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ACG 428 - Haciendo Camino de Fidelidad

 CARTA DEL RECTOR MAYOR

 

HACIENDO CAMINO DE FIDELIDAD

Un saludo ante la proximidad del CG28

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1. LA HORA DEL CG28 Y LOS JÓVENES.

2. ¿CÓMO ESTÁ NUESTRA CONGREGACIÓN?

Debilidades que se manifiestan con más claridad.

3. LA DIMENSIÓN MISIONERA DE LA CONGREGACIÓN ES UNA FUENTE DE ESPERANZA.

Mis queridos Hermanos:

En mi reciente carta sobre la convocatoria del CG28, fruto de la reflexión del Consejo General del mes de abril y de mi mirada personal sobre la Congregación, os decía que lo que consideramos como una hermosa oportunidad que, sin duda, lo mismo que todos los Capítulos Generales, va a ser, para nuestra Congregación Salesiana, un paso hacia adelante en el camino de fidelidad al Señor, tras las huellas de Don Bosco.

En el número 427 de las Actas del Consejo General se explicitaban y concretaban muchos elementos a tener en cuenta en cada una de las Inspectorías y Visitadurías de cara al Capítulo General.

Ahora aprovechamos la publicación del número 428 para hacer llegar otras reflexiones y deliberaciones del Consejo General, así como la información acerca de la actividad y servicios de animación del Rector Mayor y de todos los miembros del Consejo General.

Para mí, es otra oportunidad de saludaros, queridos hermanos, con una carta más coloquial, de comunicación fraterna y espontánea. Debo confesaros que me siento muy identificado con el modo de escribir de los primeros Rectores Mayores quienes, en contextos muy diferentes de los nuestros, escribían las cartas a los hermanos con un tono tan familiar y cercano que pareciera que tenían a todos los miembros de la Congregación ahí mismo, ‘al alcance de la mano’, como si vivieran todos en Valdocco. Esta grata sensación la he experimentado leyendo muchas de las cartas de Don Rua, don Albera, o Don Rinaldi.

 

1. LA HORA DEL CG28 y LOS JÓVENES

De esto ya hablé en la carta de convocatoria. El próximo Capítulo General llama a nuestras puertas pidiendo su preparación en cada una de las Inspectorías y Visitadurías. Puedo aseguraros que como Consejo General lo estamos contemplando con gran esperanza, y no dudamos de que va a ser otro tiempo de gracia y de soplo del Espíritu Santo para nuestra Congregación.

 

En los meses transcurridos hasta el día de hoy puedo dar testimonio de la gran cantidad de mensajes que nos han llegado, tanto de Inspectorías como de hermanos particulares, agradeciendo el tema elegido y animándonos a prepararlo y vivirlo como una gran oportunidad para continuar por el camino de la fidelidad.

 

Desde la Secretaría General del Capítulo os ha llegado la petición de organizar en cada lugar, en cada Inspectoría o Visitaduría, la consulta a los jóvenes de nuestras presencias. Yo quisiera acentuar esto último.

 

Hermanos, preguntemos a los jóvenes, a todos los jóvenes, unas veces a los más cercanos, otras a los más alejados de nosotros (o nosotros de ellos). Preguntémosles qué esperan de nosotros, qué necesitan de nosotros, en qué podemos ayudarles y en qué pueden ayudarnos ellos para crecer siempre en fidelidad al Señor, como Don Bosco. No dejemos pasar esta oportunidad. Ellos pueden ser los otros protagonistas de nuestro Capítulo, y dado que su presencia en las asambleas capítulares será, a lo sumo, ‘simbólica’ porque no dispondrán del tiempo que nosotros nos damos, sí podrán estar presentes con su palabra juvenil directa, valiente e incluso ‘atrevida’; palabra que nosotros acogeremos con un corazón bien dispuesto.

 

A modo de ejemplo, y en el estilo coloquial del que os hablaba antes, quiero compartir con todos vosotros dos mensajes que me han llegado recientemente. El primero, de hace unos días, es una comunicación personal en facebook, y el otro, un testimonio recibido en una de las últimas visitas que he realizado.

