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CG 26 "Da mihi animas, coetera tolle"

CAPÍTULO GENERAL 26 - DA MIHI ANIMAS CETERA TOLLE

DA MIHI ANIMAS CETERA TOLLE

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DA MIHI ANIMAS CETERA TOLLE

INTRODUCCIÓN

“He prometido al Señor que hasta mi último aliento, estará al servicio de mis pobres muchachos”(Memorie Biografiche XVIII, 258)

La pasión de Don Bosco por la salvación de la juventud es nuestra herencia más preciosa. El Capítulo General 26º se ha propuesto reavivarla en todo salesiano poniendo en el centro de la reflexión de las comunidades y de las Inspectorías el célebre lema de nuestro Padre y Fundador Da mihi animas cetera tolle. Así se ha iniciado un proceso de renovación interior y de reflexión, que ha desembocado en las aportaciones que han llegado a la asamblea capitular como punto de partida para sus trabajos.

Peregrinos a los lugares de Don Bosco, hemos comprendido desde el principio que el Da mihi animas cetera tolle recoge la experiencia carismática de los orígenes y el testimonio de tantos hermanos de ayer y de hoy. Y nos interroga acerca de nuestra capacidad de ser Don Bosco en nuestro tiempo y nos invita a ser entusiastas de su proyecto de santidad, testimonios gozosos y creíbles del espíritu salesiano, enamorados de Dios y entregados a los jóvenes “hasta el último aliento”. Nos encontramos así en la fuente de la vida consagrada y en el corazón de la misión, puesto que en dicho lema se concentran la mística y la ascética que caracterizan la vocación salesiana. Todo esto significa para nosotros volver a Don Bosco y volver a partir con él para ir al encuentro de los jóvenes de hoy.

Los hemos tenido presentes como principales interlocutores durante todo el tiempo del Capítulo, con el vivo deseo de revelarles el amor de Dios. La frontera juvenil está hoy más que nunca llena de desafíos y de recursos; se presenta atrayente y difícil. Es indispensable para nosotros comprender las esperanzas y las necesidades de los jóvenes, apreciar los valores a los que son más sensibles y reconocer las potencialidades que les son propias. Debemos darnos cuenta de las amenazas y de los obstáculos que deben afrontar y superar en la búsqueda de vida, en el camino de la libertad, en la experiencia del amor. Es nuestra responsabilidad vocacional aceptar el desafío de esta emergencia, no desertar de esta frontera que nos pertenece. Educación y evangelización son la aportación más grande que podemos ofrecer a los jóvenes, a la Iglesia y a la sociedad de hoy en el espíritu, con los métodos y los contenidos del sistema preventivo.

Acogiendo la invitación del Rector Mayor en la carta de convocación, hemos explicitado el “volver a partir de Don Bosco” siguiendo cuatro temas: la urgencia de evangelizar, la necesidad de convocar, la pobreza evangélica y las nuevas fronteras. No se trata de temas separados, sino de aspectos constitutivos del programa de vida espiritual y apostólica de nuestro Padre y Fundador. Son elementos de gran actualidad, de los que se derivan compromisos concretos y exigentes de renovación. Son nuestras prioridades para este momento.

Las hemos individuado poniéndonos en sintonía con la Iglesia y en la escucha de la Congregación, prestando atención a los diversos contextos regionales, recogiendo los testimonios más vivos y proféticos, confrontándonos sobre las nuevas pobrezas y sobre los desafíos que la evangelización pone a toda la Iglesia, tanto en los países de antigua tradición cristiana como en los de misión. Nos ha ayudado mucho la confrontación entre nosotros, tanto en los debates en aula como en los trabajos de comisión; pero todavía más el clima de oración y de fraternidad que ha caracterizado nuestra convivencia y sobre todo la palabra autorizada del Santo Padre Benedicto XVI.

Hemos llegado así a la redacción del texto que ahora presentamos, como memoria de nuestra experiencia y de nuestro compartir el esfuerzo realizado para descifrar e interpretar los signos de los tiempos. En él se encuentran los núcleos articulados en:

  • llamada de Dios: con la mirada dirigida, contemporáneamente, a Don Bosco y a los jóvenes, hemos hecho trabajo de discernimiento para captar qué quiere Dios de nosotros hoy;
  • situación: hemos recogido cuanto nos han hecho llegar los hermanos como fruto de su búsqueda y narración de su experiencia, y hemos individuado tanto los aspectos positivos como los problemáticos, conscientes de que Dios nos habla a través de la historia;
  • líneas de acción: decididas tras algunas notas que pueden favorecer el cambio de mentalidad y de estructuras, indican sintéticamente las principales prioridades que la Congregación pretende afrontar en el próximo sexenio; tales líneas se articulan en intervenciones que corresponden a cada salesiano, a la comunidad, a la Inspectoría, a la región y al gobierno central, proponiendo indicaciones que deben ser asumidas y concretadas en los diversos contextos.

El fruto de nuestro trabajo llega ahora a las manos de los hermanos y es una invitación a la renovación y a la fidelidad a Don Bosco y, a través de él, a Dios y a los jóvenes. Nos sirven de estímulo y de animación los hermanos, los jóvenes, los seglares y los otros miembros de la Familia salesiana, que han testimoniado con la santidad la belleza de nuestro proyecto de vida, la fecundidad del espíritu salesiano y la fuerza espiritual del Da mihi animas cetera tolle.

Los próximos años se presentan a nosotros salesianos como un tiempo de gracia. El 150º aniversario de la fundación de la Congregación en el 2009, el centenario de la muerte del beato Miguel Rua en el 2010 y el bicentenario del nacimiento de Don Bosco en el 2015 hacen del próximo período una estación extraordinaria. Tendremos ocasión de hacer memoria y de profundizar la historia de nuestra experiencia carismática, para identificarnos con ella y vivirla con la pasión y la radicalidad del Da mihi animas, cetera tolle, para proponerla y compartirla con alegría y capacidad profética. Tenemos delante de nosotros un tiempo favorable para volver a Don Bosco y volver a partir con él y como él, apasionados de Dios y de los jóvenes, atentos y dóciles al Espíritu, confiando en la presencia de la Auxiliadora. Es un camino y una gracia que queremos compartir con todos los miembros de la Familia Salesiana.

Los Hermanos  del Capítulo General 26º

 

I. VOLVER A PARTIR DE DON BOSCO

 

“Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra” (Fil 4,9)

 

 

LLAMADA DE DIOS

“El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro. Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, ‘vivía como si viese al Invisible’. Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso. ‘No dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas”. (Const. 21).

 
1. Volver a Don Bosco

Escuchando al Espíritu nos sentimos llamados a volver a Don Bosco como guía seguro para caminar siguiendo a Cristo con una pasión ardiente por Dios y por los jóvenes, sobre todo los más pobres.

Volver a Don Bosco significa amarlo, estudiarlo, imitarlo, invocarlo y hacerlo conocer, aplicándose al conocimiento de su historia y al estudio de los orígenes de la Congregación, en constante escucha de las esperanzas de los jóvenes y de las provocaciones de la cultura actual. La riqueza de las fuentes y de los estudios salesianos que ahora tenemos disponibles nos permite profundizar las motivaciones que le llevaron a determinadas opciones, las metas y los proyectos que gradualmente se fueron concretando en su acción, la síntesis original de pedagogía y pastoral que él logró inspirándose en San Francisco de Sales. Estas oportunidades nos interpelan en particular para descubrir la rica humanidad, que le hacía inmediatamente amigo de los jóvenes, y la profunda espiritualidad, que lo impulsaba cada día a dedicar su vida a la mayor gloria de Dios y a la salvación de las almas.

Volver a Don Bosco significa también profundizar las múltiples expresiones de la transmisión del carisma en los contextos culturales de los diversos países y valorizar la aportación de la experiencia vital de tantas generaciones de salesianos, entre los que sobresalen algunas figuras luminosas de santidad. Esto permite a los hermanos en cada Región redescubrir la riqueza de la tradición recibida y sacar de ella inspiración para una inculturación auténtica del carisma.

2. Volver a los jóvenes

Volver a Don Bosco significa “estar en el patio”, es decir, estar con los jóvenes, especialmente los más pobres, para descubrir en ellos la presencia de Dios e invitarlos a abrirse a su misterio de amor. Don Bosco vuelve entre los jóvenes de hoy a través del testimonio y la acción de una comunidad que vive su espíritu, animada por la misma pasión apostólica. Él recomienda a todo salesiano encontrar a los jóvenes con alegría en su vida cotidiana, comprometiéndose a escuchar sus llamadas, a conocer su mundo, a animar su protagonismo, a despertar su sentido de Dios y a proponerles itinerarios de santidad según la espiritualidad salesiana. Es siempre Don Bosco quien nos pide afrontar con audacia los desafíos juveniles y dar respuestas valientes a la crisis de educación de nuestro tiempo, realizando un vasto movimiento de fuerzas en beneficio de la juventud.

En el sueño de los nueve años, Don Bosco recibió a María como madre y maestra y se dejó guiar por ella en la misión juvenil. Por esto, también nosotros la sentimos presente en nuestras casas y la proponemos a los jóvenes como modelo espiritual y ayuda en su crecimiento

3. Identidad carismática y pasión apostólica

Profundizando el itinerario espiritual de Don Bosco y reviviendo hoy su pasión apostólica, nos sentimos llamados a hacer resplandecer la fascinación de su carisma, a mostrar su belleza, a comunicar su fuerza de atracción. Esto nos compromete a desarrollar un testimonio visible y creíble de nuestra vocación, un radical seguimiento de Cristo, un fuerte sentido de pertenencia a la Iglesia, a la Congregación y a la Familia Salesiana, una clara percepción de nuestra identidad espiritual y pastoral. Sin una propuesta carismática, cautivadora y comprometedora, es difícil el proceso de identificación vocacional.

Todo salesiano está llamado a mirar al corazón de Cristo, buen pastor y apóstol del Padre, y a ponerse en su seguimiento, tras el ejemplo de Don Bosco, con un estilo de vida obediente, pobre y casto. De este modo se dedica a los jóvenes con generosidad, vive con alegría su vocación en la comunidad y encuentra así el camino de la santidad.

Don Bosco, que entrega las Constituciones a Don Juan Cagliero, antes de partir para la Patagonia, nos indica el modo para construir hoy la “copia en limpio” de la Congregación: ser fieles a él a través de la observancia convencida de nuestra Regla de vida. Y la cruz que se nos entrega en la profesión perpetua, con las imágenes que lleva impresas, nos invita a consumir la vida con los jóvenes y para los jóvenes hasta el último aliento, asumiendo la invitación de Don Bosco a todo salesiano: trata de hacerte amar.

 

SITUACIÓN


4. Volver a Don Bosco

La persona de Don Bosco es siempre atrayente y actual. Muchos hermanos tienen el deseo de conocerlo mejor y de imitarlo en la propia vida. Es signo de ello la creciente disponibilidad para participar en momentos formativos que reclaman los orígenes del carisma. Incluso jóvenes y seglares quedan implicados en este interés renovado.

Un apoyo en el camino de profundización de nuestra experiencia espiritual y apostólica se ha ofrecido con la publicación de nuevos estudios salesianos y con la edición crítica de las fuentes históricas. Para evitar un conocimiento puramente afectivo o nostálgico, advertimos la exigencia de iluminar mejor la experiencia mística de Don Bosco y de profundizar la riqueza espiritual y pedagógica de nuestra tradición, con particular atención a la actualización e inculturación del sistema preventivo.

Son numerosos y cualificados los testimonios de estima y reconocimiento por el servicio educativo, que realizamos en contextos difíciles y con jóvenes en peligro. Las urgentes demandas de vida que tantos jóvenes nos hacen llegar suscitan en nosotros la necesidad de encontrar respuestas adecuadas y nos convencen de la eficacia y actualidad del carisma salesiano en el mundo de hoy.

