Przełożony Generalny

"La vida de la Congregación no se mide solamente a través del número, sino de la fidelidad al carisma" (Religión Digital)

"La vida de la Congregación no se mide solamente a través del número, sino de la fidelidad al carisma"
Ángel Fernández Artime : "Tanto Don Bosco como su carisma son de máxima actualidad. Me identifico con su pasión educativa y evangelizadora"

 

"Solo de una 'cultura' familiar, educativa y social que crea en la solidaridad, será posible sembrar sensibilidades que florecerán por doquier"

"Los Salesianos no podemos separar la acción educativa de la tarea evangelizadora, es nuestro carisma. Es un sueño de don Bosco que ahora está presente en todo el mundo"

"La Iglesia no es solamente la de las personas consagradas en la vida religiosa, nos iría mucho mejor si se tuviera esto presente"

"El Covid-19 puede ser una oportunidad para que, una vez superado, no entremos en una carrera de vértigo desenfrenado sino en un camino lúcido hacia una siempre mayor humanización y justicia social mundial"

"Estoy convencido de que, si nos conocieran, no solo a nosotros, sino a tantas instituciones religiosas y educadores, caerían muchos prejuicios sobre la enseñanza concertada, al menos de la católica"

Religión Digital
31.01.2021 José Manuel Vidal

Ángel Fernández Artime, (1960, Luanco, Asturias, España) es sacerdote salesiano y Rector Mayor de la congregación desde 2014. Salesiano de pro, se identifica con la pasión educativa y evagelizadora de don Bosco, cuyo carisma goza de 'máxima actualidad' después de superar siglo y medio del inicio de su sueño: “de hecho, siempre habrá jóvenes y tenemos que saber qué podemos ofrecerles que les merezca verdaderamente la pena”.

Fue un gran soñador y un hombre de Dios, profundamente humano, que vivió con fuertes convicciones y buscó ayudar a sus muchachos a valerse por sí mismos en la vida, capacitándolos, ayudándolos a formarse sólidamente”. Vamos, el 'enséñale a pescar', que es lo verdaderamente efectivo. Porque el problema para él no son los jóvenes, “ni los curas, ni las monjas”, sino “el modelo de sociedad y la sociedad misma”.

Y la educación es esencia. En este punto, considera que hay muchos prejuicios sobre la enseñanaza católica y cree que todo iría mejor si en vez de tirar todos de la cuerda, hubiera una mentalidad común y un conocimiento mutuo: “Estoy convencido de que, si nos conocieran, no solo a nosotros, sino a tantas instituciones religiosas y educadores que se dejan la vida por la educación de los jóvenes, caerían muchos prejuicios y muchas falsedades ideológicas que se dicen de la enseñanza concertada, al menos de la católica, que es la que más conozco”.

 

La cuestión es educar, y educar en valores, dotando de todas las herramientas. Todos a una. El mundo cambia y la educación con él, ahora, sumergidos en la era digital, Artime considera que se trata de una herramienta más que hay que conocer para no ser engullidos: “El no saber leer de hace décadas es equiparable a no aceptar ningún conocimiento ni contacto con el mundo digital hoy. El mundo digital y el de la tecnología en general ofrece posibilidades magníficas, y estas no pueden ser ignorada”. En este sentido, entiende que “no hay otro camino más que el de la presencia positiva, crítica y autocrítica al mismo tiempo en este campo y con estos medios”

Sobre la salud vocacional de Salesianos nos informa que es 'una bendición'; en los últimos diez años hay una media de 450 novicios anuales en todo el mundo. En España, el número es muy pobre, pero “en la Iglesia no es solamente la de las personas consagradas en la vida religiosa, nos iría mucho mejor si se tuviera esto presente” y, de hecho, aquí cuentan con una preciosa ayuda, la de las vocaciones laicales, para demostrarlo. “Mientras la Congregación sea fiel a ese carisma, la Congregación no correrá ningún peligro”.

En su opinión "el Covid-19 puede ser una oportunidad para que, una vez superado, no entremos en una carrera de vértigo desenfrenado sino en un camino lúcido hacia una siempre mayor humanización y justicia social mundial”, dice, aunque sabe que la vida es vieja y es difícil que cambiarla. Esto es algo, no obstante, que está en nuestras manos: “solo de una ‘cultura’ familiar, educativa y social que crea en la solidaridad, en el servicio, en la donación gratuita etc…, será posible sembrar sensibilidades que después florecerán por doquier y para todo tipo de servicios y vocaciones en la vida. Esto dará como fruto buenos profesionales, honestos trabajadores, empresarios con conciencia, políticos que se sientan ante todo servidores de todos (y no sólo de algunos), para el bien común. Y de ahí en adelante échenle imaginación”

 

Tienen ustedes el privilegio de tener como fundador un santo que, además, es un imán y como un referente que no pasa de moda. ¿Estará orgulloso, verdad?

