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“Con el coraje de Don Bosco en las nuevas fronteras de la Comunicación Social”

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - DON PASCUAL CHÁVEZ


NUEVAS FRONTERAS DE LA COMUNICACIÓN

“CON EL CORAJE DE DON BOSCO EN LAS NUEVAS FRONTERAS DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL”

Introducción. 1. Aproximación histórica. Compromiso de fidelidad. Valorización de nuestra memoria histórica. Una nueva mentalidad. Una conversión cultural. Urgencia de la formación de los salesianos. Respuesta organizativa e institucional. Ulteriores impulsos en nuestro camino. 2. Desafíos provenientes de la comunicación social. Desarrollo tecnológico. Novedades mediáticas a nivel técnico y estructural. Características de la nueva cultura digital. Algunos desafíos en perspectiva educativa. Algunos desafíos en perspectiva institucional. 3. Orientaciones operativas. 3.1 Cambio de estrategia. 3.2. Instrumentos de trabajo. 3.2.1. Carta de Don Vecchi sobre la comunicación social. 3.2.2. Sistema Salesiano de Comunicación Social. 3.2.3. Orientaciones para la formación de los Salesianos en comunicación social. 4. Conclusión.


Roma, 24 de junio de 2005

Roma, 24 de junio de 2005
Natividad de San Juan Bautista
ACG 390

Queridísimos Hermanos:

Os escribo después de la solemnidad de María Auxiliadora, que he vivido en Valdocco, donde, junto a numerosos participantes, he inaugurado, primero con una concelebración eucarística, después con un acto cultural, los trabajos de restauración de la Basílica llevados a cabo hasta hoy. Ahora, en la parte renovada, la Basílica resplandece de luz y de colores; muchos de nosotros no habían podido ver nunca tanta belleza, que los años habían erosionado en la estructura y en la decoración. Como ya he hecho durante las celebraciones de Turín, esta carta me ofrece la oportunidad de expresar mi agradecimiento a todas las Inspectorías, a la Familia Salesiana y a las Instituciones civiles, como también a las comunidades, a los numerosos devotos y a los bienhechores, que han querido manifestar el amor a María con su aportación económica.

En el período transcurrido después de mi última carta circular, he tenido numerosos compromisos; en particular se han hecho algunas Visitas de Conjunto. Sobre todo hemos vivido dos acontecimientos de importancia mundial, que merecen un comentario: la enfermedad, la muerte, los funerales de Juan Pablo II y el cónclave, la elección y la inauguración del pontificado de Benedicto XVI.

En el testimonio que he escrito el día antes de la muerte de Juan Pablo II he expresado con reconocimiento y admiración algunos rasgos que, a mi parecer, han hecho del Papa Wojtila, una de las figuras más importantes del siglo XX y uno de los pontífices más grandes, hasta el punto de ser ya llamado con el apelativo de “Magno”. Su muerte ha suscitado una participación de tantísimas personas, que ha superado toda expectativa. No han sido los media los que han producido semejante fenómeno; pero éstos lo han convertido en noticia. Una auténtica riada humana de hombres y mujeres, de todas las partes del mundo, de diversas confesiones, clases sociales, edades, ha llenado la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes en un inimaginable testimonio de admiración, de reconocimiento, de fe, de Iglesia. A esto se deben añadir los millones de personas que en todas las partes del mundo se han reunido para las celebraciones y que han seguido los diversos acontecimientos a través de los media.

Es paradójico que haya sido la muerte de Juan Pablo II lo que ha manifestado su grandeza de hombre, de creyente, de pastor. Cuanto dijo a los jóvenes al final de su vida –según el testimonio de su secretario personal, que le habría referido que la Plaza de San Pedro estaba repleta de jóvenes- podría ser válido para todos: “He ido a encontraros en todas las partes del mundo. Hoy vosotros venís a encontrarme y os lo agradezco”.

