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La Familia Salesiana ayer y hoy

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - ACG 402


LA FAMILIA SALESIANA AYER Y HOY, AGUINALDO 2009

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LA FAMILIA SALESIANA AYER Y HOY, AGUINALDO 2009

La semilla se ha convertido en un árbol y el árbol en un bosque

Dos acontecimientos convergentes

1. La Familia salesiana, ayer..

1.1. La «semilla» carismática.
1.2. La semilla bajo la nieve: el crecimiento silencioso.
1.3. El árbol y el bosque: un desarrollo exuberante.

2. En el tercer milenio: el hoy y el mañana.

2.1. En el camino de la comunión.
2.2. Comunión en la misión y por la misión.
2.3. Algunas exigencias para continuar el camino.

3. Líneas para el futuro.

3.1. La sinergia en la misión.
3.2. Los recursos.
3.3. Algunos campos de colaboración.

4. Sugerencias para concretar el Aguinaldo.

4.1. Colaborar juntos…
4.2. Promover un compromiso compartido.
4.3. Un instrumento de comunión, la Consulta…
4.4. Plataformas de colaboración y de trabajo en red…

Conclusión.

Roma, 25 de diciembre de 2008
Solemnidad de la Natividad del Señor


Queridísimos Hermanos:

En una fecha tan hermosa y densa de significado como es ésta de la Natividad del Señor, me pongo en comunicación con vosotros, presentándoos los mejores deseos de que el Padre os enriquezca con los dones que quiso darnos en la encarnación de su Hijo: ante todo a Sí mismo, porque Jesús vino precisamente a darnos a Dios, y con Él su amor, su alegría, paz, luz, verdad y vida.

Desde la última vez que os escribí para presentaros el Programa de animación y gobierno para el sexenio 2008-2014, el panorama mundial ha cambiado profundamente, con una crisis financiera y económica sin precedentes, que está poniendo en cuestión el modelo social occidental. En efecto, en este punto es evidente que la causa de la crisis financiera no reside sólo en la falta de transparencia y de responsabilidad legales, sino en un conjunto errado de valores sobre el que se está pretendiendo construir la sociedad. La crisis actual es comparada, bajo el aspecto económico, con la gran depresión de los años 30; pero parece verdad que la situación es mucho más grave, porque esta vez va acompañada de una profunda crisis espiritual.

Con razón, Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud exhortaba a los jóvenes a ser «la nueva generación de cristianos llamada a contribuir a la edificación de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada cariñosamente…; a construir un futuro de esperanza para toda la humanidad»; y añadía: «¡el mundo tiene necesidad de esta renovación! En muchas sociedades nuestras, al lado de la prosperidad material, se está ensanchando el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un oculto sentido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros contemporáneos se han excavado cisternas agrietadas y vacías (cfr. Jr 2,13) en una desesperada búsqueda de significado, del último significado que sólo el amor puede dar? Éste es el grande y liberador don que el Evangelio lleva consigo: don que revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la sublime llamada de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. Y manifiesta la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida». (Benedicto XVI, Homilía en la Eucaristía de la JMJ, Sydney 20. 07. 08)

A nosotros nos preocupa sobre todo la condición de extrema precariedad en que vive la enorme mayor parte de la población, y también el aumento de falta de futuro para los jóvenes.

A esta dramática situación económica, que está llevando a tantos hombres y mujeres a vivir en la inseguridad de la falta de trabajo con todo lo que esto comporta, a veces sencillamente para la supervivencia, se añade la nueva oleada de violencias, entre las que se encuentra la matanza en curso en la zona de Goma con millones de evacuados. Debo decir que me he sentido orgulloso de los hermanos y de los voluntarios que han permanecido en el puesto, para seguir defendiendo y acogiendo a todos los prófugos posibles. Este drama ha dado origen a una iniciativa, denominada «Emergencia Congo», que ha vuelto a unir las dos Uniones de los Superiores y de las Superioras Generales para hacerse presentes de diversos modos. Espero y deseo que los organismos internacionales se decidirán finalmente a intervenir para garantizar los derechos de todas las personas de aquella área tan atormentada.

