta las cinco y media del día 9, en el cual empezó la solemne
consagración.

Aquella mañana, primer día del octavario, a las cinco y cuarto, volvía al Oratorio Su Excelencia el Arzobispo. Al bajar de la carroza, se
encontró, colocados en dos largas filas, a los mil doscientos ((245)) alumnos de las tres casas salesianas. La música le dio el primer
saludo. Su Excelencia bendijo varias veces a los jóvenes, mientras pasaba por medio de ellos, y fue a la iglesia de San Francisco a
revestirse de los ornamentos sagrados. Allí lo esperaba un clero numeroso, el coro de cantores para el canto gregoriano, y el canónigo
Ramón Olivieri, párroco de la catedral de Acqui, más el director del colegio de Lanzo, que le asistirían de diácono y subdiácono
respectivamente. Salido el sacro cortejo, entraron los alumnos y el Obispo de Casale celebró la misa de comunidad, a las seis, en la cual
hubo un gran número de comuniones.

Entre tanto, el Arzobispo con todo el clero, daba las tres vueltas rituales alrededor de la iglesia y al fin se paraba ante la puerta principal
de la fachada que estaba cerrada, lo mismo que las laterales.
En este momento se sumaron al clero los canónigos de la Catedral, Luis Nasi, Celestino Fissore, el abad Gazzelli, el abad Morozzo, y el
canónigo penitenciario Chicco.

Había dos coros, uno en la escalinata de la iglesia y otro dentro de la misma. El Arzobispo golpeó tres veces la puerta con el báculo y el
coro que le rodeaba empezó a cantar:

-Attolite portas, principes, vestras, et elevamini portae aeternales, et introibit Rex gloriae.

-Quis est iste Rex gloriae? ("Quién es este rey de la gloria?) respondió el coro de la iglesia.

Y el coro de fuera replicó:

-Dominus fortis et potens, Dominus potens in proelio. Attolite
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portas... (El Señor fuerte y poderoso, el Señor poderoso en la batalla.
Abrid las puertas...)

Y la puerta se abrió de par en par, para volver a cerrarse, apenas entró el clero. Nadie podía penetrar todavía en el santuario.

Una gran cruz en forma de equis, X, hecha con ceniza, se extendía por todo el pavimento. El Arzobispo comenzó a escribir con la punta
del báculo sobre uno de los palos de la misma el alfabeto griego y sobre el otro el alfabeto latino. Después, por una escalerilla movible,
subió sucesivamente a ungir las doce crucecitas distribuidas alrededor sobre las paredes del edificio y se encendió una vela delante de
cada una de ellas. Terminada la consagración del templo, Monseñor cumplió el rito sagrado de la ((246)) consagración de los altares,
cerrando en sus sepulcros las reliquias de los mártires, trasladadas desde la iglesia pequeña. A las diez y media terminaba la ceremonia y
se abrían las puertas de par en par al público.

Su Excelencia celebraba la primera misa en la nueva iglesia e, inmediatamente después, el Siervo de Dios, que había asistido también
con alegría inefable a todo el sacro rito, subía también al altar mayor para celebrar el Santo Sacrificio a los pies de María Auxiliadora.
Tuvieron la satisfacción de ayudar la misa don Juan Bautista Francesia y don Juan Bautista Lemoyne.

Don Bosco volvió a la sacristía, dio gracias durante mucho tiempo y luego se entretuvo un ratito con una señora que ya conocía, que
había ido a Turín para la fiesta, y le había sido presentada por su hijo salesiano. Díjole al sacerdote:

-íNo serás el único salesiano de tu familia!

Era una singular predicción: había todavía en la familia cuatro hermanos, con inclinación a cualquier cosa menos a la vida religiosa, y
una hermana todavía pequeña. Y he aquí que, catorce años después, en 1882, de modo inexplicable, entraba la hermana en las Hijas de
María Auxiliadora, y veinticinco años más tarde de la profecía, uno de los hermanos se hacía también salesiano por circunstancias no
previsibles. De este último había dicho claramente don Bosco a nuestro hermano, en 1886, indicando nominalmente la futura conquista:

-Quiero robarlo para mí.

Cuando el Venerable salió de la sacristía subió al comedor preparado en la biblioteca, donde le esperaban varios obispos y muchos
otros ilustres invitados.

Antes de levantar los manteles, hubo varios oradores que ensalzaron las grandes obras realizadas por don Bosco y la construcción
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de aquella iglesia colosal, fruto de su extraordinario y constante valor. Pero él, sin la menor señal de complacencia ante tantos elogios,
respondió con su acostumbrada sencillez y humildad:

-No soy yo el autor de esas grandes cosas que decís, es el Señor, es María Santísima; ellos se han dignado servirse de un ((247)) pobre
sacerdote para llevar a cabo esas obras. Mío, no hay nada. Aedificavit sibi domum Maria (María se edificó su casa). Cada piedra, cada
adorno manifiesta una gracia suya.

Estas palabras las oía José Reano, que estaba presente al final de la comida, durante la cual, junto con varios compañeros, había
ejecutado una pieza de música.

A las cinco y media empezaron solemnemente las vísperas pontificales del Arzobispo. Al final de las mismas era tal la concurrencia de
fieles que los que estaban en la iglesia no podían moverse y con los esfuerzos que hacían, unos para entrar y otros para salir, se producía
cierto murmullo en las puertas.

Hasta que las primeras notas del Sancta Maria impusieron silencio y reclamaron la atención de todos. Eran tres coros. Uno ante el altar
de San José, formado por ciento cincuenta tenores y bajos, que representaba la Iglesia militante; otro, en la cúpula, con doscientos
sopranos y contraltos, que figuraba los ángeles, o sea la Iglesia triunfante; y el tercero, de otros cien tenores y bajos en el coro,
simbolizaba la Iglesia purgante.

Una de las grandes dificultades era la de regular el tiempo musical a tanta distancia, ya que muchos no podían ver al maestro director
que debía marcarlo con la batuta y guiar a todos los cantores. Mas esta dificultad se superó felizmente con un aparato eléctrico. Un largo
cable, conectado a los polos de una pila, se unía a unas campanillas eléctricas colocadas en el centro de cada coro y cerrando el circuito
terminaba con sus extremos en una especie de manipulador o tecla construido al efecto. El director de la música, que sostenía el
manipulador con la izquierda, podía con la derecha actuar con la batuta como si nada tuviera en las manos mientras las campanillas, todas
a la vez, marcaban una sola señal de acuerdo con la batuta del director. De este modo quedaban los coros unidos y regulados con toda
precisión, lo mismo que si estuvieran agrupados en un solo coro y dirigidos por un solo maestro.

"La divina Providencia, escribió don Bosco, dispuso que la expectación quedara cumplida. Todos los maestros que habían acudido de
varios ((248)) pueblos para oír, lo mismo que los que tomaron parte activa, quedaron plenamente satisfechos.
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"El momento en que los coros se unieron armónicamente fue encantador. Las voces se acordaron totalmente y el eco las enviaba por
todas direcciones de modo que el oyente se sentía envuelto en un mar de voces sin que pudiera discernir cómo y de dónde procedían. Un
respetable personaje, conmovido ante aquel mágico efecto, exclamó:

"-Verdaderamente me parece encontrarme en el Vaticano.

"Otro hiperbólicamente dijo:

"-Solamente en el paraíso puede haber un canto más hermoso".

El canónigo Juan Anfossi estaba junto a don Bosco, detrás del altar mayor, mientras se ejecutaba la antífona. No recordaba haberlo
visto jamás moverse o decir una palabra en la iglesia, durante la oración, pero esta vez, de rodillas y mirándole con los ojos húmedos por
las lágrimas, hijas de la alegría:

-Querido Anfossi, le dijo en voz baja: "no te parece estar en el paraíso?

Después de la antífona subió el Obispo de Casale al púlpito de la nueva iglesia y habló elocuentemente de la majestad del culto externo,
no en atención a Dios, sino en atención a los hombres.

Hacia el final pronunció con todo énfasis estas palabras:

"Este templo, en fin, de cuya presente consagración nos alegramos, es de un modo particular un tesoro de gracias celestiales, porque
está dedicado expresamente a honrar a María Auxiliadora, y por eso Ella lo mira con ojos de especialísima predilección. La gran Reina ya
demostró cuánto agradece la construcción de este magnífico templo, puesto que Ella misma atendió, con la abundancia y magnificencia
de sus favores, a los ingentes gastos de su edificación y ornamentación. íOh María, estamos seguros de que, al igual que promoviste y
condujiste con toda suerte de gracias a buen término el levantamiento de esta nobilísima ((249)) mole, también ahora, cuando ya está
solemnemente dedicada a vuestro honor, haréis resplandecer en ella más que nunca vuestra clemencia; tomaréis, aún más, bajo vuestra
protección a vuestro piadosísimo Siervo, que inspirado por Vos se aprestó a la gran empresa de edificar esta iglesia sin ahorrar cuidados y
fatigas, hasta verla terminada con grandísima alegría suya; asistiréis con maternal ternura a los numerosos jóvenes que, recogidos por
vuestro mismo siervo con sentimiento de caridad en colegios, seminarios y oratorios, sabiamente dirigidos por él mismo, se dedican a los
estudios, a las artes y a las prácticas de nuestra sacrosanta religión; acogeréis benignamente a todos los que vendrán a este templo, ante
vuestro altar a honraros con confianza, a rogaros, a
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ponerse bajo el manto de vuestra omnipotente protección; concederéis en fin, tras las muchas y graves calamidades públicas y privadas la
tranquilidad del orden doméstico, social y religioso".

El Tantum Ergo, otra meritísima pieza musical de Cagliero, cantado por un centenar de voces blancas desde la barandilla de la cúpula y
por los cantores en el coro, produjo una conmoción indescriptible en todos. El Obispo de Saluzzo y el de Alba estaban de rodillas detrás
del altar, junto a don Bosco. Monseñor Gastaldi, entusiasmado, abrazaba y sacudía su reclinatorio; monseñor Galetti, sereno e inmóvil,
repetía de cuando en cuando:

-íParaíso, paraíso!

Al salir de la iglesia los fieles contemplaron el espectáculo de la cúpula iluminada con gas. Las estrellas que coronaban la cabeza de la
estatua de María, el pedestal de ésta, una eme (M) colocada sobre la última cornisa, y la barandilla brillaban con centenares de llamitas.
Esta iluminación se repitió todas las noches del octavario.

Después de cenar, reunidos los alumnos de las tres casas, a la luz de millares de lamparillas, les habló don Bosco cantando, como
escribió después en la narración que hizo de estas fiestas, un himno de reconocimiento a María: Almae Dei genitrici ((250)) Mariae,
amantissimae nostre ac potentissimae Auxiliatrici, perennes cum laudibus preces! (Diríjanse plegarias incesantes, entre alabanzas a
María, madre generosa de Dios, nuestra amantísima y poderosa Auxiliadora).

La Unidad Católica, del 11 de junio de 1868, describía así este primer día del octavario:

Consagración de la iglesia de María Auxiliadora.

El pasado martes, 9 de junio, su Excelencia Rvma. nuestro Arzobispo, consagraba la nueva iglesia levantada en Turín por obra de don
Bosco y dedicada a María Santísima Auxilio de los Cristianos. A esta iglesia, abierta ayer, no le falta nada; en ella todo es grande como la
idea que la concibió y la caridad que la fabricó. Comenzando por el bellísimo cuadro del altar mayor, obra maestra del caballero
Lorenzone, uno de nuestros más insignes pintores, volviendo los ojos de uno a otro lado se admira por todas partes riqueza de mármoles y
preciosidad de trabajos. La iglesia ha sido construida por los pobres y para los pobres, pero ellos han querido que la casa de nuestra gran
Madre resultase lo más hermosa y rica posible y María Santísima les ayudó en su noble y filial deseo.

Una multitud de turineses acudió el martes a la nueva iglesia, principalmente por la tarde, cuando el Arzobispo de Turín pontificó las
vísperas e impartió la bendición con el Santísimo Sacramento. El Obispo de Casale pronunció una estupenda homilía, explicando la
liturgia católica para la consagración de una iglesia y la armonía entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; haciendo ver cómo uno copia al
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otro y la Iglesia Católica, donde está la presencia real del hombre Dios, es la perfección del templo antiguo. Acompañó estas
consideraciones con piadosos y elocuentes afectos que enternecían al atentísimo auditorio.

La música estuvo en consonancia con la gran solemnidad. El sacerdote Cagliero, crecido y educado en el instituto de don Bosco, había
compuesto un oratorio musical sobre la antífona Sancta Maria, succurre miseris, imitando el Tu es Petrus del Centenario. La estupenda
composición fue interpretada maravillosamente por trescientas voces, que entonaban en la nueva iglesia el primer himno a María.

El ilustre Maestro, que lo es por méritos, si no por título, ha sentido el primero, y lo ha hecho experimentar a todos, el significado de un
pueblo que suplica en estos momentos a la gran Madre de Dios que socorra a los míseros y ayude a los pusilánimes, enardezca a los
débiles e interceda por el clero, los religiosos, los monasterios, las ciudades, por Italia y por todos.

Hermosísimo fue también el Tantum Ergo cantado por dos coros; uno de ellos parecía el coro de los ángeles, que, a manera de
estribillo, añadía siempre el Veneremur a cada verso del Tantum Ergo y después el Jubilatio a cada verso del Genitori. En fin, el martes
fue una grande y hermosa jornada para Turín y esperamos sea el principio de los nuevos y singulares favores que la Santísima Virgen
prestará a la Iglesia y al Estado en la afligida Italia.

((251)) "Y qué más hizo don Bosco aquel día? Todo para todos, en los intervalos en que se vio libre de imprescindibles obligaciones,
estuvo continuamente rodeado por los muchos forasteros que querían hablarle. Antes de vísperas permaneció en la escalinata que da a la
puerta próxima a la sacristía para pasar a la capilla de san Pedro. Un gran gentío de devotos le rodeó durante largo tiempo. Había
enfermos que pedían curación, devotos que querían besar su mano, curiosos que admiraban el espectáculo de un hombre admirado por
todo el mundo. Y don Bosco bendecía a todos. Uno de los presentes dijo que había venido para obtener el alivio de un gran dolor de
muelas. Don Bosco le sugirió que rezase una Avemaría y quedó curado al momento. Otro, ciego desde hacía años, recobró
instantáneamente la vista. Era un estremecimiento de conmoción y de alegría universal; era una poderosa manifestación de la Virgen.

Veremos cómo fue creciendo el entusiasmo religioso durante los días siguientes.
241

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((252))

CAPITULO XXI

SEGUNDO DIA DEL OCTAVARIO -DISPOSICION PERPETUA DE ORACIONES Y DE UNA MISA DIARIA POR LOS
BIENHECHORES -LA COMUNION GENERAL Y UN FERVORIN DEL OBISPO DE CASALE -UN PADRE CUMPLE SU
PROMESA POR LA CURACION OBTENIDA DE SU UNICO HIJO -CURACION DE UNA GRAVISIMA ENFERMEDAD EN LOS
OJOS -DON BOSCO DISPONE QUE LOS MUCHACHOS SE ENTRETENGAN DESPUES DE COMER CON PASEOS O CON
VARIADAS DISTRACCIONES -PONTIFICA EN LAS VISPERAS EL OBISPO DE MONDOVI: PREDICA EL OBISPO DE
CASALE, QUIEN DIRIGE UNA PLEGARIA A MARIA SANTISIMA PIDIENDO QUE DERRAME LAS MAS RICAS
BENDICIONES SOBRE DON BOSCO -TERCER DIA DEL OCTAVARIO -CONTINUA AFLUENCIA DE FIELES A LA
SACRISTIA: TODOS QUIEREN CONTAR LAS GRACIAS OBTENIDAS DE MARIA AUXILIADORA -UNA CURACION
PRODIGIOSA -UNA VELADA EN HONOR DE MARIA SANTISIMA: MARCHA TRIUNFAL, CANTADA CON MUSICA DE
DE-VECCHI; CANCION RECITADA POR EL SACERDOTE JOSE ELICE DE LOANO: DISTRIBUCION DE PREMIOS A LOS
ALUMNOS QUE SE HAN DISTINGUIDO POR SU BUENA CONDUCTA: ALGUNAS PIEZAS COMICAS MUSICALES -EL
OBISPO DE MONDOVI PONTIFICA EN LAS VISPERAS:
PREDICA MONSEÑOR BALMA

EL miércoles 10 de junio, segundo día del octavario, a las seis y media de la mañana entraron los alumnos en la iglesia nueva y,
acompañados por los numerosos fieles, que habían acudido con presteza, recitaron las oraciones de costumbre y el santo rosario por todos
los beneméritos donantes del sagrado edificio y del Oratorio. La piadosa práctica, comenzada entonces, continúa ininterrumpidamente
cada día ((253)) por disposición del mismo don Bosco.

"Yo, escribía a los donantes, guardaré de vosotros indeleble gratitud y, mientras viva, no dejaré de invocar las bendiciones del cielo
sobre vosotros, sobre vuestros parientes y amigos. Lo haré cada día, especialmente en el sacrificio de la santa misa. Que Dios os colme de
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sus tesoros celestiales, respetables donantes, y os dé largos años de vida feliz; que El os conceda el precioso don de la perseverancia en el
bien y os reciba a todos un día en la feliz eternidad. Para que estos augurios sean acogidos por la misericordia del Señor, se estableció un
servicio religioso para todos los días del año en favor de cuantos, de cualquier modo que sea, han contribuido o contribuirán a ayudar a la
iglesia o al establecimiento anejo. Este ejercicio se compone de una serie de oraciones, el rosario de la Virgen María, comunión
sacramental o espiritual, de acuerdo con la voluntad de cada uno, celebración y aplicación de la santa misa. Esto tendrá lugar todas las
mañanas en la nueva iglesia con todos los alumnos del establecimiento y con todos los fieles que quieran tomar parte en ello" 1.

Aquella mañana celebró la santa misa monseñor Tomás Ghilardi, obispo de Mondoví, que había llegado la tarde anterior y había sido
recibido con toda solemnidad. Predicó desde el púlpito un devoto fervorín como preparación a la comunión, y demostrando la necesidad
de la comunión frecuente, como homenaje a Jesucristo en la Eucaristía y como medio para mantener viva nuestra fe en Jesucristo, como
el más sólido sostén contra los enemigos de Dios y de la Iglesia, y el más dulce de los consuelos en los días de dolor.

Celebró después la santa misa; el clero infantil le asistía en el presbiterio y los cantores al son del armonio ejecutaban religiosos
motetes de autores célebres. Infra missam (durante la misa) hubo ((254)) abundantes comuniones. Don Bosco confesaba en la sacristía y
otros sacerdotes en los confesonarios de la iglesia.

Así discurrió la primera función matutina durante todos los días del octavario, predicado siempre por monseñor Ghilardi. El número de
sacerdotes que durante la semana acudió a celebrar fue tal que, desde las cuatro hasta las once, estuvieron continuamente ocupados los
altares laterales.

A las diez pontificó el Obispo de Casale, asistido por los canónigos de la Santísima Trinidad, representados por los canónigos
Marchisio, Giustetti, Talucchi, Berteu, y por el director del Colegio de Lanzo que suplía al canónigo Zorniotti. Los cantores interpretaron
la partitura de Juan De-Vecchi, maestro de música instrumental en el Oratorio. Había más de treinta violines en la orquesta. La
composición y la ejecución de aquella misa fue en verdad una obra maestra.

1 Recuerdo de una solemnidad en honor de María Auxiliadora, por el sacerdote Juan Bosco, Turín 1868, pag. 93-94.
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Al mediodía ocurrió un hecho digno de contarse. Llegó en una carroza un hombre de aspecto señorial que pidio confesarse; después,
muy conmovido y con recogimiento ejemplar, se acercó a la sagrada comunión. Terminada la oportuna acción de gracias, fue a la
sacristía y entregó una limosna diciendo:

-Rogad por mí y pregonad por todo el mundo las maravillas del Señor por la intercesión de la Santísima Virgen.

-"Puede saberse quién es usted y por qué ha venido hasta aquí?
dijo don Bosco, que le escuchaba.

-Yo, respondió, vengo de Faenza; tenía un hijo único, objeto de mis ilusiones. Cayó enfermo a los cuatro años de edad, no había
ninguna esperanza de curación y lloraba por él sin consuelo, como si estuviera muerto. Un amigo, para consolarme, me sugirió que
hiciera una novena a María Auxiliadora de los Cristianos, con la promesa de entregar un donativo para esta iglesia. Lo prometí y añadí
que vendría personalmente a cumplir mi promesa y recibir aquí los santos sacramentos, si conseguía la gracia. Dios me escuchó. A mitad
de la novena mi hijo estaba fuera de peligro y ahora goza de óptima salud. El ((255)) no será ya mío, sino que siempre le llamaré hijo de
María. He viajado dos días: ahora que ya he cumplido mi obligación, me vuelvo satisfecho y siempre bendeciré a la madre misericordiosa
María Auxiliadora.

En aquel mismo momento llegó una señora con su hija, de unos trece años.

-Aquí estoy, comenzó a decir; he venido para cumplir mi obligación.

-"Quién es usted?, preguntóle don Bosco.

-Soy Teresa Gambone, madre de esta niña que se llama Rosa.

-"De dónde viene?

-Venimos de Loggia de Carignano.

-"Por qué han venido aquí y por qué está tan alegre su hija?

-"Es que ya no se acuerda? Hace poco tiempo la trajimos aquí, casi totalmente ciega. Padecía una enfermedad en los ojos hacía cuatro
años. Los médicos la daban por ciega y ella apenas si distinguía la luz de las tinieblas. Usted la bendijo, recitó las oraciones que usted
sugirió en honor de María durante el tiempo establecido, esto es, desde Pascua hasta la Ascensión del Señor. Aquel día mi Rosa quedó
perfectamente curada. Ahora hemos venido a dar gracias y entregar una pequeña limosna. Somos pobres jornaleros del campo y no
podemos hacer más; pero conservaremos siempre el recuerdo de esta gracia tan grande.
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A las cinco de la tarde volvían los alumnos al Oratorio de un hermoso paseo. Don Bosco había determinado que durante aquellos días
salieran a pasear, si no había una razón especial que los retuviera en casa, para darles una distracción y apartarles de aquella confusión de
gente que iba y venía, y para informarse de ellos reuniéndoles bajo la mirada de los asistentes. Unos subían a las colinas, otros iban a
visitar la ciudad y el magnífico cementerio, éstos por los paseos fuera de las murallas, aquéllos a recorrer ((256)) las orillas del Po. Los
mayores del colegio de Lanzo pidieron y consiguieron permiso para recorrer en barca el río.

Don Bosco había dispuesto también que, durante los días siguientes, se les alegrara el tiempo no ocupado por las sagradas funciones,
con entretenimientos académicos, gimnásticos, musicales y teatrales.

A las seis de la tarde pontificó monseñor Ghilardi las vísperas, cantadas con música. Después de las mismas subió al púlpito el Obispo
de Casale y pronunció su segundo discurso sobre la necesidad de la enseñanza católica en las escuelas. Demostró cómo tal enseñanza
debe tener por base la dependencia del infalible magisterio de la Iglesia; y también esta vez acabó dirigiendo una conmovedora plegaria a
María Santísima:

"Bondadosos oyentes, roguemos fervorosamente a María Auxiliadora, en cuyo honor se ha levantado este nuevo y magnífico templo,
que nos obtenga del Señor tan gran beneficio.

"Sí, Virgen María, implorad las más ricas bendiciones para el reverendo fundador de la Pía Sociedad del Oratorio de San Francisco de
Sales, que ha trabajado incansablemente en la construcción de este solemne monumento de religión, para aumentar el honor y dar mayor
vida a su instituto, todo él dirigido a la cristiana instrucción y santa educación de la juventud católica.

"Haced, oh gloriosa Madre de la Sabiduría, que su ejemplo sea lección saludable y poderoso estímulo para todos los maestros y
educadores públicos y privados a fin de que, abandonadas las falsas máximas del siglo, ofrezcan una instrucción y una educación
informada en la verdad y en el espíritu de nuestra sacrosanta religión.

"Oh Reina Celestial amadísima Auxiliadora nuestra, sed generosa, socorriendo a maestros y discípulos, para que, ellos impartiendo y
éstos recibiendo una instrucción y educación verdaderamente católica, formen juntos en la tierra el templo vivo del Espíritu Santo. Oh
Inmaculada Madre de Dios y Madre nuestra, protegednos a todos, para que, adhiriéndonos constantemente a las máximas aprendidas
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en la enseñanza católica y correspondiendo ((257)) siempre a las mismas con el afecto y las obras, podamos, después de acabar la mortal
carrera, ser admitidos y formar parte con Vos en la feliz y gloriosa Jerusalén, por los siglos de los siglos. Así sea".

Gracias sin cuento había ya concedido María a sus devotos y a los donantes para la construcción de su iglesia en Valdocco, y en
aquellos días no sólo derramaba más abundantemente sus tesoros inagotables, sino que evidentemente, como madre ternísima, quiso
glorificar a su Siervo de modo más claro y unir su nombre al suyo; los fieles adivinaron este misterio y llamaron a María Auxiliadora, la
Virgen de don Bosco.

Entró una paralítica en un carro, tirado por un borrico. Gritaba el carretero para lograr paso y acercarse a don Bosco. La gente no le
dejaba avanzar y empujaba hacia atrás al borriquillo. Estaban ya a punto de llegar a las manos con el carretero. La enferma, que no podía
moverse desde hacía mucho tiempo, impaciente por la tardanza, y viendo que era imposible adelantar, sin darse cuenta de ello, saltó del
carro, se acercó a don Bosco entre la gente, y sólo cuando estuvo en su presencia advirtió que estaba curada. Sus gritos de maravilla eran
repetidos por todos. Los padres, llorando de emoción, querían sacarla de allí.

-íEstoy curada, estoy curada!, repetía ella sin cesar.

-Ya lo vemos, le respondían; ívamos a casa!

-No, replicaba la hija; antes quiero ir a dar gracias a la Virgen.

Y entró en la iglesia.

Escenas parecidas se renovaron durante los días siguientes y muchas otras veces en el transcurso de la vida del Venerable.

El jueves, 11 de junio, tercer día del octavario y fiesta del Corpus, hubo desde la madrugada una gran afluencia de forasteros.

El señor Obispo de Mondoví presidió la acostumbrada función de la
mañana y dio su platiquita demostrando que la comunión frecuente es manantial inagotable de gracias celestiales. Después de ((258))
muchas razones presentó el ejemplo de Santa Catalina de Siena, la cual, sin saber leer ni escribir, sacó del Santísimo Sacramento una
ciencia extraordinaria divulgada en cuatro gruesos volúmenes de sus obras.

"La santa Eucaristía, dijo entre otras cosas, iluminó la mente de muchos sacerdotes e infundió valor en sus corazones para afrontar los
más graves peligros en medio del mundo; prestó fuerza a los mártires en sus tormentos; dio constancia en el servicio divino a muchas
vírgenes, que, renunciando al mundo, fueron a encerrarse en el claustro para consagrarse totalmente al Señor".
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Las comuniones fueron aún más numerosas que en los días anteriores. En la comunión general participaron más de mil fieles.

Por causa de la procesión solemne en la catedral, no hubo aquel día ninguna función religiosa desde las nueve de la mañana hasta las
seis de la tarde. Gracias a ello, don Bosco tuvo comodidad para hablar con diversos forasteros, llegados a dar gracias a Dios por los
beneficios recibidos o para suplicar a la Santísima Virgen que les auxiliase en las aflicciones que les atormentaban. La sacristía estuvo
constantemente abarrotada de personas. Narraremos algunos de los muchos hechos que condujeron a los devotos a aquella solemnidad.

A las diez de la mañana se presentó en la sacristía Luis Costamagna, hermano de don Santiago.

-íHola, amigo! díjole don Bosco; "qué hay?

-Vengo de Caramagna con mi esposa, para dar gracias a María Auxiliadora por un singular favor, debido a su intercesión.

-"Y se puede saber cuál ha sido?

-Claro que se puede saber; se lo cuento enseguida. Mi esposa estaba enferma hacía mucho tiempo y, pese a los cuidados de los médicos,
se encontraba a punto de morir. Una noche, cerca de las once, parecía que iba a dar el último suspiro. Como ya no sabía qué hacer, le
((259)) dirigí estas palabras: -"Anímate, encomendémonos a María. Si te curas, iremos a dar gracias a la iglesia nueva que se construye en
Turín y llevaremos una limosna". Sin decir palabra, la enferma inclinó la cabeza indicando que aprobaba mi proposición. íQué maravilla!
Pocos minutos después, mi esposa recobró el habla, comenzó a mejorar, y en pocos días se encontró perfectamente curada. Ahora hemos
venido a Turín para cumplir nuestra obligación, es decir, para recibir la sagrada comunión en la nueva iglesia y hacer un donativo según
nuestra condición.

-"Podréis darme por escrito lo que me habéis contado?

-Aquí está, lo tenía preparado. En él están expuestos los detalles de la enfermedad; puede publicarlo, si a usted le place, para gloria de
Dios y honra de la bienaventurada Virgen María.

Mientras hablaba Costamagna con don Bosco, presentóse ante el Venerable un pobre hombre que llevaba a un niño de la mano y, sin
más preámbulos, le dijo:

-Vengo de Bra para dar gracias a la Virgen Auxiliadora. Mi hijo casi había perdido la vista. Los más famosos médicos no sabían qué
sugerirme; he hecho la novena con promesa de venir a cumplir mis devociones en esta iglesia y aquí estoy para ello, puesto que mi hijo
curó del todo. íMírelo, qué bien está y qué limpios tiene los ojos!
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Una señora de Milán le interrumpió diciendo:

-íAlabado sea Dios y bendita la Santísima Virgen! Mi hijo sufría, hace años, una gangrena atroz en una mano y se ha curado. Los
médicos tenían pocas esperanzas de curación, ni con la amputación del brazo. Usted le bendijo, hicimos la novena a María Auxiliadora y
mírelo ahora. Aún se ven las profundas cicatrices que certifican ((260)) la gravedad del caso, pero está perfectamente curado. Conmigo
han venido otras personas para manifestar nuestro agradecimiento a la bienaventurada Virgen María.

En aquel instante se armó cierto alboroto. Querían hablar a la vez desde varios sitios, y don Bosco sólo pudo recoger las afirmaciones
de algunos.

-Yo, decía uno que se llamaba Fea..., vengo de Carignano para dar gracias por la inesperada curación de mi madre.

Otra, Lucía Berruto, le interrumpió diciendo:

-Yo vengo de Chieri y traigo conmigo una relación escrita con pequeñas limosnas de varias personas, que agradecen a María
Auxiliadora la curación de los males que sufrían. Yo padecía una peligrosa hinchazón en los pies, hice la novena a María Auxiliadora y
estoy perfectamente curada.

