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«Vosotros sois una carta de Cristo, escrita no con tinta, sino con el espíritu del Dios vivo» (2 Cor 3,3)

CARTAS DEL RECTOR MAYOR - DON PASCUAL CHÁVEZ


“Vosotros sois una carta de Cristo, escrita no con tinta, sino con el espíritu del Dios vivo” (2ª Cor. 3,3)

Informaciones
y reflexiones sobre los últimos viajes

Visita a Albania (IME) – El Barrio Muchachos “Don Bosco” de Roma – Ejercicios Espirituales en Fátima –Ejercicios Espirituales del Rector Mayor y del Consejo – Visita a la Inspectoría de Portugal – Visita a Tierra Santa – Sesión intermedia del Consejo General – Encíclica sobre la Eucaristía – Visita a la Inspectoría de Gran Bretaña – Presencias de Treviglio y Chieri (ILE) – Visita a la Inspectoría Sícula – Visita a la Inspectoría de Bilbao –Visita a la Inspectoría de Munich – Visita a la Inspectoría de Colonia – Fiestas en honor de María Auxiliadora en Turín –Visita a la Inspectoría de Verona (IVO) - Participación en la Asamblea Semestral de la USG – Visita a la Inspectoría Adriática – Conclusión: el cumpleaños de Don Bosco.

Roma, 8 de septiembre de 2003
Fiesta de la Natividad de la B.V. María

            Os saludo con afecto, en cualquier parte del mundo donde os encontréis, especialmente en las zonas lejanas y aisladas, o en situaciones de dificultad y de peligro. Hemos seguido con preocupación el curso de los acontecimientos en varios países de África: Costa de Marfil, República del Congo, Ruanda, Burundi, Liberia, que han sido –y siguen siendo- escenarios de violencia, guerra y convulsión social. Hay necesidad de reconciliación y de paz, de estabilidad y tranquilidad para poder construir las condiciones de una vida realmente humana. Si causa horror la muerte de tantas personas inocentes, despierta conmoción la suerte de niños, adolescentes y jóvenes, privados de esperanza y de futuro. Querría estar junto a vosotros y deciros una vez más que os siento muy cercanos y que aprecio vuestra generosa entrega; por tanto, os animo a dar testimonio del amor con que Dios ama a los jóvenes.

            Escribiendo a la comunidad de Corinto, San Pablo responde a los opositores que contestaban su autoridad de apóstol y la legitimidad de su Evangelio. La credibilidad de su acción no le viene del testimonio de otros o de experiencias exotéricas, sino del Espíritu que obra en los corazones de los hombres para cambiarlos y hacerlos dóciles a la palabra evangélica. Es la existencia misma de la comunidad su “carta de recomendación”. La fe sólida y la caridad activa de la comunidad son sus mejores credenciales: “Vosotros sois mi carta”. Y en seguida precisa: “Vosotros sois una carta de Cristo, escrita por mí no con la tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo” (2 Cor 3,2-3). Si la primera metáfora era ya atrevida, la segunda es sorprendente: en el nacimiento de la comunidad actúa la fuerza vivificadora del Espíritu; y el resultado es la creación de personas nuevas, abiertas y dóciles al proyecto salvífico de Dios.

            Estoy seguro de que nuestro amado Padre Don Bosco, sintiéndose orgulloso de sus hijos, de las presencias educativas y pastorales esparcidas por tantos países del mundo, del servicio que se presta a los jóvenes pobres por medio de una variadísima multiplicidad de obras, parafraseando las palabras de San Pablo, podría repetiros a vosotros: “Vosotros sois mi carta de recomendación. Vosotros sois una carta de Cristo, escrita por mí no con la tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo” (2 Cor 3,3). En cuanto a mí, ¿se me ha dado una recomendación mejor ante Dios y ante el mundo, que vosotros mismos? No, porque también para mí vosotros sois mi carta de Cristo.

            Después de mi última carta circular, que ha provocado en muchos hermanos, comunidades e Inspectorías el deseo de hacer una evaluación del modelo de vida consagrada que estamos viviendo, con la voluntad de convertirse cada vez más a Cristo y a su Evangelio y con el compromiso de vivir una vida más auténtica y significativa, más profética y eficaz, me dirijo de nuevo a vosotros con el deseo de compartir algunas noticias y reflexiones de mis últimos viajes.
            La finalidad, como sabéis, es siempre dar a conocer y hacer valorar todo lo que sois y lo que estáis haciendo, recoger los desafíos que la misión salesiana encuentra, reflexionar en voz alta, tratando de aprovechar nuestro rico patrimonio salesiano, para responder con la mente, el espíritu y la intrepidez de Don Bosco.

            Será la última carta de este tipo, porque, como os había preanunciado, alternaré las cartas de contenido doctrinal con la presentación de las ocho Regiones de la Congregación. No os preocupéis, pues, si no hablo de todas las Inspectorías que he visitado; no es, ciertamente, signo de olvido, ni falta de estima.

Visita a Albania (IME)

            En la primera mitad de febrero, un fin de semana, visité Albania. Se celebraba el décimo aniversario de la presencia salesiana en esta parte de los Balcanes, que inicialmente había sido confiada por Don Egidio Viganò a la responsabilidad de las cuatro Inspectorías italianas IME, IRO, ISI e ISA y que desde 1997 depende solamente de la Inspectoría Meridional.
            Llegados el 24 de septiembre de 1992, los primeros salesianos se comprometieron, por una parte, en el sector catequístico, con el fin de ayudar a las Iglesias de todo el país a superar decenios de propaganda atea; y, por otra, en la formación profesional y en el Oratorio – Centro juvenil, para dar a los muchachos una educación integral, formación profesional y acercamiento al trabajo, independientemente de su situación cultural, religiosa y social.

            En 1999, durante la guerra en Kosovo, muchos refugiados encontraron en nuestro campo de prófugos de Tirana una acogida fraterna y conocieron un centro que despertó en ellos el deseo de tener una obra semejante en Kosovo. La respuesta de Don Juan Vecchi fue positiva y, de este modo, se dio comienzo a nuestra presencia en Pristina, que en los próximos meses podrá abrir un centro profesional.

            Desde mi llegada a Tirana, quedé sorprendido de la acogida de los jóvenes que frecuentan el Oratorio y el centro de formación profesional “Don Bosco”. Superado el difícil período de la guerra, hoy, con sus 500 alumnos, se ha convertido en el centro de formación más significativo del país. La presencia de Tirana comprende un complejo de obras, que incluye entre otras una experiencia de empresariado juvenil. El proyecto Pony-Express, efectivamente, da trabajo a 70 jóvenes escogidos entre los huérfanos que viven en estructuras estatales, a muchachos de la calle, a discapacitados. En la parroquia de María Auxiliadora, en Tirana Norte, el Oratorio – Centro juvenil, juntamente con las acostumbradas actividades de educación y de animación, trabaja en favor de los niños nómadas Rom en colaboración con la UNICEF. Aquí hay todavía mucho que hacer para poder ofrecer un servicio sistemático a esta barriada necesitada.

            En  la capital de Albania he podido comprobar la importancia de nuestra presencia, viendo la gran estima que tienen de ella las autoridades; éstas han estado presentes en el debate público sobre :”Los desafíos educativos de los jóvenes en un mundo globalizado”, en el que he puesto en evidencia el motivo de nuestra presencia en Albania, es decir, la voluntad de la Congregación y de la Familia Salesiana de estar presente donde hay jóvenes que educar. Aquí se encuentra una de las flores en el ojal del VIS, el Voluntariado Internacional para el Desarrollo, que se ha comprometido en la reconstrucción del país a través del centro de Tirana, no sólo con dinero, sino también con voluntarios que están llevando adelante una experiencia muy positiva y entusiasmante.

            Durante la visita, se ha celebrado otro acontecimiento importante: la consagración de la iglesia en honor de Don Bosco en Scutari. Es un hermoso templo que animará toda esta presencia, que comprende la casa de formación para aspirantes y novicios, el Oratorio – Centro juvenil, la parroquia y, sobre todo, como elemento caracterizante, el centro catequístico, antes nacional y ahora diocesano, La nueva iglesia es un signo de reconocimiento a Dios por los diez años de presencia salesiana en Albania y estímulo de renovación del compromiso educativo de los Salesianos y de la Familia Salesiana en esta nación. En la actual situación de transición del país, es urgente orientar todas las fuerzas para preparar a los jóvenes albaneses a ser corresponsables y autores del cambio.

            También llena de satisfacción el impulso que la Familia Salesiana  está dando en las dos obras de Tirana y de Scutari. Después de diez años, nos encontramos con una presencia salesiana fecunda, donde la Familia de Don Bosco se está desarrollando bien. Han surgido también vocaciones salesianas locales, que ayudarán a consolidar y hacer crecer esta delegación.

