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La orientación vocacional en nuestra renovación pastoral

CARTAS DEL RECTOR MAYOR DON JUAN VECCHI

 

“ES EL TIEMPO FAVORABLE” [1]

 

1. LAS VOCACIONES: UN ASUNTO QUE NOS HACE PENSAR – Un momento fecundo. – En sintonía con la Iglesia. – La orientación vocacional en nuestra renovación pastoral. – Una nueva relación.

2. LA COMUNIDAD SALESIANA: ESPACIO DE EXPERIENCIA Y PROPUESTA VOCACIONAL. – La lógica del “Ven y ve”. – La fuerza vocacional de la vida de la comunidad. – La acción pastoral de la comunidad. – Acompañar. – Algunas áreas de especial atención. – El ángel anunció a María.

                                                                                                Roma, 8 de septiembre de 2000

Fiesta de la Natividad de María

Queridísimos Hermanos:

         Me es imposible comenzar esta carta sin deciros una palabra muy sentida de agradecimiento por vuestra cercanía fraterna y por la oración, con ocasión de la prueba que el Señor ha dispuesto para mí.

         Él ha querido que de todo ello resultase una mayor unión fraterna en la Congregación y en la Familia Salesiana y un conocimiento por parte de todos de nuestro hermano coadjutor Artémides Zatti, para cuya beatificación ya se han cumplido sustancialmente todas las condiciones. Así que pronto lo veremos en los altares.

         Esta carta mía quiere continuar el tema capitular sobre la presencia y sobre la vida de la comunidad salesiana y serviros de ayuda para vuestras reflexiones en los Capítulos Inspectoriales y, más tarde, en el Capítulo General.

         Ya habíamos señalado tres dimensiones en las que la comunidad salesiana debe cualificarse y presentarse visiblemente en el ambiente: la vida fraterna, el testimonio de los valores evangélicos, la acogida de los jóvenes y de los pobres.

1.     LAS VOCACIONES: UN ASUNTO QUE NOS HACE PENSAR


Entre las materias, ante las que la Congregación se ha mostrado muy sensible en el momento de la consulta sobre el tema del próximo Capítulo General, estaba también el de nuestra capacidad de suscitar vocaciones. Y no sin razón. Siempre ha sido considerado como un punto significativo de nuestro testimonio y, por eso, se insistió en él abundantemente, de muy diversas formas, en el CG24: nuestra formación para un discernimiento vocacional [2] ; la promoción vocacional unitaria en la Familia Salesiana [3] ; la comunidad salesiana capaz de promover la vitalidad del carisma y el dinamismo vocacional, porque lo vive con profundidad, de modo consciente y con radicalidad [4] ; la recomendación de un acompañamiento que proponga insistentemente las motivaciones vocacionales en la CEP [5] . Era, pues, una materia propuesta a la atención, que convenía volver a tenerla en cuenta.

            Con mayor claridad y determinación, el CG23 había puesto el área vocacional como una de las áreas de trabajo que nunca debían faltar en nuestro camino de fe con los jóvenes [6] y como una dimensión característica de la Espiritualidad Juvenil Salesiana [7] .

          Dentro del tema del CG25, que se refiere específicamente a la vida y misión de nuestras comunidades, queremos examinar las condiciones de vida y de acción que pueden favorecer una experiencia gozosa y animadora de la vocación, una existencia que sea testimonio y profecía, un ambiente que sea llamada vocacional para todos los que se sintieran atraídos por el espíritu y por la misión de Don Bosco.

          De hecho, la preocupación vocacional ha sido una de las pistas que han llevado a la elección del tema del Capítulo. En cierto modo, la crisis de las vocaciones a la vida consagrada, que estamos experimentando en gran parte de la Congregación y de la Iglesia, es “una profilaxis” saludable, en el sentido que nos obliga a revisar la calidad de nuestra vida personal y comunitaria, el significado de nuestras estructuras y de nuestra organización, la posibilidad de ser aún hoy significativos y capaces de ofrecer propuestas.

