SDB Recursos

CG 24 (1996) Salesianos y Laicos - parte 2

SEGUNDA PARTE

SALESIANOS Y SEGLARES:

MEMORIA Y PROFECÍA

Scarica il file Scarica il file Scarica il file

                        Aquel buen hombre parecía loco de alegría

                        por la dicha de tener en casa una iglesia.

                        — Gracias, amigo, por tu caridad y simpatía.

                        Acepto tus buenas condiciones,

                        con tal que me prometas también

                        que ya el próximo domingo

                        podré venir aquí con mis chicos.

                                                                         (MO, pág. 136)

CAPÍTULO PRIMO

Los salesianos y los seglares en el mundo y en la Iglesia                                    (núms. 57-68)

CAPÍTULO SEGUNDO

Irradiación del carisma                                                                                         (núms. 69-86)

CAPÍTULO TERCERO

El espíritu y la misión que se comparten                                                           (núms. 87-101)

CAPÍTULO PRIMERO

LOS SALESIANOS Y LOS SEGLARES EN EL MUNDO Y EN LA IGLESIA

1. LLAMADOS POR EL PADRE A TRABAJAR EN SU REINO

[57]

“Me parecía —escribe Don Bosco al llegar a Valdocco— que era realmente el lugar donde había soñado que estaba escrito: "Haec domus mea, inde gloria mea"”. Y sigue el Santo, destacando la solicitud del Arzobispo al concederle la facultad “de cantar la misa, hacer triduos, novenas y ejercicios espirituales, y preparar la confirmación y la santa comunión, e incluso de que pudieran cumplir con el precepto pascual quienes frecuentaran nuestra Institución”.[i]

      Del conjunto de la narración se deduce fácilmente que "ser Iglesia" y hacer "experiencia de Iglesia" es el corazón de la propuesta educativa de nuestro santo Fundador.

      La apertura de Valdocco el día de Pascua de 1846 se convierte en signo de la unión que hay entre el Oratorio de Don Bosco y la Comunidad del Resucitado.

      La misión salesiana está al servicio del gran proyecto de comunión que, iniciada en la creación, tiene su plenitud en la Pascua de Cristo.

[58]

Creados para vivir en comunión

El hombre, creado “a imagen y semejanza de Dios”,[ii] está llamado a vivir en relación, manifestando así el don de la comunión trinitaria que hay en su corazón.

      Este don es también un compromiso,[iii] pues la vida es vocación a crecer en la comunión con Dios y con el prójimo, a desarrollar las propias posibilidades y a transformar el mundo y la naturaleza en casa digna de la familia humana.

      Esta comunión se manifiesta, ante todo, en la convivencia del varón con la mujer[iv] con idéntica dignidad y responsabilidad. Se trata de una relación recíproca y complementaria. Se vive, sobre ­tod­o, en la familia, sujeto fundamental de la sociedad, comunidad de personas que hace visible y comunica el don de la comunión.

[59]

Acogiendo la creación y la historia

“Dios vio todo lo que había hecho, y era muy bueno”.[v] Las cosas creadas tienen una bondad intrínseca y una autonomía y consistencia propias.

      La humanidad responde a la iniciativa de Dios, que la llama a colaborar en la construcción del Reino transformando el mundo con el trabajo, la ciencia y la técnica, desarrollando la sociedad con la política y la economía y trabajando por la justicia y solidaridad entre todos los pueblos. Signo de ello es el testimonio de grandes hombres y mujeres. Este proyecto manifiesta la unidad de todos los seres humanos, que tienen el mismo origen y caminan hacia el mismo fin. Dios ama realmente al mundo y llama a todos a trabajar juntos para construirlo en la unidad y en la paz.[vi]

[60]

En un camino de reconciliación

En la historia de la humanidad, el pecado destruye la unidad originaria, entorpece los relaciones interpersonales, envenena la relación con la naturaleza, cambia la verdad de Dios con la mentira y da entrada a la muerte en el mundo.[vii]

      A pesar de todo, la última palabra no la tienen ni el pecado ni la muerte del hombre, sino el amor y la vida de Dios.[viii] En aquel naufragio inicial de la humanidad comienza la larga y todavía no terminada historia de la aventura humana, simultáneamente profana y salvífica.

      Hay retazos de salvación en las diversas religiones, donde se manifiesta el esfuerzo de la humanidad por buscar a Dios; búsqueda que también se debe a las mociones de la gracia y cuya plenitud definitiva se halla en el misterio de Cristo.[ix] Descubrimos asimismo la presencia y acción de Dios en las personas de buena voluntad y de conciencia recta.

      Esto nos invita a colaborar con ellas, y con los creyentes de todas las religiones, en la construcción de un mundo más humano, justo y fraterno.[x]

2.   CONVOCADOS POR CRISTO

      PARA SER SIGNOS E INSTRUMENTOS DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

[61]

Cristo encarnado realiza la comunión

Con su encarnación, el Hijo de Dios entra en la familia humana; vive como un trabajador de su tiempo y de su pueblo; adopta su cultura y religión; se hace en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.[xi] Así santifica los vínculos humanos, especialmente los familiares, y da valor y nueva dignidad a todas las realidades creadas, que se convierten en instrumentos y lugar de comunión con Dios.

      Jesucristo abate todas las barreras y da la preferencia a los pobres y a los últimos, característica que distingue su misión evangelizadora.

      Por su Pascua queda constituido en primogénito de toda la creación y, por medio de él, Dios rehace la comunión original entre todas las cosas del cielo y de la tierra.[xii]

[62]

La Iglesia, signo e instrumento de comunión y participación

Esta nueva realidad se da, ante todo, en la Iglesia, cuya misión es anunciar y construir el Reino de Dios.

      Su vocación fundamental es estar unida a Cristo.[xiii] De ese vínculo nace la comunión entre todos,[xiv] cuya intensidad apreciamos en las imágenes bíblicas del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios.[xv]

      Es una comunión que nace del Bautismo y de la Confirmación y se alimenta en la Eucaristía.[xvi] Pero es frágil: los pecados personales o comunitarios la debilitan hasta el punto de poderla romper. El sacramento de la Reconcilia­ción le da nuevo vigor y nueva vida.

[63]

La Iglesia, levadura del Reino en la historia humana

La Iglesia, animada por el Espíritu, sabe reconocerlo y servirlo doquier él se manifieste, para que toda realidad humana encuentre la salvación. La comunión y la misión están tan íntimamente unidas entre sí, que la comunión es fuente y, a la vez, fruto de la misión.[xvii]

      Todos los miembros de la Iglesia, sin distinción, cada uno según su propia vocación, están llamados a tomar parte activa y corresponsable en esa misión. Todos, con la profundidad de su fe, con la fraternidad de la vida comunitaria, con la riqueza de los carismas y con el dinamismo de su trabajo anuncian el Reino y lo hacen presente.

