Rettor Maggiore

Saludo del Rector Mayor al Capítulo General XXIII del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora 2014

Saludo del Rector Mayor al Capítulo General XXIII del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora

Muy Querida Madre Yvonne, Mis queridas Hermanas Capitulares:
Es para mí un honor y una alegría poder estar presente entre vosotras, en este inicio del XXIII Capítulo General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, en un momento histórico tan especial, como es el inicio de la celebración del año Bicentenario del nacimiento de Don Bosco, en este año que comenzaremos dedicado a la Vida Consagrada, y en representación no sólo de la Congregación Salesiana, sino de toda nuestra Familia extendida por el mundo, por más que  los diversos hermanos y hermanas de cada ‘rama’ de este gran árbol, se hagan presentes de muchas maneras.
Por medio de estas palabras, quisiera  unirme a todas vosotras en la Acción de Gracias al Señor porque, en su Espíritu, sigue haciendo cosas grandes en su Iglesia, en nuestra Familia Salesiana, y de manera muy particular lo seguiréis comprobando al miraros como Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, ‘monumento viviente a María’.
Quiero, al mismo tiempo, expresar nuestra fraternidad y comunión, diciéndoos que no sólo la Congregación Salesiana en el mundo, sino toda la Familia Salesiana que formamos, estamos con vosotras, nos unimos a vuestra plegaria, a vuestras búsquedas de estos meses, y a la esperanza con la que afrontáis esta llamada del Espíritu Santo que es vuestro CG XXIII.
Finalmente, me permito compartir la comunión que he sentido al leer la visión que habéis proyectado en el Instrumento de Trabajo, fruto  de las aportaciones de los capítulos inspectoriales y de la elaboración de las dos comisiones.
Comienzo por subrayar cuánto me ha agradado lo que varias veces se expresa en dicho documento y en la última carta de la Madre: esa conciencia de haber sido llamadas a testimoniar hoy la fuerza profética del espíritu salesiano vivido en Valdocco y en Mornese por Don Bosco y Madre Mazzarello, y que a las puertas de este CG XXIII se concreta en el tema: “essere oggi con i giovani casa che evangeliza”. En este sentido, cada Capítulo General es una maravillosa oportunidad para ponerse en marcha y poner “los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una “simple administración”. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un “estado permanente de misión”[1], nos dice el Papa Francisco.
Así hemos intentado vivir nosotros sdb nuestro CGXXVII, y estoy convencido, Hermanas, que este es vuestro deseo actual viviendo “como un tiempo de novedad del Espíritu Santo la celebración del CGXXIII, en la certeza de que no sólo las 194 FMA reunidas en Roma desde el 8 de septiembre al 15 de noviembre, sino cada FMA è sollecitata ad accompagnarne il percorso da vicino”[2].
Sin duda, inmersas en los diálogos y las reflexiones, bajo la guía del instrumento de trabajo, os dejaréis orientar por la perspectiva a la que invita nuevamente el Papa, de las periferias geográficas y existenciales de la misión confiada a las Hijas de María Auxiliadora, con una mirada preferencial por los pobres, por los últimos, mirada que, sin duda, tocará una vez más vuestros corazones e invitará a procesos de cambio y de conversión pastoral. Porque es muy cierto, Hermanas, -y así se lo manifesté a la Asamblea de nuestro CG27-, que los  jóvenes, y en especial los más pobres, nos evangelizan. Ellas y ellos son y han de ser “il nostro roveto ardente” (Cfr. Es 3,2) y por medio de ellos nuestro Dios nos habla, y en las jóvenes, los jóvenes, nos espera. Se stiamo con loro e in mezzo a loro, sono essi i primi che ci fanno del bene, ci evangelizzano e ci aiutano a vivere veramente il Vangelo col carisma salesiano.
