Don Bosco

Memorias biográficas - vol. 7

MEMORIAS BIOGRAFICAS DE SAN GIOVANNI BOSCO - VOL 7


CAPITULO
I

1862 -CURACION DE DON BOSCO -AGUINALDOS DE LA VIRGEN PARA LOS ALUMNOS DEL ORATORIO -UN
CUADERNO QUE PUEDE EXPLICAR UN HECHO SORPRENDENTE -CURIOSIDAD BURLADA -ENTREGA DE LOS
AGUINALDOS Y SU EFECTO -CONTENIDO DE ALGUNOS AGUINALDOS-DOS TESTIMONIOS

GLORIA filiorum patres eorum (gloria de los hijos son sus padres): íNuestra gloria, don Juan Bosco!

íDía imborrable el 24 de julio de 1907, en el que la santa madre Iglesia declaró VENERABLE al SIERVO DE DIOS! El, el siervo
bueno y fiel que supo negociar los talentos que le fueron confiados. Sus pensamientos, sus afectos iban al unísono con los del Señor, de
quien está escrito en los Libros Santos: Misericordiam et veritatem diligit Deus (Dios ama la misericordia y la verdad). Efectivamente
todas las obras de don Bosco fueron misericordia y verdad, no como agradan al mundo, sino dignas de merecer el premio eterno. "Si
complaciere a los hombres, dice san Pablo a los Gálatas, no sería siervo de Cristo". Este es el recuerdo que don Bosco repetía infinitas
veces a sus alumnos con las palabras de Tobías: "Servid con sincero corazón al Señor e ingeniáoslas para hacer lo que le agrada".

Dicho esto, volvamos a considerar a nuestro Venerable en acto de demostrar lo que hemos afirmado, advirtiendo según nuestro modo
de pensar, cómo Dios que ama la verdad, le descubría los desconocidos y ocultos misterios de su sabiduría.

((2)) Escribíamos al final del sexto volumen de estas Memorias que, después de las fiestas navideñas, don Bosco enfermó de erisipela y
guardó cama durante unos días. Sin embargo, se levantó el 31 de diciembre por la tarde, contra el parecer de todos, que temían un
empeoramiento. Bajó hasta el locutorio para saludar a sus queridos muchachos allí congregados y les dio las consignas para el año 1862,
como aguinaldo general. Al mismo tiempo prometió dar a cada uno de ellos, al día siguiente, un aguinaldo particular, maravilloso,
extraordinario.
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Alboreó el primero de enero de 1862. Extraemos cuanto sucedió aquel día de las crónicas de Ruffino y Bonetti, enteramente de
acuerdo.

"A la señal de levantarse, o del Ave María, recibió don Bosco la orden (así lo aseguró él mismo sin querer decir de quién) de ir
inmediatamente a la iglesia para celebrar la santa misa. Cuando lo hubo hecho, pasó después al comedor para tomar el café; fue a comer
con los demás; y, convencido de su curación, retiró todas las medicinas y se despidió del médico.

"No es posible describir la impresión, motivada por la promesa de don Bosco, que tanto inquietaba a todos los muchachos. íCon qué
impaciencia pasaron la noche del 31 de diciembre al primero de enero y todo el día siguiente! íCon qué ansiedad esperaron la noche para
escuchar lo que el buen padre les habría de contar!

"Finalmente, después de las oraciones, en perfecto silencio oyeron los jóvenes a don Bosco, el cual subió a la tribuna, desveló el
misterio, y dijo:

"-El aguinaldo que os doy no es mío. Qué diríais, si la misma Virgen en persona se acercase a cada uno de vosotros para deciros una
palabra? Si Ella hubiese preparado a cada uno de vosotros un papelito para manifestarle lo que le es más necesario o lo que Ella quiere de
él? Pues bien, la cosa es realmente así. íLa Virgen os da a cada uno un aguinaldo!

"Pero, ante todo, quiero poneros unas condiciones. La primera es que no se divulgue el hecho fuera de casa, porque ((3)) yo podría
quedar comprometido; la segunda es ésta: el que quiera creer que crea; si alguien no desea creer, rompa su papelito y no preste oído;
pero de ninguna manera se burle; cuide de no ponerlo en ridículo.

"Comprendo que alguno querrá saber y preguntará:

"-Cómo ha sucedido esto? Ha escrito la Virgen los papelitos? La Virgen en persona ha hablado a don Bosco? Es don Bosco el
secretario de la Virgen?

"Yo respondo:

"-No os digo más de lo que he dicho. Los papelitos los escribí yo, pero no puedo declarar cómo sucedió: nadie se tome la molestia de
preguntarme, porque me pondría en un aprieto. Que cada uno se conforme con saber que el papelito viene de la Virgen.

"íEs algo singular! Hace muchos años que suplico esta gracia y al fin la he obtenido. Por consiguiente, cada uno de vosotros considere
este aviso como si procediese de los mismos labios de la Virgen María.
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"Venid, pues, a mi habitación y daré a cada uno su propio papelito. Ruego que cada uno lea el suyo, lo comunique también a algún
amigo, lo rompa igualmente, si quiere, después de haberlo leído, pero guárdese de tomarlo a risa.

"Os exhorto a conservarlo cuidadosamente, porque yo no puedo guardar copia. Os aseguro que ni siquiera yo sé lo escrito en cada
papelito ni cuál pertenece a cada uno de vosotros en particular. Yo los he escrito en un cuaderno; al lado del papelito está el nombre de
cada individuo; corto el papelito y no me queda más que el nombre, de forma que si uno lo pierde o se olvida, todo se acabó, nadie sabrá
nunca nada. Como la cosa es larga, esta noche podrán pasar a mi habitación todos los sacerdotes, los clérigos y también los filósofos no
clérigos. Que durmáis bien".

Los clérigos, los sacerdotes, los salesianos laicos acompañaron a don Bosco a su habitación y recibieron, unos aquella misma noche,
otros a la siguiente, las primicias de aquellos preciosos aguinaldos. Don Juan Bonetti ((4)) recibió el papelito a él dirigido y leyó:
Aumenta el número de mis hijos.

Enseguida trasladó a su crónica la recomendación y añadió:

-"Vos entretanto, dulcísima Madre mía, que me disteis tan valioso consejo, dadme también los medios para realizarlo y haced que yo
aumente en realidad este hermoso número y sea también incluido en él. 2-I-1862".

Pero qué sucedió aquella memorable noche? Qué había visto don Bosco? El cuaderno al que se refería, que se conserva en los archivos
y que nosotros hemos examinado atentamente, es un grueso y viejo libro registro, con cientos de sus memorias autógrafas sin orden
alguno. En primer lugar, hay anotadas por uno y otro lado, facturas mensuales de pensiones ya pagadas; y las cantidades desembolsadas a
los acreedores del Oratorio durante los años 1853, 1854 y 1855. Después se leen las calificaciones de muchos internos, merecidas por sus
estudios, aprovechamiento en el taller y comportamiento durante varios cursos y los motivos por los cuales algunos habían sido
despedidos de la casa. Está la lista de los alumnos con sus nombres, año tras año, desde 1853 a 1858 y faltan totalmente los admitidos
desde 1859 a 1862.

Ahora bien, examinando el complejo de este registro, se puede lógicamente reproducir cuanto ocurrió y que no se pudo saber por don
Bosco. Se hallaba él sentado en su escritorio antes de media noche, cuando una repentina aparición y una orden le obligó a tomar
rápidamente el primer cuaderno que le vino a mano. Luego escribió
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al dictado, currente cálamo, el nombre de todos los jóvenes y demás personas que se hallaban en el Oratorio sin el menor orden
alfabético. A medida que escribía un nombre, seguía el aguinaldo correspondiente que le venía sugerido: nombre y aguinaldo ocupaban
una sola línea. Estas líneas llenaron veinte o más folios por una sola parte y a saltos, porque algunas páginas estaban ya totalmente llenas

o hasta la mitad. ((5)) Suman quinientas setenta y tres máximas, pensamientos, avisos o como se quieran llamar, de cosas a practicar o a
dejar. Son precisos, diversos, apropiados a la necesidad de cada uno; de estímulo para los buenos, y de reproche para los malos o
negligentes. Resulta un trabajo interesante, y añadiríamos imposible de realizar en una noche, el pensar tantas recomendaciones
concretas, particulares y tan acertadas. Se comprende que, si su mano escribía, era otra mente la que dictaba. En efecto, como se verá,
ciertos aguinaldos descubrieron secretos como para hacer reflexionar a quienes los recibieron.
Acaeció un caso extraño en aquellos días. Como don Bosco había comunicado que poseía un aguinaldo tan maravilloso a repartir,
transcurrió algún día desde la notificación hasta la distribución completa. Entonces dos muchachos díscolos (así lo contó don Bosco
varias veces) se pusieron de acuerdo para entrar en la habitación del Superior, cuando él estuviese fuera, secuestrarle el cuaderno y
averiguar si había algo escrito sobre ellos o al menos leer los aguinaldos antes de que fueran distribuidos. Estaban impulsados por un
poco de malicia, curiosidad, o deseo de burlarse de los compañeros, una vez conocidos sus secretos. Y tanto hicieron que lograron
apoderarse del cuaderno. Pasaron y revolvieron las páginas ávidamente, pero con gran sorpresa las vieron todas en blanco: por lo que
dejaron el cuaderno en su lugar, sin haber podido descubrir absolutamente nada. Don Bosco contó después a todos los jóvenes reunidos
cómo los dos curiosos habían sido castigados por Dios. Don Joaquín Berto, años más tarde, oyó confirmar lo mismo de sus propios
labios.

Los muchachos, mientras tanto, se agolpaban con cierta ansiedad ante la puerta de la habitación de don Bosco, para recibir el propio
papelito. Fue grandísimo el impacto que produjo este aguinaldo y no se puede imaginar el bien que hizo. Por aquellos días unos estaban
locos de alegría, otros andaban pensativos, quienes lloraban, quienes estaban solitarios. Alguno mostró su propio papelito a los
compañeros, otros, en cambio, lo tuvieron cuidadosamente oculto.

El clérigo Domingo Ruffino se dio prisa en juntar el mayor ((6))
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número de papelitos que pudo, para recopilarlos y guardar memoria:
cuarenta y ocho se prestaron a su ruego. Los restantes quinientos veinticinco, hecha una pequeña excepción, que luego diremos, o no
fueron llamados o retuvieron para sí el misterioso papelito; y seguramente entre éstos estaban los más característicos, los más claros, por
ser un mensaje amenazador, o una revelación de secretos de conciencia.

El continuo acercarse de muchos jóvenes al tribunal de la penitencia fue el primer efecto del aguinaldo.

He aquí el texto de los papelitos recogidos y conservados. En algunos, por los debidos miramientos, sustituiremos los nombres por un

guioncito.

Don Víctor Alasonatti.-Con paciencia y con valor aumentarás el número de mis hijos.

Don Miguel Rúa.-Recurre a mí confiado en las necesidades de tu alma.

Durando.-El mundo quiere asaltarte.

Provera.-Con la bondad me formarás muchos hijos.

Dassano.-El mundo te llena el corazón de tierra.

Costamagna.-Imita a los buenos en el obrar.

Perino.-Confía en mí que soy tu madre.

Pelazza.-Búscate un verdadero amigo y, cuando lo hayas encontrado, escucha cuanto te diga.

Cottino.-Por qué acudes tan pocas veces a mí?

Ruffino.-Practica y promueve la virtud de la humildad.

Boggero.-Santifica tus conversaciones.

Pellegrini.-íPaciencia, paciencia! Pero hay que unirla con la caridad y el fervor.

Parigi.-Anímate a perseverar; confía más en mí que en los auxilios humanos.

Momo.-Ejercita la humildad y serás amado por mí y por mi Hijo.

Chiapale.-Todavía no sabes qué es la obediencia.

Buratto.-Reflexiona sobre ti y recurre a mí.

Jacinto Perucatti.-Piensa que las espinas de la vida son rosas a la hora de la muerte.

((7)) Chiariglione.-Examina en todo cuanto realices si miras a la gloria de Dios.

Arcostanzo.-No se va al paraíso en medio de delicias.

Félix Galetti.-Por qué no escuchas a quien desearía hacerte feliz?

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Mona.-Más obras y menos palabras.
Quattrocolo.-Tienes algunos compañeros peligrosos: confía más en mí que en ellos.
Damiasso I.-Puedes esforzarte y no lo haces; aleja de ti la pereza.
Damiasso II.-Si no acudes a mí con más frecuencia trabajas en vano por el alma y por el cuerpo.
Capello.-Guárdate de volver atrás; reza mejor.
Mateo Galliano.-Trabaja más para el cielo y adelantarás en los estudios.
Rebuffo.-Si te fías de ti lo estropeas todo. Confía más en mí y en quien te dirige.
Baietto.-Por qué te asusta tanto el trabajo? Acaso no será premiado? Espera más en mí.
Perazza (externo).-Trabajas inútilmente para el alma y para el cuerpo si no te buscas un buen consejero.
Macocco.-Acércate con frecuencia al Pan de los Angeles y alcanza la reina de las virtudes.
Mosselli.-Si haces cuanto puedes yo te ayudaré; pero reza mejor.
Protti.-No se hizo el paraíso para los holgazanes: por qué malgastas tanto tiempo?
Ansaldi.-íValor! Aliméntate con frecuencia del Pan de los Fuertes y recurre más a mí.
Panetti.-Por qué recurres tan pocas veces a mí?
Peire.-Sé más asiduo a tu deber y rézame más a gusto.
Ignacio Demagistris.-No empleas todo tu talento: con ello la virtud pierde, ,y el alma?
Ghella.-Si no puedes ser el primero en la clase, puedes serlo ((8)) en la piedad.
-C.C.C.

-No perder la más hermosa de las virtudes.
-El mundo te llena el corazón de tierra.
-Medita bien qué es la caridad y la humildad.
-Mientras tu corazón esté lleno de tierra no penetrará el verdadero amor de Dios.
-Atento para no retroceder. Escucha al amigo del alma.
-Tu obrar es una espina para mi corazón.
-Eres esclavo del demonio; pero aún estás a tiempo.
-Eres pequeño, mas tu malicia es grande: corrígete pronto.
-Castidad, caridad, confianza.

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-íOh si supieras el magnífico premio preparado a la reina de las virtudes! íAnimo!

A los aguinaldos precedentes podemos añadir otros cuatro que nos fueron entregados hace poco tiempo.

Anglois.-Redobla el esfuerzo; recurre con frecuencia a mí y camina hacia adelante.

Garino.-Acuérdate de mí, que soy tu madre.

B.-No pretendas hacerte santo de un golpe.

S.-Es necesario dar cada día un paso hacia el paraíso.

Varios días duró el desfile de jóvenes por la habitación de don Bosco, para recibir el propio aguinaldo. Pero, antes de que todos lo
supieran, disminuyó el entusiasmo y la curiosidad de recibirlo y conocerlo. Al ver el efecto producido en los compañeros, persuadidos de
que no era ninguna broma, temerosos por los reproches de la propia conciencia, pusilánimes para ponerse al servicio de Dios, hacia el
final, hubo cierto número que no quería ir a retirar el propio papelito, por miedo a leer alguna verdad demasiado cruda. Algunos de ellos,
invitados por don Bosco, después de alguna vacilación, se decidieron y fueron a recibir el aguinaldo. Pero trece no se presentaron.

((9)) Todavía está el billetito de éstos en aquel cuaderno famoso, junto al propio nombre. Los referimos aquí omitiendo los nombres.

-Podrías hacer bastante más por el bien de tu alma.

-La negligencia, unida a la poca piedad, me disgusta: despiértate.

-Acude a mí con más frecuencia; lucha; yo te ayudaré a vencer.

-Tienes un gusano que te roe el alma y el cuerpo; íay, si no lo destruyes!

-Elige mejores compañeros; huye de la pereza; reza mejor.

-Con un futuro mejor trata de reparar el pasado: a qué esperas?

-Te agrada el ocio, quieres complacer la gula, pero me disgustas a mí y a mi Hijo Jesucristo. íAy, si no te corriges!

-Frecuenta los santos sacramentos; reza mejor; sé más obediente.

-Arregla bien las cuentas de tu conciencia: ocupa mejor el tiempo; reza mejor.

-El ocio y la gula hacen temer por ti; enmiéndate, reza mejor.

-Piensas mucho en el cuerpo, poco en el alma; la muerte se aproxima, prepárate.

-Medita más las verdades eternas; persevera en la piedad; por qué recurres tan poco a mí?
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"Tales aguinaldos, escribió don Francisco Dalmazzo, demostraban cuán grande fuese en don Bosco el don de la penetración de los
corazones (y de dónde le venía semejante virtud) habiendo adivinado el punto flaco de cada uno, como yo pude comprobar por mi propia
experiencia. A un muchacho, que había sido compañero mío en el curso de retórica, le consignó en el aguinaldo estas precisas palabras:
-Con ideas revolucionarias no se va ((10)) al cielo. Esta expresión fue profética. Después de salir del Oratorio, llegó a ser profesor y
marchó a Suiza, donde gracias a la ayuda de las sectas, fue muy pronto director de un colegio provincial. Más tarde llegó a ser arma
manejada por los más rabiosos revolucionarios y, valiéndose de su elocuente y arrebatadora palabra, dominaba como orador las
asambleas populares. Murió a la edad de poco más de treinta años, en brazos de los demagogos sin recibir los sacramentos".

Don Domingo Ruffino narra otro hecho. "Un joven carpintero de unos veintidós años había ingresado en el Oratorio a finales del año
anterior. Recibió como los demás el aguinaldo, pero no conoció su contenido. Con el papelito en la mano, encontrándose en medio de los
compañeros, se puso furioso y vociferaba diciendo que quería llevárselo al cura de su parroquia, para que juzgase aquel injusto reproche.
Se jactaba de haber ido siempre a confesarse, y de haber cumplido los deberes del cristiano. Por consiguiente se presentó al Prefecto de la
casa para marcharse del Oratorio. Don Bosco, enterado de aquel alboroto, ordenó decirle que presentase un certificado del párroco sobre
su conducta religiosa en el pueblo.

"-Yo me confesaba por Pascua, pero no con el párroco.

"Y don Bosco replicó de nuevo:

"-Decidle que sólo traiga la papeleta del cumplimiento pascual.

"-Qué?, respondió al mensajero de don Bosco; yo siempre he ido a cumplir con Pascua.

"Y se alejó profiriendo mil improperios. Transcurrió aquel día y reflexionó seriamente. A la mañana siguiente se presentó a don Bosco
con porte humilde y conmovido.

"-Qué hay? le dijo amorosamente el siervo de Dios.

"-íPadre! Veo que tiene razón; quiero arreglarlo todo con usted".
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CAPITULO II

EL ARTE DE DON BOSCO PARA LA DIRECCION ESPIRITUAL DE LOS HIJOS DEL PUEBLO -LAS CONFERENCIAS
ANEXAS A LA OBRA DE SAN VICENTE DE PAUL EN LOS ORATORIOS FESTIVOS-REVISION DE LAS ACTIVIDADES DE
LA DEL ANGEL CUSTODIO EN VANCHIGLIA DURANTE EL AÑO 1861 -PREMIOS A LOS SOCIOS -FRECUENCIA DE LA
COMUNION -LIBROS MALOS DESTRUIDOS -LAS ORACIONES DE LA MAÑANA Y DE LA NOCHE -OFRECIMIENTO DE
UNA MADRE EN RECONOCIMIENTO DE LA BUENA CONDUCTA DE SU HIJO

EL celo de don Bosco por el bien espiritual de sus alumnos, la ardorosa devoción que sabía inculcar en su corazón a la Reina del Cielo, el
auxilio de María para hacer eficaces las santas industrias, que debían producir frutos de salvación eterna, estimulaban y hacían florecer en
la Casa de Valdocco las varias Compañías y los cuatro Oratorios festivos de la ciudad. También continuaba encargándose de éstos,
especialmente en el tribunal de la penitencia, si bien tenía ya asegurada la valiosa ayuda de sacerdotes, clérigos y laicos para la asistencia
y la instrucción religiosa.

Los aprendices mayores le preferían a cualquier otro confesor, porque los trataba con mucha caridad, les hablaba de Dios, de su
misericordia, de la vida eterna con una unción conmovedora; y usaba unos modos y unas frases de variedad infinita, apropiadas y
sorprendentes para excitar firmes propósitos en sus almas. Don Juan Turchi, escribe sobre el particular: ((12)) "Me contaba un joven
bastante mayor, que vivió en el Oratorio varios años, que hoy habita en Turín (1895) y sigue siendo un hombre de fe, que habiendo ido
por la tarde como era su costumbre, a confesarse con don Bosco, se quedó el último de todos. Empezaba a oscurecer y don Bosco, oída su
confesión, le dijo:

"-Tienes cerillas?

"-Sí que las tengo, respondió.

"Y las buscaba en el bolsillo, creyendo que don Bosco quisiera encender una luz, cuando éste añadió:

"-Pues bien; enciende un poco en amor de Dios tu corazón".
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Por las causas antes expuestas no había cesado, y aún duró bastantes años en los tres Oratorios festivos, la obra de las Conferencias
anexas a la Sociedad de San Vicente de Paúl. Sus numerosos miembros, juntamente con varios socios de las conferencias mayores, se
reunían presididos por don Bosco anualmente para hacer una revisión del bien realizado durante todo el año anterior. Sin embargo, estas
relaciones se perdieron todas, aun las referentes al año 1861, leídas en 1862 por los Relatores de las Conferencias de San Francisco de
Sales en Valdocco, y de San José en Borgo Nuovo. Se conservó, no obstante, la relación de la menos numerosa, establecida en el
Oratorio del Angel Custodio en Vanchiglia, cuyo director era don Miguel Rúa.

Carísimos hermanos:

En el cómputo de las numerosas Conferencias de San Francisco de Sales y de San José, la pequeña y casi microscópica Conferencia del
Santo Angel Custodio no se atrevería ni a comparecer; pero, ya que se tuvo la bondad de tomarla en consideración y hacerle la honrosa
invitación de intervenir, se anima y se presenta para ofrecer su breve informe del año 1861. Ciertamente no son grandes ni numerosas las
obras llevadas a cabo por nuestra Conferencia; no obstante, pese a nuestra insignificancia y pequeño número, debemos dar gracias a Dios,
que parece ha querido servirse también de nosotros para hacer un poco de bien.

Cuenta la Conferencia con una docena de socios y unos veinte asistidos. En el transcurso del año se celebraron asiduamente las
conferencias todos ((13)) los domingos, y constantemente asistieron a ellas ocho socios cuando menos. Se hicieron también las colectas y,
aunque la bolsa de nuestros socios sea muy pobre y llena de aire para la mayor parte, se recogieron durante el año veinticuatro liras con
cuarenta y ocho céntimos que, unidas a las cinco liras con sesenta céntimos remanentes del año anterior, sumaron un total de treinta liras
con ocho céntimos. Nuestro óbolo no habría bastado para cubrir los gastos necesarios de los premios a nuestros asistidos; pero vino en
nuestra ayuda el Consejo Central con la cantidad de diez liras, se añadieron ocho más de la colecta hecha en la reunión general de las
Conferencias anejas; y con ello pudimos estar en condiciones de no hacer esperar nunca sus merecidos premios a los pequeños asistidos,
que, de cuando en cuando, presentándose con veinte sellos en el carnet festivo, respetuosamente y con toda justicia, hacían valer su
derecho a una recompensa; y mostrando sus vestidos rotos y la punta de sus pies asomando fuera de los zapatos, no daban tiempo a
dilación alguna. Por tanto, se gastaron en premios cuarenta y una liras con ochenta céntimos, todas empleadas en prendas de vestir.
Aunque nuestro número fuese pequeño, resulta consoladora la asiduidad con que los socios asistieron a las conferencias, consolador su
empeño en atender al bien de sus asistidos y a la buena marcha del Oratorio.

Y la experiencia de este año, nos hizo ver cuán necesario es para encenderse la caridad y ser constante en la asistencia a las
conferencias, el acercarse con la mayor frecuencia posible a los santos sacramentos. Y gracias a Dios, sus cuidados no dejaron de verse
correspondidos por parte de los clientes, que acudieron en general con más asiduidad al Oratorio, se acercaron con mayor frecuencia a los
santos sacramentos
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y mejoraron su conducta. Descenciendo a los detalles, merece señalarse cómo algunos de nuestros muchachos corrieron peligro a causa
de los malos libros, que se van difundiendo por doquier y que también han llegado a sus manos. Ellos se entregaban incautamente a su
lectura pero, descubiertos tales libros por los socios, fueron retirados enseguida y arrojados al fuego; mientras tanto se pensó en
proveerles, por otro lado, de alguna buena lectura.

Viendo después cómo a veces se quedaban en duda sobre el número de puntos a distribuir entre los clientes, entre las deliberaciones
que se tomaron en las conferencias, una fue la de encargar exclusivamente a los socios el cuidado de catequizarlos y asistirlos en la
iglesia, con el fin de asegurarse de su asistencia y buena conducta. Entonces se descubrió, precisamente durante la catequesis, la profunda
ignorancia en que se hallaba un cliente, no sólo respecto a las verdades de la religión, sino también en las cosas que más comúnmente se
saben, es decir, en lo referente a las oraciones de la mañana y de la noche. A uno de ellos se le preguntó si su madre no le enseñaba las
oraciones y él con toda sencillez contestó que su madre no tenía tiempo. Con esto no quedó contento su protector, el cual, cuando fue a
visitarle a su casa el domingo, se informó si de verdad la ((14)) madre no podía hacerlo; y por sus palabras ciertamente parecía imposible
que hallara un retazo de tiempo para enseñarle a rezar. El protector habría deseado enseñarle él mismo las oraciones, pero tampoco podía
tenerlo a su lado durante la semana, para ello. Recurrió entonces a otro expediente; miró a ver si, por casualidad, en el lugar donde el
muchacho trabajaba, hubiese alguna persona caritativa, que quisiera encargarse de hacérselas repetir cada día, palabra por palabra. Y se
encontró precisamente una buena vieja que se prestó a ello. Pero, qué pasó? Cuando la madre supo que otra mujer ejercía en favor de su
hijo este oficio tan importante para una madre, se picó en su pundonor y dijo:

-Cómo? Yo que me preocupo todo el día del cuerpo de mis hijitos, no voy a pensar en su alma? Al fin y al cabo es a mí a quien el
Señor pedirá cuentas de la educación de mis hijos.

Estimulada por tales pensamientos, fue a visitar a la buena vieja, agradecióle la caridad empleada con su hijo y, desde entonces,
levantándose un poco antes de la cama por las mañanas y acostándose algún minuto más tarde por la noche, se puso ella misma a enseñar
a su hijo las oraciones; y al cabo de un mes consiguió que las aprendiera.

Ocurrió también otro hecho que nos edificó mucho y nos hizo ver cómo gozan los padres de los clientes cuando ven que los socios de la
Conferencia se cuidan de sus hijitos. Durante el año pasado sucedió que en la capilla del Oratorio se prendió fuego el altar de la Virgen, a
una hora en que casi nadie se encontraba en el Oratorio. Por suerte, un socio de la Conferencia, deseoso de pasar en el Oratorio el mayor
tiempo que le fuera posible, ya había ido. Fue, pues, el primero en ver salir humo por el tejado, sospechó enseguida qué pudiera ser,
acudió con otras personas y pudo apagarlo a tiempo de impedir mayores perjuicios. No obstante, se calculó que el daño producido
sobrepasaba las treinta liras, y éstas eran ciertamente para nuestro Oratorio una gran cantidad. Con todo se contó el caso acaecido en la
predicación, durante dos domingos consecutivos, y se pidió limosna para el altarcito. Cada cual ofreció lo que su generosidad le sugería y
su bolsa le permitía. Pero, unas semanas después, se presentó en el Oratorio la madre de uno de los asistidos preguntando por el Director
y fue conducida a él. Rebuscó por sus bolsillos, sacó un escudo y, emocionada por la alegría, se lo presentó como limosna para el
altarcito. Aquel escudo
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era el fruto de sus ahorros. Estaba sumamente contenta porque su hijito era asistido desde hacía algunos años por los socios de la
Conferencia, y muy satisfecha de que correspondiera y progresara en la virtud. Por eso agradecida al Oratorio por los cuidados prestados
a su hijo, se creyó en el deber de no mirar a privaciones, a fin de poder también ella concurrir para honrar a la Virgen. No quería aceptar
su ofrecimiento, pero tanto suplicó al Director ((15)) que éste tuvo que recibirlo; tan sólo mostró deseo de que se emplease para poner una
corona a la estatua de María, en lo que fue prontamente atendida, ya que, añadiendo otra pequeña cantidad a la ofrecida por ella, se pudo
comprar una, ciertamente modesta, pero discreta y bella para adornar regiamente la cabeza de la Virgen Inmaculada, precisamente el día
de a Inmaculada Concepción.

Ahora, con temor de haber tal vez aburrido a esta respetable audiencia, terminaré este informe exteriorizando nuestro vivo deseo y
necesidad de que otros recen por nosotros. Y aprovechando esta favorable ocasión, nos encomendamos a los socios de la Conferencia de
San Francisco de Sales, a los de la Conferencia de San José, a todos estos respetabilísimos señores, que se han dignado honrarnos con su
presencia, y que con sus luminosos ejemplos, nos sirven de modelo para bien obrar y nos impulsan a practicar la caridad, y les
recomendamos calurosamente que recen por nosotros a san Vicente de Paúl, a fin de que nos envíe un número mayor de socios y a todos
nos colme de un santo celo para atender a las urgentes necesidades espirituales que se manifiestan en la juventud de aquella barriada de
Turín que nuestra Conferencia tiene especialmente recomendada.

Y, confiados en que nuestro deseo sea escuchado, os auguramos a todos vosotros las bendiciones del Señor y la asistencia de la
bienaventurada Virgen María en cuantas obras emprendáis para santificación vuestra y de los demás.
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((16)
)

CAPITULO III

AUDIENCIAS -AL MORIR DON JOSE CAFASSO CRECE LA AFLUENCIA DE TODA CLASE DE PERSONAS A DON BOSCO
-ESTIMA EN QUE SE TIENEN SUS CONSEJOS -LA HABITACION DE DON BOSCO -SUS MANERAS DE RECIBIR Y
ENTRETENER A LOS VISITANTES -ENCANTO DE SU CONVERSACION -SU BENEVOLA FRANQUEZA CON LOS
SACERDOTES -SU PRUDENCIA EN LOS ASUNTOS -EXACTITUD DE SUS DECISIONES, AUN CONTRA LOS CRITERIOS
HUMANOS -COMO SE LAS ARREGLABA CON PERSONAS CHARLATANAS E IGNORANTES: CON LAS QUE PEDIAN
LIMOSNA, CON LOS ENEMIGOS, CON LOS NECESITADOS DE CONSUELO, CON LOS INSOLENTES Y ORGULLOSOS -NO
PUEDE TOLERAR A LOS BLASFEMOS-SU CORTESIA AL DESPEDIR A LOS VISITANTES -ADMIRACION DE CUANTOS LE
TRATABAN

AL proseguir las Memorias Biográficas del Venerable siervo de Dios y contemplar su heroica y continua actividad intelectual y física,
quedamos desconcertados. Hemos hablado ya de sus muchas virtudes y trabajos, pero nos hemos contentado hasta el presente con dar
apenas alguna señal sobre su amabilidad para atender audiencias. Estas comenzaron en el año 1846, y fueron en aumento poco a poco, de
forma que don Bosco, en 1857 y 1858, todavía podía ausentarse de casa por la mañana alrededor de las diez y media o las once. Pero en
1860 llegaron a ser tan numerosas que se vio obligado a permanecer en su habitación durante toda la mañana, desde las nueve hasta casi
la una de la tarde; y tal fue su costumbre hasta el día en que llegó su última enfermedad.

((l7)) A la muerte de don José Cafasso, él, como heredero de su espíritu, se convirtió en uno de los principales artífices de aquella unión
sólida y compacta de aristocracia y burguesía que, ateniéndose sin más a los criterios de la Iglesia y a los buenos principios, influyó
muchísimo en el resto de la sociedad. Se puede decir que cuanto había de bueno, de selecto, de sobresaliente en las distintas clases
sociales de Turín, todo era dirigido por don Bosco con el común consentimiento y complacencia de los espíritus; y él, como
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capitán, sabía entusiasmar y mover a todos donde quiera que se presentase un bien a realizar.

Refiere monseñor Cagliero lo que todos nosotros habíamos presentido. "Durante mi larga permanencia en el Oratorio vi siempre una
concurrencia de innumerables personas que iban a visitarle, atraídas por la persuasión que tenían de sus excepcionales dotes, de sus
carismas extraordinarios, de su santidad. Venían a suplicarle el socorro de sus plegarias, a recibir una bendición, a exponer la necesidad
de sus hijos, a conseguir una recomendación, a tratar sobre obras benéficas a realizar, a buscar el medio para remediar cualquier mal, a
entregarle limosnas para sus obras y, frecuentemente, sólo para verle y hablarle.

"Y estas personas no eran únicamente del vulgo: eran magistrados, autoridades del Estado y Ministros; eran doctos eclesiásticos,
Rectores de seminarios, Arzobispos, Cardenales de Italia, del extranjero. Los príncipes y los plebeyos, los ricos y los pobres, los amigos y
los desconocidos, los sabios y los ignorantes, los buenos y los malos, todos buscaban en él un consejero, un consolador, un padre, un
amigo. Párrocos y sencillos sacerdotes acudían a él para recibir normas sobre la dirección de las almas; y también muchos alumnos de la
Residencia Sacerdotal de San Francisco de Asís, acabado el curso de moral, solían visitar a don Bosco, antes de ir a sus destinos, para
implorar su bendición".

Los Superiores de órdenes religiosas, los abades de monasterios, ((18)) religiosos, religiosas de toda especie y color iban a consultarlo,
Don Santiago Bosco, compañero suyo en el Seminario, que fue por más de treinta años director espiritual de las Hermanas de San José,
muy estimado en la diócesis por sus virtudes sacerdotales, le apreciaba como a un gran santo, Muchas veces se le oyó decir a sus
religiosas, cuando le pedían un consejo:

-Vaya a don Bosco, el santo; él sabrá dirigirles, yo soy solamente un bosc d'pouciou!1. Con estas palabras piamontesas el humilde
sacerdote quería indicar una especie de madero sin ningún valor que se encuentra entre los setos vivos de nísperos.

Juan Villa testificó: "Era tan grande el número de personas que a diario le visitaban, que nosotros los muchachos, estábamos edificados
de su inmensa caridad y espíritu de sacrificio",

1 Ya en el Seminario de Chieri (pág. 329 -volumen I) se distinguían los os Boscos, con el sobrenombre de Santiago BOSCO DE
NISPERO el uno (madera dura y nudosa), y Juan BOSCO DE SALES el otro (de sauce, madera suave y flexible) (N. el T.)
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Hacia las ocho y media subía don Bosco de la iglesia a su habitación. La antigua estancia servía de antesala; y de ésta se pasaba a una
segunda, de igual dimensión, con una ventana al mediodía, otra a levante, una pobre cama en un rincón y unos pobres muebles.

El secretario tomaba las debidas anotaciones, a fin de observar el orden de entrada y para que un visitante no se adelantara a otro.

Don Bosco, siempre franco y leal, sin adular a nadie, ni buscar los elogios de los hombres, recibía a cada visitante con gran respeto,
como si todos fueran grandes señores y él tuviese necesidad de todos;
no hacía distinción entre un rico que le hubiera entregado una generosa limosna y una pobre viuda o una aldeanita que le daba unas
monedas, fruto de sacrificios. Además, en sus palabras transparentaba una humildad acompañada de modales tan dulces y suaves que lo
hacían encantador ante los ángeles y los hombres. Se interesaba por cuanto le exponían y parecía no pensar en otra cosa en aquel instante.
Escuchaba con mucha atención sin jamás interrumpir; si alguno le ((19)) cortaba, él callaba al momento. Mientras el interlocutor no
terminase, aguardaba en silencio; y sólo cuando había acabado, proseguía el hilo de su discurso con una presencia de espíritu admirable.

"En aquella habitación, escribió el abogado Carlos Bianchetti 1, aleteaba una paz de paraíso. No sabría decir si nosotros éramos flores,
cuya corola se abría para recibir consuelo o se cerraba para no dejar escapar el hálito celestial, que instantáneamente descendía sobre el
cáliz del alma. Se sentaba ante un modesto escritorio con cajones y pequeñas gavetas. Tenía amontonados ante él fajos de cartas y
papeles, y a veces entraba el cartero para aumentar el montón. Sin embargo, parecía que don Bosco no se preocupaba de todo aquello.
Ordenaba los papeles; tenía por norma que aún las cosas pequeñas se deben hacer despacio y bien, por lo cual no hay que distraerse. Don
Bosco parecía un hombre que muy poco o nada tuviese que hacer.

"Trataba con cada uno como si durante aquella mañana no hubiera de oír o contentar a ningún otro. Con san Francisco de Sales tenía
por máxima que la precipitación suele estropear todas las obras. No era nunca el primero en acabar el coloquio; no mostraba jamás ganas
de abreviarlo; antes bien, queriendo despedirse el interlocutor, por miedo a ser importuno, don Bosco le invitaba amablemente

1 Discurso leído en la conmemoración de don Bosco del 24 de junio de 1903.
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a estarse un poco más. A veces, el cortés visitante advertía que muchos aguardaban en la antesala para entrar.

"-Tengan paciencia, respondía don Bosco: yo soy como aquel barbero que dice a la gente que llega: -íEspere, espere! íEsto se acaba
enseguida! íUn momento! -mas después cumple su oficio con la máxima calma, como si nadie esperase.

"-Caramba, añadía, quien paga tiene derecho a ser servido y estaría bueno que el barbero, por afeitar demasiado aprisa ((20)) lo hiciese
mal; y peor aún, si con las prisas cortara a derecha e izquierda.

"La sencillez iba unida en él a un alto sentimiento del deber y prolongaba la conversación mientras el asunto no estuviese
convenientemente acabado.

"Su diálogo era agradabilísimo. Entremezclaba con gracia el chascarrillo y la anécdota. Y el donaire venía siempre acertado; para que
produjese su efecto, acostumbraba a decir que aquellas anécdotas le habían ocurrido a él o que las había aprendido de don José Cafasso,
del teólogo Guala, del teólogo Borel o de unos y de otros. El cuentecito y el ejemplo era el modo que utilizaba para causar una impresión
más viva y profunda, pero lo más importante era que se ajustaba como anillo al dedo. Sabía tratar con gracia, de modo que nadie pudo
reprocharle por ser menos delicado y prudente. Hasta los dentistas, decía, deben emplear buenas maneras; de lo contrario ípobre clientela!

"Había en don Bosco una característica respetuosa, bondadosa, afectuosa, la cual no le impedía sacar buen partido hasta de los de
colmillo retorcido.

"-Pescadores, ladrones y carteristas, decía a veces chanceando, son una sola cosa; pero todo pasa y puede pasar cuando se trata de las
almas.

"Y ícómo se las arreglaba en estas pescas milagrosas! No es fácil imaginar la fuerza de sus expresiones, que él sabía aplicar con
destreza e intuición maravillosa. Era Dios quien hablaba por él? Era la experiencia la que le sugería un buen pensamiento para cada uno?
Lo cierto es que, desgranando despacito, una palabra tras otra, sacaba la máxima de un santo Padre, dicha a la buena, con ponderación y
sin jactancia. Era una llamada sobre la necesidad de buenas confesiones, acerca de la devoción a María Santísima, sobre el paraíso, y tan
llena de amor divino, que bastantes afirmaron haberles sucedido como acontece a los que se encuentran con santos; es decir, que al
separarse de él cada uno sentíase ((21)) mejor, ya fuese hijo del pueblo, persona constituida en dignidad, seglar o eclesiástico".
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A esta clase de personas, en efecto, solía dirigir alguna palabra referente al espíritu sacerdotal y a la santificación de las almas, o al
ejercicio de la meditación, de la lectura espiritual, de la visita diaria al Santísimo Sacramento, de la asiduidad al confesonario, del celo
por la predicación. "Estas insinuaciones, aseguró el teólogo Reviglio, las hacía especialmente a los párrocos y a otros sacerdotes por él
orientados a la carrera eclesiástica; como puedo asegurar que lo hacía conmigo mismo dándome a la par consejos para desempeñar
santamente mi propio ministerio".

Invitaba con frecuencia a los eclesiásticos a promover el decoro de la casa de Dios, la defensa de la religión, la difusión de la buena
prensa, las vocaciones sacerdotales y religiosas, el desarrollo de las misiones en lo países de infieles, la construcción de nuevas iglesias.

-Usted, que tiene mucho ingenio y ciencia, decía a alguno, ayúdeme a preparar un folletito sobre esta o aquella materia.

A un sacerdote rico, influyente y generoso, le repetía:

-íAyúdeme a salvar almas!

Sin embargo, no pedía limosnas sino que preparaba los ánimos para ayudar a sus muchachos, exponiendo sus necesidades.

Y a algún otro sacerdote:

-Necesito un predicador o un confesor para los muchachos de los Oratorios. Cuento con usted; íayúdeme!

En alguna ocasión no dejaba de hacer una reprensión. Llegó a visitarle desde un lejano país cierto religioso, que, temiendo tal vez la
molestias o las burlas, se había quitado el hábito e iba vestido de seglar. Así se presentó, saludándole cortésmente. Don Bosco le
reconoció, pero fingió no saber quién era. Aquél, extrañado, demostraba insistentemente lo mucho que se ((22)) conocían. Don Bosco, al
fin, le respondió:

-íEs posible! Usted así vestido? Vaya, vaya a sus asuntos que yo no tengo tiempo que perder con usted.

-íPor favor, escuche! Temía exponerme a los insultos; corremos unos tiempos en los que los religiosos son muy poco respetados.

-Déjeme en paz; tengo otras personas que me esperan. Si quiere que yo le reciba, vaya a vestir sus hábitos.

Entonces, aquél, viendo a don Bosco tan resuelto, pidióle perdón, prometiéndole que jamás volvería a cometer la falta de quitarse el

hábito religioso. Y entonces fue recibido.

Sus audiencias, sin embargo, no eran simples conversaciones. Si le consultaban sobre algún problema, no contestaba inmediatamente,
sino que, antes interrogaba sobre las circunstancias de la cuestión
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propuesta. Después, tenía la costumbre de levantar sus ojos al cielo, como quien busca en Dios las luces necesarias. Muchas veces seguía
hablando de cosas menos importantes mientras examinaba con su mente todas las partes de la cuestión y luego, volviendo al punto
principal, daba la respuesta que le parecía más conforme para la gloria de Dios y el bien de las almas.

Otras veces, si se trataba de dudas intrincadas, no se fiaba del todo de sí mismo y se reservaba el responder hasta después de unos días,
recomendando al interesado que le ayudara con la oración. Entre tanto, consultaba autores o recurría a hombres competentes en la materia

o también dirigía a sus visitantes a uno u otro de éstos y frecuentemente al célebre moralista, el teólogo Bertagna, a fin de que expusieran
a aquellos intelectuales sus dudas. Pero difícilmente era reformado su parecer.
A veces, ante cuestiones que tenían relación con las leyes civiles, mandaba a don Miguel Rúa a consultar a doctos abogados y también a
eclesiásticos. Este, que fue testigo continuo de cuanto realizaba don Bosco, nos aseguró por escrito:

"Con tal sistema don Bosco logró aclarar los asuntos más complicados y yo no podría ((23)) contar la cantidad de personas que me
afirmaron haber sido consoladas, animadas en sus aflicciones, socorridas en sus dificultades y apuros, gracias a su eximia prudencia.

"A menudo, hablaba sin rodeos y con rapidez como persona que manifestase el querer divino. Sus consejos, si bien parecían contrarios
a los criterios humanos, no obstante, aceptados y practicados, conseguían poner en paz las conciencias, daban fin a molestos pleitos,
llevaban comprensión a las familias, guiaban por la senda segura a personas dudosas de su vocación. Por el contrario, he visto a algunos
que, no queriendo admitir sus decisiones, tuvieron que sufrir después graves consecuencias. Ellos mismos me confesaron que se habían
equivocado, y que el asunto hubiese tenido aquella vez mejor resultado, si hubieran hecho lo sugerido por don Bosco. Con todo, la mayor
parte de la gente, segura de oír de él una palabra sincera, recibía sus decisiones como oráculos".

Llegó al Oratorio una señora, totalmente desconocida, para hablar con don Bosco: estuvo a la puerta de su despacho más de dos horas
esperando. Cuando logró hablarle, narróle sus penas y sus angustias, preguntándole si podía estar tranquila ante Dios. Don Bosco le
respondió que marchase tranquila, sin temor alguno. No obstante, la señora no parecía satisfecha; pero don Bosco añadió:

-Quiere usted la voluntad de Dios o la suya?
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La señora contesto:
-Mil veces la voluntad de Dios.
-Pues bien, haga como le he dicho y esté tranquila.
Entonces ella le dio las gracias y decía, al partir:
-Ahora estoy contenta.
Hechos semejantes sucedían todos los días.
Mas no todas las visitas eran importantes y expeditivas; sin embargo, don Bosco no se lamentaba del fastidio que con frecuencia le

causaban muchas personas ignorantes, charlatanas, sin educación y, a veces, excesivamente pesadas, que no estaban conformes con nada;
él no despedía jamás a nadie, por pesado e inoportuno que fuera. Se le oyó repetir cuatro o cinco veces ((24)) lo mismo, a quien no le
comprendía, y decírselo la última vez con la misma paciencia que la primera. De la misma manera se comportaba con quienes iban a
estorbarle sin motivo alguno o a pedirle su parecer sobre cosas de ningún valor o extravagantes. Ya era una madre que le contaba las
infantiles valentías de su bebé; ya un enfermo que le repetía el proceso detallado de su enfermedad, ya un procesado que le describía las
particularidades de su pleito. Don Bosco escuchaba, preguntaba, pedía explicaciones, dando así facilidad a quien deseaba prolongar su
conversación. Manifestaba su interés por cuanto le comunicaban como si se tratase de algo suyo, personal, y hallaba siempre una palabra
de alabanza y estima para cada persona. Sabía también cambiar las conversaciones inútiles y frívolas por otras referentes al alma y así se
servía de su importunidad para alcanzar un gran bien. Sus consejos producían siempre buenos frutos; cada palabra suya era una sentencia
que permanecía impresa y resultaba espontánea y graciosa.

Puede decirse que poseía el arte de convertir en oro de amor de Dios todo lo que decía y oía de los demás. Baste el hecho siguiente.
Presentáronse dos hombres a pedirle unos números para jugar a la lotería, persuadidos de que les daría los de la suerte. Buscó él

distraerles con varios razonamientos, pero ellos, impacientes, porque daba largas a la cuestión, le interrumpieron:
-íNo es eso lo que queremos! Deseamos nos diga a qué número hemos de jugar para ganar el premio.
-Entonces les dijo:
-Incluid estos tres números: cinco, diez y catorce.
Diéronle gracias la mar de satisfechos y ya iban a marcharse enseguida cuando don Bosco les dijo:
-Esperad que os dé una explicación.
-No hace falta ninguna.

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-Es que, si no os la doy, no sabréis jugar.

-Díganosla, pues.

-Hela aquí; cinco, son los cinco mandamientos de la Iglesia;

diez, son los diez mandamientos de ((25)) Dios; catorce, son las catorce obras de misericordia. Jugad estos números y ganaréis un tesoro
infinito.

En otra ocasión señaló el cuatro y el dos, interpretándoles con los cuatro novísimos y los dos sacramentos de la confesión y comunión.
Muchas otras veces salió con bromas parecidas.

Es de notar que la mayor parte de las personas no iban para dar sino para recibir; y eran tales que don Bosco no podía esperar nada de
ellas. El, en cambio, siempre que podía, les daba una ayuda. Narran las crónicas:

"Un día, rodeado don Bosco de unos clérigos, nos contó esta anécdota que le había sucedido a él mismo.

"-Vino a verme un ardoroso demócrata, que se hallaba en graves angustias, y me pidió la pequeña cantidad de tres liras al menos, para
comprarse una camisa, por estar sucia la que llevaba puesta, y me prometió que pasaría pronto a devolvérmelas. Palpé mi portamonedas y
estaba casi vacío. Miré hacia la cama y vi una camisa elegante y limpia, que Rossi habia preparado para mí y que yo, por olvido, no me
había cambiado.

"-Magnífico, me dije: aurum et argentum non est mihi, quod autem habeo tibi do (no tengo oro ni plata, te doy lo que tengo).

"Me miró estupefacto y me dijo:

"-Pero, y usted?

"-No se preocupe, le respondí, la Providencia que hoy le viste a usted, sabrá vestirme a mí mañana.
"Ante tal actitud se conmovió y, deshecho en lágrimas, se arrojó a mis pies, exclamando:

"-íCuánto bien puede hacer un sacerdote!

"Después de habernos contado esto, prosiguió:

"-Tenedlo en cuenta: aquel sujeto fue en adelante un gran amigo de los sacerdotes. Es así como debemos conquistar los corazones de

los hombres".

Además, si acudían a pedirle un favor los que le habían causado algún mal, siempre estaba dispuesto a hacérselo porque él no tenía en
cuenta las ofensas que se le inferían y las olvidada con admirable sacrificio, como lo atestiguaron monseñor Cagliero y monseñor
Bertagna. Es más, si alguno ((26)) demasiado celoso al ver entrar en la antesala una de tales personas, le parecía bien advertírselo y
recordaba
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las ofensas, él con santa destreza, desviaba la conversación y contaba todo lo bueno que sabía del culpable.
Cuando le pedían algo que no podía conceder, salían de sus labios respuestas negativas, pero, tan llenas de caridad y cortesía, que

convencía a los suplicantes de forma que muchos decían:

-Parece que don Bosco no sabe decir un no.

Y confesaban que preferían un no de don Bosco a un sí de otros.Y muchos exclamaban:

-íQué bien trata don Bosco!

Todos quedaban satisfechos y partían llenos de admiración.

Como no podía indicar un remedio inmediato para ciertos males, desgracias, persecuciones o discordias, consolaba, calmaba las penas.

Don Joaquín Berto le oyó repetir bastantes veces:

-El Señor es un buen Padre y no permitirá jamás que seamos afligidos por encima de nuestras fuerzas.

Si los atribulados recordaban las obras buenas hechas y decían que Dios les había olvidado, don Bosco exclamaba:

-íDios no olvida nada: todo lo pagará abundantemente en el paraíso!

Otras veces decía a quien no era correspondido en sus trabajos y fatigas por familiares y subordinados:

-Recordad que el Señor paga non secundum fructum, sed secundum laborem (no según el fruto, sino de acuerdo con el trabajo). íEs

mejor pagador que los hombres!

Su paciencia para escuchar las necesidades del prójimo no tenía límite y ello animaba a todos. a volver cada vez que necesitaban un
alivio. Era ésta una tarea de las más importantes, con la que don Bosco practicaba todas las obras de misericordia espirituales, puesto que
enseñaba a los ignorantes, amonestaba a los pecadores, consolaba a los tristes, y rogaba a Dios y a la Santísima Virgen que bendijeran las
almas y los cuerpos de quienes, por su mediación, invocaban su auxilio y Patrocinio.

No todos los visitantes se presentaban con humildad ((27)) y cortesía; algunos le visitaban para quejarse ásperamente de algún
pretendido agravio recibido de él o de los suyos y hasta se atrevían a insultarlo y amenazarlo. Pero don Bosco los trataba con tanta
mansedumbre que siempre acababan por marcharse reconciliados y amigos.

Otros, llenos de sí mismos, fácilmente irritables, persuadidos de merecer toda consideración, se dignaban exponerle sus proyectos a fin
de solucionar algún negocio, pidiéndole su parecer. Y don Bosco
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no contradecía jamás sus sentimientos altaneros, sino que, de muy delicada manera, les expresaba la conveniencia de un recurso suyo que
sugería, remitiéndose desde luego al talento de quien le había preguntado.

A veces, por pareceres contrarios sobre la rectitud de una idea o de un hecho, alguno molestaba con su insolencia y don Bosco,
preguntado después por qué se había mostrado tan paciente frente a aquellas osadías, muchas veces respondió:

-A éstos hay que tratarlos como a enfermos.

Solamente le resultaba difícil contenerse cuando se trataba del honor de Dios. En efecto, el 21 de febrero de 1863, contaba él a sus
alumnos un hecho que le había sucedido dos días antes:

-Se presentó en mi habitación un individo que, no pudiendo obtener lo que deseaba, comenzó a blasfemar de un modo espantoso. Yo,
que le había aguantado hasta aquel momento, ante semejantes blasfemias no pude contenerme. Me acerqué a la estufa, tomé las tenazas y
agarrando por la ropa al blasfemo:

-íSalga inmediatamente de aquí, grité; de lo contrario le doy una lección!

-Discúlpeme, continuó aquel hombre, si he empleado alguna expresión vulgar.

-No valen excusas: no tolero un demonio semejante en mi habitación. Este no es el modo de tratar a Dios.

-Y empujándole le eché fuera. Cuando oigo blasfemar, especialmente cuando acompañan al santo nombre de Dios con cualquier epíteto
irreverente, entonces salgo de mis casillas, y si ((28)) no fuese por la gracia de Dios que me detiene, pasaría a ciertos actos de los que tal
vez tendría después que arrepentirme.

Fuera de este único y excepcional caso no permitía que nadie marchase de su lado desconsolado. Después de haber dado plena
satisfacción a su interlocutor, según su habitual cortesía, le acompañaba hasta la puerta. Su afabilidad y benignidad se transparentaban tan
refulgentemente en su persona que muchos, después de haberle hablado o de haberle visto solamente unos instantes, confesaban que, si
hubieran debido figurarse la personalidad y bondad del Divino Salvador, se habrían imaginado, con la debida proporción y reverencia, el
porte de don Bosco.

"Fue una vez a visitarle cierto negociante riquísimo y sin fe, narró don Francisco Dalmazzo. Iba únicamente por curiosidad; después le
vi salir totalmente confundido y le oí exclamar tres o cuatro veces:
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"-íQué hombre, que hombre éste!

"Y al preguntarle yo qué le había dicho don Bosco, me respondió que le había oído decir cosas muy preciosas que no se oyen a otros
sacerdotes; y que después le había despedido con estas palabras:-Esperamos que un día, usted con su dinero y yo con mi pobreza, nos
podamos encontrar en el Paraíso".

Añade Juan Bisio:

"Para tener una idea de lo que don Bosco sabía decir y hacer, recuerdo que acompañé a visitarle a un judío de unos cincuenta años que
me había expresado el deseo de conocerle. Lo que ocurrió entre ellos no lo sé; pero aquel judío, al salir del Oratorio, me dijo que, si en
cada ciudad hubiese un don Bosco, todo el mundo se habría convertido. Supe también por el párroco de mi pueblo que un rabino de
Alessandria le dijo: -He ido dos veces a visitar a don Bosco y no vuelvo por tercera vez porque me vería obligado a quedarme con él.

"Tan eficaces eran las encantadoras e insinuantes palabras que sabía decir don Bosco a los que se le acercaban.

"Esto explica también cómo los muchachos le querían y cómo sabía hacerlos buenos".
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CAPITULO IV

PADECIMIENTOS DE DON BOSCO PARA ATENDER A LAS AUDIENCIAS -RESPUESTA A QUIEN LE ACONSEJABA
DESPACHAR A LOS VISITANTES INDISCRETOS -RECOMIENDA A SUS COLABORADORES UN GRAN RESPETO A LAS
PERSONAS CUANDO SE LAS RECIBE: UN ESMERADO EMPEÑO PARA NO DEJAR A NADIE DESCONTENTO, SI ES
POSIBLE; ESPIRITU DE SACRIFICIO; PRUDENCIA -LECCION PRACTICA -DON BOSCO SE PRESTA A CONVERSAR
DONDE QUIERA QUE VAYA CON QUIEN QUIERA HABLARLE -COMO SE LAS ARREGLABA PARA CAPTARSE LA
SIMPATIA DE TODOS -DESPACHO DE LA CORRESPONDENCIA -CONTESTACION DE DON BOSCO A CARTAS
INSULTANTES

LAS audiencias eran para don Bosco una cruz pesada y meritoria. La mayor parte de las veces las aguantaba con grave incomodidad
física, porque, quebrantado de salud como estaba, débil de estómago, víctima de graves inflamaciones, debía continuar conversando en
alta voz. Al cabo de un rato notaba que le faltaba respiración y se le secaba la lengua. A veces estaba tan cansado, que no podía hacerse
oír. Otras, por el mucho pensar en resolver problemas de grave importancia, le llegaba a doler de tal modo la cabeza, que daba lástima a
quien le contemplaba, y, a pesar de ello, continuaba su penosa ocupación. El padre José Oreglia, de la Compañía de Jesús, afirmaba que,
si don Bosco no hubiera hecho otra penitencia en su vida, hubiera bastado ésta para declarar la heroicidad de su virtud.

Realmente la vida de don Bosco fue un continuo sucederse de audiencias hasta por las calles de Turín y en sus viajes por las diversas
poblaciones a donde ((30)) iba.

Cuando le aconsejaban desentenderse de tan pesada labor, respondía:

-íNo conviene! íNo me atrevo!... íPobre gente!... Muchos vienen de lejos; también ellos tienen sus asuntos y, además, debo cumplir mi
misión.

Y añadía:
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-íPobrecitos! Tienen penas que confiarme... esperan tanto tiempo en la antesala, me dan lástima y hay que contentarles... y al fin... y al
cabo... se hace un poco de bien.

Aún en estas ocasiones sabía bromear:

-Pero no habrá un medio, le preguntaba alguno de sus sacerdotes, para aminorar el número de tantas visitas que son verdaderamente
inútiles?

El respondía:

-Sí que habría un medio para librarse de tanta gente.

-Y cuál?

-Por ejemplo, que yo me fingiese medio loco o idiota; entonces la gente dejaría de venir y haría correr la voz: íel pobre don Bosco está
trastornado: no entiende nada; no sabe lo que dice! Pero este recurso sería rechazable y perjudicial para la Pía Sociedad, porque nosotros
necesitamos de todos; por tanto, conviene dejar abierto el camino a la Divina Providencia.

Por esto no rechazaba a nadie, a cualquier hora del día en que llegase, y, aún al toque de mediodía, no bajaba sin haber dado
satisfacción a todos. Apenas terminada la comida, ya había algunos reclamándolo para hablarle.

-Permitidme atenderles, decía a sus clérigos que trataban de detenerlo; me duele muchísimo ver esperar a la gente.

Le exhortaron un día a que estableciera un horario para recibir visitas y no atender siempre y en cualquier momento a los que se
presentaban; porque, insistían, continuando así se quebrantaría su salud. Y él replicaba:

-íEh, el Señor nos ha colocado en este mundo para los demás! ((31)) Por esto, al recomendar a sus subalternos, constituidos en
autoridad, la vida de continuo sacrificio por el bien del prójimo, exhortábales a no descuidar, si se presentaba la ocasión, este medio de
las audiencias, a fin de practicar la caridad con cualquier clase de personas.

Aconsejaba que tuviesen suma consideración con todos y, como solía decir san Vicente de Paúl, les hacía ver en todo estado a
Jesucristo. En el papa y en los obispos a Jesús pontífice, en los sacerdotes a Jesús sacerdote, en los reyes a Jesús soberano, en los nobles a
Jesús de la nobilísima estirpe de David, en los magistrados a Jesús juez, en los comerciantes a Jesús buen samaritano. Y presentábalo
obrero entre los obreros, pobre entre los mendigos, enfermo entre los enfermos. Y en las parábolas, como padre de familia, como esposo,
como viñador, como propietario, etc...
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Les inculcaba que supieran ingeniarse para no despedir nunca a nadie disgustado. Acostumbraba a dar entre otras normas, la siguiente,
a su secretario:

-Procura hacer lo que puedas para contentar a la gente, como hace don Bosco.

El secretario, por tanto, se propuso seguir aquel consejo; pero, transcurridos unos días, se presentó a don Bosco diciéndole que era
imposible contentar a todos y le rogó que le enseñase el método.

Don Bosco, después de un instante de reflexión, le respondió:

-Todos?... íImposible! Escucha: esta mañana vino una señora para exponer sus asuntos, y pretendía con insistencia que bajase a la
iglesia a confesarla.

-Vea, le dije; no tengo tiempo, y esto, además, no es cosa de confesonario.

La señora, sin embargo, se encaprichaba diciendo:

-San Francisco de Sales no se comportaba así con sus penitentes.

-Si San Francisco se hubiese encontrado con usted en esta circunstancia, le habría dado la misma respuesta que yo.

La buena señora no quiso convencerse y se marchó enfadada. Pero aún en estas ocasiones, la paciencia, sin ninguna aspereza, quita o
disminuye mucho una impresión ((32)) desagradable. Mas, para conseguir este efecto hay que acostumbrarse a prepararse con la oración,
la madura reflexión, la amabilidad en las formas, unida a una gran paciencia y amor de la verdad.

Al mismo tiempo añadía:

-Sed prudentes; pero no olvidemos que nuestra prudencia debe consistir en poner a salvo siempre la fe, la conciencia y la propia alma.

Por lo demás, clérigos, sacerdotes y alumnos, recibían una lección práctica de cómo se debe atender una visita para que resulte

fructuosa, cuando ellos mismos entraban en su habitación para hablarle, y admiraban su forma de comportarse.

En su trato con las personas, conocía a primera vista su carácter, sus propensiones, sus defectos y sus buenas cualidades; y sabía regular
la conversación de tal manera que todos quedaban satisfechos. Preguntado cómo había que hacer para penetrar, a ejemplo suyo, en el
corazón de los hombres y ganarse su aprecio, sugería este medio:

-Preguntar mucho y llevar la conversación al estado, al arte o profesión del individuo con quien se habla. Al campesino preguntarle por
los campos; al soldado por la vida militar, al médico por
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sus enfermos, a un comerciante por las ferias y mercados, a un padre por su familia, a un muchacho por la escuela y por los juegos.

Experto en el arte de acomodarse a todos los temperamentos y de colocarse a nivel de todas las capacidades, tenía conversación hasta
con los bebés y se diría que balbuceaba con ellos, mientras en las discusiones poco interesantes, permitía que el hombre de mediana
cultura se creyese a su altura en la ciencia y en el manejo de los negocios.

Al ritmo de las audiencias se desenvolvía el despacho de la correspondencia. Mas para leer los fajos de cartas que le llegaban a cada
hora, para no ser molestado, después de comer se retiraba a la Residencia Sacerdotal, o a un café próximo al Santuario de Nuestra Señora
de la Consolación. De allí no se movía hasta no haber apostillado ((33)) aquellas cartas. De regreso a casa se vio obligado, durante casi
veinte años, a pasar la mitad de las noches contestando. Aquel trabajo exigía con frecuencia una gran atención, por los consejos que debía
dar, o por las cuestiones a resolver. Mas siempre estaba inspirado por una gran prudencia su modo de contestar a las preguntas que le
formulaban por escrito personas desconocidas. Cuando por sus explicaciones no podía hacerse una idea clara de la cuestión, o el asunto
era extremadamente delicado, respondía que se dirigiesen al propio párroco, al director espiritual, a otro sacerdote o a un seglar instruido
y perito en tales materias y que se atuviesen a su parecer.

Pero las cartas, lo mismo que las visitas, prestábanle ocasión para ejercitar la paciencia y la humildad. Acostumbraba a decir que una
respuesta dulce a las cartas airadas y ofensivas, con la manifestación de aprecio, escrita inmediatamente, consigue siempre una victoria
segura y cambia los enemigos en amigos. Responsio mollis frangit iram (una respuesta suave calma el furor), así dicen los Proverbios (1).
El había hecho cien veces la prueba.

Acaeció hacia el año 1863 que un nobilísimo señor, conocido por él tan sólo por la fama, le escribió una carta para un negocio de cierto
interés. Como don Bosco estuviera ocupado entonces con una complicadísima correspondencia que despachar y, como no se tratara de
ningún secreto, encargó a uno de sus sacerdotes contestarle. Aquel caballero, que tenía un gran aprecio de sí mismo y del respeto que se
le debía, al recibir aquella carta, se indignó más de cuanto se puede imaginar y, tomando la pluma, volvió a escribir con mil insolencias:
-Que don Bosco no debía ignorar quién le había escrito

1 Prov. XV, 1.
40

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honrándole con su autógrafo. Que él sabía muy bien quién era don Bosco..., y que, por consiguiente, no desconociendo la distancia
existente socialmente entre ambos, don Bosco había cometido una descortesía al no haberse dignado responder de su puño y letra. Que él
había escrito muchas veces al Rey, al Papa y a otros importantísimos ((34)) personajes y de todos había recibido contestación autógrafa y
no por mediación de secretarios. Es que don Bosco temía rebajarse contestando él mismo en persona? Se imagina ser más que el Rey,
más que el Papa? Su deber hubiera sido llevarle la respuesta en persona...

Y así continuaba hasta el final.

Don Bosco no se inmutó al leer un escrito tan descortés, y de su propio puño respondió:

-Que le agradecía su graciosa carta, que le conocía como hombre instruido y de gran altura, pero que nunca hubiera creído que poseyera
tan magistralmente el arte de bromear, como se manifestaba en aquella carta. Que agradecía la familiaridad con que le escribía, con lo que
se revelaba como un amigo sincero. Que, por tanto, se consideraba muy honrado con su amistad y no quería dejar escapar la ocasión sin
reafirmarla aún más. Por ello, no pudiendo extenderse más por el momento, se reservaba ir a comer con él tal día y a tal hora, para charlar
con toda calma sobre el consabido asunto.

Cuando a aquel señor se le pasó el arrebato de furia, no pudo por menos de reconocer la falta cometida y avergonzarse. Don Bosco fue
a comer a su casa, donde él le esperaba en el rellano de la escalera. Al principio se encontraba un poco embarazado, más, a los pocos
minutos, se serenó y tranquilizó, porque parecía que don Bosco había recibido realmente aquella carta como una cordial y delicada broma
para provocar su visita. Comieron y rieron: la amabilidad de don Bosco se adueñó rápidamente del corazón de su huésped, quien, desde
entonces, se convirtió en amigo y bienhechor del Oratorio.

Un párroco de la diócesis de Saluzzo, después de una larga correspondencia con don Bosco, disgustado por no haber sido ayudado en
cierto proyecto, le escribió una carta de siete páginas, en tales términos de encendida cólera, que parecían estudiados para ofender.

Don Bosco le contestó: que sentía haberle disgustado tan gravemente; que él había expuesto algunas ideas y proyectos, creyendo que no
eran contrarios a sus deseos; pero que, desde luego, ((35)) retiraba cualquier frase que hubiese podido desagradarle; que se ponía
41

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totalmente en sus manos y le suplicaba dispensara, si de alguna manera y sin intención, le habiese ofendido.

El párroco, ante la inesperada respuesta, volvió a sentimientos más apacibles. Pidióle perdón por escrito; suplicó a don Bosco que
rompiese la desgraciada carta; rogóle la olvidase, como si no hubiera sido escrita; ofrecióse a prestarle cualquier servicio que pudiera
necesitar, y mantuvo su palabra generosamente.

Otro distinguido eclesiástico remitió una carta a don Bosco, que por estar fuera de Turín, no pudo recibir. Aquél, al no tener
contestación, se enfureció creyendo que don Bosco no quería sostener con él relación epistolar. Y despotricaba en público, diciendo que
don Bosco era un orgulloso, un soberbio, y añadía:

-Si tal es el Superior de la nueva Congregación; ívaya usted a ver la clase de gente que deben ser los salesianos!

Y removía contra ellos distintas acusaciones, diciendo que esperaba una disculpa de don Bosco, ya que él le había escrito de su puño y
letra.

Don Bosco, advertido de sus habladurías, dirigió una carta a aquel señor, diciéndole que no esperase una justificación de su parte contra
las acusaciones que le hacía, porque se declaraba culpable de cuanto se le achacaba y de faltas aún mayores; sólo le rogaba, dado el
continuo peligro de todo hombre a morir de un momento a otro, que quisiera concederle su deseado y apreciado perdón, a fin de poder,
por lo que a él tocaba, presentarse tranquilamente ante el tribunal de Dios. Esta carta dejó confundido a aquel eclesiástico, el cual escribió
expresando gran arrepentimiento de sus groseras y calumniosas invectivas, y concluyó afirmando que no le quedaba más remedio que ir a
Turín, arrodillarse a los pies de don Bosco y pedirle perdón.

Tenía don Bosco toda la razón al repetir que, lo mismo al escribir que al hablar, siempre pierde quien devuelve injuria por injuria,
porque "sermo durus suscitat furorem", (una palabra hiriente aumenta la ira)1.

1 Prov. XV, 1.
42

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((36))

CAPITULO V

CONVERSACIONES INCONVENIENTES Y UNA LLAMA MISTERIOSA EN EL DORMITORIO -HABLADURIAS Y TEMOR
-DON BOSCO EXPLICA EL HECHO Y RECOMIENDA A LOS MUCHACHOS QUE NO SEAN REACIOS AL AVISO DE MARIA
SANTISIMA -EL AGUINALDO, LA LLAMA, LA VISITA A LAS CONCIENCIAS -COMO LA VIRGEN VE CUANTO QUIERE Y
ACOSTUMBRA A APARECERSE EN ESTE MUNDO -CANTO DE LA VIRGEN EN UNA VISION -EL BUEN EFECTO
PRODUCIDO ENTRE LOS ALUMNOS POR AQUELLA LLAMA -UN MOTIVO POR EL QUE DON BOSCO ATIENDE SIN
DESCANSO EN EL CONFESONARIO

DON Bosco no tenía en sus obras y trabajos más que una intención: la gloria de Dios y el bien de las almas. Por eso, no sorprende que la
Santísima Virgen le auxiliase en persona para cumplir sus ocupaciones y velar sobre los muchachos del Oratorio. En efecto, ningún
hombre inteligente puede negar que exista verdadera comunicación con el mundo suprasensible. Los fenómenos sobrenaturales,
verificados en gran número con el correr de los siglos, son acontecimientos tales, que caen bajo el dominio de la historia. Todo crítico
desapasionado tiene campo libre para examinarlos, discutirlos, aceptarlos y nosotros le remitimos al examen de cuanto expondremos.
Advertimos entre tanto que los prodigios, que se entrelazan con la vida del Venerable Juan Bosco, y sus palabras, tuvieron por testigos
durante este año a quinientos alumnos y con ellos sacerdotes, clérigos y otras personas de la casa.

Entramos, pues, en materia y decimos que realmente la Virgen continuaba prestando su generosa ayuda al Oratorio.

((37)) Don Juan Bonetti narra así en su crónica:

"Jueves 9 de enero de 1862. Hacia las nueve de la noche tres muchachos, Vallania, Sciolli y Finelli, fueron a acostarse antes de tiempo
a su dormitorio, el de San Luis, colocado en la parte nueva de la casa. Mientras contaban algunos chascarrillos (o mejor, sostenían una
conversación no muy loable) en vez de ir con los demás a las oraciones en común, oyeron una sacudida como de un terremoto y después
un ramalazo de fuerte viento que se acercaba. Y he aquí
43

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que, en una ventana del dormitorio, apareció sobre el alféizar una llamecita, a manera de globo de fuego. La ventana estaba cerrada y, sin
embargo, el globo la atravesó con un pequeño rumor. Pasó sobre sus cabezas y recorrió la sala de un extremo a otro. Paróse en el medio,
dejó de formar un solo globo y se dividió en muchas más llamas, que se repartieron a lo largo del dormitorio, el cual quedó por unos
instantes enteramente iluminado, hasta en los rincones. Al mismo tiempo oíase como el rumor del paso de un hombre que caminaba.
Después de un momento se unieron las llamas de nuevo en un solo globo, que se dirigió a la ventana y salió dejando espantados a los tres
muchachos, los cuales apenas pudieron respirar y se escondieron bajo las sábanas".

"Un caso tan extraordinario no pudo quedar oculto, y Vallania me lo contó, asegurándome la verdad del suceso poco honroso para él.
La noticia se propagó como un relámpago y circularon varios comentarios. Aquella misma llama resplandeciente, de vivísima y
extraordinaria luz, había sido vista por don Miguel Rúa y don Angel Savio al salir de una clase, pero creyeron que era un fuego fatuo. El
clérigo Provera, que se encontraba detrás de la casa en una terraza próxima a la ventana, la vio aparecer a la altura de casi dos metros
sobre su cabeza. Mientras la estaba observando, estallaba sin ruido en un gran haz de chispas, y, después de un enorme esplendor, se
encontró envuelto en densa oscuridad. Hubo quien ((38)) afirmó haber visto un globo de fuego sobre la habitación de don Bosco. Otras
versiones, aunque sin fundamento, de misteriosas apariciones corrían entre los alumnos, quienes, sobrecogidos de un santo temor,
deseaban que don Bosco explicase aquel hecho.

"Y don Bosco, el domingo por la noche, 12 de enero, explicó a todos los alumnos reunidos, estudiantes y aprendices, el acontecimiento
de aquella luz. Y lo describió y explicó en sus más nimios detalles. Después prosiguió:

"Este es el hecho: están presentes quienes fueron testigos, los cuales lo cuentan como yo os lo expuse. Agregaré que aquel globo pasó
del dormitorio a otra estancia, donde dejó noticia de que en aquel lugar de la casa se tenían malas conversaciones. No mucho después lo
vieron don Miguel Rúa, don Angel Savio y el clérigo Provera.

"Durante estos días hubo mucho alboroto entre los jóvenes a raíz de esta luz. Algunos preguntan: -De qué se trata? Acaso es el alma de
Martano que necesita nuestras oraciones? Otros decían: -Es acaso un bólido o una estrella errante? -Demos de lado a todas estas
preguntas; yo estoy en condiciones de descubriros la verdad. Y hela aquí: hay en casa ciertos corazones obstinados, que se resisten a la
gracia de Dios. Ellos han provocado sobre sí la cólera del Señor, que nos amenazaba
44

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con un singular castigo. María Santísima, que siempre se ha mostrado auxiliadora de esta casa, detuvo estos castigos mediante una
sensible señal, de la manera que hemos visto, limitándose a avisar bondadosamente a ésos que son de duro corazón.

"Yo os aseguro que, cuando considero el estado de algunos, lloro de pena. íDespués de tantos favores del cielo, contemplar a algunos
tan indiferentes, tan descuidados de su propia alma! Si éstos no se deciden a cambiar a tiempo y terminar de una vez con el pecado y
darse al Señor, tal vez no tendrán nunca en toda su vida la gracia de convertirse. Estén atentos estos tales, pues yo quiero darles un
consejo que es éste: si no quieren dejar el pecado, márchense de la casa, salgan pronto de ella; de otra forma, si les ocurre cualquier
desgracia, yo no tendré la culpa. Cada cual medite. Algunos han de hacer confesión general; otros tienen pecados callados en confesión
desde hace tiempo; otros tienen embrollos y siempre dicen ya haré, ya haré, pero nunca se ponen a ello con energía. Estos teman que no
les faltan motivos. Pero los que tienen la conciencia tranquila, no pasen miedo; yo puedo asegurarles que no les sucederá nada malo,
porque tenemos con nosotros a María Santísima que nos protege. Si escucháis cualquier ruido, si veis cualquier luz, no os asustéis si vivís
en gracia de Dios. ((39)) Hace poco tiempo tuvisteis una minuciosa visita a vuestro corazón y nadie se dio cuenta de ello. Mas, para los
buenos debe ser de gran consuelo y prenda de tranquilidad para su espíritu. Para los irreflexivos, en cambio, debe serles ocasión de serias
reflexiones.

"Decía uno hoy:

"-Yo quiero salir de esta casa; no me gusta vivir con estos sobresaltos.

"íBuen joven! Si la mano de Dios quiere arrastrarte a él no va a encontrarte en cualquier rincón de la tierra? Dice David: ``Si hasta los
cielos subo, allí estás tú; si en el séol (infierno) me acuesto, allí te encuentras; si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del
mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende''1.

"Entre tanto, mañana pedid todos al Señor y a la Virgen que nos concedan aquellas gracias que nuestra alma necesita. Yo le pediré por
el bien de mi alma y también por el de las vuestras. Ahora id a dormir y descansad bien".

Apenas terminó de hablar, el joven Vallania se acercó a mí (dice don Juan Bonetti) y me aseguró que la explicación de don Bosco
respondía exactamente a cuanto él había visto en el dormitorio.

"Muchos comentaban aquella frase: Hace poco tiempo tuvisteis una minuciosa visita a vuestro corazón y nadie se dio cuenta de ello;
y pensaban que evidentemente aludía a los aguinaldos repartidos algunos días antes, en los cuales cada joven estaba cabalmente definido
según su estado moral; así que el aguinaldo y la llama o globo eran como una sola cosa enderezada al mismo fin, o mejor, éste era
consecuencia de aquél. Así pensaban los muchachos mientras daban las buenas noches a don Bosco.

"Mientras marcharon los alumnos a dormir, una gran parte de los clérigos y algunos seglares rodearon a don Bosco para hacerle

1 Sal. CXXXIX, 8, 10.
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unas preguntas. Entre otras cosas le pidieron explicación de aquellas palabras suyas: el globo pasó de allí a otro lado, donde dejó noticia
de que allí no se hablaba muy bien.

"Pero don Bosco no quiso declarar nada, aunque dio a entender con palabras equívocas, que el globo había pasado propiamente a su
habitación y que allí él había sabido muchas otras cosas.

((40)) "Nos dijo después cómo suele aparecer la Virgen en este mundo. Tras habernos dado alguna prueba del profundo conocimiento
que poseía de la teología, explicándonos, como humanamente se puede, la visión intuitiva de Dios, por la cual los santos contemplando a
Dios como en un espejo, según su beneplácito, ven todo el pasado, el presente, el futuro, todos los puntos del universo, y por eso cómo
ellos también se encuentran en todas las partes del mundo, prosiguió diciéndonos que la Virgen, queriendo hallarse presente en cualquier
lugar particular, no tiene más que hacer un acto de voluntad de estar en aquel sitio y entonces se halla allí realmente. Ella se presenta por
lo general vestida conforme a la usanza del país en que quiere encontrarse; algunas veces aparece y da señal de su presencia local
mediante un emblema.

"Nosotros quedamos pasmados al oírle hablar tan bien y con tanta facilidad de cosas místicas, y algunos le preguntaron si él había
tenido y gustado alguna vez de semejantes visiones. Respondió que lo había aprendido en los autores. Como hay libros que tratan cosas
especulativas y que pertenecen más bien a quien desea llevar vida contemplativa, preguntóle don Miguel Rúa si había en casa jóvenes
para quienes fuesen adecuados tales libros. Don Bosco sonriendo le llamó curioso y añadió:

"-Los que podrían leer estos libros y ser capaces de comprenderlos, no se lo creen, porque si se estimasen en tanto íay de ellos!
Dios permitiría que fuesen humillados.

"Se le preguntó cómo arreglárselas para no volver atrás y conservarse en la virtud. El contestó:

"-Hacer lo que podamos; tenernos en nada ante el Señor y convencernos de que, sin El, no podemos hacer más que pecados".

Hasta aquí la crónica.

Fue probablemente en esta aparición cuando don Bosco oyó en sueños que María Santísima añadía algunas estrofas finales a la canción
de Silvio Péllico: "Tu corazón los ángeles".

Le parecía ((41)) que él mismo entonaba este cántico y que a él se unía un inmenso coro que lo continuaba hasta el fin con celestial
armonía.
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A me venite, o figli Venid a mí, hijos míos,
(Cosí Maria risponde) (La Virgen recomienda)
Chi tante preci effonde Al que a mí se encomienda
Respingere io non so. Jamás rechazaré.

Intorno a me stringetevi Estrechaos todos juntos
Siatemi sempre accanto, En mi regazo santo:
Vi copriró col manto, Os cubrirá mi manto
Difesa a voi saró. Y yo os defenderé

Cuando el coro acabó y se produjo en todo el recinto un profundo silencio, María Santísima elevó ella sola un canto de armonía y
dulzura inefable. Don Bosco guardó en la memoria el recuerdo de aquellos versos; más aún, si bien no quiso nunca descubrir otros
detalles de esta visión, confió a algunos de sus íntimos, que conservaba memoria escrita de ello por cuanto pudo. No podía haber ninguna
duda sobre la veracidad de su afirmación. Por esto, después de la muerte del siervo de Dios, examinando atentamente sus escritos, hemos
hallado uno, ya amarillento por el tiempo, que lleva escritas de mano de don Bosco nada menos que seis estrofas, con la misma métrica
que la citada canción de Silvio Péllico. Se diría que es una continuación, porque se entiende que es la Virgen quien sigue dando
entusiasmo y consejo a un fiel suyo.

Será éste el papel que nosotros buscábamos? Sea como fuere, lo reproducimos porque todo lo que pertenece a don Bosco es para
nosotros de gran valor.

Alma ambasciata, calmati, Alma angustiada, cálmate,
Labbro fedel tel dice; Te dice voz piadosa:
Tu vita avrai felice Tendrás vida dichosa
Se ascolti i detti miei. Con saberme escuchar.
Pace goder se brami Si es que la paz ansías
Al rio piacer fa guerra, Haz al placer la guerra
E tosto e cielo e terra, Y juntos cielo y tierra
Costanti amici avrai. Tus amigos serán.
Di gran saper non curati; No cuides saber mucho.
Cerca la scienza fida, Sólo es sabiduría
Quella che al ciel ti guida; La que al cielo te guía,
Sol questa é vero ben. Que es el supremo bien.
Religion sostengati La Religión te afirme:
Nei dubbi della vita; Cuando venga la duda, Se al ciel domandi aita Si a Dios pides ayuda
Sicura avrai mercé. No fallará tu pie.

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Quando dei giorni l'ultimo Y en el último día,
Verrá e in polve avvolto Cuando el cuerpo sucumba
Il corpo andrá sepolto, Y vuelvas a la tumba
Nè uom pi¨ pensa a te, Y nadie piense en ti,

Allor pieno di giubilo Tu espíritu en el júbilo
Perchè fu giusto e pio, Nadará eternamente:
Lo spirto andrà con Dio Por obrar rectamente
Godendo il vero ben. Con Dios serás feliz.

((42)) Y ahora reanudamos la crónica de Bonetti.

"El bien producido por la aparición de aquella llama en los jóvenes no se puede calcular. Muchos, que eran negligentes, se animaron,
hicieron confesión general, se determinaron a frecuentar los santos sacramentos. Aquella misma noche iban a porfía pidiendo a uno y otro
clérigo medallas para ponerse al cuello; y daban señal, los buenos de caminar con perseverancia y mayor fervor por el sendero de la
virtud, y los malos de enmendarse, como lo hicieron".

Mas este estímulo de conversión no hubiera producido todos sus saludables efectos, de no haber habido en don Bosco un conocimiento
sobrenatural de las conciencias.

"Salió, dice la crónica, uno de aquellos días del Oratorio con los clérigos Provera y Durando y entabló con ellos esta conversación:

"-Yo pensaba descargarme algo de la fatiga de confesar, invitando al teólogo Marengo que se presta muy gustoso, a venir
frecuentemente a confesar a los chicos: encargué de ello a don José Rocchietti. Pero qué hacer? Me di cuenta de los serios inconvenientes
que no podían advertir los dos excelentes sacerdotes. Entonces, de cuando en cuando, me vi forzado a llamar a mi habitación a ciertos
muchachos. Les preguntaba:

"-Y cuando vendrás a ajustar tus cuentas?

"Me contestaban:

"-Ya he ido el otro día con don José Rocchietti, o con el teólogo Marengo; hasta hice confesión general.

"-No obstante, dijiste esto y aquello?

"Se quedaban sin saber qué decir, y respondían:

"-Es cierto, no me atreví a confesarlo".

A esta nota de la crónica añadiremos nosotros:

Don Bosco estaba asistido por aquél de quien dice San Juan en su evangelio: Ipse enim sciebat quid esset in homine (pues él conocía lo
que hay en el hombre)1.

1 San Juan: II, 25.

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((43)
)

CAPITULO VI

RESPUESTA DE PIO IX A UNA CARTA DE DON BOSCO -RESCRIPTO PONTIFICIO PARA LAS INDULGENCIAS -CAPITULO
AÑADIDO AL REGLAMENTO DEL ORATORIO FESTIVO -ACEPTACION DE SOCIOS EN LA PIA SOCIEDAD:
CONFERENCIA SOBRE LA OBEDIENCIA -DON BOSCO COMENTA A LOS CLERIGOS UN VERSICULO DE SAN JUAN:
SATISFACCION QUE EXPERIMENTA QUIEN TRABAJA POR LAS ALMAS -DESACONSEJA A DON SERAFIN ALLIEVI
FUNDAR UNA CONGREGACION RELIGIOSA -SUS PALABRAS A LOS ALUMNOS: MODO DE PASAR BIEN EL
CARNAVAL: MEDIOS PARA SANTIFICARSE; AVISO PARA INMINENTES COMBATES ESPIRITUALES -DON BOSCO NO
QUIERE VER MUCHACHOS SOLITARIOS O SENTADOS DURANTE EL RECREO -DESCUBRE DESDE LEJOS LOS
OCULTOS JUGADORES DE DINERO -UNA BATALLA CON BOLAS DE NIEVE Y EL PERDON DE DON BOSCO

EL corazón de don Bosco latía con frecuencia al compás de Roma: a fines del 1861 había escrito una carta a Pío IX, de la que, a la par de
otras confidenciales, no conservó copia. Sus escritos eran siempre gratísimos al Sumo Pontífice por varias razones. En esta carta, pedíale
don Bosco algunos favores que le fueron otorgados inmediatamente con un rescripto adjunto a la siguiente carta, que, como el rescripto,
lleva la firma autógrafa del Santo Padre.

PIO PP. IX, SALUD Y BENDICION APOSTOLICA

Con verdadera alegría hemos recibido tu carta del 25 del pasado diciembre, escrita en nombre de muchos sacerdotes, clérigos y seglares
piadosos, y llena del obsequio y del afecto que tú y los referidos eclesiásticos y ((44)) seglares profesáis a Nuestra persona y a esta
Cátedra de Pedro. Sin duda tú mismo podrás fácilmente suponer con cuánta pena y tristeza de nuestro espíritu nos hemos informado
sobre la mortífera guerra que ahora ha sido declarada a nuestra santísima religión, especialmente en la desdichada Italia, por los hijos de
las tinieblas que, con libros pestilenciales, periódicos, centros escolares, dinero y otras funestas insidias y asechanzas de todo género, se
esfuerzan por apartar a las poblaciones de Italia del culto católico, hacerlas caer en perniciosísimos errores de toda suerte, corromperlas
de un
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modo miserable y, con malicia verdaderamente infernal, poner en peligro su eterna salvación.

Todavía, en tan gran angustia y en esta terrible conjura de los impíos contra la Iglesia Católica, nos resulta de gran consuelo
ciertamente, el ver con cuánta fortaleza y constancia nuestros Venerables hermanos Obispos, según lo exige su dignidad episcopal,
defienden valerosamente la causa, los derechos y la doctrina de Dios y de su Santa Iglesia y con cuánto celo tantos fidelísimos sacerdotes,
estrechamente adheridos a Nos y a sus Obispos, ardorosamente combaten las batallas del Señor y finalmente con qué filial amor se
glorían muchos pueblos fieles de ofrecer presentes a esta Sede Apostólica oponiéndose a los ataques de los impíos.

Así, entre las gravísimas penas que nos agobian, con verdadero alivio para nuestra alma, nos informamos por tu carta con cuánto celo
tú, oh amado Hijo, y dichos sacerdotes y seglares os preocupáis por procurar la salvación de los fieles y desenmascarar y deshacer las
insidias y errores de los enemigos. Por lo cual, mientras de todo corazón nos congratulamos contigo y con esos eclesiásticos y seglares, os
exhortamos a ti y a todos ellos a proseguir con celo cada vez más ardoroso defendiendo la causa de nuestra divina religión. Dirigimos,
además, fervientes súplicas para que tú y los tuyos elevéis continuas y fervorosísimas plegarias a Dios, rico en misericordia, a fin de que
se levante, defienda su causa y con su potentísima ayuna Nos asista y socorra a su Iglesia.

Por el rescripto adjunto sabrás con cuánto gozo Nos condescendemos con todos tus deseos.

Finalmente os damos la bendición apostólica a ti y a todos los eclesiásticos y seglares mencionados, como augurio de todas las gracias
celestiales y prenda de nuestra singular benevolencia hacia vosotros.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 13 de enero de 1862. Año decimosexto de nuestro Pontificado.

Pío PP. IX.

Al querido hijo Sacerdote Juan Bosco -Turín 1.

1 PIUS P.P.IX

DILECTE FlLI, SALUTEM ET APOSTOLICAM BENEDICTIONEM

Tuas libentissime accepimus litteras VII Kalendas huius mensis datas, et multorum quoque istorum Sacerdotum, Clericorum et
Laicorum fidelium nomine scriptas, ac singularis Tui et eorumdem ecclesiasticorum hominum et fidelium erga Nos et hanc Petri
Cathedram obsequii et amoris plenas. Ac per Te ipse vel facile intelligere potes, Dilecte Fili, quanto animi Nostri dolore vel moerore
potius, noscamus teterrimum sane bellum sanctissimae nostrae religioni in infelicis Italiae praesertim regionibus, a tenebrarum filiis nunc
illatum qui pestiferis liberis, ephemeridibus, scholis ac pecuniae vi, aliisque nefariis omnis generis insidiis, et artibus, Italiae populos a
catholico cultu avellere, illosque perniciosissimis quibusque erroribus inficere ac miserandum in modum corrumpere, et in summum
aeternae salutis discrimen adducere, diabolica prorsus malitia, connituntur. In tanta vero acerbitate, tantaque contra Catholicam Ecclesiam
impiorum hominum conspiratione, non mediocri certe utimur consolatione videntes quanta fortitudine et constantia Venerabiles Fratres
Sacrorum Antistites, pro Episcopali munere, Dei Ejusque Sanctae Ecclesiae causam, jura, doctrinam strenue defendunt, et quanta
alacritate tot fidelissimi Sacerdotes Nobis et suis Episcopis firmiter adhaerentes, impavide praeliantur praelia Domini, et qua filiali et
egregia pietate tot fideles populi Nos et hanc Apostolicam Sedem prosequi et impiorum hominum conatibus obsistere gloriantur.

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((45)) El rescripto acompañado con la petición hecha por don Bosco, era el siguiente:

Beatísimo Padre,

El sacerdote Juan Bosco, Director del Oratorio San Francisco de Sales en Turín (Piamonte), postrado a los pies de V.B. suplica le sean
concedidos los siguientes favores espirituales:

((46)) 1.° Celebrar las tres misas de la media noche de Navidad y distribuir la comunión a quienes participan en esta solemne función,
AD SEPTENNIUM, (para siete años).

2.° Indulgencia plenaria a quien en tal ocasión se acercare a los santos sacramentos de la confesión y comunión.

3.° La misma indulgencia una vez al mes, cuando los jóvenes reciban los santos sacramentos y hagan el ejercicio de la Buena Muerte.

4.° Indulgencia plenaria in articulo mortis para los jóvenes ACTUALMENTE MORADORES de esta casa y para los ACTUALES
bienhechores de la misma.

Que, de la gracia etc.

A su Santidad Pío PP.IX

Pro gratia serv. servandis.

PIUS PP. IX

N.B. Las palabras en mayúsculas fueron añadidas por el mismo Pío IX en la súplica arriba expuesta.
Don Bosco comunicaba a sus muchachos, aún externos, las benignas concesiones de la santa Sede y ellas le brindaban la ocación de
añadir a la segunda parte del Reglamento del Oratorio festivo un

Hinc inter maximas quibus premimur acerbitates non levi certe animi Nostri solatio ex eisdem Tuis Litteris intelleximus quo studio Tu,
Dilecte Fili, una cum memoratis ecclesiasticis et laicis viris istic omnem operam in fidelium salute tuenda, et in inimicorum hominum
insidiis, et erroribus detegendis ac profigandis impendere, non desinas. Dum vero Tibi, et eisdem ecclesiasticis laicisque viris summopere
gratulamur, animos Tibi et illis addimus, ut majore usque alacritate in divinae nostrae religionis causa propugnanda omne a Te et ipsis
ponatur studium. Optamus autem vehementer, ut a Te et ab illis ferventissimae diviti in misericordia Deo, sine intermissione, adhibeantur
preces, ut exurgat et judicet causam suam, ac praesentissimo suo auxilio adsit Nobis, adsit Ecclesiae suae. Jamvero ex Rescripto heic
adiecto nosces quam alacri libentique animo Tuis votis annuerimus. Denique caelestium omnium munerum auspicem, et praecipuae
Nostrae benevolentiae pignus, Apostolicam Benedictionem effuso cordis affectu Tibi ipsi, Dilecte Fili et commemoratis ecclesiasticis
laicisque viris peramanter impertimus.

Datum Romae apud S. Petrum die 13 Januarii, Anno 1862. Pontificatus Nostri Anno Decimo sexto.

PIUS P. P. IX

Dilecto filio Praesbytero Ioanni Bosco
Augustam Taurinorum.

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capítulo, en el cual ratifica las prácticas religiosas ya en uso durante la Semana Santa y el mes de mayo 1.

((47)) La carta del Pontífice fue leída a todos los socios de la Pía Sociedad, quienes, en enero de 1862, incluído don Bosco, sumaban
treinta y ocho, unidos in Domino: es decir, cinco sacerdotes, veintiocho clérigos y cinco laicos.

Fueron propuestos seguidamente dos óptimos postulantes para su admisión al término del año de prueba, de los cuales se lee en las
actas del Capítulo:

El día 20 de enero de 1862 el Capítulo de la Sociedad de San Francisco de Sales, reunido por su rector don Bosco, verificó con las
acostumbradas formalidades, la aceptación del subdiácono Bartolomé Fusero, de Caramagna, hijo de Clemente, y del clérigo Pedro
Racca, de Volvera, hijo de Santiago. Habiendo obtenido ambos los votos favorables, fueron admitidos en la Sociedad.

Después de la votación, narra la crónica de Bonetti:

"Don Bosco habló de los votos. Dejando de lado la pobreza y la castidad, hizo unas consideraciones sobre la obediencia.

"La obediencia es ``Voluntas prompta se tradendi ad ea quae pertinent ad Deifamulatum''(una voluntad pronta para entregarse a lo que
pertenece al servicio de Dios). Esta definición concuerda con la de devoción. Nosotros necesitamos que cada uno esté dispuesto a realizar
grandes sacrificios de voluntad: no de salud, ni de dinero; no de mortificaciones y penitencias, ni de privaciones extraordinarias en la
alimentación, sino de voluntad. Por esto cada uno debe estar dispuesto, lo mismo a subir al púlpito, que a ir a la cocina; a dar clase

1 Prácticas particulares de piedad cristiana

1. Una importante práctica de piedad es la comunión, que el Sumo Pontífice ha concedido recibir en la noche de Navidad. Obtuve
facultad para celebrar las tres misas consecutivas, para recibir la sagrada comunión con indulgencia plenaria, aplicable a las almas del
purgatorio y a quien se acerca a confesar y comulgar. Precede la solemne novena con la bendición del Santísimo Sacramento. En aquella
noche, así mismo, todos pueden tranquilamente cenar o tomar la colación y después prepararse para la santa comunión. La razón es,
porque es necesario estar en ayunas desde la media noche en adelante y tal comunión se hace después de medianoche.
2. En los últimos días de la semana santa se celebran los divinos oficios y se hace el Monumento. El jueves, a las cinco de la tarde, si el
tiempo no lo impide, irán todos procesionalmente a visitar los Monumentos. Después tendrá lugar la tradicional ceremonia del lavatorio
de los pies.
3. Así mismo se hacen especiales prácticas de piedad durante el mes de mayo en honor de María Santísima y durante la última semana
de dicho mes tendrá lugar la exposición de las cuarenta horas con la indulgencia plenaria aplicable a las almas del purgatorio y un
octavario que servirá como clausura del mes.
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que a barrer; a enseñar el catecismo o rezar en la iglesia, que a asistir en los recreos; a estudiar tranquilo en su celda, que a acompañar a
los jóvenes de paseo; lo mismo a mandar que a obedecer. ((48)) Trabajando con tales disposiciones de ánimo, tendremos la bendición de
Dios, porque seremos verdaderos y fieles discípulos y siervos suyos. Pide acaso el Señor, decía Samuel a Saúl, holocaustos y víctimas o
más bien que se obedezca su voz? Melior est enim obedientia quam victimae; et auscultare magis quam offerre adipem arietum (Mejor es
obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros). Debemos por tanto escuchar y seguir con generosidad la voz del
Superior que representa a Dios y la voz del deber. Siguiéndola, lograremos el objetivo de nuestra vocación, ganaremos muchos méritos y
salvaremos nuestras almas y las de los demás".

Con frecuencia volvía él a hablar del tema de la obediencia, llamando la atención sobre el gran premio que aguarda a los religiosos
obedientes, aun en esta tierra; esto es, la suerte de poder salvar almas.

Y sigue la crónica de Bonetti:

"Se encontraba don Bosco el 23 de enero por la mañana con sus clérigos reunidos para recitar algunos versículos del sagrado texto en la
clase que se tiene todos los jueves, cuando se detuvo ante las palabras de San Juan qui facit veritatem venit ad lucem (el que obra la
verdad, va a la luz) 1 y, entre otras cosas que dijo, desarrolló este pensamiento:

"-Afortunado el clérigo que ha saboreado cuán dulce es trabajar por la salvación de las almas. Ya no teme al frío, ni al calor; al hambre,
a la sed; a los disgustos o a las afrentas, ni siquiera a la muerte. Todo lo sacrifica con tal de ganar almas para Dios. Qui facit veritatem
venit ad lucem. El que obra el bien llega muy pronto a contemplar la luz. Probadlo y lo veréis".

Mientras don Bosco trataba de verter su espíritu en el alma de los clérigos, cierto número de los cuales no pertenecía a la Pía Sociedad,
llegó al Oratorio y permaneció en él unos días, don Serafín Allievi, hombre docto, impregnado de celo sacerdotal, verdadero apóstol de la
juventud, que realizaba en Milán un inmenso bien, dirigiendo el Oratorio de San Luis. Don Bosco, ((49)) que había sido su huésped el
año 1850, lo recibió con todos los honores y una noche le invitó a hablar a todos los jóvenes, después de las oraciones.

Allievi tenía el proyecto de fundar un internado para muchachos

1 Jn. III, 21.
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necesitados de albergue; y, para guardarlos y educarlos, dar comienzo a una Congregación religiosa. Pidió consejo para ello a don Bosco,
el cual, conocedor de las graves dificultades de semejante empresa, le preguntó si contaba de algún modo, para sí y para su seguridad, con
alguna señal o invitación sobrenatural que le garantizase la voluntad de Dios. Allievi le constestó que no; y entonces don Bosco le
disuadió de tal tentativa y le animó a continuar incansablemente su primitiva obra. Allievi agradeció complacido el consejo; pero, no
obstante, intentó convertir en realidad sus ideales, aunque no logró gran cosa.

Habíale confiado las palabras de don Bosco al sacerdote Francisco Rainoni, ahora (1908) al servicio del Santuario de Nuestra Señora en
Treviglio, quien se lo comunicó después a don Juan Garino.

Pero don Bosco, que contaba con las promesas divinas, no descuidaba un instante para que sus alumnos se hiciesen dignos de ellas.

"El 22 de enero, estando en la tribuna después de las oraciones de la noche, le preguntó un clérigo cómo pasar bien el carnaval y él
respondió: 1.° Todo lo que hagáis durante este tiempo, dirigidlo a honor y gloria de María. 2.° Todo lo que ofrezcáis para gloria de María,
ofrecedlo también en sufragio de las almas del purgatorio.

"Dijo después muchas cosas, anota Bonetti, que no tengo tiempo de escribir y anunció la muerte de Luis Bianciotti, de Cantalupo, de
diecisiete años, acaecida el 21 de enero en el hospital de San Juan".

"En los días sucesivos, encontrándose en un corro de muchachos, les dijo:

"-Queréis haceros santos? íAtentos! La confesión es la cerradura; la llave, la confianza con el confesor. Este es el medio para entrar en
las puertas del paraíso.

((50)) "En otra ocasión dijo: -Dos son las alas para volar al cielo, la confesión y la comunión.

"En otra circunstancia susurraba al oído de uno:

"-Valor amigo mío, el tiempo de la prueba está próximo.

"Esto era suficiente para que los mismos muchachos, prevenidos, se diesen cuenta de los lazos preparados por el hombre enemigo".

No toleraba que durante el recreo hubiera algunos separados de los demás compañeros, ni permitía que hubiese bancos para sentarse.
Un día, nos refirió en el año 1905 el presbítero Anglois, en aquel tiempo estudiante en el Oratorio y después sacerdote y capellán en las
cárceles de mujeres de Turín, tres alumnos se habían sentado durante
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el recreo sobre un grueso tablón que debía servir para una construcción. Don Bosco se acercó y les dijo con mucha amabilidad:

-Uno a uno sois tres muchachos estupendos, pero juntos sois tres pícaros.

Y aquellos corrieron a hacer recreo.

Tenía un oído especial para la asistencia. Estaba ordenado que el dinero enviado por los familiares fuese entregado al Prefecto, para
administrarlo prudentemente, según las necesidades y deseos del dueño. Era una medida razonable para evitar muchos desórdenes. "Pues
bien, el 31 de enero, -es la crónica de Bonetti quien habla-don Bosco paseaba después de comer bajo los pórticos, en compañía de unos
jóvenes, cuando de repente se detuvo, llamó al diácono Juan Cagliero y le dijo en voz baja:

"-Oigo dinero que suena, pero no sé dónde se juega. Anda, busca a estos tres jóvenes (y dijo sus nombres), los hallarás jugando.

"Yo me puse a buscarlos, contaba el mismo Cagliero, por uno y otro lado, sin conseguir dar con ellos; cuando de pronto, vi aparecer a

uno de los tres. Al punto le pregunté:

"-De dónde vienes, dónde te habías metido? Hace tiempo que te buscaba sin encontrarte.

"-Estaba en tal y tal lugar entretenido.

"-Qué hacías allí?

((51)) "-Jugaba a los bolos.

"-Con quién?

"-Con N. y con R.

"-Jugabais dinero, verdad?

"El joven masculló unas palabras, pero no negó que en efecto jugaban dinero.

"Entonces me dirigí al lugar indicado, que estaba bastante escondido, pero no encontré a los otros dos.

"Continué buscando y llegué a saber con certeza que los tales, diez minutos antes, habían estado jugándose acaloradamente una buena

cantidad de dinero.

"Entonces comuniqué el resultado a don Bosco.

"Don Bosco contó al día siguiente que, en la noche precedente, había visto durante el sueño a aquellos tres jugando apasionadamente el

dinero".

Así terminaba el mes de enero, cubierto de hechos sorprendentes que, sin embargo, no habían impedido algún pequeño inconveniente,
como refiere entre otros el citado Anglois. Habiendo caído mucha nieve, estudiantes y aprendices construyeron con ella dos torres,
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que simulaban dos campos armados, uno contra otro: unos asaltaban las fortificaciones de los otros. Al principio fue una diversión inocua
que entretenía con gran satisfacción a los alumnos y se permitió. Mas, a la noche siguiente, destruyeron los estudiantes la torre de los
aprendices, los cuales, a la mañana, gritando por la traición, la reconstruyeron y establecieron centinelas. Los ánimos se encendieron con
espíritu batallador, tanto más cuanto que entre dos clases distintas de alumnos ocurre a veces que existe algún motivo o pretexto de
animosidad. Y he aquí que, a la mañana del tercer día, se armaron de palos los aprendices y corrieron al asalto de la torre de los
estudiantes, bien guardada por sus defensores, mientras llamaban las cornetas al combate. El asalto y la defensa eran furiosos. Las bolas
de nieve volaban por todas partes. Acudieron don Víctor Alasonatti, don Juan Anfossi, Buzzetti y Rossi: se lanzaron en medio del
tumulto ordenando deponer las armas. Hubo alguna resistencia para obedecer, pero al toque de la ((52)) campana, unos fueron a clase y
los otros a los talleres. Buzzetti, junto con varios empleados, se apresuró a deshacer las dos trincheras.

