Rector Mayor

EL CG 27

Una oportunidad para ser más de Dios,
más de los Hermanos, más de los jóvenes.

“El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto,
porque separados de mí, nada pueden hacer.
La gloria de mi Padre consiste
 en que ustedes den fruto abundante,
y así sean mis discípulos.”
(Jn. 15, 5.8)

Queridos Hermanos: con esta intervención mía y el saludo final que nos daremos entre todos concluimos nuestro Capítulo General 27, un verdadero tiempo de Gracia y de Presencia del Espíritu.
Creo que hemos hecho realidad lo que se recoge en nuestras Constituciones. Ha sido un momento particularmente importante, un “signo de la unidad de la Congregación en su diversidad” (Cost 146), en el que en un encuentro verdaderamente fraterno hemos llevado a cabo la reflexión comunitaria que nos ayudará a mantenernos fieles al Evangelio y al Carisma de nuestro Fundador, y sensibles a las necesidades de los tiempos y de los lugares (Cfr. Cost 146).
En estas sencillas páginas, que dirijo a los Hermanos Capitulares y a todos los Hermanos en la Congregación, pretendo expresar algunas de las cosas que me parecen más importantes y que pueden acompañar la reflexión y asimilación de lo que es central: lo que el Capítulo General ofrece a toda la Congregación como fruto del trabajo, la reflexión y la vida compartida durante su desarrollo.

BREVE RECORRIDO DE LAS DIVERSAS ETAPAS DEL CG27

Las siete semanas que hemos vivido como Capítulo General se han distinguido por los diversos momentos  que le han dado un carácter propio y le han ayudado a hacer un camino más profundo:

Hemos comenzado nuestro Capítulo en Turín y alrededores, con una Peregrinación personal y comunitaria  a ‘nuestro lugar de nacimiento: I Becchi’. Con gran intuición el Rector Mayor, P. Pascual Chávez, propuso iniciar el camino con este Icono que tanto nos agradó: todos, por nuestra condición de salesianos, hemos nacido en I Becchi. Fue pues un volver a nuestro lugar de nacimiento, no sólo al de Don Bosco. Entonces, nuestro corazón salesiano se vio envuelto, sin duda, en esta atmósfera histórico-espiritual. Lugares como I Becchi – Colle Don Bosco, Valdocco (Capilla Pinardi, San Francisco de Sales y Basílica de María Auxiliadora…), Valsalice, Santuario de la Consolata y San Juan Evangelista…, fueron los escenarios que fuertemente nos interpelaron, en un hermoso clima de meditación, oración y fraternidad. Comenzábamos a conocernos más y mejor,  y a poner las bases de algo que ha sido muy especial en nuestro CG27: una fuerte experiencia de comunión y fraternidad desde la diversidad y universalidad de nuestra Congregación.
Muchos de nosotros no llegábamos a nuestro ‘lugar de nacimiento’ por primera vez, ya que antes habíamos estado allí, pero esta ocasión estaba cargada de una singularidad: el aquí y ahora del Capítulo General. Otros hermanos visitaban por primera vez ‘su I Becchi’ y “nuestros lugares santos” como experiencia espiritual y carismática que revivir, como espacio y oportunidad para quedar más vinculados y ‘atrapados’ por la fascinación que Don Bosco despierta en todos y, muy especialmente, en nosotros sus hijos. Para todos, sin duda, han sido unos días que han tocado profundamente el corazón, porque I Becchi y Valdocco nunca dejan indiferente a nadie con corazón salesiano.

Llegados a Roma dedicamos algunas jornadas a la presentación y conocimiento del estado de la Congregación con la relación del Rector Mayor y la presentación de los diversos sectores y regiones. La entrega posterior del libro que recoge el estado de la Congregación cerraba ese espacio tan cuidado que tuvimos en la presentación de datos, estadísticas, evaluación del programa del sexenio y logros y carencias que se percibían en el momento presente. Sin duda fue de gran ayuda conocer y profundizar esta relación para tomar conciencia de la realidad de nuestra Congregación, con sus luces y sombras, y con la certeza de que todos somos Congregación y todos le damos vida y luz, o la limitamos con las propias carencias.
La relación nos permitió, sin duda, enfocar con más precisión las ulteriores aproximaciones al tema que nos esperaba como núcleo del CG27.

Creo no exagerar si digo que en los días de Ejercicios Espirituales, desde un primer momento, nos envolvió un ambiente especial.
Varias veces manifestamos en esos días y en las semanas siguientes la convicción de que estábamos viviendo muchos momentos en una profunda clave de Fe, de Esperanza y de Presencia del Espíritu. En este sentido, vivimos los Ejercicios Espirituales centrados en la interpelación que nos hacía la Palabra de Dios, con un esmerado silencio, con muchos momentos personales y comunitarios de oración, con cuidadas celebraciones de la Eucaristía y una celebración de la Reconciliación en la que nos sentimos gozosamente envueltos. Todo ello, enmarcado en las reflexiones que nos invitaban desde el Evangelio a la autenticidad, nos fue preparando para lo que íbamos a vivir y trabajar en días posteriores.
Tengo la sensación de que se produjo en nosotros, a nivel personal y comunitario, una vivencia espiritual y de Fe que sacaba lo mejor de nosotros. Cuando se experimenta el abandono en el Amor de Dios, Amor que siempre es sanador en sí mismo,  el Espíritu hace que cada persona se disponga a dar todo lo bueno que tiene en sí. Y pienso que esa ha  sido la actitud vital con la que hemos comenzado los trabajos capitulares propiamente dichos.