[64]

La Iglesia y su misión secular

La Iglesia está en el mundo y vive para el mundo. Asume sus valores purificándolos y elevándolos con la novedad de la Pascua. Realmente “la Iglesia tiene una dimensión secular auténti­ca, inherente a su naturaleza íntima y a su misión, cuya raíz se hunde en el misterio del Verbo Encarnado y se realiza de formas diversas en sus miembros”.[xviii]

      En esta hora de profundas transformaciones de la cultura y de la sociedad, los creyentes están llamados a unirse a todos los hombres de buena voluntad, para cultivar las semillas del Reino que hay en todas partes como signos del Espíritu Santo, que actúa en la creación y en la historia.

3. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN LA MISIÓN COMÚN

[65]

Riqueza de los dones del Espíritu

La Iglesia recibe de Cristo Resucitado el Espíritu del Padre, que la hace partícipe de la vida trinitaria, la unifica en la comunión y en el ministerio y la adorna con múltiples carismas y dones. El Espíritu la impulsa a abrirse al mundo y a las culturas para transformarlas con la fuerza del Evangelio, y la renueva en las diferentes etapas de inculturación hasta llevarla a la comunión perfecta con su Esposo.[xix]

      Por la acción del Espíritu, la comunidad eclesial es una comunidad orgánica, que se caracteriza por la presencia de vocaciones, carismas y ministerios diversos y complementarios.[xx]

      Todos ellos están al servicio del crecimiento del Cuerpo de Cristo en la historia y para su misión en el mundo.

[66]

Pluralidad de ministerios

En la Iglesia todos son consagrados y enviados en virtud del Bautismo y de la Confirmación. Sin embargo, el ministerio ordenado y la vida consagrada son una forma específica de consagración con vistas a una misión peculiar.

      Los seglares, por la consagración del Bautismo y de la Confirmación, están llamados a ser signos del Reino en el mundo tratando las cosas temporales y ordenándolas según Dios. La índole secular es lo que distingue su existencia cristiana.[xxi] En el trabajo, en la familia, en la política, en la economía, en la ciencia, en el arte o en la comunicación social viven la vocación de todos a la santidad, con un compromiso de promoción humana y de evangelización. El seglar cristiano es, por tanto, un miembro de la Iglesia en el corazón del mundo y un miembro del mundo en el corazón de la Iglesia.[xxii]

      Los ministros ordenados, además de la consagración fundamental del Bautismo, en virtud de la unción del Espíritu Santo en el sacramento del Orden reciben un carácter especial, que los identifica con Cristo Sacerdote.[xxiii] La caridad del buen pastor los impulsa a dar su vida por la grey[xxiv] y a construir la comunión eclesial, que anima y preside el obispo. El ministerio ordenado está al servicio del sacerdocio común de los fieles.

      Las personas consagradas, al abrazar los consejos evangélicos, reciben una consagración nueva y peculiar que, sin ser sacramental, las compromete a hacer propia la forma de vida de Jesucristo, que él propuso a sus discípu­los.[xxv] La vida religiosa manifiesta, de un modo particularmente rico, los bienes evangélicos y el fin de la Iglesia: la santificación de la humanidad.[xxvi] Su vida de comunión es un signo para el mundo y le dispone a creer en Cristo.[xxvii]

[67]

Reciprocidad y complementariedad del hombre y la mujer en Cristo

La nueva relación con Dios en Cristo produce también novedad en la relación del hombre con la mujer. Tal novedad está llamada a ser visible particularmen­te en la vocación al matrimonio, que se hace signo de la unión de Cristo con su Iglesia.[xxviii]

      En el ámbito eclesial, la reciprocidad del hombre y la mujer tiene hoy una importancia vital. Se impone un cambio “para dar [a la mujer] más cabida en el conjunto de la vida social y de la vida eclesial”.[xxix]

[68]

María, figura ideal de la Iglesia comunión

Miramos a María.

      Ella fue llamada a una comunión particular con la Trinidad, que la hizo madre del Verbo para darlo al mundo. A ella mira la Iglesia peregrina en el tiempo; a ella miró nuestro Fundador desde el sueño de sus nueve años; educado por ella, se hizo hombre de Dios y de los jóvenes.

NOTAS A PIE DE PÁGINA: 2ª parte, cap. 1º

CAPÍTULO SEGUNDO

IRRADIACIÓN DEL CARISMA

[69]

“Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nuestros padres nos lo han contado: la obra que realizaste en sus días, en los años remotos”.[xxx]

      En el designio de salvación que Dios realiza por la Iglesia, los salesianos contemplamos el carisma que el Espíritu se dignó dar y difundir por medio de san Juan Bosco.

      El Señor, con la mediación de María, lo llamó a cuidar a la “juventud pobre, abandonada y en peligro”.[xxxi] Quiso que no estuviera solo, sino que fuera padre de una gran familia y guía de una multitud de jóvenes. Por eso, su historia es también nuestra historia.

      Mirando a san Juan Bosco, se ilumina nuestra capacidad de discernimiento y aumenta el deseo de decir a los seglares lo que él dijo un día al joven Miguel Rúa: “Tú y yo iremos a medias”.

1. EN LOS ORÍGENES

[70]

Adolescencia y juventud de san Juan Bosco

Juanito Bosco es ya un hábil comunicador y animador: arrastra a otros y organiza grupos y asociaciones apelando inteligentemente a las cualidades de cada uno. En Chieri, apreciado por sus compañeros como jefe de una cuadrilla, funda la Sociedad de la Ale­gría. Durante las vacaciones funda en Murialdo otra "sociedad" del mismo nombre.

[71]

Las experiencias de Valdocco

Con idéntica determinación, el joven sacerdote diocesano hace algo parecido con el grupo de colaboradores del Oratorio de san Francisco de Sales. Logra que un grupo de eclesiásticos, seglares, hombres y mujeres, comparta su labor y se haga corresponsable de ella.

      Le ayudan en la catequesis y en las clases, a asistir en la iglesia, a dirigir las oraciones de los chicos, a prepararlos para la Primera Comunión y la Confirmación, a mantener el orden, a asistir en el patio jugando con ellos, a colocar a los más necesitados en el taller o tienda de algún patrón honrado.

      Simultáneamente, él se interesa por su vida espiritual mediante encuentros personales, conferencias, la dirección espiritual y la administración de los sacramentos.

[72]

En el apostolado, sus mejores colaboradores son los jóvenes que llevan algún tiempo con él y comparten el servicio del prójimo en los más abandonados. Los más adictos lo ejercerán con sus coetáneos en las Compañías: de la Inmaculada Concepción, del Santísimo Sacramento, de San Luis y de San José.