            Una presencia como ésta hace ver la capacidad de la Congregación para responder a los nuevos desafíos, eclesiales y sociales, su aportación específica por medio de la educación en un país en reconstrucción, la novedad en la forma de implicación de las ONG para su financiación, el compromiso del voluntariado, el esfuerzo por la inculturación del carisma, el cuidado de las vocaciones del lugar. Viendo esta presencia apenas nacida, se queda uno sorprendido de la creatividad carismática salesiana: faltan recursos y personal, pero no fe ni iniciativa.
            Además de la visita a Albania, a mitad de junio fui de nuevo a la Inspectoría Meridional para la celebración del centenario de la obra de Portici. Como en otras partes, también aquí me fue concedida la ciudadanía honorífica, que acepté con gusto en nombre de los hermanos que durante 100 años han trabajado allí por el bien de la juventud pobre y necesitada. Ellos son quienes merecen la ciudadanía; ¡a ellos va el reconocimiento! Tal vez vosotros podríais preguntaros por qué hablar de la aceptación y del aprecio que la obra salesiana ha logrado conquistar en la ciudad. Pues bien, porque todas las fuerzas políticas presentes en el Ayuntamiento se han expresado unánimemente en términos tan alentadores que me han hecho sentirme orgulloso de ser salesiano y agradecido a los hermanos que han trabajado allí. ¡En Portici, Don Bosco se habrá sentido a gusto!

            Un momento de gran comunicación fue el encuentro con los jóvenes del MJS, provenientes de toda la Inspectoría. Siempre quedo sorprendido ante la apertura y la sensibilidad de los jóvenes; ¡cuánto bien podemos hacer si somos capaces de ofrecerles propuestas de calidad! Así hacía magistralmente Don Bosco y así estamos también nosotros llamados a hacer.

El Barrio Muchachos “Don Bosco” de Roma

    El hecho de que la Casa Generalicia se encuentre en Roma hace posible la participación del Rector Mayor en frecuentes encuentros, reuniones y celebraciones en la Inspectoría Romana. Aunque he visitado diversas presencias, quería detenerme en la del Barrio Muchachos “Don Bosco”, que, desde hace cincuenta años atiende a centenares de adolescentes y jóvenes de la periferia de Roma y que he visitado al comienzo de marzo. Estaban presentes muchas autoridades civiles.

            Cosa digna de atención -además de la implicación de las fuerzas políticas que encuentran en el Barrio una obra muy válida, hoy, como hace 50 años, cuando fue creada por impulso de la Iglesia y de la Congregación para cuidar de los sciuscià-, es descubrir la voluntad de los hermanos de seguir “soñando” con y para los muchachos en dificultad, a los que se ofrecen diversos tipos de programas educativos: la casa-familia para niños y muchachas madres, el centro de formación profesional con 300 muchachos, los proyectos SOS “escucha, joven”, la semiautonomía, el confiar niños a algunas familias, la animación territorial y el empresariado juvenil. Hay una expresión elocuente de esta sensibilidad social que me ha dejado atónito, esto es, la creación de la “Operación Argentina”, para ayudar a los niños pobres de aquel sufrido país. Diría que no es habitual ver una obra social, que vive de subsidios de otros, preocuparse por prestar ayuda a quien está más necesitado. ¡Ésta es la solidaridad cristiana!

            El Barrio pertenece a ese tipo de obras que son significativas por sí mismas, por la colocación geográfica, por los destinatarios, por la variedad de las ofertas educativas, por la identificación de los numerosos colaboradores y, al mismo tiempo, por la implicación de las autoridades políticas y de las instituciones privadas, para resolver en sinergia un problema social y ofrecer esperanza y futuro a los jóvenes. No se debe olvidar que el Obispo ha aceptado la propuesta de convertir nuestra iglesia en la primera parroquia juvenil, con un sentido menos territorial y más pastoral al servicio de los jóvenes, en línea con el artículo 40 de las Constituciones, según el cual toda casa salesiana “es parroquia que evangeliza” a los jóvenes. Espero que podamos merecernos este gesto de confianza y plasmar un modelo de lo que podría significar una parroquia juvenil en la ciudad que es sede del Vicario de Cristo.

Ejercicios espirituales en Fátima

    Del 16 al 22 de marzo, he predicado Ejercicios espirituales a los Directores SDB y a las Directoras FMA de las Inspectorías Meridionales de Italia. Aunque no es la única experiencia en la que Directores y Directoras hacen los ejercicios juntos, querría presentarla positivamente. La Familia Salesiana crece en unidad como fruto de la escucha común de la Palabra, de la iluminación compartida de los criterios de vida y de misión salesiana, de la oración conjunta. Evidentemente, no es ésta la única forma; y no está dicho que el resultado esté garantizado: éste depende de la preparación y de las actitudes. Ciertamente, es un signo de comunión no indiferente.

            He podido comprobar la buena preparación de la experiencia espiritual, de modo que no se dejara nada a la improvisación. Esto ayuda a hacer de modo que las cosas resulten bien, a asegurar la “estética” de la liturgia, no en sentido formalista sino en sentido mistagógico, a crear un clima favorable para el encuentro con Dios. Ciertamente, al final, todo depende de cada participante; pero ¡la atmósfera ayuda tantísimo!

            Querría hacer también una alusión al lugar de los ejercicios: Fátima, al lado del Santuario y a la capilla de las apariciones, con una plaza enorme, que se distingue por el recogimiento y el clima de oración; es, en verdad, un lugar “sagrado”. He quedado sorprendido de lo que ha logrado producir un acontecimiento sencillo y humilde, que ha tenido como protagonistas a tres niños partorcitos. Hoy en Fátima se puede experimentar la fuerza de la presencia de Dios. No hay duda: el humilde atrae al Dios de Jesucristo.

            Lo que me hace reflexionar es el hecho de que toda la Congregación, es decir, los 17.000 hermanos y novicios, todos los años, durante una semana, vivan una fuerte experiencia como la de los ejercicios espirituales. Lo mismo se diga de las FMA y de casi todos los Grupos de la Familia Salesiana. Ciertamente se trata del compromiso institucional y de la oportunidad personal más importante para la renovación y el relanzamiento espiritual. Es obligado recordar, sin embargo, que el provecho personal, comunitario e institucional depende de la actitud de cada uno para acoger esta gracia y progresar en la vida espiritual y pastoral, sostenido por el Espíritu Santo que obra maravillas en los que le son dóciles y lo toman como guía.

            El artículo 91 de las Constituciones, describiendo la naturaleza y los objetivos del retiro mensual y de los ejercicios espirituales, presenta el siguiente título: “momentos de renovación”. Los retiros y los ejercicios, juntamente con el esfuerzo constante de vigilancia y con la práctica frecuente del Sacramento de la Reconciliación, son como los tres elementos de base de nuestro camino penitencial. Se trata de una pedagogía y de una disciplina –en el mejor sentido de la palabra, que es el de itinerario ascético para hacernos discípulos- que nos ponen en la “escuela” de Jesús, dejando que Él sea el Maestro y poniéndonos nosotros a sus pies para escucharlo, como hizo María de Betania, que escogió la mejor parte. Que no nos suceda caer en la tentación de Marta, que quería enseñar a Jesús lo que había que hacer, trastornando los papeles: “Di a mi hermana...” (cfr. Lc 10,38-42). Acogida y escucha están al servicio de la realización de la vida cristiana y religiosa, que se debería considerar –como dice Karl Rahner- como un proceso de conversión permanente.

            Dos términos bíblicos pueden ayudarnos a precisar mejor la naturaleza de este proceso y, por consiguiente, a vivir más conscientemente estos “momentos de renovación”.

En el Antiguo Testamento la forma típica para hablar de la conversión se expresa con el verbo ‘shub’, que significa ‘volver’, aludiendo claramente a la experiencia original de la relación amorosa de alianza entre Yahvé e Israel. Esa palabra tiene una evidente connotación personal: volver a encontrar al amado. El texto más elocuente es el de Oseas: “Entonces dirá: ‘Voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora’... Por esto (dice Yahvé), voy a seducirla; voy a llevarla al desierto y le hablaré al corazón...; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto” (Os 2,9.16-17).

En el Nuevo Testamento, en cambio, el término usado invariablemente es el de ‘metánoia’, traducido ordinariamente por ‘conversión’, pero que, a la luz de los numerosos textos en que se encuentra, significa mejor ‘vuelco de la mente’, es decir, un cambio en el modo de ver, de juzgar y de vivir. Se trata, en una palabra, de un ‘cambio de valores’, como la denominada ‘conversión de San Pablo’ (Hch 9; Gal 1,15; Flp 3,7-14; 1 Tim 1,12-16), por la que todo lo que antes se consideraba valor y ganancia ahora es considerado pérdida y cosa digna de desprecio, ante lo que se ha encontrado de auténtico valor: Cristo el Señor.

Pienso que los dos términos “vuelta” y “transformación” no se excluyen recíprocamente. Efectivamente, nosotros, que hemos hecho una opción de fe en Él y de seguimiento e imitación de Él, es decir, nosotros que nos hemos ‘convertidos a Él’, estamos llamados constantemente a ‘volver a Él’. Convertirse a Cristo es, pues, “caminar desde Cristo”, es decir, “reencontrar el primer amor, el destello inspirador con que se comenzó el seguimiento. Suya es la primacía del amor” (CdC 22).

