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ACG427 Convocazione del CG28mo

¿QUÉ SALESIANOS PARA LOS JÓVENES DE HOY?

 

Carta para convocar el Capítulo General 28

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1. CONVOCATORIA DEL CG28. 1.1. Determinación del tema. - 1.2. Otros cometidos. - 1.3. Objetivo fundamental del tema. - 1.4. Algunas preguntas que podemos hacernos. - 2. TEMA DEL CG28. - 2.1. Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy. - 2.2. Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy. - 2.2.1. Con Don Bosco como modelo. - 2.2.2. Vocación y formación: - a) Formación como respuesta permanente a la llamada de Dios, - b) Misión y Comunión, - c) Equipos formativos de calidad. - 2.3. Junto a los seglares en la misión y en la formación. - 2.3.1. Logros y resistencias en la misión compartida con los seglares. - 2.3.2. Reciprocidad en las relaciones entre salesianos y seglares. - 2.3.3. Formación conjunta de salesianos y seglares - 2.3.4. Las obras de gestión compartida o asignadas a los seglares. - 3. ‘LA HORA’ DEL CG28.

Turín 24 de mayo de 2018

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Mis queridos hermanos:

Terminada la sesión plenaria del Consejo General en la que reflexionamos sobre el próximo Capítulo General, dimos a conocer el título y el itinerario a seguir. Después, me tomé un tiempo personal para repasar el contenido de los últimos Capítulos Generales, desde el XX Capítulo General Especial (CGE) de 1972, tras el Concilio Vaticano II, que marcó un hito en nuestra historia y renovación congregacional, hasta el último en el año 2014. En esos 42 años de la vida de la Iglesia y de la Congregación se han sucedido ocho Capítulos Generales.

Nos encontramos en el tiempo del anuncio y preparación del CG28 que será, una vez más, “el signo principal de la unidad de la Congregación dentro de su diversidad”, como dicen nuestras Constituciones.[1]

Por la propia dinámica de un Capítulo General, nos encontraremos como hermanos salesianos de todo el mundo ante la tarea de revisar nuestra fidelidad al Señor, al Evangelio y a Don Bosco, sensibles a las necesidades de los tiempos y lugares, dejándonos guiar por el Espíritu Santo a fin de conocer en este momento de la historia la voluntad de Dios.[2]

 

1. CONVOCATORIA DEL CG28

En el día de la Solemnidad de María Auxiliadora de los Cristianos, desde Turín, con profunda alegría, os hago llegar esta carta mediante la cual convoco, según el artículo 150 de nuestras Constituciones, el CG28. Tendrá como tema: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy? y se celebrará en Valdocco (Turín), adonde regresaremos, después de 62 años del último Capítulo General allí celebrado, al mismo lugar santo salesiano donde Don Bosco vivió y fundó nuestra Congregación. Será un don encontrarnos con nuestro Padre Don Bosco y sentirnos verdaderamente en casa, en este lugar donde carismáticamente todos hemos nacido como Salesianos de Don Bosco.

El inicio del Capítulo General será el domingo 16 de febrero de 2020, con la concelebración solemne de la Eucaristía en la Basílica de María Auxiliadora. Pensamos que, con una duración máxima de siete semanas, podríamos clausurarlo el día 4 de abril, víspera del Domingo de Ramos.

Como Regulador de este Capítulo General 28, he nombrado a don Stefano Vanoli, quien generosamente asume la responsabilidad de acompañar su preparación y desarrollo.

1.1 Determinación del tema

El tema elegido es fruto de una amplia y atenta reflexión del Consejo General, en la que se han tenido muy presentes las actuales orientaciones de la Iglesia y del papa Francisco, después de los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia y en la preparación del que tendrá lugar este año 2018, centrado en “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

El Consejo General ha señalado también algunas cuestiones que emergen a la luz del conocimiento cada vez más amplio de la Congregación que se va logrando con las Visitas de Conjunto y las Visitas Extraordinarias, así como de la visión que cada consejero va teniendo de la realidad congregacional, y yo mismo como resultado del estudio y las visitas que he realizado a 63 Inspectorías, hasta este momento.

Esta reflexión sobre la realidad nos ha permitido individuar, como explicaré más ampliamente a continuación, la urgencia de centrar nuestra mirada en la persona del Salesiano que, como hombre de Dios, consagrado y apóstol, sea capaz de sintonizar plenamente con los adolescentes y jóvenes de hoy y su propio mundo, para educarlos y evangelizarlos, prepararlos para la vida y llevarlos al encuentro del Señor. Lo hacemos, con la firme certeza de que ni somos nosotros solos quienes llevamos a cabo esta misión, ni podemos realizarla por nosotros mismos solamente.

El tema es único, pero lo desplegamos en tres núcleos:

Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy

→ Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy

→ Junto a los seglares, en la misión y en la formación

1.2 Otros cometidos

Además del tema propuesto, que será una oportunidad enriquecedora y un tiempo de gracia y de esperanza para nuestra Congregación, el Capítulo General deberá abordar varios aspectos jurídicos importantes de la vida de las Inspectorías, y la evaluación del Secretariado para la Familia Salesiana, creado en el anterior Capítulo General.

También será tarea del CG28 elegir al Rector Mayor y a los miembros del Consejo General para el periodo 2020-2026. Los miembros del Capítulo General prestarán este servicio en favor de la unidad y fidelidad al carisma de Don Bosco, y los demás hermanos, desde todas las partes del mundo salesiano, acompañarán con la oración este momento tan especial de nuestra Congregación.

La comisión técnica, nombrada a tenor del artículo 112 de los Reglamentos, ha trabajado ya con el Regulador en los días del Consejo General y posteriores, a fin de preparar el itinerario de los trabajos en las Inspectorías, de modo que todo discurra de la manera más adecuada tanto en los tiempos como en las aportaciones que se puedan ofrecer.

Muy probablemente, las respuestas de las Inspectorías, sobre algunos aspectos de la vida de las mismas y los elementos jurídicos que guardan relación con todo ello, demandarán del propio CG28 realizar una nueva evaluación de algunas estructuras de animación y gobierno central de la Congregación y de las Regiones.

1.3 Objetivo fundamental del tema

El objetivo fundamental del tema del CG28 es ayudar a toda la Congregación a profundizar lo más posible, acerca de cuál es y debe ser el perfil del salesiano capaz de dar respuesta a los jóvenes de hoy, a todos los jóvenes, especialmente a los más pobres y necesitados, a los excluidos y descartados, a los más frágiles y privados de derechos. Y esto en un mundo cada vez más complejo y que experimenta cambios velozmente.

Esta realidad demanda salesianos consagrados-apóstoles preparados y dispuestos a vivir su vida con la mente y el corazón de Don Bosco en esta Iglesia y sociedad, deseosos de compartir, donarse y dar la vida por estos jóvenes del mundo de hoy, con sus lenguajes, visiones propias e intereses. A muchos de estos jóvenes los podemos encontrar en las casas salesianas, pero muchos otros se mueven por otros ‘patios’ del mundo.

Como ya dijo el CGE para aquel momento, hablando de la unidad en la vocación del salesiano y que suena a profecía para hoy, de ahí “brotará la luz de nuestra ‘identidad’ salesiana y la posibilidad del nuevo modelo de Salesiano que hoy exigen los signos de los tiempos”[3].

Este ‘modelo de salesiano que hoy exigen los signos de los tiempos’ pondrá también en evidencia algo muy reflexionado en el CG24, pero no suficientemente asumido: el hecho de que cientos de miles de seglares formen hoy parte de las presencias salesianas en todo el mundo, pide del salesiano una nueva apertura de mente y corazón ante esta realidad para el bien de la misión salesiana en el mundo. Solo compartiendo la misión podremos dar las mejores respuestas sin defraudar a estos adolescentes y jóvenes de hoy y de mañana que tanto nos necesitan.

1.4 Algunas preguntas que podemos hacernos

Es muy posible que haya hermanos que piensen que si todos tenemos el Evangelio como norma de vida cristiana y a Don Bosco como padre y fundador de nuestra Congregación, después de profesar las mismas Constituciones en las que se define con claridad cuál es la misión salesiana, quizá no tengamos necesidad  de plantearnos qué perfil de salesiano está demandando hoy el Espíritu para una auténtica misión entre y con los jóvenes en un mundo tan nuevo y cambiante. Pero hemos de reconocer sinceramente, y así se percibe en muchas Inspectorías, que la realidad se muestra mucho más compleja y diversa de lo que pensamos. La realidad no es ni simple ni uniforme. Nos encontramos con situaciones que se contraponen y que invitan a dar pasos hacia una mayor radicalidad, valentía, claridad e incluso purificación en pro del Evangelio y de la fidelidad de nuestra Congregación al carisma recibido del Espíritu Santo en Don Bosco.

Ø  En esta realidad compleja y diversa hay hermanos, los más, que viven con total entrega y sintonía para con los jóvenes, su mundo y realidad, y otros que sienten que ese mundo juvenil y los jóvenes mismos ya no son accesibles para ellos.

Ø  Hay hermanos, los más, con una clarísima y decidida opción por los más pobres y necesitados, opción fuerte por quienes viven experimentando cada día cómo su dignidad es pisoteada y vulnerada, y otros que se quedan en espacios más cómodos y confortables de vida.

Ø  Hay hermanos, los más, que viven su ministerio presbiteral como Don Bosco, que era sacerdote siempre y en todo lugar para con sus muchachos y jóvenes; y, por el contrario, hay hermanos muy influenciados por tendencias de un fuerte clericalismo eclesial que tanto daño hace a la propia Iglesia y del que nosotros no estamos exentos.

Ø  Hay hermanos, los más, que viven con un total desprendimiento, sobriedad, austeridad y generosidad en el servicio a los demás, en particular a nuestros destinatarios preferentes, y otros que pierden su libertad como religiosos consagrados involucrándose en dinámicas de búsqueda de poder (que no pocas veces viene de la mano de la búsqueda del dinero) y otras ataduras[4].

Ø  Hay hermanos, los más, que con verdadera pasión en su corazón siguen haciendo realidad cada día aquello de don Cagliero: “yo fraile o no fraile me quedo con Don Bosco”, y hermanos que, con una pérdida grande de identidad salesiana, piden dejar la Congregación para vivir no como religiosos consagrados apóstoles, salesianos de Don Bosco, sino para ejercer simplemente su ministerio presbiteral en aquellas diócesis donde han pensado que les puede ir bien o simplemente los acogen.

Ø  Hay hermanos que han entendido y viven la misión compartida con los seglares como el gran don para la misión; y otros muchos que todavía sienten profunda resistencia o incluso rechazo, es decir, hermanos que aceptan gustosamente que los seglares sean nuestros subordinados, pero se niegan a compartir como iguales, codo con codo, la misión y lo que trae consigo.

Ø  Hay hermanos jóvenes, los más, que en sus etapas formativas sueñan con ‘entregar todas sus energías a quienes sean enviados’ (Const. 24), preparando su corazón, su mente y su formación intelectual para ello, y otros que sueñan, por el contrario, con tener cargos, responsabilidades que les den autoridad y una ‘cierta posición’.

Esta realidad nuestra de contrastes, de luces y sombras, es la que está pidiendo de nosotros lo que fue palabra viva y directa del papa Francisco a toda la Familia Salesiana, y que hoy leo de modo particular dirigida a nosotros: no defraudar las aspiraciones profundas de los jóvenes. Nos dice así el Papa: “Don Bosco os ayude a no defraudar las aspiraciones profundas de los jóvenes: la necesidad de vida, apertura, alegría, libertad, futuro; el deseo de colaborar en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el desarrollo para todos los pueblos, en el cuidado de la naturaleza y de los ambientes de vida. Con el ejemplo de Don Bosco, los ayudaréis a experimentar que solo en la vida de gracia, es decir, en la amistad con Cristo, se llevan a cabo plenamente los ideales más auténticos. Tendréis  la alegría de acompañarlos en la búsqueda de síntesis entre fe, cultura y vida, en los momentos en los que se toman decisiones difíciles, cuando se busca interpretar una realidad compleja”[5].

 

2. EL TEMA DEL CG28

2.1. Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy

En la historia de nuestros Capítulos Generales la reflexión es rica y profunda, y cada Capítulo General, con la luz del Espíritu Santo, a quien debemos acoger con docilidad y apertura de corazón, es como una invitación a nuestra libertad hoy, puesto que no deberíamos, imprudente y casi temerariamente, contentarnos con las glorias pasadas. Casi sin ser conscientes podemos “resistir al Espíritu” (Hch 7,51), o bien “apagar el Espíritu” (1 Tes 5,19), corriendo el riesgo de que la misión salesiana que nos ha sido confiada pudiera un día pasar a otros[6].

Por eso, cuando proponemos como tema de Capítulo, para toda la Congregación, realizar una  cuidadosa reflexión acerca del perfil del salesiano para los jóvenes de hoy, lo hacemos con la imperiosa necesidad de avanzar libremente, y con gran honestidad, en el único camino que realmente importa: la fidelidad al Señor en Don Bosco, y la fidelidad a los jóvenes, muchos de los cuales poco más pueden esperar que el que nosotros no los abandonemos a su suerte o no los dejemos como náufragos porque no somos capaces de percibir sus necesidades o de oír sus llamadas.

Como Don Bosco, y en fidelidad al Espíritu, debemos exigirnos dar absoluta prioridad a la misión salesiana con los jóvenes de hoy para ser, como él lo fue, “signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres”[7]. Esta prioridad o preferencia por los adolescentes y jóvenes más necesitados del mundo de hoy, que es diferente en cierto sentido del mundo de décadas anteriores, determina objetivamente nuestra misión. Y podemos decir que esto no es algo opcional, algo que podamos dejar de lado sin asumir sus exigencias; al contrario, es algo esencial y constitutivo de nuestra identidad carismática.

