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La Pastoral Juvenil Salesiana

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - ACG 407


LA PASTORAL JUVENIL SALESIANA

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«Y le dio lástima de ellos, porque andaban como vejas sin pastor,
y se puso a enseñarles con calma»
(Mc 6, 34)



Roma, 25 de abril de 2010
Domingo del Buen Pastor

Muy queridos hermanos:

Vuelvo a ponerme en contacto con vosotros, augurándoos un tiempo de gracia en la luz de la Resurrección del Señor Jesús, que con su Misterio Pascual ha llenado la historia de alegría y de esperanza. Y nosotros somos sus testigos. Ésta es nuestra vocación y misión: caminar “con los jóvenes para conducirles a la presencia del Señor Resucitado para que, descubriendo en Él y en su Evangelio el sentido supremo de la propia existencia, crezcan como hombres nuevos” (Const. 34).

En el último número de las Actas del Consejo General (núm. 406), os presenté el Aguinaldo para 2010. Inmediatamente después os escribí de nuevo para realizar una llamada a la solidaridad fraterna en favor de nuestros hermanos de Haití. Tras hacer una visita a este país sometido a prueba tan dura, os escribí nuevamente compartiendo mi experiencia y mi valoración de la situación, y comunicando a todos el proyecto de reconstrucción. Renuevo la expresión de agradecimiento por la respuesta generosa con que todas las Inspectorías se han hecho presentes y por las numerosas iniciativas de las casas y de las obras para comprometer a las comunidades educativas en el compromiso de prestar imagen a la Providencia, tanto para ayudar al pueblo haitiano a resurgir de las ruinas, como para resucitar como hombres y mujeres nuevos.

Naturalmente, en la Congregación ha habido otros acontecimientos importantes y significativos, como la unificación de las Inspectorías de Argentina el 31 de enero de 2010;  pero no me detengo a reflexionar sobre ellos, entre otras razones, porque ANS hace llegar a todos informaciones, siempre con puntualidad y adecuadamente.     

En cambio, paso inmediatamente a la presentación de esta Carta. En cuanto al género literario, es muy diversa de las tres últimas Cartas: la del 150º aniversario de la fundación de la Congregación Salesiana (ACG 404), la del centenario de la muerte de don Rua (ACG 405) y la del Aguinaldo sobre la evangelización (ACG 406). Pero es tanto o más importante que ellas. En primer lugar, porque hace referencia a nuestra misión, que, como dice el artículo 3 de las Constituciones, “da su tono concreto a toda nuestra existencia, especifica el compromiso que tenemos en la Iglesia y determina el puesto que ocupamos entre las Familias religiosas”. Pero, sobretodo, porque, obedeciendo a cuanto nos es requerido por el CG26, estamos llevando a cabo una reflexión sobre nuestra pastoral.

Creo que la reflexión que se está realizando en la UPS, en otros Centros de Estudio de la Congregación y en la Inspectorías, encontrará un punto de referencia en esta presentación mía de la Pastoral Juvenil Salesiana. Efectivamente, en la Carta presento qué se hace en la Congregación y cómo  debería hacerse la Pastoral Juvenil Salesiana. También quisiera ayudar a comprender el porqué.

La cita bíblica que he escogido para introducir esta Carta me parece muy iluminadora. A diferencia del conocido fragmento del capítulo 10 del Evangelio de Juan, en que Jesús se auto-presenta como el Buen Pastor, en el texto de Marcos 6, 30-44 tenemos una manifestación concreta de la mente, del corazón y de las manos pastorales de Cristo.

Contemplando la multitud inmensa que le escucha, dice el evangelista que Jesús “sintió lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma muchas cosas”. Su conmoción de Buen Pastor se expresa, ante todo, en ponerse a “enseñarles muchas cosas”, y sólo después en la multiplicación del pan y en saciar a toda aquella gente.
Esto quiere decir que, para Jesús, la primera reacción de la compasión pastoral es la evangelización, pero inseparable del compromiso para satisfacer también las necesidades primarias de las personas, como el comer.

Intento ofrecer una visión coherente y clara del estado actual de la Pastoral Juvenil Salesiana. Desde ahora os digo que este texto debería ser objeto de estudio por parte de los Inspectores, de los Consejos Inspectoriales, de los Directores y de los formandos. Tengo la impresión de que el modelo pastoral de la Congregación no es precisamente conocido, y menos todavía asumido, incluso en las Inspectorías más dinámicas y en los agentes pastorales más celosos. Estoy convencido de que habría que poner en marcha una auténtica “revolución cultural” en la Congregación, que, al mismo tiempo, sería una verdadera “conversión” a los jóvenes. Por tanto, espero que la presentación de nuestra Pastoral Juvenil Salesiana sea leída con la mirada de Jesús, que nos enseña a ver lo que no ven ni siquiera los que le buscan, o sea, el abandono, la falta de guías en que hoy viven los jóvenes. De esta manera, nuestra acción educativo-pastoral se convertirá en revelación de Dios, en manifestación de que “Deus Caritas est”.

 

1.  EL CAMINO DE LA CONGREGACIÓN EN EL DESARROLLO DE LA PASTORAL JUVENIL SALESIANA DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II

La acción educativa y catequística salesiana se estructuró siguiendo el modelo del Oratorio de Valdocco, dentro del cual, para responder a la necesidad de los jóvenes, se habían desarrollado una casa para acoger a los jóvenes sin familia y lejanos de ella, talleres de artes y oficios para enseñar un trabajo, y una escuela para aquellos jóvenes que podían realizar los estudios literarios o científicos.

La animación de estas obras fue confiada a algunas figuras que constituían el núcleo de la comunidad: el Director, centro de unidad y guía de la comunidad en su compromiso educativo-pastoral; el Prefecto, primer colaborador del Director y también responsable de la administración; el Consejero, responsable de la disciplina y del aspecto académico y organizativo; el Catequista, que animaba el aspecto religioso, la formación catequística, los grupos... Este modelo guió el desarrollo de las obras educativas de la Congregación y quedó codificado en las Constituciones y Reglamentos hasta el año 1972.

En los últimos cincuenta años comenzó a sentirse la necesidad de adecuar este modelo a las nuevas situaciones sociales. Así se emprendió un camino de reflexión y de renovación de la práctica educativa y pastoral, que nos ha conducido al actual modelo pastoral.

1.1   Un largo recorrido

1.1.1  Los primeros pasos: desde el CG19 (1965) al CG21 (1978)

En la Congregación, el CG19 representa el primer acto de conciencia comunitaria sobre el cambio que se está realizando en el área juvenil y sobre la exigencia de reformular la praxis educativo-pastoral tradicional. Se comienza con algunos retoques parciales, pero sobre todo se intenta una primera renovación de las estructuras centrales de animación y de gobierno para adecuarlas a la nueva situación, en fidelidad al planteamiento original.[1]

Hasta aquel momento, las estructuras de animación y gobierno de la misión de la Congregación se articulaban según los sectores principales de la actividad: un Consejero del Capítulo Superior encargado de la escuela; otro de la formación profesional; el Catequista, que coordina la animación de los aspectos religiosos y la formación cristiana... Ad experimentum, hasta el siguiente Capítulo General, el CG19 adopta una estructura de animación mundial, que manifiesta una visión más unitaria de la pastoral salesiana, instituyendo el Consejero de la Pastoral Juvenil, que asume la responsabilidad de animación de todos los sectores de la pastoral salesiana en las diversas obras.[2] Coherentemente, en el nivel Inspectorial se instituyen Delegados inspectoriales encargados de las diversas actividades con competencias de estudio, desarrollo, organización y coordinación.

Respecto a los contenidos de la Pastoral Juvenil, el Capítulo presenta únicamente algunas prioridades: El Oratorio “oportunamente actualizado y adaptado... para que logre atraer y ser útil al mayor número posible de jóvenes, con variedad de instituciones (centros juveniles, clubes, asociaciones varias, cursos, escuelas nocturnas”.[3] Elabora un documento específico  para las Escuelas Profesionales, pidiendo a las Inspectorías que “constituyan una Comisión para la educación de los jóvenes trabajadores con competencias de estudio, de documentación y de consulta al servicio de las casas”.[4] En el nivel central, bajo la presidencia del Consejero de la Pastoral Juvenil, constituye una Comisión central para la educación de los jóvenes trabajadores.

En su esfuerzo por reflexionar sobre la vida y la misión de la Congregación, el CG20 reformula la misión salesiana y sus destinatarios, reafirmando la “prioridad absoluta de la Pastoral Juvenil”,[5] presenta las actitudes pastorales fundamentales que deben guiar a los Salesianos en su acción pastoral[6] y anima a abrir la presencia salesiana a los nuevas necesidades de los jóvenes mediante “nuevas presencias” que ensanchen los horizontes de la acción pastoral realizada en las obras tradicionales.[7] Al mismo tiempo, revalida la nueva estructura de la animación central de la Pastoral Juvenil incluyéndola en las Constituciones.[8]

Asumiendo las orientaciones del CG20, el CG21 vuelve reflexionarlas y las desarrolla proponiendo los contenidos educativos dentro de un cuadro de referencia madurado hasta ese momento; propone las líneas fundamentales para un Proyecto Educativo-Pastoral que responda a la nueva situación de los jóvenes;[9] revalida la estricta integración de educación y evangelización en el sistema educativo salesiano.[10] Además, compromete a las Inspectorías a reflexionar sobre el Sistema Preventivo, a estudiar la condición juvenil actual, a expresar de manera adecuada las finalidades, los contenidos y el estilo salesiano en el Proyecto Educativo-Pastoral, a constituir y hacer crecer en toda obra salesiana la Comunidad Educativo-Pastoral.[11] Estas orientaciones serán después codificadas en las Constituciones y en  los Reglamentos por el Capítulo General 22.[12]

1.1.2 El desarrollo de las líneas del CG22 promovido por el Dicasterio (1978-1990)

El CG22 había comprometido a la Congregación en una profunda renovación de la Pastoral Juvenil. Para ayudar a las comunidades y a las Inspectorías a comprenderlo y asumirlo plenamente, el Consejero de la Pastoral Juvenil, don Juan E. Vecchi, y su equipo realizan un gran esfuerzo de profundización  de los elementos básicos del Proyecto Educativo-Pastoral salesiano y de la Comunidad Educativo-Pastoral, ofreciendo instrumentos prácticos para guiar su elaboración y para cualificar los programas educativos y pastorales en las diversas obras según las indicaciones de los Capítulos.[13] A través de estos instrumentos, el Dicasterio orienta a las Inspectorías para conocer, asumir y desarrollar en su situación concreta las líneas centrales del modelo de Pastoral Juvenil Salesiana como una realidad unitaria y orgánica.[14]

Es necesario reconocer que este esfuerzo de reflexión, formación y comunicación sistemático y global es seguido por las Inspectorías en forma más bien irregular. Mientras algunas Regiones e Inspectores lo asumen y lo experimentan, otras, por diversas causas, continúan con el modelo precedente, a veces cambiando solamente algunos nombres. En general, se percibe la dificultad de los hermanos y de las comunidades para asumir la nueva mentalidad y renovar la praxis cotidiana.

1.1.3 Los Capítulos Generales 23 (1990) y 24 (1996)

Posteriormente, el CG23 recoge el camino precedente de la Congregación y presenta una propuesta unitaria de camino pastoral que sistematiza orgánicamente todos los elementos fundamentales de la Propuesta educativa pastoral salesiana.

Decía el Rector Mayor en su Relación al Capítulo sobre el estado de la Congregación: “El área de la Pastoral Juvenil tiene necesidad de una seria y nueva  consideración orgánica y operativa... Juzgando en el nivel mundial, se puede decir que el área juvenil ha sido objeto de impulsos generales, pero no de relanzamientos estructurales innovadores, decisivos y operativos, con aplicación de personas, medios y orientaciones obligantes”.[15] Se puede afirmar que el CG23 constituye la respuesta a esta necesidad: una presentación unitaria, orgánica y operativa de toda la Propuesta pastoral salesiana.