5. Volver a los jóvenes

Hermanos y comunidades siguen estando generosamente entregados al servicio educativo y pastoral. Ellos realizan un trabajo intenso por los jóvenes necesitados, los pobres, las clases populares, a través de una pluralidad de obras e iniciativas. Frente a situaciones de urgencia educativa, nos dejamos interpelar y muchas veces sabemos encontrar recursos y modalidades para una respuesta adecuada.

La pasión de algunos hermanos contagia y entusiasma a tantos adultos que de colaboradores se hacen corresponsables, haciendo posible la vida y acción de las comunidades educativas pastorales. Apreciamos también la disponibilidad de muchos jóvenes para ser protagonistas, haciéndose apóstoles de sus compañeros hasta madurar opciones vocacionales de especial consagración. Pero a veces el modelo de gestión de la obra dificulta una presencia más directa de los hermanos entre los jóvenes y los seglares, absorbiendo sus energías en funciones que podrían ser confiadas a otros.

Se debe constatar que para no pocos hermanos el mundo de los jóvenes se presenta difícil y lejano, con el temor y la sensación de no estar adecuadamente preparados. La dificultad para comprender sus lenguajes acentúa la distancia cultural, que puede traducirse en distancia física y afectiva.

6.

Identidad carismática y pasión apostólica

Muchos hermanos se han comprometido en la renovación de la vida espiritual. Esto se manifiesta en el clima gozoso de muchas comunidades, en el dinamismo pastoral que las anima y en la profundidad de su vida de oración. Muchos han encontrado en el proyecto personal de vida y en el comunitario una ayuda para el propio crecimiento. Ni podemos olvidar a tantos hermanos ancianos y enfermos que viven con serenidad y espíritu de fe, que ofrecen la enfermedad por la salvación de los jóvenes, que sostienen la comunidad con la oración. Donde esto ha sucedido se ha constatado una feliz implicación de adultos y jóvenes en la única misión, sobre todo cuando se les ha ofrecido un camino formativo.

Con pena reconocemos, sin embargo, que en las comunidades han entrado modelos de vida marcados por el individualismo, la comodidad, el aburguesamiento, el inmovilismo, el rechazo de los signos visibles de la vida consagrada. Son peligros de los que ya Don Bosco había puesto en guardia a los primeros salesianos.

El activismo y el afán de eficiencia, la falta de un proyecto comunitario, el individualismo, una insuficiente o desordenada distribución de las funciones, dificultan la oración, hacen frágil la vida interior, enfrían las relaciones fraternas, disminuyen las atenciones hacia cada hermano. Debilitar la ascética del cetera tolle disminuye la pasión apostólica, que encuentra inspiración y expresión en el da mihi animas.

Estas luces y sombras de las comunidades muestran con claridad las dificultades de nuestra vida consagrada para realizar la síntesis pedida por el Concilio Vaticano II entre sequela Christi, carisma del Fundador y adaptación a las mudables condiciones de los tiempos (PC 2).

 

LÍNEAS DE ACCIÓN


7.

Procesos que hay que activar para el cambio

Para afrontar las exigencias de la llamada y los desafíos provenientes de la situación y para realizar las líneas de acción consiguientes, es necesario convertir mentalidades y modificar estructuras, pasando:

  • de un conocimiento superficial de Don Bosco, a un estudio serio y comprometido de la historia, pedagogía, pastoral y espiritualidad de nuestro Padre y Fundador y de la reflexión de la Congregación;
  • de una pastoral centrada en las actividades que desarrollar, a una pastoral más atenta para encontrar a los jóvenes donde se encuentran;
  • de la práctica habitual de la vida espiritual y de la acción pastoral, a la asunción del_ “da mihi animas, cetera tolle”_ como invocación y pasión cotidiana.

LÍNEA DE ACCIÓN 1

Ritornare a Don Bosco

8.

Comprometerse a amar, estudiar, imitar, invocar y hacer conocer a Don Bosco, para volver a partir de él.

9.

El salesiano

  • despierte en su corazón un interés renovado por un conocimiento más sistemático y profundizado de Don Bosco a través de la entrega seria y perseverante al estudio de la historia, espiritualidad, pedagogía y pastoral salesianas y del sistema preventivo para su actualización;
  • lea y medite con frecuencia las Constituciones, “verdadero testamento de Don Bosco” (Const. 196);
  • renueve su devoción personal a Don Bosco para compartir con él la pasión por Dios y por los jóvenes.

10.

La comunidad

  • haga referencia a las Constituciones en la vida de cada día: las utilice ordinariamente en las reuniones comunitarias, especialmente en las de discernimiento; escoja momentos oportunos para hacer su lectura y comentario; proponga ocasiones de revisión de vida;
  • practique la lectio divina con sensibilidad salesiana, por ejemplo, haciendo referencia a los textos de nuestra tradición y a la situación de los destinatarios;
  • prevea en el proyecto comunitario momentos específicos de formación y actualización sobre la salesianidad, para los hermanos y también para los seglares corresponsables de la misión;
  • actualice la sección salesiana en la biblioteca de la casa.

11.

La Inspectoría

  • favorezca la actualización de los hermanos y de los seglares corresponsables y de los miembros de la Familia salesiana en los estudios salesianos; promueva cursos de ejercicios espirituales con referencia, no sólo a la Palabra de Dios, sino también a las fuentes del carisma; proponga de tanto en tanto peregrinaciones a los lugares salesianos;
  • valorice la preparación inmediata a la profesión perpetua como ocasión privilegiada para profundizar temas de salesianidad y para hacer una relectura de las Constituciones;
  • procure enviar a algunos hermanos a cursos de especialización en estudios salesianos en la UPS u otros Centros, en vista de la animación inspectorial y de las exigencias de la formación
  • se comprometa a difundir el conocimiento de Don Bosco a través del uso de los media;
  • estudie y profundice la historia del carisma salesiano en el propio contexto cultural.

12.

El Rector Mayor con su Consejo

  • dedique adecuados recursos de personal a la UPS, al Instituto Histórico salesiano y a los otros Centros que se dedican al estudio y a la difusión de la salesianidad;
  • coordine y organice una colaboración entre tales Centros para profundizar teológicamente la experiencia espiritual de Don Bosco, desarrollar sus intuiciones pedagógicas y pastorales, estudiar la progresiva inculturación del carisma en los diversos contextos;
  • estudie la posibilidad de experiencias específicas de formación permanente sobre los contenidos fundamentales de la espiritualidad salesiana, con particular atención a los Directores, en preparación al bicentenario del nacimiento de Don Bosco;
  • promueva un equipo internacional de hermanos para la animación de los lugares de origen del carisma salesiano;
  • haga accesibles en las diversas lenguas y disponibles también en forma digital los textos Salesianos considerados más importantes;
  • cuide la traducción y la publicación de una colección que recoja las principales fuentes salesianas.

LÍNEA DE ACCIÓN 2

Volver a los jóvenes

13.

Volver a los jóvenes, especialmente a los más pobres, con el corazón de Don Bosco.

14.

El salesiano

  • aprenda a encontrar a Dios a través de los jóvenes a los que es mandado (cfr. Const. 95);
  • encuentre el tiempo de estar en medio de los jóvenes como amigo, educador y testimonio de Dios, sea cual sea su función en la comunidad;
  • cuando la edad, la salud u otros motivos le impiden una presencia física entre los jóvenes, coopere en la misión juvenil con la oración, el interés, la ofrenda de la propia vida.

15.

La comunidad

  • comprenda y renueve la praxis de la asistencia salesiana (cfr. Const. 39), implicando a los seglares corresponsables;
  • prevea anualmente en el proyecto de vida comunitaria algunos encuentros de formación que profundicen el tema de la condición juvenil;
  • acoja a los jóvenes tanto para momentos de compartir la vida, como para encuentros de reflexión sobre su condición;
  • programe iniciativas para encontrarlos en sus ambientes de vida.

16.

La Inspectoría

  • preste una atención constante y profundizada a la evolución de la condición juvenil en el propio territorio, en diálogo con las instituciones eclesiales y civiles;
  • estudie la posibilidad de crear centros de espiritualidad que ofrezcan a los jóvenes oportunidades de oración, propuestas de retiros y ejercicios espirituales y de educación para la escucha de la Palabra de Dios y para la vida sacramental.

17.

La región

  • favorezca la colaboración de las Inspectorías para fijar criterios y normas de comportamiento a las que deben atenerse hermanos y seglares corresponsables de la misión salesiana, para garantizar en nuestros ambientes la seguridad de los menores y para prevenir toda forma de abuso, en cumplimiento de lo que dice el CG25, 36.

18.

El Rector Mayor con su Consejo

  • potencie la presencia salesiana en las instituciones internacionales que se interesan de políticas juveniles.

LÍNEA DE ACCIÓN 3

Identidad carismática y pasión apostólica

19.

Redescubrir el significado del _Da mihi animas, cetera tolle como programa de vida espiritual y pastoral_.

20.

El salesiano

  • pida todos los días a Dios y se comprometa a vivir la gracia de unidad entre contemplación y acción apostólica, de modo que evite el riesgo de la dispersión y de la superficialidad;
  • asuma la responsabilidad de la propia formación espiritual y pastoral para una auténtica maduración vocacional;
  • mirando la experiencia de Don Bosco, tome o refuerce la práctica de hacerse acompañar por un guía espiritual;
  • apostólica con los hermanos, los seglares corresponsables, los miembros de la Familia salesiana y los jóvenes.

21.

La comunità

  • organice los ritmos cotidianos de vida de modo que todo hermano pueda participar en los momentos comunitarios y estar realmente presente entre los jóvenes;
  • cuide la calidad de la oración comunitaria y de las celebraciones litúrgicas (cfr. Const. 86);
  • dé relieve a las fiestas salesianas como ocasión de formación comunitaria y de comunicación del carisma;
  • valorice el servicio que el Director, como primer responsable de la formación, ejerce a través de las “buenas noches”, la conferencia, el coloquio personal, la animación fraterna.

22.

La Inspectoría

  • prepare hermanos para desempeñar la función de guías espirituales en las comunidades, con particular atención a las de formación inicial;
  • acompañe a las comunidades en la redacción del proyecto comunitario para que queden garantizados itinerarios de formación permanente que sirvan a los hermanos de todas las edades.
  • prevea intervenciones formativas para ayudar a los hermanos a vivir una castidad esplendente, que traduzca el amor de Dios por los jóvenes y prevenga toda forma de antitestimonio y de abuso respecto de ellos.

 

II. URGENCIA DE EVANGELIZAR

 

El hecho de predicar el Evangelio no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio. Y ay de mí si no anuncio en Evangelio”
(1 Cor 9,16)

 

 

LLAMADA DE DIOS

“’Esta Sociedad comenzó siendo una simple catequesis’. También para nosotros la evangelización y la catequesis son la dimensión fundamental de nuestra misión. Como Don Bosco, estamos llamados, todos y en todas las ocasiones, a ser educadores de la fe. Nuestra ciencia más eminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio. Caminamos con los jóvenes para llevarlos a la persona del Señor resucitado, de modo que descubriendo en Él y en su Evangelio el sentido supremo de su propia existencia, crezcan como hombres nuevos” (Const. 34).

 

23.

Comunidad evangelizada y evangelizadora

“El término evangelización tiene un significado muy rico. En sentido amplio, resume la entera misión de la Iglesia: en efecto, toda su vida consiste en realizar (…) el anuncio y la transmisión del Evangelio, que es ‘potencia de Dios para la salvación de todo el que cree’ (Rm 1,16) y que en última esencia se identifica con Jesucristo (cf. 1 Cor 1,24). (…) En todo caso, evangelizar significa no sólo enseñar una doctrina, sino anunciar al Señor Jesús con palabras y acciones, es decir, hacerse instrumento de su presencia y acción en el mundo” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización, n. 2). Insertos en la Iglesia y guiados por el Espíritu, trabajamos por la llegada del Reino de Dios, “llevando a los hombres el mensaje del Evangelio en íntima unión con el desarrollo del orden temporal” (Const. 31)

La fuente de toda la obra de evangelización está en el encuentro personal con Cristo. Tal experiencia es para nosotros un evento cotidiano que se renueva en la escucha de la Palabra de Dios, en la participación en el misterio pascual a través de la liturgia y los sacramentos, en la participación fraterna y en el servicio a los jóvenes.