         Los jóvenes tienen necesidad de testigos, de personas y ambientes que muestren, con su ejemplo, las posibilidades de proyectar su vida según el Evangelio en nuestra sociedad. Este testimonio evangélico constituye el primer servicio educativo que ofrecerles, la primera palabra de anuncio del Evangelio.

         Esta carta quiere ser una aportación a la revisión que las Inspectorías deben realizar; quiere ofrecer algunos elementos de iluminación para animar lo mucho que ya se hace, estimular a cada una de las comunidades y a cada hermano a comprometerse en personalmente en el testimonio y en la propuesta vocacional, y a abrir horizontes para que nuestra pastoral no se limite a propuestas genéricas y superficiales de compromiso vocacional, ni se reduzca sólo a buscar fuera de nuestros ambientes, candidatos para la vida salesiana.

         El tema de las vocaciones ha sobresalido con frecuencia, como primer interrogante o como preocupación, en los diálogos que he tenido con los hermanos durante mis visitas: y no sólo por el miedo de desaparecer en amplias regiones del mundo norte-occidental, en las que todos los años se constata la disminución, el envejecimiento y la escasez de entradas; sino, tal vez, porque en la infecundidad vocacional se manifiesta claramente, tanto la débil fuerza de atracción de nuestras comunidades, como el nivel modesto de profundidad de la vida cristiana que proponemos a los jóvenes.

         Las preguntas de los hermanos se dirigían siempre, de forma muy particular, a la fecundidad vocacional en cada parte del mundo: a las posibilidades de tener todavía vocaciones para la vida consagrada en los ambientes así llamados fuertemente secularizados y de bienestar, marcados por la libertad, por las múltiples oportunidades para los jóvenes, por los proyectos de vida terrenos; a las condiciones exigidas para asegurar la autenticidad y la perseverancia en los contextos donde se vive la religiosidad popular, o donde existe una condición demográfica todavía numerosa, o donde las perspectivas de vida para los jóvenes son limitadas. Muchos han pedido que se incluya, para el próximo Capítulo, esta perspectiva en la reflexión sobre la comunidad.

         Esto, por otra parte, está en línea con lo que afirman nuestras Constituciones, que ponen la promoción de las vocaciones entre las finalidades de nuestra misión: “Fieles a los compromisos heredados de Don Bosco, somos evangelizadores de los jóvenes, especialmente de los más pobres; tenemos cuidado especial de las vocaciones apostólicas” [8] .

         Lo confirma el artículo 28, en el capítulo que trata de nuestros destinatarios principales: “Como respuesta a las necesidades de su pueblo, el Señor llama, continuamente y con variedad de dones, a seguirlo por el servicio del Reino. Estamos convencidos de que hay muchos jóvenes ricos en recursos espirituales y con gérmenes de vocación apostólica. Les ayudamos a descubrir, acoger y madurar el don de la vocación seglar, consagrada o sacerdotal, para bien de toda la Iglesia y de la Familia Salesiana. Con idéntica solicitud cultivamos las vocaciones adultas” [9] .

         Todo salesiano es, por lo tanto, un descubridor y acompañador de vocaciones. Toda comunidad tiene ésta entre sus finalidades principales. Hay que someter a una evaluación si semejante "dictado" constitucional orienta la acción de cada comunidad en las diversas Inspectorías y si inspira la acción de cada hermano. O si, por el contrario, estamos tan poco instruidos y atentos acerca de la vocación y de los caminos que hacen posible una decisión evangélica, que no somos capaces de llevar “nuestra pastoral” a su punto de madurez.

         Esto recoge la experiencia y la preocupación de Don Bosco. En él, el pensamiento de las vocaciones era constante y operativo. Basta recordar dos hechos. El primero es la iniciativa de crear el sector de estudiantes de Valdocco, precisamente para favorecer a los que, por bondad de ánimo y capacidad intelectual, daban señales de vocación al estado eclesiástico. Compromiso de estudio, pero, sobre todo, intensidad en la vida de piedad y relación con el mismo Don Bosco, debían llevar a madurar los gérmenes que se habían revelado en los primeros encuentros.