El Capítulo propone a la Congregación las líneas fundamentales de un itinerario salesiano de educación en la fe que responda a la compleja condición juvenil en sus diversos contextos y que realice en la práctica la síntesis entre educación y evangelización que caracteriza nuestro sistema educativo; en forma dinámica y progresiva, presenta los elementos centrales de las cuatro áreas del itinerario de educación en la fe, áreas que se corresponden perfectamente con las cuatro dimensiones de la propuesta educativo-pastoral salesiana, o sea, el área de la madurez humana, el área del encuentro con Jesucristo, el área de la pertenencia eclesial, el área del compromiso por el Reino.[16]

El Capítulo desarrolla también los valores de la Espiritualidad Juvenil Salesiana, que, como proyecto original de vida cristiana y camino de santidad, constituye la meta y la aspiración que debe guiar y sostener todo el camino de educación en la fe.[17]

Además de presentar los contenidos, los valores y los pasos de la propuesta, el Capítulo ofrece también algunas orientaciones para hacerla operativa: la comunidad salesiana, animadora de una comunidad educativo-pastoral, como el sujeto fundamental de la propuesta;[18] una animación pastoral inspectorial que favorezca y promueva la unidad orgánica de los diversos aspectos de la pastoral (el Delegado Inspectorial de la Pastoral Juvenil y su equipo);[19] la orientación vocacional como elemento calificador del itinerario;[20] la importancia de la comunicación social como camino y forma actual para la evangelización.[21]

Después del Capítulo, bastantes Inspectorías se empeñaron con esfuerzo y entusiasmo en poner en práctica concretamente en su propio contexto las indicaciones del itinerario de educación en la fe. Pero, con frecuencia, la deficiente formación de los animadores hace que estos itinerarios resulten poco operativos.

El CG24 profundiza un aspecto central del modelo pastoral, su sujeto fundamental, la comunidad educativo-pastoral, en la que los Salesianos y los laicos comparten el espíritu y la misión de Don Bosco. A la luz de una amplia verificación de la situación y del camino realizado en la Congregación, el Capítulo presenta las motivaciones eclesiales, carismáticas y culturales que invitan a ir más allá, y ofrece los criterios de acción y las orientaciones operativas necesarias.

La novedad, decía el Rector Mayor al concluir el Capítulo, “proviene de la irrupción de los laicos en el horizonte salesiano y de la inserción de su experiencia incorporada en el corazón del carisma”.[22] El Capítulo nos invita a pasar de la aceptación de los laicos como simples colaboradores a un verdadero compromiso suyo en la misión, de una ayuda operativa  a una corresponsabilidad propia y verdadera, de las relaciones primordialmente funcionales a una profunda comunicación interpersonal y de grupo en torno a los valores de la pedagogía y de la espiritualidad salesiana; y todo esto con itinerarios sistemáticos de formación cualificada.

De esta manera, el CG24 revalida y profundiza la importancia del CEP, como la forma concreta de la realización del proyecto educativo-pastoral, comprometiendo, en clima de familia, a jóvenes, educadores, religiosos y laicos; define la función específica de la comunidad religiosa salesiana en la animación del CEP y los criterios fundamentales para la formación pastoral salesiana que debe animarla.[23]

1.2   Las metas de este camino

A través de este recorrido, la Congregación descubre y reafirma algunos aspectos característicos de su praxis pastoral, que creo importante presentar sintéticamente para comprender mejor el conjunto del cuadro fundamental de referencia de la Pastoral Juvenil Salesiana.

1.2.1 Una percepción cada vez más profundizada de la nueva situación de los jóvenes

Los ambientes y los contextos, sociales y eclesiales, se han transformado profundamente. Los jóvenes viven nuevos valores y tienen nuevos criterios de vida, que constituyen una verdadera cultura nueva; los eslabones tradicionales de la transmisión cultural y religiosa (la familia, la escuela, la Iglesia...) se han debilitado y con frecuencia han entrado en crisis. La situación en la que hay que realizar la labor educativa y pastoral se ha diversificado y está en continuo cambio. Por tanto, no es posible limitarse a pequeños retoques de ajustamiento de la praxis tradicional, ni pensar en un esquema de acción igual para todos.

Con esta certeza cada vez más explícita, se comienza a diseñar una “nueva” presencia salesiana entre los jóvenes,[24] una “nueva evangelización”,[25] una “nueva educación”,[26] incluso un “nuevo sistema preventivo”.[27] Con estas afirmaciones se quiere expresar la necesidad de reflexionar y profundizar los contenidos y el planteamiento de la educación y de la pastoral salesiana, como respuesta a la nueva situación de los jóvenes.

1.2.2 Un esfuerzo de reformulación de los contenidos y de las modalidades educativas pastorales tradicionales

Las repetidas y apremiantes llamadas de la Iglesia a renovar la catequesis y la formación cristiana, sobre todo de los jóvenes insertos en contextos profundamente secularizados, dando prioridad a la evangelización y a un anuncio renovado de Jesucristo, así como la experiencia de la inadecuación de muchas propuestas ofrecidas en nuestros ambientes educativos, hacen sentir la urgencia de repensar en profundidad los contenidos y las modalidades de la educación en la fe, en particular en torno a algunos puntos fundamentales:

  • Ante todo, la unidad y la integridad de la propuesta educativo-pastoral, superando la fragmentariedad de una praxis que considera la pastoral como un sector (el aspecto religioso) que se añade a otros aspectos de la acción educativa, más bien que la cualidad que caracteriza a toda la propuesta. Pensar la acción pastoral como unidad orgánica significa verla como un único proceso en el cual los diferentes elementos que la constituyen se articulan y se califican mutuamente, contribuyendo conjuntamente a la realización  de la misma finalidad, que es el desarrollo integral del joven, considerado en la totalidad de su ser.

    Una manifestación de esta unidad es la estrecha relación existente entre las cuatro dimensiones de la pastoral salesiana (dimensión educativa, dimensión evangelizadora, dimensión asociativa y dimensión vocacional), que deben ser pensadas y desarrollarse en íntima relación, especialmente la educación y la evangelización: una educación que desarrolla el sentido religioso de la vida y abre y favorece el proceso de evangelización, y una evangelización que propone a la educación un modelo de humanidad plenamente lograda y respeta en su desarrollo la dinámica educativa.

  • El sentido comunitario de la propuesta salesiana, que nace de una comunidad y crea comunidad. El verdadero sujeto de la pastoral salesiana  es la comunidad educativo-pastoral, en la que los Salesianos y los laicos comparten el espíritu y la misión salesiana. En esta amplia comunidad educativa, la comunidad religiosa salesiana asume funciones específicas de testimonio, de animación, de comunión y de formación, como afirma el CG24.[28]
  • Una mentalidad proyectiva. Aunque la elaboración del Proyecto Educativo-Pastoral fue ya requerida a las Inspectorías en 1978,[29] aunque el tal Proyecto quedó también codificado en los Reglamentos Generales seis años más tarde,[30] y fue profundizado por el Dicasterio con un conjunto de orientaciones que aclaraban sus contenidos y metodología, a pesar de ello, su puesta en práctica concreta no fue fácil. Las comunidades no lograban comprender que no se trataba de elaborar un documento en el cual se presentasen las múltiples actividades e intervenciones que se debían desarrollar en la obra salesiana, sino, más bien y sobre todo, de organizarlas y coordinarlas, de tal manera que constituyeran un camino progresivo hacia objetivos concretos y verificables, con claras opciones de prioridad y secuenciación. Efectivamente, sin esta mentalidad proyectiva, el proyecto no conseguía guiar y orientar la praxis cotidiana.
  • Un estilo de animación que, en la nueva situación juvenil, resalta algunos elementos centrales del Sistema Preventivo: un estilo de presencia entre los jóvenes que privilegia las relaciones interpersonales sobre las institucionales; un acompañamiento que se preocupa sobre todo de profundizar las motivaciones de las orientaciones más que del simple cumplimiento; una intervención que crea comunión y convergencia en torno a un proyecto compartido más que multiplicar las iniciativas.

1.2.3 Ensanchamiento del campo de acción en respuesta  a la nueva situación.

Con la crisis de las empresas educativas tradicionales, emergen nuevos lugares y nuevas experiencias, que se convierten en significativas para los jóvenes y en capaces de transmitir valores y estilos de vida. Con la prolongación de la edad juvenil, surgen también nuevas posibilidades de formación y compromiso. Un ambiente progresivamente secularizado y la multiplicación de la marginación juvenil presentan nuevos retos y abren nuevas posibilidades de educación entre los jóvenes.

Por esto se desarrollan por doquier “nuevas presencias”, que intentan nuevas formas de acercamiento y de encuentro con los jóvenes, tanto en el área de la marginación juvenil como en el campo del asociacionismo, que cuaja en torno a 1988 en el Movimiento Juvenil Salesiano. Surgen también centros de pastoral juvenil y catequesis, iniciativas de comunicación social dirigidas a los jóvenes para el desarrollo de los nuevos lenguajes y campos de expresión juvenil, centros de espiritualidad, una mayor atención al mundo de los jóvenes universitarios a través de internados y centros juveniles para ellos, el desarrollo del voluntariado misionero, etc.

Al principio, las parroquias de estas nuevas presencias aparecen como yuxtaposición y a veces en contraposición con las presencias tradicionales; pero poco a poco son aceptadas por las Inspectorías e integradas en sus proyectos educativo-pastorales. Más todavía, el tema de la “nueva presencia” se extiende a todas las obras, impulsando la renovación de su praxis pastoral hasta convertirse en formas de presencia y de servicio educativo entre los jóvenes.

Este nuevo tipo de presencia requiere una nueva implantación educativa y pastoral, una nueva relación con la comunidad eclesial y con el territorio; por esto, lentamente pero sin pausa, las Inspectorías renuevan sus propias presencias e intentan hacerlas más significativas (Escuelas, Formación Profesional, Oratorios y Centros juveniles...).

A partir del CG20 se da un rápido desarrollo de las presencias parroquiales, que dejan de ser consideradas como “excepcionales”, y se multiplican en la Congregación. Pero este desarrollo tiene lugar con una notable dificultad para asumir en ellas las nuevas perspectivas y la identidad de la pastoral salesiana. En su relación al CG22 (1984), el Rector Mayor manifiesta  las dificultades encontradas para dar a nuestras presencias parroquiales un rostro juvenil y un planteamiento coherente con la propuesta educativo-pastoral salesiana; el modelo operativo de pastoral juvenil y los itinerarios de educación en la fe no fueron ni explicitados ni asumidos.[31]

1.2.4 Renovación de las estructuras de animación y gobierno pastoral en la Congregación y en las Inspectorías.

Desde el CG19, la Congregación siente la necesidad de renovar las estructuras de animación pastoral. En la nueva situación, marcada por la enorme variedad de contextos en que trabajan los Salesianos, no es imaginable que un mismo programa o esquema operativo pueda aplicarse de forma unívoca en todas partes. Las orientaciones y el cuadro de referencia general deben ser reconsiderados por las Inspectorías para adecuarlos a la propia situación, en diálogo con las características sociales y culturales del lugar. Por esto es indispensable desarrollar en las Inspectorías un sistema de animación y gobierno pastoral capaz de realizar esta reflexión y de acompañar a las comunidades locales en la puesta en práctica del modelo pastoral, asegurando también una comunicación ágil con las otras Inspectorías y con el centro de la Congregación.

La unidad orgánica de la pastoral salesiana exige que haya un único punto de referencia para toda la pastoral en sus diversas manifestaciones y sectores, que son el Consejero de la Pastoral Juvenil en el nivel mundial y el Delegado de la Pastoral Juvenil en el nivel Inspectorial; a ellos compete animar y guiar los diversos sectores y ámbitos de la pastoral en la unidad y en la coordinación operativa; y, por esto, junto al Delegado se requiere la presencia de un equipo que comparta con él la responsabilidad de la animación.