-Yo también, añadió otra joven, he venido de Chieri por el mismo motivo. Me llamo Adelaida y me he curado de agudos dolores de
cabeza y de estómago, que me pusieron al borde de la tumba; viví quince días sin tomar más que agua. María Auxiliadora me ha obtenido
la curación.

Mientras sucedía todo esto, ocurrió un hecho que interrumpió toda conversación. Una desdichada joven, de unos veinte años, había sido
conducida hasta allí con la esperanza de que curara de una parálisis, por la que tenía como muerto un brazo y la mitad del cuerpo. Entre
un hermano y su madre la llevaron a una habitación cercana, donde, como pudo, se arrodilló invocando entre lágrimas la ayuda de la que
la Iglesia proclama Auxilio de los Cristianos. Rezaron unas oraciones los circunstantes, don Bosco la bendijo y se renovaron las
plegarias. Mientras todos, llenos de fe, pedían gracia y misericordia, la paralítica empezó a mover la mano y después el brazo. De tal
suerte se conmovió que gritando: -íEstoy curada!-cayó por tierra desvanecida. La madre y el hermano la sostuvieron, la animaron y le
ofrecieron una bebida. La paralítica recobró el uso de los sentidos y quedó perfectamente ((261)) curada del mal que desde hacía cuatro
años la tenía inmóvil. Resulta fácil imaginar las voces de admiración y agradecimiento que se elevaban por todas partes.
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Sin decir una palabra más, los parientes de la enferma entraron en la iglesia y, después de algunas oraciones, salieron; la afortunada
joven, llena de alegría, subió por sí misma al cochecito y partió con sus parientes.

En aquel instante aumentó la confusión: por todas partes se pedía a don Bosco una bendición especial, mientras otros le querían contar
lo que les había sucedido y hacer donativos por gracias recibidas.

Por esta razón no se pudo tomar nota de muchos hechos y ni siquiera apuntar el nombre de las personas a quienes se referían.

A las cuatro de la tarde se celebró una academia músico-literaria en honor de María Auxiliadora. Asistían muchísimos invitados.
Abrióse el acto con una marcha triunfal, compuesta por el maestro De-Vecchi, con la letra de un himno titulado: Recuerdo de la victoria
de Lepanto, que cantaron con entusiasmo los alumnos de los colegios de Mirabello y Lanzo. Después del himno, se leyeron y declamaron
unas composiciones de ocasión, que se conservan en los archivos, dignas de ser impresas, y nos duele no poderlas reproducir para no
resultar demasiado prolijos. Nos limitamos a presentar a los lectores la canción recitada por el sacerdote José Elice de Loano, famoso
improvisador.

A MARIA AUXILIADORA

I

A Ti, Reina del Cielo, que del pueblo
cristiano eres potente
Auxiliadora, y fundamento firme
de la Iglesia de Dios, este preclaro
monumento por su arte y su estructura,
a Ti va a dedicarse:
y hoy, que al culto divino y los Misterios
((262)) de la Fe se inaugura, entre devotos
himnos sagrados, cánticos y ofrendas
sinceras y piadosas,
en un rito solemne y majestuoso
que, oficiado por el Pastor y Padre,
es más augusto y santo,
íoh, cuán dulce resuena
tu Nombre, y con guirnaldas
de alabanzas se ciñe y se corona!

II

Con alma agradecida se te rinde
obligado tributo:

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pues, si aquí se alza la admirable mole
que el pueblo de Turín feliz aplaude,
a sólo Aquel que puede cuanto quiere
y a Ti, María, se debe.
Tú, en la idea del Hijo omnipotente,
descubriste el proyecto y lo copiaste
fielmente, y por un ángel luego hiciste
esculpir en la mente de tu apóstol,
y tiene tal deseo de ensalzarte
que él, amado, te ama;
en cuyo corazón arde la llama
del amor más sincero.
Mas sólo al clero hostil
admira el grupo de los descontentos.

III

Todo el que ignora tu poder, María,
pensó que era locura
esta empresa ciclópea que exigía
un inmenso caudal de plata y oro;
y hubo almas pías que hasta la tacharon
de inútil osadía;
en tan míseros tiempos de angustiosa
necesidad, cuando arde contra Cristo
y su Iglesia implacable y dura guerra,
"cómo llevar a cabo
empresa tan grandiosa? "Lo podrá
un pobre sacerdote?
"De qué sirve tener una alma grande
cuando los medios faltan?
Sin un milagro auténtico
imposible llegar a feliz término.

((263)) IV

Y Tú, a quien Dios su omnipotencia dio,
Inmaculada Madre,
hiciste el gran prodigio, y lo vocean
tanto el creyente fiel como el profano,
que sólo cree en el hombre y en las obras
de su trabajo y ciencia.
Del más seco peñasco brotó un día
la más preciosa y límpida corriente,
y se cubrió de flores la infecunda
tierra de áridos troncos.
Pues este augusto Templo ahora renueva
el antiguo milagro;
nacido de la nada, he ahí sus torres
cual de un palacio regio

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mostrando la sublime
concepción de tu siervo bueno y fiel.

Quien en el Vaticano el solio tiene,
Maestro de la Fe,
de caridad portento y fortaleza,
tendió la sacra y poderosa mano
pronta a ser liberal y a bendecir,
pues comprendió tu anhelo.
De tu gloria el amor lo convenció
de tal manera que para aumentarla
y hacerla más radiante, la más bella
gema engastó en tu fúlgida corona
al anunciar al mundo
tu Inmaculada Concepción, y el gozo
más alto lo embargaba
al oír el aplauso universal
por el dogma que el Cielo le dictó.

VI

Este Templo a tu Nombre dedicado,
oh Inmaculada Madre,
él promovió y bendijo: -y fue la chispa,
que prendió el vasto incendio del amor.
Pródigas almas inflamó este fuego
de Fe sólida y viva;
corazones de Dios enamorados
((264)) abrieron sus escriños generosos
y a manos llenas su oro Te ofrecieron.
Anotadas por ángeles
en inmortales páginas sus dádivas
sagradas, oh María, Tú proteges
a tus fieles fervientes amadores,
y en tu materno corazón grabado
tienes su nombre y su encendido amor.

VII

Faltar no pudo al óbolo del pobre
que en su rincón humilde,
cual si fuera un palacio de oro regio,
entró el anuncio del proyecto santo.
Y, en porfía de amor desenfrenada,
todos a una acudieron.
Y a sentirse llegó como vergüenza
que se dijera: "íCuando todo el mundo
aportó su ladrillo, yo no quise

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llevar el mío al Templo de María!"
íQué milagro de unión de sentimientos!
Asombradas las gentes
gritaban por doquier: íAún está viva
la Fe de nuestro pueblo
que se burla de la ira del infierno
y crece y se hace cada vez más fuerte!

VIII

Oh Señora divina,"no es acaso éste el triunfo evidente de tu poder, que aplasta la cabeza
a la antigua serpiente, y a sus hijos,
que a Cristo y al Eterno desafían
en combate feroz?
La misión celestial prosigue, oh Madre;
pues el Reino de Dios, única fuente
del verdadero bien, tendrá su imperio .
siempre envidiado en ésta
tu tierra predilecta; y cual se aplaude
con himnos y alabanzas
hoy a tu Nombre en este lugar santo,
así se eleve el canto
magnífico y solemne
y perdure en tu honor sacro y perenne.

((265)) IX

Pues Tú en el Cielo aún eres propicia
al que te invoca y honra;
que "en Ti misericordia, en Ti piedad,
"en Ti magnificencia, en Ti se junta
"cuanto hay en lo creado de bondad",
y jamás quedará sin tus favores
el alma a la que cubra
la sombra de tu manto, y la cobije
hasta arribar a la eternal orilla
y a tu lado, oh María, esté segura;
oh, derrama tus dones más preciados
sobre los corazones generosos
que han fomentado esta gloriosa obra;
vean cumplidos todos
sus deseos, que tienden
al verdadero bien, a Dios, al Cielo.

X

Extiende, pues, tu manto protector
sobre estos venerandos
prelados, inflamados en el celo

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de tu gloria y a quienes
se debe el brillo y esplendente luz
de esta solemnidad.
Tú contra el cruel odio,
que al ministerio episcopal execra
y se mofa el mordaz siglo malvado
del Señor su enemigo y de su Cristo,
hazlos firmes cual torre
que nunca agita el vendaval furioso.
Renueva los antiguos
portentos, Madre, y sé también en esta
época en que la fe se ve atacada
el auxilio y la ayuda
de tu pueblo cristiano y de la Iglesia.

XI

Y al que con tanto amor se estima y se le aprecia donde haya un corazón
que palpite en el pecho, a quien se debe
la mayor alabanza, pues que vemos
crecer la juventud que en una edad
tan frágil aún cree y reza;
a él, que ideó el bellísimo proyecto
((266)) del sacro monumento, y tan solícitos
cuidados lo ocuparon que hoy
perfectamente el fin contemplamos,
bendícelo, Piadosa, y guíalo;
manantial de favores,
por Ti alcance merced y bendición
su sociedad cual prenda
que le preparas en el Reino eterno.
1

Después de estas lecturas, para mayor estímulo y emulación, hubo solemne distribución de premios para los alumnos del Oratorio de
Turín y de los colegios de Lanzo y Mirabello, que más se habían distinguido por su buena conducta. Cerróse el acto con unas amenas
representaciones musicales y teatrales, compuestas por don Santiago Costamagna.

A las seis, el Obispo de Mondoví pontificó en las vísperas, y monseñor Balma, Obispo de Tolemaida, pronunció un docto, interesante y
conmovedor discurso sobre María Santísima. Habló de su

1 Hizo la traducción el poeta Rafael Alfaro SdB. (N. del T.)
253

Fin de Página 253

 

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grandeza, adornada con muchísimas figuras del Antiguo Testamento y narró cómo, a lo largo de los siglos, fue siempre entre los
cristianos razón de consuelo y veneración. Monseñor Ghilardi impartió la bendición con el Santísimo.

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((267))

CAPITULO XXII

CUARTO DIA DEL OCTAVARIO -MONSEÑOR BALMA PONTIFICA LA MISA SOLEMNE -DONATIVO DE UN MENDIGO
UN CORAZON DE PLATA POR UNA GRACIA RECIBIDA -OTRA CURACION -MONSEÑOR ROTA ESCRIBE A DON BOSCO
QUE NO PUEDE IR A LA FIESTA POR HABER LLEGADO A GUASTALLA EL HEREJE GAVAZZI CON LA IDEA DE
PREDICAR -EL OBISPO DE SALUZZO OFICIA DE PONTIFICAL EN LAS VISPERAS: PREDICA EL OBISPO DE MONDOVI
QUINTO DIA DEL OCTAVARIO -LLEGADA AL ORATORIO DE LOS CABEZAS DE FAMILIA DE MORNESE Y RELACION
DE LAS GRACIAS QUE LES HA CONCEDIDO MARIA AUXILIADORA -MONSEÑOR GASTALDI CELEBRA LA MISA
PONTIFICAL -REPRESENTACION TEATRAL POR LOS ALUMNOS -EL OBISPO DE MONDOVI OFICIA LAS VISPERAS DE
PONTIFICAL: PREDICA MONSEÑOR GASTALDI -IMPRESIONES EXPERIMENTADAS POR UNA NOBLE DAMA -DON
BOSCO DISTRIBUYE MEDALLAS CONMEMORATIVAS; NOMBRES DE BIENHECHORES A QUIENES SE LES DIERON;
AGRADECIMIENTO DEL CARDENAL ANTONUCCI -SEXTO DIA DEL OCTAVARIO -MONSEÑOR GALLETTI CELEBRA
LA MISA SOLEMNE CON LA IGLESIA COMPLETAMENTE LLENA: SUBE AL PULPITO EL OBISPO DE MONDOVI
CAUSAS DE LA EXTRAORDINARIA CONCURRENCIA -ALGUNAS RELACIONES DE GRACIAS OBTENIDAS -EN LAS
VISPERAS PONTIFICA MONSEÑOR GALLETTI; PREDICA MONSEÑOR GASTALDI -EJERCICIOS GIMNASTICOS EN EL
PATIO

EL día 12 de junio fue el cuarto del octavario; como era viernes, hubo más calma y se pudieron celebrar las funciones con más
regularidad. El Obispo de Mondoví dio la comunión general, a la hora acostumbrada. Pronunció antes una tierna plática, demostrando la
gran ((268)) satisfacción que deben experimentar los cristianos cuando se reúnen para recibir el divino cuerpo del Señor.

La misa solemne fue oficiada pontificalmente por monseñor Balma, asistido por los párracos de la ciudad, representados por el teólogo
Gattino, párroco de Borgo Dora; el teólogo Ponzati, párroco
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de San Agustín; el teólogo Bruno, párroco de los Santos Mártires; el padre Carpignano, párroco y superior de San Felipe, y el teólogo
Trucchi, párroco de la Anunciación.

Fue también un día memorable, dados los muchos sucesos particulares que vamos a exponer brevemente. Entre otros, está el de un
mendigo. Vino a la iglesia, recibió los santos sacramentos y asistió a las funciones sagradas; pero se le veía muy angustiado por no
hallarse en condiciones de entregar un donativo para la nueva iglesia. Inspiróle el Señor un medio y lo aceptó. Salió de la iglesia, fue de
puerta en puerta pidiendo y logró reunir diez céntimos. Volvió a la iglesia, rezó y después, muy conmovido, entró en la sacristía,
diciendo:

-He juntado estos diez céntimos que constituyen todo mi haber. Los entrego para la iglesia. No puedo hacer más, pero vuelvo de nuevo
a ella para pedir a Dios que inspire a otros para que hagan donativos mayores.

Pocos momentos después llegó una señora con un corazón de plata.

-He prometido, dijo, un corazón de plata a María Auxiliadora, si obtenía la gracia y la he conseguido plenamente.

-"Y qué gracia ha sido?

-Me caí hace poco en una calle de la ciudad, me pasó un coche por encima y me destrozó las piernas. Los médicos me atendieron
mucho; pero, al cabo de unas semanas, unánimemente me dijeron que, dada mi edad de setenta y seis años, no podían asegurarme la
curación. ""No hay ningún remedio?", pregunté al doctor. "No hay más remedio que un milagro del Señor", respondió. Entonces me
encomendé con fe a María Auxiliadora; hice una ((269)) novena y en poco tiempo quedé perfectamente curada: la Virgen ha obrado un
verdadero milagro. Ahora camino libremente y, agradecida, cumplo mi obligación. Quien desee saber mi nombre que lo lea detrás del
corazón que ofrezco: Ana Caniparo, de setenta y seis años.

Telegrafiaba al mediodía a don Bosco monseñor Pedro Rota, que debía llegar para tomar parte en las funciones sagradas:

"El hereje Gavazzi ha llegado a Guastalla para predicar la impiedad; queda suspendido mi viaje; rogad a María Auxiliadora que nos
libre de esta desgracia".

Ante esta noticia se hicieron públicas plegarias en la nueva iglesia y la Santísima Virgen las oyó. Gavazzi intentó predicar, pero no
pudo. Desafió al Obispo y a otros para una discusión, que aceptaron. Pero él, temiendo fracasar públicamente, buscó pretextos para
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renunciar a ella. El público se indignó y el famoso Gavazzi tuvo que escapar a toda prisa de la ciudad, sin que hubiera que deplorar las
tristes consecuencias y los graves daños por él ocasionados en otras localidades. De este modo se confirmaba con los hechos lo que canta
la Iglesia Católica en honor de la Santísima Virgen: Cunctas haereses sola interemisti in universo mundo! (Tú sola destruíste todas las
herejías en el mundo)

Después de la comida, para variar el recreo de los muchachos, se rompieron ollas llenas de golosinas y los alumnos de retórica fueron a
visitar el museo de Historia Natural, el Egipcio y el de Armas antiguas.

Entre los muchos que acudieron aquel día a dar gracias a la Virgen por favores recibidos estuvo un tal Juan Pinelli, de Avigliana.

-Mi hijo, dijo, fue atacado por una tos pertinaz, que parecía amenazar su vida. Después de unos meses, creyeron los médicos que le
afectaba a los pulmones y, por tanto, que era propenso a una verdadera tisis. Sin esperanza en la ciencia humana, acudí a la que cada día
llamamos Auxilio de los Cristianos y, a ejemplo de algunos paisanos míos, hice una novena con una promesa. Aún no había terminado la
novena ((270)) y mi hijo estaba curado. Nótese, además, que padecía otras incomodidades y todas desaparecieron durante la afortunada
novena.

A las seis de la tarde, pontificó monseñor Lorenzo Gastaldi en las vísperas y en la bendición, y predicó el Obispo de Mondoví, quien
habló en términos adecuados de los grandes tesoros que se hallan en la Iglesia de Jesucristo y de los estrepitosos milagros que
continuamente se realizan.

"En la Iglesia Católica, dijo, se han renovado de forma mucho más perfecta y sublime los milagros obrados por Dios en los lugares más
célebres del Antiguo y del Nuevo Testamento, como son el Paraíso terrenal, el arca de Noé, el templo de Salomón y toda Palestina,
especialmente en los tiempos del Salvador. Pero, "qué son estas maravillas comparadas con las que nosotros vemos cumplirse cada día en
la Iglesia de Jesucristo y especialmente en la administración de los santos sacramentos?".

Concluía animando al fiel cristiano a mantenerse valerosamente, a costa de cualquier sacrificio, en el regazo de esta santa Madre
Iglesia, mientras viva sobre la tierra, como único medio para asegurarse la suma felicidad preparada en el cielo.

Las funciones del sábado 13 de junio, quinto día del octavario, las inició el Obispo de Mondoví, que celebró la misa de comunión
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general e hizo una corta plática en la que demostró cómo los hombres poseen un medio eficacísimo para aplacar a Dios con la ofrenda de
Jesús Sacramentado.

"El corazón de Jesús, decía, es mucho más querido por el Eterno Padre, que el corazón de todos los hombres juntos. Esta ofrenda es tan
grande, que el Eterno Padre no podría exigir una mayor". Desarrolló estos pensamientos apoyándose en la autoridad de los libros
sagrados y de los santos Padres, con semejanzas y ejemplos análogos.

Por la mañana llegaron, procedentes de Mornese, cuarenta padres de familia, con el Alcalde a la cabeza y don Domingo Pestarino, en
representación del párroco; venían como delegados para presentar los obsequios del pueblo y dar gracias a María por los beneficios
((271)) recibidos de Ella. Su aparición en el Oratorio sorprendió a todos. Unos llevaban una gran gorra encarnada a la cabeza; otros, un
sombrero de ala muy ancha; algunos vestían calzón corto y jubón y otras prendas a la antigua usanza; pero todos, amables y garbosos.

Se presentaron a don Bosco. Don Domingo Pestarino, intérprete del pensamiento de todos, pronunció este discurso ante respetables y
autorizados personajes:

"No os asombréis, señores, al ver aquí reunidos a estos representantes del pueblo de Mornese. Si no lo hubieran impedido las faenas del
campo, probablemente habrían venido todos sus habitantes. Estos, pues, representan a cuantos se quedaron en sus casas. Nuestro objeto
es dar gracias a la Virgen Auxiliadora por los beneficios recibidos. María es para nosotros un nombre grande. Oíd: hace dos años, muchos
jóvenes de nuestro pueblo, que debían partir para la guerra, se pusieron bajo la protección de la Santísima Virgen y se colgaron al cuello
la medalla de María Auxiliadora. Fueron, afrontaron valerosamente toda suerte de peligros, y ni uno solo cayó víctima de aquel azote del
Señor. Además, los pueblos vecinos sufrieron los estragos del pedrisco, la sequía y el cólera, y nosotros quedamos indemnes. Bendecidos
por Dios y protegidos por la Santísima Virgen, hemos tenido el año pasado tan abundante vendimia como no se había visto en muchos
años. Este año sucedió algo que parece increíble a los mismos que fueron testigos. Cayó una granizada espesa y gorda por todo nuestro
término y pensábamos que la cosecha había sido destruida por completo. En todas las casas, se invocaba el nombre de María Auxiliadora;
como la granizada duró más de quince minutos, quedó el terreno blanco, como cuando nieva mucho en el invierno.
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"Encontrábanse allí por casualidad unos forasteros y, al ver la consternación reflejada en todos los rostros, decían con malicia:

"-Id a María Auxiliadora y que os devuelva lo que se ha llevado el pedrisco.

"-No habléis así, respondióles uno seriamente: María nos ayudó el año pasado, y ((272)) le estamos agradecidos por ello; si este año
continúa favoreciéndonos, habrá un motivo más para nuestro agradecimiento. Mas, si Dios nos creyera dignos de castigo, diremos con el
santo Job: Dios nos lo ha dado, Dios nos lo ha quitado, bendito sea siempre su santo nombre".

"Mientras así hablaban en la plaza del pueblo, apenas pasada la granizada, llegó uno de los principales terratenientes del pueblo
jadeando y gritando en alta voz:

"-Amigos, hermanos, no os acongojéis; el granizo cubrió nuestros campos, pero no hizo ningún daño. Venid a ver cuán grande es la
bondad del Señor.

"Imaginad lo aprisa que corrieron para ver sus tierras, sus prados, sus viñas, que encerraban los tesoros y recursos de cada familia.
Vieron que era cierto lo que había dicho el amigo, y todos ensalzaban el nombre de la Santísima Virgen Auxilio de los Cristianos..."

"-Yo mismo, interrumpió uno al buen sacerdote, yo mismo, en una tierra mía, vi el granizo alrededor de los tallos de maíz haciendo una
especie de círculo; pero las plantas no habían sufrido ningún daño.

"Es voz común, continuó diciendo el mencionado sacerdote, que la granizada no sólo causó daño al campo, sino que lo benefició,
puesto que nos libró de la sequía que amenazaba nuestras tierras. Después de tantas pruebas de bendición, "puede haber un mornesino
que no busque el modo de profesar el más profundo reconocimiento a María? Mientras vivamos, recordaremos tan grandes favores y
tendremos una gran satisfacción siempre que podamos venir a esta iglesia a traer la ofrenda del agradecimiento y elevar una oración de
gratitud a la bondad divina".

Aquéllos devotos embajadores cumplieron su misión de forma edificante. Confesaron, comulgaron y asistieron a los actos religiosos del
sábado, domingo y lunes hasta mediodía. A esta hora se reunieron, y ((273)) dejando en el Oratorio un luminoso ejemplo de religiosidad
y buena educación, con la alegría en el corazón y la sonrisa en los labios, volvieron al seno de sus familias.

A las diez, celebró monseñor Gastaldi la misa pontifical, asistido por el canónigo None, párroco del Corpus Christi; el teólogo Peirani,
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párroco de la Gran Madre de Dios; el teólogo Arpino, párroco de San Pedro y San Pablo; el teólogo Lotteri, párroco de Santa María de la
Plaza; y el sacerdote Juan Bonetti, director del seminario menor de Mirabello, que sustituía al párroco de Santa Teresa.

Después del recreo del mediodía, hubo teatro con gran satisfacción para los alumnos. Se representó la comedia El ratero y hubo en los
entreactos canciones y declamación de amenas poesías piamontesas.

A las seis de la tarde, pontificó las vísperas el Obispo de Mondoví y predicó monseñor Gastaldi. Comenzó éste exponiendo su asombro
al contemplar la nueva iglesia dedicada a la gran Madre de Dios, en aquel lugar antes baldío. Contó después brevemente la historia de los
oratorios festivos y de la casa de Valdocco, que él mismo vio nacer y crecer ante sus ojos. Describió a continuación la finalidad de los
oratorios y de la casa aneja y habló luego de la necesidad de educar religiosamente a la juventud, educación que sólo puede dar la Iglesia
Católica. Finalmente alentó a los colaboradores a continuar su obra y animó a la extraordinaria muchedumbre de oyentes a sostener y
promover esta institución que les acarrearía la bendición de Dios y la gratuidad de los hombres.

Se terminó la jornada con la bendición del Santísimo Sacramento, impartida solemnemente por el Obispo de Mondoví.

Entre tanto, aquellos señores que, después de haber asistido algún día a las fiestas, habían vuelto a sus ciudades, no salían de su
admiración por cuanto habían visto y por las atenciones de don Bosco.

Desde Milán escribían al caballero Oreglia la siguiente carta:

((274)) Milán, 13 de junio de 1868

Muy apreciado Caballero:

Apenas llegada a Milán, me siento en la obligación de dirigirle estas líneas para agradecer de corazón, tanto a usted como al M. R. don
Bosco, su bondad y las atenciones que me dispensaron.

Le aseguro que conservaré siempre el más grato recuerdo de los hermosos días ahí pasados, en la bonita ocasión de la inauguración del
magnífico templo dedicado a María Auxiliadora. Me haría un gran favor, si pudiera enviarme, por medio de don Pablo Brambilla,
portador de la presente, una medalla conmemorativa de la fiesta, de las que tienen grabada la fecha de la inauguración y la fachada de la
iglesia, ya que me he dado cuenta de que las medallas que ayer me regaló don Bosco, no son de éstas, sino sencillamente de la Virgen.

Le incluyo dos liras para la celebración de una misa, según la intención de mi hijo, que se encomienda particularmente a sus oraciones
y a las de don Bosco. Lo
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que también hago yo nuevamente para mí y para toda mi familia, según nuestras intenciones.

Presente los más respetuosos saludos a don Bosco, a quien nuevamente ofrezco siempre y para todo mis servicios, feliz si pudieran serle
de alguna utilidad...

Condesa TERESA BOLOGNINI DAL-VERME

La medalla conmemorativa de la gran solemnidad medía más de cinco centímetros de diámetro. Llevaba en una cara la imagen de María
Auxiliadora, con la inscripción Maria Auxilium Christianorum, ora pro nobis -Turín año MDCCCLXVIII; y en la otra, muy bien
grabada, la fachada del nuevo templo. Ya antes había dicho don Bosco a don Pablo Albera:

-Acuñaremos una medalla conmemorativa de la consagración del santuario y pienso escribir en ella: Totum nos Deus habere voluit per
Mariam! (Dios quiso dárnoslo todo por medio de María).

Tenemos una lista, escrita por el mismo don Bosco, de aquellos a quienes entregó o envió dicha medalla. Los nombres están
seguramente por orden de entrega o de envío.

Canónigo Bermudi, Vicario General de Fossano -Canónigo Oreglia -Doña Cristina Pittatore -Señorita Celebrini -Condesa Camburzano
-Abad Bernardi, Pinerolo -Don Bourlot y sus compañeros, Fenestrelle -((275)) Rector del Seminario de Novara -Señor Obispo de Novara
-Obispo de Casale -Condesa Callori -Monseñor Gastaldi -Monseñor Galletti -Monseñor Ghilardi -Monseñor Rota -Monseñor Balma
-Señorita Prato -Señorita Teresa Vallauri -Don Pedro Vallauri -Duquesa Melzi-Sardi -Duque Scotti-Melzi -Duque Tomás Scotti -Conde
Juan Melzi -Condesa Teresa Dalverme -Bianchi Ghinsalvi -Princesa Viano -Princesa Aldobrandini -Cardenal Consolini -Monseñor
Roncetti -Comendador Angelini -Monseñor Cretoni -Cardenal Berardi -Cardenal Bernabó -Marquesa Baviera -Padre Abad de los
Antonianos -Pardini -Monseñor Ricci -P. Passeri -Tancioni, hermano Rector Propaganda -Monseñor Anivitti, Director del periódico La
Virgen -Don Pedro Avanzini -Cardenal Antonucci Ancona -Monseñor Asinari, Arzobispo -Cardenal Amat -Condesa Antonelli Folchi
-Señores hermanos Aicardi -Princesa Borghese -Príncipe y Princesa Barberini -Monseñor Bartolini -Monseñor Badía -Señora Busiri
-Abogado Bertinelli -Canónigo Bertinelli -Cardenal Bofondi -Cardenal Bizzarri -Cardenal Borromeo -Cardenal Billio -Condesa
Connestabile -Marquesa Cavalletti -Baronesa Cappelletti -Cardenal Clarelli -Monseñor Carones -Monseñor Colombo -Droguero Centi
-Monseñor de Merode -Cardenal Di Pietro -Condesa De Maistre -Duquesa Sora -Condesa Folchi Cavalletti -Señora Fattori -Monseñor
Frateiacci -Monseñor Folicaldi -Sor Galeffi -Cardenal Guidi -Monseñor Greol-Delveata -Caballero G. Ughi -Señora Lunati -Señor
caballero Focardi -Condesa Melingen -Marquesa Marini -Monseñor Herby -Conde Macchi -Cardenal Milesi -Monasterio Filipenses
-Monasterio Trinidad de los Montes -Monasterio de Santa Rufina -Sor G. Vitelleschi -Monseñor Negrotto -Princesa Orsini -Princesa
Odescalchi -Marqués Juan
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Patrizi -Monseñor Pacca -Cardenal Roberti -D. Roggeri -Príncipe Ruspoli -Príncipe Falconieri -Duque Salviati -Monseñor Svegliati
-Cardenal Sacconi -Condesa Vinci -Marquesa María Vitelleschi -Marquesa Clotilde Vitelleschi señor Salvador Vitelleschi -Señora Rosa
Mercurelli -Padre Dominico Mercurelli -Padre General de los Dominicos.

Tenemos una carta de respuesta al obsequio de don Bosco:

Muy querido don Bosco:

Le agradezco de todo corazón la medalla que ha tenido a bien enviarme, en su carta del 16 del corriente, como recuerdo de la nueva
iglesia que nuestra madre María Auxiliadora ha hecho construir en su honor casi milagrosamente, merced a su celo por la mayor gloria de
Dios.

La fachada, que presenta la medalla, es muy hermosa y el interior será ciertamente mejor; si las circunstancias de los tiempos y las mías
particulares lo permitieran, haré con gusto una visita.

((276)) Me encomiendo a sus fervorosas oraciones y créame siempre con sincero cariño y adhesión.

De usted, queridísimo don Bosco,

Ancona, 27 de agosto de 1868.

Afmo. de todo corazón
" A. B. Cardenal ANTONUCCI, Arzob.

El domingo 15 de junio, sexto día del octavario, apenas se abrió la iglesia, se llenó de fieles. A las seis empezó la misa monseñor
Ghilardi y pronunció en ella la acostumbrada plática.

"En la santa misa, dijo, se ofrece al Eterno Padre en todas las partes del mundo y a todas las horas del día, la Sangre de Jesucristo,
sangre que solamente vale para mitigar su justo enojo y resarcirle de todas las injurias y ultrajes que causan los hombres a la Suprema
Divina Majestad".

