RM Recursos

“Mientras vais de camino, proclamad que el reino de los cielos está cerca” Presentación de la Región América Cono Sur

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - DON PASCUAL CHÁVEZ


Presentación de la Región América Cono Sur

“MIENTRAS VAIS DE CAMINO,
PROCLAMAD QUE EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁ CERCA”(Mt 10,7)

Presentación de la Región América Cono Sur

1. SITUACIÓN CULTURAL, SOCIAL Y RELIGIOSA ACTUAL. 2. LOS COMIENZOS DE LA PRESENCIA SALESIANA. 2.1 Argentina – En la Patagonia.  2.2 Uruguay.  2.3 Brasil. 2.4 Chile – La Prefectura Apostólica de Punta Arenas.  2.5 Paraguay.  3. LA PRESENCIA SALESIANA. 3.1 Vida religiosa. – Vocación  y vocaciones.  3.2 Vida fraterna de las comunidades.  3.3 Misión salesiana.  – Sector Escuela – Escuelas Agrícolas y Centros de Formación Profesional. – Sector Marginación. – Sector Parroquias. – Servicios eclesiales. Participación y formación de los seglares. 3.4 Formación Inicial y Permanente – Formación inicial. – Formación Permanente. 3.5 Familia Salesiana.  3.6 Comunicación Social. 3.7 Animación Misionera.  4. IMPORTANCIA DE LA REGIÓN AMÉRICA CONO SUR PARA LA OBRA SALESIANA EN AMÉRICA Y EN EL MUNDO. – La santidad en la Región Cono Sur. – El trabajo social de los Salesianos en la Región. – Aportación de los Salesianos a la ciencia. – Las instituciones universitarias. 5. DESAFÍOS Y PERSPECTIVAS DE FUTURO.  5.1 Los desafíos.  5.2 Líneas perspectivas.  Conclusión.


8 de septiembre de 2005
Natividad de la B. V. María


Queridísimos Hermanos:

Os escribo esta carta con el afecto de siempre y con una viva esperanza: la de llegar a todos, donde os encontréis. Querría hacerme presente en los contextos más diversos y en las situaciones más variadas en que vivís y realizáis el programa misionero de Jesús: anunciar el Reino, que no es otra cosa sino Dios mismo con su voluntad de venir a nuestro encuentro, y construirlo por medio de obras que lo hacen presente y creíble: “curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios” (Mt 10,8).

Desde la primera expedición misionera, nuestro amado Padre Don Bosco quiso responder a la compasión de Jesús ante las multitudes, descritas como “ovejas sin pastor”. Y él mismo que, en los años del Colegio Eclesiástico, había acariciado también el sueño de ser misionero, llegó a ser fundador de una Congregación misionera. Apenas un año después de la aprobación de las Constituciones, Don Bosco inició la epopeya de América mandando a sus primeros misioneros, que llevaron, junto con el anuncio del  Reino, el Evangelio salesiano de la alegría, de la esperanza y de la vida.

Continuando con la presentación de las Regiones Salesianas, en esta carta quiero ilustraros la Región América Cono Sur. Constituida durante el CG24, comprende un grupo de cinco naciones (Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay) que, también por su historia civil, han tenido entre ellas una relación muy estrecha.

1.         SITUACIÓN CULTURAL, SOCIAL Y RELIGIOSA ACTUAL

Para encuadrar la presencia salesiana en el Cono Sur me parece oportuno ofreceros un cuadro general de la situación de los Países que la componen. Conviene decir en seguida que no se trata exactamente del contexto que encontraron los primeros misioneros salesianos. Hoy la situación ha cambiado mucho; en esta parte del continente americano viven cerca de 248 millones de habitantes: Argentina cuenta con 38 millones, Brasil con 184 millones, Chile con 16 millones, Paraguay con 6 millones y Uruguay con 3,5 millones.

En cuanto a los recursos materiales, todos estos son Países ricos, pero un incorrecto planteamiento económico hace que puedan convivir, a breve distancia y en un mismo contexto, el denominado Primer Mundo, el de los ricos multimillonarios, y el Tercer Mundo, el de las favelas, habitadas por familias y grupos sociales situados en las márgenes de la sociedad.