Las tres primeras semanas de los trabajos capitulares se han caracterizado por esa inmersión en las tareas que nos permitió tomar contacto con el desafío propuesto en la carta de convocatoria del Rector Mayor: ser Testigos de la radicalidad evangélica como Místicos en el Espíritu, Profetas de la fraternidad y Servidores de los jóvenes. Los trabajos en comisiones y su primera devolución en el aula nos dejó la sensación de que teníamos muchas luces y también sombras que nos gustaría  que no impidiesen ser, en realidad, eso para que lo que hemos sido soñados, esa opción hermosa que hemos hecho por nuestra vida religiosa consagrada como Discípulos del Señor con el estilo de Don Bosco.
Entre líneas he creído ver es esos primeros momentos una añoranza: la añoranza de poder mirar la realidad de cada comunidad, de cada presencia salesiana, de cada Inspectoría y de la Congregación toda, realmente como un cuerpo muy vivo y lleno de autenticidad,  y un cuerpo, por lo tanto, en el que nos duele cuando por uno mismo o por otros no llegamos a dar la talla que quisiéramos, no se dan actitudes propias de quienes aman de verdad a los jóvenes, cuidan de sus vidas, y por ellos dan Vida y dan la propia vida. Se percibía el deseo de querer volar más alto con veracidad, autenticidad, radicalidad y se sentía que, a veces, ni siquiera se lograba dejar el suelo.
El Rector Mayor, P. Pascual Chávez, nos invitó a mirar con perspectiva, con esperanzado realismo y valentía, a la hora de proponernos desafíos como Congregación. Las ulteriores reflexiones, diálogos, e intervenciones en el aula  estuvieron mucho más en esta sintonía.
Y añado algo más. El fruto de nuestro capítulo no puede estar tan sólo en la búsqueda de novedades. La fuerza en este CG27 pasa en primer lugar por la conversión personal y la transformación de ánimo y mente de todos los participantes; pasa a través de nuestra capacidad de entusiasmar a nuestros hermanos y comunicarles la ‘Buena Nueva’ de lo que hemos visto y oído, lo que hemos soñado y compartido, de la fraternidad que se ha hecho vida en estas semanas. Y todo esto con la esperanza de que seamos capaces de ser generadores de vida y suscitadores del deseo de afrontar en las Inspectorías, con verdadero ánimo, este nuevo momento de nuestra Congregación y de nuestras Vidas: un nuevo momento de evangelización y pasión por los jóvenes.

Acompañados de manera muy especial en el discernimiento por el P. José Cristo Rey García Paredes, comenzamos la semana que nos llevaría a la elección del nuevo Rector Mayor y el Consejo General.
Mucho de lo ya expresado sobre nuestra peregrinación a los lugares santos salesianos y a los Ejercicios Espirituales, tuvo su concreción en esta semana. Cada uno la hemos vivido con la propia sensibilidad y con resonancias muy personales, pero me atrevería a decir que la mayoría de nosotros sentimos que ha sido una semana de búsqueda de lo mejor desde la fe: una búsqueda en conciencia, con libertad y veracidad. Creo no ser el único en decir que lo aprobado como metodología para la elección de los consejeros de sectores fue un gran acierto. Es muy posible que una posterior profundización en el siguiente Capítulo General nos permita afinar un poco más el método, extensible quizá en el discernimiento incluso para la elección del Rector Mayor y su Vicario y de los Consejeros Regionales.
La semana estuvo marcada, por tanto, por una profunda experiencia de búsqueda, en la verdad que viene del Espíritu, y también por un verdadero agradecimiento a quienes aceptábamos la nueva responsabilidad, y más aún a los hermanos que terminaban sus seis o más años de servicio, comenzando por el Rector Mayor P. Pascual Chávez, su Vicario P. Adriano Bregolín y los demás miembros del Consejo General. Ellos han dado lo mejor de sí mismos en estos años con una entrega sin medida al bien de la Congregación y de la misión. Emotivos aplausos, como en las últimas buenas noches del Rector Mayor P. Pascual, fueron manifiesta expresión de ese profundo agradecimiento.