      Todos siguen su ejemplo; él les pone, como modelo de entrega apostólica y de amor, a san Francisco de Sales, patrono principal del Oratorio. Tales ejemplos inducen a los chicos a actos de auténtico heroísmo.

      Con algunos de ellos nace, el 18 de diciembre de 1859, la Sociedad de san Francisco de Sales. Se trata de una comunidad religiosa que, ya en sus primeros años, se muestra abierta a los valores del mundo, asumiendo una dimensión secular que se pone de manifiesto específicamente por la presencia de salesianos coadjutores. Son éstos, en particular, quienes ayudan a unir la comunidad salesiana con la sociedad civil, sobre todo en el mundo del trabajo.       Nuestro Fundador no deja de aprovechar los consejos de Urbano Ratazzi, quien, a pesar de ser ministro liberal y responsable de leyes contra la Iglesia, le indica el camino políticamente correcto para fundar una sociedad religiosa cuyos miembros conserven todos sus derechos civiles.

[73]

En los primeros borradores de las Constituciones prevé la posibilidad de que haya salesianos que, viviendo en el siglo, pertenezcan a la Pía Sociedad sin profesar los tres votos, pero cumpliendo la parte del Reglamento que les sea compatible con su edad y condición. No pudiendo llevar adelante su proyecto, por las dificultades jurídicas de la época, funda la Pía Unión de Cooperadores, que considera “importantísima” y “alma de la Congregación”.[xxxii] Su Reglamento es aprobado el 24 de junio de 1876.

      Por la misma época, acogiendo una iniciativa de Carlos Gastini, crea la Asociación de Antiguos Alumnos, quienes participan de la misión salesiana en la sociedad civil haciendo fructificar la educación recibida.

      Años atrás había fundado la Archicofradía de Devotos de María Auxiliadora (hoy ADMA), erigida el 5 de abril de 1870 por breve pontificio de Pío IX.

[74]

La colaboración femenina

A pesar de la actitud de reserva y alejamiento del mundo femenino, que san Juan Bosco comparte con el clero de su época, tiene un estilo de delicada y sencilla cordialidad con las mujeres que debe tratar.

      Su presencia es fundamental en la vida del Oratorio. Está Margarita, primera cooperadora y madre del Oratorio, con quien su hijo comparte el gobierno de casa. Más tarde llegarán las madres de Miguel Rúa y de Miguel Magone. Otras señoras de la sociedad turinesa colabora­n con él y le brindan su ayuda en las actividades domésticas, le asisten económicamente y le allanan el camino de los despachos oficiales.

      Se reconoce así que, para lograr un clima de familia, la presencia de la mujer es sumamente útil. La mujer aporta una complementariedad de actuaciones que enriquece la relación educativa y da una tonalidad peculiar al afecto salesiano.

      La posibilidad, que le ofrece la Marquesa de Barolo, de trabajar con las chicas más pobres, lo estimulará más tarde a hacer algo por ellas. Tras su encuentro con Domingo Pestarino y un grupo de jóvenes mornesinas, a cuyo frente está Mª Dominica Mazzarello, descubre el modo de hacer, por las jóvenes, lo que desde hacía tiempo guardaba en su corazón. Tiene la alegría de reconocer el plan de Dios, que, con un único designio de gracia, había suscitado la misma experiencia de caridad apostólica en la Santa,  y la implica de modo singular en la fundación del Instituto de Hijas de María Auxiliadora.[xxxiii]

[75]

Patrimonio compartido

Hay indudablemente, en torno a san Juan Bosco, un vasto movimiento de personas y grupos, de jóvenes, hombres y mujeres, de las más variadas situaciones de vida, que comparten con él algunos elementos que son puntos firmes de referencia: una espiritualidad modelada sobre la de san Francisco de Sales; una misión bien definida: salvar a la juventud, especial­mente la más pobre y abandona­da; un proyecto dinámico de educación y evangelización: el Sistema Preventivo (san Juan Bosco quiso escribir un Sistema Preventivo para seglares); un ambiente donde las relaciones originales de cada uno se basan en la misma finalidad: el Oratorio, con un clima y un estilo propio, llamado "espíritu de familia", donde cada uno se siente acogido, valorado y ayudado a dar y recibir.

      Desde el principio, Valdocco es “casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que prepara para la vida y patio donde se comparte la amistad y la alegría”.[xxxiv]

      San Juan Bosco va adelante, no sin tensiones, ensanchando las fronteras de su misión con los jóvenes pobres y abandonados y abriendo nuevas obras dentro y fuera de Italia. A partir de 1875 organiza expediciones misioneras a América, que en adelante serán anuales.

      Sus célebres sueños son una especie de explicitación figurada del vasto universo que acaricia para su misión: todas las tierras habitadas, desde Valparaíso hasta Pekín pasando por África.

2. EN LA TRADICIÓN SALESIANA

[76]

Tras las huellas del Fundador

Desde los años de san Juan Bosco hasta hoy, la idea del laicado y la conciencia de su papel se ha hecho, aunque lentamente, cada vez más clara en la Iglesia y en nuestra Congregación.

      El Concilio Vaticano II, en particular, dio una nueva figura de seglar en la Iglesia y en el mundo. La Congrega­ció­n Salesiana procura responder a ello con una creciente implicación de los seglares.

[77]

Los Cooperadores

Desde la época de san Juan Bosco hasta el Capítulo General Especial hubo cambios importantes en la comprensión de la vocación de los Cooperadores. El XIX Capítulo General y, sobre todo, el Especial introdujeron un cambio radical en nuestra mentalidad. No debemos verlos como simples bienhechores o ejecutores; tienen que ser reconocidos como plenamente corresponsables de la misión salesiana e indicados como punto de referencia para los seglares del Movimiento Salesiano. En este sentido se aprobó en 1986 el nuevo Reglamento de Vida Apostólica.

[78]

Los Antiguos Alumnos Salesianos

Ya en 1898, tras invitación del beato Miguel Rúa, los antiguos alumnos acogieron la sugerencia de formar "uniones" en cada casa siguiendo el modelo del Orato­rio de Valdocco.

      En julio de 1909 se redactó el Estatuto de la Federación Internacional. Ésta recibió un impulso particular durante el rectorado del beato Felipe Rinaldi y se convirtió en Confederación Mundial en los primeros años del rectorado de don Renato Ziggiotti. Es una asociación civil que reúne a los antiguos alumnos sin distinción étnica ni religiosa. Últimamente han aparecido las antiguas alumnas de nuestras obras; han sido reconocidas en el nuevo Estatuto Confederal, que define bien la identidad del antiguo alumno y le abre nuevos horizontes en la misión salesiana.

