Rector Mayor

Menzaje a los jóvenes del MJS 2015

DIREZIONE  GENERALE  OPERE  DON BOSCO
  Via  della Pisana 1111 -  00163 Roma

                          Il Rettor Maggiore

MENSAJE A LOS JÓVENES DEL MJS 2015

Con motivo de la Fiesta de Don Bosco

“LES ESCRIBO A USTEDES,  JÓVENES, PORQUE SON FUERTES Y LA PALABRA DE DIOS PERMANECE EN USTEDES” (1Jn  2,14)

            Mis  queridísimos jóvenes:
  Es  la primera vez que tengo la oportunidad de escribirles como Rector Mayor a todo  el MJS del mundo, con ocasión de la gran fiesta de Don Bosco, mucho más  especial en este año por estar celebrando el Bicentenario de su nacimiento.

            Con  mucho gusto continuo la tradición que en los últimos años ha instaurado nuestro  querido Rector Mayor, hoy Emérito,  el P.  Pascual Chávez Villanueva, puesto que es una hermosa tradición y una espléndida  oportunidad para estar en comunicación con ustedes en todos los lugares de  nuestro mundo salesiano. Y he elegido como título de este mensaje las bellas y  fuertes palabras que leemos en la primera carta de San Juan:

Les escribo a ustedes, jóvenes,
  porque son fuertes
  y la Palabra de Dios
  permanece en ustedes” (1Jn 2,14)

El motivo de esta elección es que me parece una  bellísima concreción de la llamada que hoy les hace el Señor Jesús a cada uno  de ustedes, y que sin duda Don Bosco, con su genialidad educativa, habría  sabido convertir en desafío y meta de la vida cotidiana para sus jóvenes.

            Mis  queridos jóvenes: no puedo ocultarles esta mi profunda convicción: El Señor,  Jesús de Nazaret, Hijo del Padre, es el camino auténtico para la verdadera  felicidad de cada uno de nosotros, de cada uno, cada una, de ustedes.
  Y  como les dijo el Papa Francisco a ustedes, jóvenes,[1]:

“Jesús nos invita a seguirlo, a recorrer con Él  un camino de amor,
  el único que lleva a la vida eterna.
  No es un camino fácil, pero el Señor nos  asegura su gracia,
  y nunca nos deja solos...

Si abrimos la puerta a Jesús, si dejamos que Él  esté en nuestra vida,
  si compartimos con Él las alegrías y los  sufrimientos,
  experimentamos una paz y una alegría que solo  Dios, amor infinito, puede dar”.

1. Les escribo a ustedes  porque son fuertes

            Mis jóvenes queridos, esta es  una  afirmación de la Palabra de Dios,  que dista mucho de ser una adulación o una palabra vacía. Es una afirmación que  expresa, cómo en su Amor, nuestro Dios tiene la certeza de que ustedes son  garantía para el Reino y para una Humanidad más justa y fraterna.
  La  seguridad de que será así está en la adhesión de cada uno de nosotros, de cada  uno de ustedes a Jesucristo. De verdad, mis amigos y amigas que Él no será  jamás un extraño si le dan cabida en su corazón. Es, y será para ustedes, la  expresión más plena del Amor de Dios y el rostro humano de Dios que desea su  felicidad, la de todos y cada uno de ustedes, y que les interpela para ayudarles  a crecer.

            Nuestro  amado Don Bosco concretaba esta llamada del Señor en cada uno de sus muchachos,  al igual que haría hoy entre ustedes, ayudándoles a hacer un precioso camino de  fe que les llevara a experimentar, de manera muy real, el amor de Dios en sus  vidas.

            Don  Bosco creía ciegamente, plenamente, en ustedes jóvenes. Hacía de las  inquietudes, esperanzas y alegrías de sus jóvenes (y de ustedes), las suyas  propias, viviendo con sus jóvenes, en medio de ellos y para ellos, y haciendo  realidad lo que era un don especial en él, el ser el hombre de la relación  personal, del buen trato, de la amistad y del diálogo, que daba a sus jóvenes  toda la confianza para ser en verdad fuertes en el camino de la vida, fuertes  en su fe, creyendo realmente en sus capacidades y posibilidades, creyendo que  ustedes pueden ser, y deben ser, porque así lo quiere el Señor, los verdaderos  protagonistas de sus vidas. 