Esta estructura fue plenamente definida ya en el CG23[32] y se difundió en toda la Congregación. La dificultad consiste en que los hermanos asuman esta importante función de animación pastoral, que no puede reducirse a organizar algunas actividades con jóvenes o a coordinar algunos eventos o sectores, sino que debe acompañar a los comunidades locales en su esfuerzo por realizar el modelo de la pastoral, superando la tendencia al sectorialismo y creciendo en la mentalidad proyectiva y en la dimensión comunitaria de la pastoral juvenil. Además, y con la colaboración del equipo, el Delegado debe coordinar todos los sectores de la pastoral de la Inspectoría, procurando que en cada sector estén presentes las cuatro dimensiones fundamentales de la pastoral y que se realice una verdadera convergencia operativa al servicio de la misión educativa y de la evangelización de los jóvenes. Esto exige un Delegado a tiempo pleno y con capacidad de contacto con las comunidades locales y una estrecha relación de la animación pastoral con el gobierno de la Inspectoría, con el Inspector y su Consejo. No fue fácil comprender este  nuevo planteamiento y, sobre todo, ponerlo en práctica en algunas zonas, con la consiguiente lentitud, excesiva en la asimilación y práctica, del modelo pastoral.  Se comprobó que las Inspectorías que cuentan con un equipo de animación pastoral constituido sobre criterios renovados, con un Consejo Inspectorial que dedica tiempo a la reflexión pastoral, con un continuo diálogo e intercambio con el Dicasterio y con otros organismos intermedios de animación (Conferencias, Centros nacionales, etc.), de hecho avanzan en el desarrollo de una pastoral juvenil salesiana dinámica, significativa y adaptada a las nuevas situaciones.

1.2.5 El foco de atención: la calidad de la acción educativa pastoral

Una primera mirada al camino recorrido a partir de 1970 nos muestra un desarrollo de tipo primordialmente extensivo. Esto era exigido sobre todo por los nuevos frentes misioneros, por las necesidades sociales emergentes, por la inserción de fuerzas laicales en nuestras obras. Por esto  tuvo lugar un engrandecimiento de cada obra y una multiplicación de las presencias en casi todas las Inspectorías.

A veces esta extensión acabó produciendo una disminución en la calidad de las comunidades, debilitadas y sobrecargadas de funciones de organización y de gestión. Pero sobre todo no regeneró las fuerzas como se esperaba.

En estos últimos veinte años se ha insistido sobre todo en concentrarse con preferencia en la calificación de la acción educativo-pastoral. En no pocos sectores de nuestra compleja sociedad, la calidad se presenta hoy como condición para ser significativos y también para generar cantidad. En consecuencia, se ha intentado concentrar todos los esfuerzos de animación en la calidad, sobre todo en los siguientes aspectos:
  • No contentarse con una pastoral de los  primeros pasos, del entretenimiento, de las propuestas genéricas al gran grupo o de la dedicación exclusiva a la administración o a la gestión  de las actividades, sino concentrar las intervenciones en el objetivo de la maduración humana y de la educación en la fe, con propuestas explícitas y fuertes, dedicando tiempo y recursos a seguir sistemáticamente a los grupos y a las personas, ofreciendo diversidad de propuestas según el nivel alcanzado…
  • Asegurar un camino sistemático de evangelización (anuncio de Jesucristo) y de educación en la fe, capaz de llevar a los jóvenes al encuentro personal con Jesús y con la Iglesia; educar en el sentido vocacional de la vida y en el compromiso solidario, que suscite y acompañe vocaciones de especial compromiso y consagración en la Iglesia y en la Familia Salesiana.
  • Desarrollar la dimensión educativa en nuestras obras y en nuestras propuestas, promoviendo la personalización de los valores y la búsqueda del sentido cristiano de la vida, cuidando el tipo de cultura que transmitimos en los contenidos y en las metodologías educativas empleadas, estimulando la atención y la aceptación de los otros y el cuidado del bien común, prestando especial atención al desarrollo de la dimensión religiosa de la persona…
  • Comprometer con más corresponsabilidades y calificar a los agentes de la pastoral, comunidades salesianas, laicos colaboradores, animadores juveniles, etc., para hacerlos capaces de responder adecuadamente a los retos educativos y pastorales de los jóvenes de hoy y vivir con entusiasmo y dinamismo la misión.

Éstas han sido las preocupaciones prioritarias en la animación pastoral en estos últimos años.

 

2.   LA SITUACIÓN ACTUAL

Al final de los años ochenta existía un patrimonio de reflexión y praxis pastoral salesiana extraordinariamente rico y consistente. Se sentía la necesidad de tener una completa visión de conjunto y de recoger en una síntesis orgánica y compartida las líneas fundamentales para facilitar su asimilación personal y la orientación de la praxis. El Dicasterio de Pastoral Juvenil intentó responder a esta necesidad ofreciendo a las Inspectorías y comunidades esa síntesis orgánica y promoviendo en estos últimos años un proceso sistemático de formación pastoral, en particular de los hermanos que tienen responsabilidades de animación y de gobierno, insistiendo en algunos puntos que  conviene recordar.[33]

2.1. Conocimiento y asimilación del modelo de pastoral

Las diversas Inspectorías y comunidades hicieron un esfuerzo notable de asimilación y se comprometieron a poner en práctica las líneas fundamentales del modelo pastoral, para responder cada vez mejor a las nuevas exigencias de la juventud. En este camino se experimentaron algunas dificultades, como el descarte entre la cantidad de propuestas recibidas y la posibilidad de actuarlas, el diverso ritmo de asimilación de la nueva mentalidad pastoral por  las comunidades e Inspectorías, el aumento de la demandas y de las necesidades, que impulsa muchas veces a una acción dispersa y poco programada, que deja poco espacio a la reflexión. La consecuencia de todo esto es que las Inspectorías logran asimilar, y sobre todo traducir a la práctica, las orientaciones de la Congregación con fatiga y de forma limitada.

En estos años se ha presentado y profundizado este modelo pastoral con todos los equipos interinspectoriales de Delegados de pastoral juvenil, verificando el camino realizado, clarificando los elementos fundamentales, en particular la comprensión de la unidad y de la integridad de la pastoral salesiana en la pluralidad de obras, servicios y actividades, ayudando a superar el sectorialismo todavía muy presente. Se ha estudiado el modelo pastoral también en los encuentros de Inspectores en las Conferencias inspectoriales; han sido acompañadas algunas Regiones e Inspectorías, promoviendo en ellas un conocimiento mayor de las líneas fundamentales y una coordinación pastoral más eficaz.

No obstante, en este esfuerzo de asimilación se perciben con frecuencia concepciones reductoras de la pastoral, como cuando ésta se reduce a la acción inmediata; estas reducciones favorecen una visión poco unitaria entre pastoral, vida comunitaria y espiritualidad, dificultando la vivencia de la unidad vocacional y el desarrollo íntegro del “Da mihi animas”.

La espiritualidad salesiana, expresión concreta de la caridad pastoral, constituye un elemento fundamental de la acción pastoral salesiana: es la fuente de su vitalidad evangélica, el criterio para discernir y afrontar los retos cotidianos, la fuente del entusiasmo y de la pasión apostólica, el fundamento de la unidad de todos los que comparten y colaboran en la misión. “Para nosotros la recuperación de la espiritualidad no puede separarse de la misión... Por eso resulta inconcebible e injustificable defender que la misión es un obstáculo para el encuentro con Dios y para cultivar la intimidad con Él”.[34]

De igual manera, la vida comunitaria no es solamente una ayuda práctica para la eficacia de la acción pastoral, sino que constituye un elemento fundamental de ella. “Vivir y trabajar juntos es para nosotros, salesianos, una exigencia fundamental y un camino seguro para realizar nuestra vocación” (Const. 49). Como nos recordaba el CG25, “el primer servicio que esperan los jóvenes de nosotros es el testimonio de una vida fraterna que sea respuesta a su profunda necesidad de comunión, propuesta de humanización, profecía del Reino, invitación a acoger el don de Dios”.[35]

Espiritualidad, comunidad y acción pastoral expresan juntas la riqueza de nuestra misión desde puntos de vista diversos, y deben pensarse y vivirse en continua relación y en profunda unidad.

2.2. Una relación más sistemática del Dicasterio con los equipos de Delegados inspectoriales de la Pastoral Juvenil

Una estrategia importante en este esfuerzo ha sido la de promover en todas las Regiones o grupos de Inspectorías la colaboración sistemática de los Delegados inspectoriales con encuentros regulares de verificación, estudio y programación. El contacto frecuente y el acompañamiento de los equipos inspectoriales desde el Dicasterio ha permitido orientar la acción pastoral de cada Inspectoría según las directrices de la programación del sexenio y promover una fecunda relación entre ellos.

Para facilitar esta relación y diálogo entre el Dicasterio y los equipos de los Delegados inspectoriales se ha realizado la “Consulta Mundial” con representantes de todos los grupos interinspectoriales de Delegados, que constituye un momento fuerte de reflexión y de profundización sobre aspectos centrales de la pastoral, y que favorece la unidad de visión y de orientación.

Mirando a las diversas Inspectorías, se comprueba que, en su mayoría, se ha comprendido y apreciado la función de animación del Delegado Inspectorial y del equipo, por ejemplo en la elección del Delegado, en la continuidad en el servicio, en la verificación y reflexión del equipo inspectorial para hacerlo más operativo y eficaz, etc. No obstante, hay que reconocer que en algunas Inspectorías se debe reforzar más esta figura del Delegado y su función como coordinador de toda la Pastoral.

2.3 Algunos aspectos de la renovación pastoral

  • Apertura generosa y creativa a nuevas fronteras juveniles, sobre todo a las nuevas y viejas pobrezas (chicos de la calle, drop-out, inmigrantes...), al mundo del asociacionismo juvenil y a los nuevos lenguajes (música, teatro, turismo...), al voluntariado y, de manera más modesta, pero significativa, en el área de la espiritualidad juvenil (casas y equipos de espiritualidad juvenil).

    Apertura generosa y creativa a nuevas fronteras juveniles, sobre todo a las nuevas y viejas pobrezas (chicos de la calle, drop-out, inmigrantes...), al mundo del asociacionismo juvenil y a los nuevos lenguajes (música, teatro, turismo...), al voluntariado y, de manera más modesta, pero significativa, en el área de la espiritualidad juvenil (casas y equipos de espiritualidad juvenil).

  • Una renovada sensibilidad para dar más calidad educativa y evangelizadora a la propuesta educativo-pastoral que ofrecemos en nuestras obras, a través de un repensamiento del Sistema Preventivo para adecuarlo a los nuevos retos que presenta el mundo de la educación, a las nuevas exigencias del trabajo con los jóvenes en riesgo, a la urgencia de la renovación de la evangelización y de la educación en la fe.

    Pero esta voluntad de renovación encuentra dificultades para traducirse en programas y procesos concretos. De hecho, nuestra pastoral es todavía poco misionera, es decir, presta una escasa atención al primer anuncio y al anuncio renovado del Evangelio, no encuentra la forma de adecuarse a las posibilidades del gran grupo, aún sin olvidar las necesidades de los más abiertos y disponibles; falta sistematicidad en la pastoral vocacional, animada por la comunidad e insertada verdaderamente en la pastoral juvenil ordinaria. Por esto, la gran multiplicidad de iniciativas que se promueven logran con dificultad generar un sólido itinerario de educación en la fe, que ayude a los jóvenes a personalizarla e integrarla en su vida.

  • Procesos sistemáticos de formación pastoral y salesiana de los educadores

    En las Inspectorías existe la preocupación por la formación pastoral y salesiana de los colaboradores y de los animadores juveniles, con múltiples iniciativas: cursos de formación de profesores de las escuelas y centros de formación profesional, centros de formación para los animadores juveniles, encuentros diversos en las comunidades e Inspectorías, etc. Además, hay algunos centros para la formación pastoral y salesiana  de los Salesianos y de los colaboradores laicos, como el Centro Regional de Formación Permanente de Quito, para la Región Interamericana, el cual ha integrado en su programa la formación pastoral y está desarrollando un curso de formación pastoral para los Delegados y miembros de los equipos inspectoriales de pastoral juvenil; el Centro Don Bosco de Lyón (Francia) o el “DonBoscovormingscentrum” de Bélgica Norte, etc. En colaboración con las IUS y la Comisión Americana de la Escuela Salesiana en América se ha iniciado un curso virtual para la formación salesiana de los docentes de la escuela, según las líneas del segundo encuentro continental (Cumbayá II), en el cual han participado ya 702 profesores.

    En este campo de la formación pastoral se debe cuidar mucho más la sistematicidad de las propuestas, su repercusión en la vida cotidiana de las obras, la coordinación y la participación mutua de las iniciativas y de los programas, un planteamiento según el modelo de la Pastoral Juvenil Salesiana que favorezca una visión más unitaria e integrada de la pastoral; además, se debe cuidar el trabajo en equipo y en red, y el desarrollo de metodologías adecuadas para afrontar positivamente la complejidad de la pastoral  y superar el sectorialismo.