María, que fue la primera en acoger y llevar el anuncio de salvación, nos enseña a realizar comunidades evangelizadas y evangelizadoras. De ella aprendemos que la profundidad de la experiencia de Dios es la raíz de la misión y que el primero y principal camino de evangelización es el testimonio de fe. Tal testimonio se hace más convincente cuando nosotros nos acercamos a los jóvenes como amigos y los acompañamos como padres y maestros, irradiando alegría y esperanza. De este modo transmitimos aquello en que creemos, y mostramos con la vida lo que anunciamos.

24.

Centralidad de la propuesta de Jesucristo

Consideramos la evangelización como la urgencia principal de nuestra misión, conscientes de que los jóvenes tienen derecho a oír anunciar la persona de Jesús como fuente de vida y promesa de felicidad en el tiempo y en la eternidad. Nuestro “objetivo fundamental está, pues, en proponer a todos vivir la existencia humana como la ha vivido Jesús. (…) Central debe ser el anuncio de Jesucristo y de su Evangelio, juntamente con la llamada a la conversión, a la acogida de la fe y a la inserción en la Iglesia; de aquí nacen luego los caminos de fe y de catequesis, la vida litúrgica, el testimonio de la caridad activa” (Benedicto XVI, Carta a don Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor de los Salesianos, con ocasión del Capítulo General XXVI, 1 de marzo de 2008, n. 4).

Por medio de la Iglesia, el Señor Jesús nos llama a realizar una nueva evangelización: “nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” (Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea del CELAM, 9 de marzo de 1983). Esto nos compromete a preparar, con creatividad y audacia, itinerarios diversificados para llevar a los jóvenes al encuentro personal con Cristo, de modo que maduren la voluntad de seguirlo y se hagan apóstoles del Evangelio, constructores de un mundo nuevo. Esta tensión es el alma de toda intervención educativa nuestra; nosotros la debemos comunicar también a los seglares, implicándolos cada vez más en tareas pastorales.

25.

Evangelización y educación

La evangelización requiere salvaguardar juntas la integridad del anuncio y la gradualidad de la propuesta. Don Bosco asumió esta doble atención para poder proponer a todos los jóvenes una profunda experiencia de Dios, teniendo en cuenta su situación concreta.

En la tradición salesiana hemos expresado tal relación de modos diversos: por ejemplo, “honrados ciudadanos y buenos cristianos”, o bien, “evangelizar educando y educar evangelizando”. Advertimos la exigencia de proseguir la reflexión sobre esta delicada relación. En todo caso estamos convencidos de que la evangelización propone a la educación un modelo de humanidad plenamente lograda y que la educación, cuando llega a tocar el corazón de los jóvenes y desarrolla el sentido religioso de la vida, favorece y acompaña el proceso de evangelización: “en efecto, sin educación no hay evangelización duradera y profunda, no hay crecimiento y maduración, no se da cambio de mentalidad y de cultura” (Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el CG 26, 31 de marzo de 2008, n. 4).

Por esto, desde el primer momento la educación debe inspirarse en el Evangelio y la evangelización debe adaptarse a la condición evolutiva del joven. Sólo así él podrá descubrir en Cristo la verdadera identidad propia y crecer hacia la plena madurez; sólo así el Evangelio podrá tocar en profundidad su corazón, sanarlo del mal y abrirlo a una fe libre y personal.

Conscientes de que estamos llamados a educar y evangelizar también mentalidades, lenguajes, costumbres e instituciones, nos comprometemos a promover el diálogo entre fe, cultura y religiones; esto ayudará a iluminar con el Evangelio los grandes desafíos que ponen a la persona humana y a las sociedades los cambios epocales y a transformar el mundo con la levadura del Reino.

26.

Evangelización en los diversos contextos

La urgencia de llevar el anuncio del Señor Resucitado nos impulsa a confrontarnos con situaciones que resuenan en nosotros como llamada y preocupación: los pueblos todavía no evangelizados, el secularismo que amenaza tierras de antigua tradición cristiana, el fenómeno de las emigraciones, las nuevas formas dramáticas de pobreza y de violencia, la difusión de movimientos y sectas. Nos sentimos también interpelados por algunas oportunidades, como el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural, la nueva sensibilidad por la paz, por la tutela de los derechos humanos y por la salvaguardia de la creación, tantas expresiones de solidaridad y de voluntariado que cada vez más se difunden en el mundo.

Estos elementos, reconocidos por las Exhortaciones apostólicas después de los Sínodos continentales, constituyen desafíos para toda la Iglesia y nos comprometen a encontrar nuevos caminos para comunicar el Evangelio de Jesucristo respetando y valorizando las culturas locales. De aquí la exigencia de que toda región e Inspectoría se esfuerce por individuar las formas más idóneas para realizar la misión común en la especificidad de los contextos.

 

SITUACIÓN


27.

Comunidad evangelizada y evangelizadora

Muchos hermanos viven con intensidad la pasión por Dios y por los jóvenes. Ésta se manifiesta en el deseo de una vida consagrada más profética, que se caracterice por la profundidad espiritual, la fraternidad sincera y el valor apostólico. De este modo, viviendo y trabajando juntos, sienten que pueden dar un testimonio auténtico y gozoso del carisma y atraer a los jóvenes a confrontarse seriamente con la propuesta cristiana y con la misma vida consagrada.

Por otra parte, hay entre nosotros superficialidad espiritual, activismo frenético, estilo de vida aburguesado, débil testimonio evangélico, entrega parcial a la misión. Esto se traduce en la dificultad para hacer ver la propia identidad de consagrados y en timidez apostólica. La complejidad de ciertas obras corre el peligro a veces de absorber las energías de los hermanos en funciones de gestión, debilitando el compromiso primario de educadores y evangelizadores.

28.

Centralidad de la propuesta de Jesucristo

La educación de los jóvenes en la fe, relanzada por el CG 23, ve el empeño generoso de muchos hermanos para proponer experiencias e itinerarios diversificados por edades, adaptados a las diversas condiciones juveniles y realidades culturales. A pesar de esto, se constata que la invitación para construir itinerarios para conducir a los jóvenes a encontrar al Señor Jesús no ha sido acogida plenamente.

Nuestras iniciativas no están siempre claramente orientadas a la educación en la fe. Los procesos de catequesis son débiles y en muchos casos no suscitan en los jóvenes una vida sacramental convencida y regular, una verdadera pertenencia eclesial y un valiente compromiso apostólico. La falta de organicidad y continuidad, fruto también de insuficiente reflexión y estudio, ha llevado a veces a actuar más una pastoral de las iniciativas y de los eventos que de los procesos. En otros casos las propuestas no han sido suficientemente insertas en los caminos de las Iglesias locales.

En muchos contextos se experimenta una cierta fatiga debida a la lejanía de la fe de los jóvenes, a las resistencias provocadas por una mentalidad secularizada difundida también entre las familias, a un respeto malentendido de las tradiciones religiosas no cristianas, a la falta de valor y de sabiduría por parte de los educadores.

29.

Evangelización y educación

Percibimos que el carisma salesiano es parte viva de las Iglesias locales y es estimado por ellas. El Sistema preventivo de Don Bosco es más actual que nunca y goza en todas partes de una gran fuerza de atracción. Muchos jóvenes están abiertos a la búsqueda de sentido de la vida y disponibles a una propuesta educativa y cristiana seria y valiente. No faltan jóvenes dispuestos a comprometerse en primera persona en la evangelización de los coetáneos, en particular en el ámbito del asociacionismo. Otros, en cambio, víctimas de la desatención educativa de la sociedad actual, necesitan nuestra ayuda para llegar al conocimiento de los profundos interrogantes que llevan también dentro de sí.

Constatamos el crecimiento numérico de seglares y de miembros de la Familia Salesiana que son corresponsables no sólo en aspectos organizativos, sino también en la asunción de funciones pastorales en nuestras obras y en el propio ambiente de vida. Pero con frecuencia no nos hemos preocupado de modo adecuado de ofrecerles una formación sistemática.

Somos herederos de una fuerte tradición en el campo de la investigación y de las publicaciones en el sector de la catequesis y de la pastoral juvenil. Sin embargo, sentimos el peligro de que se debilite dicho compromiso, dada la dificultad para encontrar y preparar personal especializado y para coordinar las iniciativas. Percibimos también la dificultad para estar presentes de modo significativo en el diálogo entre fe, cultura y religiones, que constituye hoy un desafío fundamental para nuestra misión.

Se han potenciado las instituciones de educación superior para responder a las exigencias de preparación académica y profesional de los jóvenes. Tales centros son frecuentados por estudiantes de nacionalidades, culturas y religiones diversas. Esto conlleva el compromiso de asegurar no sólo la calidad de la enseñanza y de la investigación, sino también la identidad salesiana y la propuesta de evangelización.

30.

Evangelización en los diversos contextos

En las regiones de reciente evangelización encontramos ambientes disponibles al Evangelio. La colocación popular de nuestras obras permite el contacto con tanta gente, y ofrece la posibilidad de actuar de varias formas al servicio de la fe. La missio ad gentes, que es parte esencial de nuestro carisma, sigue suscitando entusiasmo en hermanos que se ofrecen para la misión e implicando a tantos jóvenes en proyectos de voluntariado. Nos comprometemos a conocer y comprender las culturas, las lenguas, las religiones y las tradiciones locales para inculturar el Evangelio. En algunos países en vías de desarrollo hay comunidades que desempeñan un papel profético en el campo de la justicia social.

En los países de antigua tradición cristiana permanecen expresiones de religiosidad popular que son una gran riqueza para la transmisión de la fe y que merecen ser mejor custodiadas, promovidas y, donde fuera necesario, purificadas. Pero en el mundo occidental se advierte una crisis difusa de la cultura inspirada en los valores cristianos, de modo que la Iglesia ya no es una referencia autorizada para muchas personas e instituciones. De aquí, una particular dificultad en el proponer el Evangelio y en la educación en la fe.

Muchas de nuestras obras funcionan en un contexto multirreligioso, multiétnico y multicultural que presenta nuevos desafíos y oportunidades a la evangelización. Entre éstas destaca de modo particular la confrontación con el Islam, que exige la definición de estrategias adecuadas de diálogo y de anuncio. Donde no es posible un anuncio explícito o inmediato de Jesucristo, nuestra presencia de educadores cristianos constituye un signo profético y deja sembrada una semilla preciosa de evangelización.

 

LÍNEA DE ACCIÓN


31.

Procesos que hay que activar para el cambio

Para afrontar las exigencias de la llamada y los desafíos provenientes de la situación y para realizar las líneas de acción consiguientes, es necesario convertir mentalidades y modificar estructuras, pasando:

  • de una mentalidad que privilegia las funciones de gestión directa, a una mentalidad que privilegia la presencia evangelizadora entre los jóvenes;
  • de una evangelización hecha de eventos sin continuidad, a un itinerario sistemático e integral;
  • de una mentalidad individualista, a un estilo comunitario que implica a jóvenes, familias y seglares en el anuncio de Jesucristo;
  • de una actitud de autosuficiencia pastoral, a compartir los proyectos de las iglesias locales;
  • de la consideración de la eficacia de nuestra presencia en términos de estima de los demás, a su evaluación en términos de fidelidad al Evangelio;
  • de una actitud de superioridad cultural, a una acogida positiva de las culturas diversas de la propia;
  • de considerar a la Familia Salesiana sólo como oportunidad de encuentro, conocimiento e intercambio de experiencias, al compromiso de hacer de ella un verdadero movimiento apostólico a favor de los jóvenes;
  • de un modelo de evangelización dirigido sólo a la transformación de la persona, a una evangelización que mire también a la transformación de las estructuras sociales y políticas.

LÍNEA DE ACCIÓN 4

Comunidad evangelizada y evangelizadora

32.