Y es el mismo Señor quien nos invita a todos, a todas y siempre, a la renovación y conversión, de modo que antes de abandonarse en programaciones y estrategias, tendréis necesidad, seguramente, de hacer experiencia del mismo Señor, aquí en el Capítulo, que invita a salir e vi impegna a rinnovarvi. Lo que producirá renovación, no serán, en primer lugar,  las programaciones y proyectos sino mirar la realidad y la Misión con la mirada de Dios[3], y yo os deseo de todo carazón, Hermanas mías, esta Gracia del Señor al Instituto como un primer fruto muy importante del Capítulo.
Estoy seguro que con esa actitud de Fe, dirigiréis vuestra mirada a las comunidades, a las presencias evangelizadoras y misioneras de cada una de las Inspectorías en todo el mundo, y junto con las inevitables limitaciones de todo situación humana, encontraréis tantos signos de vitalidad, con gioia per la crescita del senso della comunità educante, con tanti laici e laiche con chi si condivide la misione… En este contexto me permito compartir con vosotras algo que llevo muy en el corazón cuando contemplo la Congregación Salesiana y de alguna manera a nuestra Familia. Se trata de lo siguiente, Hermanas:
Estoy convencido que todo intento de radicalidad en nuestra vida consagrada, todo intento por ser realmente casa que evangeliza, todo intento duradero de opción por los jóvenes y entre ellos los más pobres, pasa a través de una de las partes esenciales que constituyen nuestra vida religiosa salesiana: la fraternidad, puesto que el Señor os ha dado hermanas a las que Amar, y hemos de seguir creciendo affinché realmente la nostra vita comunitaria abbia tutta la forza di attrazione che ha la Fraternità vissuta secondo il Vangelo, fino al punto di essere ‘irresistibile’ nella sua attrazione.
Per questo, vi confesso che una delle mie maggiori inquietudini, è quella di pensare, vedere, immaginare, comunicarci in che modo possiamo camminare nella direzione adeguata, di fronte a questa realtà, a volte debole. Sorelle, tante volte la nostra comunione di vita viene sacrificata da altre cose! Mi chiedo, per esempio, perché noi, che dovremmo essere degli esperti in umanesimo, soprattutto per la nostra condizione di educatrice, educatori dei giovani, abbiamo a fianco nelle nostre comunità, a volte nel refettorio o in stanze contigue, dei confratelli, dei sorelle che sono feriti nel loro cuore, lacerati dalla solitudine e dalla disillusione, fratelli e sorelle che hanno voluto essere felici come salesiani, come figlie di Maria Ausiliatrice, e non lo sono. È vero che questa non è tutta la realtà, anzi al contrario, però è anche una realtà presente e dovrebbe bastarci un solo caso, un solo confratello, una sorella ferita perché sanguinasse il cuore un po’ a tutti. Nel nostro caso credo che si potrebbe qualificare come peccato, se a parole o coi fatti o con i silenzi, rispondessimo come Caino di fronte alla domanda del Signore “Dov’è tuo fratello?” Non lo so – rispose – Sono forse io il custode di mio fratello?” (Gn 4,9). Sì, lo siamo! Non custodi, ma curatori di lui.
En este sentido, siempre me ha impresionado de Madre Mazzarello esa capacidad de creer en profundidad en el valor de las personas, de modo que confiando siempre en la Gracia del Señor,  su mirada era realista y optimista en relación a las hermanas que le habían sido confiadas; su toque (tocco) materno la hace atenta a cada una y muy capaz de intuir cuándo sería el momento oportuno para intervenir, para consolar, animar, entusiasmar, corregir. “Sempre le isa chinarsi sulle persone, cogliendole nella loro situazione esistenziale con uno stile di delicata amorevolezza”[4].
Secondo me, y a la luz de toda la historia de nuestro carisma salesiano, una nostra grande sfida, che fa possibile o dificulta tutta la nostra rinovazione è questa: Fare delle nostre Comunità un vero spazio di vita di comunione. Come passare da una vita in comune con momenti stabiliti, regolamenti, pianificazioni – che certamente ci possono essere di aiuto – a una vita di comunione? Senza dubbio ciò supporrà conversione personale e pertanto comunitaria, occorrerà un impegno affettivo ed effettivo per portare avanti questo intento; si tratta di un processo che richiede da noi di ammettere che ognuna delle tappe