Durante estos meses, además de acontecimientos más bien de familia, ha habido otros eventos, en los que he podido participar: el Capítulo General de nuestras hermanas, las Hijas de María Auxiliadora, celebrado del 8 de septiembre al 15 de noviembre, con el tema «Llamadas a ser signo del amor preveniente de Dios»; el harambée y la expedición misionera, el domingo 28 de septiembre, con ocasión de la cual he lanzado el reto de preparar una expedición misionera extraordinaria para celebrar el 150º aniversario de la fundación de la Congregación Salesiana; el Sínodo de los Obispos sobre «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia», del 5 al 26 de octubre; la visita a la Inspectoría de Bilbao, con ocasión del centenario de la presencia salesiana en Santander; la Congregación plenaria antes y luego el Congreso de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica; la Asamblea semestral y general de la Unión de los Superiores Generales; el Encuentro de los Inspectores de Europa, del 28 al 30 de noviembre, para concretar el «Proyecto Europa». Finalmente, hemos reanudado la actividad ordinaria del Consejo con la sesión plenaria de invierno, comenzando con el curso para los nuevos Inspectores.

Mi participación en el Capítulo General de las FMA como Rector Mayor ha sido intensa y deseo que también significativa. Comenzó con la predicación de los Ejercicios Espirituales en Mornese; siguió con la celebración de la Eucaristía y la participación en la ceremonia de apertura en la Casa Generalicia de las FMA en Roma; luego, con la visita a la Madre Yvonne Reungoat, para presentar los deseos después de su elección como nueva Superiora General, juntamente con todo su Consejo; y se concluyó con la Eucaristía de clausura. Para mí ha sido no sólo un acto institucional como Sucesor de Don Bosco, nuestro común Fundador, sino sobre todo de afecto, estima y cercanía a este Instituto, al que estamos estrechamente unidos, también.

por medio de las Salesianas que hemos encontrado a lo largo de nuestra vida salesiana, y que han sido para nosotros verdaderas hermanas. Esto está verdaderamente en línea con el tema del Aguinaldo de este año, que nos invita a redescubrir lo que quería Don Bosco: fundador de una familia. Ésta es nuestra riqueza, que vivimos en la comunión real, intensa, convencida. Todo esto al servicio de los jóvenes, para su salvación. Ésta es también nuestra significatividad, que vivimos en la misión compartida, calificada, comprometida. Deseo y espero que, además de la belleza espiritual y carismática de la experiencia vivida por las capitulares, el CGXXII pueda significar para todo el Instituto un momento de profunda renovación, tanto más que nuestras hermanas han querido ir a lo esencial, tomando como tema el primer artículo de sus Constituciones, de modo que pudieran responder a las actuales expectativas sobre la vida consagrada femenina y a las nuevas necesidades de la misión.

El Sínodo con el tema sobre «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia», en el curso del Año Paulino, ha sido para mí una experiencia preciosa y estimulante. Cada Asamblea sinodal es una fuerte experiencia de comunión eclesial, presidida por el Santo Padre, el Vicario de Cristo y Sucesor del Apóstol Pedro, con la participación de Cardenales, Arzobispos, Obispos representantes de la Curia y de las Conferencias Episcopales, a los que se añaden diez Superiores Generales, más los invitados y los expertos. Esta Asamblea ha sido todavía más significativa porque en el centro de la atención se puso lo que ilumina y guía a la Iglesia: la Palabra de Dios, que es Cristo en persona. Es más, me atrevo a afirmar que la mayor insistencia a lo largo del Sínodo ha sido precisamente la afirmación de que la lectura de la Sagrada Escritura es auténtica, plena, cuando lleva al encuentro personal con Cristo hoy, y que, por tanto, el gran desafío es saber pasar «de las palabras a la Palabra», ¡de las Escrituras al Verbo de Dios! Esto es posible sólo cuando se hace una lectura orante de la Palabra de Dios, abiertos a cuanto dice el Espíritu a su Iglesia.

La Asamblea, comenzada el 5 de octubre con la Eucaristía de apertura en la Basílica de San Pablo fuera de los muros y concluida el 26 de octubre con la Eucaristía de clausura en la Basílica de San Pedro, fue planteada no como un encuentro intelectual sobre un tema académico o pastoral que discutir, sino como una experiencia de escucha religiosa de la Palabra, que se evidenciaba en la liturgia (celebraciones eucarísticas, rezo de la Hora de Tercia con su respectiva Lectio y las Vísperas en la Capilla Sixtina, en las que intervino Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé I y en el desarrollo mismo del Sínodo.

Considero que el fruto más precioso es la conciencia renovada de que es deber prioritario de la Iglesia, y por tanto también de la Congregación, al comienzo de este nuevo milenio, ante todo alimentarse de la Palabra de Dios, para hacer eficaz el compromiso de la nueva evangelización, del anuncio del Evangelio en nuestro tiempo. Os indico algunas consecuencias prácticas para nuestra vida y misión consagrada, que podéis encontrar en algunas de las Propositiones aprobadas y presentadas al Santo Padre: en primer lugar cuanto dice la Propositio núm. 24: Palabra de Dios y vida consagrada; la Propositio núm. 31 sobre la Palabra de Dios y la formación; la Propositio núm. 14 sobre la Palabra de Dios y la Liturgia; la Propositio núm. 22 sobre la lectura orante de la Biblia; la Propositio núm. 23 sobre la Catequesis y la Sagrada Escritura; la Propositio núm. 25s sobre el estudio de la Escritura.