Parecía que la fragilidad física y  la enfermedad, que le privaron de la palabra, pero no doblegaron su férrea voluntad de dar cumplimiento a la misión que el Señor le había confiado, lo hicieron más hermoso, más atrayente, más elocuente. A este propósito me vienen a la mente las palabras de Pablo a los Corintios: “Es cosa que ya sabemos: si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene duración eterna en los cielos”; “sí, mientras estamos en la tienda de campaña gemimos por nuestra dura suerte, pues no quisiéramos que se nos quitara este vestido; nos gustaría más ponernos el otro encima y que el cuerpo mortal fuera absorbido por la vida nueva” (2 Cor 5,1.4).

Ahora él vive en plenitud al lado de Dios. A nosotros no nos deja sólo una memoria, cargada de recuerdos, sino un testamento espiritual, el de su testimonio de amor hasta el fin al Señor Jesús, a la Iglesia, al hombre. A nosotros y a los jóvenes en particular deja aquel mensaje, que hemos hecho programa de animación y gobierno del sexenio: “Queridos salesianos, ¡sed santos!”.

En los días de sede vacante la Iglesia intensificó su oración. Como de costumbre, el Cónclave suscitó muchas expectativas. Es natural; pero esta vez la expectación fue mayor que nunca, debido también a la presencia sobreabundante de los media y por su influjo a través de los periódicos, revistas, redes televisivas, internet. La comunicación mediática llegaba incluso a indicar el programa, las prioridades y la agenda del nuevo Papa. En clima de oración y discernimiento los cardenales participantes eligieron a aquel que el Señor había escogido, al Card. Josef Ratzinger, que tomó el nombre programático de Benedicto XVI.

Sus primeras intervenciones, en particular la homilía de inauguración del pontificado, nos han hecho ver a un Papa de mente preclara, con una profunda formación humanista y una amplia preparación teológica y cultural, que prefiere la esencialidad a la retórica, pero sobre todo han puesto en evidencia al hombre y al creyente. Por eso no llama la atención el que no haya sentido “la necesidad de presentar un programa de gobierno” y que su opción fundamental haya sido la de ponerse “a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor” y dejarse conducir por Él, “de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia” [1] .

Sin embargo, explicando los signos que caracterizan el ministerio petrino, el palio y el anillo, él ha trazado con claridad los desafíos: “conducir a los hombres fuera del desierto –el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed, del abandono, de la soledad, del amor quebrantado, de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre- hacia el lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida y la vida en plenitud”; y “sacar a los hombres –con la red del Evangelio- del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios”. Es el ministerio del pastor y del pescador. Si éste es el deber que el Papa se siente llamado a cumplir en la Iglesia, a todos nos ha recordado la llamada de Juan Pablo II, dirigido hace 26 años: “¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”; y ha añadido: “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada –absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande”.

Hoy, mientras damos la bienvenida al Papa Benedicto XVI, lo acogemos con afecto y acompañamos su ministerio con la oración, como haría Don Bosco, y le prometemos fidelidad y colaboración.

Y ahora vamos con el tema de la circular: “Con el coraje de Don Bosco en las nuevas fronteras de la comunicación social”. Alguno se preguntará qué relación hay entre una circular sobre la comunicación social y las reflexiones y estímulos que he ido ofreciendo hasta ahora en mis cartas. Me han movido a esta opción varias razones. La primera, más sustancial, está en el hecho de que la comunicación social es uno de los campos prioritarios de la misión salesiana (cf. Const. 6); es de tal importancia que, finalmente, el último Capítulo General decidió elegir un Consejero general sólo para esta dimensión. El segundo motivo, más ocasional, es el hecho del 120º aniversario de la carta de Don Bosco del 19 de marzo de 1885 sobre la “Difusión de los buenos libros”, [2] verdadero manifiesto de la comunicación social para la Congregación. La última razón, más programática, es la Carta Apostólica de Juan Pablo II, El Rápido Desarrollo, publicada el 24 de enero de 2005 para recordar el Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II Inter Mirifica, que había sido promulgado por Pablo VI hace algo más de cuarenta años. Pues bien, este conjunto de factores me ha convencido de la oportunidad de escribir sobre este tema.