[79]

Institutos seculares

En 1917 algunas jóvenes del oratorio turinés de las Hijas de María Auxiliadora exponen al beato Felipe Rinaldi su deseo de consagrarse a Dios sin salir del siglo. Se dan el nombre de "Celadoras de María Auxiliadora".

      Más tarde se llamarán "Cooperadoras Oblatas de san Juan Bosco"; hoy son las Voluntarias de Don Bosco (VDB). En 1965 la autoridad diocesana de Turín las reconoce como Pía Asociación y en 1971 como Instituto Secular de derecho diocesano.

      En 1978 pasan a ser Instituto Secular de derecho pontificio. La salesiani­dad, la secularidad y la consagración son los tres pilares de su vocación.

      El Rector Mayor con su Consejo las ha declarado miembros de la Familia Salesiana en sentido estricto.

      Después del XXIII Capítulo General ha comenzado un grupo masculino de consagrados en el mundo: son los Voluntarios con Don Bosco (CDB).

[80]

Otros grupos laicales

Nuestro santo Fundador dio vida también a la Asociación de Devotos de María Auxiliador­a, y la implicó, con tareas accesibles a la mayoría de la gente, en la espiritualidad y misión de su Congrega­ción.

      Últimamente ha surgido otro grupo laical formado sólo por mujeres: la Asociación Damas Salesianas.

[81]

Elementos comunes en la Familia Salesiana

Los grupos de la Familia Salesiana “tienen un verdadero parentesco espiritual y una consanguinidad apostólica”,[xxxv] que se caracteriza por compartir el mismo espíritu salesiano y algunas ideas fundamentales.

Habitualmente se recuerdan éstas:

— el arraigo en el misterio de Cristo y la confianza en María,

— el sentido de Iglesia,

— la unión con Dios y el estilo de oración,

— la caridad pastoral en la misión juvenil y popular,

— sensibilidad atenta a los retos de la nueva evangelización,

— la gracia de unidad,

— la ascesis de la bondad,

— el optimismo y el gozo de la esperanza,

— el trabajo y la templanza,

— el espíritu de iniciativa.[xxxvi]

[82]

El Boletín Salesiano

San Juan Bosco concibió el Boletín Salesiano como instrumento de unión, animación, formación e implicación de los muchos seglares que veían con simpatía su obra.

      Hoy el Boletín, publicado en numerosas ediciones en las distintas áreas geográficas del mundo, es un instrumento de comunicación que ayuda a compartir más plenamente el espíritu salesiano y a implicar con mayor actualidad en la misión educativa y evangelizadora del Movimiento Salesiano y de la Familia Salesiana.

3. LÍNEAS MÁS SOBRESALIENTES

[83]

Implicación de fuerzas apostólicas

Aunque condicionados por la eclesiología de su época, san Juan Bosco y los salesianos siempre han difundido su carisma, tratando de implicar en la educación de los jóvenes a las personas más diversas.

      Repasando nuestra historia más reciente:

— El XIX Capítulo General miró a los seglares con prudencia y aceptó a algunos como profesores, eligiéndolos de entre los mejores cooperadores y antiguos alumnos. Los salesianos conservan los puestos clave en las estructu­ras educativas.

— El Capítulo General Especial revisó el camino y la misión salesiana a la luz del Vaticano II buscando “una amplia unión de fuerzas apostólicas en la unidad articulada y múltiple de una familia”.[xxxvii]

— El XXI Capítulo General, inspirándose en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, puso ante la comunidad salesiana el reto de la evangelización. A la comunidad salesiana se la ve como animadora de la comunidad educativo-pastoral, para realizar el propio proyecto educativo-pastoral. En ella, SDB y seglares son evangelizados y evangeli­zadores.

— Tal apertura la confirma y extiende el XXII Capítulo General en el texto definitivo de las Constituciones.[xxxviii]

— La relación entre SDB y seglares alcanza una maduración significativa en el XXIII Capítulo General, que habla de la educación de los jóvenes en la fe. La comunidad salesiana es animadora y formadora de la comunidad educativo-pastoral y de la Familia Salesiana,[xxxix] y se le confía la tarea concreta de hacer el "Proyecto Seglares".

[84]

Seglares animadores

Le personas que, de san Juan Bosco en adelante, han participado en la misión salesiana han visto la necesidad de una convergencia espiritual, por tener conciencia de que han recibido un don que deben compartir.

      Muchas de ellas se sienten comprometidas a encarnar el carisma "con Don Bosco y con los tiempos". Comparten el objetivo de la educación y tratan de formar a los jóvenes para que tengan un puesto digno en la sociedad.

      Para no pocas, la implicación y corresponsabilidad abarca también el fin evangelizador, realizando así íntegramente el proyecto del Sistema Preventivo.

      Entre ellas hay jóvenes que se comprometen en diversas modalidades de animación con los de su edad. En los últimos años se han desarrollado el Movimiento Juvenil Salesiano y, particularmente, la nueva experien­cia del voluntariado.

[85]

Los Amigos de Don Bosco

San Juan Bosco siempre tuvo muchos amigos en los ambientes más diversos. Con el correr de los años no han disminuido, ni ha perdido fuerza su vinculación a nuestro Padre y Fundador.

      Son personas que quieren mantener vivo el espíritu del Santo y asegurar la expan­sión de la misión salesiana. Se ofrecen para ayudar a la Familia Salesiana a conocer la situación real de los jóvenes e intentar responder a los retos que le plantean. Son amigos que ponen a disposición entusias­mo, tiempo, posibilidades económicas y voluntad de colaboración.

[86]

Seglares fuera de nuestras estructuras

Gracias al interés de muchos seglares, nuestra misión va más allá de la institució­n y se difunde fuera de las estructuras y obras salesianas. Entra así en contacto con otras realidades eclesiales, con la sociedad civil y, sobre todo, con los jóvenes en su situación real, dialogando con las culturas y tradiciones de los pueblos.

      Debido a esto, nuestro carisma se difunde por doquier.

NOTAS A PIE DE PÁGINA: 2ª parte, cap. 2º

CAPÍTULO TERCERO

EL ESPÍRITU Y LA MISIÓN QUE SE COMPARTEN

1. EN LA RAÍZ DE LA NUESTRA UNIDAD

[87]

El recuerdo del comienzo de Valdocco[xl] nos ha ayudado a entender mejor el corazón pastoral de san Juan Bosco, pero también su capacidad de implicar a otras personas: gracias a la aportación de un grupo de eclesiásticos y seglares, la capilla, los locales y los patios son una realidad.