A la luz de estos textos, resulta más comprensible el artículo constitucional que afirma que los ejercicios son “tiempo de recuperación espiritual”. La expresión evoca la ‘memoria bíblica’ y nos recuerda otro paso evangélico: la escena de Jesús con sus discípulos, que vuelven de su primera experiencia apostólica, entusiastas por “todo lo que habían hecho y enseñado”. Jesús responde a su euforia con la invitación: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco” (Mc 6,30-31). Este texto forma parte de aquel pasaje que indica por excelencia lo que llamamos “caridad pastoral” (Mc 6,30-44). En efecto, ¿cómo se puede llegar a amar como verdaderos pastores a nuestros destinatarios, sin descansar antes solos con Jesús? ¿De quién y cómo aprender a tener compasión de la gente descarriada, sino de Cristo, como aprendió Don Bosco (cfr. Const. 11)?

La clave de comprensión del texto se nos ofrece, por una parte, en aquel ‘venid vosotros’ y, por otra, en aquel ‘a descansar’. Efectivamente, los evangelistas constatan unánimemente que Jesús se retiraba a rezar. Ahora bien, esto es lo que Jesús llama ‘descansar’, ‘recuperarse’, una expresión con profunda resonancia antropológica y mística, como demuestra nuestra experiencia humana, que nos dice que nada hay tan reconfortante como la intimidad, el entrar en comunión profunda con Dios. A este tipo de descanso Jesús invita ‘también a ellos’.

Nuestro tipo de vida, que presenta no pocas actividades y reducidas prácticas de piedad en común, corre el peligro de hacernos caer en el frenesí del activismo, con su triple consecuencia: cansancio físico, estrés psíquico y superficialidad espiritual que, en vez de convertirnos en “contemplativos en la acción”, hace que seamos, en el mejor de los casos, lo que se dice ‘workaholic’, maníacos del trabajo, o en el peor de los casos, simples ‘funcionarios’ más que misioneros.

            El único modo de contrarrestar semejantes consecuencias negativas del activismo y de dar profundidad a nuestra vida, de ganar en significatividad y de llenarla de dinamismo que nos haga vivir no ‘burocráticamente’, haciendo lo que debemos hacer, sino ‘creativamente’ a imagen de nuestro Dios y Padre Creador (cfr. Jn 5,17-18) y ‘salvíficamente’, prolongando la acción salvífica del Señor Jesús (cfr. Hch 3,1-10), es el de hacernos antes “contemplativos en la oración”. En la intimidad con el Señor volveremos a recordar que el ‘dueño’ de la viña y de la mies es Él, que el ‘que hace crecer la semilla’ es Él, que el que marca los ritmos es Él. Así también en la intimidad con Él aprenderemos los secretos de su Reino, ahondaremos en su plan de salvación y haremos nuestra su caridad pastoral.

            Siempre según el artículo 91 de nuestro Proyecto de Vida, retiros y ejercicios espirituales  nos ofrecen tres medios privilegiados:

Escuchar la Palabra de Dios
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A la escucha el artículo 87 le atribuye la capacidad de ser “fuente de vida espiritual, alimento para la oración, luz para conocer la voluntad de Dios en los acontecimientos y fuerza para vivir con fidelidad nuestra vocación”, a condición de que, como la Virgen María, acojamos la Palabra incondicionalmente, la hagamos tesoro de nuestro corazón y la hagamos fructificar.

Purificar el corazón
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Esto requiere rectificar y madurar motivaciones y significados, conscientes del valor y de la fuerza atractiva que tienen hoy los ‘significados’, los que dan sentido a la vida; y de purificar sentimientos, especialmente los desordenados tanto a causa de la excesiva dependencia de las manifestaciones externas de afecto, estima y valorización, como a causa de resentimiento, amargura y frustración.

Discernir su voluntad
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Esto, en última instancia, es lo que importa y de lo que depende nuestra felicidad.  También aquí María en la anunciación se presenta como modelo de búsqueda de la voluntad de Dios en su propia vida (cfr. Lc 1,26-38). El discernimiento, más que un acto puntual –como recurso en los momentos de crisis, o en la toma de decisiones importantes- debe ser una actitud de vida que nos lleva a buscar “la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto” (Rm 12,2b).

El fruto es doble y no podría ser más apetecible: ante todo, el de ganar en unidad interior, precisamente cuando todo favorecería la desintegración, a veces hasta llevarnos a situaciones patológicas; en segundo lugar, el de reavivar la espera del Señor, quien retrasando su venida podría llevarnos a dejar de esperarlo y a buscar simplemente sobrevivir. De algún modo es esto a lo que nos conduce este tiempo en el que se proclama la “muerte de las utopías”.

Ejercicios espirituales del Rector Mayor y del Consejo Querría, en este punto,  porque está estrechamente unido con el tema anterior, dar mi testimonio personal de la tanda de ejercicios espirituales del Consejo General predicados por Don Pietro Braido en la última semana de junio. Ha sido verdaderamente un “itinerario espiritual” bajo la guía sabia de un genuino cultor y enamorado de Don Bosco, que nos ha llevado de la mano, nos ha hecho recorrer las grandes etapas del camino exterior e interior de nuestro amado Padre, llegando a caldearnos el corazón. Mientras nos recordaba la biografía, el predicador nos ofrecía algunos criterios para “Caminar hacia el futuro con Don Bosco ‘sacerdote de los jóvenes’”; éste era, efectivamente, el tema de los ejercicios.

Punto de partida fue la afirmación del principio que Don Bosco es para nosotros no sólo punto de referencia,  sino modelo de vida; lo cual nos impulsa a conocerlo y comprenderlo en la totalidad de su existencia.

La perspectiva del predicador, que quería ayudarnos a mirar a Don Bosco en su devenir histórico, nos ha permitido comprender mejor su maduración personal, la iniciativa de Dios que lo guiaba, el desarrollo de su obra. También nos ofreció una visión de conjunto de lo que es la vida salesiana en sus componentes fundamentales: identidad, lugar en la Iglesia y función social, misión entre los jóvenes y método educativo, comunidad de vida y de acción, estilo de los consejos evangélicos, especificidad de la espiritualidad, perfil del salesiano que hay que formar, tipo de animación y gobierno.
Presentándoos un pequeño comentario al tema, querría compartir con vosotros algunos puntos de la más amplia reflexión propuesta y de las resonancias que se despertaron en mí.

Caminar
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Para Don Bosco, como para todos los Salesianos, la vocación no es algo abstracto, sino un ponerse en movimiento y una experiencia de vida semejante a aquella de que habla el Evangelio de Juan: “Ven y ve” (cfr. Jn 1,39). Don Bosco plasmó a sus salesianos, narrando más que disertando. Esto significa que la vocación salesiana debe continuar siendo entendida, presentada y vivida de esta manera. Es una experiencia que se hace inmediata, fascinante, convincente, propositiva. Tal vez esto es lo que quería indicar Don Viganó cuando escribía que “el nacimiento del salesiano de los tiempos nuevos comenzó con Don Bosco”: él es nuestro “incunable”.

Hoy, como ayer, tenemos necesidad de realizar la pastoral vocacional y de plasmar a loa salesianos “narrando”, rehaciéndonos con mayor frecuencia y explícitamente a Don Bosco, al estilo de Don Barberis, uno de sus biógrafos, que mientras narra las “antigüedades” del Oratorio de Valdocco, nos ofrece las razones: ésas nos instruyen en nuestras cosas, en nuestros métodos, en nuestro espíritu de familia; al mismo tiempo, hacen crecer en nosotros el sentido de pertenencia, nos hacen sentirnos miembros de la familia, nos hacen protagonistas.

Hacia el futuro
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Es verdad que los jóvenes son nuestro futuro, aunque se debe decir que ellos no son puro sueño o utopía, porque llevan consigo herencias y experiencias. Pues bien, Don Bosco logró ser joven y así estar en sintonía con el futuro, a fuerza de estar en medio de los jóvenes. Las exigencias de los jóvenes, sus necesidades, han determinado el futuro de Don Bosco y todavía hoy orientan y deben orientar las decisiones de nuestra Congregación.

Con Don Bosco
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En la experiencia de Valdocco está claro que ha habido una maduración de la misión y, por tanto, un paso de la alegría de “estar con Don Bosco” a “estar con Don Bosco para los jóvenes”; de “estar con Don Bosco para los jóvenes de forma estable” a “estar con Don Bosco para los jóvenes  de forma estable con votos”. Estar con Don Bosco no excluye “a priori” la atención a sus tiempos, que lo modelaron o condiconaron; pero requiere vivir con su empeño sus opciones, su entrega, su espíritu de iniciativa y de vanguardia.

Sacerdote de los jóvenes
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El genitivo “de los jóvenes” es, al mismo tiempo, objetivo y subjetivo: es decir, Don Bosco es sacerdote para los jóvenes, siendo para ellos y estando a su servicio; al mismo tiempo, es sacerdote de los jóvenes, perteneciéndoles y siendo solicitado por ellos. Él es todo para los jóvenes y está siempre con los jóvenes. Estar con los jóvenes y estar disponible para ellos define profundamente nuestro ser salesianos como Don Bosco. Nosotros no podemos imaginarnos lejos, separados, indiferentes en relación con los jóvenes; la cercanía a los jóvenes es el primer paso que con decisión hoy todos nosotros debemos dar.