Poner el encuentro con Cristo en la Palabra y en la Eucaristía en el centro de nuestras comunidades, para ser discípulos auténticos y apóstoles creíbles.

33.

El salesiano

  • en el proyecto de vida personal prevea el tiempo necesario para la oración individual y comunitaria, cuide la meditación de la Palabra de Dios, valorice el sacramento de la Reconciliación y dé centralidad a la Eucaristía cotidiana.

34.

La comunidad

  • en el proyecto de vida comunitario prevea iniciativas oportunas que favorezcan la centralidad de la Palabra de Dios y de la Eucaristía;
  • implique a los hermanos ancianos, según sus capacidades, en el trabajo de evangelización, para que contribuyan con su experiencia y sabiduría, incluso como guías espirituales y confesores.

35.

La Inspectoría

  • ofrezca caminos de fuerte renovación y subsidios adecuados, cuidando la calidad de los EEjercicios Espirituales, de los retiros mensuales y de la lectio divina;
  • asegure un adecuado acompañamiento formativo a los tirocinantes y a los hermanos del quinquenio.

LÍNEA DE ACCIÓN 5

Centralidad de la propuesta de Jesucristo

36.

Proponer con alegría y valor a los jóvenes vivir la existencia humana como la vivió Jesucristo.

37.

El salesiano

  • aplíquese a un estudio sistemático y espiritual de la Palabra de Dios, para asimilarla y hacer de Jesús la inspiración, el criterio y el fin de toda acción educativa pastoral;
  • dé testimonio de la fe, narrando lo que el encuentro con Cristo ha obrado en la propia vida;
  • cuide la actualización en las disciplinas que consienten una interpretación crítica de nuestro tiempo y una propuesta eficaz de la fe.

38.

La comunidad

  • formule en el proyecto educativo pastoral itinerarios de anuncio, de catequesis y de educación en la fe, adecuados a los propios destinatarios y contextos;
  • ofrezca a los seglares de la comunidad educativa pastoral, que ya han hecho una opción cristiana, una formación que los ayude a ser educadores de la fe;
  • eduque a los jóvenes en la oración personal y cuide un estilo celebrativo que comunique una experiencia auténtica del encuentro gozoso y vivo con el Señor Jesús;
  • proponga con frecuencia y sensibilidad educativa el sacramento de la Reconciliación como etapa esencial del camino de conversión y la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida cristiana;
  • promueva el asociacionismo juvenil, como lugar en el que los jóvenes sean protagonistas en el camino de fe y en el servicio a los hermanos.

39.

La Inspectoría

  • revise el proyecto educativo pastoral inspectorial en la óptica de la nueva evangelización, identificando las líneas más idóneas para llevar el Evangelio también a los ambientes y a las situaciones que presentan nuevos desafíos;
  • refuerce la preparación de los hermanos en el campo de las disciplinas pastorales: pastoral juvenil, catequética, liturgia, misiología y comunicación social.

40.

El Rector Mayor con su Consejo

  • por medio del Dicasterio de la Formación promueva una preparación teológico-pastoral más consistente en los currículos de la formación específica.

LÍNEA DE ACCIÓN 6

Evangelización y educación

41.

Cuidar en todo ambiente una más eficaz integración de evangelización y educación, en la lógica del Sistema preventivo.

42.

El salesiano

  • valorice la relación directa y cordial con todo joven como modalidad privilegiada para el testimonio y el anuncio.

43.

La comunidad

  • examine la propia acción pastoral para verificar si salvaguarda juntamente la integridad del anuncio y la gradualidad de la propuesta, según la lógica del itinerario;
  • interésese por la renovación de la catequesis y ábrase a las nuevas formas de acompañamiento de muchachos, jóvenes y adultos en el camino de la iniciación cristiana;
  • cuide la formación de la conciencia moral y eduque a los jóvenes en el compromiso social y político según la inspiración de la doctrina social de la Iglesia;
  • promueva oportunas reflexiones sobre la relación entre fe, cultura y religiones para anunciar el Evangelio dentro de las grandes cuestiones que se cruzan en la conciencia del hombre de hoy.

44.

La Inspectoría

  • se asegure de que todas las obras, a través de la acción educativa, desarrollen un trabajo real de evangelización;
  • prepare personal y promueva iniciativas de formación que ayuden a valorizar la comunicación social para la educación y la evangelización;
  • acompañe y evalúe la calidad de la enseñanza de la religión y de la catequesis en nuestros ambientes.

45.

El Rector Mayor con su Consejo

  • cuide, por medio de los Dicasterios competentes, la profundización de la relación entre evangelización y educación, para actualizar el Sistema Preventivo y adecuar el cuadro de referencia de la pastoral juvenil a las cambiadas condiciones culturales;
  • promueva, a través del Dicasterio de la Pastoral Juvenil, una reflexión sobre la aportación que el criterio oratoriano (cfr. Const. 40) puede ofrecer para la renovación de la catequesis en acto en la Iglesia.

LÍNEA DE ACCIÓN 7

Evangelización en los diversos contextos

46.

IInculturar el proceso de evangelización para dar respuesta a los desafíos de los contextos regionales.

47.

El salesiano

  • aprenda las lenguas de los pueblos con los que trabaja, con el fin de garantizar una verdadera evangelización inculturada.

48.

La comunidad

  • estudie y proyecte intervenciones, métodos y estrategias de evangelización de los jóvenes del propio contexto, en relación con la cultura y las opciones de las iglesias locales;
  • en contexto plurirreligioso forme jóvenes y adultos cristianos para ser discípulos misioneros, en el respeto de las otras tradiciones religiosas.

49.

La Inspectoría

  • acompañe a toda comunidad en el proyectar respuestas específicas a los desafíos del contexto en que trabaja;
  • proponga a hermanos y seglares iniciativas de formación sobre el tema de la inculturación de la fe;
  • promueva el espíritu misionero, ponga generosamente a disposición del Rector Mayor personal salesiano para la missio ad gentes y favorezca las vocaciones misioneras también entre los seglares y las familias;
  • eduque a los hermanos en formación inicial en la sensibilidad misionera y en el diálogo con las diversas tradiciones culturales y religiosas.

50.

La región

  • anime a las Inspectorías para que estén efectivamente en grado de promover la evangelización de modo contextualizado, siguiendo las indicaciones de las Conferencias Episcopales y de los Sínodos continentales y compartiendo las experiencias más significativas.

51.

El Rector Mayor con su Consejo

  • promueva experiencias de comunidades interculturales como signo de comunión y fraternidad y como ayuda a la evangelización en contextos pluriculturales y multiétnicos;
  • acompañe con oportunas indicaciones, a través de los Dicasterios para la misión salesiana, la acción de evangelización y educación a favor de jóvenes y familias de otras religiones.

 

III. NECESSITÀ DI CONVOCARE

 

“Levantad la vista y ved los campos ya dorados para la siega”
(Jn 4, 35)

 

 

LLAMADA DE DIOS

“Como respuesta a las necesidades de su pueblo, el Señor llama, continuamente y con variedad de dones, a seguirlo por el servicio del Reino. Estamos convencidos de que hay muchos jóvenes ricos en recursos espirituales y con gérmenes de vocación apostólica. Les ayudamos a descubrir, acoger y madurar el don de la vocación seglar, consagrada o sacerdotal, para bien de toda la Iglesia y de la Familia Salesiana. Con idéntica solicitud cultivamos las vocaciones adultas” (Const. 28).

 

52.

Testimonio como primera propuesta vocacional

Reconocemos con gratitud que la vocación salesiana es una gracia que hemos recibido de Dios. Él nos ha llamado a vivir siguiendo a Cristo obediente, pobre y casto, en una comunidad fraterna, con una misión juvenil, tras el ejemplo de Don Bosco. La generosidad de hermanos y el ejemplo de comunidades que viven la primacía de Dios, el espíritu de familia y la entrega a la misión son la primera y más hermosa propuesta vocacional que podemos ofrecer a los jóvenes.

Somos conscientes de que un joven descubre la llamada a la vida consagrada salesiana cuando encuentra una comunidad significativa, un modelo con el que identificarse, una experiencia de vida espiritual y de compromiso apostólico, la ayuda de un guía que lo acompaña para la opción de Cristo y el don de sí.

La carencia de vocaciones vivida por algunas Inspectorías, nos obliga a una exigente evaluación, nos interpela a crecer en la autenticidad de vida y en la capacidad de propuesta. En efecto, estamos convencidos de que Dios sigue llamando a muchos jóvenes al servicio del Reino y que hay diversos factores que pueden favorecer su respuesta.

53.

Vocaciones para el compromiso apostólico

Hoy sentimos más fuerte que nunca el desafío de crear una cultura vocacional en todos los ambientes, de modo que los jóvenes descubran la vida como llamada y que toda la pastoral salesiana sea realmente vocacional. Esto requiere ayudar a los jóvenes a superar la mentalidad individualista y la cultura de la autorrealización, que los impulsa a proyectar el futuro sin ponerse a la escucha de Dios; esto exige también implicar y formar familias y seglares.

Un empeño particular debe ponerse en suscitar entre los jóvenes la pasión apostólica. Como Don Bosco estamos llamados a estimular a los jóvenes a ser apóstoles de sus compañeros, a asumir diversas formas de servicio eclesial y social, a comprometerse en proyectos misioneros. Para favorecer una opción vocacional de compromiso apostólico, a dichos jóvenes se deberá proponer una vida espiritual más intensa y un acompañamiento personal sistemático.

Es éste el terreno en que florecerán familias capaces de auténtico testimonio, seglares comprometidos en todos los niveles en la Iglesia y en la sociedad y también vocaciones para la vida consagrada y para el ministerio.

54.

Acompañamiento de los candidatos a la vocación consagrada salesiana

Don Bosco, aún trabajando con incansable generosidad para promover diversas formas de vocaciones en la Iglesia, llamaba a algunos jóvenes a estar siempre con él. También para nosotros la propuesta a los jóvenes de la vocación consagrada salesiana forma parte de la fidelidad a Dios por el don recibido. A esto nos impulsa el deseo de compartir la alegría de seguir al Señor Jesús, permaneciendo con Don Bosco, para dar esperanza a tantos otros jóvenes del mundo entero.

La promoción de las vocaciones consagradas exige algunas opciones fundamentales: la oración constante, el anuncio explícito, la propuesta valiente, el discernimiento diligente, el acompañamiento personalizado. La oración debe ser compromiso cotidiano de las comunidades y debe implicar a jóvenes, familias, seglares, grupos de la Familia Salesiana. El anuncio pide valorizar las múltiples ocasiones vocacionales que se presentan a lo largo del año litúrgico. La propuesta y el discernimiento requieren aquella cercanía cordial que suscita confianza y permiten intuir las señales de vocación que un joven puede manifestar. El acompañamiento exige ayudar a los jóvenes a intensificar la vida espiritual, a experimentar formas adecuadas de apostolado, a vivir la experiencia de comunidad, a conocer la Congregación, a verificar las motivaciones y a activar las dinámicas que llevan a una decisión.

Reconocemos la exigencia de que toda Inspectoría tenga comunidades vocacionales o aspirantados que acojan a los jóvenes interesados en confrontarse con la vida consagrada salesiana. En la animación vocacional debe ser valorizada, con modalidades diversas, la aportación indispensable de las familias.

55.

Las dos formas de la vocación consagrada salesiana

Don Bosco quiso que la Congregación se caracterizase por la presencia complementaria de salesianos laicos y ministros ordenados. Por esto estamos llamados a dar prioridad y visibilidad a la unidad de la consagración apostólica, aún realizándola en las dos formas diversas. Podemos hacer esto reforzando la primacía de Dios y el seguimiento radical de Cristo como fundamento de nuestra vida.

La consagración apostólica salesiana da una particular connotación educativa al modo de ser ministro ordenado poniendo el anuncio de la palabra, la celebración litúrgica y la guía de la comunidad al servicio del crecimiento de los jóvenes; ésta es la aportación específica que él debe ofrecer a las comunidades educativas pastorales y a las Iglesias locales.