Partiendo de cuanto he escrito en las cartas precedentes, podría todavía añadir: De poco serviría una santidad que no es testimoniada, visible y legible. Sería poco menos que inútil una vida consagrada salesiana que no lograra ser comunicada y propuesta a otros. Incluso el encuentro con el Cristo de Don Bosco resultaría irrelevante si esta experiencia no fuera conocida, si no se hiciera pública. Finalmente, la escucha de Dios es auténtica si se transforma en testimonio, porque toda anunciación es portadora de una vocación que se debe vivir y de una misión que hay que cumplir.

Recordando la carta de Don Bosco a los salesianos sobre la buena prensa, queremos volver a traer a nuestra mente y hacer resonar en el corazón la insistente llamada con que nuestro Padre nos confía una “parte importantísima de nuestra misión”, “uno de los fines principales de nuestra congregación”, “una entre las principales empresas” que le confió la Divina Providencia, uno de los medios mejores, más aún, un medio “divino” para hacer fructuoso nuestro ministerio.

           En este auténtico “testamento”  dictado por su espíritu pastoral, Don Bosco quiere suscitar nuestro conocimiento acerca del compromiso irrenunciable de la comunicación social para el cumplimiento de la misión salesiana. El lenguaje que él usa no deja lugar a duda alguna ni a interpretaciones reductivas. Nos habla de “parte importantísima”, de “fin principal”, de “empresa principal”. El aspecto más sorprendente, sin embargo, es precisamente la claridad de su comprensión de la importancia de la comunicación social en los procesos de renovación de su tiempo y su opción genial de estar dentro de este proceso renovador. De este modo él puede ofrecer alimento cultural a los jóvenes y a los ambientes populares, que más que ningún otro corren el peligro de quedar arrollados por lo nuevo. Hacer una obra cultural, ofrecer instrumentos válidos de conocimiento y de formación, dar ocasión de entretenimiento, son al mismo tiempo modos para realizar una eficaz educación y evangelización y para implicar a los mismos jóvenes como apóstoles en la difusión de los buenos libros.

1. APROXIMACIÓN HISTÓRICA

          Compromiso de fidelidad

         Ateniéndonos al espíritu de cuanto escribe, a la pasión por la salvación de los jóvenes que siempre lo sostuvo, hace 120 años Don Bosco no nos confió sólo la “difusión de los buenos libros”; nos llamó a una “fidelidad” que debemos saber interpretar y hacerla “coordinada” y “completa en todas sus partes”, en nuestro tiempo y en todos los contextos, para la realización eficaz de la misión salesiana. No podemos educar, no podemos cooperar

en la realización del Reino de Dios, sin un compromiso serio por la difusión de la cultura cristianamente inspirada entre los jóvenes y el pueblo. Es preciso encontrar modos eficaces para sembrar y hacer fermentar “un pensamiento de Dios” entre los que son agredidos por “la impiedad y la herejía”.

         La genialidad de su empeño por la prensa se manifiesta por la estrategia de formar “un sistema ordenado” con las publicaciones. Para Don Bosco esto significa no descuidar a nadie ni ningún aspecto de la vida: atraer a la virtud con lecturas edificantes, infundir el espíritu de piedad, preservar del error, acompañar en las horas serenas, hacer de los jóvenes salvadores de otros jovencitos.

         En la carta encontramos bien precisadas las opciones operativas hechas por Don Bosco en el campo de la prensa, y sabemos cómo quería estar, en este ámbito, “siempre a la vanguardia del progreso”. A nosotros nos pide comprometernos para “coordinar” este su proyecto para que sea “completo en todas sus partes”. Se trata de un compromiso vinculante, que debemos estar en condiciones de interpretar con genialidad y de hacer eficaz, según las exigencias de los tiempos y de los lugares donde trabajamos.