El lunes 31 de marzo, tuvimos un esperado regalo. La audiencia con el Papa Franciscocolmó, sin duda, las expectativas incluso de los más exigentes. El Papa nos cautivó con su cercanía y sencillez, de la que tanto se habla, también con su espontaneidad y por esa decisión, tan aplaudida, de dar un saludo personalmente a cada uno de los miembros de nuestra Asamblea Capitular, siendo presentado cada hermano por el P. Pascual Chávez y estando yo a su lado, como testigo de este especial momento.
Pero además, nos hemos traído con nosotros un mensaje del Papa Francisco que no nos puede resultar simplemente anecdótico. Es más, no lo será puesto que forma parte de nuestras conclusiones del Capítulo, de estas  palabras finales mías y también de la programación y decisiones que competerán al Rector Mayor y su Consejo, y a los capitulares en sus Inspectorías, una vez de regreso en las mismas.
El Papa nos ha subrayado varias cosas muy importantes, algunas de las cuales tan sólo las enumero aquí, y otras tendrán su desarrollo en páginas posteriores:

  1. “Ocorre preparare i giovani a lavorare nella società secondo lo spirito del Vangelo, come operatori di giustizia e di pace, e a vivere da protagnisti nella Chiesa”.
  2. Abbiate avuto sempre davanti a voi Don Bosco e i giovani; Don Bosco con il suo motto: “Da mihi animas, cetera tolle”. Lui rafforzava questo programa con altri due elementi: lavoro e temperanza”.
  3. “La povertà di Don Bosco e di mamma Margherita ispiri ad ogni salesiano e ad ogni vostra comunità una vita essenziale e austera, vicinanza ai poveri, trasparenza e responsabilità nella gestione dei beni”.
  4. Andare incontro ai giovani emarginati richiede coraggio, maturità e molta preghiera. E a questo lavoro si devono inviare i migliori! I migliori.
  5. “Grazie a Dio voi non vivete e non lavorate como individui isolati, ma come comunità: e ringraziate a Dio di questo!
  6. “Le vocazioni apostoliche sono ordinariamente frutto di una buona Pastorale giovanile. La cura delle vocazioni richiede attenzioni specifiche…”
CLAVES CON LAS QUE LEER LA REFLEXIÓN DEL CG27
2.1 COMO DON BOSCO, ENVUELTOS EN LA TRAMA DE DIOS

Por la profesión religiosa nos ofrecemos a Dios, para seguir a Cristo y trabajar con Él en la construcción del Reino.” (Cost 3). En nuestro documento capitular reconocemos que por más que el tiempo que nos toca vivir no sea el que más facilita la trascendencia, nosotros tenemos el deseo, tanto personal como comunitariamente de dar la primacía a Dios en nuestra vida, estimulados por la santidad salesiana y la sed de autenticidad de los jóvenes. A esto mismo nos invitó el Papa cuando al inicio de su saludo nos dijo que “cuando se piensa trabajar por el bien de las almas, se supera la tentación de la mundanidad espiritual, no se buscan otras cosas, sino sólo a Dios y su Reino”. Esta fue la gran certeza y pasión de Don Bosco que se vio envuelto por completo en la ‘Trama de Dios’ y abandonándose en Él llegaba incluso hasta la temeridad.
Es en esta  dimensión trascendente, en este asegurar que toda nuestra vida esté en la trama de Dios y Él tenga el primado de nuestras vidas, donde encontramos nuestra fortaleza cuando se hace realidad, y es  también donde descubrimos nuestra fragilidad. 
Estamos llamados a conducir nuestro corazón, nuestra mente y todas las energías al 'principio' y a los 'orígenes', al amor primero, ese en el que hemos experimentado la alegría de sentirnos mirados por el Señor Jesús y por el que hemos dicho sí. La primacía de Dios la queremos vivir en la contemplación cotidiana de la vida ordinaria, en el seguimiento de Cristo.
Como sugería unas líneas más arriba, aquí ha de darse nuestra mayor  conversión. Ciertamente  encontramos muchos hermanos que son ejemplares en este aspecto pero  cuando tantos Rectores Mayores (por referirme sólo a los últimos: Don Viganó, Don Vecchi y Don Pascual Chávez)  nos han advertido de esta  fragilidad, significa que es algo que tenemos que tomar más en serio. El CG27 nos invita a invertir esta tendencia. Sería realmente preocupante que alguno llegue a pensar que la  ‘fragilidad que constatamos en la vivencia de la primacía de Dios en nuestras vidas’ fuese algo propio de nuestro ADN salesiano. ¡No lo es! No lo fue en Don Bosco que, por el contrario, vivió envuelto radicalmente en la trama de Dios. Por lo tanto, para nosotros es ¡nada más y nada menos! que punto central de nuestra conversión, esa que nos llevará a una mayor radicalidad por el Reino.