Concluyó, después, animando a todos a renovar frecuentemente la intención de participar en las misas que se celebran en toda la
cristianidad. Finalmente, distribuyó la sagrada comunión durante más de una hora.

A las diez y media celebró la misa solemne monseñor Galletti, asistido por los Rectores de Obras Pías, representados por los sacerdotes
Santiago Bosco, Rector del Monasterio de las Religiosas de San José; teólogo Fissore, Rector de la Obra de San Miguel, llamada
Maternidad; José Sierra, Director del Monasterio de las Adoratrices Perpetuas; teólogo Rondo, Rector del Asilo de Virtudes; don Juan
Giacomelli, Rector del Hospitalillo de Santa Filomena.
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Terminada la misa, la iglesia siguió aún más repleta de gente que antes. Entonces el Obispo de Mondoví subió de nuevo al púlpito y
pronunció una emocionante y fervorosa plática.

"No me maravillo, comenzó diciendo, de que tan gran multitud, de toda edad, sexo y condición, se detenga en esta iglesia como si no
acertara a alejarse de su Madre María".

Y pasó a tejer la historia de la ((277)) gran devoción que en todos los tiempos profesaron los turineses a María y cómo esta madre, por
su parte, correspondió con una serie ininterrumpida de gracias espirituales y materiales. Siguió después hablando de las grandezas de
María, como madre del Verbo Divino, como hija del Eterno Padre, como esposa del Espíritu Santo y concluyó diciendo que podemos
recurrir a ella como a madre que puede y quiere conceder abundantemente sus divinos tesoros.

Añadió finalmente el modo con que los hijos de María pueden asegurarse la continuación de los mismos beneficios tan necesarios para
la vida presente y la futura.

La razón de tan extraordinaria concurrencia a una iglesia recientemente consagrada al culto divino era múltiple. Las funciones y
sermones de obispos conocidos y renombrados por la predicación; ser día festivo, que permitía asistir a obreros y agricultores; la
repetición que se hacía aquel día de la música a toda orquesta y coros de la antífona Sancta María y del Tantum Ergo, habían estimulado
el deseo general.

Añádase la voz, cada día más difundida, de que la Santísima Virgen, en una solemnidad tan grande, concedía gracias especiales, como
en realidad muchos andaban contando. No pocos iban para agradecer a Dios las gracias recibidas y generalmente procuraban llevar con
ellos a otros parientes o amigos. Por estas razones, veíanse reunidos diversos personajes ilustres, procedentes de Turín, Milán, Venecia,
Bolonia, Florencia, Roma, Nápoles y otras ciudades. La iglesia quedó literalmente abarrotada de gente durante todo el día. Hubo un
momento en el que los de dentro no podían salir y los de fuera no podían entrar.

Hubo muchos hechos aquel día que se atribuyeron a gracias recibidas; mas, como la mayor parte eran de orden espiritual, no fueron
publicados; otros eran de orden material, pero las personas interesadas deseaban, por justos motivos, que no se hablara de ellas.

Creemos, conveniente sin embargo transcribir aquí algunos relatos.

((278)) Una persona de Chieri, muy respetable y digna de fe, hizo
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unos donativos y expuso ampliamente lo que nosotros reducimos a unas líneas.

Vicente Destefanis, de Chieri, atormentado durante siete meses por una fuerte enfermedad a los ojos, tenía ya tan disminuida la visión
que temía perderla y quedarse ciego. Iba de mal en peor, cuando una persona le aconsejó que se encomendara a la Virgen Auxiliadora de
los Cristianos. Al mismo tiempo le indicaron unas oraciones para recitar todos los días durante determinado tiempo. Lleno de confianza,
empezó a hacerlo con toda el alma y enseguida advirtió que disminuía notablemente su mal, tanto que, aún no había terminado el día
señalado, cuando podía decirse que estaba completamente restablecido.

Una viuda de Chieri, Josefa Vitrotti, hacía varios meses que tenía una especie de tumor en un carrillo. Muchos médicos, después de
haber probado todos los medios que conocían, declararon que el mal era incurable. Su sobrina, Josefa Gastaldi, sufría también varios
males en su cuerpo, sin que nada le valieran los descubrimientos de la ciencia; hasta cuando permanecía inmóvil en la cama, la violencia
del mal encogía y retorcía su cuerpo. Así las cosas, como una y otra perdían toda esperanza de curación, se les propuso hacer una novena
a la Virgen venerada con el título de María Auxiliadora. De buena gana aceptaron el consejo y empezaron con gran fe la novena recitando
las oraciones que les indicaron. Aún no habían terminado la novena y la viuda se encontraba curada de su tumor. Del mismo modo, la
sobrina pudo también levantarse de la cama al mismo tiempo, andar y quedar libre de sus males.

Un jovencito de Chieri estaba atormentado por una llaga en un brazo, que le producía agudísimos dolores. El padre ya no sabía qué
hacer, por lo que le encomendó a María Auxiliadora y le llevó a la nueva iglesia. Invocaron juntos ((279)) la protección de la que es
Auxilio de los Cristianos y el brazo enfermo quedó completamente sano. El padre se marchó contento refiriendo lo sucedido a su hijo y lo
contó como una bendición de Dios sobre toda la familia.

"Son ya continuas, escribieron a don Bosco desde Carignano, y muy diversas las gracias y los favores que María Auxiliadora concede a
sus devotos. Una prueba más es, sin lugar a dudas, la de la jovencita de esta ciudad Carolina Brusa.

"Se encontraba hacía casi cuatro años con una mano enferma por una tenaz y descuidada inflamación, que le incapacitaba hasta para
comer con ayuda de sus manos. Su madre había puesto en juego todos los remedios de la ciencia para curarla, pero en vano. Un
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día vino a mí y me contó el doloroso estado de su hijita. Yo pensé invitarla a ir hasta Turín y dirigirse a la iglesia de María Auxiliadora.
Obedeció la piadosa mujer, y en pocos días se cumplieron en ella los prodigios de la fe puesta en María. Yo mismo vi a la joven
(entonces mi inquilina), que, loca de alegría, me tendió su mano ya curada y, al mismo tiempo, juntamente con sus padres, bendecía de
corazón a la Santísima Virgen y recordaba agradecida el nombre de María Auxiliadora, a quien atribuía el señalado favor.

"Como devoto de María y solamente para su honor y gloria, acepté gustoso la cortés invitación de escribir brevemente la presente
relación concerniente a la jovencita Carolina Brusa, de Carignano. En el altar de María hay una mano tallada en plata, como
imperecedero recuerdo de la gracia recibida".

Así lo manifiesta Domingo Fea, testigo ocular del hecho de Carignano, en nombre de la familia y de todo el vecindario.

A las cuatro de la tarde monseñor Galletti pontificó en las vísperas y predicó monseñor Gastaldi. Comenzó éste con las palabras de san
Bernardo: Totum nos (Deus) habere voluit per Mariam (Dios quiso dárnoslo todo por medio de María). Recordó algunos de los más
célebres monumentos que atestiguan la ininterrumpida serie de gracias que en todo tiempo alcanzó María en las diversas ((280)) partes
del mundo para sus devotos; habló de Turín y de la nueva iglesia, que de modo providencial pudo construirse en tan corto espacio de
tiempo.

No sabemos los miles de personas que oirían el sermón; pero era mayor el número de los que esperaban fuera, para poder entrar de
alguna manera en el sagrado recinto.

Ciertamente se debe atribuir a una especial protección de la Virgen María que, en medio de tanta gente, no hubiera que lamentar el más
mínimo desorden en la iglesia, ni fuera de ella. Todos buscaban con paciencia satisfacer su propia devoción y nada más.

Después de la plática, monseñor Galletti impartió la bendición con el Santísimo Sacramento.

A las siete hubo festival gimnástico en el patio, ante un público numerosísimo. Lo dirigían Anfossi y Villanis. Además de los alumnos,
asistían muchos forasteros. Entraron primero en el campo los muchachos de Lanzo y se colocaron en fila divididos por compañías. Sus
ejercicios consistieron en variadísimas evoluciones. Era admirable la perfecta y exacta obediencia a la voz del que ordenaba los
movimientos. Después de los de Lanzo se presentaron los gimnastas del Oratorio, que hicieron ejercicios acrobáticos, con elegancia,
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sin movimientos groseros, contrarios a la compostura cristiana. A continuación, montados en el pasavolante, y armados de un florete,
lograban enfilar y llevarse los anillos que colgaban a conveniente altura, cuando más rápido era el movimiento. Finalmente se puso como
blanco de sus golpes una especie de globo de papel; la máquina (el pasavolante) siguió girando y los floretes rasgaron el blanco, de donde
salió volando una bandada de pajaritos. Así concluyó el espectáculo.

Don Bosco había contemplado todo desde la barandilla del primer piso, sin decir palabra, ni dar muestra de aprobación. Satisfecho de
ver cómo se divertían sus hijos, había querido hacer más agradable su diversión con su presencia, pero su mente andaba con otros
cuidados.

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((281))

CAPITULO XXIII

SEPTIMO DIA DEL OCTAVARIO -MONSEÑOR GASTALDI CELEBRA LA MISA DE COMUNION GENERAL Y HACE UNA
PLATIQUITA -MISA PONTIFICAL DEL OBISPO DE MONDOVI -RELACION DE UNA GRACIA -REPRESENTACION
TEATRAL DE UNA COMEDIA LATINA ANTE MUCHOS ESPECTADORES ILUSTRES -JUEGOS DE PRESTIDIGITACION
PARA LOS ALUMNOS EN EL PATIO -EL OBISPO DE MONDOVI PONTIFICA EN LAS VISPERAS -PREDICA MONSEÑOR
GALLETTI -ULTIMO DIA DEL OCTAVARIO -EL OBISPO DE ALBA CELEBRA EL PONTIFICAL -UN SAINETE Y POESIAS
HUMORISTICAS ENTRETIENEN A LOS ALUMNOS EN EL TEATRO -MONSEÑOR GALLETTI PONTIFICA EN LAS
VISPERAS Y MONSEÑOR GHILARDI PRONUNCIA EL ULTIMO SERMON -SOLEMNE TEDEUM -SUFRAGIOS POR LAS
ALMAS DE LOS BIENHECHORES DE LA IGLESIA DIFUNTOS -MONSEÑOR GALLETTI CELEBRA LA MISA DE
COMUNION, PREDICA SOBRE LAS ALMAS DEL PURGATORIO E IMPARTE LA BENDICION CON EL SANTISIMO
ARTICULO DE LA UNIDAD CATOLICA SOBRE LAS SOLEMNISIMAS FIESTAS -LOS ALUMNOS DE MIRABELLO Y DE
LANZO VUELVEN A SUS COLEGIOS -PRECIOSA MUERTE DE DON JOSE BONGIOVANNI, DIRECTOR DEL CLERO
INFANTIL Y DE LA COMPAÑIA DEL SANTISIMO SACRAMENTO -DON BOSCO ATRIBUYE A LA VIRGEN Y NO A SI
MISMO EL BIEN QUE HACE, Y A SU CONDICION SACERDOTAL LAS DEMOSTRACIONES DE APRECIO QUE LE
DEDICAN -CINCO CARTAS DE DON BOSCO A LA MARQUESA FASSATI

DURANTE el lunes, 15 de junio, séptimo día del octavario, continuó la gran afluencia de fieles. A la hora ordinaria, monseñor Gastaldi
celebró la misa de comunión general e hizo una sencilla, pero muy conmovedora ((282)) plática. Demostró el inmenso amor de Jesucristo
al dársenos como alimento en la sagrada eucaristía; e indicó también cómo cada uno debe acercarse a este sacramento de amor y consuelo
con todo afecto.

A las diez, pontificó la misa solemne el Obispo de Mondoví, asistido
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por los rectores de las iglesias particulares y de las Obras de Beneficencia, representados por el teólogo Montá, Rector del Real
Manicomio; el reverendo Bono, Rector de la iglesia de la Santísima Trinidad; el teólogo Roberto Murialdo; el teólogo Leonardo
Murialdo, Rector del Colegio de los Artesanitos; el teólogo Bertoglio, Rector de la capilla real de la Sábana Santa; el teólogo Gaudi,
Canciller de la Curia Arzobispal.

Hacia el mediodía la señora María Casati, de Milán, hacía una ofrenda y presentaba el siguiente relato:

"Un ataque de parálisis me dejó impedida de medio cuerpo, con amago de ulteriores acometidas. Quedé así reducida al último extremo.
Mis padres, animados por otros hechos que habían oído contar, y ya sin esperanza de mejoría por medios humanos, recurrieron al auxilio
del cielo, a la protección de María Auxiliadora. Se pidió la bendición, se comenzó la novena y se determinó que se celebrara la santa
misa, mientras los míos rezaban alrededor de mi cama. A las siete y media de la mañana, hacia la mitad de la misa, que se celebraba en
honor de María Auxiliadora, de repente volví sobre mí misma, recuperé el habla, los miembros paralíticos recobraron su ordinario
movimiento y yo me sentí y me encuentro completamente sana. Deseo se dé a este hecho la mayor publicidad posible, para que todo el
mundo conozca la gracia que obtuve de María Auxiliadora y así sea invocado y bendecido siempre su santo nombre".

A las tres de la tarde se representó una comedia latina. Le gustaba a don Bosco que se tuvieran de vez en cuando estas funciones
teatrales para ejercitar a los alumnos en la vocalización, y la lectura e inteligencia de este antiguo y majestuoso lenguaje, la lengua de
Roma y de la Iglesia. Con ello demostraba que la ((283)) religión no es, ni mucho menos, enemiga de la ciencia y de las letras. Los
invitados eran nobles, respetables y doctos. Estaban, además de los Prelados, muchos otros personajes de la ciudad y forasteros, lo cual
aumentó el entusiasmo de los actores y el deseo de representar bien su papel.

La comedia elegida para aquel día se titulaba: Fasmatónices, palabra griega que quiere decir: Vencedor de los fantasmas y de los
espectros. Es una de las muchas obras del célebre monseñor Rossini, obispo de Pozzuoli, famoso por sus producciones teatrales latinas.
Está escrita en verso con metro y locución plautinas, lo que produce una amena novedad en el oyente. El argumento es éste:

Un padre tiene que ir a Atenas para sus negocios y deja a un amigo
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encargado de guardar y educar a su único hijo. El amigo, flojo y descuidado, no observa que el muchacho trata con malos compañeros,
que le seducen y hacen perder el dinero en juego y francachelas; y que finalmente, guiado por la astucia de un criado y de un estafador, se
determina a vender la casa para pagar las deudas y tener más dinero para derrochar. Cuando el asunto está a punto de resolverse, llega de
repente el padre, que ahuyenta a los malos compañeros, castiga al criado y reprende severamente al hijo, haciéndole ver a qué extremos
conduce la vida desordenada.

Antes de empezar, en los entreactos y al final de la representación, se interpretaron números de música instrumental y vocal con coros y
solos. Todo resultó muy del gusto del auditorio, que aplaudió la comedia y el desparpajo, la vivacidad y espontaneidad de los actores.

Entretanto, los alumnos asistían en el patio a unos juegos de prestidigitación.

A las seis de la tarde, ofició las vísperas, de pontifical, el señor Obispo de Mondoví y predicó monseñor Galletti. Con su maravillosa
sencillez, pero con gran fervor, habló de las glorias de María Auxiliadora glorificada en todo tiempo y lugar. Marcó cómo el culto de
María Santísima crece y se conserva, se ((284)) consolida y se dilata por doquier con la fe en Jesucristo; y cómo la experiencia demuestra
que, cuando desgraciadamente uno se aleja de la fe, primero se aleja de la devoción a María; y quien se enfría en la devoción a María, se
enfría igualmente en la fe. De modo que la devoción a María es una garantía de vida cristiana, de perseverancia en el bien y de una
muerte feliz. La razón de esta maravilla está en que María es auxilio de los cristianos.

El martes, 16 de junio, último día del octavario, a la hora de costumbre, el Obispo de Mondoví celebró la misa de comunión general.
Antes, pronunció según costumbre, una muy conmovedora plática, en la que demostró que Jesús en la Eucaristía es maestro de humildad,
de paciencia y de obediencia.

En la misa solemne pontificó monseñor Galletti, asistido por el teólogo Genta, párroco de San Francisco de Paula; el reverendo Griva,
párroco de San Donato; el teólogo Cora, párroco de la Crocetta;
el reverendo Ferrero, párroco de Santo Tomás y don Juan Bonetti, director del seminario menor de Mirabello.

A las tres de la tarde, hubo otra vez un poco de teatro para los alumnos. Se representó el sainete La herencia de Córcega y se
declamaron varias poesías jocosas en dialecto.
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A las seis, pontificó en las vísperas solemnes monseñor Galletti, asistido por los presbíteros de la mañana a los que se sumó el teólogo
Gaudi, Canciller del Arzobispado. También estaba presente el canónigo Vogliotti, provicario general. Debía haber asistido el canónigo
Zappata, vicario general, mas no pudo, impedido por motivos de salud, como se dignó comunicar expresamente por medio de una carta.

Monseñor Ghilardi predicó su último sermón. Demostró en él cómo la Iglesia Católica es un verdadero paraíso en la tierra, por la
presencia real de Cristo en la sagrada eucaristía, que basta ella solamente para colmarnos de gozo y de delicias. Después, con maravillosa
maestría, desarrolló el pensamiento de que, recibiendo la eucaristía, satisface el hombre plenamente los tres deseos que suelen inquietar a
los hombres, a saber: riquezas, honores y placeres. ((285)) Añadió que nosotros no podemos ofrecer al Eterno Padre ningún don mayor
que el corazón de su Divino Hijo.

Después de cantar solemnemente el Tedéum, con música del maestro Blanchi, monseñor Galletti impartió la bendición con el Santísimo
Sacramento a la inmensa multitud.

Durante todo el octavario se celebraron cada día, como ya hemos dicho, prácticas de piedad especiales para impetrar las celestes
bendiciones sobre los beneméritos donantes a quienes Dios llamó a mejor vida antes de que fuese abierta al culto divino la nueva iglesia.
Consistían éstas en oraciones diversas, como el santo rosario, la comunión general, y la aplicación del sacrificio de la misa. Pero el 17 de
junio, a las siete de la mañana, se reunieron los alumnos de las casas de Turín, Lanzo y Mirabello con muchos otros fieles para un funeral
a propósito.

Se recitaron oraciones especiales y el rosario por los difuntos;
monseñor Galletti celebró la santa misa, distribuyó la sagrada comunión a la multitud y finalmente pronunció una plática apropiada.

En ella comenzó por señalar el deber de gratitud con quienes nos han hecho algún bien. "Esta gratitud, dijo, es laudable en todos y con
todos, pero especialmente con los que, llamados por Dios a la vida bienaventurada, esperan todavía la ayuda de aquellos a quiénes
beneficiaron durante su vida mortal".

Desarrolló después las palabras de Judas Macabeo: Sancta ergo et salubris es cogitatio pro defunctis exorare ut a peccatis solvantur
(Santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos, para que sean absueltos de sus pecados).
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"Lo mismo que nosotros, dijo entre otras cosas, llamamos santo al que está desprendido de las cosas del mundo y se consagra por
entero a Dios, así se debe llamar santo el pensamiento de rezar por los difuntos; porque, levantándonos por encima de las cosas de la
tierra, nos lleva a meditar en la situación de aquellos queridos hermanos y bienhechores nuestros, a los que el fuego del Purgatorio limpia
y embellece. Por eso, con ((286)) fervientes oraciones y buenas obras, pedimos al Señor que acelere su liberación de las llamas del
purgatorio".

Resaltó lo saludable que es este pensamiento para las almas purgantes, para nosotros mismos y lo sumamente grato que le resulta a la
Santísima Virgen, la cual ciertamente muestra el más vivo interés por aquellas queridas almas que también son sus hijas, y ansía y celebra
que alguno se dedique a acelerar su futura felicidad celestial.

Cerróse la sagrada función con la bendición del Santísimo Sacramento. Con este funeral terminaron las gratas funciones de la
consagración y del octavario de la iglesia de María Auxiliadora.

La Unidad Católica del 21 de junio hacía este resumen:

En la mañana del pasado miércoles se acabó el octavario por la solemne consagración de la nueva iglesia erigida en Turín a María
Auxiliadora. Todo lo anunciado en el programa se cumplió con la mayor exactitud y grandiosidad. La concurrencia fue más que
extraordinaria, la iglesia estuvo siempre repleta de gente, especialmente el día del Corpus y el domingo siguiente: parecía que toda la
ciudad se hubiera volcado sobre Valdocco; con dificultad podían circular los carruajes por las calles que conducen a la iglesia; tan
ocupadas estaban continuamente por la devota población que acudía a la iglesia en bandadas.

Y no sólo los turineses quisieron tomar parte en tan gran solemnidad, sino que concurrieron de los pueblos vecinos y también de los
lejanos; insignes personajes de Génova, Milán, Florencia, Bolonia y hasta de Roma llegaron a Turín para asistir a la consagración de la
nueva iglesia. Y no era sólo la solemnidad lo que atraía a tanta gente, ya que el espíritu de devoción se reflejaba en todos los rostros; por
la mañana en particular se veía la devoción de los turineses a María Auxiliadora, porque, de la aurora al mediodía, era continua la
recepción de los santos sacramentos; por lo que se ha podido calcular, sin peligro de exageración, que las comuniones repartidas en la
nueva iglesia durante dicho octavario, pasaron de doce mil.

Además, todas las funciones sagradas resultaron espléndidas...

Y después de citar los Obispos que tomaron parte en ellas, añadía el mismo periódico:

((287)) Solemnizaba muchísimo los pontificales la música instrumental
y vocal, que no faltó en ninguna función de la mañana, ni de la tarde; de modo que nada más se pudo desear para engrandecer y dar realce
y decoro a las sagradas funciones de todo el octavario.

Ha sido admirable también que, en medio de tan gran concurso de gente, no
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haya habido el más mínimo desorden: todo se realizó con la mayor tranquilidad. Es justo, pues, que se alabe al sacerdote don Bosco y a
todos los que le ayudaron a levantar tan magnífico templo. La mayor alabanza se debe a María que, en tiempos tan tristes y malos, quiso
darnos a conocer más clara y sensiblemente su protección y su auxilio.

El día 17 fue también día de alegría hasta el momento, en que debieron marchar los colegiales de Mirabello y Lanzo. A las dos de la
tarde formaron filas ante las habitaciones de don Bosco y el Siervo de Dios apareció en el mirador para despedirles de palabra y con la
mano. Fueron después acompañados hasta la puerta por la banda de música y los cordiales saludos de los compañeros del Oratorio.

Hasta entonces nada había entristecido aquellos días; pero, una hora después de haber salido los alumnos de los dos colegios, moría en
la casa el virtuoso sacerdote salesiano don José Bongiovanni.

Resumamos brevemente lo que de él se ha dicho.

Desde que empezó la carrera eclesiástica siempre se distinguió por su piedad y fiel observancia de las reglas y por su celo para el bien
de los compañeros. Una vez ordenado sacerdote, en 1863, no hay que decir con qué ardor se entregó al ejercicio del sagrado ministerio;
no le favorecía mucho la voz, pero sus pláticas eran muy agradables por la hermosura de sus temas y la devoción de su exposición; se le
oía con gusto y conseguía abundantes frutos.

Ayudó a Domingo Savio, con quien sostuvo santa amistad, a fundar la compañía de la Inmaculada y a redactar el reglamento, cuando
era solamente clérigo; después fundó, con permiso del Superior, otra compañía en honor del Santísimo Sacramento, que tenía por fin
promover el culto entre la juventud y adiestrar ((288)) a los alumnos más distinguidos por su virtud, en el servicio de las funciones
sagradas, con lo que formó el clero infantil, para aumentar su solemnidad y esplendor. Siguió cultivando esta Compañía con más
actividad y con los mejores resultados cuando fue sacerdote. Puede muy bien decirse que, si la Congregación de San Francisco de Sales
pudo dar a la Iglesia un buen número de ministros del altar, en gran parte se debe a las santas atenciones del sacerdote José Bongiovanni
con el clero infantil.

Al acercarse la fecha de la consagración de la iglesia, levantada en Valdocco en honor a María Auxiliadora, don José Bongiovanni se
industrió con todo su empeño en la preparación de lo necesario para tal función y especialmente para preparar el clero infantil a fin de que
cumpliera con edificación su parte el día de la fiesta y en la octava siguiente.
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Llevado de su ardiente amor a María Santísima, no ahorró cuidados, fatigas y sudores, particularmente la víspera. María Auxiliadora,
agradecida a su fervorosa devoción y obsequio, le otorgó muy pronto el premio. Pero antes, le quiso someter a una prueba que, soportada
con resignación, ganó ciertamente muchos méritos al buen sacerdote. Aquella noche se acostó y dejó abierta la ventana de la habitación.
Sopló un viento frío, cayó un fuerte chubasco; y él, profundamente dormido, no se dio cuenta de nada; pero, se despertó por la mañana
oprimido por un mal al pecho; le costaba respirar, y él, que tanto había trabajado para el éxito de las fiestas, el 9 de junio no pudo
levantarse de la cama. Continuó enfermo los días siguientes. Atendido diligentemente por varios doctores y sobre todo por el médico del
Oratorio, el doctor Gribaudi, velado con gran caridad por los hermanos, estuvo fluctuando, unos ratos mejor, otros peor, hasta el
miércoles, 10 de junio. El virtuoso sacerdote, deseoso de poder celebrar los divinos misterios al menos una vez en la nueva iglesia,
suplicó a la Santísima Virgen con fervorosas instancias que le obtuviera la gracia. Fue escuchado.

((289)) El domingo dentro de la octava se encontró tan mejorado, que pudo, con la debida preparación, subir al altar y celebrar la santa
misa con inmensa satisfacción de corazón. Después de la misa dijo a uno de sus amigos que estaba tan contento que ya podía entonar el
Nunc dimittis. Y así fue, puesto que, viendo que le faltaban las fuerzas, volvió a la cama para no levantarse más. El miércoles siguiente
por la mañana, pareció que mejoraba pero, después del mediodía, terminadas todas las solemnidades, hacia las tres, empezó a empeorar.
Una hora más tarde, José Bongiovanni, confortado con los auxilios de la religión, asistido por su amado director, don Bosco, rodeado de
sus mejores amigos y hermanos, entregó su hermosa alma al Señor marchando, como firmemente se espera, a ver cómo se festeja en el
cielo a la que formaba el objeto de su más tierna devoción. 1

Don José Bongiovanni no era el tercero del sueño; su muerte fue envidiable.

Se había terminado el octavario, del que se dijo había sido un triunfo para la Iglesia Católica. Semejantes fueron después todas las
fiestas anuales de María Auxiliadora. Este triunfo estaba preparado también por un número infinito de gracias portentosas, espirituales y
temporales, concedidas continuamente por la Virgen, que el pueblo

1 Véase también la Vida de Domingo Savio, escrita por don Bosco, Cap. XVII, en la nota.
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estaba empeñado en creer que don Bosco mismo las obtenía de Ella. De aquí las cartas incesantes de los que se encomendaban a él y su
reconocimiento al ver satisfechos sus deseos; de aquí las muchas señales de aprecio que le tributaban los fieles y que don Bosco no
apetecía, pero las soportaba con la sencilla dignidad de quien se sabía ministro de la Reina del Cielo y ejecutor de su querer. En su
humildad, jamás se atribuía a sí mismo el más mínimo mérito de aquellos portentos, sino que, al aconsejar, al contestar las cartas y en las
conferencias, decía: "Si ((290)) queréis obtener gracias de la Santísima Virgen, haced una novena; rezad todos los días tres padrenuestros,
avemarías y glorias a Jesús Sacramentado, tres salves a María Auxiliadora y las dos jaculatorias: Alabado sea en todo momento el
santísimo y divinísimo sacramento; María, Auxilium Christianorum, ora pro nobis y recibid, al menos una vez, los santos sacramentos".

Por lo demás, cuando en casa y fuera de ella, se veía agasajado y aplaudido; cuando, con frecuencia, se veía recibido en las poblaciones
con señales de la mayor veneración, puesto que pedían multitudinariamente que les bendijera; cuando, en las fiestas de María Auxiliadora
de cada año, era objeto de grandiosas demostraciones; y cuando, como veremos, en sus viajes por Italia, Francia y España, tuvo
recibimientos imposibles de describir, después de haber predicado continuamente la confianza sin límites en María, no opinaba que tales
honras y aplausos fueran hechos a su persona, sino que decía iban dirigidos a su condición sacerdotal, a la Iglesia Católica de la que era
hijo, y a la fe y piedad del pueblo. Con frecuencia repetía:

-íDemos gracias al Señor, porque todavía hay mucha fe en el pueblo!

Y otras veces:

-íCuánta fe hay en los pueblos y cómo respetan el carácter sacerdotal!

O bien:

-Si don Bosco no fuera católico, "quién pensaría en él? Se le trata así, porque es sacerdote, no por otra cosa.

Son testimonios de don Juan Bonetti.

"Me contó la marquesa Fassati, afirmaba don Miguel Rúa, que un día, al verse don Bosco tan alabado por su familia, replicó:

"-Me alegra mucho que se aprecie tanto el carácter sacerdotal;
por mucho que se diga de su dignidad y del conjunto de virtudes que deben adornarle, nunca se dirá bastante".

La marquesa María Fassati, dama de la corte, conocía y admiraba

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la profunda humildad de don Bosco, el cual fue ((291)) siempre amigo íntimo y bendecido por su familia. De esta intimidad, de la que ya
hemos hablado muchas veces, traemos como prueba cinco cartas de años pasados, que nos fueron entregadas hace poco y que también
merecen ser conocidas, al igual que todas las cartas de don Bosco.

Benemérita señora Marquesa:
He aquí, señora Marquesa, unas invitaciones para obtener ladrillos con los que seguir los trabajos de nuestra iglesia. No soy yo, sino la
Santísima Virgen quien se encomienda a usted para que le ayude a terminar su casa, y así aumentar también el número de sus devotos.