Bueno, no sería esa la palabra que yo buscaría. No se trata de orgullo. De hecho, todos los santos, de un modo u otro son unos gigantes de la fe. Es cuestión de saber contemplarlos con profundidad y espíritu abierto a la acción de Dios en nuestras vidas, y veremos lo que ha hecho en ellos, y el camino que nos queda por recorrer a nosotros. Pero refiriéndome a Don Bosco sí debo decir que suscita una simpatía muy especial en todo el mundo. El las 100 naciones con presencias salesianas que he podido visitar en el sexenio precedente, antes de la pandemia del Covid-19, pude comprobar cómo don Bosco era tan querido por miles y miles de adolescentes y jóvenes y sus familias. Ciertamente, es visto y sentido como el santo de la juventud. En mi opinión, tal como ha sido declarado por San Juan Pablo II (“Padre y Maestro de la Juventud”), así es percibido por doquier. Se siente que es un santo cercano, un santo que ha pensado en los jóvenes de Valdocco (Turín), y en quienes vendrían después. Me parece que muchos jóvenes lo sienten como alguien cercano que tiene algo que proponer o sugerir a sus vidas. Y pronto descubren que lo hace en el nombre de Jesús.

Pero sí es cierto que tanto Don Bosco como su carisma son de máxima actualidad. De hecho, así como en las sociedades siempre habrá ancianos, igualmente siempre habrá jóvenes y tenemos que saber qué podemos ofrecerles que les merezca verdaderamente la pena.

 

¿Con qué sueños de Don Bosco se identifica más?

De hecho, más que con sueños me identifico con su pasión educativa y evangelizadora. Creo que todo corazón auténticamente salesiano lleva grabado a fuego el testimonio de un Don Bosco que vivió lo que siempre dijo: “He prometido a Dios que hasta mi último aliento sería para mis queridos jóvenes”. Y toda su vida la vivió pensando, proyectando y soñando qué podría hacer por el bien de sus muchachos de Valdocco, y todos los que vinieran después, aunque él no los conocería. Y es cierto que, en este sentido, siempre fue un gran soñador y un hombre de Dios, profundamente humano, que vivió con fuertes convicciones.

Siempre buscó ayudar a sus muchachos a valerse por sí mismos en la vida, capacitándolos, ayudándolos a formarse sólidamente; siempre buenos trabajadores y buenos profesionales (‘honestos ciudadanos, decía él), y siempre quiso acercar a sus jóvenes al encuentro con Jesús para que fuesen buenos Hijos de Dios. Cuando se habla de Don Bosco, no se puede separar su acción educativa de su tarea evangelizadora. Siempre iban de la mano. Esto formó parte de su genio educativo.

Y es cierto que soñando y soñando siempre quiso que sus hijos, los Salesianos de Don Bosco, y más tarde sus hijas, las Hijas de María Auxiliadora, traspasaran las fronteras de Italia. Habría tenido motivos más que suficientes como para destinar a todos sus salesianos a trabajar en la Italia que nacía a mediados del siglo XIX; pero sin embargo, 16 años después del inicio de aquella jovencita congregación, contando con alguno de los muchachos que habían crecido a su lado (Rua, Cagliero, Rocchietti, Turchi, Angelo Savio, Francesia, Fagnano, etc…), ya envía a los primeros misioneros salesianos a la Argentina, para cuidar de la educación y la evangelización de tantos hijos de emigrantes italianos, e ir cuanto antes al encuentro de los ‘indios’ de la Patagonia.

Ese sueño misionero hecho realidad con él y a lo largo de toda la historia salesiana hace que hoy su Congregación no esté limitada al territorio italiano sino presente en 134 naciones en los cinco continentes.
Este modo de ‘soñar’ de Don Bosco sí que me parece fascinante.

 

¿En época de invierno vocacional, su congregación goza de buena salud en el mundo? ¿Y en España?

