Rector Mayor

Cari Confratelli_3, 06-2015


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Miei Cari Confratelli,

¡Mis queridos Hermanos!

Les estoy saludando en un día muy especial, hoy es 24 de Mayo, me encuentro en las habitaciones de Don Bosco, todo el entorno me habla y nos habla de él, nos habla de María Auxiliadora, nos habla del gran regalo de este Carisma que nos ha hecho el Señor en Don Bosco; y en un día muy especial también como es Pentecostés.

Con una gran emoción como otras veces me dirijo a todos ustedes en este deseo de querer llegar a cada uno de mis hermanos salesianos en el mundo, también por extensión a nuestras hermanas y hermanos de la Familia Salesiana. Es una oportunidad para comunicarnos, para compartir, para que podamos sentir realmente que estamos unidos.

Debo decirles que este último mes y medio ha sido de una intensidad muy especial en los viajes que he podido hacer, de animación en las Inspectorías.

He estado recientemente en Bolivia, en el Perú, en Ecuador; y después de cuatro días en Roma tuve la oportunidad de hacer un largo viaje a Asia, en la parte de Oceanía, Australia, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Fiji… Estuvimos también en Nueva Zelanda, Samoa, Australia… Les digo esto solamente para subrayar algo muy especial: esto especial es la Fraternidad que he encontrado en todos los lugares por donde he podido estar en este año y meses. Es una realidad muy hermosa la de la Comunión que tenemos en nuestra Congregación: riqueza, diversidad, variedad… pero un sentido de comunión que realmente lo hace muy especial.

Una Fraternidad que tengo que decir, se extiende a toda nuestra Familia Salesiana. Allá donde he estado la presencia de nuestras hermanas Hijas de María Auxiliadora, que están casi en tantos lugares como nosotros, ha sido de una fraternidad y una cercanía realmente conmovedora, así como con tantos otros grupos de nuestra Familia Salesiana, que en algunas Inspectrías han sido 12, 13, 14 grupos con los que nos hemos encontrado. Por todo ello doy de verdad un gracias a Dios muy grande.

En alguna parte e la Congregación están terminando lo que llamaríamos el año académico; es también un tiempo seguramente de cansancios, por mucho trabajo, por muchas tareas, pero es un tiempo de una gran emoción, porque podemos seguir diciendo: El Señor sigue haciendo cosas muy hermosas en favor de los muchachos, de las muchachas… a veces por medio de nuestra humilde mediación.

Ya por último, simplemente como un recuerdo que quisiera hacerles llegar al corazón, me permito compartirles esta reflexión: Mis hermanos queridos, estoy convencido, y el encuentro con todos ustedes por el mundo y el conocimiento de nuestras presencias me lo dice, de que ni siquiera la buena organización, ni siquiera el gestionar bien nuestras obras, ni siquiera el tenerlo todo programado, es la garantía de nuestro buen hacer Pastoral. Como ustedes saben, sin duda que como yo, o mejor que yo, la clave sigue siendo en lo que somos y en el cómo vivimos.

Yo desde aquí les hago una invitación desde aquí en este día tan especial, a que cada uno de nosotros, ante Don Bosco y ante María Auxiliadora, en esta fidelidad al Señor, podamos seguir diciendo un Sí que pasa no por la gestión y no ni siquiera por una acción con una gran generosidad; pasa por una Pasión Vocacional que nos permite transmitir, yo diría que por medio de todos los poros de nuestra piel, aquello que somos; y que se pueda notar que aquello que hacemos, y muchas veces hacemos bien, se hace por algo y sobre todo por alguien.

Les prometo mi oración ante María Auxiliadora y la intercesión de Don Bosco, para que todo ello llegue al Señor y sea una bendición para nuestra Congregación y nuestra Familia Salesiana. Un gran abrazo con mucho afecto a todos.