Usted, sin embargo, las distribuya a quien y cuando mejor lo creyere, según su buen hacer.
Los trabajos marchan a gran velocidad y me gustaría mucho que viniera a verlos.
Creo que la señora Duquesa está todavía en Montemagno, por lo que le ruego la envíe el sobre adjunto con los más respetuosos

sentimientos de gratitud.
Recomiende al querido Manuel que se libre de profanar las vacaciones con el estudio. Auguro abundantes bendiciones del cielo para

usted, el señor Marqués y toda su familia. La Santísima Virgen nos conserve a todos en el santo temor de Dios. Amén.
Con todo mi aprecio me profeso respetuosamente,
De V.S.B.
Turín, 13 de septiembre de 1864.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Turín, 1 de noviembre de 1865
Benemérita señora Marquesa:
Hasta ahora no he enviado a V. S. B. boletos para la Tómbola porque, como ya coopera con abundancia en favor de nuestras

necesidades, no me pareció oportuno.
Pero ahora, pensando que en esta ocasión pueda entregar algunos a los reales personajes que moran actualmente entre nosotros, le

mando treinta decenas y los encomiendo a su caridad y a la de aquéllos con quienes juzgue usted conveniente hablar.
Como sabe, hay tiempo para ello y lo que no se coloca se devuelve al final a la Tómbola.
Todas las misas de difuntos y oraciones que tengan lugar mañana por la mañana en esta casa, serán según su piadosa intención y ((292))

la del señor Marqués.
Aplíquenlas como mejor les parezca en el Señor.
Que todos los santos del cielo hagan descender una bendición especial sobre usted y sobre toda su respetable familia, mientras tengo el

honor de profesarme con gratitud,
De V.S.B.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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Benemérita señora Marquesa:

He aquí, señora Marquesa, tres paquetes de boletos: quizás hubiera podido hacer uno solo, pero he pensado hacer tres para que María
Auxiliadora uniera a cada uno las gracias más necesarias para aquél a quien van dirigidos.

Necesito mucho sus oraciones y su ayuda. Los trabajos de la iglesia continúan y parece probable que para la fiesta de la Inmaculada
Concepción pueda celebrarse en ella la primera misa. Pero se requiere mucho dinero: "de dónde sacarlo? Señora Marquesa, ayúdeme a
pedir y tener fe viva en María, a quien está dedicada la iglesia.

Dios bendiga a usted y a toda su familia y créame con toda gratitud

Turín, 3 de febrero de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Benemérita señora Marquesa:

María Auxiliadora se encomienda a usted, señora Marquesa; los trabajos de la iglesia marchan bastante bien, mas, por falta de medios,
sólo tengo ocho albañiles en vez de treinta.

Precisamente en el tiempo más oportuno para trabajar. Tengo muchas promesas y fundadas esperanzas, pero todo va despacio.

Si puede hacer un préstamo a la Virgen, sería el tiempo más propicio para ello y creo que obtendría un interés muy superior al cinco por
ciento legal.

Hable de ello con el señor Marqués, y, luego, haga lo que pueda a mayor gloria de Dios.

El lunes estaré en casa hasta las diez de la mañana, y también de la una a las tres. Dios bendiga a usted y a toda su familia, y créame
como me profeso.

De V.S.B.

Turín, 21 de abril de 1866.

Su seguro servidor

JUAN BOSCO, Pbro.

((293)) Benemérita señora Marquesa:

He recibido carta del Obispo de Casale, quien me dice ha recibido las cartas del caso para admitir a las órdenes al clérigo Cerruti y me
pregunta si se puede esperar de algún modo el correspondiente patrimonio. Aunque yo he recibido reiteradas promesas del Economato,
sin embargo, viendo que este Clérigo perdería tiempo, me dirijo a usted para que, si puede y lo juzga oportuno, tenga a bien proveer este
título eclesiástico. Se requiere una renta anual de doscientas cuarenta liras, la cual redundaría en su favor, en cuanto se haya recibido del
Economato, como ya se ha hecho con otros.

Ayer hablé de nuevo con el señor Marqués y me dijo que le expusiera todo a usted y que usted lo arreglaría. Pero, como tengo presentes
los muchos favores ya hechos a esta casa, si acaso no lo juzgare conveniente o bien tuviere otros compromisos, no por ello quedaría
menos agradecido y, lo mismo yo que, Cerruti, aun buscando otro camino, no dejaremos de invocar sobre usted y sobre toda su familia
las bendiciones del Señor.

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Con mis más sentido agradecimiento y encomendándome a la caridad de sus santas oraciones, tengo el honor de poderme profesar.
De V.S.B.
Turín, 4 de julio de 1866.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

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((294))

CAPITULO XXIV

MONSEÑOR ROTA, OBISPO DE GUASTALLA, EN EL ORATORIO -FIESTA DE SAN JUAN Y PALABRAS DE DON BOSCO A
LOS MUCHACHOS -LECTURAS CATOLICAS -CARTA DEL ARZOBISPO DE MODENA A MONSEÑOR ROTA PARA SABER
CUAL ERA LA IDEA DE LOS PRELA -DOS PIAMONTESES, CON RELACION A LAS CARTAS COMENDATICIAS PEDIDAS
POR DON BOSCO -GRACIAS DE MARIA SANTISIMA A UN MONASTERIO POR VOLVER LAS RELIGIOSAS AL FERVOR
PRIMITIVO -CAUSAS DE LA FRIALDAD -DOLOROSO DESAPEGO DE UNA SEÑORA DE LAS COSAS DE ESTE MUNDO,
EN PUNTO DE MUERTE -DOS NIÑOS TENIDOS GRACIAS A LA VIRGEN, MUEREN POR LA AVARICIA DE SUS PADRES,
QUE NO CUMPLEN SUS PROMESAS -LA FIESTA DE SAN LUIS Y LA DEL DIA ONOMASTICO DE MONSEÑOR PEDRO
ROTA -SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y PANEGIRICO LEIDO POR EL OBISPO DE GUASTALLA: ELOGIO DE LAS OBRAS
DE DON BOSCO -CONVOCATORIA DEL CONCILIO ECUMENICO VATICANO -CARTA DEL PRINCIPE DE SANGUZKO A
DON BOSCO, CON QUIEN HABIA TRABADO AMISTAD EN ROMA -MUERE EL CONDE VIMERCATI -MONSEÑOR ROTA
SALE DE TURIN -CARTA DE DON BOSCO A DON JUAN BONETTI PARA QUE REMEDIE UN INCONVENIENTE; LE HACE
UNAS OBSERVACIONES SOBRE LA BIOGRAFIA DE SACCARDI -LOS OBISPOS DE CASALE Y GUASTALLA ASISTEN A
LA FIESTA DE SAN LUIS, EN MIRABELLO

DE acuerdo con su promesa, llegaba al Oratorio el 19 de junio monseñor Pedro Rota, obispo de Guastalla. Iba a visitar la nueva iglesia, a
presidir diversas funciones sagradas y dar gracias a María Auxiliadora por haber librado a su diócesis de la herética peste de Gavazzi.

((295)) El 24 de junio se celebraba la fiesta onomástica de don Bosco, en presencia de monseñor Rota. Al fin de la velada, el Siervo de
Dios agradeció la intervención de músicos y lectores de composiciones, pero se lamentó de que algunos jóvenes, hacía ya tiempo, no le
hubiesen abierto el corazón, y otros no se hubieran dejado ver por
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él. Recomendó la perseverancia en el bien y animó a poner en ello gran empeño. Prometió echar un velo sobre el pasado, con tal de que
se viera un cambio de conducta; recordó que los jóvenes que miran hacia atrás, se pierden.

Animó a todos a salvar el alma y a rogar por él, para que no olvidara la suya. Terminó diciendo que "la única finalidad del Oratorio era
salvar almas".

Las Lecturas Católicas habían publicado el mes de junio la Vida de san Juan Bautista, como un homenaje a don Bosco.

El día 26 recibía monseñor Rota una carta del arzobispo de Módena, cuyo contenido nos da a entender cómo don Bosco, aún en medio
del fervor de las pasadas fiestas, seguía trabajando para alcanzar las cartas comendaticias que debían abrirle el camino para la deseada
aprobación de la Pía Sociedad Salesiana.

Módena, 5 de junio de 1868

Ilmo. y Rvmo. Señor Obispo:

Cuando el reverendo don Bosco me escribió, lo mismo que había escrito a V. S. Ilma. y Rvma., para que se le enviase una carta
comendaticia al Padre Santo, para la nueva orden que él quiere fundar, usted sabe que suspendí hacerlo hasta saber cuál era el parecer de
los prelados del Piamonte, ya que ellos son los mejores jueces sobre esto.

También usted era de la misma opinión. Pero, no habiendo podido saber todavía nada, no contesté a ese excelente sacerdote, a quien
tanto admiro y aprecio. Recibo ahora una nueva carta en la que repite su petición y me pide una respuesta. Me avergüenzo de veras de
tanto retraso, y estoy dispuesto a hacer cuanto desea.

Quisiera por tanto que, encontrándose usted ahí, tuviera a bien presentar a don Bosco mis excusas, y le asegurara que haré cuanto antes
todo lo que pueda agradarle; y usted, por su parte, logre que no quede descontento de mí, ya que me gustaría mucho no perder el aprecio
de este hombre único y, diría, providencial.

((296)) Además, puesto que está ahí y podrá enterarse mejor, hágame el favor de informarme cómo se ha conducido el episcopado
piamontés en este asunto y qué ha hecho o piensa hacer usted mismo.

Necesitaría también que, por favor, me enviase copia de los documentos remitidos por don Bosco, pues se me han extraviado, entre
otros papeles, los que yo recibí, y no sé cuándo podré encontrarlos.

Disculpe le persiga hasta Turín con mis pretensiones; pero este asunto me interesa mucho y hay que reparar el descuido pasado.

Hace unos días he tenido aquí a su Santiaguito y lo entretuve charlando extensamente sobre lo sucedido con la disputa rehusada por
Gavazzi: de veras que el Señor le ha iluminado y guiado para llevar a tan feliz término este difícil y peligroso asunto. Beso su mano y me
profeso con todo respeto y aprecio

De V. S. Ilma. y Rvma.

Afmo. y seguro servidor " FRANCISCO EMILIO, Arzobispo

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Ciertamente, monseñor Rota le contestó sobre cómo pensaba la mayoría de los obispos subalpinos y cómo él también había
condescendido con la petición del Siervo de Dios.

El 27 de junio, sábado, después de las confesiones, bajó don Bosco al comedor y leyó una carta de don Miguel Rúa, al clérigo Berto y a
varios otros salesianos.

Unas monjas del sur de Italia le enviaban un donativo por cierta gracia recibida. Como estaba relajada la Comunidad en la observancia
de las Reglas, algunas religiosas se habían encomendado a María Auxiliadora y no tardaron en enfervorizarse todas en sus deberes
religiosos.

Hablóse luego de las causas que enfrían el espíritu de piedad y de obediencia. Se puso de manifiesto cuán pernicioso es el apego a las
propias comodidades; el no querer renunciar a ciertos objetos, a ciertas costumbres, no conformes con el espíritu de las Reglas; se
observó que la ruina de muchas órdenes religiosas fueron las riquezas. El afecto a la tierra disminuye y, con frecuencia, apaga el deseo de
las cosas del cielo. Y don Bosco demostraba qué tiranía ejerce en el corazón de las personas, aun las buenas, el excesivo afecto a las
riquezas.

La marquesa X..., que vivía en Turín, era ya vieja ((297)) decrépita y cayó gravemente enferma. Llamaron a don Bosco. Era una de las
primeras bienhechoras de la casa, a la que todos conocían. Después de confesarse, dijo a don Bosco:

-He llegado, pues, al fin de mi vida.

Y fijaba los ojos asustados en su cara. Don Bosco le contestó que sólo Dios conoce el final de nuestros días y que hemos de descansar
tranquilos en sus brazos, dejando que él disponga de nosotros como le plazca.

-Entonces, "tengo que dejar este mundo? "Las riquezas de mi casa? "Se me quitará cuanto poseo?, continuó diciendo la pobre señora,
agitada por la fiebre, que le ocasionaba un principio de delirio.

El Venerable le dirigió unas palabras sobre los bienes mayores que el Señor ha preparado para quienes le aman, en comparación de los
cuales los bienes terrenos son más despreciables que el fango.

La señora, sin prestar atención, exclamaba:

-"Dejar este palacio, mis habitaciones, mi bonito salón? Me parecía estar tan bien en este mundo... "Y tengo que abandonarlo?

Dicho esto, hizo llamar a unos sirvientes y ordenó que la llevaran al
salón. No se atrevían éstos a obedecerla, por miedo a que se les muriera en el traslado. Pero ella insistía y don Bosco creyó oportuno
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que se le concediera aquel capricho, ya que, contradecirla podría ocasionarle mayor daño. Entonces los empleados tomaron la cama y, a
través de las espaciosas habitaciones, la llevaron al salón, donde tenía acumuladas muchas preciosas curiosidades. Había en medio una
mesa, cubierta con un tapiz persa. Quiso la señora que colocaran su cama junto a ella, agarró con su mano el borde del tapete. Lo tocaba,
lo palpaba, lo miraba y exclamaba de cuando en cuando:

-íQué bonito! "...Y es la última vez que lo veo? "Sabe lo que me costó, don Bosco? Cuarenta mil liras... íY ya no será mío!

Y se volvía de una a otra parte de la magnífica estancia, como para dar el adiós a todo. íPoco después, exhalaba el último suspiro en
aquel mismo salón!

íQué difícil les es a los ricos despegar el corazón de las cosas ((298)) de esta tierra, y qué doloroso es este desasimiento, cuando llega la
muerte a arrancarlos!

Narró después otro hecho que no hay que confundirlo con uno semejante, que hemos narrado anteriormente. Respondemos de ello por
haberlo oído de labios del mismo don Bosco.

Habitaban en Turín, marido y mujer, con una fortuna de muchos millones. Después de casi veinticinco años de matrimonio, no habían
tenido ningún hijo. Angustiados por verse obligados a dejar la herencia a personas ajenas a la familia, habían pedido, en vano, al Señor
aquella gracia con plegarias y peregrinaciones. Presentáronse finalmente a don Bosco, rogándole les diera la bendición y prometiendo
que, si fueren escuchados, entregarían al Oratorio y a la iglesia una cantidad respetable. Don Bosco les animó a tener como concedida la
gracia y, en efecto, les nació un niño robusto y sano, que era una delicia contemplar. Fueron a visitar a don Bosco, se deshicieron en
agradecimientos, pero no dijeron nada acerca del cumplimiento de la promesa. Don Bosco no dejó de recordársela más tarde, pero
aquellos señores se excusaron de la obligación, aduciendo pretextos.

-Yo no tengo nada que ver con eso, concluyó don Bosco; su ingratitud recibirá digna recompensa. Tengan en cuenta que quien les dio el
hijo, se lo podrá quitar.

En efecto, al cabo de unos meses, el niño moría, víctima de misteriosa enfermedad.

Los padres, deshechos por el dolor, estuvieron casi un año sin ver a don Bosco, pero finalmente volvieron a él: confesaron su culpa,
suplicaron una nueva bendición y renovaron las promesas.
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Don Bosco se conmovió ante sus lágrimas, les dió unas saludables instrucciones, les prometió que rezaría, los bendijo y les aseguró la
gracia. Tuvieron, en efecto, un segundo hijo. Esta vez no se tomaron la molestia de ir al Oratorio y olvidaron del todo a los muchachos de
Valdocco.

Don Bosco esperó más de un año y después volvió a visitarlos. Le recibieron un poco avergonzados y, cuando comenzó a decir que con
la ((299)) Virgen no se juega, declararon que las malas cosechas, los ingentes impuestos, los gastos extraordinarios y algunas pérdidas
sufridas habían disminuido sus entradas; por consiguiente, no podían dar nada.

Don Bosco salió convencido de que no quedaría sin castigo tan vergonzosa avaricia. Y he aquí que el niño se puso malo. Corrieron a
llamar a don Bosco, pero él no quiso volver a aquella casa. El niño murió y la colosal herencia pasó a quienes los padres no hubieran
querido dejarla.

Don Bosco acostumbraba a repetir que la generosidad y el desinterés de los pobres generalmente es tal, que les obtiene las gracias más
llamativas, mientras se requieren esfuerzos extraordinarios para inducir a ciertos ricos a un sacrificio notable.

El 28 de junio, domingo, se celebró la fiesta de san Luis Gonzaga, con misa solemne, panegírico, procesión y fuegos artificiales.

Aquella noche, víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de la fiesta onomástica de S. E. monseñor Pedro Rota,
los alumnos del Oratorio quisieron demostrarle, lo mejor que ellos podían, la gratitud que le profesaban. Y hubo música vocal e
instrumental, poesías, iluminación y fuertes y repetidos vítores espontáneos y cordiales.

Un poeta recordó cómo Monseñor había estado otra vez en el Oratorio, donde tanto había trabajado por el bien de los alumnos, y lo
alabó por haber vuelto superando muchos inconvenientes. Después dirigió sus versos a una golondrina, que sólo él vio y oyó. Monseñor,
como era de esperar, lo agradeció y el poema fue impreso para que los trinos y el charloteo de la golondrina fantástica llegasen desde el
recinto del Oratorio hasta Guastalla y se oyera allí el eco del cordialísimo reconocimiento que los hijos de don Bosco profesaban al ángel
de aquella afortunada diócesis.

El día 29 fue solemnísimo en honor de los Príncipes de los Apóstoles. El altar de la izquierda del crucero en la nueva iglesia, dedicado
a san Pedro, estaba cubierto de antorchas y ((300)) flores. El cuadro, con un gran marco dorado, y con las llaves y la tiara papal
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encima, representa a Jesucristo en el momento de entregar las llaves del reino de los cielos al primer Sumo Pontífice, su Vicario. Es obra
del acreditado artista milanés Carcano.

Don Bosco había dejado comprender, repetidas veces, que no se trasladara la fiesta de san Luis al día 29, como con frecuencia se había
hecho. Quería que este día fuera sólo san Pedro el objeto del culto solemne.

Monseñor Rota ofició de pontifical en la misa de las diez y, después de las vísperas, leyó una magnífica homilía que más tarde se
publicó. Su tema fue el texto: Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus
eam (Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella).

Al hablar de la vida y del progreso de la Iglesia exclamó:

"Las órdenes religiosas cambian de forma, de reglas, de ministerio, pero siempre existieron y existirán también en el porvenir. Podrán
ser dispersados los hijos de Benito, de Francisco de Asís, de Domingo, de Ignacio; pero otros vendrán a llenar las diezmadas filas y
sustituir a los perdidos adalides. A los hijos de Calasanz y de Emiliani sucederán los hijos de... "quiénes? Helos aquí, he aquí quiénes les
sucederán, éstos a los que ya vemos prepararse para ocupar los puestos vacíos, helos aquí cercados de numerosas filas de afortunados
jóvenes, helos aquí en este templo, en esta casa, obra de la divina Providencia, que sigue dando testimonio del cumplimiento de la
promesa divina: portae inferi non praevalebunt; omnia traham ad me ipsum (las puertas del infierno no prevalecerán; todo lo atraeré a
mí).

"Veía con dolor, ese celoso sacerdote, cuyo corazón y ardoroso fuego de caridad todos vosotros conocéis, veía con dolor, decía, a los
muchachos vagando por las calles, sicut oves non habentes pastorem (Mat. IX, 36), como ovejitas descarriadas sin pastor que las
conduzca, en peligro continuo de caer en las fauces de los lobos rapaces, los miraba y sentía resonar, más en su corazón que en sus oídos,
aquellas tiernas palabras: ((301)) Tibi derelictus est pauper, tu eris adjutor (El desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano) (Sal.
X-14) "Qué haces tú, sacerdote? A ti se te ha confiado la tarea de amparar a estos jovencitos abandonados, instruirlos, educarlos,
repartirles, no sólo el pan espiritual de la palabra divina, sino también el material para que non deficiant in via (no desfallezcan en el
camino) (Mat. XV-32), no mueran de hambre. El sacerdote lo entendió y, sin amedrentarse ante la dificultad de la empresa, la falta de
medios, la
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perversión de los tiempos y el enfriamiento general de la caridad, puso manos a la obra y, no voy a recordaros, queridos y respetables
turineses, que lo sabéis mejor que yo, ni tampoco a los forasteros que estén aquí presentes, lo que ha hecho, cómo lo ha logrado, qué
frutos ha recogido en este campo estéril e inculto, qué triunfos ha alcanzado. Me conformo con deciros: mirad y ved con vuestros ojos,
tocad con vuestras manos.

"Para dilatar y acrecentar esta obra, digna de los Loyola, los Calasanz, los Emiliani, los La Salle, veis aquí reunido un selecto batallón
de sacerdotes que, sacrificando todas las ambiciones humanas de cargos y triunfos, renunciando a las comodidades de una vida más
tranquila, se impusieron la trabajosa, y no siempre agradable, misión, de atender a estos jovencitos, haciéndose pequeños con los
pequeños, humildes y pobres con los pobres y los humildes, para conducirlos por el camino de la virtud, sin más recompensa que la
esperanza de tener un día una turba numerosa haciéndoles corona en el cielo.

""Y quién tuvo la fuerza de alcanzar de ellos tantos sacrificios?
Sólo aquel que dijo: Omnia traham ad me ipsum, y les atrajo con aquellas dulces y consoladoras palabras: todo lo que hiciereis al más
pequeño de mis hijos, lo consideraré como hecho a mí mismo (Mat. XVIII-5). Y así como estas palabras, que contienen una profecía y
una promesa, nunca dejarán de cumplirse, tampoco faltará en la Iglesia quien las aprecie y aproveche para sí y para otros. Y, al igual que
un día la sangre de los mártires, en el decir de Tertuliano, fue semilla fecunda de cristianos, así también, al presente, sucederán a los
extinguidos otros institutos, distintos en hábitos, en formas, en leyes, pero siempre rigurosos observantes ((302)) de los consejos
evangélicos y sostenedores de la más generosa caridad fraterna; y la Iglesia perseguida, empobrecida, oprimida, saldrá más pura y más
hermosa del crisol de las tribulaciones para perpetuo testimonio de la profética sentencia: Portae inferi non praevalebunt...".

Expuesta finalmente la profecía: Beatam me dicent omnes generationes (Me llamarán bienaventurada todas las generaciones),
terminaba así:

"Pero, "qué significa este magnífico templo? "Quién lo levantó y a quién fue dedicado? Vosotros mismos me tomáis la delantera y,
mientras yo admiro el cumplimiento de tan extraña e increíble palabra, me señaláis una nueva prueba en el templo, que la piedad mariana
y el amor a esta extraordinaria creatura lo ha levantado, y con los encendidos afectos que brotan de vuestro corazón, con la
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alegría que brilla en vuestro rostro, con las alabanzas e invocaciones que salen de vuestros labios en medio de una borrachera de alegría
santa y divina que, a la vista de la magnificencia de esta casa, dedicada a la Señora, os inunda, vosotros, vosotros mismos seguís,
perpetuáis, aumentáis la verdad, la certidumbre, la evidencia de la sentencia profética: Beatam me dicent omnes generationes.

"Pero si María, admirando las grandes cosas que había realizado el Omnipotente, colmada de confusión por su humildad, mas llena de
gratitud hacia quien la había enriquecido con tan grandes dones, exclamó que todas las generaciones la bendecirían, su profunda
humildad no la dejó entrever que sería invocada por todas las generaciones...

"Sería demasiado largo tejer la infinita serie de gracias que, por intercesión de María, llovieron en todo tiempo sobre la Iglesia. Pero
"qué necesidad hay de acudir a la historia de siglos pasados, si tenemos aquí, ante los ojos, este magnífico monumento de la protección
de María, invocada con el título que le es tan grato de Auxilio de los Cristianos, que se ha hecho sentir en esta hora a quien con fe la
invoca? Este templo, más que una invitación para recurrir a María en busca de gracias, es un himno de agradecimiento por los favores
recibidos. Cada piedra, cada ladrillo, cada uno de los adornos que lo decoran, es un monumento de gratitud ((303)) por un favor recibido
con la simple invocación de María Auxiliadora, de modo que muy bien podemos decir que María inspiró la idea, dirigió la obra, la
promovió, la alentó, la quiso y la edificó. Aedificavit sibi domum (Edificó su casa) (Prov. IX-1 ). Admiro la suntuosidad del edificio, la
riqueza de mármoles, la preciosidad de objetos que lo adornan, pero más aún el prodigioso número de milagros con los que María lo
edificó.

"Vengan el incrédulo y el sofista, contemplen esta mole y nieguen, si pueden, que es un prodigio de María. Prodigio de María, obrado
en estos desgraciados tiempos en los que la navecilla de Pedro está tan agitada, los fieles atemorizados cuando no descorazonados, la
Iglesia en aflicción y angustia, y obrado a propósito para presentarse en la mayor necesidad, como Auxilio de los cristianos, María
Auxiliadora. Animo, pues, queridos oyentes. Este templo es una prueba evidente de las proféticas palabras divinas. "Y quién no vuelve a
animarse, quién no descansa más tranquilamente con la promesa divina de que portae inferi non praevalebunt, al ver que, para vergüenza
de tantas guerras, la Iglesia triunfa y levanta magníficos trofeos por sus victorias y los fieles se enfervorizan para honrar a
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su Madre que demuestra siempre que le gusta ser invocada con el dulcísimo nombre de María Auxiliadora?

"Oh María, sed siempre Auxiliadora de los Cristianos, derramad continuamente sobre ellos vuestras bendiciones. Proteged a la Iglesia y
haced que salga siempre vencedora de las guerras que contra ella mueven los poderes terrenos e infernales. Proteged a su Augusto
Pontífice, el afligido y siempre valeroso Pío IX, y haced que, por muchos años aún, pueda gobernar con mano firme el timón de la nave
entre los peligrosos escollos de un mar infiel. Proteged esta ciudad católica, virtuosa, caritativa y haced que en ella aumente cada vez más
la fe, la piedad, la generosidad, para ayudar y sostener las innumerables ((304)) obras, que la religión y la caridad emprenden aquí
valientemente y las terminan felizmente. Proteged a ese venerando sacerdote que, confiado únicamente en la Providencia, os levantó tan
admirable monumento y proporciona tantos devotos para Vos y tantos fieles servidores para vuestro Hijo en cuantos niños da asilo en
este lugar, para educarlos en la religión y en la piedad. Proteged a estos generosos sacerdotes, que comparten con él sacrificios, trabajos y
fatigas para arrancar almas al infierno y conducirlas a vuestro Hijo. Proteged a estos jovencitos para que correspondan siempre a los
cuidados de su padre común, de modo que la fortuna de ser acogidos por la caridad sacerdotal sea garantía de la suerte feliz de ser un día
recibidos por vos misma en el cielo. Bendecid a esta ciudad del Sacramento y a todos los que vengan a veneraros e invocaros en esta
vuestra magnífica casa, para que todos experimenten que no sois venerada, invocada y amada en vano, como Auxilio de los Cristianos y
que sois en verdad, María Auxiliadora".

Por la tarde llegaba a Turín la noticia de que el Papa había publicado aquel mismo día una Bula convocando el Concilio Ecuménico
Vaticano, y anunciando que el Concilio se abriría el año próximo 1869, el día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de
María Santísima.

Para recalcar la necesidad del mismo describía el Pontífice, en su inmortal documento, las tristísimas condiciones de la sociedad, el
desprecio de muchos por la autoridad y doctrina de la Iglesia, la profanación de las cosas santas, la dispersión de las órdenes religiosas, el
robo de los bienes eclesiásticos, los atropellos causados al clero, la preponderancia de las sectas, la corrupción producida por la prensa
malvada, el daño de la educación laica, y declaraba su voluntad de poner remedio a tantos males con este concilio.
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La Bula suscitó una gran conmoción por todas partes. La invitación, amablemente dirigida por Pío IX a los protestantes, ((305)) sirvió
para provocar en ellos general irritación. La invitación a los obispos cismáticos despertó los antiguos antagonismos, los prejuicios, la
soberbia; y fueron rechazadas las cartas del Papa.

Sin embargo, antes del fin del Concilio, Dios llamaba a su tribunal a los Patriarcas griego y armenio de Constantinopla, al griego de
Alejandría y al copto. Pero todos los sinceros católicos se regocijaban convencidos de que el Espíritu Santo, a través del Concilio,
condenaría los errores del siglo, y muchos obispos alimentaban y manifestaban la esperanza de que el Concilio definiría el dogma de la
infalibilidad pontificia. El Papa, sin embargo, aún no había expresado su pensamiento sobre esta definición.

Al término de aquel mes recibía don Bosco dos tristes noticias. El joven príncipe Pablo Sanguzko, a quien había conocido en Roma el
año anterior y le había dado pruebas de gran amistad, comunicábale desde Parnou (Austria), que había muerto de repente su esposa el 18
de junio, sin poder recibir los santos sacramentos. Recomendaba vivamente la querida difunta a sus oraciones, le preguntaba el medio
más seguro para mandarle un donativo y manifestaba la esperanza de verle en Turín para septiembre u octubre.

El caballero Oreglia le comunicaba otra noticia. Le había escrito la madre Magdalena Galleffi:

Roma, 30 de junio de 1868
Muy apreciado Señor:

El conde Vimercati, después de haber estado conmigo el día 23 último y en la iglesia de Jesús, el 27 por la mañana, después de haber
comido como de costumbre, al subir las escaleras del segundo piso, sufrió uno de sus acostumbrados desvanecimientos y cayó, pero con
una caída mortal; ya no dio más señales de vida; se llamó al médico que lo sangró, y también se llamó al padre Vasco. Se le administró la
Unción de los Enfermos y, a las nueve y media de la noche, pasó a mejor vida. Después de la virtuosa y edificante vida llevada aquí
abajo, "no deberemos creerle ya en posesión del Sumo Bien?

A las once se leyó el testamento, que hizo cinco años antes. Todos ((306)) ansiosos por saber y oír, quedaron sorprendidos al escuchar
que todo lo dejaba al sobrino; a Pardini cien escudos, al portero veinte por una sola vez; al ayuda de cámara diez escudos mensuales. Y
nada más. No hay legados ni recuerdos, para los amigos; nada, nada para nadie. Quizá por ello o por lo que fuere, el buen difunto fue
tratado peor que un mendigo. Murió, como he dicho, en la noche del sábado a las nueve; le llevaron a la iglesia el domingo a las seis de la
tarde, con el ataúd cerrado, lo que ha horrorizado a toda Roma. íQué meditación! Cuénteselo todo a don Bosco y salúdele...

M. MAGDALENA GALLEFFI
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La condesa Cornelia V. Mellingen daba al caballero Oreglia otras noticias sobre esta muerte, el 15 de octubre:

"El jueves, 23 de junio, fui a visitar al conde Vimercati y me dijo:

"-Menos mal que ha venido, porque ha llegado a tiempo.

"Le pregunté si aquel día salía de casa tan pronto, y me dijo:

"-No, pero me marcho.

"E hizo una señal de que se iba a la eternidad...

"El viernes se confesó y comulgó el sábado. Siempre había deseado morir en este día, especialmente dedicado a María Santísima, y Ella
se lo concedió. Me dijo el padre Vasco que, cuando él llegó, el Conde entendía todavía, pero ya no hablaba. Recibió todos los auxilios de
nuestra Santa Religión y la bendición Papal, que le dio el Padre General de la Compañía de Jesús. Después expiró plácidamente...
Dichoso él que supo sensatamente enviar por delante su beneficencia y buenas obras. Pues me parece que éstas deban darse sinceramente,
ya que lo que se deja, se dejare bien o mal, es por necesidad, mientras que lo que se da en vida a los pobres y para obras de caridad, se da
sin ser obligados por la muerte.