Esto es lo que la Congregación ha tratado de hacer en fidelidad a nuestro Padre y es lo que también hoy estamos llamados a realizar con capacidad creativa y eficacia operativa, precisamente a la luz de la circular de 1885 que siempre ha orientado la acción educativa y pastoral salesiana y que ha sido definida por el CGE la “carta magna de la acción salesiana en este sector” (CGE 450).

En algunos momentos nuestra actitud ha sido más bien defensiva; se ha tratado de proteger del daño que podían producir los medios de comunicación; era más una lucha contra tales medios que un compromiso por su valorización. Esto, sin embargo, no ha impedido por parte de Rectores Mayores de amplias miras y valientes que crearan editoriales que han hecho posible dar continuidad a la obra de Don Bosco: basta pensar en la fundación de la SEI (Società Editrice Internazionale) por parte de Don Rinaldi y de la LDC por parte de Don Ricaldone. Su preocupación no fue sólo iniciar editoriales, sino también “preparar escritores, formar técnicos, perfeccionar y multiplicar nuestras tipografías y librerías”; y esto sucedió en toda la Congregación y no sólo en Italia.

Valorización de nuestra memoria histórica

         La primavera conciliar y los estímulos del decreto Inter Mirifica, aprobado el 4 de diciembre de 1963, llevaron a reflexionar en el Capítulo General 19 de 1965 sobre los instrumentos de comunicación social, su importancia en nuestro apostolado, su uso y su funcionamiento. Se vio también la necesidad de preparar salesianos y seglares especializados para poder valorizar lo mejor posible las producciones en este campo, para realizar una pastoral juvenil y popular más eficaz, para poder colaborar con instituciones, asociaciones y entes de comunicación social (cf. CG 19, p. 171). En el Capítulo General de 1965, hace cuarenta años, apareció evidente el no pleno conocimiento del compromiso que el uso de tales medios comportaba y se comprobó sobre todo la falta de personal cualificado. Siguiendo el decreto conciliar se llegó a una doble toma de conciencia acerca de la enorme importancia de los instrumentos de comunicación social y de la necesidad de personas cualificadas para su valorización a nivel educativo y pastoral. A partir de entonces se ha avanzado mucho, aunque a veces las declaraciones hayan sido más audaces que las realizaciones.

         El Capítulo General Especial 20 de 1971-72, a la luz también de las nuevas indicaciones eclesiales de la Communio et Progressio, que presentan una visión positiva de la nueva era de los media, subraya la importancia del fenómeno extraordinario de los instrumentos de comunicación social y pone en evidencia su gran incidencia en la historia y en la vida del hombre. Para evitar el sucumbir frente al dominio desmesurado que ejercen sobre las personas, el Capítulo exige hacer un trabajo significativo a nivel cultural y educativo. Es preciso ayudar a los jóvenes a ser conscientes y a liberarse de los condicionamientos, para que estén en condiciones de hacer opciones libres y responsables. Se trata de recorrer un camino con los jóvenes para que maduren opciones desarrollando, también en referencia a los instrumentos de comunicación social, sus talentos individuales (CGE n. 458).

La nueva perspectiva de interpretación y de comprensión, la reflexión atenta de las enseñanzas eclesiales, la experiencia y las recomendaciones de Don Bosco en la circular de 1885 están en la base de las orientaciones presentes en las Constituciones renovadas, que llegaron a su definitiva aprobación en el Capítulo General 22 de 1984. Según el nuevo dictado constitucional, la comunicación social aparece como un camino privilegiado para nuestra misión de “educadores de la fe en los ambientes populares” (Const. 6). Además, el artículo 43, recuperando la reflexión profundizada en el CG 21, indica la comunicación social como “campo de acción significativo que figura entre las prioridades apostólicas de la misión salesiana”.