         El segundo hecho es la cantidad de sacerdotes y religiosos salidos del Oratorio, de los que el mismo Don Bosco presenta con gozo y con orgullo la estadística, como señal de la buena formación cristiana de sus jóvenes. Transcribimos de las Memorias Biográficas: “Efectivamente, en 1883, yo mismo, junto con Don Francisco Dalmazzo, oí exclamar a Don Bosco: - Estoy satisfecho. He mandado hacer una cuidadosa estadística y resulta que han salido de nuestras casas y están trabajando en sus diócesis más de dos mil sacerdotes. Gracias sean dadas al Señor y a su Santísima Madre, que nos proporcionaron medios abundantes para hacer tanto bien.

         Pero sus cálculos no eran definitivos. Antes de su muerte, quinientos jóvenes más se unieron al clero diocesano, y, después de muerto, otros cuya vocación había él despertado, eligieron la senda del sagrado ministerio. Añadamos los muchos que pasaron de sus casas filiales al Seminario. Recordemos también a los que, aconsejados por él, entraron a repoblar los institutos religiosos: casi no hay orden ni congregación, en Italia, donde no haya sacerdotes que un día fueron alumnos de Don Bosco. Tampoco se le puede negar el mérito de haber contribuido, con varios medios, a aumentar con nuevas fuerzas el ejército del Catolicismo. Puede decirse que, debido a su ejemplo, y tal vez a sus instancias y a su cooperación, se abrieron y se mantuvieron los seminarios menores. Muchos directores de éstos, y de los seminarios mayores, fueron a consultarle y aprendieron de él el modo de educar a los alumnos con amable y paternal asistencia, con la piedad y, especialmente, con la comunión frecuente, condición indispensable para perseverar en la vocación; y de ello obtuvo muchas ventajas el clero de las diversas diócesis (...). Nos reservamos otras pruebas de nuestra afirmación para el curso de la historia, de las cuales, unidas a las presentes, podemos deducir que no andan muy lejos de la verdad quienes aseguran que Don Bosco formó unos seis mil sacerdotes” [10] .

         De la escuela de Don Bosco salieron un Rúa, un Cagliero, un Domingo Savio y muchos más. Los salesianos hoy están convencidos de que la fecundidad vocacional, en los diversos contextos, cuidando debidamente la pastoral y el camino de formación cristiana, aquilata su capacidad para comunicar un conocimiento suficiente y un amor a Cristo que impulsan a la imitación y al seguimiento. Y, por otra parte, se nota cuán lejos están del planteamiento salesiano los que piensan que las vocaciones hay que buscarlas en otros contextos, o a través de la acción de personas encargadas particularmente de esta tarea, mientras que las comunidades deberían dedicarse sólo a “servicios”, aunque fuera también a favor de los más pobres.

Un momento fecundo

         Hay muchos puntos de los que se puede partir para comprender adecuadamente el hecho vocacional. En la Sagrada Escritura encontramos paradigmas donde se ve bien la parte de Dios, que nunca falta, y las condiciones de la respuesta del hombre o de la mujer.

         La Biblia tiene páginas para los tiempos vocacionalmente difíciles o de esterilidad. En ellos, Dios, garante de la salvación, habla directamente al corazón de las personas para asegurar la memoria de su alianza. Me gusta recordar el episodio de Samuel. Él, en un momento de decadencia de la institución religiosa, en que la atención del pueblo estaba concentrada en el esfuerzo bélico, cuando incluso se había olvidado la figura de los profetas, recibe directamente, durante la noche, la llamada de Dios. Los modelos de identificación no existían; las demandas y las urgencias del pueblo no eran precisamente las religiosas. Y, sin embargo, Dios habla al corazón del joven directamente, para hacerle su testigo y portavoz.

         En esta carta, deseo llamar vuestra atención sobre el hecho de que tal vez estamos viviendo una fase de posibilidades vocacionales privilegiadas, a condición de que nuestro amor por Jesús logre expresarse y comunicarse.