Los jóvenes entre tanto, reflexionando, habían reconocido su equivocación. Llegó el mediodía, y, reunidos estudiantes y aprendices, se
presentaron a don Bosco mientras bajaba a comer. Pidiéronle perdón, prometiendo ir al comedor en silencio y no volver a repetir
alborotos como el de aquella mañana. Don Bosco se detuvo a mirarlos.

Un superior que estaba a su lado insistía en que les diese un escarmiento y don Bosco le respondió:

-Pero no ves que piden perdón?

Y después de un momento de reflexión, añadió:

-Desde el momento en que han pedido perdón, basta. Sí, los perdono; vayan y guarden silencio en el comedor.

Y así se hizo.

Por la noche, don Bosco prohibió aquellas batallas y exhortó a todos a rezar con mayor fervor en las oraciones de la noche el Avemaría
por la paz en casa.
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((53)
)

CAPITULO VII

RECOMPENSA DEL SEÑOR A DON BOSCO POR SU EFICAZ DESEO DE INSTRUIR CRISTIANAMENTE A LOS
MUCHACHOS ESTUDIANTES -UN INTERNADO JUNTO AL ORATORIO -LA ESCUELA ELEMENTAL PARA EXTERNOS EN
VALDOCCO Y SU REGLAMENTO -CONCLUSION DE LAS ESCUELAS CATOLICAS DE PUERTA NUEVA: DON BOSCO VA
A IVREA PARA BUSCAR MAESTROS DE ENSEÑANZA ELEMENTAL; RECIBIMIENTO DEL OBISPO Y DEL CLERO -UNA
IMPRENTA EN EL ORATORIO DE SAN FRANCISCO DE SALES -DICTAMEN DEL CARDENAL PIE SOBRE LA MALA
PRENSA -TRAMITES DE DON BOSCO PARA CONSEGUIR DE LA AUTORIDAD ClVIL EL PERMISO DE INAUGURAR LA
TIPOGRAFIA -LECTURAS CATOLICAS: CARTA A LOS SUSCRIPTORES -DON BOSCO, EN NOMBRE DE LOS
TIPOGRAFOS, NOTIFICA A LOS BIENHECHORES EL NUEVO TALLER -FINES DE LA IMPRENTA DE VALDOCCO

LA caridad apostólica de don Bosco abrazaba con eficaz deseo de salvación a toda la juventud del mundo. Veía y preveía las asechanzas
que le preparaban y se extenderían después por escuelas heréticas, irreligiosas y deformadoras. Se lamentaba a menudo de ello con sus
colaboradores, les demostraba la necesidad de abrir muchas escuelas católicas, y suplicaba al Señor que le quisiera ayudar igualmente en
esta empresa. Dios le escuchó más de cuanto podía esperar. Nosotros le veremos, sin transcurrir muchos años, fundar casi un millar de
escuelas para niños y niñas, por su iniciativa, en Europa y América; por su indicación en Africa y en Asia, con un maravilloso despertar
de fe en ((54)) el pueblo, como al presente lo atestiguan continuamente las primeras autoridades de aquellos países.

Quién hubiera podido soñarlo en 1862?

Fue el premio al celo de don Bosco, el cual, apoyado en las promesas de María Santísima, no había descuidado ninguno de los medios,
aun los más insignificantes a su alcance, para realizar el mayor bien posible a toda clase de jóvenes con el fin primordial de
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la instrucción religiosa. Además de las primeras clases elementales en los Oratorios festivos y en el Internado, había comenzado, desde el
principio, a reunir en Valdocco un gran número de estudiantes de la ciudad en la vacación de los jueves. Preocupado por su formación,
recomendaba a las familias que los enviasen a colegios donde era segura la enseñanza cristiana; iba a verlos en las escuelas públicas,
cuyos profesores eran amigos suyos, para enseñarles la doctrina cristiana; admitía a cierto número de ellos para seguir regularmente el
bachillerato; para su mayor provecho reorganizaba el colegio de Giaveno; y más tarde establecía para ellos, durante los cuatro meses de
las vacaciones de verano, clases particulares de repaso y preparación para exámenes.

Había abierto en 1861 a sus expensas un internado para aquellos jóvenes que, por edad u otro motivo no podían ingresar en el Oratorio,
alojándoles en un apartamento de casa Bellezza, es decir, en la antigua Jardinera.

El maestro Santiago Miglietti, a quien se los había confiado, les acompañaba cada mañana a la vecina iglesia de San Francisco para
asistir, en los días festivos, a todas las funciones con los muchachos del Oratorio, y entre semana para escuchar la santa misa celebrada
aparte. Durante el día, les daba clase en la sala de al lado de la portería, junto con otros chicos que andaba reuniendo por los alrededores.
Por la noche, acudían presurosos a él muchos jóvenes de la población para aprender a leer, escribir y hacer cuentas.

La clase elemental nocturna y diurna contaba dieciséis años de vida y producía ya considerables y buenos frutos, mientras don Bosco
((55)) había redactado poco a poco y practicado un reglamento que, al fin y después de muchos años, imprimía. Debía servir de norma
para las escuelas de todos los futuros oratorios festivos, y se añadió al de Valdocco con el título de: Tercera parte: De las escuelas
elementales diurnas y nocturnas 1.

En el año 1862, después de serias dificultades y oposiciones, logró implantar unas modestas escuelas católicas en la avenida de Víctor
Manuel de Turín, para contrarrestar a las escuelas protestantes. En diciembre de 1857 había presentado don Bosco este proyecto en la
reunión general de las conferencias de San Vicente de Paúl y, de vez en cuando, se había trasladado a Ivrea para consultar sobre esta
empresa al Obispo Monseñor Moreno.

Léese en la crónica de Bonetti:

1 Véase el Apéndice n.° 1.
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"Don Bosco marchó a Ivrea el día 18 de febrero para arreglar con el Obispo el personal destinado a las escuelas católicas, próximas a
inaugurarse, pues estaba aquella diócesis abastecida de excelentes maestros. Permaneció cuatro días, aunque tenía intención de detenerse
poco, lo que no le fue posible. El Obispo disfrutaba tanto con su compañía que no le dejaba marchar y siempre ponía dificultades a sus
prisas: El viernes por la mañana estaba resuelto a regresar a toda costa a Turín y así lo hizo. Preguntó al Obispo cuánto tiempo se
necesitaba para llegar a la estación y le respondió:

"-íUn cuarto de hora!

"-Entonces es hora de partir, observó don Bosco.

"-Nos quedan todavía cinco minutos, respondió Monseñor, déjeme gozar a su lado este breve instante.

"Al salir don Bosco de la estancia del Obispo estaban esperando para hablarle muchos sacerdotes, párrocos, y vicepárrocos, entre los
cuales el canónigo Tea, pero él no tenía tiempo para detenerse. Entonces cada uno se las apañó para poder hablarle ((56)) durante el
trayecto del domicilio del Obispo hasta la estación. Cinco o seis, no satisfechos, sacaron billete y subieron al tren, con el único fin de
conversar con él, y le acompañaron hasta Chivasso".

Pero don Bosco no había tratado con el Obispo solamente de las escuelas, sino también de una tipografía para ediciones de clásicos
griegos, latinos e italianos y de diccionarios expurgados de todo lo que podía dañar a las buenas costumbres: y especialmente de las
Lecturas Católicas y la divulgación más rápida de buena prensa para el pueblo.

El Obispo y don Bosco eran de la opinión del Cardenal Pie, el cual escribía: "Cuando una población, aún la más devota y asidua a la
iglesia y a la predicación, no lee más que periódicos malos, en menos de treinta años se convierte en un pueblo de impíos y
revolucionarios. Humanamente hablando no hay predicación alguna que valga contra la fuerza de la mala prensa".

Don Bosco, durante once años, había soñado con la idea de una tipografía de su propiedad, y en los últimos meses de 1861, su sueño
era realidad. En septiembre encomendó al maestro Miglietti cambiarse con sus alumnos de la sala contigua a la portería del patio, a un
salón de la planta baja, por la parte de levante, en la casa comprada a los señores Filippi. Y en el local desalojado emplazaba dos
máquinas viejas manuales, más una prensa comprada de ocasión; y los cajones con sus cajetines para los caracteres tipográficos, trabajo
de los carpinteros de la casa. Y repetía a sus muchachos:
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-Ya veréis, tendremos una imprenta, dos imprentas, diez imprentas. íYa veréis!

Parecía que estuviera contemplando las de Sampierdarena, Niza, Barcelona, Marsella, Buenos Aires, Montevideo y otras ciudades.

Mientras tanto redactaba la siguiente instancia al Gobernador de la provincia de Turín.

((57)) Ilustrísimo Señor:

El sacerdote Juan Bosco, Director del Oratorio de San Francisco de Sales, expone respetuosamente a Vuestra Señoría que, habiendo
aumentado el número de muchachos internos de esta casa, interesaría enseñar alguna otra profesión más de las que ya funcionan de
carpintero, sastre, zapatero y encuadernador de libros. Parece que resultaría de provechosa utilidad instalar una pequeña imprenta.

A tal fin, recurre a V.S. Ilma. pidiendo ser autorizado:

1.° Para montar en esta casa una imprenta con el nombre de Tipografía del Oratorio de San Francisco de Sales.

2.° Considerando la finalidad de esta pequeña tipografía, exclusivamente benéfica, y la escasez de medios y de trabajos a los que se
debe restringir, permita que se abra en la casa del Director del mismo Oratorio.

3.° Antes de comenzar los trabajos tipográficos, el solicitante se compromete a contar con una persona del oficio que pueda garantizar
los trabajos que deberán realizarse. Puesto que esta pequeña imprenta tiende a dar ocupación y beneficiar a los jóvenes más pobres y más
abandonados de la sociedad, el firmante, confiado en su reconocida bondad, espera que su petición será acogida benigna y
favorablemente mientras con la mayor estima tiene el honor de profesarse de V.S. Ilma.

Turín, 26 de octubre de 1861.

Seguro servidor

JUAN BOSCO, Pbro.

El Gobernador, encargaba contestarle así:

División VI, N.° 2725

Turín, 29 de octubre 1861.

En nombre de la ley del 13 de noviembre de 1859 no puede concederse permiso para instalaciones de imprentas, litografías, etc., más
que a aquellas personas que, además de las condiciones prescritas por los artículos ciento veintiocho y ciento veintinueve de dicha ley,
hayan realizado tres años de prácticas junto a un tipógrafo, litógrafo, etc., aprobado por el Gobierno y hayan obtenido de él un certificado
de aptitud en el arte, y que las tipografías, litografías, etc., se coloquen en lugar público.

Por consiguiente, para obtener la autorización solicitada por don Juan Bosco, director de la institución denominada Oratorio de San
Francisco de Sales para una imprenta en aquel Instituto, es necesario que la petición sea hecha por persona que posea las cualidades
establecidas por la citada ley y que el local, donde se pretenda

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funcione dicha imprenta, sea emplazado de conformidad con lo prescrito por la misma ley.

P. el Gobernador
VIANI
((58)) Don Bosco contestaba al Gobernador pidiendo autorización para ser él mismo el titular legal de la imprenta. Tendía siempre a
concentrar toda supremacía en el Superior.

Ilmo. Señor:

Según su carta del 29 de octubre pasado, V.S. Ilma. autorizaría la fundación de una tipografía bajo el título de Tipografía del Oratorio,
en favor de los muchachos internos en esta casa, con tal de que la petición fuese hecha a nombre de una persona aprobada en el arte, y
que el local tuviese acceso al público.

La segunda condición se acepta sin reservas. Haría sólo un respetuoso ruego, a fin de que, por vía de favor, fuese modificada la
primera, permitiendo que fuese abierta a nombre del Director de esta casa, el cual se comprometería a presentar una persona práctica y
titulada en este oficio, cuando se hayan concluido los preparativos y se deban empezar los trabajos tipográficos. Así me han informado se
acostumbra a hacer en Génova en el establecimiento de Sordomudos y en la Obra de los Artesanitos y lo mismo en el Pequeño Asilo de la
Caridad de Monza.

El gravamen que sobrevendría abriéndolo a nombre de un tercero y la incertidumbre de su duración, más el mayor jornal que asignar al
jefe de la tipografía, son dos cosas que harían incierta la ventaja moral de los muchachos y nulo el beneficio material.

Confiando en su reconocida bondad y con la máxima estima, tengo el honor de profesarme,

De V.S. Ilma.

Turín, 18 de noviembre, 1861.
Atto. S.S.
JUAN BOSCO,
Pbro. Director.

El conde José Pasolini, senador del Reino, Gobernador de la Provincia, contestaba a don Bosco dándole normas para llevar a cabo la
cuestión. Y don Bosco le escribía:

Ilmo. Señor:

Después de la última carta de V.S. Ilma., referente a la pequeña tipografía, creo que todo está de acuerdo con su prudente y legal
parecer de la forma siguiente:

1.° La puerta está abierta al público. 2.° Tendrá el título de: ((59)) pografía del Oratorio de San Francisco de Sales. 3.° Se abrirá bajo la
dirección del señor Andrés Giardino, cuya documentación se adjunta, pero de la propiedad del sacerdote Juan Bosco, director del
mencionado Oratorio. Lleno de confianza en su reconocida bondad, espero pronto efectuar lo anteriormente expuesto, para proporcionar
pan y

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trabajo a una parte de los pobres jóvenes internados en esta casa. Con los sentimientos de la más profunda gratitud tengo el honor de
profesarme,

De V.S. Ilma.
Atto. s.s.
JUAN BOSCO, Pbro.

El permiso para abrir una tipografía quedaba finalmente otorgado con la firma de dos señores, que habían participado en los registros
del Oratorio, el año 1860.

N.° Prot. Gen. 3472
El Gobernador de la Provincia de Turín.

Vista la demanda del Reverendo Señor don Juan Bosco, del 26 del presente pasado de octubre, solicitando obtener permiso para abrir
en la casa denominada Oratorio de San Francisco de Sales, un taller de tipografía bajo la dirección material del señor Andrés Giardino;

Vista la documentación de este último para el indicado fin, presentada en esta Oficina de Gobernación por mediación del citado don
Bosco, con fecha 27 del corriente diciembre;

Vistos los artículos ciento veintiocho y ciento veintinueve de la ley de S.P. 13 noviembre 1859;

Hemos acordado conceder y concedemos al señor don Bosco, antes mencionado, la autorización para abrir en su citada institución un
taller de imprenta, sirviéndose de la ayuda del también nombrado señor Andrés Giardino, lo que se ajusta exactamente a las
prescripciones del artículo ciento veintiocho de la ley de 13 de noviembre de 1859.

Turín, 31 de diciembre, 1861.

P. el Gobernador
RADICATI
31 diciembre 1861: Visto y registrado en la Jefatura de Policía de Turín.

El jefe
CHIAPUSSI

((60)) OFICINA DE LA SEGURIDAD PUBLICA -SECCION BORGO DORA.

Turín, 2 enero de 1862.

M.R. Señor:
En relación con la anterior, me cabe el honor de transmitirle el permiso para abrir un taller tipográfico, con el número tres mil
cuatrocientos setenta y dos del Prot. General de la Oficina de Gobernación y número seis mil trescientos setenta y tres de la Oficina de la
Jefatura de Policía.

Una indicación suya a la presente equivaldrá a recibida.

Tengo el honor de suscribirme de V.S.M.R.

El Inspector
ABOGADO TUA

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Mientras se hacían los trámites ante las autoridades del Reino, preparaba Paravía el tomo de las Lecturas de febrero titulado: La joven
siberiana o el amor filial, por Javier de Maistre: Traducción libre. Narra la historia de una jovencita que partió de Siberia a pie, caminó
hasta San Petersburgo 1 y consiguió alcanzar gracia para su padre condenado a destierro perpetuo.

En un saludo a los suscriptores, leíase en la portada del libro.

A los suscriptores y lectores de las Lecturas Católicas

Con el tomo que publicamos el próximo mes de marzo, las Lecturas Católicas cumplen su décimo año de vida.

Esperamos que nuestros amigos continuarán apoyándonos con sus ayudas y consejos; y que nuestros lectores proseguirán también
favoreciéndonos. La nuestra es una obra moral en toda la extensión de la palabra; el bien que de ella esperamos es totalmente para
beneficio de la religión y de la sociedad.

Ajenos a todo partido y a todo principio, que no sea rigurosamente católico, nada debemos temer de los adversarios y lo esperamos todo
de los buenos. De éstos solamente imploramos ayuda para la mayor difusión posible de nuestros opúsculos; en ellos ponemos toda
nuestra confianza por creer que querrán emplearse con todo celo, a fin de que los sanos principios de la religión católica y de la moral
sean propagados cada vez más en el pueblo. Tanto más, que sólo se trata de dar a conocer y propagar con pequeñísimo gasto libros, que,
ya sea bajo el aspecto de lecturas amenas, ((61)) ya sea como instrucciones católicas, ya sea como consejos y ejercicios religiosos, pero
siempre morales, van destinados a formar al pueblo, el cual, ansioso de saber, con frecuencia corrompe su corazón y su espíritu con libros
inmorales, tan sólo porque desconoce o no puede conseguir libros buenos.

Ojalá que estas breves palabras y el pequeño sacrificio que pedimos, produzcan el fruto que deseamos para gloria de Dios y bien de
nuestro prójimo...

Las suscripciones se reciben en Turín, en la oficina de la calle Santo Domingo número once. Los giros postales deben ser dirigidos
únicamente al Director de las Lecturas Católicas.

Las siguientes Lecturas Católicas, todavía fueron editadas por Paravía.

En marzo: Los huérfanos hebreos, traducción del francés, con algunas canciones para la fiesta de la Santa Infancia.

Entre estas canciones hay algunas de Silvio Péllico para la festividad de la Invención de la Santa Cruz, día aniversario de la fundación
de la Obra, y para la fiesta de san Francisco Javier, protector de la misma Obra.

La narración trata de dos jóvenes, hermano y hermana, convertidos

1 La antigua San Petersburgo, capital del Imperio Ruso en 1713, se llamó Petrogrado de 1914 a 1924. La URSS la llamó Leningrado.

(N. del T.)
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a la fe, hostigados por sus vengativos correligionarios y finalmente hechos dignos de la gracia del bautismo.

Para el mes de abril: El huérfano de Fenelón o sea los efectos de una educación cristiana. Las normas fundamentales de esta educación
están sacadas del Padrenuestro.

Para los meses de mayo y de junio: Diario Mariano, o estímulo a la devoción de la Virgen María en cada día del año, por un devoto
suyo.

Dice el autor anónimo: "Me decidí a redactar este librito inmensamente agradecido a la Santísima Virgen por las especiales gracias y
favores obtenidos mediante su poderoso patrocinio en gravísimas circunstancias de mi vida. Acaso no es justo que, habiendo sido tan
favorecido por Ella, también yo me dedicase con todas mis fuerzas a hacerla honrar y amar por los demás?".

((62)) El opúsculo comienza con unos breves rasgos de la vida de María Santísima; cada día lleva como consigna una jaculatoria
siempre distinta; un obsequio para obtener el auxilio de la Madre celeste en favor de las diversas clases de personas; una máxima sacada
de los Santos Padres en su honor; sus fiestas, apariciones, santuarios, gracias a los pueblos, victorias sobre las herejías y variadísimas
prácticas de devoción con las cuales veneraron a la Virgen bendita los Papas, los santos, y grandes y célebres personajes. Nombra al
Cottolengo, a don José Cafasso, a Domingo Savio, a Miguel Magone; y esto descubre la mano de don Bosco.

El libro concluía con esta recomendación: "Rezad una Avemaría por el recopilador de este librito mariano y por todos los que
cooperaron con él para que puedan alcanzar el perdón de sus pecados, ser siempre devotos de María y después ser admitidos un día a
gozar de la eterna felicidad con María en el cielo".

Entre tanto, se inauguró la tipografía del Oratorio. Andrés Giardino fue el primer jefe o encargado. Varios jóvenes, destinados, unos a
cajistas y otros a impresores, aprendieron con vivo interés su oficio y no tardaron en llegar a ser hábiles obreros. José Buzzetti los tuvo
por más de un año bajo su custodia y luego se encargó de la vigilancia y dirección el caballero Oreglia di Santo Stefano, mientras seguía
dependiendo de él el taller de encuadernación.

Dispuestas así las cosas, don Bosco se dio prisa a escribir una carta circular, en nombre de sus muchachos, comunicando a sus
bienhechores la inauguración del nuevo taller.
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Benemérito Señor:

Nosotros los jóvenes del Oratorio de San Francisco de Sales, con sumo placer, notificamos a V.S. benemérita, que se ha inaugurado en
la casa una imprenta, con el fin de dar trabajo a mayor número de nuestros compañeros. Estamos la mar de satisfechos de poder dedicar
los primeros trabajos del nuevo taller tipográfico para expresar la ((63)) profunda gratitud de nuestro corazón a nuestros bienhechores,
entre los cuales afortunadamente nos es dado contar con su respetable persona.

En esta ocasión hemos de notificarle una buena noticia que esperamos le agradará. El sumo Pontífice Pío IX, que ya en repetidas
ocasiones y de muchas maneras nos ha beneficiado, se ha dignado recientemente enviar su apostólica bendición con indulgencia plenaria
para el momento de la muerte a todos los bienhechores de esta casa y, por consiguiente, también a usted nuestro ínclito bienhechor.

Mientras tanto, dígnese continuar concediéndonos su beneficencia; y nosotros con una conducta buena y laboriosa seguiremos
estándole cada vez más agradecidos y reconocidos; y nunca olvidaremos los favores recibidos, antes bien, no dejaremos pasar un día sin
implorar sobre usted felices y abundantes bendiciones del cielo.

Persuadidos de que quiera aceptar bondadosamente estos nuestros sinceros sentimientos de gratitud, nos gozamos mucho de poder
profesarnos respetuosamente,

De V.S. benemérita

Sus seguros servidores,
y en nombre de todos
JUAN BOSCO, Pbro.

Turín, 1862 -Tipografía del Oratorio de San Francisco de Sales.

Los bienhechores se congratularon con él de palabra y por escrito, mas quién habría podido prever entonces que la minúscula imprenta,
con las dos ruedas girando a fuerza de brazo, se habría ampliado hasta tener a su disposición, además de cuatro tornos, doce selectas
máquinas, movidas sucesivamente a vapor, a fuerza de agua, de gas, de energía eléctrica, con la adjunta estereotipia, fundición de letras y
calcografía? Las enormes cantidades que la Providencia habría proporcionado a don Bosco para adquisición de materiales y para obras de
publicaciones que no podían ser compensadas con las ganancias? El número casi diríamos incontable de libros y folletos hasta en idiomas
extranjeros que se editaron aún en vida de don Bosco? Los trofeos señaladísimos, conseguidos en las principales exposiciones de Europa,
como por ejemplo en la Vaticana de Roma, la Italiana de Londres, la Internacional de Bruselas, la de Turín y otras más?
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((64))

CAPITULO VIII

ABJURACIONES DE VALDENSES EN MANOS DE DON BOSCO -SU DIALOGO CON LOS HEREJES: EL CULTO EXTERNO
-ASEGURA A LOS RECIEN CONVERTIDOS QUE LES PROVEERA DE LO NECESARIO PARA LA VIDA -PIENSA EN
COLOCAR A LOS HIJOS DE LOS MAS NECESITADOS, Y SU PRUDENTE CONDUCTA -LAS MOLESTIAS DIABOLICAS
ATORMENTAN A DON BOSCO -VUELVE A IVREA EN BUSCA DE ALIVIO EN AQUEL SUFRIMIENTO -EL ESPIRITU
MALIGNO CONTRA DON BOSCO Y SUS ALUMNOS -EFECTOS DE LAS ORACIONES -REMINISCENCIA DE LAS
ANGUSTIAS DE ESTOS DIAS

REANUDAMOS la crónica de Bonetti.

"Son muchas las familias protestantes que en estos días vuelven a la Iglesia verdadera. Don Bosco tiene frecuentes relaciones con un
ministro valdense que se llama Wolf, católico ya de corazón, pero que aún no ha hecho la abjuración. Viene de vez en cuando a visitarle
acompañado de sus correligionarios, que quedan convencidos de estar en el error con las explicaciones de don Bosco y abrazan
libremente la religión católica.

"Jueves 13 de febrero. -Recitábamos los clérigos los diez versículos del Nuevo Testamento y estaba don Bosco con nosotros; al llegar
las palabras de San Juan: Sed venit hora quando veri adoratores adorabunt Patrem in spiritu et veritate (pero llega la hora en que los
adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad) (IV, 23), nos hizo notar cómo los protestantes interpretan mal tales
palabras, tomando pie de ellas para excluir todo culto externo. Entonces nos contó cómo, hace cinco o seis días, los protestantes le habían
dado en una casa ((65)) de Turín un fuerte asalto. -Yo, dijo, comencé a preguntarles si sabían qué significaba in spiritu.

"Me contestaron: -Quiere decir que Dios es adorado con la pureza y fervor de los actos internos, no con las supersticiones como hacen
los católicos.

"Y llamaban mascaradas católicas a todo cuanto nosotros realizamos con el culto externo.

"-Si se tratase, les rebatí, de supersticiones y mascaradas, iríamos
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de acuerdo. Pero se trata de otra cosa. Vayamos adelante: Y en verdad qué significa?

"-Quiere decir que es preciso adorar a Dios con cosas reales y no vanas.

"Entonces yo dije:

"-Admitís, pues, que hay que adorar a Dios con cosas verdaderas y reales?

"-Sí, lo admitimos.

"-Mas estas cosas, verdaderas y reales, existen en el interior, en el espíritu?

"Un poco confusos los opositores me respondieron:

"-Si son cosas sensibles, materiales no pueden estar en lo interior.

"-Por consiguiente, repliqué, debemos decir que la palabra verdad indica también algo externo que se deba y pueda emplear en la
adoración de Dios. In spiritu et veritate manifiesta también una contraposición de ideas y de hechos, entre los ritos y las ceremonias
judaicas y los ritos del cristianismo. Aquellas palabras quieren significar que acabarían todas las ceremonias y ritos usados en los
sacrificios de la antigua ley, que eran otras tantas figuras de las ceremonias y de los ritos del sacrificio de la nueva; y que se emplearían
ritos reales, verdaderos, agradables a Dios. Leed el capítulo primero del evangelio de San Lucas y contemplaréis la celebración de un
magnífico sacrificio con todas las ceremonias, con todos los ritos externos; veréis el altar, el turíbulo, el incienso, etc. Son una figura, una
sombra de la misa solemne que era lo figurado, la realidad, la verdad. Leed el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles, y
encontraréis que ellos con los discípulos se reunían para orar juntos en el Cenáculo. Leed el capítulo ((66)) segundo de los mismos
Hechos y advertiréis que en aquel Cenáculo se ofrecía el sacrificio de la hostia santa y se repartía la comunión eucarística. Leed las
historias auténticas de los tres primeros siglos del Cristianismo y veréis que los cristianos, siguiendo las prescripciones apostólicas,
celebraban la santa misa con altares, ritos solemnes, cánticos de salmos; flores, incienso, lámparas encendidas. Si aún queréis más, leed el
capítulo cuarto y siguientes del Apocalipsis y veréis descrita una función sagrada con todos sus detalles, de tal manera que os parecería
contemplar un sacrificio tal y como se celebra en una de nuestras iglesias. Veréis el altar, el turíbulo, el incienso, los candelabros, las
luces, los vasos de oro llenos de perfumes, las coronas de oro, es decir, las mitras en la cabeza de los ancianos, las genuflexiones, los
cetros, los
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cantos, la procesión de los vírgenes vestidos de blanco: en suma, todo cuanto usa la Iglesia en sus ceremonias.

"Cuando terminé, se buscó entre aquellos protestantes el libro del Nuevo Testamento pero no tenían más traducción que la adulterada
por Diodati. No obstante, dejé que examinasen aquel libro hereje, porque estaba seguro de que encontrarían todavía cuanto era menester

para convencerles. Leyeron los capítulos citados y otros que yo les señalé, explicándolos; y después dijeron:

"-Aún no habíamos prestado atención a estos textos de la Sagrada Escritura.

"Y yo añadí:

"-Ahora decidme qué analogía tienen vuestros templos con el antiguo de Jerusalén. Tenéis en vuestro templo altar, tenéis turíbulo,

tenéis incienso, tenéis candelabros? Qué semejanza existe entre lo que vosotros hacéis para honrar a Dios con lo que hicieron los
Apóstoles y cumplen los mismos ángeles del cielo al adorar a Dios?

"-Ciertamente; nosotros no tenemos nada de cuanto vos decís.

"Entonces uno de ellos, que era Pastor Evangélico, concluyó:

"-Este es un punto digno de consideración.

"El diálogo, la especie de duda del Pastor, produjo ((67)) un duro golpe a la herejía, así que los protestantes en estos días se convierten
en gran número a la verdad.

"Hasta aquí don Bosco, el cual lleva entre manos un trabajo nuevo para confutar los errores de los valdenses.

"Pero no se conforma sólo con instrucciones y opúsculos. Invita a muchas familias menesterosas a volver a la Iglesia Católica, a
domiciliarse cerca del Oratorio, asegurándoles que no permitirá les falte nada de lo necesario para la vida. Y es algo maravilloso, porque
son incontables y grandiosos los otros gastos que debe hacer, ya sea para alimentar a cerca de quinientos setenta alumnos, ya sea para
construir nuevos edificios".

Añadiremos que también se cuidaba de colocar a los hijos e hijas de estas familias, cuando era necesario. En una carta a la marquesa de
Fassati escribe sobre una niña, recogida provisionalmente por una caritativa persona a la que le resultaba de peso y molestia.

Ilma. Señora Marquesa:

Hasta ahora estamos a la expectativa. Por lo que parece, no se trata de unos herpes, sino mas bien de sarna. Haga, pues, cuanto pueda
por esta pobre niña, Si no se la puede acoger en otro sitio, la recomendaremos al Cottolengo, donde creo será admitida fácilmente.
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Hoy no puedo ocuparme de este asunto, aunque allí esperan impacientemente verse libres de esta molestia. íPobre muchacha; si al
menos hubiese recibido ya el bautismo!

Que el Señor le conceda un buen día a usted y a toda su familia y créame,

De V.S. Ilma.

Turín, 22 de marzo de 1862.
Seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Con todo, la prudencia guiaba siempre los pasos de don Bosco, el cual en ciertos casos, para obviar toda posible protesta de los
familiares o también vejación de los herejes, procuraba se le ((68)) extendiese siempre por escrito la autorización de quienes tenían
derecho ante las leyes civiles 1.

Por estas pérdidas se manifestaba el demonio tan furioso contra don Bosco que no le dejaba dormir de noche.

1 Yo, Abrahán Attilio Arnaldi, de mi libre voluntad, juntamente con mi esposa Antonieta Sironi, aunque ausente de Turín, pero
conocedora de sus intenciones, presento a V.S.M.R. don Juan Bosco a nuestra hija Clara, nacida en Nueva York de América el día 24 de
agosto del año 1847, la cual no ha recibido el santo bautismo y ha sido educada en la religión protestante, tanto en América como aquí en
Turín, por los valdenses.

Suplicamos a V.S. la caridad de internar a la misma en una institución religiosa de la Iglesia Católica Romana, para que en esa misma
Iglesia sea instruida y bautizada, ya que ésta es la religión de sus padres.

Le estaré reconocido toda mi vida por tal caridad y favor: sea el padre de esta niña durante mi ausencia y Dios se lo premiará.

Firmo también en nombre de mi esposa.

Turín, 18 de enero de 1962.
ABRAHAM ATTILIO ARNALDI
Natural de Como.

Yo, la infrascrita Clara Arnaldi, doy mi consentimiento y es mi absoluta voluntad ser instruida y bautizada en la Iglesia Católica
cristiana romana.

Turín, 18 de enero de 1862.

CLARA ARNALDI

El que suscribe, Juan Daniele, portero de la Iglesia Evangélica Valdense, ruego a S.V.M.R. Juan Bosco, tenga la caridad de recoger a
mi sobrina Antonieta Daniele, hija de mi hermano Angel Daniele y de la difunta Carolina Lupi, internada en el manicomio, por demencia.

Suplico a V.S. internar a esta mi sobrina huérfana en alguna institución católica romana, para que sea instruida en la religión de sus
padres; declaro que hago esto por mi libre voluntad y sin presión de nadie: y por ser su tío lo hago para su bien espiritual y temporal, y
espero ser atendido de acuerdo con su promesa.

No puedo dejar de agradecerle tanta caridad y pedir a Dios por su prosperidad y la de todos aquéllos que se dedican a favorecer a los
pobres.

Turín, 5 de febrero de 1862.
JUAN DANIELE

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"Fue una opresión diabólica, escribe monseñor Cagliero, que comenzó en los primeros días de febrero.

"Nosotros nos habíamos dado cuenta ((69)) de que la salud del siervo de Dios iba de día en día desmejorando y le veíamos pálido,
demacrado, extenuado, cansado más de lo ordinario y necesitado de reposo. Se le preguntó por la causa de tan gran fatiga y si no se
encontraba bien. Entonces él respondió:

"-íNecesito dormir! Hace cuatro o cinco noches que no cierro los ojos.

"-Pues duerma, le dijimos nosotros, y deje toda clase de trabajos por la noche.

"-íOh!, no es que yo vele voluntariamente, hay quien me tiene en vela contra mi voluntad.

"-Y cómo es eso?

"-Hace unas noches, respondió, el espíritu diabólico se divierte a costa del pobre don Bosco y no le deja dormir; y ya veis qué buen
tiempo ha escogido. Apenas dormido, oigo un vocerío al oído que me ensordece, y un soplo que me sacude como un huracán, en tanto
que curiosea, tira los papeles y desordena los libros. Estuve corrigiendo hasta muy tarde el número de las Lecturas Católicas titulado El
poder de las tinieblas, lo tenía por tanto sobre la mesa; pues bien, al levantarme al alba, me lo encontré por el suelo; otro día me
desapareció y tuve que buscarlo en la habitación por aquí y por allá. Es curiosa esta historia. Parece que al demonio le gusta acompañar a
sus amigos y estar con los que escriben de él.

"Al llegar a este punto sonrió y luego continuó:

"-Hace tres noches que oigo cortar la leña que está junto a mi estufa. Esta noche, estando apagada, comenzó a arder por sí sola con unas
llamaradas terribles que parecía iban a abrasar la casa. Otra vez, habiéndome acostado y apagado la luz, empezaba a dormirme, cuando de
pronto, una mano misteriosa tira de la ropa, moviéndola lentamente hacia los pies y dejando poco a poco al descubierto la mitad de mi
persona. Como los bordes de la cama se mantenían normalmente por sus dos lados, quise creer al principio que aquel fenómeno fuese
producido por causa natural; así que agarraba la ropa y me la tiraba encima; pero, apenas la había ajustado, nuevamente notaba que ((70))
volvía a deslizarse sobre mi cuerpo. Entonces, sospechando lo que pudiera ser, encendí la luz, bajé de la cama, miré detalladamente por
todos los rincones de la habitación, pero no encontré a nadie y volví a acostarme abandonándome a la bondad divina. Mientras
permanecía encendida la luz, nada ocurría de extraordinario;
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pero, en apagándola, después de unos minutos, de nuevo se movían las ropas. Estremecido por un misterioso escalofrío, encendía otra vez
la vela y al momento cesaba aquel fenómeno, que se repetía cuando la habitación quedaba a oscuras. Una vez vi apagarse la luz por un
potente soplo. A veces comenzaba a bailar la almohada bajo mi cabeza precisamente en el instante en que empezaba a dormirme. Hacía la
señal de la cruz y acababa aquella molestia. Recitaba una oración de nuevo y me acomodaba esperando dormir al menos por algún
minuto; mas, apenas comenzaba a dormirme, era sacudida la cama por una fuerza invisible. La puerta de mi habitación chirriaba y parecía
abrirse empujada por un viento impetuoso.

"Con frecuencia oía insólitos y espantosos ruidos encima de mi habitación a manera de ruedas de carros a todo correr. A veces un
agudísimo grito me sobresaltaba de improviso. Una noche vi abrirse la puerta de mi cuarto y penetrar, con las fauces abiertas, un horrible
monstruo que avanzaba para tragarme. Hice la señal de la cruz y el monstruo desapareció.

"Hasta aquí el relato de don Bosco escuchado por mí y los principales superiores del Oratorio. De todo este alboroto no se habían
enterado los que vivían en las habitaciones vecinas. Sin embargo, una noche don Angel Savio, que había resuelto velar en la antesala de
don Bosco para cerciorarse de aquel suceso, hacia media noche oyó de repente un extraño ruido; no pudo resistir el miedo que se apoderó
de él y, lleno de espanto, huyó a su propia habitación. Era un hombre valiente, que se había mostrado impávido en muchas ocasiones, que
no temía obstáculos, ni enemigos, dispuesto a afrontar todo peligro.

((71)) "Don Bosco habría deseado que alguien velase con él, mas ninguno tuvo valor. El clérigo Bonetti fue una vez con el clérigo
Ruffino a pasar la noche en la antigua biblioteca; pero, después de escasos minutos, se retiraron sobrecogidos de pavor. Por eso hubo de
resignarse a estar solo, esperando a que terminase aquella importuna molestia".

Hasta aquí monseñor Cagliero. Pero puede decirse que Bonetti escribió los partes oficiales de esta guerra, que duró meses enteros, y
que nosotros copiamos de su crónica.

"12 de febrero. Don Bosco nos refirió lo siguiente:

"La noche del 6 al 7 de este mes, apenas me había acostado y empezaba a dormirme, cuando siento que me agarran por la espalda y me
dan una sacudida tal que me asustó muchísimo.

"-Quién va?, me puse a gritar.
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"Encendí la luz a toda prisa, me vestí, miré bajo la cama y por todos los rincones de la habitación para ver quién se había escondido y
era el causante de la broma; pero no encontré nada. Examiné la puerta de la habitación y estaba cerrada. Examiné así mismo la de la
biblioteca; todo estaba cerrado y tranquilo. Volví, pues, a acostarme. Estaba casi dormido cuando sentí que me dieron otro golpe que me
turbó totalmente. Quería tocar la campanilla y llamar a Rossi o a Reano:

"-Pero no, me dije, no quiero molestar a nadie.

"Y entre tanto me puse a descansar boca arriba, y sentí sobre el estómago un enorme peso que me oprimía y casi no me dejaba respirar.
No pude menos de gritar:

"-Qué pasa?

"Y di al mismo tiempo un puñetazo: pero sin tocar nada. Me di la vuelta y se renovó la opresión. En este estado pasé toda la noche. A
la siguiente, antes de acostarme, quise bendecir la cama, mas no sirvió de nada y continuó el pesado juego que, desde cuatro o cinco
noches, se repite continuamente. Veremos qué pasa esta noche.

"Era la del miércoles 12 de febrero, víspera del ejercicio de la buena muerte, y a la mañana siguiente se ganaba por primera vez la
indulgencia plenaria concedida por ((72)) el beatísimo Papa Pío IX, el 13 de enero de este año 1862.

"15 de febrero. Esta noche, hallándose algunos clérigos y sacerdotes con el caballero Oreglia alrededor de don Bosco, después de cenar,
le preguntaron si había pasado tranquilo la noche; y contó lo siguiente:

"-La otra noche entré en la habitación y vi la mesita de noche moviéndose y dando golpes: tac, tac, tac, tac. íEsto es bonito!, me dije
para mí; me acerqué y pregunté:

"-Y así, qué quieres?

"Pero ella continuaba: tac... Me ponía a pasear por la habitación y callaba; me acercaba y seguía bailando y golpeando. Os aseguro que
si hubiera oído narrar cuanto yo he visto y escuchado, ciertamente no lo hubiera creído. Y no os parece recordar los cuentos de brujas que
os contaba la abuelita? Si yo refiriese estas cosas a los jóvenes, íay de mí! Morirían de miedo.

"Nosotros le rogamos que nos describiera algo más. De momento no quería saber nada de ello y respondió:

"-Cuando hay algo que narrar, es necesario considerar si la narración sirve para gloria de Dios y para la salvación de las almas: y esta
mi historia sería inútil.
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"Yo, clérigo Bonetti, le hice esta observación.

"-Y quién sabe si no será para bien de nuestras almas?

"Como también le instaron los demás, prosiguió:

"-Al acercarme a la cama veía un oso, después un tigre, luego un lobo, a continuación una gruesa serpiente de horrible aspecto; los veía
moverse por la estancia, subirse a mi cama y estarse en ella. Yo les dejaba un poco y después exclamaba: íO bone Jesu! E
instantáneamente soltaban un resoplido y desaparecía todo espectro. De esta forma pasé la noche.

"16 de febrero. Esta noche observaron algunos que, desde hacía cinco o seis días, don Bosco no tomaba leche con el café de la mañana.
Comentaron que aquellos días seguramente ayunaba para alcanzar del Señor la liberación del tormento nocturno, ((73)) que antes
indicamos. Pero, preguntado don Bosco si había pasado la noche más tranquilo, respondió:

"-Sí, un poco mas.

"17 de febrero. Esta mañana, lunes, rodeábamos algunos a don Bosco mientras tomaba el café, le preguntamos si había sido molestado
durante la noche, y dijo:

"-La mesita de noche continuó saltando hasta hacer caer la lámpara. Me acosté, y he aquí que sentí pasarme por la frente como un frío
pincel, que era movido suavemente. Entonces me cubrí con el gorro de noche, pero la mano misteriosa pasaba el pincel por la nariz y la
boca, molestando de una manera que no me permitió dormir y cerrar los ojos ni un instante. Esto ya me sucedió otras veces, pero en lugar
de una pluma, me pareció que fuese la cola de un animal, tan pestilente que me despertaba sobresaltado. Esta mañana me sentía oprimido
por el cansancio.

"La noche siguiente fui igualmente molestado hasta despuntar el alba. La almohada se balanceaba y se levantaba apenas intentaba
dormir.

"22 de febrero. El caballero Oreglia le preguntó si no tenía miedo al verse molestado de aquel modo por el maligno. El contestó:

"-Disgusto sí; miedo no. Lo mismo que no tengo miedo de los ángeles del cielo pues soy, como confío, amigo de Dios, tampoco lo
tengo de todos los demonios del infierno por ser enemigo de tales enemigos de Dios, quien sabrá defenderme. Haga Satanás lo que
quiera; ahora es su tiempo; pero vendrá también el mío".

"23 de febrero. Hoy domingo, don Bosco, por estar cansadísimo, se vio obligado a guardar cama, cosa insólita en él. No había pasado
un cuarto de hora desde que se había acostado, cuando fue el caballero
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Oreglia a llamarlo, para que fuese a visitar, en una casa cercana, a un enfermo que lo pedía. Se levantó al momento, fue a confesarlo y le
consoló. Al regresar a casa se acostó de nuevo. Don Miguel Rúa, fue a verle por la tarde para preguntar cómo se encontraba.

((74)) "-Me encuentro muy cansado, contestó, no puedo reposar; estoy acosado constantemente. La pasada noche fue un continuo
alternar entre dormir y despertar. Apenas empezaba a cerrar los ojos oía el golpear de un martillo bajo la almohada. Me incorporaba en la
cama y todo cesaba. Me echaba de nuevo y otra vez sentía los golpes. Fue un verdadero tormento. Suspiraba porque llegara el día.
Cuando cuento algunas de estas cosas, las expongo riendo; pero te aseguro que no me río de veras porque me dan mucho que pensar. El
año pasado ha sido para el Oratorio un año irregular, extraordinario; y éste lo es más aún.

"-Pero si es así, ílance un exorcismo contra este mal espíritu!

"-Oh, pasado mañana iré a pasar unos días con el Obispo de Ivrea; si a mi retorno vuelve este demonio a fastidiarme con sus repetidas

molestias nocturnas, ya se qué hacer; emplearé un medio que todavía no he usado.

"-Cuál sería?

"-Le interpelaré en nombre de Jesucristo, le provocaré a hablar y a decirme si viene de parte de Dios, que me quiere sujeto a esta

prueba, o de parte de Lucifer, que quiere impedir el desarrollo del bien comenzado. De aquí no puede escapar.

"-Y si no quiere hablar?

"-Le obligaré y deberá responder.

"-Y qué le dirá usted?

"-Le diré así: Adiuro te: in nomine Jesu Christi, dic mihi quis sis et quid vis. (Te lo mando: dime en nombre de Jesucristo quién eres y

qué quieres).

"-Pero usted no sabe todavía la causa de estas molestias?

"Y le contestó:

"-Sospecho que el demonio no quiere que se abran las escuelas católicas de Puerta Nueva, en contraposición a las de los protestantes.

"-Pero, acaso es usted sólo quien las ha organizado?

"-Yo las he aconsejado, las he promovido, he hecho los primeros trámites para la adquisición de los terrenos y me he ((75))
comprometido a buscar y proveer el personal y a pagar a los que allí irán... íAh no! íEl maligno no podrá impedirlo!".
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"26 de febrero. Don Bosco volvió a Ivrea junto a monseñor Moreno, con quien había estado pocos días antes con gran sosiego, para ver
si podía librarse de aquella molestia nocturna. Al presente ya se cumple un mes entero del angustioso insomnio. Era la primera noche que
pudo reposar, en perfecta paz. Había terminado todo fastidio.

"Una noche prolongó la conversación con Monseñor una hora tras otra hasta media noche, y fue a dormir tranquilo, pensando que el
demonio habría perdido sus huellas. Mas he aquí que, apagada la luz, empezó a balancearse como en Turín y después se le presentó al pie
de la cama un espantoso monstruo a punto de abalanzarse sobre él. Ante tal aparición, dio un grito tal que despertó a todos los que
moraban en el palacio episcopal. Acudió la servidumbre, corrió el secretario del Obispo, el Vicario general, el Obispo mismo; temiendo
que le hubiese sucedido algo a don Bosco. Le encontraron postrado de fuerzas, pero tranquilo. Todos le preguntaban ansiosos qué le
había pasado. Don Bosco sonriendo respondió:

"-íNo es nada, no es nada! Ha sido un sueño... no se asusten...
vuelvan a descansar, vayan a dormir.

"A la mañana siguiente refería todo al Obispo".

"4 de marzo. Don Bosco, que ha regresado hace unos días de Ivrea, es insistentemente molestado. La noche del 3 al 4 de marzo, nos
contó, el demonio agarró la cama, la levantó en alto, luego la dejó caer tan fuerte que me dejó molido, de modo que me parecía que quería
salírseme la sangre de la cabeza. Al amanecer, después de haberme fastidiado toda la noche, golpeando puertas y ventanas, agarró el
cartel sobre el que está escrito: cada minuto de tiempo es un tesoro, y dio con él un golpe tan tremendo en el suelo, que parecía un disparo
de fusil. Me levanté y encontré el cartel en medio de la habitación.

((76)) "Nosotros con toda insistencia le rogamos que cumpliese la promesa hecha, de conjurar al demonio y echarlo fuera apenas
regresase de Ivrea.

"-Si lo echo lejos de mí, dijo, ataca a los muchachos.

"Entonces el clérigo Provera preguntó:

"-Quiere usted decir que cuando estaba en Ivrea y le dejó libre una noche, hizo algún daño entre los muchachos?

"-Sí, hizo mucho mal.

"-Pero, insistimos nosotros, al menos pregúntele qué quiere.

Y el replicó:

"-Y quién sabe, si no lo he hecho ya?
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Entonces nosotros gritamos a una voz:

"-íDíganos, díganos qué le ha dicho!.

"Cambió el tema de la conversación y no hubo medio de arrancarle más que esta palabra:

"-íRezad!".

Y los muchachos rezaron hasta que, poco a poco, pudo recobrar las fuerzas perdidas. Sin embargo, aquella lucha contra el espíritu de

las tinieblas duró a intervalos hasta el año 1864.
Una noche del 1865 contaba don Bosco a un grupo de muchachos las espantosas noches de aquellos tiempos. Nosotros estábamos

presentes.

-íYo no tengo miedo al diablo!, interrumpió un muchacho.

-Calla y no digas eso; replicó don Bosco con voz enérgica, que conmovió a todos. Tú no sabes el poder que tiene el demonio, cuando el

Señor le da licencia para obrar.

-De acuerdo; pero si yo le viese, lo agarraría por el cuello y tendría que vérselas conmigo.

-íNo digas bobadas, amigo! Morirías de miedo al verlo.

-Pues me santiguaría.

-Valdría para un sólo momento.

-Y cómo hacía usted para rechazarlo?

-He encontrado un buen medio para hacerlo escapar y no aparecer por un largo rato.

((77)) -Y cuál es ese medio? La señal de la cruz, seguramente.

-Sí, pero no bastaba. íHace falta más! La señal de la cruz sólo para aquel instante.

-Con el agua bendita?

-En ciertos momentos ni el agua bendita basta.

-Pues, cuál es el remedio que ha encontrado?

-íLo encontré! íY qué eficaz resultó!...

Aquí calló y no quiso decir más. Despues terminó:

-Lo que es seguro es que no deseo a nadie que pase por los terribles momentos que yo he pasado; es necesario pedir al Señor que no

permita jamás a nuestro enemigo hacernos semejantes bromas.

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((78)
)

CAPITULO IX

DON BOSCO ES RETRATADO DE NUEVO -SU DESEO DE LA VIDA FUTURA -LOS ACHAQUES DE SALUD -INQUIETUDES
DE SUS COLABORADORES -CONSTANTE MORTIFICACION DE DON BOSCO; UNA CENA -DON BOSCO QUIERE
MILLARES DE MUCHACHOS CONSIGO EN EL PARAISO -PENA AL CONSIDERAR LA TIBIEZA DE ALGUNOS EN EL
SERVICIO DE DIOS -DON BOSCO Y LA PUREZA: ELOGIOS -SU CONDUCTA Y SUS PALABRAS PARA ENTUSIASMAR A
LOS ALUMNOS EN EL AMOR A ESTA VIRTUD; CONSEJOS PARA CONSERVARLA -PRECAUCIONES ACONSEJADAS A
LOS SACERDOTES Y A LOS CLERIGOS -DON BOSCO COMENTA EL VERSICULO TREINTA Y CUATRO DEL CAPITULO
CUARTO DEL EVANGELIO DE SAN JUAN -UNA GRACIA QUE PIDE A UNA SANTA AL ESCRIBIR SU VIDA -DON BOSCO
AYUDA A LA SANTA MISA: ADVERTENCIA A QUIEN LA CELEBRA CON DEMASIADAS PRISAS -REGALO DEL
CARDENAL CORSI -GRAVES CUESTIONES ENTRE AUSTRIA Y PRUSIA -PLEGARIAS DE LOS MUCHACHOS POR LA PAZ
DE EUROPA -PREVISIONES DE DON BOSCO

A primeros de febrero, narra la crónica de Bonetti, vino a visitar a don Bosco y a sus antiguos condiscípulos el joven Bellisio, célebre
pintor que había alcanzado fama con sus retratos. El caballero Oreglia y don Angel Savio, aprovechando la oportunidad, rogaron a don
Bosco que concediese unos minutos de audiencia privada a aquel querido hijo en su habitación y le permitiera, no fotografiarle puesto
que ya había sido retratado otra vez, sino dibujar en un papel los rasgos principales de su rostro y su cabeza. Después de fervientes ruegos
y vivas instancias, don Bosco condescendió, pero acomodándose en la silla ((79)) llevada para tal fin, soltó un profundo suspiro del
corazón y dijo:

"-íEstos son los actos más violentos de mi vida!

"Bellisio dibujó a lápiz otra vez rápidamente las facciones del siervo de Dios; y dándolas un cuidadoso retoque, animado por el ideal
que tenía grabado en su corazón, entregó su trabajo a don Angel Savio.
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Fin de Página 77

 

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"La razón de este nuevo retrato era hija de cierta inquietud que se había despertado en los moradores del Oratorio. En estos días don
Bosco habla con frecuencia de las miserias de nuestra vida mortal y de las bellezas del Paraíso; dice que suspira por ir pronto a él y
quitarnos el fastidio de su presencia tan poco útil; que no tiene ya fuerzas para llevar a cabo las obras que tendría intención de cumplir;
que se abandona en todo al querer del Señor, el cual tiene para su gloria muchos otros instrumentos mejores que él.

"Sus palabras son el tema de muchos comentarios y tienen a nuestro espíritu en gran amargura. Tememos que pronto nos deje. íDios
nos libre de tan gran desventura! El sigue delicado. La expectoración parece quemar su pañuelo. Los médicos aseguran que, si no sale
todos los días de casa, acabará su vida en poco tiempo".

No obstante don Bosco se sometía a las privaciones ordinarias impuestas por la regla común, sin aceptar las prescripciones de los
médicos que ordenaban alimentos más adecuados a su estómago.

El joven Santiago Reano escribió así a don Juan Bonetti:

"La víspera de una solemnidad había confesado don Bosco casi hasta media noche y bajó a la cocina para cenar. El cocinero estaba ya
en cama, la sopa y el plato para don Bosco estaban en un calentador, pero con el fuego ya apagado hacía horas. El plato de las legumbres
estaba frío, la sopa que era de sémola, se había hecho una pasta. Yo me maravillé de don Bosco. No se quejó del cocinero, ni de la cena.
Le acompañaban el clérigo Francesia y algún otro. Cuando don Bosco tuvo ante sí la sopa, que el clérigo Francesia le había llevado, la
tocó con la ((80)) cuchara, la probó, pero entre la pesadez de la sopa y el estómago cansado del largo confesar, no podía tragarla. Dijo
entonces al clérigo Francesia:

"-Tráeme un vaso de agua.

"Cuando lo tuvo, vertió el agua en la escudilla, revolvió aquellas gachas y, riendo, lo comió todo y dijo:

"-No está muy caliente; pero, comiéndola con buena intención resulta buena.

"Muchas veces la cena iba acompañada de palabras algo duras. Una noche, dijo el sirviente al cocinero, que al menos, presentase un
poco más caliente la comida para don Bosco. Pero él, con toda la rudeza, respondió:

"-Y quién es don Bosco? Es como otro cualquiera de la casa.

"Hubo quien refirió a don Bosco la insolente respuesta, y el buen siervo de Dios observó con toda calma:

"-El cocinero tiene razón".
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Y este desprendimiento de todo lo que podía servirle de alivio, era un constante sacrificio que ofreció a Dios para la santificación de sus
hijos.

Observaba Bonetti en su crónica:

"8 de febrero. Encontrábase don Bosco en el refectorio en compañía de diversos clérigos y colaboradores de la casa; dialogaba con ellos
sobre las calamidades que envuelven al hombre en este mundo y concluyó diciendo:

"-íAh, nada importa con tal de que yo pueda ir al paraíso acompañado de mis muchachos y de Bonetti a la par (pues estaba yo cerca de
él y tenía los ojos vueltos a mí).

"-Cuántos quiere tener a su lado? le pregunté.

"-Deseas saber cuántos quiero junto a mí? He pedido lugar al Señor al menos para diez mil.

"En efecto, esto ya lo había dicho y lo repetía de vez en cuando, de tal forma que se había corrido la voz por varias poblaciones. Una
madre, de Caramagna, fue a Turín para pedir a don Bosco la gracia de que admitiese a su hijo entre los diez mil, aunque no pudiese
colocarlo en el Oratorio.

"Yo entre tanto seguí preguntándole:

"-Cuántos hay ya actualmente en el paraíso?

((81)) "-Cerca de doscientos, respondió.

"Yo insistí:

"-Sumando los que ya fueron puestos por usted en la senda del paraíso y que todavía viven, los que estuvieron y están al presente en el
Oratorio, cuántos llegarán a la meta e irán a ocupar su sitio?

"-Amigo mío, me preguntas lo que no sé. Quién puede fiarse jamás de la buena conducta de un muchacho? A veces veo jóvenes tan
bien orientados por el camino de la virtud que constituyen una delicia; pero después, con frecuencia los ves enfriarse y llevar una
conducta que me arranca las lágrimas. Podría decirte uno tras otro los muchachos de casa que están actualmente en gracia de Dios, pero
no sabría decir si perseverarán hasta el fin".

Por la noche, desde la tribuna, como si maniobrase contra el inmundo espíritu que le asediaba tan cruelmente, no se cansaba de ensalzar
la virtud de la pureza. Describía sus valores, y encantos con tanta elocuencia y tanto recato, que era encantador escucharle. Durante
muchos años no se atrevió a tratar de la fealdad del vicio opuesto, de tanto como lo aborrecía; sólo hacia el fin, viendo que iba en
aumento la malicia de los muchachos, que desde niños ya habían sido víctimas o testigos de cosas nefandas, por dos o tres veces se
decidió
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a descubrir las espantosas consecuencias de semejantes culpas. Pero más que las palabras pesaba en el corazón de los alumnos la aureola
de pureza que circundaba a su amado padre. Solamente su presencia, su mirada, el gesto, la sonrisa, toda su persona eran un modelo a
imitar. Qué edificante resultaba la acostumbrada caricia, que hacía a un jovencito imponiéndole suavemente la mano sobre la cabeza y
diciéndole al mismo tiempo:

íQue Dios te bendiga!

Atestigua don Joaquín Berto:

"-Viví a su lado; le serví durante más de veinte años y puedo asegurar que la virtud de la modestia en sus miradas, en sus palabras, en
su trato, llegaba al más alto grado de perfección. El secreto para alcanzar esta perfección fue su continua ((82)) ocupación de la mente, su
extrema fatiga de día y de noche y su calma imperturbable. De él emanaba una influencia llena de vida. Yo mismo puedo decir que su
simple presencia alejaba de mí todo pensamiento inoportuno".

Esto era efecto del amor que ardía en su alma por el Señor, con quien estaba siempre en íntimo coloquio. Pero raramente podían ser
advertidas las jaculatorias y acaso sólo cuando se proponía dar a alguno una norma a seguir en circunstancias similares a las que él se
encontraba.

Un día, el reverendo Merlone acompañaba al Refugio a don Bosco, el cual, antes de entrar exclamó en voz baja: Fac Domine ut servem
cor et corpus meum immaculatum tibi ut non confundar; (haz, Señor, que guarde mi corazón y mi cuerpo inmaculado para ti, para no ser
confundido).

Y volviéndose al reverendo Merlone, le dijo:

-Mira, amigo, un sacerdote fiel a su vocación es como un ángel. Y quien no es tal qué es? Resulta un objeto de compasión y
menosprecio para todos.

Cuidaba de que todos sus muchachos fuesen ángeles y les iba repitiendo los consejos practicados por él mismo previniéndoles sobre
cuanto podía ser perjudicial a sus almas. La crónica de Bonetti del mes de febrero nos conservó algunas de aquellas exhortaciones:

"10 de febrero. Esta noche dio don Bosco a todos los muchachos unos avisos para conservar la virtud de la modestia y los resumió en
dos versos, de Foresti que dijo haber leído hacía veinticinco años: -Abstrahe ligna foco si vis extinguere flammam; -Si carnis motus, otia,
vina, dapes. (Separa la leña del fuego si quieres apagar la llama;
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para domar los movimientos de la carne, evita el ocio, el vino, los manjares).

"11 de febrero. Antes de que los jóvenes fuesen a dormir don Bosco les aconsejó que no perdieran ni un minuto del día, sino más bien
que lo ocuparan totalmente para no dar lugar al demonio tentador. A la hora de oración o de iglesia hay que rezar; a la hora de estudio,
estudiar, a la hora de recreo, jugar alegremente; a la hora de dormir, si tarda en venir el sueño, hay que trabajar con la mente, repitiendo
por ejemplo las lecciones del día siguiente, repasando una traducción, ordenando las ideas ((83)) de una redacción:

"-Yo, dijo él, cuando era joven y no conseguía dormirme, recitaba cantos enteros del Dante; a veces, contaba de uno a diez mil; otras,
rezaba y esto es lo que yo os aconsejo. Si tardáis en dormiros y mucho más si os asalta una tentación, os recomiendo, como medio seguro
de victoria, que os propongáis el rezo de cincuenta avemarías. Empezadlas enseguida e idlas contando con los dedos de las manos a
medida que las vais repitiendo. Os aseguro que la gracia de Dios y la protección de la Virgen, os traerán infaliblemente ayuda; y el
esfuerzo de memoria para contar aquellas avemarías os conciliará el sueño antes de que lleguéis a la mitad, o a un tercio de las mismas.

"12 de febrero. Don Bosco recomienda particularmente y con fervor la devoción a María Santísima y las visitas frecuentes al Santísimo
Sacramento".

"14 de febrero. Esta noche, después de las oraciones, sugirió don Bosco a los jóvenes otro medio para conservar la pureza:

"-Familiarizaos con el uso de las jaculatorias; cuando os sintáis tentados, volved enseguida vuestros ojos a María y exclamad: íMaría,
mi querida Madre, socorredme! -O también recitad la oración que pone en nuestros labios la santa Iglesia: Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de la muerte... -O bien haced la señal de la santa cruz, que está muy descuidada por
algunos cristianos y no se le da la debida importancia. Yo os aseguro que, si en aquel momento pedís por uno, el Señor os dará por diez.
Si aún queréis más, pedid esta virtud en la Santa Misa. íMirad! Desde los orígenes del Oratorio yo establecí que, al llegar la misa a la
elevación cesara todo rumor, cantos y oraciones vocales. Queréis que os diga porqué? Precisamente para que cada uno, en aquel momento
precioso, tuviese la comodidad de pedir al Señor sin distracciones la virtud de la modestia.

"Mis queridos jóvenes, creedme: si ((84)) pedís al Señor esta gracia en aquel instante solemne, íseguro que el Señor os la concederá!".
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"16 de febrero. Este domingo por la noche dio a los jóvenes otro medio para conservar la virtud de la modestia: -Confesaos, dijo, cada
quince días, o una vez al mes. No dejéis nunca pasar el mes. Más aún: los que tienen facilidad, tomen el consejo del gran amigo de la
juventud san Felipe Neri, el cual exhortaba a sus hijos: ``Confesaos cada ocho días y comulgad con más frecuencia, según el consejo de
vuestro confesor''. Así os digo yo a vosotros: -Confesaos cada ocho días, pero no más a menudo porque, reflexionadlo bien, no son las
numerosas confesiones las que nos hacen buenos, sino el fruto que se obtiene de las mismas. Exceptúo el caso en que alguno tuviese que
comulgar y hubiese algo que le inquieta; entonces puede acercarse al confesor, exponerle su inquietud y pedirle un consejo: esto no sería
propiamente confesarse sino reconciliarse.

"Entre tanto recordad estas dos cosas fundamentales:

"1.° Tened un confesor que conozca bien vuestro interior y no lo cambiéis por miedo a que sepa alguna caída vuestra. Es verdad que no
es pecado cambiar de confesor, cuando uno no se atreve a confesarle alguna culpa; pero, sin embargo, es muy peligroso para la virtud de
la modestia. Porque al volver a él y no conociendo el estado de vuestra alma, no podrá nunca daros los consejos oportunos.

"2.° Escuchad, y poned en práctica los avisos que el confesor os da; será sólo un consejo, será una palabra, pero dada en confesión, es
completamente adaptable a las necesidades de vuestra alma. Mis queridos muchachos, san Felipe Neri formó muchos santos con estas
normas. Y quién sabe? Si nosotros las practicamos tendremos también la gran suerte de ser todos buenos, y hacernos todos santos".

((85)) "También a sus sacerdotes y clérigos les dijo don Bosco en una conferencia, que se apartasen hasta de lo más mínimo, aún lícito,
si puede ser motivo de escándalo para los demás: recomendó que se observasen las reglas de la templanza; que no se comiese o bebiese
fuera de la comida y que nadie se preparase café en la habitación. Y añadía que nadie vaya jamás a su casa, a la de los parientes, amigos o
conocidos, si no es por los intereses de la Congregación o para cumplir un acto de caridad. No se acepten, por cualquier excusa,
invitaciones para festines de bodas u otros banquetes mundanos de cualquier género que sean. Por cuanto sea posible, no se viaje en días
de fiesta ni con personas de otro sexo. No se esté en ocio durante el viaje, sino recítese el breviario, récese el rosario a la Virgen o se lea
un buen libro".
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"El día 5 de marzo por la mañana, escribe don Juan Bonetti en su crónica, fue el de la santa ceniza y recitamos el pasaje del Nuevo
Testamento donde se describe el encuentro de Jesús con la Samaritana junto al pozo de Siquem. Don Bosco nos exhortó a preferir el
alimento de las almas al del cuerpo y a que nos dispusiéramos con todas las ansias para este exquisito alimento. -Nosotros, dijo, tenemos
la mies madura en este y en los otros Oratorios. Tenemos los internos y los externos a quienes podemos hacer mucho bien, si nos
entregamos con buen ánimo.

"En toda ocasión recomendaba a los clérigos, lo mismo en público que en privado, el celo por la salvación de las almas. La catequesis
cuaresmal comenzó este año el diez de marzo y puso en ella un gran empeño.

"En estos días don Bosco me entregó para revisar varios documentos y una biografía de la Beata Catalina de Racconigi, que él había
redactado, pero rogándome que, antes de escribir, hiciera un pacto con la santa.

"Yo le pregunté:

"-Qué pacto he de hacer?

((86)) "Y respondió:

"-Que te obtenga la gracia de que puedas ganar para el Señor tantas almas cuantas sean las páginas que compondrán su biografía, pero
pon por delante la tuya".

Este amor a las almas procedía ciertamente del amor que don Bosco sentía por el santísimo sacrificio del altar. Ya hemos hablado de
cómo celebraba la santa misa; pero queremos observar aquí con cuánta complacencia la ayudaba.

Precisamente en este año y en estos mismos días sucedió lo que escribe Bonetti. "Salía el conde de Camburzano de la habitación de don
Bosco cuando se detuvo a hablar con algunos de la casa y contó el siguiente hecho: -Había entrado un día don Bosco en el Santuario de
Nuestra Señora de la Consolación para hacer una visita a María Santísima. Mientras estaba allí, oyó el toque convencional de la
campanilla llamando a alguien de la calle o de las casas vecinas para servir la santa misa. Se levantó, fue a la sacristía, tomó el misal y
ayudó la santa misa. Concluída ésta y, habiéndose ya marchado don Bosco, alguien indicó al sacerdote que la había celebrado, que había
tenido a don Bosco por monaguillo. Aquél, sorprendido y maravillado, corrió tras él para agradecérselo, pero ya no pudo encontrarlo".

Los sacerdotes, a quienes don Bosco ayudaba la santa misa, eran
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caritativamente avisados por él, si de alguna manera descuidaban las rúbricas.

En una de aquellas mañanas, prosigue la crónica, don Bosco nos contó, hablando de la precipitación con que algunos dicen la santa
misa, lo siguiente:

-Fui una mañana a ayudar la misa de un sacerdote, el cual pronunciaba tan deprisa las palabras que no se le podía entender nada.
Empezó con todo ímpetu: In nomine Patris et Filii, etc. Y yo, más despacio de lo acostumbrado, respondí: ad Deum qui laetificat
juventutem meam. Aún no había terminado yo estas palabras cuando el otro ya había recitado el versículo siguiente; y así llegó ((87)) al
Confíteor, sin haberme dado tiempo para responder a los versículos precedentes. Le dejé decir el Confíteor, y después comencé donde yo
había quedado; así que, con mayor claridad y lentitud todavía, proseguí: Sicut erat in principio et nunc et semper, etc. Entonces él se dio
cuenta de su error y comenzó a recitar el resto con claridad, haciendo todos sus esfuerzos para conseguirlo. Después de misa me dijo:

-No sabe lo que me ha hecho sudar para pronunciar bien y claramente las palabras.

-Por esto inculco siempre a mis jóvenes y vigilo y hago vigilar para
que aprendan bien las palabras del rito y las pronuncien clara y distintamente.

Añadió:

"-Una vez un clérigo del Oratorio fue a ayudar la misa a un sacerdote
muy nervioso el cual, ya fuera por costumbre, ya fuera por otra causa, se comía la mitad de las palabras. El clérigo, por el contrario,
respondía con toda calma. Entonces el sacerdote le dijo:

-íUn poco más a prisa!

Y el joven respondió:

-íVaya un poco más despacio!

Y así lo hizo.

Esta anécdota la contó después el mismo sacerdote, que quedó muy edificado de la sabia amonestación del joven clérigo. La regla que
yo doy para celebrar misa es emplear de veintidós a veintisiete minutos, pero no menos."

Por este su amor a la santa misa le resultaba muy grato el regalo que le envió el cardenal Corsi: una magnífica casulla, que todavía hoy
se cuenta entre los más valiosos ornamentos de la iglesia de María Auxiliadora. Iba acompañada de la siguiente carta.
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Amadísimo don Bosco:

Inolvidablemente grabada permanece en mi memoria, la visita que en 1860 hice a esa admirable y piadosa casa por usted dirigida, y
pervive siempre el consuelo que experimentó mi corazón entonces, y que todavía hoy renace y se renueva, por así decir, en mi espíritu
siempre que me veo favorecido con los provechosísimos mensajes de su pluma y de su celo. Ante tal recuerdo me siento impulsado a
tomarme el atrevimiento de enviarle una casulla, a fin de que con más frecuencia puedan usted y sus muchachos animarse ((88)) y
recordarse de rezar por mi diócesis y los asuntos de mi interés; ruegue al Altísimo para que reciban de El la bendición, el fervor y la
eficacia. Con la seguridad de mi más profunda estima, me profeso

Suyo,

Pisa, 12 de marzo de 1862.
Afectísimo en el Señor C. Card. ADOLFO, Arz. de Pisa.

La confianza del Cardenal en las oraciones de los alumnos del Oratorio no andaba ciertamente equivocada.

"A principios de febrero de 1862, cuenta Bonetti, don Bosco nos recomendó una noche después de las oraciones, que rezáramos para
obtener una gracia singular del Señor, y, si lo conseguíamos, él nos revelaría cuál era. Los jóvenes pusieron un empeño singular para
secundar este ruego y frecuentaban, más que de ordinario, los santos sacramentos. Nosotros mientras tanto estábamos esperando que don
Bosco nos comunicase el éxito de nuestras pobres oraciones, pero viendo que nada nos decía, se lo preguntamos. Entonces él nos lo contó
y dijo:

"-En aquellos días habían nacido unas rencillas entre Austria y Prusia. Yo veía que, si las discordias proseguían, habría triunfado la
revolución y quién sabe cómo hubiesen andado las cosas en Roma. Me dije para mí: quiero poner a prueba las oraciones de nuestros
muchahos; y por eso os exhorté a rezar para que el Señor pusiese fin a las disensiones entre las dos Cortes, y estaba esperando el
resultado de las cosas. Durante dos o tres días las noticias continuaban siendo graves; los dos periódicos oficiales se mordían uno a otro.
Después de unos días comenzaron a calmarse, llegaban las noticias más serenas, hasta el punto de que ahora reina una concordia, que nos
hace esperar mucho bien. Cuando os recomendé rezar con tal motivo, se lo comuniqué al marqués de Dovando. Y ahora, habiendo visto
él este acercamiento y acuerdo entre los dos países, me mandó a decir que desea hablarme de ello y que me espera en su casa.

((89)) "Don Bosco no quiso decir esto en público, pero lo dijo privadamente a algunos clérigos, recomendándoles no lo divulgaran."
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Nosotros añadiremos un comentario a las palabras de don Bosco.

Hacía años que reinaban serias disensiones entre Berlín y Viena. Los sectarios querían conceder a Berlín la primacía mantenida tan
largamente por Viena, y fundar la unidad alemana sobre las ruinas de Austria y de los pequeños estados germánicos, valiéndose de
Prusia, como la revolución italiana se había valido del Piamonte. El gobierno prusiano se lanzaba también a agrandar el Estado con las
potencias enemigas de Austria y se esforzaba para formar una nueva confederación, sin romper abiertamente la más amplia que ya existía
entre los estados alemanes, pero anulando de hecho la Dieta de Francfort, por inútil. Por esto no descuidaba aprovechar las ocasiones de
reducir con alianzas, bajo su dirección diplomática y militar, los estados menores germánicos, salvando desde luego la autonomía de los
mismos, y lo conseguía. En Hesse-Kassel entre tanto, por la Constitución suspendida en 1852 y modificada en 1860 por el gran Duque
Elector con el apoyo de la Dieta Germánica, los demócratas que pretendían anexiones con contratos revolucionarios, combatían de mil
modos a su Soberano y por tanto a la Dieta, animados por las promesas prusianas.

Pero Austria estaba cansada e indignada de aquellas insidias e igualmente Baviera, Wurtemberg, Hannover, Hesse-Darmstadt y
Hesse-Nassau y hubo un momento en que la guerra parecía inevitable. Mas, hacia fines de febrero, viéndose en peligro el ministro
prusiano de ser arrojado por las sectas a la pendiente fatal de la revolución democrática, resistió y se avino a acuerdos con Austria para
una acción común en la cuestión constitucional de Hesse-Kassel, y así por entonces no se turbó la paz.

Y aquí son dignas de anotar las finas previsiones de don Bosco al decir que si aquellas discordias proseguían habría triunfado la
revolución y quién sabe cómo hubieran andado las cosas en Roma."

((90)) Y, en efecto, la guerra victoriosa que Austria y Prusia aliadas movieron contra Dinamarca en 1864 hizo surgir entre ellas nuevas
y graves disensiones sobre el modo de repartirse el Holstein y el Schleswig; y acabaron el 1866 con la batalla de Sadowa, por la que
Prusia se enseñoreó de Alemania, y Austria fue excluída de la nueva confederación. Pero el agotamiento de Austria hacía posible la
espantosa invasión de los prusianos en Francia, su conquista de Alsacia y Lorena, y la ocupación de Roma permitida por Bismarck a
Italia como compensación de su neutralidad.
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((91)
)

CAPITULO X

Tómbola del 1862 -Notas y Documentos

POR QUE DON BOSCO INSISTIA SUPLICANDO LA CARIDAD -SU PALABRA PERSUASIVA CONSIGUE CUANTO
NECESITA -LA BENEFICENCIA PUBLICA DESPERTADA EN MUCHOS LUGARES POR SUS LLAMADAS -UNA NUEVA
TOMBOLA: CARTA CIRCULAR -ADHESION DE LOS BIENHECHORES -REGISTRO EN EL PALACIO DEL CONDE CAYS
-IMPRIME UNA INVITACION PARA LA TOMBOLA Y LOS MOTIVOS DE LA MISMA: SENCILLO REGLAMENTO -DON
BOSCO SE DIRIGE A DOS PRINCIPES REALES PARA QUE ACEPTEN LA PRESIDENCIA DE LA TOMBOLA: LOS
PRINCIPES NO PUEDEN: ACEPTA EL ALCALDE DE TURIN -LISTA DE LOS MIEMBROS DE LA COMISION

LA organización de las escuelas católicas, el establecimiento de una tipografía, las discusiones con los protestantes, el recibimiento de las
abjuraciones de sus adeptos, la guerra contra el espíritu de la tinieblas, las habituales enfermedades, los cuidados imprescindibles para
preservar a los alumnos del mal, no habían debilitado el ánimo de don Bosco en la búsqueda de ingentes sumas con las que sufragar los
gastos requeridos en las obras ya iniciadas y la construcción de nuevos edificios en el Oratorio de Valdocco.

Escribe el teólogo Reviglio:

"La solicitud de don Bosco para buscar limosnas crecía con el aumento de sus obras y de sus alumnos; dio toda su vida para proveerles
de lo necesario para el alma y para el cuerpo. A veces salía, para llamar a las puertas de bienhechores, ((92)) tan pobre que se veía
obligado a pedir unos céntimos al señor José Rossi, para las posibles limosnas a dar por la calle. Mas las principales familias turinesas,
con su capacidad para descubrir la virtud de los hombres, habían reconocido en don Bosco al sacerdote destinado por el cielo para una
misión especial y aumentaba el aprecio que le profesaban a medida que se relacionaban con él. Cuando se presentaba, no sólo conseguía
socorros, sino que recibía tales muestras de veneración y de respeto, como no se podían profesar más que a un santo."
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Alguien tachó a don Bosco de ser demasiado insistente suplicando caridad; pero él acostumbraba decir que era necesario hacer el bien y
tener los medios. Ex nihilo, nihil. Sin dinero no se puede hacer nada o muy poco. También los santos más eminentes habían sufrido su
necesidad. El era habilísimo para recogerlo, porque Dios evidentemente le había regalado semejante don.

Su palabra producía milagros de persuasión. Un día había predicado sobre el desprendimiento de los bienes temporales, y pocos
minutos después de bajar del púlpito, vio presentársele un señor que la misma mañana le había entregado, como préstamo, doce mil liras.

-He aquí, le dijo aquel caballero presentándole el recibo; es un papel que puede usted hacer pedazos, yo no lo necesito. Mis ojos se han
abierto a la verdadera luz con sus palabras. Sólo Dios, sólo Dios basta.

Después de unos años, aquel bienhechor abandonaba el siglo, renunciaba a una inmensa fortuna para hacerse pobre y vivir en pobreza
con don Bosco.

Alguno, intentando menoscabar el mérito de don Bosco, se atrevió a decir:

-Ha realizado el bien con el dinero de los demás.

-Pero esto es precisamente lo que le hace admirable. Si él hubiera sido millonario y hubiese construido con sus propios medios sus
colegios, no habría razón para maravillarse. Habría dado un poco de la riqueza ((93)) recibida de Dios. Pero él, sin nada, interesó a los
ricos en favor del pobre, amplió la beneficiencia, hizo partícipes de su mérito a los bienhechores, unió más íntimamente el lazo de
fraternidad entre los que poseen mucho y los que viven en la miseria. Por eso sus obras sobrepasan las fuerzas humanas.

El Señor añadía a la eficacia de su palabra, la de sus escritos. Y no
sólo recurría a las familias de una ciudad, provincia o nación, sino al mundo entero para alcanzar su fin, que era mundial. De aquí que
fuera necesaria la publicidad. Atrevido y tenaz en la manifestación de sus proyectos, no se escondía tras una taciturna modestia. Humilde
y modesto por sí mismo, sabía que estaba obligado a dar a conocer a todos su misión.

Al mismo tiempo persuadía con sus obras a muchas poblaciones que no se sentían con arrestos para emprender nuevas instituciones en
épocas de miseria, a reconocer la propia facultad caritativa y a edificar hospicios colosales.

Don Bosco, pues, recurría a la prensa. Así había hecho anteriormente,
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pese a la desaprobación de muchos, que luego se vieron obligados a imitarlo; así hará en lo sucesivo y por eso ahora, en el año 1862,
anunciaba una nueva lotería con la siguiente carta impresa.

Charitas benigna est, patiens est.
La caridad es benigna y paciente. S.Pablo.

Ilmo. Señor:

La caridad de nuestro Señor Jesucristo, que en todo es bondadosa y paciente, muéveme a esperar de V. S. Ilma. benévola compasión
por la molestia que voy a causarle. Las empresas que la divina Providencia puso en mis manos, me obligan este año a recurrir a la
pequeña y pública beneficiencia, mediante una tómbola. Es cierto que este medio, habiéndose usado demasiado a menudo, resulta el
menos apetecible para algunos; sin embargo, no supe hallar otro más compatible con la época y más oportuno a la necesidad. ((94)) A fin
de que usted tenga un justo conocimiento del género de gastos a remediar, le haré aquí una breve indicación.

Primeramente están los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva y del Santo Angel Custodio en
Vanchiglia. En estas tres iglesias se celebran las sagradas funciones mañana y tarde, se administran los santos sacramentos y se instruye a
los jovencitos más desatendidos, que asisten en gran número. Estos muchachos, a quienes hay que suministrar con frecuencia comida y
vestido, por cuanto se puede, son colocados para aprender un oficio. Pero las tres iglesias no tienen cuota fija para proveerlas de cuanto es
necesario para el culto divino y están desprovistas de los ornamentos indispensables. Aún más, los terrenos de Vanchiglia y Puerta Nueva
están en alquiler; el primero por seiscientas cincuenta liras al año y el segundo por quinientas noventa liras. Además del alquiler corriente
hay algunos atrasados, que deberían haber pagado ya. En estos mismos locales se hicieron muchas reparaciones indispensables para las
clases diurnas y nocturnas, y están en gran parte aún sin pagar. Tengo así mismo un considerable número de jóvenes aprendices y también
estudiantes, internados en la casa aneja al Oratorio de Valdocco, a los cuales se les provee de pan, enseñanza, vestido, alojamiento y
oficio; el gasto de éstos es muy considerable.

Señalado el fin de la tómbola, invito humildemente a V. S. Ilma. a ayudarme:

1.° A recoger aquellos objetos que personas caritativas quisieran ofrecerle y a ayudar después a distribuir algunos números a su debido
tiempo.

2.° Si usted conociese quien se brindase a aceptar el benéfico encargo de promotor de esta tómbola, principalmente si se trata de
personas seglares, tuviese la bondad de informarme de su nombre.

3.° Que, si V. S., por cualquier motivo no juzgase prudente que su nombre apareciese en la lista de promotores y promotoras, le rogaría
respetuosamente me lo indicara en la forma que le resultare de menor molestia.

Espero poder enviarle pronto el correspondiente proyecto de reglamento con los demás detalles relativos a esta tómbola, que de un
modo particular recomiendo a su conocida y probada caridad.

Dios nuestro Señor, infinitamente rico en favores, le recompense ampliamente
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concediéndole salud y abundantes bendiciones. Entre tanto, en mi nombre y en el de los muchachos favorecidos, le ofrezco las más
rendidas gracias, mientras tengo el honor de profesarme con todo afecto,

De V. S. Ilma.

Turín, 30 de enero de 1862.
Su seguro servidor,
JUAN BOSCO, Pbro.

((95)) Las personas bienhechoras de todas partes se apresuraban a mostrar su simpatía por la Obra de los Oratorios. Basten, entre
muchas, las dos cartas que presentamos a los lectores.
Niza, 9 de febrero de 1862
Señor Abate:

He recibido la carta que V. S. tuvo la gentileza de dirigirme y la he leído con el vivo interés que me inspiran sus obras. Nadie mejor que
el conde de Camburzano y que yo misma está persuadido de la importancia de sus institutos y de su inmensa utilidad desde el punto de
vista católico y social.

A pesar del progreso de las doctrinas impías, a pesar del destrozo desolador que produce la inmoralidad en medio de nuestros pueblos,
usted va preparando un grupo escogido de jóvenes, cuyas virtudes y enraizados principios, junto a la inocencia de costumbres, consuelan
a las almas de fe y dan los más edificantes ejemplos.

Haremos cuanto podamos por la tómbola y nos alegrará probarle de este modo cuánto apreciamos sus obras. Gracias por las oraciones
que promete elevar por nosotros, porque yo tengo una gran confianza en las mismas.

Acepte, señor abate, los respetos del conde de Camburzano con las expresiones de mi más alta estima y de mi profunda veneración.

CONDESA DE CAMBURZANO

A una carta del Barón Ricci, residente en Cúneo, contestaba don Bosco:

Carísimo señor Barón:

Probablemente le podré proporcionar un buen criado y ya hablaremos de ello cuando usted vuelva por Turín.

En todo tiempo, con tal de encontrarme en casa, estoy a su disposición. Las horas más tranquilas son generalmente de las nueve a las

doce de la mañana.

Agradezco las buenas disposiciones que manifiesta por nuestra tómbola. Espero que resulte bien.

Hoy, de las diez de la mañana a las tres de la tarde, han hecho un minucioso registro al conde Cays, como Presidente de la Sociedad de

San Vicente de Paúl, etc.

Fin de Página 90

 

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Que el Señor conceda a usted y a su señora salud y gracia, mientras con toda mi estima me profeso,

De V. S. Ilma.

Turín, 9 de febrero de 1862

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((96)) Explicando el etcétera de don Bosco diremos que el domingo 9 de febrero, por orden del jefe superior de policía, un delegado,
acompañado de un tropel de empleados y agentes, había invadido el palacio del conde Cays de Giletta, en busca de cartas enviadas por el
presidente del consejo general de París de la Sociedad de San Vicente de Paúl, señor Baudon. Revisaron y revolvieron rigurosamente
armarios, mesas, estanterías, papeles, correspondencia, toda la documentación de la Conferencia, pero no encontraron nada que pudiese
proporcionar la menor sospecha de conspiración contra el orden establecido en Italia y en Francia. Donde creían encontrar política, no
hallaron más que caridad y sólo caridad para los pobrecitos de Jesucristo. El conde Cays, en efecto, que ya no era diputado en el
Parlamento desde 1860, dejó todo de lado y se contaba siempre entre los primeros, cuando se trataba de practicar el bien o impedir el mal.
Se dedicaba a organizar y presidir las Conferencias de San Vicente de Paúl en la ciudad y fuera de ella, a visitar enfermos en sus casas y
en los hospitales, a socorrer a los pobres más abandonados y a catequizar a los niños.

Y en toda suerte de rifas, era siempre de gran ayuda para don Bosco, el cual estaba preparando el programa de esta tómbola para
llevarlo a la imprenta y sacar miles de copias 1

1 INVITACION

para una tómbola en Turín

en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva y del Angel Custodio en Vanchiglia.

Antes de hacer pública la invitación para una obra de beneficencia nos parece razonable indicar el fin que se persigue con la obra
propuesta.

Se han abierto en Turín, hace algunos años, tres Oratorios masculinos en tres puntos de la ciudad, donde se reúne el mayor número
posible de muchachos en peligro. En ellos se entretienen con honestas y alegres diversiones, después de haber cumplido con el precepto
festivo y se les estimula con premios, ejercicios gimnásticos y clases. Un considerable número de piadosos señores acuden solícitos y
prestan su colaboración en la catequesis, y preocupándose de que cumplan su deber en los respectivos talleres y colocando con honrados
patronos a quienes no tienen trabajo.

En el Oratorio de San Luis y de San Francisco de Sales funcionan escuelas diurnas para ciertos jóvenes que, por vergüenza de su pobre
vestimenta o por indisciplina, no serían admitidos
91

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((97)) Impreso el programa, el 22 de febrero rogaba don Bosco a los Príncipes Reales Humberto y Amadeo que aceptaran la presidencia
de la tómbola, pero no pudo ser complacido.

en las escuelas públicas. Además de la instrucción religiosa se les enseña a leer, a escribir, y elementos de aritmética, del sistema métrico,
de gramática italiana y temas similares.

Pero entre estos jóvenes, se encuentran algunos tan pobres y abandonados, que no podrían capacitarse para un oficio sin
proporcionarles alojamiento, alimento y vestido. A esta necesidad provee la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales.

Hay en ella escuelas nocturnas, en las que, además de los talleres y las materias elementales para aprendices, se enseña igualmente
canto gregoriano, música vocal e instrumental. A estas clases asisten tanto externos como internos.

Además, puesto que la divina Providencia dota a muchos jóvenes de un extraordinario ingenio, y por otro lado carecen de medios
materiales para progresar en los estudios, se les dio entrada en esta casa, lo mismo cuando pueden pagar toda la pensión, que cuando sólo
una parte o nada, con tal de que posean ingenio y moralidad. Estos se convierten la mayoría en maestros de escuela, otros se dedican al
comercio, y los que tienen vocación, son preparados para el estado eclesiástico.

Después de este breve informe, resulta fácil comprender a dónde se dirige el beneficio de la tómbola. Los gastos de alquileres de los
respectivos locales, el mantenimiento de las escuelas, el suministro de cuanto se necesita para el culto divino en las tres iglesias, proveer a
las necesidades más apremiantes de algunos, y dar pan a los internos son motivo de cuantiosos gastos.

Ha habido que hacer un gasto serio para montar en la casa talleres y escuelas, ya que, por el número cada vez mayor de internados, era
imposible que aprendices y estudiantes frecuentasen los talleres y escuelas de la ciudad.

Para hacer frente a la multiplicidad de estos gastos no se supo idear un medio más oportuno que una tómbola como ésta, que tiende la
mano a la pequeña beneficencia mediante cualquier medio, ya sea en objetos, ya sea en dinero.

Alguien podría preguntar: no hay rentas fijas para todos estos gastos? Los jóvenes que se reúnen constituyen un número considerable?
Estos jóvenes son solamente de la capital o también de las provincias?

Unas pocas palabras como respuesta.

Para afrontar los gastos que se presentan en estos tres Oratorios y escuelas anejas, no tuve ninguna renta fija, y todo se sostiene a base
de donativos que la divina Providencia inspira al corazón de las personas caritativas.

Los jóvenes que se reúnen son muy numerosos; a veces, suman varios miles en uno solo de estos Oratorios; por lo que los locales
destinados a escuelas y funciones religiosas, aunque son bastante amplios, se han quedado muy reducidos en proporción a los jóvenes que
acuden.

Estos son en parte de la Capital, pero la mayoría procede de las ciudades y pueblos próximos y vienen a la Capital en busca de trabajo o
para dedicarse a los estudios: por ejemplo los internos, actualmente residentes en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales en
Valdocco, casi ascienden a quinientos setenta y de ellos solamente cincuenta son de Turín: los demás proceden de las ciudades y pueblos
de esta y otras provincias.

Por esto, a la par que recomendamos la presente tómbola a nuestros beneméritos conciudadanos, invitamos también a otras personas
caritativas residentes fuera de Turín, a socorrer una obra que, a más de estar orientada a la promoción del bien general de la clase más
necesitada de la sociedad, se extiende también a favorecer a quien quiera aprovecharse de ella de cualquier ciudad, pueblo o provincia a
que pertenezca.

Por el boceto de reglamento adjunto puede cada uno conocer con qué medios y en qué medida puede cooperar a esta obra benéfica.

Los miembros de la comisión que más abajo se citan esperan que sea bien acogido este su proyecto, y con esta confianza piden a Dios
quiera galardonar generosamente a todos los que quieran concurrir aún con una pequeña cantidad.

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((98)) COLEGIOS DE EDUCACION DE LOS PRINCIPES REALES

Moncalieri, 24 de febrero de 1862
Muy Rvdo. e Ilmo. Señor:

Para distraer lo menos posible a los jóvenes príncipes en sus estudios ordinarios se ha determinado que durante el tiempo de su
educación no pueden aceptar la Presidencia de ninguna Asociación o Institución, salvo en rarísimos casos y con el asentimiento de S.M.,
que se ha de obtener directamente por los solicitantes.

((99)) Por tanto, mientras dure esta stancia, deben ellos, aún a su pesar, renunciar al ofrecimiento de la presidencia de la tómbola en
favor de los tres Oratorios mencionados por S.M. Rvda. Señoría: pero se reservan el socorrer a esos benéficos Institutos adquiriendo
números para la tómbola con el peculio de su hucha particular.

El Preceptor de los Reales Príncipes ROSSI

Se dirigió entonces al Alcalde de Turín, marqués Manuel Lucerna de Rora, el cual aceptó la presidencia de la Comisión, así constituida:

Marqués Manuel Lucerna de Rora, Alcalde de Turín, Presidente.
Caballero José Dupré, Vicepresidente.
Comendador José Cotta, Senador del Reino, Cajero.
Caballero Federico Oreglia, Secretario.

Boceto de Reglamento para la Tómbola

1.° Será recibido con la mayor gratitud todo objeto artístico o industrial, es decir labores de bordados, de punto, cuadros, libros,
brocados, telas o vestuario; se aceptará igualmente con agradecimiento todo trabajo en oro, plata, bronce, cristal, porcelana y similares.

2.° En el acto de presentar cualquier objeto, se inscribirá en un registro, indicando la clase del mismo y el nombre del donante, salvo
cuando éste prefiera conservar el anonimato.

3.° Los miembros de la comisión, promotores y promotoras, están encargados de recibir los regalos ofrecidos para la tómbola; después
se les ruega los hagan llegar al lugar de la pública exposición, en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco, en la
forma que les sea menos gravosa.

4.° Los boletos se pondrán en circulación en número proporcionado al valor de los objetos, después de la peritación del Gobiemo Civil
de la provincia de Turín. Por consiguiente este medio de beneficencia se puede llamar, en cierto modo, una liquidación de objetos en
forma de tómbola.

5.° El precio de cada boleto se ha fijado en cincuenta céntimos. El que adquiere diez, recibirá uno más gratuito; el que adquiriese
veinticinco, en un taco rojo, además de la eventualidad del premio de cada número, tendrá asegurado un premio. Cada taco rojo tiene
veinticinco boletos; el último de ellos lleva el premio asegurado; los otros son de color amarillo. Quien gane el objeto primero extraído en
suerte, que está señalado con el número uno, puede elegir el mismo objeto o quinientas liras que una persona le ofrece en su lugar.

6.° Los boletos serán arrancados de un talonario en cuya matriz aparece la firma de un miembro de la comisión e irán marcados con el
sello de la misma.

7.° La exposición de los objetos durará dos meses. Se comunicará en los periódicos el día

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((100)) Teólogo Pedro Baricco, asesor del Municipio.
Conde Biandrate de San Jorge.
Caballero Alleramo Bosco di Ruffino.
Sacerdote Juan Bosco, Director de los Oratorios.
Conde Carlos Cays di Giletta, Caselette.
Empleado César Chiala.
Conde Francisco Costa de la Torre.
Marqués Domingo Fassati.
Marqués Evasio Ferrari de Castelnuovo, Castelnuovo Scrivia.
Caballero Lorenzo Galleani d'Agliano.
Abogado Caballero Marcos Gonella, Chieri.
Comerciante José Migliassi.
Caballero José Mont¨, comerciante.
Conde Alejandro Provana di Collegno.
Caballero José Roasenda di Roasenda, Sciolze.
Marqués Ludovico Scarampi di Pruney.
Conde Aymar Seyssel d'Aix.
Conde Alberto Solaro della Margherita.
Conde José Villa di Monpascale.

del sorteo. Los promotores y promotoras serán avisados con tiempo por escrito, de cuanto se refiere a la marcha de la tómbola
recomendada a su caridad.

8.° Se extraerán tantos números cuantos son los premios a sortear; el primer número sacado ganará el objeto correspondiente señalado
con el número uno, lo mismo el segundo y así sucesivamenre.

9.° Los números premiados serán publicados en los periódicos doce días después del sorteo; luego se comenzará la distribución de los
premios. Los premios no retirados, dos meses después del sorteo, se considerarán regalados a beneficio de la misma tómbola.

N.B. La exposición de objetos se hará en la casa del Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco; mas, para mayor comodidad de
los donantes, se reciben también en la provincia por los beneméritos señores promotores y promotoras, a quienes se ruega enviarlos al
lugar de la exposición, advirtiendo que, cuando hubiere gastos, éstos serán pagados siempre que avisen al Secretario de la Comisión.
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((101)
)

CAPITULO XI

Tómbola del año 1862 -Notas y Documentos

TRABAJOS PARA ORGANIZAR LA TOMBOLA -GRACIOSO COMENTARIO DE DON BOSCO A LAS PALABRAS DE UN
CLERIGO EN SU ALABANZA -REPROCHE A QUIEN COMENTABA UN HECHO PRODIGIOSO SUYO -HUMILDAD
HABITUAL -PERITACION DE LOS OBJETOS RECOGIDOS PARA LA TOMBOLA -DON BOSCO PIDE AL GOBERNADOR DE
TURIN AUTORIZACION PARA LA TOMBOLA: DECRETO DE APROBACION -INAUGURACION DE LA TOMBOLA -DON
BOSCO OBTIENE DEL MINISTERIO PARA ESTE AÑO UN BILLETE GRATUITO PARA VIAJAR POR FERROCARRIL -DON
BOSCO VA A VERCELLI -DIALOGOS DE DON BOSCO EN EL TREN, DE REGRESO A TURIN, Y RESPETO QUE LE
DEMUESTRAN LOS VIAJEROS -ULTIMOS PREPARATIVOS PARA LA TOMBOLA: PROMOTORES Y PROMOTORAS -EL
MINISTRO DE HACIENDA SUSPENDE LA TOMBOLA -CIRCULAR DE DON BOSCO A LOS BIENHECHORES PARA
ANUNCIAR LA ORDEN DEL MINISTRO -MUERTE DE MONSEÑOR FRANSONI

EL Oratorio, escribe Bonetti, bullía con el trabajo de recibir regalos y colocarlos ordenadamente en las salas de la segunda planta, a
levante de la escalera central (donde ahora está la enfermería). Don Bosco no hacía más que pensar; el día 3 de marzo por la mañanita, se
encontró con unos clérigos y seglares, y sonriendo, preguntó a uno de ellos:

-Entre todo lo que has visto durante tu vida, qué es lo que más te ha gustado?

El respondió:

-Don Bosco.

Entonces don Bosco empezó a contar el siguiente hecho:

((102)) "-En la última lotería que hicimos vino a ver los objetos un campesino con su mujer y algunos de sus hijos. Yo les acompañaba
por los grandes salones de la exposición. Mientras otros visitantes se
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detenían para contemplar algún objeto y admirar su belleza y preciosidad, aquel buen campesino no daba la menor señal de admiración;
nada llamaba su atención. Yo decía para mí:

"-Es posible que entre tantos objetos no haya uno que le agrade?

"Anduvimos todavía un rato, hasta que al fin, llegamos a un sitio donde había, entre los regalos, un magnífico y grueso salchichón.

"-íEste sí que es verdaderamente hermoso!, exclamó entonces el campesino, atónito ante aquella maravilla.

"Nos echamos todos a reír por la anécdota: y dijeron algunos en voz baja:

"-Quiere acaso compararse con un salchichón?".

Aquellas palabras parecían una broma, pero representaban fielmente el humilde concepto que don Bosco tenía de sí mismo y que
ninguna alabanza podía halagar su corazón.

Así mismo "uno de aquellos días sentado a la mesa, contaba don Miguel Rúa a quienes estaban a su lado, que cuando él estuvo en
Roma con don Bosco, le contaron el milagro realizado en Turín por el mismo don Bosco, unos años antes. Don Bosco, un poco a
distancia, prestaba atención a lo que decían y nosotros nos dábamos cuenta de cómo se encendían sus mejillas. De repente, volviéndose al
narrador le interrumpió y dijo en voz alta:

"-Calle, nunca he dicho que fuera yo y ínadie debe saberlo!".

Don Domingo Bongiovanni observó:

"Don Bosco era totalmente indiferente a las alabanzas y a los desprecios. Hablando con nosotros los antiguos alumnos, en el día de su
fiesta anual, mientras todos reconocíamos las grandes obras por él realizadas, don Bosco con buenas maneras nos atribuía a nosotros el
bien realizado y en especial a sus ((103)) colaboradores. Yo mismo, el día de la primera misa de mi hermano José, 21 de diciembre de
1862, al elogiar a don Bosco, rodeado de los alumnos del Oratorio y decirle: -El Papa hablando de ti ha empleado la palabra Santo, no
advertí en él cambio alguno en el semblante, ni señal de complacencia. Los más atentos observadores jamás sorprendieron en él ningún
indicio de amor propio en semejantes circunstancias".

Entre tanto los premios recaudados hasta entonces eran trescientos ochenta y tres y el más notable era un cuadro pintado al óleo, que
representaba las tentaciones de San Antonio, valorado en seis mil liras, obra del caballero Federico Peschiera, profesor de la Academia
Ligurina de Génova. Los tasadores oficiales hicieron la lista
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de todos los regalos, en folios de papel timbrado de cincuenta céntimos cada uno y consignaron su declaración 1.

El mismo día 14 de marzo, enviaba don Bosco al Gobernador de la Provincia la petición de autorización para la tómbola 2 ((104)) e
incluía el módulo de boletos, los nombres de los miembros de la comisión, el programa, el boceto de reglamento, la lista de los objetos y
la valoración de Volpato y de Buzzetti.

Una semana después el Gobierno Civil notificaba a don Bosco el decreto solicitado.

1 A petición del celoso sacerdote don Juan Bosco, declaro haber procedido hoy al examen y valoración de los objetos de arte arriba
descritos, que alcanzan la suma de veinticuatro mil setecientas setenta y una liras.
Doy fe.
14 de marzo de 1862.
JUAN VOLPATO

El que suscribe y a petición del reverendo don Bosco ha procedido a la valoración de los objetos comerciales descritos en la lista
expuesta a continuación, que asciende a diez mil ciento setenta y ocho liras con sesenta céntimos.

Doy fe.

Turín, 14 de marzo de 1862.
JOSE BUZZETTI

2 Ilmo. Sr. Gobernador:

Con el vivo deseo de aumentar el bien moral de los jóvenes pobres y abandonados, expuestos a tantos y tan graves peligros,
vagabundeando por las calles de las ciudades y pueblos, he emprendido diversas obras de construcción indispensables para tal fin; mas,
para realizarlas, he debido cargar con tales gastos que ahora me resulta imposible poder hacerles frente sin recurrir a la pública
beneficencia, cuyo favor ya he experimentado varias veces en similares circunstancias. A este fin he invitado a los abajo nombrados
beneméritos señores, suplicándoles su consejo y su colaboración.

Ellos examinaron los motivos de los gastos que son los siguientes:

1.° Pagar una deuda de treinta mil liras gastadas en la restauración de un local donde este año se han albergado hasta doscientos jóvenes
más que los años precedentes.

2.° Pagar el alquiler anual atrasado de la escuela y Oratorio festivo de Vanchiglia, que asciende a seiscientas cincuenta liras, más otras
novecientas por el arriendo transcurrido de dos años por la escuela diaria y el Oratorio festivo de Puerta Nueva.

3.° Ultimar algunos trabajos de construcción realizados en el Oratorio de San Francisco de Sales de Valdocco para clases diurnas y
nocturnas que son de urgente necesidad, dado que es un suburbio muy poblado y extenso.

4.° Proveer de pan a casi quinientos setenta muchachos pobres y abandonados, internados en la casa aneja al Oratorio de San Francisco
de Sales, donde se les proporciona alimento, vestido y el aprendizaje de un oficio.

Estos señores, examinada la necesidad de tales gastos y la de proveer a los mismos, propusieron de común acuerdo la preparación de
una tómbola de objetos y se ofrecen a prestar su colaboración.

Ante esta necesidad, recurro respetuosamente a V.S. Ilma. rogándole la
aprobación de la Comisión de esta tómbola con los miembros abajo indicados y la facultad de publicar el adjunto plan de reglamento:

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EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE TURIN

N. 35. Div. 5. N. 3229. P.G.
Visto el recurso presentado por el Rvdo. Sr. don Juan Bosco, pidiendo autorización para inaugurar una tómbola de objetos regalados
por la generosidad ciudadana, cuyo producto va destinado a favor de los ((105)) Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San
Luis en Puerta Nueva y del Angel Custodio en Vanchiglia;

Visto el adjunto reglamento y plano de la tómbola;

Vista la lista de los objetos regalados, en número de trescientos ochenta y tres, cuyo valor asciende a treinta y cuatro mil novecientas
treinta y nueve liras, con sesenta céntimos, según peritación de los señores Profesor Juan Volpato y José Buzzetti, con fecha 14 del
corriente mes;

Visto el reglamento aprobado por el Real Decreto con fecha 4 de marzo de 1855, n.° 606;

DECRETA

Artículo 1.°. Se autoriza la apertura de dicha tómbola propuesta en conformidad con el plano presentado y con la emisión de sesenta y
nueve mil ochocientas ochenta boletos al precio de cincuenta céntimos cada uno, los cuales deberán ser numerados y debidamente
marcados con el sello de la oficina de la Lotería Real, en el Ministerio de Hacienda, y firmados por un miembro de la Comisión de la
tómbola antes de su distribución.

Artículo 2.°. El producto de los boletos, a medida que se vendan, será depositado en la caja de la Comisión, para ser después destinado
al servicio indicado en el programa y correspondiente plano.

Artículo 3.°. En la comunicación al público de la presente tómbola se darán a conocer las normas del presente decreto.

Artículo 4.°. Se fija el día 1 de julio para el sorteo de dicha tómbola, en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales en
Valdocco, en presencia de los miembros de la Comisión y del Alcalde de la Ciudad de Turín, encargado de velar por la exacta
observancia de las condiciones anteriormente establecidas y las que más tarde juzgase oportuno ordenar este Gobierno Civil, y cuyo
incumplimiento hará nula y dejará sin ningún efecto la tómbola.