2.2 UNA FRATERNIDAD QUE SEA ‘IRRESISTIBLEMENTE’ PROFÉTICA

“La misión apostólica, la comunidad fraterna y la práctica de los consejos evangélicos son los elementos inseparables de nuestra consagración” (Cost.3)
En diversos momentos de la asamblea capitular hemos manifestado nuestra convicción de que la fraternidad vivida como comunidad es una de las maneras de hacer experiencia de Dios, de vivir la mística de la fraternidad, en un mundo donde a veces las relaciones humanas están tan dañadas. “La fraternidad vivida en comunidad, hecha de acogida, respeto, ayuda recíproca, comprensión, cortesía, perdón y alegría, da testimonio de la fuerza humanizante del Evangelio”, nos dijo también el Papa Francisco.
Y esta es otra clave desde la que leer no solo el documento capitular sino sobre todo nuestra vida y la revisión que de ella hacemos y queremos seguir haciendo. Los jóvenes necesitan de nosotros que seamos en verdad Hermanos. Hermanos que, con la sencillez y el espíritu de familia típico de Don Bosco, vivamos una fraternidad auténtica que, aunque no está exenta de las dificultades de lo cotidiano, crece y se purifica desde la fe llegando a ser tan 'Contracultural' y atractiva como lo propone el Evangelio.
En la Profecía de una verdadera fraternidad vivida en la sencillez cotidiana tenemos una gran oportunidad de renovación y  crecimiento.
También nos va a suponer, no pocas veces, un cambio de mentalidad. Con no poca frecuencia, en todos los puntos cardinales donde está implantada nuestra Congregación corremos un cierto peligro de sacrificar la comunidad, la fraternidad y a veces incluso la comunión, en aras del trabajo, la actividad o incluso el mero activismo. De ahí que nuestras Constituciones, con pedagogía preventiva, expresen que los tres elementos de la consagración son inseparables. Cuando uno de ellos es débil o inexistente, no podemos hablar de consagración desde el carisma de Don Bosco; será otra realidad, pero no la salesiana.

2.3 UNA RADICALIDAD MUY SALESIANA: “TRABAJO Y TEMPLANZA”

“El trabajo y la templanza harán florecer la Congregación” (Cost.18). Un binomio tan conocido por nosotros que Don Viganó, en sus reflexiones sobre la Gracia de Unidad, definía como 'inseparable'. “Las dos armas con las cuales nosotros lograremos vencer todo y a todos, escribió Don Bosco” (Don Bosco citado en las ACG, 413,p.43).
El Papa también se refirió a este binomio en sus palabras de la audiencia mientras nos  animaba con este compromiso: ”La Templanza se refiere al sentido de la medida, al contentarse, al ser simples. La pobreza de Don Bosco y de mamá Margarita inspire a cada salesiano y a cada comunidad una vida esencial y austera, cercana a los pobres, transparente y responsable en la gestión de los bienes”.
En la reflexión capitular hemos plasmado diversas indicaciones al respecto. Es muy clara la enseñanza que sobre este binomio nos ha dejado Don Pascual Chávez en la convocatoria al CG27, y podemos leer de igual manera a Don Vecchi y Don Viganó. No nos falta iluminación al respecto. Creo que el desafío pasa por la vida, y si bien es cierto que en tantísimas partes de la Congregación tenemos presencias que tienen como prioridad a los últimos, los más pobres, los excluidos, es igualmente cierto que el brillo de ese testimonio es pleno si nuestro modo de vida se caracteriza por la sobriedad, la austeridad e incluso la pobreza. Indudablemente la confrontación con esta realidad que hemos profesado pasa a través de la conciencia personal de cada uno, pero tendremos que ayudarnos comunitariamente durante este sexenio. Estamos invitados a hacer que el testimonio de pobreza y sobriedad sea más evidente donde no lo es. Cualquier movimiento, avance, giro que se dé en las diversas Inspectorías en este sentido será muestra de autenticidad y de concreción de la radicalidad evangélica que nos proponemos. 

2.4 SERVIDORES DE LOS JÓVENES, NO DUEÑOS DE NADA NI DE NADIE....

“Nuestra vocación tiene el sello de un don especial de Dios: la predilección por los jóvenes. «Me basta que sean jóvenes, para que los ame con toda mi alma». Este amor, expresión de la caridad pastoral, da sentido a toda nuestra vida.” (Cost 14).
Con Don Bosco, seguimos al Señor Jesús que puso en el centro a un niño cuando se le preguntó acerca de qué era lo más importante para el Reino. Nosotros, salesianos de Don Bosco, gestados en I Becchi como él y nacidos en Valdocco, hemos ofrecido nuestra vida al Padre para ser Consagrados por Él, a fin de vivir para los jóvenes. Como hemos expresado en el documento capitular, los jóvenes son “nuestra zarza ardiente” (Cfr. Es 3,2 ss). Por medio de ellos Dios nos habla y en ellos nos espera. Ellos son la razón por la que nos hemos sentido capaces de decir sí a la llamada del Señor, ellos son la razón de nuestra vida como salesianos-educadores-pastores de los jóvenes ¿cómo podríamos quedarnos a mitad de camino?, ¿cómo podríamos dedicarnos solo por momentos, como si de jornada laboral se tratara? Y más aún, ¿cómo podríamos estar tranquilos cuando en nuestro barrio, zona, ciudad hay jóvenes castigados por la pobreza, la soledad, la violencia familiar, la agresividad de quien les domina…?
Estamos llamados a prestarles la voz que en esas circunstancias de vida ellos no tienen, llamados a ofrecerles la amistad, la ayuda, la acogida, la presencia del adulto que les quiere bien, que solo quiere de ellos que sean felices, ‘aquí y en la eternidad’. Ser los amigos, hermanos, educadores y padres que sólo quieren que sean protagonistas y dueños de su propia vida…. Y desde esta clave sólo es posible ser servidor y nunca dueño, patrón, “autoridad”…

3. HACIA DÓNDE DIRIGIR NUESTRAS OPCIONES FUTURAS DESPUÉS DEL CG27

Como es fácil de entender, en una intervención como ésta, no pretendo sugerir todas las opciones que podríamos tomar después del Capítulo. Lo vivido en él, las amplias reflexiones que hemos compartido, y el estudio que hemos hecho del estado de la Congregación nos permite vislumbrar algunos de los caminos que considero irrenunciables y prioritarios. Las  Inspectorías establecerán, sin duda, algunas otras opciones adecuadas a su contexto y realidad, siempre en el marco del CG27.
Hago tan sólo un elenco de las que me parecen más prioritarias  y universales.  Posteriormente el Consejo General, con su consiguiente programación, y las Inspectorías con las suyas, podrán establecer el itinerario adecuado a seguir en todo el mundo salesiano. 