La misma consagración caracteriza al salesiano coadjutor, haciendo de él un educador y un evangelizador a tiempo pleno, capaz de llevar a todos los campos educativos y pastorales el valor de su laicidad y de estar cercano a los jóvenes y a las realidades del trabajo (cfr. Const. 45).

Conscientes de que la Congregación pondría en peligro su identidad si no conservase esta complementariedad, estamos llamados a profundizar la originalidad salesiana del ministerio ordenado y a promover con mayor empeño la vocación del salesiano coadjutor.

 

SITUACIÓN


56.

Testimonio como primera propuesta vocacional

Numerosos hermanos viven gozosamente y se comprometen a crear un ambiente favorable al nacimiento de las vocaciones. La actitud de muchos salesianos que acogen a los jóvenes con gestos sencillos pero significativos, como el saludo cordial, el entretenimiento amigable, la presencia animadora, es testimonio vocacional. El ejemplo de una ancianidad serena y activa y la ofrenda paciente de los hermanos enfermos, que saben dar a su vida “un nuevo significado apostólico” (Const. 53), puede comunicar a los jóvenes la belleza de una existencia entregada y todavía fecunda.

La carencia de vocaciones ha sensibilizado comunidades y hermanos para reflexionar acerca del modo de hacer animación vocacional hoy. Muchas comunidades rezan por las vocaciones, invitando también a jóvenes, seglares y familias, con diversas modalidades de oración y celebración.

Nuestra vida, por otra parte, no siempre manifiesta la centralidad de Dios y un estilo inspirado en las bienaventuranzas. A veces no estamos disponibles para acoger a los jóvenes en comunidad. Encontramos también dificultad para garantizar un acompañamiento educativo y espiritual. El individualismo pastoral debilita el valor del vivir y trabajar juntos y hace poco creíble la invitación a participar en nuestra vida fraterna. Los comportamientos no coherentes con la vida consagrada, en particular con el voto de castidad y las salidas de la Congregación, influyen negativamente en las opciones de los jóvenes. También la cultura difundida por los media, que muchas veces banalizan la afectividad y ofrecen una imagen falsa del consagrado, constituye un obstáculo para identificarse con esta vocación.

57.

Vocaciones para el compromiso apostólico

Numerosas comunidades se han comprometido a dar importancia a la dimensión vocacional de la pastoral juvenil. A pesar de ello, se constata el riesgo de la improvisación y de reducirse a aprovechar alguna ocasión: con frecuencia se proponen experiencias significativas pero aisladas, fruto de actividades no coordinadas entre pastoral juvenil y animación vocacional.

La crisis de la familia, la difusa mentalidad relativista y consumista, el influjo negativo de los media en la conciencia y en los comportamientos constituyen un fuerte obstáculo para la cultura vocacional. No siempre hemos sensibilizado oportunamente a las comunidades educativas pastorales en la dimensión apostólica y vocacional, ni siempre hemos valorizado la corresponsabilidad de los seglares y la colaboración con los grupos de la Familia Salesiana.

La presencia de tantos muchachos en nuestros ambientes es ocasión para cultivar el diálogo educativo, entrar en clima de confianza, ayudarlos a descubrir el designio de Dios sobre su vida, invitarlos al don de sí. Pero no siempre sabemos suscitar en ellos el deseo de hacerse apóstoles entre los compañeros, proponiendo caminos espirituales y compromisos de servicio diversificados. De este modo, corremos el peligro de aplastar el nivel de la propuesta y de no saber suscitar vocaciones apostólicas, privándonos del contexto natural en que pueden madurar vocaciones de especial consagración.

58.

Acompañamiento de los candidatos a la vida consagrada salesiana

Hay algunas Inspectorías que tienen un compromiso vocacional bien estructurado y compartido. Han activado grupos de búsqueda, retiros espirituales de carácter vocacional, experiencias de voluntariado vocacional, comunidad propuesta y nuevas formas de aspirantado. También utilizan los medios de la comunicación social para favorecer el conocimiento del carisma de Don Bosco.

Está bastante difundida la práctica de hacer que se encuentren los hermanos en formación inicial con los jóvenes en búsqueda vocacional; esto resulta particularmente útil porque, a través de semejante testimonio, los jóvenes pueden descubrir la vida consagrada como una modalidad atrayente de vida cristiana.

Los adolescentes y los jóvenes son generosos, pero sienten dificultad para asumir un compromiso continuado. La mentalidad del reclutamiento lleva a veces a tener candidatos a la vida consagrada con fragilidad en las motivaciones. Por desgracia, algunos jóvenes entran en las fases formativas sin tener la idoneidad suficiente. Sobre otros pesa una situación familiar difícil, que es preciso conocer e integrar de modo que no ponga en peligro su maduración. La animación vocacional está orientada casi exclusivamente a los estudiantes, mientras descuidamos a los jóvenes obreros.

En el acompañamiento espiritual se encuentra a veces falta de preparación en los salesianos. Además, en la organización de las iniciativas y de las propuestas vocacionales se notan todavía debilidades tanto a nivel inspectorial como local. Cuando no hay continuidad en los proyectos, el cambio de cargo de los hermanos comprometidos en la animación vocacional resulta particularmente delicado. En algunas Inspectorías no hay comunidades de acompañamiento vocacional.

59.

Las dos formas de la vocación consagrada salesiana

Muchos salesianos presbíteros viven su ministerio efectivamente al servicio de los jóvenes, con estilo educativo fiel a las intuiciones de Don Bosco. Pero en algunos casos existe un genericismo pastoral y una asunción parcial de la identidad carismática. Esto invita a caracterizar cada vez mejor los itinerarios de la formación específica.

La vocación del salesiano coadjutor con frecuencia no es conocida, porque sucede que es poco visible y escasamente presentada. Esto depende, entre otras cosas, de su colocación principalmente en funciones de gestión y no directamente en la actividad juvenil. En los aspirantados, prenoviciados y noviciados la figura del coadjutor no siempre es presentada con la importancia adecuada. En algunos contextos permanece el prejuicio de que la vocación del salesiano sacerdote es más importante que la del coadjutor. También la disminución de nuestra presencia entre los jóvenes obreros ha incidido negativamente en la propuesta de tal vocación.

Donde, por el contrario, un número significativo de salesianos coadjutores cultural y profesionalmente calificados está puesto en cargos de responsabilidad, se favorece la visibilidad de esta vocación y se suscita en los jóvenes el deseo de seguirla. Positivo ha sido el nacimiento, en todas las regiones, de la fase de la formación específica del salesiano coadjutor.

 

LÍNEA DE ACCIÓN


60.

Procesos que hay que activar para el cambio

Para afrontar las exigencias de la llamada y los desafíos provenientes de la situación y para realizar las líneas de acción consiguientes, es necesario convertir mentalidades y modificar estructuras, pasando:

  • de considerarnos protagonistas de la animación vocacional, a reconocernos humildemente como mediadores del obrar de Dios;
  • de una propuesta ocasional y genérica, a un proyecto esmerado y bien cuidado que cree una cultura vocacional;
  • de una animación vocacional gestionada por individuos particulares, a proyectos compartidos con los grupos de la Familia Salesiana y con la Iglesia local;
  • de un planteamiento de la animación vocacional como respuesta al problema de la carencia de vocaciones, al gusto renovado de ayudar a los jóvenes a descubrir el proyecto de Dios;
  • de una mentalidad de delegación de la animación vocacional a pocos encargados, a la implicación de todo hermano, comunidad y seglares;
  • de una animación vocacional separada de la pastoral juvenil, a una animación entendida y vivida como coronación de la pastoral juvenil misma.

LÍNEA DE ACCIÓN 8

Testimonio como primera propuesta vocacional

61.

Testimoniar con valor y con alegría la belleza de una vida consagrada, entregada totalmente a Dios y a la misión juvenil.

62.

El salesiano

  • mantenga viva la conciencia del don de la propia vocación, asumiendo una actitud de agradecimiento en relación con Dios;
  • se comprometa en el testimonio de una vida gozosa y comparta la propia historia vocacional cuando se presente la oportunidad;
  • cuide la fidelidad vocacional por medio de un constante recurso al acompañamiento espiritual;
  • en los momentos de dificultad valorice también las ayudas ofrecidas por las ciencias humanas;
  • rece cotidianamente por las vocaciones;
  • en la estación de la ancianidad y en el tiempo de la enfermedad transforme la paciencia requerida por el malestar y por los sufrimientos en confiada ofrenda por las vocaciones.

63.

La comunidad

  • abra la casa a los jóvenes, particularmente a los que están en discernimiento vocacional, invitándolos a compartir los principales momentos de la vida comunitaria;
  • sostenga la maduración afectiva de los hermanos, ayudándolos sobre todo en los momentos difíciles;
  • realice anualmente un escrutinio sobre el propio testimonio de vida;
  • proponga ocasiones de oración por las vocaciones, implicando también a los jóvenes.

64.

La Inspectoría

  • promueva entre los hermanos un fuerte sentido de pertenencia para testimoniar el valor del vivir y trabajar juntos.

LÍNEA DE ACCIÓN 9

Vocaciones para el compromiso apostólico

65.

Suscitar en los jóvenes el compromiso apostólico por el Reino de Dios con la pasión del _da mihi animas cetera tolle y favorecer su formación_.

66.

El salesiano

  • esté convencido de que todo joven tiene una misión de Dios y acompáñelo para descubrirla.

67.

La comunidad

  • elabore una propuesta de animación vocacional adecuada al contexto, implicando a la comunidad educativa pastoral, a la Familia Salesiana, teniendo presente las opciones de la Iglesia local y garantizando adecuados recursos económicos;
  • cuide la pastoral familiar mediante experiencias de encuentro, reflexión, oración, para que los padres estén abiertos a la vocación de los hijos;
  • valorice los recursos apostólicos y vocacionales del asociacionismo, del voluntariado y de la animación misionera;
  • aproveche las oportunidades ofrecidas por el año litúrgico para la animación vocacional;
  • presente con convicción la figura del salesiano cooperador, como propuesta de vocación apostólica laical.

68.

La Inspectoría

  • elabore una propuesta de animación vocacional dentro del proyecto educativo pastoral inspectorial;
  • asegure las condiciones para que el Director pueda desempeñar la función de primer animador vocacional y refuerce la figura del coordinador pastoral de cada obra;
  • ofrezca a los jóvenes experiencias de servicio apostólico, de asociacionismo y de voluntariado;
  • colabore con los grupos de la Familia Salesiana, con la Iglesia local y con otros institutos de vida consagrada en la promoción vocacional;
  • favorezca la actualización de lo s salesianos y de los seglares corresponsables sobre el discernimiento y sobre el acompañamiento;
  • invierta adecuados recursos económicos y de personal para las iniciativas de animación vocacional.

LÍNEA DE ACCIÓN 10

Acompañamiento de los candidatos a la vida consagrada salesiana

69.

Hacer la propuesta explícita de la vida consagrada salesiana y promover nuevas formas de acompañamiento vocacional y de aspirantado.

70.

El salesiano

  • aprenda a reconocer los signos de vocación que los jóvenes manifiestan y preocúpese de proponerles la vida consagrada salesiana;
  • esté disponible para el acompañamiento espiritual, cuidando la propia preparación.

71.

La comunidad

  • organice encuentros y grupos vocacionales con un itinerario para el discernimiento y el acompañamiento;
  • dirija a los jóvenes disponibles a participar en las propuestas inspectoriales de discernimiento vocacional para la vida consagrada salesiana;
  • valorice las fiestas y los días de nuestros santos y los aniversarios de las profesiones y de las ordenaciones como ocasión de animación vocacional;
  • favorezca el compartir experiencias sobre el modo de acompañar a los jóvenes en el camino vocacional.

72.