Os transcribo ambos mensajes tal como los han escrito los jóvenes, incluso con la misma redaccion gramatical. En el primero decía una joven animadora:

«Carissimo don Ángel,

Mi querido don Ángel, acabo de ver su mensaje respecto al Capítulo General 28 y he decidido escribirle solo para contarle alguna cosa; el tema para el Capítulo me ha parecido maravilloso. Ya me había tomado algo de tiempo para pensar un poco sobre esa figura del salesiano que necesita nuestra realidad y nosotros los jóvenes, inspirándome en la experiencia personal que he tenido con los salesianos que me han acompañado a lo largo de mi desarrollo. Y es que me parece que el Capítulo es algo que tiene un impacto directo en nosotros, jóvenes en formación-acompañamiento o ya jóvenes animadores, puesto que somos muy sensibles hacia los gestos que puedan tener con nosotros.

Y es que, no le voy a mentir, algunas veces me he sentido un poco triste pues aparentemente para algunos salesianos parecen más importantes otras cosas, como las cuentas, el material de las casas, la economía, los edificios o establecimientos etc.

Pero al ver que se hace una llamada a priorizar las cosas del corazón, me llena de alegría, en verdad me llena de mucha esperanza el hecho de que desafíe a salir de la zona de confort pues necesitamos Salesianos convencidos, soñadores, apasionados, que sean testimonio vivo del amor de Cristo, y que sean para nosotros un ejemplo de todo lo que Don Bosco profesaba.

Creo que así podemos enamorarnos cada vez más de este estilo de vida, y así hacer crecen aún más nuestra hermosa familia salesiana, claro que poniendo nosotros nuestra parte.

Los llevo en el corazón. Con mucho cariño. P.

En mi última visita a México, un miembro del Movimiento Juvenil Salesiano, me entregó el escrito siguiente, después de leerlo en público:

Hola don Ángel. Antes de nada quiero saludarlo y agradecerle todo lo que hace. Es un verdadero placer poder compartir un poco de mi comunidad salesiana y mi experiencia como joven del movimiento salesiano.

Mi nombre es A.K. y tengo 23 años de edad, originaria de la franja fronteriza de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Verdaderamente es todo un reto escribir estas palabras y saber que serán leídas por el sucesor de Don Bosco, nuestro amado Don Bosco, la persona que ha inspirado a miles de jóvenes a convertirse por amor a Dios a vivir experiencias inolvidables y conocernos más íntimamente.

Le cuento que llevo conociendo a los salesianos 10 años. Tuve la gran bendición de ver nacer un Oratorio desde un completo basurero; la dicha de ver cómo poco a poco se fue formando una comunidad que tenía ganas de trabajar, de hacer la diferencia, de hacer crecer un espacio de alegría, convivencia y paz para nuestros niños y jóvenes, un lugar donde amar a Cristo libremente, entregando tiempo y esfuerzo.

A lo largo de este tiempo ha costado mantener un Oratorio vivo, rodeado por ambiente de drogas, alcohol, narcotráfico, migración ilegal y donde los más expuestos son los chavos (los chicos y chicas). Es difícil la lucha que se vive día a día, una lucha de todos.

Es digno reconocer el apoyo de la comunidad salesiana y voluntarios que nos acompañan, y que buscan liberar a jóvenes de estas situaciones. Pero así mismo existimos jóvenes que estamos enamorados de Jesús y de Don Bosco, jóvenes que hemos encontrado un segundo hogar, nuevos amigos y donde podemos expresarnos y divertirnos sanamente.

Es por ello que los jóvenes de Nuevo Laredo queremos decirle a Don Bosco que nosotros quisiéramos ser así de valientes, en el soportar tantas cosas sin desesperarse y nunca rendirse, luchando siempre por sus sueños aún sin imaginar que tan lejos podría llegar. Muchos de nosotros aún nos preguntamos cómo es que entre tantos hemos sido elegidos para conocer y vivir dentro de un Oratorio, y dentro de él aprendiendo a compartir su ejemplo.

Nos apasiona saber cómo dedicaste tiempo y vida para los más necesitados, regalándoles un lugar donde convivir, enviando personas que nos siguen transmitiendo esa energía para creer en Jesús y vivir según tu ejemplo.

Muchos de nosotros no nos imaginamos una vida sin Don Bosco, sin Salesianos, y podemos afirmar que no estaríamos enamorados de Dios, de una manera ‘super alocada’, llena de risas y grandes experiencias sin él. Don Bosco, tú has guiado a los perdidos que sin saber el rumbo de su vida han encontrado la respuesta dentro de esta casa, escuela, iglesia y patio.