El Capítulo General 21 de 1978 ya había reconocido y subrayado la importancia de la comunicación social (n. 148). En las Constituciones renovadas, inspiradas también en la reflexión eclesial de la Evangelii Nuntiandi (n. 45), se reafirma de modo eficaz y fiel la insistente llamada de Don Bosco y se ofrece a la Congregación “un campo de acción” de extraordinaria eficacia, al servicio de la educación y de la evangelización. Ya no es solamente  “vehículo” o “conjunto de instrumentos”, no sólo actividad apostólica particular o ámbito de la misma, sino también “cauce que hay que seguir para realizar con plenitud nuestra labor de educadores-pastores-comunicadores” [3] .

En este recorrido hecho por la Congregación hacia la reafirmación de cuanto nuestro padre Don Bosco había proféticamente preanunciado y realizado, no podemos olvidar dos documentos que han contribuido notablemente a enriquecer de atención y de realizaciones positivas el camino: se trata de los dos escritos de Don Viganò y de Don Vecchi sobre la comunicación social.

Ya el Rector Mayor Don Luis Ricceri, con ocasión del centenario de la fundación del Boletín Salesiano, en 1977 había escrito una carta sobre el significado y la importancia de la información salesiana: Las noticias de familia. En ella recordaba la necesidad del compromiso en el campo de la información y en todo lo que se refiere a la comunicación social. Cuidar la difusión de las noticias de familia sirve para cultivar el sentido de pertenencia, para “sentir la alegría de ser hijos de Don Bosco” y para hacer conocer las cosas que se hacen para crear una imagen positiva y para acrecentar, como decía Don Bosco, el número de los bienhechores de la humanidad. Pero son sobre todo la carta de Don Viganò y la de Don Vecchi sobre la comunicación social las que han dado el impulso, la profundidad y la organicidad a la reflexión y a las realizaciones en este campo. Mientras tanto, también el CG23 y el CG24 daban a este propósito un notable desarrollo.

Una nueva mentalidad

         La carta de Don Egidio Viganò de 1981, La comunicación social nos interpela, [4] interpreta el significado de la larga reflexión del CG21 y pone fuertes provocaciones a la acción de los salesianos en el campo de la comunicación social. Don Viganò invita a los salesianos a un cambio de mentalidad en lo referente a la comunicación social. No podemos valorarla sin entrar dentro de la nueva realidad; no podemos considerarla sólo como algo de que debemos defendernos; es preciso conocerla y sobre todo valorizarla. Debemos hacernos cada vez más conscientes de ello; es necesario reconocer la comunicación social como presencia educativa de masa, formadora de mentalidad y creadora de cultura. Nuestra misión educativa y evangelizadora se arraiga necesariamente en el área cultural; por tanto debemos estar atentos a los dinamismos de la actual transformación cultural, para ser capaces de una presencia significativa que nos consienta difundir nuestros modelos y valores.

         El Capítulo General 23 de 1990 expresa pleno conocimiento de las nuevas condiciones sociales y culturales, en las que las comunidades salesianas se encuentran desarrollando su misión. Metidos en un mundo en el que las distancias se anulan por la facilidad de los transportes y de las comunicaciones, en que se difunden y se funden tendencias culturales y modalidades de vida, debemos encontrar capacidad de atención a los diversos contextos; se trata de captar los problemas y de saber asumirlos para solidarizarnos con la condición juvenil (n. 17). Sobre los jóvenes, en particular, influyen notablemente los lenguajes y los modelos de vida propuestos por la comunicación social. Ellos se mueven con naturalidad en el uso de tales instrumentos, aunque ese uso esté marcado por la ambigüedad (n. 63).