"Por desgracia han protestado contra el pobre Conde, pero hay que reconocer que cuanto pudo hacer, lo hizo mientras estuvo en sus
cabales; y lo que no hizo fue a consecuencia del estado a que quedó reducido. De otra suerte es seguro que, si aún tenía algunos ahorros,
habría pensado en dar mayor compensación a sus familiares por la asistencia que le habían prestado y dejar un pequeño recuerdo a los
amigos... Usted sabe las lamentables condiciones en que se hallaba durante los últimos meses...

"Me apena lo que dicen del pobre Conde, olvidándose de todo el bien que ha hecho. Esperamos, mientras tanto, que él esté gozando el
premio de tantas virtudes y beneficencia.

"Estoy segura de que usted y don Bosco habrán sentido esta pérdida como la de un buen amigo. Roguemos siempre por él...

"Devuelvo a usted y a don Bosco muchos saludos del cardenal Patrizi, de los Connestabili y de todos".

((307)) El 30 de junio, se despedía con pena de don Bosco el buen Obispo de Guastalla y, de acuerdo con la invitación que le hicieron,
fue a visitar el seminario menor de Mirabello, antes de volver a su diócesis. Precedióle don Juan Cagliero, para que le preparasen un
recibimiento digno y para predicar a los alumnos un triduo de preparación a la fiesta de san Luis que celebraban el jueves día 2 de julio.

Pero surgió un pequeño inconveniente en Turín. Por una equivocación no fue a la estación el encargado de sacar los billetes de primera
clase para el señor Obispo y su secretario; y don Bosco, tan delicado en guardar las conveniencias sociales, escribió enseguida al Director
de Mirabello a quien daba también su juicio sobre la biografía, por él escrita, del piadoso Saccardi.
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Carísimo Bonetti:

En cuanto llegue monseñor Rota, dile que el caballero Oreglia sufrió la confusión de ir a sacar los billetes a la estación de Porta Nuova
en vez de ir a Porta Susa. Procura, además, entregar al Secretario lo que ha gastado de Turín a Mirabello. Entiéndete para esto con don
Juan Cagliero.

He leído tu trabajo y me ha gustado mucho: ya lo he entregado a la imprenta y a su tiempo verás las pruebas.

Me ha parecido oportuno quitar lo que pueda servir de pretexto para acusarnos de que vamos más allá de lo debido en las prácticas de
piedad; o que Saccardi haya sufrido la falta de recreo. He quitado también la Corona quotidiana (rosario diario). Es algo estupendo, pero,
junto a todo lo demás, podría dar pie para decir que es demasiado.

Tú veras y corregirás.

Felices fiestas para ti y para toda esa querida compañía. Créeme en el Señor,

Turín, 1 de julio de 1868.

Afmo. en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Monseñor Rota había ido a Casale para saludar a monseñor Ferré, pastor de aquella diócesis, y los dos se encontraron en la fiesta de
Mirabello. Resultó conmovedora la comunión general, distribuida por el Obispo de Guastalla, y solemne la misa cantada ((308)) por el
Obispo de Casale. En la comida dirigió don Juan Bonetti el siguiente brindis a los obispos:

"Si los excelentísimos y reverendísimos señores obispos me lo permiten, brindaré, mas no en verso, que no soy poeta, sino en prosa,
pero de corazón. íUna ovación, pues, a monseñor Ferré que, por su nombre y su vida tanto se parece al Vicario de Cristo, al amable, al
inmortal Pío IX! íOtra para monseñor Rota, cuyo celo y doctrina tanto alientan a los débiles y aterran y atormentan a los soberbios
apóstatas! Que el cielo benigno, venerados monseñores, os guarde todavía sin inquietudes muchos años para nuestro amor y el de todos
vuestros hijos, junto con el de nuestro amado padre don Bosco".

Monseñor Ferré dio las gracias y auguró prosperidad para el seminario menor y para que sus alumnos dóciles, obedientes, y
esperanzados pudieran ser siempre el consuelo de sus celosos Superiores, y de este modo la gloria de Dios y el bien de las almas podrían
ir extendiéndose para utilidad de la Iglesia, la familia y la sociedad.

Salieron después de comer a los pórticos, sentáronse los dos Prelados bajo un elegante dosel y les cantaron un himno que manifestaba
la alegría de todos y les declamaron unas cuantas composiciones.

Monseñor Rota, apoyándose en las palabras de uno de los poetas,
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el cual había dicho que, dada la lejanía, quizás no volverían a verse hasta el valle de Josafat, exhortó a todos a rogar ad invicem para
encontrarse juntos en el paraíso. Añadió que aquellos cordiales agasajos, aquellos rostros ingenuos, satisfechos, risueños, le alegraban,
pero hacían que se marchara con envidia en el corazón, por no tener él todavía en su diócesis una casa y un grupo semejante de jóvenes
escogidos. "Continuad, prosiguió, continuad, queridos jóvenes, siendo dóciles y piadosos: vosotros tenéis la suerte de encontraros en este
lugar bajo la dirección de tan buenos y celosos Superiores, que os dan sana instrucción y verdadera educación. Imitad a san Luis, cuya
fiesta hoy celebramos, mirad ((309)) lo que él hizo e imitadle. íQuién sabe si alguno de vosotros no llegará a parecérsele en todo y ser
otro san Luis! Veo que algunos se sonríen: eso prueba que están contentos y quieren conseguirlo decididamente. "No es cierto? Os doy,
pues, las gracias de todo corazón. Me acordaré siempre de vosotros; rogad por mí".

Por la tarde predicó espléndidamente monseñor Ferré. Empezó hablando de la utilidad de festejar a los santos. Luis llegó a santo
haciendo todo lo contrario de lo que hace el mundo. Tres son los vicios principales del mundo: la soberbia, la avaricia o sea el amor a las
riquezas, y la concupiscencia de los placeres. Y Luis se hizo santo con la humildad, con la obediencia, con la pobreza religiosa y con la
mortificación y la renuncia a todos los placeres.

Hubo luego procesión, en la que tomó parte el Obispo, y dio la bendición. Fue llevado después a la conferencia de los congregantes de
la Compañía de san Luis y les dirigió unas palabras de estímulo diciendo:

-Sea Luis vuestro modelo, ayuda y aliciente para la práctica de la virtud.

Un niño saludó así a monseñor Ferré antes de que partiera:

Querido señor Obispo:

Me han dicho que sois un ángel. Yo no he visto nunca ángeles; por eso os agradezco que os hayáis dejado ver por nosotros. Os repito la
plegaria que mi mamá me enseñó a decir al ángel. Oídla:

-Angel de Dios que sois mi custodio, guardadme en este día, iluminad mi entendimiento, dirigid mis afectos y gobernad mis
sentimientos para que no ofenda jamás al Señor mi Dios. Así sea.

Mi querido ángel, os pido todavía una gracia: como sois muy bueno yo la espero; quedaos siempre con nosotros. Os haremos una
hermosa iglesia, os dedicaremos todos los días bonitas fiestas y os querremos mucho, mucho; "estáis contento? Decid que sí; porque si
no, os agarraremos por las alas y no os dejaremos volar.
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Por lo demás, si no queréis quedaros para siempre, íay! venid al menos a visitarnos en persona con más frecuencia, a decirnos bonitas
palabras, para que podamos ((310)) hacernos muy buenos, llegar a ser ángeles nosotros también y después volar con vos al paraíso.

Os saludamos, querido ángel. íAdiós, adiós!

Hemos querido consignar estos detalles para que se comprenda mejor la veneración que don Bosco tenía y sabía inculcar en sus hijos
por los sagrados Pastores de la Iglesia.

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((311))

CAPITULO XXV

EL CABALLERO OREGLIA COMPRA UNA NUEVA MAQUINA TIPOGRAFICA EN NOMBRE DE DON BOSCO -LECTURAS
CATOLICAS -DON BOSCO COMUNICA A LOS MUCHACHOS LA SOLEMNE EXPOSICION DE LAS CUARENTA HORAS EN
LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA -SU RESPUESTA AL CABALLERO JAVIER COLLEGNO DE PROVANA, QUIEN LE
INVITA PARA QUE VAYA A CUMIANA A EXAMINAR A SUS HIJOS -CHARLAS DE LA NOCHE A LOS ALUMNOS DEL
ORATORIO, DADAS POR UN SUPERIOR EN AUSENCIA DE DON BOSCO -ANUNCIO DE UNA BUENA LIMOSNA POR UNA
GRACIA RECIBIDA DE MARIA -LLEGAN A ROMA LAS NOTICIAS DEL OCTAVARIO DE VALDOCCO Y A TURIN LAS DE
ROMA -INVITACION PARA LAS CUARENTA HORAS: PREDICA MONSEÑOR GALLETTI -EL OBISPO DE CASALE DA LAS
GRACIAS A DON BOSCO POR EL REGALO DE UNA COLECCION COMPLETA DE LAS LECTURAS CATOLICAS Y OTROS
LIBROS -DON BOSCO ACEPTA A DOS MUCHACHOS RECOMENDADOS POR LA DIRECCION DE FERROCARRILES -NO
QUIERE QUE EN EL ORATORIO HAYA PLAZAS LIBRES SIN CUBRIR -MARCHA A CUMIANA -SIGUE EL CONCURSO DE
GENTE EN LA NUEVA IGLESIA -GRACIAS PEDIDAS Y RECIBIDAS -DON BOSCO VA A FENESTRELLE PARA BENDECIR
AL PARROCO DE RUA, MORDIDO POR UN PERRO -PREDICA EN LA CAPILLA DEL PUY LAS GLORIAS DE SANTA ANA
-VA A USSEAUX: SU ENCUENTRO CON EL JOVEN JOSE RONCHAIL, QUE DECIDE HACERSE SALESIANO -DON BOSCO
DEVUELVE LA VISTA A DOS HERMANAS DEL JOVEN, VENCE LA OPOSICION DEL ABUELO QUE PRETENDIA HACER
DEL NIETO UN COMERCIANTE -MONSEÑOR RICCI Y EL PADRE GUGLIELMOTTI EN EL ORATORIO -CARTA DE DON
BOSCO A MONSEÑOR RICCI; LE AGRADECE LA VISITA; PIDE EXCUSAS POR SI NO HA TENIDO CON EL LOS DEBIDOS
MIRAMIENTOS; SOLICITA UNA CONDECORACION PONTIFICIA ((312)) PARA UN BIENHECHOR -GRAVISIMA
ENFERMEDAD DE DON MIGUEL RUA: AGRADABLES PREDICCIONES DE DON BOSCO; A SU BENDICION
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SIGUE LA CURACION -ANTIGUA PROFECIA DE DON BOSCO SOBRE LA VIDA DE DON MIGUEL RUA

LOS mecánicos se preparaban para montar en el Oratorio una nueva máquina tipográfica. El caballero Oreglia había comprado el 3 de
julio al abogado Domingo Fissore un taller de imprenta y encuadernación por la cantidad de ocho mil quinientas liras. Se trataba de las
máquinas, tipos y demás accesorios; bancos, estanterías y todos los demás enseres y muebles depositados por el propietario en el Refugio
de la Mendicidad. Había hecho este gasto porque, como crecía el trabajo en la imprenta, no quería que se retrasara la publicación de las
Lecturas Católicas. Estas, en realidad, salían con regularidad.

El mes de julio los abonados recibían el opúsculo Historia de algunas conversiones célebres, en el cual se señala que sólo en la Iglesia
Católica abundan los milagros. En un apéndice se narra una gracia recibida por intercensión de María Auxiliadora.

Para el mes de agosto se estaba imprimiendo: El gran tesoro: íay de quien lo pierde! Consideraciones populares, por el sacerdote Pedro
Boccalandro, rector de San Marcos en Génova. Se refiere al tesoro de la fe, tan necesario para todos y especialmente para cuantos
trabajan y sufren. La obrita describe la hermosura de la fe, su certeza, los bienes que reporta, el daño de su pérdida, las cualidades que la
fe debe poseer, las causas por las que se pierde y los medios para conservarla.

Para el mes de septiembre don Bosco había preparado la Vida del jovencito florentino Ernesto Saccardi, escrita por el sacerdote Juan
Bonetti, director del Seminario de Mirabello. Saccardi fue un alumno angelical de aquel seminario menor, cuyo programa se adjunta,
como apéndice del opúsculo.

Ya hemos visto en la carta escrita a don Juan Bonetti que el Venerable había leído atentamente y hecho correcciones a esta biografía. El
sometía al examen de una seria crítica ((313)) los escritos de los suyos, destinados a la imprenta, lo mismo que quería que sus obras
fueran examinadas por sus hijos.

El 5 de julio, por la noche, reunidos todos los alumnos estudiantes y aprendices, les decía:

-El día 15 tendremos grandes fiestas. Comenzarán las Cuarenta Horas y vendrá a predicar el obispo monseñor Galletti. Como
preparación procuremos no pensar más que en lo tocante a nuestros deberes de piedad, estudio o trabajo, según el estado de cada cual.
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Por aquellos días, fue invitado por el caballero Javier Collegno de Provana, para ir a su quinta de Cumiana a examinar a dos hijos suyos
y ver su aprovechamiento en los estudios. Don Bosco le contestaba:

Muy apreciado Señor:

Iremos a hacer de profesor. La tarde del 19, a eso de las cinco, llegaré con don Juan Bautista Francesia a Cumiana, si Dominus placuerit
(si a Dios place). Si le parece bien invito al profesor Bacchialoni, mas sólo si le parece bien; dígamelo.

Pero usted tiene una cuenta que saldar. Venir a Turín con Luis y Manuel; y el no venir los tres a comer con nosotros y así gozar de la
providencia de María Auxiliadora, es un yerro que difícilmente se perdona. Me dice el barón Bianco que se merece una multa de cien
napoleones; piénselo; yo voy a apresarlos.

Dios bendiga a usted y a toda su familia. Salude, sin olvidar al reverendo Susino, a todos cariñosamente en el Señor, y créame
agradecido.

Turín, 10 de julio de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Hemos de repetir aquí que, cuando don Bosco se hallaba fuera del Oratorio o estaba ocupado, le sustituían don Miguel Rúa, don Juan
Bautista Francesia y a veces cualquier otro sacerdote, para hablar por la noche a los estudiantes y a los aprendices, que rezaban las
oraciones en sitios distintos. Sus charlas trataban sobre la disciplina, la limpieza, la observancia de las normas de la buena educación, de
la aplicación en clase y en el estudio, de la compostura ((314)) en la iglesia, de los avisos para el día siguiente, e, imitando a don Bosco,
no dejaban de hablar con frecuencia de la Virgen.

Se lee en la crónica:

" 11 de julio, sábado. -Después de las oraciones, en los pórticos, dijo don Juan Bautista Francesia: -Hace pocos días, los médicos
habían declarado incurable a una pobre enferma. La ciencia no podía hacer nada más. La mujer, enterada de ello dijo:

-Don Bosco ha hecho construir una iglesia en Valdocco. Allí se han obtenido muchas gracias extraordinarias. Así, pues, encomiéndese
mi familia conmigo a María Auxiliadora y yo prometo hacer una limosna para la iglesia, apenas esté curada.

Pocos días después, la gracia se obtuvo y el marido vino hoy a entregar una limosna de diez billetes de cien liras".

Don Juan Bautista Francesia escribió a Roma contando las fiestas de Turín y las gracias de la Virgen, y, a la par, daba también noticias
del caballero Federico Oreglia de S. Stéfano, el cual, después
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de asistir a las fiestas de la consagración de la iglesia, había vuelto a salir de Turín, una vez terminado el octavario. El padre Oreglia
escribía a don Juan Bautista Francesia el 14 de julio y le decía:

"Mil gracias. Prosit (que descanse) por las hermosas fiestas, las bendiciones que reciben todos los días y el mucho bien que hacen;
imagino tendrán molestias y disgustos en proporción al bien que hacen...

"Aquí, por ahora, no se teme ninguna irregularidad, pero es probable la gran guerra y nosotros también podemos ser envueltos en ella.
Mas Dios nos ayudará. Roma está ahora desierta, calurosa y sin novedades.

"Ha terminado la cuestión de las elecciones. Aquí, todos están ahora contentos con Margotti. Este incidente ha servido para hacer
comprender mejor lo que se piensa... A Federico no le veo hace ya varios días; le mandé enseguida la adjunta.

"Mis saludos para don Bosco".

Y don Bosco recibía nuevos consuelos por su celo para la casa de Dios. La Unidad Católica del 14 de julio escribía:

Las Cuarenta Horas en la iglesia de Valdocco.

Con ocasión de las primeras Cuarenta Horas en la iglesia de María Auxiliadora en Valdocco (Turín), el Sumo Pontífice concede
indulgencia plenaria a todos los que, habiéndose confesado y comulgado los días 15, 16 y 17, visiten esta iglesia y recen según la
intención del mismo Sumo Pontífice. Por la tarde predicará el Excelentísimo señor Obispo de Alba.

((315)) Durante los tres días se celebraron las funciones sagradas como en las fiestas más solemnes. El clero infantil, los clérigos y los
sacerdotes se turnaron, revestidos con roquete, a los pies del altar en continua adoración; mientras los alumnos estudiantes y los
aprendices de los talleres rendían el mismo homenaje ante la balaustrada. Acudió muchísimo público atraído también por la oratoria del
seráfico monseñor Galletti.

El tercer día recibió don Bosco una carta del Obispo de Casale, a quien, en agradecimiento por la parte que había tomado en las
funciones del octavario, había enviado como regalo una colección completa y muchos números sueltos de las Lecturas Católicas.

Rvmo. Señor:

He recibido el gran paquete de libros edificantes que V. S. Rvma. tuvo a bien regalarme. Al ver la variada cantidad de tan preciosas
obritas, me pareció hallarme en
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un rico y hermosísimo jardín, donde crecen las flores más bonitas y olorosas y extienden por doquier sus preciosas ramas cargadas de
suavísimos frutos.

Me congratulo, pues, con usted porque una gran parte de esos libritos, cuanto más pequeños de tamaño más cargados de sanas y útiles
enseñanzas, son hijos del saber y del celo que tanto le distinguen. Me serviré de ellos para mi instrucción y para bien de mis diocesanos, a
quienes me gustará distribuirlos.

Con la más sentida gratitud y la mayor veneración, me profeso

Casale, 16 de julio de 1868.

Su att. ° y seguro servidor " PEDRO MARIA, Obispo

Con la misma fecha llegábale a don Bosco una carta de la dirección de ferrocarriles.

Turín, 16 de julio de 1868

El que suscribe tiene el honor de acompañar, para lo que usted crea conveniente, la adjunta instancia de Juan Cordero, hijo de un obrero
de estos talleres, que desea ser internado en el Oratorio de San Francisco de Sales, y para tal fin se ha dirigido al que suscribe en busca de
recomendación.

Con el más distinguido aprecio

El Director de Explotación P. ARMILHAU

((316)) El mismo señor recomendaba el 4 de septiembre de 1868, con carta N.° 8656, la aceptación del jovencito Ellena, hijo de un
obrero difunto de la Compañía de ferrocarriles.

Cada año le llegaban a don Bosco millares de peticiones de todas partes para la aceptación de muchachos pobres. A él le hubiera
gustado recibir a todos. Es conocida la frase, repetida a otros superiores y que nosotros oímos muchas veces: "Aceptad cuantos más
podáis. Llenad la casa y las buhardillas; si no hay plazas suficientes, ponedlos en las habitaciones más pequeñas; y si éstas están también
ocupadas, colocadlos en mi habitación y bajo mi cama".

Experimentaba siempre verdadera alegría cuando podía recibir a un nuevo muchacho, y vivo dolor cuando se veía obligado a dar una
negativa. Recordaba las palabras del Divino Maestro: Qui susceperit unum parvulum talem in nomine meo, me suscipit -Non est voluntas
ante Patrem vestrum qui in coelis est, ut pereat unus de pusillis istis (Quien recibiere a un niño de ésos en mi nombre a mí me recibe -No
es voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que perezca uno sólo de estos pequeños). El veía en todo muchacho una alma que
salvar, y no ahorraba las más arduas fatigas para salvarla.
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Por la tarde del domingo 19 de julio, fiesta de san Vicente de Paúl, llegaba don Bosco a Cumiana, donde pasó un día entero con aquella
apreciada familia y con los profesores que le habían acompañado. íCuántas glorias de María tuvo que contar allí!

Don Miguel Rúa escribía en la crónica el día 20 de julio: "Una multitud de gente sigue viniendo a visitar la nueva iglesia y a pedir
gracias a María Auxiliadora. Puede decirse que no pasa día sin recibir cartas de personas de lejos que se encomiendan a María,
especialmente a través de las oraciones de don Bosco y de sus hijos; y tampoco pasa día sin que se reciban otras de agradecimiento por
gracias obtenidas".

Una de estas procedía de Austria:

Reverendísimo Señor:

Hace unos días, agobiada de terror, invocaba el valimiento de las oraciones de V. S. en favor de mi yerno Carlos Lutzow, y hoy ((317))
no sé con qué palabras darle gracias. Escuche: mi Carlos, después de una grave enfermedad, estaba, como se dice, a punto de muerte. Con
toda ejemplaridad recibió los santos sacramentos y demostraba la resignación y fortaleza de un verdadero cristiano agonizante. Pero yo,
mi hija y todos los de la familia, estábamos aterrados ante el pensamiento de su pérdida. Llegó a tiempo su carta invitándome a empezar
una novena en honor de María Auxiliadora, nuestra única esperanza en aquella terrible situación. El 18 empezamos la memorable novena
y puse al cuello del enfermo la prodigiosa medalla de María Auxiliadora, que usted me había regalado a mi paso por Turín. íFue cosa de
maravilla! Aquel mismo día aumentaron tanto las fuerzas del enfermo, disminuyó tanto el mal, que los médicos declararon al día
siguiente que estaba fuera de peligro.

Dé gracias conmigo al Señor y a la Santísima Virgen María. Doy también gracias a usted y a todos esos buenos muchachos que,
fervorosamente reunidos en la nueva iglesia, imploraron el auxilio de la que siempre oye las oraciones de los que con labios devotos e
inocentes invocan su auxilio poderoso.

Hoy (26 de julio) mi Carlos habla, ríe, bromea y ya ha podido restablecerse con distintas bebidas y comestibles.

Sea, pues, ahora y siempre y en cualquier lugar, bendecido, alabado e invocado por todos el nombre de María Auxiliadora. En breve
recibirá algún dinero para sus pobres muchachos.

Con sincero y permanente agradecimiento me profeso

Krawska (Austria), 20 de julio de 1868.

Su segura servidora Baronesa LUISA GUDNAU

Mientras la Baronesa escribía esta carta, don Bosco se encontraba en los Alpes, en Fenestrelle, adonde había llegado el sábado 25 de
julio. Un perro, que los médicos creyeron rabioso, había mordido al párroco de Ruá, junto a Fenestrelle. Estaba el enfermo tan fuera de sí
por el susto, que a toda costa quería fuera don Bosco a bendecirlo.
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El Siervo de Dios se conmovió con las peticiones de los amigos que le esperaban en Pinerolo y fue a Ruá, bendijo al pobre cura, que se
calmó, curó, y vivió aún muchos años.

Al día siguiente, 26, era domingo, y la fiesta de santa Ana. El Venerable predicó en la capilla del Puy, parroquia de Fenestrelle.

((318)) El lunes marchó a Usseaux, pueblo de José Ronchail, que había terminado entonces los estudios de filosofía y pensaba seguir la
carrera eclesiástica. Pero estaba bajo la tutela del abuelo, el cual había determinado dedicarle al comercio y ya le había encontrado
colocación en una casa de Lyon; más aún, había fijado su partida para el sábado siguiente y él no se atrevía a oponerse.

Al llegar al pueblo, don Bosco fue a hospedarse en casa del Párroco. Dos seminaristas estudiantes de teología y compatriotas de José
que lo supieron, fueron en busca del amigo y empezaron a hablar de don Bosco. Ronchail no conocía a don Bosco, y ni le había oído
nombrar. Los seminaristas, en cambio, que deseaban con ardor verle porque habían oído hablar mucho y muy bien de él, le propusieron
que los acompañara a la visita que pretendían hacer al Siervo de Dios aquel mismo día, y él, para complacer a los amigos, los siguió.

El Venerable, apenas vio entrar a los tres jóvenes, sin atender a los dos seminaristas, se dirigió inmediatamente al mozo encaminado
para el comercio, le agasajó con cariño y tomándole por una mano, le dijo:

-He aquí un bonito mirlo al que han puesto en la jaula.

Estas palabras hicieron mella en el corazón de José; su vocación adormecida durante un tiempo, se reanimó; pidió al Venerable una
entrevista particular y su determinación de consagrarse al Señor se hizo sólida e irreversible; más aún, se decidió a ir con don Bosco a
Turín.

Faltaba disuadir al abuelo de su decisión cuando un suceso extraordinario quitó toda dificultad. He aquí cómo lo contaba don Carlos
Gros, párroco de Pomaretto, el año 1904, a sus ochenta y dos años cumplidos, a don Pedro Pestarino de Rossiglione, para que nos
transmitiera su testimonio.

Resulta que don Carlos Gros, capellán por aquellos lugares en 1868, se encontró, un día que soplaba un viento muy fuerte, cerca de
Fenestrelle con don Bosco en un carruaje con el reverendo Bourlot, que volvía de ((319)) Laux. Y he aquí que se le presentó José
Ronchail con su madre y dos hermanas pequeñas. Bourlot paró el caballo y la buena madre rogó a don Bosco que bendijera a sus hijas.
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La mayorcita, próxima a los catorce años de edad, había perdido casi instantáneamente la vista y apenas distinguía el día de la noche. La
otra, con una inflamación crónica de los ojos, tenía que sostener los párpados cerrados porque no podía sufrir la luz. Don Bosco les
aconsejó una novena a María Auxiliadora, consistente en rezar tres padrenuestros, avemarías y glorias y una salve cada día, encargó al
joven José que acompañara a su madre y a las dos hermanas en estas plegarias y acabó dándoles la bendición pedida. La primera hermana
curó del todo instantáneamente y nunca más tuvo molestias en los ojos; la segunda no cambió hasta el último día de la novena: aquel día,
apenas terminó las oraciones prescritas, le desapareció la inflamación y recuperó totalmente la vista. No le quedó más que una manchita
en los ojos, casi como un recuerdo del antiguo mal.

El hermano, testigo de tales prodigios, se aferró más a las palabras del Siervo de Dios, en la persuasión de que había tenido luces
especiales sobre su vocación.

El 1.° de octubre de aquel año entraba en el Oratorio y ya veremos la importante misión que el Señor le reservaba en Francia.

El mismo Ronchail nos expuso también esta narración.

El 27 de julio, dice la crónica, don Bosco dejaba Fenestrelle. Al caer de la tarde se presentaron en el Oratorio dos sacerdotes
desconocidos que querían hablar con el Siervo de Dios. Como aún no había vuelto a casa, le esperaron hasta la noche, sin querer decir su
nombre. Cuando don Bosco llegó les tributó mil agasajos.

-Soy monseñor Ricci, díjole uno, Maestro de Cámara de Su Santidad.

El otro era el padre Guglielmotti, dominico, famoso historiador de la Marina Pontificia. Aceptaron satisfechos la hospitalidad que don
Bosco les ofrecía y al día siguiente, después de visitar la casa, acompañados por don Celestino Durando fueron al colegio de Lanzo. El
((320)) día 29 por la mañana marcharon hacia Roma. Parece que llevaban alguna misión especial. Esta visita prestó ocasión a don Bosco
para escribir una carta a aquel Monseñor, ya que un encargo dado al caballero Oreglia no había sido cumplido.

A S. E. Rvma. Monseñor Francisco Ricci, Maestro de Cámara de Su Santidad -Roma.

Excelencia Rvma.:

Cumplo un poco tarde con mi deber de agradecer a V. E. Rvma. la bondad que tuvo al venir a hospedarse en nuestra pobre casa.
Guardaremos de ello el más caro y grato recuerdo.
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Pero hay otro motivo que me mueve a escribirle y es pedirle benigna indulgencia por la falta de atenciones a que nos vimos obligados
por las condiciones de nuestra casa. Dígnese cubrir con un velo todo ello y recuerde solamente la gran satisfacción que nos ha dado y
nuestra buena voluntad de presentarle con nuestra actuación las más profundas muestras de aprecio y gratitud.

Bondadosamente me aseguró al marchar que se interesaría por esta casa y he aquí una ocasión en la que verdaderamente necesito de
usted.

El abate Soleri es un insigne bienhechor de esta casa y hace poco nos hizo un importante donativo en circunstancias excepcionales.
Quisiera él algún título honorífico del Padre Santo, canónigo, protonotario, camarero o algo así, y que yo no sé, como signo de
benevolencia de la Santa Sede. Es un buen eclesiástico, como puede verse por la carta de presentación del Arzobispo; es rico y generoso.
Disponga V. E.

Esperamos la indulgencia plenaria que nos prometiera. Dios le bendiga. Denos su santa bendición y créame con todo mi aprecio de V.

E.
Turín, 27 de septiembre de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

El día 28 de julio, no sin antes pedir permiso a sus ilustres huéspedes, por compromisos anteriormente contraídos, salió de nuevo fuera
de la ciudad para dos días, tal vez a Borgo Cornalense. Durante esta breve ausencia, el 29 de julio, cayó gravemente enfermo de
peritonitis aguda don Miguel Rúa. Llevaba ya unos meses con dolencias ocasionadas por el excesivo trabajo que le proporcionaban la
((321)) dirección interna del Oratorio, el despacho de los asuntos materiales y su extrema y habitual debilidad por el insuficiente descanso
de sólo cuatro horas de sueño.

Piadosísimo como era, pidió inmediatamente los auxilios de la religión, y se le llevó el santo Viático. Acudieron los médicos y lo
desahuciaron. El doctor Fissore, que fue el primero en visitarle, afirmó, más tarde, que su enfermedad era de las que apenas uno o dos
enfermos sobre ciento suelen curar.

Es de imaginar la ansiedad de todos los de casa. Se mandó llamar a don Bosco, el cual llegó al anochecer. Apenas puso los pies en el
umbral de la portería, superiores y alumnos del Oratorio acudieron más deprisa y en mayor número que de costumbre a rodearle y
hablarle de la enfermedad de don Miguel Rúa y su gravedad. Todos le rogaban que fuera enseguida a visitarle para darle la bendición de
María Auxiliadora.

-íDeprisa! repetían; ívaya a verlo porque puede faltar de un momento a otro!
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Y don Bosco, sin deconcertarse, sin acelerar el paso, respondió sonriendo:

-Tranquilos, tranquilos: conozco a don Miguel Rúa y íno se marchará sin mi permiso!