En la actualidad, tres cuartas partes de los jóvenes del mundo viven en países golpeados por la pobreza o en una vía lenta de desarrollo, especialmente en la periferia de las grandes ciudades, en las llamadas ‘ciudades de emergencia’. Son las víctimas de la expansión y del mismo desarrollo porque  este produce, en su misma dinámica, creciente desigualdad social y pobreza. Esta realidad sigue siendo una potente llamada para nosotros y nuestra Congregación; hoy más que nunca tenemos una misión carismática propia que ofrecer a la Iglesia y al mundo en todos los jóvenes, y con el sentir propio de Don Bosco en estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes excluidos, descartados y marginados.

El nuevo Capítulo General será una oportunidad para discernir, cuidadosamente y con valentía, si nuestras presencias, obras y actividades están cada vez más al servicio de los jóvenes más pobres (Regl.1), si estos ocupan nuestro corazón y están en el centro de nuestras preocupaciones e intereses, si concentramos nuestras energías y esfuerzos en ellos.

Un sueño que llevo en el corazón es el de pensar que, ojalá un día, en todo el mundo, al escuchar la palabra salesianos (o hijos de Don Bosco), todos entendieran que se habla de aquellos consagrados (nosotros) que, siempre y en cualquier lugar y circunstancias, optan por los jóvenes, por los muchachos y muchachas más pobres, vulnerables y privados de su dignidad. Esos  son los que nos necesitan y nos esperan: ante todo, los descartados, los ‘sobrantes’, como dice el papa Francisco. “Hemos dado inicio a la cultura del ‘descarte’ que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo… Los excluidos no son “explotados” sino desechos, ‘sobrantes’”[8].

Y para nosotros, salesianos, quienes nos necesitan y esperan son:

→ Los verdaderos pobres del mundo, y los ‘descartados’

→ Los menores migrantes, refugiados, llegados a no saben dónde y solos.

→ Los muchachos y muchachas de la calle de varios continentes.

→ Los menores y jóvenes que cada día ven vulnerados sus derechos humanos y su dignidad.

→ Los jóvenes repatriados, en tantas fronteras, que se encuentran sin documentos, sin oportunidades, abocados a lo que sea para sobrevivir.

→ Los menores y jóvenes envueltos en redes y esclavos, de alguna manera, de tantas dependencias  o de formas actuales de verdadera esclavitud y privación de libertad.

Los jóvenes del mundo del trabajo y de la formación profesional y ocupacional.

Los jóvenes con familias totalmente desestructuradas y con profundas carencias humanas y afectivas.

→ Los jóvenes, en fin, de todos los pueblos y culturas que todavía no conocen a Jesucristo.

En definitiva el Capítulo debe ser una llamada fuerte para volver más aún a los verdaderos pobres del mundo y para seguir apostando con fuerza por ellos en los  lugares y presencias donde ya lo estamos haciendo.

También será una llamada fuerte para sintonizar con tantos adolescentes y jóvenes que nos piden no ser dejados solos, sino ser acompañados. Jóvenes, con familias estructuradas o desestructuradas, que necesitan la presencia del educador y amigo en sus vidas y en las de sus familias.

Esta prioridad de la misión juvenil hoy nos debería abrir los ojos y hacernos sensibles a las necesidades de los adolescentes y jóvenes que, en su lenguaje, visión y comprensión, pertenecen al mundo digital; a las de los que son sensibles al cuidado de la creación y de la naturaleza; a las de los que son sensibles a la dimensión social y buscan posibilidades de voluntariado para ayudar y servir; y también a las de los que desean recorrer un camino de fe auténtica y profunda. Esta misma prioridad juvenil nos permite entender, hoy más que nunca, que en los casos en los que los jóvenes tienen familias, este camino solo se puede recorrer conjuntamente, como nos recuerdan insistentemente la Iglesia y el Papa.

Todo esto, y más, llama a las puertas de nuestra fidelidad como salesianos hoy y nos interroga acerca de qué hacer, cómo hacer y cómo prepararnos y capacitarnos para tener algo importante y significativo que decir, ofrecer y compartir.

2.2. Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy

Hablar de los salesianos de hoy y de mañana supone, para todos nosotros, dirigir la mirada a Don Bosco porque él es nuestro modelo. Como ya formulara el CG21, Don Bosco “no es para nosotros simple recuerdo del pasado sino presencia carismática, viva, operante y proyectada al futuro. En él nos comprendemos mejor a nosotros mismos y hallamos el verdadero sentido de pertenencia a la Congregación”[9].

2.2.1. Con Don Bosco como modelo.

Teniendo a  Don Bosco como  modelo el salesiano descubre:

ü  A Don Bosco ‘hombre de Dios’ cuyo rasgo quizá más admirable fue la unidad de su persona, de su vida y obra[10]. La admirable armonía de gracia y naturaleza magníficamente manifestada en su persona hace que el salesiano intuya fácilmente cómo la fe enriquece toda vida humana y cómo la vida se ve plenificada en la fe. De hecho, Don Bosco sabía leer la realidad, que le tocaba vivir y en la que estaba inmerso, con una mirada de fe extraordinaria. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir hombre de fe profunda.

ü  El “Da mihi animas caetera tolle”, en el centro de su vida como pasión apostólica llena de motivaciones y sueños en favor de sus jóvenes. Pero la fuente de todo es el Evangelio y la persona y el corazón de Cristo apóstol del Padre. En Don Bosco podemos ver cómo el Espíritu Santo inspira un cierto ‘modo salesiano’ de intuir el rostro, el corazón de Jesús Buen Pastor y su misión, en un proyecto de vida fuertemente unitario en el que el aspecto humano y divino están íntimamente unidos para una única misión: la de salvar a los jóvenes[11]. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir pasión apostólica por los jóvenes.

ü  La paternidad infinita de Dios; y, como Don Bosco, intenta vivir ante Dios Padre con un corazón repleto de gozosa gratitud y confianza. Siente que su misión de educador y pastor tiene su cima en revelar el Padre a los jóvenes. Y, en Don Bosco, descubre cada vez más su unión con Dios y su sentido extraordinario de paternidad; al comprender que el modelo supremo de Don Bosco es Cristo, el salesiano puede tomar una mayor conciencia de que “el mundo actual tiene necesidad urgente de descubrir este verdadero rostro de Dios y esta vocación ‘filial’ de todo hombre”[12]. Por eso decir hoy salesiano hoy debería ser lo mismo que decir Hijo de Dios que se sabe y se siente padre de los jóvenes.

ü  Que ser salesiano es nuestro modo de ser Iglesia. “No es pensable ningún dualismo entre vida salesiana y vida de la Iglesia  universal o particular ya que el Espíritu, que anima y unifica la Iglesia y que ha inspirado nuestra vocación salesiana, es el mismo”[13]. La fidelidad a Don Bosco hoy pide de nosotros, como Congregación, estar atentos a los signos de los tiempos, atentos a los ‘gritos’ de esos jóvenes de los que hablamos, sin perdernos en lo que pudiera desfigurar nuestra identidad carismática. Y por eso, como dicen nuestras Constituciones (ya desde las primeras redactadas por Don Bosco y editadas en 1875), hemos de llevar en el corazón la pasión por ser evangelizadores de los jóvenes, especialmente los más pobres, cuidar especialmente las vocaciones apostólicas, ser educadores de la fe en los ambientes populares, sobre todo con la comunicación social, y anunciar el evangelio a los pueblos que no lo conocen[14], puesto que  la pasión del “da mihi animas” no conoce fronteras. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir identidad carismática en la comunión eclesial.

ü  Que decir fidelidad al carisma significa para nosotros también la vuelta al Don Bosco genuino del Oratorio[15], no para hacer lo que él hizo, pero sí para imitar cómo lo hizo, descubriendo a un Don Bosco siempre flexible en tantos aspectos, pero firmemente aferrado a su misión entre los jóvenes. Se comprende que al referirnos al Oratorio no lo hacemos entendiendo tan solo una actividad concreta frente a otras muchas que él mismo llevó a cabo, sino atendiendo a ese espíritu que lo movió en todo momento, esa fuerza, pasión educativa y creatividad, ese dinamismo y esa flexibilidad no exenta de total claridad y firmeza que él tuvo y que representa para nosotros hoy una lección magistral de fidelidad dinámica a su propia vocación apostólica. Don Bosco se nos revela por tanto como un verdadero modelo de docilidad al carisma originario, docilidad a esa llamada y misión que le fue confiada, junto con una apertura a la realidad, a los tiempos y lo que estos pedían. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir apóstol de los jóvenes siempre fiel, siempre flexible y creativo.

ü  Que el salesiano de hoy debe tener la mente y el corazón llenos de los valores del espíritu salesiano y de la espiritualidad que nos distingue y caracteriza. En ese espíritu salesiano la caridad es el medio y el método fundamental de su apostolado: la amabilidad incansable y la familiaridad son nombres salesianos de la caridad vivida entre los jóvenes. La simpatía, dar el primer paso, reconocer a cada persona, el optimismo y la alegría, el espíritu de familia…, son elementos distintivos y propios de nuestro ADN salesiano. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir siempre educador, siempre amigo.

2.2.2. Vocación y formación

Decir vocación y formación es un modo de responder a la pregunta: ¿”Qué salesianos para los jóvenes de hoy”? El perfil del salesiano se precisará, sin duda, con el trabajo del Capítulo y es motivo de gran esperanza. A fin de ayudar a la futura reflexión, indico tres elementos a tener en cuenta:

1.      El salesiano ha de vivir con la consciencia de que la suya es una llamada y vocación consagrada a la que debe responder día a día.

2.      La misión la realizamos en comunión y la formación ha de ayudarnos también a ello.

3.      Para dar respuestas adecuadas a las exigencias actuales de la formación y la misión, necesitamos invertir en equipos formativos de calidad, capaces de ayudar a la formación de salesianos verdaderamente educadores y apóstoles para los jóvenes de hoy.

a). Formación como respuesta permanente a la llamada de Dios

La formación que se comprende y se vive en la fe lleva a cada salesiano, junto con sus hermanos, a dar respuesta a Dios que es quien toma la iniciativa y lo llama a seguir a Cristo de cerca. Es Dios quien nos consagra y nos envía a los jóvenes, tal como expresamos en nuestra profesión religiosa[16]. La vocación no es nunca algo abstracto. Es Dios quien llama siempre en el acontecer de la historia, en un determinado contexto familiar, social, religioso, cultural y económico. Es una llamada de amor y de gracia que recibimos con gratitud y humildad puesto que no es un derecho o un mérito. El joven salesiano, hijo de su época, debe responder a esta específica llamada de Dios, y es tarea de la formación ayudarle en el camino de madurar la entrega completa de sí mismo a Dios en el seguimiento de Cristo.

Pero este camino de maduración no se puede llevar a cabo ajenos a la realidad del mundo actual en su diversidad y complejidad. El conjunto de las necesidades y aspiraciones de la época[17] marca firmemente toda auténtica vocación.

Don Bosco poseyó una gran sensibilidad para saber leer e interpretar la realidad que le tocaba vivir y las exigencias de su tiempo. Con esta sensibilidad fue dando vida a la Congregación Salesiana y sorteando las dificultades. Los primeros salesianos se formaron en este espíritu y podemos decir que hoy urge actualizar esta característica suya también en el campo formativo.

En sociedades como las actuales, con cambios tan rápidos y profundos, el salesiano deberá ser capaz de estar abierto a tales cambios y superar la resistencia natural que se sienten ante lo novedoso, lo desconocido; deberá habituarse a buscar soluciones nuevas cuando sean necesarias, sin quedarse en el ‘siempre se ha hecho así’; deberá estar dispuesto a aprender lo nuevo y afrontarlo, abierto al diálogo para distinguir entre lo permanente y lo mutable; y deberá ser capaz, en fin, de vivir como religioso en estos contextos.

Puesto que la Congregación ya lo ha expresado en momentos diversos, no puede resultar extraño pensar que las estructuras de la formación deben adaptarse a las necesidades de los tiempos, lugares y personas; y, por eso mismo, deben ser plurales, descentralizadas, flexibles y funcionales. El joven salesiano ha de formarse en contacto con la realidad del ambiente en que vive: las familias, los jóvenes de su edad, la vida salesiana real con sus actividades apostólicas; ha de formarse, como hacen tantas personas, contando con su esfuerzo, sacrificio, sobriedad, austeridad, lejos de cualquier status de privilegio o de élite. Ello nos debe hacer pensar siempre con flexibilidad acerca de la formación del salesiano en el mundo de hoy para los jóvenes de hoy.

La formación habría de llevarnos a asimilar los rasgos propios de la personalidad del salesiano con un estilo de vida espiritual[18], centrado en Dios como Padre y en Cristo Salvador, basado en una fe concreta que ayuda a leer la presencia de Dios en lo cotidiano, en la historia y los acontecimientos humanos. El espíritu ha de ser el de la caridad inspirada en la dulzura de san Francisco de Sales, como quiso Don Bosco. Con Don Bosco como modelo, el salesiano, sostenido por una sencilla piedad eucarística y mariana, debe distinguirse por una esperanza que es fuente de optimismo y alegría aún en las dificultades.

Como hijo de Don Bosco, el salesiano debería caracterizarse por un equilibrio personal y por unas relaciones humanas llenas de jovialidad, sinceridad, comprensión, capacidad de amistad y de afecto verdadero y maduro. Todo esto es enriquecido por el estilo de relaciones fraternas y educativas propias del espíritu de familia que nos distingue como salesianos.