2. Permítannos caminar con  ustedes, entre ustedes, a su lado

            Don Bosco descubrió con gran fuerza  la paternidad infinita de Dios y fue permitiendo, en su libertad, que el  Espíritu moldeara en él un corazón de padre de sus muchachos, un corazón   repleto de confianza y gratitud, que le llevaba a darlo todo y darse a sí mismo  del todo para sus jóvenes, con el mismo corazón del Buen Pastor de Jesús,  atraído de una manera especial por los más pequeños y los pobres.

            Al  igual que Don Bosco, quienes hoy formamos este gran árbol que es la Familia  Salesiana, quisiéramos caminar con ustedes, entre ustedes, a su lado, renovando  nuestra amistad, trazando juntos un camino que nos lleva a todos, juntamente, a  ser fuertes (como nos pide la Palabra de Dios), a caminar juntos hacia los  ideales del verdadero proyecto de hombre o mujer que Jesús nos ha mostrado.
              Este caminar juntos va a significar  que nos educamos recíprocamente, aportando cada cual el don de lo que somos;   significa que nos obligamos a ponernos en marcha para seguir creciendo,  prestando atención, simpatía e interés hacia el otro, la otra, comprometiendo esos  anhelos, deseos y esperanzas que llenan de sentido sus vidas jóvenes, y las  nuestras,  como respuesta a la invitación  siempre actual y renovada que nos hace el Señor, de ser de los suyos, de ser  sus discípulos.

Y en este ser jóvenes de hoy, creyentes, discípulos  y misioneros de Jesús, como nos pide el Papa Francisco, yo les invito, jóvenes  queridos, a beber en la fuente de la espiritualidad salesiana, que de una  manera concreta les llevará a Jesús, tocando más de cerca el corazón de Don  Bosco.
  Esta espiritualidad, como con Don Bosco, atrae  a los jóvenes más allá de su persona, hacia Dios. Es este un deseo del corazón  pastoral de quienes  deseamos caminar con  ustedes, a su lado: apostar por la  fe  con la convicción de que en ella Jesús de Nazaret ofrece, nos ofrece a todos,  un camino que lleva a la plenitud.
  Esta  espiritualidad juvenil salesiana que les proponemos descubrir y vivir juntos,  es una espiritualidad de lo cotidiano, un cotidiano que se inspira en  Jesucristo, persona en la que ustedes, jóvenes,   reconocen la presencia de Dios, y en quien pueden vivir su realización  personal.
  Es  también una espiritualidad de la alegría y el optimismo, que no rehuye el  esfuerzo y la responsabilidad, pero que mira esperanzadamente la vida.
  Es  la espiritualidad de la amistad con Jesús el Señor, y que en la comunión  eclesial ofrece la oportunidad de crecer y madurar en la fe.
  Y  es, finalmente, una espiritualidad del servicio y donación a los demás en lo  cotidiano y en lo sencillo.
  Esta  es la vivencia salesiana que se fundamente en una convicción gozosa y  fundamental a la vez: en la vida ordinaria, en el día a día, en la  cotidianeidad, podemos encontrar al Señor.

Termino estas palabras, mis queridos  y queridas jóvenes, expresándoles lo mismo que haré, en breve, en Valdocco ante  la Auxiliadora. Les confiaré ante Ella, pondré, desde el corazón, mi intención  y pensamiento por cada uno, cada una de ustedes, aún sin conocernos todos todavía.  Sin duda que la Madre les acompañará con su ternura, y les ayudará en este camino  hacia el Encuentro con el Señor, y el encuentro con los demás jóvenes y  aquellos que también a ustedes les necesitan.

            Con  verdadero afecto les saluda,

Ángel  Fernández Artime, sdb
  Rector  Mayor

   

[1]     Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX Jornada Mundial  de la Juventud (2014)