Por eso ahora quiero decirte, querido Don Bosco, gracias por motivar siempre a los jóvenes; y quiero agradecerte el mantener viva a mi ‘Gran Familia Salesiana’ donde he pasado los mejores momentos de mi vida, donde he conocido personas maravillosas de las cuales sigo aprendiendo, principalmente la dicha de amar a Dios de una manera que nunca pensé; la dicha también de ser yo, haciendo lo que me gusta, sin miedos ni vergüenzas ante los demás, viviendo simplemente al máximo este carisma salesiano y así poder decir que mi opción es Cristo, al estilo de Don Bosco.

Las dos comunicaciones nos dicen lo importante que es para estos jóvenes el camino de vida que vienen haciendo en el ambiente salesiano en el que se mueven y cómo ese ambiente les ha llevado, y les sigue llevando, al encuentro con Jesús; pero también cómo desean que estemos a su lado, que hagamos camino con ellos, especialmente para lo más importante, para lo más profundo, para lo que realmente toca sus vidas y sus corazones.

Mientras escribo esto pensaba: Si el testimonio de dos jóvenes (entre los miles que nos dirán qué esperan de nosotros) nos dice tanto, llegar al Capítulo General contando con su palabra y sintiendo los latidos de sus corazones, sin duda no dejará indiferente a la Asamblea Capitular, pues el Espíritu Santo nos hablará también por medio de ellos. Porque no olvidemos mis queridos hermanos que quienes dan plenitud a nuestras vidas, quienes realmente nos ‘salvan’ salesianamente, quienes nos moldean vocacionalmente son los jóvenes, los muchachos y muchachas del mundo a quienes el Señor nos llama y envía. No nos ‘salvará’ ni fortalecerá nuestra vocación lo que nos ocupe y entretenga alejándonos de los jóvenes. No nos hará más salesianos al estilo de Don Bosco la mera administración y gestión de programas y proyectos. Solo ellos, los jóvenes, harán nuestro corazón siempre más salesiano, al igual que los muchachos de Don Bosco, con la gracia de Dios, le hicieron ser el Don Bosco que dio hasta su último aliento por ellos.

Esta convicción sigue pidiendo de todos nosotros una presencia afectiva y efectiva entre ellos. Una de las expresiones del Volver a Don Bosco que tuvimos como programa de Congregación en años pasados, y que ha de ser para siempre, es esta presencia afectiva y efectiva entre los jóvenes. Lo cual supone, por nuestra parte, cuidar ese corazón salesiano que vibra ante la realidad de nuestros jóvenes, que sueña y espera siempre lo mejor para ellos, que quiere compartir su camino de vida, que responde a lo que se dice en los dos mensajes que os he copiado: que nos necesitan y quieren que estemos a su lado, acompañándolos en su camino.

Mis queridos hermanos, recorriendo el mundo salesiano regreso siempre conmovido y con el corazón muy lleno por el bien que la Congregación hace en todas partes. Y al mismo tiempo me digo: ¡Qué fascinantes serían el presente y el futuro de nuestra Congregación si todos y cada uno de mis hermanos salesianos, en cualquier lugar del mundo, hiciéramos cada día el propósito de ser y vivir cada vez más entregados a nuestros jóvenes!

Es evidente que la Congregación goza de buena salud general. Y al mismo tiempo pienso que se puede decir que la carta de Roma escrita por Don Bosco es siempre actual. Su llamada de atención es de suma actualidad, no porque no haya un clima salesiano en nuestras presencias, sino porque en eso siempre tenemos que exigirnos más, mucho más.

Nuestro orgullo debería ser que todo muchacho o muchacha, en cualquier casa salesiana del mundo, sintiera necesidad de la presencia del salesiano amigo, hermano y padre, y lo pudiera encontrar siempre.

Hermanos, sin dramatizar me atrevería a decir que en el mundo actual hay una cierta o gran ‘crisis de paternidad’. Son muy numerosos los indicadores de esto que los especialistas ponen de manifiesto en sus estudios. Pues bien, en las Casas salesianas, nuestros muchachos y muchachas tendrían que encontrar ese clima que, en libertad, les ayudara a crecer en todas las dimensiones de sus vidas. Tendrían que encontrar personas que les acompañaran en ese recorrer caminos en los que se sienten frágiles e inseguros. Tendrían que encontrar esos educadores, salesianos y laicos que, porque llevan a Don Bosco en el corazón y siempre ‘vuelven a él’, están dispuestos a acoger a cada joven en su situación, tal como se encuentra.