    El objetivo estratégico que hay que perseguir de manera especial es la formación pastoral de los Salesianos, para que puedan convertirse en animadores del nuevo modelo de Pastoral Juvenil y asumir sus función específica de promotores y guías de la formación salesiana y pastoral de los colaboradores.[36]

 

3. LOS DIVERSOS SECTORES DE LA PASTORAL JUVENIL SALESIANA

La pastoral juvenil salesiana se realiza en un territorio concreto a través de una “pluralidad de formas, determinadas en primer lugar por las exigencias de aquellos a los que nos dedicamos” (Const. 41) y por los ambientes en los que viven los jóvenes, sobre todo los ambientes de empobrecimiento económico, político y cultural. A través de esta pluralidad de obras y de servicios se manifiesta su unidad y, al mismo tiempo, su riqueza. Cada obra y estructura aportan su propia especificidad al conjunto y contribuyen a realizar el criterio oratoriano del artículo 40 de las Constituciones. Para expresar con claridad esta unidad de la pastoral salesiana en el territorio y en la Iglesia local, las diversas obras y servicios que constituyen una presencia salesiana en un determinado territorio deben pensarse en mutua referencia y complementariedad.[37]

3.1 Oratorios y los Centros Juveniles

El Oratorio está en el origen y constituye el prototipo de toda obra salesiana. Como tal es también hoy la primera forma de presencia salesiana entre los jóvenes. No obstante, la realidad del Oratorio asume hoy múltiples formas y características, intentando responder a las necesidades y expectativas de los jóvenes y llegar al mayor número posible de ellos, en particular de aquellos que son más pobres y necesitados.

En diciembre de 2007, en la Congregación teníamos 635 Oratorios festivos o de fin de semana,[38] más 164 Oratorios diarios que ofrecen diversos servicios a los jóvenes después del horario escolar; también existían 529 Centros Juveniles para los adolescentes y jóvenes; muchos de ellos ofrecen a los jóvenes desocupados y al margen del sistema escolar la posibilidad de adquirir una formación de base o de prepararse para un trabajo; algunos también intentan recuperar a jóvenes en situaciones graves de riesgo social.

Esta variedad de formas constituye una gran riqueza, ofrece múltiples posibilidades de contacto con la masa de muchachos, adolescentes  y jóvenes, y es un gran recurso educativo. Pero presenta también el riesgo de centrar la dinámica del Oratorio casi exclusivamente en las actividades lúdico-recreativas, disminuyendo las más específicamente educativo-formativas. Por eso, varias Inspectorías se han empeñado en repensar la identidad del Oratorio y del Centro Juvenil y en recrear su original metodología pastoral, comprometiendo a  las comunidades salesianas y a las comunidades educativas juntamente con los diversos grupos de la Familia Salesiana. Un empeño que hay que animar y acompañar.

Se quiere asegurar la apertura del Oratorio-Centro a todos los jóvenes, de manera especial a los más pobres o en riesgo, que no consiguen integrarse en otras estructuras y propuestas educativas, de modo que el Oratorio sea la frontera misionera de la comunidad cristiana. Se busca una metodología pastoral que logre responder a las necesidades más inmediatas de la gran masa de los jóvenes, pero sin olvidar las propuestas más comprometidas y exigentes para los jóvenes dispuestos a seguir un camino formativo en profundidad.

El mismo ambiente del Oratorio de Valdocco, mientras respondía a las necesidades de diversión y de una elemental formación para la mayoría de los jóvenes, ofrecía a los mejores propuestas serias de formación y de compromiso cristiano. Más todavía, existía en él una dinámica que suscitaba en los jóvenes el deseo de crecer y de profundizar la propia formación, pasando desde las simples necesidades deportivas o de instrucción a compromisos más sistemáticos y profundos de formación humana y cristiana, desde ser consumidores de actividades a ser protagonistas y animadores de ellas y creadores del ambiente educativo al servicio de los compañeros. ¿Cómo traducir hoy en nuestros ambientes oratorianos esta característica de los orígenes?

Otro reto al cual se quiere responder es hacer del Oratorio-Centro Juvenil una verdadera comunidad educativa con una fuerte identidad y dinámica formativa, que se expresa en un ambiente profundamente humano y cristiano, en el cual se ofrece una presencia significativa de los Salesianos y educadores entre los jóvenes, compartiendo su vida, las diversas propuestas educativas según la realidad y las necesidades de los mismos jóvenes, el desarrollo de la corresponsabilidad de los laicos y de los jóvenes animadores en torno a un PEPS, compartido por todos, una dinámica formativa y un acompañamiento adecuado de los grupos y de las personas, que ayude a personalizar las propuestas y las oportunidades ofrecidas.

3.2 La Parroquia confiada a los Salesianos

El compromiso de los Salesianos en el campo parroquial se expresa sobre todo a través de las parroquias confiadas a la Congregación y las parroquias misioneras. Su número ha crecido notablemente en estos años. En el año 2007 existían 1212 parroquias confiadas a la Congregación y parroquias misioneras, en las cuales más de 3.000 salesianos cuidaban pastoralmente más de once millones de fieles.

La mayor parte de estas parroquias se encuentran en barrios populares o en territorios de primera evangelización. En muchos lugares, la parroquia confiada a los Salesianos está acompañada por el Oratorio, por la escuela  e incluso por un Centro de promoción social, con una atención particular a los jóvenes en riesgo. De este modo, los Salesianos, insertados directamente en la estructura de una Iglesia particular, le ofrecen la aportación original de su carisma.

A pesar de la notable cantidad de parroquias confiadas a la Congregación, con frecuencia este sector de la pastoral salesiana no recibe la atención, el acompañamiento y la coordinación convenientes de las Inspectorías. En estos años se están promoviendo encuentros regulares de párrocos y salesianos comprometidos en parroquias para su formación y coordinación, encuentros interinspectoriales o nacionales para profundizar algunos retos en nuestra presencia salesiana en el campo parroquial; pero queda todavía mucho por hacer, y por hacer mejor. He aquí algunos aspectos que profundizar con urgencia:

  1. Asegurar la identidad salesiana en el trabajo pastoral que se realiza en la parroquia. Esto exige asumir ciertas opciones carismáticas en la vida y misión de la comunidad parroquial; en particular:
    • construir la parroquia como comunidad de fieles animada por la comunidad religiosa salesiana; una comunidad articulada en grupos y comunidades menores en las cuales haya una comunicación mayor, un compromiso más intenso, una participación más real y una relación visible entre todos estos grupos y el ambiente humano y social de la parroquia;
    • ofrecer a todos una propuesta sistemática de evangelización y de educación en la fe, promoviendo una pastoral más misionera, que busque y entre en contacto con todos, sobre todo con los jóvenes y con los alejados, que puede convertirse de esa manera con frecuencia en el primer lugar de encuentro simpático y significativo con la Iglesia, con una propuesta de evangelización o de primer anuncio para los alejados y un itinerario continuo y gradual de educación en la fe, sobre todo para los jóvenes y las familias;
    • promover una opción juvenil que asegure que la pastoral juvenil no sea solamente un sector junto con otros, sino la cualidad que caracteriza toda la vida de la parroquia, de modo que los jóvenes se encuentren “en casa” en la parroquia salesiana.

  2. Otro reto importante consiste en promover una metodología pastoral más misionera y salesiana, con gran sensibilidad educativa, capaz de recibir a las personas en el punto en que se encuentran para suscitar en ellas el deseo de abrirse a la fe y de comprometerse en un camino continuo y gradual de vida cristiana, en sintonía con las preocupaciones y experiencias de su vida cotidiana, especialmente de los jóvenes, descubriendo en ellos las semillas del Evangelio y la acción del Espíritu.
  3. Además, se debe ayudar a las comunidades parroquiales a elaborar el Proyecto pastoral unitario y compartido, que proporcione unidad a todas las iniciativas que se ofrecen en ella.

Para continuar en esta dirección es fundamental cuidar la formación pastoral de los Salesianos dedicados a la animación de la parroquia y de los laicos colaboradores, y una coordinación inspectorial capaz de acompañar y sostener las comunidades parroquiales en este camino.

3.3 La Escuela y el mundo de la educación formal

La presencia salesiana en el campo de la educación formal, y en particular en la escuela, es una de las más consistentes, significativas y difundidas.
En 2007 la Congregación era responsable de 1208 Institutos escolásticos de diversos niveles, con un poco más un millón de alumnos, sobre todo en la franja de los preadolescentes, aunque en este último sexenio han aumentado notablemente los alumnos de las escuelas superiores, y en particular de las de nivel universitario. Los Salesianos que trabajan en el campo escolástico son 2286 a tiempo pleno y 1364 a tiempo parcial, con la colaboración de una multitud muy grande de laicos, casi 60.000.

La escuela salesiana es una presencia cristiana significativa en el mundo de la educación y de la cultura; ayuda a los jóvenes a prepararse dignamente para la vida y contribuye a formar la mentalidad y a transformar la sociedad según los valores humanos y cristianos; por esto, resulta un instrumento fundamental para la evangelización. En bastantes naciones de Asia y África la escuela es con frecuencia la única forma de presencia eclesial consentida y en ella la comunidad cristiana ofrece un testimonio de servicio desinteresado a los sectores más pobres de la sociedad, un ambiente humano traspasado por los valores evangélicos, como testimonio silencioso de Jesucristo y también como una preciosa oportunidad para las familias cristianas del lugar para educar cristianamente a sus hijos.

En estos años, la Congregación ha realizado un notable esfuerzo para renovar su presencia en este campo, sobre todo en los siguientes aspectos principales:
  1. La calidad educativa y pastoral del ambiente en que se vive, de los programas y de las propuestas que se ofrecen, de la metodología que se emplea, de las mismas estructuras y recursos materiales, de las personas comprometidas en ella, a través de un PEPS operativo y compartido por toda la comunidad educativa, de manera que sea capaz de orientar y guiar la dinámica cotidiana de la escuela.
  2. En este sentido es importante superar el peligro de considerar la pastoral como un sector al lado de otros, más bien que como la cualidad de toda la vida de la escuela, de la cultura, de la metodología, de las relaciones, de las propuestas, etc. que se presentan y realizan en ella. A veces esto se halla bien presentado en los documentos, pero queda un reto, que es conseguir traducirlo a la práctica en la vida cotidiana de la comunidad educativa.

  3. La comunidad educativo-pastoral: intentar construir una escuela como comunidad humana al servicio de la educción y de la evangelización de los jóvenes, y no solamente como una institución de servicios educativos. Una escuela es una comunidad educativo-pastoral cuando en ella el centro está constituido por las personas, sobre todo los jóvenes, con relaciones interpersonales, compartiendo los valores de la pedagogía y de la espiritualidad salesiana, con la corresponsabilidad y el protagonismo de todos en sus diversas funciones.
  4. Una escuela plataforma de eficaz y normal evangelización, de manera especial a través de la promoción y de la transmisión de una cultura y de una mentalidad inspirada en los valores evangélicos. En el campo de la educación, la pastoral juvenil salesiana debe promover en los jóvenes no sólo una vida cristiana, sino también una cultura inspirada en la fe y en los valores evangélicos, que sea una alternativa a la cultura ambiental, caracterizada muchas veces por el secularismo, el relativismo, el subjetivismo, el consumismo.
  5. Los contenidos culturales que se ofrecen en la vida cotidiana de una escuela, en las diversas disciplinas, en la metodología, en el ambiente y en las relaciones, etc., no siempre reciben la atención que merecerían para garantizar una coherencia entre los contenidos transmitidos o las metodologías empleadas y los valores de la fe cristiana, de manera que ésta informe eficazmente la vida personal, profesional y social de las personas y se establezca una relación fecunda entre fe y cultura.

  6. Una escuela atenta y abierta a los jóvenes más pobres; con una dinámica y una metodología que previene el fracaso escolar y ayuda a superarlo con cursos de recuperación, clases nocturnas para los jóvenes que se encuentran fuera de la estructura escolar, etc.; que, a través de diversas materias y actividades propuestas, promueve el contacto y la inserción en la realidad social, para descubrir las causas de las situaciones de marginación y de exclusión que se viven en ella y para suscitar el compromiso de superarlas; una escuela que promueve la cultura del diálogo, de la colaboración, de la aceptación de lo diferente, de la solidaridad.

