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“Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros” (Flp 1,3)

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - DON PASCUAL CHÁVEZ


"DOY GRACIAS A MI DIOS CADA VEZ QUE ME ACUERDO DE VOSOTROS” (Flp 1,3)


Presentación de la Región Europa Oeste


Don Bosco en Francia, España, Portugal y Bélgica Sur. – En los orígenes, una buena implantación del carisma. – Un desarrollo espectacular. – Situación cultural, social y religiosa actualmente. – Situación salesiana en la Región. – Una palabra sobre las diversas Obras. – La pastoral Juvenil. – La Comunicación Social. – La dimensión misionera. – La Familia Salesiana. – La formación inicial y la formación continua. – La formación permanente. – Los grandes desafíos de la Región. – Líneas de acción. – 1. Promover una animación vocacional específica que sea expresión del testimonio de la vida comunitaria y de la fecundidad de la misión. – 1.1. Asegurar las condiciones para que cada comunidad viva una verdadera experiencia espiritual y sea testimonio de fe, visible y legible por los jóvenes. – 1.2. Crear un modo nuevo de presencia salesiana verdaderamente significativa, que sea atractiva y rica en propuestas para los jóvenes y que ponga la evangelización como objetivo prioritario. – 2. Asegurar los cambios consiguientes en la vida y en la organización de las Inspectorías y de la Región.

Roma, 8 de septiembre de 2004
Natividad de la Bienaventurada Virgen María

Queridísimos hermanos:

                        Os escribo con vivo afecto, dando gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros (Flp 1,3). Éste es el título que he querido poner a esta carta sobre la Región Europa Oeste. Aún siendo válido para todas las Regiones, porque expresa la intensa comunión que hay entre nosotros y el reconocimiento del trabajo hecho para la expansión de la Congregación y la difusión del carisma de Don Bosco, no hay duda que se aplica de modo especial a esta R egión. La España salesiana ha conocido un gran crecimiento, el más abundante y consistente después de Italia y antes de que llegase el de la India. Francia ha despuntado por su amor a Don Bosco, a su espiritualidad, a su pedagogía. Portugal ha tenido una admirable expansión misionera en todos los países de las antiguas colonias lusitanas. Bélgica Sur ha colaborado siempre generosamente en las presencias misioneras.

Durante estos tres meses últimos, desde mi última carta sobre la Palabra de Dios y Vida Salesiana, he pasado la mayor parte del tiempo en la Casa Generalicia en una sesión del Consejo de gran compromiso, en la que hemos examinado y aprobado más de dos tercios de los documentos elaborados por los Capítulos Inspectoriales. Hay también algunas noticias que merecen un breve comentario.

Ante todo, los Ejercicios Espirituales que hemos hecho juntamente con el Consejo General de las Hijas de María Auxiliadora, en Santa Fosca di Cadore, al comienzo de julio. Aparte del hecho de ser la primera vez de un evento semejante en la historia de nuestros Institutos, con todo el significado carismático que puede tener, queríamos hacer una experiencia de búsqueda todos juntos del paso del Espíritu en el hoy de la Iglesia y del mundo, para conocer mejor qué espera el Señor de nosotros, cuáles son sus expectativas, cuál su voluntad. Bajo este punto de vista, tanto el escenario natural, verdaderamente espectacular, como el clima agradable; tanto la convivencia familiar como la participación espiritual y la reflexión ofrecida y celebrada, han sido iluminadores y ricos en propuestas. Faltaron la Madre Antonia Colombo y dos Consejeras, que,  por motivos de salud, no pudieron participar.

El mes de agosto ha tenido como característica el “Campobosco” de los jóvenes de España y el “Confronto Europeo”, que ha reunido a centenares de jóvenes, con ocasión del jubileo de la  canonización de Santo Domingo Savio y del centenario de la muerte de Laura Vicuña. Ambos encuentros habían sido preparados cuidadosamente y realizados con gran empeño por parte de todos, comenzando por los jóvenes mismos, verdaderos protagonistas de los eventos. Como es natural, éstos son tanto más fecundos cuanto mejor apuntan a una meta y a un punto de relanzamiento dentro de un proceso de maduración humana y cristiana y de espiritualidad salesiana.

No puedo, en este contexto de comunicación fraterna, dejar de decir una palabra sobre la reciente campaña que se ha lanzado contra nosotros por parte de algunos mass media americanos, acusando a la Congregación de mantener una política de traslado de un país a otro de los hermanos acusados de abusos contra menores, apuntando particularmente a la Inspectoría de Australia. Los Inspectores de Estados Unidos primero, y el Inspector de Australia después, han publicado un comunicado de prensa, negando semejante política como institución, pidiendo perdón por los posibles delitos y por una gestión no siempre adecuada de los casos, mostrando solidaridad con las víctimas, reiterando las orientaciones dadas por el Rector Mayor y su Consejo y dejando claro que cada Inspectoría es responsable de la gestión de estos casos. Mientras acogemos esta prueba como un momento de purificación por lo que en el pasado no hubiera estado a la altura de cuanto se espera de nosotros, renovamos nuestro compromiso de hacer de los jóvenes la razón de nuestra vocación y misión, y de ser para ellos “signos y portadores del amor de Dios”.

Don Bosco en Francia, España, Portugal y Bélgica Sur.

Con la carta “Seréis mis testigos... hasta los confines del mundo” (ACG 385) comenzaba yo a presentar la realidad de la Congregación en cada una de sus Regiones geográficas y os anunciaba ya la presentación d e la Región Europa Oeste. Con esta carta “Doy gracias a Dios cada vez que me acuerdo de vosotros” (Flp 1,3) pretendo acercaros a la historia de esta Región, que es gloriosa, a la riqueza de su realidad presente y, al mismo tiempo, trato de haceros partícipes de los esfuerzos que está haciendo para responder con creatividad a los ingentes y urgentes desafíos que interpelan el carisma salesiano en Occidente.