3.1 CONOCIMIENTO, ESTUDIO Y ASIMILACIÓN DEL CG27

En algunas de las primeras intervenciones en aula, así como en las reuniones de comisión se fue manifestando la preocupación por lograr un documento final que no esté destinado a “aparcarse” en una biblioteca, sin incidencia para una renovación. A fin de superar ese temor  considero que el primer paso ha de ser el compromiso de todos nosotros por pensar los modos y el método espiritual –algo más que simples estrategias-, que puedan favorecer el conocimiento de lo que el CG27 ofrece para toda la Congregación. Posteriormente, los invito a buscar la manera adecuada de llegar a su asimilación personal y comunitaria e incluso a la conversión (si el Espíritu así nos lo concede). Sólo esta asimilación y conversión será generadora de vida nueva.
Pienso que sería un error pensar que con favorecer el conocimiento del CG27 a los hermanos en un retiro o encuentro de fin de semana, el objetivo estaría cumplido. Es por esto que propongo que dediquemos al menos estos tres primeros años a leerlo, reflexionarlo, meditarlo, y hacerlo objeto de nuestras programaciones locales e inspectoriales, y de los diversos planes de animación y gobierno de las Inspectorías; verificarlo luego  en el capítulo Inspectorial próximo (el conocido como Capitulo Inspectorial Intermedio)  y ver qué frutos está dando. 

3.2 PROFUNDIDAD DE VIDA INTERIOR: TESTIGOS DEL DIOS DE LA VIDA

Como manifesté en páginas anteriores, creo que reconocemos en la Congregación que, hablando en términos generales, la profundidad de vida interior no es nuestra mayor fortaleza. Me resisto, les decía, a admitir que sea algo de nuestro ADN salesiano porque ni Don Bosco fue así ni nos quiso así. Y del reconocimiento de esta flaqueza (abundantemente expresada por los Rectores Mayores precedentes, así como por algunos Capítulos Generales), y con la ayuda del Espíritu, hemos de encontrar la fuerza para revertir la tendencia. Se requiere   una  auténtica conversión a la radicalidad evangélica que toca  mente y corazón. Cuando el Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a la Vida Consagrada, nos pide que la vida espiritual esté ‘al primo posto’, no nos está invitando a un extraño espiritualismo sino a esa profundidad de vida que nos hace al mismo tiempo realmente fraternos y generosos en el darnos a los demás, a la misión, y en especial a los más  pobres, haciendo así verdaderamente atractiva nuestra opción de vida.
Esta profundidad de vida, esta autenticidad, esta radicalidad evangélica, este camino de santificación es el “don más precioso que podemos ofrecer a los jóvenes” (Cost 25). De hecho en Don Bosco no se explica su predilección radical por los jóvenes sin Jesucristo.  “En el seguimiento (sequela) de Cristo se encuentra la fuente, la vertiente de su originalidad y vitalidad. Esto es un don inicial de lo Alto, el 'primer carisma' de Don Bosco”. (Don Viganó, ACG 290, p.16).
Es por eso que me atrevo a sugerir que cada Comunidad Local pueda 'decirse' en modo concreto, y como fruto del CG27, qué piensa y propone a fin de que se pueda notar este poner ‘a Dios en el primer lugar’, en su ser comunidad salesiana convocada por el Señor y que no sólo se reúne sino que vive en su nombre. 

