Przełożony Generalny

Un saludo cordial y afectuoso desde Roma, al término del Capítulo General 27

Mis queridos hermanos y hermanas:

Un saludo cordial y afectuoso desde Roma, al término del Capítulo General 27 de los salesianos de Don Bosco. Es el primer mensaje que os dirijo como Rector Mayor y quiero, en primer lugar, expresaros mi agradecimiento por tantas muestras de cercanía y de amistad como me habéis hecho llegar en estas primeras semanas de mi servicio. Me siento muy feliz por poder contar con vosotros y estoy seguro de que , con la ayuda del Señor, viviremos una etapa de gran comunión con la entera familia salesiana para seguir respondiendo juntos a los desafíos de los jóvenes más pobres en este tiempo tan cargado de expectativas y posibilidades.

Deseo también dedicar, desde estas páginas del Boletín Salesiano, unas palabras de reconocimiento a Don Pascual Chávez Villanueva que con tanta dedicación y generosidad ha desempeñado el ministerio de Rector Mayor hasta ahora. Han sido doce años de trabajo incansable en los que le ha puesto rostro a Don Bosco entre nosotros y nos ha legado un magisterio fecundo y luminoso. Su profundo pensamiento bíblico-teológico, su constante invitación a volver a Don Bosco y el impulso de la entera familia salesiana quedarán siempre en nuestra memoria como rasgos característicos de su rectorado. Le agradecemos su bondad y su amorevolezza con todos, su caridad pastoral y su inquebrantable optimismo que nos han encarnado de modo elocuente al padre y maestro de los jóvenes. Muchas gracias, Querido P. Pascual, por tu entrega sin límites a la misión que el Señor te ha confiado.

El Capítulo General 27 ha sido un evento de gracia para los salesianos y lo será, estoy seguro, para los jóvenes y para toda nuestra familia. Hemos querido ponernos a la escucha sincera del Espíritu para percibir con más claridad el horizonte hacia el que Dios nos envía en este tiempo y los caminos que hemos de recorrer como Congregación y formando parte viva de nuestra Familia Salesiana. Vivimos un nuevo contexto eclesial y nos sentimos partícipes de los apasionantes desafíos que el Papa Francisco ha planteado a todos los bautizados y, de modo especial por lo que a nosotros se refiere, también a los consagrados. El encuentro con el Santo Padre ha puesto fuego en nuestro corazón. El Papa nos ha expresado el gran cariño que profesa por los hijos de Don Bosco y su incisivo mensaje ha sido un impulso comprometedor del que haremos camino programático en los próximos años. Estrechando su mano, hemos renovado la adhesión filial al sucesor de Pedro que nuestro padre quería para todos sus salesianos.

El Papa Francisco, en efecto, nos ha invitado a vivir con un estilo sencillo y auténtico, claramente evangélico y comprometido con los más pobres. Nos ha invitado a salir al encuentro de los más necesitados, renovando nuestras estructuras y alcanzando las periferias existenciales de los jóvenes de nuestro mundo. Para ellos, nos dijo Francisco, hemos de dedicar nuestras mejores energías y las personas más preparadas. Como Don Bosco, la bondad y el afecto deben ser, en la acción del salesiano en medio de los jóvenes, signos de la ternura y del amor de Dios que se expresa preferencialmente en los pequeños y en los últimos.

Valorando cuanto el Papa nos ha dicho y atentos a la voz del Espíritu, los salesianos hemos renovado nuestro compromiso por una vida evangélica más veraz, auténtica y significativa. Queremos ser, de veras, hombres con profunda experiencia de Dios capaces de anunciar con la vida su amor misericordioso. Nos comprometeremos vitalmente en comunidades que sean más nítidamente fraternas y que transparenten la profecía de la comunión en la misión compartida con la comunidad educativo-pastoral y otros grupos de la familia salesiana. Renovaremos día a día nuestro servicio generoso y entregado a los jóvenes que el Señor nos confíe, especialmente los más necesitados. Buscaremos incesantemente los desiertos en los que las pobrezas juveniles son más acuciantes y a ellos dedicaremos nuestras mejores energías.

Contamos con vosotros para ayudarnos a ser fieles a cuanto nos hemos propuesto. Os necesitamos y os pedimos que estéis a nuestro lado en el camino renovador que hemos emprendido. Sin vosotros no seríamos nosotros, repitió muchas veces Don Pascual en el sexenio precedente. Estoy convencido que es así. Don Bosco nos quiso un vasto movimiento de personas al servicio de la misión juvenil y popular. Hemos de seguir avanzando juntos en estos años para que la profecía de nuestro padre se convierta cada vez más en una feliz realidad en todos los contextos del mundo salesiano. La Carta de la Identidad de la Familia Salesiana debe ayudarnos, como auténtico programa de acción, a ocupar nuestro lugar en la Iglesia como movimiento espiritual y carismático en la misión que Don Bosco nos legó.

Concluyo con unas palabras dedicadas especialmente a mis queridos jóvenes. Os llevo en el corazón. Deseo con todas mis fuerzas poder encontraros, caminar a vuestro lado, compartir anhelos, dificultades y esperanzas con cada uno de vosotros. Quiero que sepáis que me tenéis incondicionalmente a vuestra disposición y que todo mi tiempo y mis energías os pertenecen. Contad conmigo como yo cuento con vosotros. Os pido que me ayudéis a vivir como Don Bosco y junto conmigo a los salesianos sdb de todas las presencias, para contribuir en estos años a seguir haciendo presente su mensaje y su propuesta en nombre del Señor Jesús a todos los jóvenes del mundo. Es igualmente vivo este deseo para con toda la querida Familia Salesiana.

Me despido con un cariñoso abrazo para todos, pidiendo a Dios su bendición para cada uno de vosotros y vuestras familias. Encomiendo a María Auxiliadora y a vuestra intercesión el servicio que se me ha confiado.

Con afecto

Don Ángel Fernández Artime
Rector Mayor