Rector Mayor

Homilía en María Auxiliadora por VII Congreso de ADMA 08/08/2015

Homilía del Rector Mayor en la Basílica de María Auxiliadora por VII Congreso de ADMA 08/08/2015

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Celebramos esta solemne Eucaristía en esta Basílica de María Auxiliadora en el bicentenario del nacimiento de nuestro Padre Don Bosco. En este lugar y en este momento, sobre todo queremos re?exionar y acoger las palabras de María: “Hic domus mea, inde gloria mea” y la actualización que han hecho de ellas para este Congreso Internacional de María Auxiliadora: De la casa de María a nuestras casas. Su misericordia de generación en generación.

Desde “su casa” María Auxiliadora y Madre de la Iglesia quiere extender los afectos de la Iglesia y de la Familia Salesiana a nuevas profundidades y más amplios horizontes. El sacrosanto trabajo del amor que se llama familia se ha visto acosado durante demasiado tiempo por temas emergentes, cada vez más propios de la época y más urgentes que ella. El Papa le asigna ahora una posición de absoluta importancia, convocando a la Iglesia a un Sínodo y pidiendo inteligencia y amor.

Vivamos este encuentro en este lugar de gracia. Don Eugenio Ceria, historiador de Don Bosco, ha a?rmado que el templo de María Auxiliadora en Valdocco tiene en la tradición de la Familia Salesiana una importancia excepcional: proclama la certeza de la intervención materna de la Auxiliadora (“María se ha construido esta casa”), se constituye en “lugar privilegiado” de un mensaje espiritual y apostólico (corazón del patrimonio espiritual del Fundador) y en centro de cohesión y de difusión universal (“Esta es mi casa, de aquí saldrá mi gloria”). Con este templo Don Bosco encendió, dice don Ceria, “un místico hogar, en el que se habrían de calentar y acudirían a templarse generaciones de obreros evangélicos, enviados en abundancia a trabajar en la viña del Señor” (E. Ceria, «Annali» I pág. 89; cfr. todo el cap. 9). El Santuario de Valdocco trasciende la geografía local y es centro fecundo que esparce por el mundo las riquezas de un carisma del Espíritu Santo custodiadas y animadas por la solicitud de la Virgen María, Madre de Dios.

El texto evangélico proclamado nos revela cómo Jesús ha comenzado a hacer su signo en la ?esta nupcial de Cana, ha anunciado el mensaje del signi?cado del matrimonio como plenitud de la revelación que recupera el proyecto originario de Dios. Quisiera comentar el pasaje bíblico de las bodas de Caná, propuesto para la Eucaristía en honor de María Auxiliadora, a la luz de la lectura que Don Bosco propone en el opúsculo

“Maravillas de la Madre de Dios”, el texto más bello de nuestro Padre sobre María Auxiliadora y Madre de la Iglesia. Escribe Don Bosco:

“María mani?esta en las bodas de Caná su celo y su poder sobre su hijo Jesús. Vinum non habent: María pide, suplica, intercede como Madre ternísima y misericordiosa, porque “es propio de la misericordia el hacer nuestra la necesidad del otro”. “Solicitud y diligencia” en prevenir y proveer: una ayuda oportuna y en el momento justo, porque es expresión y fruto de la íntima unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación. María brilla como luminoso ejemplo de fe, maestra de con?anza, de amor y de obediencia, ejemplo de humildad, de prontitud y de prudencia”.

En estas pocas líneas nuestro Padre nos enumera una variedad de elementos que orientan nuestro caminar y dan un sentido particular a nuestro Congreso, ofreciéndonos algunas indicaciones precisas para la vida de nuestras familias y para una renovada pastoral familiar.

María pide, suplica e intercede. María es la mujer que intercede con la potencia del amor. Tres verbos que cali?can la mediación materna de María. La fuerza de la oración debe sostener el camino, las relaciones, las opciones, las fatigas y las pruebas de la familia. La familia no debe privarse de la protección de la oración. Cuando llegue a faltar el vino de la alegría, de la armonía, de la paz, debe intensi?carse la oración. Muchas personas y situaciones familiares, están marcadas por la soledad, el abandono y con frecuencia por el rencor, porque les ha venido a faltar el vino de la alegría que da sabor a la vida. La debilidad y la fragilidad de la familia hoy, es debida frecuentemente al gran vacío espiritual y a la falta de oración en común. “La familia que reza unida, permanece unida”, a?rmaba la Beata Madre Teresa de Calcuta.

Como Madre ternísima y misericordiosa, que con?rma la verdad del amor de Dios “de generación en generación”. Es precisamente en la historia de nuestras familias, en las relaciones conyugales, paternas, fraternas y parentales donde debe manifestarse hoy el amor misericordioso de Dios. Relaciones con frecuencia heridas, resentidas, enfermas, que en la práctica de un amor que acoge, perdona, excusa, sabe recomponer las relaciones y abrirlas y dilatarlas a nuevos horizontes.