3.3 CUIDÁNDONOS, CUIDANDO A NUESTROS HERMANOS, CUIDANDO NUESTRAS COMUNIDADES

“Por eso nos reunimos en comunidades, en las que nos amamos hasta compartirlo todo en espíritu de familia y construimos la comunión de las personas” (Cost 49).
Para nosotros, salesianos, la vida comunitaria, la ‘comunión de la vida en común’, no es tan sólo una circunstancia, una manera de organizarnos, un medio para ser más eficaces en la acción. Para nosotros la auténtica fraternidad que se vive en la comunión de personas es esencial, constitutivo; es uno de los tres elementos inseparables de los que habla el ya citado artículo 3 de nuestras Constituciones.
Y por la fuerza testimonial que tiene la fraternidad evangélica es por lo que invito a todos a tomar verdadera conciencia de que hemos de cuidarnos a nosotros mismos, para estar bien y vocacionalmente en forma, y hemos de cuidar a nuestros hermanos de comunidad con actitudes de verdadera “acogida, respeto, ayuda recíproca, comprensión, cortesía, perdón y alegría” (audiencia con el Papa). Vivir un verdadero amor fraterno que, en definitiva, acepta e integra las diferencias y combate la soledad y el aislamiento; y hemos de cuidar por lo mismo nuestras comunidades en las Inspectorías.
Ya lo di a entender en páginas anteriores. Con frecuencia sacrificamos la vida comunitaria y los espacios y momentos comunitarios en aras del trabajo. Esta realidad nos cobra, al fin, demasiadas facturas tremendamente dolorosas. Es por eso que pido a cada Inspectoría llevar a cabo un verdadero estudio y esfuerzo práctico para cuidar y consolidar nuestras comunidades, garantizar la solidez en calidad humana y en número de hermanos, aunque sea al precio de que algunas presencias no puedan tener comunidad religiosa, y avanzar en la resignificación y rediseño de las Casas y de las Inspectorías, tal como se nos viene pidiendo en los últimos años y en diversas visitas de conjunto a las Regiones. Ciertamente hemos de vencer grandes resistencias que nacen de los afectos, de los años vividos en una casa, de la presión de la misma comunidad educativa, del barrio o asociaciones ciudadanas, y hasta de gobiernos locales y regionales…, pero las dificultades previsibles no pueden mermar ni nuestra lucidez ni nuestra capacidad para actuar con una  libertad prudente.

3.4 ME BASTA QUE SEÁIS JÓVENES PARA AMAROS

En el CG26 leemos que volver a los jóvenes es ‘estar en el patio’, y sabemos que este estar             en el patio va más allá del espacio físico. Es querer estar con ellos y entre ellos, es encontrarlos en nuestra vida cotidiana, es conocer su mundo, animar su protagonismo, acompañarlos en el despertar de su sentido de Dios y animarlos con valentía a vivir su existencia como la vivió el Señor Jesús.
Cuando uno contempla a Don Bosco en lo que nos cuentan quienes más lo han estudiado y en la fascinación que él mismo despierta, queda impactado por la fuerza de su pasión vocacional por los jóvenes. Don Ricceri escribe en una de sus cartas un fragmento que  me resulta hermoso, cuando dice: “La predilección pastoral hacia los muchachos y jóvenes se mostraba en Don Bosco como una especie de 'pasión', o mejor, como su 'supervocación' a la cual se dedicó evitando todo obstáculo y dejando toda cosa, incluso buena, que le dificultara de alguna manera su realización” (ACG 284, 1976,p.31).
Y la predilección por los jóvenes llega a ser su más grande opción de fondo en su vida, y es  la misión de la Congregación. Es mucho lo que podríamos encontrar ya escrito y pensado sobre esta realidad de Don Bosco y también lo dicho en nuestros Capítulos Generales. El último de ellos, el CG26 dedica varias líneas de acción a este “volver a los jóvenes”.
Lo de la 'vuelta a los jóvenes' no lo hemos hablado como Asamblea Capitular, y por eso mismo no estoy seguro en qué medida se ha hecho realidad en este último sexenio, pero es algo que siempre será de permanente actualidad. Es por eso que me atrevo a pedir a cada Inspectoría y a las comunidades locales que, como respuesta al plan de animación y gobierno de cada Inspectoría, allí donde un hermano tiene fuerza, pasión educativa y evangelizadora, vocación auténtica para ser por y para los jóvenes y en medio de ellos, sea cual sea su edad, se haga lo posible para que pueda verse libre de otras tareas y gestiones, y pueda hacer lo que mejor debiéramos saber por vocación:  ser educadores-pastores de los jóvenes. Invito a concretar y traducir más todavía en decisiones de gobierno lo que bien sabemos como fruto de un patrimonio de herencia salesiana. 

3.5 COMO PARA DON BOSCO: NUESTRA PRIORIDAD SON LOS JÓVENES MÁS POBRES, LOS ÚLTIMOS, LOS EXCLUIDOS

Don Vecchi escribe en una de sus cartas: “Los jóvenes pobres pues han sido y son también un don para los salesianos. El retorno a ellos nos hará recuperar la característica central de nuestra espiritualidad y de nuestra práctica pedagógica: la relación de amistad que crea correspondencia y deseo de crecer” (ACG, 359,p.24). Evidentemente nadie puede interpretar que Don Vecchi esté defendiendo la pobreza, pero sí se entiende que donde lamentablemente haya pobreza y jóvenes pobres, si nosotros estamos con ellos y en medio de ellos, ellos son los primeros que nos hacen un bien, nos evangelizan y nos ayudan a vivir en verdad el Evangelio con el carisma de Don Bosco. Me animo a decir que son los jóvenes pobres quienes nos van a salvar.
Nuestro ser Siervos de los jóvenes pasa, tal como hemos reflexionado en nuestro Capítulo General, por dejar nuestras seguridades, no solo de vida sino incluso de acción pastoral, para caminar hacia una pastoral ‘en salida’  que parte de las necesidades profundas de los jóvenes y en especial los más pobres. “Trabajando con los jóvenes, ustedes encuentran el mundo de la exclusión juvenil. Y esto es tremendo.” (Audiencia con el Papa).
Es por eso que me atrevo a pedir que con el “coraje, madurez y mucha oración” con el que se nos envía a los jóvenes más excluidos, optemos en cada una de las Inspectorías por revisar dónde hemos de estar, dónde hemos de quedarnos, adonde hemos de ir y de donde podemos marcharnos… Con su clamor y sus gritos de dolor los jóvenes más necesitados nos interpelan. Ellos, a su modo, nos llaman. Esto se traduce en espacios de reflexión en cada Inspectoría durante este sexenio para que, a la luz del CG27 y nuestra opción por ser Servidores de los jóvenes…. hacia las periferias, lleguemos a decisiones de gobierno Inspectorial, siempre en diálogo con los Hermanos, que hagan realidad lo que les pido con coraje, madurez y profunda mirada de Fe. No tengamos miedo a ser proféticos en esto.  