En estos años esos objetivos han sido propuestos a través de un esfuerzo sistemático y continuo realizado en varias Regiones de la Congregación. Es ejemplar el proceso que se está realizando en la América salesiana a partir de los encuentros continentales de Cumbayá (1994 y 2001) y Brasilia (2008). Las conclusiones de estos encuentros son profundizadas en los diversos equipos inspectoriales y zonales para traducirlas en programas operativos que guíen la acción de las diferentes comunidades educativas, ayudándolas a verificar y a transformar su praxis educativa. Este esfuerzo se realiza junto con los varios grupos de la Familia Salesiana que gestionan escuelas en América.

Algo parecido se está realizando también en Europa (encuentros de Roma de 1994 y 2000, de Cracovia en 2004 y de Sevilla en 2010) y en Asia Sur, a través de las coordinadoras interinspectoriales o nacionales.

Con estas mismas finalidades, los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora han constituido en Brasil una red de la escuela salesiana, mediante la cual se promueve la formación de los profesores y la elaboración de textos escolares según la pedagogía salesiana.

Este camino de renovación exige una formación permanente más sistemática de los educadores. Además del esfuerzo de las Inspectorías para garantizar una buena formación educativa y salesiana con programas sistemáticos, se han desarrollado en algunas Inspectorías o zonas diversos centros y proyectos de formación educativa y pastoral salesiana de los colaboradores laicos, de modo especial de los profesores de nuestras escuelas.

3.4. La Formación Profesional y la preparación para el trabajo

Desde sus inicios, la Congregación ha sido conocida y apreciada por sus centros de formación profesional, a través de los cuales se ofrecía a los jóvenes más pobres una formación humana y una preparación de calidad para el trabajo, que les permitía afrontar su futuro con confianza y responsabilidad. Eran, precisamente,  aquellos muchachos que con mucha frecuencia debían trabajar desde pequeños para ayudar a la familia o aquellos que no conseguían seguir el proceso escolar normal.  También ahora bastantes países que no permiten una presencia explícita de Iglesia nos confían obras de formación profesional y, a través de ellas, podemos ser un testimonio silencioso, pero claro, del Evangelio de Jesucristo.

Las obras de formación profesional son hoy muy variadas. Abarcan  desde Escuelas Técnicas Profesionales (unas 180), que ofrecen a los jóvenes una formación secundaria sistemática que permite seguir un desarrollo posterior en la Universidad, hasta Escuelas de Formación Profesional (457), que ofrecen una preparación de calidad a los jóvenes que se preparan para el trabajo, con un programa regular reconocido. Entre estas escuelas merecen una especial atención las 46 escuelas agrícolas.

En el campo de la formación profesional no formal, en estos años se han multiplicado más de 300 pequeños centros de preparación al trabajo, que ofrecen a los jóvenes trabajadores, o a los que se preparan para el  trabajo, cursos breves y muy prácticos para capacitarles con alguna cualificación laboral.
Con frecuencia esos centros de formación profesional favorecen y apoyan iniciativas concretas de ayuda para la ocupación de los jóvenes trabajadores, cooperativas de ayuda mutua, centros de artesanado y otras iniciativas para facilitar la ocupación de los jóvenes más pobres.

En las sociedades modernas en rápida evolución, el mundo técnico y del trabajo es un sector que experimenta cambios profundos y rápidos; por esto, la formación profesional, si quiere ayudar realmente a los jóvenes a insertarse en este mundo nuevo, debe transformarse en sus programas, métodos y también en sus instrumentos.

Todo esto hace que necesite un especial apoyo y orientación, en particular en los siguientes aspectos:
  1. Promover la formación integral de los jóvenes. La formación humana, moral y espiritual es tan importante como la formación técnica y profesional. Con mucha frecuencia un alumno de un centro profesional de Don Bosco es preferido a otros sobre todo por las cualidades de su personalidad, más que por la instrucción o las calificaciones obtenidas. No obstante, esto no quiere decir que la instrucción profesional deba ser considerada secundaria. De hecho, la meta final de un centro de formación profesional salesiano es justamente la de poder asegurar al joven un empleo coherente con la instrucción recibida. El currículum formativo integral está orientado precisamente a este objetivo. En consecuencia, es esencial que cada centro tenga un Proyecto Educativo Pastoral, que guíe con eficacia su acción cotidiana.
  2. Reforzar los procesos de personalización en la función educativa de las escuelas técnico-profesionales.  Hoy no es suficiente una buena preparación técnica y profesional, sino que, cada más, se requieren personas capaces de pensar de manera autónoma, intelectualmente curiosas y dotadas de sentido crítico; personas capaces de entablar relaciones positivas, estables y eficaces, de promover la colaboración en proyectos comunes; capaces de gestionar y resolver los conflictos, de afrontar los cambios con fantasía y creatividad. Esta exigencia es muy sentida también por los mismos jóvenes, que desearían una atención mayor de los educadores a su vida. Por esto es importante promover momentos y procesos de comunicación y de relación personal entre educadores y alumnos, con las familias, con el ambiente social; cuidar una orientación educativa respetuosa, pero al mismo tiempo propositiva; programar una formación moral y una educación en valores realmente personal, comunitaria y solidaria.
  3. Desarrollar en los diversos procesos educativos una formación social sistemática y profunda que asegure una mentalidad más solidaria y una capacidad mayor de comprometerse eficazmente por la justicia. Ante el gran reto de la pobreza, el CG23 señalaba la formación en la dimensión social de la caridad como una función fundamental para dar concreción y credibilidad a la educación en la fe.[39]
  4. He aquí algunos elementos que no deberían faltar en esta formación:

    • un conocimiento adecuado de la compleja realidad socio-política, comenzando desde los niveles más próximos e inmediatos;
    • una presentación completa y sistemática de la enseñanza social de la Iglesia, como clave de lectura de esta realidad y como indicación de las metas ideales a que tender en el compromiso cotidiano;
    • introducir a los jóvenes en situaciones que exijan solidaridad y ayuda, sobre todo en el mundo del trabajo; por ejemplo, frente al drama de la desocupación juvenil, de la explotación, de la inmigración o del racismo, etc.

  5. Desarrollar en nuestra propuesta educativa la pedagogía del trabajo como un elemento importante en una formación humana integral, superando una pedagogía demasiado intelectual y selectiva. Muchos jóvenes están expuestos o ya han vivido alguna experiencia de fracaso escolar y/o con problemas de integración personal, familiar o social. Para ellos, una experiencia laboral positiva, programada y seguida con criterios educativos, puede constituir una posibilidad óptima de recuperación personal; el joven puede reconquistar su autoestima, redescubrir sus habilidades y capacidades y sentirse motivado hacia su propia formación.
  6. Esto requiere que en la propuesta educativa ofrezcamos un amplio espacio a algunas experiencias de trabajo, servicios a la comunidad, trabajo dentro de organizaciones no lucrativas, valorando en ellas sobre todo la realización personal y el servicio al bien común. Requiere también promover contactos cualificados y significativos con personas, instituciones y ámbitos del mundo del trabajo, favoreciendo un diálogo, confrontación y conocimiento mutuo y colaboración formativa. 

  7. Ofrecer un proceso de evangelización insertado realmente en la dinámica educativa y laboral. Toda nuestra acción en favor de los jóvenes trabajadores tiene como meta la evangelización, pero una evangelización verdaderamente integrada en su mundo.
  8. Este proyecto de evangelización debe cuidar de manera especial los siguientes aspectos:

    • ofrecer a los alumnos una visión humanista y evangélica de la realidad social, económica y del mundo del trabajo, a través de la clase de religión o de formación moral y del estudio de la Doctrina Social de la Iglesia;
    • proponer experiencias espirituales y de apertura a Dios, tanto en la vida ordinaria  como en sus momentos significativos, con un proceso gradual de iniciación en la oración y en la celebración;
    • ofrecer también experiencias de servicio gratuito y solidario hacia los más pobres, comenzando con los del propio ambiente;
    • proponer momentos explícitos de evangelización y de educación en la fe a través de grupos adecuados a su sensibilidad y a sus necesidades;
    • unirse a las iniciativas pastorales de la Iglesia en el mundo del trabajo y facilitar a los jóvenes su participación.
  9. Un índice significativo de la calidad y eficacia de la formación recibida será la facilidad con que encuentran empleo y trabajo los alumnos que acaban la formación y en qué graso son capaces de transformar hacia mejor la sociedad en que están insertos. Esto requiere desarrollar una estrecha colaboración con el mundo de la industria y de las empresas, favoreciendo su cooperación en los programas de ejercitaciones prácticas ofrecidas a los alumnos y en los jornadas de actualización para los docentes, buscando su asesoramiento en el proceso de renovación y modernización, preparando junto con las empresas y las industrias programas de formación permanente, sobre todo para los jóvenes que ya trabajan, pensando en iniciativas para acompañar a los jóvenes en los primeros pasos de su inserción en el mundo del trabajo.
  10. En este aspecto pueden tener una gran importancia y resultar una verdadera ayuda los antiguos alumnos: pueden ser un puente excelente entre la escuela y el mundo del trabajo en el cual se encuentran ya insertados; pueden colaborar en la función educativa de la escuela a través del trabajo profesional o con servicios voluntarios; además, muchos pueden ayudar a los jóvenes que terminan los estudios, acompañándoles en la inserción en el mundo del trabajo, favoreciéndoles con iniciativas de auto-ocupación, creando bolsas de empleo, etc.

En la Congregación existen magníficas experiencias en este campo de la formación profesional: escuelas técnicas que están en la vanguardia, que no sólo ofrecen a los jóvenes una formación profesional de alta calidad, sino que también promueven diversas iniciativas para ayudarles a entrar dignamente en el mundo del trabajo.

Precisamente por la importancia que tiene la formación profesional en nuestra misión educativa de los jóvenes más pobres y por las dificultades y retos que debe afrontar hoy en una sociedad en rápido desarrollo, es urgente apoyarla promoviendo una mayor coordinación entre los diversos centros tanto en la Inspectoría como en nivel nacional y regional, favoreciendo un intercambio de experiencias, proyectos, recursos y una intensa colaboración entre los centros más desarrollados y otros más modestos, sobre todo en la formación de los docentes, en la cualificación de los programas y metodologías..., buscando juntos caminos e iniciativas para garantizar el sostenimiento y la renovación continua de los centros.

En estos últimos años, el Dicasterio de la Pastoral Juvenil ha promovido algunas iniciativas en este sentido, pero, en realidad,  se debe hacer mucho más todavía.

3.5 El mundo de la Universidad: el camino realizado desde las IUS y otras formas de presencia en el mundo universitario.

Por decisión del Rector Mayor, el Dicasterio de la Pastoral Juvenil asumió en este sexenio la animación de las IUS (Instituciones Universitarias Salesianas). El objetivo propuesto fue asumir y consolidar la identidad y las políticas aprobadas por el Rector Mayor con su Consejo para la presencia salesiana en la educación superior (enero 2003) a través del “Programa Común 2” (2003-2008), elaborado por la Asamblea de las IUS (julio 2003). Este programa responde a tres objetivos (“muy”) estratégicos:

  1. La formación del personal. Esta formación se desarrolla sobre todo mediante el Curso Virtual IUS “Aprendizaje cooperativo y tecnologías de educación en la universidad, es estilo salesiano” (CVI)”. Se trata de un proyecto realizado con sistematicidad y profesionalidad, al que en relativo poco tiempo ha adherido un número significativo de profesores de las IUS (unos 3.000); ha tenido también una fuerte repercusión en la renovación de las mismas IUS y en el desarrollo positivo del “Programa Común 2”; sin esta plataforma humana, que comparte los valores de la educación salesiana, hubiera sido muy difícil el éxito del programa propuesto.
  2. Un desarrollo específico del CVI es el “Curso Virtual de formación para los profesores de la escuela salesiana de América”, realizado por varias IUS en colaboración con el Dicasterio de la Pastoral Juvenil y la Comisión de la Escuela Salesiana en América; quiere reforzar la identidad y competencia educativa de los profesores, generando entre ellos una cultura de cooperación y de trabajo en grupo, desarrollando nuevos recursos para la acción educativa en las escuelas, según las líneas del Segundo Encuentro Americano de la Escuela Salesiana (Cumbayá II). El primer curso (2006-2007) ha sido seguido por 702 profesores.