         Para acompañar a los jóvenes en el crecimiento y en el camino de fe, para entrar en sintonía con ellos, es preciso encontrar modalidades nuevas y eficaces de comunicación. Como Don Bosco, debemos ser capaces de “empresas apostólicas originales para defender y sostener la fe”  (Const. 43; cf. CG23, 256). A partir de estas situaciones y exigencias, el Capítulo hace ver la necesidad de un nuevo compromiso de valorización de la comunicación social para la educación de los jóvenes en la fe. Es preciso diferenciar las intervenciones: en el ámbito local se requiere cuidar la capacidad de utilizar la CS por parte de las comunidades; en el ámbito inspectorial se requiere un encargado para la CS para acompañar a las comunidades; en el ámbito central es importante la animación del Consejero para la CS para la formación de los salesianos y para lanzar proyectos en orden a responder a las exigencias actuales.

Una conversión cultural

         La acentuación y la insistencia sobre la importancia de la comunicación en el Capítulo General 24 de 1996 van unidas ciertamente a la nueva perspectiva de la participación del mismo carisma entre salesianos y seglares. La implicación de los seglares en el espíritu y en la misión de Don Bosco requiere un compromiso particular en la comunicación para madurar capacidades de relaciones, una presencia activa en medio de los jóvenes, actitudes culturales y espirituales indispensables para una comunicación eficaz. Sin embargo, no se trata sólo de una reflexión funcional. Está presente el conocimiento de la situación cultural y social en profundo cambio y de la misma novedad e incidencia de los medios de comunicación; en este campo los seglares pueden dar una aportación notable.

Para la plena valorización de la comunicación social se indican iniciativas para los diversos ámbitos que conjugan juntos las exigencias de la formación, de la organización y del uso de los medios de comunicación social. Se insiste de modo particular en que cada Inspectoría, acompañada por el Consejero general para la CS, dé vida a un plan de comunicación social. El mismo Rector Mayor junto con su Consejo está invitado a estudiar “un plan operativo de valoración, promoción y coordinación de la comunicación social, significativo campo de acción que forma parte de las prioridades apostólicas de la misión salesiana (Const. 43)”. [5]

A una verdadera conversión cultural invita la carta del Rector Mayor Don Juan E. Vecchi del 8 de diciembre de 1999: La comunicación en la misión salesiana [6] . La CS lo abarca todo; marca toda la presencia salesiana; debemos saber asumir nuevos puntos de vista, prestando atención sobre todo “a la capacidad comunicativa y envolvente del entorno, sobre los valores típicos de la misión y espiritualidad salesiana” (p. 19). El espacio ofrecido por las técnicas modernas de comunicación nos debe encontrar dispuestos a inserirnos dentro de ellas y a apreciar lo que nos permiten en cuanto a información instantánea en todo el mundo.

Don Vecchi invita a considerar qué nuevos puntos de vista pueden enriquecer nuestro compromiso en favor de la comunicación social por medio de la colaboración seglar y la atención al territorio. En efecto, la colaboración con los seglares estimula a una integración de puntos de vista y de experiencias, que resultan eficaces en la medida en que son fruto de verdadera reciprocidad y sinergia. La atención al territorio, además, requiere capacidad de comunicación fuera de la comunidad religiosa y de los colaboradores; estimula a preguntarnos cómo calificar la presencia salesiana en el territorio a nivel de atención a los jóvenes y a los marginados; nos interroga sobre cómo hacer que la comunidad educativa pastoral sea una presencia significativa, capaz de implicar y de irradiar sensibilidades nuevas.

Urgencia de la formación de los salesianos

         Esta progresiva comprensión de la importancia y del significado de la comunicación social ha hecho también tomar conciencia de la necesidad de una adecuada formación por parte de los salesianos.