En el campo económico y social no se han hecho grandes progresos, porque la política de signo neo-liberal choca frontalmente con las solemnes declaraciones de los derechos humanos. La política neo-liberal ha llevado a una acentuación de la polarización social entre pobres y ricos, sin una justa distribución del rédito; más aún, ha creado por una parte la descentralización del rédito a favor de una estrecha franja social y, por otra, ha reducido, o incluso anulado, el gasto social, provocando en consecuencia la marginación y el empobrecimiento de franjas cada vez mayores de obreros, el aumento de la desocupación, la creación de las favelas en las ciudades, el hambre y la miseria en el campo. Se ha dado así el fenómeno del aumento del número de niños y de adolescentes que por las calles piden limosna, se arreglan con pequeñas actividades comerciales o comienzan a delinquir. A esto se añade la pesadísima deuda interna y externa, que constituye un fuerte condicionamiento para cualquier inversión en proyectos sociales o de infraestructuras.

La falta de una política agrícola ha estimulado el éxodo rural, dando así origen a un masivo fenómeno de urbanización, cuyo primer resultado ha sido el incremento de la pobreza en las zonas periféricas de las ciudades. El sistema educativo pierde cada año un número considerable de niños y muchachos, que no terminan los ciclos obligatorios. La exclusión de la escuela contribuye así a aumentar la desocupación y la delincuencia de menores. La explotación de los menores se manifiesta en la implicación de menores en el mundo del trabajo o en actividades delictivas e ilícitas, como despacho de droga, prostitución y rapiña.

Los países de la Región tienen aún una gran tradición católica, con fuertes expresiones de religiosidad popular. La Iglesia Católica goza de gran prestigio: es una de las instituciones que inspiran mayor confianza a la opinión pública, porque se presenta profundamente inserta en el contexto social. Vive y sufre la situación de la gente. Desde esta perspectiva, Uruguay es el único país que presenta una actitud en contraste. De hecho, la denominada libertad religiosa es más que otra cosa una declaración de principios, mientras el planteamiento del Estado es claramente irreligioso y sutilmente anticlerical.

Se debería decir, finalmente, que, en estos últimos años, toda esta área de América ha sido invadida por un fuerte movimiento de secularización. Hay que notar también que, históricamente, el número de sacerdotes ha sido siempre insuficiente y los seglares fueron y son todavía hoy una fuerza preciosa en el campo de la evangelización y para el mantenimiento de la fe.

2.    LOS COMIENZOS DE LA PRESENCIA SALESIANA

Don Bosco escogió estas tierras no por casualidad, sino como lugar que la Providencia había indicado para la primera experiencia misionera de la Congregación Salesiana. Los Salesianos, por su parte, han considerado siempre la Patagonia como la “tierra prometida” por Dios a Don Bosco, recordando cómo él mismo vio, en el sueño de 1871 o 1872, a los misioneros salesianos que, por medio de los muchachos confiados a ellos, lograban la conversión de los pueblos de la Patagonia [1] .

En 1875, un año después de la aprobación de las Constituciones, Don Bosco mandaba a sus Salesianos a la Argentina, bajo la dirección de uno de sus hijos predilectos, Don Juan Cagliero [2] . Don Bosco amó aquella tierra de tal forma que la llamaba “su segunda patria”.

En 1876 tocó el turno a Uruguay. Una expedición misionera, guiada por Don Luis Lasagna, fundaba la Casa de Villa Colón. Del Uruguay los Salesianos pasaron a Brasil en 1883 y a Paraguay en 1896.

Mientras tanto, los Salesianos habían llegado a Chile en 1887, año en que se fundó la casa de Concepción. A ésta siguió en 1888 la casa de Talca. En 1891, con la aceptación de la obra de “La Gratitud Nacional”, en Santiago, se consolidó la presencia salesiana en este país.

A un desarrollo tan rápido contribuyó el hecho que la prensa francesa, que era muy leída en los países citados, hablara mucho de Don Bosco. Hay que notar también la benevolencia de muchos Obispos, entre los cuales Mons. Federico Aneyros, Arzobispo de Buenos Aires, el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, Obispo de Montevideo, Mons. Pedro María de Lacerda, Obispo de Río de Janeiro. De gran importancia fue también el apoyo de las Conferencias de San Vicente de Paúl, las cuales estaban muy interesadas en la educación de los jóvenes pobres y abandonados.

El Boletín Salesiano y las Lecturas Católicas, además de otras revistas editadas por los Salesianos, difundieron por todas partes el conocimiento de Don Bosco, de su sistema educativo y el interés por socorrer a la juventud pobre y abandonada.

2.1   Argentina

Llegados a la Argentina, en Buenos Aires y en San Nicolás de los Arroyos, los salesianos se dedicaron a atender a la colonia italiana, siguiendo las recomendaciones de don Bosco.