La Región Europa Oeste fue constituida en el CG24. Geográficamente es la más pequeña de la Congregación. Comprende Bélgica, Francia, España y Portugal, con algunas presencias en naciones que, por motivos histórico-políticos o por generosidad apostólica, han permanecido unidas a alguna de las Inspectorías. Portugal mantiene su presencia en las islas de Cabo Verde, Francia tiene una comunidad en Marruecos y una en Suiza, la Inspectoría de Barcelona dirige un centro escolar en la República de Andorra. La Delegación de Mozambique, aunque dependiente de la Inspectoría de Portugal, a partir del CG24 forma parte de la Región África. Después de la unificación de las Inspectorías de Francia (1999), la Región comprende 10 Inspectorías. Algunas casas, en todas estas Inspectorías, han celebrado ya el centenario de su fundación.

Indudablemente la presencia salesiana en la Región padece el impacto del acelerado y profundo proceso de transformación de Europa, comenzando por la unificación de la moneda. En efecto, durante estos últimos decenios se ha avanzado decididamente en la definición del rostro europeo en las diversas dimensiones de la vida. Como en otras partes, también aquí los aspectos económicos han ocupado el primer lugar, mientras en otros campos se encuentran dificultades. Lamentables han sido las experiencias de las guerras de los Balcanes, de la guerra de Iraq y de su reconstrucción, y duras las gestiones en el momento de firmar la Constitución Europ ea. Todo esto pone en claro los diversos intereses y las diferentes sensibilidades. Europa no es uniforme, ni en la cultura, ni en su historia, ni en la teología, ni en las expresiones de su religiosidad. Y ni siquiera la realidad salesiana, siempre tan vinculada a los contextos, es la misma en esta Región de la Congregación. Durante estos últimos años, la Región ha querido ser un espacio de apertura, de diálogo, de conocimiento recíproco y de participación. Se puede asegurar que se ha hecho camino, pero las mismas vicisitudes históricas y culturales vividas a lo largo de la historia en cada uno de estos Países han dejado su huella también en la vida salesiana y en sus múltiples expresiones. El proceso de unificación es fuerte e imparable, y hay factores que inciden en la misma medida en la Región, pero la historia tiene su peso, lo que explica la diversidad de la misma realidad salesiana en ella.

En los orígenes, una buena implantación del carisma.

En diciembre de 1874, casi un año antes de dar comienzo a su aventura americana, Don Bosco “fue recibido en Niza (Francia) de modo apoteósico” [1] . Un año después, el 20 de noviembre de 1875, volvió para aceptar un pequeño “patronage”. Lo acompañaban Don Ronchail (apellido francés) que será el Director, el Coadjutor Filippo Cappellaro y el novicio Jean-Baptiste Perret. Don Bosco quería repetir en Niza la experiencia de treinta años antes en la casa Pinardi. La nueva casa tenía “todas las bases de la de Turín”, escribía a Don Rua [2] . Durante el año 1876-1877 se comenzaron los primeros talleres para zapateros, sastres y carpinteros. El 12 de marzo de 1877 se inauguró, con solemnidad, la nueva sede de la obra. “Para recordar el acontecimiento, Don Bosco hizo imprimir un fascículo bilingüe, donde aparece por primera vez su ‘tratadito’ sobre el sistema preventivo” [3] . Las fundaciones se multiplicaron rápidamente en Francia: el Oratorio de San León en Marsella, Cannes y Challonges, de breve duración, La Navarre, la casa soñada por Don Bosco, donde por primera vez los Salesianos llevaron la dirección de una “colonia agrícola” en la que los jóvenes huérfanos aprendían los trabajos de los campos. En estos años, Don Bosco visitó varias veces el sur de Francia. En 1883 llegó hasta París. Desde este momento en adelante, entre Don Bosco y Francia se establecen tales relaciones de admiración, aprecio y amistad por una parte, y de generosa ayuda por otra, que un siglo después pueden verdaderamente sorprender. En 1884 los Salesianos llegaron a París, guiados por Don Charles Bellamy, sacerdote diocesano que se había hecho salesiano un año antes.

Poco después del comienzo de la obra salesiana en Francia, el 24 de enero de 1880, en un pintoresco viaje en tren, maravillosamente narrado en una carta escrita a Don Rua, Don Cagliero, junto con el Coadjutor Giuseppe Rossi, llegó a Sevilla (España) para explorar el terreno: Cagliero con “teja – tégola”, o sombrero eclesiástico español, y Rossi con el “cilindro de su chistera”. Dos días después, el Arzobispo de Sevilla, muy bien impresionado por los dos ilustres visitantes, escribía a Don Bosco: “Me parece que esta Congregación está destinada a extenderse y a hacer mucho bien en España... Los mejores deseos a los nuevos obreros” [4] . La profecía se cumpliría muy pronto y en grado eminente.

Cagliero y Rossi dejaron en Sevilla una oleada de gran simpatía y de entusiasmo por las obras de Don Bosco. Juan Cagliero “había conquistado a los alegres andaluces con su gran sencillez, su constante buen humor y su modo de tratar a la gente, su franque za y cordialidad” [5] . A pesar de que el viaje resultó muy gratificante, la promesa de que España podía tener una comunidad salesiana no se cumpliría hasta el 16 de febrero del año siguiente, 1881, día en que llegaron a Utrera los seis primeros salesianos que Don Bosco mandaba para la fundación en España.