1.° Poder vender sesenta y nueve mil ochocientos ochenta boletos a cincuenta céntimos la unidad, por un total de 34.939,60 liras
corrrespondientes al valor de los objetos indicados.

2.° Que cada boleto esté firmado por un miembro de la Comisión y con el sello de la misma, como ya fue concedido por los decretos de
7 de marzo de 1854 y anteriores para las loterías precedentes, autorizadas por este benemérito Gobierno Civil.

Persuadido de que su bondad y caridad querrá tomar en benévola consideración mi humilde súplica, le aseguro que conservaré viva
gratitud y, también en nombre de los jóvenes beneficiados, le auguro copiosas bendiciones del cielo, expresándole la plenitud de mi
estima y reconocimiento.

Turín, 14 de marzo de 1862.

JUAN BOSCO, Pbro.

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Artículo 5.°. No se podrá aumentar el número de boletos, ni diferir el sorteo de la tómbola sin previa aprobación superior.

Turín, 21 de marzo de 1862.

Por el Gobernador
RADICATI

Entre tanto el salón con los premios, que aumentaban cada día, estaba en perfecto orden. Por esto, "el domingo 23 de marzo, que se
celebraba en el Oratorio la esperada fiesta de San José, dice Bonetti, ((106)) se hizo la inauguración de la tómbola. El concejal del
Municipio señor Galvagno, representó al Alcalde. Habían sido invitados muchísimos señores, pero ninguno o casi ninguno compareció en
el Oratorio, porque aquel día nevaba copiosamente. Se celebró una pequeña velada en la que se cantó la canción de Cagliero -El poeta y
el filósofo-y se declamaron algunas composiciones de ocasión. Con todo no pudo darse una jornada más aburrida que aquella".

Don Bosco había decidido ir a visitar, después de la inauguración, diversas ciudades del Piamonte, para promover eficaz y
personalmente los intereses de la tómbola. Pero como estos viajes habían supuesto un fuerte gasto, él había suplicado con tiempo a
Ricasoli, Ministro de Gobernación, le concediera la renovación del billete de circulación gratuito en segunda clase, que se le había
concedido solamente para el año 1861. El esperaba que su recurso sería atendido favorablemente, tanto más cuanto que había aceptado en
el internado a un muchacho recomendado por el mismo Ministro. Su escrito obtuvo la siguiente respuesta:

MINISTERIO DE GOBERNACION
Div. 2.ª. Sec. 1.ª. N. 4633 -1298

Turín, 20 de febrero de 1862

El infrascrito, mientras da las gracias debidas por las favorables intenciones expresadas respecto al ingreso del huérfano Juan Fissore, le
participa haber ordenado hoy que el propio huérfano se presente en este establecimiento para las oportunas comprobaciones, a las que se
refiere su estimada carta del 8 del corriente mes.

Y como, en la última parte de su escrito, suplica un billete de favor para los ferrocarriles, el infrascrito, con el fin de secundar, por
cuanto le es posible, el expresado permiso, le ruega indique la línea de ferrocarril a que alude y citar la fecha y el número de la superior
disposición, en virtud de la cual conseguía el pasado año semejante favor.

El Director General
SALINO

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Don Bosco comunicó las requeridas explicaciones a este Ministerio, el cual las transmitió al de Trabajo y concluyó ((107)) declarando a
don Bosco que no podía complacer su demanda 1.

Entonces don Bosco pensó en conseguir aquel favor por otro camino, recordando sobre todo que Ricasoli, Presidente de Ministros,
había presentado la dimisión el 3 de marzo y le había sucedido Urbano Rattazzi, titular a la vez del Ministerio de Gobernación. Y, en
efecto, alcanzó lo que deseaba del comendador Bartolomé Bona, senador del Reino y Director General de ferrocarriles.

Uno de sus primeros viajes fue a Vercelli, para tratar algunos asuntos con el Arzobispo, con el Canónigo Arcipreste de la catedral don
Pedro Degaudenzi y con el párroco de Santa María la Mayor don Juan Momo. A la vuelta tuvo, como siempre, un encuentro digno de
notar, que nos lo contó el párroco de Rossignano, monseñor Bonelli.

"Salí de Vercelli directamente para Casale, con el predicador de la cuaresma, que era de Génova. Los asientos estaban casi todos
ocupados por los viajeros, cuando he aquí que entró otro sacerdote, joven en apariencia. Pasó el revisor para la inspección de billetes y
observé que el joven sacerdote presentaba un papel blanco, que resultó ser un billete de rebaja. Esto me dio que sospechar y, mientras yo
le miraba fijamente, él, sin más, me preguntó:

"-Perdón, quién es usted?

((108)) "-Perdone, le respodí, que antes le diga si tiene la bondad de comunicarme su nombre.

"-Soy un pobre sacerdote, cuyo nombre le importará muy poco conocer.

"-Acaso de Turín?

"-No soy de Turín, sino de un pueblo no muy distante, de Castelnuovo de Asti.

"-Conozco a algunos de Castelnuovo, entre otros al reverendo

1 MINISTERIO DE GOBERNACION
Administración

Turín, 18 de marzo de 1862.

Siento tener que participarle que quedaron sin efecto los oficios enviados por este Ministerio al de Trabajo, con el fin de obtener los
viajes gratuitos en los ferrocarriles del Estado, habiendo objetado el mismo Ministerio de Trabajo que tal favor del Real Decreto de 26 de
diciembre de 1861, está reservado exclusivamente a los miembros del Parlamento y a los funcionarios que se encuentran en los casos allí
previstos.

Por el Ministro
CAPRIOLIO

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VOLUMEN VII Página: 101

señor Bertagna, que fue mi compañero en la escuela. Y usted, conocerá tal vez a don Bosco?

"-Sí, bastante.

"-He oído decir que está trabajando para abrir un colegio en Mirabello.

"-Sí, estoy informado de ello.

"-Y cree usted que saldrá a flote en este asunto?

"-íBueno! Ya veremos cómo se las apaña. Es una obra, a decir verdad, un poco atrevida, ésa en la que se mete el buen hombre. Ya

veremos cómo se resuelve.

"-Yo, en cambio, repliqué, creo que todo le irá bien, porque don Bosco triunfa siempre en su empresas.

"-Pues yo lo dudo... íBueno! Veremos lo que conseguirá.

"-Pero yo sé que en Turín sus escuelas funcionan a las mil maravillas y que tienen un excelente profesorado. Seguro que también lo

enviará a Mirabello. Usted, que me parece bien informado sobre las cosas de don Bosco, sabría decirme si todos sus profesores están
titulados?

"-Algunos tienen títulos equivalentes; pero todos son de gran talento, saber y dedicación. Hasta tiene un joven de dieciocho años que da
clases de primero de Retórica.

"El predicador, que hasta aquel momento se había mantenido en silencio, exclamó con cierta ironía:

"-Y encima eso: íun maestro de dieciocho años y nada menos que de Retórica! Oiga, señor; antes de lanzar una mentira hay que
pensárselo bien.

"-Mire, contestó aquel sacerdote; vaya a Turín, llame a este joven, examínele de latín, de griego, de historia, de ((109)) literatura y
comprobará si digo la verdad o no. (Este profesor era el clérigo Francisco Cerruti)

"-Que un joven de dieciocho años pueda ser un estudiante de Retórica mediocre, estoy persuadido. Y, si quiere, le concederé a lo sumo
que sea óptimo; pero, profesor? Vuelvo a repetirle que antes de soltar una bola hay que pensárselo bien.

"Y como el tono del predicador se hacía cada vez más irónico y todos los viajeros estaban pendientes del diálogo, le corté la palabra en
la boca y, sin más, dije al sacerdote:

"-Cuántos años tiene usted?

"-Cuarenta y siete.

"-Entonces usted es don Bosco.

"-Sí señor, yo soy don Bosco.

Fin de Página 101

 

VOLUMEN VII Página: 102

"-Apenas hubo pronunciado su nombre cuando todos los demás viajeros se quitaron el sombrero para saludarle. El predicador quedó
turbado por un instante y después añadió:

"-Dispense, si fui un tanto atrevido en mis expresiones; yo ro sabía con quién tenía el honor de hablar, pero ahora, que sé que es usted
el mismo don Bosco, declaro creer totalmente cuanto ha dicho.

"-Yo, más tarde, hablando con los seminaristas les narraba esta anécdota, y concluía diciendo:

"-Si los sacerdotes no son respetados, a veces es culpa suya. Los verdaderos sacerdotes, siempre tienen muchos que los quieren, por no
decir todos. En efecto, al nombre de don Bosco, aún los que no le conocían, le saludaron".

Regresaba don Bosco al Oratorio, pero aún no estaban abiertas las salas de la tómbola para la exposición de los premios. El trabajo, no
obstante, era continuo. Don Bosco había establecido delegaciones para recibir premios y distribuir papeletas, en muchas ciudades y
poblaciones de Italia septentrional y central, de modo que los promotores eran trescientos veintisiete y doscientas ocho las promotoras,
entre los cuales había gran número de personas de la alta sociedad. Cuando he aquí que el Gobierno Civil notificaba a don Bosco una
disposición del Ministerio de Hacienda que no permitía, por el momento, inaugurar la tómbola.

((110)) GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN

N. 3745 -597
Turín, 4 de abril de 1862

El ministro de Hacienda, a quien fue presentada la instancia del sacerdote don Bosco, pidiendo autorización para la tómbola indicada al
margen, mediante una nota con fecha 1 del mes corriente, ha notificado a este departamento que, conforme a lo dispuesto por el artículo
tercero del Reglamento sancionado por Real Decreto de 4 de marzo de 1855, y mientras no se haya terminado la lotería benéfica
actualmente en marcha y autorizada en favor de los heridos de la guerra italiana, cuyo sorteo tendrá lugar el 18 próximo, no podrá atender
a la súplica del citado sacerdote para iniciar la prevista por él, no existiendo norma de aprobar autorizaciones preventivas. Al poner en
conocimiento del reverendo don Bosco cuanto se declara, el que suscribe, en nombre del mencionado Ministerio, se complace en añadir
que el mismo no tiene dificultad ninguna para autorizar la tómbola de que se trata, apenas haya transcurrido el indicado término.

Se devuelven entre tanto todos los escritos relativos a la misma.

Por el Gobernador
RADICATI.

Fin de Página 102

 

VOLUMEN VII Página: 103

Don Bosco, para quien resultaba ventajosa la espera, remitía esta circular a los promotores.

Benemérito Señor:

Cumplo el deber de comunicar a V.S. que la pública exposición de la lotería confiada a su caridad, debe diferirse unos días por
coincidir con otra de carácter similar inaugurada en esta ciudad. Espero, sin embargo, que en breve se podrá señalar el día y entonces me
apresuraré a comunicárselo. Entre tanto, para ganar tiempo y atender a diversos cuidados y encargos que faltan por realizar, le ruego
respetuosamente envíe al local destinado para la exposición, los objetos que V.S. y otras personas caritativas quisieran regalar en ayuda
de esta necesidad. Como un considerable número de objetos numerados y valorados, ya fueron presentados y aprobados por el Gobierno
Civil de esta ciudad, comienzo por enviarle X... boletos a fin de alcanzar algún socorro para estos Oratorios, que pasan verdaderas
estrecheces. Como no se puede todavía hacer la exposición pública sólo podremos vender los boletos privadamente. ((111)) Para su
norma, frente a toda eventualidad, le notifico que los gastos que deba hacer para esta tómbola puede cobrarlos del importe que confiamos
recaudar con los boletos de la misma. Reciba los augurios de todo bien del cielo, mientras con todo aprecio tengo el honor de profesarme.

De vuestra Señoría

Turín, abril de 1862.

Su atento y seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

Como se ve, don Bosco no disminuía su actividad en favor de la tómbola, a pesar del gravísimo dolor que le afligía aquellos días.

El 26 de marzo de 1862, moría santamente en Lyon el Arzobispo de Turín monseñor Luis Fransoni, bendiciendo a sus amigos y
enemigos. El pudo repetir con San Gregorio VII: Dilexi justitiam et odivi iniquitatem; propterea morior in exilio. (Amé la justicia y odié
la iniquidad; por ello muero en el exilio).

El Capítulo de la Catedral de Turín elegía como Vicario Capitular al canónigo Zappata.

En el Oratorio se rezó mucho por el alma del invicto y glorioso Prelado. Aunque despojado de las rentas del Obispado, había reducido
tanto sus ya escasos gastos de vida, que empleaba los ahorros para alivio de los pobres y también de los Oratorios de don Bosco. Estos no
olvidarán al amado pastor.

Su memoria se conserva y será siempre venerada y bendita en la Pía Sociedad de San Francisco de Sales y su nombre se repetirá con
aplauso en cualquier parte del mundo donde se recuerde a don Bosco. Si éste consiguió fundar sus obras, al santo Arzobispo debe
atribuirse un mérito especialísimo: él fue el consejero, el defensor, el bienhechor, el padre de las mismas.
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((112))

CAPITULO XII

UNA DEUDA CON URGENCIA DE PAGO -DONATIVO DEL REY A LOS CLERIGOS DEL ORATORIO -NUEVO EDIFICIO A
LO LARGO DE LA CALLE DE LA JARDINERA -DON BOSCO CUENTA CON LA AYUDA DE LA DIVINA PROVIDENCIA
-POR QUE NO SE SIGUIO UN PLAN PREVIO Y NORMAL: DIOS NO PROMETE SOCORRO PARA GASTOS SUPERFLUOS
-LIMOSNA EXTRAORDINARIA -OTROS TRABAJOS -EL TALLER DE CERRAJERIA -DISPOSICION DE TODOS LOS
TALLERES: NUEVO REGLAMENTO -DESORDEN DETENIDO -IMPORTANCIA DE LA ELECCION DE BUENOS MAESTROS
DE TALLER -FIN DESASTROSO DE UN OBRERO -UN EXCELENTE JEFE PARA LOS CERRAJEROS

AUNQUE se suspendió la tómbola, don Bosco no interrumpió la ejecución del proyecto de construir un nuevo edificio en el Oratorio, si
bien no contaba con un céntimo y estaba cargado de deudas. Lo deducimos de una carta dirigida a la marquesa de Fassati, que
ciertamente tuvo una generosa respuesta.

Turín, 20 de marzo de 1862.

Benemérita Señora Marquesa:

Me encuentro esta mañana en un gran apuro. Necesito pagar una cantidad, para la que me faltan cuatrocientas liras y no puedo
aplazarla. Si usted pudiera decir una palabra al señor Marqués para que me las dé como limosna, o simplemente me las preste, haría una
verdadera obra de caridad; en el segundo caso, podría hacer frente con las ganancias que espero conseguir de la tómbola.

Perdone esta molestia; el Señor no dejará de recompensárselo a usted, al señor Marqués y a toda la familia.

Con todo mi agradecimiento, me profeso respetuosamente.

De V.A.

Seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((113)) Al mismo tiempo dirigía una súplica al Rey, firmada por todos
sus clérigos.
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Augusta y Real Majestad:

Los clérigos, abajo firmantes, respetuosamente exponen que, por ser huérfanos o hijos de padres pobres, se encontrarían en la
imposibilidad de continuar en el estado, al que les parece estar llamados por Dios, sin la suerte de haber sido admitidos caritativamente
un día en el Oratorio de San Francisco de Sales. Pero ahora se hallan muy necesitados para poderse proveer de la ropa conveniente para
las sagradas funciones y también para el uso ordinario, lo mismo que para ayudar al presbítero Juan Bosco, su superior, que en estos
momento pasa grandes apuros, a causa de los muchos jóvenes internados.

Por este motivo recurren a la conocida bondad de S.M. suplicándole quiera otorgarles, del tesoro del Economato, el mayor donativo que
le pareciere oportuno: ya en la persona de cada uno de los abajo firmantes, ya en la de su superior el presbítero Bosco.

Rogamos al Cielo quiera derramar copiosas bendiciones sobre S.M. y sobre toda la familia real. Con todo el agradecimiento se
profesan.

1862.

Sus humildes y seguros servidores (Siguen las firmas)

Obtuvo una respuesta favorable.

REINO DE ITALIA

MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA Y DE CULTOS

4.ª Div. -N.° 26241

Turín, 23 de abril de 1862

El que suscribe participa a V. Rda. S. que su Majestad, en audiencia de 21 del corriente se ha dignado señalar, en favor de varios
jóvenes clérigos internados en ese establecimiento, una ayuda con cargo al Real Economato General, de cuatrocientas liras pagaderas a

V.S.
Por orden del Ministro

El Director Superior

A. MAURI.
A don Bosco.

((114)) La nueva construcción debía levantarse a lo largo de la calle de la Jardinera, sombreada por una hilera de moreras, es decir en el
mismo espacio ocupado por el cobertizo arrendado un tiempo por Filippi a Visca y ahora propiedad de don Bosco. El nuevo edificio, algo
más largo que el cobertizo, mediría casi sesenta metros de longitud, por siete con veinte de anchura y doce de altura. La planta baja estaba
destinada a imprenta con doble número de máquinas, almacén de materiales y taller de carpintería. La segunda planta y los desvanes a
dormitorios. Al extremo de este edificio, por levante, se abriría una nueva y cómoda portería con entrada para los carros, salón para
recibir a los familiares de los alumnos y la estancia del portero.

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La antigua portería, con el vestíbulo y el salón adjunto, todo cerrado al paso exterior y reducido a un solo local, debía habilitarse para
taller, almacén de papel y de libros impresos.

Era un trabajo costoso, pero don Bosco había dicho al principiar el año:

-Cuando emprendo una obra que ha de ser para gloria de Dios, nunca me regulo por el dinero que tengo, sino por la necesidad en que
me encuentro; porque estoy seguro de que la divina Providencia nos socorre en tal situación. Hasta el presente nunca nos faltó.

Don Francisco Dalmazzo le oyó repetir muchas veces, desde 1861, que la casita de Valdocco se transformaría en un edificio colosal con
amplios soportales: que desde aquí se extendería su Pía Sociedad por las diversas partes del mundo, que muchos de sus jovénes,
ordenados sacerdotes, irían como misioneros a la lejana América.

El maestro de obras Carlos Buzzetti, a quien don Bosco había hecho que consiguiera la patente de constructor, ponía manos a la obra.

Habría sido muy ventajoso llevar desde el principio un plan general de las futuras edificaciones, y, de acuerdo con él, agrandar poco a
poco ((115)) la Casa. Don Bosco tenía en la mente este proyecto, pero las prisas le obligaron a irse adaptando a las exigencias impuestas
por la economía, las estrecheces del lugar y las necesidades urgentes de cada momento. Por eso se conservaron los cimientos y una parte
de los muros del cobertizo ya citado y sobre ellos se levantó la edificación. Como actualmente se observa, la ampliación del Oratorio
hacia el mediodía forma casi una diagonal en medio de los patios. Don Bosco aseguró posteriormente en repetidas ocasiones que aquel
edificio sería derribado, al correr del tiempo, por desfigurar la simetría interna del Oratorio: pero que mientras él viviera, no permitiría tal
derroche.

-El Señor nos ha prometido, decía, y proporciona todos los medios necesarios para una obra gigantesca, pero no los prometió para
empresas de adorno superfluo.

Y los medios no faltaron. Narraba el mismo don Bosco a sus jóvenes en las vacaciones otoñales de 1862 un hecho sucedido durante el
mes de junio, verdaderamente ruidoso o al menos providencial, según se explique. El maestro de obras se le había presentado pidiéndole
unos miles de liras para pagar a los obreros. Don Bosco sabía perfectamente que no tenía dinero, pero no se atrevió a darle una respuesta
negativa, sabedor de los apuros de Buzzetti. Subía poco después a su habitación pensando poder hallar la cantidad reclamada,
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y mientras, sentado a la mesa, revolvía papeles, cartas y planos, apareció de pronto un sobre, cuya procedencia ignoraba. Lo abrió y
encontró las cinco mil liras, que necesitaba el maestro de obras; bajó tranquilamente y se las entregó. Este hecho demuestra el sumo
cuidado que Dios tiene con sus siervos, ya sea que El inspirara a alguien que llevara secretamente aquel dinero, ya sea, digámoslo
también, que prodigiosamente lo hiciera aparecer allí. íEs tan bueno el Señor! Don Bosco no supo nunca de dónde procedía aquel
donativo.

Buzzetti estaba encargado de otro trabajo. Una ((116)) caseta de madera abierta, con techo cubierto de tejas, servía para depósito de los
utensilios de albañilería y para la cal, bajo las ventanas de la habitación de don Bosco a mediodía. Aquí se debía levantar un pórtico con
columnas, de catorce metros de longitud por cuatro de alto y seis con setenta y cinco de anchura, que sostenía una terraza abovedada.
Cerrados con pared los espacios entre columna y columna salía una hermosa sala donde se trasladarían las máquinas de la primera
tipografía, hasta que estuviese preparado el nuevo local destinado para ella; y después la fundición de los tipos de imprenta habría
ocupado su lugar.

Estos planos fueron ejecutados a su tiempo, pero como se requería una gran cantidad de trabajos en hierro, don Bosco comenzaba el
taller de cerrajería. Destinó para ello la sala adonde, como ya queda dicho, había emigrado el maestro Miglietti desde la vieja portería con
sus alumnos externos. A él se le asignaba para la clase un local en los primeros pórticos, junto a los talleres de encuadernadores de libros,
zapateros y carpinteros. Los sastres trabajaban en el primer piso, detrás del despacho de don Víctor Alasonatti, y en la planta baja de la
casa que fue propiedad de Filippi, trabajaban algunos tintoreros y sombrereros.

El aumento progresivo de talleres obligó a don Bosco a modificar los dos reglamentos precedentes, que asignaban al jefe de taller la
responsabilidad del trabajo, de la economía, de la disciplina y de la moralidad de los alumnos.

Por tanto preparó uno nuevo en el que encargaba totalmente cada taller a un asistente seglar de la casa, el cual debía ser ayudado por el
jefe de taller 1. Entre los primeros asistentes se cuentan José Rossi y José Buzzetti.

1 Reglamento de los Talleres

1.° Los aprendices de cada taller deben estar sometidos y obedecer al asistente y al maestro de taller, que son sus inmediatos superiores.
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((117)) El caballero Federico Oreglia fue nombrado poco tiempo después jefe de tipografía y encuadernación.

Con estas modificaciones del reglamento aún no quedaban establecidas definitivamente todas las normas para la buena marcha de los
aprendices. Al crecer el número de éstos y la importancia de sus trabajos, la parte disciplinaria y moral quedó confiada a los clérigos,

2.° Ningún alumno puede emprender o cambiar de oficio sin permiso del Ecónomo o del Director.

3.° En los talleres está absolutamente prohibido fumar, beber vino, jugar y toda clase de diversión. En ellos se observará riguroso
silencio, compatible con el oficio o profesión.

4.° Ningún alumno puede salir del taller sin permiso del Asistente; cuando fuese necesario mandarles por cualquier trabajo o encargo

fuera de casa, el Asistente procurará el oportuno permiso del Ecónomo o del Prefecto.

5.° Ningún trabajo ajeno a la casa o de cualquier importancia puede realizarse sin previa inteligencia con el Ecónomo.

6.° Todo trabajo será anotado por el Asistente en un registro, con la fecha, el precio convenido, nombre y dirección de aquél por cuenta

de quien se hace, y las demás indicaciones necesarias.

7.° El Asistente vigilará atentamente la conducta moral de los alumnos y su puntualidad en el trabajo.

8.° Tanto el Asistente como el Jefe de taller deben impedir toda suerte de malas conversaciones y cuando sepan de algún culpable,

darán cuenta enseguida.
9.° El Asistente y el Jefe de taller procurarán hallarse con tiempo a la entrada de los alumnos en los talleres, para evitar los

inconvenientes que en aquel momento pudieran ocurrir y para distribuir a cada alumno el trabajo, sin que tengan que perder tiempo.

10.° Cuando el Jefe de taller deba salir para tomar medidas u otras cuestiones, avisará al Asistente.

11.° Corresponde particularmente al Jefe de cada taller amaestrar al aprendiz en su propio arte y procurar que todo trabajo esté bien

realizado y con economía.

12.° Para proveer de los objetos y materiales necesarios, el Asistente avisará al Ecónomo, de quien recibirá las órdenes convenientes. Si
hubiere de ausentarse para proveerse de material para juzgar del cual no se cree lo suficientemente práctico, irá acompañado del Jefe de
taller o de algún otro, dejando sustituto para la asistencia de los aprendices.

13.° El sábado de cada semana, después de consultar el parecer del Jefe, el Asistente dará al Ecónomo nota sobre la conducta de todos

los aprendices del taller, poniendo especial atención en la diligencia en el deber y en su comportamiento moral.

14.° El mismo dará también nota al Ecónomo de todos los trabajos realizados durante la semana.

15.° Cada mes hará, de acuerdo con el Jefe de taller, un inventario de todos los materiales existentes en almacén y de todas las

herramientas e instrumentos de trabajo.

16.° Si algo se hallase deteriorado o en falta por culpa de alguno, se proveerá por cuenta del culpable, y, si éste no se conociese, se hará
por cargo a todos los alumnos del taller.

17.° El trabajo comenzará con el Actiones (ofrecimiento) y una Avemaría. A mediodía se rezará siempre el Angelus, antes de salir del
taller.

18.° Recuerden los Asistentes y Jefes de taller que con el celo y la caridad pueden hacer un gran bien, por el que serán recompensados
por el Señor.

19.° Reflexionen los alumnos que el hombre ha nacido para trabajar, y que solamente el que trabaja con amor y constancia encuentra
ligera la fatiga y logra aprender el oficio elegido para ganarse honradamente el sustento.

20.° Estos artículos serán leídos a los jóvenes por el Asistente o por quien haga sus veces, cada quince días, con voz clara, y habrá
siempre una copia expuesta en el taller.

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a quienes se dio el título de asistente, mientras seguían los hermanos seglares con la dirección material y económica. ((118)) En
consecuencia don Bosco formuló un cuarto reglamento, que en sustancia varió poco y es el mismo que en 1877 fue impreso para las casas
de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales.

Pero, entre tanto, la experiencia demostró que ya en 1862 era necesario el reglamento de los talleres. En el de cerrajería acaeció un
grave desorden contra el artículo 3.° del reglamento.

Al acercarse la fiesta de san Eloy patrono de aquel oficio, los dos obreros externos y sus aprendices se pusieron de acuerdo para
celebrar la fiesta con una buena comida o merienda. Cotizaron y se proveyeron de vino y comestibles. Enterado don Bosco del asunto, lo
prohibió, precisamente por los desórdenes que podían sobrevenir, y porque los demás talleres hubiesen pretendido hacer lo mismo en
semejante circunstancia, de haber esperado una imprudente tolerancia. Pero los cerrajeros, ingresados en parte hacía poco en el Oratorio y
no habituados todavía a la obediencia, no avezados a la sumisión, respaldados por quien debía contenerlos, usando alguna precaución,
quisieron igualmente hacer jolgorio.

No obstante, don Bosco, que era muy condescendiente al dar órdenes, cuando la necesidad le obligaba a tomar una decisión tajante,
entonces sabía imponer su autoridad, y no dejaba impune la rebeldía. Sin embargo, aborrecía toda forma precipitada y violenta; y
esperando a la mañana, dio sus avisos al Prefecto. Este llamó a los jóvenes responsables y, tras una reprensión razonada y serena, les
envió a sus casas. Fue una lección justa y útil también para otros del Oratorio que hubiesen ((119)) sufrido la veleidad de rebelarse contra
los superiores, de manera que durante muchos años no hubo trasgresiones importantes ni colectivas a las reglas. Pestilente flagellato
stultus sapientior erit (golpea al arrogante y el simple se hará avisado), dice el Espíritu Santo (Prov. XIX, 25).

Sin embargo, don Bosco, ante la súplica de los alumnos expulsados que pedían perdón y prometían obediencia, readmitió a la mayoría;
pero se mantuvo firme en no admitir a los dos obreros externos. Y acertó. Un maestro de taller tiene más influencia que nadie sobre los
jóvenes, lo mismo para el bien, que para el mal, porque depende directamente de él su porvenir profesional. Por eso don Bosco debía ser
prudente en la elección y riguroso en apartar de aquel cargo a quien se hiciere indigno del mismo. Y parece que Dios confirmó su
resolución.

"Me encontré, narraba José Reano, junto a la iglesia de San
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Dalmacio, con un jefe de taller despedido del Oratorio, el cual me dijo:

"-Reano, has de saber que don Bosco y don Angel Savio se las tendrán que ver conmigo.

"-Y por qué me sale ahora con eso?, respondí; no me gustaría saber nada de ello porque sufro mucho al oírlo.

"Pero como el otro se irritó con sus recriminaciones, le contesté:

"-Escuche, señor, atienda mi consejo: lo que pasó, pasado está, y yo no puedo convertirme en juez del caso. A usted no le falta trabajo;
deje, pues, correr el agua al pilón. Quiere declararse enemigo de don Bosco? Yo no me atrevería a tanto, ni siquiera por todo el oro del
mundo.

"A mis palabras se enfureció y llegó hasta meterse conmigo, de forma que nos separamos descortésmente.

"Pocos meses después, huyó de casa su mujer y a las pocas semanas se escapó su hija mayor. Seis meses más tarde fue víctima de un
ataque apoplético, que le dejó paralizada una pierna ((120)) y le obligó a caminar apoyándose en un bastón. Transcurrido un año, un
nuevo ataque le quitó la vida. Su segundo hijo, sin padre ni madre, vivía a duras penas y era socorrido alguna vez por don Bosco.

La divina Providencia favorecía entre tanto a don Bosco proporcionándole buenos jefes de taller, algunos excelentes, de quienes
haremos honrosa mención a su tiempo. Por ahora nos conformamos con nombrar a uno sólo, al cerrajero Juan Bautista Garando, que era
fervoroso cristiano, chapado a la antigua y auténtico artista en su oficio. Durante varios años había aceptado en su taller a muchachos
recomendados por don Bosco y todos quedaron muy contentos de tal maestro. Por falta de clientes y quiebras económicas, había tenido
que cerrar su taller y se vio obligado a trabajar de simple obrero con un amo. En 1863, Pedro Enría, que había trabajado tres años bajo su
dirección, lo encontró por Turín, diole muchas muestras de cariño y le pidió sus noticias. Respondióle que de salud, gracias a Dios, no
estaba mal.

-Pero, fíjate; añadió, a qué punto he llegado a mis setenta años. Me toca hacer de mozo en un taller.

Enría le respondió:

-Querido Bautista, quiere venir conmigo al Oratorio? Estoy seguro de que don Bosco le aceptará enseguida en casa, tanto más que tiene
dificultades para poner en marcha un taller de cerrajería.

-íAh! exclamó Garando; si el Señor y la Virgen me concedieran esta gracia, yo no saldría jamás de aquel lugar.
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Don Bosco lo admitió y se encontraba tan feliz el buen artista que repetía:
-He entrado en el paraíso.
Trabajaba como un joven de veinte años, enseñaba con diligencia a sus alumnos y vigilaba para que no diesen el menor disgusto a don

Bosco. Fue él quien preparó después todos los armazones de hierro para al iglesia de María Auxiliadora y especialmente los ventanales.
Vivió cuatro años en el Oratorio repitiendo hasta el último instante de su vida:
-Bendito sea el día en que don Bosco me aceptó es su casa.

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((121))

CAPITULO XIII

CARIDAD DE DON BOSCO AL VISITAR A LOS ENFERMOS DE LA CIUDAD: LES AYUDA Y TRANQUILIZA SUS
CONCIENCIAS -SU METODO PARA PREPARARLOS A BIEN MORIR -A UNA SEÑORA, LLEGADA A SU FIN Y CURADA
POR SU BENDICION, LE PREDICE QUE PASARA SU PURGATORIO EN ESTE MUNDO -PREDICCION DE MUERTE: UN
SUEÑO, UNA APARICION; CITA A UN JOVEN PARA LA ETERNIDAD; UN ATAUD -MUERE UN ALUMNO Y DON BOSCO
DICE QUE NO ES EL DEL SUEÑO; REVELA ENTONCES LA LETRA INICIAL DE SU NOMBRE

DON Bosco seguía ejerciendo también caridad fuera del Oratorio, especialmente visitando enfermos. Iba a los palacios, a las casas de los
ricos y de los pobres, y si sabía que había enfermos de la familia del dueño o de la servidumbre, suplicaba verles para decirles una palabra
de consuelo espiritual. Era tan conocida esta su costumbre, que con frecuencia le llamaban a su lecho.

"Los enfermos, dice la crónica de Bonetti, parecen aliviarse de sus males, cuando logran tener a su lado a don Bosco y lo desean como
para estar más seguros del paraíso. La condesa de Lazzari, postrada en cama, hoy, 14 de marzo y viernes, le mandó llamar al Oratorio. El
criado no le encontró en casa; sabedor de la impaciente espera de su señora, preguntó en qué lugar de Turín podría encontrarle; y ((122))
al indicárselo, marchó rápidamente en su busca y le acompañó hasta casa de la condesa. La ejemplar y fervorosa cristiana se consoló al
verlo, y pretendía por todos los medios que don Bosco le dijese, si muriendo en aquel estado, iría al paraíso. Le preguntaba:

"-Han sido siempre buenas mis confesiones?

"Don Bosco sonreía al ver cómo la señora confiaba en él hasta tal punto; pero él, como dijo haber hecho en otras circunstancias
semejantes, trató de escurrirse del mejor modo que pudo haciendo alguna pregunta que le pusiese en grado de llevar la paz al corazón".

También a los enfermos muy graves sabía don Bosco confortarlos maravillosamente.

"El día 16 de marzo, hablándonos de la muerte a nosotros los
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clérigos, advirtió cómo este tremendo paso había asustado aún a los mejores, hasta a los más grandes santos.

"-Pero yo, dijo, cuando voy a visitar a un enfermo grave no me pongo a comunicarle que es necesario prepararse, que puede ser que no
muera y recobre la salud: son palabras que no disminuyen en nada la angustia de la muerte. Yo le hago presente que estamos en las
manos de Dios, que es el mejor padre que puede existir, que vela continuamente por nuestro bien y sabe qué es lo mejor para nosotros y
lo que no lo es. Por esto le animo a abandonarse en sus manos como un hijo se abandona en las de su padre y a estar tranquilo en ellas.
De este modo el enfermo queda aliviado de aquella angustia de muerte, encuentra un supremo placer pensando que su suerte está en
manos de Dios y está en paz y se prepara esperando lo que en su bondad infinita quiera disponer para él".

Pero junto al lecho de los pacientes don Bosco llevaba algo más que palabras de alivio y consuelo. Nos escribió la señora Delfina
Marengo:

Era el invierno de 1862. Mi madre, que contaba entonces cuarenta años, cayó gravemente enferma del tifus y de pulmonía; después de
casi dos meses de enfermedad llegó al fin de la vida. Recibió los sacramentos, ((123)) incluido el de la Santa Unción y fue visitada por el
siervo de Dios don Bosco, según deseo e invitación del teólogo Félix Golzio, confesor de la enferma.

Apenas se acercó don Bosco al lecho, preguntóle afablemente cómo se encontraba, y ella, que estaba en plena lucidez le reconoció y
agradeció su visita. Entonces el santo varón nos hizo rezar a mí y a mi hermana tres Avemarías juntamente con él, después de las cuales
me dijo a mí, que era la mayor:

-Animo, tu madre no morirá, porque vosotras sois todavía demasiado jóvenes y la necesitáis mucho.
Volviéndose después a la enferma, añadió:
-Pero yo le he dicho al Señor que le haga pasar aquí su purgatorio; no se extrañe, por tanto, ante las tribulaciones.
Mi madre, que era una santa mujer, respondió con un hilillo de voz:
-Yo quiero hacer siempre la voluntad de Dios.
Y don Bosco respondió:
-Así vamos bien.
La bendijo y salió.
A partir de aquel momento mi madre empezó a mejorar y al día siguiente pidió permiso al médico para chupar un espárrago. El doctor,

que se había sorprendido al encontrarla todavía con vida, tomándole el pulso, respondió:
-No un espárrago, sino una tajada de pollo.
La convalecencia fue larga y difícil, pero curóse del todo; tanto que no volvió a caer enferma en treinta años.
Sus tribulaciones fueron muchas, sobre todo psicológicas, y cada vez que se le presentaba una nueva, solía decir bromeando:

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-Esto es una tarjeta de visita de don Bosco.

Cuando le llegó la hora de la muerte, que la arrebató a los setenta y cinco años, el presbítero Valimberti, vicario del Carmen, que la
asistió, y que no sabía nada de lo que don Bosco había dicho muchos años antes, me consoló diciéndome, que por lo que a él le parecía,
mi madre había pasado su purgatorio en este mundo, y que podía esperar con fundamento que hubiese ido al paraíso.

Don Bosco no era menos extraordinario en el Oratorio. "El 21 de marzo por la noche, escribe Bonetti, subió a la pequeña cátedra para
dar las buenas noches a los muchachos. Después de una pausa, como para tomar aliento comenzó:

-Tengo que contaros un sueño. Figuraos la hora del recreo en el Oratorio, cuando se oyen animadísimos gritos de júbilo por todas
partes. Me parecía estar asomado a la ventana de mi habitación, observando a mis jóvenes, que iban y venían por el patio y se divertían
alegremente jugando, corriendo y saltando.

Cuando de pronto oí un gran estrépito a la entrada de la portería y, dirigiendo allí la mirada, vi entrar en el patio a un personaje, de
elevada estatura, de frente espaciosa, con los ojos extrañamente hundidos, luenga barba y ((124)) cabellos blancos y ralos, que desde la
cabeza calva caíanle sobre los hombros. Apareció envuelto además en un lienzo fúnebre que apretaba al cuerpo con la mano izquierda,
mientras sostenía con la derecha una antorcha de una llama de color azul oscuro. Este personaje caminaba lentamente, con gravedad. A
veces se detenía y, con la cabeza y el cuerpo inclinado, miraba a su alrededor como si buscase algo que se le hubiese perdido.

En esta actitud recorrió el patio dando unas vueltas y pasando por entre los muchachos que continuaban su recreo.

Yo me encontraba estupefacto, pues no sabía quién fuese, por lo que no le perdía de vista.

Al llegar al sitio por donde ahora se entra en el taller de carpintería, se detuvo delante de un joven, que estaba para lanzarse contra otro
del bando contrario en una partida al marro, y extendiendo su largo brazo acercó la tea a la cara del muchacho.

-Este es, dijo, e inclinó y levantó dos o tres veces la cabeza.

Sin más, lo detuvo en aquel ángulo y le presentó un papelito que sacó de entre los pliegues del manto.

El joven tomó el billetito, lo desdobló y comenzó a leer mientras cambiaba de color, quedándose completamente pálido, y preguntaba
seguidamente:

-Cuándo? Pronto o tarde?

Y el viejo, con voz sepulcral, replicó:
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-Ven. Ya ha sonado la hora para ti.
-Puedo al menos continuar el juego?
-Aun durante el juego puedes ser sorprendido.
Con esto aludía a una muerte repentina.
El joven temblaba, quería hablar, excusarse, pero no podía.
Entonces el espectro, dejando caer una punta de su manto, señaló con la mano izquierda el pórtico.
-Ves allí?, dijo al joven. Aquel ataúd es para ti. Pronto, ven.
Se veía la caja mortuoria colocada en el centro del portón que da entrada a la huerta.
-No estoy preparado; soy aún demasiado joven, gritaba el muchacho.
Pero el otro, sin proferir una palabra más, salió de prisa del Oratorio, de forma más precipitada de la que había entrado.
Cuando se ausentó el espectro, y mientras pensaba yo quién pudiera ser, me desperté.
De lo que os acabo de decir podéis deducir que uno de vosotros debe prepararse, porque el Señor le llamará muy pronto a la eternidad.
Yo, que contemplé aquella escena, sé quién es, pues lo vi cuando el espectro le presentó el papelito; está aquí presente, escuchándome,

pero no diré su nombre a nadie hasta que haya muerto.
Con todo, haré cuanto esté de mi parte para preparlo a bien morir.
Ahora que cada uno reflexione, pues a lo mejor mientras se va repitiendo: tal vez sea fulano, le podría tocar a quien esto dice.
Yo os he dicho ya las cosas tal y como son, pues de no haberlo hecho, el Señor podría pedirme cuenta el día de mañana diciéndome:
-íPerro! Por qué no ladraste a su tiempo?
Que cada uno piense en ponerse a bien con Dios especialmente en estos tres días que restan para la Novena de la Anunciación.
Hagamos con este fin oraciones especiales y que cada uno, en este tiempo, ((125)) rece al menos una Salve a María Santísima, por el

que tiene que morir. Así, al partir de esta vida, se encontrará con algunos centenares de Salves que le serán de gran provecho.
"Al bajar de su tribuna, algunos jóvenes le preguntaron privadamente más detalles sobre el sueño que acababa de referir, rogándole que,
ya que no quería decir el nombre del que había de morir, al menos indicase si la muerte anunciada sería pronto o tarde. El siervo de
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Dios contestó que tal vez no pasarían dos solemnidades que comenzasen por la letra P sin que aquel vaticinio se cumpliese.
"-Podría suceder, dijo, que no pasase ni siquiera una y que muriese dentro de dos o tres semanas.
"Este relato hizo estremecer a todos, pues cada uno temía ser el jovencito indicado en el sueño.
"Como en otras ocasiones, la narración de don Bosco causó un gran bien y como cada uno pensaba en sus asuntos, desde el día

siguiente las confesiones comenzaron a ser más numerosas que de costumbre.
"Muchos jóvenes durante varios días asediaron a don Bosco preguntándole por cuenta propia, si eran ellos los que debían morir en

breve.
"Insistentes fueron las preguntas, pero el buen padre cambiaba de conversación y nada decía sobre el particular.
"Dos ideas quedaron fijas en la mente de todos, a saber: que la muerte sería repentina; que la predicción se verificaría antes de que se

celebrasen dos solemnidades que comenzasen por P, esto es: Pascua y Pentecostés. La primera caía aquel año el 20 de abril.
"La expectación en el Oratorio era enorme, cuando el miércoles, 16 de abril, continúa la crónica de Bonetti, moría en su casa el

muchacho Luis Fornasio, natural de Borgaro Torinese, de doce años de edad.
"Hay algunas cosas que notar a este respecto.
"Cuando don Bosco dijo que uno había de morir, este muchacho, que ya en principio no era malo, comenzó a vivir como un verdadero

modelo.
"En los primeros días pidióle a don Bosco que le permitiese hacer su confesión general. El siervo de Dios no quería acceder porque la

había hecho ya una vez, pero como el muchacho insistiese, el buen padre determinó complacerlo.
"La hizo en dos o tres veces. El mismo día en que ((126)) pidió este favor o en el que comenzó su confesión empezó a sentirse mal.
"Permaneció unos días en el Oratorio siempre indispuesto. Habiendo llegado dos de sus hermanos a visitarlo, y enterados de su

malestar, pidieron a don Bosco que dejase a Luis ir a casa por algún tiempo.
"Don Bosco concedió el permiso.
"Aquel mismo día o el anterior, Fornasio había terminado de hacer su confesión general y recibido la sagrada comunión.
"Fue a su casa, estuvo unos días levantado, pero después guardó cama.

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"Agravóse el mal, le atacó a la cabeza, privándole de la razón y del uso de la palabra, de forma que ya no pudo volver a confesar ni a
comulgar.

"Don Bosco fue a Borgaro para visitarlo. Fornasio lo reconoció, quería hablarle pero no podía; tal sentimiento se apoderó de él que
comenzó a llorar y con él toda su familia. Al día siguiente moría.

"Al saberse en el Oratorio la noticia de este fallecimiento, varios clérigos preguntaron a don Bosco si era Fornasio el que había visto en
el sueño recibiendo el papelito de manos del espectro, y el siervo de Dios dio a entender que no era él.

"Con todo, muchos estaban convencidos de que la profecía se había cumplido en la persona de Fornasio.

"Aquella misma noche, 16 de abril, don Bosco dio a conocer a los alumnos la triste noticia, de la muerte de Luis Fornasio, haciendo
observar, al mismo tiempo, que aquel acontecimiento daba a todos una gran lección.

"-El que tiene tiempo, no aguarde a más adelante. No nos dejemos engañar por el demonio con la esperanza de ajustar las cosas de
nuestra alma en punto de muerte.

"Como le preguntasen públicamente si Fornasio era el que debía morir, respondió que por entonces no quería decir nada. Añadió, sin
embargo, que era costumbre en el Oratorio que los jóvenes muriesen de dos en dos y que uno llamase al otro; que por eso todos debían
estar en guardia poniendo en práctica el aviso del Señor de estar preparados: Estote parati quia qua hora non putatis Filius hominis veniet.
(Estad preparados porque en el momento que no penséis vendrá el Hijo del Hombre)1.

((127)) "Al bajar de la tribuna, dijo claramente a algún sacerdote y a un clérigo, que no era Fornasio quien había recibido en el sueño el
billetito de manos del espectro.

"El 17 de abril, durante el recreo de después de la comida, se encontraba don Bosco en el patio, rodeado de cierto número de
muchachos, que le pidieron con interés:

"-Díganos el nombre del que tiene que morir.

El siervo de Dios sonriendo hizo una señal con la cabeza de que no lo diría, pero los muchachos insistieron.

"-Si no quiere decírnoslo a nosotros, dígaselo al menos a don Miguel Rúa.

"Don Bosco siguió resistiéndose.

1 Mt. XII, 40.
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"-Díganos, al menos, la inicial del nombre, presionaron algunos.
"-Queréis saberlo?, dijo al fin. Pues os lo diré. El que recibió el papelito de manos del personaje, tiene un apellido que comienza con la

misma letra que el nombre de María.

"La palabra de don Bosco corrió por toda la casa como un relámpago.

"Pretendían los muchachos esclarecer el misterio, pero resultaba difícil, porque había más de treinta alumnos, cuyo apellido comenzaba

por M.

"No faltaron, sin embargo, los espíritus desconfiados.

Había en casa un enfermo grave que se llamaba Luis Marchisio, de cuya curación se dudaba mucho; y, en efecto, el 18 de abril, fue

llevado a casa de sus familiares.

"Algunos, sospechando que don Bosco aludiese a Marchisio, decían:

"-Si es Marchisio, también yo sabría adivinar que uno tiene que morir y que su apellido comienza por la misma letra que el nombre de
María".
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((128))

CAPITULO XIV

LA PASCUA: DON BOSCO ESTA EXTENUADO -RECUERDA LAS CONFESIONES DE LOS EXTERNOS DURANTE LOS
PRIMEROS AÑOS DEL ORATORIO -SU HORROR ANTE LA BLASFEMIA -LA COMISION QUE REUNE LOS HECHOS Y
DICHOS DE DON BOSCO SIGUE ADELANTE -MUERTE REPENTINA DEL JOVEN SEÑALADO EN EL SUEÑO -VARIAS
CIRCUNSTANCIAS QUE PRECEDEN Y ACOMPAÑAN A ESTA MUERTE -MISTERIO DESCUBIERTO -PERFECTO
CUMPLIMIENTO DEL SUEÑO -DON JUAN CAGLIERO SABIA EL SECRETO DE DON BOSCO -DON BOSCO LEVANTA LOS
ANIMOS DE LOS MUCHACHOS CON CHARLAS AMENAS: EL PERRO GRIS QUE SOLO EL VE -SERMON DE DON BOSCO
DEL DOMINGO IN ALBIS

PROSIGAMOS la crónica de Bonetti.

"El 20 de abril, día de Pascua, don Bosco estuvo muy mal:
no se tenía en pie. Sentía revuelto el estómago y hablaba con dificultad. A pesar de ello bajó a la iglesia y estuvo confesando a los
muchachos, desde las seis y media hasta las nueve.

"Le advertimos que se cuidara y no trabajara tanto. Y él nos respondió:

"-Mis queridos amigos, ahora es el tiempo de trabajar; cuando yo no esté, habrá otros que lo harán mejor que yo. El gran número de
muchachos forasteros que me rodeaban ayer por la mañana, me recordaba de cuando hace doce o catorce años tenía a veces, en torno a
mí, hasta más de ciento cincuenta muchachos del Oratorio festivo que querían confesarse conmigo. íCómo me querían y cuánto bien se
les podía hacer!

((129)) "Después comenzó a hablar del gran fruto que produce la catequesis cuaresmal y a darnos a nosotros, clérigos, algunas normas
para emplear a la hora de tratar ciertos temas.

"En cuanto a la blasfemia, nos decía que tuviésemos gran cautela al hablar de ella con los jóvenes, y que no repitiéramos jamás los
horrendos epítetos unidos al santo nombre de Dios; aunque pensásemos que había que pronunciarlos para dar una aclaración o
reprensión, al explicar el catecismo.

"Casi con lágrimas en los ojos nos aseguraba:
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"-Me causa más dolor oír una de tales blasfemias que recibir una fuerte bofetada; y, hasta confesando, después de escuchar dos o tres de
estos pecados, me siento con el corazón tan oprimido que no aguanto más.

"Nosotros le habíamos hecho observar que el teólogo Borel, cuando hablaba en el púlpito sobre la blasfemia, a veces él mismo las
profería, tal y como acostumbra el populacho.

"Don Bosco respondió a nuestras observaciones:

"-El teólogo Borel es celosísimo y no se puede dudar de las innumerables conversiones que realiza con su predicación, llena de
diálogos y ejemplos vivísimos. Aún así, yo no aguanto oírle pronunciar aquellas frases. Se lo he avisado muchas veces, y le he rogado
que procurase corregirse de semejante defecto, pero se ve que la costumbre y la vehemencia al hablar, quizá no se lo permitan".

Hasta aquí Bonetti.

Al llegar a este punto de la Crónica, leemos la siguiente nota.

"21 de abril. Durante esta cuaresma, por haber estado muy ocupados,
unos por un lado y otros por otro, enseñando en la catequesis y con otras diversas incumbencias, no hemos podido escribir ni reunirnos en
comisión. Reemprendemos de nuevo nuestra obra, para gloria de Dios, robando tiempo al tiempo a fin de consignar lo que nos parece
más relevante en la vida de don Bosco y empezamos enseguida anotando el cumplimiento del sueño".

((130)) Estas pocas palabras nos aseguran que la Comisión, formada para anotar los hechos de la vida de don Bosco, había continuado
durante los dos años pasados cumpliendo su oficio, examinando, aprobando y corrigiendo todo lo escrito por Bonetti, Ruffino y algún
otro de sus miembros.

Bonetti, después de rellenar en la Crónica las lagunas de los meses de marzo y abril, prosigue su narración haciendo notar el
cumplimiento de la predicción hecha por don Bosco con el sueño del 21 de marzo.

"Había pasado ya un mes de tal vaticinio, y mermaba en algunos la saludable impresión que las palabras del siervo de Dios habían
producido en sus ánimos. Muchos, en cambio, continuaban preguntando:

"-Quién morirá? Cuándo morirá? La primera P, correspondiente a la fiesta de Pascua, ha pasado.

"Y he aquí que el 25 de abril moría repentinamente, víctima de un ataque apoplético, el muchacho Víctor Maestro, de trece años de
edad, natural de Viora, Mondoví.
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"Era un muchacho de acrisolada virtud, que comulgaba varias veces por semana.

"Hasta el día de la predicción, había gozado de perfecta salud;
pero desde hacía un par de semanas padecía una fuerte afección a los ojos, que por la noche le dejaba totalmente sin vista; hacía dos o tres

días padecía también un ligero dolor de estómago.

"El médico le ordenó que por la mañana no se levantase con los demás, sino que descansase hasta más tarde.

"Una mañana, don Bosco se lo encontró por la escalera y le preguntó:

"-Quieres ir al Paraíso?

"-Sí, sí; replicó Maestro.

"-Pues bien, prepárate; añadió el siervo de Dios.

El joven miró a don Bosco un poco turbado, pero creyendo que hablaba en broma, reaccionó inmediatamente.

"Por lo demás, el buen padre, que estaba sobre aviso, iba preparándole con prudentes consejos, induciéndole a hacer su confesión

general, después de la cual Maestro quedó contentísimo.
"El 24 de abril un jovencito, al ver a Maestro sentado en la barandilla de la enfermería, tuvo una singular idea y acercándose a don

Bosco le preguntó:

"-Es cierto que el que se quiere morir ((131)) es Maestro?

"-íY yo qué sé!, replicó el siervo de Dios, pregúntaselo a él.

"El jovencito subió a la enfermería y se lo preguntó a Maestro.

"Este comenzó a reír y fue a pedir a don Bosco que le dejase pasar unos días con su familia.

"-Con mucho gusto, replicó el buen padre; pero antes de marchar es necesario que el médico extienda un certificado de tu enfermedad.

"Esta respuesta sirvió de gran consuelo al joven que razonaba de esta manera:

"-Tiene que morir uno en el Oratorio; si me marcho a mi casa es señal de que yo no soy; pasaré unas vacaciones más largas y volveré

curado.

"El viernes 25, Maestro se levantó con los demás y, después de asistir a la santa misa, volvió a su dormitorio, pero sintiéndose muy
cansado se acostó, manifestando antes a los compañeros su satisfacción por marchar a casa.

"Entretanto, a las nueve, sonó la señal para la clase, y los compañeros, después de despedirse de Maestro y desearle unas felices
vacaciones y un buen regreso, marcharon a sus aulas mientras el enfermo
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quedó solo en el dormitorio. A las diez vino a verle el enfermero para comunicarle que el médico llegaría dentro de unos instantes, que se
levantase y fuese a la enfermería para hablar con él y pedirle el certificado que le había dicho don Bosco.

"Poco después se oyó la señal de la llegada del médico y un muchacho del dormitorio contiguo al de Maestro, que también estaba
indispuesto, se acercó a la puerta del de aquél y dijo en alta voz:

"-Maestro, Maestro, es hora de ir a la visita del médico.

"Lo llamó una y otra vez pero Maestro no respondía. Creyó el compañero que se había quedado dormido. Entonces se acercó a su
cama, lo tomó por un brazo, lo volvió a llamar, lo sacudió, pero Maestro seguía inmóvil.

"Imposible explicar el espanto del muchacho; comenzó a gritar
inmediatamente:

"-íMaestro ha muerto, Maestro ha muerto!

"Corrió a comunicar la noticia a la enfermería y el primero con quien se topó fue con don Miguel Rúa, el cual aún llegó a tiempo para
dar la absolución al moribundo, mientras exhalaba el último suspiro. Enseguida se comunicó la desgracia a don Víctor Alasonatti, y yo
(dice Bonetti) fui a llamar a don Bosco. ((132)) La noticia de la muerte corrió como un relámpago por clases y talleres. Muchos acudieron
al dormitorio y se arrodillaron ante el cadáver, rezando por el alma del difunto. Algunos esperaban que estuviese aún vivo, y se acercaron
al lecho con tisanas y licores fuertes. Pero todo fue inútil. Cuando llegó don Bosco, apenas lo vio, perdió toda esperanza: aquella vida se
había apagado.

"El pesar era general, especialmente porque Maestro se había ido de este mundo sin tener al lado ni un solo compañero.

"Don Bosco, al contemplar la consternación que se había apoderado de los muchachos, los tranquilizó sobre la salvación eterna de
Maestro.

"Había comulgado el miércoles, y desde la festividad de los Santos hasta la fecha había observado una conducta tal, que daba a
entender que aquel jovencito estaba preparado para morir.

"Clérigos y jóvenes desfilaron ante el cadáver y, al llorar su muerte, reconocían que con ella se había cumplido el sueño de don Bosco.

"El siervo de Dios habló por la noche a todos de tal forma, que arrancó las lágrimas de su auditorio. Hizo resaltar cómo Dios se había
llevado a dos jóvenes del Oratorio en el espacio de nueve o diez días, sin que ninguno de los dos hubiese podido recibir los auxilios de la
religión.
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"-íCuán engañados están, exclamaba, los que dicen que ajustarán sus cuentas al fin de la vida! Pero, demos gracias al Señor que se ha
dignado llamar a la eternidad a dos compañeros, los cuales, tenemos la seguridad de ello, se encontraban preparados para este paso.
íCuánto mayor sería nuestro dolor si el Señor hubiese permitido que partiesen de nuestro lado otros que observan en casa una conducta
poco satisfactoria!

"Esta muerte fue una bendición del Señor. Durante la mañana y la noche del sábado los jóvenes pedían en gran número hacer la
confesión general. Don Bosco los tranquilizaba dirigiéndoles algunas palabras.

"Después dijo claramente:

"-A Maestro fue al que vi en el sueño recibiendo el papelito de manos del espectro. Lo que me consuela grandemente es que él, como
varios aseguraron, se ((133)) acercó a los Sacramentos en la misma mañana del viernes, de forma que su muerte fue repentina, pero no
imprevista.

"En la mañana del domingo 27 de abril, fue conducido al cementerio el cadáver de Maestro.

"Cuando el siervo de Dios vio en el sueño al espectro presentando el billetito a Maestro, pudo apreciar que la escena se desarrollaba
delante del portón que conducía al huerto; desde allí el misterioso personaje indicó al joven el ataúd colocado debajo de dicho portalón, a
pocos pasos de distancia.

"Cuando llegaron los empleados de pompas fúnebres, pasando por la escalera central, transportaron el féretro hacia el lugar en que don
Bosco había visto al espectro y a su víctima; allí pidieron unos caballetes para colocar el ataúd, esperando al sacerdote y a los alumnos
que habían de acompañar el cadáver al cementerio".

Hemos de añadir que al llegar don Juan Cagliero y ver el féretro en aquel lugar, siendo así que, en circunstancias análogas, la costumbre
había sido colocar el ataúd al final de los pórticos junto a la puerta de la escalera próxima a la iglesia, se mostró contrariado por la
novedad, y tanto más al saber que los de la funeraria habían hecho llevar allí los caballetes que estaban colocados con anterioridad en el
lugar tradicional. Por tanto insistió Cagliero para que la caja fuese llevada al sitio de costumbre, pero aquellos hombres, después de decir
algunas palabras entre dientes, no quisieron mover el féretro de donde estaba.

En aquel instante don Bosco salía de la iglesia y mirando conmovido la escena:
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-íMirad!, dijo a don Juan Bta. Francesia y algunos otros que estaban cerca de él, íqué coincidencia!... En el sueño vi la caja en ese
mismo lugar.

Sobre este hecho nos dejó también una relación don Segundo Merlone.

Según él, aunque ninguno de los alumnos había llegado a saber que el compañero que había de morir era Maestro, dos de la casa
conocían el nombre del infortunado y algo más.

((134)) A fines de febrero murió un joven que hacía algun tiempo había salido del Oratorio. Dos Clérigos veteranos, ordenados in
sacris, uno de los cuales era don Juan Cagliero, al enterarse de lo ocurrido, una mañana al subir las escaleras y encontrarse con don Bosco
que bajaba al patio, le anunciaron esta pérdida para él siempre dolorosa. Don Bosco respondió:

-No será ése solo: antes de que pasen dos meses, deberán morir otros dos.

Y añadió los nombres.

Con frecuencia el siervo de Dios hacía semejantes confidencias bajo secreto, a quienes sabía dotados de prudencia, para que, sin que los
jóvenes indicados se diesen cuenta, fuesen por ellos amigablemente estimulados a observar buena conducta, a frecuentar los sacramentos;
y para que al mismo tiempo los vigilasen teniéndolos apartados de todo peligro.

Ambos clérigos asumieron de buena gana este encargo de ángeles custodios, pero al mismo tiempo, tomando un trozo de papel
escribieron la profecía, la fecha en que don Bosco la había anunciado, los nombres de los interesados y después firmaron. Seguidamente
fueron a la Prefectura y, sellando el escrito, lo depositaron en ella para que fuese celosamente guardado.

Monseñor Cagliero, cuarenta y siete años después, confirmó cuanto hemos dicho y recordaba la compasión que sintió a raíz de la
revelación de don Bosco, al ver a aquellos dos jovencitos correr alegremente de una parte a otra del patio entregados a sus juegos, sin
sospechar lo más mínimo, sobre la muerte, aunque no desgraciada, que les estaba reservada, y el cumplimiento de la profecía en el tiempo
señalado y la emoción que experimentó el mismo Prefecto cuando se quitaron los sellos al papel escrito dos meses antes.

"Por aquellos días, prosigue Bonetti, los alumnos necesitaban liberar su mente de ideas fúnebres y comenzaron a preguntar a don Bosco
por aquel perro misterioso que en varias ocasiones le había salvado de los ataques de los malvados. Y don Bosco con mucha
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gracia, después de haber contado varios episodios de su vida, llegó a describir la valentía del famoso ((135)) perro Gris, con lo que los
alumnos estaban entusiasmados y reían a su gusto.

"Preguntáronle si hacía mucho tiempo que no lo había vuelto a ver y respondió que lo había visto y le había acompañado el año anterior
una noche muy avanzada en que se encontraba solo.

"-Una vez, prosiguió, me lo encontré delante y de repente, en la carretera que va de Buttigliera a Moncucco, ya muy avanzada la tarde y
me defendió de dos enormes perrazos, que salieron de una granja próxima y se echaron contra mí con muy poca gracia".

Bien podemos decir que la historia de este perro es algo muy curioso y a la par sobrehumano, tanto más cuanto que, a lo que parece, en
ocasiones, solamente era visible por don Bosco.

En efecto, nos escribe don Juan Garino:

"Era el año 1862. Un sábado, después de comer hacia las dos, me llamó don Bosco para que le acompañase a Turín. Llegamos a la
portería, iba a poner el pie en el umbral y yo, que iba detrás de él, veía que dudaba y que, por más que miraba a una y otra parte, no
lograba encaminarse. De pronto se volvió atrás y dijo:

"-No puedo salir; el Gris no me deja.

"Y al no poder superar el insistente impedimento, volvió atrás y aquel día no salió.

"A la mañana siguiente oí que se esparcía la voz de que el día anterior había habido alguien en acecho para disparar contra don Bosco".

Con la comunión general y la sepultura de Maestro quedó cerrado en el Oratorio santamente el domingo in Albis.

"Por la tarde, narra la Crónica, faltó el predicador y le tocó a don Bosco subir al púlpito. Su sermón fue el de un santo. Rodaban las
lágrimas de sus ojos y arrancó las nuestras. Habló de las fiestas que antiguamente se celebraban y se llamaban fiestas pascuales, porque
los ocho días eran fiestas de precepto. Explicó después por qué este domingo se llama in Albis: a saber, porque en este día los
catecúmenos, vestidos ((136)) de blanco en el día del bautismo, se despojaban de su blanca vestidura. Después habló de la aparición de
Jesús a los Apóstoles, del sacramento de la Penitencia. Y para terminar, aprovechó aquel saludo de Jesús: Pax vobis (la paz sea con
vosotros). Dijo que era llegado el tiempo de hacer la paz con el Señor, exaltó la misericordia de Dios, el cual, después de ofendido, nos
ofrece el primero la paz, cuando nos correspondería a nosotros ofrecérsela a él o, más aún, pedírsela con amargas lágrimas.
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-Habría alguno en esta iglesia, dijo, que viendo a un Dios por él ultrajado, que le ofrece el primero la paz, quiera, sin embargo,
intimarle a la guerra? Ea, mis queridos amigos, aceptemos esta paz.
Llegará el fin de nuestra vida y, si hoy hemos pactado con Dios, Jesucristo en aquel tremedo momento de la muerte, hará resonar en
nuestro oído este hermoso saludo: Pax vobis. Y luego seguirá una paz eterna".

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((137))

CAPITULO XV

MALHUMOR EN GIAVENO CONTRA DON BOSCO -DIALOGO DIPLOMATICO -DON BOSCO ABANDONA LA DIRECCION
DEL SEMINARIO MENOR -ALGUNOS DE SUS CLERIGOS, ESTIMULADOS POR LAS PROMESAS DE LOS SUPERIORES
DEL SEMINARIO, CONSIENTEN EN PERMANECER EN EL; OTROS VUELVEN AL ORATORIO -MANEJOS PARA INDUCIR
A ALGUNOS DE LA CONGREGACION PARA ABANDONAR A DON BOSCO -DON BOSCO SE COMPORTA BIEN CON LOS
QUE LE TRATAN MAL -DON BOSCO Y LA CURIA ARZOBISPAL -QUIEN LA HACE, LA PAGA -EL GOBIERNO DEVUELVE
A LA DIOCESIS DE TURIN EL SEMINARIO METROPOLITANO Y SUS RENTAS -LASTIMOSO OLVIDO Y SUS
CONSECUENCIAS -DETERIORO DEL SEMINARIO DE GIAVENO -MONSEÑOR LORENZO GASTALDI SE INFORMA DE
LAS NORMAS DADAS POR DON BOSCO PARA HACER REVIVIR AQUEL SEMINARIO, LAS APRUEBA Y LAS IMPONE AL
RECTOR POR EL ELEGIDO -DON JOSE ANICETO -ESPLENDIDA Y DURADERA PROSPERIDAD DEL SEMINARIO MENOR
-DON BOSCO CELEBRA AQUEL TRIUNFO INICIADO POR EL

SI don Bosco amaba tanto las almas de los muchachos educados en su Oratorio, no tenía menor afecto a las de los alumnos del Seminario
Menor de Giaveno, de las que también era responsable ante el Señor. Al empezar el curso escolástico y en el mes de enero de 1862 había
ido a visitarlos con muy buenos resultados para el estudio, la vocación y el florecimiento de las más delicadas virtudes. Sus palabras
habían sido escuchadas como salidas de la boca de un santo y además se había prestado para confesar a toda la comunidad. Pero ciertos
espíritus mezquinos y desconocedores de los caminos del Señor no ((138)) podían soportar la benéfica influencia, que él ejercía sobre
aquellos muchachos, la confianza que ellos le tenían y sobre todo algunas normas y consejos, que se veía obligado a sugerirles, y que él
mismo había impuesto a la dirección del Seminario. Consiguientemente nacían el malhumor y las críticas.

Cierto eclesiástico de autoridad había escrito a don Bosco en diversas
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ocasiones, insinuándole bonitamente que no era conveniente se introdujera demasiado en aquella dirección, y que, en cambio, se
mantuviese alejado de ella para no hacer sombra al Rector. Don Bosco, aunque sabía muy bien quien inspiraba aquellas cartas, respondía
pasando por alto tales comentarios. No ignoraba él que, de acuerdo con el Concilio de Trento, todo seminario dependía de la autoridad
diocesana, pero ésta todavía no había osado revocar un mandato que con tanta amplitud de poderes le había conferido a él.

Moría mientras tanto su principal apoyo, el Arzobispo. Y algunos del clero de Giaveno, sobornados por los descontentos, iban diciendo
que don Bosco con su predominio en el colegio, hacía perder a la Curia el prestigio que solamente a ella pertenecía. Escribieron en tal
sentido al canónigo Vogliotti, presentándole las cosas de un modo que hería el amor propio. Los señores de la Curia tomaron en
consideración aquellas protestas y, complacidos de que en Giaveno se hubiera vuelto por el honor primero, decidieron comunicar a don
Bosco que dejase ya de ocuparse del Seminario.

Con tal motivo uno de ellos fue a Valdocco y le dijo:

-Don Bosco, estamos muy reconocidos por lo que ha hecho por nosotros; pero comprenderá que, tratándose de un seminario diocesano,
sería deseable que en Giaveno hubiese una dirección uniforme con la que está en vigencia en varios otros seminarios nuestros.

-Y qué es lo que encuentra disconforme y le disgusta en nuestra dirección?, observó don Bosco.

-Nos parece a nosotros que domina en él una piedad extremada entre ((139)) los alumnos y demasiada frecuencia de sacramentos. Se
critica esta frecuencia como un abuso.

-Y con qué otro medio se querría sustituir a ésta para la verdadera educación de la juventud, y para el desarrollo y la solidez de las
vocaciones eclesiásticas?

-Parece que bastan las antiguas normas todavía vigentes: tantas comuniones tienen un sabor demasiado típico del sistema jesuítico.

-Jesuítico? Pues si los jesuitas encontraron que este era el mejor medio para la educación de la juventud, yo me pongo enseguida de su
parte.

-Pero íentiéndalo!... Los tiempos en que vivimos son tan contrarios a toda apariencia de fanatismo religioso... Su sistema es tan
diferente del que impera para la formación de los clérigos en todos los seminarios del Piamonte...; los partidos adversarios nos acusan y
buscan desacreditarnos entre la población con insinuaciones venenosas, ironías y sarcasmos por culpa de nuevas devociones...
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-Es verdad, tiene razón, interrumpió don Bosco; veo muy claro a dónde va a parar con su razonamiento... Yo he tenido que trabajar y
sacrificarme mucho por ese Seminario Menor... He enviado muchos alumnos, que sin mi invitación hubieran ido a otro lugar o bien no se
hubieran movido de sus casas... Lo he dotado de personal dirigente... Y todo para condescender y obedecer a su invitación formal, que me
prometía plena libertad de acción, y ahora quieren darme de lado. Bueno...

-íOh, esto no!

-Que no? Mi querido señor, no soy tan ciego como para no verlo... para no entenderlo.

-No lo tome usted así. íNosotros no queremos excluirle! Siempre sería usted quien estaría al frente de la alta dirección y siempre le
tendremos a usted como a un insigne bienhechor... pero, le rogaríamos solamente que dejara actuar a los demás... que no se metiera en lo
que toca a la acción del Rector... Además así tendría usted menos preocupaciones...

((140)) Y acabó dándole a entender que era mejor, por amor a la paz, que se abstuviese por algún tiempo de poner los pies en el
Seminario Menor.

Sin hacer la más mínima observación, don Bosco respondió resueltamente pero con toda calma:

-íSi es así, yo me retiro!

Al día siguiente de esta conversación, el canónigo Vogliotti fue a Giaveno. Después de haber comunicado al Rector, reverendo
Grassino, la esperada decisión de don Bosco, de abandonar la dirección, llamó al clérigo Vaschetti y tantas cosas le dijo, tantas promesas
le hizo de asignarle un patrimonio eclesiástico y adelantarle en un año la ordenación sacerdotal, que aceptó continuar con su labor en el
Seminario. El clérigo Vaschetti quería mucho a don Bosco, pero no estaba ligado a él por ninguna obligación especial; deseaba, por otra
parte, alcanzar una posición estable en la diócesis y era su ideal obtener una parroquia donde ejercer con celo el sagrado ministerio.

Mientras tanto el clérigo Ruffino, que era de Giaveno, llegó a enterarse de los detalles de la trama que hacía más de un año se había
urdido contra don Bosco y no pudo por menos de exclamar:

-íEs una verdadera traición!

Con semejante persuasión uno de los clérigos más antiguos del Oratorio escribió a Vaschetti una punzante epístola, que él remitió a don
Bosco lamentándose de la misma. Y don Bosco, como un buen padre, le respondió calmándole; todavía hoy (1909) conserva él esta
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cartita para su tranquilidad y justificación. Don Bosco había escrito a los clérigos que le pertenecían, que volvieran al Oratorio; pero el
reverendo Grassino, siguiendo instrucciones recibidas, les propuso que se adhirieran a su partido. Boggero y Bongiovanni prefirieron
obedecer a don Bosco y sin vacilaciones de ningún género, aunque no tenían dinero para pagar el coche, volvieron a pie al Oratorio desde
Giaveno. Nótese que aquellos clérigos habían trabajado gratuitamente durante dos años sin haber recibido la más mínima compensación
económica por su labor. ((141)) El mismo don Bosco, satisfecho de haber conservado para la Archidiócesis un instituto de tantas
esperanzas, después de haberlo hecho tan floreciente con sus solícitos cuidados, se había retirado sin pretender ninguna retribución.

A pesar de ello, en aquel momento y durante muchos años más, parecía que se hubiera preparado una conjuración contra él. Siempre
que había en el Oratorio un sacerdote o clérigo, dotado de talento o virtudes especiales, no faltaba alguien que se acercara para engañarlo
con generosas promesas y estimularlo para que abandonase al que tanto había trabajado para mantenerlo e instruirlo, y que le quería
entrañablemente. Alimentaba tal vez aquel consejero las mejores intenciones del mundo, pero mientras tanto don Bosco veía con cierta
frecuencia cómo arrancaban de su lado a algunos sobre los que él había puesto sus esperanzas.

Pero don Bosco no guardaba rencor por nada.

Resulta maravilloso oír hablar de él con profunda emoción y recordar la bondad con la que seguía tratando a todos los que tuvieron
disparidad de sentimientos o intereses con el siervo de Dios, aun en asuntos importantes. Afirmaba un día el presbítero Grassino, ante mí
y ante don Francisco Vaschetti, que don Bosco, después de los sucesos de Giaveno, le había dicho varias veces con todo cariño, que le
otorgaba derecho para alojarse en el Oratorio y sentarse a su mesa, siempre que quisiere.

Tampoco mantuvo rencillas con la Curia Arzobispal. Testificó don Miguel Rúa, bajo juramento: "Después de la muerte de monseñor
Fransoni, don Bosco se encontró en la necesidad de amparar su obra contra exigencias, que hubieran sido su ruina, como también de
sostener los derechos, que le habían sido concedidos por el difunto Arzobispo, o por el mismo Sumo Pontífice, pero se mostró siempre
lleno de respeto y sumisión con todo lo que no se oponía a la vida de su Institución. Alguna diferencia aparecía de vez en cuando a causa
de los clérigos; unas veces, porque se quería que éstos
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estuvieran durante el curso internos en el Seminario de la Diócesis, ((142)) otras, porque se insistía para que acudiesen al menos a clase
de liturgia con el clero de la ciudad. Pero don Bosco, sin lamentarse de tales pretensiones, hacía presente cómo, en cuanto a lo primero,
había él atendido a los clérigos con tantos sacrificios, porque los necesitaba y porque les hubieran faltado los medios necesarios para
mantenerlos en el Seminario. Al mismo tiempo procuraba que sus clérigos asistiesen a las clases del Seminario de Turín como externos, y
en cuanto a la clase de liturgia les proporcionaba para enseñársela a algunos que ya eran maestros de ceremonias en la ciudad; y, cuando
no podía contar con ellos, suplía con algún sacerdote capaz y bien visto por la Curia. De este modo convencía a los Vicarios o Provicarios
que le ponían tales dificultades.

"Así se procedió hasta la llegada a Turín del arzobispo monseñor Riccardi di Netro en 1867".

Pero, mientras tanto, qué suerte había corrido el Seminario Menor de Giaveno? Ya hemos expuesto más arriba cuanto nos contó nuestro
compañero Vaschetti, hoy canónigo, arcipreste y vicario foráneo de Volpiano; y bajo su guía proseguimos nuestro relato.

El presbítero Grassino se dio cuenta muy pronto del disparate que había hecho al rechazar el valioso apoyo que don Bosco le prestaba.
Pero el clérigo Vaschetti sostenía con heroico entusiasmo a su Rector, recordándole de continuo los consejos esenciales que don Bosco
les había inculcado repetidamente, y cumplía, sin ahorrarse fatigas, con sus muchas ocupaciones que ahora aumentaban; al acabar el
1863, cansado de aquella vida, quiso retirarse. El canónigo Vogliotti buscó la manera de disuadirlo de su propósito con nuevas promesas
y dándole una considerable cantidad por su trabajo gratuito durante tres años; le hizo verdaderas y amables presiones morales, pero él se
mantuvo firme. Entró en la Residencia Eclesiástica y, por dos años, siguió yendo todos los domingos al Oratorio a enseñar catecismo a
los muchachos y entretenerse con don Bosco. ((143)) En cuanto a Giaveno, podía la Curia sostener económicamente aquel Seminario lo
mismo que los de Bra, Chieri y Turín porque el Gobierno, que no simpatizaba con el Vicario General, canónigo Fissore, decidido al igual
que monseñor Fransoni a sostener los derechos de la Iglesia, había recibido bien la elección del Vicario Capitular, canónigo Zappata, que
gozaba de fama de más conciliador. A éste, pues, devolvía no sólo el grandioso edificio del Seminario Mayor, sino todas sus rentas, de
modo que muchos seminaristas alcanzaron pensión gratuita.
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Pero los medios materiales solos, no son suficientes para hacer prosperar una comunidad. El Rector de Giaveno con su natural
impetuoso lo estropeaba todo, pues no había quien le frenase o amonestase; más aún, parecía que se hubiese olvidado totalmente de don
Bosco y sus consejos. Don Juan Turchi que fue allí como profesor del gimnasio, el curso 1863-1864, quedó maravillado al no ver nada ni
oír una palabra que recordase las benemerencias del siervo de Dios.

Aquel Rector, viendo que cada año disminuía notablemente el número de sus alumnos, se sintió obligado a presentar la dimisión en el
1866. Los rectores que le sucedieron hasta 1872, no fueron más afortunados que él, de forma tal que los alumnos disminuyeron hasta
quedar reducidos a unas decenas.

No han de extrañar estos sucesos, porque toda institución humana está más o menos sujeta a tales vaivenes, mas no suelen tardar en
levantarse aquéllas que, por pertenecer a la Iglesia, llevan consigo el hálito de su vida.

Así sucedió con el Seminario Menor de Giaveno. Gobernaba ya hacía tres años monseñor Lorenzo Gastaldi la Archidiócesis de Turín
cuando un día mandó llamar a don Francisco Vaschetti, que estaba de párroco en Volpiano; hizo que le contara todo lo referente al
Seminario de Giaveno; la causa de su primer hundimiento, los medios empleados por don Bosco para levantarlo, las condiciones que
puso a la Curia para aceptar su dirección y los motivos por los que se le había obligado a retirarse.

((144)) El presbítero Vaschetti hizo al Arzobispo una exacta relación y éste aprobó totalmente la conducta de don Bosco y a
continuación le expresó su absoluta voluntad de que en el Seminario de Giaveno se adoptasen los sistemas de educación introducidos por
don Bosco.

Al oír aquellas alabanzas, el presbítero Vaschetti, pensando en los problemas ya surgidos entre el Arzobispo y don Bosco, se atrevió a
interrogar:

-Pero por qué, Monseñor, combate a don Bosco?

-Porque quiero conservar ese tesoro para nuestra diócesis, y no que se aproveche para el servicio de otros.

Y, después, añadió:

-Son los medios que don Bosco emplea para quedarse consigo a los clérigos, los que no me gustan.

Vaschetti respondió:

-No es así, Monseñor: véalo, yo vengo ahora del Oratorio donde
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tengo a cinco muchachos de mi parroquia, que pronto vestirán la sotana en el Seminario.

Después de estas informaciones, Monseñor Gastaldi se dedicó a la reforma del Seminario Menor de Giaveno, y lo primero que hizo fue
nombrar Rector al ilustre sacerdote don José Aniceto, natural de Susa, el cual se puso al frente del mismo en el mes de septiembre de
1875. Se había educado en la Pequeña Casa de la Divina Providencia y por disposición del canónigo Anglesio había hecho, juntamente
con otros compañeros, los cursos de bachillerato en el Oratorio; y don Bosco le había dicho en el 1857, al entregarle el primer premio en
la solemne clausura del curso escolástico:

-Acuérdate siempre de que el Señor tiene sobre ti grandes designios.

A más de las buenas dotes de educador, poseía éste una gran experiencia por haber sido primeramente asistente y después profesor en
aquel seminario. Monseñor Gastaldi, de acuerdo con la idea de don Bosco, le había concedido plena autoridad dentro del Instituto; y por
su mandato, don José Aniceto puso en vigor todo lo que se hacía en el Oratorio de Valdocco para la direción espiritual, todas las prácticas
de piedad allí en uso y especialmente la comunión frecuente. Así lograba en poco tiempo el florecimiento de aquel instituto eclesiástico
en favor de la Diócesis. Durante los veinticuatro años en que fue Rector, los alumnos ((145)) sobrepasaron cada año la matrícula de 250.
Tocóle levantar nuevos edificios y poner los cimientos de una esbelta capilla. Era muy severo para despedir a los jóvenes de moral
corrompida y cultivó muchísimas vocaciones. Monseñor Pechenino, que durante muchos años visitó aquel seminario como director de
estudios, solía repetir que allí le parecía encontrarse en el Oratorio. Lo mismo atestiguaron los profesores salesianos don Celestino
Durando y don Juan Bautista Francesia, que frecuentemente eran invitados para examinar a los alumnos.

Don Bosco gozaba del inmenso bien que se hacía en Giaveno y que se seguiría haciendo por los sucesores de don José Aniceto, merced
al impulso que él le había dado desde el principio. Podía repetir, como en tantas otras ocasiones, las palabras de San Pablo: Quid enim?
Dum omni modo, sive per occasionem, sive per veritatem Christus annuntietur; et in hoc gaudeo, sed et gaudebo (pero y qué? Al fin y al
cabo, hipócrita o sinceramente, Cristo es anunciado, y esto me alegra y seguirá alegrándome) 1.

1 Filipenses I, 18.
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((146))

CAPITULO XVI

EL COLEGIO DE DOGLIANI ES OFRECIDO A DON BOSCO -COMO HACE DON BOSCO PARA SELECCIONAR EL
PERSONAL DIRECTIVO DE UN COLEGIO -NO FUNDAR CASAS SIN OBTENER LA LICENCIA DEL ORDINARIO
DIOCESANO -DON BOSCO SE ENCUENTRA PENSATIVO -VA A DOGLIANI: PREDICA A LAS DOMINICAS; FIRMA UN
ACUERDO CON EL AYUNTAMIENTO PARA LA APERTURA DE AQUEL COLEGIO -DON BOSCO VA A MONDOVI
-RENUNCIA A AQUEL CONTRATO POR CONDESCENDER CON LAS OBSERVACIONES DE MONSEÑOR GHILARDI
-RESPETO DE DON BOSCO A LOS OBISPOS -DETERMINA HACER IMPRIMIR LAS LECTURAS CATOLICAS EN LA
TIPOGRAFIA DEL ORATORIO -BENEMERENCIAS DEL OBISPO DE IVREA CON LA ASOCIACION -SU REPRESENTANTE
ADMINISTRATIVO EN TURIN EN LA OFICINA CENTRAL -DON BOSCO QUIERE QUE LA PIA SOCIEDAD HEREDE LAS
LECTURAS CATOLICAS -SE EMPIEZAN A IMPRIMIR LOS OPUSCULOS EN EL ORATORIO -CARTA ESCRITA A DON
BOSCO EN NOMBRE DEL OBISPO DE IVREA NEGANDOLE EL DERECHO DE PROPIEDAD DE ESTAS LECTURAS
-MOTIVOS EN QUE SE APOYA ESTA CARTA -RESPUESTA DE DON BOSCO EN DEFENSA DE SUS DERECHOS -LOS
PRIMEROS CUATRO NUMEROS IMPRESOS EN EL ORATORIO -EL PONTIFICADO DE SAN FELIX I Y DE SAN
EUTIQUIANO, PAPAS Y MARTIRES -AMENA NOVELA DE UN VIEJO SOLDADO DE NAPOLEON I -LA ADMINISTRACION
SIGUE CONFIADA AL REPRESENTANTE DEL OBISPO

YA en el año 1861 había don Bosco previsto su retirada de Giaveno y se sentía impulsado por un vivo deseo de establecerse en cualquier
otro colegio del Piamonte. Quería que sus clérigos tuviesen un nuevo campo ((147)) para ejercitar su apostólica actividad. Así que llegaba
oportunamente la invitación del ayuntamiento de Dogliani, diócesis de Mondoví, para encargarse de la dirección del Colegio-Residencia
Municipal y de las Escuelas.
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He aquí cómo se verificó el hecho, de acuerdo con la relación que de él nos envió por escrito nuestro venerado amigo el canónigo
Anfossi.

"El año 1861, siendo yo clérigo, acompañé a un corto viaje al teólogo Francisco Reggio, párroco de Vigone. En Dogliani fuimos
huéspedes de la bonísima familia Bruno. Por aquellos días, que eran los últimos de agosto, el Ayuntamiento de Dogliani trataba de la
reorganización de sus escuelas y su Colegio-Residencia y no sabía a qué partido inclinarse para darle vida y buena dirección. El abogado
Bruno, en cuya casa nos encontrábamos mi párroco y yo, pertenecía a la Junta Municipal y habló de las dificultades en que ésta se
encontraba. Dijo el reverendo Reggio:

"-Diríjanse a don Bosco y verán cómo florecen los estudios en su colegio y aumenta el número de alumnos.

"Se aceptó la sugerencia y el Ayuntamiento me encargó a mí de que hablara con don Bosco sobre ello. Tras una excursión al Santuario
volví al Oratorio y comuniqué a don Bosco el encargo recibido".

"Don Bosco, dice la Crónica de Bonetti, reemplazando a Anfossi, se complacía con esta petición apoyada por el párroco de los santos
Quirico y Pablo, canónigo Alfonso Drochi y comenzaba las gestiones para llegar a un acuerdo. Una tarde, a primeros de mayo de 1862,
que se encontraba en medio de los clérigos, expresó su gran deseo de dirigir el colegio de Dogliani y les aseguró que ya casi estaba
aceptado y que pensaba en las personas que había de enviar allí:

"-Yo rezo mucho, les dijo, y hago rezar para saber a qué clerigos debo confiar esta misión. Y mirad cómo hago la selección. Primero,
pienso en uno de vosotros; encabezo con él una lista; me dirijo después al Señor; y, por fin, hablo con ese tal sobre todo ello,
examinándole para estar bien seguro. A continuación ((148)) paso a otro y así sucesivamente. Pero eso no es todo. Yo no quiero, ahora ni
nunca, abrir una casa sin ponerme antes de acuerdo con la autoridad eclesiástica, yendo personalmente a visitarla, o escribiéndola; y no
decidiendo nada hasta no haber alcanzado su explícito consentimiento".

De este modo se regularon y se regulan los santos para asegurarse de hacer la voluntad de Dios.

"Por la noche del 26 de mayo, don Bosco se encomendó a las oraciones de sus muchachos, afirmando que se encontraba frente a serios
problemas. No sabemos a ciencia cierta cuáles pudieran ser. Suponen algunos que encontró oposiciones y dificultades para aceptar el
colegio de Dogliani, puestas por el Obispo de la diócesis. Por
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un lado, don Bosco se había apalabrado con el Municipio; por otro, no quería hacer nada a disgusto del Obispo. Creen otros que le
molestaban las cuestiones de Giaveno y hay quien asegura que había algunos problemas relativos a la dirección de las Lecturas Católicas.

"Y don Bosco, sigue diciendo el canónigo Anfossi, ansioso de difundir su obra, después de haber contemporizado durante algún tiempo
y de haberse cruzado varias cartas, me tomó en su compañía y salimos para Dogliani. El abogado Bruno se consideró feliz al recibirnos;
al día siguiente se reunió la Junta Municipal y oyéronse propuestas de una y otra parte, todas muy favorables. Entregaban a don Bosco,
después de haber hecho las debidas reparaciones, el Colegio de Enseñanza Primaria y Media para niños, y la Residencia; catorce mil liras
al año para el personal educador y docente, el cual sería nombrado por don Bosco o por el director que él hubiere designado.

"A la mañana siguiente, mientras deliberaba la Junta Municipal, don Bosco fue a celebrar la santa misa en el monasterio de las
dominicas, situado en la parte alta de Dogliani.

"Acompañóle el párroco reverendo Drochi, famoso predicador con fama de santo: yo fui con ellos ((149)) para ayudarles. Recuerdo
que, después de misa, don Bosco dio una hermosísima conferencia a las religiosas, estableciendo una comparación entre su monasterio y
el paraíso terrenal, tal como describen las Sagradas Escrituras y conforme a la interpretación de los Santos Padres.

"De vuelta en casa del abogado Bruno, presentóse la Junta Municipal, que expuso las condiciones con las que gustosamente entregaba a
don Bosco la Residencia y el Colegio. Después de oírlas, añadió él unas observaciones. El Alcalde instaba a don Bosco a que aceptase
definitivamente la dirección; pero él acabó diciendo:

"-Acepto, mas me reservo todavía una condición y es la de que monseñor Ghilardi, Obispo de Mondoví, apruebe mi obra; por tanto,
quiero ir enseguida allí, para saber su parecer y obtener consentimiento.

"Los miembros de la Junta, admirados de la prudencia del siervo de Dios y persuadidos de la conveniencia de su sugerencia,
consintieron.

"Como no hubo ninguna duda más, se dispuso la comida e inmediatamente después, salió don Bosco hacia Mondoví. Yo fui su
compañero de viaje. El señor Obispo nos recibió muy bien: era muy grande el aprecio en que le tenía aquel insigne y docto Obispo; nos
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hospedó, cenamos y nos asignó una hermosa habitación para dormir.

"Pero ahora resulta muy importante que recuerde la conversación sobre el fin de nuestro viaje. Expuso don Bosco los deseos del
Alcalde y Concejales de Dogliani, y su intención de aceptar para poder hacer el bien a la juventud, y principalmente cultivar las
vocaciones eclesiásticas. Reconoció Monseñor que la labor de don Bosco tendría éxito, pues conocía la marcha del Oratorio de Valdocco,
por donde pasaba siempre que iba a Turín.

"-Claro que, continuó, si usted, querido don Bosco, se establece en Dogliani, en pocos años íme vacía el Seminario Menor! Tome en su
lugar la dirección de mis Seminarios; estoy dispuesto a confiárselos, pero, si quiere darme gusto, no vaya a Dogliani.

"Observó respetuosamente don Bosco que ((150)) al Seminario no se le seguiría ningún daño, sino que hasta preveía lo contrario. De
todos modos, como monseñor Ghilardi insistiera en su idea, don Bosco se echó atrás del convenio casi cerrado con la Junta Municipal de
Dogliani, y me encargó a mí que escribiera al abogado Bruno sobre el particular. Aún no sé si también él escribió. Este hecho demuestra
la sumisión de don Bosco, no sólo a la voluntad, sino también a los deseos de los Obispos, aun con perjuicio propio.

"Yo fui testimonio de todo esto. Canónigo J. B. ANFOSSI".

En efecto, don Bosco, tuvo siempre la máxima deferencia y el mayor respeto posible a las autoridades eclesiásticas. Cuando debía pasar
por cualquier ciudad episcopal, hacía primero una visita al Santísimo Sacramento en cualquier iglesia e iba inmediatamente a saludar,
antes que a nadie, al Obispo, cuya bendición imploraba arrodillado con gran humildad, al partir, sobre sí y sobre los suyos.

Pero esta humilde y afectuosa deferencia no sirvió para disipar los graves disgustos que desde algún tiempo le preocupaban y por los
cuales se había encomendado a las oraciones de sus muchachos el 26 de mayo. Se trataba de las Lecturas Católicas, que don Bosco había
determinado imprimir en adelante en la imprenta del Oratorio. Para mayor claridad es conveniente volver a relatar un poco más la historia
de éstas.

Su publicación prosperaba desde el principio; tanto que sus suscriptores pasaron de los nueve mil, desde 1853 a 1862. Don Bosco la
había ideado y estaba persuadido de que era algo que le pertenecía a él; pero, como se había asociado con monseñor Moreno, Obispo de
Ivrea y la había fundado de común acuerdo con él, tuvo que concederle la injerencia que pedían la dignidad episcopal, la actividad, la
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ciencia, el interés y la amistad con que le honraba aquel Prelado desde hacía tanto tiempo.

Monseñor se tuvo por cofundador y copropietario; y merecía ser tenido por tal, dada la gran importancia que prestaba a la colección de
fascículos con su protección, como por el número de ((151)) suscriptores de su diócesis. Su título debió garantizar el empréstito de una
cantidad bastante notable, hecho por el marqués de Birago, para asegurar los fondos necesarios para el balance que se preveía. En 1856
permitió que se vendiese un título suyo, que rentaba 425 liras, en favor de las Lecturas Católicas, reservándose, sin embargo, su derecho
sobre el valor de aquella cédula: firmaba también alguna letra de cambio. A más, él suministraba el dinero que se le pedía, al canónigo
honorario de la catedral don Francisco Valinotti, a quien había sido confiada la gerencia de las Lecturas Católicas. Este representaba al
Obispo de Ivrea y era una sola cosa con él.

La oficina de las Lecturas, como se deducía del ejemplar de enero de 1854, tuvo primeramente su domicilio en Turín, calle Bogino,
número 3, segunda planta. Desde aquí, la dirección pasó, el 1 de octubre de 1855, a la calle de Santo Domingo, número 11. Allí se
conservaban las listas de los suscriptores y los registros correspondientes al cobro de los mismos. Valinotti iba varias veces a la semana a
Turín, repasaba el libro de Caja, tomaba nota de los nuevos suscriptores y atendía la correspondencia. El se cuidaba de los contratos con
los impresores, de la revisión de los trabajos y de los pagos convenidos. Tenía algún empleado que le ayudaba en el despacho. José
Buzzetti y otros jóvenes del Oratorio iban allí para escribir las direcciones de los paquetes y ayudar a su expedición.

El teólogo Valinotti era tenido por el tercer cofundador y copropietario, también por las firmas, que estaba autorizado por el Obispo a
hacer en su nombre, y no pasó mucho tiempo hasta que su despacho se convirtió realmente en el centro de la dirección; y él pasó a hacer
de dueño y a creerse tal. En los programas y cubiertas de los fascículos se leían algunos avisos.

"Las suscripciones se reciben en Turín, en la oficina de la calle de Santo Domingo, número 11. -Los giros postales deben dirigirse
únicamente al director de las Lecturas Católicas-. Todo lo referente a las Lecturas Católicas, cartas, paquetes, reclamaciones, etc., ((152))
debe dirigirse únicamente a la dirección de las Lecturas Católicas, calle de Santo Domingo, número 11. Turín. De otro modo ésta declina
toda responsabilidad. -Los pedidos de ejemplares de las Lecturas Católicas de años precedentes deberán hacerse por medio
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de cartas selladas y con el giro postal por el valor de los ejemplares pedidos únicamente a la Dirección Central de las Lecturas Católicas,
Calle de Santo Domingo, número 11, Turín".

A esta oficina debían enviar, el Obispo y don Bosco, todo lo concerniente a la regularidad de las cuentas. El Obispo jamás se había
informado de las mismas y estaba al margen de todo ello, dado que tenía puesta confianza ilimitada en su representante. Don Bosco, a
quien tocaba todo el trabajo, puesto que preparaba los libritos, pedía a veces amigablemente informes sobre la contabilidad, pero
solamente obtenía respuestas de que había deudas a pagar y de que los gastos de imprenta superaban a las entradas.

Don Bosco, en atención al Obispo, aceptaba o parecía aceptar, tal rendición de cuentas, para no romper la amistad de tantos años, y
también porque era enemigo de toda discordia, que pudiera perjudicar a su obra predilecta. Pero, al mismo tiempo, estudiaba la manera de
hacerla duradera, dejándola en herencia a la Congregación Salesiana y consolidando así la propiedad. Como ya tenía organizada su
imprenta, había decidido que podría encargarse de la publicación de las Lecturas Católicas. Todo estaba a su favor; sin embargo él, con
mucha prudencia, había intentado, a través de cartas y visitas, persuadir al Obispo de la necesidad de esta resolución: en primer lugar por
el trabajo continuo que de este modo daría a sus alumnos; y en segundo lugar por la economía que se obtendría en los trabajos realizados.

El Obispo lo aprobó; pero he aquí que, a primeros de mayo, le llegaba a don Bosco una carta, en nombre de Monseñor escrita por el
canónigo, teólogo y abogado, Angel Pinoli, Provicario general, en la cual se le reprochaba la innovación introducida, por cuanto para
((153)) verificarla se afirmaba que le faltaba el derecho de propietario.Qué es lo que había cambiado el parecerer del Obispo?
Probablemente alguien interesado en este asunto. Sospechóse que don Bosco daba un primer paso para librarse de una tutela que no
quería, aunque toleraba. Temióse que, al quitar a Paravía el trabajo de imprenta, pidiera éste, al menos, el pago de sus créditos, sin más
dilaciones; vióse el peligro de tener que presentar la contabilidad, con su activo y su pasivo, que por distintas causas era difícil de regular
en aquellos días. Por estas razones se buscó la ocasión de sostener ante el Obispo, que don Bosco no había considerado sus derechos y
que le pertenecía a él la propiedad de las Lecturas Católicas; que, sin su apoyo, don Bosco habría conseguido muy poco, y que el cambio
de imprenta podría ser peligroso para las mismas Lecturas.
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Estos fueron los motivos que habían inspirado la carta del canónigo Pinoli, el cual, por ser amigo de don Bosco probablemente la había
escrito, según parecía, al dictado.

El teólogo Valinotti se encargó de enviarla al Oratorio, y don Bosco respondió así:

Muy apreciado señor Teólogo:

No puede imaginarse, señor, la dolorosa impresión que me ha producido su carta, referente a las Lecturas Católicas, por el asunto que
trata y por la persona a quien se refiere. Intenté contestar ayer varias veces, pero la agitación me lo impidió. Solamente esta mañana,
después de haber celebrado el sacrificio de la santa misa y de encomendarlo todo al Señor, respondo sencillamente contando las cosas tal
y como son.

Nunca he creído que las Lecturas Católicas fueran propiedad de otro. Yo las programé, empecé su impresión, que siempre he cuidado y
corregido con toda diligencia; he compuesto o redactado con estilo y vocabulario adaptado cada uno de sus números. Fui siempre
responsable de cuanto se imprimió. Realicé viajes, escribí e hice escribir cartas para la propaganda de las mismas. La opinión pública y
hasta el Santo Padre, en tres cartas a mí dirigidas, me considera como el autor de las Lecturas Católicas.

((154)) Considerándome siempre como el árbitro de cuanto hacía, he dejado a los demás, bajo una dependencia un tanto descuidada, el
trabajo material de la distribución y contabilidad.

Ultimamente, al ver el continuo retraso de la imprenta, he comenzado a imprimir algún ejemplar en la Tipografía Ferrando; pero, al no
poder tampoco de esa manera alcanzar la regularidad deseada, me he decidido a proveerme de una imprenta. He hecho fabricar tipos,
papel, formatos, y preparar la máquina adaptada a los impresos de Paravía. Empezó ya la imprenta, tengo preparado el material para todos
los números de este año. Pienso continuar la impresión en mi casa y dar así trabajo a nuestros pobres muchachos.

Usted mismo, señor Teólogo, me lo dijo muchas veces con estas mismas palabras:

-Dése prisa, don Bosco, para implantar una tipografía y librarnos de las dificultades de la impresión.

Me parece que la carta del abogado señor Pinoli no está muy de acuerdo con Monseñor, puesto que él me dijo muchas veces en Ivrea, y
también en Turín, estas formales palabras:

-De estas Lecturas no debemos pretender ninguna ganancia material; si alguna hubiere, buena será para el Oratorio que seguramente la
necesita.

Ciertamente obtendré alguna ganancia, si después de haber trabajado duramente durante diez años para las mismas sin un sueldo de
compensación, pudiese ahora, al menos, tener el de dárselas como trabajo a mis muchachos.

Pero nadie me disputó la propiedad de algo que yo empecé y continué con tanto trabajo y tanto gasto.

Es verdad que se podrá decir:

-Hay deudas a pagar. Páguense. Trabajo desde hace diez años y no he buscado nunca el dinero; ni tampoco ahora lo quiero, porque
nunca me guiará el sórdido interés en lo que toca a la gloria de Dios.

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Mucho me temo que el demonio meta la cola en este asunto y que, bajo el aspecto de intereses materiales, consiga armar discordia entre
las personas y causar perjuicio, como lamentamos en muchas ocasiones, al poco bien, que, quitado el egoísmo y el interés, podría hacerse
en favor de la almas.

He escrito con la mente turbada por esa bendita carta del abogado canónigo Pinoli, por lo que, si hubiese alguna expresión que pudiera
parecer mordaz, aseguro que no es voluntaria; más aún, puedo asegurarle que sólo he escrito lo que me parece es para mayor gloria de
Dios y bien de las almas.

Ruégole, señor Teólogo, comunique la presente al mencionado canónigo Pinoli, y, si lo cree oportuno, al mismo monseñor Moreno, los
cuales espero comprenderán enseguida la razón de mis afirmaciones.

Cuénteme siempre entre los que le quieren en el Señor, mientras con todo aprecio y veneración me profeso de V.S.

Turín, 10 de mayo de 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((155)) Después de escribir esta carta, no abandonó su plan y entregó
a sus muchachos, que comenzaban a componer con esmero, los manuscritos preparados para las Lecturas Católicas, que debían salir a la
luz desde la imprenta del Oratorio de San Francisco de Sales. El primero, destinado para el mes de junio, fue: Teófilo, o sea el joven
ermitaño: amena narración, por el canónigo Cristóbal Schmid. -Una tempestad arroja a Teófilo sobre un islote deshabitado en medio del
mar. Durante tres años la divina Providencia le ayuda a encontrar los medios para resolver sus necesidades y al fin le devuelve
maravillosamente hasta su playa nativa. Con ello se demuestra que el que reza confirma el proverbio de que el bien nace del mal y Dios
sabe aprovecharlo todo para algo mejor.

El fascículo para el mes de agosto fue: El pontificado de San Félix I y de San Eutiquiano, papas y mártires, por el sacerdote Juan Bosco
(M). Se demuestra en él la visibilidad de la Iglesia verdadera. Se describen también los sufrimientos de algunos mártires contemporáneos.
En el apéndice se narran los suplicios, soportados por San Caritón Abad, por la fe, sus virtudes y la fundación de varios monasterios de
monjes en Palestina.

El tercer volumen que salía de la imprenta del Oratorio, para el mes de septiembre, era: El poder de las tinieblas, o sea observaciones
dogmático-morales sobre los espíritus maléficos y los hombres perversos, seguidas de la relación de una invasión diabólica sucedida en el
año 1858 en Val de la Torre.

Se exponen en él: el poder externo de los demonios sobre los objetos exteriores, sus tentaciones y obsesiones, la magia, el magnetismo,
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las mesas giratorias y escribientes. El autor de la obra es Fray Carlos Felipe de Poirino, sacerdote capuchino.

El opúsculo del mes de octubre se titulaba: Las dos huerfanitas, o sea los consuelos de la religión Católica.

Es la historia de una señora inglesa anglicana, la cual conmovida por el espectáculo de una niña, que se prepara para la primera ((156))
comunión, es atraída poco a poco por la gracia celestial, con suavidad y fortaleza, al conocimiento de la Iglesia verdadera, obtiene la
conversión del marido agonizante y se hace Carmelita después de su abjuración. Don Bosco añadió tres espantosos ejemplos de castigos
divinos que cayeron por aquellos años sobre los enemigos de Dios, del Papa y de los Obispos. Al fin añade el Reglamento de la piadosa
Sociedad para la comunión mensual por las presentes necesidades de la santa madre Iglesia, erigida canónicamente en Roma en la
parroquia de San Lorenzo.

Don Bosco en tanto, mientras sus muchachos comenzaban activamente la impresión de estos libritos, se dedicaba a mitigar los
sinsabores de Ivrea, así que, aún temiendo un desequilibrio administrativo por ineptitud o por negligencia, creyó oportuno no hablar de la
contabilidad. El teólogo prosiguió tranquilo en su oficina como antes, llevando los registros, con la única innovación de que la imprenta
del Oratorio había substituido a la de Paravía en los trabajos, aun cuando don Bosco siguió dando encargos a su antiguo impresor.

Así continuóse durante dos años anunciando el despacho de la calle de Santo Domingo, con las advertencias arriba mencionadas de las
ediciones de Paravía.