Es muy cierto que la realidad vocacional de los consagrados y de los sacerdotes de hoy no es la de hace 40 años, pero para hablar con precisión sobre este tema se debe precisar bien de qué hablamos y a qué partes del mundo nos referimos. Es evidente que la riqueza vocacional de consagrados y presbíteros de gran parte del África y de muchas naciones de Asia (incluida la India, aunque ya no es lo que era hace 30 años), no tiene nada que ver con la realidad en Europa.

Hablaré de la Congregación Salesiana, puesto que en cierto modo se puede parangonar con lo que sucede en el ámbito de la Iglesia en general. Los salesianos de Don Bosco somos al día de hoy en el mundo 14.500, presentes en 134 naciones, pertenecientes a 90 provincias religiosas. Cada año, y ahora me refiero a los diez últimos diez años, estamos teniendo un número de novicios cercano a los 450 (a veces 435, a veces 460), en todo el mundo. Unos 155 en África, 103 en la India y Sri Lanka, unos 75 en Asia-Oceanía, aproximadamente 78 en toda América y unos 40 en Europa. Algo así cada año. Ciertamente es una bendición. Hoy son 3.200 los sdb que están en sus años de formación inicial. Gran esperanza para la Congregación y la Iglesia, y una gran responsabilidad al mismo tiempo.

En estos años se viene notando también una mayor perseverancia que en décadas precedentes, si bien no es lo mismo en todos los continentes. Curiosamente, o sencillamente como expresión de lo que ‘toca vivir’, Europa tiene el menor número de vocaciones, pero un alto índice de perseverancia en nuestro caso (que ronda entre el 76 y el 92%).

Dicho esto, me refiero a España confirmando que la situación es muy pobre, al menos en nuestro caso. Pero existe una realidad muy positiva, y no lo digo como consuelo sino como riqueza. Es el hecho de que llevamos décadas trabajando cada vez más y mejor en una misión compartida con magníficos laicos que tienen una gran identidad cristiana y carismática. Éstas son otras vocaciones laicales preciosísimas que hacen posible la vida del carisma salesiano, y que no puedo no mencionar.

Y aunque no me lo han preguntado, deseo añadir otro matiz que considero muy relevante. Se trata de lo siguiente: la vida de la Congregación no se mide solamente a través del número, sino sobre todo por la fidelidad de los salesianos de Don Bosco al carisma recibido en nuestro fundador san Juan Bosco. Mientras la Congregación sea fiel a ese carisma, con una predilección por los muchachos y jóvenes más pobres y necesitados, los últimos, los más humildes, y esto realizado en el nombre de Jesús, la Congregación no correrá ningún peligro. Podrá cambiar la organización de la misma, el color de la piel, las zonas geográficas, pero el carisma estará asegurado. Es decir, futuro de la Congregación y fidelidad al carisma van de la mano.

 

¿Los jóvenes siguen teniendo capacidad para escuchar y responder a la llamada vocacional?

Absolutamente sí. Voy más allá en la pregunta para recordar a los lectores que la única vocación en la Iglesia no es solamente la de las personas consagradas en la vida religiosa, o en el ministerio sacerdotal. Por ejemplo, ¿qué pasa con la vocación al matrimonio cristiano? O es que la vida matrimonial no es una vocación. Digo más: ojalá sepamos acompañar en su camino de maduración y de opción de vida a tantísimos jóvenes cuando se preparan para este precioso proyecto de vida que es el matrimonio. Sinceramente nos iría mucho mejor como Iglesia y como sociedad.

Dicho esto que no considero marginal y refiriéndome en particular a los consagrados y sacerdotes, sigo creyendo que los jóvenes tienen también hoy capacidad de escucha y de respuesta a la llamada del Señor. Siguen teniendo ideales y corazones generosos. Pero… ¿Cuál es el pero…? Sencillamente hemos de saber que esto no se improvisa. Solo de una ‘cultura’ familiar, educativa y social que crea en la solidaridad, en el servicio, en la donación gratuita etc…, será posible sembrar sensibilidades que después florecerán por doquier y para todo tipo de servicios y vocaciones en la vida. Esto dará como fruto buenos profesionales, honestos trabajadores, empresarios con conciencia, políticos que se sientan ante todo servidores de todos (y no sólo de algunos), para el bien común. Y de ahí en adelante échenle imaginación.

El problema no son los jóvenes, ni los curas ni las monjas (como se dicen en expresión coloquial). El ‘problema’ si se me permite hablar así, es el modelo de sociedad y los valores de la misma…, todo eso que por ejemplo en esta gran crisis que es la pandemia del Covid-19 tanto ensalzamos en algunos colectivos.