  3. El segundo eje quiere asegurar los fundamentos de las instituciones según las indicaciones del Quadro di riferimento de los documentos sobre la identidad y las políticas. Abraza tres aspectos o columnas:
    • La “Carta de Navegación”, es decir, una serie de instrumentos y procedimientos para garantizar la orientación y la gestión de las instituciones dentro del cuadro de referencia de la identidad y de las políticas;
    • Los recursos humanaos, la gestión del personal y de los dirigentes, la función de la comunidad salesiana;
    • Los recursos económicos, fondos y producción de los recursos, gestión profesional de los recursos, políticas de inversión, sinergias, etc.

    El desarrollo de este segundo eje ha constituido el empeño fundamental de las IUS en estos años. Ha sido un camino riguroso, sistemático y bien acompañado. La respuesta de las IUS ha sido buena, pero no uniforme; en general, la mayoría ha participado con dedicación y según las condiciones requeridas; se ha comprometido un grupo significativo de dirigentes, presidido por el mismo Rector Mayor. La participación en los Seminarios de Brasilia, Sâo Paolo, Lima, El Salvador, y en las Conferencias (Chile 2004, Guatemala 2006, Porto Alegre 2009) ha sido satisfactoria. A pesar de todo, el resultado final (la elaboración de la “Carta de Navegación”), supone un avance, tanto por la cantidad (más del 50% de las IUS la han presentado) como por la calidad (ha sido un primer intento). A pesar de todo, aún presenta dificultades considerables para realizar en la Universidad un verdadero proceso de planificación estratégica.

  4. El tercer eje se propone promover relaciones sectoriales entre las IUS. Es una iniciativa muy concreta e importante para crear entre las IUS una verdadera comunidad científica en torno a proyectos compartidos de diversas Universidades, hasta llegar a la construcción y al funcionamiento ordinario de una verdadera y propia red de Universidades salesianas cualitativamente presente en el mundo científico con las aportaciones más coherentes con nuestro carisma educativo y juvenil. Actualmente existen el grupo del Curso Virtual dirigido a la formación del personal, el grupo “IUS-Engineering”, el grupo “IUS-Education”; y están en preparación el grupo “IUS-formación-pastoral” y el grupo “IUS-nuevas tecnologías”.

A través del desarrollo de este programa, las IUS no sólo crecen cuantitativamente (en el 2000 eran 61 instituciones universitarias de diverso nivel: 19 en América, 26 en la India, nueve en Europa, cinco en Asia-Este y Oceanía, una en África); sino que, sobre todo, se están consolidando en calidad, en particular las de América y de Europa. A través de este camino se está transformando el modo de concebir y plantear la presencia salesiana en la Universidad y se promueven nuevas formas de presencia y de gestión universitaria a través del compromiso institucional para la elaboración de la “Carta de Navegación”.

En cada IUS se están creando plataformas humanas que comparten la misión y la visión salesiana y los proyectos universitarios; estos grupos son capaces de ser núcleo animador de la comunidad académica y promotores y guías de la renovación de la institución.  También se está suscitando una mayor sinergia y colaboración entre las IUS, superando la auto-referencia y promoviendo en ellas un conciencia común y una imagen de conjunto.

En julio de 2007 se ha realizado la V Asamblea IUS, en la que se ha elaborado el Programa Común III, que retoma y profundiza los objetivos y los pasos recorridos hasta ahora.

3.6 La atención al mundo de la marginación juvenil

La atención a los jóvenes en situación de riesgo ha sido siempre una característica de la pastoral salesiana. La nueva situación de nuestras sociedades nos reta a dar nuevas respuestas. La pobreza crece cada vez más, hasta presentar una dimensión trágica, que afecta a muchas personas y comunidades, entre las cuales a muchos jóvenes, tanto que se convierte en una realidad estructural y global. También podemos hablar de “nuevas pobrezas” y, por tanto, de “nuevas formas de marginación – exclusión social”, entre las cuales nos afectan de manera particular las que comprometen las posibilidades de crecimiento de los jóvenes, creando situaciones de grave desajuste y para algunos también de desviación.

El aspecto más preocupante es el desarrollo de una mentalidad o forma de plantear la vida (individualismo, consumismo, búsqueda absoluta de la eficacia y del provecho...), que genera siempre más marginación, exclusión, pobreza y sufrimiento, en particular para los sectores más débiles, como son los jóvenes.
Por esto, en los últimos cincuenta años se han multiplicado proyectos, iniciativas y obras que intentan responder a esta situación y ofrecer a los jóvenes una nueva oportunidad de construir su vida positivamente y de insertarse responsablemente en la sociedad.  Hay “casas-familia” para acoger y educar a niños y a jóvenes en situación de grave riesgo (muchachos sin familia, chicos de la calle, muchachos víctimas de abusos sexuales o de la prostitución...); proyectos de atención, protección, educación de niños y jóvenes trabajadores, a veces desde pequeños, de acogida y recuperación de jóvenes víctimas de las drogas o salidos de las cárceles..., acogida y formación de jóvenes inmigrantes muchas veces sin familia... y muchas otras.

En las Inspectorías ha crecido la sensibilidad y el compromiso ante las diversas situaciones de pobreza y de desajuste juvenil, no sólo a través de obras, proyectos e intervenciones específicas en favor de los jóvenes en situación de grave desajuste, sino sobre todo insertando este compromiso en el proyecto educativo pastoral de la Inspectoría y promoviendo en cada comunidad educativa una atención especial a los factores de marginación y de exclusión. Esta atención y este empeño deben desarrollarse todavía más en cada comunidad y obra; debe prestarse más atención a la cultura y a la mentalidad que se promueve en ellas, empañándose en hacer crecer una cultura de la solidaridad y de la ciudadanía activa; también es importante profundizar el trabajo en red y en colaboración entre las diversas obras y servicios en las Inspectorías y con otras instituciones del territorio, cuidar la formación y preparación educativa y salesiana de los educadores en este empeño específico.

El Dicasterio de la Pastoral Juvenil ha promovido y/o acompañado diversas iniciativas en este sentido, por ejemplo, el Encuentro Europeo sobre la Inmigración (Barcelona 2003); el Encuentro Regional sobre la Educación y la Orientación al trabajo de los jóvenes (San Salvador 2004); el Encuentro sobre la Propuesta Laboral en la pedagogía salesiana para los jóvenes en riesgo (Medellín 2006); el Encuentro sobre la Formación Profesional y Orientación al Trabajo (África y Madagascar-Johanesburgo 2004). También hay diversas coordinadoras regionales y nacionales que promueven un trabajo en red y una atenta inserción y colaboración con instituciones sociales que trabajan en este campo: la coordinadora YAR (“youth at risk”) de la India, SCS en Italia, “Plataforma Social” en España, y otras.

En la animación y coordinación de este sector tienen una especial importancia los “Uffici di pianificazione e di sviluppo”, constituidos en bastantes Inspectorías. Estos Despachos ayudan a las Inspectorías a planificar estratégicamente sus intervenciones para el desarrollo y a buscar fuentes de financiación para los proyectos. Es muy importante un trabajo de conjunto entre estos Despachos y la Delegación Inspectorial de la Pastoral Juvenil para asegurar la inserción de los proyectos en el PEPS Inspectorial y para promover, al mismo tiempo, una planificación sistemática y una verificación exigente de los objetivos del PEPS.[40]

3.7 Otras presencias y formas ligeras deservicio a los jóvenes

En la sociedad compleja y pluralista asistimos al surgimiento de nuevos lugares o formas de educación de la juventud, que proponen modelos y estilos de vida que fascinan a las masas juveniles; piénsese en la escuela paralela de los mass-media, en las aglomeraciones en torno a los intereses musicales y deportivos, en el turismo, en las nuevas formas de compromiso social y eclesial, en el área del tiempo libre, que se han convertido en lugares de identificación personal.

Para responder a esta nueva situación se han desarrollado en el conjunto del mundo salesiano nuevas realidades y agregaciones juveniles, nuevas formas educativas, servicios y obras más ágiles y ligeras, capaces de responder y de adaptarse a las necesidades cambiantes y a las urgencias con mayor libertad de acción y de iniciativa. Estas realidades utilizan preferentemente las posibilidades de la comunicación con el ambiente natural de los jóvenes, más que la estabilidad de un ambiente físico; privilegian la espontaneidad de las relaciones y la libertad de adhesión, la centralidad de las personas más que la estructura y el proyecto; cultivan una relación de fondo entre diversas realidades y trabajan en mutua interacción con otras instituciones y servicios del territorio, intentando ofrecer una respuesta global a las situaciones. En ellas es relativamente más fácil comprometer a los mismos jóvenes, en la convicción de que el camino que recorrer juntos está en sus manos.

He aquí algunas de estas nuevas formas de presencia entre los jóvenes.
  1. El Movimiento Juvenil Salesiano

    Una de las formas de presencia entre los jóvenes más amplia y comprehensiva es el Movimiento Juvenil Salesiano (MGS). Se trata de un Movimiento con carácter educativo, ofrecido a todos los jóvenes, para hacerles sujetos y protagonistas de su crecimiento humano y cristiano, con arrojo misionero, abierto a los alejados, con una voluntad de incidencia en el territorio y en la sociedad civil y de inserción y aportación a la Iglesia local.

    Los grupos y la asociaciones juveniles que, aún manteniendo su autonomía organizativa, se reconocen en la espiritualidad y en la pedagogía salesiana, forman de manera explícita o implícita el Movimiento Juvenil Salesiano.

    Su animación está compartida entre los grupos de la Familia Salesiana, en particular los SDB y las FMA. Un momento fuerte del Movimiento fue el “Forum mundial” celebrado en Turín y Roma con ocasión del año 2000. En los lugares de los inicios del carisma salesiano, representantes de las diversas Inspectorías compartieron su experiencia de Movimiento, los grandes retos que afectan hoy al mundo juvenil, las nuevas posibilidades de respuestas y de compromiso, para concluir presentando a todos los jóvenes del Movimiento algunas líneas de compromiso para los años siguientes. Este mensaje final del Forum constituyó el cuadro de referencia de la animación que se ha desarrollado en estos años a través de diversas iniciativas:

    • el mensaje anual del Rector Mayor a los jóvenes del MGS con ocasión de la fiesta de Don Bosco, objeto de estudio y de reflexión en los grupos;
    • la profundización de la identidad del Movimiento (diversas Inspectorías han elaborado una “Carta de identidad del MGS”);
    • el crecimiento del protagonismo de los jóvenes con diversas coordinadoras inspectoriales o interinspectoriales del Movimiento (en particular, en el sexenio pasado se ha creado la Coordinadora Europea del MGS con una amplia participación de los mismos jóvenes, como fruto del Confronto 2004);
    • múltiples encuentros inspectoriales y/o interinspectoriales de los grupos del MGS, como el “Campobosco” de España y Portugal, las numerosas peregrinaciones de los grupos juveniles a los lugares de los orígenes del carisma salesiano, encuentros europeos, como el Confronto y el Rurozon, encuentros de los grupos del MGS de Argentina, de Brasil, el “Boscoree” para los Scouts Don Bosco de la India, etc.;
    • el compromiso por una formación sistemática y profunda de los animadores y, en bastantes Inspectorías, el desarrollo de un “Itinerario de formación cristiana para los diversos grupos”; dentro del MGS crecen diversos movimientos y asociaciones claramente evangelizadores; 
    • una presencia mayor del MGS en las Iglesias locales, etc.

    El MGS es una realidad prometedora que compromete a muchos muchachos, adolescentes y  jóvenes; pero exige un esfuerzo cada vez mayor, más sistemático y coordinado por la evangelización y la formación cristiana según los valores de la Espiritualidad Juvenil Salesiana, por el cuidado de la formación y del acompañamiento personal de los animadores, por la promoción del compromiso solidario con otros jóvenes, sobre todo los más pobres y en riesgo, y por una presencia activa y responsable en los diversos ambientes juveniles, en la Sociedad y en la Iglesia.

    A lo largo del último sexenio se han multiplicado y profundizado las propuestas de peregrinaciones juveniles a los lugares salesianos de Turín y al Colle Don Bosco, sobre todo de las Inspectorías de Europa; los encuentros de formación salesiana para colaboradores laicos; la experiencia formativa para jóvenes prenovicios de algunas Inspectorías salesianas de Europa, etc. Con ayuda de las Inspectorías de Europa, la Inspectoría ICP está haciendo un esfuerzo notable para enriquecer y coordinar mejor los equipos salesianos que animan el Proyecto Colle Don Bosco en Valdocco. Toda la Congregación les está agradecida.