Verdadera bendición para aquellos pobres inmigrados, los Salesianos no encontraron siempre la comprensión del clero y de la sociedad de Buenos Aires. Con la adquisición del terreno y de la Casa de Almagro, los Salesianos entraron en posesión de un sitio de su propiedad. Bien pronto comenzaron una campaña catequética en gran escala, introdujeron los certámenes catequísticos e hicieron imprimir 800 mil copias del catecismo diocesano. En 1882 se organizó la Pía Unión de los Cooperadores; en 1888, en memoria de Don Bosco, se fundó la Obra de María Auxiliadora para las vocaciones. Bajo el inspectorado de Don Santiago Costamagna las obras salesianas llegaron al interior de la República. Con la escuela agrícola de Uribelarrea, los Salesianos se abrieron a los hijos de los campesinos. Mientras tanto, en 1879 habían llegado a Argentina las Hijas de María Auxiliadora, que pronto se difundieron por diversas partes de la República.

Para conmemorar los veinticinco años de la llegada de los Salesianos se celebró en Buenos Aires el Segundo Congreso Internacional de los Cooperadores Salesianos, en noviembre de 1900. Don Pablo Albera presidió el Congreso en nombre de Don Rua. Tomaron parte en él seis Obispos y los Inspectores de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. Frutos del Congreso fueron la dedicación a Jesús Redentor y a María Auxiliadora de la Iglesia de San Carlos de Almagro y la fundación de la Escuela Jesús Redentor, para los huerfanitos de Don Bosco, en Maldonado.

Por lo que respecta a la Congregación, se realizó también el Primer Capítulo Salesiano Americano, con la participación de los Inspectores de Argentina, de Uruguay, del Sur de Brasil y de Mato Grosso. Fue presidido por Don Pablo Albera. Los temas tratados se referían a la observancia religiosa, a la formación, al sistema educativo de Don Bosco, a la economía, a las relaciones con las FMA, a los oratorios festivos, a las ceremonias, a la música y a las compañías religiosas. “Aquel año –escribió Don José Vespignani- se notó en todos nosotros un reflorecer de afecto y de espíritu salesiano”.

Para el centenario del nacimiento de Don Bosco (1915), el Arzobispo de Buenos Aires publicó una carta pastoral en la que hacía una hermosa descripción de la acción de los Salesianos y de las FMA que trabajaban en el país. Presentaba la cifra global de los jóvenes de ambos sexos que eran educados “con un método y con el mismo espíritu de caridad activa y paciente que el sabio Fundador supo imprimir en su obra providencial”. Decía que había que considerar a los Salesianos como “una nueva manifestación del poder y de la bondad de María Auxiliadora para salvar la sociedad”.

Aquel mismo año se fundaron los “Exploradores Don Bosco”, un movimiento juvenil nacido de la previsión del futuro de Don Vespignani, al estilo de los Boys-Scouts de Baden Powell, pero con una clara orientación cristiana y salesiana. Éstos, con el tiempo, llegaron a realizar verdaderas y propias misiones en diversas ciudades de la República Argentina. En 1940 los “Exploradores Don Bosco” llegaron a 45 batallones. En 1980 a 65, con 9.000 jóvenes entre los Salesianos, a los cuales se añaden los 15 escuadrones, con 2.000 componentes, de los colegios de las FMA,

Merece una atención particular el esfuerzo realizado por los Salesianos, primero entre todos Don Aquiles Pedrolini, para difundir la devoción a María Auxiliadora en Argentina. En Rodeo del Medio se construyó en su honor un santuario, que se convirtió en meta de numerosas peregrinaciones. El 8 de octubre de 1916, el Obispo de Cuyo coronó la imagen de María Auxiliadora en un parque público de la ciudad. Estaban presentes otros dos Obispos y algunos dignatarios eclesiásticos. Fueron cerca de ocho mil las personas que tomaron parte en el acontecimiento.

En la Patagonia

Después de un primer tentativo no logrado, los Salesianos llegaron a la Patagonia en 1879. En 1880 se les encargó oficialmente de aquella misión. En Roma Don Bosco llevaba adelante las gestiones para la creación de un Vicariato Apostólico, y en 1883 Mons. Cagliero fue nombrado Vicario Apostólico. Para obviar las dificultades legales, el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Federico Aneyros, nombró a Mons. Cagliero su Vicario General para la Patagonia, con todas las facultades episcopales, e incluyó en el balance de la Arquidiócesis el de la misión.

Muy variada fue la acción de evangelización y de civilización llevada a cabo por los Salesianos en aquellas tierras. Los Salesianos y las FMA trasladaron al trabajo misionero muchos elementos típicos de su experiencia formativa: la música instrumental, el canto, las veladas, las representaciones teatrales; las pequeñas loterías llevaban a aquellos lugares desiertos un soplo de alegría y la esperanza de una vida diversa. El misionero llegaba donde tantas veces no lograba llegar la acción de los poderes públicos. Los habitantes de los poblados pequeños se agrupaban y hacían comunidad alrededor de la misión.