Si el viaje de exploración, hecho en tren por Cagliero y Rossi, fue pintoresco, por mar y siempre en borrasca fue el de la primera comunidad: vientos, tempestades, olas gigantes, nieblas y mareos. Hubo de todo, no faltó de nada. En Gibraltar dieron el último abrazo a los Hermanos que continuaban el viaje hacia América, mientras la nueva comunidad hizo su última escala en Cádiz. De Cádiz, ahora por tierra firme y en tren, siguieron hacia Utrera. A las seis y media de la tarde, los peregrinos divisaron las altas torres de la ciudad y Don Cagliero, emocionado, gritó: “He ahí Utrera”. “Todos los Salesianos, con las manos juntas, rezaron un Avemaría a la Auxiliadora. Así comenzaba la obra de Don Bosco en la Península Ibérica” [6] .

Visitando las casas salesianas en Andalucía, se tiene la impresión de que los Salesianos no han dejado de rezar y cantar esta Avemaría, en medio del pueblo. Cuando Don Bosco envió a América a los primeros Salesianos en 1875 se despidió de ellos en el Santuario de María Auxiliadora y, por escrito, les dio veinte recuerdos que son un verdadero breviario de pastoral práctica y que conservan aún ahora plena validez:

            Buscad almas, no dinero, ni dignidades...
            Amaos los unos a los otros, aconsejaos, corregíos...
            Propagad constantemente la devoción a María Santísima y a Jesús Sacramentado...
            El bien de uno sea el bien de todos...
En las fatigas y en los sufrimientos, no olvidéis que os espera un gran premio en el cielo (MB XI, 389-390; MBe XI, 331-332).

Partieron de Italia aquellos primeros Salesianos y pusieron en práctica los consejos del Padre también en la Península Ibérica: “El pueblo los acoge y venera porque son hombres de Dios: ayudan a los jóvenes en sus necesidades, buscan recursos en la lucha contra desgracias o tratan de disminuirlas; son obreros infatigables y  desinteresados” [7] . El espíritu salesiano, manifestado en la preocupación de educar a los jóvenes más pobres y abandonados, en el oratorio festivo, con su sencillez y estilo popular y, sobre todo, con la propagación de la devoción a María Auxiliadora, se apoderó inmediatamente del corazón de los Andaluces y abrió la puerta de todos, comprendida una parte de la nobleza y de la burguesía “conservadora” de España, que veía con preocupación las desastrosas consecuencias que la falta de instrucción y de educación cristiana producía entre los hijos de los obreros y de las clases pobres.

Gracias a la intervención eficaz de Doña Dorotea de Chopitea, que anhelaba poder hacer algo por la juventud pobre de Barcelona, en 1884 los Salesianos llegaron a Sarriá. El desarrollo de sus talleres y su influencia en la España salesiana es “casi un milagro”. La llegada de Don Bosco a Barcelona en 1886 suscitó olas de entusiasmo y generosidad por todas partes, hasta el punto de regalarle la colina del Tibidabo para que se construyese allí un templo al Sagrado Corazón.

Las primeras peticiones para una obra en Portugal se remontan a 1877 [8] , pero las primeras gestiones para obtener una presencia de los hijos de Don Bosco en el País comenzaron en 1882, por obra de Don Sebastião Vasconcelos, que se puso en contacto directo con Don Bosco y que en 1883, a nimado por el mismo espíritu del Santo, fundó las “Oficinas São José do Porto” (Talleres San José de Oporto), para la educación y especialización profesional “dos rapaces da rua” (de los muchachos de la calle), dando a estos talleres la fisonomía de una típica casa salesiana [9] . Pero los Salesianos llegaron a Portugal sólo en 1894, siendo Superior General Don Rua. La Ciudad de Braga, aunque no fue la primera en solicitar la presencia de los hijos de Don Bosco, sí fue la primera en tenerlos. La primera comunidad –dos sacerdotes y un estudiante- se encargará del “Colégio dos Orfãos de São Caetano” (Colegio de los Huérfanos de San Cayetano). A ésta seguirán otras fundaciones: Lisboa (1896), Angra do Heroísmo (1903), Viana do Castelo (1904), Oporto (1909). Son bien conocidas las grandes empresas marineras de los portugueses. Así no sorprende que de Lisboa fueran los Salesianos inmediatamente a Macao (1906), a Tanjor (1906) y a Maliapur (1909) en India, y fundaran una escuela de Artes y Oficios en la isla de Mozambique (1907). El carisma salesiano en Portugal se desarrolló tanto que en 1899 se constituyó la Inspectoría autónoma de Portugal, separándose de Barcelona, primera sede inspectorial en la Península Ibérica [10] .

Podemos también considerar milagrosos los comienzos de la obra salesiana en Bélgica. El 7 de diciembre de 1887, el Obispo de Lieja, Mons. Doutreloux, fue a Turín para convencer a Don Bosco que abriera una escuela profesional en su ciudad. Los Superiores, de acuerdo con Don Bosco, pensaban contemporizar antes de aceptar. Pero a la mañana del día siguiente, “con  asombro de Don Celestino Durando (encargado de los trámites para las nuevas fundaciones), Don Bosco dijo de repente que sí al Obispo, como si no existiese ninguna de las dificultades de l día anterior” [11] .