Todo esto hace de Don Bosco un hombre fascinante y, en nuestro caso, un padre que amar, un modelo que imitar; pero también un santo que invocar. A este propósito merece ser recordada la carta, escrita por Don Ricaldone después de la canonización de Don Bosco, en la que se lee: “sería empequeñecer a Don Bosco pensar que Dios lo mandó sólo para los Salesianos o para la Familia Salesiana. ¡No! Dios lo mandó como un don para toda la Iglesia, para todo el mundo. Y nosotros debemos darlo a conocer y promover su devoción”.

Al final de los ejercicios estábamos verdaderamente satisfechos de la experiencia vivida. Si para todos los Salesianos es importante conocer a Don Bosco, para tenerlo como punto  normativo de referencia, para el Rector Mayor y los Consejeros Generales es una tarea imprescindible, ya que están llamados a ser sus continuadores en la guía de la Congregación. Nos damos cuenta de que cuanto más aumenta la distancia del Fundador, más real es el peligro de hablar de Don Bosco limitándose a “lugares comunes”, a anécdotas, sin un verdadero conocimiento de nuestro carisma. De ahí la urgencia de conocerlo a través de la lectura y el estudio; de amarlo afectiva y efectivamente como padre y maestro por su herencia espiritual; de imitarlo tratando de configurarnos con él, haciendo de la Regla de vida nuestro proyecto personal. Éste es el sentido de la vuelta a Don Bosco, al que me he invitado a mí mismo y a toda la Congregación desde mis primeras “Buenas Noches”, por medio del estudio y del amor que tratan de comprender, para iluminar nuestra vida y los desafíos actuales.  Junto con el Evangelio, Don Bosco es nuestro criterio de discernimiento y nuestra meta de identificación. Aprovecho la ocasión para animaros y tener cada vez más a Don Bosco como referencia para la renovación espiritual y pastoral en las Inspectorías.

Visita a la Inspectoría de Portugal Apenas acabados los ejercicios en Fátima, para aprovechar mi estancia en Portugal, he hecho una visita de animación a esta Inspectoría, en la que he encontrado, además de los Directores y del Consejo Inspectorial, a hermanos, Grupos de la Familia Salesiana, alumnos de nuestras escuelas, profesores y colaboradores seglares, en las obras de Oporto, Mogofores, Lisboa, Manique y Estoril.

Si es verdad que algunas de estas obras impresionan por la calidad de las estructuras edilicias, por el tipo de destinatarios, por la fama que tienen en la sociedad y ante las autoridades civiles, sin embargo, la Inspectoría cuenta con un abanico de presencias diversificadas y significativas también en el campo de la marginación y de la promoción social.

Indico tres elementos que caracterizan de modo particular la Inspectoría de Portugal. Conociendo su historia, lo que más sobresale es su espíritu misionero. Es oportuno recordar que esta Inspectoría ha sido, también por razones políticas, responsable del nacimiento y del desarrollo salesiano en Goa, en Timor Este, en Macao, en Mozambique, en Cabo Verde y en las Islas Azores. Mientras esta Inspectoría ha dejado de estar presente en los tres primeros lugares, continúa llevando adelante las obras en los otros tres países.

Una segunda característica es la devoción mariana del Portugal salesiano, debida en parte al influjo de la Virgen de Fátima, lo cual no podría ser de otra manera; pero también por la difusión que ha tenido la devoción a María Auxiliadora. Para nosotros, Salesianos, la piedad mariana es prueba y garantía de fidelidad carismática.

Finalmente, se puede indicar la intensa religiosidad popular de todo el país, que ofrece grandes posibilidades para una fecunda pastoral juvenil y vocacional de calidad. Exactamente porque comienza a difundirse el secularismo, es importante que los Salesianos puedan ayudar a los muchachos a afrontarlo por medio de una educación de la fe que lleve al encuentro con Cristo y madure opciones de vida cristiana. La próxima beatificación de la Venerable Alejandrina da Costa deberá ser un motivo de relanzamiento de la propuesta de santidad juvenil salesiana; será un modo eficaz de dar gracias a Dios por este don.

Visita a Tierra Santa

    Al comienzo de abril he visitado Tierra Santa, con ocasión de la celebración del centenario de la Inspectoría del Medio Oriente, fundada por Don Rua en 1902, año en que el primer Sucesor de Don Bosco erigió canónicamente nada menos que 32 Inspectorías. La celebración había sido programada para el 12 de mayo de 2002, pero la intifada y el toque de queda obligaron a retrasarla dos veces. Si bien la situación política seguía siendo la misma, e incluso se había agravado con la guerra en Iraq, decidí hacerme presente entre los hermanos que viven en esta atmósfera cargada desde hace tanto tiempo.

            La visita fue preparada por el Inspector y su Consejo como una peregrinación; por esto, he estado en Nazaret, donde he celebrado la Eucaristía en la Gruta de la Anunciación, con la participación de los hermanos de la comunidad, de las Hijas de María Auxiliadora, de un pequeño grupo de Cooperadores y de Antiguos Alumnos. Ha sido una ocasión para reflexionar sobre la vocación a la luz de María y para aprender de Ella a responder positivamente al proyecto que Dios tiene para nosotros. Esto es posible en la medida en que desarrollamos las actitudes fundamentales de María: la búsqueda continua de la voluntad de Dios, la acogida de ésta como proyecto de vida, la docilidad a la acción del Espíritu Santo de modo que sea Él nuestro guía.

            Ha sido también un encuentro con alumnos y profesores y un momento de fiesta con la participación de los miembros de la Familia Salesiana, de la comunidad educativa y de autoridades eclesiásticas y civiles. El clima de continua hostilidad y de terrorismo, que ha dejado los lugares santos sin turistas y peregrinos, ha echado por tierra la apenas nacida economía palestina y hecho pesada la atmósfera social.

            Hemos proseguido con la visita a la comunidad de Beitgemal, lugar bellísimo y de gran valor, situado en contexto judío, donde nuestra misión se reduce al testimonio y a la acogida. Allí hemos celebrado la Eucaristía en la iglesia de San Esteban, en la que han participado también las comunidades de las Hermanas de Belén y de la Virgen Asunta y San Bruno y tres hermanos sacerdotes de esta misma Congregación. Se trata de dos comunidades religiosas de vida contemplativa, que han sido acogidas en nuestra propiedad para que estableciesen allí su convento.

            De Beitgemal hemos ido a la Basílica del Santo Sepulcro, donde hemos tenido un tiempo breve, aunque intenso, de oración ante el Calvario y en el Santo Sepulcro mismo. El poder de la muerte y el triunfo final de la vida encuentran aquí su mejor icono. El santuario está todo repleto de Cristo y todo Cristo está allí, porque ha tomado sobre sí nuestras culpas y nuestra muerte, y porque Él es el primogénito de los que resucitan de entre los muertos. No puedo ocultar la conmoción profunda que he sentido, como Jesús ante la tumba del amigo Lázaro, presintiendo la fuerza de la muerte, la que quita el sentido de la vida, y al mismo tiempo el dinamismo del amor que vence la muerte. Lástima que el tiempo tirano no nos haya permitido permanecer algo más; sentía verdaderamente necesidad de ello.

            Después, nos hemos acercado a Cremisán para encontrarnos con los hermanos del estudiantado, formadores y formandos. Ha sido un momento muy hermoso, como hermoso es el ambiente de familia que he encontrado allí.

            Finalmente, hemos ido a Belén, donde hemos visitado la Gruta de la Natividad. Aquí he dispuesto de un tiempo más largo para permanecer en oración. Os puedo asegurar que os he recordado a todos vosotros, mientras llevaba conmigo las preocupaciones del mundo, las necesidades de la Congregación y de la Familia Salesiana, las esperanzas y las necesidades de los jóvenes. El Dios encarnado, que ha hecho experiencia de lo que significa ser hombre menos en el pecado, es un sacerdote compasivo que intercede por nosotros junto al Padre.

            En Belén ha habido luego un encuentro con los jóvenes del Oratorio y del centro de formación profesional, y con los hermanos de la comunidad de la Casa del Pan, que verdaderamente hace honor a su nombre, ya que, aun en las circunstancias actuales, con la economía reducida a cero, sigue distribuyendo gratuitamente pan todos los días.

            El punto culminante de la visita ha sido la celebración del centenario el domingo 6 de abril. Se ha querido poner de relieve el reconocimiento a Dios más que la fiesta, ya que no hubiera sido justo hacer festejos en medio de tanto sufrimiento. En la Celebración Eucarística ha participado un gran número de sacerdotes, salesianos y otros religiosos. En el saludo inicial he dicho que la visita del Rector Mayor no quería ser una mera conmemoración, sino, sobre todo, significar el compromiso renovado de la Congregación en favor de los jóvenes de Tierra Santa, de quienes queremos seguir siendo compañerosa de camino, como el peregrino de Emaús.

            En la sucesiva conmemoración en el salón teatro de la escuela salesiana estaban presentes autoridades civiles y eclesiásticas. Valdría la pena conocer la historia de la presencia salesiana en Tierra Santa que nos fue presentada, porque ha sido siempre una historia atormentada, las más de las veces, por conflictos externos que, de cualquier manera, nos afectaban muy de cerca. Igualmente se debe conocer el trabajo realizado por Don Antonio Belloni, que entregó sus obras de Belén, Cremisán y Beitgemal y su fundación “Obra de la Sagrada Familia” a Don Bosco, en la persona de Don Rua. Somos herederos de un gran hombre conocido por todos, con razón, como “Abulyatama”: el padre de los huérfanos.