         El documento del CG21, después de la iluminante precisión de la importancia y de la valorización de la CS, presenta en forma severa la lectura de la situación sobre la formación de los salesianos, hablando de la mera afición de algunos sujetos y del afán de ser pioneros, y de la “preocupante escasez de personas y grupos de salesianos capaces de elaborar, a través de los nuevos lenguajes de la CS, los contenidos y los mensajes de una evangelización adaptada al hombre de nuestro tiempo. Faltan, o son absolutamente insuficientes, los grupos de reflexión, de estudio, de experimentación y de elaboración fundados sobre serias bases científicas” (CG21, n. 151).

Sobre la necesidad de formación, estudios, búsqueda y programación orgánica para dar un mínimo de competencia a los hermanos, insiste también Don Viganò en su carta. En este campo específico de la formación la Congregación ha hecho opciones exigentes que encuentran correspondencia en la actual facultad de Ciencias de la Comunicación Social de la UPS. Se han creado estructuras de animación en los ámbitos central e inspectorial; se han multiplicado las iniciativas; se han adquirido nuevos instrumentos y canales de comunicación; pero no somos aún capaces de construir un nuevo areópago en los contextos concretos de nuestra vida y de nuestra acción.

Debemos todavía encontrar el modo eficaz de confrontarnos y de entrar en la nueva cultura, de lograr integrar nuestro pensamiento y nuestra acción en los lenguajes y estilos de comunicación, de ayudar a madurar una mentalidad crítica y creativa en relación con los mensajes, lenguajes, actitudes, comportamientos, etc.

En su carta Don Vecchi, como antes Don Viganò, subraya la necesidad de un camino formativo adecuado; si nuestras competencias no se desarrollan con el cambio, pronto o tarde quedaremos fuera. Por esto, se requiere:

-         una formación de base: se trata de aprender a leer y a evaluar lo que todos usamos habitualmente, es decir, formarse para saber usar bien los nuevos medios y estar en condiciones de formar críticamente;

-         un segundo nivel de formación para los animadores y agentes educativos y pastorales: éstos deben estar en condiciones de integrar en las opciones educativas y pastorales los criterios de la comunicación social; no es sólo el uso de los medios y la capacitación para su uso; se trata de una obra de inculturación, de educación y pastoral en la nueva cultura de los media (ACG 370, p.27);

-         un tercer nivel de formación para los especialistas: es preciso preparar hermanos en el campo de la CS, con una invitación formal a valorizar nuestra facultad universitaria.

Precisamente en la perspectiva de una adecuada formación, Don Vecchi ofrece también orientaciones prácticas muy significativas e iluminadoras en el ámbito de la comunidad (p. 34-44) y en el de la Inspectoría (p. 44-52).

Respuesta organizativa e institucional

Ciertamente, estas opciones por la comunicación social, presentadas por los Capítulos generales o por los Rectores Mayores, no se han limitado a la reflexión o a la declaración de intenciones, acaso con realizaciones operativas, sino que se han concretado en una respuesta cada vez más orgánica e institucional.

Así en el CG22 de 1984 se puso en marcha el Dicasterio para la Comunicación Social y se confió el sector a un miembro del Consejo General. Además, el 8 de diciembre de 1989 se dio inicio al Instituto de Comunicación Social en la Universidad Pontificia Salesiana, como compromiso unido al Centenario de la muerte de Don Bosco y como actualización del carisma de nuestro querido Padre, que fue siempre un gran educador y comunicador. En el discurso de inauguración Don Egidio Viganò lo subrayaba: “Estamos convencidos de que con la creación del ISCOS –que se coloca al lado de otras instituciones católicas ya beneméritas o nacientes- estamos jugando una carta importante, aunque humilde, para la evangelización y la educación de los jóvenes y del pueblo: ayudar a hacer crecer la capacidad de comunicar con modernidad, de dialogar eficazmente con el hombre de hoy”. [7]

De esta nueva fundación la Congregación espera la formación de alto nivel de los educadores y de los comunicadores de la Familia Salesiana y la búsqueda valiente y sin límites en la comunicación social, con atención a la teología y pastoral de la misma comunicación social, al estudio de las teorías sociales de los media, a la experimentación de métodos de educación para los media, a los nuevos lenguajes de la catequesis y de la comunicación religiosa, a la producción de programas religiosos y educativos.