Se instituyeron las asociaciones religiosas masculinas y femeninas, para que los fieles no permaneciesen aislados y abandonados a sí mismos. Cuando las condiciones económicas y sociales lo exigieron, se instituyeron también sociedades de mutuo socorro. Se difundieron entre la gente las devociones al Sagrado Corazón de Jesús, a María Auxiliadora y, después de la muerte del Fundador, al mismo Don Bosco.

En el campo de la educación escolar, las misiones actuaban supliendo al Estado, cuando éste no actuaba. Se iniciaron las escuelas de artes y oficios y se comenzó a dar también una enseñanza práctica de técnicas agrarias, valorizando un determinado terreno adquirido por la misión. En Viedma fue posible construir el primero y único hospital del territorio. Las FMA, por su parte, velaban a la cabecera de los pacientes e iban a asistir a los enfermos en sus casas e incluso en las tiendas de los indios. Ellas tenían sus escuelas y también un orfanato para las hijas de los indios.

Para conmemorar el cincuentenario de las Misiones Salesianas (1925) se inauguró un Colegio Salesiano en Comodoro Rivadavia y se bendijo la Iglesia aneja de Santa Lucía. En Buenos Aires se preparó una Exposición Profesional Didáctica, y tuvieron lugar el IX Congreso Internacional de los Cooperadores Salesianos y el II Congreso Internacional de los Antiguos Alumnos, presidido por Don José Vespignani, representante de Don Felipe Rinaldi. Un desfile de 12 mil jóvenes, alumnos y alumnas de los colegios de los Salesianos y de las FMA, coronó las solemnes celebraciones. Como fruto del Congreso se propuso la creación de una nueva casa para jóvenes pobres y abandonados.

Con ocasión de la beatificación de Don Bosco, en los solemnes festejos celebrados en Buenos Aires, las autoridades civiles y religiosas se unieron a la entera Familia Salesiana. En La Plata, la Provincia de Buenos Aires erigió un monumento al gran educador. Fue ésta una iniciativa del Gobierno de aquella Provincia. En Buenos Aires, el busto de Don Bosco fue colocado en la sala del Consejo Nacional de Educación.

2.2   Uruguay

La llegada de los Salesianos al Uruguay sucedió de forma verdaderamente fortuita. El país se modernizaba bajo el gobierno de Lorenzo Latorre, y se iba desarrollando rápidamente con la ayuda del capital extranjero, especialmente inglés. Por consiguiente, se construían nuevos barrios en Montevideo y también en las inmediatas cercanías, como, por ejemplo, en Villa Colón.

Esta localidad aspiraba a tener un colegio que fuera lo mejor que se pudiera encontrar en la República Oriental. Mientras se construían los muros, sus promotores –que eran protestantes- pidieron a la “Sociedad de los Amigos de la Educación del Pueblo” un plan de estudios que aplicar en esta su escuela. Nació así uno de los clásicos de la pedagogía latino-americana, el libro de José Pedro Varela La Educación del Pueblo.

Se trataba en este punto de encontrar quien pusiese en práctica estas intuiciones pedagógicas. Tocó a los Salesianos dar cuerpo a la idea. Desde 1875 estaba en Buenos Aires Don Juan Cagliero. Hizo una visita a Montevideo y el 24 de mayo de 1876 comunicó a Don Bosco la noticia de la aceptación del nuevo colegio. El 26 de diciembre de aquel año, Don Luis Lasagna, con otros Salesianos, desembarcaba en Montevideo y se instalaba en la nueva casa.

Los misioneros se encontraron inmersos en una sociedad culturalmente refinada, que exigía de ellos no poca habilidad para sostener la confrontación en el plano escolástico y educativo. A los círculos anticlericales, dominantes en el ambiente de la escuela en Montevideo, no agradaron los cambios que los Salesianos introducían en el plan de estudios propuesto por Varela. La crisis quedó brillantemente superada, con vigilancia y firmeza, por Don Lasagna. De hecho, se había ganado la confianza y los corazones de la mayor parte de los alumnos y de sus familias y fueron precisamente los mismos alumnos quienes se movieron en defensa del colegio que ya consideraban como suyo.