      Ello nos invita a renovar el corazón oratoriano y a entablar una comunión más profunda con quienes, de modo estructurado o individual, quieren llevar adelante el carisma de nuestro Fundador. Con ellos nos ponemos humildemente y con vigilante atención al servicio de todos los hombres, esforzándo­nos, con nuevo entusiasmo, por dar autenticidad a nuestra vocación, para que la misión salesiana pueda dar a la Iglesia y al mundo toda la aportación de que es capaz.

[88]

El espíritu que nos es dado

Estamos, pues, llamados a compartir en la Familia Salesiana y con todos los seglares, no sólo la realización material del trabajo de cada día, sino también, y en primer lugar, el espíritu salesiano, para poder ser corresponsables de la misión en nuestras obras y más allá de sus fronteras. Dicho espíritu, tal como lo presentó el Capítulo General Especial (núms. 85 ss.), es un conjunto de aspectos y valores del mundo humano y del misterio cristiano que son nuestro estilo de pensar y sentir, de vida y acción; su centro es la caridad pastoral. San Juan Bosco suscita la simpatía y participación de los seglares comprometi­dos y nos invita a seguir con ellos un itinerario espiritual, que, a partir del espíritu salesiano compartido en mayor o menor grado, pueda llegar a opciones de fe y a una espiritualidad vivida y comunicada.

      La comunicación de tal espíritu corresponde, ante todo, a los consagrados: “Sea cual sea la actividad o ministerio que ejercen las personas consagradas, recuerden que ante todo deben ser guías expertos de vida espiritual y, en esta perspectiva, cultivar el talento más valioso: el espíritu”.[xli]

      Somos conscientes de que aquí se trata de una verdadera escuela de santidad. Aparece inmediatamente la riqueza del espíritu salesiano cuando, hecho vida concreta, se convierte en espiritualidad. Consideremos algunas de sus característi­cas más importantes.[xlii]

2. ELEMENTOS DE LA ESPIRITUALIDAD

2.1. Amor de preferencia por los jóvenes, especialmente los más pobres

[89]

Encontrar a Dios en los jóvenes

Compartir el espíritu y la misión salesiana significa, ante todo, sentirse implicados en la opción por los jóvenes.

      “Creemos que Dios nos está esperando en los jóvenes para ofrecernos la gracia del encuentro con él y disponernos a servirle en ellos, reconociendo su dignidad y educándolos en la plenitud de la vida”.[xliii] En este servicio de educación, seglares y salesianos hacen experiencia de la dimensió­n contemplati­va de su fe, que ayuda a descubrir la acción del Espíritu en el corazón de los jóvenes.[xliv]

      Partícipe del corazón de Dios, el discípulo de san Juan Bosco comprende mejor la importancia y necesidad de su vocación: hacer presente a los jóvenes el amor de Cristo.

      Espoleado por tal amor, procura darles una educación plena.[xlv]

      Trabajar por los jóvenes, especialmente los más pobres, es, por tanto, el documento de identidad de la vocación salesiana, el elemento más peculiar de nuestro carisma, el punto de partida de un itinerario para compartir más y mejor el espíritu salesiano y el Sistema Preventivo.

[90]

Caridad pastoral

Para vivir su vocación, SDB y seglares entablan un diálogo cordial con todos los hombres de buena voluntad que quieren mejorar la situación de los jóvenes, especialmente más pobres, en el mundo de hoy. Siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco, eligen para sí, y proponen a los demás, la caridad como medio y método fundamental de su misión. En ese trabajo cultivan valores importantes de la espiritualid­ad salesiana: la generosidad, la solidaridad, la sencillez, la gratitud, la fidelidad, la alegría y el optimismo incluso en las horas de la cruz, manifestando así la dimensión pascual de la vida cristiana.

2.2. Espiritualidad de la relación: el espíritu de familia

[91]

San Juan Bosco, hombre de relación

El primer regalo que san Juan Bosco hace a los suyos es una relación humana serena y acogedora. El dominio de sí le permite entregarse con una eficacia extraordinaria e impregnar, gradualmente, su relación de contenido pastoral y sacramental.

      La calidad del encuentro en la educación es lo que más le preocupa. “Que todos aquellos con quienes hables se hagan amigos tuyos”, sugiere.[xlvi] "Ser amigo de Don Bosco" significa todo en Valdocco: compromiso espiritual, dicha interior, colaboración educativa, alegría de familia. Está convencido de que el espíritu salesiano “debe animar y guiar nuestras acciones y cada una de nuestras palabras”. Lo dice con fuerza cuando escribe a Juan Cagliero y Santiago Costamagna en agosto de 1885: “Que lo nuestro sea el Sistema Preventi­vo ... Caridad, paciencia, dulzura ... Que esto valga para los salesianos entre sí, con sus alumnos y con los demás, de casa o de fuera”. “Procura hacerte querer”, aconseja al beato Miguel Rúa, dejándole una especie de testamento e indicándole el secreto del arte del Buen Pastor. San Juan Bosco transmite, pues, al final de su vida una convicción profunda y una herencia riquísima: la intuición que tuvo en el sueño de los 9 años. Al dar la supremacía a las "virtudes relacionales" —como pilares del diálogo educativo y de una colaboración eficaz—, san Juan Bosco demuestra que es un excelente discípulo de san Francisco de Sales.

[92]

Una necesidad de los hombres de hoy

Hoy lamentamos una falta general de relación; la soledad hace más temible la muerte, especialmente a los jóvenes y ancianos. Las ciencias del hombre describen al hombre como un ser en relación. Desde el seno materno vive de relaciones. Una relación positiva lo construye y hace feliz; la relación negativa lo deprime y hasta puede destruirlo. En cualquier caso, la relación está en el corazón de todo acercamiento educativo, de todo esfuerzo de colabora­ción, de la serenidad familiar y de la eficacia de una comunidad educativo-pastoral. “Debemos ser hermanos de los hombres por el simple hecho de que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad y el servicio”.[xlvii]

[93]

Respuesta salesiana: el afecto ("amorevolezza")

El haber escuchado a los seglares y a los jóvenes nos ha convencido de que tienen grandes deseos de relación y de que en nuestra Congrega­ción abundan experiencias que nos hacen confiar en la posibilidad de crecer en esa dirección, manifestando en plenitud —junto con los seglares y, en primer lugar, para con ellos— las riquezas del afecto salesiano y del espíritu de familia a que da origen.

      Dicho afecto podría reducirse a un simple instrumento técnico, de captación y manipulación de la personalidad ajena, sea joven o adulta. Por ello, debe estar lleno de caridad y ser expresión de una auténtica espiritualidad relacional. Su fruto y signo es una castidad serena —tan estimada por san Juan Bosco—, que mantiene el equilibrio afectivo y la fidelidad oblativa. Robustecida y purificada así, la relación educativa se manifiesta en el encuentro personal, construye un ambiente formativo estimulante, anima a caminar en grupo y acompaña la maduración vocacional.