La Inspectoría

  • estudie la posibilidad de nuevas formas de aspirantado para tener una o más comunidades donde realizar el acompañamiento vocacional de los jóvenes candidatos;
  • favorezca la reflexión y la colaboración entre pastoral juvenil y formación;
  • proponga iniciativas de animación vocacional para todas las franjas de la edad evolutiva, con atención a la maduración afectiva;
  • colabore con los grupos consagrados de la Familia Salesiana para propuestas vocacionales dirigidas también a las jóvenes;
  • prevea propuestas vocacionales específicas para los jóvenes inmigrados de familias católicas o de minorías étnicas y para los autóctonos.
  • en el discernimiento vocacional tenga en cuenta principalmente los criterios indicados en la Ratio;
  • implique a los hermanos jóvenes en la animación vocacional a nivel local e inspectorial.

73.

El Rector Mayor con su Consejo

  • promueva por medio de los Dicasterios para la pastoral juvenil y la formación una reflexión sobre nuevas formas de aspirantado y sobre el acompañamiento espiritual y ofrezca a las Inspectorías las oportunas indicaciones;
  • estudie con los Dicasterios de la formación, de la pastoral juvenil y de las misiones los problemas referentes a la edad de los candidatos, los itinerarios específicos para vocaciones autóctonas, los criterios para la aceptación de cuantos provienen de otras experiencias vocacionales.

LÍNEA DE ACCIÓN 11

Las dos formas de la vocación consagrada salesiana

74.

Promover la complementariedad y la especificidad de las dos formas de la única vocación salesiana y asumir un compromiso renovado por la vocación del salesiano coadjutor.

75.

El salesiano

  • valorice y promueva la unicidad de la vocación consagrada salesiana en sus formas complementarias.

76.

La comunidad

  • acompañe a los hermanos ordenados para que desempeñen su ministerio de acuerdo con el carisma educativo, privilegiando los compromisos pastorales directamente orientados a los jóvenes;
  • favorezca la presencia de los hermanos coadjutores entre los jóvenes en funciones de animación educativa pastoral y no sólo en ámbitos organizativos y administrativos;
  • haga conocer la figura del salesiano coadjutor, presentando los modelos más significativos de esta vocación.

77.

La Inspectoría

  • haga de la celebración de la profesión perpetua una ocasión oportuna para profundizar y proponer la complementariedad de las dos formas de vocación salesiana;
  • favorezca, donde sea posible, la presencia de salesianos coadjutores en los diversos servicios de animación inspectorial, particularmente en la animación vocacional y en la comisión inspectorial para la formación;
  • sostenga la formación específica del salesiano coadjutor, que se está realizando a nivel regional o interregional.

78.

El Rector Mayor con su Consejo

  • promueva una reflexión seria y actualizada sobre la complementariedad y especificidad de las dos formas de vocación consagrada salesiana de la Congregación.

 

IV. POBREZA EVANGÉLICA

 

Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y dáselo a los pobres, así tendrás una riqueza en el cielo; y luego vuelve y sígueme”
(Mt 19, 21)

 

 

LLAMADA DE DIOS

Don Bosco vivió la pobreza como desprendimiento del corazón y servicio generoso a los hermanos, con estilo austero, industrioso y rico de iniciativas, Siguiendo su ejemplo, también nosotros vivimos desprendidos de todos los bienes terrenos, y participamos con espíritu emprendedor en la misión de la Iglesia y en su esfuerzo por la justicia y la paz, sobre todo educando a los necesitados. El testimonio de nuestra pobreza, vivido en la comunión de bienes, ayuda a los jóvenes a vencer el instinto de posesión egoísta y les abre al sentido cristiano del compartir” (Const. 73).

 

79.

Testimonio personal y comunitario

Al asumir nuestra condición humana, el Señor Jesús escogió nacer y vivir pobremente, se confió totalmente al Padre y compartió la situación de vida de los más pobres, proclamándolos bienaventurados como destinatarios de la buena noticia y herederos del Reino. Pidió a algunos dejarlo todo para seguirlo más de cerca, anunciando con la vida que Dios es la verdadera riqueza. De esta llamada nace la pobreza del salesiano que expresa el abandono confiado en el Padre, la cercanía y el servicio a los pobres, la bienaventuranza de una existencia repleta del amor a Dios y a los hermanos.

Don Bosco, hombre de orígenes humildes, experimentó desde niño las incomodidades y los valores de una existencia pobre. En la escuela de mamá Margarita aprendió a gustar el trabajo y la sobriedad, la serenidad en las pruebas y la solidaridad con los necesitados. Poniendo total confianza en la Providencia, decidió vivir pobremente y gastar todas sus propias energías por los jóvenes a los que Dios le había enviado: “Yo por vosotros estudio, por vosotros trabajo, por vosotros vivo, por vosotros estoy dispuesto incluso a dar mi vida” (Const. 14). El desprendimiento de todo lo que hace insensibles respecto de Dios y obstaculiza la misión es el significado profundo del cetera tolle y constituye el criterio para evaluar nuestro modo de vivir la pobreza.

La primera manifestación de la pobreza es la entrega total de sí a Dios, en la disponibilidad a las exigencias de los jóvenes; esto conlleva la renuncia de sí mismos y de los proyectos individuales para compartir los de la comunidad. Conscientes de la advertencia de Don Bosco acerca de las comodidades y del bienestar, estamos llamados a vivir un estilo de vida austero, a asumir un trabajo incansable sin ceder al activismo, a mantener libre el corazón del apego a bienes e instrumentos. En particular la comunidad se siente llamada a buscar formas institucionales de testimonio que expresen una pobreza creíble y profética.

80.

Solidaridad con los pobres

En virtud de nuestra vocación, estamos llamados a cultivar una escucha atenta y partícipe del grito de los pobres y a proponerles el anuncio del Reino como fundamento de la verdadera esperanza y levadura de un mundo nuevo. Esto comporta la opción preferencial por los jóvenes más necesitados, la atención a sus necesidades, compartir su situación, superar una mentalidad asistencial y paternalista, el compromiso de hacerlos protagonistas de su desarrollo.

Fieles a nuestro carisma, no nos contentamos con ofrecer ayudas inmediatas, sino que pretendemos denunciar y contrastar las causas de la injusticia, contribuyendo a crear una cultura de la solidaridad, educando la conciencia moral, la ciudadanía activa, la participación política, el respeto del ambiente, proponiendo iniciativas y proyectos de intervención, colaborando con organismos e instituciones que promueven la vida. Dicho compromiso requiere renovar en las comunidades y en los ambientes educativos la sensibilidad sobre estas temáticas y superar el aburguesamiento que provoca indiferencia ante el drama mundial de la pobreza.

81.

Gestión responsable y solidaria de los recursos

Don Bosco nos recuerda que “no es nuestro lo que tenemos, sino de los pobres. ¡Ay de nosotros si no lo empleamos bien!” (Const. 79). La práctica de la pobreza requiere una gestión de los recursos confiados a nosotros, coherente con los fines de la misión, responsable, transparente y solidaria. Esto significa, entre otras cosas, un rendir cuentas de modo claro y completo, un uso racional y óptimo de los inmuebles, una capacidad de iniciativas para encontrar los recursos necesarios que garanticen la estabilidad de las obras, el respeto de las normas en los contratos de trabajo, la atención a las condiciones del ambiente social en el que estamos situados, el descubrimiento del valor de la gratuidad en la hospitalidad y en algunas prestaciones, la solidaridad con las comunidades, las Inspectorías y la Congregación.

Los desafíos de la ilegalidad tan difusa, de la injusticia planetaria y del acaparamiento de los bienes por parte de pocos nos llaman a denunciar estos escándalos y a elaborar una cultura de la esencialidad, de la justa distribución de los recursos y del desarrollo sostenible. La pobreza asume de este modo una fuerte valencia educativa: afirma la primacía del ser sobre el tener, realiza una auténtica solidaridad cristiana con los pobres, contesta estilos de vida consumistas.

 

SITUACIÓN


82.

Testimonio personal y comunitario

En general, los hermanos dan un buen testimonio de trabajo generoso y de entrega gratuita hasta la edad avanzada, poniendo al servicio de los pobres lo que son y lo que tienen; no obstante la caída numérica de los hermanos, las comunidades llevan adelante muchas obras en diversos frentes.

A veces corremos el peligro de reducir el ejercicio de la pobreza a la dependencia del superior; se constata también una gestión irregular del dinero y de cuentas personales. No siempre la sobriedad se vive en la comida, en la habitación, en los viajes, en el uso de los instrumentos de comunicación, en la organización de los tiempos de descanso, en el cuidado de la propia salud. En algunos contextos se verifica un exagerado apego y apoyo a la familia de origen, no coherentes con el voto de pobreza.

En numerosas comunidades se vive compartiendo los bienes y se ayuda a las familias menesterosas. Hay hermanos que se prestan para el cuidado y la manutención de la casa, pero el aumento del personal estipendiado corre el peligro de debilitar la corresponsabilidad en los servicios comunes. Cuando falta la implicación en la gestión económica de la comunidad y no hay una suficiente información, algunos no se dan cuenta de las dificultades de la casa, de los costes de la vida, de los problemas cotidianos afrontados por los pobres. No siempre el scrutinium paupertatis logra modificar praxis incorrectas.

En la formación inicial parece que a veces falta la atención a la pobreza evangélica vivida concretamente en lo cotidiano; se conocen las implicaciones del voto de pobreza, pero no se aprende prácticamente a pensar y a vivir como pobres.

83.

Solidaridad con los pobres

Son numerosas las intervenciones para contrastar las formas más graves de pobreza, como la acogida de los inmigrados, los proyectos de apoyo al desarrollo, la ayuda a los pueblos probados por la guerra y por calamidades naturales, la promoción humana en los territorios de misión. Es importante el trabajo que desarrollamos en las instituciones escolásticas para educar en las exigencias de la justicia y en la causa de la paz; en ellas proponemos la cultura de la solidaridad con iniciativas a favor de los más necesitados y de los excluidos. Trabajamos por los pobres, pero a veces no a su lado y con ellos: en efecto, no siempre estamos atentos a favorecer su protagonismo en los proyectos de desarrollo. Se nota en algunos hermanos la resistencia a ir hacia los jóvenes más necesitados, a ofrecerse para nuevas presencias en el frente de las pobrezas juveniles.

Las estructuras imponentes, a veces ya no significativas en relación con el contexto social, los medios frecuentemente costosos y llamativos, un uso incorrecto del dinero, corren el peligro de no dar testimonio de pobreza comunitaria e institucional. Algunas obras iniciadas a favor de los más pobres, gradualmente se han ido dirigiendo a las clases medias.

84.

Gestión responsable y solidaria de los recursos

Se han hecho muchos esfuerzos para conseguir una mayor transparencia en la administración, en particular adoptando una redacción más esmerada del balance consuntivo, un mejor uso de los edificios, un creciente respeto de la normativa vigente, una activa solidaridad a nivel inspectorial. Nos anima el hecho de que bienhechores privados, instituciones eclesiásticas y públicas sigan teniendo confianza en nuestro trabajo y nos proporcionen fondos para sostener nuestras obras.

Para la gestión de los recursos económicos no siempre tenemos la competencia necesaria; a pesar del empeño para calificar a los ecónomos, no todos gozan de una preparación adecuada. Está poco difundida la práctica del presupuesto preventivo. En la relación con los dependientes se nota a veces un estilo patronal, poco respetuoso de su dignidad; es preciso recordar siempre la práctica de una más atenta justicia social en relación con ellos. Cuesta también trabajo corresponsabilizar a los seglares en las opciones de gestión.

Las urgencias y la complejidad creciente de ciertas actividades corren el riesgo de transformar la obra salesiana en una empresa, con el peligro de un excesivo funcionalismo y de búsqueda de la eficacia, sobre todo cuando se debilitan las finalidades pastorales. En la conducción de proyectos de grandes dimensiones, relativos a nuevas estructuras y reestructuraciones, se corre el peligro de perder energías, tiempo y dinero.

 

LÍNEA DE ACCIÓN


85.