Aquella noche había confesiones, porque a la mañana siguiente, jueves, se hacía el ejercicio de la buena muerte, y el Siervo de Dios se

fue enseguida al confesonario, donde estuvo ocupado durante bastante tiempo.
Cuando salió de la iglesia, insistió su secretario, don Joaquín Berto, para que subiera rápidamente a ver al enfermo, pero don Bosco, sin

la menor preocupación fue a cenar, diciendo:

-Sí, sí, iremos a verle.

Cuando hubo cenado, con la acostumbrada tranquilidad, subió a su habitación para dejar sus papeles y después bajó al primer piso para

visitar a don Miguel Rúa. Se entretuvo un ratito con el enfermo, el cual le dijo, con un hilillo de voz:

-Don Bosco: si es mi última hora, dígamelo tranquilamente, porque estoy dispuesto a todo.

Y don Bosco respondió:

((322)) -Mi querido Rúa, no quiero que mueras. Tienes que ayudarme todavía en muchas cosas...

Díjole aún unas palabras de consuelo y le bendijo.

A la mañana siguiente, después de celebrar la misa, subió de nuevo a ver al enfermo, con quien se encontraba el doctor Gribaudo.

Hízole éste notar la gravedad del caso, añadiendo que tenía poca esperanza de que curara.

-Sea lo grave que se quiera, respondió el Venerable, pero mi Rúa debe sanar, porque aún le queda mucho que hacer.

Se había determinado administrarle la unción de los enfermos y el Siervo de Dios, que vio sobre la mesita de noche la bolsa de los

santos óleos, pregunto:

-"Qué hacen aquí los santos óleos?

-Se han traído para administrárselos a don Miguel Rúa.

-"Y a quién se le ha ocurrido traerlos aquí?

-A mí, respondió don Angel Savio. Si usted hubiera visto lo mal que estaba ayer tarde... Daba miedo... Los mismos médicos...

-En verdad que sois gente de poca fe, le interrumpió don Bosco...

Y añadió, sonriendo y bromeando:

-Animo, Rúa; mira: aunque te echases por la ventana abajo, ahora no morirás.

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En efecto, desde el momento en que don Bosco le bendijo, el enfermo empezó a mejorar y unos días después, contra toda esperanza,
estaba fuera de peligro. Fue llevado a respirar aires puros en Trofarello y, al cabo de dos meses, estaba perfectamente restablecido y libre,
además, de los dolores de cabeza que antes le atormentaban tanto y con tanta frecuencia.

Otra profecía antigua aseguraba a don Miguel Rúa que su vida duraría al menos treinta y cinco años. El mismo lo atestiguaba.

"El año 1853, cuando se organizaban en Turín los grandes festejos con motivo del centenario del milagro del Santísimo Sacramento,
nuestro buen padre don Bosco escribió un opusculito para preparar al pueblo al solemne acontecimiento. Tenía yo entonces dieciséis años
((323)) y le hacía de amanuense. Algún mes después de las fiestas, volvíamos un día de la quinta de nuestro excelente amigo, el profesor
don Mateo Picco, adonde solía don Bosco retirarse todos los años unos días para revisar en la quietud del campo sus publicaciones,
aprovechando los amplios conocimientos literarios, históricos y científicos del excelente profesor. Al llegar al poblado, que se llamaba
San Albino y San Evasio, poco distante de la Gran Madre de Dios, cayó la conversación sobre las fiestas centenarias de Turín y la
aceptación y gran difusión de su opúsculo. Don Bosco lanzó su pensamiento hacia el futuro y me dijo:

-Cuando el 1903 se celebre el cincuentenario, yo ya no existiré pero tú vivirás todavía: desde ahora te encargo que vuelvas a editarlo.

"-Con mucho gusto, contesté, aceptando tan agradable encargo;
pero "y si la muerte me gastara alguna broma y me sacase de este mundo antes de la fecha?

"-Tranquilo, tranquilo; la muerte no te hará ninguna broma y tú podrás cumplir el encargo que ahora te hago.

"Como le oí hablar con tanta seguridad, desde entonces puse a parte un ejemplar de aquel opúsculo, para publicarlo cuando hubiera que
hacer la edición en 1903".

Y la hizo, poniendo como prólogo una declaración como la expuesta y en la que, además, hacía referencia a su enfermedad y curación
en 1868.
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((324))

CAPITULO XXVI

DON BOSCO VA A SAN IGNACIO -ACONSEJA A UN JOVEN QUE PEDIA HACERSE SALESIANO QUE ENTRE EN LA
COMPAÑIA DE JESUS -LA BENDICION DE DON BOSCO A LOS ENFERMOS: SU EVIDENTE HUMILDAD; EL TEOLOGO
BERTAGNA RECONOCE EN EL, EL DON DE LAS CURACIONES -COLECTA EN SAN IGNACIO PARA EL ORATORIO DE
SAN LUIS -SISTEMA DE DON BOSCO: EL NO TERMINAR DE UNA VEZ UNA OBRA, PARA DAR OCASION A SUCESIVAS
PETICIONES DE LIMOSNAS A LOS BIENHECHORES -SU CIRCULAR PIDIENDO ORNAMENTOS SAGRADOS PARA LA
NUEVA IGLESIA -CUMPLIMIENTO DE UNA PREVISION -CARTA DE LA PRESIDENTA DE TOR DE'SPECCHI PIDIENDOLE
CONSEJO PARA LA ACEPTACION DE UNA POSTULANTE -DON BOSCO VISITA AL CONDE DE LA MARGHERITA
GRAVEMENTE ENFERMO -PREVE EL EFECTO DE UNA BENDICION -REVELA COSAS OCULTAS -PREDICE LA MUERTE
DE DOS JOVENES -EL VENERABLE COOPERA AL EXITO DE LA EDUCACION DE LOS HIJOS DE UNA FAMILIA NOBLE:
SU AFECTO A ESTOS MUCHACHOS -UN METEORITO

EN el mes de agosto, se trasladó el Venerable al Santuario de San Ignacio en Lanzo, para los ejercicios espirituales. Allí le esperaban
todos los años muchos seglares para confesarse con él y pedirle consejos. Estuvo entre ellos un buen joven, que, tiempo atrás, le había
sido presentado por un bienhechor, para que lo aceptara entre los alumnos del Oratorio. Don Bosco, que estaba en la sacristía, lo había
recibido con cariño, pero después de preguntarle algunas cosas, le miró al rostro fijamente y exclamó:

-No está destinado ((325)) para nosotros; vaya a otros.

El joven quedó algo mortificado por la respuesta y se retiró.

Habiéndose trasladado él también a San Ignacio, se encontró de nuevo con don Bosco, le eligió para confesarse y le expuso el deseo de
hacerse salesiano. Don Bosco no aprobó, ni desaprobó; pero un día, mientras el joven le hablaba entusiasmado de la vida de san
Estanislao de Kostka, suavemente le amonestó sonriendo:
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-Pues ve tú también con esos religiosos donde san Estanislao se hizo santo.

Así le daba a entender por segunda vez que no era llamado al Oratorio.
El joven, siguiendo su consejo, entró en la Compañía de Jesús.

Este es el padre Sasia, que fue mandado como provincial a California y de allí volvió a Turín, en 1894, para desempeñar el mismo
cargo, y nos contaba cómo había conocido a don Bosco.

Mas si don Bosco daba consejos a los demás, también sabía pedirlos para sí mismo. Como veía que sus bendiciones devolvían la salud
hasta a los enfermos más graves, reconocía en María la causa de tales gracias; y estaba en guardia para que el veneno sutil de la
vanagloria no perturbara su corazón. Su oración, su firme propósito era: "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo de gloriam" (No
a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria).

Tenía tan bajo concepto de sí mismo que muchas veces pedía consejo, para saber regularse, a personajes eclesiásticos doctos y santos.
He aquí el juicio que daba de él monseñor Juan Bertagna, antaño maestro de moral en la Residencia Sacerdotal de Turín, en el Proceso
Diocesano para la Causa de Beatificación de don Bosco. Se diría que habla la fría razón:

"Creo sinceramente que don Bosco poseía el don sobrenatural de sanar a los enfermos. Se lo oí decir a él mismo hallándonos los dos de
ejercicios espirituales en el santuario de San Ignacio, en Lanzo. Me lo decía para que le aconsejara si debía continuar bendiciendo a los
enfermos con las medallas de María Auxiliadora y del Salvador, porque ((326)) decía que se levantaba mucho revuelo con las curaciones
que ocurrían y que tenían aire de prodigiosas, como consecuencia de las bendiciones por él impartidas. Y yo opino que don Bosco decía
la verdad. Bien o mal, yo aconsejé a don Bosco que continuara con sus bendiciones".

Y la humildad sabía sugerirle el modo de esconderse aun cuando, conocida la eficacia de sus bendiciones, afluían a él las multitudes de
tal modo que le impedían cualquier otro quehacer. Para que no sucediera nada sorprendente, sugería con mucha frecuencia a las personas
que acudían, que hicieran una novena, o bien recitaran ciertas oraciones cada día durante un tiempo más o menos largo, fijando así el día
en el que la Virgen haría la gracia.

Lo hacía así por dos motivos: primero para causar menor impresión con sus afirmaciones; segundo, para obtener que las gracias
acontecieran en lugares distintos y lejanos. Pero también esto es algo
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admirable porque los peticionarios conseguían las gracias pedidas en el mes y el día fijado. La Virgen lo dejaba a su albedrío.

El mismo efecto producían las cartas que él mandaba con una estampita de María Auxiliadora. En efecto, de todas partes le llegaban
testimonios de agradecimiento, mas él atribuía el mérito a las oraciones y a las fervorosas comuniones de los buenos alumnos del
Oratorio, y nunca dejó de manifestarles el afecto y agradecimiento de los agraciados.

Don Bosco salió de San Ignacio, después de haber hecho una colecta para el Oratorio de San Luis en Puerta Nueva, y volvió de nuevo a
Valdocco. En la iglesia nueva faltaban todavía muchos objetos necesarios o convenientes para el ejercicio decoroso del culto, y él
iniciaba para todo ello colectas especiales, una tras otra, porque, decía, si uno se apresura a terminar de golpe una obra, con todos los
accesorios, haciendo deudas, muchísimos bienhechores, al verla acabada, fácilmente creen que no es necesario su concurso y se enfrían.

Comenzó, pues, a escribir, hizo imprimir una carta dirigida a los bienhechores de la iglesia, y mandó un millar de ellas con laborioso y
cuidadoso trabajo. Era una carta de agradecimiento, ((327)) de homenaje y, a la vez, una promesa y una oración. El homenaje consistía en
la medalla conmemorativa de la inauguración del Santuario; la promesa se refería a la oración diaria establecida, como se ha dicho, en
favor de todos los bienhechores.

Benemérito Señor:

Con la mayor satisfacción tengo el honor de poder participar a V. S. B. que la iglesia dedicada a María Auxiliadora, cuya construcción
fue tantas veces objeto de su caridad, ha sido solemnemente consagrada al culto divino.

La función comenzó el 9 del pasado junio y terminó el 17 del mismo mes por la mañana. Apenas se acabe de imprimir la relación de
este glorioso octavario, tendré sumo gusto en enviarle un ejemplar. Ahora, mientras le manifiesto por mi parte, la más profunda gratitud,
ruégole acepte una medalla conmemorativa que lleva en el anverso la imagen de Maria Auxiliadora de los Cristianos y en el reverso la
fachada de la nueva iglesia. Espero que sea para su familia un grato recuerdo y fuente de perennes bendiciones, que la augusta Reina del
cielo hará descender sobre usted y sobre todas las personas que componen su respetable familia.

Creo que también le satisfará saber que se ha establecido un servicio religioso diario en la nueva iglesia en favor de todos los
beneméritos donantes, que con sus limosnas han promovido en cierto modo esta obra de pública beneficencia. Consiste este ejercicio en
oraciones comunitarias, el rezo del rosario, comuniones y celebración de la santa misa.

Y ahora que la construcción está acabada en la parte material, se la presento a usted como un mendigo que necesita ser vestido y
alimentado; quiero decir, que la iglesia necesita ser provista de ornamentos y vasos sagrados y de cuanto se precisa
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para la celebración de misas, catecismos, predicación y demás. Por esto, respetuosamente le suplico que en sus obras de caridad quiera
incluir ésta, que usted ya empezó a proteger.

Por mi parte, y mientras viva, no dejaré de invocar cada día las bendiciones del cielo sobre usted y sobre las personas que se relacionan
con usted. Y con la dulce esperanza de que nos encontraremos un día juntos en la patria de los bienaventurados, con profundísima estima
y gratitud, me cabe el honor de poderme profesar

De V.S.B.

Turín, agosto de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

P. S. Por si acaso llegase a su conocimiento que alguno de los que contribuyeron a la construcción de esta iglesia no hubiera recibido la
medalla conmemorativa, ((328)) ruégole me lo indique y haré todo lo posible para cumplir con tal deber de gratitud.
Desde Roma se dirigía a él para que le aconsejara, la veneranda Madre Presidenta de Tor de'Specchi. Recordamos que don Bosco le
había prometido que su monasterio, después de algunas dificultades, volvería a florecer. Y así fue. En julio de 1869 la Presidenta
anunciaba al caballero Oreglia que aquel año había tenido cinco nuevas novicias a las que se añadieron más tarde otras.

Pero aquellos días la buena Madre estaba aún angustiada por el número tan pequeño de su familia religiosa y dudaba antes de aceptar
una nueva postulante. Escribía a don Juan Bautista Francesia:

3 de agosto de 1868 J.M.J.

Rvdo. Señor:

El buen caballero Oreglia, antes de marchar de este querido retiro, me dijo que, durante su ausencia, me dirigiese a usted y lo hago con
agrado. Más aún; antes lo hubiera hecho, de no habérmelo impedido la triste circunstancia de una hermana religiosa que murió tras breve
enfermedad. Bendito sea Dios; pero puede imaginar la pena que me da ver disminuir el número, ya pequeño, de esta comunidad. Somos
nueve; si el número correspondiese a la fuerza de los miembros, menos mal, pero no es así; no sabemos cómo atender a los oficios y a los
actos comunes; necesitamos sin falta alguna ayuda.

Hay una y hábil joven fuera de Roma; no es de familia distinguida más que en su pueblo, pero vive con decoro y honestamente aunque,
por la mala administración, su familia no es hoy rica como lo era. Su madre, que está viuda, es una santa mujer; por todo esto que le
expongo me disuaden de aceptarla, diciéndome que nuestro instituto fue fundado para señoras de la nobleza y que, si recibiera a ésta,
perjudicaría a la institución.
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"Es acaso mejor que se deshaga por falta de sujetos?

Mis religiosas estarían contentas con dicha joven, por las noticias recibidas.

Tenga la bondad de informar de todo esto a don Bosco, oiga su parecer, y me lo comunique lo antes posible.

Besa su mano, etc.

M. MAGDALENA GALLEFFI
((329)) íEra muy grande la confianza que se tenía en la palabra del Venerable! Una comunidad religiosa de Turín, afligida por la
enfermedad mortal del conde la Margarita 1, su principal bienhechor, se dirigía al caballero Oreglia (ignorando que se encontraba
ausente) para saber qué pensaba de ello don Bosco.

íViva Jesús Sacramentado!

Ilmo. Señor:

Desgraciadamente V. S. Ilma. sabrá ya en qué estado se encuentra el señor conde de la Margarita.

Aunque las últimas noticias recibidas esta mañana no eran peores, puesto que se hablaba de una ligera mejoría, con todo nosotras
vivimos con el miedo a perder, de un momento a otro, al que después de Dios, lo es todo para nosotras, y lo veneramos y consideramos
como al mejor de los padres. No dejamos de rezar para que el Señor nos lo conserve, pero se lo confieso, la angustia nos oprime.

Estoy persuadida de que la señora Condesa y la señora Baronesa ya le habrán encomendado a las santas oraciones de don Bosco: me
uno a sus ruegos para alcanzar de la Santísima Virgen una gracia tan valiosa. Con la pena en que se halla sumida toda la Comunidad, que
todo lo pierde con el Conde, pensé decir a la bondad de V. S. Ilma. también en nombre de sor María Verónica, el valioso favor de que
tenga a bien decirme qué piensa y dice don Bosco sobre el estado de S. E.

íCómo agradecería a V. S. Ilma. quisiera ser mi intérprete ante esta alma santa y contarme después sus sentimientos! Perdóneme si,
movida por la aflicción, soy, a lo mejor, demasiado atrevida, pero es que usted, mejor que nadie, puede comprender cuán justa es nuestra
consternación.

No es necesario, bien lo sabe, que yo encomiende a sus oraciones al queridísimo y venerado enfermo; sólo lo hago a impulso de mi
corazón sumamente afligido.

Acepte por anticipado mis gracias, unidas a las de sor María Verónica, y permítame declararme con el más distinguido aprecio en J. M.

J.
De usted, Ilmo. Señor,

atenta y segura servidora
SOR MARIA DE JESUS, Superiora

Turín, 6 de agosto de 1868, Monasterio del Santísimo Sacramento.

1 Margarita. -Es el nombre de una población de la provincia de Cúneo (Piamonte). El conde en cuestión, lo era de este lugar. (N. del T.)

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VOLUMEN IX Página: 308

El conde Clemente Solaro de la Margherita era ferviente católico y uno de los grandes hombres de Estado en el Piamonte. ((330))
Gozaba de gran fama como diplomático experimentado en Nápoles y en España, como ministro habilísimo de Asuntos Exteriores durante
la mayor parte del reinado de Carlos Alberto, como orador elocuente y denodado en la Cámara Subalpina, como historiador y publicista
insigne en el Memorandum, en los A vvedimenti politici (Notas políticas) y en el Uomo di stato (Hombre de estado).

El Memorandum, publicado cuando la revolución le obligó a dimitir de Ministro, y que tuvo después tantas ediciones y traducciones,
había arrancado una palabra de aplauso hasta al mismo Máximo D'Azeglio, contra quien había sido escrito. En medio de los modernos
enredos sobresalía por su franqueza admirable y su constancia inquebrantable en las propias opiniones; y hasta los enemigos tenían que
admirarlo. Siempre sintió un amor filial por la Casa de Saboya.

Don Bosco fue a visitar al ilustre enfermo, con quien sostenía amistad, le bendijo e hizo rezar a sus muchachos por él.

"Hay que notar, decía don Bosco, que a veces las curaciones no son concedidas porque son contrarias al bien del alma, y se obtienen
sólo en parte para que el enfermo gane más méritos".

Esto queda comprobado con la siguiente relación:

El año 1868 me presenté a don Bosco en compañía de mi madre, rogándole me bendijera, porque yo, a mis veinticinco años, me sentía
extenuada por una fiebrecilla continua que me consumía y era rebelde a todo remedio. El santo varón me sugirió una simple decocción
depurativa y además me mandó rezar durante casi un mes cinco padrenuestros, avemarías y glorias, hasta el día de la Asunción. Por el
modo sonriente y seguro con que hablaba, creí que me restablecería; me regaló un librito y una medalla y, antes de despedirme, me hizo
arrodillar para rezar con él tres avemarías.

El estaba de pie y, mientras rezábamos, puso su mano sobre mi cabeza. Yo sentía que apretaba fuertemente. Cuando me levanté, su
aspecto era triste y me dijo:

-No te extrañe, si no te curas del todo y si durante toda la vida tienes algún achaque; la bendición que te he dado te ayudará para el
alma, si no te sirve para el cuerpo; sin embargo, haz lo que te he dicho.

Me marché un poco desanimada y no dejé de tomar la infusión y de recitar las oraciones.

El día de la Asunción tuve más dolor que de costumbre, y después, poco a poco se calmó el mal y, aunque la fiebrecilla ya no ((331)) es
continua, la tengo con muchísima frecuencia y, a decir verdad, no he pasado desde entonces un solo día en perfecta salud. Estoy
convencida de que, mientras rezaba aquellas tres avemarías, el santo varón vio que debía renunciar a la salud del cuerpo por la de mi
alma.

DELFINA MARENGO

Fin de Página 308

 

VOLUMEN IX Página: 309

Recordamos aquí que don Bosco seguía manifestando cosas humanamente ocultas. Declara don Joaquín Berto:

"Era el año 1868; una mañana se me presentaron dos señoras desconocidas para hablar con don Bosco. Entraron en su habitación y,

apenas las vio, sin dejarlas hablar, dijo a una de ellas sonriendo:

"-Hágase monja, y esté tranquila porque ésta es la voluntad del Señor.

"Poco después, al verlas salir con las lágrimas en los ojos, pregunté la razón a don Bosco y él me contestó confidencialmente:

"-Mira, esas señoras son hermanas, una de ellas quería hacerse religiosa y la otra se oponía. Se pusieron de acuerdo para venir a

consultar a don Bosco.

"Yo añadí:

"-"Y por qué lloraban?

"-Porque, sin dejarlas hablar, les adiviné el motivo de su visita y se conmovieron.

"-Pero "cómo se las ha arreglado usted para saberlo?

"-íQué curioso eres! Mira, esta noche soñé que venían estas dos personas a pedir mi parecer; y ahora, apenas las vi, las reconocí y por

eso no hice más que repetir el consejo que les di soñando".

Hay otros hechos semejantes, registrados en nuestras crónicas.

Era admirable y habitual en el Siervo de Dios el espíritu profético del que ya había muchas pruebas.

Una tarde, después de las confesiones, mientras cenaba, contó este sueño a algunos que le rodeaban; estaba entre ellos el citado don

Joaquín Berto.
"He visto un muchacho del Oratorio tendido por el suelo en medio de un dormitorio. A su alrededor había cuchillos despuntados,

pistolas, carabinas y miembros ((332)) humanos despedazados. Parecía agonizante. Le pregunté:

"-"Por qué te encuentras en estado tan lastimoso?

"-"No lo conoce, me respondió, por los instrumentos que me rodean? Me he vuelto un asesino y dentro de pocas horas seré condenado

a muerte.

"Después añadió:

"-Yo conozco a ese muchacho: procuraré corregirle de sus defectos e infundirle sentimientos de piedad y de bondad; pero tiene tan mal

carácter que mucho me temo acabe mal".

Era éste un muchacho que, mientras hacía el servicio militar, fue fusilado por haber matado a su propio oficial. Por fortuna, antes de
morir, cumplió con edificación todos los deberes de un buen cristiano.

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VOLUMEN IX Página: 310

El Venerable predijo también, muchos años antes, que otro muchacho se suicidaría. En efecto, era entonces bueno y piadoso, pero
después de algún tiempo de haber salido del Oratorio, viéndose traicionado por un pérfido compañero, perdidas su fortuna, su familia y su
honor, se quitó la vida de un pistoletazo. Los dos nombres se conservan en las crónicas. Fueron muchos los testigos de estas predicciones
y de su cumplimiento. Uno de ellos, don Miguel Rúa.

Así que don Bosco, por sus virtudes y el don de penetración de los corazones, se ganaba el aprecio y la confianza de todos,
comprendida la Nobleza de Turín y de otras ciudades, y era llamado para cooperar al éxito de la educación de los hijos. Cuando alguno
de ellos parecía que empezaba a descarriarse, la última áncora de salvación era don Bosco, que se ganaba la cordial amistad de aquellos
muchachos. Por eso se los enviaban a él o les procuraban una charla con el Siervo de Dios en su propia casa. La palabra de don Bosco
resultaba eficaz, y muchos señoritos cambiaron de conducta y fueron la gloria de sus propias familias. No es conveniente traer las pruebas
de nuestro aserto, ni publicar cartas confidenciales; presentaremos sólo una cartita de don Bosco, contestando a la hermana de un joven
que le había escrito por encargo de sus padres.

((333)) Turín, 10 de agosto de 1868

Ilma. Señora:

Su deseo y el de mamá serán satisfechos: se celebrarán las tres misas y a mis pobres oraciones se unirán las de nuestros muchachos
durante los tres días ientes a hoy.

El señorito puede venir cualquier día de esta semana por la mañana hasta las dos de la tarde y procuraré servirle con la galantería que se
merece.

Le ruego entregue la carta adjunta a papá con mis saludos para él y mamá. Dios la bendiga. Ruegue por mí que, agradecido, me profeso

De V. S. Ilma.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Don Bosco quería mucho a los hijos de sus bienhechores, como lo demuestra la respuesta a una carta que le había escrito el marquesito
Fassati, desde Montemagno:

Querido Manuel:

Me ha gustado tu carta y no he dejado de aplicar mis pobres oraciones, según tu intención. No sé si Dios nos habrá escuchado, o no; tú
lo sabrás. Pero te aseguro
310

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VOLUMEN IX Página: 311

que, si la petición es de cosas útiles para el alma y si sigues pidiendo con fe, puedes estar seguro de que serás escuchado.

Hazme el favor de presentar mis cordiales saludos a toda la familia con los deseos de salud, alegría y largos años felices para todos. Di
a la bonne maman, la señora condesa de Maistre, que, si pasa por Turín, tendré mucho gusto en saludarla y, si tú sabes con anticipación el
día de su paso, me harás otro gran favor comunicándomelo con un par de líneas.

Carísimo Manuel, estás viviendo ahora la edad más peligrosa, pero la más hermosa de la vida. Sé valiente. Los más pequeños

sacrificios de la juventud, obtienen tesoros de gloria en el cielo.

Ruega por la pobre alma de quien siempre se profesa

Turín, 14 de septiembre de 1868.

Tu afmo. amigo
JUAN BOSCO, Pbro.
Con el mismo, si no mayor afecto, atendía a sus muchachos del Oratorio. Al aproximarse las vacaciones otoñales, no dejaba de darles
útiles consejos. Escribió don Juan Bonetti:
((334)) Recuerdos dados por don Bosco a los jóvenes el 18 de agosto de 1868.
1.° Ir a casa con ganas de seguir siendo buenos y no hacerse peores.
2.° Procuren todos, al volver al Oratorio, traer consigo jóvenes buenos, como los desea don Bosco.
3.° Dar buen ejemplo como reparación de los escándalos que, tal vez, uno dio cuando estaba en casa, a los hermanos, a las hermanas,
con palabras, blasfemias o faltas parecidas.
4.° Antes de marchar, no desperdiciar los jarros del agua, ni los libros usados, rompiéndolos o destrozándolos como acostumbran
algunos alocados de espíritu destructor. Mejor es dejarlos para que sirvan a otros compañeros más pobres que se quedan o que vendrán.

5.° Mostrar buena educación al hablar, al alternar con los padres, con los maestros y con los párrocos. Si sois invitados a comer,
guardaos de la glotonería, servíos con moderación, observando cómo hacen las personas serias; no sentarse a la mesa o levantarse antes
que los demás, sino esperar la señal del dueño de la casa o jefe de la mesa.

El 30 de agosto, domingo, empezó la novena de la Natividad de María; durante los primeros días, hubo un raro fenómeno que ofreció
un hermoso espectáculo y alegró el Oratorio, como presagio de satisfacción. Lo registramos simplemente porque habla de él una memoria
de don Joaquín Berto y porque demuestra la diligencia de este buen hermano para registrar todo suceso.

"Después de la cena, escribe, me encontraba yo con unos muchachos junto a la pared de la encuadernación, cuando con gran sorpresa
mía, otros grupos, próximos a mí, empezaron a gritar:
311

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VOLUMEN IX Página: 312

"-"Qué es eso? "Qué es eso?

"Miré y vi en el cielo un globo redondo más grande que una bocha.

"Marchaba al principio a la altura de tres o cuatro metros sobre el tejado de las escuelas. Avanzaba en línea recta serpenteando y
bamboleándose un poco, sin perder su perfecta redondez, y a una velocidad semejante a la de un gorrión que vuela al oscurecer de una a
otra casa, buscando donde pasar la noche. Voló por encima del salón de estudio, por encima de la habitación de don ((335)) Bosco, sobre
el tejado del resto de la casa hasta el campanario de la iglesia antigua, y continuó su vuelo hasta el ferrocarril. Dejaba señalado su camino
con una línea de luz blanca, a manera de cola, muy gruesa inmediatamente detrás del globo y que se hacía más pequeña a medida que se
alejaba, hasta verse finalmente como un humo blanco. Los muchachos estaban todos en el patio y muchos, que observaron tal fenómeno,
volvieron hacia él sus ojos llenos de asombro.

Fin de Página 312

 

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((336))

CAPITULO XXVII

NOVENA DE LA NATIVIDAD DE MARIA SANTISIMA -ALGUNAS CHARLAS DE DON BOSCO: UN ALUMNO DESPEDIDO
DE CASA; PARABOLA OSUEÑO; UNA SEÑORA ENTREGA A DON BOSCO UN LIBRO DONDE ESTAN ANOTADOS LOS
JOVENES QUE HACEN BIEN LA NOVENA: LA FLOR -UNA MUJER MORIBUNDA SE CONFIESA DE UN PECADO
CALLADO: SINCERIDAD EN LA CONFESION; TRANQUILIZARSE CON LA PALABRA DEL CONFESOR -OTRA PERSONA
ENFERMA, PERSUADIDA POR DON BOSCO PARA RECIBIR LOS SACRAMENTOS DESPUES DE ACEPTAR LA MEDALLA
DE MARIA AUXILIADORA; CONFIANZA EN MARIA Y LLEVAR SU MEDALLA AL CUELLO: FLOR -FIN DE CURSO:
SOLEMNE REPARTO DE PREMIOS; HIMNO DE ACCION DE GRACIAS A DIOS; LAS VACACIONES OTOÑALES -DON
BOSCO ESCRIBE A DON FRANCISCO PROVERA PARA ENCARGAR ORACIONES A ALGUNAS ENFERMAS: A EL NO LE
FALTAN DISGUSTOS -CARTAS DESDE FLORENCIA A DON BOSCO POR LA NOTABLE MEJORIA DE UN ENFERMO
-CURACION DE UN EPILEPTICO -EL ARZOBISPO QUIERE QUE LOS ORDENANDOS DEL ORATORIO ASISTAN A LOS
EJERCICIOS ESPIRITUALES EN EL SEMINARIO O EN LOS PAULES, PERO NO INSISTE POR LAS RECOMENDACIONES DE
MONSEÑOR GASTALDI -LA PRIMERA TANDA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES EN TROFARELLO -CARTA DE DON
BOSCO AL CABALLERO OREGLIA INVITANDOLE A LA SEGUNDA TANDA DE EJERCICIOS -OTRA A LA MARQUESA
FASSATI -BOSQUEJO DE LOS SERMONES DE DON BOSCO -EL ARZOBISPO CONFIERE LAS ORDENES; SUS PALABRAS
A DON SANTIAGO COSTAMAGNA

HABIA empezado en la nueva iglesia la novena de la Natividad de María. La Crónica del Oratorio, que no alude a muchísimas charlas de
la noche dadas por don Bosco a los muchachos, nos recuerda algunas de las de estos días.