3.6 EVANGELIZADORES DE LOS JÓVENES, ‘COMPAÑEROS DE CAMINO’, VALIENTES EN PROPONERLES DESAFÍOS

El artículo 6 de nuestras Constituciones encierra en esencia toda la riqueza de la misión que por carisma tenemos confiada: “…Fieles a los compromisos heredados de Don Bosco, somos evangelizadores de los jóvenes, especialmente de los más pobres; tenemos cuidado especial de las vocaciones apostólicas; somos educadores en la fe en los ambientes populares, sobre todo con la comunicación social, y anunciamos el Evangelio a los pueblos que no lo conocen”. Este es y seguirá siendo nuestro gran desafío porque aún en los mejores logros, siempre podremos llegar a más, nunca será suficiente y, con cierta frecuencia, hasta podremos constatar que nos quedamos a medio camino.
Don Bosco es nuestro gran modelo en este ‘saber hacer’ con corazón salesiano en la educación y evangelización de los jóvenes. Sus jóvenes estaban convencidos de que Don Bosco les quería, y quería su bien, tanto en esta vida como en la eternidad. Y es por eso que aceptaban su propuesta de conocimiento y amistad con el Señor. Como educadores debemos saber estar con el joven y acompañarlo desde su realidad y situación concreta, en su personal proceso de maduración. Como evangelizadores, nuestra meta es acompañar a los jóvenes para que, en libertad, puedan encontrarse con el Señor Jesús.
Por eso hermanos, aún en la brevedad de estas líneas no puedo dejar de subrayar este apartado como esencial: somos evangelizadores  de los jóvenes, y como Congregación, como comunidades Inspectoriales y locales concretas, debemos vivir y crecer en una verdadera predilección pastoral por los jóvenes. Será muy difícil conseguirlo si no damos carácter de prioridad y urgencia al Anuncio del Señor Jesús a los jóvenes y, al mismo tiempo, somos capaces de acompañarlos  en su realidad de vida. Lo que tendría que ser nuestra fortaleza: acompañar a cada joven desde su situación, es con frecuencia tarea que dejamos a otros o que decimos no saber hacer. Y en ese acompañar, es de vital importancia implantar la cultura vocacional de la que se nos ha hablado tanto. Todavía no lo hemos conseguido. Suele darnos miedo, o la descalificamos con la ‘auto justificación’ de que no creemos que lo que haya que hacer sea echar ‘ninguna caña de pesca’. Si realmente lo creemos así y ‘vendemos este discurso’ estamos matando algo que es muy nuestro, muy de nuestro carisma: la capacidad de acompañar a cada adolescente, a cada joven en sus búsquedas personales, en sus desafíos, en sus preguntas sobre la vida, en sus opciones de vida. Algo que es fascinante en nuestra vocación salesiana, lo dejamos de lado o en manos de otros... o de nadie. Es por eso que me atrevo a pedir a cada Inspectoría que también se destine a los hermanos más capaces para cuidar la pastoral juvenil y vocacional, con verdaderas propuestas evangelizadoras, desarrollando itinerarios sistemáticos de educación en la Fe, privilegiando la atención a la persona y el acompañamiento personal de las mismas, proponiéndoles valientes desafíos en el discernir sus proyectos de vida, con propuestas igualmente valientes para todo tipo de vocaciones en la Iglesia, también la vocación salesiana en sus diversas formas, e implicando a la comunidad toda.
Ojalá no se haga realidad lo que constataba el CG23 –una de las más brillantes miradas de nuestro magisterio capitular sobre la educación de los jóvenes en la Fe-, cuando dice que en este camino a seguir al que he hecho referencia, puede llegar el momento del abandono, “no sólo por las dificultades que plantea la Fe, sino por la falta de atención de los educadores, más preocupados de las cosas que de acompañar fraternalmente el diálogo entre el joven y Dios” (CG23, nº137). 