Sin embargo, las relaciones entre don Bosco y monseñor Moreno habían sufrido un grave golpe.
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((157))

CAPITULO XVII

UN HUERTO LIBRADO DE LAS ORUGAS -UN CLERIGO CURADO DE LA FIEBRE -UN SECRETO DESEO DESCUBIERTO Y
SATISFECHO -CONFERENCIAS DE DON BOSCO: RECOMIENDA TRES COSAS A LOS JOVENES; ALUDE A UNA MUERTE
NO LEJANA; ANIMA A LOS JOVENES Y A LOS MIEMBROS DE LA CONGREGACION A AMAR Y DEFENDER AL PAPA
-DON BOSCO PREPARA A SUS SALESIANOS A LA PROFESION RELIGIOSA -DESDE LA NIÑEZ HA HECHO VOTO DE
ENTRAR EN RELIGION -LOS PRIMEROS VOTOS FORMALES EMITIDOS EN LA PIA SOCIEDAD DE SAN FRANCISCO DE
SALES: PALABRAS DE ALIENTO Y JUBILO DE DON BOSCO -MUERTE PROFETIZADA Y EDIFICANTE DE OTRO
ALUMNO -UNA SEGUNDA TARJETA PROFETICA -LA VIRGEN DE SPOLETO -PERSONAS QUE LLEGAN DE LEJOS PARA
CONFESARSE CON DON BOSCO -EXHORTA A LOS JOVENES A CONCLUIR BIEN EL MES DE MARIA Y A REZAR POR
AQUELLOS COMPAÑEROS QUE VIVEN TODAVIA LEJOS DE DIOS -SU PLATICA SOBRE LA PUREZA

LOS días del Venerable siervo de Dios, aunque portadores de molestias para él, se señalaban siempre con hechos pintores cos y
singulares.

Con escritura del 9 de noviembre de 1861, ante el notario Turvano, don Bosco vendía a Santiago Berlaita, obligado por la necesidad,
una parcela del prado que medía 0,35,04 hectáreas, por el precio declarado de 4.480,20 liras. Perteneció en algún tiempo a la propiedad
de los Filippi y confinaba con la cerca del Oratorio por el norte. Berlaita, que era hortelano, había plantado en 1862 en aquella ((158)) su
nueva posesión una gran cantidad de coles, que prometían buena cosecha. Mas, he aquí que aparecieron las orugas, en tal abundancia que
amenazaban acabar con todas sus esperanzas. Acudió desconsolado a don Bosco para que fuera a lanzar los exorcismos de ritual. Don
Bosco fue, dio la bendición y se quedó un rato conversando con Berlaita. En aquel instante acaeció un hecho singular. Todas la orugas se
pusieron en movimiento. Empezaron a bajar de las coles,
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camino de la portezuela abierta en la cerca del Oratorio. Había ante ella un ancho foso lleno de agua corriente cubierto con un tablero.
Las orugas se deslizaron sobre él, avanzaron hacia la pared de la capilla de San Luis, subieron por ella, entraron por el ventanal sobre el
altar y fueron a pegarse en la cornisa y en las paredes de dicha capilla.

Estas quedaron totalmente ennegrecidas con la enorme cantidad de orugas muertas que las cubrían y hubo que limpiarlas muchas veces.
Todos los de la casa estaban maravillados de la inexplicable novedad. Pero el huerto de Berlaita quedó enteramente limpio. Don Miguel
Rúa así lo atestigua.

Don Juan Garino nos contó:

"Corría el año 1862 y me encontraba yo con unas fiebres que me debilitaban cada vez más, de tal forma que no podía atender a mis
estudios de filosofía. Lo supo don Bosco y me dio una cajita con nueve píldoras, diciéndome que tomara tres por la mañana rezando una
Avemaría por cada píldora. Cumplí lo que me ordenó y desaparecieron las fiebres al momento. Añado que, desde entonces hasta el
presente (6 de mayo de 1888) no tuve más fiebres".

Una distinguida señora de Turín, anota Bonetti, expuso lo siguiente acerca de don Bosco.

"El siervo de Dios, después de muchas súplicas, había venido a comer un día con nosotros. Tenía yo un muchacho que recomendarle,
para que lo admitiese en su Oratorio, pero no me atrevía a proponérselo por miedo a que ((159)) no viniese más a mi casa para evitar
semejantes molestias. Mientras revolvía en mi interior este pensamiento, me dijo don Bosco de improviso:

"-En cuanto a ese muchacho, y dijo el nombre, llévelo a casa a fin de mes.

"A tales palabras, quedé fuera de mí, porque me costaba persuadirme de que hubiese leído el pensamiento en mi mente".

Proseguía la Crónica de Bonetti resumiendo alguna charla que don Bosco había dado a los alumnos durante el mes de mayo y lo más
memorable sucedido en el Oratorio.

"El 2 de mayo subió don Bosco a la tribuna del locutorio y expresó su deseo de inculcar tres cosas: alegría, trabajo y piedad. Repitió
varias veces la frase de San Felipe Neri a sus jóvenes:

"-Corred, saltad, divertíos cuanto queráis, mas, por caridad, no cometáis pecados".

"4 de mayo, domingo. Hablaba don Bosco a los muchachos sobre cómo deseaba se hiciera el mes de María, cuando cambió de repente
de tema y dijo:
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"-Me viene ahora un pensamiento que me veo obligado a descubriros. Quién sabe si no tendremos que celebrar durante este mes un
funeral?... íEstaremos a la espera!

"Y volvió al primer tema, dejándonos a todos estupefactos por su desacostumbrado modo de hablar".

"6 de mayo. Resulta imposible explicar el gran afecto que don Bosco siente por la Santa Sede y por el Papa. Hacía observar hoy a sus
muchachos cómo el Papa Pío IX, aunque preocupado por los asuntos de todo el mundo, dirigía con frecuencia su pensamiento y sus
solicitudes a los pobrecitos muchachos del Oratorio, escondidos en un rincón de Turín, enviándoles su apostólica bendición y
colmándoles con toda clase de favores. Aprovechó la ocasión para estimularles a amarlo y no tanto como a Pío IX, sino más bien como a
Papa, establecido por Jesucristo sobre la Iglesia. Concluyó diciendo:

"-Quisiera que Pío IX ((160)) tuviese en cada alumno del Oratorio un ardoroso defensor en cualquier rincón de la tierra donde se
encuentre.

"Unos días después, hablaba a los miembros de su Congregación, y les decía:

"El catolicismo va perdiendo poco a poco cada día los medios materiales para hacer el bien, el apoyo de los Estados, y le son
arrebatadas muchas almas por la perfidia de sus enemigos. Es hora de que nos apretemos cada vez más alrededor de Pío IX y combatamos
con él, si es preciso hasta la muerte. Dirán los necios que ciertas ideas no son más que un terco capricho de Pío IX; no importa: mejor
será ir al paraíso con Pío IX por semejante capricho que caer en el infierno con todos los encantos y grandezas del mundo".

"8 de mayo. Esta noche reunió don Bosco en su habitación, después de las oraciones, a los sacerdotes, clérigos y jóvenes que sabe están
dispuestos a permanecer con él en el Oratorio y formar parte de la Pía Sociedad. Empezó describiendo cuán noble, meritoria, y divina es
la misión de los llamados a salvar almas; probó el gran amor de Jesucristo a los niños; nos animó a trabajar sin descanso por los jóvenes;
nos hizo presente que la mies era abundantísima y que la divina Providencia bendeciría prodigiosamente nuestras fatigas. Después nos
propuso hacer una prueba, uniéndonos al divino Salvador con lazos más estrechos de amor, es decir, prometiendo a Dios la observancia
de las Reglas, haciendo voto de pobreza, castidad y obediencia por tres años.

"Ya hacía un año que nos habíamos preparado a este gran acto;
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así que a la invitación de don Bosco, nadie puso la menor dificultad, y se decidió que el próximo miércoles emitiríamos nuestros votos".

La Virgen había preparado a don Bosco en el mes a Ella consagrado el mayor de los consuelos. El siervo de Dios emitiría también su
voto, que ya había hecho de niño, de entrar en religión.

14 de mayo de 1862. íDía memorable! Se lee en las actas ((161)) del Capítulo:

"Los hermanos de la Sociedad de San Francisco de Sales fueron convocados por el Rector y la mayor parte de ellos se vincularon a la
naciente Sociedad pronunciando formalmente los votos trienales. Esto se realizó del modo siguiente:

"Don Bosco, Rector, revestido de roquete, invitó a todos a arrodillarse, y se arrodilló él mismo. Comenzó a recitar el Veni Creator, que
se prosiguió alternativamente hasta el fin. Recitó el Oremus del Espíritu Santo, se rezaron las letanías de la bienaventurada Virgen María
con su Oremus. Luego se rezó un padrenuestro, avemaría y gloria a san Francisco de Sales y se añadió el versículo propio y el Oremus.
Terminadas estas oraciones, los hermanos ordenados in sacris: don Victor Alasonatti, don Miguel Rúa, don Angel Savio, don José
Rocchietti, don Juan Cagliero, don Juan Bautista Francesia y don Domingo Ruffino; los clérigos Celestino Durando, Juan B. Anfossi,
Juan Boggero, Juan Bonetti, Carlos Ghivarello, Francisco Cerruti, Luis Chiapale, José Bongiovanni, José Lazzero, Francisco Provera,
Juan Garino, Luis Jarac y Pablo Albera; los seglares, caballero Federico Oreglia di Santo Stefano y José Gaia pronunciaron en alta voz y
claramente todos juntos la fórmula de los votos que comienza: Conociendo la inestabilidad de mi voluntad etc... Después de esto, cada
cual firmó en un libro a propósito".

Escribe Bonetti:

" 14 de mayo. Esta noche después de desearlo muchos, se emitieron por primera vez los votos de pobreza, castidad y obediencia por los
miembros de la Pía Sociedad, recientemente constituida, que habían hecho el año de noviciado y se sentían llamados a ella. íQué hermoso
sería describir la humilde forma con que se celebró este acto memorable! Estábamos apretados en una angosta habitación, donde no había
bancos para sentarse. La mayor parte de los miembros se encontraba en la flor de la edad, alguno en el curso de retórica, otros en primero
y segundo año de filosofía, varios en los primeros cursos de teología y pocos habían recibido algunas órdenes sagradas. íAlgún seglar
((162)) habría podido llevar una vida feliz en el
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seno de la propia familia! íUn delicioso porvenir se nos presentaba delante, el mundo nos llamaba con sus promesas, con sus halagos!
Pero ante nuestros ojos, colocado sobre una mesa entre dos cirios, se elevaba el crucifijo, esperando la ofrenda de nuestro corazón, el
sacrificio de nuestra vida. Sí, Jesús con sus atractivos celestiales nos llamaba hacia El.

"Formábamos un pequeño rebaño, ignorado a los ojos del mundo y casi desconocido por la mayoría de los de la misma casa. A pesar de
ello, estos humildes orígenes no nos hacían perder el entusiasmo, antes abrían nuestro corazón a las más elevadas esperanzas,
conocedores de lo que dice el apóstol san Pablo, que Dios elige a los débiles para abatir a los fuertes, a los necios para confundir a los
sabios, a los humildes y despreciables y a los que no son para destruir a los que son.

"Eramos veintidós, sin incluir a don Bosco, los que hicimos los votos según el Reglamento. El estaba arrodillado en medio de nosotros
junto a la mesita sobre la que presidía el crucifijo. Como éramos muchos, recitamos la fórmula juntos, a medida que don Miguel Rúa la
leía.

"Después se puso don Bosco en pie. Se dirigió a nosotros, que seguíamos arrodillados, y nos dijo unas palabras para nuestra
tranquilidad y para infundirnos valor, de cara al futuro. Nos dijo entre otras cosas:

"-Los votos que ahora habéis hecho, entiendo que no os impongan más obligaciones que las de observar lo mismo que hasta ahora
habéis observado, es decir las reglas de la casa. Mucho deseo que ninguno se inquiete ante cualquier temor o preocupación. Venga pronto
cada uno en toda circunstancia a abrirme su corazón, y exponerme sus dudas, sus angustias. Os digo esto porque podría ocurrir que el
demonio, al ver el bien que podéis realizar viviendo en esta Sociedad, os tiente buscando cómo haceros salir de ella contra la voluntad de
Dios. Mas si yo fuere enseguida informado por vosotros, podréis estar en situación de examinar la cuestión y poner paz ((163)) en
vuestros corazones y hasta dispensaros de los votos cuando viese que ésa era la voluntad de Dios y el bien de las almas.

"Pero alguno dirá: -Don Bosco "ha emitido también estos votos? Escuchad: mientras vosotros hacíais ante mí estos votos, yo los hacía
ante este crucifijo para toda mi vida; me ofrecía en holocausto al Señor, dispuesto a todo para procurar su mayor gloria y el bien de las
almas especialmente las de la juventud. Ayúdenos el Señor a mantenernos fieles a nuestras promesas.
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"Pronunciadas estas memorables palabras, nos pusimos en pie y él siguió diciendo:

"-Queridos míos, vivimos tiempos turbulentos y parece casi una presunción que en estos calamitosos momentos queramos organizar
una nueva comunidad religiosa, cuando el mundo y el infierno se empeñan con todas sus fuerzas por arrancar de la tierra las que ya
existen, pero no importa; yo tengo pruebas seguras de la voluntad de Dios para que se funde nuestra Sociedad y persevere.

"Son muchos los esfuerzos que ya se han hecho para impedirlo, pero todos resultaron inútiles y los que más obstinadamente se
quisieron oponer, lo pagaron caro. No hace mucho que un personaje distinguido, a quien por diversos motivos no nombro, se opuso
grandemente, quizá por celo, a esta sociedad. Pues bien; cayó víctima de una grave enfermedad y en pocos días pasó a la eternidad.

"No acabaría esta noche, si quisiera contaros los sucesos especiales de protección que hemos recibido del cielo, desde que empezó
nuestro Oratorio. Todos nos demuestran que Dios está con nosotros. íPodemos caminar hacia adelante en nuestra empresa con plena
confianza, pues sabemos que cumplimos su santa voluntad!

"Pero no son éstas las razones que me animan a confiar en esta Sociedad; hay otras mayores entre las que está el fin que nos hemos
propuesto, buscar la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas. Quién sabe si el Señor no querrá servirse de nuestra Sociedad para
hacer mucho ((164)) bien en su Iglesia? De aquí a veinticinco o treinta años, de seguir el Señor favoreciéndonos como hasta el presente,
nuestra Sociedad se extenderá por distintas partes del mundo y llegará al número de mil socios. Unos estarán predicando para evangelizar
al pueblo humilde, otros educarán a los niños abandonados, aquéllos darán clase, éstos escribirán y propagarán libros buenos, todos, en
suma, sostendrán como generosos cristianos la dignidad del Romano Pontífice y de los ministros de la Iglesia: ícuánto bien se hará!

"Pío IX cree que nosotros estamos ya preparados en todo aspecto; henos aquí dispuestos esta noche, a combatir con él por la causa de la
Iglesia que es la de Dios. Llenémonos de valor y trabajemos de corazón porque Dios nos pagará, como un buen amo. La eternidad será
bastante larga para descansar..."

"Hemos observado que esta noche don Bosco mantenía una alegría inexplicable, no sabía separarse de nosotros y nos aseguraba que se
habría pasado toda la noche en piadosa conversación. Nos narró muchas cosas preciosas de los comienzos del Oratorio y nos contó el
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trágico fin de algunas personas que querían impedirle que reuniese a los muchachos".

"23 de mayo. Después de las oraciones anunció don Bosco la muerte de nuestro compañero Luis Marchisio, de veintidós años, natural
de Calliano, que había pasado a la eternidad en su propia casa, el día 19 del corriente mes".

"Así, de acuerdo con su pensamiento, que, una noche nos manifestó de una forma desacostumbrada, no había terminado el mes de
María sin un funeral por un compañero nuestro".

"Quién sabe si, en aquel instante, no recibía don Bosco alguna luz particular? Parece que se podría deducir por lo acaecido. Este
nuestro amigo ya estaba enfermo cuando marchó a su pueblo. Don Bosco nos contó un diálogo sostenido con él hacía algún tiempo, que
demuestra que aquel joven estaba resignado a morir, y así mismo la maña de don Bosco ((165)) para infundir en el corazón de los

enfermos el amor al paraíso y hacerlos partir de esta vida con el vivo deseo del cielo.

"He aquí el coloquio:

"-Marchisio, le dijo don Bosco, cuando llegues al paraíso, hazme un encargo.

"-Sí, con mucho gusto, si yo puedo, contestó el joven.

"-Apenas llegues a la gloria celestial, saluda a la Virgen María de mi parte y de la de todos los jóvenes del Oratorio.

"-Lo haré, y qué más?

"-Dile que derrame desde el cielo toda suerte de bendiciones sobre el Oratorio.

"-También se lo diré.

"Don Bosco prosiguió:

"-Ven pronto a hacernos una visita, para contarnos qué hacen y cómo se encuentran los jóvenes del Oratorio.

"-Me dejará venir el Señor?

"-Se lo preguntarás: si te lo consiente, bien; y si no, te contentarás con mirarnos desde el cielo y rogar por nosotros, para que podamos

ir pronto todos a hacerte compañía.

"En suma, él hablaba de tal modo que consolaba a cualquiera que le oyese. El párroco mismo, que escribe y comunica su muerte, dice
que iba a visitarle de vez en cuando, no tanto para edificarle cuanto para edificarse. Fue grande su paciencia hasta el último instante y
mantuvo una gran devoción a la Virgen hasta los últimos latidos. Así aprenden a morir los jóvenes afortunados que tienen la suerte
envidiable de vivir con don Bosco".
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"La muerte de este joven, explica la crónica de Ruffino, había sido señalada por una de las acostumbradas profecías de don Bosco. A
principios de marzo, una noche después de cenar, se encontró don Bosco en el comedor en medio de un apretado corro de jóvenes y
manifestó que uno de la casa pasaría a la eternidad a fines de mayo. Todos preguntaron quién era, pero don Bosco no quiso decirlo.
Entonces le pidieron que escribiera el nombre en un papelito para ((166)) encerrarlo en un sobre y abrirlo solamente transcurrido el
tiempo fijado. A los ruegos de los jóvenes, don Miguel Rúa agregó los suyos y entonces don Bosco no supo negarse. Escribió el nombre,
lo cerró en un sobre sellado y lo entregó a Fernando Imoda, hombre de confianza para guardar secretos. No pasó mucho tiempo y
Marchisio cayó enfermo. En abril murieron Fornasio y Maestro en extraordinarias circunstancias; pero no se abrió el papel de don Bosco.
Mas, tan pronto como se supo la muerte de Marchisio, corrieron los alumnos a Imoda para que abriese el misterioso sobre. Se hizo en
presencia de don Miguel Rúa. En el papel apareció escrito por mano de don Bosco: Marchisio".

Volvamos a la crónica de Bonetti.

"24 de mayo. Don Bosco comunica aquella noche, con inmensa alegría, la prodigiosa aparición de una imagen de María en las
cercanías de Spoleto".

Existe en la extensa llanura sobre la cima de una pequeña colina una columna con un nicho, en el cual fue pintada al fresco en 1570 una
imagen de la Santísima Virgen en actitud de abrazar al niño Jesús. Todavía se conserva un trozo de muro, por lo que se ve existió allí, en
tiempos antiguos, una iglesia. Aquel lugar, totalmente olvidado, se había reducido a una cueva de reptiles y particularmente de culebras.

Un buen día de aquel año, un niño llamado Enrique, que aún no había cumplido los cinco años, estaba jugando por entre aquellas ruinas
cuando oyó que le llamaban por su nombre. Volvió en días sucesivos por aquel lugar y oyó varias veces una voz dulcísima que repetía:

-íEnrique, Enrique!

Perdióle un día su madre y por más que le buscaba no daba con él hasta que finalmente lo halló entre las ruinas de la iglesia junto a la
columna. El niño ya le había hablado de la voz que había escuchado y de una Señora que se le había aparecido, mas no sabía explicar de
qué modo la había visto. Se comentó entre los aldeanos lo que decía Enrique, pero no le dieron el crédito y la importancia
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que merecía. ((167)) Pero la Santísima Virgen había señalado el sitio donde quería favorecer a los cristianos con sus gracias y esto atrajo
la atención del pueblo el día 19 de marzo. Un joven campesino, aquejado de varias enfermedades crónicas y desahuciado por los médicos,
se sintió inspirado para ir a venerar la citada imagen. Fue, se encomendó a la Santísima Virgen y, sin más, regresó totalmente curado. A
partir de aquel momento, comenzó una ingente peregrinación de fieles, hasta de las diócesis vecinas, de forma que los días festivos se
veía alrededor del famoso pilar de cinco a seis mil personas arrodilladas. Los mismos enemigos de la Iglesia se veían obligados a
confesar, que no podían dar explicación de aquel fervoroso entusiasmo de los pueblos.

Era un continuo sucederse de milagros y extraordinarias gracias espirituales y corporales. Algunos incrédulos fueron a visitar a la
imagen para denigrarla; pero, al llegar al lugar, en contra de todas sus ideas, sintieron la necesidad de arrodillarse y rezar. Y volvieron con
muy distintos sentimientos, hablando públicamente de los prodigios de María. El arzobispo de Spoleto encargó a insignes artistas los
planos para un hermoso templo; y, como la devota imagen no tenía ningún título especial les pareció bien que fuese venerada bajo el de
Auxilium Christianorum 1.

"25 de mayo. La fama de la ciencia y santidad de don Bosco le atrae muchísimos penitentes, aún de poblaciones lejanas. Hoy se
encontraron en la sacristía del Oratorio cuatro personas procedentes: una de Chieri, otra de Fossano, la tercera de Verzuolo, y la cuarta de
Mondoví, para confesarse con el siervo de Dios".

"26 de mayo. Por la noche, después de las oraciones, don Bosco nos recomendó que a la mañana siguiente rogásemos a la Virgen para
que nos auxiliase siempre durante la vida, pero que desplegase de modo especial su protección en el punto de nuestra muerte. Nos
exhortó vivamente a todos a terminar santamente el mes de María, e ((168)) insistió de modo especial para que se preparasen con buena
voluntad los que, si bien eran pocos, se habían mantenido obstinados hasta entonces. Dijo que todo lo bueno que al día siguiente se
realizara, se ofreciese a María con el fin de que se ablandaran los corazones de aquellos individuos, les hiciera entrar en sí mismos y se
convirtieran sinceramente y con firme resolución a Dios. Nos prometió al final contarnos algo bonito el último o el penúltimo día del
mes".

1 Don Bosco imprimía más tarde este hecho prodigioso en un libro titulado: Maravillas de la Madre de Dios.
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"29 de mayo. Día de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo al cielo. Esta mañana don Bosco explicó, como de costumbre, en el
púlpito, la historia eclesiástica y nos habló de las vestales entre los paganos. Nos entretuvo con la virtud de la pureza. Son siempre
hermosas sus palabras y siempre encantadoras sus pláticas; pero, cuando habla de la reina de las virtudes, no parece un hombre, sino un
ángel: Querría escribir alguno de sus pensamientos, mas temo menoscabar la hermosura, la fuerza que él pone y no me atrevo a hacerlo.
Baste decir que no sólo lleva el nombre del discípulo predilecto de Jesús, sino también su celestial candor; y por esto no hay que
sorprenderse, si sabe hablar de un modo tan sublime de esta preciosa virtud. Hace siete años que obtuve del cielo la suerte de ser su hijo
espiritual, de vivir con él, de escuchar de sus labios celestiales palabras de vida. Le he oído muchas veces desde el púlpito hablar de este
tema; pero siempre, unas veces más que otras, lo declaro, experimenté la fuerza de sus palabras y me sentí lanzado a todo sacrificio, por
amor a tan inestimable tesoro. No soy yo sólo quien lo dice, tengo como testigos a todos cuantos conmigo le escuchaban.

"Al salir de la iglesia venían muchos maravillados para exclamar conmigo y con otros:

"-íOh qué hermosas cosas dijo esta mañana don Bosco! íMe pasaría el día y la noche escuchándole! íCuánto desearía que Dios me
concediese el don de poder yo también, cuando sea sacerdote, enamorar de este modo el corazón de la juventud y de todos por esta
hermosa virtud".
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((169))

CAPITULO XVIII

SUEÑOS: LOS FUTUROS ACONTECIMIENTOS DE LA IGLESIA; LAS DOS COLUMNAS EN MEDIO DEL MAR; LA NAVE
DEL PAPA ASALTADA Y SU GRAN VICTORIA -EXPLICACION DEL SUEÑO -DIFICULTADES QUE ENCUENTRAN LOS
FIELES RECOPILADORES DE LAS PALABRAS DE DON BOSCO -UNA CUESTION SIN RESOLVER RESPECTO AL SUEÑO
-EL PADRE PASSAGLIA Y LA INTENTADA REBELION DEL CLERO CONTRA EL PAPA -DON BOSCO, EL PADRE
PASSAGLIA Y NICOMEDES BIANCHI -RETRACTACION DE UN SACERDOTE APOSTATA

DON Bosco había prometido a los muchachos el 26 de mayo contarles algo bonito el último o el penúltimo día del mes.

Y el 30 de mayo por la noche les refirió una parábola como él quiso llamarla.

"Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo yo que os contaría a vosotros hasta mis pecados si no
temiese que salieseis huyendo asustados, o que se cayese la casa, os lo voy a contar para vuestro bien espiritual. Este sueño lo tuve hace
algunos días.

Figuraos que estáis conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no divisáis más tierra que la que tenéis
debajo de los pies. En toda aquella supeficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas
terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves
están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros, y se dirigen
contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño
posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas ((170)) navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las
oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos.

En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distantes la una de la otra. Sobre
una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium
Christianorum. (Auxilio de los cristianos).

Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro
cartel con estas palabras: Salus credentium. (Salvación de los que creen).
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El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en
que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la
conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitana y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que
el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves
respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la
borrasca se torna nuevamente espantosa.

El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos
columnas, de cuya parte superior penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas.

Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras
con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los
cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella
violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca
nave prosigue segura y serena su camino.

A veces sucede que, por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero,
apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entre tanto los cañones de los asaltantes, y, al hacerlo, revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y
espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, llenos de furor, comienzan a luchar empleando el arma
corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate.

Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le sujetan. El Pontífice
es herido por segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de
sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido
inmediatamente de suerte que la ((171)) noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan
a desanimarse.

El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y, al llegar al espacio
comprendido entre ambas, las amarra con una cadena que pende de la proa a una áncora de la columna de la Hostia; y con otra cadena
que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada.

Entonces se produce una gran confusión. Todas las naves que hasta aquel momento habían luchado contra la embarcación capitaneada
por el Papa, se dan a la fuga, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás.
Otras navecillas, que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan
amarradas.

Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los
acontecimientos, hasta
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que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, y allí
permanecen tranquilas y serenas, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta.

Al llegar a este punto del relato, don Bosco preguntó a don Miguel Rúa:

-Qué piensas de esta narración?

Don Miguel Rúa contestó:

-Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que
defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan
aniquilarla. Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Don Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y don Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió:

-Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días
difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación de lo que tiene que suceder. Los enemigos de la
Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. íSólo quedan dos medios para
salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María. Frecuencia de sacramentos: comunión frecuente, empleando todos los
recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y, en todo momento. íBuenas noches!".

Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente, en lo referente al Papa; pero Don Bosco no
añadió ninguna otra explicación.

((172)) Entre tanto los clérigos Boggero, Ruffino, Merlone y el señor César Chiala escribieron este sueño y conservamos sus
manuscritos. Dos de ellos fueron escritos al día siguiente de la narración de don Bosco y los otros dos, más tarde; pero están
perfectamente de acuerdo y solamente varían en algún detalle que uno omite y otro señala.

Aún así, hay que observar cómo en este caso y en otros semejantes, si bien lo expuesto por don Bosco fuese redactado enseguida con la
mayor fidelidad posible, no obstante, podía escaparse alguna imperfección.

Un discurso de media hora de duración, y a veces de una hora, naturalmente debía quedar resumido en pocas páginas, y anotando las
ideas principales y precisas. Alguna frase no había sido bien percibida por el oído, otra no se recordaba; la cabeza se cansaba, el orden de
los hechos se confundía y, por consiguiente, más bien que hacer al azar una amplificación, se omitía aquello de lo que no se estaba cierto.

De ahí procedían algunas oscuridades en los temas, poco claros
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por su naturaleza en muchos puntos, particularmente cuando se referían a cosas futuras: de ahí las discusiones y explicaciones diversas y
contradictorias. Y esto ocurrió también respecto al sueño o parábola por nosotros referida. Dijo alguno que los papas que se sucedieron
en el gobierno de la nave fueron tres y no dos. De este parecer es el canónigo Juan María Bourlot, que fue párroco de Cambiano, el cual,
siendo estudiante de filosofía en 1862, se hallaba presente cuando don Bosco contó el mencionado sueño. Vino éste al Oratorio el año
1886 y, hablando con don Bosco durante la comida sobre las impresiones de la juventud, después de afirmar que estaba seguro de la
fidelidad de su memoria, empezó a describir el sueño de las dos columnas en medio del mar y afirmó que los papas caídos fueron dos.
Que a la caída del primero, gritaron los pilotos: ''-íDémonos prisa! íHay que reemplazarlo pronto!''Y que a la caída del segundo,
acudieron los pilotos, mas sin pronunciar esta frase.

Quien redacta estas memorias estaba distraído en aquel instante ((173)) conversando con su vecino de mesa y don Bosco le dijo:

-Escucha y atiende a lo que dice Bourlot.

Aquél contestó que conocía bastante bien el hecho por los documentos que poseía, y que, según él, los papas de la nave eran solamente
dos. Don Bosco le replicó:

-Te digo que no sabes nada.

En 1907 volvió el canónigo Bourlot por el Oratorio y repitió con exactitud, señal de su buena memoria, después de cuarenta y ocho
años, la narración del sueño y sostuvo que el número de los papas eran tres, recordando nuestra respuesta a sus afirmaciones y las
palabras que don Bosco nos dijo.

Con todo esto, cuál de las dos versiones es la legítima, la de la Crónica o la del canónigo Bourlot? Tal vez los acontecimientos den la
solución de la duda. Debemos concluir diciendo que César Chiala con los otros, y son sus precisas palabras, lo entendió como una
auténtica visión y profecía, aun cuando don Bosco no pareció tener más objeto al contarla, que inducir a los jóvenes a rezar por la Iglesia
y por el Sumo Pontífice y atraerles a la devoción del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada.

Había necesidad de estas plegarias y devociones eficacísimas, porque crecía sin tregua la guerra contra la Santa Sede; y era preciso que
el clero fiel continuase sosteniendo los derechos del Papa, contestados y combatidos hasta por cierto número de sacerdotes indignos. El
jesuita padre Carlos Passaglia, por soberbia de espíritu, a causa de prelaturas y cargos ambicionados y no obtenidos, se pasó
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al partido liberal romano, y fue expulsado de la Compañía. Acudió a Turín invitado por Cavour y se pusieron de acuerdo hasta sobre lo
que se debería hacer cuando, muerto Pío IX, se reuniese el Cónclave para elegir al sucesor; y, de regreso a Roma, intentó corromper,
aunque inútilmente, a algunos prelados para que fueran cómplices en la consecución de inducir al Papa a la renuncia de sus derechos. A
mediados de 1861 publicó en Florencia un llamamiento a los Obispos, titulado ((174)) Pro causa itálica, pretendiendo enseñarles sus
principios sobre el dominio temporal de los Papas. Después abandonó el hábito eclesiástico y regresó a Turín para ponerse a la cabeza de
los contrarios a aquel dominio.

Consiguió la cátedra de filosofía moral en el Ateneo Real y fundó la publicación del Mediador para arrastrar al engaño al clero que, por
liberal, o por ingenuo, pensaba que pueden conciliarse Iglesia y revolución.

Publicó un manifiesto al clero para que firmase una instancia al Papa, con amenaza de cisma, a fin de inducirle a abandonar el poder
temporal. Un grupito de apóstatas formado en Turín, bajo la égida y dirección del Gobierno, puso manos a la obra. Las autoridades
subalternas debían impulsar, con su apoyo, a los sacerdotes rebeldes, a los propios obispos y a la Santa Sede. Distintos emisarios, con
sotana unos y sin ella otros, corrían por toda Italia con un modelo de petición, que presentaban a los sacerdotes de todas las ciudades y
pueblos; y con el arma en la mano, con amenazas de cárcel, con infames seducciones, con promesas y con dinero contante, consiguieron
la firma de algunos centenares de eclesiásticos. Su periódico oficial publicó una lista con mil novecientos cuarenta y tres, pero muchos
protestaron de no haber dado su nombre, y de otros no se pudo saber nada, porque todo era mentira; muchos habían sido engañados y
muchos se retractaron al saber la condena fulminada por la Iglesia.

Se habían formado también en muchas ciudades asociaciones clérigo-cismático-liberales-italianas, compuestas por apóstatas reunidos
de acá y allá y metidos en el fango de las miserias humanas. El 21 de diciembre de 1861 fue elegido presidente honorario de todas ellas
monseñor Miguel Caputo, obispo de Ariano, el cual aceptó. Era Capellán mayor de Garibaldi y fue el único obispo rebelde al Papa. Se
temía con fundamento que fuera nombrado jefe de la soñada Iglesia Nacional, con la celebración de la misa en lengua italiana y con
máximas que olían a agnosticismo y a ((175)) protestantismo, pero Dios se lo llevó de este mundo el 6 de septiembre de 1862, día en que
murió impenitente en Nápoles.
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Cuando don Bosco oía hablar de defecciones en la Iglesia de personas respetables o de otros escándalos públicos decía a sus discípulos:

-No debéis sorprenderos de nada; donde hay hombres, hay miserias. La Iglesia no tiene nada que temer y, si se diera el caso de que
todos se conjurasen contra ella para echarla abajo, siempre está el Espíritu Santo para sostenerla.

Continuaba sin desalentarse acercándose a aquellos extraviados, en quienes esperaba poder sembrar una buena semilla de conversión. Y
en aquel mes de mayo buscaba ganarse a dos sacerdotes y a un seglar, para restituirlos a Dios. Uno de ellos correspondió a las
invitaciones de su caridad, y los otros dos tornaron al fin de la vida. Influirían sus oraciones y las de sus jóvenes para su salvación eterna?

El primero fue Passaglia. Escribe así Bonetti en su crónica:

"Ardía en mayo un loco afán para inducir al clero a rebelarse, cuando el profesor de retórica, señor Dini, otrora protestante y hoy
ferviente católico, habiendo hablado de don Bosco con el afamado Passaglia, éste le dijo con una de sus ampulosas frases:

"-Don Bosco posee todos los carismas del Espíritu Santo.

"Y añadió que le gustaría ir a visitarle a Valdocco, pero que lo dejaba para más adelante, porque ahora temía quedar vencido.

"Refirió el profesor estas palabras a don Bosco y él hizo observar a
los clérigos: que Passaglia necesitaba un golpe extraordinario de la gracia; que las palabras de los hombres no le servían, y que rogasen al
Señor para que lo condujera de nuevo al buen camino".

Con todo, como se trataba del alma de un sacerdote que tanto escándalo producía en la Iglesia, hizo con Passaglia lo mismo que ya
había hecho con Grignaschi y otros más. Intentó acercárselo y sostuvo varias conversaciones con él, llevadas con exquisita prudencia para
no ((176)) irritarle. El pobrecito reconocía que andaba por un camino falso, pero don Bosco comprendió que no se determinaría a
reconocer públicamente su error. Como le vio ávido de alabanzas y respetuosas demostraciones de aprecio, elogió generosamente su
docto y célebre Comentario sobre la Inmaculada Concepción, editado en 1854, y cuando se encontraba con él por las calles más
frecuentadas de la ciudad, le saludaba cortésmente.

Fue elegido diputado y propuso en el Parlamento una ley obligando al clero a jurar fidelidad al Rey y al Estado y a no oponerse a la
unidad de Italia. Mas se retiró a la vida privada, y desde su cátedra de ética, ya no habló contra la Iglesia y sus derechos. Compuso y
publicó
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diversas obras utilísimas, como la refutación de la Vida de Jesús del impío Renán y una conferencia contra el divorcio: Sin embargo,
aunque agitado por vivos remordimientos, no se le podía convencer para formular una súplica de perdón al Papa. Finalmente en 1887, al
verse próximo a la muerte, hizo una amplia retractación, recibió los sacramentos con mucha piedad y dejó esta vida el 12 de marzo.

El segundo fue Nicomedes Bianchi, de Módena, quien, después de haber conspirado contra su Soberano y servido a las sectas, fue a
Turín, donde desempeñó algunos cargos en el Ayuntamiento y actuó como director de los archivos del Estado.

"El 12 de mayo, por la tarde, se representó en el Oratorio la comedia latina Minerval, dice la Crónica. Se repartieron invitaciones como
otras veces y se esperaba a la flor y nata del profesorado de la ciudad que ciertamente habría acudido; pero llovió a mares durante toda la
jornada".

Nicomedes Bianchi, escribía al día siguiente a don Bosco esta carta:

((177)) PRESIDENCIA DEL LICEO DEL CARMEN

Reverendísimo Señor:

El mal tiempo del jueves 12 del corriente, me privó del placer de gozar en el instituto de V.S. Ilma. de un agradable entretenimiento.
Deseo, pues, acepte mi más cordial agradecimiento por su atentísima invitación. Aprovecho la ocasión para profesarme con todo aprecio.

13 de mayo, 1862. .

Su seguro servidor
NICOMEDES BIANCHI

Durante algunos años tuvo don Bosco con este señor, gran enemigo de los centros religiosos de educación, problemas espinosos,
relacionados con sus obras; pero personalmente le trató siempre con aquella amable cortesía que le ganaba tantos amigos, aun entre los
adversarios.

Nicomedes Bianchi escribió la historia de la Diplomacia Italiana en Europa para uso de la revolución y antipapal. Con la misma
intención comenzó a escribir la Historia de la monarquía Piamontesa, mas no pudo teminarla. Con todo, hacia el ocaso de sus días se
arrepintió, frecuentó los templos y murió cristianamente.

El tercero fue un eclesiástico al que don Bosco devolvió al seno de la Iglesia, como lo atestigua el siguiente documento.
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Creo un deber de conciencia hacer pública esta mi retractación. Engañado por el pastor valdense de Turín, abandoné la religión católica
romana y me agregué a su iglesia en la que participé como evangelista. Pero bien ponderados estos puntos:

1.° La carencia total de caridad cristiana en la Iglesia Valdense: y sea muestra de ello la escandalosa división reinante entre los dos
principales pastores de Turín;

2.° Visto que predican que el bautismo no es necesario para nuestra eterna salvación y por tanto la Iglesia Valdense no sería cristiana;

3.° Conocidos todos los demás errores que admiten contra el mismo santo Evangelio:

((178)) Entiendo abandonar esa Babilonia de Iglesia Valdense, volviendo a la Iglesia Católica Romana, sacrificando por la profesión y
mantenimiento de la misma, si fuera necesario, la vida, las posesiones y el honor.

Y en prenda de ello me declaro.

Turín, 22 de mayo de 1862.

Sacerdote Católico Romano ANDRES TARANELLI

JOSE BARLONI-DINI
Estuve presente y fui testigo.

Testigo de cuanto antecede FEDERICO OREGLIA
Caballero di Santo Stefano.

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((179))

CAPITULO XIX

LOS VIAJES DE DON BOSCO SON APOSTOLICOS -LAS ORACIONES MANTIENEN LA PAZ EN ROMA -LA
CANONIZACION DE LOS MARTIRES JAPONESES -SAGRADA ORDENACION SACERDOTAL DE DON JUAN CAGLIERO, Y
DE DON JUAN BAUTISTA FRANCESIA; ALEGRIA DE LOS JOVENES; LECTURA DE UNA COMPOSICION MEMORABLE
-CHARLAS FAMILIARES DE LOS ALUMNOS CON DON BOSCO; DUDA SOBRE EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROFECIA;
SI EN ALGUN CASO LLEGA A CONSIDERARSE LIBRE LA VOCACION AL ESTADO ECLESIASTICO; EL AGUINALDO DE
LA VIRGEN, LUZ MISTERIOSA EN EL DORMITORIO Y CONSECUENCIAS; MISERICORDIAS DEL SEÑOR PARA QUIEN
INGRESA EN EL ORATORIO; EL BIEN SE PROPAGA FUERA DE LA CASA; CONVERSION DE PROTESTANTES; EL
ORATORIO MARCHA MEJOR CUANTO MAS SE OCULTA -RETORNO A LA IGLESIA CATOLICA

HEMOS visto durante los años pasados a don Bosco ausentándose de vez en cuando del Oratorio para ir a la ciudad y pueblos del
Piamonte y Lombardía. De aquí en adelante sus peregrinaciones serán más frecuentes y duraderas, pero siempre impulsadas por los
intereses de la gloria de Dios y la salvación de las almas. En efecto, adonde quiera que fuese se encontraba con personas que deseaban
confesarse con él. Por esto, aunque el Papa le había concedido de viva voz facultad para confesar en cualquier punto del mundo, no
obstante él creyó conveniente pedir a Roma la licencia para absolver de los casos reservados por la Sagrada Penitenciaría; su petición fue
atendida el 3 de mayo de 1862. En cuanto a la facultad para los casos reservados por los Obispos, ya hacía tiempo que, o por petición
((180)) o espontáneamente, muchos se la habían otorgado ampliamente o se la concedían apenas ponía el pie en su diócesis.

Mientras don Bosco programaba sus viajes, se preparaban en Roma solemnísimas fiestas para la canonización de los mártires
japoneses; y la condesa de Camburzano le escribía desde Niza el 4 de junio:
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"Ciertamente habéis hecho, señor abate, un gran sacrificio no yendo a Roma; pero vuestras fervorosas oraciones y las de vuestros
alumnos contribuyeron sin duda a la paz que goza la Santa Ciudad, y a este primer triunfo de la Iglesia. Es imposible no reconocerlo en
esta imponente asamblea de obispos, sacerdotes y fieles, y nos parece una garantía del triunfo del papado, que deseamos con todo nuestro
corazón".

La canonización se celebró el 8 de junio. Asistieron cuarenta y tres cardenales, cinco patriarcas, y primados, cincuenta y dos arzobispos
y ciento sesenta y ocho obispos. Faltaron todos los italianos porque el Gobierno les prohibió acompañar al Papa. Pero ellos proclamaron
su fidelidad, respeto y afecto a la cátedra de Pedro con cartas y escritos en los que manifestaban su pesar por habérseles cerrado el paso
para postrarse ante el Vicario de Jesucristo.

Al júbilo que don Bosco experimentó con las fiestas de Roma y las nuevas glorias de la Iglesia Católica, se sumó el de un suceso
anhelado por toda la familia del Oratorio. El 14 de junio, sábado de las cuatro témporas, eran ordenados sacerdotes, por monseñor Balma,
sus tres diáconos: don Bartolomé Fusero, don Juan Cagliero y don Juan Bautista Francesia. Este leyó al Obispo una composición para
darle gracias en nombre de los ordenados religiosos o inscritos en la diócesis, que se lo habían pedido. En estas ocasiones tocaba siempre
a algún salesiano semejante encomienda, porque decían que los hijos de don Bosco estaban muy fuertes en literatura.

((181)) Al día siguiente, mientras el nuevo presbítero Fusero, celebraba la primera misa en Caramagna su pueblo, don Juan Bautista
Francesia y don Juan Cagliero, con júbilo de toda la comunidad celebraban en el Oratorio la misa de comunión general, el primero, y el
segundo la misa cantada solemnemente.

Por la tarde les ofrecieron una academia músico-literaria bajo los pórticos. Músicas, cantos, poesías, discursos y aplausos frenéticos
testimoniaban el afecto y aprecio de los alumnos a los nuevos sacerdotes. El clérigo Berruti, hoy obispo de Vigevano, comenzó un saludo
con el texto de Isaías: "Dedi te in lucem gentium ut portes nomem meum usque ad fines terrae". (Te voy a poner por luz de las gentes
para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra)1. Fue un presagio del futuro, que ciertamente se apoyaba en el dinamismo
de don Juan Cagliero y en la preeminencia que siempre había gozado sobre los compañeros; ya desde los primeros cursos se había ganado
de tal forma su cariño y su confianza que, por la noche,

1 Is. XLIX, 6.
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después de dar las buenas noches a don Bosco, pasaban a dárselas también a él.

Durante el recreo de después de vísperas, rodearon a don Bosco muchos jóvenes, clérigos y sacerdotes. Ya hemos hecho mención, en
otra parte, de los interesantes diálogos familiares que se desarrollaban en estas ocasiones. Los alumnos siempre tenían preguntas que
hacer y que se sucedían sin ningún nexo lógico, sino conforme a las ideas que bullían en la mente de quien preguntaba; a veces,
meditadas hacía tiempo y a la espera de una oportunidad para exponerlas al siervo de Dios. Eran una prueba de que no olvidaban ninguna
de sus palabras, de modo que él no podía arriesgarse a ser pillado en error, lo que, por otro lado, su propia conciencia le habría vedado.
Las preguntas eran tan espontáneas como la libertad y la confianza concedidas por un padre amantísimo.

Por consiguiente los muchachos, después de haber comentado la simpática fiesta de poco antes, comenzaron a proponer su duda sobre
una predicción de don Bosco del año pasado, porque estaban seguros del cumplimiento de todas las anunciadas durante ((182)) el año. Y

pusiéronle a prueba recordándole la pregunta del 10 de septiembre de 1861.

La crónica de Ruffino nos cuenta por extenso la desordenada conversación:

"Uno de los muchachos preguntó a don Bosco:

"-Recuerda usted que el día 3 de junio del año pasado, con ocasión del ejercicio de la buena muerte, dijo que uno de nosotros no

volvería a hacerlo otra vez? Cómo se ha cumplido su anuncio? Nosotros no nos hemos dado cuenta.

"Don Bosco respondió:

"-Aquél no hizo el ejercicio de la buena muerte, yo no tuve más noticias suyas; pero estoy esperando a ver en qué irá a acabar. Después

te lo diré todo.

"Habló con seriedad; pero concluyó bromeando y sonriendo:

"-Y si no se cumpliese, qué importa?

"Rieron los muchachos, trataron otros temas diversos hasta que uno de los mayores preguntó:

"-Permite usted, don Bosco?

"-Habla, di lo que quieras.

"-A nuestro pobre entender, nos parece que, a veces, la elección de nuestra vocación no es totalmente libre, o que al menos hay alguna
presión moral; por ejemplo: su sobrino Luis no se sintió llamado al estado eclesiástico y fue obligado a trabajar en el campo, sin
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dejarle ningún camino para otra carrera. Otro ejemplo: cuando Rigamonti se fue a casa, diciendo que no se sentía llamado al estado
eclesiástico, sus padres le contestaron:

"-Bueno, entonces te pondrás a trabajar con nosotros.

"Usted aprobó esta decisión, asegurando:

"-Esta es la verdadera forma de obrar.

"Don Bosco escuchó y luego replicó:

"-La elección de estado, aquí en casa, es totalmente libre; de tal forma que no se admite a ninguno para vestir la sotana sin los
requisitos necesarios. El que la recibe tiene una señal de vocación; mas el que no es llamado a este estado en los difíciles tiempos que
corremos, yo creo que es mejor que trabaje la tierra. Por lo que ((183)) concierne a los ejemplos aducidos: a Luis Bosco se le presentaron
las normas sobre la elección de estado; al acabar el curso de retórica dijo que no se sentía con ánimo para hacerse sacerdote, fue a casa, se
puso a trabajar en el campo, y tampoco entonces supo decidir qué carrera le gustaba. Rigamonti, por otro lado, tiene a sus padres
campesinos, esto hay que pensarlo, porque si se tratase de un muchacho nacido en la ciudad, no sería conveniente ponerle a trabajar en el
campo; pero a uno salido del campo y puesto a estudiar para ver si el Señor lo llamaba, dado que no aprovechaba, no se le hace mengua,
y es mejor para él que vuelva a cultivar la tierra.

"El recuerdo y el fruto del aguinaldo dado al principio del año, perduraba; así que otro alumno, cuando don Bosco terminó de hablar, le
dijo:

"-Sobre el aguinaldo, no se puede saber nada más que lo que nos dijo? Quiere de veras sepultarlo todo? íDígame alguna cosa!

"Don Bosco respondió:

"-Todo lo que era necesario para la mayor gloria de Dios, ya se ha dicho; si yo no estuviera comprometido, añadiría algo más, pero
como son cuestiones personales no conviene decirlas.

"-Diga al menos: el hecho de la luz, tiene conexión con el aguinaldo?

"-íBueno...! Puede ser... El hecho es que la Virgen quiere la casa limpia y por eso, después de Navidad, salieron del Oratorio casi veinte
sin ser despedidos. Batt... realmente era una espina para la casa; desgraciadamente existían motivos para no poderlo expulsar: contaba
con la protección del Conde X y su estado era un serio impedimento, porque si se le despedía, se quedaba en mitad de la calle. Esto no
me permitía tomar la determinación de alejarlo, aun cuando su ejemplo perjudicaba a los demás y fingía continuamente. Pero sucedió
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que se marchó por su cuenta... Hay otros a quienes nada les valió cuanto se hizo y dijo durante todo el año pasado; avisos generales, y
privados: todo ((184)) para nada. Pero se persuadieron con los papelitos del aguinaldo y se decidieron a ajustar su conciencia.
"-Hay que confesarlo, exclamó un muchacho, el Señor concede muchas gracias al que es admitido en esta casa.

"-Realmente hay que agradecérselo a la misericordia de Dios. Os acordáis de Delma...? Vino hace poco a casa. A mí ya me habían
prevenido sobre su conducta pasada; tal como se puede imaginar de uno que se había enrolado y había militado a las órdenes de
Garibaldi. Cuando llegó aquí, daba vueltas por acá y por allá; vigilaba si era espiado, calculaba con quién podía hablar en confianza, pero
encontraba por todas partes un aire y un ambiente que no le iba. Se veía observado por doquier. Finalmente vino una noche a charlar
conmigo. Yo le pregunté:

"-Cómo te llamas?
"-Delma..
.
"-Cómo te llamas?
"-Delma..
.
"-Cómo te llamas?
"-Delma..
.
"-Y quién soy yo?
"-íDon Bosco!
"-Y quién soy yo?
"-íDon Bosco!
"-Dímelo otra vez, quién soy yo?
"-No es usted don Bosco?
"-Sabes por qué te hago repetir tres veces estas palabras? Porque tres son las palabras que te dice el Señor, éstas son: abandona el

pecado, arregla los líos de tu conciencia, entrégate a Dios que ya es hora. Adiós, hasta luego.
"Delma... se retiró completamente preocupado, se fue a dormir y pasó todo el día siguiente absorto en los pensamientos, que yo le había
expresado. Por la noche le vi aparecer en mi habitación completamente fuera de sí. Creí al verle que se hubiese peleado ((185)) con

alguien, pero él llorando, me dijo:
"-Don Bosco, estoy en sus manos, ayúdeme a salvar el alma.
"-Mas el bien no para en casa, observó otro joven: y las Lecturas Católicas? Y los protestantes convertidos...?
"-Es verdad. Necesitaría un poco de tiempo, libre de los cuidados de la casa, para trabajar entre los protestantes. Hay entre ellos un

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gran movimiento hacia el catolicismo. El otro día recibí una cartita de uno de sus jefes, en la que me decía que él había abandonado la
verdadera Iglesia a la edad de dieciocho años y que al presente quería confesarse. El sábado tengo que ir a visitar a otro por el mismo
motivo. Serán acaso unos veinte los que harán su retractación a la par.

"-De este modo el Oratorio adquirirá un buen nombre, saltó de súbito un chaval, cuando todo esto se sepa.

"-He experimentado, contestó don Bosco, que cuanto más oculto vive el Oratorio, tanto mejor marcha. Con frecuencia hay cosas que,
publicadas, parecen promover la gloria de Dios, pero, después, veo que causan perjuicio."

Así terminaba esta conversación, que nos dejó también recuerdo del celo de don Bosco por la conversión de los herejes. He aquí la
abjuración de uno de ellos:

"El abajo firmante, habiendo conocido que había caído en una Iglesia de horror y superstición, muy distinta de la Santa Madre Iglesia
en la cual había sido educado por mis padres, tanto yo, como toda mi familia, estamos dispuestos: primero, a pedir perdón a Dios de
corazón, para que nos conceda su santa gracia y poder hacer una nueva profesión de fe; y después, a observar los mandamientos de la Ley
de Dios y de la Santa Madre Iglesia y a creer todo lo que Dios ha revelado. Por esto, proponemos y prometemos, mediante la gracia del
Señor y de María Santísima su Madre, querer vivir y morir en la santa Religión Católica y Apostólica en la que hemos nacido y hemos
sido bautizados. Así, pues, queremos confiar que usted (don Bosco) nos encomendará en sus oraciones y en la Santa Misa a Dios, para
que tenga misericordia de nosotros y nos perdone los pecados cometidos al abandonar su Iglesia. Por esto queremos y esperamos por la
bondad del Señor ser todavía admitidos en el seno de su Iglesia, en la asamblea de sus fieles.

Me reafirmo.

JUAN ROVEDA

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((186))

CAPITULO XX

COMEDIA LATINA -CAPITULO DE LA PIA SOCIEDAD Y ADMISION DE SOCIOS -DIA ONOMASTICO DE DON BOSCO;
LOS HOMENAJES MAS GRATOS; UNA CARTA AFECTUOSA HECHA ESCRIBIR POR DON BOSCO A UN ALUMNO,
ENFERMO EN SU CASA, COMO CONTESTACION A SU FELICITACION -CONFERENCIAS DE DON BOSCO POR LA
NOCHE; REPRENSION FRUCTIFERA A UN BLASFEMO; UNO QUE SE BURLA DE SU HERMANA, GRAVEMENTE
ENFERMA, PORQUE SE CONFIESA, CASTIGADO MISERI-CORDIOSAMENTE POR EL SEÑOR -LA FIESTA DE SAN LUIS:
LA DEVOCION A LA VIRGEN QUE RECOMPENSA A UNO QUE TIENE UNA LAMPARA ENCENDIDA EN SU HONOR
-AVISOS A LOS SACERDOTES: PREVENIR A LOS MUCHACHOS DE LOS PELIGROS QUE LES AGUARDAN A
DETERMINADA EDAD: COMO REGULARSE CON LOS REINCIDENTES Y CON LOS ESCANDALOSOS; PENITENCIAS
MEDICINALES; PEDIR A DIOS LA GRACIA PARA LOGRAR SALVAR LAS ALMAS MEDIANTE EL SAGRADO MINISTERIO;
CONFESIONES SACRILEGAS -PREVISIONES DE DON BOSCO MANIFESTADAS AL PAPA -GARIBALDI Y ASPROMONTE

POR aquellos días hacíase en el Oratorio la seisena de domingos en honor de San Luis Gonzaga y se empezaba con toda ilusión la
novena para la fiesta del angélico joven. Esta se celebraba el 29 de junio, para que hubiese cierto intervalo con la de San Juan Bautista.

Pero, como don Bosco no quería que pasase inadvertido el día 21, la noche precedente recomendó a los muchachos la ((187)) santa
comunión para la mañana siguiente, con tanto entusiasmo que resultó casi general.

Estaba preparada para después de la comida la representación de una comedia latina, a la que asistieron eximios literatos de la ciudad.
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La invitación estaba redactada en latín por don Juan Francesia 1.

El tercer día de la novena de San Luis, que cayó en domingo, hubo una modesta y agradable reunión. Léese en las actas del Capítulo.

El día 22 de junio de 1862 el rector don Bosco reunió el Capítulo y, después de la acostumbrada plegaria al Espíritu Santo, propuso la
admisión de dos jóvenes estudiantes, José Cagliero, de Castelnuovo, hijo de Santiago, y Luis Peracchio, natural de Vignale, hijo de Juan.
Ambos obtuvieron los votos favorables y fueron recibidos en la Sociedad.

El día siguiente por la tarde, vigilia de la fiesta de San Juan Bautista, se celebraba el día onomástico de don Bosco. He aquí cómo
describe el comendador Carlos Bianchetti, abogado, el jubiloso acontecimiento de cada año, en el discurso pronunciado en la solemne
conmemoración del 24 de junio de 1903.

"-íNos parece contemplar todavía al venerado y venerando don Juan! Todo el interior del edificio estaba engalanado; inscripciones,
((188)) y gallardetes, macetas, focos luminosos y farolillos a colores atestiguaban el común alborozo. Acá y allá se agrupaban sacerdotes,
estudiantes y aprendices; después se sumaban los bienhechores, los cooperadores, los amigos y un numeroso tropel de curiosos. Oíase un
dulce susurro, un suave cuchicheo, un júbilo universal. De pronto el estrepitoso sonar de la música, con trompas y trombones, timbales y
tambores indicando la aparición del amado festejado, humilde

1 EL SACERDOTE JUAN BOSCO AL LECTOR
íSALUD!

Mis hijos, que se dedican a las mansas musas,
representarán en breve, el día veintiuno de

(junio,
dedicado a San Luis, Patrono de los jóvenes,
una comedia latina.
La misma novedad nos presagia la asistencia
de los más doctos espectadores,
entre los que gozo contarte a ti.
Si asistes, y mi amor no me traiciona,
tú, juntamente con otros, aprobarás
con gran acierto la costumbre que
adopté hace algunos años de ejercitar
en este género de ocupación a mis hijos.
Haz todo lo posible por venir. Salud.
La presente sirve de tarjeta de presentación
para ti y para los tuyos.

JOANNES BOSCO SACERDOS
LECTORI SALUTEM

Pueri mei musis mansuetioribus
Operam qui navant, latinam fabulam
Propediem, prima et vigesima Junii, dabunt
Aloysio sacra, Juvenum potenti.
Et jam res nova, sane nobis praesagit
Multos doctiores spectatores fore,
Quos inter gaudeo te adnumerarier.
Verum si adsies, meus ni obficiet amor,
Tu nostrum cum aliis optime adprobaveris
Morem quem sumpsi, abhinc aliquot jam an

(nos,

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In hac studiorum pueros ratione
Meos exercendi. Fac venias. Vale
Et haec valet tessera tuis et tibi

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y casi mortificado. Estallaban los aplausos, las salvas de alegría y los vivas, mientras sombreros y pañuelos se agitaban por el aire
electrizado. Se iniciaba un discurso y seguían los aplausos; después un dialogo, con más aplausos; y luego poesías y músicas, con las
repetidas aclamaciones. Y don Bosco estaba allí humilde, confundido, radiante de modestia y de gracia; sonriendo a todos, casi oprimido
por tanta fiesta.

"No sabía qué decir, movía la cabeza de uno a otro lado, miraba como quien sueña a derecha e izquierda, sonreía, saludaba, daba las
gracias; al fin juntaba dos palabras apropiadas para asegurar a todos y a cada uno que aquella fiesta le había llegado al corazón y que no
sabía cómo manifestar su agradecimiento".

Entre los regalos de alumnos y bienhechores de aquel día, el que más gustó a don Bosco fue el Certificado del Seminario con el éxito
de los exámenes finales de sus clérigos, en parte salesianos y en parte a él confiados por distintas diócesis. Veintitrés estudiaban teología,
veintinueve filosofía y diez alcanzaron egregie (matrícula), nueve peroptime (sobresaliente), dieciocho optime (notable), cuatro fere
optime (bien) y siete bene (aprobados). Uno sólo había merecido media (regular) y éste no era salesiano 1. Don Juan Cagliero había
preparado, como homenaje, su famosa partitura de la misa de difuntos, considerada todavía como una joya de fe y de armonía.

No es para decir cuán conmovido quedó don Bosco ante las muestras de reconocimiento y afecto que le manifestaron sus queridos
alumnos y es una prueba de ello la carta que hizo redactar (28 de junio de 1862) al clérigo Luis Jarac para el joven Severino ((189))
Rostagno 2. Este buen joven, ya nombrado otras veces, murió en Pinerolo el 12 de marzo de 1863.

1 Calificaciones: Es un tanto arbitraria la equivalencia que damos a las calificaciones latinas y somos conscientes de ello, pero... (N. del
T.)

2 Querido hermano en Jesús:

Cuando el Rvdo. don Bosco recibió tu muy apreciada carta, quedó satisfechísimo al leer las palabras que, salidas de lo más íntimo de tu
corazón, dirigías a quien tanto te aprecia. Hubiese constituido un placer para él, que profesa tan tierno afecto a sus hijos, tomar la pluma y
contestar, con paternales palabras de consuelo, un gracias de su puño y letra; habría sido el mejor regalo, estoy seguro, que podría
hacerte; pero qué quieres? Las mil ocupaciones que le rodean, los asuntos que resolver, las preocupaciones que le apremian, le
imposibilitaron satisfacer sus deseos y los tuyos. Por eso me encargó a mí contestarte y decirte que su corazón está lleno de cariño para ti,
que reza por ti, que no te olvida en sus plegarias y que suplica a María que te conserve suyo. Permíteme que te haga otro ruego en nombre
de este tan tierno padre, es decir, que seas siempre su hijo como lo eras un día entre nosotros, cuando participabas en todo y pasabas tu
vida en el Oratorio; y te suplica que reces de manera particular por él y le recuerdes en tus comuniones y pidas a María que le ayude.
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En tanto llegaba la novena de San Luis a su fin. Cada noche contaba don Bosco una encantadora narración que conmovía a los jóvenes.
El 25 de junio, escribe Bonetti, nos decía:

Viajaba un día en coche e iba sentado en el pescante junto a un cochero, que con frecuencia profanaba el santo nombre de Jesucristo.
Le advertí varias veces, con toda delicadeza, que no blasfemara de aquel modo. Pero el pobrecillo repetía que no era capaz de lograrlo
porque la inveterada costumbre le llevaba a ello. Entonces le prometí que le daría una mutta 1 si no profería semejantes palabras hasta la
llegada a Turín.

-Haré la prueba, dijo el cochero, y se lo propuso en serio.

De cuando en cuando asomaba a su boca la primera sílaba, pero acordándose, al momento truncaba la palabra por la mitad, y tanto se
esforzó que llegó a Turín sin que se le escapase ni una blasfemia. En consecuencia, le entregué la moneda prometida y le dije:

-Piénselo un poco: para ganar cuarenta céntimos ha podido abstenerse de blasfemar; por qué no va a hacer otro tanto para ganarse el
paraíso? íQué cuenta tendra que dar al Señor, si no se corrige de este vicio!

((190)) Estas palabras produjeron tal efecto en el corazón de aquel hombre que, pasado un tiempo, vino al Oratorio a confesarse.

Las malas costumbres pueden vencerse por quien se decide a ello con buena voluntad.

El jueves 26 de junio por la noche, anota Ruffino en la crónica, don Bosco narraba el hecho siguiente:

A principios de este mes fui llamado para asistir a una enferma. Mientras ella se confesaba, entró en casa su hermano, el cual, por
desgracia, no era muy religioso. Se dió cuenta de que trataban de distraerle hasta que su hermana se hubiera confesado, pero él no quiso
saber nada de ello.

-Y aunque estuviese aquí el Emperador, a mí qué me importa?

Y así diciendo, penetró en la habitación donde yacía la hermana. Cuando me vió a mí, comenzó a insultarla, por querer calentarse la

cabeza, con la enfermedad encima. Pero la hermana le suplicaba que la dejase ajustar las cuentas de su conciencia.

-Le has hecho venir tú?

-Sí, yo le he llamado; me encuentro próxima a la eternidad, deseo arreglar mis cuentas.

El otro, refunfuñando y vomitando cuanto le venía a la boca contra los curas y la religión, dejó que la hermana acabase de confesarse.

Me levanté yo después, pasé a la otra habitación y aquel desgraciado me dijo:

-Si yo caigo enfermo, espero no darle tanta molestia.

-Fortuna la tuya -exclamó desde la otra estancia la hermana, al oirle-;si el

Una cosa más de parte de don Bosco y es, que, puesto que no puedes convivir con nosotros y habitar dentro de estos muros todo el año,
vengas ahora al menos a pasar unos días, siempre con la libertad de permanecer y de marchar, según tu conveniencia, etc.

1 Mutta: Era una moneda que valía ocho perras chicas (cuarenta céntimos). (N. del T.)

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Señor te otorga la gracia de morir con un sacerdote junto a tu lecho. Pídele no te suceda que lo necesites, y no lo encuentres.

Esto pasaba, según creo, el 31 de mayo, sábado. El domingo siguiente aquel hermano salió de viaje a un pueblo lejano. Llegó allí por la
noche y le acometió una fiebre tan alta que le puso en peligro de muerte.

En aquel trance comenzó a gritar que le llevasen un sacerdote, porque el mal le destrozaba, y se veía en el infierno. Llegó el párroco del
lugar, le consoló, le confesó y cuando ya se despedía, el otro le detuvo rogándole que por caridad no le abandonase en medio de las
llamas y de los demonios.

El lunes por la tarde era cadáver. Nos figuramos que Dios haya tenido misericordia con él, dados los sentimientos con que expiró.

-Predique -decíale al párroco-, predique este suceso. La otra tarde, escarnecía yo a mi hermana por haber llamado a un sacerdote para
confesarse; me avisó que no tomara a juego la cosa, porque podría suceder que yo tuviese que morir pidiendo un sacerdote, sin poderlo
tener a mi lado. El Señor no lo ha querido así; ha tenido compasión de mí. Predique que se burlen de todo, mas, por caridad, que no se
burlen de nada tocante a religión.

((191)) El párroco escribió lo ocurrido a la hermana y ella me hizo leer hoy la carta. También yo os digo:

-No os burléis ni habléis mal de lo que se relaciona con el culto de Dios. No critiquéis los pareceres, la frecuencia de los sacramentos,
el alejamiento de los compañeros disipados que encontraréis en medio de los buenos. Todas estas burlas atraen la maldición de Dios.

El 29 se celebra por los muchachos del Oratorio de San Francisco de Sales la festividad de San Luis Gonzaga. Dedicóse un soneto, que
se conserva en nuestros archivos, al benemérito mayordomo don Juan Trivella, y según la costumbre, que nunca se interrumpió, se
verificó la procesión y se dispararon fuegos artificiales.

Por la noche, prosigue Ruffino, don Bosco habló de la devoción de San Luis a la Virgen, de las gracias sin número que él alcanzó de
esta buena madre, y de las que están preparadas para los jóvenes, si saben pedirlas con fe, y pronunció estas palabras:

-Ayer me contaron este caso. Una buena madre de familia se encontraba atribulada por una enfermedad. Prometió a la Virgen
encenderle todos los sábados una vela y gastar un sueldo en aceite, si la libraba de aquellos dolores. En efecto, curó. Su marido no veía
con buenos ojos aquel gasto; tanto, que el sábado pasado empezó a darle la lata, diciendo:

-íBien, y ahora que has gastado el aceite, te lo devolverá la Virgen?

-íPues, sí! Mira, hace diez meses que enciendo todos los sábados esta lucecita y nunca más he estado enferma; creo que, entre el
médico, que no ha vuelto a visitarme, las medicinas que nunca más compré, el tiempo que no perdí en la cama, la Virgen me ha devuelto
sobradamente la cantidad que gasto por Ella cada semana.

-íEs verdad, tienes razón! -exclamó el marido.

El mismo me contó ayer su altercado y me decía:
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-Estoy contento de que mi mujer me haya dado aquella respuesta: realmente me la merecía; y ahora declaro y bendigo la protección de
María.

Esto nos debe servir de estímulo para confiar en la Virgen y no pensar que no somos escuchados porque no vayan las cosas según
nuestros deseos. De otra manera, obraríamos como aquel esposo que esperaba que la Virgen devolviese la moneda a la mujer y no
consideraba que la Virgen se lo restituía con creces preservandola del médico y de las medicinas.

((192)) Así, con el nombre de la Virgen terminaba la fiesta de San Luis, porque don Bosco quería que sus hijos fueran dignos de Ella; y
por esto se entretenía frecuentemente también con sus sacerdotes. La crónica de Bonetti expone los consejos que les daba a ellos:

"30 de junio 1862. Hay que prevenir a los jóvenes para cuando lleguen a los diecisiete o dieciocho años, diciéndoles:

"-Mira, vendrá una edad muy peligrosa; el demonio te prepara lazos para hacerte caer. Te dirá, en primer lugar, que la comunión
frecuente es cosa de niños y no de mayores y que basta recibirla alguna vez. Luego, hará todo lo posible para mantenerte alejado de la
predicación y para que te canses de la palabra de Dios. Te hará creer que ciertas cosas no son pecado. Después, vendrán los compañeros,
el respeto humano, las lecturas, las pasiones, etc. íAlerta! No permitas que el demonio te robe la paz y el candor del alma, que hoy
mantiene tu amistad con Dios.

"íLos jóvenes no olvidan estas palabras! Cuando sean mayores y nos los encontremos por el mundo, les diremos:

"-Recuerdas lo que antaño te decía?

"-íEs muy cierto! -responden.

"Y este recuerdo les hará mucho bien.

"Algún tiempo antes, reunidos los confesores de la casa, les recomendó mucha cautela al preguntar a los muchachos sobre materias
lúbricas, para no enseñarles lo que ignoran; no negar la absolución a los reincidentes, si manifiestan alguna disposición de enmendarse;
pero negar la absolución y comunión cuando este medio sirva para despertarles y hacerles entrar en sí; usar mucha severidad y hasta negar
la absolución al cómplice agente, y en esto andar todos de acuerdo para impedir que los lobos causen estragos en el rebaño; ordenar al
cómplice, víctima o seducido, que descubra a los superiores el lobo o los lobos en la forma que la prudencia sugiera para impedir la
ofensa de Dios y el escándalo y la ruina de los demás.

"Sugirió así mismo dos advertencias: que no les doliese ((193)) emplear el tiempo necesario para preparar con celo a los penitentes que
no estuviesen preparados: que reflexionaran sobre la tremenda situación
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del alma que está en pecado mortal aunque no sea más que una sola hora. En conclusión, recomendó a los confesores no imponer suaves
penitencias por pecados graves, pero fijar alguna adaptada para curar el mal y prevenirlo. Por ejemplo: una meditación de las que se
encuentran en El Joven Instruído (El Joven Cristiano) para cada día de la semana; o cualquier otra consideración, como el ejercicio de la
buena muerte, o una práctica de piedad, como sería el Vía Crucis, la Visita al SS. Sacramento, la corona de los dolores de María
Santísima, etc., que se encuentran en el mismo libro. Se busque, en resumen, formar su espíritu sobre algún principio o verdad allí
contenida. De este modo, las penitencias resultarán eficaces".

"En la primera semana de julio, entreteniéndose de nuevo con sus sacerdotes les recomendaba una gran caridad y paciencia al confesar
a los muchachos para no perder su confianza; y al mismo tiempo les aseguraba que la prudencia necesaria y la eficacia de la palabra para
ganar los corazones, eran dones del Señor que se obtenían con la oración frecuente, con la más perfecta pureza de intención y con actos
de penitencia y sacrificio, como hacen los confesores celosos.

"Después, siguió hablando de las confesiones sacrílegas de los jóvenes al callar de propósito cosas que se han de manifestar
necesariamente y les contaba el siguiente hecho que le había sucedido a él mismo.

"Una noche soñé y vi en el sueño a un joven que tenía el corazón roído por lo gusanos y que él mismo se quitaba y arrojaba de sí
aquellos animales con la mano. No hice caso del sueño. Mas he aquí que a la noche siguiente veo al mismo joven, que tenía junto a sí un
perro que le mordía el corazón. No dudé de que el Señor quería conceder alguna gracia a aquel muchacho y que el pobrecito tenía algún
embrollo en la conciencia.

"Cierto día le dije de improviso:
"-Quieres hacerme un favor?
((194)) -"Sí, sí... Si de mí depende.
"-Si quieres, puedes hacérmelo.
"-Pues bien; dígame lo que desea, que lo haré.
"-Estás seguro?
"-íSeguro!
"-Dime: no has callado ningún pecado en la confesión?
"Quiso negármelo, pero inmediatamente añadí:
"-Y éste y este otro, por qué no lo confesaste?
"Entonces me miró al rostro, comenzó a llorar y me dijo:

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"-Tiene usted razón: hace dos años que me quiero confesar de eso y dejándolo de una vez para otra no me he atrevido a hacerlo.

"Entonces lo animé y le dije lo que tenía que hacer para ponerse en paz con Dios".

Así habló don Bosco en aquella ocasión, dando sabios consejos a sus colaboradores para que ejerciesen con éxito el difícil arte de
salvar las almas; por su parte se dedicaba en cuerpo y alma a hacer de sus jóvenes otros tantos hijos de Dios, si aparecía una nueva
tempestad contra la nave de Pedro.

En marzo de 1861, narra la Crónica, don Bosco había escrito a Pío IX, que sería una gracia especial de la Virgen si no debiera
abandonar Roma. Y en efecto en 1862, el 28 de junio, desembarcaba Garibaldi en Palermo con dirección a Caprera y era recibido por la
plebe con un torbellino de aclamaciones.

Sus mítines eran repugnantes por su impiedad, cuando se referían a la religión y al Papa. Contando con las promesas del gobierno
inglés, juraba él que muy pronto se obtendría la entrega de Roma. El gobierno italiano, que parecía oponérsele, le enviaba a escondidas
barcos cargados de armas y municiones. Desde Londres había recibido un subsidio de tres millones de liras y un millón de Turín. De
todas las partes de Italia se enrolaban jóvenes aventureros bien pagados.

Entre tanto los batallones del ejército real atravesaban Toscana y se aproximaban a los territorios de las provincias que le quedaban al
Pontífice, para entrar en Roma, con el fin de reprimir los previstos abusos de los garibaldinos, si conseguían penetrar y hacerse ellos los
dueños.

((195)) Pero Garibaldi, escoltado por los principales jefes de la secta mazziniana, se había echado la cuenta de servirse de la
complicidad del Gobierno y de su dinero para sublevarse él primero y después conquistar para sí y para el partido republicano Italia,
Roma y todo.

Los aplausos frenéticos de sus partidarios en Palermo le trastornaron la cabeza y, perdido todo freno, acabó profiriendo muchas veces
furiosas injurias contra el Emperador de los franceses, porque ocupaba Roma. Sus bravatas levantaron grandísimo revuelo en París y en
Turín; los ministros del Rey reprobaron a toda prisa sus altaneras palabras y se vieron obligados a invitar a Garibaldi a deponer las armas,
mientras Víctor Manuel lo declaraba rebelde en una proclama pública.

Entonces los mazzinianos, que comenzaban a tener una clara
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ventaja en Sicilia, se disponían a sublebarse, si el Gobierno se oponía a la marcha de Garibaldi. Y éste avanzaba con quinientos
voluntarios hacia el interior de la isla, visitando las poblaciones para excitarlas con violentos discursos contra el Papa, al grito
constantemente repetido de: íRoma es nuestra! íRoma o la muerte! Y las turbas asalariadas repetían tumultuosas este grito en las ciudades
del interior para hacer creer al mundo que ésa era la voluntad de toda la nación. Se quería poner a Napoleón en la necesidad moral de
abandonar Roma a merced de los revolucionarios. Entre tanto, las tropas regulares con orden de evitar todo choque, fingían perseguir a
Garibaldi, el cual, recibido con toda suerte de honores por los representantes del Gobierno y de los municipios, llegaba a Catania el día 18
de agosto. Allí asumió en pleno las funciones de Dictador y de esta forma se presentaba el peligro de una revolución republicana contra la
monarquía. Entonces el Ministerio decretó, y publicó el día 20, el estado de sitio y el bloqueo marítimo efectivo de toda Sicilia,
comunicándolo oficialmente a los ministros de las potencias extranjeras.

((196)) El 25 de agosto desembarcaba Garibaldi en Calabria con dos mil hombres, porque la flota que maniobraba en el estrecho, so
pretexto de impedir el desembarco, tenía la consigna de dejarle pasar. El había publicado un bando con la protesta de querer obedecer al
Rey y no a un ministerio que traicionaba a la nación y de estar resuelto a entrar como vencedor en Roma o a morir junto a sus murallas.

El general La Màrmora, que se enteró de esto, reforzó la guarniciones con muchos miles de soldados y proclamó el estado de sitio en
todas las provincias de Nápoles, de acuerdo con las órdenes recibidas de Turín.

Estaba en claro cómo Napoleón, para no enemistarse con los católicos franceses, cuyo voto favorable necesitaba para las nuevas
elecciones de 1863, aseguraba al Papa que él no permitiría nunca se tocase el actual Estado de la Iglesia; que ordenaría al general
Montebello, comandante de los franceses en Roma, que uniera sus soldados a los zuavos pontificios para rechazar cualquier asalto.
Proseguir por consiguiente la empresa era lo mismo que tirarlo todo por la borda y, por otra parte, se tenía certeza de que Garibaldi no
desistiría de su propósito. Por eso se decidió poner resistencia a aquel torrente amenazador.

Pero Garibaldi, sin convencerse de que el Gobierno obrase en serio, apoyándose en una carta un tanto oscura recibida del Rey, según él
andaba diciendo, ilusionado con la esperanza de que los regimientos
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franceses se alejaran de Roma, confiado con la promesa de que en efecto el Comité de acción hubiese revolucionado Roma y de que
saliera a su encuentro con el pueblo, se puso en marcha con los suyos hacia Reggio. Mas, al encontrar aquí a las tropas dispuestas a
rechazarlo, se echó a la montaña; el 29 de agosto fue atacado en Aspromonte por unos batallones de infantería y de bersaglieri, y tras un
breve tiroteo, cayó herido gravemente en el tobillo, y fue llevado prisionero a La Spezia. Allí fue tratado con todo cuidado, se restableció,
alcanzó libertad por una amnistía y regresó a Caprera.

((197)) De este modo el influjo amenazador que había adquirido el partido mazziniano y republicano, alguna advertencia de Napoleón
ofendido, más la necesidad que tenía el Gobierno del Rey de mostrarse fuerte para reprimir aquellos abusos y cubrir su complicidad,
fueon las causas por las que Roma se salvó entonces.

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((198)
)

CAPITULO XXI

Tómbola del 1862 -Notas y documentos

SE REANUDA LA TOMBOLA -ALIENTOS: ARMONIA: CARTAS DEL OBISPO DE IGLESIAS Y DE LOS CARDENALES
VANNICELLI Y MARINI -OBSEQUIOS DEL PAPA -CIRCULAR DE DON BOSCO EXPLICANDO LOS BILLETES ROJOS DE
LA TOMBOLA -PETICION DEL PERMISO AL GOBERNADOR PARA ABRIR LA EXPOSICION DE PREMIOS Y AUMENTAR
EL NUMERO DE BOLETOS -DECRETO FAVORABLE Y SU ANUNCIO A LOS BIENHECHORES -FOLLETO CON LA LISTA
DE LOS PREMIOS -APERTURA DE LA EXPOSICION -VISITA DEL ALCALDE Y SU RESPUESTA AL SALUDO DE UN
ALUMNO -LOS BIENHECHORES SON INVITADOS A VISITAR LA EXPOSICION -EL ALCALDE RECOMIENDA LOS
BOLETOS DE LA TOMBOLA POR MEDIO DE CIRCULARES A LOS ALCALDES DE LA PROVINCIA Y A VARIOS
GOBERNADORES DEL REINO: SU EXPEDICION Y ENTREGA EN EL GOBIERNO CIVIL DE TURIN -CARTAS DEL MISMO
CON SERIES DE BILLETES AL MINISTRO DE TRABAJO, DE INSTRUCCION, DE MARINA, DE GOBERNACION Y DE
HACIENDA; SUS RESPUESTAS -CARTA DE DON BOSCO OFRECIENDO BOLETOS A LOS PRINCIPES DE LA CASA DE
SABOYA Y RESPUESTAS: EL PRINCIPE TOMAS, DUQUE DE GENOVA; EL PRINCIPE DE CARIGNANO; LA PRINCESA PIA
-EL REY VICTOR MANUEL ACEPTA MIL BOLETOS

LA Tómbola autorizada en favor de los heridos de la guerra italiana se cerraba el 18 de junio, por lo que don Bosco no podía abrir la
exposición de premios de la suya antes de esa fecha.

Pero él no había cesado un sólo instante de trabajar ((199)) y recibía constantemente cartas que le animaban y prometían ayuda. Entre
los más ilustres personajes del patriciado figuró el conde
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Federico Sclopis; y entre los obispos, los de Tortona, Mondoví e Iglesias 1.

Los periódicos habían vuelto a hablar de la obra de los Oratorios y Armonía, en su número del 28 de mayo, presentaba la lista de los
miembros de la Comisión de la Tómbola y el precio de los billetes:

Tómbola a favor de los Oratorios de don Bosco. No necesitan nuestros lectores que les expliquemos quién es don Bosco y qué son los
Oratorios. Es sabido que este dignísimo sacerdote está totalmente dedicado a sacar de la miseria y del abandono a los muchachos pobres
que, abandonados a sí mismos, habrían arruinado su alma y su cuerpo. Para alimentar, alojar y vestir a varios centenares de muchachos no
cuenta don Bosco con más subsidios que su confianza en Dios y la caridad de los buenos cristianos. Acaba de obtener la necesaria
aprobación para hacer una tómbola de objetos que se expondrán al público en la casa del Oratorio de Valdocco de esta Ciudad. Se ha
organizado para este fin una Comisión... Estamos seguros de que este sencillo anuncio procurará al celoso sacerdote una lluvia de objetos
y un enorme despacho de boletos.

((200)) Se dignaron responder a las cartas de don Bosco dos cardenales, el Eminentísimo Vannicelli, arzobispo de Ferrara y el
Eminentísimo Marini 2.

Iglesias, 15 de mayo de 1862

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Comunico a V. S. Ilma., que he recibido ciento veintiocho boletos para la tómbola en favor de los muchachos del Oratorio de San
Francisco de Sales y procuraré apresurarme para colocarlos. Siento no poder concurrir de otro modo a la piadosa obra, organizada por su
caridad. También yo me encuentro en semejantes circunstancias con motivo de la erección de parroquias en esta mi diócesis, y tengo una,
casi a la mitad, cuyos trabajos no puedo seguir por falta de medios. Dígole esto para que se convenza de mi buena voluntad.

Quedo enterado de cuanto me indica en su apreciadísima circular, en nombre de los jóvenes por usted favorecidos, lo mismo que de la
tipografía inaugurada y de la indulgencia plenaria, concedida por el Sumo Pontífice reinante in artículo mortis con su apostólica
bendición, para todos los bienhechores y lo celebro.

Acepte mis palabras de respetuoso aprecio con las que me profeso.

De su S. I. y Rvdma.

Afectísimo seguro servidor
" JUAN BAUTISTA, Obispo.

2 Ilustrísimo y Reverendísimo Señor:

Hace ya algún tiempo que me llegaron dos circulares de V.S. Ilma. y Rdma., una de las cuales no lleva fecha y la otra es del 24 de abril
ppdo., y me dispongo a contestarle.

Veo, por la primera, con gran satisfacción, que ese Oratorio de San Francisco de Sales marcha cada día mejor para bien de la juventud,
y gozo enormemente al saber la generosidad del Santo Padre, no sólo en favor de dicho Oratorio, sino también en favor de cuantos le
ayudan.

Me entero, por la segunda, de que la tómbola en favor de ese piadoso instituto ha sido diferida, pero que, a pesar de ello, ha querido
enviarme 125 boletos.

Estos me llegaron incluidos en sus cartas, y de buena gana me los hubiera quedado, si no fuera porque imperiosas necesidades de esta
diócesis, particularmente ahora, me lo impiden.

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((201 )) También el Sumo Pontífice quiso dar una señal de aprobación a las empresas de don Bosco. Armonía publicaba la noticia el
martes 24 de junio.

Pío IX y la tómbola de don Bosco. El corazón de Pío IX es el de un padre ternísimo. Todo el mundo sabe lo necesitado de socorros que
anda y, sin embargo, acude allí donde se trate de promover una obra de caridad o de ayudar a los pobres. En efecto, apenas se enteró de la
tómbola que se organizaba en Turín en favor de los Oratorios de san Francisco de Sales, san Luis y el Angel Custodio, se ha dignado
enviar, junto con sus paternales expresiones de aliento, dos objetos preciosos por sí mismos y por la mano de la que proceden. Se trata de
dos hermosos camafeos, con marco de oro, exquisitamente labrados sobre magnesita, colocados en elegantes estuches, y que representan
a San Pedro uno y a San Pablo el otro. Queremos esperar, o más bien, creer que la piedad de muchos buenos católicos, que leerán
nuestras páginas, aguijoneada por tan noble ejemplo, tendrá a gala y querrá verse colocada junto a los regalos del Padre común de todos
los fieles repartiéndose de este modo los sentimientos y las obras.

Y como nacieran dudas entre los compradores de boletos sobre el valor de éstos, escribió don Bosco la siguiente circular que pasó a la
imprenta:

Sin embargo, deseando darle un pequeño testimonio de mi cariño por ese Oratorio, le incluyo un giro postal de veinte liras, pero al mismo
tiempo le devuelvo los ciento veinticinco boletos, de los que puede disponer libremente; no he intentado ponerlos a la venta aquí por la
confluencia de asociaciones.

No me queda más que congratularme con usted por la incansable caridad que despliega en favor de una porción tan elegida de la grey
de Jesucrito como es la juventud, y augurarle los más abundantes frutos por sus apostólicos trabajos, mientras con verdadero y
distinguido aprecio tengo el gusto de profesarme.

Ferrara, 7 de junio de 1862

Afectísimo seguro servidor
Card. VANNICELLI, Arzbpo.

Reverendísimo Señor:

No me canso de alabar y admirar el espíritu de verdadera caridad cristiana que le inflama para dar gloria a Dios y ayudar al prójimo. Le
agradezco que en su especial obra de caridad de socorrer a los jovencitos abandonados, haya pensado en recurrir a mí, invitándome a
ofrecer algún regalo para la tómbola que usted ha organizado en favor de su caritativo Instituto. Le envío dos medallas de plata con la
efigie de nuestro venerado Pontífice Pío IX, encerradas en un estuche. Es un mezquino regalo y siento no poder corresponder como yo
querría; pero acéptelo como prenda de mi buen querer y como signo de mi gran simpatía por la Obra que usted dirige, y del profundo
aprecio, con que me es grato profesarme,

De V.S. Reverendísima.

Roma, 23 de junio de 1862.

Su atento y seguro servidor

P. Card. MARINI
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Benemérito Señor:

Creo prudente dar unas explicaciones sobre los boletos rojos de la Tómbola, encomendados a su caridad, para salir al paso de las dudas
que algunos tienen.

Cada taco de boletos contiene veinticinco, es decir, una serie equivalente a 25 billetes amarillos que, a 50 céntimos cada uno, hacen
12,50 liras que es el montante de un billete con premio seguro.

Los primeros veinticuatro números incluidos en el taco con billete rojo gozan de la posibilidad de ganar o no ganar, como todos los
demás de la tómbola en general; el vigésimo quinto, el último de los 25, tiene premio seguro. Por esto, después del sorteo, a todo el que
presente un billete rojo, se le entregará, sin más requisitos, un objeto más o menos precioso, según la suerte que haya tenido.

En esta misma ocasión le participo que está ya imprimiéndose la lista de los promotores y el catálogo de objetos de la Tómbola, que
espero poder enviarle pronto, con la indicación del día fijado por la Comisión para la exposición pública de los objetos.

Con gran satisfacción le comunico que los objetos ya llegados a ((202)) la Tómbola son muy considerables por su cantidad y su valor.
Ello nos hace esperar un feliz éxito en nuestra caritativa empresa.

Finalmente, si V.S. u otras personas de su amistad tuviesen algún objeto destinado para esta obra de caridad, rogaríale humildemente lo
hiciera llegar al lugar destinado para su exposición por el medio que le sea más fácil. De este modo se podrá tomar buena nota de los
objetos para las oportunas incumbencias y para colocarlos debidamente el día dé nuestra exposición.

Tenga la bondad de aceptar este nuevo inconveniente junto a los augurios de toda suerte de bien, mientras, con el mayor
agradecimiento, tengo el honor de profesarme.

De V.S. Ilma.

Turín... de junio de 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Pero lo que en aquel momento interesaba era el permiso para abrir la exposición de los premios, aumentar el despacho de boletos y
pedir algunos favores. Con este fin se dirigía don Bosco al Gobernador Civil.

Ilmo. Señor Gobernador de la Provincia de Turín:

La Comisión organizada para promover la Tómbola ya iniciada en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de
San Luis en Puerta Nueva y del Angel Custodio en Vanchiglia, respetuosamente expone que, por la prórroga de otra lotería del mismo
género, no pudo realizarse la proyectada exposición pública. Que habiendo cesado la dificultad que a ello se oponía, espera ahora que

V.S. Ilma., con su reconocida bondad, querrá conceder los siguientes favores:
1.° Que la exposición pública pueda comenzar el día 3 dejulio próximo de 1862 y que dure dos meses.

2.° Que se nos faculte para aumentar la emisión de billetes ya presentados, dado

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que se han ofrecido muchos otros regalos que, unidos a los anteriores, alcanzan el número de 1.820, los cuales, de acuerdo con el precio
anotado al margen por los peritos, alcanzarían la cantidad de 64.133,60 liras, correspondientes a 128.268 boletos.

3.° Para facilitar la venta de los boletos, dado que el undécimo es gratuito, se querría la disminución del diez por ciento sobre el precio
de los objetos; por tanto se suplica, a título de especial favor, poder aumentar en un diez por ciento el valor de los regalos, que por tanto,
en vez de 64.133,60 liras sería de 70.546 correspondientes a los 141.092 boletos. De este modo ((203)) se alcanzaría una compensación
para cubrir los gastos ocasionados por la imprenta y la organización de la Tómbola.

4.° La Comisión ruega humildemente alcanzar el mismo favor que en las anteriores loterías (decreto del Intendente General del 7 de
marzo de 1854) se le concedió para sustituir con el sello de la Comisión el de Hacienda, a fin de facilitar los muchos trámites.

La parte tan favorable que V.S. Ilma. ha tomado siempre en todo lo que se refiere al bien de estos pobres muchachos desamparados,
hace esperar a la Comisión que quiera ayudarla a llevar a buen fin la obra benéfica que no tiende más que a mejorar a la parte más
necesitada y más esencial de la sociedad humana.

Con el mayor de los agradecimientos.

Turín, 17 de junio de 1862.

En nombre de todos los miembros de la Comisión.
JUAN BOSCO, Pbro.

A esta súplica unía una segunda lista de los premios desde el número
384 hasta el 1.820, registrados en un cuaderno de papel sellado de cincuenta céntimos, con los necesarios peritajes oficiales 1.

La solicitud fue acogida favorablemente:

Turín, 9 de julio de 1862 GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN
Div. 5 -N.° 8839 -309.

Habiendo aprobado el Ministerio de Hacienda, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 8 del reglamento de 4 de marzo de 1855, el
Decreto de este despacho del 2 de julio2 por el cual se autoriza la realización de la ((204)) proyectada Tómbola de

1 "Visto se compulsa por 5.625 liras -17 de junio de 1862. Profesor Juan Volpato".

"El abajo firmante, a petición del señor don Juan Bosco, procedió a la valoración de los objetos descritos en la lista anterior, por la
cantidad de 23.569 liras. Doy fe. Turín, 17 de junio de 1862. José Buzzzetti".

2 N. 55 -Div. 5.ª.
EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE TURIN

Vistos los recursos presentados por el sacerdote don Juan Bosco pidiendo autorización para abrir una tómbola de objetos que le han
sido dados por la generosidad ciudadana, cuyo producto está destinado a favor de los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco,
de San Luis en Puerta Nueva y del Angel Custodio en Vanchiglia;

Visto el programa adjunto y el plano de la Tómbola;

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objetos entregados en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales, de San Luis y del Angel Custodio organizados en esta ciudad, el
que suscribe tiene el honor de transmitir el correspondiente escrito al sacerdote don Juan Bosco para su norma.

El Gobernador F. PASOLINI

((205)) Pero don Bosco no aguardó a recibir el Decreto, sino que apenas tuvo noticias del mismo, mandó imprimir otra circular:

Muy Señor mío:

Con gran satisfacción participo a V.S. que los objetos destinados para la Tómbola recomendada a su caridad, de acuerdo con la
deliberación tomada por los beneméritos señores de la Comisión a tenor del Decreto del Gobierno Civil de esta provincia, empezarán a
exponerse públicamente el día 3 del próximo julio.

Vistos los catálogos de los objetos entregados que alcanzan a mil ochocientos veinte, cuyo valor ascendería a sesenta y cuatro mil
ciento treinta y tres liras con sesenta céntimos, de acuerdo con la peritación de los profesores Juan Volpato y José Buzzetti con fecha del
14 de marzo y del 17 de junio pasados;

Vista la nota del Ministerio de Hacienda (Dirección General del Patrimonio del Estado y de las Tasas) con fecha de 28 de junio p.p. N.
20971, 2277, 1595, Div. 2.ª (Loterías);

Visto el Reglamento anejo al R. Decreto del 4 de marzo de 1855, n.° 606;

Visto el primitivo decreto de este Gobierno con fecha 21 de marzo del corriente año;

DECRETA

Art. 1.° Se autoriza la apertura de dicha Tómbola de conformidad con el plano presentado y con la emisión de ciento cuarenta mil
noventa y dos boletos al precio de cincuenta céntimos cada uno, los cuales deberán, antes de ser separados de la matriz y distribuidos, ser
numerados y debidamente sellados en la oficina real de loterías en el Ministerio de Hacienda, y firmados por un miembro de la Comisión
de la Tómbola.

Art. 2.° El producto de los boletos se irá ingresando en la caja de la Comisión para ser destinado al uso señalado en el correspondiente
programa.

Art. 3.° Al anunciar al público la Tómbola, se deberá dar a conocer el presente decreto.

Art. 4.° El sorteo de la Tómbola se hará el día 3 se septiembre, del corriente año, en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales
de Valdocco, en presencia de los miembros de la Comisión y del Alcalde de la ciudad de Turín, a quien corresponde velar por la exacta
observancia de las condiciones anteriormente señaladas, y de las que en el porvenir se creyere oportuno dictar, cuyo incumplimiento
anularía y dejaría sin ningún efecto dicha Tómbola.

Art. 5.° No se podrá aumentar el número de boletos ni tampoco diferir el sorteo de la Tómbola sin previa aprobación de la Autoridad.

Turín, 2 de julio de 1862.

EL Gobernador F. PASOLINI

El Ministro de Hacienda, visto el presente decreto con los correspondientes documentos, lo aprueba en el sentido dispuesto por el
artículo 8, del reglamento del 4 de marzo de 1855. Desde el Ministerio de Hacienda.

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Turín, 5 de julio de 1862.
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Por el Ministro
SCIALOJA

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Nos haría un gran favor y sería muy útil para la Obra que V. S. promueve, si quisiera honrarnos con su presencia en tal ocasión.

La sala de la exposición permanece abierta al público todos los días desde las nueve hasta las doce de la mañana y desde las cuatro y
media hasta las siete de la tarde.

Lo mismo la cantidad de regalos que la venta de boletos son muy satisfactorias; y usted se unirá a nuestras esperanzas, cuando nos
honre con su visita personal.

Si todavía tuviese en su poder algún regalo destinado a este fin, le ruego humildemente lo haga llegar a su destino para colocarlo entre
los demás para su pública exposición.

Ruégole acepte los sentimientos de mi más vivo agradecimiento, con el que tengo el honor de profesarme.

De V.S.

Junio, 1862.

Su seguro servidor por la Comisión JUAN BOSCO, Pbro.

Durante este tiempo hizo don Bosco imprimir al tipógrafo Speirani el catálogo de los objetos recibidos como regalo y puestos en la
Tómbola, con el nombre de los donantes. Lo encabezaba un llamamiento de don Bosco a todas las personas generosas, el plan de
Reglamento para la Tómbola, el nombre de los miembros de la Comisión, la lista y la dirección de los promotores y promotoras. Era un
folleto de ciento cuatro páginas que se entregaba por cincuenta céntimos. Fue publicado a finales de junio cuando los regalos llegaban al
número de dos mil cuatrocientos treinta. Los regalos que se recibieron posteriormente se imprimieron en otro catálogo aparte y fueron
((206)) casi 570. Había entre ellos dos artísticos candelabros, ofrecidos por los alumnos de los Oratorios de San Luis y del Angel
Custodio. Hubo también objetos regalados para el uso de los Oratorios, los cuales no se computaron entre los premios de la Tómbola.
Se indicaba a los visitantes de la Exposición que el Oratorio de San Francisco de Sales se encontraba al final de la calle Cottolengo.

El día 2 de julio, fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen, se inauguró la Exposición. Narra Armonía del 3 julio:

Tómbola de don Bosco. Ayer, 2 de julio, a las nueve y media de la mañana, el marqués Lucerna de Rorá, Alcalde de la ciudad de Turín
y presidente de la Comisión de la Tómbola en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta
Nueva y del Santo Angel Custodio en Vanchiglia, juntamente con los demás miembros de la Comisión acudió a inaugurar la Exposición
pública de los objetos para la Tómbola, en la casa del Oratorio de San Francisco de Sales de Valdocco. Esta quedará abierta durante dos
meses, desde las nueve a las doce de la mañana y desde las cuatro y media hasta las siete de la tarde.
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Se había convenido, narra la Crónica, que en esta ocasión se celebrara una fiestecita de inauguración, ya que, a causa de la nieve, había
tenido poco éxito la primera, celebrada en el mes de marzo. Hizo un tiempo precioso. El Alcalde fue recibido a la puerta por don Bosco.
Después de visitar la exposición, la casa y los talleres pasó a los pórticos donde estaban preparados los alumnos en formación y había un
sillón para él. Sonaron los instrumentos de la banda y se cantó un himno. A continuación el alumno Ramognini se presentó ante el
Alcalde y leyó una graciosa y corta composición escrita por don Bosco:

Ilustrísimo Señor Alcalde y beneméritos señores:

Antes de partir de nuestro humilde recinto, Ilustrísimo Señor Alcalde y beneméritos señores, permitidme que yo, en nombre de mis
queridos compañeros, os manifieste los sentimientos de la más sincera gratitud, que todos nosotros experimentamos en este afortunado
momento. Mis superiores y todos mis compañeros querrían deciros algo. Unos querrían agradeceros el honor que nos habéis tributado
((207)) en este día, otros recordaros los beneficios que en tantas ocasiones nos habéis hecho, quiénes pediros que continuéis siempre
vuestra protección, vuestra benevolencia. Todos ansiarían suplicaros que queráis acordaros de nosotros; que sigáis favoreciéndonos,
asistiéndonos, y protegiéndonos.

En medio de este deseo común de manifestar los afectos del corazón, permitidme, Ilustrísimo señor Alcalde, y vosotros beneméritos
señores, que en nombre de mis venerados superiores sea yo quien recoja y exponga los pensamientos de mis queridos compañeros. Sepan
sus señorías que, en medio de la alegría, estamos confundidos porque nuestra condición (somos unos pobres muchachos), el tiempo y el
lugar no nos han permitido haceros el deseado recibimiento, porque nosotros hubiéramos querido que los caminos estuvieran cubiertos de
alfombras, las paredes y todos los rincones de la casa engalanados con flores para significar las hermosas virtudes que adornan a sus
señorías. No hemos podido hacerlo así, no por falta de voluntad, que es muy grande en nosotros, sino por nuestra insuficiencia. No
podemos ofreceros más que estas pocas flores y con ellas entendemos presentaros los más afectuosos deseos de nuestro corazón;
añadimos una medalla de san Luis para aseguraros que no dejaremos un solo día sin pedir al Cielo las más selectas bendiciones sobre vos,
ilustrísimo señor Alcalde y sobre cada uno de vosotros, beneméritos señores; en medio de nuestra confusión nos consuela el pensamiento
de que la bondad, que sus señorías han tenido al venir hasta nosotros, suplirá nuestra poquedad. Una cosa más podemos aseguraros, y es
que consideraremos siempre este día entre los más hermosos de nuestra vida y que siempre bendeciremos a la bondadosa Providencia que
se dignó traeros hasta nosotros.

El Alcalde escuchó con visible complacencia y dirigió luego a los jóvenes un corto, pero estupendo discurso. Era él un valioso orador.
Hablando de don Bosco dijo: -Prepara él fiestas para los demás, pero quién las merece más que él? Atribuye él a los demás el mérito
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de estas grandiosas empresas pero no es acaso él quien lo hace todo? Es generoso para elogiar a los demás, pero a quién sino a él se
deben atribuir los elogios? Yo estoy satisfecho de poder darle gracias en nombre de Turín, a quien él favorece con tanta generosidad.

Terminó diciendo: -Muchachos queréis ser un día buenos ciudadanos? íObedeced a don Bosco!

Inaugurada la Tómbola, difundía don Bosco un nueva invitación a sus bienhechores.

((208)) Muy señor mío:

En nombre de la Comisión de la Tómbola invito respetuosamente a V. S. benemérita a visitar la exposición pública de los objetos, que
permanecerá abierta en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales hasta los primeros días de septiembre.

Aprovecho la ocasión para participarle que para empezar la organización de la correspondiente contabilidad, y más aún para hacer
frente a algunas urgentes necesidades de la Obra de los Oratorios, sería un gran placer, o mejor aún, un verdadero acto de caridad, si se
dignase hacerme llegar lo antes posible el importe de los billetes que usted pudo ya cobrar, por el medio que le parezca más fácil y
económico, aunque fuera por giro postal.

Persuadido de su reconocida solicitud en corresponder a los deseos de la Comisión, se lo agradezco en nombre de la misma, mientras
me profeso con todo aprecio.

De su Señoría Ilustrísima.

Su seguro servidor
Cab.° OREGLIA DI STEFANO, Secretario

Habían sido colosales los trabajos para escribir cartas y enviar boletos de la Tómbola a las distintas personas no sólo de Turín, sino de
las provincias. El Gobernador y el Alcalde ayudaban a ello.

El Alcalde de Turín envió una carta impresa en el Oratorio a los alcaldes de esta Provincia.

Ilustrísimo señor Alcalde:

En mi condición de Presidente de la Comisión establecida para la Tómbola, cuyo programa le adjunto, me atrevo a recurrir a V.S.
Ilustrísima para una Obra de Beneficencia Pública.

A fin de ultimar esta Tómbola de la que todavía quedan billetes por vender, se resolvió recomendar X... decenas a V. S. Ilustrísima y
por su medio a los señores de ese Ayuntamiento. La Comisión se ha decidido a ello, porque la obra que se pretende beneficiar tiene por
fin favorecer a los muchachos de los pueblos y de las ciudades de la provincia. Esperamos que nuestra recomendación tenga éxito: si, por
lo que fuere, creyere usted que debe devolver parte de los billetes adjuntos, le suplico haga con ellos un paquete sellado con el sello
municipal y nos lo envíe con la simple

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dirección de: Al Ilustrísimo Señor Gobernador de la Provincia de Turín. Lo mismo puede hacer con el importe de los billetes, salvo que
le resultare más cómodo enviarlo a alguna ((209)) de las direcciones anotadas en el citado programa; o mejor aún, si usted u otros de sus
conocidos quisieran aprovechar la ocasión para venir a visitar la exposición pública; serían ciertamente bienvenidos y recibidos con
satisfacción.

La exposición se encuentra en la casa aneja al Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco. No tuvo lugar en el momento señalado
por el programa, y sólo pudo abrirse el 3 del corriente julio: durará dos meses. Para norma de la Comisión y para el bien de la Tómbola,
le suplico devuelva los boletos sobrantes dentro de los quince días siguientes a la recepción del paquete:

La Comisión, llena de confianza en su bondad, le anticipa las debidas gracias mientras tengo el honor de profesarme de V.S.
Ilustrísima.

Turín, julio de 1862
Seguro servidor
Marqués MANUEL DE RORA

Otra carta semejante enviaba el noble señor a los Gobernadores de las provincias de los antiguos estados.

Ilustrísimo señor Gobernador:

Habiendo autorizado el Gobierno de S.M. una Tómbola para una obra de Beneficencia pública, cuyo programa le adjunto, fue ésta
confiada a una Comisión a propósito, presidida por el Alcalde de esta Capital. Animado por la cortés colaboración del Gobierno y
particularmente por el señor Gobernador de Turín, que se tomó el encargo de entregar algunas decenas de boletos a los Alcaldes de la
Provincia por parte de la misma Comisión, me atrevo a rogarle semejante favor entre los Alcaldes de su circunscripción, a fin de que
puedan gozar del favor de la franquicia postal.