 

¿Saldremos mejores de la pandemia?

Me preguntaba si existiría para esta pregunta una respuesta ‘políticamente correcta’ ¿Lo políticamente correcto sería decir que sí? Pienso que no se puede decir ni que sí ni que no. Habrá de todo. Ya lo está habiendo.

Y créanme que creo ser muy consciente del drama de dolor que se ha vivido en muchas familias, y del drama económico que viven tantos sectores de nuestra sociedad. Cuando en las noticias escucho el cierre de tantos establecimientos, no puedo no pensar en la situación crítica de la gente más humilde, de tanta gente buena que vive de su trabajo honesto, cotidiano y exigente. No pienso en cambio en esas grandes fortunas que en una crisis como esta han conseguido nutrir más sus ya sus generosas arcas. De hecho, sucede lo mismo que en las grandes guerras. Tristemente está siendo así.

Pero con la vuelta a la ‘nueva normalidad’ muchas cosas no habrán cambiado. No doy por cierto que seremos más generosos y solidarios. No doy por seguro que habrá crecido la conciencia social en favor de los menos favorecidos. Habrá no pocas personas, individuales o instituciones o empresas que sólo esperarán correr velozmente para recuperar el tiempo y el dinero perdido al precio de un consumo loco, una contaminación no pensada, un vértigo, en definitiva.

Pero también tengo que decir que creo que para muchos de nosotros (y quiero contarme entre éstos), no será lo mismo. Valoraremos más el trabajo de los sanitarios y de las personas que han velado por nuestra seguridad y por el orden púbico. Apreciaremos más aún el servicio de tantas instituciones civiles y religiosas, entre ellas la Iglesia católica, que han sido tabla de salvación para cientos de miles de personas en estas horas amargas; algunos seremos más conscientes ante el consumo desaforado y la contaminación que creamos. No pocas personas valorarán mucho más lo sencillo, los vínculos familiares, la cercanía, los ritmos de vida más humanos.

 

La vacunación dispar especialmente en los países pobres parece demostrar lo contrario.

En mi opinión la vacunación dispar demuestra, sencillamente, lo que ha sido la realidad hasta el día de hoy. Las desigualdades que existían antes del Covid-19, siguen hoy o incluso se han agrandado más todavía, según nos dicen algunas agencias internacionales que acompañan estas realidades. En el mismo día en el que estoy escribiendo estas líneas la misma Organización Mundial de la Salud advertía del trato desigual entre los países respecto de la vacunación, dando a entender que cuando algunas naciones vacunarían al 95% de su población, otras, las más pobres, no llegarían al 10% de su población, o menos incluso.

Las naciones que tienen posibilidades (entre ellas nuestra Unión Europea) compra los millones de vacunas y las paga. ¿Y los países que llevan años en las llamadas ‘vías de desarrollo’, cómo seguirán después de esta pandemia del Covid? Lo sabemos: todavía en vías de desarrollo.

Y digo más: pasada la pandemia del Covid-19 (que deseo sea pronto), ¿qué sucederá como otras muchas pandemias tales como el hambre que no ha desaparecido en el mundo, la falta de oportunidades de acceso a la educación en muchos países del mundo? ¿qué sucederá con las vacunas que no se investigan porque no son rentables y porque además esa enfermedad sólo golpea a un continente pobre, como por ejemplo el ébola? ¿cómo seguiremos como ‘aldea global’ trabajando para eliminar la explotación sexual, el trabajo infantil, el tráfico de órganos…?

En mi opinión el Covid-19 puede ser una oportunidad para que, una vez superado, no entremos en una carrera de vértigo desenfrenado sino en un camino lúcido hacia una siempre mayor humanización y justicia social mundial.

 

¿Cómo se posiciona ante la nueva ley de Educación española? ¿Es tan mala como dicen algunos?

Permítanme que exprese de nuevo aquí lo que ya manifesté en una anterior ocasión en la que se me preguntó por esto mismo. Reconozco que el hecho de no estar en España en estos momentos me impide tener un conocimiento profundo de la situación. Por lo que sigo a través de la prensa y las informaciones de mis hermanos salesianos en nuestra patria, junto con lo que viví como profesor y director de centros educativos en años anteriores con las diversas leyes de educación, considero que es, una vez más, una oportunidad perdida para alcanzar un gran Pacto Social de Estado en favor de la Educación. La educación de nuestros niños y jóvenes es algo muy importante, sensible y delicado. Pero me da pena que en estos tiempos en los que tanto se habla de diálogo, de participación, de inclusión, de no exclusión..., no seamos capaces de ponernos de acuerdo para unir todas las fuerzas en favor de las nuevas generaciones.