Hoy el ISCOS se ha convertido en una facultad; esto lleva consigo el compromiso de la Congregación y de la Familia Salesiana de preparar un personal adecuado para este trabajo nuevo. Es evidente que el sostén de una facultad de tanta importancia requiere la colaboración y la corresponsabilidad de toda la Congregación, a la que aquí apelo.

En el CG23 se ha indicado la necesidad de un delegado inspectorial para la comunicación social y en el CG24 se ha subrayado la exigencia de un plan inspectorial de comunicación social, juntamente con la de reforzar la animación inspectorial con la acción atenta del delegado. Estas dos orientaciones se han aplicado bien, con éxito, en algunas Inspectorías; otras, en cambio, tienen aquí una materia pendiente.

Nuestro reciente CG25, considerando la importancia creciente del sector de la comunicación en el contexto de la actividad de la Congregación Salesiana, en el espíritu de los ya citados artículos 6 y 43 de las Constituciones, ha decidido tener un Consejero general dedicado exclusivamente a la Comunicación Social. A continuación del Capítulo, en el Proyecto de animación y gobierno del Rector Mayor y de su Consejo, se ha dado una atención puntual a este sector,  indicando objetivos, procesos e intervenciones en cuatro áreas: la visión de conjunto, la animación y formación, la información y las empresas.

Ulteriores impulsos en nuestro camino

La apelación a la “nueva mentalidad” y a la “conversión cultural” a las que nos han invitado los Rectores Mayores precedentes, también nos han llegado últimamente de parte del Santo Padre Juan Pablo II, el cual en la ya citada Carta Apostólica del 24 de enero de 2005, El Rápido Desarrollo, ha subrayado que el compromiso de la Iglesia hoy no consiste sólo en usar los media, sino que requiere “integrar el mensaje salvífico en la ‘nueva cultura’ que los instrumentos potentes de la comunicación crean y amplifican” (n. 2).

Esto significa sin más que el uso de las técnicas y tecnologías actuales de la comunicación social forma parte de la misión de la Iglesia en esta nuestra era; dicho uso se refiere a los diversos campos de acción: la información religiosa, la evangelización, la catequesis, la formación de los agentes del sector, la educación.

Sin embargo, somos conscientes de que hoy la comunicación social no se reduce al uso de los media; en efecto, se ha convertido en una poderosísima agencia que propone y propaga formas de vida y de comportamiento personal, familiar y social. Por eso no podemos ignorar –nos dice el Papa- que “esta cultura antes aún que de los contenidos, nace del hecho mismo que existen nuevos modos de comunicar con técnicas y lenguajes inéditos” (RD n. 3). En nuestra “época de comunicación global” la existencia humana está llamada a confrontarse con los “procesos mediáticos”. De esta confrontación nacen convergencias para la “formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de los vínculos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica” (n. 3).

Todo esto representa un verdadero desafío, sobre todo para cuantos tienen responsabilidades formativas respecto de niños y jóvenes (n. 7). También por esto debemos advertir nuestra responsabilidad en el campo de la comunicación social, actuar una “revisión pastoral y cultural que nos haga capaces de afrontar, de manera adecuada, el cambio de época que estamos viviendo” (n. 8).

Para estar en condiciones de asumir las responsabilidades en la actual cultura mediática, el Papa nos invita a una “vasta obra formativa para hacer que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada” (n. 11); a una “participación corresponsable en su gestión”, apelando a una “cultura de la corresponsabilidad” (n. 11); a valorizar “las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo, convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz” (n. 11).

También este documento eclesial, como sucedió en los decenios precedentes, es para nosotros un estímulo para captar lo nuevo de nuestro tiempo y para hacer opciones con la fuerza y el espíritu de Don Bosco hoy.

2. DESAF