Así lo espero de su atención, por lo cual le adjunto copia de la carta dirigida a los señores Alcaldes. Si usted determinase devolver
algún paquete de los billetes adjuntos, le rogaría lo dirigiese al señor Gobernador de la provincia de Turín. En nombre de toda la
Comisión le agradezco etc., etc.

El conde de Radicati, primer consejero del Gobierno Civil y gran amigo de don Bosco, le ayudaba con su influencia y con todas sus
fuerzas. Había puesto en el Gobierno Civil un empleado a propósito para los asuntos de la Tómbola.

((210)) El marqués de Rorà escribió también a los Ministros del Estado para que tomasen parte en la Tómbola.

A Su Excelencia el Ministro de Trabajo:

Turín, 1 de agosto de 1862
Excelencia:

Sabedor de la parte que V.E. suele tomar en las obras de beneficencia pública, particularmente cuando tienden a ayudar a la clase más
necesitada del pueblo, me

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atrevo a recurrir a usted para invitarle a colaborar en una que, como puede ver por el adjunto programa, tiene la noble finalidad de alejar
del camino del desorden a los muchachos más abandonados de nuestra Capital para prepararlos al trabajo y a una vida moral.

Ya sé que ese Ministerio ayudó en diversas ocasiones a esta Obra, a la que favoreció siempre que se le presentó una ocasión; por eso,
en mi calidad de Presidente, y en nombre de la Comisión, humildemente invito, pero con todo ardor, a V. E. para que envíe alguna
pintura o cualquier otro regalo que, de acuerdo con su conocida filantropía, le pareciese bien.

La Casa Real, S.A.R. el Príncipe Eugenio y el Príncipe Tomás, ya tomaron parte generosamente. Con la confianza de que también usted
quiera corresponder a esta invitación le envío trescientos billetes rogándole se los quede para distribuir entre las secciones de ese
Ministerio.

Lleno de esperanza y con el más sentido agradecimiento tengo el alto honor de poderme profesar con toda estima y respeto.

De V.E.

Su seguro servidor
RORA

El Ministerio de Trabajo adquiere cien billetes de la Tómbola a que se refiere la presente y devuelve doscientos, correspondiendo el
importe de los adquiridos a cincuenta liras, de las cuales pide recibo.

18 de septiembre de 1862.

Por orden
PAUTRIER

Otros ministros respondían también a las cartas del Alcalde.

((211)) REINO DE ITALIA
Ministerio de Inspección Pública
Div. 1.ª -Secc. 1.ª -N.° de posic. 2 -N.° Prot. gen. 20540
N.º de salida 3691

Turín, 11 de agosto de 1862.

Mucho siente el que suscribe, dado el estado en que se encuentra el Balance de. este Ministerio, la imposibilidad de hacer todo lo que
se querría, especialmente en favor de esa verdaderamente santa y cívica institución. El que suscribe no puede quedarse más que con 20 de
los boletos que V.S. envió y que serán pagados en breve al Cajero del Oratorio. Los 130 restantes se devuelven. Con lo cual declara el
que esto escribe su singular consideración para con V.S.

Por el Ministro
BRIOSCHI

MINISTERIO DE MARINA
Gabinete del Ministerio
N.º 2131

Turín, a 12 de agosto de 1862

Este Ministerio no puede quedarse más que con veinte billetes de los ciento cincuenta de la Tómbola de que se trata en la carta de V.S.
Ilma. del 1.° del corriente y ello por razones económicas.

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Y a la par que, unido a la presente, le envía el importe de 10 liras, le devuelve también los restantes 130 billetes.

Por el Ministro
El Secretario General MONTANO

REINO DE ITALIA
MINISTERIO DE GOBERNACION
Secretario General Turín, a 21 de agosto de 1862 Div. 3.ª-Secc. 1.ª-N.º 15-13469

El que suscribe, al participar a V.S. que el Ministro se queda los 600 billetes de la Tómbola para el Oratorio de San Francisco de Sales,
le hace saber que se dieron las oportunas disposiciones para que sea entregado su valor de 300 liras a V. S., cobrables dentro de diez o
doce días en la Tesorería central.

Por el Ministro
CAPRIOLO

((212)) MINISTERIO DE HACIENDA
Secretaría General Turín, 11 de agosto de 1862 3.ª Div. -Gabinete y servicio interior
N.º 22525 -3893

Aun cuando el que suscribe desea los mejores resultados a la obra benéfica del Oratorio de San Francisco de Sales de Turín, que V.S.
Ilma. dirige, sin embargo, por las ya conocidas circunstancias que atraviesa el erario público, siente no poder contribuir más que dentro de
una discreta medida, por falta de fondos disponibles a tal fin. Se retienen por tanto, con cargo a este Ministerio, 100 de los billetes
enviados, cuyo importe será pagado por esta Tesorería a favor del Cajero de la Obra pía arriba dicha; y al devolver a V.S. Ilma. los 200
billetes restantes, declara también el que esto escribe que el Ministerio de Hacienda, por no tener objetos a ofrecer para la Tómbola en
favor del Oratorio arriba nombrado, se encuentra en la imposibilidad de poder concurrir también de este modo al fin presentado por el
señor Alcalde.

El Ministro

A. SELLA
El Marqués de Rorà había comunicado a los Ministros cómo la Casa Real había tomado parte en la Tómbola del Oratorio. En efecto,
don Bosco había enviado una instancia a los Príncipes y alcanzado su propósito. Presentamos las respuestas, pero se han perdido algunas
cartas.

CASA DE S.A.R.
EL PRINCIPE TOMAS DE SABOYA
DUQUE DE GENOVA
N.º 91 Turín, 25 de junio de 1862

Muy Reverendo Señor:

Al concurrir la Casa de S.A.R. el príncipe Tomás de Saboya, duque de Génova, a la Tómbola benéfica que V.M.R.S. organiza en favor
del utilísimo Instituto por

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usted fundado, le comunico los objetos que han sido señalados para premios y al mismo tiempo le prevengo que se tomarán trescientos
billetes.

Objetos para premios: 1.° Cesta de mimbre. 2.° Un par de vasos de cristal. 3.° Un tintero. 4.° Una estatuita de San Vicente de Paúl. 5.°
Un servicio de café en porcelana. 6.° Una ((213)) cajita para sellos en cuero. 7.° Una jardinera montada en bronce y dorada.

Con la expresión de mi más distinguido aprecio y consideración.

El Intendente General RANDONE
AL PRINCIPE EUGENIO

Alteza:

La Tómbola, que con gran munificencia favoreció Su Alteza con tan preciosos regalos, está llegando a su término con satisfactorio

resultado. Pero aún nos queda una cantidad notable de boletos por colocar.

Me permito enviar a la en tantas ocasiones experimentada caridad de V. A. un paquete con sesenta decenas, con el ruego de que lo
quiera aceptar en favor de estos pobres muchachos, a los que ya ha ayudado muchas veces, asegurándole que no podremos olvidar los

beneficios recibidos y que todos los días invocaremos sobre S.A. copiosas bendiciones del Cielo.

Permítame finalmente el alto honor de poderme profesar con pleno reconocimiento.

De Vuestra Alteza.

Turín, 20 de agosto de 1862.

Seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.
Al Caballero CAMPORA, intendente de la Casa de Su A.R. el Príncipe Eugenio.
La bondad con que ha favorecido nuestra Tómbola, con los regalos enviados por S.A. gracias a su intercesión, me animan a pedirle que
siga prestándonos sus buenos oficios ante Su Alteza misma a fin de que se digne aceptar los adjuntos boletos.
Los Reales Príncipes mandaron a buscar cien decenas y yo incluyo aquí sesenta. Quién sabe si una buena inspiración de Su Alteza
unida a una buena palabra de V.S. Ilma. no logrará que se los quede?
Con esta confianza le auguro todo bien del Cielo para usted y Su
Alteza, mientras, muy reconocido y lleno de gratitud, me profeso.
De V. S. Benemérita.

Turín, 21 de agosto 1862
Su s.s.
JUAN BOSCO, Pbro.

((214)) CASA DE S.A.R.
EL PRINCIPE DE CARIGNANO
Turín, a 29 de agosto 1862 Ilmo. y M. Rdo. Señor:
Habiendo determinado S.A.R. tomar doce decenas de billetes de la tómbola que usted dirige, devuelvo a V.S. Ilma. el paquete con las
sesenta enviadas por usted, rogándole

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entregue al portador de la presente dichas doce decenas, con el billete gratuito adjunto, de acuerdo con el programa, contra el pago de 72
liras, su importe, como está ordenado.

Tengo el honor de repetirme con todo aprecio.

Su seguro servidor
CARLOS CAMPORA

La familia reinante estaba de fiesta por haberse cerrado el compromiso de bodas entre la princesa María Pía de Saboya y el Rey de
Portugal don Luis I. Y don Bosco enviaba los boletos de su tómbola a la nueva Reina.

A LA PRINCESA PIA

Alteza Real:

En medio de la común alegría de los festejos nupciales que con justo motivo se preparan para V.A.R. me atrevo a recomendaros una

obra de beneficencia sostenida por la caridad de su augusto padre, su siempre llorada madre, y la munificencia de Vuestra misma Alteza.

Se trata de sesenta decenas de billetes que humildemente entrego a su ya experimentada caridad, rogándole humildemente quiera
aceptarlos en favor de estos pobres muchachos que, además de sentir el más vivo agradecimiento, invocarán cada día sobre su persona y
la de su augusto esposo copiosas bendiciones del cielo.

Que Dios le bendiga y le colme de sus gracias y permita que también en nombre de los jóvenes, tantas veces beneficiados, tenga el alto

honor de profesarme con toda veneracion.

De V.A.R.

Turín, 21 de agosto de 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.
((215)) A S.E. LA CONDESA DE VILLAMARINA
Excelencia:
La bondad con que V.E. promovió varias veces el bien de estos pobres muchachos, me anima a esperar la continuación de sus favores
en la presente necesidad.
Ruégole, por consiguiente, tenga la bondad de recomendarnos a S.A.R. la Princesa Pía para que se digne aceptar los billetes de la
Tómbola adjuntos.
Los Príncipes Reales tomaron ya cien decenas; yo incluyo aquí setenta, que encomiendo a su eficaz protección y a la caridad de la
Princesa Real.
Con la esperanza de ser favorecido, ruego al Señor conceda salud y gracia a usted y a toda su respetable familia, mientras tengo el
honor de profesarme de V.E.

Turín, 21 de agosto 1862.
Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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Turín, 15 de septiembre 1862.
Ilmo. Sr. Caballero Oreglia:
La persona a quien encargué remitir a V.S. Ilma. el paquete con los boletos de la Tómbola en favor de los Oratorios, que me envió con

fecha 20 de agosto, es el secretario privado de S.R.A. como ya dijimos; y esto se hizo por orden mía, dado que S.A. no tenía fondos
destinados a este fin como ya lo hicieron saber.

Puede usted, señor Caballero, si así lo cree oportuno, dirigirse al Ministerio de la Casa Real donde podrán ser aceptados en nombre de
suA. R.

La dama Gobernadora de las Princesas Reales.

Condesa CAROLINA DE VILLAMARINA

Don Bosco dirigió también su petición al Rey Víctor Manuel, el cual accedía a su petición.

GABINETE PARTICULAR DE SU MAJESTAD

Turín, 15 de octubre 1862
Muy Rdvo. Sr.:

He tenido el honor de presentar a S.M. el deseo de V. S. Muy Reverenda para que aceptase los mil boletos enviados para la ((216))
Tómbola abierta en favor de los Oratorios masculinos de esta Ciudad, que usted dirige; y me gozo al comunicarle que su Real Majestad
se dignó aceptarlos.

En cumplimiento de la generosa determinación de nuestro munífico Soberano me apresuro a notificarle que ya han sido dadas las
órdenes oportunas para la entrega del envío de quinientas liras, importe de los mil billetes arriba señalados, que podrá retirar a su gusto en
la Tesorería de la Real Casa.

Ofrézcole, en tanto, muy reverendo Señor, mi más distinguido aprecio.

El Ministro de la Casa Real NIGRA

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((217))
CAPITULO XXII
DON BOSCO ANUNCIA UN FUNERAL PARA EL MES DE JULIO -SUEÑO: EL CABALLO ROJO -REVOLUCION: DISIPAR
SUS FURIAS INSPIRANDO A LOS PUEBLOS ESTIMA Y AMOR AL PAPA -COMO JUZGAR SI UN LIBRO ES BUENO O

MALO -NO PUEDE ESCRIBIR SOBRE DON BOSCO QUIEN NO HAYA ESTUDIADO SU AMOR AL PAPA -PRUDENCIA DE
DON BOSCO AL HABLAR DE POLITICA ECLESIASTICA
LAS crónicas del mes de julio relatan nuevas maravillas sobre don Bosco.

Escribe Ruffino en la suya: "1 de julio de 1862. Don Bosco dijo a algunos que le rodeaban después de la comida:
-Este mes tendremos que asistir a un funeral.
En distintas ocasiones repitió lo mismo una y otra vez, pero siempre ante un reducido número de oyentes"
.
Estas confidencias despertaban en los clérigos una gran curiosidad, de forma que, en las horas de recreo, cuando las ocupaciones se lo

permitían, rodeaban al siervo de Dios con la esperanza de oír de sus labios alguna novedad, y una de ellas fue, como lo comprendieron
más tarde, la intención de don Bosco de fundar una institución para atender a las niñas. En efecto, así lo consignaron por escrito Bonetti y
César Chiala.

El 6 de julio narró don Bosco a algunos el siguiente sueño que tuvo en la noche del 5 al 6 de dicho mes. Estaban presentes Francesia,
Savio, Rúa, Cerruti, Fusero, Bonetti, el caballero Oreglia, Anfossi, Durando, Provera y algún otro.

Esta noche tuve un sueño singular. Soñé que me encontraba con la marquesa de Barolo y que paseábamos por una plazuela situada
delante de una llanura extensísima. Veía a los jóvenes del Oratorio ((218)) correr, saltar y jugar alegremente. Yo quería dar la derecha a la
Marquesa, pero ella me dijo:

-No; quédese donde está.
Después comenzó a hablar de mis muchachos y me decía:
-Es muy bueno que usted trabaje con los muchachos. Pero déjeme a mí el cuidado de las jóvenes; así iremos de acuerdo.
Yo le repliqué:

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Fin de Página 192

 

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-Pero, dígame: Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo para redimir solamente a los muchachos o también a las muchachas?
-Sé, respondió, que Nuestro Señor ha redimido a todos: niños y niñas.
-Pues bien; yo debo procurar que su sangre no se haya derramado inútilmente, lo mismo para los muchachos que para las muchachas.
Mientras sosteníamos esta conversación, he aquí que comenzó a reinar un extraño silencio entre mis muchachos, que estaban en la

plazuela. Dejaron sus juegos y se escaparon unos hacia una parte, otros hacia otra, muy espantados.
La Marquesa y yo detuvimos el paso y quedamos durante unos momentos inmóviles. Buscando la causa de aquel terror, dimos unos
pasos hacia adelante. Levanté un poco la vista y he aquí que, por el fondo de la llanura, vi descender a la tierra un caballo grande...,

tremendamente grande... Se me heló la sangre en las venas.
-Sería tan grande como esta habitación?, preguntó Francesia.
-íMucho mayor!, replicó don Bosco. Sería tan grande y tan alto como tres o cuatro veces el palacio Madama 1. Era algo extraordinario.

Mientras yo quería huir por miedo a la inminencia de una castástrofe, la marquesa de Barolo perdió el sentido y cayó al suelo. Yo casi no
podía tenerme en pie de tanto como me temblaban las piernas. Corrí a esconderme detrás de una casa, que había cerca, pero me echaron
de allí diciendo:

-íFuera, fuera; no venga aquí!
Y yo decía entre tanto para mí:
-íQuién sabe qué diablos será este caballo! No quiero escapar; quiero quedarme para verlo más de cerca.
Y, aunque temblaba de pies a cabeza, me armé de valor, volví atrás y me acerqué.
-íOh! íQué horror! íAquellas orejas tiesas! íAquel morro descomunal!
Me parecía a veces ver mucha gente sobre él; otras, que tenía alas; de forma que exclamé:
-Pero íesto es un demonio!
Mientras lo contemplaba, como estaba en compañía de algunos, pregunté a uno de ellos:
-Qué es este enorme caballo?
Uno me respondió:
-Este es el caballo rojo, equus rufus, del Apocalipsis.
Después me desperté y me encontré en la cama muy asustado. Durante toda la mañana, mientras celebraba la misa, lo mismo que en el

confesonario, tenía siempre delante aquel animalazo.
Ahora deseo que alguno averigüe si a este equus rufus, se le nombra verdaderamente en las Sagradas Escrituras, y cuál es su
significado.

((219)) Y encargó a don Celestino Durando buscase la solución del problema. Don Miguel Rúa observó que, verdaderamente el
Apocalipsis, en el capítulo VI, versículo IV, habla del caballo Rojo, símbolo de la persecución sangrienta contra la Iglesia, según explica
en las notas de la Sagrada Escritura, monseñor Martini. Dice textualmente el Libro Sagrado: Et cum aperuisset sigillum secundum,

1 Palacio Madama -Es uno de los grandes palacios de la ciudad de Turín (N. del T.)

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audivi secundum animal, dicens: Veni et vide. Et exivit alius equus rufus: et qui sedebat super illum datum est ei ut sumeret pacem de
terra; et ut invicem se interficiant et datus est ei gladius magnus. (Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo Ser que decía: "Sal".
Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz, para que se degollaran unos a otros; se le dio
una espada grande).

En el sueño de don Bosco parece que el caballo representase a la democracia sectaria, que procediendo furiosamente contra la Iglesia
avanzaba atentando contra el orden social, sin detenerse un solo paso; se imponía a los gobiernos, en las escuelas, en los municipios, en
los tribunales, anhelando realizar la obra destructora comenzada con el apoyo y complicidad de las autoridades constituidas, en perjuicio
de la sociedad religiosa y de todo piadoso instituto y del derecho común de propiedad.

Don Bosco, decía:

-Sería necesario que todos los buenos y nosotros en nuestra pequeñez procurásemos con celo y entusiasmo poner un freno a esta bestia
que irrumpe por doquier alocadamente.

De qué manera? Poniendo en guardia a los pueblos mediante el ejercicio de la caridad y con la buena prensa que contrarreste las falsas
doctrinas de semejante monstruo, orientando el pensamiento de los pueblos y los corazones hacia la Cátedra de Pedro. En ella está el
fundamento indudable de toda autoridad que procede de Dios, la llave maestra que conserva todo orden social; el código inmutable de los
deberes y los derechos de los hombres; la luz divina que disipa los errores de las más encadenadas pasiones; aquí el fiel guardián y el
defensor poderoso de la moral evangélica y de la ley natural; aquí la confirmación de la sanción inmutable de los premios eternos
reservados a quienes observen la ley del Señor y las penas, igualmente eternas, para los transgresores de la misma.

Pero la Iglesia, la Cátedra de San Pedro y el Papa, son una misma cosa. Por tanto, para que estas verdades fuesen acatadas por todos,
don Bosco quería que se hiciese toda suerte de esfuerzos por acabar con las calumnias contra el Papa y que se diesen ((220)) las pruebas
de los inmensos beneficios aportados por él a la vida social y se procurase avivar en todos, sentimientos de gratitud, fidelidad y amor
hacia él. Así se conducía don Bosco que se mostraba verdaderamente grande en el amor al Sumo Pontífice, con hechos y palabras. Decía
que habría besado una por una las páginas de la historia eclesiástica de Salzano, precisamente porque este historiador
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italiano se manifestaba en ella amante del Papa. Conversando con los clérigos acerca de los libros sospechosos, dábales, entre otras, esta
norma para juzgar si un libro era bueno o malo:

-Cuando veáis que un autor escribe menos bien del Papa, sabed que su libro no se debe leer.

"Cuando habla a los jóvenes de los Papas, escribe Bonetti en este mismo año 1862, no acabaría nunca; siempre tiene algo que decir en
su alabanza y cuenta cosas tan maravillosas y tan atrayentes que enfervoriza a todos los que le escuchan. Hay dos temas especiales en los
que resulta admirable al hablar: cuando toca la virtud de la modestia y los Papas, uno queda entonces estupefacto, inundado de maravilla.
Puede fácilmente convencerse de ello quien lea sus obras y sobre todo las vidas de los Sumos Pontífices, a las que remitimos a quien
fuere destinado por la divina Providencia a escribir la biografía de este su fiel siervo".

Procuraba mantener cierta reserva al hablar con personas hostiles al papado, ubi non est auditus, nec effundas sermonem (no malgastes
palabras donde no eres escuchado), y también porque racionalmente temía que esos tales fuesen enviados a interrogarle ut caperent eum
in sermone (para pescarle en una palabra).

Entre tanto oíase por toda Italia: Roma o muerte. Era casi imposible poder esquivar cuestiones sobre el poder temporal del Papa.

"Nosotros, clérigos y sacerdotes, se lee en la crónica de Bonetti, el 7 de julio por la noche, después de la cena, estando con don Bosco
tratamos de hacerle entrar en el tema, con el fin de aprender cómo debíamos regularnos al hablar en estos ((221)) tiempos tan
calamitosos; y, sin que él lo advirtiese, conseguimos sonsacarle cuanto sigue:

"-Hoy me encontré en una casa rodeado de un grupo de demócratas, algunos de ésos de Passaglia y con sotana. Después de hablar de
cosas indiferentes, recayó la conversación sobre la política del día. Aquellos liberalotes querían saber qué pensaba don Bosco sobre la
marcha de los piamonteses a Roma y le preguntaban abiertamente sobre ello. Don Bosco, que entendía que discutir de tales asuntos y con
semejante gente era lo mismo que desgañitarse sin ningún provecho, contestó concisamente:

"-Les diré brevemente lo que pienso: yo estoy con el Papa, soy católico y obedezco ciegamente al Papa. Si el Papa dijese a los
piamonteses: ívenid a Roma, yo diría: en marcha! Si el Papa dice que la marcha de los piamonteses a Roma es un latrocinio, entonces yo
digo lo mismo.

"Pero se pusieron a gritar:
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"-Sit rationabile obsequium vestrum! (íSea razonable vuestro obsequio!).

"-Sí; sea en efecto razonable vuestro obsequio, mas de la forma que dice san Pablo: esto es, sea razonable el culto que prestáis a Dios,
que consiste en el espíritu de los ritos y en la santidad de la vida. Sea razonable en el modo, por ejemplo, con que debemos rezar nuestras
oraciones de la mañana y de la noche, en el modo de hacer un poco de meditación cada día, en oír o celebrar la misa; en estas y otras
cosas semejantes sit rationabile obsequium vestrum; (sea razonable vuestro obsequio), pero en lo tocante a un dogma de fe o a un

precepto de moral, si queremos ser católicos, debemos pensar en creer como piensa y cree el Papa.

"-Pero diga al menos lo que usted piensa acerca de la posibilidad de esta marcha.

"-He aquí mi pensamiento y lo que les digo: es una quimera que los piamonteses marchen sobre Roma; es una quimera que los

piamonteses, aún cuando entraran en ella puedan permanecer allí; y por último digo que algunas veces, aun soñando, puede uno romperse
la cabeza.

((222)) "Todos se echaron a reír y quedaron satisfechos.

"-Esta es la forma de triunfar sin entrar en cuestiones, de las que uno que sea contrario a vuestros principios, sale con la cabeza caliente
y con el ánimo aún más obstinado.

"Hubo otra vez alguno que quería razonar conmigo sobre el poder temporal del Papa. Era un hombre de gobierno, pero de poco
ingenio. Yo le pregunté enseguida:

"-Quiere que tratemos el tema en sentido histórico, teológico, filosófico o en sentido oratorio?

"El me contestó:

"-No entiendo qué quiere decir con esas palabras.

"-Mire, repliqué; es una cuestión que puede tratarse según la historia, según la teología, según la filosofía o según el arte de la oratoria.

"Mi opositor añadió:

"-Pero yo no he estudiado esas materias.

"Entonces le respondí:

"-Pues bien; procure instruirse sobre tal cuestión, venga después y hablaremos; porque ponernos a discurrir seriamente de una cosa de
la que no tenemos conocimiento, es colocarse en el peligro de cometer errores muy gordos. Si le apeteciese estudiar la cuestión, yo podría
señalarle autores que hablan de ello.

"Y así se calló aquel señor".
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((223))

CAPITULO XXIII

ALEGRE TRANQUILIDAD DE DON BOSCO EN LOS SUFRIMIENTOS -DON BOSCO VA A SAN IGNACIO DE LANZO
-ANUNCIA EN FORMA INEXPLICABLE LA MUERTE DEL JOVEN CASALEGNO EN CHIERI -VE DESDE AQUELLOS
MONTES A TRES ALUMNOS EN TURIN, QUE VAN A BAÑARSE -CARTA A LOS ALUMNOS DEL ORATORIO: NARRA SU
VIAJE A SAN IGNACIO -DESCUBRE LO QUE SUCEDE EN CASA -OTRA CARTA SUYA -NOTA SECRETA CON LOS
NOMBRES NO DECLARADOS EN LA CARTA -REGRESA AL ORATORIO -EXPLICA A LOS MUCHACHOS LO QUE VIO Y
ESCRIBIO DESDE LANZO: LOS ZURRIAGAZOS A LA ESPALDA DE LOS QUE NADABAN -SEÑALES DE ESTOS GOLPES
DE UNA MANO INVISIBLE -DON BOSCO DESCRIBE EN UN SERMON LA CONVERSION DE UNA EXTRAVIADA
MORIBUNDA -BUENA Y CONMOVEDORA MUERTE DE UN JOVENCITO ESCANDALIZADO POR UN COMPAÑERO
-PLATICA DE DON BOSCO AL TERMINO DEL CURSO -DAR BUEN EJEMPLO EN LA FAMILIA -REGLAMENTO DE VIDA
PARA LAS VACACIONES

A pesar de que don Bosco aparecía tan jovial y desenvuelto por aquellos días, sin embargo no andaba muy bien de salud.

"Su paciencia, escribe Bonetti, es realmente la de un santo.
Basta verle en tal estado y conservar el rostro siempre alegre, para sentirse uno estimulado a abrazar pacíficamente los más duros
sufrimientos. En esta ocasión le indicó algún joven que pidiese al Señor le librara de aquellas molestias y él replicó:

"-Si supiese que bastaba solamente una jaculatoria para curarme, no la diría.

((224)) "A pesar de este malestar, sigue escribiendo Bonetti, el 15 de julio partió don Bosco hacia San Ignacio de Lanzo para hacer los
ejercicios. Sucedieron allí varias cosas dignas de mención. Ya, a primeros de julio, había dicho don Bosco que un muchacho de casa
debía partir en este mes para la eternidad. Ahora bien, mientras don Bosco se encontraba en San Ignacio, moría con la muerte del justo
Bernardo Casalegno el viernes 18 de julio, en Chieri su pueblo: contaba
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sólo dieciocho años. Don Bosco declaró el mismo viernes a los muchachos de la casa que habían subido con él a San Ignacio, que él
había estado a la cabecera de Bernardo y le había asistido en los últimos momentos. Nosotros en Turín aún no sabíamos nada y él ya
escribía a don Víctor Alasonatti la muerte de Casalegno, ordenando plegarias. Cuando volvió a casa, yo (Bonetti) pregunté a los que
habían estado con él durante los ejercicios y, tras varias preguntas, pudimos saber que don Bosco había anunciado aquella muerte a la
hora de haber sucedido: lo cual era humanamente imposible saberse, a la distancia de más de veintiuna millas que separaban a los dos
lugares.

"No debe extrañar que Dios haya querido renovar, en esta circunstancia, lo que hizo con otros muchos santos; y lo creo fácilmente
sabiendo cuán vivo era el deseo de aquel excelente joven por ver una vez más a don Bosco antes de morir, y por tenerlo al lado en la hora
de su muerte; y cuánto le quería don Bosco".

Nosotros añadimos que su mismo padre, el caballero José Casalegno, topógrafo de profesión, confirmó al sacerdote Bartolomé Gaido
cómo don Bosco, encontrándose lejos, anunció públicamente la muerte del hijo en el mismo momento en que expiraba.

"No es menos maravilloso el hecho siguiente. Unos jóvenes de la casa, los aprendices Davit, Tinelli y Panico, al saber que don Bosco
no estaba en el Oratorio y esperando, por tanto, poder hacerlo más fácilmente, no fueron el domingo día 20 de julio a las funciones
religiosas de la tarde. Salieron a escondidas ((225)) de casa y fueron a bañarse en las aguas del canal junto al Dora.

"A pesar de la vigilancia de don Víctor Alasonatti y de los asistentes, ninguno se dio cuenta, pues eran muchos los internos y externos.
Pasó aquel día y el siguiente, y en el Oratorio nadie se había enterado de la fuga extraordinaria. Los culpables estaban tan tranquilos, pero
se engañaron con su confiada impunidad. Habían sido vistos y observados por don Bosco, quien el lunes 21, muy de mañana, remitía una
hermosísima carta para todos los jóvenes, en la cual entre otras cosas se refería a los tres culpables, sin nombrarlos".

He aquí la carta de don Bosco:

Queridísimos amigos:

Sé que vosotros, hijos amadísimos, deseáis mis noticias, y yo también, dado que tuve que salir de casa sin poder despedirme de todos;
siento por ello la necesidad de comunicarme con vosotros a través de esta carta. Os hablaré con la sinceridad de un padre que abre su
corazón a sus tiernos y amantes hijos. Hay para reír y hay para llorar.
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La tarde del 15 del corriente mes de julio, algo delicado de salud, tomé el coche de San Ignacio. Hasta Caselle pude disfrutar del sol,
que me proporcionaba baños de calor gratuitamente ya que viajaba en el pescante del ómnibus. Desde Caselle a San Mauricio me
acompañó el viento, primero fresco, luego frío, después borrascoso y finalmente con truenos, relámpagos y lluvia. Desde San Mauricio a
Cirié la lluvia, mezclada con granizo, resultó solamente una broma. Pero, desde Cirié a Lanzo, que son cinco millas, llovió
torrencialmente; el granizo, los truenos y un viento friísimo no dejaban respirar. Los caballos a duras penas arrastraban el carruaje a paso
lento. Yo seguía siempre en el pescante, sin saber cómo apañarme. Conmigo viajaban otros más. Llevaban abiertos dos paraguas que
amparaban a los que los tenían en la mano; pero yo, que me encontraba en medio del asiento, no tenía más ventaja que la de recibir sobre
mis espaldas el goteo o mejor la lluvia de los dos paraguas, de manera que llegué a Lanzo helado de frío y totalmente calado.

Hubierais visto, queridos jóvenes, a don Bosco bajar del coche hecho una sopa, igual que esas grandes ratas que a menudo veis salir del
arroyo de detrás del patio. De haber estado don Juan Bautista Francesia hubiera hallado un bonito tema para hacer algunas rimas sobre un
personaje chorreando agua.

((226)) Debía estar en Lanzo a las siete y no llegué hasta las ocho cuarenta y cinco, de modo que, no pudiendo proseguir el viaje a San
Ignacio, pregunté en el despacho de coches si habría un rincón donde cambiarme de ropa. Me contestaron que no había más que la
oficina. Entonces ordené que me llevaran la bolsa a la parroquia y allí me dirigí. Yo llegué, pero la bolsa no llegaba; entonces el párroco

(V. Albert), lleno de bondad y generosidad, me suministró cuanto necesitaba, mas como no tenía una sotana a mi medida, me puse una
especie de frac con el que parecía un Abad de profesión. En cuanto me sequé, me conforté con una buena sopa y me fui a acostar, pues
sentía suma necesidad. Entre el viaje, el cansancio, la inflamación de la nariz y el dolor de cabeza no pude dormir, pese a que, en verdad,
tenía una buena cama, buena habitación y que estaba bien arropado.
A las siete de la mañana me levanté. Me buscaron un borriquillo, que pronto se puso a mis órdenes y le conduje por mi camino hasta
San Ignacio, a donde se llega después de tres millas por un atajo de la montaña. El miércoles, el jueves y el viernes los pasé muy mal;
pero por la tarde de este día mi hinchazón comenzó a supurar y logré descansar un poco. El sábado me hallé mucho mejor y la Santísima
Virgen me auxilió de tal manera, que el domingo volví a ser el don Bosco de siempre, sin dolencias de importancia.

Hasta ahora he hablado de mí; ya es hora de que hable de vosotros. Comencemos por Bernardo Casalegno, nuestro querido amigo. Tras
muchas angustias, después de haber recibido los santos sacramentos de manera verdaderamente ejemplar, sin dejarse espantar por la
muerte, lleno de confianza en la protección de la bienaventurada Virgen María, cesaba de vivir el viernes 18 del corriente. Se preparaba
hace mucho tiempo a este paso y la serenidad de su rostro, la sonrisa dibujada en los últimos instantes, su vida, su preparación para el
paraíso, nos dan fundamento para esperar que ha ido a encontrar a Domingo Savio en el cielo. Su cadáver era conducido el sábado a la
sepultura. En Chieri se rezó por él; ayer hicisteis vosotros otro tanto en el Oratorio y yo he ofrecido el primer día de este mes todo el bien
que se hace en esta casa por el eterno descanso de este compañero nuestro que el Señor quiso llevarse consigo. Requiescat in pace. Dios
nos ayude a que también nosotros tengamos una buena muerte.

He ido varias veces a visitar el Oratorio y he encontrado de todo: bueno y malo.
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He visto cuatro lobos, que corrían de un lado para otro en medio de vosotros, y de cuyas dentelladas fueron víctimas algunos. Quizá ya no
se hallen todos estos lobos rapaces en el Oratorio, pero, si aún estuvieren, quiero arrancar de su espalda la piel de cordero con que se
quieren revestir. En otra visita he visto a algunos que, durante las oraciones de la noche, estaban charlando en la terraza junto al
campanario. Otros, arriba de la escalera pequeña de la casa nueva. Provera echó fuera a los que estaban en la planta baja, mas no vió a los
que se hallaban en los pisos superiores.

((227)) He visto también algunos que salieron el domingo por la mañana y perdieron parte de las funciones religiosas. Pero me disgustó
mucho que varios se escaparan durante las funciones de la tarde, para ir a nadar. íPobres muchachos! íQué poco piensan en su alma!

Igualmente he visto a muchos que tenían una serpiente retorciéndose alrededor de su cuerpo y a punto de morderles en la garganta.
Algunos de ellos lloraban diciendo: Inique egimus (Hicimos mal). Otros reían cantando: Fecimus hoc: quid accidit nobis? (Hicimos eso:
y qué nos pasó?) Mas entre tanto, apretándoles la garganta, casi les faltaba la respiración. Hoy veo, además, que el demonio hace mucho
mal con el ocio.

Animo, amigos míos; pronto estaré con vosotros y, a una con don Víctor Alasonatti, los demás sacerdotes y clérigos, y hasta con las
barbas del Caballero, acabaremos con lobos y serpientes y el ocio de nuestra casa. Después os lo contaré todo.

Querría deciros aún más cosas, pero no tengo tiempo. He recibido bastantes cartas vuestras, las cuales me han gustado muchísimo:
siento no poder responder a cada uno. Se lo agradezco a todos y, si me queda un trocito de tiempo, les daré la correspondiente respuesta.

El viernes por la mañana (25), con la ayuda del Señor espero hallarme de nuevo en vuestra compañía. La gracia de Nuestro Señor
Jesucristo esté siempre con vosotros y la santísima Virgen nos conserve siempre suyos. Amén.

San Ignacio de Lanzo, 21 de julio 1862.

Vuestro afectísimo en el Señor JUAN BOSCO, Pbro.

NB. Don Miguel Rúa o don Víctor Alasonatti lean esta carta a todos, después de las oraciones.

Unida a ella, había otra para el caballero Oreglia di Santo Stefano.

Amadísimo Señor Caballero:

He recibido sus dos cartas. Todo muy bien. Busque dinero, coloque boletos, recoja objetos y eso marchará estupendamente.

Usted anímese, y mucho. Rumores fuge (Huye de los ruidos), de lo contrario se queda uno sordo.

Entre tanto, ruégole comunique mis nuevas a la señora Gastaldi y a la señora Massarola, saludándoles y agradeciéndoles de mi parte
cuanto hacen por la Tómbola. Diga lo mismo al benemérito señor Grosso. Un saludo para Boggero, Bonetti, Cuffia, los dos Peruccati,
Morando, Bongiovanni el mayor, Pelazza y don Juan Bautista Francesia que me han escrito.

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((228)) Diga a don Víctor Alasonatti que prepare dinero, etc.

El paseo a Morialdo tal vez no sea oportuno.

Dios mediante, el viernes estaré con usted en el Oratorio, ya bien de salud. Vale in Domino.

Lanzo, 21 de julio 1862.

Afectísimo amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

Aquella noche don Víctor Alasonatti leyó la carta de don Bosco a la comunidad reunida. Sus noticias asombraron a todos, que no
sabían explicarse cómo hubiese podido saber desde San Ignacio tales cosas. Aunque no daba el nombre de los culpables, ellos estaban
con mucho miedo.

Indicaba sin embargo sus nombres en papel aparte y divididos en dos categorías: deceptores et illusi (engañadores y engañados). Por su
número se comprende que un superior no debe jamás engañarse con la persuasión de que en una comunidad no exista nada malo; al
contrario, a veces una calma aparente puede ser indicio de que se está fraguando una tormenta.

Todos le esperaban con ansias para oírle explicar cuanto decía en la carta.

El viernes 25 de julio llegó don Bosco al Oratorio. Después de las oraciones de la noche subió a su pequeña cátedra.

Tomó la palabra don Miguel Rúa, dice la Crónica, rogándole nos aclarase su carta. Dijo él rotundamente que desde San Ignacio había
visto a aquellos tres jóvenes salir del Oratorio, faltar a las funciones e irse a bañar. Pero al caer en la cuenta de que nosotros quedábamos
altamente admirados ante tal declaración prosiguió, sonriendo:

"-Acaso alguno de vosotros preguntará: cómo ha hecho don Bosco para saber todo eso? -Y yo le contesto: me enteré por mi telégrafo.
Yo, aunque esté lejos, establezco comunicación por medio de mi hilo telegráfico y veo y conozco todo lo que puede redundar en honra y
gloria de Dios y en la salvación de las almas.

((229)) "Os digo ahora cosas que no debería contaros, pero creo conveniente decíroslas, pese a todo, a fin de que nadie crea poder hacer
una pifia cuando yo estoy ausente del Oratorio: porque se equivoca del todo, si cree que no va a ser visto. Sin embargo, tened en cuenta
que no pretendo que os abstengáis del mal, sólo por miedo a ser vistos y descubiertos por don Bosco, sino porque os ve Dios, que en el
día del juicio os pedirá rigurosísima cuenta.

"Necesitaría hablar con cada uno de vosotros y deciros muchas cosas, pero advierto que me falta tiempo. Os diré brevemente que
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desde San Ignacio he visto quién es el principal enemigo de todos y cada uno de mis muchachos. Procuraré, a medida que tenga algún
ratito, charlar con cada uno en particular y darle los avisos oportunos. Es tan grande el amor, queridísimos hijos, que tengo a vuestras
almas, que no terminaría de hablar y deciros muchas cosas hermosas que pudiesen contribuir a vuestra salvación.

"El caballero Oreglia quiso, con todo, arrancar a don Bosco si, a través de su hilo telegráfico, no habría podido desde lejos hacer algo
más que ver. Don Bosco, riendo, respondió:

"-Claro; habría podido dar un zurriagazo a esos tales, un golpe de cable eléctrico sobre sus espaldas. Y este zurriagazo, ya fuera de hilo
misterioso, ya fuera de otro instrumento, lo sintieron aquellos tres, los cuales, mientras se encontraban dentro del agua, recibieron sobre
su piel un golpe que les hizo saltar fuera; preguntaron a un soldado, que se bañaba con ellos, qué había pasado y por qué les había
golpeado.

"Mientras don Bosco concluía de hablar, el joven Tinelli se volvió a un amigo que tenía al lado, y a quien ya había confesado el secreto
de su escapada, y le dijo en voz baja:

"-Ahora he sabido quién me dio en la espalda aquellos golpes tan fuertes y dolorosos. Yo que me reñí con un soldado, que se bañaba
algo distante, sospechando que había sido él.

"Yo (Bonetti), que estaba detrás, al oír estas palabras, le ((230)) agarré del brazo y le llevé a don Víctor Alasonatti: Tinelli narró
detalladamente el hecho, y descubrió el nombre de los dos compañeros. De los tres se obtuvo la confirmación de la charla de don Bosco,
pues confesaron haber recibido los golpes, haber salido rápidamente del agua sin ver a nadie y, sobrecogidos de espanto, se pusieron la
ropa y volvieron al Oratorio.

"Dios es admirable para ayudar a sus siervos, especialmente a los que se consumen de celo por su amor y por la salvación de las almas.

"Tinelli dejó el Oratorio a los pocos días, cuando los estudiantes hacían sus exámenes finales".

Don Bosco, prosigue la Crónica, solía hacer en los últimos días del curso escolar un triduo: durante tres días consecutivos predicaba por
la tarde en la iglesia. Esto servía para enviar a los jóvenes a vacaciones, preparados y prevenidos. En una de estas pláticas del año 1862,
contaba el siguiente caso, ocurrido en la misma semana.

Un día, después de comer, mientras estaba aún de recreo, entró en el Oratorio un hombre, y acercándose a él, le suplicó se diese prisa
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para asistir a una pobre moribunda que estaba ya en las últimas. Don Bosco clavó sus ojos en aquel hombre y sospechando algo le dijo:
-Es un lugar adonde pueda ir un sacerdote?
-Se trata de una desdichada, pero está sola en casa.
Don Bosco fue y apenas entró en la habitación vio a una enferma, agotada, hecha un esqueleto, que alzó los brazos y dijo:
-íOh, un sacerdote! El Señor tiene todavía misericordia de mí;

así podré salvar mi alma.
Daba profunda compasión el estado de aquella pobrecita, que no tenía más que dieciocho años.
Don Bosco hizo salir a la mujer que la asistía, reanimó las esperanzas de la enferma en la bondad infinita de Dios y la confesó.
Ella, con los sentimientos del más profundo dolor, ((231)) empezó a gemir y a orar a Dios. De cuando en cuando era presa de un

paroxismo convulsivo; se le ponían lo cabellos de punta y empezaba a gritar y maldecir a los que la habían traicionado. Imprecaba
especialmente a la mujer, que había vuelto a entrar después de la confesión, y que había sido instrumento de su ruina.
-Sí, criminales, la venganza de Dios debe caer sobre vosotros y los rayos del cielo deberían aniquilaros; a vos también, a vos que
fuisteis la causa de todas mis desventuras.
Don Bosco quería calmarla.
-No, hija mía, no; no pensemos en venganzas; el pasado ya no existe. El Señor te ha perdonado: perdona también tú.
La pobrecita volvía en sí y respondía:

-Tiene usted razón; he perdonado y perdono de corazón. Pero recuerdo el día en que me escapé de casa, abandoné y deshonré a mis
padres. Apenas estuve aquí, quise regresar junto a mi madre en lo primeros días y lloraba; pero vos, dirigiéndose a la mujer, me lo
impedisteis, me agarrasteis por un brazo sin soltarme. Y ahora, por causa vuestra, experimento tanto remordimiento...

Y así seguía lamentándose hasta que don Bosco logró con sus palabras hacerla pensar solamente en el Señor.
Entraba en agonía. Silencio en la habitación. La enferma, con la cabeza hundida en la almohada, inmóvil y casi sin respiración. De

pronto, sentóse sobre la cama, giró en torno los ojos, ya casi apagados, alzó en alto el crucifijo que tenía en la mano derecha y gritó:
-íEscandalosos, os aguardo ante el tribunal de Dios!
Y volvió a caer sobre la almohada. Estaba muerta.

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Describió don Bosco este suceso, con voz tan trémula, que hasta los sacerdotes quedaron aterrados.

Ya había contado otro caso semejante algún tiempo atrás. Había sido llamado a toda prisa para confesar a un jovencito de unos dieciséis
años, que había frecuentado el Oratorio festivo y que se hallaba en los últimos momentos, consumido ((232)) por la tuberculosis. Vivía en
una casa próxima a San Roque. Don Bosco acudió. El pobrecito le recibió lleno de alegría, se confesó. Seguidamente entraron en la
habitación su padre y su madre y se colocaron al lado de la cama. Don Bosco siguió a la cabecera. En la mirada del moribundo apareció

una expresión de profunda melancolía. Se volvió a su madre y le dijo:

-Le ruego que llame a ese muchacho, amigo mío, que vive en la planta baja de la casa, para que venga a hacerme una visita enseguida.

-Para qué quieres verlo?, preguntó la madre.

-Yo sé por qué. Tengo que decirle una palabra.

Como le parecía a don Bosco que la visita desagradaba a los padres, intervino:

-No te pongas así; para qué necesitas que venga?

-Quiero saludarle por última vez.

No tardó éste en llegar. Clavó una mirada casi de terror sobre el enfermo y se acercó a los pies de la cama. El moribundo se esforzó por

incorporarse. Los padres le ayudaron, colocándole un cojín tras las espaldas. Entonces, fijó sus ojos con angustia indescriptible sobre el
compañero, tendió su mano derecha hacia él, apuntóle con el dedo índice y con voz temblorosa le dijo:

-Tú...

Y tomó un poco de aliento después de un violento asalto de tos...

-Tú, prosiguió, eres el que me ha matado... Maldito sea el momento en que te encontré por vez primera. Culpa tuya es que yo muera tan
joven... Tú me enseñaste lo que yo no sabía... Tú me traicionaste... Tú me hiciste perder la gracia de Dios... Tus conversaciones, tus
malos ejemplos me lanzaron al mal y ahora llenan de amargura mi alma... Si hubiese seguido el consejo, el mandato de quien me exhortó
a dejarte...

Todos lloraban con sus palabras.

El pobre compañero temblaba y, más pálido que el mismo agonizante, sintiéndose desfallecer, se agarraba a los hierros de la cama.

((233)) -Basta, basta, cálmate, dijo don Bosco al enfermo. Para qué afligirte ahora de este modo? Lo pasado, pasado está, ya no existe...

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No pienses más en ello... Tú te has confesado bien y no tienes nada que temer... Todo está borrado y olvidado. íDios es muy bueno!...
-Sí, es cierto. Mas, entre tanto, de no haber sido por él yo sería inocente... Yo sería feliz... No me encontraría así...
-Bueno, perdónale, añadió don Bosco. El Señor también te ha perdonado a ti. Tu perdón obtendrá misericordia para él.
-íSí, sí, le perdono!, exclamó el pobrecito.
Y, cubriéndose el rostro con las manos, rompió a llorar y cayó sobre la almohada.
Nadie podía aguantar la desgarradora escena. Don Bosco hizo señas a los padres para que sacaran al muchacho, que sollozaba sin poder

articular palabra. Como no se tenía en pie, hubo que sostenerlo. Don Bosco, con palabras que sólo él sabía decir, devolvió la tranquilidad
al corazón del pobre traicionado y lo asistió hasta el último instante.
Una de las últimas charlas que don Bosco dirigió a los jóvenes, antes de que marchasen a su casa, fue la del 27 de julio.
Les recomendó dar buen ejemplo cuando estuvieran en sus casas:

-Testimoniad vuestra fe; ahora que vivimos en tiempos de libertad,
emplead la libertad de hacer el bien, profesándoos verdaderos cristianos, con la exacta observación de los preceptos de Dios y de la
Iglesia. Quiero exponeros el resultado del buen ejemplo de un estudiante nuestro, aún bastante joven. Al terminar el curso fue a su casa
de vacaciones. El primer día, al sentarse a la mesa con sus padres, hizo antes la señal de la santa cruz. Sus padres, al ver el acto religioso
de su hijo, se sorprendieron y se dijeron entre sí:

-He aquí a nuestro hijo que nos da buen ejemplo; lo que deberíamos hacer nosotros ((234)) los primeros, lo hace él y nos enseña.
Y desde aquel día, los padres tomaron la santa costumbre de santiguarse también ellos, al sentarse a la mesa.
Una vez acabado el curso con el reparto de premios, todos los alumnos recibieron de don Bosco el siguiente recuerdo:

Norma de vida para vacaciones
1.° Cada día. Ayudar la santa misa, si se puede; meditación y un poco de lectura espiritual; huida del ocio y buen ejemplo en todas

partes.
2.° Cada semana. Confesión y comunión.
3.° Los días festivos. Misa, sermón y bendición.
4.° En cada momento. Fuga del pecado: Dios os mira; Dios os juzgará.
Las clases se reanudarán el 16 de agosto.

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((235))

CAPITULO XXIV

DON BOSCO Y EL DIA ONOMASTICO DE LOS ALUMNOS -PREDICCION DE ENFERMEDADES -SOLO EL AMOR DE DIOS
PUEDE UNIR A DON BOSCO CON SUS ALUMNOS -DON BOSCO NARRA LA MUERTE DE UNA PECADORA PUBLICA QUE
SE CONVIERTE: SUGIERE A LOS JOVENES LA MORTIFICACION DE LOS SENTIDOS Y UNA PLEGARIA -UNA MUERTE
QUE ACAECERA DESPUES DE TRES LUNAS: DON BOSCO ASEGURA A UN ENFERMO GRAVE QUE NO MORIRA
-SUEÑO: LA SERPIENTE Y EL ROSARIO -EXPLICACION DEL SUEÑO -EL REZO DEL SANTO ROSARIO, RECOMENDADO
SIEMPRE Y QUERIDO POR DON BOSCO -LOS HIJOS CONTINUAN LAS TRADICIONES PATERNAS

AUN durante las vacaciones se quedaban muchos alumnos en el Oratorio y Bonetti y Ruffino recogían en sus crónicas algún párrafo
interesante de sus conversaciones con don Bosco. También don Juan Garino y don Francisco Provera nos legaron algunos recuerdos
importantes de este mes.

Escribe Bonetti: "El 3 de agosto dijo el clérigo Domingo Bongiovanni a don Bosco:

"-Mañana es mi santo. Hágame, pues, un regalo en honor de Santo Domingo, como costumbra hacer a sus muchachos en tal ocasión.

"Y don Bosco le respondió:

-El regalo que te hago es una corona de espinas.

"Aquel día por la noche se acostó Bongiovanni con cierto malestar que a la mañana siguiente resultó ser una seria enfermedad: le dolía
la cabeza todo alrededor, a manera de cerco, y estuvo delirando varios días.

((236)) "No fue la única vez que advirtió a diversos jóvenes que se preparasen para sufrir enfermedades. Entre otras, la del clérigo
Ballesio, a quien, bajo el disfraz de un vestido negro, pronosticó una enfermedad, que se apoderó seriamente de él tres o cuatro días más
tarde.

"Siempre que baja don Bosco al comedor, cuando los otros superiores
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han acabado de comer y han salido al patio, los muchachos se cuelan en el refectorio. Puede decirse que, le oprimen con sus apretujones.
Un día, mientras don Bosco comía y hablaba, cierto clérigo estiró la cabeza hasta la suya, para oír mejor lo que decía. Don Bosco
extendió la mano, tocó la cabeza del clérigo sin querer, de modo que la hizo chocar con la suya. El clérigo le dijo:

"-Eso es; una las dos cabezas.

"Y don Bosco respondió:

"-Sólo el amor de Dios las puede unir".

Y escribe Ruffino:

Charla de don Bosco a los jóvenes, en la noche del 6 de agosto.

-Hoy, a las doce y media, fue uno a mi habitación a llevarme un papelito con la dirección de una persona gravemente enferma.

Tenía el portador una cara desconocida para mí. Salí y, después de cumplir otro encargo de corta duración, me acerqué al lugar

indicado.

Entré y vi que era una casa de mala vida. Pregunté:

-Hay aquí un enfermo, que me ha hecho llamar?

-Sí, pase.

Y me acompañaron a una habitación. Yo tenía miedo, porque era evidente que el demonio era dueño de aquella casa. Penetré en la

habitación y vi a una enferma, que extendió las manos, tomó las mías, y me dijo:

-Salve mi alma... Me salvaré yo?

-Lo espero, contesté.

Indicó después a las otras mujeres que se apartaran y la oí en confesión. Era el momento preciso, porque enseguida se halló en las

últimas.

Apenas acabé, salí de la habitación y me rodearon las compañeras.

-Y... curará?

-Sí, curará... íUnos instantes todavía y pasará a la eternidad!

-íPobre chica! íDesgraciada...!

Y empezaron a angustiarse y a llorar.

-No la llaméis desgraciada, añadí; desgraciadas vosotras que os halláis en la antesala del infierno.

Y comencé a hacerles una plática como jamás habían oído.

Y me decían:

-Cómo hacer? Cómo hacer? Lleva usted razón, pero cómo hacer?

-Lo primero, huid de aquí.

((237)) -Pero la traerán los sacramentos?

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-Lo creéis vosotras? Si entrase aquí el Señor, temo que se hunda toda la casa con cuantos viven en ella.
-Y entonces?
-Ahora voy a buscar al párroco y él hará lo que mejor crea.
Dicho esto, salí, corrí en busca del párroco y le conté lo sucedido.
-Deje el asunto en mis manos, me dijo; yo me ocuparé de ello.
Fue a la enferma. Tuvo todavía tiempo para administrarle la santa unción y, pocos momentos después murió. Por la noche ya no había

nadie en la casa. Dichosa aquella mujer a quien Dios concedió tiempo para hacer su confesión. Los sentimientos

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que manifestó hacen confiar en su eterna salvación. Pero hubiera sido menester haber estado allí y ver a sus compañeras desmelenadas,
con los labios lívidos, y los ojos vidriosos, para comprender, qué terrible azote es el pecado cuando uno lo lleva dentro. Sobre todo
cuando se tiene la muerte delante. Decía don José Cafasso que, si el pecado no tuviese más castigo que el remordimiento que deja en
quien lo comete, sólo por ello habría que apartarse de él. Es imposible que un hombre pueda permanecer en un estado tan inquietante
como el de un alma, que deteniéndose unos instantes a meditar en sus desórdenes, siente la conciencia deshecha por el remordimiento de
sus pecados.

Esta noche don Bosco sugirió para el futuro ofrecer algo en honor de la Virgen, como sería huir de las miradas peligrosas o de las malas
lecturas y rezar con este fin todos los días una salve. íAmén!

Don Juan Garino anota: "El día 15 de agosto moría en el hospital de San Juan (Turín) el alumno Juan Petiti, de Fossano; tenía catorce
años. De él había predicho don Bosco algún tiempo atrás, hablando a algunos en privado, entre los que estaba yo presente, que no habrían
pasado tres lunas sin que uno de los alumnos muriera. Pues bien, en aquellos tres meses, hubo un aprendiz de sastre, nacido en Novara en
1843, llamado David Quadrelli, que enfermó gravemente. Como conocía la profecía, temía ser él quien iba a morir. Don Bosco fue a
verlo para animarle, y ver si era el caso de administrarle los sacramentos. Apenas le vió Quadrelli exclamó:

"-íYo no quiero morirme...!

"Don Bosco le miró amablemente y le respondió:

"-Bien, tú sanarás. Otro morirá en tu lugar...

"Después le bendijo. Y Quadrelli recobró plenamente la salud".

Y escribe don Francisco Provera: "Don Bosco tuvo una nueva prueba de los ((238)) constantes asaltos promovidos por el demonio
contra las almas, de los perjuicios que ocasionan, de la necesidad de emplearse en continuas batallas para rechazarlo y arrancarle sus
víctimas. Militia est vita hominum super terram (la vida del hombre sobre la tierra es una batalla).

Un centenar de alumnos había regresado de casa para el mes de repaso y preparación al nuevo curso escolar. El 20 de agosto de 1862,
después de rezadas las oraciones de la noche y de dar unos avisos relacionados con el orden de la casa, dijo don Bosco:

-Quiero contaros un sueño que tuve hace algunas noches. (Tal vez se trate de la precedente a la festividad de la Asunción de María
Santísima).

Soñé que me encontraba en compañía de todos los jóvenes en Castelnuovo de Asti, en casa de mi hermano. Mientras todos hacían
recreo, vino hacia mí un desconocido y me invitó a acompañarle. Le seguí y me condujo a un prado próximo al
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patio y allí me señaló entre la hierba una enorme serpiente de siete u ocho metros de longitud y de un grosor extraordinario. Horrorizado
al contemplarla, quise huir.

-No, no, me dijo mi acompañante; no huya; venga conmigo y vea.

-Y cómo quiere, respondí, que yo me atreva a acercarme a esa bestia?

-No tenga miedo, no le hará ningún mal; venga conmigo.

-iAh! exclamé; no soy tan necio como para exponerme a tal peligro.

-Entonces, continuó mi acompañante, aguarde aquí.

Y seguidamente fue en busca de una cuerda y con ella en la mano volvió junto a mí y me dijo:

-Tome esta cuerda por una punta y sujétela bien; yo agarraré el otro extremo y me pondré en la parte opuesta y así la mantendremos
suspendida sobre la serpiente.

-Y después?

-Después la dejaremos caer sobre su espina dorsal.

-íAh! No; por favor. íAy de nosotros si lo hacemos! La serpiente saltara enfurecida y nos despedazará.

-No, no; déjeme a mí, añadió el desconocido, yo sé lo que me hago.

-No, de ninguna manera; no quiero hacer una experiencia que me pueda costar la vida.

Y ya me disponía a huir. Pero él insitió de nuevo, asegurándome que no había nada que temer; que la serpiente no me haría el menor
daño. Y tanto me dijo, que me quedé donde estaba, dispuesto a hacer lo que me decía.

El, entretanto, pasó al otro lado del monstruo, levantó la cuerda y con ella dio un latigazo sobre el lomo del animal. La serpiente dio un
salto volviendo la cabeza hacia atrás para morder el objeto que la había herido, pero en lugar de clavar los dientes en la cuerda, quedó
enlazada en ella como por un nudo corredizo. Entonces el desconocido me gritó:

-Sujete bien la cuerda, sujétela bien, que no se le escape.

Y corrió a un peral ((239)) que había allí cerca y ató a su tronco el extremo que tenía en la mano; corrió después hacia mí, tomó la otra
punta y fue a amarrarla a la reja de una ventana de la casa.

Entretanto la serpiente se agitaba, movía furiosamente sus anillos y daba tales golpes con la cabeza y anillos en el suelo, que sus carnes
se rompían saltando a pedazos a gran distancia. Así continuó mientras tuvo vida; y, una vez que hubo muerto, no quedó de ella más que el

esqueleto descarnado.

Entonces, aquel mismo hombre desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió, formó con ella un ovillo y me dijo:

-íPreste atención!

Metió la cuerda en una caja, la cerró, y después de unos momentos, la abrió. Los jóvenes habían acudido a mi alrededor. Miramos el

interior de la caja y quedamos maravillados. La cuerda estaba dispuesta de tal manera que formaba las palabras: íAve María!

-Pero cómo es posible?, dije. Tú metiste la cuerda en la caja a la buena de Dios y ahora aparece de esa manera.

-Mira, dijo él; la serpiente representa al demonio y la cuerda el Ave María, o mejor, el Rosario, que es una serie de Avemarías con el

cual y con las cuales se puede derribar, vencer, destruir a todos los demonios del infierno.

-Hasta aquí, concluyó don Bosco, llega la primera parte del sueño. Hay otra segunda parte más interesante para todos. Pero ya es tarde y
por eso la contaremos mañana por la noche. Entretanto, tengamos presente lo que dijo mi amigo respecto

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al Ave María y al Rosario. Recémosla devotamente ante cualquier asalto de la tentación, seguros de que saldremos siempre victoriosos.
íBuenas noches!

Al llegar aquí séanos permitido hacer algún comentario, ya que don Bosco no dió ninguna interpretación a esta escena.

El peral que aparece en el sueño es el mismo al que don Bosco niño amarrara una cuerda asegurando el otro extremo de la misma a otro
árbol poco distante, para entretener con juegos de destreza a sus paisanos, obligándoles de esta manera a escuchar sus lecciones de
catecismo. Nos parece poder comparar este peral con aquel árbol del cual se lee en "El cantar de los Cantares", capítulo II, versículo 3:
Sicut malus inter ligna silvarum, sic dilectus meus inter filios. (Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi Amado entre los
mozos).

El comentarista Tirino y otros renombrados intérpretes de la Sagrada Escritura hacen notar que el manzano representa aquí a cualquier
árbol ((240)) frutal. Dicha planta, productora de una sombra agradable y salutífera, es símbolo de Jesucristo, de su cruz, de la virtud de la
cual dimana la eficacia de la oración y la seguridad de la victoria. Será éste el motivo por el que un extremo de la cuerda, fatal para la
serpiente, fue atada al peral? Y la otra punta, amarrada al enrejado de la ventana, podría simbolizar que al morador de aquella casa y a sus
hijos les había sido confiada la misión de propagar el Rosario por todas partes.

Así parece que lo comprendió don Bosco.

En I Becchi instituyó la fiesta anual del Santo Rosario; quiso que los alumnos de sus casas rezasen todos los días la tercera parte del
mismo; en sus pláticas y mediante la publicación de numerosos folletos, procuró resucitar esta devoción en el seno de la familia.
Defendía siempre que el Rosario era una arma capaz de proporcionar la victoria, no sólo a los individuos, sino a toda la Iglesia. Por eso
sus discípulos publicaron todas las encíclicas de León XIII sobre esta oración tan del agrado de María; y con el Boletín Salesiano
animaron al cumplimiento de los deseos del Vicario de Jesucristo 1.

1 Reverendísimo Padre (don Miguel Rúa):

A mi regreso a Roma, después del Congreso Eucarístico de Nápoles, veo con mucho agrado que la exhortación dirigida a los párrocos
en el Boletín Salesiano comienza a producir sus frutos. Doy por ello las gracias a V.S. Rdma. y le aseguro que ha realizado una obra muy
grata al Santo Padre, el cual desea muchísimo se mantengan vivas sus encíclicas sobre el Rosario mediante la creación de la Cofradía del
mismo título.

A los sentimientos de gratitud, añado además una súplica; y es que, de cuando en cuando,
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renueve con breves líneas su recuerdo a párrocos y rectores de iglesias, para que el olvido no les haga perder de vista la fundación de la
Cofradía del Santo Rosario.

Dios ayude siempre a V.S. Rdma. de quien me profeso.

Seguro servidor en Jesús y María.

Roma, Palacio del Santo Oficio. 27 de noviembre de 1891.
" Fr. VICENTE LEON SALLUA Arzobispo de Calcedonia

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((241))

CAPITULO XXV

DON BOSCO CUENTA LA SEGUNDA PARTE DEL SUEÑO -LA CARNE DE LA SERPIENTE ENVENENA A QUIENES LA
COMEN -REMEDIO QUE PUEDE DEVOLVER LA VIDA -LA VERDAD EN LA HISTORIA -NUESTRAS REFLEXIONES SOBRE
LA SEGUNDA PARTE DEL SUEÑO -FLORECILLAS PARA LA NOVENA DE LA NATIVIDAD DE MARIA SANTISIMA: NO
COMETER PECADOS, DAR UN BUEN CONSEJO; CORREGIR LAS MALAS COSTUMBRES Y TENER CONFIANZA CON LOS
SUPERIORES; CONFESION GENERAL PARA QUIEN NO LA HIZO AUN; AMEMOS A JESUS PARA SER AMADOS POR LA
VIRGEN; COMPOSTURA EN LA IGLESIA; OBEDIENCIA -DON BOSCO ES INVITADO A PREDICAR Y A BENDECIR UN
CUADRO DEL SAGRADO CORAZON DE MARIA EN MONTEMAGNO: PIDE INFORMACIONES POR CARTA Y SUGIERE
LAS PREVISIONES NECESARIAS -PREDICACION EN MONTEMAGNO DEL CANONIGO GALLETTI Y DE DON BOSCO
-ELOGIOS DE DON BOSCO A LA SANTIDAD Y APOSTOLICA PALABRA DEL CANONIGO -SACRILEGIO PUBLICO EN
TURIN -DISCURSO FAMILIAR DE DON BOSCO: SE VERA A ALUMNOS DEL ORATORIO ELEVADOS AL HONOR DE LOS
ALTARES; EL MEDIO MAS FACIL PARA HACERNOS SANTOS -SU SOLICITUD POR EL BIEN DEL ALMA DE LA
JUVENTUD -TERCERA EDICION DE LA HISTORIA DE ITALIA Y LA CIVILTA CATTOLICA

EXPUESTAS a los lectores de estas páginas nuestras pobres ideas sobre el significado de la casita de Morialdo y del árbol de su era,
volvemos a la crónica de don Francisco Provera, que nos ofrece otras diversas circunstancias del sueño y cita algunas palabras de don
Bosco.

"El 21 de agosto por la noche, rezadas las oraciones de la comunidad, estábamos todos impacientes por oír la segunda parte del sueño
que ((242)) don Bosco había anunciado proclamándola de gran interés y provecho para todos; pero nuestros deseos no quedaron
satisfechos. Don Bosco subió, como de costumbre, a su tribuna y dijo:
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"-Ayer noche os anuncié que hoy os iba a contar la segunda parte del sueño, pero muy a pesar mío creo que no debo mantener mi
palabra.

"Seguidamente, se oyó por todas partes un murmullo que indicaba la contrariedad y el disgusto general. Don Bosco, después de dejar
que se serenasen los ánimos, prosiguió:

"-Qué queréis? Lo pensé ayer noche, lo he pensado hoy y me he convencido de que no es conveniente contar la segunda parte del
sueño, pues contiene cosas que no querría se supiesen fuera de casa.
Contentaos, pues, con sacar algún provecho de lo que os dije al narraros la primera parte.

"Al día siguiente, 22 de agosto, le rogamos insistentemente que si no quería hacerlo en público, al menos nos contase en privado la
segunda parte del sueño. Se resistía a condescender con nuestros deseos, mas después de reiteradas súplicas accedió y nos aseguró que
por la noche continuaría el relato. Así lo hizo. Rezadas las oraciones, continuó:

-Dadas vuestras continuas peticiones, narraré la segunda parte del sueño. Si no todo, al menos os diré lo que puedo referiros. Pero antes
es necesario que os ponga una condición, a saber, que nadie escriba ni diga fuera de casa lo que voy a contar. Comentadlo entre vosotros,
tomadlo a risa si queréis, haced lo que os plazca, pero sólo entre vosotros.

Mientras hablábamos aquel personaje y yo, sobre el significado de la cuerda y de la serpiente, me volví hacia atrás y vi algunos jóvenes
que recogían pedazos de carne de la serpiente y se los comían.

Entonces les grité inmediatamente:

-Pero qué es lo que hacéis? Estáis locos? No sabéis que esa carne es venenosa y que os hará mucho daño?

-No, no, me respondían los muchachos; está muy buena.

Pero, después de haberla comido, caían al suelo, se hinchaban y se tornaban duros como una piedra.

Yo no sabía qué hacer, porque a pesar de aquel espectáculo, cada vez era mayor el número de los que comían de aquellas carnes. Yo
gritaba a uno y a otro; daba bofetadas a éste, un puñetazo a aquél, intentando impedir que comiesen; pero era inútil. Aquí caía uno,
mientras allá comenzaba otro a comer. Entonces llamé a los clérigos en mi auxilio y les dije que se mezclasen entre los jóvenes y se
industriasen de manera que ninguno comiese aquella carne. Mi orden no tuvo el efecto deseado, sino que algunos de los ((243)) mismos
clérigos se pusieron también a comer carne de la serpiente y cayeron al suelo igual que los demás. Yo estaba fuera de mí, al ver a mi
alrededor a tan gran número de muchachos tendidos por tierra en el más miserable de los estados.

Me volví entonces al desconocido y le dije:

-Pero qué quiere decir eso? Estos jóvenes saben que esa carne les ocasiona la muerte, y con todo la comen. Cuál es la causa?

El me contestó:
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-Ya sabes que animalis homo non percipit ea quae Dei sunt: (el hombre animal no capta las cosas del espíritu de Dios) 1.
-Pero no hay remedio para que esos jóvenes vuelvan en sí?
-Sí, que lo hay.
-Y cuál sería?
-No hay otro más que el yunque y el martillo.
-El yunque? El martillo? Y cómo hay que emplearlos?
-Hay que someter a los jóvenes a la acción de entrambos instrumentos.
-Cómo? Acaso debo colocarlos sobre el yunque y luego golpearlos con el martillo?
Entonces aquél explicando su pensamiento, dijo:
-Mira: el martillo significa la Confesión; el yunque, la Comunión; hay que usar estos dos medios.
Puse manos a la obra y comprobé que los indicados eran unos remedios eficacísimos, mas no para todos. Muchísimos recuperaban la

vida y curaban, pero el remedio era inútil para algunos. Estos son los que no se confesaban bien.

"Cuando los jóvenes se retiraron a los dormitorios -continúa Provera-, pregunté a don Bosco por qué su orden a los clérigos, para que
impidiesen a los muchachos comer la carne de la serpiente, no había conseguido el efecto deseado. Y me respondió:

"-No todos obedecieron; por el contrario, vi a algunos de los clérigos, como ya dije, que también comían de aquella carne".

Estos sueños representan, en resumidas cuentas, la realidad de la vida. Con las palabras y con los hechos don Bosco refleja el estado
interior de una, de cien comunidades en las que, en medio de grandes virtudes, también existen miserias humanas. Y no hay que
maravillarse de ello, tanto más que el vicio, por su propia naturaleza, tiende a expandirse más que la virtud, de donde nace la necesidad de
una vigilancia continua.

Alguien podrá objetar que habría sido más conveniente atenuar u omitir alguna descripción ((244)) un tanto enojosa, pero nuestro
parecer no es el mismo. Si la historia ha de cumplir su noble oficio de maestra de la vida, debe describir el pasado tal y como fue en
realidad, para que las generaciones futuras puedan animarse ante el ejemplo del fervor y de la virtud de los que les precedieron y, al
mismo tiempo, conocer sus faltas y errores, deduciendo de ellos la prudencia con que debe regular los propios actos. Una narración que
sólo presentase un lado de la realidad histórica, conduciría irremisiblemente a un falso concepto de la misma. Errores y defectos,
repetidas veces cometidos, al no ser reconocidos como tales, volverían a ser causa de nuevas transgresiones sin gran esperanza de
enmienda. Una mal entendida apología

(1) I Cor. II, 14.
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de nada sirve a los benévolos, ni convierte a los mal dispuestos; en cambio, una franqueza ilimitada engendra crédito y confianza.

Por tanto, nosotros, al exponer nuestra manera de pensar, diremos además, que don Bosco dió al sueño las explicaciones más adecuadas
para las inteligencias de los jóvenes, dejando entrever otras de no menor importancia. No las presentó con toda claridad, porque no creyó
llegado el momento oportuno para hacerlo. En efecto: vemos que en lo sueños habla no solamente del presente, sino también del porvenir
lejano, como sucede en el de la Rueda y en otros que iremos exponiendo.

Las carnes podridas del monstruo no podrían significar el escándalo que hace perder la fe; la lectura de los libros inmorales,
irreligiosos? Qué indican la desobediencia al Superior, la caída al suelo, la hinchazón, la dureza de los miembros, sino la culpa, la
soberbia, la obstinación en el mal, la malicia?

El veneno es el mismo con que ha contaminado aquella comida maldita el dragón descrito por Job en el capítulo XLI, que aseguran los
Santos Padres ser figura de Lucifer. El versículo 15 de dicho capítulo, dice así: Su corazón es duro como roca. Y así se trueca el corazón
de los miserables envenenados en rebelde y obstinado en el mal.

-Y cuál será el remedio contra tal dureza? Don Bosco emplea un símbolo un tanto oscuro, pero que señala un remedio sobrenatural. A
nosotros se nos ocurre esta explicación: es necesario ((245)) que la gracia preveniente, obtenida mediante la oración y con los sacrificios
de los buenos, encienda los corazones endurecidos y los haga maleables; se necesita que los dos sacramentos, es decir, el martillo de la
humildad que golpea y el yunque de la eucaristía sobre el que recibe una forma constante y artística, para ser después enfriado, ejerzan su
eficacia divina y concurran a realizar la obra de templar un corazón llagado y dócil a la par. Será entonces cuando éste, rodeado de un
nimbo de espléndidos rayos de luz, vuelva a ser lo que fuera en otro tiempo.

Así expresada nuestra idea, volvemos a las crónicas. Con la protección de María Santísima, don Bosco estaba seguro de recibir y vencer
los ataques del enemigo infernal y, en consecuencia, preparaba a sus alumnos para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. El 29 de
agosto dió la primera florecilla y otras cinco en las noches sucesivas. Bonetti las escribió.

1.ª Hagamos todos un esfuerzo para pasar esta novena sin cometer pecado alguno, ni morral ni venial,
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2.ª Dar un buen consejo a un amigo.

En la noche siguiente lo dió él a todos en general y dijo que nos hiciésemos generosa violencia para corregir nuestros malos hábitos
mientras somos jóvenes; y que tuviésemos con los superiores gran confianza, lo mismo para las cosas del alma que para las cosas del
cuerpo.

3.ª Pensar si sería bueno hacer una confesión general, y esto para los que aún no la han hecho; los que ya la hicieron, rezar un acto de
contrición por todos los pecados de la vida pasada.

4.ª Nos contó lo que una vez dijo don José Cafasso a un comerciante que le preguntó qué era lo que más le gustaba a la Virgen.
Replicóle él:

-Qué es lo que más gusta a las madres?

El otro contestó:

-A las madres les gusta mucho que se acaricie a sus hijos.

-Bravo, respondió don José Cafasso, has contestado bien; si, por tanto, quieres hacer algo muy agradable a la Virgen, haz muchas
caricias a su Divino Hijo Jesús; primero, con una santa comunión, y después, teniendo lejos de tu corazón toda clase de pecado aunque
sólo sea venial.

Así dijo don José Cafasso y lo mismo os digo yo a vosotros.

((246)) 5.ª Mañana, durante las oraciones, haced todo lo posible para no apoyaros sobre los talones, ni sobre los bancos o buscar
cualquier otra comodidad; y lo digo especialmente para los acostumbrados a estar de otra manera. La flor para todos será ésta: hablar
siempre en italiano y recordarlo a quien se olvide.

6.ª Obediencia perfecta y en todo. Mañana obremos de tal modo que no tengan que avisarnos sobre el cumplimiento de las normas de la
casa y de los propios deberes. Si, además, le fuese mandado particularmente a alguno realizar alguna cosa, ejecútela con gusto y
prontitud. Os aseguro que ésta será la flor más bella que podamos ofrecer a nuestra Madre celestial. Obrando así, mereceremos el título de
hijos suyos y, como Madre amorosa, nos enseñará el santo temor de Dios que Ella misma nos promete por boca de la Iglesia: Filii audite
me; timorem Domini docebo vos (hijos, oídme; os enseñaré el temor del Señor)

Así hablaba don Bosco a sus hijos de quienes debía separarse unos días para ir a Montemagno, donde el día 8 de septiembre se
celebraba la fiesta del Sagrado Corazón de María.

La marquesa de Fassatti había regalado un magnífico cuadro, pintado por Lorenzoni, para el altar de la Virgen y fundaba una capellanía
de cuatrocientas liras al año para entregar al cura párroco, en favor de un sacerdote por él escogido, que cada sábado celebrase de
madrugada una función en aquel altar. Esta debía consistir en la celebración de la santa misa, el canto de las letanías de la Virgen María y
la bendición con el Santísimo Sacramento. Se había también establecido erigir la cofradía del Sagrado Corazón de María y se deseaba un
triduo predicado, a modo de ejercicios espirituales, como preparación para este gran acto.

La Marquesa había tratado el asunto con don Bosco a principios

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de agosto y él aceptó de buen gana y contestó a una carta de la marquesita Acelia, que le había escrito por orden de la madre:
Amadísima en Jesús y María:
Ya estoy de acuerdo con el canónigo Galletti para ir a Montemagno a honrar a María.
Necesitamos solamente saber:
1.° Cuándo se comienza y cuántas son las pláticas.
((247)) 2.° Si es costumbre predicar en italiano o en piamontés.
Mucho le agradezco las preciosas noticias que me da; siento no poder escribir más. Le recomiendo solamente que sea el consuelo de

papá y mamá y un modelo para Manuel, con su conducta verdaderamente cristiana. El enemigo de las almas querrá también ponerla a
prueba; mas no tema, obedezca y ponga su esperanza en Jesús Sacramentado y en María Inmaculada.
La bendición del Señor para usted, papá y mamá y para mi gran amigo Manuel. Rueguen por mí, que me profeso de todos.

Turín, 15 de agosto de 1862.

Seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Y enviaba a la Marquesa la siguiente carta:

Benemérita Señora Marquesa:
Todo de acuerdo con la suya. Pero tenga la bondad de aclararnos:
Si saliendo de aquí a las once del día 6 de septiembre, llegaremos aún a tiempo para la plática de aquella tarde.
Si el párroco cree oportuno que el domingo y el lunes haya tres sermones.
Si el párroco prefiere que se predique en italiano o en piamontés; por nosotros es indiferente.
El párroco tenga la bondad de entenderse con el Señor Vicario General para las oportunas licencias, ya que nosotros pertenecemos
a

otra diócesis.
Piense también el mismo señor párroco en los confesores, ya que en tal ocasión hay escasez de tiempo y de sacerdotes para atender a las
confesiones.
Que la Santísima Virgen Inmaculada nos guarde a todos y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo descienda abundante sobre usted, el
señor Marqués y toda su respetable familia. Mientras, con la máxima gratitud, tengo el honor de profesarme de V.S. Benemérita.

Turín, 29 de agosto 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

El canónigo Eugenio Galletti y don Bosco llegaron, pues, a Montemagno el día fijado y comenzaron su predicación, que fue, no es
menester decirlo, rica de mies abundante, como ((248)) cabía esperar de la palabra de dos santos sacerdotes. Don Luis Porta nos contó
que el canónigo Galletti parecía un serafín hablando de María.

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También don Bosco, afirmó don Miguel Rúa, hablaba con viva admiración de la virtud, de la austeridad y de la unción de las pláticas del
canónigo, y creyéndose él muy lejos de la perfección de aquel siervo de Dios. Sin embargo, sus sermones eran escuchados con
entusiasmo por la multitud que llenaba la iglesia.

Pero, al mismo tiempo que don Bosco bendecía en Montemagno el cuadro del Sagrado Corazón de María, un horrendo suceso afligía a
la ciudad de Turín el 8 de septiembre. Una inmensa muchedumbre de fieles abría, desde la catedral, el desfile de la procesión que, según
prescripción del Estado, se hacía anualmente en esta fecha para conmemorar la liberación de Turín del asedio francés en 1706.
Improvisamente un hombre se abalanzó sobre el trono, donde estaba la estatua de María Santísima con el Niño en brazos, que se debía
llevar procesionalmente. Sacó de debajo de la ropa una pequeña hacha y empezó a golper furiosamente la imagen de la Virgen María con
el Niño, en cobre plateado. La cabeza y un brazo del Niño cayeron por tierra. Resulta imposible describir los gritos, los sollozos, la
confusión, el alboroto que se armó en el amplio templo. Acudió un guardia y de un culatazo derribó por tierra a aquel infeliz, que
continuaba golpeando la estatua. Derramando sangre, maniatado y defendido por los guardias, ya que el pueblo se agolpaba contra él para
despedazarlo, gritaba:

-Me han obligado a hacerlo, me han pagado para ello.

Aunque el preso no había estado nunca loco, la Autoridad pública, que necesitaba ocultar las perfidias de cierto partido al que temía,
hizo que se le declarase tal y lo encerró inmediatamente en el manicomio.

Celebróse un triduo solemne expiatorio por la profanación, primero en la catedral y después en el Santuario de Nuestra Señora de la
Consolación. Don Bosco participó en éste a su regreso de Montemagno.

((249)) Los alumnos del Oratorio le habían esperado y don Bosco era feliz teniéndolos a su lado. Anota Bonetti en su Crónica:

"13 de septiembre. Cuando se está al aldo de don Bosco siempre se aprende algo; una sola palabra de su conversación reporta grandes
estímulos para correr por la senda de la virtud. Un día, después de comer, nos encontrábamos reunidos a su alrededor con ansias de oír
alguna de sus magistrales enseñanzas. La conversación recayó sobre la manera de hacernos santos y observábamos cómo todos los
auténticos siervos de Dios amaban y practicaban la penitencia, como lo hacía nuestro Domingo Savio.
218

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VOLUMEN VII Página: 219

"Después de extenderse durante un buen espacio sobre esto, recordando el ejemplo de unos y de otros, vino a decir don Bosco:

"-Lo que os aseguro es que nosotros tendremos algunos de la casa elevados al honor de los altares. Si Domingo Savio prosigue
haciendo milagros, yo no dudo ni un instante, si aún estoy con vida y puedo promover su causa, que la Santa Iglesia permita el culto al
menos para el Oratorio.

"-íDía venturoso!, exclamaron todos. íMenuda fiesta será la nuestra!

"Entonces don Bosco preguntó al clérigo Anfossi:

"-Qué medio crees que es el más fácil para hacernos santos?

"Se le dijeron unos cuantos, pero él, después de haber oído en
silencio y sin interrumpir, prosiguió:

"-Es éste: reconocer la voluntad de Dios en la de nuestros superiores, en todo lo que nos mandan y en todo lo que nos acontece a lo
largo de la vida. Algunas veces nos parece realmente, continuó, que las cosas no deban ser así. Entonces es el momento para animarnos y
decirnos a nosotros mismos: así me lo dijeron, pues vamos adelante. Otras veces nos sentimos oprimidos por alguna calamidad o molestia
del cuerpo o del espíritu: no nos desanimemos, confortémonos con el dulce pensamiento d e que todo está ordenado por ese bondadoso
Padre nuestro, que está en los cielos, para nuestro bien; ofrezcámoselo todo a El, nosotros y nuestras cosas. Este es el medio más
adecuado para llegar fácilmente a la más alta perfección. Habrá, por ejemplo, quien quiere hacer penitencia, ((250)) ayunar; el Superior,
le aconseja que no lo haga: pues bien, obedezcamos y así estaremos seguros de hacer la voluntad de Dios y subiremos una grada más en
la escala de la santidad.

"Una vez, hablando del deseo que tenía de salvar el alma de sus muchachos, llegó a decir:

"-Si yo pusiese tanta diligencia por el bien de mi alma como la pongo
por el de las de los demás, estaría seguro de salvarla.

"Otra vez, hablando de cómo deseaba poseer el corazón de sus jóvenes, añadió:

"-Todo lo daría por ganar el corazón de los muchachos para podérselo regalar al Señor." Entre tanto, aquel año de 1862, don Bosco
había hecho imprimir la tercera edición de su Historia de Italia en la tipografía de Luis Ferrando, con un mapa de la península. La Civiltà
Cattolica, serie V, vol. III, pág. 474, daba de ella este juicio:
219

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En un tiempo como el nuestro, en el que la mentira histórica se convierte en un manjar exquisito para envenenar las mentes juveniles,
importa mucho dar a conocer las obras que en la educación de la juventud pueden servir de antídoto para anteriores corruptelas. No es
necesario demostrar que tal resulta este libro del conocidísimo don Bosco. Refiriéndonos a él ya indicamos en otro lugar los méritos
particulares que en sí contiene 1 y que han aumentado muy mucho con la nueva edición que anunciamos.

Por el fin que el autor se propone, que es el de enseñar la historia de la Patria a los muchachos italianos con facilidad, brevedad y
claridad, no vacilamos en afirmar que el libro no tiene igual en su género en Italia. Está redactado con sumo esmero y con una amplitud
rara en tales compendios.

Todo el trabajo está dividido en cuatro épocas: la primera comienza con los primeros habitantes de la península, y la última llega hasta
el fin de la guerra de 1859. Un breve estudio de historia antigua, con un cotejo de los nombres geográficos de la antigua Italia con los
nombres modernos, cierra el libro a manera de apéndice. La pluma excelente de don Bosco no cambia la historia, so pretexto de propagar
ideas de una política subversiva y principios de una hipócrita libertad, como sucede muchas veces con ciertos compiladores de Epílogos,
Sumarios y Compendios, que corren ((251)) por Italia y pululan todavía en muchas escuelas que gozan de buena reputación. A la
veracidad de los hechos, al acopio de la materia, a la claridad de estilo, a la armonía del orden añade el autor una perfecta pureza de
doctrinas y máximas morales, religiosas y políticas. Y ésta es la cualidad que nos mueve a recomendar calurosamente este hermoso libro
a aquellos padres de familia, a aquellos maestros, y a aquellas instituciones que ambicionan tener hijos y discípulos eruditos en la
verdadera historia de la Patria, pero no atosigados por falsas historias.

He aquí cómo explica el eximio autor el método por él observado para coleccionar, seleccionar y ordenar su precioso compendio.
"Ateniéndome a los hechos ciertos y más ricos en moralidad y provechosas enseñanzas, omito lo incierto, las conjeturas frívolas, las citas
demasiado repetidas de autores, lo mismo que las discusiones políticas muy encumbradas, las cuales resultan inútiles y a veces
perjudiciales para la juventud. Puedo, a pesar de ello, asegurar al lector que no escribí ni un período sin confrontarlo con los más
acreditados autores y, por cuanto me fue posible, contemporáneos o cercanos al tiempo a que se refieren los acontecimientos. Tampoco
ahorré fatiga en leer los recientes escritores sobre las cuestiones de Italia, recogiendo de cada uno cuanto parecía conveniente a mi
intento."

Es oportuno decirlo ya que es, para nuestra desgracia, demasiado verdadero. El aluvión de escritos elementales y pedagógicos, que
actualmente inunda nuestra península, está en su mayor parte inficionado por los errores modernos contra el papado, contra la Iglesia,
contra el clero y contra la autoridad divina y humana. Una diabólica conjuración de los hijos de las tinieblas contra la Luz eterna trabaja
incansablemente para roer en raíz las tiernas almas de la juventud. Por consiguiente, nosotros queremos hacer un acto de amistad
sugiriendo a los católicos, nuestros lectores, un libro elemental, que no procede de un adversario contra la verdad, ni contiene las
imperfecciones que corrompen las mentes inexpertas entre los nuestros.

Como demostración de dichas atenciones y en prueba del espíritu sólidamente católico que anima este trabajo, ponemos a la vista de los
lectores los jugosos y sapientísimos avisos con los que concluye el autor su exposición.

1 La Civiltà Cattolica, tercera serie, vol. V, pág. 482.
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"Nosotros, pues, pondremos fin a las narraciones sobre la historia de Italia; mas, a modo de conclusión de cuanto hasta ahora hemos
expuesto, querríamos grabarais bien en vuestra mente algunos recuerdos que no debéis olvidar jamás y que podéis aplicar a cualquiera
otra historia que os propongáis leer.

"Recordad que la historia es una terrible y gran maestra del hombre. Maestra terrible, porque expone las acciones de los hombres tal y
como se realizaron, sin miramiento alguno a la dignidad, grandeza y riqueza de aquéllos a quienes se refieren. Hecha una acción, la
historia tiene derecho a exponerla, aprobarla o condenarla, según lo merezca. Por esto, debemos temer mucho lo que otros puedan ((252))
decir acerca de nuestras obras y vivir de modo que los hombres se vean obligados a hablar bien de nosotros.

"La historia es también una gran maestra que enseña. Enseña cómo se ha amado la virtud en todo tiempo y cómo siempre fueron
venerados los que la practicaron; por el contrario, siempre fue condenado el vicio y fueron menospreciados los viciosos. Esto debe
servirnos de estímulo para huir constantemente del vicio y ejercitar la virtud.

"Finalmente, quede profundamente enraizada en vuestro espíritu la idea de que la religión fue considerada en todo tiempo como sostén
de la sociedad humana y de la familia y que, donde no hay religión, no existe más que inmoralidad y desorden; y que por eso nos
debemos afanar para promoverla, amarla y hacerla amar por nuestros semejantes y librarnos cautelosamente de quienes no la honran o la
desprecian.

"Jesucristo, nuestro Salvador, fundó su Iglesia y únicamente en esta Iglesia se conserva la auténtica religión. Esta religión es la católica,
única verdadera, única santa, fuera de la cual nadie puede salvarse.

"Amemos, por tanto, esta religión, lo repito, y practiquémosla: amémosla con firmeza creyendo y practiquémosla observando sus
preceptos. Y porque tenemos un solo Dios, una sola fe y una sola religión, unámonos también nosotros en un solo vínculo de fe y de
caridad para ayudarnos en las necesidades de la vida presente; y así, confortados mutuamente en cuerpo y espíritu, podamos llegar un día
a reinar eternamente con Dios en la patria de los bienaventurados del cielo."
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((253))

CAPITULO XXVI

Tómbola 1862 -Notas y Documentos

TERCERA REPETICION DE LA TOMBOLA -PETICION AL GOBIERNO CIVIL DE TURIN DE UNA SEGUNDA PRORROGA
PARA EL SORTEO DE LA TOMBOLA Y EL AUMENTO DE BILLETES -DECRETO FAVORABLE DEL MINISTERIO DE
HACIENDA Y DEL GOBIERNO CIVIL -ARMONIA: UNA VISITA A LA EXPOSICION DE PREMIOS -LA OBRA PIA DE SAN
PABLO Y EL AYUNTAMIENTO DE TURIN NO PUEDEN ACEPTAR BOLETOS DE LA TOMBOLA -APORTACION DEL
OBISPO DE GUASTALLA -GRACIOSA CARTA DE DON BOSCO A UN SEÑOR A QUIEN SE LE HABIAN MANDADO POR
SEGUNDA VEZ MUCHOS BILLETES DE LA TOMBOLA -GENEROSIDAD DEL ARZOBISPO DE FLORENCIA -SE
RECOMIENDA LA TOMBOLA A LOS EMBAJADORES DE LAS CORTES EXTRANJERAS ANTE EL REY DE ITALIA

A primeros de septiembre debía cerrarse la tómbola, pero don Bosco, que quería aprovecharse al máximo de las favorables circunstancias
que secundaban sus planes, de acuerdo con el Alcalde Presidente, ordenó escribir al Gobierno Civil de la provincia la siguiente carta:

Ilustrísimo Señor Gobernador:

La favorable aceptación que el público presta a la Tómbola aprobada por V. S. Ilma., por decreto del 2 de julio del corriente, y el
vistoso número de objetos ofrecidos para la misma, obligan a la Comisión a recurrir de nuevo a su reconocida bondad para conseguir más
favores.

1.° Que sea aprobada la valoración de los objetos comprendidos del número 1821 ((254)) al 2835 incluído, sumándose a los 1014
objetos, que alcanzan un total de 28014 liras, según la tasación de los peritos nombrados y abajo firmantes: añadiendo el décimo para el
billete gratuito en cada decena, según se concedió en el decreto antes citado de ese Gobierno Civil, que importaría un total de 30815 liras,
equivalente al número de 61630 boletos, para cuya edición se pide autorización.

2.° Que se conceda permiso para tener abierta la exposición pública hasta el 23 del próximo septiembre, para poder colocar los boletos
cuya autorización se pide.

Con la confianza de ser atendida, la Comisión presenta a V. S. Ilma.,
su más
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profundo agradecimiento, mientras en nombre de la misma, me profeso con distinguida estima y consideración,

De V. S. Ilma.

Turín, 26 de agosto de 1862

Por el Presidente ausente El Secretario
Cab.° FEDERlCO OREGLIA

Adjunta a esta petición iba la: tercera lista de objetos en papel
timbrado, desde el número 1821 al 2835, con las correspondientes tasaciones 1

También fue acogida favorablemente esta solicitud.

GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE TURIN
División 5.ª
Prot. n.° 12129 -Reg.° n.° 664

Turín, 25 de septiembre de 1862

Debidamente autoruizado por el Ministerio de Hacienda, el que suscribe tiene el honor de transmitir al reverendo don Bosco el Decreto
de este departamento del 21 del mes en curso 2 por el que se autoriza un aditamento ((255)) de premios, un aumento de boletos y
prórroga para el sorteo de la Tómbola en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales y otros establecidos en Turín, como se pedía en
el recurso del día 26 de agosto pasado.

1 Objetos de arte, 2.100 liras. Profesor José Volpato -Por los objetos
quincallería y de fantasía expuestos en la presente lista, 25.914 liras, José Buzzetti

2 EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE TURIN

Visto el recurso precedente;

Vista la lista tercera de objetos, de nuevo regalados para la Tómbola en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales y otros,
instalados en Turín, que suman 1.014, que alcanzan, con el décimo billete gratuito añadido a cada decena, según decreto de este
departamento del 2 de julio, la suma de 30.815 liras, equivalentes a los 61.630 billetes a emitir;

Vista la declaración de los señores peritos jurados, profesores Juan Volpato y José Buzzetti;

Visto el nombrado decreto de este despacho junto con las actas anteriores de rutina;

Visto el Reglamento anejo al R. Decreto de 4 de marzo de 1855, n.° 606,

DECLARA

Que la Comisión encargada de la Tómbola del Oratorio de San Francisco de Sales y otros, instalados en Turín, está autorizada para
llevar a cabo el día 30 de septiembre corriente y emitir 61.630 billetes, sumados a los ya distribuidos, por el fijado valor de 50 céntimos
cada uno, ateniéndose a lo demás a las precedentes descripciones y advertencias, conforme al primer Decreto de este departamento.

Turín, 21 de septiembre de 1862

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Por el Gobernador, RADICATI
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Se incluye asimismo la correspondiente tercera lista de los objetos regalados para ulteriores medidas al respecto.

Por el Gobernador, RADICATI

Se ganaba un mes, lo cual no era poco para don Bosco, y Armonía, del 3 de octubre, publicaba un artículo titulado:

Magnífica Exposición de una Tómbola. -Ayer hemos visitado con agrado la exposición pública de los objetos para la Tómbola en favor
de los tres Oratorios masculinos de San Francisco de Sales, San Luis y Santo Angel Custodio. Quedamos admirados y sorprendidos al
contemplar la elegante, numerosa y variada cantidad de donativos procedentes de diversas regiones y de toda clase de personas.
Sobresalen, entre todos, dos preciosísimos que representan uno a San Pedro y otro a San Pablo, ofrecidos por la generosidad del Papa Pío

IX. Abundantes y ricos son, de manera especial, los regalos de Su Alteza el príncipe Eugenio, los del príncipe Tomás, duque de Génova,
del Alcalde de Turín y de muchos otros que no es posible nombrar y menos describir.
((256)) Hemos sabido que sus Altezas los príncipes, antes de salir de la Capital, quisieron adquirir un considerable número de boletos.
También el Ministro de Gobernación participó adquiriendo generosamente una buena cantidad. Muchos beneméritos promotores y
muchas fervorosas promotoras concurrieron a la colecta de premios y venta de billetes.

Queda todavía a la venta gran cantidad de boletos, dado que el sorteo que debía tener lugar hoy, día 3, se difirió hasta el 23 del corriente
septiembre. Esperamos que los amantes de los pobres hijos del pueblo, participarán en esta obra de beneficencia. Todos saben que estos
Oratorios se preocupan de preparar para el bien y el trabajo a los jóvenes más abandonados. Qué obra puede resultar más útil a la
sociedad humana? El precio de cada boleto es de cincuenta céntimos; quien compra una decena recibe uno más, gratuito; quien adquiere
25 tiene un premio asegurado. El taco con 25 boletos tiene premio seguro, es decir, la serie de 25 boletos que es de color rojo y que
cuesta 12,50 liras.

Era incansable la solicitud de don Bosco para hacer enviar y recomendar a la Comisión los paquetes de sus boletos a personas o
instituciones que hubieran sido olvidadas; y aun a quienes sabía que no iban a quedarse con ellos. Si no conseguía dinero, al menos tenía
la ventaja de dar a conocer la Obra de los Oratorios.

La dirección de las Obras Pías de San Pablo devolvía los boletos al secretario de la Comisión.

Hay que advertir, sin embargo, que su Director, que era amigo de don
Bosco y miembro de la Comisión, ya había adquirido y pagado antes varios tacos de 10 boletos.
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Turín, 30 de agosto de 1862

Ilustrísimo Señor:

Esta Dirección colabora con subvenciones a promover la formación religiosa en centros de beneficencia, por lo que, en más de una
ocasión, ya se atendieron favorablemente peticiones transmitidas con esta finalidad por ese Oratorio, lo mismo que por los de San Luis y
del Angel Custodio.

No pudiendo participar en la Tómbola, que se hace en favor de los mismos centros, mientras no tenga en el balance cantidades que
puedan invertirse en tal sentido, el que suscribe se encuentra obligado, muy a pesar suyo, a devolver a V.S.Ilma. los 216 billetes de la
lotería abierta en ((257)) favor de los tres Oratorios antedichos, que usted dirige, los cuales fueron enviados a esa Dirección junto con un
ejemplar del programa.

Se honra mientras tanto el que esto escribe en declararse, con distinguida consideración,

De S.V.Ilma.

Seguro servidor:
Por el Presidente de la Dirección, El Director, DUPRE

También se hacía un envío de billetes al Ayuntamiento de Turín:

Ilustrísimo Señor Alcalde:

Siempre que en el pasado me encontré en graves necesidades y recurrí a ese respetable Ayuntamiento obtuve válido apoyo.

Graves necesidades me aconsejaron acudir ahora a la beneficencia pública, por medio de una lotería de objetos, que ya ha llegado a su
fin, y quedándome todavía por colocar algunos billetes, me animo a recomendarle 60 decenas, con el ruego de que las quiera aceptar en
favor de los pobres muchachos que frecuentan los Oratorios y que son la razón de esta Tómbola.

Confiando en su favor, auguro a usted y a todos los señores de ese Ayuntamiento todo bien del cielo, mientras me profeso con la más
sentida gratitud,

De V.S.Ilma.

Turín, 5 de septiembre de 1862.

Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro.

El Ayuntamiento respondía:

CIUDAD DE TURIN
Desp. 3.°
Protocolo del Desp. n.° 824
Respuesta a la carta del 5 de septiembre

Turín, 12 de septiembre de 1862:

La instancia presentada por esa dirección de la Tómbola benéfica en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales y de San Luis,
dirigida para alcanzar del Ayuntamiento

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la adquisición de 60 decenas de boletos para dicha Tómbola, fue transferida por el que suscribe a la Junta Municipal.

Esta Junta, en sesión del 9 de los corrientes, considerando que en razón ((258)) del continuo sucederse de semejantes loterías de
beneficencia la Administración Civil nunca compró billetes; y ante la conveniencia para el interés del erario municipal (que de otro modo
se sobrecargaría con graves y repetidos gastos imprevistos) de mantener semejante criterio en práctica, deliberaba no atender la instancia
presentada.

El que suscribe, al comunicarle la determinación tomada, devuelve las sesenta decenas de boletos de la Lotería y tiene el honor de
declararse,

Por el Alcalde, FARCITO, Ass.

No estando impedido por compromisos económicos, el buen Obispo de Guastalla, monseñor Pedro Rota, contestaba a la llamada del
Marqués de Rorà:

Módena, 10 de septiembre de 1862

Ilustrísimo Señor:

Habiendo recibido un respetuoso envío, impreso el próximo pasado agosto, con cien billetes de la Tómbola en favor de los tres
Oratorios, para los muchachos de esta Ciudad, envío a V.S.Ilma. que me los mandó, y que tan merecidamente preside la Comisión
organizada para esa Lotería, un cheque de banco de cincuenta liras, correspondiente al valor de los mismos billetes.

Con el deseo de que sean abundantes los frutos que se recaben por medio de esta piadosa industria, para sostener esos tan útiles centros,
aprovecho gustoso la oportunidad de manifestarle mi viva satisfacción al ver a tan digno personaje ocupado en esos santos y
verdaderamente cristianos ideales, y profesarme con suma estima y profundo respeto,

De V.S.Ilma.

Humilde y seguro servidor,
" PEDRO, Obispo de GUASTALLA

Pero don Bosco, que no había acabado de colocar todos los boletos, enviaba una segunda remesa a muchos de sus generosos
bienhechores. Unos los aceptaron, otros los rehusaron. Alguno que los aceptó, no por eso dejó de dirigir un afectuoso reproche al siervo
de Dios. Don Bosco excusó la propia indiscreción con cartas que reflejan una sorprendente y simpática amabilidad. Conservamos una
recibida en Cúneo por el barón Feliciano Ricci.
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VOLUMEN VII Página: 227

((259)) "Charitas benigna est, patiens est (La caridad es bondadosa y paciente.) (San Pablo.)

Turín, 5 de septiembre de 1862
Queridísimo Señor Barón:

Su reprimenda iba dirigida a mí; con todo, estoy contento, porque ha aceptado los boletos en favor de nuestros pobres jóvenes.

La señora Baronesa, nos ha devuelto los boletos. Piénselo bien; si me encontrase en absoluta necesidad, recurriría nuevamente a su
caridad y usted en su bondad no sabría negarse. Así usted me mandará más dinero sin que yo le pueda dar más billetes de lotería.

Acepto al joven Cavallo que usted me recomendó, por la cuota mensual de quince liras a pagar por la madre. Usted se brinda a añadir
algo más de su bolsillo. Yo no fijo nada: acepto como limosna lo que quiera y en la cantidad que desee para nuestros pobres jóvenes.

Junto con esta carta recibirá... boletos de la Lotería. íQué disparate, ya olvidaba la amonestación de hace poco!

Perdone la broma. Dios bendiga a usted y a su piadosa señora y me considere siempre con gratitud de V. S. muy apreciada,

Su seguro servidor,
JUAN BOSCO, Pbro.

Una sorpresa, semejante a la del barón Ricci, le había tocado al Arzobispo de Florencia. Don Bosco y el Marqués de Rorà, ambos por
cuenta propia, le habían enviado circulares y boletos: el generoso Prelado se quedó con los boletos del uno y del otro y escribió a don
Bosco:

Muy Reverendo y Estimado Señor:

Hace algún tiempo me remitió usted diez decenas de boletos para la Tómbola en favor de los tres Oratorios dirigidos por usted, más un
billete equivalente a veinticinco billetes y en total 125 billetes. Por otra parte, el Presidente de esa Comisión me mandó otros cien. Envío
el valor de éstos y de aquéllos en un solo giro postal, del que usted podrá retirar ahí en Turín las 62,50 liras que suman el importe de los
125 billetes.

Con sumo placer participo en esta obra tan caritativa, aunque no son pocas ni pequeñas las necesidades que a diario van también en
aumento en esta Ciudad, y que requieren no pequeños sacrificios.

((260)) Mas me consolaré con el pensamiento de que nuestro divino Salvador se dignará hacer de tal modo que también en este caso se
realicen aquel las sus hermosas palabras: Beati misericordes quoniam misericordiam consequentur. (Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.)

Deseándole todo bien y recomendándome a sus oraciones me reitero con todo aprecio y respeto,

De usted, muy apreciado Señor,

Florencia, 21 de septiembre de 1862.

Su seguro servidor
" JOAQUIN, Arzobispo de Florencia

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Al mismo tiempo enviaba otra carta al marqués Manuel de Rorá Presidente de la Comisión de la Lotería 1.

A una sola clase de personas todavía no se había invitado a participar en la Tómbola; a los Ministros de las Cortes extranjeras ante Su
Majestad el Rey de Italia. El caballero Federico Oreglia se encargó de escribir una carta al señor Demetrio Kalergis, enviado
extraordinario y Ministro plenipotenciario de Grecia.

((261))

Turín, 20 de septiembre de 1862.

Se ha abierto una tómbola en favor de los centros masculinos de esta Ciudad organizados con el nombre de Oratorios. Por el programa
adjunto podrá V. E. apreciar la gran utilidad que tienen para las clases pobres, a cuyo alivio tienden.

El señor Alcalde de la ciudad de Turín, como presidente de la Comisión para la tómbola indicada, me encarga pedir respetuosamente a

V. E. que acepte y se quede diez decenas de boletos, con destino a la misma.
Confiado en que la conocida filantropía de V. E. atenderá debidamente esta súplica, le expreso las más rendidas gracias en nombre del
señor Alcalde y de la Comisión entera y me profeso con todo aprecio y respeto,

De V. E.,

Seguro sevidor,
Cab. FEDERICO OREGLIA, Secretario de la Comisión

Dirigió otros escritos semejantes a varias Legaciones, algunas de cuyas respuestas se conservan.