 

2. ¿CÓMO ESTÁ NUESTRA CONGREGACIÓN?

Esta es una pregunta que me hacen a menudo durante las visitas a las Inspectorías.

Obviamente una carta como esta no puede responder con la profundidad y extensión que exige el tema. En el CG28 presentaremos el Informe sobre el estado de la Congregación.

Lo que sí puedo deciros, con toda sinceridad y objetividad, es que la Congregación goza de buena salud. Seguimos recorriendo, o intentando recorrer, un sereno camino de fidelidad. Con nuestras fuerzas y fallos, como es natural, pero caminando tras las huellas de Don Bosco.

Las nueve «Visitas de Conjunto» realizadas hasta ahora han puesto en evidencia lo que digo y así ha quedado recogido en las comunicaciones presentadas al término de las mismas.

He recalcado insistentemente, consciente de que es solo una primera indicación no exhaustiva:

  • Los jóvenes siguen siendo el objetivo principal de nuestra misión, y han de serlo siempre más y más.

    Y sobretodo los jóvenes más pobres y necesitados. En estos años insistí muchísimo en recalcar esta prioridad. También los miembros del Consejo General han reforzado este mensaje en sus intervenciones en todo el mundo.

    Somos una Congregación suscitada por el Espíritu Santo para los jóvenes y, entre ellos, con prioridad absoluta, los más pobres y necesitados.

    No en todas las Casas salesianas del mundo los destinatarios son pobres. Muchas veces las familias son familias sencillas, humildes, trabajadoras. Pero incluso la presencia de otros muchachos menos necesitados, con su contribución está permitiendo ofrecer educación, formación y evangelización a otros muchos que no tendrían casi ninguna oportunidad si no se hubieran encontrado con Don Bosco y las Casas salesianas.

    Lo que sí vengo recordando a todas las Inspectorías del mundo es que cuando haya que hacer un discernimiento o tomar una decisión inspectorial del tipo que sea, se haga teniendo presente que tal decisión habría de ayudarnos a ser más fieles al carisma y a la opción prioritaria por los más necesitados. Y en caso de duda, si la hubiera, este ha de ser el camino: los más pobres y necesitados, como lo fue para Don Bosco.

  • Unido a la prioridad que damos a la presencia entre los jóvenes y la opción por los más pobres, la evangelización y educación en la fe ha de ser siempre una urgencia en nuestra Congregación. «¡Ay de mí si no evangelizara!»[1], dice el apóstol Pablo.

    No pocas veces nos sentimos limitados. Los diversos contextos sociales nos frenan en ocasiones, y no siempre sabemos bien cómo actuar o nos sentimos sin fuerzas… Pero los esfuerzos por llevar a cabo una verdadera evangelización y educación en la fe son reales.

    A esto se añade la sensibilidad por hacer llegar la misión salesiana también a las familias de nuestros jóvenes. Siempre hemos reconocido que trabajar pastoralmente con las familias es ‘una asignatura pendiente’. Nos lo recordamos continuamente y vamos dando pasos. Estos años han sido elocuentes en este sentido.

  • Un esfuerzo significativo se está haciendo en el ámbito de la formación, y particularmente en lo que tiene que ver con la formación de formadores,, sea para el prenoviciado, sea en la formación de los maestros de novicios, sea en la preparación de formadores para las etapas ulteriores.

    A esto se suma la tarea llevada a cabo en cuatro regiones de la Congregación, en diálogo con el Rector Mayor y su Consejo, para establecer un nuevo mapa de las casas de formación, tarea pendiente dados los cambios profundos experimentados en algunas Inspectorías en estos últimos años.

    Tal reorganización de las casas de formación se ha llevado a cabo en la Región de Interamérica, en la Región de América Cono Sur, y en las dos Regiones de Europa. Queda pendiente, pero con firme propósito de afrontarlo por parte del Rector Mayor y su consejo, en las Regiones de África y Madagascar, Asia Sur y Asia Este y Oceanía.

    Naturalmente el Capítulo General tendrá una palabra muy cualificada que decir acerca de la formación de los Salesianos, en respuesta al tema del Capítulo: «¿Qué Salesianos para los jóvenes de hoy?», y tendremos sin duda una magnífica oportunidad para ser más fieles también hoy, y responder a lo que el Señor espera de nosotros en un mundo y en una sociedad compleja donde el carisma salesiano es de suma actualidad y más necesario que nunca.