Naturalmente este camino no se puede llevar a cabo sin las mediaciones. Estas son diversas. Hay que encontrar los primeros acompañantes para iniciar el camino. Pensando en el salesiano de hoy, se necesita, cada vez con más urgencia, un verdadero discernimiento y acompañamiento[19]. Será importante el papel de la comunidad, los seglares de la CEP, los miembros de la Familia Salesiana y los hermanos de la propia Inspectoría, pero ante todo, especialmente en los primeros años, la eficacia de toda renovación formativa dependerá en gran medida del clima que hemos descrito, de un verdadero discernimiento, de un acompañamiento continuado, y de la capacidad de los formadores. Estos han de ser muy conscientes de que la formación de los hermanos también estará influenciada por su modo de pensar y obrar. Por eso, necesariamente, hemos de seguir planteándonos siempre cómo conseguir los mejores equipos de formadores, que sean equipos estables, no improvisados, que se van preparando para este ministerio. Formadores con personalidades diversas y complementarias, pero muy sólidos en su ser salesianos.

Sabemos también, y este es sin duda un gran desafío en toda la Congregación, que la formación debe ser el resultado de la acción acorde de todos los hermanos: de las comunidades formativas de las Inspectorías, pero también de las comunidades de vida activa de cada Inspectoría. Todos debiéramos sentirnos de tal manera comunidad formadora que, a través de la misma vida cotidiana, comunicáramos a los hermanos jóvenes los auténticos valores de la vocación salesiana y la alegría de vivir como hijos de Don Bosco.

Pensar en el perfil del salesiano para los jóvenes de hoy y, por lo mismo, pensar en su formación, nos va a poner frente a algunos desafíos[20] conocidos y algunas prácticas que debiéramos corregir:

→ Una formación entendida como sucesión de etapas que terminan con la profesión perpetua o la ordenación presbiteral, sin haber llegado a realizar un camino profundo y personal de identificación con la vocación.

→ Una formación entendida, sobre todo y prioritariamente, como la adquisición de conocimientos académicos filosóficos, teológicos, pedagógicos y psicológicos.

→ Confundir la vocación salesiana con un proyecto individual que relativiza los consejos evangélicos, y olvida la importancia que tiene para nosotros la fraternidad evangélica (que debiera ser el rasgo distintivo de cada comunidad en las Inspectorías).

→ Unos ‘formadores’ incapaces de transmitir de modo evidente los valores de la vida consagrada y ministerial; y que, además,  no saben acompañar ni ayudar en el discernimiento.

→ Una falta de alegría y de vitalidad en las comunidades apostólicas, con poco diálogo, afecto fraterno y experiencia cotidiana de Dios.

b) Misión y Comunión

Estamos observando, con responsabilidad y preocupación, que no pocas veces nos falta una dirección y finalidad en los procesos de formación. Fácilmente se piensa en la formación como una fase o etapa de la vida salesiana que termina con la conclusión de los estudios. Se supone erróneamente que, con la obtención de un diploma o una licenciatura, ya estamos formados.

Con humildad debemos reconocer que, en la Congregación, no siempre hay una clara comprensión ni la praxis consiguiente de ser formados para y en una misión, y para y en una comunidad (en la que hemos de entender tanto la comunidad religiosa salesiana como la Comunidad Educativa Pastoral-CEP).

En cambio, cuando se entiende la formación como respuesta permanente (para toda la vida) a Dios que nos llama para ser siervos de los jóvenes y profetas de fraternidad, entonces hay una dirección clara y un finalidad en todos los procesos formativos, y tanto la misión como la vida en comunión tienen claras esa dirección y finalidad.

Algunos indicadores, que nos hablan del riesgo que tiene la formación de estar alejada de la misión y del valor de la vida fraterna y, por lo tanto, de la verdadera formación del perfil del salesiano para los jóvenes de hoy, son:

Identificar ‘misión’ con ‘trabajo’, olvidando que nuestra misión en la Iglesia es la de ser signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, acercarlos a Cristo, llegando mucho más allá de los servicios sociales que podamos prestar.

→ Hermanos que no ven el acompañamiento de los jóvenes y el discernimiento vocacional como parte integral de la pastoral juvenil.

→ Propuestas de formación de nuestros hermanos jóvenes que dan una importancia secundaria o casi inexistente a las experiencias pastorales entre los jóvenes, especialmente los pobres. ¡Qué lejos está esto del pensamiento que tenía Don Bosco, quien consideraba que el salesiano no debería formarse fuera de la vida real, ni siquiera durante el noviciado!

→ Programas de formación en los que es muy poca la reflexión real sobre las experiencias pastorales de los formandos y donde estos no son acompañados en su ministerio pastoral.

→ Programas de formación en el que los profesores se ven solo como docentes y no como formadores, lo cual nos habla de la necesidad de tener verdaderos formadores, además de docentes.

→ Situaciones donde el tirocinio resulta simplemente una etapa de trabajo en una comunidad local, pero no una fase importante de formación donde la experiencia que se vive es acompañada y contrastada, y donde se cuenta con la ayuda y el testimonio de toda la comunidad.

→ Comunidades formadoras que viven al margen o son indiferentes en relación con los enormes y cruciales desafíos misioneros de la Iglesia y de la Congregación.

c) Equipos formativos de calidad - [21]

La formación del salesiano para los jóvenes de hoy requiere de equipos formativos que sean consistentes en calidad y en cantidad, con armonía y unidos.

‘Calidad’ quiere decir: formadores que sepan ‘hacer experiencia de los valores de la vocación salesiana’ para después acompañar la vida de los jóvenes candidatos y de los salesianos. La ‘calidad’ exige formadores que vivan su vocación salesiana consagrada con alegría y que sepan transmitir esa misma alegría y felicidad; formadores que hayan aprendido el arte de discernir la voz del Espíritu en la vida cotidiana, y que sepan reconocer la presencia de Dios en la vida de los jóvenes; formadores que sean auténticos y honestos, aunque no sean perfectos, con una buena dosis de paciencia y respeto. La ‘calidad’ pide formadores que sepan acompañar todo lo que se vive: la experiencia de vida comunitaria, la oración, el apostolado, la vivencia de los consejos evangélicos. La ‘calidad’ se refiere también a formadores que sepan trabajar en equipo, entorno al director o al encargado de cada etapa formativa.

Y cuando hablamos de formadores, pensamos también en los seglares, hombres y mujeres, y en las familias, que deben estar presentes en los procesos de formación. Cuando estas personas forman parte de la Familia Salesiana o bien han tenido una formación salesiana, llegan a ser recursos preciosos en la formación de los jóvenes salesianos.

Naturalmente, al igual que en los anteriores temas debemos tener la lucidez necesaria para percibir los puntos débiles que encontramos, la humildad suficiente para reconocerlos y la voluntad congregacional de querer dar pasos para superarlos.

Algunas de las situaciones problemáticas y de los riesgos que encontramos son:

·         Obras complejas con pocos hermanos disponibles para asumir la formación inicial, y con equipos formativos numéricamente débiles, es una realidad extendida.

·         Hermanos preparados para ser docentes en las etapas formativas (principalmente en los estudios de filosofía o teología), pero no preparados para la formación y el acompañamiento espiritual.

·         Hermanos de las casas de formación, llamados “formadores”, que son incapaces de dialogar con los jóvenes salesianos.

·         Formadores que no muestran pasión por Dios y por los jóvenes.

·         Un modelo ‘vertical’ de formación que no toca el corazón, las motivaciones, las actitudes y las convicciones.

·         Formadores con poca experiencia pastoral.

·         Una pastoral inspectorial más de actividades que de procesos.

·         En algunas Inspectorías, países y culturas sigue habiendo “casas de formación” en las que formadores y formandos viven como “dos clases” muy distantes entre sí, y que están muy lejos del espíritu de familia que Don Bosco quería y del clima oratorio que él tanto amó y cuidó.

2.3. Junto a los seglares en la misión y en la formación

Después de muchos años de camino de misión compartida con los seglares en la CEP, la Congregación necesita realizar una valoración del camino recorrido, de los logros alcanzados y también de las resistencias que se han dado, ya que la misión compartida con los seglares se muestra a todas luces, máxime desde el CG24, como un verdadero camino de identidad carismática y el único modo de llevar a cabo hoy la misión salesiana ante la complejidad del mundo, y la diversidad de contextos en nuestras presencias.

Otro elemento que ponemos ante nuestra reflexión hace referencia al sujeto mismo de la misión, que ya no puede ser considerado exclusivamente ni el salesiano ni la sola comunidad religiosa salesiana como núcleo animador, sino que debe contemplarse como la integración de los salesianos consagrados y de los seglares, conjuntamente, tanto en la misión como en la formación para la misma.

2.3.1. Logros y resistencias en la misión compartida con los seglares - [22]

En el camino recorrido por la Congregación en todos estos años la realidad es muy diversa. Existen países e Inspectorías en los que se ha ido haciendo realidad gran parte del camino abierto por el CG24 y todo el magisterio, también precedente y posterior de la Congregación. Los logros son muchos y ponen en evidencia que lo discernido en los diversos Capítulos Generales y las orientaciones emanadas de la Congregación no solamente son posibles sino que en algunas partes del mundo se evidencian como el único modo y camino capaz de asegurar el carisma de Don Bosco en favor de los jóvenes que nos necesitan. Hemos aprendido mucho, hemos recogido muchos frutos y la Congregación debe mostrar los logros obtenidos por el bien de la misión.

Pero también es cierto que en este camino de las Comunidades Educativo Pastorales, un dato que emerge en otras partes del mundo y otras Inspectorías es el de las resistencias a la misión compartida con los seglares, y más aún las resistencias a la formación conjunta con vistas a la común misión juvenil. Este dato pone claramente de manifiesto que el camino realizado, la velocidad del mismo y los pasos dados son diversos y variados, tanto como para poner esta cuestión en un primer plano al hablar de salesianos y seglares, juntos.

Emergen modelos pastorales ligados a la misión, también muy diferenciados y variados, que llevan consigo confusión y, a veces, un inadecuado conocimiento de los estados de vida del cristiano y una inadecuada valoración del consagrado y del seglar frente a una visión cristiana correcta y sinérgica.

Coexisten modelos de gestión erróneos y equivocados (en los que nos sentimos ‘patronos y dueños’, nos sabemos y sentimos ‘jefes’ y ostentamos ‘el poder’) con otros en los que los modelos pastorales son correctos y acertados carismáticamente (presentándonos como ‘guías’, acompañantes y formadores en el sistema educativo y evangelizador salesiano). A veces encontramos ánimo y esperanza para seguir haciendo realidad este modelo, pero, en otros casos, da la impresión de que se ha llegado a un cansancio que, sin fuerzas y sin visión educativo pastoral, nos lleva a pasar de una sinergia de comunión a una ‘división de poderes’.

Estas resistencias a veces son profundas y tocan directamente el modelo de ‘Iglesia de comunión’ que, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia intenta llevar adelante en la comprensión de sí misma, y de la que nosotros, naturalmente, somos parte haciendo este camino.

Estas resistencias profundas exigen de nosotros detenernos para interrogarnos, para hacer un diagnóstico valiente acerca de los logros y también de las dificultades encontradas en la vida cotidiana salesiana. Es lo que queremos hacer en el CG28. Tal diagnóstico es necesario, porque, en algunas partes, las situaciones de resistencia no son declaradas, o ni siquiera percibidas, y se consideran como algo normal, que debe ser así.

2.3.2. Reciprocidad en las relaciones entre salesianos y seglares - [23]

En las relaciones entre salesianos y seglares entran en juego elementos comunes como el sentido de pertenencia a la misma comunidad educativo-pastoral, el compartir el carisma de Don Bosco, la misma fe cristiana en muchos casos, la confianza en la eficacia de la práctica del sistema preventivo. Cuantos  más son los elementos comunes en las relaciones entre salesianos y seglares, más sólida es la relación, y la convergencia educativo-pastoral no solo resulta más fácil sino también más rica.

Somos conscientes de las diferencias existentes entre salesianos y seglares: diferencias de vocación, diferencias de estado de vida…, diferencias que ofrecen una aportación específica propia y son una riqueza; diferencias que pueden y deben contribuir mucho más a la armonía que a la separación o división.

Entre los mismos seglares de las presencias salesianas del mundo encontramos importantes diferencias: creyentes de fe cristiana y otros pertenecientes a diversas religiones o indiferentes; miembros de la Familia Salesiana, seglares realmente corresponsables en la misión y otros que se sienten ‘simples’ subordinados; jóvenes inmersos en el carisma y jóvenes alejados o indiferentes, dentro de la misma obra; voluntarios y contratados; familias cercanas y otras desvinculadas…

Reconocer tanta diversidad y las diferencias existentes es el punto de partida para imaginar, soñar y seguir construyendo un camino común en nuestras comunidades educativo-pastorales, con la mayor participación y contribución posible, resaltando de modo singular y positivo las contribuciones que nos vienen también de la propia condición de hombre y mujer, en la que, seguramente, la presencia educativa de la mujer[24] y su contribución debe tener un mayor reconocimiento.

Se debe subrayar otro componente esencial de las relaciones entre salesianos y seglares en la misión compartida. Es la reciprocidad. La reciprocidad ayuda a superar las distancias, la asimetría que se deriva de la diversidad de funciones y el sentido de superioridad que a veces se tiene. La reciprocidad se debe construir sin difuminar las diferencias: el salesiano debe conservar siempre su propia identidad consagrada y no ‘hacer de seglar’, y viceversa. La reciprocidad nos ayuda a vivir relaciones fraternas y de amistad, cargadas de humanidad y de madurez, respetuosas para con las personas y sin ‘traicionar’ lo más propio y singular de cada uno.