della nostra vita è un’opportunità per crescere, per aprirsi alla novità di un incontro più autentico con i altri con la forza che dà Dio, per rendere più visibile la sua presenza tra noi. “La fraternità –se lee en vuestro documento-, es en efecto la profezia che il mondo oggi comprende in modo più immediato[5]”, y por eso decís también que  “nel constesto odierno, tanto diverso da quello delle origini, continuiamo a vivere lùnica passione educativa che scaturisce dal da mihi animas cetera tolle e dalla consegna  a te le affido. Ci confrontiamo con la comunità delle origini per attingere ispirazione per oggi in prospettiva futura. È come un tornare a casa per ritrovare la propia identità e le propie radici (Circolare n.934)… La prima comunità di Mornese rispolende agli occhi desi testimoni como “casa dell’amore Dio” della gioia, del dono di sé, del silenzio, della semplicità…. e il linguaggio della gioia e dellàutenticità parla più di molti discorsi ed educa le giovani a seguire il Signore condividendo lídeale delle loro educatrici”[6].
Y otro fruto que sin duda se desprenderà de la iluminación del Espíritu en  vuestro trabajo Capitular, creo que será el movimiento de todo el Instituto, a la luz de vuestros trabajos y reflexiones, para ser verdaderamente proféticas en vuestras opciones,  en la libertad con la que dejarse llevar por el Espíritu, en verificar cómo son tantos y tan evidentes los  signos de esperanza, en caminar hacia la capacidad de crecer en una acogida incondicional con los jóvenes y las jóvenes, con la singularidad de una maternidad espiritual que encuentra en María, la Madonna su inspiración, y en Maín un modelo de vivencia real de la misma.
Sin duda que ese deseo de ser hoy con los jóvenes casa que evangeliza os pedirá a vosotras, como nos pide a todos en la vida religiosa, una opción siempre valiente encaminada hacia una vida en la radicalidad evangélica, en superar nostalgias del pasado para seguir avanzando hacia un presente y un futuro cargado de fecundidad.
De todo corazón os deseo, Hermanas queridas, una renovada audacia que sea fruto, precisamente de esa libertad que invocáis  como palabra iluminadora de vuestro trabajo, cuando, recogido del Papa Francisco, decís que “Non c’è maggior libertà che quella di lasciarsi portare dallo Spirito, rinunciando a calcolare e controllare tutto, e permettere che Egli ci illumini, ci guidi, ci spinga dove Lui desidera. Egli sa bene ciò di cui c’è bisgono in ogni época e in ogni momento”[7].
Que el Espìritu sea el verdadero protagonista de vuestro CG XXIII. Os acompaño y acompañamos, toda la Familia Salesiana en este momento especial, importante y de Gracia. Contáis con nuestro afecto y oración, e invocamos a la Auxiliadora para que os siga cuidando como Hijas muy queridas, y a Don Bosco y Madre Mazzarello para que con su intercesión ante el Padre y su protección, podáis far risplendere nell’oggi quel Monumento vivente di riconoscenza all’Ausiliatrice.
Que al igual que aquellos discípulos que en el camino de Emaús han vivido una experiencia de vida transformadora, vosotras tengáis la fuerza de adherir totalmente a la persona de Jesús y asumir con gozo la misión que os asigna: continuar su presencia y ser  Buena Noticia con los jóvenes y para los jóvenes, como discípulas misioneras, haciendo siempre sentir a todos, a todas, el estar en casa y viendo en el encuentro con los jóvenes el lugar apostólico del encuentro con Jesús[8].
Que el Señor os bendiga. Que seáis realmente hoy con los jóvenes casa que evangeliza.
 Feliz y fructuoso Capítulo General.

 

[1] EG 25, citando al mismo tiempo la V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Documento de Aparecida), 201 y 551

[2] Carta 947 de la Madre (Castelgandolfo, 16 julio 2014)

[3] Instrumento de trabajo del CGXXIII, Nº 12

[4] CON TE, MAIN, SUI SENTIERI DELLA VITA. Sussidio Progetto Mornese. Istituto Figlie di Maria Ausiliatrice, 121

[5] Strumento di lavoro, nº 56

[6] Strumento di Lavoro, nº 49

[7] Evangelli Gaudium, 280

[8]  Strumento di lavoro, nº 7