2.3. Compromiso en la Iglesia por el mundo

[94]

La fuerza del "da mihi ánimas" y la nueva evangelización

El da mihi ánimas llena la vida de quienes se inspiran en san Juan Bosco, y da un tono peculiar a su relación con Dios, al trato con los hermanos y a su acción en la historia mediante la aportación personal. Afecta a la contemplación no menos que a la acción, a la voluntad de hacer el bien y al esfuerzo de buscar los medios necesarios para ello.

      Como salesianos, demostramos el significado de nuestra existencia en el ardor de la caridad pastoral.

      En nuestros días se advierte una crisis cultural de grandes proporciones, a la que la Iglesia desea responder con la nueva evangelización. El corazón de la respuesta está en incultu­rar el Evangelio: es una necesidad apremiante para la Iglesia. Tanto los salesianos como los seglares están llamados a ser cada vez más conscientes del ámbito en que deben actuar: la cultura y la educación.

[95]

El reto de la cultura contemporánea

Hoy asistimos a una mayor sensibilidad social, civil y política, que obliga, a quienes se inspiran en san Juan Bosco, a prestar su misma atención a los movimientos y cambios culturales. La política del padrenuestro es, así, el proyecto de una sociedad renovada por el trabajo hecho con competencia y a conciencia, la elevación cultural y la alegría de la fe, para hacer de todos los hombres hijos iguales del mismo Padre.

      En esta tarea, la conciencia renovada del laicado trae a primer plano la responsabilidad de todos los hombres de buena voluntad. Se imponen algunas urgencias: la familia como "santuario de la vida", el respeto por la dignidad de la persona y sus derechos, la difusión de una cultura de solidaridad y de paz, la promoción humana que lleva a condiciones de vida más justas y la defensa del equilibrio ecológico. Hay que relanzar y sostener la inserción en la política directa, vivida con espíritu de servicio, para que crezca la justicia y la fraternidad con la mirada puesta en los más pobres y en los últimos.[xlviii]

[96]

Todos juntos hacia un renovado compromiso apostólico

El discernimiento de las culturas como realidad humana que hay que evangelizar requiere un nuevo tipo de colaboración entre los responsa­bles de la evangelización. Los salesianos y los seglares cristianos están llamados a poner en acción la fuerza recibida en el Bautismo: la fe; a confiar en Dios con actitudes de certeza: la esperanza, y a poner, como signo distintivo de su pertenencia a él, la disponibilidad hacia todos: la caridad.

      Debemos procurar que la fe anunciada, vivida y celebrada en plenitud, se haga cultura: los valores culturales auténticos, discernidos y asumidos a la luz de la fe, son necesarios para encarnar en la cultura el mensaje evangélico. Por ello, la comunidad educativo-pastoral debe ser “experiencia de comunión y lugar de gracia, donde el proyecto pedagógico contribuye a unir en síntesis armónica lo divino y lo humano, el Evangelio y la cultura, la fe y la vida”.[xlix]

      En este nuevo horizonte, inspirado en la palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia, se puede llevar adelante la novedad evangélica que pone en el centro la salvación de la persona, el servicio y la orientación hacia el Reino. Para los salesianos es una invitación a vivir más a fondo la radicalidad de su "seguimiento de Cristo", y para los seglares a progresar en la síntesis entre acogida del Evangelio y acción concreta.

      El programa de vida condensado en las Bienaventuranzas, que presentan los valores del Reino y del Padrenuestro, puede ser propuesto también a quienes profesan otras religiones.

2.4. Espiritualidad de la cotidiano y del trabajo

[97]

La vida ordinaria, lugar de encuentro con Dios

San Juan Bosco proponía, a sus primeros colaboradores y a los jóvenes del Oratorio, una manera de vivir en profundidad el Evangelio sin alejarse de la vida: vivir en presencia de Dios.

      La vida de cada día era para él el espacio natural del perfeccionamiento de todos los hombres, el lugar de respuesta a la vocación humana y cristiana y, para los salesianos, también religiosa.

      La intuición del valor de lo cotidiano nos lleva a valorar, con los seglares, la creación como don de Dios: la vida, la naturaleza, las cosas materiales producidas por el hombre y los relaciones interpersonales.

      Solidarios con el mundo y con su historia,[l] compartimos con los seglares las dificultades y los gozos que procura el contexto social en que vivimos, tratando de encontrar, juntos, en él los signos de la voluntad de Dios.

[98]

El don del trabajo y la competencia profesional

San Juan Bosco enseñaba a sus jóvenes a emplear el tiempo en cosas útiles a la vida personal o comunitaria de forma sana, educativa y creativa. Él mismo fue ejemplo de una vida totalmente entregada al trabajo, y quiso que sus salesianos se distinguieran por su espíritu emprendedor y por la laboriosi­dad.

      Mirando tal experiencia, vemos en Valdocco una verdadera escuela del trabajo, donde se sigue una pedagogía del deber que educa en la forma práctica de vivir la espiritualidad.

      El trabajo, concebido como parte integrante del designio de Dios para todos los hombres, nos lleva a defender la dignidad de cualquier trabajo y del hombre como sujeto del mismo. Esta conciencia valora el esfuerzo conjunto e individual de SDB y seglares para educar a los jóvenes.

      Entre nosotros, dadas las características de nuestra vocación, se requiere la competencia profesional, es decir, la mayor perfección posible en lo que se hace. Lo cual lleva consigo la voluntad de asumir la fatiga, el esfuerzo constante y la formación permanente que sea necesaria. La disciplina y el sentido del deber son para nosotros un camino de ascesis, medida concreta de nuestra maduración espiritual.

2.5.      El Sistema Preventivo:

            en permanente escucha de Dios y del hombre

[99]

Un acercamiento pedagógico que se renueva continuamente

Estamos convencidos de que la principal aportación al cambio del mundo para la llegada del Reino es la educación. “No hay duda —dice Juan Pablo II— que el primero y fundamental hecho cultural es el hombre espiritual­mente maduro, es decir, el hombre plenamente educado, el hombre capaz de educarse a sí mismo y de educar a los demás”.[li] La aportación original que podemos ofrecer nosotros a la causa de la educación se llama Sistema Preventi­vo. Éste demuestra su permanente vitalidad en su saber dar respuesta a los retos más variados. En las múltiples situaciones en que debe aplicarse, necesita continuamente de una nueva comprensión. Es la necesidad a que se refería don Egidio Viganò cuando hablaba de nuevo Sistema Preventivo.