Don Lasagna, nombrado Inspector de Uruguay y de Brasil en 1880, siguió las indicaciones dadas por Don Francisco Bodrato y por Don Rua. Se puso a la búsqueda de nuevos campos de trabajo. Las escuelas de San Francisco de Paúl, pertenecientes a la Conferencia de San Vicente de Paúl, con el colegio de Las Piedras, con la casa de formación aneja, y la de Paysandú-Rosario, con el colegio anejo, se abrieron a los Salesianos. Llegaron luego a Mercedes, Paysandú-San Ramón, Montevideo-Sagrado Corazón y los Talleres Don Bosco. Para la periferia de Montevideo se orientó la iniciativa de la Sociedad de los Oratorios Festivos; estaban coordinados con ella diez oratorios abiertos por el mismo Don Lasagna. Después de la muerte de este gran pionero y misionero, la Inspectoría de Uruguay y Brasil se dividió en dos. Uruguay y Paraguay pasaron a constituir juntos una Inspectoría.

Mons. Lasagna había apoyado fuertemente la fundación de los Círculos Católicos Obreros. Al mismo Don Andrés Torrielli, que cuidaba del primer círculo y quería hacerse salesiano y ponerse bajo su obediencia, le dio en seguida como primer encargo el de no abandonar los Círculos. Los Salesianos ayudaron a los Círculos a establecerse en las ciudades del interior, sobre todo donde tenían sus obras.

En 1905 la casa de formación de Las Piedras se trasladó a la Escuela Agrícola “Juan Jackson”, que Mons. Soler había pasado a los Salesianos en 1898. En 1910 se fundó el “Centro Cristóbal Colón”, para el cuidado y la animación de los Antiguos Alumnos. En 1915, finalmente, se inauguró en Villa Colón el monumento a Mons. Luis Lasagna.

En el cincuentenario de la fundación del Colegio Pío, Don Héctor Sallaberry tuvo la idea de celebrar el aniversario jubilar promoviendo la Obra de los Ejercicios Espirituales. Dicha empresa fue sostenida por los Antiguos Alumnos y en pocos meses se tuvo, en Villa Colón, la primera casa de Ejercicios Espirituales de la Congregación. Sucesivamente, se llegó a la propuesta de los Ejercicios Espirituales por la radio y esta iniciativa tuvo un gran éxito espiritual y apostólico.

Por lo que se refiere a la devoción a María Auxiliadora, en 1898 el Arzobispo de Montevideo había pedido que en Villa Colón, en la iglesia del Colegio Pío, se erigiese un Templo votivo nacional a María Auxiliadora. El 14 de diciembre de 1901, Su Excelencia inauguró el Santuario de María Auxiliadora, y en octubre de 1904 la imagen que allí se venera fue coronada solemnemente.

2.3   Brasil

En 1877, Mons. Pedro María de Lacerda, Obispo de Río de Janeiro, escribía a Don Bosco pidiendo a los Salesianos para su diócesis [3] . Al ir después a Turín, dejó, por adelantado, el dinero para los billetes de viaje de los misioneros que un día habrían de ir a su país. En el Estado de Río Grande del Sur, los Capuchinos habían hecho mucha propaganda de los Salesianos, que conocían de Uruguay, y el Obispo de Porto Alegre pidió al Inspector Don Luis Lasagna que mandara a los Salesianos a su diócesis.

Don Lasagna, recibido el encargo de Don Bosco, fue a Brasil en 1882. Hizo un largo viaje siguiendo la costa del país, hasta Belém do Pará, y decidió comenzar la obra salesiana en aquella nación en Niteroi, con el Colegio Santa Rosa. El 14 de julio de 1883 él mismo llegaba a Río de Janeiro con los primeros Salesianos; se abrieron luego las casas de São Paulo (1885) y de Lorena (1890). En 1891 aceptó la casa de Recife, aunque ésta se abrió en 1894. Hecho Obispo de Oea-Tripoli, Mons, Lasagna fundó la casa de Cuiabá y la Colonia Teresa Cristina, primera misión entre los indios Bororos (1894).

Las casas de Brasil dependían entonces de la Inspectoría de Uruguay-Brasil. La situación siguió así hasta la muerte de Mons. Lasagna, cuando las casas de Brasil se constituyeron en Inspectoría; de aquella primera Inspectoría brasileña, no mucho tiempo después, nació la Inspectoría de Mato Grosso.

Se abrieron en seguida las dos casas que habían sido aceptadas por Mons. Lasagna: Campinas, en el Estado de São Paulo, y Cachoeira do Campo, en el de Minas Gerais. Más tarde les llegó el turno al Colegio de Corumbá, en Mato Grosso, de Salvador en Bahía, de la Colonia Agrícola de Jaboat