         En el contexto del Jubileo, hemos vivido dos acontecimientos que nos han hecho pensar en la apertura interior de los jóvenes a Jesús y en la fuerza que tiene la figura y el proyecto de Cristo sobre ellos.

         El primero, en orden de tiempo, ha sido el Forum 2000 del Movimiento Juvenil Salesiano. Mientras me encontraba en el Colle Don Bosco, un joven ha dirigido al Rector Mayor una pregunta explícita: “Del Movimiento Juvenil Salesiano y en particular de los animadores, ¿no salen vocaciones para el sacerdocio y para la vida consagrada?”.

         La respuesta del Rector Mayor fue ésta: ciertamente han madurado vocaciones; pero también es verdad que esta dimensión de la espiritualidad juvenil salesiana no ha sido cultivada suficientemente: del anuncio a la propuesta, de la invitación al acompañamiento personal de los que demuestran aptitudes, señales o primeros deseos. En su mensaje para el camino del MJS en el 2000, el Rector Mayor ha querido incluir precisamente este aspecto. Podéis leerlo en este mismo número de las Actas.

         El segundo acontecimiento ha sido la Jornada Mundial de la Juventud de Roma. En la homilía durante la celebración de la Eucaristía, el Papa ha exhortado a los jóvenes a pensar también en la posibilidad de entregar toda la propia existencia para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada: “¡Ojalá que pueda haber siempre en cada comunidad un sacerdote que celebre la Eucaristía! Por eso pido al Señor que broten entre vosotros numerosas y santas vocaciones al sacerdocio” [11] . Y, más adelante, insistía aún: “Que la participación en la Eucaristía fructifique, en especial, en un nuevo florecer de vocaciones a la vida religiosa, que asegure la presencia de fuerzas nuevas y generosas en la Iglesia para la gran tarea de la nueva evangelización” [12] .

         Las conversaciones individuales con los jóvenes han hecho ver cómo el pensamiento de seguir a Cristo radicalmente se hace presente en sus almas. Pero muchas veces los encuentra impreparados para dar una respuesta y, según lo que ya otras veces se ha comentado, los encuentra inseguros frente a las posibilidades reales de hallar espacios a la medida de sus esperanzas, en los que expresar semejante vocación durante  toda la vida.

         Es verdad: la juventud presente en los dos acontecimientos no representaba a toda la juventud del mundo, ni siquiera a la católica. Estaban, especialmente en el Forum 2000, jóvenes escogidos. Pero precisamente éstos son los jóvenes que ofrecen un espacio de diálogo vocacional comprometido y han confesado que tal diálogo no siempre se ha tenido con ellos.

         Tal vez estemos viviendo un “tiempo nuevo”, en el que es determinante una adecuación de la pastoral vocacional en términos de imagen, de lenguaje y de propuesta.

         No quiero repetir aquí la doctrina teológica sobre la vocación y ni siquiera describir las condiciones sociológicas y religiosas de ciertas zonas en las que parecen concentrarse las dificultades. Las hemos escuchado suficientemente. Se ha dicho, con razón, que hay que pasar del análisis a las propuestas.

         Hay un fenómeno que nos debe hacer pensar. En zonas consideradas difíciles conviven juntos comunidades, centros de espiritualidad o movimientos eclesiales que atraen fuertemente; y otras comunidades y obras que no logran provocar deseos de unirse a la experiencia que los jóvenes tienen delante de sus ojos.

         También en las áreas todavía fértiles se da una diferencia entre los “tipos” de jóvenes y muchachos que se sienten atraídos por nuestra vida y la que ellos viven una vez que se insertan en las comunidades: se trata de autenticidad de motivaciones, de formación espiritual cristiana, de proyecto de vida en Cristo, de fe interiorizada.

         Debemos pensar seriamente en este aspecto. Efectivamente, las vocaciones representan el principal problema de la nuestra, como de otras Congregaciones y