            En mi intervención final, como conclusión de la visita, indicaba a los hermanos las siguientes líneas de futuro:

Don Bosco y Don Belloni han sido dos sacerdotes sensibles a las necesidades de los jóvenes pobres y en dificultad. El ejercicio ministerial los ha hecho sacerdotes para los jóvenes y educadores de los jóvenes, para ayudarlos a madurar, a desarrollar todas sus dimensiones, a encontrar el sentido de la vida, a ser ciudadanos de este mundo, abiertos a Dios y a los demás. No tenéis patrimonio mejor que éste: los jóvenes y la educación.

Don Belloni se caracteriza –entre otras cosas- por su capacidad de inculturación, que lo llevó a aprender la lengua, a penetrar en la cultura de sus destinatarios, a hacerse uno de ellos. Para nosotros, salesianos, ésta es la realización concreta del Sistema Preventivo, que insiste en la necesidad de que los muchachos no sólo sean amados, sino que sepan y sientan que son amados; el amor se hace cariño en el encuentro del otro, en la cercanía, en la semejanza, en el pensar y en el hablar con el otro y como el otro. La inculturación es, por lo mismo, una tarea esencial de la evangelización y de la educación salesiana.

El secreto de la fecundidad educativo-pastoral de Don Bosco y de Don Belloni está en el hecho de que el estar totalmente entregados a la misión entre los jóvenes desembocó naturalmente en el cultivo de las vocaciones. Éstas son fruto de diversos factores, el más decisivo de los cuales es el ambiente que se logra crear entre los muchachos, hasta hacer despertar en ellos el deseo de compartir nuestra pasión juvenil y educativa como apóstoles consagrados. Las vocaciones deben ser, pues, una prioridad de nuestra misión en estas tierras.

Tanto Don Boco como Don Belloni, conscientes de las exigencias que comporta el trabajo en favor de los adolescentes y de los jóvenes pobres, han sido tan previsores y abiertos a la sociedad civil que han sabido implicarla en sus proyectos y obras para poder ir resolviendo toda clase de necesidades de aquellos muchachos. El camino está abierto; a nosotros nos debería llevar a continuar este compromiso, trabajando más en red.

Finalmente, esta historia atormentada, significativa por su colocación, sus destinatarios y su misión, ha quedado marcada por un hermano en curso de beatificación, el Venerable Coadjutor Simón Srugi, una figura que ya durante su vida causó impresión a Don Rua. La santidad es una de las señales de que ha habido una buena encarnación del carisma y sigue siendo el mejor don que podemos ofrecer a los jóvenes.

Sesión intermedia del Consejo General

            En abril hemos tenido la primera reunión intermedia del Consejo General de este sexenio. La iniciativa de realizar todos los años dos Consejos intermedios se debe a Don Vecchi, que sentía la necesidad de una mejor reflexión por parte del Rector Mayor y del Consejo sobre temas de primer orden para la vida de la Congregación. Al mismo tiempo, el Consejo intermedio garantizaba la posibilidad de encontrar un número significativo de Consejeros presentes en la Casa Generalicia, entre las dos sesiones plenarias, para poder resolver las demandas de autorización, que exigen la presencia de al menos seis Consejeros.

            Aunque en el sexenio precedente yo había participado dos veces en este tipo de reuniones y había visto su funcionamiento y sus objetivos, ahora me he dado cuenta del gran valor de esta iniciativa, porque efectivamente nos ofrece la posibilidad de un estudio que prepara la reflexión más amplia de todo el Consejo en pleno. Esta vez, concretamente, hemos examinado diversos temas.

Promoción de la vocación del Salesiano Coadjutor.

Hemos querido profundizar y concretar ulteriormente la llamada de Don Vecchi a las Inspectorías, después de la beatificación del Señor Artémides Zatti, para asumir un compromiso renovado, extraordinario y específico en orden a la vocación del Salesiano Coadjutor. Se trataba de pasar de los aspectos celebrativos, que han caracterizado el año de la beatificación, a la atención operativa, con indicaciones y sugerencias bien precisas. Aprovecho la ocasión para estimular a los Inspectores, Directores y todos los hermanos a estudiar la orientación del Consejero para la Formación en las Actas del Consejo General (cfr. ACG 382, pág. 37-50).

Modalidades del desarrollo del Capítulo General.

Hemos comenzado a estudiar las posibles modalidades de desarrollo del Capítulo General, para responder a la orientación operativa del CG25 (n. 136), que pide al Rector Mayor y a su Consejo evaluar “el desarrollo de los últimos Capítulos Generales, con el fin de valorar y proponer una modalidad de desarrollo más ágil y encaminada, no sólo a cumplir las prescripciones constitucionales, sino, además, a hacer un examen de la situación en la Congregación y a diseñar las líneas fundamentales de la política de la Congregación que se deberán poner en práctica en el sexenio siguiente”. Nos damos cuenta de la necesidad de plantear un Capítulo General que, más que dedicarse al estudio de un tema particular, como ha sucedido en los CG23, CG24 y CG25, parta del estado de la Congregación, de sus tendencias, de sus desafíos y de sus oportunidades, para definir conjuntamente su proyecto de futuro. Ya hemos reflexionado no poco y estamos llegando a la conclusión que se enviará a las Inspectorías.

Fragilidad vocacional de los hermanos jóvenes.

Hemos examinado un triple aspecto: uno psicológico, ante cualquier problema, dificultad o frustración; otro moral, que se evidencia en la dificultad de organizar toda la vida alrededor de las grandes opciones; otro extremo, como es la pérdida del sentido de la vida. Aunque hayamos ya hecho una primera reflexión, el tema merece una profundización mayor, teniendo presente que lo que importa es la mayor consistencia y solidez, fruto del crecer “humildes, fuertes y robustos”.

Temáticas para los próximos Capítulos Inspectoriales.

Hemos pensado algunos temas para los Capítulos Inspectoriales, que, por una parte, deben afrontar problemas locales; y, por otra, deben responder a las demandas del CG25. Entre los temas señalados, recuerdo: la elaboración del Proyecto Orgánico Inspectorial; la puesta al día de la sección Formación del Directorio Inspectorial, para adecuarlo a la nueva edición de la “Ratio”, y de la sección pobreza y administración; el argumento de la promoción del Salesiano Coadjutor.

“Don Bosco international” (DBI).

Esta asociación es el rostro civil de la Congregación Salesiana, promotora de diversos tipos de redes de ONG, como la de las Procuras Misioneras, y de asociaciones para la realización de las diversas dimensiones del carisma salesiano. “Don Bosco International” (DBI) existe ya desde el sexenio precedente, con sede en Bruselas, y debe funcionar cada vez mejor con el fin de estar presentes como salesianos allí donde se toman decisiones que afectan a los jóvenes y la educación, y, al mismo tiempo, de acceder a financiaciones para las obras de vanguardia.

El Boletín Salesiano.

Debe continuar su proceso de renovación, tratando de desarrollar todas sus potencialidades y favorecer una ulterior coordinación.

Instituto “Ratisbonne” de Jerusalén.

Había sido creado para favorecer el diálogo cristianismo-judaísmo; ahora este objetivo ha sido transferido a otra parte por la Sede Apostólica, la cual nos ha ofrecido esta sede para colocar allí un Instituto Teológico o un Centro de estudios importante. “Ratisbonne” presenta ventajas no indiferentes por ser una presencia en Jerusalén; pero conlleva también consecuencias, como serían las del futuro de Cremisán. Desde el primer momento se ha implicado la Inspectoría MOR por medio del Inspector y su Consejo, como también la comunidad de Cremisán. En este momento nos encontramos en fase de negociaciones.

            Estos mismos temas los hemos vuelto a tomar en consideración con una reflexión más amplia y profunda durante la sesión plenaria del Consejo General de junio y julio; a ellos se han añadido otros, como el Aguinaldo para la Familia Salesiana y la Propuesta pastoral para los Salesianos para el año 2004, la revisión del Estatuto de la ADMA, la evaluación del Proyecto “Fusagasugá”, el “logo” de la Direccción General, el balance final del año 2002.

Encíclica sobre la Eucaristía
            El Jueves Santo de este año, en sustitución del acostumbrado mensaje dirigido a todos los sacerdotes, con ocasión del 25º aniversario de pontificado, el Santo Padre ha presentado la nueva encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, una meditación sobre el misterio eucarístico que pone de manifiesto la relación estrechísima e inseparable entre Iglesia y Eucaristía.

            El texto es, en algunos momentos, muy personal, con párrafos meditativos, alusiones a la situación pastoral y consideraciones teolóicas. Es principalmente una declaración dirigida a la Iglesia Católica, pidiendo que ésta, al considerar la Eucaristía, refuerce el sentido del misterio, su relación con la cruz y con el ofrecimiento de la vida de Jesús, el respeto y la solemnidad. Esto la llevará a evitar usos impropios, ambigüedades e instrumentalizaciones en la celebración.

            Alguien ha definido la encíclica como un pequeño catecismo de la fe de la Iglesia acerca de la Eucaristía. Tal vez lo más importante es la llamada al puesto central que la Eucaristía debe ocupar en la vida personal de fe de cada uno y en la práctica litúrgica de las comunidades.