¿Qué había pasado? El día de la Inmaculada, Don Carlos Viglietti fue a la habitación de Don Bosco y le oyó decir: “Toma la pluma, tinta y papel y escribe lo que te voy a dictar. Palabras textuales de la Virgen Inmaculada que se me ha aparecido esta noche y me ha dicho: ‘Es del agrado de Dios y de la Bienaventurada Virgen María que los Hijos de San Francisco de Sales vayan a abrir una casa en Lieja en honor del Santísimo Sacramento...’” [12] . Poco después llega Mons. Cagliero y Don Viglietti le lee lo escrito. Monseñor, maravillado, dice: “También yo me oponía ayer, pero ahora ha llegado el decreto. ¡Ya no hay más que hablar!” [13] Fue en esta ocasión cuando Don Bosco pronunció la famosa sentencia: “Hasta ahora hemos caminado siempre sobre seguro; no podemos equivocarnos: es María quien nos guía...” [14] . La forma como se adquirieron los terrenos y cómo se realizó la obra en Lieja no tardaron en demostrar que precisamente María quería aquella casa en aquella ciudad del “Corpus Christi”. A Lieja siguieron Tournai, una casa de noviciado en Hechtel y otras obras, hasta constituirse las casas de Bélgica como Inspectoría autónoma en 1902.

Un desarrollo espectacular.

Se podría realmente definir espectacular el desarrollo de la Congregación Salesiana en los Países de la Región. Cuando en 1892 Don Albera, primer Inspector en Francia, volvió a Italia para ser nombrado Catequista General, dejaba trece florecientes fundaciones. También los enemigos, a su modo, daban testimonio de la vitalidad de los hijos de Don Bosco, los cuales, según el relator de una comisión del Senado francés, formaban “un conjunto de creación reciente, pero que hoy se irradia en el mundo entero” [15] . En 1896 eran ya dos las Inspectorías en Francia y “con ocasión de la Exposición Universal de París (1900), se concedieron a los Salesianos dos medallas por sus realizaciones sociales” [16] .

En España “el trabajo de los Salesianos era apreciado, incluso por el gobierno. Un decreto de 1893 los elogiaba poniendo de relieve la aportación dada por ellos a la solución de la cuestión obrera. Idénticos elogios se oyeron el año siguiente, en el cuarto Congreso Internacional Católico de Tarragona” [17] .

Como en Argentina, también en España fue Don Cagliero el fundador de la Obra Salesiana. Sin embargo, fueron Don Felipe Rinaldi, Don Pedro Ricaldone, Don Juan Branda, Don Ernesto Oberti los que verdaderamente implantaron el carisma salesiano en la Península Ibérica.

En 1889 llegó a España Don Felipe Rinaldi como Director de la Casa de Sarriá. Por su amabilidad, grandeza de corazón e intuición psicológica, se ganó en seguida el afecto de todos. Tres años más tarde fue nombrado “primer Inspector de España y Portugal”, con sede en Barcelona. Nueve años después regresaba a Italia para formar parte del entonces llamado Capítulo Superior. Dejaba veinte comunidades de Salesianos en España y tres en Portugal. Fue en ese momento cuando hace su aparición en el escenario, con gran dinamismo y carisma, Don Pedro Ricaldone.

También él había tenido ocasión de conocer y saludar a Don Bosco. Hizo el noviciado en Valsalice, “donde tuvo como compañeros al príncipe Don Augusto Czartoryski y a Don Andrés Beltrami” [18] . Llegó a España a la edad de 19 años. Desde Utrera fundó el Oratorio festivo en el problemático barrio de Sevilla-Trinidad. T enía 24 años, pero, según dijo Don Felipe Rinaldi a Don Rua: “Es todo un hombre y es muy querido” [19] . En Sevilla Don Pedro se hizo español y andaluz. En 1901 fue nombrado “primer Inspector de la Provincia Bética”. En aquel momento –cuando sólo habían pasado veinte años de la llegada de los primeros Salesianos- se crearon cuatro Inspectorías en la Península Ibérica: tres en España y una en Portugal.

Los comienzos del siglo XX no fueron ciertamente de buen auspicio para las Congregaciones religiosas en Europa. Leyes de gobiernos liberales y abiertamente anticlericales, como huracán violento, se abatieron contra ellas. El golpe revolucionario (1910) sofocó bruscamente el desarrollo de los Salesianos en Portugal. La Inspectoría Norte de Francia fue suprimida.

Otra prueba dura para la Congregación fue la primera guerra mundial. Casi la mitad de los Salesianos fueron llamados a las armas. Muchos colegios fueron incautados para ser transformados en cuarteles o en hospitales. Pero, precisamente en Francia y en Bélgica, la obra salesiana renacería después de la primera guerra mundial, y con fuerza extraordinaria, de modo que en 1959 las presencias salesianas de Bélgica constituyeron tres Inspectorías: Bélgica Norte, Bélgica Sur y África Central. Las dos Inspectorías de Francia (de nuevo dos desde 1925) comenzaron a hacerse presentes en África (Congo, 1959).

Por su parte, España –y en ella la Familia Salesiana- se vio ensangrentada por la guerra civil (1936-1939). Fueron momentos de prueba y de purificación. Los mártires de la Familia Salesiana, 95 en total, son un buen testimonio. Pero, como dice Tertuliano: “la sangre de los mártires es siempre semilla de nuevos cristianos”, y también en este caso lo ha sido de muchas vocaciones. Al final de los años cincuenta y comienzo de los sesenta, e l crecimiento vocacional hizo que fueran siete las Inspectorías, y sus misioneros llevaron el carisma salesiano hasta los más lejanos confines del mundo. Al mismo tiempo, la Inspectoría de Portugal se responsabilizó de las casas de Macao, Cabo Verde y Mozambique.

Situación cultural, social y religiosa actualmente.