1

Protocolo general n.° 5971

Ilustrísimo Señor:

Con carta impresa del pasado agosto en sobre timbrado con sello de la Secretaría Real del Estado, para asuntos interiores, usted, en su
calidad de Presidente de la Comisión de la Tómbola, en favor de los tres Oratorios de Turín, dirigidos por el sacerdote Juan Bosco, me
envió diez decenas de boletos al precio de cincuenta céntimos cada uno. Ya había recibido otros directamente del mencionado sacerdote,
a finales del pasado mayo, pero entre las necesidades que no son pocas en esta Ciudad, y por los ya escasos recursos en esta población, no
era facil satisfacer sus deseos. Mas, tratandose de una obra tan piadosa y caritativa, como es la de los Oratorios nombrados, he hecho un
gran esfuerzo y me complazco en mandarle por giro postal cincuenta liras, precio de los cien boletos enviados.

Aprovecho esta ocasión para ofrecerme con todo respeto,

De V. S. Ilma.

Florencia. Arzobispado, a 21 de septiembre de 1862.

Su seguro servidor, " JOAQUIN, Arzobispo de
Florencia.
228

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VOLUMEN VII Página: 229

LEGACION DE LOS PAISES BAJOS EN TURIN
Prot. General n.° 5925
Turín, 21 de septiembre de 1862
Señor Presidente:

Tengo el honor de devolver adjuntos los cincuenta billetes de la Lotería en favor de los Oratorios que, con fecha de ayer, ha tenido a
bien enviarme en su nombre el señor Secretario de la Comisión, Federico Oreglia.

Sintiendo, señor Presidente, que otras necesidades que se han de atender no me permitan asociarme a la buena obra que usted patrocina,
aprovecho con gusto esta ocasión para ofercerle la seguridad de mi más distinguida consideración.

HELDERWIER IKHR

LEGACION DE ESPAÑA EN TURIN

Turín, 28 de septiembre de 1862

Ilustrísimo Señor:

Siempre que se ha tratado de hechos filantrópicos en favor de la clase necesitada, la Legación de España no ha dejado nunca de ((262))
colaborar con sus ofrendas, por lo que acepto con mucho gusto los cuarenta billetes de la Lotería que V. S. Ilma, se dignó incluir en su
carta del 20 de los corrientes y me satisface enviarle aquí adjuntas las veinte liras, importe de dichas cuatro decenas.

Agradezca mientras tanto los sentimientos de mi más distinguida estima y consideración.

El encargado de negocios de España,

A. DE DURO
PORTUGAL, LEGACION DE S.M.F. EN TURIN

Turín, 21 de octubre de 1862
Señor:

Las innumerables ocupaciones de estos últimos días me han impedido responder una gran cantidad de cartas recibidas. Hoy puedo
acusar recibo de la suya, del 20 del mes pasado, lo mismo que de cinco decenas de billetes de la Lotería en favor de los Institutos
masculinos llamados Oratorios, y cuyo importe de treinta liras le envío.

Satisfecho de poder colaborar al bienestar de los desgraciados, ruégole, Señor, acepte la expresión de mis más distinguidos
sentimientos.

CASTRO

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((263))

CAPITULO XXVII

Tómbola del 1862 -Documentos y Notas

LA COMISION DELIBERA SOBRE EL SORTEO DE LOS PREMIOS DE LA TOMBOLA Y PRESENTA AL ALCALDE SU
DESEO -RESPUESTA DEL ALCALDE -CIRCULAR, Y UN ARTICULO DE ARMONIA ANUNCIANDO EL DIA DEL SORTEO
-ACTA DEL SORTEO REALIZADO -CIRCULAR ANUNCIANDO LOS NUMEROS DE LA SUERTE -ARMONIA PUBLICA EL
TIEMPO HABIL PARA RETIRAR LOS PREMIOS -DESAGRADABLE SORPRESA -UN BOLETO DUPLICADO CON EL MISMO
PRIMER PREMIO PARA DOS AGRACIADOS -LA COMISION SE REUNE Y PROPONE LA MANERA DE RESOLVER EL
INCIDENTE -DON BOSCO ENTREGA CINCO MIL LIRAS A UNO DE LOS PREMIADOS -ENTREGA DE LOS OTROS
PREMIOS: BOLETO DE LA DUQUESA MELZI SARDI DE ROMA -DON BOSCO NO ACEPTA LA PROPOSICION DE HACER
RECONOCER POR EL GOBIERNO AL ORATORIO COMO OBRA PIA

FINALMENTE se terminó el tiempo para la venta de boletos y se reunió la Comisión a deliberar sobre el día y el lugar del sorteo de los
números que obtendrían premio. El Secretario se lo notificaba al Alcalde para obtener su consentimiento e interpelarlo sobre el modo de
realizar el importante acto con cierta solemnidad.

Turín, 22 de septiembre de 1862

Ilustrísimo Señor Alcalde:

Reunida la Comisión de la Tómbola en favor de los Oratorios existentes en Turín el 16 del corriente mes, fijó el día 30 para el sorteo de
los premios, de las nueve a las diez de la mañana.

((264)) Igualmente, para uniformarse con cuanto se practicó en las anteriores tómbolas y para mayor satisfacción del público, manifestó
el deseo de que el sorteo se verificase en un salón del Ayuntamiento, a condición de que V. S. Ilma. pudiera dar consentimiento a este
ruego.

A tal fin, le suplico se digne concedernos dicho favor, como así mismo permiso
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para que los músicos del Oratorio puedan inaugurar el sorteo con algunas piezas de su repertorio.

Con la confianza de que se nos conceda la anhelada gracia, me profeso con la mayor consideración.

Su seguro servidor,
Cab.° FEDERICO OREGLIA

El Alcalde le respondía:

CIUDAD DE TURIN

Prot. del Dpto. n.° 849
Respuesta a la carta del 22 de septiembre

Turín, 26 de septiembre de 1862

Como respuesta a la nota anterior, el abajo firmante participa a V. S. que, por parte de este Ayuntamiento no hay dificultad para
permitir que el sorteo de la Tómbola se realice en un salón del Palacio Municipal; solamente es preciso que, dos días antes del sorteo, se
presente en este despacho una persona encargada por V. S. para los correspondientes acuerdos.

Lamenta el que suscribe no poder condescender a la segunda petición, esto es, a la de permitir que los músicos del Oratorio inauguren
el sorteo con algunas piezas de música.

Este permiso aumentaría el desorden entre los empleados, que desde hace tres meses ven de continuo interrumpida su labor a causa de
los trabajos de restauración que se realizan en las oficinas municipales.

El Alcalde,

RORA

Las decisiones de la Comisión fueron anunciadas al público por medio de una circular, difundida por millares de ejemplares. Decíase
en ella:

Benemérito Señor:

La Comisión establecida para la Tómbola en favor de los Oratorios masculinos de esta Ciudad, reunida el 16 del corriente mes, tomaba
las siguentes decisiones, que me apresuro a comunicarle para su norma.

1.° La exposición de objetos sigue abierta al público hasta el 23 del corriente mes de septiembre. Después habrá cuatro días para retirar
((265)) el producto de los boletos y recoger los que no hubieran sido vendidos.

2.° Si usted puede todavía despachar algunos de los que tiene, o de los que existen en la sala de la exposición, tendría tiempo útil hasta
el 27 del corriente.

Los boletos no entregados durante ese espacio de tiempo se entiende que quedan a beneficio de la Tómbola.

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Si no contase con otro medio más fácil para hacernos llegar cuanto es del caso, puede usted enviarlo en un pliego al Señor Gobernador
de la Provincia de Turín.

3.° Del 27 al 30 se harán los oportunos preparativos para el sorteo público. Por tanto, el día 30 del corriente en un salón del
Ayuntamiento de esta Ciudad, en presencia del Alcalde, el señor marqués de Rorà, benemérito y celoso Presidente de la Tómbola, se
procederá a la extracción de los números premiados, de acuerdo con las normas establecidas para los sorteos de la Deuda Pública. Los
objetos a sortear son tres mil.

Mientras le comunico estas determinaciones me encarga la Comisión de expresarle las debidas gracias por las solicitudes desplegadas
en esta obra de beneficencia, rogándole continúe su colaboración hasta llevarla a feliz término.

Con los sentimientos de mi mayor aprecio tengo el honor de profesarme.

Su seguro servidor
FEDERICO OREGLIA DI S. STEFANO

Armonía del 19 de septiembre publicaba también una circular que le había sido enviada por el Caballero Oreglia 1.

((266)) Finalmente se hizo el sorteo, cuya acta dice:

En el año del Señor 1862, el día 3 del mes de septiembre, conforme a la autorización y normas fijadas por el Señor Gobernador de esta
Provincia para la Tómbola realizada en favor de los Oratorios de San Francisco de Sales en Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva y del
Santo Angel Custodio en Vanchiglia, se procedía al sorteo público de los números premiados con los objetos destinados a dicha
Tómbola.

A tal fin, el benemérito señor Marqués de Rorà, Presidente de la Comisión, el cab.° José Luis Duprè, Vicepresidente, el cab.° Federico
Oreglia di S. Stefano, Secretario, el sacerdote Juan Bosco, Director de los Oratorios, se reunían en un salón del Palacio Municipal y
procedían a su ejecución de acuerdo con el Reglamento de la Lotería.

Se prepararon seis bombos. Cinco destinados a las bolas con los números hasta doscientos ocho mil, que corresponden al número de
boletos aprobados; se comprobaron

1 Tómbola de don Bosco. Recibimos la siguiente carta que muy gustosamente publicamos. "Ruego a V.S. se digne publicar como
mejor crea, una nota en su apreciado periódico sobre las deliberaciones tomadas por la Comisión de la Tómbola en favor de los Oratorios
de San Francisco de Sales, de Vanchiglia y de Puerta Nueva, existentes en esta Capital, en sesión del 16 del mes corriente.

1.° La exposición de objetos sigue abierta al público hasta el 23 del corriente mes de septiembre. Después habrá cuatro días para retirar
el producto de los boletos y recoger los que no hubieren sido vendidos.

2.° El tiempo útil para la devolución de los billetes se cierra con el 27 del corriente mes de septiembre. Los boletos no entregados
durante ese espacio de tiempo se entiende que quedan a beneficio de la Tómbola.

3.° El sorteo público se celebrará el día 30 de septiembre, de las nueve a las diez de la mañana, en el salón del Palacio Municipal, en
presencia de la Comisión.

4.° Ocho días después del sorteo, se publicarán en los periódicos los números premiados. Y entonces empezará la distribución de
premios".

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los bombos, las bolas y se hallaron perfectas en cuanto al número y al resultado de la combinación fortuita de los números que habían de
formarse.

El sexto bombo fue preparado para los boletos de premio seguro y como éstos fueron separados de su respectiva matriz y dieron por
resultado la cantidad de mil seiscientos, fueron así colocados en el bombo antes dicho otros tantos billetes, cada uno de los cuales era
extraído con los otros y estaban seguros de premio.

Así dispuestas las cosas, el benemérito señor Marqués de Rorà, como Presidente de la Comisión y encargado por el Ministerio para
presidir en su calidad de Alcalde de la Ciudad, abría la sesión y declaraba abierto el sorteo, que continuó hasta las diez de la noche con
una breve interrupción para descansar.

No habiéndose podido terminar en dicho día el sorteo, se continuó el día 1 de octubre, a las siete de la mañana, previa verificación de
los bombos y bolas que fueron reconocidas en todas sus partes.

A las once de la misma mañana se extraía el último número. Cumplida la operación del sorteo, se levantó esta Acta para presentarla al
Excelentísimo Señor Gobernador de la Provincia de Turín, reservándose también la presentación de una copia auténtica de los números
extraídos, apenas cumplidas las normas para la ordenación progresiva de los números premiados.

Turín, 3 de octubre 1862.

RORA
JOSE DUPRE
JUAN BOSCO, Pbro.
Cab.° FEDERICO OREGLIA, Secretario

((267)) La Gaceta Oficial del Reino publicó, en un suplemento al número 245, los números premiados en la Tómbola en favor de los
tres Oratorios de don Bosco, el cual mandó inmediatamente un ejemplar a todos los interesados.

Muy Señor mío:

Ha terminado satisfactoriamente, lo mismo por el número de objetos que por los boletos vendidos, la Lotería encomendada a la caridad
de V. S. Envíole la lista de los números agraciados en el sorteo; por ella, lo mismo usted que sus amigos, podrán comprobar si los billetes
adquiridos resultaron favorecidos por la suerte.

Puedo asegurarle en mi nombre y en el de la Comisión que se hicieron los posibles para que todo el mundo quedara satisfecho. Sin
embargo, si involuntariamente hubo algún fallo o no se vió realizado algún deseo, atribúyase solamente a los imposibles, hijos de tantas
cuestiones como hubo que resolver, y yo le pido perdón por todas las molestias causadas y por todo lo que pueda haber habido de menor
agrado.

En esta misma ocasión celebro poder asegurarle que cuanto usted hizo en favor de esta Obra benéfica, jamás será olvidado por mí ni por
los muchachos beneficiados; más aún, todos juntos invocaremos las bendiciones del Señor sobre usted y sobre todos aquéllos a quienes
usted desee augurarles los bienes del cielo.

Antes de cerrar las relaciones ocasionadas con la Tómbola, deseo todavía pedirle respetuosamente que prosiga sus favores mediante sus
caritativos donativos, y que ruegue por mí y por estos jovencitos que la divina Providencia me ha confiado, a fin de que, con la ayuda de
Dios, puedan todos llegar a ser buenos ciudadanos y

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buenos cristianos en esta vida, para dar gracias un día personalmente a sus bienhechores en la patria de los bienaventurados en el Paraíso.

Permita finalmente que, con todo mi aprecio y mi más sentida gratitud, tenga el honor de profesarme ahora y siempre.

De Vuestra Señoría Benemérita.

Turín, 10 de octubre 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Armonía publicaba un importante aviso el miércoles día 12 de noviembre.

Se advierte, a quien interese, que el tiempo útil para retirar los objetos premiados en la Tómbola de los Oratorios Masculinos de
Valdocco, de Vanchiglia ((268)) y de Puerta Nueva, expira con el corriente mes de noviembre. La Comisión se impone el deber de
advertir a todos los interesados, que los objetos no retirados en esta fecha se entiende que son regalados a la Pía Obra, en cuyo beneficio
se organizó la Tómbola.

La Tómbola resultó magnífica y provechosa; pero como no hay rosas sin espinas, había sucedido un serio inconveniente. Se presentaron
dos señores para retirar el primer premio, consistente en un magnífico cuadro de San Antonio, obsequio del Cab.° Federico Peschiera,
profesor en la Academia Ligurina de Génova. Estaba valorado en 5.000 liras. Ambos poseían un boleto auténtico, evidentemente
duplicado por quienes lo habían impreso.

Tenemos una relación, que a continuación presentamos, de cómo anduvo la cuestión.

Por invitación del Ilustrísimo Señor Alcalde de la Ciudad de Turín, el marqués de Lucerna de Rorà, en su calidad de Presidente de la
Comisión de la Tómbola, en favor de los tres Oratorios de San Francisco de Sales de Valdocco, de San Luis en Puerta Nueva y del Angel
Custodio en Vanchiglia, se reunió el día 23 del corriente noviembre dicha Comisión en un salón del palacio municipal de esta ciudad.
Abrióse la sesión a las tres de la tarde con asistencia de los siguientes miembros: el cab.° José Dupré, Vicepresidente; el comendador José
Cotta, senador del reino, Cajero;
el marqués Ludovico Scarampi de Pruney; el cab.° Ludovico Lorenzo Galleano de Agliano; el comerciante José Migliassi, el sacerdote,
don Juan Bosco, Director de los Oratorios y el cab.° Federico Oreglia, Secretario.

Abierta la sesión a las tres de la tarde, leyóse una carta del señor Alcalde excusando su ausencia a la sesión, por causa de ocupaciones
imprevistas.

Dió el Vicepresidente a conocer el motivo de la reunión: consistía en que habían aparecido, al distribuir los premios de la Tómbola, dos
talonarios de billetes vendidos con la misma numeración. Y precisamente en esta serie se encontraba el número del primer premio, que,
por consiguiente, tenía dos premiados. Eran el señor Negro, comerciante de telas en la calle del Seminario y el señor Silvetti, comerciante
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también en la esquina de las calles San Mauricio y Barbaroux. Ambos pretendían el premio para sí y, como se trataba de un cuadro de
valor que no era posible duplicar, al igual que se hizo con otros premios de la misma serie, se invitaba a los miembros de la Comisión
((269)) a dar su parecer para solventar la cuestión a satisfacción de ambos pretendientes.

Dió el Secretario las oportunas aclaraciones y presentó la matriz de los dos talonarios, que se reconocieron como auténticos, aun cuando
uno de ellos llevaba una corrección sobre el número que demostraba su identidad. Hizo constar el Secretario que la corrección había sido
hecha después del sorteo, cuando los billetes estaban ya separados de la matriz y distribuidos. Oído el parecer de cada uno de los
miembros, se deliberó si sería conveniente adoptar las conclusiones expuestas por el comendador José Cotta:

1.° Que los dos talonarios con matriz, siendo iguales los billetes de los señores Negro y Silvetti, tienen el mismo derecho al premio
designado por tal número.

2.° Que había que intentar la posible conciliación de los dos señores premiados sacando a suerte entre los dos el premio en cuestión y
asegurando al que no fuere favorecido por la suerte las quinientas liras 1 que la Comisión se reservaba por el trabajo, después de la
donación expresamente hecha y que formaba parte del primer premio, según resulta por el artículo quinto del reglamento.

3.° Que si la proposición de conciliación no tenía éxito había que hacer valorar el cuadro por profesores de la Academia o por algún
técnico nombrado por el tribunal; y, colocando junto a la pintura la cantidad estipulada, se llegase al sorteo, el cual definiría, por la vía
más recta y legal posible, quién era el premiado con el cuadro.

4.° Finalmente se delegaba por unanimidad al comendador José Cotta, para que se encargase de comunicar a los señores Negro y
Silvetti estas decisiones, confiando en su gran caridad que llevaría a buen término aquel desafortunado incidente.

Cab.° FEDERICO OREGLIA

Como no se pudo llegar a un acuerdo, uno de los premiados se quedó con el cuadro y don Bosco entregó cinco mil liras al otro. Fue
para él una pérdida sensible, pero la divina Providencia quería ponerle a prueba para concederle posteriormente inesperadas
compensaciones.

Mientras tanto, aún tuvo que soportar durante varios meses las secuelas de la Tómbola, pues le tocó responder a las cartas y enviar los
premios obtenidos. Prueba de ello es la carta de una bienhechora que él conservó:

((270)) La duquesa de Melzi Sardi saluda respetuosamente al reverendo don Juan Bosco y, al enviarle, de parte del marqués Juan
Patrizi, cien liras, desearía saber si entre los números premiados de la Tómbola, cuyos boletos le mandó desde Turín, hay alguno entre el
701 y el 750 que él posee. Podrá responder al acusar recibo al

1 Quinientas liras. Supone el traductor que se trata de un error de imprenta, pues, lo mismo antes que después del Acta, se habla de

5.000 liras. (N. del T.)
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marqués Patrizi y, si hubiera algún premio, rogar a la señora marquesa de Fassatti que se lo guarde en depósito. Se encomienda a sus
oraciones.

Roma, 7 de febrero 1863.

Pero en vista de la ampliación del Oratorio y del éxito de la Tómbola, muchos personajes y algunos políticos, quisieron persuadir a don
Bosco de que le convenía reconocer su Institución y sus Oratorios como un ente moral aprobado por el Gobierno, del cual ya había
recibido instigaciones y casi molestias a tal fin. Insistieron en lo mismo el banquero comendador Cotta y otros amigos suyos. Ponían ante
sus ojos los inmensos beneficios que de ello se seguirían: la protección asegurada de las Autoridades; el crédito que adquiriría la Obra
entre los ciudadanos; la mayor confianza de los donantes al dejar legados y testamentos; la seguridad de que ninguno podría dificultar las
herencias so pretextos legales; la disminución de los derechos del fisco en los trapasos; la exención de ciertos tributos y tasas. Ponían
después de relieve un aumento incalculable de ayudas, como cada día sucedía con la Pía Obra del Cottolengo. Añadían cómo los párrocos
y notarios podrían recomendar con mayor franqueza su Institución a los que deseaban dejar algún legado en favor de las obras de caridad
al morir. Le hacían además observar que durante su vida sería administrador único y libre, y que, por consiguiente, podría alcanzar una
forma de vivir más cómoda y más tranquila, con mayor abundancia de medios.

Pero don Bosco no se dejó convencer, de tal forma que ello hizo nacer cierta frialdad entre él y estos sus buenos amigos. Pero los
sucesos hicieron ver claro con cuánta prudencia de ((271)) orden superior había sabido conducirse en tal asunto. En efecto, entrevió, y
quizá también en la aparición del Caballo rojo, los tiempos que se avecinaban. Amando a Dios, y no a sí mismo, amaba la pobreza y sabía
que se vería obligado a conservar las casas, terrenos o capitales que le llegaran a favor del Oratorio, con peligro de excitar la codicia de
los demócratas. Temía que los gobernantes, por medio de la Comisión Legal, acabasen por adueñarse de su casa cambiándole la dirección
y la finalidad. Preveía el despilfarro de los bienes de las Obras Pías y quizá también la ley Crispi del 1892, que terminaría ordenando la
concentración de las diversas Instituciones que tuvieran la misma finalidad.

Sobre todo don Bosco quería para sus Obras toda la posible independencia y libertad y se negaba a someterse a ninguna influencia
ajena a la de la Santa Sede, para ayuda y defensa de la cual él había
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puesto totalmente su Congregación. Y era algo tan evidente, que jamás heredó socorros de importancia por el único espíritu de humana
filantropía. "Distinguidos personajes, afirma don Miguel Rúa, quisieron inducirle a cambiar la dirección de sus obras, reduciéndolas a
una finalidad filantrópica, pero él no se dejó convencer; y por esta razón perdió en varias ocasiones herencias importantes que, de otro
modo, ciertamente hubiera alcanzado".

Por esta regla que don Bosco seguía hubo muchos superiores de otras instituciones religiosas, de diversas partes del mundo, que
frecuentemente se presentaban a él para tener un concepto justo de su modo de pensar y de obrar en cuestión tan importante.

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((272))

CAPITULO XXVIII

LA EXCURSION DE OTOÑO -FALLA EL PROYECTO DE IR A VIGEVANO -SEVERA Y PATERNAL LECCION A UN
DESCARADO -DON BOSCO CONSUELA A LOS QUE NO PUEDEN TOMAR PARTE EN LA EXCURSION -I BECCHI:
MEMORABLE SERMON DE DON JUAN CAGLIERO; UNA VOZ MISTERIOSA; OJO VIGILANTE -CASTELNUOVO -UN DIA
LLUVIOSO Y REFUGIO EN PIEA -VILLA SAN SECONDO; LA COMPAÑIA DE SAN LUIS -CALLIANO; GENEROSA
HOSPITALIDAD NO PREVISTA; UN ALUMNO EN VACACIONES -MONTEMAGNO: LUIS LASAGNA -VIGNALE: UN
SERMON DE DON BOSCO EN HONOR DEL SAGRADO CORAZON DE MARIA; PROFECIA CUMPLIDA DE UNA MUERTE
INMINENTE; UNA GRAN BIENHECHORA DE LAS OBRAS SALESIANAS -CASORSO: UN SACERDOTE QUE NO VISTE LA
SOTANA -CONCESION GRATUITA DE DOS VAGONES DE LOS FERROCARRILES DEL ESTADO -CAMAGNA
-MIRABELLO: ULTIMAS DISPOSICIONES PARA LEVANTAR EL COLEGIO -CASTELLETTO -ALESSANDRIA: VISITAS A
LAS IGLESIAS, A LA CIUDADELA Y AL CAMPO DE LA BATALLA DE MARENGO -EN TURIN

ACABADA la Tómbola, organizaba don Bosco la gran excursión de otoño. Primeramente había pensado llegar hasta Vigevano, y había
enviado la siguiente carta:

Al Canónigo Arcipreste Ludovico Colli Cantone, de Vigevano.

Hace alguna semana escribí a usted una carta que, tal vez, no le llegó por culpa de una dirección inexacta. El año pasado me hablaba
usted de la posibilidad de dar un paseo hasta ahí, con un grupo de ((273)) nuestros muchachos. Necesitaría saber si se podrían alojar al
estilo militar, esto es, sobre un jergón, unos setenta muchachos durante cuatro o cinco días y si podría suministrarles pan y sopa, ya que
lo demás se puede comprar fácilmente en otro lugar.

Mucho le agradeceré su respuesta con cierta urgencia. El chiquito Albasio marcha bien y goza de buena salud.

Le deseo toda suerte de bienes del cielo y me profeso agradecido.

De usted.

Turín, 20 de septiembre 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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Informado, sin embargo, de que no era posible alcanzar aquel hospedaje, por razones que ignoramos, hubo de cambiar de plan. Así,
pues, el 25 de septiembre salía del Oratorio un grupito con algún clérigo y algún sacerdote hacia I Becchi, para empezar la novena del
Santo Rosario. El grueso de la comitiva llegaría la víspera de la fiesta.

Esta excursión era un medio elegido por don Bosco para premiar a los mejores de sus alumnos; para ejercitar en la virtud de la
obediencia y de la mortificación a los que debía dejar en el Oratorio y para dar un merecido castigo a quien no había tenido buena
conducta durante el año.

Entre los que acostumbraban a acompañar a don Bosco había uno, trabajador incansable e industrioso, mecánico, cocinero, barbero, y
que había aprendido los elementos de varios oficios para atender las necesidades del Oratorio. Resultaba un verdadero factótum para los
paseos porque era cantor, músico, cómico, preparador de las mesas, bienquisto por todos los compañeros y bien recibido doquiera se
presentara. Pero, tanta habilidad estaba oscurecida por grandes defectos, que don Bosco no podía dejar impunes, como el mismo joven
nos confesó por escrito.

Estábamos a primeros de junio de 1862, cuando don Bosco me llamó un día y me dijo:

-Mi querido Pedro, no estoy contento de ti: he oído muchas quejas sobre tu comportamiento.

((274)) Ya me había avisado varias otras veces y, aunque yo sufría mucho al oír aquellas correcciones, siempre me había contenido y
guardado silencio. Pero aquel día no sé qué me pasó por la cabeza y, en vez de responderle que en adelante me portaría de forma que no
le causase ningún disgusto, me enojé de un modo vulgar y estallé.

-Bueno, pero usted no sabe que estoy harto de verme siempre vigilado y de oír tantas riñas? Estoy arrepentido de haber aprendido a
hacer tantos oficios para servir al Oratorio.

Cualquier otro Superior, al oír tales insolencias me habría abofeteado y echado de casa; pero don Bosco, que amaba mi alma, se
contentó con decirme:

-íPues desaprende los oficios aprendidos!

Y se retiró a su habitación, dejándome que pensara sus palabras. Apenas se alejó, la mar de apurado, me dije:

-íPero qué es lo que yo he hecho! íInfeliz de mí! íResponder de ese
modo a un padre tan bueno!

Aquel día tuvo que salir don Bosco de Turín para recoger limosnas y despachar billetes de la Tómbola, por lo que estuvo fuera algún
tiempo. Cuando volvió, salimos a su encuentro y él sonreía y saludaba a todos. Tomé su mano para besarla, pero él aparentó no verme, y
dirigiéndose a otro le dijo una palabra amable. Al darme cuenta de que no se fijaba en mí, me persuadí de que no era digno de aquella
gracia y de su amor; me fui a mi habitación y me estuve llorando todo el día.
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A partir de entonces don Bosco no me llamó para afeitarle, como solía hacer cada semana. Dos meses más tarde me hizo llamar para
ello, sin decirme una sola palabra. Yo sufría, pero aún no había pensado reparar mi error pidiéndole perdón.

Llegó el otoño y el momento de la gran excursión, en la que yo había tomado parte los años anteriores, como miembro de la banda y de
la compañía teatral. José Buzzetti presentó a don Bosco la lista de los que parecían merecer ser distinguidos. Don Bosco la examinó, vio
mi nombre y lo tachó.

La víspera de la partida hacia Castelnuovo se leyeron por la noche, según costumbre, los nombres de los que debían acompañar a don
Bosco; pero no se oyó el mío, que todos esperaban oír. No se puede imaginar cómo quedé yo al verme excluido, sobre todo cuando supe
por Buzzetti que don Bosco mismo me había tachado. Era la primera vez que me sucedía esto. Pero don Bosco no dijo la razón de mi
exclusión y ninguno lo supo. Yo tuve que quedarme en el Oratorio.

Partieron los felices excursionistas en compañía de José Buzzetti, Andrés Pelazza, Carlos Gastini y algunos Superiores y cuando don
Bosco llegó al primer pueblo, quizás Chieri, encargó a un amigo mío que me escribiera una carta en su nombre en estos términos:
"Querido Pedro, no tengo nada contra ti, ((275)) don Bosco sigue siendo siempre tu amigo, te aprecia mucho y no busca más que la
salvación de tu alma. Lo que he hecho es para que aprendas a hablar. Acuérdate de que no hay que responder nunca con insolencia a tus
Superiores. Ruega por mí, que te encomiendo todos los días en la santa misa. Que sigas alegre". Esta carta calmó algo mi dolor, pero
continuaba diciéndome:

-íPero cómo he podido tratar así a un padre tan bueno!

El 2 de octubre llegaba don Bosco a I Becchi; el 5 celebraba la fiesta del Santo Rosario y escribía al caballero Oreglia a quien había
invitado para ir a I Becchi:

Muy querido Señor Caballero:

La invitación que le he hecho sólo valía para el caso en que las circunstancias se lo permitieran; pero, dado cuanto me expone, siga su
trabajo con nuestro querido Suttil.

Los no comprendidos en la excursión, clérigos o no, que no se inquieten: hacían falta en casa o existía algún motivo para disponerlo así.

Mientras escribo llega Suttil, así que usted se las arregle como pueda.

Dios le ayude a perseverar en el bien obrar, y créame.

Castelnuovo, 5 de octubre de 1862
Su afectísimo en Jesucristo.
JUAN BOSCO, Pbro.

Por la tarde, antes de la bendición con el Santísimo Sacramento, don Juan Cagliero predicó ante una multitud de sus paisanos, las
glorias del Santo Rosario, sobre un púlpito improvisado en el patio de delante de la casa paterna de don Bosco.

Al llegar a cierto punto de su popular sermón lleno de vida, dijo que aquella colina debía ser contemplada por todos con amor y que

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un día sería renombrada por haber nacido en ella su venerado don Bosco.

-íPues qué!, exclamó; puedo yo ser considerado como un admirador ciego de aquél, a quien debo llamar mi segundo padre? No quiera
el Señor que exagere al reconocer sus méritos, pero veo en vuestra asistencia a este lugar cierta razón y esperanza de lo que yo creo

((276)) harán nuestros seguidores.

Agradó mucho a la gente la feliz alusión a otro tiempo aún más glorioso para don Bosco y fue sabiamente interpretada y aplaudida.

Por aquellos días tuvo lugar un hecho sorprendente. Cierto alumno salió de casa y totalmente solo entró en el bosque. En él se tropezó
con una persona que le dirigió vergonzosas palabras. El muchacho medio atontado entendía y no entendía; pero de repente oyó una voz
que le repitió claramente su nombre dos veces. Como la voz le pareció de su profesor, corrió al instante a él, y le preguntó por qué le
llamaba. Respondió el profesor que él no había llamado a nadie. Entonces se iluminó su mente, entendió el peligro que había corrido,
comprendió que la voz salvadora no había sido simplemente una voz humana, y se presentó a don Bosco que estaba entre los muchachos.
Fijó éste en él su mirada con tal insistencia y expresión, acompañada de una sonrisa tan signifivativa, que el muchacho se persuadió de
que don Bosco había visto todo lo sucedido.

Otra vez, cuando los alumnos rodeaban a don Bosco mientras tomaba su pobre cena, dijo él de repente:

-Id a llamarme a Marcora, Salvi y Daniele.

Corrieron algunos en su busca: habían salido sin permiso de nadie, a jugar fuera de casa. Don Bosco había dicho esto para hacerles

comprender que no se le escapaba nada de cuanto sucedía; y los alumnos, después de haberse preguntado unos a otros, para enterarse de
si alguno había avisado a don Bosco, exclamaron:

-Cómo ha hecho para saberlo?

íEn cuántas otras circunstancias similares, se oyó repetir la misma exclamacion!

El lunes, día 6 de octubre, era la fecha fijada para la gran excursión. Amaneció un día nublado y cerrado; llovía. Los muchachos
estaban impacientes y dijeron a don Bosco al salir de la capilla:

-Y ahora qué hacemos?

((277)) -Lo que hacían nuestros abuelos, respondió don Bosco.

-Y qué hacían?

-Dejaban caer el agua.

A las nueve se repartió el desayuno. Brilló un poco el sol y fue
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saludado con un aplauso general. Los ojos de todos se clavaron en don Bosco:

-Entonces salimos?

Reflexionó un momento don Bosco y luego, sonriendo, dijo:

-Tengo unos soldados valientes: sin miedo; íen marcha!

-íViva don Bosco! gritaron; íempiece la música!

Y se echaron a andar. A las once llegaban a Castelnuovo.

El teólogo Cinzano, lleno de alegría, había preparado espléndidamente las mesas y, acabada la comida, los viajeros emprendieron el
camino hacia Villa San Secondo. Durante aquel tiempo había llovido y el cielo estaba amenazador. Por lo cual algunos alumnos, de
constitución más débil, recibieron orden de quedarse en Castelnuovo y volver después a Morialdo.

En esto que se vió a don Bosco montado en un tílburi, al que le había hecho subir un buen señor para que no fuera a pie por aquellos
caminos fangosos. Los muchachos se apartaron a los lados para dejarlo pasar, entre vítores y aplausos: él saludándoles y agitando el
sombrero les decía:

-Os adelanto para ir a preparar la cena.

Aquellos buenos muchachos siguieron camino de la meta. Volvió el sol a alegrarles, pero, una vez pasado Mondonio comenzó a llover
a cántaros. La lluvia duró varias horas. El camino se convirtió en un arroyo y el barro arcilloso hacía difícil la marcha, ya que se pegaba
fuertemente a los zapatos; pero a pesar de ello aquellos valientes muchachos llegaron a Piea ya de noche; temían perder el camino, si

seguían hacia Villa San Secondo en medio de aquella oscuridad.

-Qué hacemos ahora?, preguntaron algunos.

-Oíd, dijo un sacerdote, al que don Bosco había dado las instrucciones necesarias por si acaso: Piea es un pueblo ((278)) que

conocemos. Vayamos al Castillo a pedir hospedaje.

-Vamos, respondieron todos.

El castillo está colocado en la cima de una colina caliza, así que la subida resbaladiza y empinada fue lenta y pesada y causa de más de

una voltereta. Pero de repente se oyeron voces amigas que invitaban a subir: desde la puerta, abierta de par en par, gritaban los criados a
los muchachos:

-Don Bosco os espera.

Había llegado una hora antes, anunciando al caballero Gonella la visita de sus alumnos.

El Caballero los recibió con alegría y, junto con su familia, preparó
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todo para que se cambiaran la ropa, totalmente empapada. Abriéronse los armarios de la casa, del administrador y de los colonos. Los
muchachos aparecieron disfrazados de las formas más extrañas. Uno con zuecos, otro con chancletas, quien con botas de montar, y quien
con zapatos más grandes que su pie. Este llevaba una chaqueta de campesino, aquél un batín. Uno vestía de casaca, otro con una blusa de
obrero y estotro con un largo abrigo. Alguno iba envuelto con una colcha, esotro con un gabán de viaje. Se encendió un gran fuego y
colocaron sus ropas a secar. Reían todos a más no poder al contemplarse vestidos de aquel modo. Mientras tanto se preparaba en la
cocina sopa, carne y un gran plato de polenta, que asaltaron todos con apetito devorador. Hacia las diez, como había cesado la lluvia, don
Bosco quería partir, pero el Caballero no quiso de ningún modo, e hizo subir a todos los muchachos a una gran sala de la planta superior.
En ella cantaron, tocaron y Bongiovanni hizo el Gianduia. Suttil entonó una canción veneciana y una romanza por él compuesta que se
titulaba el Puente de la Piedad. Se charló familiarmente hasta media noche, con gran placer de aquellos nobles señores, que habían
preparado mantas en abundancia, para que los muchachos no pasaran frío durante la noche.

Mientras tanto dos de los muchachos mayores habían ido a Villa San Secondo, ((279)) donde se esperaba a don Bosco para una función
religiosa organizada para la mañana siguiente. Así salió del apuro el pobre párroco al saber que, a pesar de la lluvia, don Bosco y sus
muchachos llegarían a la hora convenida.

En efecto, el martes salieron de Piea. El tiempo había mejorado. Y, hacia las diez, ya sonaba la banda a la entrada en Villa San
Secondo. Brillaba el sol en medio de un cielo azul.

Celebróse en la iglesia una función para la Compañía de San Luis, compuesta por muchos jovencitos del pueblo. Don Bosco bendijo un
cuadro del angélico patrono de la juventud, pintado por Tomatis, y predicó demostrando la satisfacción que ahora debía tener San Luis
por haber amado a Dios durante su juventud. Por la noche hubo una pequeña representación teatral, interrumpida por la lluvia.

El miércoles, 8 de octubre, al mediodía, don Bosco salió de Villa San Secondo, después de rezar el ángelus. Lucía el sol sus galas. A las
tres y media subían sudorosos los muchachos una colina. Pasaba por el camino un señor, que había colaborado activamente en las
anexiones de 1860 y al ver a don Bosco lo llamó desde la cerca de su huerto. Reconoció don Bosco la voz pero, volviéndose a uno de sus
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sacerdotes, que iba a su lado, le dijo:

-No miremos, no respondamos. No nos conviene pararnos.

Finalmente se oían los sones de la banda a la entrada de Calliano. El párroco, doctor José Sereno con su coadjutor, salió al encuentro de
don Bosco, quien aquella misma mañana le había enviado un mensaje rogándole buscara el pan necesario para los que le acompañaban.
El párroco ofrecióle cordialmente su nueva casa parroquial, cuya construcción se había terminado aquel año, para alojar a los muchachos.
Hizo preparar allí en un momento mesas y sillas para comer. Y presentó un verdadero banquete con una buena menestra. Pero quiso que
don Bosco fuera a comer con él en la casa vieja. El siervo de Dios deseaba partir ((280)) poco después, pero aquel excelente sacerdote no
se lo permitió. Así que, por la tarde, se impartió la bendición solemne con cantos ejecutados por coro y orquesta; y, a las nueve, se dio
una función teatral para toda la población en un patio iluminado con antorchas y lámparas de aceite. Los muchachos del pueblo
particularmente pasaron una velada inolvidable. Mientras tanto, el párroco preparaba en la casa nueva el dormitorio con una gran cantidad
de paja.

A la mañana siguiente, 9 y jueves, los muchachos del Oratorio ofrecieron al pueblo un espectáculo edificante en la iglesia, oyendo
devotamente la santa misa y comulgando en gran número.

A las diez partieron y, hacia las doce, junto a la aldea de San Desiderio, se encontraron los jóvenes con un compañero suyo que estaba
de vacaciones. Se oyó por todas partes:

-Accomasso, Accomasso...

Y aquél, abriéndose paso entre sus compañeros que lo aplaudían, llegó ante don Bosco, besó su mano e invitóle en nombre de sus
padres a entrar un momento en su casa, mostrándose muy satisfecho de tener consigo a don Bosco. Había él además preparado para sus
amigos una buena merienda al aire libre.

Reemprendida la marcha, pasaron por Grana y se dirigieron hacia Montemagno, para visitar al marqués Domingo de Fassati y a la
señora Marquesa.

Mientras la comitiva se acercaba a la población un muchacho de unos doce años, lleno de vida, y de familia acomodada, estaba en aquel
momento jugando en un valle con otros compañeros, junto a la ermita de Nuestra Señora de Valino. De repente oyó el redoble del tambor
y a continuación el tañido de las trompas.

-Qué es esto?, exclamó. íVamos a ver!

Y sin más, dejando en el prado el sombrero, los zapatos, y la chaqueta,
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que se había quitado, corrió sin parar con los compañeros hacia el lugar donde se oía la música. Don Bosco acababa de entrar en el
pueblo y se había detenido en la plaza. El muchacho se abrió paso entre la multitud y, a fuerza de empujones, llegó a primera fila y se
plantó ante don Bosco. El santo sacerdote se ((281)) impresionó por la fuerza de su mirada y por su cara, que dejaba traslucir una alma
abierta, y le dijo:

-Quién eres tú?
-Luis Lasagna.
-Quieres venir conmigo a Turín?
-Para qué?
-Para estudiar con todos estos muchachos.
-Y por qué no?
-Si quieres venir, dile a tu madre que venga a hablar conmigo, mañana por la mañana en Vignale, en casa del señor Cura.
La banda de música y los muchachos subían mientras tanto al castillo, de donde bajaba ya el Marqués para recibir a don Bosco,

satisfecho de que hubiese querido darle aquella sorpresa. Hizo su hijo que prepararan un refresco abundante para los viajeros. Su madre,
la señora Marquesa, le había dicho:
-Manuel, íque quedes bien!

Don Juan Cagliero tocó el piano, se cantó, se recitaron algunos versos de agradecimiento a aquellos queridos señores, y la banda que ya
había hecho oír sus sinfonías en el patio, las continuó mientras salía de la casa el insigne bienhechor y recorría el camino que se dirigía
hacia Vignale. Este pueblo está en frente de Montemagno, colocado sobre una de las más altas colinas del Monferrato.

En Vignale esperaban a don Bosco en su castillo el conde y la condesa de Callori. Esta noble señora, en 1861, había estado comiendo
en Montemagno con la marquesa de Fassatti a tiempo de llegar don Bosco. Fue allí donde la Condesa le invitó a ir a Vignale con sus
muchachos, al año siguiente. Don Bosco le respondió:

-Pero usted me invita de verdad?
-Claro que sí; y será para mí una gran satisfacción.
-Pues iré.
Después, la Condesa, que sufría diversas cruces y molestias, dijo a don Bosco:
-Ruegue para que se acaben mis tribulaciones.
Levantó don Bosco los ojos al cielo un momento, según era su costumbre, y respondió:
-íAh, no; yo no ruego por usted para ese fin!

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-Entonces quiere decir que seguirán?

((282)) -Seguirán.

-Y a lo mejor crecerán?

-Crecerán.

-íPaciencia!

Don Bosco había predicho su porvenir:

Así las cosas, don Bosco fue a Vignale hacia las ocho de la tarde.
Acudió tal cantidad de campesinos que desordenaron las filas de los muchachos: el conde Federico Callori que salió a su encuentro, no
pudo llegar hasta él, y colocándose a la cabeza de los músicos, volvió a subir guiándolos hasta el castillo, con mucho esfuerzo. Don
Bosco iba en medio de aquella gente, que lo apretujaba de tal modo, que apenas si podía moverse, escoltado por unos cuantos jóvenes
robustos, que impedían con sus espaldas que fuera empujado de un lado para otro. Muchas antorchas encendidas iluminaban el camino.
Finalmente el primogénito, condesito Julio César, con grandes esfuerzos de sus codos, abrió paso a don Bosco y lo acompañó con todos
los suyos hasta el magnífico castillo, cuyas salas y corredores estaban tenuemente iluminados. El mismo llevó a los alumnos hasta unas
mesas magníficamente preparadas, y después los hizo subir a las habitaciones de la última planta, donde estaba todo preparado para que
pudieran dormir cómodamente.

El viernes, día 10, celebró don Bosco la misa en la hermosísima capilla del castillo. Asistieron a ella los nobles huéspedes y los
alumnos, los cuales se situaron en el salón contiguo ante la puerta, ya que no había espacio para todos.

Durante aquellos días el profesor Celestino Durando examinó a los muchachos que habían sido presentados a don Bosco para ingresar
como estudiantes en el Oratorio, en una sala que le asignó el Conde.

Entre éstos estaba el jovencito Luis Lasagna, cuya madre le había acompañado a Vignale. El párroco de Montemagno, don Evasio
Beccaris, lo presentó a don Bosco con tres compañeros más. Don Bosco les contempló y dijo:

-De los otros tres no puedo decir nada: pero puedo asegurar que el del cabello rubio (Lasagna) dará buen resultado.

((283)) Aquellos muchachos fueron aceptados por don Bosco para estudiar.

El sábado acompañó el condesitso a los alumnos a visitar las ruinas del antiguo castillo, donde está el panteón de la noble familia de los
Callori, cercado de altos cipreses.
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El domingo 12 de octubre, se celebró en la parroquia la fiesta del Sagrado Corazón de María. Don Bosco y otros sacerdotes estuvieron
confesando durante cuatro largas horas. Hubo comunión general. A las diez, misa cantada por un sacerdote del Oratorio, servido por diez
monaguillos del clero infantil. Don Juan Cagliero dirigió el coro. Después de vísperas, predicó don Bosco en piamontés. La iglesia, de
una sola nave amplia y majestuosa, estaba abarrotada de fieles. Don Bosco narró la historia de la Archicofradía del Sagrado Corazón de
María para la conversión de los pecadores, e hizo observaciones tan eficaces sobre este tema que el auditorio quedó profundamente
conmovido.

El párroco don José Goria, que asistía revestido de muceta, estaba atentísimo sobre manera y no apartaba sus ojos, arrasados en
lágrimas, del predicador, que habló durante más de una hora sin que a nadie le pareciera largo. Al terminar el sermón, bajó don Bosco del
púlpito, entró el párroco en la sacristía atestada de gente, se presentó ante él llorando y le besó la mano, agradeciéndole el bien que había
hecho a sus feligreses y particularmente a su alma.

Después del sermón se cantaron las letanías, se impartió la bendición, y luego hubo teatro, fuegos artificiales y suelta de globos
aerostáticos.

Un hecho aún más memorable sucedía aquella misma noche. Un buen número de muchachos rodeaba a don Bosco; estaban entre ellos
José Buzzetti y el estudiante Modesto Davico. Cuando he aquí que don Bosco, después de un momento de ensimismamiento, dijo:

-Pongámonos de rodilllas y recitemos una Avemaría y un De profundis por aquél de vuestros compañeros que morirá esta noche.

íEs fácil imaginar el estupor de los muchachos! Pusiéronse de rodillas ((284)) y recitaron aquellas oraciones. Davico se levantó y dijo a
don Bosco:

-íCaramba! Esta si que es buena. Nos trae de paseo y nos dice que tenemos que morir...

Y don Bosco dirigiéndose a todos ellos, replicó:

-Davico tiene miedo, eh? Teme que le toque a él.

-Yo no tento miedo; pero, claro está, no son noticias como para ponerse a cantar.

-Tranquilos; ninguno de vosotros está destinado a morir. El que tiene que morir está ahora en el Oratorio sano y satisfecho, corriendo
por el patio con los demás compañeros y no sabe que, antes de que amanezca, deberá presentarse ante el tribunal de Dios.
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"Después de cenar, nos escribe Jerónimo Suttil en 1888, estábamos todos en la capilla para rezar las oraciones. Nos acompañaban los
señores de la casa.

"Al terminar las oraciones de costumbre, don Bosco que estaba arrodillado en la grada del altar, se levantó, se volvió a nosotros y dijo
con voz clara;

"-Recemos por uno de los nuestros que se encuentra gravemente en el Oratorio.

"A la mañana siguiente nos enteramos de un suceso que nos asombró. Eran las diez de la noche, cuando don Bosco encomendó a
nuestras oraciones el moribundo. De noche los carteros no reparten el correo. En Vignale no había telégrafos. Pues bien, a pesar de eso, a
la mañana siguiente, a las cinco, reunidos todos en la capilla para las oraciones, don Bosco, antes de revestirse para celebrar la misa,
volvióse como la noche anterior y nos dijo:

"-Recemos un De profundis por el alma del muchacho que murió esta noche en el Oratorio.

"Al día siguiente, esto es el martes, llegaba una carta de don Víctor Alasonatti en la que contaba la muerte sucedida durante la noche
señalada. Garantizo la precisión del hecho, que nunca he podido olvidar, de tanto como me impresionó. También monseñor Cagliero y
otros de los que estuvieron en el paseo se acuerdan de ello y darán testimonio conmigo."

((285)) Leemos en las páginas necrológicas del Oratorio: "12 de octubre de 1862: muere de repente Rosario Papalardo, natural de
Giarre, provincia de Catania". Era un muchacho de diez años, gordo, rubio, bajito de estatura que vestía uniforme de artillero. Tal lo
describe José Sandrone, conocido y compañero suyo, el cual estuvo presente a la profecía de don Bosco y confirma el maravilloso caso.
Se había acostado aquella noche sano y despabilado y amaneció muerto en la cama.

El día 13 de octubre, después de comer, se dio permiso a los muchachos organizados en pequeños grupos para visitar los alrededores de
Vignale. El 14, fueron todos con don Bosco a Casorzo, invitados por el párroco, don Félix Bova, hombre celosísimo, el cual los recibió
con una benevolencia y generosidad inimaginables. Alegraron a la población con cantos, música y una representación teatral. Don Bosco
tuvo ocasión de ejercitar su celo no sólo en favor de los muchachos, y de toda suerte de personas, sino también en favor de los sacerdotes.

Estaba ya a punto de salir de Casorzo cuando se le presentó con
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ansias de conocerle, cierto sacerdote de familia rica, elegantemente vestido, más como un seglar que como un sacerdote, con zapatos de
charol, corbata y alfiler de oro, a la última moda. Comenzó dándole el parabién por el agradable conjunto de sus muchachos y por su
buena conducta, y le presentó sus felicitaciones y elogios por la educación que les daba. Don Bosco dejó caer aquella elocuente lluvia de
alabanzas sin mirarle a la cara, ni prestar atención a sus palabras y, cuando acabó, como si no le hubiera visto ni escuchado, le dijo:

-Quién es usted? De dónde viene?

-Soy de Asti, respondió, y al haberme enterado de su paso por este pueblo, me creí en la obligación de conocer a un hombre tan grande.

-íCómo!, exclamó don Bosco, y usted se ha atrevido a venir hasta aquí desde Asti, vestido de ese modo?

((286)) -Sí; hace ya mucho que visto así y nadie me ha dicho nada.

-Y el Vicario Capitular de Asti, replicó don Bosco, no le ha prohibido ir de este modo?

Y empezó a demostrarle, con toda vehemencia, el mal que hacía yendo así. Fue un diálogo largo, tras el cual, con diversas razones y
excusas, terminó aquel sacerdote por aceptar reverentemente las advertencias de don Bosco. Al día siguiente, se presentó en Vignale
vestido de sotana y se entretuvo un rato con don Bosco, para asegurarle que en adelante seguiría sus saludables consejos.

Mientras tanto don Bosco, que buscaba la manera de retornar a Turín, envió al clérigo Juan Bautista Anfossi al comendador Bona,
director general de ferrocarriles, para pedirle dos vagones de tercera clase y gratuitos, para el destino que requiriese el itinerario del paseo.
El comendador lo recibió amablemente, oyó la petición y dijo al clérigo que volviese a la mañana siguiente para saber la respuesta. Esta
fue una carta en la cual, recordando las benemerencias de don Bosco con la Sociedad y el Estado, le concedía aquel favor. Debía
presentar su carta a cualquier Jefe de Estación, a quien se le ordenaba que pusiera a disposición del Oratorio dos vagones gratuitamente,
para cualquier línea que le fuere indicado. Este favor se renovó en los paseos de 1863 y 1864.

En cuanto don Bosco recibió la carta del comendador Bona, decidió partir de Vignale, donde se había ganado los corazones con su
amabilidad y firmeza en el hablar.

Estos sus generosos huéspedes deben contarse entre los más grandes y constantes bienhechores de todas las obras salesianas. La señora
Condesa había prometido a don Bosco colaborar con una importante
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cantidad de dinero para la construcción del colegio de Mirabello y cumplió su palabra con largueza. Fue siempre una verdadera madre
para él. Solía pedirle consejo para muchas cosas y, por lo general, siempre iban de acuerdo, ((287)) porque ella conocía perfectamente el
espíritu y las intenciones del siervo de Dios.

Cuando él se decidió a levantar el templo de María Auxiliadora, le habló de ello sin darle a conocer el título y le preguntó:

-A quién dedicaremos esta iglesia?

-A María Auxiliadora de los Cristianos, respondió inmediatamente la Condesa.

Lo mismo sucedió con la iglesia de San Juan Evangelista, en la Avenida del Rey, cuyo título ya tenía don Bosco proyectado en su
corazón. En cambio, mientras él soñaba con levantar un monumento a Pío IX, ella tenía la intención de perpetuar el nombre de don
Bosco.

Así las cosas, el martes, avanzada la mañana, partía de Vignale. La Condesa le había entregado mil liras en oro para los gastos del viaje.
El párroco de Camagna, don Pedro Varvelli, había preparado un refresco para toda la comitiva, que llegaba a Mirabello al atardecer,
donde dormía una noche, albergada por el señor Provera. Con él, que ya había hecho preparar los planos del nuevo colegio y acopiado
muchos materiales, determinó don Bosco que se acelerasen los trabajos, de forma que estuvieran terminados para el año siguiente.

El día 15 se hizo el recorrido de Mirabello a Alessandria. Hubo una parada a mitad de camino, en Castelletto Scazzoso, donde ya tenía
preparado un refresco en casa del párroco.

Llegaron entrada la noche a Alessandria. Silenciosamente fueron al Seminario. Allí les aguardaba el Rector, Pedro Parnisetti, el cual
recibió alegremente a don Bosco y le declaró dueño y señor de la casa. Cenaron y se asignó a cada uno para dormir una celda de los
seminaristas, que estaban todavía de vacaciones.

El día 16, jueves, celebraron sus devociones de costumbre en la hermosísima capilla del Seminario y fueron luego a visitar todas las
iglesias y monumentos de la ciudad. Mientras tanto, iba don Bosco a saludar al Vicario general, doctor ((288)) Felipe Ansaldi, que era
párroco de la Catedral, y a otros conspicuos personajes seglares y del clero.

El 17, viernes, por la mañana, gracias a un permiso extraordinario del conde Radicati, General de la plaza, visitaron la formidable
ciudadela de la Ciudad. Después de comer, los muchachos fueron hasta Marengo, para contemplar el campo de la famosa victoria de
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Napoleón Bonaparte sobre los austríacos el 14 de junio de 1800 1. Entraron en el palacio donde se guarda, juntamente con la carroza de
Napoleón I, todo un museo de armas y objetos del suceso histórico, que don Bosco les contó detalladamente. Entrada la tarde, se dio un
espectáculo teatral al que asistieron muchos invitados.

El sábado por la mañana, 18 de octubre, fue don Bosco con todos sus alumnos a saludar a la Virgen llamada de la Salve. Y después de
comer, al son de la música por las calles, se trasladaron hasta la estación de ferrocarril. Iba delante con su bastón, como un tambor mayor,
el párroco de san Pedro, teólogo Lorenzo Grossi. Era él quien había invitado a don Bosco a ir a Alessandria con sus alumnos, quien había
obtenido el permiso para tocar por las calles de la ciudad y quien había salido a su encuentro a la llegada. Don Bosco se presentó
acompañado de muchos sacerdotes, de los canónigos Víctor Bolla y Carlos Braggione, sus amigos y cooperadores, e inmediatamente fue
a saludar al Jefe de Estación. Cuando llegó el tren, subieron los muchachos a él y se despidieron de Alessandria con vítores y música.

Al caer de la tarde entraban los viajeros en el Oratorio al son de las trompetas. Estaba ya el Oratorio repleto de alumnos, que habían
vuelto de vacaciones, más los nuevos, los cuales salieron a recibir a don Bosco y besarle la mano. Luego rodearon a los que volvían de la
excursión, les quitaron de la espalda sus fardos. y empezaron las mil preguntas, que siguieron durante varias semanas, para enterarse de
sus aventuras.

Mientras don Bosco cenaba le informaron de que el pobre Pedro... que, como ya hemos dicho, no había podido participar en ((289)) la
excursión, estaba enfermo con fiebre desde hacía algunos días. Aquella misma noche fue don Bosco a visitarle en la enfermería.

"Vino enseguida, escribió el joven, me consoló, me confesó, me dió su bendición y no me habló de mi falta. Seguí enfermo varios
meses, siempre con el pesar de haber disgustado a don Bosco, pero finalmente me rehíce."

1 14 de junio de 1800. -Así reza en cuantos libros de historia y enciclopedias universales he consultado. El texto original de las
Memorias dice el 17 de junio. (N. del T.)
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CAPITULO XXIX

RECONOCIMIENTO DE LOS RESTOS MORTALES DEL VENERABLE DON JOSE CAFASSO -DON BOSCO HA SIDO
ENVIADO POR DIOS PARA LA JUVENTUD -LECTURAS CATOLICAS: RECUERDOS A LOS JOVENES: DESGRACIA DEL
HOLGAZAN -AMENA NARRACION DE UN VIEJO SOLDADO DE NAPOLEON -DON DOMINGO PESTARINO VA AL
ORATORIO Y SE ENTREGA TOTALMENTE A LAS OBRAS DE DON BOSCO -QUIEN ERA DON DOMINGO PESTARINO
-DON BOSCO PREVEE EL FUTURO INSTITUTO DE LAS HIJAS DE MARIA AUXILIADORA -DON BOSCO PRESENTA AL
MINISTERIO DE GOBERNACION UN PROYECTO DE CONSTRUCCION PARA UN HOSPICIO DE NIÑOS POBRES MENORES
DE DOCE AÑOS -FINALIDAD DE ESTE PROYECTO -EL MINISTERIO DE LA GUERRA REGALA AL ORATORIO
INDUMENTARIA MILITAR

LA necesidad de hallarse presente para la apertura del curso escolar y asistir a un acto triste, pero muy querido, reclamaron a don Bosco
en Turín. Había parecido a los admiradores de don José Cafasso que no era conveniente que sus restos siguieran sepultados en una fosa
común de tierra y pensaron recubrirla con un muro. Se obtuvo la autorización de las autoridades competentes y se desenterró el ataúd. Se
encontraba en óptimo estado. Cantando el Miserere se llevó a la capilla del Cementerio, donde permaneció toda la noche.

A la mañana siguiente se cantó una misa de réquiem y las correspondientes exequias, ante un numeroso público, provisto de la oportuna
entrada. Después, se entonó de nuevo el Miserere y se llevó el ataúd al lugar primitivo. Durante la función se rodeó totalmente de un
muro la fosa y se forjó una ((291)) bancada, para que la caja no descansara sobre la misma tierra y se guardase mejor de la humedad. Allí
mismo se renovaron las absoluciones y se descubrió el cadáver. Con maravilla de todos estaba intacto, lo mismo que se le había colocado
dos años y cuatro meses antes, salvo una oreja algo deteriorada y los cabellos que habían crecido unos centímetros. El canónigo Galletti
pronunció unas palabras de homenaje, se cubrió
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de nuevo el ataúd, se cerró con llave y volvió a colocarse en su lugar, mientras los presentes arrojaban sobre él las flores que habían
llevado consigo. Alguna semana más tarde se colocó una lápida con una inscripción.

El año 1891 se celebró el segundo reconocimiento y no se encontró más que el esqueleto.

Mientras don Bosco demostraba su filial cariño al santo y venerado maestro, se terminaba la expedición de las Lecturas Católicas de
noviembre y entregaba a la imprenta el original de las del mes de diciembre, cuyas pruebas había examinado y corregido durante la
excursión otoñal.

Léese en la crónica de Ruffino, al día 28 de octubre: "Don Bosco ha dicho: -El Señor me ha enviado para los muchachos, por tanto es
preciso que abandone todo lo demás y conserve mi salud para ellos. -Pero, qué debía abandonar, si todo lo suyo, directa o indirectamente
no se refería nada más que a los muchachos?".

Por ellos también imprimía las Lecturas Católicas. Paravía había publicado para el mes de noviembre: Germán el ebanista o los efectos
de un buen consejo 1. La conclusión de este relato era que en las familias de los obreros practicantes de la religión reina la felicidad y,
por el contrario, impera la miseria y la desolación en las que no aman a Dios.

Don Bosco añadía un apéndice dirigido al bien de los jóvenes que viven en familia y en medio de los peligros del mundo.

((292)) RECUERDOS

1.° Procurad vencer la ilusión que suelen padecer los muchachos de vuestra edad pensando: que aún tenéis mucho tiempo por delante.
Esto es muy incierto, queridos amigos míos, y; en cambio, es cierto y seguro que habréis de morir y que, si morís mal, estáis perdidos
para siempre. Preocupaos, por tanto, de prepararos para la muerte, procurando más que ninguna otra cosa estar en gracia de Dios.

2.° Si hacéis algún bien, el demonio y vuestra pereza os dirán que es demasiado y quizá el mundo os tachará de beatos y escrupulosos;
pero vosotros pensad que en la muerte todo os parecerá poco y mal hecho, y entonces veréis el engaño que sufristeis. Esforzaos por
reconocerlo ahora.

3.° Una de las cosas que deberían considerar y estudiar siempre los jóvenes es la elección de estado. Por su desgracia piensan poco en
ello y por eso la mayor parte se equivoca; se hacen unos infelices para toda la vida, y corren el riesgo de serlo por toda la eternidad.
Vosotros reflexionad en ello, pedid siempre a Dios que os ilumine y no os equivocaréis.

4.° Hay dos cosas contra las que no se lucha y que nunca se superan suficientemente:

1 Armonía, 27 de noviembre de 1862.
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nuestra carne y el respeto humano. Dichosos vosotros, si os acostumbráis a combatir contra ellas y a vencerlas en vuestra tierna edad.

5.° Un poco de diversión no es malo; pero resulta difícil escogerla y después moderarse. Haced, pues, así. Que vuestras distracciones y
vuestras diversiones estén aprobadas por vuestro confesor y no lleguéis nunca hasta la saciedad; y cuando os abstengáis de ellas para
venceros, sabed que habéis obtenido una gran victoria y una hermosa ganancia.

6.° Hasta que no vayáis a gusto a confesaros y a comulgar, y hasta que no os agraden los libros piadosos y los compañeros devotos, no
creáis tener todavía una sincera devoción.

7.° El muchacho que todavía no es capaz de soportar una injuria sin vengarse de ella, y que no tolera las reprensiones, aun injustas, de
sus Superiores, y más aún de sus padres, está todavía muy atrás en el camino de la virtud.

8.° No hay veneno más perjudicial para los jóvenes que los libros malos. Hay que temerlos mucho en nuestros tiempos, porque son muy
numerosos y descarados en cuanto a religión. Si amáis la fe, si amáis vuestra alma, no los leáis, sin que antes hayan sido aprobados por el
confesor u otras personas de reconocida doctrina y esclarecida piedad; pero reconocida y esclarecida, entendedlo bien.

9.° Mientras no tengáis miedo y no huyáis de las malas compañías no sólo debéis pensar que os encontráis en gran peligro, sino incluso
temed ser malos vosotros mismos.

10.° Elegid siempre los amigos y compañeros entre los buenos conocidos, y de éstos, los mejores; más aún, imitad lo bueno y lo mejor
de éstos y huid de sus defectos, porque todos los tenemos.

((293)) 11.° No seáis obstinados en vuestro obrar, pero tampoco seáis inconstantes. Siempre he visto que los inconstantes, que
fácilmente cambian de resolución sin graves motivos que les determinen a ello, acaban mal en todo.

12.° Una de las mayores locuras de un cristiano es la de aguardar siempre a ponerse en el buen camino, diciendo después, después;
como si estuviese seguro del tiempo venidero y como si le importase poco el hacerlo pronto y ponerse a salvo. Sed, pues, prudentes y
poneos en regla enseguida como si tuvierais la certeza de no poderlo hacer después. Confesaos cada quince días a más tardar; haced un
poco de meditación y de lectura espiritual cada día; el examen de conciencia todas las noches; la visita al Santísimo Sacramento y a la
Virgen; cumplid con la Congregación; haced el ejercicio de la buena muerte; pero sobre todo, tened una devoción a la Santísima Virgen
grande, tierna, verdadera y constante. íOh, si supieseis la importancia de esta devoción, no la cambiaríais por todo el oro del mundo!
Tenedla, y espero que un día diréis: Venerunt mihi omnia bona pariter cum illa (Todos los bienes me vinieron con ella).

Se mienta en estos recuerdos la Congregación; se refiere a las reuniones de los estudiantes durante los días festivos para cumplir en la
propia iglesia o en la parroquia con la obligación de la santa misa y la de la instrucción religiosa. En muchas escuelas aún públicas,
todavía estaban con vida aquel año, pero languidecían por el descuido de la autoridad eclesiástica; y muy pronto el soplo de la revolución
debía extinguirlas, sobre todo en las grandes poblaciones.
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La imprenta de Armonía, calle de la Zecca, casa Birago, imprimía en el mes de diciembre el opúsculo El trabajo, discurso del famoso
orador en la catedral de París, padre Félix, de la Compañía de Jesús, a la juventud estudiantil, con motivo de una solemne distribución de
premios. Se exponen en él los mismos razonamientos que tantas veces repetía don Bosco a sus alumnos. El trabajo, ya sea material ya sea
intelectual, obliga a todos los hombres: con el sudor de tu frente comerás tu pan. El ocio es el padre de todos los vicios y de desgracias
sin cuento. Si el trabajo forma al hombre, el ocio lo coloca en la imposibilidad de prever, debilitando el entendimiento y disminuyendo la
voluntad. El Espíritu Santo describe al ocioso en el libro de los Proverbios: -El perezoso quiere y no quiere. -Los deseos ((294)) matan al
perezoso, porque sus manos no han querido hacer nada. -El perezoso esconde su mano bajo el brazo y no la lleva ni a su boca. -Lo mismo
que la puerta gira sobre sus goznes (sin moverse de su lugar), así hace el perezoso en su lecho. -La pereza hace venir el sueño y el alma
negligente pasará hambre. -El (vano) temor abate al perezoso; y dice (para excusar su gandulería): ahí fuera hay un león: me matará en
mitad de la plaza. El camino de los perezosos está casi todo él rodeado de espinas.

El Padre Félix, después de citar las sentencias de la Escritura, añadía la suya a los jóvenes estudiantes deseosos de enriquecer su propia
inteligencia.

"La ciencia amplia, clarividente y profunda no se adquiere sin un trabajo constante. El hombre no sabe más que lo que retiene; no
retiene más que lo que aprende y no aprende más que lo que acumula y hace suyo con el trabajo de su mente: he ahí, si yo no me
equivoco, cuál es el verdadero y filosófico sentido de esta palabra tan simple y tan profunda: aprender."

Para completar el número de páginas programado de este opúsculo, añadió el fascículo, impreso en el Oratorio, titulado: Amena
narración de un antiguo soldado de Napoleón I, por el sacerdote Juan Bosco. Se trata de uno de los muchísimos relatos que don Bosco
hacía a los muchachos durante los recreos, al que añadió a manera de apéndice unas breves notas sobre la vida y martirio de dos católicos
anamitas 1.

Mientras tanto, tuvo don Bosco la satisfacción de encontrarse con don Domingo Pestarino, apenas volvió al Oratorio. Es necesario dar
unos datos biográficos de este excelente sacerdote, nacido en Mornese,

1 Anamita: natural de Anam, región de la Indochina. (N. del T.)
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diócesis de Acqui, el 5 de enero de 1817. De jovencito, dotado de mucha bondad, ingresó en el seminario de Génova, donde cursó
estudios elementales, humanísticos, filosóficos y teológicos. Era todo un modelo de mortificación y profesaba apasionado amor a Jesús
crucificado y a la Virgen de los Dolores. Siendo clérigo, y más tarde sacerdote, ejerció el cargo de prefecto de los seminaristas y supo
ganarse el corazón de todos ellos con su dulzura, al extremo de que logró hacer florecer la piedad y la ((295)) frecuencia de los
sacramentos. Sus íntimos amigos, el docto sacerdote Cayetano Alimonda, el prior de Santa Sabina, Frassinetti, el celoso misionero Sturla,
siempre hablaban de él como de un sacerdote ejemplar. Los sectarios le tenían entre ojos, por lo que en 1849 volvió a su pueblo; pero se
encontró con que en Mornese se había apagado la devoción y era muy escasa la frecuencia de los Sacramentos y, lo que es peor, había
graves desórdenes entre la juventud con gran escándalo de todo el pueblo.

Su celo apostólico cambió en poco tiempo el ambiente, hasta tal punto que monseñor Modesto Contratto se vio obligado a decir, en su
visita pastoral a aquella población:

-Mornese es el jardín de mi diócesis.

Cuando don Domingo Pestarino volvió a Mornese, era extraño que alguien comulgara entre semana; pocos años después la mayor parte
de hombres y mujeres acudían a diario a la sagrada mesa. Era todo para todos, pero tenía un entusiasmo especial por la juventud. Baste
señalar los ardides que empleaba en los últimos días de Carnaval, para alejar a los jóvenes de toda suerte de desórdenes y peligros.
Reunía a todos en su propia casa, preparaba a su costa cuanto fuere menester para entretenerlos con juegos honestos, cánticos y teatro.
Sacaba botellas, dulces y todo lo necesario para una sana alegría y estaba siempre con ellos. A una hora discreta de la tarde iban todos
juntos a la iglesia parroquial a rezar las oraciones y, después, se marchaba cada cual a su casa a descansar, no sin haber sido invitado para
asistir a la santa misa de la mañana siguiente, para rezar el rosario y acercarse a los sacramentos. Procuraba los mismos entretenimientos
para las muchachas, en otra casa, bajo la dirección de la maestra Maccagno, y todo por su cuenta.

Esta buena maestra, a la que él guiaba espiritualmente, ya en 1850, a la edad de dieciocho años, había determinado entregarse
totalmente a Dios, sin hacerse religiosa y permaneciendo en el siglo. Buscó otras compañeras dispuestas a seguir su ((296)) plan de vida y
formó la Pía Unión de Hijas de María Inmaculada, que empezó el 8
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de diciembre de 1855. Era un Instituto secular, cuyas asociadas, aun permaneciendo en sus casas, en medio del mundo, por cuanto les
fuera posible, debían buscar los medios más oportunos para alcanzar la perfección cristiana y ejercitar su celo para la salvación eterna de
las personas en medio de las cuales tenían que vivir.

La pía unión estaba fundada con la intención de suplir la imposibilidad de muchas doncellas para ser admitidas en los Institutos
religiosos por falta de dote o por otros impedimentos personales o familiares. Solamente debían inscribirse en ella las doncellas deseosas
de alcanzar la perfección cristiana con la práctica de los tres consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, mas sin hacer votos
y sin adquirir ninguna obligación de conciencia, faltando a la cual no pudieran cometer ni siquiera pecado venial. La pía unión tenía un
reglamento sencillo, que comprende los deberes de las doncellas para alcanzar su doble fin; las normas para sus reuniones, que debían ser
privadas a manera de conversaciones espirituales; y el sistema de vida que debían llevar. El 20 de mayo de 1857, monseñor Modesto
Contratto, obispo de Acqui, otorgaba su pleno consentimiento a la piadosa asociación y aprobaba sus Capítulos. Esta se propagó con tal
rapidez que en 1862 estaba establecida por casi todas las provincias de Italia 1.

Don Domingo Pestarino había encomendado a la fundadora el cuidado de toda la juventud femenina de Mornese, que le quería y
obedecía lo mismo que los jóvenes. Era incansable para predicar y confesar, lo mismo de día que de noche. Sucedióle en alguna ocasión
((297)) que se pasó quince horas seguidas en el confesonario. Quería a todos, hacía el bien a todos, y era enormemente querido por todos.
En verdad podía ser llamado el verdadero amigo del pueblo. Sus paisanos le eligieron en varias ocasiones concejal del Ayuntamiento. Y
él correspondió a su confianza promoviendo sin cesar el bienestar espiritual y material. Y esto no fue sólo con los habitantes de Mornese:
hasta en los pueblos vecinos no se tomaba decisión alguna de importancia, sin contar con don Domingo.

Así era don Domingo Pestarino, el cual, habiendo oído hablar de don Bosco, se empeñó en conocerle. Pero antes de partir para Turín,
fue al Santuario de la Virgen de la Rochette en compañía del teólogo Ramón Olivieri, arcipreste de Lerma, que era quien le había
sugerido aquella peregrinación para pedir a la Madre celestial que le

1 Vida e Institución de Santa Angela de Merici, por José Frassinetti, Prior de Santa Sabina en Génova. Tipografía Salesiana. Turín.
Véanse también las obras del mismo autor: Rosa Cordone, Rosina Pedemonte, La monja en casa.
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manifestase su voluntad. Y se sintió inspirado para dedicar su vida y sus bienes, que eran abundantes, a don Bosco. Llegó a Turín con tal
fin. Y quedó tan admirado del celo y de la caridad de don Bosco, que trabó amistad con él. Se enamoró del espíritu de la Sociedad
Salesiana y quiso formar parte de ella inmediatamente, empezando a practicar sus reglas de un modo ejemplar. Prometía ilimitada
obediencia a don Bosco, y estaba dispuesto a quedarse en el Oratorio. Pero el siervo de Dios, en vista del bien que realizaba en el siglo,
quiso que siguiera viviendo en su pueblo.

Había comprendido también la necesidad de no privar a la Unión de las Hijas de María Inmaculada de Mornese y otros lugares de un
Director tan piadoso y prudente.

Previó entonces don Bosco que, a la vuelta de diez años, elegiría algunas de las más virtuosas de aquellas jóvenes de Mornese para
comenzar la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora?

Parece que sí, puesto que en 1863, la señora Carolina Provera, de Mirabello, hermana de nuestro Francisco, deseosa de entrar en una
congregación religiosa, habló de ello con don Bosco y éste le respondió:

-Si quiere esperar un poco, también ((298)) don Bosco tendrá religiosas Salesianas, igual que ahora tiene sus clérigos y sus sacerdotes.

Pero ella no creyó oportuno esperar y se fue a Francia, donde profesó en la Congregación de las Fedeli compagne (Fieles compañeras).
Don Evasio Rabagliati la encontró en París el año 1890, entre las Superioras de la calle de la Santé, y la buena religiosa le contó las
palabras oídas de labios de don Bosco.

Don Domingo Pestarino volvió a Mornese, mientras don Bosco esperaba contestación a una instancia dirigida al Ministro de
Gobernación, Urbano Rattazzi, que le había entregado quinientas liras para la tómbola. En su mente prodigiosa siempre encontraba
nuevos planes para ayudar a los muchachos, y nuevos aspectos dentro de un mismo plan, para ampliar su obra y renovar los medios para
obtener ayuda.

Excelencia:

El abajo firmante respetuosamente expone a S.E. una necesidad que hace tiempo se hace sentir gravemente entre nosotros: se refiere a
los muchachos menores de doce años.

Esta casa del Oratorio y otras similares de beneficencia pública atienden a los que ya llegaron a esta edad. Pero a menudo se encuentran
niños totalmente pobres y
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abandonados, a quienes no se puede atender, lo mismo que ese Ministerio se encontró varias veces en el mismo caso.

El que esto expone, movido por el vivo deseo de proveer a tal necesidad, desearía abrir un internado junto a esta casa, pero con un
reglamento y disciplina propios y distintos de los empleados con estos muchachos, que ya son mayorcitos.

En dicho internado se recogerían muchachos de seis a doce años. En él se prepararían con una instrucción y educación conveniente para
el arte u oficio al que se sintieran más inclinados y que fueran más compatibles con su condición.

Al llegar a los doce años pasarían al Oratorio de San Francisco de Sales.

La principal dificultad está en encontrar medios para las primeras instalaciones, por lo que pediría a ese Ministerio un préstamo de
cinco mil liras, que se pagaría con los niños pobres que fueran enviados al mismo por ese Ministerio.

La cantidad calculada se limitaría a 65 céntimos diarios por cada muchacho, comprendida enseñanza, comida, vestido y asistencia.

((299)) El Gobierno no pagará más que 40 céntimos diarios; y bastarían veinticinco muchachos para cubrir la deuda contraída con él.

Su Excelencia, que tanto ama y promueve el progreso moral de la
juventud pobre, agradecerá el presente proyecto que usted mismo podrá modificar a su gusto.

En todo caso, ruégale el que esto expone quiera dispensar benigna indulgencia a esta molestia, asegurándole que le ha llevado a ello
únicamente el deseo de hacer el bien a sus semejantes.

Con el mayor aprecio, tiene el honor de profesarse de S. E.

Turín, 2 de octubre 1862.

Su humilde y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Probablemente don Bosco estaba persuadido de que su proyecto no sería tomado en consideración, como en efecto no lo fue; pero su
petición iba dirigida a un Ministro que le profesaba muchísimo aprecio y siempre había protegido sus Oratorios y su internado. No se
trataba, pues, más que de la exposición de unos pensamientos, que él sabía ciertamente no serían criticados. Así como, en muchas
ocasiones, se veía obligado a no aceptar muchachos pobres recomendados por el Ministerio y a no poder atender sus repetidas instancias,
porque no habían alcanzado la edad prescrita por el reglamento; así proponía un medio fácil para posibilitar la aceptación de aquéllos
que, por varios motivos, no podían juntarse con los demás alumnos mayores. Como ya hemos narrado, había cedido al maestro Miglietti
un apartamento, en la casa Bellezza, tomada por él en arriendo: podía añadir a éste otras habitaciones y de este modo comenzar la
ejecución de su plan. Para el cuidado de los alumnos ya contaba con algún asistente clérigo o seglar. Al mismo tiempo, y sin parecerlo,
don Bosco ponía las condiciones para la pensión a pagar por aquellos muchachos con menos de doce años; y el resultado fue
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que, aunque no se aceptara la proposición, sin embargo se admitían y enviaban al maestro Miglietti no pocos niños recomendados.

((300)) Había cursado también una instancia al Lugarteniente general el conde Agustín Petitti, Ministro de la Guerra, pidiendo vestuario
abandonado por los soldados para librar a sus internos de los rigores del invierno. Y el Ministro respondía cortésmente a su petición.

MINISTERIO DE LA GUERRA

N. 10483
Turín, 25 de noviembre 1862.

Le es grato a este Ministerio poder acudir en socorro del Pío Instituto dirigido por V.S. y por ello se apresura a participarle que ha sido
ordenado a la Dirección del Almacén general de esta Ciudad que ponga a su disposición las prendas que a continuación se describen.

Sábanas......................... 13
Toallas.........................
9
Capotesdepaño..................... 100
Capotestournon..................... 50 Pantalones........................ 80
Mantasdelanagris................... 100
Mantasdecampo..................... 100

Cuide V. S. de hacerlos retirar por persona debidamente autorizada.

El Mayor General
encargado de la Dirección general de los servicios administrativos
INCISA
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((301))

CAPITULO XXX

EL ORATORIO SE REPUEBLA -ALGUNAS NOTABLES ACEPTACIONES DE MUCHACHOS -SON MUCHOS, PERO EL
SEÑOR NOS MANTENDRA -DON BOSCO LOS PRUEBA Y SELECCIONA: REPITE QUE UNO DE ELLOS LLEGARA A SER
OBISPO -LUIS LASAGNA -UN MUCHACHO QUE NO SIRVE PARA EL ORATORIO -SE ABREN LAS ESCUELAS: MAESTROS
NO DIPLOMADOS -TOLERANCIA DE LA AUTORIDAD ESCOLASTICA DURANTE EL AÑO ANTERIOR -DON BOSCO HACE
QUE LOS CLERIGOS SE PREPAREN PARA OBTENER TITULOS LEGALES -ESCRIBE CON ESTA FINALIDAD AL
PROVICARIO, PARA QUE DISPENSE AQUEL CURSO A SUS MAESTROS DE LOS EXAMENES DE TEOLOGIA -PROCURA
EL PATRIMONIO ECLESIASTICO PARA LOS ORDENANDOS -CONFIA LA PREDICACION DE LOS DOMINGOS POR LA
TARDE A DON JUAN CAGLIERO -EMPLEO DEL DIALECTO EN EL PULPITO -DON BOSCO VA A ALBA PARA UN
SERMON: AVARA HOSPITALIDAD CONVERTIDA DESPUES EN GENEROSA -LA VIEJA CONDESA -EL HOMBRE DE BIEN:
DEJA DE HACER PROFECIAS

A la vuelta de don Bosco se llenaba el Oratorio de alumnos, cuyo número pasaba de los seiscientos. Estaba entre ellos el jovencito
Joaquín Berto, de Villar Almese, a quien don Bosco conocía de fama desde su infancia, y que después, ya sacerdote salesiano, destinaba
la divina Providencia a ser secretario y familiar de don Bosco, como persona de íntima confianza, desde 1866 hasta 1886. A él deberá la
Congregación muchas memorias en torno a la vida del venerable Siervo de Dios. Entraban también los aceptados por don Bosco
personalmente en Montemagno, en Vignale y otros pueblos, por donde él había pasado durante la excursión otoñal. ((302)) Y ahora se
acordaba de un pobre muchacho de Turín, a quien había prometido ayudar.

Segundo Bernocco trabajaba de camarero en un café de la plaza Carlina, y don Bosco envió una tarde a Domingo Belmonte, que
cursaba
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retórica, para decirle que viniese al Oratorio. Belmonte fue; y, preguntando por el joven, le dijo:

-Toma tus cosas y ven conmigo al Oratorio.

-Te envía don Bosco?

-Sí.

Y sin más, el muchacho vino al Oratorio, estudió y se licenció en letras, obteniendo después una cátedra en Roma. Murió a fines de

1889.

Al contemplar aquella multitud de jóvenes, alguno de la casa preguntó a don Bosco:

-Pero, cómo hará para mantenerlos?

Don Bosco sonriendo dijo:

-íEh! El Señor que me los envía me los mantendrá.

Y le gustaba bajar al patio, mezclarse con ellos y entretenerles con sus admirables ocurrencias. Estudiaba mientras tanto atentamente su
índole, sus inclinaciones, sus deficiencias, su progreso, su retraso en el bien, la vocación que aparecía en cada uno. Era este estudio,
creemos nosotros, como el primer grado de esa gracia que regala el Señor a un siervo suyo para la dirección de los espíritus. Y ésta se
obtiene con la prudencia, la oración y la paciente caridad. Por esto, don Bosco se servía de aquella expresión de san Pablo a los
Tesalonicenses, que repetían a menudo sus labios, como de un aviso para sus colaboradores en toda circunstancia y asunto: Omnia
probate, quod bonum est tenete (examinadlo todo y quedaos con lo que es bueno) 1.

El tenía siempre un episodio, una palabra que interesaba y distraía a sus pequeños amigos.

Nos escribía Jerónimo Suttil, a propósito de una palabra dicha por él el 21 de noviembre del año 1884. "A fines de otoño del año 1862,
una tarde, antes de las dos, estaba don Bosco apoyado en el pilar situado entre la escalera y el pórtico, precisamente bajo el mechero del
gas. Estábamos varios muchachos en derredor suyo. No puedo precisar quiénes estaban conmigo; me parece poder asegurar que don Juan
Cagliero, ((303)) los clérigos Durando y Jarac, el muchacho Lasagna y otros. Don Bosco (aún me parece verlo) movió el dedo índice en

derredor, sin detenerse ante ninguno y dijo estas precisas palabras:

-Uno de vosotros un día será Obispo.

Estas palabras quedaron impresas en mi mente, como todas las

1 Tes. V, 21.
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suyas, y cuando don Miguel Rúa me escribió a París comunicándome la partida de don Juan Cagliero para América, me acordé
inmediatamente de la profecía y exclamé: -íHe aquí el Obispo profetizado por don Bosco! íDe tal forma se me había grabado la profecía
de aquel día! Pero como yo no puedo saber la explicación de las profecías de don Bosco, y no podría asegurar que don Juan Cagliero
estuviese presente, aquella profecía podría referirse a otros, incluso a algún muchacho, quizá al mismo Lasagna. íQuién sabe!"

Estaba presente Luis Lasagna, muchacho de doce años, el cual, siempre que el buen padre aparecía en medio de sus hijos, se sentía
inmediatamente atraído hacia él, y se tenía por muy dichoso si le dirigía la palabra o al menos una mirada bondadosa. Pero durante los
primeros días, como era de índole vivacísima y casi indomable, quería, en los recreos, ser el amo de los juegos en medio de aquel mundo
de avispados jovencitos, de tal forma que frecuentemente daba lugar a clamorosas contiendas para sostener sus razones. Acostumbrado a
la vida libre de los campos, le pareció pesado el yugo del reglamento que le marcaba el tiempo para sus deberes y tal vez comunicó a los
compañeros su repugnancia. Como era sensibilísimo y poseía una viva imaginación, víctima de la nostalgia de su pueblo, encontró la
manera de huir del Oratorio y volver a Montemagno. Pero sus padres le devolvieron inmediatamente a Valdocco. Don Bosco lo aceptó
sin regañarle por su escapada; le trató con tanta amabilidad de alientos y de avisos paternos que lo conquistó para Dios y para la salvación
de sus hermanos.

Don Bosco había entrevisto desde el principio sus raras dotes. Era franco, ingenuo, generoso, de una fuerza de voluntad extraordinaria
((304)) de un corazón afectuosísimo, de gran memoria e ingenio.
Frecuentemente se le oyó repetir a don Bosco desde entonces:

-Es de buena madera, ya lo veréis.

Era de la madera con la que se hacen los obispos.

Resultaba admirable la perspicacia de don Bosco para discernir y juzgar quiénes eran los muchachos que servían para su casa y quiénes
no. Nos dejó escrito don Francisco Provera:

"Cierto señor deseaba colocar a su hijo en el Oratorio, pero don Bosco no lo quería aceptar de ningún modo. Sin embargo, llegaron a
ser tan grandes las instancias, que casi se vio obligado a decir que sí.
Acompañó el padre al muchacho, que parecía bueno, y don Bosco le llamó aparte y le dijo:

"-Te gustaría estar aquí conmigo?

"-Sí, sí, respondió el muchacho: lo he pensado mucho.
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"-Pues bien, escucha.
"E, inclinándose, le dijo al oído:
"-Para estar aquí es preciso que no hagas esto ni aquello..
.
"El muchacho alzó la cabeza, como espantado, y replicó:
"-Pero quién le ha dicho a usted eso?
"-Quién me lo ha dicho? íYo que lo sé!
"-íAh! íNo quiero quedarme aquí: no!
"-Y por qué?
"-Porque, si usted sabe eso, yo no quiero quedarme.
"Y corrió junto a su padre y no hubo modo de que se quedara"
.
El día establecido empezaron las clases y don Bosco puso como Director de estudios a don Miguel Rúa. Pero los profesores no tenían

los títulos legales. Anteriormente las autoridades escolásticas, no habían molestado a don Bosco, pero en el curso escolar 1861-62
empezaban a dar razón de su existencia. Había sido avisado con la siguiente carta del Delegado provincial de enseñanza, Juan Francisco
Muratori.

((305)) R. DELEGACION DE ENSEÑANZA DE LA PROVINCIA DE TURIN

N. 613. -Objeto Estadística -Circular N. 19, Serie 2.ª
Turín, 28 de marzo 1862

En los dos módulos adjuntos a la presente circular se indican los detalles que el Ministro de Instrucción Pública urge se le presenten, lo
mismo en cuanto al personal directivo docente y de servicio de ese colegio, que en cuanto al número de alumnos y oyentes de cada clase,
la cuota y el origen de los fondos del mismo.

Ruega, por tanto, el abajo firmante a V.S. se digne rellenar dichos módulos y enviarlos dentro de un plazo no superior a los cinco días
de la recepción del presente oficio.

En el caso de que no haya espacio para anotar todos los detalles y observaciones que usted estime oportuno comunicar, corre de su
cuenta hacer una relación especial sobre el particular.

El R. Delegado de enseñanza MURATORI

Así las cosas, don Bosco envió al Delegado una relación detallada de sus escuelas privadas, según la cual resultó que los maestros no
poseían ningún título legal para enseñar. Pero le dejó en paz durante algún tiempo, de acuerdo con su declaración de que estaba dispuesto
a recibir los maestros que le fueran asignados por el Ministerio: haciendo, sin embargo, observar que no podría asignarles más estipendio
que un puesto en el paraíso, si trabajaban para la mayor gloria de Dios.

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El Delegado se conformó con la promesa de que don Bosco procuraría ponerse de acuerdo con las leyes. No consta que ninguno de los
dos ministros de Instrucción Pública, que durante aquel año estuvieron al frente del mismo, Mancini primero y Matteucci después,
pensaran en tomar medidas odiosas contra el Oratorio. Quizá Urbano Rattazzi, Presidente del Ministerio desde el 4 de marzo, con la
cartera de Asuntos Exteriores y de Gobernación, había hecho valer en el Consejo su opinión favorable a la obra de don Bosco.

Este no tuvo, pues, que sufrir ninguna molestia durante el curso escolar 1861-62. Mas, previendo que las leyes de Instrucción Pública le
podrían poner de un momento a otro ((306)) en grandes apuros, ya había dispuesto que algunos clérigos estudiasen las materias necesarias
para la enseñanza del bachillerato y para alcanzar el diploma correspondiente.

Había ya mandado sacar la licenciatura a los clérigos Celestino Durando y Juan Bautista Anfossi en julio de 1857 y al clérigo Francisco
Cerruti en 1859, a los que presentó, a continuación, como oyentes en la Universidad Real de Turín. Don Juan Bautista Francesia ya la
frecuentaba desde hacía algún tiempo. Eran profesores: de literatura latina el profesor Tomás Vallauri, de literatura italiana Miguel
Coppino y de literatura griega Bartolomé Prieri. Los clérigos de don Bosco, habiendo sido preguntados públicamente sobre varios temas
de las materias enseñadas, habían dado siempre una buena prueba de su aprovechamiento. Los profesores les habían entregado satisfechos
los certificados de asistencia.

Estaba decidido que también durante el curso 1862-63, continuarían asistiendo a la Universidad como oyentes y, digámoslo enseguida,
también este año académico debía servirles para su provecho en los estudios y para un gran aprecio por parte del profesorado. Pero don
Bosco necesitaba que estos sus colaboradores tuviesen más tiempo para ocuparse de los clásicos de las tres literaturas y en consecuencia
escribía sobre ello al canónigo Vogliotti, Rector del Seminario y Provicario. Al mismo tiempo pedía varios permisos y favores para los
clérigos y para otros jóvenes aspirantes al estado eclesiástico.

Ilustrísimo y Muy Reverendo Señor:

Hubiera querido ir a hablarle personalmente porque tengo mil cosas que exponerle, pero no me fue posible en estos días. Se lo diré todo
aquí, brevemente. Diga usted sí o no, tal y como le parezca para mayor gloria de Dios.

1.° Los clérigos Durando, Anfossi y Cerruti (juntamente con don Juan Bautista
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Francesia) piensan examinarse de Letras este año, empezando el próximo noviembre. A tal fin pedirían ser dispensados de los exámenes,
concediéndoles estudiar los tratados oportunos en las próximas vacaciones del 1863.

2.° Ghivarello, por tener ya veintiocho años, suplica poder añadir para el próximo examen los tratados del quinto curso de teología, con
la ((307)) esperanza de ser admitido a las sagradas órdenes durante el año en curso, que corresponde a su cuarto de teología.

3.° El clérigo Lazzero pediría autorización para poder añadir algún tratado más a los prescritos, para el próximo examen, por cuanto ya
tiene veintiséis años. Ambos son de laudable y ejemplar conducta moral y están preparados para la materia de examen.

4.° El clérigo Racca, que tiene veinte años, suplicaría poder añadir para los próximos exámenes, los tratados de física, que él ha
estudiado durante el tiempo de las pasadas vacaciones, para así poder empezar el curso de teología en el nuevo año escolástico.

5.° Entre los nuevos clérigos estarían aquí en el Oratorio Baracco, Cagliero, Do, Antonio Ferrero de Airasca, Peracchio, de la diócesis
de Casale, Giuganino y Pignolo que son seminaristas de Chieri.

6.° Piden ir a clase al Seminario, vestidos de paisano, porque no pueden comprarse el traje talar, Chicco, Cinzano, Croserio, De Paoli,
Righetti y Rebuffo. Algunos de ellos puede que tengan la sotana durante los primeros meses del curso.

7.° Entre los estudiantes de Física está Bourlot que, por no poder pagar la pensión, solicita permanecer en el Oratorio.

8.° No sé si Sona ha pedido ir al Seminario o bien quiere pedir quedarse aquí. Se habló de ello, pero no se quedó en nada.

9.° El portador de la presente es el clérigo Rolle, muy loable por su piedad y aplicación. Este necesita que se le conceda pensión
totalmente gratuita en el Seminario o que usted me ayude con una pequeña cuota, para tenerlo aquí en casa. El no puede pagar nada.

Y por lo que a mí toca, ya está hecho; añada ahora su paciencia y yo, en compensación de la molestia, rezaré una Avemaría,
augurándole las más copiosas bendiciones del cielo y profesándome

De V.S. Ilma. y Rvdma.

Turín, 30 de octubre 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

A medida que estos clérigos debían recibir las órdenes mayores, no dejaba don Bosco de proveer del patrimonio eclesiástico a aquéllos
cuyas familias, que eran mayoría, vivían en pobreza. Mientras pudo, no dejó de hacer las gestiones para conseguirlo del Ministerio de
Gracia y Justicia. Por esto, el clérigo Ruffino, por consejo de, don Bosco, ((308)) dirigió una instancia al ministro Conforti para obtener
el título o beneficio eclesiástico de la Caja del Economato o por cualquier otro medio que pareciese bien a la bondad de Su Excelencia.
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Don Bosco acompañaba la instancia del Clérigo con el siguiente certificado:

El que suscribe declara que el clérigo Domingo Ruffino, natural de Giaveno, que mora en esta casa hace siete años, observó siempre
laudable conducta. Se prestó siempre con todo celo para enseñar catecismo y dar clase a los muchachos pobres que acuden a este Oratorio
y ayudó a la casa con la asistencia prestada, y que todavía presta, a los muchachos internos y aprendices en los diversos talleres de este
establecimiento, con provecho moral y material de los alumnos. En medio de sus serias ocupaciones, siempre encontró tiempo para
distinguirse entre sus compañeros en los estudios y alcanzó calificaciones de elogio en sus exámenes.

Por estos motivos se recomienda a su reconocida clemencia para que se vea favorecido en su demanda, tanto más que el favor
concedido al suplicante sería útil para todos los pobres jóvenes de esta casa.

Turín, 29 de octubre 1862.

JUAN BOSCO, Pbro., Director

Sus preocupaciones resultaban beneficiosas para la diócesis de Turín. Don José Rocchietti se quedó en el Oratorio durante un año,
después de la ordenación, pero tuvo que salir de él por su delicada salud. A pesar de ello, volvió por el amor que profesaba a don Bosco,
se inscribió en la Pía Sociedad, y permaneció en ella mientras se necesitó de su trabajo. Confesaba a los muchachos y predicaba la
instrucción dominical de la tarde. Era admirable la sencillez y el orden de sus pláticas. Al no poder adaptarse a la vida común, por la
creciente dureza de sus males, se vio de nuevo obligado a retirarse con el permiso de don Bosco y a inscribirse en el clero diocesano. La
Curia le envió en diciembre de 1862 al Seminario Menor de Giaveno, como director espiritual. El Oratorio había dado un apóstol a la
diócesis. Fue después destinado a la pequeña parroquia de San ((309)) Gilio, en la que estuvo muchos años como párroco celosísimo y
donde también promovió las vocaciones eclesiásticas. Acabó sus días santamente, pocos meses después de haber entrado en el noviciado
de los Lazaristas de Chieri.

Cuando don José Rocchietti dejó el Oratorio, don Bosco encargó a don Juan Cagliero de la plática dominical de la tarde. Este comenzó
su predicación en la fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos con tal éxito que demostró ser un valioso
orador. Continuó desarrollando esta labor todas las tardes de los domingos, hasta partir para las misiones de la República Argentina.
Durante los tres primeros años, de acuerdo con la costumbre general del Piamonte, predicó en dialecto; después, cuando don Bosco
prescribió que se abandonase el dialecto en el Oratorio, empleó la lengua
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italiana. En aquel momento, lo mismo las clases de los estudiantes que las de los aprendices, daban la impresión de un colegio perfecto.
También don Bosco aquel mismo año de 1865, hasta el cual había predicado en piamontés, empezó a hacerlo en italiano exponiendo la
vida de los Papas.

El 2 de noviembre, que cayó en domingo, hizo don Bosco una corta excursión, acompañado por don Angel Savio que es quien nos
cuenta lo que sucedió. Fue a predicar a un pueblo de la diócesis de Alba, alejado de la línea del ferrocarril Turín-Cúneo. Al volver, bajaba
con su sacerdote de aquellas colinas para ir a la estación de Bra, pero perdieron el camino; se hacía tarde y comenzó a llover. Al darse
cuenta don Bosco de que ya no llegaban con tiempo para tomar el tren, pensó pedir hospitalidad en casa de un capellán, cuya iglesia se
levantaba sobre un cerro junto al camino. Fue, pues, a llamar a la puerta, que tardó en abrirse. Llovía a cántaros. Le recibieron con un
poco de malhumor. Pidió él sus excusas, mostró su disgusto por la incomodidad que daba, y manifestó la apremiante necesidad que le
había obligado a pedir albergue juntamente con su compañero. Aquel señor les hizo tomar asiento y luego preguntó quiénes eran.

((310)) -Dos pobres sacerdotes de Turín.
-Cuál es su ministerio?
-Yo soy sacristán en una iglesia de los barrios de Valdocco.
-Y aún no habrán cenado?
-Si, por caridad, quiere darnos algo, muy a gusto lo tomaremos.
-Siento no tener nada en casa: les daré un poco de queso y pan..
.
-Bien, hasta demasiado: de acuerdo; le estaré muy agradecido.
El capellán dio órdenes a la sirvienta, y ésta presentó cuanto se le había mandado. Se sentaron a la mesa y comenzaron la mezquina

cena, mientras siguió diciendo el dueño:
-Y cuentan con quedarse a dormir aquí esta noche?
-Si le parece bien, respondió don Bosco, ya que con este endiablado tiempo no sabría a dónde ir en busca de otro albergue.
-íComprendido!... Lo malo es que no dispongo de camas y no sabría dónde colocarles para dormir.
-Eso se remedia enseguida: bastan dos sillas, tanto más que contamos salir mañana temprano.
-Si es así, acomódense; me sabe mal tener que tratarles de este modo.
Luego prosiguió:

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-Así que ustedes vienen de Turín...

-Sí, señor.

-Tal vez conozcan a un tal don Juan Bosco?

-Un poquito, respondió don Bosco, mientras don Angel Savio, que estaba molesto por tan mezquina acogida, empezaba a sonreír a flor

de labios y miraba al siervo de Dios.

Aquel sacerdote, que no se había dado cuenta de nada, porque la pantalla de la luz proyectaba su sombra sobre la cara de don Angel
continuó:

-Nunca me he encontrado yo con don Bosco; pero ahora estoy en circunstancias tales que debo pedirle un favor. Es fácil para prestar un

servicio a quien se dirige a él?

((311)) -Siempre que puede, respondió don Bosco, le gusta ser útil a los demás.

-Yo había pensado escribirle mañana una carta.

-Puede ahorrarse el trabajo de escribirla, se atrevió a decir don Angel Savio. Diga a este sacerdote qué es lo que desea pedir a don

Bosco.

-Entonces usted es muy amigo de don Bosco?

-Bastante, respondió don Bosco sonriendo.

-íPero si es don Bosco en persona! replicó don Angel Savio, que no podía contener la risa.

-Usted es don Bosco?, exclamó el capellán maravillado, ruborizándose de vergüenza -íDon Bosco! Si me lo hubiera dicho apenas entró

en casa... Perdóneme si no le he tratado bien... Su llegada fue tan imprevista e inesperada... Deje ese queso. Me acuerdo ahora de que
tengo guardado algo del mediodía... Déjeme hacer a mi.

Y corrió hacia la alacena, sacó medio pollo asado, mandó a la sirvienta preparar unos huevos estrellados y cubrió la mesa con un
mantel.

Don Bosco sonreía graciosamente y don Angel Savio gozaba contemplando con qué afán preparaba todo aquello su huésped.

Terminóse la cena, llegó la hora de acostarse y el capellán encontró un colchón, que colocó sobre unas sillas, y preparó un sofá para
cama.

Don Bosco con su amabilidad había borrado en la mente de aquel sacerdote toda preocupación; le preguntó qué deseaba de él y se
mostró totalmente dispuesto a favorecerle. Se trataba de internar a un muchacho en el Oratorio y se lo aceptó. Pero él no perdía la ocasión
de dar un aviso, cuando lo creía necesario para bien de los
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demás. A la mañana siguiente, al despedirse, le tomó de la mano y dándole gracias afectuosamente, mientras el otro repetía sus excusas,
le dijo:

-Mire, a don Bosco no hay que pedirle excusas, pero aprendamos la lección de todo lo que nos sucede. Si nada tenemos, no demos
nada; ((312)) si tenemos poco, demos poco; si tenemos mucho, demos lo que parezca necesario; pero dejémonos guiar por la caridad, la
cual, en fin de cuentas, siempre resultará ventajosa para nosotros.

Cuando don Bosco llegó a Bra, tomó con don Angel Savio el tren para volver a Turín y, después de haber rezado y leído alguna carta,
quiso contar a su compañero un suceso ameno que le había ocurrido algún tiempo antes en aquella misma línea. Había oído hablar
muchas veces de cierta condesa, persona muy rica y religiosa, y deseaba ganársela para que le ayudara en sus obras; pero las
circunstancias habían impedido trabar amistad con ella. Padecía ésta de una excusable debilidad femenina. Se molestaba enormemente
sólo con que alguien se refiriese a su avanzada edad: y, como tenía una hija que pasaba de los treinta años, le resultaba algo insoportable
oírse llamar la Condesa Vieja.

Sucedió un día que, habiendo don Bosco tomado el tren, se encontró en el mismo compartimento con la tal condesa. A solas con sus
pensamientos, sentóse sin advertir su presencia. Mas ella, apenas se puso el tren en movimiento, le dijo:

-Perdone: no es usted don Bosco?

-Para servirle, señora. Con quién tengo el gusto de hablar?

-Soy la condesa X...

Entonces don Bosco añadió:

-íQué suerte encontrarla! Y su madre, la señora Condesa, cómo está?

-Mi madre? Hace mucho tiempo que se la llevó el Señor consigo.

-Cómo es eso? Hace pocas semanas, supe que estaba muy bien.

-Sufre usted un error, sabe? Seguramente me confunde con mi hija. íYo soy la Condesa Madre!

Don Bosco replicó:

-De veras? Está usted tan llena de vida y tiene tan buen aspecto, que es comprensible la equivocación.

-íQué dice! Añadió la Condesa sonriendo, con visible complacencia; me mantengo lo mejor que puedo; nunca he ((313)) llevado una
vida desordenada y, por eso, gozo de perfecta salud.
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-Y yo ruego al Señor, concluyó don Bosco, que se la conserve todavía muchos años.

El diálogo se prolongó hasta la siguiente estación, en la cual bajó don Bosco. A partir de aquel momento la Condesa X... fue toda para
don Bosco, a quien ayudó mientras vivió.

A primeros de noviembre publicaba don Bosco el Almanaque para 1863, titulado: El Hombre de Bien y sus noticias 1. En él hay una
breve relación, escrita por el clérigo Celestino Durando, sobre los veintiséis mártires japoneses canonizados el día 8 de junio de 1862,
con la descripción de esta solemidad. Tres bonitos cuentos y dos canciones estupendas del sacerdote G. Peragallo; la romanza El
Huerfanito, puesta en música por don Juan Bautista Cagliero, y unos cuantos datos sobre el nuevo servicio de correos completaban el
librito.