            Para nosotros deberá ser un instrumento precioso de renovación para la celebración de la Eucaristía y también de acción pedagógica, como lo fue para Don Bosco. La invitación al estupor ante la manifestación del amor de Jesús hacia nosotros llevado hasta el extremo (n. 11) va acompañada de la señalación de los indicadores, que nos hacen ver una pérdida de valoración de este Sacramento, que van desde el abandono de la adoración eucarística a la reducción de la celebración a un momento de banquete, del descuido en la celebración a la pérdida del sentido del ‘misterio’. No se debería olvidar que nosotros hemos sido llamados a ser ‘mistagogos’, verdaderos iniciadores de los jóvenes para su encuentro con Dios.

            La encíclica, en primer lugar, vuelve a reafirmar que la Eucaristía es el don por excelencia de Jesús, que se oferece por nosotros y por nuestra salvación; en segundo lugar, que la Eucaristía edifica verdaderamente la Iglesia, no sólo porque la Iglesia nace de ella, sino porque se alimenta de ella y crece en ella; en tercer lugar, precisamente porque es misterio de comunión, la Eucaristía está vinculada necesariamente con la reconciliación, en el sentido de que nada nos puede separar de Jesús, como dice San Pablo, ni siquiera la muerte, excepto el pecado, que es negación y ruptura de esta comunión. A nosotros nos hará un gran bien estudiar esta encíclica para continuar el impulso dado por Don Vecchi, que había escrito una carta sobre la Eucaristía, en la que algunos de estos elementos habían ya sido expresados.
            Invito a los hermanos de nuestras tres Regiones europeas a comenzar a profundizar la Exhortación Apostólica postsinodal “Ecclesia in Europa”, sobre la comunicación del Evangelio de la esperanza en este continente; será objeto de particular atención con ocasión de la reflexión que haremos con los Inspectores de estas Regiones del 1 al 5 de diciembre de 2004.

  Visita a la Inspectoría de Gran Bretaña
            El último fin de semana de abril he estado en la Inspectoría de Gran Bretaña para visitar algunas comunidades, encontrar a los hermanos y participar en dos reuniones con la Familia Salesiana, en Bolton y en Chertsey, donde he hablado de la vocación del salesiano hoy, partiendo de mi propia vocación y de mi experiencia cuando he invitado a otros a hacerse salesianos; además, he tenido la posibilidad de detenerme sobre la identidad, la función y la misión de la Familia Salesiana hoy.

            Me ha impresionado la acogida fraterna y amigable de los hermanos y de todos los miembros de la Familia Salesiana, expresión no sólo de la ya famosa gentileza británica, sino también del amor y de la adhesión filial a Don Bosco. Las jornadas habían sido preparadas con todo detalle por un grupo formado por diversos miembros de la Familia Salesiana y han tenido una gran participación. Estoy convencido de que en el futuro, en todas partes, se deberá trabajar cada vez más en red, como Familia de Don Bosco, en plena sintonía, sinergia y solidaridad fraterna, como he visto hacer aquí.

            He notado con sorpresa que la Inspectoría, aunque tiene dos casas para los hermanos ancianos o enfermos, cuenta con un buen número de sacerdotes jóvenes, con los que se puede contar para una presencia cada vez más significativa y para una pastoral vocacional más fecunda. Querría, a este propósito, en línea con lo que escribe Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica ‘Ecclesia in Europa’, decir una palabra de estima, de gratitud, de cercanía y de estímulo a todos los salesianos jóvenes, sacerdotes y coadjutores, que son un verdadero don de Dios (cfr. EiE 36-37) e invitar a todos a comprometerse, como respuesta a este don, a ser con los jóvenes y para ellos signo de esperanza.

Presencias de Treviglio y Chiari (ILE)
            Al final de abril, he hecho una visita a dos comunidades de la Inspectoría Lombardo-Emiliana: Treviglio y Chiari. Las dos han preparado un programa muy intenso. En Treviglio ha habido encuentros con los estudiantes y los profesores de la escuela superior y de la escuela media, con el Alcalde de la ciudad, la visita a la Caja Rural, que ha ofrecido al Rector Mayor la financiación para la perforación de algunos pozos de agua en Etiopía, y la Celebración Eucarística en el Santuario de la Virgen de las Lágrimas.

            En Chiari se ha comenzado el día con la Eucaristía para los muchachos de la escuela, después de la cual ha habido un encuentro con los jóvenes, la inauguración del edificio de la nueva escuela superior y del Oratorio-Centro juvenil. Por la tarde, he dedicado algún tiempo para encontrarme con los Cooperadores y los Voluntarios y conocer la realidad del “Auxilium”, una obra de gran valor social y misionero; me ha maravillado el ver lo que se ha logrado hacer en los corazones y en la vida personal, antes que en la acción social, de tantos seglares y profesionales, que se han convertido en verdaderos y modernos samaritanos para ayudar a los inmigrantes y a las misiones. Hemos concluido la jornada en el gimnasio con el espectáculo “El jardín del Gigante”, que me ha hecho pensar en la necesidad de hacer renacer y calificar la educación en el arte y en las expresiones artísticas, como camino típicamente salesiano de educación y evangelización.

            Es obligado dar gracias al Señor por el celo pastoral de los hermanos y por todas las iniciativas que se van desarrollando en la educación y en el campo social, con una gran peocupación por los más pobres del territorio y del mundo.

Visita a la Inspectoría Sícula
            Durante el año he visitado la Inspectoría de Sicilia dos veces. Al comienzo de mayo he estado en Caltanisetta, con ocasión del 50º aniversario de la presencia salesiana; se añadieron otros dos encuentros, el primero en Zafferana y el segundo en Palermo, donde tuvo lugar la reunión con toda la Familia Salesiana de Sicilia. Así he tenido la oportunidad de encontrar a la mayor parte de los hermanos.

            He vuelto más tarde a Sicilia, a finales de agosto, para la reunión del Movimiento Juvenil Salesiano, que ha sido una nueva ocasión para encontrarme también con los hermanos.

            Las dos visitas me han permitido conocer esta realidad, valorar cuanto hacen los hermanos en el campo de la formación salesiana, de la escuela, de la formación profesional, de la parroquia, de la marginación y de la promoción humana.

            Todos reconocen el compromiso de algunos de nuestros hermanos para defender a los niños vejados, maltratados y violentados, en el barrio de “Santa Clara” de Palermo, que ha obligado a la denuncia pública y al cierre del Oratorio, para volverlo a abrir con mayor conocimiento por parte de la sociedd civil y de las autoridades. Visitando “Santa Clara”, decía que aquel es un lugar en el que los Salesianos deben estar presentes con un tipo de obra más propositiva, implicando a toda la Familia Salesiana. Espero que este sueño, poco a poco, se vaya hacienco realidad por el bien de todos los niños, adolescentes y jóvenes de un barrio socialmente en peligro, por las familias que viven allí y por el número creciente de inmigrantes.

Visita a la Inspectoría de Bilbao
            La segunda semana de mayo, en el marco del 75º aniversario de la casa de Pamplona, he hecho una visita a la Inspectoría de Bilbao, donde he conocido casi todas las casas, en Bilbao, Santander, Pamplona, Logroño, Burgos, Vitoria, Urnieta y Azkoitia. La agenda de las actividades preveía la visita a la sala de salesianidad, muy bien cuidada, diversas entrevistas para la radio y la televisión, el encuentro con Obispos, autoridades civiles, hermanos, jóvenes, profesores, colaboradores, miembros de la Familia Salesiana y simpatizantes.

            Los acontecimientos que mayor impresión me han hecho han sido los encuentros con los jóvenes, como el de la Casa de Deusto, en el que han participado numerosos jóvenes del MJS llegados de las diversas presencias salesianas de la Inspectoría. Su alegría, las cualidades  artísticas puestas de manifiesto en la representación del musical “Namaskar”, la acogida del mensaje del Rector Mayor, la voluntad de comprometerse socialmente y de vivir con responsabilidad e intensidad la vida cristiana, nos recuerdan el inmenso potencial que los jóvenes representan para la Iglesia y para la sociedad, tal como lo descubrió Don Bosco, que siempre supo creer en ellos.

            Se añaden otros encuentros con la Familia Salesiana, con las comunidades de las Hijas de María Auxiliadora, con los centros de Cooperadores y Antiguos Alumnos bien organizados y comprometidos, con los florecientes grupos de ADMA, unidos por la Eucaristía y por la devoción a María Auxiliadora, muy en sintonía con las fundaciones originales de Don Bosco.

            No puedo dejar en el olvido a uno de los salesianos más ilustres de esta Inspectoría, Don José Luis Carreño Echandía, el gran misionero de la India y de las Filipinas, siguiendo el ejemplo de San Francisco Javier, cuya tumba fui a visitar con veneración, admiración y agradecimiento, en el Hogar del Misionero que él mismo quiso construir en Alzuza. Ha sido un salesiano rico en cualidades humanas, músico, poeta, de inteligencia viva y aguda, un soñador y un realizador, con un espíritu de intrepidez al estilo de Don  Bosco, de quien se sentía un digno hijo.