((337)) Nos atenemos a la Crónica:
313

Fin de Página 313

 

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2 de septiembre de 1868

Dijo don Bosco aquella noche después de las oraciones:

"Parece imposible. Cuando empezamos una novena siempre hay jóvenes que quieren irse de casa, o quieren ser despedidos. Había uno,
responsable de ciertos desórdenes, al que, por motivos diversos no se quería despedir, pero él, como empujado por una fuerza misteriosa,
se marchó.

"Pasemos a otra cosa. Suponed que entra don Bosco en casa por la portería, que viene hasta aquí bajo los pórticos, y se encuentra con
una gran señora, que tiene un cuaderno en la mano. Sin que don Bosco abra la boca, se lo entrega, diciendo:

"-Toma y lee.

"Yo, lo tomé y leí sobre su cubierta: Novena de la Natividad de María. Abrí la primera página y vi escritos los nombres de unos pocos
jóvenes con letras de oro. Pasé la hoja y vi un número mayor escrito con tinta corriente; pasé el resto de las hojas del cuaderno y estaba
todo en blanco hasta el final. Ahora pregunto a cualquiera de vosotros qué quiere decir esto.

"Y pidió la explicación a un joven, al que ayudó a responder diciendo:

"-En aquel libro estaban escritos los nombres de los que hacen la novena. Los poquísimos escritos en oro son los que la hacen bien y
con fervor. La otra parte es la de los que la hacen, pero con menos fervor. Y "por qué no están escritos todos los demás? "Quién sabe por
qué? Yo creo que han sido los paseos largos, que han distraído tanto a los jóvenes, que ahora no son capaces de recogerse. Si vinieran por
aquí Domingo Savio, Besucco, Magone o Saccardi: "qué nos dirían? Exclamarían:ícómo ha cambiado el Oratorio!

"Así, pues, para contentar a la Virgen hagamos todo lo que podamos recibiendo los santos sacramentos y practicando las florecillas que
don Juan Bautista Francesia y yo os daremos. La flor para mañana será ésta:

-Hacerlo todo con diligencia".

3 de septiembre de 1868
Por la noche habló don Bosco de una mujer que llegó al fin de sus días y ni siquiera entonces se atrevió a confesar un pecado cometido

a los nueve años. Pero, en el ardor de la fiebre, dijo:

-íAy, que me voy al infierno!

-"Por qué?, le preguntó el confesor que la asistía.

-Porque tengo un pecado, que jamás me he atrevido a confesar.

Animóle el sacerdote y la pobrecita se confesó bien. Es una lección para nosotros, mis queridos hijos; no hay que esperar a aquel

momento peligroso para arreglar las cuentas de nuestra alma. Quien ((338)) lo necesitase, prepare bien su conciencia con una confesión
general, pero si el confesor dijese:

-Quédate tranquilo, no lo necesitas, siga ese tal adelante y deje toda responsabilidad al padre de su alma.

4 de septiembre de 1868
Hoy habló don Bosco así a los muchachos:
"Hace pocos días había en el hospital una mujer gravemente enferma que no quería confesarse. Aumentaba el peligro de muerte y le

propusieron que se llamara a don Bosco. Ella contestó:

Fin de Página 314

 

VOLUMEN IX Página: 315

"-Venga el que quiera; no me confesaré.

"Fue don Bosco y en cuanto llegó, dijeron a la enferma:

"-Ha llegado don Bosco.

"-Cuando esté curada me confesaré.

"-Es que don Bosco te hará sanar.

"-Que me cure y entonces me confesaré.

"Como yo tenía en la mano una medalla de María Auxiliadora con un cordoncito, se la presenté. La enferma la tomó, la besó y se la

puso al cuello. Los presentes lloraban de emoción. Hice que salieran aquellas personas; la bendije y ella se santiguó; le pregunté cuánto
tiempo hacía que no se confesaba y se confesó. Cuando terminó me dijo:

"-"Qué le parece? Hace poco no quería confesarme y me he confesado.

"Estaba contenta.

"-Pues yo no sé qué decir, le respondí: mire, es la Santísima Virgen, que quiere que se salve.

"Y la dejé con los sentimientos de una buena cristiana.

"Pongamos, pues, toda nuestra confianza en María, y quien no lleve aún su medalla al cuello póngasela; y por la noche, y en las
tentaciones, besémosla y experimentaremos una gran ayuda para nuestra alma.

"Hoy se ha encontrado una cartera, con algunos billetes de banco dentro y dos medallas envueltas en un papel. Quien la haya perdido
que pase a recogerla. Se le devolverá como premio a su devoción a la Virgen.

"La flor para mañana es hacer una mortificación: por ejemplo, perder un minuto de recreo para hacer una visita a Jesús Sacramentado o
algo semejante".

6 de septiembre

Flor: Devoción en la iglesia.

El 8 de septiembre, a las seis de la tarde, después de los actos religiosos en la iglesia, se leyeron las calificaciones de los exámenes y se
hizo el solemne reparto de premios a los estudiantes que se habían distinguido por su ((339)) aplicación y conducta. Aquel día,
impregnado con el recuerdo de las bondades de don Bosco para con sus queridos hijos, terminó, como de costumbre, con un variado
entretenimiento de música, cantos, poesías serias y cómicas que hicieron muy agradable la fiesta. Cada año comenzaba ésta con el
discurso de un profesor y la cerraba don Bosco, con una charla siempre digna de consideración.

El 9 por la mañana, después de la santa misa, dio don Bosco una plática con los avisos para las vacaciones, tejió un himno de acción de
gracias y una gran parte de los estudiantes marchó a su casa. El Siervo de Dios les había recomendado calurosamente la devoción a la
Virgen y plena confianza en ella en las necesidades espirituales y temporales: la misma confianza que llevaba multitudes a la iglesia

Fin de Página 315

 

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de María Auxiliadora y les animaba a escribir cartas para encomendarse a las oraciones de la casa; y obtenían las gracias deseadas.

Por aquellos días había recibido don Bosco una de estas peticiones y contestaba al prefecto del colegio de Mirabello, dándole a la vez
noticias del Oratorio.

Muy querido Provera:

Escribe al reverendo Rolandi diciéndole que las enfermas por él recomendadas recen, durante el mes de septiembre, tres padrenuestros,
avemarías y glorias al Santísimo Sacramento, más tres salves a la Virgen. Nosotros rezamos públicamente en la iglesia nueva. Manda una
medalla para cada una.

Eres muy generoso pero me envías dinero malo, puesto que no ha parado un instante en casa. Necesitaría un Provera en cada una de
nuestras casas.

Aquí todos gozamos de buena salud, pero no faltan adversidades. En este momento están en mi habitación agentes de Policía Superior

con el Procurador del Rey.

Quiéreme en el Señor y ruega para que en todo podamos hacer su santa voluntad.

Que Dios te bendiga, junto con tu familia y todo el seminario. Amén.

Turín, 9 de septiembre de 1868.

Afmo. en Jesucristo JUAN BOSCO, Pbro.

Por el mismo motivo había escrito otra carta ((340)) a Florencia, calle Ginori, N.° 9, al conde Juan Barbolani Montauto, pariente de la
marquesa Uguccioni, que se había encomendado para la curación de un hermano.

El Conde le respondía el 14 de septiembre:

"No puede expresar mi corazón la satisfacción que me ha proporcionado su muy apreciada carta.

"Gracias por las alentadoras palabras que se ha dignado dirigirme; antes de que termine el presente año, realizaré el donativo que me ha
propuesto para la Virgen Auxiliadora, a la que invoqué religiosamente en el momento de peligro y a la que hoy debo dar gracias con toda
mi alma.

"Sí, ha sido la Virgen quien ha hecho mejorar notablemente a mi hermano y Ella será quien le cure del todo y le conserve todavía largos
años al vivísimo afecto de nuestra familia... íHa sido un milagro!

"Cumplí su encargo con mi esposa, la cual me dice le manifieste su agradecimiento por la diligencia con que le ha atendido. Confía
mucho en sus oraciones... Siga, por caridad, pidiendo al Altísimo y a la Bienaventurada Virgen María por mi familia...".
316

Fin de Página 316

 

VOLUMEN IX Página: 317

He aquí otra gracia que el Siervo de Dios obtenía de la Virgen con la bendición sacerdotal, como se ve por la siguiente declaración:

En otoño de 1868 José Fassio, hermano de don Miguel, padecía de epilepsia. Dado que no mejoraba con los remedios de la ciencia,
intentó la curación con los sobrenaturales. Su hermano Santiago, entonces aprendiz en la escuela de don Bosco, dijo a José:

-Ven a Turín: que te bendiga don Bosco y sanarás.

Hizo enseguida el viaje a pie, desde Revigliasco a Turín, con la fe de que la incomodidad del viaje le ayudaría a alcanzar más
fácilmente la gracia. Llegó a Turín y se presentó a don Bosco, que le recibió en su habitación. Preguntóle éste por su conducta, si recibía
los sacramentos, etc. Después, le hizo arrodillarse y le bendijo. La bendición produjo su efecto. Allí se acabó la enfermedad. Tiene ahora
cuarenta y ocho años, no siente la menor incomodidad y por eso dice que es don Bosco quien le ha curado.

Revigliasco de Asti (Alessandria), 3 de enero de 1899.

Su seguro servidor SEGUNDO NAVONE, Párroco

((341)) Mientras acontecían los hechos narrados en los capítulos precedentes, algunos consejeros habían sugerido al Arzobispo, tal vez
con buen fin, que no diera por válidos los ejercicios espirituales que los clérigos del Oratorio harían en Trofarello como preparación a las
órdenes de las témporas de otoño. Se quería que fueran a hacerlos en el seminario o en la casa de los Sacerdotes de la Misión (Paúles),
con los demás clérigos de la diócesis. Se comunicó la decisión al Siervo de Dios. Y don Bosco envió a don Juan Cagliero al Arzobispo,
que se encontraba en Carmagnola, para que le persuadiera de que revocara la orden. Por razones que no podían exponerse a cualquiera,
pretendía también el Venerable remover aquel obstáculo. En realidad, durante los últimos ejercicios hechos en el seminario, alguno había
intentado, con viva insistencia, promover deserciones de la Pía Sociedad.

El Arzobispo escuchó a don Juan Cagliero y, ante la simultánea intromisión de monseñor Gastaldi, Obispo de Saluzzo, y haber sabido
que el Obispo de Asti permitía al diácono Fagnano prepararse en Trofarello a la ordenación sacerdotal, consintió.

Así que don Bosco, el 12 de septiembre, fiesta del Dulcísimo Nombre de María, convocaba en la casa de Trofarello a la mitad de sus
salesianos, comprendidos los ordenandos, para la primera tanda de ejercicios espirituales. El mismo Venerable predicó las instrucciones y
don José Bona, de Brescia, las meditaciones.
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VOLUMEN IX Página: 318

Con el ardiente deseo de que todos los salesianos tomaran parte en este retiro anual, escribía al caballero Oreglia, que había vuelto de
Roma y se encontraba en Guenzate:

Carísimo caballero Oreglia:
Estamos en Trofarello, haciendo la primera tanda de ejercicios espirituales. El lunes 21 empieza la segunda y me parecería excelente
que usted pudiera venir, porque hay muchas cosas que tratar, y sería muy importante que usted estuviera presente. Si es necesario, podría

volver después a Milán.
Le envío la carta de la marquesa Villarios sobre la muerte de Alberto: nosotros hemos rezado por él y seguiremos haciéndolo.
((342)) "Quién sabe si la condesa Calderari se dejará ver dar a María Auxiliadora?
Para todos mis saludos y deseos de las bendiciones del cielo. Créame en el Señor.
Trofarello, 16 de septiembre de 1868.

Afectísimo amigo JUAN BOSCO, Pbro.

P. D. -Don Miguel Rúa está aquí; aunque despacio, va mejorando. El viernes enviaba a Montemagno otra carta para la marquesa
Fassati. íSiempre admirables su celo y su delicadeza!
Turín, 18 de septiembre de 1868
Benemérita Señora:
El lunes próximo (21) empezamos la segunda tanda de ejercicios para nuestros sacerdotes, maestros y asistentes y me gustaría que

también viniera don Celestino Durando. Como no sé si esto puede perturbar las clases de Manuel, le escribo a usted para que, si le parece
conveniente, se lo diga.
El lunes por la mañana puede todavía dar la clase y el sábado puede encontrarse de nuevo ahí, puesto que el sábado temprano se
marchan todos para poder atender las obligaciones del domingo.
Le ruego salude a la señora Duquesa y a su señora madre, que supongo están todavía en Montemagno. Espero poderlas visitar el lunes

28. Ignoro si el ómnibus, que llega a Asti a las nueve de la mañana, coincide con el de ésa. Le agradeceré me lo comunique.
Que Dios le bendiga a usted y a toda su noble compañía. Ruegue por mí y créame con agradecimiento.
De V.S.B.
Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Fin de Página 318

 

VOLUMEN IX Página: 319

Entretanto predicaba; sus pláticas obtenían admirable eficacia, porque estaban impregnadas de doctrina y unción espiritual, basadas en
la Sagrada Escritura y en los Santos Padres, ilustradas con la historia eclesiástica, la vida de los santos, hechos contemporáneos,
semejanzas y parábolas, que cautivaban la atención de los oyentes, les convencían, encendían sus afectos, ((343)) y movían su voluntad
para abrazar el estado al que Dios les había destinado. No tenía tiempo para escribir aquellas instrucciones ordenadamente y sólo dejó
sencillos apuntes en alguna hoja de papel; pero, quienes pendían de sus labios, acababan diciendo:

-íQué bien! Ex abundantia cordis os loquitur (de la abundancia del corazón habla la boca).

Hemos transcrito el resumen de algunas. Son proposiciones sueltas, como naturalmente le sucede a quien toma apuntes deprisa y
corriendo, pero podemos asegurar que son auténticas.

I

Et ducam eum in solitudinem et loquar ad cor ejus (Y le llevaré a un lugar solitario y hablaré a su corazón).

Nuestro divino Salvador, después de haber enviado a sus apóstoles a uno y otro lado para predicar el reino de Dios que se acercaba, los
llamó, los reunió y los condujo a un lugar desierto, para que descansaran, estuvieran solos en su compañía y escucharan, alejados de las
turbas, sus confidencias y avisos.

Así nos ha llamado a nosotros a Trofarello, lejos de los estudios, de los trabajos, de las clases, de los colegios y de toda otra ocupación,
al retiro, porque el Señor no habla nunca en medio del ruido; el Señor habla solamente a los que se apartan de los asuntos mundanos.

Sólo en el silencio concede el Señor sus gracias, por esto cada uno de nosotros tiene que procurar aprovechar estos santos ejercicios.
íNo estamos todos seguros de poder hacerlos el año que viene!

Pensemos durante estos ejercicios en lo que tenemos que evitar, adquirir, o practicar en adelante.

Procuremos guardar el silencio en todo tiempo, salvo después de comer y de cenar.

II

Hoy os hablaré de lo que hemos de hacer como sacerdotes o como aspirantes al sacerdocio; os diré qué es el sacerdote y qué debe ser.

El sacerdocio es la más alta dignidad a la que puede ser elevado un hombre. A él, y no a los ángeles, se le ha concedido la potestad de
convertir el pan y el vino en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; a él, y no a los ángeles, se le ha dado
facultad para perdonar los pecados.

Es el ministro de Dios tres veces Santo...

Entonces, "cuál debe ser la santidad de un sacerdote o de un aspirante al estado
319

Fin de Página 319

 

VOLUMEN IX Página: 320

sacerdotal? Tiene que ser un ángel, es decir, un hombre ((344)) celestial: debe poseer todas las virtudes requeridas en este estado y sobre
todo mucha caridad, mucha humildad y mucha castidad.

El sacerdote es luz del mundo y sal de la tierra. Los labios del sacerdote deben guardar la ciencia y, por consiguiente, su principal
obligación es la de dedicarse a los estudios sacros.

Examinémonos y veamos si poseemos las virtudes necesarias para ser buenos sacerdotes y, si todavía no las poseemos, armémonos al
menos de valor para adquirirlas y practicarlas.

Apartemos al mismo tiempo de nosotros todo interés particular o deseo no conforme con la voluntad de Dios, porque es el Señor quien
debe elegirnos: Non vos me elegistis, sed ego elegi vos (No me elegisteis vosotros; yo os elegí).

El sacerdote ha de tener fe y caridad ardentísimas; las cuales, sin embargo, a veces no se encuentran en algún que otro clérigo, por no
decir en un sacerdote; y, en cambio, aparecen llenas de vida en un campesino, en un barrendero, en un criado; se hallan en un alumno, y
el maestro que las enseña y las debería poseer en grado mucho mayor, a veces está privado de ellas.

íLa fuerza del buen ejemplo! Recordemos que el sacerdote no va nunca solo al infierno ni al paraíso; va siempre acompañado.

III

Hay dos clases de sacerdotes: los del clero secular y los del regular. Los sacerdotes que viven en el mundo necesitan haber adquirido
una gran perfección, antes de ser destinados al gobierno de las almas. El estado religioso, es decir el de los que viven alejados de las
cosas del mundo, es para los que aspiran a la perfección. Los primeros deben ser más fuertes y más perfectos que los otros, por las
grandes obligaciones que les incumben, por la responsabilidad de centenares y millares de almas, y por los grandes peligros en que se
encuentran.

Andan preocupados con las atenciones materiales, la propia familia y muchas otras molestias que les hacen más pesado el ejercicio del
sagrado ministerio. Además, para tener libertad de voluntad, aun cuando hagan lo posible por llevar una vida mortificada, de auténtico
sacerdote, resulta que, a veces, se presenta un amigo que no les deja estudiar o hacer la visita al Santísimo Sacramento; otras les invitan a
un banquete, al que no pueden renunciar, y les rompen las ocupaciones de toda una jornada; en ocasiones, hay litigios molestos para
defender los derechos de la parroquia, o luchas de partidos diversos, que les perturban y roban la paz.

Y los que no son perfectos, cuántas veces se ganan el desprecio y son la ignominia de todos: se hallan expuestos en todo momento a
perder la virtud de la castidad, apegan su corazón a los bienes de este mundo, ahorran para sí mismos y para sus parientes, buscan sus
intereses y descuidan los de las almas.

El religioso, en cambio, con menos virtud que un sacerdote secular ((345)) si es fiel a la Regla, recorre con más seguridad su camino
libre de graves obstáculos. El Superior le asigna ocupaciones adaptadas a su carácter, a sus limitaciones, a sus fuerzas intelectuales y
físicas, porque sabe quid valeant humeri, quidve ferre recusent (hasta donde llegan sus fuerzas, qué es lo que no pueden llevar). Las
mismas paredes de la casa son una gran defensa contra las asechanzas del mundo...

El que vive en la Congregación rompe las luchas externas que debería sostener con sus parientes y amigos, con los bienes temporales;
las internas son la soberbia,

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la vanagloria, las tentaciones de la carne, y del demonio. El las vence con los tres votos de castidad, pobreza y obediencia.

Con la castidad ofrecemos a Dios todo nuestro cuerpo; el mundo y sus satisfacciones ya no son para nosotros.

Con la pobreza renunciamos a los parientes, a los amigos, a las riquezas y ponemos en práctica lo que dice el Señor: Vade, vende quae

habes et da pauperibus et veni, sequere me (Ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y ven, sígueme).

Con la obediencia renunciamos a nuestra voluntad, a nuestra libertad, y el Espíritu Santo enseña que la obediencia da la victoria.

Puede que alguno diga:

-"Entonces el que entra en la Congregación está obligado a renunciar a la libertad?

Y yo le respondo:

-Nadie le obliga a hacer los votos; se trata de un consejo y no de un mandato. Cada uno los hace por propia y libre voluntad, para

agradar al Señor.

Nuestros votos son simples.

En 1858, preguntado por Pío IX que dijera mi parecer sobre la conveniencia de hacer o no hacer los votos religiosos, yo dije que, al

comienzo de nuestra institución, me inclinaba a no hacer votos, sino una simple promesa.

-íOh, no! contestó el Papa, porque esta promesa tendría la misma importancia que el voto, pero no tendría el mismo mérito ante Dios.

Y yo, pensaba como él...

Los votos vinculan la libertad, pero en ciertos casos pueden ser anulados: están reservados a la Santa Sede, si son perpetuos, y al Rector

Mayor, si son trienales. Debiendo recurrir a la Santa Sede, se verá mejor si hay motivos suficientes para ser dispensados.

IV

Dicen algunos que los institutos religiosos son cosa de nuestros días, es decir, que han sido instituidos con el cristianismo, pero se
engañan de medio a medio. Ya empezaron a manifestarse en los primeros tiempos. Era una necesidad del alma... Adán, arrojado del
paraíso terrenal, se retiraba por la noche a un lugar solitario, junto a aquel jardín de delicias, y con la penitencia y la educación de sus
hijos en el santo temor de Dios, suspiraba por la venida del prometido Redentor.

Este era el suspiro de todos los justos, la finalidad de los sacrificios de todos los jefes de familia.

Para mantener viva esta espera, Dios escogió de entre los descendientes ((346)) de Jacob, a la tribu de Leví y la encargó del culto y de
enseñar la ley; una verdadera sociedad presidida por el Pontífice Máximo. Muchas madres entregaban sus hijos al Señor y los
presentaban a los sacerdotes para que fueran educados en la piedad y en la práctica de las virtudes, mientras servían en el tabernáculo; así
nacieron los nazarenos.

Samuel fue el jefe de un grupo de profetas que, llenos del espíritu divino, se dedicaban a cantar las alabanzas del Señor.

La idolatría y las discordias dividieron los reinos de Judá e Israel. El profeta Elías reunió un gran número de jóvenes en el desierto para
instruirlos en la ley del Señor y para que se dedicaran a la oración, al trabajo e hiciesen vida común.

A Elías le sucedió el profeta Eliseo, y el Señor premió la virtud de ambos con ruidosos milagros, transmitiendo su misión a otros
profetas.

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Tiempo después, Recab, descendiente de Jetró, suegro de Moisés, fue fundador y jefe de la sociedad de los recabitas. Estos vivían en el
campo con sus familias bajo las tiendas, y llevaban una vida pastoril como los santos patriarcas. Se abstenían del vino, no construían
casas, no poseían tierras y se entregaban al estudio y a la meditación de la palabra divina y a cantar las alabanzas del Señor. Mérito suyo
fue la fidelidad a estas reglas y, con Elías, Eliseo y los hijos de los profetas, sirvieron de modelo para los monjes de la Iglesia de
Jesucristo.

Pero los institutos religiosos de la Ley Antigua dan paso a los de la Nueva, los cuales, como los primeros, son inspirados por el Señor.
Aparece sobre la tierra el Mesías prometido, que dice: Non veni solvere legem sed adimplere (no vine para anular la ley sino para
cumplirla). Y empieza a fundar, con sus doce apóstoles y los setenta y dos discípulos, la primera congregación religiosa del Nuevo
Testamento ya que, como sabemos por el Evangelio y por la tradición, se obligaban bajo voto a la pobreza, la obediencia y la castidad,
aunque no expresados en la forma que hoy usamos nosotros. Jesús les había dicho: Sequere me (seguidme) y ellos, sin más, aceptaron
cumplir su voluntad y, con la obediencia, aceptaron la pobreza: Reliquimus omnia et secuti sumus te (Todo lo hemos dejado y te
seguimos a ti). Jesús decía de ellos: "Hay algunos que se han hecho eunucos a sí mismos, por amor del reino de los cielos. El que pueda
entender que entienda".

Y una vez que ascendió al cielo, sus apóstoles y sus discípulos difundieron por doquier los consejos evangélicos y así se poblaron de
monjes los desiertos de Egipto y Palestina y se añadieron después los seguidores de las Reglas de san Agustín, los Basilios, los
Benedictinos y demás órdenes religiosas, que Dios suscitó según las necesidades de su Iglesia. A ellos debe el mundo la conversión de
los pueblos, el incremento de la agricultura y de las artes, de las ciencias y de la civilización.

A las Ordenes se unieron las Congregaciones, formadas también por millones de almas generosas, que se retiraban del mundo a
innumerables conventos para poder llevar una vida más perfecta y más pura, y para ((347)) ser luz del mundo y sal de la tierra, consuelo y
ayuda de los pobres en sus desgracias.

Nuestra Pía Sociedad es una de las últimas congregaciones religiosas aparecidas, y, al igual de las otras, fue suscitada por la bondad de
María Santísima, que se puede llamar fundadora y madre de todas, desde el Cenáculo hasta nuestros días. No tiene más finalidad que la
de preparar buenos sacerdotes y buenos seglares para cumplir la misión que les fue confiada. Debemos, por tanto, buscar primero la
santificación de la propia alma y después la de los demás.

"De qué modo? Poniendo en práctica los consejos evangélicos...

Nuestra Congregación tiene por fin la salvación de las almas, que es lo más noble que imaginarse pueda, pero es preciso empezar por
nosotros mismos, por nuestra alma... Hemos de llegar a ser tales que tengamos capacidad para desempeñar con fruto nuestro ministerio.

Antes de enviar a uno a predicar, a enseñar, a dirigir, el superior mide sus fuerzas, como hace la madre de un pajarito en el nido. No lo
lanza a volar hasta que no le ve dotado de alas fuertes, porque teme que no pueda escapar de las garras del halcón o bien que caiga al
suelo por falta de fuerzas. Así el superior no da a nadie una misión, si no lo ve provisto de plumas robustas para no perderse a sí mismo y
a los demás.

Así, pues, por ejemplo, antes de ir a predicar a los otros la modestia de los ojos, es menester que él la posea en grado eminente; de lo
contrario no solamente no será escuchado, sino que se le echará en cara este defecto, diciéndole: Medice, cura te ipsum
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(Médico, cúrate a ti mismo). Quita la viga de tus ojos, antes de quitar la pajita de los ojos de los demás.

"Cómo podría un predicador recomendar a los demás la confesión frecuente, si antes no la practica él? Y así por el estilo.

Es, además, indispensable el conocimiento de cuanto se requiere para el cumplimiento del propio deber. Por ejemplo, del mismo modo
que necesitan conocer las ciencias de la escuela los que deben dar clase, así también deben instruirse en las ciencias sagradas aquellos a
quienes se les encomienda el sagrado ministerio de la predicación: el Dogma, la Moral, la Hermenéutica, la Ascética, la Historia
Eclesiástica...

No nos cansemos de cumplir todos nuestros deberes. Los que se consagran por entero a la salvación de las almas, tendrán en el cielo el
premio que obtuvieron ya los apóstoles, a los que Jesús había dicho: "En el día del juicio os sentaréis conmigo y juzgaréis a las doce
tribus de Israel...".

Recordad que todos los que salvan una alma, aseguran la salvación de la propia.

A los que no son sacerdotes les digo: "No corresponde solamente a los sacerdotes salvar las almas sino a todos, desde el último de los
artesanos hasta el más célebre de los oradores sagrados. "De qué modo? Orando por la conversión de los pobres pecadores, cumpliendo
ejemplarmente las propias ((348)) obligaciones, asistiendo bien en el patio y en la iglesia, usando caridad con quien la necesita,
perdonando las ofensas. íCuánto bien pueden hacer todos! íCuántas almas se puede salvar con el buen ejemplo!".

V

Advertencias. -Procurad sacar fruto de estos santos ejercicios aceptando siempre todas las correcciones, todos los avisos que os den los
superiores, los iguales o los inferiores, para ejercitar así la virtud de la paciencia y de la resignación.

Poneos todos en manos de la Virgen, para conservar siempre la hermosa virtud de la modestia...

Encomendaos a san Luis, para que podáis imitarle en el respeto y confianza con los Superiores, en la paciencia y amor a los demás, y en
todas sus virtudes.

El sábado de témporas, 19 de septiembre, terminó la primera tanda de ejercicios espirituales. Aquella mañana hizo los votos perpetuos
don Pablo Albera, que ya había renovado los trienales el 11 de enero de 1866, y los clérigos Luis Lasagna y José Bologna hicieron los
trienales.

El Arzobispo confirió órdenes sagradas en la capilla del palacio episcopal, a las que se presentó el diácono Santiago Costamagna, para
recibir el presbiterado. Después de la función de los recién ordenados, lo mismo del seminario que de otros institutos, esperaban para
besar la mano al señor Arzobispo. Cuando le tocó la vez a don Santiago Costamagna, el Prelado, a modo de caricia, le dio un pequeño
cachete, diciéndo le:

-íHe aquí uno de los que no quieren reconocer a su Arzobispo!
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-Excelencia, replicó Costamagna, yo respeto y quiero a mi Arzobispo, pero quiero también a don Bosco, a quien considero como padre.

El Prelado volvióse entonces a hablar con los demás. Esto fue una auténtica humillación para Costamagna. Los clérigos se asombraron,
especialmente los del seminario de Susa. Había entre ellos algunos que anteriormente habían sido alumnos del Oratorio, del todo
ignorantes de las divergencias entre monseñor Riccardi y don Bosco.

El mismo día, ordenó monseñor Ferré a don José Fagnano, en Casale.

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((349))

CAPITULO XXVIII

DON BOSCO CAMINO DE VILLASTELLONE: PIERDE EL VAPORCITO Y VA A PIE CORRIGIENDO PRUEBAS DE
IMPRENTA -SE LARGA A SALUZZO, DONDE YACE GRAVEMENTE ENFERMA LA MADRE DE MONSEÑOR
GASTALDIVA A VISITAR A UN SACERDOTE ENFERMO Y NO LE PUEDE PERSUADIR A CONFIAR EN MARIA
SANTISIMA -MUERTE DEL TERCER JOVEN DEL SUEÑO -LA SEGUNDA TANDA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES EN
TROFARELLO -DOS PLATICAS DE DON BOSCO -RESPUESTA DEL PAPA AL SIERVO DE DIOS POR LA RELACION
ENVIADA SOBRE LAS FIESTAS DE LA CONSAGRACION DE LA IGLESIA DE MARIA AUXILIADORA -NEGOCIACIONES
CON LAS AUTORIDADES ESCOLASTICAS PARA LA AUTORIZACION DE UN PROFESOR DIPLOMADO EN
BACHILLERATO ELEMENTAL PARA DAR CLASE EN LOS CURSOS SUPERIORES DEL BACHILLERATO EN LANZO Y
PARA EL RECONOCIMIENTO DE DICHO BACHILLERATO -CARTA DE DON BOSCO AL ALCALDE DE TURIN PARA
RESOLVER CIERTAS DIFICULTADES QUE IMPIDEN LA CONSTRUCCION DE UNA CERCA EN EL ORATORIO -DON
BOSCO VA A PARMA -ESCRIBE AL CONDE VIANCINO QUE LE INVITABA A VOL VER A BRICHERASIO: LO PROMETE,
PERO SIN FIJAR FECHA -LECTURAS CATOLICAS

TERMINADA la primera tanda de ejercicios espirituales, cuenta don Miguel Rúa en su crónica, aconteció que, debiendo ir don Bosco de
Trofarello a Villastellone con un compañero, para pasar un día con su maestro, el teólogo Appendini, no llegó a tiempo para tomar el
vaporcito. "Sin inmutarse lo más mínimo, sacó del bolso un grueso manuscrito que había de imprimirse y, sin proferir palabra, fue
leyendo y corrigiendo durante todo el camino, que hizo a pie, lo mismo que si hubiera estado ((350)) sentado escribiendo. Al llegar al
final del viaje, levantó los ojos de los papeles y exclamó:

"-íCiertamente es verdad que hasta las desgracias sirven para algo! Ni en casa hubiera podido hacer el trabajo que he hecho hoy, gracias
al contratiempo del vapor.