La Región comprende hoy un área con 120 millones de habitantes y una densidad que va desde 80 habitantes por kilómetro cuadrado en España a los 334 en Bélgica. La mortalidad infantil no supera nunca el 0,9%, mientras la esperanza de vida llega a 74 años para los hombres y a 80 para las mujeres. El analfabetismo prácticamente ha desaparecido, excepto entre pequeñas minorías o grupos étnicos. Los núcleos familiares formados por una sola persona han aumentado en todos los países de la Unión Europea, superando el 28%.

A nivel sociológico no se puede olvidar la presencia masiva de los inmigrantes, como un factor social de importancia que preocupa a los gobiernos y a la Iglesia, y a nosotros nos presenta desafíos nada indiferentes. Por una parte, Europa tiene necesidad de los inmigrantes, pero por otra preocupa la condición de ilegalidad en que llegan y en la que tantísimos permanecen. Esto favorece la explotación, el desarrollo de las mafias, la marginación, el vivir en condiciones inhumanas y/o el recurrir a la delincuencia para sobrevivir. Bélgica es el país de la Región con el porcentaje de inmigrantes más alto: supera el 10%.

Por medio de las escuelas, los colegios, los centros juveniles, diversas plataformas sociales y “casas de acogida”, la Congregación Salesiana en la Región trata de colaborar ofreciendo respuestas ágiles y creativas a este apremiante problema.

De modo particular se constata el crecimiento de los musulmanes (unos 7.500.000 en la Región, lo que hace del Islam la segunda religión), con la e xigencia natural de sus derechos y de su reconocimiento político y religioso, pero también con su cultura, que muchas veces entra en conflicto con la europea y hasta con los derechos humanos (sobre todo, los referentes a la mujer). Otro fenómeno serio es el aluvión de las sectas, que desafían nuestra capacidad de evangelización.

El fenómeno de la mundialización y de la globalización tiene –como todas las realidades históricas- aspectos positivos, sobre todo si se logra darle un rostro humano y hacer prevalecer el valor de las personas sobre los demás intereses. Pero nos damos cuenta de que no siempre son los valores evangélicos los que dirigen este mundo. Basta ver cómo ni siquiera las raíces cristianas han sido reconocidas en la Constitución Europea.

La secularización, que en sí misma es un valor, se ha trasformado en secularismo, el cual prescinde de la referencia a Dios en la organización de la vida personal y social. Del mismo modo, el valor de la laicidad se ha convertido en laicismo, con el pretexto de una autonomía absoluta del hecho civil, por el que algunos países se reafirman como “aconfesionales y laicos”, pero sin garantizar lo que debería ser la laicidad, es decir, “un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones espirituales y la nación” [20] . Ciertamente, en este ámbito, en las Constituciones de los diversos Estados Europeos, la libertad religiosa está garantizada, asegurando la igualdad de los ciudadanos “sin distinción de origen, raza o religión”. Por desgracia, en realidad no siempre es así. Aparecen aquí y allí expresiones claramente anticlericales y un laicismo agresivo, que ahonda sus raíces en el Iluminismo y en la Revolución francesa, y que permanece como pura actitud cultural, pero penetra las mismas instituciones civiles.

La sociedad del c onsumo trata de satisfacer las necesidades del ser humano reduciendo su campo a lo material y transformando a la persona misma en un perfecto consumidor de productos, de sensaciones, de experiencias, mientras el profesionalismo –aunque positivo y necesario- limita con frecuencia el espacio de la misión para muchos carismas. Evidentemente, la autosuficiencia y la madurez de la sociedad del bienestar son un bien en sí mismas, desde el momento en que la sociedad alcanza la capacidad de satisfacer las necesidades principales de la población: educación, salud, trabajo, casa, atención a la marginación, todo esto desarrollado en centros gestionados con verdadera profesionalidad por las instituciones públicas. Pero es también un hecho indiscutible que este tipo de organización circunscribe cada vez más el espacio para la gratuidad, elemento característico de la vida religiosa. Por otra parte, la fragmentación social confina la dimensión religiosa y trascendente al ámbito de lo privado.

La disminución drástica de la natalidad en este modelo social no se mide tanto como dato estadístico, sino como rasgo que evidencia la mentalidad de la sociedad del “bienestar”. Es evidente un cierto hedonismo y egoísmo que pone el placer como uno de los objetivos primordiales de la vida, sin asegurar el respeto de los demás o de la ley moral; son gravísimas las repercusiones sobre la familia: divorcios, confiar la educación de los hijos a otras personas, dificultades o manipulaciones en las relaciones interpersonales.

Fruto de estos fenómenos es la difusión de una cultura caracterizada por un cierto relativismo escéptico y por el desencanto, que desafían fuertemente a la Iglesia, a la vida religiosa y al carisma salesiano.

Hablar de la religión o de las religiones en Europa Oeste es verdaderamente complejo. Frente a las cifras de pertenencia oficial, s e encuentran la praxis personal y la práctica social (bautismos, matrimonios, asistencia a la Misa dominical, funerales), las creencias más profundas, toda una tipología de la vivencia de la experiencia religiosa que va desde el creyente convencido y coherente hasta el ateo práctico o al agnóstico más radical, lo que se traduce de hecho en la creciente desafección de la Iglesia, sobre todo por parte de los jóvenes.

Son muchos los artículos, los ensayos publicados en estos años sobre el hecho religioso. En general son pesimistas. Basta ver los títulos: “¿Hay que creer en el porvenir del cristianismo?” [21] , “¿Tiene futuro el Cristianismo?” [22] , “¿Ha cumplido su tiempo el cristianismo?” [23] , “Los últimos Mohicanos” [24] , “Catolicismo, ¿el fin de un mundo?” [25] .