Esta reciprocidad es un hecho y da los mejores frutos cuando no se cae en algunas tentaciones:

Por parte de los salesianos, en ocasiones, se da una fuerte mentalidad de ‘patrón’ más que de servidor de todos. Todos somos siervos de la misma misión en la Iglesia y en el mundo, y nuestra mirada común debe ir dirigida siempre a nuestros jóvenes y, especialmente, a quienes de entre ellos más nos necesitan. Cuando se tiene una adecuada visión y asimilación del carisma, es evidente que los seglares no son nuestros siervos ni simplemente nuestros ‘empleados’ (por más que la mayoría de las veces, salvo en casos de voluntariado, la relación sea también de contrato laboral). Pero puede ser mucho más que eso. Debemos estar muy atentos a esta tentación así como al peligro de ‘clericalizar’ a los seglares. El clericalismo, lejos de dar impulso a las diversas propuestas y contribuciones, va apagando poco a poco el fuego profético del que la Iglesia es llamada a dar testimonio en el corazón de los pueblos. Es oportuno reconocer en este mal una visión parcial o distorsionada y una no aceptación consciente o inconsciente de la eclesiología de comunión que pide igual dignidad para todas las vocaciones.

A su vez, algunos seglares experimentan con fuerza la tentación de querer hacerse con el control y dominio que, en ocasiones, han reprochado a los mismos salesianos. Puede ser un modo, consciente o inconsciente, de decir: ¡es nuestra hora!, en este momento nos toca mandar y tener el ‘poder’ a nosotros. Así planteado no nos puede llevar a nada bueno, porque se traiciona de igual manera el carisma y la corresponsabilidad en favor de nuestros destinatarios.

El camino, el único camino, será la identidad carismática que se debe garantizar y asegurar siempre, y ese liderazgo compartido que dependerá tanto de la capacidad de las personas y de las circunstancias, como de la formación, y en el que habrá de desarrollarse un sistema de acompañamiento entre salesianos consagrados y seglares y un sistema de control y monitorización de la gestión de las obras, de las diversas funciones, y de la misma economía.

2.3.3. Formación conjunta de salesianos y seglares - [25]

A partir del CG23, se pedía a las Inspectorías la realización del Proyecto Seglares. El CG24 pedía la elaboración de un Programa de Formación salesianos consagrados-seglares[26] con los respectivos contenidos, definición de las funciones, intervención de los Inspectores y las respectivas estructuras de animación inspectoriales.

En los últimos veinticinco años muchas Inspectorías han desarrollado planes diversos de formación específica para los seglares (y a veces para salesianos y seglares conjuntamente), según sus propias necesidades, de cara a la misión. La formación de los seglares incorporados por primera vez a la obra salesiana (docentes, educadores, maestros, personal de servicios, trabajadores sociales…) se ha visto como un verdadero desafío. En ocasiones, ante la complejidad de algunas presencias salesianas se ha desarrollado más una formación sistemática dirigida a aquellas personas que debían  prestar un servicio de liderazgo (directores seglares, coordinadores de pastoral, administradores...).

Se ha hecho notar en diversos encuentros interinspectoriales, o en algunas de las Visitas de Conjunto, que existen grandes diferencias de cualidad o de desarrollo en este campo, y hay quien lo atribuye a la falta de un referente ‘central’ al servicio de toda la Congregación, al cual se podrían dirigir las Inspectorías. En los últimos Capítulos Generales no se ha afrontado esta cuestión de un modo resolutivo, si bien en ocasiones se ha hecho notar. El próximo Capítulo General 28 tendrá la posibilidad de decir una palabra al respecto o de tomar determinaciones, si lo creyese oportuno.

Basados en el modelo de comunión misionera de la Iglesia, enriquecida por la diversidad de carismas y el mayor conocimiento de los mismos, aceptamos el principio de base de que tenemos necesidad los unos de los otros intercambiando los dones propios de cada vocación específica, ya sea laical o de consagrados. Un enriquecimiento recíproco pide de todos la humildad para aprender, el espíritu de escucha y la disponibilidad para cualificarnos más y hacer caminos de formación de cara a compartir el carisma salesiano y la práctica del sistema preventivo, ya sea en el ambiente de las propias casas salesianas o incluso en las propias familias, porque su influencia positiva traspasa muchas fronteras que son más teóricas que de vida.

2.3.4. Las obras de gestión compartida o asignadas a los seglares[27]

El CG24 abordó este mismo punto refiriéndose a ‘algunas situaciones nuevas’ y ofreciendo algunas orientaciones y criterios[28], pero, como suele ocurrir, la vida de los veintidós años transcurridos hasta hoy nos ha llevado por caminos quizá ni siquiera pensados en aquel momento. La realidad existente es muy diversa:

→ En cuanto a los sectores que se atienden, se trata de escuelas, obras sociales, oratorios…

→ En cuanto a la colaboración de los salesianos consagrados en estas obras de gestión laical: algunas cuentan con un salesiano que está presente todos los días; en otras, el salesiano se hace presente algunas horas a la semana, en otras es el encargado inspectorial quien se hace presente algunas veces al año.

 → En cuanto al funcionamiento: algunas han dado vida a la Comunidad Educativo Pastoral (CEP) y su consejo; otras cuentan con un consejo de la obra solamente con seglares y otras tienen un consejo de la obra con seglares y la presencia de un salesiano.

→ En cuanto a la relación con el Proyecto Inspectorial: algunas obras tienen una comunidad salesiana de referencia; otras se remiten solamente al Inspector con su Consejo; otras están reagrupadas con el criterio de la cercanía territorial y cuentan con un salesiano de referencia.

→ En cuanto al modelo de gestión: existen obras de gestión laical que responden directamente al Inspector con su Consejo; otras cuentan con un estatuto proprio y singular para sí mismas y otras forman parte de un grupo de obras que vienen reguladas por un estatuto particular para ese grupo de casas.

→  En cuanto al modelo de acompañamiento de las obras: algunas reciben la visita inspectorial del mismo Inspector. Otras reciben la visita del delegado del Inspector, ya sea en la persona del Vicario del Inspector, del Coordinador Inspectorial de Escuelas o de algún otro nombrado a tal fin. Otras no tienen ninguna visita inspectorial y el acompañamiento y control se hace solamente por medio de la gestión económica y financiera que realiza el ecónomo inspectorial, y cierta animación pastoral de la Delegación Inspectorial de Pastoral Juvenil.

En lo que se refiere al servicio que prestan y la presencia de los salesianos consagrados en las obras confiadas a los seglares, existen visiones diferentes y están teniendo lugar diversas tendencias:

→ Extrañamente, en alguna Inspectoría se piensa que una vez que se ha establecido la gestión laical de una obra, los salesianos consagrados ‘no deben poner más los pies’ en ella; es decir, se cree que su presencia ya no es necesaria.

→ En otras, los salesianos consagrados participan solamente con una presencia ministerial, litúrgica y de acompañamiento de los jóvenes.

→ En otras, un salesiano es miembro del Consejo de la CEP.

En la variedad de este mosaico, con el que las Inspectorías han intentado plasmar en la práctica lo indicado por el CG24 según las situaciones, urgencias, necesidades y contextos locales, todo parece apuntar a que necesitamos armonizar la reflexión y la praxis para que, en el futuro, el perfil del salesiano para los jóvenes de hoy y la misión que compartimos salesianos consagrados y seglares pueda asegurar lo único importante: ser respuesta viva y digna, carismática y fiel, en el servicio a los destinatarios de hoy. Esto pide de nosotros visión, y capacidad de reflexión y decisión, porque de lo contrario las urgencias de la vida nos llevarán por caminos que no pensamos.

Muy probablemente también en esto, el CG28 tendrá una palabra que decir al respecto y alguna determinación que tomar, máxime cuando los datos nos hablan de que, en alguna parte de la Congregación, las obras de gestión laical ya son tan numerosas que alcanzan casi la mitad de las presencias que cuentan con comunidad salesiana.

El otro camino importante, y que sin duda se puede desarrollar más aún (puesto que es incipiente), es el de la misión compartida con alguna otra rama de la Familia Salesiana (de los 31 grupos que la integramos), o la asignación total de aquellas presencias que aseguren la identidad carismática y el servicio a la Iglesia local y a la sociedad en que están ubicadas.

 
3. LA ‘HORA’ DEL CG28

Puedo aseguraros, hermanos, que el Consejo General y yo mismo, de modo muy particular, tenemos una gran esperanza puesta en el CG28, continuación del significativo camino que nuestra Congregación ha recorrido en los ocho últimos Capítulos Generales, fruto del compromiso de renovación de la vida consagrada promovido por el Concilio Vaticano II[29].

El CG28 puede ser un Capítulo en el que, más que poner la mirada en un tema eclesial o de vida religiosa que consideráramos no suficientemente profundizado, queremos dirigir, con realismo,  dicha mirada a orientarnos con valentía, decisión y determinación en el camino que debemos recorrer en este presente del siglo XXI, un tiempo eclesial muy especial de renovación y purificación, a fin de:

  1. Dar, de hecho, la prioridad  y centralidad de nuestras opciones en la misión salesiana a los adolescentes y jóvenes más pobres y necesitados, a aquellos que, porque no tienen voz, necesitan de la nuestra y de nuestras opciones en favor de ellos. Dar también la prioridad al acompañamiento de tantos miles y miles de adolescentes y jóvenes de esta era digital que se mueven en ‘otro universo’ del que no podemos ser ajenos, y que nos piden presencia afectiva y efectiva y acompañamiento, para ellos y quizá también para sus familias.
  1. Continuar formándonos todos, y acompañar especialmente la formación de los jóvenes salesianos de hoy y de mañana para que el deseo de sus corazones sea el de ser ‘otros Don Bosco hoy’ apasionados por Cristo, por esta humanidad tantas veces doliente y por sus jóvenes. Salesianos en proceso permanente de fidelidad, para quienes la tentaciones de superficialidad, banalidad, ostentación, clericalismo, poder y confort sean puestas en evidencia y erradicadas, porque los jóvenes de hoy, que son quienes nos salvan de todo esto, necesitan sobre todo al salesiano educador-pastor, amigo, hermano y padre que sencillamente, porque vive lleno de Dios, da la vida sin buscarse a sí mismo.
  1. Avanzar con ‘pasos de gigante’ en aprovechar todo el potencial apostólico que tenemos los salesianos consagrados y los seglares, en misión compartida, atreviéndonos a diagnosticar lo que no nos ha permitido, hasta el día de hoy, desarrollar plenamente esta visión profética que ha tenido nuestra Congregación y que será decisiva en el futuro para el crecimiento de la misión, de la fuerza pastoral de la Congregación y de la calidad de vida consagrada de cada salesiano, como consagrado ‘más libre de’ y ‘más libre para’, como fue la de Jesús el Señor.

Estoy convencido de que, en la gran mayoría de los hermanos, es fuerte el deseo de una mayor autenticidad humana, una profundidad espiritual más intensa y una coherencia vocacional más radical. Pidámosle al Espíritu Santo que la oportunidad del Capítulo General 28 sea una ocasión para dar el paso del deseo a la acción, al plantearnos: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy?

Concluyo esta carta de convocatoria del Capítulo General invitándoos a invocar al Señor con la intercesión de María su Madre[30], Madre también de la Iglesia y de nuestra Familia Salesiana, entorno a la cual Don Bosco quiso construir sus comunidades y obras como verdaderas familias.

Señor Jesucristo,

tú diste a Don Bosco

como Madre, Maestra y Auxiliadora,

a tu Madre Santísima;

y, por medio de ella, le indicaste

el campo de misión

y le inspiraste la fundación de nuestra Sociedad:

sigue mirando con benevolencia esta familia tuya,

y haz que sintamos siempre viva entre nosotros

la presencia y la acción de María,

Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los cristianos.

Puestos en sus manos y guiados por ella,

concédenos ser, entre los jóvenes,

testigos de tu amor inagotable. Amén.

 

[1]     Const. 146.

[2]     Cf. Const. 146.

[3]     CGE, 127.

[4]     Cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium 55, 57.

[5]     Carta del Santo Padre al reverendo padre Ángel Fernández Artime (24 de junio de 2015).

[6]     Cf. CGE, 18.

[7]     Const. 2.

[8]     Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 53.

[9]     CG21, 163.

[10]   Cf. CGE, 83,1.

[11]   Cf. Const. 26.

[12]   CGE, 90.

[13]   El Proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco, Editorial CCS,  Madrid 1987, 145.

[14]   Cf. Const. 6.

[15]   Cf. Const. 40.

[16]   Cf. Const. 24.

[17]   Cf. GS, 4-10.

[18]   Cf. Const. 11, 12; Cf. CGE, 667; Cf. CG25, 191;  Cf. CG27, 67.3.

[19]   Cf. Sínodo de los Obipos: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, Vaticano 2017, capítulos II y III.

        Cf. CGE, 673, 678; Cf. CG23, 155, 250, 252.

[20]   Cf. CG21, 247.

[21]   Es interesante conocer lo que dicen los propios formadores salesianos en un reciente estudio llevado a cabo después de una gran encuesta hecha a los formandos y formadores de nuestra Congregación. Cf. BAY, Marco: Giovani, salesiani e accompagnamento. Risultati de una ricerca internazionale, LAS, Roma, 2018, 377-420.

[22]   Cf. CG24, 19-21, 30-31, 36.

[23]   Cf. CG24, 106, 117.

[24]   Cf. CG24, 25,33,74,166,177-179.

[25]   Cf. CG24, 43,55,101,103,138,140.

[26]   Cf. CG24, 145.

[27]   Cf. CG24, 39,44-47, 180-182.

[28]   CG24, 180-182.

[29]   ACG 394, pp. 28-31.

[30]   El Proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco, Editorial CCS,  Madrid 1987, pág.164.