"Hizo otra excursión hasta Saluzzo para visitar y consolar a la
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señora Gastaldi, madre del Obispo de aquella ciudad, gravemente enferma, y dar así un desahogo a su corazón agradecido a aquella buena
señora, que tanto se había afanado por el Oratorio. Su visita proporcionó inmensa alegría a la madre y al hijo; pero él se conmovió al
contemplar los dolores que padecía la enferma y ver que, en breve, tendría que dejar este mundo...

"En aquellos mismos días se acercó también a visitar a un antiguo amigo suyo sacerdote, compañero del seminario, que hacía varios
años se encontraba achacoso.

"Se saludaron cordialmente, pusiéronse a charlar sobre su enfermedad y enseguida advirtió que, además del mal físico, sufría
moralmente puesto que, después de haber consultado a muchos médicos y haber probado muchas clases de remedios, sin experimentar
ningún provecho, había perdido el ánimo y la esperanza de curar. Intentó don Bosco reanimarlo, exhortándole a confiar en María
Auxiliadora, que tantas gracias había ya derramado en favor de otros; le aseguró que con una fe viva en Ella, dentro de unos quince días
podría empezar a celebrar la santa misa. Pero, por más que le dijo, no logró reavivar en él la confianza en la Madre celestial. Al separarse
de él, deploraba la suerte de algunos sacerdotes que, aunque no eran de malas costumbres, sin embargo, por encontrarse en medio del
mundo cercados solamente de seglares, no oyen hablar más que de negocios mundanos y materiales, pierden el espíritu de fe y devoción y
resulta más difícil excitar en ellos estos sentimientos tan consoladores y saludables para el cristiano, que en los mismos laicos".

((351)) También se detuvo un poco en Turín. El clérigo Esteban Bourlot, que anotaba con esmero el desarrollo de las predicciones
oídas al principio del año, preguntó a don Bosco hacia la mitad de agosto:

-"Y qué me dice del tercero que, según el sueño, debe morir?

-El tercero, le respondió, hará una vez más el ejercicio de la buena muerte y espero salvarlo, aunque ahora todavía no está preparado
para el gran paso.

En efecto, en la primera semana de septiembre se hizo el ejercicio de la buena muerte y el día 9, víctima de una grave enfermedad,
llevaron al Hospital de los Caballeros, o de San Mauricio y San Lázaro, el aprendiz de cerrajero Juan Bautista Bonenti, de dieciocho
años, natural de Carpignano Novarese.

El Hospital de los Caballeros se hallaba entonces a poca distancia del Oratorio, junto a la plaza de Manuel Filiberto, y precisamente en
Puerta Palacio.
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Era, pues, Bonenti el tercero del sueño, que debía morir en un lugar cercano. Muchos años después nos decía de él don Esteban Bourlot
que había olvidado su nombre, pero que recordaba la letra inicial, que era la B, y que pertenecía a la clase de aprendices cerrajeros. Mas
su condiscípulo, monseñor Pascual Morganti, Arzobispo de Rávena, recordó siempre el nombre, el pueblo, el oficio, la figura y nos lo
describió como un joven bastante grueso, de carnes fofas, como las de un hidrópico. El físico debió influir en su natural, haciéndole
apático y por lo mismo indiferente también a las cosas del espíritu.

Apenas ingresó en el hospital, los médicos le declararon deshauciado. Recibió los sacramentos con indiferencia, sin estar persuadido
del peligro que corría. Pero don Bosco, que le había dado en los meses anteriores consejos saludables, fue avisado enseguida y, siguiendo
el mandato recibido en el sueño, se acercó a su cama, le animó, le conmovió, le preparó y hasta le confesó.

Al día siguiente por la mañana fue de nuevo a verle. Estaba ((352)) triste, y don Bosco se acercó a la cama para consolarlo. El joven
lloraba.

-"Por qué lloras?, le preguntó.

Y él respondió:

-Si hubiera muerto esta noche, estaba seguro de ir al cielo; me había confesado bien, había recibido la absolución y la bendición papal...
Ahora, en cambio, puedo cometer otros pecados.

Y lloraba.

Don Bosco le calmó, le sugirió las invocaciones de costumbre a Jesús, María, y José y, viendo que casi estaba agonizando, de nuevo le
administró la absolución. El pobrecito moría a la una y media del 22 de septiembre.

Era huérfano de padre y madre, y nadie fue a visitarlo. Las circunstancias del sueño se habían cumplido.

Entre tanto empezaba la segunda tanda de ejercicios en Trofarello el 21 de septiembre. Don Bosco predicó las instrucciones, pero sólo
tenemos el recuerdo de dos de ellas. Trató en una de la mortificación de los sentidos; y con la otra cerró los ejercicios el día 26.

I

Tenemos todos un gran enemigo, que no nos abandona ni de día ni de noche; este gran enemigo es nuestro cuerpo. Hemos de
combatirlo, si no queremos que se rebele contra el espíritu; debemos mortificarlo para que se someta a éste. Nuestro
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Señor Jesucristo nos dio admirable ejemplo de ello durante toda su vida, que fue una continua mortificación de su carne. Por más de
veinte años se ganó el pan con el sudor de su frente. Empezó su predicación con un ayuno continuo de cuarenta días y cuarenta noches.
Sufrió el cansancio de muchos viajes siempre a pie, la sed, el hambre, el insomnio de largas noches pasadas en oración, su dolorosa
pasión, etc.

Robaba el descanso al cuerpo y oraba: así enseñaba los dos medios con los que debemos combatir nuestro cuerpo... Quien no lo
mortifica, tampoco es capaz de rezar bien.

Todos los santos que están en el cielo, todos los buenos eclesiásticos y buenos sacerdotes imitaron o imitan a Jesucristo, y son nuestros
modelos...

Nuestro cuerpo es el opresor del alma: Corpus enim, quod corrumpitur, aggravat animam, et terrena inhabitatio deprimit sensum multa
cogitantem (Un cuerpo corruptible hace pesada el alma y esta tienda de tierra oprime el espíritu fecundo en pensamientos) (Sb. IX, 15 ).

((353)) El cuerpo oprime a la mente y la doblega con multitud de pensamientos y cuidados terrenos, de los que estamos siempre llenos.

El alma de Adán, escribe san Bernardo, estuvo libre de este peso, mientras tuvo un cuerpo incorruptible. Dios le había constituido con
una libertad tal para que, puesto en medio de las cosas más altas y más bajas, subiese a aquéllas sin dificultad y bajase a éstas sin pasión o
necesidad: penetrase en las alturas con natural ardor y pureza de mente, y juzgase del resto con autoridad de amo.

Mas el pecado de Adán echó a perder la magnífica armonía entre cuerpo y alma y produjo en el hombre ese desconcierto, del que dice
san Pablo en la carta a los Romanos:

-Condelector... legi Dei secundum interiorem hominem; video autem aliam legem in membris meis, repugnantem legi mentis meae, et
captivantem me in lege peccati, quae est in membris meis. Infelix ego homo! Quis me liberavit de corpore mortis hujus? (Me deleito en la
ley de Dios según el hombre interior, esto es, según la mente y la razón iluminada por la gracia y fortificada por el Espíritu del Señor,
pero siento otra ley en mis miembros, que repugna a la ley de mi mente y me encadena a la ley del pecado que está en mis miembros.
íDesdichado de mí! "Quién me librará de este cuerpo de muerte? (VII-22).

San Agustín explica esta rebelión: Haec est enim poena inobedienti homini in semetipso, ut ei vicissim non obediatur neque in
semetipso (Esta es la pena para el hombre desobediente en sí mismo, que en desquite no se obedezca ni a sí mismo).

Pero el alma debe volver a tomar su dominio y el cuerpo ser esclavo. Si le deja libre, abandonado a la intemperie y a los otros vicios,
convierte al hombre en un jumento que ni siente, ni gusta ya las cosas de Dios, sino que sólo sigue sus torpes apetitos: Homo cum in
honore esset non intellexit; comparatus est jumentis insipientibus et similis factus est illis (El hombre, aun puesto en suma dignidad, no
entiende; es semejante a los animales, perecedero (Sal. XLVIII-21 ). Ni que decir tiene lo nocivo de un estado semejante para un
eclesiástico, ya que él debería ser de buen ejemplo para los demás.

Incrassatus est dilectus, et recalcitravit; incrassatus, impinguatus, dilatatus, dereliquit Deum factorem suum, et recessit a Deo salutari
suo (El amado se ha engordado y recalcitrado; cebado, relleno, orondo, abandonó a Dios su Creador y se alejó de Dios (Deut. XXXII-15).

Hay, por tanto, que domar a este jumento: Cibaria et virga, et onus asino; panis et disciplina, et opus servo (Heno, palo y carga al asno;
pan, látigo y trabajo al esclavo)
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(Ecl. XXXIII-25). Y añade: el yugo y el ronzal doblegan el cuello duro, y el trabajo asiduo amansa al esclavo.

Ese es el modo de tratar al cuerpo. La mortificación. Así lo trataba san Pablo, que escribía: Castigo corpus meum et in servitutem
redigo (Castigo mi cuerpo y lo reduzco a la esclavitud). Y entre sus muchos trabajos apostólicos, trabajaba para ganarse la comida para sí
y para los suyos.

((354)) Jesucristo proclamaba: Nisi poenitentiam egeritis, omnes similiter peribitis (Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis
igualmente).

Para domar a este enemigo, repetía a todos el Divino Salvador: Si quis vull post me venire, abneget semetipsum et tollat crucem suam
quotidie, et sequatur me (Si alguien, quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame) (Luc. IX-23).

Y "hasta cuándo? Usque ad mortem (Hasta la muerte) y con la amenaza de que qui non vult pati cum Christo non potest gaudere cum
Christo (quien no quiere padecer con Cristo, no puede gozar con Cristo).

Y añadía Jesús: Qui enim voluerit animam suam salvam facere perdet illam; nam qui perdiderit animam suam propter me, salvam faciet
illam. Quid enim proficit homo, si lucretur universum mundum, se autem ipsum perdat et detrimentum sui faciat? (Quien quiera salvar su
vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues "de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él
mismo se pierde o se arruina?) (Luc. IX-24).

Estas palabras indican hasta qué punto, en ciertos casos, debe llegar la guerra a nuestro cuerpo, antes que perder la gracia de Dios. Los
apóstoles, desde el principio de su misión, azotados por mandato de la Sinagoga: Ibant gaudentes a conspectu Concilii quoniam digni
habiti sunt pro nomine Jesu contumelian pati (Marcharon de la presencia del Sanedrín contentos, por haber sido considerados dignos de
sufrir ultrajes por el nombre de Jesús). Y con ellos, y después de ellos hasta nuestros días, mártires sin cuento abandonaron su cuerpo a
los más atroces y espantosos tormentos... Son innumerables los fieles, monjes, religiosos, seglares que domaron y doman sus pasiones
con ayunos, vigilias, disciplinas y otras penitencias que dan miedo a los mundanos y a las almas débiles...

Ciertamente no estamos nosotros obligados a sacrificar el cuerpo de este modo, y, si por azar fuera necesario, Dios nos ayudará con su
gracia. Mas lo que no debemos hacer es ceder a las asechanzas de los sentidos, sino reprimirlas y prevenirlas. Nos debe animar a esta
lucha aquel gran pensamiento: Memorare novissima tua et in aeternum non peccabis (Acuérdate de tus postrimerías y no pecarás más).

La consideración de lo que será nuestro cuerpo después de la muerte, sacude a quien está apegado a la tierra, a las comodidades de la
vida, a las riquezas. Este cuerpo, al que tanto mimamos, será muy pronto pasto de los gusanos más asquerosos. Hagamos con gran fe el
ejercicio de la buena muerte.... Lejos de nosotros toda vanidad, toda ambición, todo refinamiento. Fuera demasías en la cama, en los
vestidos, en los libros. Suframos los efectos, las incomodidades de la pobreza que hemos profesado o queremos profesar. Seamos
ambiciosos, sí, pero de salvar almas con nuestros sacrificios.

Mortificación de los sentidos... De los ojos: al mirar, al leer. Contentarnos con la comida que se nos da en casa. Ninguna bebida en la
habitación. Nada fuera de lo ordinario. Saber tolerar e invitar a otros a hacerlo. Soportarse mutuamente. Perdonar de corazón. Puntualidad
en los propios deberes.

((355)) Los maestros, los asistentes sean delicados con sus subordinados; no ponerles
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jamás las manos encima; no introducirlos en la propia habitación, nada de amistades particulares.

El ayuno de los viernes. Soportar el calor, el frío, las incomodidades en la salud, la falta de cualquier cosa. No viajar sin necesidad.

Con estas pequeñas mortificaciones se tendrá fervor en la oración, se vencerán las asechanzas del cuerpo, triunfará la virtud y la
Congregación se convertirá en un paraíso terrestre.

En estos días hubiera querido hablaros también de las prácticas de piedad de nuestra casa, pero nos ha faltado tiempo. Había mucho que
decir sobre los votos y la vida religiosa. Sin embargo, recordaré al menos algunas cosas. Las prácticas diarias son la meditación, la lectura
espiritual, la visita al Santísimo Sacramento y el examen de conciencia.

La meditación es la oración mental. Nostra conversatio in coelis est (Nuestra conversación está en los cielos), dice san Pablo; y se
podría hacer de esta manera: escoger el tema sobre el que se quiere meditar, poniéndose antes en la presencia de Dios. Después
reflexionar atentamente sobre lo que meditamos y aplicárnoslo a nosotros. Sacar la conclusión de dejar ciertos defectos y ejercitarnos en
ciertas virtudes, y después poner en práctica, a lo largo del día, las resoluciones tomadas por la mañana. Debemos también excitar ein
nosotros afectos de amor, de reconocimiento y de humildad ante Dios, pedirle las gracias que necesitamos y rogarle, arrepentidos, el
perdón de nuestros pecados. Recordemos siempre que Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos... Recomiendo, pues, la oración mental.

Quien no pudiere hacer la meditación reglamentaria, por razón de viajes, de cualquier ocupación o asunto que no permita dilación, haga
al menos la meditación que yo llamo de los comerciantes. Estos piensan siempre en sus negocios, doquiera se encuentran. Piensan en
comprar mercancías, en venderlas con ganancia, en las pérdidas que podrían sufrir, en las ya tenidas y cómo arreglarlas con las ganancias
obtenidas o con las que podrían conseguir, y así sucesivamente... Tal meditación es también el examen de conciencia. Por la noche, antes
de acostarnos, examinarnos de si hemos cumplido los propósitos tomados sobre cualquier defecto determinado:si hemos adelantado o
retrocedido. Hay que hacer una especie de balance espiritual;si vemos que hemos faltado a los propósitos, repitámoslos para el día
siguiente, hasta llegar a adquirir aquella virtud y a apartarse o huir de cierto vicio o de determinado defecto.

Os recomiendo también la visita a Jesús Sacramentado. "Nuestro dulcísimo Señor Jesucristo está allí en persona", exclamaba el cura de
Ars; váyase a los pies del tabernáculo, al menos para rezar un padrenuestro, avemaría y gloria, cuando no se pueda más. Basta esto para
robustecernos ((356)) frente a las tentaciones. Uno que tenga fe, que haga la visita a Jesús Sacramentado y la meditación todos los días,
salvo que sea por un fin mundano, ése, digo yo, es imposible que peque.

Recomiendo también la lectura espiritual, especialmente a quien no sea capaz de hacer la meditación sin libro. En consecuencia, leer
algún trozo, reflexionar sobre lo leído, para saber lo que debemos corregir en nuestra conducta. Esto servirá para enamorarnos cada vez
más del Señor y cobrar aliento para salvar el alma.

Si fuera posible, haga la lectura y la visita en común; el que no pueda, hágala en privado. La meditación puede hacerla también en la
habitación.
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Recordad que cada uno está obligado también por las reglas a rezar el rosario cada día. íCuánto debemos agradecer a María Santísima y
cuántas gracias nos tiene preparadas!

Confesaos cada ocho días, aun sin tener nada grave de qué acusaros. Es un acto de humildad de los más gratos al Señor, ya sea porque
se renueva el dolor de los pecados perdonados, ya sea porque se reconoce la propia indignidad con los defectos ligeros en los que se cae
cada día.

Sepa cada uno aprovechar todo espiritualmente: lo que ve, lo que oye, lo que hace, lo que estudia, lo que lee, hasta en autores profanos.
Por ejemplo, si uno explica en clase un autor pagano y encuentra una máxima bonita, aprovéchela, reclame la atención de los alumnos
sobre ella y saque consecuencias útiles para sí y para los demás. Mirad lo que hace la abeja. Marcha lejos, hasta alguna milla de distancia
para libar la miel, y sabe separar la miel de la cera y dejar en la florecilla un jugo venenoso que podría matarla a ella y a sus compañeras.

Así tenemos que hacer nosotros; seleccionar lo que puede ayudar; librarse de los defectos y del pecado. De este modo podemos
aprender algo de todos y de todo.

También habría querido hablar de nuestra forma de vida, que debe ser activa y por tanto debemos trabajar cuanto podamos.

Me limitaré a alguna recomendación.

En primer lugar, practiquemos la caridad entre nosotros los salesianos, soportemos los defectos de los demás, compadezcámonos
mutuamente. Animémonos a hacer el bien, a practicar las reglas, a querernos y apreciarnos como hermanos. Recemos para que podamos
formar todos un solo corazón y una sola alma, para amar y servir al Señor... Recomiendo a los directores de cada casa que reúnan a los
Socios lo más frecuentemente posible, para tratar de las cosas propias y de los muchachos...

Recordemos que en el Evangelio se lee que Nuestro Señor coepit facere et docere: antes de enseñar practicó él mismo lo que enseñaba...

Después de haber practicado los reglamentos de la casa, procurar que los cumplan los muchachos... Al mismo tiempo, tratadlos ((357))
con toda caridad al avisarles, pero no os permitáis, ni les permitáis un acto, una palabra que pueda suscitar alguna mala imaginación. Id
siempre con los necesitados de consuelo, con los enfermos, y alentadles, animadles a que tengan paciencia... Haced esto no sólo con los
que os agradan, con los buenos, con los inteligentes, sino también con los que son poco virtuosos, torpes, y hasta con los malos. "No está
escrito en el Evangelio de Jesús que los sanos no tienen necesidad del médico?

Que nunca un castigo pueda parecer venganza... ni se eche en cara, ni se recuerde a nadie que nos ofendió en tiempos pasados,
especialmente si se le perdonó. Más aún, procurad demostrarle más amor que antes y olvidadlo todo...

Estudiemos bien su carácter, démosles buenos consejos, edifiquémosles con nuestras buenas palabras, con nuestros ejemplos, con
nuestro porte. Con los quisquillosos, que fácilmente se ofenden, sed aún más benignos, y rogad por ellos...Procurad por todos los medios
infundirles respeto a los superiores.

Os dejo, por fin, con este pensamiento. Quizá estos santos ejercicios sean los últimos para alguno. Esté, pues, cada uno preparado de
modo que, en cualquier momento que venga la muerte, se halle dispuesto y tenga preparados los asuntos de su alma.
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Con el canto del himno de acción de gracias y la renovación de los votos de los profesos, terminaron los ejercicios el 26 de septiembre.
El 25 habían emitido los votos perpetuos el clérigo José Bertello y José Rossi. El 25 de diciembre de 1868, tres novicios, dos clérigos y
un coadjutor emitían en Lanzo los votos trienales. Los nuevos novicios se habían inscrito en la primera tanda de ejercicios.

Durante la segunda don Bosco recibió una agradable carta del Sumo Pontífice, a quien él había informado de la solemne consagración
de la nueva iglesia, acompañando el relato con algunas medallas conmemorativas.

PIO PP. IX.

Al amado Hijo, salud y Bendición apostólica

Nos, hemos tenido casi la misma alegría que tú y tus celosos seguidores habéis experimentado, cuando, a través de tu carta, hemos
sabido que se había terminado en esa nobilísima ciudad y ya estaba consagrado a Dios el nuevo templo ((358)) dedicado a la Beatísima
Virgen Auxilio de los Cristianos. Aunque Nos, no hayamos podido asistir a ese festivo espectáculo, sin embargo casi has sabido
hábilmente poner ante nuestros ojos la fachada de la iglesia, con las medallas tan bien cinceladas, que nos mandaste, y contemplar la
imagen de la Madre de Dios. Ayudará, en adelante, muchísimo a aumentar nuestra confianza la vista de esta imagen, ya que somos del
parecer que no sucedió sin un divino designio, que, mientras los impíos renovaron cruel guerra contra la Iglesia Católica, se honraba con
nuevos honores a la celestial Patrona con el título de Auxilio de los Cristianos. En efecto, Nos, bajo su protección nutrimos la confianza
de que, protegidos por la divina providencia, nos veremos libres de los males presentes y que saldremos, de nuevo, sanos y salvos de
nuestros enemigos. Entre tanto, para testificar nuestra gratitud y benevolencia, impartimos de todo corazón para ti, para los piadosos
sacerdotes que trabajan contigo y para los muchachos, confiados a tus cuidados, la Bendición apostólica, como prenda de nuestro gran
afecto.

Dado en Roma, a 23 de septiembre de 1868, vigésimo tercero de nuestro pontificado.

PIO P.P. IX 1.

1 PIUS P.P. X.-Dilecte Fili, Salutem et Ap. Bened. Eadem ferme laetitia, quae te, tuique zeli imitatores perfudit, Nos etiam affecti
sumus agnoscentes ex litteris tuis perductum fuisse ad exitum in isthac urbe praenobili, Deoque dicatum novum templum, quod nomine
Beatissimae Virginis Auxilii Christianorum nuncupatur. Nam quamvis iucundo rei praesentis adspectu frui nequivimus, tua tamen
industria assequuti sumus, ut oculis pene subiectam extimam templi faciem haberemus in numismatibus, quae misisti, affabre caelatam,
et ipsam Deiparae imaginem intueremur. Huius autem sacrae Iconis adspectus ad augendam fiduciam nostram valebit plurimum: non
enim sine divino consilio credimus obtigisse, ut, bello acriter instaurato ab impiis contra catholicum nomen, Patrona Caelestis sub
appellatione Auxilii Christianorum
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El Pontífice agradeció mucho el relato de don Bosco, porque había esperado vivamente tener noticias de aquel memorable octavario.
Amaba al Siervo de Dios y a sus cosas. Cuando recibía visitas de ciudadanos de Turín, solía decir:

((359)) -La ciudad de Turín es muy afortunada, porque tiene a don Bosco.

Y llamaba al Oratorio de San Francisco de Sales: La casa milagrosa.

Así lo escribió don Juan Bonetti.

El canónigo Anfossi atestiguaba por su parte: "Habiendo ido a Roma y pedido audiencia al Pontífice Pío IX, mediante la presentación
de una carta de don Bosco, fui admitido y sostuve un coloquio de veintidós largos minutos, durante el cual el Padre Santo expresó sus
sentimientos de particular aprecio por las obras de caridad y el gran amor que don Bosco sentía hacia la Santa Sede".

Por aquel otoño, secundando el deseo del Ayuntamiento y de varias personas influyentes que le ofrecían apoyo, don Bosco se disponía
a defender el reconocimiento del bachillerato en su colegio de Lanzo, y previamente pedía autorización al Delegado Provincial de
Enseñanza para que el profesor don José Fagnano diera clase en el bachillerato superior.

Ilmo. señor Delegado:

El sacerdote Juan Bosco respetuosamente expone a V. S. Ilma. que, con el vo deseo de promover la enseñanza primaria y media entre
los muchachos pertenecientes a la clase menos acomodada del pueblo, el Ayuntamiento de Lanzo Canavese acordó, hace cuatro años,
abrir un Colegio internado en esa población con la autorización de la autoridad escolástica en forma de instituto privado.

Todo ha procedido hasta ahora con recíproca satisfacción y las autoridades locales dieron siempre las más halagüeñas pruebas de
estímulo. Comenzóse entonces solamente el bachillerato, y hasta el presente no hubo más que los tres primeros cursos. Se trataría este
año de empezar las clases del bachillerato superior para algunos alumnos. Pero, falto de recursos para disponer de un profesor licenciado,
se haría una instancia para obtener permiso provisional para el profesor José Fagnano.

novis augeretur honoribus. Sane Nos, Ipsa auspice et adiutrice, superno communiri praesidio, ab impendentibus eripi malis, et ab inimicis
nostris incolumes evadere confidimus. Interim gratum ac benevolum animum Nostrum ultro testantes tibi piisque presbyteris, qui tecum
operam conferunt, nec non iuvenibus tuae institutioni commissis, Apostolicam benedictionem praecipuae dilectionis indicium peramanter
impertimur.

Datum Romae apud S. Petrum, die 23 septembris 1868, Pontificatus Nostris Anno Vigesimo rertio.

PIUS P. P. IX.

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Posee éste el diploma para los tres primeros cursos y hace cuatro años que da clase con éxito en los mismos. La idoneidad demostrada,
el provecho obtenido por los alumnos, permiten esperar con fundamento su éxito en los cursos superiores.

Basándome, pues, en la idoneidad del profesor Fagnano, en su diploma para el tercer curso de bachiller, en los cuatro años de
experiencia, en el corto número de alumnos del momento y en razón de que se concedió el mismo favor a otros colegios y también a
individuos privados, ((360)) espera el recurrente por estos títulos, que sea benévolamente atendida y concedida la implorada autorización
provisional para el bachillerato superior al profesor José Fagnano.

Gracia que espera obtener de su reconocida bondad

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Le fue concedida a don José Fagnano la autorización para regentar el cuarto curso de bachiller, y don Bosco escribió otra carta al
Delegado:

Ilmo. señor Delegado:

Hace cinco años que el sacerdote Juan Bosco, previo acuerdo con el Ayuntamiento de Lanzo y con aprobación de la autoridad escolar,
abrió el antiguo colegio internado de Lanzo. Sea por el emplazamiento y salubridad del lugar, sea por la solicitud del Ayuntamiento y del
profesorado, goza tanto del aplauso de la opinión pública que el número de internos creció hasta ciento veinticuatro, que es cuantos
permite la capacidad del edificio, mientras los externos sobrepasan los doscientos.

Ahora bien, tanto el Ayuntamiento como el Consejo Provincial han manifestado repetidamente el deseo de que este colegio sea
reconocido; más aún, el mismo Consejo Provincial asignó un subsidio especial para dicho Colegio, con la expresa condición del
reconocimiento.

Por tanto, el que suscribe, para satisfacer estos comunes deseos, y persuadido de proporcionar un favor a la provincia de Turín, suplica
a V. S. Ilma. tome en benévola consideración esta propuesta de reconocer el Colegio-Internado de Lanzo con el siguiente personal:

Director: don Juan Lemoyne, sacerdote, actual director, que inauguró la reapertura del Colegio y lo elevó brillantemente a la situación
en que se encuentra.

V curso: don Celestino Durando, sacerdote, con diploma de profesor para el bachillerato superior y profesor hace muchos años de

quinto curso en el Oratorio de San Francisco de Sales.

IV curso: don José Fagnano, sacerdote, con diploma para el bachillerato elemental y autorizado para cuarto curso.

III curso: profesor Pedro Guidazio, con el oportuno diploma.

II curso: don Bartolomé Fusero, sacerdote, ídem.

I curso: don Félix Alessio, ídem.

Aritmética: don Francisco Bodratto, con título de la Escuela Superior Normal y, hace muchos años, maestro de la IV elemental.

Si, por acaso, fueran necesarias otras formalidades, se ruega a la reconocida

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bondad ((361)) del señor Delegado que simplemente lo indique y con mucho gusto será atendido.

Con el mayor aprecio tengo el honor de profesarme.

De V. S. Ilma.

Turín, 28 de septiembre de 1868.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Surgieron dificultades para el reconocimiento y se interrumpieron las negociaciones. Don Bosco, sin embargo, quedó muy satisfecho de
la aprobación conseguida para don José Fagnano, sobre todo porque preveía la salida de un clérigo, ya adeiantado en la carrera de
literatura en la Universidad.

Al mismo tiempo andaba en tratos con el Ayuntamiento de Turín para obtener el permiso de terminar la cerca del Oratorio festivo, al
oeste de la nueva iglesia.

Ilmo. señor Comendador:

Son muchas las veces que V. S. Ilma. ha favorecido a nuestros muchachos y por ello confío hallar benevolencia en el asunto que voy a
exponerle.

Hace ya cuatro meses pedí permiso al Ayuntamiento para construir una cerca y así recoger, especialmente en los días festivos, a los
muchachos más abandonados de la ciudad.

Se concedió el oportuno permiso y se presentó un agente municipal para trazar la línea de confín.

Surgió una dificultad por la que se suspendieron los trabajos; mas, vista la inexistencia del motivo, se volvió a confirmar el permiso, y
la cerca casi se terminó.

Después de la consagración de la nueva iglesia, se pidió permiso para poder levantar regularmente la cerca y así tener los convenientes
locales de las clases y los pórticos en los días de lluvia o nieve. Pasó más de un mes y, por toda respuesta, se hicieron unas observaciones,
a las que contesté con el parecer de dos ilustres peritos, los cuales comprobaron las observaciones hechas y encontraron que se apoyaban
en razones inexistentes. Admitiéronse las aclaraciones, pero el permiso no se pudo conseguir.

Corre ya el tercer mes, desde que empezamos los trámites, y entretanto los materiales de construcción se deshacen, las paredes
empezadas se estropean, las puertas provisionales permiten la fuga de los muchachos de la casa con graves inconvenientes para la
disciplina y moralidad de internos y externos; pero hasta ahora no he podido conseguir el suspirado permiso, ni saber alguna razón
positiva de que se me haya negado.

((362)) Por todo ello, humildemente, mas con férvida instancia, recurro a