    Con la ayuda y la colaboración del Instituto de Espiritualidad de la UPS, se ha iniciado también un camino de reflexión y de puesta en común entre los responsables de las Casas Salesianas de Espiritualidad de Europa (mayo 2004); se han identificado los elementos fundamentales para una propuesta de Espiritualidad Juvenil Salesiana que ofrecer en estas casas, y las funciones de una Casa Salesiana de Espiritualidad en el proyecto pastoral de la Inspectoría.
  2. El Voluntariado
  3. En estos años se ha desarrollado en las Inspectorías y en el MGS una multiplicidad de grupos y asociaciones de voluntariado, sobre todo juvenil. El CG24 ha reconocido la realidad del voluntariado como un nuevo estilo de apertura al otro, sobre todo en el campo de la pobreza y de la marginación , un reto contra las injusticias y los egoísmos imperantes, una salida vocacional significativa y una confirmación válida del camino educativo recorrido por los jóvenes con los SDB.[41]

    En la Congregación el voluntariado continúa creciendo a través de múltiples grupos y organizaciones. En algunas Regiones  se desarrolla sobre todo el voluntariado local o nacional, tanto misionero como social o vocacional (América); en otras está muy desarrollado el voluntariado internacional (Europa); otras reciben voluntarios (África y Asia).

    El voluntariado salesiano se realiza normalmente como una oferta significativa a los jóvenes que han recorrido el camino formativo de la pastoral juvenil y les ayuda a madurar y a profundizar su opción vocacional de vida cristiana comprometida; pero con frecuencia se convierte también en una ocasión significativa de contacto y una oferta de evangelización para jóvenes que llegan desde  fuera de nuestras obras.

    O voluntariado missionário é realizado normalmente como proposta significativa aos jovens que percorreram o itinerário formativo da pastoral juvenil e os ajuda a amadurecer e aprofundar a própria opção vocacional de vida cristã empenhada; com frequência, porém, torna-se também ocasião significativa de contato e proposta de evangelização para jovens que vêm de fora das nossas obras.

    Los Dicasterios de la Pastoral Juvenil y de las Misiones han reelaborado el documento “Voluntariado en la misión salesiana”, enriqueciéndolo con las aportaciones del Encuentro Internacional del 2001 y con la experiencia de las Inspectorías y de las ONGs salesianas. En este documento se presentan  la identidad del voluntariado salesiano, algunas exigencias y condiciones fundamentales para su desarrollo, para la formación y acompañamiento de los voluntarios y para la animación y promoción del voluntariado salesiano en las Inspectorías y en la Congregación.

    En 2007 este documento ha sido presentado a toda la Congregación a través de siete Encuentros regionales, para darlo a conocer y para que se haga operativo en las diversas Inspectorías mediante un Plano Inspectorial del Voluntariado, insertado en el PEPS Inspectorial.

 

4. PERSPECTIVAS DE FUTURO PARA LA PASTORAL JUVENIL SALESIANA

Después de haber presentado cómo se ha desarrollado y cómo se articula hoy la Pastoral Juvenil en la Congregación, junto con una sentida acción de gracias a Dios por la cantidad de bien que Él suscita entre nosotros en el servicio a los jóvenes, por la fuerza de atracción de Don Bosco y de su carisma, por el compromiso generoso de tantos hermanos, laicos colaboradores y de los mismos jóvenes, desearía proponeros y compartir con vosotros algunas perspectivas de futuro, varias de las cuales han sido propuestas por el CG26 como objetivos prioritarios para los próximos años.

4.1. Continuar el esfuerzo de asimilación y de práctica del modelo de la Pastoral Juvenil Salesiana

Hemos visto el esfuerzo enorme de la Congregación en estos últimos cincuenta años para repensar y renovar su praxis educativa y pastoral, respondiendo con mayor fidelidad a las nuevas necesidades y expectativas de los jóvenes y a los valores inspiradores del Sistema Preventivo de Don Bosco. Hoy podemos contar con un conjunto de criterios, orientaciones, estructuras, líneas de acción, que traducen en la situación moderna el espíritu y el modelo de acción vivido por Don Bosco en el primer Oratorio: el Sistema Preventivo.

Todo este esfuerzo de reflexión de la práctica educativa implica necesariamente una apertura a nuevos esquemas y a nuevas prácticas, una nueva mentalidad y una nueva forma de organizar los elementos que constituyen el acto educativo, una nueva metodología y un nuevo modo de plantear la presencia entre los jóvenes... Estas cosas requieren reflexión para verificar la experiencia cotidiana; coraje para asumir nuevas perspectivas y nuevos planteamientos; paciencia para dar tiempo a la transformación lenta de las formas de pensar y de las actitudes; compartir con otros, porque estos procesos de cambios no se realizan por sí solos, sino en grupo.

La Congregación tiene hoy un modelo operativo de Pastoral Juvenil, es decir, una forma concreta de estructurar y de organizar los diversos elementos de su práctica educativa y pastoral para asegurar la identidad, su coherencia respecto a los objetivos del proyecto y su organicidad; un modelo fiel a los principios inspiradores del Sistema Preventivo de Don Bosco y al mismo tiempo que responda mejor a las necesidades y a las situaciones de los jóvenes de hoy. Por tanto, es urgente comprometerse en conocer a fondo este modelo, asumir su planteamiento y, sobre todo, traducirlo a la práctica en los diversos contextos y ambientes. En estos últimos años se ha hecho un gran esfuerzo en esta dirección, pero debe continuarse todavía, ayudando a cada salesiano y a las comunidades locales a cotejar su praxis con el modelo para hacerla más fiel y significativa.

En particular, es importante asumir la visión unitaria y orgánica de una pastoral centrada en la persona del joven y no tanto en las obras o servicios, superando el sectorialismo todavía presente en la práctica de todos los días. Se debe robustecer también la dimensión comunitaria de la acción pastoral, que se manifiesta sobre todo en el empeño de construir la obra salesiana como una comunidad educativo-pastoral, en la cual las personas ocupan el centro, prevalecen las relaciones interpersonales, los elementos de comunión y de colaboración sobre las preocupaciones de gestión o de organización. Otro aspecto sobre el que han insistido los últimos Capítulos es la mentalidad proyectiva, es decir, considerar la acción pastoral como un camino que se va desarrollando gradualmente según objetivos precisos y verificables, y no tanto como la suma de múltiples intervenciones y acciones unidas entre sí.

Todo esto implica multiplicar el esfuerzo de formación pastoral, tanto de los Salesianos como de los colaboradores laicos. Existen muchas iniciativas en este campo, pero urge sistematizarlas y darles continuidad, de manera que se vaya constituyendo en cada comunidad educativo-pastoral un núcleo de personas plenamente identificadas con los valores y el planteamiento de la pastoral salesiana, capaces de animar y de guiar al resto.

4.2. Una pastoral evangelizadora claramente orientada al anuncio de Cristo y a la educación de los jóvenes en la fe

La acción educativo-pastoral de la Congregación se está multiplicando en todas partes; las necesidades de los jóvenes  y las exigencias de la sociedad y de la Iglesia son cada vez más numerosas y apremiantes. En el esfuerzo por responder a ellas se corre el riesgo de perderse y de dejar en la sombra el corazón de nuestra misión.

En muchas de las sociedades y culturas en las cuales desarrollamos nuestro servicio educativo y pastoral se está desarrollando una cultura que margina a la religión y en modo especial al cristianismo; un estilo de vida que favorece el desarrollo de la pobreza material y espiritual de muchos y que multiplica los factores de exclusión social... En este ambiente resultan con frecuencia insignificantes e irrelevantes los valores religiosos y las motivaciones de los creyentes, que en otro tiempo aparecían  y se percibían en el servicio educativo y de promoción humana.

Esta situación ha empujado a muchos Salesianos y laicos colaboradores a renovar su identidad vocacional y a entregarse al compromiso educativo y pastoral con gran generosidad y sacrificio; pero existe también el peligro de “superficialidad espiritual, activismo frenético, estilo de vida burgués, testimonio evangélico débil, dedicación parcial a la misión. Esto se traduce en renuencia a manifestar la propia identidad de consagrados y en timidez apostólica”.[42]

Todo esto requiere recuperar las raíces y el motor de nuestra praxis pastoral, la pasión misionera del “Da mihi animas”, la única que puede garantizar su significatividad y eficacia, y centrar nuestra variadísima actividad educativo-pastoral en la evangelización y en la educación en la fe, donde todo encuentra su unidad y su sentido.[43]

A la luz de las líneas de acción propuestas por el CG26 sobre el tema de la evangelización, he aquí algunas prioridades que deberán caracterizar la pastoral juvenil en los próximos años:

  1. Una pastoral más misionera que proponga “con alegría y coraje a los jóvenes que vivan la existencia humana como la vivió Jesucristo”.[44] Hoy no es suficiente colocar a los jóvenes en un ambiente positivo con multiplicidad de actividades y propuestas, ni siquiera ofrecerles simplemente una formación catequística, ni habituarles a una práctica religiosa (oración y sacramentos); es necesaria una propuesta clara y explícita de anuncio de Jesucristo, que despierte en los jóvenes el deseo de conocerle y de seguirle; es necesario enseñarles e iniciarles en la oración cristiana, en la lectura y en la meditación de la Palabra de Dios; es necesario también suscitar en ellos el deseo de comprometerse en un camino sistemático de profundización de la fe y ayudarles a plantear la propia vida según los valores del Evangelio. 
  2. Una evangelización insertada plenamente en el campo de la educación. La pastoral juvenil salesiana vive y se desarrolla en el campo de la educción, intenta promover en los jóvenes no solamente una vida cristiana, sino también una cultura inspirada en la fe y en los valores evangélicos, que sea un alternativa a la cultura del ambiente caracterizada por el secularismo, el relativismo, el subjetivismo, el consumismo…
  3. La atención a los contenidos culturales que se ofrecen en el desarrollo cotidiano de una obra no siempre posee el grado que necesitaría para garantizar una coherencia entre los contenidos transmitidos y las metodologías empleadas con los valores de la fe cristiana (encuentro cultura y fe) y para asegurar una vida cristiana capaz de calificar evangélicamente la vida privada, profesional y social de las personas.

    Por tanto, hoy es urgente plantear el compromiso pastoral cuidando de manera especial la integración de la evangelización y de la educación en la lógica del Sistema Preventivo:[45]

    • una evangelización capaz de adaptarse a la condición evolutiva del joven, que cuide el desarrollo de actitudes humanas fundamentales que hagan posible la apertura personal a Dios y el encuentro con Jesús, atenta a los valores y visiones de la vida que viven los jóvenes para transformarlos a la luz del Evangelio;
    • una educación capaz de formar mentalidad, de inspirar visiones de vida abiertas a la dimensión religiosa, de madurar opciones de vida inspiradas por el Evangelio de Jesús; una educación atenta, de modo especial, a desarrollar la dimensión religiosa de la persona y a promover las actitudes fundamentales para una apertura positiva a la fe; una educación que cuide la formación de la conciencia moral y eduque a los jóvenes en el compromiso social según la inspiración de la doctrina social de la Iglesia.

4.3. Profundizar y reforzar la dimensión vocacional en cualquier propuesta pastoral

La animación y la orientación vocacional son un elemento esencial de una Pastoral Juvenil que ayude a cada joven a realizar opciones responsables  de vida a la luz de la fe. “Hoy sentimos más fuerte que nunca el reto de crear una cultura vocacional en cada ambiente, de manera que los jóvenes descubran la vida como llamada y que toda la pastoral salesiana sea realmente vocacional”.[46] Pero la mejor pastoral juvenil no genera vocaciones apostólicas y consagradas sin una atención específica al anuncio vocacional explícito, a la propuesta personal decidida, al acompañamiento espiritual constante.

La carencia de vocaciones ha sensibilizado a las comunidades y a los hermanos para reflexionar sobre el modo de animación vocacional; pero ésta todavía es pensada y actuada como un compromiso complementario del trabajo educativo y pastoral ordinario, realizado por algunos encargados y hermanos particularmente sensibles. Esto empobrece los dos procesos: una pastoral juvenil que no logra orientar a los jóvenes hacia una visión vocacional de su vida que los guíe a opciones evangélicas de donación y de servicio, y una animación vocacional demasiado basada en el entusiasmo y poco en la relación de fe profunda y personalizada con Jesucristo.