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1. EL RECTOR MAYOR

¿QUÉ SALESIANOS PARA LOS JÓVENES DE HOY? 

Carta para convocar el Capítulo General 28

1. CONVOCATORIA DEL CG28. 1.1. Determinación del tema. - 1.2. Otros cometidos. - 1.3. Objetivo fundamental del tema. - 1.4. Algunas preguntas que podemos hacernos. - 2. TEMA DEL CG28. - 2.1. Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy. - 2.2. Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy. - 2.2.1. Con Don Bosco como modelo. - 2.2.2. Vocación y formación: - a) Formación como respuesta permanente a la llamada de Dios, - b) Misión y Comunión, - c) Equipos formativos de calidad. - 2.3. Junto a los laicos en la misión y en la formación. - 2.3.1. Logros y resistencias en la misión compartida con los laicos. - 2.3.2. Reciprocidad en las relaciones entre salesianos y laicos - 2.3.3. Formación conjunta de salesianos y laicos. - 2.3.4. Las obras de gestión compartida o asignadas a los laicos - 3. ‘LA HORA’ DEL CG28.

Turín 24 de mayo de 2018

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Mis queridos hermanos:

Terminada la sesión plenaria del Consejo General en la que reflexionamos sobre el próximo Capítulo General, dimos a conocer el título y el itinerario a seguir. Después, me tomé un tiempo personal para repasar el contenido de los últimos Capítulos Generales, desde el XX Capítulo General Especial (CGE) de 1972, tras el Concilio Vaticano II, que marcó un hito en nuestra historia y renovación congregacional, hasta el último en el año 2014. En esos 42 años de la vida de la Iglesia y de la Congregación se han sucedido ocho Capítulos Generales.

Nos encontramos en el tiempo del anuncio y preparación del CG28 que será, una vez más, “el signo principal de la unidad de la Congregación dentro de su diversidad”, como dicen nuestras Constituciones.[1]

Por la propia dinámica de un Capítulo General, nos encontraremos como hermanos salesianos de todo el mundo ante la tarea de revisar nuestra fidelidad al Señor, al Evangelio y a Don Bosco, sensibles a las necesidades de los tiempos y lugares, dejándonos guiar por el Espíritu Santo a fin de conocer en este momento de la historia la voluntad de Dios.[2]

1. CONVOCATORIA DEL CG28

En el día de la Solemnidad de María Auxiliadora de los Cristianos, desde Turín, con profunda alegría, les hago llegar esta carta mediante la cual convoco, según el artículo 150 de nuestras Constituciones, el CG28. Tendrá como tema: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy? y se celebrará en Valdocco (Turín), adonde regresaremos, después de 62 años del último Capítulo General allí celebrado, al mismo lugar santo salesiano donde Don Bosco vivió y fundó nuestra Congregación. Será un don encontrarnos con nuestro Padre Don Bosco y sentirnos verdaderamente en casa, en este lugar donde carismáticamente todos hemos nacido como Salesianos de Don Bosco.

El inicio del Capítulo General será el domingo 16 de febrero de 2020, con la concelebración solemne de la Eucaristía en la Basílica de María Auxiliadora. Pensamos que, con una duración máxima de siete semanas, podríamos clausurarlo el día 4 de abril, víspera del Domingo de Ramos.

Como Regulador de este Capítulo General 28, he nombrado a don Stefano Vanoli, quien generosamente asume la responsabilidad de acompañar su preparación y desarrollo.

1.1 Determinación del tema

El tema elegido es fruto de una amplia y atenta reflexión del Consejo General, en la que se han tenido muy presentes las actuales orientaciones de la Iglesia y del papa Francisco, después de los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia y en la preparación del que tendrá lugar este año 2018, centrado en “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

El Consejo General ha señalado también algunas cuestiones que emergen a la luz del conocimiento cada vez más amplio de la Congregación que se va logrando con las Visitas de Conjunto y las Visitas Extraordinarias, así como de la visión que cada consejero va teniendo de la realidad congregacional, y yo mismo como resultado del estudio y las visitas que he realizado a 63 Inspectorías, hasta este momento.

Esta reflexión sobre la realidad nos ha permitido individuar, como explicaré más ampliamente a continuación, la urgencia de centrar nuestra mirada en la persona del Salesiano que, como hombre de Dios, consagrado y apóstol, sea capaz de sintonizar plenamente con los adolescentes y jóvenes de hoy y su propio mundo, para educarlos y evangelizarlos, prepararlos para la vida y llevarlos al encuentro del Señor. Lo hacemos, con la firme certeza de que ni somos nosotros solos quienes llevamos a cabo esta misión, ni podemos realizarla por nosotros mismos solamente.

El tema es único, pero lo desplegamos en tres núcleos:

Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy

→ Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy

→ Junto a los seglares, en la misión y en la formación

1.2 Otros cometidos

 Además del tema propuesto, que será una oportunidad enriquecedora y un tiempo de gracia y de esperanza para nuestra Congregación, el Capítulo General deberá abordar varios aspectos jurídicos importantes de la vida de las Inspectorías, y la evaluación del Secretariado para la Familia Salesiana, creado en el anterior Capítulo General.

También será tarea del CG28 elegir al Rector Mayor y a los miembros del Consejo General para el periodo 2020-2026. Los miembros del Capítulo General prestarán este servicio en favor de la unidad y fidelidad al carisma de Don Bosco, y los demás hermanos, desde todas las partes del mundo salesiano, acompañarán con la oración este momento tan especial de nuestra Congregación.

La comisión técnica, nombrada a tenor del artículo 112 de los Reglamentos, ha trabajado ya con el Regulador en los días del Consejo General y posteriores, a fin de preparar el itinerario de los trabajos en las Inspectorías, de modo que todo discurra de la manera más adecuada tanto en los tiempos como en las aportaciones que se puedan ofrecer.

Muy probablemente, las respuestas de las Inspectorías, sobre algunos aspectos de la vida de las mismas y los elementos jurídicos que guardan relación con todo ello, demandarán del propio CG28 realizar una nueva evaluación de algunas estructuras de animación y gobierno central de la Congregación y de las Regiones.

1.3 Objetivo fundamental del tema

El objetivo fundamental del tema del CG28 es ayudar a toda la Congregación a profundizar lo más posible, acerca de cuál es y debe ser el perfil del salesiano capaz de dar respuesta a los jóvenes de hoy, a todos los jóvenes, especialmente a los más pobres y necesitados, a los excluidos y descartados, a los más frágiles y privados de derechos. Y esto en un mundo cada vez más complejo y que experimenta cambios velozmente.

Esta realidad demanda salesianos consagrados-apóstoles preparados y dispuestos a vivir su vida con la mente y el corazón de Don Bosco en esta Iglesia y sociedad, deseosos de compartir, donarse y dar la vida por estos jóvenes del mundo de hoy, con sus lenguajes, visiones propias e intereses. A muchos de estos jóvenes los podemos encontrar en las casas salesianas, pero muchos otros se mueven por otros ‘patios’ del mundo.

Como ya dijo el CGE para aquel momento, hablando de la unidad en la vocación del salesiano y que suena a profecía para hoy, de ahí “brotará la luz de nuestra ‘identidad’ salesiana y la posibilidad del nuevo modelo de Salesiano que hoy exigen los signos de los tiempos”[3].

Este ‘modelo de salesiano que hoy exigen los signos de los tiempos’ pondrá también en evidencia algo muy reflexionado en el CG24, pero no suficientemente asumido: el hecho de que cientos de miles de laicos formen hoy parte de las presencias salesianas en todo el mundo, pide del salesiano una nueva apertura de mente y corazón ante esta realidad para el bien de la misión salesiana en el mundo. Solo compartiendo la misión podremos dar las mejores respuestas sin defraudar a estos adolescentes y jóvenes de hoy y de mañana que tanto nos necesitan.

1.4 Algunas preguntas que podemos hacernos

Es muy posible que haya hermanos que piensen que si todos tenemos el Evangelio como norma de vida cristiana y a Don Bosco como padre y fundador de nuestra Congregación, después de profesar las mismas Constituciones en las que se define con claridad cuál es la misión salesiana, quizá no tengamos necesidad  de plantearnos qué perfil de salesiano está demandando hoy el Espíritu para una auténtica misión entre y con los jóvenes en un mundo tan nuevo y cambiante. Pero hemos de reconocer sinceramente, y así se percibe en muchas Inspectorías, que la realidad se muestra mucho más compleja y diversa de lo que pensamos. La realidad no es ni simple ni uniforme. Nos encontramos con situaciones que se contraponen y que invitan a dar pasos hacia una mayor radicalidad, valentía, claridad e incluso purificación en pro del Evangelio y de la fidelidad de nuestra Congregación al carisma recibido del Espíritu Santo en Don Bosco.

Ø  En esta realidad compleja y diversa hay hermanos, los más, que viven con total entrega y sintonía para con los jóvenes, su mundo y realidad, y otros que sienten que ese mundo juvenil y los jóvenes mismos ya no son accesibles para ellos.

Ø  Hay hermanos, los más, con una clarísima y decidida opción por los más pobres y necesitados, opción fuerte por quienes viven experimentando cada día cómo su dignidad es pisoteada y vulnerada, y otros que se quedan en espacios más cómodos y confortables de vida.

Ø  Hay hermanos, los más, que viven su ministerio presbiteral como Don Bosco, que era sacerdote siempre y en todo lugar para con sus muchachos y jóvenes; y, por el contrario, hay hermanos muy influenciados por tendencias de un fuerte clericalismo eclesial que tanto daño hace a la propia Iglesia y del que nosotros no estamos exentos.

Ø  Hay hermanos, los más, que viven con un total desprendimiento, sobriedad, austeridad y generosidad en el servicio a los demás, en particular a nuestros destinatarios preferentes, y otros que pierden su libertad como religiosos consagrados involucrándose en dinámicas de búsqueda de poder (que no pocas veces viene de la mano de la búsqueda del dinero) y otras ataduras[4].

Ø  Hay hermanos, los más, que con verdadera pasión en su corazón siguen haciendo realidad cada día aquello de Juan Cagliero: “yo fraile o no fraile me quedo con Don Bosco”, y hermanos que, con una pérdida grande de identidad salesiana, piden dejar la Congregación para vivir no como religiosos consagrados apóstoles, salesianos de Don Bosco, sino para ejercer simplemente su ministerio presbiteral en aquellas diócesis donde han pensado que les puede ir bien o simplemente los acogen.

Ø  Hay hermanos que han entendido y viven la misión compartida con los laicos como el gran don para la misión; y otros muchos que todavía sienten profunda resistencia o incluso rechazo, es decir, hermanos que aceptan gustosamente que los laicos sean nuestros subordinados, pero se niegan a compartir como iguales, codo con codo, la misión y lo que trae consigo.

Ø  Hay hermanos jóvenes, los más, que en sus etapas formativas sueñan con ‘entregar todas sus energías a quienes sean enviados’ (Const. 24), preparando su corazón, su mente y su formación intelectual para ello, y otros que sueñan, por el contrario, con tener cargos, responsabilidades que les den autoridad y una ‘cierta posición’.

Esta realidad nuestra de contrastes, de luces y sombras, es la que está pidiendo de nosotros lo que fue palabra viva y directa del papa Francisco a toda la Familia Salesiana, y que hoy leo de modo particular dirigida a nosotros: no defraudar las aspiraciones profundas de los jóvenes. Nos dice así el Papa: “Don Bosco os ayude a no defraudar las aspiraciones profundas de los jóvenes: la necesidad de vida, apertura, alegría, libertad, futuro; el deseo de colaborar en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el desarrollo para todos los pueblos, en el cuidado de la naturaleza y de los ambientes de vida. Con el ejemplo de Don Bosco, los ayudaréis a experimentar que solo en la vida de gracia, es decir, en la amistad con Cristo, se llevan a cabo plenamente los ideales más auténticos. Tendréis  la alegría de acompañarlos en la búsqueda de síntesis entre fe, cultura y vida, en los momentos en los que se toman decisiones difíciles, cuando se busca interpretar una realidad compleja”[5].

2. EL TEMA DEL CG28

2.1. Prioridad de la misión salesiana entre los jóvenes de hoy

En la historia de nuestros Capítulos Generales la reflexión es rica y profunda, y cada Capítulo General, con la luz del Espíritu Santo, a quien debemos acoger con docilidad y apertura de corazón, es como una invitación a nuestra libertad hoy, puesto que no deberíamos, imprudente y casi temerariamente, contentarnos con las glorias pasadas. Casi sin ser conscientes podemos “resistir al Espíritu” (Hch 7,51), o bien “apagar el Espíritu” (1 Tes 5,19), corriendo el riesgo de que la misión salesiana que nos ha sido confiada pudiera un día pasar a otros[6].

Por eso, cuando proponemos como tema de Capítulo, para toda la Congregación, realizar una  cuidadosa reflexión acerca del perfil del salesiano para los jóvenes de hoy, lo hacemos con la imperiosa necesidad de avanzar libremente, y con gran honestidad, en el único camino que realmente importa: la fidelidad al Señor en Don Bosco, y la fidelidad a los jóvenes, muchos de los cuales poco más pueden esperar que el que nosotros no los abandonemos a su suerte o no los dejemos como náufragos porque no somos capaces de percibir sus necesidades o de oír sus llamadas.

Como Don Bosco, y en fidelidad al Espíritu, debemos exigirnos dar absoluta prioridad a la misión salesiana con los jóvenes de hoy para ser, como él lo fue, “signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres”[7]. Esta prioridad o preferencia por los adolescentes y jóvenes más necesitados del mundo de hoy, que es diferente en cierto sentido del mundo de décadas anteriores, determina objetivamente nuestra misión. Y podemos decir que esto no es algo opcional, algo que podamos dejar de lado sin asumir sus exigencias; al contrario, es algo esencial y constitutivo de nuestra identidad carismática.