A nosotros, Salesianos, este fenómeno social nos toca de cerca, sobre todo por la influencia que tiene sobre los jóvenes. “Se trata de una franja de la población más sensible a las modas culturales y ciertamente más tocado por la secularización ambiental” [26] . La evangelización se hace cada vez más difícil a causa de esta secularización de los ambientes. Pienso que se puede afirmar que existe un verdadero divorcio entre las nuevas generaciones de jóvenes y la Iglesia. La ignorancia religiosa y los prejuicios alimentados por ciertos medios de comunicación han forjado en ellos la imagen de una Iglesia-Institución, conservadora, que camina contra la cultura moderna, sobre todo en el campo de la moral sexual.

El cambio religioso en España ha sido tan rápido que el horizonte cultural en que viven los jóvenes nos puede resu ltar desconocido del todo. “En particular, se nota el aumento de los índices que hablan de la secularización en esta franja de población, y sobre todo el alejamiento de la Iglesia como institución, que pierde prestigio y valor a los ojos de los jóvenes” [27] . Los estudios de la “Fundación Santa María” llegan a la conclusión de que la Iglesia, en España, ha perdido el monopolio religioso. Esto significa que no se trata de escoger entre diversos absolutos, sino que todas las ofertas religiosas son automáticamente devaluadas, relativizadas. Cada uno puede hacer sus propias opciones entre las diversas ofertas, todas puestas en el mismo nivel, y vivir su religión “a la carta”, “self-made”.

El drama es la ruptura existente de los eslabones en la cadena de transmisión de la fe. Los espacios naturales y tradicionales (familia, escuela, parroquia) se revelan ineficaces para transmitir la fe. En consecuencia crece la ignorancia religiosa entre las nuevas generaciones.

Uno de los analistas de la sociología española afirma que entre los jóvenes continúa la “emigración silenciosa extra muros de la Iglesia”. En un artículo, “¿Una iglesia irrelevante para la juventud actual?”, sostiene que “los jóvenes siguen creyendo en Dios, siguen declarándose católicos practicantes, pero van cada vez menos a la iglesia” [28] . Con todas las reservas que merecen las encuestas, sin embargo es justo reconocer que todas resaltan el aumento, en nuestra sociedad occidental, del número de los que se declaran creyentes de alguna manera, pero sin una pertenencia a una determinada religión. “Las creencias religiosas se pluralizan y siguen cada vez menos un canon eclesial: por tanto, lentamente disminuyen los niveles de práctica religiosa: sacramentos y oración” [29] .

Si vamos un poco más al fondo, notamos la ausencia del sentido del pecado. Siempre siguiendo las estadísticas, más del 50% de los jóvenes de este Región se declaran ajenos al sentido del pecado y se caracterizan por una acentuada tendencia a una mayor permisividad y a un relativismo moral.

Pero aunque sea verdad que la religión y la política son los valores menos apreciados por los jóvenes de hoy, también es verdad que el fenómeno religioso está fuertemente presente en la sociedad europea. Hay tantos aspectos positivos en este contexto social y cultural que se puede hablar con razón de una época de intenso trabajo del Espíritu. La juventud continúa sorprendiendo por su generosidad, por su capacidad de admiración y de respuestas ante algunas figuras eclesiásticas (el Papa, por ejemplo), por su empeño ante causas nobles. El cuadro antes descrito podría ser considerado negativo y llevarnos al pesimismo. ¡De ningún modo! Debemos también decir con decisión que, si bien “lo nuevo” nos deja atónitos, los cambios profundos no responden nunca al capricho de algunos, sino a las necesidades de los tiempos. Esto significa que debajo de ellos está presente el dinamismo del Espíritu y la energía del Resucitado, que están trabajando en la historia, purificando y renovando, triturando la inercia de la sociedad y rejuveneciendo la Iglesia, dando espacio a una organización social más adecuada al designio salvífico del Padre. Quiere decir que la situación presente abunda en oportunidades nuevas, que están en acto las fuerzas de la salvación que impulsan hacia el cambio. El futuro del Cristianismo y de la vida religiosa depende, en primer lugar, no del hombre sino de Dios, que puede desmentir todas las estadísticas y las más infaustas predicciones. Me atrevería a decir que la hora actual de Europa es una hora netamente salesiana, porque la juventud hoy, más qu e nunca, tiene necesidad del carisma salesiano. El nuevo contexto social y cultural es un desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad.

Las estadísticas y los sondeos, para nosotros, no son nunca la última palabra. Pero es importante conocer estos estudios, porque son reveladores de la situación en que nos encontramos viviendo y llevando a cabo la misión que se nos ha confiado, nos ayudan a comprenderla y a interpretarla, y, sobre todo, pueden servir como base para nuestro compromiso educativo y evangelizador. Os invito, por esto, a estudiar y profundizar los estudios sobre la realidad de nuestros jóvenes. Es una primera manifestación de nuestro amor hacia ellos.

Me viene a la memoria la expresión de Höldering: “Allí donde crece el peligro, crecen también las posibilidades de salvación”. Nuestra esperanza y nuestra fuerza están en el Espíritu del Resucitado. No hay puertas cerradas para su energía transformadora. Sus palabras son tranquilizadoras y estimulantes: “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33b). Sólo tenemos necesidad de docilidad a su Espíritu, que se cuide de nosotros y nos regenere. ¿Quién sabe si no habrá llegado el tiempo en que el Espíritu nos lleve al desierto, a la purificación y a la espera? ¿Quién sabe si no será éste el momento de romper los vínculos que nos atan demasiado a los modos pasados de ver y de vivir? ¿Quién sabe si el Espíritu no estará poniendo en movimiento dinamismos históricos para la transformación de la historia, que nos piden a nosotros estar preparados? Una cosa es cierta: no estamos solos, Él es fiel y nos acompaña.