3.7 CON LOS LAICOS EN LA URGENCIA DE LA MISIÓN COMPARTIDA

En nuestra reflexión capitular hemos constatado un mayor protagonismo de los laicos, favorecido por la corresponsabilidad y la misión compartida en la comunidad educativo-pastoral. Ya dieciocho años atrás, en el CG24 –por no remontarnos a  un magisterio anterior-, se pedía al Rector Mayor y su Consejo que diese a conocer iniciativas y experiencias de colaboración entre los sdb y laicos (CG 24, nº 127), y se reconocía, en la reflexión capitular del mismo que “el camino de la implicación lleva a la comunión en el espíritu y el de la corresponsabilidad hace compartir la misión salesiana. Comunión y participación, implicación y corresponsabilidad son las dos caras de la misma medalla” (CG24, nº 22).
Hemos ido avanzando en nuestra mirada sobre la misión compartida. El P. Pascual Chávez nos expresó varias veces, como fruto de su reflexión sobre este tema, que con la mirada y visión teológica y eclesiológica de hoy, no cabe imaginar la misión salesiana sin los laicos, porque es también vital para nuestro carisma lo que ellos tienen para aportarle.
Yo añado esto, queridos hermanos: La Misión compartida entre sdb y laicos, ha dejado de ser opcional, si es que alguien lo sigue pensando así, y esto porque la misión salesiana en el mundo de hoy nos lo pide encarecidamente.  Es cierto que en la Congregación tenemos diversas ‘velocidades’ en las Inspectorías y en relación de unas con otras, pero la misión compartida entre laicos y sdb, la reflexión sobre dicha misión, el proceso de conversión de parte de nuestros hermanos sdb al respecto, es irrenunciable. Es por eso que me atrevo a pedir para cada Inspectoría que se haga realidad en este primer trienio, después del CG27, la concreción del Proyecto y programa de misión compartida que se está llevando a cabo entre sdb y laicos –donde ya se da tal realidad-, o bien el estudio de la realidad Inspectorial y el Proyecto y programa concreto a desarrollar en los años de recorrido hasta el siguiente Capítulo General. 

3.8 MISIO ‘AD GENTES’, PROYECTO EUROPA Y BICENTENARIO

No desarrollo estos temas. Tan sólo dejo constancia de que no se trata de olvido alguno sino, por el contrario, de que son tres realidades  que en la programación del sexenio tienen ya un sitio propio. Los dos últimos, Proyecto Europa y Bicentenario, porque ya tienen su propio desarrollo, que hemos de seguir tutelando, y la Acción Misionera de la Congregación  (Misio ‘Ad Gentes’) porque formará parte de una atención particular, siempre enmarcada en la coordinación de todos los sectores de la misión que abarca la pastoral juvenil, especialmente para los más pobres, la educación de las clases populares, con un cuidado esmerado desde la comunicación social, y el anuncio del Evangelio a los pueblos que no lo conocen -Misio ad gentes- (cfr. C.6). 

3.9 UN GRACIAS DESDE EL CORAZÓN

No podría terminar estas palabras sin hacer referencia al anterior Rector Mayor y su Consejo. Han pasado 18 años desde la última vez que un Rector Mayor sucede a  su predecesor. Anteriormente, por motivos de salud no fue posible.
Es por eso que tengo la plena certeza de que estas palabras mías como Rector Mayor son las palabras de toda la Asamblea Capitular del CG27, de todos los hermanos de la Congregación, de toda la Familia Salesiana y de tantos jóvenes del mundo que quisieran tener voz en este momento.
Desde el corazón, Gracias, Muchas Gracias querido Don Pascual, IXº Sucesor de Don Bosco, que has sido nuestro Rector Mayor durante los últimos doce años, dando vida, entregando tu vida, siendo Padre, conduciendo nuestra Congregación con certeza y seguridad, como buen capitán que sabe encontrar el rumbo a pesar de las nieblas y las llegadas de la noche en cada atardecer. Gracias porque has sido Padre para toda la Familia Salesiana, y entusiasta Sucesor de Don Bosco para los jóvenes de todas las partes del mundo. Gracias por tu Magisterio rico y sólido, gracias por traer a buen puerto la nave de la Congregación en esta larga travesía de los doce últimos años. El Señor te bendiga y Don Bosco premie toda tu entrega en su nombre.
Y un gracias también vivo y lleno de afecto a tu Vicario y a todos los miembros del Consejo General, quienes, por  seis o doce años han cuidado con celo cada una de las parcelas (sean Sectores de animación o Regiones del mundo) que les confiaste y les confió la Congregación. En nombre de todos los hermanos, de la Familia Salesiana y de los jóvenes un gracias grande por tanta generosidad  y entrega.

Concluyo invocando a la Madre,  a nuestra Madre Auxiliadora a quien, en la oración que nos ha preparado para este documento capitular el P. Pascual, la invocamos como Mujer de la Escucha, Madre de la comunidad nueva y Sierva de los pobres. Que Ella, con su intercesión nos consiga el don del Espíritu para tener un corazón más de Dios, junto con los hermanos,  para los jóvenes y entre ellos.
Que Don Bosco nos guíe y acompañe para hacer vida lo que vivimos, pensamos y soñamos en este CG27. Que con un corazón semejante al suyo nos haga verdaderos buscadores de Dios (Místicos), hermanos capaces de Amar a quienes Dios nos pone en el camino de la vida (Profetas de la fraternidad), y verdaderos Servidores de los jóvenes con el corazón del Buen Pastor.

Roma, 12 de abril de 2014