En la actualidad, tres cuartas partes de los jóvenes del mundo viven en países golpeados por la pobreza o en una vía lenta de desarrollo, especialmente en la periferia de las grandes ciudades, en las llamadas ‘ciudades de emergencia’. Son las víctimas de la expansión y del mismo desarrollo porque  este produce, en su misma dinámica, creciente desigualdad social y pobreza. Esta realidad sigue siendo una potente llamada para nosotros y nuestra Congregación; hoy más que nunca tenemos una misión carismática propia que ofrecer a la Iglesia y al mundo en todos los jóvenes, y con el sentir propio de Don Bosco en estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes excluidos, descartados y marginados.

El nuevo Capítulo General será una oportunidad para discernir, cuidadosamente y con valentía, si nuestras presencias, obras y actividades están cada vez más al servicio de los jóvenes más pobres (Regl.1), si estos ocupan nuestro corazón y están en el centro de nuestras preocupaciones e intereses, si concentramos nuestras energías y esfuerzos en ellos.

Un sueño que llevo en el corazón es el de pensar que, ojalá un día, en todo el mundo, al escuchar la palabra salesianos (o hijos de Don Bosco), todos entendieran que se habla de aquellos consagrados (nosotros) que, siempre y en cualquier lugar y circunstancias, optan por los jóvenes, por los muchachos y muchachas más pobres, vulnerables y privados de su dignidad. Esos  son los que nos necesitan y nos esperan: ante todo, los descartados, los ‘sobrantes’, como dice el papa Francisco. “Hemos dado inicio a la cultura del ‘descarte’ que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo… Los excluidos no son “explotados” sino desechos, ‘sobrantes’”[8].

Y para nosotros, salesianos, quienes nos necesitan y esperan son:

→ Los verdaderos pobres del mundo, y los ‘descartados’

→ Los menores migrantes, refugiados, llegados a no saben dónde y solos.

→ Los muchachos y muchachas de la calle de varios continentes.

→ Los menores y jóvenes que cada día ven vulnerados sus derechos humanos y su dignidad.

→ Los jóvenes repatriados, en tantas fronteras, que se encuentran sin documentos, sin oportunidades, abocados a lo que sea para sobrevivir.

→ Los menores y jóvenes envueltos en redes y esclavos, de alguna manera, de tantas dependencias  o de formas actuales de verdadera esclavitud y privación de libertad.

Los jóvenes del mundo del trabajo y de la formación profesional y ocupacional.

Los jóvenes con familias totalmente desestructuradas y con profundas carencias humanas y afectivas.

→ Los jóvenes, en fin, de todos los pueblos y culturas que todavía no conocen a Jesucristo.

En definitiva el Capítulo debe ser una llamada fuerte para volver más aún a los verdaderos pobres del mundo y para seguir apostando con fuerza por ellos en los  lugares y presencias donde ya lo estamos haciendo.

También será una llamada fuerte para sintonizar con tantos adolescentes y jóvenes que nos piden no ser dejados solos, sino ser acompañados. Jóvenes, con familias estructuradas o desestructuradas, que necesitan la presencia del educador y amigo en sus vidas y en las de sus familias.

Esta prioridad de la misión juvenil hoy nos debería abrir los ojos y hacernos sensibles a las necesidades de los adolescentes y jóvenes que, en su lenguaje, visión y comprensión, pertenecen al mundo digital; a las de los que son sensibles al cuidado de la creación y de la naturaleza; a las de los que son sensibles a la dimensión social y buscan posibilidades de voluntariado para ayudar y servir; y también a las de los que desean recorrer un camino de fe auténtica y profunda. Esta misma prioridad juvenil nos permite entender, hoy más que nunca, que en los casos en los que los jóvenes tienen familias, este camino solo se puede recorrer conjuntamente, como nos recuerdan insistentemente la Iglesia y el Papa.

Todo esto, y más, llama a las puertas de nuestra fidelidad como salesianos hoy y nos interroga acerca de qué hacer, cómo hacer y cómo prepararnos y capacitarnos para tener algo importante y significativo que decir, ofrecer y compartir.

2.2. Perfil del salesiano para los jóvenes de hoy

Hablar de los salesianos de hoy y de mañana supone, para todos nosotros, dirigir la mirada a Don Bosco porque él es nuestro modelo. Como ya formulara el CG21, Don Bosco “no es para nosotros simple recuerdo del pasado sino presencia carismática, viva, operante y proyectada al futuro. En él nos comprendemos mejor a nosotros mismos y hallamos el verdadero sentido de pertenencia a la Congregación”[9].

2.2.1. Con Don Bosco como modelo.

Teniendo a  Don Bosco como  modelo el salesiano descubre:

ü  A Don Bosco ‘hombre de Dios’ cuyo rasgo quizá más admirable fue la unidad de su persona, de su vida y obra[10]. La admirable armonía de gracia y naturaleza magníficamente manifestada en su persona hace que el salesiano intuya fácilmente cómo la fe enriquece toda vida humana y cómo la vida se ve plenificada en la fe. De hecho, Don Bosco sabía leer la realidad, que le tocaba vivir y en la que estaba inmerso, con una mirada de fe extraordinaria. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir hombre de fe profunda.

ü  El “Da mihi animas caetera tolle”, en el centro de su vida como pasión apostólica llena de motivaciones y sueños en favor de sus jóvenes. Pero la fuente de todo es el Evangelio y la persona y el corazón de Cristo apóstol del Padre. En Don Bosco podemos ver cómo el Espíritu Santo inspira un cierto ‘modo salesiano’ de intuir el rostro, el corazón de Jesús Buen Pastor y su misión, en un proyecto de vida fuertemente unitario en el que el aspecto humano y divino están íntimamente unidos para una única misión: la de salvar a los jóvenes[11]. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir pasión apostólica por los jóvenes.

ü  La paternidad infinita de Dios; y, como Don Bosco, intenta vivir ante Dios Padre con un corazón repleto de gozosa gratitud y confianza. Siente que su misión de educador y pastor tiene su cima en revelar el Padre a los jóvenes. Y, en Don Bosco, descubre cada vez más su unión con Dios y su sentido extraordinario de paternidad; al comprender que el modelo supremo de Don Bosco es Cristo, el salesiano puede tomar una mayor conciencia de que “el mundo actual tiene necesidad urgente de descubrir este verdadero rostro de Dios y esta vocación ‘filial’ de todo hombre”[12]. Por eso decir hoy salesiano hoy debería ser lo mismo que decir Hijo de Dios que se sabe y se siente padre de los jóvenes.

ü  Que ser salesiano es nuestro modo de ser Iglesia. “No es pensable ningún dualismo entre vida salesiana y vida de la Iglesia  universal o particular ya que el Espíritu, que anima y unifica la Iglesia y que ha inspirado nuestra vocación salesiana, es el mismo”[13]. La fidelidad a Don Bosco hoy pide de nosotros, como Congregación, estar atentos a los signos de los tiempos, atentos a los ‘gritos’ de esos jóvenes de los que hablamos, sin perdernos en lo que pudiera desfigurar nuestra identidad carismática. Y por eso, como dicen nuestras Constituciones (ya desde las primeras redactadas por Don Bosco y editadas en 1875), hemos de llevar en el corazón la pasión por ser evangelizadores de los jóvenes, especialmente los más pobres, cuidar especialmente las vocaciones apostólicas, ser educadores de la fe en los ambientes populares, sobre todo con la comunicación social, y anunciar el evangelio a los pueblos que no lo conocen[14], puesto que  la pasión del “da mihi animas” no conoce fronteras. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir identidad carismática en la comunión eclesial.

ü  Que decir fidelidad al carisma significa para nosotros también la vuelta al Don Bosco genuino del Oratorio[15], no para hacer lo que él hizo, pero sí para imitar cómo lo hizo, descubriendo a un Don Bosco siempre flexible en tantos aspectos, pero firmemente aferrado a su misión entre los jóvenes. Se comprende que al referirnos al Oratorio no lo hacemos entendiendo tan solo una actividad concreta frente a otras muchas que él mismo llevó a cabo, sino atendiendo a ese espíritu que lo movió en todo momento, esa fuerza, pasión educativa y creatividad, ese dinamismo y esa flexibilidad no exenta de total claridad y firmeza que él tuvo y que representa para nosotros hoy una lección magistral de fidelidad dinámica a su propia vocación apostólica. Don Bosco se nos revela por tanto como un verdadero modelo de docilidad al carisma originario, docilidad a esa llamada y misión que le fue confiada, junto con una apertura a la realidad, a los tiempos y lo que estos pedían. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir apóstol de los jóvenes siempre fiel, siempre flexible y creativo.

ü  Que el salesiano de hoy debe tener la mente y el corazón llenos de los valores del espíritu salesiano y de la espiritualidad que nos distingue y caracteriza. En ese espíritu salesiano la caridad es el medio y el método fundamental de su apostolado: la amabilidad incansable y la familiaridad son nombres salesianos de la caridad vivida entre los jóvenes. La simpatía, dar el primer paso, reconocer a cada persona, el optimismo y la alegría, el espíritu de familia…, son elementos distintivos y propios de nuestro ADN salesiano. Por eso decir salesiano hoy debería ser lo mismo que decir siempre educador, siempre amigo.

2.2.2. Vocación y formación

Decir vocación y formación es un modo de responder a la pregunta: ¿”Qué salesiano para los jóvenes de hoy”? El perfil del salesiano se precisará, sin duda, con el trabajo del Capítulo y es motivo de gran esperanza. A fin de ayudar a la futura reflexión, indico tres elementos a tener en cuenta:

1.      El salesiano ha de vivir con la consciencia de que la suya es una llamada y vocación consagrada a la que debe responder día a día.

2.      La misión la realizamos en comunión y la formación ha de ayudarnos también a ello.

3.      Para dar respuestas adecuadas a las exigencias actuales de la formación y la misión, necesitamos invertir en equipos formativos de calidad, capaces de ayudar a la formación de salesianos verdaderamente educadores y apóstoles para los jóvenes de hoy.

a). Formación como respuesta permanente a la llamada de Dios

La formación que se comprende y se vive en la fe lleva a cada salesiano, junto con sus hermanos, a dar respuesta a Dios que es quien toma la iniciativa y lo llama a seguir a Cristo de cerca. Es Dios quien nos consagra y nos envía a los jóvenes, tal como expresamos en nuestra profesión religiosa[16]. La vocación no es nunca algo abstracto. Es Dios quien llama siempre en el acontecer de la historia, en un determinado contexto familiar, social, religioso, cultural y económico. Es una llamada de amor y de gracia que recibimos con gratitud y humildad puesto que no es un derecho o un mérito. El joven salesiano, hijo de su época, debe responder a esta específica llamada de Dios, y es tarea de la formación ayudarle en el camino de madurar la entrega completa de sí mismo a Dios en el seguimiento de Cristo.

Pero este camino de maduración no se puede llevar a cabo ajenos a la realidad del mundo actual en su diversidad y complejidad. El conjunto de las necesidades y aspiraciones de la época[17] marca firmemente toda auténtica vocación.

Don Bosco poseyó una gran sensibilidad para saber leer e interpretar la realidad que le tocaba vivir y las exigencias de su tiempo. Con esta sensibilidad fue dando vida a la Congregación Salesiana y sorteando las dificultades. Los primeros salesianos se formaron en este espíritu y podemos decir que hoy urge actualizar esta característica suya también en el campo formativo.

En sociedades como las actuales, con cambios tan rápidos y profundos, el salesiano deberá ser capaz de estar abierto a tales cambios y superar la resistencia natural que se sienten ante lo novedoso, lo desconocido; deberá habituarse a buscar soluciones nuevas cuando sean necesarias, sin quedarse en el ‘siempre se ha hecho así’; deberá estar dispuesto a aprender lo nuevo y afrontarlo, abierto al diálogo para distinguir entre lo permanente y lo mutable; y deberá ser capaz, en fin, de vivir como religioso en estos contextos.

Puesto que la Congregación ya lo ha expresado en momentos diversos, no puede resultar extraño pensar que las estructuras de la formación deben adaptarse a las necesidades de los tiempos, lugares y personas; y, por eso mismo, deben ser plurales, descentralizadas, flexibles y funcionales. El joven salesiano ha de formarse en contacto con la realidad del ambiente en que vive: las familias, los jóvenes de su edad, la vida salesiana real con sus actividades apostólicas; ha de formarse, como hacen tantas personas, contando con su esfuerzo, sacrificio, sobriedad, austeridad, lejos de cualquier status de privilegio o de élite. Ello nos debe hacer pensar siempre con flexibilidad acerca de la formación del salesiano en el mundo de hoy para los jóvenes de hoy.

La formación habría de llevarnos a asimilar los rasgos propios de la personalidad del salesiano con un estilo de vida espiritual[18], centrado en Dios como Padre y en Cristo Salvador, basado en una fe concreta que ayuda a leer la presencia de Dios en lo cotidiano, en la historia y los acontecimientos humanos. El espíritu ha de ser el de la caridad inspirada en la dulzura de san Francisco de Sales, como quiso Don Bosco. Con Don Bosco como modelo, el salesiano, sostenido por una sencilla piedad eucarística y mariana, debe distinguirse por una esperanza que es fuente de optimismo y alegría aún en las dificultades.

Como hijo de Don Bosco, el salesiano debería caracterizarse por un equilibrio personal y por unas relaciones humanas llenas de jovialidad, sinceridad, comprensión, capacidad de amistad y de afecto verdadero y maduro. Todo esto es enriquecido por el estilo de relaciones fraternas y educativas propias del espíritu de familia que nos distingue como salesianos.