            Señal de estima por parte de las autoridades civiles ha sido la Medalla de Oro de Navarra que han querido entregar a los Salesianos de Pamplona; ahora se disponen a colaborar en la construcción del nuevo centro de formación profesional, como agrdecimiento por cuanto la Congregación ha hecho en el pasado y hace en el presente por el desarrollo tecnológico de Navarra, por medio de la formación profesional de los jóvenes. Tal vez valga la pena recordar que ésta es una Inspectoría que ha cuidado muchísimo, como también casi todas las Inspectorías de España, los centros de formación profesional. La relación con las autoridades y su implicación, donde es posible, no es indiferente, porque la educación es una realidad que afecta también al Estado y debemos trabajar con el mayor consenso posible, manteniendo al mismo tiempo la autonomía y la libertad propias de la Congregación. También éste es un criterio salesiano importante.

            Finalmente, un último recuerdo de estos días ha sido la visita a Loyola, a la casa-museo de San Ignacio, con una parada de oración en la “capilla de la conversión”. Lo que me ha causado mayor asombro ha sido su experiencia espiritual y su camino interior. Efectivamente, volvió a su casa herido en la guerra, pensando en su “enamorada”, y marchó de casa enamorado sólo de Dios. ¿Qué sucedió mientras tanto? ¡La gracia infinita del encuentro con Dios! Orgulloso de sí mismo, pensando en conquistar el mundo, había pedido algunos libros de “caballerías” para inspirarse en los grandes héroes. Providencialmente no se encontraron en el palacio sino dos libros: una historia de santos y una vida de Jesús. Aunque le causaban aburrimiento, los comenzó a leer. Cuanto mejor iba conociendo a los grandes santos, más se preguntaba: “Si San Francisco de Asís ha sido tan radical, ¿por qué no podría serlo yo también? Si Santo Domingo de Guzmás ha hecho eso, ¿por qué no podría hacerlo yo también?”. Cuanto más leía la vida de Jesús, más conmovido se sentía, dispuesto a comenzar una vida nueva, a llegar a ser su discípulo y a formar parte de su “compañía”. No quería hacer otra cosa que la voluntad de Dios y buscar sólo su gloria. Así aprendió el arte del discernimiento espiritual, los criterios para distinguir lo que procede de Dios y nos lleva a Él, de lo que, aun pareciendo bueno, no proviene de Él y no nos lleva a Él. Una vez curado, dejó su casa completamente transformado. ¿Qué puede sugerirnos San Ignacio a nosotros, salesianos, en nuestra misión de guiar a los jóvenes hacia el encuentro con Dios y con Jesús? Pienso que si queremos estar a la altura de nuestra misión, tenemos necesidad de convertirnos en buscadores de Dios y en guías expertos para conducir a los jóvenes a Jesús.

Visita a la Inspectoría de Munich
            A mitad de mayo, inmediatamente después de la visita a la Inspectoría de Bilbao, he estado en la Inspectoría de Munich, en Alemania, donde he tenido la posibilidad de visitar algunas comunidades y conocer algunas obras, como la Editorial Don Bosco, que está desarrollando un programa interesante de publicaciones, juntamente con otras editoriales de la Región Europa Norte, y la casa de Waldwinkel, en favor de muchachos discapacitados, que es una obra muy significativa, de alta calidad educativa, en colaboración con el Estado, con una diversidad de propuestas que la hacen muy valiosa.

            Los motivos principales de mi visita fueron la participación en el “Curatorium” de Benediktbeuern y el encuentro con la Familia Salesiana de la Inspectoría. En Benedikbeuern he podido admirar la belleza y la nobleza del antiguo monasterio, que es una verdadera joya; pero, sobre todo, he admirado la variedad de secciones y de programas y, particularmente, lo que ha dado renombre a este centro de estudios en el mundo salesiano, es decir la Facultad de Teología y la Facultad de Pedagogía. En mi intervención, además del agradecimiemnto por el servicio prestado en la formación de numerosos hermanos, he invitado a hacer de Benedikbeuern un centro de Teología para toda la Región. Ésta es una tarea que conviene llevar adelante en un momento en el que la Congregación está promoviendo comunidades formadoras y centros de estudios interinspectoriales, como un servicio a las Inspectorías que no pueden tener todas las etapas formativas, con espíritu de corresponsabilidad y con voluntad de sinergia.

            El encuentro con la Familia Salesiana, en el que han tomado parte cerca de mil personas, ha sido verdaderamente un momento de fiesta, comenzando con la Eucaristía, seguida de la comida y, luego, el momento musical y alegre en el teatro. ¿Cómo no dar gracias al Señor por el don de la Familia Salesiana, que crece en todas partes, cada vez más sólida y abierta a los nuevos desafíos? Y ¿cómo no recibir este don comprometiéndonos en su cuidado atento y en su transmisión fiel?

Visita a la Inspectoría de Colonia
            El 23 de abril he ido a Bonn para participar en la fiesta en honor del P. Karl Oerder, que celebraba 75 años de vida, 50 de profesión religiosa y 25 como director de la Procura Misionera Salesiana. Si bien no es normal que el Rector Mayor participe en estos momentos particulares –sería imposible poder acompañar a todos los hermanos en sus diversas celebraciones-, mi presencia en esta ocasión quería expresar el reconocimiento en nombre de toda la Congregación por el incansable trabajo, generoso, eficaz y con gran sentido de institución, en favor de los misioneros de América Latina, Asia, África y Europa Este.

            La participación de autoridades civiles y eclesiales, de representantes de importantes organismos del Gobierno y de la Iglesia en Alemania, de muchísimos hermanos y amigos, ha puesto en evidencia la gran estima y el aprecio por cuanto el P. Oerder ha hecho en estos años. Él ha logrado hacer de la Procura de Bonn una verdadera ventana, a través de la cual el mundo alemán ha podido observar la Congregación Salesiana y, por su parte, ésta ha mirado a Alemania.

            Por iniciativa del Inspector, he aprovechado la ocasión para un encuentro con los Directores de la Inspectoría de Colonia, los cuales me han presentado la situación de sus comunidades y obras, dejando luego tiempo para preguntas y respuestas. En una sociedad que siente, tal vez por primera vez después de la segunda guerra mundial, los límites de su progreso económico y social, el proceso de profunda secularización presenta nuevos desafíos a la evangelización y a nuestra presencia entre los jóvenes. En este momento las dos Inspectorías de Alemania estan llevando adelante un proceso de unificación que se completará el año 2005.

Fiestas en honor de María Auxiliadora en Turín
            Como es costumbre, el 24 de mayo he ido a Turín para la celebración de la Fiesta de María Auxiliadora. La Fiesta había comenzado ya prácticamente con la celebración del centenario de la coronación de su imagen, el 17 de mayo; y luego ha tenido su culminación en el IV Congreso Internacional de María Auxiliadora, celebrado en Turín en los primeros días del mes de agosto,  con una participación de más de 800 congresistas llegados de 30 países.

            Una vez más, he sido testigo del amor de la ciudad de Turín a la Virgen de Don Bosco, fruto de la gran devoción que nuestro amado Padre cultivó y supo difundir. La Basílica ha estado siempre llenísima y la procesión, presidida por el Card. Severino Poletto con sus Obispos auxiliares, ha visto a la Virgen “caminar” por las calles bendiciendo a las familias.

            Un acontecimientop que ha tenido lugar en esta misma fecha, en las habitaciones de Don Bosco, ha sido la inauguración del Nuevo Portal de la Dirección General, que es un modo muy significativo para entrar en comunicación con todos los que están interesados en conocer quiénes somos, qué hacemos, dónde trabajamos, cuál es nuestra propuesta en el campo de la educación, de la evangelización, de la marginación, de la cultura, de la acción misionera, de la comunicación, de la formación, con qué métodos y objetivos, cómo estamos organizados. Todo esto en línea con el pensamiento de Don Bosco, a quien no le basta hacer el bien, sino que quiere que este bien sea conocido. El nuevo sitio tiene mayor potencialidad que su versión precedente, con una variedad de servicios, un motor de búsqueda y, sobre todo, una interacción más amplia. El nuevo portal es una vía de acceso a través de la cual los Salesianos quieren entrar en diálogo con el mundo, especialmente el mundo juvenil, y con cuantos quieran navegar dentro de nuestro sitio. Espero y deseo que este esfuerzo de servicio de Internet para renovar nuestro compromiso en favor de los jóvenes, de su educación y evangelización, de la creación de una cultura de la prevención, pueda resultar fecundo.

            He hecho otra visita a la Inspectoría del Piamonte-Valle de Aosta en el centenario del nacimiento de San Calixto Caravario; en semejante ocasión he ido a Cuorgnè, su pueblo natal, en el Canavese. La coincidencia de esta celebración con la fiesta de Pentecostés me ha permitido ver con claridad la acción fecunda del Espíritu Santo, cuando encuentra una naturaleza bien dispuesta como la de este joven salesiano. La conmemoración civil ha puesto en evidencia, además del reconocimiento de tan ilustre ciudadano, la gran estima por cuanto ha hecho la Congregación en favor de Cuorgnè, por medio de la obra que tenemos allí. Tres días antes, en Oliva Gessi había tenido lugar la conmemoración del 130º aniversario del nacimiento de San Luis Versiglia.