Situación salesiana en la Región.

Nos encontramos ante la paradoja y ante la interpelante constatación de que mientras la situación juvenil (ignorancia religiosa, descreimiento, nuevas pobrezas sociales, familiares, emigración y explotación o abandono de los menores, cultura de la noche –tema actual que preocupa a los gobernantes-) está pidiendo verdaderos y decididos apóstoles, las vocaciones para la vida religiosa y para el ministerio sacerdotal en general, y para la vida salesiana en particular, se encuentran en situación de fuerte caída numérica.

Antes de ofrecer algunos datos, querría llamar vuestra atención sobre los datos mismos y su finalidad. Tales datos, como queda dicho anteriormente, iluminan la realidad e invitan a reflexionar sobre nuestras presencias y a obrar en consecuencia, de modo que se proyecte bien el futuro, asumiendo con audacia los desafíos del presente. He aquí la óptica en que me coloco.

Los Salesianos en la Región son 1795. Hay que advertir que en estos últimos veinticinco años ha habido una disminución de cerca de 2000 Hermanos. Algunos de ellos han hecho la opción de permanecer en las nuevas Circunscripciones del África salesiana, otros han ido a diversos Países de Misión, otros han dejado la Congregación, otros han muerto. A esto hay que añadir, por una parte, la drástica disminución vocacional en todos estos Países, Bélgica, Francia, Portugal y España, y, por otra, el envejecimiento de los hermanos activos y la complejidad de las obras. El conjunto de estos factores hace que se empleen las mejores energías en la gestión de las estructuras y en la organización, y se ponga en peligro la calidad de las relaciones interpersonales y de la animación pastoral. Ciertamente la competencia educativa y la identidad salesiana de los seglares, juntamente con el trabajo de los hermanos, contribuyen a hacer salesianas las obras y las diversas actividades. Sin embargo, la comunidad salesiana pierde visibilidad y significatividad.

Una palabra sobre las diversas Obras.

Debemos decir que la escuela es la presencia salesiana más consistente de la Región. Hay 217 escuelas, con un total de 105.800 alumnos. En general, la escuela está subvencionada por el Estado o por las regiones políticas. Profesionalmente está bien organizada, muchas veces dirigida por seglares o al menos con una fuerte presencia y colaboración de ellos. Querría subrayar aquí el esfuerzo hecho por la Inspectoría de Francia que, por medio de la Asociación “Maisons Don Bosco”, la “Tutelle” y sus diversos organismos, trata de garantizar con creatividad la identidad del Proyecto salesiano en las diferentes obras regentadas completamente por los seglares. Lo mismo puede decirse de la “Réseau Don Bosco” en Bélgica y de la presencia de los Salesianos en las diversas asociaciones ASBL (Asociaciones sin fines de lucro).

Los Centros Escolares han elaborado su Proyecto Educativo-Pastoral, en el que se definen como Centros Católicos y Salesianos. En general, está garantizada la libertad de organizar la vida académica de acuerdo con este carácter propio. En cambio, no está garantizada en todas partes la misma libertad en el momento de escoger a los profesores, y sigue en pie una cierta lucha entre escuela pública y privada. Existen las asociaciones de padres y, de diversos modos, se hace un interesante trabajo de formación para ellos.

Con generosa responsabilidad y de formas diversas se cuida la formación profesional, cristiana y salesiana de los profesores y, especialmente, de los cuadros directivos.

Las escuelas de formación técnica y profesional en la Región merecen una mención particular. Hay 78 y atienden a unos 30.000 alumnos.

De los sencillos talleres de Niza a las modernas escuelas técnicas y agrícolas en Francia, desde la escuela de Artes y Oficios de Sarriá a las Universidades Laborales o Escuelas de Ingeniería en España, la Congregación Salesiana ha escrito gloriosas páginas de historia en la promoción del joven obr ero. Los Antiguos Alumnos han llenado las empresas y fábricas de Europa como obreros especializados, como técnicos y profesionales competentes, como ciudadanos honrados y responsables.

Los institutos técnicos, profesionales, de agricultura y de horticultura (13 centros con unos 8.000 estudiantes) en Francia, ofrecen a la ciudadanía un servicio social de enorme calidad. Lo mismo podemos decir de las obras de Bélgica. El rostro de la Congregación en esta Región está fuertemente marcado por rasgos de promoción social, de adiestramiento en la profesión, de cercanía al mundo del trabajo. Las buenas relaciones con las empresas aseguran con frecuencia el empleo a una buena parte de los alumnos que terminan su formación profesional en las escuelas salesianas.

Si Doña Dorotea de Chopitea fue la fundadora de los talleres salesianos en España [30] , Don Rinaldi y Don Ricaldone fueron los indiscutibles promotores de un lento pero progresivo crecimiento de ellos. La audacia de los Salesianos era comparable con la generosidad de los Cooperadores y de los Bienhechores. La fidelidad a la vocación y la voluntad e iniciativa del espíritu de Don Bosco crearon un verdadero modelo salesiano de “escuelas profesionales”.

Digno de elogio fue, hasta 1974, el trabajo social llevado a cabo por las escuelas profesionales en Portugal. Las “Oficinas de São José” en Lisboa, la escuela técnica de Estoril, el “Colégio dos Orfãos” de Oporto, la escuela de “Artes e Ofícios” de Funchal, la escuela profesional de Izeda, Santa Clara de Vila do Conde, aportaron a la sociedad buenos profesionales y hombres responsables, en el momento en que Portugal comenzaba el camino del desarrollo industrial. Desgraciadamente, con el cambio político (25 de abril de 1974) la enseñanza industrial, comercial y profesional desaparece completamente.