Naturalmente este camino no se puede llevar a cabo sin las mediaciones. Estas son diversas. Hay que encontrar los primeros acompañantes para iniciar el camino. Pensando en el salesiano de hoy, se necesita, cada vez con más urgencia, un verdadero discernimiento y acompañamiento[19]. Será importante el papel de la comunidad, los seglares de la CEP, los miembros de la Familia Salesiana y los hermanos de la propia Inspectoría, pero ante todo, especialmente en los primeros años, la eficacia de toda renovación formativa dependerá en gran medida del clima que hemos descrito, de un verdadero discernimiento, de un acompañamiento continuado, y de la capacidad de los formadores. Estos han de ser muy conscientes de que la formación de los hermanos también estará influenciada por su modo de pensar y obrar. Por eso, necesariamente, hemos de seguir planteándonos siempre cómo conseguir los mejores equipos de formadores, que sean equipos estables, no improvisados, que se van preparando para este ministerio. Formadores con personalidades diversas y complementarias, pero muy sólidos en su ser salesianos.

Sabemos también, y este es sin duda un gran desafío en toda la Congregación, que la formación debe ser el resultado de la acción acorde de todos los hermanos: de las comunidades formativas de las Inspectorías, pero también de las comunidades de vida activa de cada Inspectoría. Todos debiéramos sentirnos de tal manera comunidad formadora que, a través de la misma vida cotidiana, comunicáramos a los hermanos jóvenes los auténticos valores de la vocación salesiana y la alegría de vivir como hijos de Don Bosco.

Pensar en el perfil del salesiano para los jóvenes de hoy y, por lo mismo, pensar en su formación, nos va a poner frente a algunos desafíos[20] conocidos y algunas prácticas que debiéramos corregir:

→ Una formación entendida como sucesión de etapas que terminan con la profesión perpetua o la ordenación presbiteral, sin haber llegado a realizar un camino profundo y personal de identificación con la vocación.

→ Una formación entendida, sobre todo y prioritariamente, como la adquisición de conocimientos académicos filosóficos, teológicos, pedagógicos y psicológicos.

→ Confundir la vocación salesiana con un proyecto individual que relativiza los consejos evangélicos, y olvida la importancia que tiene para nosotros la fraternidad evangélica (que debiera ser el rasgo distintivo de cada comunidad en las Inspectorías).

→ Unos ‘formadores’ incapaces de transmitir de modo evidente los valores de la vida consagrada y ministerial; y que, además,  no saben acompañar ni ayudar en el discernimiento.

→ Una falta de alegría y de vitalidad en las comunidades apostólicas, con poco diálogo, afecto fraterno y experiencia cotidiana de Dios.

b) Misión y Comunión

Estamos observando, con responsabilidad y preocupación, que no pocas veces nos falta una dirección y finalidad en los procesos de formación. Fácilmente se piensa en la formación como una fase o etapa de la vida salesiana que termina con la conclusión de los estudios. Se supone erróneamente que, con la obtención de un diploma o una licenciatura, ya estamos formados.

Con humildad debemos reconocer que, en la Congregación, no siempre hay una clara comprensión ni la praxis consiguiente de ser formados para y en una misión, y para y en una comunidad (en la que hemos de entender tanto la comunidad religiosa salesiana como la Comunidad Educativa Pastoral-CEP).

En cambio, cuando se entiende la formación como respuesta permanente (para toda la vida) a Dios que nos llama para ser siervos de los jóvenes y profetas de fraternidad, entonces hay una dirección clara y un finalidad en todos los procesos formativos, y tanto la misión como la vida en comunión tienen claras esa dirección y finalidad.

Algunos indicadores, que nos hablan del riesgo que tiene la formación de estar alejada de la misión y del valor de la vida fraterna y, por lo tanto, de la verdadera formación del perfil del salesiano para los jóvenes de hoy, son:

Identificar ‘misión’ con ‘trabajo’, olvidando que nuestra misión en la Iglesia es la de ser signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, acercarlos a Cristo, llegando mucho más allá de los servicios sociales que podamos prestar.

→ Hermanos que no ven el acompañamiento de los jóvenes y el discernimiento vocacional como parte integral de la pastoral juvenil.

→ Propuestas de formación de nuestros hermanos jóvenes que dan una importancia secundaria o casi inexistente a las experiencias pastorales entre los jóvenes, especialmente los pobres. ¡Qué lejos está esto del pensamiento que tenía Don Bosco, quien consideraba que el salesiano no debería formarse fuera de la vida real, ni siquiera durante el noviciado!

→ Programas de formación en los que es muy poca la reflexión real sobre las experiencias pastorales de los formandos y donde estos no son acompañados en su ministerio pastoral.

→ Programas de formación en el que los profesores se ven solo como docentes y no como formadores, lo cual nos habla de la necesidad de tener verdaderos formadores, además de docentes.

→ Situaciones donde el tirocinio resulta simplemente una etapa de trabajo en una comunidad local, pero no una fase importante de formación donde la experiencia que se vive es acompañada y contrastada, y donde se cuenta con la ayuda y el testimonio de toda la comunidad.

→ Comunidades formadoras que viven al margen o son indiferentes en relación con los enormes y cruciales desafíos misioneros de la Iglesia y de la Congregación.

c) Equipos formativos de calidad - [21]

La formación del salesiano para los jóvenes de hoy requiere de equipos formativos que sean consistentes en calidad y en cantidad, con armonía y unidos.

‘Calidad’ quiere decir: formadores que sepan ‘hacer experiencia de los valores de la vocación salesiana’ para después acompañar la vida de los jóvenes candidatos y de los salesianos. La ‘calidad’ exige formadores que vivan su vocación salesiana consagrada con alegría y que sepan transmitir esa misma alegría y felicidad; formadores que hayan aprendido el arte de discernir la voz del Espíritu en la vida cotidiana, y que sepan reconocer la presencia de Dios en la vida de los jóvenes; formadores que sean auténticos y honestos, aunque no sean perfectos, con una buena dosis de paciencia y respeto. La ‘calidad’ pide formadores que sepan acompañar todo lo que se vive: la experiencia de vida comunitaria, la oración, el apostolado, la vivencia de los consejos evangélicos. La ‘calidad’ se refiere también a formadores que sepan trabajar en equipo, entorno al director o al encargado de cada etapa formativa.

Y cuando hablamos de formadores, pensamos también en los seglares, hombres y mujeres, y en las familias, que deben estar presentes en los procesos de formación. Cuando estas personas forman parte de la Familia Salesiana o bien han tenido una formación salesiana, llegan a ser recursos preciosos en la formación de los jóvenes salesianos.

Naturalmente, al igual que en los anteriores temas debemos tener la lucidez necesaria para percibir los puntos débiles que encontramos, la humildad suficiente para reconocerlos y la voluntad congregacional de querer dar pasos para superarlos.

Algunas de las situaciones problemáticas y de los riesgos que encontramos son:

·         Obras complejas con pocos hermanos disponibles para asumir la formación inicial, y con equipos formativos numéricamente débiles, es una realidad extendida.

·         Hermanos preparados para ser docentes en las etapas formativas (principalmente en los estudios de filosofía o teología), pero no preparados para la formación y el acompañamiento espiritual.

·         Hermanos de las casas de formación, llamados “formadores”, que son incapaces de dialogar con los jóvenes salesianos.

·         Formadores que no muestran pasión por Dios y por los jóvenes.

·         Un modelo ‘vertical’ de formación que no toca el corazón, las motivaciones, las actitudes y las convicciones.

·         Formadores con poca experiencia pastoral.

·         Una pastoral inspectorial más de actividades que de procesos.

·         En algunas Inspectorías, países y culturas sigue habiendo “casas de formación” en las que formadores y formandos viven como “dos clases” muy distantes entre sí, y que están muy lejos del espíritu de familia que Don Bosco quería y del clima oratorio que él tanto amó y cuidó.

2.3. Junto a los laicos en la misión y en la formación

Después de muchos años de camino de misión compartida con los laicos en la CEP, la Congregación necesita realizar una valoración del camino recorrido, de los logros alcanzados y también de las resistencias que se han dado, ya que la misión compartida con los laicos se muestra a todas luces, máxime desde el CG24, como un verdadero camino de identidad carismática y el único modo de llevar a cabo hoy la misión salesiana ante la complejidad del mundo, y la diversidad de contextos en nuestras presencias.

Otro elemento que ponemos ante nuestra reflexión hace referencia al sujeto mismo de la misión, que ya no puede ser considerado exclusivamente ni el salesiano ni la sola comunidad religiosa salesiana como núcleo animador, sino que debe contemplarse como la integración de los salesianos consagrados y de los laicos, conjuntamente, tanto en la misión como en la formación para la misma.

2.3.1. Logros y resistencias en la misión compartida con los laicos - [22]

En el camino recorrido por la Congregación en todos estos años la realidad es muy diversa. Existen países e Inspectorías en los que se ha ido haciendo realidad gran parte del camino abierto por el CG24 y todo el magisterio, también precedente y posterior de la Congregación. Los logros son muchos y ponen en evidencia que lo discernido en los diversos Capítulos Generales y las orientaciones emanadas de la Congregación no solamente son posibles sino que en algunas partes del mundo se evidencian como el único modo y camino capaz de asegurar el carisma de Don Bosco en favor de los jóvenes que nos necesitan. Hemos aprendido mucho, hemos recogido muchos frutos y la Congregación debe mostrar los logros obtenidos por el bien de la misión.

Pero también es cierto que en este camino de las Comunidades Educativo Pastorales, un dato que emerge en otras partes del mundo y otras Inspectorías es el de las resistencias a la misión compartida con los laicos, y más aún las resistencias a la formación conjunta con vistas a la común misión juvenil. Este dato pone claramente de manifiesto que el camino realizado, la velocidad del mismo y los pasos dados son diversos y variados, tanto como para poner esta cuestión en un primer plano al hablar de salesianos y laicos, juntos.

Emergen modelos pastorales ligados a la misión, también muy diferenciados y variados, que llevan consigo confusión y, a veces, un inadecuado conocimiento de los estados de vida del cristiano y una inadecuada valoración del consagrado y del seglar frente a una visión cristiana correcta y sinérgica.

Coexisten modelos de gestión erróneos y equivocados (en los que nos sentimos ‘patronos y dueños’, nos sabemos y sentimos ‘jefes’ y ostentamos ‘el poder’) con otros en los que los modelos pastorales son correctos y acertados carismáticamente (presentándonos como ‘guías’, acompañantes y formadores en el sistema educativo y evangelizador salesiano). A veces encontramos ánimo y esperanza para seguir haciendo realidad este modelo, pero, en otros casos, da la impresión de que se ha llegado a un cansancio que, sin fuerzas y sin visión educativo pastoral, nos lleva a pasar de una sinergia de comunión a una ‘división de poderes’.

Estas resistencias a veces son profundas y tocan directamente el modelo de ‘Iglesia de comunión’ que, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia intenta llevar adelante en la comprensión de sí misma, y de la que nosotros, naturalmente, somos parte haciendo este camino.

Estas resistencias profundas exigen de nosotros detenernos para interrogarnos, para hacer un diagnóstico valiente acerca de los logros y también de las dificultades encontradas en la vida cotidiana salesiana. Es lo que queremos hacer en el CG28. Tal diagnóstico es necesario, porque, en algunas partes, las situaciones de resistencia no son declaradas, o ni siquiera percibidas, y se consideran como algo normal, que debe ser así.

2.3.2. Reciprocidad en las relaciones entre salesianos y laicos - [23]

En las relaciones entre salesianos y seglares entran en juego elementos comunes como el sentido de pertenencia a la misma comunidad educativo-pastoral, el compartir el carisma de Don Bosco, la misma fe cristiana en muchos casos, la confianza en la eficacia de la práctica del sistema preventivo. Cuantos  más son los elementos comunes en las relaciones entre salesianos y laicos, más sólida es la relación, y la convergencia educativo-pastoral no solo resulta más fácil sino también más rica.

Somos conscientes de las diferencias existentes entre salesianos y laicos: diferencias de vocación, diferencias de estado de vida…, diferencias que ofrecen una aportación específica propia y son una riqueza; diferencias que pueden y deben contribuir mucho más a la armonía que a la separación o división.

Entre los mismos laicos de las presencias salesianas del mundo encontramos importantes diferencias: creyentes de fe cristiana y otros pertenecientes a diversas religiones o indiferentes; miembros de la Familia Salesiana, seglares realmente corresponsables en la misión y otros que se sienten ‘simples’ subordinados; jóvenes inmersos en el carisma y jóvenes alejados o indiferentes, dentro de la misma obra; voluntarios y contratados; familias cercanas y otras desvinculadas…

Reconocer tanta diversidad y las diferencias existentes es el punto de partida para imaginar, soñar y seguir construyendo un camino común en nuestras comunidades educativo-pastorales, con la mayor participación y contribución posible, resaltando de modo singular y positivo las contribuciones que nos vienen también de la propia condición de hombre y mujer, en la que, seguramente, la presencia educativa de la mujer[24] y su contribución debe tener un mayor reconocimiento.

Se debe subrayar otro componente esencial de las relaciones entre salesianos y laicos en la misión compartida. Es la reciprocidad. La reciprocidad ayuda a superar las distancias, la asimetría que se deriva de la diversidad de funciones y el sentido de superioridad que a veces se tiene. La reciprocidad se debe construir sin difuminar las diferencias: el salesiano debe conservar siempre su propia identidad consagrada y no ‘hacer de laico’, y viceversa. La reciprocidad nos ayuda a vivir relaciones fraternas y de amistad, cargadas de humanidad y de madurez, respetuosas para con las personas y sin ‘traicionar’ lo más propio y singular de cada uno.