Después del índice, leíase la siguiente nota: "El Hombre de Bien de este año, por distintas razones, no presenta la interpretación de sus
profecías, ni expone las que le podría dictar su cacumen fuera de serie".

Razones de prudencia habían dictado esta nota. Si los vaticinios de los años anteriores habían suscitado rumores en Turín y en otras
ciudades del Piamonte, los del 1861 habían sido ocasión de muchos dicterios y habían puesto de mal humor a determinados círculos de
liberales y aumentado las sospechas de que en algunos Ministerios hubiera empleados infieles o imprudentes. Se veía que don Bosco
sabía más de lo que se hubiera querido y no se podía conocer por qué medios penetraba en los secretos gubernativos y sectarios. Nosotros
sabemos cómo, al menos en gran parte, aprendía sus previsiones a través de los sueños; y cómo, antes de publicarlas, había contado
algunas a sus muchachos, dando de ellas explicaciones claras y precisas, y los sucesos no desmintieron sus anuncios. Todavía tenemos de
ello testimonios vivos.

((314)) El Gobierno, preocupado, le había advertido a fines del 1859 que no se comprometiera con ciertas revelaciones y don Bosco
prometió ser prudente. Sin embargo, en 1860 y 1861 había continuado, aunque con ciertos miramientos, según se desprende de ciertas
predicciones un tanto oscuras, y de ciertas aplicaciones de los hechos sucedidos con las profecías, que están un poco diferidas. Por
ejemplo, cuando el Hombre de Bien había predicho para 1860: Veréis el vino a mejor precio, pero el pan más caro parece que la

1 Armonía, 27 de noviembre de 1862.
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explicación más natural debiera haber sido: que, a causa de las mortíferas guerras, la escasez o falta de bebedores habría hecho vender el
vino a mejor precio; y que los campos, incultos o devastados, no habrían producido el trigo necesario. Pero don Bosco sabía lo que decía
y tenía sus razones al decirlo.

En el Hombre de Bien del 1861 afirma claramente: Motivos de prudencia y de respeto me obligan a diferir mis relatos para un tiempo
más sereno, en el que no haya peligro de tormentas, granizo, turbiones y huracanes. Pero, a pesar de esta declaración, había dicho
demasiado; por lo que el Gobierno, antes de que acabase aquel año, quiso asegurarse de que el Hombre de Bien no le daría ninguna otra
preocupación. Por esto, el caballero A. Buglione di Monale había hecho llamar a don Bosco, en nombre del Presidente del Consejo de
Ministros, y le había dicho:

-Oiga, don Bosco: todos le apreciamos mucho, pero su Hombre de Bien nos molesta. Por todas partes nos preguntan: cómo hace don
Bosco para conocer ciertas cosas? Se levantan castillos en el aire, se sacan consecuencias extrañas; se quiere saber, se preguntan unos a
otros, en fin, se arma una batahola insoportable. Por consiguiente, acepte mi consejo: es mejor que no escriba ciertas cosas en su
almanaque.

Don Bosco entendió que se trataba de una prohibición en plena forma, aunque con palabras corteses, y, a partir de aquel momento, dejó
e imprimir sus previsiones.
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((315))

CAPITULO XXXI

NUEVAS MOLESTIAS -LOS ADVERSARIOS PRETENDEN CLAUSURAR EL BACHILLERATO EN EL ORATORIO -EL
CABALLERO GATTI, JEFE DE LOS ENEMIGOS: MALIGNA CORTESIA -PETICION DE DON BOSCO AL MINISTERIO PARA
QUE SEAN ADMITIDOS A EXAMEN DE IDONEIDAD LOS MAESTROS DEL ORATORIO, NO ADMITIDA -EL MINISTRO DE
INSTRUCCION PUBLICA NO CONCEDE AUDIENCIA -BASTONAZOS Y VIDA DEL ORATORIO -MAXIMAS HUMILDES Y
CONFORTADORAS DE DON BOSCO -EL COMENDADOR SELMI NUEVO DELEGADO DE ESTUDIOS: SUPLICAS Y
NEGATIVAS -DON BOSCO SE PRESENTA A SELMI -DIALOGO: BIOGRAFIA DE DOMINGO SAVIO; HISTORIA DE ITALIA;
EL DUQUE DE PARMA -PETICION, VISITA OFICIAL, APROBACION DE LOS MAESTROS

DON Bosco, informado por claros indicios y avisos secretos, preveía una tempestad a punto de caer sobre el Oratorio. El Ministro
Rattazzi, a causa de las continuas invectivas, las acusaciones y amenazas de sus adversarios y rivales políticos, no podía durar mucho;
más aún, se esperaba que abandonara el poder de un día para otro. Por tanto su apoyo, fuera el que fuera, íbale faltando a don Bosco.

Ya hemos narrado el grave peligro que don Bosco sufrió con las calumnias de algunos mal intencionados, que le acusaron de militar en
una política contraria al Gobierno; y hemos expuesto al mismo tiempo, cómo aunque él pudo defenderse personalmente ante los mismos
Ministros, se liberó de la amenazadora violencia a sí mismo y a todos ((316)) sus alumnos con gran confusión y despecho de los que se
habían confederado para hundir el Oratorio.

Pero éstos, que en parte luchaban contra él por norma y para servir a la revolución, y en parte para hacerse notar y progresar en la
carrera, no se dieron por vencidos; por eso, después de dos años de tregua, quisieron tomarse la revancha contra don Bosco y a fines de
1862 volvieron de nuevo a proporcionarle nuevas molestias y angustias. Sentimos tener que publicar ciertos actos poco honrosos para
algunos de ellos, pero lo hacemos sin ninguna mala intención y solamente
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para servir a la Historia. Más aún, nos consuela el pensamiento de poderlos excusar, al menos en parte, diciendo que no sabían lo que se
hacían. En verdad algunos de ellos, apenas conocieron mejor las cosas, de enemigos se trocaron en amigos, y alguno hasta se convirtió en
abogado de don Bosco y de sus muchachos. Pero sigamos adelante.

A la cabeza de los adversarios estaba el caballero Esteban Gatti, Jefe de División en el Ministerio de Instrucción Pública, ya bastante
conocido por nuestros lectores.

En esta ocasión no tomaron los enemigos como pretexto la política, sino la legalidad de la enseñanza que se daba en las escuelas del
Oratorio. Razonaban de este modo, al presentar su batalla:

-Don Bosco se sirve de profesores faltos del diploma legal para sostener abiertas sus escuelas; no puede en este momento pagar, ni
sobre todo encontrar titulados, porque su Institución vive de la caridad y el curso escolar ya está en marcha; por consiguiente,
obliguémosle a proveerse de tales profesores, y así lograremos que tenga que cerrar las escuelas.

Una vez que establecieron su plan, aquellos señores, que tenían en su mano el poder, esperaron el momento oportuno para comenzar su
fácil ejecución.

Pero don Bosco, conocedor de sus intenciones y oliéndose el poste, creyó oportuno ir a hablar con el caballero Gatti e intentar
ablandarlo. Recibióle éste con fingida afabilidad y cortesía y sugirióle que presentase sus maestros al examen de capacidad para la
enseñanza, que estaban esperando. ((317)) Respondió éste así, porque creía que los maestros del Oratorio andaban a mil kilómetros de
distancia de la preparación necesaria para pasar con seguridad unos exámenes dificilísimos, y cuando supo que ellos estaban dispuestos a
la prueba y pedían someterse a ella, felicitó calurosamente a don Bosco. Pero, a partir de aquel momento, se calentó la cabeza buscando
pretextos para que no fueran admitidos a los exámenes, como vamos a ver a continuación.

Don Bosco no se había dejado ilusionar por aquellas lisonjas, sino que había entendido muy bien que no había más que un solo camino
abierto para conseguir su fin. Ya se lo había previsto por carta al canónigo Vogliotti, y ahora dirigía una instancia al Ministerio para que
autorizase a sus maestros a presentarse a un examen que juzgase de su idoneidad.
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Excelencia:

Respetuosamente expongo a V.S. Ilma. cómo, con el vivo deseo de proporcionar la enseñanza media a la clase menos acomodada del
pueblo, he abierto, hace algunos años, además de las clases elementales que se dan a los muchachos pobres, una pequeña sección para el
bachillerato.

Falto de rentas fijas, y dado que generalmente los muchachos asistentes están gratuitamente atendidos o con una muy módica pensión,
no habría podido proseguir esta Obra sin la ayuda material y personal de los demás.

Cuatro jóvenes bastante instruidos vinieron en mi ayuda y aceptaron gratuitamente el peso de enseñar en las distintas clases.

Sus nombres son:

El sacerdote Juan Bautista Francesia, hijo de Santiago, natural de San Giorgio, estudiante del segundo año de teología, para el quinto
curso.

El clérigo Francisco Cerruti, hijo de Luis, natural de Saluggia, estudiante de cuarto año de teología, para el cuarto.

El clérigo Celestino Durando, hijo de Francisco, natural de Farigliano, estudiante de cuarto año de teología, suplente del quinto y
maestro del segundo.

El clérigo Juan Bautista Anfossi, hijo de Luis, natural de Vigone, estudiante del cuarto año de teología, suplente del cuarto de
bachillerato y maestro del segundo.

Los resultados obtenidos fueron tan satisfactorios como no se puede imaginar. Su solicitud, su celo fueron siempre dignos de alabanza
por encima de todo. Estos beneméritos regentes, a la par que cumplían con sus deberes de maestros, encontraron forma y manera para
frecuentar las clases de literatura griega, latina e italiana en nuestra Regia Universidad.

((318)) La disciplina observada en nuestras escuelas ha corrido parejas con las disposiciones oficiales y siempre se siguieron los
programas publicados por el Ministerio para el Bachillerato. Los Delegados reales de estudios, los Inspectores y otros insignes Profesores
se complacieron en visitar varias veces nuestras clases y siempre quedaron satisfechos de ellas.

Su Excelencia el Ministro de Instrucción Pública ha visto también con bondad este esfuerzo de difusión de la enseñanza media entre los
muchachos menos acomodados, pero dignos de ser tenidos en cuenta por su talento y su virtud; ha pronunciado en varias ocasiones
palabras de aliento para mí y para los maestros de las clases, ha proporcionado subsidios económicos, y en ocasiones escribió cartas
benévolas asegurando que estaba dispuesto a favorecer estas escuelas con todos los medios a su alcance. Pero el mismo señor Ministro
me ha animado muchas veces a estudiar la manera de poner al frente de las respectivas clases maestros diplomados, a fin de que, decía él,
pueda este Ministerio ayudar más regularmente con medios materiales y morales.

Para secundar dicho deseo del señor Ministro, esto es, de poseer maestros titulados para la enseñanza, se atendieron ya todas las clases
elementales, gracias a los exámenes realizados por ciertos jóvenes de esta misma casa, algunos de los cuales son maestros por los
pueblos, y otros continúan como maestros patentados prestando gratuitamente su labor en favor de los muchachos pobres que asisten a
estas escuelas. Queda todavía por cumplir la sugerencia del señor Ministro respecto a las clases de bachillerato: y precisamente por esto
suplico humildemente que dichos beneméritos maestros, aprobados indirectamente por el Ministerio, sean considerados
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como Regentes y se les conceda la facultad de presentarse al examen en la sección de Letras de esta Regia Universidad.

Ellos han cursado regularmente sus estudios de bachillerato y universitarios, y a juicio de sus profesores están preparados para sufrir el
examen, al que piden ser admitidos.

Este es el favor que pido a Su Excelencia, favor que será un verdadero estímulo y en cierto modo una compensación para estos
beneméritos maestros, y al mismo tiempo un nuevo beneficio, que con gratitud recordará esta casa, que solamente se sostiene gracias a la
beneficencia privada y pública.

Que Dios derrame sus abundantes bendiciones sobre Su Excelencia y sobre todos los que trabajan por la educación e instrucción de la
juventud, mientras tengo el alto honor de poderme profesar, con la más sincera gratitud,

De Su Excelencia.

Turín, 11 de noviembre de 1862.

Seguro servidor,
JUAN BOSCO, Pbro.

((319)) Su carta no recibió contestación. Intentó entonces obtener una audiencia con el Ministro de Instrucción Pública, profesor Carlos
Matteucci, Senador del Reino, mas no la consiguió.
Uno de aquellos días se le oyó a don Bosco hacer esta verídica observación:
-El Oratorio de San Francisco de Sales nació a bastonazos, creció a palos y en medio de golpes prosigue su vida.

En efecto, con ocasión de los malos tratos y los cañazos del sacristán de San Francisco de Asís en Turín a un pobre muchacho, inició
don Bosco la obra de los Oratorios en favor de la juventud abandonada y en peligro. Cuando esta misma obra, gracias a su solicitud y a la
caridad de los biehechores se iba desarrollando, fue combatida y perseguida por personas privadas y públicas hasta el punto de que, como
ya hemos referido, estuvo en un tris de extinguirse. De entonces acá, a intervalos más o menos cortos, no le faltaron asaltos ni otros
adversarios más audaces y poderosos.

Pero don Bosco solía decir a algunos de los suyos, desanimados frente a tantas dificultades y persecuciones:
-No dudemos por nada; he experimentado que cuanto más me faltan los apoyos humanos, tanto más pone Dios el suyo.
Otras veces decía:
-En las pruebas más duras se requiere gran fe en Dios.
A menudo repetía esta invocación:
-Si la obra es vuestra, Señor, Vos la sostendréis; si la obra es mía, estoy contento con que se desmorone.
Mientras tanto, el 1 de diciembre anunciaba Rattazzi a la Cámara

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que había presentado al Rey su dimisióm con todo el Ministerio y que había sido aceptada. El Rey llamaba para formar nuevo Ministerio
a Carlos Farini y a José Pasolini y el 8 de diciembre ya estaba constituido. Farini fue su Presidente, pero sin cartera. El Senador profesor
Miguel Amari, obtuvo la cartera de Instrucción Pública. Al profesor Muratori, Delegado de estudios en la provincia de Turín, le sucedió
el Comendador Francisco Selmi ((320)) farmacéutico en Módena, a donde había sido llevado por Carlos Farini, dictador en Módena.

El nuevo Delegado Real, que juntamente con el caballero Esteban Gatti había concebido el triste plan contra don Bosco, comenzó en
seguida la lucha contra el Oratorio, exigiendo los títulos legales de sus maestros. Don Bosco envió sus nombres y apellidos y respecto al
título observó que estaban en camino de alcanzarlo porque ya asistían a clase de literatura latina, italiana y griega en la Regia Universidad
de Turín. Así mismo hacía notar que, por ser escuelas de caridad y de beneficencia para muchachos pobres, habían sido por espacio de
varios años recomendadas y aplaudidas por la autoridad escolástica, por los Delegados del reino y por el mismo Ministro de Instrucción
Pública, dejando plena libertad a los maestros para enseñar, sin exigir que fueran titulados. Citaba a continuación una carta del Ministro
Juan Lanza en la cual, con fecha del 20 de abril de 1857, se decía que: aquel Ministerio deseaba colaborar con todos los medios a su
alcance, para que estas escuelas adquiriesen el mayor desarrollo. Aducidos estos motivos, don Bosco pedía al Delegado que se dignara
aprobar para la enseñanza a aquellos mismos profesores, al menos hasta que hubiesen realizado los exámenes a que aspiraban. Mas Selmi
no atendió a razones, se mantuvo inflexible a los ruegos, rechazó con desdén a quien quería hacer de mediador e insistió para que don
Bosco se proveyese, para fines de aquel año, de maestros titulados o clausurase las escuelas.

Pero don Bosco resolvió intentar de nuevo la prueba ante Selmi. Pensaba:

-Si podemos defendernos del golpe mortal por un año, el tiempo y la necesidad nos inspirarán la forma de esquivarlo en adelante.

Por consiguiente, no escribió nada más, ni envió intermediarios, sino que, rezada su acostumbrada Avemaría, se presentó en persona
ante el Delegado Regio. Era uno de los primeros días del mes de diciembre. Tras varias horas de espera, finalmente pasó don Bosco
((321)) a su presencia. Más tarde, gracias a una paciente búsqueda y por medio de persona que se encontró fuera del hecho, hemos sabido
detalles, que nos permiten narrar la esencia del coloquio.
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Pomposamente sentado en un gran sillón, el Delegado ordenó al pobre sacerdote que se colocara de pie ante él. Luego comenzó así:
-Así que... Así que tengo el honor de que esté ante mí un famoso jesuita, qué digo, el maestro de los jesuitas.
Y con ello quería decir que don Bosco era un enemigo de las modernas instituciones.
Después de este preámbulo, prosiguió hablando largo espacio de sacerdotes y frailes, del Papa, de don Bosco, de sus escuelas y sus

libros, y lo hacía con tanta acritud y usaba tales términos que habría hecho perder la paciencia al mismo Job. Don Bosco, recordando tal
vez las palabras de Jesucristo con las que exhortaba a sus seguidores a gozar ante los insultos que se recibieran por su amor, recogía
aquella tempestad de improperios con ánimo sereno y dulce sonrisa en los labios. La digna actitud de don Bosco, tan opuesta a la suya,
excitó los nervios de Selmi, que clavándole en el semblante dos ojos como brasas, le dijo furiosamente:

-Cómo? Con que yo deliro de rabia y usted se ríe de mí?
-Señor Comendador, respondió don Bosco, yo no me río por desprecio de usted, sino porque habla de cosas que no se refieren a mi.
-Pues qué? No es usted don Bosco?
-Sí, lo soy.
-No es usted el Director de las Escuelas de Valdocco?
-Ciertamente lo soy.
-No es usted don Bosco, el famoso jesuita lleno de jesuitismo?
-No le entiendo.
-Acaso es un imbécil?
-Dejo a Vuestra Señoría el juzgar. Pero si yo quisiese usar los mismos términos, tendría materia y razones suficientes ((322)) donde

inspirarme; pero mi condición de honrado ciudadano, el respeto debido a todas las autoridades, la necesidad de atender a centenares de
pobres huérfanos me aconsejan callar; más aún, a tomar todo con indiferencia y suplicar a V.S. tenga la bondad de escucharme.
Estas palabras, que destilaban el perfume de una paciencia y caridad admirables, calmaron un poco el ánimo exaltado del Delegado,
que, adoptando mejores sentimientos, empezó a decir:
-Qué son entonces estas sus escuelas para las que pide ayuda?

-Son una agrupación de muchachos pobres, procedentes de diversas partes de Italia y de otras naciones, encaminados unos a los
estudios y otros a un arte u oficio, con que poder ganarse algún día honradamente el pan.
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-Tiene muchos?

-Contando a los externos, suman más de un millar.

-íQué diablos!... íMás de mil...! Y quién le paga a usted para albergar a tantos muchachos?

-Nadie me paga; mi recompensa la espero sólo de Dios, justo remunerador de las obras buenas. Ni siquiera cuento con rentas para
mantener a estos muchachos, y, por esto, trabajo de la mañana a la noche para proveerles de comida y vestido.

Al llegar a estas palabras, el Delegado recobró su calma y cortesía e hizo sentar a don Bosco. Y prosiguió:

-Escuche, don Bosco: yo le creía un imbécil, pero caigo en la cuenta de que estoy equivocado, porque un imbécil es incapaz de dirigir
tal empresa. Pero, dígame: por qué se opone de ese modo al Gobierno y a sus Autoridades?

-Me encuentro, señor Comendador, en el deber de protestar contra su última afirmación. Hace más de veinte años que vivo en esta
ciudad y siempre he gozado de la benevolencia de mis compatriotas y de toda clase de ciudadanos y nunca se me acusó de insubordinado
a las ((323)) Autoridades. Pongo por testimonio de ello mi vida, mis palabras, mi predicación, mis libros. Hasta que la revolución no se
adueñó de mis compatriotas y los cargos públicos estuvieron en sus manos, mi obra fue siempre apreciada por todos; sólo desde que
muchos destinos cayeron en manos extranjeras (y no me refiero a usted) me convertí en el blanco de los amargados. Estos, incapaces de
proveer ellos mismos a la miseria de los hijos del pueblo, obstaculizan y menosprecian a los que les atienden; y, aún más, conspiran para
destruir obras que nos costaron dinero, fatigas y sudores.

Ante estas palabras, demasiado claras para no ser comprendidas, el Delegado, que era precisamente extranjero, interrumpió a don
Bosco y le dijo:

-Espere un momento; piensa usted que, por ser forastero, yo soy un adversario suyo?

-No, señor Comendador, y por eso yo le he exceptuado. Yo entiendo hablar de ciertos señores, que sacrifican el bienestar de sus
conciudadanos propagando mentiras, con el fin de dar un paso adelante en el cargo o para enriquecerse. Estos hombres indeseables son la
ruina de la sociedad civil.

Al llegar a este punto, advirtió Selmi que don Bosco iba tocando ciertas teclas que no sonaban bien a sus oídos; buscó desviar la
conversación y, verificando un diestro cambio, dijo:
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-Usted dice bien; en esto estoy perfectamente de acuerdo; pero le notifico que me gustan muy poco sus libros.

Como puede ver el lector los libros de don Bosco aquí no venían a colación y sentaban, como vulgarmente se dice, igual que a un
santocristo un par de pistolas. Con todo, con la confianza de poner un rayo de luz en medio de las tinieblas y atraer a su interlocutor a
buen terreno, secundó el cambio de conversación y respondió:

-Siento que mis pobres escritos no tengan la fortuna de complacerle, pero si V.S. se dignase señalarme los defectos, los tendría en
cuenta para futuras ediciones.

((324)) -Es usted el autor de la biografía del jovencito Domingo Savio?

-Ciertamente.

-Pues bien, ese libro está lleno de fanatismo; lo leyó mi hijo y quedó tan impresionado que a todas horas pide que se le lleve a don
Bosco y casi temo que se le trastorne el juicio.

-Esto querría decir que los hechos en él contenidos están claramente expuestos o, por lo menos, pueden ser fácilmente comprendidos
por los jovencitos e interesar su gusto. Era precisamente mi intención. Mas, con relación al lenguaje y al estilo ha encontrado usted algún
defecto que corregir?

-De esto no; más bien he notado pureza y propiedad de lenguaje y un estilo fácil y popular. Pero, dejando de lado este librito de poca
monta, no puedo pasar por buena su Historia de Italia, que corre en manos de todos. Para desaprobar este su libro bastaría recordar cuanto
usted escribió sobre Carlos Fernando III, Duque de Parma 1. ((325)) De aquel criminal, que las hizo de todos los colores,

1 Para la más clara inteligencia del hecho, creemos oportuno reproducir aquí lo que don Bosco escribió de él:

"Por la tarde del día 26 de marzo de 1854, regresaba este príncipe al palacio real después del paseo. Al llegar a una esquina de la calle,
un desconocido de mediana estatura y melenudo, que estaba allí al acecho, le robó, le clavó un puñal en el pecho y, dejando el puñal en la
herida se dio a la fuga. Cayó el príncipe como muerto. Su ayudante le levantó, extrajo el puñal de la herida y, entre la multitud allí
reunida, fue conducido al palacio. El golpe se consideró mortal y, en efecto, a las pocas horas, el príncipe se hallaba en inminente peligro
de muerte. Antes de ningún otro remedio, recordando los principios del buen cristiano, pensó en proveer a la salvación de su alma. Pidió
él mismo confesarse y recibió los demás sacramentos con gran edificación de sus súbditos. Preguntado si había podido reconocer al
asesino, respondió:

-Su figura no es parmesana; hace tres días que me persigue, le vi mirarme de frente, por detrás y de perfil; pero, yo le perdono de
corazón: y, si alguna vez fuese descubierto, no quiero que reciba más castigo que el destierro. Cúmplase la voluntad de Dios. Yo acato la
muerte en reparación de mis pecados.

Cuando supo que ya no había esperanza de vida, convocó en derredor de su lecho a todos los palaciegos y siervos de la corte y les pidió
perdón de los disgustos y malos ejemplos que
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usted ha forjado un héroe, un mártir. Puedo asegurarle que eran dos mil los que se habían ofrecido y ligado con juramento para asesinarle,
uno a falta de otro.

-Yo ignoraba este último detalle; mas, aunque lo hubiese conocido, no podría asegurar que lo hubiera escrito, pues mi compendio de
historia es para uso de la juventud y por esto debía restringirme a ciertos límites y elegir solamente aquellos hechos que pudieran servir de
provecho moral a mis lectores. Por lo demás, no he tejido una biografía de aquel príncipe, sino que he narrado solamente su trágica
muerte, que declaré muerte de buen cristiano, porque en efecto murió resignado a la volundad divina, fortalecido con los auxilios de la
religión y perdonando a su asesino.

-Basta, yo le aconsejaría que corrigiese esa historia, antes de reimprimirla.

-Si usted, señor Comendador, quisiera ser tan amable que me indicara o advirtiera las modificaciones o correcciones a hacer, le aseguro
que lo tendría muy en cuenta para la nueva edición.

-Me agrada su condescendencia; usted no es obstinado en sus ideas; y esto me gusta. Mas ahora pasemos a otro asunto, y dígame qué
impedimento tiene para sus escuelas y qué dificultad halla para someterse a la Autoridad escolástica.

-No tengo ninguna dificultad, sólo suplico a V. S. quiera concederme que los actuales maestros puedan continuar su enseñanza en las
clases de las que están actualmente encargados.

-Quienes son esos maestros?

((326)) -Son Francesia, Durando, Cerruti y Anfossi.

-Y por quién son pagados?

-Por nadie. Ellos también fueron alumnos del Oratorio y ahora disfrutan dedicando sus propias fatigas en favor de los demás, como
otros las emplearon antaño para ellos.

-No veo ninguna dificultad en ello. Si eso es así, yo lo apruebo sin más. Envíeme solamente una petición formal indicando el nombre

les había dado. Luego comendó a los hijos obediencia a la duquesa su madre y el cumplimiento de todos sus deberes. Recitó varias veces
en voz alta el Padrenuestro, pronunciando con profundo sentimiento las palabras: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros
perdonamos a nuestros deudores. Estrechando el crucifijo entre las manos, lo besaba a menudo con tales muestras de cristiana piedad que
todos los presentes estaban profundamente conmovidos. Así moría un príncipe herido a traición en la flor de sus años: perdonando al
propio asesino. Expiró veintitrés horas después del asesinato, a la edad de treinta y un años, dejando heredero a su primogénito de seis
años, bajo la regencia de la Duquesa su esposa". (V. Historia de Italia de don Bosco).
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de los maestros y la clase que atienden y yo expediré inmediatamente el necesario decreto de aprobación.

-Se lo agradezco de corazón, señor Comendador, y guardaré profunda gratitud por tal favor. Pero antes de despedirme, quisiera pedirle
un favor y es que se digne tomar a mis muchachos bajo su protección, y que, un día u otro, venga a honrarnos con su presencia. Estoy
persuadido de que V.S., amante como es de los pobres, experimentará una gran satisfacción al contemplar allí reunidos a un millar de los
más necesitados de ellos.

Estas palabras de don Bosco llegaron al alma de Selmi, que mirándole con ojos de complacencia, dijo:

-Querido don Bosco, usted es un ángel en la tierra. Le doy mi palabra de que, en adelante, haré cuanto yo pueda en favor de sus
muchachos y que pronto visitaré su Instituto con mi familia. Espero también que en el porvenir nuestras conversaciones tendrán mejor
talante que el de esta primera. Estoy contento de haberle conocido y tratado. Nos hemos entendido y nos despedimos hasta tener el gusto
de volvernos a ver.

Así concluyó, gracias a Dios, la citada visita, que amenazaba en un principio doloroso desenlace. Desde entonces, el delegado Selmi,
convencido del bien que el Oratorio prestaba a la gente pobre, siempre lo trató con mucha bondad y lo favoreció hasta donde alcanzaban
los límites de su autoridad.

((327)) En llegando a casa, don Bosco envió la demanda formal para la aprobación de los maestros, de acuerdo con las anteriores
aclaraciones.

Ilmo. Sr. Delegado:

Respetuosamente expongo a V.S. Ilma. que, deseoso de promover la enseñanza secundaria entre la clase popular menos acomodada he
iniciado los cursos de bachillerato para los muchachos pobres internados en esta casa, con el fin de dar estudios a unos y un arte u oficio a
otros, como medio para ganarse honradamente el sustento. En el pasado siempre se uniformaron las enseñanzas a los programas y
disciplinas estatales. Pero, ahora, deseando obtener reconocimiento oficial de estas escuelas, acudo a usted, Ilmo. Sr. Delegado,
respetuosamente a fin de que sean aprobadas como Instituto privado, de acuerdo con el artículo doscientos cuarenta y seis de la ley de
Instrucción Pública.

La enseñanza seguirá los programas y disciplinas oficiales, conforme al artículo mencionado, tal y como se ha practicado hasta ahora.

Respecto a los maestros propongo, para el 1.° de bachillerato, al sacerdote Víctor Alasonatti, diplomado para el 4.° de latín, según la
anterior nomenclatura.

Para la aritmética al sacerdote Angel Savio, profesor diplomado para la cuarta elemental.
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Para el 2.° de bachillerato, al clérigo Juan Anfossi.

Para el 3.° de bachillerato, al clérigo Celestino Durando.

Para el 4.° de bachillerato, al clérigo Francisco Cerruti.

Para el 5.° de bachillerato, al sacerdote Juan Francesia.

Para los cuatro últimos no poseo más títulos que la declaración de sus profesores, pero además de la clase que imparten, desde hace seis
años, en la clase respectiva, asisten también a las lecciones de letras griegas y latinas en nuestra Regia Universidad. Sus jóvenes alumnos
consiguieron brillantes resultados. Ninguno de ellos recibe paga alguna y todos desarrollan caritativamente su trabajo. Para los cuatro
últimos suplico una aprobación provisional reservándome, para el tiempo que se me fije, el presentar a esos mismos u otros, pero con
todos los títulos exigidos por la Ley.

Además, los estudios seguirían bajo la dirección del benemérito profesor de retórica don Mateo Picco, como siempre lo estuvieron
hasta el presente.

Advierto, de paso, que la finalidad de esta Casa es que estas escuelas de bachillerato sean una especie de Seminario menor, donde
puedan realizar estudios aquellos jovencitos que poseen ((328)) talento y virtud, pero están privados o escasean de medios de fortuna.

Confiando en que mi humilde petición alcance su benigna consideración, tengo el honor de poderme declarar.

De V. S. Ilma.

Turín, 4 de diciembre, 1862.
Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

El Delegado, antes de conceder la aprobación que se pedía, acaso para proceder con pleno conocimiento de causa y dar a conocer que él
no se dejaba conducir a ciegas, escribía a don Bosco:

Turín, 11 de noviembre, 1862.

Habiendo delegado al Secretario de este departamento, doctor Camilo Vigna, para visitar los locales de ese Centro, cuya aprobación
pide usted, el que suscribe participa a V. S. Ilma. disponga como le plazca, a fin de que si se presentara un día coincidiendo con que V. S.
esté ausente no encuentre obstáculo para el cumplimiento del encargo encomendado.

El R. Delegado

F. SELMI
El doctor Camilo Vigna fue y quedó satisfecho de las escuelas y del aspecto de los alumnos. A continuación, el Delegado, con fecha 21
de diciembre, envió el prometido decreto por el cual las escuelas del Oratorio estuvieron durante aquel año al seguro de cualquier
contratiempo.

El R. Delegado pidió poco después una estadística del Bachillerato en el Oratorio durante el año escolástico 1861-62, que don Bosco no
tardó en remitirle 1.

1 Véase el apéndice n.° 2, al final del Volumen.

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((329))

CAPITULO XXXII

DEL DOLOR SANTIFICADO NACEN GRANDES COSAS -LECTURAS CATOLICAS: DATOS HISTORICOS SOBRE LA VIDA
DE LA BEATA CATALINA DE MATTEI, NATURAL DE RACCONIGI -ELOGIO DE ARMONIA -LA NOVENA DE LA
INMACULADA: FLORECILLAS RECOMENDADAS POR DON BOSCO -NOCHES PAVOROSAS DE UN JOVEN QUE NO
QUIERE CONVERTIRSE -LAS CUESTIONES ESCOLARES IMPIDEN A DON BOSCO IR A CUMIANA -DON BOSCO
DESCUBRE A ALGUNOS DE SUS CONFIDENTES LA INSPIRACION DE COMENZAR LA CONSTRUCCION DE UNA
IGLESIA EN HONOR DE MARIA AUXILIADORA -LA FIESTA DE LA INMACULADA -PLATICA FAMILIAR: EL PROXIMO
AÑO SE ABRIRA EL COLEGIO DE MIRABELLO: INSCRIPCION VISTA EN SUEÑOS SOBRE LA CASA DE VALDOCCO;
DURAS CONTRARIEDADES SUFRIDAS EN OS PRIMEROS TIEMPOS DEL ORATORIO -UNA CONFERENCIA DE DON
BOSCO A LOS SALESIANOS: UN SUEÑO; UN EMPINADO MONTE QUE ESCALAR; ESPLENDIDAS MESAS PREPARADAS
EN LA CUMBRE; SUS PRIMEROS COLABORADORES CANSADOS SE NIEGAN A SUBIR; LLEGARAN A LA CIMA LOS
MUCHACHOS EDUCADOS POR EL -ORDENES SAGRADAS

JESUS crucificado da solemnes enseñanzas a quien es capaz de comprenderlas: del dolor nacen las grandes cosas y surgen los caracteres
valientes como las flores de las espinas. Don Bosco, que tenía siempre los ojos fijos en lo alto en su divino modelo, comprendió y
practicó aquellas enseñanzas, sufrió y se fatigó durante casi toda la vida; fortificó su carácter en los padecimientos, nunca se apartó de la
senda que le había sido trazada y así pudo realizar grandes y maravillosas ((330)) empresas. Soportaba el dolor con la tranquilidad
imperturbable y la paciencia que lo convierten en mérito y en fortaleza, pues por él se conforma el hombre con el querer de Dios.

Tenemos también prueba de nuestra afirmación en las últimas semanas del año 1862, que habrían acarreado un mortal desaliento a las
almas débiles.
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Diremos primeramente que don Bosco andaba con la edición de un opúsculo de las Lecturas Católicas para los meses de enero y
febrero de 1863, que se imprimía en el taller del Oratorio. Su título era: Datos históricos sobre la vida de la beata Catalina de Mattei,
natural de Racconigi, perteneciente a la Orden de Penitentes de Santo Domingo, por el sacerdote Juan Bosco.

Es una biografía maravillosa impregnada de hechos sobrenaturales. Don Bosco advertía de ello al lector en estos términos: "El lector
hallará ciertamente cosas nada corrientes en las vidas de los santos.
Pero en las más estrepitosas obras que Dios realiza en sus siervos, manifiesta su infinita santidad en favor del género humano...

...Haga El, por intercesión de esta Beata, que se multipliquen sus favores, especialmente en estos tiempos, para que gocen de paz los
príncipes cristianos, sea extirpada la herejía, triunfe la santa Iglesia Católica de Jesucristo, se reúnan respetuosos los hombres de todo el
mundo en torno al Sumo Pontífice, se forme en la tierra un sólo rebaño bajo un solo pastor".

Don Bosco recomendaba a sus lectores fervorosa oración, obras buenas, comunión frecuente y filial devoción a María Santísima, como
medios para mantenerse fieles a Dios, y observaba:

"La vida del hombre es corta, nuestros días pasan como una sombra, como una ola, como un relámpago, cosas todas que no vuelven
más. Ea, no perdamos inútilmente los días que Dios nos da para ganarnos los bienes eternos; hagamos el bien mientras tengamos
tiempo".

Don Bosco sentía devoción a la beata Catalina e iba a ((331)) Caramagna para venerarla en las habitaciones donde habitó durante
muchos años y murió, donde se conserva un brazo suyo en un precioso relicario. Armonía hacía el elogio de este opúsculo el 28 de enero
de 1863 1.

Mientras tanto había comenzado la novena de la fiesta de la Inmaculada

1 "Decir que este librito se escribió de modo que se pudiera decir que en él están contenidas por igual la piedad y la ciencia, no es más
que decir la pura verdad. Pero esto no basta. Nosotros debemos añadir que estos datos históricos han sido recogidos y ordenados por el
sacerdote Juan Bosco y con esto estamos seguros de haber hecho la mejor alabanza de este libro, porque cuanto sale de la pluma de este
insigne hombre de Dios no sólo está bien redactado, sino que está escrito tan bien como para dejarse leer hasta por los más melindrosos.
No dudamos, pues, que esta vida de nuestra paisana, la beata Catalina de Mattei, será leída con sumo gusto y aprovechamiento por
nuestros suscriptores. No obstante queremos recomendarla particularmente a las jóvenes cristianas, convencidos de poner en su mano un
modelo, que será fácilmente imitado por estar unido a ellas con los lazos de la nacionalidad y casi diremos de la ciudadanía".
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Concepción de la Santísima Virgen María, y don Bosco exhortaba a sus alumnos a celebrarla con mucha piedad y escribía las florecillas
para practicar durante aquellos días. Cada noche presentaba y explicaba una de ellas, ya él mismo, ya don Miguel Rúa, si don Bosco no
podía.

He aquí el manuscrito de don Bosco.

NUEVE GUARDIANES DE LA SANTA VIRTUD DE LA PUREZA

1.° Fuga del ocio.
2.° Fuga de los malos compañeros.
3.° Trato con buenos compañeros.
4.° Confesión frecuente.
5.° Comunión frecuente.
6.° Oración frecuente a María.
7.° Oír bien la santa misa.
8.° Revisión de las confesiones pasadas.
9.° Pequeñas y frecuentes mortificaciones en honor de María.

El mayor y más poderoso guardián de la pureza es el pensamiento de la presencia de Dios.

La Virgen aceptaba las oraciones y florecillas de los buenos chicos y, de diversos modos alejaba en todas sus novenas ((332)) del
Oratorio, al que no merecía su protección. Esto sucedió también en aquélla a un infeliz, que con la fantasía agitada por los
remordimientos, con todo no quería resolverse a obrar bien.

Don Domingo Belmonte nos contó que, siendo él estudiante, un muchacho de su curso, por nombre Ton... y de pésima conducta, no
había querido nunca ir a confesarse. Huía siempre de don Bosco e inútilmente intentaban los buenos compañeros acercarlo al superior.
Una tarde le hizo a Belmonte una confidencia:

-Escucha, voy a contarte en secreto lo que me sucede desde hace varias noches. A cierta hora me parece como si una mano agarrara mis
mantas y las tirara hacia los pies de la cama: yo me despierto e intento en vano ponérmelas bien. De nuevo me las quita de encima poco a
poco. Tengo un miedo que no puedo explicar.

-Será un sueño, una imaginación, contestó Belmonte.

-Un sueño? Yo estoy despierto como ahora. Mira, he probado resistir no sólo con las manos sino que hasta he agarrado con los dientes
el borde de la manta, pero todo inútil. A fuerza de tirar se ha roto la manta por la parte del borde.

Belmonte fue a cerciorarse y vió que, en efecto, la manta estaba rota de aquel modo.
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Ton... le dijo:
-Pregunta tú a don Bosco la causa de este fenómeno.
-Pregúntaselo tu mismo, respondió Belmonte; ya sabes cuánto desea que tú le hables.
-Preguntárselo yo? Jamás... Pero, qué será?
-íVaya una gracia, el diablo!
-Y qué tengo que hacer?
-Una buena confesión, replicó Belmonte.
Mas el joven se marchó del Oratorio.
Era ya el cuarto día de la novena y todo se conjuraba para obligar a don Bosco a cerrar sus clases de bachillerato. Había prometido al

conde Javier Provana di Collegno ir a Cumiana al día siguiente, por ser la fiesta del apóstol de las Indias. ((333)) Mas, no pudiendo en
circunstancias tan críticas ausentarse de Turín, le escribió una carta En ella se transparenta la paz de su espíritu.

Amadísimo Señor Conde:

El caballero Oreglia, mi afortunado representante, le dirá los diversos motivos que me impiden ir a Cumiana a pesar de la hermosa
jornada de san Francisco Javier. Paciencia: espero poder hacerlo más tarde, cuando esté usted con su familia en Turín.

Con todo, no quiero que mi permanencia en el Oratorio le resulte inútil; también nuestros muchachos tienen gran devoción a este santo
y, por tanto, esta tarde y mañana por la mañana habrá muchas confesiones. Las comuniones de mañana y la misa que, con la ayuda del
Señor espero celebrar, serán ofrecidas a Dios según su santa intención. Este es el humilde ramillete que los muchachos de esta casa y yo
le ofrecemos para honrar su hermoso día onomástico.

Le adjunto unas cuantas estampas, para repartir como le plazca.

Acepte, señor Conde, estos pequeños signos de mi afecto y gratitud para con usted y toda su familia. Deseando a todos las bendiciones
del cielo, tengo el honor de profesarme con el mayor aprecio.

De V. S. muy apreciada.

S.S. y buen amigo
JUAN BOSCO, Pbro.
Pero se calmó la tempestad escolástica y la Santísima Virgen cumplía su gracia con la nueva inspiración de una obra inmortal. Así nos
lo contaba don Pablo Albera.

Un sábado del mes de diciembre, quizás el día 6, terminó don Bosco de confesar a los muchachos hacia las once de la noche y bajó a
cenar al comedor próximo a la cocina. Estaba pensativo. Sólo el clérigo Albera se encontraba con él. Súbitamente don Bosco comenzó a
decirle:

-He confesado tanto que, la verdad, casi no sé lo que he dicho o

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hecho. Tanto me preocupaba una idea que me distraía y me sacaba de quicio. Yo pensaba: nuestra iglesia es demasiado pequeña, no
caben en ella todos los muchachos y están apiñados unos sobre otros. Por consiguiente, haremos otra más bonita y más amplia, que sea
magnífica. ((334)) Le daremos el título de: Iglesia de María Auxiliadora. No tengo un céntimo, no sé de dónde sacaré el dinero, pero eso
no importa. Si Dios la quiere, se hará. Yo lo intentaré y, si no se hace, que la vergüenza del fracaso sea toda para don Bosco. Que diga la
gente: Coepit aedificare et non potuit consummare. (Empezó a edificar y no pudo terminar).

El clérigo Albera guardó la confidencia para sí, mas poco tiempo después, en 1863, le dijo don Víctor Alasonatti, a quien hacía de
secretario:

-Sabes una cosa? Me ha dicho don Bosco que quiere edificar una gran iglesia. Y ya ha comenzado a trabajar en ello. Aquí hay una
petición de ayuda al gran Maestre de la Orden de San Mauricio y San Lázaro para esta obra. Hazme el favor de copiarla.

Reveló igualmente este su propósito a don Juan Cagliero, quien afirmaba:

"En 1862, me dijo don Bosco que pensaba construir una grandiosa iglesia, digna de la Santísima Virgen. Hasta el presente, añadía,
hemos celebrado con solemnidad y pompa las fiestas de la Inmaculada y en este día comenzaron nuestras primeras obras de los oratorios
festivos. Pero la Virgen quiere que la honremos con el título de María Auxiliadora: corren unos tiempos tan tristes que ciertamente
necesitamos que la Santísima Virgen nos auxilie para conservar y defender la fe cristiana. Y sabes por qué?

"-Creo, respondí yo, que será la iglesia madre de nuestra futura Congregación y el centro de donde surgirán todas nuestras obras en
favor de la juventud.

"-Lo has adivinado, me dijo: María Santísima es la fundadora y será la sostenedora de nuestras obras".

La fiesta de la Inmaculada de aquel año se celebró en el Oratorio con gran alegría, especialmente porque el problema de las escuelas
estaba solucionado por el momento.

"En la noche de este día, escribe Bonetti en su crónica, hallándose don Bosco con algunos de sus jóvenes y clérigos, habló de más cosas
referentes al Oratorio. Adviértase que desde el principio de su fundación, ((335)) don Bosco dió siempre, el día de la Inmaculada, una
conferencia especial a sus colaboradores. Como se hablara del colegio que debía inaugurarse para el año siguiente en Mirabello, si
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Deus dederit (si Dios quisiera), el clérigo Provera le preguntó si contaba ya con alguna persona externa y de mérito para unirse a sus
colaboradores y a la Congregación. Don Bosco respondió que el Señor lo haría todo por medio de los jóvenes que habían sido alumnos
del Oratorio y en tanto nos contó (y lo hemos descrito ampliamente a su tiempo) cómo él, estando todavía en el Refugio, había visto una
casa fabricada en la misma forma que la actual y sobre ella escrito con caracteres cubitales: Hic nomen meum. Hinc inde exibit gloria
mea. (Aquí está mi nombre. De aquí saldrá mi gloria).

"Al preguntarle nosotros de quién eran aquellas palabras, nos contestó que del Señor, y que él ya las habría hecho escribir sobre esta
casa, si no fuese por no dar ocasión a alguno a tildarnos de soberbios. De estas palabras procedía aquella su constancia, que él llamaba
testarudez, por la cual, aunque se viera abandonado por todos, puesto en ridículo, hasta por los más íntimos amigos, jamás cedió.
Finalmente, que el Señor le había concedido aquella casa que había visto, que es la actual.

"Nos contó así mismo las luchas sostenidas: cómo los mismos que un día habían sido colaboradores para reunir a los muchachos
hicieron después lo posible para quitárselos; cómo lo habían conseguido, pues de los quinientos y más jóvenes que tenía en los días
festivos, no le quedaron más que siete u ocho; estas luchas habían empezado en 1848, cuando don Bosco no quiso de ninguna manera
participar con sus muchachos en ciertas fiestas denominadas nacionales.

"En aquellos tiempos hubo alguno de sus colaboradores que acompañó a dichas fiestas a los muchachos del Oratorio de Puerta Nueva,
y don Bosco le hizo saber cómo quería que la casa tuviese un solo ideario; que se cumpliesen sus órdenes, y que no necesitaba ((336)) de
su ayuda, ya que las habían transgredido de aquel modo. De aquí las oposiciones, las calumnias, y toda suerte de villanías sobre su
conducta, la más suave de las cuales era decir que don Bosco estaba medio loco".

Don Bosco repetía a menudo que el Señor llevaría todo a cabo por medio de los jóvenes que habían sido formados en el Oratorio.

El había continuado sus conferencias a los hermanos de la Pía Sociedad. Don Pablo Albera recuerda una de aquellos tiempos que
produjo profundo efecto entre los reunidos. Narró que había tenido un sueño en el cual le pareció verse rodeado de jóvenes y sacerdotes.
Habiéndoles hecho la propuesta de escalar una alta montaña poco distante, todos condescendieron. En la cumbre estaban preparadas
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las mesas para un magnífico banquete, que debía ser alegrado con música y espléndidas fiestas. Emprendieron todos el camino. La subida
era escarpada y pesada, se encontraron diversos obstáculos a veces difíciles de superar y a veces molestos para quien ya iba cansado, de
modo que a un cierto punto todos se sentaron. También don Bosco se sentó y, después de arengar a sus acompañantes para animarles a
proseguir la subida, se levantó y prosiguió la marcha a paso ligero. Mas, a poco, se volvió para mirar a sus seguidores y observó que
todos se habían vuelto atrás y se había quedado solo. Descendió al momento del monte y fué a buscarse otros compañeros. Los encontró,
los guió hacia aquellas alturas, a veces abruptas, y de nuevo desaparecieron todos.

-Entonces, dijo don Bosco, yo pensé: sin embargo debo llegar hasta arriba y no solo, sino acompañado de muchos otros... Esa es mi
meta... Es mi misión... Y cómo haré para cumplirla?... íYa lo entiendo! Los primeros fueron seguidores piadosos, virtuosos, con buena
voluntad, pero no probados y según mi espíritu, no acostumbrados a superar las sendas difíciles, no vinculados entre sí y conmigo, con
lazos especiales... Y por esto me abandonaron. Mas yo remediaré el fallo. ((337)) Fué demasiado amargo mi desengaño... Veo lo que
debo hacer... No puedo contar más que con los que yo mismo haya formado. Por tanto, volveré a la falda del monte, reuniré a muchos
niños, haré que me quieran, les adiestraré a aguantar con entusiasmo pruebas y sacrificios. Me obedecerán de buena gana... Subiremos
juntos al monte del Señor.

Y volviéndose de repente a los congregados, les dijo que había puesto en ellos sus esperanzas, y, durante una larga hora, les animó
fogosamente a ser fieles a su vocación, en vista de las gracias sin número que la Virgen les concedería y del premio seguro que el Señor
les tenía preparado.

Entre los muchos que habían respondido hacía tiempo con santo entusiasmo a la llamada de don Bosco se hallaba el diácono José
Bongiovanni, promotor de la Compañía de la Inmaculada, fundador y presidente de la Compañía del Santísimo Sacramento y del Clero
Infantil, que debía ordenarse de sacerdote en las próximas témporas, el 20 de diciembre. Aquel año había un retraso para Bongiovanni y
otros clérigos por parte del Ministerio de Cultos que tardaba en conceder el Placet regio, por lo que don Bosco escribía al canónigo
Vogliotti:
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Ilustrísimo Señor:
He ido esta mañana al Ministerio de Gracia y Justicia para saber si hubo ya deliberación sobre los rescriptos pontificios de los
ordenandos; se me prorrogó la respuesta hasta esta tarde.
Por el momento se me ha asegurado que no hubo dificultad para ninguno y que, no habiéndose podido extender el correspondiente

decreto real, mañana (viernes) se enviará oficialmente una carta de conjunto al señor Vicario General.
Le notifico esto para su norma, mientras con toda estima y gratitud tengo el honor de profesarme
De V. S. Ilma.

Turín, 11 de diciembre, 1862.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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((338))

CAPITULO XXXIII

ULTIMAS VISITAS DEL HERMANO DE DON BOSCO AL ORATORIO: SU BONDAD Y SU PIEDAD -JOSE CAE ENFERMO Y
MUERE EN I BECCHI ASISTIDO POR DON BOSCO -LA FAMILIA DEL HERMANO -EL ORATORIO RECIBE LA FACULTAD
DE CONSERVAR Y ADMINISTRAR LOS SANTOS OLEOS -PREVISIONES Y CONSECUENCIAS DE DOS VOCACIONES NO
SEGUIDAS -SUEÑO DE DON BOSCO MIENTRAS SE CUMPLE SU PREDICCION SOBRE LA MUERTE DE UN ALUMNO
-NUEVAS DISPOSICIONES CIVICAS PARA LOS ENTERRAMIENTOS -NAVIDAD: DON BOSCO LEE EN LA CONCIENCIA
DE UN MUCHACHO -OTRA PREDICCION DE MUERTE CUMPLIDA EN INOLVIDABLES Y CONMOVEDORAS
CIRCUNSTANCIAS -EL ROSAL FLORECIDO DURANTE EL INVIERNO EN LA VENTANA DE UNA HABITACION DONDE
DON BOSCO ESTA HOSPEDADO

YA hemos dicho, en otro volumen, lo mucho que se querían los dos hermanos Juan y José Bosco. También los alumnos del Oratorio
profesaban gran afecto a José y, lo mismo cuando ellos iban a I Becchi que cuando él venía a Turín, siempre estaban a su alrededor.
Querían oírle contar sucesos amenos de don Bosco y sus virtudes de cuando todavía era niño; y José recordaba centenares de anécdotas.
Pintaba a su hermano Juan conduciendo las vacas al pasto, cavando las viñas, podando las vides, dallando la hierba, segando el trigo,
agavillando, trillando y beldando las mieses en la era.

-Pero siempre y en todas partes, añadía él, llevaba consigo un amigo inseparable; un libro, lo mismo que guiara o que guardara la
vacada ((339)) en el pastizal, que fuera o volviera del campo, a pie o en el carro, siempre se le veía con el libro en la mano. En las horas
en que los demás tomaban un bocado y descansaban, él hacía lo mismo, pero sostenía con una mano el panecillo y con la otra el libro que
leía. Al final de la jornada regresaba a casa, merendaba y, mientras todos descansaban, él se metía en su cuartito y se pasaba varias horas
estudiando. Durante algún tiempo se iba por la mañana
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temprano a clase con el capellán de Morialdo y hacía los deberes por la noche.

José recordaba, además, las escuelas de Castelnuovo, el colegio y el Seminario de Chieri, pero ocultaba los grandes sacrificios,
realizados por él mismo, para que don Bosco llegase a ser sacerdote.

Estaban ávidos los alumnos de aquellas narraciones, siempre instructivas, pero podían disfrutar de ellas pocas veces, porque José
solamente iba al Oratorio en dos o tres ocasiones al año y por pocos días. El trabajo y los múltiples quehaceres le tenían atado en
Morialdo. Era considerado en Castelnuovo y sus alrededores como hombre de singular talento, virtud y generosidad sin igual. En
consecuencia le presentaban los más difíciles y complicados pleitos, que se arreglaban amigablemente según su dictamen, pues todos se
rendían sin replicar a su decisión. Cuando alguien estaba agobiado por las deudas, si él podía, satisfacía al acreedor, por lo que era muy
querido de todos y reputado como el ángel consolador de las familias. La educación cristiana recibida de su madre había hecho germinar
en su corazón las más amables virtudes. El no vivía para las cosas de la tierra, sino que suspiraba por las riquezas del paraíso. Se puede
decir que había previsto su muerte. Un día del mes de noviembre apareció inesperadamente en el Oratorio. Tenía en Turín alguna
pequeña cuenta que liquidar y la pagó; aquel mismo día quiso confesarse y comulgar.

-Mas por qué, le dijo don Bosco, has venido en este tiempo en el que no acostumbras alejarte de casa?

-Porque, contestó José, sentía un gran deseo ((340)) de saldar todas mis deudas y de confesarme. Me parece... me parece... que una voz
me dice que me dé prisa.

Don Bosco quiso retenerlo consigo unos días, pero él se empeñó en marchar. Sin embargo, poco tiempo después, regresó:

-De nuevo estás aquí?, exclamó don Bosco al verle; ocurre algo en casa?

-No; he venido para pedirte un consejo. Ya sabes que me hice fiador de fulano: ahora me viene una duda. Si vivo no me retracto; estoy
pronto a pagar y pagaré: pero y si muriese?

-Si mueres, todo está acabado, observó don Bosco sonriendo;
pague el que queda.

-Pero yo no querría que perdiese el acreedor, después de haber confiado en mi palabra.

-En cuanto a eso descansa tranquilo. Si tú no pudieras pagar, saldría yo fiador.
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-Te lo agradezco; así está bien; ya no pienso más en nada.

Volvió a casa y puso todo en orden, como quien está seguro de partir para la eternidad. Estaba perfectamente bien. Cuando he aquí que,
transcurrida una corta semana, se vió obligado a acostarse y, a poco, llegó el fin de sus días. Ante la dolorosa noticia, recibida en la tarde
del día 11 de diciembre, don Bosco alquiló inmediatamente un coche y marchó a I Becchi para asistirle, acompañado del alumno
Francisco Cuffia. Apenas entró en la habitación del enfermo, éste le preguntó:

-Don Bosco, qué me traes de Turín?

Y le contestó:

-Te traigo el Reino de Dios.

Le asistió hasta los últimos momentos. Tuvo el consuelo de administrarle los auxilios de la religión y José, serenamente, como un
santo, pasó de los brazos del hermano a los de Dios, el 12 de diciembre de 1862.

Todavía se conserva en I Becchi su retrato, dibujado por Tomatis, con perfecto parecido.

Don Bosco se encargó de los hijos del primogénito de José ((341)) proporcionándoles en sus colegios una instrucción y educación
adecuada a su estado; el hijo resultó, como su padre, un buen campesino y de las cinco hijas, tres se consagraron al Señor como Hijas de
María Auxiliadora, una se casó y la otra murió joven.

El otro sobrino, Luis, educado en el Oratorio y vuelto a la casa paterna para cuidar los campos, no quiso adaptarse a aquella vida
trabajosa. Como deseaba emprender una carrera civil, su padre lo mandó a estudiar a una ciudad vecina y llegó a ser escribano del
juzgado. Don Bosco no dejó nunca de aconsejarle y de darle alguna vez las convenientes reprensiones, cuando vió que no cumplía con los
deberes de buen cristiano; mas no quiso nunca ayudarle en nada, afirmando que no contaba con medios para tal fin.

Al volver don Bosco de Castelnuovo vio satisfecha por la Curia una petición muy deseada. El párroco de San Simón y San Judas, bajo
cuya jurisdicción estaba el Oratorio, había escrito al Vicario Capitular.

El párroco, abajo firmante no tiene objeciones en contra para que el Ilustrísimo y Reverendísimo Superior Eclesiástico, mientras en su
prudencia lo juzgue para mayor bien, conceda al Oratorio de Valdocco, bajo la denominación de San Francisco de Sales, la facultad de
conservar y administrar los Santos Oleos: solamente desearía que, a la gracia implorada, se unieran las siguientes condiciones:
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1.° Que la facultad sea concedida únicamente para dentro del Instituto, para evitar abusos.
2.° Que el Oratorio se provea de los Santos Oleos en la Semana Santa en la iglesia parroquial, como señal de dependencia.
3.° Que el Oratorio se obligue a avisar a la parroquia, cuando en el mismo se encuentre alguna persona gravemente enferma, y esto para

el ejercicio de los derechos y responsabilidades.
El que suscribe, no obstante, se atiene en todo a las apostólicas y prudentes disposiciones del Ilmo. y Rvdmo. Sr. Vicario General.

Borgo Dora, 13 de diciembre, 1862.
GATTINO, párroco.

((342)) Esta concesión, con carácter de privilegio, que ya no sería revocada nunca, descargaba a don Bosco de muchas preocupaciones,
especialmente en los casos de urgencia. El gran número de alumnos, cada vez mayor, hacía del Oratorio casi una parroquia.

Entre tanto había empezado la novena de Navidad, que debía solemnizarse el día 21, cuarto domingo de adviento, con la primera misa
de don José Bongiovanni. La seguridad que don Bosco tenía sobre la perseverancia en la Congregación de éste su excelente alumno le
consolaba ante la poca correspondencia de otros dos clérigos, a quienes quería y por quienes se sacrificaba para su bien. Tal vez fue este
pensamiento el que inspiró un diálogo entre don Bosco y uno de sus salesianos, el cual nos lo transmitió escrito en un pliego. Monseñor
Cagliero, que estaba presente, nos aseguró la exactitud de esta relación y don Pablo Albera nos confirmó el cumplimiento de cuanto don
Bosco narró.

Transcribimos el escrito:

"Son frecuentes los hechos que nos dan a conocer que don Bosco está dotado de espíritu profético, sobre todo en lo que se refiere a lo
espiritual o también a asuntos temporales ligados con lo espiritual. El 19 de diciembre de 1862, durante la comida, le dijo:

"-Tenemos al clérigo Da..., que no marcha bien.

"-No sé nada, contestó don Bosco.

"-Me dijo el doctor que lo visita en Bra, en cuyo Seminario se encuentra, que está amenazado por una fístula en la boca y que por eso
había venido a Turín, para consultar con algún dentista experto, porque la causa del mal estaría en un diente picado.

"-Y no dijo nada más el médico?

"-Me dijo solamente que le había dirigido a los Capuchinos del Monte. Cree usted que este mal empeorará?
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"-Ciertamente: Da..., quiere obrar a su aire, pero no logrará su intento.

"-Le rogaría me explicara estas palabras.

((343)) "-Sabe ya los precedentes?

"-Bastante confusamente.

"-Mire; quiso ingresar en la Congregación y lo admití, estuvo aquí hasta que, vestida la sotana, encontré una persona que lo tomó bajo
su protección y le proporcionaba todo cuanto necesitaba para ropa, libros, etc. Hasta tuvo la generosidad de prometerle que le dotaría a su
tiempo con el patrimonio para su ordenación sacerdotal. Cuando se creyó seguro de estar temporalmente provisto, quiso salir de la
Congregación. Conocí su equivocación; se lo advertí e hice que algunos compañeros y particularmente don Juan Cagliero, del que era
íntimo amigo, le advirtiera que el Señor le castigaría en lo temporal, si persistía en su error. Pero él se mantuvo firme en su propósito y el
Señor le avisó con una inflamación de glándulas, con supuración larga y dolorosa. Sufrió durante todo el otoño de 1861 y el invierno de
1862. Repetí las advertencias y, finalmente, al verse tan atormentado, me preguntó si se curaría del todo doblegándose a mi palabra. Lo
invité a probar la bondad del Señor con este consejo:

"-Ponte en el camino al que te llama el Señor y yo te prometo que en ocho días curarás completamente de todos tus males.

"Cedió y enseguida se acomodó a seguir mis consejos; efectivamente, se curó al cabo de ocho días. Siguió sano y en el nuevo propósito
por algún tiempo; pero, quizás, al verse tan estupendamente, olvidó sus promesas y de nuevo se retractó de sus compromisos. Y he aquí
que, por segunda vez, le volvió el mal de garganta, que prosiguió aún cuando fue a casa y cuando ingresó en el Seminario de Bra, hasta

hoy, en que oigo que se encuentra amenazado por una fístula.

"-Pobrecito, dije yo; quiera Dios que no acabe mal.

"-Salvo su error, por lo demás es un buen muchacho.

"-íMas quién sabe, si no se cansará el Señor y, abandonándole, termine por ser un mal sacerdote!

"-Oh, esto no sucederá nunca.

((344)) "-Colgará los hábitos?

"-No.

"-Morirá?

"-Morirá antes de dejarlos.

"Y pronunciando estas palabras, hizo una señal afirmativa con la cabeza.

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"Viéndole tan dispuesto a conversar, pensaba yo cómo hacerle otra pregunta, cuando él añadió:

"-Pronto tendremos un terrible ejemplo de otro clérigo que acabará peor.

"-Podría saber quién es?

"-íYa lo creo! Es el clérigo Ca... También él pertenece a la Congregación y en las vacaciones pasadas, mientras estaba en su casa, le
escribí por mediación de don Miguel Rúa que remediara su caso, porque yo sabía que no estaba contento en la Congregación. Me
contestó que, por el contrario, se encontraba contentísimo y quería continuar por el camino emprendido. Le dejé venir y él, que ahora se
comporta muy mal, cree que nadie sabe sus cosas y pretende pegársela a don Bosco.

"-Me apena, dije yo: será acaso un mal sacerdote? Perderá la vocación? Será un mal seglar? Se hará protestante?

"-íQuerrá terminar mal! concluyó don Bosco".

Nosotros observamos que este segundo clérigo fue despedido más tarde del Oratorio por don Bosco, porque era insoportable cuando
estudiaba la filosofía; ingresó en el Seminario, se ordenó de sacerdote, se licenció en teología y acabó por marcharse a América del Norte
sin que tuviéramos más noticias de él. Pero del primero podemos hacer constar que se cumplió la profecía. Conservó la sotana, fue
sacerdote, profesor de teología moral, encargado de la dirección de las almas, piadosísimo y de vida ejemplar, pero le tocó llevar su cruz
temporal predicha, pues progresó la tuberculosis y murió agotado, siendo joven todavía.

Otras predicciones debía revelar don Bosco por aquellos días. Escribe Jerónimo Suttil: "El sábado, 20 de diciembre, don Bosco dijo a
los muchachos estas ((345)) textuales palabras, concluidas las oraciones de la noche:

"-El día de Navidad uno de nosotros irá al Paraíso.

"La enfermería estaba totalmente vacía y cada uno de nosotros pensaba con cierta inquietud en su propia vida. El domingo 21
transcurrió sin novedad; la enfermería seguía vacía; muchos fueron a verla para cerciorarse. Por la tarde se representó el drama: Cosme II
visita las cárceles. El día 22, al terminar la función de iglesia de la novena de Navidad, José Blangino, óptimo muchacho de diez años,
natural de San Albano, empezó a sentirse mal y fue a la enfermería. En pocas horas la enfermedad se agravó y el médico perdió toda
esperanza".

Don Francisco Provera prosigue la narración por escrito:

"Por la tarde del 23 de diciembre se administró el Viático al
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alumno Blangino. Hacia las diez de la noche, don Bosco estaba en la enfermería y hablaba del peligro de muerte en que se hallaba el
enfermo. Don Miguel Rúa le dijo:
"-Si don Bosco quiere que yo pase aquí la noche, por si este chico llegase a necesitar los últimos auxilios de la religión, estoy dispuesto
a ello.
"-No es necesario, respondió don Bosco; hasta las dos de la madrugada no hay peligro; vete, pues, a acostarte tranquilo; ordena sólo
que a las dos te vayan a llamar porque entonces será menester.
"A las dos, en efecto, recibió el muchacho la unción de los enfermos y a las dos y media ya había entregado su alma a Dios.
"Cuando fue de día, don Bosco contó que aquella noche había soñado con el niño moribundo y dijo:

"-Soñé que el prefecto don Víctor Alassonatti, mi madre, muerta hace seis años y yo asistíamos a Blangino. Don Víctor rezaba de
rodillas, mi madre arreglaba algunas cosas alrededor de la cama y yo estaba sentado un poco distante de la misma. Mi madre se acercó al
jovencito y exclamó:

"-íEstá muerto!
"-Ha muerto?, dije yo.
"-Sí, ha muerto.
"-Mirad a ver qué hora es.
((346)) "-Pronto van a dar las tres.
"Entonces el Prefecto exclamó:
"-íPluguiera al Señor que todos nuestros jóvenes muriesen con tanta tranquilidad!
"Después de esto me desperté. Inmediatamente sentí un golpe fortísimo, como si alguien diese con un cartel contra la pared. Yo al

instante grité:
"-Blangino parte ahora para la eternidad.
"Abrí los ojos para ver si había luz, pero no vi nada. Recé entonces el De profundis, persuadido de que el muchacho había muerto y,

mientras rezaba, sonaron las dos y media (1).

1 Léese en el necrologio del Oratorio: 1862. Nuevo sistema para presentar la notificación en la oficina del registro civil de defunciones.
Horas de oficina, desde las ocho y media hasta las cuatro de la tarde.

Dos testigos mayores de edad pidan, en el momento de dar la notificación, el ataúd, pagando diez liras. Si es por caridad, basta que el
Superior envíe el acta con las debidas indicaciones y firmada por él mismo y por otro mayor de edad que servirá de segundo testigo, con
la petición gratuita del ataúd.

Hay que indicar el nombre del padre, de la madre y su profesión y domicilio; fecha de nacimiento, lugar y profesión del difunto.

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"En la noche de Navidad un número consolador de comuniones sufragó el alma del querido difunto; como ocurría en tales casos, los
muchachos se estrechaban siempre más en torno a don Bosco.

"El 28 de diciembre uno de ellos se acercó a él y le suplicó:

"-Déme un consejo.

"Don Bosco sonrió y contestó:

"-Qué consejo quieres?

"-Déme un consejo para mi alma.

"-Bien, escucha: hace tres años y medio que vives en pecado mortal.

"-Es posible? íSi yo voy a confesarme siempre con don Angel Savio!

"-Pues oye.

"Y le dijo casi cincuenta cosas que siempre había callado en la confesión. A cada pecado que don Bosco le recordaba, el muchacho
confuso respondía:

"-Sí, es cierto; lo he cometido y no lo he confesado.

"Concluyó prometiendo que se confesaría de todo".

((347)) Hasta aquí don Francisco Provera.

Un hecho más ruidoso sucedió a últimos del año 1862. Lo mismo que en la predicción sobre Blangino, hay más de seiscientos testigos.

Estudiaba en el Oratorio un joven fuerte y robusto de dieciséis años: Alberto C... de..., el cual había cambiado su comportamiento de
otro tiempo y andaba por mal camino. Un compañero suyo, Félix G..., su paisano y condiscípulo en el Oratorio fue la causa de su
perversión. Conforme solía ocurrir en tales casos, Alberto huía de don Bosco, que, repetidas veces, le mandó llamar a su aposento, más él
nunca acudió. Finalmente, un día se encontró con don Bosco, que subía por las escaleras mientras él bajaba precipitadamente. Le salieron
los colores a la cara, intentó evadir el encuentro, pero no pudo. Don Bosco le tomó por la mano y le dijo:

-Alberto, por qué escapas siempre que me ves? íPobrecito! Te escapas de don Bosco que quiere hacerte bien. Necesitas confesarte y lo
antes posible.

Y viendo que no contestaba, añadió con aire severo.

-No quieres? Vendrá tiempo en que me buscarás y no me encontrarás. Piénsalo seriamente.

Esto sucedía en noviembre.

El primer lunes de diciembre don Bosco subió a la tribuna después de las oraciones de la noche y recomendó a los jóvenes hacer

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bien el ejercicio de la buena muerte, porque un alumno de la casa moriría antes de repetir otra vez este piadoso ejercicio.

-El interesado está aquí presente entre vosotros, dijo, y siempre me esquiva; está lejos de mí. He intentado hablarle de su alma, mas
nunca lo he logrado. Y, sin embargo, vendrá un día en que me llamará y yo no estaré. En los últimos momentos buscará a don Bosco y no
lo encontrará. En vano lo deseará, porque en aquel instante se encontrará lejos y morirá sin verle. Necesitaría hablarle para ayudarle a
hacerse bueno en este poco tiempo, mas no se deja ((348)) ver. Pero yo pondré junto a él un ángel custodio que me lo conducirá y se
colocará a su lado sin que él lo advierta. El no sabe ni quiere saber nada de morir, pero la sentencia es ésa y no se cambiará. Nosotros le
prepararemos, le avisaremos. Se celebran en este mes la fiesta de la Inmaculada y la de Navidad; son dos oportunidades y esperamos que
en la una o en la otra se dejará prender para hacer una buena confesión. Pero recuerde éste muy bien, que el ejercicio de la buena muerte
del próximo mes no tendrá tiempo para hacerlo.

Al día siguiente, no se hablaba en el Oratorio más que de esta profecía, que había impresionado enormemente a todos. Don Bosco, en
tanto, encargó al estudiante y enfermero Francisco Cuffia que anduviese prudentemente alrededor de Alberto, para vigilarle e intentar
inducirlo a recibir los sacramemtos: más aún, a hacer que se confesara lo antes posible, pues tal vez no llegaría a tiempo. Cuffia entendió
el secreto que se le confiaba, procuró cumplir su papel de ángel custodio, pero vió que caían en el vacío sus recomendaciones e
invitaciones.

Alberto, a pesar de aquel terrible anuncio, vivía tranquilo. Razonaba así:

-Se asegura que don Bosco es un profeta: ahora bien, él ha dicho que el que debe morir le será presentado por alguien, a quien él mismo
avisará; pero yo no me dejaré atrapar, no me dejaré conducir ni avisar; por tanto, no soy yo el que debe morir.

Consiguió en efecto su desgraciado propósito. Don Bosco no logró encontrarlo, ni verlo, ni decirle una sola palabra en todo el mes.
Pasó la fiesta de la Inmaculada, pasó la de Navidad y Alberto no pensó en cambiar de vida, ni se confesó. El ejercicio de la buena muerte,
según la antigua costumbre, se hacía el primer día del año. Don Bosco estaba alerta; esperaba al menos acercárselo en los últimos
instantes, cuando he aquí que la duquesa de Montmorency, insigne bienhechora del Oratorio, para complacer al párroco de Borgo
Cornalense, aldea de su propiedad y residencia, le invitó a
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predicar allí ((349)) las cuarenta horas, que se celebraban el 31 de diciembre de 1862 y los días 1 y 2 de enero de 1863.

Era una simple invitación, pero en realidad un mandato, puesto que esta señora no admitía negativas.

-Mire, le dijo don Bosco; esta vez no puedo; llevo entre manos varios asuntos muy urgentes... perdóneme; otra vez me apresuraré a

obedecerla, mas ahora circunstancias imprevistas...
-Entonces, no lo olvide, interrumpió la duquesa; cuando venga pidiéndome ayuda para sus muchachos, también yo le responderé: íno

puedo!

Aún se atrevió don Bosco a replicar:

-Tengo en casa el ejercicio de la buena muerte, debo confesar a todos los jóvenes, si usted tuviese la bondad...

-No, no, concluyó imperiosamente la Duquesa.

Entonces don Bosco agachó la cabeza y respondió:

-Si es así, iré.

Por la mañana del miércoles 31, don Bosco llamó al caballero Oreglia y a don Víctor Alasonatti, ya enterados de su salida a Borgo, y

les dijo:

-Me voy de paseo por tres días. Puedo irme? Hay alguno en la enfermería?

-Vaya tranquilamente, no temenos enfermos. La enfermería está desierta.

Don Bosco partió.

Era, pues, el miércoles 31 de diciembre. Alberto se encontraba muy bien, estaba alegre. Pero, hallándose en el dormitorio recibió una

carta de un amigo suyo seminarista que había salido el año anterior del Oratorio, y que se llamaba Moisio, el cual le escribía: "Estás vivo

o muerto? Y si estás vivo por qué has dejado pasar tanto tiempo sin darme noticias tuyas?". Alberto leyó la carta a los compañeros,
diciendo:
-Voy a escribirle que estoy muerto.

Y así lo hizo: escribió y mandó la carta al correo. Todos los compañeros se reían. Estaba tranquilo; después de comer fue de paseo con
los demás, fue a cenar, fue a clase de canto. A la hora de la merienda, encargado como era de ir a buscar el pan para repartirlo a los
jóvenes, ((350)) como lo encontrara reciente, comió una gran cantidad con pescado salado y encima bebió mucha agua. Tocaron para las
oraciones de la noche. Acudió a ellas con los demás, pero hacia el término de éstas, sintió un malestar que le dejó sin fuerzas.
Colocáronle en una cama y, apenas acostado, le sobrevinieron atroces
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dolores de vientre y se le hinchó el cuello. Llamóse al médico, hízose cuanto la ciencia sugiere, pero el mal avanzaba a grandes pasos, de
manera que el mismo doctor afirmó que no había tiempo que perder para administrarle los sacramentos. El enfermero avisó rápidamente
al enfermo para que se preparase, pero el pobrecito, sintiéndose morir, arrepentido de la conducta tenida hasta entonces, pidió confesarse.

-Voy a llamar a don Víctor Alasonatti?, preguntó el que le asistía.
-No, respondió Alberto; quiero que venga don Bosco.
Algunos corrieron en su busca por toda la casa, mientras él seguía repitiendo:
-íQue venga don Bosco, que venga don Bosco...
!
Grande fue su consternación cuando le comunicaron que don Bosco estaba fuera de Turín. Lanzó un grito de amargo dolor, rompió
a

llorar, acordándose de lo que don Bosco había predicho un mes antes, y exclamó:
-Estoy perdido; muero sin poder ver a don Bosco. Yo siempre huía de su vista, tenía repugnancia de hablar con él y Dios me castiga.
Pidió entonces otro sacerdote.
Félix G... corrió entonces a llamar a don Miguel Rúa que acudió enseguida y Alberto se confesó con él con viva contrición. Avisaron

también a don Víctor Alasonatti, que se plantó en la enfermería.
Una vez arregladas las cosas de su alma, Alberto se dirigió a los dos superiores que estaban a los lados de la cama y lamentándose
añadió:
-Digan a don Bosco que muero arrepentido, díganle que no merezco su perdón, pero espero que me lo concederá, como confío en el de

la misericordia de Dios. Muero arrepentido. Pido perdón a todos...
Hacia las once y media se le administró el santo Viático y recibió ((351)) los santos óleos y la bendición papal de un modo edificante.
El compañero que en tanto había ido de un lado para otro llamando a los demás, se quedó parado en el pasillo y, de cuando en cuando,

asomaba la cabeza a la puerta, para ver lo que ocurría y cómo seguía el compañero. Alberto le vió y le llamó:
-íFélix, pasa!
Félix entró y se puso a los pies de la cama. El tono de voz del moribundo expresaba reproche. Y continuó:
-Culpa tuya es, si yo muero sin ver a don Bosco. Te perdono lo

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mismo que deseo el perdón de Dios porque tú sabes quién fue el causante de haberme hecho malo... Pero, basta de esto... Tú verás a mi
padre, a mi madre y les dirás que he muerto arrepentido y que les espero en el paraíso; pero tú... tú... Por tu culpa no me consuela don
Bosco en este momento.

Félix estaba pálido, extrañamente pálido y no profirió palabra.

Alberto moría hacia las tres de la madrugada del 1.º de enero de 1863. Aquel mismo día recibía en Casale el amigo Moisio la carta en
que le decía:

"-íEstoy muerto!".

El cadáver permaneció en casa cuarenta y ocho horas. El sábado a las cuatro y media de la tarde debía verificarse el entierro, pero don
Juan Cagliero y don Juan Bautista Francesia suplicaron a la parroquia lo adelantase una hora, para que al regresar don Bosco de Borgo,
no se encontrase con el féretro. Cuando éste entró en el Oratorio reinaba la tranquilidad.

Fue enseguida a confesar, porque el ejercicio de la buena muerte se había trasladado al domingo, por causa de las cuarenta horas de
Borgo. Después de las confesiones subió a la habitación, donde le sirvieron la cena. Había sido informado de todo: vertían lágrimas sus
ojos y estaba muy triste. Don Miguel Rúa, el caballero Oreglia y otros le acompañaban. Se necesitó tiempo para tranquilizarle. El señor
Oreglia dijo al fin:

-Si estas muertes le dan pena cuáles le consolarán? Cuáles serán las muertes preciosas si ésta le deja tan afligido?

Tras muchas explicaciones don Bosco se calmó.

((352)) Félix marchó a su casa y algún tiempo después, herido por un rival, moría perdonando al homicida, pidiendo perdón a Dios y
con una carta muy conmovedora rogando a don Bosco que le perdonara.

Declararon por escrito el suceso mencionado los siguientes testigos: monseñor Juan Cagliero, don Miguel Rúa, don Francisco Cerruti,
don Francisco Dalmazzo y Pedro Enría.

Otro hecho maravilloso ocurrido por aquellos mismos días cerró el año 1862. Don Bosco había ido de visita al castillo de la marquesa
de Sommariva. Le instalaron para dormir en una habitación, a cuya ventana se encaramaba, por la parte exterior del muro, un magnífico
rosal, totalmente desnudo y seco en aquella rígida estación. Había nevado mucho. Pero, a la mañana siguiente, apareció el rosal florido
con asombro de todo el mundo. Cuando fue el criado a abrir la ventana de la habitación, mientras don Bosco celebraba la santa misa, y
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lo vio, corrió a notificar el portento a su noble señora, la cual acudió y contempló una eflorescencia como no se vio en muchos años.

Nunca oímos a don Bosco narrar este hecho. Sólo mucho más tarde corrió una voz confusa sobre el mismo. Pero una vez muerto el
hombre de Dios, don Juan Garino preguntó a la señora condesa Carolina de Soresina Vidoni Soranzo, el 19 de abril de 1888, sobre
algunas anécdotas portentosas relativas a don Bosco y conocidas por dicha señora, la cual le respondió entre otras cosas.:

"Respecto al milagro del rosal florido en diciembre de 1862, si no me equivoco, o a más tardar en 1863, estoy segurísima de ello, por
habérmelo contado mi difunta tía la marquesa de Sommariva del Bosco, mujer dignísima de ser creída".

También monseñor Appollonio, dotado de feliz memoria, obispo de Treviso, amigo de las dos nobles familias y de don Bosco, contó a
don Tulio de Agostini, párroco de San Pedro, en Padua, el hecho maravilloso del rosal. El estaba totalmente persuadido de la realida del
milagro, como de algo indiscutible.
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((353))

CAPITULO XXXIV

1863 -NUMERO DE LOS MIEMBROS DE LA PIA SOCIEDAD-SUPLICAS DE AYUDA AL MINISTERIO DE GRACIA Y
JUSTICIA; A LOS PRINCIPES DE LA CASA REAL; AL REY;
AL LIMOSNERO DEL REY -AGUINALDO ESPIRITUAL DE DON BOSCO A LOS ALUMNOS -SUEÑO: LA MADRE DE DON
BOSCO; LA ESTATUITA DE LA VIRGEN; UN ELEFANTE EN EL ORATORIO, EN LA IGLESIA, EN EL PATIO DONDE HACE
ESTRAGOS CON LOS JOVENES; EL MANTO DE LA VIRGEN REFUGIO DE LOS AMENAZADOS Y HERIDOS; LOS
PARTIDARIOS DEL MONSTRUO Y LOS DEFENSORES DE LOS ALUMNOS; EL MONSTRUO Y SUS COMPLICES
HUNDIDOS EN UN ABISMO; LETREROS EN EL MANTO DE LA VIRGEN; EL ESTANDARTE DE UNA PROCESION;
PALABRAS DE MARIA SANTISIMA A LOS JOVENES -SALUDABLES EFECTOS DEL AGUINALDO; LOS JOVENES
COMPRUEBAN QUE NO ES UN SUEÑO, SINO UNA VISION -DON BOSCO REVELA EL SECRETO DE UNA CARTA -UN
ANTIGUO ALUMNO ATESTIGUA EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROFECIA QUE LE HIZO DON BOSCO REFERENTE AL
SUEÑO -TRES ACTAS DEL CAPITULO: ADMISION DE NUEVOS NOVICIOS Y PROFESIONES TRIENALES

EL primero de enero de 1863 la Pía Sociedad de San Francisco de Sales contaba treinta y nueve miembros, comprendido don Bosco. La
mayoría eran clérigos; veintidós de ellos consagrados a Dios con votos trienales. Añádanse cinco sacerdotes profesos y un novicio.

Don Bosco comenzaba el año pidiendo limosna. El producto de la Tómbola, aunque considerable, no bastaba por sí sólo para pagar los
gastos de la nueva construcción a lo largo de la calle de la Jardinera, para proveer a la manutención de tantos ((354)) jóvenes internados y
para llevar a cabo algunos proyectos grandiosos que, desde cierto tiempo, rondaban por su cabeza. En primer lugar se dirigió a eminentes
personajes del Estado exponiendo diversos motivos, según la condición de las personas. Escribió, pues, en papel sellado de
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veintidós céntimos, al Ministro de Gracia y Justicia y Culto; y, en papel corriente especial, a cada uno de los Príncipes de la Casa Real, al
Rey Víctor Manuel y al abad Camilo Peletta de Cortanzone, limosnero mayor del Rey 1.

1 Excelencia:

El sacerdote Juan Bosco respetuosamente expone a V.E. que se halla en la grave necesidad de pagar los gastos de alquiler, de
reparación y de culto que se acumulan en el Oratorio de San Luis en Puerta Nueva, del Santo Angel Custodio en Vanchiglia y de San
Francisco de Sales en Valdocco, donde se practican en los días festivos, mañana y tarde, las funciones religiosas.

No sabiendo a quien recurrir en tan apremiante apuro, y teniendo además necesidad las respectivas iglesias de ser provistas de
ornamentos y de otros objetos, que se precisan para el altar, recurre humildemente a la reconocida y probada caridad de V.E. suplicandole
quiera concederle, con cargo a la caja del Economato, el mayor subsidio que en su bondad creyere conveniente para estas iglesias,
privadas de toda clase de medios y que sobreviven únicamente de la beneficencia.

Confiando ser atendido, augura todas las gracias del cielo para V.E. y para todos los que de modo particular prestan su benéfica ayuda
para bien moral de la juventud.

De V.E.

Turín, 1863.

Su humilde y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Alteza Serenísima:

Respetuosamente expongo a V.A. Serenísima la grave necesidad en que se encuentra un númeroso enjambre de pobres muchachos, ya
atendidos otras veces por su gran caridad.

Ademas de la urgencia de tener que suministrarles los ordinarios alimentos, estan faltos de ropa con que vestirse y de las
imprescindibles ropas de cama para defenderse contra el frío de la cruda estación actual.

No sabiendo a quien recurrir para alcanzar alguna ayuda en estas estrecheces, acudo humildemente a la probada bondad de V.A.
esperando se digne continuar sus favores con la caritativa ayuda, que su paternal bondad crea conveniente. Entre tanto me asocio a los
jóvenes beneficiados para pedir sobre V.A. copiosas bendiciones del cielo a fin de que viva muchos años y felices días, con la gloriosa
recompensa que, después de una larga vida, acostumbra a dar el Señor a quien emplea sus riquezas en favor de los pobrecitos de
Jesucristo.

En mi nombre y en el de los jóvenes socorridos, tengo el alto honor de poderme profesar de V.A.S.

Turín, 1 de enero, 1863.

Su humilde y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Augusta y Real Majestad:

El augusto padre de S.M., Carlos Alberto, de gloriosa memoria, y Su misma Majestad, socorrieron ya otras veces a los pobres
jovencitos internados en esta Casa, cuando se encontraron en necesidades excepcionales, como lo estan actualmente.

Además del pan necesario para la vida, se hallan faltos de camisas, pantalones, sábanas, mantas y otras ropas indispensables en la actual

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cruda estación invernal.

No sabiendo a quien acudir el solicitante, para cubrir las necesidades de estos pobrecitos, suplica humildemente a V.S.R.M. se digne
ayudarles con bondadosa consideración y otorgarles un socorro extraordinario con el que puedan ser aliviados en su presente necesidad.

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((355)) Entre tanto don Bosco tenía una deuda que saldar con sus muchachos y al mismo tiempo sentía la necesidad de revelarles
((356)) algo extraordinario para el bien de sus almas. Las muertes profetizadas, al terminar el año, habían triunfado sobre los enemigos
del alma en muchos corazones, pero no en todos. Algunos alumnos nuevos, y otros de los antiguos, todavía no habían querido ponerse en
paz con Dios y seguían viviendo alocadamente, mientras el Señor abundaba con ellos en misericordia. "Bueno y recto es Yahvéh, se lee
en los salmos; por eso muestra a los pecadores el camino (para volver a El). Conduce en la justicia a los humildes (mas no a los
soberbios) y a los pobres enseña su sendero" 1. Es lo que ya hemos visto y todavía veremos.

Como don Bosco no había podido dar el último día del año el aguinaldo a sus alumnos, al regresar de Borgo Cornalense, el día 4,
domingo, les había prometido dárselo por la noche de la fiesta de Epifanía.

Era el 6 de enero de 1863 y todos los alumnos, aprendices y estudiantes reunidos, esperaban ansiosos el aguinaldo.

Recitadas las oraciones, subió el buen padre a la tribuna de costumbre y empezó a hablar así:

Esta es la noche del aguinaldo. Todos los años, por las fiestas de Navidad, acostumbro elevar oraciones a Dios para que se complazca
inspirarme un aguinaldo que os pueda ser útil. Pero este año he redoblado las plegarias considerando el crecido número de alumnos.
Transcurrió el último día del año, llegó el jueves, el viernes, y nada de nuevo. La noche del viernes fui a descansar, cansado por los
trabajos del día, y no pude dormir durante la noche, de modo que por la mañana me levanté

No dejará de profesar la más profunda gratitud y reconocimiento hacia V.S.R.M. por el favor que esperan y se unirán todos para
implorar cada día las copiosas bendiciones del cielo sobre su Augusta persona y sobre la familia real. Confiando alcanzar la gracia, se
profesa.

Turín, 1863.

Su humilde y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Benemérito Señor (Abate Peletta):

El pasado año me las arreglé de forma que no tuve que recurrir al Limosnero de S.S.R.M.; pero este año me veo obligado por muchas y
urgentes necesidades.

Todo lo recomiendo a su probada caridad y ruego a Dios le conserve
largo tiempo para bien de la religión, mientras tengo el honor de profesarme con plena estima y gratitud.

De V.S.

Turín, 29 de enero, 1863.

Seguro Servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

1 Sal. XXV, 8 y 9.

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postrado y medio muerto. No me apuré por esto, antes al contrario me alegré, porque sabía que ordinariamente cuando el Señor está para
manifestarme alguna cosa, lo paso muy mal la noche anterior. Proseguí por tanto mis habituales ocupaciones en el pueblo de Borgo
Cornalense y el sábado por la tarde llegué entre vosotros. Después de confesar me fui a dormir, y debido al cansancio motivado por las
pláticas y las confesiones de Borgo, y lo poquísimo que había descansado la noche precedente, me quedé dormido. Y aquí comienza el
sueño que me ha de servir para daros el aguinaldo.

Mis queridos jóvenes, soñé que era un día festivo, a la hora del recreo después de comer y que os divertíais de mil maneras. Me pareció
encontrarme en mi habitación con el caballero Vallauri, profesor de bellas letras. Habíamos hablado de algunos temas literarios y de otras
cosas relacionadas con la ((357)) religión. De pronto, oí a la puerta el tantán de alguien que llamaba.

Corrí a abrir. Era mi madre, muerta hace seis años, que me decía asustada:-Ven a ver, ven a ver.

-Qué hay?, le pregunté.

Y sin más, me condujo al balcón desde donde vi en el patio en medio de los jóvenes un elefante de tamaño colosal.

-Pero cómo puede ser eso? exclamé. íVamos abajo!

Y lleno de pavor miraba al caballero Vallauri y él a mí como si nos preguntásemos la causa de la presencia de aquella bestia
descomunal en medio de los muchachos. Sin pérdida de tiempo bajamos los tres a los pórticos.

Muchos de vosotros, como es natural, os habíais acercado a ver al elefante. Este parecía de índole dócil; se divertía correteando con los
jóvenes; los acariciaba con la trompa; era tan inteligente,que obedecía los mandatos de sus pequeños amigos como si hubiese sido
amaestrado y domesticado en el Oratorio desde sus primeros años, de forma que numerosos jóvenes le acariciaban con toda confianza y le
seguían por doquier. Mas no todos estabais alrededor de él. Pronto vi que la mayor parte huíais asustados de una a otra parte buscando un
lugar de refugio, y que al fin penetrasteis en la iglesia.

Yo también intenté entrar en ella por la puerta que da al patio, pero al pasar junto a la estatua de la Virgen, colocada cerca de la fuente,
toqué la extremidad de su manto como para invocar su patrocinio, y entonces Ella levantó el brazo derecho. Vallauri quiso imitarme
haciendo lo mismo por la otra parte y la Virgen levantó el brazo izquierdo.

Yo estaba sorprendido, sin saber explicarme un hecho tan extraño.

Llegó entretanto la hora de las funciones sagradas y vosotros os dirigisteis todos a la iglesia. También yo entré en ella y vi al elefante de
pie al fondo del templo, cerca de la puerta.

Se cantaron las Vísperas y después de la plática me dirigí al altar acompañado de don Víctor Alasonatti y de don Angel Savio para dar
la bendición con el Santísimo Sacramento. Pero en el momento solemne en que todos estaban profundamente inclinados para adorar al
Santo de los Santos, vi, siempre al fondo de la iglesia, en el centro del pasillo, entre las dos hileras de los bancos, al elefante arrodillado e
inclinado, pero en sentido inverso, esto es, con la trompa y los colmillos vueltos en dirección a la puerta principal.

Terminada la función, quise salir inmediatamente al patio para ver qué sucedía; pero, como tuviese que atender en la sacristía a alguien
que me quería comunicar una noticia, hube de detenerme un poco.
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Salí poco después bajo los pórticos, mientras vosotros reanudabais en el patio vuestros juegos. El elefante, al salir de la iglesia, se
dirigió al segundo patio, alrededor del cual están los edificios en obra. Tened presente esta circunstancia, pues en aquel patio tuvo lugar la
escena desagradable que voy a contaros ahora.

((358)) De pronto vi aparecer al final del patio un estandarte en el que se leía escrito con carácteres cubitales: Sancta María, succurre
miseris. (Santa María, socorre a los desgraciados.)

Los jóvenes formaban detrás procesionalmente. Cuando de repente, y sin que nadie lo esperara, vi al elefante que al principio parecía
tan manso, arrojarse contra los circunstantes dando furiosos bramidos y agarrando con la trompa a los que estaban más próximos a él, los
levantaba en alto, los arrojaba al suelo, pisoteándolos y haciendo un estrago horrible. Mas a pesar de ello, los que habían sido maltratados
de esta manera no morían, sino que quedaban en estado de poder sanar de las heridas espantosas que les produjeran las acometidas de la
bestia.

Las dispersión fue entonces general: unos gritaban; otros lloraban; algunos, al verse heridos, pedían auxilio a los compañeros, mientras,
cosa verdaderamente incalificable, ciertos jóvenes a los que la bestia no había hecho daño alguno, en lugar de ayudar y socorrer a los
heridos, hacían un pacto con el elefante para proporcionarle nuevas víctimas.

Mientras sucedían estas cosas (yo me encontraba en el segundo arco del pórtico junto a la fuente) aquella estatuita que veis allá (don
Bosco indicaba la estatua de la Santísima Virgen) se animó y aumentó de tamaño; se convirtió en una persona de elevada estatura, levantó
los brazos y abrió el manto, en el cual se veían bordadas, con exquisito arte, numerosas inscripciones. El manto alcanzó tales
proporciones que llegó a cubrir a todos los que acudían a guarecerse bajo él: allí todos se encontraban seguros. Los primeros en acudir a
tal refugio fueron los jóvenes mejores, que formaban un grupo escogido. Pero al ver la Santísima Virgen que muchos no se apresuraban a
acudir a Ella, gritaba en alta voz:

-Venite ad me ommes! (iVenid todos a mí!).

Y he aquí que la muchedumbre de los jóvenes seguía afluyendo al amparo de aquel manto, que se extendía cada vez más y más.

Algunos, en cambio, en vez de refugiarse en él, corrían de una parte a otra, resultando heridos antes de ponerse en seguro. La Santísima
Virgen, angustiada, con el rostro encendido, continuaba gritando, pero cada vez eran menos los que acudían a Ella.

El elefante proseguía causando estragos, y algunos jóvenes, manejando una y dos espadas, situándose a una y otra parte, dificultaban a
los compañeros, que aún se encontraban en el patio, que acudiesen a María, amenazando e hiriendo. A los de las espadas el elefante no
les molestaba lo más mínimo.

Algunos de los muchachos que se habían refugiado cerca de la Virgen, animados por Ella, comenzaron a hacer frecuentes correrías; y
en sus salidas conseguían arrebatar al elefante alguna presa, y transportaban al herido bajo el manto de la estatua misteriosa, quedando los
tales inmediatamente sanos. Después, los emisarios de María volvían a emprender nuevas conquistas. Varios de ellos, armados con palos,
alejaban a la bestia de sus víctimas, manteniendo a raya a los cómplices de la misma. Y no cesaron en su empeño, aun a costa de la propia
vida, consiguiendo poner a salvo a casi todos.

El patio aparecía ya desierto. Algunos muchachos estaban tendidos en el suelo, casi muertos. Hacia una parte, junto a los pórticos, se
veía una multitud de jóvenes
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bajo el manto de la Virgen. Por la otra, a cierta distancia, estaba el elefante con diez o doce muchachos que le habían ayudado en su labor
destructora, esgrimiendo aún insolentemente en tono amenazador sus espadas. ((359)) Cuando he aquí que el animal, irguiéndose sobre
las patas posteriores, se convirtió en un horrible fantasma de largos cuernos; y tomando un amplio manto negro o una red, envolvió en
ella a los miserables que le habían ayudado, dando al mismo tiempo un tremendo rugido. Seseguidamente los envolvió a todos en una
espesa humareda y, abriéndose la tierra bajo sus pies, desaparecieron con el monstruo.

Al finalizar esta horrible escena miré a mi alrededor para decir algo a mi madre y al caballero Vallauri, pero no los vi.

Me volví entonces a María, deseoso de leer las inscripciones bordadas en su manto, y vi que algunas estaban tomadas literalmente de
las Sagradas Escrituras, y otras un poco modificadas. Leí éstas entre otras muchas: Qui elucidant me, vitam aeternam habebunt: qui me
invenerit, inveniet vitam; si quis est parvulus veniat ad me; refugium peccatorum; salus credentium; plena omnis pietatis, mansuetudinis
et misericordiae. Beati qui custodiunt vias meas. (Los que me honran tendrán la vida eterna; el que me encuentre, encontrará la vida; si
uno es niño venga a mí; refugio de los pecadores; salud de los que creen; toda llena de piedad, de mansedumbre y de misericordia.
Dichosos los que guardan mis caminos).

Tras la desaparición del elefante todo quedó tranquilo. La Virgen parecía como cansada de tanto gritar. Después de un breve silencio
dirigió a los jóvenes la palabra, diciéndoles bellas frases de consuelo y de esperanza; repitiendo la misma sentencia que veis bajo aquel
nicho, mandada escribir por mí: Qui elucidant me, vitam aeternam habebunt. Después dijo:

-Vosotros que habéis escuchado mi voz y habéis escapado de los estragos del demonio, habéis visto y podido observar a vuestros
compañeros pervertidos. Queréis saber cuál fue la causa de su perdición? Sunt colloquia prava: las malas conversaciones contra la pureza,
las malas acciones a que se entregaron después de las conversaciones inconvenientes. Visteis también a vuestros compañeros armados de
espadas: son los que procuran vuestra ruina alejándoos de mí; los que fueron la causa de la perdición de muchos de sus condiscípulos.
Pero quos diutius expectat durius dammat. Aquéllos a los que Dios espera durante más largo tiempo, son después más severamente
castigados; y aquel demonio infernal, después de envolverlos en sus redes, los llevó consigo a la perdición eterna. Ahora vosotros,
marchaos tranquilos, pero no olvidéis mis palabras: huid de los compañeros amigos de Satanás; evitad las conversaciones malas,
especialmente contra la pureza; poned en mí una ilimitada confianza, y mi manto os servirá siempre de refugio seguro.

Dichas estas y otras palabras semejantes, se esfumó y nada quedó en el lugar que antes ocupara, a excepción de nuestra querida
estatuita.

Entonces vi aparecer nuevamente a mi difunta madre; otra vez se alzó el estandarte con la inscripción: Sancta Maria, succurre miseris.
Todos los jóvenes se colocaron en orden detrás de él y así procesionalmente dispuestos, entonaron la canción: Load a María.

Pero pronto el canto comenzó a decaer; después desapareció todo aquel espectáculo y yo me desperté completamente bañado en sudor.
Esto es lo que soñé.

((360)) Hijos míos: deducid vosotros mismos el aguinaldo. Los que estaban bajo el manto, los que fueron arrojados a los aires por el
elefante, los que manejaban la espada se darán cuenta de su situación si examinan sus conciencias. Yo solamente os repito las palabras de
la Santísima Virgen: Venite ad me, omnes, recurrid todos a
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Ella; en toda suerte de peligros invocad a María, y os aseguro que seréis escuchados. Por lo demás, los que fueron tan cruelmente
maltratados por la bestia, hagan el propósito de huir de las malas conversaciones, de los malos compañeros; y los que pretendían alejar a
los demás de María, que cambien de vida o que abandonen esta Casa. Quien desee saber el lugar que ocupaba en el sueño, que venga a
verme a mi habitación y yo se lo diré. Pero lo repito: los ministros de Satanás, que cambien de vida o que se marchen. íBuenas noches!.

Estas palabras fueron pronunciads por Don Bosco con tal unción y con tal emoción, que los jóvenes, pensando en el sueño, no le
dejaron en paz durante más de una semana. Por las mañanas las confesiones fueron numerosísimas y después de la comida un buen
número se entrevistó con el siervo de Dios, para preguntarle qué lugar ocupaba en el sueño misterioso.

Que no se trataba de un sueño, sino más bien de una visión, lo había afirmado indirectamente don Bosco mismo, al decir:

-Cuando el Señor quiere manifestarme algo, paso... etc... Suelo elevar a Dios especiales plegarias para que me ilumine...

Y después, al prohibir que se bromease sobre el tema de esta narración.

Pero aún hay más.

En esta ocasión el mismo siervo de Dios escribió en un papel los nombres de los alumnos que había visto heridos en el sueño, de los
que manejaban la espada y de los que esgrimían dos; y enseñó la lista a don Celestino Durando, encargándole de vigilarlos. Este nos
proporcionó dicha lista, que tenemos ante la vista. Los heridos son trece, a saber: los que probablemente no se refugiaron bajo el manto
de la Virgen; los que manejaban una espada eran diecisiete; los que esgrimían dos, se reducían a tres. La nota al lado de algún nombre
indica un cambio de conducta. Hemos de observar también que el sueño, como veremos más adelante, no se refería solamente al tiempo
presente, sino también al futuro.

Sobre la realidad del sueño, ((361)) los mismos jóvenes fueron los mejores testigos. Uno de ellos decía: "No creía yo que don Bosco
me conociese tan bien; me ha manifestado el estado de mi alma, y las tentaciones a que estoy sometido, con tal precisión, que nada podría
añadir.

"A otros dos jóvenes, a los cuales don Bosco aseguraba haberlos visto con la espada, se les oyó exclamar: ``íAh, sí, es cierto; hace
tiempo que me he dado cuenta de ello; lo sabía!'' Y cambiaron de conducta.

"Un día, después de comer, hablaba de su sueño y tras haber manifestado
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que algunos jóvenes ya se habían marchado y otros tendrían que hacerlo, para alejar las espadas de la casa, comenzó a comentar la astucia
de los tales, como él la llamaba; y a propósito de ello refirió el siguiente hecho:

"Un joven escribió hace poco tiempo a su casa endosando a las personas más dignas del Oratorio, como superiores y sacerdotes, graves
calumnias e insultos. Temiendo que don Bosco pudiese leer aquella carta, estudió y encontró la manera de que llegase a manos de sus
parientes sin que nadie lo pudiese impedir. La carta salió por la tarde, lo llamé; se presentó en mi habitación y tras de hacerle recapacitar
sobre su falta, le pregunté el motivo que le había inducido a escribir tantas mentiras. El negó descaradamente el hecho; y yo le dejé
hablar; después, comenzando por la primera palabra, le repetí toda la carta.

"Confundido y asustado, se arrojó llorando a mis pies, diciendo:

"-Entonces mi carta no ha salido?

"-Sí, le respondí; a esta hora está en tu casa; pero debes pensar en la reparación.

"Algunos preguntaron al siervo de Dios cómo lo había sabido; y don Bosco respondió sonriendo:

"-íAh, mi astucia... !".

Esta astucia debía ser la misma del sueño, que no sólo se refería al momento presente, sino a la vida futura de cada alumno, uno de los
cuales, que sostenía estrecha relación con don Miguel Rúa, le escribía así a la vuelta de muchos años. Es de advertir que la carta lleva el
nombre y apellido del comunicante con el nombre de la calle y el número de su casa en Turín.

((362)) Queridísimo Padre (don Miguel Rúa):

...Recuerdo entre otras cosas una visión que tuvo don Bosco en 1863, do yo estaba interno en su casa. Vio en ella el futuro de todos los
suyos y él mismo nos lo contó después de las oraciones de la noche. Fue el sueño del elefante (Describe aquí cuanto hemos expuesto y
sigue): don Bosco, al terminar la narración, nos dijo:

Si deseáis saber dónde estabais, venid a mi habitación, y yo os lo diré.

Yo también fui.

-Tú, me dijo, eras uno de los que corrían junto al elefante, antes y después de las funciones religiosas, y naturalmente, te apresó, te
lanzó por los aires con la trompa y al caer quedaste malparado, de forma que no podías escapar aunque hicieras esfuerzos. Luego, un
compañero tuyo sacerdote, desconocido por ti, se acercó, te agarró por un brazo y te trasladó hasta el manto de la Virgen. Te salvaste.

Esto no fue un sueño, como expresaba don Bosco, sino una verdadera revelación del futuro, que el Señor hacía a su Siervo. Acaeció
durante el segundo año de mi estancia en el Oratorio, en una época en la que yo era modelo de mis compañeros, lo
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mismo en el estudio que en la piedad, y, sin embargo, don Bosco me vio en aquel estado.

Llegaron las vacaciones de 1863. Marché para descansar, por mi maltrecha salud y no regresé más al Oratorio. Tenía trece años
cumplidos. Al año siguiente mi padre me puso a aprender el oficio de zapatero. Dos años después (1866) me trasladé a Francia, para
perfeccionarme en mi profesión. Allí me contré con gente sectaria y poco a poco abandoné la iglesia y las prácticas religiosas, comencé a
leer libros escépticos y llegué al extremo de aborrecer la santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, como la más dañosa de las
religiones. Dos años más tarde regresé a la patria y seguí lo mismo, leyendo siempre libros impíos y alejándome cada vez más de la
verdadera Iglesia.

Con todo, durante este tiempo nunca dejé de pedir a Dios Padre, en nombre de Jesucristo, que me iluminase y diese a conocer la
verdadera religión.