Como apoyo a la educación, la Región cuenta con 38 internados, algunos muy numerosos, como los de Francia (600 alumnos). Vale la pena recordar la importancia que ha tenido el internado en la historia salesiana. Hoy es oportuno dotarlos de un buen Proyecto Educativo-Pastoral, en coordinación y complementariedad con el Proyecto global de la obra, y aprovechar, al mismo tiempo, las originales oportunidades educativas que los internados ofrecen. Debemos tener presente la responsabilidad que tenemos con estos jóvenes, para los cuales, por desgracia, también en sus familias, se multiplican las dificultades.

Existen 111 parroquias bajo la responsabilidad pastoral directa de los Salesianos. En Francia y en Bélgica, además, diversos Hermanos trabajan en parroquias diocesanas. Por todas partes se atiende a muchísimas capellanías. La Conferencia Ibérica ha elaborado, desde hace años, “la propuesta educativo-pastoral de la parroquia salesiana”, que sirve de modelo para la elaboración del Proyecto Pastoral de cada parroquia. De ordinario, existe una comisión que anima este sector, que está coordinado dentro de la pastoral juvenil. Conviene renovar siempre la voluntad de garantizar la identidad propia de nuestras parroquias, poniendo en acto las características que las hacen ser verdaderamente salesianas, es decir, populares, juveniles, educativas, misioneras y comunitarias. En las actuales circunstancias de nuestra cultura, las parroquias deben hacer un esfuerzo serio para ser plataformas de formación, evangelización y transmisión de la fe.

Las estadísticas hablan de 81 Oratorios y de 110 Centros juveniles de los Salesianos en la Región, con cerca de 15.000 oratorianos y 30.000 adolescentes y jóvenes pertenecientes como socios a los centros juveniles. Los destinatarios de los programas y actividades son unos 75.000 adolescentes y jóvenes.

En el territorio del Estado Español existe una Confederación que agrupa la mayor parte de los Centros juveniles de las Inspectorías de los Salesianos y de las FMA (unos 200) y que es un apoyo del MJS. Actualmente está compuesta por 10 Federaciones que corresponden a otras tantas “Regiones autónomas” del Estado Español.

Uno de los frutos más evidentes de la pastoral juvenil en España y Portugal es la cantidad y la calidad de los animadores juveniles. Su identidad salesiana y la competencia profesional se pueden comparar con su generosidad y entrega. El desafío para los Salesianos es asegurarles el acompañamiento personal adecuado.

Manifiestamente, la preocupación social y la sensibilidad por los jóvenes pobres ha sido siempre un rasgo característico de la Congregación Salesiana. El hecho de que los Países de la Región estén dentro de la denominada sociedad occidental del “bienestar” no nos permite cerrar los ojos a las “nuevas pobrezas” y a las “nuevas formas de marginación” que engendra esta sociedad. Los Salesianos de esta Región están dando pruebas de gran sensibilidad y compromiso social. La inmigración, los fracasos escolares y todos los problemas que giran alrededor de la familia (divorcio, separaciones...) desafían la creatividad y el corazón de los Salesianos, que hacen todo lo posible para encontrar nuevas soluciones a los nuevos problemas. En la Región hay 65 presencias que se dedican a asistir a los jóvenes en dificultades particulares.

Se hace un buen trabajo en el campo social por parte de las escuelas y en particular de las escuelas de formación profesional, con programas adecuados para introducir a los jóvenes menos dotados en el mundo del trabajo. Hay otras iniciativas puestas en acto que hacen ver la significatividad y la orientación social de la Congregación: casas para los muchachos de familias deshec has, talleres de recuperación y ocupacionales, “centros de día”, unidades de escolarización externa, programas de intervención educativa en la periferia de las ciudades, pensionados para muchachos problemáticos o condenados por la justicia, iniciativas de acompañamiento y promoción social para grupos minoritarios o étnicos. Ha crecido la sensibilidad social en todas las Inspectorías y, sobre todo, el sentido de coordinación, de sistema, de trabajar con proyectos conjuntados en este campo. Así se ha creado la red salesiana de “établissements d’action sociale” en Francia, o las diversas Fundaciones en otras Inspectorías.

El 30 de enero de 2002, el Gobierno Español concedió la Medalla de plata de la Solidaridad a la Confederación Nacional de Centros Juveniles Salesianos. Un merecido reconocimiento al trabajo social realizado.

La opción por los más pobres debe caracterizar la vida y la acción educativo-pastoral de todas nuestras comunidades y obras, ya que es uno de los criterios preferenciales de significatividad. Por tanto, sigue siendo válida la reflexión hecha en la última Visita de conjunto que se tuvo en Santiago de Compostela: “Promover en todas las Comunidades Salesianas y CEP una opción más sistemática y más comprometida con los jóvenes pobres” [31] . Evidentemente nuestro trabajo, también en este sector, debe ser hecho bajo la óptica educativa y evangelizadora; por eso cito también otra de las conclusiones de la misma Visita: “Desarrollar entre los jóvenes más pobres el itinerario de la educación en la fe propuesto por el CG23” [32] , cuidando de modo particular una presencia de testimonio evangélico explícito, que sea para estos jóvenes punto de referencia y de estímulo que los ayude a abrirse a la fe. Se deben, pues, desarrollar y profundizar las motivaciones v ocacionales y de fe de los educadores.

La Pastoral Juvenil.

“Evangelizar educando y educar evangelizando”, he ahí uno de los binomios clásicos de Don Egidio Vigan