Esta reciprocidad es un hecho y da los mejores frutos cuando no se cae en algunas tentaciones:

Por parte de los salesianos, en ocasiones, se da una fuerte mentalidad de ‘patrón’ más que de servidor de todos. Todos somos siervos de la misma misión en la Iglesia y en el mundo, y nuestra mirada común debe ir dirigida siempre a nuestros jóvenes y, especialmente, a quienes de entre ellos más nos necesitan. Cuando se tiene una adecuada visión y asimilación del carisma, es evidente que los seglares no son nuestros siervos ni simplemente nuestros ‘empleados’ (por más que la mayoría de las veces, salvo en casos de voluntariado, la relación sea también de contrato laboral). Pero puede ser mucho más que eso. Debemos estar muy atentos a esta tentación así como al peligro de ‘clericalizar’ a los laicos. El clericalismo, lejos de dar impulso a las diversas propuestas y contribuciones, va apagando poco a poco el fuego profético del que la Iglesia es llamada a dar testimonio en el corazón de los pueblos. Es oportuno reconocer en este mal una visión parcial o distorsionada y una no aceptación consciente o inconsciente de la eclesiología de comunión que pide igual dignidad para todas las vocaciones.

A su vez, algunos laicos experimentan con fuerza la tentación de querer hacerse con el control y dominio que, en ocasiones, han reprochado a los mismos salesianos. Puede ser un modo, consciente o inconsciente, de decir: ¡es nuestra hora!, en este momento nos toca mandar y tener el ‘poder’ a nosotros. Así planteado no nos puede llevar a nada bueno, porque se traiciona de igual manera el carisma y la corresponsabilidad en favor de nuestros destinatarios.

El camino, el único camino, será la identidad carismática que se debe garantizar y asegurar siempre, y ese liderazgo compartido que dependerá tanto de la capacidad de las personas y de las circunstancias, como de la formación, y en el que habrá de desarrollarse un sistema de acompañamiento entre salesianos consagrados y seglares y un sistema de control y monitorización de la gestión de las obras, de las diversas funciones, y de la misma economía.

2.3.3. Formación conjunta de salesianos y laicos - [25]

A partir del CG23, se pedía a las Inspectorías la realización del Proyecto Laicos. El CG24 pedía la elaboración de un Programa de Formación salesianos consagrados-laicos[26] con los respectivos contenidos, definición de las funciones, intervención de los Inspectores y las respectivas estructuras de animación inspectoriales.

En los últimos veinticinco años muchas Inspectorías han desarrollado planes diversos de formación específica para los laicos (y a veces para salesianos y seglares conjuntamente), según sus propias necesidades, de cara a la misión. La formación de los laicos incorporados por primera vez a la obra salesiana (docentes, educadores, maestros, personal de servicios, trabajadores sociales…) se ha visto como un verdadero desafío. En ocasiones, ante la complejidad de algunas presencias salesianas se ha desarrollado más una formación sistemática dirigida a aquellas personas que debían  prestar un servicio de liderazgo (directores laicos, coordinadores de pastoral, administradores...).

Se ha hecho notar en diversos encuentros interinspectoriales, o en algunas de las Visitas de Conjunto, que existen grandes diferencias de cualidad o de desarrollo en este campo, y hay quien lo atribuye a la falta de un referente ‘central’ al servicio de toda la Congregación, al cual se podrían dirigir las Inspectorías. En los últimos Capítulos Generales no se ha afrontado esta cuestión de un modo resolutivo, si bien en ocasiones se ha hecho notar. El próximo Capítulo General 28 tendrá la posibilidad de decir una palabra al respecto o de tomar determinaciones, si lo creyese oportuno.

Basados en el modelo de comunión misionera de la Iglesia, enriquecida por la diversidad de carismas y el mayor conocimiento de los mismos, aceptamos el principio de base de que tenemos necesidad los unos de los otros intercambiando los dones propios de cada vocación específica, ya sea laical o de consagrados. Un enriquecimiento recíproco pide de todos la humildad para aprender, el espíritu de escucha y la disponibilidad para cualificarnos más y hacer caminos de formación de cara a compartir el carisma salesiano y la práctica del sistema preventivo, ya sea en el ambiente de las propias casas salesianas o incluso en las propias familias, porque su influencia positiva traspasa muchas fronteras que son más teóricas que de vida.

2.3.4. Las obras de gestión compartida o asignadas a los laicos - [27]

El CG24 abordó este mismo punto refiriéndose a ‘algunas situaciones nuevas’ y ofreciendo algunas orientaciones y criterios[28], pero, como suele ocurrir, la vida de los veintidós años transcurridos hasta hoy nos ha llevado por caminos quizá ni siquiera pensados en aquel momento. La realidad existente es muy diversa:

→ En cuanto a los sectores que se atienden, se trata de escuelas, obras sociales, oratorios…

→ En cuanto a la colaboración de los salesianos consagrados en estas obras de gestión laical: algunas cuentan con un salesiano que está presente todos los días; en otras, el salesiano se hace presente algunas horas a la semana, en otras es el encargado inspectorial quien se hace presente algunas veces al año.

 → En cuanto al funcionamiento: algunas han dado vida a la Comunidad Educativo Pastoral (CEP) y su consejo; otras cuentan con un consejo de la obra solamente con laicos y otras tienen un consejo de la obra con laicos y la presencia de un salesiano.

→ En cuanto a la relación con el Proyecto Inspectorial: algunas obras tienen una comunidad salesiana de referencia; otras se remiten solamente al Inspector con su Consejo; otras están reagrupadas con el criterio de la cercanía territorial y cuentan con un salesiano de referencia.

→ En cuanto al modelo de gestión: existen obras de gestión laical que responden directamente al Inspector con su Consejo; otras cuentan con un estatuto proprio y singular para sí mismas y otras forman parte de un grupo de obras que vienen reguladas por un estatuto particular para ese grupo de casas.

→  En cuanto al modelo de acompañamiento de las obras: algunas reciben la visita inspectorial del mismo Inspector. Otras reciben la visita del delegado del Inspector, ya sea en la persona del Vicario del Inspector, del Coordinador Inspectorial de Escuelas o de algún otro nombrado a tal fin. Otras no tienen ninguna visita inspectorial y el acompañamiento y control se hace solamente por medio de la gestión económica y financiera que realiza el ecónomo inspectorial, y cierta animación pastoral de la Delegación Inspectorial de Pastoral Juvenil.

En lo que se refiere al servicio que prestan y la presencia de los salesianos consagrados en las obras confiadas a los laicos, existen visiones diferentes y están teniendo lugar diversas tendencias:

→ Extrañamente, en alguna Inspectoría se piensa que una vez que se ha establecido la gestión laical de una obra, los salesianos consagrados ‘no deben poner más los pies’ en ella; es decir, se cree que su presencia ya no es necesaria.

→ En otras, los salesianos consagrados participan solamente con una presencia ministerial, litúrgica y de acompañamiento de los jóvenes.

→ En otras, un salesiano es miembro del Consejo de la CEP.

En la variedad de este mosaico, con el que las Inspectorías han intentado plasmar en la práctica lo indicado por el CG24 según las situaciones, urgencias, necesidades y contextos locales, todo parece apuntar a que necesitamos armonizar la reflexión y la praxis para que, en el futuro, el perfil del salesiano para los jóvenes de hoy y la misión que compartimos salesianos consagrados y laicos pueda asegurar lo único importante: ser respuesta viva y digna, carismática y fiel, en el servicio a los destinatarios de hoy. Esto pide de nosotros visión, y capacidad de reflexión y decisión, porque de lo contrario las urgencias de la vida nos llevarán por caminos que no pensamos.

Muy probablemente también en esto, el CG28 tendrá una palabra que decir al respecto y alguna determinación que tomar, máxime cuando los datos nos hablan de que, en alguna parte de la Congregación, las obras de gestión laical ya son tan numerosas que alcanzan casi la mitad de las presencias que cuentan con comunidad salesiana.

El otro camino importante, y que sin duda se puede desarrollar más aún (puesto que es incipiente), es el de la misión compartida con alguna otra rama de la Familia Salesiana (de los 31 grupos que la integramos), o la asignación total de aquellas presencias que aseguren la identidad carismática y el servicio a la Iglesia local y a la sociedad en que están ubicadas.

3. LA ‘HORA’ DEL CG28

Puedo aseguraros, hermanos, que el Consejo General y yo mismo, de modo muy particular, tenemos una gran esperanza puesta en el CG28, continuación del significativo camino que nuestra Congregación ha recorrido en los ocho últimos Capítulos Generales, fruto del compromiso de renovación de la vida consagrada promovido por el Concilio Vaticano II[29].

El CG28 puede ser un Capítulo en el que, más que poner la mirada en un tema eclesial o de vida religiosa que consideráramos no suficientemente profundizado, queremos dirigir, con realismo,  dicha mirada a orientarnos con valentía, decisión y determinación en el camino que debemos recorrer en este presente del siglo XXI, un tiempo eclesial muy especial de renovación y purificación, a fin de:

  1. Dar, de hecho, la prioridad  y centralidad de nuestras opciones en la misión salesiana a los adolescentes y jóvenes más pobres y necesitados, a aquellos que, porque no tienen voz, necesitan de la nuestra y de nuestras opciones en favor de ellos. Dar también la prioridad al acompañamiento de tantos miles y miles de adolescentes y jóvenes de esta era digital que se mueven en ‘otro universo’ del que no podemos ser ajenos, y que nos piden presencia afectiva y efectiva y acompañamiento, para ellos y quizá también para sus familias.
  1. Continuar formándonos todos, y acompañar especialmente la formación de los jóvenes salesianos de hoy y de mañana para que el deseo de sus corazones sea el de ser ‘otros Don Bosco hoy’ apasionados por Cristo, por esta humanidad tantas veces doliente y por sus jóvenes. Salesianos en proceso permanente de fidelidad, para quienes la tentaciones de superficialidad, banalidad, ostentación, clericalismo, poder y confort sean puestas en evidencia y erradicadas, porque los jóvenes de hoy, que son quienes nos salvan de todo esto, necesitan sobre todo al salesiano educador-pastor, amigo, hermano y padre que sencillamente, porque vive lleno de Dios, da la vida sin buscarse a sí mismo.
  1. Avanzar con ‘pasos de gigante’ en aprovechar todo el potencial apostólico que tenemos los salesianos consagrados y los laicos , en misión compartida, atreviéndonos a diagnosticar lo que no nos ha permitido, hasta el día de hoy, desarrollar plenamente esta visión profética que ha tenido nuestra Congregación y que será decisiva en el futuro para el crecimiento de la misión, de la fuerza pastoral de la Congregación y de la calidad de vida consagrada de cada salesiano, como consagrado ‘más libre de’ y ‘más libre para’, como fue la de Jesús el Señor.

Estoy convencido de que, en la gran mayoría de los hermanos, es fuerte el deseo de una mayor autenticidad humana, una profundidad espiritual más intensa y una coherencia vocacional más radical. Pidámosle al Espíritu Santo que la oportunidad del Capítulo General 28 sea una ocasión para dar el paso del deseo a la acción, al plantearnos: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy?

Concluyo esta carta de convocatoria del Capítulo General invitándoos a invocar al Señor con la intercesión de María su Madre[30], Madre también de la Iglesia y de nuestra Familia Salesiana, entorno a la cual Don Bosco quiso construir sus comunidades y obras como verdaderas familias.

Señor Jesucristo,

que diste a Don Bosco

como Madre, Maestra y Auxiliadora,

a tu  Madre Santísima;

y por su medio le indicaste

el campo de misión

y le inspiraste la fundación de nuestra Sociedad:

sigue mirando con benevolencia esta familia tuya,

y haz que sintamos siempre viva entre nosotros

la presencia y la acción de María,

Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los cristianos.

Puestos en sus manos y guiados por ella,

concédenos ser, entre los jóvenes,

testigos de tu amor inagotable. Amén.

 


[1]     Const. 146.

[2]     Cf. Const. 146.

[3]     CGE, 127.

[4]     Cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium 55, 57.

[5]     Carta del Santo Padre al reverendo padre Ángel Fernández Artime (24 de junio de 2015).

[6]     Cf. CGE, 18.

[7]     Const. 2.

[8]     Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 53.

[9]     CG21, 163.

[10]   Cf. CGE, 83,1.

[11]   Cf. Const. 26.

[12]   CGE, 90.

[13]   El Proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco, Editorial CCS,  Madrid 1987, 145.

[14]   Cf. Const. 6.

[15]   Cf. Const. 40.

[16]   Cf. Const. 24.

[17]   Cf. GS, 4-10.

[18]   Cf. Const. 11, 12; Cf. CGE, 667; Cf. CG25, 191;  Cf. CG27, 67.3.

[19]   Cf. Sínodo de los Obipos: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, Vaticano 2017, capítulos II y III.

        Cf. CGE, 673, 678; Cf. CG23, 155, 250, 252.

[20]   Cf. CG21, 247.

[21]   Es interesante conocer lo que dicen los propios formadores salesianos en un reciente estudio llevado a cabo después de una gran encuesta hecha a los formandos y formadores de nuestra Congregación. Cf. BAY, Marco: Giovani, salesiani e accompagnamento. Risultati de una ricerca internazionale, LAS, Roma, 2018, 377-420.

[22]   Cf. CG24, 19-21, 30-31, 36.

[23]   Cf. CG24, 106, 117.

[24]   Cf. CG24, 25,33,74,166,177-179.

[25]   Cf. CG24, 43,55,101,103,138,140.

[26]   Cf. CG24, 145.

[27]   Cf. CG24, 39,44-47, 180-182.

[28]   CG24, 180-182.

[29]   ACG 394, pp. 28-31.

[30]   El Proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco, Editorial CCS,  Madrid 1987, pág.164.