Durante estas circunstancias, al menos trece años, realizaba todo esfuerzo para levantarme, pero estaba herido, era presa del elefante, no
me podía mover.

A fines del año 1878 se dio una misión en una parroquia. Asistían muchos a las instrucciones y también yo empecé a ir, para oír a
aquellos famosos oradores.

Escuché cosas hermosas, verdades irrefutables, y finalmente la última plática, que trataba precisamente del Santísimo Sacramento, el
último y principal punto que me quedaba en duda (pues yo no creía ya en la presencia ((363)) de Jesucristo en el Santísimo Sacramento,
ni real ni espiritual). Supo el predicador explicar tan maravillosamente la verdad, confutar los errores y convencerme, que yo, tocado por
la gracia del Señor, decidí confesarme y retornar bajo el manto de la Virgen María.
Desde entonces no dejo de agradecer a Dios y a la bienaventurada Virgen el favor recibido.

Advierto que, para afirmación de la visión, supe después que aquel predicador misionero era compañero mío del Oratorio de don
Bosco.

Turín, 25 de febrero, 1891. DOMlNGO N....

PS. Si V.R. cree conveniente publicar esta mi carta, le otorgo plena facultad hasta para retocarla, a condición de que no se cambie el
sentido, porque es la pura verdad. Respetuosamente beso su mano, amado padre Rúa, entendiendo que, al hacerlo, beso la de nuestro
querido don Bosco.

Mediante este sueño don Bosco ciertamente recibió también luz para poder juzgar las vocaciones al estado religioso o eclesiástico, las
aptitudes de unos y de otros para realizar el bien. Había visto a aquellos valientes que combatían al elefante y a sus partidarios para salvar
a los compañeros, curarles las heridas y llevarlos bajo el manto de la Virgen. El, por tanto, continuaba aceptando las peticiones de los que
entre éstos, deseaban formar parte de la Pía Sociedad, o admitiendo, a los que ya eran novicios, a pronunciar los votos trienales. Será su
eterno título honorífico el haber sido elegidos por don Bosco. Algunos de ellos no pronunciaron los votos o, cumplida la promesa trienal,
salieron del Oratorio; pero es una realidad que perseveraron casi todos en su misión de salvar e instruir a la juventud
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como sacerdotes diocesanos o como profesores seglares en las escuelas del Estado.

El 12 de enero de 1863, el Capítulo de la Sociedad de San Francisco de Sales, previa la acostumbrada oración, admitió formalmente a
los siguientes individuos, propuestos por el señor Rector don Bosco: Juan Lagorio, Juan Bautista Finino, Domingo Bongiovanni, Esteban
Chicco, Juan Bautista Nasi, ((364)) Félix Alessio, Francisco Cuffia, Luis Delú, Juan Ravetti, Juan Pellegrini, Chiaffredo Ricchiardi.

El 18 de enero de 1863, el señor Rector, don Bosco, reunió a todos los hermanos de la Sociedad de San Francisco de Sales para la
ceremonia de la emisión de los votos de cinco socios. Don Bosco, revestido de roquete, invitó a los hermanos a arrodillarse y, alternando
con ellos, recitó el Veni Creator, tras el cual rezó la oración del Espíritu Santo, las Letanías de la bienaventurada Virgen María, un
Padrenuestro, Avemaría y Gloria a San Francisco de Sales con la invocación propia y la oración.
A continuación, don Bartolomé Fusero, de rodillas, en medio de los profesos don Víctor Alasonatti y don Miguel Rúa, ante una imagen
de la Virgen con dos candelabros encendidos, pronunció en presencia del Rector, con voz clara y alta, la fórmula de los votos. Luego
firmó en el libro de los profesos.

Lo mismo hicieron sucesivamente el clérigo Antonio Rovetto, José Mignone, Pedro Racca, Alejandro Fabre, todos los cuales, después
de pronunciar la fórmula prescrita delante del Rector, firmaron en el libro de los profesos.

El día 8 de febrero, 1863, el Capítulo de la Sociedad de San Francisco de Sales, después de haberse reunido y rezada la invocación al
Espíritu Santo, admitió, de acuerdo con las reglas, a los siguientes jóvenes: José Fagnano, Augusto Croserio, Domingo Belmonte, José
Morielli, Angel Nasi y Vicente Buratto.
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((365))

CAPITULO XXXV

DIFUSION DE LIBROS BUENOS -TERCERA EDICION DE LA HISTORIA SAGRADA -ALOCUCION DEL PAPA Y SALUDO
DEL EPISCOPADO EN LA CANONIZACION DE LOS MARTIRES JAPONESES -OTRA EDICION DE LA HISTORIA DE
ITALIA: ARMONIA -LECTURAS CATOLICAS DE MARZO: AVISO A LOS SUSCRIPTORES -ATENCIONES QUE QUIERE
DON BOSCO SE USEN CON LOS PRELADOS QUE SE SUSCRIBEN A ESTAS LECTURAS -CARTAS DE DON BOSCO A LOS
ORDINARIOS DE MUCHAS DIOCESIS DE ITALIA PARA RECOMENDAR ESTA SUSCRIPCION Y SUS RESPUESTAS

EL mismo interés que don Bosco se tomaba por la salvación eterna y el progreso de sus muchachos en la virtud y por el progreso de la
Pía Sociedad de San Francisco de Sales, era el que le animaba a escribir buenos libros y difundirlos por todos los medios.

Aquel año de 1863 encontró tiempo para reimprimir la Historia Sagrada publicando su tercera edición, con sus correspondientes
grabados, para uso de las escuelas, de acuerdo con el programa del ministerio de Instrucción Pública. Además de bastantes correcciones
de frases, añadiduras de períodos, parágrafos y algunos hechos, aumentó con cinco capítulos totalmente nuevos la séptima época. Con
este trabajo defendía la verdad de la Iglesia Católica y confutaba las mentiras y aberraciones de los herejes. Escribía al final:

"San Pedro, cabeza de la Iglesia, salió de Antioquía y dirigiéndose a Roma, entonces capital del mundo entero, estableció allí su sede.
Sus sucesores continuaron residiendo allí y por causa de las persecuciones estuvieron en las catacumbas. Después del tercer siglo de la
era cristiana el emperador ((366)) Constantino abrazó la religión de Jesucristo, fundó iglesias en Roma y las dotó de bienes. Más tarde
trasladó su trono imperial a Constantinopla por él fundada. Desde entonces los emperadores y los reyes que dominaron en Italia, no
residieron en Roma, sino que solamente la atravesaron como viajeros, y residieron en Rávena, en Pavía o en Milán. De este modo Roma
vino a ser, por divina Providencia, la ciudad del Vicario de Jesucristo".
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En esta reedición don Bosco suprimió en el prólogo la cita de Feccia y de Aporti, reprodujo la lista de los nombres geográficos
sagrados, confrontados con los nombres modernos, con muchas añadiduras sobre los del año 1855.

Completó el volumen con un cuadro de las monedas, pesos y medidas hebreas comparadas con las monedas, pesos y medidas del
sistema métrico decimal; con un tratadito sobre la geografía de Tierra Santa y países limítrofes, una relación de los imperios que la
dominaron y con un mapa geográfico de Palestina.

Hubo otras ediciones posteriores a ésta, siempre con añadiduras y correcciones de don Bosco, que indican el amor con que él distinguía
esta historia.

Entre tanto, lleno de gozo por la unánime adhesión del episcopado a los deseos del Santo Padre; por la admirable unión del clero y del
laicado católico prusiano con Roma, unión de la que debía surgir el Centro Parlamentario que tantas victorias legislativas debía alcanzar
en favor de la Iglesia; por el óbolo de San Pedro, que desde todas las partes del mundo trataba de levantar con millones la lamentable
pobreza del Pontífice, hacía imprimir en el Oratorio un opúsculo anunciado por Armonía el 5 de Marzo.

El discurso del Papa y la salutación del Episcopado, con ocasión de la canonización de los Mártires Japoneses, son dos documentos que
marcan una época en la historia. Por tanto creemos conveniente que sean conocidos y difundidos entre los fieles. Con este fin se ha
impreso una hermosa edición de ellos en italiano en la tipografía del Oratorio de San Francisco de Sales en Turín, al precio de veinte
céntimos libre de impuesto de correo.

((367)) Al mismo tiempo publicaba otra edición de su Historia de Italia, encargando la venta, para comodidad de la juventud turinesa,
además del Oratorio, a las imprentas de Paravía, del caballero Pedro Marietti, de Jacinto Marietti y a la librería de José Moglia, en la calle
Barbaroux. El periódico Armonía la anunciaba el 5 de abril.

La Historia de Italia narrada a la juventud. Sólo el título bastaría para recomendar el valioso trabajo del óptimo sacerdote don Bosco.
Este nombre es en verdad muy conocido por toda Italia y el poder decir que esta historia tuvo ya, en tan breve tiempo, el honor de cuatro
ediciones es tan alto, que muchos lo pueden ambicionar, pero pocos conseguir. No quiero, sin embargo, anticipar que los valores
grandísimos de esta historia recibieron las más halagadoras alabanzas de la Civiltà Cattolica que la encomió muchas veces y, aún no hace
mucho tiempo, con uno de aquellos sus incomparables artículos; y también las de un autor, cuya opinión en nada sospechosa resulta muy
autorizada, principalmente en esta materia, y nos referimos al ilustre señor Nicolás Tommaseo.
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Añádase que la presente obra tiende, además, a procurar la ocasión de cumplir un acto de la caridad más exquisita, pues se vende
exclusivamente a beneficio de los Oratorios de San Luis, del Angel Custodio y de San Francisco de Sales. Se agrega en fin que, si se
miran el tamaño del volumen, la claridad de los caracteres, la corrección de la impresión y la belleza de la edición, el precio no podía ser
más bajo. Este es sólo de dos liras con cincuenta céntimos en Turín, y dos con setenta y cinco en provincias, por el correo.

Otros trabajos tenían a don Bosco atado a su mesa, como pronto veremos; pero lo que más apremiaba era el opúsculo de las Lecturas
Católicas para el mes de marzo.

Estas presentaban a sus lectores el folleto: Diálogos populares sobre algunos errores actuales referentes a religión. Los diálogos son
cuatro, y rebaten los conocidos errores que los protestantes divulgaban por las aldeas contra las verdades católicas. El librito está impreso
en la tipografía Paravía, y en la portada se lee: -Turín, 1863 -Dirección de las Lecturas Católicas, calle de Santo Domingo, n.º 11.

En la última página, bajo la palabra suscripción, se indica que los giros postales deben enviarse a la Dirección.

El folleto llevaba una comunicación para los suscriptores.

((368)) A nuestros beneméritos suscriptores y amables lectores:

Con gran satisfacción, beneméritos suscriptores y amables lectores, os comunicamos el término del décimo año de las Lecturas
Católicas. Creemos que la satisfacción sea común, porque nuestros cuidados y los vuestros fueron coronados por el éxito, con el aumento
de lectores, y el fruto que esperamos haya beneficiado a las almas.

Y como, por otro lado, desde un tiempo acá, se agrava el mal que se va produciendo con las malas publicaciones, al notificaros el año
undécimo de nuestra publicación nos animamos, beneméritos suscriptores y amables lectores, a exhortaros queráis redoblar vuestro celo e
interés. Por nuestra parte, nada ahorraremos de cuanto pueda contribuir a la buena presentación de imprenta, a la puntual expedi ción, a la
amenidad de la materia, a la utilidad y selección de los temas. Para conseguir este objeto podéis coadyuvar eficazmente, sobre todo
animando a los ya suscritos a continuar su ayuda y estudiando el modo de difundir estos folletos por aquellos lugares donde todavía no
fuesen conocidos, especialmente allí donde los protestantes hubiesen intentado o pretendiesen derramar el veneno del error entre los
pueblos católicos

Por el programa adjunto se observará que no se ha cambiado nada de los años pasados. Creemos oportuno reproducir las palabras del
supremo jerarca Pío IX y algunos fragmentos pastorales de los Obispos y Vicarios Generales 1 que se complacieron

1 De la pastoral de monseñor Losana, obispo de Biella.

Lo mismo que en años anteriores, también en el presente, a la par que nos alegramos de la buena obra de los que se suscriben y
distribuyen las Lecturas Católicas, como freno y compensación
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en recomendar a los fieles la mayor difusión posible de las Lecturas Católicas. Dios bendiga a todos aquéllos que, en estos calamitosos
tiempos, se prestan a la difusión de los buenos libros y os bendiga particularmente a vosotros, beneméritos suscriptores y amables
lectores; y mientras os ofrecemos los sentimientos de nuestra más viva gratitud, rogamos al cielo os conceda la plenitud de sus favores.

Turín, 1 de marzo, 1863.

LA DIRECCION

((369)) Don Bosco publicaba, como lo había hecho en años anteriores, la lista de folletos editados por las Lecturas Católicas, para que
fuesen distribuidos y vendidos o regalados en las poblaciones. Al mismo tiempo, para recomendar sus Lecturas, enviaba una carta a diez
Cardenales, a ochenta y cinco Obispos y sesenta Vicarios Generales o Capitulares de toda Italia. Se conserva la nota hecha escribir y
corregida por él. Recomendaba entretanto a sus encargados que no enviasen nunca la cuenta de la suscripción a los bienhechores insignes,
a los obispos y a los cardenales; y por esto exigía que sus nombres fuesen anotados en registros aparte.

-Estos, decía, quedarían ofendidos al presentarles las facturas, cuando con un solo donativo pagan ampliamente a la Casa.

He aquí, pues, la circular, cuya dirección variaba, de acuerdo con la dignidad de los personajes que debían recibirla.

Ilustrísimo y Reverendísimo Monseñor:

La necesidad, que cada día parece más grave, de difundir buenos libros, me anima a escribir a V.S. Ilma. y Rvdma. buscando un apoyo.
Creo sea de su conocimiento

de los graves daños que acarrean los libros y folletos malos que desgraciadamente se van difundiendo cada día más, os animo de nuevo a
continuarlas e iniciarlas allí donde todavía no sean conocidas, ya sea en razón del bienestar de las familias como de la moralidad pública.

De la pastoral de monseñor Moreno, obispo de Ivrea.

Renovamos insistentemente a los reverendos párrocos y sacerdotes nuestras exhortaciones para que promuevan las buenas lecturas con
la suscripción a las Lecturas Católicas.

Extracto de la circular del canónigo Luis Viani, Vicario General Capitular de Sarzana.

Verdaderamente son muchas las obras de religión que al presente salieron a la luz; pero las Lecturas Católicas, que yo recomiendo y
que están abundantemente difundidas por todas las diócesis, sirven para llenar un vacío que existía con mengua para las clases populares.

Palabras del Vicario General Capitular de Alba.

Muy a gusto aprovechamos esta ocasión para recomendar calurosamente a nuestros hermanos y a los fieles a ellos encomendados la
lectura de los libros que un estupendo sacerdote turinés saca mensualmente a la luz, bajo el título de Lecturas Católicas, recomendadas y
alabadas por el mismo Sumo Pontífice, nuestro padre y señor Pío IX.

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que hace diez años ((370)) se publican en esta ciudad unos folletos mensuales con el título de Lecturas Católicas. Lo módico del precio,
la popularidad y selección de los temas, la recomendación de los Obispos y, más aún, la bendición y aprobación del mismo Sumo
Pontífice reinante Pío IX, lograron que fueran numerosas las suscripciones y quedaran muy satisfechos los lectores.

Deseo ahora ardientemente que sean mucho más difundidas en esa diócesis, confiada a sus apostólicos cuidados por la divina
Providencia; por eso, si en su gran prudencia y experiencia estimase oportuno decir una palabra en favor de estas Lecturas, creo que haría
una cosa útil para la gloria de Dios, ayudaría a oponer un antídoto a las lecturas inmorales e irreligiosas, que de tantas maneras se
propagan, y sería al mismo tiempo de gran impulso para los que trabajan en la publicación y en la difusión de las mismas.

Cuanto aquí le expongo es un simple ruego que presento en nombre de la dirección; yo estaré satisfecho con lo que en la práctica
juzgue más conveniente.

Por mi parte le suplico respetuosamente admita que de corazón le presente los mejores deseos de bienestar y abundancia de gracia,
mientras me encomiendo a la caridad de sus fervorosas oraciones y considero mi mayor honor el poderme profesar con total estima.

De V.S. Ilma. Rvma.

Turín, 20 de enero, 1863.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Los diversos obispos no tardaron en responder a la llamada de don Bosco. Conservamos todavía algunas de sus cartas 1

1 Véase el apéndice n.° 3, al final del presente volumen.
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((371))

CAPITULO XXXVI

DON BOSCO EMPIEZA A HABLAR DE LA CONSTRUCCION DE UNA NUEVA IGLESIA EN VALDOCCO Y DE SU TITULO
SEÑALA EL TERRENO DONDE SERA EDIFICADA Y PREDICE LA COLABORACION DE LOS FIELES -LA VIRGEN
SUMINISTRARA LOS MEDIOS -EL CAMPO DE LOS SUEÑOS NO PERTENECE A DON BOSCO -SE PIENSA CONSTRUIR LA
IGLESIA EN OTRO LADO, MAS NO SE CONSIGUE COMPRAR EL TERRENO -TRAMITES FALLIDOS PARA LA
ADQUISICION DEL CAMPO DE LOS SUEÑOS -FLORECILLAS PARA LA NOVENA DE SAN FRANCISCO DE SALES
-CONVERSACIONES PRIVADAS DE DON BOSCO:
SU INDIFERENCIA A LA ALABANZA Y AL DESPRECIO; UNA EMPRESA TENDRA EXITO SI TIENE POR FIN LA
VERDADERA GLORIA DE DIOS; NO LE QUEDAN MAS QUE DOS AÑOS DE VIDA Y SE LA PODRAN PROLONGAR LA
AYUDA DE LOS SALESIANOS COMBATIENDO CONTRA EL PECADO Y LAS ORACIONES DE LOS JOVENES -COMUNICA
A TODA LA COMUNIDAD UNA VICTORIA SOBRE EL DEMONIO -RUEGOS PARA RECAUDAR SUBSIDIOS PARA LA
IGLESIA AL CONDE CIBRARIO Y A LA ORDEN DE SAN MAURICIO, AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA Y CULTO, AL
ALCALDE DE TURIN -CIRCULARES CON EL MISMO FIN A LOS FIELES DE ITALIA -ALGUNOS TEMEN QUE DON BOSCO
NO LO CONSEGUIRA OTROS ESTAN PERSUADIDOS DE QUE PARA EL NO HAY IMPOSIBLES -DON BOSCO TOMA
POSESION DEL CAMPO DE LOS SUEÑOS -TESTIMONIO DE LA CONFIANZA DE LOS FIELES EN LAS ORACIONES DE
DON BOSCO Y EN SU PODEROSA INTERCESION ANTE MARIA SANTISIMA

YA se había corrido por el Oratorio la voz de que don Bosco estaba decidido a construir un nuevo templo, y, encontrándose cierto día
entre sus muchachos, les había preguntado con qué título habría que invocar a la Virgen a quien sería dedicado. Uno respondió:

((372)) -A la Inmaculada Concepción.
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Otros dijeron:
-A la Virgen del Carmen. A la del Rosario.
Don Bosco dejóles hablar y, transcurrido un pequeño intervalo, manifestó la idea de invocarla con el título de Auxilium Christianorum.

Y, por diversas frases que añadió, pudieron persuadirse los jóvenes de que él quería reavivar así en el pueblo cristiano la fe en el triunfo
de la Iglesia, en medio de la lucha que sostenía en aquellos tiempos.

"Otro día, cuenta el canónigo Anfossi, me encontré con él en la calle que corre junto a nuestra casa y le pregunté dónde construiría el
templo de María Auxiliadora. Me señaló el sitio en un campo vecino, casi enfrente de nuestra iglesia de san Francisco de Sales y con un
gesto me indicó amplias porciones de terreno. Adviértase que una calle separaba aquella área del Oratorio.

-Y por dónde pasaremos, le pregunté, para entrar en el Oratorio?
-Esta calle en la que vivimos será suprimida y nosotros entraremos por la calle Cottolengo prolongada.
Yo repliqué:
-Pero será muy amplia la iglesia?
Y él constestó:
-Sin duda, y aquí vendrán muchos a implorar el auxilio de la Virgen María.
Y como yo siguiera insistiendo para saber si ya poseía el dinero necesario, me respondió:
-Como es la Virgen quien quiere la iglesia, ya pensará Ella en pagar"
.
Juan Villa le oyó repetir en medio de los muchachos:
-Yo no tengo dinero, pero estoy seguro de que María Santísima me ayudará a levantarla.
Todo lo que dijo se cumplió punto por punto: y el templo llegaría a ser en breve uno de los primeros santuarios de la cristiandad.
Don Bosco se mantenía en sus trece ante la grandiosa idea de levantar un templo en Valdocco en honor de María Auxiliadora. Lo había

visto en sueños diecisiete años antes.
Pero el campo de los sueños ya no era de su propiedad desde hacía ocho años, por haberlo vendido a los Rosminianos el 10 de abril de
1854. Sobre este terreno, donde se había proyectado construir un edificio para imprenta, debía levantarse una casa para el ((373)) Instituto
de la Caridad; pero después de la muerte del abate Rosmini, sus religiosos habían abandonado el proyecto.
Don Bosco estaba decidido a volver a comprar aquel terreno;
321

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pero don Angel Savio, ecónomo del Oratorio, de primera intención había pensado, y así lo había sugerido a otros, construir el sagrado
edificio en un lugar más a la vista y más cómodo para la población; esto es, al fondo de la avenida de Valdocco, donde se alzaba una
linda quinta de los señores Filippi con un amplio patio, contigua por levante con la propiedad que estos mismo señores habían vendido a
don Bosco. Efectivamente, aquí habría terminado una ancha calle que, partiendo del espacioso Rondó, denominado entonces de san
Máximo, rodeado de altísimos y frondosos árboles, hubiera prestado una majestuosa entrada a la iglesia; por el contrario, para llegar al
terreno de los Rosminianos no había entonces más que callejuelas o senderos, algunos de los cuales lo atravesaban; y alrededor acequias
y zanjas.

-A pesar de todo, nos dijo años después don Bosco, yo había visto que la iglesia debía levantarse en el preciso lugar del martirio de los
santos Solutor, Adventor y Octavio; había contemplado también aquí todo el futuro Oratorio con la fachada en forma de herradura de
caballo y la iglesia en medio. Pero no dije nada de esto a don Angel Savio y le permití que fuese a hablar con los señores de Filippi.

Se iniciaron los trámites para la compra. El contrato ya estaba terminado verbalmente ante testigos, se había fijado el día para firmar la
escritura, y ya se había avisado al notario; pero he aquí que a los propietarios se les ocurrió decir que no estaban conformes con las
condiciones establecidas. Se rompieron por consiguiente los tratos.

Añade la crónica de Bonetti: "Nos hemos dado cuenta en estos días de la gran paciencia de don Bosco en las contrariedades y cuánto
desea mantener la paz con todos. Apenas supo tal noticia, exclamó:

"-íPaciencia! íEl Señor nos ayudará de otro modo!

"Se le aconsejaba acudir a los tribunales, dado que los señores Filippi no podían negar que habían comprometido su palabra en el
contrato. Pero don Bosco respondió a don Angel Savio:

"-No, no; hazles sólo saber que me sabe muy mal esta su resolución, ((374)) pero, con todo, que deseo mantener siempre con ellos mis
buenas relaciones.

"Algunos días después, habiéndole yo preguntado qué pensaba sobre el caso, respondió:

"-iEh, mira! Nuestra casa siempre ha tenido que caminar a través de la contradicción, y también en esta ocasión viene el demonio a
enredar las cosas. Mas el Señor nos ayudará".
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Y así era; no soñaba ninguno de los que estaban metidos en ello que eran instrumentos de la Providencia.

En efecto, don Angel Savio, forzado por la necesidad de contar con una área espaciosa junto al Oratorio, se dirigió a los Rosminianos.
Existían, sin embargo, diversas dificultades que superar y era la más seria una muy costosa condición, que quería poner el procurador de
aquellos religiosos. Como quiera que el valor del terreno, debido a las modificaciones de los proyectos municipales en la zona de
Valdocco, había disminuido casi en ocho décimas, desde la fecha en que don Bosco lo había vendido, ahora se exigía que el comprador,
además del precio estimado, reembolsase una buena compensación. Don Angel Savio se retiró. Cuanto hemos narrado sucedía en las
primeras semanas de enero.

Entre tanto el 23 de este mes comenzaba la novena de san Francisco de Sales. La fiesta se celebraba aquel año el 1 de febrero, esto es,
el primer domingo siguiente al 29 de enero, según la tradicional costumbre de los años precedentes. Don Bosco escribió y explicó a los
alumnos las siguientes florecillas espirituales:

Florecillas para la novena de san Francisco de Sales en el año 1863.

1.° Quiero abandonar el pecado; haré un acto de contrición proponiendo evitar la ocasión de pecado.
2.° Una vez dada la señal, me levantaré enseguida de la cama.
3.° Quiero cumplir exactamente todos mis deberes y hacer con gusto las cosas que me desagradan.
4.° Obediencia pronta a todas las cosas que me manden.
5.° Buen ejemplo en la iglesia, como reparación del mal ejemplo dado en el pasado.
6.° Perdonar todos los insultos recibidos; rezar un padrenuestro por los que me han molestado.
((375)) 7.° Examinar y ajustar las cosas de la vida pasada, como si me encontrase en punto de muerte.
8.° Imitar a san Francisco de Sales en la huida de los malos compañeros y en la compañía de los buenos.
9.° Tres salves a María para obtener su asistencia en punto de muerte.

EL DIA DE LA FIESTA
Confesión y comunión en honor del Santo, pidiéndole la gracia de perseverar en el bien.

Durante esta novena empezaron a llegar a don Bosco cartas de los Obispos, respondiendo a su llamada en favor de las Lecturas
Católicas.

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Bonetti dejó escrito en su crónica, con fecha 31 de enero, sábado:

"Esta noche nos encontrábamos muchos en la habitación de don Bosco, mientras él cenaba, después de haber confesado desde las cinco
hasta las nueve y media. Se hacía leer una carta del Obispo de Spoleto. En ella rendíale el Prelado grandes elogios, diciendo entre otras
cosas que, si bien no tenía el honor de conocerle en persona, no obstante la fama de su nombre había llegado a sus oídos y reconocía su
gran celo por la gloria de Dios y su espíritu totalmente sacerdotal. Don Juan Bautista Francesia, que casi siempre está a su lado, le
preguntó sonriendo:

"-Y no se ensoberbece al escuchar esos panegíricos?

"Y él respondió:

"-Mira; estoy acostumbrado a oír de mí toda suerte de cosas:
lo mismo me da leer una carta llena de alabanzas, que otra plagada de insultos. Cuando recibo una carta que me alaba, alguna vez me doy
el gusto de compararla con otra de cualquier atrevido, cubierta de villanías, y después me digo: he aquí cuán diferentes son los juicios de
los hombres. Pero digan un poco lo que quieran; yo no soy más que lo que soy delante de Dios.

"Pasando aquella misma noche a tratar de la iglesia que pretende edificar, alguien le dijo:

((376)) "-Don Bosco posee un estómago capaz de digerir las piedras: no tiene un céntimo y quiere edificar una iglesia, en un siglo tan
egoísta e interesado como el presente. íEsto es desafiar a la Providencia! No tiene miedo a quedarse a la mitad de la obra?

"El respondió:

"-Cuando queremos hacer algo, pensemos antes si es para mayor gloria de Dios; y, si resulta que es así, vayamos adelante, sin
detenernos; y lo conseguiremos.

"Nos contó muchas otras cosas que demuestran su grande e ilimitada confianza en Dios".

Admiraba esta su confianza al emprender una obra colosal, haIlándose mal de salud y gastado por tantos trabajos. El, en efecto, sentía
cada día más que disminuían sus fuerzas.

Seguía Bonetti escribiendo:

"El primero de febrero, día de la fiesta de San Francisco de Sales, estaba don Bosco con algunos clérigos y jóvenes seglares cuando
pasó a hablar de la muerte: con gran pena nuestra nos aseguró que pronto tendra que abandonarnos, ya que su vida estaba limitada a corto
plazo.
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"-No tengo más de dos años de vida, nos dijo.

"Ya anteriormente, ora con uno, ora con otro, había ido repitiendo las palabras del apóstol san Pablo: Ego jam delibor, et tempus
resolutionis meae instat (yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente)1. Nosotros le dijimos
que rezase al Señor, para que le concediese, al menos para nuestro consuelo, veinte años más de vida, y le preguntamos qué deberían
hacer sus muchachos para conseguir esta longevidad.

"El nos contestó que le ayudásemos en la batalla que debe sostener contra el enemigo de las almas; y luego añadió:

"-Si me dejáis solo, me agotaré antes, porque he resuelto no ceder aun a costa de caer muerto en la batalla. Ayudadme, pues, a hacer
guerra al pecado. Os aseguro que, quedo tan oprimido cuando veo al demonio esconderse en un rincón de la casa para hacer cometer el
pecado, que no sé si puede haber martirio más terrible que el que yo sufro entonces. ((377)) Yo soy así: cuando veo la ofensa de Dios,
aunque tuviese todo un ejército en contra, no cedo.

"Y entonces, al ver a sus fieles hijos angustiados, entre ellos algunos clérigos próximos a recibir las órdenes sagradas, concluyó:

"-Rogad al Señor y tengo la esperanza de poder asistiros a todos, cuando celebréis la primera misa.

"Estas palabras, divulgadas rápidamente por la casa, estimularon verdaderamente a los muchachos, que se decidieron a hacer de todo
para conservar la vida de su padre y maestro.

"Se realizaba un bien inmenso que se palpaba con las manos y que ponía en evidencia cuán grande era la autoridad moral de don Bosco
sobre los alumnos del Oratorio.

"Por la noche de aquel día solemne, don Bosco comunicó, a toda la comunidad reunida, una eminente victoria contra el enemigo de las
almas con estas palabras:

"-Se trata nada menos que de hacer rezar el suspiciat 2 al diablo.
Por ahora no dejéis la oración; espero explicaros todo más tarde".

Y él, con fecha de este mismo día, empezaba resueltamente los primeros trámites para la nueva iglesia. Aunque no poseía todavía el
terreno donde edificarla, enviaba un gran número de circulares, pidiendo ayuda a sus bienhechores. Comenzaba dirigiéndose a las
autoridades y presentaba una súplica al conde Cibrario.

1 II Timoteo, IV, 6.

2 Suscipiat (Reciba ((el Señor))): Es la primera palabra de la contestación del pueblo al Orad, hermanos, del sacerdote, en la misa. Se
trata de una latinismo, usado por don Bosco, para decir que el diablo tendría que resignarse hasta a orar con él al Señor. (N. del T.)
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Excelencia:

Uno de los sectores de esta ciudad donde ha crecido la población extraordinariamente es Valdocco. Desde la iglesia parroquial de
Borgo Dora, doblando hacia el manicomio hasta el Borgo de san Donato y la Forja Real de Fusiles, las manzanas de casas y caseríos
forman como un solo conjunto de edificios, casi todos de reciente construcción.

Pero en este amplio y populoso espacio no hay iglesia, ni capilla pública, donde los ciudadanos puedan asistir a las prácticas del culto
divino. Existe, es cierto, el Oratorio de san Francisco de Sales, que, por algún tiempo, se mantuvo indistintamente abierto al público; pero
al presente está de tal modo ocupado por ((378)) los jóvenes que allí se reúnen, que resulta incapaz para atender a los adultos.

Para satisfacer esta necesidad pública, había imaginado el que suscribe intentar la construcción de una iglesia en terreno de su
propiedad, situado en la calle Cottolengo, en el rellano de la bajada del Círculo 1 de Valdocco. Esta iglesia estaría especialmente
destinada a los alumnos externos que podrían asistir libremente, pero que, por su amplitud, podría servir así mismo para los adultos.

Ya hay algunos bienhechores dispuestos a dar limosna para semejante proyecto; y con tal finalidad recurro también humildemente a

V.E. rogándole ardientemente nos ayude con el mayor caritativo subsidio que a usted le pareciere bien, para el caso excepcional de la
construcción de una iglesia pública.
La solicitud que a vuestra Excelencia caracteriza en todo lo que mira a la utilidad pública moral y material, como esta casa ha
experimentado ya muchas veces, me hace esperar una benévola acogida a mi súplica.

Invocando del cielo copiosas bendiciones sobre usted, sobre nuestro augusto Soberano y sobre todos los señores de la Orden de san
Mauricio, me cabe el gran honor de poderme profesar.

De V.S.

1 de febrero, 1863.

Su humilde y seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Una carta similar dirigió al Ministro de Gracia y Justicia, suplicándole su ayuda, asignándole con cargo a la Caja del Economato Real el
mayor caritativo subsidio que juzgase conveniente Su Excelencia.

Al mismo tiempo presentaba un ruego al Alcalde de Turín, pidiéndole calurosamente su ayuda para el caso extraordinario de la
edificación de una iglesia pública, e imploraba abundantes bendiciones del cielo sobre todos los componentes del Ayuntamiento.

Además se apresuraba a expedir la siguiente circular a cuantos señores conocía en Turín y en otras poblaciones de Italia.

1 Círculo de Valdocco.-Quiero imaginar que se refiere al famoso Rondó. (N. del T.)
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((379)) INVITACION PARA CONCURRIR A LA CONSTRUCCION DE UNA IGLESIA EN HONOR DE LA BIENAVENTURADA
VIRGEN MARIA BAJO

EL TITULO DE "MARIA AUXILIUM CHRISTIANORUM"

Maria Auxilium Christianorum. Ora pro nobis.

Benemérito Señor:

Ciertamente todo católico experimenta una gran satisfacción cuando puede contemplar un gran número de fieles, congregados en la
casa de Dios, asistiendo a los divinos oficios y escuchando la divina palabra. Pero se tiene también una sensible pena cuando acuden los
fieles a las sagradas funciones y se ven excluidos por falta de sitio. Soy precisamente un espectador que se duele de ello.

Hace cerca de diez años que se colocaban los cimientos de un templo junto a esta casa; con la ayuda de caritativas personas pronto se
terminó y se consagró al culto divino. Pero, aquel edificio, que entonces parecía suficiente, ahora no puede contener más que una porción
de muchachos dispuestos a asistir, la mayor parte no tiene cabida. Además, hay por estos alrededores una población de más de veinte mil
habitantes y no existe en la zona ni una sola iglesia, ni una capilla, ni siquiera una escuela pública, donde, a excepción de la nuestra, se
celebren las sagradas funciones o se imparta enseñanza religiosa.

En vista de esta necesidad moral y religiosa, me vino la idea de intentar levantar un nuevo edificio destinado al culto divino, en honor
de la bienaventurada Virgen Inmaculada, con el título de Maria Auxilium Christianorum, exento de toda elegancia, pero de bastante
capacidad para reunir a los jovencitos que quisieran asistir y con espacio suficiente para las personas adultas del vecindario, y hasta para
ser convertido en parroquia si el Superior Eclesiástico lo juzgase conveniente.

Este sería el plan proyectado mediante el cual se podría cubrir una pública y grave necesidad. Sólo que, para efectuarlo, habría que
afrontar cuantiosos gastos, por lo que en este momento no sabría qué partido tomar. Usted ya me hizo experimentar los efectos de su
beneficencia. Quién sabe si, en esta ocasión, le inspirará el Señor acudir una vez más en socorro de una obra eminentemente católica, que
ciertamente puede contribuir a la salvación de muchas almas?

No pretendo invitarle a cargar sobre sí el peso de toda la construcción; haga solamente lo que sus posibles y su caridad le sugieran. En
cualquier medida que coopere, yo le profesaré siempre la mas profunda gratitud, rogando al Señor le recompense generosamente en la
celestial Jerusalén cuanto usted realizó por el decoro de su santa casa en la tierra.

((380)) Le suplico perdone bondadosamente la molestia que le causo, y permita le presente, a la par, los mejores augurios de bienestar y
gracia del cielo, mientras tengo el honor de profesarme con todo mi aprecio.

De V.S. benemérita.

Turín, 1 de febrero, 1863.

JUAN BOSCO, Pbro.

Circulares impresas e innumerables cartas escritas a mano prosiguieron difundiendo la noticia del gran proyecto por todas partes. Ante
esta novedad, los mismos antiguos alumnos que sabían de sus

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apuros económicos, al ver su continuo afán de agrandar el Oratorio y sus demás obras, si alguna vez habían pensado que se aventuraba
demasiado, viéndose obligado a desistir por falta de medios, ahora no sabían qué decir.

Muchos personajes de la ciudad, hasta eclesiásticos, le creyeron temerario al emprender siempre nuevas obras, y alguno le escribió:

-Mientras usted viva, con su fama sostendrá sus obras, mas cuando el Señor le llame a la otra vida, éstas se vendrán abajo o quedarán
sin acabar.

Pero otro gran número de personas tenía confianza ciega en las palabras de don Bosco. Entre ellos estaba el profesor de retórica don
Mateo Picco, el cual le conocía íntimamente y profesaba al siervo de Dios un gran aprecio y le consideraba un hombre extraordinario. Se
maravillaba sobre todo al verle salir a flote en asuntos que parecían imposibles. Por esto, cuando oía a don Bosco manifestar alguno de
sus grandes proyectos, por ejemplo el de la nueva iglesia, solía exclamar:

-Es posible?... Pero si don Bosco lo dice, así será.

Y así debía ser, porque su obra era obra de Dios y porque, como le dijo a don Miguel Rúa el cardenal Agostini, Patriarca de Venecia,
Dios no acostumbra realizar obras grandiosas si no es a través de sus santos.

En tanto los Rosminianos se habían determinado a vender su ((381)) parcela de Valdocco, porque, no sólo no les proporcionaba
provecho alguno, sino que debían pagar la contribución. Publicaron el precio de venta, mas como era un poco elevado, no se presentó
ningún comprador. Sin embargo, su procurador y algunos otros habían decidido no ceder nunca la propiedad en favor de don Bosco,
hacia el cual conservaban cierta frialdad, por no haberse plegado don Angel Savio a sus propuestas.

Entonces don Bosco se sirvió del señor Francisco Tortone, su insigne amigo, quien llevó a cabo los trámites como si él quisiera
comprarlo, pero en realidad lo hacía para cederlo a don Bosco. El mismo fijó el precio y las condiciones a su gusto y los otros
consintieron. Llegó el día del contrato. El señor Tortone y el delegado de los Rosminianos se presentaron en el despacho del notario
Turvano. De improviso apareció don Bosco. Entonces el delegado protestó que no era con don Bosco con quien él había entendido tratar;
más aún, que el propietario se oponía a la venta del terreno, si se trataba de don Bosco.

El señor Tortone dijo:
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-El que compra esta finca soy yo, no tendré derecho a cederla a quien me parezca?

El encargado respondió que, tratándose de un contrato de semejante género, él no tenía las instrucciones oportunas y no podía firmarlo.

-Pues bien, replicó el señor Tortone; escriba usted a sus mandantes pidiendo instrucciones.

-Escribiré a Stressa, concluyó el delegado.

Y escribió, pero el asunto había adquirido tanta publicidad, que los interesados no quisieron cayera sobre ellos el borrón de ser
enemigos de don Bosco. Hubiera sido por su parte una mezquindad que habría causado muchas murmuraciones. Respondieron, por
consiguiente, al delegado que firmase el contrato con las condiciones puestas por el señor Tortone.

Y así, con escritura firmada el 11 de febrero de 1863, el teólogo Pedro Bertetti, como heredero del abate Antonio Rosmini, vendía a don
Bosco el terreno situado en Valdocco con una superficie de ((382)) diecinueve áreas con cuarenta y ocho centiáreas por el precio
declarado de mil quinientas cincuenta y ocho liras con cuarenta céntimos. De esta forma aquel terreno volvió a ser propiedad de don
Bosco.

Entre tanto, las respuestas de aquéllos a quienes habían llegado las circulares, testimoniaban no sólo su devoción a María, sino también
la confianza en las plegarias de don Bosco.

"En efecto, afirma el canónigo Ballesio, don Bosco tenía fama de alcanzar de María Santísima Auxiliadora muchas gracias y favores,
para los que se encomendaban a él. Y esta confianza tenía un fundamento cierto, puesto que por lo que yo recuerdo, de mis ocho años en
el Oratorio, y por cuantas veces tuve que tratar en adelante con el siervo de Dios, conocí que él tenía plena confianza en la Virgen y que
con su auxilio estaba seguro de obtener muchísimo, aun lo que humanamente hablando, parecía imposible. La Virgen fue siempre su
tesorera, su defensa y su auxilio, lo mismo en favor de los que recurrían a Ella por medio del siervo de Dios, que en favor de las obras
salesianas".
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((383))

CAPITULO XXXVII

DON BOSCO ESCRIBE PARA QUE LE MANDEN DE ROMA EL DICCIONARIO ECLESIASTICO DE MORONI -LA
BIBLIOTECA DEL ORATORIO -DA LAS GRACIAS POR EL ENVIO DE MORONI -LA CARTITA DE UN AMIGO -CARTA DE
DON BOSCO A PIO IX -LECTURAS CATOLICAS: PONTIFICADO DE SAN CAYO PAPA Y MARTIR -OPINION DE DON
BOSCO SOBRE LA HISTORIA POPULAR DE LOS PAPAS POR CHANTREL -SU ADVERTENCIA PARA EL USO EN LAS
ESCUELAS DE LAS HISTORIAS SAGRADAS TRADUCIDAS DE LENGUAS EXTRANJERAS

DON Bosco debía estar satisfecho de haber adquirido el terreno de los sueños. Después de tantas vicisitudes de gestiones, de
compraventas y vueltas a comprar; de proposiciones exorbitantes de hipotecas y rechazos, la promesa de la Virgen se había cumplido; y
su celestial proyecto iba a realizarse. A lo que parece, el demonio había recitado el suscipiat.

Terminado aquel asunto, don Bosco pasaba a otros que le acuciaban, y consignaba dos cartas a la marquesa y al marqués de Landi, que
salían para Roma. Una de ellas iba dirigida al barón Ricci, que ya se encontraba en la Ciudad Eterna, para pedirle una obra famosa que le
era necesaria para compilar algunas de sus Lecturas Católicas; y la segunda, para el Romano Pontífice:

Decía la primera:

Turín, 13 de febrero, 1863.

Carísimo Señor Barón:

Aprovecho la ocasión de que la señora marquesa de Landi va a Roma para pedirle unos favores que deseaba suplicarle antes de su viaje.
((384)) Necesitamos en esta casa la obra de Moroni, cuyos primeros volúmenes ya tenemos. Encarecidamente le ruego quiera tomarse
esta molestia y completarla, de acuerdo con la notita que le adjunto. El traerla consigo es una gran molestia; por tanto le ruego se sirva del
medio con que acostumbran enviar la Civiltà Cattolica y así evitará muchos fastidios. El reverendo padre Oreglia espero le ayudará. Mi
petición está limitada a la molestia; a su regreso será indemnizado por cuanto haya gastado.

Le ruego presente mis respetuosos saludos a la señora Baronesa, su esposa.

Procuraré recompensarle en mi poquedad, rogando al Señor quiera derramar
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sus copiosas bendiciones sobre usted y sobre toda su querida familia, para que conceda a todos salud y gracia, en la vida presente y la
futura.

Acepte bondadosamente mi más sentida gratitud, mientras me profeso en el Señor.

De V.S.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Pero, además de la necesidad que don Bosco tenía de la obra de Moroni para sus trabajos, había resuelto dotar poco a poco al Oratorio
de una biblioteca, que pudiese estar a la altura de las de otros institutos religiosos. Y lo consiguió con la ayuda de los amigos y también
con sus sacrificios, de modo que sus sacerdotes y clérigos tuvieron a mano las obras necesarias, y también las simplemente convenientes
para todas las ramas de sus estudios.

No pasaron muchos años hasta llenar dos amplias salas y tres habitaciones, con cerca de treinta mil volúmenes. Todas las ciencias
tuvieron su propio armario y éstos llegaron a veintidós.

Además de esto, recibió don Bosco, como donativo, muchas obras en lenguas extranjeras sobre distintos temas, y algunas raras y
preciosas.
Ya en 1863 la biblioteca del Oratorio, aunque la realización de este proyecto estuviese en sus comienzos, contaba con una vasta sala bien
provista de volúmenes. Un libro más era para él un tesoro. Se echa esto de ver en otra carta al barón Ricci.

((385)) Turín, abril, 1863.

Benemérito y Carísimo Señor Barón:

He recibido finalmente la caja que usted me anunció y que hizo muchas paradas antes de llegar a la capital. Sin embargo, todo ha
llegado como había escrito y enseguida hice las debidas separaciones, enviándolas a su destino.

Le agradezco el Moroni, pero mi idea es conservarlo para servicio de esta casa, ya sea por el precio a que pudo adquirirlo, ya sea por la
necesidad que verdaderamente tenemos de él. Por ello le agradezco las molestias causadas y me declaro deudor de cuanto ha gastado en
Roma para todo.

Los portes, las comisiones, la aduana, han sido ya pagados por nosotros aquí en Turín.

Que la Santísima Virgen les asista a usted y a la señora Baronesa su esposa y otorgue a toda la familia un viaje feliz a la patria.

Con la mayor estima tengo el honor de profesarme.

De V.S. Benemérita.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

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A este envío de libros iba unida la tarjeta de un apreciado amigo suyo.

Muy Reverendo Señor:

Ruégole acepte esta pequeña muestra de la veneración y aprecio que a V.S. profeso.

Le suplico, a título de gracia, que rece por mí una Avemaría a María Santísima, sede y maestra de la verdadera sabiduría.

Créame con cordial afecto.

De V. Rvda. S.

Roma, Col. Rom., 21 de marzo, 1863.

Su seguro servidor ANTONlO ANGELINI

P. de la Compañía de Jesús.
NB. Con dos paquetes de libros y los saludos de Protasi.

El marqués de Landi había presentado al Santo Padre la carta de don Bosco, con caligrafía de Juan Cagliero, en la cual ((386)) resalta la
profunda veneración, el afecto filial, la intimidad con el Vicario de Jesucristo y, al mismo tiempo, el vivísimo sentimiento de su
pertenencia a la Iglesia, cuya vida, dolores y triunfos eran suyos.

Beatísimo Padre:

Dígnese Vuestra Santidad usar su acostumbrada bondad permitiendo que este pobre, pero muy devoto hijo de la santa madre Iglesia,
tenga, por medio del fervoroso católico marqués de Landi, la gratísima satisfacción de postrarse a sus sagrados pies y expresar los filiales
afectos de su corazón.

Ante todo presento mis más vivas muestras de agradecimiento, junto con las de mis ayudantes y numerosos jovencitos, por los muchos
favores espirituales que en diversas circunstancias nos ha concedido. Estos nos sirvieron de poderoso estímulo para esmerarnos en
corresponder, con oraciones y esfuerzos, a promover, dentro de nuestra poquedad, la gloria de Dios y el bien de las almas.

Los asuntos de la religión y sus sagrados ministros se vieron expuestos, de dos años acá, a serias pruebas en nuestro país, ya sea por los
acostumbrados sobornos de los protestantes, ya sea por las amenazas y también las opresiones de la autoridad, ya sea por el extravío de
muchos de los puestos por Dios para custodia de la casa del Señor. A esto se agrega la enseñanza acatólica de la juventud en las escuelas
primarias y secundarias; lo cual ha producido dos tristísimas consecuencias: contribuyó a la insensatez de leer escritos seductores e
irreligiosos y a rechazar lo que es fundamental en la religión, y como consecuencia una sensibilísima disminución de las vocaciones
eclesiásticas y religiosas y el escarnio de aquéllos que se sienten llamados a ella. Los periódicos y libros impíos siguieron editándose,
multiplicándose, difundiéndose aunque con mucho menos éxito para los enemigos de la religión. Esto se consiguió con el aumento de
periódicos y libros buenos y con la mayor solicitud de los católicos para promover la buena prensa y propagarla.

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Pero, en medio de tanto motivos de aflicción, tenemos también de qué consolarnos. Creció mucho el respeto y la veneración de Vuestra
Santidad entre los buenos; se mantuvo y aumentó bastante, aun entre los mismos adversarios de la fe. Esto es debido a la conducta
intachable, a las buenas obras, a la firmeza de Vuestra Santidad. Omnia ad majorem Dei gloriam. (Todo a la mayor gloria de Dios).

La muerte, el destierro de bastantes obispos, sembró el desaliento entre los menos fervorosos e hizo ciertamente que el clero se uniese
más entre si, llevando exclusiva y directamente el pensamiento al centro de la verdad, al Vicario de Jesucristo. Los obispos siguen
siempre unidos; el clero de las otras provincias, flens dico, (lo digo llorando) se ha desprestigiado en gran número. El único consuelo ante
este desastre es la firmeza y la prudencia de los obispos con la que lograron impedir la caída de muchos más y consiguieron el
arrepentimiento de otros. Diré algo extraño, pero que juzgo verdad. En este momento, parece que los obispos hagan más bien desde el
destierro y desde las cárceles, que tal vez no harían en sus diócesis; porque, con su testimonio, publican y defienden el principio de la
autoridad divina en su cabeza visible que es la base de nuestra santa religión católica. Aunque somos testigos de frecuentes expoliaciones
de lugares y personas sagradas, no obstante nada faltó, hasta ahora, de cuanto se refiere al culto divino. Se levantaron muchas iglesias o
se van restaurando. Solamente en Turín se están construyendo cuatro iglesias destinadas a Parroquias, una en honor de María Auxilium
Christianorum.

Y puesto que Vuestra Santidad tuvo ya otra vez la gran dignación de oírme hablar de los oratorios, contaré algo de los mismos. Son
actualmente cinco, en los que hay una satisfactoria asistencia de jóvenes, que van a oír la palabra de Dios y recibir los santos
sacramentos. El número de los que asisten en los días festivos, pasa regularmente de tres mil. En el oratorio de san Francisco de Sales
encuentran asilo, escuelas, y se reúnen jóvenes de todas las partes de la ciudad en los días festivos. Los internos de esta nuestra casa son
setecientos, de ellos quinientos cincuenta aspiran al estado eclesiástico; todos los años llegan unos cuantos al sacerdocio y marchan a
distintos pueblos a ejercer el santo ministerio.

Entre tanto, Beatísimo Padre, los jóvenes de nuestro Oratorio siguen rezando por la conservación de los preciosos días de Vuestra
Santidad y por el triunfo de la santísima madre Iglesia. Todos los días se distribuye un considerable número de comuniones; mañana y
tarde se elevan plegarias a la bienaventurada Virgen Inmaculada; durante el día se hacen frecuentes visitas al Santísimo Sacramento y
todo para implorar de la divina misericordia que se digne mitigar los males que, desde varios años, se hacen sentir gravemente en nuestros
pueblos, y renueve los hermosos días de paz para la Iglesia y para el mundo.

Mas, a pesar de todo, Beatísimo Padre, hemos de hacer todavía el gran camino per ignem et aquam, (a través del fuego y del agua), y
este viaje que parecía lejano, ahora está muy próximo. Vuestra Santidad secunde la gran inspiración que Dios sugiere a su corazón
proclamando por todas partes la veneración al Santísimo Sacramento y la devoción a la Virgen bienaventurada, que son las dos áncoras
de salvación para la pobre humanidad. Muchos fieles ruegan por Vos, Beatísimo Padre, para que, en el tiempo de la prueba, la Santísima
Virgen le sirva de seguridad y apoyo; y Jesús sacramentado le libre de los peligros.

((388)) Habiendo tenido el gran consuelo de hablar por la presente con Vuestra Santidad, ruego compadezca benignamente el
atrevimiento al que me lanzó el gran afecto que aquí sentimos por su sagrada persona.

Dígnese, en fin, añadir aún un rasgo de especial bondad, impartiendo su santa
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bendición sobre el gran número de sacerdotes, clérigos, seglares y jovencitos que se unen a mí para invocarla humildemente, mientras, en
nombre de todos, me cabe la gran satisfacción de poderme postrar a los pies,

De Vuestra Santidad.

Turín, 13 de febrero, 1863.

Su humilde y afectisimo hijo
JUAN BOSCO, Pbro.

El Venerable Siervo de Dios, mientras se había consolado con el Papa del mayor desarrollo conseguido por la buena prensa, escribía el
opúsculo de las Lecturas para abril. Se titulaba: Pontificado de san Cayo Papa y mártir, original del sacerdote Juan Bosco (N). Describe
también el martirio de muchos contemporáneos ilustres confesores de la fe.

Mientras don Bosco trabajaba sobre la Historia Eclesiástica, salía de la tipografía de la Inmaculada en Módena, la segunda edición de la
Historia Popular de los Papas, escrita por G. Chantrel, y popularizada por A. Somazzi. Don Bosco ya había leído la primera edición y le
había escrito el editor rogándole se ocupara de promover la suscripción y difusión de estos veinticuatro pequeños volúmenes. Don Bosco
le respondió:

Carísimo Señor:

Con gusto me ocupo de promover la suscripción y difusión de la obra: Historia Popular de los Papas, por Chantrel, pero desearía que
alguien se preocupase de mejorar el texto, que sigue sólo las huellas de los autores franceses y en varios lugares, con buena voluntad si se
quiere, disfraza la verdad y omite cosas muy importantes. En una carta no puedo notificarle muchas cosas; mas, por ejemplo, la Iglesia
Católica compuso el Oficio con lecciones, misa, tiempo y hechos diversos acerca ((389)) de san Cleto y san Anacleto y él hace uno sólo
con un embrollo que coloca la historia de los Papas en una verdadera confusión. Véase a este propósito: Baronio, Vol. I, Navaes, Vol. I,
el libro del Pontifical Romano, etc. 1.

Sigue la cronología de los Galicanos, por eso va en contra de los eruditos italianos, Baronio, Giaconio, Sandini, Orsi, etc.

Se pierde en relatos amenos, pero que no son importantes, y olvida después, se puede decir, cosas verdaderamente esenciales de todos
los papas; por ejemplo, omite las actas del martirio de san Clemente I y de san Alejandro I, que son consideradas como auténticas por los
Bolandistas, Surio, Ruinart, etc.

Chantrel ni siquiera menciona las hermosas gestas que san Ambrosio escribe sobre san Cayo, y que son recordadas en las actas de san
Gabino, Susana, Sebastián y compañeros.

Digo sólo esto en general, porque en una carta no cabe más; pero confrontando este autor con fuentes históricas, como son Eugenio de
Cesarea, Teodoreto, Sócrates,

1 En esta controversia don Bosco se atiene a la doctrina más común y revalente en aquel momento.
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Sozomeno, Nicéforo, Calixto, Evagrio y otros, que escribieron más tarde, se observa hasta la evidencia, que se requiere una modificación
radical en el texto del autor.

El traductor podría rendir este importante servicio a la historia, si siguiera a Baronio y a su continuador, especialmente para la
cronología; a Giaconio, que ha recogido con criterio lo más acreditado referente a las acciones de los pontífices; a Surius, Brevis notitia
Summorum Pontificum, donde aparecen brevemente expuestas las enseñanzas de los Papas; a Bernini, Historia de las herejías, donde se
señalan los trabajos de los Pontífices para combatir las herejías.

Resumiendo a Chantrel, de acuerdo con estas fuentes, el trabajo puede aguantar la crítica; de otro modo nos ponemos en gran peligro de
ser censurados por los protestantes, sin que se les pueda dar una respuesta convincente.

Como usted bien ve, yo le hablo con el corazón en la mano y expongo mi pobre parecer, dejando todo para un juicio mejor.

Por mí estoy satisfecho con que me conceda benigna compasión, así como pido y deseo para usted todos los bienes del cielo, mientras
tengo el honor de profesarme.

De V.S.

Turín, 8 de abril.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

((390)) En otra carta contestaba a cierto profesor, que le preguntaba sobre las historias sagradas traducidas de lenguas extranjeras.
Advertía en ella que se debe proceder con cautela para discernir tales escritos, porque, generalmente, carecen de alguna cualidad y sobre
todo de la prudencia necesaria para un libro que ha de ir a parar a manos de los jóvenes 1.

1 Conjunto de observaciones sobre el empleo que hay que dar en las escuelas a las Historias Sagradas, traducidas de lenguas
extranjeras.

Nadie puede negar que la comunicación científica de una nación a otra reporta gran utilidad para la civilización, las ciencias y la moral;
pero también es verdad que, para hacer la selección de los libros extranjeros, se requiere un discernimiento sutil, a fin de no caer en
ciertos defectos y a veces en errores dominantes en determinados países y propagados de escrito en escrito. La historia de la Biblia es la
más sujeta a estos avatares, porque muchos autores apoyaron sus escritos en libros no originales y han bebido lo que los otros bebieron
sin más miramientos.

No pretendo con esto hacer el escrutinio de todas las Biblias que llegan a nosotros traducidas de lenguas extranjeras; yo solamente me
refiero a las impresas sin el original y que son resumidas en compendios para la juventud; y como éstas son muchas, me limito a dar una
idea sobre las más acreditadas, tal como se desea: la Historia Sagrada de Schmid, que lleva el título de: Sucesos sacados de la Sagrada
Escritura y la Historia Sagrada para uso de los centros de educación, impresa por Marietti en 1847.

Una Historia Sagrada destinada a las escuelas, me parece que rigurosamente debe poseer tres cualidades. Debe ser: 1.° Veraz; 2.°
Moral; 3.° Prudente.

1.° Veraz. Se trata de la palabra de Dios: por consiguiente debe callarse lo que no está en los libros santos, o indicarlo al lector, para
que no tome por palabra de Dios lo que es palabra de los hombres.

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2.° Moral. Esto es, que la narración sirva de norma segura del creer y del obrar virtuosos: por tanto no serviría para la juventud una
Historia Sagrada que contuviese expresiones erróneas o que pudieran parecerlo.

3.° Prudente. Es evidente, dice el señor Bonavino, que hay en la Historia Sagrada hechos que, revelados inoportunamente, podrían
contaminar la inocencia y suscitar las pasiones de los niños. por consiguiente, un libro hecho para ellos debe prever tan gran peligro y
callar del todo o cubrir sagazmente lo que puede escandalizar en la tierna edad.

Estos tres caracteres fundamentales faltan en las historias de que hablamos. 1.° No son veraces. Schmid, pág. 36, edición de Milán,
dice: Noé predijo a aquel hijo (Cam) que durante toda su vida setía un desgraciado. El texto no dice nada sobre la maldición de Cam, y de
su vida desgraciada, sino sólo maldito Canaam (hijo de Cam); El será siervo de los siervos para sus hermanos. Martini. pág. 85. Moisés
condujo el rebaño hasta las faldas del monte Oreb, donde no apatecían más que zarzas de espinos; allí fue acometido Moisés, mas que
nunca por el pensamiento de la opresión ((391)) a que se veían reducidos sus hermanos en Egipto y rogó encarecidamente al Señor que
viniese en su socorro. Mientras estaba absorto en este pensamiento, etc. Yo no sé de dónde ha sacado Schmid todo este párrafo de
historia: no lo encuentro en el texto.

En la otra Historia Sagrada para uso de los centros de educación se dice que Dios no dejó a nuestros primeros padres sin un cierto rayo
de esperanza de salvación en el futuro Mesías. Yo digo que dejó seguridad; por otra parte, ípobre Adán! Cómo habría podido salvarse?
(pág. 94).
El hecho de Alejandro en Jerusalén no está en los libros santos, sino que lo refiere solamente Flavio Josefo (pág, 96). Los hebreos
liberados de los elefantes, etc. Esta narración está tomada del tercer libro de los Macabeos, que no es sagrado, ni auténtico (pág. 103). En
la página 105 dice que con el nacimiento de Cristo termina la historia del pueblo de Dios. podría señalar varios hechos y muchísimas
maneras de hablar que presentan el aspecto de historia sagrada sin serlo. De donde se sigue que el niño toma por sagrado lo que realmente
no lo es.

2.° Moral. Todo el Antiguo Testamento debe ser una preparación continua para el Nuevo. Schmid se pierde en muchísimas buenas
reflexiones, pero, sin decir palabra de muchas cosas que conciernen al Salvador. Refiere ciertamente algunas profecías, pero de un modo
muy oscuro; por ejemplo, (pág. 15). El Señor dijo a la serpiente: uno de los descendientes de la mujer te quebrantará la cabeza y tú le
herirás el calcañar. (pág. 35) Dios dijo a Abraham: Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra. Estas y otras profecías, puestas sin la
menor referencia, superan la capacidad de cualquier docto filósofo que no vaya guiado por la luz de la revelación. Nada, por tanto,
conducente al punto esencial, al conocimiento del Mesías, centro de toda la revelación.

Estos defectos aún son más notables en la otra Historia para uso de los centros de educación. En la página 7 define la historia sagrada
como Historia de la religión. A mí me parece que es lo mismo decir historia sagrada que historia de la religión. Así que no define nada.
En la misma página: La historia sagrada tiene dos señaladas ventajas sobre la historia profana: la certeza y la antigüedad; y se olvida de la
ventaja señaladísima de que contiene la divina Voluntad manifestada a los hombres.

Página 8. El Antiguo Testamento consiste en la alianza hecha por Dios con los Israelitas al dar la ley a Moisés. Entonces sólo el
Pentateuco es el Antiguo Testamento y los demás libros no existen. Este es un error condenado para aquellos herejes que sólo tienen por
sagrado y canónico el Pentateuco. En la misma pagina: El Nuevo Testamento es la alianza hecha por Jesucristo con todos los hombres al
dar la ley evangélica. Esta definición favorece maravillosamente a aquella secta de los protestantes que admiten el Evangelio, pero
rechazan los hecho y escritos de todos los demás apóstoles. Con estos principios, cada uno puede deducir qué moralidad puede sacar de
ello la juventud. O ninguna ventaja, o conocimientos erróneos.

3.° Prudente. He sido preguntado muchas veces por los muchachos sobre hechos y palabras a los que no he podido responder para no
ofender su inocencia. Leénse en estas historias los hechos de Noé cuando se excedió en la bebida; de José con la mujer de Putifar; de
David y de Urías; de Susana y los dos viejos, etc., y hay que convenir que son tristes lecciones para el candor de los niños. Alguno podrá
decir que soy yo demasiado delicado, pero la experiencia de

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muchos años me hace hablar de este modo: y estas materias se deberían haber dejado o expuesto ((392)) de otro modo; éstos son también
los sentimientos de otros maestros, que justamente se lamentaron de la poca prudencia de tales escritores.

Solamente he señalado algunos defectos de dichas historias, dejando al lector la observación de muchísimos más que a menudo se dan.
Se me puede oponer que mis observaciones pueden interpretarse en mejor sentido: pero yo respondo que estoy íntimamente persuadido
de cuanto he dicho: tal es el parecer de distinguidos personajes: y aun cuando lo expuesto pudiera ser impugnado, es ciertamente una
realidad que diversos muchachos, a quienes hice leer y explicar cuanto hemos visto, entendieron las cosas en el sentido indicado. Tenían
esos autores buena o mala fe? Yo creo que buena y que el mal se debe a que se fiaron de otros autores, sin consultar los textos originales
y los buenos y acreditados autores por su práctica.

Valgan estas mis observaciones, como quiera que sea, para poner sobre aviso a los maestros de escuela y a los Directores de las casas
de educación a la hora de introducir en sus clases Iibros extranjeros; y para elegir entre los mismos nacionales aquéllos que, a juicio de
los buenos y celosos maestros, son veraces, morales y prudentes.

JUAN BOSCO, Pbro.

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((393))

CAPITULO XXXVIII

CIRCULARES DEL DELEGADO PROVINCIAL DE ENSEÑANZA -DON BOSCO RESPONDE CON LA LISTA DE LOS
PROFESORES DEL ORATORIO Y LA ESTADISTICA DE SUS ALUMNOS -VISITA AL SEÑOR GATTI QUE NO ADMITE
MAESTROS SIN TITULO -GATTI EN CONTRA DEL DELEGADO PROVINCIAL QUE APROBO POR UN AÑO A LOS
MAESTROS DEL ORATORIO -ENTRE DOS PRETENDIENTES, EL TERCERO EN DANZA SE ALEGRA -EL MINISTERIO Y EL
CONSEJO SUPERIOR DE INSTRUCCION PUBLICA NIEGAN A DON BOSCO Y A SUS HIJOS LA ADMISION A LOS
EXAMENES DE IDONEIDAD -DON BOSCO EXPONE POR CARTAS SUS RAZONES LEGALES AL MINISTRO AMARI
RENOVANDO SU PETICION -NUEVO RECHAZO DEL MINISTERIO -REPULSAS CON MENTIROSAS CORTESIAS Y
MUESTRAS DE APRECIO

A juzgar por lo escrito en los precedentes capítulos sobre los primeros meses del año 1863, se diría que don Bosco había pasado sus días
muy ocupado, sí, pero tranquilo en cuanto al porvenir de sus escuelas. El Delegado Provincial de enseñanza habíale enviado dos
circulares pidiendo Datos para el anuario y Datos estadísticos. Eran de orden general para todos los bachilleratos y colegios de la
Provincia.

He aquí copia de la segunda circular.

REAL DELEGADO DE ENSEÑANZA DE LA PROVINCIA DE TURIN
N.° 251

Turín, 31 de enero, 1863
El que suscribe invita a V. S. Ilma. a enviar a este departamento, con la mayor diligencia posible:

1.° Situación del personal del bachillerato con la indicación de ((394)) nombre, apellido, título y distinciones ecadémicas y de nobleza
de cada persona, rellenando el adjunto módulo.

2.° Relación numérica de alumnos para el 1862-63, dividida en los cinco cursos. V. S. cuidará que la compilación de estos datos se
haga con la mayor diligencia y precisión, de modo que se pueda contar plenamente con su exactitud.

El Delegado

F. SELMI
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Don Bosco respondía el 4 de febrero, y de su carta se puede deducir la situación del Oratorio aquel año, en lo concerniente a los
estudiantes.

Después de un breve párrafo en el que expresaba su respeto al Delegado de enseñanza, le comunicaba los datos estadísticos.

MAESTROS:

Director. Mateo Picco, Sac. Prof.

5.° curso. Juan Francesia, Sac.

4.° curso. Francisco Cerruti, clérigo.

3er. curso. Celestino Durando, clérigo.

2.° curso. Juan Bautista Anfossi, clérigo.

1er. curso. Víctor Alasonatti, Sac. maestro.

Aritmética y Geografía. Angel Savio, Sac. maestro.

ALUMNOS:

5.°curso................ 64
4.°curso................ 40
3er.curso............... 94
2.°curso................ 53
1er.curso............... 90

Nota. Estos maestros prestan gratuitamente su labor en favor de los alumnos inscritos; y están autorizados según el Rescripto de ese R.
Departamento del pasado diciembre para el corriente año escolar.

Aunque por el mencionado decreto de la Autoridad escolástica de la Provincia desapareciese el peligro próximo de cierre de las
escuelas del Oratorio, sin embargo don Bosco no descuidó los medios que la prudencia sugería para prevenirse, y, por esto, reanudó los
trámites iniciados a fin de gozar también del apoyo del Ministerio y de que pronto adquiriesen el título oficial los profesores presentados.
Aunque sabía la mala intención del caballero Gatti; que en aquel momento ((395)) hacía y deshacía a su gusto, en los despachos del
Ministerio, sin embargo a primeros del 1863, se había presentado a él pidiendo respuesta a la solicitud enviada al Ministerio de
Instrucción pública el 11 de noviembre del año anterior. Tan pronto como le oyó, respondió Gatti:

-Lo siento mucho, querido don Bosco; hice cuanto pude en su favor, pero no se puede ir contra el imperio de la ley. Sus actuales
maestros no pueden ser aprobados, ni admitidos a exámenes oficiales.

-Y por qué razón?, preguntó don Bosco.
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-Porque no han asistido regularmente a las clases de la Real Universidad.

-Sí que han asistido, y en este Departamento existen certificados donde se corrobora su asistencia durante más de cuatro años.

-Sí, más sólo como oyentes, y sin matrículas normales y sin pagar las tasas prescritas.

-Antes bastaba asistir regularmente a clase para ser admitido a los exámenes y hay muchos ejemplos de ello. Y, si es preciso pagar las

tasas requeridas por la ley, estoy dispuesto a hacerlo cuando sea.

-Ya no es tiempo. Los ejemplos son favores excepcionales que no pueden aducirse contra lo ordenado por la ley.

-Cómo, pues, puede entenderse esto? El Ministro, por su medio, avisó hace tiempo a mis maestros para presentarse a los exámenes
oficiales, para ser habilitados para la enseñanza que imparten, y ahora no se les quiere conceder que se examinen. Perdóneme V. S., pero
yo descubro aquí una verdadera contradicción.

-Cuando el Ministerio dio la orden mencionada, no había estudiado a fondo la cuestión; pero ahora se ha determinado que, para ser
admitido a exámenes oficiales, se requiere no sólo haber asistido a las clases de los respectivos cursos universitarios, sino haberlo hecho
después de presentar la matrícula ordinaria.

-Si es así, ruégole, caballero, me dé un consejo ((396)) de verdadero amigo. Qué deberé hacer yo ahora?

-Buscarse profesores titulados durante cuatro años y matricular inmediatamente en la Universidad a los maestros actuales. Sólo de este

modo puede usted continuar con sus escuelas.

-Pero no es posible hallar en un instante cuatro profesores titulados y, aunque los encontrase, no tendría con qué pagarlos.

-Lo siento.

-Y entonces?

-Cierre las escuelas.

-Por este año yo creo que puedo tenerlas abiertas; para el año próximo ya proveeré.

-Y con qué autoridad querría usted tenerlas abiertas durante este año?

-Con la autorización del Real Delegado Provincial de enseñanza.

-Y el Real Delegado Provincial de enseñanza podrá concederle lo que no puede el Ministerio? El Delegado no puede entremeterse en
este asunto.
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-Sin embargo el Delegado me autorizó los actuales profesores para el año olástico en curso.

-El no puede hacer esto: tiene usted algún escrito?

-Sí, he aquí una copia de su decreto.

-Pero si él no puede, repitió Gatti leyendo varias veces, no puede, no puede; esto no es de su competencia. Voy a escribirle enseguida
reprobando su abuso de poder. Es un ignorante y hay que ponerle al corriente.

-Yo desconozco los límites de sus poderes, concluyó don Bosco; pero sé que en los asuntos escolásticos de la provincia de Turín, todos
tienen por jefe al Delegado Provincial de enseñanza. Por consiguiente, de momento me retiro a casa tranquilo, pero de todos modos, si V.

S. tuviera alguna orden contraria a este decreto, le ruego tenga la bondad de advertírmelo para mi norma.
Al ver la indignación de Gatti, don Bosco entendió que podía temer de él cualquier dolorosa sorpresa; así que al salir ((397)) del
Ministerio fue inmediatamente al Delegado Provincial, a quien contó todo. Este, al oír las palabras de Gatti contra él, montó en cólera.

-Yo ignorante? comenzó a decir Selmi; yo ignorante...? El sí que es un imbécil. Siempre le suspendían en los exámenes, obtuvo el título
de profesor no por mérito, sino por gracia y recomendación real. Alcanzó el puesto que ocupa a fuerza de reverencias y cortesanías y se
atreve a llamar ignorantes a los demás: Pero dejemos de lado todo esto. Don Bosco, vuelva tranquilo a su casa. Al autorizar a sus
maestros, hice lo que podía y debía. Si alguien diera órdenes contra mi aprobación, no tema, que ya sabré yo sacarle del atolladero.

Como se ve, sucedió entonces todo lo contrario de lo que acaeció entre Herodes y Pilatos, que de enemigos se hicieron amigos. Gatti y
Selmi, por el contrario, se convirtieron en adversarios; pero esta enemistad, no prevista ni queriada por don Bosco, resultó, por divina
disposición, de gran utilidad para el Instituto, cumpliéndose lo de la fábula: "En estas disputas llegando los perros, pillan descuidados a
los dos conejos". Y el que salió ganando fue el Oratorio. En efecto, Gatti escribió varias cartas resentidas a Selmi y éste le devolvió la
pelota; pero, mientras los dos funcionarios del Gobierno se tiraban de los pelos entre sí, las escuelas de Valdocco marchaban hacia
adelante y el decreto de aprobación obtenía su pleno vigor.

En cuanto a la admisión a los exámenes de aptitud, don Bosco recibió una negativa del Ministerio, basada en las fútiles razones ya
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alegadas verbalmente por Gatti; circunstancia que dejaba suponer que la respuesta había sido dictada por él mismo, aunque no llevase su
firma; aún más, para quitar toda esperanza a don Bosco, el caballero Gatti, hizo presentar en confirmación de la denegación, el parecer
del Consejo Superior de Instrucción Pública sujeto a su querer.

((398))
Turín, a 2 de marzo, 1863.

Atendido el parecer del Consejo Superior de Instrucción Pública sobre la petición de V. S. para que los jóvenes sacerdotes y clérigos
maestros en el Centro de su dirección en esta Capital sean admitidos a exámenes universitarios para obtener el título de profesores en las
materias de enseñanza secundaria, este Ministerio, muy a su pesar, debe informarle que no es posible acceder a la petición por los
motivos siguientes:

1.° La ley del 13 de noviembre de 1859 y sucesivos reglamentos disponen que ninguno puede ser admitido a los exámenes
universitarios sin haberse matriculado previamente y asistido a los cursos prescritos, mientras que los individuos, cuya admisión se pide,
sólo asistieron a los cursos de las tres lenguas, como simples oyentes.

2.° Por la ley Casati se derogó la carta Real del 12 de diciembre de 1835 que habilitaba los estudios privados de filosofía y literatura,
como título para ser admitido a exámenes para la obtención de patente de enseñanza.

3.° El poder discrecional del Magistrado de la Reforma para admitir a dichos exámenes, no puede ya usarse o asumirse por el
Ministerio, ni le será consentido por el actual sistema.

4.° Sería inevitable un desconcierto económico de la actual organización, si fuera suficiente encargarse sin idoneidad legal de la
enseñanza privada por haber irregularmente atendido a los estudios con el fin de ser admitido a un examen para alcanzar el título de
profesor.

5.° No sirve para la petición escrita el Decreto de autorización provisional emitido por el Real Delegado con fecha 21 de diciembre
ppdo. (posterior a la petición) porque al mismo se oponen los artículos 246, 247 y 254 de la ley del 13 de noviembre de 1859, según los
cuales no puede abrirse un centro privado sin que, además de las condiciones prescritas por el artículo 246, se junte la idoneidad de los
profesores.

Mientras por las mencionadas razones el abajo firmante no puede aceptar la súplica de V.S., ha querido sin embargo, indicárselas
detalladamente, para que mejor se persuada V.S. de la imposibilidad del que esto escribe para atender la petición hecha y no quiera
atribuirlo a una negativa, más desagradable aún para el Ministerio mismo, de cuya benemerencia se hace digna su Reverencia con la
dirección tan laudatoria de este filantrópico Instituto.

Por el Ministro
REZASCO

((399)) Pero con esta negativa don Bosco no se desanimó y, con la esperanza de hacer llegar su voz a oídos del Ministro Amari, envió
una nueva instancia.
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Excelencia:

Ruego respetuosamente a V.E. lea bondadosamente este escrito dirigido para suplicar un favor en beneficio de la juventud estudiantil
pobre.

Con el vivo deseo de promover la enseñanza secundaria entre los muchachos pobres o menos dotados, inicié una especie de seminario
menor o bachillerato en pro de los jóvenes internados en la casa denominada Oratorio de San Francisco de Sales. De este modo se
añadían las letras a las artes mecánicas como un nuevo medio, con el que estos muchachos pudieran ganarse el pan de la vida.

El Ministerio de Instrucción Pública vio siempre con buenos ojos estas escuelas: les dirigió muchas veces expresiones laudatorias; las
socorrió con subsidios pecuniarios y con una carta, fechada el 29 de abril, 1857, n.° 1585, me comunicaba que ese Ministerio deseaba que
estas nuestras escuelas adquiriesen el mayor desarrollo, dispuesto a cooperar con los medios a su alcance.

El año pasado (1862), siempre por consejo del Ministerio, se pidió la aprobación legal, y el regio Delegado Provincial de enseñanza,
atendiendo benignamente la petición, aprobaba por decreto del 21 de diciembre pasado, estas escuelas con los actuales maestros. Estos
maestros prestan gratuitamente su trabajo, desde hace más de 7 años, en beneficio de nuestros asilados, que consiguieron progresar en los
estudios de un modo verdaderamente halagüeño, de forma que muchos se ganan al presente un honesto sustento, como maestros de
escuela, tipógrafos, militares graduados, sacerdotes, y algunos también como empleados públicos. Mas, al mismo tiempo que se dedican a
la enseñanza, asisten desde hace cinco años a las clases universitarias en calidad de oyentes, como lo manifiesta el certificado adjunto.

Y, dado que la aprobación del Delegado es sólo provisional por falta de maestros titulados, sería de absoluta necesidad que estos
maestros rindiesen un examen oficial, para el cual se juzgan preparados, en opinión de sus respectivos profesores.

Para este fin yo suplicaba obtener la conveniente facultad. Pero por carta, fechada el 2 del corriente marzo, se me respondía que dichos
maestros no pueden ser admitidos a los exámenes solicitados, porque asistieron a los cursos universitarios de literatura griega, latina e
italiana como simples oyentes, sin la obligatoria matrícula. No se realizaron semejantes matrículas por el único motivo de que estos
maestros son pobres y ((400)) trabajan y viven en una casa que se sostiene de la beneficencia, por lo que no podían pagar las tasas
establecidas por la ley del 13 de noviembre de 1859.

Teniendo esto en cuenta, suplico a V.E. considere benignamente:

1.° El apoyo moral, y también material, que el Ministerio de Instrucción Pública prestó siempre a estas escuelas.

2.° La aptitud reconocida por el Delegado Provincial de enseñanza en los maestros de las respectivas clases de bachillerato

3.° Las declaraciones de los respectivos profesores de la Universidad, que atestiguan la asistencia y el aprovechamiento reportado por
los mismos.

4.° El servicio caritativo que desde hace más de siete años prestan en favor de los jóvenes pobres de esta Casa.

Ante estas reflexiones y más aún con la gran propensión que V.E. tiene a favorecer a personas y organizaciones que se cuidan de
promover la instrucción pública, pediría humildemente que la asistencia de dichos jóvenes a la regia Universidad fuese convalidada,
aunque no se hayan hecho las necesarias matrículas y que, por tanto, puedan se admitidos a los exámenes de Letras.

Si por otras razones creyese V.E. que es demasiado grande el implorado favor,

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conceda, al menos por vía de excepción, a estos maestros lo que la ley 719, artículo 5.° otorga a la Universidad de Nápoles donde se
determina que: "Quien e en aquella universidad presentarse a los exámenes para conseguir grados académicos, sin haberse antes
matriculado para los cursos universitarios, podrá ser admitido mediante el desembolso de una suma igual a la de las matrículas
correspondientes"", con tal de que con el pago de estas tasas sean dispensados del tiempo material, que deberían repetir asistiendo a los
cursos, que ya han frecuentado como oyentes.

Confiando que V.E. atienda este mi humilde ruego, le aseguro que los jóvenes beneficiados conservarán un grato e imperecedero
recuerdo de V. E.; mientras, unido a ellos, le auguro de corazón todo el bien del cielo, profesándome con todo mi aprecio.

De V.E.

Turín, 9 de marzo, 1863.

Su seguro servidor
JUAN BOSCO, Pbro.

Esta misma instancia era apoyada por las recomendaciones del Ministro Peruzzi, a quien don Bosco se había dirigido; pero no obtuvo
mejor suerte. El Ministro de Gobernación le informaba el 23 de marzo.

((401)) Desagrada a este Ministerio, que no hayan podido alcanzar el deseado efecto las calurosas recomendaciones, con las que se
acompañaba al de Instrucción Pública la instancia presentada por usted a fin de que los jóvenes sacerdotes y clérigos profesores en ese
Centro fueran admitidos a los exámenes universitarios para su habilitación para la segunda enseñanza.

También dolió al Ministerio de Instrucción Pública no haber podido otorgar para tal objeto un permiso favorable al que se oponen las
leyes y el parecer del Consejo Superior de Instrucción Pública, al cual se transmitió el asunto, como ya consta que le fue directamente
significado.

Con esta indicación, el abajo firmante cumple contestando por su parte a la instancia en cuestión y devolviendo adjuntos los
correspondientes escritos.

Por el Ministro

S. SPAVENTA
Era desesperante la cortesía, la urbanidad calculada con la que continuamente eran rechazadas las instancias de don Bosco. Hasta el
caballero Gatti le trataba con gran afabilidad; aprobaba y ponía por las nubes su bachillerato, pero a condición de que los profesores
poseyeran los títulos legales. Don Bosco se encontraba entre la espada y la pared. Sus maestros estaban ob ligados a rendir exámenes
públicos, so pena del cierre de las escuelas, mientras una prohibición del propio Ministro, es decir del caballero Gatti, había dispuesto que
no fuesen admitidos a tales exámenes. Don Bosco iba pacientemente de la Universidad al Delegado Provincial de enseñanza, del
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Ministerio de Instrucción Pública al de Gobernación. Realizó innumerables visitas a los más ilustres personajes del Estado. Mas, si
aquellos señores querían cerrar a toda costa sus escuelas, él estaba resuelto a toda costa a mantenerlas abiertas:

-íAnimo! decía de cuando en cuando a sus colaboradores, no tengáis miedo; íla misericordia de Dios es infinita!

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((402))

CAPITULO XXXIX

DON BOSCO ANUNCIA QUE DOS ALUMNOS SERAN LLAMADOS A LA ETERNIDAD ANTES DE HACER OTRA VEZ EL
EJERCICIO DE LA BUENA MUERTE -PALABRAS DE DON BOSCO: HAY QUE PREFERIR LA COMPAÑIA DE LOS JOVENES
MAS ABANDONADOS A LA DE LOS DEMAS: NECESIDAD DE UN MANUAL PARA LOS CONFESORES DE JOVENES;
CONFERENCIA ACERCA DE LA POBREZA RELIGIOSA; NO MOLESTAR A LOS COCINEROS POR FALTA DE
PUNTUALIDAD A LAS COMIDAS; UN ALUMNO APENADO POR HABER ABANDONADO EL ORATORIO -DON BOSCO,
AGOBIADO POR EL CANSANCIO, CONFIESA EN LA HABITACION A UN VIEJO OBRERO -SUPLICA AL SANTO PADRE,
QUE LE RESPONDE CON UN AUTOGRAFO -LOS CLERIGOS DEL ORATORIO AYUDAN DURANTE LA SEMANA SANTA
EN LA CATEDRAL Y EN OTRAS IGLESIAS -EL CLERIGO LEGGERO SANA DE EPILEPSIA CON LA BENDICION DE DON
BOSCO -PRUDENTES PALABRAS DE DON BOSCO PARA HACER CESAR UN DESAGRADABLE MALHUMOR EN LA
COMUNIDAD -SE CONSTRUYE EL COLEGIO EN MIRABELLO -DON BOSCO EN ASTI -SU CARTA AL VICARIO
CAPITULAR QUE LE RECOMIENDA LOS CLERIGOS Y JOVENES DE ASTI, RESIDENTES EN EL ORATORIO, CONVERTIDO
PARA ELLOS EN UN SEMINARIO MENOR.

LA tranquila seguridad de don Bosco, hija de quien sabe lo que dice, se comunicaba al espíritu de cuantos le ayudaban en el Oratorio. Por
razones que ignoramos y probablemente por la ausencia extraordinaria de don Bosco durante los últimos días del carnaval, no se había
hecho, al menos en debida forma, el acostumbrado ejercicio de la buena muerte. Así que, al volver a casa, el siervo de Dios el miércoles
de ((403)) ceniza, ordenó que la sección de aprendices hiciese aquel ejercicio el día 22 de febrero, primer domingo de cuaresma.

Leemos en la crónica de Bonetti: "18 de febrero. Don Bosco recomendó a los aprendices que hicieran bien el ejercicio de la buena
muerte y añadió:
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"-Sobre todo porque hay un joven que no lo volver a hacer otra vez. Yo sé quien es y podría decir su nombre, pero no lo digo. Por tanto
que se prepare cada uno de vosotros.

"Ahora esperamos a ver si, como las otras veces, adivina".

Y don Bosco adivinó. Leemos, en efecto, en las listas necrológicas del Oratorio: "El 23 de marzo fallece en su casa Juan Bautista
Negro, natural de Frassinetto Po, a la edad de quince años".

Para la sección de estudiantes ordenó que el ejercicio de la buena muerte tuviese lugar el jueves cinco de marzo, y don Bosco lo
notificaba en el segundo domingo de cuaresma.

Escribe Ruffino en su crónica: "1.° de marzo. Por la noche anuncia don Bosco públicamente a los estudiantes que vive en casa uno que
hará solamente una vez más el ejercicio de la buena muerte".

Y nuestro necrologio narra: "El día tres de abril pasó a la eternidad, en su pueblo, el alumno Jose Scaglietti, de Camagna, a la edad de
trece años".

Mientras los alumnos esperaban el cumplimiento de las previsiones de don Bosco, éste como si el Oratorio no estuviese amenazado por
ningún adversario, no descuidaba sus ordinarias ocupaciones.

Narra la crónica de Bonetti con toda sencillez:

" 1.° de marzo. En una conferencia que don Bosco dio este domingo a
todos los clérigos, al hablar del celo que debemos desplegar para hacer el bien a la juventud, nos exhortó con gran efusión de corazón a
buscar con preferencia a los muchachos que nos parecen más abandonados por los demás a causa de sus defectos; y que no nos
negáramos a entretenernos con aquéllos cuya ((404)) compañía pudiera causarnos molestia y fastidio. Terminó con estas palabras:

"-También ellos tienen una alma, que debemos salvar a toda costa.
Habiéndome quedado una tarde a solas con don Bosco en su habitación, empecé a hablarle de la buena acogida que todos daban a su
Historia de Italia, y dije:

"-Don José Cafasso hizo bien cuando le aconsejó que escribiera la Historia de Italia, mejor que el manual que usted pensaba escribir
sobre el modo de confesar a los muchachos.

"Y don Bosco me respondió:

"-Seguí el consejo de mi venerado maestro. No obstante también es necesario este manual. íPobre de mí! Yo veo que las confesiones de
muchos chicos no pueden regularse por las normas que da la teología. Generalmente no se tienen en cuenta las faltas cometidas desde los
ocho a los doce años; y, si un confesor no trata de averiguar,
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preguntándoles, ellos pasan por encima y caminan hacia adelante construyendo sobre un terreno falso".

Y sigue Ruffino:

"Cinco de marzo. Hubo conferencia para la Pía Sociedad. Después de leer algunas reglas, se le preguntó a don Bosco si uno, al entrar
en la Sociedad, puede conservar la propiedad de algo que haya llevado consigo. Don Bosco respondió:

"-De lo que no fue puesto en común, sí; de lo que fue puesto en común, ya se comprende que no. Es necesario que quien quiera servirse
de ello, reteniéndolo como suyo, lo comunique al Superior, el cual difícilmente concederá permiso, porque sería gravoso a la casa.

"Se preguntó también si un sacerdote podría aplicar alguna misa por sus familiares sin recibir el estipendio. Don Bosco contestó que
no, salvo que pida permiso al Superior.

"Hablóse después de los que, por ir a predicar a las iglesias de la ciudad durante la Cuaresma, molestaban a los encargados de la cocina
llegando tarde a la comida de la comunidad, y don Bosco respondió:

"-Si esta molestia cargase sobre mí, podría pasar y soportarla con gusto; ((405)) pero sobre los cocineros, no lo puedo permitir; su
trabajo es ya demasiado penoso".

"7 de marzo, sábado. Hacia las diez de la noche, concluidas las confesiones que habían durado cerca de cuatro horas, don Bosco
contaba a los clérigos y sacerdotes, que le habían esperado para acompañarle durante la cena, según su costumbre, algo que pudiera
instruirles y servir para la salvación de las almas. Su conversación cayó casualmente sobre un muchacho que había salido del Oratorio por
capricho y se encontraba en Toscana. Nos contó que estaba arrepentido de su paso imprudente y que le escribía cartas de dolor y de
desesperación por haberse alejado de quien podía salvarlo de los peligros del mundo.

"-íOh, añadió don Bosco, yo preveía todo esto y, para detenerle, le había concedido cuanto podía desear; hice todo cuanto pude para
que no se marchase del Oratorio, pero se empeñó en irse. Y helo ahora la mar de angustiado explicándome todo lo que yo preveía".

"8 de marzo, domingo. El celo de don Bosco aparece en todas sus acciones. Cansado de confesar desde la mañanita hasta casi las
nueve, aunque sólo con mucha dificultad podía hablar, a las diez subía al púlpito para continuar la narración de la vida de los Papas, que
con tanta maestría expone a sus jóvenes.
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"Terminó la instrucción hacia las diez cuarenta y cinco, y apenas entró en la habitación desde la cual se bajaba al púlpito 1, caía falto de
fuerzas sobre una silla. Tras un brevísimo reposo, sin proferir un lamento, subió a su aposento, mas no pudiendo tenerse en pie y al
mismo tiempo queriendo trabajar, se metió en cama y comenzó a corregir pruebas de imprenta. Daban las once y treinta, cuando oyó
llamar a la puerta. Bajó a abrir pero se vio obligado a sentarse de nuevo en la cama que es muy baja. Era un viejo obrero que deseaba
confesarse. ((406)) Don Bosco conmovido, le atendió gustoso y le despidió satisfecho".

Por la noche de aquel mismo día hacía que algunos de sus sacerdotes dirigieran al Papa la siguiente súplica.

Beatísimo Padre:

Los sacerdotes Angel Savio, Miguel Rúa, Juan Cagliero, Juan Francesia, Bartolomé Fusero y José Bongiovanni, de la diócesis de Turín
(Piamonte), con el deseo de poder dedicarse principalmente al sagrado ministerio para gloria de Dios y la salvación de las almas,
arrodillados para besar su santo pie, humildemente imploran a Su Santidad poder celebrar una hora antes de la aurora y una después del
mediodía, cuando se presente una justa y razonable causa.

Igualmente, con el deseo de promover el espíritu de devoción en los fieles, los referidos sacerdotes, juntamente con el sacerdote Víctor
Alassonatti, también de la diócesis de Turín, solicitan a Su Santidad la facultad de bendecir rosarios, crucifijos, medallas, estampas y
cosas similares. Dada además la dificultad de comunicaciones solicitan la mencionada facultad ad septennium (para un septenio).

De la bondad...

Turín, 8 de marzo, 1863.

Esta súplica proporcionó a don Bosco una de las más emotivas satisfacciones, puesto que el Sumo Pontífice la firmaba de su propio
puño, como puede verse por el precioso autógrafo que pidió y obtuvo el Ilmo. Sr. conde Alerame Bosco di Ruffino.

Día 26 de abril, 1863.

Pro gratia juxta petita.

PIUS, P.P. IX

En el intervalo don Bosco había hecho los trámites para que su clérigo Pedro Leggero fuese admitido a las órdenes sagradas, y le
respondían desde la curia arzobispal:

1 Desde la habitación, que aún se encuentra a la derecha del altar mayor, se bajaba al púlpito por medio de una escalerita.
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((407)) Turín, 9 de marzo, 1863.

Muy Reverendo Señor mío:

Debo participar a V. S. que el Señor Vicario General, después de considerar atentamente el asunto del clérigo Leggero, y, tenidas en
cuenta las informaciones según las cuales resulta que por línea materna hubo casos de epilepsia, ha creído que debe dejar de escribir a la

S. R. Congregación; puesto que, exponiendo las cosas en toda su extensión, tendría ciertamente una respuesta negativa, esto es, no
deberse ordenar, por estar sujeto a probables recaídas de epilepsia, y siendo por tanto, irregular. Es por consiguiente necesario, que V.S.,
con delicadas maneras y buenas razones, persuada a dicho clérigo que emprenda otra carrera más conveniente para él. Yo lo siento
muchísimo; sin embargo no puedo menos de unirme al juicio del señor Vicario General y soy del mismo sentir.
Ruego a V.S. que no deje de destinar, como en años precedentes, a dos de sus clérigos para servir en las sagradas funciones de la
semana santa en la catedral, deseando que sean de los más expertos en ceremonias.

Ruego también a V.S. en nombre del Monasterio del Buen Pastor que destine dos y si es posible hasta tres clérigos, para el servicio de
la misma semana santa como ya hizo (con dos) en años anteriores, avisándole que, como allí las funciones se celebran temprano, dichos
clérigos podrán ir más tarde a ayudar en alguna otra iglesia.

Le recuerdo que el miércoles por la tarde empiezan los ejercicios para todos los clérigos de Turín; procure que también sus alumnos
asistan en el mayor número posible, pues se conceden vacaciones para este fin.

Entretanto, con el mayor aprecio se profesa.

Su seguro servidor
AL. VOGLIOTTI, Prov. General

PS. He pensado concurrir con algunas docenas de ladrillos a la iglesia en honor de María Santísima Auxilium Christianorum, cuando se
comience.

Transcribimos esta carta porque nos recuerda una de tantas curaciones repentinas operadas con la bendición de don Bosco. A fines del
1861 había llegado al Oratorio el clérigo Pedro Leggero, procedente del Seminario de Bra. Enfermo de epilepsia, por el gran susto
ocasionado con la caída de un rayo, tuvo que abandonar los estudios por los frecuentes ataques ((408)) de aquella triste enfermedad. Sin
embargo, él mantenía aún en su corazón una viva confianza de que el Señor le ayudaría y le libraría de su mal, de modo que podría
reanudar los estudios. Presentóse al siervo de Dios, éste le aceptó en casa y le dijo:

-Hagamos juntos una novena; reza tú y yo rezaré también; ya verás cómo María Santísima nos concede la gracia.

Después le bendijo. Y, a partir de aquel instante, el buen clérigo comenzó a mejorar de tal modo que, al poco tiempo, se encontró
curado y durante un año no hubo más señales de la grave enfermedad.

Don Bosco estaba seguro de que la Virgen le había concedido
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una gracia duradera y le obtuvo de la Curia el permiso para reanudar los estudios teológicos. Por consiguiente, a pesar de la antedicha
respuesta negativa del Provicario, previendo el éxito que tendría en el campo evangélico este buen clérigo, tanto se empeñó que, al fin, le
vio ordenado sacerdote. Y resultó un buen sacerdote piadoso y docto. Fue, primero, párroco en Candiolo. León XIII quería nombrarlo
Obispo, pero admitió las razones aducidas por Leggero para ser dispensado de aquel honor con demasiada responsabilidad. Finalmente en
1887, fue nombrado canónigo párroco de la catedral de Turín y ocupó un sitial del coro, con el mismo canónigo Vogliotti. Nos atestigua
el canónigo Anfossi:

-Yo mismo fui testigo de este hecho, que me fue confirmado por el reverendísimo Leggero, quien reconocía que su curación había sido
un auténtico milagro del siervo de Dios, y añadía: "íDon Bosco fue para mí un segundo padre!"

En estos días sumaba don Bosco a las pruebas de su bondad las de su prudencia y justicia. No toleraba las faltas de respeto a quien
estaba revestido de autoridad. Sucedió, pues, que un asistente, que no era bien visto por los muchachos, fue despreciado por algunos de
éstos, e, irritado, levantó la mano. Aquella violencia suscitó una gran agitación en la comunidad, no acostumbrada a tales reprensiones.
Entre los muchachos había aquella noche viva curiosidad por lo que diría don Bosco, ((409)) el cual, después de haber amonestado en
privado al asistente, subió a la pequeña cátedra.

Con la faz muy seria comenzó a decir que ya sabían todos el disgusto que le causaba, no sólo saber que un muchacho hubiese recibido
un golpe, sino también que fuese reprendido con excesiva severidad. El prohibía absolutamente semejantes formas. Luego pasó a explicar
que ciertas faltas de respeto y ciertas burlas habían irritado a un pobre clérigo, al que no podía exigírsele, aunque se hubiese equivocado,
soportar lo que era fruto de una virtud casi heroica. Por otro lado, los actos y las palabras de un alumno debían juzgarse como una
auténtica insubordinación, que, en otras circunstancias, no hubiera podido quedar sin castigo. Sin embargo, que era mejor remediar
pacíficamente aquel desorden. Y así, por una parte no se empleen jamás villanías ni por la otra violencias.

Al llegar a este punto, suspendió el discurso, se serenó su semblante y, con amable sonrisa, continuó:

-Querría, por el afecto que os tengo a todos, hacer lo imposible... Me duele la zurra que habéis recibido... pero no os la puedo quitar.
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Con esta conclusión rieron todos, desapareció el malhumor, y puede decirse que: justitia et pax osculatae sunt (la justicia y la paz se
besaron).

Aunque el caso carece por sí mismo de importancia, hemos querido traerlo aquí para afirmar, una vez más, que estos centenares de
testigos de la vida de don Bosco eran despabilados, valientes, poco amigos de las ofensas, conscientes del respeto que les era debido. En
el Oratorio no podía imperar más medio de gobierno, que una palabra poderosa de persuasión.

Entre tanto se levantaba en Mirabello un vasto edificio para colegio internado, o Seminario Menor para la diócesis de Casale, tal como
don Bosco había proyectado. En otoño de 1862 se habían comenzado las excavaciones y se habían puesto los cimientos, y en marzo de
este año el maestro de obras, Josué Buzzetti, comenzaba a construir los muros para terminar la edificación en el mes de agosto. Los
gastos debían ascender a más de ((410)) cien mil liras: pero don Bosco se había abandonado en los brazos de la divina Providencia. La
familia Provera cubrió algunos gastos y acudió en su ayuda la condesa de Callori con generosos donativos.

Don Bosco, que había estado por aquellos lugares, bajaba a Asti para elogiar la conducta de los jovencitos y clérigos del Oratorio,
pertenecientes a aquella diócesis, ante monseñor Sossi, Vicario General Capitular, a quien después escribía:

Muy querido señor Vicario:

Deseaba el otro día haber podido hablar con vuestra apreciada Señoría, pero la coincidencia de tener que venir usted a Turín en el
mismo momento de mi llegada, me lo impidió en gran parte. He ido también varias veces a ver al teólogo Magnone, pero no he tenido la
suerte de encontrarle en casa, por lo que le comunico hoy por escrito lo más esencial, respecto a nuestros intereses.

En su carta de octubre de 1861, concedía al clérigo F... la pensión entera de cuarenta liras y a los hermanos P... veinticinco por cada
uno.

En el pasado otoño, no sé si por carta o verbalmente, se concedía también la pensión entera a estos dos últimos. Referente a Preda, todo
como se acordó por el teólogo Magnone. Además el párroco de Tigliole me escribió una carta en la que me dice que usted, según la
conversación sostenida, enviaría a esta casa cien liras anuales en favor del jovencito natural de ese pueblo, Domingo Gay, que estudia
segundo de latín en nuestras escuelas.

Con relación a éstos, creo quedamos de acuerdo, en el poco tiempo que tuve el honor de poder hablarle, que por este año no se hacen
cambios; pues yo no podría, a mitad de año, realizar nuevos acuerdos con los padres de los jóvenes. Para años sucesivos el seminario de
Asti hará lo que pueda, y yo también me prestaré hasta donde alcancen mis finanzas, siempre menguadas.

Además de los mencionados jóvenes tengo otros treinta y dos de Asti, todos de
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buenas esperanzas; la mayor parte de ellos están gratis; algunos pagan una parte de la pensión, ninguno la paga entera. Era mi plan
rogarle ayudase a estos jovencitos de los que se espera mucho; pero, dados los apuros económicos en que me indicó se hallaba la
administración del Seminario, no he vuelto a decir nada. Solamente propondría al joven Luis Prete, de Agliano, que estudia segundo de
retórica, que arde en deseos de vestir la sotana lo antes posible. Años atrás pagaron sus padres cierta pensión; pero este año vinieron para
((411)) retirarlo y llevárselo a casa, porque no podían pagar nada. Escribí una carta y después otra a V. S. exponiendo el caso y
suplicando una ayuda y protección para él, mas se me dijo que esas cartas no le llegaron; espero que ésta le llegue y con ella se lo
recomiendo.

El curso próximo 1863-64, puesto que usted abre un seminario menor, podrá organizar las cosas de otro modo; también yo haré mis
cálculos quid valeant humeri (hasta donde aguanten mis hombros), que si el teólogo Magnone pudiese por ahora saldar la nota que le he
hecho enviar, por medio del canónigo Ballario, me hará un gran favor considerando los apuros en que actualmente se encuentra esta casa.
Dios le conceda salud y gracia, y créame tal y como con todo mi aprecio tengo el honor de profesarme.

De V. S. muy apreciada.

Turín, 30 de marzo, 1863.

Su afectísimo servidor y amigo
JUAN BOSCO, Pbro.

El Oratorio era, por consiguiente, desde hacía tres años, el Seminario Menor de la diócesis de Asti.
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((412))

CAPITULO XL

LA SEMANA SANTA -DON BOSCO SE DESMAYA EN LA SACRISTIA -SU RESPUESTA A QUIEN LE ACONSEJA
DESCANSAR -RECUERDA QUE UN HOMBRE, SOLO VALE POR UNO -VIRTUD DE ALGUNOS JOVENES -ORACIONES
ESCUCHADAS DE UNO QUE ESTA PRESTO A ACEPTAR SU MAL PARA DESCANSO DE DON BOSCO -TESTIMONIOS DE
ESTE HECHO -DON BOSCO PRESIDE LA CONFERENCIA DE LA COMPAÑIA DE LA INMACULADA Y LES EXHORTA A
QUE CUIDEN DE LOS ALUMNOS QUE REGRESAN DE VACACIONES -UNA CARTA DEL CARDENAL MARINI CONFIRMA
EL AFECTO QUE EL PAPA TIENE POR DON BOSCO -EL CANONIGO GASTALDI Y LOS CLERIGOS DEL ORATORIO; SU
LECTURA CATOLICA; EL CANONIGO REPRENDE A LOS QUE CRITICAN A DON BOSCO -DON BOSCO NO ESPERA LA
RECOMPENSA DEL MUNDO -SOCORRE LAS SANTAS EMPRESAS QUE NO LE PERTENECEN -PIDE SOCORROS POR
CARTA AL MARQUES DE FASSATI -LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES EN EL ORATORIO: AVISOS Y CONSEJOS DE DON
BOSCO A LOS JOVENES; HORARIO -UNA CONCIENCIA TRANQUILIZADA POR LA VIRGEN -DON BOSCO PRONOSTICA
EL PORVENIR DE ALGUNOS ALUMNOS -SU PLATICA DE LA NOCHE: EXPLICACION DE UN GLOBO DE FUEGO VISTO
SOBRE EL ORATORIO; ALGUNO NO HIZO BIEN LOS EJERCICIOS; EL CONOCIO CLARAMENTE EL ESTADO DE TODAS
LAS CONCIENCIAS -TESTIMONIOS -RECUERDOS A UN JOVEN QUE HA HECHO LA PRIMERA COMUNION -SUFRAGIOS
POR DOS ALUMNOS DIFUNTOS -NUEVOS HERMANOS ACEPTADOS POR EL CAPITULO

DESDE el 25 de febrero se había dado con gran celo apostólico la catequesis cuaresmal en los Oratorios festivos y el 29 de marzo
coincidía con el domingo de Ramos. El miércoles, primero de abril, gran parte de los alumnos salía de vacaciones a ((413)) sus pueblos
durante ocho días, después de haber cumplido con el precepto pascual. Hacía bastantes años que se celebraban regularmente
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las funciones de la semana santa en la iglesia de san Francisco de Sales, en las que don Víctor Alasonatti actuaba siempre de celebrante
devoto y apasionado. Don Bosco se reservaba para sí la misa del Jueves Santo y el lavatorio de los pies, y a las otras ceremonias asistía
puntualmente.

Aquel año, extremadamente fatigado por la confesiones sin fin de los externos, el Sábado Santo se desmayó en la sacristía. Pero, apenas
volvió en sí, fue a tomar un poco de leche y prosiguió sus ocupaciones, aunque