“Es propio de la misericordia el hacer nuestra la necesidad del otro”. Este inciso nos ayuda a comprender que el amor verdadero, el que sana y cura, nace de la capacidad de hacer propia la necesidad del otro; con la compasión y el interés por hacerse cargo del problema, de las lágrimas, de las equivocaciones, de las necesidades del marido, de la mujer, del hijo, del hermano, de la hermana, de la abuela, del pariente… es como se curan y se renuevan las relaciones.

“Solicitud y diligencia” en prevenir y proveer: En esta frase encontramos una admirable síntesis de nuestro Sistema preventivo que Don Boso ha aprendido por inspiración y guía de María Auxiliadora y en la escuela de Mamá Margarita. Dirigidos por María Auxiliadora aprendemos el arte de un amor solícito, intuitivo, propio de una madre, de una mujer que sabe prevenir y proveer a tiempo y con discreción. ¡Qué lección para la vida de las familias! Es la práctica de este amor atento, solícito y diligente lo que construye y refuerza la red de las relaciones afectivas y familiares, en el ejercicio cotidiano de una caridad que hace visible al Amor preveniente y providente de Dios. La luz que irradia es luz de misericordia y de salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre, para la familia humana y para cada una de las familias. Esta luz nos anima a ofrecer calor humano en aquellas situaciones familiares en las que, por diversos motivos, falta la paz, la armonía, el perdón. Que no disminuya nuestra concreta solidaridad especialmente con las familias que están viviendo situaciones de más di?cultad, por enfermedad, falta de trabajo, por discriminaciones, o por verse obligados a emigrar…

María luminoso ejemplo de fe: María está presente en una ?esta de bodas, al inicio de la vida pública de Jesús. Con su presencia en el comienzo de una nueva familia nos recuerda que el centro y el primer puesto debe ser para Jesús. Cuando padres e hijos respiran al unísono este clima de fe, poseen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles. La fe es una lámpara que brilla y que debe trasmitirse de generación en generación mediante el testimonio de una auténtica vida evangélica, como herencia preciosa Maestra di con?anza, amor y obediencia: una vez

más María es la maestra en cuya escuela podemos llegar a ser sabios, como le dijeron a Juanito en el sueño de los nueve años. Maestra de con?anza, amor y obediencia como puso de mani?esto en el milagro de las bodas de Caná: con?anza en su Hijo al que se dirige, haciéndose portadora de una necesidad; amor por los jóvenes esposos; obediencia en la fe a la voluntad de Dios y maestra de obediencia al sugerir a los siervos hacer lo que “Él os diga”. Las relaciones en la familia tienen en la con?anza el terreno abonado de crecimiento, en el amor dado y recibido la linfa vital, en la obediencia entretejida de escucha, disponibilidad y colaboración, la trama de un verdadero camino.

María ejemplo de humildad, de prontitud y de prudencia: la humildad es el fundamento de la vida espiritual y viene a ser como los cimientos de una casa; la prontitud consiste en no poner demora a la llamada de Dios, a las inspiraciones del Espíritu Santo y se asemeja a las paredes de la casa que la hacen crecer; la prudencia consiste en ordenar las cosas según un ?n de bondad y de bien, y es como el techo de la casa, que la completa y protege.

En este momento deseo también recordar que precisamente en el mismo año en que nacía nuestro Padre Don Bosco, el Papa Pío VII instituía la ?esta litúrgica de María Auxiliadora. La liberación del cautiverio napoleónico (24 de mayo de 1814) fue el hecho que impulsó a Pío VII a instituir la memoria litúrgica, ?jada precisamente el 24 de mayo. Después de haber coronado en Savona la imagen de la Madre de la misericordia, Pío VII instituyó la ?esta de la Auxiliadora para perpetua memoria de su liberación. María Auxiliadora de?ende y libra a la Iglesia de todo peligro interior y exterior. Hoy queremos que sea la Auxiliadora de la Iglesia doméstica, que es la familia, defendiéndola de tantos ataques como intentan destruirla y liberándola de todo aquello que no es según el proyecto de Dios.

Contemplando el gran cuadro del altar mayor vemos que entre las estatuas de los santos que hacen corona a la Auxiliadora se encuentra también la de Don Bosco que tiene en la mano una maqueta de la Basílica y la ofrece a la Virgen. Quisiera que esta tarde todas las familias hiciesen como Don Bosco, ofrecimiento de la propia casa a María Auxiliadora, para que sea Ella la Madre,

la Maestra y la Guía. Al terminar esta Eucaristía una familia, en representación de todos los continentes aquí presentes, hará una ofrenda a María Auxiliadora como signo de entrega generosa de todas nuestras familias y de toda la Familia salesiana a nuestra madre y Maestra.