Me imagino que lo que se derive de la aplicación de la nueva ley no será un camino no exento de dificultades. Hasta ahora hemos sido capaces de seguir adelante en el contexto de las diversas leyes de educación. La fuerza se encuentra en la unidad, especialmente con todas las demás instituciones con las que compartimos esta vocación de educar a los jóvenes: pienso en Escuelas Católicas de España, en algunas Confederaciones de Padres de alumnos, y en otras instituciones con las que compartimos la misma visión en el campo de la educación.

Y afirmo esto no tanto para defender nuestro derecho a existir, que quizás no sea lo que ahora esté en juego, sino por algo que es más profundo: el derecho fundamental a la libertad de enseñanza en la parte que hace referencia al derecho de los padres a elegir el tipo de educación para sus hijos conforme a sus convicciones civiles, morales y religiosas. Ya lo dijo en su día D. Rodolfo Fierro, allá por 1910, salesiano de don Bosco, quien habló en nombre de los salesianos, ante los diputados de nuestra nación cuando se debatía sobre la ‘Ley del Candado’: “No vengo a combatir; vengo a hablar de la Sociedad Salesiana... Vengo a exponer sencillamente, a informar, a invitaros a que os informéis personalmente visitando nuestras casas”.

Estoy convencido de que, si nos conocieran, no solo a nosotros, sino a tantas instituciones religiosas y educadores que se dejan la vida por la educación de los jóvenes, caerían muchos prejuicios y muchas falsedades ideológicas que se dicen de la enseñanza concertada, al menos de la católica, que es la que más conozco.

 

¿La familia salesiana sigue apostando a fondo por los nuevos patios digitales?

Interesante pregunta a la que respondo sí con fuerte convicción, pero también con precaución y prudencia, como debe ser con todo lo que es importante.

Ciertamente un educador, y más aún un educador salesiano no podría decir algo así como esto de que “paren este tren del mundo de la comunicación digital que yo me bajo y me quedo con la máquina de escribir de cinta”. No estar presente en este mundo, en el modo en que se pueda y se deba, es como optar por ser analfabeto. El no saber leer de hace décadas es equiparable a no aceptar ningún conocimiento ni contacto con el mundo digital hoy.

Por otra parte, ciertamente los patios de hoy no son solamente los de los colegios o los centros juveniles. Los patios digitales son tan reales (‘no digamos virtuales, porque realmente existen’) como otros muchos, aunque diversos. Y ahí podremos encontrarnos con los jóvenes, y debemos encontrarnos con ellos como educadores.

El mundo digital y el de la tecnología en general ofrece posibilidades magníficas, y estas no pueden ser ignoradas.

Más existe un ‘pero’. Este ‘pero’ tiene que ver con el uso de estos medios, tiene que ver con la educación en el uso de los mismos, y tiene que ver con la capacidad crítica que tengamos y que tiene que ir en aumento, siempre más.

Para referirme a esto quiero emplear el argumento de autoridad de pensadores de mucho calado. Uno de ellos es el desaparecido sociólogo Zygmunt Bauman quien dudaba seriamente sobre la eficacia democrática y modernizadora de las redes sociales. Junto a él, otro autor, César Rendueles, y el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han, cuestionaban seriamente la extendida idea de muchos usuarios de redes sociales que piensan que por escribir mensajes ‘revolucionarios’ desde su casa eso equivale a intervenir en un espacio público.

Las redes sociales tienen una gran capacidad de captación de la atención, pero les falta estabilidad y consistencia; pueden ser muy efímeras e inestables, carentes de solidez y de búsqueda de la verdad o al menos de objetividad. Una figura de la altura de Jürgen Habermas, ya nonagenario, seguramente el filósofo vivo más influyente del mundo por su trayectoria intelectual, filósofo con el que ha dialogado con la misma altura intelectual el Papa Benedicto XVI, y alemán de nacionalidad como él, llega a decir sobre el tema que nos ocupa algo tan serio como esto: “Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales civilizadamente”.

¿Qué mas nos queda por decir después de esto? Por todo ello pienso que educar trae consigo la tarea de acompañar en algo tan delicado como es, ya no digo solo este patio virtual, sino el gran océano del que se trata. Pero entiendo que no hay otro camino más que el de la presencia positiva, crítica y autocrítica al mismo tiempo en este campo y con estos medios.