      Elemento esencial de tal novedad es el hecho de que SDB, seglares adultos y jóvenes compartan una praxis educativa pastoral siempre en diálogo con los logros de las ciencias y con los contextos en que actúan.

[100]

Elementos centrales del Sistema Preventivo

Para garantizar la fidelidad y la fecundidad, es necesario considerar bien las intuiciones originales de san Juan Bosco, quien estaba convencido de que “este sistema se basa plenamente en la razón, en la religión y en el amor”.[lii] Estamos llamados a mirar de modo nuevo los tres fundamentos que él nos indicó.

a) Razón

Para san Juan Bosco razón es sinónimo de "conforme a razón" y persuasión, ideas que se oponen a las de constricción e imposición. La razón ayuda a valorar todas las cosas con sentido crítico y a descubrir el valor auténtico de las realidades terrenas, respetando su autonomía y dignidad secular. Capacita para descubrir y compartir el esfuerzo del hombre en el incesante y fatigoso proceso de personalización y socialización.

      San Juan Bosco demostró, más con hechos que con palabras, que, en la raíz de su sistema educativo, hay un humanismo sólido y un aprecio genuino de las realidades creadas. Ello hace del Sistema Preventivo un sistema abierto, rico de esperanza en el hombre y capaz de adaptarse a todas las situaciones culturales. Por tanto, impone una atención particular a los contextos, una lectura previa de la situación de los jóvenes y una articulación de las actuaciones educativas mediante la formulación del proyecto educativo-pastoral salesiano. Así se podrá trazar un camino educativo equilibrado, evitando los peligros del "minimis­mo", que no se atreve a proponer, y del maximalismo, que quema etapas e impone cargas insoportables.

b) Religión

La religión, entendida como fe acogida y correspondida, es el lugar donde se cruzan el misterio de Dios y el misterio del hombre, vinculado a la fragilidad de su historia y de su cultura, pero también estimulado por la seguridad de la llamada de Dios. La conciencia de tal realidad nos invita a imitar la paciencia de Dios y a acoger a jóvenes y seglares en el punto donde “se encuentra el desarrollo de su libertad”.[liii]

      Si, por un lado, debemos reconocer que tierra de misión son hoy todas las partes del mundo, por otro, tenemos que estar dispuestos a seguir caminos de educación en la fe bien estudiados y graduales.

      En los contextos cristianos todavía es posible aplicar el Sistema Preventivo con cierta plenitud y ayudar a los seglares adultos y jóvenes a descubrir el rostro de Jesucristo. La escucha y el anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos —especialmente la Eucaristía y la Penitencia—, el compromiso de la caridad y del testimonio y la dicha de vivir bajo la mirada de un Padre que nos ama, son todavía metas educativas asequibles que debemos proponer sin demasiado miedo con una actitud serenamente ecuménica.[liv]

      En los contextos secularizados, donde la cultura parece muda e incapaz de hablar del Padre de Nuestro Señor Jesucristo, habrá que cultivar el anhelo de transcendencia y las grandes demandas de sentido que plantean la vida y la muerte, el dolor y el amor, sin ocultar el rayo de luz que nos llega de la fe.[lv]

      En los contextos de las grandes religiones monoteístas y de las tradiciona­les, el primer diálogo educativo será con los seglares más próximos, para reconocer con ellos la gracia que hay en dichas religiones, alentar el deseo de oración y valorar los retazos de Evangelio y de sabiduría educativa que hay en la cultura, en la vida y en la vivencia de los jóvenes.[lvi]

      Muchas veces debemos trabajar con jóvenes y seglares, con hombres y mujeres de buena voluntad que no demuestran ninguna perte­nencia religiosa explícita. Entonces el Sistema Preventivo nos mueve a buscar y acoger la chispa de verdad que late en el corazón de cada persona y a promover el diálogo de vida —especialmente en la solicitud por la vida humana y en la promoción de la dignidad de la mujer—, que prepara el camino para compartir más a fondo.[lvii]

c) Amor

Éste se manifiesta como acogida incondicional, relación constructiva y rica en propuestas, participación en las alegrías y en los dolores, capacidad de traducir en signos el amor educativo.

      Además de invitar a cada educador a una presencia cordial y fiel entre sus jóvenes, compromete a la comunidad a crear un verdadero espíritu de familia.

      El afecto salesiano manifiesta asimismo la caridad pastoral, que crea una nueva cultura educativa “ofreciendo una aportación específica a las iniciativas de los demás educadores y educadoras”.[lviii] Junto con los seglares que se inspiran en san Juan Bosco, tenemos el deber explícito de buscar los mejores modos y caminos para trasplantar el espíritu de san Juan Bosco a la vida pública y al mundo de la cultura, de la política y de la vida social. Así podrá dar origen a la nueva educación que abre el camino a la nueva evangelización­.

      Habrá que estudiar con una atención especial cómo poner el Sistema Preventivo en manos de las familias, ayudarles a iluminar los anhelos y problemas de hoy y a crear un ambiente de alegría, diálogo y solida­ridad, haciendo así de ellas auténticas iglesias domésticas.

3. UNA PEDAGOGÍA PARA VIVIR EN COMUNIÓN

      EL ESPÍRITU Y LA MISIÓN DE SAN JUAN BOSCO

[101]

Formarnos juntos

Vivir en comunión y compartir el espíritu y la misión de san Juan Bosco supone, para nosotros, SDB y seglares, respetando siempre las normas de la Iglesia,[lix] un cambio en nuestro proceso de formación.

      Hace falta un cambio de mentalidad: crecer juntos, formarnos juntos.

      San Juan Bosco recomendaba a los Cooperadores: “Debemos unirnos unos con otros y todos con la Congregación. Unámonos, pues, buscando el mismo fin y empleando los mismos medios para conseguirlo. Unámonos como una sola familia mediante los lazos de la caridad fraterna”.[lx]

      Creemos que de este nuevo método depende buena parte del fruto que esperamos.