  • No es menor el esfuerzo que se está haciendo en la Congregación en cuanto a la Economía y a la transparencia económica en todas las partes del mundo. La realidad es desigual. Lo sabemos. Pero es importante saber que se están dando pasos muy significativos.
  • En la Comunicación Social la realidad de las Inspectorías es variada. Existen muchas que han dado pasos importantes para no reducir la comunicación social al uso de los medios tecnológicos, sino a valorizarla como lenguaje, como un medio para que la pastoral resulte más incisiva, y siempre con la clara opción de que el bien que se hace sea visible y que se conozca.

    En otras partes del mundo la realidad es más pobre y necesitamos seguir creciendo.

Debilidades que se manifiestan con más claridad

  • En toda la Iglesia, la mayor de todas, que yo me atrevería a decir que es común a la vida religiosa apostólica (o vida religiosa activa) es la debilidad con la que testimoniamos que somos consagrados, es decir, testigos de Dios. Que nuestra vida, por lo que somos y no solo por lo que hacemos, ha de hacer visible y transparente la humanidad de Dios en medio de la gente.

    Hermanos, si bien el CG27 abordó seriamente esta realidad, y hemos progresado, aún con todo sigue siendo uno de nuestros puntos más débiles. Nos sentimos más cómodos en hacer, en ser creativos, en gestionar y organizar, que en testimoniar con nuestro vivir, orar, hablar y trabajar, que somos consagrados de Dios. Me atrevo a calificarlo como ‘nuestro talón de Aquiles’.

  • Y también hemos de seguir creciendo en los próximos años en el sentido de identidad y pertenencia a nuestra Congregación.

    Creo que, al menos quienes ya no somos jóvenes en la Congregación, recordamos la advertencia que hacía don Egidio Viganò acerca del peligro del genericismo. Pues tres décadas después un peligro que se constata en algunos hermanos, —entre los que una parte importante son los hermanos presbíteros que buscan un obispo para incorporarse a su diócesis—, es justamente una débil identidad salesiana, con un pobre sentido de pertenencia. A veces estamos muy lejos de ese amor a Don Bosco del joven Juan Cagliero que dice: «¡Fraile o no fraile, yo me quedo con Don Bosco!»[2].

Hay otros dos elementos que considero muy importantes y de los que he hablado en las setenta Inspectorías y Visitadurías en las que he estado.

Desde los primeros meses de mi servicio como Rector Mayor vine intuyendo algo que compartí con el Consejo General y que después, juntos, hemos profundizado.

Mi gran sorpresa tuvo lugar cuando a finales de noviembre del 2016 el papa Francisco recibe a la Unión de Superiores Generales en audiencia privada. Fue un encuentro de más de tres horas del Santo Padre con 117 Superiores Generales, en el aula donde se celebran los Sínodos de los obispos.

El Papa nos habló de lo que llevaba en su corazón, como un padre habla a sus propios hijos, conociendo muy bien nuestra condición de religiosos; nos habló con toda libertad, sin grabaciones ni televisión ni otros medios, y nos transmitió su visión de la Iglesia y de la Vida Religiosa.

En un determinado momento el Santo Padre nos comunicó su preocupación por dos grandes problemas que afligen a la Iglesia. Con fuerza excepcional nos dijo que esos problemas se llaman clericalismo y búsqueda de poder..

Y de inmediato pensé en nuestra Congregación porque a veces estas tentaciones son tan fuertes que hay hermanos que sucumben ante ellas. Además ellas son tan sutiles y disfrazadas de servicialidad que pueden parecer un modo de actuar muy normal, adecuado y hasta correcto.

Cuando se dice clericalismo no tiene nada que ver con la condición de Salesianos presbíteros. En nuestra Congregación el noventa por ciento de los Salesianos son también presbíteros y es un modo hermoso de vivir la única vocación religiosa a la que hemos sido llamados: la de ser Salesianos de Don Bosco, unos como Salesianos presbíteros y otros como Salesianos laicos.

En cambio, el clericalismo tiene mucho que ver con creerse que, por ser presbítero, posees toda la autoridad y que todo ha que pasar por tus manos. Tiene que ver con la tentación de encumbrarse. Tiene mucho que ver con crear dependencias, y hay hermanos a quienes les encanta tener personas que ‘dependan de ellos’.