Por esto, es necesario convertir mentalidades y renovar cierta praxis, particularmente en estos tres aspectos:
  1. Promover en cualquier ambiente nuestro una cultura vocacional, mediante una pastoral juvenil decididamente evangelizadora, que comprometa a los jóvenes a reconocer la propia vida como un don de Dios y a corresponder con un compromiso generoso de servicio de los otros, en particular de los más necesitados.[47]
  2. Asegurar en todo itinerario de educación en la fe una atención particular a promover en los jóvenes el compromiso apostólico, basado en una relación personal de amistad con Jesucristo, realizado en la comunión y colaboración dentro de una experiencia de comunidad y madurado con un compromiso sistemático de formación personal.[48]
  3. Testimoniar con coraje y con alegría la belleza de la propia vocación salesiana, entregada totalmente a Dios en el misión juvenil, haciendo su propuesta explícita y comprometiéndose a acompañar a los jóvenes con signos de vocación religiosa salesiana en su camino de discernimiento y formación vocacional.[49]

4.4. Una atención especial a los jóvenes más pobres y en riesgo, como característica de toda presencia y obra salesiana

Reconozco con alegría que han crecido la sensibilidad y la preocupación, la reflexión y el compromiso por el mundo de la marginación y del desajuste juvenil. Esta realidad ya no representa un sector particular, identificado con alguna obra especial o animado sólo por algún hermano particularmente motivado. La atención a los últimos, a los más pobres, a los más desajustados está convirtiéndose en una “sensibilidad institucional” que, poco a poco, compromete a muchas obras de las Inspectorías.

Pero todavía existe cierta resistencia a recalificar la mentalidad y la metodología educativa, de manera que cualquier presencia nuestra esté verdaderamente al servicio de los jóvenes más necesitados.[50] Fieles a las indicaciones del CG26, debemos continuar este camino y concentrar nuestros esfuerzos para desarrollar algunos procesos que comprometan al conjunto de nuestra pastoral juvenil:
  1. La atención a los jóvenes en situación de riesgo como característica y compromiso de toda presencia salesiana y de todo proyecto educativo. No basta tener en la Inspectoría algunas obras o servicios explícitamente dedicados a los jóvenes más pobres; se necesita que la apertura y la atención a las situaciones de pobreza, exclusión y marginación sean asumidas por toda presencia, hasta convertirse en una característica de su significatividad. Es importante que toda comunidad educativa descubra los elementos del ambiente, de la dinámica y de la metodología de la obra, o ciertos criterios de valoración más o menos explícitos, que de hecho producen selección y exclusión y que se empeñe en transformarlos; que favorezca la presencia, la participación y el protagonismo de los jóvenes más necesitados y en riesgo en las actividades, en los grupos, en las responsabilidades...; que descubra con especial atención los elementos de la pedagogía salesiana más adecuados a estos jóvenes y se empeñe en ponerlos en práctica.
  2. Aspirar a la transformación de la mentalidad y de las tendencias culturales,no sólo para responder a las expectativas inmediatas, promoviendo una cultura de la solidaridad según el criterio de “dar más a quien ha recibido menos”. La pobreza y la marginación en nuestras sociedades no son sólo fenómenos económicos o sociales, sino también, y creo que sobre todo, fenómenos culturales; existe un modo individualista, competitivo, hedonista y consumista de concebir la vida, que genera exclusión de los más débiles; por tanto, no es posible contentarse con ayudar a los más desfavorecidos a superar su situación de marginación, sino que nuestra intervención debe tender  a la transformación de su mentalidad y de la del conjunto de la sociedad. En este sentido, toda comunidad educativo-pastoral debe estar muy atenta a los valores y a los estilos de vida que promueve con su acción educativa cotidiana.
  3. Desarrollar con especial atención la dimensión religiosa de la persona, considerada como un factor fundamental de humanización y de prevención. En la visión antropológica del Sistema Preventivo de Don Bosco, la dimensión religiosa es un elemento fundamental de la persona y de la sociedad; por esto, su desarrollo, hasta el anuncio de Jesucristo, es una exigencia indispensable de la propuesta educativa salesiana. A través de las vías miseriosas del Espíritu que obra en el corazón de toda persona, y de manera especial de los más pobres y necesitados, creemos que en esta relación personal  con Dios se encuentran energías insospechadas para la construcción de la personalidad y para su desarrollo integral,[51] y creemos que esto es un elemento importante para dar esperanza a los jóvenes que sufren de manera especial las consecuencias dramáticas de la pobreza y de la exclusión social.
  4. Por tanto, en el proyecto educativo-pastoral, cada comunidad educativa  debe proponer para estos jóvenes experiencias y caminos que despierten en ellos la dimensión religiosa de la vida y les ayuden a descubrir a Jesucristo como Salvador.[52] Esta propuesta de evangelización debe insertarse plenamente en el proceso educativo de prevención y de recuperación y articularse en itinerarios sencillos, muy pegados a la vida cotidiana y según la lógica de las pequeñas simientes.

    El testimonio de los educadores y de la comunidad educativa, el ambiente de alegría, de acogida y de familia, la defensa y la promoción de la dignidad personal, se convierten en un primer anuncio y en una primera realización de la salvación de Cristo y en una oferta de liberación y de plenitud de vida.

    Luego, hay que cuidar y desarrollar esta primera chispa con paciencia y perseverancia, haciendo aflorar siempre el lado positivo que existe en el joven, la conciencia de su dignidad, su voluntad de rehacerse. Toda la comunidad le ofrece experiencias religiosas sencillas, pero de calidad, como momentos de oración o de celebración, que le ayudan a abrirse a la presencia y a la relación personal con Dios. A partir de estas experiencias, la comunidad cristiana podrá anunciar la persona de Jesucristo,  con respeto pero también con alegría.

4.5. Redefinir nuestras presencias para hacerlas más significativas, es decir, “nuevas presencias”

La profunda renovación de la Pastoral Juvenil para responder mejor a las necesidades y a las exigencias de los jóvenes, requiere como condición indispensable revisar profundamente la finalidad, la organización y la gestión de nuestras obras. Por esto, ya desde hace años en la Congregación estamos invitados a reflexionar sobre la presencias, a transformarlas y a convertirlas en más significativas, a abrirse a nuevas fronteras, haciendo “nuevas” las presencias y promoviendo otras nuevas.[53]

Convertir en nuevas las obras institucionales que tenemos: Escuelas, Centros de Formación Profesional, Parroquias, Oratorios y Centros Juveniles, Residencias Universitarias, etc. Esto requiere centrar la función de la comunidad salesiana no tanto en la gestión y organización de la obra cuanto en el acompañamiento y en la formación de los educadores y de los jóvenes, asegurando una presencia directa entre ellos  en la animación de un camino gradual de educación y de evangelización, hasta llegar a propuestas de vida cristiana comprometida, en la participación de un vasto movimiento de personas en torno a un Proyecto educativo pastoral salesiano abierto y compartido. Se trata también de prestar una atención privilegiada y decidida a los jóvenes en riesgo, realizando con coraje y creatividad las opciones necesarias; se trata también de promover iniciativas y proyectos que comprometan al mayor número posible de personas e instituciones de educación y de evangelización de los jóvenes, trabajando en red y en comunión con la sociedad y con la Iglesia.

No basta con renovar las presencias ya existentes. Muchas veces es necesario  comprometerse  para crear nuevos tipos de presencias, con propuestas fuertes de evangelización y de educación en la fe, de formación salesiana de los colaboradores con equipos que animen casas salesianas de espiritualidad, centros de catequesis, centros de formación de los laicos colaboradores; presencias de animación y propuesta vocacional explícita, de animación y guía de las asociaciones y movimientos juveniles de evangelización y de compromiso, y del voluntariado, etc.

Para facilitar este compromiso de hacer más significativa y eficaz la presencia salesiana en un territorio, para coordinar mejor los diversos tipos de presencia salesiana en él, para favorecer la recolocación y redefinición de las obras, el CG25 había pedido a cada Inspectoría que elaborara un Proyecto Orgánico Inspectorial (POI) que ofreciese los criterios, las condiciones  y las exigencias concretas necesarias para obtener ese objetivo.[54] El camino se ha comenzado, pero debe seguir adelante, mediante una continua verificación y renovación del POI.

4.6. Una animación pastoral cada vez más unida y coordinada entre los diversos Dicasterios, en particular los Dicasterios de la Misión salesiana: Pastoral Juvenil, Comunicación Social y Misiones

La animación de la pastoral juvenil se ha hecho cada vez más compleja:   los sectores o ambientes se han multiplicado, con nuevos aspectos que organizar y coordinar. Algunos de estos aspectos están relacionados estrechamente con otros confiados por las Constituciones a otros Dicasterios; por ejemplo, la realidad del voluntariado con sus diversos tipos tiene una relación específica y concreta con las misiones (cuando se trata del voluntariado misionero); la parroquia confiada a los salesianos en los territorios de misión asume también la dinámica propia de los lugares misioneros, acompañados por el Dicasterio de las Misiones; el Dicasterio de la Comunicación Social, además de la animación de los aspectos específicos de los medios de comunicación social y de las empresas, promueve la formación de los educadores para que sean creadores de ambientes ricos en las relaciones y en las comunicaciones; este aspecto se relaciona estrechamente con la pastoral juvenil que anima la comunidad educativo-pastoral, sujeto fundamental de la educación y de la evangelización; la formación pastoral de los SDB y de los laicos debe asegurarse en una mutua relación y en una estrecha colaboración entre el Dicasterio de la Formación y el Dicasterio de la Pastoral Juvenil... Y así otros campos que están haciéndose cada vez más interdependientes y que afectan a diversos Dicasterios, de manera que su animación no es realizada únicamente por uno prescindiendo de los otros.

Ante esta realidad, el CG26 ha pedido al Rector Mayor y a su Consejo que en el próximo sexenio se promueva una colaboración más orgánica entre los tres Dicasterios de la Misión (Pastoral Juvenil, Comunicación Social y Misiones), de manera que, salvaguardando la unidad orgánica de la pastoral juvenil, se enriquezcan estos sectores compartidos con la aportación de los tres Dicasterios que animan de modo directo aspectos complementarios de la única misión salesiana. En una cultura marcada profundamente por la comunicación social y cada vez más secularizada, la educación y evangelización de los jóvenes, sobre todo de los más pobres y de las clases populares, requiere un planteamiento claramente misionero en el cual se dé prioridad al primer anuncio del Evangelio.

Esta indicación del CG26 no se limita a una propuesta organizativa, sino que implica una visión más amplia, integral y relacionada con algunos aspectos centrales de la misión salesiana, confiados a estos Dicasterios. La pastoral juvenil debe ser cada vez más misionera, es decir, asumir las características y dinámicas de la acción misionera, cuidando el diálogo con otras religiones... La pastoral juvenil debe también asumir cada vez más una nueva cultura de la comunicación social, que conforma un  estilo de vida y de acción, un conjunto de valores que caracterizan los ambientes, sobre todo juveniles, en los cuales la pastoral juvenil realiza su función educativa y de evangelización.

Por tanto, el salesiano, como educador-pastor de los jóvenes de hoy, debe asumir muchos aspectos del misionero y del comunicador; la comunidad educativo-pastoral debe convertirse en un centro promotor de comunicaciones de fuerte calidad humana y cristiana; la propuesta educativo-pastoral salesiana debe asegurar la presencia y el desarrollo de la dimensión misionera y la dinámica y los valores del mundo de la comunicación. La Pastoral juvenil salesiana, la Comunicación social y la animación misionera son aspectos que integran orgánicamente la realización integral de la Misión salesiana.

 

CCONCLUSIÓN

Queridos hermanos, he querido entregaros esta Carta en el cuarto domingo de Pascua, que la Iglesia dedica a Cristo Buen Pastor, justamente para aprender de Él, como supo hacer nuestro amado padre Don Bosco, que se sintió llamado como vocación y misión a ser buen pastor de los jóvenes.

Que María, su madre y maestra, como enseñó a Don Bosco, nos enseñe a nosotros el campo de acción, la misión que desarrollar, y el método para realizarla.

Con afecto en Don Bosco

Don Pascual Chávez Villanueva
Reitor-Mor