Procesos que hay que activar para el cambio

Para afrontar las exigencias de la llamada y los desafíos provenientes de la situación y para realizar las líneas de acción consiguientes, es necesario convertir mentalidades y modificar estructuras, pasando: 

  • de una entrega apostólica poco convencida, a la entrega incondicional a las exigencias de la misión;
  • de una estima teórica y de una observancia formal de la pobreza, a la práctica efectiva y a la verdadera libertad interior en el espíritu de las bienaventuranzas;
  • de un conocimiento genérico y sin contacto con las situaciones de pobreza, a una solidaridad concreta con los pobres y un mayor compromiso por la justicia social;
  • de una mentalidad local, cerrada en sí misma, a una solidaridad inspectorial y mundial;
  • de una competencia inadecuada, a un acercamiento más profesional en la gestión y administración;
  • de una gestión de los recursos con mentalidad de patronos, a la conciencia de que somos administradores de bienes que se nos han confiado.

LÍNEA DE ACCIÓN 12

Testimonio personal y comunitario

86.

Dar un testimonio creíble y valiente de pobreza evangélica, vivida personal y comunitariamente en el espíritu del Da mihi animas cetera tolle.

87.

El salesiano

  • cultive el desapego interior recordando las palabras de Don Bosco: “la pobreza hay que tenerla en el corazón para practicarla”;
  • exprese la pobreza con un trabajo asiduo y sacrificado, huyendo de la pereza y del frenesí; se preste también para los trabajos y los servicios de casa;
  • tenga cuidado de la propia salud y programe, de acuerdo con la comunidad, los oportunos tiempos de descanso;
  • viva la templanza querida por Don Bosco con un tenor de vida sobrio en la comida, vestido, viajes, muebles, uso de los instrumentos de trabajo, de los media y del tiempo, aceptando con madurez la incomodidad por la falta de algún bien útil o necesario;
  • vuelva a descubrir las exigencias de la dependencia del superior y de la comunidad (Const. 75) y del compartir los bienes como piden las Constituciones (cfr. Const. 76); rinda cuentas de los bienes recibidos por cualquier título.

88.

La comunidad

  • asegure que todos los hermanos conozcan y pongan en práctica las indicaciones del directorio inspectorial – sección pobreza y administración, en particular las que se refieren al uso personal de los bienes y de los instrumentos tecnológicos;
  • haga con diligencia anualmente el scrutinium paupertatis en vista de un testimonio más creíble;
  • prepare el presupuesto anual, presente el balance consuntivo, informe regularmente a los Hermanos sobre la situación económica y los sensibilice sobre los costes de la vida; entregue puntualmente a la Inspectoría el dinero de la gestión que resultase excedente (cfr. Reg. 197).

89.

La Inspectoría

  • elabore un plan de solidaridad económica que garantice una justa distribución de los recursos y defina los criterios para asegurar un tenor de vida común entre las diversas comunidades;
  • cuide que haya coherencia entre las indicaciones sobre la pobreza que se proponen a los hermanos en formación inicial y la práctica efectiva de cada uno y de las comunidades.

LÍNEA DE ACCIÓN 13

Solidaridad con los pobres

90.

Desarrollar la cultura de la solidaridad con los pobres en el contexto local.

91.

La comunidad

  • exprese la solidaridad con los pobres no sólo con la beneficencia, sino también con opciones que incidan en nuestro tenor de vida;
  • eduque, en colaboración con la comunidad educativa pastoral, en la cultura de la solidaridad ayudando a los jóvenes a interpretar con espíritu crítico los fenómenos económicos y sociales de nuestro tiempo, implicándolos en iniciativas y proyectos de promoción y desarrollo favoreciendo la adhesión a iniciativas justas de solidaridad;
  • eduque en el respeto de la diversidad étnica y religiosa y promueva el espíritu de fraternidad.

92.

La Inspectoría

  • prevea para los hermanos en formación inicial experiencias al servicio de los jóvenes más menesterosos;
  • escoja las áreas de mayor pobreza al abrir nuevas obras.

93.

El Rector Mayor con su Consejo

  • ayude a las Inspectorías a crecer en el compromiso a favor de la justicia social;
  • apoye las instituciones que promueven los derechos de los jóvenes y, cuando sea posible y oportuno, tome posición en nombre de la Congregación contra su violación.

LÍNEA DE ACCIÓN 14

Gestión responsable y solidaria de los recursos

94.

Administrar los recursos de modo responsable, transparente, coherente con los fines de la misión, activando las necesarias formas de control a nivel local, inspectorial y mundial.

95.

La comunidad

  • verifique periódicamente objetivos y estrategias de la obra, para evitar que llegue a ser una actividad empresarial más que un servicio de educación y evangelización;
  • asegure que el movimiento financiero de todos los sectores de la obra dependa del departamento administrativo (Reg. 198), que el inventario esté actualizado, y que en la alternancia del personal administrativo se transmitan todas las informaciones necesarias;
  • garantice una buena planificación y gestión del personal dependiente, respetando y haciendo respetar derechos y deberes sancionados por la legislación;
  • sea responsable de la planificación, ejecución y asesoramiento de los trabajos de construcción y de manutención, de acuerdo con el ecónomo inspectorial (Reg. 195);
  • estudie la propia situación económica, para asegurar la perduración de la obra y, si depende de ayudas externas, para orientar planes de financiación autosuficiente;
  • preste atención a un uso justo y correcto de los financiamientos provenientes de otras entidades o instituciones;
  • respete las intenciones de los bienhechores.

96.

La Inspectoría

  • acompañe con la ayuda de seglares competentes, de confianza y partícipes de nuestro espíritu, la gestión económica de cada casa y haga las evaluaciones necesarias;
  • promueva la sensibilidad ética en la gestión y en el uso de los medios financieros, valiéndose de las profesionalidades disponibles en tal ámbito;
  • haga de modo que las estructuras de nuestras obras sean idóneas para la realización de la misión, sean utilizadas adecuadamente y estén cuidadas en la manutención;
  • tenga en cuenta, al solicitar financiamientos, las líneas operativas del proyecto orgánico inspectorial, para evitar poner en marcha iniciativas y estructuras no sostenibles en el tiempo;
  • reflexione sobre la formación inicial respecto de la pobreza, ayudando a los hermanos a usar correctamente tiempo, bienes y dinero; ofreciendo nociones esenciales de contabilidad y gestión; implicándolos en la conducción de la casa;
  • eduque las comunidades en la sensibilidad ecológica, secundando las iniciativas que en el territorio se ponen en acto para el respeto del ambiente, el uso de la energía alternativa y la economía de los recursos;
  • estudie la posibilidad de contratos comunes para la adquisición de bienes y la gestión de los consumos y los proponga a la comunidad en vistas de un ahorro.

97.

El Rector Mayor con su Consejo

  • solicite una más concreta solidaridad de recursos y de personal entre las Inspectorías y las regiones, incluso sirviéndose de la fórmula del hermanamiento;
  • vigile para que la gestión de los recursos financieros de las Inspectorías se realice de modo ético y solidario;
  • asegure una efectiva supervisión del modo de obrar de los economatos inspectoriales, verificando al mismo tiempo el proceso de actuación de los proyectos financiados por la Congregación;
  • dé indicaciones para que la distribución de la beneficencia se haga a través de los canales institucionales a nivel de Dirección General y de Inspectoría; vigile para que haya una justa distribución de los recursos y se respeten las intenciones de los bienhechores;
  • por medio del Dicasterio de la Comunicación Social estudie la oportunidad de utilizar el sistema Free-Libre Open Source Software y dé indicaciones a las Inspectorías.

 

V. NUEVAS FRONTERAS

 

“El Espíritu del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido y me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres” (Lc 4,18)

 

 

LLAMADA DE DIOS

“Nuestra acción apostólica se realiza con pluralidad de formas, determinadas en primer lugar por las necesidades de aquellos a quienes nos dedicamos, Actuamos la caridad salvífica de Cristo organizando actividades y obras de carácter educativo-pastoral, atentos a las necesidades del ambiente y de la Iglesia. Sensibles a los signos de los tiempos, las verificamos, renovamos y creamos otras nuevas con espíritu de iniciativa y ductilidad constante. La educación y la evangelización de muchos jóvenes, sobre todo entre los más pobres, nos mueven a llegarnos a ellos en su ambiente y a acompañarlos en su estilo de vida con adecuadas formas de servicio” (Const. 41).

 

98.

Prioridad principal: los jóvenes pobres

Don Bosco, yendo por las calles de Turín, vio las necesidades de la “juventud en peligro” y respondió prontamente a sus necesidades, abriendo nuevos frentes de compromiso y lanzándose aún con “temeridad” con tal de “ganar almas para Dios”. Al recorrer los caminos del mundo, también nosotros nos encontramos en los rostros de los jóvenes inmigrados, a muchachos explotados por el turismo sexual y por el trabajo de menores, a tóxico-dependientes, a enfermos de SIDA-HIV, a inadaptados sociales, a desocupados, a víctimas de la violencia, de la guerra y de los fanatismos religiosos, a niños soldado, a muchachos de la calle, a disminuidos físicos y psíquicos, a jóvenes en peligro. Quedamos impresionados por algunos lugares de marginación en los que los jóvenes viven, como las periferias de las ciudades y los barrios de chabolas, y por algunas situaciones de marginación como las de los refugiados, de los indígenas, de los gitanos y de otras minorías étnicas. Reconocemos también las esperanzas de los jóvenes espiritual y culturalmente pobres, que solicitan nuestro compromiso: jóvenes que han perdido el sentido de la vida, carentes de afecto a causa de la inestabilidad de la familia, desilusionados y vacíos por la mentalidad consumista, indiferentes religiosamente, desmotivados por el permisivismo, por el relativismo ético, por la difundida cultura de muerte.

Don Bosco se sintió mandado por Dios a responder al grito de los jóvenes pobres e intuyó que, si era importante dar respuestas inmediatas a sus malestares, todavía lo era más prevenir las causas. Siguiendo su ejemplo, queremos ir a su encuentro, convencidos de que el modo más eficaz para responder a sus pobrezas es precisamente la acción preventiva. Por esto, reconocemos la necesidad de profundizar su sistema educativo para explicitar las funciones en orden a la superación del malestar y de la marginación juveniles: educación ética, promoción de la dignidad de la persona, compromiso socio-político, ejercicio de la ciudadanía activa, defensa de los derechos de los menores, lucha contra la injusticia y construcción de la paz. Reconociendo que en los jóvenes pobres se encuentran apertura y disponibilidad para el Evangelio, les anunciamos con valor a Jesucristo y les proponemos caminos de fe.

99.

Altre priorità: famiglia, comunicazione sociale, Europa

Una particular atención hay que reservar para la situación actual de la familia, que es el sujeto originario de la educación y el primer lugar de evangelización. Toda la Iglesia ha tomado conciencia de las graves dificultades en las que ésta se encuentra y advierte la necesidad de ofrecer ayudas extraordinarias para su formación, su desarrollo y el ejercicio responsable de su misión educativa. Por esto, también nosotros estamos llamados a hacer de modo que la pastoral juvenil esté cada vez más abierta a la pastoral familiar.

También nos sentimos interpelados por las nuevas tecnologías de la comunicación social y por los desafíos educativos que proponen. Las oportunidades comunicativas de hoy son para los jóvenes un modo habitual para encontrarse, intercambiar mensajes, participar con rapidez y movilidad, pero también de modo impersonal y virtual. La cultura de los personal media puede poner en peligro la maduración de la capacidad de relación y expone sobre todo a los jóvenes al peligro de encuentros y dependencias fuertemente negativas; es en este “patio” donde debemos hacernos presentes para escuchar, iluminar, orientar.

Compartimos la preocupación de la Iglesia por los resultados del Evangelio en el mundo occidental y, de modo particular, en Europa. En efecto, se va debilitando cada vez más la referencia a las raíces cristianas que han contribuido a la identidad del continente, han inspirado el pensamiento, las costumbres y el arte, han orientado la historia de los pueblos, han enriquecido la Iglesia con figuras espléndidas de santidad, y nutrido durante siglos el impulso misionero en todo el mundo. En virtud de la interdependencia entre los pueblos, el destino de Europa implica al mundo entero y llega a ser preocupación de la Iglesia universal. Se abre así una nueva frontera respecto del pasado; para nosotros Salesianos es una invitación cada vez mayor a “dedicar una creciente atención a la educación de los jóvenes en la fe” (Ecclesia in Europa n. 61).