Al hablar de búsqueda de poder no me refiero a la autoridad; pues si esta se vive con sentido evangélico de servicio, no hay ningún peligro de búsqueda de poder… Pero cuando las responsabilidades, cargos y autoridad se viven como poder (no pocas veces con soberbia), y se actúa como quien tiene poder sobre otros, porque dependen de nuestros recursos económicos, o de conceder un trabajo, o de beneficiar a uno u otro dependiendo del propio deseo…, en esos casos uno ha de pensar y vivir siguiendo el Evangelio para no caer en las sutiles redes tejidas por la tentación del poder.

Y no debemos creer, hermanos, que tal riesgo no lo podamos correr nosotros. Todos, comenzando por quien os escribe, hemos de examinarnos de estas actitudes a diario ante el Señor y pedirle la gracia de vivir permanentemente desde la donación y el servicio sencillo y transparente.

 

3. LA DIMENSIÓN MISIONERA DE LA CONGREGACIÓN ES UNA FUENTE DE ESPERANZA

No quisiera terminar esta carta, Hermanos, sin referirme a una última realidad que considero importante.

Sabemos por nuestras Constituciones y Reglamentos que en la Iglesia somos reconocidos jurídicamente como Congregación de Vida Apostólica con un carisma preferencial por los jóvenes, entre ellos los más pobres y abandonados. No formamos parte de las Congregaciones carismáticamente misioneras.

Esto es así. Pero también sabemos que la dimensión misionera de la Congregación era algo esencial y prioritario para Don Bosco y lo es y ha de seguir siendo para nosotros hoy. En este sentido, la Congregación sigue gozando de buena salud y el carácter misionero de la misma se sigue intensificando. Siento una profunda alegría por ello y con frecuencia doy gracias al Señor por este don y porque sigue cuidando a nuestra Congregación y llamando a muchos hermanos a vivir su vocación salesiana con este carácter de Missio ad gentes, ad vitam.

En estos años, he visto aumentar las respuestas de los hermanos a estas llamadas del Señor; he visto cómo en las Inspectorías se ha respetado más esta llamada y la disponibilidad de los hermanos, aún al precio de «perder» hermanos en el propio territorio para ofrecerlos a otras partes de la Congregación. En casos concretos, he contemplado la generosidad de muchas Inspectorías que tendrían sobrados motivos humanos para decir que sus necesidades no les permitían ayudar a otros, pero que, con mirada de fe y creyendo que realmente es el Señor quien llama, han facilitado todos los procesos. Así ha sido, por ejemplo, en el caso de la creación de una comunidad internacional para la fundación de una presencia en el campo de refugiados de Palabek (Uganda): varios Inspectores han ofrecido a excelentes hermanos que necesitaban. Esto habla de visión de fe, de sentido de Iglesia y de Congregación. Esto habla de generosidad; no olvidemos que Dios nunca se deja ganar en generosidad.

He visto aumentar en un 60% el número de hermanos que, después de un serio discernimiento personal e inspectorial, y en diálogo posterior con el Rector Mayor y el Consejero General para las Misiones, han mostrado su disponibilidad para la Missio ad gentes, ad vitam. No nos quepa duda de que, junto con la pasión evangelizadora y educativa por los jóvenes, la pasión salesiana por estar al lado de los más pobres y necesitados, y el creciente deseo de acompañar más y mejor a las familias y el camino de fe y de discernimiento vocacional de sus hijos, la respuesta a la llamada misionera es otra de las grandes bendiciones y un camino seguro para la fidelidad de la Congregación.

Me despido, queridos hermanos, con el mismo tono familiar y cercano que he querido dar a esta carta, transmitiéndoles lo que llevo en el corazón. Gracias a todos y cada uno de vosotros por la respuesta generosa al Señor con corazón salesiano. Gracias por la vida de cada uno de vosotros, mis queridos hermanos salesianos, verdadera riqueza y patrimonio de nuestra Congregación. Gracias por desear hacer un camino hermoso de autenticidad desde el Evangelio, con Don Bosco, como Don Bosco, y siendo los Salesianos que el mundo de hoy y nuestros jóvenes esperan y necesitan.

Nuestra Madre Auxiliadora nos sigue acompañando. Ella lo ha hecho todo, Ella lo sigue haciendo todo, y Don Bosco sigue cuidando de nosotros sus hijos, sigue cuidando de su amada Congregación.

Con verdadero afecto,

[1] Cor 9,16.

[2] Cf. MB VI, 334.