[102]

Pedagogía del corazón oratoriano y de la misión

El primer paso para los SDB y los seglares es conocerse y apreciarse en lo que tienen de común y en sus diferencias. El punto de encuentro es compartir el corazón oratoriano y el estilo del Buen Pastor. Tal corazón y estilo es fuente profunda de unidad para todos los llamados a trabajar con san Juan Bosco. El espíritu salesiano, vivido con sensibilidad y acentuaciones diversas, debemos explicarlo a todos en sus elementos esenciales. Pero no basta la reflexión teórica. Como san Juan Bosco, creemos que el trabajo compartido nos ofrece las mejores oportunidades metodoló­gic­as para formarnos juntos. Al compartir la misión, cada persona, cada comunidad educativo-pastoral y cada grupo salesiano hace experiencia concreta del Sistema Preventi­vo, adquiriendo la capacidad de aprender de la vida.[lxi]

[103]

Compartimos un itinerario de formación

La formación compartida debe ser un camino abierto a todos, adaptado al paso de cada uno y respetando las riquezas de toda vocación. También hay que fijar progresivamente itinerarios particulares y programados de común acuerdo. Tales itinerarios son indicaciones más detalladas de experiencias, contenidos y metas, según las situaciones particulares.[lxii]

      Nos parece importante que en dichos itinerarios se cultiven algunas actitudes:

— una atenta toma de conciencia de nuestros comportamientos relacionales y comunicativos,

— la paciencia de la escucha y la disponibilidad a dejar espacio al otro,

— la voluntad de dar confianza y esperanza,

— la disponibilidad a entrar en la lógica del intercambio de dones,

— la prontitud en dar el primer paso y en acoger siempre con bondad,

— la aceptación de la disciplina cotidiana que valora el estar juntos,

— la actitud pronta a la reconciliación.

      En este caminar juntos, cultivamos también métodos que ayuden a crecer en la espiritualidad y en la praxis salesiana:

— la Palabra de Dios puesta en el centro de la propia existencia,[lxiii]

— la vida de cada día como espacio concreto del encuentro con Dios,[lxiv]

— el conocimiento y la práctica del Sistema Preventivo en todos sus elementos,

— la asimilación de los valores salesianos siguiendo el método de la experiencia con sus diversos momentos: vivir, reflexionar, comunicar y celebrar.[lxv]

[104]

Santidad compartida

El 22 de abril de 1996 termina en Turín, con íntima satisfacción de todos, el primer paso en el camino para reconocer oficialmente la santidad de Margarita, madre de san Juan Bosco. Ello nos hace pensar, bajo un aspecto particular, en la santidad que se vivió en Valdocco. Algunos de los que compartieron la vida de la primera comunidad salesiana han sido reconocidos por la Iglesia como testigos de santidad.

      Lo cual dice que en Valdocco se respiraba un clima particular: la santidad era construida por todos, se compartía y se comunicaba recíprocamente, tanto que es imposible explicar la santidad de uno sin la de los demás.

      La meta de una formación en común, que san Juan Bosco, la Iglesia y, sobre todo, los jóvenes de hoy esperan de SDB y seglares, es el regalo de nuestra santidad personal, de la comunidad educativo-pastoral y de la Familia Salesiana: una santidad compartida.[lxvi]

[105]

Memoria

Con alegría hemos recordado nuestra rica tradición desde sus orígenes hasta hoy, don del Espíritu para nuestra misión.

Memoria:

para celebrar las grandes obras del Señor,

para guardar, como María, en la mente y en el corazón,

para repetir el "da mihi ánimas" en los caminos del tiempo

compartiendo con los seglares el corazón oratoriano,

para irradiar el carisma más allá de cualquier frontera,

para sostener por doquier la esperanza de los jóvenes,

para volver a Valdocco y de allí salir de nuevo.

NOTAS A PIE DE PÁGINA: 2ª parte, cap. 3º



[i]. Cf. MO, págs. 137-141

[ii]. Gn 1, 26

[iii]. Cf. Gn 1, 28

[iv]. Cf. Gn 2, 18

[v]. Gn 1, 31

[vi]. Cf. Gaudium et spes 92

[vii]. Cf. Gn 3, 1‑24; Sb 2, 24

[viii]. Cf. Gn 3, 15

[ix]. Cf. LG 16; NA 1, 2

[x]. En tal sentido podemos ampliar el significado del término "seglar", incluyendo a todos los que, sin pertenecer a la Iglesia Católica, desean contribuir, de uno u otro modo, al proceso de una educación plena según el espíritu de san Juan Bosco (cf. ACG 350, pág. 10 y 12).

[xi]. Cf. Hb 4, 15

[xii]. Cf. Col 1, 17. 20

[xiii]. Cf. Jn 15, 5

[xiv]. Cf. Ef 2, 14‑15

[xv]. Cf. LG 7 y 9

[xvi]. Cf. 1Co 12, 13

[xvii]. ChL 32

[xviii]. ChL 15

[xix]. Cf. LG 4

[xx]. Cf. 1Co 12, 4‑7

[xxi]. Cf. LG 31

[xxii]. Cf. Documentos de Puebla 103

[xxiii]. Cf. PO 2

[xxiv]. Cf. PO 13

[xxv]. Cf. VC 31

[xxvi]. VC 32

[xxvii]. Cf. VC 46; 51

[xxviii]. Cf. Ef 5, 32

[xxix]. Juan Pablo II, Carta a las mujeres, 10

[xxx]. Salmo 43

[xxxi]. Const. 26

[xxxii]. Cf. CGE 733

[xxxiii]. Cf. Const. HMA 2

[xxxiv]. Const. 40

[xxxv]. Identidad de la Comunión, art. 10

[xxxvi]. Cf. Identidad de la Comunión, arts. 18 ss.

[xxxvii]. CGE 152

[xxxviii]. Const 5 y 47

[xxxix]. XXIII CG 235

[xl]. Cf. MO, pág. 134 ss.

[xli]. VC 55

[xlii]. Hay esfuerzos interpretativos de calidad en algunos textos importantes: cf. las Constituciones SDB, que son nuestro principal punto de referencia; cf. también las Constituciones HMA, el Reglamento de Vida Apostólica de los Cooperadores, el documento Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana, los últimos capítulos generales; cf. también Don Egidio Viganò allUniversità Salesiana (UPS, Roma 1996), págs. 162-163

[xliii]. XXIII CG 95

[xliv]. Cf. Const. 95

[xlv]. Cf. CGE 91

[xlvi]. MB X, 1.039

[xlvii]. Pablo VI, Ecclesiam suam, núm. 82

[xlviii]. Cf. ChL 42

[xlix]. VC 96

[l]. Const. 7

[li]. Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, año 1980, núm. 12

[lii]. MB XIII, 919

[liii]. Const. 38

[liv]. Cf. XXIII CG 68‑71

[lv]. Cf. XXIII CG 76-77. 83

[lvi]. Cf. XXIII CG 72‑74. 86

[lvii]. Cf. VC 102

[lviii]. VC 96

[lix]. Cf. Código de Derecho Canónico, canon 652; canon 654 ss.

[lx]. Boletín Salesiano, enero de 1878

[lxi]. Cf. Const. 119

[lxii]. Cf. XXIII CG 109‑110

[lxiii]. Cf. XXIII CG 146

[lxiv]. Cf. XXIII CG 162

[lxv]. Cf. FSDB c. IV, núms. 130 ss.; cf. también El Salesiano Coadjutor, pág. 160   ss.

[lxvi]. Cf. Const. 25