Visita a la Inspectoría de Verona (IVO)

            A finales de mayo, he visitado Verona. Quería hacerme presente en esta Inspectoría antes de la inminente unificación con la Inspectoría Véneta Este de Venecia. Cuando sea publicada esta carta, la nueva Inspectoría del Nordeste de Italia ya se habrá formado.

            He estado sólo un día, pero con una agenda muy cargada de compromisos: la visita a los hermanos enfermos que se encuentran en la casa de Negrar, el encuentro con los 800 muchachos y profesores del centro de formación profesional “San Zeno”, con la cercana parroquia salesiana “Domingo Savio”, la bendición de la nueva Capilla del Instituto “San Zeno”, la visita al Instituto “Don Bosco”, donde he tenido un encuentro con los muchachos de la escuela media, la asamblea de los hermanos y la Eucaristía en memoria de los jubileos.

            A veces se nos podría preguntar si visitas tan breves tienen algún significado; pienso que os toca a vosotros dar la respuesta. Por mi parte, debo afirmar que son momentos de gran comunión afectiva, espiritual, pastoral, vocacional, porque no hay nada que construya tanto como la comunicación personal. Recogiendo las resonancias que dejan las visitas del Rector Mayor, me doy cuenta de que los hermanos, los jóvenes, los colaboradores y los miembros de la Familia Salesiana quedan motivados, como llenos de espíritu salesiano; y esto sucede precisamente por el hecho de ser el Sucesor de Don Bosco. Recuerdo cómo Don Vecchi, ya enfermo y muy limitado, insistía en la necesidad de participar en algunos acontecimientos de las Inspectorías y de la Congregación; él nos decía que el Rector Mayor cuenta, no por lo que hace, sino por aquel que representa.

Participación en la Asamblea Semestral de la USG
            Del 28 al 31 de mayo, en el “Salesianum” de Roma, se ha tenido la reunión semestral de la Unión de los Superiores Generales (USG), con el tema: ”El Religioso, hombre de diálogo al servicio de la Iglesia y con la Iglesia”. Ha habido tres conferencias que han iluminado el argumento y, luego, se han realizado los trabajos de grupo, primero por lenguas y luego por cargos: Superiores Generales y Vicarios.

            El haber escogido semejante tema quería ser una respuesta a una realidad muy fácil de constatar, es decir, la dificultad del diálogo a todos los niveles: dentro de una comunidad religiosa y de un Instituto religioso, entre vida consagrada y comunidad eclesial, entre Iglesia y mundo.

            El tema ha puesto en evidencia, de forma clara, que el diálogo es difícil, pero sumamente urgente, precisamente en un contexto cultural y eclesial como el nuestro. Es una dimensión absolutamente necesaria para el desarrollo de la persona humana, que es un ser racional; para la vida de las comunidades; para la misión, que es esencialmente comunicación y testimonio; para la inserción en el mundo. Es una realidad fatigosa, también porque implica saber cambiar los propios puntos de vista, las propias convicciones, los propios modos de actuar; pero es indispensable si queremos hacer creíble y eficaz nuestro testimonio de discípulos de Jesús, que seremos conocidos y reconocidos si nos amamos, si somos uno, si tenemos un solo corazón y  una alma sola.
            Partiendo de la Encíclica “Ecclesiam suam” (1964), en la que Pablo VI decía que “el diálogo es el nuevo nombre de la caridad” y aludía a sus cuatro características fundamentales, o sea, la claridad, la mansedumbre, la confianza y la prudencia, los relatores han demostrado cómo el diálogo entre las culturas, entre hombres y mujeres, entre nosotros y los pobres, es posible sólo escuchando al otro con atención, tratando de ver al otro en la mejor luz posible, tratando a los demás con un respeto extraordinario; en una palabra, mirando a los demás con los ojos mismos de Dios.

            La medida de la salud de una comunidad local o provincial es directamente proporcinal al modo con que los miembros son capaces de compartir los unos con los otros los respectivos puntos de vista y los respectivos esfuerzos espirituales y personales.

            En esta línea, la primera ficha del CG25 ha querido animar a los hermanos y a las comunidades a promover una relación interpersonal profunda y, por ello, a compartir la propia experiencia de vida y de Dios, para llegar a formar una comunidad mucho más sólida y robusta. A esto va dirigido también el Proyecto de la Comunidad Salesiana Local, que quiere favorecer la comunión de los hermanos por medio de un proceso de participación y de discernimiento, comenzando por la llamada de Dios, desarrollando luego la lectura de la realidad y de los desafíos en que vivimos y actuamos, y concluyendo con la selección de las grandes opciones y objetivos que alcanzar. En efecto, la verdadera comunión es fruto del amor que se expresa en un proyecto común, contra toda tendencia al individualismo y al egoísmo.

            Don Bosco salió al encuentro de esta necesidad, tratando de hacer de la propia comunidad una casa y de crear un espíritu de familia que impregnase todas las relaciones. De este modo, se asumen, sea la vida de la comunidad, sus alegrías y esperanzas, sus fatigas y timores, su dinámica interna y su itinerario espiritual; sea la cuestión delicada de la calidad de la presencia educativo- pastoral, la capacidad de responder a los desafíos, la implicación y la formación de los colaboradores seglares.

            El diálogo con la Iglesia, con los Obispos y con los otros religiosos, aunque no sea siempre fácil, es hoy más que nunca indispensable y exigente, porque requiere superar miedos y desconfianza y afrontar juntos grandes problemas como los de la evangelización, la promoción humana, la justicia social y la cultura.

            Está fuera de duda que el diálogo es un valor que hay que aprender y desarrollar a lo largo de los años de formación. Es una expresión de la espiritualidad de comunión, indispensable para nosotros, llamados a ser artífices de comunión.

Visita a la Inspectoría Adriática             A la conclusión de mayo, he hecho una visita de fin de semana a la Inspectoría Adriática, que ha tenido como primer lugar de encuentro L’Aquila, donde el viernes 30 el Alcalde ha concedido la ciudadanía honorífica a toda la comunidad salesiana, por los 70 años de presencia y por su influjo sobre la ciudad y el territorio. El día siguiente, por la mañana, ha habido un encuentro con la comunidad inspectorial; después de comer, y por la tarde, se ha celebrado la fiesta de María Auxiliadora con la Familia Salesiana, con la procesión y un festival. El segundo lugar de encuentro ha sido Vasto, donde he recibido la ciudadanía honorífica, he inaugurado el gimnasio, he presidido la Eucaristía de la Ascensión del Señor y he participado en el festival organizado por los muchachos de las obras de la Inspectoría.

            He encontrado una Inspectoría con vivacidad y vitalidad, en la que incluso los hermanos ancianos parece que viven con el entusiasmo de los primeros tiempos, aferrados a la tradición salesiana sentida y vivida. He visto la presencia de un grupo de hermanos jóvenes, que hace pensar en la posibilidad de una pastoral vocacional fecunda, sobre todo si las comunidades siguen siendo abiertas, acogedoras e insertas en medio de los jóvenes, si el Movimiento Juvenil Salesiano se consolida y tiene la capacidad de hacer madurar proyectos de vida. Esperamos que sea así.

Conclusión: el cumpleaños de Don Bosco
            En los días 15 y 16 de agosto, he estado en el Colle Don Bosco para las celebraciones de la Asunción, el acto de entrega de los niños a la Virgen, como hizo Mamá Margarita con Juanito, y la procesión de la Virgen del Castillo en Castelnuovo; y para la fiesta del 188º aniversario del nacimiento de Don Bosco. Era la primera vez que se celebraba dicha fiesta y, sin embargo, ha habido una participación significativa de hermanos de las comunidades de la Inspectoría, del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, de los Cooperadores, de las ADMA; pero es igualmente verdad que la vida, inicio de todo don, comenzó en I Becchi y allí dio los primeros pasos, alguno de los cuales marcaron para siempre la vida de  Don Bosco.

            La iniciativa de la comunidad del Colle de celebrar el nacimiento de nuestro Padre me ha parecido atinada y en línea con cuanto estamos promoviendo, es decir, la valorización de los “lugares santos salesianos”. Faltan todavía 12 años para el bicentenario de su nacimiento y queremos iniciar un camino de preparación que se debe traducir en un conocimiento mejor de Don Bosco y, sobre todo, en hacer operativo su carisma y su misión en el contexto actual, tan diverso del suyo bajo tantos aspectos. El mensaje del 16 de agosto pasado iba precisamente en esta dirección. El mes de agosto, además, en tantas partes de nuestra Congregación, es el mes de Don Bosco; así que este recuerdo ha resultado oportuno.
            Ya han pasado 188 años desde el nacimiento de Don Bosco, hombre de Dios y de los jóvenes. La prodigiosa expansión de su carisma en 126 países del mundo, gracias a una muchedumbre de consagrados y consagradas, que han hecho propio su mismo proyecto de vida, y a una gran multitud de colaboradores seglares, llegando así a miles y miles de muchachos, hace posible que Don Bosco pueda decir como San Pablo: “Vosotros sois una  carta de Cristo, escrita por mí no con la tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo” (2 Cor 3,3).

            La Virgen María, en la fiesta de su Natividad, nos enseñe a abrirnos sin límites al designio de Dios para acogerlo con generosidad y alegría y ser sus colaboradores para el bien de los jóvenes.

Don Pascual Chávez V.
Rector Mayor