Desde esta perspectiva el Mensaje del Sínodo, desarrollado en cuatro iconos - la Voz de la Palabra: la Revelación; el Rostro de la Palabra: Jesucristo; la Casa de la Palabra: la Iglesia; el Camino de la Palabra: la Misión - es muy sugeridor tanto para la propia vida como para la acción pastoral, y, por tanto, no puedo dejar de recomendaros la lectura atenta y la meditación.

La Propositio núm. 2, en particular, presenta un deseo que está en sintonía con el mensaje del año paulino y con el núcleo 2 del CG26, es decir, «La urgencia de evangelizar». Lo hago mío para todos nosotros, queridos hermanos: «Esta Asamblea Sinodal formula el auspicio que todos los fieles crezcan en el conocimiento del misterio de Cristo, único salvador y mediador entre Dios y los hombres (cfr. 1 Tim 2,5; Hb 9,15), y la Iglesia renovada por la escucha religiosa de la Palabra de Dios pueda emprender una nueva estación misionera, anunciando la Buena Noticia a todos los hombres».

El Encuentro de los Inspectores de Europa, que se ha celebrado en la Casa Generalicia los días del 28 al 30 de noviembre, ha servido para definir contenidos y modalidades del «Proyecto Europa», en obediencia a las líneas de acción del CG26. Como se ha dicho desde el principio, no se trata de una obra de salvación en un continente con un proceso imparable de envejecimiento del personal, con un escaso flujo vocacional y con un creciente número de seglares que gestionan nuestras obras; no se trata tampoco de mantener las estructuras y ni siquiera de repetir el modelo aplicado para el «Proyecto África». Lo que se quiere, como decidió el Capítulo General, es «relanzar el carisma salesiano en Europa» (n. 108), proyectar una renovada presencia salesiana en un contexto caracterizado, por una parte, por un gran bienestar, de maravilloso desarrollo científico y tecnológico, de fuerte sensibilidad social, y, por otra parte, por un secularismo invadiente, por un relativismo y nihilismo que se ha convertido en un «huésped inquieto», por una incontrolable oleada de inmigrantes.

Esta situación particular desafía, ante todo, la capacidad de los hermanos en Europa para revitalizar el carisma y hacerlo vivo en un continente más que nunca necesitado de Dios, de Cristo y de su Evangelio; pero requiere una intervención de toda la Congregación, convencidos de que la Europa hoy y mañana es todavía tierra para el carisma salesiano, por la presencia de los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados, por la necesidad de una educación capaz de generar una cultura nueva que dé alma a este continente, rico de humanismo y pobre de futuro porque se ha cerrado a la trascendencia. Si en el pasado miles de hermanos salesianos de las diversas naciones de Europa han ido a las misiones, hoy Europa —como también todo el mundo— se ha hecho ella misma tierra de misión y tiene necesidad de apóstoles portadores de un mensaje nuevo, de una alegre noticia que llene de sentido la vida.

Finalmente, el 18 de diciembre hemos iniciado la celebración del 150º aniversario de la fundación de la Congregación. Ya había escrito una carta de convocación de este año tan significativo, con indicaciones bien precisas y sugiriendo la actitud con que vivirlo, a lo que se añade una serie de subsidios de celebraciones a lo largo de todo el año, para concluir este año de gracia con la renovación de la Profesión Religiosa, haciendo nuestro el compromiso del primer grupo que, reunido en la habitación de Don Bosco el 18 de diciembre de 1859, dio inicio a nuestra Sociedad de San Francisco de Sales. A este evento, visto a la luz de la Palabra de Dios, en el año paulino, querría dedicar la próxima carta circular; por lo que ahora me limito a recordar cuanto os he escrito en la carta de convocatoria de este jubileo. Esto ha inspirado también el tema del Aguinaldo 2009, que debe significar para todos, pero sobre todo para nosotros Hijos de Don Bosco, un giro profundo, un cambio de mentalidad en la forma de comprender y vivir la Familia Salesiana, de la que somos parte basilar y fundamental y, al mismo tiempo, responsables principales de su animación.

Don Pascual Chávez Villanueva
Rector Mayor

He aquí, pues, el comentario del Aguinaldo >>