100.

Nuevos modelos en la gestión de las obras

La atención a las nuevas fronteras nos compromete a renovar nuestra mentalidad, cultivando la corresponsabilidad en los proyectos, que no son nunca de uno sino de la comunidad salesiana y de la comunidad educativo pastoral. Las nuevas necesidades de los jóvenes piden el desapego personal de funciones, situaciones y vínculos que amenazan la real disponibilidad al cambio, como también el valor apostólico que dispone a repensar iniciativas y obras para responder mejor a sus demandas.

Un nuevo modelo de gestión de las obras requiere que se garantice la consistencia cuantitativa y cualitativa de la comunidad; la corresponsabilidad real de los hermanos y de los seglares; la disponibilidad del Director para su deber primario; la promoción de nuevas formas de presencia más flexibles; el proyectar conjuntamente con la Familia Salesiana y el trabajo en red con otras organizaciones y agencias educativas, en sinergia con la Iglesia local y la sociedad.

Esto consentirá dar vida a “nuevas presencias”, o sea a proyectos inéditos en respuesta a las necesidades emergentes, o renovar las obras y las propuestas ya existentes de modo que se transformen en “presencias nuevas”, es decir, más eficazmente orientadas a la misión.

 

SITUACIÓN


101.

Prioridades principales: los jóvenes pobres

Es amplia la atención a tantas formas de pobreza presentes hoy en el mundo y, en particular, a las que amenazan el presente y el futuro de los jóvenes. Fuerte es el compromiso de la Congregación a favor del crecimiento humano y de la promoción social en las áreas donde es más evidente la pobreza. En nuestras casas los jóvenes son acogidos sin discriminaciones y nuestro servicio educativo pastoral se ofrece a todos. Particularmente eficaces son las obras que preparan a los jóvenes al mundo del trabajo ofreciendo profesionalidad y acompañamiento

En las Inspectorías han surgido experiencias positivas para responder a las pobrezas emergentes. Se desarrolla el trabajo en red, en colaboración con la Familia Salesiana, con educadores y voluntarios de las comunidades educativas pastorales, con sujetos del mundo eclesial, social y asociativo, con organizaciones no gubernativas. Aspectos positivos que favorecen la apertura a las nuevas fronteras son la crecida capacidad de pensar y obrar por proyectos, la confianza y la disponibilidad de las instituciones privadas y públicas, el compromiso de investir en la formación para capacitar a salesianos y seglares a dar respuestas adecuadas.

Por otra parte, existe una cierta resistencia a renovar, recalificar, convertir nuestra mentalidad. Resulta débil todavía la formación de salesianos y seglares para saber leer los signos de los tiempos y evitar el peligro del alejamiento de los jóvenes. Además, a veces, nuestro compromiso educativo no logra llegar a quien está fuera de nuestro ambiente. Para responder a las nuevas pobrezas, las Inspectorías a veces se han confiado a la iniciativa de algún hermano sensible y no siempre han puesto en acto iniciativas programadas conjuntamente.

102.

Otras prioridades: familia, comunicación social, Europa

Particular preocupación suscita, en casi todos los contextos, la situación de la familia. Ésta está amenazada no sólo por el difuso relativismo ético, sino también por procesos de deslegitimación institucional. Se llega hasta la disgregación y el reconocimiento de otras formas de uniones, con consecuencias graves en el plano educativo, como el abandono de los menores, las convivencias impuestas, las violencias interfamiliares. Por esto, en las Inspectorías ha crecido la atención a la familia, que es el punto de referencia esencial para la educación, pero los compromisos asumidos hasta ahora son todavía insuficientes.

Han crecido la sensibilidad y el compromiso de la Congregación en el frente de la comunicación social. Son señales de ello, por ejemplo, la institución de la Facultad de Ciencias de la comunicación social en la UPS, la activación de diversos proyectos para la educación en el uso crítico de los media, la creciente presencia de sitios institucionales en internet, la mayor familiaridad con la red informática tanto para los intercambios personales como para la formación a distancia, el nuevo planteamiento del Dicasterio para la comunicación social. Sin embargo, tenemos conciencia de que son múltiples los mundos virtuales habitados por los jóvenes y que no siempre somos capaces de compartirlos y de animarlos por falta de formación, de tiempo y de sensibilidad.

En los últimos decenios hemos asistido a una progresiva debilitación de la presencia salesiana en algunas naciones de Europa. La preocupante caída de las vocaciones ha comprometido a los hermanos a mantener lo más posible las presencias implicando a los seglares, a redefinir los límites de las Inspectorías, a construir proyectos comunes para responder mejor a los desafíos de la educación y de la evangelización. Se percibe que no es sostenible semejante esfuerzo sin un proyecto valiente por parte de toda la Congregación.

103.

Nuevos modelos en la gestión de las obras

En el trabajo a favor de los jóvenes pobres, en algunas Inspectorías se han obtenido buenos resultados formando, implicando y corresponsabilizando a los seglares. Se trata de una atención cada vez más extendida, pero todavía no adecuadamente asumida en todas nuestras presencias.

A veces se encuentra un modelo organizativo que no ha sabido renovarse según la exigencia de los tiempos: permanece una mentalidad heredada con el estilo tradicional de dirección de las casas. Esto se manifiesta, por ejemplo, en el planteamiento rígido de las actividades, en la insuficiente atención a los ritmos de vida de los jóvenes, en la lentitud para recolocar o recalificar presencias y obras, en la dificultad para corresponsabilizar a los seglares en la toma de decisiones.

Para adecuarnos a las cambiadas condiciones de los tiempos con frecuencia hemos adoptado la estrategia de ampliación de las obras, llevándolas a dimensiones difíciles de gestionar y ya no en grado de responder a las nuevas pobrezas con la agilidad y la urgencia que éstas requieren.

 

LÍNEA DE ACCIÓN


104.

Procesos que hay que activar para el cambio

Para afrontar las exigencias de la llamada y los desafíos provenientes de la situación y para realizar las líneas de acción consiguientes, es necesario convertir mentalidades y modificar estructuras, pasando:

  • de una atención ocasional a los jóvenes pobres, a proyectos precisos y duraderos a su servicio;
  • de una mentalidad asistencial, a la implicación de los jóvenes pobres para que sean protagonistas de su desarrollo y se comprometan en el ámbito socio político;
  • de una intervención directa por las víctimas de la injusticia, a un trabajo en red para combatir sus causas;
  • de una pastoral juvenil no suficientemente atenta a los contextos familiares, a una mayor inversión de energías a favor de la familia;
  • de una actitud tímida y de una presencia esporádica en los media, a un uso responsable y a una animación educativa y evangelizadora más incisiva
  • de una situación de debilitamiento progresivo de las obras en algunos países de Europa, a un relanzamiento del carisma;
  • de la tendencia a concentrarse en la gestión de obras ya consolidadas, a una flexibilidad valiente y creativa;
  • de una acción educativa autosuficiente, al trabajo en red con cuantos están preocupados por las necesidades de los jóvenes.

LÍNEA DE ACCIÓN 15

Prioridades principales: los jóvenes pobres

105.

Tomar opciones valientes a favor de los jóvenes pobres y en peligro.

106.

La comunidad

  • afronte las nuevas pobrezas que viven los jóvenes del contexto y mantenga viva la sensibilidad para las formas más graves;
  • exprese la predilección por los pobres, proyectando con la comunidad educativa pastoral iniciativas explícitamente dedicadas a los jóvenes más pobres de la zona;
  • se sienta particularmente solidaria con las obras de la Inspectoría dedicadas a los más pobres;
  • busque respuestas a las pobrezas espirituales de los jóvenes, proponiendo experiencias y recorridos que despierten la dimensión religiosa de la vida y los ayuden a descubrir a Jesús como Salvador.

107.

La Inspectoría

  • garantice que en el proyecto orgánico inspectorial haya obras explícitamente dedicadas a los jóvenes más pobres y en peligro y prepare personal calificado;
  • asegure que en el proyecto educativo pastoral de cada obra se ofrezca una propuesta de promoción humana y de educación en la fe adecuada a la situación de los jóvenes más pobres;
  • tome con valor, donde es necesario, la decisión de recolocar y reajustar sus obras para que estén al servicio de los jóvenes pobres y de las clases populares;
  • estudie la posibilidad de activar proyectos y de crear espacios para ofrecer a los jóvenes una alternativa a formas de diversión física y moralmente peligrosas;
  • promueva la defensa de los derechos de los menores y de los jóvenes y denuncie su violación con valor profético y sensibilidad educativa.

LÍNEA DE ACCIÓN 16

Otras prioridades: familia, comunicación social, Europa

108.

Asumir una atención privilegiada a la familia en la pastoral juvenil; potenciar la presencia educativa en el mundo de los _media; relanzar el carisma salesiano en Europa_.

109.

La comunidad

  • implique y forme a los padres en la acción educativa y evangelizadora de sus hijos;
  • promueva itinerarios de educación afectiva sobre todo en la edad de la adolescencia y acompañe a los jóvenes en la experiencia del noviazgo, valorizando la aportación de los padres, de los seglares corresponsables y de los miembros de la Familia Salesiana;
  • favorezca las nuevas formas de evangelización y de catequesis de las familias y por medio de las familias;
  • prevea proyectos educativos para ayudar a los jóvenes a un uso crítico y responsable de los diversos tipos de personal media (mass, folk., personal, convergentes, etc.) y anime su protagonismo en el ámbito de la comunicación social y de la expresión juvenil y popular;
  • use las tecnologías de la comunicación social para dar mayor visibilidad a la propia presencia y para difundir el carisma.

110.

La Inspectoría

  • coordine y sostenga los esfuerzos de las comunidades educativas pastorales en la educación afectiva de los jóvenes y en el acompañamiento de los novios;
  • defina una estrategia realista para favorecer una presencia educativa más incisiva en el mundo de los media y de las expresiones artísticas juveniles y populares, y prepare personal especializado en este ámbito;
  • promueva juntamente con los seglares y con la Familia Salesiana proyectos de pastoral familiar.

111.

El Rector Mayor con su Consejo

  • ofrezca, a través del Dicasterio de la pastoral juvenil, orientaciones sobre los itinerarios de educación afectiva de los jóvenes, para sostener el compromiso de las Inspectorías y de las comunidades;
  • reflexione, por medio de los Dicasterios para la comunicación social, la formación y la pastoral juvenil, sobre los nuevos desafíos de la cultura de los personal media para la formación de los salesianos, para la preparación de los seglares, para la ayuda a los jóvenes;
  • defina la naturaleza y los objetivos de la intervención de la Congregación para una renovada presencia salesiana en Europa.

LÍNEA DE ACCIÓN 17

Nuevos modelos en la gestión de las obras

112.

Revisar el modelo de gestión de las obras para una presencia educativa y evangelizadora más eficaz.

113.

La Inspectoría

  • refuerce la consistencia cuantitativa y cualitativa de la comunidad salesiana y la ayude a discernir cuál es su responsabilidad principal en la animación de la obra;

  • indique las intervenciones necesarias para iniciar “nuevas presencias” o para renovar las ya existentes de modo que estén mejor orientadas a la misión;

  • revise la distribución de las responsabilidades en cada comunidad, verifique el funcionamiento de los Consejos en los diversos niveles para que el Director pueda desempeñar su función primaria;

  • reflexione sobre la complejidad de las obras y marque en el proyecto orgánico inspectorial formas más ágiles de presencia;

  • solicite y valorice la aportación de la Familia Salesiana en vistas de un proyecto común de la presencia en el territorio;

  • favorezca el trabajo en red con sujetos de la Familia Salesiana, de la Iglesia y de la sociedad.